Pu mapuche ñi n’emül’.
Una introducción al estudio de la lengua mapuche, obra sometida a arbitraje
por académicos independientes mediante el sistema de evaluación de pares doble ciego y
fue aprobara para su publicación por el Consejo de Ediciones de la Facultad de Educación,
Ciencias Sociales y Humanidades.
Comité científico externo:
Dr. Juan Pablo Reyes Núñez - Dr. Pablo Segovia Lacoste
Comité Editor: Resolución Interna Nº30 del 27 de agosto de 2021
Dr. Mario Fabregat Peredo Depto. Ciencias Sociales
Dra. Sandra López Dietz Depto. Lenguas, Literatura y comunicación
Mg. Carla Llamunao Vega Depto. Lenguas, Literatura y Comunicación
Dr. Pedro Delgado Floddy Depto. Educación Física D. y R.
Dr. Patricio Mena Malet Depto. Ciencias Sociales
Dra. Carolina Hidalgo Standen Depto. Educación
Dr. Germán Gálvez García Depto. Psicología
Universidad de La Frontera
Av. Francisco Salazar 01145, Casilla 54-d, Temuco
Decano: Dr. Luis Nitrihual Valdevenito
Vicedecano: Dr. Manuel Ortiz Parada
Coordinadores Ediciones: Luis Abarzúa Guzmán – Cristian Alister Sanhueza
Temuco – Chile 2024
Santiago de Chile, diciembre 2024
Primera edición
ISBN: 978-956-6276-45-6
Gestión editorial: Ariadna Ediciones
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Portada y diagramación: Matías Villa Juica.
Obra bajo Licencia Creative Commons
Ariadna Ediciones indexada su producción en los siguientes repositorios internacionales:
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Impreso en los talleres gráficos de LOM Ediciones
Juan H. Painequeo Paillán
Gastón Salamanca Gutiérrez
Aldo Berríos Castillo
Temuco 2024
Índice
Presentación I | 15
Presentación II | 17
Prólogo | 27
Introducción | 49
PRIMERA PARTE: ORALIDAD PRIMARIA MAPUCHE | 67
1 . Oralidad Primaria mapuche | 69
1.1 ¿Existe la Oralidad Primaria? | 69
1.2 Escándalo y consecuencias | 71
2. Consecuencias de la invisibilización de la Oralidad Primaria | 75
3. Cambio de paradigma | 77
4. Autores y aportes en la comprensión de la Oralidad Primaria | 78
5. Oralidad Primaria vs. escritura | 84
6. El texto de Oralidad Primaria mapuche no es una variante del texto
escrito | 88
7. Tipos de discursos de Oralidad Primaria mapuche | 93
7.1 Tipos de Ül | 95
7.1.1 Feyentun Düngu Ül | 95
7.1.2 Awkantun Düngu Ül | 96
7.1.3 Küdawün Düngu Ül | 97
7.1.4 Ayekan Düngu Ül | 99
7.1.5 Poyewün Düngu Ül | 100
7.1.6 Faliluwün Düngu Ül | 100
7.2 Tipos de Nütham | 101
7.2.1 Nütham Düngu | 101
7.2.2 Chalin Düngu Nütham | 101
7.2.3 Kimeltuwün Düngu Nütham | 102
7.2.4 Pewman Düngu Nütham | 104
7.2.5 Perimontun Düngu Nütham | 105
8. Métrica, fórmula y tema del canto mapuche | 106
8.1 Naturaleza del ül y del nütham | 106
8.2 Propósito de la enseñanza del ül | 107
8.3 Contexto en que emerge el ül | 107
9. Análisis métrico, formulaico y temático de un ül del Budi | 108
9.1 Análisis métrico | 108
9.1.1 Grupos de líneas | 109
9.1.2 Sílaba métrica | 109
9.1.3 El metro | 109
9.1.4 El patrón métrico | 110
9.2 Análisis formulaico | 110
9.3 Esquema de distribución de fórmulas | 110
9.4 Tema del canto | 111
10. Análisis métrico, formulaico y temático del Ül l´afken´che koñi del
Budi | 111
10.1 Transcripción del Ül l´afken´ che koñi | 112
10.2 Métrica: líneas, conjunto de líneas y sílabas métricas (sm) | 114
10.2.1 Sílabas métricas | 114
10.2.2 El metro | 114
10.2.3. Patrón métrico | 115
10.3 Análisis de las fórmulas del ül | 115
10.3.1 Descripción morfosintáctica de las fórmulas | 117
10.3.2 Análisis morfosintáctico de las fórmulas | 118
10.4 Esquema de distribución de fórmulas | 120
10.5 Tema del canto L´afken´che koñi | 122
10.6 Consideraciones finales | 124
SEGUNDA PARTE: FONÉTICA Y FONOLOGÍA DEL
MAPUDUNGUN | 129
1. Consideraciones generales | 131
1.1 ¿Es el mapudungun una lengua? | 132
1.2 El lenguaje y su estudio | 132
1.3 El concepto de dialecto desde la lingüística | 140
1.4 El mapudungun: una lengua en peligro | 142
2. Fonética del mapudungun | 147
2.1 ¿Cuáles son los focos investigativos de la lingüística, en general,
y de la fonética, en particular? | 147
2.2 La fonética articulatoria | 149
2.2.1 Parámetros para clasificar las vocales fonéticas o vocoides | 151
2.2.2 Parámetros para clasificar las consonantes fonéticas
o contoides | 153
2.3 La representación de los sonidos: el Alfabeto Fonético
Internacional | 159
2.4 Los sonidos del mapudungun | 165
2.4.1 Sonidos vocoides | 166
2.4.2 Sonidos contoides | 170
3. Fonología del mapudungun | 195
3.1 ¿De qué se ocupa la fonología? | 195
3.2 El análisis distribucional de los sonidos | 196
3.2.1 Distribución contrastante | 197
3.2.2 Distribución alternante o variación libre | 200
3.2.3 Distribución complementaria | 201
3.3 Fonemas y alófonos del mapudungun | 203
3.3.1 Fonemas vocálicos | 203
3.3.2 Fonemas consonánticos | 207
3.4 La representación escrita de los sonidos y los grafemarios
del mapudungun | 223
3.4.1 La representación escrita de los sonidos | 223
3.4.2 Los grafemarios del mapudungun | 227
3.5 Variación dialectal y vitalidad del mapudugun analizadas de
acuerdo con variables fonético-fonológicas | 235
3.5.1 Propuestas de división dialectal y el caso del huilliche | 235
3.5.2 Transferencias fonético-fonológicas del español en el
mapudungun | 239
3.6 La estructura silábica y el acento | 242
3.6.1 Sobre la sílaba del mapudungun | 242
3.6.2 El acento en mapudungun | 243
3.7 Palabras en mapudungun para práctica de la pronunciación | 248
TERCERA PARTE: MORFOSINTAXIS DE LA LENGUA
MAPUCHE | 255
1. Introducción de conceptos generales | 257
1.1 ¿Qué es la palabra? | 258
1.2 Persistencia del concepto palabra en el análisis lingüístico | 263
1.3 Breve análisis de la palabra n´emül´ (/n̪eməl̪/) | 264
2. Morfología | 265
2.1 Unidad lexemática y morfología flexiva y derivativa | 270
3. Sintaxis | 273
3.1 Frases | 277
3.1.1 La frase nominal | 278
3.2 Los conceptos de cláusula y oración | 283
4. Clases de palabras | 288
4.1 ¿Qué son las clases de palabras? | 288
4.2 Sustantivos | 290
4.2.1 Composición principalmente nominal | 293
4.3 Derivación | 294
5. Adjetivos | 297
6. Modificadores | 302
6.1 Demostrativos y artículos | 302
6.2 Posesivos | 304
6.3 Cuantificadores o pronombres indefinidos | 306
6.4 Numerales y pluralizador | 308
7. Pronombres y otras proformas | 310
7.1 Pronombres personales | 310
7.2 Pronombres comitativos o grupalizadores | 311
7.3 Pronombres interrogativos y proverbos | 312
8. Adverbio | 315
9. Introducción al verbo | 318
10. Otras clases | 319
10.1 Conjunciones | 319
10.2 Partículas o marcadores discursivos | 319
11. El predicado | 322
11.1 ¿Qué es el predicado? | 322
12. “Lengua del verbo” o marcación en el núcleo | 325
13. Predicado no verbal | 328
14. Tipos de verbos | 329
14.1 Monopersonales | 332
14.2 Bipersonales | 334
14.3 Estructura interna de las terminaciones | 338
14.4 Modos | 339
14.4.1 Indicativo | 340
14.4.2 Imperativo | 341
14.4.3 Condicional | 344
14.5 Persona | 346
14.6 Número | 346
15. Escenarios de los verbos bipersonales | 347
15.1 Escenario local mínimo “iñche ka eymi” | 348
15.2 Escenario local expandido “iñchiw, iñchiñ, eymu ka eymün” | 340
15.3 Escenario no local | 351
15.4 Escenario mixto | 352
16. Formas no finitas o no personales | 356
17. Formación de cláusulas subordinadas de adjetivo o relativo | 358
17.1 Con función de sujeto | 358
17.2 Con función de objeto | 359
17.3 Con función complementaria | 360
17.4 Multifunción de la terminación -n | 361
18. Cláusulas subordinadas argumentales | 362
19. Cláusulas subordinadas complementarias | 363
19.1 Expresión de tiempo | 363
19.2 Expresión de finalidad | 365
19.3 Expresión de causalidad | 366
19.4 Expresión de modo o manera | 367
20. Tipos de sufijos verbales | 368
20.1 Sufijos de polaridad y confirmación | 368
20.2 Sufijos relacionados con la transitividad | 369
20.3 Sufijos de expresiones temporales y relacionadas | 376
20.4 Sufijos de expresión aspectual -ke, -küle, -nie, -künu,
-ka, -tu, -rke | 379
20.5 Sufijos relacionados con locación y movimiento | 384
20.6 Sufijos equivalentes a expresiones adverbiales | 387
21. Comparación de las terminaciones en verbos bipersonales | 391
21.1 Formas de escenario local con diálogo mínimo | 391
21.2 Formas de escenario local con diálogo extendido | 392
21.3 Escenario mixto | 394
21.4 Escenario no local | 395
22. A modo de conclusión de esta tercera parte | 397
CUARTA PARTE: CONCLUSIONES Y CONSIDERACIONES
FINALES | 399
I. A modo de conclusión | 401
II. Algunas consideraciones | 411
III. Palabras finales | 416
Bibliografía | 417
Sobre los autores | 433
Pu peñi, pu papay, pu wecheke wenthu1,
pu ülchake domo, pu pichike che,
kom pu che poyeduamkefilu ta
mapuchengen, mapuche kewün´,
mapuche rakiduam ka mapuche kimün,
tüfa ta wirintukupeiñ ta mapuche ñi
n´emül´ mew kiñe müfo thoy
chumuechi amuken ñi rakiduam ka
chumngen ñi kewün´ kiñe chilhka mew;
fey mew may ta chilhkatuafimün.
Agradezco, primeramente, a Dios, nuestro Señor, el dador de la vida,
la sabiduría y el que nos ha dado la sapiencia y nos ha permitido unirnos
para elaborar este libro. Agradezco a mi familia que día a día ha respaldado
con agrado y reforzado mi ánimo para llevar adelante la tarea académica
que me ha correspondido desarrollar.
— Juan Héctor Painequeo Paillán
Mi mayor gratitud es para con Dios; exista o exista. También para
“mis ojos”: mis sobrinitos Franquito y Cristobalito (por ser, sin querer que-
riendo, mi inspiración). Vaya mi gratitud, también, para toda mi familia
(especialmente a mi madre, quien ya no está conmigo), amigos, hermanos
de iglesia, estudiantes y colegas de la Universidad de Concepción (por
apoyar, directa o indirectamente, este trabajo). Respecto de ellos, como
dice Marcos Vidal, “no hace falta dar sus nombres o apellidos, porque
de sobra ellos se saben aludidos”. Finalmente, mi más sentida gratitud al
pueblo Mapuche, por abrirme las puertas de su lengua y su cultura; y, con
ello, descubrir una parte ínfima todo su esplendor.
— Gastón Salamanca Gutiérrez
1 En este libro se utiliza un grafemario cuyas características se exponen en el
punto IX del apartado Introducción.
“Reverbera una cadena de fonos mapuche en los gruesos muros del
edificio de Humanidades. Las conversaciones parecen ahogarse por un ín-
fimo instante de tiempo, cortando la atmósfera apaciblemente enrarecida
por la lengua dominante. Tenazmente, se escucha el primer mari-mari en
siglos ―en un edificio académico―, una guirnalda de sonidos mapuche
tejida por una estudiante de apellido Catrileo”. Agradezco a mi compañe-
ra de viajes, María Jesús. Gratitud y admiración por los y las hablantes de
mapudungun, que como la académica María Catrileo, han recibido y trans-
mitido el mapudungun en diversos contextos y situaciones.
— Aldo Berríos Castillo
Agradecemos a las autoridades académicas de la Universidad de la
Frontera y de la Universidad de Concepción, quienes con su venia nos
han permitido constituirnos en un equipo interuniversitario de trabajo, y
disponer del tiempo y del espacio necesarios para alcanzar este producto
intelectual, el cual desde ahora y en adelante estará a su disposición para
su lectura. Vaya nuestra especial gratitud al Decano de la Facultad de Edu-
cación, Ciencias Sociales y Humanidades Dr. Luis Nitrihual Valdebenito y
al Director del Departamento de Lenguas Literatura y Comunicación Dr.
Jaime Otazo Hermosilla de la Universidad de la Frontera, que han respal-
dado la publicación de este libro, el cual será un aporte para el desarrollo
de la Lengua y la Cultura del pueblo Mapuche.
— Los autores
“Entonces [...] de esa manera terminó de anotar el escribano. “Ya,
hágala hablar [léala]” dijo Kewpü. Entonces el escribano hizo hablar
a aquel papel, lento y con voz baja. “¡Bah!, no está bien, no está bien”
dijo Kewpü, [y le dijo al escribano] “¿Se fijó de las palabras bien fuer-
tes que hablé yo? ¿Por qué estás hablando lento y despacio lo que ano-
taste?” dijo Kewpü; “no es así, viejo amigo, aunque todo un día sea así
que estés gritando, sus palabras no pueden entrar en este papel…”
— Manuscritos Personales de Nawelpi,
La Plata, del 20 al 28 de Julio de 19012
“Sin embargo, [a los caciques de Osorno, Cunco y Valdivia] no se les
pudo persuadir para que los artículos fueran redactados por escrito, ya
que, según alegaban, esto iba en contra de su costumbre; sus prome-
sas mutuas eran consideradas entre ellos como el lazo más fuerte.”
— Bitácora de viaje de la expedición holandesa comandada por Elías
Herckmans al Reyno de Chile en América,
1642-1643 (p. 520)3
2 Canio y Pozo (2013, p. 336).
3 Brewer, H. & Herckman, E. (1642-1643). A Voyage to the Kingdom of Chili
in America. In A. Churchill & J. Churchill (eds.). (1704) A collection of voyages and travels: some
now first printed from original manuscripts, others now first published in English, 503-525. Black Swan.
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
PRESENTACIÓN I
Es un honor presentar Pu mapuche ñi n´emül´: una introducción al estudio
de la lengua mapuche, una obra que representa un hito significativo en el
estudio y la difusión del mapudungun. Este libro, producto de una colabora-
ción ejemplar entre el Dr. Héctor Painequeo Paillán, académico de nuestro
Departamento de Lenguas, Literatura y Comunicación de la Universidad
de La Frontera, y dos distinguidos especialistas de la Universidad de Con-
cepción, el Dr. Gastón Salamanca Gutiérrez y el Dr.(c) Aldo Berríos Cas-
tillo, es un testimonio del esfuerzo colectivo por preservar y revitalizar una
lengua rica en historia y cultura.
El Dr. Héctor Painequeo Paillán, reconocido especialista y ha-
blante nativo del mapudungun, aporta no solo su conocimiento acadé-
mico, sino también su vivencia personal y profunda conexión con la
lengua y cultura mapuche. Esta doble perspectiva enriquece la obra,
ofreciendo una comprensión tanto lingüística como cultural del mapu-
dungun.
Pu mapuche ñi n´emül´ es más que una simple gramática; es una puerta
de entrada a una cultura vibrante y milenaria. A través de sus páginas, se
exploran las estructuras del mapudungun con una claridad y profundidad
que facilitan su estudio tanto para especialistas como para aquellos que se
acercan a la lengua por primera vez. Este libro es, sin duda, una herramien-
ta esencial para lingüistas, estudiantes y cualquier persona interesada en el
estudio de las lenguas indoamericanas.
Esta obra llega en un momento crucial, donde la preservación y revi-
talización de las lenguas indígenas adquieren una importancia creciente en
el ámbito académico y social. Pu mapuche ñi n´emül´ no solo contribuye al
conocimiento lingüístico, sino que también fortalece la identidad cultural
y sentido de pertenencia del pueblo mapuche, promoviendo un mayor
entendimiento y respeto hacia su patrimonio lingüístico.
La publicación de esta introducción al estudio del mapudungun es
motivo de satisfacción y alegría. Agradezco profundamente el compro-
miso y dedicación del Dr. Héctor Painequeo Paillán y sus colegas de la
Universidad de Concepción. Este libro, sin duda, se convertirá en una
referencia indispensable en el estudio de la lengua mapuche y contribuirá
15
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
significativamente al desarrollo de la lingüística de los pueblos indoame-
ricanos.
Dr. Jaime Otazo Hermosilla,
Agosto, 2024
Director del Departamento de Lenguas, Literatura y Comunicación
Universidad de La Frontera, Temuco
16
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
PRESENTACIÓN II
Los últimos veinte años han visto una proliferación maravillosa de
trabajos académicos sobre la lengua mapuche (o mapudungun). En efecto,
si tomamos una métrica un tanto cruda, como el número de publicaciones
en que se menciona este idioma en un buscador académico especializado
(Google Scholar), veremos que, alrededor del cambio de milenio, no se
producían más que un puñado de trabajos por año, mientras que cada uno
de los últimos dos años ha visto la publicación de más de un millar de
textos de este tipo.4
Podemos decir, entonces, que los estudios académicos sobre el mapu-
dungun han alcanzado una cierta madurez, con un diálogo interno robusto
que abarca una gran variedad de temas y teorías. Sin embargo, en la espe-
sura y abundancia del material, resulta fácil perder el rumbo. Esto es cierto,
sin duda, para el o la especialista que busca seguir el vigoroso paso de
la investigación sobre la lengua, pero es particularmente abrumador para
4 El gráfico, de elaboración propia, representa menciones de los términos “ma-
pudungun”, “mapuzungun”, “chedungun” y “chezungun” en la base de datos (scholar.
[Link]). Evidentemente, es una muestra meramente ilustrativa, pues hay otros facto-
res —como la digitalización de materiales o el paulatino abandono del exónimo ‘arauca-
no’— que juegan una parte en los resultados.
17
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
quienes recién empiezan a hacerse camino en este tupido lemu (bosque),
sean educadores, hablantes o aprendices de la lengua, sin estudios especia-
lizados en la descripción lingüística.
Es en este contexto que el libro que tiene usted en sus manos emerge
como una guía imprescindible. Pu mapuche ñi n’emül’ (El habla de los mapu-
che) nos provee de una síntesis experta del estado del arte sobre la lengua
mapuche y los conceptos lingüísticos claves para adentrarse en la gran
aventura de comprender su estructura, identificar sus características únicas
(en particular las que la diferencian de las lenguas europeas) y, con más
razones, maravillarse de ella.
Por un lado, el libro de Painequeo, Salamanca y Berríos provee una
introducción sumamente accesible y útil a las estructuras fundamentales
del sistema de sonidos y a la gramática del mapudungun; por otro, nos in-
vita a pensar de maneras nuevas sobre las lenguas: sobre su uso en socie-
dad; sobre la relación entre la escritura y la oralidad; sobre lo que significa
‘traducir’ de una lengua a otra; y sobre los límites y posibilidades de la
palabra como estructura básica del lenguaje. En este sentido, el texto no
solo nos da un vocabulario descriptivo —¡una verdadera introducción a la
lingüística estructural!—, sino que también pone al descubierto una serie
de preconcepciones problemáticas sobre el lenguaje que se expresan co-
múnmente hoy, desmitificándolas con particular referencia al mapudungun.
Entre los mitos que este libro se enfoca en derribar, el más patente
es el de la centralidad del n’emül’ (la palabra o el habla) como signo escrito.
Efectivamente, para las personas letradas, especialmente en idiomas con
una larga tradición escrita, el lenguaje hablado es algo evanescente, sin el
mismo valor que la escritura. Recordamos haber aprendido a leer y escri-
bir, aun si no recordamos el aprender a hablar. Es este proceso consciente,
donde percibimos el esfuerzo de dominar la tecnología que es la escritura,
que nos lleva a menospreciar el lenguaje de la voz (o la seña) por sí solo.
En la ideología imperante, el hablar más correcto es el que más se parece
a la escritura, siguiendo las reglas del registro erudito, más que de la comu-
nidad de nuestros pares.
La primera parte de este libro representa un potente llamado a cues-
tionar esta ideología lingüística centrada en la lecto-escritura. En contra-
punto, se propone el paradigma de la oralidad primaria. Esta es una manera
radicalmente diferente de transmitir y construir conocimiento, propia de
las sociedades que se han desarrollado sin el uso (o la necesidad) de un me-
dio escrito. La oralidad primaria representa una serie de prácticas que no
se ciñen al ‘pie de la letra’, sino que requieren de un continuo reforzamien-
to a través del habla, consolidando en la interacción los vínculos sociales,
el küpalme (descendencia, origen) y la cosmovisión de una comunidad. De
18
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
este modo, el proceso de socialización en culturas ‘ágrafas’ como la mapu-
che implica, según nos dicen los autores, una y otra vez recordarles a niños
y niñas la necesidad de ñi kim alhkütual (saber escuchar).
En este constante reforzamiento social a través del habla, emerge
una gran variedad de géneros textuales mapuche, los cuales son puramente
orales e incluyen ül (cantos) y nütham (narraciones). En la primera parte
del libro, se presenta una categorización de estos tipos discursivos y un
análisis detallado de instancias de los mismos, en particular del ül mapu-
che. Este cuidadoso estudio demuestra que, mientras hay variabilidad y
contextualidad en estas formas discursivas, el arte verbal mapuche muestra
sistematicidad tanto al nivel de la métrica, como del uso de fórmulas ver-
bales y temáticas culturales.
Otra de las consecuencias principales de la oralidad primaria es el
carácter local del saber y la importancia del contexto en la formulación
de conocimiento, decisiones e interacciones. Esto se refleja, por cierto,
en aspectos estructurales de la lengua, como son las sutiles marcas de
evidencialidad y locación en el verbo (§20.5), o la importancia que se da a
la perspectiva desde cual se presentan los participantes de la acción (§15),
patrones que se examinan en la tercera parte del libro: Morfosintaxis de la
lengua mapuche.
Del mismo modo, vemos que este énfasis en lo local tiene conse-
cuencias para otro mito que derriban los autores: la primacía de la lengua
estándar. Junto con creer en la centralidad de la escritura, en los estados
industrializados y post-industrializados de hoy, se tiende a elevar una sola
forma de la pronunciación de los sonidos y de la selección y orden los
elementos gramaticales, por sobre todas las demás. Esta ideología de lengua
estándar a menudo está amarrada a la noción del estado, que dicta una cierta
forma idónea de la lengua dentro de sus fronteras, la cual (coincidentemente)
tiende a corresponder a la forma de hablar de las clases dominantes. Así, el
habla que difiere de este estándar, a menudo es considerada ‘sub-estándar’
y es objeto de burlas y estigmatización, siendo que —en cuanto a su valor
comunicacional— no existen buenas razones para preferir una forma de
la lengua por sobre la otra. En efecto, para la ciencia lingüística, no existe
un criterio objetivo para el ‘hablar correcto’, por lo cual todas las formas
de usar la lengua, entre hablantes nativos competentes, son igualmente
válidas y la forma estándar no tiene una centralidad más allá de la que le
dan los mismos hablantes.
En esto, las lenguas tradicionalmente ágrafas y sin una forma es-
tándar —como el mapudungun— tienen algo que enseñarnos acerca del
rol fundamentalmente discriminatorio que cumple la creencia en que las
formas de habla de las élites son las únicas socialmente aceptables. Aun-
19
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
que este libro se centra en la variedad del mapudungun hablada en la zona
l’afken’che, a lo largo del trabajo se muestran numerosas maneras en las
cuales la lengua varía de un lugar a otro, desde la pronunciación y el léxi-
co hasta las conjugaciones verbales. En lingüística, estas distintas formas
geográficas de una lengua son lo que se denominan dialectos, un término
que es puramente descriptivo, no evaluativo, y que los autores reivindican
como un elemento clave de la riqueza del mapudungun. Subrayan, por lo
demás, que ninguno de estos dialectos tiene más credenciales que el otro
para ser considerado parte de la misma lengua y que la ausencia de un
estándar y una forma escrita estable no le quita valor alguno a la lengua
en cuanto tal.
Cabe destacar que el contenido de Pu mapuche ñi n’emül’ es particu-
larmente importante por el momento histórico en que se da al público.
Este es un contexto difícil y lleno de contradicciones, tanto para la lengua
mapuche, como para la comunidad de sus hablantes. Por un lado, las últi-
mas décadas atestiguan una paulatina visibilización del mundo mapuche;
muchas veces de la mano de la reivindicación de esta identidad y del rol
del mapudungun como elemento cultural central en ella. En paralelo, sin
embargo, vemos que estos procesos emergen justo cuando el número de
hablantes de mapudungun empieza a decrecer bruscamente, y la continuidad
de la lengua se ve en jaque.
No cabe duda que, en el contexto de Chile, el pueblo mapuche con-
tinúa teniendo un estatus problemático, con muchas reivindicaciones pen-
dientes y sujeto a clara discriminación social. A pesar de ello, hay señales
de que ciertos niveles de estigmatización han ido menguando. Quizás el
dato más alentador, en este caso, es el crecimiento, en censos y encuestas,
de la proporción de la población que se autoidentifica como indígena o
específicamente mapuche. Vemos, así, que en los datos de la encuesta CA-
SEN, la proporción de los encuestados que se autodenomina ‘indígena’ ha
crecido sustancialmente en las últimas dos décadas.5 Del mismo modo, en
los datos de censo nacional chileno, el porcentaje de personas censadas
que se consideran mapuche es más que el doble en el año 2017 que en el
2002.6 Estas cifras no se deben a una milagrosa capacidad reproductiva de
las comunidades indígenas preexistentes, o al éxodo masivo de la comuni-
5 Los datos provienen de las encuestas de Categorización Socioeconómica Na-
cional, disponibles en [Link]
cial/catalogoDimension/53. El gráfico es de elaboración propia.
6 Los datos provienen del Censo de Población y Vivienda del Instituto Nacional
de Estadísticas de Chile, disponibles en [Link]
sos-de-poblacion-y-vivienda. El gráfico es de elaboración propia. Al momento de escribir,
los resultados del Censo 2024 no se encuentran disponibles aún.
20
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
dad no-indígena, sino que muestran una creciente asociación positiva —o
por lo menos no-estigmatizada— entre la identidad de los individuos y
la identidad indígena, la cual los lleva a auto-declararse miembros de este
grupo originario.
De la mano de estas señales de la reevaluación de la identidad mapu-
che, sin embargo, vemos que uno de sus marcadores principales, la lengua
mapuche, ha perdido terreno. Aunque los datos no son exhaustivos, en-
cuestas como las del Centro de Estudios Públicos sobre pueblos originarios
muestran que el porcentaje de mapuche que no hablan ni entienden el
21
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
mapudungun ha crecido importantemente, tanto en el campo como en la
ciudad. Del mismo modo, las encuestas muestran que el número de ha-
blantes con competencias en mapudungun similares o mejores que las que
tienen en castellano ha tendido a decrecer,7 dando un sentido de marcada
urgencia a los esfuerzos por su revitalización.
En la contienda desigual entre las lenguas minoritarias y las domi-
nantes-coloniales, entonces, no basta solamente un cambio de actitudes
personales para modificar el desenlace. Efectivamente, las lenguas que han
logrado sobreponerse con cierto éxito a estos embates, como el galés o el
euskera, han gozado de un importante apoyo institucional. Este apoyo es
particularmente importante para alcanzar a quienes se identifican como
mapuche, pero no tienen competencia alguna en la lengua (la gran mayo-
ría, como vemos en los datos del CEP) y quizás carecen de acceso a comu-
nidades mapuche-hablantes, donde ellos —o sus hijos e hijas— puedan
aprender la lengua de manera orgánica y primariamente oral. Para estas
personas, la instrucción formal en la lengua puede ser la única vía disponi-
ble para la transmisión del mapudungun. Hay evidencia, por lo demás, que el
interés por aprender esta lengua ha tenido un importante resurgimiento en
los últimos años. Es así que vemos en estos momentos una explosión de
nuevos talleres, cursos universitarios y comunidades virtuales dedicados al
aprendizaje de la lengua.8
7 Los datos provienen de las encuestas CEP de opinión pública, disponibles en
[Link] Los gráficos son de elaboración
propia.
8 Un dato concreto a este respecto es que, al momento de escribir (Junio de 2024)
las páginas de Facebook “Kimeltuwe” y “Kim mapuzuguleaiñ!”, dedicadas a promover el
aprendizaje del mapudungun, tienen más de doscientos mil y cien mil miembros, respectiva-
mente.
22
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Dicho lo anterior, Painequeo, Salamanca y Berríos no buscan pro-
poner un plan de acción para la revitalización del mapudungun, sino que
explícitamente hacen entrega de una batería de herramientas descriptivas
a la comunidad, a la cual corresponde decidir con autonomía acerca de
su patrimonio lingüístico. Sean cuales sean estas decisiones, tener a dis-
posición materiales de calidad que den cuenta de la lengua en toda su
riqueza y diversidad será clave. La idoneidad de Pu mapuche ñi n’emül’ para
estos propósitos se basa no solo en la accesibilidad con que se presentan
bien-establecidos elementos de la pronunciación y gramática mapuches,
sino también en la expansión de estos conocimientos a través de inves-
tigación nueva que busca representar más amplia y fielmente la usanza
tradicional de la lengua. Es esta fina atención a los sistemas de la lengua
—con recomendaciones específicas acerca de los sonidos que presentan
más desafíos, o la variabilidad de las formas verbales— que ha de ayudar a
mantener la continuidad entre las características lingüísticas de los hablan-
tes tradicionales y las que vayan desarrollando los nuevos aprendices en
contextos menos tradicionales.
La experticia compartida de Painequeo, Salamanca y Berríos hace de
este libro un recurso singular. Los autores traen al texto una incomparable
y abundante experiencia de primera mano en el trabajo de campo con
comunidades a lo largo del Walhmapu (territorio mapuche), además de una
larga trayectoria en la labor pedagógica, tanto en instituciones de educa-
ción superior, como en contextos de educación popular rurales, urbanos y
virtuales. Aún más, a través de sus publicaciones especializadas y de divul-
gación, los autores han cumplido un rol importantísimo de abogacía por
la lengua. Esta experiencia, transitando entre las exigencias de la academia
y las condiciones reales de los hablantes y aprendices de la lengua, hace del
contenido de este libro un modelo a seguir. Es un trabajo riguroso, sin ser
dogmático, cumpliendo con el cometido central de la ciencia lingüística de
describir en lugar de prescribir.
De acuerdo a este cometido, la segunda parte de la obra nos pro-
vee de una fantástica introducción a la fonética articulatoria y al Alfabe-
to Fonético Internacional (AFI) con ejemplificación práctica en castellano y
mapudungun. La abundancia de ejemplos y el cuidado en la ilustración de
los conceptos reflejan la profunda experiencia pedagógica de los autores
en esta área. En la misma sección, se da también una contundente intro-
ducción a la fonología —el sistema más abstracto de los sonidos de una
lengua—, con aplicación directa al mapudungun. Este incluye un análisis
fonémico contrastivo que va más allá de una reseña introductoria, dando
contexto a problemáticas fundamentales en los estudios de la fonología
del mapudungun. Así, se abarcan cuestiones de suma relevancia tanto para
23
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
la teoría lingüística, como la práctica educativa, tal cual son las alternan-
cias —y propuestas formas ‘base’— de la llamada ‘sexta vocal’ mapuche
(escrita ü o v) o las diferencias geográficas en la sonoridad de las fricativas,
tal cual que en territorio norte se escucha [v]üt’a y al sur [f]üt’a para la
misma palabra (marido). Finalmente, destacamos el tratamiento acucioso
de la acentuación en la lengua, tema que se tiende a mencionar de manera
algo somera en otros trabajos de síntesis. Este último es un tema de par-
ticular relevancia para los aprendices, ya que los patrones de acentuación
mapuche a menudo difieren de los de su principal lengua de contacto: el
castellano.
La ‘gramática’ mapuche —en términos lingüísticos, la morfología y la
sintaxis— es tratada por los autores de manera sumamente comprehensi-
va en la tercera parte del libro. Esta sección abre con una discusión muy
pertinente para los estudios del mapudungun, a saber, la discusión acerca de
la naturaleza de la palabra como potencial elemento básico de cualquier
lengua. Para quien tenga el castellano, el inglés o el mandarín como su len-
gua única, la noción de ‘palabra’ será bastante unívoca, incluso pareciendo
obvia, pues se refleja claramente en el sistema escrito. Sin embargo, para
el mapudüngufe (hablante de mapudungun) esta unidad no es tan clara y ab-
soluta. En efecto, expresar una idea en castellano puede tomar dos, cinco
o diez palabras, mientras que la misma idea puede expresarse en tan solo
una en mapudungun, como en el ejemplo a continuación. Sin embargo, los
hablantes felizmente pueden también separar ciertos elementos internos
de la palabra (como el nag de nuestro ejemplo) tanto conceptualmente,
como ortográficamente (si fuera necesario escribir la lengua).
nagkintuniepagen9
nag-kintu-nie-pa-en
abajo-mirar-prog-cis-imp.2sA>1sP
‘sigue mirándome tú a mi aquí abajo’ (‘vigila sobre mí’)
Esta capacidad de formar largas palabras, con abundantes sufijos y
más de una raíz, es una las propiedades de las lenguas polisintéticas como
el mapudungun. Otra característica clave de esta categoría tipológica es
la posibilidad de marcar todos los distintos argumentos (grosso modo:
9 Tomado de la autobiografía del longko Paskual Koña, recopilada y publicada por
el capuchino Ernesto de Mösbach (1930), p. 355. Las abreviaturas en la glosa representan
prog = progresivo persistente, cis = cislocativo (refiere a una acción cercana al punto de
referencia del habla), imp = imperativo, 2 = segunda persona, s = singular, A = agente, 1 =
primera persona, P = paciente (más detalles en la tercera parte del libro).
24
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
quiénes hacen algo, a quién se lo hacen y para quién) dentro del verbo.
Esto tiene consecuencias para la manera en la cual concebimos la tra-
ducción entre una lengua polisintética, como el mapudungun, y otra flexiva
y fusional como el castellano (o wingkadüngun). Claramente es necesario
desechar la idea de que existen siempre correspondencias directas entre
las palabras individuales de una lengua y las de otra, pues una misma
idea puede expresarse con recursos muy distintos. Esto rinde imposi-
bles de contestar (en absoluto) ciertas preguntas por la equivalencia de
elementos individuales (¿cómo se dice ‘cuando’ en mapudungun? ¿y ‘sin
embargo’? ¿y ‘no’?).
Mientras que la sección del libro dedicada a la morfosintaxis mapu-
che nos da una fuerte base en distintos tipos de palabra —sustantivos,
adverbios, adjetivos, etc.—, el mayor énfasis se pone en el verbo, que es
el corazón de la lengua y donde se muestran las complejas interacciones
polipersonales que hemos mencionado. Al igual que en las otras partes del
trabajo, esta sección presenta una visión balanceada entre la descripción
de los patrones del mapudungun y la explicitación de conceptos lingüísti-
cos claves para poder hablar de ellos de manera productiva. Siguiendo
este plan de ataque, los autores llegan eventualmente a los límites de las
descripciones existentes, extendiendo nuestro conocimiento especializado
con nuevos datos.
En particular para la morfología verbal, el trabajo descriptivo del li-
bro excede de muchas maneras al material existente en otras gramáticas.
Por un lado, nos provee de síntesis a través de tablas y explicaciones breves
y claras, y por el otro, da un fuerte sentido de las posibilidades y desafíos
de las distintas estructuras para el aprendiz, usando una enorme batería
de ejemplos sumamente atingentes. Llama la atención, en particular, el
tratamiento de las llamadas ‘formas verbales no-personales’ (§16). Usando
el marco conceptual de Fasola (2015), la aproximación al tema provee he-
rramientas prácticas para el aprendizaje de estas estructuras que, bajo otras
descripciones, se presentan un tanto inescrutables y no poco intimidantes
para los neófitos.
En resumidas cuentas, esta contundente contribución a la descrip-
ción y promoción de la lengua se encuentra en la singular posición de
tender un puente entre hablantes tradicionales de la lengua y nuevos
aprendices. A la vez, valida las prácticas y conocimientos del mundo
de la oralidad primaria y los ofrecen a un público variado mapuche y
no-mapuche que no puede sino venir desde el mundo de la primacía
lecto-escritora. Es así que el libro que se presenta aquí busca abrir las
puertas a la lengua mapuche, ayudándonos a nombrar y comprender sus
distintas estructuras, aprendiendo a valorarlas desde una perspectiva lin-
25
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
güística y cultural. Con estas nuevas herramientas, Painequeo, Salamanca
y Berríos nos invitan a acercarnos a la lengua, yendo más allá de lo leído
en estas páginas y teniendo siempre presente la importancia de ñi kim
alhkütual (saber escuchar).
Benjamín Molineaux,
Junio, 2024
The University of Edinburgh
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. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
PRÓLOGO
La publicación del libro Pu Mapuche ñi n’emül’, o Una introducción a la
lengua mapuche, nos depara una original felicidad. Como sabemos, buena
parte (muy posiblemente la mayoría) de las publicaciones científicas de
Chile y Argentina son pertinentes y valiosas. Pero esta publicación, ade-
más de valiosa, parece imprescindible, porque la abrumadora mayoría de
la población en estos dos fraternales países ignora la lengua del pueblo
mapuche casi en su totalidad. El libro de Juan Héctor Painequeo Paillán,
Gastón Salamanca Gutiérrez y Aldo Berríos Castillo, entonces, resulta im-
prescindible para empezar a corregir ese desconocimiento, incluso más
allá de Chile y Argentina.
En Una introducción a la lengua mapuche se recupera con énfasis el valor
de la palabra hablada. Los análisis del libro permiten entender que la len-
gua del pueblo mapuche, el mapudungun, constituye un fenómeno indisolu-
blemente ligado a la oralidad primaria. Por ello nos ponen en contacto con
la vida misma del lenguaje, que es precisamente la oralidad.
Por supuesto, se sabe desde hace mucho que la lengua es oralidad.
Ya en su Curso de lingüística general, Saussure nos advierte que la escritura no
es una ropa con la que se viste la lengua, sino un disfraz que, como tal, a
veces puede resultar engañoso.
Con otra metáfora muy visual, Bloomfield señala que la escritura de
una lengua se parece tanto a esa lengua como la foto de una persona a esa
persona. Así, podrían usarse el alfabeto cirílico o el griego, y aun caracteres
chinos, para representar las expresiones del mapudungun o el español, pero
eso no alteraría en absoluto las estructuras del mapudungun o el español.
Estas prevenciones pueden sonar obvias o redundantes para un pú-
blico de lingüistas. Sin embargo, acaso tengan valor si se considera que,
en ocasiones, el merecido prestigio de la escritura puede hacer olvidar que
la lengua es un fenómeno oral. En efecto, el sistema de notación de una
lengua puede llegar a confundirse con la lengua. Dichas confusiones han
dado lugar, por ejemplo, a que se llegara a suponer, explícita o implíci-
tamente, que las estructuras arbóreas de la teoría generativa sirvan para
representar estructuras lingüísticas reales en el sistema cognitivo de algún
hablante.
27
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
La centralidad de la escritura, por ejemplo, ha llegado a confundir
al mismo Jorge Luis Borges, quien sugiere que puede haber idiomas que
ignoran las palabras compuestas (1974: 378). De manera mucho más con-
tundente, Borges lamenta lo que él juzga una limitación del español: la
“ineptitud / para formar palabras compuestas” (1974: 654/655).
A partir de esas apreciaciones de Borges, podría llegar a inferirse
que el alemán sería una lengua mucho más apta para formar palabras com-
puestas que el español. Por ejemplo, en español se usan “cuatro palabras”
en la expresión máquina de cortar pasto para hacer referencia al objeto para el
cual en alemán se usa “una sola palabra”: Grasschneidemaschine.
Ahora bien, la expresión alemana Grasschneidemaschine está compuesta
por los morfemas Gras (pasto), schneide (cortar) y maschine (máquina). Cabe
destacar que los tres morfemas que componen la extensa palabra alemana
cuentan como lexemas en otros contextos. (La forma schneide coincide con
la primera persona del presente de indicativo del verbo schneiden).
Sin embargo, para innumerables hispanohablantes la expresión má-
quina de cortar pasto cuenta perfectamente como un único lexema en sus
propios sistemas lingüísticos. Se trata de una secuencia que se aprende y se
usa como un todo. Que se escriba por medio de cuatro expresiones (que a
su vez, en otros contextos, son lexemas independientes) no es un criterio
para definir que la expresión máquina de cortar pasto no sea en sí mismo un
lexema independiente en el sistema lingüístico de un hablante real.
Los ejemplos en este sentido son innumerables. El concepto al cual
en inglés se alude por medio de una sola palabra escrita como weekend
requiere de tres palabras para su alusión en español: fin de semana. Pero
eso no es ni de cerca un ejemplo que sirva para mostrar que el español es
inepto para formar palabras compuestas, porque de hecho fin de semana es
un lexema compuesto.
En efecto, fin de semana es un lexema para un hispanohablante típico
porque se trata de una expresión completa y libre en su sistema de cono-
cimiento, que puede usarse en muy diferentes contextos y evoca un con-
cepto identificable en virtud del cual puede compartir información con
otros hablantes. De hecho, si la expresión se escribiera “todo junto” como
“findesemana” y se la incluyera como tal en los diccionarios, su condición
de lexema y el concepto que evoca no variarían en absoluto.
De manera complementaria, también cabe decir que no siempre la
morfología o la ortografía del español sean menos proclives a la composi-
ción que las de otras lenguas. Por ejemplo, la única expresión Principito co-
rrespondiente al título del famoso libro es traducción del original francés
Petit Prince, que a su vez se traduce como Little Prince en inglés y Kleine Prinz
28
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
en alemán. En este caso, lo que requiere “una sola palabra” en español
exige “dos palabras” en alemán e inglés.
Todas estas cuestiones, en las que podemos perdernos si nos aferra-
mos a los sistemas de escritura de las lenguas indoeuropeas, resultan de
algún modo superfluas en el estudio del mapudungun, la lengua del pueblo
mapuche. En efecto, el libro de Painequeo Paillán, Salamanca Gutiérrez y
Berríos Castillo nos conecta con la oralidad primaria y a través de ella con
la vida misma de esa lengua. Dicho de otro modo, la cuestión de “cómo
se escribe” no nos distrae en esta necesaria introducción a la lengua ma-
puche. La escritura manifiesta desde las primeras páginas su naturaleza de
sistema de notación, más allá de su obvia utilidad para la confección de un
libro y aun para la difusión del mapudungun.
Aquí puede resultar pertinente, tal vez, mostrar con qué eficacia Una
introducción a la lengua mapuche da cuenta de las estructuras fonológicas, lé-
xico-gramaticales y conceptuales del mapudungun. En este sentido, Michael
Halliday sugiere que, a juzgar por la manera en la que los niños pequeños
aprenden a hablar, el estadio inicial de la evolución del lenguaje en la es-
pecie humana parece carecer de una gramática. Efectivamente, ese estado
inicial (que puede llamarse proto-lenguaje) consiste en un sistema de dos
niveles que permite la codificación directa de significados por medio de
expresiones como sonidos o gestos (es decir, los significados se conectan
directamente con medios de expresión como sonidos o gestos). Hacia el
segundo año de vida del niño, ese sistema inicial se ve reemplazado por un
sistema de tres niveles, en el cual los significados se codifican en palabras
y las palabras en sonidos (dicho toscamente, los significados se conectan
con los sonidos, que son los medios de expresión, por medio de palabras).
Esta concepción del sistema lingüístico se encuadra en esa valiosa
corriente científica para la cual dicho sistema es una red de relaciones. Esta
tradición, que podría denominarse “lingüística relacional”, está represen-
tada por Ferdinand de Saussure, Louis Hjelmslev, el recién citado Michael
Halliday y Sydney Lamb.
La moderna ciencia del lenguaje fue esencialmente relacional en sus
orígenes, a principios del siglo XX. De hecho, uno de los conceptos más
importantes desarrollados por Saussure es el concepto de valor: Cada cons-
tituyente del sistema lingüístico está determinado por su entorno. Por ejem-
plo, en el caso de las relaciones gramaticales, el valor del plural del sustantivo
español no coincide con el valor del plural del sustantivo mapuche, aunque
su significación (es decir, la relación entre concepto y expresión) pueda ser
la misma. Eso se debe a que la lengua mapuche tiene tres números morfoló-
gicos, como nos muestra el libro de Painequeo Paillán, Salamanca Gutiérrez
y Berríos Castillo para el caso de los pronombres posesivos.
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pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Persona
1º persona 2º persona 3º persona
Número
Iñche Eymi Fey
Singular
(yo) (tú/vos) (él)
Iñchiw Eymu Feyengu
Dual
(nosotros dos) (ustedes dos) (ellos dos)
Iñchiñ Eymün Feyengün
Plural
(nosotros todos) (ustedes todos) (ellos todos)
Evidentemente, el valor del plural del mapuche difiere del valor del
plural en español, porque ambos valores dependen del resto del sistema.
La noción de valor nos ayuda también a comprender las relaciones
entre palabras y significados. “Si las palabras representaran conceptos pre-
existentes, todas tendrían equivalentes exactos en significado de una len-
gua a otra; pero no es así” (Saussure, 1916: 116). Por ejemplo, el francés
utiliza louer (une maison) [alquilar (una casa)] para significar tanto “pagar”
como “recibir el pago”, mientras que el alemán utiliza dos palabras: mieten
[“pagar”] y vermieten [“recibir el pago”]. En conclusión, no hay ideas pre-
existentes asignadas a las palabras, sino que, por el contrario, los valores
emanan del sistema.
Saussure no utiliza la etiqueta “relacional”, pero sí emplea muchas
veces la palabra “relaciones”. Esto es apenas un mero problema termino-
lógico y lo cierto es que su enfoque puede considerarse relacional. Saussu-
re afirma, por ejemplo, que los conceptos son puramente diferenciales y
se definen negativamente, “por sus relaciones con los demás términos del
sistema” (Saussure, 1916: 117). Dicho de otro modo, cada elemento del
sistema lingüístico es precisamente lo que los demás no son. En este senti-
do, los conceptos lingüísticos son valores determinados por sus relaciones
con otros valores. Además, esas relaciones de valor son las que crean la
significación, es decir, la conexión entre el “significado” (concepto) y el
“significante” (imagen acústica).
La concepción relacional de Saussure también tiene consecuencias
en el plano fonológico. Los sonidos aislados no son relevantes. Al contra-
rio, las diferencias fonológicas permiten distinguir una palabra de todas las
demás, porque “las diferencias son portadoras de significación” (Saussure,
1916: 118). Una imagen vocal no es más adecuada que otra para lo que se
le encarga expresar. Según Saussure, las relaciones se definen en términos
de diferencias y, en el lenguaje, sólo hay diferencias y no términos posi-
tivos. Tanto si tomamos el significado como el significante, la lengua no
30
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
tiene ni ideas ni sonidos que existieran antes del sistema lingüístico, sino
sólo diferencias conceptuales y fonológicas que han surgido del sistema
mismo (Saussure, 1916: 120). Todo lo que es algo en el sistema lingüístico
lo es por su diferencia (por su “no coincidencia”) con el resto.
Uno de los continuadores más importantes de la obra de Saussu-
re, Louis Hjelmslev, advirtió una incompatibilidad entre la afirmación de
que una lengua consiste puramente en relaciones y la propuesta de que
las lenguas debían describirse como sistemas de objetos pertenecientes a
distintos niveles: frases, lexemas, morfemas, fonemas, rasgos fonológicos.
Así, Hjelmslev sugiere que el lenguaje manifiesta dos distinciones: (i) for-
ma frente a sustancia; y (ii) contenido frente a expresión (es decir, signifi-
cado frente a sonido). Estas distinciones se entrecruzan para dar lugar a
cuatro estratos: contenido-sustancia, contenido-forma, expresión-forma y
expresión-sustancia. Las dos formas (contenido-forma, expresión-forma)
pertenecen específicamente al lenguaje, mientras que las dos sustancias
(contenido-sustancia, expresión-sustancia) son las realidades externas co-
nectadas a través del lenguaje. Por un lado, existen relaciones “externas”
entre elementos de distintos estratos. Por el otro, hay relaciones “internas”
entre los elementos de un estrato.
Así las cosas, Hjelmslev concluye que “[l]a postulación de los ob-
jetos como algo distinto de los términos de las relaciones es un axioma
superfluo y, en consecuencia, una hipótesis metafísica de la que habrá que
liberar a la ciencia lingüística” (Hjelmslev, 1943: 23).
En esta tradición, Halliday formaliza las relaciones paradigmáticas en
redes sistémicas y así pone en primer plano una teoría del sistema lingüís-
tico como elección (Fontaine, 2013: 11-12). Una red sistémica represen-
ta cualquier parte del sistema lingüístico como un recurso para producir
significado gracias a elecciones concretas en el nivel léxico-gramatical. En
palabras de Halliday, “la elección forma parte de la historia general de atra-
vesar una red sistémica haciendo selecciones a lo largo del sendero de la
red” (2010: 69). Así, de manera muy poderosa las redes sistémicas ponen
de manifiesto que el sistema lingüístico es una red de relaciones. De hecho,
el enfoque funcionalista es esencialmente relacional: Una gramática fun-
cional no distingue entre descripción y relaciones, porque “describir algo
consiste en relacionarlo con todo lo demás” (1985: xxvii).
Geoffrey Sampson ha llegado a decir que “mucho más interesante
que el propio trabajo de Hjelmslev es el desarrollo que recibió a manos
de Sydney Lamb” (1980: 68). De hecho, las redes relacionales de Lamb
muestran cómo y por qué el sistema lingüístico es una red de relaciones. Si
se analizan a fondo las relaciones de las unidades lingüísticas, estas supues-
tas “unidades” resultan no ser objetos en absoluto, sino sólo puntos de
31
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
interconexión de dichas relaciones. El sistema lingüístico (a diferencia de
sus manifestaciones externas) no es en sí mismo un sistema de símbolos,
sino una red de relaciones, un sistema puramente conectivo, donde toda la
información está, precisamente, en su conectividad.
Puesto que la información está en la conectividad, no existe un mó-
dulo de memoria independiente, un lugar en el que se colocarían las cosas
y desde el que se recuperarían más tarde. Más bien, la memoria está consti-
tuida por las propias conexiones y, por tanto, está ampliamente distribuida.
Según Lamb (1999: 53-65; 2005: 159-160; 2013: 138-139), el sistema lin-
güístico puede graficarse con líneas y nodos, y nada más, las cuales forman
redes de relaciones.
Los rótulos en las redes de relaciones serán necesarios para facilitar
la lectura, pero no forman parte de la estructura, del mismo modo que los
carteles e indicadores ayudan a circular por una ruta, aunque sin ser parte
constitutiva de la ruta.
De hecho, la información lingüística reside íntegramente en la conec-
tividad de la red. Para procesar la información disponemos de dos tipos
de operaciones: (1) el movimiento de activación a través de la red y (2) los
cambios en las líneas y nodos, incluido el reclutamiento de nuevas líneas
y nodos. Las líneas y los distintos tipos de nodos pueden interpretarse
como los componentes elementales de la red. Cualquier punto en el que
las líneas se encuentran es un nodo, y podemos estipular como regla del
modelado de redes relacionales que en cada uno de esos puntos debe iden-
tificarse el tipo de nodo.
Todas estas cuestiones relacionales se ponen felizmente de manifies-
to en el libro Una introducción a la lengua mapuche, adonde hallamos una
precisa caracterización de la información fonológica, léxico-gramatical y
conceptual. En este punto, las redes relacionales (que exhiben las conexio-
nes entre los nodos) pueden servirnos para ilustrar cómo se articulan esos
tres niveles en el mapudungun.
Así, por ejemplo, la figura 1 muestra conexiones en torno al nodo
léxico ruka, que, según el Diccionario de Augusta, puede evocar los signifi-
cados “casa”, “choza”, “edificio”.
32
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Figura 1: El nodo léxico para ruka y conexiones con el significado y la fonología.
En efecto, un lexema al que se le puede dar una representación sim-
bólica como ruka se conecta, por un lado, con la información fonológica
y, por el otro, con los significados. La figura 1 es una primera representa-
ción esquemática de tales relaciones como conexiones en la red. En tér-
minos técnicos conviene señalar que, en la figura 1, el triángulo representa
un nodo “Y” ordenado descendente: La activación descendente desde el
nodo léxico para ruka va a los nodos para /ɻ/, y después a /u/, después a
/k/, y por último a /a/. Como la activación de la red es bidireccional, por
su parte, la activación ascendente desde /ɻ/, luego desde /u/, luego desde
/k/, y por último desde /a/ va hacia ruka.
Por otro lado, el corchete orientado hacia arriba es una instancia del
nodo “O” no-ordenado ascendente: La activación ascendente desde la co-
nexión léxica para ruka va hacia diferentes conceptos de forma simultánea
(por eso el nodo es no-ordenado). Dicha activación va hacia todos los no-
dos “de arriba”, aunque basta que uno solo se active: por eso es un nodo
“O”, y no un nodo “Y”. Por su parte, la activación descendente desde el
concepto CASA, o el concepto CHOZA, o el concepto EDIFICIO, va
hacia el nodo léxico para ruka. Por mera convención se usan mayúsculas
para los rótulos de nodos conceptuales.
Debe destacarse que como las relaciones se representan simplemen-
te como conexiones en una red, el símbolo ruka y todos los demás sím-
bolos son meros rótulos que no forman parte de la red. De hecho, los
símbolos ruka, CASA, /k/, etc. son sólo etiquetas que facilitan la lectura
del diagrama de red; son indicadores de lugares de la red.
33
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Figura 2: Sinonimia y polisemia en mapudungun.
Como puede advertirse en la figura 2, la relación entre “palabras” y
“significados” es una conexión recíproca, que va desde la representación
de la forma hacia la representación del significado, y viceversa. Gracias a
esta concepción relacional de la estructura lingüística se puede dar clara
cuenta de la polisemia y la sinonimia en ejemplos del mapudungun.
En la parte superior de la figura 2, los corchetes “hacia abajo” son
instancias del nodo “O” no-ordenado descendente. Así, la activación des-
cendente del nodo para CAMINAR va simultáneamente hacia los nodos
léxicos amulén y thekán. Esta conexión descendente desde un nodo concep-
tual hacia dos o más nodos léxicos es la sinonimia.
Por su parte, desde el nodo “O” no-ordenado ascendente para amulén
salen conexiones simultáneas hacia tres nodos conceptuales: PROGRE-
SAR, CAMINAR y SEGUIR ANDANDO. Esta conexión ascendente
desde un nodo léxico hacia dos o más nodos conceptuales es la polisemia.
De esta forma, las redes relacionales permiten empezar a describir
los tres niveles del mapudungun el cual es, obviamente, un sistema lingüís-
tico de tres niveles tan rico y tan complejo como cualquier otro sistema
lingüístico. La figura 3, por ejemplo, representa las conexiones en torno al
lexema kuykuypangi, cuyo significado es (como se nos explica en el libro)
CUMBRERO DE LA RUKA.
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Figura 3: “Palabra”, “palabra compuesta”, significados en sombra.
En el centro de la figura 3, el triangulito representa (como en la figura
1) un nodo “Y” ordenado descendente. La activación descendente sale
primero hacia kuykuy y después hacia pangi (por eso es ordenado). Este
nodo se conecta de forma ascendente con el significado CUMBRERO
DE LA RUKA.
La figura 3 vuelve a representar las relaciones de sinonimia. El nodo
“O” no-ordenado descendente para PUENTE se conecta con müku y ku-
ykuy, mientras que el mismo tipo de nodo para PUMA se conecta pangi y
thapial.
Pero la figura 3 también es ilustrativa en otros aspectos. En primer
lugar, nos muestra los significados en penumbra. En efecto, la “palabra
compuesta” kuykuypangi, que evoca CUMBRERO DE LA RUKA, está
integrada por las “palabras simples” kuykuy y pangi, que evocan los signi-
ficados PUENTE y PUMA, respectivamente. El lexema compuesto tiene
un significado propio, pero aquellos que se conectan con sus componen-
tes de algún modo también aparecen en el sistema de la red de relaciones.
Por otro lado, la figura 3 permite advertir que para la comprensión de
esta pequeña parte de la estructura del sistema lingüístico del mapudungun
nada importa que la palabra que significa CUMBRERO DE LA RUKA se
escriba “separada” [kuykuy pangi] o “todo junto” [kuykuypangi]. Esa cues-
tión reviste de interés para las convenciones ortográficas, que tienen valor
desde luego en ámbitos como la edición de libros y trabajos científicos o
la planificación educativa. Pero no define en absoluto la naturaleza de la
lengua misma.
El enfoque relacional también sirve, como se ha adelantado, para dar
cuenta de las estructuras fonológicas. La figura 4 representa el nodo para
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pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
el fonema /n/. El triángulo desde cuya base salen tres líneas simultáneas,
desde un mismo punto, es un nodo “Y” no ordenado descendente: en
efecto, la activación de los rasgos ‘nasal’, ‘sonoro’ y ‘alveolar’ se dan al
mismo tiempo, no en sucesión temporal. El corchete de la parte superior
del nodo es otro caso de nodo “O” no-ordenado ascendente. Las líneas
que salen desde un mismo punto representan que el fonema /n/ integra
numerosísimas expresiones.
Figura 4: Un nodo fonológico.
Figura 5: Nodos para fonemas y rasgos fonológicos.
Por su parte, la figura 5 representa la información de la figura 4 en
conexión con más estructuras fonológicas. Hay otro nodo “Y” no-ordena-
do descendente que representa el nodo para el fonema /l/, mientras que
los nodos “O” no-ordenados ascendentes de la parte inferior representan
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los rasgos fonológicos. Por ejemplo, el rasgo “alveolar” es constituyente
tanto de /n/ como de /l/, y de otros fonemas.
Conviene remarcar que las conexiones de estas redes son bidireccio-
nales y por ello dan cuenta de la producción y de la comprensión lingüísti-
ca. Por ejemplo, en el simple caso de la representación del fonema /n/ se
muestra que, en la producción, /n/ manda activación a los rasgos ‘nasal’,
‘sonoro’ y ‘alveolar’. Por su parte, en la comprensión lingüística, la activa-
ción conjunta de esos tres rasgos activa el nodo del fonema /n/.
En efecto, las redes relacionales proporcionan medios realistas para
explicar la producción y la comprensión del habla en términos de la acti-
vación de senderos de la red. De manera muy general, en lo que respecta
al oyente la activación va desde la fonología hacia los significados, mientras
que en el caso del hablante la activación comienza con los significados y
luego atraviesa los senderos hacia fonología. En síntesis, la conectividad
de la red se despliega tanto “hacia arriba” (de la expresión al significado)
como “hacia abajo” (del significado a la expresión).
De manera general, Lamb (1999, 2005) además da cuenta de cómo
funcionan la comprensión y la producción del habla en términos neu-
roanatómicos. Por ejemplo, en el reconocimiento, la activación recorre
primero las conexiones desde la cóclea hasta el tronco encefálico, incluido
el tálamo, que funciona en gran medida como mecanismo de control del
momento de recepción de la información en la corteza, y desde el tronco
encefálico hasta la corteza auditiva primaria. Continúa hasta los nodos co-
rrespondientes a los rasgos auditivos, y estos nodos pasarán la activación
hasta los nodos correspondientes a fonemas y sílabas. Aquí no hay objetos
lingüísticos, por lo que no se necesita ningún depósito, ni búfer, ni espacio
de trabajo como los de una computadora, objeto con el cual se ha com-
parado vanamente al cerebro. En la red relacional cada nodo es su propio
procesador: Cuando recibe suficiente activación, la transmite a los nodos
de nivel superior o inferior con el que está conectado.
Las observaciones sobre la fonología del mapudungun de Una intro-
ducción a la lengua mapuche dan cuenta cierta de la naturaleza relacional del
lenguaje. Para explicar este asunto, considérese ahora la figura 6, que re-
presenta estructuras en torno al nodo léxico para əlán, cuyo significado es
ABRIR (LA BOCA). Allí se distingue la información de los tres niveles del
sistema lingüístico (significado, léxico-gramática y fonología).
37
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Figura 6: Estructuras en torno al léxico para əlán [ə.'lan].
El lexema representado en la figura 6, əlán [ə.ˈlan], ABRIR (LA
BOCA) entra en contraste con əl̪án [ə.ˈl̪an], MASTICAR CON LOS
DIENTES EL TRIGO (PARA HACER MUDAY). Como la oposición
contrastiva conlleva un cambio de significado, resulta claro que estamos
ante dos fonemas distintos: /l/, que es lateral, alveolar, sonoro, y /l̪/, que
es lateral, interdental, sonoro. De manera análoga, entran contraste wili
[ˈ[Link]], que significa UÑA, y wiʎi [ˈwi.ʎi], SUR. Esta oposición permite
concluir que en el sistema fonológico del mapudungun hay un tercer fonema
lateral: /ʎ/, que es lateral, palatal, sonoro.
Figura 7: Fonemas laterales en mapudungun. /l̪/, /l/ y /ʎ/.
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La figura 7 incorpora la información de la figura 6 y agrega estructu-
ras lingüísticas en torno a los lexemas que sirven como ejemplo para defi-
nir los fonemas laterales del mapudungun. Así, por ejemplo, el nodo léxico
para wili (uña), se conecta de forma ascendente con el significado UÑA,
que aquí está representado meramente por un círculo que sólo indica que
allí hay un nodo conceptual.
En el extremo inferior del nodo léxico para wili hay un nodo “Y” or-
denado descendente que representa justamente que la secuencia de fone-
mas se estructura de forma ordenada: primero /w/, segundo /i/, tercero
/l/ y cuarto /i/ otra vez; por eso las conexiones salen de puntos diferentes
de la base del nodo. Obsérvese que hay un solo nodo para el fonema /i/,
que tiene dos conexiones con el nodo del lexema wili.
Luego, el nodo para un fonema como por ejemplo /i/ tiene un nodo
“O” ascendente no-ordenado que sirve para indicar que ese nodo tiene
conexiones con innumerables morfemas o lexemas, por ejemplo wili y wiʎi.
Por otro lado, como ya hemos visto, el nodo fonológico tiene en su ex-
tremo inferior un nodo “Y” descendente no-ordenado, en virtud del cual
se representa que, en este caso, los rasgos del fonema (anterior, alto) se
realizan simultáneamente (y no en una secuencia como en el nodo “Y”
descendente ordenado).
La figura 7 también sirve para representar que hay conexiones que
permiten la activación de diferentes secuencias. Por ejemplo, las conexio-
nes para /w/ e /i/ sirven tanto para la activación de wili (uña) como de
wiʎi (sur), y muchísimos otros nodos del nivel léxico-gramatical.
Como es de esperar, Una introducción a la lengua mapuche también da
buena cuenta de cuestiones morfosintácticas. De particular interés resulta
la cuestión de cómo el significado determina las estructuras, una de las
hipótesis fundamentales de la lingüística relacional. Así, por ejemplo, hay
compuestos mapuches en los cuales el significado del sintagma depende
del tipo de orden. Por ejemplo, el compuesto rag metawe (cántaro de greda)
se expresa en ese orden porque expresa la relación MATERIAL & PRO-
DUCTO. Por su parte, el compuesto metawe muday (cántaro de muday)
presenta un orden inverso porque la relación que evoca esa secuencia es
CONTENEDOR & CONTENIDO.
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pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Figura 8: Ejemplos con metawe. El significado condiciona las estructuras.
En el centro de la figura 8 están los nodos para los compuestos rag
metawe (cántaro de greda) y metawe muday (cántaro de muday). Los triángu-
los representan nodos “Y”, que dan cuenta de las relaciones sintagmáticas,
es decir, de las relaciones de hecho o en presencia. Por su parte, los cor-
chetes se utilizan para representar nodos “O”, que dan cuenta de las rela-
ciones paradigmáticas, es decir, de las relaciones potenciales o en ausencia.
En la figura 8 hay otro tipo de nodo aún no considerado aquí. Los
semicírculos representan nodos umbrales en el nivel del significado, nodos
de tipo intermedio entre los nodos “Y”, y nodos “O”. El nodo umbral que
representa significados puede ser activado por una o más de sus líneas de
entrada, pero no por todas. Lamb (1999: 152) explica que este nodo um-
bral es más básico en términos lógicos que el “Y” y el “O” porque estos
dos pueden derivarse de aquél, como si fueran casos especiales. El nodo
“Y” es un caso especial del nodo umbral para el cual el umbral es igual al
número total de líneas entrantes, mientras que “O” es un nodo umbral con
un umbral de 1 (basta una entrada sola para que se active).
El nodo umbral puede dibujarse con el símbolo n en su interior para
que indique el umbral específico, es decir, el número de líneas entrantes
que deben activarse para activar dicho umbral. Sin embargo, es innecesario
y también imposible especificar un número exacto. Consideremos, por
ejemplo, una conexión conceptual relativamente sencilla como la del con-
cepto VASIJA. Debe estar ligada a muchas otras conexiones; por ejemplo,
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conexiones para conceptos (como PRODUCTO o RECIPIENTE), así
como a conexiones correspondientes a información visual, auditiva y so-
mato-sensorial (como la sensación de aspereza).
La figura 8 muestra también que para la formación de ambos com-
puestos es necesaria la activación de nodos para lexemas autónomos. Así,
por ejemplo, en la producción de la secuencia rag metawe desde el nodo “Y”
descendente se envía activación primero a rag y después a metawe. Para la
comprensión de la secuencia, primero se activa rag, luego metawe, y ambos
nodos activan el nodo descendente “Y” para el compuesto. Es crucial aquí
que el orden de la estructura está determinado por los significados MA-
TERIAL & PRODUCTO. Todas estas relaciones pueden representarse
adecuadamente en una red como la de la figura 8.
Otra cuestión de relieve que puede advertirse en la figura 8 y en otras
redes es que los nodos léxicos no “tienen”, ni “guardan”, ni “almacenan”
significado, sino que en todo caso dichos nodos evocan significados en
virtud de las conexiones con los nodos conceptuales.
Figura 9: Estructuras léxico-gramaticales y conceptuales en torno a mapuche y
mapudungun.
En este marco, la figura 9 muestra algunas estructuras en torno a los
lexemas mapuche y mapudungun. Ya no se representan conexiones fonológi-
cas para evitar figuras todavía más complejas y, en especial, para enfocar
cuestiones del nivel léxico-gramatical y del nivel del significado.
De ella se desprende, acaso, una observación que pueda ser muy perti-
nente, sobre todo para los hispanohablantes. La explicación relacional per-
mite mostrar por qué mapudungun podría llegar a ser el término “más téc-
nico” para hacer referencia a la lengua del pueblo mapuche. En efecto, los
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pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
significados evocados por la expresión mapuche son GENTE y TIERRA.
Por su parte, mapudungun evoca los significados TIERRA y HABLAR, es
decir, “la lengua de la tierra”, o “la lengua de la gente de esta tierra”.
La riqueza y la complejidad de la morfología nominal y verbal del
mapudungun se ponen de manifiesto a través de numerosos compuestos,
como los recién mencionados, o como los de la figura 10, en torno a kü-
daw, lexema que evoca el significado TRABAJO y algunos asociados a él.
Figura 10: Algunas relaciones morfosintácticas y conceptuales en torno a küdaw.
La figura 11, a continuación, representa cómo se dan las conexiones
entre la morfosintaxis y el significado a partir dos verbos: kimeltulelafen y
yelelafen
Figura 11: Significados y léxico-gramática de los verbos kimeltulelafen y yelelafen.
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La figura 11 muestra cómo se estructura kimeltulelafen. El nodo “Y”
ordenado descendente para este verbo envía activación hacia los nodos
morfológicos. El primer morfema, kimeltu-, es la raíz, que evoca el signi-
ficado ENSEÑAR. Siguen luego los morfemas -lel- (conectado a APL),
-a- (conectado a FUT), -f- (conectado a FU10) y por último ‑en (que evoca
segunda persona de singular). El lexema kimeltulelafen evoca el significado
que en español puede parafrasearse como “le enseñarías por mí”.
Por su parte, la estructura de yelelafen se entiende en términos análo-
gos. La raíz ye- evoca el significado LLEVAR, mientras que los demás no-
dos morfológicos son los mismos que se necesitan para la representación
de kimeltulelafen y todos los demás verbos de mapudungun que tengan esta
misma estructura. El lexema yelelafen evoca el significado que en castellano
puede evocarse como “se lo llevarías en mi nombre/por mí”.
Se observará que, como destacan los autores del libro, en este caso se
requieren al menos cinco “palabras” para expresar lo que en mapudungun se
instancia con una sola. Pero las diferencias léxico-gramaticales como estas
no significan nada con respecto al potencial expresivo de las lenguas que
difieren. En todo caso, revelan que, como sugirió Benveniste, las estruc-
turas léxico-gramaticales de una lengua particular jamás son un obstáculo
para la expresión de los pensamientos.
Así las cosas, Una introducción a la lengua mapuche nos va mostrando
las vastas y complejas redes de relaciones del mapudungun. No sólo hay
agudísimos análisis de casos como el descrito en la figura 11, sino también
caracterizaciones de lo que podríamos considerar un nivel de abstracción
más alto. En este sentido, la figura 12 da cuenta de cómo se explica la frase
nominal del mapudungun.
10 FU o CE, contraexpectación.
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pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Figura 12: Frase nominal. El sustantivo como integrante
mínimo de la frase sustantiva.
La figura 12 presenta, como allí se indica, un tipo de nodo aún no
ejemplificado: el nodo “O” descendente no-ordenado. Hay tres instancias
en las cuales la conexión que tiene precedencia se conecta respectivamente
con el nodo para Demostrativo, Numeral y Adjetivo.
Por contrapartida, el nodo para la categoría Sustantivo se ve repre-
sentado por medio de un nodo “Y” no-ordenado ascendente, que tampo-
co se había ejemplificado hasta aquí, pero es acaso más fácil de visualizar
aquí porque ya se ha tratado el “Y” descendente no-ordenado. En este
caso, el nodo “Y” no-ordenado se conecta de forma simultánea con la
estructura correspondiente a la Frase Sustantiva y a la expresión de signi-
ficados muy generales como CATEGORÍAS DEL MUNDO. Por medio
de esta notación se puede mostrar que el sustantivo es el único elemento
obligatorio de la frase nominal, mientras que los demás son optativos.
Volviendo al nodo “O” no-ordenado descendente, cabe señalar que
hay una línea (una conexión) que tiene precedencia en el caso de que reci-
ba activación (precisamente “desde arriba”, del significado). Por ejemplo,
si el hablante necesita expresar una CUALIDAD se mandará activación a
la línea que se conecta con el nodo para Adjetivo. De lo contario, se activa
la línea por defecto, cuya terminal es cero. Esto permite representar, digá-
moslo otra vez, que el único constituyente obligatorio de la Frase Nominal
es precisamente el Sustantivo.
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La simplificada figura 13 (en la que no se distinguen los elementos
obligatorios de los optativos) representa la estructura de una cláusula sim-
ple: kom che müley ina paliwe (“todas las personas están junto al paliwe”). Por
su parte, la figura 14, también simplificada, presenta una cláusula subordi-
nada adjetiva dentro de la frase nominal con el subordinante función sujeto.
Figura 13: La cláusula kom che müley ina paliwe.
(“todas las personas están junto al paliwe”)
Figura 14: Una cláusula subordinada con subordinante sujeto -lu, kom che müle-
lu ina paliwe (“todas las personas que están junto al paliwe”).
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pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Las figuras 13 y 14 representan la cláusula de un modo simplificado
con el objetivo de distinguir una cláusula simple independiente de una
cláusula subordinada. A continuación, la figura 15 presenta una descrip-
ción más ajustada de cómo pueden llegar a representarse las estructuras
de las cláusulas iñche eluafiñ ta fey y eluafiñ en el sistema lingüístico de un
hablante-oyente real de mapudungun. En español, esas cláusulas pueden pa-
rafrasearse respectivamente como “yo se lo daré a él” y “se lo daré”.
Obsérvese que en la figura 15 se incorpora la Frase Nominal como
constituyente opcional de la cláusula. En efecto, en la cláusula mapudungun
puede haber “sujeto tácito”, como por ejemplo en eluafiñ. La opción pre-
cedente, que es la aparición de la Frase Nominal en el sintagma, depende
de la necesidad de explicitar ese participante involucrado en el proceso
evocado por el verbo, en este caso como actor o agente.
Figura 15: La cláusula Iñche eluafiñ ta fey y la cláusula Eluafiñ.
La figura 15 también muestra que el único elemento obligatorio de la
cláusula es la Frase Verbal y, en ella, el Verbo. Esta red relacional da cuenta
de las estructuras que permiten producir y comprender una cláusula en
la que se realiza el único constituyente obligatorio, como eluafiñ (“se lo
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daré”) o la cláusula en la que se realizan constituyentes optativos, como
iñche eluafiñ ta fey (“yo se lo daré a él”). En la parte superior de la figura se
consigna que la cláusula permite evocar, simultáneamente, diversos signi-
ficados. En términos de la lingüística sistémico-funcional, que se encuadra
en la tradición relacional, toda cláusula cumple tres funciones al mismo
tiempo: Hace referencia a un proceso y a los participantes involucrados
en ese proceso (significado ideativo), expresa el vínculo entre el emisor
y el destinatario (significado interpersonal) y comunica un mensaje en un
contexto de situación (significado textual).
Figura 16: La oración en mapudungun.
Por último, la figura 16 busca dar cuenta de la estructura de la ora-
ción mapudungun. En ella están incluidas la figura 15 (estructura de la cláu-
sula) y la figura 12 (estructura de la frase nominal). Como podrá observar-
se, el nodo para la categoría Oración presenta un nodo “Y” descendente
ordenado cuyo único elemento obligatorio es el nodo correspondiente a
la Cláusula. Son optativos el Coordinante y cualquier oración coordina-
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pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
da, cuya posible aparición pone de manifiesto el nodo “O” descendente
no-ordenado que está a continuación del nodo para Coordinante.
La figura 16 cuenta como un mapa general de las estructuras léxi-
co-gramaticales que permiten que una persona, en tanto hablante de mapu-
dungun, produzca oraciones; y en tanto oyente, que las reconozca.
Debe reconocerse que toda red relacional es fragmentaria; primero,
porque el espacio físico para representar una red es limitado. Luego, por-
que la capacidad de atención y la memoria humana también son limitadas.
Y, lo que es más importante, porque el sistema lingüístico del mapudungun
en su totalidad (como el de cualquier lengua) es inabarcable.
Así y todo, la figura 16 permite mostrar las estructuras en virtud de
las cuales se pueden producir o entender las siguientes oraciones:
I. Ti narki petu umagtuley. “El gato todavía duerme.”
II. Ti thewa nepeley. “El perro está despierto.”
III. Ti narki petu umawtuley, welu ti thewa nepeley. “El gato todavía
duerme, pero el perro está despierto.”
IV. Mawün´i. “Llueve.”
Aun con el alto nivel de abstracción que involucran, aun con el tecni-
cismo que requieren, las redes relacionales que se han exhibido sirven para
mostrar al menos uno de los grandes méritos de Pu Mapuche ñi n´emül´,
Una introducción a la lengua mapuche. El libro nos permite empezar a entender
cómo y por qué el mapudungun es, como todas las demás lenguas del orbe,
una vasta y compleja red de relaciones. De manera concreta, nos permite
empezar a entender cómo interactúan las estructuras de la fonología, de
la léxico-gramática y de los significados de la lengua mapuche. De manera
muy especial, nos ofrece una caracterización de cómo el significado con-
diciona la elección y la comprensión de las estructuras morfosintácticas.
Los lectores de Chile y Argentina, las dos patrias donde se encuentra
el pueblo mapuche, y también todos los lectores del mundo que quieran
disfrutar o estudiar la variada belleza del mapudungun, habrán de sentirse
agradecidos de la llegada de este libro imprescindible.
José María Gil
Mar del Plata, 7 de junio de 2024
Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
(CONICET), Argentina
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INTRODUCCIÓN
I. ¿Cómo surgió la idea de escribir un libro?
El presente trabajo es fruto, por un lado, de las tareas realizadas por
el autor principal de este libro, Dr. Juan Héctor Painequeo Paillán, sobre
investigación y docencia en torno a la lengua y cultura mapuche, en el De-
partamento de Leguas, Literatura y Comunicación, de la Facultad de Edu-
cación, Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de la Frontera;
y, por otro, de la valiosa colaboración del académico del Departamento
de Español, de la Facultad de Humanidades y Arte de la Universidad de
Concepción, Dr. Gastón Salamanca Gutiérrez, junto al apoyo irrestricto
del Dr.(c) Aldo Berríos Castillo, estudiante actual del Doctorado en Lin-
güística de la Universidad de Edimburgo, Escocia.
La idea de hacer este libro surgió y maduró en la medida que el autor
principal conversaba con el Director del Departamento de Lenguas, Lite-
ratura y Comunicación de la Universidad de la Frontera, Dr. Jaime Ota-
zo Hermosilla. Durante estas conversaciones, se planteó la conveniencia
de plasmar por escrito algunos saberes en relación al estudio del idioma
mapuche; particularmente, aspectos lingüísticos y culturales. Esto porque
se había observado en cursos, seminarios y coloquios sobre enseñanza y
aprendizaje de la lengua mapuche en aula, etc., la necesidad de contar con
materiales escritos que auxiliaran la tarea académica; no sólo a nivel uni-
versitario, sino también en otros niveles de la educación formal.
Fue así como conociendo la sensibilidad en el tema y el amplio cono-
cimiento sobre fonética y fonología de la lengua mapuche del académico
del Departamento de Español, de la Facultad de Humanidades y Arte de
la Universidad de Concepción, Dr. Gastón Salamanca Gutiérrez, en su
oportunidad el profesor Painequeo se dirigió a él para consultar si podía
ser el tutor de esta tarea, a lo que accedió de manera afable y, al mismo
tiempo, propuso el nombre del Dr.(c) Aldo Berríos Castillo para que él,
con una importante experiencia en el diseño de materiales para la enseñan-
za-aprendizaje del mapudungun y amplio conocimiento del nivel morfosin-
táctico de esta lengua, colaborara en esta tarea.
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pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
II. ¿Quiénes son los ejecutores
y cuál es el objetivo del libro?
Dada la génesis de este proyecto, entonces, nos propusimos elaborar
un libro que contenga una introducción al estudio de la lengua mapuche.
Se incluyeron aspectos de su fonética, fonología y morfosintaxis, ponien-
do particular atención al tema de la oralidad primaria mapuche, por medio
de la cual —inclusive hasta el día de hoy—, se ha desarrollado la lengua y
la cultura mapuche.
En todo momento, durante el proceso de creación del manuscrito,
se procuró mantener una unidad textual que hiciera fluida la lectura de las
secciones desarrolladas por los integrantes del equipo ejecutor, lo que se
consiguió por medio de la revisión mutua de cada una de las tareas asigna-
das. Así mismo, se consultó y revisó cada uno de los ejemplos y expresio-
nes que aparecen en mapudungun en el trabajo, asegurando de ese modo la
coherencia de la obra y el logro de los objetivos.
Confiamos en que este trabajo servirá de manera preferente, pero no
exclusiva, como material de apoyo al proceso de enseñanza-aprendizaje a
nivel de aula. Por este motivo, propusimos, en primer término, como des-
tinatarios del libro a docentes que enseñen la lengua mapuche, profesores
en formación, traductores e intérpretes, estudiantes y profesionales que
tengan interés en estudiar y aprender la lengua mapuche, y, con algunas
consideraciones, al público en general.
III. Fundamentos:
¿Quiénes son los mapuches?
Los mapuches en Chile son los descendientes directos del pueblo
que habitó esta tierra desde Copiapó hasta la Isla de Chiloé, y gran parte de
Argentina; es decir, es un grupo humano que habitó esta tierra —lo que es
Chile hoy día— desde mucho antes de la llegada de los españoles, ocupan-
do un vasto territorio. Sin embargo, esta realidad, tristemente, ha ido cam-
biando para el mundo mapuche, debido a crueles hechos históricos, los
cuales los han reducido de manera significativa; aun así, hoy constituyen
el grupo indoamericano más numeroso que habita el territorio nacional y
parte de Argentina. Su mayor densidad poblacional se encuentra en las re-
giones del Bío-Bío, la Araucanía y los Lagos. Según los datos recogidos en
el censo nacional de población de 2017 (INE, 2018), un total de 2.185.792
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. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
personas dicen pertenecer a algún grupo étnico reconocido en la legisla-
ción vigente. De ellas, un total de 1.745.147 se reconocen como mapuches,
lo que equivale al 79,8% del total de la población indígena en Chile.
Hasta el periodo de la radicación en reducciones (fines del siglo XIX),
primaba entre los mapuches el monolingüismo en mapudungun en esta
zona; de allí que los primeros estudiosos hablen, al referirse al mapudungun,
del Chilidúǵu, en ortografía de la época, o la Lengua de Chile (Valdivia, 1606;
Febrés, 1765; Havestadt, 1777); pero luego, la llamada Pacificación de la
Araucanía trajo como consecuencia la prohibición tenaz del uso general de
la lengua mapuche en el siglo XX, inclusive en el aula, cuyos contenidos no
fueron incorporados al currículum nacional, lo cual hizo que la lengua del
europeo, el castellano, se fuese imponiendo de manera paulatina en el uso
casi universal entre los mapuches (Salas, 1992b).
IV. ¿Cuál es el estado actual de la lengua?
Las últimas investigaciones desarrolladas en relación con el estado
actual del mapudungun en Chile sostienen que la vitalidad de la lengua está
seriamente comprometida, y que se encontraría en una fase de retroceso,
producto del avance progresivo del castellano. El desplazamiento de la
lengua mapuche por el castellano se evidenciaría tanto en el hallazgo de
desgaste de algunos de sus fonos en el sistema fonológico (Croese, 1980;
Henríquez, 2004 y 2013; Mena y Salamanca, 2018), como en la disminu-
ción del uso de su lengua en los ámbitos de uso tradicional, y en el quiebre
de la transmisión intergeneracional (cf. Zúñiga, 2007; Gundermann et al.,
2009; Lagos, 2012).
Actualmente, con la incorporación de las lenguas indígenas en los
programas del sistema escolar (Ley General de Educación N.º 20.370), en
aquellos sectores con un porcentaje considerable de población indígena,
existe la posibilidad de enseñar la lengua mapuche en el aula. Sin embargo,
para llevar a cabo esta tarea, como sabemos, se requiere del conocimiento
de la lengua y la cultura mapuche, y una formación pedagógica de quienes
deben enseñarla. Más cuando el funcionamiento de la lengua y la cultura
mapuche ha sido, inclusive hasta el día de hoy, mediante la oralidad prima-
ria; pero ésta también comienza a menguar, lo que trae como consecuencia
menos conocimiento de la lengua como de la cultura mapuche11.
11 En las Consideraciones Generales del capítulo de Fonética y Fonología del Ma-
pudungun se contienen otros aspectos vinculados con el estado actual de la lengua mapuche.
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pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
V. ¿Por qué escribir este libro?
El presente libro ―que despliega aspectos de la lengua mapuche
vinculados con su enseñanza y aprendizaje― responde a una necesidad
real e imperiosa de apoyar, primeramente, pero no únicamente, a dos tipos
de profesionales que les corresponderá enseñar el mapudungun en el aula:
1) a quienes, aun siendo hablantes nativos de la lengua, desconocen el
metalenguaje pedagógico y lingüístico; y 2) a hablantes nativos en lengua
mapuche que podrán asumir el rol de kimeltuchefe, los cuales cada vez son
más escasos y no cuentan con una preparación lingüístico-pedagógica para
asumir esta valiosa función.
En este sentido, el presente libro busca suplir en parte esta necesi-
dad y ser un texto que valore la oralidad primaria mapuche, su cosmo-
visión y que presente aspectos prominentes de la fonética, fonología
y morfosintaxis del mapudungun para los destinatarios descritos en las
líneas precedentes, así como, con ciertas consideraciones, para el público
en general. Es así que podríamos afirmar que este texto intenta relevar la
lengua mapuche del centro sur de Chile; particularmente, el mapudungun
hablado en la costa de la Región de la Araucanía (dialecto V, según Croe-
se, 1980). En este contexto, es importante destacar que este objetivo se
aviene plenamente con los lineamientos institucionales de la Universidad
de la Frontera, en general, y de su Departamento de Lenguas, Literatura
y Comunicación, de la Facultad de Educación, Ciencias Sociales y Hu-
manidades, en particular, tal como se presenta en el siguiente apartado.
VI. ¿Calza el libro con la Misión de la UFRO?
La Universidad de La Frontera se define en el contexto de su misión
como una institución de Educación Superior pública, estatal, laica, plu-
ralista, inclusiva y autónoma, insertada en la región de La Araucanía, que
resguarda y pone en valor el patrimonio cultural y el desarrollo humano
y sustentable. Específicamente, tiene como misión “generar, desarrollar y
transmitir el saber en las diversas áreas del conocimiento y dominios de la
cultura. Reconoce, promueve e incorpora la cosmovisión de los pueblos
originarios, y en especial, la relación intercultural con el pueblo mapuche,
promoviendo el respeto y el desarrollo equitativo”, tal como se señala en
su sitio web institucional.
La Universidad de La Frontera es la única universidad de carácter
público forjada en la IX Región de La Araucanía. Su casa central está en
52
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
la ciudad de Temuco; específicamente, en dos campus, a los que se suman
los emplazados en las ciudades de Angol y Pucón. En sus más de 40 años
de historia se ha abocado al “desarrollo de la región y el país, mediante la
generación y transmisión de conocimiento, la formación de profesionales
y postgraduados, y la promoción de las artes y de la cultura, asumien-
do su compromiso con la calidad y la innovación, con el respeto por las
personas, el entorno y la diversidad cultural, con la construcción de una
sociedad más justa y democrática”, tal como se señala en otra sección del
mismo sitio virtual.
En línea con ello, y tal como plantea MINEDUC, en el Marco para la
Buena Enseñanza:
Los docentes tienen un papel protagónico en el esfuerzo de
la reforma educacional por mejorar los aprendizajes de todos
nuestros estudiantes. Tal como lo demuestran diversas inves-
tigaciones, la calidad del desempeño de los docentes, entre
otros factores, es uno de los que tiene una alta incidencia
en los logros de aprendizaje de los estudiantes. Lo que los
docentes deben saber y ser capaces de hacer es crucial en las
oportunidades de aprendizaje que tendrán. Durante la última
década, la elaboración de marcos para la buena enseñanza o
criterios de desempeño profesional se ha transformado en
uno de los ejes prioritarios de las políticas de fortalecimiento
de la profesión docente y del desarrollo profesional de los
maestros y maestras en diversos países, tales como [Link].,
Canadá, Cuba, Inglaterra, Australia, Escocia y Francia, entre
otros”.
VII. ¿Cuál es la necesidad de
escribir un libro de esta naturaleza?
El libro aporta en la dirección señalada en el apartado anterior, por
cuanto se focaliza en el proceso de enseñanza-aprendizaje del mapudungun,
anhelo que ha sido demandado y puesto en discusión en diversas ins-
tancias, como los coloquios I (2003), II (2004), III (2006), IV (2009), V
(2018) y VI (2021) sobre la enseñanza-aprendizaje de la lengua mapuche,
actividades realizadas en la Universidad de la Frontera y que fueron res-
ponsabilidad del autor principal de este libro.
53
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
De manera general, constituirá un aporte en la formación de futuros
docentes de esta lengua, y, de manera particular, entregará conocimientos
lingüísticos clave para el desarrollo de habilidades comunicativas, sustenta-
das en un sólido conocimiento estructural de la lengua mapuche.
VIII. Contenidos del libro
El libro consta de cuatro partes: la primera, se refiere a la Oralidad
Primaria Mapuche; la segunda, a la Fonética y Fonología del mapudungun;
la tercera, a la Morfosintaxis de esta lengua; y la cuarta, contiene las Con-
clusiones y Algunas Consideraciones Generales y Palabras Finales. Esta
estructura cuatripartita de la obra responde directamente a la importancia
del número meli ‘cuatro’ en la organización de distintas representaciones
de la realidad mapuche, como sus creencias religiosas, la disposición del
territorio y su geografía, diversas manifestaciones culturales, y la concep-
tualización del tiempo.
La primera parte, titulada Oralidad Primaria Mapuche, sostiene
que los nativos hablantes mapuches en Chile se han especializado en el
arte del habla y son capaces de ir más allá del mero acto de habla, de
allí que existan términos en lengua mapuche como: ülkantufe; nüthamtufe,
wewpife, kon´ewtufe, ngilhatufe, etc. Ellos no emplean la escritura ni la impre-
sión para construir sus textos orales, con los que logran comunicarse y/o
transmitir sus saberes.
Se expone, además, que habitualmente se invisibiliza a los pueblos
ágrafos, lo que implica negar su realidad lingüística y cultural. En efecto,
aun teniendo su existencia, es decir, poseyendo su tuwün (origen, residen-
cia con espacios específicos, desde tiempos inmemoriales), estos pueblos
sufren las amenazas de su supervivencia por no hablar la misma lengua,
por no ser iguales en el color de la piel y en las costumbres respecto de
las personas de las sociedades dominantes. Este hecho conlleva, a su vez,
otras consecuencias, como favorecer el progresivo avance de la glotofagia,
el patrocinio de los estereotipos, y la consolidación de un estado monocul-
tural y monolingüe en el territorio nacional.
Además, se sostiene que la actitud etnocéntrica y europeizante co-
mienza a cambiar, gracias a algunos eruditos que a mediados del siglo XX
han emergido, como Franz Boas (1911), Milman Parry (1971[1928]), Clau-
de Lévi‑Strauss (1964), Marshall McLuhan (1962), Albert Lord (1960),
Walter Ong (1987), Berkley Peabody (1975), Erick Havelock (1995), entre
otros. En efecto, en la segunda mitad del siglo XX, comienza una corriente
de pensamiento que toma consciencia de la existencia de dos prácticas in-
54
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
telectuales: un modo oral y un modo escrito de pensamientos y expresión,
revelando que las estructuras del proceso cognitivo cambian de acuerdo
con los distintos modos de vida y realidades de los grupos sociales. Así,
por ejemplo, Franz Boas subraya la necesidad de conocer la lengua in-
dígena para entender su cultura; y, al mismo tiempo, señala que se debe
reconocer que cada sociedad tiene su desarrollo histórico único y que debe
ser entendida a partir de su propio contexto cultural y ambiente específico,
especialmente su proceso histórico.
Lévi‑Strauss, por su parte, sostiene que la cultura es la representación
del mundo, es decir, una manera de darle sentido a la realidad, mediante
historias, mitos, descripciones, teorías, proverbios, productos artísticos y
espectáculos; y que todas las culturas, inclusive las indígenas, son siste-
mas de signos que expresan predisposiciones básicas cognitivas profunda-
mente enraizadas, que categorizan el mundo en términos de oposiciones
binarias; y que no hay diferencia cognitiva fundamental entre pensar el
mundo en términos de conceptos abstractos, como expresiones algebrai-
cas o números binarios, y hacerlo en términos de nombres totémicos (por
ejemplo, águilas contra osos, tierra contra cielo, corriente arriba versus co-
rriente abajo, etc.), o extraídos del mundo natural (entorno físico, plantas
y animales).
Peabody, en tanto, observa que en las culturas orales la lengua y su
sistema de comunicación pierden su vigor cuando su modo de expresión
es reemplazado por la escritura, y sostiene entonces que lo que era un
agente vivo, activo e inmediato se vuelve una autoridad pasiva, atemporal
y cada vez más distante.
Walter Ong (1987) reconoce y describe la oralidad primaria, señalan-
do que la comunicación humana ha sido, y es, fundamentalmente hablada,
desde la existencia del hombre en la tierra, y que la escritura “alfabética”,
como actividad humana, sólo data desde hace tres mil quinientos años. A
su vez, señala que, contrariamente a las raíces orales de toda articulación
verbal humana, durante siglos el análisis lingüístico y literario ha evitado la
oralidad, concentrando sus estudios en los textos escritos antes que en los
“textos” orales; y sólo en años recientes esto muestra algún cambio —si es
que lo ha hecho. En esta misma línea, la atención enfocada en los textos
escritos con frecuencia llevó a sostener que la articulación verbal oral era
en esencia idéntica a la expresión verbal escrita con la que normalmente
trabajaban, y que las formas artísticas orales en el fondo sólo eran textos,
salvo en el hecho de que no estaban asentadas por escrito. Este punto de
vista no permitió estudiar los textos orales como tales, sino que potenció
la opinión común de que, a diferencia del texto escrito (gobernado por
reglas escritas), las formas artísticas orales eran fundamentalmente desma-
55
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
ñadas e indignas de un examen serio. El dominio inexorable de los textos
escritos en la mente de los eruditos se hizo tan evidente que hasta el día
de hoy aún no se han estudiado profundamente ni se han formulado con-
ceptos que lleven a comprender, eficazmente, el arte oral como tal, sin la
referencia a la escritura, a pesar de que las formas artísticas orales que se
produjeron durante muchos años anteriores a la escritura no tenían ningu-
na conexión con esta última.
En consecuencia, no se puede suponer que un discurso de oralidad
primaria mapuche, ya sea un ül o un nütham, sea una variante de un texto
escrito; pues los discursos de oralidad primaria nunca se han escrito ni se
han construido para ser leídos. Por tanto, en estricto rigor, el ül no puede
concebirse como poesía, ni el apew como cuento, como algunas veces se
les suele encasillar.
Es así que se ha propuesto estudiar el canto mapuche desde la pers-
pectiva oralista, donde el análisis de las partes se constituyen en eslabones
que permitan comprender el texto oral, bajo los siguientes parámetros: la
métrica, que aborda las sílabas métricas, los grupos de líneas, los metros y
el patrón métrico; la fórmula, que identifica ciertas expresiones y/o enun-
ciados relevantes en cuanto a su contenido, que el ülkantufe emplea en la
construcción de su ül y/o de su nütham, y que se describen gramaticalmen-
te; y los temas, cercanos a la vida del ülkantufe, como el amor, la identidad,
el valor, la vida y la muerte, es decir, allí se tratan realidades cotidianas y
trascendentes en el marco de la visión de mundo mapuche.
La segunda parte, titulada Fonética y Fonología del Mapudun-
gun, se inicia con algunas consideraciones generales, en las cuales se tratan
dos tópicos sociolingüísticos sensibles cuando se aborda el estudio de las
lenguas originarias, en general, y del mapudungun, en particular: su estatus
de lenguas propiamente dichas y sus niveles de vitalidad. Una motivación
que hacemos explícita para abordar estos tópicos es tener respuestas con-
tundentes para quienes tengan dudas, distorsiones o prejuicios respecto
de estos tópicos y, con ello, contribuir a combatir la discriminación de las
lenguas minorizadas.
La siguiente sección de esta segunda parte está dedicada a la foné-
tica del mapudungun. Su foco son los sonidos presentes en esta lengua;
pero para dar contexto a ello, previamente se abordan tópicos como los
parámetros que permiten clasificar las vocales y consonantes fonéticas,
y las características prominentes del Alfabeto Fonético Internacional, un
sistema de notación con el cual es posible representar por escrito los so-
nidos presentes en las distintas lenguas del mundo. En cuanto a los soni-
dos del mapudungun, estos se describen articulatoriamente, se ejemplifica
su ocurrencia en distintos contextos fónicos, y, cuando la naturaleza del
56
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
segmento así lo ameritó, se ponderó su nivel de focalización en un even-
tual proceso de enseñanza-aprendizaje. En total, se describen 41 unidades
fónicas para esta lengua.
Un punto a considerar aquí es que si bien el foco de nuestra atención
es la estructura fónica del l´afken´che hablado en la costa de la IX Región
del país, hemos incluido sonidos presentes en otras variantes de la lengua;
esto con la finalidad de dotar al texto de un carácter más inclusivo y de un
mayor alcance de potenciales lectores. También es pertinente señalar que
en una cantidad importante de casos hemos hecho referencia a la grafía
que utilizamos cotidianamente en español, lo cual, por cierto, no ha sido
con la finalidad de sobrerrelevar la escritura, en general, ni la grafía de
esta lengua, en particular, sino que se fundamenta en dos motivaciones
prominentes: a) que los lectores puedan apreciar las simetrías y asimetrías
entre una grafía de uso práctico, como la que utilizamos cotidianamente,
y los símbolos que se utilizan en un alfabeto fonético especializado como
es el Alfabeto Fonético Internacional; y b) cuando ha sido posible, que el
lector pueda acceder a los sonidos del mapudungun no sólo a través de la
descripción articulatoria especializada, sino también, de manera práctica, a
partir de las simetrías o asimetrías que se pueden establecer entre el valor
fónico de las letras del alfabeto de uso cotidiano y los sonidos presentes
en la lengua originaria.
A la sección sobre la fonética del mapudungun, le sigue la sección de-
dicada a la fonología de esta lengua. Un primer aspecto que se releva aquí
es la distinción entre fonética y fonología. En este sentido, y como se suele
señalar en lingüística, es posible referirse a ellas como “dos caras de la
misma moneda”, aunque hay diferencias claramente distinguibles. Ahora
bien, dado que una de las tareas prominentes de la fonología consiste en
determinar los fonemas de una lengua (Obediente, 2007, p. 20), para llevar
a cabo este objetivo, en estas notas se presenta el Análisis Distribucional,
una herramienta teórico-metodológica basada en las propuestas de la Es-
cuela de Praga y del Estructuralismo norteamericano. Junto con ello, en
el subapartado más extenso de esta sección, se presentan los fonemas del
mapudungun (esto es, las unidades de sonido con valor funcional) y sus res-
pectivas realizaciones alofónicas (esto es, las variantes de dichos fonemas,
condicionadas por factores intralingüísticos ―como el contexto fonéti-
co― o extralingüísticos ―como la localización geográfica). Así, entonces,
los 41 sonidos distinguidos en la sección de Fonética se organizan en 28
fonemas; 6 vocálicos y 22 consonánticos. Respecto de ellos, se especifican
su(s) realización(es) alofónica(s) y, cuando hay más de una, el tipo de distri-
bución en que estas ocurren y por el cual adquieren el estatus de alófonos
y no de fonemas.
57
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Otra sección de esta segunda parte está dedicada a la representa-
ción escrita de los fonemas y los grafemarios del mapudungun. Aquí se da
cuenta de las razones por las cuales se sostiene que son los fonemas —y
no los sonidos— las unidades que deberían representarse en los sistemas
de escritura práctica; y las características prominentes de algunos de los
grafemarios que se han propuesto para poner por escrito el mapudungun.
Específicamente, se señalan algunas características del Alfabeto Mapuche
Unificado, del Alfabeto Raguileo y del Alfabeto Azümchefe.
Como se podrá advertir de la lectura de las secciones que contiene
esta segunda parte del libro, un foco prominente de él es establecer una
distinción lo más nítida posible entre lo que es un sonido lingüístico (uni-
dad fónica material, concreta), un fonema (unidad fónica funcional) y un
grafema o letra (representación de una unidad fónica a través de una grafía
de uso práctico y masivo). Este objetivo se fundamenta en que, de acuer-
do con nuestra experiencia como docentes e investigadores en lingüística,
tener claridad con respecto al alcance de estos términos tributa a un mejor
proceso de enseñanza-aprendizaje de una lengua en este nivel de análisis;
y, por el contrario, confundirlos, reciente, en mayor o menor medida, este
propósito.
Por otro lado, es importante señalar que el foco de este capítulo es el
abordaje de los sonidos lingüísticos del mapudungun desde una perspectiva
segmental (esto es, en tanto unidades discretas); entre otras razones, por-
que es en este ámbito donde se ha producido una tradición más robusta
de estudios de esta lengua. No así en el estudio de la prosodia —también
llamado nivel suprasegmental—, donde las incursiones investigativas son
más bien incipientes. Sin embargo, en la penúltima sección de este capítulo
nos referimos a la estructura de la sílaba del mapudungun y a un fenómeno
de la prosodia como es el acento, a partir de algunas incursiones diacróni-
cas y dialectales.
Por último, esta segunda parte se cierra con la propuesta de una serie
de ejercicios en que se puede practicar la pronunciación y la represen-
tación gráfica de los sonidos y fonemas del mapudungun. Relevamos esta
sección pues permite aplicar muchos de los contenidos desplegados en las
secciones precedentes y practicar la pronunciación, focalizando aquellos
segmentos que tradicionalmente han presentado una mayor dificultad o
han estado más expuestos a una pronunciación castellanizada.
La tercera parte, titulada Morfosintaxis de la lengua mapuche,
asevera que el concepto de palabra, si bien con sus propias complicaciones
y deficiencias, persiste, al tener consideraciones metodológicas beneficio-
sas cuando nos adentramos al estudio de las estructuras gramaticales de
la lengua mapuche. De igual modo, esta decisión se refuerza al considerar
58
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
que esta parte aborda brevemente un vocablo mapuche que, entre varios
significados, puede traducir el concepto de palabra, según da cuenta el re-
gistro lexicográfico del mapudungun.
A partir de esta definición metodológicamente práctica de qué es
una palabra en mapudungun, mencionamos cuáles son las subdisciplinas de
la gramática, representadas por los conceptos de morfología y sintaxis,
foco principal de esta sección. Como se verá, la primera se ocupa de la es-
tructura interna de la palabra; mientras que la segunda, de sus realizaciones
y conmutaciones en estructuras mayores.
Para realizar la labor propia de la morfología en una lengua como el
mapudungun, entonces, es necesario conocer y dominar conceptos básicos
morfológicos respecto de qué es un morfema, qué clase de afijos son po-
sibles, qué significa que una clase lexemática sea abierta o cerrada, etc. Por
otro lado, en el caso de la sintaxis, se explicita el significado de conceptos
como oración, cláusula y frase, y sus distintas capacidades combinatorias, ade-
más de la estructura interna de estas formaciones.
Proponemos, además, en la segunda sección de esta tercera parte,
que es importante atender a la noción de “clase de palabra” (denominada
“partes de la oración” en la gramática tradicional). En efecto, identificar y
precisar cuáles son las clases de palabras posibles en mapudungun, además
de su tipología, nos permite avanzar de manera pausada, pero ordenada,
en la descripción de las características morfosintácticas de la lengua ma-
puche. Es por eso que se tratarán tópicos importantísimos para la revita-
lización del mapudungun, como la formación de palabras por medio de la
morfología derivativa y la capacidad de expresión por medio de la flexión,
donde es aplicable.
En la tradición gramatical, se le ha dado al verbo un lugar excepcio-
nal entre las clases de palabras, con epítetos como de “majestad” frente
a los otros lexemas. Como se verá, esto posiblemente se debe a que el
verbo es el núcleo predicativo ejemplar, por sus capacidades expresivas y
de enlace con otros componentes de forma y significado. Sin querer caer
en calificaciones que pueden ser excesivas en un enfoque estrictamente
descriptivo, una lengua como el mapudungun, con marcación en el núcleo,
sí presenta construcciones verbales sofisticadas, precisamente por sus ca-
racterísticas estructurales que permiten que una cláusula se manifieste en
un solo verbo. Por esta complejidad, se dedica toda una subsección a tratar
su estructura, terminaciones y sufijos. El lector, entonces, podrá evaluar la
calificación de Moesbach respecto del verbo mapuche como la “catedral
de las clases de palabras”.
En resumen, la parte de morfosintaxis tiene por objetivo ser una
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pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
introducción general sobre temas y asuntos de las estructuras gramaticales
del mapudungun. Se recogen ejemplos de formas y expresiones tomadas de
la literatura escrita en la lengua en los últimos 100 años, en atención a la
diversidad que existe en sus distintas variantes, pero sin desatender el foco
en la variante que nos ocupa. En virtud de ese cometido, por medio de
notas al pie de página, se ha hecho referencia a otras formas de expresión,
cuando las tuvimos disponibles.
Finalmente, como su nombre indica, la cuarta parte incluye las Con-
clusiones y Consideraciones Finales de este trabajo, a partir de los te-
mas que se tratan en las tres partes anteriores. La división principal de
este apartado aborda en primer lugar las conclusiones de los capítulos
expuestos, para después continuar con ciertas consideraciones relevantes
en atención a una obra de esta índole y de cómo se abordaron sus distintas
secciones.
Dentro de las conclusiones, en lo que respecta a la Oralidad Prima-
ria, se exponen aspectos desarrollados y relevados a lo largo del capítulo
en cuestión, mencionando, entre otros, que gran parte del mundo indíge-
na de las áreas rurales de la Araucanía y lugares como Alto Bío-Bío aún
sostiene y valora la oralidad primaria para la transmisión de sus saberes.
En cuanto al capítulo Fonética y Fonología de la lengua mapuche, se
resumen los principales aspectos abordados en el apartado y se relevan
los focos de atención de cada una de las subsecciones. De igual modo, se
mencionan aquellas temáticas respecto de la fonología del mapudungun a
las que debería prestarse atención en el contexto de un programa de en-
señanza y aprendizaje del mapudungun. Respecto de la parte de Morfosin-
taxis, a modo de conclusión, se revisan las definiciones de los conceptos
principales tratados en el apartado, poniendo atención a las relaciones que
se producen entre ellos. Se repasan, de igual modo, aquellas características
morfosintácticas de la lengua mapuche que se consideran interesantes para
el inicio de su estudio por parte de los lectores de esta obra.
En las Consideraciones Finales, por su parte, se expresan valora-
ciones respecto de la literatura sobre Oralidad Primaria y sus más grandes
exponentes. Se hace un hincapié respecto de la importancia del conoci-
miento profundo de la lengua cuando se realiza un estudio del contexto
cultural, cosmovisión e historia de una sociedad determinada. Por último,
se advierte respecto de la pérdida que implica superponer la cultura escrita
a aquella que tiene un sistema de comunicación oralista. En el caso del
apartado de Fonética y Fonología, se relevan aspectos tales como los en-
foques utilizados para su estudio (por ejemplo, que las nociones iniciales
se sustentan en las propiedades que la Lingüística atribuye a los idiomas,
como el mapudungun). Asimismo, se releva el tipo de propuesta desarrolla-
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. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
da en el apartado, a saber, ceñirse de manera estricta a las nociones de la
fonética y fonología para describir los asuntos abordados, todo con un fin
pedagógico. Por último, se advierte que las referencias al español obedecen
solamente a una necesidad operativa; y que la puesta en foco de la variante
l´afken´che ocurre con la debida alusión a otras hablas o identidades. Res-
pecto de la Morfosintaxis, se señalan aquellos aspectos abordados en el
apartado que pueden conectarse con aquellos tratados en otras partes del
libro. De igual modo, se exponen algunas dificultades surgidas al momento
de exponer sobre la estructura gramatical de mapudungun y cómo se inten-
taron controlar a lo largo del apartado.
IX. Sistema de escritura utilizado en el libro
La escritura de las palabras en mapudungun se ha hecho en concordan-
cia con el Alfabeto Unificado ―un sistema gráfico de escritura alfabética
también denominado como “el de los académicos”―, aunque contiene
ciertas modificaciones propuestas por el autor principal de esta obra. Con-
cretamente, los grafemas utilizados, en mayúscula y minúscula, son los
siguientes:
Aa Ch ch Dd Ee Ff Gg Ii
Kk Ll L´ l´ Lh lh Mm Nn N´ n´
Ññ Ng ng Oo Pp Rr Ss Sh sh
Tt T´ t´ Th, th Uu Üü Ww Yy
Cuando fue necesario realizar la transcripción fonética de las palabras,
se empleó el Alfabeto Fonético Internacional, especialmente en ejemplos.
Ahora bien, por cuanto el castellano y el mapudungun son lenguas en con-
tacto en una relación asimétrica, esto conlleva que el mapudungun siempre
deba directa o indirectamente “depender” del castellano, generando una
desventaja para su desarrollo. Esto se evidencia, por ejemplo, en la duda al
momento de escribir palabras en mapudungun con prácticas ortográficas que
son propias del castellano, como escribir <ñelay> en lugar de <ngelay>
para decir ‘no hay’, o escribir <weni>, en vez de <wen´üy> ‘amigo’.
Asimismo, cabe señalar que las distintas propuestas alfabéticas evi-
dencian ciertas controversias en la representación gráfica de algunos de sus
fonemas, como /θ/, /ə/, /l ̪/, /ʎ/, /n̪/ y /ʈʂ/, y en menor medida /ŋ/,
/ɣ/ y /tʃ/. Ello, sin duda, en vez de favorecer la escritura, la dificulta y, por
ende, dificulta también la enseñanza y el aprendizaje de la lengua mapuche.
61
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Por nuestra parte, y por razones que expondremos a continuación,
hemos modificado algunos grafemas del Alfabeto Unificado y propuesto
los siguientes: <th> por <tr>, <t´> por <ṯ>, <n´> por <ṉ>, <l´> por
<ḻ>, y <lh> por <ll>12.
El cambio del dígrafo <tr> por <th>13 busca evitar la confusión
que se puede producir entre la realización de los fonos del castellano
—que es una combinación de [t] (alveolar, oclusivo, sordo) y [ɾ] (al-
veolar, vibrante simple, sonoro)— y el sonido mapuche [ʈʂ] (africado,
retroflejo, sordo). En efecto, la experiencia de nuestro paso por las aulas
de clases nos recuerda, por un lado, que la realización africada en el
castellano estándar se señalaba como incorrecta. Claro, nosotros como
hablantes nativos del mapudungun la realizábamos con esta característica
con naturalidad, lo que en realidad era una interferencia fonética desde
el mapudungun al castellano, porque en el mapuche efectivamente existe
este fono. Pero, por otro lado, porque también la realización vibrante
simple sonora, que el aprendiz del mapudungun suele realizar hoy, se per-
cibe como una castellanización.
Los grafemas <ṯ>, <ṉ> y <ḻ>, que en el Alfabeto Unificado repre-
sentan fonemas interdentales mediante un pequeño subrayado, los hemos
modificado por <t´>, <n´> y <l´>, es decir, con un diacrítico adyacente
en la parte superior derecha. Esto porque los primeros constriñen el desa-
rrollo de la escritura en la lengua mapuche, por cuanto los diacríticos infe-
riores propuestos en el Alfabeto Unificado impiden que un texto escrito
en mapudungun pueda subrayarse, ya que al hacerlo se anula la explicitación
del valor fonológico de estas unidades.
El grafema <ll> lo hemos modificado por <lh>, debido a que en
mapudungun es posible el encuentro de dos fonos laterales alveolares en una
palabra escrita y, erróneamente, puede leerse como si fuera un segmento
lateral palatal [ʎ]; por ejemplo: füllaenew (‘él o ella no me ha tocado’), ku-
pillaenew (‘él o ella no me ha cortado el pelo’); pelellaenew (‘él o ella no me
12 Nótese que aquí hemos cambiado la notación a < >, porque, como se verá
en detalle en el capítulo de Fonética y Fonología del Mapudungun, en el metalenguaje de la
lingüística, los sonidos de una lengua se incluyen entre paréntesis cuadrados (dando lugar
a lo que se denomina una transcripción fonética), los fonemas de la misma se incluyen entre
líneas diagonales (dando lugar a lo que se denomina una transcripción fonémica o fonológica); y
las letras de la escritura que se utiliza cotidianamente se incluye entre los símbolos < > o
entre comillas dobles “ “ (dando lugar a lo que se denomina una transliteración o escritura gra-
fémica). De este modo, una notación como [a] refiere al sonido respectivo; /a/, al fonema
en cuestión ―esto es, el sonido [a] en tanto unidad funcional de la lengua; y <a> o “a”, a
la letra que se utiliza en la escritura habitual.
13 Un antecedente para esta grafía está en el Calepino del misionero jesuita Febrés
(1765), quien a mediados del siglo XVIII utiliza la grafía <th> para este fonema.
62
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
lo ha encontrado’); küdawellaenew (‘él o ella no ha trabajado para mí’), etc.
La solución que el Alfabeto Unificado ha dado a este problema consiste
en que se emplee entre estas dos grafías “l” un guion (-). Así, frente a este
tipo de vocablos, según la sugerencia de dicho grafemario, se debe escribir:
fül-laenew, kupil-laenew, lo cual, en nuestra opinión, acarrea otro problema,
pues ahora no se podrá emplear el guion en la escritura mapuche, como es
la práctica en cualquier texto escrito. Dado el criterio de convencionalidad
con que se opera en estos casos, hemos decidido emplear la combinación
grafémica <lh>14.
En consecuencia, identificamos 28 fonemas y 28 grafemas, teniendo
presente la variante V (Croese, 1980), hablada en el sector en estudio,
aun cuando los Alfabetos Azümchefe, Raguileo, Universidad Católica de
Temuco no reconocen como fonemas el segmento interdental [t̪], y, tam-
poco, el fricativo, alveopalatal, sordo [ʃ]. En cambio, para nosotros, tanto
el fono interdental [t̪] como el fono alveolar [t] constituyen fonemas dis-
tintos; y, del mismo modo, el fono [ʃ], ortográficamente <sh>, también es
otro fonema.
X. Reglas de notación
morfosintáctica interlineal
En la sección de morfosintaxis, se representan la mayoría de los
ejemplos lingüísticos por medio de una notación morfosintáctica interli-
neal15. A continuación, damos un ejemplo de este tipo de nomenclatura y
sus componentes básicos:
(#) poyeduamkefilu ta mapuche kewün´ 1. ejemplo
poye-duam-ke-fi-lu ta mapu-che kewün´ 2. segmentación
amar-intención-hab-obj.3-fnp mod tierra-persona lengua 3. análisis morfológico
‘el o la que aprecia la lengua de los mapuche’ 4. traducción
14 Un antecedente de esta grafía es la propuesta de la profesora María Catrileo
(1972), quien escribe <lh> para este fonema en su tesis de Magister por la Universidad de
Texas.
15 Este sistema de notación se inspira en las Reglas de Glosado de Leipzig, que
fueron propuestas por académicos de los respectivos departamentos de Lingüística del Ins-
tituto Max Planck y de la Universidad de Leipzig. La versión más actualizada de estas reglas
se puede consultar en [Link]
63
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
En primer lugar, cada ejemplo tiene una numeración correlativa entre
dos paréntesis (#). La primera línea corresponde al ejemplo en mapudungun,
usando la ortografía que se describe en el punto anterior. La segunda línea
corresponde a la segmentación morfológica de las palabras que componen
el ejemplo. Nótese que se utilizan guiones “-” para separar cada elemento
constituyente. En la tercera línea, se realiza el análisis morfológico, que co-
rresponde a una traducción en castellano de cada uno de los componentes
segmentados en la línea anterior. El último componente de esta notación
se encuentra en la línea 4. Se trata de una traducción en castellano del
ejemplo; y, en muchos casos, se agrega en este lugar la fuente.
Un aspecto importante de la notación interlineal es que el número
de guiones en la segmentación debe ser igual al número de guiones en el
análisis. Esto permite relacionar la forma con su significado. Otro aspec-
to a considerar es que algunos significados en el análisis morfológico se
proporcionan por medio de abreviaturas que se escriben en versalitas; por
ejemplo, hab significa ‘habitualidad’. De igual modo, cuando una forma
corresponda a dos significados, estos últimos se separan por medio de
un punto. Por ejemplo, -fi refiere tanto a un obj ‘objeto’ como a una 3 o
‘tercera persona’, por eso se representa como obj.3. El significado de cada
abreviatura que aparece en la parte de Morfosintaxis se puede consultar al
final de esta subsección. Por último, nótese que se han alineado las pala-
bras correspondientes en la línea 2. segmentación y 3. análisis.
El objetivo de esta notación es ayudar a quienes no tienen un domi-
nio de la lengua mapuche y desean escrutar los ejemplos con mayor pro-
fundidad. Por otro lado, permite familiarizarse con este tipo de conven-
ción gramatical, que es corriente en los trabajos académicos que analizan
el mapudungun desde una perspectiva morfosintáctica.
A continuación se señalan las abreviaturas utilizadas en el texto y
su significado. Entre paréntesis se indica, además, la forma relevante y la
sección donde se tratan. Los números de sección refieren al apartado de
Morfosintaxis.
1 primera persona
2 segunda persona
3 tercera persona
3>2s acción de tercera a segunda persona singular, etc.
adj adjetivizador (sufijos -chi, -fal, §5)
adv adverbializador (sufijos -tu, -kechi, §8)
aff afirmativo (sufijo -lhe, §20.1)
64
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
ag agente (sufijo -fe, §4.3)
amb ambulativo (sufijo -yaw, §4.3)
apl aplicativo (sufijos -lel, -ñma, -tu, -ye, §20.2)
asp sufijos de aspectualidad (sufijos -nie, -künu, -meke, §20.4)
aux auxiliares del verbo (varias formas, §9)
caus causativo (sufijos -m, -l, §20.2)
ce contraexpectación (sufijo -fu, §20.3)
ces cesativo (sufijo -we, §20.4)
col colectivo (sufijo -ntu, §2; §4.3)
cond modo condicional (§14.4)
cont continuativo (sufijo -ka, §20.4)
dist distributivo o plural (sufijo -ke, §5)
dl, d dual (sufijos §14.6 y clíticos §6.3)
est estativo (sufijo -le, §20.4)
ev evidencialidad (sufijo -rke, §20.4)
fma fuerza mayor (sufijo -fal, §20.6)
fnp forma no personal (varios sufijos, §16)
fut futuro (sufijo -a, §20.3)
grad grado o cantidad expresada por el adjetivizador -nte (§5)
grp grupalizador (sufijo -ntu, §4.3)
hab habitual (sufijo -ke, §20.4)
imp modo imperativo (§14.4)
ind modo indicativo (§14.4)
inm inmediatez (sufijo -fem, §20.6)
inst instrumental o locativo (sufijo -we, §4.3)
interr interruptivo (-r y -yekü más sufijos de locación y movimiento,
§20.5)
inv alineación inversa (sufijo -e y -mu, §15.3)
loc locación y movimiento (varios sufijos, §20.5)
mod modificadores ti y ta (§6.1)
neg negación (varios sufijos, §20.1)
obj.3 tercera persona en función de objeto (sufijo -fi, §14.2)
p plural (en terminaciones, §14.6)
part partículas o marcadores discursivos (§10.2)
65
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
pass pasivo (sufijo -nge, §20.2)
pl plural (varios sufijos §14.6 y clíticos §6.3)
plus pluscuamperfecto (§20.3)
poss posesivo (más persona y número)
post postposición (mew como clítico §3.1.1 y como sufijo §15.3)
pron pronombre personal (más persona y número, §7.1)
prox proximidad temporal (sufijo -pe, §20.3)
recr recreación, juego o broma (sufijo -kantu, §20.6)
refl reflexivo (sufijo -w, §20.2)
rep repentinidad (sufijo -rume §20.6)
rest restaurativo (sufijo -tu, §20.4)
s singular, especialmente tras marca de persona (en termina-
ciones, §14.6)
simul simulación (sufijo -faluw, §20.6)
soc relación social(sufijo -wen, §4.3)
verb verbalizador (varios sufijos)
66
PRIMERA PARTE:
ORALIDAD PRIMARIA MAPUCHE
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
1. Oralidad Primaria mapuche
1.1 ¿Existe la Oralidad Primaria?
Ñi küme chilhkatungeafel ta mapuche kewün´ mülefuy may ñi kimngeal chu-
muechi ta pu kuyfike pu longko, pu nüthamtufe, pu wewpife, pu ülkantufe amulkefel
engün ñi dungu tañi kewün´ mew; ka chumuechi ñi petu amulniyekafun engün ñi
dungu fachi antü.
Welu may ta kimniyeyiñ taiñ mapuche mongen mew, ta nentungeele ta chem dun-
gu rume: kiñe rakiduam, kiñe nütham, kiñe ül mapudungun mew, fey ta wirintukun-
gekelay ka chilhkatungetukelay. Fey mew may ramtuduamngetufuy: ¿Chumuechi kam
ta pu füchakeche wülkefuy ñi kimün engün?; ¿Chumuechi kam ti pu ülkantufe, ti pu
wewpife, ti pu kon´ewtufe, ti pu nüthamtufe amulkefuy ñi ül, ñi nütham, ñi kon´ew,
ñi rakiduam, ñi kimün engün?
Una introducción al estudio gramatical de la lengua mapuche, que in-
tenta explicar algunos aspectos fonológicos, morfológicos y sintácticos no
debe dejar de referirse al modo cómo sus hablantes utilizan la lengua para
la transmisión de sus saberes. Es evidente que esta no ha sido a través de
la escritura, a la manera en que han operado las lenguas de tradición gráfica
como el latín, el español, el inglés, el alemán, etc.; sino que ha sido, como
bien sabemos, en la forma oral, a través de la cual el mundo mapuche ha
transmitido sus conocimientos a las generaciones jóvenes desde los tiem-
pos más antiguos. Pero dicha oralidad no es equivalente a la que transita
en las lenguas con escritura, sino que, como la designa Walter Ong (1987),
es la oralidad primaria.
El propósito de esta parte del libro es, justamente, intentar explicar
lo que es la oralidad primaria mapuche. Referirnos y aclarar este tema,
sin duda, nos permitirá correr la cortina para poder observar con mayor
claridad el objeto de nuestro estudio. Además, aquello podrá ayudar, por
un lado, a comprender un poco más la cultura mapuche, y, por otro, a
observar y entender los hábitos lingüísticos, la forma de uso de la lengua
mapuche por los hablantes nativos, como pu longko (los jefes de comuni-
dad mapuche), pu nüthamtufe (los enunciadores de textos orales), pu wewpife
(los enunciadores de textos dialógicos), pu ülkantufe (los cantores), quienes
desde tiempos inmemoriales han empleado la lengua mapuche. Este es
nuestro punto de partida para describir más apropiadamente su gramática.
69
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Al hablar de oralidad primaria mapuche, casi de inmediato surgen
nuevas preguntas —y que, por cierto, no todas pueden ser respondidas en
un espacio como éste, considerando el enfoque del trabajo—; por ejem-
plo, interrogantes como: ¿existe la oralidad primaria en el mundo mapu-
che de hoy?, ¿por qué estudiar la oralidad primaria mapuche?, ¿se podría
aplicar la oralidad primaria en la educación formal chilena?, etc. Pero antes
de intentar responder algunas de ellas, también sería necesario preguntar-
nos ¿cómo es que los nativos hablantes mapuches en Chile, sobre todo
aquellos que se han especializado en el arte del habla —es decir, que son
capaces de ir más allá del mero acto de habla, como ülkantufe, persona
competente en la construcción y entonación del canto; nüthamtufe, persona
capacitada en la elaboración y enunciación de relatos e historias; wewpife,
persona apta para el desarrollo y enunciación del discurso oral dialógico;
kon´ewtufe, persona experta en componer y presentar adivinanzas; ngilhatu-
fe, persona cuya función es pronunciar oraciones religiosas en nombre de
la comunidad ritual, y otros— se comunican y transmiten sus saberes a
través del mapudungun?. Y, además, si quisiéramos ser más objetivos sobre
esta materia, sería saludable observar in situ si existen todavía manifesta-
ciones de la cultura en las comunidades mapuches relacionadas con la ora-
lidad primaria. Por ejemplo, observar que epu longko (dos jefes de distintas
comunidades) desarrollan un wewpin en los funerales de una persona muy
valorada en alguna comunidad, en presencia y participación de pu dungupelu
(los interlocutores hablando) como de pu alhkütupelu (de quienes escuchan
aquel discurso oral), en el marco de la cosmovisión mapuche.
Podríamos responder a estas interrogantes con cierta certeza, dicien-
do que tales hablantes no empleaban ni emplean la escritura ni la impre-
sión para comunicarse y/o para transmitir sus saberes. Y, es más, gran par-
te del mundo mapuche de las áreas rurales —entre ellas la Araucanía—,
inclusive hoy, no recurre a los textos escritos como folletos, libros, pancar-
tas, etc., ni a los productos de la tecnología actual, como las computadoras,
los celulares o las tablets para desplegar y disponer del saber material o
trascendente, y establecer contacto o comunicación entre sus miembros
(aunque es verdad, también, que desde hace poco tiempo, los celulares y
las computadoras están siendo utilizados por jóvenes mapuches que han
emprendido estudios formales en los centros urbanos). Por ello, en estas
condiciones, podemos aseverar que hasta hoy no se ha visto una urgente
necesidad por adquirir y cultivar la lectura y la escritura alfabética como
una actividad mental primordial para la vida del mundo indígena; pero
sabemos que sí lo es para una parte importante de la humanidad, pues
aquello viene a ser como la herramienta indefectible que le permite ins-
truirse en los hechos y saberes del entorno, y cuyas particularidades le
70
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
significa tener la instrucción necesaria para descifrar los símbolos gráficos
y utilizar las manos para trazar los grafemas sobre una superficie plana, a
fin de construir los textos escritos, destinados a ser decodificados para la
comprensión intelectual de los mismos.
1.2 Escándalo y consecuencias
En relación con lo dicho anteriormente, no sería extraño que más
de algún lector se escandalizara ante estas afirmaciones que acabamos de
hacer acerca de la existencia de pueblos ágrafos aún en pleno siglo XXI; y
más cuando la literatura sobre el tema ha sostenido que “la oralidad pura
o primaria sólo se ha desarrollado en las comunidades arcaicas, desapare-
cidas desde hace tiempo”; y que “los restos fosilizados que los etnólogos
descubren aquí y allá solo tienen valor como testimonios parciales y pro-
blemáticos”16.
Estas declaraciones —probablemente, sin que tuvieran una intención
negativa—, sin duda, van demasiado lejos, porque han causado y causan
gran daño a los pueblos de culturas orales, puesto que vienen a invisibilizar
una realidad lingüística y cultural de seres humanos que tienen existencia
real; al mismo tiempo que este tipo de comprensión respecto del mundo
oral como la señalada no da lugar para abordar el problema de fondo que
afecta a gran parte de la humanidad, cual es la calidad de la educación siste-
mática que se aplica a los educandos, principalmente indígenas. Estos pue-
blos y estas comunidades que, poseyendo su tuwün (origen, residencia con
espacios específicos desde tiempos inmemoriales), sufren amenazas a su
existencia por no hablar la misma lengua, por no ser iguales en el color de
la piel y en las costumbres respecto de las personas de las sociedades do-
minantes. Quienes se escandalizan por la presencia aún de estos “pueblos
analfabetos” en nuestro medio local y regional es probable que tengan en
su mente el hecho de que las escuelas en las comunidades indígenas fueron
instaladas por el estado chileno ya desde fines del siglo XIX17 —y más de-
16 Zumthor (1991, p. 38).
17 Serrano (1995-1996, pp. 10-11) nos señala que hacia 1848 se establece un sis-
tema misional, apoyado por la República de Chile, para establecer sistemas educativos en
territorio mapuche. Desde Concepción hasta el río Cautín, serían los franciscanos los que
pondrían las misiones, y de allí hasta Chiloé serían los capuchinos, siempre y cuando los
mapuches aceptaran estas instalaciones (ejemplo, caso Bergantín Joven Daniel en 1849).
Comenzando la invasión, posterior a la década de 1860, la fundación de fuertes permitió
el establecimiento de escuelas del estado. A petición de la población de dichos fuertes, se
establecieron estas instituciones; Angol y Mulchén, en 1865; después en Lumaco, Collipulli
y Purén, en la década de 1870, avanzando así en todo el territorio (p. 32).
71
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
cisivamente en los comienzos del siglo XX—; y, en consecuencia, pueden
imaginar que los mapuches del lugar debieran estar ya muy familiarizados
en lo que respecta a la actividad de la lectura y la escritura.
A ellos habría que recordarles, no obstante, que en muchos sectores
del mundo indígena donde se instalaron dichas escuelas la enseñanza for-
mal dada en aula, como era de esperar, tuvo un rotundo fracaso, debido a
que la instrucción para los educandos mapuches, desde entonces, y hasta
el día de hoy, ha sido dada llanamente a través del castellano, y no en
su lengua materna18, el mapudungun; debiendo estas generaciones vivir una
experiencia escolar traumatizante, es decir, contraria a los propósitos de
su ingreso al mundo escolar y desfavorable para el éxito de su rol de estu-
diante, por no lograr comprender los contenidos dictados en clases por el
profesor de turno; y, de paso, por haber sido objeto de burla, al no utilizar
con competencia la lengua foránea. Así, los alumnos de habla mapuche
del currículum escolar de entonces tuvieron que utilizar el castellano nada
más que a la manera como les dictaba su cerebro, hecho que se evidencia,
aún hoy en día, por las frecuentes y diversas interferencias lingüísticas de
hablantes mapuches cuando deben emplear el castellano, ya sea en el nivel
fonético, fonológico, morfosintáctico, semántico, etc.
En languages in contact, Weinreich (1953) afirma que “Cuanto mayores
sean las diferencias entre los sistemas, es decir, cuanto más numerosas
sean las formas mutuamente excluyentes y los modelos de cada lengua,
mayor será el problema del aprendizaje y el área potencial de interferencia”
(p.1). Weinreich, además, sugiere que la primera lengua influye sobre la ad-
quisición de la segunda. Con el término interferencia se refiere a la “reorga-
nización de modelos que resulta de la introducción de elementos foráneos
en los ámbitos más estructurados de la lengua, como el grueso del sistema
fonémico, una gran parte de la morfología y la sintaxis, y algunas áreas del
vocabulario” (p.1). Es una conclusión de sentido común que quien apren-
de una segunda lengua usa elementos o estructuras de su lengua nativa
para hablar la segunda lengua: el francés estereotipado que habla inglés
dice I seank en vez de I think (“yo creo que”) porque no puede evitar que
su sistema fonológico francés se inmiscuya en su forma de hablar; y el
inglés igualmente estereotipado que habla francés dice: parlay vuw anglay?19.
18 El problema tiene que ver con la selección de la lengua en la cual se han de de-
sarrollar las actividades culturales más formalizadas, sobre todo la educación escolar; recién
en la década de los ochenta, se esgrimía la postura mapuchizante, es decir, la adaptación
del sistema escolar al niño mapuche, con la consiguiente utilización del mapudungun como
lengua vehículo de enseñanza para el desarrollo de actividades culturales formalizadas (Ga-
llardo, 1988, p. 40); idea que nunca se llevó a cabo.
19 Citado por Appel y Muysken (1996[1987], p. 123).
72
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Ante el fenómeno de las influencias del mapudungun en el uso del
castellano por parte de niños hablantes de la lengua mapuche, jamás la
educación formal ha procurado para los estudiantes de habla mapuche
una enseñanza programada del castellano como segunda lengua, a fin de
apoyarlos oportunamente en el proceso de enseñanza y aprendizaje de la
lengua en aula. Esta es la causa principal por la cual los adultos optaran por
no enseñar el mapudungun a sus hijos.
Bajo estas circunstancias, los alumnos mapuches debieron vivir una
realidad muy lejana a la que describe Susana Pastor (2004, p. 34), quien
desde el ámbito de la lingüística aplicada expresa lo siguiente:
[…] la adquisición del lenguaje (si bien no de un modo comple-
to, pues se trata de un proceso prolongado) se produce antes
de la escolarización del niño; de hecho, cuando cualquier niño
llega a la escuela, ya conoce su lengua, que escucha y utiliza co-
tidianamente, y que le permite comunicarse. La principal con-
secuencia de todos estos hechos consiste en que la enseñanza
de la lengua materna se ha de entender como un instrumento
de ayuda a ese proceso, con unos objetivos muy claros: fun-
damentalmente, el perfeccionamiento de las cuatro habilidades
lingüísticas. Por lo tanto, en ese primer contacto con el apren-
dizaje explícito de la propia lengua que representa la escuela, el
principal objetivo de la enseñanza es el progresivo dominio de
las destrezas de lectura, escritura, expresión oral y comprensión
auditiva.
Obviamente, este no fue el caso ocurrido a don Alberto Painemilla,
de la comunidad mapuche de Isla Huapi, Comuna de Puerto Saavedra,
ex estudiante de enseñanza formal básica del estado chileno. Sin duda, lo
que él expresa se puede decir que fue también la experiencia que debieron
sobrellevar muchos alumnos mapuches de la Araucanía, y los mapuches
en general que pasaron por las aulas: “yo pasé por la escuela y no aprendí
una letra”.
¿Es que don Alberto era menos inteligente que los demás estudian-
tes del país? Claro que no. El problema fue que recibió la instrucción
escolar no en su lengua materna, el mapudungun, sino en una lengua ex-
tranjera, absolutamente desconocida para él, cual es, el castellano, que
desde el punto de vista fonético-fonológico, morfosintáctico e inclusive
ante una exploración desde lo semántico y lo pragmático, es posible ob-
servar notorias diferencias entre ambos sistemas de comunicación. Como
73
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
señala la autora referida, una educación preocupada por la disparidad en
los requisitos de sus discípulos hubiera considerado aquello. En efecto,
¿cómo podría haber aprendido a leer y a escribir don Alberto en una
lengua absolutamente desconocida por él?; sumado al hecho de que en el
seno de su hogar se vivía una cultura de oralidad primaria; es decir, una
lengua y una cultura distinta a la de la sociedad dominante, y en donde,
en ningún caso, se recurría a la decodificación de los símbolos gráficos, o
sea, a la lectura y al empleo de la escritura. Como señala Pastor, el apren-
dizaje de las destrezas en una lengua es un proceso complejo y prolon-
gado que avanza a través de un progresivo dominio, y que la condición
indispensable para el éxito de la educación es que cualquier niño que llega
a la escuela conozca, maneje y se comunique en la lengua que recibirá la
instrucción. Y añade que la principal consecuencia de todos estos hechos
consiste en que la enseñanza de la lengua materna se ha de entender como
un instrumento de ayuda a ese proceso (una continuación de lo sabido),
con unos objetivos muy claros: fundamentalmente, el perfeccionamien-
to de las cuatro habilidades lingüísticas. En consecuencia, en ese primer
contacto con el aprendizaje explícito, en el ámbito escolar, de la propia
lengua que representa la escuela, el principal objetivo de la enseñanza es
el progresivo dominio de las destrezas de lectura, escritura, expresión oral
y comprensión auditiva.
No se discute si existen o no hoy personas mapuches aventajadas,
que por haber vivido en otras condiciones han adquirido el hábito de la
lectura y de la escritura, y que dan muestras de saber leer y escribir; pu-
diera ser, incluso, que también, bajo esas mismas condiciones, algunos de
ellos hayan debido abandonar (parte de) su cultura, y, en consecuencia, no
conozcan ahora su lengua de origen, el mapudungun. Esto, sin referirnos
siquiera a qué llamaremos “saber escribir”; puesto que no basta emplear
las letras del alfabeto y trazar algunas palabras y frases en el papel; pues
aquello sería como decir que se sabe inglés, cuando sólo se puede repro-
ducir algunas palabras y frases como good morning, then you, window; pero
que luego no se sepa como continuar la conversación ante alguien que sí
sabe inglés; eso, pues, no es saber inglés. Saber inglés consiste en que el ha-
blante pueda establecer una conversación real, concreta, en aquella lengua,
con alguien que conoce el idioma. Lo mismo ocurre con el saber escribir,
pues será aquella persona que básicamente puede elaborar un texto escrito
y que éste tenga unidad, coherencia y entregue un mensaje claro, y, por
supuesto, después de haber aplicado las normas de la escritura.
Es por ello que aquellas experiencias parciales no pueden conside-
rarse como la norma, aplicable al mundo mapuche, sino una excepción.
Más aún cuando en muchas ocasiones tanto la lectura como la escritura
74
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
se convierten en una tarea ardua incluso para quienes tienen como lengua
materna el castellano. También se podría argüir que hoy en día, por cuanto
los mapuches tienen algunos sistemas de escritura en su lengua, el mundo
indígena rural debiera ya saber leer y escribir. Sin embargo, conocemos
que esta actividad es absolutamente nueva aún, y que incluso, según la
experiencia de algunos mapuches que han intentado escribir o leer en los
alfabetos existentes, les parece estar enfrentando un escrito en “lengua
china”; es decir, sin entender nada. Esto porque tampoco se ha hecho una
alfabetización de manera sistemática en el mundo mapuche, y de allí que
esta actividad, en su propia lengua, no se haya arraigado en absoluto aún20.
2. Consecuencias de la
invisibilización de la Oralidad Primaria
Estos arrimos desfavorables para quienes se comunican y transmiten
sus saberes primordialmente por medio oral, sobre el cual, en parte, se ha
especulado —pero que, al mismo tiempo, se pueden encontrar afirmacio-
nes acerca del tema, ya sea en el habla cotidiana o en la misma literatura,
al ser considerados como parte de un pasado “retrógrado e incivilizado”―
estimamos que no son aplicables en absoluto a las lenguas y culturas in-
dígenas oralistas de nuestra América Latina; menos, por cierto, al mundo
mapuche, que en su seno ha valorado y respeta significativamente la oralidad
primaria. IÑCHIÑ TAIÑ KIMÜN FEMUCHI AMUKEY (nuestro saber
se traslada de este modo).
En consecuencia, consideramos que dichas expresiones, más bien,
son deificaciones y estereotipos, los cuales, como lo hemos dicho, invisibi-
lizan la realidad cultural y lingüística de los pueblos y/o las comunidades
de expresión oral, no sólo local, sino del mundo. También, son el resul-
tado de los prejuicios21 que vienen a favorecer pasmosamente el avance
sutil, pero progresivo, de la glotofagia, fenómeno lingüístico que, en nues-
tro caso, se manifiesta a través del desplazamiento de la lengua mapuche
por el castellano, sin que muchas veces nos demos cuenta. Por otra parte,
patrocina el continuum de los estereotipos22 creados para consolidar un
estado monocultural y monolingüe en el país, desentendiéndose de una
realidad concreta y real, cual es el estado plurilingüe y pluricultural en que
vivimos; y, en otros casos, es la manera sagaz, temprana y constante de jus-
20 Gallardo (1988, p. 55).
21 Painequeo, Mora y Millahueque (2021, p. 5).
22 Ídem.
75
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
tificar la apropiación de las propiedades y territorios indígenas; tal como,
desde la perspectiva antropológica, nos dice Stuchlik (1985):
[…] los estereotipos son constructos de sentido común que
tienen el propósito de generar o justificar actitudes específicas.
Aunque se expresan en términos culturales, no se basan en un
conocimiento real, sino en los propósitos globales de la socie-
dad chilena, en las políticas que prevalecen en un momento.
Aquí se está utilizando el término “políticas” en un sentido más
amplio, no como un conjunto de programas institucionalizados
y de directivas que definan lo que debería hacerse respecto a/o
con los mapuches, sino simplemente como la naturaleza de los
intereses prevalecientes y las acciones, asumidos por la sociedad
chilena en relación a los mapuches, en un momento dado, estén
o no formulados como un conjunto de reglas o normas23.
Sumado a lo dicho anteriormente, y en relación con el término
analfabetismo, pareciera desprenderse que se hace imperiosa la nece-
sidad de su inmediata superación en estos pueblos que aún no han
incorporado la escritura de manera decisiva en su cultura, debido a
lo que se suele entender tradicionalmente por el concepto analfabe-
tismo. Sin embargo, es importante considerar los siguientes alcances
que Williamson señala al respecto:
Quizás uno de los mayores aportes de Paolo Freire con res-
pecto al término analfabetismo es su concepción del (la) alfa-
betizado(a) como aquella persona capaz de leer el mundo en
algún código cultural y por tanto de la negación del término
analfabetismo como un concepto genérico y generalizable.
Se es analfabeto no en sí, sino en relación a un determinado
código de comunicación, y digamos que la oralidad primaria
tiene su propio código. Para quien sólo habla mapudungun se
es analfabeto en español, para quien solo habla español se es
analfabeto en mapudungun. Pero ambos son alfabetizados en
los códigos de su propia cultura y por ello pueden ser analfa-
betos en otros códigos culturales e interculturales. (William-
son, 2012, p. 138).
23 Stuchlik (1985), como se citó en Painequeo, Mora y Millahueque (2021, p. 5).
76
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
A través de estas expresiones, pues, se intenta rescatar la importancia
del concepto alfabetización como un proceso que no se limita a aprender
a leer y escribir en un código determinado, únicamente; sino que implica
la posibilidad real de lectura del mundo y la comunicación humana en di-
ferentes códigos culturales. Sin duda, esta idea es contraria a lo que se ha
entendido tradicionalmente desde la invasión cultural, como dice Freire, la
cual ha significado la dominación cultural, es decir, la imposición de una
cultura a través de métodos violentos, tácticos, y también cavilosos, pues
lo que se pretende es triturar la identidad del dominado24.
3. Cambio de paradigma
Esta ideología decimonónica25 henchida de arrogancia, de soberbia
y etnocentrismo ante las sociedades indígenas conquistadas, humilladas y
despojadas de sus bienes materiales y culturales en nuestra América Latina
comienza a cambiar paulatinamente, lo cual se debe a la sapiencia y objeti-
vidad de unos cuantos eruditos que a mediados del siglo XX han emergi-
do. Entre ellos, podemos mencionar a Franz Boas (1911), a Milman Parry
(1971[1928]), a Claude Lévi‑Strauss (1964), a Marshall McLuhan (1962),
a Albert Lord (1960), a Walter Ong (1987), a Berkley Peabody (1975), a
Erick Havelock (1995), entre otros. Cada uno desde su especialidad —ya
sea la literatura, la lingüística, la antropología, etc.— y luego de haber ob-
servado y estudiado las culturas de los pueblos ágrafos, nos da la posibi-
lidad para que nosotros podamos apreciar estas lenguas y estas culturas
indígenas de América como un mundo diferente, y no a la manera que se
nos había transmitido hasta entonces, esto es, como pueblos incivilizados,
salvajes, ignorantes, analfabetos.
Ciertamente, en la segunda mitad del siglo XX, comienza una co-
rriente de pensamiento que toma consciencia de la existencia de dos prác-
ticas intelectuales, cuales son, un modo oral y un modo escrito de pensa-
mientos y expresión. Al respecto, señala Ong:
24 Freire (2006, p. 33).
25 En palabras de Zúñiga: “…según la cual las culturas y las lenguas atraviesan
estadios comparables a las edades del hombre (infancia, juventud, y madurez). Todas las
lenguas —reza este sistema de pensamiento— están llamadas a pasar por las diferentes
etapas de desarrollo universales, y algunas se encuentran más avanzadas que otras; algunas,
como las lenguas indoamericanas, aún no han alcanzado la meta de su ascenso, mientras
que otras como las indoeuropeas, ya la han alcanzado y siguen perfeccionándose. Los
especialistas de hoy en día rechazan esta concepción del lenguaje” (Zúñiga, 2006, p.
19; las negritas son nuestras).
77
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
[…] la lingüística aplicada y la sociolingüística han estado com-
parando cada vez más la dinámica de la articulación oral prima-
ria con la de la expresión verbal escrita. El reciente libro de Jack
Goody, The Domestication of de Savage Mind (1977), y la antología
anterior de trabajos suyos y de otros, Literacy in Traditional Socie-
ties (1968), proporcionan descripciones y análisis inapreciables
de los cambios en estructuras mentales y sociales que son in-
herentes al uso de la escritura. Chaytor, mucho antes (1945),
McLuhan (1962), Haugen (1966), Chafe (1982), Tannen (1980
a) y otros, aportan más datos y análisis lingüísticos y cultura-
les. El estudio expertamente enfocado de Foley (1980b) incluye
una bibliografía extensa26.
En consecuencia, las obras de estos autores revelan que el paso de
una tecnología y/o sistema de comunicación a otra posibilita que “las es-
tructuras del proceso cognitivo varíe de acuerdo con los diferentes modos
de vida y las realidades concretas de los grupos sociales”27. Se puede decir
que estos autores, mediante sus trabajos, cuestionan fuertemente el en-
foque tradicional y ofrecen una mirada nueva, permitiendo visibilizar el
mundo de oralidad primaria.
4. Autores y aportes en la
comprensión de la Oralidad Primaria
A continuación, nos referimos, de manera breve, a aquellos estudio-
sos que, además de profundizar en sus propias disciplinas, han abordado,
en parte, el estudio de las lenguas y las culturas ágrafas o de carácter ora-
lista. Así, en primer lugar, mencionaremos a Franz Boas (1911) y a Lé-
vi-Strauss (1963a y 1963b), cuyos aportes han sido relevados por Alexan-
dro Duranti en su obra Antropología Lingüística (2000).
Al referirse a Boas (1911), antropólogo de origen judío-alemán, con-
siderado el padre de la antropología estadounidense, Duranti señala, que
él y sus alumnos desarrollaron el particularismo histórico, a principios del
siglo XX. Esta mirada, afirma el autor, releva que cada sociedad tiene su
propio desarrollo histórico único y que debe ser entendida a partir de su
propio contexto cultural y ambiente específico, especialmente su proceso
histórico. Afirma, además, que Boas se interesó por el estudio del lengua-
26 Ong (1987, p. 16).
27 Luria (1987, p. 69).
78
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
je —dado a través de la oralidad (este destacado es nuestro)— a raíz de su
experiencia con los indígenas esquimales en Norteamérica. Él alimentaba
la idea de que no se podía entender realmente otra cultura sin tener un
acceso directo a su idioma, por lo que valoró la lengua indígena para com-
prender el pensamiento humano y, por tanto, su cultura. Su embeleso con
la lengua indígena se tradujo en la publicación de volúmenes de etnografía
casi exclusivamente basados en textos grabados, esto es, transcripciones
de lo que los informantes principales (normalmente bilingües) recorda-
ban sobre sus antiguas tradiciones, ceremonias, arte, etc. Al transcribir y
traducir los textos originales, Boas habría quedado fascinado por las dis-
tintas formas que tenían las lenguas indígenas de clasificar el mundo y la
experiencia humana. Franz Boas, habría utilizado esta observación como
otro argumento a favor del relativismo cultural, es decir, que cada cultura
debía entenderse dentro de sus propios términos, en vez de como parte
de un plan magistral con escalafones intelectuales o morales cuyos estratos
superiores solían ocuparlos aquellos que tenían linaje europeo28.
Del mismo modo, Duranti se refiere a Claude Lévi-Strauss (1963),
antropólogo, filósofo y etnólogo francés, señalando que desde la teoría se-
miótica, la cultura es una representación del mundo, es decir, es un modo
de darle sentido a la realidad, objetivándola en historias, mitos, descrip-
ciones, teorías, proverbios, productos artísticos y espectáculos. Desde este
punto de vista, los productos culturales de un pueblo —por ejemplo, los
mitos, los ritos, las clasificaciones del mundo natural y social— también
pueden verse como ejemplos de la apropiación de la naturaleza por los
seres humanos por medio de su habilidad para establecer relaciones sim-
bólicas entre los individuos, los grupos y las especies. En la misma línea,
sostiene que todas las culturas son sistemas de signos que expresan predis-
posiciones básicas cognitivas profundamente enraizadas, que categorizan
el mundo en términos de oposiciones binarias. Para él, como se ha men-
cionado, no hay ninguna diferencia cognitiva fundamental entre pensar el
mundo en términos de conceptos abstractos, como expresiones algebrai-
cas o números binarios, y hacerlo en términos de nombres totémicos (por
ejemplo, águilas contra osos, tierra contra cielo, corriente arriba/corriente
abajo) extraídos del mundo natural (entorno físico, plantas y animales).
La diferencia entre los modos de pensar de las llamadas sociedades “tra-
dicionales” (cazadores, recolectores, por ejemplo), es decir, los pueblos
ágrafos, y los pueblos occidentales, tecnológicamente avanzados, guarda-
ría relación con los recursos que utilizan en la construcción de sus teorías.
El “pensamiento primitivo”, por ejemplo, según Lévi‑Strauss, construye
28 Duranti (2000, pp. 84-86).
79
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
mitos utilizando un número limitado de personajes ya existentes, de me-
táforas y tramas. La ciencia occidental crea constantemente nuevas herra-
mientas y conceptos, pero el mito y la ciencia trabajan de forma similar:
ambos usan signos y operan con analogías y comparaciones29.
Peabody (1975), ex profesor de literatura comparada y griego antiguo
de Estados Unidos, en su libro The Winged Word: A Study in the Technique
of Ancient Greek Oral Compositions as Seen principally through Hesio’s Works and
Days, refiriéndose a la oralidad primaria —claro que no en estos términos
literarios, sino como tradición oral— señala:
Es una institución sociolingüística altamente sofisticada que
juega un papel central en el mantenimiento de las continuidades
de la cultura en la que ocurre. Esta función estabilizadora suele
ser asumida por los registros, cuando la escritura se establece
en una sociedad; pero el cambio de medio de la expresión al
registro afecta la forma en que funciona tal institución y tien-
de a cambiar lo que era un agente vivo, activo e inmediato, en
una autoridad pasiva, atemporal y cada vez más distante. Las
tradiciones orales (es decir, la oralidad primaria) no se limitan a
las culturas relictas de la edad de piedra. Han sido observadas
en todo el mundo (aunque no siempre reconocidos por lo que
son) y han persistido incluso donde menos podemos esperar
encontrarlas, en las partes menos frecuentadas de la propia Eu-
ropa, particularmente en las áreas de habla eslava. En los Balca-
nes, una elaborada tradición oral sólo ahora está dando paso a
la memoria (que depende de los textos escritos) o a los métodos
de composición escrita comunes a la civilización europea30.
El autor nos asevera cómo la oralidad primaria es tan importante
para los pueblos ágrafos, pues viene a ser el sostén de la cultura, al mante-
nerla viva, activa, mientras existe; pero cuando la escritura ocupa su lugar,
lamentablemente, esta pierde su vigor. Es decir, la lengua y la cultura dejan
de actualizarse con la fuerza que lo hacían entonces, tornándose pasivas,
atemporales y cada vez más distantes de la vida contemporánea.
Finalmente, mencionaremos a Walter Ong (1987), jesuita, filólogo,
filósofo y lingüista estadounidense, quien distingue la oralidad primaria de
la oralidad secundaria. Esta última, afirma, es mediatizada por los textos
29 Duranti (2000, pp. 60-61).
30 Peabody (1975, p. 1, lo que está entre paréntesis es nuestro).
80
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
escritos, es decir, se conecta con la lecto-escritura, desde donde brotan los
designios y los saberes sobre los cuales se establece la interacción verbal
representativa entre las personas. En cambio, la oralidad primaria es la de
aquellas personas que desconocen por completo la escritura. Es una cul-
tura donde la comunicación humana y, por ende, la transmisión del saber
de generación en generación, se lleva a cabo por medio de la articulación
vocal y el sentido auditivo, es decir, cuando el canal privilegiado es de tipo
acústico. En esta tecnología, los hablantes, empleando los signos lingüísti-
cos representados fonémicamente, desarrollan distintas formas de uso del
lenguaje, como la conversación, el discurso, el canto, etc.
El autor, en su libro Oralidad y Escritura, caracteriza la oralidad prima-
ria, lo que permite diferenciarla de la escritura. Nancy Ramírez P. (2012),
en su obra La importancia de la Tradición Oral: El grupo Coyayma - Colombia,
retoma los rasgos enunciados por Ong (1987), los cuales nosotros repro-
ducimos a continuación, por cuanto nos parece que se acercan de manera
importante a lo que hemos denominado la oralidad primaria mapuche.
Estas características son:
1. Carácter acumulativo antes que subordinado. Es decir, se
trata de elementos que adicionan, pues la oralidad depende de
la pragmática; a diferencia de la escritura, que atiende a la gra-
mática y a la sintaxis del discurso, pues la fidelidad del significa-
do depende de la estructura lingüística y no del contexto.
2. Carácter acumulativo antes que analí[Link] debido a que
los elementos del pensamiento y de la expresión tienden a ser
grupos de entidades tales como nombres, frases u oraciones an-
titéticas. Así, las fórmulas adjetivales adquieren relevancia. Con
respecto a este tema, Ong (1982) declara que en la cultura oral
primaria la fenomenología del sonido es interiorizada por los
procesos de pensamiento. Una organización verbal dominada
por el sonido está en consonancia con tendencias acumulati-
vas antes que con inclinaciones analíticas y divisorias, las cuales
llegarían con la palabra escrita visualizada, ya que en su cons-
titución física, como es el sonido, la palabra hablada proviene
del interior.
3. Carácter redundante. En el discurso oral es necesaria la con-
tinua repetición, pues ayuda a la memoria, estimulando así la
fluidez y la verbosidad como aplicación. La escritura, por el
contrario, establece el texto desde su organización espacial,
que permite repasar, interrumpir y reorganizar los procesos de
81
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
comprensión. En el discurso oral, fuera de la mente no hay
nada a que volver, pues el enunciado oral desaparece en cuanto
es articulado. Por lo tanto, la mente debe avanzar con mayor
lentitud, conservando la redundancia, la repetición de lo que
se acaba de decir para mantener atentos al hablante y al oyente.
4. Carácter conservador y tradicional. Dada la importancia de
la repetición para mantener el conocimiento conceptuado, la
tradición oral configura una mente conservadora, poco arries-
gada a la experimentación intelectual. La capacidad de la me-
moria verbal es la más valiosa cualidad de las culturas orales,
para lo cual las fórmulas métricas, la agrupación de palabras y la
continua repetición garantizan una alta fidelidad del recuerdo,
aunque nunca sea posible repetir con exactitud. Las sociedades
orales deben dedicar gran energía a repetir una y otra vez lo que
se ha aprendido. Esta necesidad establece una configuración
tradicionalista o conservadora de la mente. En estas sociedades
se respeta mucho a aquellos ancianos sabios que se especializan
en recordar y conservar las tradiciones ancestrales.
5. Carácter participante antes que distanciado. Para una cul-
tura oral, aprender o saber significa lograr una identificación
comunitaria estrecha con lo sabido. Para la cultura oral, apren-
der a saber significa lograr una identificación con lo sabido;
contrariamente a la escritura, que establece un distanciamiento.
6. Carácter homeostático. Las sociedades orales viven intensa-
mente en un presente que guarda el equilibrio, desprendiéndose
de los recuerdos que ya no tienen pertinencia actual. Las pala-
bras adquieren sus significados de su siempre presente ambiente
real, que no consiste en otras palabras, sino que incluye modu-
laciones, expresión facial y todo el marco humano existencial.
7. Carácter situacional antes que abstracto. Esto es así, pues
las narraciones orales tienden a utilizar los conceptos en mar-
cos de referencia situacionales y operacionales, en el sentido de
que permanecen dentro del marco humano vital. Las culturas
orales deben conceptuar y expresar en forma verbal todos sus
conocimientos con referencia al mundo cotidiano. De allí que
los oficios se adquieren a partir de la observación y la práctica,
y no a través de manuales31.
En síntesis, y en relación con cada uno de los autores que hemos he-
31 Ramírez (2012, pp. 134-135).
82
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
cho referencia, podemos decir que desde distintos ángulos estos recono-
cen, caracterizan, valoran y refuerzan la idea sobre el concepto de oralidad
primaria. En consonancia también con lo que hemos señalado, nos permi-
timos reiterar aspectos fundamentales de las propuestas de estos autores.
Así, Franz Boas señala, por un lado, que para comprender la cultura
indígena ágrafa es fundamental conocer la lengua, manifestando que no
se podía entender realmente otra cultura sin tener un acceso directo a su
lengua; y, por otro, que si se quiere describir seriamente una cultura, es
necesario hacerlo desde dentro, reconociendo que cada sociedad tiene su
propio desarrollo histórico único, que debe ser entendido a partir de su
propio contexto cultural y ambiente específico, especialmente su proceso
histórico.
Lévi‑Strauss indica que por más sofisticada que sea una cultura ésta
sigue siendo una representación del mundo, es decir, es una manera de
darle sentido a la realidad, mediante historias, mitos, descripciones, teorías,
proverbios, productos artísticos y espectáculos. Para Lévi-Strauss, todas
las culturas son sistemas de signos que expresan predisposiciones bási-
cas cognitivas profundamente enraizadas, que categorizan el mundo en
términos de oposiciones binarias, por lo que concluye diciendo: no hay
diferencia cognitiva fundamental entre pensar el mundo en términos de
conceptos abstractos, como expresiones algebraicas o números binarios,
y hacerlo en términos de nombres totémicos (por ejemplo, águilas contra
osos, tierra contra cielo, corriente arriba versus corriente abajo) extraídos
del mundo natural (entorno físico, plantas y animales).
Peabody señala que cuando la cultura escrita se superpone a las cul-
turas orales, la lengua y su sistema de comunicación oralista pierden su
vigor. En sus propias palabras, nos dice que el cambio de medio de la
expresión afecta la forma en que funciona tal institución y tiende a cam-
biar lo que era un agente vivo, activo e inmediato, en una autoridad pasiva,
atemporal y cada vez más distante.
Walter Ong (1987), como hemos señalado, reconoce la oralidad pri-
maria como un hecho que se encuentra en los pueblos del mundo con una
serie de características que la diferencian de las culturas letradas, como su
carácter acumulativo antes que subordinado y antes que analítico; como su
carácter redundante; su carácter conservador y tradicional; ser de carácter
participante antes que distanciado; de carácter homeostático; y de carácter
situacional antes que abstracto.
83
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
5. Oralidad Primaria vs. escritura
A menudo se cree que el lenguaje articulado puede ser indistintamen-
te hablado o escrito, y que el objeto de estudio, cuando queremos aprender
otro idioma, es tanto la lengua oral como la lengua escrita, consideradas al
mismo nivel. Sin embargo, sabemos que la comunicación humana es fun-
damentalmente hablada, y que el medio de comunicación que empleamos
normalmente con nuestros semejantes es la lengua oral, el habla, y no la
lengua escrita32. Pero aun cuando se concibe la diferencia entre el mundo
oral y el mundo escrito, se sigue considerando la escritura como una tec-
nología que ha estado presente desde la existencia misma del ser humano;
sin tomar conciencia que el hombre —cuya existencia, para algunos, data
incluso desde hace aproximadamente 200.000 años33— se ha expresado
siempre de manera oral; y que la escritura “alfabética”, como actividad hu-
mana, sólo data desde hace tres mil quinientos años. En palabras de Ong:
El lenguaje humano es tan abrumadoramente oral […] y así
lo ha reconocido la lingüística moderna, señalando que éste es
fundamentalmente de articulación de los sonidos, y que éste se
halla incrustado en el sonido (Saussure, 1961); que las palabras
se componen de fonemas y no de letras (Henry Sweet) […]. y,
que, de entre las muchas miles de lenguas -habladas en el curso
de la historia- solo alrededor de 106 han sido plasmadas por
escrito en un grado suficiente para haber producido literatura34.
Incluso, actualmente, miles de lenguas en el mundo y en uso activo
no se han escrito nunca, sin que aquello signifique la muerte o la extinción
de los pueblos ágrafos. Una visión actualizada del número de lenguas hu-
manas reconoce la existencia de 6.912 (seis mil novecientas doce lenguas
en el mundo), de las cuales 1.002 (mil dos lenguas) se encuentran en Amé-
rica35, y, por cierto, entre ellas se halla el Mapudungun o Lengua Mapuche.
32 Mendoza (2003, p. 548).
33 Según Valdebenito (2007, p. 73), “Anatómicamente, el hombre moderno es
clasificado como Homo sapiens-sapiens. Apareció hace 120.000-100.000 años asociado
al desarrollo tecnológico. No está clara su relación con el Neandertal, pero se sabe que
fue contemporáneo. Comparado con éste y con el Homo sapiens arcaico, el sapiens-sa-
piens tenía un esqueleto más delicado, sus huesos eran más redondeados y tenía menos
protuberancia frontal”.
34 Ong (1987, pp. 16-17).
35 Zúñiga (2006, p. 24).
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. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Como se sabe, posterior a la llegada de los europeos a América, en
el siglo XV de nuestra era, algunas de estas lenguas de los pueblos prehis-
pánicos —cuyos nombres más sobresalientes se les conoce como Maya,
Azteca, Inca, Mapuche, entre muchas otras—, han sido puestas por escrito
mediante la escritura alfabética por los propios europeos. Esta tarea se
desarrolló principalmente por misioneros que llegaron a estas tierras con
fines de “evangelización” y de conquista. Así, por ejemplo, en el caso de
Chile, fueron los jesuitas (entre los siglos XVII-XVIII) y los capuchinos
(en el siglo XIX) quienes estudiaron y describieron la lengua mapuche,
cuyas obras escritas se encuentran hoy en día en las bibliotecas principales
del país. Entre ellas:
“Arte y Gramática General de la Lengua que corre en todo el
Reino de Chile”, escrita por Luis de Valdivia en 1606, y publi-
cada en Lima. Es la primera Gramática Araucana publicada y
conservada hasta hoy.
“Arte de la Lengua General del Reino de Chile”, escrita por
Andrés Febrés en 1765, publicada en Lima.
“Chilidúgú Sive Res Chilenses”, escrita por Bernardo Havestadt
en 1777, y publicada en tres volúmenes en Westfalia, Alemania.
“Gramática Araucana”, en 1903; “Lecturas Araucanas”, en
1910 (una colección de textos bilingües mapuche-castellano); y
“Diccionario Araucano-Español: Español-Araucano”, en 1916
(en dos volúmenes); escritas por el capuchino Félix Kathan
José de Augusta36.
Aun cuando el mapudungun ha sido escrito desde aquel entonces, la
escritura como actividad intelectual en el mundo mapuche no se ha arrai-
gado, sino que la comunicación oral —de oralidad primaria— sigue sien-
do suficiente para la interacción de sus miembros, ya sea para transmitir
sus mensajes, transferir sus saberes, enunciar sus discursos, o expresar sus
sentimientos.
A esto se suma, cobrando pleno sentido las palabras de Walter Ong
(1987), que, contrariamente a las raíces orales de toda articulación verbal
humana, durante siglos el análisis lingüístico y literario ha evitado, sólo
hasta años recientes, la oralidad —y, si es que lo ha hecho—, concentran-
do sus estudios lingüísticos en los textos escritos, antes que en los “textos”
orales.
36 Salas (1992a, pp. 474- 482).
85
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Este foco de los especialistas en los textos de carácter escrito tuvo
consecuencias ideológicas. La atención enfocada en ellos con frecuencia
supuso que la articulación verbal oral era en esencia idéntica a la expresión
verbal escrita con la que normalmente trabajaban, y que las formas artísti-
cas orales en el fondo sólo eran textos, salvo en el hecho de que no estaban
asentadas por escrito. Este punto de vista tan enraizado, desde luego, no
permite estudiar los textos orales como tales, sino que impulsa la opinión
común de que aparte del texto escrito (gobernado por reglas escritas) las
formas artísticas orales son fundamentalmente desmañadas e indignas de
un examen serio. El dominio inexorable de los textos escritos en la mente
de los eruditos se hizo tan evidente que hasta el día de hoy aún no se han
estudiado profundamente, ni se han formulado conceptos que lleven a
comprender, eficazmente, el arte oral como tal, sin la referencia a la escri-
tura, a pesar de que las formas artísticas orales que se produjeron durante
muchos años anteriores a la escritura no tenían ninguna conexión con
esta última37. Hoy se manejan términos como literatura, que básicamente
significa “textos escritos” (léxico que viene del latín, litera), para cubrir un
cuerpo de material escrito, como las llamadas “literatura española”, “litera-
tura inglesa”, “literatura infantil”, “literatura hispanoamericana”, etc.; pero
no se tienen términos y conceptos para dar cuenta de una herencia mera-
mente oral, como los relatos, las historias, los proverbios, los cantos, etc.
De allí, también, que sean oportunas las palabras de McLuhan, citado
por Zumthor38, cuando señala que se reconocen dos tipos de civilizacio-
nes: un mundo oral, que con ciclos naturales interioriza su experiencia de
la historia, sin conceptualizarla, que concibe el tiempo según unos esque-
mas circulares, y el espacio como la dimensión de un nomadismo, y donde
las normas colectivas gobiernan sus comportamientos; y un mundo escri-
to, que implica una disyunción entre el pensamiento y la acción, un no-
minalismo fundamental, unido a un debilitamiento del lenguaje como tal,
predominio de una concepción lineal del tiempo y acumulativa del espacio,
donde predominan el individualismo, el racionalismo y la burocracia.
Esta noción de la coexistencia de dos mundos nos permite distin-
guir entre la llamada oralidad primaria y la oralidad secundaria. Así, entre
las particularidades de la oralidad secundaria está, por ejemplo, el hecho
de que es observable en el texto escrito; además de su contenido como
tal, éste tiene una proyección explícita del autor: la responsabilidad con
relación a su obra, que si bien es un objeto disociado de sí mismo, es su
propiedad intelectual. El carácter formal y planificado de esta forma de ac-
37 Ong (1987, p. 18).
38 Zumthor (1991, p. 36).
86
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
tividad cultural se manifiesta también en el hecho de que muchos autores
especifican la procedencia de sus relatos como una manera de centrar un
marco de referencia y de distanciar, o sea, objetivar, una forma de verosi-
militud. La estructura misma de los textos escritos incorpora rasgos que
la enmarcan: cada texto lleva un título, recurso no utilizado en la trans-
misión oral, donde la alusión al tipo de discurso a presentar enmarcará la
ejecución. La organización en párrafos y la cuidadosa puntuación apuntan
a lo mismo: la estructura lingüística y etnográfica interna de los textos.
Por ejemplo, la organización de la oración y las remisiones a instituciones
específicas rebasan las posibilidades del autor, pues representa un conoci-
miento más que aceptable de las lenguas y culturas implicadas (se requiere
todo un manejo de los diferentes niveles de lengua). La remisión a las
condiciones inmediatas en que el texto se produce está eliminada y en su
lugar abundan ciertas referencias intelectualizadas a hechos de la cultura
como vista desde fuera39.
La oralidad secundaria, entonces, se define en su relación con el mun-
do escrito; es decir, con la cultura de alta tecnología, en la cual se mantiene
una nueva oralidad, mediante el teléfono, la radio, la televisión; pertenece
a la cultura de masas. Una tradición elitista hace posible su concepción, la
industria asegura su realización material, y el comercio, su difusión. Allí la
presencia física del locutor se borra. El oyente en la escucha está presente,
pero en el momento de la grabación sólo está considerado como algo abs-
tracto y como algo estadístico. El mensaje se fabrica, se vende, se envía,
se compra de idéntica forma en todas partes, produciéndose un desplaza-
miento del acto comunicativo oral40.
En la oralidad primaria, en cambio, el habla consiste en producir
una serie de sonidos que el interlocutor debe saber entender. Si la lengua
escrita es visual, la lengua oral es auditiva. Sin sonidos, no es posible una
comunicación genuina en el mundo oral41. Allí al hablante mapuche ya
desde niño se le exige ñi kim alhkütuael, es decir, saber escuchar. De mane-
ra que la oralidad primaria es parte de una cultura donde se manejan las
realizaciones fónicas de los fonemas; por eso desde temprano se le exige
al niño articular bien los sonidos de su lengua, cuando el mayor le dice:
küme rulpange mi dungun an´ay (¡articule bien los sonidos, hombre!). En este
sentido, se podrá encontrar similitud en cuanto a ambas formas de uso del
lenguaje, tanto la oral como la escrita, en cuanto a que se mueven en la
39 Gallardo (1988, pp. 51-53).
40 Ong (1987, p. 20).
41 Mendoza (2003, p. 548).
87
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
doble articulación lingüística42; pero se diferencian, por cuanto la oralidad
primaria no recurre a los símbolos gráficos ni a la impresión para plasmar
algún saber y establecer cualquiera interacción verbal entre sus hablantes.
Por ende, desde la oralidad primaria, como en todo uso lingüístico de una
lengua y, sobre la base de sus propios códigos, se elaborarán textos orales,
empleando los signos lingüísticos propios de este registro.
No se podrá afirmar, entonces, que la producción verbal mapuche —
sea pu nütham (los relatos e historias) o pu ül (los cantos), con sus diferen-
tes clases— pertenece a la oralidad secundaria en los términos que se ha
señalado, pues, tanto su origen, su constitución lingüístico-musical, como
su “performance”, no obedece a la cultura escrita. La elaboración de los
textos de oralidad primaria será mediante el manejo de los mecanismos de
composición oral, es decir, el empleo de la métrica oralista, las fórmulas y
temas en conformidad a la visión del mundo mapuche.
6. El texto de Oralidad Primaria mapuche
no es una variante del texto escrito
Hoy en día, han aparecido términos como: “literatura oral”, “etnoli-
teratura”, “oralitura”, “etnotexto”, etc., que, evidentemente, son esfuerzos
importantes de estudiosos que buscan establecer nexos, explicar su génesis
y discurrir en la observación de aquellos discursos que se desenvuelven en
la oralidad primaria mapuche, siendo tales conceptos muy recientes. Sin
embargo, habrá que esperar evidencias claras de si efectivamente logran
sus objetivos, en el sentido de abordar adecuadamente los textos del mun-
do oral, como los ül, los nütham, y su respectiva clasificación. Es posible
que exista la tentación a que una vez que los discursos de oralidad primaria
hayan sido registrados en grabadora, sean transcritos alfabéticamente para
hacerlos accesibles al mundo letrado. Este esfuerzo tiene la posibilidad de
que el resultado adopte la forma de un escrito en prosa o en verso, según
sea la opción por la que opte el transcriptor; de modo que, ante una mirada
incauta, pudiera ser percibido como un texto producido por la literatura,
en el sentido tradicional, ya sea como una poesía o un cuento; y, por ende,
ser visto, equívocamente, como una variante de la escritura.
Frente a estos hechos hipotéticos, es que interpretamos las palabras
de Ong (1987) como un emplazamiento a emprender caminos adecuados
para estudiar dichos materiales. Él nos exhorta, por ejemplo, a distinguir,
en primer lugar, la oralidad primaria, al decirnos:
42 Martinet (1968, pp. 20-22).
88
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Hay una bibliografía extensa sobre diferencias entre el lenguaje
escrito y el hablado, que compara el lenguaje escrito y el habla-
do de personas que saben leer y escribir. Estas no son las dife-
rencias que conciernen fundamentalmente al presente estudio.
La oralidad aquí tratada es esencialmente la oralidad primaria, la
de personas que desconocen por completo la escritura43.
En segundo término, el mismo autor nos ofrece una imagen alegó-
rica para subrayar la prudencia que se habrá de tener a la hora de analizar
un texto proveniente de la oralidad primaria:
Sería algo parecido a pensar en los caballos como automóviles
sin ruedas. Desde luego es posible intentarlo. Imagínese escri-
biendo un tratado sobre caballos (para la gente que nunca ha
visto ninguno) que comience con el concepto, no del caballo,
sino de “automóvil”, basándose en la experiencia directa de los
lectores con los automóviles. Procede a profundizar sobre los
caballos, refiriéndose siempre a ellos como “automóviles sin
ruedas”; explica a los lectores muy acostumbrados al automó-
vil, que nunca han visto un caballo, todos los puntos de dife-
rencia, en un esfuerzo por extirpar toda noción de “automóvil”
al concepto “automóvil sin ruedas”, a fin de dotar al término
de un significado estrictamente equino. En vez de ruedas, los
automóviles sin ruedas tienen uñas agrandadas llamadas cascos;
en lugar de faros o quizás espejos retrovisores, ojos; a cambio
de una capa de laca, algo llamado pelo; en vez de gasolina como
combustible, heno; y así sucesivamente. Al final, los caballos
solo se componen de lo que no son. Sin importar cuán precisa
y minuciosa sea tal descripción por omisión, los lectores con-
ductores de automóviles que nunca han visto un caballo y que
solo oyen hablar de “automóviles sin ruedas” con seguridad se
llevarían un extraño concepto de un caballo44.
Esta ilustración nos lleva a sostener que no podemos suponer que
un discurso de oralidad primaria mapuche ―sea un ül o un nütham en cual-
quiera de sus subclases― sea una variante de un texto escrito, pues hacerlo
significaría recorrer una senda cuyos resultados podrían ser imaginarios.
Esto por cuanto el analista, habituado a trabajar en el cuadro de la cultura
43 Ong (1987, p. 15).
44 Ong (1987, pp. 21- 22).
89
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
letrada, lo más probable es que esperaría encontrar en los textos de orali-
dad primaria algo que en definitiva no se encontrará en los textos de orali-
dad. Es lo que ocurrió, por ejemplo, con los primeros misioneros, quienes
al estudiar las lenguas indígenas de América esperaban encontrar en las
gramáticas de lenguas indígenas categorías como “los casos”, “las decli-
naciones”, etc., que efectivamente sí se encontraban en la lengua latina,
pero no en las lenguas indígenas. De esta manera, el investigador, teniendo
como parámetro las características cardinales de los textos canónicos de la
literatura, y sometidos, al mismo tiempo, a las reglas de la escritura, como
las que posee, por ejemplo, un cuento, un poema, una novela, podría ir
tras esas características en los textos de oralidad primaria. Naturalmente,
tal búsqueda sería artificiosa, y su expectativa estaría determinada a des-
vanecerse, pues los discursos de oralidad primaria nunca se han escrito ni
se han construido para ser leídos en esos códigos. Por tanto, y en estricto
rigor, el ül no puede concebirse como poesía ni el apew como cuento, como
algunas veces se les suele encasillar.
En consecuencia, las producciones verbales de oralidad primaria ma-
puche no se generan ni se definen de la manera como es un texto escrito.
No es como ocurre en el proceso de creación de obras literarias, donde
poetas y autores que conocen su oficio apoyan sus saberes y escriben su
texto luego de la lectura cuidadosa de obras literarias; es decir, de los textos
escritos que se encuentran en bibliotecas. En cambio, los constructores de
textos de oralidad primaria no tienen en consideración estos aspectos, y,
por lo mismo, allí no se requerirá pericia alguna en la decodificación de los
símbolos gráficos ―esto es, lectura y escritura―, puesto que los textos de
oralidad primaria mapuche son para ser escuchados por uno o más oyen-
tes reales, presentes, en un lugar y momento determinado.
Durante la elaboración del discurso oral mapuche, el ülkantufe o el
nüthamtufe encontrará la inspiración para su composición verbal en virtud
de determinados objetivos, tales como enamorar, saludar, valorar, comu-
nicar un mensaje, animar a una o a varias personas, etc. Existirá en su
iluminación un algo qué decir a alguien a quién decir. El ülkantufe cantor
—y no escritor— desarrollará sus ideas en su “mente” —por un tiempo
relativamente prolongado, que puede ser inclusive meses—, hasta que su
texto haya alcanzado un cuerpo. En este sentido, la tarea de elaborar un ül
o un nütham no será un acto impremeditado. En consecuencia, el cantor o
el relator siempre tendrá presente a su receptor. Se esmerará por encontrar
la expresión y el modo apropiado, a fin de lograr una locución rítmica y
fructuosa para alcanzar su objetivo. Esto es, que en su composición del
texto, tanto la métrica como la repetición de palabras ―que llamaremos
fórmulas―, convenido con el wünülün (la melodía) en el caso de un canto,
90
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
debe tener coherencia, unidad y sentido. Con esto, sin embargo, la tarea no
estará concluida, pues será necesario que el ülkantufe (cantor) o el nüthamtu-
fe (narrador) se someta a alguna prueba, mediante su participación a través
de la enunciación de un texto oral en presencia de otras personas, quienes
evaluarán si el canto o el nütham sí se ajusta a las características señaladas, y
si se incorpora a algún género de discurso conocido en el sector45.
Lo dicho, se puede corroborar a través del siguiente diálogo en mapu-
dungun con el ülkantufe Feliciano Huentén de Isla Huapi:
_A: ¿Chumuechikam adnentungeki ül? ¿Me puede explicar cómo se
construye el ül (canto)?
_Don Feliciano: feychi longko müten küdawküli porque longko ka
feyengün ka rakiduami müten. Fey ñi longko küdawküli fey nentuniyi ül
engün müten. Kisu dewmayngün. Kisu dewmayngün.
(Bueno, éste es un trabajo que se realiza solo en la cabeza. La
mente trabaja desde donde se genera el ül. No existen otro re-
curso más que la mente).
_A: ¿Ti pu ülkantufe memorisakey ñi ül engün? ¿Los cantores me-
morizan palabra por palabra para crear su canto?
_Don Feliciano: fey rakiduami; ñi longkomu nentuy ñi rakiduam.
Chumuechi ñi ülkantulafiyel tichi domo. Chumuechi ñi piyael. Fey raki-
duamküley. Pero feyti rakiduam no oír no es altiro no. Porlomeno feyti
ülkantufe, dewma ülkantule dofese, trefese en una fiesta. Infitangele ka.
Entonce dewmay. Küme tripamele pucha yaesta. Fewla ülkantuay. Chem-
piyan chi ñi ülkantun tüfa estudiay, thekayaway. Por lo menos dewmay.
Faw ñi longkomew dewmay.
(El cantor en su meditación elaborará las ideas que va a expre-
sar. Previamente, se preguntará, por ejemplo: ¿Qué voy a decir,
cómo voy a expresar mis sentimientos a la mujer de la que me
he enamorado? Responder esta pregunta le significará hacer un
esfuerzo importante en su cabeza y/o mente, a fin de encontrar
las palabras adecuadas para conformar un mensaje, desde las
muchas ideas que se agolpan en su mente. Bajo estas condi-
ciones, evidentemente, ya sea un ül o un nütham, no brotará tan
rápido. Esto porque, además, será necesario que el principiante
cantor, deba participar en más de un evento real y no imagina-
rio, donde pueda poner a prueba su creación. Estos momentos
45 El alhkütupelu (oyente), en virtud del kim alhkütun, es decir, “saber escuchar”,
evalúa y sabe a qué tipo de género y discurso pertenece el texto enunciado.
91
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
probarán si su canto y/o su texto oral se va construyendo bien
o mal. Cuando en su actuación tiene éxito, es decir, es valorado
bien por el público, significa que su trabajo va bien)46.
Esta explicación en cuanto a cómo se elabora un ül nos lleva a re-
frendar que los textos de oralidad primaria mapuche no deben ser abor-
dados como si fueran producto de la literatura canónica. Y, también, tal
afirmación se ve confirmada mediante las palabras de Ong, al indicarnos
que no es posible describir un fenómeno primario, comenzando con otro
secundario, posterior, y reducir poco a poco las diferencias, sin producir
una deformación grave e inoperante; más cuando el mismo autor nos se-
ñala lo siguiente:
La crítica engendró conceptos tan monstruosos como el de
“literatura oral”. Este término sencillamente absurdo sigue cir-
culando hoy en día entre los eruditos, cada vez más agudamen-
te conscientes de la manera vergonzosa como revela nuestra
incapacidad para representar ante nuestro propio espíritu una
herencia material organizada en forma verbal salvo como cierta
variante de la escritura, aunque no tenga nada en absoluto que
ver con esta última. El título de la gran colección Milman Parry
de Literatura Oral en la Universidad de Harvard es un monu-
mento al estado de conciencia de una generación anterior de
eruditos, que no al de sus defensores recientes47.
Afirmar que los discursos de oralidad primaria mapuche no son
equiparables a los textos de la literatura tradicional, evidentemente, po-
dría traer diferentes reacciones. Por un lado, los más escépticos preferirían
no discurrir en ello, puesto que temen que tarde o temprano se aumente
la segregación étnica o rebroten conflictos pretéritos entre mapuches y
“chilenos”; de allí que resulte más cómodo transitar a la manera como se
ha hecho hasta ahora, es decir, a la manera como la sociedad dominante
ha operado hasta entonces, cual es, la asimilación de lenguas y culturas
originarias por la lengua y la cultura del conquistador. Este hecho, eviden-
temente, lleva a la sociedad entera a vivir una “realidad ideal” y “ficticia”
―por no decir irreal―, como si el país fuese monolingüe y monocultural.
Claro, aquella imagen, naturalmente, da franquicia a variadas arbitrarieda-
46 Painequeo (2002, pp. 108-109).
47 Ong (1987, pp. 20-21).
92
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
des como la glotofagia, por ejemplo, aun cuando el país es evidentemente
plurilingüe y pluricultural.
Por otro lado, tal vez se tema abandonar la complacencia que otorga
el estudio lingüístico, filológico y literario desarrollado únicamente sobre
la base de la lectura y la escritura, teniendo como medio de estudio las
lenguas clásicas; y no se vea la necesidad real de aprender profundamente
las lenguas indígenas, las cuales tejen sus saberes sobre la base de los dis-
cursos orales, resistiéndose directa o indirectamente a los intentos hacia
una forma de existencia intercultural entre los pueblos. Enfocar el tema en
sentido contrario (esto es, desde el conocimiento de la lengua vernácula),
en cambio, estimamos que, por un lado, favorece el avance hacia la calidad
de la educación, al comprender de manera objetiva, y no con prejuicios y
estereotipos sobre cómo el otro (el alter) percibe el mundo (Boas, 1911,
Lévi‑Strauss, 1964); y, por otro, posibilita un acercamiento objetivo a los
textos y a los géneros discursivos de oralidad primaria mapuche.
7. Tipos de discursos de
Oralidad Primaria mapuche
Rodolfo Lenz “se inclinó definitivamente por la recolección de tex-
tos mapuches mayores: relatos anecdóticos e históricos, autobiografías,
piezas de la narrativa oral tradicional, textos descriptivos de usos, costum-
bres y actividades vernáculas. En menor medida recogió también textos
cantados y la traducción mapuche de oraciones cortas en castellano. No
hizo recolección sistemática de listas léxicas o series paradigmáticas”48. Él
es uno de los primeros estudiosos que intenta clasificar parte de los textos
que hemos llamado discursos de oralidad primaria mapuche, aunque lo ha he-
cho con un enfoque tradicional. El autor considera, por ejemplo, un estilo
retórico “wewpin” y una producción literaria, sin denominación genérica.
La producción que llama “literaria” la divide en dos partes a) una cantada,
que designa “ülkantun”, y que denomina “poesía”; y b) una parte en prosa,
que a su vez está integrada por dos subtipos: pu apew (los cuentos) y pu
nüthamkam (las relaciones históricas). Félix de Augusta (1910) retoma la
clasificación realizada por Lenz, y bajo el mismo enfoque se refiere a ellos
como “literatura araucana”, cuyas producciones verbales las identifica, por
un lado, como prosa, que subdivide en epew y nütham; y, por otro, los “tex-
tos” que llevan melodía, que llama canciones o poesía, y que clasifica del
siguiente modo:
48 Salas (1992a, p. 493).
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pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
a) lhamekan ül: elegías y canciones que expresan sentimientos
comunes a la generalidad de los hombres.
b) kawiñ ül: canciones que aumentan las diversiones en las fies-
tas, entre las cuales se distinguen:
1) rukan ül, las que celebran la inauguración de una casa.
2) kolhong ül, canciones de hombre disfrazados o canciones
de máscaras.
c) ñuwün ül, canciones de trilla o de trilladores.
d) paliwe ül, canciones de chueca.
e) awarkudewe ül, canciones de juego de habas.
f) ngawiwe ül, canciones de pájaro o de pajareros.
g) sumpalh ül canciones de invocación de los pescadores49.
Aguirre (1980) postula una clasificación de los discursos orales ma-
puche sobre la base de referencias a los personajes o actores, considerando
que en los relatos se encuentran tres tipos de ellos: personajes humanos,
animales y sobrenaturales. Para clasificar a un actor como humano, animal
o sobrenatural, toma como base criterios complementarios: los atributos
propios de la especie designada y la condición que el personaje alcanza
por medio de sus acciones. El mismo autor en una de sus conclusiones
señala: “hasta la actualidad no se ha elaborado una clasificación de relatos
orales mapuche aparte del primer trabajo de Rodolfo Lenz a fines del siglo
pasado (XIX)”50.
Nosotros llamamos Discursos de Oralidad Primaria Mapuche a toda
producción verbal que, manejando la técnica de composición oral51, se
hace presente en un acto de enunciación por un ülkantufe o un nüthamtufe52.
Fey may ta pu mapuche ñi ül ka pu mapuche ñi nütham, parafraseando esta expre-
sión, podemos decir que es la expresión verbal genuina mapuche, poética
o no, construida de manera oral. Si lleva melodía musical, se incorpora a
49 Augusta (1934, pp. 270-271).
50 Aguirre (1980, p. 50).
51 Painequeo (2012, pp. 205- 228)
52 La lengua mapuche puede convertir un verbo en sustantivo, al adicionar el sufijo
fe a la raíz. Así, por ejemplo, en ülkantufe, y nüthamtufe indica que él o ella realiza la acción
de cantar o enunciar en un momento determinado un texto que puede llevar melodía o no;
el pentukufe y el wewpife es la persona capaz de construir y enunciar “relatos” dialógicos en
circunstancias solemnes y públicas, etc. Luego, toda persona, por poseer la capacidad de
elaborar y declamar determinado tipo de discurso en la comunidad de habla mapuche, se
le identificará como: ülkantufe, nüthamtufe, pentukufe, wewpife, apewtufe, kon´ewtufe, etc.
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. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
pu ül dungu (a las clases de textos que distinguimos como cantos); y si no
lleva melodía, corresponde a pu nütham dungu (a las clases de textos cono-
cidos como saludos, relatos, historias, etc.). Tanto pu ül (los cantos) como
pu nütham (los relatos) los hemos denominado sobre la base de la misma
nomenclatura que los hablantes de mapudungun l´afken´che (gente de la cos-
ta; dialecto V, según Croese53), quienes los reconocen y al mismo tiempo
muchos de ellos son los cultores de los diferentes discursos orales que
hemos citado como ejemplos en el trabajo. A continuación presentamos la
clasificación de los discursos de oralidad primaria mapuche de dos modos
1) como tipos de ül y 2) como tipos de nütham.
7.1 Tipos de Ül
7.1.1 Feyentun Düngu Ül
Son cantos cuyos temas y la misma enunciación en un contexto de-
terminado se asientan regularmente en el marco del feyentun mapuche, es
decir, sobre las creencias en realidades trascendentes acorde a la cosmovi-
sión mapuche54. Algunos de estos tipos de ül (cantos) son:
a) Machi ül. Canto propio de machi, que se enuncia en el con-
texto del machitun —rito de sanación de enfermos. Éste surge,
principalmente, cuando la o el machi comienza el proceso de
atención en búsqueda de sanación a su paciente, mediante la
invocación a Ngünechen o a pu fileo.
b) Müthümadtun ül. Canto que se vocaliza durante el machitun,
para instar el regreso del püllü (“espíritu”) al kalül (cuerpo) de la
persona gravemente enferma, a fin lograr su mejoría.
c) Tayültun ül. Canto de invocación a espíritus de kuyfike pülhü
de pu longko, pu ülmen, pu machi, etc., ejecutado por un tayültufe
(persona experta en este tipo de canto) antes o en el intermedio
de un acto ritual.
d) Mañumtun ül. Canto ejecutado por un longko o una machi para
agradecer a Ngünechen y a los “espíritus” de los antepasados,
por haber favorecido algún acto o rito realizado en favor de la
comunidad.
d) Amul pülhün ül. Canto dirigido a la persona fallecida para
53 Croese (1980, p. 38).
54 Grebe et al. (1972, pp. 46-73).
95
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
que su alma tome el camino favorable al más allá, el cual puede
ser: l´afken´ mapu, puel mapu, rangiñ wenumapu o parte del wallontu
mapu55, es decir, todo lo que rodea el mapu, y, también, en favor
de sus deudos; y, para que el reencuentro sea armonioso con
sus seres queridos ya fallecidos.
A continuación damos un ejemplo de Amul pülhün ül:
“Manquepi, ¡oh Manquepi!
chumngeafuy femuechi ta müley ta mongen así es nuestra existencia
tüfachi mapu mu. en este planeta.
Welu fachiantü Ha llegado el momento
wüñotuaymi tami en que debes regresar
chew ta desde
mi chew ta mi thipan. donde viniste.
Feymuta tüfachi Bajo esta “ceremonia”
wüthuñman mew del wüthuñman
küme amutunge. Regresa bien
Chew tami thipaymi a donde has salido.
wüñotuaymi ta fachi antü; Desde hoy,
welu wiñokintulayaymi no vuelvas la mirada
tami pu che, hacia los tuyos
tami pu reñma”56… hacia tu familia.
7.1.2. Awkantun Düngu Ül
Canto que se realiza durante el desarrollo de alguna actividad lúdica
en una determinada reunión comunitaria; por ejemplo:
a. awar kuden ül57. Canto de juego de habas en reunión familiar
y/o social.
b. kolhong ül. Canto de una persona enmascarada que tiene por
misión hacer reír a los demás a través de su canto, sus ocu-
rrencias o sus gestos.
55 Testimonio del longko Antonio Purrán, de la comunidad Wañako Millao Chacay-
co, Ercilla. Agrega él que en este acto “se invoca el püllü de los antepasados: pu longko, pu
fileo de machi”.
56 Este ejemplo fue dado por el longko Antonio Purrán.
57 Augusta (1910, p. 32).
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. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
c. pürün palin ül. Canto que emerge durante el desarrollo del
juego de chueca, que se acompaña con música y danza,
donde mujeres jóvenes (13 años) cantan y bailan a través
de las dimensiones externas del paliwe, invocando al pali en
favor de su equipo.
Ejemplo de pürun palin ül:
Fapüle küpape pali Que el pali venga acá
Fapüle küpape pali Que el pali sea un punto para nosotros
Fapüle küpape pali Que el pali nos dé el triunfo
Fapüle küpape pali Que el pali venga acá.
Künapa künapa, pali Venga, venga, venga pali
Wewayiñ, wewayiñ, wewayiñ Ganaremos, ganaremos, ganaremos.
Newentuaymün pu palife Esfuércense jugadores del palin
Newentumün pu kon´a Esfuércense servidores.
7.1.3. Küdawün Düngu Ül
Canto cuyos temas se relacionan con las labores de la vida de los
mapuches; por ejemplo:
a. rukan ül. Canto de alegría y gratitud a Ngünechen por haber
construido una casa con la ayuda de la comunidad.
b. ñüwün ül. Canto que surge en la actividad de desgranar ce-
reales, que comúnmente se llama “trilla”.
c. sumpalh ül. Canto con que se invoca el poder sobrenatural
del agua, shumapalh, para tener éxito en la pesca.
d. lhamekan ül. Canto de mujeres que se realiza durante el tra-
bajo en el hogar, como moler con piedras cereales tostados
o cocidos, con el objeto de mitigar el cansancio y concluir
mejor el trabajo.
97
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Ejemplo de un lhamekan ül:
“¡N´on´tupaen n´on´tupaen ¡Llévame al otro lado (del lago)
N´on´tupaen, wala e! oh, wala!
N´on´tupaen n´on´tupaen Llévame al otro lado (del lago)
N´on´tupaen, wala e! oh, wala!
N´on´tupaen n´ontupaen si tú no me puedes
N´on´tupaen, wala ü oh, wala
Mandaleyen mandaleyen kolhkoma envía a la
Mandaleyen mandaleyen kolhkoma kolhkoma
Kolhkoma oh, wala,
Mandaleyen mandaleyen kayawa si ella no puede, entonces
Kayawa, wala, wala envía a la gran kayawa, wala.
“Ungüf, ungüf, ungüf ” (el ülkantufe imita el sonido del kudi en
movimiento, cuando se está moliendo el
grano).
¡N´ontupagen n´ontupagen wala! llévame al otro lado del lago
N´ontupagen n´ontupagen, wala, wala oh, wala!
Mandaleyen mandaleyen kolhkoma si tú no me puedes llevar, oh wala
Mandaleyen mandaleyen kolhkoma envía a la kolhkoma
Mandaleyen mandaleyen kayawa, wala y, si ella no puede, entonces,
N´owalu n´owalu n´ome kay n´ome may envía a la gran kayawa, para yo cruzar (el
lago), wala.
"Ungüf, ungüf, ungüf (se imita el sonido del kudi —piedra de
moler cereales— en movimiento, cuando
se está moliendo el grano).
A propósito de este lhamekan ül, comenta don Rufino Antifil de Isla
Huapi, luego de haberlo entonado él mismo: “Femuechi adngechi nentun ñi ül
müten (este es un modo de componer los cantos), significa ‘pásame, déjame
al otro lado del agua’ en wingka düngun; si no tiene tiempo wala, que mande
a la kolhkoma; si no puede kolhkoma que mande a la kayawa. Son creacio-
nes con melodía para que avance rápido el trabajo. Femuechi ñi feypin müten
kusheke che. La inteligencia de la anciana. Así avanza su trabajo con alegría,
al mismo tiempo que comparten el momento. El ül es para compartir la
alegría. Así, ellas se enseñaban a cantar unas con otras”58.
58 Painequeo (2022, pp. 113-114).
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7.1.4. Ayekan Düngu Ül
Canto que aparece en los momentos festivos de carácter comunita-
rio, sea en un hogar o en alguna reunión pública; por ejemplo:
a) ayekan ül, cuyo contenido provoca risa o alegría a los presen-
tes.
b) ñüwa ül, es un canto que denota una mezcla de broma y burla.
d) wedwed ül, es un canto cuyos contenidos son imprudentes.
Ejemplo de un ñüwa ül (la traducción es nuestra):
Lamngen em kai lamngen em kai! Oh, hermana, Oh hermana!
Kurengean pirkelu por su deseo de casarse
Wedá weche wenthu Aquel joven embustero
Müna kon düngu pirkefui dijo tantas ficciones
Kurengean pifulu: por su deseo de casarse.
2. Azul makuñ pipiyeturkefilu Tengo una hermosa capa azul
Ñi müchaitun weshá makuñ le dijo a su vieja manta teñida de michay,
Wedá weche wenthu etc. El joven embustero dijo:
3. Pañu chumpiru pipiyerturkefilu Tengo un sombrero fino, a su viejo
Ñi weshá chumpiru, miaupeyüm filhkuñ, sombrero, donde se pasean las lagartijas.
Wedá weche wenthu etc. El joven embustero dijo:
4. Pañu cason pipiyeturkefilu Tengo calzoncillo de paño
Ñi weshá kerka cason a su viejo y sucio calzoncillo
Wedá weche wenthu etc. El joven embustero dijo:
5. Seda pañu pipiyeturkefilu Tengo pañuelo de seda
Ñi weshá kerka pañu a su viejo y rotoso pañuelo.
Wedá weche wenthu. El joven embustero
6. Müna kon düngu pirkefui intentó convencer a su amada
Wedá weche wenthu. diciendo tantas ficciones
Kurengean pifulu59. por su deseo de casarse.
59 Augusta (1910, p. 152).
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7.1.5. Poyewün Düngu Ül
Canto que se entona para expresar amor hacia una persona, sea ésta
un familiar o una mujer para conquistarla; por ejemplo:
a) poyewün ül. Canto de amor filial, dedicado a algún familiar o
pariente.
b) düngul domolün ül. Canto de amor de pareja entre un hombre
y una mujer para conquistarla.
c) n´ampül´kan ül. Canto del esposo que se encuentra lejos de su
tierra de origen.
d) kaytañpe ül. Canto de la mujer, cuyo marido se encuentra au-
sente por estar fuera del territorio.
Ejemplo de düngul domolün ül:
Madakal chamalh
Madakal chamalh
Madakal chamalh
Madakal chamalh
Eymishkelhemay ti
Eymishkelhemay ti
Lamngen anay
Lamngen anay60
7.1.6. Faliluwün Düngu Ül
Canto en el que se expresa alguna valoración de la vida de la persona;
por ejemplo:
a) rakiduamün ül. Canto referido al pensamiento sobre la vida,
sobre el pasado, sobre el presente.
b) faliluwün ül. Canto del valer, mediante el cual se expresa es-
tima al hijo o a la esposa o algún bien material si se posee,
como un buen caballo, animales, etc.
60 Painequeo (1992, pp. 50-51), como se citó en Painequeo y Barrera (1992).
100
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7.2 Tipos de Nütham
7.2.1. Nütham Düngu
Es toda sucesión de palabras extensas o breves, expresadas en mapu-
dungun de manera oral. El acto de habla puede ser individual o dialogado,
el cual se hace con el propósito de establecer contacto entre las personas o
para entregar algún mensaje. Existen diferentes tipos de nütham:
7.2.2. Chalin Düngu Nütham
Texto dialógico que se usa para dirigirse a alguien para saludar, dando
muestras de atenta preocupación mediante fórmulas de cortesía, con el
objeto de intercambiar expresiones; para tratar algún tema de valor para
ambos. En este tipo de nütham, podemos mencionar:
a) El pentukun o pentukuwün, que es un saludo formal, realizado
por dos personas que, por lo general, se tienen estima o que, por
alguna razón, no se habían encontrado por mucho tiempo. En
este tipo de saludo, en primer término, se busca determinar el
estado de salud personal, familiar y/o comunitaria de cada uno
de los interlocutores; luego, se busca entregar algún mensaje,
sea de amistad, fortalecimiento o de consuelo, en caso que uno
de ellos estuviera padeciendo alguna situación embarazosa, etc.
b) El wewpin, es un discurso más solemne y es realizado por
dos personas quienes han sido previamente elegidas, debido a
su capacidad en la construcción y enunciación de dicho tipo
de discurso. El wewpin comienza previo a un pentukun, y busca
profundizar algún tema social, como la celebración de un ma-
fün (casamiento mapuche), abordar algún conflicto que atañe el
sector; resaltar en la ceremonia del funeral algún valor de alguna
persona fallecida, etc. Tanto el pentukun como el wewpin tienen
normas de toma de turno y dominio de tema, que los partici-
pantes deben manejar.
Don Rufino Antifil de Isla Huapi explica, en parte, lo que es un
pentukun; y expone como ejemplo un fragmento de un posible pentukun,
sobre un hecho hipotético; “supongamos…”, dice, “… un amigo sufre
la partida de un ser querido; y porque el padre, personalmente, no puede
asistir a dar el pésame a su amigo, destina a su hijo como mensajero, quien
101
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
deberá visitar al jefe de hogar y hacer un pentukun” del siguiente modo:
“chumngeafuy peñi, “que le vamos a hacer, hermano, tenga
fuerza
kompüle müley feyta chi düngu; la humanidad entera tiene que sufrir la
muerte física,
yafülüwaymi, debes cobrar fuerza;
leliwülaymi tami afkadi, en estos momentos difíciles refúgiese a
su amada esposa
leliwülaymi tami yalh, kangelu ti ñi mulen a vuestros hijos, y en aquellos seres su-
yos que están vivos,
feymu yafüluwaymi tami duam.” se fortalezca su alma”
Pilelmean tañi wen´üy, Esto dirás
piyaymi, a mi amigo, hijo mío;
pentukunmu eluafimi, entregarás el mensaje mediante un pen-
tukun.
Fey mu pentukupuaymi; Llegando allá, harás el pentukun
pentukun fey mu wirarüpuaymi; elevarás la voz; y dirás:
femuechi may mandaenew ñi chaw “he sido enviado por mi padre
feypilelmen may ñi wen´üy… para saludarlo…61.
7.2.3. Kimeltuwün Düngu Nütham
Son textos orales que buscan dejar alguna enseñanza en el oyente;
por ejemplo:
a) el apew, narración de hechos ficticios cuya trama es prota-
gonizada, generalmente, por personajes animales. Por ejemplo,
ngürü engu thapiyal, que subraya la inteligencia, la humildad del zo-
rro frente al poder y a la fanfarronería del león; thegül engu thewa
(odiosidad entre uno y otro; porque el perro se come los huevos
del thegül) (se subraya la idea de respetar la propiedad privada).
b) el kon´ew, adivinanza que consiste en contestar preguntas in-
geniosas, mediante un juego de palabras y manejo del léxico,
para poner en acción el cerebro del niño. Por ejemplo: üy ruka
weshakelu, üy pu kulhiñ; üy pu anümka (se usa la fórmula: initañi
kimpenofel ini tañi kimpenofel ko?).
61 Painequeo (2022, pp. 126-127).
102
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
c) el ngül´am, que significa “educación”, “enseñanza”62, es un
tipo de texto que valiéndose de otros, a veces, busca instruir al
niño, para que éste tenga el saber necesario, a fin de actuar de
manera pertinente en el medio que le corresponderá vivir.
Veamos a continuación un ejemplo de un ngül´am donde se busca
enseñar a hacer o elaborar un pentukun:
“Fanten chi pichi wenthu, Un niño, muy menor como éste,
fey mandangerki karukatu mew. Se le prepara para llevar un mensaje a un
vecino: Ya, hijo, dice el padre:
amuaymi; visitarás
pelelmean ñi fücha peñi, Domingo a mi hermano Domingo.
Pelelmean ñi fücha peñi; Apenas te sientas en su casa
ramtupuafimi chumlen, preguntarás ¿cómo se encuentra?,
chumuechi ñi win´malen?. ¿Cómo ha amanecido?; y
¿küme win´malefen chi ñi peñi?, si ha tenido un buen despertar;
ngenofel chi wedake düngu, si no ha habido algún suceso malo,
kuthan?. alguna enfermedad?.
Kiñe angka pun´ Muchas veces,
feli, al llegar la noche
mülekey ta kuthan. suele llegar también alguna enferme-
dad.
Felenofel chi. Ojalá no fuera su caso.
“fey, “son las
küme win´malefel chi preocupaciones de mi padre,
pilelpuan”, dirás a mi hermano”
pingerki ti fotüm. Así se aconseja al niño.
“Rupan pentukun tati, Luego que él hace el pentukun, y
feywüla fey nentuy ñi duam; habiendo recibido respuesta del mayor,
fey ñi wüñolelngetunmu ka, en forma de pentukun también; entonces,
fey wüla fey: da a conocer el objeto de su visita”63:
62 Testimonio de don Sergio Painemilla Huerapil de Piedra Alta, comuna de Puer-
to Saavedra. Painequeo (2022, p. 116).
63 Painequeo (2022, pp. 116-117).
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pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
El niño, que ha demostrado fehacientemente haber internalizado el
ngül´am —es decir, la enseñanza de su padre en horas de la noche en el
hogar—, al día siguiente ingresa a la casa del karukatu (vecino). Saluda al
dueño de casa con las preguntas y respuestas sabidas; es decir, que él hace
un pequeño pentukun, con la respuesta formal de parte del jefe de hogar.
Luego de haber cumplido con éxito su misión, en otra oportunidad el
mismo niño será enviado a otro hogar, que se encuentra más distante, con
la misma preparación en horas de la noche en su hogar, y con el mismo re-
sultado. Pero el asunto no termina allí, pues vendrá la evaluación de parte
de los adultos, que será más o menos del siguiente modo:
Después ka pewtuy ti karukatuwen; Pasado un tiempo,
fey femuechi düngu, se encuentran los mayores.
elunnga ñi futüm nga El padre interpela a su vecino: he
preparado a mi hijo
fey, ¿feypipuy? para hablar con Ud., lo habrá he-
cho bien?
Respuesta… Responde: exactamente,
Feyta chi düngu feypienew, el niño se ha expresado
kom feypipuy. de manera correcta.
Una alegría que recibe el padre. Entonces, el padre siente satisfac-
ción;
fey dewma kimi ñi porque comprende
küme longkonngeyael. que su hijo hizo el pentukun.
Después, doy, doy inali ñi Entonces, el niño, ya más crecido
pentukun; y habiéndosele preparado aún me-
jor,
fey, amuy kiñe longkomu, será enviado a un longko64.
7.2.4. Pewman Düngu Nütham
Discurso que narra sucesos vividos durante el sueño; es decir, imá-
genes percibidas de la realidad natural y trascendente en el plano onírico.
Para el mundo mapuche ciertos sueños cobran sentido a tal punto que
puede afectar su vida cotidiana. Estos pueden ser considerados: a) küme
pewma (buen sueño); b) weda pewma (mal sueño); y c) re pewma (sueño co-
mún). Por ejemplo, sueños malos: soñar con l´afken´ (el mar); soñar con
64 Painequeo (2022, p. 117).
104
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
ilo (la carne); soñar con l´a che (personas fallecidas); y sueños buenos, por
ejemplo, soñar con personas vivas, soñar ascendiendo alguna altura, etc.
Por ejemplo: el sueño de una educadora tradicional (segundo semes-
tre, 2023). Ella tenía la tarea de transcribir algunos textos orales (pu ül);
comenta:
Al tratar de transcribir y traducir los cantos, como no pude
avanzar en mi trabajo, dije: Iñche kishungünewkülelan nga, rulpafili
tüfa chi ül, rulpayafiñ, rulpanoli, rulpalayan kay (yo no vivo por mi
cuenta; si soy capaz de transcribir y traducir estos cantos lo
haré, y si no, que no se haga). Epe wün´ (casi al amanecer) sentí
que algo llegó a mi cara. Luego, casi a la madrugada, soñé: a una
kushe pülhü (a una mujer anciana) ¡de trenza larga!, pelo negri-
to, tez redonda, con una ükülha (capa) rosada. No usaba joyas.
Al sentarse al lado mío, yo recliné mi cabeza en su hombro.
Y ella me dijo: “müna kishuleymi” (tan sola que te encuentras),
“ngilhatuñmangelaymi” (no han hecho rogativas por ti). La kus-
he pülhü estaba preocupada por mí, me tenía lástima ‘¿por qué
me tenían tan sola, que no me valoraban?’ Además, junto a la
kushe pülhü andaban personas de diferentes edades, hombres
y mujeres, alrededor del campo de mi padre ya fallecido; ellos
buscaban remedios de la naturaleza. Entonces, pude interpretar
el ül, comprendí que el canto es de una ñaña machi; cuando en su
ül dice: ‘luego que andaba afuera, volví, para hacer las rogativas;
describe el mar’; entonces, entendí que es una shumpalh machi.
Y concluye ella: “este canto es sobrenatural”65
7.2.5. Perimontun Düngu Nütham
Es un texto oral donde se narra la experiencia súbita que una persona
en un momento de vida experimenta; suelen ser en su mayoría jóvenes,
cuyo sentido será entregar algún mensaje que puede ser positivo o ne-
gativo para él o ella. Existe el a) küme perimontun (quiere decir que dichas
65 La educadora tradicional hace el siguiente comentario: “quizás estos ül no se
deban transcribir porque estamos lejos de su kümpeñ (espacio sagrado de oración de aquella
“machi”); además, podríamos estar reviviendo una vida, que probablemente ya sea persona
fallecida; puesto que todo lo que se le entrega a una machi pertenece a ella, de manera que
todo lo que le dieron (perteneciente al mundo sobrenatural) para realizar su oficio, yetuy tati
(los lleva, pues) al fallecer. La acción de grabar este canto, tal vez, no habría respetado la
norma de lo trascendente, por lo que el alma de la “machi” podría estar sufriendo, pues este
canto connota tristeza, soledad”, concluye.
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pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
experiencias son positivas), y b) weda perimontun (estas experiencias son
negativas). Algunas personas del mundo mapuche tienen experticia para
interpretar el significado del perimontun.
8. Métrica, fórmula y tema del canto mapuche
8.1 Naturaleza del ül y del nütham
Tanto el ül (canto mapuche) como el nütham (narración, relato, histo-
ria) se transforman en vehículo oralista de transmisión de saber, de pensar
y de sentir de hombres y mujeres mapuches. Son textos orales que presen-
tan realidades cotidianas y trascendentes producidas y/o percibidas por
los miembros de las comunidades. Allí, en la intimidad del hogar, mediante
la entonación de un ül, y, muchas veces, las mismas rodillas del l´aku (abue-
lo por línea paterna), sirven como recurso para enseñar al niño. Desde allí,
el anciano, a través de su ül o nutham, busca internalizar en el nieto o en la
nieta los rasgos básicos del texto oral. Será la rutina de personas, pu kim
che, personas conocedoras de los códigos orales de la lengua y la cultura
mapuche, y que intentará enseñar “con afecto”, y de manera gradual, para
ir estableciendo en la mente del infante el modelo oralista del discurso
oral. Así nos cuenta don Enrique Catrileo, longko de la comunidad Lorenzo
Chañafil de Isla Huapi, a través de las siguientes palabras:
Re ayekan dungu müten femuechi fey kimelkefenew ñi aweluem, fey iñche
fey pedikefuiñ ka: ülkantunge ka chachay pikefuiñ. Fey nepepepakefuy
epewin´ [ ] Iñche fey wimtuniyefunem ñi aweluem fey ülkantuy fey chumue-
chi ñi amulen ñi ülkantun fey ka femekekefun, kuyfi66.
(Cuando yo era niño, mi abuelo me enseñaba aquellas cosas
gratas, que es el canto. Porque yo mismo le pedía; al despertar
muy de madrugada, le decía: “abuelito cántame una canción”.
Él lo hacía. Yo que acostumbraba a escuchar sus cantos, y, tal
como él, también cantaba; ulteriormente, lo hacía yo también).
66 Painequeo (2002, p. 112).
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8.2 Propósito de la enseñanza del ül
La enunciación de los discursos orales sobre el saber del mundo ma-
puche se ha practicado principalmente en los hogares; y estos tenían como
propósito entretener, fortalecer la personalidad del niño, pues se esperaba
de él o de ella que el día de mañana fuera un kim wenthu o kim domo, es decir,
un hombre o una mujer de pudor, persona íntegra, capaz de enfrentar las
vicisitudes de la vida67. Vergüenza sufría en su propio rostro, y en público, el
padre o la persona mayor cuyo hijo demostraba ineptitud en el ülkantun (ac-
ción de cantar) o en el nüthamtun (acción de pronunciar discursos orales). Era
signo de indolencia de parte del mayor en la perseverancia del ngül´amkan
(acción de educar) al niño, por no haberlo formado debidamente.
8.3 Contexto en que emerge el ül
Terminada la labor del día, en horas de la noche, en torno al cálido
fogón de la ruka (morada mapuche)68, y en momentos de descanso, alguien
propondrá o solicitará que se entone un ül (canto) para disfrutar o revivir
lo que en algún momento trajo deleite y/o conmovió el espíritu. El funeral
de una persona conocida y valorada por la comunidad requerirá a epu lon-
gko —dos jefes de distintas comunidades— pronunciar un wewpin, es decir,
un discurso oral solemne a su honor; en un ngilhatun (actividad religiosa
pública) se hará el lhelhipun (discurso oral de oración a Dios); en un mafün
(casamiento) se hará un pentukun (saludo formal); en un mingako (trabajo
comunitario) se enunciará algún ül; en un in y pürun palin, es decir, la reali-
zación de un determinado juego de chueca con convite y danza ritual, se
entonará el palin ül, etc. Es decir, que en cada instancia de la vida de los
mapuches se manifiesta algún discurso de oralidad primaria.
67 Painequeo (2012, p. 211).
68 La ruka es la habitación mapuche, cuya estructura se sostiene sobre cuatro pos-
tes, techado de küna (hojas delgadas, largas y filudas), trome (la totora), kunkilhu (el Junqui-
llo), liñ (yerba consistente conocida como ‘la ratonera’), etc. En el centro de la ruka se hace
el fogón, que sirve tanto para cocinar como para reunirse con la familia y enfrentar el duro
invierno. La ubicación espacial de la ruka responde a la cosmovisión mapuche. “[…] en
este orden espacial temporal se repite el movimiento que algunos mapuches asignan al sol:
“Viaja por el día de este a oeste y por la noche de oeste a este, por debajo de la Tierra”. En
el mismo sentido, cabe observar la similitud formal de la ruka mapuche tradicional —tanto
en su contorno general como en la distribución de su mobiliario alrededor del fuego— con
la ruedecilla antedicha y su giro circular. Interpretamos esta analogía con Eliade: La morada
es un imago mundi o réplica del orden cósmico proyectado en los cuatro horizontes, a partir
de un punto central que simboliza el axis mundi” (Grebe, et al., 1972, p. 56).
107
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
9. Análisis métrico, formulaico
y temático de un ül del Budi
A continuación, nos referimos al análisis del canto mapuche. Para
ello, proponemos un acercamiento métrico, formulaico y temático, sobre
la base de los aportes teóricos de Albert Lord69, quien en su estudio ob-
servó a los cantores jóvenes de Yugoslavia, quienes creaban y entonaban
cantos sin el apoyo de la lectura y la escritura. El autor señala que los jóve-
nes comenzaban su aprendizaje desde pequeños, en los momentos en que
escuchaban cantar a sus mayores. Es allí cuando ellos iniciaban el aprendi-
zaje de las partes elementales del canto, en las que se apoyarían para crear
el suyo. Los principiantes internalizan la métrica, la idea de fórmula, los
temas, y, además, la melodía. Este saber mnemotécnico les posibilita ela-
borar y enunciar sus propios textos orales.
Sobre esta base teórica de Albert Lord (1960), hemos intentado estu-
diar los cantos mapuches del sector Budi, Novena Región, Chile, siguien-
do los siguientes pasos: I. Análisis métrico, II. Análisis formulaico, III.
Análisis temático con interpretación de los contenidos del ül en el marco
de la cosmovisión mapuche.
9.1 Análisis métrico
El análisis métrico, o más bien, digamos, la métrica oralista del canto
mapuche, determina las líneas, los grupos de líneas, las sílabas métricas, el
metro y el patrón métrico. El estudio se realiza segmentando por partes la
composición del lenguaje del canto.
Llamamos línea a una o a un conjunto de palabras y/o frases enuncia-
das por el ülkantufe durante su ejecución. Estas se determinan en atención
a las pausas breves que el ülkantufe hace en el momento que canta. Una vez
precisadas las líneas, éstas se enumerarán con números arábigos en su lado
izquierdo, como se puede ver en el siguiente ejemplo:
1. E em (pausa).
2. l´afken´chel´afken´chel´afken´chekoñiiñche (pausa).
3. l´afken´chel´afken´chekoñiiñchean´ay (pausa).
4. l´afken´chel´afken´chel´afken´che70 (pausa).
69 Lord (1960, pp. 13-98).
70 Nótese que en las líneas identificadas no se separan las palabras, puesto que
108
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9.1.1. Grupos de líneas
Es un conjunto de líneas, reconocible mediante una pausa mayor en
relación al tipo de pausa de la línea propiamente tal. Forman un grupo
debido a que su contenido tiende hacia una idea central. Una vez determi-
nado el grupo de líneas, éste se enumera con números romanos: I, II, III,
etc. Ejemplo:
I
1. E em
2. l´afken´chel’afken´chel´afken´chekoñiiñche
3. l´afken´chel’afkeñchekoñiiñchean´ay
4. l´afken´chel´afken´chel´afken´che.
Este trozo de lectura se debe leer así: “el grupo de líneas número
uno, contiene las líneas 1, 2, 3 y 4; y la idea central es que releva al “per-
sonaje principal”, que en este caso es el propio ülkantufe, sujeto que vive a
orillas del mar (hombre costeño), costa de la comuna de Puerto Saavedra.
9.1.2. Sílaba métrica
Unidad de pronunciación típicamente mayor que un fono y menor
que una palabra71, identificable a lo largo de cada línea del canto. En nues-
tra observación, hemos trabajado esencialmente con dos tipos de sílabas:
una larga, que representamos mediante un guion (-); y una corta, mediante
una uve (v). Tal como se ve en el ejemplo siguiente:
13 yawawyawawngeyyawawyawawngeyyawawyawawngey
v - v v - v - v v - v - v v -
9.1.3. El metro
Unidad fónica de igual o mayor extensión que una sílaba. Se repre-
senta mediante corchetes [ ]. Podemos observar que existen varios tipos de
metros en los cantos mapuches, como: 1) [v-], que consta de dos sílabas, la
primera es una sílaba corta (v) y la segunda, larga (-); 2) [vv-], que consta
la transcripción del canto se ha realizado considerando el continuum fónico dado en las
líneas.
71 Crystal (2008).
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pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
de tres sílabas, las dos primeras son cortas (vv) y la última es larga (-); 3)
[vvv-], que consta de cuatro sílabas, en que las tres primeras son cortas
(vvv), y la última es larga (-), etc.
9.1.4. El patrón métrico
Tipo de distribución sensiblemente uniforme de los metros en las lí-
neas del canto. El perfil lo adopta la distribución de los metros en relación
al metro de mayor recurrencia. Así, cuando se tiene un metro más recu-
rrente, se busca la relación de éste con los demás, hasta encontrar aquella
forma de distribución de los metros que ha sido empleada ampliamente
en las líneas del canto.
9.2 Análisis formulaico
De acuerdo con el concepto de “fórmula”, esto es, “un grupo de pa-
labras regularmente empleada bajo las mismas condiciones métricas para
expresar una idea esencial dada”72, el cantor, al elaborar su texto, recurrirá
a ciertas expresiones que tengan algunas condiciones métricas y que apor-
ten un contenido relevante para su canto. De allí que se buscarán aque-
llas palabras repetidas dos o más veces en las diferentes líneas del canto.
Una vez identificadas, se consignan éstas en una tabla de acuerdo con una
nomenclatura convenida, como: Nº (número de fórmulas); s. fónica (se-
cuencia fónica); símbolo (que identifica la fórmula); glosa/idea (contenido
de la fórmula); Nº rep. (número de repeticiones de la fórmula); líneas (en
que se ocurre la fórmula); Cat. gram. (categoría gramatical de la fórmula).
Una vez llena la tabla con las fórmulas, se procede al análisis de cada una
de ellas.
9.3 Esquema de distribución de fórmulas
Sobre la base de los símbolos convencionales con que se identifica
cada una de las fórmulas, se alza un esquema para ver su distribución en el
canto, con el cual se puede observar el modo cómo el ülkantufe emplea la
lengua para la elaboración de su ül (canto).
72 Lord (1960, p. 30).
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. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
9.4 Tema del canto
El saber en una cultura oral no puede manejarse en categorías com-
plicadas, más o menos científicamente abstractas; por lo que se utilizan
historias de acción humana para guardar, organizar y comunicar lo que
se sabe. La retención y rememoración del conocimiento en la cultura oral
primaria requiere de estructuras y procedimientos intelectuales diferentes
a las del mundo letrado, pues existe incompatibilidad entre la trama lineal
característica de la escritura y la memoria oral73. El contenido de la antigua
poesía épica oral griega, por ejemplo, radica en las tradicionales pautas
formulaicas y de estrofa que se recordaban, donde un cantor efectúa una
realización convencional de pensamiento tradicional para sus oyentes, in-
cluyéndose a sí mismo. Un cantor recuerda de una manera pública los
temas y las fórmulas que ha oído contar a otros.
Valiéndonos de estas importantes afirmaciones, podemos referirnos
a las características de los discursos orales mapuches, diciendo, por ejem-
plo, que el ülkantufe desarrolla sus temas sobre la base de la métrica oral y
las expresiones “fórmulaicas” aplicadas en su canto, e influido por el can-
tor de quien ha aprendido (quizás sea su abuelo o su padre en la comuni-
dad donde vive). A este núcleo se suman elementos de la presentación de
temas de otros cantores. Más adelante, usualmente de manera consciente
y/o bajo la inspiración del momento, él podrá agregar los suyos.
10. Análisis métrico, formulaico
y temático del Ül l´afken´che koñi del Budi
A continuación, a manera de ejemplo, presentamos un acercamien-
to métrico, formulaico y temático a un canto que hemos titulado L´A-
FKEN´CHE KOÑI74. Para ello, se presenta primero la transcripción fo-
némica de este ül (canto) materializado con criterio oralista; y luego, su
análisis métrico, formulaico y temático.
73 Peabody (1975, p. 16).
74 Este ül fue interpretado por el ülkantufe y nüthamtufe Jacinto Huerapil Huechelu,
de Piedra Alta, Puerto Saavedra, IX Región (en el encuentro de cantos mapuches realizado
en la Universidad de la Frontera, en 1993).
111
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
10.1 Transcripción del Ül l´afken´ che koñi
I
1 E em 1
2 l’afken’chel’afken’chel’afken’chekoñiiñche 13
[v v - ] [v v - ] [ v v - ][ v-] [v - ]
3 l’afken’chel’afken’chekoñiiñchean’ay 12
[v v - ] [v v - ] [v -] [ v -] [v - ]
4 l’afken’chel’afken’chel’afken’che 9
[v v - ] [v v - ] [v v - ]
II
5 piwürngañipiwürngañipiwürngañipiwürngañi 16
[ v v v - ] [ v v v -] [ v v v - ] [ v v v - ]
6 fotümürkelheiñchean’ay 9
[ v v v v - ] [v - ] [v - ]
7 piwürngañipiwürngañi 8
[v v v - ] [v v v - ]
8 fotümürkelheiñchean’ay 9
[v v v v -] [v - ] [v - ]
9 l’afken’chengakoñiiñche 8
[ v v v -][v - ] [v - ]
III
10 pelhukapelhupelhukapelhupelhukapelhu 15
[v v -] [v - ] [v v -] [v - ] [v v -] [v - ]
11 ngañikoñirkelheiñcheana’y 10
[v - ] [v v v - ] [v - ] [v - ]
12 pelhukayngañingañikoñirkeiñchean’ay 14
[v - ][v v - ] [v -] [v v -] [ v - ] [v - ]
IV
13 yawawyawawngeyyawawyawawngeyyawawyawawngey 15
[v - ] [v v - ] [v - ] [v v - ] [v - ] [v v - ]
14 nagñimapueiñcheana’y 8
[v -][v - ] [v - ] [v -]
15 kuyawkuyawngeykuyawkuyawngey 10
112
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
[v - ] [v v - ] [v - ] [v v - ]
16 kuyawkuyawngeytañimapuiñcheana’y 13
[v - ] [v v - ] [v-] [v - ][v - ] [v -]
V
17 müleykayngamüleymüleykayngamüley 12
[v - ] [v - ] [v -] [v - ] [v - ] [v -]
18 kurarukamewkurarukamew 10
[v -][v v - ] [v -] [v v - ]
19 tañifamiliyaiñchean’ay 9
[v-] [v v -] [v - ] [v- ]
VI
20 feymulhengafeymulhengafeymulhengafeymulhenga 16
[v v v -] [v v v - ] [v v v - ] [v v v - ]
21 yenkayngayenkaynga 6
[v v - ] [ v v - ]
22 nombrenganombreiñche 7
[v v - ] [v - ] [v - ]
23 peñiengünpeñiengün 8
[v v v - ] [ v v v - ]
VII
24 piegraaltapiegraaltapiegraaltapiegraalta 12
[v v -] [v v -] [v v -] [v v -]
25 piñmangenngañipufamiliyaiñche 10
[v v - ][v -] [v v -] [v - ]
26 peñiana’ypeñiana’y 8
[v -][v - ][v - ][v -]
VIII
27 kümeküpaliñchekümekoñiiñche 12
[v - v - ] [v - ] [v v v -][ v - ]
28 kümeküpaliñchepikenngapuen 10
[v v v - ] [ v - ] [v v v - ]
29 peñiengünpeñiengün 8
[v v v - ] [v v v - ]
113
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
30 peñiengünpeñiengün 8
[v v v - ] [ v v v - ]
IX
31 l´afken’chel´afken’che 6
[v v - ] [v v - ]
32 l´afken’chel´afken’cheiñche 8
[v v - ] [v v - ] [v - ]
33 negakelannganegakelannga 10
[v v v v - ][v v v v - ]
34 tañiküpaliñche 6
[v -][v v v - ]
35 iñcheana’yiñcheana’ypeñi 10
[v v v - ] [v v v - ] [v - ]
10.2 Métrica: líneas, conjunto de líneas y sílabas métri-
cas (sm)
El ül transcrito, L´afken´che koñi, como se puede apreciar, consta de
35 líneas, enumeradas en su lado izquierdo con los dígitos arábigos desde
el 1 al 35. Estas líneas se encuentran agrupadas en nueve conjuntos, que
han sido representados en su parte superior con los números romanos
desde el I al IX (ver transcripción del ül).
10.2.1. Sílabas métricas
Las Sílabas Métricas —luego de precisar sus sílabas cortas y largas,
representadas con (v) y (-), respectivamente— han sido numeradas en su
lado derecho con dígitos arábigos. Estas tienen una medida métrica que
oscila entre un rango de 8 a 16 (ver transcripción del ül).
10.2.2. El metro
En relación con el metro, se observa que [v-] se destaca en este canto
por su mayor recurrencia, con un 48,4% de uso. Este metro consta de
dos sílabas, siendo la primera corta (v), y la segunda, larga (-). En segundo
lugar, le sigue el metro [vv-], con un 28,2% de uso; este consta de tres
sílabas, donde las dos primeras son cortas (vv) y la última es larga (-). En
tercer lugar, se halla el metro [vvv-], con un 19,4% de frecuencia. Este se
114
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
constituye de cuatro sílabas, en que las tres primeras son cortas (vvv) y
la última es larga (-). Existen, además, otros tipos de metros en el canto,
como [vvvv-] y [v-v-], pero que son de escaso uso, como se aprecia en el
cuadro siguiente:
METRO N/R FRECUENCIA
[ v-] 60 48,4%
[ vv-] 35 28,2%
[ vvv-] 24 19,4%
[ vvvv-] 4 3,2%
[v-v-] 1 0,8%
Tabla 1: Tipos de metros y sus respectivas frecuencias.
10.2.3. Patrón métrico
Sobre la base del metro de mayor frecuencia, que es [v-], se busca en-
contrar su relación con los demás metros de las líneas del canto. La forma
prominente de relación de los metros nos da como resultado el siguiente
patrón métrico:
[v-] ← [vv-] ← [vvv-] ← [vvvv-] ← [v-v-]
10.3 Análisis de las fórmulas del ül
De acuerdo con la definición de fórmula, se han buscado línea por
línea aquellas palabras o frases repetidas más de dos veces en el canto. Una
vez halladas, éstas se incorporan en el cuadro, mediante la nomenclatura
convenida, como se puede ver en la tabla N° 2.
115
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Sím- Nº
Nº S. fónica glosa / idea Cat. gram. Líneas
bolo rep.
hombre costeño 2, 3, 4,
1 l'afken'che s 10 frase sust
/ procedencia 31, 32
Hijo del mar/
2 L'afken'che koñi s´ costeño/ 3 frase sust 2, 3, 9
procedencia
2, 3, 9,
22, 25,
3 Iñche t yo / identidad 7 pronombre
27, 32,
34
3, 6, 8,
yo / identidad/
11, 12,
4 Iñcheana'y t´ interlocutor/ tú 10 frase
14, 16,
oyente
19, 35
piure / ser
5 Piwürngañi v 6 frase sust. 5, 7
marino
ser hijo varón /
6 Fotümürkelhe vl 2 frase verbal 6, 8
masculino
hermanos /
23, 29,
7 Peñiengün t1 interlocutor/ 6 frase sust.
30
misma raza
8 Pelhukapelhu v2 del choro / mar 3 frase sust. 10
ser hijo de
9 Ngañikoñirkelhe c 2 frase verbal 11, 12
hembra / origen
Ruido /
10 yawawyawawngey v4 3 Onomatopeya 13
existencia
Ruido /
11 Kuyawkuyawngey v5 3 Onomatopeya 15, 16
existencia
está presente /
12 muleykayngamüley v6 2 frase verbal 17
existencia
Casa de piedra/
13 Kurarukamew a 2 frase sust. 18
habitación
14 Feymulhenga v7 por tal razón 4 frase verbal 20
Llevo /
15 Yenkaynga v8 2 frase verbal 21
identidad
Piedra alta /
16 Piegraalta v9 4 frase sust. 24,
lugar
tú, hermano/
17 Peñiana'y t1' 2 frase sust. 26
interlocutor
buena
18 Kümeküpal k ascendencia / 2 frase adjetiva 27, 28
valor
no niego /
19 Negakelanga n 2 frase verbal 33
afirmación
Tabla 2: Fórmulas del ül l´afken´che koñi.
116
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
10.3.1. Descripción morfosintáctica de las fórmulas
Por cuanto la lengua mapuche tiende a ser aglutinante75, lo que se
aprecia sobre todo en sus formas verbales, las palabras y/o formas ver-
bales pueden ser segmentadas en una serie de morfemas. En efecto, de
acuerdo con Salas:
Desde el punto de vista de su morfología, o sea, de la estructura
interna de sus palabras, en particular de sus formas verbales, el
mapuche ha sido tradicionalmente caracterizado como una len-
gua aglutinante polisintética (Moesbach, 1963: 15), aglutinan-
te (Englert, 1936: 89), aglutinante incorporativa (Lenz, 1895-
1897: XXIV). Hoy se prefiere describirlo como polisintético y
aglutinante (Véase, por ejemplo, Rivano 1988: 59 y 61), siguien-
do el modelo de tipología morfológica propuesto por Comrie
(1981: 39- 50). Un ejemplo puede ilustrar muy simplificada-
mente lo que esta caracterización significa: una forma verbal
mapuche cualquiera, sea rüngkükonfemtuaymi “inmediatamente
saltarás hacia adentro, de vuelta al punto de origen”, puede ser
dividida exhaustivamente (es decir, sin que quede residuo) en
constituyentes internos que tienen significado individual, de
modo que el significado total de la forma verbal es resultado de
la combinación estratificada de los significados individuales de
los elementos constituyentes76.
Puesto que el verbo mapuche posee, por una parte, un grado de
síntesis relativamente alto, esto es, que lo conforman una serie extensa de
morfemas segmentables; y, por otra, un índice de fusión más bien bajo, en
el sentido que los morfemas interactuantes retienen su identidad formal
en los distintos contextos en que ocurren (y acumulación de afijos tras el
radical para expresar las relaciones gramaticales), se puede aseverar que se
concentra en el verbo la mayor parte de la carga semántica y de organiza-
ción formal del enunciado.
75 Este aspecto se abordará con mayor detención en la parte III de esta obra.
76 Salas (1992b, pp. 68-69).
117
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
10.3.2. Análisis morfosintáctico de las fórmulas77
La fórmula 1. l´afken´che (s): su métrica es (vv-). Se repite 10
veces; específicamente, en las líneas 2, 3, 4, 31, 32. Está conformada por
dos sustantivos: l´afken´ (mar) y che (persona). Se refiere a un sujeto que
reside a orillas del mar y que tiene estrecha relación con el mundo marino.
La fórmula 2. l´afken´che koñi (s’): es una fórmula que tiene la
misma condición métrica y morfosintáctica que la anterior, nada más que
se diferencia porque incorpora el sustantivo koñi, que significa ‘parido, hijo
de hembra’. Esta fórmula aparece en las líneas 2, 3 y 9.
La fórmula 3. iñche (t): pronombre de primera persona singular
(yo), cuya métrica es (v-). Se repite en las líneas 2, 3, 9, 22, 25, 27, 32, 34. Es
el sujeto de la expresión y precisa la identidad de quien canta en este acto.
Esta fórmula tiene su contraparte en la fórmula 4. Iñchean´ay (t´), que
se repite en las líneas 3, 6, 8, 11, 12, 14, 16, 19, 35. Métricamente, consta
de dos sílabas del tipo (v-) y se compone de Iñche ‘primera persona’,
refiriéndose inmediatamente a la segunda persona gramatical, mediante
an´ay (v-), es decir, refiere al alhkütupelu (el oyente), por lo que esta ex-
presión significa: ‘oiga, usted que escucha ―o sencillamente ‘tú’― yo soy’.
La fórmula 5. piwürngañi (v) se repite en las líneas 5 y 7. La métri-
ca es de cuatro sílabas (vvv-). Consta del término piwür ‘sustantivo (piure)’,
además de nga ‘partícula exornativa’78, y ñi ‘posesivo (su)’. La idea que da es
“pertenecer al piure”. Esta fórmula alcanza su sentido en la fórmula 6. fo-
tümürkelhe (v1), cuya métrica es de cinco sílabas (vvvv-) y se repite en
las líneas 6 y 8. Esta fórmula incluye entre sus constituyentes a fotüm (hijo
de hombre) y lhe (hecho ocurrido en el pasado); más adelante se añade iñ-
che (yo), elemento que viene a completar el sentido. Así, de las dos formas
relacionadas fotüm y piwür, más el término iñche, que viene a continuación,
se desprende: ‘me he enterado’ y/o ‘supe que soy hijo (varón), engendrado
por el ser masculino del mar’, el cual es el piure.
La fórmula 7. peñiengun (t1): su métrica es de cuatro sílabas (v
v v-). Se repite en las líneas 23, 29, 30 y significa ‘hermanos presentes,
oyentes’79.
La fórmula 8. pelhukapelhu (v2) se repite en la línea 10, con una
77 Recomendamos consultar la parte de Morfosintaxis respecto de los conceptos
gramaticales utilizados en el análisis a continuación.
78 Augusta (1916, p. 53).
79 El enunciado puen —que no se contabilizó como fórmula, porque aparece una
sola vez— significa ‘todos ustedes, oyente colectivo presente’.
118
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
métrica pentasílaba: (vv-) (v-). Consta de tres componentes: pelhu80 ‘sus-
tantivo (choro)’, que se repite; y ka ‘partícula que indica otro/a’81. Esta
fórmula se complementa con la fórmula 9. ngañikoñirkelhe (c), que
se repite en las líneas 11, 12. Su métrica es de seis sílabas (v-) (vvv-) y se
constituye de cinco elementos: nga (part. exornativa)82, ñi ‘posesivo (su)’,
koñi ‘sustantivo (hijo de mujer)’, rke (partícula que indica que el saber fue
inadvertido), y lhe (partícula de indicativo aseverativo). La idea que des-
prendemos es: “se ha enterado haber sido parido por un ser femenino
marino: el pelhu (choro) del mar”.
La fórmula 10. yawawyawayngey (v4) se repite en la línea 13
y su métrica es pentasílaba (v-) (vv-). Es onomatopéyica, al igual que la
fórmula 11. kuyawkuyawngey (v5), que tiene la misma condición mé-
trica que la anterior, es decir, (v-) (vv-), y se presenta en las líneas 15 y 16.
Ambas expresiones connotan ruidos impetuosos de seres vivientes que
se encuentran en movimiento y que habitan en su lugar de origen (esto
último se explica gracias a las expresiones adjuntas a las fórmulas), como:
gañimapu (mi tierra). Entonces, la primera fórmula significa ‘ruido podero-
so que realizan los seres vivos de la naturaleza’, y la segunda, ‘ruido fuerte,
emitido por los seres vivos, marcado más bien por su velocidad’.
La fórmula 12. müleykayngamüley (v6) se repite en la línea 17;
su métrica es (v-) (v-) (v-). Consta de tres elementos, que son: müle- ‘raíz
verbal (idea de estar)’, -y ‘tercera persona singular (él o ella)’, y kaynga (par-
tículas con el significado de ‘a pesar de todo, de todas maneras’). Adquiere
su sentido completo en cuanto se relaciona con kurarukamew, compuesto
de kura (piedra), ruka (habitación mapuche) y mew ‘posposición (en)’; y con
tañifamilia, de 5 sílabas métricas (v-) (vv-) y dos elementos gramaticales:
tañi ‘posesivo (mi)’ y familia ‘sustantivo, préstamo del español (familia)’. La
fórmula 13. kurarukamew (a): se repite 2 veces en la línea 18 y consta
de 5 sílabas métricas (v-) (vv-). Al relacionar las partes, se puede interpre-
tar como que el sujeto que canta posee una vida tranquila, por cuanto dice
“mi familia habita en casa de piedra”.
La fórmula 14. feymulhenga (v7) se repite 4 veces en la línea 20.
Se constituye de 4 sílabas métricas (vvv-). Consta de feymu (entonces), lhe
(partícula), nga (en consecuencia). Su significado es ‘por esta razón’. Esta
fórmula se encadena con la fórmula 15. yenkaynga, (v8), que consta de
3 sílabas métricas (vv-). En la línea 21 se repite 2 veces, y está compuesta
de ye ‘raíz verbal (llevar)’ y kaynga (partículas que quieren decir ‘por lo tan-
80 También se entiende en lengua mapuche como el vello del pubis de la mujer.
81 Augusta (1916, p. 71).
82 Augusta (1916, p. 53).
119
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
to, en consecuencia’). Se enlaza con la expresión nombrenga, en la línea 22,
la cual trisilábica (vv-) y un préstamo del español. También se completa
con la expresión peñiengün ‘vocativo, oh ustedes hermanos oyentes’. De la
relación de estas expresiones, se desprende: “por esto, oh hermanos oyen-
tes, yo llevó una identidad definida”.
La fórmula 16. Piegralta83 (v9) se repite 4 veces en la línea 24. Es un
préstamo del español, y se compone de 3 sílabas métricas (vv-). Se consti-
tuye de dos elementos: piegra ‘sustantivo (piedra)’, y alta (adjetivo), ambos
términos son préstamo del español, por cierto.
La fórmula 17. peñian´ay (t1’) se repite 2 veces en la línea 26 y
consta de 4 sílabas métricas (v-v-).
La fórmula 18. kümeküpal (k) se repite 2 veces en las líneas 27 y 28,
y consta de küme ‘adjetivo (bueno, bien)’ y küpal ‘sustantivo (ascendencia)’.
En igual condición métrica, (v- v-), se encuentra kümekoñi, compuesta
también de küme, además de koñi ‘sustantivo (hijo)’. Ambas expresiones
refuerzan que el mundo mapuche se reconoce de buena ascendencia. Se
alcanza a consumar el sentido con el pronombre iñche ‘pronombre de pri-
mera persona (yo)’ y la secuencia pikenngapuen, frase verbal que expresa “yo
afirmo, yo declaro (que procedo de una buena familia)”.
La fórmula 19. negakelanga (n) se repite 2 veces en la línea 33 y
consta de 5 sílabas métricas (vvvv-). Es una frase verbal compuesta de
nega (raíz verbal que viene de la palabra ‘negar’; préstamo del español), ke
‘partícula de acción habitual’, la ‘partícula de negación; n ‘1ra. persona gra-
matical (yo)’, y nga (partícula). Se complementa con la expresión tañiküpa-
liñche, constituida de 6 sílabas (v-) (vvv-), que aparece en la línea 34. Esta
frase está formada por tañi ‘posesivo de primera persona singular (mi)’ y
küpal ‘sustantivo (procedencia)’. En consecuencia, el significado completo
es “yo no acostumbro a negar mi origen”.
10.4 Esquema de distribución de fórmulas
Finalmente, recurriendo a los símbolos con los cuales se han repre-
sentado las fórmulas empleadas por el ülkantufe en el canto, se alzó un
esquema de distribución de ellas, con el cual se puede observar el modo
83 El lugar se le conoce como Piedra Alta, del cual se desprenden vocablos como
‘piedraltinos’ o ‘piedraltinas’. Este término se debe a la existencia de una piedra grande que
se encuentra a orillas del mar, a 15 kilómetros hacia el sur de Puerto Saavedra. Los lugare-
ños del sector en lengua mapuche la denominan pangku (‘piedra grande’) y es el punto don-
de se celebra el ngilhatun (ceremonia religiosa pública mapuche de aquellas comunidades).
120
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
como el cantor ha empleado la lengua para elaborar su texto oral. Con
esto se pretende visibilizar y explicitar el modo como se han aplicado las
fórmulas en el presente canto. Si observamos de manera general, podemos
ver que existen algunos tipos de repeticiones que en cierto modo reflejan
la estructura dual y cuatripartita propias de la cosmovisión mapuche.
Figura 17: Esquema de distribución de fórmulas.
121
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
10.5 Tema del canto L´afken´che koñi
El tema del ül (canto) L´afken´che koñi es la identidad del ülkantufe,
que se manifiesta por el uso de la idea tuwün (territorio de donde viene) y
küpal (su familia, su estirpe de donde procede); es decir, que se explicita la
procedencia y la ascendencia del sujeto que canta. Estas ideas son localiza-
bles en las fórmulas que se encuentran en los siguientes grupos de líneas.
a) Tuwün (territorio de donde viene).
Entre las fórmulas l´afken´che (s), l´afken´che koñi (s´), iñche (t), iñche
an´ay (t´), que forman el grupo de líneas I, el ülkantufe, dado en primera
persona singular, expresa ser originario del mar; es decir, él se considera
un hombre de mar. Su propósito es hacer partícipe de esto al alhkütupelu
(al oyente en acto), dado en segunda persona singular an´ay. Por ejemplo:
I
1. Em
2. l´afken´chel´afken´chel´afken´chekoñiiñche
3. l´afken´chel´afken´chekoñiiñchean´ay
4. l´afken´chel´afken´chel´afken´che.
b) Küpal (ascendencia).
En los grupos II y III, y a través de las fórmulas piwürngañi (v), que
se encuentra en relación con las fórmulas fotümürkelhe (v1), iñche (t); y an´ay
(t´), el ülkantufe relata su ascendencia, expresa que fue engendrado por
el piure (ser masculino del mar), noción descubierta por él; luego, en las
fórmulas pelhukapelhu (v2), ngañikoñirkelhe (c), iñche (t), y an´ay (t´) da cuenta
que es hijo varón parido del choro (ser femenino del mar); igualmente
noción no conocida antes. El ülkantufe hace partícipe de este mensaje al
alhkütupelu en la expresión an´ay. Por ejemplo:
II
5. piwürngañipiwürngañipiwürngañipiwürngañi
6. fotümürkelheiñchean´ay
7. piwürngañipiwürngañi
8. fotümürkelheiñchean´ay
9. l´afken´chengakoñiiñche
122
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
III
10. pelhukapelhupelhukapelhupelhukapelhu
11. ngañikoñirkelheiñchean´ay
12. pelhukayngañingañikoñirkeiñchean´ay
c) Tuwün (territorio de donde viene).
En los grupos de líneas IV y V, y a través de las onomatopeyas yawaw-
yawawngey y kuyawkuyawngey, el ülkantufe retrata y describe el espacio donde
él vive, su familia y su comunidad. Éste es un lugar lleno de vida y tran-
quilidad, de naturaleza exuberante, cuyos seres queridos moran en “casa
de piedra”.
IV
13. yawawyawawngeyyawawyawawngeyyawawyawawngey
14. nagñimapueiñchean´ay
15. kuyawkuyawngeykuyawkuyaungey
16. kuyawkuyawngeytañimapuiñchean´ay
V
17. müleykayngamüleymüleykayngamüley
18. kurarukameukurarukamew
19. tañifamiliaiñchean´ay
d) Tuwün (territorio de donde viene).
Los grupos de líneas VI y VII refieren a la forma como se identifi-
ca al sujeto y a los de su comunidad, debido a su procedencia. Señala el
gentilicio “piedraltino”, con el que se les identifica tanto a él como a los
habitantes de su comunidad.
VI
20. feymulhengafeymulhengafeymulhengafeymulhenga
21. yenkayngayenkaynga
22. nombrenganombreiñche
23. peñiengünpeñiengün
VII
24. piegraaltapiegraaltapiegraaltapiegraalta
25. piñmangenngañipufamiliyaiñche
26. peñian´aypeñian´ay.
123
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
e) Valoración del tuwün y el küpal.
En los grupos de líneas VIII y IX, el ülkantufe se dirige a pu alhkütu-
pelu (los oyentes), dados en segunda persona singular, como an´ay y peñi; y,
en segunda persona plural, como puen y peñiengun. Su propósito es hacerles
copartícipes, a través del discurso y/o canto de manera oral, de su proce-
dencia, es decir, el hecho de ser un hombre de origen marino que valora
firmemente dicha ascendencia, junto con estimar la plenitud del espacio
territorial de donde vive, sosteniendo, finalmente, que su identidad es de
alta estima, por lo que su convicción es nunca negarla.
VIII
27. kümeküpaliñchekümekoñiiñche
28. kümeküpaliñchepikenngapuen
29. peñiengünpeñiengün
30. peñiengünpeñiengün
IX
31. l´afken´chel´afken´che
32. l´afken´chel´afken´cheiñche
33. negakelannganegakelannga
34. tañiküpaliñche
35. iñchean´ayiñchean´aypeñi.
10.6 Consideraciones finales
Para finalizar esta parte del libro, concerniente a la oralidad primaria
mapuche, podemos afirmar algunas consideraciones:
1. La literatura suele, de manera sutil, emplear únicamente el término
oralidad para referirse a este tema, sin detenerse a precisar las diferencias
entre la oralidad primaria y la oralidad secundaria; aunque Ong (1987) in-
tenta diferenciar nítidamente lo que es uno y lo que es otro, cuando nos
dice: “hay una bibliografía extensa sobre divergencias entre el lenguaje es-
crito y el hablado, que compara el lenguaje escrito y el hablado de personas
que saben leer y escribir […] la oralidad aquí tratada es esencialmente la ora-
lidad primaria, la de personas que desconocen por completo la escritura”84.
Peabody (1975), sin emplear específicamente el término “oralidad
primaria”, la señala como una institución sociolingüística a través de las
siguientes palabras:
84 Ong (1987, p. 15).
124
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Es una institución sociolingüística altamente sofisticada que
juega un papel central en el mantenimiento de las continuida-
des de la cultura en la que ocurre. Gracias a ella, la lengua y
sus discursos orales se actualizan constantemente. Esta función
estabilizadora, sin embargo, cuando es asumida por la escritura,
pierde su función; luego, lo que era un agente vivo, activo e
inmediato, se transforma en una autoridad pasiva, atemporal y
cada vez más distante85.
Ramírez comenta que la oralidad primaria, como tradiciones orales,
[…] puede compilarse como un ejercicio académico e incluirse
en la categoría general de la historia oral. Su propia índole, se-
ñala, tiene valor social inherente adicional, ya que contribuye a
la cohesión social, a la evolución dinámica y a la durabilidad de
la cultura tradicional indígena […]. La narración es de particular
importancia en las culturas orales primarias porque es capaz de
reunir gran cantidad de conocimientos [...]. La retención y re-
memoración del conocimiento en la cultura oral primaria requiere
estructuras y procedimientos intelectuales como los mnemo-
técnicos orales que se manifiestan de manera más espectacular
en la trama narrativa86
Havelock (1995) expone que la oralidad primaria caracteriza a so-
ciedades enteras que se han basado en la comunicación oral sin utilizar la
escritura, materializa un cierto tipo de lenguaje usado en la comunicación
oral, donde se identifica un cierto tipo de conciencia, que se supone que
es creado o es expresable en la oralidad primaria; concepción contrastable
con la cultura escrita, en su condición social y un estado mental con sus
propios niveles de lenguaje y cognición expresables por escrito. El autor
continúa:
Aun cuando, tanto la oralidad primaria como la cultura escrita,
han sido enfrentadas y contrapuestas una con la otra, sin em-
bargo, se puede ver que siguen estando entrelazadas en nuestra
sociedad. Desde luego, es un error considerarlas mutuamente
excluyentes. Entre ellas hay una relación de tensión creativa re-
85 Peabody (1975, p. 1).
86 Ramírez (2012, p. 134. Las cursivas son nuestras).
125
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
cíproca, que tiene a la vez una dimensión histórica, por cuanto
las sociedades con cultura escrita han surgido de la oralidad pri-
maria, y una dimensión contemporánea, por cuanto buscamos
una comprensión más profunda de lo que podría significar para
nosotros la cultura escrita en tanto superpuesta a una oralidad
en la que nacimos y que aún gobierna gran parte de las interac-
ciones normales de la vida cotidiana. La tensión parece a veces
hacer fuerza en un sentido, en favor de restaurar la oralidad
primaria, y luego en el otro sentido, en favor de reemplazarla
totalmente por una cultura escrita más elaborada87.
2. No obstante la existencia de pueblos ágrafos en el mundo, en el
día de hoy, estos parecieran seguir siendo invisibilizados y siendo conside-
rados, por la mentalidad conservadora, como un fenómeno sociocultural
de atraso moral, económico y carente de “civilización”, a los cuales sería
necesario extirpar lo más pronto posible, sobre todo cuando se asevera
que “la oralidad pura o primaria sólo se ha desarrollado en las comunida-
des arcaicas, desaparecidas desde hace tiempo”88. Tal afirmación pareciera
apurar el proceso, en el sentido que la influencia y la invasión de la socie-
dad “civilizada” se haga lo más pronto posible, suprimiendo de la faz de
la tierra a los pueblos orales. En razón de estos hechos y apreciaciones,
estos pueblos llevan sobre sus hombros las múltiples y variadas amenazas
a su existencia, por cuanto sus lenguas deben sufrir el lingüicidio incesante,
sin que nadie haga algo por ello. Los estereotipos, como de “salvajes” e
“ignorantes”, estropean su imagen de ser humano. Además, cimentan la
apropiación de sus propiedades y territorios; y lo que es más grave aún,
como consecuencia de ello, se ven forzados a abandonar su experticia en
la práctica de leer el mundo en sus propios códigos.
3. Otro aspecto que cabe destacar es que los discursos de oralidad
primaria no se han elaborado para ser leídos; por lo que no se puede su-
poner que tengan una naturaleza común a los textos generados desde la
cultura literaria. Según la alegoría de Ong, sería como definir el concepto
“caballo” como “automóvil sin ruedas”. Los discursos de oralidad prima-
ria mapuche están lejos de la práctica escrituraria, ya que estos se desplie-
gan en códigos distintos. El ülkantufe (cantor) y el nüthamtufe (narrador ―y
no escritor) desarrollan su idea nada más que en su mente y de manera
personal construyen su “texto”, que no está plasmado en el papel. La es-
tructura subyacente de un ül (canto) o un kon´ew (adivinanza) o un nütham
87 Havelock (1995, pp. 25- 26).
88 Zumthor (1991, p. 38).
126
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
(texto narrativo) será de su dominio. Cuando se enuncia un texto oral, éste
se concretiza y hace presente la lengua, y hace que la cultura esté viva. Se
tendrá acceso a él a través del sentido del oído y se apoyará en signos extra-
lingüísticos, así como también en la postura corporal, la expresión facial, el
énfasis en la presentación, etc.
4. De acuerdo con nuestras observaciones, los discursos de oralidad
primaria mapuche, preliminarmente, los hemos clasificado, primero, en pu
ül düngu (textos relativos al canto); y segundo, en pu nütham dungu (textos
relativos al relato o a la historia); y, cada uno de ellos los hemos subclasifi-
cados como se puede observar en las tablas N° 3 y N° 4:
Tabla 3: Tipos de ül
1.0 Feyentun düngu ül 1.1. machi ül
1.2. müthümadtun ül
1.3. tayültun ül
1.4. mañumtun ül
1.5. amul pülhün ül
2.0 Awkantun düngu ül 2.1. awar kuden ül
2.2. kolhong ül
2.3. pürun palin ül
3.0 Küdawün düngu ül 3.1. rukan ül
3.2. ñüwün ül
3.3. sumpalh ül
3.4. lhamekan ül
4.0 Ayekan düngu 4.1. ayekan ül
4.2. nüwa ül
4.3. wedwed ül
5.0 Poyewün düngu ül 5.1. poyewün ül
5.2. düngul domolün ül
5.3. n´ampül´kan ül
5.4. kaytañpe ül
6.0 Faliluwün düngu ül 6.1. rakiduamün ül
6.2. faliluwün ül
127
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Tabla 4: Tipos de nütham
1.0 Chalin dungu nütham 1.1. pentukun
1.2. wewpin
2.0 Kimelün düngu nütham 2.1. apew
2.2. kon´ew
2.3. ngül´am
3.0 Pewman düngu nütham 3.1. küme pewman (buenos sueños)
3.2. weda pewman (malos sueños)
3.3. re pewman (sueños ordinarios)
4.0 Perimontun dungu nütham 4.1. küme perimontun (experiencias positivas)
4.2. weda perimontun (experiencias negativas)
5. Teniendo presente la naturaleza de los textos de oralidad primaria,
se ha estudiado como ejemplo en este libro un canto mapuche ―prototi-
po de los textos de oralidad primaria―, desde la métrica, la fórmula y el
tema89. El desarrollo del análisis de las partes se constituye en eslabones
que permiten comprender mejor el texto oral. La métrica aborda las sí-
labas métricas, los grupos de líneas, los metros y el patrón métrico. La
fórmula identifica ciertas expresiones y/o enunciados relevantes en cuan-
to a su contenido que el ülkantufe emplea en la construcción de su ül y/o
de su nütham. Estas fórmulas se describen gramaticalmente, permitiendo
identificar los temas que serán cercanos a los del ülkantufe mayor y demás
cantores, a quienes se les ha oído cantar desde la temprana edad. Algunos
de estos temas son el amor, la identidad, el valor, la vida, la muerte, las
realidades trascendentes en el marco de la visión de mundo mapuche, y
que ya serán propios del cantor que los ejecuta.
89 Lord (1960, pp. 13-68).
128
SEGUNDA PARTE:
FONÉTICA Y FONOLOGÍA
DEL MAPUDUNGUN
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
1. Consideraciones generales90
En este capítulo nos referimos a dos aspectos sociolingüísticos
sensibles cuando abordamos el estudio del mapudungun: su estatus de
lengua y su nivel de vitalidad. Con respecto al primer punto, este es un
tópico sensible, porque no son pocas las personas que en el Chile de hoy
dudan respecto de si el mapudungun ―o cualquier lengua hablada por un
grupo originario― es una lengua o idioma propiamente dicho, o es un
sistema comunicativo que, por sus características, no aplica como tal. En
la primera subsección de este macro apartado, nos hacemos cargo de
esta interrogante (o prejuicio, según sea el caso), recurriendo a lo que ha
establecido la disciplina lingüística al respecto. Sobre el segundo tópico,
consideramos importante sensibilizar respecto del estado de vitalidad
que tienen hoy las lenguas originarias presentes en Chile, en general, y el
mapudungun, en particular. Esto permitirá explicar el porqué del sentido
de urgencia que, con razón, se le ha asignado a las iniciativas de revitali-
zación de esta lengua en estos días.
Una motivación que hacemos explícita para abordar estos tópicos es
tener respuestas contundentes para quienes tengan dudas, distorsiones o
prejuicios respecto del estatus del mapudungun y su nivel de vitalidad, y, con
ello, contribuir a combatir su discriminación. En definitiva, la invitación
es a que dejemos de ser cómplices pasivos del desplazamiento y minori-
zación de esta lengua y nos constituyamos en agentes activos de su (re)
vitalización.
90 Como se verá, aunque en esta sección introductoria a los contenidos de la fo-
nética y la fonología se contienen algunos ejemplos en mapudungun, se incluye también una
cantidad importante de ejemplos en español y en romané (lengua de los gitanos). Estima-
mos que la inclusión de estas lenguas robustece este apartado, pues, en el caso del español,
permite que las nociones desplegadas se presenten en la lengua que es hablada tanto por
la población mapuche, como por la población no mapuche, lo cual puede redundar en una
mayor claridad en la comprensión de dichas nociones por parte del lector; mientras que
en el caso del romané, esta lengua, al igual que el mapudungun, es una lengua minorizada,
respecto de la cual es poco lo que se conoce por la población chilena, en general, y por
los círculos académicos, en particular, por lo que nos ha parecido que puede resultar de
interés para el lector conocer algunos aspectos acerca de ella. Además, el libro mismo está
dedicado a la lengua mapuche, de modo que el lector encontrará en sus distintos capítulos
una cantidad abundante de ejemplos proveniente de dicha lengua.
131
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
1.1 ¿Es el mapudungun una lengua?
En Aymara, mapuche… ¿lenguas o dialectos? (en torno a la valoración social de
los vernáculos chilenos), Salas señala que una pregunta como la que encabeza
este subapartado “[…] frecuentemente me ha sido hecha, fuera y dentro
del ambiente universitario” (1996, p. 25) y agrega que:
[…] Está claro que quienes lo preguntan dividen el lenguaje hu-
mano en dos grupos cualitativamente separados: lenguas y dia-
lectos, de manera que una forma dada de lenguaje, por ejemplo,
el castellano, o es lengua o es dialecto, pero no lengua y dialecto
al mismo tiempo. Además, por sí misma, la pregunta revela que
estas personas sienten que el dialecto es intrínsecamente infe-
rior a la lengua. Así, nunca preguntarían si el castellano es una
lengua […] En consecuencia, lo que en realidad preguntan es
algo así: ¿es el mapuche (o el aymara o el pascuense) una ver-
dadera, auténtica lengua, o es algo menos, o le falta algo para
serlo, o sea, es sólo un dialecto? (pp. 25-26)
Estas dudas/prejuicios, lamentablemente, siguen vigentes. Las res-
puestas impresionistas para ellos, desafortunadamente, también lo están.
Así, por ejemplo, Salas señala que
Muchas personas que encontré tenían ya la respuesta y única-
mente esperaban de mí una autorizada confirmación o preten-
dían mostrarme la finura de su percepción de la realidad. Para
muchos ariqueños e iquiqueños el aymara es sólo un dialecto,
como lo es el mapuche para mucha gente de Malleco y Cautín,
o el pascuense en la opinión generalizada entre los norteños de
Valparaíso (p. 26).
Afortunadamente, la respuesta desde la disciplina que se ocupa del
estudio del lenguaje (la Lingüística) ―muy distinta, por cierto― también
está vigente.
1.2 El lenguaje y su estudio
Un postulado no exento de cuestionamiento, pero que se asume en
132
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
estas notas, es que el lenguaje constituye una facultad universal y privativa
de la especie humana. Cuando nos referimos a que es una facultad, releva-
mos el hecho de que supone una disposición cognitiva y biológica para la
adquisición de las lenguas. En efecto, como especie poseemos ciertas con-
diciones biológicas ad hoc, que posibilitan que las lenguas sean desplegadas
de la manera como las conocemos y que los intentos por conseguir que
otras especies “hablen” no hayan tenido un sonado éxito. Esto no quiere
decir, por supuesto, que la especie humana sea la única que se comunica,
pues es claro que hormigas, delfines, primates, etc. también lo hacen.
Un aspecto que ha sido relevado desde la irrupción del lingüista
Noam Chomsky, y que se vincula con esta disposición cognitiva y gené-
tica para la adquisición de las lenguas, es que si bien la imitación juega un
rol en el proceso de adquisición de las lenguas, este no es determinante.
En efecto, de acuerdo con la perspectiva chomskiana, la creatividad es un
factor que cumple un rol más decisivo en el proceso de adquisición de la
lengua y la construcción de los enunciados.
Hemos dicho, también, que el lenguaje es una facultad universal de la
especie humana. Esto quiere decir que, independiente del lugar donde se
encuentre y el tipo de tecnología que haya desarrollado un grupo humano,
sus integrantes se comunicarán básicamente de la misma forma, esto es,
por vía oral-auditiva, a través de una lengua (tal como las conocemos); o
mediante una interacción viso-gestual, a través de una lengua de señas,
cuando tal interacción oral-auditiva no es posible. Cabe aquí relevar este
aspecto oral-auditivo, pues, dado que la escritura está arraigada en par-
te importante de las sociedades en la actualidad, podríamos pensar que
su empleo definiría la presencia de una lengua, mientras que su ausencia
caracterizaría un sistema comunicativo como algo distinto e inferior. Sin
embargo, esto último claramente no es así; y prueba de ello es que muchas
culturas han podido desenvolverse históricamente con absoluta armonía
con su entorno y transmitido sus conocimientos y valores desde tiempos
inmemoriales empleando para ello básicamente la oralidad. El pueblo-na-
ción mapuche es un ejemplo prominente de ello, como se vio en el capítu-
lo precedente sobre la Oralidad Primaria.
También hemos dicho que la facultad del lenguaje es privativa de la
especie humana. Esto significa que hay un conjunto de propiedades que
se atribuyen al lenguaje humano, las cuales, si bien pudieran presentarse
en sistemas comunicativos de otras especies, su alcance en las lenguas hu-
manas es mucho mayor; además, la presencia de todas ellas en el sistema
comunicativo humano hace de él un sistema sui generis. Aunque no hay
consenso con respecto a cuántas y cuáles son estas propiedades (cf. Hoc-
kett, 1971[1958]); Lyons, 1984[1981]; Pinker, 1994; Salas, 1996), aquí rele-
133
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
varemos cuatro de ellas: Arbitrariedad, Productividad, Doble Articulación
y Dependencia de Estructura.
1) Arbitrariedad. Decimos que las lenguas humanas manifiestan la
propiedad de la Arbitrariedad porque en su arquitectura básica no hay un
nexo que de manera necesaria, natural o motivada vincule una forma lin-
güística con el contenido asociado a ella. Una de las evidencias de que las
lenguas se articulan con base en este principio es que en distintas lenguas
existen formas diversas para denominar un mismo contenido. Así, por
ejemplo, los hispanohablantes nos referimos al líquido indispensable para
la vida como agua, mientras que en romané este elemento se denomina
pai, y en mapudungun se denomina ko. Otro ejemplo: en español llamamos
ojo al órgano de la visión, mientras en romané es iag, y en mapudungun se le
denomina nge. Como se observa, las afinidades fónicas entre estas formas
son prácticamente inexistentes.
El profesor Salamanca relata que cuando ejemplifica esta propiedad,
pregunta a sus estudiantes qué es para ellos cheraín91. Como es de esperar,
ninguno de ellos responde (acertadamente, al menos), porque esta secuen-
cia de sonidos no gatilla, per se, ninguna referencia específica. Si las lenguas
fuesen motivadas, como lo es, por ejemplo, un mapa o parte importante
de la señalética del tránsito, deberíamos ser capaces de “deducir” el signi-
ficado de esta palabra a partir de la secuencia de sonidos que la construye,
lo cual, por cierto, no ocurre.
Esta es, grosso modo, la versión estándar respecto de la arbitrariedad
en el lenguaje, la cual fue relevada en los albores de la lingüística como
una de las características prominentes del signo lingüístico (Saussure, 1946
[1916]). Sin embargo, la discusión sobre la naturalidad o convencionalidad
en el lenguaje tiene antecedentes históricos prominentes ya en la antigua
Grecia ―como lo evidencia, por ejemplo, el Crátilo de Platón― y se ha
revitalizado en las últimas décadas, pues se han producido hallazgos que
muestran una presencia no depreciable de unidades lingüísticas (sonidos,
palabras, etc.) que exhiben distintos grados de motivación. Es lo que se ha
etiquetado como simbolismo sonoro en las lenguas humanas. Cabe destacar
que en este resurgimiento de la discusión respecto de la motivación en
el lenguaje han jugado un rol prominente los estudios en lenguas mino-
rizadas, tal como lo evidencian, entre otros, los trabajos de Hinton et al.
(1994) y Reyes (2014). Ahora, si bien estos estudios han abierto un nicho
investigativo interesante, no sería adecuado sostener que han invalidado
la asignación de un carácter arbitrario al lenguaje humano. Por ejemplo,
este carácter arbitrario es visible también en el hecho de que en las lenguas
91 Esta es la palabra que utilizan los gitanos de Chile para referirse a una estrella.
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. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
ocurren cambios constantes y muchas veces divergentes, situación hetero-
génea que en principio no sería posible si la relación entre el mecanismo
para hacer referencia a algo y ese algo no fuese convencional, sino que
estuviese predeterminado o motivado por las propiedades de lo referido.
2) Productividad. Decimos que las lenguas humanas poseen la pro-
piedad de la Productividad, porque al utilizarlas podemos decir cosas que
no hemos dicho antes y entender enunciados que no hemos escuchado an-
tes. Incluimos en esta propiedad aspectos como la capacidad que poseen
las lenguas para referirse a situaciones no contingentes, como se plasma,
por ejemplo, en la cláusula “küpanofule…” (‘si no hubiera venido…’) del
mapudungun, expresión donde se combina un enfoque hipotético, negativo
e irreal (Salas, 1996, p. 32)92. También se aprecia esta característica en el
hecho de que esta lengua tiene la capacidad de acuñar términos nuevos
para plasmar nuevas realidades, como es el caso en müthüm-we ‘teléfono
(lit. instrumento para llamar)’, yelcheka-we ‘micro, bus (lit. instrumento para
llevar personas de manera continua)’, entre muchos otros93.
Relacionado con esta propiedad, está también el hecho de que en
las lenguas humanas ocurren enunciados metafóricos, tal como es posible
observar en los siguientes ejemplos del aymara94:
(1) Wali ch’ama tukusawa wawanak jiksusta
‘Haciendo mucho esfuerzo he terminado de tejer a mis hijos’
‘Haciendo mucho esfuerzo he criado a mis hijos’
Chuyma lunthata
‘Tú eres ladrona de mis pulmones’
‘Estoy enamorado de ti’
Uka chachax waytat chuymawa
‘Ese hombre tiene los pulmones levantados’
‘Ese hombre es soberbio’
Laq’ut ch’uqixa khuchhitakikichaxaya
La papa agusanada es para el chancho no más
La mujer abandonada es para el hombre promiscuo no más
92 En la variante que nos ocupa (l´afken´che de la costa sur), la traducción (idio-
mática) más idónea sería “ojalá no viniera”. En cualquier caso, ambas glosas evidencian el
punto que es relevado a través del ejemplo.
93 Nótese que aquí se aprecia un grado de motivación, pues el resultado final está
vinculado estrechamente con los elementos constituyentes.
94 Estos datos provienen de la tesis doctoral de Miranda (2007).
135
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En un nivel de sofisticación aún mayor, a través de las lenguas hu-
manas se pueden elaborar enunciados con un fuerte alcance simbólico.
Es el caso del género lírico, tal como se muestra en el siguiente poema de
Elicura Chihuailaf. Nótese la presencia recurrente de metáforas y personi-
ficaciones en el texto.
La llave que nadie ha perdido
La poesía no sirve para nada
me dicen
Y en el bosque los árboles
se acarician con sus raíces azules
y agitan sus ramas el aire
saludando con pájaros
la Cruz del Sur
La poesía es el hondo susurro
de los asesinados
el rumor de hojas en el otoño
la tristeza por el muchacho
que conserva la lengua
pero ha perdido el alma
La poesía, la poesía, es un gesto
un sueño, el paisaje
tus ojos y mis ojos muchacha
oídos, corazón, la misma música.
Y no digo más, porque nadie encontrará
la llave que nadie ha perdido
Y poesía es el canto de mis antepasados
el día de invierno que arde y apaga
esta melancolía tan personal.
Hasta donde sabemos, estas capacidades están fuera de las poten-
cialidades de los sistemas comunicativos utilizados por cualquier otro ser
vivo.
3) Doble articulación. Una característica prominente de las lenguas
humanas es que con un número relativamente pequeño de unidades caren-
tes de significados es posible construir un número ilimitado de unidades
significativas. Estas unidades carentes de significado las denominamos fo-
nemas95, y, por ahora, podemos asemejarlas a los sonidos de una lengua.
95 No hay que confundir fonema con letra (o grafema), pues esta última constituye
una representación del primero en una escritura práctica.
136
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Por su parte, las unidades significativas son, por defecto, las palabras, aun-
que como se verá en el capítulo de Morfosintaxis, hay unidades significati-
vas más pequeñas que las palabras, a las cuales denominamos “morfemas”
en el metalenguaje gramatical.
Hemos dicho que el número de fonemas en una lengua es relativa-
mente pequeño —a lo menos comparado con el número de palabras de
la misma. Comparemos, por ejemplo, la cantidad de fonemas del español
con la cantidad de palabras que con ellos se ha construido. El español
tiene 22 fonemas (23, en el caso del español peninsular96); de ellos, cinco
son vocales: /i/97, /e/, /a/, /o/ y /u/, y 17 son consonantes: /p/, /t̪/98,
/k/, /b/, /d̪/, /ɡ/, /f/, /s/, /x/99, /t͡ʃ/100, /d͡ʒ/101, /m/, /n/, /ɲ/102, /l/,
/ɾ/103 y /r/104. Estas son unidades fónicas prominentes, entre otras cosas,
porque el cambio de una por otra puede producir diferencias sustantivas
de significado, como se comprueba, por ejemplo, al cambiar la primera
vocal en la palabra “paso” y generar, con ello, las muy distintas palabras
“peso”, “piso”, “pozo” y “puso”. Lo mismo sucede con las consonantes,
como se comprueba a través de las siguientes oposiciones: peso vs. beso,
tos vs. dos, cama vs. gama; rifa vs. risa vs. rija (una de las realizaciones
del verbo “regir”); China vs. Yina; y pelo vs. pero vs. perro. Todas las
lenguas tienen estos sonidos que poseen una saliencia acústica, articulato-
ria y perceptiva, y que, por lo mismo, constituyen unidades funcionales/
96 El español hablado en España tiene 23 fonemas, pues en parte importante de su
territorio hay sonidos distintos asociados a las letras “s” y “z/c” en palabras como “ves” y
“vez”; “coser” y “cocer”, etc. En Latinoamérica, en cambio, ambas parejas de palabras se
pronuncian de la misma manera.
97 En el metalenguaje de la lingüística, los fonemas se representan entre líneas
oblicuas (/…/); mientras que todo sonido lingüístico se plasma entre paréntesis cuadrados
([…]).
98 El símbolo pequeño que aparece bajo la “t” indica que el sonido se articula en
la zona dental.
99 En escritura fonética, este símbolo corresponde al sonido inicial de una palabra
como “jarro” y no a su equivalente en la escritura del español.
100 En escritura fonética, este símbolo corresponde al sonido inicial de una palabra
como “choque”.
101 En escritura fonética, este símbolo corresponde al sonido inicial de una palabra
como “llave”.
102 En escritura fonética, este símbolo corresponde al sonido inicial e intervocálico
de una palabra como “ñoño”.
103 En escritura fonética, este símbolo corresponde al sonido intervocálico de una
palabra como “oro”.
104 En escritura fonética, este símbolo corresponde al sonido inicial de una palabra
como “rojo”.
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pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
distintivas. Es lo que llamamos fonema. El punto, como hemos señalado, es
que el número de estas unidades en las lenguas humanas es relativamente
pequeño y, dado que carecen de significado, toda su potencialidad se des-
pliega al combinarse y formar, de esta manera, una cantidad virtualmente
infinita de unidades significativas. Así, por ejemplo, con los fonemas del
español /a/, /o/, /p/ y /s/ podemos formar no solo una, sino cuatro
palabras: “paso”, “sopa”, “sapo” y “posa”. Más aún, solo con estos 22 (o
23) fonemas se construye todo el caudal léxico de nuestra lengua, lo cual
no es menor, si se considera, por ejemplo, que el diccionario de la RAE,
posee 93000 entradas. En este contexto, no constituye ninguna exagera-
ción señalar que con estos 22 (o 23) fonemas se ha construido todo lo que
hemos dicho y diremos durante nuestras vidas; y lo que han dicho y dirán
durante sus vidas todos los hispanohablantes. Desde una perspectiva dia-
crónica, es posible afirmar, además, que con estas pocas unidades fónicas
prominentes se han construido todos los enunciados dichos en español
por varias generaciones y se construirán todos los enunciados por varias
generaciones más. Por cierto, lo mismo es válido para el mapudungun. En
efecto, como veremos en detalle más adelante, esta lengua tiene 28 (o 27)
fonemas, y con estos se han construido todos los enunciados que se han
emitido por muchas generaciones, y se emitirán, esperamos, por mucho
tiempo más105.
En consecuencia, al estar dotado de una doble pauta ―una pauta
fonémica, constituida por unidades carentes de significado; y una pauta
gramatical, constituida por unidades significativas, producto de la com-
binación de los fonemas―, este sistema comunicativo exhibe una alta
eficiencia, pues tiene el potencial de transmitir innumerable cantidad de
contenidos con el mínimo gasto de energía que implica la articulación de
los fonemas.
4) Dependencia de estructura. La formación de enunciados en una
lengua no consiste en la mera yuxtaposición de unidades léxicas y grama-
ticales; ni el significado de dichos enunciados se reduce a la suma de los
significados de dichas etiquetas léxicas que los componen. Distinto de
ello, decimos que las lenguas poseen una estructura, lo que implica que
los elementos constituyentes de sus enunciados se despliegan con niveles
de agregación y jerarquización diversos. Así, por ejemplo, consideremos el
siguiente enunciado:
105 Esta estabilidad del mapudungun en el tiempo ―lo que, por cierto, incluye la esta-
bilidad en su inventario de fonemas― es destacada por Salas (1996, p. 35) en los siguientes
términos: “[…] el mapuche de fines del siglo XVI es prácticamente igual al que se habla
hoy en la Araucanía […]”.
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(2) Juan golpeó a Manuel.
Si el valor total de este enunciado, en términos de significado, consis-
tiera simplemente en la suma de los significados de sus componentes, un
cambio de posición entre “Juan” y “Manuel” no tendría incidencia alguna.
Sin embargo, sabemos que si realizamos este cambio de posición, el sig-
nificado del enunciado cambia radicalmente. En nomenclatura aritmética:
si asignamos a cada etiqueta léxica un valor numérico, sea, por ejemplo,
5, 3, 4 y 2, respectivamente, la suma total es 14, con independencia de
que 5 y 2 puedan intercambiar sus respectivas posiciones. Sin embargo,
a nivel lingüístico, el orden puede ser determinante, como comprobamos
con las distintas escenas que se despliegan en “Juan golpeó a Manuel” y
“Manuel golpeó a Juan”. Ahora bien, dado que la preposición “a” tiene
una incidencia importante en (el rol que juega) la palabra “Manuel” en
este enunciado (no así en la palabra “golpeó”), podemos plantear que, a
nivel del sistema gramatical, en este enunciado hay, en estricto rigor, solo 3
unidades estructuralmente prominentes: “Juan”, “golpeó”, y “a Manuel”.
En términos de nuestra analogía matemática, y en consonancia con esta
relación distinta que se establece entre “a” con “Manuel” y entre “a” con
“golpeó”, una mejor formalización del significado total de un enunciado
como este sería algo como 5 + 3 + (4x2), lo que da como resultado 16; y si
intercambiamos las posiciones de los números 5 (que equivale a “Juan”) y
2 (que equivale a “Manuel”) obtenemos un valor muy distinto: 25, y no 16.
En la misma línea, las lenguas poseen elementos que pueden reem-
plazar constituyentes estructurales completos y no cualquier agregado de
palabras. Consideremos el siguiente enunciado del romané hablado en
Chile106:
(3) O chavrró kai bichaldá o cher dikhlá che dadé ándo fóro
El muchacho que vendió la casa vio a tu papá en la ciudad
Si respecto de este enunciado quisiéramos aislar unidades que se
comportan como un solo elemento, esto es, como un solo constituyente
a nivel estructural, convendremos en que una mala idea sería aislar se-
cuencias como las siguientes: “o chavrró kai” (‘el niño que’), “bichaldá o”
(‘vendió el’), “cher dikhlá che” (‘casa vio a tu’), entre otras. Un argumento
para rechazar esta posibilidad es que no hay unidades que nos permitan
reemplazar cada uno de estos grupos de palabras. Algo diferente ocurre en
106 Para la escritura en romané, utilizamos los grafemas propuestos en Lizarralde y
Salamanca (2008) y Salamanca y Lizarralde (2008).
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los casos de, por ejemplo, “o chavrró kai bichaldá o cher” (‘el muchacho
que vendió la casa’), “che dadé” (‘a tu papá’) y “ándo fóro” (‘en la plaza’),
también, entre otras. En efecto, en el primer caso, el pronombre “vou”
(‘él’) puede reemplazar a este conjunto de 6 palabras; lo mismo ocurre
con el pronombre “le” (‘lo’) respecto de “che dadé” (‘a tu papá’), y “koté”
(‘allí’) respecto de “ando foro” (‘en la ciudad’). Así, la oración anterior
equivale plenamente a:
(4) Vou dikhlá le koté
Él lo vio allí
Confirmamos, en consecuencia, que los enunciados en las lenguas se
organizan con base en algo más complejo que la mera agregación lineal
de elementos con significado; podemos decir, en efecto, que dichos enun-
ciados son instancias lingüísticas que se despliegan con una sofisticada es-
tructuración. Y esto que hemos ejemplificado con el español y el romané
es plenamente aplicable al mapudungun, tal como se verá en detalle en el
capítulo de Morfosintaxis.
El punto que relevamos aquí ―y que será confirmado con las sec-
ciones y capítulo siguientes― es que en el mapudungun se despliegan todas
y cada una de estas propiedades y, en consecuencia, podemos ―y debe-
mos― asignarle con total pertinencia el carácter de lengua, y no poner en
duda dicho estatus y considerarla un mero dialecto.
1.3 El concepto de dialecto desde la lingüística
Una vez establecido que a las lenguas minorizadas, en general, y al
mapudungun, en particular, corresponde considerarlas como tales con toda
pertinencia, conviene referirse a la noción de dialecto, desde el punto de
vista del metalenguaje especializado. Así, en primer lugar, conviene se-
ñalar que las lenguas, salvo contadas excepciones, varían de acuerdo con
su emplazamiento geográfico. Es lo que llamamos técnicamente dialecto.
Por ejemplo, una persona de Buenos Aires y una de Chile pronuncian
de manera diferente las palabras “calle” y “ayer”. En efecto, en la capital
de Argentina —y en buena parte del país transandino y Uruguay— estas
palabras se pronuncian “cashe” y “asher”, respectivamente (en notación
fonética, [ˈka.ʃe] y [a.ˈʃeɾ]). La entonación, por supuesto, también es dife-
rente en estos referentes geográficos. En el nivel léxico-semántico también
se aprecian diferencias importantes. Por ejemplo, los argentinos llaman
140
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
“remera” y “birome”, a lo que en Chile llamamos “polera” y “lápiz pasta”,
respectivamente (entre muchos otros casos, desde luego)107. En el plano
gramatical también se aprecian diferencias, pues en Argentina (en Buenos
Aires, para ser más específicos) es mucho más común utilizar el pretéri-
to perfecto simple, que el pretérito perfecto compuesto (Seco, 2015, p.
221). Así, en este país lo habitual es decir “Vidal nunca jugó en Boca”
o “todavía no llegó el profesor”, mientras que en Chile las expresiones
equivalentes más frecuentes serían “Vidal nunca ha jugado en Boca” y
“todavía no ha llegado el profesor”. En consecuencia, el español habla-
do en Argentina constituye un dialecto de la lengua española, así como lo
es el español hablado en Chile, y, por cierto, el español hablado en España
(entre otras variedades).
En trabajos de campo realizados por el profesor Salamanca en Neu-
quén, sur de Argentina, pudo corroborar que el romané hablado en Chile
tiene diferencias importantes respecto del romané hablado en esa ciudad
de Argentina. Por ejemplo, en la Tabla 3, se presentan ítems que muestran
diferencias en el nivel de los sonidos y en el nivel léxico entre estas dos
variantes de la lengua gitana.
Palabra en romanés greco Palabras en el romané
hablado en Neuquén, jorajané hablado en Glosa
Argentina Chile
1. Arakí Arachí Ayer
2. Biromlí Bindivóri Abeja
3. Búka Cham Mejilla
4. Grápa Bunári Pozo
5. Káltsi Kálche Pantalón
6. Kerkó Cherkó Amargo
7. Khainí Khañí Gallina
8. Khir Chir Hormiga
9. Kingó Chingó Mojado
10. Kishrá Koza Cáscara
11. Lashó Lachó Bueno
12. Mush Murús Hombre
13. Mútsa Máchka Gato
14. Piríncho Rezo Arroz
107 Dicho sea de paso, en este nivel lingüístico se aprecia una transferencia impor-
tante de léxico desde Argentina a Chile, como lo prueban el uso relativamente reciente en
este último país de palabras como “trucho”, “chanta”, “yuta”, etc., y de locuciones como
“de una”, “al toque”, “ya fue”, entre muchas otras (Salamanca, 2010; San Martín, 2011;
Salamanca, 2022; entre otros).
141
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
15. Purraúno Karpéli Araña
16. Shau Chavrró Hijo
17. Shel Stótina Cien
18. Shikiéri Chichéri Azúcar
19. Shukár Sukár Bonito
20. Tséra Chára Carpa
21. Tsiára Thiára Mañana
22. Vishin Bursínd Lluvia
Tabla 3: Diferencias léxicas entre el romané jorajané hablado en Chile y el ro-
manés greco hablado en Argentina. (Fuente: Elaboración de los autores.)
Así, entonces, dado que el romané hablado en ambos referentes
geográficos es mutuamente inteligible, pero hay diferencias como las pre-
sentadas, podemos hablar de un dialecto del romané hablado en Chile y
un dialecto del romané hablado en Argentina. En definitiva, como señala
Salas (1996, p. 36), “[…] toda lengua está formada por dialectos y todo
dialecto lo es de alguna lengua.”.
Finalmente, de lo dicho se desprenden dos conclusiones prominen-
tes: a) no hay connotación negativa alguna en la acepción técnica de la
palabra dialecto; y b) lo descrito para el español y el romané con respecto a
este punto se aplica plenamente al mapudungun, el cual, por cierto, también
posee sus variantes dialectales, tal como veremos en detalle más adelante.
Por ahora, valga señalar que si bien existe una unidad importante en el
mapudungun hablado en Chile, es posible distinguir diferencias a nivel dia-
lectal. Una de las más destacables es el predominio de las pronunciaciones
“v” y “d”, en los enclaves nortinos de habla mapuche (l´afken´che de los
Álamos y pewenche hablado en Alto Bío-Bío, por ejemplo), y, como con-
traparte, el predominio de las pronunciaciones “f ” y “z”108 en las zonas
centro-sur y sur de habla mapuche109.
1.4 El mapudungun: una lengua en peligro
Con respecto a las lenguas originarias presentes en Chile, es impor-
tante señalar que son nueve los pueblos originarios reconocidos por el
108 Con esta letra nos referimos a una pronunciación semejante a la que realiza un
número importante de españoles cuando pronuncian la palabra “zapato”.
109 Más adelante, se hará una distinción exhaustiva entre lo que es un fono o sonido
lingüístico, un fonema y una letra o grafema, y se profundizará en las diferencias dialectales en
esta lengua desde el punto de vista fónico.
142
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Estado: aymara, quechua, lican antai (atacameño), colla, diaguita, rapa nui (pas-
cuense), mapuche110, kawésqar (alacalufe) y yagán.
Por otro lado, con base en el Censo de Población y Vivienda de 2017,
es posible afirmar que cerca del 13% de la población nacional pertenece a
la población indígena; de ella, el 80% corresponde al pueblo mapuche. Un
buen resumen de los datos contenidos en ese reporte (el censo de 2017) ―
en cuanto a la población y ubicación de la población indígena― se presen-
ta, mediante una tabla, en Wittig (2021, p. 4), la cual reproducimos aquí.
Censo 2017
Pueblo Localización
Casos / %
Regiones de la Zona Sur: La
Araucanía, Bío-Bío, Los Ríos y Los
Mapuche 1.745.147 / 79,8
Lagos. Santiago y otras ciudades a lo
largo del país.
Altiplano, cerca de la frontera con
Aymara 156.754 /7,2
Bolivia; Arica, Iquique y Santiago
Rapa Nui-Isla de Pascua, algunos
Rapa Nui 9.399 / 0,4
migrantes en el Continente
Lican Antai o San Pedro de Atacama y alrededores.
30.369 / 1,4
Atacameño Calama y Antofagasta.
Quechua 33.868 /1,5 Ollagüe y Alto Loa. Calama.
Valles cordilleranos en las Provincias
Colla 20.744 / 0,9
de Copiapó y Chañaral.
Región de Coquimbo y Región de
Diaguita 88.474 / 4,1 Atacama. Valles pre-cordilleranos y
ciudades principales.
Puerto Edén. Familias migrantes en
Kawésqar o
3.448 / 0,1 ciudades y localidades de la Región de
Kawashkar
Magallanes.
Villa Ukkika y Puerto Williams en la
Yagán o yámana 1.600 / 0,1 Isla Navarino. Punta Arenas y otras
localidades de Magallanes.
110 Aunque las notas que se presentan en este capítulo tienen como referente el
mapudungun hablado en la zona l´afken´che de Isla Huapi (ubicada en la costa de la Novena
Región), en particular, y el mapudungun hablado en Chile, en general, hay que destacar tam-
bién la presencia histórica y actual de los mapuches en algunas zonas de Argentina.
143
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Otro 28.115 / 1,3 Comunidades Selk’nam en Tierra del
Fuego.
Comunidades Chango en el litoral del
Pueblo ignorado Norte Grande.
67.874 /3,1 Comunidades Chono y Aonikenk o
tehuelche, entre otras.
2.185.792
TOTAL
(12,8%)
Tabla 4: Población Indígena en Chile. (Fuente: Tabla elaborada por Wittig
(2021), a partir de los datos del Censo de Población y Vivienda (2017)).
En relación con los niveles generales de competencia de los hablan-
tes de estas lenguas, el mismo autor presenta en otra tabla la evolución de
este aspecto, de acuerdo con los datos provistos por la Encuesta Casen de
los años 2013, 2015 y 2017.
2013 2015 2017
No habla ni entiende 76,2% 77,7% 80,1%
Sólo entiende 10,1% 10,6% 10,0%
Habla y Entiende 10,5% 10,6% 9,9%
Tabla 5: Competencia en lenguas indígenas 2013 a 2017 (Fuente: tabla elabo-
rada por Wittig (2021), a partir de los datos de la Encuesta Casen de los años
2013, 2015 y 2017).
A pesar de que algunas de estas cifras requieren algún refinamiento,
dos aspectos destacan particularmente aquí: a) la disminución de los ni-
veles de competencia en 2017 respecto de los ya muy bajos de 2013 (de
10,5 a 9,9 en la categoría “habla y entiende”), y b) la cifra elocuentemente
alta de la categoría “no habla ni entiende” (80,1%). En este contexto, es
entendible, tal como hemos dicho en un párrafo precedente, el sentido de
urgencia que se le ha asignado a las iniciativas de documentación y revita-
lización de esta lengua en estos días.
Por su parte, tres aspectos que se destacan a partir de la información
contenida en la encuesta Casen ―en particular, en la versión de 2017―
son: 1) en todos los rangos etarios la población indígena que “no habla ni
entiende” una lengua originaria supera el 65%, lo cual se hace más agudo
en los rangos etarios más iniciales (menores de 18 años), donde estos por-
centajes superan el 80%; 2) es en los sectores urbanos donde la pérdida
de competencia en las lenguas originarias se hace particularmente sensible
(sobre el 80% de la población originaria emplazada en estos sectores “no
144
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
habla ni entiende” la lengua); y 3) la pérdida en los niveles de competencia
en el uso de las lenguas originarias ocurre sin diferencias importantes entre
personas de sexo masculino y femenino.
Con respecto a las categorías que se han utilizado para describir el
estado de vitalidad de las lenguas originarias, el propio Wittig, con base
en las categorías sugeridas por el Endangered Language Project, propone una
macro clasificación que distingue, por una parte, lenguas ‘dormidas’ y en
extrema vulnerabilidad (entre las que incluye a las lenguas kunza, diaguita,
colla, kawésqar y yagán111); y lenguas con mayores niveles de vitalidad (dentro
de las que incluye las lenguas transfronterizas aymara y quechua; el rapa nui
y el mapudungun). Por cierto, no debe pensarse que en este segundo caso se
trata de lenguas con niveles importantes de vitalidad, pues, de acuerdo con
distintos reportes (por ejemplo, el de Unesco), las lenguas originarias pre-
sentes en Chile exhiben transversalmente una precariedad en sus niveles
de mantenimiento, el cual puede ir desde niveles extremos a niveles menos
agudos, pero no por ello menos preocupantes.
Un concepto que puede resultar polémico en este contexto es el de
lengua “dormida”. En efecto, esta etiqueta ―que se motiva por el hecho
de que el estatus de “extinta” puede resultar lapidario para describir el
estado de una lengua (y, eventualmente, implicar la imposibilidad de su
resurgimiento)― puede resultar contraproducente, pues puede provocar
en quienes lo escuchan una sensación de conformidad que puede atentar
contra el sentido de urgencia y proactividad que amerita el estado actual
de las lenguas originarias. Esto porque en la lógica conceptual de la imagen
empleada, cuando una persona duerme, se asume, por defecto, que está en
un estado confortable y que una mala idea sería despertarla; lo que, clara-
mente, va en la dirección contraria de lo que se pretende comunicar con
respecto al estado de las lenguas originarias. Así las cosas, es un desafío
encontrar un punto de convergencia donde, por un lado, no se alienten
posturas catastrofistas y profecías autocumplidas respecto de las lenguas
originarias, pero, por otro lado, tampoco se promueva el uso de eufemis-
mos que suavicen de tal modo la delicada situación de vitalidad de las len-
guas originarias, que se llegue a sugerir ―sin pretenderlo, por cierto― que
nada (muy) negativo hay en mantener el estado actual de cosas.
En cuanto al caso específico del mapudungun, el Atlas de las Lenguas
del Mundo en Peligro de Unesco la clasifica como una lengua en peligro; y el
Endangered Language Project, como una lengua amenazada. Como se obser-
va, en cuanto a su vitalidad, hay una coincidencia en evidenciar el delicado
111 También se mencionan el selk’nam y aonikenk, a pesar de no estar incluidos
dentro de los pueblos originarios reconocidos por el Estado de Chile.
145
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
estado de esta lengua. En un contexto más general, su situación es bien
resumida en el trabajo de Wittig (2021, pp. 14-16). De él extraemos las
siguientes consideraciones:
En relación a los fenómenos sociolingüísticos, la lengua ha ex-
perimentado un proceso constante de minorización y despla-
zamiento a partir de la política de reducciones impuesta por
el Estado chileno en las primeras décadas del siglo XX. Los
flujos migratorios hacia las zonas urbanas, la presencia de con-
gregaciones religiosas al interior de las comunidades y la caste-
llanización de la población a través de la escuela nacional han
contribuido a este panorama112. En los últimos años, diversos
estudios han mostrado una disminución sostenida de hablan-
tes y su concentración entre personas adultas con residencia en
zonas rurales.
Las estimaciones sobre el número de hablantes oscilan en ran-
gos y están sujetas a las características metodológicas de los
respectivos estudios. Zúñiga y Olate (2017) proponen un rango
de hablantes de mapuzugun entre 7,7 y 15,4% del total de po-
blación mapuche en Chile. Esto equivale a 134 mil hablantes, si
se considera sólo a los activos; y 268 mil hablantes, si se consi-
dera también a los receptivos.
Un punto que conviene relevar es que el grado de mantenimiento en
los distintos territorios es heterogéneo, pues hay zonas donde el nivel de
vitalidad es importante, mientras que en otras es (muy) precario. Esto ocu-
rre, por ejemplo, en la Octava Región, donde en la zona cordillerana del
Alto Bío-Bío se aprecia un grado de mantenimiento de la lengua en adul-
tos y niños claramente mayor que en la zona costera, tal como se aprecia
en los reportes de Henríquez (2013) y Mena y Salamanca (2018), aunque,
hay que insistir, esto dentro de un contexto general de un importante de-
terioro del mantenimiento de la lengua113.
112 Con respecto a este último factor, precisamente, la no inclusión de la lengua
mapuche como lengua de enseñanza, sin duda, ha sido un aspecto que ha contribuido de
manera importante a su desplazamiento y minorización.
113 Una diferencia importante se puede plantear también en sectores del eje nor-
te-sur de la costa, pues, mientras en la zona norte la vitalidad de la lengua es precaria, en
localidades más meridionales como Huapi, Piedra Alta y Yenewe la lengua conserva un
grado importante de vitalidad (Painequeo, 2015).
146
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
2. Fonética del mapudungun
2.1 ¿Cuáles son los focos investigativos de la lingüística,
en general, y de la fonética, en particular?
Hemos dicho que podemos concebir el lenguaje como una facultad
universal y privativa de la especie humana y que esta facultad tiene su
manifestación visible en las alrededor de 7000 lenguas que hoy se hablan.
También hemos destacado que las lenguas, en general, presentan algunas
diferencias en los distintos lugares geográficos donde se hablan y que esto
es lo que denominamos en el metalenguaje especializado dialecto (no hay,
en consecuencia, técnicamente, ninguna connotación peyorativa en este
término). Estas nociones fueron relevadas con la finalidad de dejar meri-
dianamente claro que el mapudungun es una lengua y que posee variantes
dialectales, como ocurre con la gran mayoría de ellas.
La disciplina que tiene como focos de estudio la facultad del lenguaje
y las lenguas humanas es la Lingüística. Dos figuras prominentes que se
asocian con los focos señalados son Ferdinand de Saussure (1857-1913)
y Noam Chomsky (1928-), respectivamente. Ahora, si hacemos una eva-
luación del trabajo de esta disciplina, es posible plantear que dos aspectos
han facilitado sus importantes avances: el trabajo interdisciplinario y la
distinción en niveles de análisis.
En cuanto a los estudios interdisciplinarios, es muy importante re-
levar el diálogo que se ha producido entre quienes trabajan con marcos
teórico-metodológicos provenientes de disciplinas como la psicología, la
sociología, la antropología, etc. y la lingüística, lo cual ha permitido un
trabajo fecundo en cuanto a hallazgos, análisis y conclusiones en el ámbito
lingüístico. Tres interdisciplinas que tienen ya una tradición importante de
estudios ―y, por lo tanto, un saber acumulado prominente― son la psico-
lingüística (cuyo foco de estudio es la relación mente-lenguaje, y que se ocu-
pa, por ejemplo, de la adquisición de las lenguas, la relación entre lenguaje
y envejecimiento, el procesamiento del lenguaje natural, los fenómenos
cognitivos asociados con la lectura y la escritura, etc.); la sociolingüística
(cuyo foco de estudio es la relación sociedad-lenguaje, y que se ocupa, entre
otros temas, de la dialectología, el bilingüismo, las actitudes lingüísticas, el
cambio lingüístico, etc.; todo esto cruzado, habitualmente, por la inciden-
cia que variables como el género, la edad, el registro formal o informal
tienen en estos ámbitos); y la etnolingüística (cuyo foco de estudio es la
relación cultura-lenguaje, y que se aboca, por ejemplo, al estudio de cómo se
147
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
plasman en las lenguas aspectos como el tiempo, el espacio, las relaciones
de parentesco, etc; también, cómo mediante su lengua una cultura se vin-
cula con su entorno y transmite sus saberes ancestrales desde la oralidad
primaria; en definitiva, y bajo la premisa del denominado Relativismo Lin-
güístico114, se ocupa de cómo se plasma en una lengua la visión de mundo
de un grupo humano).
Desde una perspectiva más inmanentista, en cuanto a los niveles de
análisis, la lingüística distingue un nivel fonético-fonológico (cuyo foco
de estudio es el sonido lingüístico); un nivel morfosintáctico o gramatical
(cuyo foco de estudio es la formación de palabras y oraciones gramatica-
les); un nivel léxico-semántico (cuyo foco de estudio es el significado de
las unidades lingüísticas); un nivel discursivo (cuyo foco de estudio son los
textos o discursos); y un nivel pragmático, donde el foco ya no está en el
sistema lingüístico mismo, sino en el uso que de él hacen sus hablantes. Lo
descrito, por supuesto, constituye una simplificación del alcance de cada
uno de ellos, pero nos parece que es útil para situar el ámbito que nos
ocupa dentro de un contexto más general115.
Hemos dicho que una de las ocupaciones de la lingüística son los
sonidos que componen las lenguas y que el nivel de análisis que se ocupa
de ellos es el fonético-fonológico. En el caso del subnivel fonético, su
abordaje del sonido lingüístico es en tanto unidad material, concreta; en el
subnivel fonológico, en cambio, lo que se releva es la función que cumple
un sonido en la lengua a la que pertenece.
La fonética puede ocuparse del sonido lingüístico atendiendo, fun-
damentalmente, a tres dimensiones: a) cómo el sonido es producido, b)
cuáles son sus propiedades físicas y c) cómo es recepcionado. De aquí se
distinguen una fonética articulatoria, una fonética acústica y una fonética
perceptual, respectivamente. En el caso de la fonética articulatoria, intere-
sa, por ejemplo, qué órganos intervienen y cómo estos se disponen para
la producción de un sonido lingüístico; en el caso de la fonética acústica,
114 Es lo que en Antropología y Lingüística se conoce como la hipótesis Sapir-Whorf.
Para aspectos vinculados con la configuración de realidad, mediante el uso de una lengua,
en general, y del mapudungun, en particular, sugerimos la lectura de Salas (1987) y Teillier et
al. (2016).
115 Es importante precisar que los lingüistas no son necesariamente políglotas. En
efecto, aunque hay lingüistas que son hablantes fluidos de muchas lenguas, este no es un
rasgo que defina su quehacer. Tampoco el lingüista tiene como foco de su quehacer la
corrección de los “errores” que se producen en el uso de la versión estandarizada de una
lengua. De hecho, muchas veces son los usos que el normativismo proscribe aquellos que
resultan más interesantes para efectos de describir la variada realidad lingüística y advertir
posibles cambios en curso.
148
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
el sonido es analizado en tanto onda sonora, dando cuenta de aspectos
como la altura de tono (vinculado con la frecuencia de la onda sonora y
es medida en hertz), la intensidad (vinculada con la amplitud de la onda
sonora y es medida en decibeles), etc.; por último, en el caso de la foné-
tica perceptual, interesa cómo el sonido es recepcionado por el aparato
auditivo y decodificado en el cerebro. El producto de este proceso es la
representación mental del sonido o secuencia fónica del caso.
Cabe hacer presente que la fonética se ocupa de los sonidos en tan-
to unidades lingüísticas, lo cual implica que no todo sonido producido
por nuestro aparato fonatorio forma parte del objeto de estudio de esta
disciplina. Esto parece evidente en el caso de la tos o los ronquidos, pero
también puede ocurrir que una determinada unidad fónica forme parte del
inventario de sonidos (lingüísticos) en una lengua y, aunque ocurra como
realidad material en otra, no forme parte de su sistema de sonidos. Es el
caso, por ejemplo, del sonido que producimos cuando damos un beso en
la mejilla o que se utiliza en zonas rurales para instar a ciertos animales,
como caballos o bueyes, para que se desplacen. En estos casos, el sonido
en cuestión no ocupa a la fonética del español, pues no construye palabra
alguna en esta lengua; sin embargo, en algunas lenguas de África (como en
dos lenguas de la familia Tuu), este sonido sí forma palabras y, en conse-
cuencia, forma parte de los focos de atención de esta disciplina.
2.2 La fonética articulatoria
Hemos dicho que la fonética articulatoria se ocupa de la produc-
ción del sonido lingüístico. Por ello, algunos de sus focos de atención se
relacionan con qué órganos intervienen en su producción y cómo dichos
órganos se disponen para ello. En este contexto, es importante conocer la
estructura básica de nuestro aparato fonatorio116.
116 Puede complementarse lo que describiremos aquí con los siguientes videos
disponibles en Youtube: [Link] (sobre el aparato fonatorio) y
[Link] (sobre el funcionamiento de las cuerdas vocales).
149
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Imagen 1: El aparato fonatorio/respiratorio. Imagen adaptada
de Martínez Celdrán (1984, p. 76), con algunas modificaciones.
Imagen 2: Zonas de articulación del tracto oral. Imagen adaptada de Martínez
Celdrán (1984, p. 76), con algunas modificaciones.
150
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
En fonética articulatoria se distingue entre sonidos lingüísticos vo-
coides (vocales fonéticas) y sonidos lingüísticos contoides (consonantes
fonéticas). La diferencia entre ellas, desde el punto de vista articulatorio,
radica en que en los sonidos vocoides no hay obstrucción o interrupción
al flujo del aire en el eje antero-posterior del tracto oral; mientras que en
los sonidos lingüísticos contoides sí ocurre, en algún grado, tal obstruc-
ción o interrupción al flujo del aire.
2.2.1. Parámetros para clasificar las vocales fonéticas o
vocoides
Para clasificar los sonidos lingüísticos se han propuesto distintos pa-
rámetros. En el caso de los sonidos vocoides, los parámetros cardinales
son la altura de la lengua, la dirección de la lengua y el grado de abocinamiento o
redondez labial. Decimos que estos son los parámetros cardinales, porque
en algunos casos también puede resultar relevante señalar si los sonidos
lingüísticos egresan por la cavidad oral o nasal, si son largos o breves, etc.
De acuerdo con la altura de la lengua, se distinguen sonidos altos,
medios y bajos. Por ejemplo, sonidos como la [i] y la [u] son altos, pues,
como su nombre lo sugiere, en su producción la lengua se eleva hacia el
paladar, aunque no entra en contacto con él. Así, por ejemplo, si se pro-
nuncia una palabra como “ahí”, podemos apreciar que el sonido [i] de la
segunda sílaba es más alto que el sonido [a] de la primera. En el caso de
los sonidos medios, la lengua se eleva hacia la zona del paladar, pero no
en la misma medida que lo hace al producir la [i] o la [u]. Por ejemplo, si
pronunciamos la primera sílaba de una palabra como “eirá”117, podemos
observar que la lengua se eleva sólo levemente en el caso de [e] y que este
ascenso es mayor en el caso de la vocoide [i]. La vocoide [o] también es un
sonido medio, como se puede comprobar al pronunciar una palabra como
“oí”. En efecto, en esta palabra se observa que al pronunciar la primera
vocal, la lengua asciende sólo levemente, mientras que en el caso de la
vocal [i], como hemos señalado, este ascenso de la lengua es prominente.
Por último, en el caso de los sonidos bajos, la lengua no asciende hacia el
paladar, sino que se mantiene en una posición cercana al “reposo”. Como
ya seguramente se habrá deducido, la vocal [a] es un ejemplo de vocal baja.
Un ejercicio que puede evidenciar los tres niveles de altura es la pro-
nunciación de la secuencia [a e i], donde se apreciará que la lengua va
ascendiendo desde el menor al mayor grado de proximidad al paladar.
Con respecto al mapudungun, esta lengua posee las 5 vocoides menciona-
117 Corresponde a un tipo de animal carnívoro.
151
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
das hasta aquí, pero, además, posee una vocoide media que no está en el
inventario de vocoides del español. El símbolo fonético que se utiliza para
este segmento es [ə] y se ha denominado comúnmente “la sexta vocal” del
mapudungun. Este sonido se encuentra, por ejemplo, en la primera sílaba de
la palabra küla (‘tres’) y, como veremos, dependiendo del grafemario que
se utilice, ha sido representado en la escritura como ü (como en el Alfabeto
Mapuche Unificado) o como “v” (como en el Alfabeto Raguileo).
De acuerdo con la dirección de la lengua, en tanto, se distinguen
vocoides anteriores, centrales y posteriores. En el caso de los sonidos an-
teriores, la lengua se desplaza levemente hacia adelante, como ocurre con
las vocales [i] y [e]. Por ejemplo, si pronunciamos una palabra como “oí”,
y nos focalizamos en el movimiento de la lengua, podemos apreciar que
en el sonido [i] de la segunda sílaba, la lengua se desplaza hacia adelante
(y hacia arriba). En el caso de las vocoides centrales, la lengua mantiene
una suerte de posición neutra, como en la vocal [a]. Por último, las vocoi-
des posteriores son aquellas en las cuales la lengua se contrae levemente
dirigiéndose hacia la zona posterior, como en el caso de las vocoides [o] y
[u]. Un ejercicio que puede evidenciar estas tres orientaciones de la lengua
en el eje horizontal es la pronunciación de la palabra “ajenjo”, donde se
aprecia, por una parte, que este órgano no se desplaza cuando se pro-
nuncia la vocal [a]; que luego la lengua se dirige hacia adelante, cuando se
pronuncia la vocal [e] de la sílaba “jen”; y que, finalmente, la lengua “re-
trocede” cuando se pronuncia la vocoide [o] de la sílaba final “jo”. Valga
señalar que si atendemos a este parámetro, la vocoide [ə] del mapudungun
se clasifica como “central”, pues, al igual que en el caso de la vocoide [a],
al pronunciarla, la lengua no se desplaza hacia adelante ni hacia atrás en el
eje horizontal.
Por último, en el caso de la redondez labial, es posible distinguir
vocoides redondeadas y no redondeadas118. Así, en el caso de las vocoides
[e], [i] y [a], no hay un abocinamiento de los labios, y, en consecuencia,
son vocoides no redondeadas; a diferencia de [u] y [o], donde los labios
sí adquieren esta configuración, y, en consecuencia, decimos de ellas que
son vocoides redondeadas. Con base en este parámetro, la vocoide [ə] del
mapudungun se define, por cierto, como un segmento no redondeado.
Así las cosas, de acuerdo con estos parámetros, podemos describir
la vocoide [ə] del mapudungun ―la cual, como hemos dicho, no está en el
inventario de vocoides del español― como un segmento medio, central,
no redondeado.
118 A las vocoides no redondeadas también se las denomina “oblongas”.
152
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
2.2.2. Parámetros para clasificar las consonantes foné-
ticas o contoides119
Así como hay parámetros para clasificar las vocales fonéticas, los hay
también para clasificar las contoides. Estos son los siguientes: a) modo o
manera de articulación, b) lugar, zona o punto de articulación, y c) función
de las cuerdas vocales o sonoridad.
[Link]. Modo o manera de articulación
Se refiere a la forma como se articula un sonido consonántico. Se
distinguen los siguientes modos:
a. Oclusivo. En este tipo de sonidos se produce un contacto
total de los órganos que intervienen en la articulación y una
resolución o término abrupto del mismo. Por ejemplo, un so-
nido como [p] es oclusivo, pues los órganos que intervienen
en su producción, en este caso los labios, tienen un contacto
pleno, y luego el aire se libera en forma violenta o explosiva.
En consecuencia, el sonido inicial de la palabra poñi (‘papa’)
del mapudungun y pan del español es un sonido oclusivo.
Hay lenguas en las cuales hay que distinguir entre sonidos
oclusivos “puros”, o no modificados, y sonidos oclusivos
aspirados y glotalizados. En el caso de los sonidos aspi-
rados, al sonido de base, por ejemplo [p], le sigue un leve
“soplido”; y en el segundo caso, al sonido de base le sigue
un breve “golpe glotal”. En términos tipológicos, es inte-
resante que en una lengua como el aymara se producen los
tres tipos de sonidos oclusivos señalados: los no modifi-
cados, los aspirados y los glotalizados (llamados también
“eyectivos”).
b. Fricativo. En este tipo de sonidos los órganos que inter-
vienen en su producción tienen un contacto parcial y el
aire se libera en forma continua ―y no en forma abrupta o
violenta―, lo que genera un roce o fricción. Por ejemplo, el
sonido [s] es un sonido fricativo, pues en su producción el
predorso de la lengua (ver imagen 2) entra en un contacto
119 Tanto en los modos de articulación, como en los puntos, hay algunas leves dife-
rencias respecto de cómo estos se presentan en el Alfabeto Fonético Internacional, como
se verá en el apartado 2.3.
153
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
parcial con la zona de los alvéolos (ver imagen 2) y luego
la salida del aire se resuelve o libera con un roce o fricción.
Hay sonidos fricativos que están presentes en mapudungun
y en español, como la contoide [s], que ocurre en palabras
como sañwe (‘cerdo’)120 y soy, respectivamente.
c. Africado. Este tipo de sonidos se caracteriza porque en
su producción ocurre un contacto total de los órganos y
el aire se libera en forma continua (lo que genera un roce
o fricción). Es posible señalar que los sonidos africados
constituyen una combinación de las características de un
sonido oclusivo y un sonido fricativo. Por ejemplo, el soni-
do que está entre vocales en la palabra kechu (‘cinco’) del
mapudungun, y el inicial de la palabra chico del español es un
sonido africado, pues el ápice de la lengua (ver imagen 2)
entra en contacto total con la zona prepalatal (ver imagen
2) y luego el aire se libera en forma de roce o fricción.
d. Nasal. Como su nombre lo sugiere, en el caso de este tipo
de sonidos, el aire egresa por la cavidad nasal (ver imagen
1). Por ejemplo, el sonido inicial de la palabra meli (‘cuatro’)
del mapudungun y mano del español es un sonido nasal.
e. Lateral. En este tipo de sonidos, el aire egresa por uno o
ambos costados de la lengua. Por ejemplo, el sonido con
que termina la primera sílaba de la palabra wilki (‘zorzal’)
del mapudungun y alto del español es un sonido lateral.
f. Vibrante. En este tipo de sonidos, se produce una percu-
sión o vibración del órgano de la fonación. Este órgano
es generalmente la lengua, pero también pueden vibrar los
labios o la úvula (ver imagen 2). Por ejemplo, el sonido
inicial y el intervocálico de la palabra del español raro son
sonidos vibrantes. A diferencia de los casos anteriores, en
el caso del mapudungun, no hay sonidos vibrantes, aunque,
por supuesto, esto no debe ser visto como una limitación
de la lengua, pues, como veremos, también hay muchos so-
nidos del mapudungun que no están presentes en el español.
120 Esta palabra parece constituir un préstamo proveniente de saíno, que refiere a un
“Mamífero […] cuyo aspecto es el de un jabato [cría de jabalí], sin cola, con cerdas largas
y fuertes, colmillos pequeños y una glándula […] que segrega una sustancia fétida […]”
(RAE, on line). En la misma línea, el segmento inicial “s” también parece tener el mismo
estatus de préstamo. Nos referiremos a ello, cuando abordemos en forma específica este
sonido de la lengua mapuche.
154
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
g. Aproximante. Como su nombre lo indica, en este tipo de
sonidos los órganos de la fonación (labios superior e in-
ferior, o la lengua con respecto al paladar, por ejemplo)
sólo se aproximan, y, a diferencia de los sonidos fricativos,
no se producen una estrechez tal que se genere un roce o
fricción con turbulencia en la salida del aire. En lenguaje
cotidiano, podemos decir que un sonido aproximante es
un sonido “débil” o “suave”, que en no pocos casos está
en camino a la elisión. Además, son segmentos que, por la
escasa obstrucción a la salida del aire, están cercanos a los
sonidos vocoides.
Para ilustrar la diferencia entre un sonido oclusivo y uno aproxi-
mante, consideremos la palabra del español candado, donde las dos “d”
son iguales en la escritura, pero diferentes en la pronunciación. En efec-
to, la primera de ellas corresponde a una contoide oclusiva, pues en su
producción hay un contacto total del ápice de la lengua con la zona
dental y el aire se libera en forma abrupta; mientras que la segunda “d”
es aproximante, pues el ápice de la lengua sólo se acerca a la zona den-
tal y la liberación del aire mucho más “débil”. En este segundo caso, y
teniendo como referencia la palabra de nuestro ejemplo, a tal punto es
débil la producción del sonido que puede devenir, incluso, en la pronun-
ciación candao. En el caso del mapudungun, es aproximante ―aunque en
ocasiones fricativo, pero nunca vibrante― el sonido intervocálico de la
palabra kura (‘piedra’)121.
[Link]. Punto o lugar de articulación122
Como su nombre lo indica, este parámetro hace referencia a la zona
donde se articula un sonido consonántico. Se distinguen los siguientes
puntos de articulación:
a. Bilabial. Como su nombre lo indica, esta zona se genera
por el contacto (total o parcial) de los labios. Por ejemplo,
121 Esto implica que el sonido representado por la letra “r” en mapudungun no tiene
ningún grado de vibración. En consecuencia, como veremos en detalle en unos apartados
posteriores, el sonido representado por esta grafía (“r”) en esta lengua no se articula como
la “ere” o la “erre” del español, sino que tiene una semejanza mucho mayor con el sonido
representado por “r” en la grafía del inglés.
122 Para referirnos a este parámetro, es especialmente recomendable tener a la vista
la imagen 2.
155
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
el sonido [m] se articula en la zona bilabial. Es el caso del
sonido inicial de la palabra meli (‘cuatro’) del mapudungun.
b. Labiodental. Esta zona de articulación se genera por el
contacto de los dientes incisivos superiores y el labio infe-
rior. Por ejemplo, el sonido inicial de la palabra folil (‘raíz’)
del mapudungun es labiodental.
c. Interdental. Como su nombre lo indica, un sonido es
interdental cuando el ápice de la lengua se sitúa entre los
dientes incisivos superiores e inferiores. Por ejemplo, el so-
nido inicial de la palabra domo123 (‘mujer’) del mapudungun es
un sonido interdental, como lo es también el sonido inicial
de la palabra zapato, en la pronunciación del español de Es-
paña.
d. Postdental. Un sonido postdental se articula en la cara in-
terior de los dientes incisivos superiores. En español, los
sonidos iniciales de las palabras tos y dos son sonidos post-
dentales. En el caso del mapudungun, como señalamos, se
prefiere hablar de sonidos interdentales, como en el soni-
do intervocálico de la palabra füt´a (‘esposo’), representado
aquí por el símbolo “t´”.
e. Alveolar. Un sonido alveolar se articula en los alvéolos
dentales superiores. Por ejemplo, el sonido [s] del mapudun-
gun y el español ―que en cuanto al modo de articulación
hemos descrito como fricativo― se articula en esta zona.
f. Alveopalatal (alveolopalatal, postalveolar o prepala-
tal). Un sonido alveopalatal se articula con el ápice de la
lengua en el inicio del paladar. Por ejemplo, el sonido inicial
de la palabra challa (‘olla’) del mapudungun ―que en cuanto
a modo de articulación se describe como africado― es un
sonido alveopalatal.
g. Retroflejo. Un sonido retroflejo se articula con el ápice de
la lengua curvado hacia atrás. Se puede discutir su estatus
de punto de articulación, pues, en estricto rigor, no corres-
ponde a una zona claramente señalada (de hecho, puede
traslaparse con la zona alveopalatal y mediopalatal), pero
tradicionalmente se le ha incluido dentro de los puntos de
123 O zomo, según el grafemario que se utilice. En cualquier caso, esta pronuncia-
ción no es como la “d” “fuerte” (oclusiva) del español en una la palabra como donde, pues
en mapudungun este sonido es fricativo. A aspectos como estos nos referiremos en detalle
cuando describamos los sonidos del mapudungun.
156
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
articulación. El mapudungun, a diferencia del español, posee
sonidos retroflejos. Por ejemplo, los sonidos iniciales de las
palabras ruka (‘hogar mapuche’) y thawün ―o trawün, se-
gún el grafemario que se utilice124― (‘reunión, junta’) son
sonidos retroflejos.
h. Mediopalatal (o simplemente “palatal”). Un sonido con
este punto de articulación se realiza con el dorso de la len-
gua en la bóveda palatina. Por ejemplo, el sonido inicial
de la palabra ñuke (‘madre’) del mapudungun es un sonido
mediopalatal.
i. Postpalatal: Un sonido postpalatal se articula con el dorso
de la lengua en la parte posterior del paladar, previa al velo.
Por ejemplo, el sonido inicial de la palabra kiñe (‘uno’) del
mapudungun es un sonido postpalatal.
j. Velar. Como su nombre lo indica, un sonido velar se ar-
ticula en el velo del paladar. Por ejemplo, el sonido inicial
de la palabra kayu (‘seis’) del mapudungun se articula en esta
zona.
k. Uvular: Un sonido uvular se articula, precisamente, en la
úvula; es decir, en la parte posterior del tracto oral y que
constituye una prolongación del velo del paladar. Ni el ma-
pudungun ni el español poseen sonidos que se articulen en
esta zona (al menos el español hablado en Latinoamérica);
pero lenguas andinas como el quechua y el aymara sí po-
seen sonidos en esta zona de articulación. Cabe consignar
que la úvula también puede vibrar, como sucede en el soni-
do inicial de la palabra del francés rouge (‘rojo’).
l. Faringal. Un sonido faringal se articula en la cavidad farín-
gea. En mapudungun no hay sonidos faringales y tampoco en
español, pero sí ocurren en el árabe.
m. Glotal: Un sonido glotal se articula, precisamente, en la
glotis; esto es, en el espacio que se produce entre las cuer-
das vocales. El mapudungun no posee sonidos glotales, pero
en una lengua como el inglés, el sonido inicial de la palabra
hello se articula en esta zona. En el rapa nui, la lengua habla-
124 Se debe tener muy presente que en mapudungun la secuencia de letras <th> o
<tr> no tiene la pronunciación que se le da en español, donde, al menos en su versión
estándar, se distinguen claramente dos sonidos (“t” y “r”). En mapudungun, en cambio,
corresponde a una sola emisión. Este será un aspecto que desarrollamos en extenso en los
apartados siguientes.
157
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
da en Isla de Pascua, también ocurre este sonido, pero ade-
más ocurre un “golpe glotal”, el cual, a diferencia del soni-
do anterior, es oclusivo. En cuanto al español ―el español
hablado en Chile, en particular―, muy habitualmente la “s”
que ocurre en posición final de sílaba se articula con una
aspiración glotal “h” (también [h] en la notación fonética),
como en la palabra chispa, que habitualmente se pronuncia
chihpa ([ˈt͡ʃ[Link]], en transcripción fonética).
[Link]. Función de las cuerdas vocales (sonoridad)
Este parámetro se relaciona con el hecho de que las cuerdas vocales
puedan vibrar o no. Si es así, se dice que el sonido es sonoro; si, en cambio,
las cuerdas vocales no vibran, se dice que el sonido es áfono o sordo. Una
manera de chequear si un sonido es sonoro o áfono es poniendo un dedo
en nuestra garganta y pronunciarlo. Así, por ejemplo, si pronunciamos
todas las vocoides o algunos sonidos contoides como [m], [n], [l], etc.,
veremos que el dedo puesto en la garganta es sensible a la vibración de las
cuerdas vocales; mientras que si pronunciamos contoides como la [f], [s],
etc., notaremos que nuestro dedo no acusa esta vibración de las cuerdas
vocales, pues tal vibración no se produce, y, en consecuencia, se trata de
sonidos áfonos.
De los sonidos del mapudungun mencionados hasta aquí, todas las
vocoides, los sonidos iniciales de las palabras meli, wilki, ñuke y ruka, y
los intervocálicos de las palabras küla, kura y kayu son sonoros; mien-
tras que los sonidos iniciales de las palabras poñi, sañwe, küla y füt´a, son
áfonos.
Un caso interesante es el de los sonidos iniciales de las palabras folil
y domo, pues en la zona norte de habla mapuche su pronunciación suele
ser mayoritariamente sonora (volil y domo, respectivamente); mientras que
en la zona centro-sur y sur, su pronunciación suele ser mayoritariamente
áfona (folil y zomo, respectivamente).
Para la descripción de los sonidos se suele seguir el orden de los pa-
rámetros que hemos expuesto aquí, de modo que, por ejemplo, el sonido
[p] se describe como oclusivo, bilabial, áfono; [s], como fricativo, dorsoal-
veolar, áfono; [k], como oclusivo, velar, áfono; [m] como nasal, bilabial,
sonoro; [a] como baja, central, no redondeada; [u] como alta, posterior,
redondeada, etc.
158
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
2.3 La representación de los sonidos: el Alfabeto Fonéti-
co Internacional
Dado que nuestros sistemas de escritura no dan abasto para repre-
sentar la enorme variedad de sonidos presentes en las lenguas del mundo,
se han propuesto sistemas de símbolos que permitan alcanzar este obje-
tivo. A estos sistemas de símbolos los llamamos alfabetos fonéticos y cuando
hacemos uso de alguno de ellos, decimos que realizamos una transcripción
fonética. Una de las ventajas prácticas de utilizar un alfabeto fonético es
que podemos compartir nuestras transcripciones con cualquier persona
que esté familiarizada con este sistema de notación y se puede reproducir
un enunciado en cualquier lengua del mundo, sin necesidad de escucharlo
directamente de un hablante. Como hemos señalado, una de las conven-
ciones establecidas con respecto a las transcripciones fonéticas, indepen-
diente del alfabeto fonético que se utilice, es que esta se inicia y termina
con paréntesis cuadrados ([…]).
El alfabeto fonético más utilizado en la actualidad es el Alfabeto Fo-
nético Internacional (AFI, por su sigla en español e IPA, por su sigla en
inglés). A continuación presentamos este alfabeto y, posteriormente, hace-
mos algunos comentarios respecto de él.
159
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Imagen 3: Tabla de símbolos fonéticos propuestos por la International
Phonetic Association, traducida al español por el Dr. Alejandro Correa.
Consultable en el sitio web: [Link]
160
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Como se observa en la imagen 3, el Alfabeto Fonético Internacional
consiste en una serie de símbolos cardinales que tienen un correlato fóni-
co, y una serie de símbolos auxiliares, llamados diacríticos, los cuales pueden
añadirse a los símbolos cardinales para señalar alguna variación en ellos.
En el título del alfabeto que nos ocupa, se entrega una fecha de la versión
correspondiente ―en este caso, 2020―, pues, como es de esperar, este se
actualiza periódicamente.
El cuadro que inicia el alfabeto contiene las consonantes fonéticas
(contoides) que se producen con el aire que egresa de los pulmones, ca-
racterística que es, por lejos, la más común en los sonidos presentes en las
lenguas humanas. La primera columna de esta tabla contiene los nombres
de los distintos modos de articulación. Una de las diferencias respecto de
los modos que presentamos en [Link] es que en AFI no se incluyen las
consonantes africadas, pues se asume que hay dos sonidos en ellas. Sin
embargo, el hecho de que prácticamente estas consistan en una sola emi-
sión lleva a que habitualmente en los reportes de los sonidos de distintas
lenguas se incluyan en el cuadro principal (véase, por ejemplo, Hardman et
al., 2001; Sadowsky et al., 2013; Adamou y Arvaniti, 2014)125.
La primera fila, por su parte, contiene los distintos puntos de articu-
lación. En parte muy importante, estos coinciden con los que hemos ex-
puesto en [Link], aunque en nuestro caso preferimos distinguir las zonas
interdental y postdental, y las zonas palatal y postpalatal. Si tenemos a la
vista los sistemas fónicos del mapudungun y el español, estas parecen deci-
siones justificadas, pues, por ejemplo, en ambas lenguas, las consonantes
velares se desplazan levemente hacia la zona postpalatal, ante vocoides
anteriores.
Tal como se señala en la observación contenida bajo la tabla de sím-
bolos para las consonantes fonéticas, cuando hay más de un símbolo en
una celda, el de la izquierda representa un sonido áfono y el de la derecha,
uno sonoro; por ejemplo, [p] es áfono, mientras que [b] es sonoro.
Dos aspectos que es posible relevar de esta tabla, en general, son
que el modo de articulación fricativo ocurre en todos los puntos de arti-
culación y que el punto de articulación alveolar se despliega en todos los
modos de articulación.
Con respecto a los símbolos mismos, nótese que varios de ellos coin-
ciden con los que utilizamos en la escritura habitual (del español y de
otras lenguas); incluso, con el mismo correlato fónico, como en el caso de
[p], [m], [n], etc. También hay símbolos que se utilizan en la escritura del
125 Así lo haremos nosotros también, tal como se observará en las tablas que pre-
sentamos más adelante.
161
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
español, pero que no tienen el mismo correlato fónico, como en el caso
de [c], que en AFI no tiene ninguno de los valores fónicos que tiene en
una palabra como cinco (fricativo, alveolar, áfono; y oclusivo, velar, áfono,
respectivamente). Por último, hay símbolos que no utilizamos en nuestra
escritura habitual, pero que, como veremos, resultan fundamentales para
dar cuenta de la realidad fónica de las lenguas, en general, y del mapudungun,
en particular. Por ejemplo, [θ], [ʈ], [ɻ], [ŋ], entre otros.
El cuadro siguiente, más pequeño que el anterior, contiene una se-
rie de símbolos cuyos correlatos fónicos son sonidos contoides que no
son producidos con aire pulmonar. Se contienen ahí los sonidos clicks,
los sonidos ingresivos sonoros, y los sonidos eyectivos o glotalizados. En
relación con los clicks, como hemos señalado en algunos párrafos prece-
dentes, en nuestra lengua los solemos utilizar, pero con un valor paralin-
güístico; mientras que en otras pocas lenguas pueden construir palabras
y, en consecuencia, forman parte de su inventario de sonidos lingüísticos.
A la derecha de este cuadro, se presentan los símbolos que represen-
tan las vocoides o vocales fonéticas. Destaca, en primer lugar, la gran can-
tidad de ellos. Los parámetros utilizados para clasificar las vocoides son el
grado de cerrazón de la cavidad oral, la dirección de la lengua y la redon-
dez labial. Como se aprecia, en el primer caso, hay una leve diferencia con
respecto al primer parámetro que señalamos en 2.2.1. En efecto, el AFI
distingue entre vocales fonéticas cerradas y abiertas ―las cuales podemos
correlacionar con las vocoides altas y bajas, respectivamente―; mientras
que la altura “media” es en AFI un subparámetro que permite distinguir
entre las vocoides cerradas y abiertas. En los otros dos parámetros hay
coincidencia plena con lo que señalamos en 2.2.1: en cuanto a la dirección
de la lengua, se distinguen vocoides anteriores, centrales y posteriores; y,
tal como se plantea en la observación contenida bajo el trapezoide, cuan-
do ocurren dos vocoides en una misma coordenada articulatoria, la de la
izquierda no es redondeada y la de la derecha sí lo es. Así, por ejemplo, [u]
representa un sonido redondeado (además de posterior y alto o cerrado),
mientras que el sonido representado por [ɯ] no lo es.
Con respecto a los símbolos mismos, ocurre algo similar a lo que
sucedía con las contoides, en el sentido de que algunos de ellos coinci-
den con los que utilizamos en la escritura habitual (del español y de otras
lenguas); incluso, con el mismo correlato fónico, como en el caso de [a],
[o], [i], entre otros. También hay símbolos que utilizamos en la escritura
habitual, pero que no tienen el mismo correlato fónico, como en el caso de
[y], que en AFI representa una vocoide alta, anterior, redondeada (como
en el sonido de la vocal “u” de la palabra del francés jus), mientras que en
la grafía del español representa una contoide (como en el sonido inicial de
162
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
la palabra yate e intervocálico de la palabra oye). Por último, hay símbolos
que no se utilizan en la escritura habitual del español, pero que resultan
fundamentales para dar cuenta de la realidad fónica de otras lenguas, en
general, y del mapudungun, en particular, como en el caso de [ə] y [ɯ], como
veremos en detalle más adelante.
Bajo el cuadro de símbolos para consonantes “no pulmonares”, se
despliegan “Otros Símbolos”, entre los que se encuentran aquellos que re-
presentan sonidos que se co-articulan en distintos puntos de articulación.
De ellos, hay que relevar el símbolo “w”, el cual representa un sonido que
se co-articula en los puntos bilabial y velar, y que está presente en muchas
lenguas; entre ellas, el mapudungun (como en la palabra wenu ‘cielo, arriba’)
y el inglés (como en la palabra world ‘mundo’).
Bajo estos “Otros Símbolos”, se contienen los diacríticos, esto es,
un conjunto de símbolos de dimensiones más pequeñas que los símbo-
los cardinales, cuya misión es modificar en algún aspecto a los símbolos
de base, lo cual implica, a nivel fónico, que los sonidos cardinales sufren
algún tipo de modificación. Así, procesos fonético-fonológicos como el
ensordecimiento, la sonorización, la aspiración, el mayor o menor grado
de redondez labial, el adelantamiento o retracción, la centralización, la si-
labicidad o desilabización, la labialización, la palatalización, la velarización,
el ascenso o el descenso, la dentalización y la nasalización, entre otros, son
plasmados a través de estos símbolos modificadores. Para el caso del mapu-
dungun, por ejemplo, es importante la indicación de la (post)palatalización
del sonido velar [k], que deviene en el postpalatal [kʲ] (como en kiñe; foné-
ticamente, [ˈkʲi.ɲe] ‘uno’); también la indicación del ensordecimiento que
eventualmente se produce en las vocales del mapudungun hablado en Alto
Bío-Bío, tal como se plasma en los reportes de Mena (2013) y Salamanca et
al. (2015). Uno de los ejemplos plasmados allí es [ˈɲu.kʲe̥] (ñuke ‘madre’), lo
cual indica que se ensordeció la vocoide [e] de la sílaba átona final.
Bajo el trapezoide que contiene los símbolos correspondientes a las
vocales fonéticas, se despliegan los símbolos que plasman unidades supra-
segmentales; esto es, aquellos aspectos fónicos que requieren de los soni-
dos ―en tanto unidades segmentales/discretas, como las que describimos
en los párrafos precedentes― para poder desplegarse. Así, entre otros, se
plasman los símbolos para indicar si el acento de un enunciado es prima-
rio o secundario ([ˈ] y [ˌ], respectivamente); si la longitud de un segmento
fónico es larga ([ː]), semialargada ([ˑ]) o extrabreve ([ ̆ ]); y también se
plasma el símbolo para indicar la separación silábica ([.]). En este contexto,
los símbolos [ˌ], [.] y [ˈ] en una transcripción fonética como [ˌ[Link].ðu.
ˈŋun] nos indican que: a) en ella hay cuatro sílabas (donde las tres primeras
163
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
tienen una configuración “Consonante+Vocal”126; y la última, “Consonan-
te+Vocal+Consonante”127); b) el acento principal ([ˈ]) está en la última
sílaba, y c) hay un acento secundario ([ˌ]) en la primera de ellas. Nótese que
de acuerdo con el alfabeto que nos ocupa, para indicar la(s) sílaba(s) acen-
tuada(s), el símbolo respectivo se ubica precediendo a dicha(s) sílaba(s), y
no se plasma sobre la vocal correspondiente. Para mayor abundamiento,
si consideramos las transcripciones del español [ˈpɾak.t̪[Link]], [pɾak.ˈt̪[Link]] y
[pɾak.t̪i.ˈko], estas corresponderán a las palabras que en la grafía habitual
escribimos como “práctico”, “practico” y “practicó”, respectivamente. A
propósito de estos ejemplos, es importante no confundir acento con tilde,
pues el primero es un fenómeno lingüístico, mientras que la tilde es una
noción de la escritura.
Por último, bajo los símbolos que indican los aspectos suprasegmen-
tales, se contienen aquellos que plasman las variaciones en el tono. Esto
es particularmente útil para transcribir enunciados en las llamadas lenguas
tonales, es decir, aquellas donde el tono produce diferencias a nivel léxico y
entre las cuales no se cuenta el mapudungun, ni el español. En este contexto,
se distinguen alturas tonales niveladas y alturas tonales de contorno. En el primer
caso, la altura tonal se mantiene estable sobre el segmento (de hecho, se
le denomina también altura tonal mantenida); mientras que en el segundo
caso, la altura tonal se modula, esto es, se despliega como una melodía
que asciende o desciende (de hecho, se le denomina también altura tonal
modulada).
En cuanto a su representación, se proponen dos opciones: colocar
una(s) pequeña(s) línea(s) diagonal(es) u horizontal sobre la vocal corres-
pondiente; o colocar una línea vertical sobre la vocal correspondiente, y,
tomando esta línea como referencia, situar una pequeña línea horizontal
en la parte superior, media o inferior de ella, para indicar las alturas tonales
alta, media y baja, respectivamente. Así, por ejemplo, una notación como
[e̋] o [e˥] indica que el tono es muy alto; mientras que en el caso de [ȅ] o
[e˩] es, por el contrario, muy bajo. Considérense los siguientes enunciados,
donde se observa que Burquest (2009, p. 198) opta por el segundo tipo de
notación para plasmar algunos enunciados de la lengua nupe; una lengua
tonal, por cierto:
˥ ˧ ˩
ba ba ba
‘estar ácido’ ‘cortar’ ‘contar’
126 Abreviada como “CV” en el metalenguaje de las ciencias del habla.
127 Abreviada como “CVC” en el metalenguaje de las ciencias del habla.
164
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Nótese que en este caso solamente las diferencias de altura tonal
producen diferencias radicales de significado, pues los segmentos son los
mismos.
Al finalizar este apartado, planteamos dos recomendaciones:
a) Revisar el video que está en el siguiente sitio de la plataforma
Youtube: [Link] . Allí, el relator presenta la tabla
128
de símbolos del Alfabeto Fonético Internacional (IPA chart) de manera
detallada y didáctica. Para ello, como se podrá ver, muestra el símbolo
correspondiente y enuncia su correlato fónico (pronuncia cómo dicho
símbolo “suena”). Así, en el caso de las contoides, pronuncia el sonido en
la posición inicial ante la vocoide [a]; y luego, entre dos vocoides [a]. Por
ejemplo, para ilustrar el sonido del símbolo [p], pronuncia en primer lugar
[pa] y luego la secuencia [a.ˈpa] (esto se realiza abarcando íntegramente
cada punto de articulación)129
b) Si el lector quiere familiarizarse aún más con la transcripción fo-
nética, recomendamos visitar el sitio [Link] Allí, grosso
modo, dispondrá de una suerte de pizarra, donde puede plasmar los sím-
bolos y diacríticos del AFI, los cuales se pueden obtener directamente del
teclado propuesto por defecto, o de distintas pestañas ad hoc130.
2.4 Los sonidos del mapudungun
A continuación, presentamos las vocales y consonantes fonéticas que
están presentes en el mapudungun. Estos segmentos serán descritos tanto
con el metalenguaje técnico propio de la fonética articulatoria que hemos
presentado aquí, como también con un lenguaje más cotidiano para faci-
litar su pronunciación.
Ejemplificamos los segmentos vocoides en tres posiciones: inicial
(señalada en el metalenguaje técnico como #__), entre consonantes (seña-
lada en el metalenguaje técnico como C__C) y en posición final (señalada
en el metalenguaje técnico como __#). Para el caso de las consonantes, se
128 Se puede facilitar el acceso, también, colocando en el buscador del caso o en
Youtube lo siguiente: “the complete official ipa chart”.
129 Valga señalar que el hecho de que el video esté en inglés no lo hemos estimado
como una dificultad insalvable, pues los comentarios en esta lengua son acotados y gene-
ralmente se refieren a aspectos que están explícitos en la tabla analizada.
130 También se puede facilitar el acceso, colocando “i2speak” en el buscador del
caso.
165
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
consideran las mismas posiciones, pero se reemplaza la posición intercon-
sonántica, por la intervocálica (V__V)131.
2.4.1. Sonidos vocoides
[Link]. [a]: vocoide baja, central, no redondeada
No hay una diferencia perceptible prominente respecto del mismo
sonido del español de Chile. En un proceso de enseñanza-aprendizaje,
este segmento no debiera representar dificultades para su pronunciación.
Ejemplos:
#__ C__C __#
[ˈ[Link]] ‘gallo’ [ˈ[Link]] ‘tierra’ [ka] ‘y’
[Link]. [e]: vocoide media, anterior, no redondeada
Al igual que en el caso anterior, tampoco hay una diferencia percep-
tible prominente respecto del mismo sonido del español de Chile. Este
segmento tampoco debiera presentar dificultades para su pronunciación.
Ejemplos:
#__ C__C __#
[ˈ[Link]] ‘dos’ [ˈ[Link]] ‘cuatro’ [me.ˈ[Link]] ‘cántaro’
[Link]. [i]: vocoide alta, anterior, no redondeada
Este es un sonido que, al igual que en los casos anteriores, no posee
diferencias perceptibles prominentes respecto del que se utiliza en el es-
pañol de Chile. Tampoco debiera presentar dificultades para su pronun-
ciación.
Ejemplos:
#__ C__C __#
[ˈ[Link]] ‘carne’ [pi.ˈmun] ‘soplé’ [ˈ[Link]] ‘isla’
131 Nótese que el signo “__” indica la ubicación del segmento que se pone en
foco; mientras que “#” indica el límite inicial o final de un enunciado (de ahí que #__ y
__# impliquen que el segmento puesto en foco ocurre al inicio y el final de un enunciado,
respectivamente).
166
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
[Link]. [o]: vocoide media, posterior, redondeada
Este segmento está en el paradigma de los ya señalados, en el sentido
de que no posee diferencias perceptibles prominentes respecto del que se
utiliza en el español de Chile y que en un proceso de enseñanza-aprendi-
zaje no debiera presentar dificultades para su pronunciación.
Ejemplos:
#__ C__C __#
[o.ˈko.ɻi.] ‘peuco’132 [ˈ[Link]] ‘cueva’ [ko] ‘agua’
Cabe señalar que en ocasiones se ejemplifica la presencia de esta vo-
coide en posición inicial con la palabra [o.ˈ[Link]]133, la cual corresponde,
claramente, a un préstamo del español que se ha adaptado a la estructura
fónica del mapudungun134. Recurrir a este ejemplo hace visible el hecho de
que la frecuencia de este segmento en posición inicial es escasa en ma-
pudungun. Para mayor abundamiento, el Diccionario araucano-español y espa-
ñol-araucano de Augusta (1916) contiene sólo 16 entradas para la letra “o”,
la cual representa este sonido en la escritura.
[Link]. [u]: vocoide alta, posterior, redondeada
Esta vocoide no constituye una excepción con respecto a lo ya se-
ñalado para los sonidos precedentes, en el sentido de que no difiere de
manera perceptible respecto de la vocoide que se utiliza en el español de
Chile y que en un proceso de enseñanza-aprendizaje no debiera presentar
dificultades para su pronunciación.
Ejemplos:
#__ C__C __#
[ˈ[Link]] ‘abuela
[u.ˈman] ‘alojarse’ [pu] ‘pluralizador’
paterna’
132 Valga recordar que el símbolo fonético [ɻ] representa un sonido muy similar al
que se presenta en el inglés en una palabra como “run” (‘correr’), y no a la “r” o “rr” del
español estándar.
133 En la zona que nos ocupa, la palabra correspondiente es ufisha (fonéticamente,
[u.ˈfi.ʃa]).
134 La palabra correspondiente en español es, por cierto, “oveja”.
167
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
[Link]. [ə]: vocoide media, central, no redondeada
A diferencia de los casos anteriores, el sonido [ə] no se presenta
en español. Puede resultar una pronunciación bastante aproximada, si
abrimos levemente la boca y emitimos un sonido sin que hagamos un
esfuerzo especial o dispongamos los órganos de la fonación de manera
particular. De hecho, dado que este sonido se ubica en la zona central y
media del tracto oral, se puede describir como un sonido “neutro”. Pa-
rafraseando a Salas (1992b, p. 73), podemos señalar que este segmento
se escucha como una e poco distinguible (lo que podría ser un buen test
para saber si nos estamos aproximando a una adecuada pronunciación de
él). En principio, no debería resultar un sonido especialmente complejo
de articular, lo cual no quiere decir que sea un sonido que no requiera
práctica135.
A modo de referencia, la producción de este sonido se puede ver y
escuchar en el link que contiene la ejemplificación de los correlatos fónicos
de los símbolos del Alfabeto Fonético Internacional y que fue sugerido en
la parte final del apartado anterior ([Link]
Específicamente, entre 9’50’’ y 9’52’’.
Ejemplos:
#__ C__C __#
[ə[Link].ˈ[Link]] ‘cantor’ [təˈfa] ‘este’ [ˈan̪.t̪ə] ‘sol’
Con respecto al último ejemplo, hay que recordar que el símbolo
[ ̪ ] es el diacrítico que el Alfabeto Fonético Internacional propone para
indicar que el sonido representado por el símbolo principal (los sonidos
alveolares [t] y [n], en este caso) se ha desplazado levemente hacia la zona
dental (en el caso que nos ocupa, de manera más precisa, hacia la zona
interdental). En consecuencia, como veremos en detalle cuando nos re-
firamos a las consonantes fonéticas, en este tipo de sonidos el ápice de la
lengua se ubica entre los incisivos y es visible para el interlocutor.
[Link]. [ɯ]: vocoide alta, posterior, no redondeada
Al igual que [ə], este sonido no forma parte del inventario de sonidos
del español. Se suele remarcar que debería resultar un sonido bastante
135 Esto último es particularmente cierto en el caso de alguien que está altamente
familiarizado con los sonidos del español, pues al ser [ə] un segmento que no está presente
en el inventario de sonidos de la lengua mayoritaria, la inercia de esta última puede llevar a
que este sonido se realice como algunos de los sonidos que sí están en dicha lengua.
168
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
aproximado si se articula “[...] una u, pero con los labios puestos en la
posición de la i […]”136 (Salas 1992b, p. 73).
La producción de este sonido se puede ver y escuchar en el link ya
indicado; específicamente, entre 10’17’’ y 10’19’’.
Ejemplos:
#__ C__C __#
[ɯl] ‘canto’ [ˈkɯ.la] ‘tres’ [an̪.ˈt̪ɯ] ‘sol’
Es necesario señalar que los dos últimos sonidos vistos ([ə] y [ɯ])
pertenecen a la misma “familia de sonidos” (pertenecen al mismo fone-
ma), lo cual implica que ―en términos perceptuales, al menos― la distinti-
vidad entre ellos es menor respecto de aquellos sonidos que pertenecen a
“familias” de sonidos distintas (como estos dos segmentos con respecto a
los sonidos vocoides [a e i o u]). Esto, en el caso que nos ocupa, repercute
en que, por lo general, [ə] y [ɯ] alternan en las mismas posiciones en que
ocurren, de modo que, para efectos de un proceso de enseñanza-aprendi-
zaje de la pronunciación de esta lengua, lo fundamental es que no se arti-
culen los sonidos [a], [e], [i], [o], o [u] allí donde corresponde [ə]/[ɯ]. Por
cierto, [ə]/[ɯ] corresponde a lo que se ha denominado como la sexta vocal
del mapudungun, a la cual hemos hecho alusión en apartados precedentes.
Para mayor abundamiento, es importante recalcar que en algunas va-
riantes del mapudungun la presencia del segmento [ɯ] se ha ido reduciendo,
en favor de [ə], probablemente por razones tipológicas y articulatorias,
pues en las lenguas en general, [ɯ] es menos común que [ə] e implica un
mayor gasto de energía en su articulación (Burquest, 2009, pp. 47-50). Es
lo que sucede, por ejemplo, en la variante pewenche del Alto Bío-Bío, tal
como consta en el reporte de Mena et al. (2019).
Cuadro resumen de sonidos vocoides
En los estudios sobre la fonética y fonología de las lenguas, es común
presentar los inventarios de vocales y consonantes a través de cuadros
ad hoc. Para el caso del mapudungun, el cuadro de sonidos vocoides es el
siguiente.
136 Esto es, sin redondez labial.
169
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Imagen 4: Cuadro resumen de sonidos vocoides (elaboración de los autores).
2.4.2. Sonidos contoides
[Link]. Sonidos contoides oclusivos
Recordemos que en el caso de los sonidos oclusivos se produce un
contacto total de los órganos implicados en la producción del sonido y
una resolución abrupta o violenta del mismo.
[Link].1. [p]: contoide oclusiva, bilabial, áfona
Como vemos, el símbolo fonético que representa este sonido coin-
cide con el que se utiliza en la grafía de muchas lenguas; entre ellas, la del
español. Esta coincidencia se produce también a nivel de la pronunciación
asociada.
Ejemplos:
#__ V__V
[ˈpɯ[Link]] ‘vino’ [ˈ[Link]] ‘tierra’
Es importante señalar que la omisión del ejemplo en posición final
obedece a que en mapudungun este sonido no ocurre en dicha posición. Y
no sólo en posición final de un enunciado, sino que la restricción se extien-
de a la posición final de la sílaba, en general. Como veremos, esta restric-
ción contextual aplica para todos los segmentos oclusivos del mapudungun.
[Link].2. [t]: contoide oclusiva, alveolar, áfona
Como vemos, el símbolo con que se plasma este sonido también se
utiliza en la grafía de muchas lenguas; entre ellas, la del español. Ahora,
en un sentido estricto, hay una diferencia entre el sonido asociado a este
símbolo en mapudungun y en la lengua mayoritaria. Esta diferencia radica
170
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
en que en español el sonido asociado a “t” se articula en la cara interior de
los dientes superiores (es un sonido cuyo punto de articulación es la zona
postdental), mientras que en mapudungun se articula ligeramente más atrás
(en los alveolos).
Ejemplos:
#__ V__V
[tun] ‘tomar’ [ˈ[Link]] ‘todavía’
[Link].3. [t̪]: contoide oclusiva, interdental, áfona
El sonido asociado a este símbolo, en mapudungun, no está presente
en español137, aunque tal como el símbolo lo sugiere, tiene una semejanza
articulatoria con el sonido alveolar que hemos descrito anteriormente ([t]).
La diferencia entre ambos está en el punto de articulación, pues, mientras
[t] se articula en la zona alveolar, [t̪] se articula con el ápice de la lengua
entre los dientes, siendo esto visible para el interlocutor. Este aspecto hay
que tenerlo presente porque este segmento, a pesar de tener una importan-
te semejanza articulatoria con [t], no forma parte de la misma “familia de
sonidos” en el plano funcional, tal como veremos en el apartado corres-
pondiente a la fonología del mapudungun.
En la imagen 5 se muestra la producción de este sonido por parte de
un hablante de Alto Bío-Bío.
Imagen 5: Segmento interdental [t̪], producido por un hablante de Alto Bío-Bío
(imagen obtenida en el contexto del proyecto Fondecyt 1131095).
137 Esto en términos generales, porque de acuerdo con Lara (2023), en el español
de Chile hay un número no despreciable de realizaciones interdentales de la “d”, y, proba-
blemente, también las haya para aquellos sonidos que en la escritura representamos con la
letras “t”.
171
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Tal como hemos señalado, en la imagen 5 se aprecia cómo el ápice de
la lengua se sitúa entre los dientes y esto es visible para el interlocutor del
hablante, o para quienes observan esta imagen, en el caso de los lectores
de este texto.
La producción de este sonido se puede ver y escuchar también en el
link ya indicado; específicamente, entre 12’09’’ y 12’12’’.
Ejemplos:
#__ V__V
[t̪a.ˈpɯl̪] ‘hoja’ [mə.ˈt̪a] ‘cuerno’
Hay que hacer presente que la vigencia de este sonido es materia de
controversia en los estudios sobre la fonía del mapudungun. Croese (1980,
p. 14), por ejemplo, señala que “[…] las interdentales están prácticamente
perdidas”, lo que debe tomarse con cautela a la luz de otros reportes, como
los de Harmelink (1996), Sadowsky et al. (2013) y Salamanca et al. (2017)
(por lo menos para ciertas zonas de habla mapuche). En este contexto, los
autores de este texto sostenemos la vigencia de estos segmentos en la zona
que nos ocupa, por lo cual enfatizamos la conveniencia de no fusionar el
segmento interdental [t̪] con el segmento alveolar [t] en la pronunciación.
Por lo señalado, además, este segmento requerirá de una atención
preferente en un proceso de enseñanza-aprendizaje de la lengua.
[Link].4. [ʈ]: contoide oclusiva, retrofleja, áfona
Tal como el símbolo fonético sugiere, este sonido tiene una seme-
janza articulatoria con el que hemos descrito como oclusivo, alveolar [t].
Ahora bien, al igual que entre [t] y [t̪], la diferencia entre [t] y [ʈ] está en el
punto de articulación; pero, a diferencia de [t̪] ―donde el ápice de la lengua
se ubica en una zona de articulación más anterior (entre los dientes)―, en
el caso de [ʈ], este es un sonido retroflejo, lo cual implica que el ápice de la
lengua se eleva y se curva hacia la zona posterior del tracto oral (hacia el
centro del paladar).
La producción de este sonido se puede ver y escuchar en el link ya
indicado; específicamente, entre 3’48’’ y 3’56’’.
Ejemplos:
#__ V__V
[ˈʈ[Link]] ‘ají’ [ˈpɯ.ʈa] ‘estómago’
172
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Cabe señalar, tal como veremos en la sección de fonología, que este
sonido no está emparentado funcionalmente con el sonido alveolar [t], ni
con el sonido interdental [t̪], de modo que las pronunciaciones [ˈ[Link]] o
[ˈt̪[Link]] para [ˈʈ[Link]] no serían tan precisas. En cambio, sí está emparenta-
do funcionalmente con el sonido [ʈ͡ʂ], el cual será descrito en la sección
de los segmentos africados. De hecho, en la mayor parte del territorio
donde se habla la lengua mapuche, este último es el segmento más
frecuente y el que en un proceso de enseñanza-aprendizaje se reco-
mienda que sea ejercitado prioritariamente.
[Link].5. [k]: contoide oclusiva, velar, áfona
Como vemos, el símbolo fonético que representa este sonido coin-
cide con el que se utiliza en la grafía de muchas lenguas; entre ellas, la del
español. Tal coincidencia con esta última se produce también a nivel de la
pronunciación asociada.
Ejemplos:
#__ V__V
[ˈkɯ.me] ‘bueno’ [pi.ˈku] ‘norte’
[Link].6. [kʲ]: contoide oclusiva, postpalatal, áfona
Este sonido se articula ligeramente más adelantado que [k]. Esto
ocurre ante las vocoides [e] e [i], las cuales, por ser segmentos ubicados
en la parte más anterior del tracto oral, “desplazan” levemente al sonido
[k] de su posición en el velo del paladar hacia dicha posición más anterior.
Para efectos de pronunciación, este segmento no debería constituir un
foco de atención preferencial, pues, tanto para un hablante de mapudungun,
como para un hispanohablante, este proceso de asimilación articulatoria
ocurre de manera automática.
Ejemplos:
#__ V__V
[ˈkʲe.lə] ‘rojo’ [pu.ˈkʲem] ‘invierno’
[Link]. Sonidos contoides africados
Recordemos que en el caso de los sonidos africados se produce un
contacto total de los órganos implicados en la producción del sonido y
una resolución continua.
173
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
[Link].1. [t͡ʃ]: contoide africada, alveopalatal, áfona
Si bien el símbolo fonético que representa este sonido no forma par-
te de la grafía de muchas de las lenguas que conocemos ―y, en consecuen-
cia, al verlo, no lo asociamos inmediatamente con un sonido específico―,
corresponde a lo que el alfabeto del español representa con el dígrafo
“ch”.
Ejemplos:
#__ V__V
[ˈt͡ʃ[Link]] ‘trenza’ [ˈkʲe.t͡ʃu] ‘cinco’
Nótese que en este caso tampoco entregamos un ejemplo para la
posición final. Esto se debe a que, así como en el caso de los segmentos
oclusivos, los sonidos africados no ocurren en posición final de sílaba en
mapudungun.
[Link].2. [ʈ͡ʂ]: contoide africada, retrofleja, áfona
Al igual que en el caso de [t͡ʃ], el símbolo fonético que representa
este sonido no forma parte de la grafía de las lenguas más conocidas, y,
en consecuencia, al verlo, no lo asociamos inmediatamente con un sonido
específico. A diferencia de [t͡ʃ], sin embargo, no tiene una pronunciación
afín en el español estándar; pero sí en el inglés. En efecto, una pronuncia-
ción muy semejante a la de este sonido del mapudungun se presenta en la
secuencia “tr” de una palabra del inglés como “truck”.
Este sonido requeriría de una práctica importante para no pronun-
ciarlo como se pronuncia la secuencia “tr” del español estándar. Darle esta
pronunciación sería inapropiado por dos razones: a) el mapudungun, como
hemos señalado, no tiene en su inventario fónico el sonido de la “ere”
(tampoco de la “erre”); y b) la estructura silábica del mapudungun no permite
una secuencia de dos segmentos para iniciar o terminar una sílaba (es por
ello que [ʈ͡ʂ] lleva una ligadura, lo cual sugiere que si bien este sonido al ser
africado tiene dos momentos, se emite y se percibe como una sola unidad).
Ejemplos:
#__ V__V
[ˈʈ͡ʂ[Link]] ‘ají’ [ˈpɯ.ʈ͡ʂa] ‘estómago’
Cabe recordar aquí lo que dijimos en [Link].4 en cuanto a que los
sonidos [ʈ] y [ʈ͡ʂ] están emparentados funcionalmente (forman parte de la
174
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
misma “familia de sonidos”). Es por ello que hemos plasmado los mismos
ejemplos para ambos segmentos. También señalamos que [ʈ͡ʂ] es el sonido
que ocurre en la mayor parte del territorio donde se habla la lengua mapu-
che y el que, en consecuencia, se pronuncia por defecto. Así las cosas, si
bien [ˈʈ[Link]] ‘ají’ y [ˈpɯ.ʈa] ‘estómago’ ―esto es, con el segmento oclusivo
[ʈ]― son pronunciaciones posibles en algunas zonas de habla mapuche,
lo más habitual es que se pronuncien como [ˈʈ͡ʂ[Link]] y [ˈpɯ.ʈ͡ʂa], respecti-
vamente. De hecho, en la zona l´afken´che que nos ocupa, la pronun-
ciación con el segmento africado [ʈ͡ʂ] es la forma que los hablantes
consideran la pronunciación “correcta” de este segmento.
También es importante hacer presente que este segmento, y algunos
muy similares, ocurren en el español hablado en Chile y se han constituido
en un tópico de investigación relevante en los estudios sociofónicos de
esta variedad del español. Algunos trabajos prominentes en esta dirección
son los de Figueroa (2008), Figueroa et al. (2010) y Araneda et al. (2019).
Este sonido ha resultado de interés también para los estudios que
se han ocupado de la influencia del mapudungun en el español de Chile.
En efecto, este tópico, muy interesante y a la vez muy controversial, ha
tenido en este segmento una de las posibles evidencias de esta influencia.
No abundaremos en ello aquí, pero sugerimos el trabajo de Sadowsky
(2020) para un examen exhaustivo de este tópico en el nivel de análisis
fonético-fonológico.
[Link]. Sonidos contoides fricativos
Como hemos dicho, en este tipo de sonidos se produce un contacto
parcial de los órganos que intervienen en la producción del sonido y una
resolución continua (se produce roce o fricción).
[Link].1. [f]: contoide fricativa, labiodental, áfona
Como se observa, el símbolo fonético que representa este sonido
coincide con el que se utiliza en la grafía de muchas lenguas; entre ellas, la
del español. Tal coincidencia se produce también a nivel de la pronuncia-
ción asociada.
Ejemplos:
#__ V__V __#
[pa.ˈ[Link]]
[ˈ[Link]] ‘culebra’ [lif] ‘limpio’
‘jugador de palín’
175
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Con respecto a este segmento, conviene hacer algunos comentarios.
En primer lugar, es importante señalar que, desde un punto de vista fun-
cional, la “familia de sonidos” a la que pertenece [f] está compuesta por
otros tres sonidos ([ɸ], [v] y [β]), cuyas características serán detalladas en
seguida. Por otra parte, conviene señalar que desde un punto de vista dia-
lectal, un segmento como el que nos ocupa es característico de la zona
centro-sur y sur de habla mapuche (en consecuencia, es habitual en la zona
que hemos tomado como referencia). En términos más generales, desde
el punto de vista articulatorio, es la ocurrencia fuertemente preferente del
rasgo áfono lo que caracteriza a esta zona geográfica. Por último, como se
habrá observado, hemos plasmado un ejemplo en la posición final, pues,
a diferencia de los segmentos oclusivos y africados, el segmento fricativo,
áfono, labiodental, en particular, y prácticamente todo segmento fricativo,
en general, puede ocurrir en posición final de sílaba, tal como se verá
también en los ejemplos de los sonidos que se presentan a continuación.
[Link].2. [ɸ]: contoide fricativa, bilabial, áfona
Como la descripción articulatoria lo evidencia, este es un sonido si-
milar a [f]; la diferencia solo estriba en el punto de articulación. En efecto,
en el caso de [f] los órganos que entran en contacto son los dientes supe-
riores y el labio inferior, mientras que en el caso de [ɸ], son ambos labios
los que presentan un contacto parcial. Una forma muy gráfica de describir
este sonido es referirlo como “un leve soplido”.
La producción de este sonido se puede ver y escuchar en el link ya
indicado; específicamente, entre 2’05’’ y 2’09’’.
Ejemplos:
#__ V__V __#
[pa.ˈli.ɸe]
[ˈɸ[Link]] ‘culebra’ [liɸ] ‘limpio’
‘jugador de palín’
Como se aprecia, hemos reiterado los ejemplos vistos para el seg-
mento anterior; esto con la finalidad de reforzar la idea de que estos seg-
mentos pertenecen a la misma “familia de sonidos” y que son intercam-
biables unos por otros; aunque se debe señalar que [f] es la realización
más frecuente y que para efectos de un proceso de enseñanza-aprendizaje
debería ser usada de manera preferente en la zona centro-sur y sur de
habla mapuche.
176
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
[Link].3. [v]: contoide fricativa, labiodental, sonora
El símbolo fonético que representa este sonido, como se puede ob-
servar, ocurre también como una letra en la grafía de muchas lenguas,
entre ellas el español; pero su correlato fónico en la lengua española es un
tema no tan sencillo de despejar, pues, mientras en el español de Chile la
letra “uve” puede representar tanto un sonido labiodental (fricativo [v],
o aproximante [ʋ]), como bilabial (oclusivo [b], o aproximante [β̞]), en
el español en general se ha reportado que, por lejos, las pronunciaciones
asociadas a esta letra se reducen solo a las pronunciaciones bilabiales [b]
y [β̞]138. Dicho esto, como entendemos que por la inercia de la instrucción
formal en Chile ―especialmente en la enseñanza primaria, con un alto
componente normativo― asociamos “v” con una pronunciación labio-
dental, esto se condice con lo que el símbolo fonético [v] tiene como
correlato a nivel fónico en el mapudungun (especialmente, de la zona norte).
Ejemplos:
#__ V__V __#
[pa.ˈ[Link]]
[ˈ[Link]] ‘culebra’ [liv] ‘limpio’
‘jugador de palín’
Al igual que en los casos anteriores, conviene hacer aquí algunos
comentarios. En primer lugar, conviene reforzar la idea de que, desde un
punto de vista dialectal, un segmento como el que nos ocupa es caracte-
rístico de la zona norte de habla mapuche (por ejemplo, en los enclaves
de habla mapuche de las provincias de Arauco y de Bío-Bío). En términos
articulatorios más generales, es la ocurrencia mayoritaria del rasgo sonoro
lo que caracteriza a esta zona geográfica. En este mismo contexto, es im-
portante señalar que si bien es posible que ocurran realizaciones sonoras
no labiodentales [β] en la zona norte de habla mapuche, es [v] el segmento
más frecuente. Por otro lado, para ejemplificar este segmento, también
hemos reiterado las palabras vistas para [f] y [ɸ], esto con la finalidad de
reforzar la idea de que estos segmentos pertenecen a la misma “familia de
sonidos” y que, desde un punto de vista funcional, no así dialectal, son
intercambiables unos por otros.
138 Si se requiere profundizar en el tema del labiodentalismo en Chile, sugerimos
consultar las siguientes referencias: Sadowsky (2010), Vergara y Pérez (2013), Soto-Barba,
et al. (2015), Figueroa y Evans (2020), y Díaz et al. (2020).
177
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
[Link].4. [β]: contoide fricativa, bilabial, sonora
Como la descripción articulatoria lo evidencia, este es un sonido si-
milar a [v]. La diferencia estriba en el punto de articulación. En efecto, en
el caso de [v], los órganos que entran en contacto son los dientes supe-
riores y el labio inferior; mientras que en el caso de [β], son los dos labios
los que tienen contacto (parcial). A modo de referencia, la producción de
este sonido se puede ver y escuchar en el link ya indicado; específicamente,
entre 2’10’’ y 2’15’’.
Ejemplos:
#__ V__V __#
[pa.ˈli.βe]
[ˈβ[Link]] ‘culebra’ [liβ] ‘limpio’
‘jugador de palín’
Como se ve, aquí hemos reiterado los ejemplos vistos en los últimos
tres segmentos; esto con la finalidad de reforzar la idea de que [ɸ], [f], [v]
y [β] pertenecen a la misma familia de sonidos y que son intercambiables
unos por otros, aunque con la salvedad que hemos hecho, en cuanto a
que [v] es más frecuente que [β] y que para efectos de un proceso de
enseñanza-aprendizaje, si se toma como referencia la zona norte de
habla mapuche, [v] ameritaría ser practicada de manera preferente,
pues, como hemos señalado, en la zona l´afken´che que hemos
tomado como referencia, [f] es el segmento prominente.
[Link].5. [θ]: contoide fricativa, interdental, áfona
Como la descripción articulatoria lo sugiere, la pronunciación de este
sonido es muy similar a la que produce un hablante del español de España
cuando articula la letra “z” (y en muchos casos “c”) en una palabra como
“zapato”, o cuando un anglohablante pronuncia la secuencia “th” en una
palabra como “think” (‘pensar’), esto es, deslizando la lengua entre los
dientes, sin que vibren las cuerdas vocales. En un proceso de enseñan-
za-aprendizaje del mapudungun, este segmento requeriría de una ejercita-
ción importante.
La producción de este sonido se puede ver y escuchar en el link ya
indicado; específicamente, entre 2’48’’ y 2’54’’.
Ejemplos:
178
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
#__ V__V __#
[ˈθ[Link]] ‘mujer’ [ku.ˈθi] ‘piedra de moler’ [t͡ʃoθ] ‘amarillo’
Con respecto a este sonido, conviene hacer algunos comentarios. En
primer lugar, es importante señalar que desde un punto de vista funcional,
[θ] integra la misma “familia de sonidos” que [ð], cuyas características arti-
culatorias serán detalladas en seguida. Por otra parte, conviene señalar que
desde un punto de vista dialectal, [θ] se comporta de manera similar a [f]
(y [ɸ]), toda vez que es característico de la zona centro-sur y sur de habla
mapuche (por ejemplo, la zona l´afken´che que nos ocupa).
[Link].6. [ð]: contoide fricativa, interdental, sonora
Como la descripción articulatoria lo evidencia, este es un sonido si-
milar a [θ] (se articula deslizando el ápice de la lengua entre los dientes). La
diferencia estriba en la sonoridad, pues, en el caso de [θ], las cuerdas voca-
les no vibran; mientras que en [ð], tal vibración sí ocurre. En el inglés, por
ejemplo, este sonido es representado por la secuencia “th” en una palabra
como “these” (‘estos/as’).
La producción de este sonido se puede ver y escuchar en el link ya
indicado; específicamente, entre 2’10’’ y 2’15’’.
Ejemplos:
#__ V__V __#
[ku.ˈði]
[ˈð[Link]] ‘mujer’ [t͡ʃoð] ‘amarillo’
‘piedra de moler’
Conviene reforzar la idea de que ―al igual que en el caso de [f], [ɸ],
[v] y [β]―, desde un punto de vista dialectal, un sonido como el que nos
ocupa es característico de la zona norte de habla mapuche (por ejemplo,
en los enclaves de habla mapuche de las provincias de Arauco y de Bío-
Bío). En términos más generales, desde el punto de vista articulatorio, es
la ocurrencia mayoritaria del rasgo sonoro lo que caracteriza a esta zona
geográfica. Por otro lado, aquí hemos reiterado los ejemplos vistos para el
segmento [θ]; esto con la finalidad de reforzar la idea de que [θ] y [ð] per-
tenecen a la misma “familia de sonidos” y que son intercambiables el uno
por el otro, aunque con la salvedad de que [θ] es sustantivamente más
frecuente en la zona centro y centro-sur de habla mapuche (y, en
consecuencia, en la zona l´afken´che que nos ocupa); mientras que
179
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
[ð] lo es en la zona norte de habla mapuche. Esto, por cierto, se debe tener
presente al momento de llevar a cabo un proceso de enseñanza-aprendi-
zaje de la lengua; entre otras cosas, porque el segmento que debería refor-
zarse en la zona centro-norte sería [ð]; mientras que en la zona centro-sur
y sur sería [θ].
[Link].7. [s]: contoide fricativa, alveolar, áfona
El símbolo fonético que representa este sonido, como se observa,
coincide con una letra que está presente en la grafía de muchas lenguas;
entre ellas, la del español. Los correlatos fónicos son también coinciden-
tes, de modo que este segmento no requeriría de una dedicación promi-
nente en términos de su práctica para una adecuada pronunciación en
mapudungun.
Ejemplos:
#__ V__V __#
[ˈsaɲ.we] ‘chancho’ [a.ˈsus] ‘ajo’ [a.ˈsus] ‘ajo’
Cabe destacar que el segmento que nos ocupa tiene una muy baja fre-
cuencia en el mapudungun ―de hecho, dos de los ejemplos dados constitu-
yen evidentes préstamos del español―, lo cual contrasta con lo que ocurre
en español, donde, al contrario, es uno de los segmentos más frecuentes
(Pérez, 2003).
[Link].8. [ʃ]: contoide fricativa, alveopalatal, áfona
Como se observa, el símbolo fonético que representa el sonido que
nos ocupa no tiene un correlato en la escritura de muchas de las lenguas
conocidas, por lo que, al verlo, no lo asociamos inmediatamente con un so-
nido en particular. Sin embargo, el sonido en cuestión es familiar para los ha-
blantes del español hablado en Chile, pues ocurre en esta variante dialectal.
En cuanto a su articulación, se suele decir de manera coloquial que quienes
articulan este segmento “arrastran la ch”, lo cual se asocia con un compo-
nente de estigmatización, tal como se releva, por ejemplo, en los estudios
clásicos de Tassara (1992) y Valdivieso (1998-1999), entre muchos otros;
y en los más recientes de Figueroa et al. (2013), Sadowsky (2015) y Haska
(2018), también entre otros. Sin embargo, como ha establecido la lingüística,
esta connotación negativa que en ocasiones se atribuye en español de Chile a
este sonido no tiene un alcance translingüístico, pues este mismo segmento
ocurre en el inglés ―como en la palabra “show”― y en esta lengua no tiene
180
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
connotación negativa alguna. Ni siquiera en las demás variantes del español
en que este sonido ocurre tiene esta connotación, tal como se comprueba
con el hecho de que este segmento ocurre en el español de Argentina en
una palabra como “yo” (“sho”; [ʃo], en transcripción fonética), sin que se
produzca estigmatización alguna por el hecho de utilizar este sonido.
En cuanto al mapudungun, este es un sonido particularmente intere-
sante, tanto desde el punto de vista de su ocurrencia como fenómeno fo-
nético concreto, así como desde el punto de vista de su funcionalidad. En
relación con lo primero, cabe señalar que este sonido no ocurre en todos
los territorios de habla mapuche. Por ejemplo, respecto de Alto Bío-Bío,
Sánchez (1989) y Salamanca (1997) coinciden en señalar que este segmen-
to no ocurre en esa zona; mientras que en un reporte más reciente, Sala-
manca y Mena (2017) establecen su ocurrencia, pero con una frecuencia
extremadamente marginal. Un caso similar ocurre en la zona de Lonqui-
may e Icalma, tal como se plasma en los reportes de Sánchez y Salamanca
(2015), y Urrea y Salamanca (2021), respectivamente. Sin embargo, en la
zona sur del cordón cordillerano ―específicamente, en la zona de Cura-
rrehue―, este segmento tiene una ocurrencia sistemática, tal como se des-
prende del reporte de Pérez y Salamanca (2017). Algo similar ocurre en las
zonas costeras de Los Álamos, Tirúa e Isla Huapi, tal como se plasma en
los reportes de Saldivia y Salamanca (2020), Salamanca y Quintrileo (2009)
y Painequeo (2015), respectivamente.
En cuanto al aspecto funcional, como veremos en el apartado de Fo-
nología, este segmento tiene un comportamiento variado, pues en algunas
zonas donde ocurre lo hace como parte de la misma “familia de sonidos”
de [s] o [t͡ʃ]; mientras que en otras zonas, como la que nos ocupa, forma
parte de una “familia de sonidos” diferente, tanto de [s] como de [t͡ʃ].
Ejemplos:
#__ V__V __#
[ʃəm.ˈʃɯ.mi ɲi ˈʈ͡ʂ[Link]]
[ka.ˈʃɯ] ‘color gris’ [pa.ˈɲuʃ] ‘suave’
‘escalofrío’
Por las razones expresadas, este segmento debe practicarse de ma-
nera prominente, pues es probable que en más de algún aprendiente, ini-
cialmente al menos, ocurra una cierta resistencia a pronunciarlo de manera
fricativa y tienda a pronunciarlo como el segmento africado [t͡ʃ]. También
debe reiterarse que este sonido no ocurre en todas las variantes del mapu-
dungun, pero sí en zonas como Curarrehue, Toltén, Mariquina, San Martín
de Los Andes y la que hemos puesto en foco en este libro.
181
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
[Link].9. [ʐ]: contoide fricativa, retrofleja, sonora
Como se observa, el símbolo fonético que representa este sonido
no forma parte de la grafía de muchas de las lenguas que conocemos; y,
en consecuencia, al verlo, no lo asociamos inmediatamente con un sonido
específico139. Sin embargo, en consonancia con su descripción articulato-
ria, podemos aproximarnos a su producción si pensamos en una suerte
de “erre arrastrada” ―de ahí el carácter fricativo― que ocurre en ciertas
variantes del español no estándar de Chile como una realización, precisa-
mente, de la “erre”; solo que en el caso del mapudungun, además, se produce
con el ápice de la lengua curvado hacia atrás ―de ahí el carácter retroflejo.
La producción del sonido que nos ocupa se puede ver y escuchar en
el link ya indicado; específicamente, entre 4’12’’ y 4’15’’.
Ejemplos:
#__ V__V __#
[ˈʐ[Link]] ‘casa’ [ku.ˈʐam] ‘huevo’ [ʈ͡ʂaʐ] ‘pus’
Cabe relevar que desde un punto de vista funcional, [ʐ] pertenece a
la misma “familia de sonidos” que el segmento aproximante [ɻ] y que es
este último el que ocurre con una mayor frecuencia en la mayor par-
te de las zonas de habla mapuche y, en consecuencia, es el segmen-
to que debe priorizarse en un proceso de enseñanza-aprendizaje. La
zona l´afken´che que nos ocupa es un ejemplo de ello.
[Link].10 [ʝ]: contoide fricativa, palatal, sonora
Como se observa, el símbolo fonético que representa el sonido que
nos ocupa no está presente en la grafía de la mayoría de las lenguas que
conocemos; entre ellas, la del español. En consecuencia, al verlo, no nos
evoca inmediatamente un sonido específico140. Sin embargo, en conso-
nancia con su descripción articulatoria, podemos aproximarnos a su pro-
ducción si pensamos en una suerte de “ye arrastrada” ―de ahí el carácter
fricativo― que ocurre en ciertas variantes no estándar del español de Chile.
La producción del sonido que nos ocupa se puede ver y escuchar en
el link ya indicado; específicamente, entre 4’42’’ y 4’46’’.
139 Además, la semejanza del símbolo fonético [ʐ] con la letra <z> no ayuda a su
pronunciación, pues el correlato fónico del símbolo [ʐ] se distancia de manera importante
del que solemos asociar con la letra zeta.
140 Aunque visualmente este símbolo parece una letra “jota”, de ninguna manera
debe pronunciarse con el sonido asociado a ella.
182
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Ejemplos:
#__ V__V
[ˈʝu] ‘de nosotros dos (posesivo
[ˈka. ʝu] ‘seis’
1p. dual)’
Cabe relevar que desde un punto de vista funcional, [ʝ] pertenece a la
misma “familia de sonidos” que el segmento aproximante [j]141, el cual será
descrito en detalle en la sección siguiente. Ahora bien, la mayor o menor
frecuencia de ellos se asocia con los distintos sectores geográficos; aunque,
en general, el segmento aproximante [j] tiende a ser el más frecuente.
Un ejemplo de ello es la zona que nos ocupa. Se debe tener presente,
además, que a diferencia de los sonidos fricativos vistos hasta aquí, [ʝ] no
se ha reportado en posición final, lo que sí ocurre con el segmento apro-
ximante [j].
[Link]. Sonidos contoides aproximantes
Conviene recordar que en este tipo de sonidos el grado de obstruc-
ción a la salida del aire es mínimo. Tanto así, que, como hemos señalado
en [Link], estos segmentos están muy cerca de las propiedades que carac-
terizan a las vocoides.
[Link].1. [j]: contoide aproximante, palatal, sonora
Si bien el símbolo fonético que representa este sonido coincide con
una letra de la grafía del español (la letra “jota”), tiene un correlato fóni-
co muy distinto. En efecto, el correlato fónico de este símbolo fonético
no corresponde en absoluto al valor fónico de la letra “jota”, sino que
corresponde a un sonido similar al que producimos entre vocales en una
palabra como “mayo”, o al sonido inicial de la palabra del inglés “yes”.
A modo de referencia, la producción de dicho sonido se puede ver y
escuchar en el link ya indicado; específicamente, entre 4’47’’ y 4’50’’.
Ejemplos:
141 Como se aprecia, ambos símbolos son muy similares, pero si se observan con
detenimiento, se advertirá que el símbolo para el segmento fricativo concluye en una cur-
vatura que genera un pequeño círculo, del cual el símbolo para el segmento aproximante
carece.
183
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
#__ V__V __#
[ju] ‘de nosotros dos
[ˈ[Link]] ‘seis’ [maj] ‘afirmativo’
(posesivo de 1p. dual)’
Como hemos señalado, este segmento pertenece a la misma familia
de sonidos que [ʝ] y respecto de este, el sonido aproximante [j] tien-
de a ser el más frecuente. Ahora, con respecto al grado de atención
en un eventual proceso de enseñanza-aprendizaje, habría que distinguir
el contexto fonético inicial y el intervocálico. Con respecto a este último
contexto, diríamos que no se precisa de una atención preferente, pues,
como hemos dicho, en esta posición el segmento que nos ocupa tiene
una producción muy similar a la que ocurre en una palabra como “mayo”;
en posición inicial, en cambio, sí amerita una atención importante, pues,
eventualmente, este segmento podría articularse con un segmento africa-
do ([d͡ʒ]), lo cual dista de la pronunciación en mapudungun.
Nótese también que, a diferencia de [ʝ], el segmento aproximante [j]
ocurre en posición final de enunciado (en estricto rigor, final de sílaba).
En esta posición, el sonido en cuestión tiene una pronunciación aún más
distendida que equivale al sonido final de una palabra del español como
“rey”. Los demás segmentos aproximantes, excepto [ɰʲ], también ocurren
en posición final (de sílaba, en general; y de palabra, en particular).
[Link].2. [w]: contoide aproximante, labiovelar, sonora
Como se observa, el símbolo fonético que representa el sonido que
nos ocupa coincide con una de las letras de la grafía del español y del inglés
(entre otras). Si consideramos los anglicismos incorporados al Diccionario
de la Lengua Española, podemos apreciar que en una palabra como “web” el
sonido inicial tiene una cercanía importante con la pronunciación de este
sonido en mapudungun. Ahora, la referencia al inglés es particularmente
pertinente aquí, pues, por cierto, la pronunciación más cercana a la del
mapudungun es, precisamente, la del sonido que corresponde a la letra “w”
en esta lengua.
Ejemplos:
#__ V__V __#
[ˈ[Link]] ‘cielo’ [ˈʈ͡ʂ[Link]] ‘perro’ [kə.ˈθaw] ‘trabajo’
Cabe señalar que en posición final de palabra, en particular, y de sí-
laba, en general, este segmento se realiza particularmente débil, de modo
184
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
que su pronunciación prácticamente coincide con la de la vocal “u” en una
palabra del español como “causa”.
[Link].3. [ɰ]: contoide aproximante, velar, sonora
Como se aprecia, el símbolo fonético que representa este sonido no
ocurre en la grafía de la mayoría de las lenguas que conocemos; entre ellas,
la del español. En consecuencia, al verlo, no lo asociamos inmediatamente
con un sonido específico. Sin embargo, en consonancia con su descripción
articulatoria, su producción es similar al sonido que ocurre entre vocales
en una palabra como “hago”, donde la “g” es muy suave (aunque, even-
tualmente, puede haber un poco más de fricción, en cuyo caso el símbolo
fonético que corresponde es [ɣ]).
La producción del sonido que nos ocupa se puede ver y escuchar en
el link ya indicado; específicamente, entre 5’19’’ y 5’22’’.
En ocasiones, este segmento ―de escasa frecuencia en mapudungun―
ocurre como un reforzamiento consonántico de la “sexta vocal”.
Ejemplos:
V__V __#
[na.ˈɰan̪.t̪ə] ‘atardecer, ocaso, que
[lɯɰ] ‘blanco’
baja el sol hacia el mar’
Como se ve, no hemos señalado ejemplos en posición inicial de
enunciado. Al respecto, Salas (1992b, p. 76) señala que “[…] g no ha sido
atestiguada en posición inicial absoluta”. Sin embargo, Salinas y Salamanca
(2016, p. 148) reportan que en Alto Bío-Bío ocurre la palabra [ɰal.ˈɰal]
([ɣal.ˈɣal], en la transcripción de los autores), que se refiere a un hongo
comestible.
En términos de pronunciación, este sonido no requeriría de una
práctica intensa, pues, como hemos dicho, está presente tanto en mapudun-
gun como en español. Se añade a esto el hecho de que en posición inicial de
enunciado ―donde, eventualmente, este segmento podría realizarse, por
influencia del español, como un fono oclusivo [ɡ]―, en mapudungun este
segmento prácticamente no ocurre.
[Link].4. [ɰʲ]: aproximante, postpalatal, sonoro
Cuando el sonido [ɰ] ocurre ante las vocoides anteriores [e] e [i], se
adelanta levemente hacia la zona postpalatal (lo que, como hemos visto,
185
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
se indica con el diacrítico [ ʲ ]). Para aquellos aprendientes que estuvieran
familiarizados con los sonidos del español, esto no debería representar
mayor problema, porque, al igual que en esta lengua, este adelantamiento
ocurre en mapudungun de manera automática.
Cabe señalar que este segmento no ocurre en posición final, y que al
igual que [ɰ], en posición inicial este segmento prácticamente no ocurre.
Por lo mismo, sólo daremos un ejemplo para la posición intervocálica,
con un ítem que probablemente no ocurra en todas las variantes de esta
lengua.
Ejemplo:
C__C
[le.ˈɰʲi] ‘acertó’
[Link].5. [ɻ]: contoide aproximante, retrofleja, sonora
Como se aprecia, el símbolo fonético que representa el sonido que
nos ocupa no ocurre en la grafía de la mayoría de las lenguas que cono-
cemos; entre ellas, la del español. En consecuencia, al verlo, no nos evoca
inmediatamente un sonido específico. Sin embargo, para efectos de su
pronunciación, y en consonancia con su descripción articulatoria, cabe se-
ñalar que este sonido es muy similar al que ocurre al inicio de una palabra
del inglés como “rain” (‘lluvia’). También es comparable con una pronun-
ciación “suave” y “relajada” del sonido “rr” del español de Chile; esto es,
sin ejecutar vibraciones en su realización142.
La producción del sonido que nos ocupa se puede ver y escuchar en
el link ya indicado; específicamente, entre 4’16’’ y 4’19’’.
Ejemplos:
#__ V__V __#
[ˈɻ[Link]] ‘casa’ [ku.ˈɻam] ‘huevo’ [ʈ͡ʂaɻ] ‘pus’
Cabe recordar aquí lo que dijimos en [Link].9, en cuanto a que [ɻ]
está emparentado funcionalmente con [ʐ] (forman parte de la misma “fa-
milia de sonidos”). Un efecto de ello es que las palabras que indicamos
como ejemplos de ocurrencia del segmento [ʐ] pueden pronunciarse tam-
bién con el sonido [ɻ]. Así, [ˈʐ[Link]] se puede pronunciar también como
142 Un segmento así ha sido reportado para el español hablado en Chile, en los
trabajos de Sadowsky y Salamanca (2011), Retamal y Soto-Barba (2017), Zepeda (2019) y
Retamal et al. (2021 y 2022).
186
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
[ˈɻ[Link]], y esto puede extrapolarse a los otros casos. De hecho, conviene
enfatizar que en la zona que nos ocupa (l´afken´che de la costa
meridional) el segmento más frecuente es el aproximante [ɻ], tal
como ocurre también en el cordón cordillerano de habla mapuche y el
l´afken´che septentrional de Los Álamos, de acuerdo con los reportes de
Urrea y Salamanca (2021), y Saldivia y Salamanca (2020), respectivamente.
[Link]. Sonidos contoides nasales
[Link].1. [m]: contoide nasal, bilabial, sonora
Como se observa, el símbolo fonético que representa el sonido que
nos ocupa tiene un correlato en la escritura de muchas lenguas conocidas;
entre ellas, la del español. Esta coincidencia se produce también a nivel de
la pronunciación asociada (“suena” como la letra eme).
Ejemplos:
#__ V__V __#
[ˈ[Link]] ‘cuatro’ [a.ˈmun] ‘yo fui’ [kom] ‘todo’
Al igual que la mayoría de los segmentos fricativos y aproximantes,
este segmento ocurre en posición final de sílaba. Esto, como se verá, ca-
racteriza a prácticamente todos los sonidos con el modo de articulación
nasal.
[Link].2. [n]: contoide nasal, alveolar, sonora
Este símbolo también tiene un correlato en la escritura de muchas
de las lenguas que conocemos; entre ellas, la del español. Su valor
fónico es también coincidente (“suena” como la letra ene).
Ejemplos:
#__ V__V __#
[mə.ˈna] ‘bastante,
[ne.ˈɻɯm] ‘pulga’ [pun] ‘llegué allá’
mucho’
[Link].3. [n̪]: contoide nasal, interdental, sonora
Este sonido tiene una semejanza articulatoria con el que hemos des-
crito como nasal alveolar [n]. La diferencia entre ambos está en el punto
187
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
de articulación, pues mientras [n] se articula en la zona alveolar, [n̪] se
articula con el ápice de la lengua entre los dientes (lo cual es visible para
el interlocutor)143.
Una imagen que muestra la ubicación de la lengua al articular este
sonido es la siguiente:
Imagen 6: Segmento interdental [n̪], producido por un hablante de Alto Bío-Bío
(imagen obtenida en el contexto del proyecto Fondecyt 1131095).
Por la escasa frecuencia de este segmento ―en las lenguas en general,
y en el mapudungun en particular― y su proximidad articulatoria con otros
como el nasal alveolar [n], sería importante otorgarle una atención prefe-
rente en un proceso de enseñanza-aprendizaje.
Ejemplos:
#__ V__V __#
[mə.ˈn̪a] ‘primo por
[n̪aˈmun̪] ‘pie’ [pun̪] ‘noche’
línea materna’
Como hemos señalado con respecto a [t̪], la vigencia del segmento
interdental [n̪] también ha sido objeto de controversia para la literatura
fonético-fonológica del mapudungun. En nuestro caso, estimamos que este
segmento sigue vigente, al menos en ciertos enclaves de habla mapuche,
143 Entre los minutos 12’ 09’’ y 12’ 12’’del video que hemos tomado como re-
ferencia, se pudo ver la producción del sonido oclusivo interdental [t̪]. Una producción
adecuada del segmento nasal interdental [n̪] se puede conseguir tomando como referencia
la producción de [t̪], pero reemplazando la oclusión ―que da el “efecto [t]”―, por la na-
salización ―que da el “efecto [n]”―, y ubicando el ápice de la lengua entre los dientes, tal
como se aprecia en las imágenes 5 y 6.
188
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
como el que focalizamos en estas notas. Es más, como se evidencia a tra-
vés de los ejemplos para las posiciones intervocálica y final, la ocurrencia
de un segmento alveolar [n] o interdental [n̪] puede afectar de manera
radical el significado, como será focalizado en el apartado de fonología.
[Link].4. [ɳ]: contoide nasal, retrofleja, sonora
Tal como el símbolo fonético lo sugiere, el sonido que nos ocupa
tiene alguna semejanza articulatoria con el segmento que hemos descrito
como nasal alveolar [n]. La diferencia está en que [ɳ] es un sonido retrofle-
jo, lo que, como hemos señalado, implica que el ápice de la lengua se eleva
y se curva hacia la zona posterior.
La producción del sonido que nos ocupa se puede ver y escuchar en
el link ya indicado; específicamente, entre 4’01’’ y 4’04’’.
Ejemplo:
__#
[mo.ˈʈ͡ʂiɳ] ‘gordo’144
Este segmento sólo ocurre en posición final de sílaba; por ello, sólo
nos es posible dar un ejemplo en posición final de una palabra, y no en
posición inicial ni intervocálica.
Al mismo tiempo, cabe señalar que este segmento forma parte de la
misma “familia de sonidos” de [n] y ocurre en aquellas sílabas que, como
en el caso del ejemplo, se inician por una consonante retrofleja.
Para efectos de la pronunciación, por último, el foco debe estar en
la producción del segmento retroflejo que inicia la sílaba ([ʈ͡ʂ], en nuestro
ejemplo), pues si esto es así, la pronunciación del segmento que nos ocupa
está en alta medida garantizada, pues la asimilación ocurre, prácticamente,
de manera automática.
[Link].5. [ɲ]: contoide nasal, mediopalatal, sonora
Como se aprecia, el símbolo que representa el sonido que nos ocupa
no está presente en la grafía de muchas de las lenguas que conocemos;
entre ellas, la del español. Sin embargo, su correlato fónico nos es fami-
liar, pues corresponde a lo que la grafía de esta lengua representa con la
letra eñe. Para efectos de pronunciación, es previsible que este segmento se
144 En la zona que nos ocupa, esta palabra tiene una consonante nasal palatal al
final (“mothiñ”), sonido que será descrito en el subapartado siguiente.
189
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
pronuncie sin mayores inconvenientes en posición inicial e intervocálica.
Sin embargo, como se verá en los ejemplos, el segmento [ɲ] en mapudungun
también ocurre en posición final de sílaba, contexto en el cual en español
este segmento no se presenta. Así las cosas, en un proceso de enseñan-
za-aprendizaje, en este contexto fonético, se requerirá de una atención
preferente, mediante abundante ejercitación.
Ejemplos:
#__ V__V __#
[ˈɲu.kʲe] ‘madre’ [ˈpe.ɲi] ‘hermano’ [iɲ.ˈt͡ʃiɲ] ‘nosotro/as’
[Link].6. [ŋ]: contoide nasal, velar, sonora
Este símbolo fonético, como se aprecia, no ocurre en la grafía de
muchas lenguas conocidas; entre ellas, la del español. Ahora bien, tal
como el símbolo lo sugiere, tiene una semejanza articulatoria con el so-
nido nasal alveolar [n]. La diferencia entre ambos está en el punto de
articulación, pues, mientras [n] se articula, precisamente, en la zona al-
veolar, [ŋ] se articula en el velo del paladar (ver imagen 2). Su producción
se puede ver y escuchar en el link ya indicado; específicamente, entre
5’06’’ y 5’10’’.
Cabe señalar que este sonido está presente en español y en mapudun-
gun, pero con una diferencia prominente: en el caso del español, ocurre
solamente precediendo a una contoide velar, mientras que en el caso del
mapudungun ocurre también en posición inicial, entre vocoides y en posi-
ción final, tal como se aprecia en los ejemplos que se presentan en seguida.
Entre otras razones, esto hace del segmento que nos ocupa un sonido que
requiere de una atención preferencial, mediante abundante ejercitación.
De hecho, para Harmelink (1996, p. 11), “[…] la ng en posición inicial es
la más difícil de aprender a pronunciar bien”.
Ejemplos:
#__ V__V __#
[ŋə.ˈman] ‘llorar’ [θu.ˈŋun] ‘hablar’ [li.ˈpaŋ] ‘brazo’
Cabe hacer presente, también, que desde un punto de vista funcio-
nal, este segmento no forma parte de la misma “familia de sonidos” que
[n], sino que integra una familia propia, lo cual constituye otra diferencia
importante con el español.
190
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
[Link].7. [ŋʲ]: contoide nasal, postpalatal, sonora
Al igual que en el caso de los segmentos oclusivo postpalatal [kʲ] y
aproximante postpalatal [ɰʲ], [ŋʲ] se articula ligeramente más adelantado
que [ŋ]. Esto ocurre, ante las vocoides [e] e [i], las cuales, por ser segmen-
tos ubicados en la parte más anterior del tracto oral, “desplazan” levemen-
te al sonido [ŋ] hacia la zona postpalatal. Para efectos de pronunciación,
este segmento tiene una complejidad comparable a la producción de [ŋ],
aunque si se consigue una articulación adecuada de este último sonido, la
pronunciación de [ŋʲ] tiene muchas posibilidades de realizarse de acuerdo
con lo esperable, pues el desplazamiento de [ŋ] hacia la zona postpalatal
ocurre en gran medida de manera inercial o automática.
Ejemplos:
#__ V__V
[ŋʲe] ‘ojo’ [a.ˈŋʲe] ‘cara’
Desde el punto de vista funcional, este segmento forma parte de
la misma “familia de sonidos” que [ŋ], siendo este último el segmento
prominente, por razones que serán relevadas en el apartado de Fonología.
[Link]. Sonidos contoides laterales
[Link].1. [l]: contoide lateral, alveolar, sonora
Como se puede apreciar, este símbolo fonético tiene un correlato en
la grafía de muchas lenguas; entre ellas, la del español. Esta coincidencia
se produce también a nivel de la pronunciación asociada (“suena” como
la letra ele).
Ejemplos:
#__ V__V __#
[ˈ[Link]] ‘rodilla’ [ˈ[Link]] ‘cuatro [fo.ˈlil] ‘raíz’
Como se aprecia, al igual que la mayoría de los sonidos fricativos,
aproximantes y nasales, este segmento ocurre en posición final de
palabra (en términos más generales, en posición final de sílaba).
Esto, como se confirmará con los fonos siguientes, caracteriza a
todos los sonidos con el modo de articulación lateral.
191
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
[Link].2. [l̪]: contoide lateral, interdental, sonora
Tal como el símbolo fonético lo sugiere, este sonido tiene una seme-
janza articulatoria con el que hemos descrito como lateral alveolar [l]. La
diferencia entre ambos está en el punto de articulación, pues, mientras [l]
se articula, precisamente, en la zona alveolar, [l̪] se articula con el ápice de
la lengua entre los dientes, lo cual se indica con un diacrítico ad hoc: [ ̪]145.
Por cierto, la ubicación del ápice de la lengua entre los dientes es visible
para el interlocutor, tal como se evidencia con la siguiente imagen:
Imagen 7: Segmento interdental [l̪], producido por un hablante de Alto Bío-Bío
(imagen obtenida en el contexto del proyecto Fondecyt 1131095).
Al igual que en el caso de [t] con respecto a [t̪], y de [n] con respecto
a [n̪], eventualmente, en casos distintos de fluctuación fonemática sistémica146,
puede ocurrir que [l̪] tienda a articularse en la zona alveolar y no en la zona
interdental. Por ello, en un proceso de enseñanza-aprendizaje del mapudun-
gun será importante otorgarle a [l̪] una atención preferente, a través de una
abundante ejercitación.
Ejemplos:
145 En estricto rigor, el símbolo más idóneo sería [ ̟ ] pues [ ̪ ] se utiliza en la tradi-
ción hispánica para indicar la zona postdental; pero en estas notas hemos privilegiado el
hecho de que en la tradición de los estudios fonético-fonológicos del mapudungun práctica-
mente todos los investigadores utilizan este diacrítico para indicar la zona interdental (dos
excepciones son los estudios de Pérez et al., 2016; y Salinas y Salamanca, 2022). Valga este
comentario también para los segmentos interdentales oclusivo y nasal.
146 Con respecto a estas fluctuaciones, véase Observaciones complementarias respecto de la
representación escrita de los fonemas del mapudungun, en el apartado 3.4.2.
192
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
#__ V__V __#
[l̪a] ‘cadáver’ [ˈkɯ.l̪a] ‘quila’ [pel̪] ‘cuello’
Como hemos señalado con respecto a [t̪] y [n̪], también la vigencia
del segmento interdental [l̪] ha sido objeto de controversia para la litera-
tura fonético-fonológica del mapudungun. En nuestro caso, estimamos
que este segmento sigue vigente, al menos en ciertos enclaves de
habla mapuche, como el que focalizamos en estas notas. Tanto así,
que el cambio de [l] por [l̪] puede afectar de manera radical el significado,
tal como se aprecia al contrastar las palabras que hemos puesto en posi-
ción intervocálica, donde [ˈkɯ.la], sin interdental, tiene como referencia
un número (específicamente, el número tres) y [ˈkɯ.l̪a], con interdental,
alude a algo tan distinto como un arbusto de la familia del bambú. Más
sobre esto se verá en el apartado de Fonología.
[Link].3. [ɭ]: contoide lateral, retrofleja, sonora
Tal como el símbolo lo sugiere, este sonido tiene una semejanza arti-
culatoria con el que hemos descrito como lateral alveolar [l]. La diferencia
radica en que [ɭ], por cuanto es retroflejo, se articula con el ápice de la
lengua elevado hacia el paladar y curvado hacia la zona posterior.
La producción de este sonido se puede ver y escuchar en el link ya
indicado; específicamente, entre 4’19’’ y 4’22’’.
Ejemplo:
__#
[kə.ˈʈ͡ʂaɭ] ‘fuego’
Este segmento sólo ocurre en posición final de sílaba; por ello, solo
nos es posible dar un ejemplo en posición final de palabra y no en posición
inicial ni intervocálica.
Desde un punto de vista funcional, este segmento forma parte de
la misma “familia de sonidos” que [l], y ocurre en aquellas sílabas que,
como en el caso del ejemplo, se inician por una consonante retrofleja. Para
efectos de la pronunciación, el foco debe estar en la producción adecuada
del segmento retroflejo que inicia la sílaba ([ʈ͡ʂ], en nuestro ejemplo), pues,
si esto ocurre, la pronunciación expectable de [ɭ] queda en alta medida
garantizada, pues ocurre de manera inercial.
193
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
[Link].4. [ʎ]: contoide lateral, mediopalatal, sonora
Como la descripción articulatoria lo evidencia, este sonido es compa-
rable con una pronunciación del dígrafo “ll” que aún es posible escuchar
en algunos sectores rurales de Chile. También puede compararse con la
secuencia “gl” del italiano y la secuencia “lh” del portugués.
La producción de este sonido se puede ver y escuchar en el link ya
indicado; específicamente, entre 4’50’’ y 4’54’’.
Ejemplos:
#__ V__V __#
[ʎə.ˈkan] ‘tener miedo’ [ˈʃa.ʎe] ‘choritos’ [ma.ˈmɯʎ] ‘palo’
Desde el punto de vista funcional, este segmento no pertenece a
ninguna de las “familias de sonidos” referidas anteriormente, sino que es
el (único) integrante de una familia de sonidos autónoma.
Cuadro resumen de sonidos contoides
Al igual que para el caso de las vocoides, plasmamos en un cuadro
cada uno de los segmentos descritos.
Imagen 8: Cuadro de sonidos contoides (elaboración de los autores).
194
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
3. Fonología del mapudungun
3.1 ¿De qué se ocupa la fonología?
Como hemos visto, la fonética se ocupa del aspecto material del so-
nido lingüístico; la fonología, en cambio, se ocupa de su aspecto funcional,
esto es, del lugar que ocupa un sonido lingüístico en el sistema de la lengua.
En este contexto, podemos señalar que mientras la fonética se despliega
en un nivel de análisis concreto, la fonología lo hace en un nivel más abs-
tracto y teórico. Para la fonética, la unidad de análisis es el fono o sonido
lingüístico, mientras que para la fonología lo es el fonema, esto es, la uni-
dad de sonido que posee una saliencia articulatoria, acústica, perceptiva y
contextual, y que constituye una unidad distintiva. Desde el punto de vista
de su notación, también hay una diferencia importante, pues, mientras la
transcripción fonética es detallista y se incluye entre paréntesis cuadrados
([…]), la transcripción fonémica o fonológica es más general (incluye sólo
las unidades funcionales) y se plasma entre líneas diagonales (/…/).
Se sigue de lo dicho en el párrafo anterior que uno de los objetivos
de la fonología es organizar la variedad fónica de una lengua ―como los
41 sonidos del mapudungun que hemos descrito de manera detallada en el
apartado anterior― en un sistema de sonidos. Dicho sistema está cons-
tituido por distintos subsistemas que tienen sus respectivas unidades fó-
nicas prominentes, alrededor de las cuales “orbitan” aquellos sonidos que
constituyen variantes predecibles o intercambiables respecto del sonido
prominente. Por cierto, estas unidades fónicas prominentes son lo que
llamamos fonemas, y sus variantes las llamamos técnicamente alófonos.
Consideremos el siguiente ejemplo para acercarnos a lo que llama-
mos “variantes predecibles”. Si comparamos un automóvil previo a un
impacto ―por ejemplo, con una pared―, con este mismo automóvil luego
de dicho impacto, es evidente, y previsible, que habrá diferencias entre
ambos, y que estas nuevas características del móvil podrán explicarse por
reglas que anticipan el resultado que ocurrirá luego de una colisión de esa
naturaleza. Son diferencias, sin embargo, que no cambian la naturaleza
básica del objeto: no pasamos de un automóvil a un plátano, a un lápiz o a
un árbol. Ambos son un automóvil; uno en buen estado (el automóvil por
defecto), y el otro, aunque estropeado, sigue siendo un automóvil. Algo
similar puede ocurrir a nivel de los sonidos, en el sentido de que, eventual-
mente, se pueden observar diferencias entre ellos, y dichas diferencias se
pueden explicar a partir de ciertas reglas asociadas a procesos que se ga-
195
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
tillan por el contexto fónico donde estos sonidos ocurren; pero, como en
nuestro ejemplo, el sonido resultante del proceso gatillado por el contexto
es solo una manifestación diferente de la misma unidad fónica subyacente
(son alófonos de un mismo fonema).
Por su parte, para lo que llamamos “variantes intercambiables”, con-
sideremos el siguiente ejemplo. Si tenemos un par de lentes ópticos con
cierto diseño, y otro par de lentes, con un diseño distinto, es claro que
esta diferencia es irrelevante para efectos de la función que estos objetos
cumplen, pues ambos sirven, prototípicamente, para mejorar la visión. Así
también en el plano de los sonidos, puede suceder que algunos de ellos
manifiesten alguna(s) diferencia(s) en sus rasgos articulatorios, pero al
intercambiarse en un mismo enunciado no se produzca ningún efecto en
el significado. Estos sonidos también son variantes de una misma unidad
funcional (son también alófonos de un mismo fonema).
De acuerdo con la metáfora “familiar” que utilizamos en el apartado
de Fonética, los dos automóviles, a pesar de sus diferencias en el plano
concreto (diferencias en el plano “fonético”), pertenecen a la misma fa-
milia de objetos (son variantes de la misma unidad conceptual en el plano
fonémico, pues siguen siendo automóviles); y así también los pares de
lentes, a pesar de sus diferencias en el diseño (diferencias también en el
plano “fonético”), pertenecen a la misma familia de objetos (son variantes,
también, de una misma unidad conceptual en el plano “fonémico”, pues
son lentes). Una de las consecuencias que se sigue de lo anterior es que la
cantidad de fonemas que hay en una lengua siempre será igual o menor a
la cantidad de fonos que ocurren en ella, tal como sucede, por ejemplo, en
mapudungun y en español.
Valga insistir, también, en que no debe confundirse la noción de fone-
ma con la de letra o grafema, pues la primera es una noción que se despliega
en el nivel de los sonidos, mientras que la segunda es una unidad de la
escritura.
3.2 El análisis distribucional de los sonidos
Como hemos visto en los párrafos anteriores, y en consonancia con
lo que propuso la Escuela de Praga ―uno de los referentes en el surgi-
miento de la Fonología―, la primera tarea que ocupa a esta disciplina es
“el establecimiento del repertorio de fonemas de una lengua dada […]”
(Obediente, 2007, p. 20). Para ello, se han propuesto distintas rutas teó-
rico-metodológicas, no demasiado distintas entre sí. En efecto, en este
ámbito, hay una afinidad importante entre las propuestas estructuralistas
196
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
y funcionalistas, y un poco más distantes están las generativistas. En estas
notas, se siguen las propuestas de los dos primeros marcos teórico-me-
todológicos; especialmente, como han sido desplegadas por Pike (1947),
Burquest (2009) y Salamanca et al. (2011). Una línea transversal de es-
tos acercamientos es el llamado Análisis Distribucional. De acuerdo con
dicho análisis, se distinguen tres tipos de distribuciones en que pueden
ocurrir los segmentos fónicos articulatoriamente similares: distribución
contrastante, distribución alternante o variación libre y distribución com-
plementaria.
3.2.1. Distribución contrastante
Dos fonos articulatoriamente similares ―sean [X] e [Y]― están en
distribución contrastante si ocurren en un mismo contexto fónico (en la
misma posición en un enunciado) o en un contexto análogo (en una posi-
ción semejante en un enunciado) y se produce un cambio de significado.
Si dos (o más) fonos están en distribución contrastante, pertenecen a fo-
nemas diferentes y se han de transcribir como /X/ e /Y/. Al emerger del
análisis dos unidades fonológicas, en una escritura práctica se requerirán
dos grafemas o letras.
Hemos dicho que el contraste se puede dar en un contexto fonético
idéntico o en un contexto fonético análogo. Si es el primer caso, se habla
de un contraste por par mínimo; si es el segundo, se habla de un contraste
por par submínimo.
Consideremos los siguientes segmentos fónicos del español:
[p]: oclusivo, bilabial, áfono.
[b]: oclusivo, bilabial, sonoro.
Si colocamos estos segmentos en un mismo contexto fónico, como
la posición inicial, precediendo a las secuencias [ˈ…[Link]] y [ˈ…[Link]], obte-
nemos lo siguiente:
[ˈ[Link]] ‘peso’ [ˈ[Link]] ‘pala’
[ˈ[Link]] ‘beso’ [ˈ[Link]] ‘bala’
Es decir, se produce un cambio radical de significado en ambos ca-
sos, que es lo que hemos descrito, precisamente, como una distribución
contrastante por ambiente idéntico o por par mínimo. La consecuencia de
ello, en términos del análisis fonémico, es que los segmentos fónicos [p]
197
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
y [b] pertenecen a fonemas diferentes: /p/ y /b/, respectivamente. Por lo
tanto, las transcripciones fonémicas de los enunciados considerados serán
las siguientes: /ˈpeso/, /ˈbeso/, /ˈpala/ y /ˈbala/.
Pero hemos señalado que el par mínimo no es la única evidencia de
que existe contraste entre los segmentos que se analizan. En efecto, consi-
deremos los siguientes enunciados:
[ˈ[Link]] ‘beso’ [ˈ[Link]] ‘bala’
[ˈ[Link]] ‘pelo’ [ˈ[Link]] ‘paso’
Aquí vemos que el contexto que sigue a [b] y [p] no es idéntico;
pero igualmente los enunciados se asocian con distintos significados. Es lo
que hemos llamado un contraste por pares submínimos. El resultado del
análisis aquí es el mismo: los segmentos analizados pertenecen a fonemas
diferentes y, en consecuencia, las transcripciones fonémicas de las nuevas
palabras son /ˈ[Link]/ y /ˈ[Link]/.
Ahora bien, como una de las premisas del análisis distribucional es
que los sistemas de sonidos tienden a la simetría (Pike, 1947), es esperable
que otros segmentos que se diferencian también por la vibración o no de
las cuerdas vocales pertenezcan a fonemas diferentes, lo cual es, en efecto,
lo que ocurre, tal como se observa en las siguientes oposiciones: [ˈt̪i.a] ‘tía’
versus [ˈd̪i.a] ‘día’, [ˈ[Link]] ‘casa’ versus [ˈɡ[Link]] ‘gasa (tela de seda o hilo
muy clara y fina)’. En consecuencia, las transcripciones fonémicas de estas
palabras serán: /ˈt̪i.a/, /ˈd̪i.a/, /ˈ[Link]/ y /ˈɡ[Link]/, respectivamente.
Por supuesto, estas nociones aplican también para el mapudungun. En
efecto, consideremos los siguientes sonidos de esta lengua:
[l]: lateral, alveolar, sonoro.
[ʎ]: lateral, mediopalatal, sonoro.
Consideremos también los siguientes enunciados:
[ˈ[Link]] ‘uña’
[ˈwi.ʎi] ‘sur’
Aquí podemos apreciar un contraste por par mínimo, cuya conse-
cuencia es que los sonidos [l] y [ʎ] pertenecen a distintos fonemas: /l /
y /ʎ/. Por lo tanto, en términos fonémicos, la transcripción que corres-
198
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
ponde para ambas palabras es /[Link]/ y /wi.ʎi /, respectivamente147. Pero,
tal como hemos dicho, la ocurrencia de los segmentos en pares mínimos
no es una condición sine qua non para la determinación de los fonemas de
una lengua. Es así como Echeverría (1964, p. 35) presenta los siguientes
enunciados para evidenciar la distribución contrastante de los segmentos
en cuestión a través de pares submínimos148:
#__ V__V __#
[l] [ˈlaɸ. ʈ͡ʂa] ‘chico’ [pe.ˈlom] ‘luz’ [na.ˈwel] ‘tigre’
[ʎ] [ˈʎa.ʎa] ‘suegra o yerno’ [ka.ˈt͡ʃi.ʎa] ‘trigo’ [ma.ˈmɯʎ] ‘madera’
Distribución contrastante: pertenecen a fonemas diferentes /1/ /ʎ/.
Nótese que la noción de par submínimo es bastante amplia, de modo
que los enunciados que se comparan pueden tener una secuencia de soni-
dos muy similar o con escasa similitud (como en los ejemplos procedentes
de Echeverría). Lo central es que estos cumplan con los contextos que se
consideran, lo que, por cierto, es el caso en estos ejemplos.
Es importante relevar que en el estudio de las lenguas originarias,
en general, y del mapudungun, en particular, se ha recurrido de manera fre-
cuente a la evidencia de contraste a través de los pares submínimos. Las
razones son de distinta índole. Por ejemplo, el hecho de que tales des-
cripciones se han realizado en un número importante por investigadores
no nativo-hablantes, lo que, como es de esperar, ha implicado una mayor
dificultad para acceder a las oposiciones por contexto idéntico149.
También conviene subrayar que el hecho de que un par de sonidos
se encuentre en una distribución contrastante en una lengua no implica,
necesariamente, que, de ocurrir en otra lengua, dicho par de sonidos va
a tener el estatus de fonemas diferentes. Así, por ejemplo, en español y
147 La ausencia de la indicación del acento en la transcripción fonémica del mapu-
dungun se debe a que, como se verá, este aspecto no es funcional en esta lengua, a diferencia
del español, donde sí lo es.
148 En la versión contenida en nuestras notas, hemos ajustado los símbolos al AFI.
Valga señalar que en 1964 Echeverría propone la primera descripción fonológica realizada
con los procedimientos de la fonología de la época y basada en datos obtenidos direc-
tamente de colaboradores hablantes nativos de la lengua. En este trabajo, presenta una
ejemplificación abundante de contraste por pares submínimos, en particular, y de las tres
distribuciones en general. De dicho estudio, obtenemos algunos de nuestros ejemplos y,
por cierto, recomendamos su lectura.
149 Un trabajo que se refiere a la pertinencia de utilizar el par submínimo como
evidencia de contraste igualmente contundente que el par mínimo es el de Salas y Poblete
(1997), cuya lectura recomendamos.
199
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
mapudungun contrastan las vocales [e] e [i], y, en consecuencia, pertenecen
a los fonemas diferentes /e/ e /i/; pero en una lengua como el aymara
estos segmentos son alófonos del mismo fonema: /i/ ([i] [e]), tal como se
presenta en el reporte de Poblete y Salas (1997).
3.2.2. Distribución alternante o variación libre
Dos fonos articulatoriamente similares ―sean [X] e [Y]― están en
distribución alternante o variación libre si ocurren en un mismo contexto
fónico (en la misma posición en un enunciado) y no se produce un cam-
bio de significado. Si dos (o más) fonos están en distribución alternante,
pertenecen al mismo fonema (son alófonos) y se han de transcribir como
/X/ ([X] [Y]). Al emerger del análisis sólo una unidad fonológica, en una
escritura práctica se requerirá sólo un grafema.
Consideremos los siguientes segmentos fónicos del español (de Chile):
[t͡ʃ]: africado, alveopalatal, áfono.
[ʃ]: fricativo, alveopalatal, áfono.
Ahora bien, si colocamos estos segmentos en un mismo contexto
fónico, como la posición inicial, precediendo a la secuencia [ˈ…[Link]]; e
intervocálica, en una secuencia como [ˈmu…o], obtenemos lo siguiente:
[ˈt͡ʃ [Link]] ‘país de Asia…’. [ˈmu.t͡ʃo] ‘mucho’
[ˈʃ[Link]] ‘país de Asia…’ [ˈmu.ʃo] ‘mucho’
Es decir, no se produce un cambio de significado en ambos casos,
que es lo que hemos descrito, precisamente, como una distribución alter-
nante o variación libre. La consecuencia de ello, en términos del análisis
fonémico, es que los segmentos fónicos [t͡ʃ] y [ʃ] pertenecen al mismo
fonema (son alófonos): /t͡ʃ/ ([t͡ʃ] [ʃ]). En consecuencia, las transcripciones
fonémicas de los enunciados puestos en foco son las siguientes: /ˈt͡ʃ[Link]/
y /ˈmu.t͡ʃo/. Como se ve, los cuatro enunciados, distintos desde un punto
de vista fonético, se han reducido a dos, desde el punto de vista fonémico
o fonológico.
Por supuesto, lo dicho con respecto a la distribución alternante aplica
también para el mapudungun, tal como se observa en el siguiente ejemplo,
contenido en Echeverría (1964, p. 30):
200
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
[ˈfo.ɻo] ‘diente/hueso’ [tə.ˈfa] ‘este’
[ˈvo.ɻo] ‘diente/hueso’ [tə.ˈva] ‘este’
Variación libre: miembros del mismo fonema: /f/.
Aquí podemos evidenciar una distribución alternante o variación li-
bre, cuya consecuencia es que estos sonidos pertenecen al mismo fonema:
/f/. Por lo tanto, en términos fonémicos, el número de transcripciones
que corresponde para estos cuatro enunciados fonéticos será sólo de dos:
/fo.ɻo/ y /tə.fa/.
Ahora, el hecho de que un par de sonidos se encuentre en una dis-
tribución alternante en una lengua no implica, necesariamente, que, de
ocurrir estos segmentos en otra lengua, van a tener el mismo estatus de
alófonos de un mismo fonema. Así, por ejemplo, como hemos visto, [ʃ] y
[t͡ʃ] pertenecen al mismo fonema en el español hablado en Chile, mientras
que en el mapudungun l´afken´che, sobre todo el hablado en Isla Huapi, estos
segmentos están en distribución contrastante, tal como se evidencia con el
siguiente ejemplo, contenido en Painequeo (2015, p. 82):
[mə.ˈʃaj] ‘papas cocidas molidas’
[mə.ˈt͡ʃaj] ‘arbusto con espinas, cuyo fruto es comestible’
Es decir, en esta variante del mapudungun corresponde la notación
fonológica /mə.ʃaj/ y /mə.t͡ʃaj/, pues /ʃ/ y /t͡ʃ/ son fonemas distintos.
Para mayor abundamiento, los segmentos [f] y [v] están en distribución
alternante en mapudungun (son alófonos de un mismo fonema), mientras
que en la variante del español hablada en Chile dichos segmentos pertene-
cen a fonemas diferentes, tal como se presenta en los siguientes ejemplos:
[ˈ[Link]] ‘fino’ [ka. ˈfe] ‘café’
[ˈ[Link]] ‘vino’ [ka.ˈve] ‘cavé (pasado del verbo cavar)’
3.2.3. Distribución complementaria
Dos fonos articulatoriamente similares ―sean [X] e [Y]― están en
distribución complementaria si ocurren en contextos fónicos mutuamente
excluyentes, esto es, donde ocurre un segmento no ocurre el otro y vice-
versa. Si dos (o más) fonos están en distribución complementaria, al igual
que en la variación libre, pertenecen al mismo fonema (son alófonos), y se
han de transcribir como /X/ ([X] [Y]). Al emerger del análisis sólo una
201
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
unidad fonológica, en una escritura práctica se requerirá sólo un grafema.
Valga señalar que esta distribución se sustenta en la premisa de que un
sonido tiende a ser modificado por los sonidos adyacentes (Pike, 1947).
Consideremos los siguientes fonos del mapudungun y del español:
[k]: oclusivo, velar, áfono.
[kʲ]: oclusivo, postpalatal, áfono.
Si analizamos los contextos en que estos fonos ocurren en ambas
lenguas, veremos que sistemáticamente el segmento velar ocurre ante vo-
coides no anteriores; y el postpalatal, ante vocoides anteriores. Es decir,
ocurren en contextos mutuamente excluyentes y, en consecuencia, perte-
necen al mismo fonema.
Respecto del mismo par de segmentos, Echeverría (1964, p. 29) de-
termina su distribución y estatus fonémico en los siguientes términos:
[kʲ] [k]
__V anterior __ V posterior
[kʲ] [ˈkʲe.lə ] ‘rojo’ [kʲ] NO
[k] NO [k] [ˈku.ɻa] ‘piedra’
Distribución complementaria: pertenecen al mismo fonema /k/.
Como hemos dicho, los contextos donde ocurre el fono velar [k] no
son los mismos donde ocurre el fono postpalatal [kʲ]; y la consecuencia de
ello, en términos del análisis fonémico, es que los segmentos fónicos en
cuestión pertenecen al mismo fonema (son alófonos): /k/ ([k] [kʲ]). Así,
entonces, las transcripciones fonémicas de los enunciados puestos en foco
son las siguientes: /ke.lə/ ―sin la indicación de la postpalatalización en
[kʲ]― y /ku.ɻa/.
Finalmente, el hecho de que un par de sonidos se encuentre en una
distribución complementaria en una lengua no implica, necesariamente,
que, de ocurrir estos segmentos en otra lengua, van a manifestar la misma
distribución y el consiguiente estatus de alófonos de un mismo fonema.
Así, por ejemplo, [n] y [ŋ] pertenecen al mismo fonema en el español, pues
ocurren en contextos mutuamente excluyentes ([ŋ] sólo ocurre ante una
contoide velar, contexto donde no ocurre [n]); mientras que en mapudungun
estos segmentos están en distribución contrastante, pues ocurren en con-
textos idénticos y análogos, y los significados son diferentes. Más sobre lo
anterior será expuesto en la macro sección siguiente.
202
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
3.3 Fonemas y alófonos del mapudungun
Al aplicar los conceptos del apartado anterior, se obtiene el inventa-
rio de fonemas y alófonos del mapudungun que se detalla a continuación.
3.3.1. Fonemas vocálicos
Las 7 vocoides del mapudungun vistas en la sección 2.4.1 del apartado
de Fonética del mapudungun se organizan en 6 fonemas vocálicos.
[Link]. Fonema /a/
Este fonema se realiza como una vocoide baja, central, no redondea-
da [a]. Como en [a.t͡ʃa.ˈwaʎ]; fonémicamente, /a.t͡ʃ[Link]ʎ/ ‘pollo’.
[Link]. Fonema /e/
Este fonema se realiza como una vocoide media, anterior, no re-
dondeada [e]. Como en [ˈ[Link]]; fonémicamente, /[Link]/ ‘dos’.
[Link]. Fonema /i/
Este fonema se realiza como una vocoide alta, anterior, no redon-
deada [i]. Como en [iɲ.ˈt͡ʃe]; fonémicamente, /iɲ.t͡ʃe/ ‘yo’.
[Link]. Fonema /o/
Este fonema se realiza como una vocoide media, posterior, redon-
deada [o]. Como en [o.ˈko.ɻi]; fonémicamente, /[Link].ɻi/ ‘peuco’.
[Link]. Fonema /u/
Este fonema se realiza como una vocoide alta, posterior, redondea-
da [u]. Como en [ˈ[Link]]; fonémicamente, /[Link]/ ‘maíz’.
[Link]. Fonema /ə/
Este fonema, que se conoce habitualmente como la “sexta vocal” del
mapuche, tiene dos realizaciones alofónicas:
[ə]: media, central, no redondeada, y
[ɯ]: alta, posterior, no redondeada.
203
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
El tipo de distribución en que ocurren estos segmentos es tema con-
troversial en la literatura fonético-fonológica del mapudungun. En efecto,
en algunas descripciones, como la de Echeverría (1964), se señala que en
sílaba tónica ocurriría la variante posterior [ɯ]; mientras que en sílaba áto-
na, ocurriría la variante central [ə]. En consecuencia, para este autor, estos
segmentos están en distribución complementaria150. Para Salas, en cambio,
en posición inicial absoluta debe preferirse [ɯ]; en posición final absoluta,
ocurrirían [ə] y [ɯ]; mientras que entre dos consonantes, sólo ocurriría [ə];
es decir, hay una combinación de distribución alternante y distribución
complementaria. Sadowsky et al. (2013, p. 92), en tanto, precisan que, de
acuerdo con un análisis acústico, la interpretación tradicional se invierte,
por cuanto el segmento más centralizado ([ɘ], en la notación de los auto-
res), que ocurre en sílaba tónica, sería el elemento prominente; mientras
que el segmento más alto ([ɨ̞ ], en la notación de los autores), que ocurre en
sílaba átona, es su variante periférica151.
Es interesante que, como hemos señalado en [Link], en la actualidad
se ha reportado que en algunas variantes del mapudungun se ha produci-
do una disminución significativa del segmento posteriorizado, en favor
del segmento centralizado; esto, a tal punto, que es posible hablar de la
pérdida del alófono [ɯ]. Es lo que sucede en el pewenche hablado en Alto
Bío-Bío, tal como lo han constatado los reportes de Soto-Barba (2016) y
Mena et al. (2019).
Por otro lado, si bien hemos planteado con detalle la forma en que
podemos determinar si segmentos articulatoriamente similares pertenecen
a fonemas distintos o son alófonos de un mismo fonema, es importante
referirnos brevemente a la forma en que podemos determinar cuál de los
segmentos alofónicos constituye la forma representativa o forma básica
de dicho fonema. Por supuesto, cuando “la familia de sonidos” tiene sólo
un integrante, este es el representante o forma básica; sin embargo, cuan-
do hay más de un alófono, es pertinente preguntarse qué criterios utilizar
para seleccionar esta forma representativa.
En este sentido, diremos de manera algo simplificada, que cuando se
trata de una distribución alternante, la frecuencia de los segmentos es un
criterio relevante para determinar cuál es la forma representativa; mien-
tras que si se trata de una distribución complementaria, el segmento que
150 Explícitamente, al analizar estos segmentos, Echeverría señala: “[ɯ] [ə]…Dis-
tribución complementaria: acentuado aparece [ɯ], e inacentuado [ə]…Pertenecen al mis-
mo fonema: /ɯ/” (Echeverría, 1964, p. 39).
151 En estas notas, se sigue por defecto la interpretación de Echeverría, aunque
siempre en el entendido que, especialmente desde una perspectiva dialectal, puede haber
diferencias que aconsejen otra opción.
204
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
constituirá la forma básica del fonema será aquél que permita dar mayor
plausibilidad al proceso fonológico y ocurra en más contextos fonéticos.
Cuando se presentan ambas distribuciones, el primer criterio ―el de fre-
cuencia absoluta― se subordina a los últimos. Una discusión más detallada
respecto de la manera de postular la forma básica del fonema se encuentra
en el trabajo de Salamanca et al. (2011).
Con respecto al caso que nos ocupa ―los alófonos de “la sexta vo-
cal”―, no ha habido un consenso con respecto a cuál es la forma repre-
sentativa de este segmento (y, por consiguiente, del símbolo más indicado
para ella)152, aunque los trabajos más recientes tienden a coincidir en que
el segmento centralizado es la forma representativa de este fonema (por
ejemplo, Saldivia y Salamanca, 2020; Urrea y Salamanca, 2021), tal como
hacemos en estas notas.
En cuanto a la frecuencia de este fonema, es interesante que los re-
portes de Márquez (2016) y Berríos (2023) ―quienes utilizan una meto-
dología de análisis similar para determinarla― ubican este segmento entre
los más frecuentes (en el segundo y primer lugar del listado completo de
fonemas, respectivamente153).
Observaciones complementarias respecto del inventa-
rio de fonemas vocálicos
Los siguientes contrastes a través de pares mínimos entregan evi-
dencia de oposición fonológica entre algunos de los segmentos señalados:
• [e] v/s [i]: [ˈ[Link]] ‘izquierdo’ v/s [ˈ[Link]] ‘uña’. Luego, [e] e
[i] pertenecen a los fonemas diferentes /e/ e /i/, respecti-
vamente. En notación fonémica: /[Link]/ y /[Link]/.
• [o] v/s [u]: [ˈko.ɻə] ‘caldo’ v/s [ˈku.ɻə] ‘negro’. Luego, [o] y
[u] pertenecen a los fonemas diferentes /o/ y /u/, respec-
tivamente. En notación fonémica: /ko.ɻə/ y /ku.ɻə/.
• [a] v/s [ə]: [ˈku.ɻa] ‘piedra’ v/s [ˈku.ɻə] ‘negro’. Luego, [a] y
152 En el trabajo de Dehnhardt et al. (2015), se abordan de manera detallada estos
aspectos.
153 El tema de la frecuencia fonemática en lenguas originarias ha comenzado a
adquirir una importante relevancia en los últimos años. Una buena revisión del estado de la
cuestión sobre esta temática, en general, y sobre el mapudungun, en particular, puede verse
en el trabajo de Berríos (2023).
205
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
[ə] pertenecen a los fonemas diferentes /a/ y /ə/, respecti-
vamente. En notación fonémica: /ku.ɻa/ y /ku.ɻə/.
Valga subrayar la diferencia entre el inventario de fonemas vocálicos
del mapudungun y el español: mientras el español posee un inventario de 5
fonemas vocálicos, el mapudungun posee 6. Una consecuencia asociada a la
ausencia de la llamada “sexta vocal” en el inventario de fonemas vocálicos
del español es que, por ejemplo, los topónimos de origen mapuche que tie-
nen originalmente este fonema recurren prácticamente a todas las demás
vocales para plasmarlo. Así, por ejemplo, la “sexta vocal” se plasma como:
• el fonema vocálico /e/, en el topónimo “Chiguayante” (de
/t͡ʃ[Link]/ ‘neblina’ y /an̪.t̪ə/ ‘sol’),
• el fonema vocálico /u/, como en el topónimo “Antuco”
(de /an̪.t̪ə / ‘sol’ y /ko/ ‘agua’),
• el fonema vocálico /o/, como en el topónimo “Maipo”
(de /maj.pə/ ‘terreno labrado por segunda vez’),
• el fonema vocálico /i/, como en el topónimo “Antihuala”
(de /an̪.t̪ə/ ‘sol’ y /[Link]/ ‘ave acuática’),
• el fonema vocálico /a/, como en el topónimo “Pichide-
gua” (de /pi.t͡ʃi/ ‘pequeño’ y /θe.wə/ ‘ratón’)154.
Por cierto, esto refleja, también, la inercia que ocurre cuando quienes
hablan español se enfrentan al aprendizaje del sistema fónico del mapudun-
gun. Por lo mismo, valga insistir, este segmento requiere de una abundante
ejercitación en un proceso de enseñanza-aprendizaje de esta lengua.
154 Pichidegua es una localidad que está ubicada en la VI Región del país, sector
en que en algún momento se habló mapudungun y, por distintas evidencias, sabemos que la
pronunciación del segmento fricativo interdental era el sonoro [ð] y no el áfono [θ], lo cual
implica que la palabra ‘ratón’ en la zona se pronunciaba [ˈðe.wə] y no [ˈθe.wə]. Esto, por
cierto, es compatible con la pronunciación “Pichidegua” (fonéticamente, [ˈpi.t͡ʃi.ˈðe.wə]),
en vez de “Pichizegua” (fonéticamente, [ˈpi.t͡ʃi.ˈθe.wə]).
Cabe hacer presente, sin embargo, que una aprensión respecto de esta etimología es
planteada por el autor principal de este libro, para quien, por la naturaleza simbólica aso-
ciada al d/zewü (‘ratón’) no le resulta muy plausible que se pueda vincular con el adjetivo
pichi (que tiene una cierta connotación afectiva positiva). Ahora, independiente de ello, el
alcance cultural señalado nos plantea el desafío de incursionar en el ámbito de los signifi-
cados en mapudungun desde una perspectiva intracultural.
206
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Cuadro de fonemas vocálicos del mapudungun
y variación alofónica de la “sexta vocal”
El siguiente cuadro muestra los 6 fonemas del mapudungun (con ne-
gritas) y la realización alofónica de la sexta vocal ([ɯ]), asignada mediante
una flecha a la forma básica del fonema (/ə/).
Imagen 9: Cuadro de fonemas vocálicos del mapudungun
(elaboración de los autores).
3.3.2. Fonemas consonánticos
Los 34 fonos contoides del mapudungun vistos en la sección 2.4.2 del
apartado de Fonética se organizan en 22 fonemas consonánticos, de los
cuales 4 son oclusivos; 2, africados; 4, fricativos; 5, nasales; 3, laterales; y
4, aproximantes.
[Link]. Fonemas oclusivos
La organización fonológica de los segmentos contoides del mapudun-
gun permite distinguir 4 unidades fonológicas oclusivas, todas ellas realiza-
das con este modo de articulación.
[Link].1. Fonema /p/
Este fonema se realiza como una contoide oclusiva, bilabial, áfona
[p]. Como en [ˈpo.ɲi]; fonémicamente, /po.ɲi/ ‘papa’.
[Link].2. Fonema /t/
Este fonema se realiza como una contoide oclusiva, alveolar, áfona
[t]. Como en [ˈtun]; fonémicamente, /tun/ ‘tomar’.
207
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
[Link].3. Fonema /t̪/
Este fonema se realiza como una contoide oclusiva, interdental, áfo-
na [t̪]. Como en [ˈt̪ɯn̪]; fonémicamente, /t̪ən̪/ ‘piojo de la cabeza’.
Los siguientes pares submínimo y mínimo, respectivamente, eviden-
cian que los segmentos [t] y [t̪] pertenecen a fonemas diferentes, pues
están en distribución contrastante:
[ˈtun] ‘tomar’ versus [ˈt̪ɯn̪] ‘piojo de la cabeza’;
[fə.ˈta] ‘es alto’ versus [fə.ˈt̪a] ‘esposo’
Entonces, corresponderán tantas transcripciones fonémicas como
transcripciones fonéticas: /tun/, /t̪ən̪/, /fə.ta/ y /fə.t̪a/, respectivamente.
Cabe destacar la escasa frecuencia de este fonema, en particular, y de
los fonemas interdentales no fricativos, en general (lo que, por supuesto,
no debe llevar a considerarlos menos relevantes que las otras unidades
fonológicas). En efecto, tanto para Márquez (2016) como para Berríos
(2023), este es el segundo fonema con menor frecuencia en el mapudun-
gun155.
[Link].4. Fonema /k/
Este fonema tiene dos realizaciones alofónicas en distribución com-
plementaria:
[k]: oclusiva, velar, áfona. Ocurre ante vocoides centrales y pos-
teriores. Como en [ko]; fonémicamente, /ko/ ‘agua’.
[kʲ]: oclusiva, postpalatal, áfona. Ocurre ante vocoides anterio-
res. Como en [kʲin.ˈtun]; fonémicamente, /[Link]/ ‘buscar’.
Se ha seleccionado el segmento velar [k] como la forma básica del
fonema, pues, como se ve, ocurre en más contextos fonéticos.
155 Vinculado con ello, este segmento posee una cierta vulnerabilidad y, eventual-
mente, pudiera ser “absorbido” por su contraparte alveolar /t/; máxime si, como es el
caso, dicho fonema (/t̪/) no está presente en el inventario de unidades funcionales de la
lengua mayoritaria. De ahí que, como hemos señalado, este segmento requiera de una
atención altamente preferente en el aula para su reforzamiento y distinción respec-
to del fonema alveolar.
208
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Observaciones complementarias respecto de la serie de
fonemas oclusivos
Si comparamos el inventario de fonemas consonánticos oclusivos
del mapudungun con el inventario de fonemas oclusivos del español, vemos
que el de esta última lengua posee 6 unidades, de las cuales 3 son áfonas
(/p/ /t/ /k/) y tres son sonoras (b/ /d/ /ɡ/); mientras que el inventa-
rio de fonemas del mapudungun posee 4 unidades, todas ellas en la serie
de segmentos áfonos. Este desfase tiene un efecto en el español hablado
por quienes tienen como primera lengua el mapudungun y en el mapudungun
hablado por quienes tienen como primera lengua el español. Por ejemplo,
al no poseer el español el segmento interdental /t̪/, un hispanohablante
que está familiarizándose con el mapudungun tenderá a producirlo no en la
zona interdental, sino en el punto de articulación postdental, por inercia
de su lengua156. Como contraparte, al no poseer el mapudungun la serie de
fonemas oclusivos sonoros /b d g/, será frecuente que quienes hablan
esta lengua y se están familiarizando con el español realicen estos fone-
mas con segmentos próximos articulatoriamente de la lengua originaria.
Por ejemplo, la ausencia del fonema /b/ en el inventario del mapudungun
explica por qué algunas palabras del español, como vaca y cabra, se reali-
zan habitualmente por los hablantes de mapudungun como waka (fonémi-
camente, /[Link]/; fonéticamente, [ˈ[Link]]) y kapüra (fonémicamente, /
ka.pə.ɻa/; fonéticamente, [ka.ˈpɯ.ɻa]), respectivamente. En efecto, aquí el
fonema /b/ del español (representado en la escritura por las letras “v” y
“b”, respectivamente, en las palabras que nos ocupan) se realiza con los
segmentos del mapudungun ―articulatoriamente próximos a /b/―, /w/ y
/p/, respectivamente. Algunos trabajos sobre el español hablado por los
mapuches que hacen referencia al nivel fónico segmental de la lengua son
los de Hernández y Ramos (1978), Lagos y Olivera (1988), Sadowsky y
Aninao (2015), entre otros.
[Link]. Fonemas africados
La organización de los fonos contoides del mapudungun permite dis-
tinguir 2 unidades fonológicas africadas. Una de ellas con una realización
alofónica con este modo de articulación; y la otra, con una realización con
este modo de articulación y una realización oclusiva.
156 En un proceso de enseñanza-aprendizaje del mapudungun, el docente deberá
prestar especial atención a estas eventuales transferencias del español.
209
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
[Link].1. Fonema /t͡ʃ/
Este fonema se realiza como una contoide africada, alveopalatal, áfo-
na [t͡ʃ]. Como en [ˈt͡ʃaʎ.wa]; fonémicamente, /t͡ʃaʎ.wa/ ‘pez/pescado’.
Hay algunas variantes dialectales del mapudungun que, al igual que el
español hablado en Chile, tienen como una de las realizaciones alofóni-
cas del fonema /t͡ʃ/ el segmento fricativo, alveopalatal, áfono [ʃ]. Es el
caso, por ejemplo, del mapudungun hablado en Tirúa, tal como consta en el
reporte de Salamanca y Quintrileo (2009). Sin embargo, como hemos se-
ñalado, en la variante que nos ocupa, [t͡ʃ] y [ʃ] pertenecen a fonemas
distintos, tal como veremos en detalle cuando nos refiramos al fonema
/ʃ/ en la subsección de los fonemas fricativos.
[Link].2. Fonema /ʈ͡ʂ/
Este fonema tiene dos realizaciones alofónicas en distribución al-
ternante o variación libre:
[ʈ͡ʂ]: africada, retrofleja, áfona.
[ʈ]: oclusiva, retrofleja, áfona.
El hecho de que, entre muchos otros casos, una palabra como [ˈʈ͡ʂoŋ.
li] alterne con [ˈʈoŋ.li], y esto no conlleve un cambio de significado (ambas
significan ‘flaco’), justifica que se etiquete este como un caso de distribu-
ción alternante de los segmentos [ʈ͡ʂ] y [ʈ] y estos se asignen al mismo fone-
ma. Por otra parte, apelando al criterio de frecuencia, claramente se debe
seleccionar el segmento africado como la forma básica del fonema,
pues, por una parte, no en todas las variantes del mapudungun ocurre el seg-
mento oclusivo, y, por otra parte, en la mayoría de las variantes dialectales
donde ocurren ambos fonos, el que predomina es, por lejos, el africado.
Observaciones complementarias respecto de la serie de
fonemas africados
Si comparamos el inventario de fonemas consonánticos africados
del mapudungun con el inventario de fonemas consonánticos del español,
observamos que el de esta última lengua también posee 2 unidades, pero
una de ellas es la contraparte sonora del fonema /t͡ʃ/, es decir, /d͡ʒ/, seg-
mento que no ocurre en mapudungun. Como se ve, la oposición fonológica
210
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por sonoridad no es un rasgo que caracterice a esta lengua, a diferencia
del español, donde, además del contraste por sonoridad que acabamos de
señalar, ocurre la oposición por este rasgo en la serie oclusiva (/p/, /t/
y /k/ se oponen por este rasgo a /b/, /d/ y /ɡ/, respectivamente). En
línea con ello, Echeverría (1964, p. 22) realiza el siguiente alcance: “De este
modo, si en un dialecto mapuche descubriéramos las sonoras correspon-
dientes a [p], [t], [k], es decir, [b], [d], [g], sería probable que […] no fueran
las sonoras fonemas aparte de las áfonas”.
[Link]. Fonemas fricativos
La organización fonológica de los segmentos contoides del mapudun-
gun permite distinguir 4 unidades fonológicas fricativas, todas ellas solo
con realizaciones fricativas.
[Link].1. Fonema /f/
Este fonema tiene 4 realizaciones alofónicas en distribución alter-
nante o variación libre:
[f]: fricativa, labiodental, áfona.
[ɸ]: fricativa, bilabial, áfona.
[v]: fricativa, labiodental, sonora.
[β]: fricativa, bilabial, sonora.
La posibilidad de que, entre muchos otros casos, una palabra como
[ˈfu.ɻi] pueda pronunciarse en el territorio de habla mapuche como [ˈɸu.
ɻi], [ˈvu.ɻi] o [ˈβu.ɻi], sin que esto afecte el significado (los cuatro enuncia-
dos refieren a la espalda), justifica que se haya etiquetado este como un
caso de distribución alternante o variación libre. De ahí que estas 4 pro-
nunciaciones posibles, en términos fonéticos, sean derivables desde una
única transcripción fonémica: /fu.ɻi/.
Con respecto a la selección de la forma básica del fonema, dado que
se trata de una distribución alternante, es relevante el criterio de frecuen-
cia. Ahora bien, con respecto a este fonema ―y al que sigue (/θ/)―, tam-
bién es importante considerar el aspecto diatópico, pues, tal como hemos
señalado en las secciones [Link].1 a [Link].3 del apartado de Fonética,
cuando se trata de esta “familia de sonidos”, en la zona norte de habla
mapuche predominan claramente las variantes sonoras [v] y [β], mientras
que en la zona centro-sur y sur predominan las variantes áfonas [f] y [ɸ], lo
211
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
cual se ve muy claramente, por ejemplo, en el cordón cordillerano de habla
mapuche, de acuerdo con el reporte de Urrea y Salamanca (2021). En efec-
to, en este trabajo es posible apreciar que en Alto Bío-Bío y Lonquimay
predominan de manera elocuente las realizaciones sonoras: 91% y 79%
es la suma de las realizaciones [v] y [β] en ambas zonas, respectivamente.
En consecuencia, en ellas, claramente, conviene seleccionar como forma
representativa del fonema el segmento fricativo, labiodental, sonoro [v] (es
decir, /v/)157. En la zona que hemos tomado como referencia para estas
notas (el l´afken´che de la Novena Región, desde Puerto Saavedra al sur), en
cambio, predomina de manera significativa la realización áfona labiodental
[f], por lo cual la hemos escogido como la forma básica del fonema (/f/).
[Link].2. Fonema /θ/
Este fonema tiene 2 realizaciones alofónicas en distribución alter-
nante o variación libre:
[θ]: fricativa, interdental, áfona.
[ð]: fricativa, interdental, sonora.
La posibilidad de que, entre otros muchos casos, una palabra como
[ˈθa.ɲe] pueda pronunciarse también como [ˈða.ɲe], sin que esto afecte el
significado (ambas significan ‘nido’), justifica que se haya etiquetado este
como un caso de distribución alternante o variación libre. De ahí que /
θa.ɲe/ sea una transcripción fonémica que permite derivar ambas pronun-
ciaciones posibles.
Al igual que en el caso del fonema /f/, con respecto a la selección de
la forma básica, dado que ocurre una distribución alternante, es relevante
atender al criterio de frecuencia y al aspecto diatópico, pues, de manera
simétrica, en la zona norte de habla mapuche predomina claramente la
variante sonora [ð], mientras que en la zona centro-sur y sur predomina
la variante áfona [θ]. Esto también se ve muy claramente en el cordón
cordillerano de habla mapuche. En efecto, en Alto Bío-Bío y Lonquimay
predomina claramente el segmento sonoro [ð], con un 97% y 94%, respec-
tivamente. En consecuencia, en esas zonas conviene seleccionar como for-
ma representativa del fonema el segmento fricativo, interdental, sonoro [ð].
157 Así lo hacen Sánchez (1989), Salamanca (1997) y Sánchez Pérez (2015). Los dos
primeros, para el mapuche hablado en Alto Bío-Bío, y la última autora para el mapuche ha-
blado en Lonquimay. Misma decisión toman Saldivia y Salamanca (2020) para el l´afken´che
nortino hablado en Los Álamos.
212
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
En cambio, en la zona que hemos tomado como referencia para estas notas
(el l´afken´che meridional) predomina de manera significativa la realización
áfona [θ], por lo cual la hemos escogido como la forma básica del fonema.
[Link].3. Fonema /s/
Este fonema se realiza como una contoide fricativa, alveolar, áfona
[s]. Como en [ˈsaɲ.we]; fonémicamente, /saɲ.we/ ‘chancho’.
Como dijimos en la sección [Link].7 del apartado de Fonética, este
segmento posee una muy escasa frecuencia. En efecto, para Márquez
(2016) sólo cuatro fonemas tienen una frecuencia menor que /s/; y para
Berríos (2023), este es el fonema que presenta la menor frecuencia de todo
el inventario. Esta escasa frecuencia puede atribuirse a que, probablemen-
te, constituya un préstamo proveniente del quechua158 y, posteriormente,
del español.
[Link].4. Fonema /ʃ/
Este fonema se realiza como una contoide fricativa, alveopalatal, áfo-
na [ʃ]. Como en [ʃə.ˈmiʎ.ko]; fonémicamente, /ʃə.miʎ.ko/ ‘astillas’.
Como hemos señalado en la sección [Link].8 del apartado de Foné-
tica, este segmento tiene un comportamiento variado, en tanto fono y en
tanto fonema. Con respecto al primer aspecto, hemos señalado que este
segmento puede no ocurrir ―u ocurrir de manera muy excepcional― en
algunas zonas de habla mapuche; mientras que en otras zonas, puede ocu-
rrir de manera sistemática. En cuanto al segundo aspecto, cabe señalar que
el estatus fonémico de [ʃ] puede tener los siguientes alcances: a) ser un aló-
fono del fonema /s/, como en la zona de Victoria, de acuerdo con el aná-
lisis de Lagos (1984); b) ser un alófono de /t͡ʃ/, como en la zona de Tirúa,
tal como se plasma en el reporte de Salamanca y Quintrileo (2009); c) ser
un fonema que tiene entre sus alófonos el segmento africado [t͡ʃ], como en
el l´afken´che nortino hablado en la zona de Los Álamos, de acuerdo con
el reporte de Saldivia y Salamanca (2020); y d) ser la forma básica de un
fonema diferente tanto de /s/ como de /t͡ʃ/, como en la zona que
nos ocupa y en Curarrehue, de acuerdo con los reportes de Painequeo
(2015), y Pérez y Salamanca (2017), respectivamente159.
158 Para profundizar en la temática de los posibles préstamos culturales y lingüís-
ticos del quechua en el mapudungun, en general, y del préstamo del segmento /s/, en parti-
cular, puede consultarse los trabajos de Moulian et al. (2015), Sánchez (2020) y Molineaux
(2022).
159 No se puede descartar que estas diferencias se deban, más bien, a divergencias
213
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Observaciones Complementarias respecto de la Serie
de Fonemas Fricativos
Al comparar la serie de fonemas fricativos del mapudungun con la
serie de fonemas fricativos del español, se observa un desfase en la can-
tidad y la naturaleza de algunos segmentos. En efecto, como se ha vis-
to, el mapudungun posee 4 fonemas en esta serie (o 3, según la variante
dialectal), mientras que el español latinoamericano posee 3, y el español
peninsular, 4. En cuanto a la naturaleza de ellos, el mapudungun y el es-
pañol poseen el fonema fricativo, labiodental, áfono /f/, aunque hay
diferencias en la variación alofónica, pues el español no presenta como
alófonos de este fonema los segmentos [v] y [β]. Por otra parte, tanto
el mapudungun como el español peninsular poseen los fonemas /s/ y
/θ/; mientras que el español latinoamericano ha fusionado la distinción
fonológica entre ellos en un solo segmento: el alveolar /s/ (fenómeno
conocido como “seseo”). Con respecto a /ʃ/, hemos señalado que sólo
en algunos lugares donde se habla mapudungun ―entre ellos, Curarrehue,
Panguipulli, la costa desde la comuna de Puerto Saavedra hasta más allá
de Mariquina, y San Martín de los Andes― el fono asociado a este fo-
nema tiene estatus fonémico; mientras que en el caso del español, hay
que distinguir la situación del español peninsular y del español de Chile,
pues, en el primero, /ʃ/ ni siquiera ocurre como una unidad fonética
(menos aún como un fonema)160, en tanto que en el español de Chile
ocurre el fono [ʃ], pero no con estatus fonémico, sino como un alófono
del fonema africado /t͡ʃ/.
Así, entonces, se puede apreciar que 3 de los 4 fonemas fricativos del
español peninsular, y 2 de los 3 del español latinoamericano, son compar-
tidos con el mapudungun. El fonema fricativo que poseen el español penin-
sular y el español latinoamericano, y que no está presente en el mapudungun,
es el fricativo velar (o postvelar) /x/161. De este modo, las palabras del
español que han entrado al mapudungun acusan el ajuste que se ha realiza-
do para hacer compatible la presencia de este segmento con la fonología
vernacular. Es así como se explica la ocurrencia, entre otras, de palabras
como /[Link].ʃa/ (del español ‘oveja’; fonémicamente, /o.ˈ[Link]/), /[Link]/
en la interpretación fonémica.
160 Se toma aquí como referencia el habla de Madrid.
161 No se debe olvidar que este segmento no tiene una pronunciación del tipo “ks”,
como ocurre en la grafía común del español, sino que en el metalenguaje fonético-fono-
lógico la pronunciación asociada a [x] equivale a lo que la grafía de esta lengua representa
con la letra “jota”.
214
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
o /[Link]/ (del español ‘ajo’; fonémicamente, /ˈ[Link]/ ‘ajo’) o /[Link].ʎu/
(del español ‘junquillo’; fonémicamente, /xun.ˈki.d͡ʒo/), donde el fonema
/x/ es reemplazado por los fonemas próximos articulatoriamente /s/, /ʃ
/ y/o /k/162.
[Link]. Fonemas aproximantes
La organización fonológica de los segmentos contoides del mapudun-
gun permite distinguir 4 unidades fonológicas aproximantes, dos de ellas
con realizaciones aproximantes y fricativas; y dos con realizaciones solo
aproximantes.
[Link].1. Fonema /j/
Este fonema tiene dos realizaciones alofónicas en variación libre y en
distribución complementaria:
[j]: aproximante, mediopalatal, sonora. En posición inicial e in-
tervocálica, variación libre con [ʝ].
[ʝ]: fricativa, mediopalatal, sonora. No ocurre en posición final
de sílaba.
Así, por ejemplo, [jaʎ] (‘hijo o hija del hombre’) alterna con [ʝaʎ]; [ɻa.
ˈjen] (‘flor’) alterna con [ɻa.ˈʝen]; pero en posición final, sólo puede ser el
segmento aproximante.
La ocurrencia de [j] en mayor cantidad de contextos, y su mayor
frecuencia en aquellos que comparte con [ʝ], justifican su selección como
forma básica del fonema.
[Link].2. Fonema /w/
Este fonema se realiza como una contoide aproximante, labio-ve-
lar, sonora [w]. Como en [ˈ[Link]]; fonémicamente, /[Link]/ ‘cielo, arri-
ba’. Eventualmente, puede desarrollarse una leve consonantización velar
cuando este segmento ocurre en posición inicial de enunciado ([ˈ[Link]]
deviene, eventualmente, en [ˈɣ[Link]]).
162 Si se requiere profundizar en el tema de los hispanismos léxicos en la lengua
mapuche desde una perspectiva histórica, sugerimos consultar el trabajo de Hasler y Soto
(2012).
215
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
[Link].3. Fonema /ɰ/
Este fonema tiene dos realizaciones alofónicas en distribución com-
plementaria:
[ɰ]: aproximante, velar, sonora. Ocurre ante vocoides centrales
y posteriores. Como en [ʈ͡ʂe.ˈɰɯl]; fonémicamente, /ʈ͡ʂe.ˈɰəl/
‘treile’.
[ɰʲ]: aproximante, postpalatal, sonora. Ocurre ante vocal ante-
rior. Como en [na.ˈɰʲ[Link]]; fonémicamente, /na.ˈɰ[Link]/ ‘aba-
jo’.
Como se ve, estos segmentos ocurren en contextos mutuamente ex-
cluyentes; por ello, hemos considerado este un caso de distribución com-
plementaria. La ocurrencia del segmento velar en más contextos fonéticos
justifica su selección como forma básica del fonema.
[Link].4. Fonema /ɻ/
Este fonema tiene dos realizaciones alofónicas en distribución alter-
nante o variación libre:
[ɻ]: aproximante, retrofleja, sonora.
[ʐ]: fricativa, retrofleja, sonora.
La posibilidad de que, entre otros muchos casos, una palabra como
[ˈɻeɭ.mu] pueda pronunciarse también como [ˈʐeɭ.mu], sin que esto afecte
el significado (ambas significan ‘arco iris’), justifica que se haya etiquetado
este caso como una distribución alternante o variación libre (fonémica-
mente, /ɻ[Link]/).
En la variante que nos ocupa, el segmento aproximante cons-
tituye la forma básica del fonema. Es lo que sucede también en el
cordón cordillerano, donde tanto en Alto Bío-Bío como en Lonquimay,
Icalma y Curarrehue predomina el segmento [ɻ], con porcentajes que
superan el 75%, de acuerdo con el reporte de Urrea y Salamanca (2021,
p. 231).
216
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Observaciones complementarias respecto de la serie de
fonemas aproximantes
Con respecto a los fonemas /j/ y /ɰ/, estos han tenido una inter-
pretación variada en el análisis fonológico del mapudungun. Por ejemplo,
con respecto a /j/, Lagos (1981) distingue un segmento asilábico en posi-
ción pre-nuclear ([j]) y uno en posición postnuclear ([i̯]), ambos interpre-
tados como realizaciones alofónicas de la vocal alta /i/. Por otra parte,
este autor no otorga estatus fonémico al segmento aproximante, velar,
sonoro [ɰ], pues lo considera un refuerzo consonántico de la “sexta vo-
cal”. Salas (1978), por su parte, también distingue segmentos prenucleares
y postnucleares, pero no los asigna a los fonemas vocálicos altos /i/ y /u/,
sino que los interpreta como alófonos de los fonemas semiconsonánticos
/j/ y /w/ (/y/ y /w/, en su notación), y a ellos agrega /ɰ/ (/g/, en su
notación), con lo cual despliega un sistema simétrico, con realizaciones
consonánticas en el premargen y vocálicas en el postmargen. Otra inter-
pretación es la que hemos seguido en estas notas; esto es, no distinguimos
segmentos diferentes en posición pre y postnuclear, sino sólo segmentos
aproximantes.
[Link]. Fonemas nasales
La organización fonológica de los segmentos contoides del mapu-
dungun permite distinguir 5 unidades fonológicas nasales, todas ellas con
realizaciones con este modo de articulación.
[Link].1. Fonema /m/
Este fonema se realiza como una contoide nasal, bilabial, sonora [m].
Como en [ˈma.ɻi]; fonémicamente, /ma.ɻi / ‘diez’.
[Link].2. Fonema /n/
Este fonema tiene dos realizaciones alofónicas en distribución com-
plementaria:
[ɳ]: nasal, retrofleja, sonora. Ocurre en posición final de sílaba
iniciada por consonante retrofleja. Como en [ˈʈ͡ʂiɳ.ʈ͡ʂi]; fonémi-
camente, /ʈ͡ʂin.ʈ͡ʂi/ ‘crespo’163.
163 En la zona que nos ocupa, no es claro que efectivamente se produzca el seg-
217
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
[n]: nasal, alveolar, sonora. Ocurre en los otros contextos.
Como se ve, los segmentos ocurren en contextos mutuamente ex-
cluyentes, razón por la cual hemos rotulado este caso como una alofonía
por distribución complementaria. La ocurrencia del segmento alveolar en
mayor cantidad de contextos justifica su selección como forma básica de
este fonema.
[Link].3. Fonema /n̪/
Este fonema se realiza como una contoide nasal, interdental, sonora.
Como en [po.ˈn̪on̪]; fonémicamente, /po.n̪on̪/ ‘pulmón’.
Los siguientes pares submínimo y mínimo, respectivamente, eviden-
cian que los segmentos [n] y [n̪] pertenecen a fonemas diferentes, pues
están en distribución contrastante164:
[ə.ˈnun] ‘mantener sorbo de agua [fɯn] ‘nervios (cartílagos de la
en la boca’ carne)’
[ə.ˈn̪un̪] ‘asqueroso, indeseable’ [fɯn̪] ‘pulpa (carne, fruto)’
Al igual que en el caso del fonema /t̪/, este fonema tiene una baja
frecuencia. En efecto, para Márquez (2016), este segmento ocupa el lugar
23, de un listado de 28 fonemas; mientras que para Berríos (2023), sólo
hay dos fonemas que tienen una frecuencia menor que /n̪/. Así, al igual
que en el caso de /t̪/, este hecho podría colocar a este segmento en un
estatus de vulnerabilidad, de modo que, eventualmente, podría ser “absor-
bido” por el segmento articulatoriamente similar /n/; máxime si, como
es el caso, dicho fonema (/n̪/) no está presente en el inventario de la
lengua mayoritaria. En este contexto, su focalización en un proceso de
enseñanza-aprendizaje puede contribuir a relevar su rol de unidad
funcional prominente de la lengua mapuche.
[Link].4. Fonema /ɲ/
Este fonema se realiza como una contoide nasal, mediopalatal, sono-
ra. Como en [ˈɲ[Link]]; fonémicamente, /ɲ[Link]/ ‘hija de hombre’.
mento nasal retroflejo, como sí se reporta, por ejemplo, en el cordón cordillerano de habla
mapuche-pewenche. Nuevos estudios podrán otorgar más luces sobre este punto.
164 Estos pares mínimos se extraen de la tesis doctoral de Painequeo (2015).
218
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Es relevante señalar que si bien este segmento también está presente
en el inventario de fonemas del español, hay dos diferencias importantes
entre ambas lenguas: a) en mapudungun, el fonema /ɲ/ puede ocurrir en
posición final de sílaba (como en la palabra /maɲ.ke/ ‘cóndor’), de modo
que, como hemos señalado en la sección [Link].5 del apartado de Fonéti-
ca, en un proceso de enseñanza-aprendizaje amerita ejercitarse de manera
focalizada y sistemática en esta posición; y b) en español, el fonema en
cuestión tiene una muy baja frecuencia, mientras que en mapudungun, si
bien no tiene una frecuencia prominente, está distante del extremo inferior
del listado. En efecto, de acuerdo con el reporte de Pérez (2003) ―quien
promedia las frecuencias de fonemas del español obtenidas en cuatro tra-
bajos precedentes con los obtenidos en su análisis―, el fonema /ɲ/ es
el que obtiene la cifra menor, ubicándose en el último lugar de la lista;
mientras que en el caso del mapudungun, de acuerdo con los reportes de
Márquez (2016) y Berríos (2023), este segmento se ubica en el lugar 16 y
19 (de 28 fonemas, en ambos casos), respectivamente.
[Link].5. Fonema /ŋ/
Este fonema tiene dos realizaciones alofónicas en distribución
complementaria:
[ŋ]: nasal, velar, sonora. Ocurre ante vocoides centrales y poste-
riores. Como en [ŋə.ˈl̪am]; fonémicamente, /ŋə.ˈl̪am/ ‘discurso
formativo de los mayores (abuelos y padres) a los niños’165.
[ŋʲ]: nasal postpalatal sonora. Ocurre ante vocoides anteriores,
como en [ŋʲi.ʎa.ˈ[Link]]; fonémicamente, /ŋi.ʎ[Link]/ ‘espacio
físico destinado para efectuar el ngilhatun’166.
Como se ve, estos segmentos ocurren en contextos mutuamente ex-
cluyentes, razón por la cual hemos rotulado este caso como una alofonía
por distribución complementaria. La selección de [ŋ] como forma básica
del fonema obedece a que ocurre en mayor cantidad de contextos foné-
ticos.
Debemos enfatizar que [ŋ] tiene estatus de fonema en mapu-
dungun (/ŋ/); no así en español, donde, si bien este segmento ocurre
como sonido, no tiene estatus de fonema, sino de alófono del fonema
alveolar /n/. También es importante insistir en que en mapudungun este
165 Este ítem y glosa son extraídos de Painequeo (2022).
166 Este ítem y glosa son extraídos de Painequeo (2022).
219
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
segmento ocurre al inicio, entre vocales y final de sílaba, posiciones que
ameritan una atención muy preferente en un proceso de enseñanza-apren-
dizaje.
Observaciones complementarias respecto de la serie de
fonemas nasales
Si comparamos el inventario de fonemas nasales del mapudungun con
el inventario de fonemas nasales del español, se aprecia un desfase impor-
tante, pues, mientras el mapudungun posee 5 unidades nasales, en español
ocurren 3. Estos tres fonemas del español ocurren también en mapudungun
y son el bilabial /m/, el alveolar /n/ y el palatal /ɲ/. La diferencia está
dada por los fonemas nasal velar /ŋ/ y nasal interdental /n̪/. En el primer
caso, como hemos dicho, el segmento [ŋ] ocurre en español, pero sólo
como un alófono predecible del fonema nasal alveolar /n/. En el segundo
caso, hay que distinguir lo que sucede en el español latinoamericano y en el
español peninsular. En efecto, en Latinoamérica el fono nasal interdental
no ocurre, al menos de manera sistemática; mientras que en el español pe-
ninsular, sí ocurre de manera sistemática, pero en una posición predecible,
y, por lo tanto, no funcional; específicamente, precediendo al segmento
interdental [θ], como en la palabra canción (fonéticamente, [kan̟.ˈθjon]).
Esta característica del mapudungun de oponer fonológicamente cinco
puntos de articulación en la serie nasal es un rasgo particularmente promi-
nente en términos tipológicos y ya había sido relevado por Suárez (1959).
Salas (1992b) plantea lo señalado en los siguientes términos:
Suárez fue el primero en advertir que el rasgo más sorprenden-
te del sistema fonológico mapuche es ‘…the fact that it exhibits
five phonemically ditinct positions in the nasal series [el hecho
de que en la serie nasal presenta cinco posiciones fonémica-
mente diferentes]’ (1959:178 y nota 5 al pie de página).
[Link]. Fonemas laterales
La organización fonológica de los segmentos contoides del mapu-
dungun permite distinguir 3 unidades fonológicas laterales, todas ellas con
realizaciones con este modo de articulación.
220
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
[Link].1. Fonema /l/
Este fonema tiene dos realizaciones alofónicas en distribución com-
plementaria:
[ɭ]: lateral, retrofleja, sonora. Se presenta en posición final de
sílaba iniciada por consonante retrofleja. Como en [ˈʈ͡ʂɯɭ. kʲe];
fonémicamente, /ʈ͡ʂəl. ke/ ‘cuero’.
[l]: lateral, alveolar, sonora. Ocurre en los otros contextos.
Como se ve, estos segmentos ocurren en contextos mutuamente ex-
cluyentes, razón por la cual hemos rotulado este caso como una alofonía
por distribución complementaria. Por otra parte, la evidente restricción
contextual para la ocurrencia del segmento retroflejo justifica que se pre-
fiera el segmento alveolar como la forma básica de este fonema.
[Link].2. Fonema /l̪/
Este fonema se realiza como una contoide lateral, interdental, sono-
ra. Como en [ˈl̪[Link]]; fonémicamente, /l̪[Link]/ ‘luga (un alga marina)’167.
Los siguientes pares mínimos evidencian que los segmentos [l] y [l̪]
pertenecen a fonemas diferentes, pues están en distribución contrastante168:
[ə.ˈl̪an] ‘masticar con los dientes el trigo
[ˈpe.l̪e] ‘un tipo de barro’
(para hacer muday)’
[ˈ[Link]] ‘si él ve’ [ə.ˈlan] ‘abrir (la boca)’
Al igual que en el caso de los fonemas /t̪/ y /n̪/, /l̪/ tiene una muy
baja frecuencia. En efecto, tanto para Márquez (2016) como para Berríos
(2023), este segmento ocupa el lugar 24, de un listado de 28 fonemas. Así,
al igual que en el caso de los fonemas señalados, este hecho puede colocar
a /l̪/ en un estatus de vulnerabilidad y, eventualmente, ser “absorbido”
por el segmento articulatoriamente similar /l/; máxime si, como en este
caso, /l̪/ no ocurre en el inventario de consonantes de la lengua mayorita-
ria. En la misma línea, este segmento, junto con /t̪/ y /n̪/ requerían
de una atención preferencial en un proceso de enseñanza-aprendi-
zaje del mapudungun.
167 Este ítem y glosa son extraídos de la tesis doctoral de Painequeo (2015).
168 Estos pares mínimos se extraen de la tesis doctoral de Painequeo (2015).
221
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
[Link].3. Fonema /ʎ/
Este fonema se realiza como una contoide lateral, palatal, sonora.
Como en [ŋʲi.ʎa.ˈtun]; fonémicamente, /ŋi.ʎ[Link]/ ‘rogativa, ceremonia
pública mapuche’.
El estatus de fonemas distintos de los segmentos lateral, palatal [ʎ] y
el cercano articulatoriamente lateral, alveolar [l] queda demostrado con el
par mínimo con el cual ejemplificamos la distribución contrastante:
[ˈ[Link]] ‘uña’
[ˈwi.ʎi] ‘sur’
En cuanto a los contextos fónicos donde ocurre este fonema, debe
relevarse que no solo ocurre en posición inicial e intervocálica, sino tam-
bién en posición final de sílaba, contexto en el cual, al igual que /ɲ/, preci-
saría de una ejercitación focalizada y sistemática, pues se ha reportado que
en esta posición, eventualmente, es reemplazado por el segmento alveolar,
lo cual, por cierto, no es considerado como una pronunciación “correcta”
por los hablantes de la zona que nos ocupa.
Observaciones complementarias respecto de la serie de
fonemas laterales
Como se aprecia, el mapudungun posee 3 fonemas en esta serie, mien-
tras que el español tiene solo uno. El fonema lateral del español es el
alveolar /l/, el cual es uno de los tres que posee el mapudungun. Los otros
dos fonemas del mapudungun son el lateral interdental /l̪/ y el lateral palatal
/ʎ/. Con respecto al fonema lateral interdental, podemos señalar que si
bien no ocurre en español con dicho estatus, en el español peninsular ocu-
rre un sonido lateral interdental como alófono del fonema lateral alveolar;
esto, porque ocurre de manera sistemática en un solo contexto, cual es
precediendo al segmento fricativo interdental [θ], como en la palabra alzar
(fonéticamente, [al̟.ˈθaɾ]169). Y en relación con el segmento lateral palatal,
su situación en el español hablado en Chile es interesante, pues, mientras
en las zonas urbanas este segmento prácticamente ha desaparecido, siendo
169 Téngase presente aquí lo expresado en la nota a pie donde nos referimos a la
conveniencia de distinguir entre un diacrítico para la zona postdental ([ ̪ ]) y uno para la
zona interdental ([ ̟ ]), lo que la tradición fonético-fonológica hispánica realiza, pero no así
la tradición de estudios sobre el mapudungun.
222
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
“absorbido” por el fonema africado, palatal, sonoro (fenómeno conocido
como yeísmo), en ciertos sectores rurales de Chile aún persiste (Wagner y
Rosas, 2003; Soto-Barba, 2011; Ortega, 2022, entre otros). Estos aspectos
se podrían tener presente en un proceso de enseñanza-aprendizaje del ma-
pudungun, pues si bien en algunas zonas rurales su ocurrencia en el español
pudiera reforzar su mantenimiento, su ausencia en el español hablado en
los sectores urbanos, entre otros factores, justificaría una ejercitación fo-
calizada y sistemática.
Cuadro de fonemas consonánticos
del mapudungun y asignaciones alofónicas
Imagen 10: Cuadro de fonemas consonánticos
del mapudungun y asignaciones alofónicas.
3.4 La representación escrita de los sonidos y los grafe-
marios del mapudungun
A continuación, exponemos algunos aspectos vinculados con la re-
presentación escrita de los sonidos, en general ―con foco en la relación
óptima 1:1 entre fonemas y grafemas―, y con la representación de los
fonemas del mapudungun, en particular. Complementamos estas notas con
algunos comentarios, especialmente sobre el segundo tópico.
3.4.1. La representación escrita de los sonidos
A pesar de que en este texto hemos reivindicado con convicción el
carácter oralista de la lengua mapuche, pues esta es la vía a través de la cual
desde tiempos ancestrales se ha desplegado y transmitido su cultura, no es
223
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
menos cierto que la escritura es una herramienta eficaz de transmisión cul-
tural y está arraigada en un número significativo de grupos humanos. Por
lo mismo, desde hace algunas décadas, la posibilidad de que la lengua ma-
puche sea fijada por escrito ha constituido un motivo de ocupación para
algunos lingüistas, educadores tradicionales y hablantes de la lengua en
general170. En cualquier caso, cabe enfatizar que ha de ser el propio pueblo
mapuche el que decida si adopta o no esta forma de transmisión cultural.
Desde la fonética y la fonología se ha establecido que un grafemario
“ideal” es aquel en que se representan los fonemas y no los sonidos de una
lengua171. Esto porque representar cada uno de los sonidos resultaría en
muchos casos redundante. Por ejemplo, tal como hemos visto en las sub-
secciones anteriores, los sonidos [ə] y [ɯ] no se oponen fonológicamente;
en consecuencia, no sería adecuado distinguirlos con dos letras distintas.
Mismo caso es el de los segmentos retroflejos [ɳ] y [ɭ], con respecto a los
segmentos alveolares [n] y [l], respectivamente, pues aquí tampoco se pre-
senta una oposición fonológica; en consecuencia, no se requerirían 4 letras
distintas (en efecto, dos letras es suficiente).
Por cierto, no sucede así cuando lo que se representa son los fone-
mas, pues estas son las unidades que, por definición, tienen una relevancia
a nivel cognitivo. En palabras de Burquest (2006, p. 2):
La fonología tiene una relación especial con la ortografía, que
es un sistema alfabético que se usa para representar los soni-
dos de una lengua. Un concepto erróneo que por lo general se
sustenta es aquel que propugna que una ortografía ideal es fo-
nética. Si ése fuera el caso entonces el sonido de la t en write ‘es-
cribir’ sería representado de una manera distinta al sonido de la
t en writer ‘escritor’. En realidad, una ortografía óptima no debe
corresponder al sistema fonético, sino al sistema fonológico, tal
cual se almacena de manera subconsciente en la mente del ha-
170 Esto no quiere decir, por supuesto, que la utilización de una forma escrita para
el mapudungun, al menos a la manera como la entendemos por defecto en la actualidad, sea
una realidad sólo en las últimas décadas, pues ya los primeros misioneros utilizaron una
grafía para plasmar en la lengua vernácula los distintos materiales para la evangelización.
171 Burquest (2006, p. 3) hace explícito también que “existen muchos factores so-
ciológicos y políticos que forman parte del estudio de la ortografía”, pero que no serían
tratados en su presentación. Por la naturaleza de nuestro texto, entre otros factores, segui-
mos la misma ruta. De todas formas, un buen desarrollo sobre algunos de estos aspectos
puede encontrarse en el trabajo de Álvarez-Santullano, et al. (2015), con el plus que da el
hecho de que estas consideraciones se enmarca en un caso concreto, como es la propuesta
de grafemarios para la variedad más austral y divergente del mapudungun: el huilliche.
224
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
blante nativo. Este viene a ser el caso de la ortografía del inglés
norteamericano con respecto a los dos sonidos de la t. Las dos
clases de t se escriben de la misma manera, aunque son sonidos
realmente diferentes fonéticamente hablando. No obstante, en
varios otros aspectos la ortografía del inglés está bastante lejos
de ser un sistema de escritura fonológicamente óptimo […].
La mayoría de los lingüistas está de acuerdo en que la ortografía
óptima para una lengua es fonológica antes que fonética [...]
Un ejemplo del español también puede ilustrar este caso. En efecto,
si pronunciamos una palabra como dedo, advertiremos que ocurren dos
“d”, siendo la primera de ellas un sonido “fuerte” (tiene un modo de ar-
ticulación oclusivo); mientras que la segunda es un sonido “débil” (tiene
un modo de articulación aproximante). Este debilitamiento puede llegar
a tal nivel que no es poco común escuchar la pronunciación deo (pero
nunca diríamos edo). Así las cosas, podemos decir que estos sonidos son
distintos en el plano fonético, pero tributan a la misma unidad fonoló-
gica, pues ocurren en contextos (predecibles) mutuamente excluyentes:
en posición de inicio, el primero, y en posición intervocálica, el segundo;
y en estas posiciones no son intercambiables. En consonancia con ello,
podemos decir que, en general, como hablantes, no somos conscientes
de muchas de estas diferencias a nivel fonético, porque las realizamos de
manera “automática”; pero sí somos muy conscientes de las diferencias
a nivel fonémico. Por ejemplo, somos muy conscientes de que la “d” es
muy distinta del segmento muy cercano “t”, entre otras cosas, porque el
significado de día es muy distinto del de tía, o, simplemente, porque si le
pusiéramos a una mascota un nombre como duni, corregiríamos a quien lo
pronunciara como tuni. Por cierto, la diferencia entre “t” y “d”, en español,
no ocurre sólo en el plano fonético, sino también en el plano fonológico,
y es fundamental que ambas sean representadas en la grafía del español,
como de hecho ocurre.
Retomando el caso de las dos “d”, vemos que se cumple con el “ópti-
mo” señalado, pues hay una relación simétrica entre fonema y grafema. En
efecto, a este (único) fonema /d/ (que, como vimos, tiene una realización
alofónica oclusiva y otra aproximante) le corresponde solo un grafema en
la escritura (la letra de). En línea con ello, valga señalar que esta directriz
no está basada en una mera intuición, ni, menos aún, en un capricho, lo
que se evidencia en que en los procesos de alfabetización en esta lengua
los aprendientes, por defecto niños, no manifiestan problemas con el uso
de esta letra. En cambio, algo distinto se produce en aquellos casos donde
hay asimetrías en la relación fonema-grafema.
225
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Consideremos, por ejemplo, la palabra hallulla. Si ponemos en foco
la escritura de dicha palabra y su estructura fonológica, advertimos desfa-
ses importantes. En efecto, en ella hay 6 unidades grafémicas: una (letra)
“hache”, dos (letras) “a”, dos (letras) “elle” y una (letra) “u”; mientras que
en el plano fonológico hay sólo 5 unidades: dos (fonemas) /a/, dos (fone-
mas) /d͡ʒ/, y un (fonema) /u/. Esta primera diferencia se debe a que nues-
tro grafemario posee una letra que hoy en día no tiene correlato alguno a
nivel fonológico (ni tampoco fonético): la letra “hache”. En efecto, esta
letra no representa ninguna unidad fonológica, de modo que, con razón,
un niño podría preguntarse por qué está en esta palabra ―o en cualquiera
otra―, si “no suena”. Por otro lado, si bien todos los grafemas que siguen
a la letra hache en esta palabra tienen un correlato a nivel fónico, hay rela-
ciones de simetría y relaciones de desfase a nivel fonémico. Así, en lo que
a las vocales se refiere, la relación es la óptima, pues tanto el grafema “a”
como el grafema “u” representan sendos fonemas: el fonema /a/ y el fo-
nema /u/, respectivamente172. Sin embargo, en lo que se refiere al dígrafo
“ll”, la relación no es 1:1, pues el fonema que es representado por dicho
dígrafo (/d͡ʒ/) no tiene únicamente este símbolo (“ll”) como posibilidad
de representación, sino que puede ser representado en la escritura tanto
por “ll”, como por “y”, como se comprueba, por ejemplo, con la escritu-
ra de las palabras fonológicas /ˈd͡ʒ[Link]/ y /ˈd͡ʒ[Link]/, las cuales tienen el
mismo fonema inicial, pero diferentes grafemas en la escritura: ll(ama) y
y(ate), respectivamente. Entonces, un niño puede preguntarse, con mucha
razón, por qué debe “dibujar” de manera distinta el sonido del comienzo
de estas dos palabras si “suenan igual”.
Ahora, con respecto a la palabra que nos ocupa (hallulla), este des-
fase en la relación fonema-grafema tiene el efecto de que se abren mu-
chas posibilidades de plasmarla en la grafía, sólo restringidas a una de
ellas por razones convencionales. En efecto, nada distinto del ‘pan de
forma circular de masa relativamente delgada’ vendría a nuestra mente
si la palabra en cuestión estuviera escrita como allulla, halluya, hayuya,
etc. Así, excepto la incomodidad que nos daría ver escrita la palabra en
cuestión de estas maneras alternativas, nada aberrante habría desde un
punto de vista fonético-fonológico. Valga añadir que el grafema “y” pue-
de representar no sólo al fonema /d͡ʒ/, sino también al fonema /i/, de
modo que un niño, otra vez, con razón, puede preguntarse por qué debe
escribir la palabra soy con una “y” al final, en circunstancias que el último
sonido de esta palabra “suena” igual que el sonido asociado a la segunda
172 Esto debe matizarse mínimamente para casos donde “u” no tiene un correlato
sonoro, como en las secuencias “qu” y “gu” (previas a las vocales “e” e “i”), lo que pasa a
ser irrelevante para el punto que se despliega.
226
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
letra de la palabra “pino”. Los niños son grandes fonólogos.
Por cierto, en la medida de lo posible, y en el sentido en que lo hemos
planteado, un grafemario “ideal” procura que no se abran estas distintas
posibilidades de escritura para una misma palabra. Un efecto colateral de
esto es que se evita distinguir entre personas con “buena ortografía” y
personas con “mala ortografía”, y las consecuencias discriminatorias que
tal distinción en ocasiones conlleva.
Por supuesto, hay que considerar también que el dinamismo de la
lengua, en su versión oral, hace que después de un período prolongado
de tiempo los grafemarios vayan quedando desfasados. Una pregunta im-
portante en este contexto es si sería adecuada su actualización o no; pero
discutir este aspecto excede el propósito de estas notas.
3.4.2. Los grafemarios del mapudungun
De acuerdo con Wittig (2006), las motivaciones para insertar al ma-
pudungun en el ámbito de la escritura se vinculan con aspectos como el
prestigio, la lealtad lingüística, el desarrollo funcional y formal de la lengua,
el reconocimiento, y el registro histórico, cada uno de los cuales son des-
plegados de manera breve, pero informativa en su presentación. Ahora,
dicho esto, es claro que al menos algunos de estos aspectos constituyen
parámetros validados desde la perspectiva de la sociedad mayoritaria; y en
este contexto sigue en pie la interrogante con respecto al arraigo y alcance
que esta herramienta ―la escritura (en mapudungun)― tiene y tendrá en la
sociedad mapuche en su conjunto.
Pero situados en el contexto de inserción del mapudungun en el mun-
do letrado, es que en las últimas décadas se ha propuesto un número im-
portante de grafemarios para esta lengua, aunque hay cierto consenso en
que tres de ellos tienen un respaldo y alcance prominentes (Berríos, 2011).
Estos son el Alfabeto Mapuche Unificado (propuesto por la Sociedad
Chilena de Lingüística), el Alfabeto Raguileo (propuesto por el hablante
nativo y prominente difusor de la lengua y cultura mapuche Anselmo Ra-
guileo) y el Azümchefe (propuesto por CONADI173).
Respecto de ellos, el propio Wittig resume sus características en los
siguientes términos174:
173 Esta sigla refiere a la Comisión Nacional de Desarrollo Indígena.
174 Un despliegue más detallado de la historia, características y (des)ventajas de
estos grafemarios se puede ver en los trabajos de Berríos (2011) y Álvarez-Santullano et al.
(2015).
227
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
En síntesis, el Alfabeto Unificado es una opción que busca
compatibilizar las habilidades de lecto-escritura de las lenguas
en contacto, privilegiando la norma alfabética de la lengua do-
minante. Este alfabeto se fundamenta en la idea de que los
hablantes de mapudungun (en su inmensa mayoría bilingües y
alfabetizados o en proceso de alfabetización en castellano) de-
sarrollan sus primeras habilidades de lecto-escritura en la lengua
dominante, por lo que la práctica de la escritura en mapudun-
gun estaría necesariamente influenciada por las del castellano175.
El alfabeto Raguileo, en tanto, pretende generar un sistema de
escritura que permita diferenciar gráficamente ambas lenguas.
Es así como en los grafemas que representan fonemas parti-
culares del mapudungun, este alfabeto opta por formas muy
particulares que, incluso, otorgan valores distintos a grafemas
ya utilizados en castellano […]176
Por último, el grafemario Azümchefi se sitúa en un plano in-
termedio, diferenciando las lenguas con el uso de grafemas
distintivos (especialmente dígrafos), pero a la vez manteniendo
una cierta cercanía con las normas ortográficas de la lengua
mayoritaria.
Estos tres alfabetos también presentan rasgos en común. To-
dos ellos parten del ideal fonémico, que consiste en otorgar a
cada fonema un solo grafema y viceversa. (Wittig, 2006, p. 15).
A continuación, presentamos un cuadro que muestra las principales
diferencias entre los tres grafemarios referidos177:
175 Por cierto, está claro que en esta propuesta se asume como un hecho de la
causa la relación asimétrica que existe entre estas dos lenguas y se despliega la propuesta
grafémica sobre esta base. Una postura diferente cuestiona esta coordenada y privilegia las
decisiones que la propia sociedad mapuche tome al respecto.
176 En línea con lo señalado en la nota anterior, nos parece que en esta propuesta
grafémica, basada también en principios fonémicos, se intenta abordar este problema des-
de el mundo mapuche, lo que constituye, por cierto, un aspecto destacable.
177 Este cuadro toma como referencia el que se presenta en Wittig (2006, p. 10),
pero incluye los símbolos de los fonemas representados y plasma algunas precisiones en la
descripción de sus respectivos rasgos articulatorios.
228
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Alfabeto Alfabeto Mapuche Alfabeto
Fonema y descripción
Raguileo Unificado Azümchefe
/ə/
Vocal media, central, <v> <ü> <ü>
no redondea da.
/l̪/
<b> <l/l̯> <lh>
Lateral, interdental, sonora.
/t͡ʃ/
<c> <ch> <ch>
Africada, alveopalatal, áfona.
/ŋ/
<g> <ng> <g>
Nasal, velar, sonora.
/n̪/
<h> <n><n̯> <nh>
Nasal, interdental, sonora
/ʎ/
<j> <ll> <ll>
Lateral, palatal, sonora.
/ɰ/
<q> <g> <q>
Aproximante, velar, sonora.
/ʈ͡ʂ/
<x> <tr> <tx>
Africada, retrofleja, áfona.
/θ/
<z> <d> <z>
Fricativa, interdental, áfona.
Cuadro 1: Comparación de las principales diferencias entre los alfabetos
Raguileo, Unificado y Azümchefe (elaboración de los autores).
En el Cuadro 2 que se contiene en Wittig (2006, p. 10) se plasman al-
gunos ejemplos en estos grafemarios. Por su pertinencia, lo reproducimos
aquí con algunas modificaciones que se estimaron pertinentes.
Alfabeto
Glosa en Alfabeto Alfabeto
Mapuche
español Raguileo Azümchefe
Unificado
Tres Kvla Küla Küla
Cadáver Ba La, l̯a Lha
Gente Ce Che Che
Ojo Ge Nge Ge
Pie Hamuh Namun, n̯amun̯ Nhamunh
Sur Wiji Willi Willi
Greda Raq Rag Raq
Gordo Moxiñ Motriñ Motxiñ
Montaña Mawiza Mawida Mawiza
Cuadro 2: Algunas palabras escritas en los tres alfabetos
(elaboración de los autores, con base en Wittig 2006, p. 10).
229
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Nótese que la mayor afinidad se produce entre el Alfabeto Mapu-
che Unificado y el Azümchefe, y que el más divergente es el Alfabeto
Raguileo.
A continuación, presentamos dos cuadros, correspondientes a los
fonemas vocálicos y consonánticos, en cuyas columnas se plasman los
respectivos fonemas, sus realizaciones alofónicas, y su representación
grafémica, respectivamente. Por defecto, los grafemas plasmados aquí
son los que se han empleado en el libro (ver subapartado “Sistema de
escritura” de la Introducción a este texto); pero, además, se añade la
representación de las palabras en el Alfabeto Raguileo (abreviado “R”),
Alfabeto Mapuche Unificado (abreviado “AMU”), Alfabeto Azümchefe
(abreviado “AZ”), y, por su relevancia en el proceso formativo de futu-
ros docentes de lengua mapuche, también plasmamos la escritura de las
palabras en la propuesta que se utiliza en la Universidad Católica de Te-
muco (abreviada “UCT”). Por cierto, la omisión del ejemplo en (alguno
de) estos grafemarios implica que su escritura coincide con la que se ha
utilizado en este libro.
FONEMA ALÓFONOS GRAFEMAS
1. /a/ [a]: baja, central, no redondeada. <a> <küla> ‘tres’
2. /e/ [e]: media, anterior, no redondeada. <e> <kiñe> ‘uno’
3. /i/ [i]: alta, anterior, no redondeada. <i> <meli> ‘cuatro’
4. /o/ [o]: media, posterior, redondeada. <o> <ilo> ‘carne’
5. /u/ [u]: alta, posterior, redondeada. <u> <epu> ‘dos’
[ə]: media, central, no redondeada. <ü> <küla> ‘tres’
6. /ə/
[ɯ]: alta, posterior, no redondeada. R: <v> <kvla>
Cuadro 3: Realizaciones alofónicas
y representaciones grafémicas de los fonemas vocálicos.
230
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
FONEMAS ALÓFONOS GRAFEMAS
O 1. /p/ [p]: oclusivo, bilabial, áfono. <p> <pura> ‘ocho’
c <t´> <müt´a> ‘cuerno’
l AMU: <müta> o
u 2. /t̪/ [t̪]: oclusivo, interdental, áfono. <müt̯a>
s R: <mvta>
i AZ y UCT: <müta>
v 3. /t/ <t> <toki> ‘una de las
[t]: oclusivo, alveolar, áfono.
o autoridades ancestrales’
s [k]: oclusivo, velar, áfono. <k> <kiñe> ‘uno’
4. /k/
[kʲ]: oclusivo, postpalatal, áfono.
[f]: fricativo, labiodental, áfono.
[ɸ]: fricativo, bilabial, áfono.
F 5. /f/ [v]: fricativo, labiodental, <f> <folil> ‘raíz’
r sonoro.
i [β]: fricativo, bilabial, sonoro.
c [θ]: fricativo, interdental, áfono. <d> <dungun> ‘hablar’
a 6. /θ/ [ð]: fricativo, interdental, R, AZ y UCT: <zugun>
t sonoro.
i [s]: fricativo, dorsoalveolar,
v 7. /s/ <s> <sañwe> ‘chancho’
áfono.
o <sh> <shülhwi>
s ‘lombriz’
8. /ʃ/ [ʃ]: fricativo, alveopalatal, áfono.
AMU: <süllwi>
R: <svjwi>
A <ch> <kechu> ‘cinco’
f 9. /t͡ʃ/ [t͡ʃ]: africado, alveopalatal, áfono.
R: <kecu>
r
i
c <th> <thalka> ‘trueno’
a [ʈ͡ʂ]: africado, retroflejo, áfono. AMU: <tralka>
10. /ʈ͡ʂ/
d [ʈ]: oclusivo, retroflejo, áfono. AZ: <txalka>
o R y UCT: <xalka>
s
231
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
11. /m/ [m]: nasal, bilabial, sonoro. <m> <meli> ‘cuatro’
<n´> <n´amun´> ‘pie’
AMU: <namun> o
12. /n̪/ [n̪]: nasal, interdental, sonoro. <n̯amun̯>
N
AZ: <nhamunh>
a
R y UCT: <hamuh>
s
<n> <nathi> ‘planta
a
medicinal’
l [ɳ]: nasal, retroflejo, sonoro.
13. /n/ AMU: <natri>
e [n]: nasal, alveolar, sonoro.
AZ: <natxi>
s
R y UCT: <naxi>
14. /ɲ/ [ɲ]: nasal, palatal, sonoro. <ñ> <kiñe>
[ŋ]: nasal, velar, sonoro. <ng> <ange> ‘cara’
15. /ŋ/
[ŋʲ]: nasal, postpalatal, sonoro. R, AZ y UCT: <age>.
L <l´> <l´a> ‘cadáver’
a AMU: <la> o <l̯a>
16. /l̪/ [l̪]: lateral, interdental, sonoro.
t AZ: <lha>
e R y UCT: <ba>
r [ɭ]: lateral, retroflejo, sonoro. <l> <meli> ‘cuatro’
17. /l/
a [l]: lateral, alveolar, sonoro.
l <lh> <aylha> ‘nueve’
e 18. /ʎ/ [ʎ]: lateral, palatal, sonoro. AMU y AZ: <aylla>
s R y UCT: <ayja>
[j]: aproximante, palatal, sonoro. <y> <yu> ‘de nosotros
19. /j/ [ʝ]: fricativo, alveopalatal, dos’
sonoro. <may> ‘afirmativo’
A <w> <wili> ‘uña’
p <l´ewfü> ‘lago’
r AMU: <lewfü> o <
o [w]: aproximante, labio-velar,
20. /w/ l̯ewfü>
x sonoro.
AZ: <lhewfü>
i R: <bewfv>
m UCT: <bewfü>
a
<g> <rag> ‘greda’
n
<regle> ‘siete’
t 21. /ɰ / [ɰ]: aproximante, velar, sonoro.
R, AZ y UCT: <raq>,
e
<reqle>
s
[ɻ]: aproximante, retroflejo,
22. /ɻ/ sonoro. <r> <mari> ‘diez’
[ʐ]: fricativo, retroflejo, sonoro.
Cuadro 4: Realizaciones alofónicas y representaciones grafémicas
de los fonemas consonánticos.
232
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Observaciones complementarias respecto de la repre-
sentación escrita de los fonemas del mapudungun
Un fenómeno que se ha reportado como frecuente en el mapudun-
gun es la llamada fluctuación de fonemas. De acuerdo con Salas (1992b,
p. 88-89), algunos casos son los siguientes: /i/ ̴ /ə/, /e/ ̴ /ə/, /o/ ̴ /u/,
/t̪/ ̴ /t/, /t/ ̴ /ʈ͡ʂ/, /t/ ̴ /t͡ʃ/, /ʈ͡ʂ/ ̴ /t͡ʃ/, /ŋ/ ̴ /m/, /n̪/ ̴ /n/, /n̪/ ̴ /ɲ/,
/ŋ/ ̴ /ɲ/, /l/ ̴ /ʎ/. Por ejemplo, en algunas variantes de esta lengua
ocurre la alternancia /wen.ʈ͡ʂo/ ̴ /wen.ʈ͡ʂu/ ‘hombre’. Sin duda, este es
un aspecto importante en lo que a los grafemarios se refiere, pues una
pregunta que se prevé ha de ocurrir es cómo se ha de escribir la palabra
X, dado que su pronunciación puede tener tanto una forma X como una
forma Y178.
Valga señalar, también, que dentro de las alternancias fonemáticas
se relevan algunas que están asociadas con afectividad. Por ejemplo, se
ha relevado que el componente palatal suele estar asociado con matices
afectivos positivos, mientras que la dentalización estaría asociada con ma-
tices afectivos negativos (Catrileo, 1986; Herrera, 2000; Díaz-Fernández,
2007)179.
Retomando el tema de la variedad de grafemarios propuesta para
poner por escrito el mapudungun, como se ha podido observar, no se
ha producido una convergencia en términos del grafemario que, even-
tualmente, se ha de utilizar para poner por escrito el mapudungun (en caso
de surgir esta necesidad). Sí es claro que de los no pocos grafemarios
que existen, tres o cuatro son los que tienen cierta adhesión. En este
contexto, pareciera que de estas alternativas —con algunos ajustes, even-
tualmente— debería emerger una propuesta consensuada (de estimarse
que este es un objetivo pertinente, hemos de insistir). En línea con ello,
pareciera que motivar nuevas propuestas grafémicas pan-mapudungun no
constituye hoy por hoy un imperativo, pues ya se tiene una claridad im-
portante respecto de los factores que se deben conjugar para que una
propuesta de símbolos tenga el estatus de “un buen grafemario” para una
178 Por supuesto, nos referimos aquí a algunos ítems específicos del mapudungun
reportados por la literatura, y no a aquellos casos en los que la alternancia puede atribuirse
a un dominio precario de la lengua, como serían especialmente aquellos ítems que contie-
nen los llamados segmentos “críticos”, en la terminología de Croese (1980). Por cierto,
un eventual proceso de estandarización tendría como uno de sus focos de atención este
aspecto.
179 Actualmente, en su tesis doctoral en curso, Urrea Ancanao aborda esta temática,
tomando como referente geográfico el mapudungun hablado en Alto Bío-Bío.
233
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
lengua, en general, y para el mapudungun, en particular180.
Ahora bien, en lo que concierne a esta temática, un punto que aún
parece requerir de atención es cómo responder a las diferencias que ma-
nifiestan las distintas variantes dialectales de la lengua en el nivel fonéti-
co-fonológico181. Y en este sentido, sin duda, el punto más sensible es la
variación por sonoridad que se produce en el eje norte-sur y que aplica
tanto a la zona costera (l´afken´che)182, como al llano central (moluche)183, y
al cordón cordillerano (pewenche)184. En nuestros trabajos de campo en la
zona de Alto Bío-Bío, por ejemplo, hemos podido advertir que este no
es un tema menor para los hablantes de este sector, y es muy probable
que algo similar ocurra en Lonquimay y en la provincia de Arauco. Para
mayor abundamiento, José María Pereira, hablante prominente de la zona
de Alto Bío-Bío y gran difusor de la lengua y cultura mapuche-pewenche,
en el título del libro que escribe en 2014, junto a Margarita Reyes y Freddy
Pérez, plasma el fonema /f/185 con el grafema <b>, lo que si bien no se
aviene con las propuestas del Alfabeto Unificado, Raguileo186, Azümche-
fe, ni el que hemos utilizado en este libro, es altamente probable que su
uso se relacione con la lealtad a su variante identitaria mapuche-pewenche
septentrional. Reproducimos aquí el título del libro al que hacemos refe-
rencia, destacando en negritas el grafema en cuestión (la traducción es de
sus autores):
“Awkiñ dungun wall mapu txipawpo bill mongen. Chab nün
chem ngen mapuche pewenche winal leubü Kewko lob mew”
(‘Ecos de las palabras de la tierra desde el último confín del
mundo. Reencontrando el ser mapuche pewenche en el valle
del Queuco’)”.
180 Un buen resumen de estos criterios se contiene en Zúñiga (2001, p. 264).
181 Esto, por supuesto, no cuestiona el carácter homogéneo destacable de la len-
gua mapuche ―excepto para el caso del huilliche―, al que hicimos alusión cuando nos
referimos a la doble articulación del lenguaje y al que volveremos en el apartado en que se
aborda la variación dialectal.
182 Así se desprende de los reportes de Saldivia y Salamanca (2020), Salamanca y
Quintrileo (2009), y Sadowsky et al. (2013).
183 Como se desprende, entre otros, de los reportes de Salas (1978) y Lagos (1984).
184 Así se explicita en el reporte de Urrea y Salamanca (2021).
185 El fonema /v/, para ser más precisos con respecto a la forma representativa del
fonema en la zona de Alto Bío-Bío.
186 En estricto rigor, como hemos visto, el Alfabeto Raguileo sí emplea el grafema
<b>, pero para representar un fonema muy diferente: el lateral interdental /l̪/.
234
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Así las cosas, eventualmente será importante definir si la macrodis-
tinción por sonoridad debería tener un reflejo en los grafemarios y, tanto
o más importante, de ser así, si los materiales que eventualmente se dise-
ñarían deberían tener este sello diferencial identitario. Por supuesto, esto
siempre en el entendido de que se realice un proceso masivo de utilización
de la escritura por parte del pueblo mapuche.
3.5 Variación dialectal y vitalidad del mapudugun ana-
lizadas de acuerdo con variables fonético-fonológicas187
3.5.1. Propuestas de división dialectal y el caso del hui-
lliche188
En sus Estudios Araucanos, Lenz (1895-1897) distingue cuatro dialec-
tos del mapudungun: picunche (dialecto nortino), huilliche (dialecto sureño),
pehuenche (dialecto cordillerano) y moluche (dialecto occidental, del llano
central, visto desde la perspectiva cordillerana). El mismo Lenz advirtió la
importante afinidad entre el moluche y el pehuenche, la distancia un poco
mayor de estos con el picunche, y la distancia ya más sensible de todos los
anteriores con el huilliche.
Transcurrido mucho tiempo después, en 1980, Robert Croese ac-
tualiza esta propuesta de Lenz y distingue tres ramas (norte, centro y sur)
y 8 grupos, donde los grupos I y II corresponden a la rama norte (pi-
cunche, en la propuesta de Lenz); los grupos que van del III al VII, a la
rama centro (moluche-pehuenche en la propuesta de Lenz); y el VIII, el
más divergente, a la rama sur (huilliche, en la propuesta de Lenz). Por el
lugar referencial que ocupa la propuesta de Croese (1980) en los estudios
dialectológicos del mapudungun, y para visualizar los correlatos geográficos
asociados con estas distinciones en ramas y grupos, la reproducimos aquí:
187 Para complementar estas notas, se recomienda lectura de Salas (1992b, pp. 59-
63).
188 Parte importante de las consideraciones que se vierten sobre el huilliche se
extraen de una conferencia plenaria dictada por el Dr. Salamanca en el último congreso ―
año 2024― de la Asociación Latinoamericana de Filología y Lingüística (ALFAL). Dichas
consideraciones se contendrán también en un libro conmemorativo de los 60 años de este
prestigioso referente que aglutina a lingüistas y filólogos latinoamericanos.
235
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Imagen 11: Mapa dialectal de Croese (1980).
En lo que respecta a la variación dialectal en el nivel fonético-fonoló-
gico segmental, hay cierto consenso en que el aspecto principal que esta-
blece diferencias en mapudungun es la sonoridad o afonía de los segmentos
fricativos labiodental e interdental. En efecto, y tal como hemos señalado
en algunas secciones precedentes, los sectores más septentrionales de ha-
bla mapuche —como Alto Bío-Bío (provincia del Bío-Bío) y los Álamos
(provincia de Arauco), en la Octava Región del país— se caracterizan por
el fuerte predominio de las pronunciaciones sonoras ([v] y [ð]); mientras
que en los sectores más meridionales —como Curarrehue o la costa de la
Novena Región— son mucho más frecuentes las pronunciaciones áfonas
([f] y [θ]).
236
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Para Salas (1992b, p. 503), este es el único aspecto que se debe re-
levar como un diferenciador de variedades dialectales. En nuestro caso,
si bien coincidimos en que este es el factor prominente, estimamos que
también es importante considerar aspectos como los siguientes: a) el
comportamiento del segmento fricativo alveopalatal [ʃ] (respecto de di-
cho segmento, convendrá preguntarse: ¿ocurre en la zona X?; de ser así,
¿es allí un alófono (¿de /t͡ʃ/ o de /s/?) o es un fonema?); b) el compor-
tamiento del segmento oclusivo retroflejo [ʈ] (respecto de este segmen-
to, convendrá preguntarse: ¿ocurre en la zona X?; de ser así, ¿tiene una
frecuencia tal que, respecto de [ʈ͡ʂ], convenga relevarlo como la forma
básica del fonema?); c) el estatus de los segmentos interdentales [t̪], [n̪],
[l̪] (respecto de dichos segmentos, convendrá preguntarse: ¿ocurren en la
zona X?; de ser así, ¿funcionan como fonemas, o son variantes alofónicas
de sus contrapartes alveolares?); d) la alofonía del fonema retroflejo /ɻ/
(respecto de dicho fonema, convendrá realizarse preguntas tales como:
¿cuántas realizaciones tiene en la zona analizada?, ¿cuál es la forma básica
del fonema?, ¿ocurre en la zona, tal como en Alto Bío-Bío, un segmento
velarizado [ɻɣ]?); y, por último, a la luz de lo que sugieren investigaciones
recientes, como la de Mena et al. (2019), e) la alofonía de la sexta vocal
(respecto de dicho fonema, convendrá preguntarse: ¿ocurre el segmento
posteriorizado en la zona estudiada?; de ser así, ¿qué controla su apari-
ción (¿el acento?, ¿ciertos segmentos?) u ocurre en variación libre con el
segmento centralizado?). Estimamos que estas preguntas son relevantes
para un mapeo dialectal de la lengua en el nivel fonético-fonológico seg-
mental, y, a nuestro juicio, dichas preguntas debieran orientar las indaga-
ciones en un futuro estudio que actualice la división dialectal propuesta
por Croese hace ya más de 40 años.
Un aspecto que hemos señalado con respecto a este punto es que
el huilliche constituye la variedad más diferenciada del mapudungun y que
su vitalidad está altamente amenazada. Con respecto a lo primero, es im-
portante destacar que si bien el huilliche exhibe diferencias importantes
respecto de las demás variedades del mapudungun, de todas formas, todo
parece indicar que constituye, precisamente, una variedad de esta lengua
y no una lengua diferente. Esto ya lo establecía Álvarez-Santullano en su
tesis de maestría de 1986, al explicitar en el título de la misma que su
contenido correspondía a una “Descripción fonológica del huilliche, un
dialecto del mapuche o araucano del centro-sur de Chile” (las negri-
tas son nuestras).
En una entrada más reciente, Sadowsky et al. (2015) se inclinan,
aunque con cautela, en la misma dirección, al señalar que “Por todo lo
anterior, y tomando en cuenta las salvedades ya expresadas, nos parece
237
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
razonable clasificar al huilliche como una variedad del mapudungun”. Es
importante mencionar este punto, pues respecto de él no hay una opinión
uniforme. En efecto, Ethnologue y el Atlas de las Lenguas del Mundo en Peligro
(de Unesco) reportan el huilliche como una lengua distinta del mapudungun,
lo cual parece sustentarse en una afirmación de Croese, en el sentido de
que “El subgrupo VIII [donde se ubica el grupo huilliche] no es mutua-
mente inteligible con los otros grupos” (1980, p. 22), afirmación que, por
cierto, habría que tomar con cautela.
Con respecto a algunos rasgos prominentes de esta variedad del ma-
pudungun, con base en lo propuesto por la misma investigadora, señalamos
aquí los siguientes (Álvarez-Santullano, 1986):
1. Los fonemas postdentales189 /t̪/ y /n̪/ del mapuche central
no funcionan como fonemas en el huilliche.
2. El alófono lateral retroflejo [ɭ] del mapuche central adquie-
re estatus fonemático en el huilliche. Se entrega el par míni-
mo [ˈkə.la] ‘tres’ (con lateral alveolar) versus [ˈkə.ɭa] ‘quila’
(con lateral retrofleja).
3. Algunos fonemas del huilliche tienen realizaciones atípicas
respecto del mapuche central. Como en [ˈkoh.kʲe] ‘pan’ o
[ˈxo.ʂo] ‘diente/hueso’, por [ˈkof.kʲe] o [ˈfo.ɻo], donde ocu-
rren la aspiración glotal y la fricativa velar áfona, como rea-
lizaciones del fonema fricativo labiodental áfono.
4. Existe una alta fluctuación fonemática. Por ejemplo, /ʎ/ ~
/ɭ/, como en /ma.məʎ/ que alterna con /[Link]ɭ/.
5. El fonema aproximante, retroflejo, sonoro /ɻ/ del mapu-
che central presenta siempre una realización diferente en el
huilliche (fricativa, sibilante, retrofleja, áfona [ʂ]).
El estatus de estos aspectos fonético-fonológicos como fenómenos
exclusivos del huilliche es discutible —y de hecho así ocurre en el artículo
referido de Sadowsky et al. (2015) —, pero, sin duda, hay un mérito in-
discutible en el trabajo de Álvarez-Santullano al presentar esta “primera
descripción detallada del mapuche huilliche” (Álvarez-Santullano, 1986),
en la dimensión fonético-fonológica.
189 Hoy preferimos denominarlos “interdentales”.
238
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Observaciones complementarias respecto de la varia-
ción dialectal del mapudungun de acuerdo con variables
fonético-fonológicas
Hemos señalado la conveniencia de actualizar la propuesta dialectal
del mapudungun de Croese (1980), entre otras cosas, porque dicha pro-
puesta va a cumplir pronto 45 años y, sin duda, en este lapso ha corrido
agua bajo el puente; especialmente, en lo que dice relación con los efectos
del contacto. Una posibilidad para organizar esta incursión investigativa
es desplegando el trabajo de campo con una directriz subyacente más
longitudinal que transversal, lo cual iría en línea, por ejemplo, con el
emplazamiento de dos de las identidades del pueblo-nación mapuche:
los pewenche de la cordillera y los l´afken´che de la costa. Por supuesto, esto
no implica que sean considerados solo estos dos macro sectores, ya que
el llano central ocuparía, sin duda, un lugar prominente en esta eventual
incursión investigativa. Otra ventaja de esto es que ya hay algún trabajo
adelantado, pues, en 2021, Urrea y Salamanca publican un estudio donde
uno de sus focos es, precisamente, la propuesta de un perfil fonético-fo-
nológico del cordón cordillerano de habla mapuche-pewenche. Ahora,
sin duda que la investigación proyectada se enriquecería sobremanera
—y significaría un avance sustantivo respecto de la propuesta de divi-
sión dialectal precedente— si para el análisis y entrega de resultados se
incorporan también elementos de la fonética acústica y de la estadística
descriptiva e inferencial.
3.5.2. Transferencias fonético-fonológicas del español
en el mapudungun
Uno de los aspectos que más se ha relavado en las últimas dos déca-
das, a propósito del contacto español-mapudungun en este nivel de análisis,
es el impacto que el inventario fonético-fonológico del español ha causado
en la producción de los segmentos del mapudungun que no están presentes
en la lengua mayoritaria (los denominados “fonemas críticos” en la termi-
nología de Croese, 1980).
Dos estudios prominentes en este ámbito son los de Henríquez, de
2004 y 2013, Interferencias del sistema fonológico español en el sistema fonológico
mapuche de jóvenes hablantes bilingües” y Vitalidad fonológica del mapudungun en
escolares mapuches pewenches y lafkenches de la VIII región del Bío-Bío, respectiva-
mente. Respecto del primero de ellos, una de las conclusiones prominen-
tes se refiere al claro proceso de hispanización de la fonología vernácula de
239
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
un número importante de los jóvenes que participaron en la investigación,
conclusión que se complementa con una relevante observación sociolin-
güística:
[…] el único factor al cual es posible atribuir incidencia direc-
ta en la diferenciación de la competencia lingüística, específi-
camente fonológica, de estos jóvenes, está constituido por las
distintas condiciones sociolingüísticas y socioculturales bajo las
cuales recibieron su socialización más temprana. (Henríquez,
2004, p. 134).
En este contexto, cabe una reflexión respecto de la responsabilidad
que les asiste a las instancias estatales, en general, y educacionales, en par-
ticular, en el proceso de subvaloración de la lengua originaria y sobreva-
loración del componente hispánico en la instrucción formal; aunque, sin
duda, también la propia sociedad mapuche puede contribuir de manera
sustantiva en el proceso de afianzamiento de la lengua originaria, especial-
mente a través del mantenimiento de su transmisión por las vías y con las
coordenadas culturales tradicionales190.
Ahora bien, tan importante como esta incursión investigativa, es la
que esta investigadora realiza en 2013, en el contexto de su tesis doctoral
sobre la vitalidad de la fonología del mapuche en escolares mapuches de
la VIII región del Bío-Bío. Algunos de los aspectos que hacen de esta in-
vestigación un aporte sustantivo a los estudios sobre el tópico en cuestión
son los siguientes: a) se pone en foco la población escolar, b) se consideran
dos referentes territoriales (costa y cordillera), c) se cuantifican las trans-
ferencias, y d) se complementan los análisis fonético-fonológicos con una
pertinente aplicación de un cuestionario sociolingüístico.
Una de las varias conclusiones interesantes de este estudio es que
existe una diferencia importante en el grado de mantenimiento de la fo-
nología vernacular en los sectores estudiados. La siguiente tabla, que se
elabora íntegramente con los datos plasmados en ese estudio, así lo evi-
dencia:
190 Sobre este último punto hay una literatura reciente abundante; pero para tener
un panorama general, pueden consultarse los trabajos de Flores-Farfán (2013) y Teillier et
al. (2016).
240
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
ALTO BÍO-BÍO (CORDILLERA) ARAUCO (COSTA)
Fonema % en Palabras % en Palabras % en Palabras % en Palabras
Respondidas Expectables Respondidas Expectables
/ə/ 92.86 71.19 9.88 1.16
/ɲ/ 78.41 47.69 8.89 1.09
/ŋ/ 90.03 72.98 11.97 3.72
/ʎ/ 77.39 43.26 0 0
/t̪/ 40.59 28.95 0 0
/n̪/ 45.26 38.39 4.41 1.03
/l̪/ 41.69 26.40 9,37 1.95
/ð/ 68.74 38.87 50 6.06
/ɻ/ 93.21 73.56 30.29 5.71
/ʈ͡ʂ/ 99,53 70.71 34.78 8.73
Tabla 6: Porcentajes de realización de los segmentos críticos en palabras efec-
tivamente respondidas y en palabras expectables de Alto Bío-Bío (cordillera) y
Arauco (costa)191. (Fuente: Tabla realizada con los datos contenidos en Henrí-
quez (2013, pp. 133 y 162). La única diferencia respecto de las tablas originales
es que se promediaron los valores de las dos comunidades consideradas para
cada macro sector (Cauñicú y Butalelbún, para Alto Bío-Bío; Piedra Alta y Pri-
mer Agua, para Arauco) para presentarlos solo en una tabla.)
Así, con esta evidencia se respalda lo que se afirma en Gundermann
et al. (2009), en el sentido de que “La distribución del bilingüismo ma-
puche manifiesta una considerable heterogeneidad. Hay zonas en que el
mapuzugun ha desaparecido, en otras se conserva poco y en unas cuantas se
191 En el estudio en cuestión, Henríquez estimó necesario distinguir entre la ocu-
rrencia de los fonemas en palabras efectivamente respondidas y en palabras expectables.
Tal distinción es planteada por la autora en los siguientes términos: “Las primeras, son
aquellas […] que los escolares conocen y responden ante la consulta del investigador;
difieren de colaborador en colaborador, pues dependen del manejo del vocabulario que
posee cada uno de estos hablantes. Las palabras expectables, en cambio, corresponden al
conjunto de ítems consultados […], que incluyen el segmento crítico en análisis y que, por
lo tanto, es teóricamente expectable su ocurrencia.” (Henríquez, 2013, p. 117). Con esta
decisión, se cautela que no se produzca —o se atenúe, al menos— una posible distorsión
en los resultados, en el caso de que, por ejemplo, solo uno de 10 colaboradores responda
y lo haga con el segmento expectable, de modo que, si solo se consideraran las palabras
efectivamente respondidas, el cómputo final quedaría en un 100%; y en otro caso, 9 de 10
colaboradores respondiera con el fonema expectable y uno no lo hiciera, de modo que
resulta el cómputo final en un 90%. Al considerar también la ocurrencia del fonema en las
palabras expectables, los resultados en este ámbito serían de un 10%, en el primer caso, y
de un 90%, en el segundo, lo que, considerados también los resultados en las palabras efec-
tivamente respondidas, dibuja un cuadro más realista de la situación del fonema analizado.
241
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
mantiene vital.” (p. 40). En términos más específicos, el reporte de Henrí-
quez también da respaldo cuantitativo, en el nivel fonético-fonológico, a la
siguiente afirmación de estos autores respecto de las zonas que nos ocu-
pan: “El área pehuenche en la comuna de Alto Biobío cuenta con muchos
hablantes competentes de todas las edades. Por el contrario, en el sur de la
provincia de Arauco (comunas de Lebu, Cañete, Los Álamos, Contulmo y
Tirúa) los hablantes desarrollados escasean” (p. 41).
3.6 La estructura silábica y el acento
3.6.1. Sobre la sílaba del mapudungun
El mapudungun tiene una estructura silábica cuya plantilla es la si-
guiente:
±C(onsonante)+V(ocal) ±C(onsonante)
De esta plantilla se desprende que el elemento obligatorio (+) es la
Vocal y los elementos opcionales (±) son la Consonante que precede y si-
gue a dicho segmento. En el metalenguaje fonético-fonológico, al elemen-
to central se le denomina Núcleo; mientras que al margen previo al núcleo
se le denomina Inicio o Premargen; y al margen que sigue al Núcleo se le
denomina Postmargen o Coda.
De acuerdo con esta plantilla, las posibles estructuras silábicas de la
lengua son las siguientes192: V (como en la primera sílaba de la palabra ilo
‘carne’; fonémicamente, /[Link]/); VC (como en la primera sílaba de la pala-
bra iñchiw ‘nosotros dos’; fonémicamente, /iɲ.t͡ʃiw/); CV (como en las dos
sílabas de la palabra dañe ‘nido’; fonémicamente, /θa.ɲe/) y CVC (como en
la sílaba inicial de la palabra regle ‘siete’; fonémicamente, /ɻeɰ.le/).
Como se desprende de este patrón silábico, en mapudungun no ocu-
rren dos consonantes al inicio o al final de la sílaba (como sí ocurre en
español, en la sílaba inicial de una palabra como transporte, por ejemplo).
Esto, como es de prever, tiene un efecto en la pronunciación —por par-
te de los hablantes de mapudungun— de ciertas palabras del español que
están constituidas por sílabas que no están en la estructura de la lengua
mapuche. Es el caso, por ejemplo, de las palabras cabra y gracias, las cuales
habitualmente se realizan en el mapudungun como kapüra y kürasia, respec-
192 Recordemos que en AFI el “punto-bajo” ([.] o /. /) separa los segmentos que
constituyen las respectivas sílabas.
242
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
tivamente. En el primer caso, junto con el cambio del fonema /b/ por el
fonema /p/ —tal como hemos expuesto en el comentario sobre la serie
de consonantes oclusivas—, ocurre la inserción del fonema /ə/ (“ü” en
la grafía), lo cual se puede atribuir a que la secuencia “br” (/bɾ/) no ocu-
rre en la lengua mapuche. El resultado es la generación de tres sílabas
con la estructura CV (/ka/, /pə/ y /ɻa/), estructura que sí es plenamente
compatible con la plantilla silábica del mapudungun. En cuanto a la palabra
kürasia, también tiene una explicación a partir de las asimetrías tanto en
el inventario de fonemas como de la estructura silábica de ambas lenguas.
En efecto, dado que en el mapudungun no ocurre el fonema oclusivo velar
sonoro /ɡ/, se recurre al segmento próximo articulatoriamente —y que sí
está en su inventario fonémico— /k/; y, junto con ello, al no estar dentro
de las posibilidades de la plantilla silábica del mapudungun la sílaba CCV, se
recurre también a la inserción de la vocal “ü” (/ə/), de modo que la sílaba
gra (fonémicamente, /ɡɾa/) deviene en las sílabas “kü” y “ra” (fonológica-
mente, /kə/ y /ɻa/, respectivamente)193. Por cierto, estas acomodaciones
fonológicas pueden ser interpretadas como una señal de vitalidad de la
lengua, al hacer operar los mecanismos vernaculares para la incorporación
de los elementos léxicos exógenos o “préstamos”.
3.6.2. El acento en mapudungun
Por el uso frecuente de este concepto en el lenguaje cotidiano, el
acento se podría confundir con la marca que en la ortografía del español
ponemos sobre algunas vocales, de acuerdo con ciertas normas conven-
cionales. Sin embargo, el acento, dicho en términos algo simplificados,
se refiere a la mayor prominencia que tiene una unidad lingüística en un
enunciado (por defecto, una palabra194), y, en consecuencia, está presente
en las lenguas en general. Así, en español, una palabra como perro tiene
acento (en la primera sílaba), aunque no lleva una marca visible sobre la
vocal “e” (como sí ocurre en “canté”). En el contexto del estudio de los
sonidos de las lenguas, el acento se incluye dentro de lo que se denominan
los fenómenos prosódicos o suprasegmentales; esto último porque no es
una unidad segmental, pero precisa de ellas para manifestarse.
El acento puede ser fijo, como en finés, o puede ocurrir en más de
una sílaba, como en mapudungun o español. Si el acento es fijo, no tiene
estatus de fonema (no es un fenómeno funcional de la lengua), pues es
193 Algunos otros aspectos sobre el castellano hablado por mapuches se pueden ver
en Hernández y Ramos (1978 y 1984).
194 Hay un breve desarrollo sobre el concepto de “palabra” en el apartado de Mor-
fosintaxis.
243
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
predecible. Si, en cambio, no es fijo, pueden ocurrir dos casos: que su
desplazamiento de una sílaba a otra en una misma secuencia de sonidos
conlleve un cambio de significado; o que este desplazamiento no tenga un
impacto en el contenido de la secuencia de sonidos. Lo primero es el caso
en español, como se puede comprobar con las palabras revólver (un objeto)
y revolver (una acción); esto implica que en español el acento es fonémico
y, por definición, debe plasmarse en la transcripción fonémica; mientras
que el segundo es el caso en mapudungun, tal como se puede comprobar,
por ejemplo, con el hecho de que en esta lengua el número uno se pueda
pronunciar tanto [ˈkʲi.ɲe] como [kʲiˈɲe]; la palabra tierra, como [ˈ[Link]] o
[ma.ˈpu], etc., y esto no impacte en el significado de estas palabras195.
Ahora bien, el hecho de que el acento pueda desplazarse por las dis-
tintas sílabas —sea o no contrastivo/fonémico—, no implica que no se
puedan advertir ciertas tendencias. Es el caso en español, donde, grosso
modo, las palabras terminadas en vocal tienden a ser graves o paroxítonas
(la sílaba prominente es la penúltima); y las palabras terminadas en con-
sonante tienden a ser agudas u oxítonas (la sílaba prominente es la últi-
ma). En el caso del mapudungun, Harmelink (1996) dedica el subapartado
“Acentuación de las palabras del mapudungun” a explicitar detalladamente
las tendencias que se presentan en esta lengua. Por lo ilustrativo de dicho
apartado, lo reproducimos aquí (sólo se omiten algunos de los muchos
ejemplos que allí se contienen):
En primer lugar, la acentuación no se marca en el mapudungun
escrito. Los ejemplos que aparecen aquí, sin embargo, tienen
el acento escrito de modo de destacar la sílaba que recibe el
acento. No existen palabras en el mapudungun cuyo significado
cambia por la ubicación del acento como sucede en el castella-
no con papa y papá.
No existe una clara descripción del fenómeno de la acentua-
ción del mapudungun, pero es posible hablar de algunas reglas
generales:
1. Palabras de dos sílabas
a. Las palabras de dos sílabas abiertas (sin consonante final),
enunciada aisladamente, tiende a tener el acento en la última
sílaba.
195 Conviene recordar que en el Alfabeto Fonético Internacional el acento léxico se
plasma con una pequeña línea vertical, en la parte superior, previa a la sílaba prominente.
244
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
ruká ‘casa’ mapú ‘tierra’
trewá ‘perro’196 kuré ‘esposa’
b. Si la palabra de dos sílabas tiene ambas sílabas cerradas (sí-
laba con consonante final), tiene el acento en la última sílaba.
mansún197 ‘buey’ iñchíñ ‘nosotros (plural)’
fentrén ‘bastante’ pewmán ‘soñé’
c. Si la palabra de dos sílabas tiene una sílaba abierta y una sílaba
cerrada, el acento va en la sílaba cerrada.
pukém ‘invierno’ pidén198 ‘pidén’
wílki ‘zorzal’ nárki ‘gato’
2. Palabras de más de dos sílabas
Si la palabra de dos o más sílabas tiene la última sílaba cerrada,
el acento generalmente cae en la sílaba cerrada; si no tiene una
sílaba cerrada, generalmente cae en la penúltima sílaba. Ejem-
plos:
wangülén199 ‘estrella’ fantépu ‘desde entonces’
trutrukatún ‘tocar la trutruka’ trutrúka ‘trutruka’
3. Los patrones de acentuación de palabras más largas o de frases
más completas no son reductibles a reglas tan sencillas como
se proponen aquí.
Estas reglas no difieren de manera sustantiva de aquellas que propo-
nen Salas (1992b) y Zúñiga (2006), especialmente en lo que dice relación
con la importante incidencia de la sílaba cerrada —aquella terminada en
consonante— en la atracción del acento.
Cabe hacer presente que en los últimos 10 años se han publicado
algunos trabajos que constituyen aportes sustantivos al estudio de este
aspecto de la prosodia del mapudungun. Entre ellos, sobresalen las contribu-
ciones de Molineaux (2017, 2018 y 2023). Dos de los tópicos prominentes
que allí se abordan son los aspectos fonético-fonológicos y morfológi-
cos implicados en la asignación del acento en esta lengua, así como la
evolución que este fenómeno ha experimentado, desde la etapa I (que se
196 De acuerdo con una precisión realizada por el autor principal de nuestro texto,
en ocasiones el acento depende del contexto, pues, por ejemplo, pu palife (los jugadores de
palín) pueden gritar thewá; pero también se puede decir iñche ñi thewa (mi perro).
197 Mañshun, en la variante dialectal que nos ocupa.
198 Pideñ, en la variante dialectal que nos ocupa.
199 Wangül´en´, en la variante dialectal que nos ocupa.
245
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
despliega en el trabajo de Luis de Valdivia) hasta el “Present Day Mapu-
dungun”. También es destacable la presentación de Becerra (2021), quien
a través de lo que ocurre con el acento en palabras disilábicas del mapu-
dungun releva la variación como un aspecto al que se debe atender y que
muchas veces se omite, porque se (sobre)enfatizan las generalizaciones y
los aspectos ya cristalizados.
A propósito del relevamiento de la variación en este ámbito de la
prosodia, Molineaux (2017) señala como una proyección de su presen-
tación el estudio de la “Dialectal variation in the assignment/realisation
of stress”. En concordancia con ello, Ortiz (2021), en su tesis de maes-
tría, se ocupa de la distribución del acento en palabras monomorfémicas
elicitadas en una variante dialectal específica: el cordón cordillerano de
habla mapuche-pewenche (específicamente, cuatro comunas ubicadas en
orientación norte-sur); es decir, en este caso no hay una pretensión de dar
cuenta de reglas para el mapudungun en general, sino para este referente
territorial específico. Luego de los análisis, el autor concluye lo siguiente
(p. 59):
a. la acentuación del cordón cordillerano es mayoritariamente
aguda;
b. Alto Biobío es la zona que manifiesta sin excepción esta
tendencia;
c. es posible establecer una relación entre el eje norte-sur y
una disminución de la acentuación aguda;
d. la ausencia de una simetría total en la tendencia a la dismi-
nución de la acentuación aguda y el eje norte-sur puede ser
explicada por factores sociolingüísticos;
e. la tendencia a que las sílabas pesadas atraigan el acento, re-
portada por la literatura, se confirma con nuestro estudio; y
f. las líneas generales de nuestros resultados se avienen con
las reglas propuestas por Salas (1992b) y Zúñiga (2006).
Con respecto a las tres primeras conclusiones, la siguiente tabla con-
tenida en dicho estudio plasma las evidencias cuantitativas:
246
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Acentuación Cordón Cordillerano
% Esdrújulas % Graves % Agudas
Alto Bío-Bío 0.4 10 89.6
Lonquimay 0 33.7 66.3
Icalma 0 25.2 74.8
Curarrehue 0.7 29.7 69.6
Tabla 7: Distribución del acento en 4 comunas del Cordón Cordillerano de
habla mapuche. Fuente: Ortiz (2021, p. 37).
En la misma línea, Jiménez y Salamanca (2023) se ocupan de la distri-
bución del acento en palabras monomorfémicas elicitadas en dos comuni-
dades de la costa septentrional de habla l´afken´che de la comuna de Los
Álamos. En dicho trabajo, los autores concluyen lo siguiente:
a. Las palabras monomorfémicas se acentúan en la penúltima
sílaba, a excepción de algunos pocos casos.
b. La presencia de una sílaba “pesada” puede explicar, en al-
gunos pocos casos, la ruptura de la regla general.
c. Las palabras esdrújulas son particularmente escasas.
d. La diferencia de nuestros resultados con los obtenidos por
Ortiz (2021), para el cordón cordillerano de habla pewen-
che, se podría explicar por el nivel de contacto con el cas-
tellano, lo que va en línea con trabajos sobre entonación
en Mapudungun, como los de Ruiz et al. (2019) y Ruiz et
al. (2020).
e. Nuestros resultados no se avienen de manera estricta con
ninguna de las propuestas de asignación de acento en Ma-
pudungun presentes en la literatura.
La evidencia cuantitativa para las tres primeras conclusiones se pre-
senta en la siguiente tabla:
Agudas Graves Esdrújulas Total
n % n % n % N %
20 2,8% 687 97,0% 1 0,1% 708 100%
Tabla 8: Distribución del acento en la zona l´afken´che de Los Álamos.
Fuente: Jiménez y Salamanca (2023, p. 330).
247
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Como se observa, es evidente la diferencia respecto de la ubicación
del acento en palabras monomorfémicas en ambos referentes territoriales
de habla mapuche.
Observaciones complementarias sobre la sílaba y el
acento en mapudungun
Como hemos señalado, a diferencia de lo que ocurre en el plano
fónico segmental, en el nivel suprasegmental del mapudungun no se ha
producido un caudal significativo de trabajos. En este contexto, aparte
de los trabajos relativos al acento que hemos relevado en la subsección
precedente, se deben mencionar las contribuciones de Ruiz, et al. (2019),
Rogers (2020) y Ruiz, et al. (2020) sobre la entonación en esta lengua. Así
las cosas, aprovechamos este espacio para motivar la realización de nuevos
trabajos en esta área.
Pero no sólo eso, pues nuestra convicción es que no sólo a los lin-
güistas les corresponde el privilegio de acercarse a esta lengua y abogar por
su mantenimiento. En efecto, aunque el lector no haya hecho del aspecto
lingüístico su foco de especialización, de todas formas, como hemos se-
ñalado en las páginas iniciales de este capítulo, puede contribuir de mane-
ra activa a su mantenimiento; por ejemplo, a través de la desmitificación
de ideas arraigadas en la sociedad mayoritaria, como que lo que hablan
nuestros grupos originarios en general, y el mapudungun, en particular, no
son lenguas, sino meros dialectos. Para dicha desmitificación, hemos dado
evidencias importantes en el transcurso de estas notas (especialmente en
sus páginas iniciales), y se sumarán evidencias en las páginas que siguen,
las cuales versan sobre el aspecto gramatical o morfosintáctico de esta len-
gua. Así, entonces, de la lectura de los apartados ya existentes y del que se
sumará, resultará claro que el mapudungun tiene una estructura lingüística y
una visión de mundo vehiculizada a través de ella que es necesario conocer
y mantener, y que en este desafío, todos —especialistas o no— podemos
aportar.
3.7 Palabras en mapudungun para práctica de la pronun-
ciación
El último apartado de este capítulo tiene como foco mostrar ejem-
plos de palabras del mapudungun que contienen los fonemas que no están
248
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
en el inventario fonémico del español, o que si bien ocurren en español,
no se presentan en posiciones en que sí ocurren en mapudungun (es el caso,
por ejemplo, de la consonante nasal palatal /ɲ/ (<ñ> en la escritura) en
la coda silábica). Estas palabras se presentan escritas, por defecto, en el
alfabeto utilizado en este libro, aunque cuando esta escritura es distinta
en el Alfabeto Mapuche Unificado y en el Alfabeto Raguileo, plasmamos
también esta(s) forma(s). También se incluyen, en las columnas siguientes,
las transcripciones fonémica y fonética de las palabras. Cuando fue posi-
ble, se graduó el grado de complejidad para la pronunciación, asumiendo
que resultará menos compleja de pronunciar aquella palabra que tiene sólo
uno de estos fonemas (la primera), y que lo será más aquella que tiene dos
de estos segmentos, y así sucesivamente.
Una forma que puede resultar motivante para familiarizarse con el
formato propuesto es a través de conocer y practicar la pronunciación de
los números del 1 al 10 en esta lengua. Ponemos en negritas los grafemas,
fonemas y fonos a los que habría que estar particularmente atentos para
recordar su pronunciación en mapudungun y no realizarlos con la pronun-
ciación que se le daría en español.
Ítem en escritura grafémica y Transcripción Transcripciones
significado correspondiente Fonémica fonéticas prominentes
Kiñe ‘uno’ /ki.ɲe/ [ˈkʲi.ɲe] ~ [kʲi.ˈɲe]
Epu ‘dos’ /[Link]/ [ˈ[Link]] ~ [e.ˈpu]
Küla, R: Kvla ‘tres’ /kə.la/ [ˈkɯ.la] ~ [kə.ˈla]
Meli ‘cuatro’ /[Link]/ [ˈ[Link]] ~ [me.ˈli]
Kechu, R: Kecu ‘cinco’ /ke.t͡ʃu/ [ˈkʲe.t͡ʃu] ~ [kʲe.ˈ.t͡ʃu]
Kayu ‘seis’ /[Link]/ [ˈ[Link]] ~ [ˈka.ʝu]
Regle, R: Reqle ‘siete’ /ɻeɰ.le/ [ˈɻeɰ.le] ~ [ˈʐeɰ.le]
Pura ‘ocho’ /pu.ɻa/ [ˈpu.ɻa] ~ [puˈʐa]
Aylha, R: Aija ‘nueve’ /aj.ʎa/ [ˈaj.ʎa] ~ [aj.ˈʎa]
Mari ‘diez’ /ma.ɻi/ [ˈma.ɻi] ~ [maˈʐi]
Cuadro 5: Números del 1 al 10 en mapudungun, plasmados en escritura gra-
fémica y transcritos fonémica y fonéticamente. La letra R indica la escritura de
acuerdo con el Alfabeto Raguileo. Fuente: elaboración de los autores.
Así, entonces, hecho este ejercicio preparatorio, se pueden realizar
los que se contienen en el Cuadro 6. Dicho material se puede utilizar
de múltiples maneras para la práctica de los temas que contiene. Una
sugerencia es usar una hoja de papel para cubrir la columna de la escri-
tura grafémica, y tras observar la columna de transcripciones fonémicas
249
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
o fonéticas prominentes, reproducir mentalmente la forma ortográfi-
ca correspondiente. Otra opción es cubrir la columna de transcripción
fonética y practicar diciendo en voz alta las realizaciones prominentes.
Invitamos al lector o lectora a concebir más formas de aprovechar este
cuadro de ejercicios.
Fonema en foco: /ə/
Ítem en escritura grafémica y Transcripción Transcripciones
significado correspondiente Fonémica fonéticas prominentes200
Kelü
‘rojo’ /ke.lə/ [ˈkʲe.lə] ~ [kʲe.ˈlɯ]
R: kelv
Müpü
‘ala’ /mə.pə/ [ˈmɯ.pə] ~ [mə.ˈpɯ]
R: mvpv
Lüpüm
‘quemado’ /lə.pəm/ [lə.ˈpɯm]
R: lvpvm
Fonema en foco: /t̪/
Ítem en escritura grafémica y Transcripción Transcripciones
significado correspondiente fonémica fonéticas prominentes
Kut´ama201
AMU: kut̯ama /ku.t̪[Link]/ [ku.’t̪[Link]]
R: kutama
Müt´a
AMU: müt̯a ‘cuerno’ /mə.t̪a/ [ˈmɯ.t̪a] ~ [mə.ˈt̪a]
R: mvta
Füt´üm
‘hijo de
AMU: füt̯üm /fə.t̪əm/ [fə.ˈt̪ɯm] ~ [və.ˈt̪ɯm]
hombre’
R: fvtvm
Fonema en foco: /f/ en coda silábica
Ítem en escritura grafémica y Transcripción Transcripciones
significado correspondiente fonémica fonéticas prominentes
Kofke ‘pan’ /[Link]/ [ˈkof.kʲe]
Def
‘soga’ /θef/ [θef] ~ [ðef]
R: zef
Wüfko
‘vertiente’ /wə[Link]/ [ˈwɯ[Link]] ~ [ˈwɯ[Link]]
R: wvfko
200 Como en algunos casos la posibilidad de alternancia acentual y segmental gene-
raría varias transcripciones, se optó plasmar sólo algunas de ellas.
201 De acuerdo con Painequeo (2015), corresponde a ‘dos bolsas unidas (que se
cuelgan al cuerpo)’.
250
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Fonema en foco: /θ/
Ítem en escritura grafémica y Transcripción Transcripciones
significado correspondiente fonémica fonéticas prominentes
Domo
‘mujer’ /θ[Link]/ [ˈθ[Link]] ~ [ðo.ˈmo]
R: zomo
Küdaw
‘trabajo’ /kə.θaw / [kə.ˈθaw] ~ [kə.ˈðaw]
R: kvzaw
Kodkülha202
‘flor del [koθ.ˈkɯ.ʎa] ~ [koð.ˈkɯ.
AMU: kodkülla /koθ.kə.ʎa/
copihue’ ʎa]
R: kozkvja
Fonema en foco: /ʃ/203
Ítem en escritura grafémica y Transcripción Transcripciones
significado correspondiente Fonémica fonéticas prominentes
‘encontrar
Peshan /pe.ʃan/ [pe.ˈʃan]
algo botado’
‘papas cocidas
Müshay (poñi) /mə.ʃaj/ [mə.ˈʃaj]
molidas’
‘comer (en un
mishawün /mi.ʃa.wən/ [mi.ʃa.ˈwɯn]
mismo plato)’
Fonema en foco: /ʈ͡ʂ/
Ítem en escritura grafémica y Transcripción Transcripciones
significado correspondiente Fonémica fonéticas prominentes
Wenthu
AMU: wentru ‘hombre’ /wen.ʈ͡ʂu/ [ˈwen.ʈ͡ʂu] ~ [ˈwen.ʈu]
R: Wenxu
Küthal
AMU: kütral ‘fuego’ /kə.ʈ͡ʂal/ [kə.ˈʈ͡ʂaɭ] ~ [kə.ˈʈaɭ]
R: kvxal
Thawün
AMU: trawün ‘reunión’ /ʈ͡ʂa.wən/ [ʈ͡ʂa.ˈwɯn] ~ [ʈa.ˈwɯn]
R: xawvn
Fonema en foco: /ɻ/
Ítem en escritura grafémica y Transcripción Transcripciones
significado correspondiente Fonémica fonéticas prominentes
Mara ‘liebre’ /ma.ɻa/ [ˈma.ɻa] ~ [ma.ˈʐa]
Rüf204
‘verdadero’ /ɻəf/ [ɻɯf] ~ [ˈʐɯf]
R: rvf
202 En la variante que nos ocupa, una expresión equivalente es koshkülha.
203 Enunciados provenientes de Painequeo (2015). En los grafemarios AMU y Ra-
guileo no se contempla esta unidad fonológica; en consecuencia, no hay representación
grafémica.
204 Ítem proveniente de Painequeo (2022, p. 153).
251
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Rüpü
‘camino’ /ɻə.pə/ [ˈɻɯ.pə]~[ʐə.ˈpɯ]
R: rvpv
Fonema en foco: /n̪/
Ítem en escritura grafémica y Transcripción Transcripciones
significado Fonémica fonéticas prominentes
Kon´ew
AMU: kon̯ew ‘adivinanza’205 /ko.n̪ew/ [ko.ˈn̪ew]
R: Kohew
N´eyen´ ‘respiración, aliento’206
AMU: n̯eyen /n̪[Link]̪/ [n̪e.ˈjen̪] ~ [n̪e.ˈʝen̪]
R: heyeh
Ün´un´
‘asqueroso,
AMU: ün̯un̯ /ə.n̪un̪/ [ə.ˈn̪un̪]
indeseable’207
R: vhuh
Fonema en foco: /ɲ/ en coda silábica
Ítem en escritura grafémica y Transcripción Transcripciones
significado Fonémica fonéticas prominentes
Mañke ‘cóndor’ /maɲ.ke/ [ˈmaɲ.kʲe]
iñchiñ ‘nosotros (más
/iɲ.t͡ʃiɲ/ [iɲ.ˈt͡ʃiɲ]
R: iñciñ de 2)’
Püñeñ ‘hijo o hija de
/pə.ɲeɲ/ [pə.ˈɲeɲ]
R: pvñeñ una mujer’
Fonema en foco: /ŋ/
Ítem en escritura grafémica y Transcripción Transcripciones
significado Fonémica fonéticas prominentes
Ange
‘cara’ /a.ŋe/ [ˈa.ŋʲe] ~ [a.ˈŋʲe]
R: age
Walüng
‘verano’ /wa.ləŋ/ [wa.ˈləŋ]
R: walvg
Ngürü
‘zorro’ /ŋə.ɻə/ [ˈŋɯ.ʐə] ~ [ŋə.ˈɻɯ]
R: gvrv
Fonema en foco: /l̪/
Ítem en escritura grafémica y Transcripción Transcripciones
significado Fonémica fonéticas prominentes
Pal´u
‘tía por línea
AMU: pal̯u /pa.l̪u/ [ˈpa.l̪u] [pa.ˈl̪u]
paterna’
R: pabu
205 Ítem proveniente de Painequeo (2022, p. 152).
206 De acuerdo con Painequeo (2022, p. 152), también ‘inspiración, pensamiento,
sabiduría’.
207 Ítem proveniente de Painequeo (2015).
252
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Ül´an208
AMU: Ül̯an /ə.l̪an/ [ə.ˈl̪an]
Vban
L´ümün´
AMU: l̯ümün̯ ‘tragar’ /l̪ə.mən̪/ [l̪ə.ˈmɯn̪]
R: bvmvh
Fonema en foco: /ʎ/
Ítem en escritura grafémica y Transcripción Transcripciones fonéticas
significado Fonémica prominentes
Lhalha
AMU: llalla ‘suegra o yerno’ /ʎa.ʎa/ [ˈʎa.ʎa] [ʎa.ˈʎa]
R: jaja
Mülho
AMU: müllo ‘cerebro’ /mə.ʎo/ [ˈmɯ.ʎo][mə.ˈʎo]
R: mvjo
Molhfüñ
AMU: Mollfüñ ‘sangre’ /moʎ.fəɲ/ [moʎ.ˈfəɲ] [moʎ.ˈvəɲ]
R: mojfvñ
Fonema en foco: /j/ en posición incial
Ítem en escritura grafémica y Transcripción Transcripciones fonéticas
significado Fonémica prominentes
‘de nosotros
Yu /ju/ [ju] [ʝu]
dos’
Yiwiñ ‘grasa’ /[Link]ɲ/ [ji.ˈwiɲ] [ʝi.ˈwiɲ]
[ja.fə.lə.ˈwɯn] [ʝa.və.lə.
Yafülüwün ‘animarse’ /ja.fə.lə.wən/
ˈwɯn]
Fonema en foco: /ɰ/
Ítem en escritura grafémica y Transcripción Transcripciones fonéticas
significado Fonémica prominentes
Lüg
‘blanco’ /ləɰ/ [lɯɰ]
R: lvq
Atheg
AMU: atreg ‘frío’ /a.ʈ͡ʂeɰ/ [a.ˈʈ͡ʂeɰ] [a.ˈʈeɰ]
R: axeq
Thegül
AMU: tregül ‘treile’ /ʈ͡ʂe.ɰəl/ [ʈ͡ʂe.ˈɰɯl] [ʈe.ˈɰɯl]
R: xeqvl
Cuadro 6: Ejercicios para la práctica de la pronunciación en mapudungun. Las
palabras se entregan en la escritura de acuerdo con el alfabeto utilizado en este
libro y también en el Alfabeto Mapuche Unificado (AMU) y el Alfabeto Ragui-
leo (R), cuando eran diferentes de la primera (elaboración de los autores).
208 De acuerdo con Painequeo (2015, p. 80), corresponde a ‘masticar con los dien-
tes el trigo (para hacer muday)’.
253
TERCERA PARTE:
MORFOSINTAXIS
DE LA LENGUA MAPUCHE
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
1. Introducción de conceptos generales
A modo de ilustración, iniciamos con la pregunta: ¿qué es una pala-
bra?, con el fin de destacar la complejidad y diversas formas de responder
una interrogante que en principio podría resultar sencilla. Las respuestas a
esta pregunta nos permiten adentrarnos en el estudio gramatical y contar
de ese modo con un conocimiento tal que nos permita justificar ciertas
decisiones metodológicas al describir la lengua mapuche, que luego serán
importantes. De igual modo, se estudia brevemente el concepto de n´emül´
en mapudungun, el cual ha sido utilizado para traducir ‘palabra’ y también el
concepto de ‘lengua mapuche’ o dungun.
Siguiendo con esta primera parte, presentamos y definimos la mor-
fosintaxis, es decir, el análisis gramatical en general, y sus sub-disciplinas.
Por un lado, la morfología se encarga de estudiar y describir la composición
interna de las palabras; por el otro, la sintaxis tiene como tarea indagar res-
pecto de cómo las palabras se combinan para formar estructuras mayores.
Esta introducción nos permite también presentar el léxico de la lengua
mapuche, identificando de manera inicial las clases de palabras según sus
características morfológicas y de acuerdo con las combinaciones que for-
man con otras palabras. Por último, las nociones de oración, cláusula y frase
se tratan brevemente con el fin de relacionar conceptos que se abordarán
con mayor detalle en las otras partes de este capítulo.
La segunda parte se focaliza en las llamadas clases de palabras. Co-
mienza con una descripción de dos tipos de clases de palabras, las abiertas
y las cerradas, además de sus características morfosintácticas generales. En
primer lugar, se aborda el sustantivo como núcleo de la frase nominal, junto
con su morfología derivativa que nos permite aumentar el léxico nominal
en mapudungun. Posteriormente, se detallan las otras clases de palabras que
forman parte de manera opcional de la frase nominal, como son los adjetivos
y modificadores. Posteriormente, tratamos las llamadas proformas, donde se
ubican los pronombres e interrogativos. De igual modo, se abordan brevemente
las características de los adverbios. El verbo es una clase abierta de palabras
esencial en el mapudungun debido a sus características morfosintácticas;
en esta parte, se realiza solo una pequeña introducción, reservándose su
profundización para la tercera parte. Finalmente, se tratan otras clases de
palabras como las conjunciones y los marcadores discursivos.
257
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
La tercera parte de este capítulo aborda el verbo como núcleo de la
cláusula predicativa verbal en mapudungun. Se clasifican los verbos y predicados
respecto de aspectos estructurales, semánticos y discursivos. Se describen
y clasifican las terminaciones personales y no personales del mapudungun,
con un énfasis en su constitución interna. Esto permite al lector y lectora
introducirse en este tipo de análisis. De igual modo, se aborda de manera
general un tipo de alineación personal característico del mapudungun y otras
lenguas del mundo: el sistema inverso. Esta parte termina con un catastro de
los tipos de sufijos verbales en mapudungun, analizados de acuerdo con lo
que se propone en la literatura que existe sobre este tema.
Esperamos que este capítulo de morfosintaxis permita a los lectores
y lectoras adentrarse e interesarse por distintas temáticas que nos permiten
describir desde la ciencia del lenguaje la estructura y diversidad de expre-
siones del idioma mapuche.
1.1 ¿Qué es la palabra?
Debido a la índole aglutinante-polisintética el idioma mapuche trae palabras largamente
compuestas, especialmente en descripciones detalladas y precisas. Mi recordado maestro Pascual Coña,
relatando en su clásico mapuche la elaboración de la mushka o chicha de manzanas, dice entre otras
cosas: apowechodkünukülechi kapachu mew, lüykünagmekefuy pülku del
saco lleno de agujeros 209 brotaba sin interrupción la chicha210.
—Moesbach (1962, p. 31)
Wif
Amunkockvlarvpvpvle
eyvtunmuamuytañipiuke
kuififolilneyentavrkvleeyew
—Lienlaf (2016, p. 16)
La noción de palabra que conocemos de manera casi intuitiva en cas-
tellano está ineludiblemente ligada a la idea de escritura, particularmente
aquella que realizamos con el alfabeto latino. Esta tradición ortográfica
nos indica que por medio de la presencia de espacios podemos separar el
flujo escritural y conformar de ese modo unidades discretas, que solemos
denominar palabras. Esta noción de unidad lingüística que se basa en la
209 Una traducción más precisa es ‘del saco lleno de agujeros (hecho a propósito)
brotaba sin interrupción la chicha dulce [o el jugo de manzana]”.
210 Cabe señalar que ti manshana muday es una mejor traducción para ‘chicha de
manzana’. Del mismo modo, la palabra pülku, significa ‘vino’, el cual contiene alcohol.
258
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
separación mediante espacios en la escritura motivó durante fines del siglo XIX
y principios del siglo XX la clasificación categórica —hoy en día matizada
en términos de grado— entre lenguas analíticas y sintéticas.
De acuerdo con esta taxonomía, las lenguas analíticas se manifiestan
por medio de palabras aisladas, es decir, separadas por espacios en la es-
critura. A su vez, lo que es posible de expresar por medio de esta serie de
palabras aisladas en las lenguas analíticas, es posible de realizar por medio
de palabras largas en las lenguas sintéticas, es decir, sin la presencia de es-
pacios. Si comparamos una palabra del mapudungun como la que aparece en
negritas en (5) con su traducción en castellano, veremos que en esta última
lengua se instancia como una frase con (al menos) tres palabras.
(5) apowechodkünukülechi kapachu mew
/apo-we-t͡ʃoθ-kənu-kəle-t͡ʃi kapat͡ʃu mew/
‘En el saco lleno de agujeros (hecho a propósito)’
A pesar de esta visión generalizada, de acuerdo con Moreno Cabrero
(2005), son las decisiones ortográficas, más que la naturaleza tipológica de
la lengua en cuestión, las que motivan una clasificación por sobre la otra.
Es decir, en términos exclusivamente orales, el castellano se manifestaría
como una lengua sintética, a pesar del carácter aislante que pueden tener las
palabras al momento de escribirlas.
El poeta mapuche Lienlaf (2016), en su libro Epu Zuam, va incluso
más allá con esta visión ortográfica de qué es una palabra en mapudungun
y representa unidades mucho más extensas, como amunkockvlarvpvpvle, que
en el alfabeto Unificado se escribiría como amun koshkülha rüpü püle ‘fui
por el camino de los copihues’. La forma de escriturar el mapudungun en
el caso de Lienlaf, que podríamos considerar subversiva ―en el sentido
poético del término―, realiza un contrapunto a la convencionalidad de la
escritura al momento de decidir qué es una palabra en una lengua como el
mapudungun, en comparación con qué es una palabra en una lengua como
el castellano211. Sin duda, un registro acústico del enunciado que escribe
Lienlaf, y, para esos efectos, de cualquier expresión lingüística en mapudun-
gun, ciertamente no dará cuenta de pausas o ‘espacios’ con los que rodea-
mos de manera convencional la palabra al escribirla.
A modo de ejemplo, la imagen 12 ilustra una onda sonora registrada
por la grabación de un enunciado en mapudungun: tami pu karukatu che, chem
dungu ngelay ka? ‘(con) tus vecinos, no hay ningún problema, cierto?’, ex-
tracto del corpus oral titulado AVENUE-Mapudungun (Levin et al., 2002;
211 Por cierto, también puede considerarse una transcripción con criterio oralista.
259
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Duan et al., 2020). Este tipo de imagen registra por medio de la oscilación
del registro los cambios de intensidad del sonido en el tiempo. A la izquier-
da de la onda sonora, es posible apreciar que el silencio de los hablantes
queda registrado en la forma de una leve o tenue perturbación de la onda
sonora, lo que posiblemente corresponde a ruido de fondo que capta la
grabadora de manera muy sutil. Posteriormente, comienza el enunciado,
registrado con perturbaciones comparativamente superiores. En ningún
momento, durante la realización del enunciado, es posible apreciar pausas
o silencios que nos permitan hacer cortes o precisar una forma ortográ-
fica separada del flujo de sonidos que componen el enunciado. Inclusive,
donde se producen bajas intensidades del sonido, esto se relaciona con el
cierre propio de consonantes oclusivas, como la [p] al decir pu ‘plural’, la
[k] en karukatu ‘vecino’, o durante el inicio de la pronunciación de [tʃ] en
che ‘gente’ o chem ‘que’.
Imagen 12: Espectrograma con la traducción de ‘(con) tus vecinos,
no hay ningún problema, cierto?’ del corpus AVENUE
(Levin et al., 2002; Duan et al., 2020).
Establecido entonces el punto de que en su medio natural —es de-
cir, la oralidad—, las lenguas no manifiestan estas ‘pausas acústicas’ que
correspondan a espacios ortográficos que permitan segmentar o dividir la
cadena de elementos, se han utilizado otros criterios (en su mayoría, con
algún grado de arbitrariedad) para poder decidir el límite de qué es una
palabra. Asimismo, estos criterios son específicos para cada lengua, por
lo que no es posible, o aconsejable, utilizar aquellos de otras lenguas para
definir la propia. Específicamente, la pregunta de qué es una palabra en
mapudungun puede ser respondida con base en aspectos semánticos, grama-
ticales y fonológicos. Repasaremos cada uno de estos criterios, junto con
sus ventajas y desventajas.
En el caso del criterio semántico —esto es, respecto del significado—,
es posible especificar que, a grandes rasgos, serán palabras aquellas unida-
des de la lengua que respondan a una noción o significados únicos. Pala-
260
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
bras serían, entonces, che ‘persona’, domo ‘mujer’, wenthu ‘hombre’, pichiche
‘guagua’ etc. De igual modo, estas nociones no tienen que responder ne-
cesariamente a personas u objetos concretos. En efecto, pueden ser ideas
abstractas, como feyentun ‘creencia’, ngeykurewen ‘ceremonia de renovación
de rewe’, pu ‘plural’, etc. En este último caso, una dificultad estriba en que
la noción ‘plural’ se puede expresar por una palabra como pu, pero en
otros casos estaría “añadida” a otra palabra, como la forma ke en kiñeke
‘algunos’, que la vuelve plural212. Otro caso sería, por ejemplo, la expresión
kuykuy pangi, que de manera literal significa ‘puente de león’, pero su signi-
ficado remite a la ‘cumbrera’ dentro de la ruka ‘casa mapuche’. De acuerdo
con el criterio semántico, kuykuy pangi sería una palabra, a pesar de escri-
birse por separado. Esto, entonces, nos hace tener que repensar y com-
plementar el criterio semántico al momento de definir qué es una palabra.
Otro criterio utilizado es el fonológico. En este sentido, palabra en ma-
pudungun sería aquella unidad que tiene una sola acentuación, como mapú-
che ‘persona del territorio’. No obstante, existen expresiones que desafían
este criterio, como ruka mew ‘en la casa’, que en términos fonéticos se pue-
de realizar como [ɻu.ˈ[Link]̯], es decir, como una sola unidad fonológica,
lo que puede llevar inclusive a la reducción del último elemento silábico:
[ɻu.ˈ[Link]]. Por otro lado, en estructuras morfológica o sintácticamente
complejas pueden llevar en su conjunto la realización de dos patrones de
acentuación, por lo que en muchos casos no se cumple la equivalencia de
una estructura morfológica equivalente a una sola acentuación, o de una
estructura sintáctica. Como analiza Molineaux (2023), las formas verbales
cuando se realizan de manera compleja, es decir, con la incorporación de
más de un sufijo opcional, pueden contar con dos acentos. De igual modo,
en el caso de la adición de otros fenómenos morfosintácticos, como la in-
corporación nominal, donde un sustantivo o una frase nominal se realizan
en el interior de la cadena morfemática del verbo, la cantidad de acentos
puede ser incluso tres, como se evidencia en el siguiente ejemplo tomado
de Bickel y Zúñiga (2017):
(6) Entu-dolhüm-yaw-küle-y-ngün213.
/enˈtu-θoˈʎəm-jaw-kəˈle-j-ŋən/
‘están (plural) sacando choritos (de río)’
(Bickel y Zúñiga, 2017, p.175)
212 Como se verá más adelante, la forma ke ‘plural distributivo’ en esta estructura
adjetiva se denomina “proclítico”.
213 La pronunciación de dolhüm es shülhüm en la costa. Este ser vivo es un poco más
grande que el shalhe.
261
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
De igual modo, en el caso de compuestos nominales, que sintáctica-
mente agrupan dos unidades lingüísticas, pueden tener en algunos casos
una acentuación y en otros dos, tal como se muestra en (7) y (8):
(7) kudiforo ~ kudi foro
[ku.θi.ˈfo.ɻo]
‘espinazo, quilla’ (Molineaux, 2023, p. 325)
(8) changülh n´amun´ ~ changülhn´amun´
[t͡ʃa.ˈŋəʎ.n̪a.ˈmun̪]
‘dedos de los pies, ortejos’ (Molineaux, 2023, p. 325)
Vemos, entonces, que en muchos casos el criterio fonológico nos
remite a dos palabras, mientras que de acuerdo con el criterio morfo-
lógico estamos hablando solo de una. La incongruencia entre el plano
fonológico y el morfológico, como hemos visto, lleva a que una realiza-
ción como en (9)a, se escriba de tres formas distintas posibles: como dos
palabras (9)b, como una sola palabra (9)c, o como dos palabras unidas
con guion (9)d:
(9) a. [ɻu.ˈ[Link]̯] ‘en la casa’
b. ruka mew
c. rukamew
d. ruka-mew
Además, existe una dificultad teórica en poder establecer una defini-
ción de la noción de palabra que sea posible de aplicar como criterio para
esclarecer todos los casos. Esto porque normalmente se ha entendido el
concepto palabra como una noción de las lenguas que tienen escritura,
y, además, específicamente, aquellas tradiciones escritas que separan ele-
mentos por medio de espacios. Bajo ese criterio, una palabra es aquello
que puede separarse con espacios a cada lado. La dificultad de ese criterio
es que es arbitrario y pareciera depender de otros criterios; por ejemplo,
la palabra weche ‘persona joven’ suele escribirse junta, pero no así we thewa
‘perro nuevo’ (o mapu kimün vs. mapudungun, etc.)
Debido a las dificultades que genera el concepto de palabra al mo-
mento de definir ciertas unidades de la lengua mapuche, en lingüística,
y especialmente en el análisis morfológico, utilizamos conceptos como
lexemas y morfemas, que son unidades de análisis mínimas que combinan la
materialidad sonora y un significado, y que también abstraen realizaciones
262
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
concretas de estas unidades de análisis. Esto se verá en su momento en la
sección correspondiente.
1.2 Persistencia del concepto palabra en el análisis lin-
güístico
A pesar de las dificultades que puede entrañar en casos particulares
identificar una palabra en mapudungun, es posible continuar utilizando este
concepto ―por ejemplo, a lo largo de este documento―, siempre resguar-
dando las reservas consideradas en esta sección. Esto se realiza con el ob-
jetivo de aprovechar un término que nos permita unificar distintos niveles
de análisis gramatical. El concepto de palabra, entonces, nos permite aden-
trarnos en el dominio de la morfología, al poder indicar los componentes
internos de las palabras mapuche; de igual modo, hablamos de sintaxis de
la lengua en estudio cuando nos referimos a cómo se agrupan las palabras
en constituyentes oracionales.
Finalmente, es posible utilizar el concepto de palabra para describir
una unidad ortográfica separada por espacios en la escritura, algo muy
importante si se desea escriturar214 la lengua mapuche, especialmente
en contextos escolares. Esta última noción está en línea con tratamien-
tos que se han realizado respecto de este tema, como el de Harmelink
(1992), quien señala que “la forma escrita en que se representa el mapu-
dungun pueda reflejar la estructura inherente al idioma en sí, siendo uno
de sus resultados la mayor facilidad para su lectura” (p. 56, énfasis en el
original).
Por supuesto, esto no implica una superioridad de la modalidad es-
crita por sobre la oral, pues la capacidad de expresarse de manera hablada
queda incólume frente al ejercicio ortográfico, especialmente en una len-
gua con una rica tradición oral como el mapudungun. Así, entonces, en nin-
gún caso se le otorga una superioridad a la forma de segmentar o dividir
el discurso por medio de los patrones ortográficos definidos de manera
convencional, sino que se utiliza esta fórmula solo con fines descriptivos
dada la naturaleza de este material.
214 “Escriturar” refiere en este caso tanto a la decisión y procesos necesarios para
escribir en mapudungun.
263
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
1.3 Breve análisis de la palabra n´emül´ (/n̪eməl̪/)
En mapudungun, n´emül´ puede significar ‘palabra’ o ‘vocablo’, pero
también refiere a la lengua mapuche o dungun ‘habla’. Por medio del análi-
sis de los ejemplos registrados en el diccionario de Augusta (2017[1916]),
podemos elucidar diferentes significados y usos. En primer lugar, en los
ejemplos en (10), el vocablo n´emül´ refiere a una unidad lingüística con
forma fonológica y significado.
(10) a. Fey tüfachi n´emül´ entukünuafiyu.
‘Daremos con (el sentido de) esta palabra.’
b. Newe küme rupalelay tüfachi n´emül´.
‘No está muy bien dicha esta palabra’.
c. Kiñe n´emül´ no rume pepi düngulay.
‘No pudo proferir ni una palabra.’
d. ¿Chem nütham wülkey tüfachi n´emül´?
‘¿Qué significa esta palabra?’
e. Chi n´emül al´ün kakewme düngun mew konkey.
‘La palabra tiene muchas acepciones.’
En otros casos, como en los ejemplos plasmados en (11), remite a
una noción de palabra ortográfica o unidad de la escritura; o bien como
unidad metalingüística que permite hablar sobre la lengua con fines analí-
ticos, tal como se observa en el ejemplo (12).
(11) a. Diccionario: fey pingey kiñe lifro, niey ñi kom n´emül kiñe
düngun mew inawküleyelu chumngechi ñi felen alfabeto, ka ñi
chem piken kake n´emül ka düngun mew. ‘Diccionario: así se llama
un libro que contiene todas las palabras de una lengua arregladas
de manera que se signen como es el alfabeto, y el significado de
cada palabra en otra lengua.’
b. Chagentu n´emül, adentu n´emül ‘modelo de escritura’
(12) Folil n´emül´ ‘palabra primitiva’
Finalmente, algunos casos refieren a una idea más general de pro-
ducir lenguaje, como, por ejemplo, asumir un compromiso (ejemplos en
(13)), lo que parece vincularse estrechamente con ‘manera de decir’ y con
nütham ‘conversación’ (ejemplos en (14)).
264
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
(13) a. Entun ñi n´emül´
‘cumplir uno su palabra’215
b. Küme nentuy o kom nentuy ñi n´emül´.
‘Él ha cumplido bien su palabra’216
(14) a. Küdawngey rulngepayagel mew tüfachi nütham.
‘Es difícil de traducir este relato.’
b. Faliy ñi kintungen n´emül´.
‘Es difícil buscar las palabras.’
c. Küme femngechi thanathipay n´emül´.
‘Así declara bien la palabra.’
2. Morfología
El estudio gramatical es posible dividirlo en dos dominios indivi-
dualizables, pero interdependientes, denominados morfología y sintaxis. La
morfología se encarga de estudiar las palabras y sus componentes internos.
Bajo este análisis, entendemos las palabras con una constitución interna,
que es posible descomponer en partes, que denominamos conveniente-
mente morfemas. Por otro lado, la sintaxis se ocupa de las combinaciones
de palabras y cómo estas conforman estructuras mayores. Si bien a ambos
dominios se los denomina de manera conjunta como morfosintaxis o gra-
mática, en este documento se tratarán de manera separada.
La morfología se encarga del análisis y descripción de los constituyen-
tes internos de una unidad lingüística denominada palabra. Los constitu-
yentes de estas unidades se denominan morfemas, y son la unidad mínima
de análisis de la morfología. El morfema se concibe como la interacción mí-
nima entre una forma fonológica y un significado. Por ejemplo, la palabra mapu
se compone del morfema mapu, que significa, grosso modo, ‘tierra’. La forma
fonológica /mapu/ es mínima y suficiente para expresar el significado de
‘país, tierra’ en castellano, o ‘land’ en inglés.
El morfema no puede descomponerse en unidades menores con sig-
nificado. Si a manera de ejercicio quisiéramos extraer uno de los elementos
que compone la estructura fonológica del morfema /mapu/, quedaríamos
con formas como /apu/, /mpu/ o /map/, las cuales han perdido el signi-
ficado de ‘tierra’ que tiene la forma original /mapu/, lo que nos indica que
un morfema da cuenta de una relación especial entre una forma fonológi-
215 Una traducción más adecuada es ‘expresé mi palabra’.
216 Una traducción más adecuada es ‘se ha expresado bien’.
265
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
ca y un significado que es suficiente y no se puede descomponer.
Como hemos señalado, la relación entre la materialidad sonora y
el significado de un morfema es convencional, lo cual quiere decir que los
elementos que componen la unidad sonora no evocan el significado por
sí mismos, sino en cuanto integrantes de una estructura fonológica más
compleja. Esto se comprueba con el hecho de que en otros idiomas no
coinciden las formas fonológicas para los mismos conceptos. Analicemos
como se representan fonológicamente thewa ‘perro’ en varios idiomas: /
ʈʂewa/ (mapudungun), /pero/ (castellano), /dɑɡ/ (inglés), /paiheŋa/ (rapa
nui), /anu/ (aymara), /inɯ/, (japonés), /watʃen/ (aonek’o ‘a’en o tehuel-
che), /duʃe/ (günün a iajüch o puelche), /d͡ʒukel/ (rromané), etc.
La relación convencional entre fonología y significado permite ana-
lizar palabras compuestas como mapuche, donde el elemento mapu provee
el significado ‘país, tierra’ y el elemento che provee el significado ‘persona,
gente’, y por lo tanto una palabra como mapuche se compone de dos mor-
femas que pueden segmentarse por medio del análisis en el nivel morfo-
lógico. En el nivel morfológico, entonces, estudiamos las palabras y su
composición en morfemas.
Analicemos los siguientes ejemplos en mapudungun:
(15) a. mapudungun
mapu-dungun
tierra-habla
‘idioma mapuche’
b. thomentu
thome-ntu
totora-col217
‘totoral’
c. kofkeymi
kofke-y-mi
pan-ind-2s
‘(tú) hiciste pan’
En (15)a, mapudungun, a pesar de escribirse junto, es posible de des-
componer en unidades menores que denominamos morfemas: mapu ‘país,
territorio’, dungun ‘habla, idioma’218. De igual modo, en (15)b thomentu ‘to-
217 Consúltese los significados gramaticales de las abreviaturas al final del apartado
Introducción.
218 En estricto rigor, y cómo veremos más adelante, mapudungun se compone de tres
266
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
toral’ observamos que se compone de dos morfemas: thome ‘totora’ y -ntu
‘COL o colectivo’, que significa ‘conjunto de, agrupación de’. En (15)c, ko-
fkeymi ‘hiciste pan’, se contienen cuatro morfemas: uno lexical: kofke ‘pan’;
y otros tres gramaticales: -y ‘IND o modo indicativo’, -m ‘2 o segunda
persona’ e ‑i ‘s o singular’. En el caso específico de -y, -m e ‑i, su significado
no es un concepto que podamos señalar en la realidad, sino que más bien
refieren a entidades más abstractas.
Así, entonces, morfemas como mapu, che, thome y kofke los denomina-
mos lexicales porque remiten a acciones, objetos o propiedades que pode-
mos distinguir en la realidad; mientras que morfemas como ‑y ‘IND’, ‑m
‘2’, y ‑ntu ‘COL’ los denominamos gramaticales, porque remiten a relaciones
más abstractas. Sus significados —escritos con mayúsculas y abreviados—
dicen relación con los participantes de un acto de habla, o con la tempo-
ralidad y locación de un evento o acción, etc.
De igual modo, en mapudungun es posible distinguir palabras que son
monomorfémicas, es decir, que se componen de un solo morfema, como:
(16) a. mapu ‘tierra’
b. che ‘persona’
c. dungu ‘asunto’
d. chilhka ‘letra’
e. kachilha ‘trigo’
f. achawalh ‘pollo, gallina’
g. domo ‘mujer’
Estos morfemas aparecen en la oración por sí solos y no requieren
de otros morfemas para realizarse o instanciarse como palabras.
Por otro lado, muchas palabras en mapudungun son de índole polimorfé-
mica; es decir, se componen de dos o más morfemas para poder realizarse
como una palabra. Algunos ejemplos son:
(17) a. kimeltuchefe
kim-el-tu-che-fe
saber-caus-apl-gente-ag
‘profesor, enseñante’219
morfemas: mapu-dungu-n. Sin embargo, para no complejizar este asunto en este momento,
trataremos dungun como una sola palabra en este ejemplo.
219 Esto es, ‘alguien que tiene la capacidad de enseñar a una persona’.
267
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
b. mapudungufe
mapu-dungu-fe
tierra-hablar-ag
‘hablante de mapudungun’220
c. domoche
domo-che
mujer-persona
‘mujer’
d. mapudungukelan
mapu-dungu-ke-la-n
tierra-hablar-hab-neg-ind.1sg
‘(Yo) no hablo mapudungun.’
e. kathükachumekey
kathü-kachu-meke-y
cortar-pasto-asp-ind.3
‘Está ocupado cortando pasto.’
f. rakiduameluwkülewey
raki-duam-el-uw-küle-we-y
contar-intención-caus-refl-est-ces-ind.3
‘Se quedó pensativo.’
g. ayekawmekey
aye-ka-w-meke-y
reí[Link]-ind.3
‘está riendo a carcajadas’
En el caso de las palabras monomorfémicas, se dice que ese morfema
es de tipo libre, pues no necesita de otro para realizarse. De manera pro-
totípica, este tipo de morfema tiene un significado que podríamos señalar
como de tipo lexical, aunque es posible encontrar morfemas libres con
significados gramaticales, como iñche, que refiere a la ‘primera persona ha-
blante’. Es decir, estas palabras libres se clasifican en cuanto al significado
como léxicas o gramaticales, pero en cuanto a su morfología como mono-
morfémicas y libres.
En otros casos, un morfema es ligado, es decir, solo puede apare-
cer inmediatamente contiguo a la estructura fonológica de otro morfema,
como por ejemplo, el morfema -y al unirse a kofke.
220 Es decir, ‘persona que tiene la capacidad de hablar mapudungun’.
268
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(18) kofkey
kofke-y
pan-ind.3
‘hizo pan’
Este morfema ligado, también denominado afijo, al unirse a otra uni-
dad morfológica, ayuda a configurar una palabra polimorfémica. Los afijos se
dividen en prefijos y sufijos221 dependiendo de la posición en que ocurren en
una palabra polimofémica. Prefijos son aquellos morfemas ligados que se
anteponen; por otro lado, los sufijos son aquellos que van postpuestos222.
De una naturaleza híbrida son los morfemas denominados clíticos. Se
encuentran en un punto intermedio entre morfemas ligados y morfemas
independientes, puesto que pueden moverse independientemente dentro
estructuras mayores, pero requieren de otra palabra para realizarse. Un
ejemplo de un clítico en mapudungun es la posposición mew, que tiene varios
significados, entre otros, de locación:
(19) a. kofke-fe mew
pan-ag post
‘donde el panadero’
b. kofke-fe ñi ruka mew
pan-ag poss.3 casa post
‘en la casa del panadero’
En (19), es posible apreciar cómo la posposición mew “cambia de
posición” de una manera que podríamos denominar independiente. Con-
trástese esto con el sufijo -fe ‘agente’ de kofke-fe ‘panadero’ que debe reali-
zarse de manera ligada y no varía su posición. Tanto sufijos como clíticos
se distinguen de un morfema libre en que no pueden realizarse por sí solos
para expresar su significado.
221 En algunas lenguas se da la posibilidad de contar con un tercer tipo de afijo
denominado infijo. Esto corresponde cuando el morfema se intercala dentro de una raíz o
base. El diminituvo -ito/-ita en castellano podría considerarse un infijo cuando se interca-
la en algunas palabras terminadas en consonante: azuquitar de azúcar. En tagalog, lengua
hablada en Filipinas, el infijo -um- se intercala a una raíz para expresar la acción: gumanda
‘ponerse bello/bella’ de ganda ‘belleza’ (Shachter y Otanes, 1972, 69).
222 En mapudungun, no ocurren prefijos de acuerdo con nuestros análisis morfológi-
cos. En castellano, por el contrario, hay un prefijo a- y un sufijo -do en la palabra a-huinca-do,
concepto que refiere a una persona que ha perdido su identidad mapuche. En mapudungun,
esta expresión se realizaría exclusivamente con una serie de sufijos a partir de la palabra
wingka ‘no mapuche’, a saber: wingka-w-küle-lu.
269
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Respecto de los tipos de palabras, en términos generales y prototípi-
cos, el sustantivo en mapudungun suele ser una palabra monomorfémica y el
verbo una palabra polimorfémica. Esto porque la naturaleza del mapudun-
gun la convierte en una lengua que instancia o realiza muchos significados
en el verbo, como se observar en los siguientes ejemplos:
(20) ngilhalelfiñ
ngilha-lel-fi-ñ
comprar-apl-obj.3-ind.1s
‘se lo compré, compré (tal cosa) para él o para ella’
(21) kimlafiñ
kim-la-fi-ñ
saber-neg-obj.3-ind.1s
‘no lo conozco’
La Tabla 9 contiene un resumen de las distintas estructuras morfo-
lógicas que hemos repasado en esta sección. La primera columna divide
los morfemas en léxicos y gramaticales, los que a su vez, pueden ser de
naturaleza ligada o libre. Finalmente, el número de morfemas nos permite
hablar de palabras monomorfémicas y polimorfémicas. Los ejemplos en
mapudungun ayudan a comprender las distintas configuraciones.
Significado Tipo morfológico # de morfemas Ejemplos
libre monomorfema che ‘persona’, mapu ‘tierra’
léxico
ligado polimorfema kimel-tu-che-fe ‘docente’
libre monomorfema pu ‘plural’, ta ‘deíctico’
-n ‘primera persona’
gramatical ligado (sufijos) polimorfema
-ke ‘plural de adjetivos’
híbrido (clíticos) monomorfema mew ‘locación’
Tabla 9: Tipos de palabras según su constitución morfológica.
2.1 Unidad lexemática y morfología flexiva y derivativa
Considérense los ejemplos en la Tabla 10, donde la unidad básica
es küdaw ‘trabajo’ que se compone de solo un morfema, y el resto de los
ejemplos varían en su composición morfológica (segunda columna) y de
este modo en su significado (tercera columna):
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Composición
Unidad Significado
morfológica
a. küdaw → küdaw ‘(el) trabajo’
b. küdawi → küdaw-i ‘(él o ella) trabajó’
c. küdawlay → küdaw-la-y ‘(el o ella) no trabajó’
‘(yo) lo estoy encontrando difícil’,
d. küdawtuniefiñ → küdaw-tu-nie-fi-ñ
‘(yo) estoy trabajando en ello’
e. küdawfe → küdaw-fe ‘trabajador/a’
f. küdawkawe → küdaw-ka-we223 ‘herramienta de trabajo’
Tabla 10: Algunas unidades morfológicas relacionadas al lexema küdaw ‘trabajo’.
Por medio de estos ejemplos, es posible verificar que una unidad
lingüística original como küdaw ‘trabajo’ puede adosar una serie de otras
unidades lingüísticas que entregan diversos significados adicionales al sig-
nificado básico. Es lo que se denomina composición morfológica. De manera
convencional, segmentamos y transcribimos esas unidades internas por
medio de guiones. En algunos casos, el cambio de significado podríamos
describirlo como leve, pues la unidad resultante tiene un significado estre-
chamente relacionado con la unidad original. Por ejemplo, en el caso de b.
küdawi ‘trabajó’ y c. küdawlay ‘no trabajó’, es posible deducir de manera casi
directa la relación de estas unidades resultantes con el significado original
de a. küdaw ‘trabajo’. En otros casos, la unidad derivada tiene un signifi-
cado más distante, por lo que podríamos caracterizarlo como un cambio
más rotundo. Esto ocurre, por ejemplo, con la unidad d. küdawtuniefiñ ‘lo
encuentro difícil’, donde el significado original no es directamente dedu-
cible por su traducción al castellano. Literalmente, significa ‘lo encuentro
trabajoso’.
Respecto de los cambios más leves, hablamos de una morfología flexiva,
es decir, aquella composición interna que no transforma el significado bá-
sico ni la clase de la palabra original, sino que agrega y recrea significados
asociados a la misma. Es el caso de los sufijos -i y -la en c. küdawlay ‘(él o
ella) no trabajó’.
En el caso de los cambios que hemos caracterizado como más ro-
tundos, hablamos de morfología derivativa, es decir, a partir de la morfolo-
gía se derivan nuevos significados y/o clases de palabras. Por ejemplo, e.
küdawfe nos permite referir ya no a la labor en sí y cómo se realiza, sino a
una persona que trabaja, o en el ejemplo f. küdawkawe a una herramienta
de trabajo, etc. Un ejemplo de esta creatividad derivativa es la posibilidad
de construir en mapudungun con recursos morfológicos propios palabras
223 Esta palabra se puede expresar también como küdawpiyüm.
271
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
para tecnologías de reciente creación; por ejemplo, müthümwe ‘teléfono (lit.
‘llamador’)’ o pelomtuwe ‘lámpara (lit. ‘instrumento que ilumina’)’, palabras
que se derivan de otros significados básicos como müthümün ‘llamar’ o
pelom ‘luz’.
Otra forma de clasificar los morfemas es considerando la existencia
de una clase especial denominada lexemática. El lexema es una unidad
morfológica entendida en un sentido abstracto (Haspelmath y Sims, 2010).
Por ejemplo, las siguientes palabras pueden abstraerse como variantes de
un solo lexema ―küdaw― que tiene el significado léxico de ‘trabajo’:
(22) a. küdaw-ün ‘(yo) trabajo, (yo) trabajé’ o ‘trabajar’
b. küdaw-i ‘(él o ella) trabajó’
c. küdaw-ke-la-y ‘(él o ella) no acostumbra trabajar, no trabaja’
d. küdaw-mum ‘donde se trabajó’
e. küdaw-ke-mum ‘donde trabaja’
En esta sección, hemos usado la palabra morfema para entender los
constituyentes de la palabra. No obstante, también se utiliza para estos
efectos el concepto de morfo, que es la realización concreta de un morfema
en una expresión. Diferenciar entre morfema y morfos es importante porque
se puede dar el caso de que un morfema tenga diferentes realizaciones por
distintos motivos, como el contexto morfológico, el fonológico u otros
(como la variedad dialectal). El concepto de morfema permite agrupar todas
esas realizaciones bajo una unidad funcional de la morfología, y el concep-
to morfo permite encapsular sus realizaciones concretas. A modo de ejem-
plo, en mapudungun, todas las expresiones que siguen en (23) contienen un
morfema de negación (forma subrayada), expresado con distintos morfos,
que pueden ser sufijos o clíticos:
(23) a. Amu-la-y ‘(él o ella) no fue’
b. Amu-no-li… ‘Si (yo) no voy… ’
c. Iñche nu tati. ‘Yo no soy, pues’
d. Amu-ki-l-nge! ‘(tú) ¡No vayas!’
La forma que se escoge para referirse al morfema en este caso es la
forma -la ‘negación’, por considerarse la del contexto menos marcado o la
más frecuente; en cambio, los morfos ‑no, ‑nu, ‑ki, etc. son alomorfos entre
sí del morfema de negación. En otras palabras, señalamos que el morfema
-la ‘negación’ se realiza con otras formas en otros contextos, como ‑no, ‑nu
o ‑ki, dependiendo del contexto morfológico, o por otras motivaciones.
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3. Sintaxis
Otro dominio de estudio de la gramática es la sintaxis, que se ocupa
de cómo las palabras se combinan para formar oraciones u otras estructuras,
como la cláusula y la frase (también denominada sintagma). Cada una de estas
combinaciones se tratarán a continuación.
Al señalar que la sintaxis se ocupa de las combinaciones de palabras,
estamos diciendo, por ejemplo, que le interesa el orden en que estas apa-
recen. Recordemos que un enunciado en mapudungun (y en cualquier len-
gua, para estos efectos) tiene un orden lineal, donde algunos componentes
van primeros que otros. Este orden lineal le interesa a la sintaxis, pues es
posible que el significado también se exprese en el orden que tienen las
palabras. Por ejemplo, en una expresión de identidad del mapudungun que
se forme con el verbo pingen ‘llamarse’, el lugar que ocupa el nombre nece-
sariamente es antes del verbo, como en el siguiente ejemplo:
(24) a. (iñche) Antonio pingen. ‘(yo) me llamo Antonio’
b. *Pingen Antonio.
En mapudungun, decir *pingen Antonio está considerado como mal di-
cho o inadecuado. Este juicio respecto de la adecuada combinación de las
palabras se denomina gramaticalidad, y es una de las facultades que tienen
los hablantes debido a su alto dominio de las estructuras sintácticas del
idioma. En este caso, decimos que (24)a es gramatical y que (24)b es agra-
matical, y destacamos este último hecho anteponiendo un asterisco (*) a la
oración o estructura anómala, convención que usaremos a lo largo de este
texto, cuando sea necesario.
Hay otras combinaciones de palabras donde el orden también es im-
portante. Es el caso cuando describimos a una persona o animal con una
palabra como küme ‘bueno’ o pichi ‘pequeño’. El orden de esta estructura
exige que la calificación vaya primero y luego la entidad calificada, como
muestran los ejemplos en (25). Si se conmutaran las dos palabras, se rom-
pería la relación que entrega este orden de calificación + entidad, y ya no se
estaría expresando este significado, independientemente que sepamos el
significado léxico de küme y thewa.
(25) a. küme thewa
bueno perro
‘(el) buen perro’
273
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b. pichi narki
pequeño gato
‘(el) gato pequeño’
De igual modo, en algunos tipos de expresiones del mapudungun (lla-
madas compuestos), las palabras tienen un significado si ocurren con un
orden, y otro significado si el orden es el inverso. Los compuestos que
refieren a contenedor + contenido en los ejemplos en (26) participan precisa-
mente de esta relación inversa si se los compara con los compuestos que
significan material + producto en los ejemplos en (27), más abajo:
(26) contenedor + contenido
a. metawe muday ‘cántaro con muday’
b. fotelha pulku224 ‘botella con vino’
c. rali iyael ‘plato con comida’
En todos estos ejemplos, el contenedor corresponde a la primera pa-
labra del compuesto (metawe ‘cántaro’, fotelha ‘botella’ y rali ‘plato’, res-
pectivamente); y el contenido está expresado por la segunda palabra (muday
‘muday’, pulku ‘vino’ e iyael ‘comida’, respectivamente). El orden de las
palabras es lo que porta el sentido contenedor + contenido de la expresión en
mapudungun. Contrástese con el orden inverso que permite expresar la
relación material + producto:
(27) material + producto
a. rag metawe ‘jarro de greda’
b. pañilhwe chalha ‘olla de metal’
c. mamülh rali ‘plato de madera’
En el ejemplo (27), el material (rag ‘greda’, pañilhwe ‘metal’, mamülh
‘madera’) se antepone al objeto (metawe ‘jarro’, chalha ‘olla’ y rali ‘plato’). La
relación entre significado y orden de los constituyentes queda más claro al
analizar pares mínimos, compuestos por las mismas palabras, pero donde
varía el orden de los constituyentes y, por consiguiente, los significados de
la relación, como en el siguiente ejemplo:
224 También, pülku.
274
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(28) a. rag rali ‘plato de greda’
b. rali rag ‘plato con greda’
En estos casos que hemos observado, debemos recordar, entonces,
que independiente de saber el significado léxico o gramatical que tienen
las palabras, estas colaboran a generar significados sintácticos relaciona-
dos con su posición en estructuras mayores, denominadas frase, cláusula y
oración225.
En las secciones siguientes, detallaremos cada una de estas estruc-
turas, describiendo sus características y componentes. No obstante, antes
de abordar estos temas directamente, creemos necesario hacer un breve
resumen que permitirá apreciar la interacción de todas estas unidades que
hemos tratado hasta el momento.
En primer lugar, recordemos que las palabras se agrupan formando
estructuras mayores. El primer agrupamiento es el de la frase, que consiste
esencialmente de una palabra que se eleva como la más importante de un
grupo. Esta palabra forma el núcleo de la frase y si hay otras palabras, estas
actúan complementando la información. Ejemplos de frases son las frases
sustantivas o nominales, como los ejemplos en (29), donde las palabras más
importantes son narki ‘gato’ y thewa ‘perro’, respectivamente, y las otras
son sus modificadores.
(29) a. feyti pichi narki ‘ese gatito’
b. feyti fütha wapo thewa ‘ese perro grande bravo’
A partir de la frase, se forman las cláusulas, unidades de significado
que describen un predicado, es decir, una actividad, estado, o propiedad
(Dixon, 2010). Además del predicado, la cláusula puede incluir argumentos,
que son los participantes que inician, tienen o sufren la situación referida
por el predicado; y complementos, que refieren a otras circunstancias que ro-
dean al predicado. Ejemplos de cláusulas son las siguientes:
(30) a. Ti pichi narki petu umawtuley.
Ti pichi narki petu umawtu-le-y.
mod pequeño gato todavía domir-est-ind.3
‘El pequeño gato todavía está durmiendo.’
225 Por cierto, esto se vincula con la propiedad del lenguaje que denominamos
Dependencia de Estructura, vista en la introducción al apartado de Fonética y Fonología.
275
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b. Wiya ti fütha wapo thewa wangküleymew.
wiya ti fütha wapo thewa wangkü-l-e-y-mi-mew
ayer mod grande bravo perro ladrar-caus-inv-ind-2s-post
‘Ayer el perro grande y bravo te ladró.’
En estas cláusulas, los predicados se representan por las palabras
umawtuley ‘está durmiendo’ y wangküleymew ‘te ladró’. En el ejemplo (30)a,
el argumento se realiza en la frase ti pichi narki ‘el pequeño gato’. En (30)
b, hay dos argumentos, donde “uno le hace algo al otro”, realizados en
la terminación ‑eymew226 del verbo, y corresponden a ti fütha wapo thewa ‘el
perro grande y bravo’ y la persona a quien se dirigen los ladridos. En esta
misma oración, wiya ‘ayer’ es un complemento temporal que precisa cuando
ocurrió la situación.
En secciones posteriores, volveremos a analizar los contenidos de
la cláusula, proporcionando más ejemplos de qué es el predicado, sus ar-
gumentos y el complemento. La cláusula permite formar oraciones, que se
encuentran en un nivel sintáctico superior. Dependiendo del tipo y nú-
mero de cláusulas, la oración será simple o compleja, como veremos en la
sección correspondiente más abajo.
A modo de guía, en la Tabla 11, se agrupan los conceptos sintácticos
que hemos señalado hasta el momento.
Análisis morfosintáctico
morfemas palabras frases cláusulas oraciones
→ → → →
narki [narki] [tati narki], [ti narki petu [Ti narki petu
ta [tati] [petu umawtuley] umawtuley, welu ti
ti [umawtuley] umawtuley] thewa nepeley.]
umaw- [petu]
-tu ‘El gato todavía está
-le durmiendo, pero el
-y perro está despierto.’
Petu
Tabla 11: Unidades de los niveles morfosintácticos y ejemplos.
El símbolo (→) significa ‘forma o constituye’.
226 Como se verá más adelante, esta terminación corresponde a una forma comple-
ja; es decir, está formada por más de un morfema.
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3.1 Frases
La frase, también denominada sintagma, corresponde a una estruc-
tura lingüística, compuesta de palabras, que forma una unidad sintáctica.
Las relaciones que ocurren entre los elementos que integran la estructura
de la frase son de dos tipos y se denominan sintagmáticas y paradigmáticas.
Por un lado, las relaciones sintagmáticas se sustentan por el carácter lineal
de la lengua (Saussure, 1945[1916]) y en los elementos que coocurren en
una determinada unidad sintáctica (Van Valin, 2001). En mapudungun, por
ejemplo, la relación que se produce entre un demostrativo, un adjetivo y
un sustantivo es de tipo sintagmática:
(31) ti küme dungu
ti küme dungu
mod buen asunto
‘ese buen asunto’
A este tipo de estructuras que conforman una combinación, Saussu-
re las denominó sintagmas (1945, p. 147), puesto que ocurren en casilleros
específicos siguiendo un orden determinado.
En cambio, una relación paradigmática se produce, por ejemplo, en-
tre las palabras que pueden ocupar el segundo puesto de la estructura ti
küme dungu. Este es el caso de los adjetivos weda ‘malo’, we ‘nuevo y kuyfi
‘antiguo’, los cuales califican al sustantivo dungu, en (32):
(32) a. ti weda dungu ‘ese mal asunto’
b. ti we dungu ‘ese nuevo asunto’
c. ti kuyfi dungu ‘ese asunto antiguo’
etc.
Ambos tipos de relaciones nos permiten representar de manera es-
tructurada y esquemática la lengua y en eso radica su importancia analítica
(Van Valin, 2001). Por ejemplo, la relación sintagmática y paradigmática de
los ejemplos en (32) puede representarse de la siguiente manera:
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Frase nominal: estructura básica
(mod) (adj) n
ti küme dungu
ti weda dungu
ti kuyfi dungu
Tabla 12: Estructura básica de un sintagma o frase nominal.
En la Tabla 12, aquellas clases que se escriben entre paréntesis son
opcionales; es decir, la frase nominal puede realizarse sin ellas. mod o modi-
ficadores refiere a una clase de palabras que ocupa de manera paradigmática
esa posición, adj corresponde a otra clase de palabras también opcional,
denominada adjetivos; y, finalmente, n es la clase de palabra denominada
nominales o sustantivos, la cual, a diferencia de las anteriores, es obligatoria.
En los esquemas de este tipo, una de las clases de palabra representa
su núcleo o parte más importante, puesto que es entorno a esta clase de
palabra que se sustentan las relaciones sintagmáticas. En el caso específi-
co de los ejemplos en (32) y la Tabla 12, el esquema representa lo que se
ha denominado un tipo de frase o sintagma nominal, denominada de esa
manera porque es el sustantivo su núcleo o el que la rige. El resto de las
palabras que compone la estructura sintagmática se denomina dependientes,
y pueden ser de diversa naturaleza y tipo.
Existen otros tipos de frases en mapudungun, dependiendo de qué
tipo de palabra se encuentra en su núcleo. Por ejemplo, una frase adverbial
tiene como núcleo un adverbio, etc. En mapudungun, profundizaremos en la
frase nominal en la siguiente sección, por su importancia para la expresión
de diversos significados.
3.1.1. La frase nominal
La frase nominal en mapudungun se compone de un núcleo que es
un sustantivo. En efecto, el sustantivo es el integrante mínimo de una frase
nominal, y como tal, es suficiente para formar una frase de este tipo. En
los siguientes ejemplos, Pegro227 y ko ‘agua’ constituyen frases nominales —
encerradas en paréntesis corchetes con la abreviatura FN al final—, expre-
sadas con un sustantivo propio y un sustantivo común, respectivamente.
227 Pegro corresponde a la mapuchización del nombre Pedro.
278
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(33) Akuy [Pegro.]FN
aku-y P.
llegar-ind.3 P.
‘Llegó [P.]’
(34) Wadkümi [ko.]FN
wadkü-m-i ko
hervir-caus-ind.3 agua
‘(Él) ha hecho hervir [el agua]’
A pesar de ser suficiente un sustantivo para formar una frase nomi-
nal, este núcleo puede ser modificado por otras clases de palabras. Por
ejemplo, puede ocurrir un adjetivo en la frase nominal, además del sustan-
tivo. Cuando esto ocurre, el adjetivo se posiciona antepuesto al sustantivo.
En (35), pichi ‘poco o poca’ se antepone al sustantivo ko ‘agua’:
(35) Wadkümi [pichi ko.]FN
wadkü-m-i pichi ko
hervir-caus-ind.3 poco agua
‘(Él) hirvió poca agua’
En otros casos, en lugar de un adjetivo, es posible utilizar otro sus-
tantivo para modificar el núcleo de la frase nominal. Estos pueden tener
dos posiciones, lo que cambia el significado de la relación que se establece
entre ambos sustantivos. Si va antepuesto, el sustantivo en función de ad-
jetivo refiere a un atributo del núcleo de la frase nominal, como se puede
apreciar en (36), donde el núcleo de la frase nominal es ko ‘agua’ y su atri-
buto es l´afken´ ‘mar’:
(36) l´afken´ ko
mar agua
‘(el) agua de mar’
Como ya se señaló en la parte introductoria de esta sección, si el
sustantivo en función de adjetivo va postpuesto, la relación entre ambos
sustantivos corresponde a una de parte-todo, o contenedor-contenido, como se
puede apreciar en (37), donde metawe ‘jarra, cántaro’ es un recipiente y ko
‘agua’ es el contenido, por lo que este último sustantivo va pospuesto. En
estos casos, es el primer elemento el que se comporta como núcleo de la
frase nominal, y es un tipo de estructura denominada compuesto nominal que
trataremos más adelante:
279
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
(37) metawe ko
cántaro agua
‘(el) cántaro de agua’
En otros casos, el núcleo de la frase nominal puede ser modificado
por un demostrativo:
(38) a. ti ko
mod agua
‘el/esa agua’
b. feychi ko
este-adj agua
‘esta agua’
Es posible que el núcleo de la frase nominal sea modificado también
por un numeral y el elemento antepuesto pu, con significado de ‘plural’;
por lo general, antes de sustantivos que refieren a la clase de los seres vivos
o animados.
(39) a. pu lamngen
pl hermana
‘hermanas’
b. meli machi
cuatro machi
‘cuatro machi’
Esta modificación también puede ocurrir a través de una frase subor-
dinada con función adjetiva.
(40) wilechi228 antü
wile-chi antü
mañana-adj día
‘(el) día de mañana’
Los modificadores del núcleo de la frase nominal tienden a seguir
un orden específico. Convencionalmente, cada una de las posiciones o
casilleros se enumeran a partir del núcleo, que lleva el número “0” (Ver
228 También se dice wülechi antü.
280
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Tabla 13). Si los casilleros se posicionan a la izquierda del núcleo, entonces
usamos números negativos para identificar cada posición:
-3 -2 -1 0
modificador numeral adjetivo sustantivo
feytachi epu pichike wenthu
tüfachi küla lüg ruka
chi, ti pu kümeke machi
Tabla 13: Ordenamiento de las estructuras que componen la frase nominal.
El modificador pronominal puede ser un demostrativo o artículo. Así,
pueden cumplir esta función palabras como ti o chi, tachi, feytachi, feychi, etc.,
además de los posesivos, como tañi, ñi, mi, etc. El numeral/pluralizador
involucra numerales y pluralizadores como kiñe, epu, pu, etc. El adjetivo ocupa
la posición contigua inmediata antes del sustantivo, como se aprecia en la
Tabla 13 229.
En idiomas como el mapudungun, que codifica en el núcleo verbal
la información de sujeto y objeto, las frases nominales pueden omitirse
sin afectar la estructura de la oración, puesto que el predicado actúa como
una unidad completa, por ser el núcleo de la cláusula, como veremos a
continuación. Por eso, las frases nominales en mapudungun funcionan pro-
porcionando mayor información de la situación descrita por el predicado
verbal.
Cabe señalar que existe un tipo de frase nominal que funciona es-
pecíficamente como complemento, abreviada como FNC. La frase nominal
de complemento se realiza con el enclítico mew pospuesto al núcleo nominal.
Con este mew, la frase nominal forma complemento en la cláusula, cuyo
significado depende del predicado que modifica. Uno de esos significados
es a) espacial o locativo, por ejemplo, al indicar el destino de un verbo de
movimiento, como se aprecia en los siguientes ejemplos:
(41) Amutuy [ñi ruka mew]FNC
amu-tu-y ñi ruka mew
ir-rest-ind.3 poss.3 casa post
‘Volvió a su casa.’
229 Existen ciertas excepciones a la posición de los casilleros, por ejemplo, un ad-
jetivo pluralizado puede ocurrir antes del pluralizador nominal pu, por ejemplo: kümeke pu
wenthu ‘los buenos hombres’.
281
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
(42) Küdawkey [lelfün mew]FNC
küdaw-ke-y lelfün mew
trabajo-hab-ind.3 campo post
‘Trabaja en el campo.’
(43) We akuyiñ yiñ [wariya mew.]FNC
we aku-y-iñ yiñ wariya mew
recién [Link]í-ind-1p poss.1p ciudad post
‘Recién hemos llegado a nuestra ciudad.’
También tiene un significado b) instrumental, al referir, por ejemplo, a
una herramienta con que se realiza una acción:
(44) [Dimuñ mew]FNC küdawkey.
dimuñ mew küdaw-ke-y
arado post trabaja-hab-ind.3
‘(él o ella) trabaja con el arado chancho’
(45) Üthüftufi kiñe thewa [kiñe kura mew]FNC.
üthüf-tu-fi kiñe thewa kiñe kura mew
lanzar-apl-obj.3 uno perro uno piedra post
‘Le lanzó (pegándole) al perro con una piedra’
(Blanco et al., 1987, p. 57)
De igual modo, tiene un valor c) temático, indicando el tema de conver-
sación en verbos de diálogo o de intercambio comunicacional:
(46) Ramtuy [tañi wen´üy mew]FNC
ramtu-y ta-ñi wen´üy mew
preguntar-ind.3 mod-poss.1s amigo post
‘Preguntó sobre mi amigo’
En este último uso —y en otros casos, por cierto—, pareciera que la
función desempeñada por la frase nominal de complemento va un poco
más allá y permite incluso referir a los argumentos centrales de un predi-
cado. Por eso, una cuarta función podría ser d) argumental. Efectivamente,
Adelaar (2004) describe este uso de las frases nominales con el clítico mew,
lo que denomina caso oblicuo. En (47), la frase nominal ñi domo mew ‘a su
mujer’ refiere a un argumento central del verbo wülün ‘dar, entregar’, al
indicar la persona que recibe o recibidor/a.
282
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
(47) Epe kom apümtukuniey ñi pülata, …
epe kom apüm-tuku-nie-y ñi pülata
casi todo acabar-colocar-asp-ind.3 poss.3 plata
‘Gastó casi toda la plata…
welu pichin rume wül-la-y [ñi domo mew]FNC 230.
welu pichin rume wül-la-y ñi domo mew
pero poco siquiera entregar-neg-ind.3 poss.3 mujer post
pero ni siquiera entregó un poco a su mujer’
(Cayulao et al., 1983, p. 23)
No obstante, pareciera que la función d) argumental u oblicua no es la
prototípica de las frases nominales de complemento.
3.2 Los conceptos de cláusula y oración
Tradicionalmente, un fenómeno similar al que ocurre con el con-
cepto de palabra sucede al momento de definir qué es una oración, con una
validez que permita incluir la totalidad de los casos. Esta tarea se com-
plejiza debido a que pueden existir diversos criterios, que van desde lo
estructural, pasando por lo fonológico y sintáctico, alcanzando, incluso, lo
estilístico y ortográfico, especialmente en el caso de lenguas con tradición
escrita. De igual modo, si su definición descansa en otros conceptos que
son difíciles de definir, como el mismo concepto de palabra, no podemos
simplemente señalar que una oración es un grupo de palabras, como se hace
en la gramática tradicional, y debemos profundizar en otros conceptos que
la constituyen, en base a criterios estructurales y semántico-discursivos. Es
importante señalar que la oración puede coincidir con la cláusula, pero no
ocurre lo mismo a la inversa, por lo que tiene un alcance mayor.
La palabra cláusula proviene del latín y significa ‘término, cierre, clau-
sura’ y se ha usado especialmente en documentos legales para indicar, por
ejemplo, una unidad de escritura en un contrato. En lingüística, usamos el
concepto de cláusula para describir aquella estructura lingüística que refie-
re a una situación donde se describe alguna actividad, estado o propiedad
(Dixon, 2010), que expresa o comunica el hablante.
Bajo este aspecto nocional, la cláusula se compone de un predicado,
argumentos y complementos.
230 También es equivalente a esta expresión: welu pichin rume elulafi ñi domo.
283
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
(48) Wilhimapu mew mülen iñche.
willi-mapu mew müle-n iñche
sur-tierra post estar-ind.1s pron.1s
‘Yo estoy en el Sur.’
(49) Mawün´ küley.
mawün´-küle-y
llover-est-ind.3
‘Está lloviendo.’
El predicado es el núcleo o elemento central de la cláusula. En términos
generales, el predicado refiere a una actividad, estado o propiedad. Por
ejemplo, en (48), mülen ‘estoy’ es un predicado con el significado de ‘estar o
vivir en un lugar’, y en (49) el predicado refiere a una actividad atmosférica
(‘lloviendo’). Por lo general, el argumento —cuyo significado y número
depende del predicado— refiere a la entidad que inicia una actividad o
experimenta un estado o propiedad, pero en algunos predicados puede no
estar presente.
En (48), el argumento del predicado es la primera persona, que se
realiza con un sufijo (-n) y un pronombre personal (iñche). En cambio, en
(49), tenemos un predicado que se realiza sin un argumento central. En
este caso, a pesar de existir un sufijo de 3ra persona -y al final de la pala-
bra, en términos semánticos, este morfema no refiere a un argumento en
particular, puesto que no hay un iniciador en el fenómeno atmosférico que
refiere el predicado.
Con estos ejemplos, podemos apreciar que en mapudungun una cláu-
sula siempre aparece con un predicado, pero es posible que no tenga estruc-
turas que refieran a algún argumento, o puede solo aparecer uno, dos, o
más, dependiendo del significado léxico de la palabra que refiere al predi-
cado.
Además del predicado y los argumentos, de manera opcional, la cláu-
sula puede tener complementos231, que refieren a estructuras que, preci-
samente, complementan la información del predicado, sin ser absoluta-
mente necesarios. Estos complementos prototípicamente indican lugar,
tiempo, causa, propósito, etc. (Dixon y Aikhenvald, 2000). Por ejemplo:
231 Decidimos utilizar el concepto complemento, en lugar de argumento periférico de
Dixon y Aikhenvald (2000), especialmente porque otras teorías no consideran al comple-
mento un argumento, y reservan este nombre a los argumentos centrales. Otro nombre
que se le ha dado ha sido adjunto.
284
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
(50) Pepafiñ tañi wen´üy Pedro.
Pe-pa-fi-n232 tañi wen´üy Pedro.
ver-loc-obj.3-ind.1s poss.1s amigo P.
‘Vine a ver a mi amigo Pedro.’
En (50), el predicado pepafiñ ‘vine a verlo’ contiene una actividad
expresada por el radical verbal pe- ‘ver’, además de un sufijo que indica el
argumento central sujeto -n ‘1 persona singular’, otro sufijo que indica el
argumento central objeto -fi ‘3 persona definida o animada’, y un sufijo que
expresa una dirección cerca del lugar de habla -pa ‘aquí’. Este último sufijo
correspondería a un complemento de la cláusula, que también es posible
indicar por medio de mecanismos sintácticos, como la realización de una
frase nominal tüfa mew ‘aquí’.
En términos específicos, las oraciones con predicado verbal tienen una
cláusula cuyo núcleo predicativo es un verbo. En el caso del mapudungun,
al tratarse de una lengua de marcaje en el núcleo, el verbo tiene la capacidad
estructural de expresar, por un lado, la descripción de la actividad, estado
o propiedad y, por el otro, uno o más argumentos centrales en el mismo
verbo. La primera tarea predicativa la realiza el radical lexical, y la segunda
tarea argumental se realiza por medio de las terminaciones, que son una
serie de sufijos que permiten marcar los argumentos centrales del predi-
cado, además de otros significados. En el predicado verbal, entonces, en
este tipo de oraciones, un verbo es suficiente para expresar lo que en otro
idioma requeriría dos o más estructuras, por ejemplo:
(51) Kimeltulelafen.
kimeltu-lel-a-fu233-en
enseñar-apl-fut-ce-ind.1>2
‘le enseñarías por mí.’
(52) Yelelafen.
ye-lel-a-fu-en
llevar-apl-fut-ce-ind.1>2
‘(Me) lo llevarías por mí.’
Como se aprecia, en castellano, para expresar lo que en mapudungun
se instancia con una sola ‘palabra’, se requiere más de dos de ellas (cinco,
232 En este contexto morfológico, y posiblemente influído por la fonología, el sufi-
jo -n se realiza como -ñ.
233 En este contexto morfológico, el sufijo -fu se realiza como -f.
285
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
en el caso de yelelafen). Por ejemplo, una estructura como ‘por mí’, que
permite incluir un tercer o cuarto argumento en la estructura sintáctica de
la cláusula, en mapudungun se logra por medio de un sufijo aplicativo -(l)el,
que se afija al complejo morfémico verbal.
Examinemos algunas oraciones que nos permitirán entender la di-
versidad de expresiones estructurales y semánticas que pueden referirse
con la cláusula, entendida como estructura lingüística que contiene un
predicado. Los siguientes casos son oraciones con diversas cláusulas en su
interior:
(53) Iñche ta mapuche wenthu.
iñche ta mapu-che wenthu
pron.1s mod tierra-persona hombre
‘Yo (soy) hombre mapuche.’ (Llamin, 1987a, p. 1)
(54) Fewla epu ruka nien: kiñe umawtuam, kangelu küthaltuam.
fewla epu ruka nie-n kiñe
ahora dos casa tener-ind.1 uno
umaw-tu-am ka-nge-lu küthal-tu-am
dormir-fut-fnp otro-ser-fnp fuego-verb-fnp
‘Ahora tengo dos casas: una para dormir,
(y) otra para hacer fuego.’ (Llamin, 1987a, p. 16)
(55) Iñche tañi nielchi pichin mapu mew, kom küyen´ rupaley, filh antü
küdawkülen.
iñche ta-ñi nie-el-chi pichi-n mapu mew
pron.1s mod-poss.1s tener-fnp-adj pequeño-fnp tierra post
kom küyen´ rupa-le-y filh antü küdaw-küle-n
todo mes pasar-est-ind.3 cada día trabajo-est-ind.1s
‘En el terrenito que tengo, pasan los meses,
(y) todos los días estoy trabajando.’ (Llamin, 1987a, p. 14)
En el caso de (53), hay una cláusula principal regida por un predicado
nominal: mapuche wenthu ‘hombre mapuche’, cuyo argumento central es el
pronombre iñche ‘yo’. Este tipo de oración, que se compone de una cláu-
sula con un predicado nominal, son bastante comunes en mapudungun, y,
como veremos más adelante, equivalen a las llamadas oraciones copulati-
vas en castellano. Es común que este tipo de construcciones contenga ele-
mentos discursivos, como la partícula ta que permite en este caso vincular
un predicado con un argumento central.
En el caso de (54), la cláusula cuyo predicado rige de manera central
la oración es fewla epu ruka nien ‘ahora tengo dos casas’; a su vez, el predicado
286
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
de esa construcción es nien ‘tengo’; hay dos argumentos centrales en este
predicado: por un lado, el sujeto, que se manifiesta con un marcador en el
verbo (la terminación -n en nien), que indica primera persona; y por otro
lado, una frase nominal epu ruka ‘dos casas’, que a modo de complemento
señala el argumento objeto. Asimismo, hay un complemento expresado
por el adverbio temporal fewla ‘ahora’. Finalmente, también en la periferia
de la cláusula, hay dos frases nominales: kiñe umawtuam ‘una para dormir’
y kangelu küthaltuam ‘otra para hacer fuego’ que complementan la cláusula
principal.
En el caso de (55), nos encontramos con una oración compleja que
contiene dos cláusulas independientes, una con el predicado rupaley ‘pasan’
y la otra con el predicado küdawkülen ‘estoy trabajando’, en una relación
de coordinación.
A partir de estos tres ejemplos, es posible corroborar que los tipos de
oraciones en mapudungun pueden ser de diversa índole, lo que corresponde
al número de cláusulas que contienen, además del tipo de predicado:
Tipo de Tipo de
Tipo de oración Ejemplos
predicado cláusula(s)
a) Iñche ta mapuche wenthu.
Oración simple no-verbal independiente
‘Soy hombre mapuche’
b) Küdawken lelfün mew.
Oración simple verbal independiente
‘Trabajo en el campo’
c) Mawün´küley, feymew
thipalayan.
Oración compleja verbal coordinadas
‘Está lloviendo, entonces no
saldré’
d) Ñi mawün´külen mew
thipalayan.
Oración compleja verbal subordinadas
‘Por estar lloviendo, no
saldré.’
Tabla 14: Tipos de oraciones, predicados y cláusulas.
El orden de los elementos que constituyen una oración suele ser
flexible en la gran mayoría de las expresiones en mapudungun. Esto quiere
decir que los elementos que forman frases o sintagmas pueden ocurrir,
por lo general, en cualquier orden. Ahora bien, un orden flexible no im-
plica un orden libre; es decir, no hay absoluta libertad en el orden, puesto
que este puede entregar información respecto de lo que es importante
para el discurso. Con todo, en mapudungun, de manera general, el orden o
combinación de los constituyentes —es decir, cuál va primero y cuál des-
287
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
pués—, no afecta mayormente, en términos semánticos lo que se quiere
decir, como se puede apreciar en las distintas configuraciones del siguiente
ejemplo:
(56) ~ Puelmapu tuwün iñche.
~ Iñche tuwün Puelmapu.
~ Tuwün Puelmapu ta iñche.
‘Provengo de Puelmapu (Tierra del Este).’
4. Clases de palabras
4.1 ¿Qué son las clases de palabras?
Gracias al análisis gramatical, es decir, la identificación de propieda-
des morfológicas (la composición interna de una palabra) y sintácticas (el
orden y jerarquía que ocurre entre palabras), es posible identificar y agru-
par las palabras de una lengua determinada en categorías especiales, deno-
minadas clases de palabras o categorías gramaticales (Schachter y Shopen, 2014).
En gramáticas tradicionales, se le entregaba la denominación de par-
tes de la oración a la sección encargada de describir y clasificar los tipos de
palabras de una lengua. Dado que el lexema es la unidad por excelencia
del léxico, también se les denomina clases lexicales. De igual modo, tradicio-
nalmente a las categorías léxicas se les entrega una definición de tipo no-
cional. Bajo esta perspectiva, los adjetivos se entienden prototípicamente
como “propiedades o atributos”; los sustantivos, como “personas, objetos
o lugar”; y los verbos, como “acciones”. Actualmente, se definen estas
categorías en términos de sus propiedades gramaticales o morfosintácticas
(Van Valin, 2001), puesto que un verbo puede corresponder a una persona
(por ejemplo, chewi ‘se hizo persona) o un sustantivo puede ser una acción
nüyün ‘temblor’.
Respecto de las clases léxicas o de palabras que pueden aparecer en
las lenguas del mundo que han sido estudiadas por la lingüística, se han
señalado algunas clases que son universales, es decir, aparecen en todas las
lenguas estudiadas. Respecto de cuáles de estas categorías serían univer-
sales, aparentemente los sustantivos y verbos son categorías universales
(Schachter y Shopen, 2014).
Es posible que en una lengua particular algunas unidades lingüísti-
cas conformen clases idiosincráticas, debido a que sus características solo
ocurren en esa lengua en particular. En el análisis gramatical, interesa, en-
288
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
tonces, conocer y describir tanto las características que hacen una lengua
distinta de las demás, así como las que tienen en común con las otras
lenguas del mundo que se han estudiado.
Una primera división entre clases de palabras es la que distingue
entre clases abiertas y cerradas. En el primer tipo, la categoría cuenta con
mecanismos para la creación y ampliación de su clase. En el caso del
mapudungun, hay cuatro categorías léxicas que cuentan con mecanismos
morfológicos para crear nuevos integrantes de su clase. Por otro lado,
existen clases de palabras que podríamos denominar cerradas porque, por
defecto, no es posible que su número crezca. A este tipo de clases perte-
necen categorías como los pronombres personales, interrogativos y otras
proformas, los modificadores del sustantivo y otras clases de morfemas
libres con funciones gramaticales, como las conjunciones y los marcado-
res discursivos.
Respecto de la forma en que se amplían los lexemas en las clases
abiertas, veremos algunos ejemplos brevemente, puesto que en las seccio-
nes siguientes se tratan con más detalles estos mecanismos. En el caso del
sustantivo, es posible crear uno de ellos, a partir de una base verbal, más
el sufijo ‑fe ‘actor o agente’, como en (57)a. En el caso del verbo, casi cual-
quier raíz puede verbalizarse con una terminación de persona, por ejemplo
‑y en (57)b. Para los adjetivos, basta utilizar el sufijo -chi ‘adjetivizador’ para
crear una palabra que puede funcionar como tal (ver (57)c). En el caso del
adverbio, el sufijo ‑kechi en (57)d equivale al sufijo ‑mente en castellano, que
también adverbializa cualquier verbo.
(57) a. küdaw ‘trabajo’ > küdaw-fe ‘trabajador’
b. küla ‘tres’ > küla-y ‘van tres’234
c. wiya ‘ayer’ > wiya-chi (antü)235 ‘día de ayer’
d. matu ‘rápido’ > matu-kechi ‘rápidamente’
En esta sección, se abordan las clases de palabras que pueden identi-
ficarse tanto en mapudungun como en el resto de las lenguas del mundo; es
decir, que son universales, como el sustantivo y el verbo. También se tratan
el resto de clases de palabras que se forman con morfemas de significado
léxico: el adjetivo y el adverbio. Finalmente, existen otras clases de palabras
que tienen significados gramaticales, como los modificadores, que corres-
234 Compárese la expresión külay ‘van tres’ con kül´ay ‘arbusto medicinal para el
estómago, para teñir küpam’.
235 La expresión wiya chi se puede entender como la expresión de duda: ‘¿talvez
ayer?’
289
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
ponde a una familia de clases de palabras, que incluyen los pronombres,
los marcadores discursivos y las conjunciones.
4.2 Sustantivos
El sustantivo en mapudungun refiere a una clase abierta de lexemas
que tienen categorías morfosintácticas propias que permiten distinguir-
las de otras clases de palabras. Asimismo, es posible subdividir la clase
de los sustantivos en subgrupos con sus propias características estruc-
turales.
Una primera división entre sustantivos es aquella que distingue entre
comunes y propios. Los sustantivos propios son aquellos que no tienen conteni-
do descriptivo, pues se refieren a personas, animales o lugares específicos;
es decir, al usarse no designan una clase de entidades, sino que refieren a
una entidad precisa en un momento y lugar determinado. En este senti-
do, el sustantivo propio es directamente referencial. Los sustantivos co-
munes, en cambio, tienen un contenido descriptivo, que refiere a lo que
tienen en común las entidades que se nombran bajo esa denominación
(Lyons, 1995)236. El sustantivo narki es común porque puede identificar a
todas las entidades en el mundo que pueden llamarse ‘gato’, independien-
te de la situación o contexto en que se realiza esa denominación (Lyons,
1995). En cambio, los sustantivos propios refieren a personas, animales
o lugares específicos y únicos, cuya referencia cambia dependiendo de la
situación.
Una clase de sustantivos propios en mapudungun son los kiduke üy o
‘nombres propios’, que tienen características particulares y específicas de
naturaleza lingüística, pero también culturales. Estos difieren del sistema
de nominación occidental (Painemal, 2015). De acuerdo con el kimeltuchefe
Painemal (2015), el sistema de los kiduke üy se compone de dos elementos:
la primera parte es el nombre propio o singular, y la segunda parte corres-
ponde al linaje, llamado también, entre otros nombres, küpalme ‘origen,
de donde procede’ o küpal ‘la línea, la sangre’, y corresponde a “símbolos
tomados desde la naturaleza” (2015, p. 3). Véase esta doble estructura en
el siguiente ejemplo:
236 De acuerdo con Lyons (1995), existen mecanismos en las lenguas que permiten
convertir un sustantivo común en estrictamente referencial, y así operar como si fuese un
sustantivo propio, pero en estos casos, de todas maneras las propiedades del sustantivo
común siguen funcionando de manera descriptiva.
290
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
(58) Kalhfü Rayen > Kalhfüray
azul flor
‘Flor Azul’
En el caso del nombre propio Kalhfüray, ocurre también una re-
ducción ―denominada también apócope o contracción― del lexema rayen >
ray ‘florecido’237. Este apócope es común en los nombres propios y tiene
motivaciones sociales.
Respecto de otras características lingüísticas, en términos sintácticos,
al parecer los sustantivos propios que refieren a nombres de personas pue-
den tomar un artículo, como en ti Pewro ‘el Pedro’; no obstante, aquellos
que refieren a nombres de ciudad parece que, por lo general, no lo hacen:
*ti Temuko.
Un nombre propio en mapudungun puede usarse de manera predica-
tiva, especialmente como núcleo de una cláusula predicativa nominal. En
estos casos, no es necesario un sufijo derivativo para cumplir esta función,
tan solo la aparición en la cláusula en aposición con otra frase nominal que
indica el argumento:
(59) Eymi ta Federico, iñche ta Antonio.
Eymi ta F. iñche ta A.
tú mod F. yo mod A.
‘Tú eres Federico, yo soy Antonio’ (Llamin, 1987d, p. 23)
En algunos casos, es posible verbalizar un nombre propio, y de ese
modo tomar sufijos de modo persona, número, aspecto, etc. Esto es lo
que ocurre con el nombre Angkalef en el siguiente pasaje de Federico ñi
Nütram I (Llamin, 1987a), que aparece como núcleo de una cláusula con
predicado verbal:
(60) Iñche tañi üy Angkalefkafuy müten
iñche ta-ñi üy A.-ka-fu-y müten
pron.1s mod.1s nombre A.-cont-ce-ind.3 no.más
‘Mi nombre sería Ancalef nomás.’ (Llamin, 1987a, p. 20)
Otra noción que permite dividir los sustantivos en dos clases es la de
la animacidad. Bajo este concepto, existen sustantivos animados e inanimados.
Los sustantivos animados son aquellos que refieren a personas o animales, y,
237 Precisamos que ray es ‘florecido’ mientras que peshkiñ significa ‘flor’”.
291
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
en algunos casos, estrellas y ríos. Por otro lado, los inanimados son aquellos
que refieren a objetos, lugares, atributos, etc.
Los sustantivos animados se caracterizan principalmente por la posi-
bilidad de pluralizarse por medio del clítico pu ‘plural’, como en pu che ‘las
personas’, en el ejemplo (61). Esto es así al menos en lo que respecta a la
variedad central del mapudungun, puesto que en otras variedades, como la
pewenche, es posible anteponer pu para referir a pluralidad también antes de
sustantivos inanimados (Sánchez, 1987, p. 210).
(61) Chempipeafuymi ta tüfachi pu che?
chem-pi-pe-a-fu-y-mi ta tüfa-chi pu che
qué-decir-prox-fut-ce-ind-2s mod este-adj pl gente
‘Qué le puedes decir a estas personas?’.
Se debe señalar que en las variedades que hacen una diferencia en-
tre sustantivos animados e inanimados, el morfema pu antepuesto a un
sustantivo inanimado no tiene significado de plural, sino que de locación;
específicamente, ‘adentro’, como se observa en el siguiente ejemplo:
(62) Pu ruka ta ngelay.
pu ruka ta nge-la-y
loc casa mod ser-neg-ind.3
‘Dentro de la casa no está.’
En otras variedades, no obstante, como la que nos ocupa, pu puede
pluralizar sustantivos inanimados:
(63) Pu ruka kütu wüdamngey.
pu ruka kütu wüda-m-nge-y
pl casa hasta dividir-caus-pass-ind.3
‘Inclusive las casas fueron repartidas.’
Una característica de los sustantivos inanimados en mapudungun es
que, a diferencia de lenguas como el castellano, no se dividen en clases
respecto de su género. Respecto de los animados, solo algunos tienen un
género lexicalizado, que son palabras que refieren a personas (domo ‘mujer’,
kushe ‘anciana’, wenthu ‘hombre’, etc.), y algunas a animales (alka ‘gallo’,
pangkülh ‘puma hembra’, thapial ‘león de montaña’, etc.), pero la gran ma-
yoría no tienen un género lexicalizado y deben recurrir a otros recursos
para indicar género, cuando es necesario. Por ejemplo, la palabra machi,
292
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
no refiere a un género específico, y para hacerlo debe aparecer con una
palabra de género lexicalizado: wenthu machi ‘machi hombre’ o domo machi
‘machi mujer’.
Una clase especial de sustantivos en mapudungun es la que refiere a
un tipo de relación social, como wen´üy ‘amigo o amiga’, lamngen ‘hermana
(dicho entre mujeres y entre hombres y mujeres)’, peñi ‘hermano (dicho
entre hombres)’, kayñe ‘enemigo’, etc. Una característica semántica de esta
clase es que la gran mayoría de estos sustantivos son recíprocos; es decir,
las personas que usan estos términos entre sí se tratan de la misma forma.
Nótese, por ejemplo, que la palabra kuku ‘abuela paterna y sus nietos’ es
dicha tanto por sus nietos para referirse a la abuela paterna, como por la
abuela para referirse a sus nietos. En otros casos, no obstante, no ocurre
esta reciprocidad, como en el caso de ñuke ‘madre’ o chaw ‘padre’. Más ade-
lante veremos otros sufijos que interactúan exclusivamente con los sustan-
tivos de relación social, lo que confirmaría que se trata de una clase específica
de sustantivos en mapudungun.
4.2.1. Composición principalmente nominal
La composición es un proceso sintáctico muy frecuente y productivo,
que permite evidenciar el carácter polisintético general de la lengua ma-
puche (Backer y Fasola, 2012). En términos generales, la composición se
configura en diversos tipos de estructuras, dependiendo del tipo de ele-
mentos constituyentes; por ejemplo, a partir de un sustantivo o de un ver-
bo. Si bien en mapudungun existen estos varios tipos de compuestos, en esta
sección nos referiremos principalmente a la composición que involucra a
dos sustantivos.
En mapudungun existen dos tipos de compuestos nominales, que de-
penden del orden de sus constituyentes. Recordemos que los compuestos,
como toda frase nominal, tienen un núcleo que es un sustantivo. Veamos
los siguientes ejemplos:
(64) a. che ‘persona’
b. mapu ‘tierra, país’
c. longko ‘cabeza, cabello del ser humano, jefe de comunidad mapuche’
d. narki ‘gato’
e. n´amun´ ‘pie, pata’
f. metawe ‘cántaro’
g. pülku ‘vino’
h. ko ‘agua’
293
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
En algunos casos, el núcleo puede ser modificado por otro sustantivo
como si fuera un adjetivo; es decir, ocupando un lugar en la frase nominal:
(65) mapu-che
país-gente
‘persona o gente de la tierra, persona del pueblo mapuche’
(66) wariya-che
ciudad-gente
‘gente de la ciudad o pueblo, persona que vive en la ciudad’
(67) l´afken´ ko
mar agua
‘agua del mar’
(68) ruka kulhiñ
casa animal
‘animal de casa’
En estos ejemplos, la relación entre ambas partes del compuesto es
que el primer elemento modifica en una relación atributiva al segundo
(Smeets, 2008, p. 117), que es el núcleo de la estructura. Puede abarcar una
diferente gama de significados (Backer y Fasola, 2012), por lo que no es
bastante precisa la relación: l´afken´ ko ‘agua de mar’, ruka kulhiñ ‘animal de
casa, animal casero’.
4.3 Derivación
La derivación en mapudungun ocurre por medio de algunos sufijos
que, unidos a bases verbales, o de otras clases de palabras, permiten crear
nuevos sustantivos. A continuación, mencionaremos estos sufijos, propor-
cionando ejemplos de uso de cada uno.
El sufijo -fe se une a bases verbales o nominales y permite crear un
nuevo sustantivo derivado. El significado de este sufijo es ‘agente o actor’
y guarda relación con el argumento central iniciador de la actividad que
refiere la base verbal original. El sufijo -fe es muy productivo y puede aña-
dirse a verbos transitivos e intransitivos. Por ejemplo, con ülkantun ‘cantar’,
el sufijo -fe refiere a quien realiza esa acción de cierta manera constante o
habitual: ülkantufe ‘cantor, el que canta’.
En el caso de verbos transitivos como weñen ‘robar’, refiere al actor
que inicia esa actividad: weñefe ‘ladrón’. Es posible incorporar entre la base
verbal y el sufijo -fe otro sustantivo que refiere al paciente de la actividad
294
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
de los verbos transitivos, como en l´awen´tuchefe ‘el que medicina a la gente’,
formado a partir de l´awen´tun ‘medicinar’, che ‘gente’ y el sufijo -fe.
En la diacronía de la lengua, al parecer, el sufijo -fe provendría de un
sufijo registrado en el siglo XVII con la forma fonológica -voe (Valdivia,
1606). Esto permitiría explicar la forma alternativa en la variante dialectal
williche de -fu (y otras), en algunos sustantivos lexicalizados, como kathüfu
‘cuchillo’ (Alcafuz et al., 2018), de kathün ‘cortar’.
Otro sufijo bastante productivo es -we, con significado de ‘lugar o
instrumento’, el cual se une a bases verbales o nominales. Algunos ejem-
plos con verbos son: kuden ‘jugar, apostar, hacer carreras’ » kudewe ‘lugar
de apuestas, lugar donde se corre’; dichon o shichon ‘indicar’ » dichowe o sichowe
‘dedo índice’. Al igual que los sustantivos derivados con -fe, se puede incor-
porar un sustantivo que indica el paciente de la acción, como en entumil-
hawe ‘mina de oro’, formado a partir de entun ‘sacar’, milha ‘oro’. También
se puede formar a partir de sustantivos e incluso adjetivos, como es el caso
de küthal ‘fuego’ » küthalwe ‘lugar donde se hace fuego; chamalh ‘chamal,
cierta prenda de vestir’ » chamalhwe o thariwe ‘cinturón que sujeta el chamal’;
chod ‘amarillo’ > chodwe kura ‘tierra para teñir amarillo’238. En algunos casos,
el sustantivo derivado puede funcionar como atributivo: ayewe foro ‘dientes
incisivos’, formado a partir de ayen ‘reír y foro ‘dientes, huesos’. Se eviden-
cia también un caso (Augusta, 2017[1916]) donde se une a un predicado
verbal, pero posiblemente se trate de un vestigio: chengen ‘tener para vivir
decentemente, ser gente’ » chengewe ‘tierra donde uno encuentra fortuna’239.
Otro sufijo derivativo del mapudungun es el grupalizador -ntu, que se
realiza como -entu después de raíces terminadas en consonante. Algunos
ejemplos de estos derivados son: pelhu ‘choro’ » pelhuntu ‘las valvas del
choro’; kura » kurantu ‘pedregal’. Si bien el derivado creado con el sufijo
-ntu pareciera corresponder a una pluralización del sustantivo de base, en
muchos casos el sustantivo que se crea a partir de este sufijo adquiere sig-
nificados nuevos y no predecibles, lo que da cuenta de su carácter de sufijo
derivativo en lugar de flexivo. Considérense otros ejemplos: legpe ‘callana’
» legpentu ‘seso (para la olla, piedra o hierro para asentar la olla).’; lil ‘roca,
risco’ » lilentu ‘lugar peñascoso, lugar de cerros’, mawida ‘monte, árbol’ »
mawidantu ‘bosque, conjunto de árboles’. Al parecer, el sufijo -ntu se puede
unir a bases derivadas con otros sufijos, como es el caso de waw ‘bajo, va-
lle’ » waw-we ‘lugar donde se abre cauce el río’ » waw-we-ntu ‘lugar donde se
juntan muchos ríos y arroyos’.
Otro sufijo derivativo es -wen, que se une a sustantivos de relación
238 Esta expresión no se conoce en la costa.
239 También, chengewe ‘tierra donde uno cobra calidad humana’.
295
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
social para indicar, precisamente, la relación entre esas personas. Por ejem-
plo, de la palabra püñeñ ‘hijo’, se crea el sustantivo derivado püñeñwen, que
refiere tanto al ‘hijo (o hija) como a la madre’. Otros ejemplos son: wen´üy
‘amigo, amiga’ » wen´üywen ‘amigos entre sí’. La palabra así utilizada puede
formar frases nominales:
(69) Ti pu wen´üywen
ti pu wen´üy-wen
mod pl amigo-soc
‘aquellos ambos amigos’
El carácter productivo del sufijo -wen se evidencia por la posibilidad
de usarse incluso con pronombres interrogativos, como chem ‘qué’:
(70) ¿Chemwenngeymu?
chem-wen-nge-y-mu
qué-soc-verb-ind-2d
‘¿Qué parentesco tienen entre ustedes dos?’
En algunos ejemplos recopilados a partir del Diccionario de Augusta
(2017[1916]), da la impresión de que el sustantivo derivado con el sufijo
-wen se crea a partir de bases verbales, como, por ejemplo: kelhun ‘ayudar’ »
kelhuwen ‘ambos colaboradores’, pero es posible que, en este caso, un paso
previo sea el uso sustantivo de kelhu ‘’ayudante’ » kelhuwen. En algunos
casos, se forma a partir de una frase nominal o de un sustantivo morfoló-
gicamente complejo: kiñemapuwen ‘compatriota’240, mongeyeelwen ‘parientes
entre sí, que comparten el mismo hogar’.
Finalmente, el sufijo -n, que será tratado bajo la sección sobre termi-
naciones no personales, permite crear sustantivos derivados a partir de ba-
ses verbales. Algunos ejemplos son kude-n ‘jugar, apostar’ » kuden ‘juego de
apuestas’; püro-n ‘anudar’ » püron ‘nudo’; mapudungu-n ‘hablar mapudungun’
» mapudungun ‘la lengua mapuche’. En estos ejemplos, la primera palabra,
separada por medio de un guion, remite a un lexema y sus terminaciones
de persona; en cambio, el segundo vocablo es un lexema derivado que
no puede usar terminaciones. En muchos casos, es posible incorporar un
sustantivo derivado a otras estructuras complejas, lo que da cuenta de su
distribución y productividad. A modo de ejemplo, considérese el nombre
en mapudungun dado a la carrera universitaria de Pedagogía en Lengua y
240 Esto es ‘ambos del mismo lugar’.
296
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Cultura Mapuche, en la Universidad Católica de Temuco:
(71) Kimeltu Mapunzugunael
kimel-tu-mapudungun-a-el
enseñar-apl-mapudungun-fut-fnp
‘para enseñar mapudungun’241
5. Adjetivos
Los adjetivos, de manera tradicional, se definen como palabras que
expresan propiedades y atributos. Al igual que otras clases de palabras, los
adjetivos pueden identificarse por medio de una serie de características
morfosintácticas, como la presencia de algunos sufijos flexivos y deriva-
tivos.
En mapudungun, el adjetivo se antepone al sustantivo que modifica:
(72) püchi lelfün
pequeño campo
‘campito, pequeño campo’
Se puede anteponer más de un adjetivo en la frase nominal:
(73) müna küme püchi üñüm
muy bueno pequeño pájaro
‘un pajarito muy bueno’
Un adjetivo puede formar una cláusula por medio de un marcador
personal, convirtiéndose en un predicado:
(74) Tutey.
tute-y
[Link]-ind.3
‘Está bien, excelente.’
(75) Kümey
küme-y
bueno-ind.3
‘está bien, muy bueno, excelente’
241 El sitio web es [Link]
297
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Los adjetivos pueden tener un sufijo que corresponde a morfología
flexiva (véase §2.1): el sufijo -ke ‘distributivo o plural’, el que unido a un
adjetivo, permite expresar pluralidad, además de otros significados.
(76) a. kümeke che
küme-ke che
bueno-dist gente
‘buenas personas’
b. kiñeke
kiñe-ke
uno-dist
‘algunos’
c. marike
mari-ke
diez-dist
‘decenas o diez para cada uno’
d. themke che
them-ke che
crecido-dist gente
‘adultos’
(77) Alhkülaymi tunten wedake düngu mi pingen?
alhkü-la-y-mi tunten weda-ke düngu mi pi-nge-n
escuchar-neg-ind-2s cuánto mal-dist asunto poss.2s decir-pass-fnp
‘¿No has oído cuantas cosas malas han hablado de ti?’ (Augusta,
1916/2017, p. 284)
El uso distributivo se explica por la siguiente expresión:
(78) —Tunten faliymi weshakelu? —Külake peso mew pataka thipay.
tunten fali-y-mi weshakelu242
cuánto valer-ind-2s objetos
küla-ke peso mew pataka thipa-y.
tres-dist peso post cien salir-ind.3
‘¿A cómo lo vendes? A tres pesos el ciento.’
242 El sustantivo weshakelu significa ‘cosa, objeto, bienes, mercaderías, plantas, etc.’
de acuerdo con Augusta (1916) y se podría descomponer a su vez del siguiente modo:
wesha-ke-lu
malo-dist-fnp
‘cosa, objeto, bienes, mercaderías, plantas, etc.’
298
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El sufijo -ke también se puede unir a verbos adjetivados con el nomi-
nalizador o infinitivo -n:
(79) ayinke243 pu fot´üm
ayin-ke pu fot´üm
amado-dist pl hijo
‘hijos varones amados’
En algunos casos, el adjetivo con el sufijo -ke ocupa una posición an-
tes del pluralizador pu, especialmente en textos antiguos. Compárense los
siguientes ejemplos, transcritos del testimonio de Pascual Coña:
(80) feychi kümeke pu wenthu
feychi küme-ke pu wenthu
este-adj bueno-dist pl hombre
‘estos hombres buenos’ (Moesbach, 1936[1930])
(81) tañi füchake pu them em
ta-ñi fücha-ke pu them em
mod-poss.1s anciano-dist pl crecido part
‘mis antepasados mayores’ (Moesbach, 1936)
La morfología derivativa del adjetivo es relativamente más rica que la
flexiva. El sufijo -chi permite formar adjetivos a partir de verbos con bases
monomorfémicas, verbos morfológicamente complejos, e incluso cláusu-
las, como se evidencia en el siguiente ejemplo:
(82) a. alhfüchi che
alhfü-chi che
herir-adj gente
‘personas heridas’
b. kawelhungechi che
kawelhu-nge-chi che
[Link]-adj gente
‘personas que tienen caballo’
c. lelfün mapu mew mülechi pu che
lelfün mapu mew müle-chi pu che
campo tierra post estar-adj pl gente
‘gente que vive en el campo’
243 También ayünke con el mismo significado.
299
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La posición del adjetivo así formado es más a la izquierda de la frase
nominal, a diferencia de los adjetivos monomorfémicos, que ocupan el
lugar inmediatamente anterior al sustantivo. Pareciera por su distribución
que la forma con -chi es más bien una frase de relativo, especialmente por-
que no ocupa el lugar del adjetivo finalmente, y a diferencia de otros adjeti-
vos puede aparecer en la superficie con argumentos centrales y periféricos.
De todas maneras, en la literatura se la trata como un sufijo derivativo, por
eso mantenemos su descripción dentro de la clase de palabra del adjetivo.
Asimismo, el sufijo -chi permite formar adjetivos a partir de demos-
trativos y frases nominales:
(83) a. üyechi
üye-chi
aquel-adj
‘aquel’
b. kimnochi
kim-no-chi
saber-neg-adj
‘que no sabe, ignorante’
c. küdawngechi
küdaw-nge-chi
trabajo-ser-adj
‘difícil, que cuesta trabajo, con mucho sacrificio’
d. kakerumechi
ka-ke-rume-chi
otro-dist-siquiera-adj
‘diferentes, de varias clases’
En algunos casos, la forma resultante se ha lexicalizado con un signi-
ficado relacionado, como en:
(84) kangechi
ka-nge-chi
otro-ser-adj
‘otro, raro, extraño’
Otro sufijo derivativo adjetivizador es el sufijo -fal. Este sufijo crea
un adjetivo con el significado de posibilidad de que ocurra la propiedad
identificada por el verbo. Al parecer el tipo de verbo al cual se afija esta
estructura es un verbo de experimentación, e indica la capacidad de que un
estímulo sea experimentado:
300
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(85) a. ayifal244
ayi-fal
amar-adj
‘amable’
b. lhowfal
lhow-fal
recibir-adj
‘aceptable’
c. ün´ufal
ün´u-fal
repugnar-adj
‘asqueroso, indeseable’
d. kimfal
kim-fal
saber-adj
‘conocible, que se distingue, famoso’
En verbos transitivos, el sufijo -fal tiene otro significado, que se con-
sidera en la sección de sufijos verbales. Finalmente, el sufijo -nte de grado
permite formar adjetivos a partir de verbos de estado principalmente, aun-
que también de ciertas acciones. Se realiza con la forma no personal ‑n. A
continuación algunos ejemplos que aparecen en Augusta (1916):
(86) a. lhükanten
lhüka-nte-n
temer-grad-fnp
‘miedoso’
b. yewenten
yewe-nte-n
vergüenza-grad-fnp
‘vergonzoso, que se averguenza con facilidad’
c. wiwünten
wiwü-nte-n
[Link]-grad-fnp
‘sediento’
d. ngümanten
ngüma-nte-n
llorar-grad-fnp
‘llorón’
244 También ayüfal, con el mismo significado.
301
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6. Modificadores
Bajo la macroclase modificadores, se agrupan todas las clases de pa-
labras cerradas que modifican al núcleo de la frase nominal. Se trata de
demostrativos, pluralizadores, numerales, etc. A continuación se abordan
cada uno de ellos y sus características morfosintácticas.
6.1 Demostrativos y artículos
Los demostrativos en mapudungun refieren a palabras que indican po-
sición respecto del lugar donde ocurre el acto de habla. Este rasgo lingüís-
tico se encapsula dentro del concepto más general de deixis en lingüística;
es decir, la referencia a características personales, temporales o espaciales
de la situación en la que ocurre un enunciado. (Crystal, 2008). En mapu-
dungun, la deixis de relación espacial expresa entre dos y cuatro posiciones
respecto del análisis. Para Salas (2006[1992b]), existen dos posiciones: cer-
cano y alejado del acto de habla; para Catrileo (2010), estas posiciones son
cuatro y refieren a ideas de proximidad, proximidad casi fuera del alcance,
alejamiento, y alejamiento mayor fuera de alcance (Catrileo, 2010); otros
autores indican tres posiciones: próximo, cercano y alejado (Harmelink,
Augusta, etc.).
Los pronombres demostrativos son:
(87) a. tüfa ‘este’
b. tüfey ‘ese’
c. tie / tiye / aye ‘aquel’
Los demostrativos se pueden adjetivar por medio del sufijo -chi,
como señalábamos en la sección anterior.
(88) a. Tüfachi wenthu
tüfa-chi wenthu
este-adj hombre
‘este hombre’
b. Tüfeychi püchiwenthu
tüfey-chi püchi-wenthu
ese-adj pequeño-hombre
‘ese niño’
302
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
c. Tiechi püchiche
tie-chi püchi-che
aquel-adj pequeño-persona
‘aquella guagua’
Los demostrativos también se manifiestan en estructuras sintáctica-
mente complejas que aparecen en el casillero de los demostrativos en la
frase nominal. Esta frase demostrativa entonces tiene como núcleo un de-
mostrativo, y es modificada por otro demostrativo como fey ‘ese’. Algunos
ejemplos de estos constituyentes son:
(89) a. fey tüfa ‘este mismo’
b. fey tüfey ‘ese mismo’
c. feyti ‘ese’
Algunas frases demostrativas pueden aparecer con los enclíticos -mew
o -püle:
(90) a. tüfamew
tüfa-mew
este-post
‘acá’
b. feytimew
fey-ti-mew
ese-mod-post
‘por allá, por allí’’
c. feychi püle
fey-chi püle
ese-adj post
‘hacia allá, por allá’
En cuanto a los artículos, de acuerdo con Catrileo (2010), este “limita
lo que en un momento preciso está en la mente de los interlocutores cuan-
do se señala algo en particular” (109). Los artículos son palabras como ti,
chi, tichi, etc. La ausencia de artículo también expresa una mayor genera-
lización, que en castellano incluso puede llegar a traducirse con el plural:
(91) Akutuy kulhiñ.
aku-tu-y kulhiñ
llegar-rest-ind.3 animal
‘llegó de vuelta el animal.’
303
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
La forma plural pu puede ocurrir en conjunto o reemplazar a un
artículo:
(92) Akutuy pu domo.
aku-tu-y pu domo
llegar-rest-ind.3 pl mujer
‘llegaron de vuelta las mujeres’
(93) Kom ti pu che
kom ti pu che
todo mod pl gente
‘todas aquellas personas’
El numeral kiñe también tiene valor de artículo indefinido:
(94) kiñe domo
una mujer
‘una mujer’
El artículo ti o chi en mapudungun parece haber derivado de los de-
mostrativos tüfey o tüfeychi que perdieron su valor deíctico espacial y solo
refieren al conocimiento de mundo o del discurso. Esta es la explicación
que entrega Smeets (2008), para quién también forma ta se puede incluir
dentro de estos usos. En específico, de acuerdo con la autora, ti refiere a
un conocimiento general o de mundo y ta a un conocimiento restringido a
lo que se ha señalado en la conversación o discurso. En virtud de este aná-
lisis, en la notación interlineal se han etiquetado las ti y ta con el concepto
general de modificadores.
Por último, es necesario advertir que el sistema de los artículos no
está estabilizado, especialmente en lo que respecta a su significado, ya que
un artículo como ti puede tener un sentido deíctico de ‘aquel’.
6.2 Posesivos
Son modificadores de la frase nominal. De haber un adjetivo o nu-
meral en dicha frase, el posesivo ocurre antes de ellos. De manera optativa,
agregan una frase nominal, en la forma de un pronombre personal, nom-
bre propio, etc., que permite indicar y enfatizar el referente del pronombre
posesivo; es decir, su poseedor.
304
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
(95) a. iñche ñi ruka
iñche ñi ruka
pron.1s poss.1s casa
‘mi casa’
b. Nawel ñi ruka
N. ñi ruka
N. poss.3 casa
‘la casa de Nahuel’
En frases nominales modificadas con un posesivo, el poseedor puede
aparecer en distintas posiciones respecto del núcleo de la frase nominal
posesiva, como en (96)a y (96)b, y también es posible omitirlo como en
(96)c, puesto que es lo poseído lo que contiene el marcaje de posesión por
medio del pronombre posesivo:
(96) a. [ti wenthu] ñi ruka ‘la casa del hombre’
b. ñi ruka [ti wenthu]‘la casa del hombre’
c. [] ñi ruka ‘su casa’
Los posesivos varían de acuerdo con la persona y el número, tal
como se muestra en la segunda columna de la Tabla 15. En la primera co-
lumna, los numerales 1, 2 y 3, corresponden a la primera, segunda y tercera
persona, respectivamente; y las abreviaturas “s”, “d” y “p”, a los números
gramaticales “singular”, “dual” y “plural”, respectivamente.
pers. Posesivo Traducción
poss.1s ñi ‘mi’
poss.2s mi ‘tu’
poss.3245 ñi ‘su’
poss.1d yu ‘nuestro (dual)’
poss.2d mu ‘de ustedes (dual)’
poss.3 ñi … engu ‘de ellos (dual)’
poss.1p iñ246 ‘nuestro (plural)’
poss.2p mün ‘de ustedes (plural)’
poss.3 ñi … engün ‘de ellos (plural)’
Tabla 15: Pronombres posesivos del mapudungun.
245 En el caso de la forma posesiva de tercera persona, ñi de por sí puede expresar
los tres números, por eso no se especifica en la nomenclatura morfológica.
246 También yiñ.
305
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
A diferencia del castellano, donde la expresión de número en los
pronombres se divide entre las formas que expresan singular, —esto es,
‘uno de la clase’— y plural —a saber, ‘dos o más’—, en mapudungun, esta
división se realiza entre singular, dual y plural. El dual, como su nombre indi-
ca, refiere a ‘dos de una clase’, y por consiguiente, el plural en este sistema
indica ‘tres o más’.
6.3 Cuantificadores o pronombres indefinidos
Existe en mapudungun un marcador de indefinición. Se trata de una
estructura formada con rume ‘alguien, cualquiera’247 y ini248 no rume ‘nadie,
ninguno’ que permiten formar expresiones indefinidas y negaciones, res-
pectivamente.
Para referir a los significados de “algo” o “alguien”, también se pue-
de utilizar el numeral kiñe ‘uno, alguien’ con valor de indefinido, o usar
rume ‘siquiera’ postpuesto a un interrogativo con el mismo significado:
(97) a. kiñe dungu
kiñe dungu
uno asunto
‘algo’
b. kiñe che
kiñe che
uno gente
‘alguien’
c. chem rume
chem rume
qué siquiera
‘algo’
d. iney rume
iney rume
quién siquiera
‘alguien’
Rume también puede ocuparse para referir a los significados de ‘cual-
quier’ o ‘cualquiera’, como en:
247 Valga señalar que rume también significa ‘muy, mucho’.
248 También se dice iney ‘quién’.
306
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(98) a. tuchi rume
tuchi rume
cuál siquiera
‘cualquiera’
b. iney rume
iney rume
quién siquiera
‘cualquiera’
c. chuchi rume
chuchi rume
cuál siquiera
‘cualquiera’
d. chumngechi rume
chumngechi rume
cómo siquiera
‘de cualquier modo’
Para referir a los significados de ‘nada’ o ‘nadie’:
(99) a. kiñe no rume
kiñe no rume
uno neg siquiera
‘nadie, ni uno, ninguno’
b. iney no rume
iney no rume
quién neg siquiera
‘nadie’
c. chem no rume
chem no rume
qué neg siquiera
‘nada’
d. chuchi no rume
chuchi no rume
cuál neg siquiera
‘nadie’
e. tuchi no rume
tuchi no rume
cuál neg siquiera
‘nadie’
f. chumül no rume
chumül no rume
cuándo neg siquiera
‘nunca, ni siquiera en los días pasados’
307
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Algunos ejemplos de los cuantificadores usados en frases o cláusulas:
(100) Chumngechi dungu mew rume, rume kümey niengen mew ta
kawelhu.
chumngechi dungu mew rume rume
cómo asunto post siquiera mucho
küme-y nie-nge-n mew ta kawelhu
bueno-ind.3 tener-pass-fnp post mod caballo
‘Para cualquier asunto, es muy bueno tener un caballo.’
(Matamala, 1987)
(101) Thipayaymi ka lhoftuaymi chem pichike üñüm rume.
thipa-ya-y-mi ka lhoftu-a-y-mi
salir-fut-ind-2s y acechar-fut-ind-2s
chem pichi-ke üñüm rume
qué pequeño-dist pájaro siquiera
‘Tú vas a salir y acecharás y cazarás cualquier pajarito.’249
(Pranao, 1987)
(102) Iney no rume chumkelafi.
iney no rume chum-ke-la-fi
quién neg siquiera qué-hab-neg-obj.3
‘No le hace mal a nadie.’
6.4 Numerales y pluralizador
Los numerales son lexemas que indican el número de entidades del
núcleo de la frase nominal. Al igual que un adjetivo no tienen flexión. Los
numerales pueden combinarse en sustantivos compuestos para indicar va-
lores mayores a diez. En el caso de decenas desde 11 a 19, se combina el
numeral mari con el respectivo numeral de las unidades: mari kiñe ‘once’;
en decenas mayores a 20, se combinan dos numerales: küla mari ‘treinta’.
De ese modo, para formar números mayores, como aylha pataka warangka
aylha pataka aylha mari aylha ‘novecientos mil novecientos noventa y nueve’,
se utilizan los otros lexemas numerales (ver Tabla 16).
La posición de los numerales es antepuesta al sustantivo y el adjetivo:
(103) a. Kiñe wapo thewa
kiñe wapo thewa
uno bravo perro
‘un perro bravo’
249 Se ha modificado la traducción de este extracto respecto del original.
308
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b. Epu pichike thewa
epu pichi-ke thewa
dos pequeño-dist perro
‘dos perros chicos’
c. Küla füthake thewa
küla fütha-ke thewa
tres grande-dist perro
‘tres perros grandes’
Lexemas numerales Significados
kiñe uno
epu dos
küla tres
meli cuatro
kechu cinco
kayu seis
regle siete
pura ocho
aylha nueve
mari diez
pataka cien
warangka mil
Tabla 16: Palabras pertenecientes a la clase de los numerales en mapudungun.
Adiciones recientes a esta clase de palabras son propuestas como
nume250, para expresar la cifra ‘cero’, y los préstamos milhon y sero, ambos
adecuados a la ortografía del mapudungun.
Además de los numerales, el proclítico pu indica pluralidad al incluir-
se en la frase nominal, cuyo núcleo es un sustantivo animado, es decir,
persona o animal.
(104) a. pu wenthu ka pu domo
pu wenthu ka pu domo
pl hombre y pl mujer
‘los hombres y las mujeres’
b. pu che
pl gente
‘las personas’
250 Este término es desconocido en la costa. Una expresión relacionada al concepto
es ngelay ‘no hay, no existe’.
309
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
7. Pronombres y otras proformas
La macroclase de las proformas contiene diversas clases de palabras.
Tienen en común que se utilizan “como sustitutos de palabras que perte-
necen a clases abiertas o constituyentes más amplios” (Schachter y Shopen,
2014). Algunas de las proformas refieren a participantes del acto de habla
y terceras personas en una relación denominada deíxis. Una clase especial
de proformas son los pronombres personales y los comitativos. En el caso de
otras proformas, como la de los interrogativos y proverbos, estas se analizan
desde un enfoque que integra este tipo de palabras bajo una sola categoría.
7.2 Pronombres personales
Los pronombres personales en mapudungun refieren a una deixis personal
de tres personas: el hablante, el interlocutor y la tercera persona.
Pers. Pronombre Traducción
pron.1s iñche ‘1 persona singular’ o ‘yo’
pron.2s eymi ‘2 persona singular’ o ‘tú, usted, vos’
pron.3s fey ‘3 persona singular’ o ‘él, ella, ello’
pron.1d iñchiw ‘1 persona dual’ o ‘nosotros dos’
pron.2d eymu ‘2 persona dual’ o ‘ustedes dos’
pron.3d feyengu ‘3 persona dual’ o ‘ellos o ellas dos’
pron.1p iñchiñ ‘1 persona plural’ o ‘nosotros todos’
pron.2p eymün ‘2 persona plural’ o ‘ustedes todos’
pron.3p feyengün ‘3 persona plural’ o ‘ellos o ellas todos’
Tabla 17: Pronombres personales del mapudungun
En mapudungun, la primera y segunda persona, es decir, aquellas per-
sonas que ocupan el rol de hablante en el acto y momento de habla y
aquella persona que ocupa el papel de interlocutor del hablante en ese acto
y momento de habla, respectivamente, tienen una relevancia especial, res-
pecto de la tercera persona. Es por eso que se dice que estas dos personas
están ocupando lo que se denomina escenario local del acto de habla.
En la gramática, esta relevancia se manifiesta de manera estructural.
Por ejemplo, la primera y segunda persona expresan variación de número
en tres parámetros: singular, dual y plural, que se ejemplifica en el siguiente
paradigma morfológico:
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. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Persona Residuo número
iñche in che -i
eymi eym ∅ -i
iñchiw in che -u
eymu eym ∅ -u
iñchiñ in che -n
eymün eym ∅ -n
Tabla 18: Análisis morfológico de la posible composición
de los pronombres personales (1 y 2).
En el esquema, una posible interpretación de las formas que se rea-
lizan finalmente evidencian algunos cambios morfofonológicos: en el sin-
gular de la primera persona, el número -i se realiza como -e, por analogía
con el lexema che ‘persona’ (Smeets, 2008)251. En el caso de la forma dual
en primera persona, el grupo consonántico se realiza como -yu, -iw o u,
dependiendo de la variedad dialectal (iñchiw, iñchiu o iñchu, son posibles).
En el caso de la forma plural de primera persona, la realización final es ‑iñ
en variantes centrales y ‑en en variantes meridionales (Jaramillo, 2011). En
este último caso, además hay palatalización de -n » -ñ y cambio de altura o
cierre en la -e » -i del residuo -che » -chi.
En el caso de la primera persona, el dual en rigor expresa el hablante
más el interlocutor (eymi iñchiw) o el hablante más una tercera persona (fey
iñchiw). En el caso del dual de segunda persona, puede ser efectivamente
dos interlocutores (cuando hablo con dos personas); o el interlocutor más
una tercera persona fey emu. El pronombre fey de tercera persona parece
tener una adopción más tardía, a partir del demostrativo (tü)fey ‘ese’. Esto
explicaría, por ejemplo, por qué su forma dual y plural se expresa con los
comitativos postpuestos engu ‘dual’ y engün ‘plural’. De hecho, otros de-
mostrativos y deícticos también forman el número no singular de la misma
forma: kiduyengu ‘ellos dos mismos’, kiduyengün ‘ellos dos mismos’, tüfayengu
‘estos dos’, etc.
7.2 Pronombres comitativos o grupalizadores
La deixis personal en mapudungun también permite expresar con
quién se realiza una acción. Los pronombres que participan en esta ex-
251 A mediados del siglo XVI, Jerónimo de Bibar apunta ynchi Michimalogo ‘Yo soy
Michimalongko’ (1966[1598], p. 40).
311
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
presión se denominan comitativos o grupalizadores, e indican si la acción se
realiza con una primera, segunda o tercera persona.
pers. comitativo traducción
1d iñchiw ‘él o ella conmigo (dual)’, ‘tú conmigo (dual)’
2d emu252 ‘él o ella contigo (dual)’
3d (X) engu ‘él o ella con X’
1p iñchiñ ‘ellos conmigo’, ‘ustedes conmigo’
2p emün ‘ellos contigo’
3p (X) engün ‘ellos con X’
Tabla 19: Pronombres comitativos o grupalizadores.
Los comitativos se dividen en dos grupos: el mínimo y el expandido.
En el grupo mínimo, el número total de participantes es dos y se ocupan
los tres pronombres duales. Existe una jerarquía entre estos pronombres
donde el pronombre de primera persona se considera más relevante que el
de segunda persona y este respecto del tercero: iñchiw > emu > engu.
En este sentido, cuando una primera persona participa de una situa-
ción con otra persona, sea esta segunda o tercera, será el pronombre iñchiw
el utilizado para referir a este acompañamiento: eymi iñchiw ‘tú conmigo’ o
fey iñchiw ‘él o ella conmigo’. En el caso de que la segunda persona participa
en una situación con una tercera persona (es decir, no hay participación de
la primera), se usará el segundo pronombre en la jerarquía, por ejemplo:
fey emu ‘él contigo’. Finalmente, dos terceras personas serán referidas con
el pronombre engu cuando participan en una situación: fey engu ‘ellos dos’.
En el caso de un grupo expandido, el número total de participantes
es tres o más, y en este caso se utilizan los pronombres comitativos plura-
les. En este caso, también se mantiene la jerarquía del tipo: iñchiñ > emün
> engün, a semejanza de lo que ocurre en el grupo mínimo con los duales:
eymi iñchiñ ‘tú con nosotros’, eymün iñchiñ ‘ustedes con nosotros’, fey emün ‘él
o ella con ustedes (plural)’, etc.
7.3 Pronombres interrogativos y proverbos
Esta clase de proformas refieren a lexemas que sustituyen verbos
o frases verbales, y los derivados que se pueden formar por medio de la
252 El uso de la forma eymu e eymün con este significado es preferido en la costa, en
lugar de emu y emün.
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morfología del mapudungun. De igual modo, describimos la subclase de los
interrogativos, las cuales permiten formular preguntas y crear otras estruc-
turas como los cuantificadores. Tanto los proverbos como los interrogati-
vos tienen distintas distribuciones sintácticas, por lo que en rigor pueden
reemplazar a distintas clases de palabras.
En el caso de los interrogativos, es una serie de lexemas que permi-
ten preguntar por la identidad de personas y objetos. La siguiente tabla
resume algunos de los interrogativos en mapudungun.
P. interr. Significado
iney ~ ini quién
chem qué
tuchi ~ chuchi cuál
tunten ~ chuntem cuánto, cuántos
mufü cuánto
chew dónde
chumül cuándo
tunteñma ~ chumteñma cuánto tiempo
chumngechi cómo
Tabla 20: Pronombres interrogativos.
Los interrogativos también se pueden verbalizar por medio de las
terminaciones personales y crear nuevos verbos por medio de sufijos deri-
vativos. Algunos ejemplos son:
(105) a. Chumi am?
chum-i am
qué-ind.3 part
‘¿Qué le pasó (a él o ella)?, ¿qué le ha pasado?’
(106) b. Chemkelay.
chem-ke-la-y
qué-hab-neg-ind.3
‘No hace nada.’
(107) c. Chumleymi?
chum-le-y-mi
cómo-est-ind-1s
‘¿Cómo estás?’
(108) d. Chumpeymi?
chum-pe-y-mi
cómo-prox-ind-1s
‘¿Qué estás haciendo?’
313
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(109) e. Chumpen kam?
chum-pe-n kam
cómo-prox-ind.1s part
‘¿qué estar haciendo?’ ¿qué hice? ¿qué habré hecho?’
Algunos interrogativos tienen en común una base del tipo chu ‘qué’,
que es posible descomponer siguiendo un análisis morfológico (Smeets,
2008). Esto permite identificar la presencia de diversos sufijos derivativos:
P. interr. raíz mínima sufijos derivativos significado
chum chu -m ‘causativo’ hacer qué
chuchi chu -chi ‘adjetivo’ cuál
chunten chu -nte-n ‘grado’ cuán, cuánto
chumül chu -ül ‘temporal’ cuándo
Tabla 21: Reconstrucción morfológica de algunos interrogativos.
En el caso de chunten, existe la variante tunten253, que indica posible-
mente una alternancia fonemática del tipo t ~ ch, que también ocurre para
el interrogativo chuchi ~ tuchi.254
Respecto de los proverbos, se trata de raíces verbales con la forma
raíz fa- ‘así, de este modo’ y fe- ‘así, de ese modo’, que expresan un tipo
especial de deíxis discursiva, permitiendo la sustitución de otro verbo, y
gracias a los mecanismos de derivación del mapudungun, otras estructuras
como adjetivos o adverbios. Otros verbos también se pueden derivar por
medio de sufijos como -m ‘causativo’, -le ‘estativo’, -nte ‘grado o cantidad’,
etc. A continuación se indican estos proverbos y una propuesta de seg-
mentación morfológica:
(110) a. femün
fe-m-n
así-caus-fnp
‘ser así, hacer así’
b. felen
fe-le-n
así-est-fnp
253 La forma tunten es la forma usada por l´afken´che.
254 Quizás la forma original de chem provenga de la alternacia tie em ← chi em. Au-
gusta (2017[1916]) anota chem como chiem para el dialecto de Panguipulli. Compárese la
partícula interrogativa chey ~ chi ‘tal vez’.
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‘estar así, yo estoy’
c. falen
fa-le-n
así-est-fnp
‘ser así de este modo’
d. fentenün
fe-nte-n-n
así-grad-fnp-fnp255
‘ser de esa estatura, haber esa cantidad’
Una comparación de todas estas formas se presenta en la siguiente
tabla:
-fa -fe -chu
? femün chumün
famngechi femngechi chumngechi
falen felen chumlen
fantenün fentenün chumten256
Tabla 22: Comparación de las pro-formas.
8. Adverbio
Los adverbios en mapudungun son modificadores de un verbo o un
adjetivo. Es posible clasificar los adverbios de acuerdo con sus significa-
dos generales. Por ejemplo, una clase de adverbios remite a significados
de lugar o espacial, llamada por eso locativos. También podemos identificar
adverbios temporales y de grado.
Los locativos especifican un lugar respecto de otro objeto o punto de
referencia espacial. Muchos de estos locativos se comportan como sus-
tantivos, por lo que es posible que formen estructuras como compuestos
nominales o frases nominales con el enclítico mew. De igual modo, los lo-
cativos se pueden verbalizar con el sufijo ‑(kü)le que indica estado. Algunos
locativos se presentan en la siguiente tabla:
255 Se trata del sufijo tratado en la sección 5 sobre adjetivizadores, que ocurre de
por sí con el sufijo de terminación no personal -n. El segundo sufijo -n es el que verbaliza
la construccíon fenten ‘tanto así’.
256 Esta forma es tunten ‘cuánto’ en la variante que nos ocupa.
315
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Adverbio locativo Significado
wente ‘encima, sobre’
furi ‘detrás, espalda’
puñma ‘delante, enfrente’
miñche ~ müñche ‘debajo’
ponwi ‘dentro, profundo’
wekun ‘fuera, patio’257
Tabla 23: Algunos locativos.
Los temporales indican el momento de una acción. Al igual que los
locativos, muchos de ellos son sustantivos, por lo que pueden formar fra-
ses nominales. Algunos adverbios temporales se presentan en la siguiente
tabla:
Adverbio temporal Significado
antü ‘(de) día’
pun´ ‘(de) noche’
wiya ‘ayer’
wüle258 ‘mañana’
tayi, pichi tayi ‘recientemente, denantes’
wüla ‘después’
müchay259 ‘pronto, más tarde’
Tabla 24: Algunos temporales.
Finalmente, hay adverbios de modo o grado, que permiten matizar o am-
plificar la situación expresada por el predicado.
Existen algunos sufijos que se podrían considerar adverbializadores.
El sufijo -kechi, como ya se mencionó anteriormente en 4.1, equivale al
sufijo ‘‑mente’ en castellano y permite adverbializar un adjetivo o una raíz
verbal, con el significado de ‘a la manera de la acción correspondiente’:
(111) Ti üñüm ñochikechi amupüratuy.
ti üñüm ñochi-kechi amu-püra-tu-y
mod pájaro lento-adv ir-subir-rest-ind.3
‘El pájaro se elevaba lentamente.’ (Aguilera et al., 1987a, p. 18)
257 Este es el espacio fuera de la puerta de la casa.
258 Esta expresión es wile ‘mañana’ en la costa.
259 Esta expresión es müchey ‘más tarde’ en la costa.
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(112) Pürümkechi tukulelfi lhachu pel´ mew.
pürüm-kechi tuku-lel-fi lhachu pel´ mew
pronto-adv colocar-apl-obj.3 lazo cuello post
‘Rápidamente le tiró el lazo en pleno cogote.’
(Aguilera et al., 1987a, p. 18)
Otros adverbios formados con -kechi son: yamün-kechi ‘respetuosa-
mente’ de yamün ‘respetar’, lef-kechi ‘rápidamente, velozmente’ de lef ‘ca-
rrera, veloz’, chofün-kechi ‘con flojera’, de chofü ‘flojo’, küme-kechi ‘de mejor
manera’ de küme ‘bueno’, etc.
Otro sufijo adverbializador es -tu, que unido a raíces verbales las
transforma en adverbios de lugar o modo. Por ejemplo, puliwen-tu ‘de ma-
ñana’, formado a partir de puliwen ‘mañana’; newen-tu ‘con fuerza’, formado
a partir de newen ‘fuerza’, etc. Históricamente, este sufijo habría tenido el
significado de ‘que pertenece a un lugar’, como se desprende de los ejem-
plos que aparecen en Valdivia (1606), quien señala inchiñ iñ mapu-tu wenthu
‘hombre de nuestra tierra o patria’ (p. 7) o tue-tu düngu ‘cosas terrenas’ de
dungu ‘asuntos’ y tue ‘tierra’ (n. p.). Algunos adverbios de grado y de modo
se presentan en la siguiente tabla:
Adverbio de
Significado
modo/grado
müte ‘muy, demasiado, mucho, no tanto (con negativos)’
al´ü ‘mucho’
alhwe ‘medio, casi’
doy ‘más’
epe ‘casi, (inminente)’
fante ‘así tanto, a esta hora’
fente ‘así tanto, hasta aquí’
fenthe ‘mucho’
itho kom ‘bastante (solo en compuestos), todo’
yochi260 ‘suficiente’
aymüñ261 ‘no mucho’
Tabla 25: Algunos adverbios de grado y modo.
260 Hasta donde sabemos, esta expresión no es reconocida en la variante de la costa.
261 Hasta donde sabemos, esta expresión no es reconocida en la variante de la costa.
317
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9. Introducción al verbo
El verbo en mapudungun será profundizado en la siguiente macro sec-
ción que se refiere al predicado. Valga señalar en esta parte que el verbo
es una clase de palabra que se compone de manera mínima de una raíz y
una terminación.
(113) a. nie-n
tener-ind.1s
‘(yo) tengo’
b. nie-ymi
tener-ind.2s
‘(tú) tienes’
c. nie-y
tener-ind.3
‘(él/ella) tiene’
Diversos sufijos pueden intercalarse entre estas dos estructuras, per-
mitiendo generar diversas nociones y significados específicos relacionados
con la negación, tiempo del evento respecto de un eje no-futuro/futuro,
aspecto o la estructura interna de ese tiempo, modo o manera de realizar
una acción, entre otros. Por ejemplo:
(114) a. nie-la-n
tener-neg-ind.1s
‘(yo) no tengo’
b. nie-la-y-mi
tener-neg-ind-2s
‘(tú) no tienes’
c. nie-la-y
tener-neg-ind.3
‘(él/ella) no tiene’
Asimismo, algunos verbos se han gramaticalizado con otras funcio-
nes, tales como auxiliares, lo que permite formar frases verbales. Algunos
de estos auxiliares son küpa ‘con deseo’, pepi ‘poder hacer’ y kalhi ‘dejar
hacer’, los cuales se ejemplifican a continuación:
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(115) a. Küpa nien.
küpa nie-n
aux tener-ind.1s
‘Quiero tener.’
b. Pepi kimpefun.
pepi kim-pe-fu-n
aux saber-prox-ce-ind.1s
‘puedo saber’
c. Kalhi küpape!
kalhi küpa-pe
aux venir-imp.3
‘deja que venga’
10. Otras clases
10.1 Conjunciones
Las conjunciones en mapudungun corresponden a una clase cerrada de
solo algunos lexemas, y algunas expresiones derivadas por otros mecanis-
mos, que permiten enlazar dos cláusulas independientes en una estructura
superior: la oración compleja. Algunos lexemas que pertenecen a esta ca-
tegoría son kam ‘o’, ka ‘y’, welu ‘pero’.
Gracias al uso de otras expresiones formadas, por ejemplo, con de-
mostrativos y pronombres, es posible contar con más elementos que fun-
cionan como conjunciones. Algunos ejemplos son femlu wüla ‘hecho esto’ y
feymew ‘por eso, entonces’. El primero de ellos se presenta en (116).
(116) Wiya ngilhakamen wariya mew; feymew wüla küpatun.
wiya ngilhaka-me-n wariya mew
ayer comprar-loc-ind.1s ciudad post
fey-mew wüla küpa-tu-n
ese-post después venir-rest-ind.1s
‘Ayer fui de compras al pueblo. Después de hacerlo,
me vine de vuelta acá’.
10.2 Partículas o marcadores discursivos
Smeets (2008) identifica los marcadores discursivos como una clase
pequeña de palabras que expresan la actitud del hablante respecto de lo
319
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que se ha dicho. A su vez, Malvestitti (2005) los considera dentro de la
categoría de elementos funcionales, relevando que son “morfemas que
funcionan a nivel pragmático, aportando sentidos no referenciales que
guían para la comprensión apropiada de los mensajes” (p. 196), destacan-
do diversos usos según el tipo de oración.
Por otro lado, los capuchinos Augusta (1903) y Moesbach (1962) los
describen como interjecciones, señalando que son “voces de emociones
o exclamaciones por impresiones repentinas”, o bien como “partículas de
adorno”, y les atribuyen distintos usos: para dar énfasis, complementar o
embellecer los elementos en la oración o el conjunto.
Catrileo (2010), asimismo, indica que los marcadores de interroga-
ción siguen otras clases de palabras y permiten indicar “preguntas que
se responden en forma afirmativa o negativa dependiendo del contex-
to”, permitiendo al hablante graduar el nivel de “conocimiento, interés o
duda” (p. 139) al momento de realizar una pregunta.
De manera preliminar, podemos dividir los marcadores discursivos
en tres grandes categorías: a) afirmación, b) interrogación, y c) duda o
dubitación. Algunos marcadores discursivos de afirmación son may, an´ay,
n´ay, nga, ka, ke, etc. A continuación se proveen algunos ejemplos para
estudiar su uso:
(117) a. Chageltu may!262 ‘¡Gracias pues!’
c. Fothü an´ay! ‘Chuta oye!’263
d. Fothü ‘qué pena, qué triste!’
e. Feley tati. ‘Eso es, así es.’
f. Felelay tati. ‘(eso) no es así.’
g. Fey ngati. ‘Ese mismo (es).’
h. Tüfey nga! ‘¡Ah, viste!’, ‘¡¿Ah, no ves?!’
i. Rupachi ka! ‘¡Quiero pasar!, puedo pasar, déjeme pasar, o
permiso’
j. Iñche ke… ‘yo sí… ’264
Dentro de los afirmativos, la partícula an´ay permite hacer partícipe
al interlocutor en lo que se está señalando, por eso se ha traducido como
‘hombre, amigo, etc.’. Véase el siguiente ejemplo para entender esta fun-
ción:
262 El agradecimiento también se expresa por medio de fentren mañuñ ‘muchas gra-
cias’ y mañum ‘gracias’ [mañumeyu: te agradezco].
263 La expresión ¡Ay, fothü! expresa dolor o preocupación.
264 Esta expresión no se escucha en la costa.
320
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
(118) Küme rulpange mi dungun an´ay!
küme rulpa-nge mi dungu-n an´ay
bien pasar-imp.2 poss.2s hablar-fnp part
‘¡Articule bien los sonidos, hombre!’
En el caso de los marcadores discursivos de interrogativo, entre
otros, se utilizan (k)am, amta, amchi, amfe, ama y kay. Algunos ejemplos de
uso de estos marcadores discursivos son los siguientes:
(119) a. ¿Eymi kay?
eymi kay
pron.2s part
‘¿Y tú?
b. ¿Amuaymi am?
amu-a-y-mi am
ir-fut-ind-2s part
‘¿Vas a ir?’
c. ¿Chem amchi?
chem amchi
qué part
‘¿Qué será?’, ‘¿Qué es eso? (se señala)’
d. ¿Iney amta eymi?
iney amta eymi
quién part pron.2s
‘¿Quién eres tú?’
e. Fey amfe!
fey amfe
ese part
‘Ah, eso es entonces; es él o ella entonces’
f. ¿Iney pingeymi ama?
iney pinge-y-mi ama
quién [Link]-ind.2s part
‘¿Cómo es que te llamas?’ (Zúñiga, 2006a)
g. ¿Kuan kay?
Kuan kay
K. part
‘¿Y Juan?’ (¿Dónde está? Me interesa saberlo) (Catrileo, 2010)
Finalmente, los dubitativos son pe, chey o chi y chiam. Algunos ejemplos
de uso:
321
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
(120) a. Füt´angepey chi?
füt´a-nge-pe-y chi
esposo-verb-prox-ind.3 part
‘¿Será tal vez que está casada?’
b. ¿Fey tüfa pe mi lifro?
fey tüfa pe mi lifro
ese esto part poss.2s libro
‘¿Será este tu libro?’
c. ¿Küpaafuy chiam?
küpa-a-fu-y chiam
venir-fut-ce-ind.3 part
‘¿Habrá venido o no?’ ‘¿podría ser que viniera?’ (Catrileo, 2010)
11. El predicado
11.1 ¿Qué es el predicado?
El predicado —recordemos— es uno de los componentes de una
cláusula. Efectivamente, es una de las partes centrales de la misma, pues
constituye su núcleo. Esto quiere decir que dependiendo del tipo de predi-
cado y sus características, podremos distinguir distintos tipos de cláusulas.
Si el predicado es de tipo nominal —es decir, su principal constituyente
es un sustantivo—, hablaremos de esa cláusula como nominal; en cambio,
si el predicado es de tipo verbal, nos referimos a esa estructura de orden
mayor como cláusula verbal.
En esta sección, abordaremos ambos tipos de predicados, tanto el
nominal como el verbal, pero dada la importancia que tiene el verbo en el
mapudungun, profundizaremos sobre este último en las siguientes sub-sec-
ciones.
Además del predicado, la cláusula contiene otros elementos, que son
los argumentos y los complementos. Estos elementos también nos ayudarán a
clasificar las cláusulas y sus predicados, especialmente respecto del núme-
ro de argumentos permitidos y realizados junto a un predicado específico.
En términos de su significado, el predicado puede referir a una activi-
dad, estado o propiedad. A modo de ejemplo, los verbos pingen ‘llamarse’,
umawtun ‘dormir’, amun ‘ir’ y thuthukatun ‘tocar la trutruca’ son actividades
o estados que pueden constituirse dentro una cláusula. De igual modo,
sustantivos y adjetivos como wenthu ‘hombre’, kelü ‘rojo’, y kim ‘sabio’ pue-
den predicar sobre propiedades de alguna persona o cosa y de este modo
constituirse en una cláusula.
322
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
En términos estructurales —vale decir respecto de sus estructuras
gramaticales—, el predicado requiere elementos que codifican o marcan
información sobre uno, dos o tres de los argumentos centrales. El número
de argumentos requeridos o instanciados, entonces, nos permitirá clasifi-
car los predicados y su núcleo verbal, como veremos más adelante.
De manera prototípica, en mapudungun, cuando el predicado se trata
de un verbo, este necesariamente tendrá una marca de sujeto en la forma
de una terminación verbal. El sujeto, siendo propiedad de la estructura
gramatical, puede referir a una entidad de la realidad, es decir, significar
un agente que inicia una acción o una entidad que sostiene un estado o
tiene alguna propiedad. Por ejemplo, en la cláusula Kañumil pingeymi ‘te lla-
mas Cañumil’, el verbo pingen ‘llamarse’ aparece con una marca, -ymi, que
significa ‘modo indicativo, segunda persona singular’ y que corresponde a
una terminación personal. Esta terminación refiere tanto al sujeto del verbo
como a una entidad que tiene un nombre específico, en este caso referida
también en la cláusula con el nombre propio Cañumil, y que corresponde
en este caso el interlocutor o segunda persona. En estos casos, cuando el
verbo marca solo un sujeto y un argumento lo denominamos intransitivo.
En otros casos, el predicado requiere dos funciones y dos argumen-
tos para poder expresarse. Ejemplos de este tipo de verbos son l´angümün
‘matar, asesinar’, wewün ‘vencer, ganar’ o kimeltun ‘enseñar’. En estos ca-
sos, el verbo puede marcar, además del sujeto, otra función sintáctica, de-
nominada objeto, dentro de la misma cadena morfológica. Estos verbos
que tienen tanto sujeto como objeto se denominan verbos transitivos. En
términos semánticos, los dos argumentos de este tipo de predicado son
denominados centrales (es decir necesarios) y prototípicamente refieren a
un agente o argumento más agentivo y a un paciente o argumento más pacientivo265.
A modo de ejemplo de un verbo transitivo, la cláusula wewfiñ tañi
peñi ‘vencí a mi hermano; le gané a mi hermano’ refiere a un agente que
es ‘primera persona singular’ o ‘el hablante’ y a un paciente tañi peñi ‘mi
hermano’. En términos morfosintácticos, el sujeto se instancia o realiza en
la forma -ñ ‘primera persona singular’ y el objeto en la forma -fi de tercera
persona, además de la frase nominal tañi peñi. La función del sujeto para
referir a un argumento más agentivo y la del objeto para uno más pacientivo es lo
esperable especialmente en casos donde los verbos dejan muy en claro que
se tratan de un agente y de un paciente. Esta alineación entre el dominio
morfosintáctico, por un lado, y el dominio semántico, por otro, se registra
265 En el marco investigativo llamado Gramática del Rol y la Referencia (Van Valin,
2005), los roles semánticos se encapsulan bajo dos macroroles: el ‘actor’ corresponde a los
argumentos más agentivos, mientras que el ‘padecedor’ a los más pacientivos.
323
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
en la Tabla 26, donde la terminología es distinta según el nivel de análisis
en que nos encontremos.
Dominio sintáctico Dominio semántico
Sujeto Actor, argumento prototípicamente más ‘agentivo’
Objeto Padecedor, argumento prototípicamente más ‘pacientivo’
Tabla 26: Terminología según el tipo de dominio lingüístico.
A pesar de lo anterior, hacemos una salvedad al señalar que esta es la
regla “de manera prototípica”, puesto que puede haber excepciones, como
es el caso de verbos transitivos que refieren a experiencias y necesitan un
experimentador y un estímulo. En términos generales, podríamos decir que
el experimentador es el argumento más agentivo y el estímulo, el argumento más
pacientivo, por lo que se referirán en el verbo por el sujeto y el objeto res-
pectivamente. Ejemplo de esto es el verbo ayin ‘gustar, querer’, donde la
expresión ayifiñ ‘me gusta’ tiene un sujeto como experimentador (el sufijo
-ñ que significa ‘primera persona’) y un objeto como estímulo (el sufijo -fi
que significa ‘tercera persona’).
(121) Ayifiñ.
ayi-fi-ñ
gustar-obj.3-ind.1s
‘Me gusta (él o ella)’
Este patrón de alineación entre el sujeto expresando lo agentivo, por
un lado, y el objeto expresando lo más pacientivo, por otro, tiene sus excep-
ciones en algunos verbos, donde la alineación se invierte. Un ejemplo es
el verbo tuten ‘ser bueno, ser de agrado’, que codifica el estímulo como sujeto
(-ñ ‘primera persona’) y el experimentador como objeto (-fi ‘tercera persona’):
(122) Tutefiñ.
tute-fi-n
[Link]-obj.3-ind.1s
‘Le caigo bien.’ ~ ‘Le provoco agrado.’
Más adelante veremos que en mapudungun esta equivalencia entre su-
jeto + argumento más agentivo y objeto + argumento más pacientivo también se ve
influida por el fenómeno de la inversión, que en pocas palabras refiere a
324
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
una preferencia del sujeto de referir siempre a la primera y segunda per-
sona en su interacción con una tercera persona, sin importar si refieren a
un argumento más agentivo o pacientivo. Es decir, la inversión refiere a una
neutralización de la referencia argumental (paciente y agente) en el rol
sintáctico de sujeto, debido a fenómenos discursivos y referenciales. Lo
mismo ocurre cuando interactúan dos terceras personas, donde se privile-
gia aquella que es tópico del discurso frente a la otra que no lo es.
12. “Lengua del verbo”
o marcación en el núcleo
Una característica importante del mapudungun, si lo comparamos con
su atributo de lengua aglutinante y polisintética, es el hecho de ser una
lengua de marcación en el núcleo. En pocas palabras, esto quiere decir que, si
comparamos un verbo conjugado en mapudungun con la misma estructura
en castellano, nos percataremos que la versión hispana se realiza por me-
dio de una oración compuesta de varias palabras. Por ejemplo, la oración
en (123) se expresa en mapudungun con una sola palabra clausal (es decir,
que en su estructura refiere tanto a predicado, argumento y complemen-
tos); en cambio, la misma oración en castellano requiere una batería de
estructuras morfosintácticas.
(123) Kathütupapelayu.
kathü-tu-pa-pe-la-yu
cortar-apl-loc-prox-neg-ind.1d
‘(nosotros dos) habremos venido a interrumpir (tu actividad)’
(Llamin, 1985, p. 13).
Este carácter expresivo del verbo en mapudungun no pasó inadvertido
para los estudiosos de esta lengua en el siglo pasado, como podemos perci-
bir de la siguiente cita de Moesbach (1962) respecto de la complejidad del
verbo frente a las otras clases de palabras del mapudungun:
Echando una mirada de conjunto sobre las diversas clases de
palabras (...), y sus funciones dentro de la oración, el espíritu
se halla de repente delante del cuadro de una antigua ciudad; la
fantasía le aparenta una multitud de casas humildes, cada cual
de condición propia, pero de impresión sorprendentemente
concorde, todas situadas alrededor de la gruesa mole de una
325
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
catedral majestuosa, la que domina por completo y unifica la
multiforme variedad circundante. (…) El verbo mapuche con
su inmensa riqueza de formas y su potencia expresiva casi sin
límites, sobrepuja en mucho la posible aplicación de las demás
partes de la oración. El idioma mapuche por antonomasia es
lengua del verbo. (p. 34; compárese esta cita con la imagen 13)
Imagen 13: Grabado de William Aubrey de 1878, que remite a la metáfora arqui-
tectónica sobre las clases de palabras del mapudungun realizada por Moesbach y
que se cita en esta subsección.
El concepto de marcación en el núcleo es la traducción del inglés
head-marking language y quiere decir que la información sobre los argumen-
tos se codifica por medio de marcas en el núcleo de la cláusula principal.
Específicamente, en mapudungun, son una serie de sufijos que se realizan en
el verbo e indican, por ejemplo, quien realiza y padece una acción, además
de información de modo y número266. Al producirse un verbo con estas
estructuras que remiten a información de personas y cómo estas están
interactuando, cualquier otra información expresada por otros medios,
como un pronombre personal o una frase nominal, se vuelve afectada o
suplementaria, por lo que su realización se torna opcional; y cuando ocu-
rre, puede estar expresando un énfasis por parte del hablante respecto de
266 Estos sufijos han recibido diversas denominaciones en la literatura: terminaciones
personales (Zúñiga, 2006a), marcadores personales (Smeets, 2008), sufijos de modo, persona y número
(Salas, 1971), flexión verbal obligatoria finita (Salas, 2006[1992b]). Haspelmath (2013) reciente-
mente propone el término índice para este tipo de forma personal obligatoria.
326
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
quienes participan del acontecimiento narrado. En la cláusula del ejemplo
(124), se registra el verbo con una terminación -fiñ ‘yo a él’ (en subrayado),
además de frases nominales en la forma de pronombres personales iñche
‘yo’ y fey ‘él’ (en bastardillas):
(124) Iñche eluafiñ ta fey.
iñche elu-a-fi-n ta fey
pron.1s dar-fut-obj.3-ind.1s mod ese
‘Se lo daré a él.’
Las frases nominales constituidas por los pronombres iñche y fey son
facultativas en la expresión, pudiéndose expresar el mismo significado es-
tructural o gramatical con la siguiente expresión:
(125) Eluafiñ.
elu-a-fi-n
dar-fut-obj.3-ind.1s
‘Se lo daré’
Otro efecto de la marcación en el núcleo que posee el verbo ma-
puche es la posibilidad de, en términos comparativos, expresar en una
sola unidad lingüística lo que en otro idioma requiere varias estructuras y
formas:
(126) Eluafiñ.
elu-a-fi-n
dar-fut-obj.3-ind.1s
‘Se lo daré.’
(127) Eluenew.
elu-enew
dar-ind.3>1
‘(Él o ella) me lo dio.’
(128) Kimeltulelafen.
kimel-tu-lel-a-f-en
enseñar-apl-apl-fut-ce-ind.2>1
‘Se lo enseñarías (a alguien) por mí.’
Como se puede apreciar en los ejemplos, las palabras se constituyen
en expresiones de un orden mayor, el de la cláusula, al expresar no solo
el predicado con su información lexical y aspectual, sino que también los
327
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
argumentos (en este caso de dos a tres) que participan en la situación
comunicada. Es por eso que decimos que el verbo en mapudungun es una
estructura de orden clausal, al poder registrar no solo la información léxica
sino que también más de un argumento en una sola palabra.
13. Predicado no verbal
En mapudungun, una cláusula puede contener un predicado no verbal,
que se expresa por medio de la aposición o yuxtaposición de dos frases no-
minales, donde una funciona como predicado y la otra como argumento.
Cuando esto ocurre, la conformación de esta estructura sintáctica expresa
la idea de relación o equivalencia entre ambos grupos de palabras. El nom-
bre de estas estructuras puede ser oración nominal, predicado nominal, cláusula
no verbal, etc.
En castellano, una estructura similar ocurre cuando se unen dos fra-
ses nominales para expresar equivalencia entre ellas; por ejemplo, al decir:
‘educado, el niño’, queriendo señalar: ‘el niño es educado’. Pero normal-
mente estas estructuras suelen ser exclamaciones, es decir, entregan mayor
información sobre la actitud del hablante respecto de lo que está señalan-
do; en cambio, en mapudungun, son oraciones más neutras.
En mapudungun, los predicados no verbales son de equivalencia; es
decir, expresan una relación de igualdad entre un predicado y un argu-
mento.
(129) Müna ayifal mapu tüfa.
müna ayi-fal mapu tüfa
mucho querer-adj tierra este
‘Tierra muy querible [es] esta.’ (Blanco et al, 1987, p. 40)
En el ejemplo, la frase nominal müna ayüfal mapu ‘tierra muy que-
rible’ entra en una relación de equivalencia con el pronombre tüfa ‘esta,
esto’.
El uso de partículas discursivas y otras formas clíticas permite am-
pliar y precisar el significado de estas estructuras sintácticas (véase 10.2).
Por ejemplo, el enclítico no ‘negación’ permite negar la relación de equiva-
lencia establecida en la estructura predicativa no verbal:
328
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
(130) Che no ta tüfa.
che no ta tüfa
persona neg mod este
‘Persona no [es] este.’ (Cayulao et al, 1987)
Otras partículas de interrogación permiten indicar que el hablante
requiere una respuesta a una pregunta. Por ejemplo, con la presencia de
partículas discursivas como am ‘acaso’ o chey ‘quizás’ que se suelen usar en
expresiones interrogativas:
(131) ¿Iñey ürke am ta eymi?267
iney ürke am ta eymi
quién part part mod pron.2s
‘¿Quién eres tú?’ (Llamin, 1987d)
(132) ¿Chumngechi wenthu chey?268
cómo hombre part
‘¿Qué clase de hombre será?’ (Cayulao, 1989)
(133) ¿Eymi no am chey, anay püñeñ?269
eymi no am chey anay püñeñ
pron.2s neg part part part hijo
‘¿No es usted, hija mía?’ (Aguilera et al., 1986)
En otros casos, se puede afirmar la relación por medio de un clítico
compuesto como lhemay ‘ciertamente pues’.
(134) Iñche lhemay.
iñche lhe-may
pron-1s part-part
‘Yo soy (precisamente, ciertamente).’ (Aguilera et al., 1986)
14. Tipos de verbos
La mayoría de las cláusulas en mapudungun se expresan por medio de
una frase verbal, que consiste en un predicado cuyo núcleo es el verbo. En
adelante, clasificaremos los tipos de verbos del mapudungun de acuerdo con
267 La expresión en la costa es Iñirke am ta eymi?
268 La expresión en la costa es Chumngechi wenthu pe kam? o Chumngechi wenthungey chi?
269 La expresión en la costa es Eymi no am iñche ñi püñeñ?
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pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
una serie de aspectos de tipo gramatical, semántico y discursivo-pragmático
(Dixon y Aikhenvald, 2000) que se interrelacionan e interactúan para poder
comprender la diversidad de estructuras y expresiones posibles en la lengua.
La estructura básica de un verbo se compone de una base verbal, que
puede corresponder a una o más raíces léxicas, y una terminación, que es un
sufijo de persona, que también entrega información sobre modo y núme-
ro. Esta estructura básica es obligatoria para la mayoría de las expresiones
que forman cláusulas con predicados verbales en mapudungun.
De igual modo, esta estructura morfológica que se ha descrito nos
permite clasificar los verbos en virtud del número de personas que pue-
den referirse por estas terminaciones. En específico, existen dos tipos de
verbos en mapudungun: los monopersonales y los bipersonales (Zúñiga, 2006b).
A continuación, describiremos a grandes rasgos la diferencia de ambos
tipos, puesto que en las siguientes sub-secciones conoceremos cuáles son
los sufijos de estos dos tipos verbales.
Un verbo es monopersonal cuando la terminación de la estructura básica
verbal indexa información de una sola persona gramatical; es decir, el ha-
blante, el interlocutor o una tercera persona. Una forma como amun ‘(yo)
fui, voy’ es monopersonal, puesto que el sufijo -n indexa información del
hablante como participante principal del acto de habla. En este ejemplo, la
persona gramatical expresada por la terminación es singular; no obstante,
un verbo monopersonal también tiene esta categoría cuando se trata de
una persona dual o plural, como es el caso en: amuyu ‘(nosotros dos) va-
mos, fuimos’ o amuiñ ‘(nosotros plural) vamos, fuimos’.
El segundo tipo de verbo es el bipersonal. En este caso, la terminación
indexa información sobre dos personas. Por ejemplo, un verbo biperso-
nal como dungueyu ‘te hablé’ refiere al hablante y a su interlocutor, en una
relación que en términos semánticos indica que uno es quien realiza el
acto de habla y el otro es quien escucha. Es posible integrar en este tipo
de relaciones del predicado a la tercera persona, al expresar por ejemplo
dunguenew ‘(él/ella) me habló’.
En esta clasificación, hemos usado solamente información gramati-
cal para separar los verbos en dos categorías. Pero también es posible in-
corporar información del dominio semántico, en cuyo caso hablamos del
predicado y sus argumentos. Es posible clasificar los verbos en mapudungun
de acuerdo con el número de argumentos que pueden codificar o indexar
en su estructura morfológica. Es decir, por medio del análisis gramatical y
semántico, estableciendo cómo interactúan estos dos dominios, podemos
establecer una taxonomía de verbos en mapudungun que nos permite iden-
tificar patrones gramaticales y también semánticos.
330
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
En primer lugar, recordemos la definición de argumento: una entidad
que inicia o experimenta un evento o actividad, o tiene alguna propiedad.
La definición de argumento entonces necesariamente remite a un predicado,
que es ese evento, actividad o propiedad. En términos prototípicos, es
decir, en el campo de las nociones y conceptos, el argumento, dependiendo
del tipo de predicado, lo podemos asociar a un agente, especialmente en
verbos de acción. De igual modo, hay verbos de acciones que tienen dos
argumentos, ya que hay una transferencia de la actividad que indica el pre-
dicado, desde el agente a un paciente.
En otros predicados, por ejemplo, de percepción o experiencia de la
realidad, por medio de una metáfora es posible señalar que quien percibe,
el experimentador, está más cercano al rol de agente (sin serlo), y lo per-
cibido está en un rol de paciente, sin serlo, puesto que no hay cambio o
transformación en el estímulo, al ser percibido.
En estos términos semánticos, es posible dividir los predicados ver-
bales en cuatro tipos: no argumentales o avalentes; monoargumentales o
monovalentes; biargumentales o bivalentes y triargumentales o trivalentes.
De igual modo, para estos efectos, si el verbo es avalente o monovalente
también lo podemos denominar intransitivo; en cambio, cuando el verbo
refiere a dos o más argumentos, lo llamaremos transitivo. Esto es útil por-
que en los diccionarios de mapudungun, se suele entregar esta propiedad del
verbo, señalando si es transitivo o intransitivo.
Dominio Dominio
Nivel de la realización
morfosintáctico semántico
sin argumento – avalente Mawün´i ‘llueve’
un argumento – monovalente Amun. ‘(Yo) fui’
Monopersonal
Nien mari thipantu. ‘(Yo)
dos argumentos – bivalente
tengo diez años’
Kimnieeyu. ‘(A tí) te
dos argumentos – bivalente
conozco’
Bipersonal
Niyeleleyu kiñe dungu.
tres argumentos – trivalente
‘te tengo una cosa’
Tabla 27: Tipos de verbos según dominios sintácticos y semánticos.
En mapudungun, además de ser importante el tipo de predicado, para
clasificar los verbos debemos considerar una jerarquía de relevancia semánti-
co-discursiva (Zúñiga, 2006b), que aquí solo advertimos, sin entrar a detallar-
la, puesto que se introduce y discute más adelante en su respectiva sección.
331
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
14.1 Monopersonales
Recordemos que el primer tipo de verbo refiere a los monopersonales,
que en términos estructurales se componen de manera mínima de una raíz
o base léxica más una terminación que indica la persona. A continuación,
describiremos cómo los verbos monopersonales permiten referir a distin-
tos tipos de cláusulas, específicamente respecto del número de argumen-
tos. Posteriormente señalamos cuáles son los sufijos que componen las
terminaciones de verbos monopersonales.
De acuerdo con la Tabla 27, los verbos monopersonales se dividen en
aquellos que refieren a 1) un predicado no-argumental, también denomi-
nado avalente, 2) un predicado con un solo argumento, monoargumental
o monovalente, y finalmente, 3) a un predicado que requiere dos o más
argumentos: bivalente o polivante, según la situación o acción referida.
En el primer caso (de expresiones avalantes), nos referimos especial-
mente a verbos que indican fenómenos atmosféricos, porque no tienen un
argumento semántico que sea el iniciador de la acción o situación referida
por el verbo; no obstante, la estructura morfológica requiere y exige un
marcador de persona. En (135), este marcador es la terminación -y de
tercera persona, que no está refiriendo a algo en la realidad, sino que sola-
mente cumple un cometido morfosintáctico.
(135) Mawün´küley
mawün´-küle-y
lluvia-est-ind.3
‘está lloviendo’
En el segundo caso, se trata de verbos intransitivos que se realizan
con terminaciones monopersonales, y que refieren solo a un argumento, ge-
neralmente actor, como es el caso del siguiente ejemplo que indexa o mar-
ca una persona dual.
(136) Thuf-Thuf müleymu.
T. müle-y-mu
T. estar-ind-2d
‘(Ustedes dos) viven en Truftruf.’
El tercer caso refiere a verbos transitivos que ocurren con termina-
ciones monopersonales. En este caso, hay dos o más argumentos en la estruc-
332
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
tura semántica, pero típicamente se marca solo uno como sujeto, que suele
ser un agente o experimentador. El rol de objeto no aparece marcado en el
verbo. Esta situación se ha relacionado con que este segundo argumento
más pacientivo tiene una baja animacidad (es un objeto, por ejemplo y no
una persona) o poca definición en el discurso (es decir, no ha sido men-
cionado antes). En algunos casos, incluso es posible incorporar un tercer
argumento con un significado de receptor en la estructura clausal.
(137) Feyti pu che kintuyngün meñkuwe muday.
fey-ti pu che kintu-y-ngün meñkuwe270 muday.
ese-mod pl gente buscar-ind.3-pl cántaro muday
‘Las personas buscaron el cántaro de muday.’
La clave para comprender esta clase de monopersonales es que no
hay una marca en el verbo que exprese este segundo argumento, por eso
se señala que sigue siendo monopersonal, al referir solo al sujeto. A modo de
reiteración, señalamos que el objetivo de no marcar al segundo argumento
en la estructura verbal, se lo ha asociado a una devaluación de la relevancia
de este argumento, debido a su poca importancia en el discurso o a que es
evidente o esperable su existencia.
(138) Ka dewmakeyngün withuwe.
ka dewma-ke-y-ngün withu-we
otro hacer-hab-ind.3-pl lanzar-inst
‘También hacen hondas.’ (Aguilera et al., 1987b, p. 1)
(139) Eymi chaw rüf kimimi kom dungu.
eymi chaw rüf kim-i-mi kom dungu
pron.2s padre verdadero saber-ind-2s todo asunto
‘Ud. padre de verdad sabe sobre todos los asuntos.’
(Llamin, 1987a, p. 12)
Respecto de cuáles son las formas verbales monopersonales, la Tabla
28 organiza las 27 terminaciones. Se ordenan, en primer lugar, respecto de
la primera, segunda y tercera persona, indicadas por el número respectivo
en la primera columna. En este lugar, además, se indica por medio de una
letra y bandas de colores el número de cada persona: “s” o singular con
270 Para la palabra meñkuwe ‘cántaro’, se propone el siguiente análisis morfológico
a partir del verbo meñkun ‘cargar sobre las espaldas’ (Augusta, 1916):
menku-we
[Link]-inst
‘aquello que se carga en las espaldas’
333
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
fondo blanco, “d” o dual con fondo gris, y “p” y plural con el fondo gris
oscuro. Las tres columnas separan los modos verbales: indicativo, con-
dicional e imperativo. Cada una de estas categorías se verá en su sección
correspondiente más adelante.
Indicativo Condicional Imperativo
1s -n -li -chi
2s -ymi -lmi -nge
3s -y -le -pe
1d -yu -liyu -yu
2d -ymu -lmu -mu
3d -y, -yngu -le engu -pe engu
1p -iñ -liyiñ -iñ
2p -ymün -lmün -mün
3p -y, -yngün -le engün -pe engün
Tabla 28: Terminaciones monopersonales del mapudungun271.
De igual modo, desde ya podemos señalar que las terminaciones, así
presentadas y nombradas, representan unidades de nivel pedagógico; es
decir, corresponden a un análisis básico o inicial de este tipo de formas
gramaticales. Más adelante, descubriremos que es posible descomponer
la morfología de cada una de estas terminaciones, evidenciando una es-
tructura interna más compleja. Esto se ve en 14.3, más adelante, una vez
advertidas y señaladas las formas bipersonales a continuación.
14.2 Bipersonales
Los verbos bipersonales se caracterizan por realizarse por medio de
una serie de terminaciones que permiten expresar dos argumentos en la es-
tructura morfológica verbal. Las terminaciones bipersonales consisten en
ensambles morfológicos que se sustentan en los sufijos de persona, modo
y número, además de una serie de sufijos que permiten indicar el tipo de
relación argumental entre las personas. De igual modo, es posible notar en
la composición interna de los bipersonales los mismos sufijos que apare-
cen en la estructura de los monopersonales, lo que permite dar sustento
al tipo de constitución morfológica de las terminaciones del mapudungun,
271 En la tabla, se han añadido las formas -yngu e -yngün tanto para la forma dual
como la plural de tercera persona. Cabe señalar que esta marca es opcional en muchos
casos y contextos, y se agrega aquí para mayor claridad.
334
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
además de la presencia de sufijos especiales que colaboran en su significa-
do, lo que se profundizará más adelante en 14.3.
Por medio de una sola terminación, el mapudungun es capaz de indicar
tanto la persona que realiza la acción, así como la persona que la sufre o
sostiene. Hablamos de acción, en este caso, desde un punto de vista se-
mántico; es por eso que, para explicar la relación a la que refiere un verbo
bipersonal, usamos acciones que son prototípicamente de transición, es
decir, donde hay una persona que realiza una acción que afecta a otra
persona. Por lo general, para explicar esta relación se dan ejemplos con
verbos que de manera evidente se expresan un cambio en la persona que
sufre o a quién se dirige esa acción; verbos como l´angümün ‘matar’, wülelün
‘golpear’, ünatun ‘morder’, etc.
De esta forma, queda evidente, por ejemplo, en el verbo morder (“ac-
ción), quién es la persona o animal que muerde (“agente”) y quién es el
que sufre esa mordida en su cuerpo (“paciente”). En otros tipos de verbos,
esta relación es más bien abstracta o menos concreta; por ejemplo, en un
verbo como saber, la persona que sabe se puede identificar con una especie
de participante que es más activo, pero desde un punto de vista experien-
cial (“experimentador”); en cambio, aquello que es sabido se puede iden-
tificar con una especie de participante que es más pacientivo (“estímulo”).
A continuación, veremos algunos ejemplos en mapudungun para clari-
ficar estos tipos de relaciones:
Con el verbo ünatun ‘morder’ y el sufijo -eymew ‘acción de una tercera
persona a una segunda persona (de él a ti)’ es posible expresar lo que se
indica en la siguiente cláusula:
(140) Ünatueymew thewa.
ünatu-eymew thewa
morder-ind.3>2s perro
‘(A ti,) te mordió el perro.’
Otro ejemplo de terminación bipersonal es el sufijo complejo -fiñ, el
cual se compone del sufijo -fi y el sufijo -n (que en este contexto morfo-
fonológico particular se realiza como -ñ). De igual modo, la terminación
-enew, se puede descomponer en los morfemas -e, -n de primera persona
y -ew:
335
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
(141) Iñche kimfiñ ñi rume füren ti mamülh272.
Iñche kim-fi-n ñi rume füre-n ti mamülh
pron.1s saber-obj.3-ind.1s poss.2s mucho fuerte-fnf mod madera
‘Yo sé que es muy fuerte este árbol/madera.’
(Llamin, 1987b, p. 20)
(142) Dilayaenew.
di-la-ya-enew
alcanzar-neg-fut-ind.3>1s
‘(él o ella) no me alcanzará.’ (Canio, 1987, p. 29)
Por lo general, las terminaciones bipersonales se ordenan en una ta-
bla compleja, donde las filas ordenan o enlistan las tres personas cuando
refieren a un argumento más agentivo; y en las columnas se disponen las
personas cuando refieren a un argumento más pacientivo. A continuación,
con el objetivo de poder explicar cómo leer este tipo de tabla se ordenan
solamente algunas terminaciones bipersonales básicas.
Monopersonal Bipersonal
> 1s > 2s > 3s
1s -n --- -eyu -fiñ
2s -ymi -en --- -fimi
3s -y -enew -eymew -fi / -eyew
Tabla 29: Terminaciones monopersonales y bipersonales en el número singular.
En esta tabla, la primera columna señala las tres personas de número
singular, identificadas con las abreviaturas 1s ‘primera persona singular’,
2s ‘segunda persona singular’, y 3s ‘tercera persona singular’. En el caso
de número dual y plural, las abreviaturas serían 1d, 2d, 3d y 1p, 2p y 3p.
En la segunda columna, titulada monopersonal, se indican las terminacio-
nes monopersonales ya estudiadas en la sub-sección previa. La siguiente
columna (bipersonal) hace lo propio respecto de las formas bipersonales,
pero se separa en tres posibilidades dependiendo de la persona que refiere
a un argumento más pacientivo: >1s ‘a primera persona’, >2s ‘a segunda
persona’ y >3s ‘a tercera persona’. El símbolo “>” indica que la acción es
recibida por esa persona.
En color más ennegrecido, la relación 1s>1s y 2s>2s no tienen una
forma bipersonal, puesto que se entiende que es la misma persona actuan-
do sobre sí misma (se puede revisar este tema en la sección sobre sufijos
272 Una expresión equivalente en la costa sería Iñche kimfiñ fente füren ti mamülh, con
el mismo significado.
336
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
verbales; específicamente, sobre el sufijo -w). En la zona menos ennegreci-
da, apreciamos las distintas terminaciones bipersonales. La segunda perso-
na actuando sobre primera persona (2s>1s) se realiza con la terminación
-en; la tercera persona actuando sobre la primera persona (3>1s) se realiza
con la terminación -enew. Ejemplos de estas formas con el verbo kimeltun
‘enseñar’, se verifican a continuación:
(143) Kimeltuen.
kimel-tu-en
enseñar-apl-ind.2s>1s
‘(tú) me has enseñado.’ 2s → 1s
(144) Kimeltuenew.
kimel-tu-enew
enseñar-apl-ind.3>1s
‘(él o ella) me enseñó.’ 3 → 1s
La relación semántica entre el rol que cumple una persona y la otra
se grafica con una flecha o con otro signo relacionado; por ejemplo, “→”
o “>”. Esto quiere decir que la persona a la izquierda tiene una relevancia
mayor que la de la derecha en términos semánticos, ya sea porque es el
agente o tiene el rol más activo, considerado desde un punto de vista cul-
tural. Por ejemplo, en el verbo kimeltun ‘enseñar’, semánticamente se releva
al enseñante (quien realiza la acción de enseñanza) en lugar del enseñado
(quien la recibe o aprovecha la enseñanza).
En términos estructurales, la persona relevada es la que está más alta
en una escala de referencia jerárquica. Este asunto lo relevaremos en una
subsección más adelante; especialmente, tras revelar la estructura interna
de las terminaciones. Baste señalar en este lugar solamente la nomenclatu-
ra que se utiliza para referir a la relación que se establece entre las personas.
En el caso de cláusulas cuyos predicados tienen 3 argumentos, el
verbo, además de contar con una terminación, tiene un sufijo que permite
alterar la estructura argumentativa incorporando un tercer argumento, por
medio de uno de los cuatro aplicativos que existen en la lengua (consúltese
la sección 20.2 de Morfosintaxis).
A continuación, profundizaremos en las terminaciones y su estruc-
tura interna.
337
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
14.3 Estructura interna de las terminaciones
Las terminaciones en mapudungun han recibido diversos nombres en
la tradición de estudios sobre el mapudungun. A fin de facilitar nuestra ex-
posición, las denominaremos terminaciones personales. Es pertinente recor-
dar que las terminaciones son ensambles de morfemas, es decir, se componen
de varios sufijos que indican información gramatical relacionada con el
modo, la persona y el número, además de haber algunas terminaciones
que no tienen esta composición interna, sino que se realizan con una sola
forma integradora de estos significados.
Considérese el siguiente esquema para visualizar y comprender las
terminaciones personales y su composición interna:
terminación modo persona número
ind.1s -n -n
ind.1d -yu -y -i -u
ind.1p -iñ -y -i -n
ind.2s -ymi -y -m -i
ind.2d -ymu -y -m -u
ind.2p -ymün -y -m -n
ind.3 -y -y ∅ ∅
Tabla 30: Composición morfológica de las terminaciones
monopersonales en el modo indicativo.
Nótese en la tabla 30 que el sufijo -n ‘indicativo primera persona sin-
gular’ no puede descomponerse en los significados discretos correspon-
dientes a modo, persona y número. En la forma fonológica de este sufijo
se encuentran fusionados estos tres significados de indicativo, persona y
número. En la literatura, este tipo de sufijo se denomina sufijo compuesto
o morfema portmanteau, que corresponde a una sola unidad lingüística que
expresa varios significados.
La palabra portmanteau, cuyo significado literal es “portamantos” y
refiere a una “maleta de equipaje”, es una metáfora morfológica que re-
fiere a la capacidad de una sola forma fonológica (“la maleta”) de agrupar
varios significados discretos (“el equipaje”), y es la base de la definición
tipológica de las lenguas fusionales. Como se puede apreciar en el modo
indicativo, solamente el sufijo -n tiene esta propiedad.
En el caso de -ymi, la terminación de indicativo segunda persona sin-
gular queda más evidente su característica compositiva, al corresponder
338
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
de manera discreta cada uno de los fonemas a un significado gramática
inscrito en las categorías de modo, persona y número. Esto se descubre
al comparar todas las terminaciones entre sí y evidenciando equivalencias
entre forma y significado, como ocurre, por ejemplo, en los significados
de -y como indicativo, -m como segunda persona, -u como dual, -n como
plural, etc. La existencia de una forma cero, graficada con el símbolo “∅”,
viene a confirmar la existencia de un espacio o casillero, donde de manera
sincrónica no se realiza un morfo con forma fonológica, sino que con
forma silenciosa o “sigémica” (Andrews, 2003).
Esta descomposición de las terminaciones, debemos recordar, co-
rresponde a una hipótesis morfológica y como tal nos permite hacer
predicciones (Pavey, 2010); por ejemplo, predicciones acerca de cómo se
llegaron a constituir estas formas en la historia de la lengua ―estudio lla-
mado diacrónico―, o para comparar con otras formas de la lengua. Como
hipótesis que son, deben contrastarse con nuevos datos en todo momen-
to; por lo tanto, no son estables y es posible que varíen entre distintos es-
tudios, como visualizaremos más adelante al hacer una comparación entre
las formas identificadas en la literatura para las terminaciones llamadas
bipersonales.
A continuación describiremos los significados de modo, persona y
número de las terminaciones para aportar de ese modo al entendimiento
de estas formas y significados, tan frecuentes cuando estudiamos y habla-
mos respecto del verbo en mapudungun.
14.4 Modos
De acuerdo con Dixon (2010), algunas lenguas tienen un sistema
morfológico que indica el tipo de acto de habla que expresa la oración,
esto se denomina modo. En el caso del mapudungun, el modo se marca en
todas las terminaciones del verbo, junto con la persona, y en algunos casos el
número. Tradicionalmente, se describen tres modos, denominados indicati-
vo, imperativo y condicional, para las terminaciones mapuche.
En estricto rigor, solo las dos primeras —indicativo e imperativo—, co-
rresponden a lo que Dixon (2010) denomina modos, puesto que el condicio-
nal se trata de un tipo de marca sintáctica que permite formar una cláusula
subordinada, con valor condicional o hipotético, y que complementa a una
cláusula independiente.
A pesar de estas salvedades, en términos estrictamente morfológicos,
es conveniente agrupar las terminaciones en estos tres “modos”, ya que el
339
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
análisis permite develar la existencia de tres sufijos que operan en la rea-
lización de las terminaciones y que corresponden a estos significados: -y
indicativo, ‑l condicional y ∅ imperativo. A continuación, describiremos
brevemente, cada uno de los modos, con ejemplos.
14.4.1. Indicativo
El modo indicativo, también denominado forma primitiva o no marca-
da, permite formar oraciones declarativas, es decir, una aserción sobre un
evento real. Al ser la forma no marcada, es apropiadamente la que aparece
en primer lugar en los paradigmas que dan cuenta de las terminaciones del
mapudungun, como hemos visto en las distintas tablas que acompañan este
documento, así como el verbo por defecto en narraciones para expresar
eventos en primer plano (Croese, 1984).
El tiempo al que refiere el modo indicativo no es en estricto rigor
pasado, sino que más bien, al traducir las oraciones que tiene un verbo en
modo indicativo en mapudungun se utiliza esa equivalencia en el castellano.
Varios estudios del mapudungun han dado cuenta que la diferencia entre
las terminaciones del modo indicativo del mapudungun y el castellano es en
cuanto al aspecto o la estructura temporal interna de un evento (Croese,
1984; Smeets, 2008). En la Tabla 30, se encuentran las terminaciones de
este modo gramatical.
En el caso del mapudungun, la forma primitiva, sin otros sufijos verba-
les, expresa el aspecto perfectivo, el cual se sobreentiende o infiere como
una acción realizada en su totalidad o hasta su completitud.
(145) Puwüli kiñe kareta kachilha.
puw-l-i kiñe kareta kachilha
[Link]á-caus-ind.3 una carreta trigo
‘Llegó allá con una carreta llena de gavillas de trigo seco para la
trilla” (Cayulao et al., 1983, p. 21)
En algunos verbos, debido a su significado, la idea de perfectivo no
es tan clara:
(146) Tapüle miyawpan.
ta-püle miyaw-pa-n
mod-post andar-loc-ind.1s
‘Ando por acá’.
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. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
De igual modo, desde el punto de vista léxico, Croese (1984) señala
que en el caso de verbos dinámicos la traducción al castellano tenderá
hacia el pasado; en verbos estáticos, en cambio, hacia el presente. A conti-
nuación, se dan dos ejemplos:
(147) Juan amuy Temuko mew
J. amu-y T. mew
J. ir-ind.3 T. post
‘Juan fue a Temuco.’ (Croese, 1984, p. 69)
(148) Iñche kimün chew ñi mülemum María273.
iñche kim-ün chew ñi müle-mum M.
pron.1s saber-ind.1s dónde poss.3s estar-fnf M.
‘Yo sé donde estuvo viviendo María.’ (Croese, 1984, p. 69)
En el caso de la forma kimün es importante señalar que el sufijo -n se
realiza como -ün tras una consonante. De igual modo, el sufijo -y se realiza
y escribe como -i en este mismo contexto.
14.4.2. Imperativo
En la tabla 31, se indican las terminaciones del modo imperativo,
además de un análisis morfológico de los distintos constituyentes. En el
caso de -chi, -nge, -pe, las formas son monomorfémicas.
Terminación modo persona número
imp.1s -chi -chi
imp.1d -yu ∅ -i -u
imp.1p -iñ ∅ -i -n
imp.2s -nge -nge
imp.2d -mu ∅ -m -u
imp.2p -mün ∅ -m -n
imp.3 -pe -pe
Tabla 31: Composición morfológica de las terminaciones
monopersonales en el modo imperativo.
273 Una expresión equivalente es Iñche kimün chew ñi mülen María. ‘Yo sé dónde estu-
vo viviendo María’.
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pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
El modo imperativo cumple diversas funciones dependiendo de la
persona a la cual se dirige este modo. En el caso de la segunda persona,
refiere a una orden directa:
(149) Withange!
witha-nge
[Link]-imp.2s
‘Levántate’
(150) Longkontukunge tañi pifiel.
longko-ntuku-nge ta-ñi pi-fiel
cabeza-colocar-imp.2s mod-poss.1s decir-fnp
‘Métete en la cabeza lo que te he dicho’ / ‘Internaliza en la cabeza
lo que te he dicho’ (Aguilera et al., 1987a, p. 2)
(151) Newentu rüngkükonnge!
newen-tu rüngkü-kon-nge
fuerza-adv saltar-entrar-imp.2s
‘Salta adentro bien fuerte!’ (Aguilera et al., 1987a, p. 5)
En el caso de la primera persona, el imperativo indica la intención
de un deseo. En términos pragmáticos, esto puede entenderse como un
permiso:
(152) Rupachi!
rupa-chi
pasar-imp.1s
‘Voy a pasar, deseo pasar, permiso.’
(153) Chongümfichi?274
chong-üm-fi-chi
apagar-caus-obj.3-imp.1s
‘Voy a apagar (las luces)’.
Que el imperativo es parte de las terminaciones es evidente al com-
parar las formas de segunda persona dual y plural, que cuando significan
orden no se realizan con el sufijo de -y de indicativo:
274 Una expresión equivalente es Chongümafiñ.
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. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
(154) Konkintumün chi pu chalha275.
kon-kintu-mün chi pu chalha
entrar-observar-imp.2p loc pl olla
‘Miren ustedes dentro de la olla.’ (Pranao, 1988, p. 32)
(155) Fey küme rüpü mew reke withakonaymün.
fey küme rüpü mew reke witha-kon-a-y-mün
ese bueno camino post como [Link]-entrar-fut-ind-2p
‘Entonces, como en buen camino entrarán.’
En el caso de las terminaciones bipersonales, es más evidente su uso
como orden:
(156) Fentekünumuchi.
fe-nte-künu-mu-chi
así-grad-asp-inv-imp.1s
‘Déjenme en paz’ (Aguilera et al., 1987a, p. 12)
En el caso de terceras personas, es más bien una exhortación para
que alguien haga algo o una situación se realice o cumpla:
(157) Felepe!
fe-le-pe
así-est-imp.3
‘¡Qué así sea!’
(158) Amulepe
amu-le-pe
ir-est-imp.3
‘¡Que siga!’
Se puede señalar que el modo imperativo se marca por un morfo
cero (∅); es decir, la ausencia de un sufijo en las terminaciones. Esto que-
da claro con algunas expresiones imperativas que utilizan la ausencia total
de terminaciones; vale decir, el uso de la raíz verbal sin terminación alguna
tiene un significado de imperativo. Augusta (1903) indica que se suele uti-
lizar al hablar con niños. Veamos algunos ejemplos:
275 La expresión podría ser Konkintumün chi pu chalha con el mismo significado.
343
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(159) Witha, witha Franchishko!
witha-∅ witha-∅ F.
levantar-imp levantar-imp F.
‘Levántate, levántate, Francisco’ (Augusta, 1903, p. 160)
(160) Anütu müten!
anü-tu-∅ müten276
sentarse-rest no.más
‘siéntese nomás’ (Marilef, 1984, p. 23)
14.4.3. Condicional
La Tabla 32 señala las distintas terminaciones del modo condicional,
además del análisis de la constitución interna de las mismas.
terminación modo persona número
cond.1s -li -l -i ∅
cond.1d -liyu -l -i -u
cond.1p -liyiñ -l -i -n
cond.2s -lmi -l -m -i
cond.2d -lmu -l -m -u
cond.2p -lmün -l -m -n
cond.3 -le -l -e
Tabla 32: Composición morfológica de las terminaciones
monopersonales, en el modo condicional.
El condicional ha recibido otros nombres como hipotético y subjuntivo.
Las terminaciones en modo condicional permiten formar oraciones com-
plejas condicionales, que se componen de una cláusula subordinada más
una cláusula independiente. Por ejemplo:
(161) Mawün´le, doy müleay fün´.
mawün´-le doy müle-a-y fün´
lluvia-cond.3 más estar-fut-ind.3 fruto
‘Si llueve, habrá más frutos’
276 En estos análisis, se incluyó el símbolo ∅ o ‘cero’ para expresar el punto de que
no hay una terminación en esa posición dentro del verbo. No obstante, en otros ejemplos,
que tienen estructuras imperativas se decidió no colocar este símbolo para no complejizar
innecesarimente el análisis, especialmente considerando la naturaleza pedagógica de esta
publicación.
344
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
En términos lógicos, la cláusula subordinada en modo condicional
mawün´le ‘si llueve’ se denomina prótasis o antecedente, y expresa el supuesto;
a su vez, la cláusula independiente se denomina apódosis y refiere a la con-
secuencia o el resultado expresado por la condición (Augusta, 1903).
(162) Fey epe puwülmi, ürkütupuaymi.
fey epe puw-ül-mi ürkütu-pu-a-y-mi277
ese casi [Link]á-cond-2s descansar-loc-fut-ind-2s
‘Antes de que llegues allá, descansarás’ (Cayulao et al., 1987, p. 20)
(163) Wichonolmi, küpayay tati fütha dewü.
wicho-no-l-mi küpa-a-y ta-ti fütha dewü
destetar-neg-cond-1s venir-fut-ind.3 mod-mod grande ratón
‘Si no dejas de tomar pecho, va a venir un ratón grande’
(Cayumán y Nahuelpi, 1998, p. 23)
(164) Mülenole mawün´, fey doy wülkelay fün´.
müle-no-le mawün´ fey
haber-neg-ind.3 lluvia entonces
doy wül-ke-la-y fün´
más entregar-hab-neg-ind.3 fruto
‘si no hay lluvia, entonces da menos frutos’ (Llamin, 1987c, p. 21)
Existe una serie de adverbios o auxiliares que en interacción con
la forma condicional permiten expresar distintos significados temporales:
(165) Petu femnolmi…
petu fe-m-no-l-mi
antes así-caus-neg-cond-2s
‘Antes de que hagas así… ’
(166) Femülmi wüla…
fe-m-ül-mi wüla
así-caus-cond-2s después
‘Después de que hagas así…’
Respecto de la composición interna de las terminaciones monoper-
sonales en el modo condicional (ver Tabla 32), es necesario señalar que
existen ciertas adecuaciones fonológicas en las fronteras morfémicas. Esto
ocurre principalmente en las formas dual y plural de la primera persona,
277 El verbo ürkütun ‘descansar’ se puede analizar en los siguientes componentes: la
raíz ürkü- ‘cansarse’ y el sufijo -tu ‘restaurativo’.
345
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
donde la terminación se realiza como bisilábica, con una extensión fono-
lógica del sufijo de persona -i, tanto en el núcleo de la primera sílaba (/li/)
y el inicio de la segunda /ju/, escrito “yu”. En el caso del plural, sucede
el mismo fenómeno además de la palatalización de la coda de la segunda
silaba, que se realiza como /ɲ/ (“ñ”).
14.5 Persona
Hay tres personas que se marcan con sufijos en las terminaciones
verbales. Se relacionan con los roles que cumplen en el acto de habla,
comunicación o palabra. “La persona gramatical es una categoría que ex-
presa una relación con el acto de la palabra” (Lenz, 1920, p. 70).
Dentro de las personas, es posible distinguir dos tipos. Por un lado,
quienes participan del acto de habla; es decir, la primera y segunda per-
sona. Por otro lado, aquella persona que no participa en el acto de habla,
pero está presente en el contexto lingüístico o extralingüístico (Bosque
y Demonte, 1999). Haspelmath (2013) propone denominar a la primera
categoría, de quienes participan en el acto de habla, como locúforas, y a la
segunda persona alófora.
Esta división de las personas será crucial cuando analicemos las ter-
minaciones bipersonales (más adelante) y los tipos de relaciones posibles
cuando interactúan, especialmente en el caso de verbos transitivos. Baste
decir, en esta sección, que las terminaciones monopersonales marcan las perso-
nas con sufijos especiales dentro de su estructura interna.
14.6 Número
Al igual que en el caso de los pronombres personales, se consideran
tres números en la expresión de las terminaciones verbales bipersonales,
estos son: singular, dual y plural.
En el caso de la tercera persona, el dual y plural se expresan necesa-
riamente con personas o animales, pero no así con objetos, que en rigor
se mencionan solo con el singular. En el caso de personas, si el contexto
lo ha establecido, la terminación dual o plural es optativa, como se verifica
del siguiente pasaje de Victorio Pranao Huenchuñir:
Lelfün mapu mew themchi pichikewenthu rume adümniekey
ñi mongen. Wimtulekey ñi lelfün mongen, ka ñi leliwülael filh
chemkün, filh kulhiñ. Ka mawida mew pekeyngün dañiñentu
ka filh anümka ka amu pürakantukeyngün füthake koyam mew,
ka ñi iken filh fün anümka. ‘Los niños que crecen en el campo
346
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
tienen su propio estilo de vida. Están acostumbrados a su exis-
tencia campesina y a observar la naturaleza, los diferentes ani-
males. También en el monte observan las mutillas y toda clase
de árboles y suben a los grandes hualles, y comen todo tipo de
fruta que dan los árboles.’ (Aguilera et al., 1987b, p. 1).
En el texto, en negrita, se encuentran las terminaciones que pueden
ser en singular (adümniekey ‘tienen entendido’; wimtulekey ‘están acostum-
brados’), a pesar de estar hablando de varios niños (pichike wenthu ‘niños’);
pero también puede retomarse la pluralidad en las terminaciones, especial-
mente cuando se realizan nuevas cláusulas: pekeyngün ‘ven’ y pürakantukey-
ngün ‘suben jugando’.
15. Escenarios de los verbos bipersonales
Una vez esclarecida la composición interna de las terminaciones, re-
tomaremos aquellas que son bipersonales y cómo se ven afectadas por la
situación de comunicación, por un lado, y el discurso, por otro.
En primer lugar, debemos recordar que hay tres personas conside-
radas respecto del acto de habla. La primera y segunda persona tienen un
estatus de relevancia puesto que son quienes participan directamente, en
turnos, en el acto de comunicación; por ese motivo, Haspelmath (2013) las
denomina personas locúforas, es decir, que “llevan o acarrean el habla”. La
tercera persona está un tanto relegada en esta relación, puesto que es ajena
a ella, por eso se denomina alófora (de alo ‘ajeno, otro’ y foro ‘llevar’, es decir,
que lleva lo ajeno o lo otro).
En vista de estas tres personas y sus relaciones, en el caso de verbos
bipersonales es posible identificar tres tipos de escenarios (Zúñiga, 2006b)
que refieren a las interacciones de las personas involucradas en la actividad
especificada por el predicado. De esta manera, podemos clasificar las ter-
minaciones con base en estos tres escenarios.
Por un lado, se expresan los escenarios locales, que involucran la parti-
cipación de la primera y segunda persona; es decir, los interlocutores del
acto de habla. En mapudungun existe una serie de estructuras morfológicas
que permite expresar estas relaciones. El escenario local se divide en dos
tipos: mínimo y expandido, dependiendo del número expresado en la termi-
nación. En el caso del escenario local mínimo, el número total de participantes
es siempre dos para verbos bipersonales. En el caso del escenario local expan-
dido, el número total de participantes son más de tres personas.
347
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Al escenario local, sigue el escenario no local, donde participan solo
terceras personas, es decir, expresiones como ünatufi ‘(él o ella) lo mordió’
o kimnieeyew ‘(él o ella) lo conoce’.
Finalmente, una tercera clasificación corresponde a escenarios mixtos;
es decir, la interacción que refiere a personas locúforas y alóforas, en ex-
presiones como ünatuenew ‘(él o ella) me mordió’ o kimniefimi ‘lo tienes co-
nocido o tú lo conoces’, donde una primera o segunda persona interactúa
con una tercera. A continuación, profundizaremos en estos escenarios y
sus respectivas terminaciones.
15.1 Escenario local mínimo “iñche ka eymi”
En el escenario local mínimo, participan un hablante y un interlocu-
tor como personas singulares, es decir, cuando son una sola. La acción en
este caso tiene una “dirección”: va desde la primera persona singular a la
segunda persona singular o viceversa. En el primer caso, el sufijo complejo
‑eyu se utiliza para expresar de manera prototípica una acción que realiza
la primera persona y recae en la segunda persona singular, por ejemplo:
(167) Kimeltueyu.
kimel-tu-e-yu
enseñar-apl-inv-ind.2d
‘(Yo) te he enseñado, yo te enseñé.’ 1s→2s
En el segundo caso, de manera prototípica se puede describir como
la acción que realiza una segunda persona que afecta a una primera perso-
na. Por ejemplo:
(168) Kimeltuen.
kimel-tu-e-n
enseñar-apl-inv-ind.1s
‘(Tú) me has enseñado, tú me enseñaste.’ 2s → 1s
El escenario local mínimo, entonces, se compone de estos dos sufijos
complejos -eyu y -en. En común, estos sufijos tienen un morfema con la
forma fonológica -e, que se ha identificado de diversas formas en la lite-
ratura. En específico, en los últimos estudios (Zúñiga, 2006b; Golluscio y
Hasler, 2017) se le identifica con un significado de inversión, tal y como se
indica en el análisis morfológico en los dos ejemplos anteriores. En el caso
348
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
de los otros escenarios, es un poco más claro a qué se refiere este tema de
la inversión, por lo que retomaremos este tema más adelante.
15.2 Escenario local expandido “iñchiw, iñchiñ, eymu ka
eymün”
En el escenario local expandido, nuevamente participan la primera
y segunda persona, pero en este caso, una de estas personas refiere a una
entidad dual o plural.
Veremos el primer ejemplo que trata de acciones realizadas por una
primera persona, sea esta singular, dual o plural, que afectan a una segunda
persona en cualquiera de sus números. Para esta estructura se hace uso del
sufijo -w de acción reflexiva o recíproca (§20.2) más el sufijo de primera
persona plural, ya visto en la sección sobre terminaciones monoperso-
nales, formando de ese modo la terminación -w-iyiñ. Esta forma expresa
diversas relaciones, tal y como se muestran en el siguiente ejemplo y sus
múltiples traducciones:
(169) Kimeltuwiyiñ.
Kimel-tu-w-iyiñ
enseñar-apl-refl-ind.1p
a. ‘(Yo) les he enseñado a ustedes dos’ 1s→2d
b. ‘(Yo) les he enseñado a ustedes (plural)’ 1s→2p
c. ‘(Nosotros/as dos) te hemos enseñado a tí’ 1d→2s
d. ‘(Nosotros/as dos) les hemos enseñado a ustedes (dos)’ 1d→2d
e. ‘(Nosotros/as dos) les hemos enseñado a ustedes (plural)’ 1d→2p
f. ‘(Nosotros/as plural) te hemos enseñado a tí’ 1p→2s
g. ‘(Nosotros/as plural) les hemos enseñado a ustedes (dos)’ 1p→2d
h. ‘(Nosotros/as plural) les hemos enseñado a ustedes (plural)’ 1p→2p
Como es posible observar en (169), esta única forma puede significar
ocho tipos de relaciones de transitividad entre una primera persona y una
segunda persona, dependiendo del número de participantes. Con todo, el
número total de participantes para esta forma debe ser igual o mayor a tres.
En a) y b), una primera persona singular realiza la acción del verbo y esta
afecta a una segunda persona que debe ser dual o plural, pero nunca sin-
gular, pues en este caso se utiliza la forma -eyu del escenario local mínimo
(§15.1). En c), d) y e), una primera persona dual realiza la acción que puede
afectar tanto a una segunda persona singular, dual o plural. Finalmente,
en f), g) y h), esta primera persona es plural y el paciente puede ser una
349
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
segunda persona singular, dual o plural, al igual que los casos anteriores.
Respecto de las acciones que realiza una segunda persona y que afec-
ta a una primera persona en el escenario local expandido, se utiliza una
estructura formada por el sufijo -mu, equivalente al sufijo de inversión -e,
además de los sufijos monopersonales de primera persona singular, dual y
plural, según corresponda a los participantes. Con esto contamos con tres
formas para expresar este tipo de relación: -mun, -muyu y -muiñ. A continua-
ción, veremos algunos ejemplos que permitirán esclarecer su uso.
(170) Kimeltumun.
kimel-tu-mu-n
enseñar-apl-inv-ind.1s
‘(uds. dual o plural) me han enseñado’
(171) Kimeltumuyu.
kimel-tu-mu-yu
enseñar-apl-inv-ind.1d
‘(uds. dual o plural) nos han enseñado a nosotros dos’
(172) Kimeltumuiñ.
kimel-tu-mu-iñ
enseñar-apl-inv-ind.1p
‘(uds. dual o plural) nos han enseñado a nosotros (plural)’
Las formas del escenario local expandido pueden “separarse” para
acomodar otros sufijos, como los de negación, futuro, contraexpectación,
etc. Esto no ocurre con las otras terminaciones bipersonales, lo que debe te-
ner en consideración una persona que está aprendiendo la lengua mapuche.
(173) Kimeltumulayafun?
kimel-tu-mu-la-ya-fu-n278
enseñar-apl-inv-neg-fut-ce-ind.1s
‘(Uds. dual o plural) no me enseñarían a mí?’
(174) Elumulayafun küdaw?
elu-mu-la-ya-fu-n küdaw
dar-inv-neg-fut-ce-ind.1s trabajo
‘¿(Uds. dual o plural) No me podrían dar trabajo?’
(Corpus AVENUE)279
278 En esta línea se escriben los morfemas sin las modificaciones o adecuaciones
propias de la pronunciación y morfología del mapudungun. En este caso, se trata de la epén-
tesis o inclusión de una y entre el sufijo de negación ‑la y futuro -a.
279 Ejemplo consultado en el corpus AVENUE-Mapudungun (Levin et al., 2002;
350
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
15.3 Escenario no local
En el caso del escenario no local, el verbo refiere a una acción en
que participan dos terceras personas. El mapudungun, en este caso, dife-
rencia una persona focal y una persona satélite, en nomenclatura de Salas
(2006[1992b]), cuyo ordenamiento está dado por una jerarquía discursiva o
de referencia. “En interacciones entre dos entidades determinadas de terce-
ra persona, se expresa como focal a la persona de quien se ha estado hablan-
do, y como satélite a la persona nueva introducida en el discurso” (p. 116).
Se ha evidenciado que la elección de estructuras gramaticales en el
plano morfosintáctico por parte del hablante de mapudungun está influida
por elementos semántico-pragmáticos, específicamente en cuanto al or-
denamiento de entidades en una jerarquía de referencia, relacionada con
rasgos semánticos, como animacidad; o deícticos y discursivos, como la
definición o topicalidad (Golluscio y Hasler, 2017). Específicamente, en
virtud del rasgo de animacidad, se jerarquizan los entes participantes del
discurso, donde las personas locales (primera y segunda persona) tienen
mayor relevancia que las terceras personas, y en el caso de personas no-lo-
cales, hay dos personas, pero una persona tiene mayor relevancia (denomi-
nada proximativa) que la otra (denominada obviativa) en términos discursi-
vos o informativos (Golluscio y Hasler, 2017).
Valga un ejemplo para explicar este relevamiento discursivo de una
de las personas que participa en el escenario no local:
(175) Leftharu l´angümfi ta Valdivia.
L. l´ang-üm-fi ta V.
L. morir-caus-obj.3 mod V.
‘Lautaro mató a Valdivia.’
(176) Valdivia l´angümeyew ta Leftharu.
V. l´ang-üm-e-y-ew ta L.
V. morir-caus-inv-ind.3-post 280 mod L.
‘A Valdivia, lo mató Lautaro’.
Duan et al., 2020).
280 Se ha usado la abreviatura post ‘postposición’ en este análisis morfológico, por-
que como se verá más abajo existe la posibilidad de que este sufijo guarde relación con la
forma mew, tratada en otras partes de esta publicación (véase la parte final de §3.1.1). Si
bien en esta terminación se trataría más bien de un sufijo, el morfema ‑mew se comporta
como un clítico o una forma más independiente en otras terminaciones. Este asunto, por
cierto, se beneficiaría de una mayor investigación.
351
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
En ambas oraciones, en términos semánticos, se expresa el mismo
contenido; una persona es agente, Lautaro, quien es causadora de la muer-
te de otra persona, Valdivia. No obstante, en el plano de las realizaciones
morfológicas, es posible relevar al agente en un caso (175) y en el otro
relevar al paciente (176). En castellano, la misma relación debe ser expre-
sada por la sintaxis; es decir, por medio de la reubicación de las estructu-
ras, relevando de este modo la figura del conquistador asesinado (foráneo,
extranjero), en lugar del toqui (oriundo del lugar, dueño de la tierra) que
realiza la acción. Salas denomina a la tercera persona relevada como persona
determinada y a la otra, como indeterminada (2006[1992b], p. 117).
15.4 Escenario mixto
En este caso, participan una persona del escenario local, es decir, una
primera o segunda persona, más una tercera persona. Al igual que en el
caso del escenario local, podemos hablar de una jerarquía de referencia (en
este caso, entre las personas locúforas y las alóforas), que privilegia en tér-
minos gramaticales a las terminaciones monoverbales de la primera y se-
gunda personas, las cuales siempre aparecen en la estructura morfológica.
En este sentido, en virtud de la relación que se establece en el verbo
entre agente y paciente (prototípico), son posibles dos direcciones. Una
donde la persona locúfora es agente y otro donde es paciente, denomina-
das directa e inversa, respectivamente.
Cuando la relación es directa, la terminación se realiza con el sufijo -fi
‘3 persona objeto’ más las terminaciones monoverbales, como se eviden-
cian en la Tabla 33, a continuación:
Terminación objeto modo persona número
1s>3 -fiñ -fi -n
1d>3 -fiyu -fi -y -i -u
1p>3 -fiyiñ -fi -y -i -n
2s>3 -fimi -fi -y -m -i
2d>3 -fimu -fi -y -m -u
2p>3 -fimün -fi -y -m -n
Tabla 33: Composición morfológica de las terminaciones bipersonales
(escenario mixto directo).
En cambio, en las formas inversas, es decir, donde las personas locú-
foras son pacientes, las terminaciones se realizan con otros mecanismos
352
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
morfológicos: un sufijo que marca esta inversión en la forma de -e, más un
sufijo que marca la tercera persona agente en la forma de ‑(m)ew:
Terminación inversión modo persona número objeto
3>1s -enew -e -n -ew
3>1d -eyumew -e -y -i -u -mew
3>1p -eiñmew -e -y -i -n -mew
3>2s -eymew -e -y -m ∅ -ew
3>2d -eymumew -e -y -m -u -mew
3>2p -eymünmew -e -y -m -n -mew
Tabla 34: Composición morfológica de las terminaciones bipersonales
(escenario mixto inverso).
El sufijo -(m)ew históricamente se puede vincular con la postposición
mew que ha servido para marcar un oblicuo (Adelaar, 2004) en expresiones
con un agente dativo Wüli ñi ruka kiñe wingka mew281 ‘vendió su casa a un
huinca’ (Augusta, 1916, p. 256). En la actualidad, pareciera que este tipo
de construcciones no son tan comunes o dependen de propiedades léxicas
del verbo escogido (Zúñiga, 2006b). Es posible que este sea el origen del
sufijo ‑(m)ew con significado de objeto en el sistema mixto. Respecto del
sufijo -e, si bien no sabemos su origen, Smeets (2008) especula que tiene
alguna relación con el seudosufijo -e(y) en los pronombres personales de
segunda persona de primera y tercera personas: -eymi, -eymu, -eymün, -engu,
-engün, quizás indicando una persona distinta a la primera.
A continuación, mediante la Tabla 35, se plasman los asuntos men-
cionados en esta subsección con una selección de ejemplos:
281 Una expresión equivalente es Fendey ñi ruka kiñe winka mew. ‘Vendió su casa a un
huinca’.
353
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Escenario Relación Term. Ejemplos
Local 1s>2s -eyu Kimeltueyu ‘(yo) te enseñé.’
mínimo 2s >1s -en Kimeltuen ‘(tú) me enseñaste.’
Kimeltuwiyiñ ‘(yo) les he enseñado
1s > 2d/p -wiyiñ
a ustedes (dual o plural)’
Kimeltuwiyiñ ‘(nosotros dual o
1d/p > 2s -wiyiñ
plural) te hemos enseñado’
Kimeltuwiyiñ ‘(nos. dual o plural)
1d/p > 2d/p -wiyiñ les hemos enseñado a uds. (dual o
Local plural)’
expandido Kimeltumun ‘(uds. dual o plural)
2d/p > 1s -mun
me han enseñado’
Kimeltumuyu ‘(uds. dual o plural)
2d/p > 1d -muyu
nos han enseñado a nosotros dos’
Kimeltumuiñ ‘(uds. dual o plural)
2d/p > 1p -muiñ nos han enseñado a nosotros
(plural)’
Kimeltufi ‘(él o ella ya mencionado
3s/d/p→3s/
-fi antes o conocido) le enseñó a él o
d/p
ella (no mencionado antes)’
No local Kimeltueyew ‘(a él o ella ya
3s/d/p←3s/ mencionado antes o conocido), le
-eyew
d/p enseñó él o ella (no mencionado
antes)’
Kimeltufiñ ‘(yo) le enseñé a él o
1s→3s/d/p -fiñ
ellos o ella(s)’
Kimeltufiyu ‘nosotros (dual) le
1d→3s/d/p -fiyu
enseñamos a él o ellos o ella(s)’
Kimeltufiyiñ ‘Nosotros (plural) le
1p→3s/d/p -fiyiñ
enseñamos a él o ellos o ella(s)’
Mixto
Kimeltufimi ‘(tú) le enseñaste a él o
2s→3s/d/p -fimi
ellos o ella(s)’
Kimeltufimu ‘Uds. (dual) le
2d→3s/d/p -fimu
enseñaron a él o ellos o ella(s)’
Kimeltufimün ‘Uds. (plural) le
2p→3s/d/p -fimün
enseñaron a él o ellos o ella(s)’
Tabla 35: Escenarios, relaciones y terminaciones bipersonales. (Elaboración
propia). Las marcas ‘s/d/p’ refieren a singular, dual y plural respectivamente.
354
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Existe una serie de escenarios posibles para el caso de verbos biper-
sonales. En este caso, el segundo argumento suele tener una relevancia
en el discurso, por lo que aparece en la estructura verbal. Usualmente,
es una persona, o nombres comunes con alta animacidad y definición, e
individuación.
(177) Feymew iñche ramtuniefiñ chem kuthan mew ñi kümen282.
feymew iñche ramtu-nie-fi-n
entonces pron.1s preguntar-asp-obj.3-ind.1s
chem kuthan mew ñi küme-n
qué enfermedad post poss.1s bueno-fnp
‘Entonces yo le pregunté para qué enfermedad era bueno.’
(Llamin, 1987b, p. 20)
(178) Federico, tüfachi thiliwpelu nieafimi kiñe küme yewün reke.
F. tüfa-chi thiliwpelu283 nie-a-fi-mi
F. este-adj campanilla tener-fut-obj.3-ind.2s
kiñe küme yewün284 reke
uno bueno regalo como
‘Federico, esta campanilla la tendrás como un regalo de
buen valor.’ (Canio, 1987, p. 25)
En el caso de los verbos bipersonales, se utilizan los siguientes sufijos
personales:
Mono- Bipersonal
>
> 1s > 1d > 1p > 2s > 2d > 2p
3s/d/p
1s -n -eyu -fiñ
1d -yu --- -wiyiñ -fiyu
1p -iñ -fiyiñ
2s -ymi -en -fimi
2d -ymu -muyu -muiñ --- -fimu
-mun
2p -ymün -fimün
3 -y -enew -eyumew -eiñmew -eymew -eymumew -eymünmew -fi/-eyew
Tabla 36: Terminaciones monopersonales y bipersonales. Modo indicativo.
282 Una expresión equivalente es Feymew iñche ramtufiñ chem kuthan mew ñi kümen ti
l´awen´ ‘Entonces yo le pregunté (a él o ella) para qué enfermedad es bueno el remedio.’
283 La forma thiliwpelu ‘campanilla’ se puede analizar como thili-w-pe-lu tintín-refl-
prox-fnp ‘(literal.) que hace (el sonido) tintín’.
284 La forma yewün ‘regalo’ se puede analizar como ye-w-n llevar-refl-fnp ‘(literal.) lo
que uno lleva’.
355
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Mono- Bipersonal
> 1s > 1d > 1p > 2s > 2d > 2p > 3s/d/p
1s -li -eliyu -fili
1d -liyu --- -wliyiñ -filiyu
1p -liyiñ -filiyiñ
2s -lmi -eli -filmi
2d -lmu -muliyu -muliyiñ --- -filmu
-muli
2p -lmün -filmün
3 -le -elimew -eliyumew -eliyiñmew -elmew -elmumew -elmünmew -fili/-eliyew
Tabla 37: Terminaciones monopersonales y bipersonales. Modo condicional.
Mono- Bipersonal
> 1s > 1d > 1p > 2s > 2d > 2p > 3s/d/p
1s -chi --- -fichi
1d -yu --- --- -fiyu
1p -iñ -fiyiñ
2s -nge -en -finge
2d -mu -muyu -muiñ --- -fimu
-mun
2p -mün -fimün
3 -pe -enew -eyumew -eiñmew (?) (?) (?) -fipe / ---
Tabla 38: Terminaciones monopersonales y bipersonales. Modo imperativo.
16. Formas no finitas o no personales
Las llamadas formas no personales son terminaciones que pueden unirse
a una raíz verbal y de esa forma tener diversas funciones y referir a dife-
rentes significados gramaticales. Las formas no personales se llaman así
porque no indican, en su mayoría, una persona dentro de su estructura (a
diferencias de las formas personales), por lo que se valen de otras palabras
para indicar quien es la persona que realiza la acción.
Existen diversos morfos que se denominan formas no personales. Algu-
nos son las formas ‑n, ‑el, ‑fiel, ‑etew, ‑lu, ‑mum, ‑am, ‑yem o ‑yüm, ‑wma, etc.
Esta diversidad de formas y funciones es probable que sea la causa de
que tengan diversos nombres en la literatura que ha descrito el mapudun-
gun. Augusta (1903), siguiendo una nomenclatura para el castellano, las
denomina como infinitivos, participios y gerundios. Por otro lado, Salas
(2006[1992b]) y Zúñiga (2006) las denominan formas del verbo no finito o
formas verbales no finitas, y permiten formar diversas oraciones subordinadas
con distintas funciones, tales como sustantivo verbal, complementos tem-
porales y de lugar, etc. Para Smeets (2008), en su conjunto, estas formas se
tratan como nominalizaciones flexivas, por lo tanto forman sustantivos.
356
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
F.N.P. Algunas funciones
-n infinitivo, forma sustantivos verbales
-el diversas funciones, forma sustantivos
-fiel285 ídem que -el, con un objeto directo
-etew ídem que -el, con un objeto directo inverso
-lu relativo
-mum forma adverbio de lugar: ‘donde …’
-yem / -yüm forma adverbio de tiempo: ‘cuando … ’
-am expresa finalidad: ‘para …’
-wma forma adjetivos expresando una acción pasada
Tabla 39: Algunas funciones de las F.N.P. (formas no personales).
Respecto de la Tabla 39, donde se presentan las terminaciones y
algunas funciones y significados, cabe recordar lo que señala Malvesti-
tti (2005) a este respecto: “para expresar sentidos semánticos similares
pueden usarse estructuras diferentes” (p. 198), y lo mismo podríamos
señalar respecto de diversos significados que se refieren en una misma
estructura, lo que da cuenta de un sistema complejo en cuanto a su for-
ma y función.
Tradicionalmente, se las ha descrito de manera discreta; es decir, se-
paradas, indicando sus funciones y significados, sin tratar de establecer una
regla integral que permita entenderlas en su totalidad. Además, no se suele
ahondar en su constitución interna (esto ocurre principalmente en los aná-
lisis de Augusta (1903) y Harmelink (1996), posiblemente por la ventaja
pedagógica que tiene tratarlas así). En palabras de Malvestitti (2005), las
llamadas formas verbales no finitas son “núcleo de proposiciones subor-
dinadas e incrustadas en la cláusula principal” (p. 195).
Más recientemente, los análisis gramaticales de Smeets (2008) y Fa-
sola (2015) dan cuenta de que las formas no personales pueden descom-
ponerse en partes constituyentes con significados discretos, lo que per-
mite agruparlos dependiendo de sus funciones y el contexto morfológico
en que ocurren. Para Fasola (2015)286, algunas de las terminaciones no
personales (-ael, -am, -fel, -mum, -fiel, etc.) son en estricto rigor alomorfos de
un mismo morfema -n, que cambia según el contexto morfosintáctico. Por
ejemplo, en el caso de la forma no personal -am, el sufijo -m se combina
obligatoriamente con -a para formar la terminación no personal -am; lo
mismo ocurre con el sufijo -mu (o -ye) con este sufijo -m.
285 La realización -fiyel también es posible, como en el ejemplo (198), más adelante.
286 Fasola (2015) atribuye esta propuesta analítica sobre los alomorfos de -n al lin-
güísta Marc C. Baker.
357
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
A continuación, se mencionan las funciones predicativas que se pue-
den formar con estas terminaciones no personales. Siguiendo la visión
integradora de los fenómenos morfológicos iniciada por Smeets (2008) y
desarrollada por Fasola (2015), a continuación, se describen las termina-
ciones no personales de acuerdo con sus funciones gramaticales.
17. Formación de cláusulas
subordinadas de adjetivo o relativo
Una serie de terminaciones no personales forman cláusulas subor-
dinadas que aparecen en una frase nominal modificando a su núcleo, el
sustantivo. Pueden subdividirse dependiendo de la función gramatical de
ese sustantivo respecto de la cláusula dependiente, ya sea como sujeto del
verbo subordinado o su objeto, o como un complemento. Esta división en
base a la función sintáctica, entonces, motivará la realización de distintas
terminaciones personales. A continuación, se describen las terminaciones
que se realizan siguiendo esta tipología.
17.1 Con función de sujeto
Cuando la estructura subordinada modifica un sustantivo que es su-
jeto del verbo en la cláusula dependiente, se forma con la terminación -lu.
(179) Kom che mülelu ina paliwe…
kom che müle-lu ina pali-we
todo gente estar-fnp junto palin-inst
‘Todas las personas que están al lado del paliwe.’
(Salas, 2006[1992b])
(180) Kom che müley ina paliwe.
kom che müle-y ina pali-we
todo gente estar-ind.3 junto palin-inst
‘Todas las personas están al lado del paliwe.’
En (179), la frase nominal kom che ‘toda la gente, o todo el mundo’
es sujeto de la cláusula dependiente realizada con el verbo mülen ‘estar, ha-
ber’ y el sufijo -lu, como es posible contrastar con (180), donde la misma
cláusula se realiza de manera independiente, con una terminación mono-
personal -y.
358
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
17.2 Con función de objeto
Cuando el sustantivo modificado por la cláusula dependiente es ob-
jeto directo de un verbo transitivo monopersonal se utiliza la terminación
no personal -el.
(181) Ti wenthu (eymi) tami peel…
ti wenthu eymi ta-mi pe-el
mod hombre pron.2s mod-poss.2s ver-fnp
‘El hombre que (tú) viste...’ (Fasola, 2015)
(182) Eymi peymi287 tati wenthu.
eymi pe-y-mi ta-ti wenthu
pron.2s ver-ind-2s mod-mod hombre
‘Tú viste al hombre.’
Compárese la forma verbal con la terminación -el en el ejemplo (181)
con la oración en el ejemplo (182). En este segundo caso, el verbo tiene
la terminación monopersonal -ymi y el objeto se encuentra referido por la
frase nominal con el sustantivo wenthu ‘hombre’.
Las formas -fiel y -etew se utilizan cuando la cláusula dependiente mo-
difica a un sustantivo que es el objeto secundario de un verbo transitivo.
La terminación es -fiel en la voz activa; es decir, cuando la persona agente
es más relevante en términos discursivos. En el ejemplo (184), kofke ‘pan’
es objecto secundario:
(183) Ti kofke tami küpalelfiel…
ti kofke ta-mi küpa-l-el-fiel
mod pan mod-poss.2s venir-caus-apl-fnp
‘El pan que me trajiste...’ (Fasola, 2015)
(184) Küpalelen ti kofke.
küpa-l-el-e-n ti kofke
venir-caus-apl-inv-ind.1s mod pan
‘Me trajiste el pan.’
En cambio, si la relación expresada por el verbo transitivo en la
cláusula dependiente refiere a una persona agente menos relevante
en términos discursivos, se utiliza la forma inversa ‑etew, que permi-
te establecer esta relación.
287 Una expresión equivalente es Eymi pefimi ti wenthu ‘Tú has visto al hombre’.
359
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
(185) Ti lifüru ñi nüñmawiyeetew Elisa.
ti lifüru ñi nü-ñma-wiye-etew Elisa
mod libro poss.1s quitar-apl-plus-fnp E.
‘Aquel libro que me había quitado Elisa.’ (Smeets, 2008)
Lifüro ‘libro’ es un objecto secundario de un verbo cuya relación es
inversa.
17.3 Con función complementaria
Cuando el sustantivo modificado es parte de un complemento cir-
cunstancial de tiempo, lugar o instrumento, se utiliza -mum para situacio-
nes en el presente/pasado, -am para situaciones en el futuro y -yüm, para
una acción o evento más permanente o habitual:
(186) Ti ruka chew tañi mülemum kiñe machi.
ti ruka chew ta-ñi müle-mum kiñe machi
mod casa dónde mod-poss.3 estar-fnp uno machi
‘La casa donde vive/vivía una machi.’
(187) Ti füthake alamentu chew ñi kishu ngünewün rumeam ta che288.
ti fütha-ke alame-ntu chew ñi
mod grande-dist alame(da)-col dónde poss.3
kishu ngüne-w-ün rume-am ta che
solo controlar-refl-fnp [Link]á-fnp mod gente
‘Grandes alamedas por donde pase el hombre libre…’
(S. Allende, trad. por Llanquinao, n.d.289)
(188) Kom konpurkey engün chew ñi afümngepeyüm iyael pealu engün
ti awkantun.
kom kon-pu-rke-y engün chew ñi
todo entrar-loc-ev-ind.3 pl dónde poss.3
afü-m-nge-pe-yüm iyael pe-a-lu
[Link]-caus-pass-prox-fnp comida ver-fut-fnp
engün ti awkantu-n
pl mod jugar-fnp
‘Todos entraron donde se cocinan los alimentos para ver el juego.’
(Canio, 1987, p. 1)
288 También es posible expresar lo siguiente con el mismo significado: Ti fütrake
alamentu chew ñi kishu ngünewün che ñi rumeam.
289 Esta traducción y otras se pueden consultar en Llanquinao (n.d.).
360
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Alternativamente, se puede usar -el o -fiel con los mismos significa-
dos:
(189) Kiñe antü tañi thawael engün.
kiñe antü ta-ñi thaw-a-el engün
uno día mod-poss.3 juntarse-fut-fnp pl
‘Un día para que se junten ellos.’ (Fasola, 2015)
17.4 Multifunción de la terminación -n
La terminación -n también puede formar una cláusula dependiente
que funciona como relativo de sujeto, objeto y complemento, atribuyén-
dose todas las funciones ya vistas en los ejemplos anteriores. A continua-
ción, se dan ejemplos formados a partir de verbos donde cumple función
de objeto (190), función de sujeto (191) y otro donde hay una función de
complemento con significado de ubicación (192).
(190) Kom dungu tañi chem pipingen.
kom dungu ta-ñi chem pi~nge-n290
todo asunto mod-poss.3 qué decir~pass-fnp
‘Todo lo que se dijo.’ (Fasola, 2015)
(191) ...chem pin machi
chem pi-n machi
qué decir-fnp machi
‘...lo que dijo la machi’ (Fasola, 2015)
(192) ...chew yiñ punman umawtukefuyiñ.
chew iñ pun-ma-n umawtu-ke-fu-iñ
dónde poss.1p anochecer-apl-fnp 291 dormir-hab-ce-ind.1pl
‘...donde nos pillaba la noche, solíamos dormir’ (Smeets, 2008)
Las diversas funciones y significados de la terminación -n ameritan
una investigación en profundidad de su naturaleza morfosintáctica y se-
mántica, especialmente considerando que se la considera forma homófona
al morfema portmanteau de primera persona singular del modo indicativo.
290 La reduplicación de la raíz pi ‘decir’ se expresa con el símbolo ~ en el análisis
morfológico.
291 La expresión punman ‘anochecérsele a alguien’ se compone de la raíz pun ‘noche’
y el aplicativo -ma que permite expresar que un fenómeno natural afecta a una persona.
361
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
18. Cláusulas subordinadas argumentales
Una serie de terminaciones permiten expresar significados relacio-
nados con los argumentos centrales y periféricos en una oración comple-
ja formando cláusulas dependientes que cumplen con diversas funciones
sintácticas, como sujeto, objeto y complementos. Al igual que con las su-
bordinadas de relativo, la realización concreta de una terminación (-n, -el,
-fiel, o -etew) depende del contexto morfológico, es decir, con qué otro
morfema aparece en el verbo dependiente.
La forma no marcada o “por defecto” es con la terminación -n, cuan-
do ocurre sin otro sufijo:
(193) Ramtueyu chew ñi mülen.
ramtu-e-yu chew ñi müle-n
preguntar-inv-ind.1d dónde poss.3 estar-fnp
‘Te pregunté donde está (él~ella).’
(194) Rüfngey tañi kim mapuzungunün.
rüf-nge-y ta-ñi kim-mapudungun-n
verdadero-ser-ind.3 mod-poss.3 saber-mapudungun-fnp
‘Es verdad que no sé mapudungún.’ (Fasola, 2015)
La terminación -el aparece en conjunto con el sufijo -a de futuro
—pudiéndose pronunciar como -agel, -ael o -al— y el sufijo -fu de acción
contraexpectativa o impeditivo —pronunciándose -fel. En cambio, las ter-
minaciones -fiel y ‑etew se realizan con la presencia respectiva de -fi y -e.
(195) Iñche ayikelan tañi malhmangeael.
iñche ayi-ke-la-n ta-ñi malhma-nge-a-el
pron.1s gustar-hab-neg-ind.1s mod-poss.1s orgulloso-ser-fut-fnp
‘No me gusta ser orgulloso.’ (Llamin, 1987a, p. 2)
(196) Ramtuy ñi küpapefel.
ramtu-y ñi küpa-pe-fu-el
preguntar-ind.3 poss.3 venir-prox-ce-fnp
‘Preguntó si podía venir.’
362
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
(197) …ayifiñ tañi chaliafiel ka feymew tañi pichin nüthamkayafiel.
ayi-fi-n ta-ñi chali-a-fiel ka
gustar-obj.3-ind.1s mod-poss.1s saludar-fut-fnp y
feymew ta-ñi pichin nüthamka-ya-fiel292
entonces mod-poss.1s [Link] conversar-fut-fnp
‘…me dio un deseo de saludarlo y de conversar un ratito con él.’
(Llamin, 1987d, p. 21)
(198) Ngoyman ñi withankontumerkefiyel.
ngoyma-n ñi withan-kon-tu-me-rke-fiel
olvidar-ind.1s poss.1s visita-entrar-apl-loc-ev-fnp
‘Me olvidé de que ya había ido a visitarlo.’
(199) Ayifuymi ta filh che mi kelhuaetew? Ngüneaymi mi duamyenuafiel.
ayi-fu-y-mi ta filh che mi kelhu-a-etew
querer-ce-ind-2s mod cada gente poss.2s ayudar-fut-fnp
ngüne-a-y-mi mi duam-ye-nu-a-fiel
controlar-fut-ind-2s poss.2 intención-apl-neg-fut-fnp
‘¿Quieres que muchos traten de ayudarte? Trata de no necesitarlo.’
(A. Manzoni, trad. por Llanquinao, n.d.293)
19. Cláusulas subordinadas complementarias
Las terminaciones no personales también permiten formar oracio-
nes subordinadas, donde la cláusula dependiente puede funcionar como
adjunto o complemento del verbo, equivalente a la función y significados
de los adverbios. Cabe señalar que la forma -lu, como una especie de par-
ticipio presente, puede funcionar en todas las funciones adverbiales: de
finalidad, tiempo, causalidad, etc., pero no va acompañado de un posesivo,
como el resto de los infinitivos.
19.1 Expresión de tiempo
Casi todas las terminaciones no personales permiten formar cláusu-
las dependientes temporales, dependiendo en general de las restricciones
morfológicas indicadas en las subsecciones precedentes. A continuación
se verán algunos ejemplos con las distintas terminaciones:
292 La forma pichin puede interpretarse como compuesta del adjetivo pichi ‘pequeño’
más el sufijo de forma no personal -n que lo convierte en un adverbio con el significado de
‘un ratito, un poco’.
293 Esta traducción y otras se pueden consultar en Llanquinao (n.d.).
363
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
En el caso de -n, la estructura formada con el auxiliar o adverbial
proclítico petu ‘todavía’ y la negación de la forma no personal -no, permite
indicar anterioridad de la situación expresada por el verbo en la cláusula
independiente, como se puede apreciar en el ejemplo en (200):
(200) müley tañi […] ngeduafiel ti wesake kachu, petu tañi themkülenon
mew…
müle-y ta-ñi ngedu-a-fiel ti wesa-ke
estar-ind.3 mod-poss.3 arrancar-fut-fnp mod malo-dist
kachu petu ta-ñi them-küle-no-n mew
pasto todavía mod-poss.3 crecer-est-neg-fnp post
‘hay que […] arrancar las hierbas malas, antes de que crezcan…’
(Llamin, 1987e, p. 12)
En otros casos, la realización no marcada, es decir, sin otros sufijos,
indica un paralelismo temporal entre las acciones expresadas en las cláu-
sulas dependiente e independientes, como muestran los ejemplos en (201)
y (202).
(201) Eymi tami müthümfiel iñche küpan mi pepayafiel.
eymi ta-mi müthüm-fiel iñche
pron.2s mod-poss.2s llamar-fnp pron.1s
küpa-n mi pe-pa-ya-fiel
venir-fnp poss.2s ver-loc-fut-fnp
‘Cuando me llamaste, vine a verte’ (Fasola, 2015)
(202) Añidüy ñi thawa wimaetew kuri.
añidü-y ñi thawa wima-etew kuri
arder-ind.3 poss.3 piel azotar-fnp ortiga
‘Me ardió el cuerpo cuando me picó la hortiga.’ (Fasola, 2015)
En el caso de la terminación -yüm, indica una temporalidad habitual
o permanente:
(203) L´ayüm chi pu lhampüdkeñ thipakeygün tañi puwal tami am mew.
l´a-yüm chi pu lhampüdkeñ thipa-ke-y-ngün
morir-fnp mod pl mariposa salir-hab-ind.3-pl
ta-ñi puw-a-el ta-mi am mew
mod-poss.3 [Link]á-fut-fnp mod-poss.2s alma post
‘Las mariposas cuando mueren emigran a tu alma.’
(Roxana Miranda, trad. V. Cifuentes)
364
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
El uso del clítico adverbial elha permite especificar el momento in-
terno en que ocurre una situación temporal, en este caso al inicio o justo
cuando ocurre.
(204) Dewma elha thafialu kom pu che amutukey kisuke ñi ruka mew294.
dewma elha thafialu kom pu che
ya [Link] tarde-fut-fnp todo pl gente
amu-tu-ke-y kisu-ke ñi ruka mew
ir-rest-hab-ind.3 solo-dist poss.3 casa post
‘Justo cuando había caído la noche, cada uno volvió a sus casas.’
(Fasola, 2015)
19.2 Expresión de finalidad
Concomitante con la realización de sufijo de futuro -a, las termina-
ciones pueden formar cláusulas dependientes con significado de finalidad.
El sufijo -a más la terminación -el se ejemplifica en (205), que también
equivale a las terminaciones -fiel y -etew. La terminación -alu formada con el
futuro y la terminación no personal se ilustra en (206). Finalmente, la ter-
minación -am ya contiene en su estructura morfológica el sufijo de futuro,
y se puede apreciar su realización en (207).
(205) Federico petu kintuy kiñe we mansun tañi ngilhayael.
F. petu kintu-y kiñe we mansun
F. todavía buscar-ind.3 uno nuevo buey
ta-ñi ngilha-ya-el
dem-poss.3 comprar-fut-fnp
‘Federico está buscando un nuevo buey para comprar.’
(Llamin, 1987d, p. 1)
(206) Tüfachi kulhiñ pun thipakey weñealu.
tüfa-chi kulhiñ pun thipa-ke-y weñe-a-lu
este-adj animal noche salir-hab-ind.3 robar-fut-fnp
‘Este animal sale de noche a robar’ (Fasola, 2015)
294 Una expresión equivalente es Dewma elha pun´lu kom pu che amutuy kisuke ñi ruka
mew.
365
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
(207) Welu ñi dewmangeam ti yuku ka müley ti pichike küdawwe.
welu ñi dewma-nge-am ti yuku
pero poss.3 hacer-pass-fnp mod yugo
ka müle-y ti pichi-ke küdaw-we
también haber-ind.3 mod pequeño-dist trabajo-inst
‘Pero para hacer el yugo se necesitan algunas herramientas chicas’
(Llamin, 1987e, p. 5)
19.3 Expresión de causalidad
Las terminaciones -n, -el y -etew seguidas por el enclítico mew forman
una cláusula dependiente con valor de causalidad, equivalente en español
a expresiones del tipo ‘por eso o porque…’. A diferencia de estas termina-
ciones, la forma -mum ocurre sin mew en estas estructuras. La terminación
-lu coocurre con el enclítico -(k)am, que puede también realizarse en otras
estructuras sintácticas dentro de la oración.
Ejemplos del uso de la terminación -n para expresar causalidad se da
en (208). En (209), se ejemplifica el uso de -fiel. Por último, (210) y (211)
ilustran el uso de -mum y -lu en este tipo de cláusulas.
(208) Dulhifingün Pedro ñi kümelongkongen mew.
dulhi-fi-ngün P. ñi küme-longko-nge-n mew
escoger-obj.3-pl P. poss.3 bueno-cabeza-ser-fnp post
‘Escogieron a Pedro porque es inteligente’ (Fasola, 2015)
(209) Ngüman tami kimpanufiel mew ka eymi kimlaen…
ngüma-n ta-mi kim-pa-nu-fiel mew
llorar-ind.1s mod-poss.2s saber-loc-neg-fnp post
ka eymi kim-la-e-n
y pron.2s saber-neg-inv-ind.1s
‘Lloro porque no te conocí y tú no me conociste...’
(L. Ayllapán295)
295 El ejemplo aparece en Epu mari ülkatufe ta fachantü. 20 poetas mapuche contemporá-
neos (Huenún, 2003)
366
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(210) Patriotismu ta feyentungey tami pais ñi doy wünelen kom mew
fey kay tami choyümum.
patriotismu ta feyentu-nge-y ta-mi pais
patriotismo mod creer-pass-fnp mod-poss.2s país
ñi doy wüne-le-n kom mew
poss.3 más primero-est-fnp todo post
fey kay ta-mi choyü-mum
ese y mod-poss.2s nacer-fnp
‘Patriotismo es creer que tu país es superior a todos los demás
porque tú naciste allí.’
(G. Bernard Shaw, trad. por Llanquinao, n.d.296)
(211) Tüfachi kulhiñ weñefeachawalhngey ikelu am ilo.
tüfa-chi kulhiñ weñe-fe-achawalh-nge-y
este-adj animal robar-ag-gallina-ser-ind.3
i-ke-lu am ilo
comer-hab-fnp part carne
‘Este animal es un ladrón de gallinas porque solo come carne.’
(Fasola, 2015)
19.4 Expresión de modo o manera
Por último, la terminación -n permite crear cláusulas subordinadas
que expresan el modo en que se realiza la situación expresada en la cláu-
sula independiente o principal. Por ejemplo, en (212), indica la forma con
que realiza la acción el sujeto, lefkülen ‘(estoy) corriendo’. Se entiende que
pueden responder preguntas iniciadas con el interrogativo de modo chum-
ngechi ‘¿cómo?’, chumleymi ‘¿cómo estás?’.
(212) …lefkülen amuturkey ñi küpamum mew.
lef-küle-n amu-tu-rke-y ñi küpa-mum mew
correr-est-fnp ir-rest-ev-ind.3 poss.3 venir-fnp post
‘…corriendo volvió al lugar de donde había venido.’
(Blanco, 1988, p. 19)
También se registra el uso de -el, -etew y posiblemente -fiel para este
tipo de función y significado:
296 Esta traducción y otras se pueden consultar en Llanquinao (n.d.).
367
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
(213) Fey ñi ngümanuel kuthankawi.
fey ñi ngüma-nu-el kuthan-ka-w-i
ese poss.3 llorar-neg-fnp enfermedad-cont-refl-ind.3
‘Sufrió sin haber llorado.’ (Fasola, 2015)
(214) Fey rupay mi chempinuetew rume.
fey rupa-y mi chem-pi-nu-etew rume
ese pasar-ind.3 poss.2s qué.hacer-decir-neg-fnp siquiera
‘(él o ella) pasó sin decirte nada.’ (Smeets, 2008)
20. Tipos de sufijos verbales
Además de la base y las terminaciones que hemos estudiado (mono-
personales, bipersonales y no personales), existen alrededor de 40 afijos
que pueden ocurrir en el verbo de manera optativa y que tienen distintas
funciones flexivas y derivativas, además de diversos significados gramati-
cales. La posición de este grupo de sufijos verbales se describe en la Tabla
40, indicando además algunos de sus significados:
Base Sufijos terminaciones
polaridad
Raíz transitividad monopersonales
Compuestos adverbiales bipersonales
Derivados aspectuales y temporales no personales
movimiento y locación
Tabla 40: Posición de la base, terminaciones y sufijos verbales.
20.1 Sufijos de polaridad y confirmación
Sufijos de negación -la (-no, -ki): El sufijo de negación tiene tres alo-
morfos supletivos. La forma -la ‘negación’ solo ocurre como forma sufijal
y cuando el verbo tiene un marcador de persona en modo indicativo. Con
igual significado de negación, la forma no —que alterna con nu— tiene
una forma sufijal y otra clítica. La forma sufijal ‑no ‘negación’ ocurre en
formas personales en modo condicional (amunoli ‘si no voy’) y en formas
no personales (tañi amunon mew ‘porque no fui’). La forma clítica ocurre
tras frases nominales o pronombres (Iñche no ‘yo no’).
El sufijo -ki ‘negación’ ocurre con formas personales en modo con-
dicional además de formas en modo imperativo: (amu-ki-l-nge ‘no vayas’).
368
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Por su parte, el sufijo -lhe de confirmación se podría traducir en cas-
tellano con el adverbio “definitivamente” (Croese, 1984) o “ciertamente”,
y permite asegurar, aseverar o confirmar lo que se señala con el verbo.
(215) Kimlhen may.
kim-lhe-n may
saber-aff-ind.1s part
‘Ciertamente sé.’
20.2 Sufijos relacionados con la transitividad
La siguiente serie de sufijos se denominan aquí como de transición
por afectar o interactuar con la estructura de los verbos transitivos o cam-
biar la transitividad de los intransitivos. Se establecen diferentes relaciones
argumentales entre las personas; por ejemplo, con la remoción del agente
y la relevancia del paciente, o la correferencialidad del agente y paciente
con el sufijo reflexivo -w, además de una serie de aplicativos que permiten
aumentar la estructura de referencia argumental, incluyendo un nuevo ar-
gumento.
En primer lugar, mencionaremos un sufijo de acción reflexiva —
donde la acción que realiza una persona recae sobre sí misma—: el sufijo
‑w, el cual indica que el agente y paciente de la acción son correferenciali-
zados por el mismo sujeto.
(216) Ti epu püchike wenthu weluke adkintuwingu.
ti epu püchi-ke wenthu welu-ke297 adkintu-w-ingu.
mod dos pequeño-dist hombre otro-dist mirar-refl-ind.3d
‘Los dos niños se miraban mutuamente.’ (Canio, 1987, p. 11)
El morfema -w tiene diversas formas morfofonológicas y dialectales.
Tras una raíz u otro morfema terminado en consonante, se realiza como
-uw. En algunas variedades, también se registra como -üw y -wü.
Otro uso del reflejo es indicar que una acción está en proceso de
transformación (Salas, 2006[1992b]) o para denotar un proceso (Smeets,
2008):
297 De acuerdo con Augusta (1916), welu antepuesto a un sustantivo significa ‘otro’.
369
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
(217) Kurawi.
kura-w-i
roca-refl-ind.3
‘Se transformó en roca, se hizo roca’.
(218) Kelüwi.
kelü-w-i
rojo-refl-ind.3
‘Se puso rojo’.
Tiene una función además de recíproco en el caso de terminaciones
con número dual o plural:
(219) Meli ant´ü wewpingu, welu wewüwlayngu.
meli ant´ü wewpi-y-engu welu wew-üw-la-y-engu
cuatro día arengar-ind-dl pero ganar-refl-neg-ind.3-dl 298
‘Hicieron arenga por cuatro días, pero ninguno ganó al otro.’
(Cayulao et al., 1987, 24)
Otro sufijo que modifica la estructura argumental del predicado es el
sufijo de pasivo -nge. Este sufijo refiere a la situación en que el sujeto tiene
rol de paciente, es decir, sufre o sostiene la acción indicada por el verbo. El
agente del evento no se expresa en la estructura morfológica verbal, y por
lo general, no se expresa por otros medios en la cláusula. De acuerdo con
Augusta (1903) proviene del sufijo -nge ‘ser o estar con’, y tiene una mayor
frecuencia de uso que en castellano.
(220) L´angümngey.
l´ang-üm-nge-y
morir-caus-pass-ind.3
‘Lo mataron.’ ‘Fue hecho muerto.’ (Augusta, 1903)
(221) Feymew rakingepeiñ?
fey-mew raki-nge-pe-iñ
ese-post contar-pass-prox-ind.1p
‘¿Por eso nos cuentan?’ (Llamin, 1987a, p. 19)
(222) Wewngeymi nga.
wew-nge-y-mi nga
vencer-pass-ind-2s part
‘Te han ganado pues.’ (Cayulao, 1989, p. 32)
298 Wewpin es un discurso dialógico. Se puede consultar sobre este estilo de discurso
en la sección correspondiente de la parte de Oralidad Primaria (§7.2.2).
370
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Cuando ocurre con el sufijo -ke de habitualidad, es posible apreciar
un significado relacionado con la expresión de pasos en la creación de un
producto, especialmente con verbos que se relacionan con la preparación
de comidas o fabricación de algo:
(223) Thaf fayümngekey tüfachi küla l´awen´299.
thaf fay-üm-nge-ke-y tüfa-chi küla l´awen´
junto hervir-caus-pass-hab-ind.3 este-adj tres remedio
‘Estos tres remedios hay que hervirlos juntos.’
(Cayulao, 1989, p. 34)
Otro mecanismo que permite cambiar la estructura argumental es la
causatividad; en mapudungun, se relaciona con dos sufijos: -m y -l.
Un sufijo causativo cambia la estructura eventual de un predicado,
e introduce un nuevo argumento semántico con rol de causador, es de-
cir, quien causa el evento expresado por el verbo, además de permitir un
argumento más pacientivo, referido a “lo causado”. Los transitivos así
derivados por mecanismos causativos suelen ser verbos intransitivos que
aparecen con un sufijo causativo.
Los siguientes son ejemplos derivados con el causativo -m, el cual
tras una consonante se realiza como -üm, similar al cambio que sostiene el
sufijo -n de forma no personal:
(224)
ñam-ün ‘perderse’ » ñam-üm-ün ‘perder algo o a alguien’
them-ün ‘crecer, criarse’ » them-üm-ün ‘criar a alguien’
wadkü-n ‘hervir’ » wadkü-m-ün ‘hacer hervir (agua)
l´a-n ‘morir’ » l´a-ng-üm-ün ‘matar’
ad-ün ‘verse bello’ » ad-üm-ün ‘saber hacer, aprender,
dominar, manejar’
El sufijo -m provoca un cambio fonológico en las raíces terminadas
en /f/ y /ɰ/ (/ɣ̞ / “g”). Estos sonidos cambian a /p/ y /k/, respectiva-
mente.
299 En la costa, fayümün es “hacer fermentar un líquido al destaparlo” (Augusta,
1916). Sin duda, este sentido se relaciona con la expresión ‘hervir’, que se dice wadkümün.
371
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
(225)
thof-ün ‘estallar’ » thop-üm-ün ‘hacer estallar’
af-ün ‘terminar’ » ap-üm-ün ‘terminar, acabar (algo)’
lheg-ün ‘nacer, brotar’ » lhek-üm-ün ‘cultivar’
Ejemplos derivados con el causativo: -l.
(226)
ülkantu-n ‘cantar’ » ülkantu-l-ün ‘cantarle a alguien’
kim-ün ‘saber’ » kim-el-ün ‘enseñar a alguien’
küdaw-ün ‘trabajar’ » küdaw-el-ün ‘trabajar para alguien’,
‘hacer que alguien trabaje’
küpa-n ‘venir’ » küpa-l-ün ‘traer (algo)’
A continuación, se describen con más detalles los sufijos causativos
-m y -l.
El sufijo causativo -m es una forma improductiva; es decir, ya no se
utiliza para crear nuevos verbos. Tiene una forma alternativa tras consonante,
donde ocurre como -üm. Unido a un verbo intransitivo (monovalente) per-
mite agregar un agente que causa el evento expresado por el verbo. En los si-
guientes ejemplos, se presentan primero las formas originales sin el causativo,
y luego la forma derivada, de ese modo se ilustra mejor su funcionamiento.
(227) Wadküy ta ko.
wadkü-y ta ko
hervir-ind.3 mod agua
‘El agua ha hervido.’
(228) Juan wadkümi ta ko.
J. wadkümi ta ko
J. hervir-caus-ind.3 mod agua
‘Juan ha hervido el agua.’ (Golluscio, 2011, p. 712)
(229) Küme themüy tati kulhiñ.
küme themüy tati kulhiñ
bueno crecer-ind.3 mod-mod animal
‘El ganado animal creció bien.’
(230) Rosa themümi ti kulhiñ.
R. them-üm-i ti kulhiñ
R. crecer-caus-ind.3 mod animal
‘Rosa crió el ganado.’ (Golluscio, 2011, p. 713)
372
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
El sufijo causativo -l tiene una forma alternativa tras consonante,
donde aparece como -el. Se aplica principalmente a verbos intransitivos y
permite incluir un agente causador que hace que otra persona haga algo.
Nuevamente, se presenta la forma original sin el causativo, y luego la for-
ma derivada con -l.
(231) a. Küpay.
küpa-y
venir-ind.3
‘Él o ella vino.’
b. Küpali kofke.
küpa-l-i kofke
venir-caus-ind.3 pan
‘Él o ella trajo pan.’
c. Küpaleli kofke Juan.
küpa-l-el-i kofke J.
venir-caus-apl-ind.3 pan J.
‘Él o ella le trajo pan a Juan.’ (Golluscio, 2011, p. 712)
(232) a. Ayey ta mal´en.
aye-y ta mal´en
reír-ind.3 mod niña
‘Rió la niña.’
b. Tañi chaw ayeli tañi ñawe.
ta-ñi chaw aye-l-i tañi ñawe
mod-poss.3 padre reír-caus-ind.3 mod-poss.3 hija
‘El padre hizo reír a la niña.’ (Golluscio, 2007, p. 211)
(233) a. Thani tati wenthu.
than-i ta-ti wenthu
caerse-ind.3 mod-mod hombre
‘Se cayó el hombre.’
(234) b. Juan thaneli tati wenthu.
J. than-el-i ta-ti wenthu
J. caerse-ind.3 mod-mod hombre
‘Juan tumbó al hombre.’ (Golluscio, 2007, p. 219)
Otra forma de modificar la estructura argumental del verbo es por
medio de una serie de cuatro sufijos, denominados aplicativos. Estos per-
miten agregar un nuevo argumento objeto, y en otros casos, un argumento
indirecto, dependiendo del sufijo y del tipo de verbo que modifican.
373
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
En primer lugar, el sufijo -ñma es un sufijo aplicativo que se le ha aso-
ciado un valor malefactivo o detrimental. Tiene una forma alternativa tras con-
sonante, en cuyo caso se realiza como -üñma. Permite agregar un segundo
argumento con función de objeto en el verbo, quien se ve afectado por la
acción del predicado de manera indirecta, por lo general como perjuicio,
pero también como beneficio, dependiendo del significado. El nuevo ob-
jeto puede ser un recipiente afectado por el evento.
(235) Ngilhañmafiñ chi waka tañi ñuke.
ngilha-ñma-fi-n chi waka ta-ñi ñuke
comprar-apl-obj.3-ind.1s mod vaca mod-poss.1s madre
‘Le compré la vaca a mi madre.’ (Golluscio, 2011, p. 737)
(236) Iñmawlayaiñ tamün iyael tati.
i-ñma-w-la-ya-iñ ta-mün iyael ta-ti
comer-apl-refl-neg-fut-ind.1p mod-poss.2p comida mod-mod
‘No les voy a comer la comida de ustedes.’ (Blanco, 1988, p. 11)
En segundo lugar, el sufijo aplicativo -lel, se ha denominado un in-
directizante benefactivo (Salas, 2006[1992b]). De acuerdo con Augusta
(1903), viene de la doble modificación del sufijo causativo -l. Al igual que
-ñma, permite agregar un nuevo argumento en la estructura clausal, el cual
es beneficiario de la acción, por lo que la acción se realiza en beneficio de
esta persona. Respecto de su forma, existe una diversidad de realizaciones
dependiendo del contexto fonológico y el léxico: -el, -ül, y -lel. Los ejem-
plos que siguen son con esta última forma.
(237) Küdawelelfiñ Pedro.
küdaw-el-el-fi-n P.
trabajo-caus-apl-obj.3-ind.1s P.
‘Trabajé para Pedro.’ (Golluscio, 2011, p. 717)
(238) Kintuleleyu mamülh.
kintu-l-el-e-yu mamülh
buscar-caus-apl-inv-ind.1d madera
‘Te busqué leña (en tu beneficio)’ (Golluscio, 2011, p. 735)
(239) ¿Kiñe ufisa ilolelafen?
kiñe ufisa ilo-l-el-a-fu-e-n
uno oveja carne-caus-apl-fut-ce-inv-ind.1s
‘¿Me carnearías una oveja?’ (Blanco, 1988, p. 3)
374
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Un tercer sufijo aplicativo es -tu. En combinación con un verbo in-
transitivo agrega un objeto a la estructura funcional y en combinación
con un verbo transitivo agrega un objeto secundario (Smeets, 2008). Con
verbos de movimiento, el nuevo objeto tiene rol de meta y con verbos de
estados mentales agrega un objeto con rol de estímulo (Zúñiga, 2006).
(240)
kon-ün ‘entrar’ » kon-tu-n ‘entrar con cierta intención,
entrar adversarios (palin)’300
ilhku-n ‘enojarse’ » ilhku-tu-n ‘enojarse con alguien’
lhadkü-n ‘enojarse’ » lhadkü-tu-n ‘enojarse con alguien’
kewa-n ‘pelear’ » kewa-tu-n ‘pelear con alguien’
üthüf-ün ‘lanzar’ » üthüf-tu-n ‘tirarle algo a alguien”
(241) Feymew fülkontufiñ.
feymew fül-kon-tu-fi-n
entonces cerca-entrar-apl-obj.3-ind.1s
‘Entonces me acerqué a él.’ (Llamin, 1987c, p. 21)
(242) Rume lhadkütuchekey.
rume lhadkü-tu-che-ke-y
mucho enojarse-apl-gente-hab-ind.3
‘Se enoja mucho con la gente.’ (Cayulao y Pranao, 1995, p. 25)
Por último, el sufijo -ye es un sufijo aplicativo que normalmente se
une a verbos intransitivos, agregando un tópico de habla o pensamiento
(Zúñiga, 2006):
(243)
dungu-n ‘hablar’ » dungu-ye-n ‘hablar mal de alguien’
nütham-ün ‘conversar’ » nütham-ye-n ‘hablar o conversar
de alguien’
ngüma-n ‘llorar’ » ngüma-ye-n ‘acompañar en el llanto’
thaf-ün ‘juntar, reunirse’ » thaf-ye-n ‘dar con alguien en el camino’
than-ün ‘caerse’ » than-ye-n ‘caerse con algo’
300 La expresión konturukawün significa ‘entrar en la casa de alguien para hacer
daño’.
375
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
(244) Thanyey ñi metawe.
than-ye-y ñi metawe301
caerse-apl-ind.3 poss.3 cántaro
‘Cayó con su cántaro.’ (Augusta, 1916/2017, p. 336)
(245) Ngümayeafimi mülen antü.
ngüma-ye-a-fi-y-mi müle-n antü
llorar-apl-fut-obj.3-ind-2s estar-fnp día
‘Lo lamentarás algún día.’ (Augusta, 1916/2017, p. 521)
(246) Pürümkechi dunguyengey.
pürüm-kechi dungu-ye-nge-y
pronto-adv hablar-apl-pass-ind.3
‘Empezaron a hablar de él.’ (Cayulao et al, 1987, p. 22)
20.3 Sufijos de expresiones temporales y relacionadas
El verbo en mapudungun se ha identificado como un verbo que hace
una “oposición temporal entre futuro y no futuro” (Croese, 1984, p. 74).
Esto quiere decir que realiza una diferenciación entre pasado-futuro. En el
caso del pasado, existen una serie de verbos que permiten referir a diversas
manifestaciones temporales y aspectuales. A continuación, se describen
sufijos que tienen una relación con la temporalidad y aspectualidad en
mapudungun.
En primer lugar, el sufijo -a indica tiempo futuro, lo que permite
marcar una acción que será realizada en dicho tiempo. Nótese en los ejem-
plos a continuación que el morferma -a alterna con la forma -ya, luego de
otro morfema terminado en la misma vocal, como la negación -la o la raíz
witha- ‘levantarse’.
(247) Akuan.
aku-a-n
[Link]í-fut-ind.1s
‘(Yo) llegaré.’
(248) Akulayan.
aku-la-ya-n
[Link]í-neg-fut-ind.1s
‘(Yo) no llegaré.’
301 El vocablo metawe es posible analizarlo como compuesto de la raíz del verbo
metan ‘tomar en brazos’ más el sufijo de instrumento -we.
376
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
En algunas cláusulas, expresa órdenes suavizadas (Mariano et al.,
2009).
(249) Wile, puliwen withayaymi.
wile puliwen witha-ya-y-mi
mañana madrugada levantarse-fut-ind-2s
‘Mañana de madrugada, te levantarás.’
Otro sufijo que históricamente se ha relacionado con alguna expre-
sión temporal es -fu. Ha recibido diversas denominaciones: desde sufijo de
tiempo pasado (Augusta, 1903), hasta, en la actualidad, ser interpretado con
significados más relacionados con contraexpectación (Salas, 2006[1992b]), im-
plicatura rota (Golluscio, 2000), o antiperfecto (Soto y Hasler, 2015).
El sufijo -fu indica que el evento ocurrió, pero se da a entender que
no se cumplió con una expectativa inferida a partir del significado léxico
del verbo:
(250) Niefun kiñe peñi.
nie-fu-n kiñe peñi
tener-ce-ind.1s uno hermano
‘Tenía un hermano (pero algo pasó).’
(251) Amufun tami ruka mew, welu…
amu-fu-n tami ruka mew, welu
ir-ce-ind.1s mod-poss.2s casa post pero
‘Había ido a tu casa, pero…’ (Hernández et al, 2006, p. 95)
(252) Küpafuyngün ngilhatun mew, welu.
küpa-fu-y-ngün ngilhatu-n mew welu
venir-ce-ind-pl rogar-fnp post pero
‘Habían venido al ngillatun, pero…’ (Hernández et al, 2006, p. 95)
En combinación con otros sufijos, expresa significados que se pue-
den entender como discretos. Por ejemplo, al combinarse con el sufijo de
futuro -a, permite señalar cortesía, especialmente en la segunda persona;
o una acción potencial o susceptible de realizarse (Mariano et al, 2009).
Junto con el sufijo -ke ‘habitual’, indica una acción que se realizaba en el
pasado, pero que ahora no se realiza.
Otro sufijo relacionado históricamente con una marca de tiempo o
aspecto es el sufijo -wye. Históricamente, se identificó como acción que
se realiza antes de otra acción, de ahí que se le identifica como sufijo de
pluscuamperfecto. En la actualidad, al parecer su significado equivale a
377
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
oraciones en castellano con el adverbio dew ‘ya’ (Croese, 1984); es decir,
una acción o situación que termina antes de otra acción.
Tiene una forma alternativa -üwye, después de consonante. Asimis-
mo, otras formas son ‑wüye o ‑wiye (Lenz, 1895-1897; Croese, 1984).
(253) L´awyey.
l´a-wye-y
morir-plus-ind.3
‘Murió (hace tiempo ya).’ (Augusta, 1903, p. 44)
(254) L´awiyefuy.
l´a-wiye-fu-y
morir-plus-ce-ind.3
‘(Ya) había muerto (hace tiempo).’ (Augusta, 1903, p. 44)
(255) Pewiyey ñi pülata.
pe-wiye-y ñi pülata
ver-plus-ind.3 poss.3 plata
‘Ya vio su dinero.’ (Smeets, 2008, p. 141)
(256) ¿Wüñomewiyeymi kam, ngürü? pingerkey ngürü.
—¡Wüñomewiyen, an´ay malhe!
wüño-me-wiye-y-mi kam ngürü pi-nge-rke-y
volver-loc-plus-ind-2s part zorro decir-pass-ev-ind.3
ngürü wüño-me-wiye-n an´ay malhe302
zorro volver-loc-plus-ind.1s part tío
‘¿Ya vienes de vuelta, zorro? fue dicho al zorro. —¡Ya estoy de
vuelta, amigo tío!’ (Villena et al., 2021, p. 60)
Finalmente, el sufijo -pe se lo ha denominado de proximidad tempo-
ral (Smeets, 2008). Expresa una acción realizada en un tiempo que tiene
cierta relación con el tiempo del acto de habla. Con otras formas, como
aquellas que indican futuro o negación, permite dar un sentido de duda o
probabilidad.
De acuerdo con Croese (1984), expresa una “verdad atestada”, vis-
ta o experienciada en el momento presente o recientemente” (p. 71). Lo
relaciona con el tiempo perfecto en castellano, un evento o hecho con
ramificaciones en el presente (p. 72).
302 Malle es tío por la línea paterna.
378
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
(257) We akupey.
we aku-pe-y
recién [Link]á-prox-ind.3
‘(Él o ella) recién llegó.’ (Hernández et al, 2006, p. 124)
(258) ¿Kintupeay?
kintu-pe-a-y
buscar-prox-fut-ind.3
‘¿(Él o ella) buscará?’ (Zúñiga, 2006a, p. 137)
(259) Nüthamkapapeeyu.
nüthamka-pa-pe-e-yu
conversar-loc-prox-inv-ind.1d303
‘He venido a conversar con usted.’ (Zúñiga, 2006a, p. 138)
Asimismo, el sufijo -pe permite expresar duda o probabilidad (Catri-
leo, 2010).
20.4 Sufijos de expresión aspectual -ke, -küle, -nie, -künu,
-ka, -tu, -rke
El aspecto es una expresión de la naturaleza interna de un evento. En
palabras de Comrie (1976), los aspectos son modos diferentes de visuali-
zar la estructura temporal interna de una situación. Dos distinciones prin-
cipales en esta forma de describir la naturaleza interna de una situación
es la del aspecto perfectivo y el imperfectivo. En mapudungun, el verbo sin sufijos
aspectuales ―es decir, en su forma mínima con una terminación― expresa
por lo general el aspecto perfectivo, lo que quiere decir que ve la situación
como un todo unitario. Para la expresión de imperfectivo, que es cuando
se concibe la situación como continua en el tiempo, existen una serie de
sufijos que permiten expresar este aspecto y otros.
El sufijo -ke expresa habitualidad; indica que la situación referida por
el verbo es recurrente, frecuente o habitual.
(260) Küdawken.
küdaw-ke-n
trabajo-hab-ind.1s
‘(Yo) trabajo.’304 (Augusta, 1903, p. 40)
303 El verbo nüthamkan ‘conversar’ puede analizarse a su vez como nütham ‘relato, na-
rración’ más el sufijo -ka ‘continuativo’ (véase §20.4 en esta sección). Respecto del concepto
nütham, véase lo señalado en la parte de Oralidad Primaria, especialmente la sección 7.2.
304 También se entiende como ‘(yo) acostumbro trabajar’.
379
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
(261) Pun´ thipakelaiñ.
pun´ thipa-ke-la-iñ
noche salir-hab-neg-ind.1p
‘(Nosotros) no salimos de noche.’305 (Hernández et al, 2006, p. 124)
(262) Iñche re kurü lapi mew wiriken.
iñche re kurü lapi mew wiri-ke-n
pron.1s solo negro lapiz post escribir-hab-ind.1s
‘Yo escribo solo con lápiz negro.’ (Smeets, 2008, p. 167)
Por otro lado, el sufijo aspectual -le expresa una acción en curso,
también denominada progresiva. En algunos eventos, da la idea de estativo;
es decir, el participante tiene el estado referido por el verbo. Su forma tras
consonantes es -küle, aunque en algunas variedades esta forma condicio-
nada morfosintácticamente no se realiza.
(263) Rakiduamkülen.
rakiduam-küle-n
pensar-est-ind.1s
‘(Yo) estoy pensando.’
(264) dewkülechi iyael
dew-küle-chi iyael
hacer-est-adj comida
‘comida que se está preparando.’ (Pranao, 1988, p. 12)
(265) Kümelkalean.
küme-lka-le-a-n306
bien-verb-est-fut-ind.1s
‘(Yo) estaré bien.’ (Pranao, 1988, p. 12)
(266) Iñche mew inaleaymi.
iñche mew ina-le-a-y-mi
pron.1s post seguir-est-fut-ind.2s
‘(Tú) me seguirás a mí.’ (Cayulao, 1989, p. 29)
Otro sufijo aspectual también relacionado con acciones en curso es
el sufijo -nie, que se describe como aspecto progresivo persistente. Aparece con
formas alternativas posiblemente derivadas de operaciones fonológicas,
como la forma -ne y la forma -niye. Está relacionado con el verbo nien
305 También se puede traducir en castellano como ‘nosotros no tenemos el hábito
salir de noche’.
306 Aparentemente, el sufijo -lka es un verbalizador que permite volver transitivo a
algunos adjetivos. Posiblemente esté relacionado con el causativo -l y el continuativo -ka,
que se describen en esta subsección.
380
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
‘tener’, y se traduce como ‘estar haciendo la acción del verbo de manera
constante o mantenida’ (Smeets, 2008).
(267) Pün´tü-niye-fi-ñ.
pün´tü-nie-fi-n
separar-asp-obj.3-ind.1s
‘(Yo) lo tengo separado.’ (Smeets, 2008, p. 294)
(268) Müpüniefiñ307.
müpü-nie-fi-n
volar-asp-obj.3-ind.1s
(Yo) lo mantengo en el aire o volando.’ (Smeets, 2008, p. 294)
(269) Wirarnieenew.
wirar-nie-e-n-ew
gritar-asp-inv-ind.1s-post
‘(A mí) me está gritando.’ (Smeets, 2008, p. 295)
(270) Feymew chi pu ufisa leliniewerkeeyew.
feymew chi pu ufisa leli-nie-we-rke-e-y-ew
entonces mod pl oveja mirar-asp-ces-ev-inv-ind.3-post
‘Entonces las ovejas se quedaron mirándolo.’ (Blanco, 1988, p. 16)
Otro sufijo de aspecto es -künu, denominado perfecto persistente. Indica
que una acción se ha dejado hecha antes del tiempo presente o respecto de
otra acción. De acuerdo con Smeets (2008), señala también que el agente
no está manteniendo la acción de ese modo, sino que la ha dejado así, lo
que lo diferencia del sufijo -nie.
(271) Pün´tükünufiñ.
pün´tü-künu-fi-n
separar-asp-obj.3-ind.1s
“(Yo) lo dejé separado.’ (Smeets, 2008, p. 294)
(272) Dew ikünun.
dew i-künu-n
ya comer-asp-ind.1s
‘(Yo) ya he comido.’ (Pranao, 1988, p. 1)
(273) Iñchiw püthemtukünuayu.
iñchiw püthem-tu-künu-a-yu
pron.1d cigarro-verb-asp-fut-ind.1d
‘(Nosotros dos) terminaremos de fumar.’308 (Smeets, 2008, p. 296)
307 Esta expresión no se usa en la costa.
308 Una traducción alternativa es ‘(Nosotros dos,) entre tanto, terminaremos de fumar’.
381
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
(274) Fey wüla fentekünuy tañi kethan ngan´ün.
fey wüla fente-künu-y
ese luego [Link]í-asp-ind.3
ta-ñi ketha-n ngan´-n
mod-poss.3 cultivar-fnp sembrar-fnp
‘Entonces dejó de sembrar.’ (Matamala, 1987, p. 6)
El sufijo -ka es un continuativo. Dependiendo del evento expresado
por el verbo, significa que la acción se hace de manera continua o reiterati-
va. Se podría traducir en castellano con la expresión adverbial “a pesar de
todo” (Croese, 1984).
(275) Mülekay tañi ruka mew.
müle-ka-y ta-ñi ruka mew
estar-cont-ind.3 mod-poss.3 casa post
‘Aún está en su casa.’
(276) Kathükay tomate.
kathü-ka-y tomate
cortar-cont-ind.3 tomate
‘Picó tomate.’309
(277) Dungukaymi.
dungu-ka-y-mi.
hablar-cont-ind-2s
‘De todas maneras hablaste.’ (Salas, 2006[1992b], p. 141)
El sufijo -tu es un repetitivo o restaurativo. Dependiendo del evento
expresado por el predicado, significa cambio de estado, restauración de un
estado o repetición de una acción.
(278) L´el´ümtufiñ.
l´el´üm-tu-fi-n
soltar-rest-obj.3-ind.1s
‘Lo solté, lo desaté, lo liberé.’
(279) Wichar-tu-y.
desgarrar-rest-ind.3
‘Volvió a desgarrarse, se ha desgarrado nuevamente.’
309 Picar en este caso se tiende que es una acción que se hace de manera repetida.
382
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
En algunos verbos, lexicaliza la acción contraria o inversa:
(280) a. ürkü-n ‘cansarse’ vs. ürkütu-n ‘descansar’
b. amu-n ‘ir’ vs. amutu-n ‘irse, ir de vuelta (a casa)’
El sufijo -rke se ha denominado sufijo de evidencialidad y admirativo.
Indica sorpresa por parte del hablante respecto del evento expresado por
el verbo. También se utiliza en narraciones. De manera tentativa, se ha
propuesto que su origen sería el adverbio reke ~ rüke ‘como’ (Hasler et al,
2020).
(281) ¡Kimürkey!
kim-rke-y
saber-ev-ind.3
‘¡Él sabía (y no me había dado cuenta)!’
(Hernández et al, 2006, p. 126)
(282) ¡Lhükalerkeymi!
lhüka-le-rke-y-mi
temer-est-ev-ind-2s
‘¡Supe que tuviste miedo!’ (Hernández et al, 2006, p. 126)
(283) ¡Ngolhirkeymi!
ngolhi-rke-y-mi
embriagarse-ev-ind-2s
‘Supe que te embriagaste’ (Salas, 2006[1992b], p. 139)
Otro sufijo aspectual progresivo es -meke, relacionado con el verbo
meken “estar ocupado haciendo algo”. Indica que el sujeto de la acción
expresada está ocupado haciendo algo en ese momento. Se podría traducir
en castellano con el adverbio “repetidamente” (Croese, 1984).
(284) Pepurkey tilhtilhümeken ti ko.
pe-pu-rke-y tilhtilhü-meke-n ti ko
ver-loc-ev-ind.3 gotear-asp-fnp mod agua
‘Al llegar allá vio que estaba cayendo una gotera.’310
(Aguilera et al., 1987a, p. 11)
310 De manera alternativa, se puede traducir como: ‘Al llegar allá encontró o vio que
el agua caía y caía en gotitas.’
383
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
(285) Kuyfi l´afken´tumekemelu iñche…
kuyfi l´afken´tu-meke-me-lu iñche
antes marisquear-asp-loc-fnp pron.1s
‘Antes cuando yo estaba marisqueando…’
(Aguilera et al., 1987a, p. 16)
(286) Ngürü mekey dewma ñi kuden!311
ngürü meke-y dewma ñi kude-n
zorro ocuparse-ind.3 ya poss.3 apostar-fnp
‘¡El zorro ya está metido en apuestas!’ (Pranao, 1988, p. 10)
Finalmente, el sufijo -we indica que la situación o acción expresada
por el verbo ha cesado o dejado de ocurrir o ser de ese modo. Combinado
con el estativo -le y un verbo de estado indica que algo ha quedado así.
(287) Mülewelay che ruka mew.
müle-we-la-y che ruka mew
estar-ces-neg-ind.3 gente casa post
‘Ya no queda gente en casa.’ (Hernández et al, 2006, p. 124)
(288) Kurülewey.
kurü-le-we-y
negro-est-ces-ind.3
‘Quedó negro.’ (Zúñiga, 2006a, p. 161)
(289) Kalewey ñi düngun chafo mew.
ka-le-we-y ñi düngu-n chafo mew
otro-est-ces-ind.3 poss.3 hablar-fnp tos post
‘Por la tos ha quedado alterada su voz.’
(Augusta, 1903, p. 43)
20.5 Sufijos relacionados con locación y movimiento
Los siguientes sufijos se relacionan con la ubicación y movimiento
respecto del lugar de habla y la forma de ese desplazamiento. Otro nom-
bre que recibe esta expresión gramatical es deixis espacial.
El sufijo -pa indica que el evento se realiza cerca del lugar y momento
de habla. Puede que guarde relación con el verbo küpan ‘venir’, el que se
podría descomponer en kü- ‘ir’ (compárese con el sufijo -yekü más abajo)
y pa ‘acá’.
311 Esta expresión también se puede decir: Fey ti ngürü dewma meketuy ñi kuden! ‘¡El
zorro ya está metido en apuestas!’.
384
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
(290) Kiñeke wag nagpay.
kiñe-ke wag nag-pa-y
uno-dist gotera bajar-loc-ind.3
‘Algunas goteras descendieron hacia acá (o sea hacía a mí).’
(Zúñiga, 2006)
(291) Thafyepayaen estasiyon mew.
Thaf-ye-pa-ya-e-n estasiyon mew
junto-apl-loc-fut-inv-ind.1s estación post
‘Vendrás a encontrarme en la estación.’
(292) Ka felepatun.
ka fele-pa-tu-n
otro [Link]í-loc-rest-ind.1s
‘Nuevamente como antes, estoy aquí’
El segundo sufijo es -pu, que, al contrario de -pa, indica que el evento
se realiza lejos del lugar y momento de habla. Respecto de su origen, es
posible compararlo con el verbo pun o puwün ‘llegar allá’.
(293) Küdawpun.
küdaw-pu-n
trabajo-loc-ind.1s
‘Al llegar allá trabajé.’ (Augusta, 1903, p. 95)
(294) Kintupuafimi wariya mew.
kintu-pu-a-fi-y-mi wariya mew
buscar-loc-fut-obj.3-ind-2s ciudad post
‘(tú) lo buscarás (allá) en la ciudad.’ (Hernández et al, 2006, p. 122)
(295) Pepufi.
pe-pu-fi-y
ver-loc-obj.3-ind.3
‘Lo encontró allá.’ (Smeets, 2008, p. 257)
El tercer sufijo es -me, el cual indica movimiento de alejamiento des-
de el lugar de habla, con la idea de un eventual retorno a este espacio.
(296) Yelmetuafiñ ñi kawelhu.
ye-l-me-tu-a-fi-n ñi kawelhu
llevar-caus-loc-rest-fut-obj.3-ind.1s poss.3 caballo
‘Iré a buscarle su caballo.’ (Augusta, 1903, p. 97)
385
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
(297) ¿Umawtumeymi üyew?
umawtu-me-y-mi üyew
dormir-loc-ind-2s allá
‘¿Fuiste a dormir allá?’ (Hernández et al, 2006, p. 122)
(298) Küdawmeymi.
küdaw-me-y-mi
trabajo-loc-ind-2s
‘Fuiste allá a trabajar.’ (Salas, 2006[1992b], p. 142)
Los sufijos -pa, -me y -pu también se unen a otras bases verbales y
otras formas, como posposiciones de lugar, lo que permite subespecifi-
car el significado de la estructura base, formando así adverbios de lugar.
Considérense los siguientes ejemplos tomados del diccionario de Augusta
(1916/2017):
(299)
fapüle-pa ‘desde un punto fijo hacia acá’
n´o-pa ‘a este lado (de las aguas)’
n´o-me ‘al otro lado (de las aguas)’
walh-pa ‘alrededor’
walh-me ‘para los lados, alrededor’
pichi-pu ‘a corta distancia’
kiñekel-pu ‘algunas veces, a tiempo’
Dos sufijos pueden formar ensambles morfológicos con los loca-
tivos. Estos son -r y -yekü y se denominan interruptivos. Se antepone a los
locativos -pa y ‑pu para expresar que el movimiento o lugar de habla expre-
sado por el locativo se interrumpe con la acción expresada por el verbo.
(300) Ülkanturpaymi.
ülkantu-r-pa-y-mi312
cantar-interr-loc-ind-2s
‘(Tú) al venir hacia acá pasaste a cantar.’ (Salas, 2006[1992b], p. 143)
(301) Ülkanturpuymi.
ülkantu-r-pu-y-mi
cantar-interr-loc-ind-2s
‘(Tú) al ir hacia allá pasaste a cantar.’ (Salas, 2006[1992b], p. 143)
312 El verbo ülkantun ‘cantar’ se puede analizar como el sustantivo ül ‘canto’ más
el sufijo de actividad recreativa -kantu (véase §20.6 más adelante en esta sección). Para los
tipos de ül ‘cantos’ en mapudungun, consúltese la sección 7.1 de Oralidad Primaria.
386
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
(302) Femngechi füchake wenthungerpuiñ.
femngechi fücha-ke wenthu-nge-r-pu-iñ
entonces grande-dist hombre-ser-interr-loc-ind.1p
‘Entonces cada uno de nosotros de esta manera llegamos a ser
adultos mayores’ (Smeets, 2008, p.259)
En cambio, el sufijo -yekü es un sufijo interruptivo más repetitivo,
que se antepone a los locativos -pa y ‑me para expresar que la idea de mo-
vimiento es interrumpida de manera constante y gradual.
(303) Mangiñ ko themyekümey püchike püchike.
mangiñ ko them-yekü-me-y
corriente agua crecer-interr-loc-ind.3
püchi-ke püchi-ke
pequeño-dist pequeño-dist
‘La corriente de agua iba creciendo poco a poco.’
(Augusta, 1903, p. 102)
(304) Lefyeküpan.
lef-yekü-pa-n
correr-interr-loc-ind.1s
‘(Yo) me vine corriendo (intermitentemente).’313
(Hernández et al., 2006, p. 123)
20.6 Sufijos equivalentes a expresiones adverbiales
Algunos sufijos verbales del mapudungun equivalen a expresiones ad-
verbiales o incluso perífrasis en castellano. El sufijo -fal ha sido denomina-
do de fuerza mayor, pues “Se manda o permite la ejecución de una acción”
(Hernández et al, 2006); “significa ‘dejar o mandar a hacer eso’” (Salas,
2006[1992b]); “utilizar a alguien para que alguien haga algo” y “agrega un
tercer participante entre el agente causador y el evento causado” (Gollus-
cio, 2007).
(305) Yefalmey ñi lhalha314.
ye-fal-me-y ñi lhalha
llevar-fma-loc-ind.3 poss.3 suegra
‘Mandó a buscar a su suegra.’ (Cayulao et al., 1987, p. 22)
313 También se entiende como ‘(Yo) de inmediato vine corriendo’.
314 Otra expresión con el mismo significado es Yelngemey ñi lhalha.
387
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
(306) Ñi patron müthümeyew.
ñi patron müthüm-e-y-ew
poss.3 patrón llamar-inv-ind.3-post
‘Su patrón lo llamó.’ (Golluscio, 2007, p. 211)
(307) Ñi patron müthümfaleyew.
ñi patron müthüm-fal-e-y-ew
poss.3 patrón llamar-fma-inv-ind.3-post
‘Su patrón lo mandó llamar.’ (Golluscio, 2007, p. 211)
Relacionado con -fal, el sufijo -faluw es un sufijo simulativo, que indica
que la acción o estado se produce de manera simulada o fingida. Equivale
a expresiones en castellano que inician con el verbo “hacerse”.
(308) Fey kuthanfaluwürkey ti wenthu.
fey kuthan-faluw-rke-y ti wenthu
entonces enfermo-simul-ev-ind.3 mod hombre
‘Entonces se hizo el enfermo el hombre.’ (Blanco, 1988, p. 1)
(309) Kiñe ina iñche l´awfaluwan.
kiñe ina iñche l´a-w-faluw-a-n315
uno cercanía pron.1s muerto-refl-simul-fut-ind.1s
‘De inmediato me haré el muerto.’ (Cayulao, 1989, p. 19)
(310) Iñche tüfa mew pewfaluwfemafiñ.
Iñche tüfa mew pe-w-faluw-fem-a-fi-ñ
pron.1s este post ver-refl-simul-inm-fut-obj.3-ind.1s
‘Yo por acá de inmediato me haré visible ante él.’
(Cayulao, 1989, p. 19)
Posiblemente, este sufijo sea un ensamble morfológico, formado por
el sufijo -fal de fuerza mayor más el sufijo de reflexivo -w.
Por otro lado, el sufijo -kantu significa acción hecha como juego, bro-
ma o recreación. En algunas variedades, se realiza sin la nasal intermedia,
como -katu.
315 La expresión kiñe ina se compone del numeral ‘uno’ y el sustantivo ina ‘ceranía’.
De acuerdo con Augusta (1916) indica que se ha tomado una resolución que se quiere
ejectuar de inmediato.
388
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
(311) Fey sañi ringkükantuyawturkey pañi mew316.
fey sañi ringkü-kantu-yaw-tu-rke-y
entonces chingue saltar-recr-amb-rest-ev-ind.3
pañi mew
sol post
‘Entonces el chingue volvió andar saltando al calor del sol.’
(Cayulao, 1989, p. 25)
(312) Kisu awkantumeketuy kuyüm mew, dewmakantuy ruka.
kisu awkantu-meke-tu-y kuyüm mew
é[Link] jugar-asp-rest-ind.3 arena post
dewma-kantu-y ruka
hacer-recr-ind.3 casa
‘Él sólo volió a retomar su juego en la arena; jugaba a hacer
casas.’ (Canio, 1987, p. 10)
(313) Tüfachi l´ewfü ñi inaltu thekakantuyawkerkey.
tüfa-chi l´ewfü ñi inal-tu theka-kantu-yaw-ke-rke-y
este-adj río poss.3 cercanía-adv caminar-recr-amb-hab-ev-ind.3
‘Por la orilla de este río, recorría caminando.’ (Canio, 1987, p. 28)
Otro sufijo adverbial es -fem de inmediatez. Equivale a los adverbios
“de inmediato, inmediatamente”.
(314) Wilhiñ rüngküpürafemi.
wilhiñ rüngkü-püra-fem-i
nutria saltar-subir-inm-ind.3
‘La nutria saltó inmediatamente.’ (Salas, 2006[1992b], p. 284)
(315) Wirarfemüymi.
wirar-fem-y-mi
gritar-inm-ind-2s
‘Gritaste de inmediato.’ (Hernández et al, 2006, p. 135)
(316) Akufemi.
aku-fem-i
[Link]á-inm-ind.3
‘Llegó de inmediato.’ (Hernández et al, 2006, p. 135)
Relacionado con el anterior, -rume indica que la acción se realiza de
manera repentina, por lo que equivale al adverbio “de repente”.
316 Una expresión equivalente para la costa es Fey chinge rüngkükantuyawturkey añchü
mew.
389
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
(317) Niecherumey317.
nie-che-rume-y
tener-gente-rep-ind.3
‘De repente quedó embarazada.’ (Aguilera et al, 1987b, p. 12)
(318) Küparumey kiñe welukafe.
küpa-rume-y kiñe weluka-fe
venir-rep-ind.3 uno comerciar-ag
‘De repente vino un comerciante.’ (Cayulao et al., 1987, p. 22)
(319) Feymew amurumen Temuko tañi ngilhakameal.
feymew amu-rume-n T. ta-ñi ngilha-ka-me-a-el
entonces ir-rep-ind.1s T. mod-poss.1s comprar-cont-loc-fut-fnp
‘De repente fui a Temuco para hacer compras.’
(Llamin, 1987c, p. 21)
El sufijo -yaw también podría considerarse dentro de esta categoría
de sufijos equivalentes a expresiones adverbiales. Significa un movimiento
que se realiza deambulando; de ahí su nombre como sufijo “ambulativo”.
Equivale a la perífrasis en español con el verbo ‘andar haciendo’ (la acción
del verbo). Por lo general, se realiza con una forma alternativa, -kiyaw o
-küyaw, tras raíces terminadas en consonante. Ciertamente, está relaciona-
do con el verbo miyawün ‘andar’.
(320) Feymew mütrümkiyawültufeyew ti wentru…
feymew mütrüm-kiyaw-ül-tu-fu-e-y-ew ti wentru
entonces llamar-amb-caus-apl-ce-inv-ind.3-post mod hombre
‘Entonces al hombre lo andaban llamando…’ (Blanco, 1988, p. 8)
(321) Kiñeke mew epuke miyawkey ka femngechi kisuyawkey.
kiñe-ke mew epu-ke miyaw-ke-y ka
una-dist post dos-dist andar-hab-ind.3 y
femngechi kisu-yaw-ke-y
así solo-amb-hab-ind.3
‘Algunas veces andan de a dos, así también andan solos’
(Cayulao y Pranao, 1995, p. 30)
317 Existe una expresión equivalente: Niechenngerumey ‘de un repente quedó embara-
zada’.
390
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
21. Comparación de las terminaciones
en verbos bipersonales
La diversidad de formas de expresar los significados por medio de la
gramática es parte natural de las lenguas. Debido a este principio, encon-
traremos que las terminaciones bipersonales en mapudungun, en contados
casos, pueden manifestarse de diferentes formas. Esta diversidad puede
obedecer a dos situaciones. Por un lado, podrían ser diferencias dialectales
que operan desde épocas tempranas, debido a lo extenso del territorio.
Por otro lado, se podría tratar de variaciones adscritas al contexto de rea-
lización del enunciado, como modificación del ritmo y prosodia debido a
decisiones pragmáticas.
A continuación, nos referiremos a la posibilidad de variación en el
caso de las terminaciones bipersonales del mapudungun. A modo de un
breve acercamiento a este tema, presentamos un cuadro comparativo de la
literatura moderna sobre este punto. En las siguientes tablas, se comparan
los trabajos de Harmelink (1996); Díaz-Fernández (2006), Catrileo (2010)
y Smeets (2008). En negrita y con un numeral volado, se han destacado
aquellas formas que consideramos que difieren en los distintos análisis. En
este sentido, hemos debido escoger una forma como patrón de compara-
ción —específicamente, la descripción de Harmelink (1996). Cabe señalar
que con esta decisión práctica, no estamos haciendo un juicio respecto de
cuál es la forma más adecuada o correcta entre las presentadas.
Las formas se agrupan en tablas siguiendo la nomenclatura utilizada
en la Sección 6. Escenarios de los verbos bipersonales.
21.1 Formas de escenario local con diálogo mínimo
Harmelink, Díaz-Fernández, Catrileo, Ineke Smeets,
1996 2006 2010 2008
ind -eyu -eyu -eyu -eyu
1s » 2s cond -eliyu -eliw1 -eliyu -elyu1
imp * * * *
ind -en -en -en -en
2s » 1s cond -eli -eli -eli -eli
imp -en -en -en -en
Tabla 41: Terminaciones bipersonales del escenario local con diálogo mínimo.
391
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Las fuentes concuerdan en que no existe una forma de imperativo
para la relación 1ª persona agente a 2ª persona paciente —representada
por la nomenclatura 1s » 2s, en la tabla; a pesar de existir una forma expec-
table, mas no evidenciada, como *‑echi, que se podría deducir al comparar
la forma -echimew, que proporciona Catrileo (2010) para la relación 3s » 1s
(ver Tabla 45). Por otro lado, la relación inversa, cuando una 2ª persona
con un rol agentivo realiza una acción que padece una 1ª paciente su forma
es igual a la de indicativo: -en, por ejemplo: Kelhuen! ‘¡Ayúdame!’.
Existen discrepancias en la forma de resolver la frontera morfológica
entre el sufijo del condicional -l y el sufijo de dual -yu. Harmelink (1996)
y Catrileo (2010) resuelven este complejo como un trisílabo ([Link]); en
cambio, según Díaz-Fernández (2006), se trata de un bisílabo con dipton-
go decreciente ([Link]); y para Smeets (2008), es también un bisílabo, pero
con otra estructura fonotáctica: con una sílaba abierta final (“[Link]”).
21.2 Formas de escenario local con diálogo extendido
Harmelink, Díaz-Fernández, Catrileo, Ineke Smeets,
1996 2006 2010 2008
ind -mun -mun -mun -mun
2dp»1s cond -muli -muli -muli -muli
imp -mun -mun -muchi2 -muchi2
ind -muyu -muyu -muyu -muyu
2»1d cond -muliyu -muliw3 -muliyu -muliu3
imp -muyu -muyu -muyu -muyu
ind -muiñ -muiñ -muiñ -muyiñ4
2»1p cond -muliyiñ -muliñ4 -muliiñ4 -muliñ4
imp -muiñ -muiñ -muiñ -muyiñ4
Tabla 42: Terminaciones bipersonales del escenario local
con diálogo expandido, segunda a primera.
Las primeras formas del diálogo extendido expresan las acciones que
se realizan entre a) una 2ª persona dual o plural agente a una 1ª persona
singular paciente (2d/p » 1s), y b) una 2ª persona agente —ya sea singular,
dual o plural— a una 1ª persona dual o plural paciente (2s/d/p » 1d; 2s/
d/p » 1p). La estructura base (-mu + terminación monopersonal) cambia
dependiendo del número de la 1ª persona, que se realiza en la estructura
con las terminaciones ‑n, ‑yu o ‑iñ, respectivamente, para singular, dual y
plural. El sufijo -mu es un sufijo de inversión (inv) cuando la 2ª persona
392
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
actúa como agente respecto de la 1ª persona paciente en las formas del
diálogo extendido.
Existen algunas discrepancias en la literatura (2 volado) en la forma
de imperativo 2 » 1, donde algunos indican que la terminación corres-
pondiente es el sufijo de imperativo monopersonal -chi y otras señalan la
terminación de indicativo -n.
En el caso de las formas condicionales de dual (3 volado) y plural (4
volado), existen diferencias en la resolución del grupo consonántico, don-
de algunos autores registran un apoyo consonántico de la vocal alta en la
forma de la aproximante /j/, lo que en términos acústicos da cuenta de un
alargamiento de la vocal en la pronunciación de estas formas, con lo que
se da una graduación de la duración de una estructura resonante, formada
por la vocal /i/ y la aproximante /j/ en el tipo de formas descritas en la
literatura, a saber: -muliyiñ > -muliiñ > -muliñ; -muliyu < -muliw / -muliu.
Harmelink Díaz-Fernández Catrileo Smeets
(1996) (2006) (2010) (2008)
ind -wiyiñ -wyiñ5 -wiiñ5 -wyiñ5
1»2
cond -wliyiñ -wliyiñ -wliiñ6 -wliiñ6
(ext.)
imp * * * *
Tabla 43: Terminaciones bipersonales del escenario local
con diálogo expandido, primera a segunda.
En el segundo caso del diálogo extendido, la forma de 1ª a 2ª es solo
una, lo que puede generar ciertas ambigüedades, que se resuelven por me-
dio del uso de pronombres personales. La forma base (-w + terminación
monopersonal) remite al sufijo reflexivo -w y la formas monopersonales
para la primera persona plural, evidenciando nuevamente la primacía de la
primera persona sobre la segunda en la estructura morfológica del mapu-
dungun. Por este motivo, este sufijo -w se lo considera, en estos casos, como
un sufijo de inversión con expresión de pluralidad del agente. Al igual que
la forma de diálogo mínimo, las fuentes concuerdan en que no hay una
forma para el imperativo que dé cuenta de esta relación.
En cuanto a la resolución de la frontera morfológica entre -w y -iñ/-li-
yiñ en indicativo y condicional (5 y 6 volados), existen distintas formas de
resolver en las formas descritas en la literatura, tales como resilabificacio-
nes y apoyos consonánticos.
393
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
21.3 Escenario mixto
En el primer caso de escenario mixto, las formas directas agregan el
sufijo -fi que indica tercera persona en función de objeto, las que se unen a
la terminación monopersonal correspondiente a la persona que es agente,
formando la estructura básica: -fi + terminación monopersonal.
Harmelink Díaz-Fernández Catrileo Smeets
(1996) (2006) (2010) (2008)
ind -fiñ -fiñ -fiñ -fin
1s»3 cond -fili -fili -fili -fili
imp (?) * -fichi -fichi
ind -fiyu -fiyu -fiyu -fiyu
1d»3 cond -filiyu -filiw7 -filiyu -filiu7
imp (?) * -fiyu -fiyu
ind -fiyiñ -fiiñ8 -fiiñ8 -fiyiñ
1p»3 cond -filiyiñ -filiñ9 -filiiñ9 -filiñ9
imp (?) * -fiiñ10 -fiyiñ10
ind -fimi -fimi -fimi -fiymi11
2s»3 cond -filmi -filmi -filmi -filmi
imp -finge -finge -finge -finge
ind -fimu -fimu -fimu -fiymu11
2d»3 cond -filmu -filmu -filmu -filmu
imp -fimu -fimu -fimu -fimu
ind -fimün -fimün -fimün -fiymün11
2p»3 cond -filmün -filmün -filmün -filmün
imp -fimu -fimün -fimün -fimün
Tabla 44: Terminaciones bipersonales del escenario mixto, alineación directa.
Nuevamente, existe una discrepancia en las formas duales de la pri-
mera persona en modo condicional (7 volado) y las formas plurales (8, 9 y
10
volados); esto corresponde a lo ya se ha señalado antes para las tablas
41 y 42. Respecto de la forma en el caso de la segunda persona singular,
dual y plural, la frontera morfológica entre -fi y la marca de indicativo -y de
esas formas se resuelve de distintas maneras según los autores, ya sea con
alargamiento del grupo resonante o con reducción de uno de sus elemen-
tos: -fiymi > -fimi.
394
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Harmelink Díaz-Fernández Catrileo Smeets
(1996) (2006) (2010) (2008)
ind -enew -enew -enew -enew
3 » 1s cond -elimew -elimew -eli mew -elimew
imp * * -echi mew12 -echimew12
ind -eyumew -eyumew -eyumew -eyumew
3 » 1d cond -eliyumew -eliwmew13 -eliyu mew13 -elyumew13
imp * -peeyu mew14 *
ind -eiñmew -eiñmew -eiñmew -eyiñmew15
3 » 1p cond -eliyiñmew -eliñmew16 -eliiñ mew -elyiñmew16
imp * -peeiñ mew *
ind -eymew -eymu (~-eymew) -eymew -eymew
3 » 2s cond -elmew -elmu (~-elmew) -elmi mew -elmew
imp * * -peeymi mew *
ind -eymumew -eymumew -eymu mew -eymumew
3 » 2d cond -elimumew -elmumew -elmu mew -elmunew
imp * * -peeymu mew *
ind -eymünmew -eymünmew -eymün mew -eymünmew
3 » 2p cond -elimünmew -elmünmew -elmün mew -elmünmew
imp * * -peeymün mew *
Tabla 45: Terminaciones bipersonales del escenario mixto, alineación inversa.
Por otro lado, en el segundo caso de las formas mixtas, cuando una
tercera persona t iene rol de agente y una primera o segunda persona es
paciente, la forma se realiza con un sufijo de inversión -e, una forma con
función de sujeto correspondiente a la primera o segunda persona, y el
sufijo -(m)ew de tercera persona con función de objeto. La estructura base
entonces tiene la forma de -e + terminación monopersonal + -(m)ew.
Nuevamente hay discrepancias respecto de las formas dual y plural
de la primera persona (13, 14, 15, 16 volados), respecto de la resolución de las
fronteras morfológicas, como se señaló anteriormente. De igual modo,
algunos autores no representan formas para el imperativo, en cambio
otros sí lo hacen, como se puede apreciar en la tabla 45 (12 volado), donde
Catrileo (2010) extiende la estructura base incorporando la terminación
monopersonal de imperativo.
21.4 Escenario no local
Por último, el escenario no local expresa la interacción entre dos ter-
ceras personas, donde una de ellas es elemento focal del discurso, por ser
395
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
tópico de conversación o narración, o bien, por ser semánticamente más
relevante; por ejemplo, al constituirse como una persona versus un animal
u objeto.
En el primer caso, en la forma directa, la tercera persona que está
puesta en foco, tiene función de agente y se expresa como sujeto en la
estructura base (-fi + terminación personal) con la terminación monoper-
sonal ‑y, ‑le o ‑pe correspondiente.
Harmelink Díaz-Fernández Catrileo Smeets
(1996) (2006) (2010) (2008)
ind -fi -fi -fi -fiy17
3s»3 cond -file -file -file -file
imp -fipe18 -fipe18
ind -fi engu -fi (engu) -fingu -fingu
3d»3 cond -file engu -file (engu) -file -file
imp -fipe18 engu -fipe18
ind -fi engün -fi (engün) -fingün -fingün
3p»3 cond -file engün -file (engün) -file -file
imp -fipe18 engün -fipe18
Tabla 46: Terminaciones bipersonales del escenario no local, alineación directa.
Las discrepancias en este caso se vinculan con la existencia de una
forma para el imperativo de esta relación, descrita por Smeets (2008) y
Catrileo (2010), y la resolución entre la frontera del sufijo -fi y el sufijo de
tercera persona -i del indicativo, donde Smeets realiza un alargamiento en
un grupo resonante (17 volado), en contraposición de las otras formas que
evidencian reducción: ‑fiy > -fi.
En el segundo caso, en la forma inversa, la persona en foco refiere a
un rol de paciente, pero mantiene la función de sujeto, gracias a la inter-
vención de un sufijo de inversión y un sufijo de objeto que representa al
argumento con rol de agente en la cláusula. La estructura base es entonces
-e + terminación monopersonal + -(m)ew.
Harmelink Díaz-Fernández Catrileo Smeets
(1996) (2006) (2010) (2008)
ind -eyew -eyew -eyew -eyew
3»3
cond -eliyew -elyew19 -eliyew -elyew19
Tabla 47: Terminaciones bipersonales del escenario no local, alineación inversa.
396
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Al igual que en otros casos ya descritos, la frontera morfológica for-
mada por el sufijo del condicional presenta distintas resoluciones en las
descripciones que aparecen en la literatura. Por último, no se evidencia una
forma de imperativo en esta relación inversa del escenario no local.
Por último, a modo de conclusión de esta breve comparación de
las formas reportadas en la literatura, debemos señalar que gran parte de
las distintas configuraciones descritas son consecuentes entre sí. Solo en
algunos casos, y debido a asuntos y procesos fonológicos, existen discre-
pancias que ameritan una proyección de análisis más profunda.
22. A modo de conclusión de esta tercera parte
En esta tercera parte, se han abordado distintos aspectos y nocio-
nes, de manera introductoria, dentro del dominio lingüístico de la morfo-
sintaxis, tradicionalmente denominada gramática. El recorrido se realizó
teniendo como marco de fondo distintos fenómenos que son específicos
a la lengua mapuche, para lo cual se seleccionaron distintos ejemplos de
formas y estructuras que aparecen en la literatura.
Esta parte inicia con una breve sección donde se responde la pregun-
ta de qué es la palabra. Así, se introducen y describen de manera general
los dominios de investigación de la morfología y sintaxis, y sus nociones
más importantes. Un aspecto a destacar de este primer apartado es la in-
clusión del concepto mapuche n´emül´, equivalente a ‘palabra’ o ‘idioma’.
La segunda sección, denominada Clases de Palabras, es un poco más
extensa y profundiza en una clasificación morfosintáctica de las estructu-
ras léxicas y gramaticales del idioma mapuche. Se repasan grandes clases,
como sustantivos, adjetivos, modificadores, etc., vinculando esto con lo
aprendido en la subsección anterior, especialmente en lo que respecta al
tipo de frases descritas bajo la subsección de Sintaxis. También se descri-
ben, con una considerable cantidad de ejemplos, otras clases de palabras,
como los pronombres, además de los adverbios. En esta sección, se inicia
el estudio del verbo, clase muy importante en mapudungun por su alta com-
plejidad morfológica. Por este motivo, se consideró la inclusión de una
breve introducción, tras la cual se describen brevemente otras clases de
palabras, concluyendo de esa manera esa subsección.
La tercera y última subsección es la más extensa de esta parte de
Morfosintaxis. Inicia con la noción semántica de predicado, describiendo
cómo se expresa en la estructura de la cláusula mapuche. Dada su comple-
jidad morfológica, se profundiza en los tipos de verbos y en la estructura
397
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
interna de las terminaciones. Se ha preferido clasificar estas últimas en dos
tipos, dependiendo de la naturaleza del verbo: monopersonal y bipersonal.
Dentro de estos últimos, un aspecto propio del mapudungun es lo que se de-
nomina escenarios de los verbos bipersonales, que permiten establecer una base
metodológica para poder abordar la compleja expresión de estas relacio-
nes. Posteriormente, se abordan los tipos de cláusulas en mapudungun, ade-
más de las formas no personales. Esto es posible gracias a la literatura más
reciente sobre el tema, lo cual nos permite contar con formas de poder
explicar y clasificar estas estructuras. La subsección continúa con un breve
pero exhaustivo recorrido de los tipos de sufijos verbales, procurando una
clasificación de los mismos para poder facilitar su aprendizaje y enseñanza
en un curso de gramática del mapudungun. Finalmente, se comparan todas
las terminaciones de los verbos bipersonales, con el objetivo de contar
con la tabulación de las distintas formas mencionadas en los apartados
anteriores.
Un aspecto a relevar de esta tercera parte es la capacidad de poder
ejemplificar los distintos conceptos y estructuras tratados en la misma gra-
cias a la disponibilidad de publicaciones científicas y de divulgación. Men-
ción importante dentro de estas son las obras publicadas por la Imprenta y
Editorial Küme Dungu, que durante los años ochenta y noventa editó una
treintena de trabajos preparados por jóvenes autores mapuche.
Al desarrollar esta parte, quisimos mantener un rumbo entre dos
direcciones cardinales: por un lado, la sencillez en la exposición de los con-
tenidos y por otro la rigurosidad en lo señalado, sin caer en sobresimplifi-
caciones. Esperamos no habernos extraviado demasiado en este cometido.
398
CUARTA PARTE:
CONCLUSIONES Y
CONSIDERACIONES FINALES
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
I. A modo de conclusiones
El presente libro ha expuesto diversas temáticas relacionadas con la
lengua mapuche. Esta labor se ha apoyado, por un lado, en las contribu-
ciones realizadas por diversos académicos y académicas que con su trabajo
han aumentado el conocimiento de la lengua mapuche, pero fundamen-
talmente en el conocimiento y práctica de longko, nüthamtufe, pu wewpife, pu
ülkantufe, quienes han promovido y transmitido su lengua hasta nuestros
días desde los tiempos más antiguos.
Sus potenciales destinatarios, es decir, docentes que enseñen la len-
gua mapuche, profesores en formación, traductores e intérpretes, estu-
diantes y profesionales que tengan interés en estudiar y aprender la lengua
mapuche, y, con algunas consideraciones, el público en general, tendrán la
oportunidad, por medio de esta publicación, de explorar diferentes áreas
del conocimiento en torno a la lengua mapuche.
A continuación, a modo de corolario, se exponen las conclusiones a
partir de lo expuesto y desarrollado en cada una de estas partes. En primer
lugar, respecto de la sección Oralidad Primaria Mapuche, debemos se-
ñalar que es una tecnología de comunicación humana transversal al pensa-
miento, a la lengua y a la cultura de los pueblos ágrafos —cuya existencia
y aplicación es anterior a la escritura. Ésta comienza a ser cultivada desde
la existencia de la humanidad en este planeta y subsiste, inclusive, hasta el
día de hoy. Walter Ong (1987, p.15) señala que “la oralidad primaria es la
de las personas que desconocen por completo la escritura”. Esta no es la
oralidad mediatizada de los pueblos que tienen como tecnología la escri-
tura y la lectura, que una parte de la humanidad maneja para comunicarse
y/o para transmitir sus saberes.
En esta parte del libro, a manera de introducción al estudio de la len-
gua mapuche, hemos sostenido que gran parte del mundo indígena y prin-
cipalmente en las áreas rurales de la Araucanía aún se sostiene y se valora la
oralidad primaria, y es por ello que genera, a través del mapudungun, lengua
mapuche, diversos tipos de discursos orales como: pu nütham (los relatos),
pu ül (los cantos) y su respectiva clasificación (Lenz, 1895-1897; Augusta,
1910; Aguirre, 1980). Los textos orales se emplean para desplegar y dispo-
ner del saber, sea éste tangible o trascendente, y establecer comunicación
entre sus miembros, a través de kiñe nüthamtun (un discurso), kiñe ülkantun
401
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
(un canto), kiñe tayültun (un canto trascendente), kiñe pentukun (un saludo),
kiñe wewpin (un discurso dialógico), etc.
La existencia de los pueblos ágrafos en el mundo, sin embargo, per-
manentemente se ha visto invisibilizada por las sociedades dominantes,
y pareciera que esta práctica continúa aún, considerando esta forma de
existencia como un fenómeno socioculturalmente de atraso moral, econó-
mico y carente de “civilización”, que debiera ser reemplazado lo más tem-
prano posible por la práctica de la escritura y de la lectura para así alcanzar
el estatus de “sociedad civilizada”. Es en este sentido que, como se ha di-
cho, los pueblos oralistas corren el riesgo de llevar sobre sus hombros las
múltiples y variadas amenazas para su existencia, máxime cuando sus len-
guas deben sufrir el lingüicidio continuo, sin que haya una acción real para
revertir tal situación. De este modo, se mantiene la imagen de ser humano
estropeada por los estereotipos, con vituperios como “salvajes”, “incivili-
zados”, “ignorantes”. Como si fuera poco todo aquello, se ven obligados
a abandonar la capacidad de leer el mundo en sus propios códigos. De
esta manera, y, de acuerdo al concepto tradicional de analfabetismo, ellos
debieran desprenderse de inmediato de la práctica oral, para incorporarse
de manera decisiva a la cultura de la escritura. Paolo Freire, sin embargo,
nos invita a repensar esta situación, señalando que para él, el alfabetizado
se entiende como quien puede leer el mundo bajo algún código cultural;
y, por tanto, niega el término analfabetismo como un concepto genérico
y generalizable. El autor sostiene que se es analfabeto no en sí, sino en
relación a un determinado código de comunicación. Así, entonces, para
quien sólo habla mapudungun, se es analfabeto en español; y para quien solo
habla español, se es analfabeto en mapudungun. Pero ambos son alfabeti-
zados en los códigos de su propia cultura (Williamson, 2012, p. 138). En
consecuencia, a través de estas palabras, se intenta rescatar la importancia
del concepto “alfabetización”, como un proceso que no se limita sólo a
aprender a leer y escribir en un código determinado únicamente, sino que
implica la posibilidad de leer el mundo y efectuar la comunicación humana
en diferentes códigos culturales (Freire, 2006, p. 33).
Sin embargo, a pesar de las raíces orales de toda articulación ver-
bal humana, durante siglos el análisis lingüístico y literario ha evitado la
oralidad primaria, concentrando sus estudios en los textos escritos antes
que en los “textos” orales (Ong, 1987). Tanto es así que hoy no existe un
metalenguaje ad hoc para referirse a textos que se generan desde la oralidad.
En efecto, la literatura sigue empleando únicamente el término “oralidad”,
sin preocuparse de la especificidad de la oralidad primaria; aun cuando
autores como Lord, Ong, Peabody, Havelock, y muchos otros, describen y
dan cuenta de ella. Es por ello que hemos sostenido que los textos de ora-
402
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
lidad primaria mapuche no pueden ser considerados como variantes de la
escritura, puesto que estos no se han elaborado para ser leídos. El ülkantufe
(cantor) y el nüthamtufe (narrador) —y no escritor—, por ejemplo, desarro-
llan su idea nada más que en su mente, y, de manera personal, construyen
su “texto” —que, por cierto, no está plasmado en el papel. La estructura
subyacente de un ül (canto) o un kon´ew (adivinanza) o un nütham (texto
narrativo) estará en su mente.
Considerando las peculiaridades de los discursos orales, se ha pro-
puesto estudiarlos desde la métrica, fórmula y tema, complementado con
una explicación desde la cosmovisión del pueblo. Los resultados de esta
forma de acercamiento vienen a ser eslabones que permiten comprender
en su conjunto el texto oral estudiado. Así, la métrica aborda las sílabas
métricas, los grupos de líneas, los metros, y el patrón métrico. La fórmula
identifica ciertas expresiones y enunciados relevantes en cuanto a su con-
tenido, que el ülkantufe emplea en la construcción de su ül o de su nütham.
Estas se describen gramaticalmente siguiendo las características de los ni-
veles lingüísticos de la lengua mapuche. Los temas, en el marco de la visión
de mundo mapuche, al comienzo serán cercanos a los del ülkantufe mayor
y demás cantores, a quienes se les ha oído cantar desde temprana edad;
pero a través del tiempo, ya serán propios del cantor. Estos temas son,
por ejemplo, el amor, la identidad, el valor, la vida, la muerte y realidades
trascendentes.
En la sección Fonética y Fonología de la Lengua Mapuche, en
primer lugar, dimos evidencias de que el mapudungun debe ser considerado
una lengua propiamente dicha, pues posee todas y cada una de las propie-
dades que a estas se les han asignado. De este modo, no tienen fundamen-
tos las dudas, distorsiones o prejuicios que a este respecto no pocas veces
se plantean por parte de la población mayoritaria (e incluso dentro de la
propia población mapuche, por influencia de aquella). En este mismo con-
texto, precisamos que, desde un punto de vista técnico, la palabra “dialec-
to” no conlleva ninguna connotación negativa que la asocie con una forma
inferior a una lengua. En efecto, dicho de manera algo simplificada, dia-
lecto es la forma como se manifiesta una lengua en un espacio geográfico
determinado, de modo que los poseen tanto las lenguas de amplia difusión
(como el inglés, el español, el chino, etc.), así como aquellas lenguas mino-
ritarias o minorizadas (como las lenguas originarias que están presentes en
Chile). Así las cosas, desde las coordenadas que ha establecido la disciplina
que se ocupa del estudio del lenguaje —la Lingüística— no es sostenible
la afirmación “el mapudungun no es una lengua; es un (simple) dialecto”.
Otra temática que relevamos en esta sección introductoria fue el de-
licado estado de vitalidad que experimentan las lenguas originarias que
403
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
aún se hablan en Chile, en general, y el mapudungun, en particular, y que, tal
como señalamos, justifican el sentido de urgencia que deberían tener las
medidas tendientes a su (re)vitalización. En este sentido, hicimos explícito
el emplazamiento a ser agentes activos de este proceso (re)vitalizador y no
meros espectadores del mismo.
Las dos secciones siguientes tuvieron como focos los sonidos y fone-
mas del mapudungun, respectivamente. En relación con la primera de ellas,
allí se describieron 41 sonidos que han sido reportados para esta lengua,
con sus respectivos rasgos articulatorios, ejemplos, y aspectos dialectales
prominentes. En la segunda, en tanto, se organizaron estos 41 sonidos en
28 fonemas, con sus respectivas variantes alofónicas, y se señalaron las
principales características de los grafemarios más difundidos para repre-
sentar dichos fonemas a través de una escritura práctica.
Ahora bien, por la naturaleza del libro que presentamos, nos parece
importante relevar en la sección en curso aquellos segmentos que reque-
rirían una atención prioritaria en un proceso de enseñanza-aprendizaje de
esta lengua. Así, en el plano de los fonemas vocálicos, debe prestarse par-
ticular atención a la denominada “sexta vocal” del mapuche (/ə/), pues la
eventual influencia de la lengua hegemónica puede llevar a reemplazarla
por alguno de los otros segmentos vocálicos, los cuales son compartidos
con el mapudungun (/i/, /e/, /a/, /o/, /u/). Así, por ejemplo, en una
palabra como “tres”, en mapudungun, se deberá hacer presente que su pro-
nunciación vernacular prototípica es küla (fonémicamente, /kə.la/; foné-
ticamente, [ˈkɯ.la]) y no “kula” o “kila”.
En el plano de las consonantes, en tanto, una serie que requeriría una
atención focalizada es la de aquella cuyo punto de articulación es el inter-
dental. En efecto, una de las características tipológicas más llamativas de
esta lengua ―al menos en algunas de sus variantes dialectales, como la que
nos ocupa― es la oposición que se establece en los modos de articulación
oclusivo, nasal, lateral y fricativo, entre consonantes alveolares e interden-
tales; concretamente, /t/ versus /t̪/, /n/ versus /n̪/, /l/ versus /l̪/ y /s/
versus /θ/318. La ocurrencia de uno u otro, puede conllevar, incluso, cam-
bios de significado, como en la oposición entre /la/ ‘marca de negación’,
versus /l̪a/ ‘cadáver’. Así las cosas, quien esté a cargo de una instancia
de enseñanza-aprendizaje de esta lengua, en particular, o el lector de este
libro, en general, deberán estar apercibidos de que hay una diferencia tanto
articulatoria como funcional entre estos pares de segmentos, y que, en el
caso particular de los interdentales, no ubicar el ápice de la lengua entre
318 Pronunciado en la zona norte de habla mapuche como fricativo, interdental,
sonoro [ð].
404
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
los dientes puede asociarse con otro referente. Para mayor abundamiento,
de acuerdo con la investigación de Painequeo (2015, p. 137), el reemplazo
del segmento interdental por el segmento alveolar en algunas palabras pro-
duce en hablantes adultos de la zona que nos ocupa reacciones del tipo:
“se parece a la palabra original, pero no es la forma”, “dicen así porque no
pueden pronunciar bien la palabra”, “son los que están medio ahuincados,
como decimos nosotros”, “esta forma no reemplaza a la anterior, quizás
puede significar otra cosa”; incluso: “no se entiende…así no se dice”.
En la serie africada, hay que conceder una atención preferente al
fonema retroflejo áfono /ʈ͡ʂ/. En términos más específicos, se debe en-
fatizar que la pronunciación de este segmento no corresponde a la pro-
nunciación que tiene en español la secuencia que la escritura plasma como
<tr> (fonémicamente, /tɾ/), pues hay que recordar que en mapudungun
no ocurren grupos consonánticos en el inicio de la sílaba y que tampoco
tiene en su inventario de fonemas el segmento vibrante simple alveolar
/ɾ/ (lo que, como hemos señalado en páginas precedentes, no significa de
ninguna manera que la lengua tenga una limitación por ello). Así, el lector
de este libro en general, y el docente de la lengua mapuche en particular,
debería tener claridad en que, por ejemplo, una palabra del mapudungun,
como “thewa” ‘perro’ (fonémicamente, /ʈ͡ʂ[Link]/) dista de una pronuncia-
ción vernacular prototípica, si se pronuncia como la palabra del español
que refiere al ‘espacio de tiempo que se dan dos personas o grupos para
que cesen las disputas’, es decir, si se pronuncia “tregua”.
En la serie fricativa, en tanto, aparte de lo que hemos señalado con
respecto a la oposición entre /s/ y /θ/, un segmento que requerirá una
atención preferente es el fonema /ʃ/. En efecto, en la zona geográfica
que nos ocupa, a diferencia de otras variedades de habla mapuche, este
segmento no sólo ocurre como una realidad fónica concreta, sino que
cumple un rol funcional, tal como se comprueba con los ejemplos müshay
(poñi) (‘papas cocidas molidas’; fonémicamente, /mə.ʃaj/) que se opone a
müchay (‘arbusto con espinas cuyo fruto es comestible’; fonémicamente, /
mə.t͡ʃaj/) y peshan (‘encontrar algo botado’; fonémicamente, /pe.ʃan/) y pe-
san (‘pesar algo’; fonémicamente, /[Link]/). Como se ve, en esta variedad
del mapudungun, /ʃ/ es un fonema diferente tanto del africado alveopalatal
/t͡ʃ/, como del fricativo dorsoalveolar /s/. Valga enfatizar, además, tal
como hemos señalado en la sección [Link].8 de Fonética y Fonología, que
en español de Chile este segmento ocurre como una de las realizaciones
del fonema africado /t͡ʃ/ y que en esta variante dialectal posee un alto
componente de estigmatización, de modo que tampoco es inusual que
quienes hablan la lengua mayoritaria eviten pronunciar este segmento. Así
las cosas, en el aula convendrá enfatizar que este sonido es un segmento
405
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
prominente en la zona que nos ocupa y que en ella, así como en una lengua
como el inglés, la articulación de este segmento no genera ninguna conno-
tación estigmatizante.
En la serie nasal, aparte de la focalización que se debe hacer en el
segmento interdental /n̪/, es importante considerar otros dos segmentos
que ameritan una atención preferente: el fonema nasal velar /ŋ/ y el nasal
palatal /ɲ/ en coda silábica. En el primer caso, ya hemos señalado que
este es uno de los segmentos cuya pronunciación resulta más compleja
(Harmelink, 1996, p. 11), y, por lo mismo, amerita una abundante y sis-
temática ejercitación. En el caso de /ɲ/, la práctica de la pronunciación
debería estar focalizada en la posición final de la sílaba, pues en dicha
posición los hablantes nativos son sensibles a su reemplazo, por ejemplo,
por el segmento nasal alveolar /n/. En efecto, un hablante como el autor
principal de este libro discierne perfectamente cuando una palabra como
makuñ (‘manta’; fonémicamente, /[Link]ɲ/) se pronuncia makun (fonémi-
camente, /[Link]/).
Por último, en la serie de los segmentos aproximantes, un fonema
que deberá focalizarse es el retroflejo /ɻ/, especialmente en lo que dice re-
lación con, precisamente, su carácter retroflejo y aproximante. En efecto,
quienes estén a cargo de una instancia de enseñanza-aprendizaje de la len-
gua, en particular, y el lector de este texto, en general, deberán estar muy
apercibidos de que, por ejemplo, si palabras del mapudungun como ruka
(‘casa’) y pura (‘(número) ocho’) se pronuncian con un sonido vibrante
múltiple ―como el que ocurre en español estándar en la posición inicial de
una palabra como “río”―, tal sonido dista mucho de una pronunciación
vernacular prototípica mapuche; al igual que si una palabra como mürke
(‘harina tostada’; fonémicamente /məɻ.ke/) se pronuncia con el segmento
vibrante simple o percutido /ɾ/. Por su parte, un segmento aproximante
como /j/ también ameritaría un grado de focalización ―especialmente en
posición inicial― ante la posibilidad de que se pronuncie como un seg-
mento africado /d͡ʒ/. Cabe recordar que el segmento aproximante /j/ del
mapudungun tiene una pronunciación mucho más similar a la del sonido
inicial de una palabra del inglés como “yes”, que de una palabra del espa-
ñol como “yate”.
En línea con lo planteado en los párrafos anteriores, en la última
parte del capítulo se propone una serie de ejercicios, donde no solo se
practica la pronunciación de algunos segmentos del mapudungun (con pa-
labras de la lengua), sino que se refuerzan de manera práctica algunas de
las nociones desplegadas en el cuerpo del libro, como los parámetros para
clasificar vocoides y contoides, los conceptos de fono o sonido, fonema,
alófono y grafemas, y, de manera un tanto más indirecta, las distribuciones
406
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
contrastante, alternante y complementaria.
Como tercera parte de esta publicación, se abordó el tema general de
la Morfosintaxis de la lengua mapuche. Esta la entendemos como el
estudio de la estructura gramatical, y se la puede dividir en dos dominios
individualizables, pero interdependientes: la morfología y la sintaxis. Esta di-
visión responde al concepto persistente de palabra319 que, a modo de bisa-
gra, nos permite configurar y ampliar estas dos áreas.
Por ese motivo, nos explayamos de manera substantiva respecto de
qué es una palabra —desafiando la noción tradicional anclada en la escri-
tura—, y consideramos su definición desde tres nociones: semántica, fo-
nológica y gramatical, todo esto acompañado con ejemplos en mapudungun.
En virtud de lo anterior, definimos morfología como el estudio de las partes
constitutivas de la palabra; y, por otro lado, sintaxis como el estudio del
encadenamiento de palabras en estructuras mayores.
Dentro de la morfología, entendemos que la palabra está construi-
da por unidades menores, denominadas morfemas, provistas de una forma
fonológica y de una forma lógica o de significado. Esta idea se aborda y
mantiene a lo largo de todas las partes en esta obra, y nos habla de la im-
portancia de esta noción, que se remonta al inicio de la lingüística como
disciplina (Saussure, 1945).
En el caso de la sintaxis, se presentaron distintas configuraciones y
estructuras, como frases, cláusulas y oraciones, y sus distintas jerarquías, tipo-
logías y características. Con la idea de que esta obra tiene por objetivo ser
usada en planes y programas de enseñanza de la lengua mapuche, se orien-
taron estos contenidos a la estructura particular de la lengua mapuche, re-
levando aquellas nociones que consideramos importantes para introducir
los distintos conceptos.
La frase nominal, entonces, tiene una subsección relevante en la sec-
ción de sintaxis, pues es la que instancia los argumentos y complementos, y per-
mite iniciar el estudio de estructuras mayores, como la cláusula y la oración,
además de la posición de las clases de palabras dentro de la estructura de
la frase nominal.
Las clases de palabras se definen bajo nociones estructurales, siguiendo
una descripción de sus propiedades gramaticales. Esto nos permite, por
cierto, identificar criterios independientes de qué es un sustantivo, un adjetivo,
un adverbio, o un verbo en mapudungun, sin caer en la dependencia de explicar
su sentido utilizando propiedades de otras lenguas, como la castellana.
319 Este concepto tiene su correlato en la lengua mapuche en n´emül´, aunque con
las reservas ya indicadas en la subsección correspondiente.
407
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
A continuación, y a modo de conclusión que remite a la parte de
morfosintaxis, repasaremos algunas características de la lengua mapuche
que la hacen distinta a la lengua castellana; esto con el objetivo de guiar al
lector y lectora hacia las secciones que puedan ser relevadas en un eventual
curso de lengua mapuche, o al iniciar su estudio320.
En primer lugar, respecto del sustantivo, el sistema de los kiduke üy
‘nombres propios’ (Painemal, 2015) tiene características particulares de
naturaleza lingüística y cultural, que pueden abordarse al inicio de un curso
de lengua. Por otro lado, dentro de los nominales, la inexistencia de mar-
cación flexional de género y número es una característica que la distancia
de los recursos propios del castellano como lengua romance. Finalmente,
la existencia de sustantivos de relación social, y su morfología derivativa
concomitante, nos habla de la importancia de este aspecto en la cultura
mapuche, y, por cierto, de lo necesario que es poner atención en ellos
tempranamente.
Respecto de los adjetivos, la existencia de un marcador flexivo de
pluralidad o distribución —el sufijo -ke— es un aspecto a relevar y que se
puede constituir en un foco de atención en una lección inicial de lengua
mapuche. De igual modo, la capacidad de convertir en un verbo directa-
mente esta clase de palabra por medio de las terminaciones monoperso-
nales es indicativo de su esencia predicativa, tal y como se comenta en las
secciones correspondientes321. Finalmente, la presencia del sufijo ‑chi, que
permite configurar estructuras complejas con uso adjetivo, nos remite a
la capacidad de síntesis de la expresión en mapudungun y en un tema que
permite relevar esta característica al hablar de la lengua mapuche.
En cuanto a los demostrativos, se exponen aspectos relevantes res-
pecto de su diversidad y variación. En el caso de la deixis de relación
espacial, la literatura no concuerda en el número de grados —algunos
mencionan dos, otros tres y hasta cuatro—, por lo que se hace necesario,
a nuestro parecer, un análisis en profundidad que dé cuenta de estas dife-
rencias. De igual modo, se incluye una clase denominada artículos, pero se
requiere mayor investigación, más allá del objetivo y alcance de esta obra.
Dentro de la gran categoría proforma, se han mencionado los pronom-
bres personales, respecto de los cuales resulta interesante constatar la presen-
320 Ejemplos de organizaciones que llevan a cabo labores de promoción y procesos
de enseñanza y aprendizaje del mapudungun son Kimeltuwe, Materiales de Mapudungun (sitio
web [Link]) y Fiw-Fiw ñi Dungun (sitio web [Link]), colectivos que a modo de
ejemplo podrían verse beneficiados por las temáticas abordadas en esta publicación.
321 Un ejemplo de esto es la expresión kümey ‘es bueno’ que no requiere de un
elemento de nexo como en castellano.
408
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
cia de una división en tres números: singular, dual y plural. Esta división
puede resultar llamativa para hablantes de lenguas romances, lo que ame-
ritaría una explicación que aborde con detención este tema, además de la
práctica grupal utilizando estos recursos referenciales. También creemos
que una estrategia o acercamiento similar merecen contenidos relaciona-
dos con la expresión de cuantificadores, pronombres comitativos y los proverbos,
posiblemente reservada para cursos más avanzados que puedan verdade-
ramente aprovechar la capacidad expresiva de estas estructuras.
El verbo en mapudungun mapudungun contiene cualidades estructu-
rales y expresivas que ameritan constante atención en el diseño y desplie-
gue de un curso de lengua mapuche, de inicio a fin. Por este motivo, se
procuró incluir una introducción que permitiera arribar a los conceptos
necesarios para luego profundizar en su estudio. Esperamos que la no-
menclatura y terminología utilizadas pudiese ser accesible a un público
general interesado en temáticas lingüísticas y de enseñanza-aprendizaje de
segundas lenguas322. Confiamos que en muchos casos, cuando el destina-
tario sea un docente de la lengua mapuche, podrá traducir estos conceptos
al grupo curso por medio de estrategias de enseñanza, y siempre dentro de
una práctica en situaciones comunicativas reales.
En esta parte, se señala que los significados se instancian en estruc-
turas gramaticales, por lo que en todo momento dentro de la subsección
del predicado y el verbo se procuró distinguir claramente entre conceptos
semánticos y otros estrictamente estructurales; por ejemplo, al abordar
nociones como predicado y argumentos, por un lado, y de tipos de verbos
(monopersonales y bipersonales), sujeto y objeto, por el otro. A nuestro parecer,
esto nos permite navegar la compleja expresión de los recursos gramati-
cales del mapudungun.
Nociones generales como la de terminaciones se incluyeron con el ob-
jetivo de contar con hipercategorías morfológicas más manejables en un
inicio, pero que en su momento, tras introducirse los conceptos generales,
fueron también analizadas con mayor detalle, para de ese modo permitir
el acceso a segmentaciones morfológicas propuestas en la literatura del
mapudungun. Con ese motivo, se introducen las nociones de modo, persona y
número en la sección correspondiente, con el objetivo de atender las nece-
sidades de un análisis morfológico más profundo.
322 Lamentablemente, debido a las circunstancias sociopolíticas expuestas en ex-
tenso en distintas subsecciones de Oralidad Primaria e inicios de Fonética y Fonología, en
la actualidad se hace necesario llevar a cabo procesos pedagógicos donde las propias per-
sonas mapuche deben aprender su lengua de herencia como si fuera una segunda lengua.
Esto, por cierto, complementa ―y no invalida― los esfuerzos de revitalización donde la
lengua todavía se adquiere de manera natural, vale decir, por transmisión intergeneracional.
409
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
La manera de abordar las formas bipersonales sigue la misma estrate-
gia. Se introducen conceptos generales que permiten dar un marco desde
donde aproximarse a su análisis y descripción. Nociones como escenarios,
que remiten al contexto de habla, nos permiten posicionarnos respecto
de la situación de los hablantes y de ese modo configurar distintas posi-
bilidades expresivas. Las distintas tablas y gráficos que aparecen en esta
subsección vienen a contribuir a este cometido.
Las formas no finitas se tratan con descripciones aportadas por los es-
tudios sobre el mapudungun. Se procuró proporcionar abundantes ejemplos
con el objetivo de que el lector pudiera anclar las explicaciones dadas en
los distintos párrafos a una estructura y significado puntal. Ciertamente,
la capacidad expresiva de las estructuras es muy diversa, pues responde,
precisamente, a que son mecanismos nocional y estructuralmente com-
plejos. Esperamos que esta breve introducción a las formas no personales
motive a los lectores y lectoras, así como nos motivó a nosotros, a intentar
su exposición e ilustración.
La penúltima subsección de morfología aborda los sufijos verbales
—más de 40 en esta entrega. Se ordenaron en categorías que en grandes
rasgos concordaran con su significado gramatical, lo que resultó bastante
complejo y posiblemente se cometieron simplificaciones, siempre bajo el
entendido de hacer la obra más accesible. Las distintas características y
funciones se representan por medio de ejemplos de la literatura del mapu-
dungun, como se expone en cada inciso. Si bien todos los sufijos resultan
relevantes, interesantes y funcionales, queremos mencionar algunos que
puedan llamar la atención a alguien que se introduce en el tema.
En primer lugar, en el caso de la expresión de la negación, el mapu-
dungun cuenta con tres formas: -la, -no y -ki, y su distribución, tal como
se explica, obedece al tipo de terminación que acompaña. Hay un sufijo
exclusivo de habitualidad, -ke. Este, como su nombre indica, nos permite
hablar de rutinas, y contrasta con el uso del presente simple en castellano,
que es el mecanismo para la expresión de este significado. En mapudungun,
también existe una serie de sufijos (-pa, ‑pu, -me, -r, -yekü) que permiten
ubicar el acto de habla dentro de un plano espacial, haciendo mención a
diversas locaciones y trayectorias. Esta pequeña selección de sufijos se ex-
pone a modo de estímulo para que el lector o lectora encuentre otros que
considere igual de fascinantes.
Por último, la parte de Morfosintaxis contiene un análisis comparati-
vo de las terminaciones bipersonales en mapudungun, y cómo han sido tra-
tadas en diversas fuentes de la literatura. Si bien puede resultar más técnico
respecto de los contenidos abordados en el resto del apartado, se incluyó
para ilustrar que hay variabilidad en el análisis y metodologías para estudiar
410
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
la morfosintaxis. Finalmente, este puede ser un llamado a interesarse por
este tema, y —¿por qué no?— acometer la resolución de algunas de las
problemáticas planteadas en esta parte.
II. Algunas consideraciones
A continuación, se exponen las consideraciones respecto de lo desa-
rrollado en cada una de las partes del libro.
Respecto de la Oralidad Primaria, no podemos dejar de expresar
nuestra valoración a aquellos estudiosos que han indagado sobre las len-
guas y las culturas ágrafas y que han intentado hacerlo desde una nueva
perspectiva, aplicándola a sus respectivas disciplinas de estudio, llámese
lingüística, literatura, antropología, historia, etc. Nos referimos a autores
—entre otros y otras— como Boas (1911), Lévi-Strauss (1963), Peabody
(1975), Lord (1960), Ong (1987), Olson (1995), López y Jung (1998),
Gallardo (2001), Ostria (2001), Mostacero (2004), Trejo (2005), Ramírez
(2005), Salazar y Ceballos (2012), Ramírez (2012), Encina y Ezeiza (2018),
Pozo et al (2019), entre otros.
Así, por ejemplo, como lo hemos dicho, Boas nos dice que para com-
prender la cultura indígena ágrafa es fundamental conocer la lengua, y
manifiesta que no se puede entender realmente otra cultura sin tener un
acceso directo a su lengua. En efecto, ¿cómo estudiar una cultura desco-
nocida, sino conocemos y/o manejamos la lengua? ¿valiéndose tal vez de
informantes? Sí, se puede hacer, y muchos lo han intentado; pero también,
por más prolijo que hayan sido sus trabajos suelen distorsionar en parte la
realidad. También, el autor nos afirma que si se quiere describir seriamen-
te una cultura, es necesario hacerlo desde dentro, reconociendo que cada
sociedad tiene su propio desarrollo histórico único y su propia perspectiva
para explicar los hechos, que deben ser entendidos a partir de su propio
contexto cultural, su visión de mundo, y ambiente específico, especialmen-
te su proceso histórico.
Lévi‑Strauss indica que por más sofisticada que sea una cultura, ésta
sigue siendo una representación del mundo; es decir, es una manera de
darle sentido a la realidad, mediante historias, mitos, descripciones, teo-
rías, proverbios, productos artísticos y espectáculos. De allí, cobra sentido
estudiar la lengua y la cultura, porque aquello nos permite acceder a esos
aspectos. Para este autor todas las culturas son sistemas de signos que
expresan predisposiciones básicas cognitivas profundamente enraizadas,
que categorizan el mundo en términos de oposiciones binarias. Podemos
señalar ejemplos de ello desde la lengua y la cultura mapuche, cuando te-
411
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
nemos concepciones como: wenu mapu fücha, wenu mapu kushe (Padre ancia-
no, Madre anciana); wenthu-domo (hombre-mujer); pun´ ka antü (noche-día).
Por lo que el autor concluye diciendo:
no hay ninguna diferencia cognitiva fundamental entre pensar
el mundo en términos de conceptos abstractos, como expre-
siones algebraicas o números binarios, y hacerlo en términos
de nombres totémicos (por ejemplo, águilas contra osos, tie-
rra contra cielo, corriente arriba corriente abajo) extraídos, del
mundo natural (entorno físico, plantas y animales323).
Peabody señala que cuando la cultura escrita se superpone a las cul-
turas ágrafas, la lengua y su sistema de comunicación oralista pierde fuerza,
pues implica un cambio en el modo de expresión; es decir, después de
haber vivido por tiempos inmemoriales empleando la tecnología oralista,
los grupos humanos al adoptar la escritura conduce a que “las estructuras
del proceso cognitivo varíen de acuerdo con los diferentes modos de vida
y las realidades concretas de los grupos sociales”. Desde luego, esta adop-
ción afecta la forma en que funciona la oralidad primaria, produciéndose
un cambio; lo que era un agente vivo, activo e inmediato pasa a ser una
autoridad pasiva, atemporal y cada vez más distante de lo que era entonces.
Ong (1987) nos describe la oralidad primaria como un fenómeno
que se encuentra en los pueblos ágrafos del mundo e identifica las siguien-
tes características: 1) carácter acumulativo antes que subordinado; es decir,
se trata de elementos que adicionan, pues la oralidad depende de la prag-
mática, a diferencia de la escritura que atiende a la gramática; 2) carácter
acumulativo antes que analítico, pues es una organización verbal domina-
da por el sonido; por tanto, está en consonancia con tendencias acumu-
lativas antes que con inclinaciones analíticas y divisorias; 3) de carácter
redundante, pues la continua repetición ayuda a la memoria, estimulando
así la fluidez y la verbosidad como aplicación; 4) carácter conservador y
tradicional, pues la capacidad de la memoria verbal es la más valiosa cua-
lidad de las culturas orales, para lo cual las fórmulas métricas, la agrupa-
ción de palabras y la continua repetición garantizan una alta fidelidad del
recuerdo; 5) carácter participante antes que distanciado, pues aprender a
saber significa lograr una identificación con lo sabido, contrariamente a
la escritura que establece un distanciamiento; 6) carácter homeostático;
es decir, en la cultura oralista se vive intensamente en un presente y se
guarda el equilibrio, desprendiéndose de los recuerdos que ya no tienen
323 Duranti, (2000) pp.60-61
412
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
pertenencia actual; y 7) carácter situacional antes que abstracto; es decir,
se deben conceptuar y expresar en forma verbal todos sus conocimientos
con referencia al mundo cotidiano. De allí que los oficios se adquieren a
partir de la observación y la práctica, y no a través de manuales (Ramírez,
2012, pp. 134-135).
En cuanto a la Fonética y Fonología Mapuche, nuestro acerca-
miento ha procurado sustentarse en las nociones que ha desplegado la
disciplina que se ocupa del estudio sistemático del lenguaje: la Lingüística.
Así, por ejemplo, para sostener que el estatus del mapudungun es, con toda
pertinencia, el de una lengua, hemos desplegado algunas de las propieda-
des que esta disciplina le atribuye a los idiomas y que el mapudungun ostenta
plenamente. En la misma dirección, al referirnos al mapudungun como una
lengua en peligro, hemos tomado como referencia algunos estudios que se
han desplegado en el ámbito de la sociolingüística.
Como era de esperar, este mismo acercamiento es el que articula las
dos macrosecciones siguientes, las cuales abordan el sonido lingüístico en
tanto unidad concreta y en tanto unidad funcional de la lengua mapuche.
Relevamos este punto porque lo habitual en los trabajos que se refieren
al mapudungun con alguna posibilidad de que sus contenidos sean enseña-
bles, tratan generalmente la sección relativa a los sonidos de manera breve
y, generalmente, con una sobrerreferencia a la grafía. Esto, en cualquier
caso, es comprensible, toda vez que se procura que dichos contenidos se
puedan decodificar lo mejor posible; pero en esta decisión también hay
costos, pues muchas veces se pierde la posibilidad de que el metalenguaje
utilizado tenga un alcance y definición más precisos. En este contexto,
en el capítulo que nos ocupa hay una suerte de apuesta un tanto audaz,
al abordar los contenidos en la forma en que lo hemos hecho; esto es,
ciñéndonos exhaustivamente a las nociones de la fonética y la fonología
para exponer los sonidos y fonemas del mapudungun. Así, como hemos
señalado en la introducción a este libro, la experiencia docente nos indica
que distinguir con precisión la naturaleza y alcance de conceptos como
sonido lingüístico, fonema, alófono, grafema, entre otros, redunda en una mejor
comprensión del fenómeno sonoro en sus dimensiones material y fun-
cional, y su relación con la escritura, de modo que preferimos interpretar
esta suerte de audacia como un paso hacia adelante en la forma como se
ha abordado la enseñanza del nivel fónico del mapudungun y no como una
forma de complejizarlo.
Por otro lado, un tema que podría resultar inquietante en estas notas
es la alusión, con cierto grado de recurrencia, al español. Con respecto a
ello, tal como hemos señalado en la sección introductoria a este libro, esto
no se ha hecho con el afán de sobrerrelevar esta lengua o hacer pensar
413
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
que los sonidos y fonemas del mapudungun no podrían describirse sin hacer
referencia a la lengua hegemónica, sino que, por una parte, los lectores
puedan apreciar las simetrías y asimetrías entre una grafía de uso práctico
y el Alfabeto Fonético Internacional; y, por otra, complementar la descrip-
ción articulatoria especializada del mapudungun, con una descripción que
permita un acceso más directo a la producción del sonido de la lengua
originaria. Al mismo tiempo, esto muestra la relación asimétrica entre am-
bas lenguas, pues deja en evidencia que para los mapuche es obligatorio
recibir educación formal en la lengua mayoritaria (lo que redunda en que
gran parte de los mapuche hablan español y conocen su grafía); mientras
que, lamentablemente, muy pocas son las personas no mapuche que ha-
blan mapudungun o conocen algún aspecto de él, y, cuando este es el caso,
generalmente ha sido producto de una motivación personal y de ninguna
manera del hecho de que existan las plataformas institucionales formales
que lo faciliten.
Por último, se debe tener presente que el hecho de poner en foco
una variante del mapudungun en particular se ha realizado con la finalidad
de tener un habla de referencia y, de ninguna manera, por considerar que
las otras variantes no tienen igual nivel de importancia, ni, menos aún, que
deban ajustarse a aquella. Lejos de ello, hemos procurado hacer explícitas
las diferencias prominentes entre algunas variantes dialectales con respec-
to a la que nos ocupa, a la vez que sería motivante si en algún momento
podemos reescribir estas notas tomando como referencia, por ejemplo, el
cordón cordillerano de habla pehuenche o el habla de la identidad huilli-
che. En una dirección similar, el hecho de utilizar en este texto expresiones
como “dista de una pronunciación vernacular prototípica”, no ha sido
con la intención de adscribir a un normativismo que conculque la libertad
o creatividad personales en el uso de la lengua, ni tampoco negar que el
habla es dinámica y que está en un proceso constante de cambio (de he-
cho, en algún momento, estas notas quedarán desfasadas); lejos de ello, el
objetivo solo ha sido tener a la vista una pronunciación de referencia que
refleje un estado vital de la lengua. Otro camino es afrontar un proceso de
enseñanza-aprendizaje con la máxima “dígalo/pronúncielo como usted
quiera”, lo que parece, a lo menos, discutible, si es que no, derechamente,
irresponsable; máxime si, como hemos dicho, los propios hablantes son
sensibles a las divergencias respecto de esta habla de referencia, especial-
mente, cuando esta se percibe como evidentemente castellanizada.
Los conceptos generales tratados en la parte de Morfosintaxis de la
lengua mapuche se propusieron en la medida que permiten sostener un
análisis de la estructura de la lengua mapuche. En todo momento, supone-
mos que este análisis no se presenta ajeno al marco general sociolingüísti-
414
. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
co abordado en las partes anteriores, en lo que respecta a las importantes
reservas y contribuciones aportadas en la sección de Oralidad Primaria
y, por cierto, en la introducción a la Fonética y Fonología respecto de las
diferencias entre lengua y dialecto.
Asimismo, evidenciamos que se han tendido puentes entre las partes
en la forma de conceptos y metodologías que de manera colectiva per-
miten avanzar en el conocimiento de la lengua mapuche. Ejemplo de ello
es el breve y exploratorio apartado reservado al concepto de n´emül´, que
traduce tanto ‘palabra’ como el concepto de ‘lengua mapuche’.
Otro aspecto conectivo entre las distintas partes de este trabajo es
el análisis específico del canto mapuche desde el enfoque de la Oralidad
Primaria, que de manera integral incorpora un análisis morfosintáctico de
las unidades de análisis reconocidas en esta metodología. Esto nos habla,
precisamente, de la sofisticación del fenómeno lingüístico en la lengua y
cultura mapuche, que es necesario relevar.
Estos aspectos son solo ilustraciones de las distintas formas de co-
nectar las distintas subsecciones de esta obra y creemos que el lector y
lectora encontrarán muchísimas más en su lectura de esta parte y las que
la anteceden.
Una de las dificultades al exponer sobre la estructura gramatical del
mapudungun ocurre con los distintos ejemplos que acompañan las expli-
caciones. En muchos casos, es necesario contar con el contexto de uso
de las expresiones, para poder captar de modo integral las intenciones,
referencias y significaciones de sus hablantes e interlocutores. En este sen-
tido, dado que se consideró la exposición del tema en cuestión como lo
más relevante, se decidió, en ese caso, colocar varios ejemplos, para que
el propio lector o lectora pudiera desentrañar lo que se estaba explicando.
Relacionado con lo anterior, existen bastantes notas al pie de página
que complementan el conocimiento de hablantes nativos de la variedad
l´afken´che sobre lo que se expresa en los ejemplos. A modo de proyección
de una obra de esta envergadura, esperamos contar con una exposición
general y accesible al público general respecto de algunos aspectos de la
semántica y pragmática de la lengua mapuche, lo que sin duda dialogaría y
robustecería los análisis aquí desarrollados.
Por último, creemos que lo expuesto en esta parte de morfosintaxis
permite adentrarse en un área fascinante y bullante del conocimiento lin-
güístico general, y del mapudungun, en particular, con ramificaciones prácti-
cas en el desarrollo de programas de enseñanza y promoción de la lengua
mapuche.
415
pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
III. Palabras finales
Al llegar a esta etapa de nuestro trayecto, nos queda la satisfacción
de haber realizado un trabajo que, esperamos, se constituya en una herra-
mienta que, por una parte, ayude a comprender algunos aspectos promi-
nentes de la oralidad primaria mapuche y de la estructura del mapudungun;
y, por otra, apoye a quienes tienen el rol de kimeltuchefe de la lengua ma-
puche, al poner a su disposición una serie de contenidos que pueden ser
relevados en un eventual curso sobre esta lengua324.
Expresamos nuestra gratitud al haber tenido la oportunidad de rea-
lizar este trabajo en equipo. El haber redactado estas páginas, sin duda, ha
redundado en un proceso de crecimiento personal y académico. Recono-
cemos y valoramos que desde nuestros distintos bagajes de experiencias,
conocimientos y expectativas hayamos podido converger y tributar para
un fin específico; en este caso, una publicación que sirva como introduc-
ción al estudio de la lengua mapuche, un idioma que amamos, y cuya llama
esperamos que nunca se apague.
324 Sería motivante para futuros proyectos dedicar un texto a las iniciativas que se
han levantado en el proceso de revitalización de la lengua mapuche, o, como se ha señala-
do, una obra dedicada a relevar aspectos semánticos del mapudungun, entre otros.
416
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. . . . . . . juan h. painequeo paillán, gastón salamanca gutiérrez, aldo berríos castillo
Sobre los autores
Juan Héctor Painequeo Paillán. Profesor de Estado en Castella-
no (1982). Magister en Lingüística Indoamericana, CIESAS, México D.F.
(2000). Doctor en Lingüística por la Universidad de Concepción (2015).
Pasantía Doctoral en Central Connecticut State University, New Britain
CT, USA (2013). Profesor Asociado (2019). Académico e investigador
del Departamento de Lenguas, Literatura y Comunicación; Facultad de
Educación, Ciencias Sociales y Humanidades; Universidad de la Frontera
(desde 1985, hasta la fecha). Profesor Responsable de las siguientes asigna-
turas de pregrado, dictadas en la Facultad de Educación, Ciencias. Sociales
y Humanidades: Introducción a la Lingüística, Lingüística General, Se-
mántica, Lingüística Antropológica, Lingüística Mapuche, Lengua y Cul-
tura Mapuche. Investigador responsable y Co-investigador de Proyectos
FONDECYT, DIUFRO, FONDART, PROYECTOS DE EXTENSIÓN
Y FORMACIÓN CONTINUA. Ha publicado CD, libros y artículos, en
revistas indexadas y otras. Ha presentado trabajos en congresos, semina-
rios y coloquios a nivel regional, nacional y también internacional (como
Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, México,
Perú y Uruguay).
Gastón Felipe Salamanca Gutiérrez es Doctor en Lingüística por
la Universidad de Concepción y Profesor Asociado de esta misma casa de
estudios. Realiza docencia en pre y posgrado en asignaturas como Fonéti-
ca y Fonología, Sociofonética y Lenguas Vernáculas de Chile. Ha dirigido
tesis de pre y posgrado sobre algunas lenguas minorizadas presentes en
Chile (mapudungun, romané y criollo haitiano) y sobre el español de Chile.
Tiene una cantidad importante de publicaciones, en calidad de autor y
coautor, en estas mismas temáticas; entre ellas: “Fonología del pehuen-
che hablado en el Alto Bío-Bío”, “Mapudungun: Ilustration of the IPA”,
“Morfología del romané –lengua de los gitanos– en un cuento tradicional
(paramíchi)” y “Apuntes sociolingüísticos sobre la presencia de argentinis-
mos en el léxico del español de Chile”. Ha sido Investigador Responsable
y Coinvestigador en Proyectos FONDECYT, y ha sido invitado a dictar
cursos y conferencias en universidades nacionales y extranjeras.
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pu mapuche ñi n'emül': una introducción al estudio de la lengua mapuche . . . . . . . . . . . .
Aldo Patricio Berríos Castillo es estudiante de doctorado de la
Universidad de Edimburgo, Escocia. Participa en organizaciones civiles
que promueven la difusión y enseñanza del mapudungun tanto en redes
sociales como en la región del Bío-Bío, Chile. En 2023, recibió el grado
de Magíster en Lingüística por la Universidad de Concepción, con la te-
sis “Frecuencia Fonemática en Mapudungun”. Se interesa por el cambio
lingüístico y la variación en la lengua mapuche, especialmente en las áreas
de la fonología y la morfología, y su interacción. Ha colaborado en la pre-
paración y diseño de materiales pedagógicos para el aula de mapudungun
desde 2019.
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