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Capítulo 1
La sala de reuniones de New York Style Magazine olía a cafe fuerte y a
lunes sin piedad. Como cada semana, la redactora jefa repartía los
artículos que debíamos cubrir, con esa cara suya de «vuestro destino me
da absolutamente igual».
Cuando anuncio que yo sería la encargada de escribir un perfil sobre
Evan Walker, CEO de Walker & Co., el silencio fue inmediato. Note como
todas las miradas se clavaban en mí: algunas tenidas de envidia, otras
cargadas de lastima.
—Va a ser un seguimiento diario —dijo, con esa voz suya que no
conocía la duda—. Captura como vive, como trabaja, que piensa…
Queremos ver su lado humano.
¿Su lado humano? Mierda. Ni que Evan Walker tuviera uno.
En Wall Street lo llamaban el rey del hielo. Joven, millonario, incapaz
de sonreír. Había levantado un imperio partiendo de una modesta firma
de tecnología financiera. Tambien había hecho llorar a tres periodistas
antes que yo. Literalmente.
Pero bueno, yo no lloraba facilmente.
Así que, al día siguiente, subí a un Uber rumbo a su oficina en
Manhattan.
Mientras cruzabamos la ciudad, repase mentalmente mis preguntas.
Tenía acceso completo a su agenda. El plan era claro: seguirle durante
una semana. Una maldita semana.
El edificio era un rascacielos imponente de acero y cristal, en pleno
Upper East Side. Minimalista al extremo y con seguridad por todas
partes. Me registre en recepcion y una asistente de labios rojos perfectos
me condujo hasta una sala de reuniones con vistas a toda Nueva York.
Diez minutos despues, la puerta se abrio.
Y entonces, entro el.
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Traje gris oscuro, hecho a medida. Camisa blanca impecable. En la
muneca, un Patek Philippe. Alto. Guapo. Con una expresion que gritaba
«no tengo tiempo para tus tonterías». Me miro como si ya supiera que
iba a decepcionarle.
—Entonces, ¿tu eres la periodista que va a seguirme como una
sombra? —dijo. Su voz, grave, sonaba casi aburrida.
Le sostuve la mirada, firme. Sin pestanear.
—Lo soy. Leslie Adams. Y tu eres el CEO que planea deshacerse de mí
en cuanto pueda —respondí.
Su boca se torcio en una sonrisa leve, que no llego a los ojos.
—Espero que no seas muy habladora. Odio perder el tiempo.
Perfecto. Menos hablar, mas observar.
Abrí mi cuaderno y asentí.
—Solo quiero capturar la verdad de quien eres.
Se rio. Una carcajada seca, ironica.
—Entonces preparate para una semana muy, muy aburrida.
Spoiler: no fue aburrida.
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Capítulo 2
El primer día fue, tal como el había anticipado, aburrida. Una sucesion
de reuniones con ejecutivos, llamadas interminables y silencios tan
largos en su despacho que llegue a contar los segundos. Revisaba
informes con esa cara de poker suya que parecía esculpida en marmol.
Yo esperaba algo. Un gesto. Una mirada. Un maldito bostezo. Algo que
insinuara que Evan Walker tenía una vida mas alla de sus trajes de cinco
mil dolares y ese Patek Philippe que parecía mas una declaracion de
poder que un simple reloj.
Pero no. Cada minuto de su día estaba cronometrado. Cada
movimiento, medido con una precision quirurgica.
Me pase horas siguiendole con el cuaderno abierto, garabateando
detalles tan absurdos como:
09:47 – toma café negro, sin azúcar.
Genial. Periodismo de Pulitzer.
El segundo día me presente con una esperanza renovada, aunque
igual de estupida: que pasara algo. Lo que fuera. Un cambio de humor,
una llamada personal, un error.
Nada.
A las ocho, reunion con su equipo.
A las nueve, desayuno con inversores en un restaurante de la 5ª
Avenida.
A las once, llamada con Londres.
A las tres, revision del nuevo software de la app financiera.
A las cinco y media, mas correos, mas silencio, mas Evan Walker en
modo hombre de acero.
Y yo ahí, como una sombra con ojeras, observando al rey del hielo en
su trono de productividad inquebrantable.
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A las seis en punto, recogí mis cosas con disimulo. El se levanto con
precision casi militar, se abotono la chaqueta y camino hacia la puerta
con la cadencia de alguien que lleva un metronomo en el pecho.
—Eso es todo por hoy —dijo, sin apenas mirarme—. Nos vemos
manana a las ocho.
Tenía razon. Esta mierda iba a ser una semana aburrida.
Pero algo en mí se rebelo.
—¿Siempre es así tu día a día? —pregunte, antes de que cruzara la
puerta. Sin rodeos.
Se giro lentamente, apoyando una mano en el marco. Su expresion
era neutra.
—Sí. Así me gusta. La rutina mantiene el enfoque. La productividad.
Mi vida es el trabajo. Nada mas.
Me mordí el labio, pensando. Parecía imposible que alguien pudiera
vivir así sin volverse un robot.
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Capítulo 3
El tercer día decidí tomar la iniciativa.
Cuando termino la jornada, antes de que pudiera siquiera abrir la
boca para soltar su típico «Eso es todo por hoy», lo arrastre fuera de la
oficina.
Literal.
Lo metí en un Uber sin darle opcion a replica y lo lleve al Mercado de
Smorgasburg, en Williamsburg, Brooklyn. Un sitio con food trucks, luces
colgantes, gente con birras en la mano y musica en directo sonando de
fondo. Totalmente fuera de su burbuja de trajes caros y restaurantes
imposibles de pagar para un simple mortal.
Evan Walker miraba a su alrededor como si acabara de aterrizar en
otro planeta. Sus ojos iban de los puestos de smash burgers al humo de
las parrillas, y su cara al ver el aceite chisporroteando fue tan divertida
que no pude evitar reírme.
—Esto tambien es Nueva York. A ver si eres tan valiente como en las
reuniones —le dije, dandole un pincho de corn dog con queso.
Lo miro como si fuera radioactivo, pero lo probo. A reganadientes.
Y juro por Dios que vi una sonrisa. Pequena, pero real. Fue como
presenciar un eclipse.
Caminamos un rato entre la gente, el algo tenso pero sin quejarse.
Encontramos un rincon tranquilo, unas mesas de madera iluminadas
con bombillas calidas, y pedí dos vasos de bourbon.
Me miro como si acabara de sugerirle que nos colaramos en una
fiesta universitaria.
—Un CEO estresado necesita una copa de vez en cuando, ¿no crees?
—le dije, sirviendole el suyo—. Esto, senor Walker, es lo que se llama una
escapada.
Bebio en silencio. Estaba mas relajado. O al menos, menos en modo
robot.
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Y solte la pregunta.
—Entonces… ¿no tienes a nadie? Ya sabes, alguien con quien
compartas todo este exito.
Error.
Su mandíbula se tenso al instante.
—No respondo preguntas personales. Y menos a una periodista —
dijo, dejando el vaso sobre la mesa.
—No voy a escribir sobre esto —respondí con una sonrisa
tranquila—. Solo es una conversacion.
Pero se cerro en banda. Se apago como una pantalla. Y el resto del
bourbon lo bebimos en un silencio medio incomodo, medio denso.
Hasta que pasamos frente a un arcade bar con luces de neon y
sonidos de videojuegos saliendo por las ventanas. De esos con maquinas
retro, billar y una barra al fondo.
Me pare.
—¿Alguna vez has ido a uno de estos?
—No —respondio el, mirando las luces parpadear—. Desde
pequeno, mis padres me obligaron a enfocarme en los estudios y en la
empresa. A los quince ya no veía a mis amigos. Tenía un horario rígido.
Estudiaba desde que me levantaba hasta que me acostaba.
Me sorprendio que lo contara. Así, sin filtros.
—Mis padres eran todo lo contrario. Siempre me dijeron que tenía
que vivir, equivocarme, reírme. Les importaba que estudiara, sí, pero
tambien que tuviera historias que contar.
El me miro como si acabara de hablarle en otro idioma.
Y entonces lo tome de la manga.
—Ven conmigo.
—¿Que estas haciendo? —dijo, confundido.
No respondí. Lo arrastre hacia el arcade bar.
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Entramos.
Luces fluorescentes, olor a palomitas rancias, maquinas de pinball,
guitarras de plastico, sonidos de disparos y gritos de victoria. Pura
nostalgia noventera.
—No puedes estar hablando en serio —protesto el, mirando
alrededor con el ceno fruncido. Pero en sus ojos había algo mas.
Curiosidad.
—Vamos. ¿Nunca te has enfrentado a un juego de disparos?
Le senale una maquina antigua. Time Crisis 3. Una reliquia gloriosa.
Dudo, pero se acerco, cogio el mando y, cuando el juego empezo, algo
en el cambio. Se volvio serio. Concentrado. Y sí: ultra competitivo.
—No pienso perder —murmuro.
Me reí. Fuerte.
Jugamos dos rondas. Luego tres. Cada vez mas picados. Mas cerca.
Mas tension.
—Eres un caso perdido, ¿lo sabías? —dije, riendome cuando volvio a
ganarme.
—Prefiero llamarlo excelencia —respondio, con una media sonrisa
que me hizo tragar saliva.
Y entonces llegamos a la maquina de baile.
Me miro como si hubiera dicho una barbaridad.
—Vamos, Evan. No todo se trata de ganar. A veces solo hay que
moverse —le dije, ya subiendome a la plataforma y seleccionando una
cancion.
El suspiro.
Pero subio.
Y cuando empezo la musica… madre mía. Sus movimientos eran tan
rígidos que parecía un robot al que acababan de soltar en la pista sin
manual de instrucciones. Pero lo intentaba. Y yo no podía parar de reír.
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Y lo mejor: el tambien sonreía. De verdad.
Cuando la cancion termino, los dos estabamos sin aliento, pero
riendonos como idiotas.
—¿Ves? Esto es lo que te digo cuando hablo de disfrutar.
El me miro. No como un CEO. No como el tipo intocable que todos
temen. Me miro como un hombre. Uno que empezaba a acordarse de lo
que era vivir.
—Eres una pesima influencia.
—Lo se —dije, sonriendo—. ¿No te encanta?
De camino a su edificio no hablamos. Pero esta vez fue distinto.
Silencio bueno. De esos que no pesan.
Al llegar a su puerta, me gire.
—Hasta manana, Walker.
El asintio. Pero antes de entrar, me lanzo una ultima mirada. Y esa
maldita sonrisa volvio a aparecer. Suave. Peligrosa.
Lo vi marcharse. Y joder, algo en mi pecho se agito. Por primera vez
desde que empece este trabajo, ya no quería que fuera solo una historia.
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Capítulo 4
Cuando llegue a su despacho al día siguiente, Evan Walker ya me
esperaba de pie, con una pequena bolsa en la mano y una expresion que
no supe descifrar del todo.
—Hoy no seguiremos mi agenda habitual —dijo sin mas.
—¿Ah, no? —pregunte, alzando las cejas.
Nego con la cabeza y me tendio la bolsa.
—Ayer me mostraste como te diviertes tu. Ahora es mi turno.
Abrí la bolsa. Dentro había un abrigo tecnico, unos pantalones
impermeables y unas botas de montana nuevas.
—¿Te diviertes haciendo balances anuales desde lo alto de una
colina? —pregunte, mirandolo como si me hubiera propuesto escalar el
Everest en tacones.
Una sonrisa fugaz aparecio en su boca.
—Algo así. Pontelo. Salimos en diez minutos.
Suspire, pero la curiosidad me gano.
Diez minutos despues, estabamos en su coche. Me dio un termo de
cafe sin decir nada mas. El trafico se fue diluyendo hasta que dejamos
Manhattan atras. El silencio no era incomodo. Era... tranquilo. Como si,
por fin, no hiciera falta llenar los huecos con palabras vacías.
Llegamos a una zona montanosa a las afueras del estado. El aire era
frío, limpio. Me golpeo en la cara como un reset instantaneo.
—¿Esto es lo que haces para relajarte? —pregunte mientras el
ajustaba su mochila.
—Sí. Es lo unico que consigue callar mi cabeza.
Empezamos a caminar. Al principio no entendía muy bien que le veía
a esto, pero al rato, el crujido de las hojas secas bajo las botas, el silencio
del bosque y el aire helado empezaron a calarme.
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—No te imaginaba como un tipo de senderismo —solte.
—No lo soy —dijo, encogiendose de hombros—. Pero aquí no hay
reuniones, ni llamadas, ni nadie esperando que sea perfecto. Solo esto. Y
yo.
Lo observe mientras caminaba unos pasos por delante. Su cuerpo se
movía con seguridad, como si estuviera acostumbrado a estar solo en
sitios así. Nada que ver con el hombre de la oficina. Aquí era... otra cosa.
Mas libre. Mas real.
Llegamos a un claro. La vista era brutal: colinas, arboles infinitos y
un cielo limpio. Solte la mochila y me deje caer sobre una roca.
—Vale —dije, respirando hondo—. Esto tiene su encanto.
Evan sonrio levemente. Saco dos botellas de agua de su mochila y me
ofrecio una. Nos quedamos sentados un buen rato, en silencio, mirando
el paisaje.
Y no se sentía raro. Se sentía bien.
—Gracias por traerme —dije al fin—. Supongo que esto sí cuenta
como relajante.
Asintio. Bebio un sorbo de agua. Luego se quedo callado unos
segundos.
—No se lo cuento a mucha gente —admitio—. A veces es mas facil
dejar que piensen que soy un robot.
Lo mire de reojo. ¿De verdad estaba abriendose así?
—No eres un robot, Walker —dije, sonriendo un poco—. Solo tienes
que aprender a apagar el piloto automatico de vez en cuando.
Se quedo mirandome. Directo. Silencioso. Como si estuviera
decidiendo si dejarme entrar un poco mas o cerrarse del todo.
—Tal vez tengas razon —murmuro, volviendo la vista al horizonte.
Y en ese momento, sin necesidad de decirlo, supe que algo entre los
dos había cambiado.
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Capítulo 5
La redaccion de New York Style Magazine estaba mas bulliciosa de lo
normal cuando volví despues de varios días siguiendole el ritmo a Evan
Walker. Gente corriendo de un lado a otro, llamadas, susurros. Algo
pasaba.
Fui directa al despacho de Claire, la redactora jefe. Me esperaba con
los brazos cruzados y esa expresion suya de «esto no te va a gustar»
Cerre la puerta tras de mí. Ni tiempo me dio a preguntar.
—Leslie, queremos que cambies el enfoque de la entrevista —dijo.
—¿Que clase de cambio?
—Necesitamos que consigas algo mas polemico.
Me la quede mirando sin decir nada. Porque conocía ese tono. Y no
me gustaba nada.
—Ha llegado una oferta —continuo—. Una empresa rival de Walker
& Co. esta dispuesta a pagar una buena suma por un artículo que lo deje
mal parado. Lo suficiente como para destruirle la reputacion.
—¿Me estas diciendo que invente algo?
—No tienes que inventar. Solo... exagerar. Tu has estado con el.
Seguro que ha dicho algo raro. Alguna frase sacada de contexto puede
bastar. Un mal habito. Una actitud cuestionable. Dale forma.
—No. No tengo nada. Y no pienso inventarlo.
Claire me sostuvo la mirada. Fría.
—No te lo estoy pidiendo. Es una orden. Si quieres seguir trabajando
aquí, hazlo. Y si te preocupa lo legal, puedes relajarte. Ellos se encargaran
de todo.
—¿Ellos?
—La empresa que ha hecho la propuesta.
Me levante de la silla como si me hubieran clavado algo.
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—Esto no es periodismo. Esto es una puta traicion.
—Esto es el negocio. Bienvenida al mundo real.
Sentí el pulso en los oídos. El estomago revuelto. La rabia subiendo
como lava.
—No pienso vender mi integridad por un cheque sucio —dije. La voz
me temblaba de puro asco.
Ella ni se inmuto.
—Entonces piensatelo. Pero date prisa. El artículo debe cerrarse esta
semana.
Abrí la puerta de golpe y salí de su despacho con un nudo en el pecho
que no me dejaba respirar.
***
Esa noche, el silencio de mi apartamento en Brooklyn me parecio mas
opresivo que nunca.
El tic-tac del reloj. El ruido del trafico lejano. Y mi cabeza, repitiendo
todo lo que había pasado en esos días con Evan Walker.
Sí, era rígido. Frío. A veces insoportable. Pero debajo de esa fachada
de CEO perfecto había algo mas.
Pense en su mirada, afilada, pero no para juzgar… sino para entender.
Recorde el gesto inesperado de ofrecerme un cafe en mitad de un día de
locos. La vez que, sin venir a cuento, me pregunto por mi familia. El
silencio comodo en la montana. La forma en la que, sin decirlo, me estaba
dejando entrar.
No era un robot.
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Era un hombre encerrado en reglas que el mismo se había impuesto.
En control constante. En exigencia cronica.
Y, joder, yo lo estaba empezando a entender demasiado bien.
Algo dentro de mí hizo clic.
No podía quedarme allí. Sentada. Fingiendo que no me importaba.
Porque me importaba. Mas de lo que quería admitir.
Me levante de golpe, cogí el abrigo, el bolso, y salí de casa sin
pensarlo demasiado.
El aire helado de Nueva York me golpeo en la cara, pero no me freno.
Baje las escaleras a toda prisa y, en cuanto vi pasar un taxi, levante la
mano.
—Upper East Side —le dije al conductor, con el corazon golpeando
fuerte en el pecho.
No sabía exactamente que iba a decirle. No tenía un discurso
preparado. Solo sabía una cosa:
Tenía que verlo.
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Capítulo 6
Cuando Evan Walker abrio la puerta, su expresion paso del asombro a
una mezcla extrana de curiosidad y cautela.
Llevaba una camiseta negra simple y unos pantalones de chandal
oscuros. Nada que ver con el traje impecable al que me tenía
acostumbrada. Y aun así… o tal vez por eso, estaba mas guapo que nunca.
—¿Que haces aquí? —pregunto, ladeando un poco la cabeza, como si
intentara descifrar mis intenciones.
—Necesito hablar contigo —dije. Mi voz sonaba mas firme de lo que
sentía por dentro.
Dudo un segundo. Luego se aparto para dejarme pasar.
El apartamento era amplio, minimalista, con ventanales enormes
que daban a la ciudad. Cada cosa en su sitio, limpio, perfecto… pero no
frío. Había algo calido en el ambiente. Silencio comodo. Luz suave. Su
mundo privado.
—¿Que pasa? —pregunto, senalando el sofa.
Me sente. El hizo lo mismo, sin dejar de mirarme. Respire hondo.
Nada de rodeos.
—Mi jefa quiere que cambie el enfoque del artículo.
Evan fruncio el ceno, pero no dijo nada.
—Han recibido una oferta de una empresa rival. Quieren que
publique algo que te deje mal. Algo falso.
Note como su cuerpo se tensaba. Pero sus ojos no se apartaron de los
míos ni un segundo.
—No pienso hacerlo —anadí rapido.
El solto un suspiro y se recosto en el respaldo. No era un suspiro de
alivio. Mas bien uno de esos que arrastran anos de aguante.
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—No me sorprende —dijo al cabo de unos segundos—. Se
perfectamente quien esta detras de eso. Es mi ex prometida —anadio,
su voz sono baja, casi aspera—. Bueno… la prometida que mis padres
eligieron para mí.
Me pillo totalmente fuera de juego.
—Era parte de un acuerdo familiar. Dinero, intereses compartidos,
ya sabes. Todo muy… tradicional. Pero no funciono. Yo no estaba
dispuesto a sacrificar mi vida para complacer a nadie. Ni siquiera a ellos.
Mi negativa rompio el trato. Y ella… no lo encajo bien.
Escucharlo fue como ver otra grieta mas en su escudo. Y esta era
grande.
—¿Y ahora te quiere joder profesionalmente?
Asintio, sin drama. Solo verdad.
—Para ella, solo fui otro objetivo. Algo que no pudo tener. Y eso la
envenena.
—Evan… lo siento —dije, su nombre salio mas suave de lo que
quería.
Me miro, largo. Como si mis palabras lo tocaran en algun lugar muy
dentro.
—No tienes que disculparte. Si algo agradezco… es que hayas sido
honesta conmigo.
Me costo tragar saliva.
—Pero, aunque yo no escriba esa mierda, mi jefa encontrara la forma
de sacarlo adelante igual.
El asintio, lento.
—Dejalo en mis manos. Manana mi equipo legal estara encima de
esto. —Se inclino un poco hacia mí—. Gracias por decírmelo. Pero sabes
que te van a despedir, ¿verdad?
La pregunta me golpeo. Claro que lo sabía. Pero escucharlo en voz
alta fue otra cosa.
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—Lo se —dije, encogiendome de hombros, intentando fingir que no
dolía—. Pero no voy a traicionarme. Ni a ti.
Hubo un silencio. No incomodo. Denso. Intenso.
Y entonces, el sonrio. No como en las reuniones. No como en las
entrevistas.
Fue una sonrisa real. Ligera. Casi tímida.
—Hace mucho que no conocía a alguien tan íntegro… e interesante
—dijo, con una calidez en la voz que nunca le había oído.
Y luego, bajito, casi como si se lo dijera a sí mismo:
—Gracias por todo.
Pero esa frase, simple y directa, llevaba un peso que me aplasto el
pecho.
***
Tal como ya imaginaba, mi jefa me despidio al día siguiente.
Fue rapido, frío, sin disimular.
—No vamos a tolerar que pongas en peligro los intereses de la
revista —dijo Claire, como si fuera yo la traidora y no ella.
No respondí.
Salí de la oficina sin mirar atras.
Y, siendo sincera, lo que sentí fue una mezcla extrana de rabia y alivio.
Sabía que había hecho lo correcto, pero eso no lo hacía menos injusto.
Pense que lo peor ya había pasado. Pero no.
Esa misma noche, lo vi en las noticias.
New York Style Magazine había publicado el artículo. Uno lleno de
insinuaciones maliciosas, citas sacadas de contexto y verdades
deformadas hasta el punto de parecer mentira.
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«Frío. Manipulador. Incapaz de mantener relaciones personales.»
Así lo describieron.
No mencionaron su dedicacion. Ni su disciplina. Ni la humanidad que
yo había visto detras de toda esa fachada impenetrable.
Las redes estallaron.
La gente se le echo encima.
Y no paso mucho tiempo hasta que las acciones de Walker & Co.
empezaron a caer.
Observe todo desde la distancia, sintiendo como el estomago se me
cerraba. No podía quedarme de brazos cruzados mientras destruían su
nombre. No despues de todo lo que había visto.
Así que esa noche encendí mi portatil, con el corazon a mil, y empece
a escribir.
Cree una web sencilla. Fondo blanco. Letras negras. Directo al grano.
Y conte la verdad.
No era una defensa ciega ni una carta de amor. Solo una cronica
sincera de lo que viví junto a Evan Walker.
Hable del hombre que había visto durante esos días. De como la
imagen de CEO inalcanzable se deshacía en momentos pequenos:
cuando se concentraba en un juego de disparos como si le fuera la vida,
cuando caminaba en silencio por la montana y por primera vez parecía
respirar, y cuando me escuchaba de verdad aunque no supiera como
demostrarlo.
Conte lo que muchos no querían ver.
No es perfecto. Pero tampoco es el villano que otros han intentado
vender. Es un hombre real, con cicatrices, con disciplina, con heridas
que no enseña. Es alguien que merece ser visto como es, no como lo han
pintado.
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Incluí fotos que había hecho con el movil. Nada planeado. Solo
pequenos momentos que hablaban mas que cualquier palabra.
Su sonrisa en la maquina de baile.
Su mirada serena bajo el cielo abierto de la montana.
Su perfil concentrado durante una reunion, cuando se olvidaba del
mundo.
No sabía si alguien lo leería. No sabía si serviría de algo.
Pero tenía que hacerlo.
Era mi manera de equilibrar la balanza.
Mi manera de no fallarle.
Mi manera de decirle: No voy a dejarte solo.
19
Capítulo 7
Al día siguiente, lo primero que hice al despertar fue abrir el portatil.
Las notificaciones estaban fuera de control.
Mi artículo se había viralizado durante la noche.
Cientos de mensajes, compartidos, comentarios.
Las redes estaban llenas de gente defendiendo a Evan Walker,
cuestionando las acusaciones de New York Style Magazine y reposteando
las imagenes que había publicado.
Y lo mas increíble: las noticias decían que las acciones de Walker &
Co. comenzaban a recuperarse.
Todo iba tan rapido que apenas podía procesarlo.
Y entonces, el movil vibro sobre la mesita de noche.
Mire la pantalla.
Evan.
Mi corazon dio un vuelco. Conteste intentando sonar mas tranquila
de lo que estaba.
—Hola.
—Hola —respondio el, con una voz calida que no le había oído
nunca—. Quiero verte. ¿Puedo pasar por tu casa?
Me quede en blanco un segundo. Luego reaccione.
—Sí… claro. —Le di la direccion, y colgue sin saber muy bien que
hacer con las manos.
No tardo mucho en llegar.
Cuando abrí la puerta, ahí estaba.
Abrigo oscuro. Postura segura. Ojos distintos.
Menos fríos. Mas vivos.
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Entro en silencio. Miro mi pequeno apartamento con curiosidad.
Como si intentara leer entre líneas. Como si quisiera conocerme, de
verdad.
—Gracias —dijo por fin, clavando los ojos en los míos—. No solo por
el artículo. Por devolverme algo que creía perdido.
—¿Que cosa?
—La confianza en las personas.
Me dejo sin palabras.
Di un paso hacia el. No podía dejar de mirarlo.
—No hice nada especial. Solo conte lo que vi.
—Contaste tu verdad —dijo el—. Y verme a traves de tus ojos… me
conmovio.
Hubo un silencio. Denso. Lleno de algo que no sabíamos como
nombrar. Hasta que el dio un paso mas.
—Me gustaría seguir viendote —dijo—. Fuera del trabajo. Fuera de
todo esto. Solo tu y yo.
Mi corazon se volvio loco. Pero logre sonreír. Y asentí.
—A mí tambien me gustaría.
Y en ese momento entendí que lo que había empezado como un
encargo imposible… acababa de convertirse en el principio de algo real.
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Capítulo 8
Cuando Evan Walker me propuso cenar, algo dentro de mí se agito.
No era trabajo.
No era protocolo.
Era solo el y yo, compartiendo algo que ya no podía disfrazarse de
casual.
Me esperaba en un restaurante pequeno, íntimo. Nada de lujo
exagerado. Solo luz tenue, copas de vino y una mesa en un rincon donde
el mundo parecía apagarse.
La conversacion fluyo. Facil. Ligera. Honesta.
Sonrisas que duraban demasiado.
Miradas que decían mas de lo que queríamos admitir.
Al final de la noche, insistio en acompanarme hasta la puerta de mi
apartamento.
—Gracias por esta noche —dije, justo frente a mi puerta, con el
corazon latiendo demasiado rapido.
—Gracias a ti —respondio el, con la voz baja.
Hubo un silencio. Denso. Cargado.
Y entonces, me beso.
No fue suave. No fue tímido
Fue un beso que se sintio como una explosion contenida demasiado
tiempo.
Sus labios se fundieron con los míos con urgencia, con hambre. Su
mano me sujeto por la cintura, tirando de mí hasta que mi cuerpo encajo
contra el suyo.
Su boca era calida, firme, exigente. Su lengua busco la mía sin
permiso, y el roce fue tan electrico que sentí un espasmo en el estomago.
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Un gemido escapo de mis labios. Mis dedos se aferraron a su camisa,
como si necesitara algo a lo que sujetarme para no caer.
El me besaba como si quisiera memorizarme, como si no tuviera
intencion de parar.
El beso se volvio mas lento, mas profundo, mas íntimo. Como si nos
estuvieramos contando todo lo que aun no habíamos dicho.
Cuando por fin nos separamos, los dos estabamos sin aliento. Mi
pecho subía y bajaba con fuerza, y su mirada era puro deseo contenido.
—Vaya —susurre, sonriendo sin poder evitarlo—. Pues no eres para
nada un robot.
El rio, bajo, con la boca todavía cerca de la mía.
—Espero que eso haya quedado claro.
Despues de esa noche, todo cambio.
Las cenas se volvieron paseos, los paseos se convirtieron en
conversaciones infinitas, y los besos… en algo que no podía ni quería
frenar.
Hasta que una noche, despues de compartir una copa de vino en su
apartamento, paso.
Nos besabamos en el sofa. Como tantas otras veces.
Pero en esta ocasion sus manos eran distintas. Mas seguras. Mas
urgentes.
Sus dedos se deslizaban por mi espalda, su boca dejo la mía y bajo a
mi cuello, donde dejo una estela de fuego.
—Dime si quieres que pare —susurro, con la voz mas ronca que
jamas le había escuchado.
—No quiero que pares —dije. Y era la pura verdad.
Me cargo sin esfuerzo, sus labios aun pegados a los míos, y me llevo
hasta su habitacion.
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Las sabanas estaban frías.
Nosotros no.
Me tumbo con cuidado, y mientras me besaba, sus dedos
desabotonaban mi blusa uno a uno, sin prisas, pero con intencion.
Su boca bajo por mi escote, por mi vientre.
Me quito la ropa interior con un gesto suave y se coloco entre mis
piernas.
Y entonces… me lamio.
Su lengua empezo lenta, recorriendo cada pliegue, cada rincon de mi
sexo con una precision que me hizo arquear la espalda.
Me sostuvo con fuerza por las caderas y siguio.
Mas profundo. Mas rapido.
Su lengua jugaba con mi clítoris, con el ritmo justo, con la presion
perfecta.
No podía pensar. Solo gemía. Solo lo sentía.
—Evan… —susurre, temblando—. Voy a…
El no se detuvo. Todo lo contrario. Me llevo directo al borde, y cuando
mi cuerpo se rompio en mil pedazos, me sostuvo fuerte mientras me
corría en su boca, jadeando, perdida.
Me gire de inmediato y lo empuje hacia el colchon, sin decir nada. Le
desabroche el cinturon y baje sus pantalones. Su ereccion estaba dura,
palpitante, lista.
Lo mire a los ojos y luego baje.
Lo tome entre mis labios, lento, sintiendo su reaccion en cada suspiro
que le escapaba. Lo lamí, lo saboree, lo sentí tensarse bajo mi lengua.
—Joder… —murmuro, enredando sus dedos en mi pelo—. Vas a
matarme.
Sonreí sin dejar de hacerlo. Quería saborearlo entero. Quería verlo
perder el control.
24
Cuando ya no aguanto mas, me hizo subir sobre el. Nos miramos. No
dijimos nada. Solo nos buscamos.
Me acomode sobre su cuerpo, y el me sostuvo por las caderas
mientras yo le bajaba del todo los pantalones.
Estaba duro. Listo. Palpitando.
Saco un condon de la mesita de noche, lo abrio con una mano
mientras me miraba como si no pudiera esperar mas, y se lo puso sin
dejar de rozarme los muslos con sus dedos.
—Ven aquí —susurro, con la voz ronca.
Me deslice lentamente sobre el, sintiendolo llenarme por completo.
Un gemido le escapo de la garganta, y me recorrio la espalda como una
corriente electrica.
Nos movimos juntos. Lento al principio. Luego mas rapido. Eramos
sudor, piel, respiraciones entrecortadas.
Yo cabalgaba sobre el, con los labios entreabiertos y el cuerpo
encendido. El me sujetaba fuerte, como si no quisiera soltarme nunca.
Y cuando me corrí otra vez, apretada contra el, lo sentí temblar
debajo de mí, hundiendo la cabeza en mi cuello mientras se venía con un
gemido ahogado.
Nos dejamos caer, agotados, enredados.
El me abrazo por detras, con la respiracion aun acelerada contra mi
nuca.
Y ahí, entre sabanas revueltas y cuerpos desnudos, supe que esto ya
no tenía marcha atras.
Ya no eramos periodista y CEO. Eramos dos personas que se habían
encontrado. Y no pensaban soltarse.
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Capítulo 9
Las semanas que siguieron fueron un torbellino de titulares, demandas
y reuniones con abogados.
El equipo legal de Evan Walker se dejo la piel desmontando cada una
de las mentiras que su ex prometida había esparcido por New York Style
Magazine y varios medios mas. Su estrategia fue quirurgica. Precisa.
Implacable.
Yo estuve ahí. En cada paso. Aunque el insistía en que no hacía falta.
Pero despues de todo lo que había pasado, no pensaba quedarme al
margen.
El día del fallo, la tension se sentía hasta en el aire.
El juez fue claro.
Las acusaciones eran infundadas. La intencion, puramente
difamatoria. La ex prometida fue obligada a indemnizar por los danos a
su imagen y a Walker & Co. Evan quedaba completamente exonerado.
Punto final.
Al salir del tribunal, los medios estaban como locos.
Micros, camaras, flashes. Pero el caminaba con paso firme, con esa
calma suya que parecía imbatible.
Solo que esta vez, no era frialdad. Era orgullo. Paz. Dignidad.
Esa noche, en su apartamento, abrimos una botella de vino que
llevaba meses guardada en su vinoteca con la etiqueta «esperar el
momento correcto».
—Es un buen día —dijo, levantando la copa con una sonrisa mas
amplia de lo habitual.
—Es un gran día —respondí, chocando la mía con la suya—.
Recuperaste tu empresa, tu reputacion… todo.
El asintio, pero no bajo la mirada.
26
Sus ojos se clavaron en los míos. Directos. Sin filtros.
—Por suerte, no lo perdí todo —dijo, dejando la copa sobre la
mesa—. Gane algo importante.
Mi corazon se acelero sin remedio.
Pero no le di tiempo a explicarse.
—¿El respeto del publico? —bromee, intentando aligerar el
ambiente.
El nego, acercandose un poco.
—A ti.
No hubo mas palabras.
Solo su mano en la mía. Su cuerpo junto al mío. Y ese beso que sello
todo lo que habíamos construido a lo largo de esa historia que empezo
siendo un encargo imposible.
Esa noche, mientras lo veía relajarse en el sofa, sin traje, sin tension
en los hombros, supe que no estabamos cerrando un capítulo.
Estabamos empezando uno nuevo.
Uno que queríamos escribir juntos.
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Epílogo
Meses despues, mi vida era completamente distinta.
Atras quedaron las redacciones caoticas, los jefes con agendas
turbias y los artículos que tenía que firmar sin creer en ellos.
Ahora escribía desde casa, desde cafes, desde donde me daba la gana.
Para la web que había creado aquella noche en la que decidí defender la
verdad.
Era mía.
Y eso lo hacía perfecto.
Evan Walker apoyaba cada paso que daba, aunque solía decir que era
mi lector mas exigente. Pero en realidad, era mi mayor fan. Y el hombre
que me enseno que se puede tener exito sin perder el alma por el
camino.
Como ahora, mientras caminabamos por Central Park con un cafe en
una mano y su otra mano entrelazada con la mía, hablando de nuestra
proxima gran aventura: nuestra boda.
Sí, estabamos comprometidos.
El, que había vivido encerrado en su rutina, había abierto un espacio
en su mundo para algo mas. Y yo, que nunca pense en quedarme en un
sitio por nadie, sabía que no quería irme de su lado.
—¿Arrepentida de todo lo que paso? —pregunto Evan, apretando
suavemente mis dedos.
—Ni un poco —respondí, sonriendo.
Se detuvo. Me giro hacia el. Y me beso.
Ese tipo de beso que aun me dejaba sin aliento. Un beso lleno de
promesas cumplidas y otras por cumplir.
Cuando se aparto, sus ojos brillaban.
Y no era solo por la luz del atardecer.
28
Era felicidad.
Real.
—Yo tampoco —dijo, acariciandome la mejilla con los nudillos.
Seguimos caminando.
Y supe que, aunque el camino no había sido perfecto, en medio del
caos habíamos encontrado algo verdadero.
La verdad.
La nuestra.
Y con eso… el futuro nunca había sido tan prometedor.
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