Buenas tardes.
Querido papá, hoy estamos aquí en Cajicá, el pueblo que te vio nacer,
el pueblo de tu infancia, el lugar donde construiste tus primeros
sueños, donde aprendiste a ser quien fuiste. El pueblo donde tantos te
aman y te recuerdan hoy vuelve a abrazarte. Prometimos traerte de
vuelta, y aunque jamás imaginamos que sería algún día, hoy
cumplimos esa promesa con el alma hecha pedazos poque hemos
perdido esa presencia firme y silenciosa que lo sostenía todo sin pedir
nada a cambio.
Te nos adelantaste en el camino, papá, y aunque la distancia nos separe
ahora, el amor que sembraste en la familia nos mantendrá siempre
unidos. Ya no podemos verte, pero te sentimos en cada rincón, en cada
gesto, en cada recuerdo. Eres y seguirás siendo nuestra guía, nuestra
inspiración y tu luz, esa que nos iluminó a lo largo de nuestras vidas,
jamás se apagará.
Fuiste muchas cosas, papá: un excelente hijo, un esposo fiel, un padre
ejemplar, y como abuelo… un completo alcahuete entregado a los
brazos de tus nietos. Ellos: Ana Gabriela, Juan Sebastián e Ivana
Lucía, encontrarán en tu recuerdo la fuerza para soñar en un futuro y
para vivir con la misma integridad que tú nos enseñaste. Tu partida,
papá, nos deja un vacío inmenso, pero también una herencia
invaluable: tus valores, tu ejemplo, tu forma honesta de mirar la vida,
que la palabra vale, que el trabajo dignifica, que el amor se demuestra
en los detalles cotidianos. Cada uno de nosotros lleva una parte de ti.
En nuestras decisiones para enfrentar las dificultades… tú estarás
siempre presente.
Nuestra mamá, tu compañera de vida, sigue hablándote en silencio. A
veces la sorprendemos mirando al cielo, sonriendo o llorando como si
te escuchara. Y quizás sí lo hace. Quizás las escuchas tú también, como
lo haces con todos nosotros.
Los niños aun preguntan por ti, por el abuelo, porque nadie como tú
ha sembrado en ellos lo mismo que sembraste en nosotros: esa manera
tan tuya de hacer sentir a todos importantes.
Nos haces falta, papá. Pero mientras vivamos, vivirás también tú en
nuestras memorias, en nuestras palabras, en nuestras costumbres y esa
vida honesta, sencilla y profundamente humana— será siempre
nuestra brújula.
Gracias por haber sido todo lo que fuiste.
No es un adiós.
Gracias, por tanto. Te amamos con el alma.