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Génesis 3

Génesis 3 narra la tentación de Eva por Satanás, quien disfraza su engaño y cuestiona la bondad de Dios, lo que lleva a la desobediencia y la caída del hombre. La condenación resultante incluye la pérdida de la inocencia, la culpa y el juicio divino sobre la humanidad y la creación. Sin embargo, se presenta la promesa de salvación a través de la simiente de la mujer, que se cumple en Cristo, quien ofrece redención y vida eterna a la humanidad.
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Génesis 3

Génesis 3 narra la tentación de Eva por Satanás, quien disfraza su engaño y cuestiona la bondad de Dios, lo que lleva a la desobediencia y la caída del hombre. La condenación resultante incluye la pérdida de la inocencia, la culpa y el juicio divino sobre la humanidad y la creación. Sin embargo, se presenta la promesa de salvación a través de la simiente de la mujer, que se cumple en Cristo, quien ofrece redención y vida eterna a la humanidad.
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GÉNESIS 3

I. Tentación (3:1–6)
A. El tentador.
Dios no es el autor del pecado, ni Él tienta a las personas a pecar;
esto es la obra del diablo (Stg 1:13). Ya hemos visto que Satanás
cayó en pecado antes de la obra de Génesis 1:3ss. Al principio era un
bello ángel, regocijándose en la creación divina (Job 38:4–7), pero
pecó y Dios lo juzgó (Is 14:12– 17; Ez 28:11–19). Nótese que
Satanás vino a Eva disfrazado de serpiente, porque se disfraza y le
aparece a la gente en su verdadero carácter. En Génesis 3 Satanás es
la serpiente que engaña (2 Co 11:3); en Génesis 4 es el mentiroso que
mata (Jn 8:44). Debemos cuidarnos para evitar sus sendas
engañosas.
B. El blanco.
Satanás apuntó a la mente de Eva (2 Co 11:1–3; 1 Ti 2:9–15) y
tuvo éxito en engañarla. La mente del hombre es una parte de su ser
creado a imagen de Dios (Col 3:9–10), de modo que Satanás ataca a
Dios cuando ataca la mente humana. Satanás usa mentiras. Es
mentiroso y padre de mentiras (Jn 8:44).
C. La táctica.
Mientras que la mente se aferre a la verdad de Dios, Satanás no puede
ganar; pero una vez que la mente duda de la Palabra de Dios, hay
campo para que se introduzcan las mentiras del diablo. Satanás
cuestiona la Palabra de Dios (v.1), la niega (v. 4) y luego la sustituye
con sus propias mentiras (v. 5). Nótese que Satanás procura socavar
nuestra fe en la bondad de Dios; le sugirió a Eva que Dios estaba
«privándoles de algo» al decirles que se abstuvieran del árbol de la
ciencia del bien y del mal. Cuando cuestionamos la bondad de Dios
y dudamos de su amor, jugamos precisamente en las manos de
Satanás, quien hace que la tentación parezca maravillosa al hacerles
una oferta: «¡Seréis como Dios!» Satanás mismo quiso ser
«semejante al Altísimo» (Is 14:14) y siglos más tarde le ofreció a
Cristo «todos los reinos del mundo» si le adoraba (Mt 4:8).
D. La tragedia.
Eva no debió haberle dado «lugar al diablo» (Ef 4:27); debió haberse
aferrado a la Palabra de Dios y resistido al diablo. Nos preguntamos
dónde estaba Adán durante esta conversación. En cualquier caso, Eva
quitó de la Palabra al omitir «libremente» (v.2); añadió a la Palabra al
ampliar «ni le tocaréis» (v.3); y cambió la Palabra al hacer el «ciertamente
moriréis» de Dios como «para que no muráis» (v. 3). En el versículo 6
vemos la trágica operación de los deseos de la carne («bueno para
comer»), el deseo de los ojos («agradable a los ojos») y el orgullo de la
vida («codiciable para alcanzar la sabiduría»), véase1 Juan 2:15–17. Es
difícil pecar solo. Algo en nosotros nos hace querer pecar con otros.
Adán deliberadamente pecó y sumergió al mundo en juicio (1 Ti 2:14).
II. Condenación (3:7–19)
A. Interna (vv. 7–13).
De inmediato vino la pérdida de la inocencia y la gloria y un
sentido de culpa. Trataron de cubrir su desnudez con sus obras,
ropajes que Dios no aceptó (v. 21). Aún más, vemos una pérdida del
deseo de comunión con Dios. Cuando oyeron que Dios se acercaba,
¡se escondieron! La culpa, el temor y la vergüenza rompieron la
comunión con Dios que disfrutaban antes de su desobediencia.
Nótese también que hubo una actitud creciente de autodefensa: el
hombre le echó la culpa a la mujer y la mujer culpó a la serpiente.
Vemos aquí el trágico efecto interno del pecado.
B. Externa (vv. 14–19).
Es probable que la serpiente que Satanás usó no era la criatura
rastrera que conocemos hoy. El nombre sugiere brillo y gloria, pero
debido a que la criatura se sometió a Satanás y participó en la
tentación, fue juzgada y condenada a arrastrarse en el polvo. El
juicio de la mujer incluyó concepción y dolor en el alumbramiento.
Fue puesta en sujeción a su marido. Nótese que Pablo sugiere que las
mujeres cristianas que se casan con inconversos pueden tener
peligros especiales al criar a los hijos (1 Ti 2:8–15). El juicio sobre
el hombre involucra su trabajo: el paraíso se reemplazaría con el
desierto y el gozo del ministerio en el jardín con el sudor y el
esfuerzo en el campo. El trabajo no es la pena de Dios, porque el
trabajo no es pecaminoso (2:15). Es el sudor y el esfuerzo del trabajo
y los obstáculos de la naturaleza que nos recuerdan de la caída del
hombre. Toda la creación está bajo maldición y en esclavitud debido
al pecado (Ro 8:15–25).
C. Eterna (v. 15).
Este es el primer evangelio declarado en la Biblia: las buenas
nuevas de que la simiente de la mujer (Cristo) a la larga derrotaría a
Satanás y a su simiente (Gal 4:4–5). A partir de aquí y en adelante el
torrente se divide: Satanás y su familia (simiente) se opone a Dios y a
su familia. Dios mismo puso la enemistad (hostilidad) entre ellas y Él
llevará al clímax la guerra cuando arroje a Satanás al infierno (Ap
20:10). Repase la parábola de la cizaña en Mateo 13 y note que
Satanás tiene hijos, así como Dios los tiene. En Génesis 4 Caín mata
a Abel y 1 Juan 3:12 nos informa que Caín «era del maligno»; hijo
del diablo. El AT es la historia de dos simientes en conflicto; el NT
nos narra el nacimiento de Cristo y su victoria sobre Satanás
mediante la cruz.
III. Salvación (3:20–24)
El único evangelio que Adán oyó fue lo que Dios dijo en 3:15, sin
embargo, lo creyó y fue salvo. ¿Cómo lo sabemos? Debido a que llamó
a su mujer «Eva» que significa «vida» o «dadora de vida». Dios dijo que
Adán y Eva morirían y Adán murió físicamente a los 930 años. Pero
también murió espiritualmente, cuando se separó de Dios debido al
pecado. Dios prometió el nacimiento de un Salvador por medio de la
mujer, y Adán creyó esta promesa y fue salvo. Dios no cambió los
resultados físicos del pecado, pero sí remitió las consecuencias eternas: el
infierno.
Las túnicas de pieles en el versículo 21 son cuadros de la
salvación que tenemos en Cristo. Debe haber habido derramamiento
de sangre, el ofrecimiento de vida inocente por el culpable. Adán y
Eva trataron de cubrir su pecado y vergüenza con hojas (3:7), pero
Dios no aceptó estas buenas obras. ¡Él tampoco acepta tales obras
hoy!
Los vestidos en la Biblia a menudo son un cuadro de la
salvación. Véanse Isaías 61:10 y Zacarías 3. El hijo pródigo fue
vestido de nuevo cuando regresó a casa (Lc 15:22). Los vestidos de
justicia propia y buenas obras son trapos de inmundicia a los ojos de
Dios (Is 64:6). Nótese que Dios quiere que Adán y Eva se cubran; Él
aprobó su sentido de vergüenza. Es siempre una señal de
degeneración cuando la gente revierte eso y se vuelve a la desnudez.
«Ropa decorosa» es siempre la norma de Dios (1 Ti 2:9).
Los versículos 22–24 muestran una extraña acción de la gracia
de Dios: ¡sacó al hombre y a la mujer del huerto! Habían
abandonado su derecho al árbol de la vida al desobedecer a Dios. Si
hubieran comido de ese árbol, hubieran vivido para siempre en su
estado pecaminoso. Lo cual significa que el Salvador, el segundo
Adán, no podría haber venido para morir para librar a los seres
humanos del pecado. Así, al echar a Adán y Eva del paraíso, Dios
mostraba su gracia y misericordia a la raza humana entera. La espada
que colocó en el jardín guardaba el camino. Es posible traducir esto
como «una llama parecida a una espada»: el fuego de Dios que habla
de su santidad (Heb 12:29).
Romanos 5 y 1 Corintios 15:42–49 explican los contrastes entre
el primer Adán y el postrer Adán, Cristo. Adán fue hecho de la
tierra, pero Cristo descendió del cielo. Adán fue tentado en un jardín
perfecto, mientras que Cristo fue tentado en un terrible desierto.
Adán deliberadamente desobedeció y sumergió a la raza humana en
pecado y muerte, pero Cristo obedeció a Dios y trajo justicia. Como
ladrón Adán fue expulsado del paraíso. Hablándole al ladrón, Jesús
le dijo: «Hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lc 23:43).
Nótese que en Romanos 5 tenemos varias afirmaciones «mucho
más» (9, 15, 17, 20), indicando que la muerte de Cristo no sólo nos
puso de regreso donde Adán estaba. Nos dio mucho más de lo que
Adán jamás tuvo. ¡Somos reyes y sacerdotes para Dios y reinaremos
con Cristo para siempre!

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