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Resumen Sociologia

El documento analiza la evolución de las políticas urbanas en Europa, destacando su dualidad entre el espacio físico y los procesos sociales. Se enfatiza cómo estas políticas han cambiado desde la transformación del espacio físico hacia un enfoque más integral que incluye la competitividad económica y la cultura en el contexto de la globalización. Además, se abordan los desafíos sociales y ambientales que enfrentan las ciudades, así como la importancia de la participación comunitaria en la regeneración urbana.

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Resumen Sociologia

El documento analiza la evolución de las políticas urbanas en Europa, destacando su dualidad entre el espacio físico y los procesos sociales. Se enfatiza cómo estas políticas han cambiado desde la transformación del espacio físico hacia un enfoque más integral que incluye la competitividad económica y la cultura en el contexto de la globalización. Además, se abordan los desafíos sociales y ambientales que enfrentan las ciudades, así como la importancia de la participación comunitaria en la regeneración urbana.

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LA RECONFIGURACIÓN DE LA

AGENDA URBANA: EL DEBATE


EUROPEO​
Mariona Tomàs y Marc Martí-Costa
2011

¿Qué son las políticas urbanas?

La ciudad y en general lo urbano pueden ser entendidos de dos maneras: como continente
(entorno físico que crea unas actividades y prácticas determinadas) o como contenido
(procesos sociales que ocurren en el marco de la ciudad). Lo urbano se define como
espacio físico con unas características específicas que da lugar a «un modo de vida
urbano», distinto de los demás. Se puede diferenciar un estilo de vida marcado por las
relaciones anónimas, la movilidad, la segmentación, la abstracción, etc. (en la línea de lo
observado por George Simmel). El marco urbano caracteriza y crea los procesos sociales.
Hay que actuar sobre el entorno físico para transformar la realidad social. Para otros, el
marco físico se contempla como algo externo, independiente de los procesos sociales
urbanos. Las prácticas sociales que tienen lugar en el espacio urbano, las dinámicas
urbanas se explican por otros condicionantes (sobre todo, económicos) y no por el marco
físico en que se desarrollan. Esta interpretación, propia de los sociólogos de inspiración
marxista (Castells, 1972; Lefebvre, 1970), contempla lo urbano como reflejo de dinámicas
estructurales y ligadas al modo de producción que se manifiestan más intensamente en las
ciudades.

Entre las dos perspectivas, lo urbano se entiende como la interrelación de contenido y


continente. Así, la ciudad y lo urbano se entienden como una relación bidireccional entre el
espacio y la construcción social del espacio. El espacio se transforma gracias a las
prácticas de sus habitantes y del sentido que dan a esas prácticas, a la vez que las
prácticas de los individuos están marcadas por el espacio en el que viven y se socializan, ya
que vivir en un espacio u otro influye en sus propias percepciones.

¿Qué son las políticas urbanas y en qué se distinguen de las políticas públicas locales?
Política pública: «un programa de acción propio de una o varias autoridades públicas o
gubernamentales en un ámbito sectorial de la sociedad o en un espacio territorial dado»
(Thoeing, 1985: 6; Mény y Thoeing, 1989: 130, citados en Subirats et al. 2008: 25). Las
políticas urbanas como aquellas que van dirigidas a transformar directamente los espacios
físicos de la ciudad, emergiendo diferentes áreas de políticas públicas muy ligadas a este
aspecto: movilidad, vivienda, planificación urbana. Movimiento moderno de planificación
urbana encarnado en la figura de Le Corbusier. Así pues, según esta perspectiva, las
políticas urbanas serían aquellas acciones que van dirigidas a la transformación de los
espacios públicos y privados que configuran la ciudad con el objetivo de influir en las
prácticas que en ella se desarrollan.

Es que cada vez es más difícil delimitar qué es lo urbano y qué no lo es como consecuencia
de la transformación de lo rural. Las políticas urbanas como aquellas que van dirigidas a
grupos sociales afectados por los conflictos que genera la vida en la ciudad: delincuencia,
anomia, extrema pobreza, aislamiento, segregación, tensiones en el uso del espacio
público, etc.

Urban policy is both an expression of contemporary understandings of the urban, of what


makes cities what they are, and itself helps to shape those understandings (as well as the
cities themselves). (Cochrane, 2007: 13)

Le Galès (2005) sitúa los orígenes de las políticas urbanas europeas en los núcleos
urbanos medievales, cuando la floreciente burguesía comercial gobierna la ciudad y
desarrolla actuaciones referidas a la planificación urbana, el mantenimiento del orden
público, la construcción de viviendas y la promoción del desarrollo económico. Los
referentes de las políticas urbanas actuales las podemos encontrar durante el período de la
industrialización, un período que cambiará profundamente el carácter de las ciudades
europeas, empezando por las ciudades del Reino Unido y Alemania. El miedo a una clase
trabajadora cada vez más organizada influirá decisivamente en las políticas urbanas y
estatales durante todo el período de la industrialización europea.

Después de las dos guerras mundiales, Europa experimentará un nuevo ciclo de


crecimiento económico y urbanizador con la expansión del Estado de bienestar,
fortaleciendo las políticas estatales frente a las urbanas. Le Galès destaca diferentes
innovaciones en políticas urbanas en Holanda, Italia, Francia y Reino Unido durante la
década de los cincuenta. Es precisamente durante finales de los sesenta y los años setenta
cuando «la cuestión social se transforma y se presenta como una cuestión urbana» (Le
Galès, 2005: 238).

Las políticas de acomodación de las nuevas poblaciones serán un elemento distintivo


en las ciudades. En segundo lugar, se activarán nuevas políticas para lidiar con los
efectos sociales del inicio de la crisis industrial fordista.​
Las políticas urbanas de la primera mitad de siglo están más bien inspiradas por la primera
concepción de lo urbano, descrita anteriormente, con lo que se busca la transformación del
espacio físico como solución a los problemas sociales.​
A partir de los años sesenta, fruto de las presiones sociales y de la emergencia de una
nueva clase política e intelectual crítica, se empieza a tomar en consideración problemas
como expresión de conflictos sociales generales (como el conflicto entre capital y trabajo)
que afectan con especial intensidad las áreas urbanas.​
Así, las políticas urbanas responden a una necesidad esencialmente redistributiva de la
riqueza entre diferentes grupos sociales a través de políticas focalizadas.​
No hay una única definición de las políticas urbanas sino interpretaciones distintas según
épocas históricas, pero también según países e incluso ciudades.​
Variabilidad de las políticas urbanas en función de los contextos nacionales (Heinelt y
Kübler, 2005; Sellers, 2002; Pierre, 1999).​
El ejemplo español muestra especificidades subnacionales.​
Esta concepción de las políticas urbanas se empieza a transformar a mediados de 1980,
cuando el acento se pone en la competitividad y en las ciudades como espacios de
producción. El proceso de globalización económica genera cambios en la agenda urbana y
sugiere una nueva definición de las políticas urbanas.

La globalización de la agenda urbana​


Nuevas políticas urbanas que incorporan distintos elementos: la competitividad económica,
la cultura, las nuevas tecnologías de la información, la seguridad, el medio ambiente, etc.​
A continuación analizamos algunos de estos ejemplos que configuran...​
La crisis industrial de los setenta, el desarrollo TIC, así como la creciente y acelerada
interrelación económica global son elementos de cambio radical en las estrategias de las
ciudades europeas y norteamericanas.​
El proceso de la globalización ha tenido un impacto en el papel del Estado y también en el
de las grandes ciudades y sus áreas metropolitanas (Pierce, 1993).​
La mundialización de los mercados ha configurado una nueva jerarquía urbana que ha
situado las aglomeraciones metropolitanas como polos de producción (Lever, 2001) y a
determinadas áreas de las ciudades...​
El proceso de la globalización ha tenido un impacto en el papel del Estado y también en el
de las grandes ciudades y sus áreas metropolitanas (Pierce, 1993).​
«Urbanismo emprendedor» (Harvey, 1989). En el marco general del paso del fordismo al
posfordismo y de la restructuración del Estado, las políticas urbanas adquieren un nuevo
protagonismo (Brenner, 2004).​
El tránsito hacia el posindustrialismo supone el replanteamiento de la agenda local, lo que
significará un cambio de paradigma respecto al papel de los gobiernos locales con el
creciente protagonismo de las nuevas políticas urbanas (Cox, 1993).​
La globalización también ha llevado consigo un «renacimiento» de las ciudades como
actores económicos y en los ámbitos culturales y políticos.​
El gobierno de la ciudad se enfrenta a una paradoja: mientras que por un lado la
globalización revaloriza el papel de los gobiernos locales (principio de proximidad), por el
otro, los gobiernos locales tienen escasa (aunque creciente) presencia internacional, sus
recursos dependen en gran medida de las transferencias de gobiernos nacionales (y a
veces regionales), tienen una posición de relativa debilidad frente a los grupos económicos
públicos o privados y las grandes actuaciones estratégicas no son de su competencia o solo
en parte (Borja y Castells, 2004).

Ante la permanencia del Estado como actor político relevante y la aparición de los procesos
simultáneos de localismo y globalización, los analistas han elaborado la idea del gobierno
multinivel (multi-level governance) (Subirats, 2002) y la idea de «rescalamiento» (rescaling)
(Brenner, 2004). En este contexto, la planificación estratégica ha sido una herramienta de
creación de proyecto de ciudad que incluye no solo a los líderes políticos locales, sino
también a actores de la sociedad civil y del sector privado en torno a los temas claves de la
ciudad. Se trata, por tanto, de un instrumento de gobernanza que establece un marco de
cooperación público-privada con la participación de los agentes económico-sociales.

En esta línea, destacan los ejemplos de Barcelona y Turín por su capacidad de redefinir el
futuro de la ciudad (Lefèvre, 2009). La mayoría de planes estratégicos tienen como objetivo
establecer estrategias coordinadas entre diferentes actores de la ciudad a medio y largo
plazo, con el fin de posicionar mejor la ciudad/región en el contexto de la globalización. Así,
con la mejora de la competitividad económica y de la calidad de vida de las regiones
metropolitanas, se pretende consolidarlas como lugares atractivos para vivir e invertir.
En consecuencia, los planes estratégicos normalmente aglutinan a la vez diferentes
proyectos concretos, entre los cuales tienen un peso importante aquellos relacionados con
la «sociedad del conocimiento». Estos buscan aprovechar las ventajas del nuevo paradigma
tecno-económico (Castells, 1995), donde los servicios y las industrias vinculadas con las
nuevas tecnologías se convierten en un factor clave de desarrollo urbano-regional.

Entre estos factores, destacan: las grandes infraestructuras de comunicación y transporte


(puertos, aeropuertos, trenes de alta velocidad, etcétera); aquellas relacionadas con las
nuevas tecnologías (cableado de fibra óptica); la presencia de capital humano altamente
cualificado; una buena calidad de vida y aceptación de la diversidad que atraiga talento
global; así como la creación de círculos virtuosos entre universidades, empresas privadas
de un mismo sector y administraciones públicas.

Una pauta bastante común, aunque con variantes internas, ha sido la creación de: a)
«Central Business Districts», para tratar de acumular los espacios de dirección de la
economía global; b) nodos de comunicación internacional (puertos, aeropuertos); y c)
«distritos tecnológicos» o «ambientes de innovación», como nuevos espacios de producción
de las ciudades posindustriales. Todo ello, con el objetivo de sacar provecho de la
proximidad espacial (creación de clusters) entre empresas, profesionales, investigadores y
gestores públicos para fomentar la cooperación interna y la innovación competitiva.

En los últimos años, ha tomado fuerza el término «economía creativa», que intenta definir
operativamente la emergencia de una nueva economía centrada no solo en la industria
tecnológica, sino también en la producción cultural (incluido lo audiovisual), una renovada
producción artesana y los servicios financieros y de negocios (Scott, 2006; Musterd, 2007).
A través de esta conceptualización, se busca definir la economía posfordista poniendo
énfasis en el papel central que adquieren la cultura y el ocio dentro de la economía
capitalista.

Autores como Amin y Cohendet (1999) o Richard Florida (2002, 2004) han estudiado los
factores que atraen a los trabajadores de la economía creativa en determinadas ciudades,
mostrando cómo los trabajadores altamente cualificados y con talento (claves en la nueva
economía) prefieren vivir en ciudades donde existan ambientes de tolerancia, diversidad
social y una vibrante escena cultural. Sin embargo, el objetivo último continúa siendo la
mejora económica de la ciudad.

Como resultado, determinadas políticas hasta ahora fuera de las lógicas mercantiles pasan
a formar parte de las políticas de promoción económica de la ciudad. Esto significa, en
primer lugar, que la cultura es reconfigurada como mercancía, producto capaz de generar
beneficios directos o indirectos mediante procesos de branding. Así, la cultura es utilizada
como transmisora de valores y significados que permiten revalorar e interpretar el espacio
con comportamientos coherentes con nuevas formas de acumulación, lo cual permite
introducir áreas de gobierno dentro de lógicas de decisión nuevas basadas en el mercado.
De este modo, la cultura se utiliza para promover un imaginario que refuerza la
competitividad de la ciudad como proyecto hegemónico e impulsa su inserción en los
circuitos económicos internacionales (Jessop, 2001).

Ahora bien, las respuestas ante los retos sociales y ambientales son ambivalentes. Las
ciudades deben afrontar importantes problemas en el contexto de la globalización,
especialmente en términos ambientales y sociales. En el ámbito social, la complejización de
la sociedad (individualización, nuevas formas de familia, etc.), junto con el aumento de la
movilidad de capitales, información y la profundización de las desigualdades, han traído
consigo un aumento de las migraciones internas y transnacionales, generando así una
mayor diversidad social en las ciudades.

Como consecuencia, la internacionalización de las sociedades tiende hacia una mayor


segregación y segmentación social: “los centros urbanos van convirtiéndose en conectores
con lo global, las ciudades centrales en espacios de la reestructuración permanente y las
periferias suburbanas en zonas de repliegue de los distintos grupos sociales y actividades
económicas, ya sea por segregación social o delimitación de su ámbito de existencia” (Borja
y Castells, 2004: 59). Asimismo, las desigualdades en el acceso al mercado laboral, la
vivienda y la educación son más intensas en las ciudades. La mayoría de las urbes se
caracterizan, por tanto, por una segregación espacial y social, con procesos simultáneos de
gentrificación y guetización.

Frente a esto, se han desarrollado políticas de vigilancia y seguridad urbana cada vez más
sofisticadas y estandarizadas gracias al desarrollo de las nuevas tecnologías. Según sus
críticos, ello provoca una “ecología del miedo” (Davies, 1998) o una “agorafobia securitaria”
(Borja, 2003) que empobrece la vida urbana al hacer los espacios públicos más
monofuncionales, previsibles y simples, favoreciendo así una mayor segregación y
exclusión social. En paralelo, se han aprobado ordenanzas municipales que regulan las
conductas cívicas en el espacio público, aunque muchas de ellas tienden a criminalizar a
colectivos vulnerables como trabajadoras sexuales o personas sin techo. En contraposición,
se propone que la calidad del espacio público —especialmente su diversidad de funciones y
usuarios— sea el eje principal para hacer efectivo el derecho a la seguridad y a la ciudad.
A lo largo de los años noventa se han desarrollado progresivamente una serie de políticas
que, desde una base local, tratan de dar respuesta a algunos desafíos ambientales y
sociales. En este marco, se reconoce la importancia de lo local para hacer frente a los
desafíos globales, como el calentamiento global o la dependencia de los combustibles
fósiles. Así, el criterio del desarrollo sostenible ha sido uno de los elementos clave de
innovación en las políticas urbanas, orientadas a mejorar los sistemas de transporte, el uso
racional de la energía y la planificación territorial.

Los barrios pueden convertirse en una amenaza para la cohesión social urbana al funcionar
como espacios generadores de exclusión social (Smith, Lepine y Taylor, 2007). En este
sentido, Cochrane (2007) señala que muchas políticas de regeneración urbana apuestan
por que sean las propias comunidades locales las que lideren procesos de transformación,
promoviendo su autosuficiencia. Sin embargo, existen enfoques alternativos que priorizan la
revitalización económica como vía para mejorar el bienestar urbano y aumentar la
competitividad de las ciudades.

Inspirado en experiencias de países como Reino Unido, Francia y los Países Bajos, el
programa URBAN lanzado en 1994 impulsó estas políticas en Europa. Aunque su
dimensión presupuestaria fue limitada, su impacto cualitativo fue significativo, fomentando
intervenciones integrales, la cooperación entre actores locales y el intercambio de buenas
prácticas (Gutiérrez, 2008).

Estas políticas suelen estar focalizadas territorialmente en barrios donde se concentran los
desafíos urbanos y buscan un abordaje integral. Reconocen el carácter multidimensional de
los problemas sociales y económicos, por lo que se proponen intervenciones holísticas,
articuladas bajo principios de gobernanza. Esta implica la colaboración de actores diversos
e interdependientes de distintos niveles territoriales, ámbitos temáticos (urbanismo,
economía, medioambiente, etc.) y sectores (público, privado, comunitario) (Blanco y Gomà,
2006).

No obstante, se les ha criticado por centrarse en las consecuencias y no en las causas


estructurales de los problemas. Esto puede derivar en procesos de gentrificación y
desplazamiento social (Parkinson, 1998; Regenera, 2007). A partir de la Cumbre de Lisboa
del año 2000, la Unión Europea planteó que la exclusión social no debía considerarse un
efecto colateral del desarrollo económico, sino una realidad compleja que implica la pérdida
de vínculos personales y sociales que dificultan el acceso a oportunidades y recursos
(Subirats, 2005).

Con este enfoque, se impulsaron Planes Nacionales de Inclusión Social para mantener un
modelo europeo basado en crecimiento, equidad e inclusión (Comisión Europea, 2006), así
como iniciativas de intercambio de experiencias entre gobiernos locales. Algunas políticas
locales se han orientado hacia la proximidad y la creación de redes, como el programa de
Ciudades Educadoras —iniciado en 1990 por Barcelona— que promueve políticas
educativas municipales. También destacan los bancos del tiempo, inicialmente pensados
para apoyar a mujeres mediante redes solidarias, que han evolucionado como instrumentos
para fortalecer la cohesión social barrial.

En esta línea, las llamadas "políticas de tiempo" buscan adaptar el funcionamiento urbano a
los ritmos de vida cotidiana desde una perspectiva no patriarcal. Ciudades como Módena,
Milán, Génova, Roma o Venecia han desarrollado planes para ajustar los horarios de
servicios públicos a las necesidades de la ciudadanía (Torns et al., 2008).

A nivel territorial, se observa una transición de lo local a lo metropolitano. Desde mediados


del siglo XX, el crecimiento urbano ha borrado los límites entre ciudad y periferia, dando
lugar a regiones metropolitanas diversas, con varios núcleos y periferias funcionales. En
estas áreas conviven zonas innovadoras como Silicon Valley, barrios residenciales
exclusivos y suburbios empobrecidos (Teaford, 1997).

En el contexto global, estas regiones se han convertido tanto en focos de riqueza como de
exclusión. Por ello, se hace necesaria una acción conjunta que mitigue los efectos negativos
de la exclusión, ya que el aumento de pobreza y la degradación ambiental pueden reducir la
competitividad metropolitana. En consecuencia, se plantea la necesidad de políticas
redistributivas a esta escala (Swanstrom, 2001).

El proceso de "metropolitanización" exige un cambio de escala en las políticas urbanas.


Aunque las áreas metropolitanas ya son espacios cotidianos de vida y actividad, en muchos
casos carecen de institucionalización política y marcos legales adecuados que faciliten la
cooperación entre núcleos y periferias para impulsar políticas supralocales. Este contexto
plantea la urgencia de avanzar del “gobierno” tradicional hacia nuevas formas de
gobernanza colaborativa.

Los representantes locales suelen enfrentar dificultades para adoptar una perspectiva
metropolitana, ya que persiste una visión localista centrada en los límites de su propio
municipio y en las demandas de su electorado. Este enfoque limitado dificulta el diseño de
estrategias que aborden problemáticas comunes a escala supramunicipal (Tomàs, 2011).

Cuando existen políticas metropolitanas, estas suelen concentrarse en tres áreas


principales: la planificación territorial, el transporte público y la gestión ambiental. En el
primer ámbito, se desarrollan planes orientativos sobre el crecimiento metropolitano,
muchas veces subordinados a directrices de niveles superiores de gobierno, como ocurre
en ciudades como Lyon, Dublín o Vancouver. En el segundo, se aplican políticas de
integración tarifaria para facilitar la movilidad y coordinar distintos modos de transporte,
como es el caso de Barcelona, Londres y Stuttgart. En el tercero, se implementan políticas
ambientales integradas que abarcan desde el tratamiento de residuos y el abastecimiento
de agua hasta la gestión de parques metropolitanos y el control de la contaminación, como
sucede en Helsinki y Copenhague.

Estas intervenciones, sin embargo, están mayoritariamente enfocadas en aspectos físicos o


estructurales —las llamadas hard policies— mientras que las políticas de carácter social
(soft policies) siguen siendo más escasas.

La evolución de las políticas urbanas está determinada por la transformación de lo urbano,


que hoy en día es inseparable de lo metropolitano. Esto obliga a los actores locales a
repensar el diseño de las políticas públicas, ampliando su enfoque para construir una
agenda metropolitana coherente.

Reflexiones finales

El nuevo contexto político y económico derivado de la globalización presenta desafíos


significativos para los gobiernos locales y para la formulación de políticas urbanas,
especialmente en un mundo donde más de la mitad de la población vive en áreas urbanas.

Al hablar de políticas urbanas, no podemos limitarnos únicamente a las de tipo urbanístico.


Resulta fundamental comprender las relaciones entre la configuración del espacio físico y
los usos sociales que lo atraviesan. Además, ya no es viable diseñar o gestionar estas
políticas exclusivamente desde lo local: la gobernanza urbana requiere incorporar múltiples
actores —públicos, privados y comunitarios— que operan en distintos niveles territoriales
(barrial, local, metropolitano y regional).

En este nuevo escenario proliferan agencias paraestatales y el sector privado gana


protagonismo en la planificación estratégica y en la gestión de servicios públicos. No
obstante, en comparación con Estados Unidos, el liderazgo del sector público europeo sigue
teniendo un peso considerable.

A su vez, se agudiza la tensión entre competitividad y cohesión social, mientras que la


sostenibilidad ambiental adquiere un protagonismo creciente. En un contexto de
reestructuración económica y de creciente movilidad de personas y capitales, las políticas
de promoción económica ganan peso en las agendas locales, llegando incluso a influir en
otras áreas como la cultura.

Por un lado, se ha fortalecido la orientación hacia políticas de seguridad y control, que


muchas veces acentúan la segregación urbana. Por otro, enfoques más progresistas han
impulsado servicios de proximidad, mejora del espacio público, diversidad de usos urbanos
y una mayor participación ciudadana en las políticas de inclusión social. Así, la escala
barrial adquiere un nuevo protagonismo dentro de estrategias públicas que, sin embargo,
conviven con procesos de dispersión urbana y mayor movilidad.

Finalmente, gracias a una ciudadanía más consciente y al impulso de organismos


internacionales, las políticas vinculadas a la sostenibilidad y la lucha contra el cambio
climático han ganado peso en las agendas locales. Aun así, los gobiernos locales enfrentan
desafíos complejos muchas veces sin contar con las competencias legales ni los recursos
financieros necesarios para afrontarlos con eficacia.

🔹 1. Pensamiento metropolitano y gobernanza


●​ ¿Por qué se considera difícil que los representantes locales piensen en términos
metropolitanos?
●​ ¿Qué implica “pensar metropolitano” y cómo se opone al enfoque localista?
●​ ¿Qué consecuencias tiene la falta de una visión supramunicipal en el diseño de
políticas urbanas?

🔹 2. Políticas metropolitanas: áreas de intervención


●​ ¿Cuáles son los tres ámbitos principales en los que suelen concentrarse las políticas
metropolitanas?
●​ ¿Qué diferencias existen entre hard policies y soft policies en el contexto
metropolitano?
●​ ¿Qué ejemplos concretos se mencionan de ciudades que aplican políticas
integradas en transporte, medio ambiente y planificación?

🔹 3. Transformación de lo urbano y necesidad de una agenda metropolitana


●​ ¿Cómo ha cambiado la noción de “lo urbano” en el contexto contemporáneo?
●​ ¿Por qué se considera que lo urbano es hoy necesariamente metropolitano?
●​ ¿Qué desafíos plantea esto para la planificación y gestión de las políticas urbanas?

🔹 4. Gobernanza multinivel y actores involucrados


●​ ¿Por qué ya no es posible diseñar políticas urbanas únicamente desde lo local?
●​ ¿Qué tipos de actores participan hoy en la gobernanza urbana y en qué escalas
operan?
●​ ¿Qué rol juegan las agencias paraestatales y el sector privado en la planificación
estratégica?

🔹 5. Tensiones actuales en las políticas urbanas


●​ ¿Cuáles son las principales tensiones que enfrentan las políticas urbanas en el
nuevo contexto global?
●​ ¿Cómo se relacionan competitividad, cohesión social y sostenibilidad ambiental en
las agendas urbanas actuales?
●​ ¿Qué implicancias tiene el predominio de políticas económicas sobre otras áreas
como la cultura?

🔹 6. Nuevas orientaciones en políticas públicas locales


●​ ¿Qué enfoques contrapuestos existen en torno a la seguridad urbana?
●​ ¿Cómo se ha revalorizado la escala barrial en las políticas de intervención pública?
●​ ¿Qué estrategias se han promovido desde visiones progresistas para favorecer la
inclusión social y la participación ciudadana?

🔹 7. Sostenibilidad y desafíos institucionales


●​ ¿Qué factores han fortalecido la inclusión de la sostenibilidad ambiental en las
políticas locales?​
●​ ¿Qué papel juegan los organismos internacionales y la ciudadanía en la promoción
de políticas climáticas?​

●​ ¿Qué obstáculos enfrentan los gobiernos locales para responder a estos retos,
especialmente en términos de competencias y recursos?

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