García 2005
García 2005
vol. I , n ú m . 0
OTOÑO DE 2005
PAOLA GARCÍA
Université Paris 8 - Instituto Ortega y Gasset
Las creencias tradicionales y termina, en algunos casos, por usarlo para asentar sus
propias creencias. 4
Privados de sus élites religiosas a partir del siglo xvi y por lo tanto del conoci-
miento que éstas poseían, los indígenas desarrollan una religiosidad centrada
alrededor de los cultos populares, los que al adquirir dinamismo perduran a
través de los siglos. Las antiguas divinidades familiares y agrícolas siguen siendo
Motolinía y Jerónimo de Mendieta señalaron en diversas ocasiones la facilidad con la que los
ifc'igenas habían aceptado la fe.
: Bernand y Grusinsky, 1993.
Uno de los autos de fe más importantes fue sin duda el de Maní, Yucatán, ordenado por Diego
at i-anda en 1562.
* Conscientes de la existencia de similitudes entre las creencias indígenas y católicas, algunos
•igiosos españoles redefinen espacios o contenidos sagrados indígenas para favorecer la adhesión
éc ios indígenas a la religión católica. La aparición de la Virgen de Guadalupe en México en el siglo
vr_ es sin duda uno de los mejores ejemplos de ello.
mirada crítica, constata que los indígenas guatemaltecos suelen oponerse abierta-
mente a ciertos rituales católicos ligados a los sacramentos y pocos se esfuerzan ya
en respetar siquiera "un cristianismo de fachada".
De cara a lo anterior, surgen varias preguntas. ¿Por qué en el siglo xvin es más
visible la religiosidad indígena? ¿Qué actitud adoptan los indígenas frente a la
doctrina católica? ¿ C ó m o reorganizan su religiosidad? ¿No habrá, en definitiva,
otras implicaciones más allá de las puramente religiosas?
La presencia manifiesta de la religiosidad indígena se observa en el siglo xvm en
Guatemala y se debe a diferentes factores. Por una parte, los documentos que dan
cuenta de ella en esta época son indiscutiblemente más numerosos que los existen-
tes para los siglos anteriores. Por otra, en este periodo tienen lugar fuertes enfren-
6
tamientos entre las autoridades eclesiales y las órdenes mendicantes. Así pues, 7
durante las visitas pastorales los arzobispos y sus representantes prestan particular
atención a las expresiones religiosas de los indígenas que vivían en los pueblos bajo
la responsabilidad de las diferentes órdenes. Se intenta poner en evidencia las prác-
ticas contrarias a la ortodoxia católica con el fin de denunciar la ineficacia
control religioso de los sacerdotes seculares. Por ú l t i m o , el siglo xviu se caracteri
por el relajamiento general de la influencia del clero sobre las comunidades indíge-
nas guatemaltecas, debido a la pérdida del inicial espíritu de evangelización, a s
deficiencia numérica frente a una población indígena creciente, a su falta de for
mación y a las características lingüísticas y geográficas del país, que favorecen
aislamiento de algunas comunidades.
En este contexto, los indígenas afirman una religiosidad propia que ya no es 1
de sus antepasados ni la de los españoles sino que podría calificarse hoy com
"cristianismo indígena". Sin pretender definir el fenómeno en su totalidad, desea
mos mostrar en este artículo c ó m o se manifiesta la consolidación de dicha religio-
sidad indígena y en qué medida la redefinición del catolicismo resulta ser en realidad
un intento de reapropiación del nuevo orden social, económico y político impu
to por los españoles. 8
130
LA RELIGIOSIDAD DEL MUNDO INDIGENA GUATEMALTECO DEL SIGLO XVIII
del siglo xviii a partir de las observaciones hechas por Cortés y Larraz 10 en su
Descripción geográfico-moral de la diócesis de Goathemala. Este documento, elabo-
rado bajo la forma de un informe," pretende dar cuenta al rey Carlos I I I del estado
religioso de la arquidiócesis. El mitrado denuncia los "abusos" que comenten los
fieles (en su mayoría i n d í g e n a s ) , 12 propone medidas para convertirles verdadera-
mente, critica la actitud de los eclesiásticos c o n t e m p o r á n e o s y de sus predecesores,
juzga su buena o mala gestión de las parroquias y la calidad de su trabajo en tanto
guías espirituales, etc.
9 La Arquidiócesis de Guatemala estaba compuesta por una parte de la Sierra Madre de Chiapas
y por los territorios que hoy forman Guatemala y El Salvador, y se dividía en 123 parroquias admi-
nistradas por 123 párrocos y 166 coadjutores. El 90% pertenecía al clero secular mientras que el
resto eran regulares. Había 400 clérigos y religiosos y 60 religiosas en los conventos (Martín Blasco
y García, 1992).
10 Cortés y Larraz nace en 1712 en Belchite, en la provincia de Zaragoza. Es nombrado arzobis-
po de la diócesis de Guatemala por el rey Carlos III. Llega a su sede en 1768, y ejerce su función
hasta 1779. Muere en Zaragoza en 1786. Fue un eclesiástico humanista y un destacado intelectual,
que mostró un interés agudo por conocer Guatemala y aventurarse en su realidad. Desarrolló una
labor pastoral importante y actuó siempre en favor de los indígenas oponiéndose a los repartimien-
tos de mano de obra forzada y a los excesivos castigos y vejaciones que recibían. Prestó también
mucho empeño en mejorar la educación de los indígenas y por eso al morir legó su renta para la
fundación de un colegio en Guatemala. Para más información acerca de la vida del arzobispo,
consúltese la obra ya citada de Martín Blasco y García.
" Este informe cuenta con las observaciones y comentarios del arzobispo, con una descripción
completa de la Arquidiócesis, los mapas de las parroquias visitadas y las copias de cartas de los curas.
Fue enviado al rey Carlos III en 1771.
12 El 70% de la población de la Arquidiócesis era indígena, mientras que el 18% era ladina y
mestiza y el 12% española (Martín Blasco y García, op. cit.).
13 Las visitas pastorales eran una de las obligaciones de los obispos de Indias, quienes a menudo,
por la edad avanzada que tenían, enviaban a visitadores (Martín Blasco y García, op. cit.). Sin
embargo, Cortés y Larraz realizó personalmente sus visitas pastorales en tres etapas. La primera
tuvo lugar entre el 3 de noviembre de 1768 y el primero de febrero de 1969, la segunda etapa se
desarrolló entre el 22 de noviembre y el 9 de febrero de 1770. Por último, la tercera etapa se llevó a
cabo entre el 6 de junio de 1770 y el 29 de agosto de 1970.
M El cuestionario contaba con las siguientes preguntas: 1. ¿Cuál es la renta del curato o a cuánto
asciende?, 2. Los idiomas hablados en la parroquia y si existe alguien "ordenado a ese título", experto en
ellas, 3. Lista de todos los poblados y las distancias entre ellos, 4. Lista de familias y su composición por
poblados, 5. Vicios escandalosos, abusos y remedios, 6. Cumplimiento de los deberes religiosos católicos
y civiles, 7. Educación: escuelas, maestros, alumnos, 8. Idolatrías y supersticiones, 9. Libros empleados
para la explicación de la doctrina, 10. Castigos y vejaciones a los indios (Alejos García, 1992).
131
PAOLA GARCÍA
puestas de los curas con las observaciones hechas por el arzobispo constituye,
como señala Alejos García (1992), la originalidad de Descripción geográfico-moral
de la Diócesis de Goathemala. Las constataciones hechas por el mitrado acerca del
estado del clero en la arquidiócesis guatemalteca permiten afirmar que el mundo
indígena gozaba entonces de una cierta a u t o n o m í a religiosa. Pero ¿cuáles eran los
factores que favorecían, según el prelado, esta situación?
El clero parecía tener escaso control sobre los creyentes indígenas. Esto se debía
esencialmente, según el arzobispo, a su insuficiente formación, pues a decir de
Cortés y Larraz muchos eclesiásticos tenían poca o ninguna competencia para ejer-
cer con eficacia su función:
15 Los documentos se custodian en el Archivo General de Indias (AGI) bajo el título "Testimo-
nios de las respuestas dadas por los curas seculares del Arzobispado de Guatemala en la visita canó-
nica que de sus beneficios hizo el Ilustrísimo Señor Pedro Cortés y Larraz del Consejo de su Majes-
tad, arzobispo de dicho Arzobispado", AGI, Guatemala 948, año 1771.
16 En múltiples ocasiones, Cortés y Larraz se queja de la falta de honestidad de las respuestas de
los curas, que prefieren mentir a confesar en el cuestionario las dificultades con las que se enfrentan
en sus parroquias : "No es ciertamente redargüir con ironía la poca verdad y sinceridad que he
notado en las respuestas de los curas; sino hacer patente cuan poco sensibles son al verdadero reme-
dio de sus parroquianos, ocultando sus vicios" ([Link]., t. I: 73).
17 Cortés y Larraz, op. cit., I: 152.
18Martín Blasco y García, op. cit.: 172.
132
LA RELIGIOSIDAD DEL MUNDO INDÍGENA GUATEMALTECO DEL SIGLO XVIII
Por lo demás, constata que aunque los curas deban, por ley, tener un conoci-
miento m í n i m o de las lenguas indígenas habladas en sus parroquias para poder
atender espiritualmente en su idioma a sus feligreses, la mayoría las habla poco o
nada. Este hecho le parece particularmente preocupante ya que al no entender las
22
que, cuando están presentes los sacerdotes, éstos delegan a menudo a los fiscales la
responsabilidad de la enseñanza religiosa. Los eclesiásticos, poco cautelosos de
19El arzobispo critica los bautismos masivos organizados durante la evangelización por los reli-
giosos, quienes no se preocuparon por dar a los indígenas una educación religiosa previa (Cortés y
Larraz, op. cit., II: 185).
20Nos referimos a Motolinía, a fray Bartolomé de las Casas y a Mendieta, por ejemplo.
21Cortés y Larraz, op. cit., I: 99.
22En ese entonces se hablaba en la arquidiócesis guatemalteca una treintena de lenguas diferen-
tes (Martín Blasco y García, op. cit.).
"Cortés y Larraz, op. cit., I: 120.
"Bracamonte, 1991.
133
PAOLA GARCÍA
del siglo xviil la falta de eclesiásticos se agudiza y pone aún más en evidencia sus
carencias frente a una población indígena creciente, distribuida en numerosos pue-
blos, algunos de ellos poco accesibles. 26
ciertos pueblos o barrios quedan entonces casi exclusivamente bajo el control de los
indígenas, quienes se ocupan de su mantenimiento, del culto de las imágenes y,
cuando existen, de la conservación de los fondos bautismales.
Además, como lo indica Cortés y Larraz, una parte de la población indígena,
subestimada por los propios párrocos, vive dispersa y completamente aislada sin
29
control religioso. Según él, los indígenas prefieren vivir apartados para no pagar
tributo, para no ser castigados en caso de haber cometido algún delito o para
30
liberarse de la sujeción de Dios, de la Iglesia y del rey. Para remediar esta situación,
el arzobispo propone dividir las parroquias guatemaltecas, demasiado extensas, y
asentar a las poblaciones dispersas en pueblos. La falta de personal eclesiástico es el
mayor obstáculo a este proyecto.
La voluntad de los indígenas de mantener sus creencias, el aislamiento en el que
una gran parte vive, la falta de formación de los eclesiásticos, el papel que juegan
25 Véanse las visitas pastorales realizadas en la diócesis guatemalteca en los siglos xvn y xvm
(Ruz, 2002b y 2004).
2 6 Cuando el arzobispo llega a Guatemala, la diócesis está dividida en 123 parroquias y cuenta
con 421 147 personas distribuidas en 427 pueblos y 824 haciendas (Cortés y Larraz, op. cit.).
2 7 Los pueblos más alejados de las cabeceras parroquiales eran llamados pueblos de visitas y las
aldeas, pajuides o milperías.
2 8 Los curas tenían, por ley, la obligación mínima de acudir a los pueblos más alejados para que
los fieles se confesaran y comulgaran en Cuaresma.
2 9Cortés y Larraz lamenta que los curas no hayan seguido sus instrucciones para realizar los censos-
Pocos contaron a la población dispersa, varios registraron mal a las familias y muchos se fiaron de los
empadronamientos entregados por los indígenas cuando éstos tenían interés en que mucha gente no
estuviese contabilizada para pagar menos tributo (Martín Blasco y García, op. cit.: 147).
3 0 Al vivir aislados, los indígenas no eran contabilizados como tributarios.
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LA RELIGIOSIDAD DEL MUNDO INDÍGENA GUATEMALTECO DEL SIGLO XVIII
L A FALTA DE REACCIÓN DEL CLERO FRENTE A LOS "VICIOS " E "IDOLATRÍA "
DE LOS INDÍGENAS
Que en todos los más de estos territorios hay tantos abusos e idolatrías, que es aun
mayor el número de éstas que aun el de los muchos indios que nacen y se crían en los
pueblos; pues cada indio tiene en sí tantos abusos, supersticiones e idolatrías en núme-
ro que excede al cuantioso número de la especie de indios. 31
Ya en el siglo XVII las autoridades habían identificado como idolatría estas prác-
ticas religiosas. En 1623, el comisariado del Santo Oficio en Guatemala, A n t o -
nio Prieto, testifica la existencia de prohibiciones hechas a los indios referentes a
ciertos bailes, entre los cuales el llamado Tumteleche: "por ser cosa mala y su-
persticiosa, recordativa de los inicuos y perversos sacrificios". En 1679, el obis-
33
31 El arzobispo retoma las palabras del cura de la parroquia de Santa Lucía Cosumaluapam (Cor-
tés y Larraz, op. cit., I: 103).
3 2Véase García, 2004.
33A G N , Inquisición, vol. 303 (primera parte), expediente sin número, ff 3l4r-320r. Citado por
Ruz, 2002a.
3 4Cortés y Larraz, op. cit., I: 102.
135
PAOLA GARCIA
Siendo la embriaguez vicio can dominante como se ha dicho y dirá, que no puede
señalarse entre tantos un pueblo siquiera por excepción, en una diócesis tan dilatada y
que se compone de tantos; precisamente ha de encontrarse abismada en todo género de
vicios, pero aun éste fuera menos trabajo si se le considerara algún remedio. La mayor
miseria es que a no inspirar Dios su misericordia alguna providencia particular, es de
temer que este vicio acabará con todo en pocos años. 35
Los términos comunes y connaturales de la lascivia no han sido conocidos entre las
naciones más bárbaras; son muchas veces raptos y violencias de niñas a los ocho, diez
años y aun a los seis. [...] Son términos connaturales el haber en los pueblos muchas
mujeres expuestas a la deshonestidad, el cambio de mujeres y maridos y los concubina-
tos, y los que son bien comunes son los incestos entre primos, entre hermanos y aun
entre padres; de suerte que no sabría yo explicar, ni hacer verosímil cuan comunes y
connaturales son estos términos, y cómo comprenden a estos miserables, pero sin ru-
bor ni la menor vergüenza, pues no se recatan de que todos lo sepan. 36
[...] Es imposible salvar la pureza y verdad de la religión cristiana, entre tantas embria-
gueces, vicios, idiotismos y abusos ni que tengan otro efecto las leyes que el dolor de ver
multiplicadas las transgresiones, ni entre tanta insensibilidad a precipitarse a todo gé-
nero de vicios, es verosímil que deje de estar la religión o muerta o sumamente débil. ' 3
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LA RELIGIOSIDAD DEL MUNDO INDIGENA GUATEMALTECO DEL SIGLO XVIII
La fuerte reacción del arzobispo contrasta con la aparente aceptación por parte
de los religiosos de los "vicios" de los indígenas. Estos "vicios", en la perspectiva de
Cortés y Larraz, se habían convertido en componentes de la realidad cotidiana
guatemalteca que los curas conocían de sobra ya que, contrariamente a los religio-
sos regulares, eran en su mayoría criollos:
[...] E n unos [pueblos] veo a sus vecinos muertos a la razón por la embriaguez; en
otros transformados en brutos por la deshonestidad; en otros naufragando por no to-
mar aun en la tempestad de la muerte la tabla de la penitencia verdadera; en otros
innumerables espectros que me horrorizan; los ven los curas, pero no se espantan,
porque aunque no sean ebrios, lascivos, incestuosos, adúlteros, plagiarios, etc., pero
criados desde niños entre tales monstruos, no se espantan, ni aun se inmutan ligera-
mente, como si dejaran de ser tales por serlo de costumbre. 41
El desinterés por los hábitos sociales y las prácticas religiosas de los indígenas e
incluso el temor suelen llevar al mutismo. En la parroquia de Cáluco, el cura cuenta
que ha sido testigo de "rituales idólatras" pero, al temer que los indígenas lo maten,
prefiere no decir nada. Otros no quieren combatir las prácticas indígenas por el
42
Cuando el prelado llega a Guatemala es probable que ya parte del clero se haya
resignado (por temor, interés económico o simple indiferencia) a aceptar algunas
39 García-Ruiz, 1993.
4 0 Bernand y Grusinsky, op. cit.: 159.
4 1 Cortés y Larraz, op. cit., I: 225.
4 2 Cortés y Larraz, op. cit., I: 83.
4 3 Cortés y Larraz, op. cit., I: 114.
4 4 Ruz etai, 2002b y 2004.
137
PAOLA GARCÍA
[...] Se persuaden ciertamente de que todos tenemos los mismos vicios y que somas
ebrios y lascivos y que no podemos vivir en el mundo sin estos vicios [...]. Unos fiw-j
man juicios que (y son los menos) todos los adultos se condenan y que todos los traban
jos son perdidos, porque nada se puede remediar. Otros juzgan, que sin embargo del
tantos vicios e idolatrías, todos se salvan, porque hay en Dios otra providencia parala;
salvación de los indios y varios americanos distinta de la revelada por el Evangelio.* 5
A finales del siglo xix ya se han integrado elementos de las "religiosidades rura-
les" a un catolicismo a u t ó c t o n o "aceptado". Sin embargo, conviene señalar qnc
muchos de los "vicios", "idolatrías" y "supersticiones" identificadas por el arzobis-
po no son exclusivamente características de los indígenas. Cortés y Larraz tambió»
acusa a los ladinos, negros y mulatos de ser idólatras al participar en rituales paga-
nos en los pueblos indígenas donde los ladinos son cada vez más numerosos.
Tratemos ahora de ilustrar la reacción de los indígenas frente a los rituales y loa
objetos del culto católico ¿Los integran de una vez a su propio sistema religioso?
¿Abandonan sus creencias? O , por el contrario, ¿rehusan someterse al catolicismo?
Rechazo de la misa
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LA RELIGIOSIDAD DEL MUNDO INDÍGENA GUATEMALTECO DEL SIGLO XVIII
Los indígenas intentan evitar la misa, entre otras razones, para no tener que
pagar limosnas. Algunos aseguran que asisten a misa en una parroquia vecina,
otros fingen estar enfermos, mientras que algunos más van a trabajar a los campos
o simplemente se esconden: " M u y temprano comienzan a tocar a misa y aunque
con alguna pausa, suelen tocar las campanas dos horas; sale el fiscal a buscar a la
gente; después sale el cura; después los alcaldes, unos huyen, otros se esconden". 47
Estas estrategias son en realidad "el signo de una indiferencia frente a un cierto
cristianismo, el del cura y sus vicarios" porque, como lo indica el propio arzobis-
48
San Pedro de la Laguna: "Para que los indios oigan misa y la explicación de la
doctrina los encierran en la iglesia [ . . . ] " mientras que en la de Santiago Zacate-
5 1
peques: "Sólo con azotes se consigue el que algunos asistan a los oficios divinos y
doctrina cristiana". N o obstante, el prelado cuestiona la validez del uso de la
52
violencia por parte del clero, no sólo por existir un edicto que la prohibe, como
139
PAOLA GARCÍA
bien lo recordaban sus predecesores, sino por la fe que los indígenas p o d í a n desa-
rrollar en tales circunstancias:
importante costo que supone su celebración. Todas las visitas pastorales realizadas
en el siglo x v i i i señalan que tanto los religiosos seculares como los regulares exi-
56
140
LA RELIGIOSIDAD DEL MUNDO INDÍGENA GUATEMALTECO DEL SIGLO XVIII
que práctica social aceptada, sino también a los amancebamientos en el que solían
vivir los indígenas. Quizás las causas se deban a que el casamiento hacía del indivi-
duo u n contribuyente de pleno derecho, lo que significaba para la pareja pagar
doble tributo a la Corona y colaborar en las tareas comunales, como lo estipulaba
la Real Cédula de 1578. Por otra parte, como ya lo señalamos, la celebración de
59
este sacramento implicaba un costo muy elevado debido a las exigencias de los
eclesiásticos.
La confirmación tampoco goza de popularidad. La inmensa mayoría no cele-
bra este sacramento, convencida de que provoca la muerte de los niños. Esta
creencia, que perdura hasta el siglo XVIII, se explica probablemente por la fuerte
mortandad que caracteriza a los pequeños en edad de recibir este sacramento. 60
... Acudan con puntualidad los que no están confirmados a recibir este santo sacramen-
to..., pues tenemos entendido que los indios —como rústicos y llenos de supersticio-
nes— engañados del Demonio, están creyendo que el Santo Crisma, que da vida espi-
ritual y fortaleza para vencer al común enemigo, es dañosa para los cuerpos, y que se
mueren sus hijos después de recibido este santo sacramento, lo cual me persuado pro-
viene de la poca predicación de los curas y ninguna explicación sobre los efectos que
causan los sacramentos... 61
Por último, numerosos religiosos deploran la poca importancia que los indíge-
nas dan a los sacramentos a la hora de morir. Con el fin de ilustrar este hecho,
monseñor Cortés y Larraz se t o m ó la molestia de transcribir una partida de difun-
tos encontrada en el registro de la parroquia de Guaymaco:
No recibió [Juan Dionisio] los santos sacramentos, porque los indios no avisaron, por-
que aunque dicen ser su muerte de repente, ni di crédito, porque ellos tienen una
maldita costumbre, y es: que si caen enfermos luego que pasa Cuaresma no se apuran a
cumplir con el precepto de la hora de la muerte, y así en todo lo más a estas cosas
divinas, suponiendo que no queda por falta de amenaza y consejo. 62
141
PAOLA GARCÍA
dedicar a la compra de velas, comida y bebida, etc., para los rituales de "despedida
de los muertos". 63
A pesar del desinterés ante numerosas prácticas promovidas por los curas, el mun-
do indígena había interiorizado diversos elementos del catolicismo (objetos, creen-
cias, rituales) que resultaron fundamentales en la construcción de u n cristianismo
indígena. /
N o obstante, estos elementos católicos no son integrados tal cual sino que son
reinterpretados y jerarquizados en función del sistema de representación indígena.
Los referentes católicos se cargan entonces de nuevas significaciones y escalas de
valor que se funden con las de origen. La forma católica se mantiene, pero la
matriz se redefine a partir del sistema de creencias indígena. Este proceso resulta
64
de la desestabilización del marco religioso original (el cuerpo sacerdotal y las es-
tructuras de enseñanza han desaparecido, como así también las jerarquías de ori-
gen y los espacios sagrados) y de la permeabilidad del sistema de valores y de
representaciones maya. Por lo tanto, la integración de elementos provenientes
65
6 3Ruz, 2002.
6 4Esta capacidad para parasitar todo lo que introduce la religión cristiana impresiona a alguas
religiosos como el dominico Diego Duran (Bernand y Grusinsky, 1993).
6 5La cultura maya había asimilado una multitud de elementos culturales toltecas y nahuas-
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LA RELIGIOSIDAD DEL MUNDO INDÍGENA GUATEMALTECO DEL SIGLO XVIII
El óleo de la extremaunción
El prelado constata, por ejemplo, que cuando los indígenas recurren a la extre-
maunción, no lo hacen por respetar la sacralidad católica sino para evitar ser casti-
gados por el cura por no haberle avisado que una persona estaba enferma. Ade-
67
más, los indígenas consideran que la unción con el óleo tiene virtudes curativas, el
valor simbólico inicial se pierde a cambio de un valor puramente medicinal: "Lo
que reciben es el santo óleo, y esto, porque algunos se persuaden que es una pura
medicina corporal como cualquier untura, y los más, porque ignorándolo, o re-
pugnándolo el enfermo llaman sus colaterales, porque no los azoten si se muere sin
santo óleo." 68
Los santos
Por cosa extraña y para que se entienda lo que son ciertas devociones de estos países
concluyo diciendo que en el retablo mayor había una imagen de Santa Ana con otra de
Nuestra señora en trajes que más que imágenes lo eran de cómicas; principalmente el
de Nuestra Señora tenía sus rizos, lunares en el rostro, una mantilleja cruzada por debajo
de los brazos, y encima de los hombros vuelos y brial con tontillo. Dije: Padre cura
143
PAOLA GARCÍA
¿Cómo permite que se vistan así las santas imágenes? Respondió: Lo hacen unas seño-
ras que de ningún modo permitirán se vistan de otra suerte. Providencié lo convenien-
te, para dilatarme más en esta narración, pero después he notado cosas semejantes en
varias parroquias. 70
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LA RELIGIOSIDAD DEL MUNDO INDÍGENA GUATEMALTECO DEL SIGLO XVIII
A l igual que en la época prehispánica, el espacio religioso fue para los líderes
mayas, en su mayoría descendientes de la antigua nobleza, un espacio de poder
que se apresuran a ocupar, sobre todo a través de los puestos de sacristán, maestro
cantor y fiscal de doctrina, únicos cargos que podían ocupar los indígenas. Las 76
145
PAOLA GARCÍA
tidas en 118 parroquias. Cuentan con importantes riquezas que dan lugar a cons-
81
donaciones diversas y a los préstamos usureros que las mismas otorgaban: "Advir-
tiendo que casi todas las cofradías cuyo capital consiste en dinero, hacen los gastos
entregándoles a usura pupilar, como dicen, en dicha usura pupilar se cobra el 20
por ciento o el 30 o el 50 o más el tanto por ciento". 83
77 El 68% de la población indígena vivía sin mezclarse con los españoles o ladinos en 288 pue-
blos o aldeas (Martín Blasco y García, op. cit.).
78 Incluimos aquí no sólo a las autoridades de la República de indios (gobernador, alcalde, regi-
dor, etc.) sino también y, sobre todo, a los actores sociales como las antiguas autoridades (pasaros
y las personas de poder como los comerciantes, sajorines, etc.
"Ruz, 2002.
80 La mayoría de las cofradías estaban dedicadas al santísimo sacramento, las ánimas, la Virgo»
María y la Santa Cruz. Consciente de la importancia del papel de las cofradías, Cortés y Larraz elabofé
un documento específico titulado "Razón del instituto y advocación de las enunciadas cofradías |
hermandades, del aprovechamiento y prejuicio que resulta a losfielesy de si deben formarse en tod»
o en parte y en qué términos", Archivo General de la Iglesia, Guatemala, 948, año 1771.
81 Las cofradías poseían más de 265 088 pesos y 45 693 cabezas de ganado (Cortés y Larraz, op. caX j
82 Algunas cofradías podían llegar a contar con unos 4 000 miembros.
"Cortés y Larraz, op. cit., II: 105.
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LA RELIGIOSIDAD DEL MUNDO INDÍGENA GUATEMALTECO DEL SIGLO XVIII
mitrado reconoce explícitamente que "la cofradía es casi lo único con que se puede
contar para la subsistencia de los curas y misioneros necesitados para el servicio
de las parroquias". 85
El texto de Cortés y Larraz, a partir del cual hemos llevado a cabo nuestro estudio,
constituye un documento de excepción que permite aprehender no sólo la vida
religiosa de la diócesis guatemalteca, sino también su realidad sociopolítica y eco-
nómica a finales del siglo XVIII. Hemos observado que este periodo está marcado a
la vez por el retroceso de la influencia de la Iglesia sobre las poblaciones rurales y,
paradójicamente, por la afirmación de un "cristianismo indígena". Esta religiosi-
dad, resultado de la incorporación por acumulación de algunas prácticas católicas
en el sistema de creencia indígena, puede ser considerada como una forma de
resistencia al orden sociopolítico español dominante.
La aparición y consolidación en los pueblos de las cofradías, alrededor de las
cuales se reorganiza la religiosidad indígena, permiten la reconquista de la esfera de
lo sagrado. Las instituciones parroquiales se debilitan mientras que las cofradías
gozan de una popularidad y autonomía administrativa y religiosa que se afirma en
el siglo xix, cuando los conflictos entre el Estado guatemalteco y las autoridades
eclesiales se multiplican. Las iglesias de los pueblos quedan entonces en forma
paulatina bajo el control exclusivo de las cofradías y ya nada se opone a que las
prácticas tradicionales (ofrendas a los santos, sacrificios de animales, utilización
del copal como incienso, etc.) se introduzcan en las iglesias, las que poco a poco se
convierten en espacios de culto de la religiosidad indígena.
Pero la influencia de las cofradías ya no se limita exclusivamente a la esfera
religiosa. Progresivamente, el aumento de sus miembros y la acumulación de r i -
quezas las convierten en actores económicos y políticos de primera importancia en
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PAOLA GARCÍA
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LA RELIGIOSIDAD DEL MUNDO INDÍGENA GUATEMALTECO DEL SIGLO XVIII
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PAO LA GARCÍA