Alejandra1, ART 5
Alejandra1, ART 5
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DOI: / Vol. 3, Número 1, 2020 / pp. 8-202: / ISSN 2619-6077
Feminismos comunitarios territoriales de Abya Yala: mujeres organizadas contra las violencias y
los despojos
Communitary and territorial feminisms of Abya Yala: women organized against violence and
dispossession.
Resumen
El artículo muestra la ruta epistémica, que trazo para nombrar la existencia de los feminismos
comunitarios territoriales de Abya Yala. El camino lo esbozo a partir de la compartición de experiencias de
mujeres organizadas, que luchan contra las violencias y los despojos de sus cuerpos-territorios en la frontera
de Chiapas.
En un primer momento, sitúo la voz desde donde hablo y las experiencias de las que he sido parte.
Después dibujo algunas corrientes epistémicas de los feminismos de Abya Yala con las que he dialogado
desde la práctica teórico-política. Finalmente formulo el significado de los feminismos comunitarios
territoriales.
Palabras claves: Feminismos comunitarios territoriales, entramados comunitarios, cuerpo-territorio.
Abstract
This article traces the epistemic path from which I draw to name the existence of communitary and
territorial feminsms in Abya Yala. This outline will be framed by the experiencies and sharings of organized
women that struggle against violence and disposession of their bodies-territories in the border of Chiapas.
In a first moment, I will name the position and voice from which I speak, alongside with the experiencies
I have been a part of. Later on, I sketch certain epistemological tendencies of feminisms in Abya Yala with
which I have sustained a thoeretical-politcal praxis based dialogue. Finally I situate and formulate a
definition of communitary and territorial feminisms.
Keywords: Territorial community feminisms, Community networks, Body-territory.
Cómo citar este artículo: Cruz, D. (2020). Feminismos comunitarios territoriales de Abya Yala: mujeres
organizadas contra las violencias y los despojos. Revista Estudios Psicosociales Latinoamericanos, 3: 88-
107
1
Soy feminista antirracista, ecologista del sur, educadora popular. Doctora en Antropología Social
por parte del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS-
sureste).
2
UNAM. Programa de Becas Posdoctorales en la UNAM, Becaria del Centro de Investigaciones
Multidisciplinarias sobre Chiapas y Centroamérica (CIMSUR).
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Consideraciones iniciales
La escribanía que comparto no es posible comenzarla sin nombrar el contexto, que nos encarna
a todas las especies, y seres que habitamos el planeta hoy día. Un virus me-nos recorre, y nos
muestran diversos rostros del espacio-mundo. Devela la coexistencia de múltiples pluriversos que
afrontan la pandemia desde diferentes trincheras, de acuerdo a sus posiciones, condiciones,
opresiones, organizaciones y privilegios.
La situación que vive el mundo actualmente fue predicha por los pueblos zapatistas. En 2015
se convocó al seminario “Pensamiento Crítico Frente a la Hidra Capitalista” en la Universidad de
la Tierra (CIDECI) en San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Durante ese encuentro que duró siete
días, se conversó desde distintas vertientes los dolores, pesares, destrucciones que ha traído la
forma de relacionarnos como humanidades y entre especies.
El seminario al que convocaban había surgido como propuesta de las bases de apoyo zapatistas
con el fin de pensarse a través de su mirada y la de otrxs. Las preguntas claves eran ¿cómo estamos?
y ahora ¿qué sigue?
Para ese festín de pensamiento, invitaron a diferentes personas comprometidas con los
movimientos sociales a dar su palabra, a plantear cómo ven la situación del mundo desde una
mirada crítica. A esta acción le llamaron semillero “…Es su tiempo, dijeron: que el corazón que
somos abra la palabra, que hable y escuche. Y de entre las palabras escojamos la mejor semilla”
(Galeano, 2015, p. 7). Como suelen hacer los pueblos zapatistas en este convite ellxs también se
compartieron. Nos brindaron una reflexión autocrítica de los retos que han enfrentado al
organizarse, de las veces que han querido rendirse, de lo duro que es el asedio capitalista, y nos
recordaron que el sistema en el que vivimos es genocida y necrófilo con sus territorios y que ante
los muros que impone el capital, solo han encontrado una salida: organizarse para construir una
vida vivible para todo el espacio-mundo.
Al encuentro asistí por convicción. Yo soy parte de la sexta nacional3 desde 2006. He intentado
organizarme en las ciudades múltiples veces desde ese entonces. En todas aprendí lecciones de
vida importante y sin duda, en muchas salí con el corazón un poco roto.
Ese 2015 yo estaba organizada, con un colectivo que cofundé, junto a otras colegas en 2012 en
Quito, Ecuador, lugar donde viví dos años. El espacio se llama Miradas Críticas del Territorio
desde el Feminismo.4 Sin duda, Miradas Criticas, con todas las contradicciones encarnadas que
3
La sexta declaración de la selva lacondona es un propuesta política-organizativa que fue emitida
por el EZLN en junio del 2005. Uno de los argumentos central es organizarse, es hacer colectivo,
es repensar que es la única salida y posibilidad de construir mundos posibles. Soy de la sexta
porque me adhiero a la sexta declaración, porque apoyo el movimiento zapatista, creo en su ideario
ético-político organizativo. He aprendido de mis opresiones como mujer y como indígena a través
de su lucha y me organizo junto a otras, otros, otres, porque también sostengo que es la única vía
posible de construir un mundo en donde quepan muchos.
4
El colectivo es un espacio de investigación-acción militante y feminista. Construido en la ciudad
de Quito, Ecuador en 2012. Somos compañerxs diversas con militancias políticas que creen en los
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vivimos, hasta hoy en día me hace sentir que lo colectivo no es una palabra efímera, sino que se
construye en la práctica y en el hacer de la afectividad cotidianamente.
Había retornado a Chiapas hace un año, y estaba reanudando un proyecto político soñado con
mi compañera de vida Noelia.5 Nosotras desde 2010, anhelábamos en construir un espacio de
política entre mujeres diversas, distinto a los que habíamos habitado. Nuestro deseo concluyó en
lo que hoy es la organización feminista comunitaria Mujeres Transformando Mundos.6 Tanto
Noelia como yo veníamos de mucho trajín y desilusión política. Los fallidos intentos de
organización a los que nos habíamos unido, en años anteriores, nos habían dejado desconfiadas y
hurañas.
Las dos fuimos a escuchar al seminario de la Hidra. Sentadas con un lápiz y cuaderno en la
mano, anotábamos montón de ideas que nos resonaban. En uno de los recesos decidimos salir a
tomar algo. Tumbadas en el pasto en medio del CIDECI, comenzamos una larga charla que hoy
en día continúa, la pregunta que nos hicimos fue y ahora ¿qué sigue para nosotras? Para nosotras
qué sigue ante los escenarios de muerte y devastación que existe en los territorios que pisamos, y
ahora qué sigue para nosotras como mujeres que somos y hemos vivido las opresiones patriarcales
dentro de nuestras organizaciones feministas, y ahora qué sigue ante la guerra de baja intensidad
en Chiapas.
Con la fuerza del encuentro y nuestra conversa, una semana después fuimos a Comitán de
Domínguez con nuestros aliadxs de vida, compañerxs del Centro de Educación Integral de Base
(CEIBA) a contarles lo removidas que estábamos ante lo escuchado en el semillero convocado por
el EZLN. Veíamos necesario para nuestros cuerpos, anclarnos a nuestros territorios y
acompañarnos en nuestro quehacer organizativo. Tardamos un día conversando, llorando,
recordando. Nos escucharon y resonaron con nuestros sentipensares. Después de esa conversa
sentida, nos propusimos iniciar un caminar conjunto y desde ese momento hasta ahora seguimos
en esas andanzas.
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Los corazonares que describo, son primordiales para comprender que cuando argumento lo
hago desde un caminar colectivo que me da la posibilidad de bajar a la tierra, para construir siempre
en diálogo, desde un pensamiento de abajo y a la izquierda.
El planteamiento que comparto no pretende encajar a mis compañeras como feministas, sino
más bien, intenta dilucidar qué caminos estamos tejiendo juntas en este diálogo, entre mundos
urbanos populares y campesinos rurales, indígenas. Es necesario aclarar, que muchas de las
mujeres con las que compartimos construcción comunitaria, no se nombran feministas, pero
tampoco son antagonistas a las claves feministas sobre violencia, derechos, tierra y defensas de los
territorios, etc. De hecho, ellas despliegan en sus espacios estrategias comunitarias que son
claramente una lucha contra el patriarcado que las oprime.
La propuesta de esta escribanía, es parte de las resonancias que hemos venido realizando desde
hace seis años, y devienen de una investigación situada feminista del sur que significa articular
lenguajes diversos, tomar parte y contribuir a abrir diálogos en los territorios entre las diversas que
somos.
Desde finales del siglo pasado, los sures se enmarcan, en un contexto geopolítico en donde se
han incrementado los extractivismos, conformando escenarios ambientales de la apropiación y el
despojo (Ulloa, 2014). Estos escenarios principalmente están basados en un modelo de exportación
de bienes primarios a gran escala que se denomina consenso de los commodities (Svampa, 2012)
y (Svampa y Viale, 2014). La incorporación de alimentos y materias primas se han vuelto objetos
7
Mujeres indígenas de raíces chuj.
8
Colectivo creado en 2009, consituido por mujeres y hombres campesino de la periferia de
Comitán. Las mujeres del espacio están organizadas para contribuir a mejorar la salud comunitaria
de sus pueblos.
9
Mujeres indígenas y urbanas de la región Tojolabal de Chiapas.
10
Colectivo de hombres indígenas, urbanos que reflexionan sobre el patriarcado y la masculinidad
hegemónica.
11
Más adelante dialogo con la propuesta de entramados comunitarias creadas por Gladys Tzul
Tzul y Raquel Gutiérrez.
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de especulación, lo cual, crea estrategias de dominio en los territorios y altas ganancias a empresas
agroalimentarias, energéticas y financieras anglosajonas (Rubio, 2014). Esta situación profundiza
los nuevos procesos de acumulación del capital (Harvey, 2004).
Otra clave importante a resaltar, es que en los territorios de Abya Yala, existe una exacerbada
acumulación y concentración de riqueza en una minoría de empresarios y financiero, acción que
Segato (2017) llama dueñidad12; es decir, el poder en manos de pocos dueños, que genera que a
través del libre mercado, se construya una geopolítica global sin fronteras con nuevas formas de
dominación entre países imperialistas y de dependencia (Cruz, 2019). Los países periféricos se ven
más afectados, sobre todo en las áreas rurales donde habitan mujeres y hombres que trabajan el
campo, porque son excluidos de la ecuación neoliberal de acumulación, a pesar de que, con el
trabajo de mano de obra de ellas y ellos, su consumo y cuidados sostienen gran parte del sistema
(Federici, 2013).
El asedio capitalista hacia los pueblos indígenas no es un registro nuevo. Es la historia del
capitalismo, que como hidra lanza una reactualizada ofensiva que, una y otra vez, se empeña en
destruir las condiciones de estabilidad colectivamente alcanzadas, a partir de esfuerzos de lucha.
Sugiere Gutiérrez que la historia del «progreso» del capitalismo debe ser comprendida como:
[…] una saga siempre inconclusa de acoso y destrucción de las condiciones materiales que
permiten a mujeres y varones, en un determinado momento de su historia particular, organizar
la reproducción material de la vida social, tanto de acuerdo a pautas productivas heredadas,
como a la reactualización de saberes acumulados a lo largo de siglos, así como al ajuste y
reajuste de normas morales que regulan —y por lo mismo, permiten— la convivencia colectiva.
(Gutiérrez, 2019, p. 81)
Es clave mencionar que el asedio capitalista que viven constantemente los pueblos, debe ser
entendido en el marco de lo que Gutiérrez denomina “entramados comunitarios” que son:
“múltiples mundos de la vida humana que pueblan y generan el mundo bajo diversas pautas de
respeto, colaboración, cariño, dignidad y reciprocidad, no plenamente sujetos a las lógicas de
acumulación del capital, aunque agredidos y muchas veces agobiados por ellos” (Gutiérrez, 2011).
Es decir, estos entramados, son complejas relaciones sociales que se empeñan en producir lo
común, aparecen y se hacen visibles y se vuelven en comunidades indígenas, originarias,
12
El concepto de “dueñidad” Segato lo viene trabajando en diversas entrevistas desde el 2016. Ha
sido en la conferencia magistral que dictó en el marco de la celebración de los 50 años de
CLACSO- Centroamérica en la ciudad de Guatemala, los días 24-26 de octubre del 2017, que
explicó el concepto y le asignó a “dueñidad” características específicas que según la autora
encuentra en toda América Latina.
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campesinas en espacios rurales y sobre todo se muestran con más claridad en momentos de lucha
o de fiesta (Gutiérrez, 2011 & Tzul, 2014).
Los daños que sufren estos entramados comunitarios por los constantes asedios generados por
los procesos de acumulación, repercuten sin duda todas las relaciones que contiene. No obstante,
se ensaña con particularidad agresión hacia el conjunto de actividades sociales tendientes a
garantizar condiciones satisfactorias para la reproducción material y simbólica de la vida social.
El capitalismo es una dinámica de acumulación, que organiza la economía, y por tanto, empuja
a la reproducción, a un ámbito oscuro y subordinado de la producción en tanto horizonte y práctica,
“…pretende que los procesos de reproducción de la existencia se subordinen a la producción de
capital, apareciendo como conjuntos de actividades fragmentadas, secundarias y sin significado
propio” (Gutiérrez, 2014, p. 82). Las actividades que sostienen la vida comunitaria son
principalmente realizadas por mujeres, que además ponen el cuerpo en la lucha.
Las mujeres organizadas rurales e indígenas, viven en nudos comunitarios que muchas veces
han sido desiguales con lo femenino, la niñez y las juventudes. Las mujeres que construyen
colectividad en sus territorios intentan agrietar el muro que las cerca y es cuando irrumpen el
escenario con su voz y presencia cuestionando las contradicciones en sus entramados
comunitarios. Nombran la estructura del poder en doble vía: Primero, la del poder nacional e
internacional que se impregna de un patriarcado blanco/mestizo (Olivera, et ál., 2014). Segundo,
develan el colonialismo interno y el entronque patriarcal que impera dentro de sus comunidades
que les niega su papel como sujetas políticas.
Estas situaciones de asedio, a los entramados comunitarios, generados por proyectos y políticas
extractivas, construyen territorios de injusticia espacial hacia las mujeres, sus cuerpos y sus
territorios. A dicha desigualdad espacial el Colectivo de Miradas Críticas del territorio (2019)
desde el Feminismo le hemos denominado (re)patriarcalización del territorio que significa:
Sin duda, la alianza entre patriarcado, colonialismo y extractivismo, son muros que atacan las
luchas cotidianas que encarnan y protagonizan mujeres organizadas. Centrar la mirada en el
múltiple tejido de puentes que se construye a partir de las luchas, nos pueden dar pistas de los
horizontes posibles que se han venido entrelazando y que pueden agrietar las lógicas del capital.
Abya Yala, tiene una larga tradición en las luchas anticoloniales y anticapitalistas, donde las
mujeres organizadas, han colocado muros al proyecto colonial y moderno de muerte. Sin duda,
como refiere Margara Millán (2011) los feminismos vinieron a desestabilizar el sujeto masculino
universal abstracto que propone el paradigma moderno. Pero, han sido los feminismos del sur, los
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que han venido a desmontar la ceguera colonial que reproducen los propios feminismos (Alvarado,
et al., 2020).
Estos feminismos, nacidos en distintos puntos cardinales de Abya Yala, no tienen olas, están
encarnados en la tierra y en los cuerpos feminizados que los impulsan. Intentan romper la barrera
ontológica trazada por la colonialidad del ser (Maldonado-Torres, 2007), del saber y del género
(Lugones, 2008). “Esa colonialidad del ser que nos ha hecho construir a la otra a partir de nuestro
referente e historia” (Alvarado et al., 2020).
Vuelven a ser urgentes los argumentos de Mohanty (1984), cuando nos avisa del peligro de ir
dibujando sujetos mujeres, sin analizar el contexto particular en el que las mujeres luchan contra
toda forma de dominación. Comprendo que como mujeres que somos ocupamos diferentes
escalones en las jerarquías que marcan las opresiones, pero a raíz del entronque patriarcal vivimos
un histórico contínuum de opresiones por el sistema que habitamos.
Un aporte fundamental, de los feminismos del sur es que se han puesto en el debate teoríco-
político, la renovada lucha contra los proyectos extractivistas. Antecedentes claves en Abya Yala,
fueron los levantamientos indígenas en Ecuador (1992) y en Chiapas, México, en 1994, mujeres,
hombres indígenas retoman la justa demanda por la tierra y el territorio. El territorio se volvió
lugar de disputa, y opositoras claves en nuestros sures colonizados, son las mujeres organizadas
de diferentes latitudes, que plantean la reexistencia de una tierra interconectada.
No pretendo decir qué argumentos teóricos encajan más o menos en la realidad de Abya Yala,
considero que cada espacio organizado de mujeres indígenas, campesinas, rurales, empobrecidas,
prietas, negras y personas organizadas de las disidencias sexo-genéricas, tienen sus propias formas
de nombrar la lucha contra el patriarcado racista, especista, adultocéntrico y clasista. Realizo este
ejercicio para mostrar una breve arqueología que me ayuda a poner sobre la mesa los aportes que
dejo y tomo de cada postura con el fin de construir lo que denomino feminismos comunitarios
territoriales.
Considero claramente un parteaguas para complejizar las relaciones entre mujeres y naturaleza
las diversas corrientes del pensamiento ecofeminista.13 Feminismo ecológico es el nombre que
recibe la variedad de perspectivas feministas, que se ocupan de estudiar las conexiones entre la
dominación de las mujeres (y los oprimidos) y la dominación de la naturaleza (Warren, 1996). Un
punto en común entre las diversas posturas, ha sido la apuesta de superar la concepción, rígida y
13
Para revisar la genealogía de los ecofeminismos ver: Puleo (2011) Trevilla (2018) y Miglaro y
Rodríguez (2020).
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pasiva que se tiene de naturaleza concebida por occidente.14 Además, muchas de las corrientes
intentan romper la concepción binaria y jerárquica entre naturaleza y cultura.
Mies y Shiva (1997) y Gebara (2000) son autoras referentes que han propuesto que los
ecofeminismos además de ser un pensamiento clave, para desmontar el pacto capitalista patriarcal,
que jerarquiza las vidas humanas y no humanas, debe estar articulado al movimiento social. Estas
apuestas teóricas políticas fueran puestas en práctica en sus propias luchas y contextos.15
Bina Agarwal (2004) se deslinda del ecofeminismo, y propone un marco alternativo al cual
llama ambientalismo feminista.16 La principal apuesta para Agarwal, era la necesidad de pensar en
clave materialista el ecologismo, además que fue de las pioneras en provocar que el ambientalismo
tome en cuenta argumentos feministas y que los feminismos en boga tomen como principal
demanda la apuesta ambientalista, punto que también hizo suyo la ecología política feminista.
Para las primeras precursoras de la ecología política feminista (Bilder, 2013; Rochelau et al.,
2004) era fundamental convertir el vínculo entre mujeres y naturaleza en un lazo político.
Siguiendo de alguna forma la línea propuesta por el ambientalismo ecológico, pretenden colocar
el género como categoría crítica para analizar el acceso y control a los recursos (Rochelau et ál.,
2004) y retoma las resistencias en diversos entramados comunitarios. Reconoce aportes de la
economía feminista, la ética del cuidado y el apego a la vida como formas fundamentales para
construir relaciones distintas entre humanidad y seres vivos (Quiñones, 2015).
14
Ver Amaranta Herrero (2008).
15
Revisar las apuestas colectivas del movimiento Chipkoo y el trabajo de Gebara dentro del
movimiento de la Teología de la Liberación Feminista.
16
Para revisar las criticas propuesta por Argawal hacia el ecofeminismo, es necesario ver a
Carcaño (2008).
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Entre los estudios encarnados que han dado luces a esta corriente política y proponen un diálogo
con otras perspectivas feministas son los de: Navarro (2014, 2017, 2018), Colectivo de Miradas
Críticas del Territorio desde el Feminismo (2012, 2017, 2018, 2019), García Torres (2017, 2018),
Bolados y Sánchez (2017), Seabra (2018), entre otros. Sus apuestas se enmarcan en la premisa de
que el cambio ambiental no es un proceso neutral susceptible de gestión técnica, sino que surge a
través de procesos políticos jerárquicos que son provocados por la raíz patriarcal del extractivismo
neoliberal. También ponen énfasis en la agencia política que surgen de subjetividades complejas
(género, raza, clase, sexualidad) para mostrar las diversas estrategias territoriales que despliegan
principalmente mujeres organizadas.
Las voces de mujeres indígenas, prietas, rurales, campesinas han estado siempre presentes
dentro de los feminismos. Cierto es que muchas veces no han sido escuchados. Pero, sus aportes
teórico-políticos trastocan los feminismos hegemónicos y develan sus inconsistencias y
contradicciones.
En esa línea se encuentran los feminismos comunitarios. Entre sus aportes más resonantes es
desmontar la idea de que el género es una categoría dada y construida por occidente. Por tanto, no
en todas las latitudes debería ser entendido de la misma forma. Además, pone énfasis en el
argumento que descolonizar el género no es solo una posición ideológica sino una postura política
epistémica.
Para los feminismos comunitarios ha sido importante enfatizar que el tiempo es una
construcción cultural. Se deslindan de las argumentaciones que dicen que sus aportes son parte de
la cuarta ola (Martínez, 2019) y apuestan a que los feminismos comunitarios, han estado presentes
desde hace más tiempo, pero la imposibilidad de escuchar sus demandas y propuestas políticas
deviene de las formas de relación que se construyen entre los feminismos hegemónicos. Además,
se alega que no hay un marco gramatical que permita el encuentro. Me refiero aquí al encuentro
como la posibilidad de construir nuevos caminos éticos entre nos-otras para permitirnos dejar ser
con la otra sin esconder nuestras múltiples diferencias.
“No tenemos olas” afirma Guzmán (2019), refiriéndose a que no devenimos de las ancestras
eurocéntricas. Nosotras tenemos nuestras propias referencias de lucha, y son las que van marcando
la historia del proyecto político, para lograr recuperar la memoria robada por la colonización. Por
ello, muchas de esas referentes son devenir de lucha, contra cualquier forma de opresión del
capitalismo y del patriarcado.
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La comunidad está siendo en la práctica. Los feminismos comunitarios, como las luchas de los
pueblos indígenas organizados, vienen a poner sobre la mesa que lo indígena no es una identidad
esencialista, ni la comunidad un espacio prístino. Si no que ambos son proyectos en devenir que
se convierten, en horizontes posibles, que se construyen a partir de la cotidianidad en los territorios.
Desde nuestro proyecto político, uno de los aportes contundentes que nos ha ayudado a
sentipensar los diferentes despojos que hemos vivido en nuestros territorios y crear estrategias es
la concepción del cuerpo-territorio-tierra. El concepto de cuerpo-territorio-tierra es un argumento
creado por pensadoras indígenas mayas en Guatemala y Bolivia. El aporte que realizan es para
comprender que los cuerpos son territorios y los territorios cuerpos sociales y ambos tienen un
vínculo indisoluble (Cruz, 2016, 2020).
La concepción del cuerpo ha estado en disputa. El cuerpo no es algo dado, sino una categoría
construida que nunca ha estado ausente, puesto que sirvió para comprender al otro:
Las mujeres, los primitivos, los judíos, los africanos, los pobres, todos aquellos que eran
calificados con la etiqueta de ‘diferentes’ en distintas épocas históricas, han sido considerados
con cuerpo, dominados entonces por el instinto y el afecto, estando la razón más allá de ellos
mismos. Ellos son el otro y el otro es un cuerpo. (Oyêwùmí, 1997, p. 3)
Dos veces al mes, nos juntamos para dialogar, aprendernos y encontrarnos. Nuestras dolencias,
vivencias, resistencias, trabajos, retos, alegrías son los ecos que nos llevan a construir estrategias
territoriales colectivas para ir tejiendo una buena vida para nuestros territorios y para nosotras
como mujeres que somos.
Parece mentira, pero cuando uno es ignorante y no sabe, está uno tranquilo. Pero cuando una se
va enterando pues da más intranquilidad. Yo he pensado mucho a partir de lo que hemos
aprendido en los talleres, los encuentros, y le comento a la comadre Margarita como me
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preocupa mis hijas. Como me da miedo saber que están en la ciudad, antes no sabía eso de los
feminicidios, pero ahora que me he ido enterando siempre estoy pensando en ellas y que podría
pasarles algo y eso me angustia, aunque sé que no estoy sola.
Es que cuando fuimos a ese encuentro con las zapatista, ves que todas andábamos en talleres y
yo me metí a uno donde había una señora que traía un cartel en el pecho, traía una lona en su
pecho con la foto de una muchacha y quería saber quién era esa muchacha y me enteré que era
su hija y que llevaba pidiendo justicia, pues se la desaparecieron. Y las autoridades no hacen
nada, contó que una vez la llamaron para decirle que habían encontrado sus huesos, pero luego
no eran de ella... imagínate no saber qué pasó...
Terminó de contar la señora y todas las que estábamos ahí lloramos, y yo hasta me agarré el
pecho porque me dolió oír eso y me imaginé en sus zapatos y comprendí lo que hablamos de la
violencia contra las mujeres, en los talleres, me entró en mi cabeza y corazón eso del femicidio
[...] pienso en mis hijas, en que salen y están en las calles en la ciudad, en el transporte, me da
una rabia ver tanto militar… y entonces, como me dijiste que les dijera que lugares de los que
yo estoy o pienso me gustan y que otros no, la ciudad me da miedo por eso, sus calles, su
maldad. (Comunicación personal, Agosto 2018)
En uno de nuestros múltiples ensayos, comenzamos a pensar ¿qué trozo de nuestro territorio
nos causaba miedo, por qué y qué sentíamos en el cuerpo? Zeni, compartió el relato sobre la ciudad.
Gloria le hizo eco “No sé leer bien, y eso en la ciudad es importante, a veces me pierdo, me siento
extraña, como si no fuera nada”. Marcela y Margarita compartían la dolencia sobre la pérdida de
su río. Zara hablaba sobre el río donde lava y que, aunque le queda lejos le gusta ir a contarle
tristeza. Malena y Lupi hablaron sobre la plazuela de la iglesia, lugar donde venden. Ahí muestran
sus productos, esos que elaboran con plantas del monte, esa medicina que les ha ayudado a curarse
el cuerpo y el corazón. Ese trozo de su territorio les produce felicidad.
Sesión tras sesión17 cada una de nosotras fuimos hablando, de los pedazos de nuestros
territorios. ¿Dónde sentíamos felicidad, miedo o violencia? El recorrido que fuimos trazando de
los espacios crearon una contra-cartografía que refleja los lugares en los que se muestran ciertas
prácticas de mujeres de una manera espacial determinada. Este ejercicio colectivo mostró los
factores políticos, sociales y culturales que permiten o prohíben la movilidad política de las
mujeres; es decir, nuestro contra-mapeo nos narró los mecanismos de poder que se encarnan en
los cuerpos de las mujeres y los territorios de acuerdo a los diversos procesos de despojo.
Figura 1.
Imagen de la segunda contra-cartografía
17
Este ejercicio lo realizamos de 2017 a 2018. Tuvimos diez conversaciones para hacer nuestra
contra-cartografía. Con ello fuimos trazando estrategias territoriales individuales y colectivas y a
la vez fue un espacio de autoformación política feminista.
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Durante nuestras conversaciones, fuimos construyendo un telar narrativo que nos permitió
comprender, que el territorio es todo aquello que está en él físicamente, pero no como contenedor,
pues vale en cuanto el río, la tierra, las plantas, la iglesia, la plazuela tienen una relación dialéctica
e intersubjetiva con las personas que ahí habitamos. Los territorios encarnados se convierten, en
territorios simbólicos, son una construcción social que se enraíza en las corporalidades. El
territorio existe cuando la intersubjetividad en él se da, no solo entre seres humanos sino con todo
lo que en él habita. Esta disonancia epistémica la hemos aprendido de comprender la relación entre
el cuerpo y el territorio y la tierra como elemento central que nos da vida. Así, Marcela, cuando
eligió como espacio de refugio el lugar donde lava, ahí el elemento río cobró relevancia corpo-
territorial. Ella va a contarle al río sus tristezas y alegrías y este se las lleva y las guarda; el río
actúa como agente de transformación en su vida. El río vuelve hacer un representante importante
en Margarita, pues es en él donde sociabilizaban la vida sus abuelas, sus madres y ellas, ahí lavaban
y se juntaban, antes de que este fuera contaminado. Su percepción del río se trastocó cuando de
ser un espacio de sociabilidad y seguro se convirtió en uno inseguro.
[…] Ahora ya no se puede pasar, apesta pues..., nos echaron el caño de la ciudad, avientan de
todo por aquí. Nos tocó el desprecio. La verdad es que la otra vez aquí como ya nadie pasa, iban
a robar a una muchacha. (sesión 4, comunicación personal, 2017-2018)
Es decir, el asedio capitalista marca nuestras vidas, en este ejemplo vemos como las despojó
de una espacialidad benigna y trastocó su percepción de su cuerpo-territorio-tierra.
Figura 3
Imagen de la contra-cartografía de Marcela y su río
18
Contra-cartografías realizadas durante nuestros encuentros realizados de 2017-2018.
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Las reflexiones que presento son para exponer que pensar en, con y desde el cuerpo, el territorio
que encarnamos es uno de los principales componentes que aluden los feminismos comunitarios
territoriales. No son estrategias y tampoco formas de lucha, son comprensiones del territorio y del
lugar que ocupa la corporalidad en él. Por tanto, el cuerpo que nos apropiamos, marca historias y
cobra relevancia en cuanto es relacional con el territorio y se ancla a la tierra.
“Para vivir bien necesitamos vivir sin violencia” (Ema, comunicación personal, Julio del 2018)
mujer organizada en Margaritas en un foro de defensoras en la sierra norte de Puebla.
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Es el término que se usa para denominar a las personas blancas-mestizas, sobre todo a aquellas
que viven en las ciudades.
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A nosotras nos quieren callar y les damos miedo porque no nos dejamos, saben que nos estamos
organizando y la otra vez fueron a poner un cartel afuera de donde nos juntamos que decía
TODAS se van de aquí. A mí me dio miedo y fuimos a denunciar a la parroquia. El padre habló
que eso estaba mal, pero lo que quieren es que callemos, que no nos juntemos porque saben que
cuando las mujeres nos organizamos las cosas cambian, lo que no les entra en su cabeza es que
también cambian para los hombres. (Ema, mujer organizada de Margaritas del colectivo las
Fases de la Luna, comunicación personal, julio de 2018)
Desde diversas latitudes de Abya Yala, mujeres organizadas han denunciado la violencia que
viven al interior de sus comunidades. Nancy, lideresa amazónica dijo en un foro organizado por la
FLACSO (2016)20: “Las mujeres si vivimos violencia en nuestras comunidades. Cuando hablamos
dentro de ella dicen que ya somos feministas, usan esa palabra para ponernos etiqueta y que nos
acusen de que queremos dividir la comunidad”
Visibilizar la violencia, es indispensable para abordar el buen vivir de las mujeres, en sus
territorios. La participación activa que las mujeres han tenido en la lucha territorial, les ha dado la
posibilidad de nombrar la violencia machista que existe en sus comunidades. A veces, la
organización política que construyen logra mermar situaciones que detienen actos de violencia
contra las mujeres, pero no es suficiente. Cuando las mujeres se organizan atentan contra el poder
comunitario patriarcal que está imbricado en el territorio.
Yo antes me dedicaba mucho a ver como apoyaba a las mujeres, yo he sido víctima de mis
propias leyes- refiriéndose a las comunitarias-, cuando yo comencé a salir a defender la tierra y
a alzar la voz me castigaron…Eso fue porque yo defendí a una niña que estaba siendo abusada
de su padre y yo salí del territorio y me la traje a mi casa. Como una mujer iba a meterse en lo
que no le tocaba, a mí me daba pena la niña y por eso lo hice, pero eso me costó mucho (Julia,
mujer organizada de Comitán, comunicación personal marzo 2020)21.
Cuando comencé hablar de la no explotación los líderes que si la quieren me presionan para
que yo me callé y usan a las otras mujeres para eso, las maltratan y como yo las apoyo así me
quieren tener entretenida. La violencia es una forma en que nos tienen entretenidas para no
defender que el petróleo se quede en la Amazonía, los hombres quieren que pensemos en eso
nada más, que no veamos más para que ellos negocien (Comunicación personal, Ushigua en la
ciudad de Puyo, en el mes de abril del 2016).
Las mujeres y sus cuerpos, en general son el objetivo declarado en la guerra que viven los
territorios que están defendiéndose ante el asedio del capital patriarcal. Las mujeres organizadas
sufren doble peligro pues son una amenaza, porque se convierten en sujetas que generan
conocimiento, que están dialogando y siendo escuchadas por más mujeres de las comunidades, y
20
I Jornada Feministas realizadas en FLACSO- Ecuador en marzo del 2016.
[Link]
21
Testimonio tomado de uno de los talleres en el marco de las jornadas organizadas por
MUTRAM-CEIBA y el Colectivo Fases de la Luna que se llevaron a cabo de enero-marzo 2020.
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que además interactúan con los mundos mestizos- para develar que dentro de lo comunitario
también existe violencia (Cruz, 2020).
Cuando se habla de violencia en entramados comunitarios, una de las preguntas que surge
dentro de los feminismos es ¿Cómo las mujeres logran resistir al orden masculino dominante,
subvirtiendo los significados hegemónicos de las prácticas culturales y reutilizándolos para sus
propios fines e intereses? Por un lado, se menciona que cuando las mujeres cobramos conciencia
existe un ataque directo a la estructura del poder en sí y no solo en la conciencia de un individuo
autónomo, entonces, “el acto de resistencia es el ejemplo paradigmático de la agencia social”
(Butler, 1999, p.16-18). Si bien, la autora aclara que no toda resistencia es oponente al poder,
plantea que la resistencia se da siempre para la transformación social. Por otro lado, Mahmood
(2012) sugiere que:
La agencia social no puede tener un solo referente de medida- la transformación. Si no que cada
cambio debe de mirarse con sus redes, formas y culturas. Este giro plantea una categoría de
resistencia más flexible que no solo se manifiesta con el fin de modificar un uso, costumbre o
relación de poder; sino para permanecer en ella desde un lugar distinto. (p. 184-188)
Esta forma de comprender la resistencia abona de una manera más justa a la interpretación de
las estrategias de reproducción que utilizan las mujeres organizadas en diversas latitudes de Abya
Yala para zigzaguear y hacer frente a las diversas violencias que diariamente confrontan.
Los feminismos comunitarios territoriales que estamos tejiendo en la frontera de Chiapas, están
en los márgenes, en nuestro propio campo de batalla. La mirada está centrada en los cómo hacemos
política entre mujeres diversas y con nuestras comunidades. Estamos construyendo entramados
comunitarios que tome en cuenta la voz, palabra y saberes de las mujeres. Nos cuestionamos el
cómo las mujeres organizadas encarnamos las negociaciones para agrietar los propios sistemas de
vida y formas de reproducción de la cultura. Los caminares de las prácticas dentro de los
feminismos comunitarios territoriales nos muestran que resistir no siempre es romper con los
territorios o las comunidades, a veces implica solo desquebrajar sus propias cadenas y agrietar la
cotidianidad en sus entramados comunitarios. Lo cual ya permite desplazarse a un lugar donde
puedan reinventar sus modos de ser mujeres indígenas, campesinas, rurales y urbano-marginales.
La colectividad es punto de partida en el movimiento.
¿Para qué ponerlo lo territorial al feminismo comunitario? Aclaro que no es un anexo, hasta
ahora he dibujado el caminar epistémico que venimos tejiendo con nuestros encuentros, por tal
motivo creemos que lo territorial es una ventana más a la mirada comunitaria. Considero que los
aportes del feminismo comunitario territorial deben ser leídos en el marco de las luchas por la
defensa de los territorios y recordar que los despojos a los territorios indígenas, son de la larga
duración y que quienes han hecho frente a las violencias racistas extractivas son los pueblos
organizados, donde las mujeres han tenido un papel vital.
Sin duda, las contribuciones que hemos descubierto en nuestro caminar colectivo, pueden ir
bordando lo que llamo feminismos comunitarios territoriales, puesto que nos abren aristas para
comprender las contribuciones territoriales de las mujeres que tejen organización.
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Estas mujeres diversas que nos juntamos, cuando pensamos la defensa no lo hacemos solamente
desde el lugar de “aguantar o resistir” sino desde la insurgencia, aquella que construye, propone,
sueña y concreta. Se piensa la defensa por nuestras vidas y la de los territorios que encarnamos a
largo plazo, constantemente en los diálogos se mencionan que se lucha preguntándose si no lo
hago, ¿qué les vamos a dejar a nuestros hijos e hijas?
Las mujeres organizadas que construyen territorios en el marco de los despojos, han puesto en
el centro de la agenda que la reproducción de la vida y las múltiples actividades que contiene dicha
reproducción, son centrales para defender y construir espacios vivibles (García, 2017 y Cruz,
2020). Además, las mujeres organizadas en el marco de la lucha territorial le inyectan al
movimiento la noción de que lo emocional es político “quiero vivir libre en mi territorio” “amo mi
tierra” “sufro por mi comunidad y lo que le pasa” “me duele el corazón porque no hay justicia en
mi territorio”.22 La afectación se convierte en afectividad y accionar político.
Cuando nos enfrentamos ante violencias territoriales, sigilosamente nos organizamos para
agrietar, esos contra ataques patriarcales y coloniales, muchas veces, encarnados en las culturas de
nuestros territorios. Las mujeres que desplegamos estrategias territoriales en entramados
comunitarios, no solemos romper con nuestras comunidades, porque somos parte de ellas y estar
ahí suele ser una apuesta política, siempre y cuando, lo comunitario se pregunte y se transforme.
Nuestra no ruptura, no significa quedarnos inmóviles, sino que es a través de nuestras estrategias
territoriales que vamos construyendo espacialidades donde nos sentimos seguras y en red, para
seguir agrietando el muro invisible que nos cerca. Dentro de los espacios que habitamos, estamos
intentando construir una utopía, organizaciones mixtas no patriarcales, no coloniales y por
supuesto anti-sistémicas.
Los itinerarios que venimos caminando juntas desde hace más de 6 años, nos develan que los
feminismos comunitarios territoriales son una propuesta y apuesta encarnada en nuestras latitudes,
que está en diálogo, debate y devenir, que la construimos en la acción cotidiana y que surge de
nuestra práctica teórico-política de transformación.
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22
Frases obtenidas en el trabajo llevado a cabo entre 2017-2019.
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