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Qué Es La Filosofía

La filosofía es una búsqueda personal y profunda de sentido, distinta de las ciencias, que no ofrece verdades universales. Se origina en experiencias humanas fundamentales como el asombro, la duda y la conciencia de situaciones límite, y se nutre de la necesidad de comunicación auténtica entre individuos. Sócrates transformó la filosofía al centrarla en el ser humano y su interioridad, estableciendo un enfoque ético y existencial que perdura hasta hoy.

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Qué Es La Filosofía

La filosofía es una búsqueda personal y profunda de sentido, distinta de las ciencias, que no ofrece verdades universales. Se origina en experiencias humanas fundamentales como el asombro, la duda y la conciencia de situaciones límite, y se nutre de la necesidad de comunicación auténtica entre individuos. Sócrates transformó la filosofía al centrarla en el ser humano y su interioridad, estableciendo un enfoque ético y existencial que perdura hasta hoy.

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¿Qué es la filosofía?

(Síntesis explicativa basada en el texto)

La filosofía es una actividad humana muy particular: no se trata simplemente de un conjunto de


conocimientos, como ocurre con las ciencias, sino de una búsqueda continua, personal y profunda de
sentido.

Desde siempre, ha sido vista de maneras opuestas: para algunos es algo valioso y revelador, mientras que
para otros es inútil o demasiado complicada. A veces se la respeta como una tarea de sabios, y otras se la
desprecia como algo que no lleva a ningún resultado claro.

A diferencia de la ciencia, la filosofía no ofrece verdades universales o resultados definitivos. Mientras que
las ciencias progresan y acumulan conocimientos válidos para todos, la filosofía no avanza de esa forma.
Por ejemplo, hoy sabemos mucho más de medicina que en tiempos de Hipócrates, pero no estamos “más
avanzados” que Platón en cuanto a filosofía. Esto no es una falla, sino una característica esencial: la filosofía
no busca verdades externas, sino comprensión profunda sobre la existencia, el ser y el sentido de la vida.

La certeza filosófica no es objetiva ni universal como la científica, sino más bien una certeza existencial, que
involucra toda la persona, su vida, su experiencia, su destino. Por eso, no puede aprenderse de memoria ni
transmitirse como una fórmula: cada persona debe filosofar por sí misma.

Además, todos, de alguna manera, pueden filosofar. No se necesita una formación técnica previa como en
las ciencias, porque la filosofía parte de preguntas que cualquier ser humano puede hacerse: ¿quién soy?,
¿qué sentido tiene la vida?, ¿qué es el bien?, ¿existe algo absoluto?

Sin embargo, eso no significa que cualquier opinión sea filosofía. Para que haya verdadero pensar filosófico,
hace falta profundidad, honestidad, y un trabajo interior serio.

La filosofía tiene una historia que comenzó hace unos 2.500 años, cuando empezó a desarrollarse como un
pensamiento metódico, sistemático. Pero su origen profundo es anterior, y no es simplemente un hecho
histórico. El origen de la filosofía tiene más que ver con lo que hace que las personas empiecen a filosofar
en cualquier época. Es una especie de fuente interior, una inquietud humana que sigue viva incluso hoy.

En este sentido, comienzo y origen no son lo mismo. El comienzo marca un punto en el tiempo; el origen,
en cambio, es lo que sigue provocando el deseo de pensar y cuestionar. La filosofía, entonces, nace cada
vez que alguien se deja llevar por ciertas experiencias humanas fundamentales.

¿Cuáles son esas experiencias que nos llevan a filosofar? El texto menciona tres:

1. El asombro

Platón y Aristóteles dicen que el asombro ante el mundo es lo primero que impulsa a filosofar. Nos
asombramos del cielo, de las estrellas, del orden del universo. Y ese asombro nos lleva a preguntarnos
cosas como: ¿Qué es todo esto? ¿De dónde viene?
Este tipo de preguntas no buscan utilidad práctica, no se hacen para resolver un problema cotidiano.
Surgen por puro deseo de saber. Es como un despertar que nos saca del modo automático de vivir y nos
hace mirar el mundo con ojos nuevos.

2. La duda

Una vez que empezamos a conocer, no tarda en aparecer la duda. ¿Y si lo que creemos saber es falso?
Descartes, por ejemplo, parte de la duda total: no puedo confiar ni en mis sentidos, ni en lo que me
enseñaron, ni en lo que veo. Pero incluso dudando de todo, hay algo que no puedo negar: que estoy
dudando, y por lo tanto pensando, y si pienso, entonces existo: "Pienso, luego existo".
La duda, entonces, no paraliza, sino que se vuelve una herramienta para buscar la verdad. Sin esa duda
radical, no hay verdadera filosofía. Porque filosofar también es revisar todo lo que creemos saber.

3. La conciencia de nuestras situaciones límites

Finalmente, hay otro origen aún más profundo: tomar conciencia de nuestra existencia. Vivimos muchas
veces como si nada pasara, ocupados con nuestras rutinas, persiguiendo objetivos. Pero hay momentos en
que nos enfrentamos a límites que no podemos evitar ni cambiar: la muerte, el sufrimiento, el destino, la
culpa.
Estas experiencias nos sacuden. No se pueden resolver como cualquier problema. Nos obligan a
preguntarnos por nosotros mismos, por el sentido de la vida.
A estas experiencias se las llama situaciones límite, y también son una fuente poderosa de la filosofía.
Frente a ellas, podemos reaccionar de dos maneras: o negarlas y vivir como si no existieran, o afrontarlas, y
en ese proceso transformarnos.

Para Karl Jaspers, la filosofía nace del impacto profundo que provocan en el ser humano ciertas
experiencias extremas, llamadas “situaciones límite”, como la muerte, la culpa, el sufrimiento o el fracaso.
Son momentos en los que todo lo mundano y cotidiano deja de ofrecer sentido o seguridad. Ni el Estado, ni
la religión, ni las instituciones pueden protegernos absolutamente. Frente a esa desprotección radical, el
ser humano se enfrenta a la nada o empieza a vislumbrar algo más allá del mundo, algo que no es visible
pero que apunta a lo esencial del ser.

Sin embargo, no basta con encerrarse en uno mismo, como proponían los estoicos. El pensamiento, por sí
solo, no es suficiente, porque está vacío si no se alimenta de una relación auténtica con el otro. El
verdadero filosofar, para Jaspers, no es sólo una búsqueda individual, sino una necesidad de comunicación
existencial, de una lucha amorosa donde dos personas se enfrentan con sinceridad, libertad y entrega,
tratando de comprenderse mutuamente desde lo más profundo del ser.

Jaspers reconoce tres grandes motivos que históricamente impulsaron el filosofar:

1. La admiración, como en Platón y Aristóteles.

2. La duda, como en Descartes.

3. El sentirse perdido, como en el estoicismo o frente a las situaciones límites.

Pero advierte que, en el mundo moderno, marcado por la falta de comunicación y el aislamiento humano,
estos motivos ya no bastan por sí solos. La filosofía actual nace de un anhelo más profundo: el deseo de
comunicación verdadera entre existencias, no sólo entre pensamientos. Una comunicación que no es sólo
racional, sino vital, existencial, donde se juega la verdad de uno mismo y del otro.

Por eso, Jaspers afirma que el verdadero origen de la filosofía está en la voluntad de comunicarse
auténticamente con el otro. Sólo en esa relación profunda puede el ser humano alcanzar el sentido, la
verdad y la plenitud.

El paso del mito al logos y los conceptos de physis y arjé

En el mundo antiguo, los seres humanos intentaron comprender el universo mediante relatos míticos. El
mito era un relato fantástico, protagonizado por dioses o héroes, que explicaba el origen y el
funcionamiento del mundo y la vida. Estos relatos no se fundamentaban en la razón, sino en la tradición, la
autoridad de los ancestros y la imaginación colectiva.
Sin embargo, en torno al siglo VI a.C., especialmente en la ciudad griega de Mileto, comenzó a surgir un
nuevo modo de pensar: el logos. A diferencia del mito, el logos se caracteriza por buscar explicaciones
racionales, argumentadas y universales sobre la realidad. Este cambio marca el nacimiento de la filosofía,
entendida como una forma de pensar crítica, sistemática y fundada en la razón.

En este contexto surgen dos conceptos fundamentales: physis y arjé.

Physis (φύσις):

La palabra physis se traduce comúnmente como "naturaleza", pero en el pensamiento presocrático tenía
un significado más profundo y dinámico. La physis es la totalidad de lo que existe, aquello que nace, crece,
se transforma y perece. No es simplemente el conjunto de cosas naturales, sino el proceso mismo de surgir
y devenir, el principio activo de la realidad.

Para los primeros filósofos, la physis no es un estado fijo, sino una realidad en movimiento y
transformación. Su estudio implica preguntarse por el orden interno que rige esos cambios. Así, la filosofía
nace como una búsqueda racional de comprender el cosmos a partir de principios universales y necesarios,
dejando de lado explicaciones sobrenaturales.

Arjé (ἀρχή):

El término arkhé significa "principio", "origen" o "fundamento". Los filósofos presocráticos buscaban el arjé
de la physis, es decir, el elemento primero o sustancia fundamental a partir de la cual se originan todas las
cosas y en la que, finalmente, todo se disuelve.

Cada pensador propuso un arjé distinto:

 Tales de Mileto dijo que el arjé era el agua, porque veía en ella el principio vital de todas las cosas.

 Anaximandro propuso el ápeiron (lo indefinido), una sustancia eterna y sin límites de la que surgen
los contrarios.

 Anaxímenes consideró que el arjé era el aire, en tanto principio invisible que da origen a todo por
rarefacción y condensación.

 Heráclito pensaba que el arjé era el fuego, símbolo del constante devenir.

 Parménides, en cambio, rechazó el cambio y sostuvo que el ser es inmóvil y eterno.

En todos los casos, el arjé es una respuesta racional al misterio del origen, una forma de pensar el mundo
desde un punto de vista lógico y necesario, sin apelar a voluntades divinas.

Análisis narrado sobre Sócrates y la Filosofía Griega: Fraño Paukner Nogues

Sócrates es “la figura más conocida en el ámbito filosófico”. Forma parte de una “trilogía” junto a Platón y
Aristóteles, quienes “representan la cúspide del pensamiento antiguo”. Sócrates es “el primero en ocuparse
en filosofía, en verdadera filosofía, es el primero en hacer filosofía total, completa, universal”.

Antes de Sócrates, la filosofía se dedicaba principalmente al estudio de la naturaleza, la “fysis”, como lo


hicieron los presocráticos: “los milesios, los pitagóricos, Heráclito y Parménides”. Ellos buscaban entender
“la composición interna de las cosas”, y conceptos como “cambio”, “movimiento” y “ser”. También trataban
de conocer al hombre “como ser natural”.
Pero en el siglo V. El ciclo de oro, el siglo de Pericles, con los cambios sociales y políticos, surge una nueva
preocupación: la política y la vida en la ciudad. El ideal de hombre cambia del “hombre bueno y virtuoso” al
“ciudadano”, el “polités”. Ahora la felicidad, la “eudaimonía”, se entiende como “vivir plenamente la vida
humana”, es decir, la vida en la ciudad.

En este contexto, aparecen los sofistas, que enseñaban a “tener éxito, a convencer, a ganar” usando el
lenguaje para “hacer que lo verdadero parezca falso y lo falso verdadero”. Ellos relativizaban “la ley, la
moral, la verdad y, lo que es más grave, el pensamiento mismo”.

Sócrates, en cambio, se opone a esto y representa “la pureza del lenguaje como herramienta que permite
obtener la verdad y sólo la verdad”. Su método es la “mayeútica”, que es “el arte consistente en ayudar a
dar a luz” la verdad que está dentro del espíritu humano.

Además, Sócrates es “la encarnación del buen ciudadano” que “antes que ser desterrado y perder su
ciudadanía o huir pasando por encima de la constitución y las leyes, prefiere morir”. Para él, el hombre
debe conocerse a sí mismo, con el famoso mandato “conócete a ti mismo”. Esto significa conocer “sus
virtudes y debilidades, sus amores y odios, sus anhelos y desesperanzas” y también “su posición dentro del
orden sociopolítico”.

Sócrates enseña que “un buen ciudadano sabe que él debe estar por debajo de la ley y de la patria y por
encima de cualquier deseo de transgredir el orden existente”. Así, Sócrates marca el paso de una filosofía
dedicada a la naturaleza a una filosofía dedicada al hombre, a la ética y a la vida en sociedad.

La segunda razón por la que Sócrates surge como filósofo importante es por un giro metafísico profundo
que realiza en el pensamiento. No se trata sólo de un cambio de tema, de pasar de estudiar la naturaleza a
estudiar la ética, sino de algo mucho más radical y sutil.

Durante doscientos años, los filósofos habían reflexionado intensamente sobre la naturaleza y el hombre.
Pero gracias a la “revolución socrática”, la filosofía se transforma en una reflexión sobre “la naturaleza en el
hombre” o “a través del hombre”. Esto significa que Sócrates “humaniza la filosofía” y establece un nuevo
objeto de estudio: el mundo entendido como algo que es “representado, pensado, conceptualizado,
valorado y concebido por el hombre”.

Así, estudiar la razón significa conocer “los objetos que están en ella al modo de ella”, es decir, “en forma
racional, a la humana”. La vida de Sócrates serán los conceptos, porque como dice Aristóteles, Sócrates “fue
el primero que se ocupó en definir”. Por eso su método consiste en “la exploración y elucidación de los
conceptos que las personas tienen sin saberlo”.

La filosofía se vuelve, entonces, “el estudio del mundo de la abstracción, del universo en cuanto pensado”.
El hombre es quien capta el mundo, y es “allí donde el mundo debe ser estudiado”.

Es importante aclarar que esta forma de filosofía no es “subjetiva o personal”, ni es un “idealismo


epistemológico”. Más bien afirma que “sólo se tiene acceso al mundo a través del hombre”.

El filósofo alemán contemporáneo Johan Hessen lo define claramente: “La filosofía es un esfuerzo del
pensamiento humano por lograr una concepción del universo mediante la autorreflexión de sus funciones
valorativas teóricas y prácticas”.

Así, Sócrates es “el primero en hacer verdadera filosofía”. Él no va a la naturaleza, no se dirige al universo,
sino que se encamina hacia el hombre y su interioridad para hallar los conceptos y las ideas con las cuales
es posible conocer el mundo.
Como nos enseñan Kant y Ortega: Kant dice que la razón pura “es vacía” si no se llena con experiencia, y
Ortega señala que “la realidad radical es la vida, pero la vida de cada cual, mi vida”. La vida personal es el
escenario donde el mundo se presenta, porque “nadie ha podido salirse de su vida para hacer algo”.

Por eso la filosofía de Sócrates reconoce que el conocimiento y el mundo existen siempre en la vida de un
sujeto viviente.

El descubrimiento del concepto. Sócrates

1. El momento histórico

Sócrates vivió en Atenas entre 470/69 y 399 a.C., en el siglo V, la época más espléndida de la ciudad,
llamada el siglo de Pericles. Durante este tiempo, Atenas se convirtió en un gran imperio y centro cultural,
con grandes obras como el Partenón y las Largas Murallas. Sócrates fue testigo del auge de Atenas,
participó en batallas y también vio su decadencia, especialmente con la guerra del Peloponeso (431-404
a.C.) que terminó con la derrota de Atenas y el gobierno de los Treinta Tiranos, seguido de la restauración
de la democracia, aunque con tendencia a la demagogia.

La democracia ateniense era directa, con la participación directa de los ciudadanos en la Asamblea y los
tribunales. Sin embargo, esta participación creciente llevó también a problemas políticos y sociales,
reflejados en el pensamiento filosófico de la época.

2. Los sofistas

Los primeros filósofos se centraban en el estudio de la realidad o "cosmos" (siglo VI y primera mitad del V
a.C.), mientras que en la segunda mitad del siglo V la filosofía se enfocó más en el hombre, su conducta y el
Estado (período antropológico), con figuras como los sofistas y Sócrates.

Los sofistas eran maestros ambulantes que enseñaban cultura general y retórica a los ciudadanos que
participaban en política para mejorar su eficacia en el debate público. A diferencia del uso actual, en ese
tiempo "sofista" no tenía un sentido peyorativo, sino que se refería a profesores profesionales que
cobraban por sus enseñanzas.

Algunos sofistas famosos fueron:

 Protágoras (480-410 a.C.), conocido por la frase "el hombre es la medida de todas las cosas", que
implica un relativismo subjetivista: la verdad depende de cada persona.

 Gorgias (483-375 a.C.), con ideas nihilistas, escépticas y relativistas: "Nada existe; si algo existiera,
no podríamos conocerlo; y si lo pudiéramos conocer, no podríamos comunicarlo".

Los sofistas enseñaban a argumentar con habilidad, muchas veces sin importar la verdad, buscando
persuadir y ganar debates independientemente de la justicia o bondad de lo defendido. Esto refleja la crisis
filosófica y moral del siglo V, cuando las creencias y valores tradicionales griegos empezaron a perder
vigencia.

Esta crisis afectaba la moralidad tradicional basada en valores como justicia, fortaleza, templanza y
prudencia, y abrió paso a teorías relativistas, nihilistas o incluso inmoralitas, como la de Trasímaco, que
afirmaba que "la justicia es el interés del más fuerte".

El relativismo y las doctrinas sofistas reflejan la confusión y decadencia cultural y moral que acompañó los
cambios sociales y políticos de la época.
3. La figura de Sócrates

En momentos de crisis como el que atravesaba Atenas, surge Sócrates, un hombre que desenmascara las
debilidades del relativismo sofista. Su aporte no fue restaurar la moral tradicional, sino fundar una moral
rigurosamente objetiva, demostrando que el relativismo no es tan coherente ni sostenible.

Sócrates es una figura decisiva en la historia, comparable a Jesús en cuanto a su impacto. Sin embargo,
como Jesús, es un enigma histórico: no dejó escritos y sus testimonios —Platón, Jenofonte, Aristófanes—
son contradictorios.

Contra el relativismo sofista, Sócrates representa la unidad entre teoría y conducta, afirmando que la virtud
es conocimiento y el vicio ignorancia. En una época en que todos creen saberlo todo y discutirlo sin
importar la verdad, Sócrates proclama su propia ignorancia.

Un amigo suyo, Querefonte, consultó al oráculo de Delfos quién era el más sabio, y la respuesta fue
Sócrates. Él se sorprende porque no se considera sabio. Dedujo que el oráculo quiere decir que su sabiduría
consiste en ser consciente de su ignorancia, a diferencia de los demás, que creen saber y no saben.

Sócrates interrogó a políticos, poetas y artesanos. Los políticos no sabían qué era la justicia; los poetas
hablaban inspirados, pero no podían explicar sus palabras; los artesanos sí sabían sobre su oficio, pero se
creían expertos en todo, como en política, sin serlo.

Por esto Sócrates concluye que su sabiduría no está en saber muchas cosas, sino en saber que no sabe
nada. Como dice en la Apología de Platón: “Sólo sé que no sé nada” y esa es su superioridad.

Ante la complejidad del mundo y el destino humano, la conciencia de su propia ignorancia es la verdadera
sabiduría. La mayoría vive sin cuestionarse el sentido ni la verdad de sus vidas y acciones, dejándose llevar
por opiniones comunes.

Sócrates descubre así los límites del conocimiento humano y la importancia de reconocerlos para llegar a
una conciencia verdadera de la humanidad.

4. La misión de Sócrates

Sócrates interpreta que el oráculo divino le ha encomendado una misión: examinar a sus conciudadanos
para mostrarles lo frágil de su supuesto saber, y librarlos de la ilusión de un falso conocimiento.

No se considera un maestro que transmite una doctrina, sino un “excita” o “aguijonea” a sus
conciudadanos para que reflexionen sobre su vida y sus valores, especialmente sobre la justicia y la nobleza
de sus actos.

Compara a Atenas con un corcel noble pero adormecido, necesitado de alguien que lo despierte. Así,
recorre plazas, gimnasios y calles para interrogar sin cesar, a veces molestando, para que las personas
examinen si su vida es justa y noble y puedan dar razones válidas para sus acciones.

Esta actitud crítica explica el rechazo que sufrió, la acusación de “corromper a la juventud e introducir
nuevos dioses” y su condena a muerte, a la que no se resistió por respeto a las leyes y a la coherencia entre
pensamiento y acción.

Para Sócrates, la tarea fundamental es que cada persona tome conciencia de los problemas éticos y
existenciales que definen cómo debe vivir su vida y el sentido que le debe dar.
A diferencia de los animales, cuya vida está determinada por la especie, el ser humano puede elegir entre
muchas formas diferentes de vivir. Por eso la existencia humana es abierta y variable, y por eso la reflexión
filosófica sobre la conducta es esencial.

5. Primer momento del método socrático: la refutación

Sócrates practica la filosofía a través del diálogo con los demás, no escribiendo teorías en soledad. Su
método consiste en una conversación organizada mediante preguntas y respuestas que persiguen descubrir
la verdad.

Una característica clave de su método es la ironía socrática, que consiste en fingir ignorancia para provocar
que el interlocutor revele su supuesto saber. Sócrates aparenta creer que su interlocutor sabe algo, pero al
final lo lleva a descubrir que en realidad no sabe.

El método tiene dos momentos:

1. La refutación (elenchos):
Momento negativo en el que Sócrates, mediante preguntas inteligentes, muestra que las opiniones
o definiciones que el interlocutor cree verdaderas son falsas, contradictorias o no resisten el análisis
racional. Esto obliga al interlocutor a reconocer su ignorancia.

2. La mayéutica:
Momento positivo (no detallado aquí) en el que, tras la refutación, se busca la verdad a partir del
reconocimiento de la ignorancia.

Ejemplo en el diálogo “Laques” sobre la valentía

Sócrates pregunta qué es la valentía y recibe como respuesta que es “quedarse firme en el puesto sin huir”.
Sócrates señala que hay casos contradictorios (guerreros escitas que luchan retrocediendo, o espartanos
que simulan retirarse para engañar al enemigo) que también muestran valentía, por lo que esa definición
es insuficiente.

Luego se intenta definir la valentía como “firmeza o persistencia del ánimo”. Pero:

 Sócrates aclara que la valentía debe ser algo noble y bueno, no cualquier persistencia (pues alguien
puede persistir en un vicio, y eso no es valiente).

 Se concluye que debe ser una persistencia acompañada de sensatez o inteligencia.

Pero incluso esta definición es demasiado amplia, porque alguien puede ser persistente y sensato en
actividades que no son valentía (como un comerciante o un médico).

Además, aparece una contradicción importante: a veces se considera más valiente al que actúa sin
prudencia, lo que va contra la idea de que la valentía debe ser sensata.

¿Qué muestra la refutación?

 Que las definiciones iniciales aceptadas llevan a contradicciones o absurdos.

 Que el interlocutor debe reconocer que no sabe realmente qué es la valentía.

 Que el método socrático usa esta refutación para desmontar el falso saber y preparar el camino
para buscar una definición verdadera.
6. La refutación como catarsis en Sócrates

Cuando Sócrates lleva adelante su método de interrogatorio, muchas veces llega a un punto en que queda
claro que las definiciones o ideas que sus interlocutores presentan son insostenibles. Un buen ejemplo es
Laques, quien al ser cuestionado reconoce su perplejidad y dificultad para expresar con claridad lo que cree
saber, especialmente sobre conceptos como la valentía. Esta dificultad pone en evidencia que, aunque
alguien crea tener una idea, sin poder expresarla con precisión quizá no la posee realmente.

Este estado de desconcierto no es raro en la filosofía socrática. En el diálogo Menón, Menón mismo
reconoce que Sócrates se dedica a sembrar dudas y dificultades, generando en sus interlocutores una
especie de bloqueo o turbación mental, similar a un pez llamado torpedo que paraliza a quien lo toca. La
refutación socrática, entonces, no busca humillar ni ridiculizar, sino provocar ese estado de perplejidad que
cuestiona las falsas certezas.

El propósito de Sócrates con esta refutación no es un juego o burla intelectual, sino una actividad seria y
profundamente moral. Para él, la ignorancia y el error equivalen al vicio y la maldad, pues solo se puede
obrar mal por no conocer el bien. Por eso, la refutación es una purificación —una catarsis— del alma, que
consiste en liberar al espíritu de ideas erróneas que impiden alcanzar el verdadero conocimiento.

Sócrates compara esta purga con la práctica médica: así como el cuerpo no puede aprovechar los alimentos
si está enfermo o contaminado, el alma tampoco puede aprender mientras esté llena de errores. Por eso,
los filósofos "purgan" el alma de sus interlocutores, haciéndolos reconocer su ignorancia y desapegarse de
opiniones falsas para poder comenzar a aprender realmente.

Esta catarsis intelectual y moral genera vergüenza por el falso saber y abre camino a un conocimiento
auténtico, pues solo reconociendo los propios límites se puede iniciar un saber válido. Para Sócrates, el
verdadero conocimiento es aquel que puede resistir toda crítica racional, mientras que las opiniones no
fundamentadas son meras creencias pasajeras, útiles tal vez para la vida cotidiana pero insuficientes para
una vida plenamente humana y consciente.

En definitiva, la refutación socrática es un proceso de limpieza y liberación del alma que prepara a la
persona para el verdadero aprendizaje y para vivir conforme al bien.

7. Segundo momento del método socrático: la mayéutica

El segundo momento del método socrático es la mayéutica, que Sócrates describe como el arte de ayudar a
dar a luz. Él mismo compara su labor con la de su madre, que era partera, y dice que su tarea no es dar
conocimientos directamente, sino ayudar al interlocutor a "parir" sus propias ideas y verdades que ya tiene
en su alma.

Sócrates insiste en que su trabajo no consiste en transmitir información, sino en guiar al aprendiz mediante
preguntas. Este método es completamente dialógico: la verdad no está lista ni entregada, sino que se
construye activamente en la conversación. La verdadera enseñanza, por tanto, no es informar, sino formar;
es decir, preparar y estimular la mente para que descubra el saber por sí misma.

Esta forma de enseñar muestra que el conocimiento auténtico es un hallazgo personal. El maestro no
impone, solo orienta, y el discípulo debe esforzarse y pensar para alcanzar la verdad. Por eso, los diálogos
socráticos muchas veces no terminan con respuestas claras, sino con un llamado al lector o interlocutor a
continuar la búsqueda con su propio juicio y reflexión.
Un ejemplo muy conocido es el caso del esclavo en el Menón, que, sin conocimientos previos de geometría,
es conducido por Sócrates a descubrir por sí mismo principios matemáticos complejos. Esto evidencia que
el alma tiene el conocimiento dentro de sí, solo que necesita ser ayudada a recordarlo.

8. La anamnesis; pasaje a Platón

Respecto a cómo el alma puede encontrar por sí sola la verdad, Sócrates y Platón explican que el alma ya
posee esos conocimientos, aunque no siempre los tenga conscientes. La anamnesis, que significa recuerdo,
es el proceso por el cual el alma recuerda lo que sabía antes de encarnarse en el cuerpo.

Platón desarrolla esta idea en su doctrina de la preexistencia del alma, que ha visto las verdades eternas en
un mundo invisible, fuera del tiempo y del cuerpo. Así, al encarnar, el alma olvida ese saber, pero puede
recuperarlo mediante el diálogo y la reflexión.

Este conocimiento no depende de la experiencia sensible, sino que es un saber racional, a priori, que se
refiere a las ideas o esencias que no cambian. Por eso, aprender es, en realidad, recordar esas verdades
universales que el alma ya conoce en su interior.

Esta explicación señala una diferencia importante entre Sócrates y Platón: la mayéutica es el método para
hacer que el alma recuerde, pero la teoría del alma inmortal y la anamnesis es una aportación platónica
que da un fundamento más profundo al método socrático.

Análisis filosófico de la Apología de Sócrates (por argumento y contenido)

1. Introducción: Sócrates ante el tribunal

En su discurso de defensa, Sócrates comienza señalando que sus acusadores han hablado de él con gran
elocuencia, aunque sin decir una sola verdad. Él, en cambio, hablará “con las palabras que me vengan”, con
sinceridad, como en una conversación cotidiana, “sin adornos ni retórica”. Desde el comienzo establece un
contraste entre la apariencia del discurso y la verdad del pensamiento, una de las claves del pensamiento
socrático: no importa parecer sabio, sino serlo realmente.

2. Las acusaciones antiguas y el prejuicio

Sócrates distingue entre las acusaciones más antiguas (“Sócrates es un charlatán que investiga las cosas del
cielo y de la tierra, y hace más fuerte el argumento más débil”) y las acusaciones recientes (corromper a los
jóvenes y no reconocer a los dioses de la ciudad). Sócrates ve en los rumores y prejuicios el verdadero
peligro: “Esos son los que me han condenado”. Así introduce el tema de la ignorancia como fuente del mal,
otro eje central de su pensamiento. El miedo a lo desconocido ha hecho que muchos lo malinterpreten,
temiendo su búsqueda constante de verdad.

3. El oráculo de Delfos y la misión filosófica

Sócrates narra cómo su amigo Querefonte consultó al oráculo de Delfos y este afirmó que nadie era más
sabio que Sócrates. Sócrates, sorprendido, se propuso refutar al dios, buscando a alguien más sabio. Pero,
al interrogar a políticos, poetas y artesanos, descubrió que todos creían saber lo que en realidad ignoraban.
Así entendió que él era el más sabio solo en tanto sabía que no sabía, lo que lo condujo a su famosa
afirmación:

“Sólo sé que no sé nada”.


Este pasaje revela que la filosofía, para Sócrates, comienza con la conciencia de la ignorancia. Su tarea,
encomendada por el dios, fue entonces interpelar a los ciudadanos para que examinen sus ideas y se
conozcan a sí mismos.

4. El método socrático: refutación y examen de la vida

A lo largo de la Apología, Sócrates explica que su misión es “despertar” a los ciudadanos, ayudarlos a cuidar
su alma más que su dinero o su fama. Esta función la realiza mediante el método dialógico, que consiste en
interrogar, refutar y examinar creencias. Esto muchas veces lo hace parecer impertinente, pero su intención
es purificadora:

“La vida sin examen no vale la pena ser vivida”.

Aquí aparece la idea de que la filosofía es una práctica vital y ética, no un saber abstracto, sino un modo de
vivir de manera consciente y crítica.

5. La acusación de corromper a los jóvenes

Sócrates se defiende mostrando que si los jóvenes lo siguen, es porque libremente se sienten atraídos por
el diálogo y la búsqueda de verdad. Rechaza la idea de que él sea el único corruptor y argumenta que nadie
corrompe voluntariamente, ya que dañar a otros nos daña a nosotros mismos. Esta es una de sus tesis
morales fundamentales:

“Nadie obra mal voluntariamente”.

Con esto, muestra que el mal es fruto de la ignorancia, no de la maldad innata.

6. La acusación de impiedad

Se lo acusa de no creer en los dioses de la ciudad. Sócrates demuestra que sí cree en lo divino, ya que
incluso menciona su daimonion, una especie de voz interior o señal divina que lo guía. Esta “señal divina” le
impide hacer el mal, lo cual indica que su vida está guiada por un principio ético-religioso interno. Pero su
religiosidad no es tradicional ni dogmática, sino filosófica: cree en el alma, en el bien y en una misión divina
que lo trasciende.

7. La condena a muerte y la dignidad filosófica

Sócrates es condenado a muerte por mayoría del jurado. Frente a esto, mantiene una postura serena y
racional:

“No temáis a la muerte, porque es ignorancia creer que uno sabe lo que no sabe”.

Sostiene que morir no es un mal, ya que puede ser o un sueño sin sueños o un viaje hacia otro mundo
donde podrá seguir dialogando con los sabios. Aquí se afirma la idea de que la muerte no debe temerse si
uno ha vivido con rectitud. La virtud, para Sócrates, está por encima de la vida o la muerte.

8. El legado filosófico

En sus palabras finales, Sócrates advierte a sus jueces que matar a alguien como él no los librará del
examen. Otros vendrán a ocupar su lugar. Así, proclama que la filosofía no muere con él, porque su impulso
es eterno: el deseo de verdad, justicia y bien. Sócrates muere fiel a su conciencia, sin transar, sin huir,
demostrando que el filósofo es aquel que prefiere morir antes que abandonar sus principios.

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