Sonetos del Barroco castellano
María de Zayas Si un amante se ausenta, enoja o muere,
no ha de quedar la voluntad baldía,
Amar el día, aborrecer el día, porque es la ociosidad muy civil cosa.
llamar la noche y despreciarla luego,
temer el fuego y acercarse al fuego, Mal haya la que solo un hombre quiere,
tener a un tiempo pena y alegría. que tener uno solo es cobardía;
naturaleza es vana y es hermosa.
Estar juntos valor y cobardía,
el desprecio cruel y el blando ruego,
tener valiente entendimiento ciego,
atada la razón, libre osadía. Goce su libertad el que ha tenido
voluntad y sentidos en cadena,
Buscar lugar en que aliviar los males y el condenado en la amorosa pena
y no querer del mal hacer mudanza, al dudoso favor que ha pretendido.
desear sin saber qué se desea.
En dulces lazos pues leal ha sido,
Tener el gusto y el disgusto iguales, de mil gustos de amor el alma llena,
y todo el bien librado en la esperanza, el que tuvo su bien en tierra ajena
si aquesto no es amor, no sé qué sea. triunfe de ausencia sin temor de olvido.
Viva el amado sin favor, celoso,
y venza su desdén el despreciado;
A un diluvio la tierra condenada, logre sus esperanzas el que espera.
que toda se anegaba en sus enojos,
ríos fuera de madre eran sus ojos, Con su dicha se alegre el venturoso
porque ya son las nubes mar airada. y con su amada el vencedor amado,
y el que busca imposibles, cual yo, muera.
La dulce Filomena retirada,
como no ve del sol los rayos rojos,
no le rinde canciones en despojos, Sor Juana Inés de la Cruz
por verse sin su luz desconsolada.
Al que ingrato me deja, busco amante;
Progne lamenta, el ruiseñor no canta, al que amante me sigue, dejo ingrata;
sin belleza y olor están las flores, constante adoro a quien mi amor maltrata;
y estando todo triste de este modo, maltrato a quien mi amor busca constante.
con tanta luz, que al mismo sol espanta, Al que trato de amor, hallo diamante,
toda donaire, discreción y amores, y soy diamante al que de amor me trata;
salió Belisa, y serenose todo. triunfante quiero ver al que me mata,
y mato al que me quiere ver triunfante.
Si a éste pago, padece mi deseo;
Gallarda condición, Cupido, tengo, si ruego a aquél, mi pundonor enojo:
muchos amantes en mi alma caben, de entrambos modos infeliz me veo.
mi nuevo amartelar todos alaben
guardando la opinión que yo mantengo. Pero yo, por mejor partido, escojo
de quien no quiero, ser violento empleo,
Hombres, así vuestros engaños vengo; que, de quien no me quiere, vil despojo.
guardémonos de necias que no saben,
aunque más su firmeza menoscaben,
entretenerse como me entretengo. Amor empieza por desasosiego,
solicitud, ardores y desvelos;
crece con riesgos, lances y recelos; es un afán caduco, y, bien mirado,
susténtase de llantos y de ruego. es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.
Doctrínanle tibiezas y despego
conserva el ser entre engañosos velos,
hasta que con agravios o con celos Lope de Vega
apaga con sus lágrimas su fuego.
¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
Su principio, su medio y fin es éste: ¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
¿pues por qué, Alcino, sientes el desvío que a mi puerta, cubierto de rocío,
de Celia, que otro tiempo bien te quiso? pasas las noches del invierno escuras?
¿Qué razón hay de que dolor te cueste? ¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras
Pues no te engañó amor, Alcino mío, pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío
sino que llegó el término preciso. si de mi ingratitud el yelo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
¿En perseguirme, mundo, qué interesas? Cuántas veces el ángel me decía:
¿En qué te ofendo, cuando sólo intento ¡Alma, asómate agora a la ventana,
poner bellezas en mi entendimiento verás con cuánto amor llamar porfía!
y no mi entendimiento en las bellezas?
¡y cuántas, hermosura soberana:
Yo no estimo tesoros ni riquezas, Mañana le abriremos -respondía-
y así, siempre me causa más contento para lo mismo responder mañana!
poner riquezas en mi entendimiento
que no mi entendimiento en las riquezas.
Yo no estimo hermosura que vencida No sabe qué es amor quien no te ama,
es despojo civil de las edades celestial hermosura, esposo bello,
ni riqueza me agrada fementida, tu cabeza es de oro, y tu cabello
como el cogollo que la palma enrama.
teniendo por mejor en mis verdades
consumir vanidades de la vida Tu boca como lirio, que derrama
que consumir la vida en vanidades. licor al alba, de marfil tu cuello;
tu mano en torno y en su palma el sello
A su retrato que el alma por disfraz jacintos llama.
Éste que ves, engaño colorido, ¡Ay Dios!, ¿en qué pensé cuando, dejando
que, del arte ostentando los primores, tanta belleza y las mortales viendo,
con falsos silogismos de colores perdí lo que pudiera estar gozando?
es cauteloso engaño del sentido;
Mas si del tiempo que perdí me ofendo,
éste en quien la lisonja ha pretendido tal prisa me daré, que aun hora amando
excusar de los años los horrores venza los años que pasé fingiendo.
y venciendo del tiempo los rigores
triunfar de la vejez y del olvido:
es un vano artificio del cuidado; Un soneto me manda hacer Violante;
es una flor al viento delicada; en mi vida me he visto en tal aprieto,
es un resguardo inútil para el hado; catorce versos dicen que es soneto,
burla burlando van los tres delante.
es una necia diligencia errada;
Yo pensé que no hallara consonante, Nunca merezcan mis ausentes ojos
y estoy a la mitad de otro cuarteto; Ver tu muro, tus torres y tu río,
mas si me veo en el primer terceto, Tu llano y sierra, ¡oh patria, oh flor de España!
no hay cosa en los cuartetos que me espante.
Por el primer terceto voy entrando,
y aun parece que entré con pie derecho, De un caminante enfermo que se enamoró
pues fin con este verso le voy dando. donde fue hospedado
Ya estoy en el segundo, y aun sospecho Descaminado, enfermo, peregrino,
que estoy los trece versos acabando: en tenebrosa noche, con pie incierto
contad si son catorce, y está hecho. la confusión pisando del desierto,
voces en vano dio, pasos sin tino.
Repetido latir, si no vecino,
Yo dije siempre, y lo diré, y lo digo, distinto, oyó de can siempre despierto,
que es la amistad e bien mayor humano; y en pastoral albergue mal cubierto,
mas ¿qué español, qué griego, qué romano piedad halló, si no halló camino.
nos ha de dar este perfecto amigo?
Salió el Sol, y entre armiños escondida,
Alabo, reverencio, amo, bendigo soñolienta beldad con dulce saña
aquel a quien el cielo soberano salteó al no bien sano pasajero.
dio un amigo perfecto, y no es en vano;
que fue, confieso, liberal conmigo. Pagará el hospedaje con la vida;
más le valiera errar en la montaña
Tener un grande amigo y obligalle que morir de la suerte que yo muero.
es el último bien, y por querelle,
el alma, el bien y el mal comunicalle;
Mas yo quiero vivir sin conocelle; Mientras por competir con tu cabello,
que no quiero la gloria de ganalle oro bruñido al sol relumbra en vano;
por no tener el miedo de perdelle. mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;
mientras a cada labio, por cogello,
Luis de Góngora y Argote siguen más ojos que al clavel temprano;
y mientras triunfa con desdén lozano
A Córdoba del luciente cristal tu gentil cuello;
¡Oh excelso muro, oh torres coronadas goza cuello, cabello, labio y frente,
De honor, de majestad, de gallardía! antes que lo que fue en tu edad dorada
¡Oh gran río, gran rey de Andalucía, oro, lilio, clavel, cristal luciente,
De arenas nobles, ya que no doradas!
no sólo en plata o vïola troncada
¡Oh fértil llano, oh sierras levantadas, se vuelva, mas tú y ello juntamente
Que privilegia el cielo y dora el día! en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en
¡Oh siempre glorïosa patria mía, nada.
Tanto por plumas cuanto por espadas!
Si entre aquellas rüinas y despojos
Que enriquece Genil y Dauro baña La dulce boca que a gustar convida
Tu memoria no fue alimento mío, un humor entre perlas distilado,
y a no invidiar aquel licor sagrado Llevada de engañoso pensamiento
que a Júpiter ministra el garzón de Ida, y de esperanza burladora y ciega,
tropezará en el mismo monumento.
amantes, no toquéis, si queréis vida,
porque entre un labio y otro colorado Como el que, divertido, el mar navega,
Amor está, de su veneno armado, y, sin moverse, vuela con el viento,
cual entre flor y flor sierpe escondida. y antes que piense en acercarse, llega.
No os engañen las rosas, que a la Aurora
diréis que, aljofaradas y olorosas, Cerrar podrá mis ojos la postrera
se le cayeron del purpúreo seno: sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
manzanas son de Tántalo, y no rosas, hora a su afán ansioso lisonjera
que después huyen del que incitan ahora,
y solo del Amor queda el veneno. mas no, desotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía;
nadar sabe mi llama la agua fria,
y perder el respeto a ley severa.
Franciso de Quevedo
Alma que ha todo un dios prisión ha sido,
«¡Ah de la vida!»…¿Nadie me responde? venas que humor a tanto fuego han dado,
¡Aquí de los antaños que he vivido! médulas que han gloriosamente ardido,
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde. su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrán sentido;
¡Que sin poder saber cómo ni adónde, polvo serán, mas polvo enamorado.
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido, Érase un hombre a una nariz pegado,
y no hay calamidad que no ronde. érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
Ayer se fue; mañana no ha llegado; érase un pez espada muy barbado.
hoy se está yendo sin parar un punto;
soy un fue, y un será, y un es cansado. Érase un reloj de sol mal encarado,
érase un alquitara pensativa,
En el hoy y mañana y ayer, juntos érase un elefante boca arriba,
pañales y mortajas, y he quedado era Ovidio Nasón mas narizado.
presente sucesiones de difunto.
Érase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
Descuido del divertido vivir a quien la muerte las doce tribus de narices era.
llega impensada
Érase un naricísimo infinito,
Vivir es caminar breve jornada, muchísima nariz, nariz tan fiera,
y muerte viva es, Lico, nuestra vida, que en la cara de Anás fuera delito.
ayer al frágil cuerpo amanecida,
cada instante en el cuerpo sepultada.
Miguel de Cervantes
Nada que, siendo, es poco, y será nada
en poco tiempo, que ambiciosa olvida; «Galatea»
pues, de la vanidad mal persuadida,
anhela duración, tierra animada. Tanto cuanto el amor convida y llama
al alma con sus gustos de apariencia,
tanto más huye su mortal dolencia
quien sabe el nombre que le da la fama. Presto habré de morir, que es lo más
cierto:
Y el pecho opuesto a su amorosa llama, que al mal de quien la causa no se sabe
armado de una honesta resistencia, milagro es acertar la medicina.
poco puede empecerle su inclemencia,
poco su fuego y su rigor le inflama.
Yo sé que muero, y si no soy creído,
Segura está, quien nunca fue querida es más cierto el morir, como es más cierto
ni supo querer bien, de aquella lengua verme a tus pies, ¡oh bella ingrata!, muerto,
que en su deshonra se adelgaza y lima; antes que de adorarte arrepentido.
mas si el querer y el no querer da mengua, Podré yo verme en la región de olvido,
¿en qué ejercicios pasará la vida de vida y gloria y de favor desierto,
la que más que al vivir la honra estima? y allí verse podrá en mi pecho abierto
como tu hermoso rostro está esculpido.
Diálogo entre Babieca y Rocinante Que esta reliquia guardo para el duro
trance que me amenaza mi porfía,
- ¿Cómo estáis, Rocinante, tan delgado? que en tu mismo rigor se fortalece
- Porque nunca se come, y se trabaja.
- Pues ¿qué es de la cebada y de la paja? ¡Ay de aquel que navega, el cielo escuro,
- No me deja mi amo ni un bocado. por mar no usado y peligrosa vía,
adonde norte o puerto no se ofrece!
- Andá, señor, que estáis muy mal criado,
pues vuestra lengua de asno al amo ultraja.
- Asno se es de la cuna a la mortaja.
¿Queréislo ver? Miraldo enamorado. Pedro Calderón de la Barca
A las flores
- ¿Es necedad amar? - No es gran prudencia.
- Metafísico estáis.- Es que no como. Éstas que fueron pompa y alegría
- Quejaos del escudero.- No es bastante. despertando al albor de la mañana,
a la tarde serán lástima vana
¿Cómo me he de quejar en mi dolencia, durmiendo en brazos de la noche fría.
si el amo y escudero o mayordomo
son tan rocines como Rocinante ? Este matiz que al cielo desafía,
Iris listado de oro, nieve y grana,
será escarmiento de la vida humana:
O le falta al Amor conocimiento ¡tanto se emprende en término de un día!
o le sobra crueldad, o no es mi pena
igual a la ocasión que me condena A florecer las rosas madrugaron,
al género más duro de tormento. y para envejecerse florecieron:
cuna y sepulcro en un botón hallaron.
Pero, si Amor es dios, es argumento
que nada ignora, y es razón muy buena Tales los hombres sus fortunas vieron:
que un dios no sea cruel. Pues ¿quién ordena en un día nacieron y espiraron;
el terrible dolor que adoro y siento? que pasados los siglos, horas fueron.
Si digo que sois vos, Fili, no acierto,
que tanto mal en tanto bien no cabe La noche
ni me viene del cielo esta ruina.
Esos rasgos de luz, esas centellas
que cobran con amagos superiores
alimentos del sol en resplandores,
aquello viven, si se duelen dellas.
Flores nocturnas son; aunque tan bellas,
efímeras padecen sus ardores;
pues si un día es el siglo de las flores,
una noche es la edad de las estrellas.
De esa, pues, primavera fugitiva,
ya nuestro mal, ya nuestro bien se infiere;
registro es nuestro, o muera el sol o viva.
¿Qué duración habrá que el hombre espere,
o qué mudanza habrá que no reciba
de astro que cada noche nace y muere.
Laura
¿Qué género de ardor es el que llego
hoy a sentir, que más parece encanto,
pues luciendo tampoco abrasa tanto
y abrasando tan mudo, arde tan ciego?
¿Qué género de llanto es sin sosiego
éste, que a tanto incendio no da espanto,
pues al fuego apagar no puede el llanto,
ni al llanto puede consumir el fuego?
Donde materia no hay, no se da llama.
Mas ¡ay! que sin materia en el abismo
una y otra aprensión es quien la inflama.
Luego cierto será este silogismo:
si fuego de aprensión tiene quien ama,
amor y infierno todo es uno mismo.