TEMA 1
1. HERÁCLITO-PARMÉNIDES
Herácito sostiene que, la realidad se caracteriza por el cambio. Estos cambios
ocurren siguiendo una pauta o razón, logos: lucha de contrarios. Sin embargo, los
contrarios se necesitan (dialéctca) y es en esta lucha donde aparece la Unidad, la
armonía del [Link] necesidad apunta a la idea griega del eterno retorno. De
este modo, la lucha de contrarios subyace a los cambios. Por esto, Heráclito afirma
que los contrarios son una misma cosa y esta unidad se encuentra mas allá de las
apariencias. La sabiduría consiste en conocer esta lucha de contrarios ya que es
conocer como suceden la cosas.
Heráclito considerará el fuego (en sentido metafórico) como arjé de la physis.
El fuego se alimenta de la multiplicidad para arder, pero a su vez la materia se
resiste a ser devorada por el fuego. De este modo, en el fuego residía la esencia
dinámica de la realidad. El alma estaba constituida por el fuego.
Afirmará que, a nivel epistemológico, accedemos al conocimiento a través de los
sentidos, para los que el cambio es innegable.
Parménides de Elea es el padre de la ontología idealista al afirmar “pues lo mismo
es pensar y Ser ” . Desde su punto de vista el Ser es pensamiento. Parménides
subraya que el ser es absoluto, no pudo antes no ser, ni puede pasar a no ser: por
eso, es necesario.
En consecuencia, el ser es uno e inmutable, a diferencia de las apariencias. A partir
del no ser, no puede aparecer el ser, por eso preguntarse por el origen del ser no
tiene sentido. No se puede mantener un único arjé.
De este modo, Parménides enuncia el principio de contradicción (Aristoteles lo
recuperará llevandolo al mundo de la lógica)
En definitiva, esta antinomia ha marcado la hisria de la filosofía, siendo toda la teoría
de las Ideas de Platón un intento de resolverla. Aristóteles tratará de resolver el
problema del cambio con su propuesta del ser en acto y ser en potencia. Heráclito
influyó en Hegel y Marx (dialéctica y naturaleza) y Parménides estableció un
precedente para el pensamiento racional. Este antagonismo influirá tambien en las
propuestas de los pluralistas.
2. SÓCRATES Y LOS SOFISTAS
A mediados del S.V a.C surge el movimiento sofístico, un fenómeno que
afecta a un cambio de mentalidad general del mundo griego. La filosofía
desplaza su interés hacia cuestiones antropológicas, es decir, se da un giro
antropológico centrándose en el análisis de la realidad humana, las normas
de conducta moral, las leyes y la política.
Los sofistas, en su mayoría metecos, enseñaban oratoria, pero no tenían
derecho a ejercerla. Surgieron de la consolidación de la democracia, ya que
los atenienses debían presentarse ante la asamblea de ciudadanos para
defenderse en pleitos y obtener cargos públicos y por ello debían dominar el
arte de la persuasión.
Aparece con ellos la separación entre physis y nomos. Consideran que las
leyes de la polis (nomos) no necesitan estar de acuerdo con las normas de la
naturaleza. Existe una contraposición physis/nomos .
Anteriormente las leyes e instituciones procedían de los dioses; ahora en
consonancia con la función racionalizadora, se busca otro origen de las leyes
o nomos. Las normas morales también son convencionales, bueno-malo,
justo-injusto, etc. no son absolutas ni universales ni inmutables. Lo único
inmutable es la naturaleza humana. La moral vigente es considerada
antinatural, porque las únicas leyes naturales son la búsqueda del placer y el
dominio del más fuerte. Con ellos se inaugura la polémica entre ley natural,
physis y ley positiva, nomos.
La característica fundamental de la sofistica es el relativismo de las leyes
positivas. Respecto al conocimiento caen en el escepticismo, no se
preocupan por el ser de la totalidad de las cosas sino de las cosas
individuales, referidas al nomos, como la virtud, la justicia, etc.
Uno de los principales sofistas es Protagoras cuya filosofía se basa en el
relativismo de las cualidades sensibles y de los valores de todo tipo. No
existen valores universales y absolutos porque todo ello depende de nuestro
punto de vista. Considera que la ley es invención de los legisladores y la
cultura es relativa. Para él, el valor de la cultura es lo que diferencia a los
seres humanos de los animales. Respecto a los dioses, no se puede saber si
existen o no.
Gargias expresa las ideas más radicales: “todo es relativo”, nada se conoce
por lo que el engaño se justifica en el teatro y la política. Defiende el
escepticismo radical.
Eran relativistas y subjetivistas. Frente al universalismo moral de Sócrates, no
creían que hubieran valores universales, ya que estos dependían de la
cultura. En cuanto a conocimiento, eran escépticos debido tanto a la
fiablilidad de nuestras facultades cognitivas como a la mutabilidad del mundo
empírico.
Sócrates, centró sus preocupaciones en el ser humano. Su filosofía consiste
en la búsqueda constante de la verdad. Su objetivo es definir lo que son las
cosas. Mantiene el convencimiento de la existencia de una verdad universal y
objetiva (universalismo moral). Fue el primero que tomo como objeto de su
pensamiento las definiciones (metafísica). Frente a las teorías sofistas,
afirmaba que los valores morales son absolutos iguales para todos.
El método socrático para alcanzar la verdad, consistía en el uso de la ironía y
la mayética. En un primer paso, fingiendo no saber nada (ironía), interrogaba
a su interlocutor para hacerle reconocer su propia ignorancia, pues este es el
único camino para el conocimiento. En segundo lugar, hace uso de la
mayéutica, es decir, extraer el reconocimiento que reside en el hombre. Esta
forma de conversar recibe el nombre de diálogo socrático, cuyo objetivo es
recuperar nuestras ideas innatas.
El intento de Sócrates de conocer la verdad tiene implicaciones éticas: el
conocimiento y la virtud coinciden. El bien es único y absoluto. Aquel que
conozca el bien obrará bien porque es lo útil y provechoso, por tanto el único
que obra mal es el ignorante. Por esta razón, la educación es una labor
imprescindible. Esta teoría recibe el nombre de intelectualismo moral porque
insiste en la importancia que tiene el conocimiento sobre nuestras acciones.
TEMA 2: PLATÓN
1. DUALISMOS
Platón trata de resolver mediante su teoría de las Ideas, la antinomia
Heráclito-Parménides la solución platónica se apoya en una evidencia
empírica: el hecho de que todos los seres materiales, por debajo de sus
cambios y diferencias, presentan una configuración específica. Platón
explicará este hecho por la existencia de un molde inmaterial o idea que es la
causa de todo. Según esto un animal puede envejecer y morir, pero su idea
es eterna e inmutable. De hecho platón piensa que lo eterno no es el arjé
presocrático, si no las ideas inmateriales a cuya imagen está copiado el
mundo físico.
Platón llamo ideas a las causas ontológicas del mundo físico y no entendió
por ideas los conceptos o formas mentales que produce nuestra inteligencia,
si no los modelos inmateriales subsistentes que han dado lugar por imitación
o participación al mundo sensible.
Además de lo dicho respecto al conocimiento conceptual, es preciso ir más
allá de lo físico, porque las causas físicas no lo explican todo. Platón divide
todo lo que existe en dos planos del ser, el fenoménico y visible captable por
los sentidos y el inteligible captable por la mente. De este modo, podemos
decir que el mundo sensible está constituido por las cosas que percibimos
por los sentidos y son particulares, imperfectas, cambiantes y perecederas. Al
mismo tiempo existe un mundo inteligible, compuesto por realidades
inmateriales que se pueden captar únicamente mediante la razón. Estas
esencias son universales, perfectas eternas e inmutables. Además son
trascendentes porque están más allá del mundo sensible y pertenecen a una
realidad de orden superior. Esta distinción deja abierta una importante
cuestión: ¿cuál es la relación que hay entre estos dos ámbitos de la realidad?
Platón propone la teoría de la participación en la que afirma que las ideas
actúan como modelos eternos e inmutables de las cosas que a su vez son lo
que son porque participan de aquella idea de la cual proceden. De esta
manera, las ideas son el ideal al las cosas se esfuerzan por acercarse. Esta
teoría tiene una consecuencia: si las cosas son copias imperfectas de las
ideas que le sirven de modelo, las Ideas son más importantes que las cosas y
anteriores a ellas. En definitiva, el mundo inteligible es la causa ontológica del
mundo sensible.
En La República Platón afirma que las Ideas están ordenadas en una
jerarquía que recuerda una pirámide, en la base están las Ideas menos
importantes mientras que en la cúspide está la Idea de Bien que es la más
importante de todas. A su vez Platón explica el origen de todas las cosas que
existen a través del mito del Demiurgo que expuso en el Timeo. Según Platón
en un principio solo existía una materia caótica, perfecta e informe. Las cosas
que actualmente existen , fueron modeladas por el Demiurgo. De todos
modos, al estar hechas de materia, las cosas del mundo no son perfectas. Lo
que Platón pretende explicar con él es la teoría de la participación. Las cosas
tratan de semejarse a las ideas sin terminar de conseguirlo porque están
hechos de una materia mal e imperfecta.
La teoría del conocimiento de platón se desprende su propuesta ontológica,
pues las Ideas se corresponden con la episteme (ciencia) en el plano del
conocimiento. Dado que las ideas son inmutables este conocimiento será
verdadero y universal. Este tipo de conocimiento solo es alcanzable por la
razón. Las cosas del mundo sensible se corresponden con la doxa
(opinión). Como las cosas son mutables, este conocimiento no será un
verdadero conocimiento, sino una mera opinión. Este conocimiento es propio
de los sentidos. La ascensión dialéctica es el proceso que logra el acceso del
mundo inteligible al mundo de las Ideas y culmina con la Idea suprema de
Bien. Para explicar el camino dialéctico de las ideas, Platón inventa el símil
de la línea. Una línea recta separa inicialmente las dos regiones ya
mencionadas anteriormente, mundo sensible /doxa y mundo de las
Ideas/[Link]ón las subdivide, respectivamente, en dos partes, por lo
que las dos regiones pasan a ser cuatro. En el plano de la doxa está en la
imaginación y la creencia. En el plano de la episteme se encuentra el
pensamiento discursivo (dialéctica) y la intelección pura (el conocimiento de
las ideas). Platón crea su famoso mito de la caverna para ilustrar mejor este
camino dialéctico.
Además, el filósofo griego establece otros dos procedimientos para conocer
las Ideas. Por un lado la reminiscencia, propuesta recogida en el Menón. En
ella afirma que conocer es recordar. El alma existe en el mundo de las Ideas
y aprende, pero olvida ese conocimiento al verse encarcelada en el cuerpo.
Sin embargo, este olvido no es completo porque las cosas sensibles,
recuerdan al alma todo aquel conocimiento que poseeyó. Por otro lado, el
amor. El objeto del amor es la belleza y esta se alcanza desde las cosas
hasta la idea de belleza lo que conduce a la idealización del objeto amado.
El dualismo de Platón también caracteriza su visión antropológica. Para él, el
ser humano está compuesto de dos partes muy distintas: el cuerpo, que es
material cambiante e imperfecto y pertenece al mundo sensible; y el
alma ,que es inmaterial, está ligada a la razón y guarda similitud con el
mundo de las Ideas. Siguiendo la tradición pitagórica afirmaba que el cuerpo
(soma) es una especie de prisión en la que el alma está encerrada. En este
sentido, los apetitos del cuerpo son los responsables de nuestros defectos. Si
nos dejamos llevar por las exigencias del cuerpo, acabaremos siendo
esclavos de nuestras propias pasiones, por eso para llevar una vida plena y
satisfactoria se debe prestar especial atención a la dimensión espiritual,
dejando a un lado los deseos. Platón estaba convencido de que los seres
humanos tenemos un alma eterna e inmortal, lo demuestra a través de la
prueba de la reminiscencia: el alma no depende del cuerpo para subsistir. La
creencia de la inmortalidad del alma está ligado a la teoría de la
reencarnación. Inspirándose en los filósofos pitagóricos, Platón creía que
después de la muerte, nuestra alma puede volver a la vida uniéndose a un
nuevo cuerpo. El proceso de reencarnaciones se repite una vez tras otra.
Con cada vida tenemos la oportunidad de mejorar y purificar nuestra alma,
siguiendo una forma de vida ascética. Así, nos iremos reencarnando en
cuerpos cada vez más perfectos y al final, tal vez, limpiaremos por completo
nuestra alma con lo que podremos dejar de reencarnarnos, y entonces el
alma podrá permanecer para siempre, plena, en el mundo de las Ideas, al
cual aspira.
Las personas a menudo sufrimos tensiones internas cuando nuestros deseos
entran en conflicto con la razón. Platón elaboró su teoría tripartita del alma
para explicar estas contradicciones. Pueden distinguirse tres partes distintas
en el alma humana. La mejor parte es el alma racional, que se localiza en la
cabeza y está relacionada con el pensamiento. Su virtud es la prudencia o
sabiduría. Luego está el alma irascible, situada en el pecho, que es la sede
de las pasiones y los sentimientos nobles como el honor que experimenta un
guerrero en el campo de batalla. La virtud del alma irascible es la fortaleza.
Por último, el alma concupiscible, cuya virtud es la templanza, está en el
vientre. Es la sede de los deseos y apetitos corporales. La relación entre las
partes del alma se haya recogido en el mito del carro alado, donde el auriga
es la razón (alma racional), que controla el caballo blanco (alma irascible) y al
caballo negro (alma concupiscible). Seremos personas justas si las tres
partes del alma con viven en armonía y la razón domina las pasiones. De
este modo Platón creía que el tipo de persona que somos depende del tipo
de alma que predomine en nosotros.
2. ÉTICA
La filosofía platónica persigue conseguir una sociedad justa que esté
compuesta por ciudadanos justos. Su propuesta se deriva de su visión
antropológica, la puesta en práctica de las virtudes del alma da lugar a la
armonía de la misma y Platón identifica esta armonía con la virtud de justicia.
Se es justo cuando cada parte del alma cumple con la función que le
corresponde. De este modo, la virtud de la justicia se presenta como ideal
humano y como medio para alcanzar la felicidad (eudaimonía). En el Filebo
delimitará cómo es posible esa felicidad apostando por una postura
intermedia entre el hedonismo (placeres) y la vida contemplativa (vida
intelectiva). Platón identifica la felicidad con la suma equilibrada de placer y
sabiduría.
La virtud (areté) es clave en la propuesta ética platónica y en su desarrollo se
contempla de tres formas: virtud como armonía, que refleja la esencia de lo
que debe entenderse por virtud; virtud como purificación, que supone la
supeditación de lo placentero a lo racional y virtud como conocimiento, para
hacer el bien hay que conocerlo previamente (intelectualismo moral). Sin
embargo Platón sostiene que dicho conocimiento no supone su cumplimiento
por lo que resulta necesario el ejercicio de la virtud. Platón plantea que la
virtud ni se da por naturaleza ni se puede aprender, pero concluirá en el
Menón, que “es un don divino y una opinión verdadera”, por eso lo
reconocemos como algo universal.
3. POLÍTICA
Platón llegó a la conclusión de que para que un sistema político fuera justo,
era necesario que decidiesen los que saben que es lo adecuado y bueno
para todos, así que el poder no debe estar en manos del pueblo, sino de los
sabios que verdaderamente conocen lo que conviene hacer. De este modo
Platón trató de diseñar un modelo de sociedad perfecta, encargando el
mando del Estado a los más sabios. En La República. Platón pensaba que
los mejores sistémas políticos eran la monarquía y la aristocracia, siempre
que quienes gobernasen fueran sabios, es decir, era partidario de una
aristocracia del saber. El problema es que la aristocracia suele degenerar
hasta convertirse en una timocracia. A su vez la timocracia se puede convertir
en una plutocracia donde gobiernan los más ricos. Los excesos de este
sistema conducen por lo general, a una rebelión que hace triunfar la
democracia, pero esta corre el peligro de verse sometida a la manipulación,
de manera que puede acabar convirtiéndose en una tiranía que es el peor
régimen de todos, puesto que el tirano solo gobierna pensando en su propio
interés.
La propuesta política de Platón se apoya en su teoría antropológica y en la
convicción de que una sociedad bien ordenada es aquella en la que reine la
justicia y los gobernantes piensa en el bien común. Esto solo será posible
cuando cada persona se dedique aquello que mejor hace. Puesto que hay
tres tipos de personas distintas, lo mejor es que cada cual se ocupa de las
tareas que son más afines al tipo de alma que predomina en cada uno de
ellos. Así en una sociedad ideal quienes tienen un alma principalmente
apetitiva se ocuparán de cuestiones materiales. Deben dedicarse a
actividades como la agricultura, ganadería, artesanía o comercio. En cambio
los que tienen un alma irascible serán los soldados. Por último, el gobierno de
la ciudad está reservado aquellos en los que prevalezca el alma racional,
porque son los únicos capacitados para comprender en qué consiste el Bien
y la Justicia. Así, el mando político debe confiarse a los filósofos. Una
sociedad justa será aquella en la cual cada persona se dedica a lo que le
corresponde bajo el control de quienes saben que es lo que conviene hacer.
Como no todos los seres humanos están igualmente dotados por naturaleza
ni deben realizar las mismas funciones el Estado se convierte en una
institución pedagógica que ha de formar a sus futuros gobernantes y
ciudadanos. Así Platón, diseña un Estado clasista que se trata de una
aristocracia del saber dónde quienes deben de gobernar han de ser las
personas dedicadas a la filosofía. En La República, Platón da las claves para
el proceso que deben seguir filósofos y filósofas, porque como Pitágoras no
excluye a las mujeres de la educación ni del Estado. En conclusión, la
propuesta política platónica es una utopía (sociedad perfecta), su propuesta
no es descriptiva, sino más bien prescriptiva o normativa.
En la sociedad ideal platónica, las personas no pueden elegir libremente que
dedicarse y solo se admite la intervención en las decisiones a quienes tienen
un alma racional. Esta sociedad es tan estricta que somete a los artistas a
una severa vigilancia puesto que Platón considera que el arte ejerce una
fuerza emotiva sobre las personas que puede llegar a seducirnos y alejarnos
del mundo inteligible.
TEMA 3: ARISTÓTELES
1. CIENCIA Y EL CONOCIMIENTO
Aristóteles, al igual que Platón concibe la ciencia como un conocimiento
universal, estable y necesario. Sin embargo, admite el mundo material dentro
del campo de la ciencia, que define como “conocimiento cierto por causas” y
distingue este conocimiento de la simple opinión. Estos primeros principios de
toda demostración son comunes a todas las ciencias y se conocen bajo la
siguiente formulación: principio de no contradicción, nada puede ser y no-ser
al mismo tiempo; principio de identidad, todo ser es igual a si mismo; principio
de exclusión del término medio entre el ser y el no ser y principio de
causalidad, todo lo que existe es causado. La ciencia aristotélica es un
conjunto de conclusiones demostradas a partir de la experiencia y sobre el
fundamento último de los primeros principios.
Para Aristóteles, demostrar es proceder mediante silogismos. El
conocimiento científico es necesario, universal en el sentido de inmutable y
válido para todos los seres agrupados bajo la misma especie. Aristóteles
agrupó las ciencias en tres grandes familias: especulativas o teóricas (física,
matemáticas y metafísica), prácticas (ética, política, economía) y técnicas o
productivas (el arte, la gramática, etc.) Instrumento de todas las ciencias es la
lógica (analítica), que analiza los procesos de la mente humana en su camino
hacia el conocimiento científico. Se trata por tanto de un estudio preliminar de
todas las ciencias. La lógica considera la forma que debe tener cualquier tipo
de razonamiento que pretende demostrar algo. Analiza sus tres operaciones
básicas: la simple aprehensión que elabora los conceptos que captamos la
naturaleza de las cosas; el juicio que une conceptos según la relación sujeto-
predicado y el razonamiento, camino por el que avanzamos de juicios
conocidos a juicios desconocidos.
Según Aristóteles, hay un modo deductivo de hacer ciencia que consiste en
deducir lo particular de su causa universal. La deducción perfecta es el
silogismo, compuesto por dos premisas y una conclusión. Este sustituye a la
dialéctica platónica como método científico.
Además del silogismo Aristóteles propone la inducción que es el proceso
inverso. Basándonos en este proceso de abstracción inductiva los seres
humanos podemos construir conocimientos generales de carácter universal.
En este sentido Aristóteles define el conocimiento como “ la posesión
intencional de la forma del objeto conocido”. La forma captada no conforma
nuestro cuerpo, sino nuestra facultad de conocer. Así conocer es adquirir
formas. Para formar un concepto, la mente debe llegar a través de las
cualidades sensibles del objeto hasta su misma esencia a partir de las
imágenes sensibles. La propia inteligencia las hace inteligibles a través del
intelecto agente. Existe también el intelecto paciente que es el que recibe las
formas inteligibles y las entiende al verlas iluminadas por el intelecto agente.
Las formas inteligibles captadas por los conceptos tienen las propiedades
que Platón atribuyó a sus Ideas. Aristóteles dirá que las ideas no son innatas,
pues “nada hay en el intelecto que no haya pasado antes por los sentidos”.
Con esta afirmación, Aristóteles se distancia definitivamente de la teoría de la
reminiscencia platónico.
2. LA REALIDAD: METAFÍSICA, FÍSICA Y COSMOLOGÍA
Aristóteles define la filosofía como fundamento de todas las [Link]
filosofía ya no es la dialéctica platónica sino un disciplina científica cuyo
objeto de estudio es el elemento común a toda la realidad: el Ser. Por ello, la
metafísica o filosofía primera es la disciplina que estudia el Ser en su carácter
general y primordial. Desde el punto de vista de Aristóteles, todo ontología
que estudia el Ser, debe tener en cuenta el cambio, como hago constitutivo
de esa realidad. Así con el fin de analizar la realidad y el cambio Aristóteles
llega a la idea de las categorías. Estas se refieren a los diversos predicados
que pueden decirse de un sujeto. Señala 10 categorías de ellas la más
importante es la categoría de sustancia, porque gracias a ésta se realizarán
las otras nueve a las que Aristóteles llama accidentes. Logra explicar que las
cosas no dejan de ser lo que son con los conceptos de sustancia y de
accidentes. Lo explica de esta manera: por un lado, en las cosas está la
sustancia o esencia, que es aquello que no puede cambiar, porque de ser así
la cosa de la que hablamos dejaría de ser lo que es. A diferencia de platón,
Aristóteles sostiene que aquello que permanece a pesar del cambio y que
hace que las cosas sean lo que son no está en otro mundo, sino que está en
las cosas mismas. Por el contrario, los accidentes son aquello que una
sustancia puede ser o no ser, son fortuitos y casuales, y solo puede
realizarse en la sustancia. Las nueve categorías que Aristóteles establece
como accidentes son las siguientes: cantidad, cualidad, relación, lugar,
tiempo, posición, hábito, acción y pasión.
Aristóteles distingue entre sustancia primera y sustancia segunda: la primera
hace referencia a la cosa individual y concreta, que existe, mientras que la
segunda (esencia) se refiere a la especie o el género. De este modo
Aristóteles matiza la teoría de su maestro, puesto que por un lado, la
sustancia primera es lo verdaderamente real, aunque está sujeto a cambios y
por otro lado, las sustancias segundas son una abstracción conceptual que
universaliza la diferencia de estas cosas a partir de sus similitudes; por lo
tanto, lo propio de la sustancia segunda es la permanencia. En conclusión
para Aristóteles en sentido estricto solo existe la sustancia primera, es decir
los individuos y las cosas concretas y, solo porque estas existen, se realiza la
sustancia segunda. En la realidad no pueden separarse, esto solo ocurre en
el entendimiento, porque lo contrario “caeríamos” de nuevo en el dualismo
platónico. Y, ¿cómo es posible el cambio si cambiar supone pasar del No Ser
al Ser y viceversa? Aristóteles consigue responder a esta pregunta
formulando dos conceptos, materia-forma y potencia-acto.
Considera que las cosas han de tener en sí mismas y no fuera de sí, sus
principios. Estos principios son la materia y la forma. La materia es aquello
de lo cual está hecho algo, mientras que la forma es la manera en la que esta
materia está organizada para hacer que ese individuo, sea lo que es. Así el
hilemorfismo es la teoría aristotélica que afirma que la sustancias están
compuestas de materia organizada de una determinada forma. Para
Aristóteles la esencia es la forma.
Además estas sustancias cambian y se mueven. Aristóteles define el
movimiento, el cambio, como el paso de la potencia al acto. Esta definición
no entiende el cambio como el paso del No Ser al Ser, sino que
manteniéndose invariable lo que la cosa es, solo varían los accidentes.
Así entendido, el cambio es la transformación de la cosa.
Los seres individuales son en acto, lo qué son en el presente y son en
potencia lo que está contenido en la materia, pero que aún no ocurre
(probable). Aristóteles distingue dos tipos de cambio: por un lado el cambio
sustancial, aquel que supone una modificación fundamental de una sustancia
(nacimiento y muerte); por otro lado, el cambio accidental, aquel que no
afecta a la sustancia sino a su accidentes. Así pues, para Aristóteles el
movimiento local no es más que un caso específico de cambio accidental.
El análisis del movimiento supone la distinción entre seres inertes y seres
vivos. Los primeros se mueven mecánicamente mientras los seres vivos no
se mueven mecánicamente, sino que llevan en sí la causa de su movimiento
y este está en la forma.
En este punto hemos de distinguir las cuatro causas del cambio: causa
material, elemento concreto que se compone un objeto; causa formal,
estructura que hace que una cosa sea lo que es y no algo distinto; causa
eficiente, es aquello que ha creado el individuo en cuestión; y causa final, que
es el propósito o función que el individuo o la cosa va a cumplir.
La filosofía aristotélica, insiste en que todo lo que existe responde una causa
final. Por eso decimos que la filosofía de Aristóteles es teleológica. el telos
del ser humano es alcanzar la felicidad. Del mismo modo todo lo que hay
está animado por una finalidad concreta que apunta a una meta determinada.
La meta de todos los seres es lograr su máxima perfección, si lo consiguen
pasan a ser entelequias.
Aristóteles concibe a dios como causa primera, principio del movimiento y
ordenador del mundo. Si todo lo que se mueve es movido, no se puede
proceder hasta el infinito en la cadena de motores movidos y Aristóteles
afirma la existencia de un Primer Motor, inmóvil y eterno. Todos los seres
engendrados han requerido una actualización extrínseca, pero una cadena
de seres engendrados no puede ser infinita, pues seguiría siendo inviable, ha
de haber en su origen un Acto Puro, un ser ingenerado e incorruptible. El dios
de Aristóteles no es creador. Con estaa explicación Aristóteles pretende
resaltar la existencia de una fuerza cósmica impersonal, de carácter divino,
perfecto y eterno que impulsa todo cuanto existe, y que es el principio del
movimiento universal.
Por último, nos referiremos finalmente a su cosmovisión para completar su
explicación de la realidad. Aristóteles dividió toda la realidad sensible en dos
mundos integrados por 55 esferas concéntricas: el mundo sublunar y el
mundo celeste. Esta cosmología respeta tres grandes exigencias:
geocentrismo, movimiento circular y uniforme y la existencia del “primer motor”
(Dios). El mundo sublunar, con centro en la Tierra, está integrado por la
superposición de capas de agua, aire y fuego. Se caracteriza por todas las
formas de cambio, entre las cuales predominan la generación y la corrupción.
El mundo celeste se caracteriza concretamente por el movimiento circular y la
imposibilidad de generación ni corrupción. La diferencia entre ambos mundos
es la materia de la que están formados: el mundo sublunar está compuesto
por los cuatro elementos conocidos desde los presocráticos y en cambio, el
mundo celeste está constituido por quinto elemento llamado éter, susceptible
de recibir solo movimiento local. Mientras el movimiento de los cuatro
elementos es rectilíneo y vertical, el del éter es circular.
3. EL SER HUMANO Y LA REALIDAD DEL ALMA.
La física aristotélica dedica una atención especial a los seres animados. Hay
dos clases de sustancias naturales: los seres inertes y los seres vivos. Se
hace la siguiente pregunta fundamental: ¿qué le falta lo inerte para estar vivo?
Para responderlo pone como ejemplo la vela que sigue existiendo cuando se
apaga, en cambio, el cuerpo de un ser vivo no puede existir ni antes de
poseer vida, ni después de perderla. Expresa de forma definitiva: “para los
vivientes vivir es ser”. Entendemos por alma aquello en virtud de lo cual el
viviente realiza sus operaciones propias. Dicho principio, ya no será uno de
los cuatro elementos presocráticos, ni algo contrapuesto al cuerpo, sino la
forma o acto perfecto de un cuerpo natural que tiene la potencia de estar vivo.
De acuerdo con su teoría hilemórfica, la materia de la que estamos hechos es
nuestro cuerpo, mientras que la forma es el alma. Sin embargo, el ser
humano está compuesto por una única sustancia. De acuerdo con Aristóteles,
el cuerpo y el alma forman una unión sustancial inseparable, ya que el cuerpo
es aquello de lo que estamos hechos, mientras que el alma es la
configuración que adopta esta materia para hacer de nosotros eso que
somos. Así está relacionada con nuestra actividad vital e intelectual y de este
modo, la sabiduría es la máxima virtud, porque a través de ella se hace acto
la forma (alma) del ser humano. La visión aristotélica del alma puede
aplicarse otros seres vivos sin embargo, no todos son iguales. Por eso
distinguió tres tipos de vida según las distintas funciones del alma: función
vegetativa, que permite a todos los seres vivos, nutrirse, crecer y
reproducirse; función sensitiva, que hace posible que los animales y las
personas puedan percibir el mundo que los rodea e interactuar con el; y la
función racional, que es exclusiva del ser humano y es la que nos permite
hablar y razonar. De este modo únicamente el alma humana es capaz de
desempeñar las funciones vegetativas, sensitiva y racional. La visión que
tenía Aristóteles acerca del alma tiene otra importante consecuencia: si el
alma está asociada al funcionamiento de un ser vivo, entonces cuando este
se muere, el alma no puede seguir existiendo porque la muerte supone que el
organismo dejado de funcionar. Por tanto, Aristóteles no admite la
preexistencia de las almas ni su transmigración inmortalidad.
4. ÉTICA: LA FELICIDAD, EL BIEN DEL HOMBRE
En Ética a Nicómaco, Aristóteles empieza afirmando que toda acción humana
busca siempre algún bien. A continuación constata que casi todo el mundo
llama a felicidad al máximo bien que se puede conseguir, pero reconoce que
nadie sabe exactamente qué consiste. Todos los seres humanos aspiramos a
ser felices (eudemonía) por lo que la ética aristotélica es eudemonista.
Algunas personas se consideran felices cuando tienen sus necesidades
satisfechas. Sin embargo, Aristóteles pensaba que esa forma satisfacción no
es propia de los seres humanos. Las personas debemos aspirar a una forma
de vida mucho más plena basada en la razón y la prudencia para alcanzar la
felicidad. Además la vida en sociedad es condición necesaria de la existencia
humana y por lo tanto de su felicidad. De todos modos, Aristóteles reconoce
que la felicidad no se puede alcanzar si no se dispone de un mínimo de
bienestar material.
Para entender de forma correcta el eudemonismo aristotélico conviene tener
en cuenta que la felicidad para Aristóteles es una completa forma de vida.
Por ello afirma en varias ocasiones que, paradójicamente, solo podemos
decir que una persona ha sido feliz tras su muerte, cuando podemos
comprobar que, en efecto ha vivido de una forma adecuada. Si de verdad
queremos ser felices tenemos que acostumbrarnos a elegir siempre de un
modo apropiado. Los griegos llamaban areté a esta forma excelente de
comportarse (virtud). Por eso Aristóteles insiste en que para alcanzar la
felicidad tenemos que practicar la virtud.
Aristóteles distinguió dos tipos de virtudes distintas: las virtudes éticas, que
están asociadas al modo en que nos comportamos en relación con los demás
y las virtudes dianoéticas, que están vinculadas al modo en que hacemos uso
de nuestra racionalidad teórica: sabiduría, intuición intelectual, ciencia, arte y
prudencia. Esta última, aunque no es una virtud ética, es de enorme
importancia porque nos ayuda a determinar racionalmente cómo
comportarnos en la práctica, en concreto, cómo elegir el punto medio.
Las virtudes éticas son un hábito selectivo que adquirimos cuando nos
acostumbramos a actuar de forma correcta en nuestra convivencia.
Estas acciones repetidas acaban por convertirse en costumbres que modelan
nuestro carácter y van creando en nuestro interior una inclinación a actuar de
ese mismo modo en el futuro. Así, los hábitos, por ser modos de ser
adquiridos, son como una segunda naturaleza por lo que es importante
escoger bien nuestros hábitos. Asimismo, para elegirlos, debemos elegir
siempre de forma moderada, huyendo las posturas extremas (defecto y
exceso) para encontrar el término medio. De todos modos, ese punto medio
no puede determinarse de manera absoluta porque depende de las
circunstancias. Por tanto, si queremos ser felices, según Aristóteles, tenemos
que aprender a encontrar el punto medio que nos corresponde de acuerdo
con nuestras circunstancias personales. Para elegir bien en cada caso
concreto debemos servirnos de la prudencia, el dominio de lo particular, al
que solo se llega por la experiencia que se adquiere con la edad. La
prudencia ejerce sobre la propia conducta, un control de calidad que obliga a
jugar limpio.
Aristóteles dedicó mucha atención a estudiar con detenimiento las virtudes
éticas más significativas. De entre todas ellas conviene destacar la justicia,
que define como la virtud que consiste en darle a cada uno lo que le
corresponde. Aristóteles distinguió dos formas de justicia: la justicia
conmutativa, que es la que se aplica a los intercambios y exige que haya una
equivalencia entre lo que damos y recibimos, y la justicia distributiva, que es
aquella que hemos de tener en cuenta a la hora de repartir cargas o
beneficios. Lo justo es que aporte más quien más tiene y que reciba más
quien más se lo merece.
Toda acción humana convierte en deudor al sujeto que la realiza, de ahí la
exigencia de vivir constantemente la justicia conmutativa. La distributiva se
trata de un cometido que recae sobre el gobernante y legislador. La
imparcialidad es uno de los rasgos de la justicia distributiva. La parcialidad es
su corrupción. Las leyes son generales, mientras que las acciones son
particulares esto significa que la última palabra sobre la conducta la tiene la
equidad. Esta consiste en tener en cuenta las circunstancias concretas de los
individuos a la hora de aplicar la ley y no hacerlo de manera general.
5. LA POLÍTICA ARISTOTÉLICA.
Frente al punto de vista de los sofistas, Aristóteles defendía el carácter
natural de la sociabilidad humana. La ética aristotélica se guía por el objetivo
de lograr la felicidad, pero los seres humanos solo podemos alcanzar la
felicidad en la práctica aprendiendo a comportarnos adecuadamente en
relación con los demás. Esto se debe a que necesitamos a los demás para
sobrevivir. Aristóteles comparó distintos sistemas de gobierno y llegó a la
conclusión de que todos ellos podían dividirse en dos grupos. Los sistemas
políticos justos, que están orientados a lograr el bien común y son:
monarquías, donde el poder es ejercido por una persona; aristocracia, donde
el poder está controlado por un grupo de individuos; y democracia, donde el
poder está en manos del pueblo y busca el bien común. Y los regímenes
políticos injustos que serían: la tiranía, donde un solo individuo busca el
beneficio personal; oligarquía, el gobierno al servicio de un grupo de
personas; y la demagogia, donde una mayoría ejerce el poder para
beneficiarse. Asimismo, a diferencia de Platón, Aristóteles no creía que
pudiera determinarse una forma ideal de gobierno. Por eso hay ciudades en
las que el mejor sistema de gobierno de la monarquía, la aristocracia o la
democracia. Conviene recordar que una forma de gobierno solo es justa y
legítima cuando se busca el bien común. No obstante, Aristóteles reconoce
que si hubiera que diseñar una forma política preferible a las demás, lo ideal
sería que el Estado tuviese un tamaño intermedio, similar al de la polis
griega, puesto que si es demasiado grande complica su administración y
gobierno y por el contrario, si es demasiado pequeño, el Estado no será
autárquico. Además lo mejor sería establecer un gobierno moderado por eso
lo más aconsejable es que el poder está en manos de la clase media, que es
más justa y equilibrada. Es importante tener en cuenta que para él no todas
las personas somos iguales. Aristóteles creía que algunos seres humanos
son por naturaleza superiores a otros, así lo natural es que los griegos
dominen sobre los bárbaros, la esclavitud sea una realidad natural y los
hombres sean superiores a las mujeres. Debemos tener en cuenta que estas
opiniones, sino que formaban parte de la cultura de su tiempo. Lo que
sorprende no es que Aristóteles defienda estas ideas, sino más bien que
Platón, propusiera en La República la igualdad entre ambos géneros para
organizar su ciudad ideal.
TEMA 4: AGUSTÍN DE HIPONA
1. EL CONOCIMIENTO
Agustín de Hipona busca la verdad eterna, necesaria e inmutable y rechaza
el conocimiento mudable que ofrecen los sentidos. La verdad suprema es
llegar al conocimiento de Dios y esta verdad solo es accesible a través de la
iluminación divina. Rechazó la reminiscencia platónica y la idea de la
transmigración de las almas y añadió que el camino para alcanzar la verdad
implica un proceso de introspección. Considero que la razón y fe se
complementan, porque la razón debe conducir a la fe y a su vez la fe ilumina
la razón. Sin embargo, la razón está supeditada a la fe.
Diferencia dos niveles de conocimiento: un nivel inferior que corresponde al
conocimiento sensible de los objetos del mundo físico, mutables y
contingentes. Afirma que la sensibilidad es una actividad del alma, excitada
por los sentidos. Y un nivel superior, la aprehensión de las verdades
inmutables. Estas verdades coinciden con las Ideas platónicas, que para
Agustín están en la mente Dios, que ilumina nuestra inteligencia para que
captemos estas verdades eternas mediante el proceso de introspección.
2. LA REALIDAD: DIOS Y LA CREACIÓN
Agustín de Hipona sostuvo que la creación debía darse de la nada, porque,
de lo contrario, habría que admitir que Dios se limitó a dar forma a una
materia preexistente y eterna. De esta forma, cambian los conceptos griegos
del demiurgo y la emanación por el concepto bíblico de la creación a partir de
la nada. El ejemplarismo defiende que las Ideas se encuentran como
modelos en la mente de Dios antes de crearlas, así las cosas contingentes
pueden existir porque participan del ser de Dios y encuentran en Él su razón
de ser.
Dios crea el universo a partir de las Ideas consideradas como rationes
seminales. En este sentido, afirmó que Dios está fuera del tiempo, porque al
crear el mundo también creó el tiempo. Por último sostuvo que no es
necesario demostrar la existencia de Dios porque es una evidencia, de ahí
que todos los pueblos de la Tierra tengan creencias religiosas.
3. ÉTICA: EL MAL Y LA LIBERTAD
La ética de Agustín de Hipona es eudemonista, pues el último fin del ser
humano es la felicidad, entendida como encuentro con Dios. La teoría moral
depende de cómo se dirige la voluntad en relación a esa felicidad: puede
acercarse a Dios actuando rectamente o puede separarse de él, eligiendo el
camino del pecado. Esto plantea dos cuestiones: ¿por qué existe el mal en el
mundo? y ¿por qué Dios lo crea con la capacidad de elegir el camino que lo
aleja de Él? Agustín responde estas dos preguntas: identifica el mal como
privación del bien. Inspirado por la doctrina neoplatónica y contra el
maniqueísmo, identifica “ser” y “bien”. Igual que no existe el “no ser” tampoco
existe el “mal”, de tal forma que todo ser es necesariamente bueno. Solo hay
distintos grados de ser en función de la cercanía a Dios. Por tanto, el mal no
es causa de Dios, sino de la acción humana del pecado.
Para actuar correctamente el ser humano necesita de la voluntad, pero esto
no es suficiente para hacer el bien, se necesita combinarla con la
racionalidad para poder alcanzarlo. Para Agustín esta capacidad queda
anulada por el pecado original que nos impide encontrar el bien por nosotros
mismos. Las normas morales son leyes divinas, eternas y perfectas, mientras
que el ser humano no lo es. Para conocerlas y actuar conforme a ellas
necesitamos que Dios ilumine el alma indicándole el camino correcto, esto es
lo que Agustín denomina la gracia. En definitiva, Agustín de Hipona, defiende
que el mal no es una entidad, y que Dios como Bien Bupremo no puede ser
su causa.
4. POLÍTICA: LA CIUDAD DE DIOS
La teoría agustiniana del tiempo se relaciona con el concepto de historia y la
doctrina de la salvación. Establece un paralelismo entre los seres humanos
que se aman asi mismos y los que aman a Dios. Los primeros pertenecen a
la ciudad terrenal y los segundos a la ciudad de Dios. La ciudad terrena,
fundada por Caín, tiene como objetivo obtener bienes temporales como la
paz. Se identifica con la ciudad de Babilonia y está representada por el
Estado. La ciudad de Dios fundada por Abel, desarrolla sobre la tierra el
cuerpo de Cristo y se identifica con la ciudad de Jerusalén. Está representada
por la Iglesia. A través de la coexistencia de las dos ciudades Agustín trata de
armonizar la autoridad religiosa con el poder terrenal y político. Dentro de las
dos instituciones, la Iglesia es la única perfecta y es por eso superior al
Estado. La defensa de esta teoría dará lugar al llamado agustínismo político,
según el cual el poder de la espada (Estado) debe someterse al poder de la
cruz (Iglesia). Para Agustín de Hipona el final de la historia llegará cuando se
separen ambas ciudades y se alcance el triunfo definitivo de la ciudad de
Dios. Agustín fue el primero en comparar el tiempo histórico, con una flecha
que avanza hacia delante como una sucesión de hechos irreversibles e
irrepetibles. Esta concepción rectilínea del tiempo procedía de la cultura
hebrea. Se basa en la idea de un sentido único del tiempo que ha de
realizarse a lo largo de la historia con esta tesis es la primera vez que la
filosofía occidental trata el problema de la historia desde una concepción
rectilínea y finalista del tiempo.
TEMA 5: TOMÁS DE AQUINO
1. EL CONOCIMIENTO
La teoría del conocimiento De Tomás de Aquino es empirista y sostiene que
nuestro conocimiento parte siempre de los sentidos. Por tanto Tomás sigue
Aristóteles y se opone a platón sostiene que el origen de todos nuestros
conocimientos está en la experiencia sin embargo, no se queda ahí ya que a
partir del conocimiento sensible de los seres particulares y concretos, el
entendimiento humano tiene la capacidad de ir más allá para adquirir un
conocimiento de las esencias universales a través del proceso de abstracción,
a través de los órganos de los sentidos que captamos la realidad sensible.
Obtenemos así la imagen particular que se almacena en la imaginación o
memoria sobre esa imagen actúa el entendimiento agente despojándolo de
sus elementos individuales y elaborando una representación general. Esta
representación general pasa al entendimiento paciente que la recibe
produciendo el concepto. La función de entendimiento paciente es conocer el
universal abstraído por el entendimiento agenteEl conocimiento se origina a
partir de la experiencia de unos límites que marca la propia experiencia por
ellos sobre la realidades inmateriales y dios solo se puede tener un
conocimiento imperfecto. Aquino afirma que tanto la fe como la razón son
fuentes de conocimiento y da lugar a dos ciencias, la teología revelada y la
filosofía, respectivamenteA partir del siglo XI, esa concepción la concepción
de la relaciones entre fe y razón entra en crisis y comienzan a surgir disputas
entre los que otorgan primacía a la fe sobre la razón y los que hacen
justamente lo contrario Tomás en el siglo XIII armonizar la razón y la fe,
manteniendo una posición que afirma la autonomía de la razón frente a la feY
la imposibilidad de contradicción entre ellas ya que la verdad solo es uno
según Tomás existe un conjunto de verdad es que son comunes a la razón y
a la fe es decir se conocen por fe, pero también pueden demostrarse
racionalmente y son las siguientes los preámbulos de la fe, como la
existencia de dios, omnipotencia, etc. y los artículos de fe que son verdades
solo conocidas por revelación, como por ejemplo la Trinidad divina divinaSu
posición conciliadora se manifiesta también en su defensa de la colaboración
entre la razón y la fe. Por un lado, la razón de ayudar a la fe, proporcionando
los procedimientos de ordenación armas dialécticas para defender los
artículos de fe y haciendo ver que sean al menos creíbles. Por otro lado, la fe
de ayuda la razón adelantándose a esta, pues solo con la razón es muy
costoso y lento llegar a la verdad confirmando con la autoridad divina, lo que
descubre la razón y sirviéndole de criterio extrínsecoDale al hombre que debe
revisar sus posiciones filosóficas y le llevan a conclusiones contrarias a la fe,
pues ellos prueba de que esté equivocado en definitiva se debe encontrar la
concordancia entre la razón y la fe. El metodológicos de la filosofía puede
apoyar a la fe en su comprensión de la verdad revelada así la filosofía es
esclava de la Teología.
2. LA REALIDAD Y EL PROBLEMA DE DIOS.
La ontología tomista, está basada, por una parte, en la revelación y por otro
lado, en la teoría hilemórfica, entre otras, según la cual todas las sustancias,
salvo Dios, son un compuesto de dos elementos, la materia y la forma o
esencia y la teoría de la potencia y el acto, según la cual todas las sustancias,
salvo Dios, son un compuesto de acto y potencia. Tomás de Aquino
establece tal y como exige la revelación que el mundo fue creado por Dios a
partir de la nada y que existe una diferencia radical entre Dios y todas las
criaturas: Dios eso es absolutamente necesario, existe y no puede no existir,
mientras que todos los demás seres son contingentes. Tomás añade a las
distinciones que Aristóteles había establecido en los seres, materia-forma
potencia-acto, una distinción más, esencia-existencia. En todos los seres,
salvo Dios, se distingue la esencia, esta es contingente y es preciso que algo
o alguien la haga existir, actualizando su potencialidad. Ese algo es Dios y es
libre de dar o no dar la existencia a las criaturas. Al demostrar que Dios es
causa todo cuanto existe, ha demostrado que Dios ha creado el mundo a
partir de la nada. Ese acto de creación ha sido un acto totalmente libre, pues
de lo contrario sería minimizar la perfección divina. Dios además es causa de
la duración del mundo, pues lo conserva por medio de una creación continua
a la que llamamos providenca.
Demostrar que dios existe es necesario, ya que no es una verdad evidente ni
tampoco una idea innata. La teoría del conocimiento de Tomás hace posible
esa demostración. Las cinco vías constituyen el procedimiento utilizado por
Tomás para demostrar la existencia de dios. Las cinco presentan la misma
estructura: parten de un hecho de experiencias, se recurre al principio de
causalidad, se niega la posibilidad de una serie infinita de causas
subordinadas entre sí, y se afirma una primera causa incausada y se
identifica con el dios cristiano de la revelación.
Las cinco vías son: vía del movimiento, que va desde el movimiento que
observamos en el mundo hasta el motor inmóvil, que es Dios; vía de la
causalidad eficiente, va desde las causas productoras subordinadas que son
a su vez causadas, hasta la primera causa incausada, que es Dios; vía de la
contingencia, va desde la contingencia que observamos en las criaturas
hasta al ser necesario, que es Dios; vía de los grados de perfección, va
desde la mayor o menor perfección que observamos en las criaturas hasta el
ser sumamente perfecto, que Dios; y por último, la vía de la finalidad o del
orden cósmico va desde el orden que observamos en el mundo hasta la
suprema inteligencia ordenadora, que Dios. El conocimiento que el ser
humano puede tener de la esencia divina, es imperfecto e ilimitado, puesto
que dios es infinito y el entendimiento humano es finito. Los atributos divinos
pueden ser conocidos a través de dos vías: vía de la negación, que consiste
en negar de Dios todos aquellos atributos imperfectos que observamos en las
criaturas y la vía de la eminencia, que consiste en predicar de Dios todos
aquellos atributos positivos que predicamos de las criaturas, pero en grado
sumo o eminente.
3. EL SER HUMANO
La antropología de Tomás de Aquino está basada en la de Aristóteles. El ser
humano es una sustancia compuesta de materia y forma. Ambos elementos
son inseparables. En el alma humana racional se integran las capacidades
del alma vegetativa, propia de las plantas, y del alma sensitiva, propia de los
animales. Sin embargo, Tomás tiene que firmar la inmortalidad del alma que
Aristóteles había negado. Para que el alma puede existir por sí misma una
vez que el cuerpo ha muerto, Tomás tiene que admitir que por sí sola
constituye una sustancia que subsiste a la muerte del cuerpo y es
incorruptible.
El alma opera a través de sus cinco potencias: potencia vegetativa, que
pertenece al nivel más ínfimo de la vida y se da en las plantas, potencia
sensitiva que refiere a los cinco sentidos externos y los cuatro internos;
potencia apetitiva, que son las tendencias instintivas de los animales y del ser
humano; potencia locomotiva, que se refiere a todo lo relativo al movimiento;
y potencia intelectiva, donde reside en la capacidad de pensar y la voluntad.
Para Tomás de Aquino, la materia se concreta por el alma, haciendo que
cada persona tenga un cuerpo único que constituye una unión sustancial que
será recuperada en la resurrección. Estos aspectos complementan nuestra
identidad, aquello que nos hace seres únicos y que es el principio de
individuación. Este concepto niega que el individuo particular es mortal y que
lo que sobrevive es una inteligencia general de la humanidad. Frente a esto,
Tomás de Aquino concibe al ser humano concreto, definido por el principio de
individuación, como criatura creada de dios y que sobrevivirá como unidad de
cuerpo y alma tras su muerte.
4. ÉTICA: LA LEY NATURAL.
La ética de Tomás de Aquino adapta la ética de Aristóteles a la teología
cristiana. Para Tomás el fin que el ser humano persigue es también la
felicidad, pero esta consiste en la contemplación de dios, algo que solo se
consigue plenamente en la vida futura. Aunque la felicidad plena no pueda
alcanzarse en esta vida mortal, cada uno debe dirigir a ese fin todos sus
actos.
Esto significa que obrar bien consistirá en obrar orientándonos hacia Dios
para conseguir ese objetivo. El ser humano debe cumplir los preceptos de la
Ley Natural. La Ley Natural es la parte de la Ley Eterna referida
específicamente al ser humano, y la Ley Eterna es la ley con la que Dios
gobierna el mundo. Los preceptos de la Ley Natural se pueden conocer a
través de la razón, pues coinciden con las tendencias naturales del ser
humano. Estas tendencias naturales y los preceptos que ella se derivan son:
de la tendencia natural, que compartimos con todos los seres, a conservar
nuestra vida se deriva que es bueno todo lo que conserva la vida y malo lo
que la acaba. De la tendencia, que compartimos con los animales, a procrear
y cuidar de la prole se deriva el precepto de hacer lo propio con nuestros
hijos; y de la tendencia, exclusivamente humana, al conocimiento se deriva el
precepto de buscar la verdad y especialmente la suma verdad, que es Dios.
Las normas de la Ley Natural son universales, eternas e inmutables. Por otra
parte, aunque la Ley Natural se obtiene a partir del análisis racional de las
tendencias naturales del hombre, Dios decidió que se expresase
positivamente por medio de la Revelación, en forma de los Diez
Mandamientos.
5. POLÍTICA: SOCIEDAD Y ESTADO.
Inspirado en Aristóteles establece que, el ser humano es sociable por
naturaleza y que solo en sociedad alcanza a desarrollarse plenamente como
ser humano. Además, hace notar su preferencia por la monarquía y la
aristocracia, pero debe añadir a todo esto que el Estado debe subordinarse a
la Iglesia y permitir todo aquello que conduzca el ser humano hasta Dios y
prohibir todo aquello que le aleje de Dios. Para ello el buen gobierno dicta la
Ley Positiva, que es el conjunto de leyes con las que los hombres regulan su
convivencia en sociedad y que debe basarse en la Ley Natural. No puede
nunca entrar en contradicción con ella. Por lo tanto, la política debe basarse
en la religión.