Laborem20 191 233
Laborem20 191 233
I. INTRODUCCIÓN
(1) Profesor ordinario del Departamento Académico de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú.
Miembro de la Sociedad Peruana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social. [email protected]
(2) Además de la Constitución, citamos las normas con rango de Ley: la Ley (aprobada por el Congreso
de la República y promulgada por el Poder Ejecutivo), los decretos legislativos (dictados por el Poder
Ejecutivo con base en la delegación de la atribución legislativa efectuada por el Congreso de la República
y sometidos, respecto a su promulgación, publicación, vigencia y efectos, a las mismas normas que
rigen para la Ley) y los decretos leyes (aprobados por los gobiernos de facto). Y también, los decretos
y resoluciones: los decretos supremos (en lo formal, las normas de mayor jerarquía dictadas por el
órgano ejecutivo, dadas y aprobadas por el Presidente de la República, firmadas por él y al menos por
un Ministro de Estado) y las resoluciones supremas (normas dadas por uno o más Ministros de Estado
con el visto bueno del Presidente de la República).
191
Sociedad Peruana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social
(3) Cfr. PLÁ RODRÍGUEZ, Américo, Curso de Derecho Laboral. Conflictos Colectivos, Montevideo, Edi-
torial Idea, 2001, tomo IV, volumen 2, p. 11. También: PLÁ RODRÍGUEZ, Américo, Estudio preliminar.
En: DE BUEN, Néstor (coordinador), A solução dos conflitos trabalhistas. Perspectiva Ibero-americana,
São Paulo, LTr, 1986, p. 10.
(4) Cfr. PASCO COSMÓPOLIS, Mario, Fundamentos del Derecho Procesal del Trabajo, Lima, Aele, 1997,
p. 20.
(5) Ibíd., p. 22.
(6) El Diccionario de la Lengua Española brinda la definición siguiente: “Conflicto colectivo. En las relaciones
laborales, conflicto que enfrenta a los trabajadores, a través de sus representantes, con los empresarios.
Afecta a una empresa o a un sector económico y su resolución tiene efectos generales” (REAL ACA-
DEMIA ESPAÑOLA, Diccionario de la Lengua Española, Madrid, Espasa, 2014, 23ª edición, Edición
del Tricentenario). A su vez, la legislación establece: “Conflictos colectivos laborales: Son aquellos
conflictos de intereses sobre un determinado bien jurídico o cuando se produce incertidumbre jurídica
en torno al reconocimiento o vigencia de un derecho” [Directiva 5-2012-MTPE/2/14 (punto V.5.1.d),
aprobada por la Resolución Ministerial 76-2012-TR del 5 de marzo de 2012].
(7) “Las controversias jurídicas o de derecho o de aplicación se refieren a la interpretación y aplicación de
un derecho nacido y actual, importando poco que tenga su fuente en una prescripción formal de la Ley
o en una disposición de un convenio individual o colectivo. Las económicas o de interés o de revisión
no versan sobre la interpretación de un derecho adquirido, fundado en la Ley o el contrato, sino que son
reivindicaciones que tienden a modificar un derecho existente o crear un derecho nuevo. En las primeras
se busca aplicar la norma, ante un incumplimiento o violación; de allí que modernamente se las denomine
precisamente controversias de aplicación; en las segundas, se busca revisarla y sustituirla, por lo que en
la actualidad s las llama controversias de revisión. En aquellas, la norma es el punto de partida; en estas,
es la meta, el punto de llegada. En las jurídicas, se busca mantener el status quo normativo, alterado por
una infracción, mientras en las económicas se pretende sustituirlo por otro, normalmente más favorable
a los trabajadores. [ ] Es decir, en el primero [el conflicto de derecho] la mirada es retrospectiva y apunta
a la norma preexistente; en el segundo [el conflicto de interés], se mira hacia adelante a la norma que
192
Revista Laborem Nº 20
está por nacer” (PASCO COSMÓPOLIS, Mario, op. cit., pp. 23-24). “Conflicto colectivo de intereses
es el relacionado con el establecimiento de un derecho, o la modificación disminución, o supresión de
uno existente. Los vinculados a la aplicación o interpretación de un derecho constituyen los llamados
conflictos de derecho. Estos deben ser resueltos conforme a derecho, y los primeros, según criterios
sociales y económicos” (MORGADO VALENZUELA, Emilio, Medios de solución de los conflictos
colectivos de intereses en el sector privado, en “Congreso Internacional de Derecho Procesal del Trabajo.
Cusco - Perú, 1997, 30 de abril, 1 y 2 de mayo. Exposiciones y ponencias”, Lima, Sociedad Peruana de
Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social, 1997, p. 247.
(8) A decir de Pasco la distinción entre las controversias jurídicas colectivas y las controversias jurídicas
individuales “es tan sutil e imperceptible que en realidad no existiría. El pretendido carácter colectivo
de una reclamación en que se exige el respeto de una norma preexistente en nada modifica la naturaleza
intrínseca del litigio y en nada influye para su tratamiento procesal; no pasaría de ser una distinción
puramente teórica que por no trascender hacia medida alguna de orden práctico es conveniente superar,
siquiera por razones didácticas” (ibíd., pp. 24-25). En su opinión, “la única especie propia de controversia
jurídica colectiva es la denominada por el derecho brasileño controversia de interpretación: aquélla en la
que, existiendo duda sobre los alcances de una convención colectiva o sentencia normativa, vale decir,
sobre la aplicación de la misma, la sentencia que se expide es también normativa, con efecto erga omnes.
A partir de una controversia jurídica, los efectos del fallo son normativos, crean derecho. Salvo en este
ejemplo, propio y privativo del derecho brasileño, no encontramos otros casos que permitan diferenciar
esencialmente entre la controversia jurídica individual y la colectiva” (ibíd., p. 27). Ello no obstante, la
legislación patria reconoce expresamente los conflictos colectivos jurídicos; así, por ejemplo, el artículo
II del Título Preliminar de la Ley 29497, Nueva Ley Procesal del Trabajo, de manera general, establece:
“Ámbito de la justicia laboral. Corresponde a la justicia laboral resolver los conflictos jurídicos [ ]. Tales
conflictos jurídicos pueden ser individuales, plurales o colectivos [ ]”. En adelante y para referirnos a
la “Nueva Ley Procesal del Trabajo”, usamos las siglas NLPT.
(9) WALKER ERRÁZURIZ, Francisco, Derecho de las Relaciones Laborales. Un derecho vivo, Santiago,
Editorial Universitaria, 2003, p. 567.
(10) Cfr. PASCO COSMÓPOLIS, Mario, op. cit., p. 24, nota 3. Por cuanto toca a los conflictos colectivos,
los jurídicos y los económicos “tienen una naturaleza diferente que gravita inevitablemente en la for-
ma de solucionarlos” [PLÁ RODRÍGUEZ, Américo, Medios de solución de conflictos. En: ERMIDA
URIARTE, Óscar y OJEDA AVILÉS, Antonio (coordinadores), El Derecho Sindical en América Latina,
Montevideo, Fundación de Cultura Universitaria, 1995, p. 261].
193
Sociedad Peruana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social
Los “extra-procesos”
(11) Ley 29497, Nueva Ley Procesal del Trabajo, sexta disposición complementaria: “Las controversias
jurídicas en materia laboral pueden ser sometidas a arbitraje, siempre y cuando el convenio arbitral
se inserte a la conclusión de la relación laboral y, adicionalmente, la remuneración mensual percibida
sea, o haya sido, superior a las setenta (70) Unidades de Referencia Procesal (URP)”. En el año 2016, la
Unidad de Referencia Procesal (URP) equivale a S/. 395,00; por tanto, 70 URP son S/. 27 650,00; unos
$ 8 430,00, aproximadamente (tipo de cambio: S/. 3,28). En adelante y para referirnos a la “Nueva Ley
Procesal del Trabajo”, usamos las siglas NLPT.
(12) PLÁ RODRÍGUEZ, Américo, Curso…, cit., p. 36. También: PLÁ RODRÍGUEZ, Américo, Estudo pre-
liminar..., cit., p. 25. El mismo autor asevera: “Los jueces están acostumbrados a resolver los problemas
en función de las normas existentes. No tienen el hábito de la creación de soluciones distintas a aquellas
que derivan de las normas y que provienen de razones de mérito o de conveniencia” (lugares citados).
194
Revista Laborem Nº 20
(13) Los “extra-procesos” están regulados por la Directiva 5-2012-MTPE/2/14, «Lineamientos para la inter-
vención administrativa en conflictos laborales colectivos: los llamados “extraproceso”, la preferencia
por el arbitraje potestativo y la intervención resolutoria como facultad excepcional”, formulada el 2 de
diciembre de 2011 por la Dirección General de Trabajo del MTPE y aprobada por la Resolución Minis-
terial 76-2012-TR del 5 de marzo de 2012.
(14) Las reuniones extra-proceso están reguladas por la Directiva 5-2012-MTPE/2/14, “Lineamientos para
la intervención administrativa en conflictos laborales colectivos: los llamados “extraproceso”, la prefe-
rencia por el arbitraje potestativo y la intervención resolutoria como facultad excepcional”, formulada
el 2 de diciembre de 2011 por la Dirección General de Trabajo del MTPE y aprobada por la Resolución
Ministerial 76-2012-TR del 5 de marzo de 2012.
195
Sociedad Peruana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social
La huelga
Análogamente, aunque la huelga puede ser usada a manera de presión para
la adopción de acuerdos(15) y sin dejar de reconocer su carácter “trivalente” –se-
gún explicaba Óscar Ermida Uriarte(16)–, nos permitimos no considerarla entre
los medios de solución de los conflictos de trabajo(17). En sí misma, la huelga es
(15) “() la huelga procura “forzar” el surgimiento de una fórmula que solucione un conflicto. Desde ese
punto de vista, la negociación no resulta “asistida” sino que “promovida” activamente por la huelga»
(MORGADO VALENZUELA, Emilio, op. cit., p. 248).
(16) “En realidad, la huelga es ‘o puede ser’ cualquiera de esas tres cosas, y aún las tres a la vez: un medio de
acción sindical o gremial, un conflicto colectivo de trabajo, y una forma de solucionar el conflicto”. “( )
en definitiva, la huelga tendría esta trivalencia de ser un medio de acción sindical o gremial, el principal
de los conflictos colectivos de trabajo y, al mismo tiempo, uno de los medios de solución del conflicto
colectivo”. (ERMIDA URIARTE, Óscar, Apuntes sobre la huelga, Montevideo, Fundación de Cultura
Universitaria, 1996, pp. 16 y 17).
(17) En esto, nos alineamos con el parecer de PLÁ RODRÍGUEZ, quien en un importante estudio sobre los
medios de solución de conflictos en el contexto del Derecho Sindical en América Latina aclaraba prelimi-
narmente: “No incluiremos, en cambio, el vasto tema de la reglamentación de la huelga y del lock out, de
su conceptualización y de sus consecuencias porque entendemos que no constituyen medios de solución
sino medios de lucha” (PLÁ RODRÍGUEZ, Américo, Medios de solución , cit., loc. cit.). Al respecto,
estimamos revelador que Rafael F. ALBURQUERQUE, Néstor DE BUEN, Wagner D. GIGLIO, Alfredo
MONTOYA MELGAR, Rolando MURGAS TORRAZZA, Mario PASCO COSMÓPOLIS y Américo
PLÁ RODRÍGUEZ, hayan publicado: primero, La solución de los conflictos de trabajo “Perspectiva
Iberoamericana (México, STPS, 1985, dos tomos); y varios años después, con Mario ACKERMAN y
Emilio MORGADO VALENZUELA “el reconocido Grupo de los Nueve””, La huelga en Iberoamérica
(Lima, Aele, 1996).
196
Revista Laborem Nº 20
(18) ERMIDA URIARTE apuntaba: “( ) una vez desencadenada, la huelga es un conflicto. La huelga es el
típico conflicto colectivo del trabajo. El más típico de todos, y el más grave; puede haber muchos otros
conflictos, pero cuando hablamos de los conflictos del trabajo, casi siempre estamos hablando de la
huelga; ella es, sin duda, un conflicto colectivo, el principal de los conflictos colectivos” (ibíd., p. 16).
(19) El artículo 68 de la Ley de Relaciones Colectivas de Trabajo es asaz elocuente: “Cuando una huelga se
prolongue excesivamente en el tiempo, comprometiendo gravemente a una empresa o sector productivo,
o derive en actos de violencia, o de cualquier manera, asuma características graves por su magnitud
o consecuencias, la autoridad administrativa promoverá el arreglo directo u otras formas de solución
pacífica del conflicto ( )”.
(20) En adelante y para referirnos a la “Ley de Relaciones de Trabajo”, usamos las siglas LRCT. En el texto,
cualquier alusión a ella corresponde al “Texto Único Ordenado de la Ley de Relaciones Colectivas de
Trabajo”, aprobado por el Decreto Supremo 10-2003-TR del 30 de setiembre de 2003.
(21) Decreto Supremo 11-92-TR del 14 de octubre de 1992 (corregido por dos fe de erratas, publicadas los
197
Sociedad Peruana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social
personas que prestan servicios en las entidades públicas del Estado comprendi-
das en la Ley 30057, Ley del Servicio Civil(22), por esta(23) y su Reglamento(24).
En ambos casos y especialmente con relación al arbitraje y de manera supletoria,
por el Decreto Legislativo 1071(25).
En este ámbito, no juzgamos imperativamente aplicables la Ley de Conci-
liación(26) y su Reglamento(27): primero, debido al carácter especial que reviste la
LRCT frente al carácter general que tiene la Ley de Conciliación; y segundo, por-
que la Ley de Conciliación y su Reglamento fijan intrínsecamente el “marco norma-
tivo de la conciliación extrajudicial”(28) –y como ya tenemos dicho, la legislación
peruana no prevé la solución judicial de los conflictos colectivos económicos–(29).
Al margen de cuál sea el medio utilizado, deben observarse ciertos princi-
pios y el derecho de información.
días 24 y 28 de octubre de 1992) y normas modificatorias (Decretos Supremos 9-93-TR del 7 de octubre
de 1993, 13-2006-TR del 7 de julio de 2006, 14-2007-TR del 28 de junio de 2007, 24-2007-TR del 27
de octubre de 2007 y 14-2011-TR del 16 de setiembre de 2011). En adelante y para referirnos a aquel,
usamos simplemente la palabra “Reglamento”.
(22) En adelante y para referirnos a la “Ley del Servicio Civil”, usamos las siglas LSC. Se ha cuestionado
su constitucionalidad.
(23) Respecto a las personas que prestan servicios en las entidades públicas del Estado, sin embargo, “se
aplica supletoriamente lo establecido en el Texto Único Ordenado de la Ley de Relaciones Colectivas de
Trabajo ( ) en lo que no se oponga a lo establecido en la presente Ley [del Servicio Civil]” [Ley 30057,
Ley del Servicio Civil, art. 40 (segundo párrafo)].
(24) Aprobado por el Decreto Supremo 40-2014-PCM del 11 de junio de 2014.
(25) El artículo 4 de la Resolución Ministerial 284-2011-TR del 23 de setiembre de 2011 dispone expresa-
mente: “Aplicación supletoria en el procedimiento arbitral. En el arbitraje de negociaciones colectivas
es aplicable supletoriamente el Decreto Legislativo Nº 1071 Norma que regula el arbitraje, y sus normas
modificatorias, en lo que resulten aplicables con su naturaleza”. Por su parte, el artículo 77 del Reglamento
de la LSC señala explícitamente: “Aplicación supletoria de normas sobre arbitraje: Las disposiciones
del Decreto Legislativo No 10761 y las normas sobre arbitraje contenidas en el Texto Único Ordenado
de la Ley de Relaciones colectivas de Trabajo, aprobado mediante Decreto Supremo Nº 010-2003-TR y
e su Reglamento se aplican según su naturaleza de manera supletoria y complementaria en aquello no
previsto en la Ley Nº 30057 y en este reglamento, y siempre que aquellas no se opongan al sentido de
lo establecido en el presente Reglamento”.
(26) Ley 26872, modificada por el Decreto Legislativo 1070 y la Ley 29876.
(27) Aprobado por el Decreto Supremo 14-2008-JUS del 29 de agosto de 2008, modificado por el Decreto
Supremo 6-2010-JUS del 5 de mayo de 2010.
(28) Decreto Legislativo 1070, tercer párrafo de la fórmula introductoria utilizada para su promulgación.
(29) En línea con lo planteado en este párrafo, adviértase que la Ley de Conciliación regula claramente una
conciliación dirigida a evitar reclamaciones judiciales: institucionaliza y desarrolla la conciliación como
“mecanismo alternativo de solución de conflictos” (art. 1), pero refiere expresamente el acudimiento de
las partes “ante un Centro de Conciliación Extrajudicial a fin [de] que se les asista en la búsqueda de una
solución consensual al conflicto” (art. 5); crea un procedimiento conciliatorio que “se realiza de modo
independiente de aquel que regula el Código Procesal Civil” (Ley de Conciliación, sétima disposición
complementaria y final), instaurado este como una fase de un proceso judicial; y define precisamente el
“principio de economía”, merced al cual dicho procedimiento “está orientado a que las partes ahorren
tiempo y costos que les demandaría involucrarse en un proceso judicial” (Reglamento de la Ley de
Conciliación, art. 2 inciso i).
198
Revista Laborem Nº 20
(30) Respecto a la conciliación: LRCT, art. 59 (segundo párrafo); Reglamento de la LSC, art. 72 (sexto párrafo).
(31) Respecto al arbitraje: LRCT, art. 64 (tercer párrafo); Reglamento, art. 55 (cuarto párrafo).
(32) PLÁ RODRÍGUEZ, Américo, Curso…, cit., p. 17. También: PLÁ RODRÍGUEZ, Américo, Estudo
preliminar..., cit., p. 13.
(33) LRCT, art. 54: “Las partes están obligadas a negociar de buena fe y a abstenerse de toda acción que
pueda resultar lesiva a la contraria, sin menoscabo del derecho de huelga legítimamente ejercitado”.
(34) Reglamento, art. 61-A.
(35) El artículo 1 de la Resolución Ministerial 284-2011-TR del 23 de setiembre de 2011 establece:
- Actos de mala fe en la negociación.
- Las partes están obligadas a negociar de buene fe y a abstenerse de toda acción que pueda resultar
lesiva a la parte contraria, sin menoscabo del derecho de huelga legítimamente ejercitado.
- Constituyen actos de mala fe en la negociación colectiva, los siguientes:
a) Negarse a recibir el pliego que contiene el proyecto de convenio colectivo de la contraparte,
salvo causa legal o convencional objetivamente demostrable. Asimismo, la negativa a recibirlo a
través de la Autoridad Administrativa de Trabajo;
b) Negarse a proporcionar la información necesaria sobre la situación económica, financiera,
social y demás pertinentes de la empresa en la medida en que la entrega de tal información no sea
perjudicial para esta;
c) Negarse a entregar la información acordada por las partes o precisada por la Autoridad Admi-
nistrativa de Trabajo:
d) No guardar reserva absoluta sobre la información recibida siempre que la misma no sea de
carácter público;
“e) Negarse a recibir a los representantes de los trabajadores o a negociar en los plazos y oportu-
nidades establecidas en la Ley de Relaciones Colectivas de Trabajo y su Reglamento;
f) Ejercer presión para obtener el reemplazo de los integrantes de la representación de los trabaja-
dores o del empleador;
g) Ejercer fuerza física en las cosas, o física o moral en las personas, durante el procedimiento de
negociación colectiva;
“h) Los actos de hostilidad ejercidos contra los representantes de los trabajadores o los trabajadores
afiliados al sindicato;
i) El incumplimiento injustificado de las condiciones acordadas por las partes para facilitar la
negociación;
199
Sociedad Peruana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social
j) Cualquier práctica arbitraria o abusiva con el objeto de dificultar, dilatar, entorpecer o hacer
imposible la negociación colectiva;
k) Ejecutar actos de injerencia sindical, tales como intervenir activamente en la organización de
un sindicato; ejercer presiones conducentes a que los trabajadores ingresen a un sindicato determi-
nado; discriminar entre los diversos sindicatos existentes otorgando a unos y no a otros, injusta y
arbitrariamente, facilidades o concesiones extracontractuales; o condicionar la contratación de un
trabajador a la firma de una solicitud de afiliación a un sindicato o de una autorización de descuento
de cuotas sindicales por planillas de remuneraciones; y,
l) Discriminar entre trabajadores con el fin exclusivo de incentivar o desestimular la afiliación o
desafiliación sindical.
“Los actos de mala fe enunciados en los literales anteriores no constituyen una lista taxativa.
“[…]”.
(36) El artículo 55 de la LRCT indica: “A petición de los representantes de los trabajadores, los empleadores
deberán proporcionar la información necesaria sobre la situación económica, financiera, social y demás
pertinente de la empresa, en la medida en que la entrega de tal información no sea perjudicial para esta. La
información que ha de proporcionarse será determinada de común acuerdo entre las partes. De no haber
acuerdo, la Autoridad de Trabajo precisará la información básica que deba ser facilitada para el mejor
resultado de las negociaciones. Los trabajadores, sus representantes y asesores deberán guardar reserva
absoluta sobre la información recibida, bajo apercibimiento de suspensión del derecho de información,
sin perjuicio de las medidas disciplinarias y acciones legales a que hubiere lugar”. A su vez, el artículo
38 del Reglamento prescribe: “La información que ha de proporcionarse a la comisión negociadora
conforme al artículo 55 de la Ley, podrá solicitarse dentro de los noventa (90) días naturales anteriores
a la fecha de la caducidad de la convención vigente”. Según el artículo 24 inciso 9 del Reglamento de
la Ley General de Inspección del Trabajo (aprobado por el Decreto Supremo 19-2006-TR del 28 de
octubre de 2006), es infracción grave en materia de relaciones laborales “el incumplimiento de las
disposiciones relacionadas con la entrega a los representantes de los trabajadores de información sobre
la situación económica, financiera, social y demás pertinente de la empresa, durante el procedimiento de
negociación colectiva”. A propósito de la presentación o entrega de la información precisada o requerida
por la Autoridad Administrativa de Trabajo, interesa la Directiva 1-2007-MTPE/2/9.3: “Lineamientos
para la presentación y revisión de la información económica, financiera y laboral en el procedimiento de
negociación colectiva a nivel nacional”. En otro orden, los incisos b, c y d del artículo 1 de la Resolución
Ministerial 284-2011-TR del 23 de setiembre de 2011 mencionan los incidentes constitutivos de “mala
fe” vinculados al derecho de información (vid. nota anterior).
(37) LRCT, art. 69. De acuerdo con el artículo 81 de la misma LRCT, son “modalidades irregulares” de
huelga: la paralización intempestiva, la paralización de zonas o secciones neurálgicas de la empresa, el
trabajo a desgano o a ritmo lento o a reglamento, la reducción deliberada del rendimiento o cualquier
200
Revista Laborem Nº 20
A) Negociación directa
La negociación directa consiste en los tratos orientados al logro de un con-
venio colectivo de trabajo, efectuados entre las propias partes sin participación de
terceros. En tal contexto, son los mismos interesados quienes reflexionan, toman
decisiones y componen sus desavenencias.
La LRCT y su Reglamento utilizan comúnmente la denominación “nego-
ciación directa”(38); no obstante, y coloquialmente, se la llama también “ajuste di-
recto”, “arreglo directo” o (con mayor frecuencia) “trato directo”. Por su parte, la
LSC y su Reglamento prefieren simplemente “negociaciones”(39) o “negociación”(40).
La negociación directa debe iniciarse en la oportunidad más próxima al sur-
gimiento del conflicto o, en el marco de una negociación colectiva, inmediatamen-
te después de presentado el pliego de peticiones (o de reclamos). Con relación a
lo primero, porque cuanto más pronto se reúnan las partes a dialogar, más pronto
–en principio– debe solucionarse el conflicto; con relación a lo segundo, porque
cualquier demora en el comienzo de las conversaciones lesiona o perjudica la ne-
gociación colectiva y constituye –igualmente, en principio– “mala fe”(41). Acer-
ca de la negociación colectiva, concretamente, la LRCT indica que debe iniciar-
se dentro de diez días calendario “de presentado el pliego”(42). Sin embargo, nada
impide que las partes, dentro o fuera de este plazo, puedan acordar el arranque de
la negociación colectiva en fecha posterior. En cualquier caso, la LRCT y su Re-
glamento facultan a las partes a solucionar directamente sus desacuerdos en cual-
quier etapa o momento de la negociación colectiva(43).
La duración de la negociación directa depende de la voluntad de las partes.
En la negociación colectiva de las personas que prestan servicios en las entidades
paralización en la que los trabajadores permanezcan en el centro de trabajo y la obstrucción del ingreso
al centro de trabajo.
(38) LRCT, arts. 61, 70 y 75; Reglamento, arts. 46 y 48. De igual modo, la LRCT (art. 68) ha aludido también
al “arreglo directo”.
(39) LSC, art. 44 inciso c.
(40) LSC, art. 45.1; Reglamento de la LSC, art. 72 (segundo párrafo).
(41) El artículo 1 inciso j de la Resolución Ministerial 284-2011-TR del 23 de setiembre de 2011 señala que
constituye acto de mala fe en la negociación colectiva “cualquier práctica arbitraria o abusiva con el
objeto de dificultar, dilatar, entorpecer o hacer imposible la negociación colectiva”.
(42) LRCT, art. 57 (primer párrafo).
(43) El artículo 60 de la LRCT dispone: “Las partes conservan en el curso de todo el procedimiento el de-
recho de reunirse, por propia iniciativa, o a indicación de la Autoridad de Trabajo, y de acordar lo que
estimen adecuado. Asimismo, podrán recurrir a cualquier medio válido para la solución pacífica de la
controversia”. Y respecto al arbitraje, el Reglamento manda: “En cualquier estado del procedimiento
arbitral las partes podrán celebrar una convención colectiva de trabajo, poniéndole fin a la negociación
colectiva, sin perjuicio de pagar las costas y honorarios asumidos en el compromiso arbitral”.
201
Sociedad Peruana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social
202
Revista Laborem Nº 20
203
Sociedad Peruana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social
forma de componer conflictos: ¿quién mejor que los propios interesados para co-
nocer cabalmente la realidad que las vincula?; ¿qué mejor que las decisiones adop-
tadas por ellos mismos? Sea lo que fuere, es preferible el arreglo de las partes que
las decisiones impuestas o implantadas por un tercero (la Autoridad Administrativa
de Trabajo, un tribunal arbitral)(55). Sin duda, las partes deben actuar con madurez,
y deponer sus enemistades o actitudes y procurar el concierto. Si bien “conversar
no es pactar”(56), cuando existen buena voluntad hacia el otro y buena disposición
para platicar, puede surgir la avenencia; aun en el momento menos imaginable o
esperado. Desde otro punto de vista, la negociación directa es (debe serlo) flexi-
ble y, en idéntica línea, tiende a que las partes también lo sean –con alguna facili-
dad de adaptación a la voluntad o el sentir de la parte contraria, en beneficio de la
empatía–. Cuando bien llevada, hace patente la consideración y el respeto mutuos
(“te miro y te veo, te oigo y te escucho”), en favor de una gestión aún más idónea
de las relaciones laborales. Igualmente, facilita el conocimiento y la comprensión
de las pretensiones y posibilidades de las partes. Por todo ello, no creemos conve-
niente restringir su persistencia y soslayar las posibilidades de motivarla siempre.
Entre las desventajas de la negociación directa, advertimos que alguna de las
partes puede decir lisamente “sigamos negociando…”, por fórmula para simular
“apertura” en la negociación y como “estrategia” para cansar a la otra, despresti-
giar a los negociadores contrarios, demorar el logro del convenio colectivo y has-
ta propugnar el auge del conflicto con miras a que un tercero (la autoridad u otro
árbitro) lo resuelva. En verdad, la duración prolongada de la negociación directa
no es razonable y frecuentemente genera la “escalada” del conflicto. En el entor-
no de la negociación colectiva, provoca que las negociaciones correspondientes
a pliegos de peticiones de años posteriores se “monten”, “sobrepongan” o “tras-
lapen” con la negociación retrasada(57). Por otro lado, la negociación directa no es
(55) “( ) las soluciones logradas de común acuerdo entre las partes son mucho más sólidas, más firmes,
más durables, más fecundas que las soluciones impuestas por vía de autoridad. No importa el cui-
dado que se haya puesto en encontrar una solución equilibrada y ecuánime; nos interesa el acierto y
la justicia con que se haya actuado; no cuenta mucho el poder persuasivo de los fundamentos de la
solución impuesta. Lo que las partes sienten es que se les impone desde afuera una solución que ellos
no aceptaron. La misma solución tiene muchas mayores posibilidades de triunfar en la práctica si ha
contado desde el principio, en el período de su gestación, con el aporte, la colaboración, el asentimiento
y la responsabilidad de cada una de las partes. Si ambas partes contribuyen entre las dos a forjar una
solución, se van a sentir más solidarias con ella y van a procurar cumplirla con mayor entusiasmo,
lealtad y fidelidad a su espíritu. Buscarán que camine en los hechos y que se alcancen los propósitos
perseguidos” (PLÁ RODRÍGUEZ, Américo, Curso…, cit., pp. 32-33. También: PLÁ RODRÍGUEZ,
Américo, Estudo preliminar..., cit., p. 23).
(56) Frase atribuida al político peruano Ramiro Prialé. Cfr. VIVAS, Fernando, “Ramiro Prialé: la historia
de “Conversar no es pactar”, en [el diario] “El Comercio”, Lima, 19 de julio de 2015.
(57) La convención colectiva de trabajo “rige durante el período que acuerden las partes. A falta de acuerdo,
su duración de es un (1) año” (LRCT, art. 43 inciso c). Respecto a las personas que prestan servicios en las
entidades públicas del Estado comprendidas en la LSC, “los acuerdos suscritos entre los representantes
204
Revista Laborem Nº 20
B) CONCILIACIÓN
La conciliación admite una quíntuple acepción: es un medio de solución de
conflictos, en el que las partes acuden a un tercero –el conciliador– para que las
auxilie en el arreglo equitativo de sus diferencias; una etapa del proceso de nego-
ciación colectiva; un acto o diligencia procesal, que se produce cada vez que las
partes comparecen ante el tercero en búsqueda del ajuste; la función que desem-
peña tal tercero; y el acuerdo mismo al que arriban las partes.
La denominación utilizada normalmente es “conciliación”(58), si bien la
LRCT y su Reglamento emplean las de o aluden a “etapa de conciliación”(59),
“procedimiento de conciliación”(60), “reuniones de conciliación”(61), “función
conciliatoria”(62) o “función de conciliación”(63), y “acuerdo en conciliación”(64),
según reparen en los distintos aspectos que aquella admite. Por lo que toca a la
LSC y su Reglamento, optan por “mecanismos de conciliación”(65), “procedimien-
to de conciliación”(66), “función conciliatoria”(67) y “etapa de conciliación”(68).
Antiguamente y como etapa del proceso de negociación colectiva, se la llamó asi-
mismo “junta de conciliación”(69).
En la conciliación, el conciliador actúa como “amigable componedor”, una
suerte de ‘facilitador’ u “orientador” que promueve activamente el entendimiento
de la entidad pública y de los servidores civiles tienen un plazo de vigencia no menor de dos (2) años y
surten efecto obligatoriamente a partir del 1 de enero del ejercicio siguiente. Similar regla se aplica a
los laudos arbitrales” (LSC, art. 44 inc. d). El artículo 73 del Reglamento de la LSC complementa esta
disposición: “Los convenios colectivos tienen una vigencia de dos (02) años que se inicia el 1 de enero
del año inmediato siguiente a que se llegue a acuerdo en la negociación, siempre que esta no tenga efecto
presupuestal o que teniéndolo pueda ser asumido por la entidad. Si el acuerdo se produjera luego del
quince (15) de junio y el efecto presupuestal no pudiera ser asumido por la entidad, el acuerdo regirá en
el período presupuestal subsiguiente”.
(58) LRCT, arts. 49 (segundo párrafo), 61 y 70; Reglamento, art. 46.
(59) Reglamento, art. 41.
(60) LRCT, arts. 58 (primer párrafo) y 59 (segundo párrafo); Reglamento, art. 41.
(61) LRCT, art. 59 (tercer párrafo); Reglamento, art. 41.
(62) LRCT, art. 59 (primer párrafo).
(63) Reglamento, art. 44.
(64) LRCT, art. 70.
(65) LSC, art. 44 inciso c.
(66) Reglamento de la LSC, art. 72 (quinto y sexto párrafos).
(67) Reglamento de la LSC, art. 72 (quinto párrafo).
(68) Reglamento de la LSC, art. 74.
(69) Decreto Supremo 6-71-TR del 29 de noviembre de 1971, arts. 13, 23 y siguientes.
205
Sociedad Peruana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social
de las partes(70). Como dice Emilio Morgado Valenzuela, “el conciliador es un ‘fa-
cilitador’, un procurador de arreglos. No le corresponde solucionar por sí mismo el
conflicto sino que velar porque las partes puedan solucionarlo. Para ello, se reúne
con las partes, en forma conjunta o separada, efectúa las aclaraciones y formula las
opiniones que las partes solicitan; vela porque las reuniones tengan lugar en forma
apropiada; fomenta entre las partes el ánimo que favorezca el compromiso y las re-
cíprocas concesiones; toma nota de los acuerdos, a medida que se logren, y parti-
cipa en la preparación del documento final que da cuenta de lo convenido entre las
partes. En resumen, es una especie de director de orquesta, que no asume los pape-
les ni las funciones de los concertistas”(71). Desde otro punto de vista y con relación
a cada parte, el conciliador es también un “negociador”: proyecta “venderles” un
“producto” llamado “acuerdo”, aunque “elaborado” por ellas.
El desempeño de esta “función conciliatoria” compete a diferentes órga-
nos: básicamente, al Estado(72) (“conciliación pública”(73)); pero –cuando se trata
de la negociación colectiva de trabajadores sujetos al régimen laboral de la activi-
dad privada– también a entidades privadas o cualesquiera particulares (“concilia-
ción privada”(74)), si las partes así lo pactan(75). Por cuanto concierne al Estado, el
Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo (MTPE) y los gobiernos regiona-
les cumplen tal función mediante las oficinas, reparticiones o dependencias a car-
go de las negociaciones colectivas y el personal de estas(76). Cuando de entidades
(70) LRCT, art. 59 (segundo párrafo) y Reglamento de la LSC, art. 72 (sexto párrafo): “[ ] debiendo el
conciliador desempeñar un papel activo en la promoción del avenimiento entre las partes”.
(71) MORGADO VALENZUELA, Emilio, op. cit., p. 251.
(72) Reglamento de la LSC, art. 72 (quinto párrafo): “La función conciliatoria estará a cargo de un cuerpo
técnico especializado y calificado de la Autoridad Administrativa de Trabajo”.
(73) Cfr. PLÁ RODRÍGUEZ, Américo, Curso…, cit., p. 29. También: PLÁ RODRÍGUEZ, Américo, Estudo
preliminar..., cit., p. 20.
(74) Cfr. lugares citados.
(75) LRCT, art. 59 (primer párrafo): “La función conciliatoria estará a cargo de un cuerpo técnico especializado
y calificado del Ministerio de Trabajo y Promoción Social [antigua denominación del Ministerio de Trabajo
y Promoción del Empleo], pudiendo las partes, sin embargo, si así lo acuerdan, encomendársela a personas
privadas, caso en el cual deberán remitir a la Autoridad de Trabajo copia de las actas que se levanten”.
(76) Según la Ley 29381, Ley de Organización y Funciones del Ministerio de Trabajo y Promoción del
Empleo, el MTPE “ejerce competencias compartidas con los gobiernos regionales en materia de
trabajo y promoción del empleo” (art. 6.1). En tal virtud y en el marco de sus competencias, el MTPE
comparte con los gobiernos regionales las funciones de “establecer normas, lineamientos, mecanismos y
procedimientos, en el ámbito nacional, que permitan la prevención y solución de conflictos laborales” y
“promover espacios nacionales y regionales de diálogo social y concertación laboral entre los actores más
representativos de la sociedad peruana, y mecanismos que permitan la prevención y solución de conflictos
laborales” (art. 8.2, incisos c y f). A su vez, el Decreto Supremo 17-2012-TR del 31 de octubre de 2012
determina las competencias territoriales del gobierno nacional (art. 3) y de los gobiernos regionales (art.
2) tocantes, entre otros asuntos, al inicio y trámite de la negociación colectiva. Y según el artículo 44 del
Reglamento, el “cuerpo técnico calificado” del MTPE “que tenga a su cargo la función de conciliación
y/o mediación, estará integrado, en función a las necesidades del servicio, por especialistas de diversas
áreas, nombrados o contratados de dicho Sector”.
206
Revista Laborem Nº 20
(77) Los “centros de conciliación” están regulados por la Ley de Conciliación (Ley 26872, modificada por
el Decreto Legislativo 1070 y la Ley 29876; arts. 24 y siguientes.) y su Reglamento (Decreto Supremo
14-2008-JUS, modificado por el Decreto Supremo 6-2010-JUS; arts. 46 y siguientes). El artículo 24
de aquella dispone: “Los Centros de Conciliación son entidades que tienen por objeto ejercer función
conciliadora de conformidad con la Ley. Pueden constituir Centros de Conciliación las personas jurídicas
de derecho público o privado sin fines de lucro, que tengan entre su finalidad el ejercicio de la función
conciliadora. El Ministerio de Justicia autorizará el funcionamiento de Centros de Conciliación Privados
únicamente en locales que reúnan las condiciones adecuadas para garantizar la calidad e idoneidad del
servicio conciliatorio ( )”; y el artículo 46 de su Reglamento prescribe: “Los Centros de Conciliación son
entidades que tienen por objeto ejercer la función conciliadora de conformidad con la Ley y Reglamento.
Para dichos efectos el Minjus [Ministerio de Justicia] a través de la DCMA [Dirección de Conciliación
Extrajudicial y Medios Alternativos de Solución de Conflictos del Ministerio de Justicia] podrá autorizar
a las personas jurídicas de derecho público o privado, sin fines de lucro, para que funcionen como
Centros de Conciliación, debiendo tener o haber incorporado dentro de sus fines el ejercicio de la función
conciliadora”. El Centro de Análisis y Resolución de Conflictos de la Pontificia Universidad Católica
del Perú, por ejemplo, brinda, entre otros, el servicio de conciliación.
(78) Esto, aun cuando el artículo 20 de la Ley de Conciliación establezca que “el conciliador es la persona
capacitada, acreditada y autorizada por el Ministerio de Justicia, para ejercer la función conciliadora”,
que “en materia laboral se requiere que el Conciliador encargado del procedimiento conciliatorio cuente
con la debida especialización, acreditación y autorización expedida por el Ministerio de Justicia” y que
“para el ejercicio de la función conciliadora se requiere estar adscrito ante un Centro de Conciliación
autorizado [por el Ministerio de Justicia] y tener vigente la habilitación en el Registro de Conciliadores
del Ministerio de Justicia”; y su Reglamento precise que “la conciliación se ejerce exclusivamente a
través de los Centros de Conciliación” (art. 25, primer párrafo). En los conflictos colectivos económicos,
la participación de trabajadores agrupados y organizados permite restituir el equilibrio entre las partes
y compensar la desigualdad inherente a la relación individual de trabajo.
207
Sociedad Peruana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social
(79) A decir de Plá Rodríguez, “pueden distinguirse las [conciliaciones] obligatorias y las facultativas. Las
primeras son preceptivas en cuanto no puede iniciarse ningún trámite o procedimiento jurídico o fáctico
sin antes haber llenado este requisito. Las segundas son las que resuelven voluntaria y libremente las
partes Resulta obvio aclarar que lo obligatorio es intentar la conciliación pero no conciliarse ya que el
acuerdo entre dos partes discrepantes no puede imponerse preceptivamente. La obligación del intento de
conciliación arrastra la obligación correlativa de la otra parte de comparecer ante el órgano conciliador.
Es o que Deveali llama obligación de tratar” (PLÁ RODRÍGUEZ, Américo, Curso…, cit., p. 29. También:
PLÁ RODRÍGUEZ, Américo, Estudo preliminar..., cit., p. 20).
(80) LRCT, art. 58: “Las partes informarán a la Autoridad de Trabajo de la terminación de la negociación,
pudiendo simultáneamente solicitar el inicio de un procedimiento de conciliación. Si ninguna de las
partes lo solicitara, la Autoridad de Trabajo podrá iniciar dicho procedimiento de oficio, si lo estimare
necesario o conveniente, en atención a las características del caso”.
(81) LRCT, art. 59 (segundo párrafo): “( ) el procedimiento de conciliación deberá caracterizarse por la
flexibilidad y la simplicidad en su desarrollo ( )”.
(82) Vid. nota anterior.
(83) LSC, art. 44 inciso c.
(84) LRCT, art. 59 (tercer párrafo); Reglamento, art. 41.
(85) Reglamento, art. 41.
(86) Decreto Supremo 6-71-TR del 29 de noviembre de 1971, art. 29.
208
Revista Laborem Nº 20
209
Sociedad Peruana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social
inasistencia de una de las partes a una reunión de conciliación –en la práctica, sin
embargo, el conciliador, por propia resolución o en atención al pedido de la que
está presente, las cita nuevamente–, o cuando las partes asistentes decidan tal con-
clusión (con miras a someter el diferendo a arbitraje(92)) o una de ellas así lo de-
termine(93) (con vistas a la interposición de un arbitraje potestativo por cualquiera
de las partes(94) o a la declaración de huelga por los trabajadores(95)).
La conciliación presenta algunas ventajas. Al utilizarla, las partes muestran
su disposición a preservar el diálogo, aun cuando asistidos por un conciliador, y
evitan, entonces, el conflicto abierto. Con el buen ánimo y el esfuerzo de ellas, y
la ayuda e intervención del conciliador, pueden surgir ideas creativas dirigidas a
solucionar pacíficamente el conflicto(96). Las partes se ven impelidas a aproximar-
se y reconciliarse. Pueden, pues, lograr un acuerdo. Y si no lo logran, “su prácti-
ca constituye una virtual ‘pedagogía’ del diálogo, cuyos efectos a mediano o lar-
go plazo son de indudable valor”(97). Cuando tramitada ante el Ministerio de Tra-
bajo y Promoción del Empleo, la conciliación es gratuita.
De todos modos, y como relievaba Plá Rodríguez, “la conciliación no debe
buscar la paz a cualquier precio, sino solo dentro del marco de la Ley y de acuer-
do a consideraciones de razonabilidad y justicia. El conciliador no debe actuar
mecánicamente sino criteriosamente. No debe limitarse a medir la distancia en-
tre las posiciones de las partes para cortar por la mitad la diferencia, sino buscar
soluciones que parezcan adecuadas a las circunstancias del caso, introduciendo
elementos ponderativos y descartando renuncias de derechos irrenunciables”(98).
Sin embargo, la conciliación tiene también desventajas. De alguna forma, la
recurrencia a la conciliación muestra que las partes son “incapaces” de solucionar
ellas solas sus diferencias; por eso mismo, puede entenderse como un (relativo) fra-
caso de las partes en la solución directa, por sí mismas y ante ellas mismas, de sus
diferencias. Además, hace que el tercero (conciliador) conozca las “intimidades”
de las partes en conflicto. Una gestión inadecuada de la conciliación, proveniente
210
Revista Laborem Nº 20
C) MEDIACIÓN
A diferencia de como ocurre en la conciliación, en la mediación el tercero
no se limita únicamente a tratar de lograr el avenimiento de las partes sino tam-
bién sugiere al efecto fórmulas de arreglo, que las partes pueden o no aceptar.
En tal virtud, podemos afirmar que la mediación es un modo de solución
de conflictos más “intenso”(99) o “acentuado”(100) que la conciliación, una especie
de “conciliación asistida”.
En la mediación, pues, las partes “trasladan” al mediador la “creatividad”
de la solución práctica del conflicto.
Como denominación, la LRCT y su Reglamento usan la palabra
“mediación”(101), pero también aluden al “procedimiento de mediación”(102), a la
“audiencia de mediación”(103) y a la “función de mediación”(104). La LSC alude tam-
bién a “mecanismos de mediación”(105).
Obviamente, tanto la LRCT y su Reglamento como el Reglamento de la
LSC mencionan la figura del mediador(106).
Si las partes lo autorizan, el conciliador puede actuar como mediador: al efec-
to y “en el momento que lo considere oportuno, presentará una o más propuestas
(99) Mario L. DEVEALI, cit. por PLÁ RODRÍGUEZ, Américo, Curso…, cit., p. 31. También: PLÁ
RODRÍGUEZ, Américo, Estudo preliminar..., cit., p. 22. Así, “el mediador, por lo general, no se limita
a escuchar a las partes sino que puede exigir de ellas datos e informes y formular propuestas según su
criterio. Actúa pues, a menudo, como un verdadero árbitro, con la sola diferencia de que sus propuestas
no son obligatorias” (lugares citados).
(100) Arion Sayão ROMITA, cit. por PLÁ RODRÍGUEZ, Américo, Curso…, cit., pp. 31-32. También: PLÁ
RODRÍGUEZ, Américo, Estudo preliminar..., loc. cit. En efecto, “el mediador no se limita a exhortar
a las partes a que armonicen sus puntos de vista sino que propone las bases del acuerdo, formula los
términos de entendimiento e intenta convencer a los litigantes que lo acepten” (lugares citados). Pero
“mientras la mediación se contenta con una composición cualquiera sin preocuparse de la justicia de
ella, la conciliación aspira a una composición justa” (PLÁ RODRÍGUEZ, Américo, Curso…, cit., p. 32.
También: PLÁ RODRÍGUEZ, Américo, Estudo preliminar..., loc. cit.).
(101) LRCT, arts. 62 (segundo párrafo) y 70; Reglamento, arts. 44 y 45 (segundo párrafo).
(102) Reglamento, art. 45 (segundo párrafo).
(103) Reglamento, art. 42.
(104) Reglamento, art. 44.
(105) LSC, art. 45.1.
(106) LRCT, arts. 59 (segundo párrafo) y 62 (primer párrafo); Reglamento: arts. 42 y 45 (primer párrafo).
Reglamento de la LSC, art. 72 (sexto párrafo).
211
Sociedad Peruana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social
D) ARBITRAJE
En el arbitraje, las partes recurren a un tercero para que solucione el con-
flicto mediante una decisión de obligatorio acatamiento(113).
(107) LRCT, art. 59 (segundo párrafo). Reglamento de la LSC, art. 72 (sexto párrafo).
(108) Reglamento, art. 42.
(109) LRCT, art. 62 (primer párrafo); Reglamento, art. 45.
(110) LRCT, art. 62 (segundo párrafo).
(111) LRCT, art. 70.
(112) “La mediación participa de las ventajas de la conciliación y el arbitraje. De una parte, fomenta “con
intensidad” el diálogo entre las partes y trata de conducirlas a la adopción de acuerdos. De otra parte,
permite abreviar la duración de los conflictos, superando los desacuerdos existentes entre las partes. Tiene,
también, indudables valores pedagógicos: acostumbra a las partes a la búsqueda intensa de acuerdos y a
la formulación de fórmulas que aproximen sus intereses contrapuestos” (MORGADO VALENZUELA,
Emilio, op. cit., p. 253).
(113) El Tribunal Constitucional peruano ha definido al arbitraje como “el acto de resolución extrajudicial de
un conflicto laboral. El arbitraje laboral, en el ámbito privado, se logra cuando los actos de conciliación
o mediación no han solucionado el conflicto. Dentro de ese contexto, los agentes negociadores deciden
someter el diferendo a arbitraje” (fundamento 38 de la sentencia del Tribunal Constitucional del 12 de
212
Revista Laborem Nº 20
213
Sociedad Peruana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social
(121) Decreto Supremo 14-2011-TR del 16 de setiembre de 2011, art. 2; Resolución Ministerial 331-2011-TR
del 16 de diciembre de 2011, art. 3 inciso a.
(122) Resolución Ministerial 284-2011-TR del 23 de setiembre de 2011, art. 3; Resolución Ministerial 331-
2011-TR del 16 de diciembre de 2011, art. 3 inciso b.
(123) Vid. DRAE, voz equidad.
(124) Ley 26572, Ley General de Arbitraje, artículo 2 (primera parte).
(125) Reglamento de la LSC, art. 76.
(126) PASCO COSMÓPOLIS, Mario, op. cit., p. 187.
214
Revista Laborem Nº 20
(127) El artículo 65 de la LRCT (primer y segundo párrafos) ordena: “El laudo no podrá establecer una
solución distinta a las propuestas finales de las partes ni combinar planteamientos de una y otra. El laudo
recogerá en su integridad la propuesta final de una de las partes. Sin embargo, por su naturaleza de fallo
de equidad, podrá atenuar posiciones extremas”. Y consecuentemente, el artículo 57 (primer párrafo)
del Reglamento señala que “cuando por razones de equidad se hubiere estimado necesario atenuar algún
aspecto de la propuesta elegida, por considerarlo extremo, () el árbitro o el Tribunal deberá precisar en
el laudo en qué consiste la modificación o modificaciones y las razones que ha tenido para adoptarla”.
Ello no obstante, esta regla “no se aplicará cuando solo exista una propuesta final presentada, pudiendo
el Tribunal arbitral establecer una solución final distinta” [Reglamento, art. 61-A (quinto párrafo in fine)].
(128) A decir de Mario LÓPEZ LARRAVE, “aunque son muchos los puntos de vista desde los cuales
puede clasificarse el arbitraje en el campo laboral, interesan fundamentalmente dos aspectos: el de la
voluntariedad y el de la obligatoriedad” (LÓPEZ LARRAVE, Mario, cit. Por FRANCO LÓPEZ, César
Landelino, Derecho Sustantivo Colectivo del Trabajo, Guatemala, Editorial Estudiantil Fénix / Gustavo
Lapola (editor responsable), 2006, p. 248).
(129) La Ley 13907 (del 24 de enero de 1962), ya derogada, estableció el arbitraje obligatorio para los
trabajadores de hospitales, clínicas y centros asistenciales: “Las reclamaciones de carácter colectivo
de funcionarios, profesionales, empleados u obreros que prestan servicios en hospitales, clínicas y
centros asistenciales en general, serán resueltas por arbitraje, si hubiere fracasado el trato directo. El
Tribunal Arbitral se constituirá con cinco miembros elegidos de la siguiente forma: dos por cada parte
y el 5º, que lo presidirá, designado de común acuerdo. Si no se produjera acuerdo, el quinto miembro
será sorteado de una lista de cinco miembros que propondrá la Corte Superior del respectivo distrito
judicial, a petición del Ministerio del Ramo. El laudo que expida el Tribunal se pronunciará sobre todos
los puntos controvertidos; y es inapelable” (art. 1). Así mismo, el Decreto Supremo 6-71-TR del 29 de
noviembre de 1971 implantó el arbitraje obligatorio: “Si las partes no llegasen a suscribir en trato directo
o en junta de conciliación, una convención colectiva que ponga fin a la reclamación esta será resuelta
por las Autoridades Administrativas de Trabajo” (art. 13).
(130) SERNA CALVO, María del Mar, “Experiencia del arbitraje en los conflictos de trabajo en América
Latina”. en [revista] Análisis Laboral, Lima, Asesoramiento y Análisis Laborales, febrero 1991, vol.
XV, Nº 164, p. 5. Al respecto, ella escribe: “También llamado unilateralmente preceptivo, [el arbitraje
potestativo] está previsto por la legislación de determinados países y otorga a los trabajadores la facultad
de decidir, de forma unilateral y sin el consentimiento del empleador, la sumisión del conflicto colectivo
a un arbitraje obligatorio” (loc. cit.).
(131) Así las cosas, puede afirmarse que, en cierto sentido, el arbitraje potestativo es facultativo para la parte
que lo interpone pero obligatorio para la otra.
215
Sociedad Peruana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social
Arbitraje obligatorio
(132) PLÁ RODRÍGUEZ, Américo, Curso…, cit., p. 34. También: PLÁ RODRÍGUEZ, Américo, Estudo
preliminar..., cit., p. 20. Similarmente, WALKER ERRÁZURIZ: ‘Debe resaltarse que el arbitraje en los
conflictos del trabajo suele deparar resistencia por diversos motivos, cuando es obligatorio porque se lo
considera sustitutivo de la ‘huelga’, estimándose por tanto profundamente limitativo de los derechos de
los trabajadores” (WALKER ERRÁZURIZ, Francisco, op. cit., p. 570).
(133) LÓPEZ LARRAVE, Mario, cit. por SERNA CALVO, María del Mar, loc. cit.
(134) SARTHOU, Helios, “Los conflictos colectivos del trabajo y el arbitraje”. En: Trabajo, Derecho y Sociedad.
Tomo I: Estudios de Derecho Colectivo del Trabajo, Montevideo, Fundación de Cultura Universitaria,
2004, p. 90.
(135) Ibídem, p. 103.
216
Revista Laborem Nº 20
(136) LRCT, art. 68. En este caso, el Estado, por intermedio del MTPE, se atribuye la prerrogativa de solucionar
el conflicto. Cuando los supuestos establecidos en la norma “tengan un efecto o dimensión supra regional
o nacional, la competencia resolutiva recae, de forma exclusiva y excluyente, en la Dirección General
de Trabajo del Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo” (Decreto Supremo 14-2011-TR del 16 de
setiembre de 2011, art. 3). Si bien el artículo 70 de la LRCTR indica que las resoluciones de la Autoridad
Administrativa de Trabajo “tienen la misma naturaleza y surten idénticos efectos que las convenciones
adoptadas en negociación directa”, por disposición posterior (de inferior jerarquía normativa) se ha
señalado que “las resoluciones administrativas, de primera y segunda instancia[s], que se expiden al
amparo del artículo 68 [ ] tienen la naturaleza de laudo arbitral [ ]” (Decreto Supremo 14-2011-TR del
16 de setiembre de 2011, art. 4).
(137) LRCT, art. 63. El artículo 47 del Reglamento agrega: “En el caso contemplado en el artículo 63 de la
Ley [de Relaciones Colectivas de Trabajo], los trabajadores o sus representantes podrán proponer por
escrito al empleador el sometimiento del diferendo a arbitraje, requiriéndose la aceptación escrita de
este. Si el empleador no diera respuesta por escrito a la propuesta de los trabajadores en el término del
tercero día hábil de recibida aquélla, se tendrá por aceptada dicha propuesta, en cuyo caso se aplicarán
las normas relativas al procedimiento arbitral. El arbitraje procederá si se depone la huelga”.
(138) Se ha publicado recientemente una nota periodística: “Nueva política laboral” (en el diario “Gestión”,
Lima, 12 de julio de 2016) acerca de las posibles reformas en materia laboral que introduciría el gobier-
no de Pedro Pablo Kuczynski, Jefe de Estado (por cinco años) a partir del 28 de julio. A propósito del
arbitraje laboral, ahí se dice que “solo se podrá obligar a someterse a un arbitraje laboral cuando existan
actos de mala fe (rehusar dar información, no entrega de documentación) o primera negociación (entre
sindicato y empresa). De esa manera [ ], se evitarán los arbitrajes laborales cuando no exista ninguna
justificación o cuando la empresa pruebe que actúa de buena fe durante la negociación con el sindicato
o viceversa”.
217
Sociedad Peruana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social
(139) Reglamento, art. 61-A. Sobre la “mala fe” y los hechos que la constituyen, vid. supra notas 22 y 23.
(140) LRCT, art. 61. Ambas partes (arbitraje facultativo voluntario) o cualquiera de ellas (arbitraje facultativo
potestativo), según prevé el artículo 46 (primer párrafo) del Reglamento e indicamos en el párrafo siguiente.
(141) Reglamento, art. 46 (primer párrafo).
(142) Reglamento de la LSC, art. 74 (primer párrafo). En este caso, nótese que existe un reconocimiento
expreso del “proceso arbitral potestativo”.
(143) En rigor, tan “tribunal” es el “cuerpo colegiado” como el “árbitro único”. Así, pues, el artículo 19 del
Decreto Legislativo 1071, que norma el arbitraje, establece: “Número de árbitros. Las partes podrán
fijar libremente el número de árbitros que conformen el tribunal arbitral. A falta de acuerdo o en caso
de duda, serán tres árbitros”. Sin embargo, los artículos 64 de la LRCT y 51 del Reglamento distinguen
entre “tribunal arbitral” y “árbitro unipersonal” o “árbitro único”.
218
Revista Laborem Nº 20
(144) Al Centro de Arbitraje de la Pontificia Universidad Católica del Perú o al Centro de Arbitraje de la
Cámara de Comercio de Lima, por ejemplo.
(145) Reglamento, art. 50.
(146) LRCT, art. 64 (primer párrafo); Reglamento, art. 51. Ello no obstante y según prevén los artículos
64 (cuarto y quinto párrafos) de la LRCT y 52 del Reglamento, cuando el empleador es una empresa
comprendida en el ámbito de la “actividad empresarial del Estado” o se trata de una entidad estatal cuyos
trabajadores están sujetos al régimen laboral de la actividad privada y no existe acuerdo entre las partes
respecto al presidente del tribunal arbitral, la designación la realizará una institución independiente
elegida por ellas. A falta de acuerdo sobre la designación de la institución y a solicitud de parte, esta
será designada por la Autoridad Administrativa de Trabajo. La presidencia del tribunal arbitral no puede
recaer en la Autoridad Administrativa de Trabajo.
(147) Reglamento de la LSC, art. 75 (primer y quinto párrafos). Conforme al 86 del Reglamento de la LSC, la
Comisión de Apoyo al Servicio Civil “es el órgano facultado para conocer y resolver en primera y única
instancia administrativa, los conflictos y controversias que, dentro del ámbito de su competencia, surjan
entre organizaciones sindicales y entidades públicas o entre estas y los servidores civiles”; y según la
décima disposición complementaria del mismo Reglamento, en tanto no se implemente esta Comisión,
dichas competencias “estarán a cargo del órgano competente del Ministerio de Trabajo y Promoción
del Empleo”. A saber, la Dirección General del Trabajo del MTPE (Decreto Supremo 14-2011-TR del
16 de setiembre de 2011, art. 2).
(148) Reglamento, art. 49 (primer párrafo).
(149) El Decreto Legislativo 1071, que norma el arbitraje, alude al convenio arbitral y lo regula (arts. 13-18).
Entre otras materias, contempla el contenido, la forma y la extensión del convenio arbitral (arts. 13 y 14).
(150) El artículo 49 (primer párrafo) del Reglamento prescribe: «La decisión de someter la controversia
a arbitraje constará en un acta denominada “compromiso arbitral”, que contendrá: el nombre de las
partes, los de sus representantes y sus domicilios, [la] modalidad de arbitraje, la información sobre la
negociación colectiva que se somete a arbitraje: [el] monto y la forma de pago de las costas y honorarios
de los árbitros; el lugar de arbitraje y facilidades para el funcionamiento del Tribunal, que deberá asumir
el empleador, que de no ser posible, será solicitada por las partes al Ministerio de Trabajo y Promoción
219
Sociedad Peruana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social
Social [Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo]». A su vez, el artículo 48 del Reglamento
señala: “Las partes de común acuerdo, están facultadas para fijar aspectos puntuales de discrepancia
respecto a los cuales debe pronunciarse el árbitro. De no producirse esta situación, la decisión arbitral
debe comprender todos aquellos aspectos de la controversia que no hubieran sido solucionados durante
la negociación directa”.
(151) Reglamento, art. 61-A (segundo párrafo in fine).
(152) Reglamento, arts. 54, 55 y 56.
(153) Reglamento de la LSC, art. 75 (sexto párrafo): “[ ] el presidente del tribunal convocará a las partes a una
Audiencia de Instalación, entendiéndose formalmente iniciado el arbitraje con dicha audiencia”.
(154) En los arbitrajes (facultativos) potestativos con expresión de causa, a saber, debido a la falta de acuerdo
en la primera negociación (sobre el nivel de la negociación o el contenido de esta) o a la existencia de
mala fe en la negociación, y por una práctica introducida por los árbitros, es habitual que la parte que
ha interpuesto el arbitraje presente, en el acto de inicio del proceso arbitral y por requerimiento del
tribunal arbitral, un escrito en el que precise, con el fundamento debido, los hechos constitutivos de la
mala fe que invoca. El tribunal arbitral corre traslado de dicho escrito a la parte contraria y suspende
el acto hasta el momento de la entrega de la resolución mediante la que se pronunciará “por lo general,
previa ‘audiencia’ de un informe oral de cada parte” sobre la procedencia o improcedencia del arbitraje
220
Revista Laborem Nº 20
Desde entonces, en un plazo de cinco días hábiles, cada parte puede formular sus
observaciones fundamentadas a la propuesta de la otra; y en un plazo máximo de
treinta días “naturales” (calendario) debe producirse la “actuación de pruebas”(155).
En este período probatorio es usual que el tribunal convoque a las partes a una “au-
diencia de sustentación de las propuestas finales”, en la que cada una de ellas ex-
pone el por qué de sus peticiones u ofertas –directamente o por intermedio de re-
presentantes o asesores, por lo común abogados o economistas–, absuelve las pre-
guntas de los árbitros (o del árbitro único) y entrega al tribunal documentos adicio-
nales a los que puedan tener presentados –todo ello constará en el acta pertinente–.
El tribunal declara oportunamente la conclusión de la etapa probatoria y dentro de
los cinco días hábiles siguientes, convoca a las partes para darles a conocer el lau-
do que pone fin al arbitraje –se levantará acta de la diligencia correspondiente–.
En lo posible, sin embargo, debiera respetarse siempre la voluntad de las
partes respecto a ciertos asuntos procedimentales –la duración de la etapa proba-
toria, por ejemplo–.
Para la adopción de acuerdos, se requiere la mayoría absoluta de los miem-
bros del tribunal arbitral(156).
En el curso del proceso arbitral o aún antes, la Autoridad Administrativa
de Trabajo, de oficio o a pedido de alguna de las partes, debe efectuar la valori-
zación de las peticiones de los trabajadores y examinar la situación económico-
financiera de las empresas (o entidades) implicadas y su capacidad para atender-
las. El dictamen pertinente debe ser fundamentado y emitirse con base en la infor-
mación suministrada por estas y en las investigaciones practicadas; y ser pues-
to en conocimiento de las partes para que formulen sus observaciones(157). Natu-
ralmente, la valorización y examen aludidos debiera hacerse respecto al proyecto
221
Sociedad Peruana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social
222
Revista Laborem Nº 20
por ser inapelable(166). Sin embargo, es pasible de impugnación judicial “por razón
de nulidad” –es decir, por la vulneración de solemnidades o requisitos procesa-
les(167), o por haberse dictado bajo presión derivada de la realización de “modali-
dades irregulares” de huelga o del “uso de violencia sobre personas o cosas”(168)–
o “por establecer menores derechos a los contemplados por la Ley en favor de los
trabajadores”(169). Tal impugnación no afecta la ejecución del laudo, salvo resolu-
ción contraria de la autoridad judicial competente(170) (el dictado de una medida
cautelar, por ejemplo). La demanda de impugnación de laudos derivados de una
negociación colectiva se interpone ante la Sala Laboral de la Corte Superior de
Justicia del lugar donde se expidió el laudo y se tramita conforme al procedimien-
to establecido por la Ley 29497, Nueva Ley Procesal del Trabajo(171).
En cualquier caso, el órgano arbitral puede disponer la corrección del lau-
do: de oficio o a solicitud de parte (formulada dentro de un día hábil posterior a
la notificación del laudo) y ordenada por escrito (dentro de tres días hábiles si-
guientes a la recepción de la solicitud pertinente), para subsanar errores materia-
les, numéricos, de cálculo, tipográficos o de carácter similar. La corrección for-
ma parte del laudo(172).
Como los demás medios de solución de los conflictos colectivos económi-
cos, el arbitraje acredita determinadas ventajas. Evocamos la más notoria: el ar-
bitraje pone pacíficamente fin al conflicto. Pero también, la recurrencia al arbi-
traje puede hacer que las partes en discordia reflexionen sobre su comportamien-
to durante las conversaciones previas (en la negociación directa, conciliación o
223
Sociedad Peruana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social
A) NEGOCIACIÓN DIRECTA
Ya hemos definido la negociación directa(174).
Por cuanto a ella toca, no vemos disimilitudes de peso entre la actuada
para resolver conflictos económicos como la seguida para solucionar conflictos
224
Revista Laborem Nº 20
B) CONCILIACIÓN-MEDIACIÓN
Cuando de conflictos colectivos jurídicos se trata, la conciliación –además
de ser un medio de solución de conflictos, un acto o diligencia procesal, la función
desempeñada por el tercero interviniente o el acuerdo mismo(175)– es también una
audiencia administrativa o una audiencia o etapa de un proceso judicial laboral.
Hablamos, entonces, de una conciliación administrativa y de una concilia-
ción judicial.
Ahora bien, como ocurre con la conciliación en el ambiente de los conflic-
tos colectivos económicos (o de intereses o de revisión), la “función conciliatoria”
compete a diferentes órganos: primordialmente, al Estado –a través de la Autoridad
Administrativa de Trabajo (por intermedio de funcionarios especializados) y de la
Justicia del Trabajo (por intermedio de los Jueces Supremos, Jueces Superiores o
Jueces Especializados competentes)–; pero también a entidades privadas (“cen-
tros de conciliación”) o cualesquiera particulares, si las partes así lo acuerdan(176).
En este orden, la quinta disposición complementaria de la NLPT establece:
225
Sociedad Peruana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social
(178) Aunque la conciliación administrativa es facultativa para la parte laboral y de solicitarla esta, su asistencia
a la audiencia de conciliación sí es obligatoria.
(179) En el año 2016, la Unidad Impositiva Tributaria equivale a S/. 3 950,00; esto es, unos $ 1 205,00
aproximadamente (tipo de cambio: S/. 3,28).
(180) Conforme al artículo 57 inciso f de la NLPT, el “acta de conciliación extrajudicial, privada o adminis-
trativa” es “título ejecutivo” y se tramita en “proceso de ejecución”.
226
Revista Laborem Nº 20
dentro del marco de los derechos laborales irrenunciables que asisten a los traba-
jadores o extrabajadores. En dicho sentido, propondrá fórmulas conciliatorias no
obligatorias”), a la solicitud de conciliación, los temas de conciliación (en buena
cuenta, cualquier tema “generado con motivo de la relación laboral”), a la forma
del pedido de conciliación, a la notificación (en particular, esta debe contener “el
asunto sobre el cual se pretende conciliar”), a la audiencia (“única”), a la concu-
rrencia y representación de las partes (entre otros puntos, se dispone que “opcio-
nalmente las partes pueden ser asesoradas por letrados o no; el conciliador no per-
mitirá su presencia en el ambiente donde se lleve a cabo la conciliación cuando,
a su juicio, perturben o impidan el desarrollo de la misma, o cuando su presencia
sea objetada por la otra parte sin necesidad de expresión de causa. Dichos aseso-
res pueden ser consultados por las partes, pero no tienen derecho a voz ni pueden
interferir en las decisiones que se tomen”), a la conclusión del procedimiento con-
ciliatorio (por “acuerdo total o parcial de las partes, el cual se plasma en un acta
de conciliación”, por “falta de acuerdo entre las partes, en cuyo caso [el concilia-
dor] expide una constancia de asistencia con la firma de ambas partes”, por “in-
asistencia de una parte a dos sesiones” o por “inasistencia de ambas partes a una
sesión”), a la formalidad del acta de conciliación (en especial, esta debe “precisar
los acuerdos totales o parciales, estableciendo de manera precisa los derechos, de-
beres u obligaciones ciertas, expresas y exigibles” y “en ningún caso debe conte-
ner las propuestas o la posición de una de las partes respecto de estas”), al mérito
del acta y a la expedición de copias de actas de conciliación.
Por su lado, la conciliación judicial está regulada por la NLPT: como una
etapa del proceso judicial de trabajo pero también como una forma especial de
conclusión del proceso.
De acuerdo con el artículo 30 de la NLPT y entre otros supuestos, el proceso
laboral puede concluir, de forma especial, por conciliación. También, cuando ambas
partes no asisten por segunda vez a cualquiera de las audiencias programadas –y una
de tales audiencias es, precisamente, la audiencia de conciliación– en primera instan-
cia. La conciliación puede ocurrir dentro del proceso, cualquiera sea el estado en el
que se encuentre, hasta antes de la notificación de la sentencia. Así, pues, el juez pue-
de invitar a las partes, en cualquier momento, a arribar a un acuerdo conciliatorio, “sin
que su participación implique prejuzgamiento” y “sin que lo manifestado por las partes
se considere declaración”. Además, si las partes concurren al juzgado con un acuerdo
para finalizar el proceso, el juez debe darle trámite preferente “en el día”.
Así mismo, los artículos 43 y 49 inciso 1 de la NLPT regulan la audiencia
de conciliación en el proceso ordinario laboral y en el proceso abreviado laboral,
respectivamente.
227
Sociedad Peruana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social
C) ARBITRAJE
El arbitraje para la solución de los conflictos colectivos jurídicos debe tra-
mitarse según las reglas del Decreto Legislativo 1071, que norma el arbitraje.
Aun cuando no vemos objeción alguna para la recurrencia al arbitraje a ta-
les efectos, no son comunes los casos de su utilización como medio de solución
de los conflictos colectivos jurídicos.
De todos modos y como decía Plá Rodríguez, “el sometimiento al arbitraje
de conflictos de derecho suscita menos resistencia por cuanto, en definitiva, es una
cuestión referente al alcance o significado de normas jurídicas, las cuales siempre
han sido sometidos a la decisión de terceros”(181).
Aquí también juegan las posibilidades de recurrir al arbitraje, tanto de de-
recho como de equidad(182).
D) DECISIÓN JUDICIAL
En este caso, las partes someten el conflicto colectivo jurídico a la decisión
del órgano jurisdiccional.
La demanda, la sustanciación del proceso y su definición se regulan por las
reglas fijadas para los procesos laborales y no precisan mayor comentario.
(181) PLÁ RODRÍGUEZ, Américo, Curso…, cit., p. 35. También: PLÁ RODRÍGUEZ, Américo, Estudo
preliminar…, cit., pp. 24-25.
(182) Lugares citados.
228
Revista Laborem Nº 20
ACCIONES DE INCONSTITUCIONALIDAD:
Contra la Ley Marco del Empleo Público:
Expediente 8-2005-PI/TC
Público
Fallo:
(183) A la sazón, Secretario General de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP).
(184) Vid.: http://www.tc.gob.pe/jurisprudencia/2005/00008-2005-AI.html.
229
Sociedad Peruana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social
Expediente 26-2007-PI/TC
230
Revista Laborem Nº 20
(185) Artículo 1 de la Ley 28988, Ley que declara la educación básica regular como servicio público esencial:
“La educación como servicio público esencial. Constitúyese [sic] la educación Básica Regular como un
servicio público esencial, a fin de garantizar el pleno ejercicio del derecho fundamental de la persona a
la educación, derecho reconocido en la constitución Política del Perú, en la Ley General de educación y
en los Pactos Internacionales suscritos por el Estado peruano. La administración dispondrá las acciones
orientadas a asegurar los servicios correspondientes”.
(186) Vid.: <http://www.tc.gob.pe/jurisprudencia/2009/00026-2007-AI.pdf>.
231
Sociedad Peruana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social
Fallo:
232
Revista Laborem Nº 20
233