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El Éxodo: Viaje A La Tierra Prometida: Contenido

El libro de Éxodo narra la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto, destacando la intervención divina y el papel de Moisés como líder. A través de eventos significativos como las plagas y el cruce del Mar Rojo, se revela la naturaleza de Dios como un ser amoroso y justo que busca establecer una relación con su pueblo. Este estudio invita a reflexionar sobre las lecciones espirituales del Éxodo y su relevancia para la fe contemporánea.
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El Éxodo: Viaje A La Tierra Prometida: Contenido

El libro de Éxodo narra la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto, destacando la intervención divina y el papel de Moisés como líder. A través de eventos significativos como las plagas y el cruce del Mar Rojo, se revela la naturaleza de Dios como un ser amoroso y justo que busca establecer una relación con su pueblo. Este estudio invita a reflexionar sobre las lecciones espirituales del Éxodo y su relevancia para la fe contemporánea.
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EL ÉXODO: VIAJE A LA TIERRA

PROMETIDA
CONTENIDO
Introducción .............................................................................................2
1. Opresión: El trasfondo y el nacimiento de Moisés .............................. 5
Para el 5 de julio de 2025

2. La zarza ardiente ............................................................................... 12


Para el 12 de julio de 2025

3. Un comienzo difícil ............................................................................19


Para el 19 de julio de 2025

4. Las plagas .......................................................................................... 26


Para el 26 de julio de 2025

5. La Pascua ............................................................................................33
Para el 2 de agosto de 2025

6. A través del Mar Rojo .........................................................................40


Para el 9 de agosto de 2025

7. El Pan y el Agua de vida ..................................................................... 47


Para el 16 de agosto de 2025

8. El pacto en el Sinaí ............................................................................ 54


Para el 23 de agosto de 2025

9. Cómo vivir la Ley ................................................................................61


Para el 30 de agosto de 2025

10. El pacto y el modelo .......................................................................... 68


Para el 6 de septiembre de 2025

11. Apostasía e intercesión ......................................................................75


Para el 13 de septiembre de 2025

12. “Te ruego que me muestres tu gloria”................................................ 82


Para el 20 de septiembre de 2025

13. El Tabernáculo .................................................................................. 89


Para el 27 de septiembre de 2025

Guía de Estudio de la Biblia Traducción


(Lecciones de la Escuela Sabática) Hugo A. Cotro
Edición para Adultos
Redacción editorial
Julio-septiembre de 2025
Eric E. Richter
Autor
Corrección
Jiří Moskala
Pablo M. Claverie
Dirección general
Diseño
Clifford R. Goldstein
Giannina Osorio / Osvaldo Ramos
Dirección
Ilustraciones
Marcos G. Blanco
Lars Justinen
INTRODUCCIÓN

EL ÉXODO: VIAJE A LA
TIERRA PROMETIDA

E l libro de Éxodo revela al Señor como el Dios de amor que trajo la salvación
y la liberación a su pueblo en el momento señalado y con sus poderosas
acciones (Gén. 15:12-16). El Éxodo de Egipto y el cruce del Mar Rojo fueron
acontecimientos cruciales y únicos, actos espectaculares y maravillosos realizados
por Dios. Ningún evento mayor o más glorioso que esos ocurrió en la historia del
antiguo Israel antes de la cruz. Por lo tanto, la historia de la liberación del pueblo
de Dios de la esclavitud en Egipto es, por así decirlo, el Evangelio según Moisés.
Dios actuó repetidamente de manera milagrosa para demostrar su cuidado
y su protección en favor de los hebreos a pesar sus constantes recaídas. La
misericordia divina superó con creces la capacidad de ellos para entenderla
y procesarla emocionalmente. Con su brazo extendido, el Señor condujo a su
pueblo a la libertad. Fue un acto sin precedentes. Esta inesperada serie de in-
tervenciones divinas fue el comienzo de una renovada experiencia de ellos con
Dios, un viaje desde Egipto hasta Canaán.
Aunque desempeña un papel importante en el libro de Éxodo, Moisés no es
su personaje central, sino el Dios del amor, la verdad, la justicia, la libertad y el
perdón, el Dios que finalmente fue a la cruz por nosotros. Al estudiar el libro
de Éxodo, obtenemos una visión única de cómo es realmente nuestro Dios.
¿Cómo es él en realidad? Es un Dios que fue fiel a su pueblo a pesar de la
infidelidad de este. Un Dios que siempre estuvo a su lado, incluso cuando es-
taban en su contra. Una y otra vez les mostró su misericordia, proveyéndoles
ánimo, corrección e instrucción. Al guiarlos de la mejor manera posible, quiso
que lo adoraran y obedecieran voluntariamente, por amor a él y a su carácter,
y por su propio bien.
El Dios de Moisés es el de las relaciones. Su objetivo primordial no era lograr
algo o cumplir una agenda, sino entablar una relación significativa, una comu-
nión profunda con Israel, su pueblo elegido, para lo cual lo condujo al Sinaí.
El apóstol Pablo enseña que lo sucedido al pueblo de Dios en el pasado es una
lección objetiva para nosotros, a fin de que podamos aprender de sus errores y
seguir fielmente al Señor hoy: “Estas cosas les sucedieron por ejemplo, y fueron
escritas para advertirnos a nosotros, a los que han llegado al fin del tiempo”
(1 Cor. 10:11). Estos acontecimientos pasados deberían ser una advertencia y una
fuente de instrucción inolvidable para nosotros. Deberíamos leerlos, estudiarlos
y aprender de ellos, porque, por diferentes que sean las circunstancias, los prin-
cipios espirituales que los sustentan siguen siendo los mismos.
Nuestro plan para el estudio del libro de Éxodo durante estas trece semanas
es sencillo. El libro se ha dividido en lecturas semanales de capítulos de diversa
2
extensión y organizados temáticamente para un mayor
aprovechamiento: (1) La esclavitud en Egipto, el naci-
miento de Moisés y sus primeros cuarenta años (Éxo.
1-2); (2) el llamado de Dios a Moisés (Éxo. 3-4); (3) las
complicaciones que aparecen cuando la vida empeora
(Éxo. 5-6); (4) las nueve primeras plagas (Éxo. 7-10); (5) la
décima plaga y la celebración de la Pascua (Éxo. 11-12);
(6) la liberación de Egipto y la experiencia del Mar Rojo
(Éxo. 13-15); (7) el viaje al monte Sinaí (Éxo. 16-18); (8) el
don del pacto de Dios y el Decálogo (Éxo. 19-20); (9) la
aplicación de la Ley de Dios (Éxo. 21-23); (10) el pacto con-
firmado y el plano del Tabernáculo (Éxo. 24-31); (11) la
apostasía del becerro de oro y la intercesión de Moisés
(Éxo. 32); (12) la autorevelación de Dios y el resplandor en
el rostro de Moisés (Éxo. 33-34); (13) la construcción y la
dedicación del Tabernáculo (Éxo. 35-40). Cada semana
nos centraremos en pasajes y acontecimientos clave de
los capítulos indicados.
Que nuestro bondadoso Señor nos bendiga al es-
tudiar este libro fundamental que nos recuerda cómo
quiere Dios conducir a su pueblo desde la esclavitud
hasta la libertad, de la muerte a la vida y del desierto a
la Nueva Jerusalén (Heb. 12:22).

Jiří Moskala es profesor de Exégesis y Teología del Antiguo Testa-


mento y decano del seminario teológico adventista de la Universi-
dad Andrews.

3
Todas las citas bíblicas cuya referencia no tenga aclaración han sido ex-
traídas de la versión Nueva Reina-Valera 2000 Actualizada (NRV-2000). © So-
ciedad Bíblica Emanuel, 2020. [Link]. Además, en esta obra
se citan las siguientes versiones de la Biblia: — Dios habla hoy® (DHH), 3ª ed.
© Sociedades Bíblicas Unidas, 1966, 1970, 1979, 1983, 1996. — Nueva Versión
Internacional (NVI). © Sociedad Bíblica Internacional, 1999. — Reina-Valera
1909 (RVA). — Reina-Valera contemporánea (RVC). © Sociedades Bíblicas
Unidas, 2009, 2011. En dominio público.

La oficina de las Guías de Estudio de la Biblia para Adultos de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día prepara estas Guías de Estudio de la Biblia.
La preparación de las Guías está bajo la dirección general de la Comisión de Publicaciones de la Escuela Sabática, una subcomisión de la Junta Directiva de la
Asociación General (ADCOM) que publica las Guías de Estudio de la Biblia. La Guía publicada refleja la contribución de una comisión mundial de evaluación y la
aprobación de la Comisión de Publicaciones de la Escuela Sabática, y por ello no representa necesariamente la intención del autor. El contenido de esta edición de
adultos de la Escuela Sabática es responsabilidad del Departamento de la Guía de Estudio de la Biblia para Adultos. Puede contactarnos al correo electrónico de
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“Reavivados por su Palabra”


Sigue el plan que consiste en leer toda la Biblia en menos de cinco años.
Al pie de cada día encontrarás los capítulos correspondientes a esa jornada.

4
Lección 1: Para el 5 de julio de 2025

OPRESIÓN: EL TRASFONDO Y
EL NACIMIENTO DE MOISÉS
Sábado 28 de junio

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Éxodo 1:1-22; Génesis 37:26-28; 39:2, 21;
Hechos 7:6; Gálatas 3:16, 17; Éxodo 2:1-25.

PARA MEMORIZAR:
“Los israelitas, gimiendo a causa de la servidumbre, clamaron, y su clamor subió
hasta Dios con motivo de su servidumbre. Dios oyó su gemido, y se acordó de su
pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Y miró Dios a los israelitas y reconoció su con-
dición” (Éxo. 2:23-25).

E l libro de Éxodo resuena con relatos de oprimidos, marginados, perseguidos,


explotados y degradados. Por lo tanto, quienes se sienten hoy abandonados,
olvidados y esclavizados pueden tener esperanza, pues el mismo Dios que
salvó a los hebreos es capaz de salvarlos a ellos también.
Éxodo habla de las batallas existenciales, las injusticias y las pruebas que
forman parte de la vida. Todos pueden sentirse alentados por los relatos de las
intervenciones de Dios en favor de su pueblo sufriente. El Señor escucha el clamor
de los oprimidos, ve sus luchas, nota sus lágrimas y agonía, y acude en su rescate.
Dios toma la iniciativa para liberar a quienes confían en él. Solo tenemos
que aceptar por fe lo que él nos ofrece. Por eso es necesario estudiar el Éxodo,
porque señala lo que Jesús ha hecho por todos nosotros. Es un libro acerca
de la redención, la liberación y la salvación final. Todo lo cual está a nuestra
disposición por la fe gracias a lo que Cristo Jesús ha logrado en nuestro favor.
En medio de la confusión y la oscuridad, si nuestros ojos están fijos en Dios,
podemos reconocer su presencia, su cuidado y su ayuda mientras nos guía a la
eterna “Tierra Prometida”.
Reavivados por su Palabra: Hoy, Éxodo 23. 5
Lección 1 | Domingo 29 de junio

EL PUEBLO DE DIOS EN EGIPTO


El libro de Éxodo es conocido como shemot (“nombres”) en hebreo, en ar-
monía con las palabras iniciales de ese antiguo documento que comienza con
la expresión: “Estos son los nombres...”, en referencia a los de la familia del
patriarca Jacob que se enumeran desde el principio.

Lee Éxodo 1:1 al 7. ¿Qué verdad crucial se expresa aquí?

El libro de Éxodo comienza con un recordatorio de la bendición de Dios.


Cuando el patriarca Jacob y su familia se establecieron en Egipto eran solo se-
tenta personas (Gén. 46:27; Éxo. 1:5), pero los israelitas “crecieron y se multipli-
caron. Se aumentaron y fortalecieron en extremo, y llenaron el país” (Éxo. 1:7).
En la época del Éxodo eran “como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar
las mujeres y los niños” (Éxo. 12:37).

Lee Éxodo 1:8 al 11. ¿Cuál era la situación de los israelitas en el momento
del Éxodo?

El texto bíblico describe con tonos oscuros la historia de los hijos de Israel en
Egipto, ya que comienza con su esclavitud a manos de los capataces egipcios y el
trabajo opresivo que se les impuso. Sin embargo, el libro de Éxodo termina con
la presencia apacible y reconfortante de Dios en el Tabernáculo, en el centro del
campamento israelita (ver Éxo. 40). Entre estos dos polos opuestos se describe
el triunfo de Dios. Al liberar el Señor a su pueblo de la esclavitud, al abrir el Mar
Rojo y al derrotar al ejército más poderoso de la época, se revela la espectacular
victoria de Dios sobre las fuerzas del mal.
El relato destaca la paradoja de que, cuanto más afligían los opresores a los
israelitas, “tanto más se multiplicaban y crecían” (Éxo. 1:12). Es decir, indepen-
dientemente de las maquinaciones humanas, Dios sigue siendo soberano y
salvará a su pueblo aunque las circunstancias parezcan desesperadas, al menos
desde una perspectiva humana.

Surgió un nuevo rey que no conocía a José. ¿Qué nos enseña este relato acerca del
error de dar por sentadas las circunstancias, especialmente las buenas?

6 Reavivados por su Palabra: Hoy, Éxodo 24.


Lunes 30 de junio | Lección 1

EL TRASFONDO HISTÓRICO
Cuando la familia de Jacob llegó a Egipto después de pasar hambre en Canaán
(Gén. 46), el rey egipcio se mostró amigable con los hebreos a causa de José y de
todo lo que este había hecho por los egipcios.
“Y agregó Faraón a José: ‘Ahora te he puesto sobre toda la tierra de Egipto’.
Entonces Faraón quitó su anillo de su mano y lo puso en la mano de José. Lo
hizo vestir de lino finísimo y puso un collar de oro en su cuello. Lo hizo subir
en su segundo carro, y pregonaron ante él: ‘¡Doblen la rodilla!’ Y lo puso sobre
toda la tierra de Egipto” (Gén. 41:41–43).

¿Cuál fue la clave del asombroso éxito de José en Egipto tras un comienzo
tan difícil? (Lee Gén. 37:26–28; 39:2, 21).

El trasfondo histórico más plausible acerca de la historia de José es el si-


guiente: El nuevo gobernante “que no conocía a José” (Éxo. 1:8) fue Amosis I
(1570 a. C.-1546 a. C.). Luego vino Amenhotep I (1546 a. C.-1526 a. C.), el gobernante
que temía a los israelitas y los oprimía. Más tarde, Tutmosis I (1525 a. C.-1512 a.
C.) decretó la muerte de todos los hijos varones hebreos recién nacidos. Su hija
Hatshepsut (1503 a. C.-1482 a. C.) fue la princesa que adoptó a Moisés como hijo.
El faraón Tutmosis III (1504 a. C.-1450 a. C.), corregente de Hatshepsut durante
algún tiempo, fue el faraón del Éxodo.
El Éxodo ocurrió, según los mejores cálculos, en marzo del año 1450 a.
C. (ver William H. Shea, “Exodus, date of the”, en The International Standard
Bible Encyclopedia, editada por Geoffrey W. Bromiley y otros [Grand Rapids, MI:
Eerdmans, 1982], t. 2, pp. 230-238). Para comprender la época del Éxodo, estudia
los siguientes textos bíblicos: Génesis 15:13-16; Éxodo 12:40, 41; Jueces 11:26;
1 Reyes 6:1 (ver también Hech. 7:6; Gál. 3:16, 17).
El primer capítulo del libro de Éxodo abarca un largo período: desde la época
de José, cuando su padre Jacob con toda la familia entró en Egipto, hasta el de-
creto de muerte del faraón. Aunque existe cierto debate acerca de la extensión
exacta de ese período, lo importante es que el Señor no se olvidó de ellos incluso
cuando el pueblo de Dios era esclavizado en tierra extranjera.
Es decir, aunque desconocemos por ahora muchos detalles acerca de la
historia de los hebreos en Egipto en aquella época (ver 1 Cor. 13:12), la revelación
del carácter de Dios sigue brillando a través de las páginas de este libro al igual
que en toda la Escritura. Por adversas que sean las circunstancias, Dios siempre
está presente y podemos confiar en él cualquiera que sea nuestra situación.

Reavivados por su Palabra: Hoy, Éxodo 25. 7


Lección 1 | Martes 1° de julio

LAS PARTERAS DE LAS HEBREAS


No es posible entender el libro de Éxodo sin el precedente de las enseñanzas
del Génesis. Los israelitas se trasladaron a Egipto y fueron esclavizados allí tras
una época de gran prosperidad y paz.
Dios no abandonó a su pueblo, aunque a veces pueda dar esa impresión. Sin
duda, muchos hebreos se desesperaron por su difícil situación. No obstante, el
Señor acudió en el momento de angustia para auxiliarlos con su mano poderosa.
Nuestro Señor anima a sus seguidores: “Invócame en el día de la angustia; te
libraré, y tú me honrarás” (Sal. 50:15).

Lee Éxodo 1:9 al 21. ¿Qué papel clave desempeñaron las parteras fieles
y por qué su actuación quedó registrada para la posteridad?

En el libro de Éxodo no se menciona el nombre de ningún faraón. Solo re-


ciben el título de “faraón”, que significa “rey”. Los egipcios creían que el faraón
era una deidad en la Tierra, el hijo del dios Ra (o de Osiris u Horus), considerado
la deidad egipcia más elevada, el mismísimo dios solar.
Sin embargo, a pesar de todo su poder, este “dios” no era capaz de obligar
a las parteras a actuar contra sus convicciones. De hecho, en contraste con el
faraón sin nombre, se identifica a las dos parteras como Sifra y Pua (Éxo. 1:15),
muy estimadas porque temían al Señor. La malvada orden del faraón no tuvo
efecto en ellas porque respetaban más a Dios que las órdenes de un gobernante
terrenal (ver también Éxo. 5:29). En consecuencia, Dios las bendijo juntamente
con sus respectivas familias. Qué poderoso testimonio de fidelidad. Estas mu-
jeres no solo sabían qué era lo correcto, sino que también decidieron hacerlo a
pesar de su escaso conocimiento teológico.
Cuando el faraón vio que su complot fracasaba, ordenó a los egipcios que
mataran a todos los bebés varones hebreos recién nacidos. Debían arrojarlos
al río Nilo, probablemente como ofrenda a Hapi, dios del Nilo y de la fertilidad.
Este es el primer caso registrado de israelitas condenados a muerte solo por
ser israelitas. El propósito del decreto de muerte era someter a los hebreos ani-
quilando a sus descendientes varones e integrando a sus mujeres a la nación
egipcia para terminar así con la amenaza que el faraón creía que representaban
para su nación.

Las parteras no solo sabían qué era lo correcto, sino que también actuaron en
armonía con ello. ¿Qué mensaje representa esto para nosotros?

8 Reavivados por su Palabra: Hoy, Éxodo 26.


Miércoles 2 de julio | Lección 1

EL NACIMIENTO DE MOISÉS
Lee Éxodo 2:1 al 10. ¿Qué papel desempeñaron la providencia y la pro-
tección de Dios en la historia del nacimiento de Moisés?

El trasfondo histórico del nacimiento y la vida de Moisés es apasionante


porque él vivió durante la época de la célebre decimoctava dinastía egipcia. Uno
de los reyes de esta dinastía, Tutmosis III, llamado el “Napoleón de Egipto”, es
considerado uno de los faraones más famosos del antiguo Egipto.
Aunque fue condenado a muerte al nacer (ver Éxo. 1:22), Moisés nació como
un hijo especial (hebreo tob, literalmente “bueno”; Éxo. 2:2). El término hebreo
tob describe algo más que la belleza externa. Esta palabra se utiliza, por ejemplo,
para caracterizar la obra de Dios durante la semana de la Creación, cuando
declaró que todo era “muy bueno” (Gén. 1:4, 10, 31).
Como nueva creación, este niño “bueno” llegaría a ser, en armonía con el plan
de Dios, el adulto que libertaría a los hebreos de su esclavitud. ¿Quién habría ima-
ginado cuando nació, especialmente en circunstancias tan terribles, el futuro
de este niño? Sin embargo, Dios cumpliría las promesas que hizo a Abraham,
Isaac y Jacob de otorgar la Tierra Prometida a sus descendientes (Éxo. 2:24, 25),
para lo cual utilizaría a este bebé tob décadas más tarde.
La princesa egipcia Hatshepsut adoptó a Moisés como hijo. El nombre dado
a Moisés es de origen egipcio y significa “hijo de” o “nacido de”, como se refleja
en los nombres Amosis (“hijo de Aj”) o Tutmosis (“hijo de Tut”). En hebreo
su nombre significa “sacado”, ya que fue milagrosamente salvado cuando fue
“sacado” del río.
Es poco lo que sabemos acerca de sus primeros años de vida. Tras ser salvado
milagrosamente y adoptado por Hatshepsut, Moisés vivió sus primeros doce
años con su familia original (Éxo. 2:7-9; Elena de White, Patriarcas y profetas,
p. 251) y recibió la mejor educación egipcia con el fin de prepararlo para ser
el próximo faraón de Egipto (Patriarcas y profetas, p. 245). Gran parte de esa
educación resultó inútil e incluso contraria a lo que realmente importaba: el
conocimiento de Dios y de su verdad.

¿Cuánto de lo que estás aprendiendo es en última instancia inútil para lo que


realmente importa?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Éxodo 27. 9


Lección 1 | Jueves 3 de julio

UN CAMBIO DE PLANES
Lee Éxodo 2:11 al 25. ¿Qué eventos sucedieron precipitadamente y cam-
biaron por completo el rumbo de la vida de Moisés? ¿Qué lecciones podemos
aprender de esta historia?

¿Qué haría Moisés? ¿Sucumbiría a la atracción de Egipto y a los placeres de la


corte o soportaría las penurias junto a su pueblo? Los acontecimientos pronto
lo obligaron a tomar una decisión.
“Al oír esto, Faraón procuró matar a Moisés. Pero Moisés huyó de Faraón y fue
a vivir en la tierra de Madián. Al llegar allá se sentó junto a un pozo” (Éxo. 2:15).
Después de su crimen, Moisés realmente no tuvo elección, al menos en
lo que respecta a permanecer en Egipto. Cualesquiera que fueran los planes
que tenía para ascender al trono de Egipto y convertirse en un “dios”, ellos se
desvanecieron rápidamente. En lugar de convertirse en un dios, en uno falso,
Moisés serviría al Dios verdadero. Cuando huyó, Moisés no tenía idea de lo que
le deparaba el futuro.
“Todo el asunto [de la muerte del egipcio a manos de Moisés], exagerado en
sumo grado, se supo rápidamente entre los egipcios, y hasta llegó a oídos de
Faraón. Se le dijo al rey que este acto era muy significativo; que Moisés tenía el
propósito de acaudillar a su pueblo contra los egipcios; que quería derrocar el
Gobierno y ocupar el trono; y que no habría seguridad para el reino mientras él
viviese. El monarca determinó enseguida que debía morir; pero, reconociendo
su peligro, Moisés decidió escapar y huyó hacia Arabia” (Elena de White, Pa-
triarcas y profetas, p. 253).
Moisés vivió 120 años (Deut. 34:7), y su vida puede dividirse en tres etapas de
40 años cada una. Pasó los primeros 40 años en Egipto, gran parte de ellos en el
palacio real. Los segundos 40 años transcurrieron en casa de Jetro, en Madián.
Sin embargo, son los últimos 40 años los que ocupan la mayor parte de los
libros de Moisés y narran la historia del llamado divino hecho a Israel para que
diera testimonio acerca de quién y cómo es Dios, de su naturaleza y su carácter,
a un mundo sumido en la idolatría (ver Deut. 4:6-8).

¿Era el plan de Dios que Moisés matara al egipcio? De no ser así, ¿qué nos enseña
esta historia acerca de cómo Dios puede imponerse en cualquier situación y uti-
lizarla para sus propósitos? ¿Cómo nos ayuda Romanos 8:28 a comprender esta
importante verdad?

10 Reavivados por su Palabra: Hoy, Éxodo 28.


Viernes 4 de julio | Lección 1

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:


Lee el capítulo titulado “Moisés” en el libro Patriarcas y profetas, de Elena de
White, pp. 246-256, el cual provee vislumbres significativas acerca de la porción
bíblica estudiada esta semana.
El texto bíblico dice que “las parteras temieron a Dios, y no hicieron como
les mandó el rey de Egipto, sino que preservaron la vida de los niños” (Éxo. 1:17).
Elena de White comenta lo siguiente acerca de la fidelidad de estas dos mujeres
y de la esperanza mesiánica: “Se ordenó a las mujeres cuya profesión les daba
la oportunidad de hacerlo que dieran muerte a los niños varones hebreos en
el momento de nacer. Satanás fue el instigador de ese plan. Sabía que entre los
israelitas se levantaría un libertador; y al inducir al rey a destruir a los niños
varones esperaba frustrar el propósito divino. Pero esas mujeres temían a Dios,
y no osaron ejecutar tan cruel mandato. El Señor aprobó su conducta, y las
prosperó” (Elena de White, Patriarcas y profetas, pp. 247, 248).
Lo bueno de todo esto es que Dios se impuso y utilizó a personas fieles para
desbaratar los planes de Satanás. Vivimos en el territorio de nuestro Enemigo,
a quien Jesús llamó “el príncipe de este mundo” (Juan 14:30; Efe. 2:2). Satanás
usurpó esta posición a Adán, pero Jesucristo lo derrotó durante su vida y me-
diante su muerte en la cruz (Mat. 4:1-11; Juan 19:30; Heb. 2:14). Aunque Satanás
sigue vivo y activo, como lo reveló su intento de matar a esos niños, su propia
destrucción es segura (Juan 12:31; 16:11; Apoc. 20:9, 10, 14). La buena noticia es que
las dificultades de la vida pueden ser superadas por la gracia de Dios (Fil. 4:13).
Esa gracia es nuestra única esperanza.

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:


1. ¿Por qué permitió Dios que los hebreos vivieran en Egipto y fueran opri-
midos? ¿Por qué tardó tanto en intervenir en favor de ellos? Recuerda que
cada persona sufre solo mientras vive. Es decir, el tiempo de sufrimiento
de la nación fue largo, pero cada persona sufrió solo mientras vivió. ¿Por
qué es importante hacer esa distinción para tratar de entender el sufri-
miento humano en general?
2. Reflexiona acerca de cómo pudo Dios utilizar el acto impulsivo de Moi-
sés de matar al egipcio. Supón que no lo hubiera hecho. ¿Habría signifi-
cado eso que los hebreos no habrían sido finalmente liberados de Egipto?
Explica tus ideas al respecto.

Reavivados por su Palabra: Hoy, Éxodo 29. 11


Lección 2: Para el 12 de julio de 2025

LA ZARZA ARDIENTE
Sábado 5 de julio

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Éxodo 18:3, 4; 3:1–22; Génesis 22:11,
15–18; Éxodo 6:3; Joel 2:32; Éxodo 4:1–31; Génesis 17:10, 11.

PARA MEMORIZAR:
“El Señor le dijo: ‘He visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, he oído el
clamor que les arrancan sus opresores, pues conozco sus angustias. Y he descen-
dido a librarlos de mano de los egipcios, y a sacarlos de este país para llevarlos a
una tierra buena y espaciosa, que mana leche y miel’ ” (Éxo. 3:7, 8).

E l llamado que Dios nos hace cambia el rumbo de nuestra vida. Si seguimos
ese llamado, descubriremos que el camino de Dios es siempre la mejor
opción para nosotros. Sin embargo, a veces no es fácil aceptar en un primer
momento el llamado de Dios.
Tal fue el caso de Moisés y el llamado que Dios le hizo a partir del encuentro
en la zarza ardiente. Aunque Moisés pudo haber conocido o no las leyes de la
combustión, sabía que lo que estaba viendo era un milagro, y ciertamente esto
llamó su atención. El Señor lo estaba llamando sin duda a una tarea específica.
La cuestión era si respondería al llamado a pesar del cambio radical que este
supondría en su vida. Moisés no se mostró muy receptivo al principio.
Tal vez recuerdes ocasiones en las que tenías objetivos concretos, pero Dios
redirigió tus planes. Es cierto que podemos ser útiles a Dios de muchas maneras,
pero aceptar el llamado de Dios y hacer lo que él nos indica es sin duda el camino
hacia la existencia más satisfactoria. Puede que no siempre sea fácil, y no lo fue
para Moisés, pero cuán insensato es seguir nuestro propio camino cuando Dios
nos llama en otra dirección.

12 Reavivados por su Palabra: Hoy, Éxodo 30.


Domingo 6 de julio | Lección 2

LA ZARZA ARDIENTE
Moisés tuvo una vida relativamente tranquila después de huir a Madián,
donde se casó, tuvo dos hijos, Gersón y Eliezer (Éxo. 18:3, 4), y formó parte de
la extensa familia de Jetro, su suegro y sacerdote de ese lugar. Pasó cuarenta
relajados años trabajando como pastor y disfrutando de la presencia de Dios
tal como se revela en la naturaleza.
Sin embargo, este tiempo no tuvo el propósito de que Moisés simplemente
disfrutara de la naturaleza. Estos años de comunión con el Señor lo transfor-
maron y lo prepararon para el liderazgo. Dios también utilizó a Moisés en el
tranquilo desierto para escribir, bajo inspiración divina, dos de los libros bíblicos
más antiguos: Job y Génesis (ver Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 256;
Francis D. Nichol, ed., Comentario bíblico adventista del séptimo día [Florida: ACES,
1994], t. 3, p. 1.158). Moisés también recibió de Dios vislumbres cruciales acerca
del Gran Conflicto, la Creación, la Caída, el Diluvio, la historia de los patriarcas
y, lo más importante, el plan de salvación. Por lo tanto, Moisés desempeñó un
papel decisivo para comunicar a toda la humanidad el verdadero conocimiento
del Dios vivo, nuestro Creador y Sustentador, y de lo que está haciendo en vista
del pecado que ha causado estragos en este planeta. La historia bíblica y de la
salvación tienen poco sentido sin el fundamento crucial que Moisés nos dejó
bajo inspiración, especialmente en el libro de Génesis.

Lee Éxodo 3:1 al 6. ¿Qué significa el hecho de que el Señor se presentó a


Moisés como “Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob”?

Al ver que la zarza ardiente no era consumida por el fuego, Moisés supo que
estaba ante un milagro y que algo dramático e importante estaba ocurriendo. Al
acercarse, el Señor le dijo que se quitara el calzado en señal de profundo respeto,
ya que la presencia de Dios hacía sagrado aquel lugar.
El Señor se presentó a Moisés como “Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios
de Jacob” (Éxo. 3:6). Dios había prometido a estos patriarcas que sus descen-
dientes heredarían Canaán, una promesa que Moisés seguramente conocía. De
esa manera, incluso antes de decirlo, el Señor ya estaba preparando el camino
para que Moisés supiera lo que se avecinaba y el papel crucial que este habría
de desempeñar.

Moisés necesitó ochenta años antes de que Dios lo considerara preparado para su
tarea. ¿Qué nos puede enseñar esto acerca de la paciencia?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Éxodo 31. 13


Lección 2 | Lunes 7 de julio

EL ÁNGEL DEL SEÑOR


“El ángel del Señor” apareció a Moisés “entre las llamas de una zarza ar-
diente” (Éxo. 3:2, NVI). Fue Jesús mismo quien habló a Moisés “desde la zarza”
(Éxo. 3:4).
No siempre que en la Biblia se usa el título “el ángel del Señor” se hace una
referencia a Jesucristo. El término “ángel” significa simplemente “mensajero”
(mal’aj en hebreo) y es el contexto el que determina si se refiere a un ser hu-
mano, a un ángel o a Jesús. En muchos casos, “el ángel del Señor” se refiere en
la Biblia a una persona divina (analiza, por ejemplo, Gén. 22:11, 15-18; 31:3, 11, 13;
Juec. 2:1, 2; 6:11-22; Zac. 3:1, 2). Cuando es así, el ángel del Señor no solo habla en
nombre de este, sino que es el Señor mismo. Jesús es el mensajero de Dios para
comunicarnos la Palabra del Padre.

Lee Éxodo 3:7 al 12. ¿Cómo explicó Dios a Moisés por qué quería inter-
venir en favor de los hebreos esclavizados en Egipto?

El sufrimiento del pueblo de Dios en Egipto es descrito dramáticamente


como un gemido y un desesperado pedido de auxilio. Dios escuchó el clamor
de ellos y se preocupó por su situación (Éxo. 2:23-25). Los llamó “mi pueblo”
(Éxo. 3:7). Es decir, incluso antes del Sinaí y de la ratificación del pacto, ellos
eran su pueblo, y él los haría habitar y prosperar (si obedecían) en la tierra de
Canaán, como prometió a sus ancestros.
Dios dijo a Moisés que lo enviaba al faraón con una misión específica: “Así
que ahora, ve. Te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, los
israelitas” (Éxo. 3:10, NVI). Dios llama a los hebreos nuevamente “mi pueblo”.
¡Menuda tarea requería Dios de su siervo! En vista de ello, Moisés respondió
con una pregunta: “¿Quién soy yo?” Al comprender el significado de lo que
sucedería y cuál sería su papel en todo esto, Moisés preguntó por qué había
sido elegido por Dios. Aquí tenemos desde el mismo principio una indicación
de su carácter, su humildad y su convicción de que no es digno de realizar lo
que se le pide.
¿Por qué es tan importante la humildad y el sentido de la propia “indignidad”
para quien pretenda seguir al Señor y hacer algo por él?

14 Reavivados por su Palabra: Hoy, Éxodo 32.


Martes 8 de julio | Lección 2

EL NOMBRE DEL SEÑOR


Lee Éxodo 3:13 al 22. ¿Por qué quería Moisés conocer el nombre de Dios
y qué significa su pedido?

Dios se presenta a Moisés como eheyeh asher ‘eheyeh, que significa literal-
mente: “Yo seré quien seré” o “Yo soy quien soy”. En Éxodo 3:12, Dios utiliza
el mismo verbo (‘eheyeh) que en el versículo 14, cuando dice a Moisés: “Estaré
(‘eheyeh) contigo”. Esto significa que Dios es eterno. Es el Dios trascendente y a
la vez cercano que habita con los “contritos y humildes de espíritu” (Isa. 57:15).
“Yahvé”, el nombre propio de Dios (traducido en las versiones bíblicas nor-
malmente como “el Señor”), era conocido por el pueblo de Dios desde el prin-
cipio, aunque no percibieran su significado más profundo. Moisés también
conocía el nombre “Yahvé”, pero, al igual que los demás, desconocía su verdadero
significado. Su pregunta: “¿Cuál es tu nombre?” es una indagación acerca de ese
significado más profundo.
Una pista útil acerca de esto se encuentra en Éxodo 6:3, donde Dios declaró:
“Me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Todopoderoso, pero por mi
nombre el Señor no me di a conocer plenamente a ellos” (Éxo. 6:3, NVI). Esto
no significa que Adán, Noé, Abraham y los patriarcas no conocieran el nombre
“Yahvé” (ver Gén. 2:4, 9; 4:1, 26; 7:5; 15:6-8; etc.). Significa, en cambio, que no
conocían su significado más profundo.
Su nombre, “Yahvé”, indica que es el Dios personal, el Dios de su pueblo,
el Dios del pacto. Es un Dios cercano, íntimo, que interviene en los asuntos
humanos. El Dios todopoderoso (Gén. 17:1) interviene milagrosamente con su
poder. Pero el nombre divino “Yahvé” destaca su poder moral mediante el amor
y el cuidado. Es el mismo Dios que Elohim (“Dios poderoso, fuerte, trascendente”,
el “Dios de todos los pueblos”, “el Gobernante del universo”, “el Creador de todo”),
pero el nombre mismo “Yahvé” revela diferentes aspectos de su relación con
la humanidad.
Conocer el nombre de Dios o invocarlo no es algo mágico. Se trata de una
proclamación acerca de quién es y de lo que significa enseñar a los demás la
verdad relativa a él y a la salvación que ofrece a quienes acuden a él con fe. Como
dice Joel: “Y todo el que invoque el nombre del Señor será salvo” (Joel 2:32).
¿Cómo has experimentado en tu propia vida la cercanía a Yahvé y la inti-
midad que desea tener con quienes se entregan a él?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Éxodo 33. 15


Lección 2 | Miércoles 9 de julio

CUATRO EXCUSAS
Lee Éxodo 4:1 al 17. ¿Qué señales permitió Dios que Moisés realizara
para reforzar así la posición de este como su mensajero?

Moisés trató nuevamente de rehuir la tarea que Dios le encomendaba (ver


Éxo. 3:11). No quería ir a Egipto y enfrentarse al faraón. Después de todo, ya había
fracasado antes cuando intentó por su cuenta ayudar a los hebreos. Además, su
propio pueblo no creía en él ni lo aceptaba como su líder. Por eso formuló una
tercera objeción: “¿Y si no me creen ni me escuchan?” (Éxo. 4:1, NVI). No era
una pregunta motivada por el deseo de aprender algo nuevo, sino una manera
de rehuir la responsabilidad que Dios le pedía que asumiera.
Se ordena entonces a Moisés realizar dos señales milagrosas ante los an-
cianos de Israel y, más tarde, ante el faraón: Su vara se convierte en serpiente y
luego vuelve a ser un bastón. Luego, su mano se vuelve leprosa, pero es curada
al instante. Ambos milagros debían convencer a los ancianos de que Dios había
elegido a Moisés como su instrumento. Se añadió un tercer milagro por si aquello
no resultaba suficiente: convertir el agua en sangre (Éxo. 4:8, 9).
Aunque Dios habilitó a Moisés para realizar estos poderosos prodigios, este
aún expresa una cuarta otra excusa: no es buen orador.

Lee Éxodo 4:10 al 18. ¿Cómo responde el Señor a Moisés y qué lecciones
podemos extraer de ello para nosotros en el caso de cualquier misión a la
que creamos que Dios nos llama?

Este conjunto de cuatro excusas muestra la renuencia de Moisés a aceptar el


llamado de Dios. Enmascaró con objeciones “razonables” su renuencia a ir. Las
tres primeras excusas tienen forma de preguntas: ¿Quién soy yo? ¿Quién eres
tú? ¿Y si no me creen? La cuarta objeción es una afirmación: “No soy elocuente”.
Dios reaccionó ante todas ellas y aportó en cada caso una poderosa solución. En
respuesta a estas excusas, Dios presenta muchas promesas edificantes.
Moisés presenta entonces su quinta y última súplica, y pide directamente:
“Señor mío, por favor, envía a otro” (Éxo. 4:13). En respuesta, Dios le dice que ya
está enviando a su hermano Aarón a su encuentro como apoyo. Finalmente,
Moisés acepta en silencio el llamado y pide a Jetro su bendición antes de partir
hacia Egipto.
16 Reavivados por su Palabra: Hoy, Éxodo 34.
Jueves 10 de julio | Lección 2

LA CIRCUNCISIÓN
Lee Éxodo 4:18 al 31. ¿Cómo entendemos esta extraña historia y qué
lección podemos extraer de ella?

Los estudiantes de la Biblia se escandalizan cuando leen que, después de


que Moisés obedeció al Señor y emprendió el viaje de regreso a Egipto, el Señor
“estuvo a punto de matarlo” (Éxo. 4:24, NVI). Por el contexto del relato, es evi-
dente que se trataba de la circuncisión. Su hijo menor no estaba circuncidado,
como exigía el pacto abrahámico (Gén. 17:10, 11).
Como líder del pueblo de Dios, Moisés debía mostrar su perfecta sumisión
y obediencia al Señor a fin de estar capacitado a fin de guiar a otras personas
para que fueran obedientes. Tenía que ser un modelo de esa entrega total a Dios.
Su esposa, Séfora, era una mujer de acción, y circuncidó a su hijo para salvar la
vida de su marido. Ella tocó a Moisés con el “prepucio ensangrentado”, y esta
sangre representa la expiación, la vida y el sellamiento del pacto. El hecho de
que aquello se hiciera tan prontamente añadió dramatismo a la situación.
Es posible extraer una importante lección de este episodio; a saber, nunca
debemos dejar de hacer lo que sabemos que es correcto.
“Mientras se alejaba de Madián, Moisés tuvo una terrible y sorprendente
manifestación del desagrado del Señor. Se le apareció un ángel en forma ame-
nazadora, como si fuera a destruirlo inmediatamente. No le dio ninguna expli-
cación; pero Moisés recordó que había desdeñado uno de los requerimientos de
Dios y, cediendo a la persuasión de su esposa, había dejado de cumplir el rito de
la circuncisión en su hijo menor. Falló en cumplir con la condición que podía
dar a su hijo el derecho de recibir las bendiciones del pacto de Dios con Israel;
y tal descuido de parte del jefe elegido no podía menos que menoscabar ante
el pueblo la fuerza de los preceptos divinos. Séfora, temiendo que su esposo
fuese muerto, realizó ella misma el rito, y entonces el ángel permitió a Moisés
continuar la marcha. En su misión ante Faraón, Moisés iba a exponerse a un
gran peligro; su vida podía preservarse solo mediante la protección de los santos
ángeles. Pero no estaría seguro mientras tuviera un deber conocido sin cumplir,
pues los ángeles de Dios no podrían escudarlo” (Elena de White, Patriarcas y
profetas, p. 261).

¿Qué te dice esta historia si eres culpable de descuidar lo que sabes que deberías
hacer? ¿Qué cambios necesitas hacer, incluso ahora mismo?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Éxodo 35. 17


Lección 2 | Viernes 11 de julio

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:


Lee el capítulo titulado “Moisés” en el libro Patriarcas y profetas, de Elena
de White, pp. 256-261.
El dramático llamado desde la zarza ardiente fue probablemente la expe-
riencia más transformadora de la vida de Moisés. Todos los otros momentos
importantes de su existencia dependieron de su respuesta positiva y obediente
al requerimiento divino de sacar a los hebreos de Egipto y conducirlos a la Tierra
Prometida.
Nosotros sabemos cómo terminó todo. Pero ponte en el lugar de Moisés
cuando estuvo ante la zarza ardiente. Había huido de Egipto para salvar su vida.
Una nueva generación de hebreos había llegado a la escena durante los últimos
cuarenta años, muchos de los cuales probablemente sabían poco acerca de él o
habían recibido información distorsionada acerca de su persona. Sin embargo,
¿ahora era llamado por Dios para guiar a este mismo pueblo lejos de una nación
poderosa? No es de extrañar que al principio se mostrara reacio.
Sí, era una tarea extremadamente exigente, pero imagina lo que Moisés ha-
bría perdido si se hubiera negado definitivamente a aceptar el llamado de Dios.
Tal vez habría desaparecido de las páginas de la historia en lugar de convertirse
en una de las personas más grandes e influyentes, no solo del ámbito bíblico,
sino del mundo mismo gracias al poder de Dios que obró en él.

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:


1. En los tranquilos años que pasó en el desierto, Moisés hizo lo que Dios
lo llamó a hacer: fue padre de familia, cuidó ovejas y escribió dos libros
bíblicos bajo la inspiración de Dios antes de ser llamado a ser un gran
líder del pueblo de Dios. ¿Qué nos enseña la experiencia de Moisés acerca
de nuestros deberes en la vida?
2. Se podría argumentar que, a primera vista, las excusas de Moisés eran
en sí mismas bastante razonables. ¿Por qué debería creerme el pueblo?
¿Quién soy yo? No sé hablar bien. ¿Qué debería decirnos esta historia
acerca de cómo aprender a confiar en que Dios puede capacitarnos para
realizar lo que él nos llama a hacer?
3. Profundiza en el punto tratado en el estudio del día domingo acerca de
la autoría mosaica del libro de Génesis y en cuán importante es esa obra
para comprender la historia sagrada y el plan de salvación. ¿Por qué de-
bemos luchar contra los numerosos intentos de debilitar la autoridad
del libro, especialmente negando la historicidad de los primeros once
capítulos?

18 Reavivados por su Palabra: Hoy, Éxodo 36.


Lección 3: Para el 19 de julio de 2025

UN COMIENZO DIFÍCIL
Sábado 12 de julio

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Éxodo 5:1–23; Apocalipsis 11:8; Éxodo
6:1–13; Salmos 73:23–26; 2 Corintios 6:16; Éxodo 6:28-7:7.

PARA MEMORIZAR:
“Después Moisés y Aarón se presentaron ante Faraón, y le dijeron: ‘El Señor, el
Dios de Israel, dice así: ‘Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto’. Y Fa-
raón respondió: ‘¿Quién es el Señor para que yo obedezca su voz y deje ir a Israel?
Yo no conozco al Señor, ni tampoco dejaré ir a Israel’ ” (Éxo. 5:1, 2).

M uchos creyentes piensan que seguir a Jesús trae consigo solo felici-
dad, prosperidad y éxito. Sin embargo, eso no es necesariamente así,
como la propia Biblia muestra a menudo. A veces aparecen muchos
obstáculos y nuevas dificultades. Esto puede resultar muy frustrante y suscita
preguntas que no siempre tienen respuestas sencillas o, al parecer, ninguna.
Quienes confían en Dios se enfrentarán a numerosas pruebas. Sin embargo,
cuando perseveramos, Dios nos provee soluciones en el momento correcto y
en sus términos. Sus caminos pueden entrar en conflicto con nuestras expec-
tativas de soluciones rápidas o instantáneas, pero debemos aprender a confiar
en él a pesar de todo.
El tema de esta semana es la orden dada a Moisés de sacar de Egipto al pueblo
de Dios, un llamado que no podía ser más claro, ya que incluyó milagros y la
comunicación verbal directa de Dios diciéndole exactamente qué quería que
hiciera.
Debería haber resultado sencillo para Moisés, ¿verdad?
Sigue leyendo.

Reavivados por su Palabra: Hoy, Éxodo 37. 19


Lección 3 | Domingo 13 de julio

¿QUIÉN ES EL SEÑOR?
Tras las órdenes de Dios, Moisés se presenta ante el faraón para iniciar el
proceso en virtud del cual él sacaría de Egipto al pueblo de Dios (Éxo. 3:10).

¿Cuál fue la respuesta del faraón a la exigencia divina: “Deja ir a mi


pueblo” (ver Éxo. 5:1, 2) y qué es lo significativo de su respuesta?

“¿Quién es el Señor?”, declara el faraón, no con el deseo de conocerlo, sino


como un acto de desafío o incluso de negación de Dios, a quien admite que no
conoce.
“Yo no conozco al Señor”, dice, casi como un alarde.
¿Cuántas personas han dicho lo mismo a lo largo de la historia? Cuán trá-
gico es eso porque, como dijo el mismo Jesús: “Y esta es la vida eterna, que te
conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado”
(Juan 17:3).
Egipto, con el faraón como rey, representa un poder que niega la presencia
y la autoridad de Dios. Es una entidad que se opone a Dios, a su Palabra y a su
pueblo.
La siguiente declaración del faraón (“tampoco dejaré ir a Israel”) pone aún
más de manifiesto esta rebelión contra el Dios vivo, convirtiendo a Egipto en un
símbolo no solo de la negación de Dios, sino de un sistema que lucha contra él.
No es de extrañar que muchos vieran esta misma actitud, milenios después,
en la Revolución Francesa (ver también Isa. 30:1-3; Apoc. 11:8). El faraón creía ser
una deidad o el hijo de un dios, claro ejemplo de la pretensión de que los propios
poder, fuerza e inteligencia son supremos.
“De todas las naciones mencionadas en la historia bíblica, fue Egipto la que
con más osadía negó la existencia del Dios vivo y resistió sus mandatos. Ningún
monarca se aventuró jamás a rebelarse tan osada y altaneramente contra la au-
toridad del Cielo como el rey de Egipto. Cuando se presentó Moisés ante él para
comunicarle el mensaje del Señor, el faraón contestó con arrogancia: ‘¿Quién
es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni
tampoco dejaré ir a Israel’ (Éxo. 5:2). Esto es ateísmo; y la nación representada
por Egipto iba a oponerse de un modo parecido a la voluntad del Dios vivo, y
manifestaría el mismo espíritu de incredulidad y provocación” (Elena de White,
El conflicto de los siglos, p. 312).

Si alguien te preguntara si conoces al Señor, ¿qué le responderías? Si tu respuesta


fuera afirmativa, ¿cómo lo describirías y por qué?

20 Reavivados por su Palabra: Hoy, Éxodo 38.


Lunes 14 de julio | Lección 3

UN COMIENZO DIFÍCIL
Aunque Moisés vislumbraba sin duda cuán difícil era lo que el Señor le había
encomendado (de allí su renuencia), probablemente no tenía siquiera idea de
lo que le esperaba.

Lee Éxodo 5:3 al 23. ¿Cuáles fueron los resultados inmediatos del primer
encuentro de Moisés y Aarón con el faraón?

Incluso antes de presentarse ante el faraón, Moisés y Aarón reunieron a los


ancianos y al pueblo de Israel, les refirieron las palabras de Dios e hicieron ante
ellos las señales sobrenaturales de origen divino, lo que hizo que Israel creyera
que el Señor los liberaría de su esclavitud. Como resultado, adoraron al Señor
(Éxo. 4:29-31). Las expectativas eran grandes: El Señor iba a liberar por fin al
pueblo hebreo de su esclavitud.
Moisés presentó entonces al rey de Egipto las exigencias de Dios, y las cosas
empeoraron para los israelitas. Su sufrimiento aumentó, y su trabajo diario se
hizo más pesado y exigente. Se los acusó de ser perezosos, se los trató con más
dureza y su servicio se hizo más difícil de lo que ya había sido.
En consecuencia, los líderes del pueblo no estaban contentos, y el enfrenta-
miento entre ellos y Moisés y Aarón fue desagradable, algo que, como veremos
más adelante, presagiaba el tipo de conflictos que Moisés tendría con su propio
pueblo en los años venideros.

Lee Éxodo 5:21 y ponte luego en el lugar de estos hombres cuando con-
frontaron a Moisés y a Aarón. ¿Por qué dijeron eso?

No es tan difícil entender por qué se habían airado contra Moisés (“Que el
Señor los examine y juzgue”, dijeron). Pensaban que Moisés venía a liberarlos
de los egipcios, no a hacer el yugo de su servidumbre aún más difícil.
Así, además de lidiar con los egipcios, Moisés y Aarón tuvieron que hacerlo
también con su propio pueblo.

¿Cuáles son algunas de las mejores maneras de tratar con los líderes de la iglesia
local cuando surgen desacuerdos, como inevitablemente sucede?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Éxodo 39. 21


Lección 3 | Martes 15 de julio

EL DIVINO “YO”
Pobre Moisés. Primero es reprendido por el faraón, y ahora su propio pueblo
no hace más que maldecirlo.
Así, pues, Moisés presenta su queja a Dios. En su amargura y decepción por
el empeoramiento de las condiciones de Israel, le dice: “¿Por qué tratas tan mal
a este pueblo? ¿Para esto me enviaste? Desde que me presenté ante el faraón y
le hablé en tu nombre, no ha hecho más que maltratar a este pueblo, que es tu
pueblo. ¡Y tú no has hecho nada para librarlo!” (Éxo. 5:22, 23, NVI). El descon-
tento de Moisés con el Señor es obvio y comprensible en vista de la situación.
La respuesta de Dios, sin embargo, es contundente. Él actuará, y de manera
muy decidida. “Ahora verás lo que voy a hacer con el faraón” (Éxo. 6:1, NVI).

Lee Éxodo 5:22 a 6:8. ¿Cuál es la respuesta de Dios a Moisés y qué im-
portantes verdades teológicas se destacan aquí?

Dios ya no solo hablará; ahora intervendrá poderosamente en favor de su


pueblo. El Señor le recuerda a Moisés algunos hechos pertinentes: (1) Yo soy
el Señor; (2) me aparecí a los patriarcas; (3) establecí mi pacto con ellos; (4) he
prometido darles la tierra de Canaán; (5) he oído el gemido de los hijos de Israel;
y (6) me he acordado de mi compromiso de darles la Tierra Prometida.
Nótese la repetición del pronombre “yo” aplicado por Dios a sí mismo
(vers. 2, 6): Yo, el Señor tu Dios, he hecho tal y tal cosa, y por eso puedes confiar
en que yo haré por ti lo que te he prometido.
El Señor proclama ahora solemnemente que hará cuatro grandes cosas por
Israel porque él es su Señor viviente: (1) “Voy a quitarles de encima la opresión
de los egipcios”; (2) “voy a librarlos de su esclavitud”; (3) “voy a liberarlos con
gran despliegue de poder y con grandes actos de justicia” y (4) “haré de ustedes
mi pueblo; y yo seré su Dios” (Éxo. 6:6, 7, NVI).
Estas cuatro acciones divinas aseguran y restablecen su relación con su
pueblo. Dios es el sujeto de todas estas actividades, y los israelitas son los des-
tinatarios de todos estos beneficios y de su gracia. Dios ofrece estos dones
gratuitamente y por amor. Lo hizo entonces en favor de ellos y lo hace ahora
en nuestro favor.

¿Qué otros personajes de la Biblia se quejaron ante Dios con buenas razones?
¿Por qué es correcto que a veces derrames tu alma ante Dios e incluso te quejes
de tu situación? ¿Por qué, sin embargo, debes hacerlo siempre con fe y confianza?

22 Reavivados por su Palabra: Hoy, Éxodo 40.


Miércoles 16 de julio | Lección 3

LABIOS INCIRCUNCISOS
En efecto, el Señor había hecho a Moisés algunas poderosas promesas acerca
de lo que haría. Aunque aquel encuentro animó, sin duda, a Moisés, probable-
mente su ánimo duró poco dada la respuesta que recibió del pueblo.

Lee Éxodo 6:9 al 13. ¿Qué sucedió después y qué lecciones podemos
extraer de esta historia acerca de los momentos de decepción y lucha en
nuestra vida?

Los hebreos estaban tan descorazonados por su dolor, sufrimiento y duro


trabajo que no escuchaban las palabras de Moisés, quien les aseguró que Dios
intervendría para cumplir lo que prometió. Habían esperado tanto tiempo sin
ver cumplidas sus expectativas. ¿Por qué habría de ser diferente ahora? Estaban
perdiendo el ánimo y la esperanza, algo tanto más triste por cuanto aquella era
tal vez la primera ocasión en la que habían tenido una esperanza fundada de
liberación.
¿Quién no ha estado en una situación similar? ¿Quién no se ha sentido en
algún momento deprimido, decepcionado, insatisfecho e incluso abandonado
por Dios?
¿Recuerdas la historia de Job? ¿Y la de Asaf, un salmista que luchaba con
sus preguntas acerca de la prosperidad de los malvados y el sufrimiento de los
justos? Sin embargo, a pesar de sus luchas, Asaf dio expresión a una de las más
bellas confesiones de fe: “Pero yo siempre estoy contigo, pues tú me sostienes
de la mano derecha. Me guías con tu consejo, y más tarde me acogerás en gloria.
¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra.
Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él
es mi herencia eterna” (Sal. 73:23–26, NVI).
A través de la historia sagrada, Dios ha asegurado a su pueblo que él está con
ellos (Isa. 41:13; Mat. 28:20). Él les da su paz, su consuelo, y los fortalece para
superar los desafíos de la vida (Juan 14:27; 16:33; Fil. 4:6, 7).
La declaración pactual: “Los haré mi pueblo y seré su Dios” (Éxo. 6:7) expresa
la relación íntima que el Señor desea tener con ellos.
Piensa en la declaración “los haré mi pueblo y seré su Dios” (Éxo. 6:7). Aunque
el contexto de ella es corporativo, ¿cómo se aplica a cada uno de nosotros indi-
vidualmente y cómo debería esa relación ponerse de manifiesto diariamente
en nuestra vida? (Ver también 2 Cor. 6:16).

Reavivados por su Palabra: Hoy, Levítico 1. 23


Lección 3 | Jueves 17 de julio

COMO DIOS PARA FARAÓN


Lee Éxodo 6:28 a 7:7. ¿Cómo responde el Señor a la objeción de Moisés?

Dios se presenta a Moisés como Yahvé, lo que significa que es el Dios per-
sonal y cercano, el Dios de su pueblo, el Dios que entabló una relación de pacto
con ellos.
Este Dios cercano vuelve a ordenar a Moisés que vaya a hablar con el faraón.
Sin confianza en sí mismo, Moisés vuelve a objetar: “¿Cómo me oirá Faraón?”
Aquí podemos ver de nuevo no solo la humildad de Moisés, sino también su
reiterado deseo de librarse de la tarea, que hasta ahora no había sido exitosa.
“Cuando Dios ordenó a Moisés que se presentara de nuevo ante el faraón,
Moisés manifestó desconfianza en sí mismo. El término aral sefataim (lit. ‘in-
circunciso de labios’ [RVA]), que se usa aquí para expresar la torpeza oratoria
de Moisés (6:12, 30), es similar al que aparece en Éxo. 4:10, ‘tardo en el habla’ ”
(Comentario bíblico Andrews [Florida: ACES, 2024], t. 1, p. 242).
En su misericordia, Dios hace que Aarón ayude a Moisés. Este hablará a
Aarón, quien a su vez hablará públicamente al faraón. Así, Moisés desempeñará
el papel de Dios ante el rey egipcio, y Aarón será su profeta.
Este relato proporciona una excelente definición del papel de un profeta
como vocero de Dios. Es decir, como su representante para transmitir e inter-
pretar la palabra dirigida por Dios al pueblo. Así como Moisés habló con Aarón
y este con el faraón, Dios se comunica con un profeta, quien luego proclama la
enseñanza de Dios al pueblo, ya sea verbalmente y en persona o, como era más
frecuente, mediante el registro escrito del mensaje recibido.
Dios también explica a Moisés lo que puede esperar de los encuentros con
el faraón. Le advierte que el enfrentamiento será intenso y prolongado, y le re-
calca por segunda vez que el faraón será muy terco y que endurecerá su corazón
(Éxo. 4:21; 7:3). Sin embargo, el resultado será positivo, ya que “sabrán los egipcios
que yo soy el Señor” (Éxo. 7:5, NVI). Es decir, Dios será glorificado incluso en
medio del caos que sobrevendrá.

Moisés ya no tuvo excusas para negarse a hacer lo que Dios le encomendó. ¿Qué
excusas podríamos presentar nosotros para intentar librarnos de lo que sabemos
que Dios quiere que hagamos?

24 Reavivados por su Palabra: Hoy, Levítico 2.


Viernes 18 de julio | Lección 3

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:


Lee el capítulo titulado “Las plagas de Egipto” en el libro Patriarcas y profetas,
de Elena de White, pp. 262–269.
Nota cómo empeoraron las cosas para Moisés y su pueblo después de que
este se presentó por primera vez ante el faraón:
“El rey, lleno de ira, sospechaba que los israelitas tenían el propósito de rebe-
larse contra su servicio. El descontento era el resultado de la ociosidad; trataría
de que no tuvieran tiempo para dedicarlo a proyectos peligrosos. Inmediata-
mente dictó medidas para hacer más severo su trabajo y aplastar el espíritu de
independencia. El mismo día, ordenó hacer aún más cruel y opresiva su labor.
“En aquel país, el material de construcción más común eran los ladrillos
secados al sol; las paredes de los mejores edificios se construían de este material,
y luego se recubrían de piedra; y la fabricación de los ladrillos requería una gran
cantidad de siervos. Como el barro se mezclaba con paja, para que se adhiriera
bien, se requerían grandes cantidades de este último elemento; el rey ordenó
ahora que no se suministrara más paja; que los obreros debían buscarla ellos
mismos, y esto exigiéndoseles que fabricaran la misma cantidad de ladrillos.
“Esta orden causó gran consternación entre los israelitas por todos los ám-
bitos del país. Los comisarios egipcios habían nombrado a capataces hebreos
para dirigir el trabajo del pueblo, y estos capataces eran responsables de la
producción de quienes estaban a su cargo. Cuando la exigencia del rey se puso
en vigor, el pueblo se diseminó por todo el país para recoger rastrojo en vez de
paja; pero les fue imposible realizar la cantidad de trabajo acostumbrada. A
causa del fracaso, los capataces hebreos fueron azotados cruelmente” (Elena
de White, Patriarcas y profetas, pp. 263, 264).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:


1. Piensa en alguna ocasión en la que aceptaste un llamado de Dios y las
cosas no comenzaron bien o no resultaron de la mejor manera. ¿Qué lec-
ciones aprendiste de esa experiencia? Comparte con otros tu experien-
cia acerca de cómo intervino Dios en tu vida cuando le pediste ayuda o
cuando no esperabas su intervención. ¿Cómo podemos creer en la bon-
dad de Dios cuando suceden cosas malas, incluso a quienes confían en
él? ¿Qué dirías a alguien que declara: “No conozco al Señor”? En caso de
que esa persona no expresara eso como un desafío sino como una reali-
dad en su vida, ¿qué podrías hacer para ayudarla a “conocer al Señor” y
explicarle por qué es eso importante?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Levítico 3. 25


Lección 4: Para el 26 de julio de 2025

LAS PLAGAS
Sábado 19 de julio

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Éxodo 7:8–10:29; Números 33:4; Ro-
manos 1:24–32; Salmos 104:27, 28; Isaías 28:2, 12–17; 44:9, 10, 12–17.

PARA MEMORIZAR:
“Y tal como el Señor lo había dicho por medio de Moisés, el corazón de Faraón se
endureció y no dejó ir a los israelitas” (Éxo. 9:35).

C ierto granjero intentaba que su burro se moviera, pero el animal no lo


hacía. Tomó entonces una rama gruesa y la azotó contra el suelo. Volvió
a hablar al burro, y este empezó a moverse.
Cuando alguien preguntó al granjero por qué su técnica había funcionado
con el terco animal, respondió: “Lo primero fue llamar su atención”.
Dejando a un lado cualquier cuestión acerca de la crueldad contra los ani-
males, hay un punto que señalar aquí, especialmente en el contexto del Éxodo
de los hebreos fuera de Egipto. Moisés había recibido órdenes de marchar y se
dirigió al faraón con las famosas palabras shalaj et ami: “¡Deja ir a mi pueblo!”
Sin embargo, el faraón no quiso dejar marchar al pueblo de Dios. Las Escri-
turas no explican por qué el gobernante se mostraba tan reacio, más allá de la
amenaza militar que los egipcios temían que los hebreos pudieran representar
(ver Éxo. 1:10). Lo más probable es que, como suele ocurrir con la esclavitud,
la razón de su negativa fuera puramente económica. Los hebreos eran mano
de obra barata, por lo que no quería perder las ventajas financieras que estos
esclavos le proporcionaban. Haría falta, pues, cierta persuasión no solo para
llamar su atención, sino también para hacerlo cambiar de opinión.

26 Reavivados por su Palabra: Hoy, Levítico 4.


Domingo 20 de julio | Lección 4

DIOS VERSUS LOS “DIOSES”


Lee Éxodo 7:8 al 15. ¿Qué lecciones se desprenden de este primer enfren-
tamiento entre el Dios de los hebreos y los dioses de Egipto?

Las batallas venideras iban a ser entre el Dios vivo y los “dioses” egipcios.
Lo que empeoraba la situación era que el faraón se consideraba uno de esos
dioses. El Señor no luchaba contra los egipcios, ni siquiera contra Egipto en
sí, sino contra sus dioses (los egipcios veneraban a más de 1.500 deidades). El
texto bíblico es explícito al respecto: “Y ejecutaré mi sentencia contra todos los
dioses de Egipto. Yo soy el Señor” (Éxo. 12:12, NVI). Esto es destacado nuevamente
más adelante al relatar el viaje de Israel desde Egipto: “El Señor también dictó
sentencia contra los dioses egipcios” (Núm. 33:4, NVI).
Un ejemplo de esta sentencia contra esos dioses fue el milagro de la vara
convertida en serpiente (Éxo. 7:9-12). En Egipto, la diosa Uadyet era personificada
como una cobra y representaba el poder soberano sobre el Bajo Egipto. La figura
de esta serpiente aparecía en la corona del faraón, signo de su poder, presunta
divinidad, realeza y autoridad, ya que la diosa así representada escupía veneno
a sus enemigos. Los egipcios también creían que la serpiente sagrada guiaría
al faraón a su existencia futura tras la muerte.
Cuando la vara de Aarón se convirtió en serpiente y devoró a las otras en
presencia del rey, quedo demostrada la supremacía del Dios vivo sobre la magia y
la hechicería egipcias. El emblema del poderío del faraón no solo fue derrotado,
sino que Aarón y Moisés lo tuvieron en sus manos (Éxo. 7:12, 15). La confronta-
ción inicial demostró el poder y el señorío de Dios sobre Egipto. Como represen-
tante de Dios, Moisés tenía mayor autoridad y poder que el propio “dios” faraón.
También es significativo que los antiguos egipcios consideraran sagrado y
veneraran al dios serpiente Nehebkau (“el que domina a los espíritus”). Según
su mitología, esta deidad era muy poderosa en virtud de que había devorado
siete cobras. Dios mostró así a los egipcios que él, no el dios serpiente, es quien
posee el poder y la autoridad soberanos. Después de semejante confrontación,
pudieron comprender este mensaje de manera inmediata e inequívoca.

¿Cómo podemos permitir que el Señor sea soberano sobre cualquier “dios” que
pretenda la supremacía en nuestra vida?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Levítico 5. 27


Lección 4 | Lunes 21 de julio

¿QUIÉN ENDURECIÓ EL CORAZÓN DEL FARAÓN?


Lee Éxodo 7:3, 13, 14 y 22. ¿Cómo entendemos estos textos?

El endurecimiento del corazón del faraón es atribuido a Dios nueve veces


en Éxodo (Éxo. 4:21; 7:3; 9:12; 10:1, 20, 27; 11:10; 14:4, 8; ver también Rom. 9:17, 18).
Otras nueve veces se dice que fue el gobernante egipcio mismo quien endureció
su propio corazón (Éxo. 7:13, 14, 22; 8:15, 19, 32; 9:7, 34, 35). Entonces, ¿quién en-
dureció el corazón del rey: Dios o el propio faraón?
Es significativo que, en la historia de las diez plagas del Éxodo, el faraón
fue el único responsable del endurecimiento de su corazón en cada una de las
primeras cinco. Por lo tanto, él inició el endurecimiento de su propio corazón.
Sin embargo, a partir de la sexta plaga, el texto bíblico afirma que fue Dios quien
endureció el corazón del faraón (Éxo. 9:12). Esto significa que Dios fortaleció
o profundizó la propia decisión del faraón y su actuación voluntaria, como lo
había anunciado a Moisés (Éxo. 4:21).
En otras palabras, Dios envió plagas para ayudar al faraón a arrepentirse y
liberarlo de su confusión mental y sus errores. Dios no aumentó la maldad en
el corazón del faraón, sino que simplemente lo dejó en libertad de ceder a sus
propios impulsos malignos. Ya sin la gracia restrictiva de Dios, el gobernante
egipcio quedó a merced de su propia maldad (ver Rom. 1:24-32).
El faraón tenía libre albedrío. Podía aceptar a Dios o rechazarlo, y decidió
rechazarlo.
Las lecciones que se desprenden de esto son obvias. Se nos ha dado la capa-
cidad de elegir entre lo correcto y lo incorrecto, entre el bien y el mal, entre la
obediencia y la desobediencia. Desde Lucifer en el Cielo y hasta nosotros hoy,
pasando por Adán y Eva en el Edén y el faraón en Egipto, solo hay dos elecciones
posibles: la vida o la muerte (Deut. 30:19).
De acuerdo con una conocida analogía, el mismo Sol que derrite la man-
tequilla endurece la arcilla. El calor del Sol es el mismo en ambos casos, pero
hay dos reacciones diferentes y dos resultados distintos en respuesta a él. El
efecto depende del material. En el caso del faraón, su respuesta dependía de
las actitudes de su corazón hacia Dios y su pueblo.

¿Qué decisiones tomarás en los próximos días haciendo uso de tu libre albedrío?
Si sabes cuál es la decisión correcta, ¿cómo puedes prepararte para tomarla?

28 Reavivados por su Palabra: Hoy, Levítico 6.


Martes 22 de julio | Lección 4

LAS TRES PRIMERAS PLAGAS


Las diez plagas de Egipto no iban dirigidas contra el pueblo egipcio, sino
contra sus dioses. Cada plaga golpeaba al menos a uno de ellos.

Lee Éxodo 7:14 a 8:19. ¿Qué ocurrió al desencadenarse estas plagas?

Dios indicó a Moisés que el diálogo con el faraón sería difícil y casi imposible
(Éxo. 7:14). Sin embargo, el Señor quería revelarse al faraón y a los egipcios. Por
lo tanto, decidió comunicarse con ellos de una manera que pudieran entender.
Además, los hebreos se beneficiarían de esta confrontación porque aprenderían
más acerca de su Dios.
La primera plaga iba dirigida contra Hapi, el dios del Nilo (Éxo. 7:17-25).
La vida en Egipto dependía totalmente del agua de ese río. Donde había agua,
había vida. El agua era la fuente de la vida, así que inventaron un dios, Hapi, y
lo adoraron como proveedor de vida.
Por supuesto, solo el Dios vivo es la Fuente de la vida, el Creador de todo,
incluidos el agua y los alimentos (Gén. 1:1, 2, 20-22; Sal. 104:27, 28; 136:25;
Juan 11:25; 14:6). Transformar el agua en sangre simboliza transformar la vida
en muerte. Hapi no era capaz de proporcionar y proteger la vida. Esto solamente
es posible mediante el poder del Señor.
Dios dio entonces otra oportunidad al faraón. El Señor se enfrentó esta vez
directamente a Heket, el dios de las ranas (Éxo. 8:1-15). En lugar de vida, el Nilo
produjo ranas, que los egipcios temían y detestaban. Quisieron deshacerse de
ellas. El momento preciso en que esta plaga fue eliminada demostró que el
poder de Dios también estaba detrás de ella.
La tercera plaga es la más brevemente descrita (Éxo. 8:16-19). No es posible
saber con certeza qué tipo de insectos (heb. kinnim) intervinieron. Pudieron
ser mosquitos, garrapatas o piojos. La plaga estaba dirigida contra Geb, el dios
egipcio de la tierra. Del polvo de ella (ecos de la historia bíblica de la Creación),
Dios hizo salir los insectos que se extendieron por doquier. Incapaces de duplicar
este milagro (solo Dios puede crear vida), los magos declararon: “Dedo de Dios
es este” (Éxo. 8:19). Sin embargo, el faraón se negó a ceder.
Piensa en cuán duro era el corazón del faraón. El rechazo repetido de las
indicaciones de Dios no hizo más que empeorar su condición. ¿Qué lecciones
hay aquí para cada uno de nosotros acerca del rechazo constante de las exhor-
taciones del Señor?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Levítico 7. 29


Lección 4 | Miércoles 23 de julio

MOSCAS, GANADO Y ÚLCERAS


Lee Éxodo 8:20 a 9:12. ¿Qué enseña este relato acerca de la libertad hu-
mana de rechazar a Dios aun teniendo delante las mayores manifestaciones
de su poder y su gloria?

Wadjet era la diosa egipcia de las moscas y los pantanos. A su vez, el dios Jepri
(la deidad del sol naciente, la creación y el renacimiento) era representado con
la cabeza de una mosca. Estos “dioses” fueron derrotados por el Señor. Mientras
que los egipcios sufrían, los hebreos estaban protegidos (Éxo. 8:20-24). De hecho,
ninguna otra plaga los afectó.
De nuevo, todo esto fue un intento de Dios de hacer saber al faraón que: “Yo
soy el Señor en medio de la tierra” (Éxo. 8:22).
El faraón empezó a negociar. Sin duda, la presión iba en aumento. Estaba
dispuesto a que Israel adorara a su Dios y le ofreciera sacrificios, pero solo en
la tierra de Egipto (Éxo. 8:25). Sus condiciones no podían ser cumplidas pues
los animales eran considerados sagrados allí. Sacrificarlos habría provocado la
violencia de los egipcios contra los hebreos. Además, la propuesta de faraón no
era el plan de Dios para Israel.
Mientras tanto, la siguiente plaga (Éxo. 9:1-7) cae sobre el ganado. Hathor, la
diosa egipcia del amor y la protección, era representada con cabeza de vaca. El
dios toro Apis también era muy popular y apreciado en el antiguo Egipto. Por
lo tanto, esas otras deidades principales fueron derrotadas al morir el ganado
de los egipcios durante la quinta plaga.
En la sexta plaga (Éxo. 9:8-12) se pone de manifiesto la derrota total de Isis,
la diosa de la medicina, la magia y la sabiduría. También vemos la derrota de
deidades como Sejmet (diosa de la guerra y las epidemias) e Imhotep (dios de
la medicina y la curación), incapaces de proteger a sus propios adoradores.
Irónicamente, ahora incluso los magos y los hechiceros están tan afligidos que
no pueden comparecer ante el tribunal, lo que demuestra que están indefensos
ante el Creador del Cielo y de la Tierra.
Por primera vez en el relato de las diez plagas, un texto dice que “el Señor
endureció el corazón de Faraón” (Éxo. 9:12). Por confusa que pueda resultar esta
frase, ella revela a la luz del contexto que el Señor permite que los seres humanos
cosechen las consecuencias de su continuo rechazo hacia él.
El problema del faraón no era de índole intelectual, ya que contaba con
suficiente evidencia para tomar la decisión correcta. Era, en cambio, un pro-
blema espiritual. ¿Qué debería decirnos esto acerca de por qué debemos guardar
nuestro corazón, es decir, velar por nuestra condición interior?

30 Reavivados por su Palabra: Hoy, Levítico 8.


Jueves 24 de julio | Lección 4

GRANIZO, LANGOSTAS Y OSCURIDAD


Lee Éxodo 9:13 a 10:29. ¿Hasta qué punto consiguen estas plagas que el
faraón cambie de opinión?

Nut era la diosa egipcia del Cielo, y a menudo se la representaba controlando


lo que ocurría bajo el Cielo y en la Tierra. Osiris era el dios de las cosechas y
la fertilidad. En la Biblia, el granizo se asocia a menudo con el juicio de Dios
(Isa. 28:2, 17; Eze. 13:11-13). Durante esta plaga, quienes resguardaran sus bienes
en un lugar seguro estarían protegidos (Éxo. 9:20, 21). Todos son ahora puestos
a prueba: ¿Creerán a Dios y actuarán en consecuencia o no?
Dios anuncia que su propósito al dejar vivir al faraón es que toda la tierra
conozca al Señor (Éxo. 9:16). El rey de Egipto confiesa ahora que ha pecado, pero
más tarde cambia de opinión.
El dios egipcio de la tormenta, la guerra y el desorden se llamaba Seth. Tanto
él como Isis eran además considerados deidades de la agricultura. Shu era el
dios de la atmósfera. Serapis personificaba la majestad divina, la fertilidad,
la curación y la vida después de la muerte. Ninguno de los dioses egipcios
podía detener los juicios de Dios (Éxo. 10:4-20) porque los ídolos no son nada
(Isa. 44:9, 10, 12-17).
Los siervos del faraón lo instaron a que dejara marchar a Israel, pero él volvió
a negarse. Hizo un ofrecimiento que Moisés rechazó con razón, pues las mujeres
y los niños son una parte vital e inseparable del culto y de la comunidad de fe.
Por último, Ra era la principal deidad egipcia, el dios del Sol, mientras que
Tut era un dios lunar. Sin embargo, ninguno de ellos era capaz de proveer luz.
El faraón intenta nuevamente negociar, aunque sin éxito. Un período de tres
días de oscuridad asoló Egipto, pero había luz donde vivían los israelitas. La
separación no podía ser más espectacular.
Sin embargo, a pesar de la disciplina divina recibida por la nación, el faraón
estaba decidido a luchar y a no cejar en su empeño. Aunque no conocemos sus
motivos más profundos, su actitud pudo haberse tornado en cierto punto una
cuestión de mero orgullo. No importaba cuán poderosa fuera la evidencia ni
cuán obvio resultara lo que estaba sucediendo. Incluso sus propios sirvientes
declararon: “¿Hasta cuándo este hombre nos ha de ser un lazo? Deja ir a esos
hombres, para que sirvan al Señor su Dios. ¿No sabes aún que Egipto está des-
truido?” (Éxo. 10:7). Tampoco importaba que la opción correcta estuviera justo
delante de él. Tras vacilar un poco, el faraón seguía negándose a rendirse a la
voluntad de Dios y a dejar ir al pueblo.
Cuán dramático ejemplo de las palabras: “La soberbia precede a la ruina, y
la altivez de espíritu a la caída” (Prov. 16:18).
Reavivados por su Palabra: Hoy, Levítico 9. 31
Lección 4 | Viernes 25 de julio

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:


Lee el capítulo titulado “Las plagas de Egipto” en el libro Patriarcas y profetas,
de Elena de White, pp. 269-278.
“[Dios] permitió que su pueblo experimentara la terrible crueldad de los
egipcios para que no fueran engañados por la degradante influencia de la ido-
latría. En su trato con el faraón, el Señor mostró su odio por la idolatría, y su
firme decisión de castigar la crueldad y la opresión. [...]
“Dios había declarado tocante a Faraón: ‘Pero yo endureceré su corazón, de
modo que no dejará ir al pueblo’ (Éxo. 4:21). No fue ejercido un poder sobrena-
tural para endurecer el corazón del rey. Dios dio a Faraón las evidencias más no-
tables del poder divino; pero el monarca rehusó obstinadamente aceptar la luz.
Toda manifestación de poder infinito que él rechazaba lo empecinaba más en su
rebelión. Las semillas de rebelión que el rey sembró cuando rechazó el primer
milagro, produjeron su cosecha” (Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 273).
“El Sol y la Luna eran para los egipcios objetos de adoración; en esas tinie-
blas misteriosas, tanto la gente como sus dioses fueron heridos por el poder
que había patrocinado la causa de los siervos. Sin embargo, por espantoso que
fuera, este castigo evidenciaba la compasión de Dios y su falta de voluntad para
destruir. Estaba dando a la gente tiempo para reflexionar y arrepentirse antes
de enviarles la última y más terrible de las plagas” (Patriarcas y profetas, p. 278).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:


1. Reflexiona acerca de por qué el faraón se endureció tanto contra la op-
ción obviamente correcta; a saber, ¡dejar ir al pueblo! ¿Cómo puede al-
guien engañarse tanto a sí mismo? ¿Qué advertencia representa esto
para nosotros acerca del peligro de obstinarnos en el pecado al punto de
tomar decisiones desastrosas aunque el camino correcto esté ante noso-
tros todo el tiempo? ¿Qué otros personajes bíblicos cometieron el mismo
error? Piensa, por ejemplo, en Judas.
2. En un momento dado, en medio de la devastación que el faraón había
acarreado a su propia tierra y a su pueblo, declaró: “He pecado esta vez.
El Señor es justo, y yo y mi pueblo impíos” (Éxo. 9:27). Aunque esa era una
maravillosa confesión de pecado, ¿cómo sabemos que no era sincera?

32 Reavivados por su Palabra: Hoy, Levítico 10.


Lección 5: Para el 2 de agosto de 2025

LA PASCUA
Sábado 26 de julio

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Éxodo 11:1–10; Miqueas 6:8; Éxodo
12:1–30; 1 Corintios 5:7; Éxodo 13:14–16; Hebreos 11:28.

PARA MEMORIZAR:
“Y cuando sus hijos les pregunten: ‘¿Qué significa este rito?’, responderán: ‘Es la
víctima de la Pascua en honor del Señor, que pasó por alto las casas de los israe-
litas en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas’ ” (Éxo. 12:26, 27).

L a décima y última plaga está a punto de caer. Se da el último aviso. Es ne-


cesario tomar la decisión final. Se trata de una cuestión de vida o muerte.
No solo está en juego la vida de un individuo, sino la prosperidad de las
familias y de toda la nación. El faraón y sus funcionarios serán responsables
del destino de muchas personas, ya sea para vida o para muerte. Su actitud
respecto del Dios vivo de Israel determinará no solo su futuro, sino también
el de su nación.
¿Cómo nos sentimos y qué hacemos cuando la gravedad de las circunstancias
se cierne sobre nosotros y tenemos que tomar una decisión que puede tener un
gran impacto en la vida de muchos otros además de la nuestra?
Dios está más que dispuesto a concedernos sabiduría, entendimiento y poder
para hacer lo correcto (1 Cor. 1:30; Fil. 2:13).
El problema, sin embargo, es que nuestro obstinado corazón no siempre está
dispuesto a hacer lo correcto. Sabemos en qué consiste esto, pero nos negamos
a hacerlo. En el relato acerca del Éxodo, la negativa de un hombre a someterse a
Dios, incluso ante la abrumadora evidencia, resultó, como siempre ocurre, en
una tragedia para él y para muchos otros.

Reavivados por su Palabra: Hoy, Levítico 11. 33


Lección 5 | Domingo 27 de julio

UNA PLAGA MÁS


El profeta Amós declara que “nada hace Dios [...] sin revelar su secreto a sus
siervos los profetas” (Amós 3:7). En armonía con ello, el Señor reveló al faraón
lo que se avecinaba por medio del profeta Moisés. El gobernante de Egipto re-
cibió la más solemne advertencia del juicio justo de Dios contra el orgullo, la
explotación, la violencia y la idolatría responsables de las calamidades que se
abatirían sobre su tierra.

Lee Éxodo 11:1 al 10. ¿Qué advertencia dio Dios antes de ejecutar su
juicio sobre Egipto?

Dios dio tiempo a Egipto, tres días de oscuridad (Éxo. 10:23), para pensar en
los acontecimientos recientes y en lo que significaban. También les dio la última
advertencia explícita, la última oportunidad de hacer lo correcto.
Pero Éxodo 11:8 dice que Moisés “salió muy enojado de hablar con Faraón”.
¿Por qué se marcharía Moisés enojado? Muy probablemente porque sabía que
la tragedia, la décima plaga, afectaría a mucha gente inocente, todo a causa de
la dureza de corazón del faraón.
Además, el número diez es significativo en el simbolismo bíblico, ya que
representa la plenitud, o lo completo. (Piensa en los Diez Mandamientos como
una revelación completa de la ley moral divina). Las diez plagas en Egipto se-
ñalan la plena expresión de la justicia y el castigo divinos.
Dios es el Juez, y está en contra del orgullo, la injusticia, la discriminación,
la arrogancia, la explotación, la crueldad y el egoísmo. Está del lado de quienes
sufren; de los abusados, maltratados y perseguidos. Dios ejecutará la justicia,
que es en verdad otra expresión de su amor. (Ver Sal. 2:12; 33:5; 85:11; 89:14; 101:1;
Isa. 16:5; Jer. 9:24).
Nosotros también deberíamos intentar ser tan amorosos y justos como
sea posible. Sin embargo, podemos caer fácilmente en los extremos, ya sea en
hacer, “por amor”, la vista gorda ante lo malo, ante lo que debe ser corregido,
o en ejecutar fríamente la justicia. Ninguno de los dos extremos es correcto.
En cambio, he aquí el ideal: “Hombre, el Señor te ha declarado qué es lo bueno
y qué pide de ti: solo practica la justicia, ama la bondad y anda humildemente
con tu Dios” (Miq. 6:8).

Si no podemos conseguir el equilibrio perfecto (ciertamente, no podemos), ¿por


qué es mejor inclinarnos más hacia la misericordia que hacia la justicia? ¿O no es
eso lo mejor?

34 Reavivados por su Palabra: Hoy, Levítico 12.


Lunes 28 de julio | Lección 5

LA PASCUA
Lee Éxodo 12:1 al 20. ¿Qué instrucciones específicas dio Dios a Moisés
y a Aarón antes de que Israel abandonara Egipto?

Uno esperaría que Dios instruyera a Moisés y a Aarón acerca de cómo orga-
nizar la salida de Egipto; es decir, cómo hacer provisión para ello especialmente
en favor de los ancianos, las madres con niños pequeños, los animales, etcétera.
En cambio, la instrucción de Dios es sorprendente: les dice cómo celebrar la
Pascua. En otras palabras, la atención se centra en adorar al Señor, quien iba a
redimirlos. Todo lo demás vendría a su debido tiempo.
Cada familia debía cocinar un cordero sin desperdiciar nada. Cada uno
debía comer su porción, y si la familia no podía consumir todo el animal, debía
compartir la cena con otra familia.

Lee Éxodo 12:13 y 14. ¿Qué haría el Señor por ellos cuando llegara la
última plaga? ¿Qué simboliza eso?

El Éxodo debía celebrarse regularmente cada año, no solo en conmemo-


ración de lo que Dios había hecho por sus antepasados, sino también como la
actualización de la acción liberadora de Dios para la generación presente. Sería
una experiencia nueva para cada grupo.
Los versículos 12 y 13 explican el significado de la Pascua: el juicio divino de
destrucción “pasará por encima” de los israelitas. Por eso debían conmemorar
la “Pascua”. La palabra hebrea traducida como “Pascua” es pésaj, que es una
combinación de otras dos que significan “pasar” y “sobre” o “encima”, ya que
la destrucción “pasó por alto” los hogares israelitas cuyos dinteles habían sido
marcados con la sangre del cordero, el signo de la vida y la salvación.
La celebración de la Pascua debía recordar a cada israelita los poderosos y
bondadosos actos de Dios en favor de su pueblo. Esta celebración les ayudaba
a salvaguardar su identidad nacional y a dar testimonio de sus convicciones
religiosas.

¿Por qué es tan importante que recuerdes siempre la bondad de Dios para conti-
go en el pasado y confíes en que también será bondadoso contigo en el futuro?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Levítico 13. 35


Lección 5 | Martes 29 de julio

PÉSAJ
Lee Éxodo 12:17 al 23. ¿Qué papel desempeña la sangre en la celebración
de esta nueva festividad religiosa?

La sangre del cordero sacrificado era un elemento clave en esta celebración.


Quienes participaban de esta, mojaban con ella los marcos de las puertas de
sus casas. De este modo, demostraban su fe en que Dios los libraría de lo que
tendrían que afrontar quienes no estuvieran protegidos por la sangre.
¡Qué poderosa representación de lo que significa el evangelio!
El cordero pascual tenía que ser sin defecto pues señalaba a Jesucristo, “¡el
Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” La sangre del animal cum-
plía una función crucial: simbolizaba protección y era una señal de vida en un
momento de muerte. “La sangre será la señal de las casas donde ustedes estén.
Al ver la sangre, pasaré de largo, y no habrá entre ustedes mortandad cuando
yo hiera la tierra de Egipto” (Éxo. 12:13).
Todo el evangelio estaba asociado con la celebración de la Pascua porque
esta no solo apuntaba a la liberación de la esclavitud y la partida hacia la Tierra
Prometida, sino también al sacrificio de Jesucristo por nuestros pecados y a sus
méritos aplicados a todos los que están cubiertos por su sangre.
Siglos más tarde, Pablo escribió lo siguiente al recordar esta celebración:
“Límpiense de la vieja levadura, para que sean nueva masa sin levadura como
son. Porque nuestra Pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros”
(1 Cor. 5:7).
La levadura, o fermento, era utilizada para preparar masas de diversos tipos.
Se la menciona por primera vez en la Biblia en relación con la preparación del
pan ácimo (sin levadura) en la víspera de la salida de los israelitas de Egipto.
También era necesario eliminar la levadura de sus casas (Éxo. 12:8, 15-20; 13:3-7).
En este contexto concreto, la levadura era un símbolo de pecado (1 Cor. 5:6-8).
Por lo tanto, no debía ser utilizada en el contexto de la fiesta de la Pascua du-
rante una semana.
El pan sin levadura es un símbolo del Mesías sin pecado, quien venció todas
las tentaciones y dio su vida por nosotros (Juan 1:29; 1 Cor. 5:7; Heb. 4:15). El
“manojo de hisopo” en el que se empapaba la sangre simbolizaba la gracia pu-
rificadora de Dios (Sal. 51:7). En resumen, la obra redentora de Jesús era revelada
a lo largo de la Pascua.

¿Qué nos dice acerca de la gravedad del pecado el hecho de que fuera necesaria
la sangre de Jesús, Dios mismo, para expiarlo?

36 Reavivados por su Palabra: Hoy, Levítico 14.


Miércoles 30 de julio | Lección 5

PASAR LA ANTORCHA
El salmista declara cómo pueden nuestros hijos conocer a Dios y su amo-
roso cuidado: “Una generación exaltará tus obras ante la otra y anunciará tus
portentos” (Sal. 145:4). Una familia debe hablar a otra familia acerca de Dios, de
sus maravillosas obras y de sus enseñanzas, todo ello con el fin de transmitir
el conocimiento bíblico a otra generación.

Lee Éxodo 12:24 al 28. ¿Qué punto importante se planteó aquí?

Los padres eran los primeros maestros en Israel y debían contar la historia
del Éxodo a sus hijos. No debían hacerlo como si se tratara de un mero acon-
tecimiento histórico pasado, sino que debía presentárseles como su propia
experiencia, aunque hubiera ocurrido mucho tiempo antes. Debían identificarse
con sus antepasados al celebrar esta fiesta, y la historia debía ser revivida y ac-
tualizada. El padre decía: “Estuve en Egipto, vi la derrota de los dioses egipcios
y las plagas sobre Egipto, y fui liberado”. El libro de Éxodo subraya dos veces
cómo debían los padres responder las preguntas de sus hijos acerca de la Pascua
(ver Éxo. 13:14-16; Deut. 26:5-9).
Es digno de notar que los israelitas estaban aún en Egipto cuando se les dijo
que celebraran su liberación. Toda la celebración fue, pues, un acto de fe. Tras
recibir las instrucciones, “el pueblo se inclinó y adoró” (Éxo. 12:27) a su Redentor,
y luego siguieron las indicaciones acerca de la Pascua.
En el libro del Deuteronomio se recuerda a los israelitas que debían contar
su historia de tal manera que pudieran internalizarla como si se hubiera tratado
de su propio viaje. Nótese el tono colectivo de este relato, así como el énfasis
en la experiencia presente: “Entonces dirás ante el Señor tu Dios: ‘Un arameo a
punto de perecer fue mi padre. Descendió a Egipto con pocos hombres; habitó
allí, y llegó a ser un pueblo grande y numeroso. Los egipcios nos maltrataron,
nos afligieron y nos sometieron a dura servidumbre; clamamos al Señor Dios
de nuestros padres, y él oyó nuestra voz, vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y
nuestra opresión, y nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, con
grandes portentos, señales y milagros, y nos trajo a este lugar, y nos dio esta
tierra que mana leche y miel’ ” (Deut. 26:5-9).
Además, cada vez que refirieran la historia de la Pascua (o cualquier acon-
tecimiento de la historia sagrada) a sus hijos, los padres mismos recordarían
lo que Dios había hecho por ellos y por el pueblo. Rememorar la Pascua era,
pues, una bendición tanto para quien lo hacía a viva voz como para los oyentes.

Reavivados por su Palabra: Hoy, Levítico 15. 37


Lección 5 | Jueves 31 de julio

EL JUICIO DIVINO
Lee Éxodo 12:29 y 30 acerca de cómo hirió Dios a los primogénitos en
Egipto. ¿Por qué se centró Dios en los primogénitos? (Ver también Heb. 11:28).

La última plaga en Egipto cayó sobre los primogénitos. Fue un juicio divino
sobre todos los dioses de Egipto y sobre todas las familias que adoraban a estos
dioses falsos, ídolos sin valor que reflejaban las propias pasiones, deseos y
temores de la gente.
Como habían demostrado las plagas anteriores, estos ídolos eran incapaces
de salvar al pueblo. Su inutilidad era aún más evidente ahora, durante la décima
plaga, la que produjo las mayores consecuencias para los egipcios.
“A través del vasto reino de Egipto, el orgullo de toda casa había sido humi-
llado. Los gritos y los gemidos de los dolientes llenaban los aires. El rey y los
cortesanos, con rostros pálidos y miembros trémulos, estaban aterrados por el
horror prevaleciente” (Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 285).
El faraón representaba el poder supremo y el dios de Egipto, y su hijo pri-
mogénito era considerado hijo de un dios. Isis era una diosa protectora de los
niños; Heket era una diosa que asistía a las mujeres durante el parto; y Min era
un dios de la reproducción. Además de estos, había varios dioses egipcios de la
fertilidad. Todas estas deidades eran impotentes en comparación con el Señor
vivo. Moisés dice: “¿Quién como tú, Señor, entre los dioses? ¿Quién como tú,
magnífico en santidad, terrible en prodigios, autor de maravillas?” (Éxo. 15:11).
Jetro dio luego el siguiente testimonio: “Ahora reconozco que el Señor es grande
más que todos los dioses, porque prevaleció contra los que se ensoberbecieron
contra ellos” (Éxo. 18:11).
Según Éxodo 1, los egipcios habían matado a los hijos recién nacidos de
Israel por orden del faraón para debilitar a los israelitas, someterlos y humi-
llarlos. Ahora, el castigo de Dios golpea a los primogénitos de Egipto. Lo que se
siembra, se cosecha.
Nuestras decisiones y acciones equivocadas tienen consecuencias que no
solo nosotros padecemos, sino que también afectan a otros, a veces muchos e
inocentes. Tal es la naturaleza del pecado.

¿Cómo has sufrido a causa de los pecados ajenos? ¿De qué maneras otros han
sufrido a causa de tus faltas? ¿Cuál es nuestra única esperanza?

38 Reavivados por su Palabra: Hoy, Levítico 16.


Viernes 1° de agosto | Lección 5

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:


Lee el capítulo titulado “La Pascua” en el libro Patriarcas y profetas, de Elena
de White, pp. 279–285.
“La Pascua debía ser tanto conmemorativa como típica; no solo recordaría
la liberación de Israel de Egipto, sino que también señalaría a la liberación más
grande que Cristo realizaría para libertar a su pueblo de la servidumbre del
pecado. El cordero del sacrificio representa al ‘Cordero de Dios’, en quien reside
nuestra única esperanza de salvación. Dice el apóstol: ‘Nuestra pascua, que es
Cristo, ya fue sacrificada por nosotros’ (1 Cor. 5:7). No bastaba que el cordero
pascual fuese muerto; había que rociar con su sangre los postes de las puertas;
así habrían de aplicarse los méritos de Cristo sobre el alma. Debemos creer, no
solo que él murió por el mundo, sino que murió por cada uno individualmente.
Debemos apropiarnos para nosotros de la virtud del sacrificio expiatorio” (Elena
de White, Patriarcas y profetas, p. 281).
Las familias judías observantes de todo el mundo celebran hasta hoy la
Pascua judía, o Pésaj. Durante la primera noche de la celebración realizan una
ceremonia llamada “Séder de Pascua” (séder significa “orden”) durante la cual
rememoran el Éxodo y disfrutan luego de una comida especial en familia. Es
asombroso que esto haya sido celebrado desde la época del Éxodo. Solo el re-
poso sabático durante el séptimo día de la semana, que los judíos observantes
también respetan, se remonta incluso más atrás en el tiempo, hasta el Edén.

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:


1. ¿Cómo es posible entender la “justicia” del Señor al dar muerte a los pri-
mogénitos, muchos de los cuales eran seguramente “inocentes”? ¿Cómo
armoniza esto con la poderosa realidad del amor de Dios? Pensemos
también en el Diluvio. ¿Cómo entenderlo?
2. ¿Qué significan las expresiones metafóricas según las cuales los creyen-
tes están “cubiertos” por la sangre de Jesús y su sangre los “limpia” de
todas sus iniquidades?
3. Medita en lo siguiente: “Los seguidores de Cristo deben participar de su
experiencia. Deben recibir y asimilar la Palabra de Dios para que se con-
vierta en el poder que motive su vida y acción. Mediante el poder de Cris-
to, deben ser transformados a su imagen y reflejar los atributos divinos...
El espíritu y la obra de Cristo deben convertirse en el espíritu y la obra
de sus discípulos” (Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 282). ¿Cómo
permitimos que Cristo haga en nosotros lo allí descrito?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Levítico 17. 39


Lección 6: Para el 9 de agosto de 2025

A TRAVÉS DEL MAR ROJO


Sábado 2 de agosto

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Éxodo 12:31–36; Santiago 2:17–20;


Éxodo 13:1–14:31; Hebreos 11:22; Éxodo 15:1–21; Apocalipsis 15:2–4.

PARA MEMORIZAR:
“Pero Moisés dijo al pueblo: ‘No teman. Manténganse tranquilos, y verán la salva-
ción que el Señor les dará hoy. Porque esos egipcios que hoy ven, nunca más los
verán. El Señor peleará por ustedes. Estén tranquilos’ ” (Éxo. 14:13, 14).

E l Éxodo es la experiencia más dramática y gloriosa del pueblo de Dios en


el Antiguo Testamento. Este acontecimiento es el modelo divino de cómo
Dios derrotó a los enemigos de los hebreos e introdujo victoriosamente
a los israelitas en la Tierra Prometida. También es un símbolo de la salvación
y la redención en Cristo.
Desde el punto de vista humano, los hijos de Israel se encontraban en una
situación desesperada, de la que no podían librarse por sí mismos. Solo Dios
podía salvarlos. Lo mismo ocurre con nosotros y el pecado: estamos en una
situación desesperada. Necesitamos algo aún más dramático que el Éxodo: la
cruz de Cristo y lo que él hizo allí por nosotros.
Los acontecimientos relacionados con la salida de Israel de la tierra de Gosén,
mencionados en Éxodo 12 y rememorados en el cántico de Moisés, alegremente
entonado en Éxodo 15, son sobrecogedores y asombrosos. Las señales, prodigios
y milagros redentores de Dios alcanzan su apogeo en ese contexto.
Pero, ni siquiera eso es comparable con lo que Cristo hizo por nosotros en
la cruz, de lo cual el drama del Éxodo fue una mera prefiguración.

40 Reavivados por su Palabra: Hoy, Levítico 18.


Domingo 3 de agosto | Lección 6

VAYAN Y ADOREN AL SEÑOR


En la noche de Pascua, el juicio divino fue ejecutado sobre quienes no es-
taban cubiertos por la sangre (Éxo. 12:1-12). Nadie escapó debido a su posición,
educación, estatus social o género. El castigo alcanzó a todas las familias, desde
el faraón hasta los esclavos, e incluso a los primogénitos de los animales. El
orgullo de Egipto estaba por los suelos.

Lee Éxodo 12:31 al 36. ¿Qué extraña petición hizo el faraón y por qué,
incluso cuando dio permiso para que los hebreos se fueran?

Cuán interesante es la petición del faraón a los hebreos cuando les permitió
ir a adorar: “Y bendíganme a mí”, o “rueguen a Dios por mí” (DHH).
¿Por qué pediría eso el rey de Egipto, un presunto “dios” en la Tierra y entre
su pueblo? Parecía que había comprendido el poder del Dios de los hebreos y
deseaba beneficiarse de él. Sin embargo, ¿cómo podía Dios bendecirlo mientras
estaba sumido en la rebelión, la terquedad, el pecado y el orgullo? Aunque dio
finalmente su consentimiento, no fue por sumisión a la voluntad de Yahvé, sino
por la derrota que había sufrido. No estaba arrepentido, como lo revelarían sus
acciones posteriores. Simplemente, quería detener la devastación que estaba
destruyendo su reino.
Faraón fue humillado y dio permiso a Israel para salir de Egipto ante las
trágicas consecuencias de la peor plaga. Permite ahora lo que se negó a conceder
tantas veces antes, cuando demostró que no le importaba el sufrimiento que
sus acciones acarreaban a su nación.
Comprensiblemente, el pueblo egipcio también deseaba que los hebreos se
fueran. Por favor, váyanse o “todos moriremos”, dijeron.
Mientras tanto, Dios hizo provisión para que los israelitas no salieran de
Egipto con las manos vacías, sino con lo que necesitarían para lo que resultó
una experiencia mucho más prolongada que lo previsto. Los egipcios dieron
a los hebreos preciosos artículos para apresurar la salida de ellos del país. Por
otra parte, lo recibido eran salarios negados a los israelitas durante siglos de
esclavitud. Seguramente los egipcios consideraron aquello como algo muy
módico con tal de sacar a los hebreos de su tierra.

¿Cuántas veces nos hemos “arrepentido” de ciertas acciones solo por sus con-
secuencias y no porque fueran malas en sí mismas? ¿Por qué no consiste en eso
el verdadero arrepentimiento? ¿Cómo podemos aprender a arrepentirnos de los
pecados de los que, en cierto sentido, “nos libramos”, al menos a corto plazo?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Levítico 19. 41


Lección 6 | Lunes 4 de agosto

LA CONSAGRACIÓN DEL PRIMOGÉNITO


El tiempo prometido de la redención, de la liberación, estaba a punto de
llegar. El pueblo debía estar preparado. No bastaba con creer, debían actuar en
consecuencia. Dios les había dicho lo que tenían que hacer; ahora tenían que
hacerlo por fe. Aunque en un contexto totalmente diferente de aquel en el que
Santiago estaba escribiendo, el principio destacado es en ambos casos el mismo:
“¿Quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras está muerta?” (Sant. 2:20).

Lee Éxodo 13:1 al 16. Los primogénitos israelitas fueron perdonados


por la gracia de Dios durante la última plaga. ¿Cuál es la razón de ser de
ese mandato divino perpetuo y qué debería significar para nosotros hoy?

Dios protegió misericordiosamente a las familias israelitas que estaban,


por así decirlo, bajo la sangre porque habían marcado por fe los dinteles de
sus puertas. Estas nuevas instrucciones vinieron del Señor a través de Moisés:
“Conságrame todo primogénito varón” (Éxo. 13:2). Esta legislación era válida
tanto para los humanos como para los animales.
Un principio que subyace tras este mandato es que todo pertenece a Dios
pues es nuestro Creador y el Dueño de cuanto existe: “Del Señor es la tierra y su
plenitud, el mundo y los que habitan en él” (Sal. 24:1). “Mía es la plata, mío es el
oro –dice el Señor Todopoderoso” (Hag. 2:8). Los primogénitos de los israelitas
eran el primer fruto de las bendiciones concedidas a ellos por Dios. Eran también
una señal de su total consagración a él y de que comprendían que todo lo que
poseían procedía solo de él.
También vemos aquí la idea de redención, de salvación. Los primogénitos se
libraban de la muerte porque estaban cubiertos o salvaguardados por la sangre.
Fueron redimidos de la muerte como lo son quienes están bajo la sangre de Jesús.
Como dice Pablo acerca de Jesús: “En quien tenemos redención por su sangre,
el perdón de los pecados” (Col. 1:14).
Dios dio a los hebreos ciertas normas acerca de cómo debía ser presentada
la ofrenda correspondiente en celebración de su liberación de la esclavitud en
Egipto. Los animales debían ser sacrificados, pero los hijos debían ser redimidos
(Éxo. 13:12, 13, 15).

Éxodo 13:16 se refiere a lo que debían colocar en sus manos y entre sus ojos.
¿Cómo simboliza esto la importante verdad espiritual de que, independientemen-
te de cuánta fe tengamos, debemos actuar en armonía con esa fe?

42 Reavivados por su Palabra: Hoy, Levítico 20.


Martes 5 de agosto | Lección 6

EL CRUCE DEL MAR ROJO


Lee Éxodo 13:17 a 14:12. ¿Cómo guio Dios a los israelitas cuando salieron
de Egipto y qué ocurrió después?

En armonía con las instrucciones dadas por Dios a Moisés, los israelitas
salieron de Egipto como un ejército bien organizado. Los términos hebreos
tsaba’ y majaneh, traducidos como “ejércitos”, “escuadrones”, “campamento” y
“huestes”, atestiguan esa descripción (Éxo. 6:26; 7:4; 12:17, 41, 51; 14:19, 20; com-
para con Éxo. 13:18). Los hebreos se dividieron en unidades y marcharon como
un ejército. Más tarde, Balaam vio desde las colinas de Moab que Israel estaba
“acampando por tribus” (Núm. 24:2, NVI).
Mientras tanto, “Moisés llevó consigo los huesos de José” (Éxo. 13:19). Este es
un detalle muy importante del texto, y revela el cumplimiento de las promesas
de Dios en respuesta a la fe de José, quien nunca perdió de vista la Tierra Prome-
tida aun en medio del esplendor y los privilegios de Egipto. Pidió que sus huesos
fueran llevados a la tierra de Canaán (Gén. 50:24, 25). Creía que el Señor visitaría
a Israel en Egipto y lo llevaría a la tierra, como había jurado (Heb. 11:22). Cuando
Israel llegó a Canaán, los huesos de José fueron sepultados en Siquem (Jos. 24:32).
La columna de nube y la de fuego eran los signos visibles de la presencia de
Dios entre su pueblo. El Señor habitaba allí y se comunicaba con ellos también
desde la nube (Éxo. 14:24; Núm. 12:5, 6).
El faraón reveló ahora los verdaderos motivos de su corazón. No estaba
convertido y nunca se arrepintió de verdad. Su petición a Dios para que lo ben-
dijera era una farsa, tal vez un autoengaño. Reunió a su ejército y fueron tras
sus esclavos fugitivos. ¡Cuán totalmente cegado por el pecado estaba realmente
este hombre!
Cuando el pueblo vio venir al ejército del faraón, pronunció palabras y ex-
presó sentimientos de los que se harían eco más de una vez: “¿No había sepulcros
en Egipto, que nos sacasen a morir en el desierto? ¿Por qué has hecho así con
nosotros al sacarnos de Egipto?” (Éxo. 14:11).
Aun después de haber visto manifestaciones tan dramáticas del poder de
Dios, que incluyeron el libramiento de sus hijos primogénitos, el pueblo seguía
mostrando una asombrosa falta de fe.

Piensa en la última vez que te enfrentaste a una situación terrible. ¿Cuál fue tu
primera reacción: fe en Dios o falta de ella? ¿Qué lecciones deberías haber apren-
dido de esa situación que podrían ayudarte la próxima vez que enfrentes otra?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Levítico 21. 43


Lección 6 | Miércoles 6 de agosto

AVANZANDO POR FE
Lee Éxodo 14:13 al 31. A pesar de su falta de fe, ¿qué hizo Dios por los
hijos de Israel?

Puesto que Moisés confiaba de todo corazón en Dios y en su Palabra, animó


al pueblo. Presentó cuatro puntos cruciales acerca de cómo actuar en situaciones
difíciles:
1. “No teman” (Éxo. 14:13). El primer llamamiento es a confiar en el Señor,
pues solo así es posible vencer el temor. Isaías nos recuerda esta verdad
al afirmar que los creyentes están en las manos de Dios y que él actuará
en favor de ellos si lo aceptan como su Dios y Señor: “No temas, que yo
estoy contigo. No desmayes, que yo soy tu Dios [...]. Porque yo, el Señor,
soy tu Dios, que te sostiene de tu mano derecha y te dice: ‘No temas. Yo
te ayudo’ ” (Isa. 41:10, 13).
2. “Manténganse tranquilos” (Éxo. 14:13). “Mantenerse tranquilos” no signi-
fica solo dejar de murmurar y esperar grandes cosas, sino confiar en Dios
y esperar pacientemente su poderosa intervención, ya que él actuará.
3. “Verán la salvación que el Señor les dará hoy” (Éxo. 14:13). Para que nues-
tra fe crezca, es importante reconocer el liderazgo y la ayuda de Dios, y
agradecer su asistencia prometida. “Ver” significa abrir los ojos (porque
la incredulidad es ciega). Solo Dios puede proporcionar la victoria, la se-
guridad y la salvación. Dios siempre está disponible, cuidando de noso-
tros y proveyendo lo que necesitamos en el momento apropiado.
4. “El Señor peleará por ustedes” (Éxo. 14:14). Esto indica lo que Dios hará:
Luchará personalmente por su pueblo. El Calvario es la prueba definitiva
de ello, pues en la cruz Cristo derrotó a Satanás para darnos la vida eter-
na (Juan 5:24; Heb. 2:14; Apoc. 12:10, 11). Incluso los egipcios reconocie-
ron que el Señor luchaba por los israelitas (Éxo. 14:25).
La orden dada por Dios a Moisés fue clara: “Marchen”. Dios desplegó su plan
de acción paso a paso: (1) el Ángel de Dios y la columna de nube se desplazaron
desde la parte delantera del campamento de Israel y se situaron detrás de ellos,
protegiéndolos del ejército egipcio; (2) Moisés extendió por fe su mano sobre el
mar; (3) el Señor dividió el agua y la secó con un fuerte viento; y (4) el resultado
fue que los israelitas atravesaron el mar con seguridad y sobre tierra seca hasta
la otra orilla. Los egipcios los persiguieron ciegamente pues se negaron a ver
que Dios estaba haciendo cosas extraordinarias por su pueblo hasta que fue
demasiado tarde, como lo reveló su confesión en Éxodo 14:25.

44 Reavivados por su Palabra: Hoy, Levítico 22.


Jueves 7 de agosto | Lección 6

EL CÁNTICO DE MOISÉS Y DE MARÍA


Todo el ejército egipcio fue derrotado y nadie sobrevivió, incluido el faraón
(ver Sal. 136:15). Fue una derrota impresionante para los egipcios y una victoria
completa para el pueblo de Dios. No es de extrañar que, a lo largo de toda su
historia y hasta el día de hoy, los judíos revivan este incidente.

Lee Éxodo 15:1 al 21. ¿Cuál es el contenido del cántico de Moisés?

Este cántico alaba al Señor porque es un Guerrero poderoso que derrotó a


quienes se oponían a su pueblo. Moisés desarrolla personalmente este tema
subrayando que el Señor, su Dios, es también su fortaleza, su canción y su sal-
vación. Nadie es como él, “magnífico en santidad, terrible en prodigios, autor
de maravillas” (Éxo. 15:11).
El cántico de Moisés habla de quién es Dios y de lo que hace. El Señor es
exaltado, alabado y admirado por su extraordinaria obra en favor de su pueblo.
La gratitud y la adoración son el resultado natural de la bondad de Dios para
con nosotros. El aprecio por su amor es el prerrequisito para disfrutar de una
vida espiritual vibrante. El amor inquebrantable de Dios es especialmente en-
fatizado y glorificado porque él conducirá al pueblo que ha redimido hasta su
santa morada. Moisés predice que Dios establecerá el Santuario en el monte de
su heredad (Éxo. 15:17) en referencia a Sion y al templo de Jerusalén.
En Apocalipsis 15:2 al 4, los redimidos cantan el cántico de Moisés y del
Cordero. ¿Puedes imaginar cómo sonará en el Cielo esta alabanza a Dios por
sus grandes y maravillosas obras, por sus juicios justos y verdaderos, por sus
acciones justas y su santidad?
Observa lo que dice la última línea del cántico: “Todas las naciones vendrán
y te adorarán, porque tus actos de justicia han quedado manifiestos” (vers. 4).
Es decir, cuando los juicios de Dios, especialmente los que tienen que ver con
el mal y la opresión que durante milenios han quedado impunes, se hayan ma-
nifestado, los redimidos de las naciones lo alabarán por esos juicios.

Emanuel Kant dijo que si Dios es justo debe haber algún tipo de vida después de
la muerte. ¿Por qué es tan acertada esa afirmación y cómo podemos aprender a
confiar en que un día llegará la justicia que tanta falta hace en nuestro mundo?
¿Qué consuelo puede darnos esa esperanza?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Levítico 23. 45


Lección 6 | Viernes 8 de agosto

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:


Lee el capítulo titulado “El Éxodo” en el libro Patriarcas y profetas, de Elena
de White, pp. 286-295.
Dios estaba con los israelitas a pesar de la escasa fe de ellos. Deseaba ins-
truirlos y guiarlos a fin de que pensaran y se comportaran como su pueblo
elegido. Dios los guio pacientemente y los dirigió a un lugar donde encontrarían
menos desafíos. Elena de White dice lo siguiente al respecto: “Los israelitas
estaban pobremente preparados para un encuentro con ese pueblo poderoso
y belicoso. Tenían un conocimiento muy limitado de Dios y poca fe en él, y se
habrían aterrorizado y desanimado. Carecían de armas y no estaban habituados
a la guerra; tenían el espíritu deprimido por su prolongada servidumbre, y se
hallaban estorbados por las mujeres y los niños, los rebaños y las manadas. Al
dirigirlos por la ruta del Mar Rojo, el Señor se reveló como un Dios compasivo
y juicioso” (Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 287).
Acerca del cántico de Moisés, el Comentario bíblico Andrews dice lo siguiente:
“La certeza de este acto redentor de Dios en la historia nos asegura que nada
tenemos que temer del futuro. La última estrofa se centra en los enemigos fu-
turos que tendrían que ser enfrentados en la conquista de Canaán. Por causa del
‘brazo poderoso’ (RVC) de Dios, enmudecerían ‘como una piedra’ (v. 16). Cuando
enfrentamos certeras imposibilidades, cuando nos sentimos acorralados y no
sabemos adónde acudir, podemos encontrar seguridad en ‘el cántico de Moisés’,
porque conmemora un gran acontecimiento de la historia del pueblo de Dios”
(Comentario bíblico Andrews, t. 1, p. 250).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:


1. ¿Por qué nos encontramos tan a menudo en la posición de los hebreos
después de su increíble liberación de Egipto, pero antes del desafío del
Mar Rojo? Es decir, ¿por qué nos sigue resultando tan fácil mostrar y ex-
presar falta de fe a pesar de tantas demostraciones divinas de bondad y
amor para con nosotros?
2. ¿Por qué el faraón siguió persiguiendo a Israel después de todo lo suce-
dido, incluida la muerte de los primogénitos? ¿Qué debería decirnos esto
acerca de cuán peligroso es para cualquiera de nosotros endurecerse a
causa del pecado o pecar?
3. Aunque todos enfrentamos a veces pruebas terribles, muchos hemos
tenido (y seguimos teniendo) días muy buenos y momentos en los que
no nos ocurre nada malo a nosotros ni a nuestros seres queridos. ¿Por
qué deberíamos considerar esos momentos como una demostración de
la gracia y la protección de Dios, sobre todo en vista de que vivimos en
territorio “enemigo”? Es decir, ¿por qué deberíamos acordarnos siempre
de alabar a Dios en los buenos tiempos, ya que no sabemos de qué cala-
midades hemos sido librados?

46 Reavivados por su Palabra: Hoy, Levítico 24.


Lección 7: Para el 16 de agosto de 2025

EL PAN Y EL AGUA DE VIDA


Sábado 9 de agosto

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Éxodo 15:22–16:36; Génesis 3:1–6;


Éxodo 17:1–7; 1 Corintios 10:4; Éxodo 18:1–27; 1 Corintios 10:11.

PARA MEMORIZAR:
“Y el Señor dijo a Moisés: ‘¿Hasta cuándo se negarán a guardar mis mandamientos
y mis leyes? Miren que el Señor les dio el sábado. Por eso en el sexto día les da pan
para dos días. Quédese, pues, cada uno en su estancia, y nadie salga de su lugar en
el séptimo día’. Así, el pueblo reposó el séptimo día” (Éxo. 16:28–30).

T ras salir de Egipto, Israel emprendió un viaje desconocido hacia la Tierra


Prometida. El pueblo se enfrentaba a un exigente y largo camino, y nece-
sitaba aprender una multitud de lecciones. El Señor los guiaría y cuidaría,
y deseaba ayudarlos a crecer, pero debían aprender disciplina, dominio propio,
abnegación, generosidad, confianza en el Señor y, especialmente, obediencia.
Moisés era un líder visible, y el pueblo tenía que seguirlo y aceptar su lide-
razgo si querían triunfar. Era crucial que permanecieran unidos, que cooperaran
como comunidad y que se ayudaran mutuamente. Había muchos obstáculos
y desafíos por delante. Gran parte de su crecimiento espiritual dependería de
cómo enfrentaran esos desafíos y respondieran a Moisés, especialmente cuando
los retos fueran grandes.
El conocido adagio chino de que “un viaje de mil kilómetros comienza con
un solo paso” era acertado en la situación de ellos, y necesitaban confiar en las
indicaciones del Señor a cada paso. Trágicamente, como veremos, no apren-
dieron esas lecciones tan fácilmente. Pero ¿quién lo hace?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Levítico 25. 47


Lección 7 | Domingo 10 de agosto

AGUAS AMARGAS
En los incidentes registrados en la Biblia, distintos personajes desempeñan
papeles diferentes, buenos o malos, y debemos prestar mucha atención a las
tramas, los lugares, los tiempos y los villanos. Sin embargo, lo más importante
de un relato suele ser el desenlace y las lecciones aprendidas. Lo mismo puede
decirse de los relatos bíblicos acerca de la historia del pueblo de Dios tras el
cruce del Mar Rojo.
Como muestran los episodios, Dios es el Solucionador de problemas y el
Pacificador. Sin embargo, su labor es dificultada por la incredulidad de las per-
sonas. Debido a su constante murmuración y desobediencia, los hebreos expe-
rimentaron serias complicaciones e incluso tragedias. Trajeron sobre sí mismos
muchas dificultades debido a su incredulidad e impenitencia.

Lee Éxodo 15:22 al 27. Tras el cruce del Mar Rojo, ¿cuál fue el trasfondo
del primer milagro realizado?

La primera prueba de la fe de Israel estuvo asociada a la necesidad de agua,


lo que no es de extrañar dado el difícil, caluroso y seco entorno del desierto.
Después de tres días de viaje, el pueblo finalmente encontró agua, pero no era
potable. Marah significa “amargo”, y como el agua era amarga la fe de Israel en
su bondadoso Señor se tambaleó rápidamente. Sin embargo, Dios reaccionó
con compasión, y el primer milagro fue realizado con un trozo de madera. Por
supuesto, no fue la madera sino el Señor quien hizo que el agua se tornara dulce
y potable. El pueblo tuvo que aprender importantes lecciones: (1) Paciencia
para esperar el momento oportuno del Señor, y (2) que Dios hace las cosas en
cooperación con los seres humanos.
Sin embargo, los hijos de Israel dieron muchas cosas por sentadas y rápida-
mente olvidaron los grandes milagros que Dios había hecho por ellos, milagros
por los que tan apasionadamente le habían cantado alabanzas, declarando:
“¿Quién como tú, Señor, entre los dioses? ¿Quién como tú, magnífico en santidad,
terrible en prodigios, autor de maravillas?” (Éxo. 15:11).
Sin embargo, incluso después de sus quejas, Dios prometió que no traería
sobre los israelitas “ninguna de las enfermedades” (Éxo. 15:26, NVI) que habían
asolado a los egipcios. Él los protegería, pero solo podrían experimentar el
cumplimiento de esta promesa si se mantenían fieles a él.

¿Qué pruebas y luchas has traído sobre ti mismo? ¿Qué consuelo puedes obtener
al saber que Dios seguirá obrando en tu favor si cooperas con él?

48 Reavivados por su Palabra: Hoy, Levítico 26.


Lunes 11 de agosto | Lección 7

CODORNICES Y MANÁ
Desgraciadamente, existe un patrón repetitivo de rebelión en estas histo-
rias de peregrinación. La gente olvidaba notoriamente que la poderosa mano
de Dios les había ayudado en el pasado y que él había provisto soluciones para
sus dificultades. Dejaron que sus problemas presentes los cegaran respecto de
su meta final y del futuro maravilloso prometido por Dios. Ese es un problema
común incluso entre el pueblo de Dios actualmente.

Lee Éxodo 16:1 al 36. ¿Por qué se quejaron los israelitas y qué ocurrió
luego?

Es importante notar que las tentaciones registradas en la Biblia suelen


estar relacionadas con el alimento. En el Jardín del Edén, la Caída se debió a
la acción de comer del árbol prohibido del conocimiento del bien y del mal
(Gén. 2:16, 17; 3:1-6). Cuando Jesús fue tentado en el desierto, Satanás intentó
hacerlo caer valiéndose primero de la comida (Mat. 4:3). Esaú perdió sus derechos
como primogénito a causa de su apetito indisciplinado (Gén. 25:29-34). ¡Cuántas
veces la desobediencia de Israel estuvo relacionada con la comida y la bebida! No
es de extrañar que Moisés recordara a las generaciones posteriores: “El hombre
no vive solo de pan, sino de toda palabra que sale de la boca del Señor” (Deut. 8:3).
El maná era un alimento celestial que Dios suministró a los israelitas du-
rante los cuarenta años en el desierto. Les enseñó mediante ese don que él es el
Creador y el Proveedor de todo. Además, Dios usó la provisión sobrenatural de
maná para mostrarles cómo guardar el sábado, el séptimo día semanal.
Cada semana ocurrían cuatro milagros: (1) Dios proveía una ración diaria
de maná durante cinco días. (2) Los viernes recibían una ración doble de maná,
pues este no les sería provisto el sábado. (3) La ración extra del viernes reservada
para el sábado no se echaba a perder. (4) No caía maná en sábado. Dios reali-
zaba constantemente estos milagros para que el pueblo recordara el sábado y
celebrara la bondad de Dios durante ese día. Dios dijo: “Tomen en cuenta que
yo, el Señor, les he dado el sábado” (Éxo. 16:29, NVI).

A los humanos nos agrada comer y fuimos creados para disfrutar de ello. La
abundancia de alimentos que crecen en la tierra (nuestra dieta original) revela
que Dios quiere que comamos y que nos agrade lo que comemos. Sin embargo,
¿cómo es posible abusar del maravilloso don de la comida y del apetito?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Levítico 27. 49


Lección 7 | Martes 12 de agosto

AGUA DE LA ROCA
En el desierto se necesita mucha agua. Dios se ocupó de este problema pese
a que el pueblo era pendenciero, no confiaba en él, e incluso puso a prueba su
capacidad y su disposición a proveerles el vital líquido. En su incredulidad,
volvieron la vista a Egipto.

Lee Éxodo 17:1 al 7. ¿Qué lección debería haber aprendido el pueblo de


este incidente?

Moisés llamó al lugar Masa, que significa “prueba”, y Meriba, que significa
“rencilla”. El Señor dio agua a los israelitas a pesar de su incredulidad. Esas dos
palabras deberían haberles recordado que no debían poner a prueba a Dios ni
reñir con él (Heb. 3:7, 8, 15). Cuestionaron seriamente la presencia de Dios a pesar
de las numerosas demostraciones previas que habían tenido de su compañía,
poder y autoridad.
“Moisés hirió la peña, pero fue el Hijo de Dios el que, escondido en la co-
lumna de nube, estaba junto a Moisés e hizo brotar las vivificadoras corrientes
de agua. No solo Moisés y los ancianos, sino también toda la multitud que estaba
de pie a lo lejos, presenciaron la gloria del Señor; pero si se hubiera apartado
la columna de nube, habrían perecido a causa del terrible fulgor de aquel que
estaba en ella” (Elena de White, Patriarcas y profetas, pp. 304, 305).
El agua es símbolo de vida, pues esta no es posible sin aquella. Todas las cé-
lulas de nuestro cuerpo necesitan agua. Nosotros mismos estamos constituidos
por un 60 % de agua. Incluso nuestros huesos están en parte compuestos por
ella. Por lo tanto, el hecho de que Dios proporcionara agua a los israelitas en
el desierto era evidencia de que Dios se preocupaba por sus necesidades y de
que podían confiar en él. Pero, de nuevo, era necesario que fueran obedientes.
Muchos siglos después, Pablo recuerda a los creyentes que la experiencia de
los israelitas en el desierto fue única. Cristo mismo no solo los guio, sino que
también les proporcionó agua (Sal. 78:15, 16) y satisfizo otras necesidades espiri-
tuales y físicas. En tal sentido, el apóstol afirmó: “La roca era Cristo” (1 Cor. 10:4).
Para ellos, Cristo era la Fuente de la vida y el Dador de la vida eterna. Así como
una roca es sólida, Dios guiaba firmemente a su pueblo. Se puede contar con él
porque no deja de cumplir sus promesas.

¿En qué aspectos necesitas ahora mismo confiar en Dios? ¿Cómo puedes apren-
der a someterte a su voluntad y esperar hasta que él actúe a su debido tiempo?
¿Por qué no siempre es fácil hacerlo?

50 Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 1.


Miércoles 13 de agosto | Lección 7

JETRO
Moisés recibió la visita de Jetro, su suegro, también llamado Reuel (Éxo. 2:18),
quien trajo consigo a Séfora, la mujer de Moisés, y a sus dos hijos, Gersón y
Eliezer. Moisés salió a recibirlos cuando supo que venían.

Lee Éxodo 18:1 al 27. ¿Qué pasos importantes en la historia de la nación


tuvieron lugar aquí?

Jetro vino porque oyó hablar de la asombrosa liberación de Israel por parte
de Dios. Moisés narró a Jetro en detalle “todas las cosas que el Señor había hecho
a Faraón y a los egipcios por amor a Israel, y todo el trabajo que habían pasado
en el camino, y cómo el Señor los había librado” (Éxo. 18:8).
Jetro alabó la bondad de Dios y sus extraordinarias intervenciones en favor
de su pueblo: “¡Alabado sea el Señor que los libró de mano de los egipcios y de
Faraón, y libró al pueblo de la opresión egipcia! Ahora reconozco que el Señor
es grande más que todos los dioses, porque prevaleció contra los que se enso-
berbecieron contra ellos” (Éxo. 18:10, 11).
Lo que vemos aquí es un ejemplo de cómo la obra de Dios en favor de los
hebreos debía ser un testimonio para el mundo acerca de quién es el Dios ver-
dadero y de lo que puede hacer por su pueblo.
Mientras Jetro aprendía acerca del Dios verdadero, él mismo tenía consejos
sabios y beneficiosos para ofrecer al pueblo de Dios. Moisés necesitaba organizar
el sistema legal con principios justos y equitativos. También necesitaba jueces
íntegros, dedicados y fieles. Jetro enumeró sabiamente las calificaciones que
debían tener esas personas: (1) Hombres que respetaran profundamente a Dios;
(2) que fueran dignos de confianza; y (3) que odiaran la ganancia deshonesta.
Personas capaces y de buen carácter debían estar a cargo de diferentes grupos de
miles, centenas, cincuentenas y decenas. De este modo, la carga administrativa
de Moisés se reduciría y podría centrarse en los problemas importantes. Como
resultado, el pueblo estaría bien atendido.
Moisés aceptó el sabio consejo de Jetro (Éxo. 18:24) y nombró líderes para
diferentes funciones administrativas (ver también Deut. 1:9-18).

Moisés podría haber despreciado el consejo de su anciano suegro y haberle di-


cho que se ocupara de sus asuntos, pero no lo hizo. ¿Qué lecciones importantes
podemos aprender de su disposición a escuchar a esta persona que ni siquiera
era hebrea?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 2. 51


Lección 7 | Jueves 14 de agosto

EL PAN Y EL AGUA DE VIDA


Lee 1 Corintios 10:11. ¿Qué razón aduce Pablo para que estos aconteci-
mientos quedaran registrados?

Pablo explica que todo lo sucedido a los israelitas quedó registrado a fin
de que sirviera como ejemplo y advertencia para los seguidores de Cristo y los
ayudara a evitar los mismos problemas; es decir, para que aprendieran de esas
experiencias. Se trata, pues, de una instrucción pertinente para quienes vivimos
en “el fin de los tiempos” (NVI). Dios da a su pueblo el Espíritu Santo para forta-
lecer a los creyentes con “poder, [...] amor y [...] dominio propio” (2 Tim. 1:7) a fin
de que puedan tomar decisiones correctas y seguir sus enseñanzas. Jesucristo
es la Fuente de la nueva vida (Juan 14:6), y solo él puede convertirnos “en sacri-
ficio vivo, santo, agradable a Dios, que es el culto espiritual de ustedes. [...] No
se conformen a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su
entendimiento, para que puedan comprobar cuál es la buena voluntad de Dios,
agradable y perfecta” (Rom. 12:1, 2).
Jesús también usó las enseñanzas contenidas en estos relatos, los del maná
y el agua en particular, para enseñar verdades acerca de sí mismo, quien los
guio por el desierto.

Lee Juan 4:7 al 15 y 6:31 al 51. ¿Qué verdades se nos revelan aquí a los
cristianos?

La samaritana descubrió que Cristo le ofrecía algo que no obtendría en


ningún otro lugar. La sed interior de paz, alegría y felicidad procede de Dios y,
por lo tanto, solo él puede satisfacerla (Sal. 42:1, 2).
Más tarde, en el contexto del maná, Jesús explicó que fue Dios, no Moisés,
quien lo proveyó al pueblo. Luego Jesús declaró: “Yo soy el pan de vida. El que
viene a mí nunca tendrá hambre” (Juan 6:35). Jesús se identificó tres veces como
el Pan de vida (Juan 6:35, 41, 48).
Así como el maná en el desierto era “pan del cielo” (Juan 6:31, 32), el agua de
la roca era el regalo de Cristo para satisfacer la sed. Además de estos aspectos
físicos, el pan y el agua tenían también un significado espiritual, pues Jesucristo
es “el pan de vida” (Juan 6:35, 48) y el “agua viva” (Juan 4:10, 11, 14; 7:37, 38). Solo
él, pues, puede saciar verdaderamente nuestras sed y hambre espirituales.

52 Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 3.


Viernes 15 de agosto | Lección 7

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:


Lee el capítulo titulado “Del Mar Rojo al Sinaí” en el libro Patriarcas y profetas,
de Elena de White, pp. 296-309.
Poco después del incidente con el agua, la nación se enfrentó a un nuevo
peligro (ver Éxo. 17:8-16). Los amalecitas, una tribu feroz y belicosa, los atacaron.
“Los amalecitas no desconocían el carácter de Dios ni su soberanía, pero en
lugar de temerlo, se habían empeñado en desafiar su poder. Las maravillas
hechas por Moisés ante los egipcios fueron tema de burla para los amalecitas, y
se mofaron de los temores de los pueblos circunvecinos. Habían jurado por sus
dioses que destruirían a los hebreos de tal manera que ninguno escaparía, y se
jactaban de que el Dios de Israel sería impotente para resistirlos. Los israelitas
no los habían perjudicado ni amenazado. En ninguna forma habían provocado
el ataque. Para manifestar su odio y su desafío a Dios, los amalecitas trataron
de destruir al pueblo escogido.
“Durante mucho tiempo habían sido pecadores arrogantes, y sus crímenes
clamaban a Dios exigiendo venganza; sin embargo, su misericordia todavía los
llamaba al arrepentimiento. Pero, cuando cayeron sobre las cansadas e inde-
fensas filas de Israel, sellaron la suerte de su propia nación” (Elena de White,
Patriarcas y profetas, p. 307).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:


1. Reflexiona en el hecho de que Jetro aprendió acerca del Dios verdadero
a partir de lo que Dios hizo por su pueblo. (Ver Deut. 4:4-8). ¿Por qué es
válido hoy ese principio? Pregúntate a ti mismo y a tu clase qué tipo de
testimonio presenta nuestra iglesia ante el mundo. ¿Qué mensaje damos
al mundo acerca de la naturaleza y el carácter de nuestro Dios?
2. Lee nuevamente 1 Corintios 10:4. ¿Qué debería enseñarnos esto acerca de
la antigua herejía, sostenida aún por algunos, según la cual el Dios del
Antiguo Testamento era vengativo, iracundo e implacable en contraste
con Jesús? ¿Cómo muestra este versículo lo erróneo de esa creencia?
3. Vuelve a leer lo que Elena de White escribió acerca de cómo los amale-
citas tuvieron la oportunidad de conocer al Dios verdadero. Compara su
actitud con la de Jetro. ¿Qué lecciones podemos aprender de esto acer-
ca de por qué Dios trajo juicio no solo sobre ellos, sino también sobre
muchos grupos humanos de la antigüedad con los que Israel entró en
contacto?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 4. 53


Lección 8: Para el 23 de agosto de 2025

EL PACTO EN EL SINAÍ
Sábado 16 de agosto

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Éxodo 19:1–20:17; Apocalipsis 21:3;


Deuteronomio 5:6–21; Santiago 1:23–25; Romanos 3:20–24; 10:4.

PARA MEMORIZAR:
“Ustedes vieron lo que hice a los egipcios, y cómo los tomé sobre alas de águila, y
los he traído a mí. Ahora pues, si en verdad escuchan mi voz y guardan mi pacto,
ustedes serán mi especial tesoro entre todos los pueblos, porque mía es toda la
tierra. Y ustedes serán mi reino de sacerdotes y gente santa” (Éxo. 19:4–6).

¿H acia dónde condujo Dios a Israel después de liberarlo de Egipto?


¿A la Tierra Prometida? Aunque esa respuesta geográficamente
sea correcta, es teológicamente errónea. Dios mismo responde la
pregunta de la siguiente manera: “Ustedes vieron lo que hice a los egipcios, y
cómo los tomé sobre alas de águila, y los he traído a mí” (Éxo. 19:4). Por lo tanto,
la respuesta bíblico-teológica a la pregunta revela la prioridad y el objetivo de
Dios: el Señor los condujo a él.
Cuando los seres humanos se alejan de Dios, él los busca y los llama a volver
a él. El mejor modelo de esta profunda verdad está en el Jardín del Edén, cuando
Adán y Eva pecaron contra Dios al desobedecer su mandato y se escondieron de
él. Él tomó la iniciativa y llamó a Adán: “¿Dónde estás?” (Gén. 3:9). Él siempre da
el primer paso. Jesús lo afirma con elocuencia:
“Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados, y yo les daré des-
canso. Lleven mi yugo sobre ustedes, y aprendan de mí, que soy manso y hu-
milde de corazón, y hallarán descanso para su alma” (Mat. 11:28, 29).
Dios nos llama a todos. Nuestro destino eterno depende de nuestra respuesta.

54 Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 5.


Domingo 17 de agosto | Lección 8

EN EL MONTE SINAÍ
Lee Éxodo 19:1 al 8. ¿Qué prometió Dios a su pueblo al pie del monte
Sinaí?

Dios condujo a los israelitas al monte Sinaí, donde pronto les entregaría
el Decálogo, los Diez Mandamientos. Se desconoce el lugar exacto, pero al-
gunos estudiosos piensan que probablemente Jebel Musa, un monte de 2.285
metros de altura, es el lugar donde Moisés se encontró con Dios varias veces
(por ejemplo, Éxo. 3:1; 19:2; 24:18) y donde Elías se encontró con el Señor años
más tarde (1 Rey. 19:8), la misma montaña donde Dios llamó a Moisés para que
sacara a Israel de Egipto (Éxo. 3:1, 10). En aquel momento, el Señor anunció a
Moisés que este adoraría a Dios en ese mismo lugar junto con el Israel liberado,
lo cual serviría como señal de que el Dios de Abraham, Isaac y Jacob los estaba
guiando (Éxo. 3:12).
Tras dos meses de viaje, los israelitas llegaron al Sinaí (Éxo. 19:1), donde per-
manecerían aproximadamente un año (comparar Éxo. 19:1 con Núm. 10:11, 12).
Durante este año recibieron de Dios muchas leyes, como se describe en Éxodo
19 al 40; Levítico 1 al 27 y Números 1:1 a 10:10. La permanencia de Israel en el
monte Sinaí es la pieza central de la narración contenida en el Pentateuco. Es
allí donde se sientan las bases de la transformación de los hebreos en el pueblo
elegido de Dios, la única nación no sumida en el paganismo y la idolatría.
Dios toma la iniciativa y establece el pacto entre él e Israel. Promete hacer
de este un tesoro especial, un reino de sacerdotes, un pueblo santo, si sus inte-
grantes le son obedientes y se mantienen en estrecha relación con él.
Ser un pueblo santo significa dedicarse a Dios y revelar su carácter a los
demás, especialmente a las naciones de su entorno. También fueron llamados
a funcionar como un reino de sacerdotes que conectarían a otras personas con
Dios, guiándolas hacia él y enseñándoles sus caminos y sus leyes. Ellos debían
ser el tesoro especial de Dios pues el Señor quería hacer de Israel su canal para
iluminar al mundo con el conocimiento acerca de él y de su carácter.
Este pacto constituyó el establecimiento legal de una relación entre Dios y
su pueblo. La fórmula general del pacto, que varía ligeramente en los distintos
textos, es: “Los haré mi pueblo y seré su Dios” (ver Éxo. 6:7; Lev. 26:12; Jer. 24:7;
31:33; Heb. 8:10; Apoc. 21:3).

¡Imagina que fueras el “tesoro especial” de Dios! ¿Qué privilegios especiales im-
plicaría eso? ¿Qué responsabilidades especiales tendrías?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 6. 55


Lección 8 | Lunes 18 de agosto

LA PREPARACIÓN PARA RECIBIR EL DON


Lee Éxodo 19:9 al 25. ¿Cómo preparó Dios a Israel para recibir los Diez
Mandamientos?

Dios dio instrucciones específicas acerca de cómo debían prepararse los


israelitas para la entrega de la Ley en el Sinaí. Su pureza externa debía reflejar
su total dedicación a Dios. Tenían que estar preparados para la espléndida ma-
nifestación de la gloria del Señor que estaba a punto de ocurrir. Cuando llegó,
vino acompañada de “truenos y relámpagos, y una espesa nube sobre el monte.
Y un penetrante sonido de trompeta estremeció a todo el pueblo que estaba en
el campamento” (Éxo. 19:16).
El Decálogo, los Diez Mandamientos, es el corazón de la revelación de Dios y
de la ética bíblica. Constituye la sustancia y el fundamento de las normas divinas
para toda la humanidad. Sus principios son eternos y universales.
Según el relato bíblico, el Decálogo fue anunciado por Dios (Éxo. 19:19; 20:1;
Deut. 5:4, 5, 24), y fue escrito por él mismo (Éxo. 24:12; 31:18; Deut. 5:22). En dos
ocasiones fue entregado a Moisés como un regalo especial (Éxo. 32:19; 34:1;
Deut. 10:1, 2).
En Éxodo, el Decálogo es llamado “el testimonio” (hebreo: ‘edut; Éxo. 31:18),
o “las palabras del pacto” (hebreo: dibre habberit; Éxo. 34:28). En el libro de Deu-
teronomio, esas palabras son escritas en “las tablas del pacto” (Deut. 9:9, 11, 15).
Ninguno de los dos libros utiliza la expresión hebrea que significa “manda-
mientos” (mitzvot), sino que en tres ocasiones son designados como “las diez
palabras”, ‘aseret haddebarim, de dabar, que significa “palabra, sentencia, asunto,
discurso, historia, promesa, pronunciamiento” (Ver Éxo. 34:28; Deut. 4:13; 10:4).
Existen dos versiones del Decálogo con muy ligeras diferencias. La primera
se encuentra en Éxodo 20:1 al 17 y la segunda en Deuteronomio 5:6 al 21. La se-
gunda versión fue presentada oralmente por Moisés a Israel casi cuarenta años
después del Sinaí, justo antes de que el pueblo entrara en la Tierra Prometida
(Deut. 1:3, 4; 4:44-47). Estas circunstancias explican las ligeras diferencias entre
ambas versiones.
Cuando Pablo dijo que el amor es el resumen de la Ley, citó el Decálogo
(Rom. 13:8-10). El amor es, en efecto, la suma de la Ley de Dios, porque él es un
Dios de amor (1 Juan 4:16).

¿Cómo entiendes la idea de los Diez Mandamientos como expresión del amor de
Dios? ¿Qué significa eso? ¿Cómo se revela en ellos el amor de Dios?

56 Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 7.


Martes 19 de agosto | Lección 8

EL DON DEL DECÁLOGO


Lee Éxodo 20:1 al 17. ¿Cuáles son los principios expresados en el Decálogo
y cómo está organizado?

Nota que el Decálogo no comienza con los mandamientos, sino con la acción
misericordiosa de Dios en favor de su pueblo: “Yo soy el Señor tu Dios, que te
saqué de Egipto, de casa de servidumbre” (Éxo. 20:2). El Señor muestra primero
su gracia dando libertad y salvación a Israel, y solo después revela su voluntad.
Los mandamientos debían ser observados como una expresión de amor y gra-
titud por lo que Dios había hecho por ellos.
La palabra clave con la que Dios resume el Decálogo es “amor” (Rom. 13:10).
El mandamiento más importante es el del amor, que se expresa de dos maneras:
amor a Dios (Deut. 6:5) y amor al prójimo (Lev. 19:18).
En los cuatro primeros mandamientos, el Decálogo interpreta lo que signi-
fica amar a Dios; en los seis siguientes, la Ley interpreta lo que significa amar
al prójimo. El Decálogo comienza con el deber de honrar a Dios por encima de
todo (amor vertical) y continúa con el respeto a los demás (amor horizontal):
1. Honrar y venerar a Dios concediéndole el primer y más elevado lugar en
cada situación de nuestra vida.
2. Honrar y preservar la posición única de Dios y no sustituirlo por un ídolo
de cualquier índole, ya sea físico, simbólico o espiritual. Nuestros afec-
tos más puros pertenecen al Señor.
3. Reverenciar el nombre de Dios, su reputación y su carácter.
4. Honrar su día de descanso y adoración: el séptimo día semanal, el
sábado.
5. Respetar a los padres.
6. Respetar la vida.
7. Respetar el matrimonio.
8. Respetar la propiedad de las personas.
9. Respetar la reputación de los demás.
10. Respetarnos a nosotros mismos para que ningún deseo egoísta manche
nuestro carácter.
Como dijo el propio Jesús: “Si me aman, guardarán mis mandamientos”
(Juan 14:15; ver también 1 Juan 4:20, 21). Por lo tanto, la verdadera obediencia
no es más que una expresión de amor y gratitud hacia Jesús, un amor que se
expresa con mayor intensidad en la manera en que tratamos a nuestro prójimo.

Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 8. 57


Lección 8 | Miércoles 20 de agosto

DIFERENTES FUNCIONES DE LA LEY DE DIOS


La Ley de Dios revela su carácter; es decir, quién es él. Puesto que Dios es
santo, justo y bueno, su Ley también lo es. Pablo confirma esto cuando dice: “La
ley es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno” (Rom. 7:12).
La Biblia presenta la Ley de Dios de forma muy positiva (Mat. 5:17, 18;
Juan 14:15; 1 Cor. 7:19). Es posible crear poemas acerca de ella (como Sal. 119),
entonar cánticos acerca de la Ley (Sal. 19), y meditar en ella día y noche (Sal. 1:2;
Jos. 1:8). La Ley ayuda a alejarse del mal, y da sabiduría, entendimiento, salud,
prosperidad y paz (Deut. 4:1-6; Prov. 2-3).
La Ley de Dios es como una valla que crea un amplio espacio de libertad
para la vida y que advierte que los peligros, los problemas, las complicaciones
e incluso la muerte acechan más allá de sus límites (Gén. 2:16, 17; Sant. 2:12).
La Ley es también como una señal indicadora que señala a Jesús, quien
perdona nuestros pecados y transforma nuestra vida (2 Cor. 5:17; 1 Juan 1:7-9).
De este modo, nos conduce como si fuera un tutor (paidagogos, en griego) hacia
Cristo (Gál. 3:24).

Lee Santiago 1:23 al 25. ¿Cómo nos ayudan estas palabras a percibir la
función y la importancia de la Ley, aunque ella no pueda salvarnos?

Un espejo puede revelar defectos, pero no puede hacer que desaparezcan.


El espejo señala los problemas, pero no ofrece ninguna solución para ellos. Lo
mismo ocurre con la Ley de Dios. Intentar justificarse ante Dios cumpliendo
la Ley sería como mirarse al espejo con la esperanza de que, tarde o temprano,
este hará desaparecer una mancha del rostro.
Puesto que somos salvados por medio de nuestra fe, no por las obras, ni si-
quiera las de la Ley, algunos cristianos afirman que esta fue abolida y que ya no
tenemos que obedecerla. Eso es un grave error de interpretación de la relación
entre la Ley y el evangelio en vista de la siguiente afirmación de Pablo: “Yo no
hubiera conocido el pecado sino por medio de la ley” (Rom. 7:7). La existencia
de la Ley es precisamente la razón por la que necesitamos el evangelio.

¿Cuán exitosos han sido tus intentos de obedecer la Ley de Dios? ¿Lo suficiente
como para basar tu salvación en ella? Si no es así, ¿por qué necesitas el evangelio?

58 Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 9.


Jueves 21 de agosto | Lección 8

LA LEY COMO PROMESA DE DIOS


Lee Romanos 3:20 al 24. Pablo dice claramente que no podemos sal-
varnos por guardar los Diez Mandamientos. ¿Cómo deberían, entonces,
funcionar ellos en nuestra vida?

El término hebreo debarim (plural de dabar), utilizado en los escritos de


Moisés para describir los Diez Mandamientos (Éxo. 34:28; Deut. 4:13; 10:4), no
significa literalmente “mandamientos”, sino “palabras”, y puede también sig-
nificar “promesas”. Por eso dabar es traducido en numerosos lugares como un
sustantivo o como un verbo que expresa la idea de promesa (1 Rey. 8:56; 2 Crón.
1:9; Neh. 5:12, 13; Deut. 1:11; 6:3; 9:28; Jos. 9:21; 22:4; 23:5).
Elena de White coincide con esa función del Decálogo: “Los Diez Manda-
mientos [...] son diez promesas” (Comentarios de Elena de White, Comentario
bíblico adventista del séptimo día, t. 1, p. 1119). Los Diez Mandamientos deben
entenderse como promesas de Dios destinadas a guiarnos por el camino co-
rrecto para que él pueda hacer cosas maravillosas en nuestro favor siempre
que le seamos obedientes.

Lee Romanos 10:4. ¿Cómo debemos entender la afirmación de Pablo de


que Cristo es el “fin” (en griego, telos) de la Ley?

Pablo afirma que Jesucristo es el telos de la Ley, pero no en el sentido de


que Cristo abrogó o eliminó la Ley. A diferencia de ello, la palabra en cuestión
significa que Cristo es el objetivo y la intención de la Ley; es decir, no significa
que su sacrificio expiatorio puso fin a la validez y la perpetuidad de ella.
Por el contrario, Pablo habla de la importancia, legitimidad y autoridad per-
durable de la Ley (Rom. 3:31; 1 Cor. 7:19; Gál. 5:6). La palabra telos tiene que ver
principalmente con fines y metas, no con el tiempo y la caducidad de algo. Cristo
es la clave para desentrañar el verdadero significado, propósito, meta y razón
de ser de la Ley de Dios. He allí el sentido de telos. Por lo tanto, sería incorrecto
afirmar que Cristo invalidó, sustituyó o abrogó la Ley. Cristo es el objetivo de la
Ley, aquel a quien ella apunta o señala.

¿De qué manera señala la Ley a Jesús? Es decir, ¿qué nos revela la Ley acerca de
nosotros mismos a fin de conducirnos a él?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 10. 59


Lección 8 | Viernes 22 de agosto

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:


Lee los capítulos titulados “La ley dada a Israel” y “La enemistad de Satanás
hacia la Ley” en el libro Patriarcas y profetas, de Elena de White, pp. 310-318 y
342-355 respectivamente.
“Dios se propuso hacer de la ocasión en que iba a pronunciar su Ley una
escena de imponente grandeza, en consonancia con el exaltado carácter de esa
ley. En el pueblo se debía grabar que todo lo conectado con el servicio a Dios debe
considerarse con gran reverencia” (Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 311).
Este principio de reverencia sigue siendo válido hoy. Brota de la comprensión
de la grandeza, la trascendencia y la majestad de Dios. Apreciar la gloria de Dios
crea gratitud en nuestros corazones y humilla nuestro orgullo. Cuanto más de
cerca veamos la santidad de Dios, más imperfecciones discerniremos en nuestra
vida, lo que nos llevará a tener aún más sed de su presencia transformadora y
a desear parecernos más a él.
Además, ser conscientes de nuestra condición en contraste con él y con su
santa Ley nos hace totalmente dependientes de la muerte sustitutiva de Cristo
en nuestro favor.
Al mismo tiempo, Jesús dejó claro que, si aceptamos humildemente
a Dios como nuestro Señor y Rey, no es difícil obedecer sus mandamientos
(Mat. 11:28-30). Cristo dejó claro que la Ley divina tiene validez permanente
(Mat. 5:17-20). Cuando obedecemos las leyes de Dios por amor y gratitud a él
a causa de la salvación que nos ha concedido gratuitamente, podemos expe-
rimentar la plenitud de una relación salvadora con él. Mientras disfrutamos
de las grandes ventajas de obedecer la Ley (en vista del dolor y las dificultades
que acarrea violarla), también podemos disfrutar de la seguridad de saber que
nuestra salvación se encuentra en Jesús, no en nuestro cumplimiento de la Ley.

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:


1. La preparación para recibir la Ley ayudó al pueblo a comprender el senti-
do de reverencia que necesitaban. ¿Dónde existe hoy un sentido similar
de reverencia y respeto hacia Dios en nuestra iglesia y en nuestra vida
eclesial? ¿O lo hemos ido perdiendo de alguna manera?
2. Medita en la siguiente fórmula de pacto: “Yo seré su Dios, y ellos serán mi
pueblo”. ¿Qué significa esto para nosotros hoy y cómo debería ponerse de
manifiesto tanto individual como corporativamente?
3. Dios siempre nos capacita para que podamos hacer lo que requiere de
nosotros. Elena de White afirma que “todos sus mandatos son habilita-
ciones” (Palabras de vida del gran Maestro, p. 268). ¿Cómo podemos poner
en práctica esta promesa (dabar)?
4. ¿Cómo debemos responder al argumento tan comúnmente escuchado
según el cual la Ley fue abolida en la cruz? ¿A qué mandamiento del De-
cálogo apuntan en realidad quienes hacen esa afirmación?

60 Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 11.


Lección 9: Para el 30 de agosto de 2025

CÓMO VIVIR LA LEY


Sábado 23 de agosto

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Éxodo 21:1–32; 22:16–23:33; 2 Reyes


19:35; Mateo 5:38–48; Romanos 12:19; Mateo 16:27.

PARA MEMORIZAR:
“El Señor dijo a Moisés: ‘Así dirás a los israelitas: Ustedes han visto que les hablé
desde el cielo. No hagan ningún dios de plata ni de oro para ponerlo junto a mí ’ ”
(Éxo. 20:22, 23).

D ios deseaba que su pueblo fuera diferente de las naciones circundantes.


Quería que se establecieran como una devota comunidad de fe que vi-
viera bajo su liderazgo y autoridad. Todos estarían sujetos a su Ley. Los
jueces debían ser nombrados administradores de la Ley, y los sacerdotes debían
enseñarla. Los padres también desempeñaban un papel crucial.
En cualquier cultura, las leyes revelan los ideales, objetivos, intenciones y
carácter de los legisladores. Por ejemplo, cuando el faraón ordenó matar a todos
los bebés varones hebreos, esa ley puso de manifiesto que era una persona
malvada. A diferencia de ello, si un rey promulgara una ley para que todos los
jóvenes de su reino recibieran una educación superior gratuita, muchos consi-
derarían eso una demostración de la generosidad de ese monarca y de su deseo
de que su país prosperara.
La Ley de Dios es una revelación acerca de él, de su bondad, amor, valores,
rectitud y oposición al mal. Puesto que la Ley es santa y justa, Dios también lo es.
La Ley genera un ámbito propicio para una vida abundante y, si la obedecemos,
nos pone a resguardo de peligros y calamidades. El respeto a Dios, a los demás
y a los valores de la vida es la base del sistema legislativo divino.

Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 12. 61


Lección 9 | Domingo 24 de agosto

EL CÓDIGO DEL PACTO


Con la entrega de su Ley en el Sinaí, Dios sentó las bases para enseñar a su
pueblo cómo vivir con santidad en conexión con él. Pero los principios de la
Ley necesitaban ser aplicados en la vida cotidiana, por lo que Dios les dio leyes
adicionales, el llamado “código del pacto”. Era responsabilidad de los jueces
velar para que esas ordenanzas fueran aplicadas correctamente.
“La mente de la gente, cegada y envilecida por la servidumbre y el paganismo,
no estaba preparada para apreciar plenamente los abarcadores principios de
los diez preceptos de Dios. Para que las obligaciones del Decálogo pudieran ser
mejor comprendidas y ejecutadas, se añadieron otros preceptos, que ilustraban
y aplicaban los principios de los Diez Mandamientos. Estas leyes se llamaron
‘derechos’, porque fueron trazadas con infinita sabiduría y equidad, y porque
los magistrados habían de juzgar según ellas. A diferencia de los Diez Manda-
mientos, estos ‘derechos’ fueron entregados en privado a Moisés, quien debía
comunicarlos al pueblo” (Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 319).

Lee Éxodo 21:1 al 32. ¿Qué normas específicas promulgó Dios en relación
con los esclavos hebreos, el homicidio y las lesiones corporales?

El código del pacto se encuentra registrado en varios capítulos (Éxo. 21:1-23:19).


Todos estos reglamentos y leyes fueron promulgados para detener la avalancha
del mal y construir una sociedad ordenada.
Las leyes acerca de la esclavitud eran especiales y no deben confundirse con
la perversa práctica de la esclavitud moderna o medieval. Los esclavos hebreos
eran protegidos y valorados. En las sociedades modernas y medievales, los
siervos y los esclavos eran propiedad de sus dueños, quienes podían hacer con
ellos lo que quisieran. A diferencia de ello, las leyes bíblicas regulaban la servi-
dumbre de manera diferente, pues ella estaba limitada a seis años (Éxo. 21:1, 2;
Jer. 34:8-22). En el séptimo año, los esclavos debían ser liberados a menos que
quisieran permanecer al servicio de sus amos. Estos también debían permitir
que sus siervos descansaran los sábados (Éxo. 20:9, 10) y satisfacer sus nece-
sidades básicas.

Aunque la perversa práctica de la esclavitud institucionalizada ha sido abolida


en la mayor parte del mundo, ¿de qué maneras siguen existiendo algunos de sus
rasgos distintivos? ¿Qué podemos hacer en nuestro propio y limitado ámbito para
luchar contra esto?

62 Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 13.


Lunes 25 de agosto | Lección 9

MÁS LEYES
En su misericordia, Dios instruyó a los jueces acerca de cómo debían tratar a
las personas en diversas situaciones relacionadas con los derechos de propiedad.
Se enumeran varios casos prácticos, indicando, por ejemplo, qué hacer si el toro
de alguien atacaba al de un vecino, si la gente robaba un animal doméstico y lo
vendía, si los animales pastaban en el campo o la viña de otro propietario, si le
era sustraído a alguien un objeto prestado, o si un animal alquilado sufría una
herida o moría (Éxo. 21:33-22:15).

Lee Éxodo 22:16 a 23:9. ¿Qué cuestiones eran contempladas en estas


leyes y de qué manera?

Las leyes de Dios incluían diferentes cuestiones. Había entre ellas ciertas
normas específicas contra el menosprecio o la humillación de las personas.
Dios no quería que existiera ningún tipo de explotación. En su misericordia,
el Señor corrige las tendencias pecaminosas del corazón humano y refrena
las inclinaciones naturales. La sociedad debía ser mantenida a salvo; el mal,
eliminado; y las buenas relaciones interpersonales, cultivadas. La justicia y el
amor deben regir todas las acciones.

Lee Éxodo 23:10 al 19. ¿Qué cuestiones importantes son tratadas allí?

El sábado y las festividades religiosas tenían que ver con el culto y recor-
daban acontecimientos cruciales de la historia de la salvación. El culto estaba
cuidadosamente regulado pues era la base teológica de todas las demás activi-
dades. El sábado fue establecido en la Creación (Gén. 2:2, 3; Éxo. 20:8-11), estaba
relacionado con la liberación y la redención de Israel (Deut. 5:12-15), y apunta
de manera poderosa a la adoración a Dios como nuestro Creador, Redentor y
Señor (Mar. 2:27, 28).
Israel debía celebrar tres festividades religiosas principales cada año: (1) la
Pascua, o Fiesta de los Panes sin Levadura, en primavera (normalmente entre
mediados de marzo y mediados de abril); (2) Pentecostés, o Fiesta de la cosecha
o de las Semanas, con su inicio cincuenta días después de la anterior; y (3) la
Fiesta de los Tabernáculos, de las Cabañas o de la Recolección, en otoño (nor-
malmente entre mediados de septiembre y mediados de octubre; ver también
Éxo. 34:18-26; Lev. 23:4-44; Núm. 28:16-29:40; Deut. 16:1-16).

Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 14. 63


Lección 9 | Martes 26 de agosto

EL PLAN ORIGINAL DE DIOS


Lee Éxodo 23:20 al 33. ¿Qué métodos quiso utilizar Dios para conquistar
la Tierra Prometida?

La intención de Dios no era que los israelitas lucharan por su nuevo territorio,
sino que este les sería otorgado. La Tierra Prometida había sido prometida a
Abraham, Isaac y Jacob, y debería haber sido recibida por Israel como un regalo
especial de Dios.
El modelo para la conquista de la Tierra Prometida se hizo patente durante el
cruce del Mar Rojo. Dios luchó por su pueblo y le concedió la victoria total sobre
quienes pretendían destruirlo (Éxo. 14:13, 14). Los egipcios fueron derrotados
porque el Señor intervino milagrosamente. Del mismo modo, en tiempos del
rey asirio Senaquerib, Dios también derrotó al vasto ejército asirio, fuertemente
equipado y bien entrenado, sin que los israelitas tuvieran que luchar. Dios les
concedió la victoria porque el rey Ezequías creyó en la palabra de Dios que le
fue comunicada por el profeta Isaías (2 Rey. 19:35; Isa. 37:36).
Dios informó a Abraham que la Tierra Prometida no sería entregada inmedia-
tamente a su posteridad, sino recién al cabo de cuatrocientos años (Gén. 15:13-16).
¿Por qué? La razón estaba relacionada con la maldad de los habitantes de Canaán.
Dios estaba obrando misericordiosamente con ese pueblo y les concedió otro
período de gracia para que se arrepintieran. Sin embargo, ellos continuaron en
su rebelión contra Dios y sus valores, así que cuando la iniquidad de esas na-
ciones alcanzó su clímax, Dios se dispuso a entregar su territorio a los hebreos
como una nueva patria.
Además, Dios prometió que expulsaría a las naciones delante de Israel
usando dos métodos inusuales pero muy efectivos: (1) infundiendo temor a las
naciones malvadas, y (2) con avispas que ahuyentarían a la gente. Antes de que
los israelitas llegaran al nuevo territorio, sus enemigos abandonarían el lugar
y huirían de ellos (Éxo. 23:27, 28).
El papel crucial en la conquista de la Tierra Prometida lo desempeña el Ángel
de Dios. Este Mensajero era Cristo, quien guiaba a Israel y los protegía. Él era la
columna de nube que los guiaba de día y la columna de fuego durante la noche.
Israel debía prestarle mucha atención y escucharlo porque tenía autoridad di-
vina (Éxo. 23:21). El desafío a la voluntad de Dios y la incredulidad respecto de
su liderazgo complicarían el avance del pueblo.

¿Qué nos enseña acerca de la gracia de Dios el hecho de que concedió muchos
años a los paganos para que abandonaran sus malos hechos? A su vez, ¿qué nos
enseña eso acerca de los límites de su gracia hacia quienes se niegan a aceptarla?

64 Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 15.


Miércoles 27 de agosto | Lección 9

OJO POR OJO


Lee Mateo 5:38 al 48. ¿Cómo interpretó Jesús el significado de la ley del
talión? ¿Cómo deberíamos aplicarla hoy?

En el Sermón del Monte, Jesucristo citó textos del Antiguo Testamento con
los que sus oyentes estaban sin duda familiarizados. Sin embargo, habló en
contra de las interpretaciones rabínicas vigentes, que a lo largo de los siglos se
habían alejado del propósito original de esas leyes citadas. Es decir, la tradición
humana no solo ocultaba el propósito de la Palabra de Dios, sino que también
en algunos casos (pensemos en las regulaciones rabínicas acerca del sábado
y lo que ellas habían hecho con el cuarto Mandamiento) había pervertido su
intención y significado. Con sus palabras, Jesús estaba restaurando el sentido
original de esas leyes.
En el Monte de las Bienaventuranzas, Jesús trató de corregir algunas de esas
interpretaciones erróneas señalando a sus oyentes la intención y el significado
originales de los textos.
Éxodo 21:24 (“ojo por ojo, diente por diente”) fue citado en Mateo 5:38 y 39
(“Ustedes oyeron que fue dicho... Pero yo les digo”) y se refería a la ley del talión.
Este versículo es también utilizado en otros lugares de la Biblia (Lev. 24:20;
Deut. 19:21).
Esta ley fue formulada con la intención de evitar la venganza, de poner fin
a las contiendas sangrientas y a las represalias sin una investigación previa.
Los daños debían ser evaluados por jueces, y luego se establecía y pagaba una
compensación monetaria adecuada. Esta práctica surgió para evitar que las
personas tomaran la justicia en sus manos. Era necesario hacer justicia, pero
en armonía con la Ley de Dios.
Jesucristo, quien promulgó estas leyes sociales por medio de Moisés, conocía
el propósito de ellas, razón por la cual podía aplicarlas de manera objetiva, de
acuerdo con su intención original. El motivo detrás de ellas era hacer justicia,
propiciar la reconciliación y restaurar la paz.
Se podría argumentar que la justicia implica en cierto sentido una especie
de venganza o vindicación. La correcta aplicación de estas leyes era un intento
de encontrar el justo equilibrio entre la justicia y la vindicación.

¿Cómo puede la certeza de que Dios hará finalmente justicia ayudarnos a lidiar
con las injusticias que vemos en el mundo?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 16. 65


Lección 9 | Jueves 28 de agosto

VENGANZA
“No se venguen ustedes mismos, amados míos, antes den lugar a la ira
de Dios. Porque escrito está: ‘Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor’ ”
(Rom. 12:19; ver también Deut. 32:35).

¿Qué promesa y qué mandato se encuentran en los versículos recién


citados, y cómo están estrechamente relacionados?

Hasta que el Señor traiga la justicia, que tanta falta hace, era el deber de los
jueces en el antiguo Israel aplicar la ley y determinar un castigo justo cuando
ocurría un daño o lesión. Pero primero necesitaban investigar los hechos. El
problema era que los maestros de la Ley en la época de Cristo aplicaban esta ley
de una manera que abría la puerta a la venganza personal. Al hacerlo, el principio
fue sacado de su contexto, y se perdió el propósito inicial. En consecuencia,
defendían lo que la Ley realmente prohibía.

Lee Mateo 6:4 y 6; y 16:27; Lucas 6:23; y 2 Timoteo 4:8. ¿Qué nos dicen
estos textos acerca de cómo veía Jesús los principios relativos a la recom-
pensa y el castigo?

Jesús no estaba en contra del principio de la recompensa y el castigo. La


justicia es una cuestión de principios; es una parte crucial de la vida. Sin em-
bargo, ningún individuo debe asumir el papel de juez, jurado y “verdugo”. ¡Qué
fácil sería para nosotros pervertir la justicia! No nos corresponde a nosotros
reparar el daño. Si hay que reparar un mal, debe hacerlo un tribunal objetivo;
es la labor de los jueces.
En este contexto, Jesús nos dice que seamos tan perfectos como nuestro
“Padre celestial es perfecto” (Mat. 5:48). ¿Cómo podemos ser tan perfectos como
Dios mismo? El amor desinteresado es la característica primordial de Dios. Él
enseña a sus seguidores a amar a sus enemigos y a orar por quienes los persi-
guen. La verdadera perfección consiste en amar, perdonar y ser misericordioso
(Luc. 6:36), incluso con quienes no lo merecen. Este principio, y las acciones a
las que conduce, es lo que significa reflejar el carácter de Dios.

¿Cómo podemos aprender día a día a amar como se nos ha ordenado? ¿Por qué
esto implica siempre la muerte al yo?

66 Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 17.


Viernes 29 de agosto | Lección 9

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:


Lee el capítulo titulado “La ley dada a Israel” en el libro Patriarcas y profetas,
de Elena de White, pp. 318-324.
Puesto que vivimos en el territorio de nuestro enemigo, no es de extrañar
que podamos ser heridos por sus hábiles y engañosas artimañas. ¿Quién de
nosotros no ha conocido el dolor y el sufrimiento provocados por el pecado y el
mundo caído y pecaminoso en el que vivimos? Desgraciadamente, esto forma
parte de la vida, pero Dios nos da poder para afrontarlo.
“Nuestro amado Salvador nos enviará ayuda en el momento mismo en que
la necesitemos. El camino al Cielo quedó consagrado por sus pisadas. Toda
espina que hiere nuestros pies hirió también los suyos. Toda cruz que debamos
cargar ya la cargó él antes que nosotros. El Señor permite los conflictos con el
fin de preparar al alma para la paz. El tiempo de angustia es una prueba severa
y terrible para el pueblo de Dios; pero es el momento para que todo verdadero
creyente mire hacia arriba, y, por medio de la fe, pueda ver el arco de la promesa
que lo envuelve” (Elena de White, El conflicto de los siglos, p. 691).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:


1. Muchos se han sentido desconcertados durante siglos porque el Señor
hizo que los paganos cananeos fueran expulsados de su tierra y a ve-
ces incluso exterminados. Es, sin duda, algo inquietante. Sin embargo,
¿cómo puede ayudarnos el hecho de que el amor de Dios también implica
hacer justicia a confiar en que él manifestó su amor y no solo su justicia
en esa ocasión?
2. Medita en lo dicho por Jesús luego de hablar del amor a los demás, in-
cluso a nuestros enemigos y a quienes nos odian: “Sean, pues, perfectos,
como su Padre celestial es perfecto” (Mat. 5:48). ¿Por qué enunciaría Je-
sús este requerimiento justo después de los anteriores? ¿Qué nos estaba
diciendo aquí, no solo sobre lo que significa ser “perfectos”, sino también
acerca de serlo como “nuestro Padre que está en los cielos”?
3. El apóstol Pablo tenía una actitud positiva y edificante respecto de la
Ley de Dios y sus funciones, pero se oponía al uso inadecuado de ella.
¿Qué significa su afirmación: “No están bajo la ley sino bajo la gracia”
(Rom. 6:14)? ¿De qué maneras podemos abusar de la Ley?

¿Cuál es la diferencia entre justicia y venganza? ¿Son conceptos completamente


distintos o solo manifestaciones diferentes de la misma idea? ¿Cómo podemos
saber si nuestro anhelo de justicia no es en realidad un deseo de venganza?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 18. 67


Lección 10: Para el 6 de septiembre de 2025

EL PACTO Y EL MODELO
Sábado 30 de agosto

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Éxodo 24:1–18; 1 Corintios 11:23–29;


Levítico 10:1, 2; Ezequiel 36:26–28; Éxodo 25:1–9; 31:1–18.

PARA MEMORIZAR:
“Y Moisés vino y contó al pueblo todas las palabras del Señor y todas las leyes. Y el
pueblo respondió a una voz: ‘Haremos todo lo que el Señor ha dicho’ ” (Éxo. 24:3).

C omo su Dios, Creador y Redentor, el Señor deseaba estar con su pueblo


y habitar en medio de ellos. Nos creó para estar en estrecha comunión
con él. Sin embargo, si las relaciones significativas con otras personas
requieren tiempo y esfuerzo, lo mismo ocurre con nuestra relación con Dios.
Puede ser una experiencia edificante y llena de crecimiento, pero solo si pasamos
tiempo con él. En términos prácticos, esto significa estudiar su Palabra (Dios nos
habla por medio de ella), orar (abrir nuestro corazón a Dios), y dar testimonio a
otros acerca de la muerte, resurrección y retorno de Cristo (participación en la
misión de Dios). A medida que Dios nos bendice, nos convertimos en canales
de bendiciones para los demás.
La atención debe centrarse en Dios, no en nosotros (Heb. 12:1, 2). Al conec-
tarnos con él, Dios puede capacitarnos para prestar atención a sus enseñanzas,
lo que significa obediencia a su Palabra. No es de extrañar que la generación de
seguidores de Cristo de los últimos tiempos sea descrita como integrada por
personas que “guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” (Apoc. 14:12).
Es muy sencillo: amamos a Dios y le somos obedientes como evidencia de
ese amor.

68 Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 19.


Domingo 31 de agosto | Lección 10

EL LIBRO Y LA SANGRE
Lee Éxodo 24:1 al 8. ¿Qué papel desempeñan la lectura de la Palabra de
Dios y la aspersión de la sangre en la ratificación del pacto entre Dios y su
pueblo?

El Dios vivo de la Biblia es el Dios de las relaciones. Lo importante para


él no son las cosas ni los programas, sino las personas. En consecuencia, él
presta mucha atención a los seres humanos, y el propósito primordial de sus
actividades es construir una relación personal con ellos. No podría ser de otra
manera, ya que un Dios que “es amor” debe estar interesado en las relaciones y
porque el amor no es posible sin ellas.
Jesús dijo: “Y cuando yo sea levantado de la tierra, a todos atraeré hacia
mí” (Juan 12:32). Dios está interesado no solo en nuestro comportamiento ético,
en una doctrina correcta o en un conjunto de acciones adecuadas, sino, sobre
todo, en una relación personal e íntima con nosotros. Las dos instituciones
traídas a la existencia en ocasión de la Creación (Gén. 1-2) tienen que ver con
las relaciones: la primera de ellas, el sábado, con la relación vertical con Dios; la
segunda, el matrimonio, con la relación horizontal entre los humanos.
La ratificación del pacto en el Sinaí debía reforzar la relación especial que
Dios quería tener con su pueblo. En la ceremonia, el pueblo se comprometió
dos veces a obedecer a Dios en todo lo que él exigiera. “Haremos todo lo que el
Señor ha dicho”, proclamaron. Lo decían en serio, pero no eran conscientes de
su fragilidad y su falta de poder. La sangre fue rociada sobre el libro del pacto,
indicando que Israel solamente podía seguir las instrucciones de Dios en virtud
de los méritos de Cristo.
No queremos aceptar que nuestra naturaleza humana es frágil, débil y com-
pletamente pecaminosa. Tenemos una tendencia inherente al mal. Para poder
hacer el bien, necesitamos ayuda externa. Esta ayuda solo proviene de arriba,
del poder de la gracia de Dios, de su Palabra y del Espíritu Santo. E incluso con
todo esto a nuestra disposición, ¡cuán fácil nos resulta ceder al mal!
De allí que una estrecha relación personal con Dios era tan esencial para el
pueblo de entonces, en el Sinaí, como para nosotros hoy.

“Haremos todo lo que el Señor ha dicho” (Éxo. 24:3). ¿Cuántas veces has dicho lo
mismo y has fracasado? ¿Cuál es la única solución para ese problema?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 20. 69


Lección 10 | Lunes 1° de septiembre

VER A DIOS
Lee Éxodo 24:9 al 18. ¿Qué experiencia asombrosa vivieron aquí los
hijos de Israel?

Tras el firme restablecimiento del pacto con Dios, Moisés subió nuevamente
al Sinaí. No estaba solo al comienzo de su ascenso, sino que tenía la excelente
compañía de 73 líderes israelitas. Esa fue la experiencia cumbre para ellos,
pues vieron a Dios (teofanía). El texto subraya dos veces el asombroso hecho.
También fue único el momento en que los líderes sellaron el pacto con Dios al
comer juntos. Era un banquete, y el Dios de Israel fue su anfitrión. Fue un gran
honor concedido por Dios a esos líderes.
En el Cercano Oriente, participar de la comida con alguien era, en los tiempos
bíblicos, y aún hoy en cierta medida, una experiencia significativa, un gran
honor y un privilegio. Ofrecía perdón y formaba un vínculo de amistad. Im-
plicaba estar disponible para la otra persona y permanecer juntos en tiempos
de crisis y problemas. Al comer juntos, se prometían sin palabras que, si a uno
le ocurría algo, el otro acudiría en su ayuda. Una invitación a comer era algo
especial que no se dirigía a cualquier persona.
Por otra parte, rechazar una invitación era uno de los peores insultos. Esta
idea nos ayuda a entender los relatos del Nuevo Testamento en los que Jesucristo
fue duramente criticado por comer con pecadores (Luc. 5:30). Cuando los cre-
yentes celebran la Cena del Señor, también establecen este estrecho vínculo con
otros creyentes que son pecadores como ellos. Durante esta comida, celebramos
el perdón y la salvación que tenemos en Jesús (ver Mat. 26:26-30; Mar. 14:22-25;
1 Cor. 11:23-29).
Lamentablemente, algunos de los que habían subido con Moisés cayeron
más tarde en pecado y perdieron la vida (ver Lev. 10:1, 2, 9). Aunque tuvieron allí
una experiencia tan profunda con Dios, no fueron transformados ni convertidos
por ella. La poderosa lección que esto enseña es que la posesión de la verdad
y de privilegios sagrados no implica necesariamente conversión. En vista de
la privilegiada experiencia que tuvieron en el monte, estos hombres deberían
haber sido los últimos en caer como lo hicieron.

Reflexiona detenidamente en la historia de estos hombres tan privilegiados, que


eran incluso hijos de Aarón. ¿Qué advertencia representa esto para nosotros
como adventistas, tan privilegiados por la luz que se nos ha confiado?

70 Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 21.


Martes 2 de septiembre | Lección 10

PODER PARA OBEDECER


Lee Ezequiel 36:26 al 28. ¿Cómo se produce la obediencia en nuestra vida?

Los israelitas declararon fervientemente en tres ocasiones que obedecerían


a Dios (Éxo. 19:8; 24:3, 7). La obediencia es importante, aunque la Biblia enseñe
que los seres humanos somos débiles, frágiles y pecadores. Esta triste verdad
se hizo manifiesta no solo en la historia del antiguo Israel, sino también a lo
largo de la historia del pueblo de Dios.
En vista de ello, ¿cómo podemos seguir fielmente a Dios?
La buena noticia es que el Señor siempre nos capacita para que podamos
hacer lo que nos ordena. La ayuda que no está dentro de nosotros viene de
nuestro exterior a fin de capacitarnos para hacer lo que Dios exige. Esto es obra
suya. En el núcleo de su resumen teológico en Ezequiel 36:26 y 27, el profeta
Ezequiel deja muy claro este punto. Solo Dios puede realizar un cambio de
corazón, sustituyendo el nuestro de piedra por uno que sea sensible. En tal
sentido, Josué recordó a su audiencia: “Ustedes son incapaces de servir al Señor”
(Jos. 24:19, NVI).
Nuestra parte es decidir seguir a Dios. Necesitamos tomar cada momento
la decisión de rendirnos a él. Y eso es porque no somos siquiera capaces de
poner por obra nuestra decisión de servirlo. Pero, cuando entregamos nuestra
debilidad a Dios, él nos hace fuertes. Pablo dice: “Cuando soy débil, entonces
soy fuerte” (2 Cor. 12:10).
Observa el uso del pronombre “yo” por parte de Dios en Ezequiel 36:24 al 30:
Dios reúne, limpia, quita, da, pone y moviliza para obedecer cuidadosamente su
Ley. Él se identifica contigo, y si te asocias estrechamente con él, harás lo que él
hace. La unidad entre tú y Dios será dinámica, poderosa y viva.
El énfasis en este pasaje está nuevamente en la actividad de Dios. La Biblia
dice: “Pondré mi Espíritu dentro de ustedes, y haré que anden en mis manda-
mientos, que guarden mis normas, y las cumplan” (Eze. 36:27). Dios ordena a
las personas que le sean obedientes y les da el poder para hacerlo. Dios siempre
ayuda a su pueblo a hacer lo que exige. La obediencia (no solo nuestro desempeño
o nuestros logros) es un don de Dios, al igual que la justificación y la salvación
(Fil. 2:13).

Si se nos ha prometido el poder para obedecer, ¿por qué nos resulta tan fácil
pecar?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 22. 71


Lección 10 | Miércoles 3 de septiembre

EN MEDIO DE SU PUEBLO
Dios instruía a su pueblo por diversos medios, y uno de ellos era el San-
tuario. Todos sus servicios apuntaban a Jesús; eran lecciones objetivas del plan
de salvación que se llevaría a cabo por medio de Jesús muchos siglos después.

Lee Éxodo 25:1 al 9. ¿Qué verdades cruciales, prácticas y teológicas se


desprenden de estos versículos?

Aunque Dios estaba guiando a los israelitas y ya estaba cerca de ellos, ordenó
a Moisés que construyera un santuario: “Y me harán un santuario, para que yo
habite entre ellos” (Éxo. 25:8). Dios quería mostrarles de forma tangible que él es-
taba realmente con ellos. Aunque se habían equivocado muchas veces, él no los
había abandonado, y “después de que les fue devuelto el favor del Cielo” (Elena
de White, Patriarcas y profetas, p. 356) recibieron la orden divina y comenzó el
proceso de construcción del Santuario.
La Biblia asegura que Dios no vive en templos y edificios construidos por
el hombre (Hech. 7:47-50) porque él es más grande que los cielos y el cielo no
puede contenerlo. Pablo afirmó lo siguiente en el Areópago de Atenas: “El Dios
que hizo el mundo y todo lo que hay en él, que es Señor del cielo y de la tierra,
no habita en templos hechos por manos humanas” (Hech. 17:24). Asimismo,
el rey Salomón dijo: “¿Habitará ciertamente Dios en la tierra? Si los cielos, los
cielos de los cielos, no te pueden contener, ¡cuánto menos esta casa que yo
edifiqué!” (1 Rey. 8:27). El Santuario debía ser el lugar donde Dios manifestaría
su presencia a su pueblo.
Los israelitas debían traer una ofrenda voluntaria para la construcción del
Santuario. Debían dar regalos preciosos y costosos, como oro, plata, bronce,
madera de acacia, diversos tipos de telas finas, aceite de oliva y especias.
Éxodo 25:10 a 27:21 registra muchos detalles acerca del Tabernáculo y sus
servicios. Dios proporcionó a Moisés un plano con instrucciones específicas
para construir y amueblar el Tabernáculo, incluyendo el Arca del Pacto, la mesa
de los panes de la proposición, el candelabro, los altares, las cortinas, los colores
y las medidas.
Moisés tuvo que construir el Tabernáculo según el modelo que Dios le
mostró (Éxo. 25:9, 40; 26:30), que era un reflejo del Santuario celestial (Heb. 8:1, 2;
9:11). El Santuario terrenal había cumplido una función crucial hasta la muerte
de Jesús y su ministerio en el Santuario celestial, lo que anuló el Santuario
terrenal, una verdad simbolizada por el rasgamiento de la cortina ante el Lugar
Santísimo en ocasión de la muerte de Cristo (Mat. 27:51; Mar. 15:38).

72 Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 23.


Jueves 4 de septiembre | Lección 10

LLENO DEL ESPÍRITU DE DIOS


Dios instruyó a Moisés en la preparación de cada detalle de los servicios del
Tabernáculo. Los sacerdotes debían tener vestiduras sacerdotales, pero el sumo
sacerdote llevaba un efod especial con los nombres de los hijos de Israel. Tam-
bién llevaba un pectoral que portaba el Urim y el Tumim, y debía estar sobre su
corazón (Éxo. 28). Todos los sacerdotes debían ser consagrados (Éxo. 29). Otros
elementos que debían ser cuidadosamente preparados eran el Altar del Incienso,
la fuente para el lavamiento, el aceite de la unción y el incienso (Éxo. 30).

Lee Éxo. 31:1 al 18. ¿Qué ayuda especial proveyó Dios para que todos
los detalles del Tabernáculo y sus servicios fueran preparados de forma
hermosa y adecuada?

Esta es la primera ocasión en que las Escrituras dicen que Dios llenaría a
una persona con el Espíritu de Dios. ¿Qué significa esto? Bezaleel fue capacitado
para trabajar artísticamente en el Tabernáculo.
Eso significa que fue equipado con nuevas habilidades, comprensión y co-
nocimiento acerca de la artesanía necesaria. Además, Dios otorgó a Aholiab y a
muchos otros artesanos el mismo Espíritu para ayudar en este trabajo.
En medio de toda esta creatividad, el sábado es presentado como una señal
de que Dios santifica a su pueblo, lo cual significa que la observancia del cuarto
Mandamiento está asociada a la santificación. Ezequiel observó más tarde: “Les
di también mis sábados, para que fuesen una señal entre mí y ellos, para que
supiesen que yo soy el Señor que los santifico” (Eze. 20:12).
El sábado nos recuerda que el Señor es nuestro Creador (Gén. 2:2, 3), Redentor
y Dios (Deut. 5:15; Mar. 2:27, 28), y que él es santo. Él transforma a las personas
con su presencia a fin de que crezcan mediante su Espíritu y su Palabra para
reflejar un carácter amoroso, bondadoso, generoso y perdonador.
El Decálogo fue el regalo culminante que Dios hizo a Moisés (Éxo. 31:18).
Dios mismo escribió y entregó las dos tablas de piedra con los Diez Preceptos
(Éxo. 31:18, Deut. 9:9-11). Estas tablas debían ser colocadas en el Lugar Santísimo
y dentro del Arca del Pacto, bajo el Propiciatorio (Éxo. 25:21).

La palabra “propiciatorio” proviene de un término hebreo que significa básica-


mente “expiar”. ¿Por qué fue colocado el “propiciatorio” sobre la Ley de Dios?
¿Qué esperanza debemos ver en este hecho?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 24. 73


Lección 10 | Viernes 5 de septiembre

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:


Lee el capítulo titulado “El Tabernáculo y sus servicios” en el libro Patriarcas
y profetas, de Elena de White, pp. 356-372.
El Tabernáculo era un lugar especial donde se realizaba la expiación por los
pecados confesados por el pueblo de Dios. Era el lugar donde todo el plan de
salvación había sido revelado con considerable detalle a los hijos de Israel mien-
tras estaban en el desierto. Allí se enseñaban la justificación, la santificación
y el juicio. Todos los sacrificios de animales apuntaban a la muerte de Jesús, al
perdón de los pecados y, finalmente, a la eliminación de estos. La Ley de Dios,
la norma de justicia, estaba además junto a los sacrificios.
“La Ley de Dios, guardada como reliquia dentro del Arca, era la gran regla de
justicia y juicio. Esa ley determinaba la muerte del transgresor; pero encima de
la Ley estaba el Propiciatorio, donde se revelaba la presencia de Dios y desde el
cual, en virtud de la Expiación, se otorgaba perdón al pecador arrepentido. Así,
en la obra de Cristo en favor de nuestra redención, simbolizada por el servicio
del Santuario, ‘la misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se
besaron’ (Sal. 85:10)” (Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 361).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:


1. ¿Cuántas veces has dicho: “Haré todo lo que el Señor me diga”? ¿Hasta
qué punto has tenido éxito? Al final de la permanencia de cuarenta días
de Moisés con el Señor en el Monte Sinaí, Dios subrayó que los israelitas
debían observar su sábado porque sería una señal entre Dios y ellos de
que era el Señor quien los haría santos.
2. ¿Qué papel desempeñan la santidad y la santificación en la observancia
del sábado?
3. El Señor quería que los israelitas hicieran un santuario para habitar en-
tre ellos. Cuán fascinante es el hecho de que ese lugar fuera el centro de
la salvación para Israel. Fue allí, en ese santuario, donde Dios habitó en
medio de su pueblo y donde el plan de salvación fue revelado mediante
tipos y sombras. ¿Qué nos dice esto acerca de nuestra total dependencia
de Dios para la salvación?
4. ¿Qué significa el hecho de que todos los pecados del pueblo de Dios eran
llevados al Santuario, a la casa de Dios, por medio de la sangre de los
animales sacrificados? ¿Cómo refleja esta asombrosa verdad, aunque sea
vagamente, lo que Jesús hizo en la cruz por nosotros y lo que está hacien-
do ahora en nuestro favor en el Santuario celestial?

74 Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 25.


Lección 11: Para el 13 de septiembre de 2025

APOSTASÍA E INTERCESIÓN
Sábado 6 de septiembre

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Éxodo 32:1–6; Salmos 115:4–8; Isaías
44:9, 10; Romanos 1:22–27; Éxodo 32:7–32; Isaías 53:4.

PARA MEMORIZAR:
“Entonces volvió Moisés ante el Señor y le dijo: ‘Este pueblo ha cometido un gran
pecado, porque se hicieron dioses de oro. Te ruego que perdones su pecado. Y si
no, ráeme ahora de tu libro que has escrito’ ” (Éxo. 32:31, 32).

A unque Moisés había estado ausente del campamento de Israel durante


solo cuarenta días, ¿qué sucedió? El pueblo de Dios se apartó de él y adoró
a un ídolo, el becerro de oro. ¿Cómo pudieron hacer eso después de tantas
señales poderosas, experiencias y milagros?
Podría haber muchas respuestas para ese interrogante y tal vez algo acer-
tado en todas ellas. ¿Acaso el pueblo no entendía quién era Dios en realidad? ¿O
fueron sus poderosas experiencias con él eclipsadas por sus deseos carnales
y pecaminosos? ¿No apreciaban lo que Dios había hecho por ellos, sino que lo
daban todo por sentado? ¿Estaba su entendimiento nublado, estropeado por sus
preocupaciones cotidianas y su antigua manera pecaminosa de pensar? ¿Eran
simplemente desagradecidos para con las misericordiosas acciones de Dios en su
favor? ¿Olvidaron tan rápidamente los poderosos actos de Dios (Sal. 106:13, 21-23)?
¿O podría adjudicarse todo al fallido liderazgo de Aarón? “Con Aarón también
el Señor se enojó en gran manera para destruirlo” (Deut. 9:20).
Cualesquiera que hayan sido las razones de tan terrible apostasía, ¿qué lec-
ciones podemos extraer de ella, no solo acerca de la pecaminosidad humana,
sino del amor misericordioso de Dios hacia los seres humanos a pesar de su
pecaminosidad?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 26. 75


Lección 11 | Domingo 7 de septiembre

LIDERAZGO FALLIDO
Dios llamó a Moisés para que pasara tiempo con él. Cuarenta días y cuarenta
noches pudo haber sido un período corto para Moisés, pero pareció largo, de-
masiado largo, para los israelitas. Su líder visible estaba ausente. Se sintieron
desorientados, impacientes, temerosos e inseguros. Querían tener un dios vi-
sible que los guiara, como los “dioses” que habían visto toda su vida en el Egipto
idólatra.

Lee Éxodo 32:1 al 6. ¿Cómo fue posible que el liderazgo de Aarón fraca-
sara tan estrepitosamente?

Aarón no estuvo a la altura de las circunstancias. No supo aprovechar el


momento y hacer lo correcto. En lugar de confiar en el Señor, se debilitó ante la
mayoría. El pueblo exigió lo impensable: “Haznos un dios que vaya delante de
nosotros” (Éxo. 32:1), y él consintió.
La gente dio voluntariamente oro para hacer el ídolo, y Aarón no solo no
los detuvo, sino que los animó a donar. Luego participó en la fabricación de
este falso dios. Después, el pueblo declaró: “Israel, este es tu dios que te sacó
de Egipto” (Éxo. 32:4). Cuán pecadores, malvados y estrechos de miras. Aunque
acababan de fabricar este ídolo, declararon que él los había liberado. ¿No es
asombroso cómo los deseos pecaminosos pueden pervertir nuestro pensa-
miento y nuestras acciones? La gente celebra sus propias creaciones mientras
su humanidad y su moralidad se degradan en el proceso.
“Para hacer frente a semejante crisis hacía falta un hombre de firmeza,
decisión y ánimo imperturbable, alguien que considerara el honor de Dios por
sobre el favor popular, su seguridad personal y su propia vida. Pero el líder pro-
visorio de Israel no tenía ese carácter. Aarón reconvino débilmente al pueblo,
pero su vacilación y timidez en el momento crítico solo sirvieron para hacerlos
más decididos. El tumulto creció. Un frenesí ciego e irrazonable pareció po-
sesionarse de la multitud. Algunos permanecieron fieles a su pacto con Dios;
pero la mayoría del pueblo se unió a la apostasía” (Elena de White, Patriarcas y
profetas, pp. 326, 327).

¿Cómo pudo Aarón, un dirigente, haber sido tan débil? ¿Qué justificaciones pudo
haber dado interiormente a sus terribles acciones?

76 Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 27.


Lunes 8 de septiembre | Lección 11

LA IDOLATRÍA Y EL MAL
Lee Éxodo 32:6. ¿Adónde los condujo rápidamente su idolatría? (Ver
también Sal. 115:4-8; 135:15-18; Isa. 44:9, 10).

El becerro de oro se parecía al dios-toro egipcio Apis, o al dios-vaca Hathor.


Se trataba de una flagrante transgresión de los mandamientos primero y se-
gundo (Éxo. 20:3-6). Esta violación no podía quedar impune porque rompía
abiertamente la relación del pueblo con el Señor viviente. En lugar de adorar a
su Creador, los israelitas adoraron a su propia creación, que no podía ver, oír,
oler, hablar, cuidar, amar ni guiar.
El orden de la Creación se invirtió: En lugar de comprender que habían sido
creados a imagen de Dios, hicieron un dios, ni siquiera a su propia imagen, lo
que ya habría sido considerablemente malo, sino a imagen de un animal. ¿Este
era el dios al que querían servir? Habían pecado así gravemente contra el Señor
(Isa. 31:7; 42:17).

¿De qué maneras refleja la apostasía del becerro de oro lo que dice Ro-
manos 1:22 al 27?

La idolatría rechaza la verdad teológica de que Dios es Dios y el hombre es


hombre, borra la brecha entre la Deidad y el ser humano (Ecl. 5:2) y destruye la co-
nexión entre ambos. Ya sea de manera descarada y abierta u oculta en el corazón,
la idolatría destruye rápidamente nuestra relación con el Señor y nos conduce
a una espiral moral descendente. No es de extrañar que se pusieran a festejar
después de ofrecer sacrificios al ídolo, lo que Elena de White describió como
“una imitación de las fiestas idólatras de Egipto” (Patriarcas y profetas, p. 331).
Los humanos son brillantes a la hora de fabricar sus propios ídolos. Crean
sus propios dioses, lo cual ya es malo, pero luego van y los sirven. Sustituyen
al Creador por cosas que, tarde o temprano, conducen a la degradación moral.

¿De qué maneras rinden culto los seres humanos actualmente a la Creación en
lugar de adorar al Creador?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 28. 77


Lección 11 | Martes 9 de septiembre

CORROMPIÉNDOSE A SÍ MISMOS
Lee Éxodo 32:7 y 8. ¿Por qué envió Dios a Moisés nuevamente al cam-
pamento de Israel?

Al recurrir a un ídolo, los israelitas estaban divorciándose del Dios verdadero,


quien los había liberado de Egipto. El Señor los culpó directamente, diciendo
que se habían corrompido (Éxo. 32:7) al punto de atribuir su liberación a esta
estatua. ¡Qué contradicción tan directa con lo que Dios les dijo! (Éxo. 20:2). Esta
negación de la presencia de Dios y de sus poderosos actos era un asunto grave.
Su pensamiento y sus sentimientos estaban distorsionados y completamente
corrompidos.
Para el profeta Ezequiel, la idolatría estaba en el centro de toda la miseria
del pueblo de Dios, y de allí brotaban todos los demás pecados (ver, por ejemplo,
Éxo. 8:1-18; 20:1-44; 22:1-12). Nos preguntamos a menudo cómo podían los anti-
guos creyentes ser tan ingenuos e incorregibles, al punto de adorar objetos de
fabricación humana. Estamos bastante seguros de que nosotros nunca haríamos
algo así. Pero ¿estamos realmente libres de la idolatría? Los ídolos de hoy pueden
tener formas y figuras diferentes, pero tienen un atractivo similar.
La idolatría consiste en rendir culto a algo que sustituye a Dios aun a sa-
biendas de que eso es incorrecto. Un ídolo es todo aquello que capta nuestra
imaginación, afecto, tiempo y mente más que Dios y puede incluso esclavizar
nuestro pensamiento. De hecho, nos convertimos en lo que contemplamos y
no llegaremos más alto que el “dios” al que sirvamos.
Si Dios no está en el centro de tu vida, entonces otros dioses ocuparán su
lugar. Si no disfrutamos y cultivamos la Presencia viva de Dios, disfrutaremos
y dedicaremos nuestra vida a algo o a alguien más. Lo que adoramos en lugar
de Cristo puede tener diferentes apariencias: orgullo, egoísmo, dinero, poder,
sexo, comida, televisión, drogas, alcohol, pensamientos impuros, pornografía,
placeres, trabajo, deportes, familia, videojuegos, películas, compras, ideas,
política, música, posición, títulos, calificaciones, etcétera. La lista no tiene fin.
Somos muy creativos en este sentido. Podemos convertir cualquier cosa
buena, hermosa y significativa en un ídolo. La idolatría es extremadamente
peligrosa porque transforma nuestra personalidad, nuestra forma de pensar,
nuestros afectos y nuestra vida social. Cambia nuestra identidad y sustituye las
relaciones personales auténticas por interacciones huecas y sin sentido que no
pueden salvarnos.

78 Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 29.


Miércoles 10 de septiembre | Lección 11

LA JUSTA IRA DE DIOS


Lee Éxodo 32:9 al 29. ¿Cuál fue la reacción de Moisés ante la decisión
divina de destruir a Israel?

Mientras Moisés estaba todavía en el Monte Sinaí, Dios dijo que destruiría
a los rebeldes y haría de la posteridad de aquel una gran nación. Pero eso no
era lo que Moisés quería, sino que suplicó al Señor en favor de los israelitas,
señalando que no eran el pueblo de Moisés, sino el de Dios, y que no había sido
él, Moisés, quien los sacó de Egipto, sino Dios mediante sus poderosos hechos.
Moisés invocó las promesas que Dios había hecho a los patriarcas, actuando
verdaderamente como intercesor entre Dios y la humanidad.
Después de que “el Señor desistió del mal que dijo que haría a su pueblo”
(Éxo. 32:14), Moisés volvió con ellos. A diferencia de lo que sucedería en Éxodo
34:29 y 30, no consta que su rostro brillara ante la presencia del Señor, tal vez
porque en esta circunstancia reflejaba su ira.
“Cuando Moisés llegó al campamento, y vio el becerro y las danzas, se
enardeció de ira. Arrojó las tablas de sus manos y las quebró al pie del monte”
(Éxo. 32:19). La acción de romper las tablas que contenían el Decálogo era una
señal externa de la ruptura de su contenido. Dios más tarde le ordenó a Moisés
que cincelara dos tablas para sustituir “las primeras tablas que quebraste” (Deut.
10:2). Dios mismo reescribiría los Mandamientos.
Moisés reprendió duramente a Aarón por rendirse a las exigencias del
pueblo. “¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan grande pe-
cado?” (Éxo. 32:21). Aarón trató de excusar su transgresión (1) culpando a otros
y (2) sugiriendo que el ídolo había aparecido por arte de magia: “Lo eché [el
oro] en el fuego y salió este becerro” (Éxo. 32:24). Lo que empeoraba las cosas
era que el propio Aarón había sido muy honrado por Dios, pues se le habían
concedido muchos privilegios, que incluyeron subir a la montaña con Moisés
y los ancianos (Éxo. 24:1).
¡Qué oscura ironía! Al afirmar que había ocurrido un milagro, Aarón quiso
engañar a su hermano (nota cómo un pecado conduce a otro; en este caso,
de la idolatría a la mentira). Sin embargo, Moisés no se dejó engañar al ver el
comportamiento desenfrenado del pueblo. Las consecuencias negativas eran
evidentes, y Moisés tuvo que detener la rebelión de inmediato.

¿Qué debería enseñarnos esta historia acerca del poder de la oración intercesora?
¿Por quién deberías orar ahora mismo?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 30. 79


Lección 11 | Jueves 11 de septiembre

INTERCESIÓN
Lee Éxodo 32:30 al 32. ¿Cuán lejos fue Moisés en su oración intercesora
en favor de los pecadores?

Terribles cosas ocurrieron en el campamento israelita a causa de la rebelión


del pueblo, incluso la muerte de muchas personas (Éxo. 32:28). Al día siguiente,
Moisés dijo lo siguiente al pueblo: “Ustedes han cometido un gran pecado. Pero
subiré ahora al Señor; quizá consiga el perdón de su pecado” (Éxo. 32:30).
“Entonces volvió Moisés ante el Señor y le dijo: ‘Este pueblo ha cometido un
gran pecado, porque se hicieron dioses de oro. Te ruego que perdones su pecado.
Y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito’ “ (Éxo. 32:31, 32).
No es de extrañar que Moisés sea considerado un tipo o prefiguración histó-
rica de Cristo. En virtud de su oración intercesora por los pecadores y su dispo-
sición a ofrecer su propia vida por ellos, reflejaba sin duda lo que Cristo hace por
todos nosotros. ¡Qué compasión ejemplar por los transgresores! Moisés demostró
su entrega total al Señor y su amor abnegado por las personas. El libro de Éxodo
no indica cuánto tiempo permaneció con el Señor en el monte esta vez, pero
Deuteronomio dice que estuvo en el Sinaí durante cuarenta días (ver Deut. 9:18).
La palabra traducida como “perdonar” en Éxodo 32:32 proviene de un verbo
cuyo significado básico es “llevar” o “cargar”, como en Isaías 53:4, que dice lo
siguiente acerca de Jesús: “Él llevó nuestras enfermedades”. Qué poderosa visión
del proceso de salvación y perdón, y de cuánto costó a Dios nuestra salvación.
Moisés estaba pidiendo al Señor que “llevara” el pecado del pueblo, pre-
cisamente lo que hizo en la cruz miles de años después. Éxodo 32:32 muestra
no solo la idea de la expiación sustitutoria, sino también que Dios mismo es
quien la realiza.
Este texto ilustra cómo ocurre el perdón. Dios cargó, en Cristo, con nuestros
pecados, la única forma en que podíamos ser perdonados. Cuán poderosa expre-
sión del plan de salvación y qué demostración para nosotros y para el cosmos
de lo que Dios estuvo dispuesto a hacer para salvarnos.

Moisés pidió a Dios que cargara con los pecados del pueblo y el Señor lo hizo
finalmente en Jesús. ¿Cómo podemos asimilar esta asombrosa verdad? ¿Qué nos
dice ella acerca del amor de Dios por la humanidad caída?

80 Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 31.


Viernes 12 de septiembre | Lección 11

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:


Lee el capítulo titulado “La idolatría en el Sinaí” en el libro Patriarcas y pro-
fetas, de Elena de White, pp. 325-337.
La lección de esta semana presenta un enfoque especial acerca de la obra de
Dios en los creyentes. El Señor puede hacer en nosotros “infinitamente más que
todo cuanto pedimos o entendemos” (Efe. 3:20). No debemos centrarnos en no-
sotros mismos y gratificar nuestros deseos personales, porque esto conduce a la
idolatría. Por el contrario, nuestra atención debe centrarse en Dios y en su poder.
Él da la fuerza que conduce a una vida nueva y victoriosa (Fil. 4:13; Jud. 1:24, 25).
“El amor, no menos que la justicia, exigía que este pecado fuera castigado.
Dios es Protector y Soberano de su pueblo. Destruye a los que insisten en la
rebelión, para que no lleven a otros a la ruina. Al perdonar la vida a Caín, Dios
había demostrado al universo cuál sería el resultado si se permitiera que el pe-
cado quedara impune. La influencia que, por medio de su vida y su ejemplo, él
ejerció sobre sus descendientes condujo a un estado de corrupción que exigió
la destrucción de todo el mundo por el diluvio. […] Cuanto más tiempo vivían
los hombres, tanto más corruptos se tornaban.
“Así también habría sucedido con la apostasía del Sinaí. Si la transgresión
no se hubiera castigado con presteza, se habrían visto nuevamente los mismos
resultados” (Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 335).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:


1. Reflexiona en la pregunta que aparece al final del estudio del lunes. ¿De
qué maneras podemos rendir culto a la Creación en lugar de adorar al
Creador? ¿Cómo podemos ser buenos administradores del planeta y prote-
ger el medio ambiente sin adorarlo o convertirlo en un ídolo en sí mismo?
2. Uno puede discernir la gravedad de una situación o de un hecho por sus
resultados o por la magnitud de la reacción que provoca. ¿Por qué ordenó
Moisés la ejecución de aquellos que se negaban obstinadamente a arre-
pentirse y continuaban en su rebelión contra Dios y sus enseñanzas?
3. ¿Por qué la expiación sustitutiva es el único modelo correcto de expia-
ción? ¿Por qué es un grave error teológico cualquier teoría de la expiación
que niegue el fundamento sustitutivo del evangelio o le reste importan-
cia? Lee 1 Pedro 2:24. ¿Cómo revela este texto poderosamente la idea de
que Jesús es nuestro Sustituto?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 32. 81


Lección 12: Para el 20 de septiembre de 2025

“TE RUEGO QUE ME


MUESTRES TU GLORIA”
Sábado 13 de septiembre

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Éxodo 33:7–34:35; Deutero-


nomio 18:15, 18; Juan 17:3; Romanos 2:4; Juan 3:16; 2 Corintios 3:18.

PARA MEMORIZAR:
“El Señor pasó ante Moisés y proclamó: ‘¡Señor! ¡Señor! ¡Dios compasivo y bonda-
doso, lento para la ira, y grande en amor y fidelidad! Que mantiene su invariable
amor a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y no da por
inocente al culpable; que castiga la iniquidad de los padres en los hijos y los nietos
hasta la tercera y cuarta generación’ ” (Éxo. 34:6, 7).

T odos necesitamos crecer en nuestra experiencia personal con Dios. El


apóstol Pedro exhorta: “Crezcan en la gracia y en el conocimiento de
nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Ped. 3:18). Estamos diariamente en
la universidad de Dios, donde no hay graduación, sino un constante proceso de
aprendizaje. Puedes ser perfecto en cada etapa de tu desarrollo si permites que Dios
te moldee a imagen de Cristo para convertirte en la persona que quiere que seas.
Piensa en una escuela. Si los alumnos de primer grado aprenden a leer y a
contar hasta 100, reciben una calificación aprobatoria porque su conocimiento
es perfecto en esa etapa de su desarrollo. Sin embargo, si se detectara solo ese
mismo nivel de conocimiento en un estudiante de secundaria, eso indicaría un
fracaso colosal en su educación. Algo similar ocurre con nuestro crecimiento
en la gracia y el conocimiento de Dios. En cada etapa de nuestro desarrollo,
podemos ser tan perfectos en nuestra esfera como Cristo lo fue en la suya.
Esta semana estudiaremos cómo fue creciendo Moisés en su experiencia
con el Señor como resultado de conocer y seguir las instrucciones de Dios.
82 Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 33.
Domingo 14 de septiembre | Lección 12

LA TIENDA DE REUNIÓN
Lee Éxodo 33:7 al 11. ¿Por qué pidió Dios a Moisés que hiciera la tienda
de reunión?

No debemos confundir “la tienda de reunión” (ubicada fuera del campa-


mento de Israel) con el Tabernáculo, que fue construido más tarde y colocado en
el centro del campamento. No sabemos con qué frecuencia consultaba Moisés
a Dios en la tienda de reunión. Sin embargo, sabemos con certeza que los en-
cuentros de Moisés con Dios dieron lugar a una estrecha amistad entre ellos.
“Y el Señor hablaba con Moisés cara a cara, como quien habla con su amigo”
(Éxo. 33:11). Un amigo es una persona cuya opinión podemos solicitar y con la
que podemos hablar abiertamente de casi todo y confiar en que nunca revelará
el contenido de nuestro diálogo a otros. La amistad es una de las mayores ben-
diciones que podemos disfrutar de parte de alguien y brindar a otros. La historia
de Moisés, registrada en Éxodo 19 a 34, resulta muy instructiva acerca de cómo
transforma Dios nuestra vida. ¿Cómo construyó Dios una relación con Moisés,
ese líder excepcional? Un estudio de la vida de este muestra cómo creció en su
conocimiento del poder, el amor y el carácter de Dios. Este es un componente
crucial de una relación con el Señor.
Moisés fue utilizado poderosamente por Dios aun antes de llegar al monte
Sinaí, incluso mientras era preparado para su futuro papel especial de liderazgo.
En la tierra de Madián, mientras cuidaba ovejas, Dios lo inspiró para escribir dos
libros: Job y Génesis. Luego, en el dramático acontecimiento de la zarza ardiente,
fue llamado por Dios para sacar a Israel de Egipto. Vio la derrota de los dioses
egipcios y del poderoso ejército del faraón en el Mar Rojo. Observó durante mu-
chas semanas cómo Dios conducía a Israel desde Egipto hasta el Sinaí. Después
de la experiencia que resultó en el resplandor de su rostro, Moisés guio a Israel
durante otros 39 años hasta los límites de la Tierra Prometida. La Biblia afirma
que Moisés fue un siervo fiel de Dios (Deut. 34:5; Jos. 1:1), un faro inextinguible
en la oscuridad, un profeta modelo a la luz del cual habrían de ser medidos los
demás (Deut. 18:15, 18). Fue un agente de cambio, aunque el pueblo no siempre
siguiera sus indicaciones y sus palabras. Cuando lo hacían, prosperaban.

La excepcional historia de Moisés nos muestra lo que Dios puede hacer cuando
le permitimos que nos transforme. ¿Cuáles fueron algunos momentos decisivos
de tu experiencia con Dios en los que reconociste la forma en que él obró pode-
rosamente en tu vida?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 34. 83


Lección 12 | Lunes 15 de septiembre

PARA QUE TE CONOZCA


Lee Éxodo 33:12 al 17. ¿Qué pidió Moisés al Señor? ¿Por qué requirió que
la presencia de Dios los guiara?

El crecimiento de Moisés en el Señor fue constante. Se acercaba cada vez


más al Señor y procuraba asemejarse a él. Cierto día, mientras conversaba con
Dios en la tienda del encuentro, Moisés se dio cuenta de que no lo conocía y
le dijo concretamente: “Te ruego que me muestres tu camino, para que te co-
nozca” (Éxo. 33:13). Él era consciente de su profunda necesidad de comprender
a Dios en un nuevo nivel. Descubrió que cuanto más conocía al Señor más lo
desconocía. Reconoció su necesidad y deseó de todo corazón conocerlo mejor.
Dios concedió de buen grado el deseo de Moisés.
Al observar las experiencias de Moisés hasta ahora, vemos que fue atraído a
una relación más profunda e íntima con el Señor y que creció espiritualmente.
Para empezar, subió al monte “a presentarse ante Dios” (Éxo. 19:3). Luego
fue “a la cumbre del monte” (Éxo. 19:20) y después se acercó a la nube, “la densa
oscuridad” en la que Dios se encontraba (Éxo. 20:21, NVI).
En otra ocasión, Moisés “se internó en la nube” donde estaba Dios y perma-
neció con el Señor cuarenta días y cuarenta noches (Éxo. 24:18, NVI). Durante
ese tiempo, Dios hizo a Moisés dos preciosos regalos: (1) el Decálogo, escrito
por Dios mismo en las dos tablas cinceladas también por él (Éxo. 24:12), y (2) las
instrucciones acerca de cómo construir el Tabernáculo y dotarlo del mobiliario
correspondiente (ver Éxo. 25-31).
Luego pasó otros cuarenta días y noches con el Señor intercediendo por los
pecadores (Éxo. 32:30-32; Deut. 9:18).
Sin embargo, incluso después de todo esto, Moisés deseaba conocer el ca-
rácter de Dios de forma más concreta, y Dios pronto le dio una visión especial
para que pudiera comprender quién es él. Este conocimiento que Moisés deseaba
no era una mera comprensión intelectual acerca de Dios, sino un conocimiento
vivencial de su persona. No es de extrañar que siglos más tarde Jesús dijera: “Y
esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo,
a quien tú has enviado” (Juan 17:3).
La máxima revelación que Dios hizo de sí mismo a los seres humanos con-
sistió en hacerse uno de ellos.

¿Conoces a Dios, o solo sabes acerca de él? ¿Cuál es la diferencia crucial entre
ambas cosas?

84 Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 35.


Martes 16 de septiembre | Lección 12

“TE RUEGO QUE ME MUESTRES TU GLORIA”


Tras la apostasía con el becerro de oro, Moisés intercedió por el pueblo
de Dios y quiso tener la seguridad de que el Señor seguiría conduciéndolos a
la Tierra Prometida. En lo más profundo de su ser, también deseaba conocer
mejor al Señor.

Lee Éxodo 33:18 al 23. ¿Cómo respondió Dios a la petición de Moisés de


ver su gloria?

“Te ruego que me muestres tu gloria”, pidió Moisés al Señor. En su miseri-


cordia, el Señor le reveló su gloria. Sin embargo, al responder a la petición de
Moisés, Dios prometió mostrarle su “bondad”. Se puede concluir con seguridad
que la gloria de Dios es su bondad; es decir, su carácter (ver también Elena de
White, Los hechos de los apóstoles, p. 476; Palabras de vida del gran Maestro, p. 342;
Profetas y reyes, p. 232).
“La gloria de Dios consiste en otorgar su poder a sus hijos. Desea ver a los
hombres alcanzar la más alta norma” (Elena de White, Los hechos de los após-
toles, p. 438). Su gloria es abrazar a los pecadores arrepentidos (ver Profetas y
reyes, p. 493) y proveer todo lo necesario para la transformación de ellos. Al
mismo tiempo, es nuestra “gloria” revelar su carácter en nuestra vida y darlo a
conocer a los demás.
Este reflejo del carácter de Dios, su bondad, amabilidad y tierno amor, debe
verse en nuestras acciones. De esta manera, tenemos la oportunidad de ser no
solo una bendición para el mundo, sino una luz resplandeciente para el universo
que nos observa. Como dice Pablo: “Porque pienso que Dios nos asignó a nosotros
los apóstoles el último lugar, como a sentenciados a muerte. Hemos llegado a
ser un espectáculo para todo el universo, tanto para los ángeles como para los
hombres” (1 Cor. 4:9). Esta dimensión cósmica da a nuestra vida y a nuestro
servicio un sentido y una finalidad que apenas podemos imaginar.
En Romanos 2:4, Pablo dice que la bondad de Dios nos “guía al arrepenti-
miento”. Es decir, son la bondad y el carácter de Dios los que convencen a las
personas de su pecaminosidad y de su necesidad de salvación. De hecho, cuando
miramos a la cruz y sabemos quién estaba allí (el Señor mismo) y por qué estaba
allí –porque nos ama y porque esa era la única manera de salvarnos–, tenemos
la mayor revelación posible de su bondad y su carácter.

¿Cuánto tiempo dedicas a concentrarte en la cruz y en lo que ella te dice acerca


del carácter de Dios?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Números 36. 85


Lección 12 | Miércoles 17 de septiembre

DIOS SE REVELA
Lee Éxodo 34:1 al 28. ¿Cómo reveló Dios su gloria a Moisés?

Moisés tenía que llevar consigo dos tablas de piedra como las que había roto
(Éxo. 32:19). Iba a encontrarse con el Señor en el monte Sinaí por séptima vez. Sus
ascensiones anteriores son mencionadas en los siguientes textos: (1) Éxo. 19:3, 7;
(2) Éxo. 19:8, 14; (3) Éxo. 19:20, 25; (4) Éxo. 20:21; 24:3; (5) Éxo. 24:9, 12-18; 32:15;
(6) Éxo. 32:30, 31. Moisés comenzó su ascenso por la mañana temprano.
Moisés ya estaba preparado para esta gloriosa visión del carácter divino, cuya
belleza resulta más clara aún en virtud de esta impresionante revelación que el
Señor hizo de sí mismo, la más importante descripción de quién es Dios, el hilo
de oro entretejido en toda la Biblia (Núm. 14:18; Neh. 9:17; Sal. 103:8; Joel 2:13;
Jon. 4:2). La proclamación hecha aquí por el Señor es el Juan 3:16 del Antiguo
Testamento. Los escritores bíblicos aplican, repiten o amplían en lugares cru-
ciales esta autoproclamación del Dios vivo, pues es necesario que su carácter
sea correctamente entendido.
Cuando Moisés recibió la excepcional, inaudita e incomparable explicación
del nombre de Dios, se postró y adoró al Señor. Cuando vislumbramos el amor, la
gracia, la misericordia, la compasión, la bondad, la fidelidad, el perdón, la san-
tidad y la justicia de Dios, también nos sentimos atraídos por él. Cuando vemos
y admiramos sus cualidades excepcionales, comenzamos a experimentar un
amor hacia él que hace nacer en nosotros el deseo de servirlo y serle obedientes.
Puesto que él nos ama, nosotros también lo amamos (1 Juan 4:19).
En esta revelación de sí mismo, Dios asegura a Moisés que realizará hechos
maravillosos en favor de su pueblo y que lo conducirá a la Tierra Prometida.
Renueva además el pacto con ellos, prometiendo que otras naciones verán su
majestad y su obra asombrosa. “Voy a concertar un pacto. Ante todo el pueblo
haré maravillas nunca hechas en toda la tierra, en ninguna nación. Y todo el
pueblo que te rodea verá la tremenda obra que yo, el Señor, haré por medio
de ti” (Éxo. 34:10).
Sin embargo, los israelitas debían obedecer a Dios y seguir diez estipula-
ciones claras para asegurar su prosperidad. Entonces Dios pidió a Moisés que
escribiera el contenido de ese pacto previamente roto (Éxo. 34:27, 28).

86 Reavivados por su Palabra: Hoy, Deuteronomio 1.


Jueves 18 de septiembre | Lección 12

EL ROSTRO RADIANTE DE MOISÉS


Lee Éxodo 34:29 al 35. ¿Por qué resplandecía el rostro de Moisés?

Moisés descendió al campamento de Israel con su rostro radiante después


de que Dios le revelara su carácter amoroso. ¿Era Moisés consciente de ese fe-
nómeno? En absoluto. Cuanto más cerca está uno del Señor, más consciente es
de sus imperfecciones en comparación con la santidad de Dios.
¿Qué hizo resplandecer el rostro de Moisés? No fue el simple hecho de estar
en la presencia de Dios, ya que había estado antes en varias ocasiones con él sin
que ocurriera ese fenómeno. Moisés fue transformado, y su rostro resplandeció
cuando comprendió la bondad y la amabilidad de Dios, y fue completamente
receptivo a él en respuesta a la belleza del carácter divino. Nuestros corazones
y mentes pueden experimentar un cambio cuando nos rendimos a Dios y le
permitimos ser el Señor y Rey de nuestra vida.

Lee 2 Corintios 3:18. ¿Cómo puede Jesús transformarte gradualmente


a su imagen?

Pablo compara el rostro resplandeciente de Moisés con Jesucristo y dice que


la gloria de este (en quien se personificaron la Ley y la gracia de Dios) supera la
gloria de la Ley dada por medio de Moisés. Cristo y su Ley solo pueden grabarse
en nuestro carácter cuando fijamos los ojos en él (Heb. 3:1; 12:2) y en virtud del
poder del Espíritu de Dios (2 Cor. 3:12-18).
Moisés es un modelo que demuestra lo que Dios puede hacer por noso-
tros cuando le permitimos que transforme nuestro carácter y nos moldee a
su imagen divina. A esto se refiere Pablo cuando habla de andar en la “nueva
vida” (Rom. 6:4).

¿Qué áreas de tu carácter necesitan reflejar mejor el de Dios? Probablemente


todas, ¿verdad? Sin embargo, ¿cómo puede darte ánimo y seguridad de salvación
el hecho de centrarte en la cruz y en lo que ella significa?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Deuteronomio 2. 87


Lección 12 | Viernes 19 de septiembre

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:


Lee cuidadosamente el capítulo titulado “La idolatría en el Sinaí” en el libro
Patriarcas y profetas, de Elena de White, pp. 337-341.
Cierto día sombrío, un padre y su hijo pequeño visitaron una catedral.
Mientras contemplaban las vitrinas con bellas representaciones de escenas
bíblicas, el sol comenzó de pronto a reflejarse intensamente en el rostro de
los personajes, haciéndolos relucir de manera impresionante. El niño dijo
entonces a su padre: “Papá, ¿quiénes son estas personas?” El padre no sabía
mucho acerca del cristianismo, de Cristo o de sus discípulos, pero contestó
rápidamente: “Esas personas son cristianos”. La deslumbrante imagen quedó
registrada en la mente del pequeño. Tiempo después, el profesor del niño
preguntó en clase: “Niños, ¿saben quiénes son los cristianos?” El pequeño
recordó la radiante imagen de la catedral y contestó: “Los cristianos son gente
que brilla”. En la misma línea, Jesús dijo a sus seguidores: “Así alumbre la luz
de ustedes ante los hombres, para que vean sus obras buenas y glorifiquen a
su Padre que está en el cielo” (Mat. 5:16). Solo quienes brillan a causa de Dios y
para él pueden ser agentes de cambio.

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:


1. “Si nos humilláramos delante de Dios, si fuéramos bondadosos, corteses,
compasivos y piadosos, habría cien conversiones a la verdad donde aho-
ra hay una sola” (Elena de White, Testimonios para la iglesia, t. 9, p. 152).
¿Qué poderoso mensaje hay aquí para nosotros acerca de cómo nuestro
carácter, nuestras acciones y nuestras actitudes influyen en nuestro
testimonio?
2. Éxodo 34:6 y 7 es llamado con razón el Juan 3:16 del Antiguo Testamento.
¿Por qué?
3. ¿Cómo puedes explicar la belleza del carácter divino sobre la base de la
revelación registrada en Éxodo 34:6 y 7 a quienes te preguntan quién es
tu Dios?
4. Dialoguen en la clase acerca del impacto hecho por el carácter y las ac-
ciones de las personas verdaderamente cristianas en nuestra experien-
cia con el Señor. Es decir, ¿cómo han influido en nosotros quienes fueron
amables, gentiles, humildes y misericordiosos? Por otra parte, ¿qué im-
pacto han hecho los “cristianos” poco amables, implacables y arrogantes
en nuestra experiencia espiritual?

88 Reavivados por su Palabra: Hoy, Deuteronomio 3.


Lección 13: Para el 27 de septiembre de 2025

EL TABERNÁCULO
Sábado 20 de septiembre

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Éxodo 35:1–36:7; Génesis 1:1;


Éxodo 36:8–39:31; Hebreos 7:25; Éxodo 40:1–38; Juan 1:14.

PARA MEMORIZAR:
“Entonces la nube cubrió la tienda de reunión, y la gloria del Señor llenó el san-
tuario. […] Porque la nube del Señor estaba de día sobre el santuario y el fuego
estaba de noche, a la vista de toda la casa de Israel en todas sus jornadas”
(Éxo. 40:34, 38).

L a principal tarea del pueblo de Dios en el Antiguo Testamento (y la nuestra


hoy) era vivir en estrecha relación con el Señor, adorarlo, servirlo y repre-
sentarlo correctamente ante los demás (Deut. 4:5-8).
En el Jardín del Edén, Adán y Eva se escondieron de Dios porque su pecado
hizo que lo temieran. El pecado hace que los seres humanos teman a Dios, y este
temor distorsiona nuestra percepción de su carácter. La buena noticia es que
Dios tomó la iniciativa y dio el primer paso para zanjar esta brecha y reparar la
relación rota al llamar al pecador a volver a él: “¿Dónde estás?” (Gén. 3:9).
En consecuencia, nuestra misión principal es presentar correctamente el
carácter de Dios, sus actos de amor y su justicia a quienes nos rodean. Cuando
las personas se sienten atraídas por Dios y están convencidas de su amor, le
entregan su vida y hacen lo que él les pide pues reconocen que solo desea lo
mejor para ellas.
El Santuario demostró cuán cerca está Dios de la humanidad e ilustró la más
grande e importante verdad; a saber, cómo salva a quienes acuden a él con fe.

Reavivados por su Palabra: Hoy, Deuteronomio 4. 89


Lección 13 | Domingo 21 de septiembre

EL SÁBADO DEL SEÑOR


Por mucho que argumenten, erróneamente, quienes se oponen a la obser-
vancia del sábado, el séptimo día de la semana, diciendo que era solo para
los judíos (el sábado fue apartado y santificado en el Edén [ver Gén. 2:1-3]); o
argumenten, también erróneamente, que los judíos oyeron hablar del sábado
por primera vez en el Sinaí (los judíos ya lo observaban antes del Sinaí [ver Éxo.
16:22-29]), no hay duda de que ese día estaba muy presente en la vida del pueblo
hebreo desde el principio.

Lee Éxodo 35:1 al 3. ¿Qué verdad fue reiterada aquí al pueblo en el con-
texto de la construcción del Santuario?

El mensaje del sábado siempre ha sido y será quién es Dios y cuáles son sus
poderosas obras. Ese día nos recuerda sus hechos como Creador y Salvador,
y centra nuestra atención en Dios, quien desea morar con su pueblo. De este
modo, el sábado y el Santuario apuntan en la misma dirección, a la presencia
de Dios en nuestra vida.
El sábado de la iglesia del Antiguo Testamento transmite un mensaje múl-
tiple. Su esencia puede ser resumida en cinco puntos cruciales:
1. Dios es el Creador. La Biblia comienza con esta asombrosa y fundamen-
tal proclamación (Gén. 1:1). El sábado es el memorial vívido de la crea-
ción realizada por Dios (Gén. 2:2, 3; Éxo. 20:8-11). De esta verdad, que Dios
es nuestro Creador, se desprenden todas las demás verdades bíblicas.
2. El Mesías vendrá. Esta esperanza se centra en la promesa de Dios acerca
de la Simiente, del Descendiente que vencería a la serpiente (Satanás) y
pondría fin al mal.
3. Dios establecerá su reino, cuyo anticipo es el sábado.
4. La salvación viene del Señor, y el pueblo de Dios da testimonio de que
Dios es su Salvador y Redentor, y que la salvación es resultado solo de
su gracia.
5. Dios es el juez último de todas las personas. Quienes lo desafían persis-
tentemente y lo rechazan no tendrán futuro, pero él concede vida eterna
por pura gracia a quienes lo aceptan como su Señor y Salvador.

Según un dicho judío: “El sábado guardó más a Israel que Israel al sábado”. Aun-
que los adventistas probablemente no diríamos eso acerca de nosotros, ¿qué pa-
pel importante cumple el sábado en la vida de nuestra familia eclesial?

90 Reavivados por su Palabra: Hoy, Deuteronomio 5.


Lunes 22 de septiembre | Lección 13

LAS OFRENDAS Y EL ESPÍRITU


Lee Éxodo 35:4 a 36:7. ¿Qué importantes lecciones hay aquí para nosotros?

Para construir el Tabernáculo se necesitaba una gran cantidad de materiales


preciosos, y esto se consiguió gracias a las generosas donaciones del pueblo de
Dios, que dio de todo corazón, de buena gana y con alegría. Dieron oro, plata,
bronce, lino fino, piedras preciosas, telas especiales, madera de acacia, aceite
de oliva, especias y muchos otros artículos necesarios. La gente también donó
su mano de obra, pues muchos objetos específicos del Tabernáculo y su mobi-
liario debían ser elaborados mediante su trabajo artístico y diligente. Además,
los sastres debían confeccionar las vestiduras de los sacerdotes que servirían
en el Tabernáculo y las del sumo sacerdote, cuyo elaborado atuendo incluía un
pectoral y un turbante.
Dios había bendecido abundantemente a los israelitas mediante los regalos
que los egipcios les habían dado al salir de Egipto. Ahora era su oportunidad de
dar ofrendas de gratitud por el liderazgo misericordioso y poderoso de Dios. Sus
corazones fueron movidos a llevar a cabo esta obra para su gloria.
El pueblo daba con tanta alegría y abundancia que se le dijo a Moisés: “El
pueblo trae mucho más de lo que se necesita” (Éxo. 36:5). Así que, Moisés tuvo
que detener sus donaciones, “pues tenían material abundante para toda la obra,
y sobraba” (Éxo. 36:7).
Mediante la guía del Espíritu Santo, Dios equipó y capacitó al pueblo para
construir con precisión el Tabernáculo. Bezaleel, Aholiab y otros fueron “llenos
[...] del Espíritu de Dios” (Éxo. 35:31), lo que significa que fueron dotados de habi-
lidades, sabiduría y conocimientos artísticos para realizar perfectamente todo
el trabajo. Era un proyecto enorme y había que hacerlo realidad exactamente
según el modelo que Dios mostró a Moisés.
Es significativo que el don del Espíritu Santo estuviera relacionado con las
diferentes habilidades y destrezas que las personas debían emplear en la cons-
trucción del Tabernáculo. Ser lleno del Espíritu no es un proceso mágico y no
significa que haya fuerzas espirituales especiales dentro de los seres humanos.
Dios capacita a sus seguidores para el avance de su causa, el cumplimiento de
su misión y para que alcancen los objetivos divinos de manera adecuada.

¿Qué dones espirituales has recibido cuando fuiste lleno del Espíritu Santo? Re-
cuerda que los dones espirituales solo pueden florecer cuando cultivas los frutos
del Espíritu en tu vida (Gál. 5:22, 23).

Reavivados por su Palabra: Hoy, Deuteronomio 6. 91


Lección 13 | Martes 23 de septiembre

EL TABERNÁCULO CONSTRUIDO
Lee Éxodo 36:8 a 39:31. ¿Por qué crees que se dieron instrucciones tan
explícitas? ¿Qué nos enseña esto acerca del interés de Dios por cada detalle?

Moisés construyó el Tabernáculo cuidadosa y diligentemente según las


instrucciones que había recibido en el monte Sinaí. El texto bíblico enumera
lo siguiente: (1) el Tabernáculo, con sus diferentes telas, cortinas y partes
(Éxo. 36:8 38); (2) el Arca (Éxo. 37:1-9); (3) la mesa para los panes de la propo-
sición (Éxo. 37:10-16); (4) el candelabro (Éxo. 37:17-24); (5) el Altar del Incienso
(Éxo. 37:25-29); (6) el Altar del Holocausto (Éxo. 38:1-7); (7) la fuente para el la-
vamiento (Éxo. 38:8); (8) el atrio (Éxo. 38:9-20); y (9) el material utilizado para
el Tabernáculo (Éxo. 38:21-31). Éxodo 39 describe el efod, el pectoral y otros
elementos de la vestimenta sacerdotal.
Los servicios del Tabernáculo eran lecciones visuales acerca del evangelio,
pues ilustraban todo el plan de redención. Las diversas ceremonias represen-
taban (1) cuánto aborrece Dios el pecado y cómo trata con él, (2) cómo salva a
las personas arrepentidas, (3) cuál es el destino de los malvados, y (4) cómo
asegurará Dios un futuro glorioso libre del mal.
Dos servicios diferentes, pero estrechamente relacionados, eran celebrados
durante el año en el Santuario, o Tabernáculo: el servicio diario y el anual. Este
ministerio en dos fases ilustraba cómo actúa Dios con el pecado y cómo salva
a los pecadores. A través de los servicios diarios del Santuario, Dios aseguraba
a quienes se arrepentían que perdonaba sus pecados y les ofrecía la salvación
por gracia. Para recibir este don de la salvación, era necesario realizar ciertos
sacrificios de animales cuya sangre señalaba la futura muerte del Mesías, cuya
sangre “nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7). La confesión del pecado y la acep-
tación del manto de la justicia de Cristo eran el centro de este don (Sal. 32:1, 2).
De este modo, el pecador arrepentido recibía la seguridad del perdón y podía
regocijarse en la salvación.
El servicio anual, realizado durante el Día de la Expiación, demostraba cómo
erradica Dios el pecado, cómo resuelve el problema que este representa y cómo
asegura un futuro sin la existencia del mal (Lev. 16; Juan 1:29). En la actualidad,
el doble ministerio de Cristo en el Santuario celestial es otra expresión de la
obra de Dios en nuestro favor (Heb. 7:25) y traerá la solución final al problema
del mal (Dan. 7:13, 14, 22, 27; 8:14; Apoc. 21:4).
El Santuario era un lugar destinado a adorar a Dios, alabarlo y expresarle
gratitud. La adoración consiste en sostener nuestra relación con Dios, quien
invita a los creyentes a esa comunión.

92 Reavivados por su Palabra: Hoy, Deuteronomio 7.


Miércoles 24 de septiembre | Lección 13

LA PRESENCIA DE DIOS EN EL TABERNÁCULO


Lee Éxodo 40:1 al 38. ¿Cómo percibían los israelitas la presencia de Dios?

El último capítulo de Éxodo (Éxo. 40) describe la dedicación del Tabernáculo,


el acontecimiento culminante de la historia de Israel en el Sinaí, y la entrega
del Decálogo.
La gloria de Dios es su santidad, su carácter y su presencia amorosa, que es la
bondad misma (Éxo. 3:5; 33:18, 19). Su presencia llenaba el Tabernáculo y se ma-
nifestaba de manera visible como la nube, la gloria, o shekiná. El libro de Éxodo
termina haciendo hincapié en la presencia divina y su conducción mediante
la nube durante el día y la columna de fuego por la noche. De una forma muy
concreta y poderosa, el pueblo hebreo iba a experimentar no solo la realidad
de Dios, sino también su presencia cercana y permanente mientras los guiaba.
Moisés erigió el Tabernáculo el primer día del primer mes del segundo año
(Éxo. 40:2, 17). También consagró todo, incluso a Aarón y a sus hijos para el
sacerdocio (Éxo. 40:9, 13-15), con el aceite de la unción. Recorrió el Lugar Santí-
simo, el Lugar Santo y el atrio, dedicando todo al Señor. Mediante este proceso,
inauguró los servicios de todo el Santuario (ver también Núm. 7:1). Moisés entró
en el Lugar Santísimo únicamente durante la inauguración del Tabernáculo. A
partir de entonces, solamente el sumo sacerdote podía ministrar allí una vez
al año, en el Día de la Expiación (Lev. 16:2, 17).
El texto bíblico afirma en tres ocasiones que la obra de Dios estaba termi-
nada: (1) al final de la semana de la Creación, Dios subraya la finalización de
sus obras (Gén. 2:1-3); (2) al terminar el Tabernáculo, el texto bíblico declara: “Y
así acabó Moisés la obra” (Éxo. 40:33); y (3) también se expresa esa idea cuando
Salomón terminó la obra del Templo (1 Rey. 7:51).
Esta conexión entre la Creación y el Santuario de Israel apunta a la dimensión
cósmica, al momento en que el Señor morará con los redimidos en la nueva
tierra, en la Nueva Jerusalén, que es “el santuario de Dios” (Apoc. 21:2, 3; com-
parar con Apoc. 22:1-4).
El hecho de que Dios llenara el Tabernáculo con su presencia (Éxo. 40:34)
fue el gran clímax de los acontecimientos que comenzaron con el nacimiento
de Moisés y continuaron con la derrota de los dioses egipcios durante las diez
plagas, con la huida de Egipto, con la derrota del ejército egipcio y, finalmente,
con la revelación de Dios en el monte Sinaí.

¿De qué maneras puedes experimentar la presencia de Dios? ¿Por qué es impor-
tante que lo hagas?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Deuteronomio 8. 93


Lección 13 | Jueves 25 de septiembre

JESÚS HABITÓ CON LA HUMANIDAD


Lee Juan 1:14. ¿Cómo es comparada la encarnación de Cristo con el Ta-
bernáculo?

La encarnación de Jesús es un misterio que los redimidos estudiarán durante


toda la eternidad. El apóstol Juan afirma que Cristo habitó con nosotros de forma
tangible al encarnarse. En virtud de la encarnación, Jesús se asemeja al Dios del
Antiguo Testamento, quien habitó con los israelitas en el Tabernáculo del Sinaí
y en el desierto mientras viajaban hacia la Tierra Prometida.
Durante su encarnación, Jesús habitó con la humanidad. ¡Qué concesión tan
insondable! El Dios eterno desciende hasta nosotros como uno de nosotros para
asegurarnos que él es verdaderamente “Emanuel, Dios con nosotros”.
En Mateo 18:20, Jesús dijo que si dos o tres se reúnen en su nombre, él estará
allí en medio de ellos. Cristo está con su pueblo en virtud de la presencia del
Espíritu Santo e invita a sus seguidores a estar en estrecha relación con él: “Yo
estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a su casa,
y cenaré con él, y él conmigo” (Apoc. 3:20).

Lee Apocalipsis 21:1 al 3. ¿Qué se nos presenta aquí?

La Nueva Jerusalén descenderá del Cielo a la Tierra, y Juan declara: “He aquí
que el tabernáculo de Dios está con los hombres, y él habitará con ellos, y ellos
serán su pueblo. Dios mismo estará con ellos y será su Dios” (Apoc. 21:3). No hay
templo en la Nueva Jerusalén (Apoc. 21:22) porque toda la ciudad es el Templo,
el Santuario de Dios. La longitud, la anchura y la altura de la ciudad son iguales
(Apoc. 21:16), como lo era el Lugar Santísimo en el Santuario, que tenía la forma
de un cubo, con todos sus lados iguales. Esto significa que moraremos en la
presencia inmediata de nuestro Dios durante la eternidad, en un mundo sin
pecado, muerte ni sufrimiento.

¿Cómo podemos aprender a resistir hasta el final en vista de lo que se nos ha


prometido merced al ministerio y la obra de Jesús?

94 Reavivados por su Palabra: Hoy, Deuteronomio 9.


Viernes 26 de septiembre | Lección 13

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:


Lee el capítulo titulado “El Tabernáculo y sus servicios” en el libro Patriarcas
y profetas, de Elena de White, pp. 356-372.
“La construcción del Santuario fue precedida por un acto divino de reden-
ción, a saber, la liberación de Israel del poder esclavizador de Egipto. A su vez,
este acto fue seguido por la disposición de Dios para entrar en una relación
pactual permanente con su pueblo. Sería el Dios de ellos, y ellos serían su pueblo
(Èxo. 6:7). El modo en que se relacionarían con él y unos con otros quedaba
definido por la ley del pacto. El Tabernáculo era verdaderamente un lugar de
reunión, un lugar donde se reunían Dios y los humanos. Fue solo después de
la redención y el establecimiento de una unión permanente con Dios a través
del Ppcto que el pueblo tuvo acceso a Dios en su morada” (Comentario bíblico
Andrews, t. 1, p. 264).
Por su parte, Elena de White describe la finalidad de los servicios del San-
tuario: “De este modo, en el servicio del Tabernáculo, y en el del Templo que
posteriormente ocupó su lugar, se enseñaba diariamente al pueblo las grandes
verdades relativas a la muerte y el ministerio de Cristo, y una vez al año sus
pensamientos eran llevados hacia los acontecimientos finales de la gran con-
troversia entre Cristo y Satanás, la purificación final del universo del pecado y
los pecadores” (Patriarcas y profetas, p. 372).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:


1. El derramamiento de sangre era un elemento central de los servicios
de culto en el Santuario. Diversos tipos de animales eran sacrificados,
y su sangre era utilizada en casi todos los rituales allí realizados. ¿Qué
simbolizaba la sangre y a qué apuntaban en última instancia todos esos
sacrificios?
2. Por asombroso que fuera el hecho de que Dios, el Creador del universo,
habitara en el Santuario, en medio de su pueblo, más asombroso aún es
que viniera a habitar entre nosotros como uno de nosotros, como un ser
humano. Eso en sí mismo habría sido una asombrosa expresión de amor.
Pero ¿ofrecerse a sí mismo como sacrificio por el pecado? Es decir, ¿morir
en nuestro lugar? ¿Qué nos enseña esto acerca del carácter de Dios? ¿Qué
nos enseña, además, acerca de cuánto desea Dios vernos salvados en su
reino eterno?
3. Lee Hebreos 8:1 al 6. ¿Qué nos dice este texto acerca de cómo reflejaba el
Santuario terrenal lo que Jesús está haciendo ahora por nosotros en el
Santuario celestial?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Deuteronomio 10. 95

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