En junio de 1821, apenas un mes antes de la proclamación de la independencia peruana, el ejército
patriota se encontraba en Huaura, al norte de Lima. Las tropas libertadoras estaban ansiosas por
empezar la lucha, pero San Martín quería entrar en Lima sin arriesgar a sus soldados en una batalla.
En épocas de guerra, se acostumbraba que la
gente perteneciente a un mismo bando
compartiera una contraseña, que es una clave
secreta para reconocerse sin peligro. Pues
bien: en esos días, San Martín eligió una
contraseña muy extraña para los patriotas:
“Con días y ollas venceremos”.
Muy pocos oficiales sabían a qué se refería el
general con esta contraseña tan misteriosa.
¿Cómo se la inventó? Escuchen la historia:
Para poder comunicarse con los patriotas que
conspiraban en Lima, San Martín debía
enviarles cartas secretas desde Huaura y
recibir sus respuestas.
Pero muchas veces los espías españoles
interceptaban a los mensajeros del general.
Se enteraban de los planes libertadores y
luego fusilaban sin compasión a los
mensajeros.
Esto tenía a San Martín muy preocupado: era
necesario encontrar un medio de comunicación
seguro y rápido.
Un día, el Libertador estaba caminando por la
calle principal de Huaura, cuando de pronto vio
un caserón viejo, donde había un horno de alfarería. Entonces, se le ocurrió una idea genial: le
preguntó al alfarero si podría fabricar ollas de doble fondo, para enviar escondidos ahí los
mensajes patriotas. ¡Ese era un escondite seguro que nadie descubriría! De inmediato, el alfarero
empezó a fabricar las ollas solicitadas.
Cada vez que iba a Lima a vender sus productos, llevaba entre sus ollas y platos de siempre una
olla de doble fondo, donde escondía los mensajes secretos de los patriotas.
Los guardias españoles lo detenían en el camino, revisaban su cargamento, lo interrogaban, pero
no se daban cuenta del doble fondo de las ollas. Entonces, el alfarero seguía tranquilamente su
viaje a Lima.
El encargado de recibir los mensajes de San Martín en nuestra capital era el sacerdote patriota
don Francisco Javier de Luna Pizarro. Cada vez que el alfarero pasaba por la puerta de su casa,
gritaba su pregón: “¡Ollas y platos! ¡Baratos! ¡Baratos!”.
Pero en la siguiente ocasión, cuando el alfarero
volvía a pasar, el mayordomo salía con la olla
gritando: “¡Oiga, usted, ladronazo, esta olla me
ha salido fallada!”. Y el alfarero, sin protestar,
se la cambiaba por una nueva.
En la olla vieja, volvían las novedades y las
respuestas de los patriotas limeños a San
Martín. De esta manera fueron y vinieron los
mensajes secretos de Huaura a Lima hasta el 5
de julio de 1821.
Cuando, a principios de junio, el alfarero llevó a
San Martín la primera olla devuelta por el
mayordomo de Luna Pizarro, el general estaba
trabajando con los patriotas. Al leer la
respuesta de los limeños, sonrió y le dijo a su
secretario:
—Manolito, escribe la contraseña de hoy: “Con
días y ollas venceremos”.
Y así fue: el 9 de julio de 1821, el virrey La
Serna huyó de Lima, y el 28 de ese mismo mes,
San Martín consiguió lo que quería: entrar en
Lima sin necesidad de luchar contra los soldados realistas.
RICARDO PALMA, Tradiciones peruanas,
Madrid, Aguilar, 1957. Adaptación.