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Infancia y Poder La Conformacion de La Pedagogia Moderna 2

El capítulo 2 de 'Infancia y Poder' de Mariano Narodowski analiza la influencia de Comenius en la pedagogía moderna, destacando su ideal pansófico que busca la educación universal y la creación de un sistema educativo que incluya a todos los sectores sociales. Comenius propone una transición de la educación familiar a la escolarización, enfatizando la necesidad de una alianza entre padres y maestros, y establece la simultaneidad sistémica como un principio fundamental para la organización escolar. A pesar de sus aportes, se reconoce que su visión debe contextualizarse en su época y que la implementación de sus ideas requiere un fuerte apoyo estatal para garantizar la universalidad educativa.

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Infancia y Poder La Conformacion de La Pedagogia Moderna 2

El capítulo 2 de 'Infancia y Poder' de Mariano Narodowski analiza la influencia de Comenius en la pedagogía moderna, destacando su ideal pansófico que busca la educación universal y la creación de un sistema educativo que incluya a todos los sectores sociales. Comenius propone una transición de la educación familiar a la escolarización, enfatizando la necesidad de una alianza entre padres y maestros, y establece la simultaneidad sistémica como un principio fundamental para la organización escolar. A pesar de sus aportes, se reconoce que su visión debe contextualizarse en su época y que la implementación de sus ideas requiere un fuerte apoyo estatal para garantizar la universalidad educativa.

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“INFANCIA Y PODER LA CONFORMACION DE LA PEDAGOGIA MODERNA” – MARIANO NARODOWSKI

- CAPITULO 2: EL IMPERIO DEL ORDEN –


Comenius instaura algunos de los más relevantes mecanismos que se perpetúan a lo largo de estos últimos cuatro siglos en
la pedagogía moderna, se despliegan varios de los dispositivos fundantes de las nuevas relaciones educativas instaladas en
la pedagogía; sobre todo los que tienen que ver con algunos de sus componentes (simultaneidad, gradualidad y
universalidad). No es que antes de Comenius estos elementos no hayan jamás aparecido. No es tampoco que la obra de
Comenius "re-presente" a un movimiento pedagógico del que el autor sea el "principal exponente". Simplemente, si lo que
se intenta es rastrear una fractura, Comenius la expresa convenientemente.

Los estudios comenianos presentan elementos que hoy resultarían directamente anacrónicos, al menos en su aplicabilidad a
la educación escolar. La presencia de una niñez no pedagogizada y la ausencia de una pretensión de control del cuerpo
infantil basando la actividad educadora solamente a partir de la confianza en un método de enseñanza eficaz, habrá de
concluirse que no puede enaltecerse a Comenius más allá de sus propios logros, sus propias limitaciones, su propia época.
La descripción de la infancia construida por Comenius, además de resaltar fases e hitos de discontinuidad en la historia del
pensamiento pedagógico, deja en claro que no todo ya fue dicho por el pedagogo bohemio y, especialmente, que una mera
"traducción" a la realidad educativa contemporánea no alcanza para comprender la complejidad de la producción de los
pedagogos del siglo XVII y su lugar en el devenir de la pedagogía moderna. Pareciera que toda producción pedagógica es
reducible al pensamiento comeniano, proyecto que queda a nuestro entender prácticamente desechado.

El comeniólogo alemán Klaus Schaller afirma que la modernidad de Comenius puede sorprender solamente si se evita la
operación presentista de observarlo como un contemporáneo, lo que tampoco supone la inversa; o sea, tratarlo como una
reliquia de museo. La pedagogía comeniana implanta una serie de dispositivos/elementos discursivos sin los cuales es
prácticamente imposible comprender la mayor parte de las más actuales posiciones pedagógicas. Dos aclaraciones son
necesarias a este respecto:
• la interpretación de la pedagogía comeniana habrá que posicionarse en la Didáctica Magna en ella se encuentra el
núcleo central de los problemas que serán profundizados por Comenius en textos posteriores.
• obras de otros autores cumplen una función análoga a la de los textos comenianos.

La distribución generalizada. En el capítulo X de la Didáctica Magna, Comenius trata de construir un instrumento capaz
de "enseñar todo a todos" de la mejor manera posible, lo que suele resumirse bajo "ideal pansófico". En ese "todos"
Comenius incluye a varias categorías:
• a todas las edades para él contenidas en la juventud.
• a los dos sexos
• a todas las clases sociales.

Las polémicas acerca del lugar que exactamente se les brinda a los pobres en la Didáctica Magna es ciertamente discutible,
pero la conclusión a la que se arribe no modifica el hecho de implantar en la obra a la escuela pública para los sectores
sociales pauperizados. Éste es evidentemente uno de los rasgos más revolucionarios de la pedagogía comeniana.

El aspecto cuantitativo del ideal pansófico, supone en Comenius una operación muy compleja y dispuesta en gran escala en
lo que respecta a la dispersión de la oferta escolar. Su diagnóstico de la situación existente es muy negativo. Comenius es
consciente de que hasta la época en que está escribiendo "se ha carecido de escuelas que respondan perfectamente a su fin"
(ideal pansófico) pero a la vez tiene confianza en la realización de esa gran operación de creación de escuelas. Dentro del
programa general de universalización de la enseñanza escolar, la propuesta comeniana de dispersión de los establecimientos
escolares es muy ambiciosa. Su sentido es el de absorber en ellos a todos los niños y jóvenes.

La operación de universalización comienza con el pase de la educación familiar a la escolarización; lo que en Comenius no
supone necesariamente el pase de lo privado a lo público por su idea de escuela materna; ubicada "una en cada casa". Sin
embargo, se tiende a la desprivatización, al proclamarse la necesidad de que el educador no sea el padre sino el maestro.
Para Comenius la educación de los hijos "corresponde naturalmente a los padres a los cuales prestan ayuda los maestros
de las escuelas", la función docente es complementaria de la paterna y surge en virtud de la detección de una carencia.

Prima una razón superior a estas cuestiones familiares o individuales y se termina imponiendo un criterio de utilidad. Esta
esta utilidad parece radicar en tres cuestiones:
• índole didáctico: los niños aprenden mejor al lado de otros niño.
• dejar la educación escolar a un especialista supone la renovada referencia al orden arrancándose la actividad
educadora de la buena o mala voluntad paterna.
• el orden empieza en la procura de una racional decisión en cuanto a la división social del trabajo.

La educación escolar será transferida a la esfera pública, lo que implica un decidido control general y extrafamiliar de la
acción adulta sobre la infancia. Ese control no puede ser ejercido más que por el organismo que aparece representando el
interés general: el Estado.

Ya no alcanza la acción del padre para educar correctamente a los hijos: ahora son los especialistas que, con métodos
racionales, habrán de actuar ordenadamente y eficientemente sobre la niñez. Este traspaso de la educación infantil a la esfera
pública requiere de un dispositivo de alianza entre los adultos en cuestión: los padres y los maestros.

No hay posibilidad de universalización de la educación escolar si este dispositivo de alianza maestro-padre, escuela-familia,
no está lo suficientemente instalado e institucionalizado, ya que en la práctica este mecanismo constituye uno de los
elementos indispensables para la efectiva realización del ideal pansófico.

Rousseau decididamente mata a los padres; la única condición para establecer una alianza es que el niño (hijo) se transforme
en alumno (educando). El padre expresa su poder en un acto autoexcluyente, capaz de nombrar soberano al maestro no
sobre el hijo sino sobre el alumno. Esta alianza es el medio capaz de garantizar un ordenamiento escolar de la educación de
todos los niños/alumnos. Rousseau además penetra en la naturaleza misma del contrato: si el maestro carga con el deber
que "naturalmente" le corresponde al padre, también heredará sus derechos "naturales"; el poder total sobre el hijo ajeno
pero ahora categorizado como alumno. Kant reconoce la necesidad de la renuncia a los derechos de autoridad sobre la niñez
y su traspaso directo al maestro.

La infancia en Comenius resulta apenas un producto de un ordenamiento superior y omnímodo, incapaz de volverse contra
todo el modelo, el autor no precisa disponer de mecanismos de coacción para garantizar la permanencia de la alianza. Si
bien es cierto que Comenius apenas esboza el dispositivo de alianza no caben dudas de que en la obra el mismo ya se
encuentra en proceso de instauración, prefigurando su forma definitiva. No parece arriesgado afirmar que es enteramente
necesario a la existencia de un programa de universalización un acuerdo más o menos tácito entre los que están
"naturalmente" encargados del niño y los que estarán efectivamente encargados del alumno.

En Comenius aparece una característica nodal: la pedagogía presentará la familia y la escuela en condiciones equivalentes
para estrechar lazos contractuales, como dos sujetos sociales iguales que voluntariamente se disponen a aliarse con una
finalidad determinada. (más tarde, la pedagogía apelará al Estado como árbitro de la alianza). El "dispositivo de alianza" no
es el único componente que tiende a la efectivización del ideal pansófico.

Otro de los elementos que resultan indispensables para garantizar el funcionamiento armónico en el nivel más general y así
lograr el cometido de la universalidad es, además de la extensión generalizada de los establecimientos escolares, un
funcionamiento homogéneo de esa extensión; "simultaneidad sistémica", un mecanismo de equiparación de la actividad
escolar en lo que respecta a su funcionamiento en un periodo dado de tiempo y dentro de un espacio determinado.

El problema es de carácter distributivo; le importa generar un modelo capaz de distribuir equitativamente los saberes
generados por la humanidad. El tema de la distribución no es en lo absoluto conflictivo; al contrario, se dedica a normalizar
los elementos indispensables que habrán de constituir el modelo buscado. Bien dispuestos los elementos, no habrá razones
para que la distribución no llegue con la fuerza y la eficiencia deseada.

No solamente todos deben ir a la escuela, además, todos deben hacerlo al mismo tiempo. Mismo tiempo en lo que respecta
a la edad, a la época del año y a las horas del día. Para Comenius, la adecuación de la organización escolar a criterios de
tiempo es fundamental. El empeño puesto en ordenar se expresa fehacientemente en la pretensión de ubicar los elementos
de la sucesión en un tiempo dado, lo que conforma la gradualidad.

No se trata de una pretensión simplemente "democratizadora" el tender a la universalización de la educación escolar; ésta
sería una visión parcial y por ende ingenua. El ideal pansófico y todo programa de extensión escolar estipulado por la
pedagogía moderna estará sustentado por un fuerte interés normalizador, homogeneizador.

La mayor parte de las críticas que Comenius hace a la educación escolar anterior se posiciona, a partir de este interés:
• las escuelas no estaban armonizadas en su interior.
• las actividades de las distintas escuelas, no estaban compatibilizadas entre sí.

Frente a este desorden y frente a esta heterogeneidad, Comenius propone la simultaneidad sistémica el precepto de
"Uniformidad en todo", declara la necesidad de instalar un solo método para enseñar. Este afán uniformador genera
regularidades para cada escuela y estas regularidades a su vez se engarzan meticulosamente entre sí para lograr que todos
los procesos escolares se den en un mismo tiempo. Así, se generan horarios homogéneos para el establecimiento de las
actividades escolares en cada escuela. Capítulo XXIX de la Didáctica Magna, Comenius intenta delimitar al máximo el
accionar efectivo de la escuela. Con este fin estipula horas adecuadas e inadecuadas para cada actividad y a su vez cada
período horario tiene un destino particular.

En la obra de Comenius la reflexiva y rigurosa concatenación vertical y horizontal de los fenómenos de la escolarización,
esa procura del orden en todo, supone al factor tiempo como elemento central. De este modelo surge la armonización de las
actividades de todos los alumnos, docentes, todas las escuelas pertenecientes a un mismo grado. La consecuencia visible
está representada por lo que en la actualidad se suele denominar "calendario escolar". Homogeneizando el tiempo utilizado
en cada proceso concreto de escolarización, se garantiza el control sobre la marcha del proceso de enseñanza en todos y
cada uno de los alumnos pudiendo los aptos saltar al fin de cada periodo al grado subsiguiente de la serie. A través de un
claro proceso de homogeneización se pretende eliminar la presencia de factores indeseados, que no acompañan la búsqueda
de las metas planteadas para el proceso general.

En resumen, dos de los elementos que configuran la universalidad:


• precisa de la emigración de lo paterno a lo magisterial, de la familia a la escuela, estableciéndose un dispositivo de
alianza con el fin de garantizar el flujo de la niñez de uno a otro polo. (Nivel particular)
• simultaneidad sistémica, administrar un sistema que garantice la simultaneidad, supone una acertada diagramación
del uso del tiempo y un exhaustivo control del aprovechamiento del mismo. (Nivel general).

¿cómo este nivel particular y este nivel general son coordinados internamente? Parece evidente la necesidad de que exista
un plano superior para coordinar e integrar todas estas acciones. Ese plano debe ser ocupado por el Estado. El lugar dejado
a la acción del Estado es prácticamente un ruego cuando se dirige a los "magistrados políticos". Comenius explicita que sin
esta instancia estatal será poco menos que imposible lograr la universalidad ya que no será garantizada la educación de los
más pobres.

El apoyo financiero no agota en lo absoluto la demanda efectuada al Estado. Por el contrario, Comenius es consciente del
hecho de que coordinar las acciones para homogeneizar la educación escolar y garantizar la universalidad hace necesaria
una "asociación colegial" que coordine entre sí todas las tareas educacionales. Esta asociación no es autónoma, asemeja a
los actuales ministerios públicos dedicados a la educación.

Los dos requerimientos efectuados en favor de la acción estatal indispensable que garantiza la universalidad:
• El respaldo financiero, sobre todo expresado en ayuda para la educación escolar de los pobres;
• El respaldo político de la "autoridad y liberalidad" del máximo representante del Estado.

En el siglo XVII los Estados nacionales europeos aún mostraban demasiados flancos débiles en lo atinente a su poder
unificador y disciplinador de los intereses locales como para llevar a cabo una operación de la envergadura requerida. Se
necesitarán algunos siglos para que el Estado moderno pueda actualizar a Comenius.

La producción de una institución. La precisión de Comenius en lo que respecta al demarcar los límites de sus pretensiones
pedagógicas implica en el caso del contenido a transmitir una astucia premonitora en lo atinente a la masa de conocimiento
producida por la sociedad moderna. A la vera de la división social del trabajo en su versión capitalista, Comenius reconoce
que "el enseñar todo a todos" no supone que "...todos tengan conocimientos de todas las ciencias y artes. Esto ni es útil por
su misma naturaleza ni posible dada la brevedad de la humana existencia".

¿Cómo enseñar "todo" si dicha operación es antinatural e impracticable? La respuesta consiste en formar al ser humano en
los fundamentos de todas las cosas. A esta regla general le aplica un principio de transferibilidad.

Si el ideal es pansófico y hay que enseñar todo y si se resuelve que ese "todo" estará acotado al aprendizaje del fundamento
central del contenido, es evidente que lo único que queda por delante es un problema metodológico. El método
correspondiente a la transmisión es el problema central de la Didáctica Magna y de la mayor parte de la obra didáctica
comeniana. El esfuerzo comeniano es un esfuerzo fundamentalmente didáctico.

Todo discurso didáctico, es productivista desde el momento en que se aboca al estudio de los procesos de producción de
saberes por parte de los alumnos, en el marco de la institución escolar. Pero ese productivismo aparece solamente como
efecto de superficie, como un estrecho haz de luz que atraviesa la reflexión y de manera alguna inviste el núcleo de los
enunciados salvo en tanto producción de una norma y de una analítica de aquello que a ella se acerca o de ella se aparta.

La Didáctica Magna a este respecto instaura un mecanismo; la gradualidad, que tiene el ordenamiento efectuado a la
normalización del método de enseñanza. Para Comenius, "el caudal de los trabajos escolares diferirá en la forma, no en la
materia". Las cuatro escuelas estipuladas (maternal, común, latina y academia) poseerán los mismos contenidos de la
enseñanza que se corresponden a la delimitación de los fundamentos del "todo" y contendrán un abordaje didáctico diferente
en cada uno. La variación está dada por la graduación efectuada para la creación de cada una de las escuelas, a lo que se
adiciona la graduación dentro de cada uno de los establecimientos.

El resultado de esta operación es que los alumnos ubicados en etapas diferentes de la serie serán formados en los mismos
saberes, pero accederán a un grado más o menos complejo de profundidad del mismo, lo que a la vez supone estar más o
menos cerca del fin de la serie. El acceso al conocimiento tampoco debe ser caótico, Comenius advierte que éste debe
efectuarse de lo simple a lo complejo y de lo general a lo particular.

Esta intención racionalizadora aparece en la obra comeniana en lo atinente al método didáctico en un precepto: enseñar y
aprender pueden convertirse en tareas fáciles si son encaradas con solidez y rapidez. Los 10 fundamentos que Comenius
explícita en relación a la facilidad para enseñar y aprender:
• Algunos se relacionan respeto a la etapa vital de los alumnos:
• "Se comienza temprano antes de la corrupción de la inteligencia"
• "Se actúa con la debida preparación de los espíritus"
• "No se obliga al entendimiento a nada que no le convenga por su edad, o por razón del método".
(el adaptar las acciones a la situación específica del educando constituye la primera clase de fundamentos para hacer más
fácil la educación escolar)

La segunda clase de fundamentos tiene que ver con el camino que debe tomar el que va a enseñar:
• "Se procede de lo general a lo particular";
• "de lo más fácil a lo más difícil.";
• "no se carga con exceso a ninguno de los que va a aprender.";
• "se procede despacio en todo.";
• "se enseña todo por los sentidos actuales."
• "siempre por un solo y mismo método".
El maestro es el elemento neutro de la pedagogía moderna el que sólo va a transmitir asépticamente lo operado por los otros
factores.

La última clase de fundamentos alude al contenido de enseñanza:


• "... [se enseña todo] para el uso presente".

Integración entre las actividades, pero separación meticulosa entre lo que es distinto; secuenciación y coherencia de las
acciones y ejercitación constante de lo aprendido constituyen en el modelo comeniano los puntos centrales. ¿Hacia dónde
se dirigen, pues, los fundamentos racionales del método? Por lo visto, ordenar significa simplificar y facilitar en lo que
respecta a la transmisión de saberes. Ordenar significa que cada acción, cada reflexión, cada atisbo de la voluntad de
enseñantes y enseñados se encuentre encuadrado en un plan metódico de actuación.

Comenius comienza por criticar tres características de la enseñanza anterior:


1. Cada maestro trabajaba separadamente con uno o pocos discípulos;
2. solían existir varios maestros para un mismo conjunto de educandos, lo que confundía el aprendizaje de éstos;
3. los libros leídos no están unificados, lo que causa confusión extrema.

La solución para estos problemas radica en el concepto comeniano de "instrucción simultánea". Comenius propone algunas
recomendaciones para disponer al conjunto de alumnos: La instrucción no debe dirigirse a cada alumno por separado, sino
que debe educarse a "todos al mismo tiempo y de una sola vez”. Esto implica una operación más de homogeneización de
ese conjunto ya que no hay otro modo de actuar si no es a partir de "estimular la atención de todos"; esto es, la simultaneidad
institucional se expresa cuando el docente transmite saberes al conjunto de los educandos como si se tratara de uno solo de
ellos. En esta uniformidad hay puesta otra esperanza: maximizar los esfuerzos docentes.

Esta uniformidad implica obviamente la homogeneidad en la oferta de los contenidos de aprendizaje. necesidad de unificar
los contenidos de la enseñanza, tanto en el nivel de cada institución como en el de todo el sistema. Comenius despliega en
los capítulos una pormenorizada enumeración de los saberes que deberán ser transmitidos. Resulta evidente que lo que
Comenius ha producido es un curriculum unificado para la enseñanza en un determinado espacio territorial.

Para completar el panorama, Comenius introduce un auxiliar que resulta fundamental en este intento normalizador: el libro.
Cada clase debe utilizar un libro "de un mismo autor”. Desde el punto de vista de su contenido, el libro didáctico expresa
las temáticas estipuladas para la enseñanza en cada nivel de la escolaridad. El libro de texto didáctico construye una estética
que le es propia.

El libro de texto didáctico va a ofrecer una transformación revolucionaria radicada en la utilización de la imagen. La imagen
como referente pero también como motivador. La imagen no sólo complementa al texto, sino que protagoniza el mensaje
escrito, al traer a la escuela el mundo tal y como debe ser percibido. El libro didáctico representa al mundo en imágenes,
pero en imágenes escolarizadas. Para Comenius, el texto didáctico tiende a solucionar la uniformación no sólo de los saberes
a transmitir sino también de la lengua en que éstos serán vehiculizados, ya que la existencia de un solo libro didáctico
implica la necesidad de homogeneizar el habla de la población en un solo idioma. Comenius recomienda que todo lo que se
procese en la institución debe tener en vista un "uso inmediato". Ya Comenius afirma que la escuela prepara para la vida.
Si el reclamo se basa en un uso inmediato de lo aprendido, el medio para lograrlo es, lejos del instrumentalismo, un "hacer
ver" la utilidad por parte del docente.

Comenius construye un espacio específico —institución escolar— donde se aprenden las aplicaciones posibles de los
conocimientos aprendidos. La escuela aparece, así como una realidad donde se procesan saberes que poseen un alto nivel
de abstracción y que, a través de distintos elementos, mediatiza tanto la presencia del afuera en su interior como la
participación futura de sus actores en el exterior.

En Comenius, la cuestión de la disciplina escolar se posiciona en función de un rechazo y una tendencia. Rechazo a la
disciplina anterior a su época, a la disciplina escolar tradicional basada en los gritos del profesor, el castigo corporal y el
uso de instrumentos especialmente construidos a tales efectos. En la Didáctica Magna, pese a la reacción generalizada frente
a los azotes, existe una última instancia donde la violencia física es posible, siempre y cuando antes se lo haya intentado
todo. Como se verá, en Comenius el problema no es tanto el castigo corporal en sí mismo sino el uso desmedido, excesivo
e irracional que de él se hace.

La disciplina escolar no es para todos los alumnos sino sólo para aquéllos que se desligan de las normas pautadas. Por lo
tanto, esta disciplina es básicamente correctiva y ejemplificadora. Se trata de que los alumnos que se han extralimitado "no
se vuelvan a extralimitar" y de que la sanción impuesta se difunda entre el resto de los pares del castigado. Los mecanismos
de castigo (y los de premio) se expresan, respectivamente, en reprimendas y amonestaciones o en alabanzas y
ensalzamientos, todos de carácter público. El maestro destina palabras ásperas o elogiosas a transgresores o cumplidores de
las normas, de acuerdo a lo actuado por cada uno y con la finalidad de que los otros alumnos aprendan a través de la vivencia
concreta e inmediata de la situación. La imitación juega en este sentido un papel principal: el profesor y el director de la
escuela deben brindar ellos mismos "ejemplos continuos". En la obra de Comenius la vigilancia opera menos sobre el cuerpo
infantil y más sobre el método.

En la pedagogía de Comenius se extrema una posición clara que considera a la disciplina no un instrumento básico sino un
emergente coyuntural. Este instrumento disciplinario, a pesar de precisarse sólo si el método de enseñanza no es bien
aplicado o si las costumbres de los educandos están desvirtuadas es construido racionalmente, proclamándose una
utilización medida del mismo. Para Comenius, a la disciplina "hay que emplearla sin pasión, ira u odio; con tal candor y
sinceridad que el mismo que la sufre se dé cuenta de que se la aplica en su provecho". Es con sinceridad y afecto que se
aplica un castigo.

La vigilancia que se ejerce no es sobre la niñez en proceso de escolarización sino sobre la actividad del maestro y la
transmisión de saberes de un modo correcto.
La educación escolar es un arma de doble filo; si son las clases dominantes las que la usan, entonces la escuela es ira
instrumento de dominación. Si, por el contrario, las clases subalternas se apropian de ella, la escuela será un instrumento
cercano a la liberación de los oprimidos.

Las diferencias más importantes radican en la consideración de que la configuración moderna de la escolaridad implica, un
modo especifico de producción y distribución de saberes. Producción y distribución de saberes es, no solamente la
transmisión de conocimientos curriculares ni un fenómeno "oculto" de la organización escolar. Es más bien la resultante de
las relaciones de poder instauradas en el plano de las instituciones que tiene toda la práctica escolar, incluso la de la
trasmisión de contenidos académicos.

Utopías. La pedagogía moderna se configura a partir de la consideración de puntos de fuga que, en una perspectiva
prolijamente trazada, determinan el lugar que habrán de ocupar las acciones encaminadas a alcanzar esas estaciones finales.
En el ámbito de la pedagogía moderna, esos puntos finales funcionan como utopías, como constructores del pensamiento
que poseen virtualmente la capacidad de realizarse; que son necesarios a los fines de ordenar y armonizar la realidad
existente y a la vez producen un efecto de mediatización.

La utopía es el motor más fuertemente acondicionado por el discurso pedagógico moderno ya que posee la característica
circular de ser efecto de una práctica discursiva pero, a la vez, empuje privilegiado, fuerza que arrastra hacia sí los distintos
esfuerzos de diversa índole que se encaminarían hasta el ideal. La pedagogía dibuja un mapa futuro posible y se inserta en
él como un hacedor, como un factor constituyente, la utopía permite que la legitimación de la acción del pedagogo quede
discursivamente plasmada, dotando a su vez de un poder local a todos los que logran tomar posición sobre este nada neutral
puente entre el presente y el futuro deseado.

Una raíz común sostiene a las utopías posibles de la obra comeniana, contiene uno de los elementos centrales sobre los que
se basa cualquier pretensión pedagógica y que Comenius sintetiza magistralmente en la frase: "Conviene formar al hombre
si debe ser tal", por lo que el hombre será hombre si es formado, si es educado. la pedagogía moderna da siempre por
supuesto que la posibilidad de montar utopías educativas reposa sobre cierta indiscutida capacidad humana de ser formado.

Aquí la primera de las consecuencias anunciadas: el verbo "formar” en el contexto presente de esta tradición pedagógica se
está connotando mucho más que la acción familiar, casual o natural; se está aludiendo a mecanismos racionales de actividad
sobre el otro. La acción humana en relación a esta formación va a ser dirigida, necesita ser dirigida. No puede ser planteada
de cualquier modo ni resuelta aleatoriamente. Debe estar fehacientemente ordenada.

La segunda consecuencia se vincula a la pretensión esencialista: Para que el hombre sea hombre es conveniente educarlo.
Por lo tanto, el educador posee una de las responsabilidades más pesadas de toda actividad posible: hacer que el hombre sea
hombre. En el marco teológico comeniano, el ideal pansófico se vincula evidentemente al acercamiento al Dios del hombre
genérico.

Dos objeciones podrían plantearse a esta hipótesis.


1. sin duda a lo largo de estos últimos años de pedagogía, existen no pocas expresiones que contienen una postura
diferente respecto al ideal pansófico y declaran otras finalidades y otras utopías.
2. Se dirá con razón que muchas de estas proclamas que se postulan rescatando la utopía pansófica no pudieron
concretarse verdaderamente al efectivizarse en la educación escolar institucionalizada. Sin embargo, esta situación
más que poner en duda el valor del ideal pansófico en el seno de la pedagogía moderna, lo refuerza enormemente.

La pansofia no puede ser liberada al azar en lo que respecta a los procedimientos por medio de los cuales será menester
alcanzarla. Al contrario, al reino de la equidad y la libertad en lo que respecta a la posesión del saber, le corresponde la
regencia de un ordenamiento minucioso y pormenorizado de la actividad escolar. En esos dos ámbitos declaradamente tan
contrarios nada debe quedar irresuelto: ni hombres fuera del ideal pansófico ni alumnos fuera de la disciplina escotar. La
primera, una utopía febrilmente reconocida y anhelada en tanto tal; la segunda un ideal oscuro que solamente aparece como
un medio pero que es tan constituyente del discurso pedagógico moderno como la primera de las postulaciones.

La búsqueda del modelo pansófico de educación de los hombres no parece ser la única utopía de la obra comeniana. Por el
contrario, bajo este ideal global se halla un deseo no tan estridentemente proclamado, aunque no menos significativo que el
primero: la armonía y el equilibrio entre enseñantes, enseñados y método: el orden mismo de las cosas. La específica
disposición para lograr la universalidad en todos sus aspectos también se constituye en un fin en sí mismo; también es un
punto de llegada.

Ambas utopías se mecen armónicas en un vaivén continuo. Por un lado, el reino de la sapiencia y la erudición expresado en
todos y cada uno de los hombres; el saber anclado con democrática precisión en los seres humanos sin importar sus
accidentes: mujeres y hombres, ricos y pobres, inteligentes y torpes. Todos saben todo. Todos deben saber todo. Por el otro
lado, nada quedará librado al azar, al caos o al albedrío de los inexpertos. Todos los caminos serán estipulados y todos los
pasos calculados. El saber reina en las mentes. El orden impera en los cuerpos. Es evidente que la absorción universal de la
masa escolarizable, de lo que más tarde será el cuerpo infantil, representa para la pedagogía moderna un problema enorme
ya que tiene que captar elementos de naturaleza heterogénea por definición (recorridos vitales diferentes, raza, sexo, clase
social) y «pie, además” se distribuyen de un modo discontinuo con relación al epicentro escolar.

La operación que debe realizar la pedagogía es, desde el punto de vista del enfrentamiento, una operación contraria al sitio.
La escuela aparece rodeada por aquéllos a los que debe absorber. Pero rodeada de tal manera que la distancia entre este
centro y los respectivos puntos de la figura convierten a la misma en una poligonal muy irregular. Por esta razón es que el
discurso pedagógico debe acudir a la colocación de elementos atractivos que resulten interesantes para la presa. Un cebo
que haga que todos los blancos procurados se encaminen voluntariamente a la trampa. Es más, que haga de la celada un
slogan político, cosa que acontecerá en occidente desde mediados del siglo XIX.

Para Comenius, como para toda la pedagogía moderna, la respuesta teórica a este problema fue la elaboración de la primera
de las utopías a las que se está haciendo mención. En primer lugar, se intenta fe atracción de los cuerpos mediante la
propagación de la ideología del logro de la perfección humana y la inclusión en esta empresa de todos los elementos en
cuestión. ¿Por qué todos tienen que ir a la escuela? Para Comenius la temática no ofrece mayores discusiones: el único
modo de que el nombre se convierta en hombre genérico y así alcanzar la perfección es que no quede hombre sin llegar al
saber erudito y es la escuela el vehículo por excelencia que está en condiciones históricas y tecnológicas -«-según
Comenius— de transmitirlo. Como afirma Jacques Prévot: "... él quiso reubicar su proyecto de reforma de la escuela en un
proyecto más vasto todavía, que es el de la reforma del género humano. Para suprimir luchas sociales, políticas e
internacionales y para evitar las consecuencias que las mismas acarrean, existe una sola vía que es la reforma de la
educación.

La utopía del imperio del orden en todo es el segundo mecanismo de absorción y reabsorción dé cuerpo escolarizable, y lo
será también de todo el discurso pedagógico posterior. Sólo que en Comenius es un orden donde el dispositivo de alianza
está apenas insinuado y la institución de secuestro señalada en trazos aún muy gruesos. Una utopía donde la disciplina se
impone no ya sin violencia física sino incluso sin dispositivos de utilitarismo y competencia, dispositivos que reinarán en
la pedagogía posterior al mu ochocientas. Un orden meticuloso y armónico que actúa sobre una infancia aún no
pedagogizada. Una distribución de los cuerpos que se basa en la confianza en el género humano por un lado y en la capacidad
metódica de las intervenciones de los educadores por otro.

Evidentemente, otra pedagogía existe en Comenius; y otra está expresado en sentido estricto. Porque es el inicio de la
pedagogía moderna, porque es fuente inagotable de mecanismos discursivos posteriores, porque es originariamente
transdiscursivo pero, a la vez, porque posee elementos propios que al encontrarse en el umbral de la modernidad pedagógica
terminan por parecemos más genuinos, más verdaderos y, a la vez, muy extraños.

Extraños sobre todo a partir del siglo XVIII, cuando el niño es pedagogizado. Cuando el dispositivo de alianza funciona
eficientemente. Cuando la escuela moderna se ha transformado, tal vez definitivamente, en un dispositivo de secuestro del
cuerpo infantil. Es posible que otra pedagogía haya existido. La experiencia comeniana —parafraseando a Roland Barthes—
constituye muy probablemente el "grado cero" del pensamiento pedagógico: tan fecundo, tan originario, tan diferente.

El efecto de nostalgia producido en los confines de la modernidad alrededor de la obra de Comenius es tan comprensible
como las psicopatologías basadas en la regresión: las situaciones traumáticas y desesperadas empujan a esas posiciones
anteriores donde, todavía, no existe el conflicto.

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