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Discurso Fabiano

El discurso rinde homenaje a José Faustino Sánchez Carrión, un destacado pensador y político peruano que luchó por la independencia y la construcción de una república justa y democrática. Se destaca su legado en la redacción de la primera Constitución Política del Perú y su crítica al caudillismo, así como su llamado a los jóvenes a ser protagonistas en la construcción de un país mejor. Su vida y obra son un ejemplo de compromiso y valentía en la defensa de la libertad y la justicia.

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Discurso Fabiano

El discurso rinde homenaje a José Faustino Sánchez Carrión, un destacado pensador y político peruano que luchó por la independencia y la construcción de una república justa y democrática. Se destaca su legado en la redacción de la primera Constitución Política del Perú y su crítica al caudillismo, así como su llamado a los jóvenes a ser protagonistas en la construcción de un país mejor. Su vida y obra son un ejemplo de compromiso y valentía en la defensa de la libertad y la justicia.

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DISCURSO:

JOSÉ FAUSTINO SÁNCHEZ CARRIÓN, EL REPUBLICANO DE LA


INDEPENDENCIA

Muy buenos días, señor director, estimados docentes, queridos compañeros y compañeras:

Nos reunimos hoy para recordar, reflexionar y rendir homenaje a uno de los más grandes
hombres que ha dado nuestra historia: José Faustino Sánchez Carrión, el Solitario de Sayán,
el pensador profundo, el político lúcido y el arquitecto del Perú republicano .
Recordar a Sánchez Carrión no es solo una tarea académica o un simple acto protocolar. Es
un acto de gratitud y compromiso. Gratitud, por todo lo que entregó por la libertad de nuestra
patria. Compromiso, porque su legado nos invita a seguir construyendo e se país justo,
democrático y libre que él soñó y por el que luchó incansablemente.

José Faustino nació el 13 de febrero de 1787, en la ciudad de Huamachuco, en la actual región


de La Libertad. Desde muy pequeño, su entorno le mostró el rostro duro de la injusticia. Vivió
en un Perú aún dominado por la corona española, donde los criollos y mestizos eran
discriminados, donde los derechos eran privilegios, y donde la palabra “libertad” apenas se
pronunciaba.

Pero a diferencia de muchos que se resignaban, él eligió el camino del conocimiento y la


rebeldía. Se formó en el Real Convictorio de San Carlos, en Lima, una institución de élite del
Virreinato, donde destacó por su inteligencia, su disciplina y su pasión por las letras. Allí
estudió Filosofía, Derecho y Teología, pero también se formó en la convicción de que el Perú
debía liberarse no solo del yugo extranjero, sino también del atraso y el autoritarismo.

Desde joven, mostró un pensamiento moderno y revolucionario. Entendió que la verdadera


libertad no consiste solo en expulsar a los invasores, sino en dar poder al pueblo, respetar sus
derechos, y fundar instituciones sólidas que garanticen la justicia, la educación y la
democracia.
Sánchez Carrión fue un ferviente defensor del sistema republicano, en una época en la que
muchos creían que, tras la independencia, el Perú debía convertirse en una monarquía
constitucional. Él no lo aceptó. Lo dejó claro en una frase que ha quedado grabad a en la
memoria nacional:
“No quiero rey, ni quiero tirano; quiero una república”.

Y no se quedó en palabras. Fue uno de los ideólogos más influyentes del Perú emancipado.
Participó activamente en la redacción de la primera Constitución Política del Perú,
promulgada en 1823. Esa Constitución fue un hito histórico. En ella se plasmaron principios
fundamentales: la igualdad ante la ley, la libertad de expresión, el derecho al sufragio, y la
abolición de la esclavitud.

Todo esto puede parecernos obvio hoy. Pero en ese entonces, estas ideas eran revolucionarias.
Costaron enfrentamientos, persecuciones, sacrificios e incluso muertes. Por eso, debemos
valorar lo que hoy tenemos y recordar a quienes lo hicieron posible.

José Faustino no fue un político tradicional. No buscaba poder para sí. Su única ambición era
ver al Perú libre y educado. Por eso, además de ideólogo, fue también gestor. Como Ministro
de Gobierno y Relaciones Exteriores, tuvo un rol crucial: fue él quien invitó oficialmente a
Simón Bolívar a venir al Perú para liderar la campaña final por la independencia.
Pero incluso frente a Bolívar, no perdió su espíritu crítico. Fue su consejero, pero también su
conciencia. En una de sus célebres cartas, escribió:

“La espada da la independencia, pero es la ley la que la sostiene”.

Con estas palabras, nos recordó algo vital: las revoluciones pueden comenzar con batallas,
pero solo se consolidan con leyes, con instituciones, con educación y con participación
ciudadana.

Sánchez Carrión también fue un crítico del caudillismo, esa enfermedad política que tantas
veces ha afectado a nuestro país. Sabía que ningún hombre, por más brillante que fuera, debía
tener el poder absoluto. Por eso defendía la soberanía popular: el pode r debía emanar del
pueblo, y no de la voluntad de un solo líder.
Pero no todos comprendieron su visión. Cansado de las intrigas políticas y decepcionado por
los intereses personales que se anteponían al bienestar de la patria, decidió retirarse a Sayán,
en la sierra de Lima. Allí, en soledad, siguió escribiendo, reflexionando y proponiendo ideas
para consolidar la república. De ahí viene su apodo: “El Solitario de Sayán”.

Sin embargo, su soledad fue más productiva que muchas multitudes. Porque desde ese lugar,
su pensamiento continuó iluminando el camino del Perú naciente. Sus escritos eran tan claros,
tan firmes, tan adelantados a su tiempo, que hoy, dos siglos después, siguen teniendo vigencia.

Lamentablemente, murió joven, a los 38 años, el 2 de junio de 1825. Pero nos dejó un legado
inmenso. Su obra política, su pensamiento y su compromiso con el país son un ejemplo que
todos debemos conocer y seguir.

Por eso, hoy más que nunca, recordar a José Faustino Sánchez Carrión es un acto de
responsabilidad. Es aprender que los grandes cambios empiezan en la mente y en el corazón.
Que se necesita educación, ética, coraje y amor por el Perú para construir una patria digna.
Él nos enseñó que los jóvenes tienen un rol crucial. Porque fue joven cuando empezó a
escribir, a debatir, a luchar por sus ideales. Y si él, en su época, pudo soñar y actuar por un
país mejor, ¿por qué nosotros no?

Queridos compañeros: la historia no está solo en los libros. La historia se construye cada día.
Y nosotros, como estudiantes, como ciudadanos, como jóvenes con ideales y esperanza,
también podemos ser protagonistas.

Sigamos su ejemplo. Estudiemos con responsabilidad, actuemos con justicia, opinemos con
argumentos, participemos con honestidad. No dejemos que la indiferencia nos gane. Porque
como decía Sánchez Carrión:

“Que el gobierno se base en la ley y no en la voluntad caprichosa de los hombres; que la


educación sea el arma más poderosa del ciudadano, y que la libertad se conquiste con
inteligencia y se defienda con valor”.
Hoy, más que nunca, el Perú necesita jóvenes comprometidos, honestos, informados, capaces
de pensar y de actuar. Jóvenes que, como Sánchez Carrión, no teman decir la verdad, que
defiendan la justicia y que amen profundamente a su país.

Que su nombre no sea solo parte del pasado, sino parte de nuestro presente y nuestro futuro.

Que viva por siempre el legado de José Faustino Sánchez Carrión.


Que viva la República.

Y que viva el Perú.

Muchas gracias.

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