Literatura
Educación Secundaria
Ciclo Superior
ANEXO
Reseñas literarias
escritas por expertos
Obra: Aguinis, M. (2002). Asalto al Paraíso. Bueno Aires, Argentina: Planeta.
Reseña realizada por Karina Longo
Después de publicar varias novelas como La cruz invertida, El atroz encanto
de ser argentino, entre otras, que obtuvieron un formidable éxito de público en
Argentina. El escritor argentino Marcos Aguinis lanzó al mercado su último libro
titulado “Asalto al Paraíso”. Si bien la temática de este libro es el atentado a la
AMIA, Aguinis plantea el tema desde una perspectiva interesante y atrapante
para el lector y principalmente para las mujeres que trabajan constantemente
por hacerse escuchar. “Asalto al Paraíso” refleja el punto de vista de una mujer
periodista que lucha no sólo contra su propia sensibilidad ante un hecho
semejante, sino también contra todo lo que significa ser mujer, en una sociedad
machista y principalmente en un medio de comunicación manejado por
hombres. Es llamativa la propuesta de Aguinis porque permite pensar hasta qué
punto es creíble la visión de una mujer en este atentado suicida que destruyó en
1992 la Embajada de Israel en Buenos Aires y asesinó a decenas de personas.
Los protagonistas “La protagonista, una exitosa periodista llamada Cristina
Tibori (personaje de ficción), asiste al lugar del ataque dispuesta a cubrir los
hechos con el mayor rédito posible para el canal televisivo donde trabaja. Sin
embargo, una vez en el lugar, su ánimo cambia por completo. Una de las razones
es su encuentro con un clérigo musulmán que predica el Islam tolerante. A
esto se le suma un hallazgo. Entre los escombros de la embajada la espera un
descubrimiento terrible, que no voy a revelar. Desde ese instante, contribuir al
esclarecimiento del atentado se convierte en eje de la investigación de Cristina.
La tarea parece superior a sus fuerzas, pero su lucidez y coraje la ponen en la
pista de la fatal cadena de delitos. Dawud Habbit es el último personaje, la célula
dormida que urde la misión que lo llevará al paraíso..., que lo llevará al centro de
la Paz”.
7
Cuadernillo de actividades
para la Continuidad Pedagógica
Obra: Lojo, M.R. (2005). Finisterre. Buenos Aires, Argentina: Sudamericana.
Reseña realizada por Norma Pérez Martín.
La Editorial Sudamericana, para contribuir a la difusión de la novela Finisterre
(2005) de María Rosa Lojo, ha donado un ejemplar a la Revista Francachela.
Nos honra, pues, comentar esta nueva obra de la destacada narradora, poeta,
ensayista, investigadora del CONICET, cuya trayectoria está avalada por
importantes premios otorgados en Argentina y en el extranjero. La edición
presenta un diseño sugerente de tapa, a cargo de Isabel Rodrigué. Los epígrafes
de Rosalía de Castro y Calderón de la Barca abren la novela y enuncian ejes
esenciales de este libro que, desde las primeras páginas atrapa al lector. Una
prosa impecable, como advertimos en novelas anteriores de la autora, plantea
realidades y ficciones a través de intertextos oportunos, descripciones llenas
de energía, sombras y luminosidades poéticas, personajes con entrañable
carnadura humana, cartas y diálogos dinámicos, y a veces, incisivos. Ternura,
memoriosas angustias, humor, se desplazan entre voces disímiles que diseñan
identidades marcadas por conflictivos cruces de criaturas que rechazan
integrarse. Espacios culturales y geográficos distantes y distintos impulsan el
entramado de una escritura tejida con devoción y dominio discursivo. Finisterre
(título que anuncia historias remotas e intensas añoranzas) estalla en escenas
donde personajes inolvidables revelan sus angustias, sus furias, sus flaquezas,
sus miedos. La voz epistolar de Oscar Wilde se impone con sabias reflexiones y
líricos trazados. La aparición de Manuela Rosas de Terrero, con palabra enérgica
y oportunos comentarios, nos recuerda pasajes con idéntica fuerza y clara
memoria del período rosista presentes en La Princesa Federal, que María Rosa
Lojo publicó en editorial Planeta en el año 1998. No se trata de repeticiones,
pues la escritora sabe graduar exactas connotaciones según los contextos y
conflictos que exige cada relato. De igual modo, advertimos aproximaciones
entre Finisterre y la pasión de los nómades (editada por Sudamericana en 1994),
donde la novelista plantea luchas y tragedias entre ranqueles y los “huincas”.
En uno y otro libro Lojo plantea enfoques geoculturales, presentando la voz
de los silenciados, que la “historia oficial” se ha empeñado en ocultar. Los
núcleos simbólicos emergentes en Finisterre convocan a la aparición de figuras
arquetípicas: tal el caso de “Mira Más Lejos”, el machí (hechicero de la tribu).
Vívidos rituales, cantos impregnados de sabiduría ancestral, persecuciones
sangrientas, se presentan con recursos narrativos y pinceladas estallantes que,
por momentos, adquieren focalizaciones cinematográficas. Memoria y ficción se
deslizan, tanto en sucesos colectivos como individuales. María Rosa Lojo logra
graduar las temperaturas opuestas para cada situación. Coplas sazonadas con
la picardía criolla, aligeran las tensiones del relato. Lo épico y lo dramático dejan
8
Literatura
Educación Secundaria
Ciclo Superior
lugar al lirismo y a las cadencias del corazón. Por otra parte, escenas de crudo
realismo irrumpen en las tolderías. La escritura metafórica de esta creadora
argentina se ilumina en momentos trágicos, al igual que en circunstancias
teñidas con tonalidades intimistas. Elizabeth Armstrong, residente en Londres,
recibe cartas de Rosalind Kildare (irlandesa oriunda de Galicia y que había vivido
en Argentina). Ambas constituyen las criaturas centrales dentro de los circuitos
narrativos de esta novela dinámica y rica en plurales direcciones y mensajes.
El género epistolar alterna los matices discursivos. Será la carta final de Oscar
Wilde (fechada en Oxford el 23 de enero de 1875) la que construya intromisiones
sugestivas acerca de los personajes del libro que nos ocupa. Las páginas finales
de Finisterre revelan un ejemplo de ponderable coloratura estética, donde el alter
ego galaico de Lojo irrumpe en su herencia siempre fresca. Aquí, la novelista
alude a los montes de Barbanza, que ella había citado en la dedicatoria a su padre
(en la novela Las libres del Sur, editada en el año 2004). Pero, además, María
Rosa Lojo también apunta, desde su argentinidad insobornable, lo siguiente: “al
atardecer, cuando el sol se derrite y gotea sobre el mundo, la pampa se hace
traslúcida, como si se escurrieran hacia adentro las quebraduras de la luz”
(p.174). La novela concluye con un bravío esplendor. Leemos en la página 181 lo
siguiente: “cuando estoy de pie, sobre el acantilado, bajo el faro del fin de la tierra,
con las ropas transidas por la lluvia inversa de las olas, soy Rosa, la hija de María
Josefa y del irlandés; y soy “Pregunta Siempre”, la que volvió de la llanura como
quien vuelve de la muerte”. ”Sin embargo soy dos. Soy las dos”. El aliento poético
y la síntesis de estas líneas finales contribuyen a traducir el eterno retorno que
nuestra novelista ha trazado altivamente y con firme convicción. Muerte” ...” Sin
embargo, soy dos. Soy las dos”. El aliento poético y la síntesis de estas líneas
finales contribuyen a traducir el eterno retorno que nuestra novelista ha trazado
altivamente y con firme convicción.
9
Cuadernillo de actividades
para la Continuidad Pedagógica
Obra: Echevarren Welker, R. (2009). Yo era una brasa. Montevideo, Uruguay: Hum.
Reseña realizada por Soifer, A. (28 de junio de 2009). Perla negra.
Radar Libros - Página 12. Recuperado de https://www.pagina12.com.ar/diario/
suplementos/libros/10-3486-2009-06-28.html
Roberto Echavarren escribió una novela de velada sensualidad y vuelo poético
basada en la vida y el canto de Lágrima Ríos, la perla negra de la canción
uruguaya, fallecida en 2006.
Quizás debido a que la negritud argentina nos fue quitada en diversos exterminios
más o menos metódicos durante el siglo XIX, las manifestaciones culturales
típicas de la herencia africana nos resultan ajenas y, al mismo tiempo, una
característica colorida de otros países latinoamericanos, especialmente Brasil
y Uruguay. Yo era una brasa se inserta dentro de la tradición afrouruguaya pero
desde una posición diferente a una aproximación de índole antropológica: como
relato autobiográfico, en primera persona y testimonial de una negra candombera
inspirada en Lágrima Ríos –la famosa artista del candombe y el tango fallecida
en 2006– escrita por el poeta y narrador Roberto Echavarren, quien, dicho sea de
paso, no es precisamente afrodescendiente.
¿Cómo comprender y dotar el texto de una vitalidad ajena por tradición; pero
propia como expresión de la vida cultural uruguaya? Esa parece ser la pregunta
que sobrevuela el libro, y el relato está armado con solidez en el sustento de esta
presunta incongruencia.
La doble ciudadanía africana y uruguaya se presenta ya en los dos primeros
capítulos, con un recorrido por los recuerdos prehistóricos de la negritud africana
e inmediatamente después, por el mismo recuerdo prehistórico de la colonia, en
“esta tierra de nadie”.
Una vez establecida esa memoria mitológica, la narración toma su propia
temporalidad sacudida por las idas y vueltas de la memoria, en una especie de
desordenado relato que de a ratos recupera la oralidad y en otros momentos
sigue su propia línea. En ese ir y venir que podría significar un pequeño caos, hay
música y poesía que se trasluce en un uso del lenguaje ajustado, con descripciones
suaves, sensuales, y algunos pasajes de oraciones cortas encadenadas que dan
la sensación de prosa poética. La poesía se engarza también en incrustaciones
de versos que van cimentando esa musicalidad textual que está llena de alegría
y es como un candombe en sí mismo, se inscribe en la felicidad de las cosas
simples y la herencia, aquello que se lleva en la sangre aunque sea cultural.
10
Literatura
Educación Secundaria
Ciclo Superior
Los capítulos brevísimos tiñen la novela de un color de relato de aventuras narrado
en viñetas donde hay lugar para la rememoración de la pobreza y el heroísmo de
los que, golpeados por sus circunstancias y las injusticias, responden con baile
y alegría. Así las anécdotas se suceden: aprender a leer en forma autodidacta en
base a los diarios que empapelan las paredes de la casucha de infancia; la vida
en una chacra del interior y la brutalidad del estanciero; los amores y el encierro
en una mina abandonada; el escape y la búsqueda continua; actuaciones en el
exterior y volver a la vida de sirvienta; los avatares en la ciudad, en una pensión
con una travesti para escapar del ex marido psicótico y la canción como
emanación de una identidad, donde cantar en portuñol es parte de tener sangre
negra y marca de lo limítrofe entre lo carioca y el ser local.
El autor señaló en una entrevista para El País de Uruguay que hay anécdotas de
la biografía de Lágrima Ríos presentes en la construcción del recuerdo de su
protagonista, referida como La Negra. Esta apropiación biográfica está puesta
sobre todo en el sentido de la reflexión sobre la discriminación. La presencia de
travestis y pobres en muchas instancias del relato lo confirman. Las palabras de
La Negra son de una simpleza brutal: “Les encantaba uniformar a las mucamas
negras. Así nos separaban del resto de la familia, no fuera que una visita creyera
que éramos parientes”. O el recuerdo de un embajador en Alemania que no le
permite entrar por la puerta principal ¡a pesar de ser la atracción de la noche!
Yo era una brasa se sitúa todo el tiempo en el borde, en el límite de la definición
de la identidad nacional uruguaya, en el relato presentado como autobiografía
de una negra escrita por un blanco, en un poeta hablando de candombe, en las
evocaciones de historias de travestis y también en una narración que se escapa
hacia la poesía todo el tiempo.
La novela se presenta entonces como un relato que trasciende el dato colorido
e interviene apoyo sobre el cual condensar las diferencias en pos de un proyecto
de creación de identidad nacional colectiva. En su ir y venir, en sus entradas
algunas breves y precisas como fogonazos, Yo era una brasa se presenta
incandescente e impredecible, prende fuegos por todos lados y extiende lazos
que marcan nuevos caminos. Como una brasa es el cuerpo encendido de La
Negra candombera pero también el relato que contiene la posibilidad de iniciar
un incendio desbordado en una prosa que va ganando luz y calor con el correr
de las páginas.
11