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Yani Interior Digital2p

MultiVersos de la Tierra es una obra de Yanina Gambetti que compila poemas y relatos que invitan a la reflexión sobre la conexión entre el mundo interior y exterior. A través de ilustraciones y textos, la autora explora emociones, pensamientos y la relación con la naturaleza, buscando un diálogo profundo con el lector. La obra se presenta como un viaje literario que mezcla lo teórico y lo emocional, fomentando una experiencia de 'sentipensar'.

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MultiVersos de la Tierra es una obra de Yanina Gambetti que compila poemas y relatos que invitan a la reflexión sobre la conexión entre el mundo interior y exterior. A través de ilustraciones y textos, la autora explora emociones, pensamientos y la relación con la naturaleza, buscando un diálogo profundo con el lector. La obra se presenta como un viaje literario que mezcla lo teórico y lo emocional, fomentando una experiencia de 'sentipensar'.

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Yanina Gambetti

MultiVersos
de la Tierra

Poemas y relatos
para VER
MultiVersos
de la Tierra
Yanina Gambetti

MultiVersos
de la Tierra

2019
Gambetti, Yanina Gabriela
Multiversos de la Tierra : poemas y relatos para ver / Yanina
Gabriela Gambetti ; ilustrado por Yanina Gabriela Gambetti. -
1a ed ilustrada. - Don Bosco : Yanina Gabriela Gambetti, 2019.

152 p. : il. ; 20 x 14 cm.

ISBN 978-987-86-0559-3

1. Poesía Argentina Contemporánea. 2. Relatos. 3. Ilustración. I. Título.


CDD A861
«Que la tierra está viva
debería formar parte
del lenguaje de todos”
© 2019, Yanina Gambetti
Vandana Shiva
Los dibujos del interior son de Yanina Gambetti.
El diseño de tapa está basado en la obra Spiral Speak
de Sam Brown, modificado por la autora.

Comentarios y sugerencias:
[email protected]

ISBN 978-987-86-0559-3

Fotocopiar libros está penado por la ley.


Prohibida su reproducción total o parcial por cualquier
medio de impresión o digital, en forma idéntica, extractada
o modificada, en español o en cualquier otro idioma,
sin autorización expresa de la editorial.

Hecho el depósito que marca la ley 11.723


Impreso en Argentina – Printed in Argentina

Se terminó de imprimir en la imprenta de la


Universidad Nacional de Quilmes en mayo de 2019
A mi abuela Isabel, que me motivó e im-
pulsó a seguir el sueño de escribir y a no
dejar mi esencia.

La presente obra es, sin duda, resultado también de A mi amadísima hija Valentina, mi luz y
las intervenciones de Hernán Morfese, quien fue
paciente guía durante el proceso de edición e hizo
gran maestra.
un impecable trabajo de diseño; y de Nadia Gam-
betti, Ximena Carreras Doallo y Gabriela Amei- A mis hermanas, a mi madre y a mis ami-
jeiras quienes, de manera desinteresada y amorosa, gas eternas.
colaboraron en la corrección de los textos.
En memoria de Alice, mi amiga de siem-
pre, que ya no está en cuerpo pero está en
el Sol y en todas las cosas bellas que el
universo alberga.

9
Prefacio

Octavio Paz decía que “la mucha luz es


como la mucha sombra: no deja ver”. Así
es como la mucha razón o el mucho co-
razón nos puede cegar también. De ello
intuyo que es preferible el sentir-pensar,
para dejar de mirar y empezar a Ver.

Así es que, desde esta intuición, el presente


compilado de poemas y relatos pone en
diálogo meditaciones, preguntas, reflexio-
nes y emociones; y conecta a los mundos
ordinarios y no ordinarios que nos en-
vuelven con el mundo interior que vive en
cada uno de nosotros. Los textos consti-
tuyen una especie de semillero que oscila
entre lo teórico, lo ideológico, lo literario y
lo emocional. Fueron sentipensados y ger-
minan de un mix de situaciones soñadas,
imaginadas, recuerdos, miedos, deseos y
fragmentos de historias propias y ajenas.

11
Por otro lado, en esta conversación literaria ahora en el que fueron esbozadas. Eso es
y poética subyacen, por suerte de manera precisamente lo que aporta aquí el arte
inevitable, ideas de pensadores, filósofos, del dibujo, porque ¿qué es este arte sino
poetas y soñadores que ven la realidad des- la magia contenida en el extremo de un
de sorprendentes y distintas miradas y que, lápiz, sino el misterio de una imagen que
de algún modo, son parte de MultiVersos es inmóvil, pero que a la vez nos puede
de la Tierra. Los pueden encontrar en las contar infinitas historias?
citas que acompañan los poemas y cuentos,
o tan solo imbricados en frases y párrafos De ahí entonces los dibujos y escritos que
como musas silenciosas. siguen, que fueron plasmados a lo lar-
go de algunos años y ya no tienen tiem-
Los diálogos latentes en el libro son ríos po, ni lugar. Todo junto: un conversatorio
subterráneos que alimentan la lectura loco, desentendido de muchas formas y
e invitan a la reflexión y a la introspec- recomendaciones estilísticas, que no tiene
ción. Pueden aparecer por momentos en como objetivo mostrar una estructura or-
acuerdos y a veces en discordancia. Diá- ganizada y bella, sino mas bien ser lo que
logos con nosotros mismos y con la Otre- quiso/pudo ser.
dad. Diálogos con los silencios también.
Estos últimos se hacen presentes a tra- Para quienes desean ejercitar sus corazo-
vés de los dibujos que ilustran los textos. nes en el pensar y sus conciencias en el
Porque así como el Silencio es el espacio sentir.
donde los sonidos se manifiestan, son las Para sentirpensar, estando.
imágenes –taciturnas– las que dan lugar Para todos aquellos que quieran ver…
a los relatos, a las voces, a la risa, al llanto.
Las ilustraciones llevan consigo, más que Léanse, siéntanse y compártanse,
nada, la emoción y la quietud del aquí y o simplemente devuélvanse al viento…

12 13
Los poemas
“El amor es la supervivencia del yo
a través de la alteridad del yo”
Zygmunt Bauman

Fe
Todo lo que sabemos en esta vida
se basa en un acto de fe.
¿Quién soy? ¿Quién seré?
es inaprensible.
¿Cómo saber?
Solo puedo crear
una imagen,
creer.

Lo que fabulo,
lo que estoy convencida de ser
no es lo mismo que otros pueden ver.
El otro, las otras
–que tampoco carecen de fe–
me creen.
Me crean,
me pueden apenas describir

17
–¿imaginar?–
como esa que no soy.

Entonces,
cuando me abraza
¿a quién abraza?
¿a la que cree que soy?
¿a la que creyó que era?
¿a la que piensa que podría ser?

¿Abrazará a sus miedos?


Miedo de soltar
y que la esperanza
–que vio por asomo–
no vuelva.

18 19
“Según la mitología griega, los humanos Con los versos del poeta
fueron creados originalmente con cuatro brazos, la reina se deleitaba.
cuatro piernas y una cabeza con dos caras. La sanadora amó una vez al marinero,
Temiendo su poder, Zeus los dividió en un viaje a tierras extrañas.
en dos partes separadas, condenándolos
a pasar sus vidas en busca de sus otras mitades” Y el alquimista fue sorprendido
El Banquete de Platón cuando a la ladrona su corazón robaba.

Pero en el tiempo sin tiempo


ninguno de los dos
En otra vuelta ni un poco recuerda.

Ella había sido mensajera, Se necesitarán quizás,


reina, ladrona, algunas otras vueltas
y entre tantas cosas, hasta que,
sanadora. aunque sea por un momento,
puedan reconocerse.
El sirvió como médico y poeta,
fue alquimista, y una vez,
marinero.

El médico trabajó con la mensajera


cuando le urgía comunicarse
con pacientes y enfermos.

20 21
“Como todos los soñadores, confundí “Donde quiera que estemos, la sombra que trota
el desencanto con la verdad” detrás de nosotros tiene sin dudas cuatro patas”
Jean Paul Sartre Clarissa Pinkola Estés

Todo y nada Crines


Todas las flores, Al viento y en el viento
todos los días, los rayos cálidos de la mañana
todas las miradas, rozan tu pelaje carbón.
toda la vida.
Frescura en tus cimientos
Nada de tiempo, al recibir la plácida corriente
nada de amor, que el río te regala
nada de esperanza, bañándote de espuma.
ningún recuerdo.
Sin presumir tu fuerza
Mentira los todos y las nadas. ni ostentar tu inmensa hermosura,
Verdad que hubo algo. solo vives para estar presente,
en cada grano de arena,
en el sonido del agua,
en el misterio del bosque
de sauces, pinos y araucarias.

22 23
Al galope en la playa
no te distingues del viento
y la brisa muerdes a bocanadas,
mientras se escurre en tu hocico
enredando tus crines alocadas.

Salvaje criatura,
creación perfecta
y milagro.

Terminado el día,
entre grillos y chicharras,
la dama de noche
impregna el aire que respiras
y corona tu descanso
con celestiales fragancias.

24 25
“No seas excesivo; lánzate directamente a la vida, ¿Quién se atrevería a afirmar que sabemos
sin deliberación; no tengas miedo, la inundación todo lo que hay que saber?
te llevará y te pondrá de nuevo en pie” Galileo Galilei
Fyodor Dostoyevsky

Infinito
Trágico
El universo
¿Dónde nace ¿es infinito?
la falsa tragedia del amor?
Tragedia Mi finitud debería saberlo.
es la incapacidad de verlo,
el temor a abrir la puerta.
Lo trágico es el miedo,
a no poder amar, a descentrarse.
La tragedia nace justo ahí
donde nos gana ese miedo,
a lo que nunca pasó,
a lo que nunca sabremos:
el miedo infantil al desamor.

26 27
“Cuando la mente está completamente
silenciosa, tanto en los niveles superficiales
como en los profundos, lo desconocido,
lo inconmensurable puede revelarse”
Jiddu Krishnamurti

Sueltos
Andar sueltos
con poco peso
y en el andar olvidar
todas las preguntas.
Aceptar el misterio.
Soltar el paso…
atravesando el viento…
Y a la vez, ser el Viento.

Fundirnos en el todo,
desaparecer entre el mar y el cielo.
Dejar de cuestionar…
tan solo un momento.

28 29
“El amor es la única respuesta cuerda y satisfactoria
al problema de la existencia humana”
Erich Fromm

Fluir
Que en la ráfaga de tus palabras
me encuentre
creando nuevos mundos,
y en el brillo de tus ojos
pescando estrellas de otro cielo,
aún escondido, no descubierto.

Que en el silencio que nos sorprenda


se calmen las aguas del pensamiento,
y que fluyan,
serenas.
Que encuentren cause en una suave ola
y en su espectacular danza líquida
me lleve a cuestas,
a orillas de recónditas tierras
nunca antes nombradas.

30 31
“Amo a la gente sentipensante, que no separa
la razón del corazón, que siente y piensa a la
vez, sin divorciar la cabeza del cuerpo,
ni la emoción de la razón”
Eduardo Galeano

Estar
Estaba yo distraída
y entonces no me encontraba.
El aroma de un leño encendido,
el fino aleteo de una gaviota,
el rugido del mar contra la costa;
todo se me pasaba.

Miraba yo sin ver.


Pensaba sin sentir.
Amaba sin pensar.
Estaba yo queriendo ser,
sin “estar”.

Un día cualquiera
las estrellas se revelaron

32 33
y con un halo de magia Siento que puedo rugir
un remolino me despeinó el alma. y que de agua estoy hecha también,
igual que el océano…
No sé
si fui yo El orden estaba invertido.
o fuiste vos Sentipensé
–o los dos–, “desde el origen debe ser así”:
la voz de algún sabio
o una maga, Estar para ser,
o un susurro de la Tierra… cerrar los ojos para ver,
Y recordé, matar el miedo para sentir,
verdades de millones de años. sentir para vivir,
vivir para existir
Desaprender del tener, y existir para poder pensar.
y para aprender a estar
dejar de querer ser.

Los aromas, ahora,


se me impregnan en la piel,
y puedo ser
leña y fuego a la vez.

El vuelo de la gaviota
se me dibuja en los ojos
y puedo sentir que aleteo.

34 35
“Probablemente de todos nuestros sentimientos y una suave brisa lo mueve,
el único que no es verdaderamente nuestro y se inclina, levemente.
es la esperanza. La esperanza le pertenece a la
vida, es la vida misma defendiéndose” Calma.
Julio Cortázar
Mientras te llamo a despertarte
me encuentro a mi misma, siendo.
Permanencia Sintiendo el poder de la Tierra,
la Natura respondiendo.
Ante un cielo grisáceo Ante la ignorancia del humano
te llamo a despertarte. llueve para mostrarnos
Millones de gotas, que éste no es nuestro planeta.
acróbatas, Inventamos la propiedad privada,
haciéndose charco, pero antes estaba Ella.
dibujando decenas de centros, La que todo lo es
círculos perfectos al desarmarse. y todo es ella.
El ondulante vapor caliente
del agua del mate. Mientras espero que despiertes,
El sabor de una yerba cuidada. hermana,
El calor de la bombilla en mis labios. vuelan pájaros en mi cabeza.
Imagino que hay una contienda
Te llamo a despertarte. entre humanos y Naturaleza…
La orquesta del cielo toca una pieza: humanos que no ven,
Esperanza. corazones que no sienten
Una cortina cristalina algo tan simple como esto:
le pone velo al horizonte somos Ella.

36 37
“Los pueblos, los hombres se enfrían por Todo puede ser mercancía.
ausencia de espíritu. Pero estamos nosotros,
con pedernal y yesca, con melodías y cantares, Cadenas invisibles del terrible encanto
poemas y reflexiones, alto desvelo y sueños de /moderno
todo tipo, para entibiar las horas de aquellos inmovilizan sus almas.
que no quieren congelarse todavía” Cadenas los abrazan
Atahualpa Yupanqui como la noche a los cuervos.

A través de la mirada del otro se definen:


Libres ¿Qué dirán? ¡Debo verme igual!

Atravesados por la dictadura de la codicia, Y para la cultura triunfante todo parece


hombres y mujeres soldados /estar bien:
de las cosas que desean quieren ser dueños. amistades convenidas, pervertidas
/instituciones,
Gobernados por las leyes del mercado relaciones inhumanas, corruptos gobiernos.
construyen un mundo capitalista. Cuerpos aislados.
Miles de pequeños imperialistas,
sin conciencia ni visión Falsos horizontes, mentes dormidas.
acatan las mismas reglas y criterios. Amores mercantilistas, premoldeados.
Un sinfín de sentidos y proyectos
Hasta lo revolucionario puede caer en /direccionados:
/sus manos. de cáscara propios, de corazón ajenos.
Enamorarse de una ideología, de una El rebaño persigue los bienes “supremos”:
/obra de arte, tener, comprar, poseer.
de un objeto, un cuerpo o una sonrisa. Sin embargo, no hay sistema sin defecto,

38 39
y hasta el poder del monstruo puede ser mas solo puede anidar entre dos
/desafiado. si se rompen las cadenas.
Así, en los intersticios de esta gran mentira
el amor libre nace a cada momento Es tan sencillo lo que hay que aprender:
y emerge como amor no capitalista. que sin revuelta íntima no hay amor
y sin amor, no habrá Revolución.
Es el que tiende la mano sin esperar otra
/a cambio
y no se sacrifica para ser santificado.
Nada teme perder porque nada desea
/tener.
Es alegre por si mismo y por su fe,
y de ahí no puede ser exiliado.

El amor libre surge,


brota entre las fisuras del cemento,
quiebra patrones, no pide permiso al nacer.
Emana del reconocimiento de la soledad
hacia el conocimiento del ser para hacer.

Es capaz de ver valores distintos a los


/dictados.
No desea comprar ni vender una ilusión,
solo busca sembrar y cuidar,
compartir su humanidad.
Recrear el mundo es su don,

40 41
“La paradoja del amor es ser uno mismo, No me pidas que me olvide
sin dejar de ser dos” de dónde vengo, de quién soy,
Erich Fromm de qué estoy hecha.
Es decir, no me pidas que me olvide
de que solo soy un ser más de esta tierra,
que brotó de una semilla
Sin pedir que fue nutrida y asoleada;
que nació, crece y morirá
No me pidas que no respire el aire del como cualquier otra cosa viva.
/bosque.
No me pidas que me olvide No me pidas que no busque el Sol,
de perseguir mariposas como los girasoles,
y de rozar las hojas de los árboles o que deje de aullarle a la Luna;
con la mano al caminar. porque como todo lo silvestre
reconozco los ciclos naturales que nos tejen,
No me pidas que deje de mirar el cielo, aunque la civilización los haya olvidado.
reflejarme en las gotas de lluvia
y fotografiar a las flores. No esperes que no llore
el fracaso de nuestra especie
No me pidas que deje de ver el mundo o la agonía de la Tierra,
/al revés; que no pase horas y días pensando
porque me circula mejor la sangre si podemos cambiar el futuro.
cuando mi boca habla de rebeldías
y mis pensamientos persiguen utopías, Si no me pides eso,
cuando mis pasos dejan huellas si en cambio me sigues,
por un nuevo camino, más feliz. o mejor, caminas a mi lado,

42 43
o me prestas tu mano “Cuando se muere la carne, el alma busca su sitio
para escribir juntos un capítulo feliz del adentro de una amapola o dentro de un pajarito”
/cuento; Violeta Parra
si en cambio me abrazas
o me pides que me quede contigo
para dibujar sueños…
Te veo en el Sol
Entonces,
prometo echar raíces Y te sigo viendo en el Sol,
y florecer; en cada destello de su luz sobre el mar,
y no soltarte en las gaviotas posándose en la orilla.
nunca más.
Las razones son un gran misterio, amiga.
Y vos dijiste: vivir, sentir y confiar.
Es todo el amor que sembraste,
todas las risas.

Es tu culto a la felicidad
lo más lindo que nos dejaste
en esta fase de la Vida…
Y un retoño lleno de amor
que lleva tu sonrisa.

No hay adiós
si todo se transforma.

44 45
Vos estás en mí
y yo estoy en vos.

Te siento.
No es solo mirar.
Puedo verte en el Sol.

46 47
“Sé humilde porque estás hecho de tierra. en el valle, en la montaña,
Sé noble porque estás hecho de estrellas” a la vera del río.
Proverbio serbio
No te olvides eso que recordaste
cuando una flecha de amor
rompió la cáscara añeja de antepasados
No te olvides /ciegos,
de falsos cultos heredados.
Acunada por el valle No te olvides eso que recordaste
entre las colosas que guardan secretos, sobre ser todo y ser nada.
descubriste lo que ya sabías Uno en Todo: luz, tierra y agua.
aunque bien te hicieron olvidarlo.

Saludando al rayo de Inti,


que acariciaba la cima del cóndor,
viste que había vida
ahí donde otros hablan de inanimados.

Escuchaste esas voces


que ni eran de otros ni eran tuyas,
que eran sagradas, del mismísimo cielo…
y en un susurro repetían
“no lo olvides”…
eso que fuiste a ver
con tus ojos interiores,

48 49
“…Y me nazco, ni
raíz ni flor…
me nazco tierra”
Hugo Mujica

Volver a la tierra
Salir al sol,
volver a la tierra,
sembrar esperanzas,
valorar la simpleza
y el milagro de la Vida.

Aprender a despedirse
y saber encontrarse.
Apreciar lo natural:
el círculo de la vida-muerte-vida
en la esencia de todas las cosas.

Con la intención de caminar


en la belleza que trascienda lo material,
soñando con los pies en la tierra,
aprendiendo a cuidar,
me encontrarás tejiendo
con hilos de plata lunar.

50 51
“Mientras la historia grande es la historia del
estar-ahí, la historia de la existencia misma, que
no se cuenta porque no necesita afirmaciones ni
negociaciones, la historia chica es la que genera el
patio de los objetos. La historia grande no tiende
a una evolución, sino que ha de desenroscarse
naturalmente, en la vivencia del existir”
Rodolfo Kusch

Ahora
¿A dónde ir?
Hacia la magia, donde se pueda sentir.
¿Qué hacer?
Equilibrar el Ser.

En este mundo de luz y oscuridad,


urge re-aprender,
a respirar,
a estar, a ver.

Donde se pueda ver de cerca el cielo


y a la vez, sentir la tierra y el viento.

52 53
Presos de la estructura “… Todos los sueños son hilos
y las reglas de la sociedad, que salen de la misma Red…”
el acto más rebelde Proverbio Hopi
dentro de uno mismo está.
Ahí es dónde y cuándo,
y es Ahora. El misterio de los sueños
Es una cita que pactamos,
los dos, con la Libertad. ¿Hacia qué lugar navego por las noches
cuando el sueño vence
y vencido yace el cuerpo dormido,
desplegando alas mi inconsciente?
Laberinto,
¿qué sorpresas me deparas
cuando se despega del cuerpo material
lo sutil del alma?

Paraíso,
cuando lo ficticio
se convierte en cierto,
cuando puedo realizar lo imposible:
el preciso momento
que hace real mis anhelos.
Infierno,
cuando los deseos,
como eternos e inalcanzables,
se alejan de mis manos.

54 55
¿Qué rostros mezclarán hoy mis sueños, “Todas las hojas son del viento
como fantasmas en noches de trance, ya que las mueve hasta en la muerte,
en estos viajes astrales? menos la luz del Sol…”
¿Hacia dónde va bailando el alma? Luis Alberto Spinetta
¿hacia qué lugares?
¿por cuáles senderos?
Valentina
Claroscuros de ilusiones y de magia.
Como escape de la locura, Creció en mí como semilla.
profundamente dormida la materia, Dicen me eligió para albergarla.
aprovecho cada Luna Dicen que fui elegida
lejana y entera para acompañarla.
para hacerla testigo de mis sueños. Para cobijar
tu vida, mi útero preparó
Imágenes, los nutrientes y el calor.
que escurridizas se pierden
en el triste crepúsculo del cielo, Con mi amor naciente
como hojas vagabundas en cada brote nuevo
y mariposas en el viento. inventaba una canción,
para que te quedes,
para que te entusiasmes,
para que crezcas fuerte,
para que quieras salir

56 57
al Sol,
llegado el justo momento.

Asomaste con ojos de


piedra preciosa, valiente.
Los ojos negros más abiertos
y brillantes que conocí.
Ojos turmalina
con el poder de trasmutar,
un cristal de tierra,
un regalo para el chakra raíz.
Imágenes imborrables
de cada etapa en tu crecimiento.
El torrente de alimento
que era río de mis pechos,
de eléctrica sensación
hacia tu pequeña boca de cría.
Mágica conexión.
Hermoso ser,
hija, maestra de vida.

Que el Sol te llene de luz siempre.


Que la tierra te dé calidez,
sueños para sembrar,

58 59
que te enseñe a sentir, a estar. “Los árboles y las plantas son nuestros aliados.
Que el agua pura Seremos libres si aprendemos de ellos.”
sea el brillo en tus ojos Vandana Shiva
y sacie de felicidad tu sed;
y el fuego, gran motor,
te impulse con valor
a ser quien vos quieras ser. Resistencia
Me resisto a morir
a pesar de ti.
Me abro paso,
ramifico mis brazos
hasta donde quiero llegar,
a lo que deseo tocar,
abrazar, sentir.
Me resisto a morir
a pesar de ti,
de tus quiebres,
de tus derrumbes,
de tus sequías,
del cemento,
del “prometido” Progreso.
Puedo nacer de nuevo raíz.
Me resisto a dejar
de ser pulmón,
sombra fresca y alimento.

60 61
Un alquimista perfecto.
Un maestro.
Soy árbol,
energía, remanso,
especie guardiana,
testigo ancestral
de la involución humana.

62 63
“El lenguaje que dice la verdad
es el lenguaje “sentipensante”
Eduardo Galeano

La primera verdad
Qué equivocado estaba René, Los relatos
que afirmaba que las criaturas
necesitan pensar para ser.
Estando, sintiendo el aquí ahora,
sin mediar pensamientos
es cuando más podemos
experimentar el estar-siendo.
Yo existo, luego pienso.
Todo Occidente hecho un lío
por este error descomunal
de desconocer la percepción mas primaria,
el sentimiento, la sensación de estar.
Cuánto mejor sería el mundo
sin la supremacía del pensamiento
sobre la intuición y el corazón.
Que diferentes todos
si nuestras creencias hubiesen crecido
al calor de otras culturas, de otra visión;
si “la primera verdad” hubiese sido
“Siento, luego existo”.

64
“Primero, este es un mundo de energía, y después,
un mundo de objetos. Si no empezamos con la
premisa de que es un mundo de energía, nunca
seremos capaces de percibir energía directamente”
Las enseñanzas de Don Juan

Universos
Era medianoche. Desde el balcón de su
decimocuarto piso, la vista era avasallan-
te. La ciudad encendida lo hacía sentir
pequeño, pero también importante. El
viento golpeaba en su rostro y él se sen-
tía libre, liviano. El horizonte de la noche
lo llevaba al infinito. Cerraba los ojos.
Disfrutaba del silencio de su casa y solo
escuchaba el sonido nocturno de los au-
tomóviles, las bocinas y, un poco más le-
jano, el murmullo de los caminantes.

La sala del departamento se encontra-


ba desordenada. Sobre la mesa de hie-

67
rro forjado, en el centro de la habitación, ra vibrar; y a pesar de que no sabía bien
había quedado un vaso con vodka, una que cosa sería, la deseaba. El dinero que
botella y un poco de cocaína disemina- había ahorrado durante los últimos seis
da en un trozo de espejo. El equipo de años de su vida había financiado (para
audio permanecía encendido y sonaba la sorpresa de muchos) esa apasionante
melodía de “New York, New York”. Las búsqueda, lejos de los amigos y parientes,
cortinas de las amplias puertas que daban en otras tierras. Caminó hasta la cocina
al balcón danzaban al compás de la bri- para beber algo caliente. Sumido en sus
sa y dejaban entrever su figura femenina pensamientos se volteó, tomó la cafetera
apoyada en la baranda. Llevaba unos jog- y luego tropezó con una banqueta, derra-
gings gastados y una camiseta de algo- mando el contenido del recipiente en el
dón color blanca. Estaba descalza. Una piso. Se entretuvo limpiando el desastre
botella de whisky se vaciaba sostenida en durante unos minutos.
una mano y una carta se mecía, casi que-
riéndose soltar, en la otra. …

… Se sentía desolada, encerrada. La noche


la subsumía y la convertía en parte de su
Con tranquilidad volvió al interior de la misterio. Era una mujer bonita y joven
sala, cerró los ventanales y por un mo- por fuera, pero en su interior la fealdad
mento dejó atrás sus pensamientos sobre la torturaba y su alma sentía el paso de
la belleza de la ciudad. Era un hombre las décadas arrastrándola hacia la eterni-
simple, con valiosas metas por cumplir. dad. Ahora creía estar volviéndose loca,
Había llegado a ese país cansado de la escuchando voces y golpes en su cabeza.
rutina de su ciudad natal, en busca de Se puso a arreglar los jazmines del jarrón
algo que lo llenara, algo que lo hicie- de barro que él le había obsequiado, pero

68 69
tantos recuerdos la hicieron estremecer. episodio había sido inu­sual. Él era de esas
Sus labios y toda la mandíbula le tem- personas que siempre necesitan encontrar
blaban, intentando contener una terrible la respuesta a las cosas y este aconteci-
sensación devastadora en el alma, que se miento en particular, simplemente, no la
expandía como queriendo salírsele por tenía. No había radio, el equipo de música
los ojos. estaba apagado, ni siquiera estaba encen-
dido el televisor y la música no parecía
… provenir de los departamentos linderos.

Cuando terminó de arreglar el desorden, …


volvió al living en busca de un cigarrillo.
Le pareció extraño que las ventanas estu- Una lágrima reemplazó a la otra, un trago
vieran abiertas de par en par, ya que re- siguió al anterior, un pase al otro. Pero un
cordaba haberlas cerrado unos instantes recuerdo permanecía inmutable. La car-
atrás. De todas maneras no hacía frío y ta de despedida de su joven esposo había
el viento era agradable, así que ese extra- estado encima suyo desde aquel día tan
ño episodio lo invitaba a salir de nuevo trágico. En pocas oraciones, y con letra
a tomar aire. Pero antes de poner un pie desgarbada, le decía que la amaba dema-
afuera, escuchó una melodía muy cercana siado como para seguir haciéndola sufrir
que no distinguía bien. Afinó el oído y se del modo que lo había hecho durante
dio cuenta de que la música parecía venir tanto tiempo. Las drogas habían consu-
desde algún lugar, desde una profundidad mido su ser y su vida y lo habían alejado
extraña, como si saliera de una caja o algo demasiado de ella. Pasaba el día comple-
por el estilo. Se sintió inquieto. Tan solo tamente exacerbado, con la música a todo
un momento después el sonido se desva- volumen, sus ojos tan abiertos, tan de fue-
neció. Ahora se sentía aliviado, ya que el go, tan lejanos… y su alma tan perdida.

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Alegaba que un día despertó de su locura que no podía identificar bien. De pron-
y vio lo que le había hecho, al encontrarla to sintió húmeda la baranda e inclinó la
llorando tendida en la cama, rogando que vista hacia ella, dándose cuenta de que es-
esa maldita vida terminara para siempre. taba mojada. “Habrá lloviznado mientras
Esa fue la noche en que caminó hacia la estuve adentro”, pensó, y la secó. Sin em-
sala, recogió uno de los papeles que había bargo, su mano apoyada en la superficie
usado para tomar su último aliento blan- de acero se volvió a mojar, pero ahora él
co y le escribió la nota. Así se marchó. Su había visto cómo sucedía y entendió que
cuerpo fue encontrado catorce pisos aba- no era lluvia, porque el firmamento estaba
jo, sobre el asfalto. limpio y estrellado. La música se escuchó
aún más fuerte y pudo reconocer la voz de
… Sinatra. La melancolía lo invadió y sintió
un halo de tristeza, una tristeza que a la
Mirando nuevamente la ciudad inmensa vez de propia le era ajena.
bajo sus pies, se entregó al pensamiento.
Había viajado tanto y habitado en tantos …
lugares diferentes... Pero éste era especial.
Soñaba con que ese departamento algún El tiempo es un extraño conocido que,
día pudiera ser suyo pero presentía, por al- intangible, juega con los instantes de
guna desconocida causa, que quienes fue- los que se componen nuestras historias,
ran propietarios de ese lugar jamás desea- nuestra vida. Por momentos estamos,
rían venderlo. Sus pensamientos fueron otras veces desaparecemos. La presencia
interrumpidos cuando otra vez escuchó y la ausencia, y aún la existencia, no se
aquella canción. Una ráfaga de un extraño condicen en el tiempo. La vaguedad de
aroma invadió sus sentidos y se quedó allí, nuestra percepción de la realidad signifi-
penetrante. Aroma a jazmines y algo más ca que todo puede ser y no ser y que las

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caras de una misma moneda se confun- leve, más efímero. Su percepción de las lí-
den en el transcurrir. neas que definían el mundo de las cosas
se desdibujaba. Y cansada de resistirse a
El Ahora es el único momento tangible y su propia partida, volvió hacia el balcón
ahí estaban los dos. La noche imponente deseando que su presencia en ese lugar, el
barnizaba de negro y azul oscuro el cielo aquí y ahora, por fin se convirtiera en au-
que cubría la única escena. Y en ese mis- sencia… Ausente su alma del dolor y del
mo escenario, dos almas, dos universos. mundo.
Un solo instante, dos cortes en la línea
del tiempo. …

… Al mismo tiempo en que él pensaba en


la canción y el dudoso fenómeno de la
Sus lágrimas cesaron cuando tuvo la sen- humedad en la baranda, su mano dejó de
sación de no estar completamente sola. mojarse y la música se fue perdiendo en
“Hay alguien aquí”, se dijo a sí misma. Se el aire, como si el viento se la llevara a
acercó al interior del apartamento y miró sonar a otros lugares.
hacia un costado, luego hacia el otro. Se
sirvió otra copa y sonrió. Recordó que Desde el edificio que cruzaba la calle un
habían pasado horas y horas, quién sabe hombre que no lograba conciliar el sue-
cuántos días desde que se había encerrado ño observaba curioso desde su ventana.
a olvidar. “Habré tomado mucho”, con- Allí a lo lejos, en un balcón en lo alto, vio
cluyó. Pero a pesar del intento, no había a una pareja indiferente. Él, apoyado en
podido vencer a sus fantasmas. El pasado la baranda mirando el firmamento. Ella
se volvía real para ella. Lo había perdido con una copa en la mano, imitando la po-
todo y el presente se tornaba cada vez más sición de quien tenía a su lado. Ambos

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con los ojos en el infinito desde la sole- “La magia es sabiduría, es el empleo consciente
dad de su alma. de las fuerzas espirituales para la obtención
de fenómenos visibles, o tangibles, reales o
Sin notar uno la presencia del otro apo- ilusorios; es el uso bienhechor del poder de
yaron –al mismo tiempo y en distintos la voluntad, del amor y de la imaginación, es
universos– la barbilla sobre sus manos en la fuerza más poderosa del espíritu humano
el acero de la baranda. Cerraron los pár- empleada en el bien. La magia no es brujería”
pados y dejaron escapar un suspiro. En Paracelso
el vaivén del viento los dos se unieron
en una sola lágrima, tibia desde su naci-
miento, que cayó al vacío desapareciendo
antes de tocar el suelo urbano. Salvados
Los universos jugaban con las dos caras Un día la Tierra dejó de ser cuadrada
de una misma moneda, coqueteaban, se y los hombres se desilusionaron. Otra
rozaban. Pero un solo sentimiento había vuelta, más adelante -o atrás, quién sabe-
logrado que sus almas se fundieran en un las mujeres empezaron a tener cerebro
suspiro con aroma a jazmines. y deseos al igual que los varones. Y los
hombres del mundo se sintieron desilu-
sionados, más los que poseían la verdad
sobre la Moral porque entonces ya no sa-
bían dónde meterla.

Una vez, el mundo se enteró de que “las


Indias” no eran un nuevo mundo habita-
do por salvajes y bárbaros sin alma, sino

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otras tierras en la misma Tierra, habita- No se salvaron del horror de ver disueltos
das por un incierto número de culturas sus egos en polvo de estrellas mientras se
diferentes y sabias que vivían en armo- despedían de sus privilegios. No se salva-
nía con la Naturaleza. Y los hombres de ron por la ambición de controlar y cono-
las Coronas y los Imperios –y todos los cer todo, por olvidar la fuente, el lugar del
que se creían seres superiores al resto– se que provienen.
desi­lusionaron.
El problema de la Humanidad siempre
En otro momento, antes o después, alguien fue el olvido, la pérdida de consciencia de
habló del Cosmos y miles de ideas grando- que somos seres que simplemente fluyen
tas sobre el conocimiento y sus mé­todos se estando, el olvido de que todo lo que ne-
hicieron muy pequeñas, tanto que se hi- cesitábamos ya nos había sido dado.
cieron un puntito en medio de un océano
oscuro de puntitos brillantes, con galaxias Los poetas sí se salvaron. Los poetas y
de infinitos misterios. los seres mágicos y todos los otros seres
vivos sin arrogancia. Ellos no padecieron
Una y otra vez, los hombres que se afe- la pesada desilusión, el estridente sonido
rraron a una sola mirada de la realidad se del martillo del Infinito abriéndose paso
siguieron desilusionando. Y por eso no se a través de los rígidos muros de la Razón.
salvaron. No se salvaron de la tristeza, del
insoportable peso que les significaba la Los que se salvaron se libraron de la dura
efímera validez de sus verdades “absolu- carga de construir sus propias jaulas y pu-
tas”, verdades que habían llevado años –o lir sus propias cadenas. Si los poetas y los
siglos– de sacrificios, falta de sueño, so- seres de magia se salvaron, vaya uno a sa-
ledades, discusiones acaloradas y profun- ber por qué fue. Quizá por su vasta capaci-
das emociones, muertes y “conquistas”. dad de soñar o imaginar muchos mundos

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diferentes, así como situaciones, amores y
culturas. Verdades tan diversas y múltiples
que tan solo pensar que había que matar
algunas y convertir a las otras en piedra,
rompía sus corazones.

Se salvaron los que prefirieron el mis-


terio a la prisión de la Razón, aunque a
muchos les haya costado un lugar entre
los blasfemos y los locos.

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“Soy esa torpe intensidad que es un alma” soledad más interna y la compañía de los
Jorge Luis Borges otros, pudiendo sostener algo así como
una “felicidad medianamente acepta-
ble” durante toda su existencia. Otros, en
cambio, por más que quieren no pueden.
El despertar de Milagros Tal es lo que le ocurría a Milagros.

Muchas veces me pregunté qué hace que Desde que comenzó a utilizar la razón
las personas se encuentren y después se para algo más que hacer cuentas y resol-
desencuentren tan rápidamente. Cómo ver problemas lógicos, momento en que
es que en la fugacidad, las sensaciones y emprendió la aventura de repensarse a sí
los sentimientos de unos hacia otros se misma y reflexionar sobre el mundo que
encienden y se apagan, titilan y dejan de la rodeaba, Milagros se convirtió en una
existir. de esas personas que yo digo que no lo-
graba ser feliz. Ni a medias, ni del todo.
Algunos piensan que la soledad más ínti-
ma es invencible y que nos encontramos Al principio comenzó a sentir que den-
solos con nosotros mismos desde que na- tro suyo había demasiado. Pero no sabía
cemos hasta que morimos. Eso sería en demasiado de qué, ni por qué era de-
parte la explicación del por qué no pode- masiado. En realidad, la sensación era
mos ser completamente parte de un otro, más bien rara para ella y extraña tam-
ni sentir que otro sea parte nuestra. bién para los otros, a quienes no podía
ni quería explicar sus sentimientos, por-
De todas maneras, en muchos casos, esto que sentía que no entenderían o porque
no parece ser un obstáculo para vivir. Hay tal vez, simplemente, sí estaba pensando
personas que logran un equilibrio entre su locuras.

82 83
Todo empezó una noche en que no podía tirse, trabajar y cumplir con las reglas de
conciliar el sueño. Milagros sintió algo la convivencia social (si es que queremos
horrible. Primero en el pecho, después en estar “bien” con nuestro entorno natural
la garganta y al final, en todo el cuerpo. y con nuestros seres más cercanos) para
Había algo allí adentro, en su interior, que nos quieran y nuestra vida sea más
que se expandía y la asfixiaba. No dolía, “significante”.
no. Y no era ninguna enfermedad ni nada
parecido. Supo que, simplemente, se so- Milagros así podía existir, es decir, sobre-
focaba en su cuerpo. Su interior crecía y vivir. Estaba sana, tenía amigos, familia
su cuerpo no se daba cuenta. El alma de y trabajo. Había momentos emotivos, fe-
Milagros se ahogaba, poco a poco, en su lices, momentos tristes y otros nefastos.
envase orgánico, preciso, sistemático y es- Pero eran tan solo momentos. Y ella veía
tructurado. una clara diferencia entre los fragmentos
de vida y el Todo, la vida misma. Pensaba
Desde ese día ella supo que tenía un que la vida misma “debía ser feliz” y para
alma. Y fue conciente de su cuerpo. E in- eso debía hacer feliz a su alma, la cual
tuyó también que no podía hacer nada siempre le hacía recordar lo pequeño, es-
para controlar esos ahogos que, de vez en trecho, incómodo –y solitario por sobre
cuando, la entristecían tanto. todas las cosas– que era su cuerpo.

Así, mientras el devenir llamado tiem- Milagros se dejaba llevar por sus emo-
po hace su trabajo, ella vive. Porque uno ciones la mayor parte del tiempo. Eso le
no puede dejar de vivir. El cuerpo soli- traía a veces alegrías pero más que nada
to hace su trabajo. Uno está programado le generaba desilusiones. Una desilusión
para funcionar en el mundo, más o me- es algo así como un anhelo de algo que
nos como todos funcionan. Comer, ves- creemos nos hará muy felices y que en

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un instante, parece haber llegado, parece po le permitía relacionarse o esconderse,
existir, intenta ser real… Solo que somos caminar o correr, saborear, bailar, can-
los únicos que lo creemos, porque no su- tar y reír; mostrar enojo y emoción. Sin
cede. Por eso, cada vez que Milagros se embargo era el único nexo con los otros.
dejaba llevar por sus emociones perdía Los demás, solos, únicos, irrepetibles, solo
un poco más de su cualidad de soñar y podían notar la existencia de Milagros a
anhelar. través de su cuerpo. Los otros, entonces,
siempre podían estar cerca de ella, aun-
Y así vivía, extasiándose de ilusiones per- que nunca, jamás, podían tocar su alma.
didas, sabiendo que nada tendría sentido Ellos no podían entrar, ni el alma de Mi-
nunca y que jamás probaría el sabor de lo lagros podía salir a su encuentro. Porque
real porque su alma estaba lejos de todos. los cuerpos son opacos, herméticos.
Y cuanto más temía a los fantasmas de
allá afuera, más alimentaba a su alma sin Es por cosas como las que le ocurrieron a
saberlo. Su alma crecía y crecía, a tal pun- Milagros, entre otras tantas que se cuen-
to que Milagros llegó a creer que tenía un tan en otros cuentos, que todas las perso-
órgano sensorial que se sumaba a los cin- nas son solitarias. Solo que a veces, quienes
co tradicionales sentidos: su alma lloraba pueden, olvidan que tienen un alma y eso
o se alegraba con una canción que no es- hace que no se sientan tan aislados. Ellos,
cuchaban los oídos, veía belleza cuando tan solo se tocan sus cuerpos, se acercan
los ojos estaban cerrados. Nada parecía físicamente o se dicen palabras; y así cons-
real y a la vez, todo parecía verdadero. truyen la ilusión de un encuentro del Ser.

A pesar de su conexión extraña con su in- En cuanto a Milagros, todavía sigue pen-
terior, ella no podía olvidar que tenía un sando cómo hacer para que otros puedan
cuerpo. El cuerpo era muy real. El cuer- llegar a su alma sin tocar su cuerpo. Y no

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menos le quita el sueño saber si sus lá-
grimas provienen de él o, mágicamente,
brotan desde lo etéreo.

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“Los árboles me han dado siempre Correteó entonces intentando esconder-
los sermones más profundos” se, sin saber lo que pasaba. La intuición y
Hermann Hesse las señales le indicaban un árbol con un
fuerte tronco, con suficiente espacio para
poder descansar y esperar a ver qué era lo
que acontecía. ¿Por qué debería dejar de
El árbol, el viento y los pies corretear y volar?, ¿por qué insistían con
su llamado las flores, la tierra, las maripo-
Después de mucho andar y recorrer pai- sas, los colibríes?
sajes, con los ojos cerrados, con el alma
adentro y las alas desplegadas bajó a mi- Entró en el árbol, que resultó ser aco-
rar qué había en el suelo. gedor y hermoso. Pasaron los días y ella
seguía ahí, disfrutando cada momento.
El olor a tierra húmeda, esa mezcla de Salía el sol y podía verlo desde un gran
agua y tierra que recuerda lo primitivo, hueco que hacía de ventana. Sembró todo
el origen, lo auténtico, ese aroma que es tipo de semillas, cuidó de cada plantita,
tan familiar y reconfortante. Todo era rió con cada abeja que visitó su morada
fascinante. en busca de más polen. Se sorprendió de
no extrañar el sutil volar, así estaba me-
La brisa era fresca. Un suave viento que jor. Con el tiempo sus pies comenzaron a
comenzaba a levantarse susurraba algo. echar raíces lentamente y como cualquier
“Busca un lugar. Busca donde cobijarte”, otra semilla, ella se abrió paso entre lom-
le dijo una ventolera. Las hojas de los ár- brices y piedritas y la tierra fértil la nutrió
boles empezaron a danzar y también se para acompañar su desarrollo. “El amor
comunicaron: “Ven por aquí”. nos hará”, pensó… Con el árbol se con-
virtieron en un solo ser y el alma se ani-

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mó despacio, asomando temerosamente, fue lo suficientemente hostil para sepa-
hasta salir con alegría. rarlos de la tierra, poniendo fin a su cen-
tenario arraigo. El tronco se elevó en un
Cada amanecer el Sol sonreía y cada ano- grito de auxilio y desesperanza, mientras
checer la Luna cantaba canciones de cuna. ella veía cómo se alejaba hacia el cielo y
Pero una mañana, el viento se alborotó. comenzaba a girar violentamente y a sa-
El aroma natural se enrareció y las ráfa- cudirse por los golpes. Rodeó al árbol con
gas aumentaron su velocidad. De repente sus brazos exhaustos, queriendo cuidarlo
todo se hizo oscuro. Los animales se re- y cuidarse, luchando por salvarse. Pero
fugiaron bajo las rocas vestidas de mus- no tenía suficiente fuerza. No alcanzaba.
go y dentro de los árboles, cuyas raíces Todo se puso confuso.
se hinchaban y se aferraban más fuerte a
la tierra, resistiendo. Todo se puso ne- Llegó la calma. Todo volvió a la tierra en
gro. Ningún ser comprendía semejante un golpe seco. Despertó del atontamien-
acontecimiento. to e intentó salir del tronco, arrastrándo-
se por el suelo. Se sentó para descansar
El viento huracanado y sus arremolina- y tomar aliento, y vio que su árbol ya no
dos brazos levantaron lo que en su cami- tenía ramas, ni hojas verdes, ni amarillas.
no encontraron y lo rompieron sin pie- Tumbado, habían desaparecido los nidos,
dad. Entonces, ella aferró sus pies con sus las aves y sus pichones. Probó pararse
manos, se agarró de los tobillos, enroscó y al intentar pisar firme, trastabilló. Su
sus brazos entre sus muslos y apretó fuer- cuerpo estaba roto, desarticulado, a pe-
te. Con inmenso dolor en sus pies-raíces nas podía sostenerse. Un dolor intenso
sintió que la tierra se movía y que todo se corría por sus piernas y empeoraba más
sacudía, con ella dentro. Vueltas en de- abajo. Se miró, y horrorizada por la ima-
rredor, el tornado duró poco tiempo pero gen, pudo observar que la piel y la car-

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ne de sus pies estaban desprendidas, con
pequeños agujeros. Harían falta muchos
otoños para sanar el desarraigo.

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“No puedo hacerte entender. No puedo hacer que
nadie entienda lo que está sucediendo dentro de mí.
Ni siquiera puedo explicarlo a mí mismo”
Franz Kafka

Calles
Había caminado demasiado durante lar-
go rato. Su nariz estaba fría. Sus manos
moradas se escondían debajo de sus man-
gas buscando algo de calor. Un invierno
“muy inglés” lo seguía a donde iba y le
hacía a la vez de sombra. Las imágenes,
el paisaje alrededor y la sensación del aire
húmedo en la piel le recordaban, vaga-
mente, sus bosques, su campo, el olor de
su casa materna y la ciudad desde donde
había partido hacia otras tierras. La bu-
fanda se le escurría del cuello, sus cabe-
llos claros se agitaban en una contienda
con el viento. Estaba lejos.

Cada calle se pasaba lenta o rápidamen-


te, según sus pensamientos se aclaraban

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u oscurecían en un vaivén entre razona- por más belleza que encontraba en el an-
mientos y locuras. Apenas llegara el final dar, o por más interesante que resultaran
del camino, él pensaba que podrían des- las vidrieras, las flores o los parques, no de-
cansar tanto el cuerpo como el alma. seaba parar. En el camino que debía reco-
rrer helaba y no deseaba detener el ritmo
Mientras veía las baldosas alejarse ha- del paso que lo mantenía a salvo del clima.
cia la dirección del pasado, él intentaba
recordar los tiempos en que entró en la Anochecía en la ciudad. Las luces ar-
adultez. Su percepción de aquel mundo tificiales del mundo se encendían para
de inseguridades, decepciones e intensos dar cuenta de la soledad que merodea-
pensamientos acerca de la vida de las per- ba las calles. Se preguntaba por qué na-
sonas cercanas, se entremezclaba con el die caminaba su camino, por qué nadie
extraño deseo de comprender y atesorar se cruzaba por delante y se detenía para
sus almas. A veces las encerraba en sus re- hacerle alguna pregunta. Todos los cami-
cuerdos, otras veces entre las páginas de nantes miraban hacia delante, sin voltear
las historias que escribía. Si este hito en su la mirada, sin cruzarse; siempre al frente.
vida sucedió a los doce, diecisiete o veinti- Y lo mismo él. Se daba cuenta de que,
cinco era algo muy difícil de recordar. El simplemente, los caminos eran distintos
mundo era para él una caja rara, confusa y y paralelos, que no había bifurcaciones,
oscura donde existir. Y existir era irreme- que nadie, ni siquiera él, podía caminar el
diable. No se podía elegir no ser. camino de otros nunca.

En una inesperada curva se detuvo y miró Las calles comenzaron a difuminarse,


hacia los lados. Luego miró lo que dejaba se diluían las formas por donde mirara,
atrás, por si acaso la vida, por puro capri- nada era sólido, nada se ataba a nada. Así
cho, no le permitiera volver allí. Aunque que, dificultosamente, sus ojos brillantes

98 99
y cristalinos intentaron divisar un hori- “¿Cree usted que yo cuento los días?
zonte. La grisácea atmósfera que lo en- Únicamente queda un día, uno que siempre
volvía ya no se parecía al sitio en el que se repite. Se nos da al amanecer y se nos
imaginaba estar y no había lugar en el quita al atardecer”
mundo más que para él. Porque el “mun- Jean Paul Sartre
do” donde él era quien era, no se mate-
rializaba en un punto físico sino en un
lugar mental, un tiempo espiritual. Nada
ni nadie cabía más que él en su alma. Un Proyectos y azares
cuerpo, un alma. Un amor, un dolor. Una
vida, un camino. Se levantó sobresaltado. Su cuerpo sudo-
roso aún permanecía enredado entre las
Y así continuó por el sendero. Un úni- sábanas. Había sido una pesadilla, solo
co sendero definiéndose al azar. Y aún va eso, pero su corazón latía demasiado rá-
andando lejos, siempre lejos y diciendo pido. Cuando por fin pudo poner un pie
adiós… fuera de la cama, giró hacia la pequeña
mesita blanca y miró el despertador. Las
ocho y cinco. No había tiempo para una
ducha y apenas logró vestirse lo suficien-
temente rápido como para llegar a hora-
rio a la oficina.

El ascensor estaba atascado en no sa-


bía qué piso y lo más práctico fue correr
cuesta abajo por las escaleras. Demasia-
dos percances para comenzar así el día.

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Por lo visto, sería agotador. Sin embargo, Azar. ¿Casualidad o causalidad? Es extra-
no muy diferente a los días que había vi- ño el hecho de que una simple casualidad
vido durante los últimos cinco años. pueda hacer que un hombre o una mujer
cambie los planes para con su vida de un
Cuando se sentó por fin en el colectivo, día para otro. El azar te cruza, la causali-
sintió esa rara sensación nuevamente y dad te une. Pero acaso, ¿él tenía proyectos?
otra vez las malditas preguntas: ¿qué es Lo cierto es que juntos hicieron muchos
lo que hacía allí? ¿hacia dónde se dirigía planes. Planearon viajes, hogares e hijos,
su vida? Lo que lo paralizaba tanto, era el aunque también separaciones y, sin embar-
hecho de saber que en cualquier momen- go, ninguna de esas ideas fue concretada.
to, en un segundo, su vida podía dar un Simplemente siguieron juntos, amándose,
giro de ciento ochenta grados y que sería odiándose y volviéndose a amar; como po-
irremediablemente otra persona. dían, como sabían. Esa era la única forma
de estar juntos. Lo que los mantenía uni-
Eso es lo que le había pasado hacía seis dos era ese constante tirar de la cuerda, ese
años. Desde ese entonces, mantenía una angustiante no saber qué pasaría con su
relación con una mujer más grande que amor. Pero ¿hasta cuándo? ¿hasta cuándo
él, aunque la diferencia de edad era de ese dolor que se causaban, dulce y amar-
tan solo dos años. Fue un amor casual, no go al mismo tiempo? Pero se amaban de-
buscado, y cuando quiso darse cuenta ya masiado y no todo era terrible. Vivieron y
eran “el uno para el otro”, como ella solía vivían aún, momentos de plena felicidad.
decirle. Se conocieron en la calle, un día Sentían que se llenaban el uno al otro.
de mucho trabajo y fue uno de esos en-
cuentros que nunca se hubiesen produci- La cuestión es que ese dolor podía ter-
do si uno de los dos no hubiese cambiado minar con la acción. Sí, con la acción. Al
su rumbo repentinamente y sin motivos. menos uno de los dos debía actuar, debía

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decidir y comprometerse: o cambiaban la Era un sitio bastante cómodo, aunque di-
forma de amar o se separaban para siem- minuto, y tenía una ventana que ocupaba
pre. Esto último era lo que lo aterrorizaba. casi toda una pared. Solo había lugar para
Ese era el punto, a eso se refería él cuan- el escritorio, dos asientos y un pequeño
do sobrevenía esa rara sensación y se ha- armario que lo guardaba todo. No tenía
cía esas malditas preguntas existenciales: plantas, ni siquiera un cuadro. Era una
¿Qué había hecho de su vida? ¿Qué le es- simple oficina que no daba ningún desig-
peraba mañana? En realidad, lo que había nio para adivinar qué tipo de persona la
hecho de su vida ya estaba hecho, eso no le utilizaba desde hacía cinco años.
preocupaba demasiado. Lo que lo inquie-
taba más era el extraño contraste entre esa Se desplomó en la butaca y pensó: “Es
vida y la nueva vida que podía elegir, la una estúpida, se cree que soy un tonto
dicotomía entre el que fue y el que todavía irresponsable, que no me importa nada.
no era y quizá nunca sería (o por lo menos Qué más da… ella no está en mí, no pue-
hasta el día de su muerte, cuando su obra de saber lo que estoy pensando a cada
de vida estuviera concluida). momento, no puede decirme a mí, justo
a mí, cómo soy”. Hizo una pausa y luego,
Llegó casi sin aire a la oficina. El colec- con aire melancólico, dijo por lo bajo: “Si
tivo lo dejaba a tres cuadras del lugar. Si supieras cuánto te amo mi amor y que
caminaba arribaría diez minutos más tar- me importas demasiado…”. En realidad,
de de lo que ya era, por lo que no le im- eso no era tan así. A él también le impor-
portó correr una vez más en el día. taba su propia persona y quizás aún más
de lo que le importaba ella. La amaba, sí,
Abrió la puerta de la pequeña oficina. con locura; pero eso no podía cambiar su
Pronto había tirado por allí su saco y se egocentrismo. Era un tipo de “amor” muy
disponía a prender su primer cigarrillo. común entre los mortales.

104 105
Se podría decir también que era un con- verde de lino muy suelto. El sendero se
formista. Día a día se repetía frases como bifurcaba y se encontraba frente a varias
“así es la vida”, “es lo que le toca a cada puertas. Se disponía a elegir una de ellas
uno, lo que se merece”, intentando con- justo cuando despertó.
vencerse de que no debía dar ningún paso,
de que el mundo estaba ahí, delante suyo, Mientras se acurrucaba entre las sábanas
de que el mundo era así. Por supuesto, eso como abrazando a la pereza, una parte de
le ayudaba a sentirse mejor cuando tenía su mente le decía: “Despertáte, ya no hay
problemas en el trabajo, cuando discutía tiempo para descansar”, mientras que su
con ella y sobre todo cuando empezaba a cuerpo se revelaba y le pedía por favor
quejarse de su vida. disfrutar unos minutos más. Y ante esta
disputa soñolienta y por fin venciendo su
Excusas. Excusas. La “mala fe”, diría un conciencia, no le quedó más remedio que
filósofo francés. Pero a veces, sólo a veces, dejar atrás el país de los sueños y regresar
creía que podía cambiar su mundo tan al mundo real. “Qué fastidio”, se repetía
solo “haciendo algo”, comprometiéndose mientras preparaba café e intentaba al
en una acción. mismo tiempo planchar una remera.

… En quince minutos ya estaba lista y lue-


go de cerrar con llave la puerta empezó
Sonó la alarma de su radio-despertador. a andar. Caminó con paso lento y ten-
Tanteó a su lado hasta que por fin apa- dido, ya que aborrecía esa extraña (pero
gó ese sonido infernal, que una vez más, tan cotidiana) costumbre que tienen las
venía a interrumpirle un profundo y re- personas de correr por la vida, como si el
confortante sueño. Había soñado que ca- tiempo estuviera detrás constantemente,
minaba por un sendero, con un vestido amenazante. Era su día libre en el trabajo,

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pero tenía algo muy importante que ha- lo que quiso darle una sorpresa. Cami-
cer (por supuesto que si no hubiera sido nó hasta la calle principal donde estaban
así, habría dormido hasta que su cuerpo todos los comercios y con cuidado ob-
perezoso le dijera basta), así que no le servó cada vidriera. No quería comprar
había quedado más remedio que madru- lo primero que viera, sino algo especial,
gar. Además era un hermoso día y valía la algo que él guardara por siempre. Por fin
pena disfrutarlo con plenitud. y ya pasada toda la mañana, entró en una
joyería y luego de media hora salió con
Había sido un duro invierno. El calor de una enorme sonrisa en los labios y un pe-
las estufas y los hogares no había sido su- queño paquete entre las manos, junto a
ficiente para aplacarlo. Pero ahora se acer- su pecho. Lo guardó en su cartera e hizo
caba la primavera y el sol calentaba ma- señas al colectivo que veía venir a lo lejos.
ravillosamente. Ya no había motivos para
ponerse esos aparatosos abrigos y bufan- …
das. Comenzaba a respirar la piel y eso le
gustaba. Se acercaba la hora del almuerzo, y
su estómago se lo recordaba sin cesar.
Tenía algo muy importante que hacer “Unos papeles más y ya termino”, se dijo
y tenía que ver con un hombre. Su vida mientras encendía su décimo cigarrillo.
había tomado otro color desde el día en Al cabo de un instante alguien abrió la
que supo que lo amaba. Desde ese mis- puerta. “Te buscan”, le comentó un com-
mo instante lo quiso proteger. Fue una pañero. Dejó entonces lo que estaba ha-
decisión consciente la de estar a su lado ciendo y, maldiciendo a quien se le había
y por ese motivo se comprometió a pesar ocurrido molestarlo justo a la hora de
de los obstáculos. Ahora cumplían seis calmar las tripas, se levantó de su asiento.
años juntos y ella lo había recordado, por

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No alcanzó a terminar de ponerse el saco cés acá?”, –“Vine a sacarte de este lugar,
y la puerta se entornó, pero solo un poco. me pareció una buena idea, porque últi-
Se acercó para abrir y vio ese rostro, que mamente no estamos bien... ¿comemos
conocía como si fuera el suyo, el rostro que juntos?” dijo ella; y su tono de voz más
había acariciado durante tanto tiempo. que a una pregunta se refería a un hecho.
Ella le sonrió. Él asombrado, pero al mis- Almorzarían juntos.
mo tiempo encantado, también le sonrió.
Se quedaron mirándose y a través de esas Durante el almuerzo conversaron de todo
miradas creían reconocerse uno en el otro. un poco, pero también hablaron sobre
la discusión que habían tenido dos días
Ambos eran dos particulares en el mun- atrás. No fue sorpresa que el almuerzo
do y a la vez, dos proyectos diferentes resultara belicoso. Uno dice algo fuera
(con infinidad de posibles proyectos que de lugar, el otro le contesta, se insultan
cumplir). Sus formas de ser dependían (mientras ella le arroja por encima de su
de la atribución del otro como semejante. cabeza el paquetito con moño), revuelven
Ella era para él lo que él le atribuía como el viejo y tramposo baúl de los malos re-
persona y a la inversa. cuerdos, luego se abrazan (porque ya es
demasiada la agresión y hay que mitigar-
La puerta se abrió del todo para dar lu- la con un poco de dulzura) y finalmente,
gar a un largo beso. Sus cuerpos se sepa- interrumpe él para decir con tono serio y
raron y ella habló primero: –“Feliz día, preocupado pero a la vez firme: –“Mirá
mi amor”. Él se había olvidado comple- linda, esto no puede seguir así. Estuve
tamente de la fecha, se culpó por eso, pensando esta mañana y es necesario que
pero lo disimuló (como bien solía hacer tomemos una decisión. Las cosas se pu-
ella cuando le pasaba) y le respondió con sieron feas, peor de lo que estuvieron al-
tono meloso: –“Feliz día, pero… ¿qué ha- guna vez. Yo ya no sé si puedo seguir mi

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vida de esta manera, ¿me entendés? No eterno. Esta vez no. Porque ella dejó de
es lo que planeé para mi vida. Quiero ser llorar y se apartó de su lado, como que-
feliz y que vos también lo seas”. riendo evitar esa repetida e inevitable re-
conciliación después de un beso.
Ella lo escuchaba en silencio mientras
pensaba cuántas veces también le había Ahora fue ella quien habló: –“¿Sabés una
querido decir eso. Pero no, eso sería bajar cosa? Tenés razón. Siempre sentí la necesi-
los brazos. ¿Y el compromiso de sacar la dad de decir tus mismas palabras, pero por
relación adelante pese a los obstáculos? decisión propia fui una cobarde. Quise ser
“No. No hubiera podido decirlo así como cobarde porque temí enfrentarme a mis
él, tan fríamente”, pensó. Pero tal vez, propias decisiones. Creí que debía com-
no era una cuestión de frialdad, sino de prometerme con tu amor, cuando en reali-
una simple posibilidad de elegir. “Elegir”. dad debí comprometerme con mi propia
Pensó un segundo más en esa palabra y vida, con mi propia existencia y felicidad”.
sus ojos ahora se llenaban de lágrimas. Se detuvo porque ya no retenía las lágri-
mas y él intervino: –“Está bien, no sé... yo
Él paró de hablar. Notaba que los ojos de creo que es así, aunque tengo miedo de
su chica cambiaban de expresión y ahora que todo esto sea un error... ¿qué te parece
parecían vaciarse poco a poco. Brillaban. si nos tomamos esta noche para meditar-
Ella se puso a llorar. Él se arrepintió de lo y mañana tomamos una decisión?, pero
sus palabras (tal vez no sinceramente) y tranquilos ¿eh? sin presiones”.
le pidió por favor que secara sus lágrimas
(nunca había soportado el dolor que le …
producía verla así). En general, esta si-
tuación se daba muy a menudo y ambos Anocheció. Sobre el escritorio de su habi-
terminaban besándose y jurándose amor tación color maíz, al lado de una caja llena

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de cartas, se apoyaba un pequeño libro que permanente. La angustia de no saber qué
estaba abierto en una página en la que se hacer, si tal o cual cosa era lo mejor. En
podía leer: “El hombre está condenado a realidad, nadie se lo diría, sólo ella sabía
ser libre. Condenado porque se ha creado qué era lo que quería y sola también de-
a sí mismo y sin embargo, por otro lado, bía enfrentarlo.
libre, porque una vez arrojado al mundo
es responsable de todo lo que hace”. Pensó en las veces en que había actua-
do conforme a lo que había creído que él
Cuando terminó de ducharse volvió a esperaba de ella. Pensó en la cantidad de
la habitación. Estaba cansada. Tomó actitudes que había tenido hacia él por el
el libro entre sus manos y se metió en solo hecho de hacerlo enojar, haciendo lo
la cama para leer un rato y despejar su opuesto a lo que él quería. Se preguntaba
mente, luego de haber estado todo el día si eso significaba ser libre. Por supuesto
pensando en lo que debía hacer. Deseó que sí. Un acto de “mala fe” es solo un acto
con todas sus fuerzas que alguien le dije- no-auténtico, pero uno elige realizarlo,
ra cómo debía actuar. Leyó un rato hasta uno es libre y puede optar. Entonces se
que se detuvo en un párrafo muy particu- convenció de que las cosas que decidió,
lar que decía lo siguiente: “…recordamos siempre fueron por ella misma, por ella,
al hombre que no hay otro legislador que por el solo hecho de ser libre y de amarlo
él mismo, y que es en el desamparo don- con toda su alma. Aunque olvidó valorar
de decidirá de sí mismo… Siempre bus- el autenticismo de sus decisiones igual se
cando fuera de sí un fin que es tal o cual alegró. Pensó que a pesar de la angustia
liberación, tal o cual realización particu- que le producía decidir lo que iba a hacer,
lar, es como el hombre se realizará pre- en esa elección, fuera cual fuera, encon-
cisamente en cuanto humano”. Lo que traría la “libertad”. Fue entonces cuando
leía la hacía reflexionar. El conflicto era creyó tener la respuesta a su problema

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existencial. Se levantó enseguida y se dos y un suéter de hilo que dejaba notar
sentó frente al escritorio. Tomó un papel sus encantadores pechos. La vio y estaba
y comenzó a escribir velozmente. Luego maravillosa. La vio y sintió que no solo
puso la carta en un sobre, lo guardó en la la veía por fuera sino también por den-
cartera y se volvió a acostar. tro. Mientras ella se acercaba a su mesa,
la imaginó entre sus brazos. Pensó que
… jamás podría volver a amar a una mujer
como a ella; y antes de que pudiera des-
Estaba sentado en una mesa, en el bar pertar de ese “soñar despierto” la tenía
de siempre. Había sido una mala noche sentada frente a él.
porque no había podido cerrar un ojo
pensando en ella. Fumaba un cigarrillo Ella se apresuró a decir: –“Lo estuve
mientras revolvía el café, que a esa al- pensando… y decidí que voy a seguir
tura ya estaba frío. Llevaba media hora luchando”. Parecía como si lo hubieran
esperándola y eso lo fastidiaba dema- abofeteado, estaba como desilusionado,
siado. Odiaba su impuntualidad, porque como en un callejón sin salida, aunque
durante todo el día deseaba verla y abra- lo disimuló muy bien porque en el fon-
zarla, la recordaba tan hermosa… Pero do sintió cierto alivio. –“Pero, ¿y lo que
cuando ella llegaba tarde, desaparecía me dijiste ayer? ¿No era que vos también
todo espíritu romántico y al verla llegar, querías terminar?, le preguntó con tono
al menos durante diez minutos (que era angustiante y lleno de expectativas a la
lo que tardaba en pasársele la bronca) no vez. Se miraron largo rato sin hablar, has-
veía su hermosura sino todo lo contrario. ta que ella metió su mano en la cartera
Pero hoy era diferente. Porque cuando la y sacó el sobre. –“Una carta”, dijo él y se
vio llegar estaba más adorable que nun- dispuso a guardarla (le gustaba leer en
ca. Ella tenía puesto unos jeans ajusta- soledad las cartas que ella le escribía, para

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no poner al descubierto la emoción que añicos día a día; pero también es cierto que
le producían). Ella lo interrumpió: –“No, todo podría haber terminado mucho antes.
tenés que leerla ahora. Quiero hablar con
vos después de eso”. Mientras pensaba en todo esto, me sentí des-
esperar. Sentía la inmensa necesidad de que
La amaba. La extrañaría demasiado si se alguien, no sabía quién, me dijera qué hacer.
alejaba de ella. Pensaba en esto mientras Tenía miedo de elegir y equivocarme. Pero era
abría el sobre y desplegaba el papel. Le absurdo. Sin duda, si hubiese corrido a buscar
llamó la atención porque era una carta a alguien, de seguro hubiese sido alguien que
poco extensa, comparándola con las an- diría lo que yo quería escuchar: que siguiera a
teriores. Comenzó a leer y ya le latía el tu lado, que las cosas podían cambiar si real-
corazón con fuerza. Decía así: mente lo intentamos. De todas maneras, la
decisión siempre hubiese sido mía.
“Mi amor: Tal vez sea ésta la última carta
que recibas de mí. Tal vez no. Debo decir- Pensé también cómo sería mi vida de ahora
te que te voy a respetar, cualquiera sea la en más, lejos de la tuya. Para ser sincera debo
decisión que tomes, pero creo que tengo el decirte que no lo sé. Son tantas las posibilida-
derecho de decirte lo que decidí hacer con des… Tal vez hacer algo que siempre hubiese
mi vida. querido hacer por mí y solo para mí, o quizás
irme lejos, no lo sé. Pero de seguro, ninguna de
Anoche estuve pensando en vos y también en esas cosas llenaría el hueco que quedaría en mi
mí, e inevitablemente recordé cada momen- alma sin tu amor. Ahora se me presentan dos
to que vivimos juntos. Los malos y los bue- opciones y debo elegir. Y esta vez comprendí
nos, las maravillosas y también terribles co- que debía elegir por mí (quiero que entiendas
sas por las que pasamos los dos. Y es verdad, que mi decisión tuvo que basarse en el egoís-
mi amor, que nuestra pareja se fue haciendo mo). Si opto por dejarnos, sé que de amor no

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se muere, y que tarde o temprano lo aceptaré En realidad, lo atormentaba la idea de
y estaré bien. Si opto por seguir, sé que será no volver a verla. Decidió levantarse e ir
duro y difícil, y un camino más sinuoso que a buscarla para pedirle que vuelva, que
estando sola. Pero he decidido aceptar las con- recapacite, que estaba de acuerdo con lo
secuencias de optar por lo segundo. que decía la carta y que a él le pasaba lo
mismo. Desesperado, se acercó a uno de
Ya decidí. Quiero quedarme a tu lado una los mozos y le preguntó si había visto ha-
vez más. Quiero que pasemos juntos el resto cia dónde se había dirigido. El hombre
de la vida, sin pisarnos los talones, compar- le sonrió y le dijo: “Pero señor, quédese
tiendo las alegrías y tristezas. Y quiero que tranquilo, vi a la señorita subir por las es-
sepas que soy totalmente responsable de esta caleras que van al baño”. Se dibujó en su
decisión y que espero lo seas por la tuya. No cara la sonrisa más grande que pudo es-
tengo más para decirte, creo que todo se resu- bozar en toda su vida. Se sentó. Prendió
me a esto, y a que simplemente te amo.” un cigarrillo mientras pensaba las pala-
bras que le diría cuando la tuviera en sus
Levantó la vista para observar su rostro y brazos y recordó el día en que el azar hizo
vio que ya no estaba allí. Miró para todos que se conocieran. En ese momento ellos
lados pero ella no estaba. ¿Se habría arre- habían tomado la decisión de entregarse
pentido? “Tal vez lo pensó mejor y quie- el uno al otro y ahora estaban a punto de
re cambiar su rumbo”, pensó. Recordó lo volver a hacerlo.
impulsivo que había sido toda su vida y
se dijo a sí mismo que las cosas podrían …
haber sido de otra manera. “Quizás, si no
me hubiese ido a buscar al trabajo ayer Mientras subía las escaleras, planeó que
no hubiésemos discutido, y ahora no es- se quedaría en el baño el tiempo sufi-
taríamos separados…”. ciente como para que él terminara de

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leer la carta. Luego bajaría y con te- su clientela había optado por disfrutar de
mor le preguntaría cuál había sido su las exquisiteces que se ofrecían en la nue-
elección. Pero en realidad no solo era va confitería de la esquina.
el miedo a lo que él decidiera, sino que
otra vez la perseguía la angustia que nos “Suficiente tiempo”, le dijo a su propia
provoca (a todos) la libertad de elegir. imagen en el espejo, mientras se arreglaba
Mientras se miraba en el espejo, se le el cabello ondulado. Salió del baño. Esta-
ocurrió preguntarse cómo sería la vida ba nerviosa, pero se decía a sí misma que
si los destinos de las personas ya estu- todo saldría bien.
vieran marcados y no pudieran optar
por su propio camino. “Aburrida, segu- Él sostenía con fuerza la carta entre sus
ramente. No hay nada como la libertad manos. Pensaba en el momento en que
de elegir por uno mismo, así nos ator- se abrazarían y en lo que le diría. Le diría
mente la angustia, porque es esa misma que la amaba y que él también había de-
angustia la que nos hace actuar”, pensó cidido jugarse por lo que sentía. Pero sus
y recordó una frase del libro que había pensamientos fueron interrumpidos por
leído la noche anterior: “El desamparo los insultos del Polaco. Cuando se dio
implica que elijamos nosotros mismos vuelta para ver lo que estaba pasando, vio
nuestro ser. El desamparo va junto con cómo un hombre de traje apuntaba con
la angustia.” un arma al dueño del bar y otro igual-
mente vestido abría la caja registradora
No había demasiada gente y el dueño del y sacaba el dinero que había en ella. Se
bar, a quien llamaban “el Polaco”, sonreía quedó helado y no tuvo tiempo de reac-
al ver que dos hombres bien vestidos que cionar, porque el Polaco comenzó a re-
acababan de cruzar la avenida, se dispo- sistirse y varios disparos lo obligaron a
nían a entrar a su negocio. Hacía rato que tirarse al suelo y cerrar los ojos.

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Los gritos cesaron. Miró a su alrededor Se quedó allí un largo rato. Aún tenía
y se preguntó si estarían todos locos. Los la carta entre sus manos. Sus ojos, hu-
asaltantes parecían haberse escabullido, medecidos por las lágrimas, no se apar-
pero todos y hasta el arriesgado del Po- taban de ella, pero su mente estaba en
laco (que permanecía tirado en el piso) otro lado. El maldito azar. La misma
miraban hacia un punto fijo, como si hu- casualidad que había hecho de puntapié
biesen visto un fantasma. Sintió curiosi- para que eligieran cambiar sus proyec-
dad y volvió hacia allí su mirada. tos seis años atrás, ahora hacía que se
separaran. Minutos antes había tomado
Ahí estaba ella. Tendida boca abajo a los la decisión de quedarse con ella. Había
pies de la escalera. El mundo parecía ha- elegido. La había elegido. Pero ahora
berse detenido para él y empezó a sentir no importaba… Se sintió abandonado,
que se le oprimía el pecho. Corrió hacia su existencia ya no tenía sentido. Aho-
ella e intentó levantarla. Sintió la amar- ra se abrían ante él un sin número de
gura de comprobar que su frágil y delgado caminos, caminos desconocidos que no
cuerpo ahora parecía más pesado. Ella te- quería recorrer sin ella. Pero igual ten-
nía que haberse desmayado, se decía, ¡ella dría que elegir. Sabía que debía hacerlo
tenía que estar bien! –“En unos minutos pronto, porque aún eligiendo no hacer
va a despertar”, dijo en voz alta como tran- nada, estaría eligiendo.
quilizando a todos. El resto de los presen-
tes lo miraban estupefactos. La tomó del La angustia lo abrazó hasta asfixiarlo y
cuello para abrazarla, cuando notó que se sintió profundamente desamparado,
algo tibio corría por su mano y se horrori- porque comprendió que las posibilida-
zó al ver que estaba empapada en sangre. des de elección no eran infinitas. Jamás
La volteó para ver su rostro y sintió náu- podría volver a optar por estar con ella.
seas. Jamás olvidaría esa imagen. La muerte, que nunca responde a los de-

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seos y voluntades de hombres y mujeres, “…En el Círculo, todos somos iguales. / No
de golpe y sin aviso la había arrancado de hay nadie delante de ti y no hay nadie detrás
su vida. de ti. / Nadie está por encima de ti. Nadie
está por debajo de ti. / El Círculo es Sagrado
porque está diseñado para crear Unidad…”
Sabiduría Lakota

Todos todo
Ante los ojos de otros seres, los humanos
somos exactamente iguales. Ni la astrolo-
gía, ni la psicología, que son invenciones
de hombres y mujeres, tienen injerencia
en este asunto.

Del mismo modo, para nosotros los hu-


manos todas las aves son simples aves y
lo mismo con el resto de los animales;
son seres sin nombre ni particularidades
subjetivas, más allá de minúsculas dife-
rencias biológicas que nos sirven para ca-
talogarlos, clasificarlos o contabilizarlos
como especies.

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A veces veo al mundo lleno de hormigas,
aves de paso con forma humana, circu-
lando sin sentido por doquier, sostenien-
do un sistema o engranaje, funcionando
como masa uniforme de seres repetidos.

Otras veces, en cambio, en todo creo po-


der ver almas. Entonces ahí mismo, por
detrás del brillo que encuentro en sus
ojos, veo personas y animales únicos y
también veo flores, ríos, árboles y mon-
tañas irrepetibles.

Más allá de todas las cosas, intuyo que


todos estamos hechos de la misma clase
de materia. Aunque los humanos desta-
camos, quizás por alguna falla celestial,
por haber mal desarrollado una concien-
cia con tendencia al ecocidio y a la auto-
destrucción.

Nunca aprendimos a utilizar bien eso a


lo que llamamos Razón.

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“En las profundidades del invierno do sobre su ojo izquierdo. Se contempló
finalmente aprendí que en mi interior unos segundos y lloró un largo rato. Se
habita un verano invencible” mojó la cara con agua fresca y se recogió
Albert Camus la melena deseando olvidar lo ocurrido
la noche pasada y convertirlo en una
simple pesadilla. Pero las lágrimas cáli-
das y saladas no dejaban de chorrear por
El banco en el camino su carita de dormida, como lágrimas de
náufrago que comprende de una vez por
El sonido del día le cortó de cuajo el sue- todas que ha quedado a la deriva y solo.
ño. Pedía cinco minutos más mientras gi-
raba entre sábanas desgarbadas y blancas, Un día se había dado cuenta de que lo
hundiendo su cara en la almohada como aprendido sobre el amor estaba mal.
queriendo invitar a la noche a volver. Habían sido necesarios varios cuerpos,
varios llantos, varios encuentros y des-
Caminó por el pasillo del dormitorio encuentros, algunos personajes extraños,
hacia el baño, tropezando con prendas otros más siniestros. Habían sido necesa-
de ropa y calzados desparramados. Así rias muchas noches largas, de esperanzas,
se reencontró con su rostro pasado el de insomnios y de rezos. Había repetido
mediodía, mirándose extrañamente al hasta el cansancio “mariposas otra vez”,
espejo. Como un cachorro sorprendido pero éstas siempre se iban. Las mariposas
meneaba la cabeza hacia los costados y eran como duendes inquietos que venían
observaba a esa mujer que tenía en fren- a alterar su orden, armando un tremendo
te: el rimel corrido, la boca y los ojos lío entre su alma y su cuerpo. Y aunque
apenas hinchados, el cabello despeina- eran hermosísimas y cautivantes vivían
do, y ese mechón rebelde y largo cayen- poco por naturaleza.

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Un festival interminable de mariposas amaran? ¿Permitiría siquiera que inten-
que desfilaban por su interior fue tallando taran tocar su corazón?
poco a poco las cicatrices invisibles que
dibujaban su mapa secreto. Pasaron las Paró. El banco era cómodo y cálido. Pasó
amarillas y las anaranjadas, las violetas y horas allí y recuperó su aliento. Brillaron
las azules, pero las multicolores dejaron sus ojos y reaprendió, minuto a minuto y
más marcas. Habían pasado muchos oto- con cada brisa que acarició su cabello, que
ños y gracias a cada una de esas marcas era capaz de sentir felicidad sin temor. El
ella siguió el mapa hasta encontrar un cielo pareció más claro. El festival de fue-
camino nuevo. Ahí se topó con un ban- gos artificiales y las mariposas fugaces,
co, un lugar de descanso. No se parecía a los fantasmas, las fantasías y la sequía de
ningún banco que recordara. Estaba ta- abrazos ya no la hacían feliz. Se preguntó
llado y hecho de madera noble. cuánto tiempo más podría contener en el
cuerpo tanto amor para dar, teniendo en
Ella pensó que como ya estaba un poco cuenta que éste crecía a diario.
cansada de andar, podría sentarse. El ban-
co la invitaba a descansar y sentir. Deci- La presión de su alma comenzaba a no-
dió que quería parar. Había conocido la tarse. Desde dentro hacia fuera, exclama-
felicidad en cada acto desinteresado y co- ba libertad, contemplación y correspon-
lectivo de su vida, en las causas comparti- dencia. La revelación de saber o conocer
das y en la osadía de construir un mundo lo que quería y lo que no quería fue un
mejor, más compasivo y digno. Pero nada páramo en medio del desierto. Y el banco
había en el mapa sobre el amor. ¿Era po- era tan acogedor…
sible dejar que sucediera? ¿Dejaría algu-
na vez que alguna de aquellas personas Se dice que un banco es una especie de
sensibles y buenas que la cortejaban, la asiento donde alguien o algo va a descansar;

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algo sobre lo que se va a sostener aque- por qué ni el cómo, el banco se desvane-
llo que se quiere contemplar, ya sea para ció por debajo suyo y tuvo que brincar
estudiarlo o modificarlo. Un artesano, para no caer. Sin posibilidad de optar,
por ejemplo, utiliza un banco para cons- tuvo que tomar su bolso y emprender de
truir su obra. Es algo así como una pieza nuevo el viaje. Se fue sin comprender que
fija en la que descansa otra y, como ac- lo que allí dejaba no era su destino, ni su
ción, “sentar algo” nos habla del efecto de felicidad, ni la última alma bella. Y así,
asentar un material en construcción, aun confundiendo al banco con la meta, lloró
indeterminado. las lágrimas del que nada espera y dio los
suspiros del que siente que nada merece.
No es muy difícil imaginar entonces que
este banco, el de su historia, en el medio Ahora allí estaba, frente al espejo del
del camino de su vida, venía a ser como un baño, con la canilla del lavabo abierta y su
parador de reflexión y acogimiento para carita de dormida con lágrimas de náu-
la definición de futuros recorridos que frago. Pero su reflejo oculto en el espejo,
aún no estaban demarcados. Era algo al le sonreía. Estaba latente esa sabiduría del
paso. Sin embargo, ella lo sentía tranqui- espíritu, que la miraba con ternura como
lizador y cómodo. Tanto que pensó que queriéndole acariciar la mejilla y decirle
podía quedarse allí, amar allí, encontrar la que no llorara, que lo ocurrido era nece-
felicidad allí, porque en realidad estar en sario. Quería explicarle que las pérdidas
aquel asiento de abrazos sinceros, pala- son enseñanzas y las enseñanzas parte del
bras reales y mates dulces, era como decir crecimiento; y que el crecimiento es par-
“He aquí el final del camino! Ya soy feliz”. te de la transformación y que ésta, a su
vez, se dirije directo a la felicidad. Com-
Pero un día, mientras disfrutaba de la prender esto era un trabajo arduo, que al-
comodidad de su asiento, sin entender el gún día quedaría también marcado en su

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mapa interior. Pero no era ahora el mo- rá la puerta a un nuevo acontecimiento
mento de entenderlo. Llorar estaba bien. para seguir creciendo.

El corazón chilla a veces, pero otras el es- Aunque a veces con nostalgia, agradece a
píritu es tan fuerte que se sobrepone a las quienes en su vida han sido los bancos de
más grandes pérdidas. Porque es ley que su camino, especialmente a ese en parti-
después de la noche siempre amanece, que cular que, sin conocer el rol que tenía en
al invierno le sucede la primavera y que a esta historia, le brindó asiento a su cora-
la lluvia siempre la mira de cerca el sol, de- zón cuando necesitó descansar y rearmar
jando una estela de maravillosos colores en el mapa interior. A ese banco que necesa-
el cielo como augurio de buenas nuevas. riamente tuvo que desaparecer para que
ella siguiera andando. Ahora, con mayor
Pronto volvieron las mañanas soleadas, su energía y sabiduría, puede rumbear la
alma saludó cada vez que dio amor, la an- vida y han dejado de pelearse su mente
gustia quedó atrás y seguido a las nubes y su corazón.
que se alejaban comenzaban a aparecer
nuevos caminos, señales, puertas, ven-
tanas y luces que entraban por doquier,
directamente desde el gran Sol. Mara-
villoso espectáculo el amanecer, milagro
humano el don de Creer.

Pero la más importante lección que hoy


fortalece su interior es saber que a cual-
quier dolor o herida le sucederá una mar-
ca y que esa marca inevitablemente abri-

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“La muerte no es más que un sueño guntó: –“¿Realmente me querés? Porque
y un olvido” si así fuera, no me estarías rechazando de
Mahatma Gandhi esta forma”. –“Eh... no te estoy rechazan-
do, es que creo que para tomar una deci-
sión como esa tiene que haber algo muy
grande entre dos que se quieren”, expli-
El tren có confundida, porque no encontraba la
manera de decirle lo mucho que la idea la
–“Mirá el cielo, amor”, dijo él señalando asustaba. –“Ahora veo…” susurró él, “no
hacia arriba desde la orilla del lago.–“Si, sentimos lo mismo”. Y sin dar más es-
es lindo. Todavía el clima se mantiene... pacio a la conversación se levantó, tomó
y por lo que veo no creo que vuelvan a su abrigo y caminó rápidamente hacia el
repetirse otras vacaciones como éstas...”, portón. Miró una vez más hacia aquella
observó ella. A lo que él agregó: –“Pue- figura y supo que esos ojos estaban per-
de ser... ¿puedo preguntarte algo?” Y didos en algún lugar a donde él no per-
entre curiosidad y asombro ella asintió. tenecía.
–“Quiero casarme con vos... ¿qué me
contestás?” Pasaron unos segundos y el Sin embargo, quizás sí…
aire se cortó. Había algo que él no sabía
y era el terror que a ella le provocaba esa Ella tenía sus ojos perdidos en otro lugar,
idea. Pero sin descubrir del todo su sentir en un sueño ideal, en el mundo en el que
le dijo: –“No sé qué decirte, creo que... no siempre había deseado vivir, pero que no
puedo”. Ahora el enamorado callaba y en existía. En aquel mundo ella hubiera de-
su interior daba vueltas una única idea: seado casarse y tener hijos pero el hastío
“no sentimos lo mismo...” Nuevamente, de la vida real la sumía en pensamientos
ahora con un tono más inquisitivo él pre- negativos. Para qué nacer, para qué for-

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mar una familia, para qué dar a luz vida El portón se cerró violentamente y los
en medio de la muerte, en un mundo tan apresurados pasos se perdieron entre los
hostil. Su mente funcionaba a mucha ve- arbustos. A lo lejos se escuchaba el mur-
locidad, ya no podía pensar. Alguien la mullo del bosque. Ella se acostó tempra-
había puesto en un lugar difícil. Es que lo no aquella noche y dejó algunas luces
amaba mucho pero sus razones para du- encendidas para iluminar el regreso de
dar eran más fuertes. Su mundo se des- su compañero. Habiendo transcurrido
moronaba ante sus ojos. El fantasma del varias horas desde que él había marcha-
futuro le vino de golpe a tocar la puerta y do, se dejó llevar por el sueño y se que-
no sabía qué camino seguir. dó dormida. A la mañana siguiente, giró
sobre sí en la almohada y él no estaba.
Lejos del lago estaban la civilización Las luces seguían encendidas, pero había
sobre el asfalto, la destrucción, el odio, algo que había cambiado. Desperezán-
la violencia, la mentira y el sufrimiento dose, se levantó y fue hasta el baño. Se
del ser humano. Lejos de la cabaña es- miró al espejo, estaba cansada. Caminó
taban la pobreza, los ancianos llorando hasta la sala y lo llamó repitiendo varias
por su dignidad, los niños sin educación veces su nombre. Una nota la esperaba
y las mentes corrompidas. Si ella acep- sobre la mesa. Decía: “Adiós. Solo pue-
taba formar una familia sería inevitable do decirte que te amo, pero tu amor me
que deseara tener un hijo… y eso no condiciona y ya no quiero esperar para
estaba bien para ella: “Es imposible”, ser feliz. Debo alejarme para buscar
pensó finalmente. Sería un error traer aquello que anhelo, amar y ser amado,
al mundo a un nuevo ser y enfrentarlo formar una familia. Debo hacerlo amor,
al desastre. aunque nunca voy a olvidarte”. Al leerlo,
dos lágrimas corrieron desde su mejilla
Allí estaban sus ojos.... hasta su cuello.

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Cerca de la cabaña había un lindo des-
canso, con flores aromáticas y coloridas
aves cantoras. Cada mañana allí hacía
de las vacaciones un verdadero regazo
para descansar de los trajines de la vida
en la ciudad. Se sentó en el tronco caído
a un costado del sauce y pensó durante
un rato sobre qué debía hacer. Su com-
pañero se había marchado creyendo que
sus sentimientos y deseos no eran corres-
pondidos. Ella se había quedado sola, por
no poder explicar lo que sentía y haber
elegido el silencio. Abruptamente, se in-
corporó y corrió hacia la casa. Allí, tomó
un abrigo y salió.

La estación de trenes no estaba lejos. Era


un pueblo tranquilo, con un centro pe-
queño. Diez cabañas, un almacén y el co-
rreo lo eran todo allí. Por una de las ven-
tanillas del tren, que pronto se pondría
en marcha, asomaba una mano en cuyo
dedo anular brillaba un anillo forjado en
plata. El viento se levantaba y abrazaba
a los viajantes en una brisa con aroma a
fresias y eucaliptos. Una ráfaga, así pre-

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destinada, hizo que un bolso quisiera es- daría. La contempló unos segundos más.
currirse de entre las manos de uno de los Se despidió de todo lo que había ama-
pasajeros. En la intención de recuperarlo, do y finalmente dio su primer paso para
el joven perdió su anillo sin darse cuen- marcharse. Quizás el tiempo eterno por
ta y siguió inmerso en sus pensamientos el que viaja la muerte la acercaría alguna
mientras recuperaba su bolso y lo apreta- vez al tiempo eterno en que solo viven
ba con fuerza. los amantes. Caminó hacia el lago y se
entregó a la calma de sus aguas. Aquel
Desde el anular en donde había estado, tren se había llevado a su amor y con él
recorrió un corto viaje haciendo giros en se había llevado su vida.
el aire y varios rebotes elegantes. Cayó en
el andén y rodó un largo trecho, curio- …
samente sobre el riel. Terminó su trave-
sía en un golpe seco, cuando los pies de El sol brillaba pero el invierno se acerca-
una joven frenaron su inquieto andar. Sus ba. No había sentido tanto frío desde el
pequeñas manos recogieron la joya justo día en que tomó aquel tren, unas semanas
en el momento en que el tren iniciaba su atrás. Miraba a su alrededor y la cabaña
viaje. Puso la alianza junto a la suya y sus parecía tan vieja y tan vacía sin ella. El
ojos cristalinos y su corazón vacío se des- silencio ahora se adueñaba de todo, hasta
pidieron de él para siempre. de su alma. Y al mismo tiempo que sabía
que debía dejar atrás el lugar, su corazón
Un tiempo después la cabaña fue vaciada quería regresar una y otra vez.
y ya no quedaba casi nada. El se había
ido y ella cerraba una historia, cerraba Se detuvo justo frente a la puerta princi-
una etapa y lo dejaba ir. Pero la foto se- pal antes de salir, giró un poco y levantó
guía en el lugar de siempre y allí se que- la vista. Sus ojos húmedos, su expresión

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desolada, se detuvieron en la sonrisa, esa “Nosotros estamos hechos de la misma
sonrisa que le quería arrebatar el olvido, materia que los sueños. En realidad si todo
plasmada en una foto sobre el hogar que es energía, la luz, la Tierra, los sueños;
tantas veces los había cobijado del frío. tú y yo, entonces es cierto, todos estamos
Allí estaban, felices los dos, congelados hechos del mismo material”
en el tiempo que no se mueve nunca, en William Shakespeare
el tiempo eterno del amor.

Atrapasueños de la Tierra
Don Eduardo Galeano decía que es-
tamos hechos de historias. Los pájaros
que de tanto en tanto visitan mi jardín
me contaron una… y les creo. Ellos sa-
ben mucho de árboles y dicen que son los
atrapasueños de la Madre Tierra.

Me contaron que cada tarde, con los últi-


mos rayos del Sol, el Viento trae hacia la
tierra los sueños y deseos que se sueñan y
desean en todo el mundo. Entonces, cada
árbol absorbe con sus hojas una bocanada
de anhelos y pensamientos de todo tipo,
los cuales pasan a fluir como salvia por
el interior de sus ramas y recorren cada

146 147
pedacito de su ser, bajando poco a poco
hasta el corazón mismo, que está en su
centro y está hecho de la misma sustan-
cia universal que el nuestro. Una vez en
el corazón, estos sueños son “tamizados”.

Los pájaros dicen que los malos deseos


o los sueños que van en contra de nues-
tra Naturaleza son retenidos y que se di-
suelven en el éter durante la noche. Sin
embargo, no se ponen de acuerdo sobre
cuál es el destino que les espera a esas
malas vibraciones. En lo que sí coinciden
–y esto es sumamente interesante– es en
que los árboles solo dejan pasar los bue-
nos sueños, las esperanzas de aquellos
que aman la Tierra y los deseos de los
guerreros que la protegen. Los dejan pa-
sar a través de su corazón –que asegu-
ran es sabio sobre lo que necesita– y se
transforman en nutrientes que van has-
ta las raíces. Desde ahí se distribuyen a
la Pacha Mama o Madre Tierra –como
algunos la llamamos– convirtiéndose, fi-
nalmente, en parte del Gran Útero que
alberga la Vida en todas sus expresiones.

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Desde que me contaron la historia estoy Índice
convencida de que todos somos hijos de la
Tierra y de que vale la pena seguir soñando.

Prefacio 11

Los poemas

Fe 17
En otra vuelta 20
Todo y nada 22
Crines 23
Trágico 26
Infinito 27
Sueltos 28
Fluir 30
Estar 32
Permanencia 36
Libres 38
Sin pedir 42
Te veo en el Sol 45
No te olvides 48
Volver a la tierra 50
Ahora 52

150
El misterio de los sueños 55
Valentina 57
Resistencia 61
La primera verdad 64

Los relatos

Universos 67
Salvados 77
El despertar de Milagros 82
El árbol, el viento y los pies 90
Calles 96
Proyectos y azares 101
Todos todo 127
El banco en el camino 130
El tren 138
Atrapasueños de la Tierra 147
Multiversos de la Tierra invita a sentirnos, a repen-
sarnos y a filosofar a partir de relatos y poemas ilus-
trados. Desde la simpleza de la palabra y el dibujo
pone en diálogo situaciones del mundo ordinario con
objetos y realidades de otros mundos, aunque desde
una perspectiva no antropocéntrica que considera a
la Tierra como un ser vivo y al ser humano como un
ser más que es parte de un Todo con el Universo.
Mostrando las muchas posibilidades, universos y
mundos que viven en cada uno de nosotros, los tex-
tos surgen de una mixtura de semillas de situaciones
soñadas o imaginadas, de recuerdos y deseos y de frag-
mentos de historias propias y ajenas.
Conceptos como “sentir-pensar”, “estar aquí y
ahora”, “conciencia” y “magia” se entrecruzan en un
libro que nace para quienes creen y crean, para quienes
desean ejercitar su corazón en el pensar y sus concien-
cias en el sentir y, finalmente, para todas aquellas per-
sonas que quieren dejar de mirar y comenzar a “ver”...

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