DEFINICIÓN DE VIRTUD
“La virtud (del latín VIRTUS, palabra que viene a su vez de VIR, hombre, varón) es, en un sentido
general, la capacidad o potencia propia del hombre y, en un sentido específico, la capacidad o
potencia moral.”
La virtud es una cualidad humana adquirida, cuya posesión y ejercicio tiende a hacernos capaces
de lograr aquellos bienes que son internos a las prácticas [en la búsqueda de la excelencia] y cuya
carencia nos impide, efectivamente, lograr cualquiera de tales bienes.
LAS VIRTUDES DEL JUEZ
El juez debe corresponder a las virtudes que se exigen al abogado con las que se esperan de él
como sujeto imparcial del proceso.
A la discreción debe sumarse el decoro, manifestado en la permanencia de una conducta austera,
inobjetable y digna, no sólo en el ejercicio de su función, sino también en sus maneras, en su trato
y en su vida pública y privada. Es en la dimensión total de la conducta que se expresan la jerarquía
y la autoridad.
Si el abogado debe cultivar la sabiduría jurídica, el juez debe hacerse digno del IURA NOVIT CURIA
que Sentís Melendo estudió en páginas magistrales. Si los jueces no saben, todo estará perdido.
Pero, no es suficiente con saber el Derecho. El Juez ha de conocer la ley, pero también la vida y en
particular el caso que debe decidir. Como lo declararon las Primeras Jornadas de Ética de la
Abogacía, el deber de la ciencia se integra:
a) con el deber de conocimiento jurídico,
b) con el deber de conocimiento extrajurídico aportado por las ciencias auxiliares y la propia
experiencia,
c) con el conocimiento acabado del caso en examen.
El juez debe ser sereno y equilibrado, pero a la vez lo bastante sensible para comprender el
significado de su justicia.
El juez debe tener coraje y ha de ser valiente para preservar la independencia que es garantía de
su imparcialidad. El respeto de los demás poderes al Poder Judicial es imprescindible para que la
sociedad no se destruya, y ha de ser una labor constante, de todos los ciudadanos y no sólo de los
jueces afianzar ese respeto y esa independencia. Pero el primer aserto de ella tiene que ser el
propio juez. El que se deja dominar por el temor, o queda cautivo de las prevenciones, el caviloso
o el indefinido, el indeciso o el sumiso, es un juez que desmerece la grandeza de su misión, y lo
que es peor, configura una falsificación del juez, que usurpa una posición de poder, y es dañino
para la sociedad que le confió su estrado.
Las virtudes enunciadas, se ejercen de manera específica en las siguientes situaciones:
Humanismo; En cada momento de su quehacer está consciente de que las leyes se hicieron para
servir al hombre, de modo tal, que la persona constituye el motivo primordial de sus afanes.
Justicia; Se esfuerza por dar a cada quien lo que es debido, en cada uno de los asuntos sometidos a
su potestad.
Prudencia; En su trabajo jurisdiccional y en las relaciones con sus colaboradores, recoge la
información a su alcance con criterios rectos y objetivos; consulta detenidamente las normas del
caso, pondera las consecuencias favorables y desfavorables que puedan producirse por su
decisión, y luego, toma ésta y actúa conforme a lo decidido.
Responsabilidad; Asume plenamente las consecuencias de sus actos, resultado de las decisiones
que tome, procurando que sus subordinados hagan lo mismo.
Fortaleza; En situaciones adversas, resiste las influencias nocivas, soporta las molestias y se
entrega con valentía para vencer las dificultades y cumplir con su función jurisdiccional.
Patriotismo; Tributa al Estado el honor y servicio debidos, defendiendo el conjunto y valores que,
como juzgador federal del Estado, representa.
Compromiso social; Tiene presentes las condiciones de iniquidad que han afectado a una gran
parte de la sociedad a lo largo de nuestra historia, y advierte que la confianza y el respeto sociales
que merezca serán el resultado de un trabajo dedicado, responsable y honesto.
Lealtad; Acepta los vínculos implícitos en su adhesión a la Institución a la que pertenece, de tal
modo que refuerza y protege, en su trabajo cotidiano, el conjunto de valores que aquélla
representa.
Orden; Mantiene la adecuada organización y planificación en el trabajo a su cargo.
Respeto; Se abstiene de lesionar los derechos y dignidad de los demás.
Decoro; Cuida que su comportamiento habitual tanto en su vida pública como privada, este en
concordancia con el cargo y función que desempeña.
Laboriosidad; Cumple diligentemente sus obligaciones de juzgador.
Perseverancia; Una vez tomada una decisión, lleva a cabo los actos necesarios para su
cumplimiento, aunque surjan dificultades externas o internas.
Humildad; Es sabedor de sus insuficiencias, para poder superarlas, y también reconoce sus
cualidades y capacidades que aprovecha para emitir de la mejor manera posible sus resoluciones,
sin pretender llamar la atención ni esperar reconocimientos.
Sencillez; Evita actitudes que denoten alarde de poder.
Sobriedad; Guarda el justo medio entre los extremos y evita actos de ostentación que vayan en
demérito de la respetabilidad de su cargo.
Honestidad; Observa un comportamiento probo, recto y honrado.