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Mateo

En la obra 'Mateo' de Discépolo, el protagonista se asocia con un caballo, simbolizando la pérdida de humanidad en un contexto de miseria económica y social. La narrativa explora la lucha de las familias en conventillos, donde la falta de dinero y el trabajo son temas centrales, reflejando la identidad nacional y los estereotipos de la época. A través de personajes como Miguel y su familia, se muestra cómo la pobreza y las expectativas sociales afectan sus relaciones y aspiraciones, culminando en un conflicto interno que lleva a decisiones desesperadas.

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Mateo

En la obra 'Mateo' de Discépolo, el protagonista se asocia con un caballo, simbolizando la pérdida de humanidad en un contexto de miseria económica y social. La narrativa explora la lucha de las familias en conventillos, donde la falta de dinero y el trabajo son temas centrales, reflejando la identidad nacional y los estereotipos de la época. A través de personajes como Miguel y su familia, se muestra cómo la pobreza y las expectativas sociales afectan sus relaciones y aspiraciones, culminando en un conflicto interno que lleva a decisiones desesperadas.

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En el caso de la primera obra que Discépolo mismo denomina “grotesco”, es decir,

Mateo (1965a), desde el título vemos la asociación del protagonista con un animal,
pues ese nombre corresponde al caballo del antiguo “coche plaza” (o coche de
pasajeros tirado por un caballo), que Miguel dirige. Pero, además, es el eterno
compañero del protagonista, sobre todo, en sus desventuras. Caballo y protagonista
se confunden, se mezclan, se determinan mutuamente. En todos los casos, la
apelación a lo bestial o a lo animal tiende a profundizar la pérdida paulatina de
humanidad que los protagonistas van padeciendo, víctimas de un contexto mísero,
tanto en el plano económico como en el plano de la realización del individuo como
persona humana, ya que los personajes de los grotescos discepolianos nunca pueden
concretar sus sueños y arrastran en ese fracaso a toda su familia.
En el caso de Discépolo no es el tedio el denominador común, sino los padecimientos
económicos que sufren los personajes por estar inmersos en un mundo injusto y
desigual.

CUADRO PRIMERO

La familia de don Miguel ocupa dos habitaciones en el conventillo. En el rincón izquierdo

del escenario, la alta cama matrimonial; en el derecho, la de Lucía. Mesitas de luz en

cada cabecera. Alfombrines raídos. La puerta del lateral izquierdo lleva al cuarto de

Carlos y Chichilo; la del foro, al patio. A la izquierda de esta, . ventana sin hierros,

con visillos. Entre puerta y ventana, dos alambres sostienen una cortina de cretona

que, corrida, oculta entre sí ambas camas. Cristalero en primer término de izquierda

y mesa con hojas "de media luna". Sillas de Viena y de paja. Baúles debajo de las

camas. Una vieja palangana montada sobre armazón de madera hace de estufa. En el

muro derecho cuelgan ropas cubiertas por un paño. Sobre la cama de los viejos, un

cromo de la Virgen con palmas cruzadas y una repisa sosteniendo un acordeón. En la

cabecera de la otra cama, un crucifijo con gran moño. Las siete de la mañana.

Invierno. Doña Carmen, sentada en silla baja, calienta sus manos en el brasero. Los

enseres del mate en el suelo; la "pava" en el fuego. Lucía termina de vestirse.

Chichilo, enroscado en las colchas, duerme sobre un colchón, a los pies de la cama

de la hermana.
Aportes

Salvador A. González
Punto d: La influencia tanto del dinero como del trabajo es central en ambas obras.
Estos conceptos están directamente relacionados debido a que el esfuerzo de un
trabajo honesto era considerado como única fuente de ingresos válida. Las dos obras
seleccionadas, se caracterizan por compartir este tópico como motor central de la
historia, específicamente la falta de dinero en las familias de conventillo, y sus
derivados problemas dependiendo el rol estereotípico dentro de la misma. Entre
ellos: la figura del padre como pilar económico de la familia, la mujer ama de casa
protectora de sus hijos, los jóvenes evasores de las exigencias sociales en relación al
trabajo y preferentes de un camino artístico.
La falta de dinero se personifica, por un lado, en la figura de la nona, desde una
visión tragicómica donde de se exagera un aspecto simple e inofensivo (comer
mucho) parte de una figura simple e inofensiva (la abuela) a un extremo tal que lo
torna insoportable para todos queriendo incluso matarla. Por otro lado, se
conceptualiza en el replanteamiento moral que se genera dentro del protagonista de
la obra de Mateo, priorizando el buen pasar de su familia sobre el criterio de su
consciencia basado en valoraciones sociales.
Esta idea de poner en el foco cuestiones en relación a la economía son el reflejo claro
de los intereses centrales de la época, donde, debido a la necesidad que producía el
contexto, construían una identidad nacional a través de cuestiones claves como: la
importancia del trabajo, la composición de la familia, los valores adoptados, el
costumbrismo en la forma de hablar y en los gustos, entre otras.
Esto gestó una visión común de la realidad, produciendo, entre otras cosas, ciertos
personajes estereotípicos ya mencionados, implementados como elementos
comunes en las obras artísticas de la época. Por ejemplo: el "vago", que toma como
castigo máximo ir a trabajar, y para evitarlo es capaz de enviar a trabajar a su abuela
o incluso matarla, y su debida evolución, el "héroe" que asume su responsabilidad y
salva a su familia de la catástrofe definitiva (no tener fuente de ingresos) a través del
trabajo digno.

La preocupación por el dinero no es aquí avaricia o búsqueda del ascenso social, sino
simplemente posibilidad de subsistencia. Frente a este problema, Carmelo y Chicho,
nietos de la esperpéntica anciana, asumen posiciones antitéticas. El primero ve en el
trabajo la única salida válida e intima a su hermano a conseguir un empleo. Carmelo,
como todos los personajes del grotesco criollo, fracasará porque no comprende que
trabajar más no basta si no se modifican las causas reales que fagocitan el producto
de este trabajo. Por su parte, Chicho, muy próximo a ciertos personajes de Florencio
Sánchez, es el vago que se escuda tras sus supuestas dotes de compositor de tangos
para eludir la responsabilidad del trabajo. No creemos casual que su nombre
coincida con el del protagonista de la obra de Alberto Novión, Don Chicho (1933) ya
que se asemeja a éste en la falta total de límites morales y en la descarada hipocresía
de cada uno de sus actos. La ambigüedad que caracteriza al don Chicho de Novión
también puede verificarse en el personaje de Cossa. Si aquel trata con desprecio y
rudeza a su padre inválido cuando se halla a solas, pero cambia su tono ante la
presencia de extraños, Chicho juega el papel de nieto amoroso que acaricia los
blancos cabellos de la abuela, mientras intenta eliminarla con los gases tóxicos del
brasero o con el veneno de probada eficacia. Otro punto de contacto con la obra de
Novión se relaciona con el tema de la limosna. Del mismo modo que Don Chicho
transforma a su padre en mendigo, la familia de la Nona especula con las limosnas
que puede recibir el octogenario kiosquero del barrio, casado por medio de engaños
con la voraz anciana.
Existen otros personajes que se aproximan notablemente a los caracteres
arquetípicos del grotesco criollo. La Nona, aunque caricaturesca e irreal, pertenece
como Carmelo Salandra (7) o Mustafá (8) a la primera gran inmigración: su lengua
conserva todavía rasgos cocolichescos pero no representa ya un obstáculo de
comunicación ni para ella ni para ninguno de sus miembros de las tres generaciones
que la rodean y que, inclusive, desconocen el italiano. Marta, la bisnieta, sigue el
modelo clásico de la "milonguerita" de los tangos. Si en un principio la familia cree y
acepta sus frecuentes salidas nocturnas para cumplir con la guardia en la farmacia y
luego su empleo de alternadora en un cabaret, termina siendo cómplice de su
derrumbe y no duda en conseguirle los clientes que, como "manicura", recibe
directamente en su casa para evitar inútiles pérdidas de tiempo. Marta, siguiendo el
ejemplo de sus mitológicas antecesoras tangueras, morirá en un hospital consumida
por alguna incierta enfermedad profesional.

María Soledad Bianchi4:46

En ese sentido Mateo podría ser pensado como personaje ya que Miguel lo
humaniza: “N'entendemo como dos hermanos” (Mateo:6). Por un lado lo hace
partícipe de su propia torpeza: “El pobrecito caminaba dormido, seguramente, e se
ha dado un cabezazo tremendo contra un automóvil” (Mateo:5); por otro le habla y
lo vuelve cómplice de su desesperación: “Nenne… ¿No me quiere mirar? Soy yo. Yo
mismo. ¿Qué hacemo? Robamo. Usté y yo somo do ladrone.” El caballo como su
extensión constituye un linaje que tiene que ver con el trabajo y el orgullo “¡Yo vaya
morir col látigo a la mano e la galera puesta, como murió me padre, e como murió
me abuelo!”. Esto a la vez representa un sueño traído de Europa que así como el
animal y su dueño está “reventado e viejo” y también “triste” (Mateo:7). De esta
forma ya no se muestra al inmigrante como ajeno, como aquel estereotipo que gira
en torno al patio de un conventillo, sino como un ser que se siente traicionado por el
progreso y por el país. Así termina traicionándose a sí mismo y a Mateo, con la carga
simbólica que esto sugiere. El surgimiento del automóvil que atropella a Mateo, y
con él a quienes no puedan adaptarse a la velocidad de esos cambios, muestra la
ruptura de una sociedad en crisis, que castiga con su indiferencia.

Por otro lado, el contexto de La Nona se ubica dentro de nuestro pasado reciente.
Así podemos relacionar a este personaje como el avance voraz, insaciable, inhumano
del capitalismo en su formato neoliberal-financiero: “El puesto de la feria no da para
más, ¿entendés? ¡No da para más! (Señala hacia la pieza de la Nona.) Me lo está
morfando”. (La Nona:9). También representa la dictadura militar que marcó para
siempre nuestra identidad como argentinos. Así se pueden leer referencias a la
ruptura social y al poder represivo del gobierno de facto:

CARMELO.—Que coma lo que quiera. Que ella misma se va a poner sus propios
límites.

CHICHO.—¿Qué límites?.

CARMELO.—Eso digo yo. ¡Qué límites! (La Nona:16)

Franco Castañarez11:16
Por un lado, en Mateo, Miguel y su familia están sumidos en la pobreza, y sus valores
y relaciones están cayendo a causa de esto. Uno de los hijos de Miguel, Carlos,
parece sentirse cansado de la familia que tiene: Lucía con sus preocupaciones
adolescentes, Chichilo con sus deseos de ser boxeador-y alguna deficiencia mental,
según menciona Carlos- , y Miguel que se reusa a la modernización y ve la profesión
de chofer como algo ridículo. Esto último llega incluso a provocar un enfrentamiento
entre padre e hijo, muy violento. Miguel hasta va a buscar su látigo para castigar a
Carlos. Sin embargo, este sale de escena y cuando vuelve a aparecer, no vuelve con
las manos vacías: se había convertido en chofer. No obstante esto no alegra a
Miguel, ya que la noche antererior había recurrido a la delincuencia para traer plata
a la casa, luego de pedirle a Chichilo que trabaje urgentemente y no obtener
respuesta concreta(quería ser boxeador, no trabajar en otra cosa que pudiera agotar
sus energías). Ahora Miguel considera que es tarde para que alguno de la familia
trabaje. Se produce una ironía casi trágica.
Por otro lado, en La Nona, el conflicto familiar también ronda la cuestión del trabajo.
Nada basta para saciar a la nona, y los trabajos que la familia conseguía no eran bien
remunerados, por lo cual estaban sumidos en la pobreza a causa de ella. Se producen
enfrentamientos, algunos similares a los que se ven en Mateo, por ejemplo, cuando
le piden a Chicho que trabaje, y este se niega porque tiene vocación de artista, y si
trabaja perdería su inspiración. Varios integrantes de la familia intentan matar a la
nona, puesto que es aparéntemente el origen de sus problemas, pero terminan
muriendo ellos.

En la obra de Discépolo, considerando el punto A, observamos que los personajes


son referenciales, no se encuentran exagerados, para producir un efecto de realidad
y mostrar el conflicto individual que presenta el protagonista. Miguel es víctima de
un conflicto interno del que no puede escapar ya que al intentarlo termina
empeorando su situación. Este personaje cristaliza su su problemática desde el
comienzo y no se encuentran contenido ni comprendido por ningún personaje.
La obra se encuentran atravesada por un drama de personaje que, junto con el
determinismo, son propios del grotesco. Miguel es capaz de admitir su propio
patetismo que se verá representado en su desición de delinquir.

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