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Historia, Caracteres y Estado Actual

El documento analiza la evolución del judeo-español, destacando su mezcla lingüística y arcaísmos que se han mantenido desde la Edad Media. Se menciona la influencia hebrea en el vocabulario y la gramática, así como la preservación de tradiciones en comunidades sefardíes. Además, se señala la adaptación del idioma en diversas regiones tras la expulsión de los judíos de España y su posterior diáspora.

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Historia, Caracteres y Estado Actual

El documento analiza la evolución del judeo-español, destacando su mezcla lingüística y arcaísmos que se han mantenido desde la Edad Media. Se menciona la influencia hebrea en el vocabulario y la gramática, así como la preservación de tradiciones en comunidades sefardíes. Además, se señala la adaptación del idioma en diversas regiones tras la expulsión de los judíos de España y su posterior diáspora.

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y aunque subsisten variedades de pronunciación y vocabula-

rio, se ha llegado a una mezcla lingüística inteligible para


todos; las diferencias son mayores en el habla familiar.
2. Ya en la Edad Media el lenguaje de los judíos espa-
ñoles tenía peculiaridades atribuibles al carácter restringido
de su comunidad, a motivos religiosos y a la tradición hebrea 2.
Documentos de la judería de Aguilar de Campó otorgados
en 1219 y 1220 ofrecen la extraña locución conjuntiva pienes
que 'a causa de que', 'porque' ( < lat. p ê n e s ) , fórmulas
§ 125. H is to ria , c a ra c te re s y e s ta d o a c tu a l. inusitadas en escrituras notariales de cristianos ( promineo
o lonninco < lat. p r o p i n q u u s a u t l o n g i n q u u s ;
1. La mayoría de los judíos expulsados de España por «con ojo ferm oso uendiemos ad ellos la uéndida esta»), usan
los Reyes Católicos se estableció, tras com plejas vicisitudes, la figura etimológica intensiva de origen sem ítico («en-
en diversos puntos del imperio turco *. Allí fundaron núcleos fuercen enna uéndida esta forzamiento conplido a por con-
que=.se enriquecieron-pronto^con_eLcom [Link] _emigra-_. sieglo» 3) y mezclan en su castellano las voces hebreas quinnan
dos se repartieron por el Norte de Africa. Los judíos de 'compromiso bajo_juramentó'"( < ^q ti i n y á n ), «mes de Mar-
Marruecos y Oriente han conservado con tenacidad sus tra- fesuan», «mes de Adar». En las traducciones bíblicas m edie-
diciones. En boca suya se encuentran romances y dichos vales y del siglo xvi hechas por judíos abundan verbos cau-
antiguos que se han olvidado en la Península. El español se sativos en -iguar ( < lat. - i f i c a r e ) ,. amuchiguar 'multi-
sigue empleando en las comunidades sefardíes, incluso en plicar', abiviguar 'vivificar', aboniguar 'beneficiar', fruchiguar
las que se han trasladado al Nuevo Mundo, y se ha extendido 'dar fruto'; sustantivos como ermollo 'brote, pimpollo', etc.
a judíos de otras procedencias. Aunque al principio los se- En el siglo xiv los textos aljamiados de don Sem Tob y las
fardíes se agruparon según las regiones españolas de origen, Coplas de Yoçef muestran apócope de -e ya entonces arcai-
zante (v. § 67t); más notable es que en 1920 Américo Castro
) Las comunidades judeo-españolas de los Países Bajos y del Norte oyera a los sefardíes de Xauen decir nief 'nieve' com o en
de Francia —en especial las de Ruán y Amsterdam, cuya producción
literaria y doctrinal fue tan im portante en el siglo xvn— no parecen tiem pos del Lapidario alfonsí o del Arcipreste de Hita. Los
haber usado en sus escritos un castellano diferente, del peninsular: judíos españoles decían el Dio en lugar de Dios, que les pare-
no hay particularidades dialectales en las obras de Enriquez Gómez,
Miguel de Barrios o Isaac Orobio de Castro. Los restos iberorrománi- 2 Véase S. Marcus, A-t-il existé en Espagne nn dialecte judéo-
cos conservados hacia 1930 po r los sefardíes de Amsterdam eran por- espagnot?, Sefarad, XXII, 1962, 129-145.
tugueses, no castellanos: véase A. van Praag, Restos de los idiomas 3 4Den a esta venta validez com pleta por todos los siglos'. Con-
hispano-lusitanos entre los sefardíes de Amsterdam, Bot. R. Acad. Esp., sieglo < lat. e d n e t u m s a e c ü l u m («Litterae Hispanae et lusi-
XVIII, 1931, 177-201, y Los sefarditas de A. y sus actividades, Univ. de tanae», München, 1968, 191); para la figura etimológica intensiva, v.
Madrid, 1967. § 365; pienes, promineo, lonninco, R. Menéndez Pidal, Orígenes, § 95j.
Ambas escrituras notariales, en los Docs. Lingüísticos, 23° y 24°.
cía un plural adecuado al. trinitarismo cristiano. De uso es- cioso se quiere reservar la designación de ladino, llamando
pecial suyo eran los vocablos meldar 'meditar', actualmente judesm o (/fcudezmó/) al de uso general; pero ladino, más
'leer los libros sagrados’ o 'leer' en general; huesm o 'olor', prestigioso, gana terreno para denominar el judeo-español
hoy güesmo; y hebraísm os como oinar 'endechar' y mazal literario y aun el coloquial, en oposición al hebreo.
'destino'. A través de ellos pasaron al español las palabras 4. Característico del judeo-español es su extraordinario
de origen hebraico malsín, máncer; más problemático es arcaísmo. Se ha apuntado como una de sus posibles causas
desmazalado, que en su sentido habitual d e/in d o len te, irre- el hecho de que la diáspora de los judíos hispanos comenzó
soluto, descuidado' está en indudable conexión con el galle- a raíz de las matanzas de 1391, un siglo antes de que los no
go desmacelado, port, desmazelado ( < m a c ë 11 a ) pero conversos fueran expulsados. La cuestión es muy compleja;
en la acepción de 'desdichado', usual entre los sefardíes, re- pues, si bien el judeo-español no participa de las principales
vela
13 ·.-
claro influjo de m a z a l4. El hebraísmo sirvió en ocasiones transformaciones que hacia 1400 iban cundiendo en el Norte
para eludir exégesis o resonancias cristianas: así en el pasaje peninsular, acoge otras meridionales —el seseo-çeçeo y el
dé Isaías (7, 14) que en la Vulgata dice «ecce v i r g o conci- yeísmo— que entonces debían de estar menos desarrolladas
piet, et pariet filium» la Biblia de Alba de Mosé Arragel, tras todavía (véanse §§ 72j y 92-93). Su sistema fonológico ha
vacilaciones y tachaduras, reprodujo sin traducirlo el. hebreo eliminado, como el andaluz, el canario y el español de Amé-
alma ( = calmah 'virgo nubilis'), sin duda para evitar el tér- rica, los fonemas ápico-alveolares / s / y / z / (s-, -ss- y -5- en
mino virgen, referido por antonomasia entre los cristianos la grafía del español antiguo), extendiendo en su lugar los
a la Madre de J es ú s 5. dentales procedentes dé /§ / y /2 / (c, ç y z en la escritura
2 3. El judeo-español de las versiones bíblicas no corres- antigua); pero a diferencia del andaluz y su expansión atlán-
ponde al usado en el habla: es un lenguaje híbrido en que tica, conserva la oposición entre sorda y sonora, de modo
las palabras españolas se ajustan literalmente a las del texto que /§ / y / s / han confluido en una /§ / predorso-dental sorda
hebreo calcando su semántica, su fraseología y su sintaxis como la andaluza y la del francés poisson (/gink o/, /man-
hasta hacerse muchas veces ininteligible para el hispanoha- gebu/), mientras que /2 / y / z / se han fundido en la corres-
blante que no tenga en su memoria el original hebreo. No se pondiente predorso-dental sonora /z /, igual a la portuguesa
trata de traducciones torpes, sino intencionadamente fieles de rosa o a la francesa de rose, poison (/h azer/, /herm oza/).
a la lengua sagrada cuyo espíritu intentan reflejar y a cuyo La antigüedad de la eliminación de las alveolares está ates-
aprendizaje tratan de contribuir. Tal es el caso de las Biblias tiguada en 1547 por grafías equivalentes a deçeo 'deseo', «no
de Constantinopla (1547), en caracteres hebreos, y de Ferrara te çierbas» 'no te sirvas' de la Biblia de Constantinople6. En
(1553), en alfabeto latino. Para este tipo de lenguaje artifi- los Balcanes y Asia Menor quedan restos de la /2 / africada
primitiva (/o n 2e/, ant. onze 'once'; /do2ena/, ant. dozena;
* Yakov Malkiel, A Latin-Hebrew Blend: Hispanic «Desmazalado»,
Hispanic Review, XV, 1947, 272-301. /p o2u /, ant. y mod. pozo), en algunos lugares, palátalizada
3 Véase Margherita Morreale, Vernacular Scriptures in Spain, en
The Cambridge History of the Bible, II, 1969, 477. 6 Deuteronomio, ed. Sephiha (v. nuestra n. 8), 160, 182.
([d óge], [pógo]). También se palataliza en algunas partes la
5. También es notable el arcaísmo de las formas grama-
/ s / implosiva, como en el castellano de los siglos xv y xvi
ticales. Persisten só, está, vó, dó, y las term inaciones topás,
(/m oSka/, /piSkadu/). Los fonemas / s / y /2 / (escritos x y
querés, sos, amá 'amad'. Hay aglutinación del imperativo
g, j respectivamente en la lengua antigua) mantienen su ori-
con el pronombre (quitalde, trallde). Se desconocen vuestra
ginaria articulación palatal, que es sorda en /bruSa/, /d i5 o/
merced y u sted: como tratamiento de- respeto se usan vos
y sonora en / h iio /, /iu g a r/; en principio de palabra o tras
en Marruecos y él, eya, en Oriente. Subsisten muchas palabras
i n/ se da —en Bucarest por ejemplo— la articulación afri-
anticuadas en España, com o agora, avagarozo 'lento', amatar
cada [g] ([gw égu], [gen til], [ángel], [spónga]). En Marrue-
'apagar', ambe^ar 'enseñar' (esp. antiguo abezar, avezar),
cos los préstamos del castellano o andaluz modernos tienen
güerco 'diablo' (antiguo huerco), kamareta 'habitación', ado-
/ χ ! velar o [h ] aspirada en vez de los fonemas palatales del
bar 'preparar', fadar 'destinar, lograr', etc. Otras com o man-
caudal viejo. La antigua distinción entre / b / oclusiva y / v /
$ebu, topar, que én España son de em pleo litérario o restrin-
fricativa ha desaparecido en Marruecos, donde al igual que
gido, corren con todo vigor en judeo-español.
en el español general moderno, sólo existe un fonema bila-
6. Se han generalizado rasgos de dialectos españoles,
bial sonoro, articulado como [b] oclusiva o como [b ] frica-
como el grupo /m b / (palom bica) o las vocales finales / i / ,
tiva, según la posición o sonidos inmediatos. En Oriente per-
/ u / (ârbolis, entonsis, piliscus 'pellizcos'). Incorporados al
dura la distinción, y la / v / es- labiodental en Sarajevo,
habla común viven el gallego aínda 'aún', el aragonés lonso
B u carest7, Salónica y otros puntos; también lo es en el se-
(onso 'oso'), el leonés o portugués Samarada 'llamarada' y
fardí de Nueva York, de origen esmirniano. La /f - / inicial otras voces de diverso origen. El elem ento portugués es
vacila entre el m antenim iento (/fa ze r/, /fe r ir/), la aspiración importante como consecuencia de haberse refugiádo en Por-
(/k eha zer/, /h e rm o ju /) y la pérdida (/i2 o /, /erm ozu/); do- tugal durante algún tiempo buen número de judíos expulsos
mina la / f / en Bosnia, Macedonia y Salónica; en cambio, de España. Arrojados también de Portugal, judíos lusitanos
son raros los casos de conservación en Rumania, Bulgaria y españoles fconvivieron en Amsterdam y en Oriente. Así
y Turquía; en Marruecos Se desconoce la aspiración. En los emplea el judeo-español lusism os com o anotar 'enojar', em-
grupos romances subsiste la labial implosiva (bivda 'viuda', birrarse 'enfurecerse', froña 'funda' y m uchos más.
sivdad 'ciudad’) como en el español del siglo xv. 7. En judeo-español también hay innovaciones: ya hem os
visto su tipo especial de seseo, probablemente incubado o
iniciado en España. Igual debió de ocurrir con el yeísmo:
^ Ahora bien, en Bucarest, según Marius Sala (Phonétique et pho-
nologie du judéo-espagnol de Bucarest, The Hague-Paris, 1971, [Link]), la /J / ha pasado a / y / (eya, yevar), com o en el Mediodía de
no sólo hay /v / en vaka, vena, vieia, rávanu, apruvar, kavaiu, con- España y en América; entre vocales es frecuente la pérdida de
forme al uso del español antiguo, que pronunciaba fricativo el resultado esta /y / (kastío, bol$ío, amaría, gaína, ai por castillo, bolsillo,
de /v / y /-b-/ latinas, sino tam bién en risivir, kavesa, saver, pwevlu,
donde procede de /-p-/ latina y la lengua medieval tenía /b / bilabial amarilla, gallina, allí en Marruecos; ea 'ella' en los Balcanes).
oclusiva; el sefardí de Bucarest ha extendido la articulación fricativa En principio de palabra, la / s / genera una / f / o / h / aspirada
labiodental a toda labial sonora intervocálica o interior. ante el diptongo ué: suegra, zueco, sueño se convierten en
esfuegra o isfuegra, esfueco o isfueco, esfueño o ishueño. Las lingüística basada en el neo-hebreo. Todo haría temer la
velares y labiales originan la inserción de un [w ], laguar, ruina de esta preciosa supervivencia si el conmovedor y tenaz
guato, puadre, alducuera 'faldriquera o faldiquera', al lado cariño que por ella sienten los sefardíes no obligara a man-
de las formas lagar, gato, padre. Abundan las m etátesis como tener esperanzas8.
acodrarsi, bedri, guadrar, por acordarse, verde, guardar.
8 De la abundante bibliografía relativa al judeo-español, véanse
La diptongación ofrece irregularidades como rogo, queres, especialmente M. Grünbaum, Judisch-spanische Chrestomathie, Frank-_
preto, adientró, pueder. La / n / inicial tiende a cambiarse en furt an Main, 1896; A. Pulido Fernández, Los israelitas españoles y el"
/m /, no sólo en mosotros, mos, como en español vulgar, sino idioma castellano, Madrid, 1904; J. Subak, Zum Judenspanischen,
Zeitsch. f. rom. Phîlol., XXX, 1906, 129*181; R. Menéndez Pidal, Catálogo
en otros casos, com o m uebo 'nuevo'. En Bucarest y en algún del Romancero judio español, Cultura Española, 1906 y 1907; L. La-
otro punto la / n / se descom pone en /n i/ (aniu 'año', niudu mouche, Quelques mots sur le dialecte espagnol parlé par les Israélites
'ñudo, nudo', puniu 'puño'); y en Marruecos se dan casos de Satanique, Rom, Forsch., XXIII, 1907, 969-991; Max Leopold Wag-
ner, Die Sprache der spanischen luden, Rev. de Dialect. Rom., I, 1909,
de. total despalatalización (anil, menique, pañuelo), aunque 487-502; Los judíos. españoles de Oriente y su lengua, Bull, de Dialect.
la J n / se conserva en general (caña, carcañal, compaña). Rom., I, 1909, 53-63; Beitrage zur Kent ni s s des Judenspanischen von
^ 8. Los sefardíes guardan con asombroso apego su he- Konstantinopel, Wien, 1914; Judenspanisch-Arabisches, Zeitsch. f. rom.
Philol., XL, 1920, 548-549; Algunas observaciones generales sobre
rencia tradicional española: romances y canciones medievales el judeo-español de Oriente, Rev. de Filol. Esp., X, 1923, 225-244; Los
han pasado de unas generaciones a otras por vía oral en dialectos judeo-españoles de Karaferia, Kastorta y Brusa, «Homen. a
cantidad tan extraordinaria como la fidelidad de su trans- R. M. Pidal», II, Madrid, 1925, 193-203; Caracteres generales del judeo-
español de Oriente, Madrid, 1930; Zum Judenspanischen von Marokko,
misión. Han enriquecido la fraseología que sacaron de Es- Volkstum und Kultur der Rom., IV, 1931, 221-245; Miscelánea. A pro-
■Yt'
paña con innumerables creaciones nuevas. Con todo, la pósito do judeo-espanhol «ermoyo», Boletim de Filol., IX, 1949, 349-351;
decadencia del judeo-español es progresiva y abrumadora: Espigueo judeo-español, Rev, de Filol. Esp., XXXIV, 1950, 9-106; As
tnfluénctas reciprocas entre o portugués e o judeo-espanhol, Revista
reducido al ámbito familiar, su léxico primitivo se ha empo- de Portugal, n.° 86 (Lfngua Portuguesa, XV); Calcos lingüísticos en el
brecido extraordinariamente, mientras se adoptaban infini- habla de los sefarditas de Levante, «Homen. a F. Krüger», II, Mendoza,
dad de palabras y locuciones turcas, griegas, rumanas, esla- 1954, 269-281, y Etnige sprachliche Bemerkungen zum Cancionero de
Baruh Uziel, Vox Rom., XX, 1961, 1-12; M, Gaspar y Remiro, Sobre
vas o árabes. La expresión culta muestra gran abundancia algunos vocablos y frases de los judeo-españoles, Bol. R. Acad. Esp.,
de galicism os e italianism os. Nutridos contingentes sefardíes I-V, 1914-1918; A, S. Yahuda, Contribución al estudio del judeo-espa-
han emigrado a países lejanos como Estados Unidos, donde ñol, Rev. de Filol. Esp., II, 1915, 339-370; W. Simon, Charakteristik des
judenspanischen Dtalekts von Satoniki, Zeitsch. f. rom. Philol., XL,
las generaciones jóvenes, al acomodarse al nuevo ambiente, 1920, 655-689; Américo Castro, Entre los hebreos marroquíes, Rev. Hís-
van olvidando rasgos de su lengua originaria. En Marruecos pano-Africana, I, 1922; D. S. Blondheim, Les parlers judéo-romans et
pesa sobre ellos la influencia del español moderno. La segun- la Vetus Latina, Paris, 1925; S. Mézan, Les Juifs espagnols en Bulgarie,
Sofia, 1925; J. Benoliel, Dialecto judeo-hispano-marroqui o hakitla, Bol.
da guerra mundial diezmó o aniquiló las comunidades judías de la R. Acad. Esp., XIII, XIV y XV, 1926-1928; K. Baruch, El judeo-
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1961*1962, 239-250, y El sidur tadinado de 1552, Rom. Philol., XVII,
(judéo-espagnol calque), «Atti XIV Congr. Intern, di Ling, e Filoi.
1963,332-338; Marius Sala, Recherches sur te judéo-espagnol de Bucarest
Rom.», Napoli, 1974, II (1976), 555-564, y Théorie du Ladino: additifs,
(un problème de méthode), Revue de Linguistique, VII, 1962, 121-140;
«Mélanges offerts à Ch. V. Aubrun*, II, Paris, 1975, 255*284; Moshe
Lazar y colaboradores, Diccionario Ladino-Hebreo, con Glosario La-
dino-Español. Fascículo de muestra, Jerusalén, 1976; Joseph Nehama,
avec la collaboration de Jesús Cantera, Dictionnaire du judéo-espagnol,
M adrid,. 1977; Romances judeo-españoles de Tánger, recogidos por
Z arita Nahón, ed. crít. y anotada po r S. G, Armistead y J. H. Silver-
man, con la colabor, de Oro Anahory Librowicz, transcripciones musi-
cales de I. J. Katz, M adrid, 1977; S. G. Armistead, con la colab. de
Selma M argaretten, Paloma M ontero y Ana Valenciano, El Romancero XVII. EL ESPAÑOL DE AMÉRICA
judeo-español en el Archivo Menéndez Pidal, 3 vols., Madrid, 1978, etc.
Hay además estudios e inform ación de interés en «Sefardismo», sección
de la revista Sefarad, aparte de- alguno ya mencionado.
§ 126. P ro b le m a s g e n e r a l e s .

Cuando decim os «español de América», pensamos en una


modalidad de lenguaje distinta a la del español peninsular,
sobre todo del corriente en el Norte y Centro de España. Sin
embargo, esa expresión global agrupa matices muy diversos:
no es igual el habla cubana que la argentina, ni la de un
m ejicano o guatemalteco que la de un peruano o chileno.
Pero, aunque no exista uniformidad lingüística en Hispano-
américa, la impresión de comunidad general no está in justi-
ficada: sus variedades son menos discordantes entre sí que
los dialectalismos peninsulares, y poseen menor arraigo his-
tórico. Mientras las diferencias lingüísticas de dentro de
España han tenido en ella su cuna y ulterior desarrollo, el
español de América es una lengua extendida por la coloniza-
ción; y ésta se inició cuando el idioma había consolidado
sus caracteres esenciales y se hallaba próximo a la madurez.
Ahora bien, lo llevaron a Indias gentes de abigarrada proce-
dencia y desigual cultura; en la constitución de la sociedad
colonial tuvo cabida el elemento indígena, que, o bien apren-
dió la lengua española, modificándola en mayor ó menor
grado según los hábitos de la pronunciación nativa, o con-
servó sus idiomas originarios, con progresiva infiltración de
hispanismos; durante más de cuatro centurias, la constante
afluencia de emigrados ha introducido innovaciones; y si la § 127. L as le n g u a s in d íg e n a s y s u . i n f l u e n c i a .
convivencia ha hecho que regionalismos y vulgarismos se
diluyan en un tipo de expresión hasta cierto punto común, 1. Las relaciones históricas y lingüísticas entre el espa-
las condiciones en que todos estos factores han intervenido ñol y los idiom as aborígenes de América responden a las
en cada zona de Hispanoamérica han sido distintas y expli-
can los particularismos. El estudio del español de América American and Caribbean Linguistics», edited by T. A. Sebeok, The
Hague, 1968 (contiene, entre otros estudios, los de E. Coseriu, General
está, por tanto, erizado de problemas cuya aclaración total perspectives, 5-62; J. M. Lope Blanch, Hispanic Dialectology, 106-157;
no será posible sin conocer detalladamente, además de la Y. Malkiel, Hispanic Philology, 158-228, y G. L. Guitarté y R. Torres
procedencia regional de los conquistadores y prim eros colo- Quintero, Linguistic Correctness and the Role of the Academies, 562-
604); J. Lapointe, Bibliographie de l'espagnol d'Amérique, Dakar, 1968;
nos de cada país —hoy explorada en buena parte—, su de- C. A, Solé, Bibliografía sobre el esp. en América, 1920-1967, Washington,
finitivo asentamiento, sus relaciones con los indios' el des- 1970, y B, s. el esp. en Am., 1967-I97I, Anuario de Letras, X, 1972, 253-
arrollo del m estizaje, las inmigraciones posteriores y la acción 288; Y. Malkiel, Linguistics and Philology in Spanish America, The
Hague-Paris, 1972; G. Bialik Huberman, Mil obras de ling. esp. e his-
de la cultura y de la administración durante el período colo- panoam.: un ensayo de síntesis critica, M adrid, 1973 (reseña de H. López
nial y el siglo xix. Mientras tanto, ofrecem os al lector un Morales, Anuario de Letras, X III, 1975, 299-307), etc.—B) Ac t a s d e
resumen de los-datos que hoy se poseen y de las cuestiones r e u n i o n e s CIENTÍFICAS: Memoria del I Congreso de Academias de la
Lengua Española, México, 1951; del II, Madrid, 1956; del III, Bogotá,
lingüísticas hasta ahora su scitad asl. 1960; Actas det IV, Buenos Aires, 1964 (1966); Memoria del V, Quito,
1968 (1972), y del VI, Caracas, 1972 (1974); Oficina Internacional de
i Por la gran extensión de la bibliografía sobre el español de Amé- Información y Observación del Español (OFINES), Presente y Futuro
rica, la referente a problemas particulares figurará en nota al párrafo o de la Lengua Esp., Madrid, 1963 (2 vols., 1964); Programa Interam eri-
pasaje respectivo; aquí sólo m encionaremos las que son instrum ento cano de Lingüística y Enseñanza de Idiom as (P.I.L.E.I.), El Sim posio
necesario p ara cualquier tipo de estudio y las que tienen alcance de Cartagena, agosto de 1963, Bogotá, 1965; Actas, informes y com uni-
general: A) B i b l i o g r a f í a s y p a n o r a m a s d b l a i n v e s t i g a c i ó n : C, C. Marden, caciones del Simposio de Bloomington (Indiana), 1964, Bogotá, 1967;
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I, Madrid, 1925, 589-605; M. W. Nichols, A bibliographical guide to 111 Simposio del P.I.L.E.I., México, 1975; El Simposio de México del
Materials on Am. S p., Harvard Univ.. Press, 1942; H. A. Hatzfeld, His- P.I.L.E.I., México, 1969; Asociación de Lingüística y Filol. Latinoam eri-
panic Philology in Latin America, «The Americas», III, Washington, cana (A.L.F.A.L.), Actas de la Primera Reunión Latinoam. de Ling, y
1947, 347-362; M. L. Wagner, Crónica bibliográfica hispano-americana, Filol,, Viña del Mar (Chile), 1964, Bogotá, 1973; Actas del III Congr.
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XLVI-XLVII, 1966-1967; «Current Trends in Linguistics, IV: Ibero- rica y et latin vulgar, Buenos Aires, 1924), y Lingua e dialetti delVAme-
más diversas m odalidades que pueden presentarse en el exacta, en los conflictos de lenguas y de cu ltura2. Existen
contacto de lenguas o, con terminología más vieja, pero más fenómenos y problemas de superstrato, influjo de la lengua

rica spagnola, Firenze, 1949; P. Henríquez Ureña, Observaciones sobre (2.* ed., 1967); D. L. Canfield, La pronunciación del español en América,
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ñol, idioma nacional. Historia espiritual de tres nombres, Buenos Aires, Blanch, Proyecto de estudio coord. de la norma ling, cuita de las
1938; La Argentina y la nivelación del idioma, Buenos Aires, 1943, y princip. ciud. de Iberoam., «El Simposio de México» del P.I.L.E.I.,
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Piccardo, En torno al esp. de Amér., Montevideo, 1942; T. Navarro, ciudades de América, editados por Juan M. Lope Blanch, México, 1977
Cuestionario lingüístico hispanoam., Buenos Aires, 1943; Bertil Malm- (contiene 35 estudios de diversos autores, entre ellos Ana M.· Barre-
berg, L'Espagnol dans le Nouveau Monde, Problème de linguistique nechea, Lidia Contreras, Hum berto López Morales, E. Luna Traill,
générale, Studia Lingüistica, I, 1947, 79-116, y II, 1948, 1-36 (reseña de José G. Moreno de Alba, Ambrosio Rabanales y el mismo J. M. Lope
M. A. Morínigo, Rom. Philol., IV, 1951, 318-326), y La América hispano- Blanch), etc.—E) E s t u d i o s d i a l e c t o l ó g i c o s s o b r e p a í s e s o Ár e a s d e t e r -
hablante. Unidad y diferenciación del castellano, Madrid, 1970; Avelino m in a d o s : No podemos citar aquí la inmensa bibliografía existente;
H errero Mayor, Tradición y unidad del idioma, Buenos Aires, 1949; sólo mencionaremos, por ser fundamental, la Biblioteca de Dialectología
Contribución al estudio del esp. americano, Buenos Aires, 1965, etc.; Hispanoamericana, publicada por el Instituto de Filología de Buenos
R. Menéndez Pidal, Nuevo valor de la palabra hablada y la unidad Aires, cuyos siete volúmenes aparecidos comprenden: I y II (1930 y
del idioma, «Mem. II Congr. Acad.», Madrid, 1956, 487-495; Dámaso 1946), Aurelio M. Espinosa, Estudios sobre el español de Nuevo Méjico,
Alonso, Unidad y defensa del idioma, Ibid., 33-48, y Para evitar la trad., reelaboración, notas y estudios complementarios de Amado Alon-
diversificación de nuestra lengua, Arbor, LV, n.° 211-212, julio-agosto so y Ángel Rosenblat; III (1930), E. F. Tiscornia, La lengua de Martin
1963, 7-19; M. Sanchis Guarner, Sobre los problemas de la lengua cas- Fierro; IV (1938), El español en Méjico, tos Estados Unidos y la Amé-
tellana en América, Papeles de Son Armadans, n.° LVI, novbre. 1960, rica Central, trabajos de E. C. Hills, F. Semeleder, C. C. Marden,
138-168; Alonso Zamora Vicente, Dialectología española, Madrid, 1960 M. G. Revilla, A. R. Nykl, K. Lentzner, C. Gagini y R. J. Cuervo, con
dominante sobre la dominada; en nuestro caso, penetración
puesto respectivam ente el nahua y el quechua a pueblos
de hispanism os en el nahua, en el zapoteco, en el quechua,
som etidos que hablaban antes otras lenguas. Junto a las
en el guaraní, e tc .3. Hay hechos y problemas de adstrato,
lenguas generales, com o conquistadores y m isioneros llam a-
mutua influencia entre lenguas coexisten tes, ya por bilin-
ron a las más extendidas, hubo y hay infinitas lenguas triba-
güismo en determinado territorio, ya por vecindad de las
les que subsisten por debajo o al margen de aquéllas.
áreas respectivas; entran aquí desde el sim ple trasvase de
2. Las principales zonas bilingües y las dom inante o casi
elem entos fonéticos, m orfosintácticos o léxicos de una len-
exclusivamente am erindias se extienden hoy sin continuidad
gua a otra, hasta la formación de lenguas híbridas. Se dan,
por el Sur de Méjico, por Guatemala, Honduras y El Salvador,
por últim o, m anifestaciones y problemas de substrato, influjo
la costa del Pacífico desde Colombia al Perú, las sierras y
de una lengua eliminada sobre la lengua eliminadora me-
altiplanos de los Andes, las selvas del Orinoco, Amazonas y
diante supervivencia de caracteres y hábitos que actúan de
sus afluentes, el Chaco, Paraguay, regiones colindantes argen-
manera soterraña, a veces en estado latente durante siglos.
tinas y el área del araucano en Chile, con alguna penetración
Claro está que todo fenómeno atribuible a la acción de un
en Argentina; pero hay m ultitud de pequeñas zonas disper-
substrato ha tenido que ser en su origen fenómeno de ads-
sas por toda Hispanoamérica. El número de lenguas y va-
trato, por lo cual son muy borrosos los lím ites entre una y
riedades lingüísticas amerindias es elevadísim o: sólo para
otra^categoríarEn todos los casos serrata-de hechos=de=trans- ,
América^deLSur^«alrededor, deudos mil tribus y. nom bres de
culturación. Para mayor complejidad, la situación de unas
dialectos pueden ser inventariados en 23 secciones que com -
lenguas indias respecto de otras no fue de paridad antes ni
prenden 173 grupos»4. No pocas de estas lenguas han des-
después de la conquista por los españoles: los dos grandes
aparecido: así el taino de Santo Dom ingo y Puerto Rico;
imperios prehispánicos, el azteca y el incaico, habían im-
así, más recientem ente, las que se hablaron en las regiones
centrales de la Argentina. En 1959 se pudieron comprobar las
anotaciones y estudios de P. Henríquez Ureña; V (1940), P. Henríquez
Ureña, El español en Santo Domingo; VI (1940), El español en Chile, características del vilela —lengua del Chaco— oyéndolas a
trabajos de R. Lenz, Andrés Bello y R. Oroz, trad., notas y apéndices una viejecita india, «última hablante calificada» de aquel
d& A. Alonso y R. Lida, y VII (1949), Berta Elena Vidal de Battini, id iom a3. Frente a las lenguas extinguidas ya o en vías de ex-
El habla rural de San Litis, Parte I.
2 Véanse los artículos de Amado Alonso y R. Menéndez Pidal cita-
4 Antonio Tovar, Bosquejo de un mapa tipológico de las lenguas
dos en n. nota 23 al cap. I, § 4.
de América del Sur, sep. de Thesaurus. Bol. Inst. Caro y Cuervo, XVI,
3 Marcos A. Morínigo, Hispanismos en el guarani, Inst, de Filol.,
1961; Catálogo de las lenguas de América del Sur, Buenos Aires,
Buenos Aires, 1931; J. Rojas Garcidueñas, Los hispanismos en el idio-
1961; Español, lenguas generales, lenguas tribales, en América del Sur,
ma zapoteco, Acad. Mexicana, 1965; Domingo A. Bravo, Estado actual
«Studia Philol. Homen. a Dámaso Alonso», III, Madrid, 1963, 509-525, y
del quichua santiagueño [de Santiago del Estero, Argentina], Univ.
Genealogía, léxico-estadística y tipología en la comparación de lenguas
N. de Tucumán, 1965, especialmente pp. 125-129; Jorge A. Suárez, Indi-
americanas, «XXXVI Congr. Intern, de Americanistas», II, Sevilla, 1966,
genismos e hispanismos, vistos desde la Argentina, Rom. Philol., XX,
229-238, etc.
1966, 68-90, y La influencia del español en la estructura gramatical del
náhuatl, An. de Let., XV, 1977, 115-164; Manuel Alvar, Hablar pura 5 Clemente Hernando Balmori, Doña Dominga Galarza y las pos-
trimerías de un pueblo y una lengua, Rev. de la Univ., IX, La Plata,
castía, Cuad. Hispanoam., n.° 214, octubre 1967, etc.
1959.
tinción resalta la pujanza de otras: en primer lugar el que- departamentos peruanos de Ayacucho, Apurimac y Cuzco
chua, extendido por el Sur de Colombia, Ecuador, Perú, parte el 98% de la población hablaba quechua; el 80% no hablaba
de Bolivia y N oroeste argentino, con más de 4 m illones de español, los bilingües hacían el 18% y los hispanófonos que
hablantes y declarado cooficial en el Perú desde hace pocos desconocían el quechua no pasaban del 2% 8. Dentro del bi-
años; le sigue, con más de dos m illones, el guaraní, que goza lingüismo hay distintos grados, desde el conocimiento inci-
de carácter oficial, junto al español, en el Paraguay y que piente del español hasta su empleo con el mismo dominio
además se habla en parte del Nordeste argentino; viene a que el de la lengua vernácula9.
continuación el náhuatl o nahua, la principal lengua india 3. Si la propagación del castellano obedeció en gran parte
de Méjico, con cerca de 800.000 usuarios; otros tantos cuenta a la presión uniformadora ejercida por los órganos del poder
el maya-quiché del Yucatán, Guatemala y comarcas vecinas; estatal, la conservación de las lenguas indígenas se debe, en
elvaimara de Bolivia y Perú y el otom í de M éjico tienen aproxi- gran parte también, a la política lingüística seguida por la
madamente m edio m illón cada uno; el zapoteco, tarasco y Iglesia para la évangelización de los indios. Ambas tenden-
mixteco, también m ejicanos, y el araucano de Chile y zonas cias chocaron y se interfirieron largamente: en los primeros
lim ítrofes argentinas alcanzan de 200.000 a 300.000. En total tiempos de la colonización prevaleció la imposición caste-
pueden calcularse en menos 'de 20 millones los hablantes de llanista; pero en 1580 Felipe II dispuso que se estableciesen
lenguas amerindias, pero m uchos de ellos son bilingües: en cátedras de las lenguas generales indias y que no se ordena-
1.950 estadísticas m ejicanas referidas a toda la nación cifra- sen sacerdotes que no supieran las de su provincia; en igual
ban sólo en un .3,6°/o de la población el número de quienes sentido se pronunció en 1583 el tercer Concilio Límense. Los
ignoraban el español, mientras que los bilingües llegaban al misioneros, que ya antes habían compuesto «artes» de len-
7Φ% y los hablantes exclusivos de español sumaban el guas nativas para evangelizar en ellas, intensificaron tal acti-
88,8%..Las proporciones son muy distintas atendiendo sólo
al Sur del país, en cuyo estado de Oaxaca hablaba lenguas en Lengua y sociedad. Notas sobre el español del Paraguay, Estudios
Paraguayos, V III, 1980, 11-45.
indias el 48,4% de los habitantes, el 43,7 en Quintana Roo 8 Angel Rosenblat, La población indigena y el mestizaje en Amé·
y el 63,8 en Yucatán, y donde los monolingües vernáculos rica, 2.* éd., I, Buenos Aires, 1954, 32.
llegaban al 13,7% en Chiapas, al 17,5 en O axaca6. En igual 9 Alberto Escobar, Lenguaje y discriminación social en América,
Lima, 1972, 87. Véanse además Josefina Pía, Español y guaraní en la
fecha el censo del Paraguay registraba un 40% que sólo intimidad de la cultura paraguaya, Caravelle, n.° 14, 1970, 7-21, y Bol.
hablaba guaraní, un 55% bilingüe y un 5% sólo hispano- Acad. Arg. de Letras, XL, 1975, 325-348; Rubén Bareiro Saguier, Colo-
hablan te7; por entonces también en la rtegión Sur de los nialismo mental en el bilingüismo paraguayo de nuestros días, Cara-
velle, n.° 27, 1976, 43-52; Germán de Granda, Materiales para el estudio
socio-histórico de la problemática lingüística del Paraguay, Thesaurus.
6 E. Dávalos H urtado y A. M arino Flores, Reflexiones acerca de Bol. I. Caro y Cuervo, XXXIII, 1978, y el est. cit. en nuestra η. 7;
la antropología mexicana, Anales del I.N.A.H., V III, 1954, 190-197. Beatriz A. Albores, Trilingüismo y prestigio en un pueblo náhuatl del
7 Bernard Pottier, La situation linguistique du Paraguay, Cahiers estado de México, An. de Let., XIV, 1976, 239*254; Paul V. Cassano,
du inonde Hisp. et Luso-Brésil. (Caravelle), n.° 14, 1970, 43-50, y Germán Theories of Language Borrowing Tested by American Spanish Phono-
de Granda, Algunas precisiones sobre el bilingüismo en el Paraguay, logy, Rom. Philol., XXX, 1977, 331-342, etc.
vidad, especialm ente los jesuítas. Los que regentaban las bien, la extensión de las «lenguas generales» no fue solo
colonias del Paraná, al Sureste del Paraguay, evitaron cui- obra de eclesiásticos, sino consecuencia de todo el proceso
dadosamente el español para que los indios no contrajesen de la conquista y colonización. En el siglo xvi los españoles
los vicios de la civilización europea; bien es verdad que el que desde Méjico fueron a establecerse en Yucatán y Amé-
largo aislam iento previo y la falta de m ujeres españolas
rica Central llevaron consigo multitud de palabras nahuas
habían dado lugar allí a la indianización de los mestizos. a las cuales estaban ya acostumbrados, y favorecieron la pro-
Frente al indianismo de la Iglesia, el Consejo de Indias ale- pagación del nahua a costa del maya y otras lenguas; dentro
gaba en 1596 la abigarrada m ultiplicidad de las lenguas ab- de este marco se sitúa el hecho de que «cantares a lo divino»
orígenes y la dificultad de explicar bien en ellas los misterios en la lengua de los aztecas coadyuvasen a difundirla en
de la fe cristiana, por lo que «se ha deseado y procurado T ab a sco12.
introduzir la castellana com o más común y capaz», A pesar 4. Es muy discutido el posible influjo de las lenguas in-
de que el rey anota que «no parece conueniente apremiallos dígenas en la pronunciación del español de América. Su más
a que dexen su lengua natural», el virrey del Perú da en ese destacado paladín fue Rodolfo Lenz, quien, estudiando el
mismo año órdenes conminatorias para que m isioneros y habla vulgar de Chile, llegó a afirmar que era «principal-
caciques se valgan sólo del castellano. La contienda prosi- m ente español con sonidos araucanos». Pero su tesis ha ido
guió- has tanque en" 1770Γexpulsados ya' los jesuítas," u n a R ca l perdiendo terreno;^en realidad, casi todos los hechos alega-
Cédula de Carlos III impuso el empleo del esp a ñ o l10. Pero dos como pervivencia o resultado de la fonética india co-
mientras tanto los m isioneros aleccionados en las cátedras rresponden a fenómenos sim ilares atestiguados en España
de lenguas generales indígenas habían contribuido eficaz- o en otras regiones de América; y, por tanto, es lógico su-
mente a que éstas se mantuvieran y extendiesen su dominio poner que haya habido desenvolvim ientos paralelos dentro
geográfico: así difundieron el quechua en el Sur de Colom- del español, sin necesidad de recurrir al substrato indio.
bia y el Noroeste de Argentina. Después de 1770 se enseña- Conforme ha m ejorado el conocim iento de la pronunciación
ban conjuntamente el español y el quechua en tierras tucu- hispánica, normal y dialectal, ha sido rechazado el supuesto
naanas, y el general Belgrano hubo de usar el guaraní en araucanismo de las fricativas [Î5], [£t], [g ], del paso de /-s /
sus cartas a las gentes del Nordeste argentino y Paraguay final a [h ], de la existencia de [φ] bilabial por / f / labioden-
para que se sumaran a la causa ind ependentistan. Ahora tal y de otros rasgos que Lenz cteía característicos de Chile.
Más tarde se ha demostrado que la conversión de / r / y / r /
10 A. Tovar, Español, leng. generates, /eng. tribales, véase n. nota 4;
Angel Rosenblat, La hispanización de América, «Presente y F uturo de en fricativas asibiladas o chicheantes, señalada también com o
la L. Esp.», II, Madrid, 1964» 188-216 (después, en Los conquistadores
y su lengua, Caracas, 1977); B arbara Schuchard, Des Glaubens neue tina. Las cartas guaraníes del general Belgrano, Bol. Acad. Argent, de
Kleider-Zweisprachige Missionierung in. Latetnamerika, «Romanica Eu- Letras, XXXIV, 1969, 49-72; María Beatriz Fontanella de Weinberg,
ropaea et Americana. Festschrift f. H. Meier», Bonn, 1980, 542-552. Acerca de una hipótesis sobre la lengua del Río de la Plata en el
11 M. A. Morínigo, Difusión del esp. en el Noroeste argentino, His- periodo colonial, Thesaurus. Bol. Inst. Caro y Cuervo, XXVI, 1971.
pania, XXXV, 1952, 86-95, y Para la historia del español en ta Argén·
>2 Manuel Alvar, Las «Relaciones» de Yucatán del siglo X V I, Rev.
de Filol. Esp., LV, 1972, 1-34.
tan alejadas de Arauco como son Nuevo Méjico y Méjico,
araucanismo ([ró to ], [ótr o ], [p ondré], de la pronunciación
donde se oyen magre 'madre', tagrar ‘ladrar'; y esto aconseja
chilena o gauchesca), es un proceso de relajación espontánea considerarlo producto de simple equivalencia acústica, como
que se registra en casi toda América y en Navarra, Aragón,
los peninsulares mégano, dragea, párpago por médano, gragea,
Álava y Rioja (§§ 118« y 131). Tampoco se deben a substrato
párpado 13.
indio ciertas particularidades que son desarrollo autóctono
5. También han sido objeto de polémica presuntas mani-
de posibilidades latentes en los fonem as españoles: en Chile
festaciones de influencia indígena en el español hablado en ν'
la articulación de g, ; ortográficas ante / e / , / i / no corres-
otras áreas americanas, especialmente en las tierras altas.
ponde a la velar / y / castellana ni a la aspiración faríngea
El fenómeno de mayor alcance es la caducidad de las voca-
de la [h ] m eridional, pues se pronuncia como [ÿ ] sorda
les, sobre todo átonas y en vecindad de una [s] prolongada
mediopalatal y suele desarrollar a continuación una especie
y tensa: caracteriza al español mejicano (palabr's, viej’sit
de / i / sem iconsonante ([ÿ éfe] o [ÿ jéfe] 'jefe', [m uÿér] o
'viejecito’, pas-sté ‘pase usted’, es’ carrit’s 'esos carritos’, etc.),
[m uÿjér] 'm ujer’); paralelamente la articulación de la / g /
pero se registra con gran intensidad en el habla ecuatoriana
ante / e / , / i / no es velar, sino fricativa m ediopalatal sonora,
(es t’s, cuant’s, crio c’sí 'creo que sí'), en los altiplanos de
más hacia el interior de la boca y más estrecha que la / y /
Perú y Bolivia (Pot’s í ) y, con menor pujanza, en Colombia
normal española, pero sem ejante a ella ([yéra] 'guerra*,
(s ’señora 'sí señora', vis'ta 'visita*, s ’sentaY, aunque tanto el
[iyéra] 'higuera'). A primera vista el doble cambio recuerda
nahua como el quechua abundan en consonantes implosivas
el desplazam iento análogo de [ó ] y [¿ ] en latín vulgar (§ I84)
tensas, no se ha llegado a probar que su estructura silábica
y parece atribuible a la sim ple atracción ejercida por la
haya originado la omisión de vocales en el español de las zonas
vocal palatal siguiente; sin embargo las grafías limeñas
V i· correspondientes. Se ha afirmado que en el español de las tie*
mexior, dexiara, moxiere de 1559 (§ 92s) y la pronunciación
rras altas se han introducido fonemas de lenguas vernáculas:
m ediopalatal o postpalatal de la / en gran parte de América
uno de ellos es la /S / prepalatal, eliminada de nuestro idioma
hacen pensar que la [ÿ ] chilena representa un grado inter*
desde los siglos xvi y xvn, pero existente en Méjico y regio-
m edio en la evolución de la /S / prepalatal del español antiguo
nes andinas; ahora bien, sólo aparece en vocablos de proce-
hasta sus resultados modernos velares o faríngeos. Ese grado
dencia amerindia, y aun en ellos alterna con adaptaciones a
interm edio se conservó en Chile ante vocal palatal, mientras
la fonología hispánica (m ixiotejm isiote 'albumen de la penca
que ante otras vocales la [ÿ ] continuó su proceso, haciéndose
del maguey’, Xochimilco, pronunciado [Socimílko] o [§oci-
postpalatal ( [ £ ] ) ante / a / y postpalatal o velar ante / 0 /,
m ílko], en Méjico; en Ecuador, oSoía 'especie de abarca',
/ u / ([^ á r o ] 'jarro', [d é£ a ] *deja\ [ό χο ]). Tal distribución
que en Bolivia, Argentina y Chile ha pasado a ojota u osota).
de alófonos hubo de influir en la palatalización —no docu-
mentada hasta época reciente— de la / g / seguida de /e / , 11 R. Lenz, Chilenische Studien, en los «Phonetische Studien* de
W. Victor, Marburg, 1892-1893, y Beitráge zur Kentniss des Ámerika-
/ i / . Por últim o no cabe explicar com o araucanismo la con* nospanischen, Zeitsch. f. rom. Philol., XVII, 1893, 188-214 (estudios trad,
versión del grupo /d r / en /g r / (piegra, vigrio, pagre, lagrillo en la Bibl. de Dial. Hispanoam., VI); Amado Alonso, Examen de la
en Chile, Argentina, Uruguay y Paraguay): se da en zonas teoría indigenista de Rodolfo Lenz, Rev. de Filol. Hisp., I, 1939, 313-350.
Lo m ism o sucede con la africada /§ / de topónim os como la [-r] implosiva por [-r], fenóm eno minoritario en hablan-
Tepotzotlán, Cointzio: aunque la grafía responda a la articu-
tes mejicanos, y para la asibilación de las dos vibrantes en
lación nahua, la pronunciación mejicana usual es [teposotlán],
[f] y [P], no infrecuentes en ellos; pero arríe, cuerrpo,
[kw ínóo], con igual acomodación que en los sustantivos
corrtar, etc., abundan en la dicción de argentinos, gallegos,
com unes t z a p o 1 1 > zapote [§apóte], t z i k 1 i > chicle.
asturianos, leoneses y castellanos viejos; la asibilación de
Un tercer fonema nahua, el representado con ti, no tiene en
las vibrantes está muy extendida fuera de Méjico; y el nahua
el español mejicano su original articulación unitaria afri-
carece de / r / y de / r / 1S, En tierras altas de América y en el
cada lateral sorda, pues se pronuncia como sucesión de / t /
Yucatán la articulación de /b /, / d /, / g / es oclusiva en posi-
-f /1/ sonora; la peculiaridad mejicana consiste en la abun-
ciones donde el uso general hispánico las pronuncia fricati-
dancia con que esta secuencia aparece en los préstamos
vas (liebre, neblina, hierbas, sirven, deuda, verdad, orgullo,
léxicos del nahua, en que puede figurar en posiciones que en
galgo, nubes, caballos, desvelé); aunque no hay / b / , /d /, / g /
español general serían insólitas (tlapalería, cenzontle, ná-
en nahua, maya yucateco ni quechua, salvo en préstam os
huatl), y en que, intervocálica, se apoya entera en la vocal
del español, podría pensarse que los hablantes hispanizados
siguiente (Acati-tla, Oco-tlán, en indigenismos; a-tlántico,
de estas lenguas hubieran dado a los tres fonemas adquiridos
a-tleta, en helenism os cultos), mientras que en otros países
la articulación oclusiva propia de / p / , / t / , /k /, que les eran
domina o existe, sin ser- exclusiva, la . partición disilábica
familiares; pero en la mayoría de los ejem plos alegados / b / ,
at-lántico, at-leta. En ninguno de los tres casos se han intro-
/d /, / g / son postconsonánticas, proceden de / p / , / t / , / c /
ducido ni reintroducido fonemas en el sistem a consonántíco
latinas o se agrupan con / r / o /I / siguientes; en tales condi-
hispanoamericano por influjo indio, aunque el léxico y topo-
ciones el español de hacia 1600 conservaba la oclusión de la
nimia prim itivos gocen de estatuto gráfico y fonético espe-
/b / (consta así para árbol, desabrido, hablar, loable), lo que
cial 14. Se ha supuesto origen nahua para la sustitución de hace suponer igual comportam iento para la / d / y la /g /:
·♦ Véanse P, Henríquez Ureña, Bib. de Dial. Hispanoam., IV, xiv- parece tratarse, pues, de un arcaísmo, aunque en ciertos
xvi; M. L. Wagner, Lingua e dialetti, 68; J. Matluck, La pronunc. casos no deba excluirse la posible acción del substrato o
. el esp. del Valle de México, México, 1951, §§ 30, 35-37, 39 y 40; P. Boyd- adstrato ie. Por último, en Puerto Rico domina hoy la pro-
Bowman, La pérdida de tas vocales en la. altiplanicie mexicana, Nueva
Rev. de Filol. Hisp., VI, 1952, 138-140; María Josefa Canellada y Alonso
Zamora Vicente, Vocales caducas en et español mexicano, Ibid., XIV, América, «Actas II Congr. Intern, de Hisp. (1965)», Nijmegen, 1967,
1960, 221*241; Juan M. Lope Blanch, En torno a las vocales caedizas 109-154; G. dè Granda, El español del Paraguay. Temas, problemas y
del español mexicano, Ibid:, XVIII, 1963, 1-19, y La influencia del métodos, Estudios Paraguayos, VII, Asunción, 1979, 106-113, etc.
sustrato en la fonética del español de México, Rev. de Filología *5 B. Malmberg, Le r iinal en espagnol mexicain, «Est. ded. a
Española, L, 1967, 145-161; B. Malmberg, Note sur la structure M. Pidal», III, 1952, 131-134, y J. M. Lope Blanch, La -r final del esp.
syllabique de t’espagnol mexicain, Zeitsch, f. Phonetik, Sprachwiss. mexicano y el sustrato nahua, Thesaurus, Bol. I. Caro y Cuervo, XXII,
und Kommunikationsforsch., XVII, 1964, 251-255, y Tradición hispánica 1967.
e influencia indigena en la fonética hispanoam., «Presente y Fut. de 16 D. L. Canfield, La pronunciación del español en América, Bogotá,
la L. Esp.*, IL Madrid, 1964, 227-245; A. Rosenblat, Contactos interlin· 1962, 77-78; Manuel Alvar, Atgunas cuestiones fonéticas del español
giilsticos en el mundo hispánico: el español y las lenguas indígenas de hablado en Oaxaca (México), Nueva Rev. de Filol. Hisp., XVIII, 1965-
1966, 358-359; Poliformismo y otros aspectos fonéticos en el habla de
nunciación velar de la / r / , atestiguada asim ism o en Trinidad 6. No puede rechazarse de plano, sin embargo, la in-
y en zonas costeras de Venezuela y Colombia: unos la han fluencia de las hablas indígenas en otros casos. El Padre
atribuido a indigenism o taino (indemostrable por la tempra- Juan de Rivero, que escribe hacia 1729 una historia de las
na desaparición de esta lengua), otros a afronegrismo de los misiones en el interior venezolano, se excusa de sus incorrec-
esclavos; pero la velarización de la / r / se explica suficiente- ciones diciendo: «No es pequeño estorbo el poco uso de la
m ente com o proceso espontáneo dentro del sistem a conso- lengua castellana que por acá se encuentra, pues con la ne-
nántico de las lenguas romances, con paralelos en francés cesidad de tratar a estas gentes en sus idiomas bárbaros?
y portugués, y parece deber su crecimiento en Puerto Rico se beben insensiblemente sus modos toscos de hablar y se
a circunstancias históricas de la isla antes y después de olvidan los propios». Donde más se evidencia el influjo in-
1898 ”. dígena es en la población bilingüe; pero sus hábitos se ex-
Sanio Tomás Ajusco, México, An. de Let., VI-VII, 1966*1967, 17-18, y tienden a veces entre quienes ya no hablan lenguas primitivas.
Nuevas no'tas sobre el esp. de Yucatán, Ibero romanía, I, 1969, 164-165, El maya posee unas «letras heridas», esto es, oclusivas o
182 y 187;, A. Rosenblat, Contactos interlingüísticos (v. nuestra n. 14), africadas sordas cuyo cierre es muy tenso y va seguido de
121-124, y Paul V. Cassano, La influencia del maya en la fonología del
español de Yucatán, An. de Let., XV, 1977, 95-113. La articulación oclu- aspiración (p', t', k ’, ch', í*f); los yucatecos pronuncian así
siva de la /b / en loable, hablar, cabildo, desabrido está asegurada por a veces las oclusivas sordas españolas; en 1930 decía un
Alessandri d'Urbino en 1560, la de /b r / y /b l/ por Oudin y Doergangk investigador que «al oír el español de los mayas, se recibe
en 1597 y 1614 (Amado Alonso, De la pronunc. medieval a la moderna
en español, I, 2.a ed., 1967, 35, 48 y 53); pero Alessandri d ’Urbino da con frecuencia la impresión de estar oyendo hablar en c a s -
como [te] bilabial fricativa la de saber, recebir, obra, mancebo, acabar, t e l l a n o a un comerciante alemán, especialm ente en pa-
cabello, que tenían /-p-/ en latin, y Juan de Luna, en 1623,/observa labras como ppak'er ( = pagar), khiero ( = quiero), tthanto
que los castellanos no distinguen b y v en su dicción, «y así pronun-
cian y escriven una por la otra, aunque delante /, r, se escrive b; ( = tanto)»; descripciones y espectrogramas posteriores con-
después de r no se sigue b sino en árbol y en arbitrio, mas siempre firman la subsistencia de k ’asé, k'al, sak’é, t'erreno 18. En la
v, como yervo» (Ibid., 57). La antigua oposición entre labial oclusiva Sierra ecuatoriana y en el Perú y Bolivia andinos los indios
y fricativa se había borrado o estaba borrándose, pero la distribución
com binatoria de sus dos térm inos como alófonos de un mismo fonema y el pueblo iletrado confunden a cada paso / e / con / i / y
no se había ñjado todavía. En tal situación de inseguridad se darían
probablem ente en España pronunciaciones antietimológicas como las
registradas hoy con oclusiva para nube, cobayos, ntebe, y abe en Santo y Germán de Granda, La velarización de «rr» en el español de Puerto
Tomé Ajusco y Oaxaca, que a veces alternan librem ente con la [b] Rico, Rev. de Filol. Esp., XLIX, 1966, 181-227 (después en Estudios
fricativa, o como las siempre oclusivas del Yucatán. Ahora bien, sería lingüísticos hispánicos, afrohispán. y criollos, Madrid, 1978, 11-68).
im prudente negar la posibilidad de influjo indígena en la consolidación 18 A. R. Nykl, Notas sobre el esp. de Yucatán, Veracruz y Tlaxcala,
de la alternancia libre de /b /, /d /, /g / oclusivas y fricativas o para la Bibl. de Dial. Hispanoam., IV, 1938, 215-217; Víctor M. Suárez, El esp.
generalización de las oclusivas, tratándose de zonas bilingües cuya que se habla en Yucatán. Apuntamientos filológicos, Mérida de Yuc.,
lengua nativa poseía sólo /p /, /t /, /k / oclusivas. 1945, 49-52 y 83 y sigts.; M. L. Wagner, Lingua e dialetti, 69; Manuel
17 T. Navarro [Tomás], El español en Puerto Rico, Río Piedras, Alvar, Nuevas notas sobre el esp. de Yuc. (véase nuestra n. 16), 177-
1948, 89-95; Rubén del Rosario, La lengua de Puerto Rico, San Juan, 178. No he podido ver el artículo de Paul V. Cassano, The concept of
1955, 8; Manuel Alvarez Nazario, El elemento afronegroide en el español latency in contact language borrowing, Linguistics, LXXVIII, 1972,
de Puerto Rico, San Juan, 1961, 133-140 (2.a ed., Ibid., 1974, 166, nota), 5-15.
/ o / con / u / {me veda 'mi vida’, mantica ‘m anteca’, mesa / d / 22. No podem os aquí examinar otros casos de influencia
‘m isa’, pichu 'pecho', dolsora 'dulzura', tribuí 'trébol', etc.) indígena que se han defendido con diversa aceptabilidad.
porque el quechua y el aimara sólo tienen tres vocales —una 7. Muy probable es que se mantengan caracteres prehis-
/ a /, una palatal y otra velar— con alófanos de diferente pánicos en la entonación hispanoamericana, tan distinta de
abertura según los sonidos inmediatos ,9. Desde el Ecuador la castellana. La entonación del español, de América, muy
hasta el Norte de la Argentina indios y m estizos aplican a rica en variantes, prodiga subidas y descensos m elódicos,
formas agudas y esdrújulas españolas la acentuación paro- mientras la castellana tiende a moderar las inflexiones, sos*
xítona del quechua (hácer, ánis, árroz, sabádo, pajáro, arbó-. teniéndose alrededor de una nota equilibrada. Cabe admitir
les)**. Es probable que la conservación de la /1/ en el espa- influjos de igual procedencia en el ritmo del habla: el m eji-
ñol de regiones andinas haya tenido apoyo en los adstratos cano abrevia nerviosamente las sílabas átonas, mientras el
quechua y aimara, ya que ambas lenguas poseen el fonema argentino se detiene con m orosidad antes del acento y en la
palatal lateral sonoro; también lo tiene el araucanb, circuns- sílaba que lo lleva, y el cubano se mueve con lentitud. Ahora
tancia que debió de contribuir a que el español del Norte y bien, estas impresiones carentes de validez doctrinal n ecesi-
Sur de Chile lo articulase todavía lateral en las primeras tan som eterse a estudios comparativos rigurosos. Hasta hace
décadas de nuestro siglo: hoy sólo queda en rincones aisla- poco no se han analizado científicamente las estructuras
dos d e lS u r /b a rr id ó por el yeísm o en el resto del p a ís 21. En -melódicas y rítmicas^de" las" hablas' hispáñóáñieficáñas; hoy
el español del Paraguay y del Noroeste argentino la / y / es se empieza a contar con investigaciones prom etedoras23. Es-
siempre africada y sin rehilam iento ([m áy o j, [àÿa], [ùÿe]), peremos que no tarde en hacerse el cotejo entre los com -
de acuerdo con la fonología guaraní, que tiene un fonema portamientos de las lenguas indias y los del español de re-
/ ÿ / sin el alófono fricativo del español peninsular. Asimismo giones bilingües.
parece responder a influjo guaraní la articulación alveolar 8. En la morfología, salvo en zonas bilingües, escasean
que en el Paraguay se da a las dentales españolas / t / y en el español de América los restos indígenas. Indudable-
mente lo es el sufijo -eca, -eco de azteca, tlascalteca, yucateco,
guatemalteco, que procede del nahua / - é c a t l / y cuya
W Pedro M. Bcnvenutto M urrieta, Et lenguaje peruano, Lima, 1936,
123-124; P. Boyd-Bowman, Sobre la pronunciación del español en el capacidad d e , formar gentilicios no rebasa los lím ites de
Ecuador, Nueva Rev. de Filol. Hisp., VII, 1953, 231; H um berto Toscano Méjico y el Norte de América Central. Con él fue identificado
Mateus, Et español en et Ecuador, Madrid, 1953, 51, y Dora Justiniano
de la Rocha, Apuntes sobre la interferencia fonológica de las lenguas
indígenas en el esp. de Bolivia, «Actas III Congr. de la A.L.F.A.L.», 22 B. Malmberg, Notas sobre ta fonética del esp. en et Paraguay,
1971 (San Juan de P. Rico, 1976, 160-161). Yearbook Soc. of Letters, Lund, 1947, y Tradición hispánica (v. nuestra
20 Benveriutto Murrieta, 123; Toscano, 47; Wagner, Lingua, 49; η. 14), 241.
Rosenblat, Contactos (v, nuestra η. 14), 149. 23 Joseph H. Matluck, Entonación hispánica, An. de Let., V, 1965,
21 Lenz, Bibl. de Dial. Hispanoam., VI, 1940, 92 n,, 139, 285; Boyd- 6-32; María Beatriz Fontanella de Weinberg, Comparación de dos
Bowmañ, art. cit. en nuestra η. 19, 225-226; Rosenblat, Contactos (v. entonaciones argentinas, Thesaurus. Bol. Inst. Caro y Cuervo, XXI,
1966, y La entonación del español de Córdoba (Argentina), Ibid., XXVI,
nuestra n. 14), 125; R. Oroz, La leng. cast, en Chile, Santiago de Chile,
1971.
1966, 117-120. (
por algún estudioso el morfema indicador de defectos que de realidad pretérita / - k u é / («su noviakué» 'la que fue su
aparece en cacarecó 'cacarañado, picado de viruelas', chapa- novia', ‘su ex-novia'), / c e / como posesivo de primera persona
neco 'achaparrado', bireco ‘torcido, virado', 'bizco', tontuneco, ( ch’amigo, che Dios 'amigo mío', 'Dios m ío’). Tanto en Para-
zonzoneco 'tontaina, zonzo’, y otros usuales en Méjico y Cen- guay como en Corrientes y Misiones se usa la partícula in-
troamérica. Acaso por no estar probado que / - é c a t l / se terrogativa guaraní pa («esa Isabel ¿le conoce pa?» ‘¿conoce
em plee con este sentido, se ha apuntado más tarde que el a esa Isabel?'). Hay calcos sintácticos como «voy a comprar
-eco peyorativo de defectos puede venir de otro sufijo, / - i c / para mi vestido» 'mi vestido futuro', «yo trabajé todo ya»
o / - t i c / , que en nahua sirve para formar adjetivos. Sin ‘he acabado de trabajar’, «mi hermano es alto como el de
embargo, lejos del dom inio nahua, en Argentina y Chile, Juan» (Paraguay)26; «venga dar viendo» ‘venga a ver' (Sur
existen chulleco, chuyeco 'torcido', pateco 'piernicorto', pa- de Colombia y Ecuador), «pobre siendo también, no roba»
tuleco*'patizambo’, peteco 'persona de poca estatura', en Es- ‘a pesar de ser pobre' (sierra ecuatoriana), «de mi tío su
paña fulleco 'gordo, hinchado' (en el Bierzo), 'vano, huero' amigo» ‘el amigo de mi tío’ (Perú), etc. En Ecuador, Perú y
(Salam anca), llobeco 'lobezno', diableco (Asturias occidental), Bolivia el verbo se coloca, por influencia quechua, al final de
y en portugués abundan los diminutivos y despectivos forma- la frase: «¿Y tú lo recomiendas a Luis? —Sí, señor, hombre
dos con este sufijo; por otra parte ningún adjetivo americano bueno es»; «El alma de taita amo grande creo que está pe-
de defecto añade -eco a raíz nahua 24. En Arequipa (Perú) y nando... —Arrastrando cadenas parece*. En los países an-
en el N oroeste argentino el morfema posesivo quechua /-i/ dinos estas construcciones no alcanzan al uso general, limita-
se pospone a vocablos españoles en casos de fuerte valor das a los am bientes bilingües. Como en quechua y aymara,
expresivo, com o los vocativos viday, viditay 'mi vida', 'mi el español hablado en Puno (Sureste del Perú) y en La Paz
vidita'y agiielay 'mi abuela'. El sufijo diminutivo /-la /, que- distinguen la acción que el hablante ha presenciado o cono-
chua también, es el origen del 4a, Λ- de vidala, vidalita, usa- cido directamente y la que sólo conoce por referencias; para
das en las m ism as regiones de la sierra argentina; en la la primera usan el perfecto com puesto (Puno) o el simple
ecuatoriana, /-la / ha pasado a /-ia / (m i guaguaía 'mi gua- (La Paz) mientras que para la segunda se valen del pluscuam-
güita, mi n iñ o ')25. En la lengua mixta que se habla en el perfecto: así «se ha muerto esa gallina», «hoy día ílegó su
Paraguay se aplican a elem entos léxicos españoles morfemas mamá de él» implican un 'yo lo he visto', a diferencia de «se
guaraníes como el diminutivo /-1/ (patron-í 'patroncito'), el había caído de su nido», «hoy día había llegado su mamá de
signo de plural / - k u e r a / («vinieron sus amigokuera»), el él», que suponen un ‘dicen que' 71. Notable difusión han logrado

* G. de Granda, Falsos guarattismos morfosintdcticos en el español


2* Max Leopold Wagner, Lingua e dialetti deWAtn. spag., 76 y
de Paraguay, Anuario de Letras, XVII, 1979, 185-203, y Préstamos m o r
El sufijo hispanoam. -eco para denotar defectos físicos y morales,
fológicos guaraníes en el esp, de Paraguay, Rev. de Ling. Rom., XLIV,
Nueva Rev. de Filol. Hisp., IV. 1950, 105-114; J. M. Lope Blanch, Sobre 1980, 57-68 (ambos estudios figuran tam bién en El esp. del Paraguay,
el origen del sufijo -eco como designador de defectos, «Sprache und
5W3 y 85-101).
Geschichte, Festsch. f. H. Meier», München, 1971, 305-312.
t í Benvenutto M urrieta,. El leng. peruano, 153-154; C. E. Kany,
25 R. J. Cuervo, Disquisiciones, 298; Amado Alonso, Rev. de Filol.
Amer. Sp. Syntax, 1945, 211-212; M. L. Wagner, Lingua e dialetti, 71;
Hisp., III, 1941, 216.
interjecciones como achachay (Ecuador y Colombia), achalay
(Noroeste argentino), de valor ponderativo y origen quechua. tigre al jaguar. Pero de ordinario se valieron de palabras
9. La contribución más importante y segura de las len- tomadas a los nativos. El más antiguo y principal núcleo de
guas indígenas está en el lé x ic o 28. Los españoles se encontra- americanism os procede del taino, lengua del tronco arahuaco
ron ante aspectos desconocidos de la naturaleza, que les hablada en Santo Domingo y Puerto Rico; siendo las Antillas
ofrecía plantas y animales extraños a Europa, y se pusieron las primeras tierras que se descubrieron, fue allí donde los
en contacto con las costum bres indias, también nuevas para conquistadores conocieron la naturaleza y vida del Nuevo
ellos. A veces aplicaron térm inos com o níspero, plátano, el· Mundo. Tainas son canoa, cacique, bohío, maíz, batata, carey,
rueta a árboles y frutas que se asemejaban a los que en naguas o enaguas, sabana 'llanura', nigua, guacamayo, tabaco,
España tienen esos nom bres, o llamaron león al puma y tiburón, yuca ; aprendidas en la Española (hoy Santo Domin-
H. Toscano Mateus, El esp. en el Ecuador, 272-273, 303-304; Emilia E. go), algunas voces tainas se extendieron después a otras re*
Martín, Un caso de interferencia en el español paceño, Filología, XVII- giones americanas, como sucedió con maíz, cacique, hamaca,
XVIII, 1976-1977, 119-130; G ertrud Schum acher de Peña, El pasado en etc. Del caribe provienen, entre otras, caimán, caníbal, loro,
el esp. andino de Puno/Perú, «Romanica Europaea et Americana.
Festschrift H. Meier*, Bonn, 1980, 553-558. piragua, butaca. El nahua proporcionó aguacate, cacahuete,
Véanse^ ante todo los estudios de Tomás Buesa Oliver, Indoame- cacao, chocolate, hule, petate, nopal, petaca, jicara, tiza, to-
ricanismos léxicos eñ español, Madrid, 1965, y Americanismos, «Encicl. m ate y otras; el quechua alpaca, vicuña, guano, cóndor,
Ling. Hisp.», II, 1967, 325-348. Además R. Lenz, Diccionario etimológico
de voces chilenas derivadas de lenguas indígenas americanas, Santiago
mate, papa ^patata', pampa, j w r p a 'toldo* y algunas más; de
de Chile, 1904-1910; C. A. Róbelo, Diccionario de aztequism os, Cuerna- origen guaraní son mandioca y om bú w. Es crecidísim o el nú-
vaca, 1904; A. Zayas, Lexicografía antillana, Habana, 1914; G. Friederici, mero de palabras indígenas familiares en América y descono-
H ilfsworterbuch für den Amerikanisten, Halle, 1926, y ¿merifcaniífíscfces
cidas en España; así los arahuacos ají 'pimiento' e iguana
Worterbuch, Hamburg, 1947 ([Link] ed., 1960); Lisandro Alvarado, Glosario
de voces indígenas de Venezuela [hacia 1929], Caracas, 1953; M. A. Mo- 'cierto reptil comestible'; los nahuas guajolote 'pavo' o sin-
rínigo, Las voces guaraníes del Diccionario académico, Bol. Acad. Arg. sonte 'cierto pájaro cantor'; los quechuas china 'mujer india’,
de Let., III, 1935, 5-76; E. Tejera, Palabras indígenas de la isla de Santo
pomingo, Santo Domingo, 1935; P. Henríquez Ureña, Palabras antilla-
chacra 'granja', choclo 'maíz tierno’, corrientes en toda Amé-
n a s en el Dicc. de la Academia, Rev. de Filol. Esp., XXII, 1935, 175-186, rica del Sur; los guaraníes tucán, ñandú, yaguaré, tapera 'casa
y Para la historia de los indigenismos, Buenos Aires, 1938; A. Barrera
Vázquez, Mayismos y voces mayos en et esp. de Yucatán, Invest. Ling., » Aunque sean de origen tupí-guaraní, ipecacuana, petunia, tapioca
IV, 1937, 9-35; J. Corominas, JDícc. crlt. etim. de la lengua cast., Madrid, y jaguar han llegado at español a través del portugués o del francés.
1954; Claudia Parodi, Observaciones en torno a los quechuismos del Es dudoso que gaúcho > gaucho venga del guaraní: véanse las etim o-
Dicc. etim. de Corominas, An. de Let., XI, 1973, 225-233; Antonio Tovar, logías propuestas por M. A. Morínigo, Bol. Acad, Argent, de Let.,
Notas etimológicos, «Homen. a V. García de Diego», Rev. de Dial, y XXVIII, 1963, 243-‘250, y por J. P. Roña, Gaucho: cruce fonético de
Trad, Pop., XXXII, 1976, 557-560; F. A. Martínez, A propósito de algu- esp. y port., Rev. "de Antropología, X II, Sao Paulo, 1965, 87-98. Morínigo
nas supervivencias chibchas del habla de Bogotá, Thesaurus. Bol. Inst. (Programa de fiíot. hisp., 101-106) rechazó el origen araucano que venía
Caro y Cuervo, XXXII, 1977, 24-25;, Manuel Alvarez Nazario, El influjo atribuyéndose a poncho, voz que Corominas relaciona con el adj. esp.
indígena en el esp. de Puerto Rico, Río Piedras, 1977, etc. Véanse los poncho 'descolorido', por ser m anta m onocrom a y sin dibujos. Ba-
diccionarios de americanismos de M alaret, Santam aría y Morínigo cita- queano o baquiano 'guía’, que se suponía de procedencia arahuaca,
dos luego, n. £8. parece tam bién haber nacido en España: véase R. A. Laguarda, Bol.
Acad. Argent, de Letras, XXVI, 1961, 65-104.
en ruinas’, 'ruinas de un pueblo'; el araucano malón 'irrup- do las largas listas de palabras que nutren los diccionarios
ción o ataque de indios', etc. de indigenismos publicados en los últim os ciento cincuenta
La adopción de léxico aborigen empezó en los años m is- años podría sacarse la impresión de que el contingente ame-
mos de los descubrim ientos y primeras instalaciones de es- rindio tiene en el léxico de Hispanoamérica importancia muy
pañoles: el Diario de Colón recoge voces tainas; como ya se superior a la real; pero en gran parte se refiere a técnicas
dijo (§ 98é), el historiador y naturalista Fernández de Ovie- agrícolas o artesanas, vestido y costum bres que van desapa-
do (1535-1557) emplea o menciona más de 500 americanis- reciendo o están limitados a la población india; muchos in·
mos, cantidad explicable por la descripción de la flora, digenismos sólo viven en una comarca o provincia, ignorados
fauna y etnografía del Nuevo Mundo. No todo este caudal en el resto del país respectivo. Así como hasta época reciente
era conocido por los conquistadores y colonos: Bernal Díaz los lexicógrafos hispanoamericanos pusieron su afán en dar
del Castillo usa ochenta y tantos, Juan de Castellanos 155, relieve a la aportación aborigen, hoy día prefieren aquilatar
y el corpus de documentación municipal y judicial reunido su vigencia efectiva31.
para el Léxico hispanoamericano del siglo X V I de Peter Boyd-
Bowman contiene 229, incluyendo derivados como maizal,
conuquero 'cultivador de un conuco o huerta', cacicazgo, etc. § 128. E l e l e m e n t o n e g r o -a f r ic a n o . L a s h a b l a s c r io l l a s .
En el español peninsular la incorporación fue menor: el Dic- A f r o n e g r i s m o s . E l p a p ia m e n t o .
cionario de Autoridades (1726-39) sólo da cabida a unos 150. 1. La secular importación de esclavos negros procedentes
En cambio. Antonio de Alcedo, en su Vocabulario de las voces de Africa es en la demografía hispanoamericana un factor
provinciales de la América (1789), con experiencia directa cuyas consecuencias lingüísticas hay que tener muy en cuen-
de la sociedad virreinal, reúne 400 aproxim adam ente30. Vien- ta. La población negra constituye un contingente de alto por-
centaje en las Antillas, litoral continental del Caribe y costa
M Marcos A. Morínigo, América en el teatro de Lope de Vega, Bue-
nos Aires, 1946; La penetración de los indigenismos americanos en el 1976; Paciencia Ontañón de Lope, Observaciones sobre la génesis de
español, «Près. y Fut. de la L. Esp.», II, Madrid, 1964, 217-226, y Gutié- algunos indigenismos americanos, Anuario de Letras, XVII, 1979, 273-
rrez de Santa Clara y los qutchuismos de su «Historia», «Homen. a 284; José M,‘ Enguita Utrilla, Indoamericanismos léxicos en el «Suma-
F. de Onls», Rev. Hisp. Mod,, XXXIV, 1968, 742*751; Miguel A. Ugarte rio de la natural historia de las Indias», Ibíd., 285-304, etc.
Chamorro, Las Descripciones Geográficas de Indias y un Primer Dic- Véanse Morínigo, La penetración (cit. en la nota precedente),
cionario de Americanismos, Univ. Nac. Mayor de San Marcos, Lima, 225-226; Juan M. Lope Blanch, Influencia de las leng. indígenas en el
24, [19673; Ernesto Mejía Sánchez, Un vocabutario de indigenismos esp. hablado en México, An. de Let,, V, 1965, 3446 (también en las
americanos del siglo XVII , An. de Let., VIII, 1970, 19-30; Manuel Alvar, «Actas del II Congr. Intern, de Hisp.», Nijmegen, 1967, 395-402), y
Americanismos en la «Historia» de Bernal Diaz del Castillo, Madrid, El léxico indígena en el esp. de México, «Jornadas 63», México, 1969;
1970; Colón en su aventura, Prohemio, II, 1971, 165-193; Juan de Cas- en !a misma línea, Hum berto López Morales, Estudio sobre el español
tellanos. Tradición española y realidad americana, Bogotá, 1972, y ed. de Cuba, Madrid, 1971, 50-61 y 72-87; [Link], Indigenismos en
del Diario del descubrimiento de Cristóbal Colón, Cab. Insular de Santiago [Rep. Dominicana], An. de Let,, XIV, 1976, 71-100;· y Marius
G. Canaria, I, 1976, 23-52; Peter Boyd-Bowman, Léxico hispanoamerica- Sala, Dan Munteanu, Valeria Neagu y Tudora Çandru-OIteanu, El
no del siglo XVI, London, 1971; Juan Clemente Zamora Munné, Indi- léxico Indígena del español americano. Apreciaciones sobre su vitalidad,
genismos en la lengua de los conquistadores, Univ. de Puerto Rico. México-Bucure?ti, 1977.
del Pacífico desde Panamá hasta el Norte del Ecuador; pero negativa («ella no vive aquí n o », «yo no sé no»), com o en el
durante la época virreinal hubo esclavos del m ism o origen en criollo de San Basilio de Palenque y en lenguas del Africa
otras partes. Como la trata de negros fue iniciada por los por- negra32.
tugueses en el siglo xv y continuó en sus manos largo tiempo,
32 Véanse ante todo los libros de Manuel Alvarez Nazario, El ele-
el instrum ento para entenderse con los esclavos hubo de m ento afronegroide en el español de Puerto Rico, San Juan de P. R,,
ser en un principio un lenguaje mixto de elem entos africa- 1961 (2.® ed., 1974), y Germán de Granda, E studios lingüísticos hispá-
nicos, afrohispánicos y criollos, Madrid, 1978. Además, Fernando Ortiz,
nos y portugueses; estos últim os fueron sustituidos poco a
Glosario de afronegrismos, La Habana, 1924; Ildefonso Pereda Valdés,
poco por sus equivalentes españoles. Las postreras supervi- E l negro rioplatense y otros ensayos, Montevideo, 1937; Keith Whinnom,
vencias del criollo español parecen ser el habla «bozal» que The Origin of the European-based Creoles and Pidgins, Orbis, XIV,
se usaba entre negros de Puerto Rico en el siglo pasado y 1965, 509-527; Linguistic Hybridization and the 'Special Case’ of Pidgins
and Creoles, «Pidginization & Creolization of Languages», Cambridge
todavía entre los de Cuba a m ediados del actual, y el islote Univ. Press, 1971, 91-115; Germán de Granda, Sobre el estudio de las
criollo de San Basilio de Palenque, en el Norte de Colombia, hablas «criollas» en el área hispánica ; Materiales para el estudio so-
. ciohistórico de los elementos lingüísticos afroamericanos en el área
cerca de Cartagena de Indias, el gran mercado de esclavos
hispánica, y La tipología «criolla» de dos hablas del área ling, hispán..
en otro tiempo. Negros cimarrones evadidos en 1599 han Thesaurus, Bol. Inst. Caro y Cuervo, XXIII, 1968; Léxico sociológico
conservado allí su . lengua mixta, de estructura gramatical afr or románico en «De instauranda Aethiopum salute » del P. Alonso de
sim plificadísima y esquema^silábico "de consonante -f^vocal, , Sandoval, Ibid., XXV,-1970;. Materiales-complementarios para el estudio
soctohistórico dé los elem. ling, afroamer. en et área hisp. (/: América)
sin consonantes implosivas. Hay noticias de otros núcleos y (II: Africa), Ibid., XXVI, 1971; Onomástica y procedencia africana
criollo-españoles en el Palenque de Panamá y, extinguidos, en de esclavos negros en las minas del Su r de la Gobernación de Popayán,
el de Ecuador; en vías de extinción parece estar el de Uré Rev. Esp. de Antropología Americ., VI, 1971, 381-422; Datos antropoló-
gicos sobre negros esclavos musulm anes en Nueva Granada, Thesau-
(Colombia). En el Chocó, en las tierras bajas costeras del rus, XXVII, 1972; Un ejemplo lingüístico del proceso de reinterpreta-
Pacífico colombiano, el criollo-español subsiste en el uso in- ción de rasgos culturales africanos en América ( kikongo «nsim bu »,
terno de comunidades negras que en el trato con otras gentes «lengua congo » de Cuba «sim bo»), Ann. dell'Istit. Univ. Orientale,
Sez. Romanza, Napoli, 1972, 87-95; Materiales léxicos para la deter-
emplean sin dificultad el español. Fuera de estos residuos minación de la m atriz africana de ta «lengua congo» de Cuba , Rev.
aislados la población negra hispanoamericana habla el es* Esp. de Ling,, III, 1973, 55-79; Un cas de «san tu » en Nouvelle Grenade
(Carthagène d'Indes, X V IIIe siècle). Cahiers de l’Inst. de Linguistique
pañol coloquial de cada país; a veces con notables arcaís- de Louvain, II, 1973 (después, Un caso de utilización de antropônimo
mos, como en Loíza Aldea (Puerto Rico), donde pervive el bantû de tipo «santu» en Hispanoamérica (siglo X V III), Bogotá,
futuro hipotético cantare, pudiere. Sin embargo allí m ism o Inst. Caro y Cuervo, 1979); Nuevos datos sobre el empleo de antro-
pónimos tw i en Hispanoamérica (siglo X V III), Ibíd-, 1973; Portu-
la indicación del género en sustantivos referentes a persona
guesismos léxicos en la «lengua congo* de Cuba, Boletlm de Filol.,
se refuerza en fórmulas como hijo macho, hija m ujer, nieta XXII, 1973, 235-250; Elementos ting, afroamer. en el área hisp. Nue-
hembra, amigos hombres, según hábito del criollo portugués vos materiales para su estudio sociohistórico. (I : América), The-
que entronca con el bantú. En el castellano hablado por saurus, XXXI, 1976; Una ruta marítima de contrabando de esclavos
negros entre Panamá y Barbacoas durante el asiento inglés, Rev. de
negros en el Occidente de Colombia se usa sin carácter en- Indias, núms. 143-144, 1976, 123-142, y E studios sobre un área dialectal
fático una negación antes del verbo y otra al final de la frase hispanoam. de población negra, las Tierras Bajas Occidentales de
2. El léxico de origen africano incorporado al español 3. Caso especial de lengua criolla es el papiamento de
general, al de Hispanoamérica o al de las Antillas compren- Curazao e islas inmediatas, pertenecientes a Holanda a partir
de nom bres de plantas y frutos ( malanga, banana), comidas de 1634, aunque con breve dominio francés e inglés entre
y bebidas (funche, guarapo), instrumentos m usicales y dan- 1795 y 1802. A una base criolla africano-portuguesa se han
zas (bongó, conga, samba, mambo), sustantivos diversos (ma- añadido abundantes hispanismos como consecuencia de ha-
cuto, be m be 'labio grueso', burundanga 'revoltijo'), algún berse instalado en Curazao gentes numerosas procedentes
adjetivo (matungo 'desmedrado', 'flaco'), algún verbo (ñango- de las Antillas españolas y de Venezuela. Finalmente el hó^
tarse 'ponerse en cuclillas'), etc. Tal vez sean de igual proce- landés, lengua oficial en los tres siglos y medio últimos, ha
dencia mucamo 'criado, camarero' y su femenino mucama, dejado también su huella. El papiamento (nombre que de-
extendidos desde el Brasil al Río de la Plata ÿ Perú. La inse- riva de papear 'parlotear, charlar’, verbo corriente en portu-
guridad sobre la etim ología de palabras que se tienen como gués, pero usado ya por Berceo) se ha extendido a todas las
afroñegrismos es muy grande: Fernández de Oviedo creía clases sociales curazoleñas, cuenta con prensa y tiene cultivo
que ñame era voz llevada a América por los negros; pero literario M.
como aparece repetidam ente en el Diario de Colón, es nece-
sario suponer que el Almirante la había aprendido en las
§ 129. El a n d a l u c is m o d el ha bl a h is p a n o a m e r ic a n a . El
Canarias, donde la planta abunda, aunque el origen remoto
SESEO (HISTÓRICAMENTE, CECEO).
del vocablo pueda arrancar del África ecuatorial33. Se ha
dem ostrado que macandá 'brujería', presunto afronegrismo, 1. El español que pasó a América, en los primeros tiem -
es sencillam ente el m ism o macandad 'artimaña' que se usa pos de la colonización, no podía diferir mucho del que lleva-
en Murcia, emparentado con amplia familia léxica peninsu- ron a Oriente los sefardíes. Pero mientras el judeo-español
la r 34.' Sobre la importancia efectiva del vocabulario negro- quedó inmovilizado por el aislamiento y bajo la presión de
africano en el español de las Antillas ha habido opiniones
ponderativas y restricciones críticas sem ejantes a las emitidas el de Humberto López Morales, Estudio sobre el español de Cuba,
Madrid, 1971, 61-87.
respecto a los indigenism os35. M La abundancia de elementos españoles hizo que R. Lenz no
valorase debidamente el fondo portugués (El papiamento, la lengua
Colombia, Bogotá, 1977; Peter Boyd-Bowmaii, Negro Staves in Early
criolla de Curazao, Anales de la Univ. de Chile, 1926-27). Véanse Tomás
Colonial Mexico, The Americas, XXVI, 1969, 134-151; Carmen Cecilia
Navarro [Tomás], Observaciones sobre el papiamento, Nueva Rev. de
Mauleón Benítez, El español de Loíza Aldea, Madrid, 1974; José Joa-
Filol. Hisp., VII, 1953, 183-189, y H. L. A. Van Wijk, Orígenes y evolu-
quín Montes Giraldo, El habla del Chocó. Notas breves, Thesaurus,
ción del papiamento, Neophilologus, XLÏI, 1958, 169-182. Resucita la
XXJX, 1974, 425-426; María Beatriz Fontanella de Weinberg, Nuevas
tesis españolista J. P. Roña, Elementos españoles, portugueses y afri-
perspectivas sobre el origen y evolución de pidgins y criollos, Vicus
canos en el papiamento, «Watapana», III, 3, Nijmegen, 1971. También
Cuadernos-Lingüística, 1, 1977, 169-189.
son de interés los artículos de Germán de Granda, Papiamento en
33 Diario del descubrimiento, II, ed. M. Alvar, 1976, 97, 147, 162. Hispanoamérica (siglos X V II-X IX ) [Venezuela, Cuba y Puerto Rico],
M Angel Rosenblat, Un presunto africanism o : «macandá » 'brujería', Inst. Caro y Cuervo, Bogotá, 1973, y El repertorio lingüístico de los
«Miscel. de Est. dedic. al Dr. F. Ortiz», La Habana, 1956. sefarditas de Curaçao durante los siglos X V II y X V III y el· problema
Véanse el citado libro de Manuel Alvarez Nazario, cap. III, v del origen del papiamento, Rom. Philol,, XXVIII, 1974, 1-16.
culturas extrañas, el español de América, que no perdió
biente rústico de muchas regiones se aspira la [h] procedente
nunca su com unicación con la metrópoli, experimentó la
de / f / latina ([hárto] o [yárto], [hablár] o [^ablár]).
mayoría de los cambios acaecidos en la Península. En primer
2. Esta serie de coincidencias ha hecho pensar desde
lugar sufrió la transformación consónántica consumada en
antiguo en una fuerte influencia andaluza sobre el español
el siglo X V I. Las labiales / b / y / v / , que todavía eran distintas
de América. Sin embargo entre 1930 y 1952 hubo ilustres
en la pronunciación de algunos conquistadores y colonos de
defensores de una tesis contraria, según la cual los fenóme-
C h ile37, se confundieron pronto. Las sibilantes sonoras /2 /,
nos hispanoamericanos serían paralelos a los del Mediodía
/-¿-/ y / i / (escritas respectivam ente z, -5- y g, j) se ensorde-
español, pero no descendientes de ellos.. Se creía entonces
cieron y se confundieron con sus correspondientes sordas
que las fechas del seseo y ceceo andaluces y las peninsu-
/ s / , /-s-/ y /§ / (c o Ç, -55- y x gráficas); y la / 2 / y /5 / repre-
lares del yeísmo, aspiración de Ia /-s / y neutralización de
sentadas con g, j y χ dejaron su articulación prepalatal3® y
/-r / y /-1/ implosivas eran muy posteriores a las que hoy
la retrajeron, como en España, más hacia dentro de la boca.
conocem os. Se argüía también que la conquista y colo-
Dentro de estas líneas generales, el español de América se
nización de Hispanoamérica no fueron obra exclusiva de
separa del de Castilla en rasgos comunes con el del Mediodía
andaluces, ni aun de andaluces y extrem eños de manera pre-
de España: el resultado de las cuatro sibilantes ápico-alveo-
dominante, sino que contribuyeron todas las regiones de
lares y dentales antiguas es m u so h x fo n em a ,.u n a ,/s/^ d e ar:
Españap-en^especiaHas-dos Castillas y-León, siendo asim ism o
ticulación muy varia, pero más cercana, en general, de la
considerable el número de vascos. Unas primeras estadís-
andaluza que de la / s / castellana y norteña. En extensas
ticas, las de Henríquez Ureña, parecían rotundamente favora-
zonas americanas la /-s / implosiva se aspira y pasa por las
bles al antiandalucismo, pues arrojaban que en el siglo xvi
mismas alteraciones ulteriores que en la mitad meridional
los andaluces sobrepasaron en poco la tercera parte del total
de España. En la mayor parte de H ispanoamérica la /I / se
de emigrantes; reuniendo andaluces, extrem eños y murcia-
ha deslateralizado y se ha fundido con la /y /. En el Caribe
nos, la proporción llegaba al 49,1 por 100 w. Un nuevo cóm-
y costas del Pacífico se truecan, vocalizan b pierden la /-r/
y la /-1/ implosivas. Área parecida —no igual— tiene la pro-
■W P. Henríquez Ureña, Sobre el problema del andalucismo dia-
nunciación de la j como [h] aspirada. Por últim o, en el am- lectal de América, Buenos Aires, 1932. Véase la bibliografía citada en
nuestra n. 35 al § 723 y Guillermo L. Cuitarte, Cuervo, Henríquez Ureña
37 Para los oídos araucanos sonaban de distinto modo la /b / oclu-
y la polémica sobre el andalucismo de América, Vox Romanica, XVII,
siva de nabo, cabra, beso, estribó (> mapuche napur, capra, pesitun
1958 (también en Thesaurus, XIV, 1959); La constitución de una norma
‘besar’, etipu!irtipu) y la /v/ fricativa de cavalto, Have (> map. cahuallu,
del español general: el seseo , «El simposio de Indiana», Bogotá, 1967;
llahuy), véase R. Lenz, Bibl. de Dial. Hispanoam., VI, 246; pero las
Seseo y distinción s/z en América durante el siglo X IX , Románica,
confusiones se dan desde los documentos más antiguos escritos en
VI, 1973, 59-76; Las supuestas tres etapas del seseo, Aquila, III, 1976,
América. 106-139; A. Rosenblat, El debatido andalucismo del español de América,
38 Palatal era todavía cuando entraron en araucano préstamos como
«El simposio de México», México, 1969, 149*190; M. Danes i, The case
ovicha 'oveja', achur 'ajos*, acucha 'aguja', chaima 'jalma', ant. xalma
(R. Lenz, Ibíd., 249), que representan con /C/ la / i / o /&/ españolas fo r «andalucismo» re-examined, Hispanic Review, XLV, 1977, 181-193;
Maxim. P. Á. M. Kerkhof, Het ' andalucismo ’ van het Spaans in Amerika,
inexistentes en araucano.
Nijmegen, Katholieke Univ., 1979, etc.
puto, que opera con una masa documental tres veces mayor lu za 40 bi*. Finalmente hay que tener en cuenta el influjo cana-
que la de Henríquez Ureña y tiene en cuenta las variaciones rio, tanto en la contribución demográfica cuanto como enlace
de los porcentajes a lo largo del tiempo, ha cambiado por entre América y la P enínsula41.
com pleto el aspecto de la cuestión: en los primeros años de 3. La revolución fonética del siglo xvi coincidió en Amé-
la colonización, entre 1493 y 1508, el 60 por 100 de los que rica con la sedimentación de la lengua importada, que, ge-
pasaron a Indias eran andaluces; y en el decenio siguiente neralizando o eliminando los diversos regionalismos, se en-
las m ujeres del reino de Sevilla sumaron los dos tercios del caminaba hacia un tipo común. Allí, los que procedieran de'
elem ento fem enino em igrado40. Es decir, que durante el Toledo, Extremadura y Murcia distinguirían al principio las
período antillano se form ó en las islas recién descubiertas sibilantes ápico-alveolares / s / (siete, passar) y / z / (casa,
un primer estrato de sociedad colonial andaluzada, que hubo peso) entre sí y en oposición a las dentales / § / (cinco, cagar)
^de ser im portantísim o para el ulterior desarrollo lingüístico y f t / (hazer, vezino), también diferenciadas una de otra.
i

de Hispanoamérica. Las sucesivas oleadas de pobladores no Castellanos viejos, m ontañeses, asturianos, gallegos y leone-
cambiaron la situación, pues entre 1520 y 1579 el porcentaje ses habrían eliminado las sonoras, pero opondrían su / s /
de andaluces superó el 33% y las andaluzas mantuvieron ápico-alveolar sorda de siete, passar, casa, peso a la dental
holgada mayoría en la creciente em igración femenil. Entre (o ya interdental / θ /) de cinco, caçar, açer, vecino. Los vascos
las ciudades españolas Sevilla dio el máximo contingente, sesearían con / s / o cecearían con / § / 41 bU. Y los andaluces eli-
a gran distancia de las demás. Añádase que Sevilla y Cádiz minarían las alveolares reemplazándolas por las dentales /§ /
monopolizaron durante los siglos xvi y x v n el comercio y y /z / , distinguiendo primeramente, como en el judeo-español,
relaciones con Indias. En un m om ento en que la pronun- la sorda /§ / ([§jéte], [pa§ár], [§^ k o ], [kasár]) de la sonora
c ia c ió n estaba cambiando rápidamente a ambos lados del / z / ([káza], [pézo], [hazér], [vezino]); después quedó sólo
Atlántico, Sevilla fue el paso obligado entre las colonias y la articulación sorda. La variedad no suponía, como en la
la m etrópoli, de modo que para muchos criollos la pronun- Península, repartición geográfica, sino mezcla y anarquía,
ciación m etropolitana con que tuvieron contacto fue la anda-
40bií Sobre ta presencia de Sevilla en la m ente de los colonizadores
de A mérica en el siglo xvi, véase M anuel Alvar, Sevilta, macrocosmos
Peter Boyd-Bowman, índice geobtográfico de cuarenta m il po- lingüístico, «Est. filol. y ling. H omen. a A. Rosenblat», Caracas, 1974,
bladores españoles de América en el siglo X V I. I (1493-1519), Bogotá, 13-17 y 35-39.
1964; II (1520-1539), México, 1968; III (1540-1559) y IV (1560-1579), dis- ♦i José Pérez Vidal, Aportación de Canarias a la población de Amé -
puestos para publicación; V (1580-1599), en preparación. Boyd-Bowman rica, A nuario de Est. Canarios, 1955, 91-197; M anuel Alvarez Nazario,
ha ido anticipando resultados de su investigación: Regional origins of La herencia lingüística de Canarias en Puerto Rico, S. Juan de P. R.,
the earliest Spanish colonists of America, PMLA, LXXI, 1956, 1152-1172; 1972; G erm án de G randa, Un caso más de influencia canaria en His -
La emigración peninsular a América : 1520-1539, Historia Mexicana, XIII, panoam. (Brujería «isleña » en Cuba), Rev. de Dial, y T rad. Pop., XXIX,
1963, 165-192; La procedencia de los españoles de América, Ibid., 1967, 1973, 155-162, etc.
37-71; La emigración española a América: 1560-1579, «Studia Hispanica 4i bis Véase M aría Teresa Echenique Elizondo, Los vascos en el
in hon. R. L.*, II, 1974, 123-147, y Patterns of Spanish Emigration to proceso de nivelación lingüística del español americano, Rev. Esp. de
the New World ( 1493-1580), State Univ. of New York at Buffalo, 1973. Ling., X, 1980, 177-188.
Camacho de Triana, y el otro... se llamava Joan Alvarez el
ya que en cada punto se reunían gentes de distinto ori-
manquillo, natural de Giielva», o com o aquel capitán Luis
gen. La convivencia niveló los particularismos generali-
Marín, natural de Sanlúcar, que «çeçeaba un poco como
zando la reducción de las cuatro sibilantes históricas a un
sebillano»43. En Nueva Granada hay constancia de un capitán
solo fonema, / s / convexa ([§ ]) o plana ([s ]), no cóncava
y un fraile castellanos viejos y de un predicador aragonés
como Ia / s / del Norte y Centro peninsulares42. Ya vimos
que a fines del siglo xvi o ya en el x vn contrajeron allí el
(§ 92s) cómo esta solución, extensión atlántica de la andaluza,
ceceo, documentado en aquel reino desde 1558 y practicado
se documenta profusamente en el Nuevo Mundo desde 1521
en 1586 por indios que muy probablemente habían aprendido
y 1523. Más tarde, la antología titulada «Flores de varia poe-
el castellano con tal pronunciación44. Hacia 1600 el cronista
sía» (Méjico, 1577), ofrece en su manuscrito original cereños,
peruano m estizo Felipe Huaman Poma de Ayala escribe co-
ançias, auzente junto a sierva ‘cierva*, asertaste, alcansaste;
mienso, ací *así', corasones, seremonias, tezorero, fiezta, zue-
bien es verdad que en ella predominan los líricos sevillanos,
ños, zoberbia, e tc .45. Tras esta abundancia de testim onios no
lo que hace suponer fuera recogida por un andaluz. Pero no
puede sorprender que en 1688 el historiador Lucas Fernández
es forzosa tal hipótesis, ya que el poeta Fernán González de
Piedrahita escriba mais, maisal, siénaga y diga de los habi-
Eslava, nacido al parecer en Tierra de Campos, escribe de
tantes de Cartagena de Indias que «mal disciplinados en la
su puño_ y letra en M éjico (1574)_mez 'mes', desiséis, profe-
pureza’ de Γ idiom a'español, lo pronuncian-general m ente con
Çiôn, concejo ‘consejo', e iguala en sus rimas s y z finales,
aquellos resabios que siempre participan de la gente de las
alguna vez intervocálicas. Eslava hubo de contagiarse del
costas de Andalucía». Hacia la m isma fecha, la escritora
ceceo en el Nuevo Mundo, igual que Bernal Díaz del Castillo,
mejicana Sor Juana Inés de la Cruz equiparaba eses y zetas
natural de Medina del Campo: cuando el viejo conquistador
en algunas de sus rimas.
escribe en Guatemalá la Historia verdadera de la conquista
4. Otro de los argumentos que con más insistencia se ha
(1568), su manuscrito, en parte al m enos autógrafo, muestra
esgrimido contra el andalucismo en el tratam iento hispano-
la más absoluta confusión de s, ss, ç y z ( sertificaba, abonan-
americano de las sibilantes señalaba como propio de América
só, ençenada, vaçallo, apasible, pueblesuelo, payzes, quize,
el seseo, entendido como pronunciación de c y z con [s]
píele, etc.). Si queremos indagar cóm o pudo llegar a ser tal
convexa o plana, mientras consideraba ajeno a la dicción
la fonética de este castellano, no será descaminado atribuirlo
americana el ceceo o pronunciación de la s con una sibilante
a la convivencia con gentes como aquellos tres pilotos con
parecida a la [Θ]. Hoy sabemos que tanto el llamado seseo
quienes hizo una de sus travesías: «el más prencipal... se
dezía Antón de Alaminos, natural de Palos, y el otro se dezla 43 Remito a El andaluz y el esp. de América, «Près, y Fut. de la
L. Esp.». II, Madrid, 1964, 173-182. .
« Véase D. L. Canfield, La pronunciación del esp. en Amér., 66-69, 44 Olga Cock Hincapié, El seseo en el Nuevo Reino de Granada,
78-81 y m apa II. La / i ( ápico-alveolar cóncava su b siste en el d ep a rta - /550-/650, Bogotá, 1969, 138-139.
m en to colom biano de A ntioquia y en u n a zona in terio r de P u erto Rico 45 D. L. Canfield, Spanish American Data for the Chronology of
(T. N avarro, El esp. en P. R., 68-70). No e stá confirm ada la noticia Sibilant Changes, Hispania, XXXV, 1952, 28, y La pronunc. del esp . en
(Rev. de Filol. H isp., III, 1941, 164) de que sea ápico-alveolar la / s / América, 67.
de la sie rra peruan a.
andaluz —idéntico al hispanoamericano— como lo que mo- les ha contribuido también a anticipar testim onios49. Para-
dernam ente se entiende por ceceo son meras variedades de lelamente la investigación española ha documentado, para
lo que desde el punto de vista histórico no es sino ceceo, todos estos fenómenos, precedentes en el Mediodía peninsular,
pronunciación de las antiguas s y ss alveolares con articula- algunos de los cuales remontan a los siglos x y xn. Aunque
ciones propias de ç y z d en tales46. Pero la objeción carece de en el capítulo XIII (§§ 92i y 93) dimos cuenta de los nuevos
fundam ento aun dando a «ceceo» el m ism o sentido que los datos sobre su aparición escrita en América; hay que relacio-
objetantes, pues aunque m enos extendida que en la Anda- narlos ahora con los registrados en el habla actual por la
lucía occidental, la sibilante ciceada se ha reconocido en dialectología hispanoamericana y buscar solución para los
diversos puntos de Puerto Rico y Colombia, así com o en contrastes que surjan.
zonas rurales de la Argentina; es frecuente en El Salvador 2. El yeísm o es el rasgo meridional español que en Amé-
y Honduras, muy común entre las clases populares de Nica- rica tiene extensión más cercana a la del seseo, aunque sin
ragua y bastante en las costas de V enezuela47. llegar a generalizarse como éste. Atestiguado en España desde
la época mozárabe, en Méjico desde 1527, en el Cuzco desde
1549, etc. (§ 930, motivó a fines del siglo xvn com posiciones
§ 130. O t r o s m e r i d i o n a l i s m o s p e n in s u l a r e s e n e l e s p a ñ o l
hum orísticas del poeta Juan del Valle Caviedes, natural de
d e A m é ric a .
Porcuna (Jaén), pero radicado en Lima. Durante algún tiem -
1. El hallazgo de unas 600 cartas de españoles que, ins- po se creyó ver en ellas el primer testim onio del yeísm o his-
talados en las Indias, querían llevar allá a sus m ujeres u pánico; hoy su interés lingüístico se limita a probar que
otros parientes ha anticipado de manera sensacional las pri- Inesiya, hayo, bosquejayo, maraviya suscitaban ultracorrec-
meras dataciones americanas de fenómenos que se creían ciones alter, ballo, desmallo, seguramente no sólo gráficas
m ucho m ás tardíos. Están escritas en su mayor parte por entonces. En la actualidad la /I / es de uso normal y presti-
andaluces de escasa cultura y proceden de las m ás diversas gioso en una franja interior de Colombia que comprende
regiones de la América virreinal. Las que hasta ahora se han las ciudades de Bogotá y Popayán; persiste —apoyada por
citado como de interés por sus andalucismos van del año influjo de las lenguas indígenas, como ya se ha dicho (§ 127ej—
1549 al 1635 4B. La búsqueda en otras colecciones documenta- en la parte Sur de la sierra ecuatoriana, en amplias zonas
de las tierras altas y costa meridional del Perú, casi toda
« V éan se §§ 723, 92s y 122j.
47 T. N avarro, E l esp. en Puerto Rico, 69; L. Flórez, La prort. del Bolivia, parte de las provincias argentinas de San Juan y
esp, en Bogotá, B ogotá, 1951, § 87; D. L. Canfield, H ispania, XXXVI, la Rioja, y, además, en las lim ítrofes con el Paraguay y en
1953, 32-33, y La pronunciación del esp. en América, 78-81; B. E. Vidal todo este país donde connota independencia frente al yeísmo
de B a ttin i, El esp. de la Argentina, 68; y H eb erto Lacayo, Apuntes
sobre la pronunciación del esp. de Nicaragua, H isp ania, X X XV II, 1954, rehilado porteñ o49 bls; en el Sur de Chile quedan focos aislados.
268.
48 P eter Boyd-Bow m an, A Sam ple of sixteenth century 'Caribbean’ *9 Así los artículos de Claudia P arodi de T eresa sob re las sibilantes
S pan ish Phonology, «1974 C olloquium on S panish and P o rtuguese Lin- y el yeísm o (§§ 925, n o ta 19 bis, y 93j, nota 34).
guistics», G eorgetow n Univ. Press, 1975. 49 tu G erm án de G randa, Factores determinantes de la preservación
En el Norte y Centro de la sierra ecuatoriana la /1/ no se ar-
ticula como fricativa lateral, sino central rehilada, [ÿ] o [ i] 3. La /- s / final de sílaba o palabra se mantiene con
mediopalatal; el rehilamiento la distingue de la / y / , oponiendo fuerte silbo y tensión en el Norte y m eseta m ejicanos, en
cale 'calle', estreía 'estrella' a mayo, saya, con / y / sin rehi- regiones altas de América Central, Colombia y Ecuador, casi
lar; en la pronunciación vulgar la [£] llega a ensordecerse todo el Perú, la mayor parte de Bolivia y, dentro de Argentina,
en [§]. La oposición entre /2 / ( < /1/) y / y / se da también en zonas de las provincias de Jujuy, Salta y Santiago del
en la provincia argentina de Santiago del Estero. Estero; la influencia culta ha impuesto com o norma en Bu e-
En las regiones yeístas el resultado común de /1/ y / y / nos Aires y provincias del Sur una /-s / menos tensa, aunque
ofrece variantes: aparte de la [y] fricativa normal, existe en ambientes populares abunden la aspiración o la pérdida,
otra más abierta, cercana a la [i] semivocal y [j] sem icon- desestimadas en otros niveles so ciale s51. En Chile la /-s /
sonante, que en Nuevo Méjico, Norte y Sur de M éjico y gran final de sílaba «es comúnmente semiaspirada en el habla
parte de América Central llega a desaparecer entre vocales, culta», que la aspira muchas veces, «y del todo aspirada o
sobre todo en contacto con /1 / acentuada (gayina > gaína,
Amado Alonso, La 11 y sus alteraciones en España y América, «Est.
siya > sía), pero también en detae 'detalle', ceboa /cebolla', ded. a M. Pidal», II, Madrid, 1951, 41-89 (después en E studios lingüís-
etc.; en" San Luis (Argentina)r arroíto-, medaíta, - semía, - cu- ticos. Temas hispanoam., Madrid, 1953, 196-262); Luis Flórez, La pronunc.
chío, estrea, aqueo y muchos más; la pérdida se registra del e s p íe n Bogotá, Bogotá, 1951, §§ 115-121; P. Boyd-Bowman, Sobre
restos de Ileísmo en México, Nueva Rev. de Filolf HispTT VI, 1952, 69-
aisladamente en otros puntos. El refuerzo con rehilamiento 74, y Sobre la pronunciación del esp. en el Ecuador, Ibid., VII, 1953,
se da en Oaxaca (Méjico) y es general y característico del 221*233; H, Toscano Mateus, El esp. en el Ecuador, Madrid, 1953, 99-
Río de la Plata (Uruguay y provincias argentinas de Entre 105; G. L. Cuitarte, El ensordecimiento del leísm o porteño ,· Rev. de
Filol. Esp., XXXIX, 1955, 261-283, y Notas para la historia del yeísmo,
Ríos, Santa Fe, Buenos Aires, La Pampa y todas las m eri- «Sprache und Geschichte. Festsch. f. H. Meier», München, 1971, 178-
dionales); el prestigio de Buenos Aires lo irradia hacia el 198; A. Rosenblat, Las generaciones argentinas del siglo X IX ante el
problema de la lengua, Rev, de la Univ. de Buenos Aires, 5.* época,
interior, extendiéndolo a ciudades como Tucumán, Salta y
V, I960; D. L. Canfield, La pronunc. del esp. en América, Bogotá, 1962,
Jujuy. Ya existía a fines del siglo x v i i i y durante el xix hay 85-87; Juan M. Lope Blanch, Sobre et rehilamiento de ll/y en México,
^ repetidos testimonios de él, entre otros el del célebre ar- An. de Let., VI-VII, 1966-67, 43-60; M.* Beatriz Fontanella de Weinberg,
El rehilamiento bonaerense a fines del siglo X V III, Thesaurus, XXVIII,
queólogo francés Maspero (1872). Junto a la [ i ] sonora de
1973, y Dinámica social de un cambio lingüístico. La reestructuración
la dicción porteña consolidada, está cundiendo con pujanza de tas palatales en el español bonaerense, México, 1979; José A. Barbón
creciente la sorda [§] (caSe 'calle', aSer 'ayer')50. Gutiérrez, El rehilamiento, Phonetica, 31, 1975, 81-120, y 35, 1978, 185-
215; Clara Wolf y Elena Jiménez, El ensordecimiento del yeísm o por-
del fonem a f\¡ en el español del Paraguay, L ing üística E sp. Actual, I, teño, un cambio fonológico en marcha, «Estudios lingüísticos y dia-
2, 1979, 403-412 (tam bién en El español del Paraguay, 13-23). lectológicos. Temas hispánicos», Paris, 1979, 115-145, etc,
so V éanse Amado Alonso y Angel R osenblat, Bibl. de Dial. Hispa- 51 Berta Elena Vidal de Battini, Et esp. de ta Argentina, 2." ed.(
noam ., I, 192 n.; P. H enríquez U reña, Ibid., IV, 352-353; A. Z am ora 1964, 108; [Link] Beatriz Fontanella de Weinberg, C om portamiento ante
Vicente, Rehilamiento porteño, Filología, I, 1949, 5-22; B erta E lena . -s de hablantes fem eninos y masculinos del español bonaerense, Rom.
V idal de B attini, El habla rural de San Luis, B uenos Aires, 1949, 47, y Philo!., XXVII, 1973, 50-58, y Un aspecto sociotingiiístico del español
El español de la Argentina , Bs. As., 1954, Ί0-ΊΑ (2.a ed., 1964, 126-131); bonaerense : la -s en Bahía Blanca, Cuadernos de Lingüística, Bahía
Blanca, 1974.
muda en la lengua popular»52. En el resto de Hispanoamérica de Gata cacereña y ocasionalm ente en Andalucía ( cahíno
es general la aspiración ( ehcuela, bohque, o troh), que se 'casino', eho 'eso').
asim ila con frecuencia a la consonante siguiente (m ihm o > 4. La neutralización de /-r/ y /-1/ implosivas o su om i-
[míriim o] o [m ím m o]) y a veces le quita sonoridad ( rehbalar sión se encuentran atestiguadas en España desde los siglos x ii
> [reqxpalár] > [recpalár], máh barato > má farato, dihguhto y X V y en América desde 1525 y 1560 respectivamente. Pese
> dihuhto o [di^útito], e tc .)53. Cuando la aspiración des- a la riqueza de ejemplos antiguos, estos fenómenos no cons-
aparece en final de palabra, la distinción entre singular y tituyen hoy rasgo general del español americano: alcanzan
plural o entre la segunda y tercera personas verbales se hace principalmente a territorios insulares y costeñ o s,. dejando
en algunos países o regiones con igual procedim iento que en libre el interior de Méjico, del Ecuador y del Perú, Bolivia
andaluz oriental y murciano, esto es, m ediante diferencias y Argentina (salvo la región del Neuquén, de rasgos fonéti-
de tim bre y duración en las vocales finales; el hecho se ha cos chilenos, donde en el habla rural se oyen argún, arguien,
registrado hasta ahora en Puerto Rico (sing, cam po frente úrtimo). Como en España, hay repartición geográfica de va-
a ca m p ç 'campos'; dise 'dice' frente a disç 'dices'), en los riedades, o al menos de preferencias por unas u otras: dentro
Llanos de Bolivia y en Uruguay (libro, diente, sing., librg, de la inseguridad de las informaciones, parece que en la
dientç, pl.; o bien todo, la casa, sing., frente a todo:, la: costa del Pacífico prevalece el paso de /-1/ a [-r] más o menos
casa:, pl.), pero seguram ente se encontrará en otras áreas relajada (argo) y escasea el inverso (calbón), favorito en
Como en el seseo y el yeísm o, la prioridad en documentar las Antillas. Sin embargo en Cuba ha habido juegos de pala-
alteraciones de la /-s / corresponde a España con el Sofonifa bras como «un hombre de malas purgas» y en la pronuncia-
de Fernando Colón, que obliga a suponer larga evolución ción vulgar chilena se dan olol, mujel, querel. La pérdida en
previa; en América están registradas desde 1556 (v. § 933). final de palabra se prodiga en todas las regiones confundido-
En Nuevo Méjico, Colombia y entre las capas sociales ras (comprá, confesá, coló, Migué); en los infinitivos es muy
inferiores de Chile y de otros países, la sustitución de / -s / frecuente en la guaranítica. La vocalización en [i], registrada
por aspiración se propaga a la /*s-/ intervocálica (pahar en Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico y Colombia (cuai ‘cual’,
‘pasar’, cahah 'casas', nohotroh 'nosotros') y a la inicial vueivo 'vuelvo', taide 'tarde', poique ‘porque’, aiguien 'alguien')
(hiem pre 'siempre'), como en las hablas rurales de la Sierra figura ya en Lope de Rueda y se encuentra en Murcia, Anda-
lucía y Canarias5S.
R. Oroz, La lengua castellana en Chile, 1966, 101. 5. La pronunciación de x y g, j antiguas como [h] aspi-
5* T. N avarro, £ / esp, en Puerto Rico, 71-74; L. Flórez, La pron.
rada consta en España desde 1519 y en América desde 1558,
del esp. en Bogotá, §§ 88-91; B. E. V idal de B a ttin i, E i había rural de
San Luis, 4144; W ashington Vázquez, El fonema /s / en el esp. del
Uruguay, M ontevideo, 1953; Oroz, op. cit., 102-108. 55 P ara los ejem plos antiguos españoles y am ericanos, v. § 932;
54 T. N avarro, op. cit., 44, 46, 48; W. Vázquez, op. cit.; D ora J u s ti- para la situación actual, Amado Alonso y R aim undo Lida, Geografía
niano de la Rocha, A puntes sobre la interferencia fonológica de las fonética: -1 y -r implosivas en español, Rev. de Filol. Hisp., V II, 1945,
leng. indígenas en el esp. de Bolivia, «Actas I I I Congr. ALFAL», 1976, 313-345; B erta Elena Vidal de B attini, E l esp. de la Argentina (1964),
161. H I; R. Oroz, La lengua cast, en Chile, 110, 195, etc.
según ya vimos (§ 92?). Hoy es norma en las Antillas, Nuevo
Méjico, extrem o Norte de M éjico y parte septentrional de
la península de California, costas m ejicanas del Este y Sur,
Yucatán, América Central, Panamá, Colombia, Venezuela,
costa del Ecuador y litoral norteño del P e rú 56. El resto de
Hispanoamérica pronuncia una [χ ] m enos velar que la cas-
tellana, postpalatal [^ ] o mediopalatal [ÿ] ante / e / , / i / (v.
§ 1274). La [h ] aspirada procedente de / f / se conserva con
mayor o menor intensidad y en variable número de. casos
en el español vulgar y rústico de toda América. Su pronun-
ciación se atiene a la de la /: [huir], [hám bre], [hedér]
donde son normales [hiu^tár], [dehár], [h éçte ], pero [yuír],
ta m b r e ] o [^ám b re], [^ eííér] o [ÿedér] donde se dice
fyu^tár], [dexár] o [dej(ar], [ x é ç te ] o [ÿ éçte]
6Γ lo expuesto se^desprende =queden Tlas Antillas, y
región del Caribe es donde más se estrechan las semejanzas
fonéticas con el habla de Andalucía, sin duda como conse-
cuencia del predominio migratorio andaluz durante el si-
glo X V I 58 y de la continua relación con Canarias. Más difícil
EXTENSION APROXIMADA DEL YEÍSMO
se presenta Ja cuestión en el Continente: el habla de las Y EL VOSEO EN HISPANOAMÉRICA
altiplanicies se aproxima a la de Castilla m ucho más que la
t I Zonas donde se conserva la /1/.
de los llanos y costas, donde están más acentuadas las sem e-
BEI Zonas donde se distingue entre /z/ (/!/) y /y/.

se D. L. Canfield, La pronunc. del esp. en América, 81*82 y m apa III. j Zonas yeístas sin distinción.

57 T om ás N avarro, El esp. en Puerto Rico, 62-67, y The old aspira- I Zonas donde contienden tú y vos.

fed «/t» in Spain and in the Spanish of America, W ord, V, 1949, 166- Zonas en que domina vos.
169; L. Flórez, La pronunciación del esp. en Bogotá, §§ 84-85; R. Oroz, I I Zonas en que domina tú.
La lengua cast, en Chite, 126, etc.
5* Según las estadísticas de Boyd-Bowman ( Patterns , 86-88) el p o r-
cen taje de andaluces que p asaron a S an to Domingo subió del 45,6 en
1520-1539 al 47,5 en 154(M559 y al 55 en 1560-1579; el de los in stalad os
en Cuba, del 41 en 1520-1539 al 46,7 en 1560-79; y el de los d estinad o s a
Panam á, del 33 en 1520-1539 al 48,2 en 1540-1559 y al 59,9 en 1560-1579.
Téngase en cuenta, adem ás, qu e la m ayoría de los em igrantes can arios
no figuran en la docum entación sev illana sobre pasajero s a Indias, y
que las Antillas y V enezuela fu eron su asiento preferid o.
janzas con Andalucía; en las m esetas, com o se ha indicado,
subsiste la /-s / implosiva, no se confunden ni pierden /-r / y
§ 131. P o s ib l e s d ia l e c t a l is m o s d el e s pa ñ o l n o r t eñ o en
/-1/ finales de sílaba o palabra y, salvo en Colombia y Amé-
Am é r i c a .
rica Central, la j se pronuncia fricativa oral, no aspirada
faríngea. Para explicar esta repartición se ha supuesto que Las coincidencias fonéticas del español americano con
los castellanos se instalarían en las tierras altas, m ientras dialectos peninsulares norteños no alcanzan a un conjunto
que los andaluces y canarios preferirían las llanuras y el de fenóm enos comunes, como sucede con los meridionalis*
litoral,! buscando unos y otros el clim a más afín al de las m os, ni cuentan con tan fuertes apoyos pára establecer rela-
regiones españolas de donde procedían. En tanto no se en- ción de dependencia. Sin embargo parece significativo el caso
cuentre confirmación histórica para tal posib ilid adM, hay de las articulaciones asibiladas de r y rr ([r ] y [F]), así com o
que pensar en el efecto lingüístico de la doble visita anual ‘ la del grupo /t r /, pronunciado como una africada con oclu-
de la flota que salía de puertos andaluces y a ellos regresaba; sión alveolar a la que sigue una [ f ] fricativa y sorda: todo
y sobre todo en el influjo cultural de las ciudades de Méjico ello se da en la Rioja española, Navarra y Vascongadas
y Lima, importantes centros de la vida universitaria y admi- ;(§ 1184), y en diversas zonas americanas. La más extensa y
nistrativa durante la^ época c o l o n i a l Y a en 1604, Bernardo continua comprende Chile, el interior y Norte de la Argen-
de Balbuena alaba la dicción de Méjico, «donde se~tiáblá~el tina, Oeste de Bolivia, con entrantes en el Sur del Perú, y
español lenguaje / más puro y con mayor cortesanía»; la » el dom inio guaranítico, con su centro en el Paraguay61. Dentro
comedia urbana de Ruiz de Alarcón es ejem plo de correc- 'de esta amplia zona está la provincia argentina de la Rioja,
ción y refinamiento. La influencia de Lima se extendió a cuya capital fue fundada en 1591 por el gobernador de Tu-
todo el virreinato peruano, del que formaba parte Bolivia. ^cumán Juan Ramírez de Velasco con el nombre de Todos
Añádase que, com o en estas comarcas abundaba la pobla- los Santos de la Nueva Rioja; uno de sus ríos es el Rioja,
ción india, la cual usaba sus lenguas nativas, el español y una de sus sierrás, la de V elasco62. No debe olvidarse que
debió de hacerse allí aristocrático y purista, mientras que en Chile fue alta la proporción de castellanos viejos; entre
en las llanuras la vida dispersa y ruda de los colonizadores 1540 y 1559, sum ados a los vascos, superaron el número de
favoreció su divorcio del lenguaje correcto. los andalu ces6i. Por lo que respecta al Paraguay, los más

6* D. L. Canfield, La pronunciación del esp. en Amér., 87-89 y


mapa VII; Antonio Quilis y Ramón B. Carril, Análisis acústico de [ fj
59 Las e stad ístic as de Boyd-Bowman dan los p o rce ntajes de em i- en algunas zonas de Hispanoamérica, RFE, LIV, 1971, 271-316; G. Peri-
g ran tes de cada región española a cada región am erican a d u ran te sinotto, Distribución demográfica de la asibilación de vibrantes en el
cada veinte añ o s desde 1519 h asta 1579; incluso especifican cu án tos habla de la ciudad de México, Nueva Rev. de Filol. Hisp., XXI, 1972,
tu vieron com o d estino las grand es ciu dad es (M éjico, Lima, El Cuzco, 71-79, y José G. Moreno de Alba, Frecuencias de la asibilación de fr j
S antiag o de Chile, La Asunción); p ero no cu án to s se estab leciero n y fr r f en México, Ibid., 363-370,
d u ra d e ra m en te en u n as y o tra s com arcas. 62 Véanse el Diccionario geográfico de Alcedo y el Dicc.-de la Re-
60 R. M enéndez Pidal, Sevilta frente a Madrid (v. n u es tro § 72j, pública Argentina de Juan Pinto, Buenos Aires, 1950.
n. 35), 140-165. . . w Boyd-Bowman, Patterns, 56*57.
sidad de Santo Domingo, así como la mayor duración de la
destacados y prestigiosos de sus primeros colonizadores pa-
dependencia política respecto a España®. Pero en Argentina,
recen haber sido castellanos viejos y vascos; su dicción puede
Uruguay, Paraguay, América Central y el estado m ejicano de
muy bien haber sido el punto de partida de la /I / a que tanto
Chiapas domina el vos en la conversación familiar con intensa
. apego tiene el español paraguayo y que no existe en guaraní;
y espontánea vitalidad; en Panamá, Colombia, Venezuela,
y de su sintaxis puede también arrancar el leísm o normal en
Ecuador, Chile, zonas norteñas y Sur del Perú, así com o en
aquel país, excepción casi única en el uso pronominal his-
el Sur de Bolivia, alternan tú y v o s 67.
panoam ericano64. En Vascongadas, Navarra, Castilla la V iejap
2. Vos concuerda ordinariamente con formas verbales
Rioja y Aragón tienen gran arraigo los vulgarismos cáido,
que en su origen fueron de plural: imperativos sin -d final
páis, máestro, pior, tiatro, cuete, tan extendidos por toda la
América continental y menos en las A ntillas65, donde el anda-
lucism o es más intenso. M En Cuba existió voseo en Camagüey y Bayamo, según atestigua
Pichardo en 1836; pero en 1875 añade que estaba reduciéndose a «un
corto número del vulgo». Exploraciones recientes no han encontrado
restos ya (Humberto López Morales, E studio sobre el esp. de Cuba,
§ 132. El v o seo . E l im in a c ió n d e « v o s o t r o s ». 1971, 136-142).
- 67^Véanse~Eíeutcrio-F.^Tiscornia,- La J e n g u a de^_ «Martín _ Fierro»,
Bibl. de Dial. Hispanoam., III, 1930, 120-136, 289 y ” mapa del ""voseó;
1. Como ya se ha dicho (§ 95«), en la España del 1500 tú Ch. E. Kany, American Spanish Syntax, Chicago, 1945, 55-91; Angel
era el tratamiento que se daba a los inferiores, o entre igua- Rosenblat, Lengua y cultura de Venezuela. Tradición e innovación,
Univ. Central de Venezuela, [1955], II, y Buenas y malas palabras, I,
les cuando había máxima intimidad; en otros casos, aun Caracas-Madrid, 1969, 20; José Pedro Roña, El uso del futuro en el
dentro de la mayor confianza, se hacía uso de vos. Al genera- voseo americano, Filología, VII, 1961, 121-144, y Geografía y morfología
lizarse vuestra merced > usted como tratamiento de respeto, del «voseo », Porto Alegre, 1967; María Isabel de Gregorio de Mac,
El voseo en la literatura argentina, Univ. Nac. del Litoral, Santa Fe,
tú recobró terreno a costa de vos en el coloquio familiar, 1967; Alonso Zamora Vicente, Dialectología española, 2* ed., Madrid,
hasta eliminarlo durante el siglo xvn y quizá parte del xvm . 1967, 400410; R. Lapesa, Las formas verbales de segunda persona y
los orígenes del «voseo», «Actas III Congr. Intern, de Hisp. (1968)»,
Las cortes virreinales adoptaron y difundieron estos cambios
México, 1970, 519-531, y Personas gramaticales y tratamientos en espa-
en las formas de trato social, que hoy son las únicas vigentes rïiif, «Homen. a M. Pidal», IV, Rev. Univ. de Madrid, XIX, n.° 74, 1970,
en casi todo Méjico, en la mayor parte del Perú y Bolivia y 141-167; M.a Beatriz Fontanella de Weinberg, La evolución de los pro-
en las Antillas, donde influyó la acción cultural de la Univer- nombres de tratamiento en el español bonaerense, Thesaurus, XXV,
1970; El voseo en Buenos Aires en las dos prim eras décadas del si-
glo XI X, Bogotá, 1971, y Analogía y confluencia paradigmática en
w Germ án de G randa, El español del Paraguay, Asunción, 1979, formas verbales de voseo, Ibid., 1976; Germán de Granda, Las formas
14 y 35. P ara el contingente vasco en la colonización de América, v. verbales diptongadas en el voseo hispanoamericano. Una interpreta-
M aría T eresa Echenique, a rt. cit, en n. 41 bis. Los datos de Boyd- ción sociohistórica de datos dialectales, Nueva Rev. de Filol. Hisp.,
Bowm an ( Patterns , 35) son en este caso, según él m ism o declara, in- XXVII, 1978, 80-92 (tam bién en Estudios lingüísticos hispánicos, afro-
com pletos, y no tienen en cuen ta la calidad prestigio sa de los diri- hisp. y criottos, Madrid, 1978, 118-138); Observaciones sobre el voseo en
gentes, el esp. del Paraguay, Anuario de Letras, XVI, 1978, 265-272 (también
65 Amado Alonso, Problemas de dialectot hispanoam., Bibl. de en El esp. en el Par., 73-81).
Dial. H ispanoam ., I, 1930, 317-345.
(cantâ, poné, vení), usados en España hasta el siglo xvn, y 3. La génesis del voseo americano es complicada. En
presentes de indicativo sin diptongo en la desinencia (andds, el español medieval se da con frecuencia el paso del trata-
te n és 67 bis, satis, sos), desechados aquí durante el xvi; pero m iento de vos al de tú, o viceversá, en una m ism a frase o en
con el verbo siem pre en singular hay vos tienes, vos sabes frases inmediatas: en el Cantar de Mió Cid se encuentra ya
en el Norte del Perú y, alternando con el plural, en Bogotá, «mientra que visquiéredes bien se fará lo ío» ‘m ientras vi-
Ecuador y Chile. En el presente de subjuntivo se vacila entre viereis, lo tuyo saldrá bien', con verbo en plural y posesivo
vos salgás, vos soltés y vos salgas, vos sueltes, vos puedas, ma- de un poseedor, antecedente del primer ejem plo americano
tizados en el uso bonaerense ler; en el futuro contienden vos conocido, que es un «façételo vos» de Bernal Díaz del Castillo.
sabrés y vos sabrás, en el perfecto vos m ata s t e s 68 y vos ma- Hasta el siglo x v m abundan cam bios com o el del Amadis
taste; y existen multitud de formas am bivalentes que en el «¿>os digo que si quieres fazer como dez ís...». También hay
español general moderno pertenecen exclusivam ente al sin- en España durante la Edad Media y siglo xvi casos en que
gular (das, d e s ; estás, esté s; vas; ves; eras, cantabas, ibas, vos concuerda con formas verbales equívocas («dam ['dad-
tenias, pudieras, querrías, etc,), pero que en la América vo- m e'] vos», en Juan Ruiz; «vos, que eras tan bueno» en la
seante son resultado conjunto del singular y de los antiguos Demanda del Santo Grial). Pero en España desaparecieron
plurales da(d)es, de(d)es, esta(d)es, este(d)es, va(d)es, ve(d)es, las am bigüedades con la generalización de dad, erais,. ibais,
éra(d)es, cantáva(d)ís, íva(d)és, ténía(d)esT" p ud ié ra (d )es z, cantabais, teníais, pudierais, querríais, mientras que en las
querría(d)es (v. § 962). Quedan formas con diptongo desinen- regiones americanas alejadas de las cortes virreinales se im-
cial (tenéi(s), habldi(s), pondréi(s), comíai(s), vierai(s), etc.) pusieron dame vos, vos eras, vos ibas, etc., de igual m odo que
en islotes de Colombia, en un área extensa al N oroeste de se form ó un solo paradigma pronominal con vos, te, tuyo.
Venezuela y en Chile (vos tomát(s), comiai(s), c o m i e r a i s ) ), En España, el puntilloso cuidado por distinguir matices de
reliquias hoy vulgares de un uso que antaño debió de ser el tratam iento im pidió que las confusiones entre tú y vos llega-
más distinguido! El m antenim iento de vos no va acompañado ran a crear norma; en la joven sociedad colonial prevaleció
por el de os y vuestro, que han desaparecido en América: un sentido más igualitariow.
al vos nominativo y término de preposición corresponden te 4. ^ Como el andaluz occidental y el canario, el español de
com o pronombre afijo y tuyo, tu com o posesivos (vos te toda América ha elim inado la distinción entre vosoíros y
volvés, vos tomás tu dinero, guardáte lo que es tuyo, sentáte). ustedes, empleando ustedes tanto para el tratamiento de
respeto como para el de confianza. La diferencia con Anda-
67 bis o tenis, ponis, por tenés, ponés. lucía estriba en que en América el verbo está siempre en
67 M.‘ Beatriz Fontanella de Weinberg, La oposición «cantes·/
*cantés» én el español de Buenos Aires, Thesaurus, XXXIV, 1979, 72-87. tercera persona (usíedes hacen, ustedes se sientan), sin las
6* Continuación del uso español clásico (§ 962); en el lenguaje m ezcolanzas ustedes hacéis, ustedes os sentais. Vosotros, os y
fam iliar americano no entró el paso -stes > -stets en las desinencias
del perfecto. Donde prevaleció el tratam iento de tú, la /s / interior de
comiste, mataste pasa a final, comites, m atates, como en mozárabe, w Trato m ás extensam ente de todo ello en el artículo Las formas
andaluz y judeo-español (§§ II67 n. 8 y 1226). verbales..., citado en la n. 67.
vuestro sólo existen allí como expresión retórica y muy re- culinos, el peje /lo peje, ese perro /eso p erro ; o se expresa
verencial. únicamente con el morfema verbal de número, la cosa 'td
5. El desuso de vuestro ha acarreado un reajuste en el buena/la cosa 'tán buena. Todo esto ocurre igual en el Me-
sistema de los posesivos. Su, suyo, cuya excesiva carga de diodía de España y en Canarias; pero en el español domini-
valores da lugar a tantas anfibologías, tienden a evitarlas cano el vulgarismo, extendido en los últim os decenios a
significando exclusivamente 'de usted', mientras cunden de niveles sociales antes libres de él, ha ido más lejos: por una
ustedes, de él, de ella, de ellos, de ellas: «estuvo ayer en la parte ha creado nuevos alom orfos de plural, como el se pos-
casa de usted es», «¿no ve, patrón, que les gusta dar qué puesto de gallínase, mucháchase, cásase, procedente de la
hacer a las mujeres de ellos?», «le mataron en la propia casa oposición cru 'cruz'/cruse(s), sofá/sofase(s), pie/piese(s),
de éh. También nuestro se halla en decadencia, sustituido lapi/lápise(s), o como la aspiración o /s - / protéticas de ha-
frecuentemente por de nosotros: «Las penas y las vaquitas / migo 'amigos', soho 'ojos', cuyo origen es la /-s / de artículos
siguen iina misma senda: / las penas son de nosotros, / las y determinativos en plural, pero antepuestas a sustantivos
Vaquitas son ajenas» ™. que no los llevan (ocho hestudiante); por otra parte la con-
cordancia numérica sufre grave y frecuente quebranto: «/05
rayos del soT"se ibarT haciendo cada vez más débil»·71,·
§ 133. O t r o s f e n ó m e n o s m o rfo ló g ic o s y s i n t á c ti c o s . En España se suele preferir el singular cuando varios
sujetos realizan la acción, verbal con el m ism o miembro, ins-
En la morfología y sintaxis el español de América man- trumento, etc., respectivo, o cuando la acción afecta a varios
tiene arcaísmos, pero también lleva adelante innovaciones objetos en la misma parte o pertenencia de cada uno («pi-
que en el peninsular están menos desarrolladas, o inicia por dieron la palabra levantando el brazo», «doblaron la rodilla»,
su cuenta otras independientes. «aquellas quejas nos partían el alma»). Pero en otro tiem po
1. En los países o regiones donde la /-s / final llega a se usó más el plural: doña Sol exclama en el Poema del Cid
perderse, su caída origina importantes cambios en los mor- «cortandos ['cortadnos’] las cabeças, mártires serem os nós»,
femas nomínales de número: éste puede indicarse mediante Έ η el español de América abunda m ucho el plural: «los
diferencias de timbre o cantidad en las vocales finales, peones movieron las cabezas y se miraron»; «los paisanos
cam p o/cam pç, casa/casa: (v. § 130i); ensordeciendo la con- se quitaron los som b reros»; «y volvieron a beber hasta que
sonante inicial, la bota/la φοία, la gayinajla hayina o la se les hincharon los vientres». En Argentina, Chile y El Sal-
%ayina; oponiendo ausencia o presencia de /-e / final ( < /-es/), vador —probablemente en otros países también— subsiste
mujer/mujere, árbol/árbole, papel/pápele; valiéndose del el plural las casas con el valor de 'la casa', com o en español
artículo u otros determinativos antepuestos a nombres mas-
7* Maximiliano A. Jiménez Sabater, Cambios dentro de la categoría
70 Germán de Granda, La evolución del sistema de posesivos en el del número en el español dominicano, Eme-Eme, Est. Dominicanos,
español atlántico, Bol. R. Acad. Esp., XLVI, 69-82 (después en Est. n.° IV, 1973, 61*75 (después en Más datos sobre el español en la Repúb.
ling, hisp., afrohisp. y criollos, Madrid, 1978, 80-94). Dominicana, íjto. Domingo, 1975, 145-160),
medieval y clásico. Hay algún ejem plo argentino de los pala-
primer -ito ( chiquitico, hijitico, toditico > tu itico 13h[%, ahori-
cios por 'el palacio’. Más extensión tienen los campos 'el
tica), por lo que los costarricenses reciben de los demás cen-
campo', los pagos 'el pago’; la expresión p o r estos pagos es
troamericanos el dictado de hermaniticos o ticos', también se
hoy corriente en E spaña72.
agrega ·ico a palabras en cuya última sílaba hay una / 1/
En cuanto al género, si en España se forjan a menudo
(zapatico, latica, potrico, ratico), y sin ella, en los antropóni*
terminaciones femeninas para nombres que por su forma
mos antillanos Juanico, Manuelico’, toitico se usa además en
escapan a la distinción genérica (huéspeda, comedianta, ba-
Venezuela y Chile, y todico, junto a todito, en Ecuador. La
chillera), o masculinas para los term inados en /-a / (modisto),
inserción de infijos no se da siempre en los m ism os casos
en distintos países de América se dice antiguallo, hipócrito,
que en España (viejito, cuentito, mamacita, indiecito, rubiecú
pîeitisto, feroza, servicíala, federala, sujeta, bromisto, piañis-
ta, fa ro lcito)1*. El aumentativo *azo se prodiga con valor
to, etc. En los sustantivos postverbales es de notar la pre-
ponderativo y afectuoso (amigazo, lindazo, paisanazo) y desde
ferencia americana por el vuelto, el llamado, según uso es-
Méjico a Chile y el Río de la Plata se emplea para formar
pañol clásico, en vez de la vuelta (de una cantidad superior
superlativos («venía cansadazo», «la mujer estaba enfermaza»,
al precio), la llamada, normales hoy en la Península. No obs-
«con la pocaza riqueza que tenía»)75.
ta nte, Jps sufijos -ada e -ida son en América^ muy productivos
El adjetivo se usa como adverbio con más frecuencia que
en nombres de acción y efecto (atropellada ‘atropello’, insul-
en España: «nos íbamos a ir suavectto», «¡qué tindo habla!»,
tada 'insulto'/ conversada ‘conversación’, asustada ‘su sto’,
«fácil se va hoy de la capital a Flores», «caminaban lento» 76.
encogida ‘contracción’, conseguida 'consecución, logro, ob-
2. Desde Centroamérica hasta el Perú el habla vulgar
tención', etc.) desconocidos en E spaña73. De los sufijos di-
emplea el pronombre yo como término de preposición: «el
minutivos españoles, -illo, -ete e -ín apenas se emplean como
mal será para yo», «se rieron de yo», «le gustaba bailar con
tales en América: abundan, sí, en derivados ,cuya noción no
yo», «lo que a yo me gu sta»77. En la lengua escrita, él, ella
es la misma de los primitivos correspondientes (tinterillo
y sus plurales, referidos a cosas, aparecen sin preposición
'abogado picapleitos', frutilla 'fresa', conventillo 'casa de ve-
con más frecuencia que en España: «Las fumarolas de Cerro
cindad', gallineta ‘gallo de plumaje parecido al de la gallina',
Quemado son num erosas y abundantes. Ellas emanan de
volantín 'cometa'); el que tiene verdadera vitalidad para for-
grietas»; «Y el árbol poderoso fue comido / por la niebla,
mar diminutivos es -ito, usado con gran profusión ( patron-
y cortado por la racha. / Él sostuvo una mano que cayó de
cito, ranchito, platita, ahorita > aurita y orita, allicito, yaíta)
e incluso repetido para reforzar la expresividad (ahoritita, 73 bis Tuito, muy extendido, es resultado de todito, con sinéresis de
toditito). En este refuerzo el habla de las Antillas y Costa las vocales en hiato al perderse la /-d-/.
Rica, así como la de los indios del Ecuador, añade -ico al M Bibl. Dial. Hispanoam., II, 387 y IV, 236; Berta Elena Vidal de
Battini, E t había rural de San Luis, 350-362; H. Toscano Mateus, El
esp. en el Ecuador, 422-434, etc.
72 Ch. E. Kany, American Spanish Syntax, Chicago, 1945, 6-8 y 13-15. 75 Kany, 51-52; Zamora Vicente, 433, etc.
7Î Ibid., 5-6 y 15-19; Zamora Vicente, Dialectología, 431-432, etc. Kany, 32-34; Zamora Vicente, 433, etc..
π Kany¡ 99.
repente»78. El neutro ello se conserva en Santo Domingo y encontré acostada»), y la paraguaya, que usa le para los dos
Puerto Rico como sujeto impersonal («ello es fácil llegar», casos, sin distinguir singular de p lu r al80. El dativo le por
«¿ello hay dulce de ajonjolí?»), com o refuerzo de afirmacio- les está muy difundido por toda Hispanoamérica, igual que
nes y negaciones («¿pero tú no estuviste? —Ello s í »; «parece en España, sobre todo cuando anuncia o repite otra mención
que va como triste el amigo. —Ello no»), como expresión de del objeto indirecto en la misma frase («íe cambiaba el al-
vago asentimiento («¿quieres bailar? —Ello» 'bueno') o evasiva piste a los canarios», « ¡a cuántas muchachas le habrá dicho
(«¿qué rem edios... han administrado ustedes al niño? —Eyo, usted eso! »). Por el contrario, cuando en la combinación se
dotol»)79, En las Antillas, Panamá y Venezuela el pronombre lo, se la va indicado por m edio de se un objeto indirecto
sujeto se interpone a menudo entre el interrogativo y el plural rio reflexivo, es frecuente añadir una /-s / al segundo
verbo: «¿qué tú dices?», «¿por qué usted quiere que las pronombre para expresar la pluralidad a que se refiere el
cosas sucedan así?», «¿cómo tú te llamas?», «¿dónde yo primero invariable: «con cariño se los digo, / recuerdenló con
estoy?»; en el Río de la Plata: «¿por qué vos querés que yo cuidado» (Hernández, Vuelta de Martín Fierro, 4747); «eso
juegue?», «¿por qué usted dice que yo soy el culpable?»; pasó como se los digo a ustedes», «la advertencia 5e las hizo
tal estructura interrogativa existe también en el Norte de a tod o s»8l. Abunda más que en España la mención redun-
León y Palencia, abunda en Canarias79 bU, se encuentra en dante del o b jeto directo m ediante pronombre («Santos la
nuestros clásicos («no quieras que se descubra quién tú eres», miró a Rosa», «ella to amaba a Andrés» )~8Ibr*; pero se da
Celestina, acto X II) y cuenta con precedentes latinos («quid también la om isión total del objeto directo, que se deja
t u hom inis es?», Plauto; «nam quid e g o de studiis dicam?», sobreentendido («¿le prendiste el cabo de vela a San Anto-
Cicerón). nio? —No sé, yo le dije a Pepa» 'yo se lo dije'; «¿les quita-
Conforme al uso andaluz y en oposición al castellano, el m os la carga a las bestias? —Les quitamos» ‘se la quita-
español de América emplea normalmente los pronombres m o s')82. Por último los pronombres afijos terminados en
le, lo, la y sus plurales con su valor casual originario. No vocal toman la /-n / final de las terceras personas de plural
es que falten ejemplos de le acusativo masculino 79 ,cr y de la verbales cuando se posponen a ellas, no sólo en demen 'den-
dativo femenino referidos a persona, pero están en exigua
minoría. Se exceptúan el habla ecuatoriana, que se vale de so Kany, 103-104; G. de Granda (El esp . del Paraguay, 33*44) sostiene
le, les para dativo y acusativo masculino y femenino («le la muy plausible hipótesis de que el leísmo paraguayo sea herencia
del que llevaran los prim eros colonizadores vascos y castellanos viejos,
simplificada luego por las condiciones culturales y políticas que el
78 Ejemplos de Francis Gall, Cerro Quemado, Guatemala, 1966, 70,
y de Pablo Neruda, Canto general. país atravesó.
79 Pedro Henríquez Urefia, Ello, Rev. de Filol. Hisp., I, 1939, 209· «i Kany, 109-112.
230; Kany, op . cit., 131*132. si bis Ana [Link] Barrenechea y Teresa Orecchia. La duplicación de
79b,í M. Alvarez Nazario, La herencia ling, de Canarias en Puerto los objetos directos e indirectos en el esp . hablado en Buenos Aires,
Rico, 94. Rom. Philol,, XXIV, 1970, 58-83 (después, en «Estudios Lingüísticos y
Dialectológicos. Temas hispánicos», París, 1979, 73-101).
79 ter Gustavo Cantero Sandoval, Casos de leísmo en M é x ic o Anua·
rio de Letras, XVII, 1979, 305-308. 82 Kany, 114-116.
me', adelen dinero» 'denle', siéntesen o siéntensen, vulgaris*
el español general de la Península prefiere el compuesto:
mos corrientes también en España, sino además en hágalón
«Buenos días. ¿Cómo pasó la noche?». Sin embargo en el
'háganlo', mlremelán 'mírenmela’, etc., del Río de la Plata
habla culta de San Juan de Puerto Rico y en ía de la ciudad
El posesivo se antepone al nombre en vocativos donde el
de Méjico aumenta con intensidad creciente el uso del per-
español peninsular suele posponerlo («escuche, mi am igo»,
fecto com puesto. En el N oroeste argentino y parte de Boli-
«ven acá, mi hijito»). Muy corriente es emplear el posesivo
via se emplea el com puesto hasta en casos que en toda España
con adverbios, sustituyendo a de mí, de ti, de él, etc. (delante
requieren el simple: «Cuando Ve visto antes de ayer, daba
suyo, encima nuestro, en su detrás ’por detrás de é l\ «no
miedo, y m'a dicho que no saliría». Vine, hice, etc., presentan
debo decir nada de él en su delante» )M. En .zonas de Colom-
enfáticam ente com o un hecho consumado lo que se proyecta,
bia, Ecuador, Bolivia y Noroeste de Argentina se conserva,
ofrece, espera o tem e para el futuro: «Para el miércoles pró-
como en la isla canaria de La Palma, el interrogativo cúyo:
ximo, ya lo m a n dé» (con m enor expresividad se hubiera dicho
«estas sillas ¿cuyas son?», «¿cúya es esta casa?», «¿cúyo es
'ya lo habré mandado’); otras veces sustituye al presente,
este sombrero?»
com o en «nos fu im os» por 'nos vamos' o en la exclamación
3. Muy extendida está en América la personalización de
¡ya estuvol por ' ¡ya está! ’ M. Mayor arraigo que en España
los verbos impersonales haber y hacer; su objeto directo se
tiene, dentro del nivel literario, viniera, hiciera por ‘había
convierte^en =s u j e t o ^ el verbo^concierta^con - él: «hubieron
venido', 'había hecho' o por 'vino', 'hizo'. Como imperfecto
desgracias», «habían sorpresas», «hicieron seis semanas» y
de subjuntivo, la forma en -ra se ha im puesto sobre hiciese,
hasta «en la clase habernos cuarenta estudiantes», «¿quiénes
viniese, tuviese, cantase, casi excepcionales en el coloquio;
hayn adentro?» **. Se construyen como reflexivos enferm arse,
^subsiste, junto al condicional, en la consecuencia del período
soñarse 'soñar', devolverse 'volver a un lugar' y su sinónim o
' hipotético («no le guardara rencor si viniera a pedirme perdón
regresarse, los dos últim os a causa de su em pleo transitivo
pronto»), según uso característico del español clásico; tam-
con otro significado («me regresaron los diez pesos pagados
bién arrancan de la Edad Media y siglos x v i -x v i i expresiones
de m ás» )87; para tardarse 'demorarse' hay precedente en las
desiderativas como « ¡me tragara la tierra! », « ¡me condena-
Glosas Em ilianenses, «tardars'an por inplire». Como en cas-
ral» («O matador de mi fijo cruel, / \mataras a mí, dexaras
tellano antiguo y hoy en Galicia, Asturias, León y Canarias, el
a él! », Juan de Mena, Laberinto, 205); con ellas se conectan
perfecto sim ple aparece dominantem ente en los casos donde

M Rosenblat, Bibl. de Dial. Hispanoam., II, 229-232; Kany, 112-114; 88 Kany, 162*166; Juan M. Lope Blanch, Sobre el uso del pretérito
Zamora Vicente, 434, en el esp. de México, «Homen. a Dámaso Alonso», II, Madrid, 196!,
M Kany, 44-46. 373-385, y La reducción del paradigma verbal en et españot de México,
*5 Rosenblat, Bibl. de Día!. Hispanoam., II, 143-144; Kany, 133-134. «Actas XI Congr. Intern, de Ling, y Filol. Rom.», Madrid, 1969, 1794;
86 Kany, 212-219; J. P. Roña, Sobre la sintaxis de los verbos im- José G. Moreno de Alba, Valores de las formas verbales en el español
personales ett et español americano, «Romania. Scritti offerti a F. de México, México, 1978, 43-68; Julia Cardona, Pretérito simple y pre·
Piccolo», Napoli, 1962, 391400; Zamora Vicente, 435. térito compuesto: presencia del tiempo}aspecto en el habla culta de
87 Kany, 188-195; Zamora Vicente, 435. San Juan, Bol. de la Acad. Puertorriqueña de la Lengua Esp., VII,,
1979, 91-110.
las de ruego o mandato, sobre todo en mostraciones: «vieras 4. Las perífrasis se extienden a costa del futuro: he
cuánto me preocupo por tu hermano». La capacidad invasora de contar, va a decir restringen el uso de contaré, dirá, in-
de la forma -ra le permite sustituir al perfecto de subjuntivo cluso para indicar la acción probable: «vamos pronto, hijita,
(«quien lo viera salir, que lo diga» 'quien lo haya visto·) y, que los bebés han de estar llorando.» En Colombia y Centro-
con sentido de contingencia o duda, al condicional o al pre- américa se produce la sustitución del futuro por va y + el
sente de indicativo («¿qué hiciera?» '¿qué haría?' o ‘¿qué presente: «no se levante, porque va y se cae» n. Sin sentido
hago?'; «¿adónde fuéramos esta noche?» '¿adónde iríamos?', de futuro, la perífrasis panhispánica «va y le dice todo», «fui
’¿adónde podem os ir?’) 89. Como postpretérito, en gran parte y abrí la ventana» alterna con otras menos generales, como
de Suramérica tiene fuerte competidor en el presente de «agarré y le dije », «llegó y me pegón (ésta, peculiar de Chile).
subjuntivo, con ruptura de la tradicional correspondencia De carácter inceptivo, sinónim as de 'echarse o ponerse a' +
de tiempos: en la conversación argentina y en escritores infinitivo, son dice a gritar, agarró a caminar, se largó a llorar,
chilenos, bolivianos y ecuatorianos se registran «fui a verla cogió a insultarme. Saber se usa con el valor de ‘soler’ y
para que me preste un libro», «el enfermo seguía hablando mandarse se vacía casi de sentido ante infinitivos que expre-
sin que ninguno le escuche», «era preciso que sea un hombre san m ovimiento (mándese entrar 'entre', se manda cambiar
de porvenir», «le informaron de lo peligroso de seguir ade- '[Link], se marcha'). Las perífrasis con gerundio compiten
lante sin un guía que sortee los hoyos»; igual discordancia con las form as sim ples, muchas veces sin diferencia apre^
se halla siglos antes en Bernal Díaz del C astillo90. Muy inte- ciable en el significado: ¿cómo le va yendo? se da al lado
resante es la conservación del futuro hipotético cantare, de ¿cómo le va?, y vengo viniendo junto al normal vengo.
viniere en Puerto Rico, Santo Domingo, Norte de Colombia, También se vacía de sentido la perífrasis colombiana acabar
Venezuela y Sierra del Ecuador; pervive también en Cana- de -f infinitivo: ¿cómo le acaba de ir? equivale sin más a
rias y corresponde a la más antigua expansión del español ¿cómo le v a ? 93. La antigua expresión impersonal diz que,
atlántico91. indicadora de que el hablante repite noticias, rumores, tra-
diciones, etc., de origen impreciso, sobrevive en las formas
W Rosenblat, Bibl. Dial. Hispanoam., II, 215-216; Kany, 170-174 y ^dizque, desque, isqué, es que, y que, no desconocidas, pero
182-183; Zamora Vicente, 434-435; R. Oroz, La lengua cast, en Chile,
385; Lope Blanch, La reducción (v. n. 88), 1797-1799; Moreno de Alba, giilstico de Caguas, Univ. de P. R. en Mayagüez, 1973, 173-174; Elercia
Valores, 147-159. Jorge Morel, Estudio lingüístico de Santo Domingo, Sto. Domingo,
90 Kany, 181-182; R. Lapesa, La ruptura de la «consecutio tempo - 1974, 130-131.
ruw» en Bernal Díaz del Castillo, An. de Let., VII, 1968-69, 73-83. « Kany, 152-158; J. J. Montes, Sobre la categoría de futuro en el
91 Rosenblat, Bibl. Dial. Hispanoam,, II, 216; Kany, 185-186; Carmen español de Colombia, Thesaurus, XVII, 1962, 525 y sigts.; José G. Mo-
C. Mauleón de Benítez, Et habla de la zona de Loíza, tesis doct. inédita, reno de Alba, Vitalidad del futuro de indicativo en la norma culta del
Univ. ,de Madrid, 1963; Germán de Granda, Formas en -re en el espa· español hablado en México, An. de Let., VIII, 1970, 81-102, y Valores
ñol atlántico y problemas conexos, Thesaurus, 1968 (tam bién en Es- de ¡as formas verbales en el esp. de Méx., 89-97.
tudios ling, hispán., afrohispán. y criollos, Madrid, 1978, 95-117); Manuel 93 Kany, 197-211, 236-239; Zamora Vicente, 435; María Rosa1 Lida
Alvarez Nazario, La herencia lingüistica de Canarias en Puerto Rico, de Malkíel, «Saber» 'soler' en tas lenguas romances y sus antecedentes
S. Juan de P. R., 1972, 93-94; Lucrecia Casiano Montañez, Estudio lin- grecolatinos, Rom. Philol., II, 1948-1949, 269*283.
menos frecuentes, en España («dizque por arriba todo lo Preposiciones: en 1580 escribe Santa Teresa: «Desdel
arreglaban a látigo», «Ya desque están formando los comités», Jueves de la Cena m e dio un acídente de los grandes que he
«Usté isque nesesita peones», «su ocupación y que es brujear tenido en mi vida, de perlesía y corazón»95 bíí; así anticipa
caballos»)94. La construcción es etitonces que llegó, es por un uso actual americano: en Méjico, América Central y Co-
usted que lo digo no falta en textos clásicos castellanos y lombia desde y hasta se emplean en indicaciones de tiem po
está viva en gallego; en América es frecuentísima y tiene sin sus respectivas referencias originarias al m om ento inicial
un arraigo popular que en muchas ocasiones hace pensar de una acción o al térm ino de ella: «desde el lunes llegó»
en arcaísmo más que en im itación artificiosa del francés 'el lunes llegó'; «hasta las doce almorcé» ‘a las doce'; «vol-
c'est alors que o del inglés it ’s because of you that I am veré hasta que pase el invierno» 'cuando pase'; este uso de
saying th a t; pero en multitud de casos es evidente el gali- desde se registra también en Cuba (denge o dengue) y Puerto
cism o o anglicism o Λ. Rico; el de hasta en Venezuela y C hiloé96.
5. Algunas observaciones sobre adverbios, preposiciones La ‘ interjección apelativa ¡che!, tan característica hoy
y conjunciones: siempre tiene, además de sus significados del coloquio rioplatense como del valenciano, entronca in-
comunes con el español peninsular, el de 'por fin', 'al cabo': dudablem ente con el ¡ce! tan repetido en la literatura penin-
«¿siempre fueron al cine anoche?», «¿siem pre saldrá de la sular desde eJ siglo xv al xvu
^ciudad mañana?». La frase adverbial no mds^ha ampliado sus
sentidos, tomando, aparte del restrictivo (a usted no más
‘solamente a usted’) otros intensivos o enfáticos com o en § 134. V o c a b u l a r i o 98.
allí no más 'allí mismo', hable no más 'hable de una vez’,
1. El léxico general americano abunda en palabras y
'decídase a hablar’. En América, recién se emplea sin parti- acepciones que en España pertenecen sólo al lenguaje litera-
cipio, con el significado temporal de ‘ahora mismo', 'entonces
mismo', 'apenas', 'en cuanto', 'luego que’: recién habíamos
95 bis Carta CCCXIV, Obras; VIII, Burgos, 1923, 419.
llegado ‘apenas habíamos llegado’; también se combina con 5* Para la sintaxis de estos y otros adverbios, preposiciones y con-
otros adverbios: «recién entonces salía / la orden de hacer junciones, véanse Kany, 267-402; Leif Sletjoe, Acerca de deslizamientos
la reunión» (Martín Fierro). Cómo no es forma de afirmación sintáctico-semánticos, «Mélanges d'études romanes off. à Leiv Flydal»,
Revue Romane, n.° 18, 1979, 89-99 y «Carter reconhecerd Angola até ao
muy generalizada. fim do ano», «Romanica Europaea et Americana. Festschrift H. Meier»,
Bonn, 1980, 593-601, etc.
μ Kany, 244-250; Zamora Vicente, 435436.
97 A. Rosenblat, Origen e his/oria del «che* argentino, Filología,
95 R. J. Cuervo, Apuntaciones sobre el leng. bogotano, § 460; P. Hen-
V III, 1962, 325401, y De nuevo sobre el «che» rioplatense, «Studia Hisp.
rlquez Urefia, Observaciones sobre el esp. de América, Rev. de Filol.
in hon. R. L.», II, Madrid, 1974, 549-554.
Esp., V III, 1921, 358 n. 3, y E l esp. en Santo Domingo, Bibl. Dial.
98 Véanse Augusto Malaret, Diccionario de americanismos, Maÿa-
Hispanoam,, V, 135 η. 1; Kany, 250-252; J. Corominas, Indianoram ó-
güez, Puerto Rico, 1925 (3.* éd., Buenos Aires, 1946), y Lexicón de fatma
nica, Rev. de Filol. Hisp., VI, 1944, 239; H. Toscano Mateus, El esp.
y flora, Madrid, 1970 (antes en el Bol. del Inst. Caro y Cuervo, I al
en E l Ecuador, 288-289; Zamora Vicente, 436; M. A. Jiménez Sabater,
XIV, 1945-1959); Francisco J. Santam aría, Diccionario general de ame·
Más datos sobre el esp. de la Rep. Dominicana, Sto. Domingo, 1975,
ricanismos, 3 vols., Méjico, 1942; Marcos A. Morfnigo, Diccionario de
161-164, etc.
rio o han desaparecido. Característico es el uso de lindo, disco’ y otros muchos W1. Gran cantidad de voces americanas
como en el español peninsular del siglo xvn, en lugar de procede del Oeste peninsular: leonesism os seguros son an-
bonito o de hermoso. Propias del Siglo de Oro y olvidadas dand o, carozo, fierro, furnia, lamber, peje, piquinino; galle-
o decadentes en España son bravo ‘irritado’, liviano 'ligero', guismos o lusism os, bosta, cardumen, laja; muy probables
pollera 'falda', recordar 'despertar’, esculcar ‘registrar, escu- occidentalism os, botar 'arrojar', soturno (am bos existentes en
driñar', aguaitar 'vigilar, acechar’, escobilla ‘cepillo’, barrial Canarias), fundo, buraco, pararse 'estar de pie’, e t c .102. No
'barrizal', vidriera ‘escaparate’ (v, § 98s n. 91), prolijo 'minu- debe sorprender la importancia de esta contribución léxica
occidental: el contingente de los extrem eños, leoneses y astu-
cioso’, 'esmerado', retar 'reprender, reñir’, afligir 'preocupar,
rianos que pasaron a América hasta 1579 fue el segundo en
inquietar' y muchas m á s99. Como era de esperar, abundan
número, casi dos tercios del de andaluces y muy superior
los andalucismos: entre otros amarrar ‘atar', calderetero
al de castellanos viejos, vascos y navarros juntos ,M; téngase
’calderero', frangollón ‘el que hace las cosas deprisa y mal',
en cuenta además que casi el 80% de andaluces procedía de
guiso 'guisado', juma y jumera 'borrachera', limosnero 'por-
Sevilla, Huelva, Cádiz y sus provincias, adonde llegan, a través
diosero', ñoña ‘excremento', panteón ‘cem enterio’ 10°. También
de Extremadura, m uchos leonesism os, y que leonesism os y
es importante la contribución canaria, sobre todo en los
lusism os abundan en el léxico ca n arioIÍDbl*.
países del Caribe: atacarse 'sentirse afectado por un dolor o
2. Desde fecha muy temprana se observan cambios se-
enfermedad', ensopar 'mojar, dejar hecho una sopa', botarate
mánticos que muestran la adaptación del vocabulario espa-
'manirroto, despilfarrador’, cerrero 'tosco, inculto, retraído’,
ñol a las condiciones de la vida colonial. Ya en la Española,
parejero 'el que se toma confianzas indebidas’, mordida 'mor-
americartismos, Buenos Aires, 1966; Peter Boyd-Bowman, Léxico his- 101 Manuel Alvarez Nazario, La herencia lingüística de Canarias en
panoamericano del siglo X V I, London, 1972; Giinther Haensch, Zur Puerto Rico, S. Juan de P. R., 1972, 99-262.
Lexikographie des amerikanischen Spanisch. Heutiger Stand und über · ira J. Corominas, Indianoromdnica. Occidentalismos americanos,
bltck über die Problematik, «Referate der 1. wissenschaftlichen Tagung Rev. de Filol. Hisp., VI, 1944, 139-175 y 209-274; Germán de Granda,
des deutschen Hispanistenverbands», Augsburg, 1977, 112-131, y Reín- Acerca de los portuguesismos en el esp. de América, Thesaurus, X XIII,
hold Wemer, Vorschlage fü r ein neues Amerikanismenworterbuch, 1968; José Pérez Vidal, Contribución tuso-española a la cidtura y at
Ibid., 132-157; G. Haensch y R. Werner, Consideraciones sobre la elabora- léxico azucareros latino-americanos, Publicaçôes do XXIX Congr.
ción de diccionarios de regionalismos (especialmente del español de Luso-Esp., Assoc. Port, para o Progresso das Ciéncias, Lisboa, 1970,
América), Bol. de Filol. de la Univ. de Chile, XXIX, 1978, 351-363, y y el libro de Alvarez Nazario citado en la nota anterior.
Un nuevo dicc. de americanismos . Proyecto de la Univ, de Augsburgo, iw Sumando los datos que por provincias da Boyd-Bowman en sus
Thesaurus, XXXIII, 1978, 1-40; Juan M. Lope Blanch, Director, y otros, Patterns, cuento 16147 andaluces; 10448 entre extremeños (8086), leone-
Léxico del habla culta de México, México, 1978, etc. ses y asturianos (2362); 7716 castellanos viejos, vascos y navarros; y
6886 castellanos nuevos y m urcianos. Estas cifras son provisionales, ya
99 Véase Isaías Lerner, Arcaísmos léxicos del español de América,
Madrid, 1974. que Boyd-Bowman no siempre da las de las provincias que aportaron
100 Miguel de Toro y Gisbert, Americanismos, Paris, s. a. [1912], 145- menor número de emigrantes.
165. Según el ALEA, amarrar domina en las provincias de Huelva, 103 M* Véanse §§ 1228 y 124Jt En 1752 alternaban en un documento
Sevilla, Cádiz, Málaga y Almería; penetra en Córdoba hasta la capital sevillano «la puerta de hierro chica» y «la dicha puerta chica de fierro »
y Montoro, pero el resto de la provincia, como toda la de Jaén, usa (Francisco Aguilar Piñal, La Real Academia Sevillana de Buenas Letras
atar; la provincia de Granada se reparte entre los dos verbos. en el siglo XVIII, Madrid, 1966, 300.
primera instalación de los conquistadores, nacieron estancia
cibe diferentes nombres: en Méjico, hasta hace poco, sirigon-
‘granja’, quebrada 'arroyo', aparte de la aplicación de nombres
za ; en Perú, replana; en Chile, coa; el lunfardo rioplatense
españoles a la fauna y flora de América. Muy importante es
ha adquirido mayor influencia en el lenguaje popular y ha
la huella de las navegaciones en el léxico hispanoamericano:
sido objeto de más estudios 105.
del lenguaje marinero procede el empleo de abra 'puerto de
3. La formación de nuevas palabras es muy activa y
mar’ ( < francés havre) para designar el paso entre montañas,
pone en juego todos los recursos de la derivación. Hay sufijos
así como el uso metafórico de flete por 'caballo'; mazamorra
fecundísim os, como la terminación verbal -ear > -iar (dijun-
‘galleta’ se aplicó a los puches de maíz que hacían los indios;
tiar 'matar', cueriar ‘azotar', uñatiar 'hurtar', carniar 'matar
los viajeros se embarcan en el tren, ensenada equivale a
reses') y com o -ada, que aparte de nombres de acción (véa-
'cercado, corral’ y playa a 'espacio llano’, por ejem plo, el des-
se § 133i), forma num erosos colectivos (caballada, carne-
tinado al aparcamiento de automóviles. Cambios especiales
rada, potrada, muchachada, criotlada, paisanada). La afición
han tenido en diversos países vereda 'acera', páram o 'lloviz-
por el neologism o se da en todas las esferas sociales, desde
na', invierno 'tiempo lluvioso', verano 'tiempo despejado',
el habla gauchesca hasta la literatura; en los periódicos apa-
volcán 'corrimiento de tierras, derrumbamiento’, en Centro*
recen sesionar 'celebrar sesión', vivar 'dar vivas, vitorear', etc.
américa 'montón' («un volcán de maíz»). La adquisición de
Todas estas particularidades, juntas a la abundancia de voces
acepciones obscenas Hace que en unás árcas sean palabras
indígenas, dan fisonomía especial al léxico americano.
vitandas no pocas que en el resto del mundo hispánico man-
4. El extranjerism o es muy abundante en el Río de la
tienen su limpieza: coger es malsonante en Argentina, Méjico,
Plata, com o consecuencia de la inmigración de gentes de todos
Venezuela y Cuba; acabar, en Argentina, Chile y Nicaragua,
los países, principalm ente de italian o s1W. En las Antillas,
por lo menos; concha en Argentina, pico en Chile, bicho en
Puerto Rico; por contrapartida, al Oeste del Atlántico se
emplean sin referencia sexual algunas que en España la tienen. XXXIV, 1978, 233-253; Ch. E. Kany, American Spanish Semantics y
El eufem ism o suscita en toda América usos traslaticios para American Spanish Euphemism s, Berkeley-Los Angeles, 1960; Juan M.
Lope Blanch, Vocabulario mexicano relativo a ta muerte, México, 1963;
eludir la expresión directa de lo desagradable o temible:
K urt Baldinger, Designaciones de la 'cabeza' en la América española,
ultimar, perjudicar, dejar indiferente sustituyen a matar; An. de Let,, VI, 1964, 25-56, etc.
moreno a negro, trigueño a mulato; en Argentina se reco- 105 Véase Carlos Clavería, Argot, «Encicl. Ling. Hisp.», II, Madrid,
mienda transpirar por sud ar; la frecuencia de frases ofen: 1967, 357, con abundante bibliografía. También José Gobello, Vieja y
»iueva lunfardía, Buenos Aires, 1963; Mario E. Teruggi, Panorama del
sivas al padre o a la madre del interlocutor ha hecho que lunfardo, Buenos Aires, 1974; Enrique Ricardo del Valle, Demotinguls-
en muchas partes se empleen papá y mamá fuera del ámbito tica. El tunfardo: de lenguaje de delincuentes a idioma popular, «Actas
familiar ,M. La jerga hampona es distinta en cada país y re- III Congr. de ALFAL», S. Juan de P. Rico, 1976, 235-249, etc.
106 El itaiíanismo de la Argentina y el Uruguay ha sido estudiado
J. Corominas, Rasgos semánticos nacionales, Anales del Inst. por Giovanni Meo Zilio (SutVelemento italiano nello spagnolo riopla-
de Ling, de la Univ. de Cuyo, I, 1941, 5-13 y 25-29; G. de Granda, Léxico tense, Lingua nostra, XXI, 1960, y otros artículos más aparecidos en
de origen náutico en el esp. de Paraguay, Rev. de Dial, y Trad. Pop., la m ism a revista, 1955-1965; Algunos septentrionalismos italianos en el
esp. rioplat., Romanistisches Jahrbuch, XV, 1964; Italianismos genera-
au ja 'aguja', me usta 'me gusta'; juerza 'fuerza'; jutisión,
Nuevo Méjico, Méjico, América Céntral y Panamá el influjo
‘función’; güérfano, virgüela 'viruela'; güetio, trigunal, agüe-
anglosajón ha introducido muchas voces inglesas (overol
lo; dino, Vitoria, Madalena, aspeito, defeu to ; traiba, oiba, etc.
'mono, traje de faena’ < o v e r a l l , chompa 'cazadora' <
Perduran arcaísmos com o agora, asperar, atambor, cuistión,
j u m p e r , cloche 'pedal del embrague' < c l u t c h , troque
emprestar, niervo, melecina, muncho, cañuto, nublar, ñudo,
'camión' < t r u c k , aplicación 'solicitud' < a p p l i c a -
silguero, tiseras, anque ,08.
t i o n , e tc .) 1OT, Y la orientación francesa que dominó en la
El hiato tiende a desaparecer, con las consiguientes al-
cultura americana durante el siglo pasado ha dejado buen
teraciones de acento y timbre; así se confunden los sufijos
número de galicismos ( masacre, usina, rol, etc.).
-ear- y -iar (pastar, guerriar), lo que origina ultracorreccío-
nes como desprecear, malicear. Mucho arraigo muestran des-
§ 135. V u l g a r is m o y n or ma c u l t a . plazamientos acentuales como páis, óido, dura 'ahora', tráido,
contráido. En 1720, cuando el lim eño don Pedro de Peralta
1. Aparte de las peculiaridades antes enumeradas, el vul- Barnuevo acentuaba así en los versos de su R o dogu n a 1W,
garismo americano tiene manifestaciones de igual carácter tales dislocaciones no disonarían grandemente del lenguaje
que las del habla popular y rústica española: prencipio, dis- ^culto,de la, metrópoli, _que_ también las .adm itía. E n . España
pierio, sospirar; beile 'baile’, paine 'peine'; enriedo, ruem- hubo después una reacción apoyada por la fuerza de la tradi-
pa ; piaso ‘pedazo’, tuavla, una rastra e leña, maldá, m erc é; ción literaria y se detuvieron o rechazaron las pronunciacio-
nes bául, cái, máestro, réido, mientras el español vulgar de
les en el español rioplat., Bogotá, 1965; El elemento italiano en el habla América siguió usando las formas con desplazamiento acen-
de Buenos Aires y Montevideo, Firenze, 1970, etc.). tual y dejó que éste afectara también a las del imperfecto
107 Véanse las obras de Ricardo J. Alfaro y Emilio Bernal Labrada ( créia o créiba 'creía', húia 'huía', cáia 'caía', tréiamos 'traía-
mencionadas en nuestra n. 39 al § 114, y además R. Grossmann, Das
auslandische Sprachgut im Spanischen des Rio de la Plata, Hamburg, m os’); aun entre americanos ilustrados de algunos países se
1926; Gunther Haensch, Der Einfluss des Englischen auf das ameri- oyen sinéresis tea-tro, gol-pear, que al peninsular le suenan
kanische Spanisch, eine weitere Ursache fü r dessen Differenzierung tPatro; g o lp ia rm . Por el contrario la norma culta americana
gegeniiber detn europaischen Spanisch, Lebende Sprachen, VIII, 1963;
Germán de Granda, Transculturación e interferencia lingüística en rechaza vulgarismos que en España gozan de indulgencia o no
Puerto Rico, Bogotá, 1968; Humberto López Morales, Estudio sobre el se sienten como tales: la pronunciación -ao por -ado es dema-
español de Cuba, Madrid, 1971, 72-87, y Anglicismos en Puerto Rico. En
busca de los Indices de permeabUización del dtasistema, Románica, C. Martínez Vigil, Arcaísmos españoles usados en América,
VI, 1973, 77-83 (después en Dialectología y sociolingüística. Temas Montevideo, 1939; Manuel Alvaréz Nazario, El arcaísmo vulgar en el
puertorriqueños, Madrid, 1979, juntamente con un artículo-reseña sobre esp. de Puerto Rico, Mayagüez, 1957; J. P. Roña, «Vulgarización» o
el libro de Granda); Juan M, Lope Blanch, Anglicismos en la norma adaptación diastrdtica de neologismos o cultismos, Montevideo, 1962.
lingüística culta de México, Románica, V, 1972, 191-200 (después en 109 j. de la Riva Agüero, Las influencias francesas en las obras dra-
«Estudios sobre el esp. hablado en las principales ciudades de Amé- máticas de D. Pedro de Peralta, «Hommage h E. Martinenche*, Paris,
rica», México, 1977, 271-279); Luis Antonio Miranda, El español y el [1939], 193.
inglés en Puerto Rico, y respuesta de Ernesto Juan Fonfrías, ’Acad. 110 Amado Alonso, Bíbl. de Dial. Hispanoam., I, 317-370.
Puertorriqueña de la Lengua Esp., S. Juan de P. R., 1973.
siado plebeya en Méjico y Argentina, donde, el uso normal
evita om itir la /-d-/ y aún la refuerza con especial tensión m utuos recelos que acompañaron y siguieron a la emancipa-
(desgraciaddo); en Argentina, para no suprimir descuidada- ción: las que fueron colonias reconocen la excelsa labor civi-
mente la /-d / final en paré, bondá, se llega a decir paret, lizadora de nuestros antepasados, también suyos; en España
bondat. La acentuación peninsular grave de amoniáco, poli- crece la estim a por la vigorosa personalidad de las naciones
ciáco, cardiáco, austriáco es inaceptable para oídos cultos hermanas; y la conciencia del valor instrum ental e histórico
argentinos, acostumbrados a los esdrújulos amoníaco, poli- de la hermosa lengua común es la mejor garantía contra el
cíaco, cardíaco, austríaco. No es exacto hablar de mayor o resquebrajamiento de su unidad. No se deben desoír, sin
menor vulgarismo a un lado u otro del Océano, sino de deter- embargo, las voces de alerta que han advertido peligros de
minadas divergencias de norma dentro de una norma general fisu r a m: las divergencias fonéticas, gramaticales y, sobre
común. Tanto en América como en España los dialectalism os todo, léxicas, serían una fuerte amenaza si no se tratase de
y vulgarism os tolerados en la conversación no pasan a la contenerlas m ediante un esfuerzo de cooperación y buena
escritura de gentes medias, y menos todavía a la producción voluntad.
literaria, salvo en obras costum bristas o de am biente popu-
lar. Frente al criterio de libertad y abandono se levanta 1*2 Véase Dámaso Alonso, Unidad y defensa del idioma, Memoria
podefosáfflréSt^eVafán'de'corrección. En cincuenta1años las del Segundo Congreso de Academias de la Lengua Española, Madrid,
1956, 33-48.
enseñanzas gramaticales de Bello lograron aminorar el voseo
entre las clases cultivadas de Chile.
2. La extensión del español en América y sus ulteriores
divergencias, tanto internas como respecto al de España, han
hecho pensar repetidamente en un futuro sem ejante a la
fragmentación del latín vu lga r111. Pero las circunstancias de
nuestro idiom a y de nuestro tiempo no son com o las de la
Romania en el siglo v. No ha llegado a afectar a la unidad
del sistem a lingüístico ninguna de las diferencias existentes
entre el habla americana y la española, ni entre la de unos y
otros países hispánicos del Nuevo Mundo. En cuanto al por-
venir, los medios de comunicación actuales aseguran la con-
tinuidad e intensificación de intercambio cultural, tanto
dentro de América como con España. Se han disipado los

111 Véase ía bibliografía citada en la sección C) de la nota 1 al


presente capítulo.

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