Historia, Caracteres y Estado Actual
Historia, Caracteres y Estado Actual
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138-168; Alonso Zamora Vicente, Dialectología española, Madrid, 1960 M. G. Revilla, A. R. Nykl, K. Lentzner, C. Gagini y R. J. Cuervo, con
dominante sobre la dominada; en nuestro caso, penetración
puesto respectivam ente el nahua y el quechua a pueblos
de hispanism os en el nahua, en el zapoteco, en el quechua,
som etidos que hablaban antes otras lenguas. Junto a las
en el guaraní, e tc .3. Hay hechos y problemas de adstrato,
lenguas generales, com o conquistadores y m isioneros llam a-
mutua influencia entre lenguas coexisten tes, ya por bilin-
ron a las más extendidas, hubo y hay infinitas lenguas triba-
güismo en determinado territorio, ya por vecindad de las
les que subsisten por debajo o al margen de aquéllas.
áreas respectivas; entran aquí desde el sim ple trasvase de
2. Las principales zonas bilingües y las dom inante o casi
elem entos fonéticos, m orfosintácticos o léxicos de una len-
exclusivamente am erindias se extienden hoy sin continuidad
gua a otra, hasta la formación de lenguas híbridas. Se dan,
por el Sur de Méjico, por Guatemala, Honduras y El Salvador,
por últim o, m anifestaciones y problemas de substrato, influjo
la costa del Pacífico desde Colombia al Perú, las sierras y
de una lengua eliminada sobre la lengua eliminadora me-
altiplanos de los Andes, las selvas del Orinoco, Amazonas y
diante supervivencia de caracteres y hábitos que actúan de
sus afluentes, el Chaco, Paraguay, regiones colindantes argen-
manera soterraña, a veces en estado latente durante siglos.
tinas y el área del araucano en Chile, con alguna penetración
Claro está que todo fenómeno atribuible a la acción de un
en Argentina; pero hay m ultitud de pequeñas zonas disper-
substrato ha tenido que ser en su origen fenómeno de ads-
sas por toda Hispanoamérica. El número de lenguas y va-
trato, por lo cual son muy borrosos los lím ites entre una y
riedades lingüísticas amerindias es elevadísim o: sólo para
otra^categoríarEn todos los casos serrata-de hechos=de=trans- ,
América^deLSur^«alrededor, deudos mil tribus y. nom bres de
culturación. Para mayor complejidad, la situación de unas
dialectos pueden ser inventariados en 23 secciones que com -
lenguas indias respecto de otras no fue de paridad antes ni
prenden 173 grupos»4. No pocas de estas lenguas han des-
después de la conquista por los españoles: los dos grandes
aparecido: así el taino de Santo Dom ingo y Puerto Rico;
imperios prehispánicos, el azteca y el incaico, habían im-
así, más recientem ente, las que se hablaron en las regiones
centrales de la Argentina. En 1959 se pudieron comprobar las
anotaciones y estudios de P. Henríquez Ureña; V (1940), P. Henríquez
Ureña, El español en Santo Domingo; VI (1940), El español en Chile, características del vilela —lengua del Chaco— oyéndolas a
trabajos de R. Lenz, Andrés Bello y R. Oroz, trad., notas y apéndices una viejecita india, «última hablante calificada» de aquel
d& A. Alonso y R. Lida, y VII (1949), Berta Elena Vidal de Battini, id iom a3. Frente a las lenguas extinguidas ya o en vías de ex-
El habla rural de San Litis, Parte I.
2 Véanse los artículos de Amado Alonso y R. Menéndez Pidal cita-
4 Antonio Tovar, Bosquejo de un mapa tipológico de las lenguas
dos en n. nota 23 al cap. I, § 4.
de América del Sur, sep. de Thesaurus. Bol. Inst. Caro y Cuervo, XVI,
3 Marcos A. Morínigo, Hispanismos en el guarani, Inst, de Filol.,
1961; Catálogo de las lenguas de América del Sur, Buenos Aires,
Buenos Aires, 1931; J. Rojas Garcidueñas, Los hispanismos en el idio-
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229-238, etc.
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náhuatl, An. de Let., XV, 1977, 115-164; Manuel Alvar, Hablar pura 5 Clemente Hernando Balmori, Doña Dominga Galarza y las pos-
trimerías de un pueblo y una lengua, Rev. de la Univ., IX, La Plata,
castía, Cuad. Hispanoam., n.° 214, octubre 1967, etc.
1959.
tinción resalta la pujanza de otras: en primer lugar el que- departamentos peruanos de Ayacucho, Apurimac y Cuzco
chua, extendido por el Sur de Colombia, Ecuador, Perú, parte el 98% de la población hablaba quechua; el 80% no hablaba
de Bolivia y N oroeste argentino, con más de 4 m illones de español, los bilingües hacían el 18% y los hispanófonos que
hablantes y declarado cooficial en el Perú desde hace pocos desconocían el quechua no pasaban del 2% 8. Dentro del bi-
años; le sigue, con más de dos m illones, el guaraní, que goza lingüismo hay distintos grados, desde el conocimiento inci-
de carácter oficial, junto al español, en el Paraguay y que piente del español hasta su empleo con el mismo dominio
además se habla en parte del Nordeste argentino; viene a que el de la lengua vernácula9.
continuación el náhuatl o nahua, la principal lengua india 3. Si la propagación del castellano obedeció en gran parte
de Méjico, con cerca de 800.000 usuarios; otros tantos cuenta a la presión uniformadora ejercida por los órganos del poder
el maya-quiché del Yucatán, Guatemala y comarcas vecinas; estatal, la conservación de las lenguas indígenas se debe, en
elvaimara de Bolivia y Perú y el otom í de M éjico tienen aproxi- gran parte también, a la política lingüística seguida por la
madamente m edio m illón cada uno; el zapoteco, tarasco y Iglesia para la évangelización de los indios. Ambas tenden-
mixteco, también m ejicanos, y el araucano de Chile y zonas cias chocaron y se interfirieron largamente: en los primeros
lim ítrofes argentinas alcanzan de 200.000 a 300.000. En total tiempos de la colonización prevaleció la imposición caste-
pueden calcularse en menos 'de 20 millones los hablantes de llanista; pero en 1580 Felipe II dispuso que se estableciesen
lenguas amerindias, pero m uchos de ellos son bilingües: en cátedras de las lenguas generales indias y que no se ordena-
1.950 estadísticas m ejicanas referidas a toda la nación cifra- sen sacerdotes que no supieran las de su provincia; en igual
ban sólo en un .3,6°/o de la población el número de quienes sentido se pronunció en 1583 el tercer Concilio Límense. Los
ignoraban el español, mientras que los bilingües llegaban al misioneros, que ya antes habían compuesto «artes» de len-
7Φ% y los hablantes exclusivos de español sumaban el guas nativas para evangelizar en ellas, intensificaron tal acti-
88,8%..Las proporciones son muy distintas atendiendo sólo
al Sur del país, en cuyo estado de Oaxaca hablaba lenguas en Lengua y sociedad. Notas sobre el español del Paraguay, Estudios
Paraguayos, V III, 1980, 11-45.
indias el 48,4% de los habitantes, el 43,7 en Quintana Roo 8 Angel Rosenblat, La población indigena y el mestizaje en Amé·
y el 63,8 en Yucatán, y donde los monolingües vernáculos rica, 2.* éd., I, Buenos Aires, 1954, 32.
llegaban al 13,7% en Chiapas, al 17,5 en O axaca6. En igual 9 Alberto Escobar, Lenguaje y discriminación social en América,
Lima, 1972, 87. Véanse además Josefina Pía, Español y guaraní en la
fecha el censo del Paraguay registraba un 40% que sólo intimidad de la cultura paraguaya, Caravelle, n.° 14, 1970, 7-21, y Bol.
hablaba guaraní, un 55% bilingüe y un 5% sólo hispano- Acad. Arg. de Letras, XL, 1975, 325-348; Rubén Bareiro Saguier, Colo-
hablan te7; por entonces también en la rtegión Sur de los nialismo mental en el bilingüismo paraguayo de nuestros días, Cara-
velle, n.° 27, 1976, 43-52; Germán de Granda, Materiales para el estudio
socio-histórico de la problemática lingüística del Paraguay, Thesaurus.
6 E. Dávalos H urtado y A. M arino Flores, Reflexiones acerca de Bol. I. Caro y Cuervo, XXXIII, 1978, y el est. cit. en nuestra η. 7;
la antropología mexicana, Anales del I.N.A.H., V III, 1954, 190-197. Beatriz A. Albores, Trilingüismo y prestigio en un pueblo náhuatl del
7 Bernard Pottier, La situation linguistique du Paraguay, Cahiers estado de México, An. de Let., XIV, 1976, 239*254; Paul V. Cassano,
du inonde Hisp. et Luso-Brésil. (Caravelle), n.° 14, 1970, 43-50, y Germán Theories of Language Borrowing Tested by American Spanish Phono-
de Granda, Algunas precisiones sobre el bilingüismo en el Paraguay, logy, Rom. Philol., XXX, 1977, 331-342, etc.
vidad, especialm ente los jesuítas. Los que regentaban las bien, la extensión de las «lenguas generales» no fue solo
colonias del Paraná, al Sureste del Paraguay, evitaron cui- obra de eclesiásticos, sino consecuencia de todo el proceso
dadosamente el español para que los indios no contrajesen de la conquista y colonización. En el siglo xvi los españoles
los vicios de la civilización europea; bien es verdad que el que desde Méjico fueron a establecerse en Yucatán y Amé-
largo aislam iento previo y la falta de m ujeres españolas
rica Central llevaron consigo multitud de palabras nahuas
habían dado lugar allí a la indianización de los mestizos. a las cuales estaban ya acostumbrados, y favorecieron la pro-
Frente al indianismo de la Iglesia, el Consejo de Indias ale- pagación del nahua a costa del maya y otras lenguas; dentro
gaba en 1596 la abigarrada m ultiplicidad de las lenguas ab- de este marco se sitúa el hecho de que «cantares a lo divino»
orígenes y la dificultad de explicar bien en ellas los misterios en la lengua de los aztecas coadyuvasen a difundirla en
de la fe cristiana, por lo que «se ha deseado y procurado T ab a sco12.
introduzir la castellana com o más común y capaz», A pesar 4. Es muy discutido el posible influjo de las lenguas in-
de que el rey anota que «no parece conueniente apremiallos dígenas en la pronunciación del español de América. Su más
a que dexen su lengua natural», el virrey del Perú da en ese destacado paladín fue Rodolfo Lenz, quien, estudiando el
mismo año órdenes conminatorias para que m isioneros y habla vulgar de Chile, llegó a afirmar que era «principal-
caciques se valgan sólo del castellano. La contienda prosi- m ente español con sonidos araucanos». Pero su tesis ha ido
guió- has tanque en" 1770Γexpulsados ya' los jesuítas," u n a R ca l perdiendo terreno;^en realidad, casi todos los hechos alega-
Cédula de Carlos III impuso el empleo del esp a ñ o l10. Pero dos como pervivencia o resultado de la fonética india co-
mientras tanto los m isioneros aleccionados en las cátedras rresponden a fenómenos sim ilares atestiguados en España
de lenguas generales indígenas habían contribuido eficaz- o en otras regiones de América; y, por tanto, es lógico su-
mente a que éstas se mantuvieran y extendiesen su dominio poner que haya habido desenvolvim ientos paralelos dentro
geográfico: así difundieron el quechua en el Sur de Colom- del español, sin necesidad de recurrir al substrato indio.
bia y el Noroeste de Argentina. Después de 1770 se enseña- Conforme ha m ejorado el conocim iento de la pronunciación
ban conjuntamente el español y el quechua en tierras tucu- hispánica, normal y dialectal, ha sido rechazado el supuesto
naanas, y el general Belgrano hubo de usar el guaraní en araucanismo de las fricativas [Î5], [£t], [g ], del paso de /-s /
sus cartas a las gentes del Nordeste argentino y Paraguay final a [h ], de la existencia de [φ] bilabial por / f / labioden-
para que se sumaran a la causa ind ependentistan. Ahora tal y de otros rasgos que Lenz cteía característicos de Chile.
Más tarde se ha demostrado que la conversión de / r / y / r /
10 A. Tovar, Español, leng. generates, /eng. tribales, véase n. nota 4;
Angel Rosenblat, La hispanización de América, «Presente y F uturo de en fricativas asibiladas o chicheantes, señalada también com o
la L. Esp.», II, Madrid, 1964» 188-216 (después, en Los conquistadores
y su lengua, Caracas, 1977); B arbara Schuchard, Des Glaubens neue tina. Las cartas guaraníes del general Belgrano, Bol. Acad. Argent, de
Kleider-Zweisprachige Missionierung in. Latetnamerika, «Romanica Eu- Letras, XXXIV, 1969, 49-72; María Beatriz Fontanella de Weinberg,
ropaea et Americana. Festschrift f. H. Meier», Bonn, 1980, 542-552. Acerca de una hipótesis sobre la lengua del Río de la Plata en el
11 M. A. Morínigo, Difusión del esp. en el Noroeste argentino, His- periodo colonial, Thesaurus. Bol. Inst. Caro y Cuervo, XXVI, 1971.
pania, XXXV, 1952, 86-95, y Para la historia del español en ta Argén·
>2 Manuel Alvar, Las «Relaciones» de Yucatán del siglo X V I, Rev.
de Filol. Esp., LV, 1972, 1-34.
tan alejadas de Arauco como son Nuevo Méjico y Méjico,
araucanismo ([ró to ], [ótr o ], [p ondré], de la pronunciación
donde se oyen magre 'madre', tagrar ‘ladrar'; y esto aconseja
chilena o gauchesca), es un proceso de relajación espontánea considerarlo producto de simple equivalencia acústica, como
que se registra en casi toda América y en Navarra, Aragón,
los peninsulares mégano, dragea, párpago por médano, gragea,
Álava y Rioja (§§ 118« y 131). Tampoco se deben a substrato
párpado 13.
indio ciertas particularidades que son desarrollo autóctono
5. También han sido objeto de polémica presuntas mani-
de posibilidades latentes en los fonem as españoles: en Chile
festaciones de influencia indígena en el español hablado en ν'
la articulación de g, ; ortográficas ante / e / , / i / no corres-
otras áreas americanas, especialmente en las tierras altas.
ponde a la velar / y / castellana ni a la aspiración faríngea
El fenómeno de mayor alcance es la caducidad de las voca-
de la [h ] m eridional, pues se pronuncia como [ÿ ] sorda
les, sobre todo átonas y en vecindad de una [s] prolongada
mediopalatal y suele desarrollar a continuación una especie
y tensa: caracteriza al español mejicano (palabr's, viej’sit
de / i / sem iconsonante ([ÿ éfe] o [ÿ jéfe] 'jefe', [m uÿér] o
'viejecito’, pas-sté ‘pase usted’, es’ carrit’s 'esos carritos’, etc.),
[m uÿjér] 'm ujer’); paralelamente la articulación de la / g /
pero se registra con gran intensidad en el habla ecuatoriana
ante / e / , / i / no es velar, sino fricativa m ediopalatal sonora,
(es t’s, cuant’s, crio c’sí 'creo que sí'), en los altiplanos de
más hacia el interior de la boca y más estrecha que la / y /
Perú y Bolivia (Pot’s í ) y, con menor pujanza, en Colombia
normal española, pero sem ejante a ella ([yéra] 'guerra*,
(s ’señora 'sí señora', vis'ta 'visita*, s ’sentaY, aunque tanto el
[iyéra] 'higuera'). A primera vista el doble cambio recuerda
nahua como el quechua abundan en consonantes implosivas
el desplazam iento análogo de [ó ] y [¿ ] en latín vulgar (§ I84)
tensas, no se ha llegado a probar que su estructura silábica
y parece atribuible a la sim ple atracción ejercida por la
haya originado la omisión de vocales en el español de las zonas
vocal palatal siguiente; sin embargo las grafías limeñas
V i· correspondientes. Se ha afirmado que en el español de las tie*
mexior, dexiara, moxiere de 1559 (§ 92s) y la pronunciación
rras altas se han introducido fonemas de lenguas vernáculas:
m ediopalatal o postpalatal de la / en gran parte de América
uno de ellos es la /S / prepalatal, eliminada de nuestro idioma
hacen pensar que la [ÿ ] chilena representa un grado inter*
desde los siglos xvi y xvn, pero existente en Méjico y regio-
m edio en la evolución de la /S / prepalatal del español antiguo
nes andinas; ahora bien, sólo aparece en vocablos de proce-
hasta sus resultados modernos velares o faríngeos. Ese grado
dencia amerindia, y aun en ellos alterna con adaptaciones a
interm edio se conservó en Chile ante vocal palatal, mientras
la fonología hispánica (m ixiotejm isiote 'albumen de la penca
que ante otras vocales la [ÿ ] continuó su proceso, haciéndose
del maguey’, Xochimilco, pronunciado [Socimílko] o [§oci-
postpalatal ( [ £ ] ) ante / a / y postpalatal o velar ante / 0 /,
m ílko], en Méjico; en Ecuador, oSoía 'especie de abarca',
/ u / ([^ á r o ] 'jarro', [d é£ a ] *deja\ [ό χο ]). Tal distribución
que en Bolivia, Argentina y Chile ha pasado a ojota u osota).
de alófonos hubo de influir en la palatalización —no docu-
mentada hasta época reciente— de la / g / seguida de /e / , 11 R. Lenz, Chilenische Studien, en los «Phonetische Studien* de
W. Victor, Marburg, 1892-1893, y Beitráge zur Kentniss des Ámerika-
/ i / . Por últim o no cabe explicar com o araucanismo la con* nospanischen, Zeitsch. f. rom. Philol., XVII, 1893, 188-214 (estudios trad,
versión del grupo /d r / en /g r / (piegra, vigrio, pagre, lagrillo en la Bibl. de Dial. Hispanoam., VI); Amado Alonso, Examen de la
en Chile, Argentina, Uruguay y Paraguay): se da en zonas teoría indigenista de Rodolfo Lenz, Rev. de Filol. Hisp., I, 1939, 313-350.
Lo m ism o sucede con la africada /§ / de topónim os como la [-r] implosiva por [-r], fenóm eno minoritario en hablan-
Tepotzotlán, Cointzio: aunque la grafía responda a la articu-
tes mejicanos, y para la asibilación de las dos vibrantes en
lación nahua, la pronunciación mejicana usual es [teposotlán],
[f] y [P], no infrecuentes en ellos; pero arríe, cuerrpo,
[kw ínóo], con igual acomodación que en los sustantivos
corrtar, etc., abundan en la dicción de argentinos, gallegos,
com unes t z a p o 1 1 > zapote [§apóte], t z i k 1 i > chicle.
asturianos, leoneses y castellanos viejos; la asibilación de
Un tercer fonema nahua, el representado con ti, no tiene en
las vibrantes está muy extendida fuera de Méjico; y el nahua
el español mejicano su original articulación unitaria afri-
carece de / r / y de / r / 1S, En tierras altas de América y en el
cada lateral sorda, pues se pronuncia como sucesión de / t /
Yucatán la articulación de /b /, / d /, / g / es oclusiva en posi-
-f /1/ sonora; la peculiaridad mejicana consiste en la abun-
ciones donde el uso general hispánico las pronuncia fricati-
dancia con que esta secuencia aparece en los préstamos
vas (liebre, neblina, hierbas, sirven, deuda, verdad, orgullo,
léxicos del nahua, en que puede figurar en posiciones que en
galgo, nubes, caballos, desvelé); aunque no hay / b / , /d /, / g /
español general serían insólitas (tlapalería, cenzontle, ná-
en nahua, maya yucateco ni quechua, salvo en préstam os
huatl), y en que, intervocálica, se apoya entera en la vocal
del español, podría pensarse que los hablantes hispanizados
siguiente (Acati-tla, Oco-tlán, en indigenismos; a-tlántico,
de estas lenguas hubieran dado a los tres fonemas adquiridos
a-tleta, en helenism os cultos), mientras que en otros países
la articulación oclusiva propia de / p / , / t / , /k /, que les eran
domina o existe, sin ser- exclusiva, la . partición disilábica
familiares; pero en la mayoría de los ejem plos alegados / b / ,
at-lántico, at-leta. En ninguno de los tres casos se han intro-
/d /, / g / son postconsonánticas, proceden de / p / , / t / , / c /
ducido ni reintroducido fonemas en el sistem a consonántíco
latinas o se agrupan con / r / o /I / siguientes; en tales condi-
hispanoamericano por influjo indio, aunque el léxico y topo-
ciones el español de hacia 1600 conservaba la oclusión de la
nimia prim itivos gocen de estatuto gráfico y fonético espe-
/b / (consta así para árbol, desabrido, hablar, loable), lo que
cial 14. Se ha supuesto origen nahua para la sustitución de hace suponer igual comportam iento para la / d / y la /g /:
·♦ Véanse P, Henríquez Ureña, Bib. de Dial. Hispanoam., IV, xiv- parece tratarse, pues, de un arcaísmo, aunque en ciertos
xvi; M. L. Wagner, Lingua e dialetti, 68; J. Matluck, La pronunc. casos no deba excluirse la posible acción del substrato o
. el esp. del Valle de México, México, 1951, §§ 30, 35-37, 39 y 40; P. Boyd- adstrato ie. Por último, en Puerto Rico domina hoy la pro-
Bowman, La pérdida de tas vocales en la. altiplanicie mexicana, Nueva
Rev. de Filol. Hisp., VI, 1952, 138-140; María Josefa Canellada y Alonso
Zamora Vicente, Vocales caducas en et español mexicano, Ibid., XIV, América, «Actas II Congr. Intern, de Hisp. (1965)», Nijmegen, 1967,
1960, 221*241; Juan M. Lope Blanch, En torno a las vocales caedizas 109-154; G. dè Granda, El español del Paraguay. Temas, problemas y
del español mexicano, Ibid:, XVIII, 1963, 1-19, y La influencia del métodos, Estudios Paraguayos, VII, Asunción, 1979, 106-113, etc.
sustrato en la fonética del español de México, Rev. de Filología *5 B. Malmberg, Le r iinal en espagnol mexicain, «Est. ded. a
Española, L, 1967, 145-161; B. Malmberg, Note sur la structure M. Pidal», III, 1952, 131-134, y J. M. Lope Blanch, La -r final del esp.
syllabique de t’espagnol mexicain, Zeitsch, f. Phonetik, Sprachwiss. mexicano y el sustrato nahua, Thesaurus, Bol. I. Caro y Cuervo, XXII,
und Kommunikationsforsch., XVII, 1964, 251-255, y Tradición hispánica 1967.
e influencia indigena en la fonética hispanoam., «Presente y Fut. de 16 D. L. Canfield, La pronunciación del español en América, Bogotá,
la L. Esp.*, IL Madrid, 1964, 227-245; A. Rosenblat, Contactos interlin· 1962, 77-78; Manuel Alvar, Atgunas cuestiones fonéticas del español
giilsticos en el mundo hispánico: el español y las lenguas indígenas de hablado en Oaxaca (México), Nueva Rev. de Filol. Hisp., XVIII, 1965-
1966, 358-359; Poliformismo y otros aspectos fonéticos en el habla de
nunciación velar de la / r / , atestiguada asim ism o en Trinidad 6. No puede rechazarse de plano, sin embargo, la in-
y en zonas costeras de Venezuela y Colombia: unos la han fluencia de las hablas indígenas en otros casos. El Padre
atribuido a indigenism o taino (indemostrable por la tempra- Juan de Rivero, que escribe hacia 1729 una historia de las
na desaparición de esta lengua), otros a afronegrismo de los misiones en el interior venezolano, se excusa de sus incorrec-
esclavos; pero la velarización de la / r / se explica suficiente- ciones diciendo: «No es pequeño estorbo el poco uso de la
m ente com o proceso espontáneo dentro del sistem a conso- lengua castellana que por acá se encuentra, pues con la ne-
nántico de las lenguas romances, con paralelos en francés cesidad de tratar a estas gentes en sus idiomas bárbaros?
y portugués, y parece deber su crecimiento en Puerto Rico se beben insensiblemente sus modos toscos de hablar y se
a circunstancias históricas de la isla antes y después de olvidan los propios». Donde más se evidencia el influjo in-
1898 ”. dígena es en la población bilingüe; pero sus hábitos se ex-
Sanio Tomás Ajusco, México, An. de Let., VI-VII, 1966*1967, 17-18, y tienden a veces entre quienes ya no hablan lenguas primitivas.
Nuevas no'tas sobre el esp. de Yucatán, Ibero romanía, I, 1969, 164-165, El maya posee unas «letras heridas», esto es, oclusivas o
182 y 187;, A. Rosenblat, Contactos interlingüísticos (v. nuestra n. 14), africadas sordas cuyo cierre es muy tenso y va seguido de
121-124, y Paul V. Cassano, La influencia del maya en la fonología del
español de Yucatán, An. de Let., XV, 1977, 95-113. La articulación oclu- aspiración (p', t', k ’, ch', í*f); los yucatecos pronuncian así
siva de la /b / en loable, hablar, cabildo, desabrido está asegurada por a veces las oclusivas sordas españolas; en 1930 decía un
Alessandri d'Urbino en 1560, la de /b r / y /b l/ por Oudin y Doergangk investigador que «al oír el español de los mayas, se recibe
en 1597 y 1614 (Amado Alonso, De la pronunc. medieval a la moderna
en español, I, 2.a ed., 1967, 35, 48 y 53); pero Alessandri d ’Urbino da con frecuencia la impresión de estar oyendo hablar en c a s -
como [te] bilabial fricativa la de saber, recebir, obra, mancebo, acabar, t e l l a n o a un comerciante alemán, especialm ente en pa-
cabello, que tenían /-p-/ en latin, y Juan de Luna, en 1623,/observa labras como ppak'er ( = pagar), khiero ( = quiero), tthanto
que los castellanos no distinguen b y v en su dicción, «y así pronun-
cian y escriven una por la otra, aunque delante /, r, se escrive b; ( = tanto)»; descripciones y espectrogramas posteriores con-
después de r no se sigue b sino en árbol y en arbitrio, mas siempre firman la subsistencia de k ’asé, k'al, sak’é, t'erreno 18. En la
v, como yervo» (Ibid., 57). La antigua oposición entre labial oclusiva Sierra ecuatoriana y en el Perú y Bolivia andinos los indios
y fricativa se había borrado o estaba borrándose, pero la distribución
com binatoria de sus dos térm inos como alófonos de un mismo fonema y el pueblo iletrado confunden a cada paso / e / con / i / y
no se había ñjado todavía. En tal situación de inseguridad se darían
probablem ente en España pronunciaciones antietimológicas como las
registradas hoy con oclusiva para nube, cobayos, ntebe, y abe en Santo y Germán de Granda, La velarización de «rr» en el español de Puerto
Tomé Ajusco y Oaxaca, que a veces alternan librem ente con la [b] Rico, Rev. de Filol. Esp., XLIX, 1966, 181-227 (después en Estudios
fricativa, o como las siempre oclusivas del Yucatán. Ahora bien, sería lingüísticos hispánicos, afrohispán. y criollos, Madrid, 1978, 11-68).
im prudente negar la posibilidad de influjo indígena en la consolidación 18 A. R. Nykl, Notas sobre el esp. de Yucatán, Veracruz y Tlaxcala,
de la alternancia libre de /b /, /d /, /g / oclusivas y fricativas o para la Bibl. de Dial. Hispanoam., IV, 1938, 215-217; Víctor M. Suárez, El esp.
generalización de las oclusivas, tratándose de zonas bilingües cuya que se habla en Yucatán. Apuntamientos filológicos, Mérida de Yuc.,
lengua nativa poseía sólo /p /, /t /, /k / oclusivas. 1945, 49-52 y 83 y sigts.; M. L. Wagner, Lingua e dialetti, 69; Manuel
17 T. Navarro [Tomás], El español en Puerto Rico, Río Piedras, Alvar, Nuevas notas sobre el esp. de Yuc. (véase nuestra n. 16), 177-
1948, 89-95; Rubén del Rosario, La lengua de Puerto Rico, San Juan, 178. No he podido ver el artículo de Paul V. Cassano, The concept of
1955, 8; Manuel Alvarez Nazario, El elemento afronegroide en el español latency in contact language borrowing, Linguistics, LXXVIII, 1972,
de Puerto Rico, San Juan, 1961, 133-140 (2.a ed., Ibid., 1974, 166, nota), 5-15.
/ o / con / u / {me veda 'mi vida’, mantica ‘m anteca’, mesa / d / 22. No podem os aquí examinar otros casos de influencia
‘m isa’, pichu 'pecho', dolsora 'dulzura', tribuí 'trébol', etc.) indígena que se han defendido con diversa aceptabilidad.
porque el quechua y el aimara sólo tienen tres vocales —una 7. Muy probable es que se mantengan caracteres prehis-
/ a /, una palatal y otra velar— con alófanos de diferente pánicos en la entonación hispanoamericana, tan distinta de
abertura según los sonidos inmediatos ,9. Desde el Ecuador la castellana. La entonación del español, de América, muy
hasta el Norte de la Argentina indios y m estizos aplican a rica en variantes, prodiga subidas y descensos m elódicos,
formas agudas y esdrújulas españolas la acentuación paro- mientras la castellana tiende a moderar las inflexiones, sos*
xítona del quechua (hácer, ánis, árroz, sabádo, pajáro, arbó-. teniéndose alrededor de una nota equilibrada. Cabe admitir
les)**. Es probable que la conservación de la /1/ en el espa- influjos de igual procedencia en el ritmo del habla: el m eji-
ñol de regiones andinas haya tenido apoyo en los adstratos cano abrevia nerviosamente las sílabas átonas, mientras el
quechua y aimara, ya que ambas lenguas poseen el fonema argentino se detiene con m orosidad antes del acento y en la
palatal lateral sonoro; también lo tiene el araucanb, circuns- sílaba que lo lleva, y el cubano se mueve con lentitud. Ahora
tancia que debió de contribuir a que el español del Norte y bien, estas impresiones carentes de validez doctrinal n ecesi-
Sur de Chile lo articulase todavía lateral en las primeras tan som eterse a estudios comparativos rigurosos. Hasta hace
décadas de nuestro siglo: hoy sólo queda en rincones aisla- poco no se han analizado científicamente las estructuras
dos d e lS u r /b a rr id ó por el yeísm o en el resto del p a ís 21. En -melódicas y rítmicas^de" las" hablas' hispáñóáñieficáñas; hoy
el español del Paraguay y del Noroeste argentino la / y / es se empieza a contar con investigaciones prom etedoras23. Es-
siempre africada y sin rehilam iento ([m áy o j, [àÿa], [ùÿe]), peremos que no tarde en hacerse el cotejo entre los com -
de acuerdo con la fonología guaraní, que tiene un fonema portamientos de las lenguas indias y los del español de re-
/ ÿ / sin el alófono fricativo del español peninsular. Asimismo giones bilingües.
parece responder a influjo guaraní la articulación alveolar 8. En la morfología, salvo en zonas bilingües, escasean
que en el Paraguay se da a las dentales españolas / t / y en el español de América los restos indígenas. Indudable-
mente lo es el sufijo -eca, -eco de azteca, tlascalteca, yucateco,
guatemalteco, que procede del nahua / - é c a t l / y cuya
W Pedro M. Bcnvenutto M urrieta, Et lenguaje peruano, Lima, 1936,
123-124; P. Boyd-Bowman, Sobre la pronunciación del español en el capacidad d e , formar gentilicios no rebasa los lím ites de
Ecuador, Nueva Rev. de Filol. Hisp., VII, 1953, 231; H um berto Toscano Méjico y el Norte de América Central. Con él fue identificado
Mateus, Et español en et Ecuador, Madrid, 1953, 51, y Dora Justiniano
de la Rocha, Apuntes sobre la interferencia fonológica de las lenguas
indígenas en el esp. de Bolivia, «Actas III Congr. de la A.L.F.A.L.», 22 B. Malmberg, Notas sobre ta fonética del esp. en et Paraguay,
1971 (San Juan de P. Rico, 1976, 160-161). Yearbook Soc. of Letters, Lund, 1947, y Tradición hispánica (v. nuestra
20 Benveriutto Murrieta, 123; Toscano, 47; Wagner, Lingua, 49; η. 14), 241.
Rosenblat, Contactos (v, nuestra η. 14), 149. 23 Joseph H. Matluck, Entonación hispánica, An. de Let., V, 1965,
21 Lenz, Bibl. de Dial. Hispanoam., VI, 1940, 92 n,, 139, 285; Boyd- 6-32; María Beatriz Fontanella de Weinberg, Comparación de dos
Bowmañ, art. cit. en nuestra η. 19, 225-226; Rosenblat, Contactos (v. entonaciones argentinas, Thesaurus. Bol. Inst. Caro y Cuervo, XXI,
1966, y La entonación del español de Córdoba (Argentina), Ibid., XXVI,
nuestra n. 14), 125; R. Oroz, La leng. cast, en Chile, Santiago de Chile,
1971.
1966, 117-120. (
por algún estudioso el morfema indicador de defectos que de realidad pretérita / - k u é / («su noviakué» 'la que fue su
aparece en cacarecó 'cacarañado, picado de viruelas', chapa- novia', ‘su ex-novia'), / c e / como posesivo de primera persona
neco 'achaparrado', bireco ‘torcido, virado', 'bizco', tontuneco, ( ch’amigo, che Dios 'amigo mío', 'Dios m ío’). Tanto en Para-
zonzoneco 'tontaina, zonzo’, y otros usuales en Méjico y Cen- guay como en Corrientes y Misiones se usa la partícula in-
troamérica. Acaso por no estar probado que / - é c a t l / se terrogativa guaraní pa («esa Isabel ¿le conoce pa?» ‘¿conoce
em plee con este sentido, se ha apuntado más tarde que el a esa Isabel?'). Hay calcos sintácticos como «voy a comprar
-eco peyorativo de defectos puede venir de otro sufijo, / - i c / para mi vestido» 'mi vestido futuro', «yo trabajé todo ya»
o / - t i c / , que en nahua sirve para formar adjetivos. Sin ‘he acabado de trabajar’, «mi hermano es alto como el de
embargo, lejos del dom inio nahua, en Argentina y Chile, Juan» (Paraguay)26; «venga dar viendo» ‘venga a ver' (Sur
existen chulleco, chuyeco 'torcido', pateco 'piernicorto', pa- de Colombia y Ecuador), «pobre siendo también, no roba»
tuleco*'patizambo’, peteco 'persona de poca estatura', en Es- ‘a pesar de ser pobre' (sierra ecuatoriana), «de mi tío su
paña fulleco 'gordo, hinchado' (en el Bierzo), 'vano, huero' amigo» ‘el amigo de mi tío’ (Perú), etc. En Ecuador, Perú y
(Salam anca), llobeco 'lobezno', diableco (Asturias occidental), Bolivia el verbo se coloca, por influencia quechua, al final de
y en portugués abundan los diminutivos y despectivos forma- la frase: «¿Y tú lo recomiendas a Luis? —Sí, señor, hombre
dos con este sufijo; por otra parte ningún adjetivo americano bueno es»; «El alma de taita amo grande creo que está pe-
de defecto añade -eco a raíz nahua 24. En Arequipa (Perú) y nando... —Arrastrando cadenas parece*. En los países an-
en el N oroeste argentino el morfema posesivo quechua /-i/ dinos estas construcciones no alcanzan al uso general, limita-
se pospone a vocablos españoles en casos de fuerte valor das a los am bientes bilingües. Como en quechua y aymara,
expresivo, com o los vocativos viday, viditay 'mi vida', 'mi el español hablado en Puno (Sureste del Perú) y en La Paz
vidita'y agiielay 'mi abuela'. El sufijo diminutivo /-la /, que- distinguen la acción que el hablante ha presenciado o cono-
chua también, es el origen del 4a, Λ- de vidala, vidalita, usa- cido directamente y la que sólo conoce por referencias; para
das en las m ism as regiones de la sierra argentina; en la la primera usan el perfecto com puesto (Puno) o el simple
ecuatoriana, /-la / ha pasado a /-ia / (m i guaguaía 'mi gua- (La Paz) mientras que para la segunda se valen del pluscuam-
güita, mi n iñ o ')25. En la lengua mixta que se habla en el perfecto: así «se ha muerto esa gallina», «hoy día ílegó su
Paraguay se aplican a elem entos léxicos españoles morfemas mamá de él» implican un 'yo lo he visto', a diferencia de «se
guaraníes como el diminutivo /-1/ (patron-í 'patroncito'), el había caído de su nido», «hoy día había llegado su mamá de
signo de plural / - k u e r a / («vinieron sus amigokuera»), el él», que suponen un ‘dicen que' 71. Notable difusión han logrado
de Hispanoamérica. Las sucesivas oleadas de pobladores no Castellanos viejos, m ontañeses, asturianos, gallegos y leone-
cambiaron la situación, pues entre 1520 y 1579 el porcentaje ses habrían eliminado las sonoras, pero opondrían su / s /
de andaluces superó el 33% y las andaluzas mantuvieron ápico-alveolar sorda de siete, passar, casa, peso a la dental
holgada mayoría en la creciente em igración femenil. Entre (o ya interdental / θ /) de cinco, caçar, açer, vecino. Los vascos
las ciudades españolas Sevilla dio el máximo contingente, sesearían con / s / o cecearían con / § / 41 bU. Y los andaluces eli-
a gran distancia de las demás. Añádase que Sevilla y Cádiz minarían las alveolares reemplazándolas por las dentales /§ /
monopolizaron durante los siglos xvi y x v n el comercio y y /z / , distinguiendo primeramente, como en el judeo-español,
relaciones con Indias. En un m om ento en que la pronun- la sorda /§ / ([§jéte], [pa§ár], [§^ k o ], [kasár]) de la sonora
c ia c ió n estaba cambiando rápidamente a ambos lados del / z / ([káza], [pézo], [hazér], [vezino]); después quedó sólo
Atlántico, Sevilla fue el paso obligado entre las colonias y la articulación sorda. La variedad no suponía, como en la
la m etrópoli, de modo que para muchos criollos la pronun- Península, repartición geográfica, sino mezcla y anarquía,
ciación m etropolitana con que tuvieron contacto fue la anda-
40bií Sobre ta presencia de Sevilla en la m ente de los colonizadores
de A mérica en el siglo xvi, véase M anuel Alvar, Sevilta, macrocosmos
Peter Boyd-Bowman, índice geobtográfico de cuarenta m il po- lingüístico, «Est. filol. y ling. H omen. a A. Rosenblat», Caracas, 1974,
bladores españoles de América en el siglo X V I. I (1493-1519), Bogotá, 13-17 y 35-39.
1964; II (1520-1539), México, 1968; III (1540-1559) y IV (1560-1579), dis- ♦i José Pérez Vidal, Aportación de Canarias a la población de Amé -
puestos para publicación; V (1580-1599), en preparación. Boyd-Bowman rica, A nuario de Est. Canarios, 1955, 91-197; M anuel Alvarez Nazario,
ha ido anticipando resultados de su investigación: Regional origins of La herencia lingüística de Canarias en Puerto Rico, S. Juan de P. R.,
the earliest Spanish colonists of America, PMLA, LXXI, 1956, 1152-1172; 1972; G erm án de G randa, Un caso más de influencia canaria en His -
La emigración peninsular a América : 1520-1539, Historia Mexicana, XIII, panoam. (Brujería «isleña » en Cuba), Rev. de Dial, y T rad. Pop., XXIX,
1963, 165-192; La procedencia de los españoles de América, Ibid., 1967, 1973, 155-162, etc.
37-71; La emigración española a América: 1560-1579, «Studia Hispanica 4i bis Véase M aría Teresa Echenique Elizondo, Los vascos en el
in hon. R. L.*, II, 1974, 123-147, y Patterns of Spanish Emigration to proceso de nivelación lingüística del español americano, Rev. Esp. de
the New World ( 1493-1580), State Univ. of New York at Buffalo, 1973. Ling., X, 1980, 177-188.
Camacho de Triana, y el otro... se llamava Joan Alvarez el
ya que en cada punto se reunían gentes de distinto ori-
manquillo, natural de Giielva», o com o aquel capitán Luis
gen. La convivencia niveló los particularismos generali-
Marín, natural de Sanlúcar, que «çeçeaba un poco como
zando la reducción de las cuatro sibilantes históricas a un
sebillano»43. En Nueva Granada hay constancia de un capitán
solo fonema, / s / convexa ([§ ]) o plana ([s ]), no cóncava
y un fraile castellanos viejos y de un predicador aragonés
como Ia / s / del Norte y Centro peninsulares42. Ya vimos
que a fines del siglo xvi o ya en el x vn contrajeron allí el
(§ 92s) cómo esta solución, extensión atlántica de la andaluza,
ceceo, documentado en aquel reino desde 1558 y practicado
se documenta profusamente en el Nuevo Mundo desde 1521
en 1586 por indios que muy probablemente habían aprendido
y 1523. Más tarde, la antología titulada «Flores de varia poe-
el castellano con tal pronunciación44. Hacia 1600 el cronista
sía» (Méjico, 1577), ofrece en su manuscrito original cereños,
peruano m estizo Felipe Huaman Poma de Ayala escribe co-
ançias, auzente junto a sierva ‘cierva*, asertaste, alcansaste;
mienso, ací *así', corasones, seremonias, tezorero, fiezta, zue-
bien es verdad que en ella predominan los líricos sevillanos,
ños, zoberbia, e tc .45. Tras esta abundancia de testim onios no
lo que hace suponer fuera recogida por un andaluz. Pero no
puede sorprender que en 1688 el historiador Lucas Fernández
es forzosa tal hipótesis, ya que el poeta Fernán González de
Piedrahita escriba mais, maisal, siénaga y diga de los habi-
Eslava, nacido al parecer en Tierra de Campos, escribe de
tantes de Cartagena de Indias que «mal disciplinados en la
su puño_ y letra en M éjico (1574)_mez 'mes', desiséis, profe-
pureza’ de Γ idiom a'español, lo pronuncian-general m ente con
Çiôn, concejo ‘consejo', e iguala en sus rimas s y z finales,
aquellos resabios que siempre participan de la gente de las
alguna vez intervocálicas. Eslava hubo de contagiarse del
costas de Andalucía». Hacia la m isma fecha, la escritora
ceceo en el Nuevo Mundo, igual que Bernal Díaz del Castillo,
mejicana Sor Juana Inés de la Cruz equiparaba eses y zetas
natural de Medina del Campo: cuando el viejo conquistador
en algunas de sus rimas.
escribe en Guatemalá la Historia verdadera de la conquista
4. Otro de los argumentos que con más insistencia se ha
(1568), su manuscrito, en parte al m enos autógrafo, muestra
esgrimido contra el andalucismo en el tratam iento hispano-
la más absoluta confusión de s, ss, ç y z ( sertificaba, abonan-
americano de las sibilantes señalaba como propio de América
só, ençenada, vaçallo, apasible, pueblesuelo, payzes, quize,
el seseo, entendido como pronunciación de c y z con [s]
píele, etc.). Si queremos indagar cóm o pudo llegar a ser tal
convexa o plana, mientras consideraba ajeno a la dicción
la fonética de este castellano, no será descaminado atribuirlo
americana el ceceo o pronunciación de la s con una sibilante
a la convivencia con gentes como aquellos tres pilotos con
parecida a la [Θ]. Hoy sabemos que tanto el llamado seseo
quienes hizo una de sus travesías: «el más prencipal... se
dezía Antón de Alaminos, natural de Palos, y el otro se dezla 43 Remito a El andaluz y el esp. de América, «Près, y Fut. de la
L. Esp.». II, Madrid, 1964, 173-182. .
« Véase D. L. Canfield, La pronunciación del esp. en Amér., 66-69, 44 Olga Cock Hincapié, El seseo en el Nuevo Reino de Granada,
78-81 y m apa II. La / i ( ápico-alveolar cóncava su b siste en el d ep a rta - /550-/650, Bogotá, 1969, 138-139.
m en to colom biano de A ntioquia y en u n a zona in terio r de P u erto Rico 45 D. L. Canfield, Spanish American Data for the Chronology of
(T. N avarro, El esp. en P. R., 68-70). No e stá confirm ada la noticia Sibilant Changes, Hispania, XXXV, 1952, 28, y La pronunc. del esp . en
(Rev. de Filol. H isp., III, 1941, 164) de que sea ápico-alveolar la / s / América, 67.
de la sie rra peruan a.
andaluz —idéntico al hispanoamericano— como lo que mo- les ha contribuido también a anticipar testim onios49. Para-
dernam ente se entiende por ceceo son meras variedades de lelamente la investigación española ha documentado, para
lo que desde el punto de vista histórico no es sino ceceo, todos estos fenómenos, precedentes en el Mediodía peninsular,
pronunciación de las antiguas s y ss alveolares con articula- algunos de los cuales remontan a los siglos x y xn. Aunque
ciones propias de ç y z d en tales46. Pero la objeción carece de en el capítulo XIII (§§ 92i y 93) dimos cuenta de los nuevos
fundam ento aun dando a «ceceo» el m ism o sentido que los datos sobre su aparición escrita en América; hay que relacio-
objetantes, pues aunque m enos extendida que en la Anda- narlos ahora con los registrados en el habla actual por la
lucía occidental, la sibilante ciceada se ha reconocido en dialectología hispanoamericana y buscar solución para los
diversos puntos de Puerto Rico y Colombia, así com o en contrastes que surjan.
zonas rurales de la Argentina; es frecuente en El Salvador 2. El yeísm o es el rasgo meridional español que en Amé-
y Honduras, muy común entre las clases populares de Nica- rica tiene extensión más cercana a la del seseo, aunque sin
ragua y bastante en las costas de V enezuela47. llegar a generalizarse como éste. Atestiguado en España desde
la época mozárabe, en Méjico desde 1527, en el Cuzco desde
1549, etc. (§ 930, motivó a fines del siglo xvn com posiciones
§ 130. O t r o s m e r i d i o n a l i s m o s p e n in s u l a r e s e n e l e s p a ñ o l
hum orísticas del poeta Juan del Valle Caviedes, natural de
d e A m é ric a .
Porcuna (Jaén), pero radicado en Lima. Durante algún tiem -
1. El hallazgo de unas 600 cartas de españoles que, ins- po se creyó ver en ellas el primer testim onio del yeísm o his-
talados en las Indias, querían llevar allá a sus m ujeres u pánico; hoy su interés lingüístico se limita a probar que
otros parientes ha anticipado de manera sensacional las pri- Inesiya, hayo, bosquejayo, maraviya suscitaban ultracorrec-
meras dataciones americanas de fenómenos que se creían ciones alter, ballo, desmallo, seguramente no sólo gráficas
m ucho m ás tardíos. Están escritas en su mayor parte por entonces. En la actualidad la /I / es de uso normal y presti-
andaluces de escasa cultura y proceden de las m ás diversas gioso en una franja interior de Colombia que comprende
regiones de la América virreinal. Las que hasta ahora se han las ciudades de Bogotá y Popayán; persiste —apoyada por
citado como de interés por sus andalucismos van del año influjo de las lenguas indígenas, como ya se ha dicho (§ 127ej—
1549 al 1635 4B. La búsqueda en otras colecciones documenta- en la parte Sur de la sierra ecuatoriana, en amplias zonas
de las tierras altas y costa meridional del Perú, casi toda
« V éan se §§ 723, 92s y 122j.
47 T. N avarro, E l esp. en Puerto Rico, 69; L. Flórez, La prort. del Bolivia, parte de las provincias argentinas de San Juan y
esp, en Bogotá, B ogotá, 1951, § 87; D. L. Canfield, H ispania, XXXVI, la Rioja, y, además, en las lim ítrofes con el Paraguay y en
1953, 32-33, y La pronunciación del esp. en América, 78-81; B. E. Vidal todo este país donde connota independencia frente al yeísmo
de B a ttin i, El esp. de la Argentina, 68; y H eb erto Lacayo, Apuntes
sobre la pronunciación del esp. de Nicaragua, H isp ania, X X XV II, 1954, rehilado porteñ o49 bls; en el Sur de Chile quedan focos aislados.
268.
48 P eter Boyd-Bow m an, A Sam ple of sixteenth century 'Caribbean’ *9 Así los artículos de Claudia P arodi de T eresa sob re las sibilantes
S pan ish Phonology, «1974 C olloquium on S panish and P o rtuguese Lin- y el yeísm o (§§ 925, n o ta 19 bis, y 93j, nota 34).
guistics», G eorgetow n Univ. Press, 1975. 49 tu G erm án de G randa, Factores determinantes de la preservación
En el Norte y Centro de la sierra ecuatoriana la /1/ no se ar-
ticula como fricativa lateral, sino central rehilada, [ÿ] o [ i] 3. La /- s / final de sílaba o palabra se mantiene con
mediopalatal; el rehilamiento la distingue de la / y / , oponiendo fuerte silbo y tensión en el Norte y m eseta m ejicanos, en
cale 'calle', estreía 'estrella' a mayo, saya, con / y / sin rehi- regiones altas de América Central, Colombia y Ecuador, casi
lar; en la pronunciación vulgar la [£] llega a ensordecerse todo el Perú, la mayor parte de Bolivia y, dentro de Argentina,
en [§]. La oposición entre /2 / ( < /1/) y / y / se da también en zonas de las provincias de Jujuy, Salta y Santiago del
en la provincia argentina de Santiago del Estero. Estero; la influencia culta ha impuesto com o norma en Bu e-
En las regiones yeístas el resultado común de /1/ y / y / nos Aires y provincias del Sur una /-s / menos tensa, aunque
ofrece variantes: aparte de la [y] fricativa normal, existe en ambientes populares abunden la aspiración o la pérdida,
otra más abierta, cercana a la [i] semivocal y [j] sem icon- desestimadas en otros niveles so ciale s51. En Chile la /-s /
sonante, que en Nuevo Méjico, Norte y Sur de M éjico y gran final de sílaba «es comúnmente semiaspirada en el habla
parte de América Central llega a desaparecer entre vocales, culta», que la aspira muchas veces, «y del todo aspirada o
sobre todo en contacto con /1 / acentuada (gayina > gaína,
Amado Alonso, La 11 y sus alteraciones en España y América, «Est.
siya > sía), pero también en detae 'detalle', ceboa /cebolla', ded. a M. Pidal», II, Madrid, 1951, 41-89 (después en E studios lingüís-
etc.; en" San Luis (Argentina)r arroíto-, medaíta, - semía, - cu- ticos. Temas hispanoam., Madrid, 1953, 196-262); Luis Flórez, La pronunc.
chío, estrea, aqueo y muchos más; la pérdida se registra del e s p íe n Bogotá, Bogotá, 1951, §§ 115-121; P. Boyd-Bowman, Sobre
restos de Ileísmo en México, Nueva Rev. de Filolf HispTT VI, 1952, 69-
aisladamente en otros puntos. El refuerzo con rehilamiento 74, y Sobre la pronunciación del esp. en el Ecuador, Ibid., VII, 1953,
se da en Oaxaca (Méjico) y es general y característico del 221*233; H, Toscano Mateus, El esp. en el Ecuador, Madrid, 1953, 99-
Río de la Plata (Uruguay y provincias argentinas de Entre 105; G. L. Cuitarte, El ensordecimiento del leísm o porteño ,· Rev. de
Filol. Esp., XXXIX, 1955, 261-283, y Notas para la historia del yeísmo,
Ríos, Santa Fe, Buenos Aires, La Pampa y todas las m eri- «Sprache und Geschichte. Festsch. f. H. Meier», München, 1971, 178-
dionales); el prestigio de Buenos Aires lo irradia hacia el 198; A. Rosenblat, Las generaciones argentinas del siglo X IX ante el
problema de la lengua, Rev, de la Univ. de Buenos Aires, 5.* época,
interior, extendiéndolo a ciudades como Tucumán, Salta y
V, I960; D. L. Canfield, La pronunc. del esp. en América, Bogotá, 1962,
Jujuy. Ya existía a fines del siglo x v i i i y durante el xix hay 85-87; Juan M. Lope Blanch, Sobre et rehilamiento de ll/y en México,
^ repetidos testimonios de él, entre otros el del célebre ar- An. de Let., VI-VII, 1966-67, 43-60; M.* Beatriz Fontanella de Weinberg,
El rehilamiento bonaerense a fines del siglo X V III, Thesaurus, XXVIII,
queólogo francés Maspero (1872). Junto a la [ i ] sonora de
1973, y Dinámica social de un cambio lingüístico. La reestructuración
la dicción porteña consolidada, está cundiendo con pujanza de tas palatales en el español bonaerense, México, 1979; José A. Barbón
creciente la sorda [§] (caSe 'calle', aSer 'ayer')50. Gutiérrez, El rehilamiento, Phonetica, 31, 1975, 81-120, y 35, 1978, 185-
215; Clara Wolf y Elena Jiménez, El ensordecimiento del yeísm o por-
del fonem a f\¡ en el español del Paraguay, L ing üística E sp. Actual, I, teño, un cambio fonológico en marcha, «Estudios lingüísticos y dia-
2, 1979, 403-412 (tam bién en El español del Paraguay, 13-23). lectológicos. Temas hispánicos», Paris, 1979, 115-145, etc,
so V éanse Amado Alonso y Angel R osenblat, Bibl. de Dial. Hispa- 51 Berta Elena Vidal de Battini, Et esp. de ta Argentina, 2." ed.(
noam ., I, 192 n.; P. H enríquez U reña, Ibid., IV, 352-353; A. Z am ora 1964, 108; [Link] Beatriz Fontanella de Weinberg, C om portamiento ante
Vicente, Rehilamiento porteño, Filología, I, 1949, 5-22; B erta E lena . -s de hablantes fem eninos y masculinos del español bonaerense, Rom.
V idal de B attini, El habla rural de San Luis, B uenos Aires, 1949, 47, y Philo!., XXVII, 1973, 50-58, y Un aspecto sociotingiiístico del español
El español de la Argentina , Bs. As., 1954, Ί0-ΊΑ (2.a ed., 1964, 126-131); bonaerense : la -s en Bahía Blanca, Cuadernos de Lingüística, Bahía
Blanca, 1974.
muda en la lengua popular»52. En el resto de Hispanoamérica de Gata cacereña y ocasionalm ente en Andalucía ( cahíno
es general la aspiración ( ehcuela, bohque, o troh), que se 'casino', eho 'eso').
asim ila con frecuencia a la consonante siguiente (m ihm o > 4. La neutralización de /-r/ y /-1/ implosivas o su om i-
[míriim o] o [m ím m o]) y a veces le quita sonoridad ( rehbalar sión se encuentran atestiguadas en España desde los siglos x ii
> [reqxpalár] > [recpalár], máh barato > má farato, dihguhto y X V y en América desde 1525 y 1560 respectivamente. Pese
> dihuhto o [di^útito], e tc .)53. Cuando la aspiración des- a la riqueza de ejemplos antiguos, estos fenómenos no cons-
aparece en final de palabra, la distinción entre singular y tituyen hoy rasgo general del español americano: alcanzan
plural o entre la segunda y tercera personas verbales se hace principalmente a territorios insulares y costeñ o s,. dejando
en algunos países o regiones con igual procedim iento que en libre el interior de Méjico, del Ecuador y del Perú, Bolivia
andaluz oriental y murciano, esto es, m ediante diferencias y Argentina (salvo la región del Neuquén, de rasgos fonéti-
de tim bre y duración en las vocales finales; el hecho se ha cos chilenos, donde en el habla rural se oyen argún, arguien,
registrado hasta ahora en Puerto Rico (sing, cam po frente úrtimo). Como en España, hay repartición geográfica de va-
a ca m p ç 'campos'; dise 'dice' frente a disç 'dices'), en los riedades, o al menos de preferencias por unas u otras: dentro
Llanos de Bolivia y en Uruguay (libro, diente, sing., librg, de la inseguridad de las informaciones, parece que en la
dientç, pl.; o bien todo, la casa, sing., frente a todo:, la: costa del Pacífico prevalece el paso de /-1/ a [-r] más o menos
casa:, pl.), pero seguram ente se encontrará en otras áreas relajada (argo) y escasea el inverso (calbón), favorito en
Como en el seseo y el yeísm o, la prioridad en documentar las Antillas. Sin embargo en Cuba ha habido juegos de pala-
alteraciones de la /-s / corresponde a España con el Sofonifa bras como «un hombre de malas purgas» y en la pronuncia-
de Fernando Colón, que obliga a suponer larga evolución ción vulgar chilena se dan olol, mujel, querel. La pérdida en
previa; en América están registradas desde 1556 (v. § 933). final de palabra se prodiga en todas las regiones confundido-
En Nuevo Méjico, Colombia y entre las capas sociales ras (comprá, confesá, coló, Migué); en los infinitivos es muy
inferiores de Chile y de otros países, la sustitución de / -s / frecuente en la guaranítica. La vocalización en [i], registrada
por aspiración se propaga a la /*s-/ intervocálica (pahar en Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico y Colombia (cuai ‘cual’,
‘pasar’, cahah 'casas', nohotroh 'nosotros') y a la inicial vueivo 'vuelvo', taide 'tarde', poique ‘porque’, aiguien 'alguien')
(hiem pre 'siempre'), como en las hablas rurales de la Sierra figura ya en Lope de Rueda y se encuentra en Murcia, Anda-
lucía y Canarias5S.
R. Oroz, La lengua castellana en Chile, 1966, 101. 5. La pronunciación de x y g, j antiguas como [h] aspi-
5* T. N avarro, £ / esp, en Puerto Rico, 71-74; L. Flórez, La pron.
rada consta en España desde 1519 y en América desde 1558,
del esp. en Bogotá, §§ 88-91; B. E. V idal de B a ttin i, E i había rural de
San Luis, 4144; W ashington Vázquez, El fonema /s / en el esp. del
Uruguay, M ontevideo, 1953; Oroz, op. cit., 102-108. 55 P ara los ejem plos antiguos españoles y am ericanos, v. § 932;
54 T. N avarro, op. cit., 44, 46, 48; W. Vázquez, op. cit.; D ora J u s ti- para la situación actual, Amado Alonso y R aim undo Lida, Geografía
niano de la Rocha, A puntes sobre la interferencia fonológica de las fonética: -1 y -r implosivas en español, Rev. de Filol. Hisp., V II, 1945,
leng. indígenas en el esp. de Bolivia, «Actas I I I Congr. ALFAL», 1976, 313-345; B erta Elena Vidal de B attini, E l esp. de la Argentina (1964),
161. H I; R. Oroz, La lengua cast, en Chile, 110, 195, etc.
según ya vimos (§ 92?). Hoy es norma en las Antillas, Nuevo
Méjico, extrem o Norte de M éjico y parte septentrional de
la península de California, costas m ejicanas del Este y Sur,
Yucatán, América Central, Panamá, Colombia, Venezuela,
costa del Ecuador y litoral norteño del P e rú 56. El resto de
Hispanoamérica pronuncia una [χ ] m enos velar que la cas-
tellana, postpalatal [^ ] o mediopalatal [ÿ] ante / e / , / i / (v.
§ 1274). La [h ] aspirada procedente de / f / se conserva con
mayor o menor intensidad y en variable número de. casos
en el español vulgar y rústico de toda América. Su pronun-
ciación se atiene a la de la /: [huir], [hám bre], [hedér]
donde son normales [hiu^tár], [dehár], [h éçte ], pero [yuír],
ta m b r e ] o [^ám b re], [^ eííér] o [ÿedér] donde se dice
fyu^tár], [dexár] o [dej(ar], [ x é ç te ] o [ÿ éçte]
6Γ lo expuesto se^desprende =queden Tlas Antillas, y
región del Caribe es donde más se estrechan las semejanzas
fonéticas con el habla de Andalucía, sin duda como conse-
cuencia del predominio migratorio andaluz durante el si-
glo X V I 58 y de la continua relación con Canarias. Más difícil
EXTENSION APROXIMADA DEL YEÍSMO
se presenta Ja cuestión en el Continente: el habla de las Y EL VOSEO EN HISPANOAMÉRICA
altiplanicies se aproxima a la de Castilla m ucho más que la
t I Zonas donde se conserva la /1/.
de los llanos y costas, donde están más acentuadas las sem e-
BEI Zonas donde se distingue entre /z/ (/!/) y /y/.
se D. L. Canfield, La pronunc. del esp. en América, 81*82 y m apa III. j Zonas yeístas sin distinción.
57 T om ás N avarro, El esp. en Puerto Rico, 62-67, y The old aspira- I Zonas donde contienden tú y vos.
fed «/t» in Spain and in the Spanish of America, W ord, V, 1949, 166- Zonas en que domina vos.
169; L. Flórez, La pronunciación del esp. en Bogotá, §§ 84-85; R. Oroz, I I Zonas en que domina tú.
La lengua cast, en Chite, 126, etc.
5* Según las estadísticas de Boyd-Bowman ( Patterns , 86-88) el p o r-
cen taje de andaluces que p asaron a S an to Domingo subió del 45,6 en
1520-1539 al 47,5 en 154(M559 y al 55 en 1560-1579; el de los in stalad os
en Cuba, del 41 en 1520-1539 al 46,7 en 1560-79; y el de los d estinad o s a
Panam á, del 33 en 1520-1539 al 48,2 en 1540-1559 y al 59,9 en 1560-1579.
Téngase en cuenta, adem ás, qu e la m ayoría de los em igrantes can arios
no figuran en la docum entación sev illana sobre pasajero s a Indias, y
que las Antillas y V enezuela fu eron su asiento preferid o.
janzas con Andalucía; en las m esetas, com o se ha indicado,
subsiste la /-s / implosiva, no se confunden ni pierden /-r / y
§ 131. P o s ib l e s d ia l e c t a l is m o s d el e s pa ñ o l n o r t eñ o en
/-1/ finales de sílaba o palabra y, salvo en Colombia y Amé-
Am é r i c a .
rica Central, la j se pronuncia fricativa oral, no aspirada
faríngea. Para explicar esta repartición se ha supuesto que Las coincidencias fonéticas del español americano con
los castellanos se instalarían en las tierras altas, m ientras dialectos peninsulares norteños no alcanzan a un conjunto
que los andaluces y canarios preferirían las llanuras y el de fenóm enos comunes, como sucede con los meridionalis*
litoral,! buscando unos y otros el clim a más afín al de las m os, ni cuentan con tan fuertes apoyos pára establecer rela-
regiones españolas de donde procedían. En tanto no se en- ción de dependencia. Sin embargo parece significativo el caso
cuentre confirmación histórica para tal posib ilid adM, hay de las articulaciones asibiladas de r y rr ([r ] y [F]), así com o
que pensar en el efecto lingüístico de la doble visita anual ‘ la del grupo /t r /, pronunciado como una africada con oclu-
de la flota que salía de puertos andaluces y a ellos regresaba; sión alveolar a la que sigue una [ f ] fricativa y sorda: todo
y sobre todo en el influjo cultural de las ciudades de Méjico ello se da en la Rioja española, Navarra y Vascongadas
y Lima, importantes centros de la vida universitaria y admi- ;(§ 1184), y en diversas zonas americanas. La más extensa y
nistrativa durante la^ época c o l o n i a l Y a en 1604, Bernardo continua comprende Chile, el interior y Norte de la Argen-
de Balbuena alaba la dicción de Méjico, «donde se~tiáblá~el tina, Oeste de Bolivia, con entrantes en el Sur del Perú, y
español lenguaje / más puro y con mayor cortesanía»; la » el dom inio guaranítico, con su centro en el Paraguay61. Dentro
comedia urbana de Ruiz de Alarcón es ejem plo de correc- 'de esta amplia zona está la provincia argentina de la Rioja,
ción y refinamiento. La influencia de Lima se extendió a cuya capital fue fundada en 1591 por el gobernador de Tu-
todo el virreinato peruano, del que formaba parte Bolivia. ^cumán Juan Ramírez de Velasco con el nombre de Todos
Añádase que, com o en estas comarcas abundaba la pobla- los Santos de la Nueva Rioja; uno de sus ríos es el Rioja,
ción india, la cual usaba sus lenguas nativas, el español y una de sus sierrás, la de V elasco62. No debe olvidarse que
debió de hacerse allí aristocrático y purista, mientras que en Chile fue alta la proporción de castellanos viejos; entre
en las llanuras la vida dispersa y ruda de los colonizadores 1540 y 1559, sum ados a los vascos, superaron el número de
favoreció su divorcio del lenguaje correcto. los andalu ces6i. Por lo que respecta al Paraguay, los más
M Rosenblat, Bibl. de Dial. Hispanoam., II, 229-232; Kany, 112-114; 88 Kany, 162*166; Juan M. Lope Blanch, Sobre el uso del pretérito
Zamora Vicente, 434, en el esp. de México, «Homen. a Dámaso Alonso», II, Madrid, 196!,
M Kany, 44-46. 373-385, y La reducción del paradigma verbal en et españot de México,
*5 Rosenblat, Bibl. de Día!. Hispanoam., II, 143-144; Kany, 133-134. «Actas XI Congr. Intern, de Ling, y Filol. Rom.», Madrid, 1969, 1794;
86 Kany, 212-219; J. P. Roña, Sobre la sintaxis de los verbos im- José G. Moreno de Alba, Valores de las formas verbales en el español
personales ett et español americano, «Romania. Scritti offerti a F. de México, México, 1978, 43-68; Julia Cardona, Pretérito simple y pre·
Piccolo», Napoli, 1962, 391400; Zamora Vicente, 435. térito compuesto: presencia del tiempo}aspecto en el habla culta de
87 Kany, 188-195; Zamora Vicente, 435. San Juan, Bol. de la Acad. Puertorriqueña de la Lengua Esp., VII,,
1979, 91-110.
las de ruego o mandato, sobre todo en mostraciones: «vieras 4. Las perífrasis se extienden a costa del futuro: he
cuánto me preocupo por tu hermano». La capacidad invasora de contar, va a decir restringen el uso de contaré, dirá, in-
de la forma -ra le permite sustituir al perfecto de subjuntivo cluso para indicar la acción probable: «vamos pronto, hijita,
(«quien lo viera salir, que lo diga» 'quien lo haya visto·) y, que los bebés han de estar llorando.» En Colombia y Centro-
con sentido de contingencia o duda, al condicional o al pre- américa se produce la sustitución del futuro por va y + el
sente de indicativo («¿qué hiciera?» '¿qué haría?' o ‘¿qué presente: «no se levante, porque va y se cae» n. Sin sentido
hago?'; «¿adónde fuéramos esta noche?» '¿adónde iríamos?', de futuro, la perífrasis panhispánica «va y le dice todo», «fui
’¿adónde podem os ir?’) 89. Como postpretérito, en gran parte y abrí la ventana» alterna con otras menos generales, como
de Suramérica tiene fuerte competidor en el presente de «agarré y le dije », «llegó y me pegón (ésta, peculiar de Chile).
subjuntivo, con ruptura de la tradicional correspondencia De carácter inceptivo, sinónim as de 'echarse o ponerse a' +
de tiempos: en la conversación argentina y en escritores infinitivo, son dice a gritar, agarró a caminar, se largó a llorar,
chilenos, bolivianos y ecuatorianos se registran «fui a verla cogió a insultarme. Saber se usa con el valor de ‘soler’ y
para que me preste un libro», «el enfermo seguía hablando mandarse se vacía casi de sentido ante infinitivos que expre-
sin que ninguno le escuche», «era preciso que sea un hombre san m ovimiento (mándese entrar 'entre', se manda cambiar
de porvenir», «le informaron de lo peligroso de seguir ade- '[Link], se marcha'). Las perífrasis con gerundio compiten
lante sin un guía que sortee los hoyos»; igual discordancia con las form as sim ples, muchas veces sin diferencia apre^
se halla siglos antes en Bernal Díaz del C astillo90. Muy inte- ciable en el significado: ¿cómo le va yendo? se da al lado
resante es la conservación del futuro hipotético cantare, de ¿cómo le va?, y vengo viniendo junto al normal vengo.
viniere en Puerto Rico, Santo Domingo, Norte de Colombia, También se vacía de sentido la perífrasis colombiana acabar
Venezuela y Sierra del Ecuador; pervive también en Cana- de -f infinitivo: ¿cómo le acaba de ir? equivale sin más a
rias y corresponde a la más antigua expansión del español ¿cómo le v a ? 93. La antigua expresión impersonal diz que,
atlántico91. indicadora de que el hablante repite noticias, rumores, tra-
diciones, etc., de origen impreciso, sobrevive en las formas
W Rosenblat, Bibl. Dial. Hispanoam., II, 215-216; Kany, 170-174 y ^dizque, desque, isqué, es que, y que, no desconocidas, pero
182-183; Zamora Vicente, 434-435; R. Oroz, La lengua cast, en Chile,
385; Lope Blanch, La reducción (v. n. 88), 1797-1799; Moreno de Alba, giilstico de Caguas, Univ. de P. R. en Mayagüez, 1973, 173-174; Elercia
Valores, 147-159. Jorge Morel, Estudio lingüístico de Santo Domingo, Sto. Domingo,
90 Kany, 181-182; R. Lapesa, La ruptura de la «consecutio tempo - 1974, 130-131.
ruw» en Bernal Díaz del Castillo, An. de Let., VII, 1968-69, 73-83. « Kany, 152-158; J. J. Montes, Sobre la categoría de futuro en el
91 Rosenblat, Bibl. Dial. Hispanoam,, II, 216; Kany, 185-186; Carmen español de Colombia, Thesaurus, XVII, 1962, 525 y sigts.; José G. Mo-
C. Mauleón de Benítez, Et habla de la zona de Loíza, tesis doct. inédita, reno de Alba, Vitalidad del futuro de indicativo en la norma culta del
Univ. ,de Madrid, 1963; Germán de Granda, Formas en -re en el espa· español hablado en México, An. de Let., VIII, 1970, 81-102, y Valores
ñol atlántico y problemas conexos, Thesaurus, 1968 (tam bién en Es- de ¡as formas verbales en el esp. de Méx., 89-97.
tudios ling, hispán., afrohispán. y criollos, Madrid, 1978, 95-117); Manuel 93 Kany, 197-211, 236-239; Zamora Vicente, 435; María Rosa1 Lida
Alvarez Nazario, La herencia lingüistica de Canarias en Puerto Rico, de Malkíel, «Saber» 'soler' en tas lenguas romances y sus antecedentes
S. Juan de P. R., 1972, 93-94; Lucrecia Casiano Montañez, Estudio lin- grecolatinos, Rom. Philol., II, 1948-1949, 269*283.
menos frecuentes, en España («dizque por arriba todo lo Preposiciones: en 1580 escribe Santa Teresa: «Desdel
arreglaban a látigo», «Ya desque están formando los comités», Jueves de la Cena m e dio un acídente de los grandes que he
«Usté isque nesesita peones», «su ocupación y que es brujear tenido en mi vida, de perlesía y corazón»95 bíí; así anticipa
caballos»)94. La construcción es etitonces que llegó, es por un uso actual americano: en Méjico, América Central y Co-
usted que lo digo no falta en textos clásicos castellanos y lombia desde y hasta se emplean en indicaciones de tiem po
está viva en gallego; en América es frecuentísima y tiene sin sus respectivas referencias originarias al m om ento inicial
un arraigo popular que en muchas ocasiones hace pensar de una acción o al térm ino de ella: «desde el lunes llegó»
en arcaísmo más que en im itación artificiosa del francés 'el lunes llegó'; «hasta las doce almorcé» ‘a las doce'; «vol-
c'est alors que o del inglés it ’s because of you that I am veré hasta que pase el invierno» 'cuando pase'; este uso de
saying th a t; pero en multitud de casos es evidente el gali- desde se registra también en Cuba (denge o dengue) y Puerto
cism o o anglicism o Λ. Rico; el de hasta en Venezuela y C hiloé96.
5. Algunas observaciones sobre adverbios, preposiciones La ‘ interjección apelativa ¡che!, tan característica hoy
y conjunciones: siempre tiene, además de sus significados del coloquio rioplatense como del valenciano, entronca in-
comunes con el español peninsular, el de 'por fin', 'al cabo': dudablem ente con el ¡ce! tan repetido en la literatura penin-
«¿siempre fueron al cine anoche?», «¿siem pre saldrá de la sular desde eJ siglo xv al xvu
^ciudad mañana?». La frase adverbial no mds^ha ampliado sus
sentidos, tomando, aparte del restrictivo (a usted no más
‘solamente a usted’) otros intensivos o enfáticos com o en § 134. V o c a b u l a r i o 98.
allí no más 'allí mismo', hable no más 'hable de una vez’,
1. El léxico general americano abunda en palabras y
'decídase a hablar’. En América, recién se emplea sin parti- acepciones que en España pertenecen sólo al lenguaje litera-
cipio, con el significado temporal de ‘ahora mismo', 'entonces
mismo', 'apenas', 'en cuanto', 'luego que’: recién habíamos
95 bis Carta CCCXIV, Obras; VIII, Burgos, 1923, 419.
llegado ‘apenas habíamos llegado’; también se combina con 5* Para la sintaxis de estos y otros adverbios, preposiciones y con-
otros adverbios: «recién entonces salía / la orden de hacer junciones, véanse Kany, 267-402; Leif Sletjoe, Acerca de deslizamientos
la reunión» (Martín Fierro). Cómo no es forma de afirmación sintáctico-semánticos, «Mélanges d'études romanes off. à Leiv Flydal»,
Revue Romane, n.° 18, 1979, 89-99 y «Carter reconhecerd Angola até ao
muy generalizada. fim do ano», «Romanica Europaea et Americana. Festschrift H. Meier»,
Bonn, 1980, 593-601, etc.
μ Kany, 244-250; Zamora Vicente, 435436.
97 A. Rosenblat, Origen e his/oria del «che* argentino, Filología,
95 R. J. Cuervo, Apuntaciones sobre el leng. bogotano, § 460; P. Hen-
V III, 1962, 325401, y De nuevo sobre el «che» rioplatense, «Studia Hisp.
rlquez Urefia, Observaciones sobre el esp. de América, Rev. de Filol.
in hon. R. L.», II, Madrid, 1974, 549-554.
Esp., V III, 1921, 358 n. 3, y E l esp. en Santo Domingo, Bibl. Dial.
98 Véanse Augusto Malaret, Diccionario de americanismos, Maÿa-
Hispanoam,, V, 135 η. 1; Kany, 250-252; J. Corominas, Indianoram ó-
güez, Puerto Rico, 1925 (3.* éd., Buenos Aires, 1946), y Lexicón de fatma
nica, Rev. de Filol. Hisp., VI, 1944, 239; H. Toscano Mateus, El esp.
y flora, Madrid, 1970 (antes en el Bol. del Inst. Caro y Cuervo, I al
en E l Ecuador, 288-289; Zamora Vicente, 436; M. A. Jiménez Sabater,
XIV, 1945-1959); Francisco J. Santam aría, Diccionario general de ame·
Más datos sobre el esp. de la Rep. Dominicana, Sto. Domingo, 1975,
ricanismos, 3 vols., Méjico, 1942; Marcos A. Morfnigo, Diccionario de
161-164, etc.
rio o han desaparecido. Característico es el uso de lindo, disco’ y otros muchos W1. Gran cantidad de voces americanas
como en el español peninsular del siglo xvn, en lugar de procede del Oeste peninsular: leonesism os seguros son an-
bonito o de hermoso. Propias del Siglo de Oro y olvidadas dand o, carozo, fierro, furnia, lamber, peje, piquinino; galle-
o decadentes en España son bravo ‘irritado’, liviano 'ligero', guismos o lusism os, bosta, cardumen, laja; muy probables
pollera 'falda', recordar 'despertar’, esculcar ‘registrar, escu- occidentalism os, botar 'arrojar', soturno (am bos existentes en
driñar', aguaitar 'vigilar, acechar’, escobilla ‘cepillo’, barrial Canarias), fundo, buraco, pararse 'estar de pie’, e t c .102. No
'barrizal', vidriera ‘escaparate’ (v, § 98s n. 91), prolijo 'minu- debe sorprender la importancia de esta contribución léxica
occidental: el contingente de los extrem eños, leoneses y astu-
cioso’, 'esmerado', retar 'reprender, reñir’, afligir 'preocupar,
rianos que pasaron a América hasta 1579 fue el segundo en
inquietar' y muchas m á s99. Como era de esperar, abundan
número, casi dos tercios del de andaluces y muy superior
los andalucismos: entre otros amarrar ‘atar', calderetero
al de castellanos viejos, vascos y navarros juntos ,M; téngase
’calderero', frangollón ‘el que hace las cosas deprisa y mal',
en cuenta además que casi el 80% de andaluces procedía de
guiso 'guisado', juma y jumera 'borrachera', limosnero 'por-
Sevilla, Huelva, Cádiz y sus provincias, adonde llegan, a través
diosero', ñoña ‘excremento', panteón ‘cem enterio’ 10°. También
de Extremadura, m uchos leonesism os, y que leonesism os y
es importante la contribución canaria, sobre todo en los
lusism os abundan en el léxico ca n arioIÍDbl*.
países del Caribe: atacarse 'sentirse afectado por un dolor o
2. Desde fecha muy temprana se observan cambios se-
enfermedad', ensopar 'mojar, dejar hecho una sopa', botarate
mánticos que muestran la adaptación del vocabulario espa-
'manirroto, despilfarrador’, cerrero 'tosco, inculto, retraído’,
ñol a las condiciones de la vida colonial. Ya en la Española,
parejero 'el que se toma confianzas indebidas’, mordida 'mor-
americartismos, Buenos Aires, 1966; Peter Boyd-Bowman, Léxico his- 101 Manuel Alvarez Nazario, La herencia lingüística de Canarias en
panoamericano del siglo X V I, London, 1972; Giinther Haensch, Zur Puerto Rico, S. Juan de P. R., 1972, 99-262.
Lexikographie des amerikanischen Spanisch. Heutiger Stand und über · ira J. Corominas, Indianoromdnica. Occidentalismos americanos,
bltck über die Problematik, «Referate der 1. wissenschaftlichen Tagung Rev. de Filol. Hisp., VI, 1944, 139-175 y 209-274; Germán de Granda,
des deutschen Hispanistenverbands», Augsburg, 1977, 112-131, y Reín- Acerca de los portuguesismos en el esp. de América, Thesaurus, X XIII,
hold Wemer, Vorschlage fü r ein neues Amerikanismenworterbuch, 1968; José Pérez Vidal, Contribución tuso-española a la cidtura y at
Ibid., 132-157; G. Haensch y R. Werner, Consideraciones sobre la elabora- léxico azucareros latino-americanos, Publicaçôes do XXIX Congr.
ción de diccionarios de regionalismos (especialmente del español de Luso-Esp., Assoc. Port, para o Progresso das Ciéncias, Lisboa, 1970,
América), Bol. de Filol. de la Univ. de Chile, XXIX, 1978, 351-363, y y el libro de Alvarez Nazario citado en la nota anterior.
Un nuevo dicc. de americanismos . Proyecto de la Univ, de Augsburgo, iw Sumando los datos que por provincias da Boyd-Bowman en sus
Thesaurus, XXXIII, 1978, 1-40; Juan M. Lope Blanch, Director, y otros, Patterns, cuento 16147 andaluces; 10448 entre extremeños (8086), leone-
Léxico del habla culta de México, México, 1978, etc. ses y asturianos (2362); 7716 castellanos viejos, vascos y navarros; y
6886 castellanos nuevos y m urcianos. Estas cifras son provisionales, ya
99 Véase Isaías Lerner, Arcaísmos léxicos del español de América,
Madrid, 1974. que Boyd-Bowman no siempre da las de las provincias que aportaron
100 Miguel de Toro y Gisbert, Americanismos, Paris, s. a. [1912], 145- menor número de emigrantes.
165. Según el ALEA, amarrar domina en las provincias de Huelva, 103 M* Véanse §§ 1228 y 124Jt En 1752 alternaban en un documento
Sevilla, Cádiz, Málaga y Almería; penetra en Córdoba hasta la capital sevillano «la puerta de hierro chica» y «la dicha puerta chica de fierro »
y Montoro, pero el resto de la provincia, como toda la de Jaén, usa (Francisco Aguilar Piñal, La Real Academia Sevillana de Buenas Letras
atar; la provincia de Granada se reparte entre los dos verbos. en el siglo XVIII, Madrid, 1966, 300.
primera instalación de los conquistadores, nacieron estancia
cibe diferentes nombres: en Méjico, hasta hace poco, sirigon-
‘granja’, quebrada 'arroyo', aparte de la aplicación de nombres
za ; en Perú, replana; en Chile, coa; el lunfardo rioplatense
españoles a la fauna y flora de América. Muy importante es
ha adquirido mayor influencia en el lenguaje popular y ha
la huella de las navegaciones en el léxico hispanoamericano:
sido objeto de más estudios 105.
del lenguaje marinero procede el empleo de abra 'puerto de
3. La formación de nuevas palabras es muy activa y
mar’ ( < francés havre) para designar el paso entre montañas,
pone en juego todos los recursos de la derivación. Hay sufijos
así como el uso metafórico de flete por 'caballo'; mazamorra
fecundísim os, como la terminación verbal -ear > -iar (dijun-
‘galleta’ se aplicó a los puches de maíz que hacían los indios;
tiar 'matar', cueriar ‘azotar', uñatiar 'hurtar', carniar 'matar
los viajeros se embarcan en el tren, ensenada equivale a
reses') y com o -ada, que aparte de nombres de acción (véa-
'cercado, corral’ y playa a 'espacio llano’, por ejem plo, el des-
se § 133i), forma num erosos colectivos (caballada, carne-
tinado al aparcamiento de automóviles. Cambios especiales
rada, potrada, muchachada, criotlada, paisanada). La afición
han tenido en diversos países vereda 'acera', páram o 'lloviz-
por el neologism o se da en todas las esferas sociales, desde
na', invierno 'tiempo lluvioso', verano 'tiempo despejado',
el habla gauchesca hasta la literatura; en los periódicos apa-
volcán 'corrimiento de tierras, derrumbamiento’, en Centro*
recen sesionar 'celebrar sesión', vivar 'dar vivas, vitorear', etc.
américa 'montón' («un volcán de maíz»). La adquisición de
Todas estas particularidades, juntas a la abundancia de voces
acepciones obscenas Hace que en unás árcas sean palabras
indígenas, dan fisonomía especial al léxico americano.
vitandas no pocas que en el resto del mundo hispánico man-
4. El extranjerism o es muy abundante en el Río de la
tienen su limpieza: coger es malsonante en Argentina, Méjico,
Plata, com o consecuencia de la inmigración de gentes de todos
Venezuela y Cuba; acabar, en Argentina, Chile y Nicaragua,
los países, principalm ente de italian o s1W. En las Antillas,
por lo menos; concha en Argentina, pico en Chile, bicho en
Puerto Rico; por contrapartida, al Oeste del Atlántico se
emplean sin referencia sexual algunas que en España la tienen. XXXIV, 1978, 233-253; Ch. E. Kany, American Spanish Semantics y
El eufem ism o suscita en toda América usos traslaticios para American Spanish Euphemism s, Berkeley-Los Angeles, 1960; Juan M.
Lope Blanch, Vocabulario mexicano relativo a ta muerte, México, 1963;
eludir la expresión directa de lo desagradable o temible:
K urt Baldinger, Designaciones de la 'cabeza' en la América española,
ultimar, perjudicar, dejar indiferente sustituyen a matar; An. de Let,, VI, 1964, 25-56, etc.
moreno a negro, trigueño a mulato; en Argentina se reco- 105 Véase Carlos Clavería, Argot, «Encicl. Ling. Hisp.», II, Madrid,
mienda transpirar por sud ar; la frecuencia de frases ofen: 1967, 357, con abundante bibliografía. También José Gobello, Vieja y
»iueva lunfardía, Buenos Aires, 1963; Mario E. Teruggi, Panorama del
sivas al padre o a la madre del interlocutor ha hecho que lunfardo, Buenos Aires, 1974; Enrique Ricardo del Valle, Demotinguls-
en muchas partes se empleen papá y mamá fuera del ámbito tica. El tunfardo: de lenguaje de delincuentes a idioma popular, «Actas
familiar ,M. La jerga hampona es distinta en cada país y re- III Congr. de ALFAL», S. Juan de P. Rico, 1976, 235-249, etc.
106 El itaiíanismo de la Argentina y el Uruguay ha sido estudiado
J. Corominas, Rasgos semánticos nacionales, Anales del Inst. por Giovanni Meo Zilio (SutVelemento italiano nello spagnolo riopla-
de Ling, de la Univ. de Cuyo, I, 1941, 5-13 y 25-29; G. de Granda, Léxico tense, Lingua nostra, XXI, 1960, y otros artículos más aparecidos en
de origen náutico en el esp. de Paraguay, Rev. de Dial, y Trad. Pop., la m ism a revista, 1955-1965; Algunos septentrionalismos italianos en el
esp. rioplat., Romanistisches Jahrbuch, XV, 1964; Italianismos genera-
au ja 'aguja', me usta 'me gusta'; juerza 'fuerza'; jutisión,
Nuevo Méjico, Méjico, América Céntral y Panamá el influjo
‘función’; güérfano, virgüela 'viruela'; güetio, trigunal, agüe-
anglosajón ha introducido muchas voces inglesas (overol
lo; dino, Vitoria, Madalena, aspeito, defeu to ; traiba, oiba, etc.
'mono, traje de faena’ < o v e r a l l , chompa 'cazadora' <
Perduran arcaísmos com o agora, asperar, atambor, cuistión,
j u m p e r , cloche 'pedal del embrague' < c l u t c h , troque
emprestar, niervo, melecina, muncho, cañuto, nublar, ñudo,
'camión' < t r u c k , aplicación 'solicitud' < a p p l i c a -
silguero, tiseras, anque ,08.
t i o n , e tc .) 1OT, Y la orientación francesa que dominó en la
El hiato tiende a desaparecer, con las consiguientes al-
cultura americana durante el siglo pasado ha dejado buen
teraciones de acento y timbre; así se confunden los sufijos
número de galicismos ( masacre, usina, rol, etc.).
-ear- y -iar (pastar, guerriar), lo que origina ultracorreccío-
nes como desprecear, malicear. Mucho arraigo muestran des-
§ 135. V u l g a r is m o y n or ma c u l t a . plazamientos acentuales como páis, óido, dura 'ahora', tráido,
contráido. En 1720, cuando el lim eño don Pedro de Peralta
1. Aparte de las peculiaridades antes enumeradas, el vul- Barnuevo acentuaba así en los versos de su R o dogu n a 1W,
garismo americano tiene manifestaciones de igual carácter tales dislocaciones no disonarían grandemente del lenguaje
que las del habla popular y rústica española: prencipio, dis- ^culto,de la, metrópoli, _que_ también las .adm itía. E n . España
pierio, sospirar; beile 'baile’, paine 'peine'; enriedo, ruem- hubo después una reacción apoyada por la fuerza de la tradi-
pa ; piaso ‘pedazo’, tuavla, una rastra e leña, maldá, m erc é; ción literaria y se detuvieron o rechazaron las pronunciacio-
nes bául, cái, máestro, réido, mientras el español vulgar de
les en el español rioplat., Bogotá, 1965; El elemento italiano en el habla América siguió usando las formas con desplazamiento acen-
de Buenos Aires y Montevideo, Firenze, 1970, etc.). tual y dejó que éste afectara también a las del imperfecto
107 Véanse las obras de Ricardo J. Alfaro y Emilio Bernal Labrada ( créia o créiba 'creía', húia 'huía', cáia 'caía', tréiamos 'traía-
mencionadas en nuestra n. 39 al § 114, y además R. Grossmann, Das
auslandische Sprachgut im Spanischen des Rio de la Plata, Hamburg, m os’); aun entre americanos ilustrados de algunos países se
1926; Gunther Haensch, Der Einfluss des Englischen auf das ameri- oyen sinéresis tea-tro, gol-pear, que al peninsular le suenan
kanische Spanisch, eine weitere Ursache fü r dessen Differenzierung tPatro; g o lp ia rm . Por el contrario la norma culta americana
gegeniiber detn europaischen Spanisch, Lebende Sprachen, VIII, 1963;
Germán de Granda, Transculturación e interferencia lingüística en rechaza vulgarismos que en España gozan de indulgencia o no
Puerto Rico, Bogotá, 1968; Humberto López Morales, Estudio sobre el se sienten como tales: la pronunciación -ao por -ado es dema-
español de Cuba, Madrid, 1971, 72-87, y Anglicismos en Puerto Rico. En
busca de los Indices de permeabUización del dtasistema, Románica, C. Martínez Vigil, Arcaísmos españoles usados en América,
VI, 1973, 77-83 (después en Dialectología y sociolingüística. Temas Montevideo, 1939; Manuel Alvaréz Nazario, El arcaísmo vulgar en el
puertorriqueños, Madrid, 1979, juntamente con un artículo-reseña sobre esp. de Puerto Rico, Mayagüez, 1957; J. P. Roña, «Vulgarización» o
el libro de Granda); Juan M, Lope Blanch, Anglicismos en la norma adaptación diastrdtica de neologismos o cultismos, Montevideo, 1962.
lingüística culta de México, Románica, V, 1972, 191-200 (después en 109 j. de la Riva Agüero, Las influencias francesas en las obras dra-
«Estudios sobre el esp. hablado en las principales ciudades de Amé- máticas de D. Pedro de Peralta, «Hommage h E. Martinenche*, Paris,
rica», México, 1977, 271-279); Luis Antonio Miranda, El español y el [1939], 193.
inglés en Puerto Rico, y respuesta de Ernesto Juan Fonfrías, ’Acad. 110 Amado Alonso, Bíbl. de Dial. Hispanoam., I, 317-370.
Puertorriqueña de la Lengua Esp., S. Juan de P. R., 1973.
siado plebeya en Méjico y Argentina, donde, el uso normal
evita om itir la /-d-/ y aún la refuerza con especial tensión m utuos recelos que acompañaron y siguieron a la emancipa-
(desgraciaddo); en Argentina, para no suprimir descuidada- ción: las que fueron colonias reconocen la excelsa labor civi-
mente la /-d / final en paré, bondá, se llega a decir paret, lizadora de nuestros antepasados, también suyos; en España
bondat. La acentuación peninsular grave de amoniáco, poli- crece la estim a por la vigorosa personalidad de las naciones
ciáco, cardiáco, austriáco es inaceptable para oídos cultos hermanas; y la conciencia del valor instrum ental e histórico
argentinos, acostumbrados a los esdrújulos amoníaco, poli- de la hermosa lengua común es la mejor garantía contra el
cíaco, cardíaco, austríaco. No es exacto hablar de mayor o resquebrajamiento de su unidad. No se deben desoír, sin
menor vulgarismo a un lado u otro del Océano, sino de deter- embargo, las voces de alerta que han advertido peligros de
minadas divergencias de norma dentro de una norma general fisu r a m: las divergencias fonéticas, gramaticales y, sobre
común. Tanto en América como en España los dialectalism os todo, léxicas, serían una fuerte amenaza si no se tratase de
y vulgarism os tolerados en la conversación no pasan a la contenerlas m ediante un esfuerzo de cooperación y buena
escritura de gentes medias, y menos todavía a la producción voluntad.
literaria, salvo en obras costum bristas o de am biente popu-
lar. Frente al criterio de libertad y abandono se levanta 1*2 Véase Dámaso Alonso, Unidad y defensa del idioma, Memoria
podefosáfflréSt^eVafán'de'corrección. En cincuenta1años las del Segundo Congreso de Academias de la Lengua Española, Madrid,
1956, 33-48.
enseñanzas gramaticales de Bello lograron aminorar el voseo
entre las clases cultivadas de Chile.
2. La extensión del español en América y sus ulteriores
divergencias, tanto internas como respecto al de España, han
hecho pensar repetidamente en un futuro sem ejante a la
fragmentación del latín vu lga r111. Pero las circunstancias de
nuestro idiom a y de nuestro tiempo no son com o las de la
Romania en el siglo v. No ha llegado a afectar a la unidad
del sistem a lingüístico ninguna de las diferencias existentes
entre el habla americana y la española, ni entre la de unos y
otros países hispánicos del Nuevo Mundo. En cuanto al por-
venir, los medios de comunicación actuales aseguran la con-
tinuidad e intensificación de intercambio cultural, tanto
dentro de América como con España. Se han disipado los