Esta es mi historia y quiero que la conozcáis. Empezare por presentarme.
Me llamo Lis, tengo 19 años al comenzar esta historia y mi vida en los
últimos tres años no ha sido nada fácil.
Con 16 años perdí a mi padre en un accidente de tráfico, eso me marcó
muchísimo ya que mi padre era mi gran pilar en la vida. Mi madre lo pasó
fatal, amaba muchísimo a mi padre, como pude estuve junto a ella y fuimos
un apoyo la una para la otra. Esta pérdida nos unió muchísimo y paso a ser
mi mayor confidente. La contaba absolutamente todo: de mis estudios, mis
amigas, como me sentía y cuando llegó el momento también hablamos de
chicos. Aunque tenía a Ruth, mi amiga incondicional desde que empecé el
instituto, mi madre siempre me daba muy buenos consejos, sobre cualquier
cosa.
Los malos momentos no acabaron con la perdida de mi padre, sino que me
ocurrió algo más que marcó mi vida y me hizo ser como soy ahora.
Con 17 años tuve mi primera relación formal. El chico se llamaba Jorge y
para mí y para todos era perfecto. Buen estudiante, educado y guapo.
Nunca mostro señales que predijeran lo que pasaría tiempo después. En mi
18 cumpleaños disfruté de una magnifica fiesta junto a mis amigos y Jorge.
Tras finalizar la fiesta, Jorge me llevó a su apartamento, ya que pasaría la
noche allí como muchas otras veces. Habíamos bebido, Jorge bastante más
y al entrar en su casa me pegó a la pared del pasillo y empezó a besarme y
tocarme con mucha brusquedad. Quise pararle, le dije que no, pero él no
me escuchaba o no quería escucharme. Cuando me arrastró al dormitorio,
me tiró sobre la cama con brusquedad. Volví a decirle que no, pero seguía
sin escucharme, asique forcejeé con el todo lo que pude. Cuando se dio
cuenta de que me resistía, me miró cabreado y me dijo que no me pusiera
remilgada ahora cuando llevaba provocándole toda la noche. Eso no era
cierto, asique volví a negarme y a forcejear. Ante la imposibilidad de
conseguir lo que quería, empezó mi pesadilla. Me abofeteó hasta que no
sentí la cara, me dio un puñetazo en el estomago y me agarró con fuerza
del cuello. Casi no podía respirar y al notar que me debilitaba me subió el
vestido, rompió mi ropa interior, me obligó a abrir las piernas y me violó.
Lo hizo varias veces, no sé durante cuánto tiempo estuvo forzándome, pero
me dolía todo el cuerpo. Una vez que se sintió satisfecho me lanzo mis
cosas y me dijo que me largara.
Asustada y temblando de miedo me refugié en casa de mi madre. Como
siempre la conté la verdad y me insistió en que debía denunciarlo, pero
tenía tanto miedo que me negué una y otra vez y me encerré en casa.
Pasé meses encerrada, pero gracias al amor y la insistencia de mi madre,
acabé yendo al psicólogo. Me ayudó mucho y volví a salir a la calle. En lo
que no avancé nada fue en el tema chicos, conseguí volver a tolerar el
contacto con mujeres, pero con la intimidad y el contacto con los hombres
no era capaz, me tensaba y acababa teniendo crisis de ansiedad. De Jorge
nunca volví a saber nada, cosa que agradezco. Todo esto nos lleva al
momento actual de mi vida. Y sin enrollarme más aquí os dejo como es mi
vida en la actualidad.
-.CAPITULO 1.-
El trabajo en la cafetería es agotador, pero tras estos seis meses trabajando
aquí, las horas de más ajetreo son como un paseo para mí. Al mediodía
siempre se pone hasta arriba de ejecutivos, médicos y demás trabajadores
de la zona; todos llegan a la vez y todos quieren ser los primeros en ser
atendidos. Al principio todo este barullo me traía de vuelta la ansiedad, pero
gracias a Kevin, mi compañero, conseguí hacerme con ello.
Es viernes, mi último día de trabajo de esta semana. Tengo todo el fin de
semana para descansar, entre comillas. La loca de mi amiga Ruth, por fin ha
conseguido que rompa esa barrera auto impuesta para que salga con ella
esta noche a tomar una copa. Levo un año sin salir de casa, a excepción de
estos últimos seis meses que salgo a trabajar pero después de vuelta a casa.
Ruth me acompañó la mayoría de los días cuando estaba mal, me hizo ver
que no estaba sola, que tenia gente a mi alrededor que me quería y que
estaría ahí para mi, asique que menos que dar un paso más hacia una vida
normal.
Tras la muerte de mi padre y la pesadilla que viví con Jorge, me encerré en
mi misma y mi vida giraba alrededor de mi casa y ahora del trabajo. Me
quedan muchas heridas abiertas pero ha llegado la hora de empezar a pasar
página de una vez por todas o por lo menos intentar hacer algo mas con mi
vida aparte de trabajar, realizar las compras necesarias para la casa y
encerrarme en casa a ver series o a leer novelas.
A las seis de la tarde tras terminar mi turno, me voy directa a casa. Cuando
entro por la puerta la sensación es la misma de siempre. Un gran alivio al
estar entre cuatro paredes. Ya no me resulta raro que nadie salga a
saludarme, el vivir sola en parte me ha venido bien, pero echo de menos a
mi madre. Sé que es una bobada porque cuando quiera puedo ir a verla,
pero así lo siento.
Vivo en un piso pequeño de dos habitaciones, todavía no tengo todas mis
cosas colocadas, pero he decorado un poquito y lo básico ya esta
desembalado. Paso a paso voy a ir poniendo toda mi vida en orden. Tal vez
salir con Ruth me ayude. Atravieso el pasillo hasta el salón y atravieso este
para llegar a mi habitación. Voy directa al armario para elegir la ropa para
esta noche. No soy ninguna apasionada de la ropa. Simplemente se lo que
me gusta y cuando lo veo lo compro, sin más ceremonias. Me decido por un
vestido negro ajustado hasta la rodilla y con un escote muy recatado. Unos
zapatos negros de tacón y un bolso de fiesta a juego. Lo dejo todo
preparado sobre la cama y voy a ducharme.
A las 20:30 tras la ducha y cenar algo, suena el timbre. Es Ruth, que
puntual como siempre, viene a buscarme. La abro el portal, dejo abierta la
puerta de casa y salgo corriendo al dormitorio. Si ve que ni siquiera he
empezado a prepararme me echara la bronca. Si la conoceré yo.
- ¿Todavía estas así? – pregunta Ruth entre divertida y enfadada
mientras entra en mi habitación.
- No tardo nada pequeñaja – respondo mientras me subo la
cremallera del vestido y me pongo los zapatos.
- Eso espero. Necesito una copa cuanto antes para olvidarme de
esta semana de curro – resopla dejándose caer en la cama.
- ¿Tan mal ha ido? – pregunto volviéndome hacia ella.
- ¿Mal? Eso sería decir poco – se queja – esa panda de machitos se
creen que solo ellos pueden estar allí y me hacen la vida
imposible.
- ¿Y qué vas a hacer? – pregunto expectante por lo que pueda
responder.
- Nada. El jefe es igual que ellos. Se piensa que solo valgo para
llevar cafés. Pero no me voy a rendir. Les voy a demostrar que
soy igual de buena que ellos o mejor.
- ¡Así se habla! – exclamo orgullosa – pensaba que en una agencia
de publicidad serían más tolerantes.
- Estamos de acuerdo – dice levantándose de la cama – Por eso lo
vamos a pasar genial esta noche, nos vamos a tomar unas copas, a
echarnos unas risas y a olvidarnos de todo. Ya lo veras.
Termino de arreglarme, decido dejarme el pelo suelto con los rizos cayendo
por la espalda, meto el móvil y la cartera en el bolso y nos ponemos en
marcha.
Llegamos al pub, nos sentamos en una mesa del rincón y pedimos las
primeras copas mientras charlamos.
Un par de horas después, nos estamos riendo sin parar de las chorradas que
suelta Ruth, cuando vemos entrar a un par de chicos, ambos bastante
atractivos. El que va en primer lugar es el que más llama mi atención.
Moreno, fuerte, con el pelo medianamente largo, muy alto y cuando pasan
junto a nosotras descubro que tiene unos llamativos ojos azules. No puedo
quitarle los ojos de encima, me atrae de una manera extraña, como hacía
mucho que no me atraía nadie. El salir de copas es un paso fácil de dar, pero
el empezar con líos de tíos todavía me resulta muy difícil. Pese a eso, me
siento atraída por él como si de un imán se tratara.
Terminamos la copa y me ofrezco a ir a por la siguiente. Estoy esperando a
que me sirvan cuando siento un escalofrió que me recorre la espalda y los
pelos de la nuca se me erizan. Me giro lentamente y mis ojos se encuentran
con los pozos azules del chico moreno de antes, que no me quita los ojos de
encima. Su amigo no está con él, pero le localizo enseguida. Esta con Ruth,
que no para de reírse por algo que le esté contando. Dejo de mirarlos y me
vuelvo de nuevo hacia la barra, pero ni un minuto después, de manera
involuntaria miro de reojo hacia donde está el chico que tanto me atrae y mi
estomago da un vuelco cuando veo que se levanta de su sitio y camina hacia
mí. Vuelvo a centrarme en la barra y veo que las copas ya están preparadas,
las pago y rezo para que me traigan el cambio antes de que el chico
misterioso llegue hasta mí.
- Hola preciosa – dice alguien a mi derecha.
Para mi sorpresa el que me habla es otro chico, bastante cargado de copas
por lo que puedo apreciar. Medio tambaleándose se acerca más a mí de lo
que me gustaría y empieza a acariciarme el brazo. Me tenso, pero soy
incapaz de moverme.
- Ey, preciosa – dice pegándose a mí - ¿Por qué no nos vamos y
nos damos un buen revolcón?
- No – contesto casi sin voz e intento quitármelo de encima, pero
sin suerte.
- Venga. Lo pasaremos bien – comenta pasándome un brazo por la
cintura y pegándome a él – Te prometo que será el mejor sexo de
tu vida.
- ¡He dicho que no! – replico y vuelvo a empujarle.
Esta vez consigo apartarle ligeramente, pero no me sirve de nada.
Inmediatamente vuelve a agarrarme, esta vez con más fuerza y empieza a
toquetearme mientras me revuelvo intentando zafarme.
- Me ha parecido entender que no quiere nada contigo – dice
alguien junto a nosotros.
Me giro como puedo hacia la posición de donde procede la voz y descubro
que es el chico misterioso, apoyado en la barra y que no le quita los ojos de
encima al borracho sobón.
- Tío, piérdete. Esto no es asunto tuyo. Yo la he visto primero y
vamos a pasarlo muy bien juntos – dice el borracho – pero cuando
acabe con ella puede ser toda tuya.
- Te ha dicho que NO – gruñe el moreno a la vez que lo aparta de
un tirón – Yo que tú me largaba antes de que tengas problemas. Y
aprende que si te dicen que NO significa NO.
El borracho no vuelve a replicar y se va como si no hubiera pasado nada. El
chico misterioso se apoya en la barra junto a mí, pero respetando mi espacio
personal y se agacha un poco hasta que sus ojos están a la altura de los
míos.
- ¿Estás bien? Te prometo que no todos somos como ese baboso –
pregunta mientras me coloca un mechón de pelo tras la oreja.
- Si, gracias. De verdad espero que no todos sean como el –
respondo poniéndome un poco tensa ante su contacto pero
devolviéndole la mirada - ¿Quieres tomar algo? Es lo menos que
puedo hacer por haberme quitado a ese patán de encima.
- No me debes nada. Lo he hecho porque he querido y porque es lo
que había que hacer. Nadie tiene derecho a obligar a alguien a
hacer algo que no quiere. No te preocupes de verdad. Por cierto,
me llamo Samuel.
- Lis, encantada – respondo. El se acerca y me da dos besos, para
mi sorpresa no me siento amenazada como me pasa siempre –
claro que te lo debo. Sola no habría podido deshacerme de él. Y te
lo advierto. Los que me conocen dicen que soy muy cabezota,
asique tu veras.
- Está bien. Un chupito y en paz. Soy incapaz de decir que no a
esos preciosos ojos verdes – cede y en su cara se dibuja una
media sonrisa muy sexy.
Yo en cambio sonrío como una colegiala cuando un chico le dice un piropo
por primera vez. Hace mucho tiempo que no me siento así, ni que estoy tan
relajada teniendo un hombre junto a mí. Nos tomamos el chupito y después
charlamos un buen rato de todo entre copas. Me siento muy a gusto con
Samuel, es como si nos conociéramos de toda la vida. Y sin darme cuenta
me relajo completamente mientras hablo con él y eso que ahora estamos
más juntos para poder oírnos. El también esta relajado y me cuenta su mala
relación con su padre. Tengo la sensación de que podría hablar con el de
cualquier cosa durante horas, sabe escuchar.
Tras un largo tiempo charlando, Ruth se acerca para irnos a casa y Samuel
aprovecha para que intercambiemos los números de teléfono
prometiéndome que me mandará un mensaje para tomar algo tranquilos.
Mientras caminamos hasta mi casa, Ruth no deja de incordiarme por todo el
rato que he estado hablando con Samuel. Ella me cuenta que ha quedado
con el amigo la noche siguiente. La aseguro que aunque quede con Samuel
no va a pasar nada, que ella sabe de sobra que todavía no soy capaz de eso.
No estoy preparada para dar ese paso.
Además, no creo que mande ningún mensaje. La mayoría lo dice para
quedar bien, pero a los cinco minutos se han olvidado y a otra cosa
mariposa. Cuando por fin entro en casa respiro por poder poner fin al
interrogatorio al que me estaba sometiendo Ruth.
Decido pasar el sábado tranquila en casa, sin mucho que hacer aparte de
recoger la casa, leer y ver la tele. Eso sí, consigo dejar la casa como una
patena.
-.CAPITULO 2.-
El domingo sobre las ocho de la tarde, mientras veo la televisión, suena mi
móvil anunciando que tengo un mensaje nuevo. Al principio me sorprendo,
pero luego no puedo evitar sonreír al ver el nombre del dueño del mensaje.
● SAM: “HOLA GUAPA! COMO ESTAS? ME DIJISTE QUE
VIVIAS POR EL CENTRO. ESTOY POR LA ZONA Y QUERIA
SABER SI QUERRIAS QUEDAR A TOMAR ALGO. BESOS.”
Respondo inmediatamente:
● YO: “HOLA!!! ESTOY MUY BIEN, GRACIAS. CLARO QUE ME
APETECE TOMAR ALGO. EN MEDIA HORA, SI TE PARECE
BIEN?”
● SAM: “POR SUPUESTO!! DIME DONDE Y ALLI ESTARE.”
Le paso la dirección de una cafetería que hay a dos calles de mi casa y sin
saber porque corro a prepararme. Me pongo unos vaqueros sencillos y una
camiseta blanca, me calzo unas bailarinas y cojo la mochila pequeña tras
meter en ella el monedero.
Llego pronto y me pido una cerveza mientras espero. Me siento en una
mesa y diez minutos después, Samuel entra por la puerta. Se pide una
cerveza, se acerca a mí, me da un beso en la mejilla y se sienta a mi lado.
Mi cuerpo vuelve a reaccionar, esta vez tensándose ante su contacto.
- Estas mucho más guapa que el viernes – dice sonriéndome.
- Sí, claro – respondo un poco brusca – A ti te encanta coquetear
con todas ¿verdad?
- No es así – comenta sorprendido - ¿Te pasa algo Lis? ¿He hecho
algo mal?
- No, no. No eres tú en realidad.
- Entonces dime qué pasa, por favor – suplica mirándome
fijamente – puedes confiar en mí.
- No sé porque, pero sé que puedo confiar en ti – confieso
devolviéndole la mirada – El viernes sentí como que nos
conociéramos de siempre, que podría contarte cualquier cosa.
- Lis, yo sentí lo mismo. Confía en mí, por favor. Cuéntame que
pasa. Tal vez pueda ayudarte.
- Sam… es algo difícil y duro de contar. Pero sé que si no te lo
cuento, no podre seguir avanzando y que esta amistad sería
imposible mantenerla – suelto rápidamente mientras se me
empañan los ojos por las lagrimas – Mira, hace poco más de un
año mi entonces pareja me agredió física y sexualmente. Desde
entonces he hecho muchos avances, pero sigo siendo incapaz de
tolerar el contacto con cualquier hombre.
- ¡Dios mío Lis! Lo siento muchísimo, de verdad. Y siento haberte
besado. De haberlo sabido hubiera actuado de otra forma y no
como lo he hecho. Y ese ex novio tuyo es un cobarde por hacerte
daño. Si en esa época nos hubiéramos conocido le habría partido
la cara – responde enfadado.
- Tranquilo, todo está bien. Poco a poco voy avanzando. Hace
unos días hubiera sido incapaz de estar en la situación que estoy
ahora.
- Bien. Si necesitas ayuda alguna vez ¿me lo dirás? Estaría
encantado de ayudarte a superar esto. Y si, me gusta coquetear.
Pero eso no quita para que diga la verdad. Y la verdad es que
estas preciosa – comenta y le da un trago a su cerveza.
- Entonces gracias – digo sonriéndole – Coquetea cuanto quieras
porque no tengo intención de acostarme contigo.
- Es una lástima, pero me parece bien lo que tú decidas – ríe – Si
te digo la verdad, nunca he tenido una amiga y por muy extraño
que me parezca estoy muy a gusto charlando contigo sabiendo
que no va a haber nada más. ¿Qué tal el resto de tu fin de
semana?
- Bien. No salí, pase el día de relax en casa. ¿Y tú? Por tu cara
tiene pinta de que te has pegado una buena fiesta.
- Tienes razón. – contesta poniendo una sonrisa picara – Yo si salí
y fue movidito. A veces hay suerte y vuelvo acompañado.
- Solo con mirarte se que eres un pica flor de cuidado – bromeo.
- Tampoco es para tanto – contesta apoyándose en la mesa –
También me se portar bien. Creo que ahora estoy
comportándome.
- Tienes toda la razón. – bromeo terminando la cerveza - ¿Quieres
tomar otra?
- Tenía intención de proponerte otra cosa – sugiere terminando la
suya – pero después de lo que me has contado no sé si hacerlo.
No quiero que te sientas agobiada por ello.
- Venga, dímelo. Solo espero que sea una proposición decente –
sigo bromeando.
- ¡Por supuesto! Todo esto es nuevo para mí, pero quería
preguntarte si querrías ir al cine o a cenar algo – me dice
mirándome fijamente.
En cuanto la petición sale de su boca me bloqueo y me tenso. Me siento
muy a gusto con él y consigo estar relajada pero no sé si podría hacer algo
de lo que me ha pedido. Además mañana trabajo y tengo que madrugar.
- Me encantaría, de verdad. Pero no sé si sería capaz. – digo,
dolida porque en realidad me encantaría poder hacer esas cosas –
Además mañana entro temprano a trabajar y no me gusta
trasnochar.
- Tranquila, no te preocupes – contesta – Cuando tú te sientas
capaz me lo dices y lo hacemos. Y te entiendo, yo también trabajo
mañana. Por cierto no me dijiste en que trabajas.
- Soy una simple camarera. Nada del otro mundo – digo sonriendo
como una tonta - ¿Y tú?
- Mecánico. Ya sabes, cambiar ruedas, mancharse de aceite. Nada
del otro mundo – bromea devolviéndome la sonrisa.
- Si te parece bien podemos hacer otra cosa – sugiero, ya que mi
filtro cerebro-boca parece que se ha fundido – Podemos tomar
una cerveza en mi casa, pedimos una pizza y vemos una peli. Al
ser en terreno conocido creo que podría y quiero intentarlo.
- ¿Estás segura de querer hacer eso? ¿Es una proposición decente
o indecente? – pregunta moviendo las cejas de manera sugerente
y con una media sonrisa en la cara.
- Sí, estoy segura. Me siento muy a gusto contigo y quiero
empezar a cambiar mi vida. La proposición es totalmente decente,
por supuesto – y suelto una carcajada por los gestos que hace.
- Otra novedad para la lista, pero acepto. Estaré encantado de
ayudarte a intentar conseguir que tengas una vida normal de
nuevo – contesta levantándose y cediéndome el paso para que
salga primero.
Caminamos tranquilamente hasta mi casa y al subir le invito a entrar. Se va
fijando en todo mientras voy a la cocina a por las cervezas y después le guio
hasta el salón. Nos sentamos en el sofá, le miro y sonrío.
- Venga, suéltalo. Sé que está todo hecho un desastre.
- ¡Oh, no Lis! – exclama – no está hecho un desastre, solo que
acabas de mudarte ¿no?
- No exactamente. Hace unos meses ya de eso. Lo único que me
cuesta ponerme a colocar. Es otro de mis pasos para irlo
superando, vivir sola.
- Te entiendo. Aun así es un piso precioso. ¿Quieres que veamos
algo en particular? – pregunta.
- Me da igual, la verdad. Me gusta todo, asique elige la que quieras
del disco duro. Mientras pediré la cena.
Al final decidimos ver Saw y una hora más tarde, tras una pizza y tres
cervezas por cabeza, estamos terminando de ver la peli.
Es casi medianoche y sin poder evitarlo empiezo a quedarme dormida.
Estamos sentados juntos asique cuando por fin Morfeo me atrapa, caigo
sobre Samuel.
-.CAPITULO 3.-
A lo lejos oigo un pitido. Entreabro los ojos y me doy cuenta de que sigo en
el sofá y el pitido constante es mi móvil, son las alarmas que me avisan de
que ha llegado la hora de ponerse en pie.
Al incorporarme descubro que Samuel todavía está aquí, dormido
profundamente con un mechón de pelo sobre los ojos. Y de nuevo para mi
sorpresa me siento bien, estoy tranquila. Me levanto con cuidado de no
despertarlo y voy a ducharme y prepararme para ir a trabajar. Me ducho en
tiempo record, me recojo un poco los rizos, me visto la camisa blanca, la
falda negra hasta las rodillas y los tacones de mi uniforme. Voy a la cocina,
dejo haciéndose el café y vuelvo al salón para despertar a Samuel.
- Sam – le susurro moviéndole con cuidado.
El gime y se revuelve un poco, pero no se despierta.
- Sam – insisto mientras le aparto el mechón de la cara, no he
podido resistir la tentación de hacerlo – despierta, tengo que irme
a trabajar en un rato.
Sam por fin abre los ojos y al verme se incorpora sorprendido.
- Lis – dice con voz somnolienta mirando alrededor – lo siento, no
pretendía quedarme toda la noche. Seguro que he estropeado el
intento de normalizar tu vida.
- No te preocupes. Todo está bien. Los dos nos quedamos
dormidos viendo la peli. Vamos, el café ya tiene que estar listo.
Me sigue hasta la cocina, termino de preparar los cafés y mientras me siento
a la mesa doy el primer sorbo.
- ¿Has descansado algo? – pregunto mirándole – Porque en la
postura que estabas no lo tengo yo muy claro.
- He descansado bien, tranquila. – contesta y me mira de arriba
abajo – La pregunta es: ¿Tú has podido descansar? Conmigo aquí
te habrá resultado difícil. Me gusta cómo te queda el uniforme,
por cierto.
- Tú y tus zalamerías – rio – si que te despiertas de buen humor.
He dormido sorprendentemente bien, no me sentí mal en ningún
momento porque estuvieras y además eres muy cómodo usado
como almohada.
- Pues no suelo despertarme de buen humor. Pero con estas vistas
hasta el diablo haría buenas obras. Puedes usarme de almohada
cuando tú quieras. – bromea.
- Pues por las buenas obras – digo alzando mi taza. Samuel repite
el gento mientras se ríe – y por mi almohada nueva.
Hoy es día de jaleito en la cafetería y las horas se me pasan volando. A las
doce tengo mis diez minutitos de descanso, cuando Kevin llega para ayudar
en la hora punta. Me dirijo a las taquillas que hay en el almacén y de la mía
saco el móvil. Allí me están esperando dos mensajes, leo el primero que es
de las diez de la mañana.
SAM: “LIS, GRACIAS POR TODO LO DE ANOCHE. FUE
TODA UNA NOVEDAD. Y ME LO PASE GENIAL. NO
TRABAJES MUCHO. BESOS.”
El siguiente es de hace unos minutos:
SAM: “HOY TENGO MUCHO CURRO. PERO QUERIA
SABER SI TE GUSTARIA COMER CONMIGO. BESOS.”
Sonrió por lo divertido que me parece este chico y le respondo:
YO: “POR LO VISTO TE ENCANTAN TODAS LAS
NOVEDADES QUE TIENES ULTIMAMENTE EN TU VIDA.
YO TAMBIEN ESTOY A TOPE. AUN ASI ME ENCANTARIA
COMER CONTIGO. SALGO DE TRABAJAR A LAS 14.”
Junto al mensaje le mando la ubicación de la cafetería y recibo su respuesta
inmediatamente, lo que me hace soltar una carcajada.
SAM: “ME ENCANTAN TODAS ESTAS NOVEDADES
PORQUE SON CONTIGO YO TERMINO A LAS 13:30
MAS O MENOS. PASO A RECOGERTE.”
YO: “TAMBIEN DISFRUTO MUCHO DE PASAR TIEMPO
CONTIGO. NOS VEMOS EN UN RATO GUAPO.”
Vuelvo al trabajo, mas emocionada de lo habitual. Kevin se da cuenta pero
no dice nada, se limita a observarme de vez en cuando con una sonrisa. Una
de las veces que me giro para cobrar a un cliente le pillo mirándome, me
sonríe cómplice y yo le saco la lengua.
Pasan diez minutos de las dos cuando por fin salgo por la puerta de la
cafetería mientras busco a Samuel con la mirada. Lo veo acercarse por la
derecha con paso desgarbado. Lleva puesto el mono de trabajo atado a la
cintura, con una camiseta blanca manchada de aceite. Verle así me causa
una sensación de burbujeo en el estomago y un calor enorme, amplío mi
sonrisa con cada paso que me acerca a él.
- Hola guapo – le saludo y de manera impulsiva me acerco a él y
le beso la mejilla.
- Hola preciosa. ¿Y esto? – pregunta sorprendido por mi acción -
¿Te sientes bien haciéndolo?
- Estoy bien Sam. Muy bien la verdad. Creo que después de usarte
de almohada mi cerebro me permite que pueda hacerlo – bromeo
mirándole a los ojos.
- Estupendo – contesta feliz y me pasa un brazo por los hombros
para guiarme, aprovecho y me pego a él – ten cuidado no te
manches. Voy hecho un asco.
- Se lava y ya está. – le digo mirándole a los ojos y sonriéndole –
por cierto, me gusta cómo te queda el uniforme. Estas muy sexy.
Los dos nos partimos de risa ante mi comentario, que le devolvía el suyo de
esta mañana.
Samuel me lleva a su casa, con esto descubro que no vive muy lejos de mi.
Pide comida china y literalmente nos ponemos hasta las cejas. Cuando
terminamos, Samuel se va a duchar y vuelve con unos pantalones de
chándal. Simplemente con unos pantalones de chándal. Casi me atraganto al
ver su torso desnudo, con esa V tan especial bajando hasta perderse bajo los
pantalones. Me acaloro solo con mirarlo y me resulta difícil estar junto a él.
Me resisto como puedo y a media tarde, con la cabeza dándome vueltas por
todo lo que se me ha pasado por ella teniéndole medio desnudo a mi lado,
me voy a casa. No sé cuanto podre resistir la tentación, me gusta mucho y
lo paso bien con él y es probable que en algún momento sucumba a todos
sus encantos.
Varias semanas después todo sigue igual. Por suerte no ha habido más
momentos de torsos desnudos y así es como he conseguido calmarme un
poco. Sigue habiendo días de comidas tras el trabajo, cervezas por las tardes
y cenas y pelis entre semana, tanto en mi casa como en la suya. He podido
aguantar la tentación y no ir más allá, aunque lo mío me ha costado. Nos lo
pasamos de muerte juntos, me hace reir un montón, me entiende y me da
mucho cariño. Con eso me vale, aun no estoy lista para nada más.
-.CAPITULO 4.-
Esta noche salgo de nuevo con Ruth. Me siento muchísimo más segura de
mi misma gracias a Samuel, asique esta vez me atrevo con un vestido
mucho más corto y sexy, con un gran escote en la espalda y unos tacones de
infarto. Poco a poco vuelvo a ser yo.
Son cerca de las dos de la madrugada y por fin me lo estoy pasando genial.
Ya era hora de que se fueran esos miedos y pudiera disfrutar. Llevo un par
de copas de más y nos estamos riendo sin parar. Me he quitado un par de
moscones de encima yo sola y sin bloquearme. No es que no me apetezca
liarme o acostarme con alguien, sino que no me atraen lo más mínimo.
- ¡Vaya! – exclaman detrás de mí – no podía creerme que fueras tú.
Me giro y me encuentro con un Samuel que tras cuatro días sin ver me atrae
sobremanera. Lleva un vaquero oscuro ajustado, una camisa negra un poco
abierta, lleva el pelo echado hacia atrás y esta recién afeitado. Sus ojos
están rojos debido a la cantidad de copas que lleva encima, probablemente
los míos estén igual.
- La misma – contesto riéndome y acercándome para darle un
abrazo.
- Lis, ¿estás borracha? – pregunta apartándome varios rizos
rebeldes de la cara y después apoyando las manos en mis mejillas.
- Probablemente tanto como tú. Sam me lo estoy pasando muy
bien – digo rodeándole la cintura y pegándome a él.
- Ya veo. Estas más bonita de lo habitual.
- Para ti siempre lo estoy, zalamero – digo pegando la boca a su
oído.
- Pero también sabes que es verdad – contesta poniendo sus manos
en el final de mi espalda y pegándome más a él – hueles de
maravilla.
- Sam, te aseguro que mi sabor es muchísimo mejor – respondo
mirándole la boca.
Samuel pone esa sonrisa tan sexy y me besa el cuello. Se me escapa un
gemido cuando llega al lóbulo de la oreja.
- ¿Estás segura de esto? No quiero que te sientas obligada ni nada
de eso – pregunta serio pese a su calentura.
- Sam, ¿a ti te parece que estoy siendo obligada a algo? O por el
contrario, te lo estoy pidiendo a gritos – respondo y le
mordisqueo el cuello.
- ¿Qué tal si nos vamos a mi casa? – ronronea en mi oído.
- Ya tardabas en decirlo. Lo estoy deseando – susurro en su oído.
Sin decírselo a nadie nos damos media vuelta y nos vamos directos a su
casa.
Ya en el ascensor se lanza sobre mí y agarrándome la cara asalta mi boca
sin ninguna delicadeza. Al llegar a su piso me hace entrar y me lleva
directamente al dormitorio. Cuando entra tras de mí, cierra la puerta y me
mira. Sin retirarnos la mirada echo las manos a la parte trasera de mi
vestido y lo desabrocho. Dejo caer el vestido al suelo, quedándome solo con
un minúsculo tanga y los tacones. Samuel alarga la mano, ofreciéndomela.
Se la agarro y me ayuda a salir del vestido. Me pasa las manos por los
brazos acariciándome y sin quitarme la vista de encima.
- Tenía toda la razón. Eres absolutamente preciosa – murmura.
Le sonrío y empujo su chaqueta para quitársela. Dejo que caiga al suelo,
cerca de mi vestido. Tras la chaqueta le sigue la camisa y mientras nos
besamos me lleva hasta la cama. Me sienta y me mira desde arriba mientras
saca de su cartera un condón y lo deja junto a mí. Se quita el resto de la
ropa y la erección que salta frente a mi cara me sorprende. Es enorme. Se
echa con cuidado sobre mí mientras sonríe.
- Iremos despacio ¿vale? – dice para tranquilizarme – no te
preocupes, nunca te haría daño. Eres una mujer muy especial Lis.
Simplemente asiento, me besa y me acaricia sin prisa. Mete su rodilla entre
mis piernas para que las abra y yo lo hago gustosa. Se coloca sobre mí y
tras rasgar el envoltorio con los dientes se coloca el preservativo mientras
jadeo por la expectativa. Despacio, como ha prometido pone la cabeza de su
erección en mi entrada y se desliza en mi interior lentamente. Con
movimientos lentos pero firmes entra y sale de mí. Gimo fuerte cuando roza
el punto exacto y hace que ahora sea yo la que me lance a su encuentro,
haciendo la penetración más profunda. Le rodeo con los brazos y las piernas
pegándolo a mí, besándole desesperada mientras sus acometidas aumentan
de velocidad con el paso de los minutos. Cuando el clímax se acerca me
agarra la cabeza y me penetra con fuerza hasta que juntos nos dejamos ir.
Dos horas después, tras varios asaltos más, caemos rendidos sobre la cama.
Cuando me tumbo Samuel tira de mí y rodeándome con un brazo me pega a
él. Me está acariciando la espalda cuando me quedo dormida.
Me duele la cabeza cuando me despierto. ¡Pero qué demonios bebí anoche!
Me incorporo en la cama y tampoco sé porque me metí desnuda en ella.
Gruño por el maldito dolor de cabeza cuando siento movimiento en la
cama. Me vuelvo asustada y veo a un tío tumbado boca abajo en mi cama.
Pero espera un momento, esta no es mi cama, ni mi dormitorio. ¿Pero qué
narices hice anoche? Rápidamente me cubro con la sabana y me vuelvo
para intentar averiguar quién es el que está en la cama. Aparto el pelo que le
cae sobre la cara al chico. Pego un brinco cuando averiguo quien es.
¡Samuel!
- ¡Coño! – grito levantándome de la cama llevándome la sabana
conmigo.
Samuel se despereza, se gira hacia mí y me mira medio dormido.
- ¿Qué pasa? – pregunta con voz ronca.
- Como que pasa Sam, tío. ¿Nos hemos acostado?
- ¿Lis? – dice, por fin dándose cuenta de quien le está hablando y
sorprendiéndose por ello – Pues no lo tengo muy claro. Pero
viendo lo que veo me imagino que sí.
- No jodas Sam– gruño dejándome caer en la cama – La he cagado
a lo grande.
- Lis, preciosa – empieza acercándose a mí y acariciándome el
brazo – llevo semanas deseando esto. Pero estábamos tan bien
como estábamos que intente resistirme. También resistí por ti
porque no quería hacer nada para lo que no estuvieras preparada.
Pero ayer debimos beber de más y acabamos aquí. No te comas la
cabeza, solo ha sido sexo, no hay porque complicarlo. Aunque
también esperaba acordarme de algo, la verdad.
- Sí, claro. Solo ha sido sexo – respondo bajando la vista un poco
dolida por lo que ha dicho, aunque sé que tiene razón.
- Bueno, entonces desayunemos – dice levantándose y poniéndose
unos pantalones.
- No, déjalo. Sera mejor que me marche – digo mientras me
levanto y me pongo el vestido.
- No hace falta que salgas corriendo Lis. Quédate a desayunar, no
quiero estropearlo más.
- No has estropeado nada. En todo caso la culpa es mía y me
siento fatal por ello.
Media hora después estoy sola en mi casa hecha una bola en el butacón del
salón. Las palabras de Samuel diciéndome que no ha sido más que sexo no
se me van de la cabeza, me duelen aunque no tengo claro de porque. Por lo
visto me gusta mucho más de lo que creía y acabo de estropearlo todo. No
voy a poder volver a mirarle a la cara nunca más. Y eso me molesta porque
sé que voy a perder a un buen amigo que además me gusta más de lo que
me ha gustado nunca nadie.
Paso la mañana como puedo. No consigo centrarme en nada, no dejo de
darle vueltas una y otra vez. Al mediodía mi móvil suena y mis tripas se
retuercen al ver que es un mensaje de Samuel.
SAM: “HOLA LIS. COMO ESTAS?”
No respondo, no puedo. Quiero dejar de martirizarme y lo mejor será
alejarme de él e intentar olvidarlo, por mucho que me duela. Pero media
hora después me llega otro mensaje.
SAM: “ESTAS ENFADADA CONMIGO? SIENTO HABERLO
ESTROPEADO.”
Esta vez sí respondo y decido ser sincera con él, como siempre.
YO: “SOLO ESTOY ENFADADA CONMIGO MISMA. MIRA,
SIEMPRE HEMOS SIDO SINCEROS. ASIQUE AHORA
TAMBIEN LO SERE. ME GUSTAS MAS DE LO QUE
PENSABA. LO MEJOR SERA ALEJARNOS. NECESITO
OLVIDARME DE TI Y SEGUIR CON MI VIDA. ESTAR
CONTIGO ME HACE MUY FELIZ. PERO YO NECESITO
ALGO MAS Y SE QUE TU NO QUIERES NADA DE ESO. Y
LO RESPETO. ASIQUE SERA MEJOR SEGUIR CADA UNO
POR NUESTRO LADO. BESOS.”
Tras este mensaje, Sam ya no contesta. Me alivia y me decepciona a partes
iguales. Pensé que lucharía un poco más por nuestra amistad. Decido dar el
tema por zanjado y empezar a pasar página.
Sorprendo a Ruth llamándola para decirle que hoy también quiero salir con
ella, al principio se extraña un poco pero acepta encantada y me comenta
que ha quedado con el amigo de Sam. Sé que acabare de sujeta velas pero
ahora mismo me da igual y concretamos la hora para quedar esta noche.
El vestido rojo por el que me decido hoy no deja nada para la imaginación.
Es obscenamente corto, con un gran escote y transparencias en los laterales.
Dejo mis rizos sueltos y alborotados y pinto mis labios con carmín rojo. Por
fin vuelvo a ser la que era.
Cuando llego a la discoteca donde he quedado con Ruth, esta alucina al
verme.
- Uau, Lis – dice girando a mi alrededor – Vas totalmente de
femme fatale.
- Ya era hora ¿no? – sonrío mientras vamos hasta el reservado que
ha cogido Ruth.
- ¡Sí! Ya vuelves a ser tu misma. Pero noto que te ha pasado algo.
Te conozco lo suficiente.
- Te puedes ahorrar el interrogatorio, te lo diré. Anoche por lo
visto me acosté con Sam. Bebimos demasiado y no es que me
acuerde mucho. He metido la pata hasta el fondo. Me gusta
mucho, Ruth y sé que para él solo fue una muesca más en su
cabecero. No quiero pasarlo mal ahora que estoy saliendo de la
mierda. Le he dicho la verdad y le he pedido que vayamos cada
uno por nuestro lado, no me ha contestado asique imagino que lo
ha entendido.
- Cariño, lo siento mucho. Ya notaba yo que te gustaba. Cada día
que pasabas con él lo veía más claro. Y si has decidido apartarte
porque sabes que el no va a querer nada más formal, te apoyaré.
Siempre estaré contigo en todo lo que haga falta. Y lo sabes –
dice y me da un abrazo para apoyarme.
- Gracias. Por cierto ¿Dónde está ese chico que te vuelve tan loca?
– bromeo.
- Está a punto de llegar. Mientras, vamos a echarnos unos bailes
como en los viejos tiempos.
Bailamos largo rato como locas, nos reímos y nos divertimos como antaño.
De repente Ruth se para, se saca el móvil de los shorts y sonríe como una
tonta al mirar la pantalla.
- Vamos. Javi ya está en el reservado y ha venido con unos
amigos, asique a lo mejor alguno esta cañón y puedes divertirte
un ratito – sugiere.
- Uuuu, Javi – bromeo – ten cuidado que una pequeña bomba se
acerca.
Al entrar en el reservado, Ruth se lanza a los brazos de un chico castaño
bastante mono que gira con ella en brazos haciéndola reir. También hay
otros tres chicos, uno de ellos está sentado de espaldas con una chica en el
regazo y no dejan de manosearse y besarse.
Ruth me presenta oficialmente a Javi y él nos lleva hasta donde están sus
amigos para presentármelos. Me quedo blanca cuando estoy frente al chico
que tiene a la chica en el regazo. Él alza la mirada y para de toquetear a la
chica en cuanto me ve.
- No me dijiste que Sam iba a venir – le replico a Ruth girándome
hacia ella.
- No tenía ni idea, de verdad – susurra nerviosa.
- El muy cabrón parece estar muy a gustito. Ya sé porque no
contestó a mi mensaje. Ya había pasado a la siguiente y le daba
exactamente igual lo que yo sintiera – gruño dolida, al ver por fin
la verdad – Como le da igual, ahora voy a pasármelo bien yo.
- Lis, no hagas algo de lo que te puedas arrepentir – me pide Ruth.
- Te aseguro que no me voy a arrepentir de nada. Por fin soy la que
era y ya es hora de que haga algo por mí y me divierta.
Salgo como un rayo del reservado, no sin antes ver por el rabillo del ojo que
Sam se incorpora y me sigue con la mirada. Esta noche bebo como una
loca, me lio con todo el que se me antoja, bailo de manera sugerente con
varios chicos y todo esto bajo la atenta mirada de Sam, que desde que he
salido del reservado, se ha deshecho de su acompañante y se pasa toda la
noche observándome.
Sé que mi reacción es más de adolescente que de persona adulta, pero
siento muchísima rabia por dentro. No sé que me duele más si que no me
contestara el mensaje con lo que le pedía o haberle visto con otra. Estoy
muy confundida con todo lo referente a Sam y mis sentimientos y lo único
que se me ha ocurrido hacer es esto en vez de salir corriendo a esconderme
en la madriguera como un conejito herido.
-.CAPITULO 5.-
Un mes después la cosa sigue exactamente igual. No he vuelto a tener
ningún tipo de contacto con Sam, al menos de manera directa. Pero cada
vez que Ruth y yo salíamos siempre coincidíamos con él, ya que Ruth y
Javi están saliendo juntos. Durante esas noches el no me quita los ojos de
encima en ningún momento, por lo tanto, yo me rebelo y acabo con un tío
diferente cada noche y con bastantes copas de más. Al contrario que yo,
Sam siempre está solo, en ningún momento vuelvo a verlo con una chica.
No me siento mejor por lo que hago, pero consigo olvidarme
temporalmente de Sam. Pero cada vez que estoy sola vuelve a mi cabeza,
una y otra vez.
En ese tiempo también fui a hablar con mi madre para que me diera algún
consejo. Se alegró mucho de que volviera a ser la chica que era y me
aconsejo que ahora que por fin había salido de ello, que fuera despacio y sin
prisa. En lo referente a Sam me dijo algo que no se me olvida: “Tu corazón
y tu cabeza te dirán cosas distintas. Lo que ahora estás haciendo porque
estas enfadada lo estás haciendo con la cabeza. Deja que sea el corazón el
que te guie y te diga que es lo que sientes y lo que debes hacer”. Y eso es lo
que voy a hacer, escuchar a mi corazón.
Pasan dos semanas más, voy caminando por la calle tras hacer la compra
cuando vuelvo a sentirlo. Ese escalofrió que me eriza el pelo de la nuca.
- ¡Lis! – gritan detrás de mí.
Mi sangre se hiela al reconocer la voz de Sam. Me giro y le veo asomado a
la puerta de un taller de coches. Acabo de salir de trabajar y estoy agotada,
no tengo fuerzas para enfrentarme a esto ahora mismo. Pero haciendo de
tripas corazón (¿no dijo mi madre que usara el corazón?) voy hacia donde
está. Paro frente a él y le miro.
- Hola Lis – saluda bajando la voz.
- Hola Samuel – contesto rápidamente.
- ¿Cómo estás? – pregunta – hace mucho que no nos vemos.
- Muy bien, gracias. Y nos vemos todos los fines de semana,
asique no hace tanto que no nos vemos.
- Tienes razón. Pero sabes que no me refiero a eso. Pero si quieres
hablar de eso también podemos. Siempre estabas muy bien
acompañada.
- Si. ¿Querías algo Samuel? – pregunto frustrada - ¿O solo quieres
saber cómo va mi vida sexual? Porque la verdad es que tengo
mucho que hacer.
- Tu vida sexual no me importa lo más mínimo Lis – espeta.
- Es bueno saberlo, aunque tampoco es de tu incumbencia. Hasta
luego Samuel – replico y me vuelvo para irme.
- ¡Espera! – dice sujetándome por el brazo para que no me vaya –
Lo siento. Ya sabes que me preocupo por ti. Solo quería arreglarlo
y volver a estar como antes.
- No creo que eso sea buena idea. No puedo estar contigo como
antes.
- Hablémoslo por lo menos. Ya he terminado de trabajar.
¿Podemos tomar algo y hablar?
- Estoy agotada y me apetece llegar a casa. Vente si quieres y
hablamos tranquilamente.
Con el sexy Sam entrando conmigo en casa, con su mono de trabajo, no
estoy muy segura de que si me propone algo vaya a poder negarme. Respiro
hondo y con dos cervezas en la mano me dirijo al salón. Sam ya está allí
mirando por el ventanal que hay tras el televisor con los brazos cruzados.
- Puedes sentarte Samuel.
- Estoy hasta arriba de grasa. No quiero mancharte nada – y
bajando la voz continua – Me gustaba más cuando me llamabas
Sam.
- Siéntate anda. No seas idiota – digo golpeando el hueco que hay
junto a mi - ¿Y porque te gusta más?
Por fin se acerca hasta donde estoy y se sienta apoyando el codo en el
respaldo para mirarme de frente.
- No lo sé. Solo sé que me gusta – dice – Bueno quería decirte que
me gustaría volver a hacer cosas contigo.
- No pienso volver a acostarme contigo – rio.
- No me refiero a eso – dice devolviéndome la sonrisa – quiero
que volvamos a quedar como antes y hablar, tomar algo
tranquilos…
- No sé si seré capaz de estar igual que antes. Ya sabes lo que
siento por ti, no sería capaz de estar como antes.
- Inténtalo por lo menos, Lis. Te echo de menos. Nos lo
pasábamos bien – ruega Sam.
- Yo también te echo de menos, muchísimo Sam. Está bien, lo
intentaré. Pero no prometo nada. ¿Quieres quedarte hoy y vemos
una peli?
- No puedo. Tengo que ir a casa de mis padres. Y como sabes no
aguanto a mi padre, asique va a ser divertido.
- Y si no lo aguantas ¿Por qué vas?
- Porque vivo otra vez con ellos. El dueño de mi piso no me ha
renovado el contrato, asique me tocó volver con ellos.
- Lo siento mucho. Paciencia, Sam, mucha paciencia – bromeo.
Vuelven las comidas, las tardes de cervezas y noches de peli. Todavía me
atrae muchísimo, pero lo disimulo lo mejor que puedo. Cuando salimos en
grupo sigo haciendo como hasta ahora, tonteo con quien quiero menos con
él, tomo copas y charlo con él, pero nunca paso de esa línea imaginaria que
he trazado. De lo que si me doy cuenta es que cuando tonteo y bailo con
otros, Sam no me quita los ojos de encima y nunca está acompañado de
ninguna chica.
-.CAPITULO 6.-
Unas semanas después recibo un mensaje cuando salgo del trabajo.
SAM: “PUEDES QUEDAR? NECESITO DESCONECTAR O
ACABARE MATANDO A ALGUIEN ;P”
Le contesto mientras intento no reírme.
YO: “CLARO. ESTOY LLEGANDO A CASA. PASATE
CUANDO QUIERAS.”
SAM: “YA ESTOY EN TU PORTAL. AHORA NOS VEMOS
PRECIOSA.”
Acelero el paso cuando se que me está esperando para llegar cuanto antes.
A escasos metros del portal por fin le veo apoyado junto a la puerta, con las
manos metidas en los bolsillos del mono y mirando al suelo.
- Bombón. No pienses tanto, que ya empieza a salirte humo de la
cabeza – bromeo.
- Hola preciosa – saluda y me abraza.
Subimos sin decirnos una palabra y vamos directos a la cocina. Saco un par
de cervezas y me siento a su lado en la mesa de la cocina. Le miro, está un
poco alterado, se lo noto porque gira la cerveza una y otra vez entre las
manos, pero me gustaría que fuera él el que me lo cuente. Aunque si no lo
hace se lo sacare yo misma.
- Gracias por quedar conmigo. Necesitaba despejarme – dice
mirándome.
Según lo dice vuelve a mirar su cerveza y la hace girar. Un par de minutos
más tarde sigue sin soltar prenda. Pero voy a conseguir que me lo diga de
una manera u otra.
- ¿Me vas a decir que es lo que te pasa? – suelto de repente.
- No quiero comerte la cabeza con mis movidas. Pero te agradezco
que quedes conmigo. Sé que solo te estoy haciendo perder el
tiempo, pero no tengo tanta confianza con nadie más para poder
llamarle para estas cosas. Ni con Javi y eso que nos conocemos
desde hace muchísimos años. Raro ¿no? A ti te conozco desde
hace poco y sé que puedo hablar contigo de cualquier cosa –
explica con voz triste.
- Yo tampoco confió en la gente tan fácilmente como crees. Hasta
ahora solo tenía a mi madre y a Ruth. Y a Ruth no suelo contarle
todo. También me pareció extraño que me resultara tan fácil
contigo. Desde el principio note que podía contar contigo para lo
que fuera. Y precisamente por eso también tus movidas son las
mías. Asique dime qué te pasa ¿o me va a tocar sacártelo por la
fuerza? – contesto y le sonrío.
- Ok. Ya te conté que no me llevo bien con mi padre. Y ahora que
vuelvo a estar en su casa es todavía peor. Cuando vivía por mi
cuenta solo tenía que soportarlo en alguna comida. Pero ahora es
a diario.
- ¿Por qué es peor ahora? – pregunto.
- Porque ahora me machaca porque no busqué un trabajo
relacionado con lo que estudie. Como soy mecánico se pasa el día
haciéndome saber que así no voy a conseguir nada, que soy un
don nadie.
- No eres un don nadie, para mi eres muy importante – le digo
mientras le acaricio la cara – y si no es indiscreción ¿Qué has
estudiado?
- Filología inglesa. Desde muy pequeño me encanta leer y desde
que tengo memoria quería hacer algo relacionado con eso.
Cuando empecé la carrera quería en algún momento ser editor o
escribir mis propias novelas. Pero cuando terminé la carrera mi
padre quería meter la mano hasta en eso, llamó a amigos y quería
enchufarme en algún sitio donde pudiera controlarme. Me negué,
me fui de casa y me busque un trabajo donde el no pudiera
meterse.
- Asique te gusta leer ¿no? – bromeo - ¿Y qué te gusta leer?
- Me enganche a la lectura con La Isla del Tesoro. Pero me gustan
muchos géneros diferentes. Pero algunos de los libros que he
leído y que me encantan son: Orgullo y Prejuicio, El retrato de
Dorian Grey, Frankenstein, El señor de las moscas y sobre todo
me encanta el gran Sherlock Holmes – contesta orgulloso.
- ¿En serio? – digo alucinada por lo que ha dicho – ven, quiero
enseñarte algo.
Le agarro de la mano y tiro de él para que se ponga de pie. Le saco de la
cocina y avanzo hacia el salón, antes de llegar me giro hacia una puerta que
hay a mi derecha, la abro y le hago entrar.
Cuando cierro la puerta, Sam tiene cara de sorpresa. En un rincón hay un
sofá-cama con muchos cojines y un pequeño escritorio. El resto de paredes
están cubiertas del suelo al techo con estanterías repletas de libros. Le llevo
a una de las estanterías y le señalo una zona en concreto. Sam se acerca y
mira donde le estoy señalando. Allí esta toda la colección de Sherlock
Holmes. Coge uno al azar y lo mira impresionado. De repente suelta un
grito de sorpresa.
- Lis, son primeras ediciones – exclama girándose hacia mí.
Me siento en el sofá y abrazando un cojín le sonrío.
- Lo sé. Mi padre me los regaló en mi dieciséis cumpleaños. El
último que pasamos juntos – comento bajando la voz – no me dio
tiempo a leerlos antes de que se fuera y después he sido incapaz
de volver a cogerlos. Sabía que te gustarían.
- Claro que me gustan ¿Esto significa que también te gusta
Holmes?
- Me encanta. Oye si tan mal estas con tus padres ¿Por qué no te
vas?
- Porque ahora mismo no me lo puedo permitir. Trabajo menos
horas y es imposible encontrar un piso barato.
Una idea me viene a la cabeza. Sé que podría salir mal, muy mal, pero
también es mi amigo y por lo que ahora se, soy la única persona en la que
confía y en la que se puede apoyar. Ahora necesita todo mi apoyo y se lo
voy a dar.
- Vamos a hacer una cosa – sugiero poniéndome de rodillas en el
sofá – cuando necesites despejarte y desconectar te vienes aquí.
Puedes pasarte un rato y leer lo que quieras. Como puedes ver hay
mucho donde escoger.
- Muchas gracias por la oferta Lis, pero no puedo aceptarla. Tienes
tu vida y no quiero que dejes de hacerla solo porque yo quiero
perder de vista a mi padre.
- No voy a dejar de hacerla por esto. Tengo una copia de las llaves
de casa, te las doy y entras y sales cuando quieras.
- Eres muy amable, pero no puedo, de verdad. Es tu casa, tu
espacio. No un sitio para esconderme.
- El no, no me vale como respuesta. Tú no te preocupes de nada.
Llévate las llaves y si lo necesitas vienes, sino pues no. Eso es
cosa tuya.
- Está bien. No quiero discutir contigo – se acerca y me abraza –
muchas gracias preciosa.
-.CAPITULO 7.-
El viernes trabajo por la tarde y no salgo hasta las nueve. Como este fin de
semana no voy a salir camino tranquilamente hasta casa. Cuando estoy
abriendo la puerta me doy cuenta de que no están echadas las tres vueltas de
seguridad y en ese momento se que Sam está en casa. Al final del pasillo
veo la luz del salón encendida y me dirijo hacia allí. Sam esta hecho un
ovillo en el sofá con un libro en las manos. Me descalzo en la puerta y me
coloco detrás de él sin que se dé cuenta de que estoy ahí, me apoyo en el
respaldo y le pregunto:
- ¿Qué estás leyendo?
Sam se asusta al descubrir que estoy tras él y responde.
- Joder ¿Querías matarme del susto preciosa?
- No era mi intención – rio y le doy un beso en la mejilla – solo
quería saber que leías.
- El gran Gatsby. Eres como un gato, no te he oído entrar –
contesta devolviéndome la sonrisa.
- Esa era la intención. Voy a cambiarme y vengo.
Voy hasta mi dormitorio y me pongo el pijama tras una ducha rápida. Un
sencillo pantalón corto y una camiseta de tirantes. Vuelvo al salón y me
siento junto a él.
- ¿Ahora quieres que me de un infarto? Nena ¿No has tenido
suficiente con casi matarme del susto? – bromea.
- Claro que no ¿Por qué iba a querer que te diera un infarto? – le
pregunto subiendo las piernas al sofá y rodeándomelas con los
brazos.
- Ante todo no te enfades – aclara – Eres preciosa con mucha y
con poca ropa. Pero verte de repente así levantaría la libido a
cualquiera.
- Eres idiota – me rio - ¿Quieres cenar algo en particular?
- No, gracias. Tengo que irme, no quería quedarme hasta tan tarde.
Pero me ha absorbido tanto el libro que no me he dado cuenta de
la hora.
- No pasa nada porque te quedes. Hay un sofá cama en el cuarto,
puedes usarlo cuando quieras. Mi propuesta no implicaba que
salieras corriendo cuando yo estuviera en casa. Puedes quedarte a
dormir si quieres, sabes que no voy a echarte a patadas. Creo que
seré capaz de resistir la tentación – bromeo.
- Pues gracias. Si no te importa me quedare, así desconecto un
poco. Y oye, si no consigues resistirte dímelo y lo solucionamos –
continua la broma.
- Serás el primero en saberlo grandullón – contesto riéndome -
Pues ahora vamos a cenar. Por cierto, mañana vienen Ruth y Javi
a cenar antes de salir ¿Quieres apuntarte?
- Me encantaría guapísima.
Después de cenar Sam vuelve a centrarse en el libro y sin darme cuenta
termino en el cuartito frente a los libros de Holmes, cojo Estudio Escarlata
y vuelvo al salón. Me siento junto a Sam con las piernas metidas debajo de
mí y apoyada en su hombro abro el libro. Noto que el gira la cabeza hacia
mí y le miro. Me está mirando, mira el libro y vuelve a mirarme. Recuerda
la historia que le conté de los libros y sabiendo lo que ese gesto significa me
sonríe y me besa la frente mientras me rodea con un brazo y yo gustosa le
devuelvo la sonrisa.
Cuando me levanto a la mañana siguiente, como una autómata voy al baño
y me ducho. Envuelta en una toalla voy a la cocina para preparar café y al
entrar por la puerta freno en seco al encontrarme a Sam colocando en la
mesa el desayuno que ha preparado. Al notar que estoy en la cocina levanta
la vista hacia mí y sonríe.
- Creo que me va a gustar esto de dormir aquí. Tiene unas vistas
espectaculares. Ahora soy yo el que no sabe si va a ser capaz de
resistir esta tentación tan grande.
- Y yo creo que voy a ponerme algo – comento con guasa – ahora
vuelvo.
Ya estoy en medio del salón, cuando le oigo gritar.
- Por mi no lo hagas – no puedo evitar soltar una carcajada – no
me molesta que vayas así.
Ya de vuelta en la cocina, vestida con una camisola corta me siento a la
mesa.
- Tiene todo un aspecto delicioso – digo mirando todo lo que hay
sobre la mesa.
Hay de todo: ha preparado café, hay zumo, fruta y encima está haciendo
tortitas.
- Es lo mínimo que puedo hacer a cambio de todo lo que haces por
mi – dice poniendo el plato de las tortitas frente a mí.
- Pues si cada vez que te quedes vas a hacer esto, voy a acabar
muy gorda – bromeo.
- Aun así estarías preciosa – dice sentado a mi lado mirándome
con dulzura mientras me coloca algunos rizos tras la oreja.
Las antiguas burbujas de mi estomago vuelven a despertarse y a recorrerme
el cuerpo. No sé si es por la forma en que me ha dicho esto último, por
cómo me mira o por alguna otra cosa, pero noto que algo ha cambiado en
él. Pero no sé que puede ser, nuestro trato es el mismo que al principio, con
cariño y respeto. ¿Qué consecuencias traerá este cambio que percibo en
Sam? Aun así no me arrepiento de que este aquí.
- ¿A qué hora has quedado con Ruth esta noche? – pregunta
mientras se trocea unas tortitas.
- A las ocho, porque después de cenar ellos van a salir. Bueno y tú
me imagino. Más que nada porque me dijo que habían quedado
con el grupo.
- Si, había quedado con Javi para tomar unas copas ¿Tú no vas a
venir? – pregunta con curiosidad.
- No. Este fin de semana me lo voy a tomar de descanso. Me he
estado excediendo últimamente – bromeo – además tengo que
ponerme al día con las cosas de casa y terminar de colocar las
ultimas cajas de la mudanza. Además me apetece descansar.
- Pensé que también vendrías con nosotros – comenta y me da la
sensación de que está decepcionado – puedo venir un poco antes
y echarte una mano con la cena.
- Vale. Tienes llaves, ven cuando quieras – digo levantándome tras
terminar de desayunar y saliendo de la cocina bromeo – Tranquilo
intentare estar vestida.
A las 19:30 me pongo un vestido de sport y empiezo a preparar la cena.
Pocos minutos después oigo la puerta y Sam aparece en la cocina. Vestido
de punta en blanco: unos vaqueros rotos, una camisa blanca, zapatos de
vestir y una cazadora de cuero que cuelga en una de las sillas.
- Uau chico. Te has puesto muy guapo.
- Tu también lo estas ¿En qué puedo ayudarte? – pregunta
mientras se arremanga.
- Voy a hacer burritos. Estoy terminando de saltear la carne y hay
que preparar las cosas en la mesa.
- Muy bien, manos a la obra.
Estamos terminando de montar la mesa en el salón, cuando suena el timbre.
Sam va a abrir la puerta y cuando vuelve con Ruth y Javi, ella viene hasta
mí y mientras me abraza para saludarme me susurra:
- ¿Cómo es que Sam esta aquí?
La aparto un poco de donde están los chicos y le explico cómo están las
cosas.
- No me dijiste que volvíais a ser amigos. Pero si me dices que
todo está bien te creeré – dice sonriéndome – pero no sé, le noto
diferente. Hace semanas que no sale con nosotros. Y esta muy
raro.
- Si. Yo también lo he notado raro. Pero lo he asociado con lo que
está pasando con su padre y aun así creo que hay algo más que se
me escapa y no sé que puede ser.
- Bueno. Te lo cuenta todo ¿no? – asiento mientras miro hacia
donde están los chicos y veo que Sam me mira mientras habla con
Javi y me regala una sonrisa – pues en algún momento te dirá si le
pasa algo. Ahora mismo vamos a disfrutar de esa cena que huele
que alimenta.
Cenamos tranquilamente entre risas y margaritas. Sam está sentado a mi
lado y parece animado. En alguna ocasión mientras charlamos y
bromeamos, el apoya su brazo en el respaldo de mi silla o me coloca
algunos rizos tras la oreja. Incluso en algún momento parece algo nervioso.
Pasadas las diez Ruth y Javi se preparan para irse cuando Sam nos
sorprende a todos.
- Chicos, yo me quedo.
- Habíamos quedado para tomar unas copas, tío – se queja Javi.
- Lo sé, pero prefiero quedarme. No me apetece ir a tomar nada
por ahí, de verdad – dice mirando fijamente a Javi.
Entre ellos se entienden y Javi le sonríe y asiente. Ruth se acerca, me abraza
y me dice:
- Creo que ya sé que le pasa a Sam. Esta loco por ti – mueve las
cejas de manera juguetona.
- No digas tonterías Ruth. A él no le van esas cosas. No es de
parejas ni nada de eso.
- Pues creo que eso ha cambiado. Piensa un poco. Después el día
que te presente a Javi, cuando salíamos siempre estaba solo, hasta
espantaba a las tías. Después dejo de salir y por lo visto volvió a
pasar mucho tiempo contigo. Y ahora después de quedar para
salir, descubre que tú no vienes con nosotros y decide que no le
apetece salir, prefiere quedarse contigo aquí en casa.
- Esta mañana me preguntó si yo iba a ir con vosotros de fiesta y
se sorprendió al saber que no iba.
- Pues chica, blanco y en botella – bromea – si es lo que creo y
sigue gustándote, arriésgate.
- No sé, Ruth – dudo – si es lo que crees, me arriesgo y luego sale
mal… me gusta muchísimo, más que cualquier otro. Si luego
saliera mal no sé si podría soportarlo y encima perdería a un buen
amigo.
- Antes o después tendrás que arriesgarte. No puedes tener esa
coraza siempre puesta. Es una carga demasiado pesada para ti.
Además, yo siempre estaré aquí contigo. Me tendrás para lo que
quieras. No estás sola.
- Gracias Ruth – digo abrazándola – Te quiero.
- Yo también te quiero.
-.CAPITULO 8.-
Cuando Ruth y Javi se van, recojo todo con ayuda de Sam y después nos
sentamos a ver una película. A media película Sam me rodea con el brazo y
me recuesto sobre su hombro. Comienza a acariciarme el pelo, tras el pelo
me pasa los dedos por el cuello con muchísima delicadeza. Un escalofrió
me recorre el cuerpo y le miro a los ojos. El ya esta mirándome, me pone la
otra mano en la mejilla y me besa. Lo hace despacio, sin intentar nada más
que eso, seguir besándome. Cuando finaliza el beso, apoya su frente en la
mía sin dejar de mirarme a los ojos.
- Lis – susurra pegado a mis labios.
- Sam, no puedo hacer esto otra vez. No quiero pasarlo mal.
- Lis, escúchame por favor – suplica.
- No, lo siento. No puedo – digo separándome de él.
- No quiero hacerlo mal. Quiero estar contigo Lis. No es solo sexo.
No sé mucho de parejas, ya lo sabes. Nunca he salido en serio con
nadie. Pero quiero intentarlo contigo. Me gustas mucho y me lo
paso muy bien contigo. Contigo estoy descubriendo cosas que no
sabía que existían. Dame una oportunidad.
- No creo que salga bien Sam. Y sé que si luego no sale bien lo
pasaré mal.
- Intentémoslo al menos. No perdemos nada. De vez en cuando
merece la pena arriesgarse.
Dudo un momento. Me apetece muchísimo intentarlo, pero el miedo a sufrir
más tarde está ahí. Pero Ruth y Sam tienen razón, no puedo evitar estas
situaciones toda la vida por miedo.
- Vale. Intentémoslo – susurro – es imposible resistirse a esa
mirada.
Casi no he terminado la frase cuando Sam se lanza hacia mi boca
agarrándome la cara.
- Gracias. No tenía nada claro como decírtelo. Llevo dándole
vueltas varios días.
- Ya note que durante la cena estabas algo nervioso, pero pensé
que era por tu padre – comento – pero Ruth se percató al instante
de lo que te rondaba.
- Javi creo que también se ha dado cuenta - dice sonriendo.
- Pues al parecer acertaron – digo rodeándole el cuello con los
brazos y pegándome a él haciéndole caer sobre el sofá - ¿Algo
más que comentar?
- Si – contesta abrazándome – hoy no me voy a acostar contigo.
Esta vez lo voy a hacer bien. No hay por qué correr, tenemos
mucho tiempo por delante. Siempre puedo convencerte con mi
mirada de que me beses de una vez.
Asiento sonriendo y nos besamos con necesidad. Sedientos el uno del otro.
Quiero devorarlo y que este día no acabe nunca.
- ¿Te quedas esta noche? – pregunto pasándole la mano por esa
melena que tanto me gusta.
- Nada, ni nadie podría impedírmelo – contesta besándome la sien
– sigamos con la peli.
Se vuelve a sentar, me rodea con el brazo y me acurruco junto a él
poniéndole las piernas encima. Vuelve a poner la película y la vemos
tranquilos y abrazados.
Cerca de las dos de la madrugada vamos a acostarnos. Al acercarme a la
cama me quito el vestido quedándome solo con el tanga y me tumbo boca
abajo en la cama con la cabeza apoyada en los brazos mientras le miro. Se
queda en ropa interior y se tumba de lado junto a mí y me acaricia la
espalda continuamente.
- Eres preciosa y mía – murmura – me volvía loco cada vez que te
veía con un tío.
- Espero que tu también seas mío o vas a tener graves problemas –
bromeo.
- No sé porque, pero me da la sensación de que tienes un genio de
aúpa.
- No te lo puedes ni imaginar. Puede parecer que soy muy buena y
tranquila pero tengo un gran genio. En eso me parezco a mi padre.
- Procurare hacerlo bien y no meter la pata para que ese genio tuyo
no aparezca – comenta y se agacha para besarme en el hombro.
Ha sido un fin de semana perfecto. Sam lo pasó al completo conmigo, me
ayudo a limpiar y recoger, disfrutamos de pasar el tiempo juntos y pasamos
parte del tiempo libre leyendo juntos en el sofá. Y en ningún momento nos
acostamos y no sería por falta de ganas, por lo menos por mi parte. A última
hora del domingo vuelve a casa de sus padres y enseguida le echo de
menos.
Sobre las once de la mañana del lunes, mientras sirvo cafés, veo entrar a un
repartidor con una caja alargada. Viene directo hacia la barra y espera.
Kevin, que ya ha terminado de servir se acerca hasta él y hablan durante
unos minutos. Después Kevin se acerca a mí.
- Lis, cariño. Es para ti – comenta pasando por mi lado y dándome
un apretón en el hombro.
Me extraña, no espero nada. Me acerco y tras firmar el albarán de entrega
me da la caja y se va. La miro, alargada con un lazo en medio. Deshago el
lazo y abro la caja. Al ver el interior, mis ojos se abren como platos. Una
rosa roja descansa sobre papel de seda con una nota atada a ella. La cojo y
apoyada en la barra la leo.
“PEQUEÑA:
SABES QUE NO SOY ROMANTICO, PERO POR TI PODRIA HACER
ESTO CADA DIA.
ME ENCANTA PASAR TIEMPO CONTIGO Y QUIERO HACERLO
DURANTE MUCHO TIEMPO.
TE ECHO DE MENOS.
BESOS. SAM”
Se me pone una sonrisa tonta en la cara y suspiro. Cada nuevo gesto suyo
hace que me vuelva aun más loca por él. Estoy total y completamente
enamorada de Sam, pero me da miedo decírselo. Hasta este fin de semana
solo hemos sido amigos, aunque ya me enamoré de él cuando pasábamos
tanto tiempo juntos. Pero para el todo esto es mucho más reciente y sé que
lo espantaría si se lo dijera. De momento me lo voy a guardar para mí todo
el tiempo que haga falta.
Ahora no puedo mandarle un mensaje para agradecerle el regalo porque hay
mucho jaleo. Se lo agradeceré cuando llegue a casa, se que estará allí
porque me lo prometió el domingo.
Cuando llego a casa Sam esta en el salón vestido de traje y corbata.
Esperando. No parece muy contento la verdad.
- Hola guapo – le saludo dejando el bolso junto a él y
agachándome para besarle.
- Has tardado en llegar – responde apartándose y levantándose.
- ¡Vaya como estamos hoy! Es lo que pasa cuando se trabaja en
hostelería, sabes cuando entras pero nunca cuando sales –
contesto enfadada por cómo se está comportando.
- Lo siento, he sido demasiado brusco.
- No todos los días tienen que ser de color de rosa. Pero contrólate
un poco.
Dejo la caja de la rosa en la mesa del salón y cuando la ve se acerca a mí y
me besa en la frente.
- ¿Te ha gustado? – pregunta apoyándose en la mesa.
- Me ha encantado. Pero sabes que no hace falta. Yo no necesito
nada de esto, me vale con saber que estas ahí.
- Lo sé. Pero me apetecía – me pega a él y me mira - ¿puedo
pedirte un favor?
- Claro. Lo que quieras, ya lo sabes.
- Tengo que ir a comer con mis padres y no puedo negarme. Pero
me encantaría que me acompañaras.
- ¿Por eso lo del traje? – bromeo agarrándole por las solapas de la
chaqueta - ¿y para que tanta parafernalia?
- Mi padre el abogado presuntuoso. Si comemos fuera estoy
obligado a seguir sus reglas de etiqueta. Asique toca traje y
corbata – dice con sorna – no lo soporto, ni a él ni a ningún
abogado. Son todos iguales.
- Eh – me quejo y le doy un golpe en el hombro – no todos son así.
Mi padre no lo era.
- No sabía que tu padre fue abogado. Lo siento – dice y me
achucha.
- Perdonado. Pero ahora creo que tengo que ponerme guapa –
suelto y salgo disparada hacia la habitación.
-.CAPITULO 9.-
Vamos al restaurante en el coche de Sam. Al final me he decidido por un
traje de chaqueta y una camisa a juego con el traje que lleva Sam, sencilla
pero elegante. Conjuntado con unos taconazos de infarto y un bolso de
Dolce que me regalo mi madre en ese fatídico dieciocho cumpleaños y que
todavía no he estrenado. Además me he recogido el pelo en un moño
perfecto. Lo he escogido todo con cuidado, quiero darles una buena
impresión. Conduce tenso y callado, pero me sonríe cuando me mira.
Cuando llegamos al restaurante un aparcacoches me abre la puerta y me
bajo dándole las gracias. Nada más traspasar la puerta, Sam se queda quieto
y mirando al vacio.
- Sam ¿estás bien? – le pregunto preocupada.
- Si, si – reacciona al fin – creo que esto no ha sido buena idea.
- Tranquilízate, grandullón – digo pasándole las manos por el
pecho como si le colocara la chaqueta – podremos con esto si lo
hacemos juntos.
Le agarro la mano, me da un apretón y caminamos hasta donde están
esperándonos sus padres. Cuando paramos frente a su mesa me pasa el
brazo por la cintura y me pega a él.
- Padre, madre – saluda mirándoles – quiero presentaros a Lis.
- ¡Hola cariño! – saluda su madre de manera jovial, levantándose y
acercándose a mi – Soy Marta, encantada de conocerte. Es
preciosa, Sam.
- Lo sé mama – responde y se agacha para besar a su madre.
Me gusta Marta, parece una mujer cariñosa, amable y extrovertida. Creo
que podríamos llegar a llevarnos bien. Su padre es otra historia. Un
carraspeo hace que dejemos los saludos y nos centremos en el hombre
sentado a la mesa. Marta vuelve a su lugar en la mesa de manera sumisa y
se sienta sin abrir la boca.
- Yo soy Frank, mona – dice de manera despectiva – sentaros, no
vamos a estar esperando todo el día.
Comemos en silencio, a excepción de las puyas que Frank le suelta una y
otra vez a Sam. Cuando estamos tomando el café, el ambiente está muy
cargado. Sam esta tan tenso que creo que si le toco podría partirse en mil
pedazos. Tras unos minutos de descanso, Frank vuelve al ataque, no se
cansa nunca.
- Samuel, hijo – comienza – sabes que puedes aspirar a mucho
más que a esto.
- ¿A qué te refieres? – pregunta Sam apretando los dientes y con
los nudillos blancos de la fuerza con que esta apretando los puños.
- A ella, por supuesto – responde señalándome con cara de asco –
podrías estar con alguien mucho mejor que una simple camarera.
- No hay nadie mejor que Lis. Es perfecta – replica cogiéndome la
mano y dándome un apretón – y me gusta a mí, que es lo que
importa.
- Eso es lo de menos Samuel. Diviértete con ella todo lo que
quieras. Pero a largo plazo lo importante es que estés con alguien
de tu nivel. Y por lo que puedo ver, ella no lo es. Hace unos años
un buen amigo me hablo de su hija. No recuerdo el nombre de la
chiquilla. Vi la posibilidad de que acabarais juntos al ser del
mismo nivel social, de buena familia. Iba a comentárselo ese día,
habíamos quedado a cenar la noche de la tragedia. Fue un duro
golpe lo que le paso a Gutiérrez – dice sin un ápice de pena en la
voz.
Eso hace que me retuerza en la silla y que se me revuelva el estomago.
- Eso no es verdad – gruño con los ojos anegados en lágrimas.
- ¿Y tú que sabrás niña? ¿Quién te crees que eres para decir que lo
que digo es mentira? – pregunta sonriendo con superioridad.
- Mi nombre es Lis, no niña, ni mona – digo alzando la voz y
levantándome de mi silla – y sé que es mentira porque Gutiérrez
era mi padre. Y él nunca haría nada por conveniencia. Todavía te
queda mucho por aprender si te crees mejor que él, no le llegas ni
a la suela del zapato.
Me vuelvo y me voy corriendo a la salida. No sin antes escuchar el final de
la conversación.
- No vales nada padre – oigo que dice Sam – ella es mucho más
importante para mí de lo que tú lo serás nunca. Olvídame, para mí
ya no existes.
- Samuel, hijo – dice Marta a punto del llanto, pero oigo los pasos
de Sam unos metros por detrás de mi - ¡Pero qué has hecho
Frank!
Cuando salgo por la puerta no espero a Sam. Giro a la izquierda y cojo la
dirección que me lleva a casa.
- ¡Lis! – me llama desde la distancia.
No paro, al contrario, acelero el paso. Sé que no va a servir de nada, porque
oigo que empieza a correr para llegar hasta mí.
- Espera, por favor – suplica al llegar a mi lado.
Paro y me giro para mirarle, las lagrimas se deslizan por mi cara y el no
deja de mirarme.
- Siento todo lo que te ha dicho. Sabía que no iba a salir bien. No
tenía que haberte metido en toda esta mierda.
- En parte tiene razón. Deberías estar con alguien mejor que yo –
contesto e intento irme, pero no me deja.
- Tu eres lo mejor para mi Lis. Por favor, no llores. No sé qué
hacer cuando te veo así – contesta pasándome los pulgares bajo
los ojos para limpiarme las lágrimas.
- Necesito unas horas para pensar en todo esto Sam. Tengo que
tomar una decisión sobre lo nuestro – le pido.
- Lo que necesites. Pero hazme un favor – pide y espera a que
asienta para continuar – no te rindas sin luchar. Tu misma lo has
dicho antes, podremos con esto si lo hacemos juntos.
Me paso la tarde echa un ovillo en el sofá-cama del cuartito, llorando y
dándole vueltas a todo. Su padre es un engreído, pero tiene razón en que
Sam puede estar con alguien mucho mejor que yo. Yo solo soy un cumulo
de problemas y miedos que me cuesta solucionar. Y aunque lo sé no puedo
evitar pensar en lo bien que estoy con él, me siento segura a su lado y
encima le quiero. No sé si sería capaz de renunciar a él.
-.CAPITULO 10.-
A última hora de la tarde, cuando estoy en la cocina, llaman al timbre. Me
extraño un poco porque están llamando al de casa, no al del portal. Abro y
tras la puerta esta Sam con la americana de la mano y la corbata aflojada,
tiene mala cara y los ojos húmedos. Creo que el también ha estado llorando.
Y es en este preciso momento en el que decido que quiero luchar a su lado
y sin que se lo espere me lanzo a sus brazos. Sam me abraza muy fuerte y
se me saltan las lágrimas.
- Lis – apoya la frente en la mía y susurra – Te quiero. Todo lo
demás, incluido mi padre, me dan igual. Tengo entre mis brazos
absolutamente todo lo que necesito.
Las lágrimas se me desbordan. Ya no es por el dolor de haber recordado a
mi padre o por haber pensado, aunque haya sido por un instante, en dejar a
Sam. Ahora caen por sus palabras.
- Te quiero pequeña. Con locura. Nunca he sentido nada así por
nadie. Lo daría todo por estar toda mi vida a tu lado. No me dejes
por favor.
Le abrazo y él me devuelve el gesto. Me frota la espalda para
tranquilizarme, sin aflojar su abrazo. Junto mi boca con la suya, besándolo
con pasión. Soy más feliz que nunca. Siente lo mismo que yo y eso me hace
sentir llena.
- Yo también te quiero Sam – digo sonriéndole.
- Lo sé. No sé porque te lo estabas callando, pero me alegra
saberlo por fin.
- No te dije nada porque llevamos cuatro días saliendo. Empecé a
sentirlo cuando simplemente éramos amigos. No quería parecer
una mujer desesperada diciéndotelo de la noche a la mañana y
espantarte.
- Si, llevamos poco saliendo. Pero nos conocemos desde hace
varios meses y siempre noté que tu ibas a ser especial. Cuando
pasábamos tiempo juntos descubría cosas que jamás me hubiera
molestado en intentar. No pienso dejarte escapar nunca.
Vamos a la cocina donde Sam saca un par de cervezas, deja la mía sobre la
mesa y se sienta en el otro extremo de la misma. Mientras toma un trago se
quita la corbata y la deja junto a la chaqueta, en una silla. Esta guapísimo
con ese traje y mi cuerpo se rebela. Nos acostamos estando borrachos pero
no hemos vuelto a hacerlo, el quiere ir despacio para no meter la pata, pero
ya no puedo esperar ni un segundo más.
- ¿Llegaste a recordar algo de la noche en que nos acostamos? –
pregunto de sopetón.
- No. Lo siento mucho. Y me encantaría acordarme la verdad ¿Y
tú?
- Pues no. De absolutamente nada. Asique cuando nos acostemos
será como que lo hiciéramos por primera vez – sugiero y alza la
cabeza hacia mí.
Camino hacia el lentamente mientras me deslizo las mangas de la chaqueta
por los hombros. La camisa que llevo debajo no tiene mangas y es sedosa,
pero no lo suficientemente ajustada para revelar algo.
- ¿Hace demasiado calor aquí? – pregunta Sam.
- Si – respondo. Parece que estoy bastante más acalorada, porque
me paro en mitad de la cocina y me inclino para agarrarme el bajo
de la camisa.
Me llevo las manos a un lateral de la falda y me bajo la cremallera. La falda
cae al suelo. A Sam se le salen los ojos de las orbitas. Está muy gracioso
así.
Mi cintura estrecha y dura me baja en curva hasta las caderas redondeadas,
cubiertas con unas bragas de encaje blanco. Hay mas encaje blanco
sujetando mis pechos carnosos. Me llevo las manos a la cabeza para
deshacerme del moño y dejar que la melena me caiga por los hombros. A
Sam se le resbala la cerveza entre los dedos y está a punto de caérsele al
suelo. La deja sobre la mesa.
- ¿Qué te parece? – pregunto.
- ¿Eh? – murmura Sam fijándose en mis muslos.
Me acerco mas a él y, en ese momento, Sam se da cuenta de que esta ahí
sentado en la cocina, como un bobo, mientras una mujer medio desnuda lo
llama desde el otro lado de la habitación. Se aproxima a mí. Me pone las
manos sobre los hombros, y me doy cuenta de que su piel es suave, aunque
trabaje como mecánico y las use a menudo. Cuando baja la cabeza, yo la
alzo para recibir su beso. Nuestras lenguas se encuentran y se deslizan la
una contra la otra, mientras pasa las manos por mi espalda para acariciar
mis curvas.
Yo también comienzo mi propia exploración. Meto las manos por debajo de
la espalda de su camisa y se las paso por la piel. El hecho de sentir mi piel
caliente bajo las palmas y sus dedos deslizándose por mi espalda lo excita
en cuestión de segundos. Me estrecho contra su erección y ladeo la cabeza
para poder tomarlo más profundamente en mi boca.
Desliza las manos hacia abajo y las mete bajo mis bragas, y sus dedos se
curvan sobre mi trasero. El no recuerda que es redondo, firme y respingón y
se ajusta a sus manos como si fuera un sueño hecho realidad.
Extiende los dedos y me ciñe contra él. Cuando oye que su barba me raspa
la barbilla, Sam alza la cabeza.
- Lo siento. Hoy se me ha olvidado afeitarme.
- No – murmuro – me gusta.
Y, demostrándole que es cierto, paso la boca abierta por su mandíbula, hasta
su cuello y succiono el punto donde late su pulso.
Antes de que pueda darse cuenta, le levanto la camisa e intento sacársela
por la cabeza. Sam me ayuda, aunque para eso tiene que soltar el lugar tan
agradable al que se había agarrado.
- Oh Dios – susurra – mírate.
Al quitarle la camisa, descubro un tatuaje que va desde su hombro hasta el
codo. Paso la boca húmeda por su hombro y mordisqueo un caminito por
las líneas de su tatuaje. Sam cierra los ojos y me deja que lo explore,
aunque desea posar las manos sobre mí. Cierra los puños cuando suspiro
contra su hombro y lo rodeo para ponerme a su espalda. Le paso la punta de
la lengua por la columna y se estremece.
Me pongo de rodillas ante él, y comienzo a desabrocharle el pantalón. A los
pocos segundos estoy bajando la cremallera y deslizando la mano en el
interior de su bóxer.
Cuando le rozo el miembro desnudo, se le escapa un silbido entre los
dientes. Le bajo un poco los pantalones y agarro su miembro por la base.
Miro hacia arriba y sonrío. Intento no agarrarle con demasiada fuerza. No
quiero asustarlo, pero, dios, es magnífico. Su miembro grueso y duro va
hinchándose ante mis ojos.
Lo acaricio lentamente, deleitándome con su tamaño.
- Lis – murmura, miro de nuevo hacia arriba con una sonrisa y le
doy un beso en la punta.
Cierro los ojos y lo saboreo. Solo un roce ligero. Después lo tomo
completamente en la boca. Lo lamo y succiono hasta que el está preparado.
Pero yo quiero más…
Sam abre los ojos con las pupilas dilatadas. Me pongo de pie y señalo hacia
el pasillo. Le llevo de la mano a mi dormitorio.
Cuando llegamos el me toma entre sus brazos. Nuestros vientres desnudos
se tocan, y me rodea la cintura. Nos besamos de nuevo. Noto que desliza las
manos por mi espalda y me baja los tirantes del sujetador. Me aparto un
poco para dejarlo caer al suelo. Me quito los zapatos de tacón y me bajo las
bragas. Me cojo los pechos con las manos y me los subo ligeramente. Me
acerco a la cama riéndome. Sam se sienta en la cama, me toma por la
cintura y me coloca entre sus rodillas. Noto el roce de la barba en el pecho
antes de atrapar un pezón entre los labios. Abro la mano en su cabeza y lo
atraigo hacia mí. Pone una mano en el otro pecho y me pellizca el pezón
endurecido. Con un jadeo echo la cabeza hacia atrás mientras el lame y
succiona. De repente mete la otra mano entre mis piernas y pasa las yemas
de los dedos por mi sexo.
Me acaricia, deslizando los dedos por la humedad de mi cuerpo y les hunde
en mí. Apoyo una rodilla en el colchón, después la otra, sentándome a
horcajadas sobre el obligándolo a tumbarse. Asciendo un poco por su
cuerpo y le sujeto las caderas con los muslos mientras me inclino para
besarlo. Cuando mete un dedo lentamente en mi interior gimo e inclino las
caderas. Introduce otro dedo y hace que me dilate.
- Oh Dios, si – gimo.
- Quiero hacerte el amor – murmura Sam.
Asiento mientras me muerdo el labio. Deseo sentir ese miembro largo y
grueso dentro de mí. Me aparto para que pueda sacar un preservativo de los
pantalones. Cuando tiene el paquete en la mano, le bajo los pantalones y los
tiro a un lado. Vuelvo a sentarme sobre él y le quito el preservativo de las
manos. Lo desenrollo a lo largo de su miembro, acariciándole un poco más.
Estoy demasiado excitada para esperar, asique me coloco sobre su
miembro.
Extiende una mano sobre mi cadera para guiarme en el descenso. Al
principio, lo acojo con facilidad, pero cuando llego a la parte más gruesa,
tengo que contener la respiración.
- ¿Estás bien? – pregunta con la voz ronca.
Asiento y bajo las caderas otro poco.
Sam gruñe y me agarra las caderas con las dos manos. Me levanta y vuelve
a bajarme para poder hundirse aun más en mí. Espero un poco para
adaptarme a su tamaño. Contraigo los músculos de mi sexo, y a él se le
escapa el aire entre los dientes. Sonrió al oírle. Giro las caderas al mismo
tiempo que me elevo sobre él y vuelvo a bajarlas. Impongo el ritmo,
moviéndome contra su sexo duro.
Me suelta las caderas y posa las manos en mis pechos. Me arqueo hacia
atrás, sin dejar de mover las caderas. Alzo el cuerpo para recibir sus
embestidas, mientras me pellizca los pezones. Comienzo a moverme más
rápidamente, con más fuerza.
- ¡Dios! – exclama Sam.
Me rodea con los brazos y el mundo gira a mí alrededor. De repente, me
encuentro tumbada boca arriba en la cama. Si creía que ya se había hundido
profundamente, estaba muy equivocada. Comienza a deslizarse de verdad
dentro de mí, con dureza.
- Ah… - suspiro – Si…
Le clavo las uñas en el trasero. El pasa el brazo por debajo de una de mis
rodillas y me flexiona la pierna hacia arriba. Comienza a golpear el punto
exacto, uno que había olvidado en todo este tiempo.
Por fin, aquella presión familiar comienza a acumularse en mi sexo y cada
acometida brutal de Sam lo incrementa. El ruge, y se hunde una vez más en
mí y yo subo tan alto que floto sobre mí misma.
A los pocos segundos, estamos lánguidos y sudorosos, con el corazón
acelerado y la respiración entrecortada.
Me relajo y comienzo a deslizar las manos por su espalda. Le doy un beso
en el borde del tatuaje. Esto ha sido… increíble.
- Demonios, ha sido alucinante – dice Sam y me da un beso en la
frente.
- Si – afirmo apoyándome en su pecho.
Unos minutos después, ya recuperada la respiración, nos sentamos
apoyados en el cabecero. Ponemos la televisión de la habitación y Sam me
pega a él rodeándome con el brazo.
- No sabía que tenías un tatuaje. O por lo menos no lo recuerdo.
Que yo sepa la primera vez que comimos en tu casa no lo tenias –
comento.
- Entonces no lo tenía. Me lo hice en la temporada en que no nos
veíamos. ¿Te gusta?
- Me encantan los tatuajes. Estoy pensando en hacerme uno pero
todavía no se el que.
- Tómatelo con calma. Si te precipitas luego te puedes arrepentir y
esto no se puede quitar.
- Muy buen consejo. Gracias caballero – digo y le beso.
-.CAPITULO 11.-
Pasamos varias horas viendo la tele tranquilamente, abrazados. Los dos
tenemos claro lo que queremos y lo que sentimos el uno por el otro, asique
sobran las palabras. Hasta que Sam comenta algo.
- He tomado una decisión antes de venir a tu casa – suelta de
repente.
- ¿Cuál? – pregunto relajada sobre su hombro.
- Voy a buscarme aunque sea una habitación para mí. No quiero
saber nada más de mi padre después de lo de hoy. Una cosa es
soportar que me critique a mí pero no voy a permitir que se meta
contigo. Y lo siento por mi madre porque no tiene la culpa, pero
se acabo.
- Lo que decidas hacer, bien hecho esta ¿pero no me dijiste que
ahora no te lo puedes permitir? Trabajas menos horas en el taller
¿podrás pagar una habitación?
- Si, lo sé. Pero todavía tengo algo de dinero del que me pasaba mi
padre cuando estudiaba, luego me apretare un poco el cinturón y
ya está – explica mientras me pega mas a él y me abraza con
fuerza.
Suena el timbre y tras una pequeña y divertida lucha consigo soltarme y me
dirijo a la entrada. Al pasar por la cocina cojo la camisa de Sam del suelo y
me la pongo sobre mi desnudez. Estoy abrochando los últimos botones
cuando abro la puerta.
Alzo la mirada y me sorprendo al ver quién es la persona que espera al otro
lado.
- Mamá – digo sorprendida - ¿Qué haces aquí?
- Yo también me alegro de verte mi niña – ríe mi madre dándome
un beso y pasando sin más al interior.
Se va directa al salón y deja el bolso en el.
- Venia para que cenáramos juntas – comenta.
Y justo en ese momento Sam decide hacerse oír.
- Mi amor ¿vuelves a la cama? – grita desde la habitación.
- Veo que tenias planes – ríe mi madre – espero no haber
interrumpido nada.
- No, mama. No has interrumpido nada. Quédate a cenar y te le
presento.
- ¿Seguro que quieres presentármelo ya? – pregunta agarrándome
las manos.
- Claro, estoy loca por él. Y es muy bueno conmigo.
- Eso espero. Venga ve a buscarle mientras yo empiezo a preparar
una tortilla de patatas. Y devuélvele la camisa al pobre chico –
bromea.
Sam se asusta cuando le digo que mi madre nos espera y que se queda a
cenar. Tras esa primera impresión, se relaja y se viste tras devolverle la
camisa.
Tras las presentaciones correspondientes ayudamos con la cena y los tres
nos sentamos a cenar en la misma cocina.
Mi madre y Sam congenian muy bien y se pasan la comida charlando sin
parar. Acabada la cena mi madre no quiere entretenernos más y decide irse
a casa.
- Bueno chicos yo me voy – dice y se vuelve hacia Sam –
encantada de conocerte Samuel.
- Igualmente Maite, pero llámame Sam, por favor. Podíamos
repetir esto más veces, he disfrutado mucho hablando contigo.
- Me parece bien. La siguiente vez comemos en mi casa. Voy
hablando con Lis para planificarlo – se acerca a Sam para besarle
en la mejilla y se va hacia la entrada.
Voy tras ella feliz por como a salido todo. Pero necesito saber que opina mi
madre de Sam. Su opinión es muy importante para mí. Ya en la puerta mi
madre se vuelve y me sonríe.
- Lis te veo muy bien – empieza – y Sam es muy simpático.
- Estoy muy bien mama. Además de simpático ¿Qué te parece
Sam? – la pregunto algo nerviosa.
- Es perfecto mi niña. No solo es guapísimo, es muy simpático y
se preocupa por ti. Sabe todo lo que te pasó y sigue aquí, decidido
a cuidarte. Te quiere muchísimo hija, se le nota a kilómetros y tú
lo quieres a él ¿verdad?
- Muchísimo mama. Estoy loca por él.
- Pues te voy a dar un consejo, que se que es lo que quieres que
haga – sonríe mientras yo me ruborizo porque haya sido tan
evidente lo que quiero – no le dejes escapar, está aquí porque te
quiere no por diversión. Cuidaros mutuamente. Creo que esto
podría ser para siempre si lo sabéis cuidar.
- Gracias mama – respondo y la abrazo – te quiero mucho.
- Yo también te quiero pequeña. Vamos hablando para esa comida.
Se va sin decir nada más y yo me quedo un rato frente a la puerta cerrada
pensando en lo que me ha dicho: “Que esto podría ser para siempre”. Ojala
tenga razón. Pero de momento veamos como avanza la cosa.
Vuelvo al salón y juntos nos dirigimos a mi habitación, nos deshacemos de
nuevo de la ropa y volvemos a meternos en la cama. Me quedo pensando
unos minutos. Sam está renunciando a mucho para estar conmigo, la
verdad, está renunciando a todo por mí, que menos que hacer algo por él.
- ¿Por qué no te vienes aquí? – digo de sopetón – aquí no hace
falta que pagues un alquiler. La casa esta pagada. Además el
dinero no me hace falta. Tengo lo que me dejó mi padre, que no lo
he tocado nunca, mas mi sueldo de la cafetería. No gasto mucho,
asique tengo unos buenos ahorros.
- No puedo venirme aquí – contesta y yo me siento un poco
decepcionada – y menos estar a gastos pagados. No quiero ser un
mantenido. Si vengo quiero cooperar en algo.
- Si es lo que quieres podemos pagar a medias las facturas y la
compra – sugiero apoyando la cabeza de nuevo en el cabecero
para mirarlo.
- Si lo hacemos así entonces me vengo con mucho gusto. Así
podre verte más – dice abrazándome con fuerza – y más después
de lo de hace un rato. Si gastamos tanta energía y tengo que ir y
venir no se cuanto tiempo sobreviviría.
- Está bien grandullón – rio y finjo que me ahoga – pero déjame
respirar, por favor. O seré yo la que no sobreviva.
- Vale – dice aflojando el abrazo – pero solo porque quiero pasar
muchos más momentos contigo. Por cierto, tu madre me ha
gustado mucho. Es muy simpática.
- Muchas gracias – respondo acurrucándome junto a él – a ella
también le has gustado mucho.
-.CAPITULO 12.-
Algunos meses después seguimos en nuestra burbuja de amor y lujuria.
Todo es absolutamente perfecto. Sam se trajo la mayoría de sus cosas al día
siguiente de aceptar venirse a vivir conmigo, aunque todavía le queda
alguna cosilla por traer. Nos pasamos todo el tiempo libre que tenemos
juntos, ya sea quedándonos los dos solos o saliendo a tomar unas copas con
los amigos. El resto del tiempo es todo pura pasión y sexo, pero ni una sola
discusión.
Ruth está contenta por mí, porque por fin me ve muy feliz, aunque piensa
que nos hemos precipitado con lo de irnos a vivir juntos. Nosotros no
pensamos igual porque no nos cansamos el uno del otro.
Estoy en mis diez minutos de descanso en el trabajo, cuando Kevin entra en
el almacén con una cajita en las manos y un sobre encima de esta.
- Preciosa, acaba de llegar esto para ti – dice entregándomelo y
sentándose junto a mi – venga ábrelo. Me muero por saber qué es
lo que te manda esta vez ese sexy novio que tienes.
Este Kevin es de lo que no hay. Homosexual y a mucha honra como dice él,
no deja de decirme que si decido pasar de Sam él será el que lo consuele,
menudo sin vergüenza esta hecho, pero le quiero igual. Rio por ese recuerdo
y por su curiosidad, se que tiene razón. Una semana tras otra llega algo de
parte de Sam. Flores, fotos nuestras enmarcadas de manera especial,
peluches… Abro el sobre con curiosidad y dentro hay una foto nuestra en
sepia y tiene algo escrito por detrás.
“HOY HACE SEIS MESES QUE TE VI POR PRIMERA VEZ.
ME VOLVISTE LOCO DESDE EL PRIMER MOMENTO.
PUSISTE MI MUNDO PATAS ARRIBA, PERO AHORA NO SE QUE
HARIA SIN TI.
ESPERO PASAR MUCHOS MAS MOMENTOS CONTIGO.
TE QUIERO CON LOCURA. SAM.”
Cuando termino de leerla abro la cajita y dentro hay una esclava de plata
con una frase grabada:
“SIEMPRE JUNTOS”
Sonrío y le pido a Kevin que me ayude a ponérmela.
- Oh, Dios nena – suspira Kevin – yo quiero uno como él.
Me carcajeo y cuando termina de ponérmela vuelve al trabajo y yo
aprovecho para mandarle un mensaje a Sam.
YO: “TE QUIERO GORDO. ME ENCANTA. BESOS.”
Responde inmediatamente:
SAM: “TE QUIERO NENA. A MI ME ENCANTAS TU.
AHORA IRE A POR LO QUE ME QUEDA EN CASA DE
MIS PADRES. NOS VEMOS EN CASA. BESOS”
Qué bien suena lo de, nos vemos en casa, pienso sonriendo como una tonta.
Miro una última vez la esclava y vuelvo al trabajo.
El par de horas que me quedan del turno se me hacen muy cortas y cuando
salgo voy a la librería donde mi padre compraba siempre los libros. He
encargado un regalo muy especial para Sam. Martín, el dueño, tenía una
primera edición de Frankenstein y gracias a los años de amistad con mi
padre me lo ha guardado gustoso. También escojo una preciosa estilográfica
de plata. Recojo los paquetes y me dirijo a casa a esperar a Sam.
Dos horas después estoy dando vueltas por el salón. Sam todavía no ha
aparecido y no responde al teléfono. Llamo a Ruth para que le pregunte a
Javi si sabe donde puede estar, pero tampoco sabe nada. Me va a dar un
infarto, pero prefiero pensar que se ha entretenido por alguna razón en casa
de sus padres. Me siento en el sofá, con sus regalos en la mesita de café
frente a mí. De repente suena mi móvil, no conozco el número pero
respondo de inmediato.
- ¿Dígame? – contesto un poco asustada.
- Hola ¿eres Lis? – pregunta una voz de mujer al otro lado de la
línea.
- Sí, soy yo ¿Quién es? – pregunto con curiosidad levantándome
del sofá.
- La llamo del Hospital Clínico ¿conoce usted a Samuel Gómez? –
pregunta y se me forma un nudo en el estomago.
- Sí, claro que le conozco. Es mi novio – respondo poniéndome
nerviosa - ¿Está bien?
- Ha tenido un accidente con el coche – se me escapa un gritito y
me dejo caer en el sofá – pero estese tranquila Lis, está bien. Solo
tiene uno de los radios fisurados, unos cortes y algunos golpes. Ya
están curándole y le escayolaran el brazo. No quería que avisara a
nadie, pero tenía que hacerlo y su nombre estaba en sus últimas
llamadas. Sería aconsejable que alguien le recoja para llevarle a
casa.
- Es un cabezota – digo relajándome un poco – Muchas gracias por
avisarme. Ahora mismo voy a buscarle.
Mando un mensaje a Ruth para decirle lo que ha pasado y que la avisare
con lo que sea. Ella solo me ruega que este tranquila. Conduzco hasta el
hospital y tras aparcar voy directa a urgencias y me llevan hasta donde esta
mi chico. Ya han terminado de hacerle todas las curas y está esperando a
que le lleven los papeles del alta.
- Sam – susurro acercándome a él.
- ¿Qué haces aquí Lis? – pregunta poniéndose en pie – pedí que no
avisaran a nadie.
- Sam, es su trabajo. Solo he venido para llevarte a casa.
- No necesitaba ayuda, puedo andar perfectamente – contesta de
mala manera.
- Ya lo sé. Estaba asustada, necesitaba ver que estabas bien cuanto
antes.
- Pues ya ves que estoy bien. Ahora vámonos a casa, estoy
cansado.
- Bien, vamos – digo dándome la vuelta y seguida por Sam, vamos
hasta el coche.
El trayecto a casa se me hace eterno, Sam esta cabreado y no sé porque.
Asique prefiero no decirle nada y ya veremos como acaba la cosa. Cuando
llegamos a casa todo sigue igual.
- Sam ¿Qué ha pasado para que tuvieras el accidente? Siempre
tienes mucho cuidado.
- ¡Déjame en paz, Lis! – me grita - ¡No quieras controlarme tú
también!
No le contesto, ni si quiera se a que viene eso. Me está mirando con el ceño
fruncido, le devuelvo la mirada y sin decir nada más me voy a duchar.
Cuando salgo con una camisola puesta, el sigue en el salón, apoyado en la
mesa del comedor mirando por la ventana. En la mesita de café siguen mis
regalos para él con la nota que le escribí nada más llegar a casa.
“CONOCERTE HA SIDO LO MEJOR QUE ME HA PASADO.
ME HICISTE VOLVER AL MUNDO. TE QUIERO.
LIS.”
Voy a la cocina y empiezo a preparar la comida. Estoy poniendo la mesa
cuando entra Sam y se sienta a la mesa. Comemos en silencio, cuando
termino recojo y friego todo. Me voy al butacón del salón y me hago un
ovillo con un libro sobre mis piernas. El se sienta en el sofá y por fin ve los
paquetes y mi nota. Veo de reojo que lee la nota y la vuelve a dejar en la
mesita. Coge los paquetes y se los pone sobre las piernas.
- ¿Qué es esto? – pregunta.
- Es para ti. Puedes abrirlos si quieres. Haz lo que te salga de los
huevos con ellos, son tuyos.
Oigo que rasga los papeles y un silencio sepulcral después. Sigo leyendo,
ahora soy yo la que está enfadada y no se me va a pasar tan fácilmente.
- Nena – susurra de repente.
- Nada de nena Sam – digo enfadada – no me apetece hablar
contigo ahora.
Sigo leyendo, pero le oigo levantarse, se arrodilla frente a mí, me quita el
libro y lo apoya en la mesita de café.
- Lis, lo siento. Estaba enfadado y la tome contigo. Perdóname,
por favor.
- Sam ¿tienes idea de lo que es recibir la llamada de un hospital
para decirte que alguien a quien quieres ha tenido un accidente?
Ya pase por esto y perdí a mi padre. Llevaba horas esperando y
estaba asustada. No sabía dónde estabas, nadie lo sabía. Fui a
buscarte porque estaba muy preocupada – le replico – y tu lo
único que has hecho es tomarla conmigo y gritarme. Tenía miedo
de perderte a ti también.
- Lo siento muchísimo, de verdad – suplica cogiéndome las manos
como buenamente puede – siento haberte preocupado de esa
manera. Discutí con mi padre cuando fui por mis cosas, estaba tan
ofuscado que ni siquiera me di cuenta de lo que hacía. Y cuando
me di cuenta solo tuve tiempo para frenar lo suficiente como para
no quedarme tonto.
- Pues algo te ha tenido que afectar el golpe, porque algo tonto sí
que te has quedado. Yo no tengo la culpa de que tu padre sea
como es. Has sido muy desagradable conmigo. Además, no se a
que viene lo de que quiero controlarte, nunca lo he hecho.
- Lo sé nena. No tenía nada que ver contigo y lo lamento de
verdad. Seguía ofuscado. Cuando me he calmado un poco me he
fijado en los paquetes, he leído la tarjeta y me he dado cuenta de
mi metedura de pata. Pero no querías hablarme.
- Te has comportado como un capullo conmigo ¿Qué esperabas? –
digo mirándole a los ojos.
- Me encantan los regalos – dice acariciando la esclava que me ha
regalado – el volumen de Frankenstein es una pasada, pero tiene
que haberte costado una pasta, no tenias que haberte gastado tanto
en mi.
- Sé que te encanta ese libro y no está entre todos los del cuartito,
asique no está repetido. Te lo mereces todo. Eres lo mejor del
mundo y te mereces lo mejor.
- Gracias. La estilográfica es preciosa pero ¿Por qué?
- Me dijiste que te gustaba escribir cuando estabas en la facultad.
Solo te doy un incentivo para que vuelvas a hacerlo.
- No sé si seré capaz. Hace mucho que no lo hago.
- Si es lo que de verdad te gusta recordaras como hacerlo. Yo te
apoyaré. Cuando te decidas a empezar estaré aquí para ti –
respondo y por fin le beso.
-.CAPITULO 13.-
El fin de semana nos visitan Ruth y Javi. Al principio Sam esta tenso, según
él, no quiere dar pena a nadie, pero según van pasando las horas se va
relajando y bromea con los demás. Les convenzo para que se queden a
cenar con nosotros, pedimos unas pizzas y nos reímos de Sam porque no
deja de gruñir porque no puede tomarse una cerveza por culpa de la
medicación.
Se quedan hasta bien entrada la madrugada y cuando se van lo hacen sin
hacer ruido porque Sam se ha quedado frito en el sofá. Le tapo con cuidado
y me acurruco junto a él. No quiero dormir sola, pero tampoco soy tan
egoísta como para despertarle solo para que se venga a la cama conmigo.
Necesita descansar y yo estaré cerca para todo lo que necesite.
Por la mañana llamo a mi jefe y le pido unos días libres, que me da sin
ningún problema. Quiero cuidar de Sam. Este chico es muy mal enfermo.
No hace más que quejarse, pero la situación me resulta muy divertida. Es
tan divertido ver como gruñe cada vez que necesita ayuda que me duele la
barriga de tanto reírme.
El lunes a mediodía bajo a comprar unas cosillas que nos hacen falta y
cuando vuelvo Sam sigue en el salón, pero cuando me fui estaba bien
dentro de su frustración y ahora tiene cara de mosqueo.
- ¿Qué pasa grandullón? – pregunto abrazándolo desde detrás del
sofá - ¿necesitas algo?
- Me han echado – murmura sin volverse pero agarrándome las
manos con su mano sana.
- ¿De dónde?
- Del taller, de donde sino – dice como si fuera algo obvio – me
acaba de llamar el cabrón del dueño para decirme que me echa.
Que no va a esperar a que me recupere. Para la mierda que me
paga bien podía esperar unos días.
- No puede echarte por estar de baja. Eso es un despido
improcedente. Llamaré al compañero de mi padre, el puede
echarte una mano.
- No me gustan los abogados y lo sabes – gruñe – no puedo estar
sin hacer nada y mucho menos no poder aportar nada en la casa.
- Por eso no te preocupes ahora. Confía en mí. Le llamo para que
nos aconseje. No tiene derecho a echarte de esa manera y si hace
falta lo dejamos en calzoncillos – le aseguro.
- Te aseguro que no sería nada agradable verle en calzoncillos –
bromea y tira de mi para que rodee el sofá y me siente sobre sus
rodillas – está bien, haremos lo que dices a ver qué pasa.
Llamo a Ramírez, que se alegra mucho de saber de mí después de todo este
tiempo. Le cuento el caso de Sam y poniendo el manos libres para que Sam
oiga lo que dice, aceptamos su ayuda. Denunciara al jefe de Sam y este le
da los datos necesarios. Promete seguir en contacto para comunicarnos los
avances que haga y continuamos con el día lo más tranquilamente posible.
Semanas después tenemos noticias de Ramírez. El ex jefe de Sam intentó
volver a contratarle para salvar el culo, pero Sam se negó de manera
contundente y recibió una buena indemnización por el despido.
He vuelto a trabajar hace unos días, con Sam ya completamente recuperado.
Sigue sin trabajo, asique cada día que pasa en el que Sam se queda en casa
solo, más se desespera. Y de verdad que le entiendo, pero cada vez está más
insoportable.
Aunque hay una pequeña ventaja en todo esto y es que cuando llego a casa
de trabajar todo huele a limpio, la verdad es que con él en casa todo está
siempre impoluto.
Huele que alimenta y mi estomago gruñe. Me asomo a la cocina y le veo
trasteando entre cazuelas y sartenes, a la vez que va sacando las cosas para
preparar la mesa. Me ve junto a la puerta y se acerca rápidamente.
- Hola nena – me besa e igual de rápido vuelve a los fogones.
- Se te ve ajetreado. Pero confieso que huele de maravilla –
comento colgando el bolso en una de las sillas.
- No tengo nada mejor que hacer la verdad – dice girándose y
poniendo ojitos de perrito pachón.
- Lo sé. Y desde entonces la casa está más limpia que nunca –
bromeo.
Apaga los fogones, pone la pasta boloñesa que está preparando en una
fuente honda y comemos juntos.
Le veo continuamente exasperado, no encuentra trabajo en ningún taller
pese a tener experiencia y con cada rechazo se mosquea más. Día a día
intento convencerle para que aunque sea para distraerse intente volver a
escribir. Y por fin lo he conseguido. Al principio le costó coger el ritmo y le
oía gruñir en el cuartito cuando no se le ocurrían ideas o porque se
bloqueaba en alguna escena. Pero poco tarda en recuperar su antiguo ritmo
y se pasa horas allí encerrado y yo me encargo de mantenerlo surtido de
café. Porque según él le ayuda a que le fluyan las ideas. Eso sí, nunca me
permite leer nada de lo que está escribiendo, me dice que me lo dejara
cuando lo haya terminado.
El sábado salimos con Ruth y Javi y desmadramos como hace tiempo que
no hacemos. Bebemos tantísimo que nada más traspasar la puerta de casa
ya nos estamos metiendo mano. Tengo la libido por las nubes y de camino
al dormitorio hacemos varias paradas. Echamos un polvo contra el aparador
de la entrada, otro en el sofá y por fin terminamos la noche en la cama.
Terminamos tan agotados tras el último, que me apoyo sobre su pecho para
recuperar el aliento y me quedo dormida sobre él teniéndolo todavía en mi
interior.
Noto un beso en el hombro que me despierta, levanto la cabeza y le miro
todavía medio dormida. Le beso y meto la cabeza en su cuello.
- Buenos días preciosa - saluda Sam poniendo las manos en el
final de mi espalda.
- Buenos días. Creo que ayer se nos fue un poco de las manos.
Parece que me ha pasado un camión por encima – gruño
removiéndome encima de él y su erección empieza a crecer en mi
interior – creo que alguien se alegra de verme.
- ¿Y te extraña? Siempre se alegra de verte – asegura y empieza a
moverse lentamente.
Un mes después de esa noche loca, Sam está completamente centrado en su
libro. Tanto, que creo que roza la obsesión ya que varias noches he
terminado durmiendo sola. Ya no hacemos nada juntos, nada le importa más
que su libro. Cuando me voy a trabajar el ya está encerrado en el cuartito y
cuando vuelvo sigue allí metido. No hablamos, no comemos juntos y no ha
vuelto a tocarme desde aquella noche. Está muy raro y empiezo a pensar si
fue una buena idea el animarle a escribir.
Cuando hoy salgo del trabajo tengo un mensaje de Sam.
Esto sí es una novedad.
SAM: “VOY A HACER UNOS RECADOS. A LO MEJOR
TARDO UN POCO. LUEGO NOS VEMOS. BESOS
PRECIOSA.”
Simple y conciso. No me molesto en contestarle, para que, no serviría de
nada. Pero dado que Sam va a llegar tarde decido dar un rodeo, dando un
paseo, para ir a casa. Paso por la calle en la que vivía Sam cuando nos
conocimos, un poco más delante del que fue su portal hay un pub irlandés y
un movimiento en el interior y un mal presentimiento hace que me pare
frente a una de las cristaleras.
Allí dentro descubro a Sam sentado en un taburete, con una cerveza en la
mano. No sería nada extraño si entre sus piernas no hubiera una rubia a la
que agarra del trasero con la mano libre, la pega a él y empieza a comerle la
boca. Siento como si me estuvieran estrujando el pecho, no me esperaba
esto de él. He estado a las duras y a las maduras y él me traiciona de esta
manera. Estoy muy dolida, pero ni siquiera se merece mis lágrimas.
Un par de minutos después Sam se aparta de la chica y se gira hacia la
cristalera. Creo que no me ha visto, porque cuando empezaba a girarse he
empezado a andar para intentar que no me vea, pero por si acaso aprieto el
paso y me voy directa a casa. Hay algo que tengo que hacer.
Tengo un cabreo monumental y esto no se lo voy a dejar pasar. Nada más
llegar voy directa al armario del que era nuestro dormitorio, cojo sus dos
bolsas de viaje y de cualquier manera meto dentro toda su ropa y las cosas
que tiene en el baño. Cuando estoy cerrando las bolsas oigo la puerta de
casa.
- Lis cariño – llama Sam desde la entrada - ¿estás en casa?
Eso todavía me cabrea más, cojo las bolsas y con ellas colgadas de los
hombros voy hasta la entrada.
- ¿Vas a algún sitio, nena? – pregunta al verme frente a él con las
dos bolsas.
- Yo no. El que se va eres tú – aclaro y lanzo las bolsas a sus pies.
- ¿Yo? ¿Y donde se supone que voy? No tenía planeado ir de viaje
– bromea.
- Donde te salga de las pelotas. Pero aquí no te quedas. Prueba a
ver si tu recado rubio te hace un hueco porque conmigo no vas a
jugar durante más tiempo.
Sam se queda blanco cuando descubre a lo que me estoy refiriendo. Intenta
acercarse a mí pero me aparto, no quiero que me toque, y él se para junto a
sus bolsas.
- Lis, todo esto tiene una explicación – dice.
- No quiero que me expliques nada. No me interesa nada de lo que
me digas. Solo quiero que te largues y que no vuelvas. No me
llames, no me escribas. Nada. Se acabo. Ya he hecho suficiente el
idiota. Tenías razón, no sabes tener una relación seria. A ti lo que
te gusta es ir de una a otra.
Sam me mira y sin decir nada mas coge sus bolsas y se va. Necesito
relajarme asique me doy un baño de espuma. Me pongo el pijama, me hago
un ovillo en el sofá y me pongo una película de la que no me entero,
mientras las lágrimas ruedan por mis mejillas sin poder pararlas.
Unas horas después el teléfono me saca de mi abstracción. Al principio
pienso que es Sam, pero al coger el móvil de la mesita veo que la que llama
es Ruth y descuelgo inmediatamente.
- ¿Qué te ha hecho? – pregunta Ruth cabreada antes de que diga
nada.
- ¿Qué me ha hecho quien? – le devuelvo la pregunta porque en
realidad no se a que se refiere.
- Sam. Se ha presentado en casa de Javi con sus cosas. Pero no
quiere contarnos lo que ha pasado.
- Me ha engañado. Y no me he enterado por terceros sino que lo
he visto con mis propios ojos.
- Que hijo de puta – gruñe – voy a matarlo. Y la verdad es que no
sé porque te ha hecho esto, si estabais súper bien.
- Ya lo sé, yo tampoco lo entiendo. Pero la verdad me da igual, no
quiero saber la razón.
- ¿Y tu estas bien? – me pregunta más tranquila.
- Pues si te digo la verdad no muy bien. Estoy loca por é, le quiero
muchísimo y el ha jugado conmigo a saber durante cuánto tiempo
– respondo mientras mis ojos se llenan de lagrimas – solo quiero
llorar. Pero voy a seguir con mi vida y no voy a dejar que ni él ni
nadie vuelva a hacerme daño.
- Esa es mi chica. De todas formas llámame cuando quieras, a
cualquier hora. Estoy aquí si me necesitas.
-.CAPITULO 14.-
Ha pasado poco más de un mes desde mi ruptura con Sam. Los primeros
días intentó ponerse en contacto conmigo para que habláramos las cosas.
Solo respondí una de sus llamadas y solo para decirle que me dejase en paz.
Desde entonces no ha vuelto a intentarlo.
No lo he pasado muy bien, he llorado hasta la extenuación, pero también ha
pasado algo que me ha devuelto la ilusión. Diez días después de romper con
Sam descubrí que estaba embarazada. He decidido tener el bebe, pero de
momento no le he dicho nada a Sam. Prefiero esperar porque todavía es
muy pronto para decirlo. Solo lo sabe Ruth y ella me está guardando el
secreto, porque si lo supiera Javi no tardaría en contárselo.
Otro de los cambios es en mi trabajo. Mi jefe nos anunció que iba a vender
la cafetería y que nos tendría que despedir a todos. Yo solucioné ese
problema. Con el dinero que me dejó mi padre compré la cafetería y he
mantenido a los empleados. Lo único que he cambiado es que he incluido
comidas y cenas para dejar de ser una simple cafetería. Por suerte parece
que todo va viento en popa.
Ahora soy yo la que utilizo el cuartito para poner en orden todo el papeleo,
facturas y demás que genera la cafetería. Al principio me costó usarlo,
después de que Sam pasara su tiempo escribiendo aquí, ha dejado su olor
impregnado por toda la habitación, pero ya me he acostumbrado.
Paso la mañana en la cafetería, como casi todos los días, arreglando algunos
asuntos para poder tener la tarde libre, ya que hoy es mi veinte cumpleaños
y quiero disfrutar un poco. Una vez dejo todo en orden, me voy a casa. El
camino se me hace bastante extraño, me da la sensación de que alguien me
está observando. Y no es el primer día, llevo ya un par de semanas con esa
sensación y me siento vigilada.
Al entrar lanzo las llaves al aparador y empujo la puerta para cerrarla, pero
golpea contra algo y no se cierra. Me vuelvo hacia ella y me encuentro de
frente con mi peor pesadilla. Jorge está en la puerta de mi casa.
- ¿Jorge? – digo sorprendida, ya que el no debería saber donde
vivo.
- Lis, se te ve bien – comenta con tono sarcástico mientras entra,
cerrando la puerta tras entrar – hace mucho que no te veía.
- Esa era la intención – contesto intentando parecer tranquila, pero
en realidad estoy muerta de miedo.
- ¿Y porque te escondes? Hoy es tu cumpleaños, tendrás que
celebrarlo. Me dolió no poder celebrar contigo el cumpleaños del
año pasado – gruñe pegándome a la pared y acariciándome con
sus asquerosas manos – tengo un buen recuerdo del último que
pasamos juntos, nos divertimos mucho.
- Me violaste ¿eso es divertido? – suelto intentando tranquilizarme
– da gracias de que no te denuncié.
- ¿Darte las gracias? – ruge y me agarra del cuello con demasiada
fuerza.
Los viejos recuerdos vuelven a mi mente de golpe. Otra vez me tiene sola
en una casa y se de lo que puede ser capaz, pero aun así no consigo
defenderme. Estoy completamente bloqueada.
- Las gracias ¿Por qué? – grita – desapareciste. Nadie sabía dónde
estabas. Eres mía, no puedes irte sin más.
- No soy tuya, ni de nadie. No soy un objeto que te pueda
pertenecer. No me quedaría contigo ni por todo el oro del mundo
– me defiendo.
- Conmigo no, pero con ese panoli si ¿no? Ese mindundi no vale
nada, soy yo lo que de verdad necesitas – suelta.
- ¿Cómo sabes de él? ¿Me has estado siguiendo? – pregunto cada
vez mas asustada – el es mil veces mejor que tu.
Eso le hace explotar y mientras continua apretándome el cuello me da un
fuerte bofetón.
- Nunca estarás con nadie que no sea yo – espeta y me lanza al
suelo.
Se pone a horcajadas sobre mí y empieza a golpearme sin parar. Noto el
sabor metálico de la sangre en la boca mientras continua golpeándome sin
piedad. No sé de donde saco las fuerzas y el valor, pero de pronto comienzo
a defenderme. Me intento cubrir de sus golpes sin mucho éxito. En un
momento dado me revuelvo y le empujo, apartándolo de mi e intento
alejarme a gatas. De nuevo sin éxito. En escasos segundos me agarra de un
pie para retenerme, me gira, se vuelve a poner sobre mí y pega su boca a mi
oído.
- Si no estás conmigo, no estarás con nadie pequeña zorra – me
susurra y siento un pinchazo en el vientre.
Acto seguido se levanta y dejándome tirada en el suelo, se va.
Intento incorporarme, pero un intenso dolor me lo impide. Bajo la mirada y
me toco el vientre. Al apartar la mano veo que esta manchada de sangre y
que mi camiseta comienza a estar cubierta de sangre. La visión se me
empieza a nublar y me dejo caer en el suelo, presionando como puedo la
herida mientras un charco de sangre se va formando debajo de mí
.
- ¡Lis! – me llaman desde la entrada.
Oigo que se acercan unos pasos y como se colocan junto a mi cabeza,
colocándomela sobre unas piernas. Entreabro los ojos pero no distingo la
cara de quien está conmigo.
- Lis, mi amor ¿Qué te ha pasado? – reconozco la voz. Es Sam.
- Sam – le llamo sin fuerzas.
- Sí, soy yo. Nena, estas sangrando – dice poniendo su mano sobre
mi herida – voy a llamar a una ambulancia. Quédate conmigo, no
te duermas por favor.
Mis sentidos se nublan y todo se apaga a mí alrededor.
Parece que han pasado solamente unos segundos cuando oigo voces a mi
alrededor, pero no soy capaz de abrir los ojos.
- Lis, no me dejes por favor – me llega una voz entre la nebulosa.
Más voces se oyen alrededor e intento concentrarme en reconocerlas. De
repente oigo la voz de mi madre.
- Hijo, deberías irte a descansar. Ella está bien. Yo me quedaré con
ella hasta que vuelvas.
- No quiero irme. Quiero estar a su lado, mira lo que ha pasado por
no estar con ella, Maite – por fin reconozco esa voz, es Sam –
todo porque fui un idiota que no supo estar a la altura.
- Cielo, esto no es culpa tuya sino de quien se lo haya hecho.
Cuando se despierte sabremos qué es lo que pasó. Sé que la
quieres, sino no estarías aquí y los errores siempre se pueden
arreglar.
- ¿Y si no se despierta? ¿Qué haré entonces? Ella es mi vida – oigo
decir a Sam, su tono me hace suponer que está llorando y de mis
ojos sale una lagrima caliente que me recorre la cara. Pero sigo
sin poder abrir los ojos.
- En unas horas pasara el médico y nos dará las novedades de su
estado. Mientras intenta dormir un poco, aunque sea ahí sentado
junto a ella – le aconseja mi madre.
Noto como su mano caliente envuelve la mía y la agarra con fuerza. Esta a
mi lado y no tiene intención de irse. Morfeo vuelve a llevarme con él y yo
me dejo llevar, sabiendo que las personas más importantes de mi vida están
junto a mí.
No sé si han pasado solo unos minutos u horas, pero vuelvo a mis tinieblas
particulares y a las voces a mí alrededor. Me concentro en ellas para
averiguar qué es lo que están diciendo.
- Buenas tardes señora Gutiérrez, señor Gómez, señorita – hay
alguien más en la habitación aparte de Sam y mi madre – Lis está
evolucionando muy bien gracias a rapidez del señor Gómez al
avisar a la ambulancia.
- ¿Entonces porque no se despierta? – pregunta Sam nervioso.
- Es normal, su cuerpo se está recuperando de las heridas. Muy
pronto se despertara, se lo prometo.
- Gracias al cielo – oigo a mi madre – Sam muchas gracias, de no
ser por ti habría perdido a mi hija.
- Hay algo más – comenta el que supongo que es el doctor – Se
está recuperando muy bien de la herida de arma blanca. Pero
siento decirles que debido a ella ha perdido el bebé que esperaba.
- ¿Bebé? – preguntan Sam y mi madre al unísono, sorprendidos
por ese detalle.
- Lis estaba embarazada de unas pocas semanas – susurra una
mujer junto a mi mientras aprieta mi mano. Es Ruth, mi loca esta
aquí.
- ¿Y porque no me dijo nada? – pregunta Sam alterado.
- Solo me lo dijo a mí. No quería que nadie se enterara todavía,
pensaba que era muy pronto para contarlo – explica Ruth.
Alguien da vueltas por la habitación como un león enjaulado y sé a ciencia
cierta de que es Sam. Son muchas cosas de golpe y no sabe cómo
gestionarlo. De repente se para a los pies de la cama.
- ¿Quién puede haberla hecho esto Ruth? ¿Sabes si alguien quería
hacerla daño? – la interroga Sam.
- No sé quién puede haber sido – responde Ruth angustiada –
sabes que todo el mundo la quiere y la aprecia.
- Como no la van a querer – divaga Sam – mírala, es perfecta. Es
buena, cariñosa, comprensiva, divertida y tiene un genio de aúpa.
Pero a mí me tiene completamente enamorado. Necesito saber
quien la ha hecho esto. Quien ha matado a nuestro bebe y casi
consigue matar a la mujer de mi vida.
- Ella nos lo dirá cuando despierte – comenta Ruth – pero no la
fuerces, con su pasado y ahora esto, no me extrañaría que se
volviera a cerrar como antaño.
Esta sensación es muy extraña, no sé si han pasado varias horas o hemos
cambiado de día, pero estoy de vuelta e intento de nuevo abrir los ojos. Esta
vez me responden y poco a poco voy viendo todo cuanto me rodea. La
habitación está vacía a excepción de Sam que se ha quedado dormido con la
cabeza apoyada en la cama mientras me agarra la mano. Muevo ligeramente
los dedos y Sam se mueve al sentir el movimiento. Mira primero mi mano y
después alza la mirada hasta mi rostro. La sonrisa más bonita que le he visto
nunca aparece en su rostro.
- ¡Lis! – exclama, pero no se acerca - ¿Cómo estás?
- Dolorida, pero bien- respondo con la voz ronca.
El continúa manteniendo las distancias, pero no aparta la mirada.
- ¿Cuánto tiempo llevo aquí? – pregunto mirando alrededor.
- Tres días. Pero me han parecido tres años. Pensé que te perdía
nena – responde y se le llenan los ojos de lágrimas.
- Si tantas ganas tenias de que despertara ¿Por qué ahora no te
acercas a mí? – pregunto por curiosidad.
- No sabíamos como ibas a despertar, temíamos que volvieras a
estar como cuando nos conocimos. No deja de ser una situación
muy dura por la que has pasado.
- Tranquilo – digo mientras alzo un poco la cama para estar
sentada. La herida me molesta pero puedo soportarlo. Palmeo el
colchón junto a mi – ven anda. Siéntate aquí por favor.
Se levanta del sofá que hay junto a la cama y con cuidado se sienta en la
cama. Le busco una de las manos, que mantiene en su regazo, la agarro y la
aprieto con fuerza mientras nos miramos a los ojos. No hacen falta palabras,
ya nos lo estamos diciendo todo.
- Sam ¿Cómo es que fuiste por casa ese día? – pregunto con
curiosidad.
- Iba a por unas cosas que tenía en el cuartito – explica – te llame
pero no contestabas. Después descubrí que no era porque no
quisieras cogérmelo.
- Gracias – le digo mientras se me saltan las lagrimas – me has
salvado la vida.
- Eh, no llores – dice acercándose más y pasándome los pulgares
bajo los ojos – ya pasó. Pase mucho miedo, no sé que hubiera
hecho si hubiera llegado demasiado tarde. Pero ahora ya estás
bien.
- No todo está bien – reconozco por fin, poniendo la otra mano
sobre mi vientre – he perdido nuestro bebe. Lo siento mucho,
siento no habértelo contado.
- No te preocupes ahora por eso – dice apoyando su frente en la
mía – ahora preocúpate por recuperarte y ya lo hablaremos más
adelante.
Su voz me tranquiliza, mis sentimientos vuelven a aflorar en mi interior y lo
tengo clarísimo. Apoyo las manos en sus mejillas y lentamente le atraigo
hasta mis labios. Le beso despacio y nos miramos a los ojos.
- Mi grandullón – susurro – que haría yo sin ti.
- Nena – sonríe – no sabes todo lo que te quiero.
- Si lo sé. Porque yo te quiero igual.
Nos volvemos a besar y es justo en ese momento cuando la puerta de la
habitación se abre y entran Ruth y mi madre.
Mi madre corre a abrazarme, Ruth se echa a llorar y yo mientras, intento
tranquilizarlas a las dos. Las convenzo de que se vayan a descansar y tras
asegurarlas que estará bien y de que Sam afirme que no se moverá de mi
lado, se van prometiendo volver al día siguiente.
A la mañana siguiente la policía acude al hospital para tomarme
declaración. Sam intenta quedarse conmigo porque quiere saber qué paso y
sobre todo quien es el culpable. Pero por suerte, consigo convencerle para
que me deje sola con ellos prometiéndole que se lo contaré más adelante.
Cuando se va la policía, Sam vuelve a entrar, esta vez acompañado de mi
madre. No preguntan nada, saben que cuando esté preparada se lo contaré
todo.
Paso una semana más en el hospital, los puntos me tiran y tengo dolores,
pero estoy deseando salir de aquí. Kevin también se ha pasado a verme y
aproveché para pedirle que se hiciera cargo de todo lo de la cafetería en lo
que estoy en el hospital, cuando salga me llevará todos los papeles a casa y
me pondré al día. Sam se enfada porque tenga tanta prisa por volver a
trabajar, pero le tranquilizo prometiéndole que me lo tomare con calma.
¡Por fin me dan el alta! Tengo que seguir teniendo cuidado una temporada
pero puedo hacer vida normal relativamente.
Sam me lleva a casa en coche, donde mi madre nos está esperando. No me
han dicho nada directamente pero sé que ella ha estado allí todo el tiempo
que he estado en el hospital, atendiendo a la policía que se pasó para buscar
alguna prueba y luego limpio todo el estropicio.
Al entrar por la puerta, las imágenes de aquel día vuelven a mi cabeza, me
quedo clavada al suelo y comienza a acelerárseme el pulso y la respiración.
Sam, que se ha dado cuenta, me rodea los hombros con el brazo y me besa
la frente.
- Vamos nena – susurra tirando de mi – tienes que sentarte.
Me deja sentada en el sofá hablando con mi madre y se va al cuartito.
Imagino que a buscar lo que venía a buscar el día del ataque.
Me quedo traspuesta en el sofá y cuando despierto, mi madre me comunica
que Sam se ha ido hace un rato, pero que ha dejado algo para mí en la
mesita de café. Ahora que se que no está en casa me doy cuenta de cuánto
echo de menos sus caricias, su cariño. Sobre la mesa hay un taco de folios
colocados justo al borde. Dejándomelo a mano para que no tenga que hacer
esfuerzos. Me lo acerco y sobre él hay un pos-it con una nota.
“POR FIN LO HE TERMINADO. QUERIA QUE FUERAS LA
PRIMERA EN LEERLO Y DARME TU OPINION.
LO SIENTO POR TODO. TE QUIERO. SAM.”
Se me saltan las lágrimas tras leerla. Primero porque por fin ha conseguido
terminar su libro y eso me hace inmensamente feliz y segundo porque me
sigue queriendo. Yo también le quiero, lo que me hizo todavía me duele,
pero también están sus actos posteriores. Y gracias a ellos se que tenemos
que hablar, porque podríamos arreglarlo.
Empiezo a pasar las hojas para empezar a leer su libro y me encuentro la
dedicatoria.
“PARA MI PRECIOSA CHICA. MI MUJER, SIN ELLA NO LO HABRIA
CONSEGUIDO.”
Acto seguido empiezo a leer. La novela es muy buena, una versión moderna
y divertida de Sherlock Holmes. Le ha cambiado el nombre al protagonista
pero ha mantenido el apellido Holmes. Se lee muy bien y cuando quiero
darme cuenta voy por la mitad. Mi teléfono interrumpe mi concentración y
es cuando descubro que mi madre me ha dejado algo para comer en la
mesita. La llamada es de Ruth y enseguida descuelgo.
- Ruth, estoy bien. Tranquila – digo nada mas descolgar.
- Lo sé. Sam me lo ha dicho cuando ha llegado donde Javi –
responde – lo siento mucho Lis, de verdad.
- ¿Qué es lo que sientes? Tú no has hecho nada pequeñaja – la
intento tranquilizar.
- Lo del bebe. Siento que lo hayas perdido y sobre todo que Sam y
tú madre se enteraran así.
De fondo se oye la voz de Sam.
- Tranquila Ruth. Lo que ha pasado no es culpa tuya, sino del hijo
de puta que intento matar a Lis. Si me entero de quien ha sido le
parto todos los huesos.
- Sam tiene razón, Ruth – prosigo – la culpa no es tuya y fui yo
quien te pidió que no dijeras nada. Así que tu tranquila, todo está
bien.
Se oye cómo se cierra una puerta y Ruth empieza a hablar en susurros.
- ¿Quién te ha hecho esto Lis? – susurra con angustia – y no me
des largas. Estoy sola y sabes que no voy a contar nada que no
quieras que cuente.
- Ruth…. – digo y suspiro – prométeme que Sam no se va a
enterar. No quiero que se busque problemas.
- Te lo prometo. Pero ya sabes de sobra que nunca le diría nada.
- Fue Jorge. No sé cómo, pero me ha encontrado.
- ¿Cómo? – dice sorprendida – pero eso no es posible. ¿Cómo ha
podido encontrarte?
- No lo sé, pero lo ha hecho. Se lo he contado todo a la policía,
incluido cuando me violó hace dos años. Les he dado todos sus
datos y le están buscando. Asique estoy algo más tranquila. Pero
hay algo que me preocupa.
- ¿Qué te preocupa? – pregunta Ruth todavía sorprendida - ¿Qué
vuelva?
- No, no tiene nada que ver con él – aclaro – el que me preocupa
es Sam ¿Cómo esta?
- Está histérico. Llevaba desde que lo dejasteis súper apagado, solo
trabajando en su libro. Pero desde que te atacaron parece muy
nervioso. Espera un momento – me dice y se oye cómo se mueve
por la casa a través de la línea – ahora está sentado en la cama con
una foto vuestra que tiene siempre en la mesilla. ¡No me lo puedo
creer!
- ¿Qué pasa Ruth? – pregunto nerviosa por no saber lo que pasa –
dime algo por favor.
- Esta llorando. Esto sí que es una novedad. Cuando le dejaste lo
pasó muy mal, no te voy a engañar. Y estoy segura de que alguna
noche lloró, no soy sorda. Pero nunca dejó que nadie le viera y
ahora está ahí a la vista de todos, llorando sin parar. Me siento
fatal porque este así.
- Yo también me siento mal – replico limpiándome las lágrimas –
pero todavía me duele lo que me hizo. Pero también está el hecho
de que me salvó la vida. Estoy hecha un lio tía. Por cierto ¿desde
cuándo pasas tanto tiempo en casa de Javi?
- Desde hace unas semanas – ríe – me ha pedido que me venga a
vivir con él, pero no se qué hacer.
- Yo solo puedo decirte que si le quieres, te arriesgues. Aunque ya
ves como me salió a mi – las dos nos echaos a reir.
Pasamos más de una hora hablando y cuando nos despedimos todavía me
siento mal por como esta Sam.
Como lo que me ha preparado mi madre y me duermo nada más terminar.
Cuando despierto ya ha anochecido. Paso un rato hablando con mi madre y
tras prepararme un sándwich para que cene algo, se va a mi habitación a
descansar. Yo me siento más cómoda en el sofá que en la cama debido a lo
que me tiran los puntos.
Decido terminar de leer el libro para intentar desconectar y cuando lo
termino sé que es realmente bueno. Lo escaneo para tenerlo en el ordenador
y volviendo a tirar de los contactos de mi padre pido un favor muy grande.
Cojo la manta para taparme y me coloco en el sofá para intentar descansar y
olvidar estos últimos días.
-.CAPITULO 15.-
A la mañana siguiente después de despertarme y ducharme como
buenamente puedo, me miro en el espejo. Todavía tengo un hematoma que
me va desde la comisura de los labios hasta el pómulo que me molesta un
poco, miro hacia abajo y veo la cicatriz de mi vientre, la que día tras día me
recordara que he perdido a mi bebe. Me cubro con una bata ligera y me
dirijo a la cocina.
Convencí a mi madre para que volviera a su casa, ya estoy mucho mejor y
puedo apañármelas yo sola. Si necesito algo la llamare. Me sirvo un zumo,
cojo los papeles de la cafetería que trajo que le dejo Kevin a mi madre hace
unos días y me siento a hacerlo tranquilamente en el salón, cuando me llega
un mensaje.
RUTH: “BUENOS DIAS NENA. SE QUE NO QUIERES A
NADIE RONDANDO POR ALLI. PERO QUE SEPAS QUE
EN ALGUN MOMENTO SAM SE PRESENTARA EN TU
CASA. NO HE PODIDO IMPEDIRSELO. ESTA MUY
NERVIOSO Y QUIERE ASEGURARSE DE QUE ESTAS
BIEN. LO SIENTO. NO TE ENFADES MUCHO CON EL.
LO HA PASADO MUY MAL TODO ESTE TIEMPO Y
SOBRE TODO ESTOS ULTIMOS DIAS. TE QUIERE
MUCHISIMO. BESOS”
Una sonrisa se me dibuja en la cara al saber que se sigue preocupando por
mí. Que no me enfade con él dice, ahora mismo creo que sería incapaz de
enfadarme con él. A no ser, claro, que discutamos por algo. Pero no tengo
intención de ello, quiero hablar las cosas con él, dejarle que me explique lo
que necesite explicarme y luego ya veremos.
Pasa de la una y media cuando oigo la puerta y sabiendo que es Sam,
gracias al aviso de Ruth, me recuesto en el sofá rodeada de papeles,
respirando hondo para coger fuerzas.
- ¿Lis? – me llama desde la cocina.
- En el salón – grito en respuesta.
Cuando entra me mira fijamente, sobre todo centrándose en todos los
papeles que me rodean y en el apósito de mi vientre que llevo a la vista
porque solo llevo puesto un sujetador deportivo.
- ¿Se puede saber que haces? – pregunta quitando papeles del sofá
para sentarse junto a mí y dejándoles en la mesita de café.
- Mi trabajo. No puedo dejar que se sigan acumulando las cosas o
después será peor. Hay que hacer las cuentas, hacer pedidos y
muchas más cosas.
- El médico te dijo que tenias que descansar – replica.
- Y estoy descansando. Mirar papeles no implica ningún esfuerzo
Samuel. Me aburro si estoy sin hacer nada. No me agobies por
favor.
- Vale, lo siento mucho. No quiero que discutamos. Pero a la
cafetería no vas. Si tienes que ir a por algo me lo dices y voy yo –
le miro a los ojos cruzándome de brazos – o a tu madre o a Ruth y
Javi. Quien quieras, pero por favor tu quédate descansando.
Voy a replicarle que puedo hacer mis propias cosas, que no estoy inválida,
pero mi teléfono suena. Es la llamada que esperaba; Sam se fija en el
identificador de llamada y frunce el ceño. No tiene ni idea, pienso
sonriendo.
- ¿Dígame? – respondo y oigo la respuesta del otro lado - ¿De
verdad? Si sigue adelante y me mandas las pruebas. Ya me
encargo yo de lo demás.
Cuando me dicen lo que espero, cuelgo y sin decir nada mas vuelvo a mis
papeles.
- ¿Quién es Luis? – pregunta Sam mirándome algo tenso.
- Un amigo – respondo sin siquiera mirarle.
- ¿Cómo de amigo? – vuelve a preguntar cada vez más nervioso.
- Eso no es de tu incumbencia Samuel. No quieras controlarme o
las cosas van a ir muy mal y acabaremos discutiendo.
- Perdón – dice levantándose - ¿Tienes hambre?
preparé algo y lo traje.
- Siempre tengo hambre y más si eres tu el que cocina – bromeo
mirándole y sonriéndole. El me devuelve la sonrisa gustoso.
Comemos tranquilamente, sin más preguntas incomodas. Tras terminar
pasamos la tarde en el salón. Yo sigo con mis papeles y él se intenta distraer
con un libro, no lo consigue porque cada pocos minutos alza la cabeza y se
pasa un rato mirándome.
A última hora de la tarde llaman al timbre y Sam se ofrece para ir a abrir.
Vuelve a los pocos minutos con un paquete en las manos.
- Es para ti, de tu amigo Luis – explica alargándome el paquete
con cara larga.
- ¿Puedes abrirlo tú? Ahora mismo no puedo hacerlo – le pido
sonriendo y a la expectativa por descubrir cuál será su reacción.
Rasga el papel marrón y cuando ve lo que hay dentro palidece y se sienta en
el brazo del sofá.
- ¿Estás bien Sam? – pregunto asustada por lo blanco que se ha
quedado – dime algo, me estas asustando.
- Triple asesino – susurra.
- ¿Qué dices Sam? – vuelvo a preguntar poniéndome frente a él y
agarrándole la cara le obligo a mirarme – explícate, porque no te
entiendo.
- Triple asesino es el titulo de mi libro – dice devolviéndome la
mirada – y esto parecen pruebas para la portada.
Le sonrió y miro las portadas que me muestra. Todas son estupendas, la
elección va a ser difícil. Le mande el manuscrito a Luis y le ha gustado
tanto que quiere publicarlo. Asique le pedí que me mandara unas pruebas de
la portada para sorprender a Sam. El resto tendrán que hablarlo entre ellos.
- ¿Eso es bueno no? Digo alejándome y dirigiéndome hacia mi
dormitorio – eso significa que a alguien le ha gustado tu libro y le
ve posibilidades de publicación.
Entro en el dormitorio dejando a Sam dándole vueltas a todo pero ni un
minuto después le oigo acercarse y entra sin pedir permiso.
- ¿Has sido tú? – pregunta un poco alterado.
- Que si he sido yo ¿el qué? – se la devuelvo divirtiéndome un
poco con la situación de verle tan desconcertado – hoy estas muy
espeso Samuel, o empiezas a explicarte en condiciones o no voy a
saber a qué te refieres.
- Lo del libro. Has sido tú la que has mandado el manuscrito y ha
conseguido esto. Esta mañana un tal Luis te ha llamado, le has
dado el visto bueno a algo y ahora esto.
- Yo no he hecho que decidan publicarlo. Solo se lo mande a un
conocido, le ha encantado y quiere publicarlo. Solo tienes que
elegir una portada y ponerte en contacto con él para discutir el
contrato. Enhorabuena, ya eres el escritor que deseabas ser.
Su respuesta no se hace esperar y me pilla por sorpresa. Se acerca a mí, me
agarra la cara y me besa con fuerza.
- Gracias preciosa. Seguir que sin ti no lo hubiera conseguido –
contesta y me abraza.
- No es nada Samuel – respondo rodeándole el cuello con los
brazos, todavía tenemos mucho que aclarar, pero le necesito – y
podrías haberlo conseguido tu solo. El libro es muy bueno.
No puedo soportarlo más, se que tenemos que hablar pero ahora necesito
esto más que nada. Meto las manos entre su pelo y le atraigo hacia mí para
poder besarlo. El beso empieza siendo dulce y tierno pero con el transcurso
de los segundos se vuelve más profundo, fruto de la necesidad que sentimos
el uno por el otro.
Sam se aparta un poco y con delicadeza me coge en brazos, me mira, yo
asiento y me lleva hasta la cama donde me apoya con cuidado. Me ayuda a
deshacerme de la ropa y después se quita la suya. Se pone sobre mi apoyado
en los codos para no poner su peso sobre mi herida.
Se quita de encima, poniéndose de lado junto a mí, me agarra de la cadera y
me pone también de lado. Mirándonos de frente, me pasa la mano por la
cara como si quisiera memorizar cada centímetro de ella y vuelve a
acercarse para besarme. Esta vez lo hacemos todo con mucha más
tranquilidad pese a las ganas que ambos tenemos de que esto pase. Los
minutos pasan mientras nos besamos, entonces Sam me levanta una pierna,
la pone sobre su cadera y se pega a mí. Tal y como estamos, de lado
mirándonos a los ojos, Sam empieza a penetrarme lentamente. No
necesitamos de los preliminares porque estamos los dos muy excitados.
Hacemos el amor como nunca antes, sin prisa y sin dejar de mirarnos a los
ojos. Al hacerlo tan lentamente el orgasmo se demora durante varios
minutos. Pero cuando por fin llega nos arrasa como un tsunami, dejándonos
a los dos exhaustos. Nos apoyamos en el cabecero, pero Sam me pega a él y
me rodea con el brazo.
Pasan los minutos, pero no nos decimos nada. De repente suelto el aire que
no me había percatado que estaba reteniendo y le miro a los ojos.
- Sam, contéstame a una pregunta – empiezo – y necesito que seas
sincero por favor.
- Si, por supuesto – dice girándose hacia mí para mirarme de
frente – si eso ayuda para que pueda arreglar lo que hice.
- No sé si ayudara. Pero ¿con cuantas estuviste mientras estábamos
juntos?
- Solo con la que me viste. Y te juro que no me acosté con ella.
- Fuiste un cobarde y me hiciste mucho daño. Aun me duele –
explico.
- Lo siento ¿vale? – dice levantando ligeramente la voz – estuve
llamándote durante una semana para hablar contigo y
explicártelo, pero no me cogías el teléfono. No pensé en lo que
hacía hasta que lo hice.
- Ya me da igual la verdad. Lo hecho, hecho esta. Pero no hagas
como que no pasó nada, porque si que pasó.
- Tienes razón. Metí la pata hasta el fondo. Cuando me dijiste que
lo sabías, no me vi capaz de afrontar lo que había hecho. Debí
hablar contigo de lo que me pasaba en vez de hacer la tontería que
hice. Pero en vez de eso busque la salida fácil sin pensar en que te
estaba haciendo daño. Perdóname, por favor.
- Estas perdonado. Cuando me salvaste la vida me di cuenta de lo
que sentías por mí.
- Hare todo lo que haga falta. Te quiero, necesito recuperarte.
Conseguiré que vuelvas a quererme.
- Sam ¡por Dios! Ya te quiero, con locura. No estaríamos en mi
cama si no fuera así. Pero necesito ir despacio esta vez,
asegurarme de que esto puede ir bien.
- Lo que quieras nena. Iremos al ritmo que quieras. Te quiero –
responde y me besa el pelo mientras vuelvo a acurrucarme junto a
él.
- Por cierto, tendrás que hablar con Luis para lo del libro. Madre
mía estoy en la cama con un futuro famoso – bromeo.
Entre risas Sam se pone sobre mi y volvemos a repetir lo de hace unos
minutos.
-.CAPITULO 16.-
Pasan las semanas, ya me he recuperado por completo y hago vida normal.
Asique vuelvo a estar al pie del cañón en la cafetería, que va viento en popa
a toda vela.
La relación con Sam también va muy bien. Ha respetado mi decisión y
llevamos lo nuestro despacio. Hablamos mucho por teléfono, quedamos
para tomar algo, pasamos ratos en mi casa viendo películas. También nos
acostamos pero nunca se queda a dormir.
Hace unos días que no me encuentro muy bien. Tengo miedo de que algo
vaya mal tras la recuperación de la puñalada asique he pedido cita con el
médico. Como estoy tan asustada le pido a mi madre que me acompañe.
- Tranquila cariño – dice mi madre agarrándome la mano – ya
verás cómo no es nada.
Me han hecho unos análisis y ahora estamos esperando que el médico
venga con los resultados.
- Gracias por acompañarme mama – respondo sonriéndola –
contigo aquí estoy más tranquila.
El médico por fin llega y nos hace pasar a la consulta. Nos ofrece asiento y
se coloca tras su mesa.
- Bueno Lis, no tienes de que preocuparte. No pasa nada con la
herida.
- ¿Entonces porque tengo tantas molestias de estomago? –
pregunto.
- Bueno eso es normal – mira los resultados de los análisis y pone
una media sonrisa – en tu estado.
- ¿Mi estado? – digo extrañada - ¿Qué estado?
- Lis, estas embarazada. De ahí el malestar que tienes todas las
mañanas. Pero en unas semanas ese malestar desaparecerá.
Tras soltarme esa bomba, me pide que me tumbe en la camilla para verificar
el resultado e intentar precisar el tiempo de gestación. Confirma que estoy
embarazada y nos dice que estoy de unas cuatro semanas. Me paro a pensar
y después de unos minutos estoy completamente segura de que esto ocurrió
cuando nos acostamos aquel día cuando descubrió que iban a publicar su
libro.
De nuevo quiero esperar para contárselo a la gente y mi madre acepta.
Han pasado tres meses desde que descubrí que estaba embarazada y todavía
no he sacado el valor para contárselo a Sam. Mi madre es la única que sabe
este secreto y me ha aconsejado mil veces en los últimos días que tengo que
contarlo ya, que pronto se empezara a notar. Mi barriga ya se ha redondeado
ligeramente, pero nadie se ha dado cuenta, todavía. Asique siguiendo su
consejo decido juntar a todos en casa para una comida y contárselo.
Y aquí estamos ahora, nos hemos juntado en mi casa. Ruth, Javi y mi madre
ya han llegado. Pero Sam de momento no ha llegado y llega tarde, cosa que
no es habitual en él.
Por fin oigo abrirse la puerta y los pasos de Sam dirigiéndose al salón. Al
entrar y verle la garganta se me seca. Esta guapísimo, lleva un traje oscuro
con una camisa blanca un poco abierta y lleva el pelo suelto como a mí me
gusta. Viene directo hacia mí y agarrándome de la cintura me besa
apasionadamente.
- Ey chicos, buscaros una habitación – bromea Javi.
Nuestros labios se separan y estrechándome contra el sonríe.
- Qué bien que estéis todos aquí – empieza – tengo algo que decir
y me gustaría que todos estuvierais presentes.
- Yo también tengo algo importante que decir – digo para sorpresa
de Sam y de todos.
Sam me separa un poco de él y me gira para dejarme frente a él.
- ¿Va todo bien nena? Pareces preocupada – pregunta Sam un poco
preocupado.
- O si. Todo va bien – contesto sonriéndole – muy bien la verdad.
- Pues dinos que tienes que contar mi pequeña. Yo puedo esperar
un poco más.
Le miro a los ojos, preparándome mentalmente para lo que estoy a punto de
contarles a todos, le sonrío y cogiéndole las manos me lanzo a soltar la
bomba.
- Grandullón, te quiero muchísimo – comienzo ampliando mi
sonrisa y haciéndole sonreír a él – estoy muy feliz de que
hayamos podido arreglar lo nuestro.
- Yo también te quiero nena – responde dándome un apretón a las
manos – también me alegro de volver a estar contigo. Pero dinos
lo que quieres contar.
- Estoy embarazada – susurro.
Un silencio abrumador se esparce por todo el salón. Todos están
sorprendidos por la noticia y se quedan sin palabras. De repente Sam
reacciona y agarrándome de la mano me lleva hasta el cuartito. Cierra la
puerta cuando entramos y se vuelve hacia mí.
- ¿Qué es lo que acabas de decir Lis? – pregunta.
- Estoy embarazada Sam – respondo mirándole a los ojos, no sé si
se lo ha tomado mal o simplemente está sorprendido.
Sam empieza a dar vueltas por la habitación y a pasarse las manos por el
pelo.
- ¿Estás segura? – vuelve a preguntar.
- Segurísima, me lo ha confirmado el médico – le confirmo.
- ¿El médico? ¿y cuando has ido al médico? – interroga – Lis, ¿de
cuánto tiempo estas?
- De cuatro meses – confieso incapaz de seguir mirándole a la
cara.
- ¿De cuatro meses? ¿Y me lo dices ahora? ¿desde cuándo lo sabes
Lis? – pregunta algo mosqueado.
- Desde hace tres meses – vuelvo a susurrar sin mirarle.
- Tres meses – espeta - ¿Por qué has esperado tanto para
decírmelo?
- Tenía miedo. Estábamos intentando arreglar lo nuestro y esto era
algo que ni esperábamos ni buscábamos.
- ¿Miedo a que Lis? Soy yo, nena. Te quiero con locura. No iba a
asustarme. Nos acostábamos juntos sin protección ninguna, era
algo que podía pasar. No te voy a dejar por eso.
- Lo siento. De nuevo lo he hecho mal. Yo también te quiero con
locura, pero ya perdimos un bebe. Tenía miedo que volviera a
pasar.
- Nena – dice acercándose a mí y abrazándome – tranquila. Ahora
estoy aquí contigo, nada malo va a pasar, te lo prometo.
Me besa apasionadamente y paso a paso me va llevando hasta las
estanterías. Me pega a ellas y profundiza todavía más el beso. Le rodeo el
cuello con los brazos para pegarle a mí, la libido me sube como la espuma y
le saco la camisa de los pantalones para introducir las manos y tocarle el
pecho. Pero de repente la puerta se abre impidiéndonos continuar con lo que
deseábamos hacer.
- Chicos – dice mi madre - ¿de verdad? Creo que ya me habéis
encargado un nieto ¿podéis dejar eso para más tarde? Os estamos
esperando.
Nos reímos y me escondo tras Sam. El se vuelve a colocar la camisa y la
entrepierna. Me mira y con la mirada me dice que esto no ha terminado. Me
rodea con un brazo y entre risas volvemos al salón. Allí Ruth y Javi nos
felicitan por la noticia y Ruth se auto declara madrina del bebe.
Comemos animados mientras reímos y comentamos cosas del embarazo.
De repente Sam carraspea consiguiendo que todos callemos y le prestemos
atención.
- Bueno – empieza un poco nervioso – creía que era yo el que iba
a dar la nota hoy. Pero por lo visto había más noticias importantes
que contar. Pero ahora es mi turno.
Arrastra la silla para apartarla de la mesa y tener espacio. Se incorpora y
sorprendiéndonos a todos de nuevo se arrodilla junto a mí.
- Nena, esto lo iba a hacer simplemente porque te quiero y no
puedo vivir sin ti. Ahora hay otra razón añadida – dice y se saca
una cajita del bolsillo interior de la americana y la abre
mostrándome el interior – Lis ¿quieres casarte conmigo?
Se me saltan las lagrimas cuando le oigo y veo el anillo de pedida en la
caja. Es un anillo sencillo y precioso. Sam sigue arrodillado frente a mi algo
nervioso porque no le respondo. Le sonrío y con una emoción que no me
cabe en el pecho le respondo.
- Por supuesto que quiero casarme contigo Sam – respondo y me
lanzo hacia él.
Nos besamos sin parar mientras los demás, contentos por nosotros aplauden
y nos felicitan. Mi madre está orgullosa de los dos. Hemos sido capaces de
poner en orden nuestra vida en común y hemos dado un paso gigantesco
hacia el futuro.
Una vez solos, pensamos y planeamos como será nuestra vida cuando el
bebe este entre nosotros. Y sobre todo la boda. Hacemos planes, muchos
planes, que tenemos intención de ir cumpliendo uno por uno.
-.SEIS MESES DESPUES.-
Ha pasado mucho tiempo desde que Sam me pidió matrimonio. Pero desde
entonces todo ha ido a mejor día a día.
Hace dos meses nos casamos en los juzgados. Yo estaba enorme, estaba
embarazada de ocho meses, pero no queríamos seguir esperando.
Queríamos casarnos antes de que naciera el bebe.
Aprovechamos para hacer cambios en casa. En el piso hay un cuarto frente
a nuestro dormitorio que hasta ahora solo usábamos de trastero y que nos
toca adecentar porque va a pasar a ser la habitación del bebe. Sam se dejo la
piel en ella y el resultado es fabuloso.
Antes de la fecha esperada, me puse de parto. Aun ahora no sé quien estaba
más nervioso, si Sam o yo. Tuve un parto muy rápido y antes de que nos
diéramos cuenta la pequeña Gaia ya está entre nosotros. Con su cabecita
repleta de pelo negro como la noche.
Gaia es una niña preciosa que con el tiempo descubrimos que ha heredado
los ojos de su padre y mi pelo rizado. Es muy risueña, se pasa el día
sonriendo con lo pequeñita que es. Mi madre está encantada en su papel de
abuela, al igual que Marta, la madre de Sam, que es a la única de la familia
de Sam con la que hemos recuperado el trato. Ruth se enamora de la
pequeña nada más verla y la cubre de regalos prácticamente a diario.
Unos días después de nacer Gaia, Ruth y Javi nos dan la gran noticia de que
también van a ser papas y contentísimos planificamos una cena para todos.
A día de hoy todo es perfecto: nuestro matrimonio, la nueva vida con Gaia,
la carrera de escritor de Sam que va viento en popa. Nada de lo que me
propusieran podría superar lo que ya tengo.
Esto es el comienzo de una nueva vida.
CON EL AMOR DE MI VIDA.
CON ESA PEQUEÑA QUE HEMOS TRAIDO AL MUNDO.
Y con todo lo que nos traiga el futuro.
TE QUIERO GRANDULLON.
TE QUIERO PRINCESA.