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2POESÍACERNUDA

El documento es una recopilación de poemas que exploran temas como el deseo, el amor, la libertad y la memoria. A través de imágenes vívidas y metáforas, el autor reflexiona sobre la naturaleza efímera de la vida y el sufrimiento humano. La obra destaca la lucha entre el deseo y las limitaciones impuestas por la sociedad, así como la búsqueda de la verdad y la autenticidad en las relaciones humanas.

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2POESÍACERNUDA

El documento es una recopilación de poemas que exploran temas como el deseo, el amor, la libertad y la memoria. A través de imágenes vívidas y metáforas, el autor reflexiona sobre la naturaleza efímera de la vida y el sufrimiento humano. La obra destaca la lucha entre el deseo y las limitaciones impuestas por la sociedad, así como la búsqueda de la verdad y la autenticidad en las relaciones humanas.

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Perfil del aire [1924 – 1927] Diré cómo nacisteis

La noche a la ventana. Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos,


Ya la luz se ha dormido. Como nace un deseo sobre torres de espanto,
Guardada está la dicha Amenazadores barrotes, hiel descolorida,
en el aire vacío. Noche petrificada a fuerza de puños,
Ante todos, incluso el más rebelde,
Levanta entre las hojas, Apto solamente en la vida sin muros.
tú, mi aurora futura;
no dejes que me anegue Corazas infranqueables, lanzas o puñales,
el sueño entre sus plumas. Todo es bueno si deforma un cuerpo;
Tu deseo es beber esas hojas lascivas
Pero escapa el deseo O dormir en esa agua acariciadora.
por la noche entreabierta, No importa;
y en límpido reposo Ya declaran tu espíritu impuro.
el cuerpo se contempla.
No importa la pureza, los dones que un destino
Acreciente la noche Levantó hacia las aves con manos imperecederas;
sus sombras y su calma, No importa la juventud, sueño más que hombre,
que a su rosal la rosa La sonrisa tan noble, playa de seda bajo la tempestad
volverá la mañana. De un régimen caído.
Placeres prohibidos, planetas terrenales,
Y una vaga promesa Miembros de mármol con sabor de estío,
acunando va el cuerpo. Jugo de esponjas abandonadas por el mar,
En vano dichas busca Flores de hierro, resonantes como el pecho de un hombre.
por el aire el deseo
Soledades altivas, coronas derribadas,
Libertades memorables, manto de juventudes;
Los placeres prohibidos (1931) Quien insulta esos frutos, tinieblas en la lengua,
Es vil como un rey, como sombra de rey
Te quiero Arrastrándose a los pies de la tierra
Te lo he dicho con el viento, Para conseguir un trozo de vida.
Jugueteando como animalillo en la arena.
O iracundo como órgano tempestuoso. No sabía los límites impuestos,
Límites de metal o papel,
Te lo he dicho con el sol, Ya que el azar le hizo abrir los ojos bajo una luz tan alta,
Que dora cuerpos juveniles Adonde no llegan realidades vacías,
Y sonríe en todas las cosas inocentes. Leyes hediondas, códigos, ratas de paisajes derruidos.

Te lo he dicho con las nubes, Extender entonces una mano


Frentes melancólicas que sostienen el cielo, Es hallar una montaña que prohíbe,
Tristezas fugitivas. Un bosque impenetrable que niega,
Un mar que traga adolescentes rebeldes.
Te lo he dicho con las plantas,
Leves criaturas transparentes Pero si la ira, el ultraje, el oprobio y la muerte,
Que se cubren de rubor repentino. Ávidos dientes sin carne todavía,
Amenazan abriendo sus torrentes,
Te lo he dicho con el agua, De otro lado vosotros, placeres prohibidos,
Vida luminosa que vela en un fondo de sombra; Bronce de orgullo, blasfemia que nada precipita,
Tendéis en una mano el misterio.
Te lo he dicho con el miedo, Sabor que ninguna amargura corrompe,
Te lo he dicho con la alegría,
Con el hastío, con las terribles palabras. Cielos, cielos relampagueantes que aniquilan.
Abajo, estatuas anónimas,
Pero así no me basta: Sombras de sombras, miseria, preceptos de niebla;
Más allá de la vida, Una chispa de aquellos placeres
Quiero decírtelo con la muerte; Brilla en la hora vengativa.
Más allá del amor, Su fulgor puede destruir vuestro mundo.
Quiero decírtelo con el olvido

1
Unos cuerpos son como flores No decía palabras

Unos cuerpos son como flores No decía palabras,


Otros como puñales, Acercaba tan sólo un cuerpo interrogante,
Otros como cintas de agua; Porque ignoraba que el deseo es una pregunta
Pero todos, temprano o tarde, Cuya respuesta no existe,
Serán quemaduras que en otro cuerpo se agranden, Una hoja cuya rama no existe,
Convirtiendo por virtud del fuego a una piedra en Un mundo cuyo cielo no existe.
un hombre.
La angustia se abre paso entre los huesos,
Pero el hombre se agita en todas direcciones, Remonta por las venas
Sueña con libertades, compite con el viento, Hasta abrirse en la piel,
Hasta que un día la quemadura se borra, Surtidores de sueño
Volviendo a ser piedra en el camino de nadie. Hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.

Yo, que no soy piedra, sino camino Un roce al paso,


Que cruzan al pasar los pies desnudos, Una mirada fugaz entre las sombras,
Muero de amor por todos ellos; Bastan para que el cuerpo se abra en dos,
Les doy mi cuerpo para que lo pisen, Ávido de recibir en sí mismo
Aunque les lleve a una ambición o a una nube, Otro cuerpo que sueñe;
Sin que ninguno comprenda Mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne;
Que ambiciones o nubes Iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.
No valen un amor que se entrega. Aunque sólo sea una esperanza,
Porque el deseo es pregunta cuya respuesta nadie sabe.

Déjame esta voz


Si el hombre pudiera decir
Déjame esta voz que tengo,
Lo mismo que a la pampa le dejan Si el hombre pudiera decir lo que ama,
Sus matorrales de deseo, Si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
Sus ríos secos colgando de las piedras. Como una nube en la luz;
Si como muros que se derrumban,
Déjame vivir como acero mohoso Para saludar la verdad erguida en medio,
Sin puño, tirado en las nubes; Pudiera derrumbar su cuerpo, dejando solo la verdad de su amor,
No quiero saber de la gloria envidiosa La verdad de sí mismo,
Con rabo y cuernos de ceniza. Que no se llama gloria, fortuna o ambición,

Un anillo tuve de luna Sino amor o deseo,


Tendida en la noche a comienzos de otoño; Yo sería aquel que imaginaba;
Lo di a un mendigo tan joven Aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
Qué sus ojos parecían dos lagos. Proclama ante los hombres la verdad ignorada,
La verdad de su amor verdadero.
Me ahogué en fin, amigos;
Ahora duermo donde nunca despierte. Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
No saber más de mí mismo es algo triste; Cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
Dame la guitarra para guardar las lágrimas. Alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina,
Por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
Y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
Como leños perdidos que el mar anega o levanta
Libremente, con la libertad del amor,
La única libertad que me exalta,
La única libertad por que muero.
Tú justificas mi existencia:
Si no te conozco, no he vivido;
Si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

2
Donde habite el olvido (1933) Las nubes (1940)
Un español habla de su tierra
Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora; Las playas, parameras
Donde yo sólo sea Al rubio sol durmiendo,
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas Los oteros, las vegas
En paz, a solas, lejos;
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.
Los castillos, ermitas,
Cortijos y conventos,
Donde mi nombre deje La vida con la historia,
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos, Tan dulces al recuerdo,
Donde el deseo no exista. Ellos, los vencedores
Caínes sempiternos,
En esa gran región donde el amor, ángel terrible, De todo me arrancaron.
No esconda como acero Me dejan el destierro.
En mi pecho su ala Una mano divina
Tu tierra alzó en mi cuerpo
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.
Y allí la voz dispuso
Que hablase tu silencio.
Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya, Contigo solo estaba,
Sometiendo a otra vida su vida, En ti sola creyendo;
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente. Pensar tu nombre ahora
Envenena mis sueños.
Donde penas y dichas no sean más que nombres, ¿Cómo vive una rosa
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo; Si la arrancan del suelo?
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo, Amargos son los días
De la vida, viviendo
Disuelto en niebla, ausencia,
Sólo una larga espera
Ausencia leve como carne de niño.
A fuerza de recuerdos.
Allá, allá lejos; Un día, tú ya libre
Donde habite el olvido. De la mentira de ellos,
Me buscarás. Entonces
¿Qué ha de decir un muerto?
No es el amor quien muere,
Como quien espera el alba [1941-1944]
No es el amor quien muere,
Somos nosotros mismos. Es la luz misma, la que abrió mis ojos
Inocencia prístina toda ligera y tibia como un sueño,
Abolida en deseo, sosegada en colores delicados
Olvido de sí mismo en otro olvido, sobre las formas puras de las cosas.
Ramas entrelazadas
El encanto de aquella tierra llana,
¿Por qué vivir si desaparecéis un día?
extendida como una mano abierta,
adonde el limonero encima de la fuente
Sólo vive quien mira suspendía su fruto entre el ramaje.
Siempre ante sí los ojos de su aurora,
Sólo vive quien besa El muro viejo en cuya barda abría
Aquel cuerpo de ángel que el amor levantara. a la tarde su flor azul la enredadera,
y al cual la golondrina en el verano
Fantasmas de la pena, tornaba siempre hacia su antiguo nido.
A lo lejos, los otros,
El susurro del agua alimentando,
Los que ese amor perdieron,
con su música insomne en el silencio,
Como un recuerdo en su sueños, los sueños que la vida aún no corrompe,
Recorriendo las tumbas el futuro que espera como página blanca.
Otro vacío estrechan.
Todo vuelve otra vez vivo a la mente,
Por allá van y gimen, irreparable ya con el andar del tiempo,
Muertos en pie, vidas tras de la piedra, y su recuerdo ahora me traspasa
Golpeando impotencia, el pecho tal puñal fino y seguro.
Arañando la sombra
Raíz del tronco verde, ¿quién la arranca?
Con inútil ternura.
Aquel amor primero, ¿quién lo vence?
No, no es el amor quien muere Tu sueño y tu recuerdo, ¿quién lo olvida,
tierra nativa, más mía cuanto más lejana?

3
Desolación de la quimera (1962)

Birds in the night ¿Oyen los muertos lo que los vivos dicen luego de ellos?
El gobierno francés, ¿o fue el gobierno inglés?, puso una lápida Ojalá nada oigan: ha de ser un alivio ese silencio interminable
en esa casa de 8 Great College Street, Camden Town, Londres, para aquellos que vivieron por la palabra y murieron por ella,
adonde en una habitación Rimbaud y Verlaine, rara pareja, como Rimbaud y Verlaine. Pero el silencio allá no evita
vivieron, bebieron, trabajaron, fornicaron, acá la farsa elogiosa repugnante. Alguna vez deseó uno
durante algunas breves semanas tormentosas. que la humanidad tuviese una sola cabeza, para así
Al acto inaugural asistieron sin duda embajador y alcalde, [cortársela.
todos aquellos que fueran enemigos de Verlaine y Rimbaud Tal vez exageraba: si fuera sólo una cucaracha, y aplastarla.
[cuando vivían.

Con la tristeza sórdida que va con lo que es pobre,


no la tristeza funeral de lo que es rico sin espíritu.
Cuando la tarde cae, como en el tiempo de ellos, Peregrino
sobre su acera, húmedo y gris el aire, un organillo
suena, y los vecinos, de vuelta del trabajo, Volver? Vuelva el que tenga,
bailan unos, los jóvenes, los otros van a la taberna. Tras largos años, tras un largo viaje,
Cansancio del camino y la codicia
Corta fue la amistad singular de Verlaine el borracho De su tierra, su casa, sus amigos,
y de Rimbaud el golfo, querellándose largamente. Del amor que al regreso fiel le espere.
Mas podemos pensar que acaso un buen instante
hubo para los dos, al menos si recordaba cada uno Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,
que dejaron atrás la madre inaguantable y la aburrida esposa. Sino seguir libre adelante,
Pero la libertad no es de este mundo, y los libertos, Disponible por siempre, mozo o viejo,
en ruptura con todo, tuvieron que pagarla a precio alto. Sin hijo que te busque, como a Ulises,
Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.
Sí, estuvieron ahí, la lápida lo dice, tras el muro,
presos de su destino: la amistad imposible, la amargura Sigue, sigue adelante y no regreses,
de la separación, el escándalo luego; y para éste Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
el proceso, la cárcel por dos años, gracias a sus costumbres No eches de menos un destino más fácil,
que sociedad y ley condenan, hoy al menos; para aquél a solas Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
errar desde un rincón a otro de la tierra, Tus ojos frente a lo antes nunca visto
huyendo a nuestro mundo y su progreso renombrado.

El silencio del uno y la locuacidad banal del otro


se compensaron. Rimbaud rechazó la mano que oprimía
su vida; Verlaine la besa, aceptando su castigo. A sus paisanos (fragmento)
Uno arrastra en el cinto el oro que ha ganado; el otro
lo malgasta en ajenjo y mujerzuelas. Pero ambos No me queréis, lo sé, y que os molesta
en entredicho siempre de las autoridades, de la gente Cuanto escribo. ¿Os molesta? Os ofende.
que con trabajo ajeno se enriquece y triunfa. ¿Culpa mía tal vez o es de vosotros?
Porque no es la persona y su leyenda
Entonces hasta la negra prostituta tenía derecho de insultarlos; Lo que ahí, allegados a mí, atrás os vuelve.
hoy, como el tiempo ha pasado, como pasa en el mundo,
vida al margen de todo, sodomía, borrachera, versos escarnecidos Mozo, bien mozo era, cuando no había brotado
ya no importan en ellos, y Francia usa de ambos nombres y Lengua alguna, caísteis sobre un libro
[ambas obras Primerizo lo mismo que su autor: yo, mi primer libro.
para mayor gloria de Francia y su arte lógico. Algo os ofende, porque sí, en el hombre y su tarea.
Sus actos y sus pasos se investigan, dando al público
detalles íntimos de sus vidas. Nadie se asusta ahora, ni protesta. ¿Mi leyenda dije? Tristes cuentos
inventados de mí por cuatro amigos
“¿Verlaine? Vaya, amigo mío, un sátiro, un verdadero sátiro. (¿Amigos?), que jamás quisisteis
Cuando de la mujer se trata; bien normal era el hombre, ni ocasión buscasteis de ver si acomodaban
igual que usted y que yo. ¿Rimbaud? Católico sincero, como a la persona misma así traspuesta.
[está demostrado” Más vuestra mala fe los ha aceptado.
Y se recitan trozos del “Barco Ebrio” y del soneto a las “Vocales”. Hecha está la leyenda, y vosotros, de mí desconocidos,
Respecto al ser que encubre mintiendo doblemente,
Mas de Verlaine no se recita nada, porque no está de moda Sin otro escrúpulo, a vuestra voz la propaláis.
como el otro, del que se lanzan textos falsos en edición de lujo;
poetas mozos de todos los países hablan mucho de él en
[sus provincias.

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