La Cultura de la Candelaria fue una civilización prehispánica que se desarrolló
en el noroeste de Argentina, específicamente en el este y sur de la provincia de
Salta y el norte de Tucumán, aproximadamente entre los años 200 d.C. y 1000
d.C.
Esta cultura toma su nombre del departamento salteño donde fue inicialmente
descubierta. Sus primeras exploraciones significativas fueron realizadas por Alfred
Métraux a principios de la década de 1930, y posteriormente Stig Ryden aportó
material crucial para comprenderla mejor.
Las comunidades de La Candelaria se caracterizaban por sus viviendas de planta
circular, construidas con materiales perecederos y zócalos de piedra. Eran
agroalfareras, es decir, practicaban la agricultura (siendo el maíz un cultivo
fundamental) y desarrollaron una destacada producción cerámica. Su arte se
manifestaba principalmente en la cerámica, utilizando técnicas como el grabado, la
incisión, la pintura y el modelado para crear diseños complejos. También
trabajaban la piedra para objetos utilitarios y ornamentales.
Se sabe que criaban llamas, que utilizaban tanto como alimento como para otros
fines. Sus contextos funerarios solían encontrarse a cierta distancia de las
habitaciones, con los cuerpos acompañados de objetos como vasos cerámicos,
collares y adornos de metal o piedra.
Es importante destacar que, aunque su epicentro se ubicaba en Salta y Tucumán,
se han encontrado cerámicas de estilo Candelaria o similares en otras áreas,
como el Valle de Tafí (Tucumán) y el valle de Hualfín (Catamarca), lo que sugiere
alguna influencia o conexión con otras culturas de la región. En los últimos siglos
antes de la llegada de los españoles, esta área experimentó influencias tanto del
este como del oeste, generando un interesante juego de interacciones culturales.
2) La Cultura de la Candelaria, que floreció en el noroeste argentino entre el 200
y el 1000 d.C., nos ofrece interesantes vislumbres de su vida cotidiana y una
riqueza artística notable, especialmente en su cerámica.
Vida Cotidiana
La vida de los Candelaria giraba en torno a la agricultura y la ganadería, siendo el
maíz su principal cultivo. Esto sugiere una organización social enfocada en la
producción de alimentos y la gestión de recursos. Complementaban su dieta con
la cría de llamas, animales que no solo les proveían de carne, sino también de
lana y quizás servían para el transporte.
Sus viviendas eran de planta circular, con cimientos de piedra que sostenían
estructuras de materiales perecederos, probablemente madera y fibras vegetales.
Estos recintos se encontraban aislados unos de otros, formando aldeas dispersas.
La presencia de utensilios de hueso, como punzones y espátulas, sugiere
actividades como la tejedura y otras labores artesanales. Además, se han
encontrado instrumentos musicales de viento, lo que indica la existencia de
prácticas musicales y posiblemente ceremoniales en su vida diaria.
Aunque la información sobre sus prácticas sociales es limitada, la aparición de
restos funerarios con ofrendas como vasos cerámicos, collares y adornos de
metal o piedra, sugiere la creencia en una vida después de la muerte y la
importancia de rituales relacionados con el entierro.
Arte
El arte de la Cultura de la Candelaria se manifestó de manera sobresaliente en la
cerámica. Se caracterizaban por piezas de color gris, con decoraciones a
menudo incisas (grabadas) y, en menor medida, pintadas o modeladas. La
iconografía de su cerámica es rica y variada, incluyendo:
Figuras antropomorfas: Representaciones humanas, a veces con rasgos
esquemáticos o fantásticos. Algunas vasijas presentan figuras femeninas
con detalles de tatuajes o adornos en el rostro y cuerpo.
Figuras zoomorfas: Animales, entre los que destacan los camélidos
(probablemente llamas), representados de forma naturalista o estilizada.
También se han encontrado representaciones de sapos y otras criaturas.
Diseños geométricos: Rectángulos, triángulos y otros patrones simples
que se combinaban con las figuras figurativas para crear composiciones
complejas.
La cerámica Candelaria no solo era utilitaria, sino que también cumplía funciones
ceremoniales. Se han encontrado vasos escultóricos con una fuerte carga
simbólica, lo que sugiere su uso en rituales y prácticas espirituales. Algunos de
estos objetos funerarios, con representaciones de tatuajes o motivos cruciformes,
podrían indicar el mundo de creencias de estas comunidades.
Además de la cerámica, también trabajaron la piedra, elaborando objetos utilitarios
como hachas y adornos como cuentas de collar cilíndricas y narigueras. Algunas
piezas de piedra presentan tallas antropomorfas o zoomorfas, a menudo con un
carácter fantástico.
En resumen, la vida cotidiana de los Candelaria estaba ligada a la subsistencia
agrícola-ganadera y a una organización social en aldeas. Su arte,
predominantemente cerámico, revela una profunda conexión con sus creencias y
un notable dominio de técnicas decorativas y modelado, reflejando su cosmovisión
y el mundo que los rodeaba.
3) Hualinchay, una localidad ubicada a unos 18 km de San Pedro de Colalao, en
la provincia de Tucumán, reviste una importancia arqueológica significativa por
varias razones:
1. Presencia de restos de la Cultura Candelaria: Hualinchay y sus alrededores son
una zona clave donde se han encontrado numerosas evidencias de la Cultura de
la Candelaria. El Museo Arqueológico "Dr. García Salemi" en San Pedro de
Colalao, por ejemplo, resguarda piezas de distintos yacimientos de la región,
incluyendo las de la Candelaria. Esto es fundamental para comprender la
distribución y las características de esta cultura prehispánica en Tucumán.
2. Confluencia de culturas: La región donde se ubica Hualinchay (el Valle de
Choromoro) fue un punto de confluencia de diversas culturas indígenas a lo largo
del tiempo, incluyendo la de la Aguada, la de Santa María y la propia Candelaria.
Esto la convierte en un área de estudio privilegiada para entender las
interacciones, influencias y evolución de los grupos humanos prehispánicos en el
noroeste argentino.
3. Sitios con arte rupestre y estructuras líticas: En los alrededores de Hualinchay,
se han hallado restos de piezas arqueológicas y estructuras significativas, como
una "piedra cuadrada de un metro y medio de cada lado en la que están
tallados los cuatro puntos cardinales". Se cree que las comunidades
aborígenes la utilizaban como una especie de mapa grabado en la roca para
orientarse entre la selva y las montañas. Este tipo de hallazgos son cruciales para
entender el conocimiento geográfico y astronómico de estas sociedades.
4. Conexión con el "Camino del Inca" y senderos preexistentes: La zona de
Hualinchay y San Pedro de Colalao se conectaba con los Valles Calchaquíes a
través de senderos antiguos, incluyendo tramos del "Camino del Inca" (Qhapaq
Ñan) o rutas preincaicas utilizadas para el intercambio y el acceso a recursos.
Esto subraya su rol como un punto de comunicación y posible comercio
interregional.
5. Potencial para futuras investigaciones: Si bien se han realizado estudios, aún
falta una investigación arqueológica exhaustiva en la región. La presencia de sitios
con evidencias de larga ocupación humana y la continuidad de tradiciones
culturales en comunidades indígenas actuales (como los Diaguita Calchaquí y Lule
en la zona) demuestran el potencial para descubrir más sobre los momentos
previos a las ocupaciones agro-alfareras y la rica historia de la región.
En síntesis, Hualinchay no es solo un hermoso paisaje, sino un punto neurálgico
para la arqueología de Tucumán, ofreciendo valiosa información sobre la Cultura
de la Candelaria, las interacciones culturales prehispánicas, el conocimiento
geográfico de las antiguas poblaciones y la continuidad de las tradiciones en la
región.