CAPÍTULO II
MARCO TEÓRICO
1. Definición y clasificación de la artritis
La artritis es un grupo de enfermedades reumáticas que afectan principalmente a las
articulaciones, produciendo inflamación, dolor, rigidez, y en casos crónicos, daño
estructural en el cartílago y hueso subyacente. El término "artritis" no define una única
patología, sino que abarca más de 100 condiciones médicas diferentes que comprometen
el sistema musculoesquelético y los tejidos circundantes. (CDC, 2020)
Entre las formas más comunes de artritis se encuentran la osteoartritis (OA) y la artritis
reumatoide (AR). La osteoartritis es un trastorno degenerativo que implica el desgaste
progresivo del cartílago articular, afectando principalmente a personas mayores de 40
años. Se presenta con mayor frecuencia en articulaciones que soportan peso, como
rodillas, caderas y columna vertebral, y su evolución está relacionada con factores como
la edad, el sobrepeso, el sexo femenino, y antecedentes familiares. (Hunter, 2019)
Por otro lado, la artritis reumatoide es una enfermedad autoinmune inflamatoria
sistémica, que afecta el revestimiento de las articulaciones y puede producir deformidades
permanentes si no se trata a tiempo. A diferencia de la osteoartritis, la AR puede aparecer
a edades más tempranas y afecta simétricamente múltiples articulaciones, siendo más
frecuente en mujeres. (Smolen, J. S., Aletaha, D., & McInnes, I. B., 2016)
Otras formas importantes de artritis incluyen la artritis psoriásica, la gota, y el lupus
eritematoso sistémico, cada una con mecanismos fisiopatológicos distintos. La
clasificación clínica de la artritis se basa en criterios como la etiología (degenerativa,
inflamatoria, infecciosa, metabólica), el número de articulaciones afectadas
(monoarticular, oligoarticular, poliarticular), y el tiempo de evolución (aguda o crónica).
(Firestein, 2021)
La comprensión de la naturaleza y tipo específico de artritis es crucial para determinar un
plan de tratamiento adecuado, donde la fisioterapia desempeña un papel importante en
todas sus formas, particularmente en las de evolución crónica.
2. Factores de riesgo asociados en mayores de 40 años
La prevalencia de la artritis aumenta de manera significativa a partir de los 40 años, lo que
se relaciona con una combinación de factores biológicos, conductuales y ambientales. En
esta etapa de la vida, las estructuras articulares comienzan a mostrar signos naturales de
envejecimiento, como la disminución del contenido de colágeno y la reducción de la
capacidad regenerativa del cartílago, lo cual predispone al desarrollo de osteoartritis, la
forma más común de artritis en adultos mayores. (Bijlsma, 2011)
Uno de los principales factores de riesgo es el envejecimiento, ya que con el paso del
tiempo se produce una degeneración progresiva de los tejidos articulares, especialmente
en las articulaciones de carga como las rodillas y caderas. Además, el sobrepeso y la
obesidad ejercen una presión adicional sobre las articulaciones, acelerando el desgaste
articular y aumentando la inflamación sistémica, lo que contribuye tanto al desarrollo como
a la progresión de la enfermedad. (Bliddal, 2006)
El sexo también influye, ya que las mujeres mayores de 40 años presentan una mayor
predisposición a desarrollar artritis, especialmente después de la menopausia, debido a
los cambios hormonales que afectan la densidad ósea y la función articular. (Srikanth,
2005). Otro factor importante es la herencia genética, pues la presencia de antecedentes
familiares de artritis incrementa significativamente el riesgo de aparición, particularmente
en casos de artritis reumatoide.
Asimismo, el nivel de actividad física y el tipo de ocupación desempeñan un rol
relevante. Las personas con estilos de vida sedentarios o aquellas expuestas a trabajos
repetitivos, cargas pesadas o posturas forzadas tienden a sufrir mayor deterioro articular
con el tiempo. (Dillon, 2006). El tabaquismo, por su parte, ha sido identificado como un
factor de riesgo para la artritis reumatoide, al inducir respuestas inmunológicas alteradas y
procesos inflamatorios crónicos. (Källberg, 2011)
El conocimiento de estos factores de riesgo permite implementar estrategias de
prevención y tratamiento temprano, incluyendo el uso de la fisioterapia para reducir la
progresión de la enfermedad y mejorar la calidad de vida en personas mayores de 40
años.
3. Rol de la fisioterapia en el tratamiento de la artritis
La fisioterapia constituye un pilar fundamental dentro del enfoque multidisciplinario para el
manejo de la artritis, especialmente en pacientes mayores de 40 años, quienes pueden
presentar tanto síntomas articulares como limitaciones funcionales progresivas. Este
abordaje no solo busca la disminución del dolor, sino también la mejora de la movilidad, el
fortalecimiento muscular, la prevención de deformidades y el fomento de la independencia
funcional. (Roddy, 2005)
El tratamiento fisioterapéutico se adapta al tipo y grado de afectación articular del
paciente, e incluye una variedad de técnicas como el ejercicio terapéutico, la terapia
manual, el uso de agentes físicos (calor, frío, ultrasonido, electroterapia), y la educación
sobre el autocuidado y la ergonomía. Estas estrategias permiten reducir la inflamación,
aumentar la amplitud de movimiento y mejorar la calidad de vida, incluso en etapas
crónicas de la enfermedad. (Fransen, 2015).
Uno de los componentes más importantes es el ejercicio individualizado, que incluye
entrenamiento aeróbico de bajo impacto, fortalecimiento muscular y ejercicios de
flexibilidad. La evidencia muestra que la actividad física regular guiada por fisioterapeutas
mejora la función física sin agravar los síntomas articulares, especialmente en personas
con osteoartritis de rodilla y cadera. (Bennell, 2014).
La terapia manual, que comprende técnicas de movilización y manipulación articular, ha
demostrado ser eficaz en la reducción de la rigidez y el dolor, mientras que la
electroterapia (como TENS) puede emplearse como complemento en fases agudas o
durante brotes inflamatorios para el control del dolor. (Deyle, 2005). Asimismo, la
educación al paciente sobre la importancia del movimiento, la postura adecuada y la
protección articular es clave para promover la autogestión de la enfermedad.
En pacientes mayores de 40 años, el abordaje fisioterapéutico resulta esencial no solo
para controlar los síntomas, sino también para prevenir la discapacidad, mantener la
independencia funcional y reducir la dependencia farmacológica o quirúrgica. Por tanto, la
fisioterapia no debe considerarse un tratamiento complementario, sino un elemento
central en el manejo integral de la artritis.
4. La fisioterapia como tratamiento integral de la artritis
El enfoque integral de la fisioterapia en el tratamiento de la artritis implica una intervención
planificada que abarca aspectos físicos, funcionales, educativos y psicosociales del
paciente. Este tipo de tratamiento se basa en un modelo biopsicosocial, donde no solo se
busca aliviar el dolor, sino también optimizar la funcionalidad, prevenir la discapacidad, y
mejorar la calidad de vida de los pacientes afectados por enfermedades articulares
crónicas. (Stoffer-Marx, 2016)
A diferencia de las intervenciones aisladas o sintomáticas, la fisioterapia integral
contempla una combinación de técnicas personalizadas, incluyendo ejercicio terapéutico
estructurado, terapia manual, aplicación de agentes físicos (crioterapia,
termoterapia, electroterapia), y educación del paciente para el manejo activo de su
enfermedad. Estos elementos se integran en un programa adaptado al tipo de artritis, al
grado de afectación funcional y a las condiciones individuales del paciente, como la edad,
el estado físico y la comorbilidad. (Hurley, 2018)
El componente educativo del tratamiento fisioterapéutico es especialmente relevante en
este enfoque. Enseñar al paciente sobre su condición, cómo conservar energía, cómo
proteger sus articulaciones durante las actividades cotidianas, y cómo realizar ejercicios
de forma segura, permite una mayor adherencia al tratamiento y una mejor gestión del
dolor y la movilidad a largo plazo. (Jordan, 2003)
Además, el tratamiento integral considera la prevención de complicaciones
secundarias, como la pérdida de masa muscular, la rigidez prolongada, la depresión
asociada al dolor crónico y el sedentarismo. En personas mayores de 40 años, este
enfoque integral es esencial para preservar la autonomía funcional, reducir la progresión
de la enfermedad, y evitar intervenciones quirúrgicas innecesarias. (Fransen M. &., 2008)
Por lo tanto, la fisioterapia como tratamiento integral de la artritis no solo actúa sobre la
sintomatología, sino que se orienta hacia la recuperación global del paciente. Su eficacia
ha sido ampliamente respaldada por la literatura científica y recomendada por organismos
internacionales en el manejo de patologías articulares crónicas.
5. Importancia del tratamiento integral
El tratamiento integral de la artritis es fundamental para abordar de manera efectiva los
múltiples aspectos que afectan a las personas que viven con esta enfermedad crónica. La
artritis no solo implica daño estructural articular, sino que también genera consecuencias
funcionales, emocionales y sociales que requieren una atención multidisciplinaria. Por
ello, un abordaje integral incluye intervenciones médicas, fisioterapéuticas, nutricionales,
psicosociales y educativas, orientadas a mejorar el estado general del paciente y su
calidad de vida. (Bijlsma, Portal, 2011)
Este enfoque permite atender de forma coordinada tanto los síntomas físicos —como el
dolor, la rigidez o la pérdida de movilidad— como los efectos secundarios asociados, tales
como el sedentarismo, la pérdida de independencia funcional, la depresión y el
aislamiento social, especialmente frecuentes en personas mayores de 40 años. Al
combinar terapias farmacológicas con estrategias no farmacológicas, como el ejercicio
terapéutico, la educación para el autocuidado y la terapia ocupacional, se obtienen
mejores resultados clínicos y funcionales. (Combe, 2017)
La fisioterapia desempeña un papel esencial dentro del tratamiento integral, ya que
interviene directamente en la recuperación y mantenimiento de la función articular y
muscular, reduce el dolor mediante métodos no invasivos y promueve la autonomía del
paciente. En adultos mayores, este abordaje es crucial para retrasar la progresión de la
discapacidad y prevenir la dependencia. (Fransen M. &., Portal, 2008)
Además, los tratamientos integrales fomentan la participación activa del paciente en su
proceso de recuperación, lo que mejora la adherencia al tratamiento y la autogestión de la
enfermedad. Esto es especialmente importante en enfermedades crónicas como la artritis,
donde el manejo continuo a largo plazo es necesario para mantener una buena calidad de
vida. (Woolf, 2003)
En resumen, el tratamiento integral de la artritis permite intervenir de manera eficaz en
todas las dimensiones de la enfermedad, logrando una atención más humana, funcional y
eficiente. Este enfoque holístico es actualmente recomendado por guías clínicas
internacionales para el manejo de condiciones reumáticas crónicas.
6. Técnicas fisioterapéuticas complementarias:
En el tratamiento integral de la artritis, la fisioterapia incluye diversas técnicas que,
además de aliviar síntomas, contribuyen al mantenimiento de la funcionalidad y la
autonomía. Entre las técnicas fisioterapéuticas complementarias más efectivas se
encuentran los ejercicios terapéuticos, las terapias manuales y movilizaciones
articulares, y la educación del paciente. Estas intervenciones deben ser
personalizadas, progresivas y supervisadas por profesionales de la salud capacitados.
6.1. Ejercicios terapéuticos
Los ejercicios terapéuticos constituyen la base del tratamiento fisioterapéutico en
personas con artritis. Incluir ejercicios de fuerza muscular, flexibilidad, resistencia
cardiovascular y equilibrio permite preservar la movilidad, prevenir atrofias musculares
y reducir el dolor articular. La evidencia científica muestra que los programas de ejercicio
adaptado mejoran significativamente la capacidad funcional y reducen el deterioro físico,
especialmente en adultos mayores de 40 años. (Fransen M. &., Portal, 2008); (Brosseau,
2017). Es fundamental evitar ejercicios de alto impacto, priorizando actividades de bajo
estrés articular como caminar, nadar, ciclismo suave o el uso de bandas elásticas.
6.2. Terapias manuales y movilizaciones articulares
Las técnicas de movilización articular pasiva y activa, así como las maniobras de
deslizamiento y tracción articular, son útiles para mantener la amplitud de movimiento,
reducir contracturas y aliviar el dolor. Estas técnicas también permiten reducir la rigidez
matutina característica de muchas formas de artritis (Deyle G. D., 2005). La terapia
manual, aplicada por fisioterapeutas entrenados, también ayuda a mejorar la
propiocepción y el control neuromuscular, lo cual es especialmente beneficioso para las
articulaciones afectadas por osteoartritis o artritis reumatoide.
6.3. Educación del paciente
Un componente clave en el tratamiento fisioterapéutico es la educación al paciente, que
busca fomentar la autogestión activa de la enfermedad. Esto incluye la enseñanza de
estrategias para conservar energía, realizar movimientos seguros, prevenir deformidades,
y adaptar actividades diarias según las limitaciones articulares. La educación también
promueve la adherencia a la terapia y reduce el miedo al movimiento, un factor frecuente
en personas con dolor crónico (Jordan, Portal, 2003). Además, el acompañamiento
educativo mejora la salud mental y la autoconfianza del paciente.
En conjunto, estas técnicas complementarias permiten alcanzar una recuperación más
completa y sostenida en el tiempo, especialmente en personas mayores de 40 años,
quienes pueden enfrentar mayores barreras físicas y emocionales para mantener una vida
activa.
7. Importancia de la intervención fisioterapéutica en adultos mayores de 40 años
La intervención fisioterapéutica en adultos mayores de 40 años con artritis es fundamental
para prevenir el deterioro funcional progresivo que suele acompañar a esta enfermedad
crónica. A partir de esta edad, el cuerpo humano comienza a experimentar cambios
fisiológicos relacionados con el envejecimiento, como la disminución de la masa muscular,
la reducción de la densidad ósea y el desgaste articular natural, lo que aumenta la
vulnerabilidad a los trastornos musculoesqueléticos, especialmente a la osteoartritis y la
artritis reumatoide. (Bijlsma, Portal, 2011)
La fisioterapia en este grupo etario tiene como objetivo principal preservar o recuperar la
funcionalidad, reducir el dolor, mantener la independencia en las actividades de la vida
diaria (AVD) y mejorar la calidad de vida. Además, ayuda a contrarrestar los efectos
negativos del sedentarismo, la inmovilidad y el uso excesivo de fármacos, que son
comunes en personas con enfermedades reumáticas crónicas. (Fransen M. &., Portal,
2008)
Diversos estudios han demostrado que los programas de fisioterapia individualizados, que
incluyen ejercicios terapéuticos, terapia manual y educación en el autocuidado, logran
mejoras significativas en la fuerza muscular, el equilibrio, la marcha y la movilidad general.
Estas mejoras no solo previenen caídas y lesiones, sino que también reducen la carga
sobre los sistemas de salud pública al retrasar la dependencia funcional y la necesidad de
intervenciones quirúrgicas. (Bennell, 2014)
Además, la intervención fisioterapéutica aporta beneficios psicológicos al fomentar el
empoderamiento del paciente, reducir la ansiedad y mejorar la percepción del control
sobre su enfermedad. Este enfoque integral, orientado a la promoción del envejecimiento
activo y saludable, permite a los adultos mayores de 40 años mantener una participación
social activa y un estilo de vida autónomo durante más tiempo. (Hurley, 2018)
En conclusión, la fisioterapia representa una herramienta terapéutica indispensable para
abordar de manera preventiva, funcional y humana los desafíos físicos que enfrentan las
personas mayores de 40 años con artritis, constituyéndose en una estrategia clave para
promover salud, funcionalidad y bienestar en esta etapa de la vida.
8. Aplicación de la fisioterapia en personas con artritis
La fisioterapia desempeña un papel fundamental en el manejo de la artritis, una
enfermedad inflamatoria que afecta las articulaciones y limita la funcionalidad del
paciente. Su objetivo es aliviar el dolor, mejorar la movilidad y preservar la independencia
funcional. El abordaje fisioterapéutico debe basarse en una evaluación integral y un plan
de tratamiento individualizado. (Fernández-de-las-Peñas, 2020)
8.1. Evaluación del paciente
Antes de iniciar cualquier intervención, es esencial realizar una evaluación detallada. Esta
incluye la recopilación de la historia clínica, que permite conocer el tipo de artritis
(reumatoide, osteoartritis, etc.), duración de los síntomas, tratamientos previos,
comorbilidades, y limitaciones funcionales.
Posteriormente, se aplican pruebas funcionales para valorar el rango de movimiento
articular, la fuerza muscular, la marcha, la postura, el equilibrio y la capacidad funcional en
actividades de la vida diaria (AVD). Herramientas como el Health Assessment
Questionnaire (HAQ) o el Índice de Barthel pueden emplearse para cuantificar el grado de
discapacidad. (Negrín, 2022)
8.2. Plan de tratamiento personalizado
El diseño del tratamiento debe adaptarse a las características individuales del paciente.
Se utilizan técnicas como la terapia manual, ejercicio terapéutico, termoterapia,
electroterapia, y educación para el autocuidado. La dosificación del ejercicio (tipo,
intensidad, duración y frecuencia) debe adaptarse según la fase de la enfermedad (activa
o en remisión).
El fisioterapeuta también puede intervenir en la educación postural, el uso adecuado de
ayudas técnicas, y en la prevención de deformidades articulares. Un enfoque
multidisciplinario, en colaboración con reumatólogos y terapeutas ocupacionales, optimiza
los resultados funcionales y mejora la calidad de vida del paciente. (Mikulandra, 2021)
8.3. Beneficios de la fisioterapia en el manejo de la artritis
La fisioterapia es una herramienta terapéutica eficaz en el tratamiento integral de la
artritis, una condición crónica caracterizada por inflamación articular, dolor y limitación
funcional. A través de diversas intervenciones basadas en la evidencia, la fisioterapia
contribuye significativamente al control de los síntomas y a la mejora de la calidad de vida
del paciente. (Mikulandra, 2021)
8.3.1. Alivio del dolor
Uno de los principales objetivos de la fisioterapia en pacientes con artritis es la reducción
del dolor articular. Mediante técnicas como la electroterapia, terapia manual y ejercicios
de bajo impacto, se logra disminuir la sensibilidad articular y mejorar la tolerancia al
movimiento. Estas intervenciones contribuyen a reducir la dependencia de analgésicos y
antiinflamatorios. (Gálvez, 2020)
8.3.2. Mejora de la movilidad articular
La fisioterapia también ayuda a mantener y mejorar el rango de movimiento articular, el
cual suele verse afectado por la inflamación crónica. Los ejercicios de estiramiento,
movilización pasiva y activa, junto con el uso adecuado de calor local, promueven una
mayor elasticidad de los tejidos periarticulares, reduciendo el riesgo de contracturas y
deformidades. (Fernández-de-las-Peñas, 2020)
8.3.3. Aumento de la fuerza muscular
La pérdida de masa y fuerza muscular es común en personas con artritis, especialmente
en etapas avanzadas. El entrenamiento de fuerza progresiva adaptado a cada paciente es
esencial para mejorar la estabilidad articular, reducir la carga sobre las articulaciones
afectadas y mejorar la funcionalidad general. (Negrín, 2022)
8.3.4. Reducción de la rigidez matutina
Uno de los síntomas característicos de muchas formas de artritis, como la artritis
reumatoide, es la rigidez matutina. La fisioterapia, a través de rutinas específicas de
movilización suave al despertar y técnicas de termoterapia, ha demostrado reducir
significativamente la duración e intensidad de esta rigidez, facilitando el inicio de las
actividades diarias. (Mikulandra, 2021)
8.3.5. Impacto en la calidad de vida
Todos estos beneficios terapéuticos se traducen en una mejora significativa de la calidad
de vida del paciente. La fisioterapia no solo impacta en los aspectos físicos, sino también
en el bienestar emocional, promoviendo la autonomía, reduciendo el aislamiento social y
fomentando un enfoque activo y positivo frente a la enfermedad. (Gálvez, 2020)
9. Casos de estudio y revisión de literatura: Análisis de estudios clínicos sobre la
eficacia de la fisioterapia en la artritis
La evidencia científica respalda ampliamente el uso de la fisioterapia como parte del
tratamiento integral de la artritis. Tanto los estudios clínicos controlados como las
revisiones sistemáticas han demostrado que las intervenciones fisioterapéuticas mejoran
significativamente los síntomas y la funcionalidad de los pacientes con diversos tipos de
artritis, incluyendo la artritis reumatoide, la osteoartritis y la espondiloartritis.
9.1. Evidencia de estudios clínicos
Un estudio clínico aleatorizado realizado por (Katz, 2021), evaluó la eficacia del ejercicio
terapéutico en personas con osteoartritis de rodilla. Los resultados mostraron una
reducción significativa del dolor (medido mediante la escala visual analógica) y una
mejora funcional (según el cuestionario WOMAC) tras un programa de ejercicios
supervisado durante 12 semanas. El grupo de intervención, en comparación con el grupo
control, mostró también una mayor adherencia al tratamiento no farmacológico.
Por otro lado, (Mikulandra, Portal, 2021) llevaron a cabo una revisión sistemática sobre
fisioterapia en artritis reumatoide, en la cual concluyeron que tanto la fisioterapia activa
(ejercicio terapéutico, fortalecimiento muscular, movilidad articular) como pasiva (terapia
manual, electroterapia) tenían un efecto clínicamente significativo en la reducción del
dolor, rigidez y mejora de la calidad de vida.
9.2. Estudios de caso clínico
En un estudio de caso presentado por (López, 2020), una paciente con artritis reumatoide
avanzada fue tratada con un plan fisioterapéutico personalizado que incluyó
movilizaciones articulares suaves, ejercicios isométricos y técnicas de relajación
muscular. Tras ocho semanas de intervención, se evidenció una notable mejora en el
rango articular, reducción de la rigidez matutina y aumento de la independencia funcional.
Asimismo, (Negrín, 2022) destacaron en su revisión que el abordaje fisioterapéutico debe
estar individualizado y adaptado a la fase de la enfermedad (activa o de remisión), lo que
potencia la eficacia del tratamiento y reduce el riesgo de complicaciones secundarias.
9.3. Conclusión de la revisión
Los estudios revisados coinciden en que la fisioterapia constituye un componente esencial
en el manejo interdisciplinario de la artritis. Su aplicación basada en evidencia contribuye
no solo a la mejora física, sino también al bienestar psicológico y social del paciente.
Estos hallazgos refuerzan la necesidad de incluir intervenciones fisioterapéuticas en las
guías clínicas de tratamiento de enfermedades reumáticas.