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La Sociología Como Arma de La Resistencia

Este documento presenta un resumen de 3 oraciones o menos: El documento introduce el tema de una sociología como arma de resistencia y critica la teoría crítica tradicional. Plantea abordar el análisis desde una perspectiva posmarxista y posstructuralista, tomando conceptos de Deleuze, Guattari y Bourdieu. El primer capítulo analizará el devenir del mundo islámico y árabe como un flujo continuo al igual que el capital financiero.

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La Sociología Como Arma de La Resistencia

Este documento presenta un resumen de 3 oraciones o menos: El documento introduce el tema de una sociología como arma de resistencia y critica la teoría crítica tradicional. Plantea abordar el análisis desde una perspectiva posmarxista y posstructuralista, tomando conceptos de Deleuze, Guattari y Bourdieu. El primer capítulo analizará el devenir del mundo islámico y árabe como un flujo continuo al igual que el capital financiero.

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La Sociologa como arma de la resistencia.

(Para una crtica de la teora crtica) Fesal Chain

A la memoria de l@s miles que murieron en la lucha contra la dictadura pinochetista y gracias a l@s cuales hoy estamos vivos. Para tod@s aquell@s con quienes compart y sufr un tiempo pico y que me ensearon a ir ms all de mi mismo.

Para Fernanda y Elas, mis hijos, para Fesal, mi padre, Cristina Castro, mi madre, para mi hermana Cristina y para Bruni Ramos.

Para Patricia Alfaro, Carmen Lefiche, Rodrigo Bravo, Rodrigo Quevedo, Julio Gonzlez y Gladys Bustos, Brbara Morales y Marco Fuentes. Profundos agradecimientos para Nicols Fuster, Omar Sarrs y Andrea Fuentes.

Reconocimientos a lvaro Palacios, Luis Vitale, Jos Mara Bulnes y Gabriel Salazar, por su formacin humana, terica y poltica.

Si abr los ojos, para ver el rostro puro y terrible de m Patria, si abr los labios hasta desgarrrmelos, me queda la palabra.

Blas de Otero

Y nunca fuimos soldados, ni maestros ni aprendices pues vagamente supimos que jugbamos al tiempo siendo hijos de lo eterno. Y nunca esta Patria dejamos, y lo dems, sueos han sido, juego de nios en patio inmenso: fiestas, luchas, amores, lutos.

Gabriela Mistral

Oh Chile, largo ptalo de mar y vino y nieve, ay cundo ay cundo y cundo ay cundo me encontrar contigo

Pablo Neruda

ndice

Prlogo.

Introduccin.

Captulo 1. Primera aproximacin desde el devenir del mundo islmico y rabe.

Captulo 2. Segunda aproximacin desde el devenir del mundo indoamericano.

Captulo 3. Tercera aproximacin desde la crtica terica.

Captulo 4. Conflicto, continuo social y democracia en el Chile del Siglo XXI.

Captulo 5. A modo de eplogo, desde lo histrico-poltico.

Captulo 6. Latitud... o las polticas de la identificacin por Mauricio Bravo C.

Prlogo

Fesal Chain

No puedo dejar de mencionar en este prlogo/personal a uno de los autores que me ha marcado durante a lo menos veinte aos de mi vida. Me refiero a Antonin Artaud y especialmente su libro Carta a la Vidente[1]. Nunca he dejado de leer y releer esa suma de textos, a lo largo de una vida en que a travs de todo acontecimiento, pequeo o grande, la he vivido en una fuga permanente, pletrico de deseo,

perifrico y rebelde, y en la que siempre devengo en otro, siempre en otro, en la especie del indeseado del poder, que me hermana con miles. Y releo a Artaud: Pienso en la vida. Todos los sistemas que pueda yo edificar jams igualarn mis gritos de hombre ocupado en rehacer su vida. (...) Para m, es preciso contar, ante todo, con el magnetismo incomprensible del hombre, con lo que, a falta de una expresin ms penetrante, me veo obligado a llamar su fuerza de vida. (...) En cierta forma yo soy el excitador de mi propia vitalidad: vitalidad que me es ms preciosa que mi conciencia pues lo que en los otros hombres no es sino un medio para ser un hombre es en m toda la razn*2+. Porque para quienes estamos, en nuestra diferencia, profundamente en desacuerdo con el orden central y nuestra sensibilidad nos hace sentir en todo el cuerpo la profunda fuerza y energa refractaria del sistema al conocimiento crtico y a la diversidad plena, el modo de resistencia vital es el de hacer y rehacer nuestras vidas, no cayendo en estados que nos interrumpan nuestro proceso. Parafraseando a Gilles Deleuze en su texto Literatura y Vida, no se vive con las propias neurosis. La neurosis y la psicosis no son fragmentos de vida, sino estados en los que se cae cuando el proceso est interrumpido, impedido, cerrado. La enfermedad no es proceso, sino detencin del proceso. Igualmente, aquel que resiste, es un verdadero mdico, mdico de s mismo y del mundo. Y al querer realizar un salto cualitativo de mdico de uno mismo a mdico del mundo, que es la accin propiamente poltica, releo nuevamente a Artaud: Las fuerzas revolucionarias de un movimiento cualquiera son aquellas capaces de desencajar el fundamento actual de las cosas, de cambiar el ngulo de la realidad*3+. Y cambiar este ngulo es posible, y para m como socilogo, es hacerlo primeramente desde la reflexin y la escritura, es decir, construyendo teora desde y para el movimiento real de lo social resistente. Construyendo una sociologa como arma de la resistencia. Pues en este nuevo siglo nuestro, requerimos todos y todas, ms que nunca, lo que Pierre Bourdieu llam el efecto teora, es decir esa construccin simblica, de lenguaje, educativa, que no realiza mimesis o representacin del campo social, sino poiesis y conforma y empuja desde la construccin del objeto social al propio cuerpo politizado y hermanado a los agentes sociales, en una mutua liberacin del dominio del poder. Haciendo un recuerdo de los peores das (...), los ms amargos, aquellos sobre los cuales no querremos volver*4+, a veces pienso que tuvieron algn sabor dulce, porque ramos iguales en ese dolor inmenso que nos infringan y ramos iguales en la autodefensa y en la violencia que infringamos. Y que si alguien abandonaba por muerto, por valiente, por bello, entonces vena otro y otra que se paraba nuevamente. Como el combatiente de Vallejo. Pero no es una nostalgia, de esas que idealizan utopas aejas y gastadas, que a estas alturas son monstruos de los sueos de la razn. No.

Esta es una nostalgia de la humanidad que nos sala del espritu a flor de piel, ms all de las supuestas ideologas y de las supuestas clases y de las diferencias y de las igualdades y de los gneros y de los colores de piel y de los olores y de los barrios y de las religiones y de las enfermedades y de los deseos particulares. Porque esa hermandad perdida ningn Estado/estado externo a nosotros mismos, nos la dar, ninguno, porque cuando naci esa bella hermandad en aquel Chile de mierda, naci de nosotros mismos, de lo que se llamaba antiguamente el pueblo, no de las instituciones ni de la clase poltica, ni de las iglesias. Las lites, como siempre, se subieron al carro nuestro, porque si no, se quedaban sin pueblo y sin pueblo no se puede modelar ciudadanos, que en lo posible olviden que fueron pueblo, que en lo posible olviden que fueron poder, que en lo posible olviden que si nos cansamos de sus promesas incumplidas, de la traicin endmica, de nuevo caen sus gobiernos, sus iglesias, sus estados, como un castillo de naipes de cartas marcadas por jugadores tramposos. As que como tantas y tantos lo han dicho desde el principio de los tiempos y conformado desde su vida cotidiana, la accin social, la teora social, y la poltica:

Adelante, vivir, reflexionar, resistir, vencer!

Introduccin

El anlisis tradicional dominante del capital financiero se ha vuelto inoperante. El anlisis anticapitalista clsico se ha vuelto inoperante. Se han incapacitado. Desde la revoluciones anticoloniales indochina y argelina, desde la guerra de Vietnam, desde las guerras en Palestina, Afganistn e Irak, el capital financiero ha perdido todas las batallas que constituyen su guerra por estructurar y reestructurar el orden del capital, por dotar de energa al sionismo internacional territorializndolo y capacitndolo como mquina autopoitica[5], por des/autopoietizar al Islam y al mundo rabe en sus mltiples versiones e instalar una estructura democapitalista estable.

El capital ha recibido en este resoplar de energa y flujo de violencia poltica-militar y de violencia simblica asentada en el discurso democratizante, lo que era esperable recibir, energa y flujo de violencia poltica-militar y de violencia simblica resistente, transfigurada en el lenguaje, por el mismo capital financiero en terrorismo. Como afirmaran Gilles Deleuze y Flix Guattari en Rizoma: (...) el mundo ha perdido su pivote, el sujeto ya no puede dicotomizar, siquiera;(...) las multiplicidades se definen por lo externo: por la lnea abstracta, lnea de fuga o de desterritorializacin conforme la cual transforman su naturaleza al conectarse con otras. (...) Tal plano de exterioridad, sobre una misma zona: acontecimientos vividos, determinaciones histricas, conceptos reflexionados, individuos, grupos y formaciones sociales*6+. Y profundizan su visin del mundo social, como un continuo entre dos polos de delirio: (...) el polo paranoico fascista (s soy de los vuestros, de la clase y raza superior) y el polo esquizorevolucionario (no soy de los vuestros, desde la eternidad soy de la raza inferior, soy una bestia, un negro). El paranoico, carga la formacin de soberana central, maquina masas, es el artista de los grandes conjuntos molares, formaciones estadsticas o conjuntos gregarios, fenmenos de masa organizadas. El esquizo-revolucionario, que sigue las lneas de fuga del deseo, monta sus mquinas y sus grupos en fusin, en los enclaves o en la periferia, va en la direccin de la microfsica, flujos y objetos parciales que ya no son tributarios de los grandes nmeros *7+. Situmonos desde aqu, y desde este plano de exterioridad y desde este continuo, en el polo del mximo sin capitalismo posible, sin fascismo posible, superemos a la ciencia social dominante y a las incrustaciones positivistas y naturalistas de Marx y tomemos el pensamiento rizomtico, esquizoanaltico y maqunico de Deleuze y Guattari y lo propiamente postestructuralista y postmarxista del pensamiento de Bourdieu, y recreemos la terica social desde las yuxtaposiciones de algunos elementos analticos de stas miradas y tambin desde la crtica a otros elementos de stas mismas miradas y trabajemos el libro, como Michel Foucalt entiende al libro, es decir como una caja de herramientas, al menos.

1.- Primera aproximacin desde el devenir del mundo islmico y rabe.

Hoy, ayer, maana y an despus, el flujo contina. Es continuo como tanto el capital financiero es continuo y se mueve a travs. El flujo es continuo como multiplicidad de discursos, (armas)[8], acontecimientos vividos, determinaciones histricas, conceptos reflexionados, individuos, grupos y formaciones sociales, desterritorializados, es decir en permanente transformacin, conformes a la naturaleza de un capital financiero informatizado y golondrina. George Habash, mdico y dirigente poltico palestino, afirmaba ya en la dcada de los setenta, que en la medida que los judos dirigidos por el sionismo, deban viajar desde sus orgenes norteamericanos, europeos, asiticos y africanos, a la Palestina rabe, todo territorio usado por los cuerpos politizados, para llegar a constituir el Eretz Israel era un continuo y por tanto susceptible de ser atacado. Era un avin y su travesa, era un barco y su travesa, es decir se deba cortar el flujo propiamente tal. No era deseable en la guerra declarada por el sionismo, que ste lograra territorializarse para ser atacado. El judasmo sionista desterritorializado histricamente se asent en Eretz -Israel de esta manera, por flujos, o alis[9], conformadas desde la cultura juda como pueblo y la red financiera del capital[10]. Hoy, ms que otras culturas poltico militares, es Al Qaeda quien retoma este accionar atacando todo lugar y flujo pero a la vez organizndose desterritorializadamente. Al Qaeda es una red, presente en todo lugar. Habash entreg una reflexin y un operar primario, propiamente de primer orden, es decir de los sistemas observados. Fue capaz de mirar el proceso de formacin de soberana central, pero no organizar la resistencia palestina desterritorializadamente. Al Qaeda ha reflexionado y operado en el segundo orden, el de los sistemas observadores. Es decir, como destacamento poltico-militar capaz de mirar la constitucin del capital y del estado y a la vez mirarse a s mismo y organizar en fuga su accin poltico-militar, en relacin al movimiento real del orden central. En el capital tenemos desde hace 60 aos el modelo estructural de intervencin en el mundo rabe, modelo estructural de intervencin global. Eretz Israel. Democracia representativa y sistema parlamentario, especialmente en aquellos territorios con un continuo discursivo y poltico

multidiverso. Sociedad High Tech[11], es decir de alta tecnologa en todos los campos en que dichas formaciones sociales operan, ya sea el campo nuclear, militar, agrario, educativo, conceptual y poltico. Construccin mediante la violencia poltico-militar, de una violencia simblica vehiculizada desde un meta/relato dicotmico: eje del bien /eje del mal, civilizacin/ barbarie, violencia legtima democratizante/terrorismo inhumano y cruel. El actualizado discurso moralizante y religioso del capital-estado, (ajeno a la tradicin poltica desde Maquiavelo), de que toda accin del estado y del capital es justa y buena y que toda accin de la resistencia islmica y rabe es injusta, cruel y terrorista, distinta ticamente a la accin del capital y del estado, no se sostiene en la prctica. Ms all de la infinidad de datos de los miles de torturados, muertos civiles, refugiados, exiliados y la explcita poltica del apartheid realizada por el capital y el estado sionista en Palestina, es significativa, en el plano de los supuestos valores superiores del judasmo, la reflexin del filsofo judo George Steiner, llena de tensiones internas, de una tica de la conviccin inicial impecable, pero de una supuesta tica de la responsabilidad que se convierte ms bien en una pragmtica final, paranoica-fascista, que deja fuera todo humanismo y que demuestra que la inteligencia juda, an la ms lcida, ha aceptado el metarelato dicotmico del capital y del estado, a tal punto de aceptar la ruptura de los propios valores de su pueblo y de su comunidad histricamente perseguida, en fuga. Quisiera en este prrafo, aadir una reflexin propiamente personal, como descendiente de palestinos. Para m es muy doloroso, no solamente la injusticia y el holocausto que se ha cometido sobre el pueblo palestino, sino tambin que sea el propio pueblo judo nuestro verdugo. De nios nos ensearon que el racismo demencial, la matanza indiscriminada y la crueldad sobre el pueblo judo por el nazismo, era la mayor muestra de inhumanidad de los tiempos modernos. Y as lo sentimos. De alguna manera, la actitud inclaudicable de lucha contra la dictadura pinochetista en Chile, estuvo para muchos de nosotros, desde la izquierda, prefigurada por la lucha en contra del nazi-fascismo, nos sentamos tan perseguidos y humillados como lo fue el pueblo judo y los pueblos europeos y nombramos al primer movimiento poltico social de lucha, la resistencia. Sin embargo despus de la Segunda Guerra Mundial, hemos visto, como este pueblo, de arquitectura esquizo-revolucionaria, desterritorializado y en fuga, se convirti, bajo la direccin poltica del sionismo en un estado paranoico-fascista de soberana central, que ha negado de manera permanente la posibilidad de la diversidad palestina y de su constitucin como estado. Como lo ha dicho reiteradamente un gran amigo, parafraseando al mayor intelectual palestino, Edward Said, los palestinos de hoy, somos los judos de ayer. La misma contradiccin que muestra Steiner, es la que realmente sentimos muchos no judos y especialmente los palestinos de izquierda. A continuacin, las terribles y tristsimos palabras del filsofo: Hoy viene a aadirse algo nuevo a este problema: la relacin del judo-husped en la Dispora con respecto al sionismo imperante en el pas de Israel. Aqu, yo me encuentro en un suelo martirizador. Israel es un absoluto milagro, un

sueo llevado a la realidad de forma casi mgica, desde el mismo infierno. Hoy da es el nico lugar seguro de refugio para los judos, si de nuevo surgiese la catstrofe en cualquier lugar del mundo. Y surgir otra vez, eso es seguro! Es posible que Israel albergue un buen da a mis hijos y nietos. Qu judo tiene derecho a albergar dudas frente al sionismo, incluso tristeza? Y sin embargo: a lo largo de ms de dos mil aos de persecucin, de matanzas, del gueto y del escarnio, el judo no era capaz de humillar a otro ser humano, cuanto menos de torturarlo. En mi opinin, no haba una mayor distincin, una aristocracia ms orgullosa, que la de pertenecer al pueblo que no ha torturado. Casi desde mi niez estaba yo orgulloso de ello, senta una tal arrogancia: yo pertenezco a la raza ms alta de todas, porque nosotros no torturamos. Nosotros somos los nicos. Nosotros no tenamos el poder para hacerlo. Aleluya! (...) El que tortura aunque slo sea para sobrevivir- es algo mucho ms bajo que un ser humano. Esto es para m, y lo ser siempre, un imperativo categrico. Precisamente para sobrevivir en un entorno fanticamente hostil, colmado de odio, tiene Israel, ahora tambin, que torturar y humillar a muchos vecinos, humillarlos de manera terrible. Tiene que hacerlo. Es demasiado alto este precio? Ha arrebatado Israel al pueblo judo sus lettres de noblesse metafsico-morales, sus ttulos de nobleza? Plantear aqu esta cuestin, y adems en lengua alemana, es, probablemente, una insolencia trgica: lo s. Que Spinoza me preste ayuda*12+ Frente a este complejo modelo de intervencin global, el Islam y el mundo rabe ha mostrado un accionar de redes y flujos. El accionar de Al Qaeda no slo es explicable desde la conceptualizacin rizomtica o de desterritorializacin conforme la cual transforma su naturaleza al conectarse con otra, sino tambin desde la tradicin del lenguaje poltico islmico. El uso de izquierda y derecha, ahora adoptado universalmente (...) fue una alusin histrica que deriva de la disposicin de los asientos en la Asamblea nacional francesa despus de la Revolucin*13+. Entender izquierda y derecha es entender y construir un arriba/abajo, una estructura propiamente cuadrada. El mundo islmico para referirse al poder poltico, a la organizacin del estado elabora los temas bsicos dentro y fuera, cerca y lejos. En la mayora de las cortes musulmanas haba chambelanes que custodiaban los lugares de acceso al gobernante. (...) La sociedad musulmana rechaza, en principio siempre, y en la prctica a menudo, al menos hasta cierto punto, la jerarqua y los privilegios, una sociedad en la que el poder y la categora dependen fundamentalmente de la cercana al gobernante y del disfrute de su favor. (...) El movimiento hacia adentro puede estar rodeado de dificultades y ser obstruido por los chambelanes y otras barreras, pero es incomparablemente ms fcil que el movimiento hacia arriba a travs de las bien definidas capas de una sociedad estratificada. En esto, como en muchas otras cosas, el lenguaje poltico musulmn refleja el ideal de movilidad social *14+.

De esta manera, el Islam, al igual que el capital, tambin construye una estructura, sin embargo, al ser una estructura circular, remite ms al continuo que al discontinuo sistema de estratos, es en rigor una lnea infinita. A su vez, construir estructura circular, significa establecer una equidistancia entre el poder central y lo social, igual para todos los individuos y agrupaciones. Cada agente tiene una misma distancia con respecto al poder central. El sistema estructurado en estratos, entre otras cosas, construye una pirmide social, en que las agrupaciones o agentes ms cercanos al poder, son minoritarios y en la base de la pirmide, alejados enormemente del poder, accionan los mayoritarios, los marginados y entre ellos los refractarios. Al mismo tiempo, cada estrato est amurallado, convirtindose en una especie de casta, de ah la ilusin liberal y socialdemcrata de que la educacin es una herramienta de movilidad social, o de salto cualitativo de estrato a estrato. Cuestin ampliamente refutada por los estudios empricos de la sociologa de la educacin desde la dcada de los 60 y las construcciones tericas e investigaciones de la sociologa bourdiana. En plano exterior de la poltica islmica y de la comprensin poltica occidental, es explicable entonces la incomprensin del proceso revolucionario Iran, por parte de los analistas liberaldemocrticos y socialdemocrticos occidentales. En un programa de la televisin chilena, frente a una pregunta del periodista a un analista de poltica internacional[15], sobre porqu habra ganado la ortodoxia islmica y no el reformismo, cuando todos los datos al respecto indicaban lo contrario, un primer intento explicativo fue el del fraude electoral. En realidad, lo que pas en Irn en una eleccin con a lo menos tres candidatos fuertes, fue que los ciudadanos eligieron a aqul que les prometi o les dio una seguridad relativa de mayor acceso/cercana al gobernante y una identidad propiamente islmica frente a la agresin del capital financiero. Una muestra de esto ltimo, es que el Presidente Iran Mahmud Ahmadineyad del partido Abadgaran, nombr ministros de estado a una mayora sin experiencia poltica, es decir ms cercanos a la poblacin que a la clase poltica, ya sea del llamado conservadurismo, o del reformismo que haba gobernado durante los ltimos ocho aos. Y como muestra de la mecnica capital estado-resistencia islmica, hoy, al escribir este ensayo, y meses despus del triunfo de Ahmadineyad, el presidente republicano de los Estados Unidos, George Bush ha dado claras seales, en discursos pblicos, de realizar futuras operaciones militares contra Irn. La dicotoma reforma/revolucin, conservadurismo/liberalismo en el Islam es una representacin occidental estructurante propiamente paranoica, que no explica nada. Para explicar los procesos internos del Islam, es necesario ocupar el lenguaje poltico del Islam o lo que es lo mismo, el conocimiento islmico del Islam. Esta aproximacin al objeto social, desde la conformacin tanto desde el movimiento de la resistencia como de la estructura circular islmica, nos muestra en primer lugar la distincin

cualitativa entre la construccin del capital y del estado y la construccin de lo social y lo poltico desde lo social resistente. Los primeros desde el polo paranoico fascista invierten en la territorializacin de los cuerpos o agrupaciones sociales, los segundos desde el polo esquizorevolucionario invierten en la desterritorializacin de las agrupaciones y posteriormente en una soberana de continuo desterritorializada. Adems, nos muestra desde una perspectiva propiamente esttica, es decir desde una mirada de una distribucin de significantes del mundo social, una cuestin muy relevante para la construccin del objeto, y es que el capital se globaliza ya no como inversin productiva, sino como inversin financiera que se distribuye descentralizadamente, pero a la vez construye soberana central poltico-militar. En tanto lo social, se organiza tal como lo hace la inversin financiera, es decir desagregadamente y descentralizadamente y a la vez es refractario a la construccin de soberana central propia, tal como la estructura el capital -estado. Esta operacin de facticidad es enormemente importante para la construccin del objeto social, en tanto es posible afirmar como ley, que lo social (como quiera que se organice) se conforma primeramente como recreacin de la formacin de soberana central del estado, pero opera como opera el capital financiero, descentralizada y fragmentariamente y no como Marx estableci en el Siglo XIX, que lo social era ms bien una reaccin mecnica a la acumulacin ampliada del capital y que a su vez se organizaba tal cual se organiza el estado del capital, es decir como soberana central expresada en clases sociales y polticas con vocacin de asalto al cielo.

2.- Segunda aproximacin desde el devenir del mundo indoamericano.

En el Mxico de finales del Siglo XX, en la selva lacandona del Estado de Chiapas, el subcomandante Marcos[16], y el Ejrcito Zapatista de Liberacin Nacional (EZLN) se levantan para protestar contra la situacin de los indios y reclamar, de manera dramtica, la atencin internacional sobre el destino de estas comunidades humanas, que estn entre las ms marginadas del mundo. Tras los combates que se saldaron con decenas de muertos, los zapatistas ocuparon el 1 de enero de 1994 cuatro importantes localidades de Chiapas entre las cuales est San Cristbal de las Casas. (...) En Chiapas un tercio de la poblacin es indgena, es decir ms de un milln de personas. Excepto los zoques, emparentados con los popolucas y los nixes, encontramos una mayora de grupos que forman parte de la familia Maya de Mxico: tzotziles, tzeltales, choles, tojolabales, lacandones, mames, mochos, kakchikeles, con un total de doce grupos lingsticos. (...) Puede estimarse que al menos doscientos mil indgenas de diversas etnias apoyan de una manera

u otra, en Chiapas, al EZLN. (...) Chiapas es el estado dentro del territorio mexicano, poseedor de las mayores reservas de gas, goza de los ms importantes yacimientos de petrleo y proporciona el 40% de toda la energa hidroelctrica al pas. Sin embargo un tercio de los nios que nacen an no est escolarizado y apenas un alumno de cada cien llega a la Universidad. En la comunidad indgena, el analfabetismo supera el 50% y su tasa de mortalidad es superior en un 40% a la de los habitantes de la capital*17+. Podemos observar aqu, que el estado y el capital financiero arman una soberana central, cercando lo geogrfico, lo social y lo poltico y territorializando estas dimensiones en inversin energtica y ocupacin militar. Por otra parte, el movimiento social indgena, es un plano de exterioridad propiamente fragmentado y heterogneo, una formacin social conformada por individuos y agrupaciones, como una multiplicidad yuxtapuesta de discursos como grupos lingsticos, que evidentemente se fugan del dominio del capital y al decir de Foucalt se estrategizan, se estrategizan, es decir se acoplan como lneas de fuga a la fuga del EZLN, que pasa a ser otro grupo lingstico en yuxtaposicin. Es el propio subcomandante Marcos quien detalla las polticas de soberana central del capital y de estrategizacin de lo social: Creemos que despus de la cada del muro de Berln en 1989, y de la desaparicin de la Unin Sovitica en 1991, se acaba el viejo mundo bipolar y el poder sufre un nuevo desplazamiento. Ya no es un poder imperialista en el sentido clsico del trmino, el que domina el resto del mundo, sino un nuevo poder extranacional, es el poder del capital financiero el que se impone. (...) El ideal de la mundializacin es un mundo transformado en una gran empresa y gestionado por un consejo de administracin constituido por el FMI Fondo Monetario Internacional- , el Banco Mundial, la OMC organizacin Mundial de Comercio- y el presidente de los Estados Unidos. En este contexto, los gobernantes de cada Estado tan slo son los representantes de este consejo de administracin, una especie de gerentes locales. No defienden los intereses de los ciudadanos, sino los intereses y valores de ese consejo de administracin mundial*18+. A grandes rasgos, esa es la estructuracin de soberana central del capital, modo de gestin para la organizacin del flujo de mercancas, la inversin, el retorno de utilidades y la reinversin a nivel global. Pero lo social tiene un modus operandi propio en este devenir del capital financiero. Ante la ofensiva de la mundializacin, vemos un proceso de resistencia que se presenta en diversos frentes. Por un lado, existen las resistencias que todo el mundo ve, una especie de flashes de la historia que impresiona a las conciencias, porque estn masivamente mediatizadas. Por ejemplo, el levantamiento zapatista del 1 de enero de 1994, o el movimiento social francs de noviembre-diciembre de 1995, o la protesta contra la OMC en Seattle, o las manifestaciones anti Davos, etc. Pero por otro lado, existen paralelamente otros fenmenos de resistencia, ms

discretos, menos espectaculares, que no llaman necesariamente la atencin de los medios de comunicacin, pero que constituyen un tipo de resistencia ms original, una bsqueda de soluciones de recambio. (...) Entre los ejemplos de este tipo de resistencia podemos citar Porto Alegre. Y aqu no slo estoy haciendo referencia al Foro Social Mundial, sino tambin al presupuesto participativo *19+. Lo que muestra Marcos es este plano de exterioridad de los acontecimientos de resistencia, este continuo fragmentado de las formas de resistencia. Pero lo que ms me interesa describir, viene a continuacin y es la forma de organizacin del zapatismo, que a mi juicio muestra desde lo particular y emprico, lo caracterstico de la forma total del desarrollo de las distintas resistencias al capital, que no es sino la forma del flujo real de lo social: (...) Aunque los indgenas sean los ms olvidados y los ms pobres de entre los pobres, el EZLN se levant en armas para reclamar democracia, libertad y justicia para todos los mexicanos, y no slo para los indgenas. No queremos ser independientes de Mxico, queremos ser indios mexicanos. (...) El EZLN lucha para que ya no sea necesario ser clandestino ni ir armado para pedir democracia, justicia y libertad. Por eso decimos que luchamos para desaparecer. (...) Lo vuelvo a decir, no queremos el poder, ni tan slo convertirnos en partido poltico. Ya hay suficientes. Queremos que los derechos de las comunidades indgenas sean reconocidos. Y lo pedimos por la va de la negociacin, de la palabra, de la discusin. No queremos tomar el palacio presidencial ni acabar con la raza blanca. Queremos que se nos deje vivir en paz segn nuestras propias formas de gobierno. No exigimos un retorno al comunismo primitivo. No queremos instaurar un igualitarismo radical que, a fin de cuentas, oculta una diferenciacin entre la lite poltica minoritaria de izquierda o de derecha- y la mayora empobrecida de la sociedad. (...) Ms bien nos definimos como un movimiento rebelde que exige cambios sociales. El trmino revolucionario no es apropiado, porque todo dirigente o movimiento revolucionario tiende a querer convertirse en dirigente o actor poltico. Mientras que un rebelde social quiere cambiarlas desde abajo. El revolucionario piensa: tomo el poder, y desde arriba transformo el mundo. El rebelde social se comporta de otra manera. Organiza a las masas y desde abajo, poco a poco, transforma las cosas sin plantearse el problema de la toma del poder *20+. Estas declaraciones de Marcos muestran a 30 aos de El Antiedipo, una exacta mquina esquizorevolucionaria, tal y como la plantearon sus autores en dicho texto: El esquizo-revolucionario, que sigue las lneas de fuga del deseo, monta sus mquinas y sus grupos en fusin, en los enclaves o en la periferia, va en la direccin de la microfsica, flujos y objetos parciales que ya no son tributarios de los grandes nmeros. O como lo describe Deleuze en Deseo y Placer: (...) una sociedad, un campo social no se contradice, como nos dice el subcomandante: No queremos tomar el palacio presidencial ni acabar con la raza blanca o no queremos ser independientes de Mxico, queremos ser indios mexicanos.

Pero lo primero es que extiende lneas de fuga desde todas partes, primero son las lneas de fuga. (...) Lejos de estar fuera del campo social o de salir de l, las lneas de fuga constituyen el rizoma o la cartografa. Las lneas de fuga son casi lo mismo que los movimientos de desterritorializacin: no implican ningn retorno a la naturaleza, son puntas de desterritorializacin en las articulaciones de deseo. Recordemos a Marcos: No exigimos un retorno al comunismo primitivo. (...) Las lneas de fuga no son necesariamente revolucionarias, al contrario, pero los dispositivos de poder quieren taponarlas, amarrarlas. Y se nos aparece Rafael Sebastin, as sin ms: El revolucionario piensa: tomo el poder, y desde arriba transformo el mundo. El rebelde social se comporta de otra manera. Organiza a las masas y desde abajo, poco a poco, transforma las cosas sin plantearse el problema de la toma del poder. Segn Deleuze, la estrategizacin de lo social (...) sobre todo implica la constitucin de un campo de inmanencia o de un cuerpo sin rganos, que se define slo por zonas de intensidad, de umbrales, de gradientes, de flujos. Este cuerpo es tanto biolgico como colectivo y poltico; sobre l se hacen y se deshacen las articulaciones, es l quien lleva las puntas de desterritorializacin de las articulaciones o las lneas de fuga. (...) Si lo llamo cuerpo sin rganos es porque se opone a todas las estrategias de organizacin, la del organismo, pero tambin a las organizaciones de poder. Y Marcos nuevamente: Lo vuelvo a decir, no queremos el poder, ni tan slo convertirnos en partido poltico. (...) El EZLN lucha para que ya no sea necesario ser clandestino ni ir armado para pedir democracia, justicia y libertad. Por eso decimos que luchamos para desaparecer. Es justamente el conjunto de las organizaciones del cuerpo quienes rompern el plano o el campo de inmanencia e impondrn al deseo otro tipo de plano, estratificando en cada ocasin el cuerpo sin rganos. As Marcos reafirma: No queremos instaurar un igualitarismo radical que, a fin de cuentas, oculta una diferenciacin entre la lite poltica minoritaria de izquierda o de derecha- y la mayora empobrecida de la sociedad. A modo de resumen y enriquecindola con nuevas caractersticas, la forma del flujo real de lo social, se establece como lneas de fuga del capital y del estado, conformando grupos en fusin desde la periferia, no necesariamente contradictorios al capital y al estado como lucha frontal. Las lneas de fuga no son necesariamente revolucionarias y su propia estrategizacin se opone cualitativamente a las estrategias de organizacin del poder central. Como complementariedad, es interesante rescatar que la estrategizacin de los indgenas y del EZLN, si bien ocupa la violencia poltico-militar contra el Ejrcito Mexicano, difiere del operar de Al Qaeda, que tiene correspondientemente a la agresin Norteamericana y Europea de los Ejrcitos, blancos civiles. Al respecto, los organismos internacionales de derechos humanos y de libertad de expresin, calculan un total aproximado de 30.000 bajas civiles en Irak, de las cuales a lo menos un 50% corresponden a ataques de los Ejrcitos invasores, es decir unas 15.000 personas. Esto muestra que las estrategias propiamente polticas de lo social, difieren sustancialmente, y en el presente ensayo cumplimos con mostrarlas en su totalidad a partir de este estudio de casos.

Y especficamente, no es el objetivo de este estudio defender la estrategia del Islam y del mundo rabe, no por una cuestin moral /superior, sino por que la sociologa de la resistencia tiene su origen en Chile y si bien es una crtica terica a la tradicin europea, se asienta en la tradicin de las prcticas sociales y polticas chilenas, que an en su radicalidad, han tenido siempre un operar desde una reflexin tica particular. As, la violencia poltica popular devenida en situaciones y acontecimientos de violencia poltica militar, ha sido siempre desde la defensa de la identidad poltica de lo social, frente a la agresin sistemtica de los dominadores. Como ejemplo del siglo XX, podemos decir que durante el perodo de la Unidad Popular, la ultraderecha us todos los recursos legales e ilegales, polticos y militares para oponerse tenazmente al Gobierno de Allende. No podemos olvidar que un comando de ultraderecha fue quien asesin, en 1970, al Comandante en Jefe del Ejercito General Ren Schneider, para evitar que el Congreso Pleno, ratificara la asuncin al poder de Salvador Allende y las fuerzas populares. No es motivo de este ensayo hacer la larga lista de crmenes nacionales e internacionales cometidos por la derecha y el poder militar desde 1973 hasta 1989, ni realizar un exhaustivo anlisis de los planes de desestabilizacin de la democracia, cuestin ampliamente estudiada y develada entre otros por el Senado norteamericano. Pero a mi juicio, frente a esta agresin sistemtica de los dominadores, los agentes sociales y polticos establecieron mltiples estrategias y tcticas que apuntaron en un primer momento a la defensa propia y del sistema democrtico y en un segundo momento, tambin a la necesaria autodefensa y a su vez a la recuperacin democrtica, frente a la agresin poltico-militar de las Fuerzas Armadas y de Orden, de la ultraderecha y de las bandas neofascistas, llmense stas Patria y Libertad, DINA, Comando Conjunto, DICOMCAR, CNI, COVEMA, Comando 11 de Septiembre u otras asociaciones legales e ilcitas del estado. As, cuando la ultraderecha acusa a la izquierda de haber promovido la violencia para obtener el poder total al modo sovitico o cubano, y de esta manera justifica el golpe de estado de 1973, ocupa lo que en derecho se denomina presuncin de intenciones, transfigurada en su mxima expresin caricaturesca en Plan Z. Lo que todo cientista social, que se precie de tal realiza, es una evaluacin de los hechos sociales e histricos y no una evaluacin de las intenciones de los actores. De esta manera, podemos afirmar que la violencia poltica y militar de lo social en el perodo descrito, se da en el contexto de una sistemtica agresin poltica-militar de la ultraderecha, y es en rigor, una permanente defensa desde lo social, de las instituciones democrticas representativas y del pluralismo y la libertad. Este perodo, culmina en la mxima expresin de la estrategia de soberana central del capital y el estado, en el acto social-poltico y militar ms cruento de la historia de Chile del siglo XX, que fue el golpe de estado pinochetista, realizado por las Fuerzas Armadas y de Orden y la ultraderecha poltica y econmica.

Posteriormente la gran mayora del pueblo chileno sufri durante 16 aos, una dictadura inclemente que instituyo el moderno capitalismo financiero chileno, a travs del terrorismo de estado.

3.- Tercera aproximacin desde la crtica terica

Pierre Bourdieu en su texto Espacio social y espacio simblico. Introduccin a una Lectura Japonesa de La Distincin[21], nos plantea en una evidente superacin del pensamiento marxista clsico que construir el espacio social, esa realidad invisible que no se puede ni tocar con los dedos y que organiza las prcticas y las representaciones de los agentes, es darse de un solo golpe la posibilidad de construir clases tericas tan homogneas como posibles. Y precave pero la validez misma de la clasificacin corre el riesgo de incitar a percibir las clases tericas, reagrupamientos ficticios que no existen sino sobre el papel por una decisin intelectual del investigador, como las clases reales, los grupos reales, constituidos como tales en la realidad. Y profundiza a propsito de Marx la teora marxista comete un error (...): ella opera un salto mortal de la existencia en teora a la existencia en la prctica, o, segn las palabras de Marx de las cosas de la lgica a la lgica de las cosas. (...) Pues no se pasa de la clase sobre el papel a la clase real ms que al precio de un trabajo poltico de movilizacin: la clase movilizada es una funcin y un producto de la lucha de los enclasamientos, lucha propiamente simblica, que se articula con el sentido del mundo social, con la manera de construirlo en la percepcin y en la realidad, y con los principios de visin y de divisin que deben serle aplicados, es decir, con la existencia misma de las clases. Y contina (...) pero, quiere esto decir que hay que aceptar o afirmar las existencia de las clases? No, las clases sociales no existen (an cuando el trabajo poltico fraguado por la teora de Marx haya podido contribuir, en ciertos casos, a hacerlas existir a travs de instancias de movilizacin y de jefes). Lo que existe es un espacio social, un espacio de diferencias en el cual las clases existen de algn modo en estado virtual, no como algo dado, sino como algo a hacerse. Esto quiere decir que, si el mundo social, con sus divisiones, es algo que los agentes sociales tienen que hacer, que construir, individualmente y sobre todo colectivamente, en la cooperacin y el conflicto, hay que aadir que esas construcciones no operan en el vaco social. (...)La posicin ocupada en el espacio social, es decir, en la estructura de distribucin de los diferentes tipos de capital, que son tambin armas, dirige las representaciones de ese espacio y las tomas de posicin en las luchas para conservarlo o transformarlo. El texto de Bourdieu es sencillamente notable. En primer lugar, por que es capaz de superar la tendencia naturalista y positivista de Marx, que ya Gramsci haba notado en 1918[22], en el

sentido de afirmar que el proceso de formacin de tal o cual clase no est previamente establecido por la economa poltica, ni el orden futuro garantizado por esta. En segundo lugar establece el error fenomenolgico de Marx, quien fue capaz, en su Introduccin general de la economa poltica de establecer una metodologa de construccin del objeto social que ha marcado la pauta terica de la sociolgica crtica de los ltimos 150 aos[23]. En sta, plante la fundamental diferencia entre lo que l denomino el mtodo cientfico correcto para construir ciertas categoras y el proceso de formacin de lo concreto mismo, es decir la diferencia entre la teora y la realidad del operar de los fenmenos sociales. Sin embargo a pesar de ser capaz de establecer el mtodo y la diferencia sustancial entre teora y prctica social, su propio cuerpo terico lo impele a afirmar que la divisin social del trabajo, dada la ley del valor, conforma relaciones sociales de produccin, que necesariamente devienen en clases econmicas y sociales o clases en s, que en un proceso de autoconciencia de su funcin, devienen en clases polticas o clases para s. Del presupuesto econmico de la divisin social del trabajo y de la ley del valor, como relaciones sociales de produccin, se ha construido entonces desde la teora crtica, un objeto social necesariamente clasista, es decir que desde su configuracin econmica deviene en una clase o fuerza social y poltica determinada, para s, que acta realmente y cristalizada en el campo social y poltico. Y ese es el error fenomenolgico, el cual Bourdieu da cuenta. Cuando Bourdieu afirma taxativamente que las clases no existen, abre las puertas y las ventanas, por no decir que hace volar los techos de la casa de la tradicin crtica de la construccin terica de lo social, y que por fin, sin desechar la totalidad de lo avanzado por el marxismo clsico en la metodologa de construccin del objeto y en su anlisis de la economa capitalista, permite que entre el aire a torbellinos y que hoy podamos reconstruir dicho objeto radicalmente. Sin embargo, la afirmacin de Bourdieu que no se pasa de la clase sobre el papel a la clase real ms que al precio de un trabajo poltico de movilizacin es insuficiente y se enmarca en la tradicin del marxismo clsico y del estructuralismo. Puesto que si las clases no existen realmente en el mundo social, al ser un ejercicio de clasificacin del investigador, que proviene del campo de la economa poltica, para qu esforzarnos en movilizarlas y direccionarlas polticamente? Es decir, esforzarnos en hacerlas reales y vivas desde la conceptualizacin. Y si no existen realmente, qu es lo que existe en la realidad social o cmo se configura realmente lo social? Por otra parte Bourdieu afirma que (...) la posicin ocupada en el espacio social, es decir, en la estructura de distribucin de los diferentes tipos de capital, que son tambin armas, dirige las representaciones de ese espacio y las tomas de posicin en las luchas para conservarlo o transformarlo. Lo anterior, es correcto, pero a mi juicio no significa en absoluto que esta distribucin de los diferentes tipos de capital, conforme clases sociales. Especialmente cuando el mismo Bourdieu afirma que las clases no existen. Entonces, porque deberamos nombrar a las agrupaciones de

distribucin del capital de esa manera? Reiterando la pregunta: que es lo que existe en la realidad social o cmo se configura realmente lo social, considerando la desigual distribucin de los distintos tipos de capital? Es posible clasificar socialmente la produccin de valor a partir de la divisin del trabajo y la consecuente inequitativa distribucin de capital-salario, como estratos de ingreso, como lo ha hecho la sociologa positivista y socialdemcrata o como agrupaciones mas o menos integradas a los mecanismos de redistribucin de bienes y servicios, es decir como un continuo de inclusin/exclusin, o grados de marginacin, como lo hizo la sociologa desarrollista y socialcristiana en el Chile de los 70, o clasificar las nuevas agrupaciones que no provienen directamente de la divisin social del trabajo productivo, como pobres del campo y la ciudad, ejercicio de clasificacin para nombrar a los pobladores urbanos y los campesinos sin tierra, respectivamente. Este ultimo intento realizado por la sociologa marxista revolucionaria basada en la teora de la dependencia[24]. El ejercicio terico anterior, que apuntaba a reclasificar a la denominada clase obrera y (el) pueblo ms all de la bsica dicotoma burguesa-proletariado, fue un intento terico y poltico valioso que tendi, en un lenguaje propiamente sociolgico, a operacionalizar las variables, es decir dotarlas de movimiento real, pero a su vez, al igual que el error cometido por Bourdieu, fue una manera de apuntar a lo real, pero partiendo de una construccin estructural y terica ideal, de una abstraccin de lo real que no necesariamente corresponde a la abstraccin correcta del objeto sociolgico. As la propuesta de la sociologa de la resistencia, es ms bien, considerando las llamadas determinaciones como realidades contenidas en lo social, descubrir/conformar el objeto social, a partir de las formas de organizacin propiamente fcticas del mundo social. Por eso, que no se trata en este ejercicio de refundacin del objeto social, de negar lo evidente, a decir la divisin social del trabajo, la ley del valor y la desigual distribucin de los tipos de capital (cultural: familiar y educativo y financiero). No tendra ningn sentido y sera un retroceso terico tratar de recomponer el objeto social desde la negacin absoluta del operar real de la economa poltica. Tampoco es deseable otorgarle a lo que tradicionalmente se le denomina ideologa o representacin simblica del mundo social en el lenguaje, una funcin tan preponderante que fuese capaz de reconstruir la propia realidad social independientemente de la economa o de aquellas determinaciones o variables independientes de la voluntad. Y tampoco a mi juicio es correcto, hacer una especie de mixtura o dialctica de lo determinante y lo voluntario, la tan tradicional sntesis de la construccin terica poltica marxista-leninista o estalinista, entre condiciones objetivas (infraestructurales) y subjetivas conscientes o (superestructurales).

Y finalmente, no por aceptar las descripciones estticas y de significantes, a mi juicio, acertadas, del operar del mundo social desde las categoras y metodologas de Deleuze y Guattari, tendremos que aceptar la determinacin de las catxis de inters y del deseo, como el objeto social propiamente tal. Sin embargo, para construir un objeto social autnomo, en la superacin del anlisis marxista clsico y de algunos elementos clasistas y estructuralistas del postmarxismo, es necesario, considerar ms a fondo, como una primera aproximacin, el anlisis de Deleuze y Guattari en torno al fenmeno del deseo en el mundo social. Especficamente para mostrar que es posible considerar tericamente la mecnica de lo social, como una operacin de discursos, acontecimientos, individuos, grupos y formaciones, que si bien accionan en el espacio econmico y poltico del inters, se gatillan en tanto fenmenos individuales y grupales especficos, cualitativamente distintos a la realidad de la economa poltica y de la ideolgica de movilizacin y de jefes. La reflexin de los autores, es significativa al respecto de situar el deseo como fenmeno desde donde se emplazan las acciones de los grupos sociales y fundamentalmente en considerarlo como parte de la infraestructura del sistema o mundo social. Y un deseo que no es voluntad, sino propiamente preconsciente. El poder conceptuar el deseo como contenido en lo infraestructural, nos permite, en definitiva avanzar a un conocimiento postmarxista y postestructuralista y comprender que el proceso de formacin y cristalizacin de lo social concreto es la accin social misma, la cual contiene las llamadas determinaciones de lo social, pero que estas no son la accin social misma. Y a partir de la concepcin infraestructural de deseo, considerar efectivamente la ideologa como inexistente y ms bien referirnos a la teora, a la educacin, los conceptos reflexionados, los discursos, y al lenguaje como integrante/configurante de lo real. Finalmente es posible rescatar del texto la concepcin de fascismo, como un tipo de ejercicio del poder, tanto de configuracin de soberana central, como de un igualitarismo radical que superpone una casta poltico-militar de individuos sobre las agrupaciones refractarias. Esta concepcin apunta a caracterizar no slo al fascismo de derecha, sino tambin a un tipo de izquierda que ha devenido en un proceso de fascistizacin a realizarse como destacamento dictatorial desde un estado omnisciente. Llmese izquierda estalinista, maosta china o senderista, polpotiana, o castrista. Los temas de las determinaciones como contenidas en la accin y la ideologa como lenguaje sern tratados posteriormente. As, los autores afirman: Distinguimos dos clases de catxis en el campo social: las catxis preconscientes de inters y las catxis inconscientes de deseo. Las catxis de inters pueden ser realmente revolucionarias y, no obstante, permitir la subsistencia de catxis inconscientes de deseo que no lo son o que incluso son fascistas. (...) El esquizoanlisis es un anlisis militante,

libidinal-econmico, libidinal-poltico. Al contraponer esos dos tipos de catxis sociales, no estamos contraponiendo el deseo, como fenmeno suntuario o romntico, a los intereses, que seran econmicos y polticos; al contraro, pensamos que los intereses se encuentran siempre emplazados all donde el deseo ha predeterminado su lugar.(...) Porque el deseo, en todos los sentidos, forma parto de la infraestructura (no creemos en absoluto en conceptos como el de ideologa, que no sirve de nada a la hora de analizar los problemas: no hay ideologas). La amenaza permanente contra los aparatos revolucionarios estriba en hacerse una idea puritana de los intereses, que nunca se realizan ms que en provecho de una franja de la clase oprimida que realimenta una casta y una jerarqua por completo opresiva. (...)A este fascismo del poder nosotros contraponemos las lneas de fuga activas y positivas, porque tales lneas conducen al deseo, a las mquinas del deseo y a la organizacin de un campo social de deseo: no se trata de que cada uno escape personalmente, sino de provocar una fuga, como cuando se revienta una caera o cuando se abre un absceso. Dejar que pasen los fluidos por debajo de los cdigos sociales que pretenden canalizarlos o cortarles el paso. Toda posicin de deseo contra la opresin, por muy local y minscula que sea, termina por cuestionar el conjunto del sistema capitalista, y contribuye a abrir en l una fuga. (...) Jams hubo lucha contra la sociedad de consumo (nocin imbcil donde las haya). Al contrario, lo que decimos es que an no hay suficiente consumo, an no hay suficiente artificio, los intereses no estarn jams de parte de la revolucin hasta que las lneas d deseo no alcancen el punto en el que el deseo y la maquina, el deseo y el artificio, sean una sola cosa, el punto en el que se rebelen por ejemplo contra los llamados datos naturales de la sociedad capitalista. Nada ms fcil que alcanzar ese punto, pues el ms minsculo de los deseos se eleva hasta l, y al mismo tiempo nada ms difcil, porque comporta todas las catxis del inconsciente*25+. A mi entender este anlisis genera una ruptura con el marxismo clsico, y el postmarxismo en su variante estructuralista, que permite entender el devenir social en su autonoma de la economa y de la poltica ideologizada. Tambin logra unificar la reflexin de lo social y de lo poltico, al plantear que frente a los procesos de fascistizacin del poder se contraponen lneas sociales de fuga activas y positivas por debajo de los cdigos del orden, y que estas lneas de lo social abren brechas en el sistema paranoico. Finalmente los autores son capaces de ver que las lneas de fuga son rebeliones contra los llamados datos naturales de la sociedad capitalista. Es decir contra la dominacin que se presenta como el nico orden posible, anterior a la accin de los agentes.Sin embargo, para no reiterar el error fenomenolgico de Marx y Bourdieu, de presentar las determinaciones como el objeto social, consideraremos las catxis como fenmenos reales, pero no nos quedaremos en la formulacin del objeto como deseo individual y social. Qu es lo que debemos tericamente hacer? Y por qu tendramos que hacer algo al respecto? Comencemos por la respuesta a la ltima pregunta. Hoy en Chile la realidad nos empuja como un aullido interminable. Los revolucionarios de ayer se quedaron sin objeto social y lo transfiguraron

en estratos, en modernizacin capitalista y mercado y se parapetaron en el estado capitalista central. Y los que hoy estn por un cambio radical del orden, aparecen frente a los individuos y grupos sociales como destacamentos polticos y sujetos conservadores que aoran y mitifican el pasado, 1848, la Comuna de Pars, 1917, la Revolucin Rusa, 1959, la Revolucin Cubana, 1970 la Unidad Popular, 1978, la Revolucin Sandinista. Es de alguna manera, un triunfo del capital, tal como lo afirmara Flix Guattari en su texto El capitalismo mundial integrado y la revolucin molecular*26+: (...) la situacin evoluciona hacia una liquidacin del equilibrio sociolgico que, desde hace varias dcadas, se manifestaba por una relativa paridad entre las fuerzas de izquierda y fuerzas de derecha. Nos orientamos hacia una ruptura del tipo: 90% de una masa conservadora amedrentada, embrutecida por los medios de comunicacin de masas, y 10% de minoritarios mas o menos refractarios. Pero tambin es una autoderrota de los llamados hoy refractarios. Porque la teora social crtica y los destacamentos polticos no han sabido repensar el objeto social. Y no es totalmente cierto de que exista una masa embrutecida que haga odos sordos al cambio y a la revelacin de la perversidad del sistema ordenador. Tambin es cierto que los individuos tienen miedo del pasado, no quieren radicalidad, cuando sta signific derrota, matanza, terror y dictadura militar. Y a la vez, porque las agrupaciones en lneas de fuga del capital y del estado no han sido convocadas a una accin social resistente, correspondiente a su operar especfico, sino a un ejercicio de representacin y ordenamiento de soberana central, por una parte, lo propiamente ciudadano del ejercicio social, y por otra a un clasismo anquilosado. Durante ya muchsimo tiempo, acaso de los inicios de la repblica, y a excepcin de algunos momentos histricos puntuales[27], los destacamentos polticos refractarios leen un plano de significados y no de exterioridades o significantes. Leen las llamadas determinaciones y no lo determinado. Leen un libro antiguo que les hace vociferar antiguas palabras a sujetos inexistentes. Reitero de esta manera la pregunta Y por qu tendramos que hacer algo al respecto? En lo fundamental, porque la ciencia social dominante, la librecambista de la ultraderecha y la liberal-desarrollista de la socialdemocracia, no logra, en su lectura de lo social desde el estado y desde un orden a construir por las lites que ocupan este estado, ver la real diversidad de grupos y formaciones sociales existentes y no logran entonces dar soluciones estratgicas a viejos y nuevos problemas que el propio sistema capitalista genera en su devenir financiero. Cambiaron clases por estratos de ingreso y ciudadanos e individuos por consumidores. Cambiaron el conocimiento sociolgico por encuestas de opinin y estudios de mercado y el conocimiento econmico de lo social por una ciencia de los negocios. Vista as las cosas, es necesario repensar el objeto social, para reconstruir la sociologa y la economa y para resolver no el conflicto propiamente tal entre los grupos sociales, de una manera

que imponga un cierto orden ideal, que niega el conflicto como fenmeno permanente, y trata de establecer un dominio econmico, poltico y social, que sea un reflejo del orden que prefigura la lite del capital o la lite de la izquierda clasista, desde la mente, desde arriba. Es necesario repensar el objeto de tal manera que resite la realidad del mundo social, ya no como un problema del orden sino como una oportunidad y una realidad de la facticidad de lo diverso real. En este sentido sin caer en una concepcin naturalista que prefije esta facticidad como un fenmeno totalmente independiente de la voluntad de los sujetos y sin caer a su vez, en una concepcin voluntarista de movilizacin poltica, es necesario, considerar lo social como un operar que contiene tanto el devenir del capital, como la existencia de catxis del deseo propiamente preconscientes y sobretodo como un fenmeno en s, continuo y permanentemente descentralizado y fragmentado, como lneas de fuga del capital y del estado, y que finalmente, la voluntad capital-estatal de dotar de un orden al mundo social, en la negacin del operar mismo de lo social, fracasa y fracasar de manera permanente. Me interesa recalcar que esta facticidad de lo diverso social, es propiamente un anlisis funcionalista dinmico de lo social, un anlisis del devenir de lo social, es decir del operar efectivo del mundo social autnomo de los hipotticos determinismos econmicos, de deseo y de una cierta voluntad poltica configurante, pero considerando la existencia de stos como fenmenos integrados a la accin. Esta concepcin supone tambin la superacin de la construccin weberiana y su deriva toureniana del sentido mentado por los sujetos.

3.1. Nuestro objeto

Ahora ha llegado el momento de la superacin, y este momento se despliega necesariamente en la yuxtaposicin de lo terico y emprico revisado en este ensayo. En primer lugar rescatar el texto de Bourdieu Leccin sobre la leccin, en donde afirma que es lo mismo descubrirse inevitablemente implicado en la lucha por el establecimiento y la imposicin de la taxonoma legtima, y tomar como objeto, pasando al segundo grado, la ciencia de esta lucha, (...) decir la verdad de las luchas donde se dirime entre otras cosasla verdad. Por ejemplo, en vez de zanjar entre quienes afirman y quienes niegan la existencia de una clase, de una regin o de una nacin, (intentar) establecer la lgica especfica de esta lucha y determinar, a travs de un anlisis del estado de la relacin de fuerzas y de los mecanismos de su transformacin, las posibilidades de los diferentes campos*28+.

De esta manera la afirmacin de Marx de la existencia de relaciones sociales de produccin que emplazan la existencia de clases sociales y polticas, o la de Bourdieu de que estas no existen sino como producto de movilizaciones o jefes, o la misma afirmacin del esquizoanlisis que lo que realmente existe son fugas del deseo como determinacin de los planos de exterioridad de discursos, (armas), acontecimientos vividos, determinaciones histricas, conceptos reflexionados, individuos, grupos y formaciones sociales, como modos de fuga, son en estricto rigor clasificaciones de lo social que si bien pretenden configurar el objeto, no logran apuntar al objeto mismo. Pero de alguna manera lo rozan. Desde la perspectiva anterior es posible configurar el objeto desde una cierta periferia de los anlisis anteriormente nombrados, y plantear a lo menos 2 leyes del mundo social: La primera ya dicha, es que lo social se conforma como fuga de la formacin de soberana del estado, pero opera como opera el capital financiero, descentralizada y fragmentariamente. La segunda y de mayor importancia, es que el objeto del mundo social no es la fuga y la fragmentacin y descentralizacin de lo social, que es ms bien la forma de ste, sino el conflicto o la lucha y las relaciones de fuerza, ya sea como movilizaciones o construcciones y deconstrucciones sociales y polticas de las diversos discursos, individuos, grupos y formaciones sociales. El objeto as no es la divisin social del trabajo, ni las relaciones sociales de produccin, ni el campo social y su flujo/distribucin de capital cultural y econmico, ni los deseos, ni la fuga descentralizada y fragmentada de los individuos, grupos y formaciones sociales. El objeto social y de anlisis para una sociologa de la resistencia, es el conflicto y la lucha permanente, accin del ser social que configura al mundo social como agrupaciones en fuga, fragmentadas y descentralizadas, menores o mayores (cualesquiera que estas sean o sean nombradas) segn la intensidad y cualidad de los conflictos. Lo que se configura como objeto social, desde la mirada sociolgica resistente es el conflicto, como accin social preponderante y no como se ha hecho tradicionalmente, lo hipotticamente determinante del objeto mismo, o lo que es igual, una especie de configuracin anterior a la accin social . Hay en esta propuesta una apuesta fundamental por la accin (social). Es a la vez una propuesta de reconstruccin del objeto del mundo social y una reformulacin de la teora de la accin como pensamiento preponderante en los estatutos de la ciencia social. Se trata entonces de romper con un platonismo inoperante, en tanto cuando siempre la idea clasificatoria y determinante no coincide con la accin social real, la primera nunca incluye a la ltima, sino como mera desviacin de lo abstracto real, lo indeseado del poder. Rescatando plenamente la metodologa de construccin del objeto en Marx, se trata de observar el proceso de formacin de lo concreto mismo Es decir entender que toda categora abstracta

(...) supone la poblacin, una poblacin que produce en determinadas condiciones, y tambin un cierto tipo de sistema familiar o comunitario o poltico, etc. Y que dicha categora (...) no puede existir jams de otro modo que bajo la forma de relacin unilateral y abstracta de un todo concreto y viviente ya dado. Es decir, es necesario observar el todo concreto y viviente ya dado, la poblacin, sus acciones propiamente sociales o nodos de conflicto, y en un ejercicio inductivo, desde las acciones de las agrupaciones especficas (reitero, entendidas como discursos, (armas), acontecimientos vividos, determinaciones histricas, conceptos reflexionados, individuos, grupos y formaciones sociales), configurar continuos de conflicto y posteriormente, a partir de esta construccin objetual, reconfigurar continuos fragmentados y descentralizados de estas agrupaciones sociales que remiten a los distintos tipos de conflicto como reproduccin ampliada de stos. Agrupaciones ya sea expresados en el lenguaje por dichas u observados como acciones carentes de conformacin lingstica. Ya sea como choques propiamente infraestructurales de fuerzas de masas, polticas o militares o como expresiones lingsticas, educativas o como micro resistencias desde nodos de conflicto particulares. Este ejercicio terico y metodolgico remite a una la necesidad imperiosa de la nueva sociologa crtica, de ser capaz de descubrir en el nuevo objeto social, los nuevos agentes socios histricos del capital financiero, ms an cuando la formacin de clases sociales como necesidad histrica y la construccin de estratos de ingreso modernizados ha sido refutada en la prctica. Como afirmar el socilogo francs George Balandier de la escuela de la sociologa dinmica antes que suponer, pues, la existencia de una necesidad histrica, es preciso interrogarse sobre las incertidumbres, sobre las potencialidades contradictorias que las sociedades contienen y sobre sus posibilidades de elegir futuros diferentes*29+ Solo as ser posible hacer real la afirmacin de Bourdieu de que hay que tomar como objeto, pasando al segundo grado, la ciencia de esta lucha, (...) decir la verdad de las luchas donde se dirime entre otras cosasla verdad. Porque tomar como objeto la ciencia de la lucha, requiere sin lugar a dudas, reconvertir el objeto social clasificado y situado en una especie de detencin arbitraria determinante y abstracta, a un objeto correspondiente a este tipo de ciencia. No es posible instaurar una ciencia de la lucha sino se toma como objeto social la accin de la lucha misma y no como se ha realizado permanentemente desde la teora crtica marxista y estructuralista, la clasificacin de objetos abstractos que actan por una parte como camisas de fuerza de lo social real, y por otra como especies de delirio de los dominadores, sean estos fascistas de derecha o de izquierda o liberal socialdemcratas. En cuanto a las llamadas determinaciones de la accin social, llmense estas: divisin social del trabajo, relaciones sociales de produccin, desigual distribucin del capital financiero y cultural o deseos o sentidos mentados concientes e inconscientes, deben ser considerados como fenmenos

infraestructurales de la accin social, contenidos en esta, pero que no son la accin. Los tipos de clasificacin de lo social, tales como grupos, agrupaciones, formaciones u otros, deben tratarse, como clasificaciones de coyuntura, sujetas a permanentes modificaciones, pero nunca como el objeto social propiamente tal. Finalmente en relacin a la lucha de las agrupaciones de lo social y el capital y el estado, en torno al establecimiento y la imposicin de la taxonoma legtima del mundo social, es a mi juicio, propiamente terica, educativa, conceptual, desde el lenguaje como fenmeno configurante de realidad social y no meramente como representacin de significados. Debe estar necesariamente asentada en la construccin de una ciencia social y poltica desde y para el movimiento social resistente, y nunca desde la lucha ideolgica de agitacin y propaganda de significados abstractos, tal como lo ha realizado el marxismo clsico naturalista y positivista, o el estructuralismo postmarxista o los distintos tipos de fascismos y estalinismos an existentes. En este sentido es posible rescatar los elementos movimientistas de la metodologa y el operar poltico del bolchevismo, que ms all de querer clasificar e imponer una soberana central, fue capaz de emplazar a los agentes reales una accin poltica liberadora. Concluyendo este punto en una especie de sntesis terica mayor o paradigmtica, la propuesta de construccin del objeto social de una sociologa de la resistencia apunta a configurar dicho objeto fuera de los marcos platnico y cartesiano, estructuralista y marxista clsico, y desde una concepcin rizomtica, postmarxista, funcionalista y dinmica, apunta al modo de operar del ser social y especficamente a su emplazamiento en el mundo social. En trminos ms especficos, frente a la realidad social de un continuo de conflictos y agrupaciones refractarias que se reproducen en el espacio social de la dominacin epistemolgica, conceptual, econmica, social y poltica del modelo estructural de soberana central del capital financiero-estatal, la sociologa de la resistencia propone a partir de la distincin fundante del objeto social como el conflicto y la lucha del ser social desde la accin social resistente, emplazar los continuos de conflicto y las agrupaciones a una soberana descentralizada, a una instalacin de los derechos de las distintas agrupaciones que no considere la instauracin de un igualitarismo radical, ni la toma del poder, sino la afirmacin y reafirmacin permanente de la legitimidad de lo particular, de polticas de identificacin de lo social, para la transformacin sistmica, que apunte a la profundizacin de la participacin democrtica, a la transformacin del modelo econmicosocial inequitativo y a la vigencia de las garantas y libertades individuales y sociales.

4. Conflicto, configuracin del continuo social y democracia en el Chile del Siglo XXI.

Tal como lo afirmara en el captulo anterior, desde la mirada sociolgica propuesta, se trata de remirar la poblacin, sus acciones propiamente sociales o nodos de conflicto, y en un ejercicio inductivo, desde las acciones de agrupaciones especficas, configurar continuos de conflicto y

posteriormente, a partir de esta construccin objetual, configurar continuos fragmentados y descentralizados de fuga de las agrupaciones sociales que remiten a los distintos tipos de conflicto como reproduccin ampliada, ya sea expresados en el lenguaje por dichas agrupaciones u observados como acciones carentes de conformacin lingstica. Ya sea como choques propiamente infraestructurales de fuerzas de masas o militares o como expresiones lingsticas, educativas y polticas de las agrupaciones o como micro resistencias. Desde el punto de vista metodolgico, la propuesta analtica no es de ninguna manera, una especie de determinacin causa-efecto del operar del mundo social. El sistema de orden central, realiza acciones que generan continuos de conflicto y agrupaciones refractarias, como a su vez la accin social genera respuestas del orden central. Es en estricto rigor un movimiento dialctico. Tambin sucede, como lo hemos planteado en el ensayo, que el orden central ejecuta acciones independientemente de las fugas de las agrupaciones y a su vez stas actan en la reafirmacin de su condicin, y no necesariamente como respuesta automtica al capital-estado. Esta ltima mecnica o propiamente maqunica del mundo social tiene que ver con acciones autnomas o paralelas, de polticas de identificacin de lo capital-estatal y lo social refractario. Dichas estas consideraciones, pasemos al anlisis de la realidad social chilena. Es evidente que en este captulo no realizaremos un anlisis detallado de las estrategias de lo estatal-financiero y del mundo social chileno, sino una especie de mapeo o cartografa general, que deber dar lugar a investigaciones sociales especficas.

4.1. Modernizacin econmica en Chile o el operar social del capital financiero.

No es motivo de este ensayo hacer una descripcin de los mltiples y centrales problemas que el capitalismo ha generado y genera en el mundo y en Chile, sin embargo al respecto, me permito a modo de aproximacin, citar una reflexin terica de mi Tesis de Grado, escrita junto al socilogo chileno Rodrigo Quevedo, que corresponde a un anlisis del socilogo Eugenio Ortega sobre el informe de Desarrollo Humano del PNUD de 1998. Dicho anlisis tiene como antecedente los ensayos respecto a la subjetividad de los agentes sociales realizados por el cientista social Nobert Lechner: La otra cara de la modernizacin capitalista, que concentra poder, ingreso y patrimonio, que mantiene desigualdades y que no logra entregar ciudadana, organizacin y participacin a la gente. La vida de todos los das es tan diferente para quien est en la conduccin o direccin de los distintos mbitos en que se articula el proceso modernizador y para quien debe asumirlo como un hecho de la vida. En el quehacer cotidiano la modernizacin mercantilizada, se traduce en una monetarizacin de la vida de la gente, exigida por diversas formas de pagos directos y de copagos para alcanzar a obtener servicios sociales bsicos como la educacin, la salud, la previsin, entre otros. Para muchos eso significa hacer enormes jornadas y esfuerzos en sus vidas laborales. Junto

a ellos, muchas mujeres deseosas de entrar al mercado del trabajo (...) para colaborar en el sustento de la economa familiar, tienen pocas oportunidades para dejar a los nios menores al cuidado de personas e instituciones responsables. Por otro lado, la modernizacin bajo las exigencias del mercado conlleva la flexibilizacin de las normas laborales, lo que crea la desproteccin ante el despido. Para muchos pequeos y medianos productores (...) el mercado es relativo. Los monopolios o monopsonios determinan las condiciones y precios de sus productos que ellos deben tomar o dejar segn lo estipula un contrato de adhesin. Para otros, el mercado globalizado termina discriminndolos por las distorsiones de los precios internacionales. (...)Resulta vital visualizar esta modernizacin en la experiencia cotidiana de la gente. Y segn el Informe de Desarrollo Humano del PNUD de 1998, en Chile la gente percibe las enormes distancias sociales; las dificultades de asegurar un futuro para sus hijos; su salud, su vejez y su desempleo no tienen algn grado satisfactorio de proteccin. Los largos desplazamientos diarios en el complejo trfico urbano, la contaminacin, la inseguridad ciudadana, la droga y las dificultades para alcanzar los servicios bsicos, hacen que la vida cotidiana sea una pesada carga para muchos chilenos y chilenas. La sociabilidad se ha debilitado. La gente vive ms sola y con miedo o temores que afectan su vida y la de su familia. Alguien en Chile necesita ser recordado de los efectos insegurizantes de la modernizacin? La economa de alto riesgo, que refleja condiciones globalizadas, acota Giddens, es una economa en que la creacin de riqueza, la seguridad y la calidad de vida quedan desacopladas *30+ Estas son algunos problemas econmicos y sociales que el desarrollo del capitalismo financiero genera en Chile, especialmente desde la mirada del desacoplamiento entre formacin de riqueza y calidad de vida. Sin desear hacer una simplificacin demasiado gruesa de lo anteriormente descrito, que tiene mltiples aristas, es posible visualizar en cada uno de los efectos o externalidades negativas del proceso modernizador del capitalismo financiero, lo que Ortega afirma en el primer prrafo, a decir que: el sistema del capital financiero concentra poder, ingreso y patrimonio, que mantiene desigualdades y que no logra entregar ciudadana, organizacin y participacin a la gente. Por otra parte dada la afirmacin de Giddens, que la economa de alto riesgo, es una economa en que la creacin de riqueza, la seguridad y la calidad de vida quedan desacopladas, es posible deducir la imposibilidad de que el capital financiero pueda solucionar estos problemas y ms bien reafirma que es el propio sistema quien los crea y los reproduce.

4.2. Diversidad y participacin poltica de las minoras.

En relacin al fenmeno de la diversidad poltico-social, el capital hoy ha construido un orden poltico desde la Constitucin del 80, constitucin propiamente paranoico-fascista, pensada y

escrita en las cuatro paredes de la Comisin Ortzar y sancionada por una Junta de Gobierno de las Fuerzas Armadas y de Orden, compuesta por el dictador Augusto Pinochet, por el Almirante de la Armada, Jos Toribio Merino, el General de Aviacin, Fernando Matthei y el General de Carabineros, Cesar Mendoza y asesorada por Jaime Guzmn y Julio Philippi, entre otros idelogos del librecambismo moderno y fundadores de la UDI, el partido de ultraderecha que ha diseado la denominada transicin a la democracia, a decir, el orden del capital, del estado y de los agrupaciones sociales. Esta Constitucin, que fue plebiscitada en dictadura, sin registros electorales, en un realidad poltica de persecucin, crmenes, torturas y desaparecimientos de los opositores al rgimen militar, dise entre otras cosas, un sistema electoral binominal que asegura la coexistencia de dos bloque polticos mayoritarios y que subsidia en un 15% a aquel bloque que saque un 35% de los votos para as obtener el 50% de la representacin popular. De esta manera los destacamentos polticos minoritarios, si no se alinean a uno de los dos bloques no pueden acceder a la representacin[31]. Esta accin del poder militar y la clase poltica, ha conformado una jibarizacin del sistema poltico chileno, y cerca de dos millones de individuos con capacidad de voto no se han inscrito en los registros electorales. Todo este continuo de agrupamiento social no movilizado, o movilizado desde los destacamentos refractarios, se resta, en la prctica, de manera permanente a la participacin poltica electoral, por considerarla de una rigidez que no permite el acceso de la participacin poltica de las minoras a los poderes del estado. Estas dos continuos de conflicto, son una muestra de que tanto el capital, el poder militar, como los think thank del capital y su clase poltica, no logran dar solucin a los problemas estratgicos bsicos y ms bien crean y recrean nuevos agrupaciones y continuos de conflicto social.

5. Anlisis por acciones del capital-estado y las agrupaciones y sus correspondientes continuos de conflicto.

5.1. Sistema poltico electoral

Es posible observar y reanalizar el conflicto permanente y especfico de la participacin poltica electoral en el sistema binominal. Hoy, aproximadamente votan un total de 7 millones de individuos, sin embargo se han restado de la inscripcin electoral, es decir al derecho ciudadano, un total aproximado de 2 millones de personas. Este es un grupo social que representa un 22% de la ciudadana. Si consideramos que efectivamente participan del sistema electoral un 78% del 100% con real derecho a voto y que la Concertacin de partidos por la democracia ha ganado las 4 ltimas contiendas con un promedio del 52%, es simple establecer, que en rigor los gobiernos

conformados bajo el actual sistema electoral han ganado slo con un 40% del electorado real y potencial, y que el bloque de derecha no ha sobrepasado el 35% del mismo. De mantenerse o continuar una tendencia al alza del grupo social resistente a la participacin electoral, lo ms probable es que tengamos gobiernos de minora, legalmente constituidos, y por lo mismo con una baja legitimidad. No es difcil de prever que esta baja legitimidad de los gobiernos podr reproducir una baja legitimidad de la democracia representativa y de todo el entramado econmico-social que sta pretenda construir. En estricto rigor, el continuo de conflicto y de agrupaciones se reproducir en lneas de fuga ampliadas, por la falta de legitimidad de la democracia y del sistema econmico-social, en su conjunto. Es preocupante que hoy se est reproduciendo un grupo social refractario o resistente de la mitad del total que efectivamente hace ganar a los gobiernos de turno.

5.2. Sistema poltico y corrupcin

Han surgido en los ltimos 30 aos prcticas an ms visibles de corrupcin y trfico de influencias por parte del poder militar como de la clase poltica civil. Estas acciones han generado un continuo de conflicto que a su vez ha producido tanto estrategias mediticas de un periodismo investigativo y denunciante y una clase poltica tambin meditica en su rol fiscalizador, y en lo central, un grupo social absolutamente refractario a la clase poltica en general, que se distribuye tanto en los sectores que se automarginan del sistema electoral como en los grupos politizados y tambin en algunos grupos de votantes que o sufragan nulo o blanco o votan por la Concertacin como el mal menor[32]. Este continuo de conflicto y su reproduccin ampliada de agrupaciones refractarias genera indudablemente una baja legitimidad de la clase poltica y del poder militar.

5.3. Sistema social y pobreza

Desde 1991, en Chile se ha disminuido la pobreza de un 40% a un 18% real. Hoy en el pas hay un total aproximado de 2 millones 700 mil pobres. Sin embargo dada la estructura de desigual distribucin del ingreso y una cesanta que ha persistido en los 500.000 cesantes promedio desde el ao 2000, los sectores pobres han establecido una estrategia de sobrevida ligada al trabajo informal y a prcticas ligadas al microtrfico de drogas. Estos sectores, los verdaderos bolsones de pobreza del sistema liberal socialdemcrata, tienen una refractacin permanente a la integracin a un sistema econmico rigidizado por los bajos niveles salariales. Al respecto la plena flexibilizacin laboral, que conlleva una baja en los salarios reales, ms bien repotenciar que

estos sectores busquen y recreen estrategias de servicios ya sea legales e ilegales. Actualmente se ha conformado un continuo estratgico de nueva pobreza e indigencia urbana dura, permanentemente refractaria a la integracin, basada en trabajo informal y a lo menos en algunos grupos, en la delincuencia, como estrategia de reproduccin.

5.4. Sistema de educacin superior

Es posible observar una demanda creciente por parte de los estudiantes de enseanza media por acceder al sistema universitario. Se habla de un aumento de aproximadamente 250.000 alumnos a un total de 450.000, durante los ltimos 16 aos, es decir del orden del 80%. Este aumento, constituye un continuo de conflicto social permanente. As, el sistema poltico liberal socialdemcrata ha reaccionado potenciando lo que el liberalismo en dictadura dise y ejecut como un sistema de educacin superior privado para absorber la demanda. La Concertacin ha mantenido ms all del aumento de recursos, un sistema de educacin superior pblico sobreendeudado o con amplios dficit de infraestructura, equipamiento y calidad docente. Adems sigue administrando la demanda bajo el sistema de crditos, que va generando un dficit estructural por morosidad. Finalmente, hoy el estado avala la deuda de los estudiantes de universidades privadas, que si bien es una manera de absorber la demanda creciente, tambin es una manera de traspasar recursos pblicos a la banca y los sostenedores privados. En el desarrollo de una demanda de calidad insatisfecha en el sistema pblico, hoy existen agrupaciones en un sector importante de la juventud chilena que estn en una movilizacin refractaria a las formas de gobierno estatal del sistema universitario. Si bien, estas movilizaciones se suceden como flashes, los grupos minoritarios, son capaces de paralizar centros de educacin superior y realizar acciones de violencia poltica popular y violencia poltica militar. Por otra parte y esto a manera de hiptesis, es posible proyectar un continuo de conflicto nuevo, a mediano y largo plazo, que tendr que ver con la capacidad de absorcin del mercado laboral del medio milln de profesionales, actualmente en formacin. Lo ms probable es que dada la falta tanto de regulacin de la oferta educativa, como de la calidad de la misma, la oferta profesional se desacople con respecto a la demanda o necesidades de la economa de mercado. Esto podr provocar la conformacin de un continuo de agrupaciones de profesionales cesantes o subcalificados frente a los desafos del desarrollo cientfico tcnico y de la insercin del pas en la globalizacin financiera. Estos ltimos tendrn que desempearse por tanto, en oficios de menor calificacin y de menor remuneracin.

5.5. Agrupaciones o destacamentos politizados y de mayor intensidad de retractacin o fuga.

La diversidad de micro y macro conflictos va generando grupos politizados, provenientes de la izquierda expropiada de su participacin parlamentaria y de los sistemas locales de representacin, as como agrupaciones polticas nuevas ligadas a polticas de identificacin regional y local, medioambientalistas, antiglobalizacin, feministas, minoras sexuales, tnicas, de derechos humanos, de presos polticos y agrupaciones ligados a demandas particulares en torno a los subsistemas de salud, educacin vivienda, seguridad ciudadana y otros. Cada uno de estos grupos remite a acciones y a un continuo de conflicto cualitativamente distinto, sin embargo han configurado una estrategia de accin poltica del mismo orden y han tendido a coordinarse descentralizada y fragmentariamente desde su desterritorializacin del orden central. A mi juicio estas agrupaciones son nuevos agentes socio histricos en potencia, capaces de constituir flujos o continuos de conflicto que operan por debajo de los cdigos sociales que pretenden canalizarlos o cortarles el paso.

6. Conclusin general

El continuo social en conflicto global genera un grupo refractario permanente que suma un total aproximado de 3 millones y medio de personas, es decir un 23% del total de los habitantes del pas y un 38% del total de los mayores de 18 aos. Las preguntas a hacerse en este escenario son: por una parte, si la democracia como sistema poltico, econmico y social es realmente representativa tal como ella misma se prefigura y por otra, si es capaz de dotar a las agrupaciones refractarias de soluciones particulares, que no es sino dotar al sistema global de soluciones integrales o estratgicas.

A partir de una afirmacin del cientista social, Jos Mara Bulnes es posible definir, lo que a mi juicio es una tercera ley de lo social y lo poltico y es que todo se desencadena*33+. De esta ley surge otra pregunta, y es si esta relativa acumulacin de micro y macro conflictos y sus correspondientes agrupaciones refractarias, continuos y reproducciones ampliadas de agrupaciones, no generar a mediano y largo plazo, una desestabilizacin del sistema econmico, poltico y social que el capital se empea en disear/redisear y aplicar desde arriba. La conclusin general es que la pretendida estructuracin del sistema democrtico econmico y social chileno apunta a una sobreconstruccin paranoica y de soberana central, de baja representatividad y legitimidad, y que alimenta la posibilidad siempre existente en toda la historia de Chile, de micro y macro explosiones sociales, es decir de expresin de la diversidad en situaciones de fuga del poder central. Fuga, que de llegar a ser continua, puede provocar una desestabilizacin a mediano plazo que no remite a una necesidad histrica ni a una antigua esttica del asalto al cielo, sino a un sistema poltico, econmico y social debilitado, en el cual las instituciones funcionan mal, pues ni observan ni operan desde las demandas e identidades especficas de las agrupaciones. Un sistema sujeto a micro o macro explosiones sociales, que por una parte impidan dedicar los esfuerzos estatales y sociales a la solucin de problemas infraestructurales y a una proyeccin estratgica a largo plazo, es decir a solucionar los problemas de base de desacoplamiento, como los problemas endmicos del librecambismo. La reafirmacin de la construccin desptica, al mantener o reproducir la posibilidad de descontento o explosiones sociales, puede dar lugar a una crisis del modelo.

7.- A modo de eplogo, desde lo histrico-poltico.

En mis conversaciones con jvenes estudiantes de enseanza media y universitaria y con muchas personas que de un modo u otro pertenecen tanto a las agrupaciones refractarias, como tambin aquellas ms menos integradas al sistema de ordenamiento central, he podido darme cuenta que el Chile de hoy vive una crisis no declarada, an imperceptible a muchos y que, por decirlo de alguna manera, no se ve a simple vista, entre otras razones, por que las reformas polticas y macroeconmicas de la Concertacin han generado una deflacin de los conflictos y una relativa estabilidad del sistema, valorada por los ciudadanos, an cuando ste, concentre poder, ingreso y patrimonio, desigualdades y baja participacin poltico-social. Algunos tericos y socilogos han percibido esta crisis como la suma de los efectos negativos o no deseados de la modernizacin capitalista, los cuales podaran ser subsanados mediante reformas parciales. Otros, como una anomia estructural, una distancia sistmica entre los objetivos sociales mandatados desde las lites polticas y econmicas y los medios inexistentes o insuficientes, que las personas puedan utilizar para lograr dichos objetivos. Algunos sectores ms ligados a la izquierda histrica utilizan el marco terico del marxismo clsico y afirman que la crisis en ciernes es producto de la acumulacin capitalista y por tanto del empobrecimiento y la marginacin de amplios sectores. A lo que a mi respecta, y basado en este ensayo, la crisis de Chile responde centralmente al operar del sistema capitalista-financiero, tanto en su variante liberal como liberal socialdemcrata y a su incapacidad propiamente gentica de dotarse de herramientas para solucionar la reproduccin de inequidades en todos los mbitos. Pero esta crisis gentica se profundiza frente a la incapacidad de las lites dirigentes de construir pas desde abajo o desde la fuga y el conflicto. En palabras de Gabriel Salazar, historiador chileno: En Chile, el predominio de las actitudes epistemolgicas ahistricas se ha caracterizado, entre otros aspectos, por el discreto afn de las lites dirigentes por monopolizar la administracin pblica de los trminos y conceptos relativos a las (...) ideas de totalidad y de lo general (ideas G en adelante). (...) Su preeminencia genrica, han subordinado al resto de los valores o smbolos de la sociedad y permitido, en consecuencia, levantar sobre ellos mismos el sistema poltico nacional. (...) Ha sido necesario, tambin, administrar el monopolio de manera tal que las ideas G

(o sea los valores superiores que articulan polticamente la Nacin) sean pblicamente concebidas, internalizadas y preservadas como totalidades homogneas, indivisibles, nicas e inalterables. Es decir se ha requerido que los ciudadanos asuman esas ideas, en la prctica, como si fueran estructuras ahistricas permanentes, a la manera de las ideas platnicas. (...) Finalmente la compulsiva fuerza con que, para preservarse, el sistema poltico nacional ha demandado (...)de una constelacin de ideas G, ha generado, en complemento, el desarrollo de una fuerza centrfuga o repelente, de rechazo hacia las conductas sociales y polticas que eventualmente atenten contra los principios de totalidad e inalterabilidad. (...) Es decir contra aquellos que asumen su (...) particularidad contra la generalidad de esas ideas, y/o el cambio contra su inalterabilidad. La sostenida dominacin de las constelaciones G dentro del sistema nacional ha concluido a la larga, por transformar la historicidad (particularidad y cambio) en un cuasi delito fundamental*34+. De esta manera la derecha que siempre ha estado en la tradicin nombrada y la Concertacin, que prometi, entre otras cosas, nuevos valores en torno a la preeminencia de la persona por sobre el mercado y el estado, contina y moderniza la tradicin de soberana central del pinochetismo. As, va la proyeccin de las nuevas modernizaciones econmicas, (como los tratados de libre comercio y la modernizacin del mercado de capitales) y de la permanente restriccin a la participacin poltica, ha realizado en la prctica la solidificacin de las modernizaciones del perodo 1973-1989, y a pesar de su discurso neoreformista de ciudadanizacin del pas, no ha cambiado las bases de la tradicional construccin paranoica de soberana, negando sistemticamente la diversidad, la particularidad de los actores sociales o agrupaciones y sobretodo, la fuga, el conflicto y el cambio como modo permanente del ser social.

Breve introduccin al captulo 6

He querido invitar a Mauricio Bravo, Terico del Arte a participar de este libro, en primer lugar porque hemos mantenido durante varios meses una valiosa conversacin en torno a los temas de este ensayo y un intercambio de textos, que innegablemente me han dotado de nuevas armas para pensar lo social. En segundo lugar, porque el siguiente texto, me parece necesario, pues desde otro conocimiento, la mirada esttica, es posible prefigurar de una manera distinta al modo sociolgico el objeto social, de modo que el libro en su conjunto muestre desde ngulos diversos, de manera ms completa y compleja, el operar real del mundo social.

6.-Latitud... o las polticas de la identificacin. Por Mauricio Bravo C.

Mauricio Bravo C., es Artista Visual y Escultor del Instituto de Arte Contemporneo. Licenciado en Arte de la Universidad de Chile. Terico del Arte independiente. Profesor Universitario de Teora del Arte y Curador de distintas muestras nacionales e internacionales.

Pensar el arte en su actualidad nos exige, dadas sus estrategias de desplazamiento continuo, el salir y el entrar de un sitio reconocible a otro por conocer, me refiero con esto, a que las lgicas del arte actual son similares a las inclemencias y azares presentes en toda experiencia de viaje, es decir, lo actual del arte es justamente aquella zona de fragilidad y acontecimiento abierta por sus idas y venidas. Esta dimensin de creciente movilidad en la que han ingresado las obras contemporneas no solo plantea una serie de conflictos, que ataen a las caractersticas y los datos de identidad de las obras, alterando sus modos de significar y sus horizontes temticos, sino que, a mi parecer tal movilidad de lo visual produce una crisis al interior de las tramas referenciales en s mismas, generando un conjunto dismil de propuestas, en las cuales, lo visible se comporta o se manifiesta crticamente a travs de la puesta en circulacin de valores de diferencia y estrategias de interdiccin. Ya lo enunciaba Estrella de Diego en su articulo titulado Salir de viaje o quedarse en casa? al rematar el texto con la siguientes preguntas: Cmo debiera verse el arte contemporneo en un momento en el cual todo se mueve, todo se descontextualiza?, Es posible contextualizar y, ms aun recontextualizar? Lo que la crtica espaola desarrolla aqu, es un cuestionamiento de la mirada primero; en relacin a sus objetos de deseo, y segundo; en su dimensin de globalidad. En efecto para Estrella de Diego la mirada y lo visto en el contexto global se materializan como actos y presencias sin fondo, realizadas mutuamente en un espacio que carece de marcos estables de representacin. Sin embargo, este girar en el vaco de agentes identitarios no supone vaciamiento o des fundamento de lo visual, al contrario, implica que la naturaleza de la mirada en su praxis contingente, se constituye a partir de la observancia de objetos fantasmticos, que por su propia constitucin sintomtica exploran un territorio de posibles por venir, de all se deduce su forma crtico liminar, dado que si ahora hay algo que ver (en arte) es justamente el espectculo de lo que vendr. Este carcter anticipativo e incluso premonitorio del fenmeno esttico actual, es lo que a mi modo de ver, desplaza lo artstico desde su presencia sedentaria a una fase de nomadismo semitico, pero por esta misma razn, es lo que hace actuar dicho fenmeno en un ms all de su condicin csica, ingresando as, en un campo trans-cultural, compuesto de catxis y contra catxis identitarias. Claramente, lo puesto en obra no son significantes localizables territorialmente, sino inversamente, lo puesto a ver son complejas experiencias de traslado socio-culturales, cuyas

significaciones hbridas y polivalentes generan zonas de intercambio figural diferidas espacial y temporalmente. Cabe destacar aqu, que estas nuevas zonas de canje discursivo, abiertas por las practicas visuales ya no organizan su espacio de produccin en relacin dialctica a un otro cultural idealizado y estigmatizado de renovador y rupturista (gesto propio de las modernidades productivistas y primitivistas, Foster) sino que, se manifiestan a travs de agenciamientos clandestinos, en cuyas redes se desarrolla una economa de lo cotidiano otro, fundada especficamente en operaciones de trfico y trueque de realidades simblicas en estado de frontal alteridad. Debido a esto, las tendencias artsticas contemporneas, nos exponen un agenciamiento visual polarizado entre; por una parte artistas que siguen insistiendo en las posibilidades semnticas de las poticas de la identidad, ancladas en un entre comillas slido suelo referencial y por otra aquellos que desconfiando de las determinaciones ideolgicas de dicha geografa, apuestan por la articulacin visual de polticas de identificacin, asumiendo el ejercicio plstico como una labor de cartografiado alternativo y de creacin de rutas paralelas a las contenidas en los mapas virtuales de la economa global. En este contexto esttico lo puesto en tensin son especficamente las fronteras ontolgicas que delimitan, dando forma, a una subjetividad desterritorializada, y de acuerdo a esto, es que las obras se han convertido en documentos de valor incalculable, ya que al no haber parmetros o modelos de conocimiento de una situacin tan reciente se hace necesario el desarrollo e implementacin de memorias estticas que sirvan de soporte de inscripcin para futuros territorios de significacin y sentido. Las obras de este modo, son una suerte de pasaporte abierto que adquiere valor de acuerdo a las capacidades que despliegue en su poder de credenciar, resingularizando, materias, palabras, sensaciones, emociones etc. que en el presente permanecen invisibles o inaudibles para los actuales instrumentos de comunicacin. Flix Guattari en su texto Prcticas ecosficas y restauracin de la ciudad subjetiva define la condicin del individuo actual de la siguiente manera : El ser humano contemporneo est fundamentalmente desterritorializado, debido a que sus territorios existenciales originarios cuerpo, espacio domstico, clan, culto ya no se asientan sobre un terreno firme, sino que se aferran a un mundo de representaciones precarias y en perpetuo movimiento, no hay duda de que para el autor nuestra subjetividad se encuentra en un estado crtico, consecuencia de hallarse envuelta en una infinitud de procesos tcnicos ( informacin, comunicacin, trabajo y socialidad hipertecnificada etc.) cuya velocidad imprimen al sujeto niveles de vida que le impiden desarrollar reas de pertenencia y arraigo simblico. Dicho estado crtico de la subjetividad se ve reforzado adems, por la estandarizacin creciente de las conductas y de los modos de existencia, los cuales en su conjunto comienzan a ser modulizados compulsivamente por parmetros productivos de alto rendimiento funcional. Esta situacin paradjica, en cuanto combina por una parte, una intensa relacin con el cambio y las exigencias de transformacin, fortaleciendo vivencias vinculadas a la perdida y la inestabilidad y por otra

desarrolla fuertes matrices conductuales que tienden a eliminar todos los factores imprevisibles y casuales de la existencia, negando as todas las diferencias y acontecimientos particulares del individuo, es lo que a mi personalmente se me presenta como una zona de conflicto y necesidad tica y poltica, que solo desde la configuracin de frentes de trabajo esttico (obras) y actividades o acciones de investigacin terica (curatoras) pueden ser cuestionadas, evaluando sus consecuencias socio-culturales en el presente. Lo curioso y tremendo de estas argumentaciones de mundo es que lo relatado por Guattari desde la teora, posee un reverso espectral-literario en la ciudad ficticia descrita por Paul Auster en su novela El pas de las ultimas cosas, en ella el escritor relata una urbe en donde todo ha estado sujeto a un proceso de profunda devastacin, en tal lugar, los objetos, las palabras y las personas parecieran haber sido removidos de su sitio de origen y sentido, quedando expuestos a una fatal perdida de identidad y ubicuidad ontolgica. La crisis indicada por Auster no es otra que el desastre del lugar como zona o cruce, ms bien, soporte de encuentro para nuestros procesos psquicos de simbolizacin, si su pequea historia nos conmueve, es porque en sta se refleja descarnadamente la imposibilidad de los actuales mecanismos de representacin de dar fisonoma reconocible a una realidad en continua metamorfosis. En resumen en aquel lugar anticipado por un estadounidense de jersey: todo lo real ocurre sin que nada real sea posible, quiero decir, en aquel lugar, todo desaparece sin dejar de existir o todo existe sin dejar huellas ni registro de su provisoria presencia. La visin austeriana es equivalente al fenmeno de desterritorializacion guattariano, en ambas ficciones se da cuenta de un mundo organizado por acciones poltico-econmicas que promueven altos ndices de desencuentro social. Obviamente nuestro mundo, se ha transformado en un gran sistema o red de comunicacin intercultural, sin embargo, algo ocurre que hace que esa promesa de democratizacin de los recursos informativos y referenciales falle en su labor de organizar espacios eficientes o coherentes de habitabilidad, creando opuestamente, recintos ideales para el desarrollo de ahora nuevas experiencias de aislamiento virtual. Lo ms concreto de este asunto es que la actual forma de organizacin social esta generando, dadas las caractersticas recin mencionadas, un tipo de subjetividad fracturada justamente en sus deseos y requerimientos de expresin, produciendo el colapso y la posterior clausura de nuestras precarias economas de lo decible. Esta situacin, inevitable al parecer, nos involucra en un espacio fuertemente tramado en trminos referenciales, saturado de signos y guios de sentido, pero simultneamente nos sumerge en una atmsfera carente o falta de sealamientos estables, que pudieran consolidar plataformas semnticas que estn a la altura de las demandas afectivas y enunciativas del sujeto actual. Este fenmeno de silenciamiento tcnico, del cual todos somos vctimas, se hace innegable cuando percibimos el creciente aumento de vivencias que en el presente quedan sin ser recogidas o registradas por nuestras mquinas de codificacin institucional.

Estoy pensando, a modo de ejemplo, en las crudas realidades mostradas por las cadenas de televisin internacional sobre el conflicto blico entre Irak y los Estados Unidos, o las matanzas realizadas en las fronteras por inmigraciones de corte econmico, tales coyunturas polticas y ontolgicas se convierten en verdaderos nudos ciegos y sordos a la mirada y escucha de la representacin global, constituyendo de este modo, magnitudes de mal-estar colectivo que no alcanzan a ser procesadas por semiticas crticas que pudieran sanear una subjetividad traumatizada por su propia contencin emocional. Es as como estas cantidades de expresin, son lanzadas a la espera de una palabra que nunca llegar, permaneciendo en una dimensin fantasmtica de lo omitido. Esta crisis histrica de la comunicacin por la que estamos transitando, es tal vez el punto ms importante que desde el arte puede ser remendado o curado, dado que, retomando una idea de Justo Pastor Mellado: la obra de arte siempre se anticipa simblicamente a su tiempo, por ende, se hace cargo de las experiencias que aun no encuentran sentido ni significado (grama) en el presente, as la praxis de lo artstico debiera asumirse como un ejercicio ecosfico, cuyo fin es documentar, credenciar, y fiscalizar territorios existenciales que permanecen a la sombra de las lgicas colonialistas y mediticas del capital en su performance integrada.

Viajar, a modo de conclusin I.

Viajar o reterritorializar el viaje rescatndolo de su articulacin romntica, no slo significa aludir a travs de un conjunto de obras a un espacio social en el cual ya nada permanece, sino que muy por el contrario, implica intentar recuperar para el presente valores de experiencia que nuestra globalidad nos ha negado. En efecto si el viaje supone un acto de entrega a la exterioridad y con ello una puesta en otro del sujeto, podremos deducir que el viajar es sinnimo de acontecer y a su vez si hablamos de acontecimiento hablamos del ingreso de diferencias que nos devuelven a un espacio de singularidad radical. Viajar, hacer el viaje, curar obras que viajan son acciones teraputicas que intentan sanar y salvar al sujeto de su estado de petrificacin, abriendo para ste, flujos semiticos o zonas de trfico discursivas ms coherentes y apropiadas con sus actuales necesidades de habla y sus insatisfechos deseos de identificacin.

Planteamientos de trabajo o directrices de una poltica autnoma.

Con nuestro grupo de trabajo en Chile hemos reflexionado largamente sobre este conjunto de problemas y sobre otros asuntos relacionados con las posibles funciones que las obras de arte poseen en la actualidad. Tales interrogantes nos condujeron progresivamente a percibir el rol fundamental que juega la creacin como agente de cambio en el dominio histrico-social, pero mas aun, nos permiti darnos cuenta de la necesidad que existe en el presente de generar flujos representativos que no estn sujetos a factores determinados por la institucionalidad cultural. La pertinencia de dichos problemas nos llevo a pensar en la implementacin de estrategias independientes de produccin, abordando el fenmeno artstico como un sistema autnomo regido solo por las necesidades imperantes en su espacio y coyuntura de realizacin. Consecuencia de ello surge Visuell, una asociacin de artistas que busca desarrollar actividades de investigacin e intercambio, cuyo objetivo general es promover una mirada crtica sobre el arte y su insercin en el contexto global.

Viajar a modo de conclusin II.

Al interior de este horizonte reflexivo nos pareci acertado disear como primera experiencia de trabajo una muestra itinerante, dado que pensar obras que literalmente viajan implicaba pensar asuntos tan dismiles como la identidad de lo enviado, la confrontacin de universos referenciales y las posibles lecturas diferidas de lo local y lo forneo. Tales situaciones yo las interprete en trminos curatoriales desde una apropiacin conceptual del conjunto de tramitaciones legales que requiere toda salida de un pas hacia el extranjero. Es as como antes hable de trfico, de materias o realidades en estado de alteridad, en cuanto las obras al parecer seran mercancas ilcitas ante las aduanas del sentido. Por otra parte tom la figura del turista para significar en cdigo ontolgico una mirada entregada a la pura impresin, la cual en la actualidad podra ser resemantizada a partir de una metfora artstica. Aqu el turista aparece como el artista , es decir aquel que ha sujeto su praxis de ver a un profundo proceso de singularizacin, transformndose en otro sin dejar de ser el mismo. De este modo, podemos postular que el creador ve siempre por primera vez pero tambin ve las mismas cosas como si nunca ms volvieran a ocurrir. El artista es as el espectador por excelencia; aquel que mira los movimientos fallidos del sentido, por tanto ve ms all de la realidad percibiendo contrariamente los devenires indecibles de su acontecimiento. Pero qu es ver el acontecer y no las cosas, sino es darse cuenta del silenciamiento poltico de las mismas.

Ver por ende es siempre un ver ms de la cuenta, registrando lo que queda afuera o debajo de las economas simblicas del poder. Ver lo visto por el arte se convierte de esta manera en un acto de identificacin poltica cultural, un proceso de desconstruccin poitico, que promueve intensos cambios en la nervadura histrica de lo real. Si pensamos el viaje como pretexto de una exposicin se debe justamente a que viajar es un momento privilegiado para el ejercicio de la mirada, el cual permite contemplar -nada ms revolucionario- que el deseo omitido de las cosas.

Bibliografa

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NOTAS

[1] Tusquets Editores. Coleccin Cuadernos nfimos. Serie los heterodoxos. Es una Seleccin de los siguientes libros del mismo autor: El Ombligo de los Limbos y El Pesa-Nervios y otros textos.

[2] Texto Posicin de la Carne. [3] Nota 2 del Texto A plena oscuridad, o el bluff surrealista. [4] Gonzalo Rojas, del poema Cifrado en Octubre. [5] Al respecto leer De Mquinas y Seres Vivos, de Humberto Maturana y Francisco Varela. Editorial Universitaria 1972. [6] Gilles Deleuze, Flix Guattari; Rizoma, Introduccin. Ediciones Coyoacn. Coleccin Dilogo Abierto, 1994. [7] Gilles Deleuze; Flix Guattari; El Anti Edipo, Capitalismo y esquizofrenia. Pginas 286, 287, 289. Ediciones Paidos. 1 reimpresin, 1995. [8+ Nota del Autor: Me refiero a la concepcin de los revolucionarios latinoamericanos de los 80 y a la concepcin Bourdiana, en que las armas son todas las capacidades que permiten a lo social dotarse de resistencia, es decir, de permanencia y afirmacin y reafirmacin de lo propio diverso, como legtimo. As la concepcin Pueblo en Armas en El Salvador del FML o de la Nicaragua del FSLN y del MIR en Chile, no se refera meramente al aspecto material-instrumental de poseer armas de fuego y al enfrentamiento poltico-militar del pueblo o de ciertos destacamentos poltico-militares contra los dominantes, lo que es ms propio de las concepciones guevaristafoquista y maosta, sino a que las agrupaciones sociales fueran capaces de dotarse de conciencia terica, organizacin social y organizacin poltica-militar. En Bourdieu un arma fundamental, y as la denomina, es la dotacin de los dominados de una reflexin del mundo social que les permita sacudirse del yugo de la clasificacin de los dominadores. Al respecto el MIR chileno siempre afirm la necesidad de ganar la lucha terica o la lucha por la reflexin y taxonoma del mundo social, como un proceso necesario, aunque no suficiente, para avanzar polticamente sobre la dominacin. [9] Ver El retorno a Sion. Libros Keter, Jerusalem, del Israel Program for Scientific Translations Ltd. 1977. [10] Al momento de escribir este ensayo, el gobierno del Likud de Ariel Sharon, ha comenzado a ejecutar el plan de desalojo de 21 asentamientos de colonos israeles de la Franja de Gaza y de 4 asentamientos en Cisjordania. Son 1.716 familias que deben dejar estos territorios. El proceso de desalojo o desterritorializacin ha sido dramtico, el martes 16 de agosto una mujer israel se quem a lo bonzo y un hombre descarg rfagas de metralla contra la poblacin, asesinando a dos palestinos. El mircoles 17, el ejrcito jordano fue atacado desde Israel, muriendo un soldado rabe. Se presume que un total de 589 familias se resistirn a desalojar sus viviendas. Esto demuestra, a mi juicio, que la planificacin y ejecucin de los procesos de territorializacin del sionismo de los ltimos 60 aos, han sido una imposicin poltico-militar de soberana central del capital y del estado, y hoy, para mantener la posibilidad de existencia del Estado de Israel, el sionismo debe reformular su concepcin estratgica y admitir la diversidad palestina y su derecho a vivir de manera exclusiva y excluyente en sus propios territorios. Lo que est sucediendo en

definitiva, es la necesaria desterritorializacin juda de una ocupacin poltico-militar con poblacin civil, como punta de lanza. [11] Concepto utilizado de manera recurrente por el Laborismo de Izquierda Israel, y por quien fuera su lder y Ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno de Ehud Barak, Schlomo Ben-Am. Al respecto leer Cul es el futuro de Israel? Ediciones B. 2002 *12+ Steiner, George. Artculo: Todos somos huspedes de la vida. Discurso de agradecimiento con motivo de la concesin del Premio Brne. Extrado del Boletn del GOETHE INSTITUT KULTURCHRONIK N 4. 2003 (ao 21). [13] Bernard Lewis. El lenguaje poltico del Islam. Editorial Taurus. 1990. [14] Ibd. 12 [15] Conversacin entre el periodista Fernando Paulsen y el analista internacional Ral Sohr, en el noticiero ltima Mirada de Chilevisin. [16] Rafael Sebastin Guilln, nacido en 1957 en Tampico, estado de Tamaulipas, ciudad costera situada en el Golfo de Mxico. Ex alumno de la Universidad Autnoma de Mxico (UNAM) y ex Profesor Universitario de Filosofa. [17] Ramonet, Ignacio; Marcos, la dignidad rebelde. EDITORIAL AN CREEMOS EN LOS SUEOS. LE MONDE diplomatique. 2001. [18] Ibd. 17 [19] Sobre presupuesto participativo, ver nota explicativa N 14 en Marcos, la dignidad rebelde, pgina 31. [20] Ibd. 17. [21] Texto de Pierre Bourdieu, Espacio social y espacio simblico. Introduccin a una Lectura Japonesa de La Distincin, extrado de una Conferencia pronunciada en la Casa Franco-Japonesa, Tokio, 4 de octubre de 1989. [22] Antonio Gramsci, Antologa. Editorial Siglo XXI, 2004. Artculo La Revolucin contra El Capital 1918: (...) La Revolucin de los bolcheviques est ms hecha de ideologa que de hechos. (...) Es la Revolucin contra El Capital, de Carlos Marx. (...) Y si los bolcheviques reniegan de algunas afirmaciones de El Capital, no reniegan, en cambio, de su pensamiento inmanente, vivificador. No son marxistas, y eso es todo; no han levantado sobre las obras del maestro una exterior doctrina de afirmaciones dogmticas e indiscutibles. Viven el pensamiento marxista, el que nunca muere, que es la continuacin del pensamiento idealista italiano y alemn, y que en Marx se haba contaminado con incrustaciones positivistas y naturalistas. Y ese pensamiento no sita nunca como factor mximo de la historia los hechos econmicos en bruto, sino siempre el hombre, la sociedad de los hombres, de los hombres que se renen, se comprenden, desarrollan a

travs de esos contactos (cultura) una voluntad social, colectiva, y entienden los hechos econmicos, los juzgan y los adaptan a su voluntad hasta que sta se convierte en motor de la economa, en plasmadora de la realidad objetiva, la cual vive entonces, se mueve y toma el carcter de materia telrica en ebullicin, canalizable por donde la voluntad lo desee, y como la voluntad lo desee. Es significativo que lo que llama Gramsci ideologa, cultura, voluntad social, voluntad colectiva pueda ser reclasificada claramente como accin social propiamente tal, pudiendo esta nueva clasificacin prescindir de dichos conceptos. A mi juicio, lo que describe Gramsci corresponde ms bien a la capacidad de los jefes de conducir las lneas de fuga de lo social, absolutamente fragmentadas y descentralizadas en la Rusia zarista (campesinos, soldados, marineros, un segmento minoritario de obreros y artesanos urbanos, pobres del campo y la ciudad, etc.) a la constitucin de Soviet u organizaciones intermedias ya existentes y posteriormente al asalto al cielo o al poder central. En esta experiencia revolucionaria, la primera del mundo social, se genera un quiebre ontolgico del leninismo, que siempre y especialmente a partir de la NEP intent conducir a las agrupaciones reales del mundo social. As el estalinismo reconstruye posteriormente el Estado sovitico, sobre los mecanismos burocrticos ya establecidos del Estado zarista y construye una casta burocrtica sobre lo social, reinventado en una clase proletaria industrial naciente, constituyndose una dictadura de la lite poltico-militar de carcter paranoico-fascista sobre el pueblo. No es azaroso y as lo registra el historiador britnico Perry Anderson, en su libro Historia del Marxismo Occidental, que toda la plana mayor del bolchevismo haya sido asesinada por Stalin. [23] Karl Marx. Introduccin general a la crtica de la economa poltica. 1857. En este texto Marx afirma: Cuando consideramos un pas dado desde el punto de vista econmico-poltico comenzamos por su poblacin, la divisin de sta en clases, la ciudad, el campo, el mar, las diferentes ramas de la produccin, la exportacin y la importacin, la produccin y el consumo anuales, los precios de las mercancas, etc. Parece justo comenzar por lo real y lo concreto, por el supuesto efectivo, as, por ejemplo, en la economa, por la poblacin que es la base y el sujeto del acto social de la produccin en su conjunto. Sin embargo si se examina con mayor atencin, esto se revela (como) falso. La poblacin es una abstraccin si dejo de lado, por ejemplo, las clases de que se compone. Estas clases son, a su vez, una palabra vaca si desconozco los elementos sobre los cuales reposan, por ejemplo, el trabajo asalariado, el capital, etc. Estos ltimos suponen el cambio, la divisin del trabajo, los precios, etc. El capital, por ejemplo, no es nada sin trabajo asalariado, sin valor, dinero, precios, etc. Si comenzara, pues, por la poblacin, tendra una representacin catica del conjunto y, precisando cada vez ms, llegara analticamente a conceptos cada vez ms simples: de lo concreto representado llegara a abstracciones cada vez ms sutiles hasta alcanzar las determinaciones ms simples. Llegado a este punto, habra que reemprender el viaje de retorno, hasta dar de nuevo con la poblacin, pero esta vez no tendra una representacin catica de un conjunto, sino una rica totalidad con mltiples determinaciones y relaciones. (...) Este ltimo es, manifiestamente, el mtodo cientfico correcto. Lo concreto es concreto por que es la sntesis de mltiples

determinaciones, por lo tanto, unidad de lo diverso. Aparece en el pensamiento como proceso de sntesis, como resultado, no como punto de partida, aunque sea el verdadero punto de partida, y, en consecuencia, el punto de partida tambin de la intuicin y de la representacin. (...) Pero esto no es de ningn modo el proceso de formacin de lo concreto mismo. Por ejemplo, la categora econmica ms simple, como, por ejemplo, el valor de cambio, supone la poblacin, una poblacin que produce en determinadas condiciones, y tambin un cierto tipo de sistema familiar o comunitario o poltico, etc. Dicho valor no puede existir jams de otro modo que bajo la forma de relacin unilateral y abstracta de un todo concreto viviente ya dado. Como categora, por el contrario, el valor de cambio posee una existencia antediluviana. [24] Al operacionalizar a la clase obrera y el pueblo, se realizaba una exhaustiva categorizacin, como un continuo, realizando el intento de hacer coincidir lo clasificado con el operar real de lo social. As se hablaba entonces de las formas corporativas histricas del proletariado (los sindicatos, las organizaciones gremiales, etc.) de otras organizaciones obreras y campesinas, es decir de fracciones organizadas del proletariado y el campesinado, fracciones del proletariado, el campesinado y la pequea burguesa, subsumidas en las nuevas formas de la pobreza y exclusin generadas por el capital y el estado, y finalmente pobres del campo y pobres de la ciudad. Se caracterizaba a dicho continuo como el aspecto propiamente social de las alianzas polticas dirigidas por los destacamentos o partidos de la izquierda histrica y la izquierda revolucionaria (Vgr: PC, PS, MIR) al respecto ver Transicin a la Democracia? Un modelo de anlisis y una propuesta. Por Pablo Buenaventura, Rodolfo Gonzles y Andrs Garca. Terranova Editores. 1988. Texto de la Direccin Poltica del MIR Renovacin. [25] Gilles Deleuze, Conversaciones, Pre-textos, Valencia, 1995, pp. 25-41. Entrevista sobre el Antiedipo, con Flix Guattari y Gilles Deleuze, por Catherine Backes-Clment, L'Arc, n 49, 1972

[26] Flix Guattari. Cartografas del deseo. Francisco Zegers Editor. 1989. [27] Algunos destacamentos polticos, supieron en el Siglo XX, an desde su concepcin estructuralista, conducir frentes de masas, movimientos sociales emergentes o lneas de fuga, como el movimiento feminista, el de pobladores y el movimiento mapuche, entre otros. As fue el caso del POS de Luis Emilio Recabarren, durante el perodo 1912-1922, del MIR de Enrquez durante el perodo 1965-1973 y posteriormente el MDP (PC-PS Almeyda-MIR-PRSD-Otros grupos socialistas), con ciertas dificultades, durante el perodo 1983-1987 el de las llamadas jornadas de protesta o revuelta de los pobladores y de creacin de la Asamblea de al Civilidad. [28] Pierre Bourdieu; Leccin sobre la leccin. Editorial Anagrama. 2002. *29+ Referencia del texto de G. Balandier. Sens et puissance, les dynamiques sociales, Paris: PUF. 1971. Extractado del libro Las sociologas contemporneas de Pierre Ansart. Amorrourtu editores. 1990.

[30] Fesal Chain; Rodrigo Quevedo. Evaluacin de Impacto del Programa de Micro Crditos AYE del Hogar de Cristo. Universidad ARCIS. Santiago de Chile. 2001. [31] Las reformas ms importantes de la Constitucin de 1980, fueron realizadas el ao 1989, con 59 modificaciones y el presente ao 2005 con 58, al momento de escribir el presente ensayo. Entre otras modificaciones significativas del presente ao, el Senado de la Repblica acord terminar con la institucin de los Senadores vitalicios y designados, devolvi al Presidente de la Repblica la facultad de remover a los Comandantes en Jefe de la FF.AA y de Orden y a su vez limit las funciones y composicin del Consejo de Seguridad Nacional, que podr ser solamente convocado por el Presidente y que adems tendr mayora civil. Aument a su vez las facultades fiscalizadoras de la Cmara de Diputados. Sin embargo aunque el sistema binominal fue recalificado como ley orgnica constitucional, no fue modificado. [32] Al respecto y como mtodo propiamente etnogrfico he tenidos mltiples conversaciones con todo tipo de personas, pertenecientes a distintas agrupaciones sociales que afirman que no votaran por la derecha por su pasado dictatorial y la corrupcin pinochetista y que prefieren votar por la Concertacin, an cuando observan en ella grados de corrupcin y trfico de influencias y una propia situacin socioeconmica y de participacin social y poltica deficitaria. [33] Ctedra de Ciencia Poltica de la carrera de Sociologa en la Universidad ARCIS. 1988. [34] Salazar, Gabriel; Violencia Poltica Popular en las Grandes Alamedas, 1947-1987. Ediciones SUR.1990.

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