SINOPSIS
En la década de los años 80 's, Sheila y sus
amigas, Lana y Ashley enfrentan muchos
conflictos en la universidad, secretos entre
ellas ¡e incluso la llegada de nuevos personajes
que cambiarán el rumbo de sus vidas!
También, nos daremos cuenta que los
personajes descubren que la verdadera
felicidad y los mejores momentos ocurren en
el momento menos inesperado.
Mientras se desarrolla la historia, los
personajes ponen a prueba sus relaciones
amistosas y amorosas, haciendo que
confronten sus propias inseguridades.
“El amor es solo una palabra, hasta que
alguien llega para darle sentido”
—Paulo Coelho
La dedicatoria de este libro se divide en 2 partes:
A mi seño Irene, que en estos años que he dado
clase con ella, que me inspiró a que en un futuro
haga más libros.
A mi familia (padre, madre y hermana), que me
ayudaron y enseñaron a que puedo hacer mucho
más de lo que sé hacer.
Entre amigas y desafíos
Viernes, 17 de septiembre de 1987.
Mañana
—Es triste que no podamos estar juntas en clase—
dijo Ashley mientras se le humedecían los ojos al
estar apunto de llorar.
Ashley era sensible y simpática, morena de piel, pelo
castaño y ojos marrones.
—¡Ya te digo! Pero podemos vernos afuera y en el
recreo ¿no?—dijo Lana intentando darle ánimos a
Ashley.
Lana era muy positiva y risueña, era de pelo negro,
ojos azules como el cielo y pálida.
—Lana tiene razón Ashley, no te pongas a llorar
por estupideces—Dije mientras le daba un pañuelo
con una mano y en la otra agarrando el volante.
Y bueno, yo soy Sheila, pelirroja con pecas, ojos
verdes y llamativos y pues era una persona tranquila
y pacífica.
Estuvimos charlando un buen rato sobre el mismo
tema ¡como treinta minutos! Y claro… también
hacíamos un gran esfuerzo para que Ashley no
llorara a la mínima.
—Oye chicas ¿no os habéis enterado de que un
chico va a venir de intercambio?—mencionó
Ashley.
—¿¡Un chico?!—dijo Lana mientras se impulsó de
los dos asientos delanteros del coche para seguir
escuchando.
—Bah… ¿En serio te llama tanto la atención que un
chico venga de intercambio? Que ridiculez por
favor—dije mientras me entró una risa al escuchar
la forma en la que gritó Lana.
—¡Anda ya, supera a tu novio y vive la vida!—le
respondió Lana.
—¿Y se supone que vivir la vida es liarse con quien
te dé la gana? Anda que tú también…—contestó
Ashley mientras miraba a Lana de reojo.
—¿Y cuando dije eso?—respondió un poco
enfadada.
Ashley y Lana estuvieron hasta llegar a Oxford
discutiendo sobre lo que cada una pensaba, porque
entre que una pensaba que disfrutar era enrollarse
con cualquiera y otra prefería disfrutar la vida de
muchas otras maneras… La verdad es que Ashley
tenía razón. Pero aún así, yo me preguntaba…
¿porqué había gente que disfrutaba la vida como
mencionó Lana?
***
—¡Por fin llegamos!—dije mientras abría la puerta
del coche para salir.
Entramos a la universidad, buscamos lo que
necesitábamos para la primera asignatura y
aprovechamos para hablar los 15 minutos que
faltaban para entrar a clases.
—¿Cuándo vendrá el chico de intercambio?—
empezó Lana a hablar de nuevo sobre el tema.
—¿Quieres callarte y dejar de hablar de lo mismo?
¡Vendrá cuando tenga que venir!—le respondió
Ashley alzándole la voz.
Lana y Ashley empezaron a discutir de nuevo…
¡Estuvieron los malditos 15 minutos discutiendo en
vez de aprovechar y hablar sobre otros temas! ¿Qué
tiene de interesante que un chico venga de
intercambio? Ya han venido muchos más y no sé
porqué tanto alboroto.
Cada una nos fuimos a clase, también deseando que
acabara, ya que mi compañero de clase Alex
¡siempre estaba bromeando conmigo! y además
sabía que odiaba las bromas. Él normalmente se
sentaba delante de mí, pero esta vez estaba a mi
lado, entonces tenía la oportunidad de hacerse el
gracioso conmigo.
—¿Estás enfadada?—dijo Alex mientras se reía en
silencio.
—¡Cómo para no estarlo!—le grité enfadada.
El Sr. Robert escuchó la discusión entre Alex y yo,
se enfadó y alzando la voz, dijo lo siguiente:
—¡Señorita Sheila y señorito Alex!—dijo mientras
cruzaba los brazos. —¡Fuera de clase ahora!—gritó
señalando la puerta de la clase.
Total, que nos fuimos de la clase. A Alex le daba
igual porque ya estaba acostumbrado ¿pero yo? a
mí nunca me echaron de clase hasta ese día, ese
profesor era todo un cascarrabias.
—¡Menudo capullo!—dije pateando la pared muy
enfadada.
—Eso te pasa por dar voces—dijo Alex mientras se
reía y me daba empujoncitos con el codo.
***
Tarde
Por fin terminaron las clases y a última hora
teníamos tiempo libre ¡y no le veré la cara a Alex!
Salí de la universidad dando saltos de felicidad,
porque aparte de no tener que verle la cara a ese
descarado, también tenía entrenamiento de
balonmano.
Mientras estuve dando saltos, estaba Jake… ¡mi ex
pareja! Pero eso no es lo peor, encima estaba con su
grupo de amigos.
—¿Qué te pasa a ti dando tantos saltos?—dijo Jake
riéndose con sus amigos.
—¿Y a ti te importa que esté dando saltos?—
contesté mientras cruzaba los brazos. —Además,
¿quién sabe si daba los saltos de felicidad por qué
no tengo ya que ver tu cara todos los días?—le dije
en tono bajo con una sonrisa amenazante.
Entonces Jake se enfadó, pero él cuando se enfada
no grita y no es agresivo, sino que se vuelve relajado
y tranquilo y su tono de voz solía ser amenazante.
Jake se arrimó a mí y acercó sus labios a mi oído y
dijo en tono bajo y vengativo:
—No sabes lo que te espera…
Se alejó sonriendo malévolamente y observándome
de arriba a abajo con una mirada tranquila pero
vengativa. Empezó a mirar de reojo a sus amigos,
como si intentara decirles algo con una simple
ojeada.
—Bueno “pequitas”—dijo mirando a uno de sus
amigos del grupo mientras se reía. —Te quedó
claro, ¿no?—contestó mientras les daba
empujoncitos con el codo a los chicos que tenía al
lado para que se rieran para seguir el rollo.
Se fueron después de que Jake me hubiera dicho eso
en ese tono, ¿quién narices se cree que es?
Cogí la mochila y esperé a Lana y Ashley, pero sin
darme cuenta salieron de un arbusto.
—¡¿Por qué leches estábais Jake y tú tan juntitos?!
—gritó Lana mientras me agarraba de los hombros
y me sacudía como si fuera unas maracas.
Sí, Lana está enfadada porque ella y Ashley me
ayudaron a “superar” una traición inesperada de
una persona que amaba de verdad.
—Tampoco es para tanto, vaya exagerada—
contestó Ashley mientras ponía su mano en su
frente y con la otra mano se agarraba la cadera.
Esa reacción que tuvo Ashley no me la esperaba,
ella siempre cuando hablaba de un tema
relacionado con Jake, me callaba porque sabía que
aunque lo hablara yo misma, me haría sentir mal sin
darme cuenta.
—¿Será porqué le he plantado cara y se ha
ofendido?—Dije separando los brazos de Lana de
mis hombros. —Además es un cobarde, solo sabe
decir “no sabes lo que te espera”, ¡Blah, blah, blah!
¡Pero si es un ridículo por favor!
Mientras estaba hablando enfadada me di cuenta
que Ashley no se sentía bien cuando hablábamos de
Jake de esa forma, sus expresiones lo decían todo.
—Vamos a ver Sheila, entiendo que sea tu ex pareja
y no se haya comportado bien contigo pero… creo
que estáis exagerando—dijo Ashley dirigiéndose
hacia mi coche.
Sus palabras nos impactaron a Lana y a mí. Sin
decir nada nos fuimos tras ella.
***
Intenté no llorar mientras conducía, ya que había
niebla y al llorar solía ver un poco borroso y no
quería que hubiera ningún accidente por “mi
culpa”.
—¿Y qué?, ¿cómo os han ido las primeras clases?—
dije mirando hacia la carretera con los ojos
húmedos, con un nudo en la garganta tan grande
que hacía que mi voz se quebrara.
—Bien pero, ¿te sucede algo?—preguntó Ashley
mirándome con una expresión de culpa y pena.
Le dije que no, que no me sucedía nada porque si le
decía que la razón por la que yo estaba así: era ella.
Así que lo que hice fue relajarme e intentar hablarle
a Ashley como si nada hubiera pasado.
Pasó el rato y llegamos a Swindon, la ciudad en la
que las tres vivíamos y estaba a una hora de la
Universidad de Oxford.
—Bueno chicas, hasta otro día—les dije haciendo el
gesto de decirle adiós a alguien y sonriendo.
***
Noche
Estaba en el salón, cenando la deliciosa sopa de
cocido que me preparaba mi madre, ¡la sopa más
rica que había probado!
Entonces terminé de cenar y cogí el mando de la
televisión para ver “Candy Candy” que era unos de
mis animes favoritos desde que era pequeña. Tenía
muchas de las figuras de la serie, ¡e incluso todos los
mangas!
Mientras veía la televisión, empecé a pensar sobre lo
que pasó esa tarde, pero alguien tocó la puerta e
intenté comportarme formal y que no se dieran
cuenta de mi verdadero estado de ánimo así que
abrí la puerta y…
—¡Hola cielito mío!—dijo mi abuela sonriéndome
y después dándome un beso en la frente. —¿Cómo
has estado?—me preguntó.
Intentando tener una sonrisa en el rostro, le dije
que estuve bien y le agradecí que se hubiera
preocupado por mí. Pero aún así, siempre, finja o
no, al final le acabó contando el por qué estoy
desanimada.
—No te veo tan bien como dices…—dijo mi abuela
mientras ponía sus frías manos en las mías. —Sabes
que me puedes contar lo que sea, Sheilita—dijo
sonriéndome.
Entonces fuimos al salón y le conté todo lo que
pasó con Ashley mientras las dos bebíamos
chocolate caliente.
—¿Una amiga que primero está en contra de una
persona que te hace sentir mal, y luego con el
tiempo dice que exageras?—dijo mi abuela alzando
un poco la voz. —Eso no es una amiga, ¡una amiga
te apoya siempre, no es normal que pasado un
tiempo te diga que exageras!—gritó.
Me estuvo dando consejos y estuve muy agradecida.
Estar con mi abuela era como si estuviera en un
lugar lleno de paz y tranquilidad y gracias a ella,
aprendí valores y lecciones que hicieron que mi vida
fuese mucho mejor.
Sombras de desconfianza
Martes, 21 de septiembre de 1987.
Tarde
Terminó un día más de universidad, me sentía
muchísimo mejor gracias a los consejos y el apoyo
que recibí por parte de mi abuela. Con ella aprendí
que una amiga de verdad te apoya en lo que haga
falta y te es sincera de lo que está bien y de lo que
está mal.
—¿Tenéis planes para hoy?—preguntó Lana
haciendo una linda sonrisa de oreja a oreja.
La personalidad que tenía Lana era increíble, era
una de las personas más maravillosas que he
conocido, era muy amable, risueña, cariñosa y
siempre te ayudaba y apoyaba en todo lo que podía.
En resumen, ella sí era una amiga de verdad.
—He quedado con alguien—dijo Ashley con una
mirada llena de sentimientos amorosos cuando
nombró a ese “alguien”.
—Ehh, ¿y podrías decirnos quién es ese alguien?—
dije mirando a Ashley levantando y bajando las
cejas de arriba a abajo mientras Lana tenía la misma
curiosidad que yo.
—¡Eso es un tema que no os incumbe!—contestó
Ashley cruzando los brazos bajando la cabeza y
sonriendo disimuladamente.
Esa contestación de Ashley nos extrañó tanto a
Lana como a mí, ella siempre nos contaba todo, con
quién quedaba, con quién tenía una relación,
etcétera. Ahí sabíamos que Ashley estaba
enamorada, pero la persona con la que quedó, ella
misma sabía que la odiaríamos mucho.
***
Mientras iba pasando el tiempo yendo hacia
Swindon en coche, intentábamos descubrir quién
era ese chico con el que Ashley iba a salir.
—Al menos…¿podrías describirnos cómo es ese
chico?—preguntó Lana con curiosidad.
«Cómo podría describir a Jake disimuladamente
sin que Sheila se de cuenta, pero hay muchos chicos
como él por el mundo y tampoco pasa nada, pero…
¿y si se da cuenta de que estoy quedando con él? ¿y
si empieza a sospechar? Ahh, pero si miento, pero
no me gusta mentir a mis mejores amigas… ¡Ahh!
¿¡Cómo demonios describo a Jake sin que se den
cuenta de que es él?! Vaya lío… » Pensó Ashley
mirando a la ventana para intentar disimular su
expresión nerviosa.
—Pues es…—se detuvo Ashley pensando en cómo
podría describir a Jake. —Es moreno de piel, alto,
de ojos verdes azulados y pelo castaño oscuro—dijo
Ashley un poco nerviosa.
—Me recuerda a Jake…—le respondió Lana
mientras la miraba una cara con una expresión de
confusión.
—¿Jake?—disimuló riéndose. —Después de lo que
le hizo a Sheila nunca saldría o quedaría con él,
¡tonterías!—contestó Ashley alzando un poco la
voz.
—Oye oye, ¿hay alguna necesidad por la cuál te
comportes así? ¿acaso ocultas algo?—dije mirando
de reojo a Ashley mientras conducía.
Pasó el rato, Lana y yo intentábamos descubrir
quién era ese chico, no lo conseguimos pero
planeamos algo para desvelarlo. Entonces ella y yo
quedamos en su casa para hablar sobre ello.
***
—Y bueno, ¿qué podríamos hacer?—dije mientras
miraba la habitación de Lana. —Tu habitación es
bastante grande…—le dije a Lana sonriéndole de
oreja a oreja.
—Lindo cumplido—respondió Lana pensando en
que podrían hacer para resolver el “misterio” de
Ashley.
Estuvimos bastante rato ideando el plan que
íbamos a realizar. Y después de una hora hablando,
conseguimos el intento perfecto para desvelar lo
que nos hacía tener tanta curiosidad.
—Y bien, ¿el plan es?…—respondí dudosa.
—Te hago un resumen: lo más seguro es que se
encuentren en el parque, ya que es el lugar “ideal”
para que parejas o grupos se reúnan—. dijo Lana
deteniéndose. —¿Y cómo sabremos que irán allí?—
dije interrumpiendo. —¿No es obvio? Ashley ha
tenido varios noviazgos y siempre las primeras citas
han sido en el parque—dijo cruzando los brazos. —
Bueno y para terminar, habrá que seguirlos y luego
escondernos en un arbusto si puede ser—dijo Lana.
Noche
Empezó a anochecer y era un poco tarde, entonces,
Lana me preguntó si quería quedarme a dormir en
su casa, así que acepté.
—Lana, ¿podrías prestarme el teléfono del salón
para avisar a mi madre?—pregunté.
Nos dieron el permiso, y me quedé tranquila al ver
que mis padres aceptaban que me quedara en la
casa de Lana.
Después de un rato, cenamos y subí con Lana a su
habitación, era un cuarto bastante despejado con
una decoración simple pero bonita.
—La semana pasada me echaron de clase…—dije un
poco enfadada.
—Habrá alguna razón por la que te hayan echado,
¿por qué?—me respondió Lana con una pequeña
sonrisa.
—Uff, vale… Lo qué pasó es que Alex no paraba de
molestarme, ¡y empecé a dar voces! ¿y sabes qué es
lo peor? ¡Qué nos echó las culpas a los dos cuándo
él la tuvo!—grité dándole golpes a la cama de Lana.
—¡Tranquilízate si quieres que te comprenda!—
contestó. —Entonces, ¿sigues enfadada por eso que
te pasó la semana pasada?—preguntó Lana
tumbándose en la cama. —Y por cierto, en el
armario tienes varios pijamas, coge el que gustes—
dijo.
Me puse uno de los pijamas que me prestó y me
senté en la cama, que por cierto, ¡qué cama más
cómoda! estaba muy blandita y el pijama también
era cómodo.
—Por eso me enfadé tanto, ¡es que yo no tenía
culpa!—dije disgustada.
—Oye oye, tranquila. Es algo que te seguirá
pasando e incluso por tonterías—respondió Lana
mientras se le escapaba una risilla.
—Tienes razón pero una pregunta, sobre ese chico
nuevo… ¿de dónde es? ¿cómo se llama?—pregunté.
—¿Y esa curiosidad, no que te daba igual el chico?
—dijo Lana dándome pequeños golpes en la
espalda mientras sonreía.
—¿Yo, interés? ¡tus ganas!—grité.
Pasamos gran parte de la noche discutiendo pero al
fin de al cabo, éramos amigas y siempre terminaba
bien la situación, así que una vez finalizada la
discusión, caímos como moscas en un sueño
profundo.
***
Miércoles, 22 de septiembre de 1987.
Tarde
—Escucha Sheila, he hablado con Ashley hace nada
y dijo que no podía quedar—dijo Lana
emocionada.
—¡¿Te dijo si iba a quedar con alguien?!—respondí
con curiosidad.
—¡Si! ¿y sabes que es lo mejor? ¡Qué me dijo que
quedaría a la misma hora que supuestamente he
dicho yo!—respondió agarrándome del brazo. —Es
nuestra oportunidad, vamos—dijo Lana
sacudiendo mi brazo.
Fuimos corriendo hacia al parque pero a la vez
disimuladamente debido a que el misterioso chico y
Ashley podrían vernos, así que cuando íbamos
llegando hacia al parque, caminábamos más
despacio e intentábamos escondernos poco a poco.
—Ya los veo…—susurró Lana.
—¿Dónde?—pregunté asomando la cabeza para
intentar verlos.
—Sé más inteligente que te pueden ver, ¡y no hables
tan fuerte que nos escuchan!—susurró Lana
enfadada.
—Vale pero… ¿ese chico que está con Ashley no es
Jake?—le pregunté en el oído.
«Creo que me lo estoy imaginado, ¿cómo puede ser
Jake? No… una amiga nunca podría hacerme tal
cosa, ¿o quizás sí?» pensé muy disgustada.
—Es cierto, se parece un montón—respondió Lana
sorprendida.
Esperamos a que se dieran la vuelta para conseguir
verle la cara a él “misterioso” chico, que ya no era
tan misterioso para las dos.
Se dieron la vuelta ya que terminaron de comprar
en el kiosko y sí, era el descarado y el “caradura” de
Jake y Ashley juntos.
Los vi a los dos y no creía aún lo que observaban
mis ojos. Entonces, esa bonita confianza que tenía
con Ashley, desvaneció por completo.
***
Se me quitaron las ganas de seguir viendo todo y me
fui a mi casa, corriendo, mientras caían las lágrimas.
Ver como una de mis mejores amigas me ocultaba
que estaba quedando con alguien que me había
traicionado… me partía el alma, era algo que nunca
esperaría de Ashley.
Entonces entré a mi casa, secándome las lágrimas y
ocultando ese dolor que tenía en mi interior para
que no hubiera preocupación por mi, así que sonreí
e hice como si nada hubiera ocurrido.
Noche
Estaba en mi habitación, leyendo unos de mis libros
favoritos que tenía en mi pequeña estantería,
“Corazón indómito” de Johanna Lindsey. Me
encantaba todo lo que tuviera que ver con el
romance, hasta que Jake hizo que una gran parte de
ese sentimiento desapareciera de golpe.
Pero a partir de ese momento, decidí que no
volvería a pasar, que una persona que por mucho
que me traicionara no me quitaría las ganas de amar
de nuevo aunque costase volverlo a intentar.
—¡Bien! Lo tengo decidido, volveré a enamorarme
de verdad—dije decidida.
Igualmente mientras leía, estuve reflexiva toda la
noche, pensando si debería darle una lección a Jake
y Ashley, pero a la vez creía que sería una tontería,
ya que no les daría mucha importancia. Así que deje
de darle vueltas al asunto y pensar en eso otro día,
no darle importancia y dormir porque había tenido
un día desagradable y decepcionante.
Revelaciones en el camino
Jueves, 23 de septiembre de 1987.
Mañana
Estábamos de camino a la universidad, todas
sentíamos que nuestras emociones: ira, ansiedad,
estrés o tristeza, explotarían en cualquier momento
aunque nosotras intentáramos disimularlo… Es
que, ¿quién no estallaría?, que una amiga te oculte
cosas, y además ese tipo de cosas que por más que
no lo oculte, no se siente para nada bien.
—Chicas, ¿no pensáis que ocultar cosas o mentir a
alguien que confías está muy mal?—pregunté
mientras se formaba una pequeña sonrisa pícara en
mi.
—¿Por qué estaría bien?—respondió Lana con una
risilla y mirando de reojo a Ashley.
—Lana, ¿por qué me miras?—dijo intentando
disimular.
—Ashley—la llamé mirándola por el retrovisor. —
Ya hablaremos—le contesté mientras aparcaba el
coche. —Ya hemos llegado, id saliendo—dije
abriendo la puerta del coche.
Salimos del coche y yendo para la universidad,
estaba pensando en cómo expondría a Jake y Ashley
y poder decirles todo lo que siento al ver todo lo
que había pasado.
Entré a la universidad, y lo primero que hice fue
quitarme la mochila y coger los libros que no
utilizaría y meterlos en mi taquilla para que no
ocupara mucho peso, así que los metí y cogí lo que
necesitaba para el comienzo de la clase.
—¡Vaya empollona, ¿no?!—dijo Jake apoyándose
en mi cabeza.
—Ni para coger las asignaturas, ¿eh?…—contesté
mientras quitaba su brazo bruscamente. —¿Por qué
no te vas con tu novia que te está esperando en la
entrada?—dije señalando a Ashley.
—¿Quién dijo que lo fuera?—respondió mientras
poco a poco me acorralaba en el gran muro de
taquillas.
—¡Vete a dormir anda!—grité mientras lo empujé
para que se alejara de mí. —Eres un cualquiera, Jake
—le contesté con una sonrisa burlona.
—Pues para ser un cualquiera, soy irresistible para
muchas, e incluso lo fui para tí—contestó
agachándose un poco para tener sus ojos a la altura
de los míos.
—Ojo…—susurró Alex.
—¿Tú qué?—dije cogiendo un libro para
estampárselo en la cabeza.
—¡Perdón!—gritó yéndose corriendo.
—Bueno, bueno...—dijo Jake sonriéndome. —¿No
te da miedo que te vea un profesor…, o profesora?
—dijo riéndose con intención de burlarse de mí.
—Mejor vete si no quieres que te estrelle un libro
en la cabeza—le contesté enfadada. —Hazme el
favor y vete con Ashley que está muy solita…—me
reí sarcásticamente mientras la miraba con ira.
—¡Ya te vale Sheila!—gritó Ashley caminando hacia
mi. —¡Vale, tuve un lío amoroso con tu ex pareja
pero no quería que te sintieras mal, eso es lo que te
he estado ocultando una maldita semana!—
contestó con los ojos llorosos.
Al oír eso empezaron a caer lágrimas sobre mis
mejillas, ¿qué sabía yo si se había enrollado con él?
¡Solo pensaba que estaba quedando o estaban
empezando a salir!
Me callé por unos segundos mientras lloraba en
silencio, apreté mis manos en forma de puño y
susurré dirigiéndome a Jake:
—Eres un cabrón en toda regla, Jake…
—¿Qué?—Se echó a reír. —No somos pareja, ¿o
acaso me extrañas?—se burló.
—No, Jake—le negué. —¡Es una de mis mejores
amigas!—le grité en la cara. —Pero eso no es lo que
me duele, ¡lo que me duele y arrebata es que lo
dejamos hace casi 2 meses!—contesté mientras le
miraba a los ojos con una expresión de dolor. —Y
tú, Ashley…—dije dirigiéndome hacia ella. —
¡¿Cómo leches te atreves a ir de hipócrita conmigo?!
—le contesté.
—Escúchame, Sheila—respondió apunto de
estallar. —¡Quise apoyarte por qué vales mucho
más!—afirmó. —Pero cuando estabas con él me
dolía, ¿sabes por qué? ¡por qué estaba enamorada
de él desde primero de Bachillerato Sheila,
entiéndelo!—respondió llorando.
—¿Te victimizas encima?—le contesté. —Ya
hablaremos…—le dije mientras me alejaba para irme
a clases.
«La he líado…»—pensó Ashley mientras miraba
fijamente al suelo.
—Que pena…—le dijo Jake poniendo su mano en
el hombro de Ashley. —¿No crees que te has
pasado?—dijo mirándola con una expresión de
burla en su rostro. —Debo de irme, arréglalo tú sola
—dijo riéndose mientras se iba a su clase.
Ashley no podía creerse lo que le pasó, tal cual
deseaba que terminaran las clases para hablar
conmigo y solucionar todo, ya que iba a impedir
que un chico arruinara nuestra amistad.
***
Tarde
Eran las 14:45 P.M, terminaron las clases y estaba
deseando irme a casa porque mi estado de ánimo no
era el mejor por todo lo que había pasado.
—¡Sheila espérame!—dijo Ashley.
—¿Qué?—le contesté. —¿Acaso me vas a contar tu
experiencia con él?—respondí sin siquiera mirarle la
cara.
—¡Sheila, por favor escúchame!—dijo apunto de
llorar. —Lo que quiere Jake es arruinarte la vida, se
aprovechó para intentar separarnos—dijo poniendo
sus manos en mis hombros. —¡Estoy segura de que
lo intentará hacer con otras personas con las que
tengas relación cercana a fin de que no tengas nadie!
—dijo.
—Ahh…, claro, como ya no lo tienes a tu lado por
eso lo dices, ¿o no, Ashley?—le contesté mientras se
me salían algunas lágrimas de frustración.
—Porfavor Sheila, créeme—rogó. —No quiero que
nuestra amistad deje de existir solo por un chico—
dijo mientras lloraba.
—Pues para enrollarte con Jake no te lo has
pensado dos veces—respondió Lana con un tono
de burla dirigiéndose a Ashley.
—Tú…—dijo Ashley en un tono bajo pero
agresivo. —¡¿Me lo dices cuando tú eres capaz de
salir con tres chicos a la vez?!—gritó mientras se
dirigía a ella bruscamente.
—Podré salir con tres chicos a la vez, pero…
¿Alguna vez me has visto salir con la ex pareja de
una amiga?—contestó.
—Serás…
«Tengo que mantener la calma Ashley…
¡relájate!»—pensó Ashley.
—¿Soy qué?—dijo Lana.
—Escuchadme por favor, solo quiero que me
escuchéis—respondió. —No quiero perder vuestra
amistad y menos por un chico—dijo llorando.
—Ashley, tú misma sabes cómo es él, te lo dije…—
le respondí.
—Lo sé Sheila, lo sé—afirmó. —Pero lo deseaba
con todo mi ser, ¡entiende eso al menos!—dijo
alzando un poco la voz.
—Prefiero no saber nada—contesté. —Venga,
subíos en el coche que nos vamos a casa—dije
mientras abría la puerta.
***
Las llevé a casa y por último llegué a la mía, saludé y
a la vez me despedí de mis padres por qué se iban a
trabajar hasta mañana, así que subí las escaleras y
me tiré a la cama para relajarme por lo que había
ocurrido, todo estaba bien, hasta que tristemente
llamaron al teléfono del salón. Entonces sin ganas
me levanté de la cama, bajé las escaleras y cogí el
teléfono.
—¿Quién es?
—¿Podemos hablar?
Era Ashley, de nuevo intentando hablar conmigo
para tratar de solucionar todo.
—Está bien… ¿qué tienes que decirme?
—Solo quiero solucionar todo…
—Escucha, te voy a perdonar porque sé que no has
tenido la culpa del todo
—¿Enserio?
—¿Y por qué no?, anda habla con Lana, mañana os
veo.
—¡Vale, adiós!
Colgué la llamada, dejé el teléfono en la mesa de la
televisión e inmediatamente fui a la cocina para
coger un batido de vainilla y subir las escaleras para
irme a la habitación.
—¡Yupi!—grité mientras me tiraba de plancha a la
cama.
Aún así, estaba un poco enfadada con Ashley y
sobre todo me daba mucho coraje, ¿de qué sirve
que ella misma le haya dicho de todo para que luego
salga con él?, ¡qué rabia me daba! Bueno, me sigue
dando rabia, ¡pero más en ese momento!
Después de hacerme tantos líos me relajé, terminé
de beber el batido de vainilla que tenía en la mano,
bajé al salón y cogí unas de las cintas de películas
que suele comprar mi padre cada vez que salía de
trabajar. ¡Qué suerte!, había una de mis favoritas:
“Footloose”, que siempre que alquila mi padre, la
veo un montón de veces, ¡es lo mejor! Aunque esa
vez cogí otra porque la vería al otro día, y por
supuesto, para variar.
Estaba revisando cada cinta para ver qué película
era cada una, ¡y bingo, mi padre también compró la
película de “Los Gremlins”! Era otra de mis
favoritas, la primera vez que la estrenaron la vi en el
cine, la sacaron en VHS y la vi demasiadas veces con
mis padres. Así que ya al tener película para ver, fui
para la cocina a prepararme unas palomitas, un
refresco y que no falten… ¡dulces! ¡Ahh! ¡Qué ricos
están! Y como no, los donuts no faltaban… ¡Se me
hacía la boca agua cada vez que los mencionaba!
Entonces, ¡no se diga más!, abrí la despensa, cogí los
donuts y una vez preparadas las palomitas, las eché
en un cuenco y me serví una coca cola por si me
daba sed.
***
Noche
Disfruté bastante viendo la película, al igual que
comiendo, pero ya era la hora de dormir, dejando
todo lo que pasó por la mañana y pensar que los
días que iban a llegar serían tranquilos y agradables.
Así que apagué la lámpara, me tapé y por fin, a
descansar de un día horrible y de no mucho agrado.
Día de sorpresas
Lunes, 27 de septiembre de 1987
Mañana
Eran las 7:00 A.M y mientras me subía en el coche
para ir a recoger a Ashley y a Lana, de repente me
entró ese pensamiento de que hoy mismo vendría el
chico del que todas estaban hablando, pero no solo
venía él, sino la chica que venía con sus padres de
Liverpool por que iban a mudarse a Oxford. ¡Qué
suerte, estaba a pocos minutos de la universidad!
Cuando estaba a punto de llegar a la casa de Lana,
¡no me dió tiempo ni a saludarla! Entró
rápidamente en el coche y dijo gritando de la
emoción:
—¡Aahh! ¡¿Sabes quién viene hoy no?!
—Sí, lo sé, ¡pero tampoco es para tanto!—le
respondí con una pequeña sonrisa.
Lana estaba muy emocionada, pero no entendía el
porqué y por eso me cuestionaba la razón por lo
cual se emocionaban tanto… ¡Es que no entiendo,
ya han venido varias personas de intercambio!
—Escúchame—dijo Lana. —Te voy a decir el por
qué nos impresiona tanto. Para empezar, ¡la chica
estará en tu clase!, pero ¿sabes qué es lo mejor?,
viene de una familia muy adinerada y tiene el C1 de
francés. ¡¿A qué es guay?!—respondió Lana
mientras alzaba poco a poco la voz.
—Wow, es un poco… impactante—dije
sorprendida. —¿Y sobre el chico?—pregunté con
curiosidad.
—Sobre el chico…, entonces, ¡deja que te explique!
—respondió Lana como si fuera toda una sabia. —
Te lo resumo, dicen que es un modelo alemán y
además… ¡Es bueno en mates y en los deportes!
¡Flipa!—dijo gritando de la emoción
—Ala…—dije. —Bueno, ya viene Ashley así que no
te alteres demás—contesté.
Ashley salió de su casa como si nada y se subió en el
coche sin saludar siquiera, intentando que no le
sacáramos el tema de Jake, ya que tenía miedo de
volver a tener problemas.
—Ashley, ¿te ha comido la lengua el gato?—le dije
un poco preocupada
—Solo estoy cansada y no tengo ganas de hacer
nada…—respondió. —Bueno, ¿tenéis noticias sobre
las nuevas visitas?—dijo.
—Qué raro que no te hayas enterado, se enteró
toda la universidad… Hasta Alex que siempre se
informa el último, ¡se ha enterado de los primeros!
—contestó Lana soltando una risilla.
—¿Y qué, Ashley? ¿no tienes algo que decir?—dije
en un tono serio mirando a la delantera del coche
gastándole una broma.
—¡Ya te pedí disculpas Sheila!, ¡¿qué más quieres,
que vuele?!—
—Pues no sería una mala opción—interrumpió
Lana.
—¡Déjame hablar!—gritó Ashley con nervios. —
Poneros en mi lugar, anda—nos respondió como si
nada.
—Con que esas… Mira Ashley, hablamos contigo
después que ya hemos llegado y no quiero entrar
con mal humor—le contesté “enfadada”.
Lana y yo salimos del coche y antes de entrar, nos
disculpamos y le dijimos a Ashley que solo era una
pequeña broma para asustarla. Así que la esperamos
para entrar a la universidad las tres juntas.
***
Estábamos llegando a la entrada de la universidad
cuando de repente vimos a mucha gente reunida en
un lado del gran llano del césped que había.
—Cuánta gente hay, ¿no?—preguntó Lana
mientras cruzaba los brazos.
—Eso digo yo, a lo mejor ya han venido—
respondió Ashley.
Fuimos a ver por qué tanto alboroto y Ashley tenía
razón, eran los nuevos estudiantes de intercambio
con cuarenta personas alrededor preguntándoles
siempre lo mismo.
—Hola pequitas, ¿cómo te va?—me llamó Jake en
tono burlón dirigiéndose a Ashley. —¿A qué no
sabéis lo que os vengo a contar?—dijo.
—No te acerques, asqueroso—dijo Ashley
empujándolo con ira.
—No, no lo sabemos—contestó Lana mirándome y
riéndose.
—El chico nuevo y yo nos conocemos desde
pequeños, flipad—respondió con un carácter
“superior”.
—¿Se supone que ahora tenemos qué hacernos las
sorprendidas?—le contesté.
Hablando sobre las nuevas visitas, toda la gente que
estaban alrededor de ellos, se apartaron ya que tocó
el timbre.
No me lo esperaba para nada y por una parte sentí
esa emoción que sentía parte de la universidad (y
claro, incluida mis amigas), de que aquellos
estudiantes vinieran a esta universidad. ¡Es que no
me lo creía! La chica era guapísima, era morena de
pelo rizado y largo con unos ojos tan brillantes
como el sol…, ¡qué atractiva! pero al chico no lo
dejabamos atrás. Era alto, tenía unos ojos azules
como el cielo y de cabellos rubios dorados, ¡también
era muy guapo!
***
Entramos ya a clase e inesperadamente vi a la chica
entrar por la puerta y era sorprendente para mí.
—Buenos días clase, tenemos una nueva alumna—
dijo el [Link] dándole el permiso a la chica para
que se presente.
—Ehh, hola…, me llamo Bianca y espero llevarme
bien con todos ustedes—dijo haciendo un lindo
gesto.
Todos y todas recibieron a Bianca con mucha
amabilidad, era muy raro, ya que con otros
estudiantes no demostraron el mismo cariño que
con ella.
—Alex, ya que no te llevas muy bien con tu
compañera…, te vas a sentar al lado de Liam que
tiene asiento libre—le contestó de brazos cruzados.
—Bianca, ¿puedes sentarte al lado de Sheila, por
favor?—preguntó con amabilidad.
Alex se levantó enfadado, ya que por mucho que se
quejara, el [Link] no dejaría que se saliese con la
suya. Así que fue hacia el asiento que estaba al lado
de Liam y Bianca se sentó a mi lado.
—Que amables son todos, ¿no?—dijo Bianca
sonriendo.
—Es raro que hayan demostrado bastante aprecio,
ya que no lo han hecho nunca con otros
estudiantes, pero me alegro mucho—le dije con una
mirada agradable.
—Bueno…, ¿y cuál es tu nombre?—me preguntó.
—Mi nombre es Sheila, y por cierto, tienes un
nombre muy bonito—respondí mientras sacaba los
apuntes de anatomía. —tienes que sacar el libro por
la página veintiséis—dije.
Continuamos con la clase y por lo que ví, Bianca se
veía una persona muy agradable y en la que puedes
confiar.
***
Tarde
—Te agradezco mucho que hayas sido tan amable
conmigo—dijo Bianca mirándome con una sonrisa
de oreja a oreja.
—¡No tienes por qué agradecer, mujer!—respondí.
Estuvimos esperando en la salida a Ashley y a Lana
para poder presentarle a Bianca, mientras que ella y
yo manteníamos una conversación que nos llevaría
a tener más confianza.
—¡Hola, tú debes de ser Bianca!, ¡¿no?!—gritó
Lana yendo corriendo hacia nosotras. —Pff…—dijo
expresando cansancio. —Un gusto de conocerte—
dijo mientras le daba la mano.
Después de unos minutos vino Ashley, que después
de todo, es mi amiga y que por una persona que me
traicionó, debería de seguir todo igual, ¡cómo antes!
Entonces cuando ella llegó, esperamos a que los
padres de Bianca pasaran a recogerla e irnos a casa.
—¿Habéis visto bien a esa chica? ¡Es guapísima!—
dijo Ashley mientras abría una de las puertas de mi
coche.
Yo le dije “sí” con la cabeza, pero nos extrañó
porque Lana entró en el coche sin más, como si
estuviera un poco desanimada, así que entramos en
el coche para poder preguntarle la razón por la que
estaba de esa manera.
—Lana, ¿por qué te has puesto de esa forma?—dijo
Ashley sintiendo un poco de culpa.
—No es nada, solo que no estoy acostumbrada a…
—¿Qué no estás acostumbrada a qué?—le
interrumpí.
—¡No estoy acostumbrada a que una persona
mejor que yo haga migas con ustedes!—soltó
enfadada.
Las palabras que dijo Lana, fueron inesperadas para
Ashley y para mí, y en vez de estar confusas o
sorprendidas, nos pareció muy absurdo lo que dijo.
—¿Acaso sabes qué es mejor que tú?—le respondí
sonriéndole.
—¡Sí!—contestó con los ojos llorosos. —¡¿Acaso
no lo veis?! Es más guapa que yo, es muy amable y
viste genial, ¿pero sabes qué es lo que más me
ofende?, ¡qué tiene más dinero que yo!—gritó
llorando mientras ponía sus manos en la cara.
Nosotros le seguimos el juego para que dejara de
llorar y no pensara ese tipo de cosas, ya que Lana era
una persona a la que le costaba integrar a otras
personas en el grupo y lo digo porque de todos los
intentos que ha tenido bastante gente para
integrarse, por Lana, no lo lograron…
***
Eran las 16:30 P.M, estaba sentada en el sofá junto a
mis padres viendo “Fraggle Rock” en la televisión,
hasta que llamaron al teléfono
—Hola Sheila, ¿quieres salir hoy por la tarde?—
preguntó Lana amablemente.
—¡Hola Lana!—le saludé. —Vale, ¿avisaste a
Ashley?, también avisaré a Bianca para que disfrute
la tarde con nosotras, ¿te parece?—dije.
—Bueno…, vale—respondió. —Y sí, ya avisé a
Ashley, te veo luego.
Entonces colgué la llamada, dejé el teléfono de casa
en la mesa de la televisión, me volví a peinar, les
avisé a mis padres que iba a salir y salí de mi casa a
recoger a mis amigas y darle una pequeña sorpresilla
a Bianca.
Saliendo de mi casa, a dos viviendas a la derecha vi
salir a el nuevo estudiante que estaba junto a Bianca
con mucha gente alrededor.
—¡Hola!, yo te vi esta mañana cerca de mi
taquilla…, ¿qué hacías ahí?—dijo riéndose
—Ehh…
Tres horas antes…
«¡¿Qué leches me pasa?!, ¡concéntrate Sheila!, pero es
que me quedo a pensar y… ¿Por qué me enamoraría
de un tío que ni conozco y además mi ex novio me
dejó hace casi 2 meses? ¡Tonterías!»—pensé
expresando mucha confusión.
Dejé de hacerme tantos líos y decidí ir a la taquilla
de ese chico para meter una nota por si le gustaría
hacer una quedada conmigo el fin de semana.
En los cinco minutos que quedaban para terminar
el recreo, hice la nota que decía lo siguiente:
“¡Hola!, ¿qué tal estás? Te dejo esta nota dentro de tu
taquilla para preguntarte si quieres quedar conmigo
este finde y poco a poco ser amigos”.
A punto de dejar la nota en su casillero, lo vi
bajando de las escaleras con sus amigos, así que la
cerré de inmediato y me fui intentando disimular
todo lo que había sucedido.
—¡No, Nada…, por nada!, solo que mi taquilla está
al lado de la tuya, solamente por eso—dije nerviosa
e intentando abrir la puerta del coche.
—Bueno…, ¡adiós!—se despidió amablemente y
con una sonrisa.
Después de todo, tuvimos una pequeña
conversación aunque no le di mucha importancia.
Y de la quedada entre nosotras cuatro no hay
mucho que contar…, estuvimos en la ciudad natal
de Bianca, Liverpool. ¡Era muy bonito y vimos el
famoso estadio de allí!, pero lo mejor es que ella se
comportó muy bien con nosotras aunque a Lana
no le agrade mucho, pero igualmente se lo
agradeció.
Turbulencias emocionales
Martes, 28 de septiembre de 1987
Tarde
Terminaron las clases de Química y sonó el timbre
para ir al recreo, así que Bianca y yo salimos de
inmediato para relajarnos un rato.
Mientras bajábamos las escaleras, Bianca me dijo
que se enteró de que él vivía en la misma ciudad que
yo. Aún así, me parecía raro que se fuera a una
ciudad que está a una hora de allí y no se quedara en
la misma universidad para dormir y hacer todo lo
que hace uno a diario.
—Ahora que mencionas ese tema…, vive a dos casas
a la derecha de la mía—dije soltando una risilla.
—Es decir, ¡¿sois vecinos?!—alzó un poco la voz.
—¡Shhh!—le callé tapándole la boca. —¡Qué lo
tenemos al lado!—susurré señalándole
disimuladamente.
—¡Hola chicas!, ¿qué tal os va?—nos dijo el chico
nuevo. —¡Anda, si tú eres mi vecina!, no me dijistes
siquiera cómo te llamas…—dijo sonriéndome.
De la vergüenza, me alejé un poco y le di toquecitos
a Bianca en la espalda para que hablara por mí.
—Perdona Albert…, es que le cuesta un poco hablar
con gente que no conoces, ¿sabes?—dijo
intentando reírse.
—Bueno ¿vale?, os veo luego—dijo despidiéndose
amablemente.
Después de una penosa y corta conversación,
salimos al patio y nos sentamos en el gran llano de
césped que había junto con Ashley y Lana.
—¡¿Qué habéis mantenido una conversación con el
nuevo?!—gritó Lana emocionada mientras agitaba
las manos.
—¡Shh!—dije. —¡Qué te pueden escuchar tonta!—
me enfadé.
—Bueno… Se llama Albert, por si teníais curiosidad
—respondió Bianca con una sonrisa de oreja a
oreja.
—¿Acaso te preguntamos?—le contestó Lana. —
¿Sabes que es una falta de respeto decir los datos
personales de alguien sin su consentimiento?—dijo
mirándola fijamente.
—Que exagerada eres Lana, ¿por qué te comportas
así?—preguntó mientras cruzaba los brazos.
—No hables por qué al menos…
Lana se detuvo por un momento, pensando si estaría
bien decirle lo que iba a mencionar, pero su rabia no
la paró y…
—Al menos…, ¡yo no me enrollé con la ex pareja de
mi mejor amiga!—soltó muy enfadada.
Bianca no se esperó lo que Lana dijo y le ofendió un
poco el trato que recibió de ella, ya que no tenía
ninguna mala intención.
Y pues es de esperar, Ashley al escuchar eso, se
levantó y se fue inmediatamente con una ira
increíble recorriendo por su cuerpo.
Yo tampoco me sentí muy bien al oírlo, porque al
haberme enterado a los pocos días antes, empecé a
sentir dolor después de recordar todo de nuevo.
—Me he pasado…—dijo sintiendo mucha culpa. —
Disculpa Sheila, me voy—se despidió mientras le
caían lágrimas de sus ojos.
Al ocurrir todo eso, Bianca hizo el intento de que
olvidara el tema, pero comencé a llorar sin darle la
importancia de que mucha gente me estaba
observando, percibiendo tristeza.
***
Llegamos a Swindon, llevé a mis amigas a sus casa y
por fin llegué a la mía
—¡Ya estoy en casa!—grité para avisar.
Al parecer no había nadie, muchas veces no solía
haber nadie en mi casa, ya que tenían mucho
trabajo o llegaban muy tarde, aunque la que
siempre iba a visitarnos era mi abuela.
Justo cuando iba a subir las escaleras que llevaban a
mi habitación, alguien golpeó la puerta, así que bajé
y abrí.
—Hola, ¿cómo te encuentras por lo de hace horas?
—preguntó Albert preocupado
—Oh…, hola—le saludé con una pequeña sonrisa.
—Es decir, ¿escuchaste toda la discusión?—
pregunté con un poco de miedo.
—Estaba cerca de ustedes, claro que lo escuché
todo—respondió. —Lo siento por lo que te
ocurrió… Yo conozco a Jake y es un desgraciado en
toda regla, valiente tendrás que ser para aguantarlo
—dijo mientras cruzaba los brazos. —Y…, ¿cuál es
tu nombre?—preguntó.
—Sheila, el tuyo al parecer es Albert, ¿no?—
respondí.
—Sí—asintió con la cabeza. —Espero que seamos
amigos, no conozco a mucha gente y también por
llevarnos bien—respondió amablemente.
—Te lo agradezco mucho Albert, gracias por
preocuparte—dije sonriéndole amablemente.
—No es nada—respondió agarrando mi mano para
hacer un apretón. —Espero verte otro día—dijo. —
¡adiós!—se despidió.
Se fue, cerré la puerta y me di cuenta de que Albert
era un encanto como persona, aparte de tener un
bonito físico por supuesto. Así que me decidí y
pensé en quedar con él para conocernos mejor y ser
amigos.
***
Miércoles, 29 de septiembre de 1987
Mañana
A punto de empezar las clases, me acerqué a mi
taquilla para coger lo que necesitaba, cuando me
interrumpió Jake.
—¿Qué tal muñeca?—se acercó.
—¿Otra vez vienes a molestar?, déjame en paz—
contesté un poco enfadada.
—Oye oye…, esta vez no te estoy haciendo nada—se
burló mientras metía un mechón de mi pelo detrás
de la oreja.
Detrás de la puerta de mi casillero, Albert estaba
escuchándolo todo mientras estaba apretando sus
manos de la ira que tenía.
—¡Te estoy diciendo que me dejes!—le dije
empujándolo bruscamente.
—Hace una semana te avisé, recuérdalo—contestó
mirándome y sonriendo con una expresión
malévola.
—Te está diciendo que la dejes en paz, ¿estás sordo?
—contestó Albert colocándose delante de mí y en
frente de Jake. —Deja de acosarla de una maldita
vez—dijo en un tono bajo pero agresivo mientras
chocaba su frente con la de Jake.
—Es mejor que no te metas amigo…—le amenazó
Jake. —Te lo digo por si no quieres que te pase lo
mismo que…—le susurró mientras el timbre para
entrar a clase le interrumpió. —Ya hablaremos—
contestó sonriéndole mientras se alejaba.
Fue inesperado que Albert me defendiera de esa
manera, ¡apenas me conocía! Desde ahí, pensé que
le interesaba, o eso… ¿creía?, ¡no lo sé!
***
Tarde
Terminaron las clases y dejé pasar lo de Jake. ¡Bah!,
¿para qué darle importancia?, siempre decía lo
mismo cuando no tenía nada que decir, ¡me parecía
ridículo y absurdo!
—¡Espera Sheila!—gritó Albert saliendo de la
universidad. —Oh, hola chicas—saludó también a
mis amigas.
—Ehh, ¡hola!—respondí.
—Fíjate, y no nos ha contado nada…—susurró
Ashley con la intención de que Albert y yo no
escucháramos.
—¡Qué coraje!—susurró Lana. —Y decía que no le
interesaba…—dijo soltando una risilla.
—Mmm, ¿y por qué tendrían qué ser pareja?—
preguntó.
—No es que sean pareja Bianca, ella nos dijo que no
volvería a tener una relación así con un chico—
respondió Ashley
—¡Ajam!—las miré. —Os hemos estado
escuchando estos dos minutos—contesté con un
poco de vergüenza.
—¡Qué piensen lo que quieran!—respondió Albert
mientras sonreía . —No saldría con una chica a la
que apenas conozco, aparte de que no eres mi tipo
—contestó mientras me miraba con una expresión
burlona.
—Oh…, eso dolió—dijo Lana mientras miraba de
reojo a Bianca y Ashley.
—Lo mismo digo—contesté mientras cruzaba los
brazos. —Bueno, Albert, ¿querías decirme algo?—
pregunté.
—No, tranquila—respondió. —Os veo mañana—
dijo mientras se iba realizando el gesto de adiós.
—Bueno, ¡te veo mañana Bianca!—me despedí.
***
—Es raro—dijo Lana.
—¿Qué pasa?—le pregunté mientras la miraba de
reojo.
—Te dijo que te esperaras y luego no quería decirte
nada, ¿habrá querido disimular?—preguntó Ashley
con mucha curiosidad.
—No, no creo. ¡Apenas nos conocemos y ya decís
que le gusto!, sois de lo que no hay—dije
echándome a reír.
—Hay amores a primera vista, eh—respondió Lana
mientras arqueaba las cejas varias veces.
—Sí, claro—me reí. —Y para colmo lo dices por él.
¡Es un modelo Lana, mo-de-lo!—le alcé la voz.
—¿Pero te gusta?—preguntó Ashley.
—Os he dicho mil veces que no—contesté.
Y “¡Erre que erre!”, toda la hora en el coche
estuvieron molestando con el dichoso tema. ¿No se
daban cuenta de que no quería hablar sobre eso?,
aparte de que Albert trabajaba en una agencia de
modelos ¡super famosa! en Alemania, nunca se
fijaría en una chica normal.
***
Llegué a casa, y recordé que tenía que hacer la tarea
de histología médica. Entonces abrí la mochila, y
mientras sacaba el libro, cuaderno y todo lo que
necesitaba, encontré una nota que desconocía
completamente:
“Muñeca, ¿no te gustaría darme una oportunidad?
Podríamos ser más que amigos…”
—¿Quién se cree para apodarme así?—me pregunté
con rabia. —Y Jake no ha sido, estaba delante de mí
pero detrás estaba…, Albert, ¡y encima tenía la
mochila abierta!—grité enfadada
Con bastante ira, arrugué el papel y lo tiré en la
papelera y fui corriendo a llamar a Bianca.
—¿Ocurre algo, Sheila?
—¡Albert es un pervertido, un asqueroso, un…!
¡Aaah, qué rabia!
—¡Eh eh!, tranquilízate. Cuéntame lo que ha
pasado.
—Ha metido una nota con intenciones atrevidas en
mi mochila.
—¡No me jodas, que fuerte!
—¡Sí!, mañana se va a enterar.
—¡Mañana iremos todas a enfrentarlo!
—Muchísimas gracias Bianca, mañana hablamos.
—¡Vale!, adiós Sheila.
Colgué la llamada, y aún así seguía con ira pero a la
vez aliviada de que al día siguiente mis amigas y yo
iríamos a plantar cara para exponer el tipo de
persona que era. Entonces ya me quedé más relajada
y tranquila sabiendo lo que iba ocurrir, así que
sonreí y empecé a abrir el libro para hacer las tareas,
como si nada hubiese ocurrido.
Máscaras desgarradas
Jueves, 30 de septiembre de 1987
Mañana
Otro día de universidad, aunque ese día fue
“sorprendente”, si lo podemos decir así.
Estábamos entrando a la universidad, deseando
encontrarnos a Albert para poder exponer el tipo de
persona que es. Yendo al “hall” que era la, Bianca se
dirigió hacia nosotras.
—Chicas, ¿os habéis informado sobre la fiesta de
esta noche?—preguntó extrañada.
—¿Una fiesta?—preguntó Ashley. —no sabemos
nada…—dijo un poco ofendida.
—Creo que es en la casa de Jake—respondió.
—¡Cierto!—respondió Jake yendo hacia donde
estábamos nosotras. —Por cierto, estáis las tres
invitadas—dijo mientras se acercaba a mi. —Si no
fuera por ellas, no estarías invitada ni muerta—
susurró. —Bueno, ¡allí os veo!—dijo con orgullo
alejándose.
—Que asco me da el egocéntrico este—rechisté.
—Lo bueno es que te invitó—dijo Bianca. —
Aunque es extraño—dudó.
—Bueno, en general eso no importa, hay que
encontrar a Albert—respondí.
Después de enterarnos sobre la fiesta,
aprovechamos los 15 minutos que había de
descanso para buscar a Albert, hasta que por fin, lo
vimos apunto de subir las escaleras que llevan al
segundo piso.
—¡Oye tú!—grité.
—¡Hostias!—se asustó mientras se giraba para
poder hablar mejor. —¿Qué tal estás?—preguntó
amablemente.
—Serás…
De la ira le pegué una bofetada en la cara, ¿quién se
creía para preguntarme cómo estaba después de
haber metido una nota en mi mochila con tal
intención?
—¿De qué vas?—preguntó enfadado mientras se
tocaba la mejilla izquierda. —¿Qué te he hecho?—
preguntó.
—¿Y me preguntas encima?—le contesté
entregándole la nota arrugada. —Ya podemos saber
el tipo de persona que eres, ¿o no?—dije con una
risilla burlona.
—¡Oye oye!—respondió. —Esta letra no es mía, te
estás equivocando—dijo confuso.
—¿Cómo podría creerte?—pregunté.
—Dos razones son que no eres mi tipo y que yo no
soy esa clase de persona—contestó.
—Claro claro…—me reí. —¿Entonces quién ha
sido?—pregunté.
—¿Me lo preguntas a mí?—preguntó
sarcásticamente. —¡¿Me ves con cara de saberlo?!—
contestó.
—¡¿Te pregunto y me contestas as…
—¿Qué es todo este jaleo?—interrumpió el director
alterado. —Venga, subid cada uno a clases que ya
mismo empiezan—dijo.
—Ya veré quien ha sido…—dije dándole toques en
la espalda a Albert, ya que aún así pensaba que era
él.
***
Tarde
Era la última hora y el profesor de
microbiología médica no había venido. Así que
con la nota que recibí de Sheila lo cual
supuestamente “yo escribí”, investigar y
descubrir quién le metió esa nota en la mochila.
Entonces saqué la nota y aprovechando que no
había nadie en la clase, empecé a revisar los
cuadernos de los chicos que había en mi clase
para ver qué letra es la que más coincidía con la
de la nota. Revisando poco a poco, el último
cuaderno era el de Jake, mi antiguo compañero
de modelaje, que hace dos años fue expulsado
de la agencia porque le faltó el respeto a
muchos de los chicos que participaban. e
incluso a mí.
Cuando iba a abrir su cuaderno para ver su
letra, desgraciadamente entró por la puerta.
—¡Hey!—dijo. —¿Qué haces aquí?—preguntó.
—¡Qué susto!—grité mientras escondía el
cuaderno detrás mía. —¿Y qué haces tú aquí?—
dije haciendo el intento de disimular.
—Nada, venía a coger el cuaderno de física—
respondió.
«Hostias…, ese es el cuaderno que escondí detrás
mía»—pensé con miedo.
—En mi mochila no está—dijo mirándome de
reojo por sospecha. —Por cierto, ¿qué escondes
ahí detrás?—preguntó.
—Ahh…, es una sorpresa que estoy preparando
para toda la clase, pero no se si me dará tiempo
—inventé una excusa.
—Que marica, ¿no?—se burló. —Siempre
suelen hacerlo las niñitas de la clase—contestó
riéndose. —Bueno, yo me voy. Sigue haciendo
mariconadas—se fue.
«Sexista de mierda…»—pensé mientras
esperaba a que Jake se fuera y cerrara la puerta.
Cuando se fue y cerró la puerta,
inmediatamente abrí el cuaderno y empecé a
revisar la letra, y sí, él era el de la nota.
Entonces guardé el cuaderno de Jake en la
mochila, salí de clase para ir a buscarlo.
—¡Oye tú!—le grité a Jake dirigiéndome a él.
Jake estaba con su grupo de amigos y giró la
cabeza para mirarme.
—¿Qué quieres ahora, marica?—respondió
riéndose con sus amigos. —¿Acaso vas a
declararte?—se burló.
De la rabia que sentía, fui bruscamente hacia él
y lo agarré del cuello de su jersey verde
—Escúchame una cosa Jake—contesté
enfadado. —Sé que el de la nota has sido tú, y
por tu culpa la poca relación que tenía con
Sheila se ha echado a perder—dije
observándolo fijamente con una mirada
amenazante.
—Que pena…—respondió sarcásticamente. —
¿Y qué vas a hacerme?—dijo expresando con
una sonrisa pícara. —Sabía que os volveríais
locos el uno por el otro, ¿no es así?—dijo serio.
—¿De qué hablas?—respondí nervioso
mientras lo soltaba. —¡Sheila no me gusta!—
contesté un poco sonrojado.
Jake empezó a reír.
—Eres patético, ¿crees que soy tonto?—
respondió. —Cada vez que Sheila va hacia su
casillero y estás a su lado, se te iluminan los
ojos Albert, sé perfectamente que la amas—dijo
mirándome fijamente intentando disimular su
maldad. —Y ella cada vez que te pilla
mirándola, se pone nerviosa, ¿o es que no te das
cuenta?—dijo.
—Tonterías, antes le dije que no era mi tipo—
contesté cruzando los brazos.
—Ya…, por eso cada vez que le echas una ojeada
se ve el amor y el deseo en tus ojos—respondió
mientras poco a poco se acercaba a mi oído. —
Por esa razón escribí la nota…—susurró.
Al oír eso, apreté con fuerza mis manos,
haciendo que mis uñas se clavaran en la palma
y sintiese dolor y frustración.
—¡Eres un desgraciado!—grité mientras que el
timbre de salida sonaba e impedía poder
pegarle un puñetazo.
A Jake se le formó una sonrisa malévola en su
rostro, dándome varias palmadas en el hombro
soltando una risilla, haciendo que me enfadara
mucho más.
—Te veo en la fiesta, Albert—se fue mientras
giraba su cabeza para verme y sentirse
orgulloso de lo que había hecho.
«¡Mierda, mierda, mierda!»—pensé.
De la rabia que sentía, cogí la mochila muy
bruscamente, salí de la universidad y me fui a
mi casa sin querer saber nada.
***
Llegué a mi casa, e inmediatamente cogí el
teléfono de la casa para llamar a Bianca.
—¿Qué quieres?
—Tienes que escucharme Bianca, yo no he sido
el de la nota.
—Claro, ¿entonces quién?
—Ha sido Jake, él intenta que yo y Sheila
dejemos de tener contacto.
—Uy, ¿y tan preocupado por eso?
—Cállate, ¡no estoy preocupado por eso! Quiero
pedirte por favor que me des el número de
Sheila, es que me da un poco de nervios llamar a
la puerta.
—Llama a la puerta, no te voy a dar el número de
ella sin su permiso, ¡chao!
Bianca colgó la llamada.
—Joder—rechisté. —Tendré que ir a su casa
por narices.
Salí de mi casa, y fui hacia la de Sheila. Tenía
bastante ventaja, ya que eran dos casas al lado
de la mía, así que llegué y justo cuando iba a
abrir la puerta, vi a un adulto y a una adulta
salir de la casa.
—Oh…—dijeron impresionados. —¡Sheila!—
gritó la señora. —¡Tienes visita!
Sheila bajó la escaleras y se llevó una
inesperada sorpresa.
—¡Dios!—se quejó mientras se daba una
palmada en la frente.
—¿Qué pasa?—preguntó el señor mirándome
de reojo como sospecha.
Al parecer eran sus padres, que seguramente
tuvieron que ir a trabajar o a pasar el rato
juntos.
—¡Este es…
—¡Soy su novio!—interrumpí nervioso. —Nos
disculpamos por no haberlo dicho antes, solo
que Sheila no se sentía lista para contarlo—dije
disimulando la vergüenza y los nervios que
sentía.
—¡Oh cielo!—respondió la madre de Sheila con
cariño. —¡Qué educado eres!—dijo sonriendo.
—¡Estoy de acuerdo!—afirmó el padre de
Sheila. —Solo espero que no seas igual de
cabrón que el anterior…—me miró seriamente.
Sheila se quedó boquiabierta a la vez que sus
mejillas se sonrojaban de la vergüenza.
—Este no es…
—Bueno—miré a Sheila con la intención de que
se callara. —Si me permiten, ¿podrían dejarme
pasar?—respondí.
Me dejaron pasar, la verdad es que eran muy
amables. Entonces me despedí de ellos, y ellos
de nosotros.
—¿De qué vas?—contestó Sheila mientras
cerraba la puerta.
—Luego solucionaremos eso, necesito decirte
algo. Vayamos al salón—respondí.
Fuimos al salón, que por cierto era bastante
acogedor, y nos sentamos en el sofá.
—A ver, ¿qué?—dijo.
—Es por lo de la nota, yo no he sido—respondí
cruzando los brazos.
—No te creí antes, ¿crees que voy a hacerlo
ahor…
—Ha sido Jake—le interrumpí. —A última hora
teníamos libre y revisé los cuadernos de todos
los alumnos que había en mi clase, y la letra que
coincidía con la nota era la suya—expliqué.
A Sheila se le puso la piel de gallina y se tapó la
boca mientras sus ojos se volvían húmedos, ya
que sentía demasiada culpa al haberme culpado
sin siquiera saber si de verdad había sido yo.
—Y te digo que ha sido él, aparte de coincidir la
letra, estuvo en una agencia de modelos y…
—Cállate—interrumpió mientras me tapaba la
boca. —Perdóname de verdad, lo siento mucho
—se disculpó apunto de llorar al sentir mucha
culpa.
—¡Oye oye!, tampoco es para tanto—intenté
tranquilizarla.
—Bueno…—se secó las pocas lágrimas que
tenía en su rostro. —Sabes que Jake es mi ex
novio, ¿no?—dijo.
—Ajam…, ¿por qué?—pregunté con curiosidad.
—Ya que engañastes a mi padre y a mi madre,
quiero que engañemos a Jake y que me deje en
paz de una vez…—respondió.
—Es buena idea, ¿pero y si empiezan a decir
rumores en la universidad?—dije preocupado
pero a la vez interesado.
—¿Y?—contestó. —Que conste que es para
molestar a Jake, ya le diré a mis amigas—dijo
sonriéndome mientras me daba toques con el
codo en el costado.
—Bueno…, ¿estás invitada a la fiesta?—
pregunté.
—Desgraciadamente sí, pero por mis amigas
tendré que ir, aunque…
—¡Podemos aprovechar para molestarlo!—
interrumpí.
—Eso iba a decir, venga, tienes que irte. Tienes
que prepararte porque la fiesta comienza a las
19:00—dijo Sheila acompañándome hacia la
puerta. —Ponte guapo, cariño—bromeó
mientras reía.
—En fin, ¡adiós!—me despedí.
Al irme de casa de Sheila, empecé a organizar
todo para prepararme e intentar cumplir lo que
ella dijo.
Luces al atardecer
Eran las 18:45 P.M, estaba por fin listo después
de casi una hora y media preparándome, así que
por último me puse los zapatos y salí de casa a
buscar a Sheila.
Toqué el timbre, y al abrir la puerta quedé
asombrado, como si un rayo solar hubiera
atravesado mis ojos, no sabía que Sheila era tan
buena en la moda, quedé boquiabierto.
—¿Estás bien?—dijo Sheila chasqueando los
dedos.
—Si, si…, estoy bien—afirmé. —Vamos a
recoger a tus amigas.
Nos subimos a su coche y fuimos a por Ashley y
Lana, era un pasote… ¡Era un Citroen CX GTi
Turbo 2, además de color negro! es uno de mis
coches favoritos, ¿quién diría que me subiría en
uno? Bueno, en varias sesiones de fotos para
modelar ya lo hice, y sé que habían coches
mejores, ¡pero da igual, nunca paseé en uno!
—Ya estamos en casa de Ashley, esperemos que
no tarde…—dijo dándole a la bocina del coche.
Ashley se montó en el coche y se sorprendió al
verme en el coche de Sheila.
—¡Hostias!—gritó sorprendida mientras
cerraba la puerta del coche. —Sé que es raro,
Ashley pero no te sorprendas tanto…—dije
avergonzada.
La casa de Lana estaba a cuatro de la de Ashley,
así que no tardamos nada en llegar.
—Uy—dijo Lana entrando en el coche. —
Bonita pareja.
—¡Cállate!—contestó Sheila.
—Bueno, Bianca ya avisó a Sheila, así que ya es
hora de contaros a vosotros —respondí
amablemente.
—¡¿Son novios?!—alzó la voz Lana
empujándose hacia delante con la ayuda de los
asientos delanteros.
—¡Casi!, solo que no es de verdad—respondió
Sheila.
—¿Y por qué no de verdad?—preguntó Ashley
un poco desanimada.
—Tenemos que joder a Jake como sea, y no
preguntéis más—contesté.
—Bueno…—respondieron las dos amigas de
Sheila a la vez.
—Bianca lo sabe, por cierto, así que no hace
falta decirle—dijo Sheila.
Después de explicarles todo, llegamos a
Chiseldon, una ciudad cercana que era donde se
ubicaba la casa de Jake, así que Sheila aparcó y
nos fuimos hacia su casa.
—Al parecer es esa—dijo Lana señalando una
casa de la que provenía una música muy alta y
muchas luces.
Fuimos a su casa, y en la entrada, puse la mano
en la pequeña cintura de Sheila, ella me
respondió mirándome con una expresión seria.
—¿Qué haces?—me susurró intentando tener
una sonrisa en el rostro.
—Solo intento disimular como “pareja” que
somos…—murmuré.
Intentamos no discutir y entrar como si nada,
con el objetivo de que Jake nos viera.
—Molestarlo lo más que podáis—nos susurró
Lana.
Afirmamos y le hicimos el gesto del pulgar
hacia arriba.
Yendo los dos hacia al salón de su casa, que por
cierto también era muy acogedor. ¿Por qué
todos los salones a los que iba eran tan
cómodos? Bueno, nos encontramos con Bianca,
que era la que más estaba de acuerdo con
nosotros dos.
—¿Habéis visto a Jake?—preguntó.
—Negativo—dijo Sheila.
—Sheila…—le llamé varias veces, le daba
palmadas suaves en la espalda. —Mira con
quién está disfrutando Lana—me reí.
Sheila tuvo que detener la conversación con
Bianca para hacerme caso, pero justo cuando
miró hacia donde estaba señalando, se tapó la
boca para intentar no reírse. Era Lana
besándose con Alex, el compañero de Sheila,
que me sorprendió ya que Lana no se veía muy
ebria, aparte de que la fiesta acababa de
empezar.
—Hola guapa—apareció Jake dirigiéndose a
Bianca. —Al parecer no vienes acompañada de
nadie—dijo mientras miraba de reojo y
sonriéndole de forma pícara a Sheila.
—¿Pero quién leches te crees?—le empujó
Bianca enfadada. —Que sea la última vez que
me vuelvas a tocar—le amenazó.
—¿Cuántos chupitos se habrá bebido este?—
me susurró Sheila riéndose.
—La verdad no sé, más de cinco seguro y eso
que acaba de empezar—respondí.
Jake vio como los dos hablábamos como si
nada, fue hacia el DJ que contrató y le pidió que
pusiera un tipo de música para bailar en pareja.
Empezó a sonar la música y ella y yo
empezamos a mirarnos con unas caras, que
perfectamente decía: “no sé qué hacer”, pero se
dirigió Jake hacia nosotros con la intención de
vernos bailar pegados.
—¿Por qué no bailáis?, es en pareja—dijo con
una mirada vengativa y sonriendo. —En fin, me
voy con las chicas de al fondo que andan
gritando mi nombre—se fue mirándonos
malévolamente.
—No queda otra opción…—dije.
Así que, con la mano derecha sujeté su cintura y
la atraje hacia mí, mientras que con la izquierda
la colocaba en su hombro.
—Que sepas que solo teníamos que fingirlo…—
me susurró nerviosa.
—Estás nerviosa—le sonreí. —Anda, coge mi
mano—le pedí amablemente.
—Eres demasiado formal, vamos a parecer una
princesa y un príncipe bailando en el final de un
cuento—se burló mientras me rodeaba con sus
brazos. —Así mejor, y la mano izquierda en la
cintura—dijo Sheila girando la cabeza hacia
otro lado con vergüenza para no verme.
Confundido, quité la mano de la cintura y le giré
la cara para que me viese.
—No es un delito mirarme a los ojos—dije
sonriéndole.
—No es por eso, solo que…—se detuvo.
Giré un poco la cabeza para ver a Jake, que me
miraba con mucha ira mientras yo le guiñaba
un ojo para hacerlo rabiar más todavía.
—¿Es verdad que te pones nerviosa cada vez
que me miras?—pregunté.
—¿Por qué preguntas eso? ¿no se supone que
no era tu tipo?—me intentó cambiar de tema.
—¿Y por qué no me respondes a lo que te
pregunto?—contesté acercando más mi rostro
al suyo.
—Aleja tu cara de la mía, estamos solo
fingiendo—respondió sonrojada.
—Sheila, sé que te gusto—dijo sonriéndome. —
¿Y quién dice que tú a mí no me gustes?, me
encantas—declaré acercando cada vez más mi
rostro haciendo que nuestros labios rozaran.
Ashley, Bianca y Lana nos veían desde lejos, nos
miraban con mucha sorpresa y a la vez de
alegría, empezaron a dar saltos entre ellas y
hablar emocionadas al ver tanta tensión
romántica entre nosotros dos.
—¡DJ, detén la música!—gritó Jake.
El DJ detuvo la música, impidiendo que hubiese
una declaración de amor.
Jake aprovechando que se apagó la música,
cogió el micrófono y dijo:
—Como habéis bailado tan bien, ¿qué os parece
si hacemos una votación de las dos mejores
parejas de la fiesta?—dijo Jake mirándonos a
los dos.
La mayoría de los invitados de la fiesta decían
que sí, mientras que Sheila y yo nos mirábamos
callados.
—Pues aquí os dejo folios y votad a las dos
mejores, recordad que es opcional para quien
no quiera—dijo guiñandome el ojo.
Empezaron a votar muchos de los invitados y
nosotros quedamos quietos sin hacer nada del
escalofrío que entró por nuestros cuerpos.
Cuando terminaron de votar, salieron los
amigos del grupo de Jake y el mismo para
contar los votos, hasta que terminaron por
completo.
—Al parecer no hay segunda mejor pareja…—
dijo por el micrófono. —Así que le damos la
enhorabuena a…, ¡Sheila y Albert!—aplaudió
para disimular.
Sin más remedio, nos dejaron pasar fácilmente
y aceptamos ser los “ganadores”.
—La gente está de acuerdo en que sois una
pareja muy romántica, ¿qué opináis?—me miró
de forma astuta Jake dándome el micrófono.
—Ehh…, solo quiero decir que ella no es mi
novia. Pero muchas gracias por votarnos—dije
nervioso dándole el micrófono a Jake.
—¿Y qué hacíais tan pegados entonces?—
preguntó Jake.
—Dije que no es mi novia, pero nunca
mencioné que lo fuese dentro de mucho…, o
dentro de poco—respondí sonriéndole a Jake
mientras agarraba la cintura de Sheila con una
mano.
Jake estaba apunto de explotar de la rabia que
sentía, así que disimulando su enfado, se fue sin
decir nada.
Nos apartamos de toda la gente que había,
orgullosos de que habíamos logrado el objetivo,
molestar a Jake, así que para descansar, salimos
un rato de la casa y pasear por el gran llano de
césped que tenía.
—Que bien has fingido, ¿no?—dijo Sheila
alegre.
Me detuve y miré a Sheila.
—¿Quién dice que estaba fingiendo?—contesté
sonriéndole
—¿Qué quieres decir?—respondió un poco
tímida
Aprovechando el momento, poco a poco
caminaba hacia ella y me apoyé en frente de ella
en una de las paredes de la casa, haciendo el
intento de acorralarla.
—No hace falta que sigas fingiendo, eh—rió
sonrojada.
—Esta vez no estoy fingiendo Sheila—dije
acercando mis labios a los suyos. —me
encantas, “aunque no seas mi tipo”—declaré y
bromeé a la vez.
Sheila me empezó a mirar con amor y ternura,
cuando inesperadamente recibí un beso de ella
aceptando esa confesión amorosa, haciendo
que yo le devolviera ese beso de una forma
tierna y expresando la emoción que sentía en
ese momento.
Destellos en Madrid
Domingo, 20 de diciembre de 1987
Tarde
Pasados tres meses de relación entre Albert y yo,
este mes es muy especial para mí, sobre todo a
finales, así que planeé un viaje a España con Albert
y mis amigas, entonces cogí el teléfono de la casa y
llamé a Albert.
—¡Albert!
—Dime “doña pecas”—rió.
—¿Todo listo para el viaje?
—¿Pero al final solos?—se ilusionó.
—No, también con mis amigas pillín.
—Vaya, ¿pero no podemos pasar el viaje solos y la
nochebuena y navidad con tus amigas también?
—Vamos a pasar el viaje, la nochebuena y la
navidad con ellas, ¿vale?
—Bueno…—respondió un poco desanimado.
—En fin…, ahora te veo, te quiero—sonreí.
—Adiós, yo te quiero mucho más.
Colgué la llamada y fui a avisar a mis padres.
—¡Papá, mamá!—grité.
—Dime cariño—vino mi padre.
—Me voy a ir dentro de poco al aeropuerto, llego
por la tarde el día veinticuatro—respondí
formando una sonrisa de oreja a oreja.
—¿A España?—preguntaron mis padres a la vez.
—¡Sí, Albert tenía muchas ganas de ir!, bueno todos
tenemos ganas de ir—dije emocionada.
—Anda, ten cuidado—respondió mi madre
sonriéndome mientras me daba un beso en la
frente.
—Lo mismo digo corazón, ten precaución—me
abrazó mi padre.
Al despedirme de mis padres porque no los veré por
unos días, cogí la maleta y salí de mi casa.
—¡Os quiero!—cerré la puerta.
Fui primero a buscar a Albert, ya que era el que más
cerca estaba, entonces toqué el timbre.
Albert abrió la puerta.
—Ya está aquí mi pelirroja favorita—me dió un
abrazo tirando su maleta sin querer.
—¿Acaso hay otra más?—bromeé.
—Familiares—respondió mirándome con ternura.
—Y también amigas…—intentó enfadarme.
—¡Ja!—sonreí de forma pícara. —Pero como yo no
hay ninguna—afirmé con seguridad.
—En eso tienes razón—me dió un beso en la frente.
—Venga, a buscar a tus amigas ¡en tu fantástico,
maravilloso Citroen!—se emocionó.
Entramos en el coche, Albert quería conducir pero
me negué, ¡claro que él sabía conducir!, pero quizás
no sabía manejar mi Citroen.
—Quiero conducir tu coche—me miró con ojos de
un cachorro de perro triste.
Me daba tristeza y ternura a la vez, ¡pero era mi
maravilloso Citroen!, ¿y sí la liaba?
—No, aparte de que ya estamos de camino para
buscar a Ashley y Lana—negué.
—Jo, porfa—rogó Albert. —Tu has conducido
muchos kilómetros en total con ese coche, ¿pero
yo?, ¡nunca he conducido un Citroen!—dijo
desanimado.
—Ya veremos, ahora cállate que va a subir Ashley—
respondí sonriéndole.
Ashley entró al coche, muy contenta por el viaje.
—Pero déjame conducir al menos hasta la casa de
Lana—pidió.
—¿De qué habláis?—preguntó Ashley.
—Nada, que Albert quiere conducir el coche—reí.
—Porfavor—rogó nuevamente.
Me dio tristeza ver como Albert me rogaba con
ojitos de cachorro, así que salí del coche y abrí la
puerta del copiloto.
—Venga, conduce hasta la casa de Lana—sonreí.
Albert no tardó en salir del coche de la alegría que
recorría por su cuerpo, entonces sustituimos los
sitios, puso las manos en el volante y nos dirigimos
hacia casa de Lana.
—¿Qué tal?—solté una risilla.
—¡Qué guay!—alzó la voz por la emoción. —
¡Conducir el coche de tus sueños es lo mejor!—me
miró con amor con una sonrisa de oreja a oreja.
Lana entró al coche y estaba confundida al ver a
Albert tan alegre, como si fuera un niño pequeño.b
—Pasa de todo cuando yo no estoy—dijo Lana.
—Está muy emocionado por que ha conducido mi
coche, ya que era su favorito desde que era pequeño
—respondí con una pequeña sonrisa.
—Oh bueno, al menos ya estoy informada—rió.
Habiendo cumplido uno de los sueños de Albert,
cambiamos de nuevo los sitios y nos fuimos de
camino hacia el aeropuerto de Heathrow, en
Hounslow.
***
Llegamos al aeropuerto, todos sorprendidos por lo
grande que era, ¡es el aeropuerto más grande de
todo el Reino Unido!
Así que buscamos el mostrador para dejar nuestras
maletas en él y pasar luego por seguridad.
—Mis collares de plata…, ¿y si me los roban?—dijo
Lana preocupada.
—Mira que eres creída, ¡perfectamente podrías
comprarte mil de esos!—contesté alzando un poco
la voz.
Ashley y Albert se miraron de reojo por qué tenían
el presentimiento de que faltaba alguien.
—Oye, ¿y Bianca?—preguntó Ashley sudando al
tener estrés de ver que no venía.
Al escuchar eso, se nos descompuso las caras y la
piel se nos puso pálida, más de lo que estábamos,
hasta que oímos una voz.
—¡Aquí estoy!—se dirigió corriendo hacia
nosotros. —Acaba de dejar la maleta y aquí estoy
con ustedes para pasar por seguridad—dijo
mientras suspiraba del cansancio.
Nos quedamos más relajados al ver que ya
estábamos todos y todas presentes y no había
preocupación.
Antes de pasar por seguridad, todo lo que podría
detectarse como metal: collares, pulseras… ¿Y quién
dice que no podríamos llevar armas en ese
momento? Solo bromeo, aunque han habido
bastantes casos como quien dice. Bueno, nos
quitamos collares, anillos, algún que otro bolso…, y
ponían todo en una bandeja para después recogerlo.
Así que pasamos y ¡todo perfecto!, entonces
cogimos todo de las bandejas, pasamos por
migración y después buscar la sala de abordaje.
—Vale, tenemos que irnos por la izquierda—dije
mirando desde lejos las pantallas del aeropuerto.
Fuimos inmediatamente a la sala que nos tocó, que
era la más próxima a la puerta de nuestro vuelo, así
que cuando llegamos, nos colocamos en la fila hasta
que tocó nuestro turno y accedimos al abordaje
para ir al avión.
—Lana tiene el 7A y Bianca el 7B, Ashley tiene el…
—me interrumpió Lana.
—¡¿Cómo?!, ¡me niego a sentarme con la…, me
niego a sentarme con ella!—contestó Lana
enfadada.
Bianca sonreía y la miraba de forma graciosa.
—Bueno es lo que toca, bueno sigo, Ashley 8B,
Albert 6A y yo 6B. Esos son los asientos—dije.
Albert me agarró la mano y me miró con miedo.
—Le tengo temor a los aviones…—dijo.
Me sorprendió mucho lo que dijo, pero me lo tomé
bien y le di un beso en la mejilla, diciéndole que
todo estaría bien y que no había porque
preocuparse.
Entramos al avión y todos nos sentamos en el sitio
que yo indiqué, y Lana al no llevarse muy bien con
Bianca, se escuchaba como le alzaba la voz mientras
que Bianca solo reía y la “ignoraba”
—Iba a decir bollera, pero como no has querido
contárselo a ellos, mejor me callé por respeto—
bromeó Lana
—A ti tampoco te lo hubiese dicho, tú misma lo
descubriste—le susurró Bianca.
—¿Cómo?, ¿a qué te refieres?—respondió
confundida.
—Anda…, ¿no te acuerdas?—dijo Bianca con
ironía.
—No me digas qué…—la miró sorprendida. —
Estás bromeando, nunca me besaría con una mujer,
y menos contigo—dijo cruzando los brazos.
Bianca la miró fijamente.
—Pues conmigo demostraste lo contrario, qué
casualidad ¿verdad?—respondió.
—¿Pero qué pasó?—preguntó Lana con
preocupación.
—Bueno, sucedió hace tres mes en la fiesta de Jake,
estabas tan ebria que no sabías ni con quién te
besabas ni con quién hablabas…, yo estaba
hablando con Liam, uno de mis compañeros de
clases, viniste y me besaste. ¡Así de sencillo!—
explicó.
Lana no podía creer lo que estaba escuchando.
—Pero si yo solo bromeaba…—respondió.
—¡Anda! Pues resulta que lo mío no es broma—
contestó.
***
El avión estaba apunto de despegar, noté que
Albert me agarraba la mano sin intentar hacerme
daño del miedo que tenía.
—Tengo miedo—me miró atemorizado.
—No pasa nada Albert, te juro que todo estará bien
—dije sonriéndole y apoyando mi cabeza en su
hombro para darle aún más compañía.
Logré relajarlo un poco y ya cuando despegó se le
quitó el miedo, él en el despegue me mencionó que
le tenía miedo cuando empezaba a levantar el vuelo
y cuando aterrizaba, pero lo bueno es que todo era
como antes, sin preocupaciones.
—Albert, ¿alguna vez has ido a España?—pregunté
con curiosidad.
—Sí, he hecho colaboraciones con otros modelos y
empresas de allí—respondió. —Son buenas
personas, pero luego son bastante directos al hablar
—soltó una risilla.
Nunca fui a España hasta ese día, ese país siempre
estuvo en mi lista de lugares hacia donde quería ir.
***
Ashley desgraciadamente no tenía a nadie que
conociera, a su lado tenía a un señor de sesenta años
aproximadamente y de apariencia elegante leyendo
un periódico.
—Disculpe señor—lo llamó.
El hombre la miró con desagrado.
—Qu'est-ce que vous voulez? (¿Qué es lo que
quieres?)—preguntó el señor.
A Ashley se le quedó la mente en blanco, le
hablaban en un idioma que ella no entendía,
entonces miraba al señor con confusión.
—¿Perdón?—respondió Ashley.
—Arrêtez vos conneries, jeune fille (Déjate de
tonterías, niña)—contestó el hombre enfadado.
—Que borde—dijo Ashley desanimada.
—Señoras y señores, vamos a aterrizar dentro de
cinco minutos—dijo la azafata del avión.
—Anda, pues señor, igualmente ya no daba tiempo
de hablar—bromeó Ashley.
***
Tarde/Noche
Aterrizamos en Madrid, la ciudad más grande de su
país, ¡con un total de más de tres millones de
personas! El aeropuerto era enorme…
Fuimos a recoger las maletas y a pedir un taxi para
que nos llevaran al hotel para dejar las cosas y
después irnos a verla ciudad.
—Madrid tiene que tener muchas cosas para ver,
¿no?—pregunté.
—¡Claro!—afirmó la taxista. —En España hay
muchos lugares para visitar aparte de Madrid,
también está Andalucía, Valencia…, el norte
también es muy bonito—recomendó.
—Yo de Andalucía recuerdo haber visitado
Granada, es bastante bonita—sonrió Bianca.
—¿Capital?—preguntó la taxista.
—Sí, también algunos pueblos—respondió Bianca.
—Ohh, no sabía que habías visitado este país—dije
sorprendida.
Le preguntamos muchas cosas a la taxista sobre el
país excepto Albert, que era el que más había ido a
España por algunas colaboraciones y Bianca
preguntó sobre otras ciudades de allí, ya que solo
había visitado una parte de Andalucía.
Fue un camino bastante entretenido, mantuvimos
mucha conversación durante aquel rato.
—¡Llegaron al destino!—dijo la taxista.
Nos despedimos de ella amablemente, y entramos al
hotel para coger las llaves de las habitaciones,
organizar todo y repartirlas.
—Vale, hay dos habitaciones, una con cama de
matrimonio y otra con una cama y otra de
matrimonio—expliqué.
—¡Yo me quedo con Albert y Sheila!—dijo Ashley
alzando un poco la voz.
—Pues entonces ustedes dos juntas—respondí
refiriéndome a Bianca y Lana.
—No, no—negó Lana. —A ver si le voy a gustar, y
no—contestó.
Bianca la miró fijamente con la intención de que se
callara.
—¿Cómo?—respondí extrañada.
—Nada, nada. Me quedo yo con ella—dijo Bianca.
—Vale, entonces organizar todo sin tardar mucho,
nos vemos en la salida del hotel dentro de nada—
me dirigí a la habitación junto con Albert y Ashley.
***
—¡No me lo puedo creer!—rechistó Lana. —¿Por
qué no te has callado?—dijo alterada.
—¿Me puedes hacer el favor y callarte la boca?—
contestó Bianca. —¿No te parece suficiente
haberme casi expuesto delante de ellos?—alzó la
voz.
Lana giró la cabeza inmediatamente y la miró.
—¿Eh?—respondió.
—Me tienes harta, Lana. Para de una maldita vez de
compararme contigo como si yo fuera superior—
dijo Bianca enfadada. —Aparte de que no es mi
culpa que te hayas besado conmigo en esa fiesta, la
culpa la tuviste tú por no saber ni con quien te ibas
—miró a Lana con desagrado.
Lana empezó a sentir un poco de culpa al ver como
Bianca soltaba todo al haberlo guardado por
bastante tiempo.
—Mira, perd…—Bianca se acercó a ella y se detuvo.
—“A ver si le voy a gustar”—le recordó Bianca en
forma de burla la frase que dijo Lana
anteriormente. —¿Crees que me enamoraría de una
persona tan astuta, egoísta y creída como tú?—
contestó.
—Perdón…—se disculpó Lana.
Bianca la miró fijamente a los ojos por unos
segundos, su mirada expresaba tristeza y sobretodo
mucho dolor, como si se arrepintiera de decir
dichas palabras, hasta que se apartó y después cogió
un pequeño bolso para guardar sus cosas e irse a la
salida del hotel.
—Venga, vamos—dijo.
Lana sintiendo bastante culpa, recogió rápido su
bolso y se fue con Bianca hasta la salida del hotel,
intentando dejar atrás todo lo que había sucedido.
—¡Estamos cerca de la Puerta del Sol!—dijo Albert.
—¿Os parece ir? Van a encender el alumbrado—me
agarró la mano.
Todas asentimos con la cabeza, así que felices
fuimos hacia la plaza para ver las luces.
—¿Has visto aquel alumbrado?—le pregunté a
Albert.
—No, pero si he ido a la plaza. Luego tengo amigos
y amigas que si lo han visto, y dijeron que les
encantó—respondió Albert con una sonrisa.
De camino a la Puerta del Sol, escuchábamos a la
gente hablar y nos parecía chistoso. Bianca me dijo
que no era comparado con las personas de
Andalucía, ya que algunas veces solían hablar tan
rápido que ni siquiera se les entendía
correctamente, pero luego eran personas
maravillosas, socializábamos con ellos muy rápido y
sobre todo era gente muy entretenida y graciosa.
—¡Mirad, ya se ve la plaza!—señaló Albert.
—¡Ala!—respondimos todas las chicas a la vez.
Justo cuando llegamos, la plaza se inundó repleto
de luces, ¡era precioso! Todas las personas miraban
todo con detalle y asombro, el ambiente era muy
alegre y bastante colorido.
Miraba todo con sorpresa y con una gran sonrisa en
el rostro, Albert agarró suavemente mi mano, me
giré para verlo y se acercó para robarme un pequeño
beso mientras me sonreía de oreja a oreja.
—¿Cómo harás para escaparte de estas hermosas
luces todos los días para iluminarme de tanto amor
siempre?—dijo Albert mirándome expresando
cariño y mucha alegría.
—¡Secreto!—reí.
Le di un tierno beso en la mejilla, expresando
mucho agradecimiento por todo lo que había
podido lograr en tan poco tiempo.
Mutuamente los dos estábamos “estudiando el
amor”, es decir, aprendimos del uno al otro sobre
nuestras experiencias y relaciones tan diferentes
entre sí.
***
Bianca miraba con detalle el árbol de navidad
alumbrado, hasta que notó que Lana intentaba
llamar su atención para decirle algo.
—Lo siento mucho, Bianca—se disculpó.
Bianca la miró y le agarró la mano, mientras que
Lana le devolvió la sonrisa, se pegó más a ella y puso
la cabeza en su hombro.
Ashley miraba a las dos parejas desanimada
mientras cruzaba los brazos a la vez que soltaba una
risilla.
—Otra navidad de sujeta velas….
***
Ashley se fue de donde estábamos todos, ya que se
encontraba un poco mal al saber de que ella era la
única que no tenía una relación romántica.
Cerca de la Puerta Del Sol, había una pequeña
discoteca llamada “Ritmo Noc”. Con mucha
curiosidad Ashley se dirigió hacia allí para ver de
qué se trataba.
—Buenas tardes…, o noches señorita—saludó el
portero de la discoteca. —¿Necesita algo?—
preguntó.
—No, no—respondió Ashley con amabilidad. —
Iba a entrar para ver el lugar y para despejar un poco
mi mente—dijo.
—Vale, espero que disfrute—respondió.
Ashley entró un poco tímida a la discoteca, ya que
no conocía a nadie del lugar. Entonces, se dirigió
hacia la barra para pedir un refresco y luego sentarse
en un sillón.
Ashley estaba sentada en un sofá algo extenso,
cuando de repente se acercaron dos chicas un poco
ebrias.
—Chica, ¿para qué vienes a una discoteca sin saber
estar en una?—contestó una de ellas mientras la
otra se reía.
Ashley miró a las dos con confusión.
—Solo estoy algo desanimada—respondió.
Las chicas se observaron mutuamente.
—Entonces…, ¿qué pintas aquí?—preguntó una de
ellas. —Por cierto, mi nombre es Rocío, ¿tú?—dijo.
—Ashley—respondió. —¿Y tú amiga?—preguntó
con curiosidad.
Inesperadamente, entramos Albert, Bianca, Lana y
yo, yendo a buscarla.
Ashley nos miró con mucha sorpresa.
—¿Qué haces aquí?—pregunté. —¿Y ellas quiénes
son?—dije de brazos cruzados.
—Ay tía déjala vivir—contestó Rocío. —Yo soy
Rocío y la del fondo que está con tres a la vez se
llama Raquel—dijo.
—Que fuerte…—se sorprendió Albert.
Raquel nos miró a todos y se dirigió a nosotros.
—¡Hola!—saludó Raquel.
Raquel caminó hacia Albert con intenciones.
—Guapo, ¿cuál es tu nombre?—dijo mientras
tocaba su pecho delicadamente.
Viendo aquella escena, rápidamente fui hacia ellos y
empuje suavemente a Raquel.
—¿No sabes respetar o qué?—me enfadé. —¿acaso
aquí sois todas así?—contesté.
Todas las chicas del lugar e incluso Rocío y Raquel
me miraron con sorpresa y enfado.
—Bueno…, de la discoteca.
Las chicas me miraron con una ojeada aún más
intimidante.
—Olvidad lo que dije…—suspiré.
—Sí, mejor—respondió Ashley.
Con mucha confusión me acerqué a Raquel.
—No conozco estas canciones, ¿son famosas aquí?
—pregunté.
—¿Qué si son famosas?—respondió Raquel de
forma irónica. —¡Casi todas han tenido millones de
reproducciones en el país!
Me sorprendí.
Mientras Raquel y yo conversábamos sobre las
canciones, empezó a sonar una canción llamada “A
quién le importa”, me dijeron que era de una tal
Alaska y Dinarama, nombres un poco raros…, pero
la canción era muy movediza y te animaba bastante.
—¿¡Es la primera vez que vienes a España?!—
preguntó Rocío a Ashley.
Todos teníamos que gritar al hablar, ya que la
música estaba a un volumen muy alto y la gente
daba muchas voces.
—¡Sí!—afirmó. —¡Es bastante bonita!—dijo.
—¡Me alegro que te guste!—interrumpió Raquel.
—¡Déjame recordarte algo, no hace falta estar en
una relación romántica para disfrutar!, ¡vive la vida
a tu manera!
Ashley mientras bailaba miró a Raquel con una
expresión de agradecimiento con los ojos llorosos,
se dirigió a ella y la abrazó.
—¡Muchas gracias por esas palabras, Raquel!—
sonrió Ashley de oreja a oreja.
Para Ashley fue inesperado que una persona con la
cual no conocía mucho, le dijera algo tan reflexivo.
Al fin de al cabo, todo acabó estupendamente,
todos bailamos, conversamos… Pero lo mejor es que
fuimos muy felices y ninguno de nosotros salimos
sin las manos vacías.
El romance no es lo único que necesitas para
disfrutar, hay muchas otras opciones.
Vive la vida a tu manera, sin que nadie te diga y te
ordene lo que tengas que hacer.