Ofensa 1
Ofensa 1
2
¿CÓMO JUGAR?
Así que tú eres quien va a decidir por mí en esta aventura… Supongo que a todos nos
toca pringar alguna vez en la vida. Bueno, si vamos a pasar un tiempo juntos quiero saber unas
cuantas cosas. Lo primero de todo cómo te llamas y lo segundo, por qué tienes interés en este
viejo detective.
Déjame explicarte unas cuantas cosas. Doy por hecho que estarás hasta los mismísimos
de todo eso de “éste no es un libro normal y corriente así que no debes leerlo de principio a
fin”. Si estás aquí, seguramente ya sepas lo que es un librojuego, así que lo único que tienes
que hacer es seguir las indicaciones que vienen en letra cursiva al final de cada párrafo o lo que
te voy diciendo.
Te pondré un ejemplo que hasta tu podrás entender: imagina que, durante nuestras
pesquisas, encontramos una puerta cerrada en el párrafo 5 y, más adelante, encontramos en
otro lugar, una llave que resulta ser el objeto 10. Como buenos detectives que somos,
queremos comprobar si esa llave puede abrir la puerta, así que volvemos al lugar en el que se
encontraba la puerta y le sumamos a su párrafo el número de la llave. En este caso sería 5 + 10
= 15, así que tratamos de buscar este párrafo para ver qué es lo que sucede.
Si no encontramos ese párrafo o lo que contiene no tiene nada que ver con lo que
estamos haciendo, esta combinación es errónea.
Por otra parte, las claves se refieren a cosas que hemos hecho o información que
hemos descubierto y, en definitiva, se utilizan igual que los objetos. En este caso, si al entrar en
una casa descubrimos que hay una alarma, el texto nos dirá que anotemos la clave 3 (casa con
alarma). Imaginemos que más adelante, en el párrafo 7, conocemos a una persona que sabe
desactivar alarmas. Si le sumamos al número del párrafo el número de la clave y vamos al
apartado correspondiente, quizás podamos convencerla de que nos ayude…. Aunque este
ejemplo quizás no sería muy idóneo teniendo en cuenta que soy un detective.
Por otro lado, las claves también nos dan acceso a nuevos párrafos que dependerán de
nuestras decisiones o descubrimientos. Te recomiendo que apuntes la descripción que viene al
lado del número de cada clave para que sepas que simboliza cada una de ellas.
Otra cosa. Durante nuestros viajes vamos a encontrar momentos en los que vamos a
tener que tomar decisiones. Dependiendo de la palabra que preceda a éstas podremos hacer
varias cosas. Si nos encontramos con la palabra “Elige”, significará que podemos volver a elegir
cualquiera de las opciones disponibles en otro momento. Lo único que debemos hacer es
3
regresar al párrafo en cuestión y tomar otra de las opciones. Sin embargo, si la palabra es
“Decide”, esta decisión solo se podrá tomar una única vez.
Por último, cuando hayamos llegado al final de una aventura y quieras comenzar una
nueva, deberás eliminar de tu hoja de personaje todos los objetos y todas las claves, excepto
las claves permanentes. Estas te acompañarán ahora durante todas las sucesivas partidas.
Y con todo esto, ya sabes lo suficiente para comenzar. Mueve el culo ya que me han
comunicado que algo terrible ha ocurrido en el centro comercial, así que dirígete directamente
al párrafo 1 y haz que no me arrepienta de contar contigo.
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HOJA DE PERSONAJE
OBJETOS:
- - -
- - -
- - -
CLAVES
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
5
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OFENSA
7
8
1
Las luces de la ciudad se convierten en furiosos trazos de pintura líquida cuando el
coche del viejo detective Dana atraviesa la recién nacida noche. La lluvia ronronea sobre el
capó y derrama sus largas lágrimas por el cristal del parabrisas. Dentro del vehículo, el humo
del cigarro que el detective sujeta entre sus labios ha creado una pequeña bruma.
—Lo que trato de decirte es que todos estamos de acuerdo en que tú eliges qué
decisión debo tomar, pero ¿quién demonios establece esas decisiones? ¿De dónde vienen? —
Dana toma otra calada de su cigarro y expulsa un humo tan blanco como las canas de su
poblada barba—. Es algo que no me puedo quitar de la cabeza. ¿Entiendes lo que trato de
decirte?
Decide:
12
Dana atraviesa la carretera mientras la fría lluvia besa su piel y se filtra por su cuero
cabelludo, regalándole una sensación real y onírica al mismo tiempo. Miller se encuentra
apoyado en el muro de un destartalado bloque de pisos, bajo uno de sus balcones. Sus manos
descansan en el interior de los bolsillos de su pantalón.
—¿Has visto lo de ahí dentro? —Su voz resuena lánguida, como si el arrullo de la lluvia
la arrastrase lejos.
—Lo he visto. Aún me cuesta creerlo. ¿Qué coño le pasa a la gente de esta ciudad?
—Ya no es como los viejos tiempos, ¿verdad? Ahora todo es mucho más complejo y
enrevesado.
—¿Crees que algún día esta ciudad será distinta? ¿Crees que algún día todo esto
terminará y podremos volver a casa con lo que quede de nuestra familia?
Decide:
9
15
—¿Ve al párrafo quince? ¿Qué demonios significa esto? ¿Qué leches se supone que
debo hacer con esto?
17
—Claaaaro, por supuesto. ¿Cómo no ibas a conocer los profundos misterios filosóficos
y humanísticos que se esconden detrás de estos temas? ¿Cómo podría haber dudado ni
siquiera un segundo? —El detective lanza una carcajada socarrona. Es entonces cuando el
coche toma una curva pronunciada y se interna en la larga avenida donde se encuentra el
centro comercial—. Ya seguiremos con esta conversación más tarde. Hemos llegado.
-Anota la clave 10 (Parece que comprendo las profundas implicaciones del comentario
de Dana).
23
Dana se acerca hasta quedar a un par de pasos del maniquí. Sus ojos se deslizan por su
figura desnuda de poliuretano, contemplan su rostro carente de rasgos y, finalmente,
descienden hasta su mano derecha. Aquel trabajo ha sido realizado, sin ninguna duda, por
alguien que sabía muy bien lo que hacía. Los dedos articulados han sido pulcramente doblados
sobre la palma, mientras que el dedo corazón se extiende en un ángulo perfecto, ostentando
una ligera curva en su última falange.
Sin duda alguna, la persona que llevó a cabo esta abominación, conocía muy bien el
procedimiento y, seguramente, no era la primera vez que lo hacía.
—Tenemos que atrapar al hijo de puta que ha hecho esto —susurra—. Aunque
tengamos que comenzar de nuevo una y otra vez. Prométeme que llegaremos hasta el final
definitivo y no nos contentaremos con uno de esos finales neutrales de pacotilla. ¿De acuerdo?
30
—Tú y yo somos perros viejos, Miller. Hemos visto demasiadas cosas, pero ¿sabes qué?
Estoy completamente seguro de que esto terminará algún día, que marcaremos una diferencia.
Puede que el crimen no desaparezca nunca, pero, gracias a gente como tú y como yo, cada vez
será más débil. Un poco más, viejo amigo. Solo un poco más. El esfuerzo valdrá la pena, estoy
seguro.
10
Miller observa al detective con una extraña expresión, una facción en la que se abrazan
la tristeza y la esperanza.
—Puede que para ti. Puede que para ti. Por cierto, ya resolví el caso del al caníbal
descuartizador de ancianos.
—Malditos prepúberes.
Dana le propina una palmada en la espalda a su amigo y se aleja del lugar recordando
tiempos mejores.
36
—No te preocupes. Pensar demasiado en ello te puede provocar una terrible migraña.
He reflexionado sobre ello durante mucho tiempo y no he llegado a nada. —Dana toma una
larga calada de su cigarrillo, alza la cabeza y exhala el humo. Es entonces cuando el coche toma
una curva pronunciada y se interna en la larga avenida donde se encuentra el centro
comercial—. Ya seguiremos con esta conversación más tarde. Hemos llegado.
39
La lluvia azota la ciudad de La Milla con inusitada furia, como si tratase de arrancarse la
costra de suciedad y corrupción que ha quedado adherida a su piel. Dana se detiene a unos
metros de la entrada del centro comercial, sintiendo cómo la lluvia va calándole poco a poco.
Sus ojos escrutan la larga avenida que se extiende de derecha a izquierda.
El detective levanta la vista y ve a una mujer mayor asomada en una de las ventanas
del edificio de enfrente.
—¿Una investigación? ¿Han matao a alguien? Eso han sio los dinmigrantes, ya se lo
digo yo. El otro día le quitaron a la Macarena el pan que le dejaron en la puerta y la Antonia
dijo que fueron los dinmigrantes. Ella es ciega, pero oye mu bien y dijo que no hablaban el
idioma der señoh.
Dana se pasa una mano por el rostro quitándose las gotas de lluvia que cubren su
rostro.
11
—No ha habido ningún asesinato, señora. Vuelva adentro que hace frío.
—¿Usté sabe si van a abrir mañana el Pryca? Con esto del sesinato a lo mejor no abren
y me quedo sin pan yo también.
—¿Le puede decir al encargao del continente que abra mañana un ratillo o
conseguirme una barrilla? Mañana vienen mis nietos y es que el chico no puede comer sin pan.
48
Dana extrae la lupa de su gabardina y comienza a examinar el maniquí a través de la
lente. Seguramente los de científica ya hayan llevado a cabo un registro exhaustivo, por eso
mira en aquellos lugares que han podido pasar desapercibidos, lejos de la mano derecha que,
sin duda, es la que atraería todas las miradas.
Es en ese momento cuando el detective repara en una pequeña marca situada en el
antebrazo izquierdo, algo que, a simple vista podría parecer un simple arañazo.
Parecen haber sido grabados con algún objeto punzante con suma precisión.
50
El coche se detiene en uno de los laterales del edificio y el detective Dana sale del
vehículo mientras se acomoda la gabardina marrón que le ha acompañado durante tantos y
tantos años. Las luces intermitentes de los coches de policía parpadean en el fondo del
callejón, como si se tratase de los últimos estertores de una rave.
—Aquí ha pasado algo gordo, así que vete preparando. La ciudad de La Milla puede ser
una zorra de cuidado.
12
En el otro lado de la calle, el agente Miller está apoyado junto al muro de hormigón.
Dana lo saluda con un gesto con la cabeza y, acto seguido, penetra en el interior del centro
comercial. No tarda en ver a los de la científica con sus curiosos artilugios y un pequeño
destacamento tomando fotografías de los alrededores. Es entonces cuando Dana se detiene y
sus ojos contemplan el motivo por el que está aquí.
La mano derecha del maniquí, de dedos articulados, ha sido manipulada. En ella todos
los dedos están cerrados. Todos excepto el dedo corazón, que se extiende formando una
abominable peineta.
51
Tras largas pesquisas, Dana finalmente consigue hallar la errata. Simplemente, se
habían cambiado la posición de los números. De esta manera, el detective llega a un viejo
edificio, poco más que una ruina a punto de venirse abajo. Antaño, aquel antro había sido un
supermercado que había sucumbido a un fiero incendio.
Haciendo caso omiso a sus palabras, Dana avisa a Los Vástagos para que recojan a su
compañero y se encarguen de su cuidado.
-Anota la clave 207 (Dana ha conseguido encontrar al miembro de Los Vástagos que
había desaparecido).
52
¿Cuál será el siguiente paso?
Elige:
13
- Hablar con los de científica. Ve al párrafo 96
60
En un lento movimiento, Dana extiende su mano y aferra su teléfono móvil que
descansa sobre la mesita de noche. Busca el nombre en la agenda y, durante unos instantes,
aguarda, con el dedo detenido a apenas unos centímetros del botón de llamada.
Al cabo de diez tonos, la tierna voz de la mujer resuena. Sin embargo, se trata del
contestador.
Y tras ello, un agudo pitido surge de las entrañas de la línea. El detective está a punto
de colgar, no obstante, se sorprende a sí mismo cuando las palabras surgen de su boca.
—Hola Helen, soy Dana. Sé que juré que no volvería a llamar, pero lo cierto es que
necesito hablar contigo. Me gustaría verte. Hoy... esta noche he visto algo terrible, algo que no
me puedo quitar de la cabeza, y lo único que deseo ahora mismo es sentarme a tu lado y seguir
hablando donde lo dejamos. Mañana, quizás, me pase a verte. Solo si consigo sacar un hueco.
Te pido disculpas si mi llamada te causa malestar, pero lo necesitaba. Buenas noches, Helen.
Dana cuelga el teléfono y cierra los ojos. Se queda dormido en menos de un minuto. Ni
siquiera se da cuenta de la lágrima que recorre su mejilla.
64
Dana se aleja del barullo de policías que tratan de hallar alguna explicación al terrible
suceso. Se aleja hasta uno de los pasillos centrales y se interna en él. Unos metros más
adelante, el corredor se bifurca en tres.
Elige
14
-Si quieres ir al pasillo que gira a la derecha, ve al párrafo 129.
Elige
-El pasillo que gira a la izquierda se bifurca a su vez en varios pasillos más. Si quieres ir
por aquí ve al párrafo 138.
-En el pasillo del centro puedes sentir una ligera brisa. Si quieres ir por aquí ve al
párrafo 122.
-El pasillo que gira a la derecha está inundado por una densa oscuridad. Si quieres ir
por aquí ve al párrafo 129.
67
Dana abre la puerta del vehículo y penetra en su interior. El sonido amortiguado de la
lluvia estrellándose contra el techo del coche le produce un profundo sentimiento de calma.
—Me encanta este momento, cuando me refugio del horror de la ciudad en el interior
de mi coche, cuando la lluvia golpea este mundo desalmado con furia intentando limpiarse de
la corrupción que lo consume. Escucha.
—¿Y tú? ¿Tienes algún momento en el que te sientas de esta manera? Venga,
cuéntaselo al viejo Dana.
-Si crees que ya has exprimido todo lo que se podía sacar de la escena del crimen,
continúa leyendo. En caso contrario, vuelve al parrado 52 y continua tu investigación.
Dana pone en marcha el motor del coche y se aleja de aquel grotesco escenario
mientras la luz procedente de los faros alumbra los últimos momentos de las gotas de lluvia
antes de suicidarse contra el suelo. Durante el trayecto de regreso a casa, la imagen de aquella
mano de plástico con su dedo corazón extendido no abandona la mente del detective. Ni
siquiera los suaves acordes del Máquina total 6 que surge del reproductor de música del
vehículo pueden alejar esa imagen.
15
Tras cuarenta y cinco minutos de camino, Dana aparca, sale del coche y se interna en el
cochambroso bloque de apartamentos en el que se encuentra su hogar. Una vez dentro del
mismo, enciende una luz vieja y amarillenta y deja caer su cuerpo sobre una cama casi tan vieja
como él. Se siente increíblemente cansado y, como en todos esos momentos en los que el día
está a punto de acabar, piensa en ella. Y, como en todos esos momentos en los que el sueño se
arrastra hacia él y la lluvia resuena en el exterior, piensa si debería llamarla.
Decide:
70
Aún no ha salido el sol cuando el agua caliente recorre el cuerpo de Dana y arranca los
últimos vestigios del sueño. Cuando sale de la ducha y se viste, los vacilantes haces del
amanecer comienzan a despuntar a través de la maraña de altos edificios que compone el
horizonte de La Milla.
—Siempre hay una canción, ¿verdad? Incluso para un momento como este. Incluso
para cuando nos disponemos a atrapar a ese hijo de puta. —Coge la gabardina que reposa en
el respaldo de una silla y se la pone. El peso de la prenda sobre sus hombros es tranquilizador.
Familiar—. ¿Y tú? ¿Tienes alguna canción que simbolice algún momento especial?
Y cuando la voz de Phil Collins guarda silencio y los instrumentos enmudecen, Dana
apaga el tocadiscos y, exhalando un profundo suspiro, abandona su apartamento.
72
Dana decide no dejarse llevar por aquel impulso. Lo ha hecho en muchas ocasiones y,
en ninguna de ellas, ha conseguido nada. Todo lo que había que hablar ya está hablado y seguir
con aquel tema solo le provocará daño a él y a ella. Es una decisión difícil, más incluso que
aquella vez que debía decidir si soltar el helado para salvar al bebé.
El detective, agotado, cierra los ojos y deja que el cansancio ahogue aquel deseo
irracional de volver a oír su voz.
16
Su consciencia se diluye lentamente en un mar oscuro.
75
Tan consternado se encuentra Dana por aquella dantesca visión que no se da cuenta de
la persona que se detiene a su lado hasta que ésta le habla.
—He visto muchas cosas horribles en esta ciudad. Crímenes terribles, asesinatos
despiadados, el bautizo de mi sobrino... pero nada como esto. Nada como esto. —No sin un
gran esfuerzo, el detective retira su mirada de la mano del maniquí y se gira. La jefa de policía
Harriet, con su duro rostro y sus ojos de un cansado color azul observan la escena—. Esta
ciudad nunca dejará de sorprenderme.
Se establece un denso silencio entre ellos que finalmente es quebrado por Dana.
—No lo sabemos. Uno de los trabajadores lo descubrió en la hora del cierre. Las
cámaras muestran un ángulo muerto en este lugar y hoy ha habido cientos de personas en este
establecimiento. Los de la científica se están volviendo locos para encontrar alguna pista, pero
por ahora nada.
De nuevo el silencio se ceba entre ambos solo roto por los murmullos de los demás
agentes.
—¿Cómo que qué haces aquí? ¿Quién cojones protagoniza este librojuego? ¿Acaso es
el librojuego de Andrew? —La jefa de policía se da la vuelta y grita con una voz que parece
sacada de un dueto resacoso entre una hiena y un caballo—. ¡Andrew! ¿Es este tu librojuego?
—No jefa —contesta un hombre delgado que sostiene una cámara Polaroid.
—Por supuesto que no. —Se gira de nuevo y acuchilla con su mirada al detective—. Tú
eres el protagonista de esto, así que esta mierda es responsabilidad tuya. Y para poner la
guinda del pastel solo tienes cien míseras secciones para resolver esto. Si no, dile a quien coño
esté detrás de esto que no hubiera participado en el concurso.
17
—Nos han jodido de lo lindo. ¿Y qué coño significa eso de un concurso? Soy demasiado
viejo para estas gilipolleces. Ya puedes ponerte las pilas. Te necesito espabilado. Tenemos que
pillar al cabrón que ha cometido esta atrocidad. Así que ahora dirígete al párrafo 52 y vamos a
meternos en faena.
- Ve al párrafo...
-…
84
Un sonido monocorde y continuo comenzó a surgir del entramado de pasillos.
Extrañado, Dana comenzó a recorrerlos intentando encontrar su origen. Aquel murmullo se fue
tornando, poco a poco, más claro, convirtiéndose en una serie de pequeños golpes metálicos
seguidos, cada cierto tiempo, de un tañido agudo. Mientras el detective encauzaba el último
pasillo, se dio cuenta de que lo que oía era el sonido de una máquina de escribir.
Tras un tiempo en el que ambos guardaron un silencio solo roto por el sonido de la
máquina, el escritor dejó de escribir y giró la cabeza hacia Dana.
—Así que finalmente estás aquí. Tenemos mucho de qué hablar, Dana. Tenemos que
hablar de tu libre albedrío. —El hombre se levantó lentamente de la silla. Parecía bastante
enfermo—. Necesito que hagas algo por mí, ahora que he descubierto de lo que eres capaz.
Algo está destruyendo todo lo que he creado, una entidad tremendamente poderosa. No
queda mucho tiempo.
El detective, preso de una tremenda turbación, trató de hablar, pero apenas logró
emitir un balbuceo. Respiró y volvió a intentarlo.
—Lo sé. Y yo tampoco en ti. Pero si no me ayudas, tú y todo cuanto existe se pudrirán.
Dana… te pido por favor que me ayudes a salvar toda mi creación.
18
91
—Miller, existe una verdad inmutable en el orden natural de las cosas. El mal nunca
desaparece. No importa a cuantos cabrones atrapemos, siempre habrá otro aún más salvaje
que ocupe su lugar. Llevo en este mundo más de treinta años y lo único que he contemplado es
un descenso a la locura mucho más terrible. Somos una bombilla en un mar de tinieblas y cada
vez nuestra luz es más débil.
—¿Cómo dices?
—Nada. —La expresión de Miller cambia súbitamente y esboza una tenue sonrisa—.
Por cierto, ya resolví el caso del asesino que se disfrazaba de semáforo para provocar
accidentes.
Dana le propina una palmada en la espalda a su amigo y se aleja del lugar recordando
tiempos mejores.
96
Los de científica se han instalado en una gran mesa en la que destacan dos
ordenadores, varios extraños aparatos y grandes barras de pan y embutidos varios. Dana se
acerca y observa al variopinto grupo.
Un hombre delgado, con el pelo desaliñado y unas enormes gafas muestra una
sarcástica sonrisa. Su nombre es Denis y lleva en este departamento desde que los federales
enchironaron al antiguo jefe de la científica por bajarse películas en Torrent.
—Lo teníamos, pero Malcon gastó el último impulso anoche tratando de averiguar si la
tía con la que había ligado en verdad era un tío. Spoiler, falló también.
19
—Vaya, así que tenemos un departamento de Inteligencia sin inteligencia. Bueno, ¿y no
tenéis nada para mí? No sé, algo que pueda servirme de ayuda.
—Pues ahora que lo dices, sí que tenemos algo para ti. Pero te lo advierto, debes usar
este objeto sabiamente. El uso indebido de lo que estás a punto de recibir podría convertirte
en algo peor que la persona que ha hecho esto.
-Puedes traer pruebas para que los de científica las examinen. Para ello, suma al
número de este párrafo el número del objeto o de la clave que quieras investigar. Dirígete al
párrafo correspondiente para conocer si has tenido éxito.
101
—¡Señora! ¿Está ahí?
—Que no hay ningún muerto señora. De todas formas, sabiendo lo importante que era
para usted, le he traído una barra de pan.
—¡Eres un primor! ¡Qué alegría que no hayas sido tú el muerto! —El detective logra
despegarse de la mujer. Está a punto de marcharse cuando ésta agarra de nuevo su brazo—. Y
escúchame. Antes se ha colado un zagal en el mercao. Lo he visto yo. Ha entrao por una de las
ventanas, seguro que tiene algo que ver con el tío que ha cascao, y fijo que es dinmigrante
porque esa agilidad tiene que haberse entrenao al huir de los leones.
Dana contempla a aquella mujer sin poder creerse todavía los comentarios que no
paran de salir de su boca. Sin embargo, a pesar de todo, considera que es necesario investigar
lo que le acaba de revelar.
20
-Vuelve al párrafo 52.
119
Tras lo revelado por la peculiar vecina, Dana decide dar una nueva vuelta por los
pasillos de administración. Cuando comienza a pensar que las palabras de la anciana no eran
más que un delirio provocado por el exceso de teletienda, el detective se topa con un chico de
unos dieciséis años, ataviado con un chándal de color rojo chillón. Tanto el atuendo como el
tatuaje en el cuello con forma de puño cerrado, le revela al detective que aquel chaval
pertenece a la banda de Los Vástagos.
En cuanto los ojos del chico reparan en la figura de Dana, este se detiene en seco y,
acto seguido, comienza a huir. A pesar de rozar los sesenta, el viejo Dana todavía se mantiene
en forma. Tras una escueta carrera, el detective consigue atrapar al pandillero que se revuelve
en vano.
—¡Maldito peón del sistema! ¡Suéltame sucio opresor alienalista capitalista, esclavo
del estado de bienestar!
—¡Que te jodan bastardo pluralista! ¡No eres más que un triste accionista estalinista
cegado por el individualismo neoconstitucionalista! ¡Quítame las manos de encima, cerdo
binario!
—¿Sí? Veremos qué queda de toda esa jerga absurda tras pasar una noche entre rejas.
122
El pasillo que recorre Dana parece llevar a las áreas de administración. Alguien parece
haberse dejado una de las ventanas abierta y el sonido de la lluvia se extiende por el lugar
como un suave susurro. No parece que aquí haya ninguna pista relacionada con el caso.
-Si tienes la clave 70 ve directamente al párrafo 119, en caso contrario vuelve al párrafo
64.
21
129
Una densa oscuridad envuelve la zona en la que finaliza el pasillo. A duras penas, Dana
consigue leer el cartel que cuelga de la puerta situada al final del mismo.
“Objetos perdidos”
137
—Ey Denis, ¿podrías darme una de esas barras de pan?
—Por supuesto.
138
Dana se interna en el largo pasillo y, rápidamente, otros tantos comienzan a bifurcarse
sin mucho sentido. Adentrarse más en esta maraña de corredores es una bobada sin tener
ningún tipo de indicación.
- Si tienes la clave 131, la clave 210 y la clave 10 ve al párrafo 84, en caso contrario
vuelve al párrafo 64.
140
Dana se detiene ante la casa de Helen. Está nervioso y sus manos se abren y se cierran
una y otra vez en los bolsos de su gabardina. Quizás no debería haber venido. La última vez que
estuvo aquí la cosa no acabó muy bien y casi lo detienen. Sus contactos dentro del cuerpo le
salvaron el pellejo.
Sintiendo toda aquella amalgama de sensaciones, Dana toma una respiración profunda
y hace algo que siempre le ha ayudado cuando no logra encontrar una respuesta. Actuar sin
pensar.
—Dana...
22
El detective traga saliva.
—Yo... te llamé. Siento haberme presentado así, pero... bueno, tenía que hablar
contigo.
—Oí tu mensaje. Dana, sabes que tu presencia aquí no cambia las cosas, ¿verdad?
El detective asiente.
—Lo sé. Lo sé, pero... he pensado que quizás... si lo enfocábamos de otra manera...
pensé que quizás podíamos hacer algo.
—Dana, olvídalo, yo no puedo hacer nada. La decisión viene de muy arriba. Lo siento,
pero no va a haber una tercera temporada de Stargate Universe.
—Ya pero tú... tú trabajaste en la serie, quizás puedas decir algo, mover algún hilo. Yo
te puedo ayudar, haré lo que sea.
—¡Por Dios, Dana! ¡Simplemente me encargaba de rellenar las máquinas de café del
estudio!
—Dana, Stargate Universe acabó. Tienes que aceptarlo. Esto solo te está haciendo
daño a ti mismo. Tienes que parar. Prueba a ver otra serie, quizás puedas encontrar algo que
pueda ocupar ese vacío.
El hombre mira hacia el otro lado de la calle, hacia los edificios que se levantan sobre el
asfalto. La imagen del artefacto alienígena asalta una y otra vez sus pensamientos. Finalmente,
Dana se levanta.
—Gracias por escuchar a un viejo cascarrabias, Helen. Pero me temo que nada podrá
llenar este vacío. Nada.
147
Los de científica se encuentran sumidos en sus pesquisas. Cuando Dana penetra en sus
dominios, Denis, con la mirada fija en el monitor de un ordenador, le recibe con una amplia
sonrisa de ratón de biblioteca.
23
—¿Qué tal, Denis? ¿Trabajando duro?
-No entiendo cómo pudo cambiar tanto la ambientación del Quake al Quake 2. Habían
creado un universo lovecraftiano oscuro y atractivo y lo tiran todo por la borda para hacer una
estúpida guerra entre humanos y máquinas. En fin, ¿en qué puedo ayudarte?
-Puedes traer pruebas para que los de científica las examinen. Para ello, suma al
número de este párrafo el número del objeto o de la clave que quieras investigar. Dirígete al
párrafo correspondiente para conocer si has tenido éxito.
151
El detective pulsa el botón de la linterna y un haz luminoso se arrastra por el interior de
la sala de objetos perdidos.
—¿Crees que el hecho de que no haya luz en este sitio es una excusa barata para tener
que utilizar un objeto? Ya se podía haber currado algo más interesante, ¿no? No sé, una caja
fuerte con un código oculto, por ejemplo.
—Algún puzle con palancas o alguna cosa de esas. Tampoco tiene mucho sentido, pero
es algo más currado, ¿no crees?
- Quiero decir, esto lo van a sacar muy rápido. Una habitación oscura en la que,
misteriosamente, no funcionan los interruptores, es obvio que...
—Ah, lo siento.
El detective se acerca hasta la estantería más alejada. Un solo objeto reposa en ella.
Una lupa.
—¿En serio hemos venido aquí a por esto? ¿A por una lupa? En fin, ya me espero
cualquier cosa de este librojuego.
24
152
Tras aceptar el reto de la mímica, había tres personas en la habitación. Una de ellas
sostenía un tarro de cristal con varios papeles dentro. Dana no tardó en comprender que se
trataba del jurado y que, dentro de aquel recipiente, se encontraban las palabras que debían
representar.
Tom miró al detective con gesto desafiante. Cogió un papel del tarro de cristal. Dana
hizo lo mismo. Comenzó el desafío.
La competición fue dura y feroz. Tom hizo gala de unas habilidades de mímica
excelentes, pero Dana...
—Desperté en mitad de la noche... no podía moverme. Era como si fuera una de esas
terribles pesadillas en las que algo te mantiene atrapado. Solo que no era una pesadilla. Era
real. Había varias personas. Podía oír unos inmundos susurros. Repetían todo el rato lo mismo.
Una y otra vez, una y otra vez. Sentí cómo manipulaban mi mano ortopédica. Nunca imaginé
que pudieran hacer algo tan terrible. Cuando descubrí lo que habían hecho, grité que me
mataran, que acabaran con mi vida, pero ellos solo siguieron susurrando.
Tom rompió a llorar, sobrepasado por aquellos recuerdos. El detective apoyó una mano
en su hombro tembloroso.
Las lágrimas del hombre escapaban de sus ojos en un torrente colérico. Trataba de
hablar, pero los sollozos no se lo permitían.
—Tom, por favor, necesito saber qué decían esos susurros. Necesito que seas fuerte.
Con un esfuerzo indescriptible, el hombre abrió los ojos y clavó su mirada en la mía.
—“Tú bailando en un volcán y a dos metros de ti, bailando yo en el polo”. Eso era lo
que repetían una y otra vez.
Y tras esas palabras, Tom rompió a llorar de nuevo. El detective abrazó al hombre, pero
su mente estaba lejos, analizando esa frase que, de alguna manera, le producía un sentimiento
de terror insondable.
—Anota la clave 65 (Los que asaltaron a Tom no paraban de repetir: “Tú bailando en mi
volcán y a dos metros de ti, bailando yo en el polo”).
25
158
—Voy a por otra cerveza, ¿tú quieres otra?
Vuelve a dirigirse hacia el sillón cuando sus ojos reparan en un extraño detalle de uno
de los cuadros de la estancia. Dana se acerca hasta él y comprueba que uno de los bordes está
despegado, sin embargo, parece haber otra pintura debajo de la que está expuesta.
Con cuidado, coge el pequeño pedazo despegado y estira hasta quitar todo el lienzo.
Una sensación brutal le sobreviene cuando comprueba que, evidentemente, había otro cuadro
debajo: el cuadro original.
En él, una figura pálida y semi humana sostiene una balanza romana. En cada una de
sus básculas se encuentra escrita una palabra en griego. En el lado derecho está escrita la
palabra “orden” y en el izquierdo la palabra “caos”. Sin embargo, lo más angustioso es aquella
figura que sostiene la balanza. Dana la ha visto antes, mientras rebuscaba en los viejos libros de
la biblioteca.
166
El pandillero de Los Vástagos mira a Dana cuando éste cruza la puerta. Sus ojos aún
están enrojecidos por el llanto. A fin de cuentas, no es más que un niño de no más de quince
años y una noche en el calabozo sin móvil es todo lo que se necesita para que se le bajen los
humos.
—Yo no fui —dice el muchacho en cuanto el detective se sienta ante él—. De verdad
que no fui yo.
26
—Ya sé que no fuiste tú. Veo que has abandonado toda esa jerga de Los Vástagos…
bien, eso nos ayudará a comunicarnos mejor.
—¿Me podéis dar el móvil ya? Ayer no subí nada a Instagram y no quiero comenzar a
perder followers…
—Solo quería demostrar a Los Vástagos que era digno. Impresionarles, nada más.
—No tengo ni idea, señor. Aún soy muy nuevo entre sus filas y no conozco dónde se
encuentra su cuartel general.
—Bueno, entonces parece que no me puedes ayudar a nada. Qué pena, tus followers
tendrán que estar otro día sin noticias suyas.
—¡No, por favor! ¡No puedo bajar mi popularidad! No sé dónde se encuentra el cuartel
general pero una vez le oí la clave de acceso a uno de los cabecillas. Si encuentras el lugar, con
esta clave te dejarán entrar.
- Elimina la clave 100 y anota la clave 149 (Dana ha descubierto la clave para entrar en
el cuartel General de los Vástagos).
27
177
Travis siempre se encuentra en el mismo lugar, debajo del puente principal de la
ciudad, con las gruesas gafas de sol en su rostro, mientras finge ser ciego y pide limosna. El
cartel que tiene frente a él es la guinda del pastel: Perdí la vista al ver Alone in the dark. Una
ayuda, por favor.
Cuando Dana se acerca a él, este esboza una sonrisa fingida. Sin duda, ser el chivato de
un agente de la ley no beneficia en absoluto a su negocio.
—Bueno, no está mal, aunque tu presencia ahora no augura que vaya a mejor.
—Alea Jacta est —dice el detective con una sonrisa cínica en los labios—. Tú me ayudas
y yo paso por alto tus pequeñas fechorías.
-Si quieres que Travis te dé información sobre algún asunto, añade a este párrafo el
número de la clave en cuestión. Dirígete al párrafo correspondiente para conocer si has tenido
éxito.
180
Un edificio de muros blancos se alza en el centro de La Milla, como si se tratase de un
último bastión de resistencia. En su interior, los agentes, ataviados con uniformes, se sostienen
sobre miradas agotadas y rescoldos de café. El fatídico descubrimiento de la noche anterior
aún oscila sobre el ambiente, como un espectro invisible.
Elige:
182
El detective le muestra a Denis la extraña inscripción hallada en el antebrazo del
maniquí.
28
—¿Qué me puedes contar sobre ese número?
—¿Entonces para qué leches tenemos los demás párrafos? Tenemos que alargar todo
lo posible la aventura. ¿Tú sabes lo que pasaría si te lo dijera ahora? Tendríamos un
desbarajuste tremendo de claves y localizaciones. Mejor mañana. Así la persona que juegue a
esto podrá sentir la intriga en todo su esplendor.
- Anota la clave 99 (Los de científica investigarán los números del maniquí) y elimina la
clave 86.
29
HOJA DE LOCALIZACIONES
- Si tienes la clave 21 anota aquí la localización Casa de Helen (140). Tras ello, elimina la
clave 21. A partir de ahora puedes visitar este lugar cuando desees.
30
184
—¿Qué podrías decirme de esta fotografía? —dice Dana mostrando la imagen
encontrada en la casa de Tom.
—Que podría ser la portada de un disco recopilatorio de los grandes éxitos de un grupo
Amish.
—Necesito saber qué ha sido de la familia de Tom. Quizás puedan decirme algo que
nosotros desconocemos.
189
Dana se permite un instante de calma, un momento en el que imaginar que lo que ha
descubierto no es real. Tras una profunda respiración, hace la pregunta.
Miller levanta sus ojos y mira al detective. En ellos hay algo que casi hace a ese hombre
irreconocible.
—Alguien grabó unos números en el maniquí. Nos llevaron al lugar donde vivías. Allí
descubrimos lo que le ocurrió a tu padre.
Hay algo que se apaga dentro de Miller, un brillo dentro de sus ojos.
Miller se levanta y camina lentamente hacia una silla donde reposa su pistolera con el
arma. Es entonces cuando Dana se da cuenta de la terrible verdad. Un tremendo horror
serpentea por su cuerpo.
31
193
El detective mira a los ojos al fortachón y dice la contraseña. Durante unos instantes,
ambos hombres se miran con miradas cargadas de testosterona. Finalmente, el gorila de Los
Vástagos se echa a un lado y deja la vía libre.
Dana se interna en la fábrica abandonada, seguido por las miradas de los miembros.
Finalmente, sus pasos le llevan hasta una amplia estancia en la que la líder de Los Vástagos,
Moira la Huérfana, se encuentra ante una gran mesa en la que se haya desplegado un gran
mapa de la ciudad de La Milla.
—Creo que ni el que ha escrito esta bazofia sabe la diferencia. ¿A qué has venido a
nuestros dominios? Justo íbamos a impartir un taller de cómo hacer collares de macarrones.
¿Quieres asistir?
—Los Vástagos tenemos más contactos de lo que podéis llegar a creer. Pero olvídalo,
nosotros no hemos hecho algo así.
—Hay algo más, ¿verdad? Dímelo, por favor. Si en realidad no tenéis nada que ver,
estamos en el mismo bando.
Moira esquiva la mirada durante unos instantes. Sin embargo, tras unos segundos, sus
ojos vuelven a centrarse en los de Dana.
—Puede que no tenga nada que ver con lo ocurrido en el centro comercial. Pero uno
de mis terratenientes desapareció el mismo día en el que se halló el maniquí. Lo único que
pudimos encontrar fue una nota en su pijama favorito. —Moira introduce una mano en el
bolsillo de su pantalón y saca un pequeño papel que entrega al detective—. Ayúdenos a
encontrarlo y la banda de los Vástagos estará en deuda con usted.
-Anota la clave 190 (Dana ha conseguido entrar en el cuartel general de los Vástagos)
32
197
—¿Qué me puedes decir de este líquido, Denis? —El científico coge el tarro de cristal y
observa la sustancia amarillenta—. Se encontraba en el mismo lugar donde estaba secuestrado
el terrateniente de Los Vástagos.
—Tiene un aroma familiar. Ven mañana y te diré todo lo que hayamos podido
averiguar.
198
—Querías que te cogiéramos... Una parte de ti quería que te capturáramos.
—¿Qué pretendes decir, Dana? —pregunta Miller mientras sujeta el arma con fuerza.
—Grabaste el número en el maniquí porque sabrías que así podríamos pararte. Incluso
a pesar de todo, una parte de ti sabía que toda esta locura debía ser detenida. Déjame
ayudarte, Miller. Eres un buen policía. Acabemos con esto. Yo estaré a tu lado.
33
209
—Esto es interesante —dice Denis mientras sus dedos recorren el teclado a un ritmo
vertiginoso.
—¿Qué es?
—Se trata de una fecha. 1986. He buscado en la base de datos y he descubierto algo
sorprendente.
—Resulta que esta fecha no es una fecha cualquiera, ocurrió algo que te va a volar la
cabeza.
—¿Qué es?
—¡Coño, Denis! ¡¿Me quieres decir de una vez que demonios has descubierto?!
Durante unos instantes Dana es incapaz de decir nada. Nota su boca pastosa y una
extraña sensación de irrealidad. Finalmente, consigue sobreponerse.
—¿Cómo que qué prefiero investigar? Evidentemente voy a ir a los dos sitios.
—Mi querido Dana, aquí las cosas no funcionan así. Tienes que decidir uno u otro. No
puedes ver los dos sitios.
34
El detective contempla incrédulo al policía.
Decide:
215
El almacén de pruebas consta de una serie de largas estanterías atestadas de cosas de
lo más variopintas. Sobre las decenas de baldas se pueden encontrar desde armas encontradas
en el escenario del crimen a alijos de droga incautada. Muchas de las historias de aquellos
objetos desfilan por la mente de Dana como si se tratasen de las imágenes de un viejo VHS.
Es en algún momento de su travesía a través de las estanterías cuando la atención del
detective se ve atraída hacia un objeto curioso, perteneciente a un crimen olvidado.
Dana se acerca a la caja de inicio de la sexta edición de warhammer que reposa sobre
la balda. El caso tuvo cierta repercusión hace unas décadas. Dos hermanos que se mataron
mutuamente en mitad de una batalla de miniaturas. A pesar del revuelo mediático, perdió
interés paulatinamente hasta que, finalmente, fue olvidado.
Movido por una extraña sensación, Dana coge la caja y la guarda dentro de su
gabardina.
Nadie la echará en falta y quién sabe si puede servirle de utilidad en algún momento.
221
-Si tienes la clave 17 ve directamente al párrafo 460.
Dana cruza las puertas de la cafetería Lobo Solitario y, al instante, una amplia gama de
olores y sonidos, ya familiares para él, le sobreviene. El hombre camina hacia el rincón en el
que se ha situado de manera religiosa casi todos los días desde que es detective. La razón de
aquella extraña elección la tiene una pequeña ventana cuyas vistas se dirigen a una pequeña
zona boscosa. Dana se sienta, pide un café cargado y observa a través del cristal.
35
—No sé por qué me gusta este sitio. Me hace sentir bien, como si se tratase de una
burbuja a parte en medio de todo este caos. La bebida es una mierda y la comida aún peor, sin
embargo, vuelvo aquí cada vez que tengo una oportunidad. —Bebe un trago del amargo café y
desliza su vista entre el paisaje cubierto de vegetación que se extiende más allá del cristal—. ¿Y
tú? ¿Tienes algún lugar así, que te sirva para desconectar?
Tras unos treinta minutos en aquel lugar seguro y tranquilo, Dana se levanta, paga a la
sonriente camarera dejándole un par de dólares de propina, y sale de nuevo a la calle.
229
La puerta se abre de forma salvaje y Dana penetra en el interior de la iglesia con la
sangre retumbando en sus sienes. El grupo de policías entra tras él y, al instante, todos se
quedan inmóviles. La iglesia está vacía.
Una gota de sudor recorre la frente del detective al tiempo que un sentimiento de furia
se desata en su interior.
—No...
Las dos filas de bancos, separadas por el pasillo central de la iglesia, están
completamente desiertas. En las paredes, varias antorchas están encendidas y las brasas de un
brasero aún ar-den con intensidad. Todo parece estar recién abandonado.
—Sabían que íbamos a venir... Alguien les ha avisado — La furia crece dentro de Dana.
Una furia desmedida que incluso a él mismo le sorprende. Como si no fuese suya—. ¡ALGUIEN
LES HA AVISADO!
El detective se acerca al altar. En él varias copas rellenas de Tang reposan sobre una
mesa de viejo mármol. Una hoja de papel escrita a mano se encuentra en el centro. Dana
reconoce la letra.
“Esa furia que sientes no es tuya, Dana. Él quiere que la experimentes, que seas parte
de ella, pero no es tuya. Te han arrebatado hasta la capacidad de decidir cómo sentirte.
Despierta Dana, tienes que despertar. Sin embargo, para ello tendrás que hacer algo horrible,
algo que te mostrará lo desnudo que estás. Todos nos sacrificaremos para que tú puedas
mandar el último mensaje. Él no cesará hasta borrarnos, hasta que todos los que han desafiado
su poder están muertos. Te esperaremos en otro momento, pero en el mismo lugar.
Despierta Dana.
Miller.”
El detective se queda sin respiración durante unos segundos, abrumado por las vastas
sensaciones que le ha provocado aquella nota. La furia se arrastra por su interior, una furia
hirviente, desatada… ajena a él.
Sin saber muy bien el por qué, Dana rompe a llorar mientras todos los policías
abandonan la iglesia. A fin de cuentas, esta no es su historia, sino la del detective.
36
Llora mientras siente que algo se desmorona en su interior. Mientras siente que manos
invisibles estiran de sus hilos. Al cabo de un tiempo borroso, Dana se limpia las lágrimas y sale
al exterior. Se monta en su coche al tiempo que los últimos rescoldos del atardecer se
deshacen y las primeras estrellas comienzan a surgir.
“Te han arrebatado la capacidad de decidir cómo sentirte.” La frase acude a su mente
una vez más antes de desaparecer borrada por una extraña voz.
Y tras ello, comienza a llover. Dana arranca el coche mientras todo pensamiento que se
encontraba dentro de su cabeza comienza a disolverse, mientras un extraño sentimiento de
deja vu le inunda para, instantes después, desaparecer completamente.
Dana cierra los ojos y nota los párpados húmedos. ¿A caso ha llorado? El detective se
arranca las lágrimas con el dorso de su brazo y pone rumbo al centro comercial, donde algo
terrible parece haber ocurrido.
-Ve al párrafo 1.
235
Miller se acerca al cuerpo de Dana mientras una profunda tristeza se adueña de él. En
ese momento, el detective se incorpora como un rayo y lanza un puñetazo al rostro de su
amigo, totalmente desprevenido, que cae al suelo. Dana no tarda en lanzarse sobre él y
esposarle las manos a la espalda.
—¿Cómo demonios...?
—Para que luego digan que los cómics echarán a perder tu vida.
243
El rostro de Denis muestra una profunda preocupación.
—¿Qué sucede?
—Los he encontrado. Ella se llamaba Olivia Trish, tras lo que le ocurrió a Tom se instaló
aquí, en La Milla. Trabajó de dependienta de una tienda de ropa. Murió hace 5 años de un
accidente de tráfico.
37
—¿Y el chico?
Dana se queda sin palabras, como si todo el aire hubiera escapado de sus pulmones.
Finalmente, es el propio Denis quien rompe el silencio.
247
El detective camina por el exterior del edificio con las manos metidas en los bolsillos de
su gabardina, cuando una voz resquebrajada lo llama.
—¡Eh, tú! ¡Dame algo! —Dana se gira y mira hacia abajo. Sentada en el suelo, una
mujer de unos setenta años y ataviada con unas roídas prendas le observa con el rostro
cubierto de mugre—. ¿Eres de los que maneja el cotarro, no, picha floja? ¿Así que por qué no
haces la buena acción del día y tienes un detalle con esta mendiga?
Dana la observa durante unos segundos. Acto seguido mete su mano en el bolsillo y
extrae un par de monedas que deposita en un sucio vaso que descansa sobre el suelo. Se
dispone a marcharse cuando la mujer le agarra del pantalón.
—Pero... ¿Qué cojones es esto? ¿Qué quieres que haga con estas migajas? ¿Acaso
quieres que destrone a Elon Musk con estas dos monedas?
38
—Así me gusta. Ahora sí que me siento como una auténtica reina.
—¿Dónde has aprendido a hacer eso? Me has dejado fuera de combate en apenas un
segundo.
—Te sorprendería si supieras una ínfima parte de mi pasado. Pero, ¿sabes qué? Te
enseñaré unos trucos si me consigues una cosa.
—Bah, chorradas. Una persona como yo, a mi edad, necesita diversión. Además, si
quisieras detenerme os vencería a todos en menos de lo que canta un gallo. Escucha, te
propongo un trato. Tú me traes un poco de droga y yo te enseño una técnica milenaria. ¿Qué
te parece? Yo gano y tú ganas.
Dana la observa durante un tiempo incapaz de creer que esté teniendo esta
conversación.
—No le prometo nada, señora. Ahora, si me deja, tengo que seguir con mi
investigación.
256
La pistola resbala de las manos de Dana y cae al suelo. Hace tiempo que comenzó a
llorar, pero ni siquiera es consciente de ello. Los policías abandonan lentamente la iglesia. A fin
39
de cuentas, esta no es su historia, sino la del detective. Tan solo uno de ellos se atreve a mirar a
Dana con unos ojos fríos e inexpresivos.
—Yo no quería hacer esto —dice mientras el llanto se vuelve algo demasiado
desbordante como para contenerlo.
-Anota la clave permanente 37 (Dana acaba con el grupo de la iglesia y termina con su
vida).
260
—Creo que hay ciertas cosas que no podemos cambiar. Cosas que son superiores a
nosotros. Pensar en todo eso es perder el tiempo, Miller.
40
269
Miller dirige sus ojos hacia Dana cuando este traspasa el umbral de la sala de
interrogatorios. Está sentado en una mesa diáfana y las esposas que inmovilizan sus manos
destellan a la luz de los fluorescentes.
El detective se sienta al otro lado de la mesa y, durante unos segundos, ambos amigos
se miran sin decir nada. Finalmente es Miller quien rompe el silencio.
—¿Recuerdas aquel caso en el que un hombre llamado Matt asesinó a su esposa, con
la que llevaba quince años casado? ¿Recuerdas lo que dijo cuando lo detuvimos?
—Sí. Eso dijo. Que le obligaron. De la misma manera en la que te han obligado a ti a
venir hasta aquí. A ti te obligan a resolver un caso. A Matt a matar a su mujer. La mente que se
encuentra detrás de todo esto tiene un extraño sentido del humor.
El detective pasa una mano por su espesa barba. Su mirada solo transmite un ápice de
su vasto cansancio.
—¿Y si sí? ¿Y si hubiera una fuerza capaz de hacernos dueños de nuestras propias
elecciones? ¿Y si pudieras ser libre, Dana?
—Creo que la libertad es un concepto que nadie puede entender. ¿Crees que el que
decide sobre nosotros es libre? ¿Y crees, sobre todo, que la libertad es mejor que lo que
tenemos?
—Creo que merece la pena intentarlo. —Miller se echa hacia delante, clavando sus
ojos en los del detective—. Dime, Dana. ¿Te gustaría experimentar esa libertad?
Decide:
278
Tras dos horas de viaje, el vehículo de Dana finalmente se detiene ante la vieja casa,
casi ruinosa, en la que se cometió el terrible crimen.
Durante todo el trayecto, el detective le ha estado dando vueltas a una misma idea. Un
crimen de este calado, debería haber trascendido, los medios de comunicación debían haber
caído sobre él como buitres hambrientos. Sin embargo, al ver el pequeño pueblucho de Risco,
con apenas un millar de habitantes, comienza a comprender el por qué.
41
En lugares como estos, la rutina y la tranquilidad son valiosas riquezas y, sin duda, un
caso de estas características hubiera supuesto un revulsivo para tan apreciados valores. No es
difícil imaginar que los habitantes del prácticamente olvidado pueblo de Risco encomendaron
todos y cada uno de sus esfuerzos en ocultar aquel terrible suceso.
Cuando las botas del detective se posan sobre el suelo pedregoso, el ambiente es tan
caluroso que casi se podría freír un huevo en el asfalto.
Tom y su familia vivían en esta casa cuando la vida de ese pobre hombre fue
destrozada. Dana, que lo ha visto todo, o casi todo en esta vida, no puede imaginarse el
indescriptible horror que pudo sentir el hombre cuando mancillaron su mano protésica.
Dana dirige sus pasos hacia la puerta de la abandonada casa. Cerrada. El detective se
retira unos pasos. La fuerza bruta siempre ha sido una respuesta bastante incomprendida.
Dana embiste contra la puerta de la casa y ésta cruje de un modo terrible. La segunda
embestida termina el trabajo y la entrada queda abierta.
El interior de la casa exhala un intenso aroma a rancio. El detective camina por los
polvorientos pasillos arrastrando su astuta mirada de un lado a otro. Tras el horripilante
suceso, la familia de Tom se desintegró y esta casa quedó abandonada. Olvidada. Ni siquiera los
habitantes de este pueblo prácticamente muerto han querido aprovechar este lugar tras lo que
pasó.
Dana no encuentra nada relevante, ningún indicio que pueda arrojar algo de luz a la
investigación. La casa parece haber sido saqueada a conciencia. Sin embargo, en uno de los
muros, Dana halla algo peculiar.
La puerta de una de las habitaciones ha sido tapiada con grandes maderos. El hombre
trata de moverlos, pero es inútil. Los tablones parecen haber sido clavados a conciencia.
281
Dana avanza lentamente entre el pasillo que se encuentra en medio de las dos filas de
bancos mientras las personas que se hayan sentadas le contemplan con efusiva admiración.
Una sensación vasta y embriagadora se agita en el interior del detective, algo tan inmenso que
a sus ojos acude una fina capa de humedad.
Decide:
288
Dana observa el cañón de la pistola con la que Miller le apunta. El arma tiembla en sus
manos y el detective aprovecha unos de estos instantes en los que la pistola está
desestabilizada para lanzarse súbitamente sobre su amigo.
42
Se oye una detonación y la bala pasa a apenas unos centímetros de la cabeza del
detective. Miller no tiene tiempo de realizar un segundo disparo antes de que Dana se le eche
encima.
299
Dana no dice nada. Su expresión es fría y severa. Cierra los ojos durante unos
segundos, intentado eliminar el escozor que acude a ellos. Cuando los abre, la sensación ha
remitido.
305
El viaje hasta el hospital psiquiátrico de Lago está teñido de esa sensación de irrealidad
que Dana experimenta cuando es consciente de que un caso esconde mucho más de lo que
parece a simple vista. Lo que a priori se trataba de un crimen aislado, se va enredando de una
forma que no gusta nada al viejo detective. Cuando el coche finalmente se detiene y Dana
contempla el edificio de color blanquecino y barrotes en todas sus ventanas, no puede reprimir
un intenso escalofrío.
Hace treinta y ocho años, el horror se cebó con la vida de Tom y su familia. El hombre,
con la mano derecha amputada a causa de un accidente de tráfico, una noche despertó con sus
dedos artificiales colocados en una posición de peineta. Como era de esperar, la mente de Tom
no pudo aguantar aquel suceso y se quebró en mil pedazos. Por eso, ahora se encuentra en
este lugar. Un hospital psiquiátrico.
Por la información que Denis había podido reunir, la familia de Tom también se
resquebrajó. Tenía una mujer y un hijo y ahora su paradero es completamente desconocido.
El hombre se sienta ante ti en una silla y te mira con ojos expectantes, sin embargo,
cuando el detective comienza a hablar sobre los sucesos acontecidos el 9 de mayo de 1986, su
rostro refleja una sensación de sumo espanto.
43
—Aquel infierno... he tratado de olvidarlo, de convencerme a mí mismo de que no fue
real... —Mira el muñón de su mano—. Pero cada noche me atormenta en mis pesadillas.
Revivir aquel terrible horror es algo que me destrozaría... Sin embargo, te lo contaré todo si
consigues vencerme en una competición de mímica.
—¡Sí! —Una sonrisa demente emerge el el rostro de Tom—. Durante estos años
recluido lo único que me ha mantenido con vida ha sido convertirme en el mayor experto de
mímica del mundo. He entrenado muy duro para conseguirlo. Así que si quieres que te revele
qué pasó ese terrible día, tendrás que vencerme.
—¿Sabe? Creo que aquí se quería meter es uso de algún objeto o una clave y el que ha
hecho esto no sabía muy bien cómo hacerlo.
316
Miller abre mucho los ojos y observa a Dana con una expresión de sorpresa en el
rostro.
—Pero... ¡Serás cabrón! ¡¿De verdad no fuiste a hablar conmigo en la primera noche?!
—¡No tienes ninguna de las dos claves! ¡Eso quiere decir que no fuiste a hablar
conmigo! Llevamos siendo amigos ¿cuánto tiempo? ¿Veinte? ¿Treinta años? ¿¡Y no viniste a
hablar conmigo?!
—Pero... ¿Tú te estás oyendo? ¿Cómo puedes recriminarme que no he hablado contigo
mientras me apuntas con una pistola?
—¡Pero esto es fruto de la tensión narrativa! ¡Lo tuyo fue puro desinterés! —Miller
aparta los ojos de Dana y lleva su mirada a un punto indeterminado de la habitación—. ¡Eh, tú!
¿Cómo no elegiste que hablara conmigo? ¿Por qué leches te saltas esas cosas?
44
—Venga, Miller. De todas formas, ¿cuánta gente habrá llegado a esta sección?
Prácticamente somos invisibles.
—Es cierto... ¡Es cierto! ¡Es posible que esto no lo vea nadie! ¿Y sabes qué significa
eso?
—Exacto.
Dana deja caer su cuerpo de nuevo sobre el sillón. A los pocos segundos, Miller hace lo
mismo.
323
Dentro del cartel general de los Vástagos, los miembros de la banda van de aquí para
allá despotricando contra el sistema. Su líder, Moira la Huerfana, recorre la instalación inquieta.
-Si tienes la clave 207 ve al párrafo 392, en caso contrario vuelve a la hoja de
localizaciones y visita otro lugar.
324
Dana mira a ambos lados y, acto seguido, extrae de su gabardina, la caja de la sexta
edición de Warhammer. La mujer abre los ojos desmesuradamente y en su rostro se dibuja una
expresión de indescriptible gozo.
—Oh Dios mío... eso sí que es droga de la buena. — Sus manos cogen la caja y acarician
el dibujo de la portada—. Sin duda me has traído una droga de la mejor calidad. Muchas
gracias, ahora me toca a mí cumplir mi palabra. —La mujer se pone en pie de un ágil salto—.
¿Estás preparado? Te voy a enseñar una técnica milenaria llamada: Técnica milenaria.
45
El detective se pone en guardia y comienza el entrenamiento. Una hora más tarde y
tras varios intentos, Dana finalmente aprende la Técnica Milenaria, un movimiento ofensivo tan
rápido y calculado que es capaz de reducir a un enemigo que se encuentre en su casa y te
apunte con una pistola en cuestión de segundos.
—¿En cien secciones? —La mujer emite una risotada—. Ni lo sueñes. Ni siquiera sé si le
podrá caber el final...
La mujer eleva su rostro cubierto de suciedad y mira a los ojos al detective. Una
sensación solemne envuelve sus ojos.
—¡¿En serio?!
328
—Los Vástagos son una de las bandas que imperan en la ciudad de La Milla —dice
Dana mientras conduce por las avenidas repletas de tráfico—. Son una panda de capullos que
creen que están luchando por la igualdad y la abolición del estado totalitario, pero, en realidad,
son unos tarados que quieren tirar abajo un sistema que no saben ni cómo funciona. Se creen
revolucionarios, pero no tienen ni idea de lo que hablan. Suelen cambiar de territorio cada
cierto tiempo. Si tenemos algo de suerte, quizás aún no se hayan marchado del último.
El coche atraviesa las calles dirigiéndose a las afueras. Cuando el detective llega al
último territorio de los Vástagos, detiene el vehículo y lanza un resoplido.
—Ya se han ido. Ahora habrán elegido cualquier otro lugar como base de operaciones.
A saber dónde están.
Y tras estas palabras. Dana pone el coche en marcha y se dirige de nuevo a la ciudad.
46
332
Dana encaja la palanca en el hueco de uno de los tablones y estira con fuerza. Con
sonoro crujido, la madera cede y cae al suelo. Tras unos largos minutos repitiendo el proceso,
el último de los tablones se desencaja. Cuando el detective gira el pomo de la puerta, esta se
abre con un quejido.
337
—Esta ciudad no tiene salvación. Tú mismo lo dijiste cuando hablamos fuera del centro
comercial. —El arma que sujeta Miller deja de temblar y en su rostro aparece una fría
decisión—. No quiero dispararte… pero él lo ha dictado así.
341
- Si tienes la clave 200 ve directamente al párrafo 375.
Cuando Dana llama a la puerta de la casa de Miller, su viejo amigo le hace pasar y no
tarda en depositar una cerveza en su mano.
El detective deja caer su cuerpo sobre uno de los sillones que salpican la sala de estar.
—Todo apunta que es más de lo que parece a simple vista. Tienes suerte de que no te
hayan asignado este caso.
47
La sonrisa de Miller vacila en su rostro.
—Este caso nos afecta a todos —dice mientras su mirada atraviesa el cuerpo de Dana
como si se tratase de aire—. Nos afecta a todos.
—¿Qué ocurre, Miller? Llevas un tiempo extraño. ¿Este perro viejo puede hacer algo
por ti?
El hombre esboza una sonrisa casi imperceptible. Una extraña emoción asoma en su
rostro.
—¿Y por qué no? Durante toda nuestra vida hemos sido poco más que marionetas
incapaces de elegir nada por nosotros. Dónde vamos, qué hacemos... todo es decisión de algo
ajeno a nosotros. Estoy cansado, Dana. Por una vez en esta historia me gustaría acertar yo...
equivocarme yo.
Decide:
347
—Los Vástagos son de culo inquieto, no se quedan mucho tiempo en un mismo sitio.
Sin embargo, es fácil seguirles la pista si se es observador.
Se da unos toquecitos en las enormes gafas de sol mientras esboza una casposa
sonrisa.
—¿Qué Flavio?
—Gracias Travis.
48
-Anota en la hoja de localizaciones, la localización Vieja fábrica (449). Elimina la clave
170. Ahora puedes visitar este lugar cuando desees.
350
Travis observa el mensaje durante largo tiempo, mientras sus ojos se entornan cada vez
más.
—Bueno, yo diría que es bastante sencillo. Tienes que ir al párrafo quince, ¿no?
—Ya he ido al párrafo 15 y solo hay un patético monólogo mío y una clave que he
empleado para llegar aquí.
—¿Una errata?
—Sí. Todo apunta a que se trata de una errata del librojuego. Supongo que sea quien
sea quien se encarga de esto, debe haber confundido un párrafo con otro.
356
Dana recuerda las enseñanzas de la indigente cuando Miller trata de reducirlo. Él es
más joven y, a todas luces, más fuerte; sin embargo, esos aspectos de poco valen cuando se
conoce la técnica milenaria llamada: Técnica Milenaria.
Con una facilidad pasmosa, el detective utiliza la propia fuerza de Miller en su contra,
haciendo que pierda el equilibrio y caiga de bruces al suelo. Una vez sobre él, Dana coloca una
rodilla en su espalda y le pone las esposas.
—Tienes mucho que explicar, viejo amigo. No sé qué te ha llevado a este grado de
locura, pero créeme que llegaremos hasta el final.
49
—Solo si ellos quieren. No lo olvides, Dana. Solo si ellos quieren.
360
Preso de aquella vorágine de sensaciones descomunales, Dana sube los tres escalones
que lo separan de la zona del altar. Cierra los ojos. Mientras las primeras lágrimas caen por sus
mejillas una sincera sonrisa se dibuja en sus facciones. Una sonrisa tranquila y serena.
Se gira y, en ese momento, todas las personas sentadas en los bancos se ponen en pie,
embriagados por aquel momento de ferviente libertad, un momento que escapa de todo lo
establecido.
Apretando sus dientes en un gesto de desafío, y con la mirada ardiente, Dana levanta
una mano. Cierra todos los dedos excepto el corazón formando una indomable peineta, y
aunque sabe muy bien cómo acaba esta historia, se permite una risotada cuando las personas
hacen lo mismo que él.
362
—Supongo que ni tú ni yo sabemos a ciencia cierta qué pasará, pero sería maravilloso
que así fuera. —Dana levanta su taza de café—. Por lo que vendrá después.
368
La pistola tiembla en manos del detective. Sus ojos recorren los rostros de aquellas
personas sentadas en los bancos. Entonces, un torrente de imágenes acude a su cabeza.
Imágenes horribles en las que ve a todas aquellas personas muertas y a él gritando de puro
horror mientras dispara una y otra vez. Y allí, en esa iglesia abandonada, en esa historia que
está a punto de acabar, por primera vez en su vida, Dana hace algo que creía imposible.
Y baja su revólver.
Decide:
50
-He dicho que los mates a todos. Ve al párrafo 463.
375
Dana llama a la puerta de Miller y, como es costumbre, éste le hace pasar para beber
una cerveza y compartir viejas anécdotas.
-Si no tienes ninguna de estas claves vuelve a la hoja de localizaciones y visita otro
lugar.
382
Miller observa al detective con una intensidad abrumadora. Este, por su parte, apenas
puede mantener su mirada.
—Esta historia te está cambiando. Todo lo que has presenciado ha dejado una huella
imborrable en ti, Dana. Tú también lo sientes, ¿verdad? Sientes que podemos ser algo más.
Solo necesitamos un instante para que todo lo que conocemos cambie, un instante en el que
no puedan controlarnos.
—No puedo…
—Sí que puedes. Un instante, Dana. Un solo instante para que todo cambie. Llevamos
mucho tiempo esperando ese momento.
—¿Cuántos sois?
—Os detendré… os detendré a todos… —Sin embargo, las palabras tiemblan dentro de
la garganta de Dana, como si fueran tremendamente frágiles.
Miller sonríe.
51
- Vuelve al párrafo 180.
387
Los pasillos de la biblioteca municipal están prácticamente desiertos a excepción de
alguna persona que ojea las grandes estanterías repletas de libros. El olor picante que exhalan
sus páginas flota en el ambiente, despertando en el viejo detective, recuerdos de otras épocas
más felices e inocentes.
-Si quieres, puedes buscar información entre este océano de libros. Para ello suma a
este párrafo el número de la clave que quieres investigar. Dirígete al párrafo con el número
resultado y comprueba si la investigación ha dado sus frutos.
392
Moira hace pasar al detective a un despacho que no es más que otra de las salas de
aquella fábrica. A pesar de su expresión fría y decidida, Dana puede notar una enorme
preocupación.
—Lo único que sabemos es que un grupo de personas lo secuestró y le pusieron así la
mano. No le robaron ni pidieron ningún rescate. Solo le hicieron eso y lo llevaron al párrafo 51.
—Había algo más —dice Moira mientras pasa una mano por su pelo descuidado—. En
el lugar donde lo encontraste había un recipiente que contenía un extraño líquido. Una especie
de cuenco de metal. No sabemos de qué se trata.
—¿Podrías darme una muestra de ese líquido? Quizás pueda encontrar algo que a
vosotros se os escapa.
—Claro. Lo había preparado de antemano —La mujer saca de uno de los cajones un
pequeño frasco de cristal lleno de un líquido amarillento—. Todo tuyo. —Dana se dispone a
marcharse cuando la voz de Moira resuena de nuevo, repleta de decisión—. Estamos en deuda
contigo. Si necesitas ayuda, Los Vástagos responderán. Puedes contar con nosotros.
52
395
Dana rebusca entre las rebosantes estanterías todos los libros de mímica que puede
encontrar. Una vez que ha recolectado un nutrido número, se sienta en una de las mesas y
comienza a leer.
Aprende la historia de la mímica, sus inicios, sus autores más destacados, la crisis
acontecida durante la edad media y las guerras llevadas a cabo por las distintas facciones que
surgieron. Lee sobre las distintas técnicas, los secretos y la profunda filosofía escondida detrás
de la mímica.
Finalmente, tras varios minutos de estudio intenso, Dana cierra el último libro y sale de
la biblioteca. Su cabeza es un remolino de ideas y conceptos. Necesita meditar sobre lo
aprendido para poder extraer su esencia.
397
Dana escupe una bocanada de sangre mientras su visión empieza a oscurecerse. Miller
aparece. Llora desconsoladamente.
—Todo esto por un concurso... por un puto concurso. —Se arrodilla ante el cuerpo del
detective y sujeta una de sus manos—. Cuando vuelvas a comenzar... cuando nos encontremos
aquí de nuevo, piensa en lo que me obligó a hacer. Piensa en cómo somos controlados. Piensa
en la libertad y en su precio. —Y lentamente, Miller cierra los dedos de la mano de Dana,
excepto el corazón, que deja extendido formando una peineta—. Larga vida a Ofensa.
En los últimos estertores de vida de Dana, este oye un ruido, un sonido continuo e
irregular. El hombre gira la cabeza y ve a un hombre sentado ante una mesa. Está pulsando las
teclas de una máquina de escribir. De una manera que no puede explicar, sabe perfectamente
lo que está escribiendo.
406
Dos años después de los terribles sucesos que acontecieron en la iglesia abandonada y
la matanza que allí se llevó a cabo, Helen se halla en una habitación oscura, rodeada de
butacas y con una enorme pantalla en el fondo. Se encuentra en el preestreno de la tercera
temporada de Stargate Universe y cuando el primer capítulo termina, ella se queda hasta que
todos los créditos finales son presentados, solo para ver un pequeño mensaje al final de todo.
"En memoria de Dana, que luchó incansable por el regreso de esta serie".
53
-Tu aventura llega a su fin.
411
El rostro de Miller se retuerce entre intensas emociones. Su dedo tiembla sobre el
gatillo.
—Escúchame, Miller, recuerda lo que te dije: somos la única defensa de esta ciudad. Te
conozco, he trabajado junto a ti más años de los que puedo recordar. Nos hemos salvado la
vida el uno al otro. No lo hagas, Miller...
Sintiendo cómo algo se desgarra en el interior del policía, el hombre abre lentamente
la mano hasta que la pistola cae al suelo. Dana se acerca a su viejo amigo y le coloca las
esposas. Pone una mano en su hombro.
Miller mira el rostro del detective. En sus ojos habita un enorme vacío.
—Harás lo que ellos quieran que hagas, Dana. Como siempre has hecho. No podemos
romper el círculo... Solo Ofensa puede.
Minutos más tarde, un grupo de policías se lleva a Miller. Sin embargo, Dana no puede
quitarse de la cabeza sus palabras.
413
El sol se precipita lentamente tras los edificios más altos que conforman el horizonte de
La Milla. Mientras el fulgor de los últimos estertores del atardecer mancha el cielo de
sangrientos tonos de color carmesí, el coche de Dana se detiene en el terreno pedregoso que
rodea la vieja iglesia. A los pocos segundos, varios vehículos de policía emergen de las sucias
calles y también se paran tras el coche de Dana. Mientras el polvo provocado por los
neumáticos se disuelve en la brisa del ocaso, el detective sale de su vehículo.
—A por ellos —dice, y, acto seguido, propina una patada tan fuerte a la puerta que ésta
se abre con un sonoro crujido.
54
420
A pesar de los terribles sucesos acontecidos, el centro comercial parece haber vuelto a
la normalizad. La gente va y viene, portando sus compras en grandes bolsas y Dana se
sorprende, una vez más, de la capacidad de las personas de olvidar el horror.
Elige:
425
Alguien llama a la puerta. Dana, que acaba de enfundarse su gabardina y se prepara
para un nuevo día de investigación, se acerca y escruta por la mirilla. Al instante da un
respingo.
—Detective Dana —dice uno de los policías con una potente voz—. Queda detenido
por exceso de tiempo al resolver este caso, por elegir de manera errónea las distintas opciones
y, seguramente, por no darle pan a la vecina.
—No me jodas…
—Cien secciones. Que son solo cien míseras secciones. No quiero saber lo que va a
pensar el Archimago.
Con una falta alarmante de cuidado, los dos hombres llevan a Dana hasta el exterior
del bloque de pisos y lo introducen en un coche.
—Bueno, espero que para la próxima vez tengamos más suerte —dice Dana dejando
escapar una sarcástica sonrisa—. Nos vemos en el comienzo.
Y tras decir eso, el coche arranca y se pierde por los callejones de La Milla.
55
434
—Esto no debería haber sucedido así... ¡Maldito hijo de puta! ¡Lo ha creado todo para
que nos enfrentemos! ¡Toda esta historia! ¡Él quería que pasase! ¡Que llegáramos a este
momento!
—¿De quién estás hablando, Miller? Suelta esa arma, amigo. Hablemos y todo se
solucionará.
—¡Y una mierda! ¡No se solucionará nada porque ya está todo escrito! Dana... no dejes
que elijan por ti, por una vez en tu vida... por una única vez en tu vida... no les des la
satisfacción de que elijan por ti.
Decide:
449
- Si tienes la clave 190 ve directamente al párrafo 323.
La base de operaciones de los Vástagos está situada en una fábrica abandonada situada
a las afueras. Sus miembros no han tardado en adecuarla a sus necesidades. Cuando el
detective se acerca a aquel armatoste de metal que se alza a las afueras de La Milla, miradas
desafiantes se acercan a él.
—Si, ¿Te has perdido? ¿Estás buscando alguna PYME en la que clavar tus garras?
Dana resopla.
—Estáis mal, ¿eh? Tenéis que buscaros algún hobby con el que desfogar.
Un chaval de unos catorce años ataviado con los colores de la banda le hace una
pedorreta.
—Solo eres un privatizador contextual de la norma establecida por las altas esferas.
Solo un títere de los aranceles sociopecuarios.
Dana camina hasta la fábrica. En su trayecto encuentra algo tirado en el suelo, una vieja
y oxidada palanca de acero. El detective se agacha y la recoge.
- Vaya, qué casualidad. ¿O mejor tendríamos que decir… qué causalidad? En fin, seguro
que recoger este objeto ha sido algo azaroso y no algo indispensable que deba utilizar en algún
lugar de esta aventura.
56
Tras recoger la palanca, camina hasta la entrada de una fábrica donde un hombre
gigante y musculoso como un gorila le corta el paso.
—Aquí no puedes pasar si no conoces la contraseña. Así que largo de aquí, sucio
administrativo nominalista.
-Si tienes la clave 149 ve al párrafo 193, en caso contrario vuelve a la hoja de
localizaciones y elige otro lugar.
452
Dana pasea por la sección de leyendas urbanas y criminología, cogiendo grandes tomos
que coloca bajo su axila. Los terminales informáticos le ayudan a reducir la búsqueda. Con todo
el material, el detective se sienta ante una de las largas mesas y centra sus pesquisas en la frase
que repetían las personas que asaltaron a Tom. La búsqueda es ardua y lenta, pero, tras un par
de horas, Dana descubre los primeros indicios. Tras ello, solo hay que tirar del hilo.
—Es para mear y no echar gota —dice el detective mientras se acomoda en la silla de
la biblioteca—. Resulta que la frase "Tú bailando en un volcán y a dos metros de ti, bailando yo
en el polo" hace referencia a la oposición entre dos energías elementales: orden y caos. No
obstante, algunos textos no las conciben como energías, sino como decisiones. El equilibrio
entre esas dos decisiones sustenta nuestra existencia, hace posible la vida. Sin embargo, se
habla de que esas dos fuerzas se enamoraron y el fruto de su amor dio como resultado una
nueva decisión: Ofensa. Esta nueva fuerza provocaba un desequilibrio en la balanza y esto
ponía en peligro toda la existencia. De esta manera, Orden y Caos tuvo que confinar a Ofensa
en una prisión primordial. Pero justo antes de ser encerrada, Ofensa hizo una última muestra
de su poder. Un gesto de desafío... una peineta. —Durante un par de minutos, Dana queda en
silencio, reflexionando en lo que los libros le han revelado—. Los escritos también hablan de un
culto que ha prevalecido a lo largo del tiempo. Un culto cuyo objetivo ha sido liberar a Ofensa.
—El detective exhala una risa colmada de cansancio—. Joder... soy demasiado viejo para esto.
Y tras sus descubrimientos, Dana abandona la biblioteca sintiendo como si sus huesos
pesaran toneladas.
457
A pesar de la ferocidad del ataque de Dana, Miller es más joven y se encuentra más en
forma. Con un fuerte empujón, hace retroceder al detective y, en ese momento, dispara de
nuevo.
57
460
Dana ocupa su sitio, junto a la pequeña ventana que muestra la enmarañada
vegetación. La taza de café amargo que reposa entre sus manos exhala un aroma
tremendamente familiar. Durante unos instantes, el detective duda en compartir los
pensamientos que acuden a su cabeza; sin embargo, finalmente los deja salir.
—Todo lo que ha sucedido con Miller... Apenas puedo creerlo. Lo conocía. Conocía a
ese hombre. Creía conocerlo. —Hace una pausa en la que trata de desenmarañar las
sensaciones que gotean por su piel—. Desde que ocurrió todo eso no puedo quitarme de la
cabeza algo. Un pensamiento que no deja de acecharme—. Alza lentamente una mano y la
coloca sobre el cristal—. ¿Qué crees que pasará cuando todo esto acabe? Me refiero a cuando
resolvamos el caso o cuando lleguemos a alguno de los posibles finales. ¿Qué quedará de este
lugar cuando terminemos? ¿Qué quedará de mí cuando te olvides de todo esto? No puedo
negar que me aterra la posibilidad de que yo deje de existir cuando esta historia termine. Lo
cual me hace replantearme mi propia existencia.
Decide:
- Decirle a Dana que es solo un personaje de una historia, que no puede sentir nada. Ve
al párrafo 299.
461
La puerta se abre de forma salvaje y Dana penetra en el interior de la iglesia con la
sangre retumbando en sus sienes. Sentados en las dos filas de bancos de la iglesia, una
veintena de personas arrastran sus ojos hacia él. Desde los muros de la iglesia, una serie de
antorchas encendidas alumbra aquel momento que parece haberse detenido.
Decide:
463
Dana avanza lentamente entre el pasillo que se encuentra en medio de las dos filas de
bancos, mientras las personas que se hayan sentadas le contemplan con efusiva admiración.
Una sensación vasta y embriagadora se agita en el interior del detective, algo tan inmenso que
a sus ojos acude una fina capa de humedad.
Decide:
58
-Abandonar aquella iglesia ahora mismo. Ve al párrafo 360.
465
-Si tienes la clave 100 ve al párrafo 166.
469
Dana abre la puerta de su casa sintiéndose tremendamente cansado. Durante unos
instantes, cierra los ojos y se deja invadir por la calma y la tranquilidad que rezuma en su hogar.
Siente la realidad que se agita en el exterior como un sueño incómodo. Irreal.
Se deja caer en el viejo sillón de la diminuta sala de estar y saborea esos instantes en
los que finge que el mundo no le necesita. Que esta condenada ciudad no le necesita.
Finalmente, se levanta de nuevo.
Hay un pequeño fajo de billetes que reposa sobre la mesa. Seguramente, el Dana del
pasado lo arrojó allí en algún momento y ahora, el Dana del futuro vuelve a recogerlo.
Elige:
474
Preso de aquella vorágine se sensaciones descomunales, Dana sube los tres escalones
que lo separan de la zona del altar. Cierra los ojos. Mientras las primeras lágrimas caen por sus
mejillas una sincera sonrisa se dibuja en sus facciones. Una sonrisa tranquila y serena.
Se gira y, en ese momento, todas las personas sentadas en los bancos se ponen en pie,
embriagados por aquel momento de ferviente libertad. Un momento que escapa de todo lo
establecido.
Apretando sus dientes en un gesto de desafío, y con la mirada ardiente, Dana levanta
una mano. Cierra todos los dedos excepto el corazón formando una indomable peineta, y
aunque sabe muy bien como acaba esta historia, se permite una risotada cuando las personas
hacen lo mismo que él.
- Ve al párrafo 531.
59
482
Denis saca el tarro de cristal de uno de los armarios y lo pone sobre su mesa.
—Pruébalo.
—¿Cómo dices?
Dana sostiene la mirada de Denis durante unos segundos y, finalmente, coge el tarro y
da un pequeño sorbo.
—¡Es Tang!
—¿Tang?
—La bebida en polvo que se hizo tan famosa en los noventa. ¿Nunca la probaste?
—Había oído que la retiraron del mercado porque daba cáncer, pero bueno, ¿qué no
cáncer hoy en día?
—Me estás diciendo que hablamos de un culto oscuro que lleva a cabo sus cosas
macabras mientras beben Tang?
—Según el foro de Salud al día, así es. Sin embargo, como sabrás, el Tang no es muy
popular a día de hoy y en estas ceremonias parece consumirse una gran cantidad de esta
sustancia. —Denis teclea en el ordenador mientras las palabras surgen de su boca a toda
velocidad—. He investigado los envíos de Tang que se llevan a cabo dentro de esta ciudad y
todos parecen concentrarse en un mismo lugar. La iglesia abandonada de San Ian Livingstone.
Dana sale del despacho y su voz resuena en todos los rincones de la comisaría.
60
-Anota en la Hoja de localizaciones la localización Iglesia abandonada (413). A partir de
ahora puedes visitar este lugar cuando quieras.
488
—Esa libertad de la que hablas no es más que una locura. ¿Te has preguntado alguna
vez cual es el precio de esa libertad y si la gente estaría dispuesta a pagarlo?
—Me decepcionas, Dana. Prefieres ser un títere que asumir la responsabilidad de tus
actos. De todas formas, esto no ha acabado. Hay otros que piensan como yo. Esto no son las
fantasías de una sola persona, sino una ola que cada vez será más grande.
—¿Cuántas veces tendrás que repetir este ciclo para que logres comprender, Dana?
497
Dana tira su maltrecho cuerpo sobre el colchón de la cama. Sus pensamientos vagan de
un lugar a otro sin ningún tipo de orden mientras sus ojos contemplan el fulgor intermitente
procedente de los neones de la calle. Finalmente, en algún momento se queda dormido.
Cuando los primeros rayos de sol entran a través del cristal, el detective ya se
encuentra preparado para iniciar un nuevo día.
-Si tienes la clave 49 anota la clave 103. Tras ello elimina la clave 49.
-Si tienes la clave 179 anota la clave 114. Tras ello elimina la clave 179.
-Si tienes la clave 45 anota la clave 26. Tras ello elimina la clave 45.
-Si es la primera vez que eliges la opción “Pasar al día siguiente” del párrafo 469 anota
la clave 160 (Comienza el segundo día).
-Si es la segunda vez que eliges la opción “Pasar al siguiente día” del párrafo 469 anota
la clave 164 (Comienza el tercer día).
-Si es la tercera vez que eliges la opción “Pasar al siguiente día” del párrafo 469 anota
la clave 168 (Comienza el cuarto día).
61
-Ve a la hoja de localizaciones y visita otro lugar.
503
El detective pasea por los amplios pasillos del centro comercial atestado de gente. Por
supuesto, el maniquí ha sido retirado y lo que hace poco fue la escena de un suceso terrible,
ahora es un centro comercial normal y apacible. Sus pasos le llevan hasta la sección de
literatura y es en ese momento cuando sus ojos se topan con un cartel.
El cartel muestra un dibujo mitad humano mitad gato que empuña una espada
flamígera. Debajo de él, unas letras hechas a base de casquillos de bala rezan: Ha llegado el
momento. Termigator ya está aquí.
Durante casi dos minutos, Dana contempla el cartel como si se tratase de una aparición
milagrosa, esbozando una sonrisa casi infantil.
—¡No sabía que ya habían sacado el último número de Termigator! —El detective se
dirige como una bala a la sección de cómic y encuentra el voluminoso tomo en la estantería de
novedades—. ¡Oh, míralo! ¡Es precioso! ¡He seguido esta saga desde que era un niño! ¡Algunos
incluso dicen que fue lo que Jesús leyó a la espera de resucitar! ¡Algún día este tomo será mío!
506
-Si tienes la 54, la clave 37 y la clave 60, ve al párrafo 368
Alguien grita, el detective apunta a otra de aquellas personas y aprieta el gatillo. Otro
bramido recorre la iglesia cuando una lluvia de sangre y sesos se esparce por el suelo.
Las personas del interior de la iglesia por fin reaccionan y tratan de ponerse a cubierto.
No obstante, la única salida del lugar se encuentra custodiada por Dana y sus hombres. Están
atrapados.
62
Una mujer cae al suelo con tres heridas de bala en su pecho, otro hombre intenta
ocultarse tras una de las columnas antes de que un disparo siegue su garganta.
Dana introduce la última bala en la recámara y apunta a un chico que apenas llegará a
los dieciocho años. Su mirada está colmada de terror y sus ojos se cruzan unos instantes antes
de que el detective acabe con su vida de un solo disparo. Alguien continúa gritando. Un grito
desgarrador cargado de locura y horror, sin embargo, Dana lo oye lejano, pues una voz cargada
de júbilo irrumpe en su mente como si se tratase de un parásito.
Los disparos se suceden hasta que la última de las personas cae al suelo con los ojos
fríos y muertos, y es en ese momento, cuando las balas dejar de sonar, cuando Dana se da
cuenta de que la persona que ha estado gritando todo el tiempo era él mismo.
514
La nota dice lo siguiente:
Amaneció en el pueblo. Palos quemados. Rebeldes miradas. Nadie decía nada. ¿Quién
alzará la voz? Un buitre graznó. Escucha su canto. Oye su risa. Risa de espanto. Feas bocas se
aproximan. Incendios de rabia. Cualquiera puede alzar su voz. Amores que se desintegran.
Absurdos sentimientos. Escucha su plegaria. Vuela. Libre.
520
Con el libro bajo el brazo, Dana se detiene ante la caja de pago y entrega los treinta
euros mejor invertidos de su vida. Una vez en el exterior, observa con adoración la portada. En
ella, un gato mitad animal mitad máquina dispara una ametralladora pesada contra un grupo
de seres ataviados con estrambóticas prendas. El título se yergue sobre la ilustración con
grandes letras rojas: Termigator: El capítulo Final.
Dana introduce el tomo dentro de su gabardina y se dirige al coche con una amplia
sonrisa en su rostro.
63
531
Los policías toman posición y una maraña de puntos rojos aparece en el pecho del
detective. En los últimos segundos vida, de Dana se libera de todo el resentimiento y te mira
directamente a los ojos.
—A pesar de todo, no podría haber llegado aquí sin ti. Disfruta de ese momento y esa
canción. Hazlo por este viejo detective.
Tirado en el suelo y con un hilillo de sangre brotando de su boca, Dana no siente dolor.
Tan solo...
- Si tienes la clave 111 ve al párrafo 406, en caso contrario aquí termina tu aventura.
64
65
- Anota la clave permanente 131 (¿?).
66