1
LA NECESIDAD DE
RESPONDER A TODOS
Bueno, todo eso de los argumentos en pro de la existencia de
Dios y las pruebas de la resurrección resulta interesante, y sé que
tiene su importancia, pero nunca lo he necesitado —, dijo el pastor
mirando por el espejo retrovisor para cambiar de carril.
El joven sentado a su lado permaneció callado, impresionado
por lo que acababa de escuchar.
El pastor prosiguió:
—La gente a la que le predico el evangelio no pregunta esas
cosas. Realmente, no les interesa si una verdad es objetiva o no, ni
qué dijeron los historiadores antiguos sobre Jesús y la resurrección,
ni las soluciones al problema del mal. La mayoría de las personas
no consideran filosóficamente lo que creen.
Al fin, el joven dijo abruptamente:
—¿En serio? ¡Esa es la única clase de preguntas que siempre
me hacen!
Él provenía de una familia que de cristiana solo tenía el nom-
bre. Había sido criado en una parte del país donde la religión suele
ser ridiculizada. Cuando al fin llegó a ser cristiano —mientras estu-
diaba en la universidad—tuvo que lidiar con una serie de preguntas
difíciles acerca de su fe; los inconversos con que se relacionaba
estaban cabalmente preparados para ser escépticos y agnósticos.
Toda su vida estuvo muy consciente de que el mundo se opone al
cristianismo en el terreno intelectual. Cada vez que hablaba de Cristo
con alguien, la persona le planteaba, en forma ineludible, algunas de
las objeciones que él mismo se había formulado antes. Por eso le
9
Apologética
parecía inconcebible que un pastor pudiera ministrar sin haber en-
frentado la misma clase de oposición.
Estos dos hombres estaban comprometidos en dos ministerios
diferentes, ambos importantes y necesarios. El del pastor se enfo-
caba en la evangelización, en cambio el joven era usado por Dios
en un peculiar ministerio de preevangelización, en el cual antes que
intentar llevar a la persona a Cristo, eliminaba lo que le obstaculiza-
ba creer. Más que predicar la Palabra, invertía tiempo razonando
para explicar por qué las objeciones carecen de fundamento. En
vez de pedir el compromiso espiritual inmediato, procuraba el acuerdo
intelectual en aspectos que deben ser comprendidos antes de poder
aceptar el evangelio.
Si alguien no cree, por ejemplo, que Dios existe y puede obrar
milagros, no tiene sentido que le digan que Dios levantó a Jesús de
los muertos, porque eso es un milagro, ¡y bien grande! No toda la
gente plantea preguntas de esta clase, pero cuando lo hacen nece-
sitan recibir respuestas antes de poder creer. A veces, antes que
podamos hablar del evangelio, tenemos que allanar el camino, eli-
minar los obstáculos y responder las preguntas que impiden que la
persona acepte al Señor. El siguiente cuadro aclara las diferencias
entre la evangelización y la preevangelización.
10
La necesidad de responder a todos
Por lo tanto, la evangelización y la preevangelización son mi-
nisterios distintos. Sabemos que la Biblia nos dice que evangelicemos,
pero ¿qué ocurre con la preevangelización? ¿Es solo para unos
pocos genios especialmente dotados o deberíamos efectuarla to-
dos? ¿Tenemos, en realidad, que responder a toda persona? Hay
tres razones sencillas que explican por qué necesitamos
involucrarnos en la preevangelización.
LOS INCONVERSOS PLANTEAN BUENAS
PREGUNTAS
Las objeciones que los inconversos plantean casi nunca son
triviales. A menudo se enfocan directamente al corazón de la fe
cristiana y desafían sus propios fundamentos. Si los milagros no
son posibles, entonces ¿por qué creer que Cristo era Dios? Si Dios
no puede controlar el mal, ¿es en realidad, digno de adoración?
Enfréntelo: Si tales objeciones no tienen respuesta, mejor creamos
en cuentos de hadas. Estas son preguntas razonables que merecen
respuestas razonables.
NOSOTROS TENEMOS BUENAS RESPUESTAS
La mayoría de los escépticos oyen solo las preguntas y creen
que no hay respuestas. Sin embargo, en realidad tenemos grandes
respuestas para sus preguntas. El cristianismo es verdadero. Eso
significa que la realidad siempre estará de nuestra parte y que solo
tenemos que encontrar la prueba apropiada para responder cual-
quier pregunta. Afortunadamente, los pensadores cristianos han
contestado esas preguntas incluso desde los tiempos de Pablo, y
podemos recurrir a su sapiencia para ayudarnos a encontrar las
respuestas que deseamos.
11
Apologética
DIOS NOS MANDA QUE LES CONTESTEMOS
Esta es la razón más importante. Dios nos ordena hacerlo. En
1 Pedro 3.15 leemos: «Santificad a Dios el Señor en vuestros cora-
zones, y estad siempre preparados para presentar defensa con
mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de
la esperanza que hay en vosotros».
Este pasaje afirma varias cosas importantes. Primero, dice que
debemos estar preparados. Puede ser que nunca nos crucemos
con alguien que formule preguntas difíciles acerca de nuestra fe,
pero, de todos modos, debemos estar listos por si se presenta la
ocasión. Estar preparados no es solo tener a disposición la informa-
ción correcta, sino también una actitud dispuesta y el anhelo de dar
a conocer a otros la verdad que creemos.
Segundo, tenemos que presentar defensa a los que formulen
preguntas. No esperemos que todos necesiten preevangelización,
pero cuando la gente la requiera, debemos ser capaces y estar
dispuestos a darles respuestas.
Por último, cuando respondemos, vinculamos la preevangelización
con el establecimiento de Cristo como Señor de nuestros corazones.
Si Él es realmente el Señor, debemos obedecerlo «derribando argu-
mentos, y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios,
y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo» (2
Corintios 10.5). En otras palabras, debemos confrontar estos asuntos
tanto en nuestra mente como en los pensamientos que expresan otras
personas, lo que constituye el impedimento para conocer a Dios. La
preevangelización trata, precisamente, de eso.
Sin embargo, ese pasaje no es el único que manda
preevangelizar. Judas 3 también exhorta: «Amados, por la gran so-
licitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación,
me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis
ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos».
Judas escribe a gente atacada por falsos maestros y tenía que ani-
12
La necesidad de responder a todos
marlas a proteger la fe tal como fue revelada a través de Cristo. En
el versículo 22, Judas expresa una declaración significativa en cuanto
a la actitud que debemos tener cuando dice: «A algunos que dudan,
convencedlos».
También hay un pasaje en Tito que requiere que el liderazgo de
la iglesia conozca las evidencias cristianas. Cualquier anciano de la
iglesia debe ser: «Retenedor de la palabra fiel tal como ha sido
enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y
convencer a los que contradicen» (1.9).
Pablo, en 2 Timoteo 2.24,25, también nos indica cuál debe ser
nuestra actitud en este obrar: «Porque el siervo del Señor no debe
ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, su-
frido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá
Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad». Cual-
quiera que intente responder las preguntas de los inconversos segu-
ramente será maltratado y tentado a impacientarse, pero nuestro
objetivo principal es que puedan llegar a conocer la verdad de que
Jesús murió por sus pecados. Con una tarea tan importante entre
manos, no debemos descuidar la obediencia a este mandamiento.
PERO, ¿QUÉ ACERCA DE...?
Sin duda, algunos ya habrán pensado en varias razones por las
que no tenemos que comprometernos en la preevangelización. Al-
gunas hasta parecen ser «bíblicas». No hay manera en que poda-
mos responder a todas esas objeciones, pero hay unas cuantas,
muy comunes, que merecen un momento de atención.
«LA BIBLIA DICE: NUNCA RESPONDAS AL NECIO DE
ACUERDO CON SU NECEDAD»
Estamos de acuerdo con Proverbios 26.4. También lo estamos
con el versículo que sigue: «Responde al necio como merece su
13
Apologética
necedad, para que no se estime sabio en su propia opinión» (26.5).
Ese pasaje nos enseña que debemos ser cuidadosos respecto a
elegir cuándo y cómo enfrentar las ideas falsas, a menos que el
Libro de los Proverbios haya sido obra de un loco.
No alegue con alguien que no escucha razones, pues será tan
necio como esa persona. Pero si es capaz de mostrarle lo erróneo de
su pensamiento en una manera que le resulte comprensible, quizás esa
persona busque la sabiduría de Dios antes que confiar en sí mismo.
«LA LÓGICA NO ES VÁLIDA. NO PUEDE DECIRNOS NADA
ACERCA DE DIOS»
Lea esto con mucho cuidado. Dice que la lógica no trata estos
asuntos. Pero la declaración sobre estos asuntos es lógica ya que
establece ser cierta mientras que su opuesto es falso. Esa afirmación
es la base de toda lógica y se llama: la ley de la no contradicción.
Para decir que la lógica no tiene que ver con Dios, uno debe
aplicársela a Dios en esa misma declaración. De modo que la lógi-
ca es ineludible. Uno no puede negar la lógica con las propias pala-
bras a menos que lo asevere con esas mismas palabras. Es innega-
ble. Cuando una verdad no puede negarse, debe ser verdadera. De
manera que esta objeción es falsa. La lógica puede decirnos algu-
nas cosas de Dios. Por ejemplo: como Dios es verdad, no puede
mentir (Hebreos 6.18). La lógica es una herramienta útil para des-
cubrir la verdad y puede usarse efectivamente con los inconversos
que no creen que la Biblia es revelada por Dios.
«SI LA PREEVANGELIZACIÓN ES BÍBLICA, ¿POR QUÉ NO
VEMOS QUE SE PRACTICARA EN LA BIBLIA?»
Es una buena pregunta. Puede ser que no la busquemos o no la
reconozcamos cuando la vemos. Moisés preevangelizó. El primer
capítulo de Génesis confronta claramente los relatos míticos de la
14
La necesidad de responder a todos
creación conocidos en su época. Elías lo hizo. Toda la escena que
transcurre en el Monte Carmelo con los profetas de Baal está con-
cebida para mostrar la superioridad de Yavé. Jesús lo hizo. Su en-
cuentro en el pozo con la mujer es un buen ejemplo de enfrenta-
miento con las barreras sociales, religiosas y morales que se levan-
tan ante la fe.
Pablo lo hizo bastante. Al menos, en cuatro ocasiones (Hechos
14.8-18; 17.16-34; 24.5-21; 26.1-29), lo vemos que expone y de-
fiende la fe ante los inconversos de diferentes trasfondos religio-
sos. Además, están los mandamientos que hemos examinado y las
múltiples ocasiones en que los autores del Nuevo Testamento con-
frontan en sus escritos a los falsos maestros. Hay muchos ejem-
plos de preevangelización a través de todas las Escrituras, a medi-
da que Dios ha ido llegando al mundo con el mensaje de su amor.
Los inconversos tienen buenas preguntas. El cristianismo tiene
buenas respuestas. Y Dios nos ha dicho que les demos las respues-
tas que están buscando. No todos plantean preguntas filosóficas
profundas, y Dios nunca nos garantiza el éxito. El éxito es Su nego-
cio. Pero nos ha dicho que estemos preparados. Justamente de eso
trata este libro.
15
2
PREGUNTAS ACERCA DE DIOS
La existencia de un Dios personal y moral es el fundamento de
todo lo que creen los cristianos. Si no hay un Dios moral no hay un
ser moral contra quien pecar; por lo tanto, no se necesita salvación.
Más aún, si no hay Dios, sus actos (milagros) no pueden existir, y
los relatos acerca de Jesús solo pueden entenderse como ficción o
mitos. Por lo tanto, la primera pregunta a tratar en la
preevangelización es: «¿Existe Dios?» La segunda está muy rela-
cionada con la anterior: «Si existe, ¿qué clase de Dios es?»
En este capítulo contestamos ambas preguntas. En el tres, re-
visaremos las cuestiones referentes a otros dioses.
¿EXISTE DIOS?
ARGUMENTOS A FAVOR DE LA EXISTENCIA DE DIOS
Tradicionalmente se usan cuatro argumentos básicos para pro-
bar la existencia de Dios: cosmológico, teleológico, axiológico y
ontológico; vocablos técnicos que definimos así: argumento a partir
de la creación (cosmos significa creación); argumento a partir del
diseño o propósito (telos significa propósito); argumento a partir de
la ley moral (axios significa juicio); y, el argumento a partir del ser
(ontos significa ser).
Historia del argumento a partir de la creación
Pablo dijo que todos los hombres conocen acerca de
Dios «porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto,
pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él,
su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles
17