Misiones de
Misiones de
Summary
Donwa vivió una vida de sufrimiento. Entre el acoso implacable en la escuela y el desprecio
en su propio hogar, su existencia fue un tormento constante... hasta que una noche, todo
acabó en un callejón oscuro, bajo los puños de aquellos que tanto lo odiaban.
Despertó en un mundo desconocido, en un cuerpo que no era suyo. Ahora es una criatura
extraña, con garras, escamas oscuras y una fuerza que jamás tuvo en su vida pasada. Un
monstruo en un mundo donde la ley del más fuerte lo gobierna todo.
Sin un hogar al que regresar y sin nada que lo ate a su antiguo yo, Dowan decide algo: esta
vez, vivirá para sí mismo.
Guiado por un enigmático sistema de misiones y rodeado de criaturas y guerreros que ven en
él un enemigo o un aliado, explorará este mundo con un solo propósito: ser más fuerte,
dominar su nueva forma y encontrar su propio significado en esta segunda oportunidad.
Notes
He decidido crear otra historia, otro fanfic. Pero esta vez de Pokémon, porque, realmente,
nunca he escrito una sobre ello. Tampoco soy un experto en Pokémon o algo por el estilo.
Sí, conozco a algunos Pokémon y el tipo que son al igual que sus variantes y ataques. Pero no
soy un experto como tal. He jugado un par de juegos antes, algunos originales y uno que otro
hackroom, pero al final, no conozco por completo la naturaleza de estos.
Y aunque en esta historia buscaré el lado turbio de ellos (algunos, ojo, no todos), pienso
seguir más o menos algunas cosas del anime.
I- La historia está ubicada a mitad de Pokémon XYZ el punto en el que Ash ya tiene a todo
su equipo evolucionado.
III- ¿Sabes cómo es el sistema gacha de Solo Leveling? Habrá algo parecido, solo estoy
tomando prestado el Sistema de misiones y ya, no habrá invocaciones de sombras o algo
así...Por ahora.
Capítulo 1: Ascenso.
_________
La base del Team Flare permanece oculta bajo tierra, una fortaleza de acero y tecnología
avanzada, lejos de los ojos curiosos del mundo exterior. Pasillos iluminados por luces rojizas
se extendían como un laberinto, patrullados por reclutas de uniforme carmesí.
En la sala principal, una gran pantalla proyectaba datos en tiempo real. Frente a ella, un
hombre de cabellera naranja ardiente observaba con calma, con los dedos entrelazados sobre
el mentón. Lisandro.
¿El experimento está listo? —preguntó con voz grave, sin apartar la vista de la pantalla.
—S-Sí, señor. Hemos logrado estabilizar la energía, pero aún hay riesgos. Este poder... no es
algo que podamos controlar del todo.
—El control no siempre es necesario. A veces, basta con saber hacia dónde dirigir el caos.—
Cuerpo del tamaño de un Arcanine, garras oscuras y pequeñas garras que se unían a su
alrededor. Una cola larga, de dragón, con apéndices negros recorriendola por completo.
No tenía los ojos abiertos, pero aún se podía ver las comisuras de sus cuatro ojos; dos en cada
lado.
Miro la pantalla; signos vitales estables. Luego miró el resto de la sala, algunos otros estaban
sentados como él; monitoreando a la criatura. Otros estaban alrededor de la cápsula anotando
quien sabe que en sus portapapeles.
Sus ojos volvieron nuevamente a la cápsula en la sala, el líquido verde que contenía un
intento de vida daba un aire de morbosidad en el lugar. Al menos, en su humilde opinión. La
criatura, porque él mismo piensa que no debería ser llamado Pokémon, era cuadrúpeda; con
extremidades largas y tonos de pelaje celeste con rojo. No era excesivamente grande, solo era
comparable con un Arcanine adulto.
¿Y no es eso grande?
D-166 , como habían decidido llamarlo, estaba encerrado en la cápsula, rodeado por varios
tubos de intravenosa y un equipo de seguridad custodiando las puertas.
Suspiro y concentró su mente y ojos en el panel nuevamente. Esa cosa no podría escapar,
¿Verdad?
Fue tan solo un instante, se había agachado en su silla para recoger un bolígrafo caído, y sin
querer presionó un botón cualquiera. No le había tomado importancia. Después de todo, era
solo un botón más del montón.
Grave error.
D-166 se irguió sobre sus patas con su cuerpo mojado, con sus garras flotando rigurosamente
con un aire siniestro a su alrededor. Sus garras se plantaron con dureza en el suelo y sintió
qué sus ojos, de un negro profundo, miraban a través de su alma y la del resto de
guardias/Pokémon en la sala. D-166 dió un paso tembloroso, con una de sus garras flotando
frente a él.
A penas tuvo tiempo de registrar la acción, antes de que un dolor recorriera su cuerpo, su
carne ardiendo junto a la sensación de perder una pierna. Cayo al suelo con un ruido sordo,
mordiéndose el labio para ahogar el dolor. Podía sentir como el resto de su cuerpo se
entumecía al tratar de arrastrarse. Miró hacia abajo, su pierna izquierda faltante.
Gruñó en voz baja, mitigando el dolor. Luego, a pesar de que su cuerpo oponga resistencia,
gire para ver a donde estaba antes D-166.
Se arrepintió.
Sintió la bilis subir por su garganta, pero se obligó a tragar grueso. Cuerpos con cabezas
partidas a la mitad o atravesados en su pecho ya hacían tirados en el suelo. Con Pokémon
tratando de hacerse más pequeños en las esquinas por el miedo. Sus ojos demostraban un
miedo genuino que no había visto antes.
Escucho un estruendo más adelante, eso lo hizo regresar en sus sentidos. Antes de escuchar
un ruido metálico encima suyo y que un dolor indescriptible lo atrapara.
——○——
Corrió con fuerza por el bosque, las nubes de tormenta ocultando el cielo, el viento azotando
su cuerpo.
La tormenta comenzó con intensidad. Gotas de lluvia golpeaban con ferocidad su pelaje, su
espalda, su rostro. Truenos. Rayos. El estruendo lo rodeaba.
Y entonces...
Luego reaccionó.
Crearon conciencia.
Azul.
Un iris azul apareció en la oscuridad. Parpadeo. Con el cuerpo entumecido por el impacto del
trueno.
— ¿Qué...? —
La conciencia lo toca como un balde de agua helada. Primero en pedazos. Luego todo de
golpe.
Gruñó en voz baja, llevándose una mano al rostro. Recuerdos que no eran suyos y
sensaciones por igual estaban entrando.
El pánico subió por su garganta como una ola imparable. Baja la mirada.
¿Por qué sentiste confusión? Este era su cuerpo. D-166 gruño al sentir como algo, alguien,
se apoderaba de su cuerpo.
Parecía un perro mutado. D-166 se sacudió con fuerza; la lluvia y el dolor lo recorrieron.
Esa voz en su cabeza era inquietante.
Tembló. Trató de levantarse. Su cuerpo entero vibraba. Cada movimiento era torpe.
Tropezó.
Su cabeza zumbaba como si un enjambre viviera dentro. Como si algo estuviera dentro. Por
un momento llegó a pensar que seguía en aquel tubo de cristal en esa cueva metálica. .
Con la lluvia arremetiendo contra él, se acercó tambaleándose hasta un pequeño charco. Se
asomó para ver su reflejo.
Hocico alargado.
Cuatro ojos.
Orejas puntiagudas.
Garras.
¿Por qué se molestó por su apariencia? Así lucía él. D-166 gruño para sus adentros. ¿Acaso
sientes hambre?
Truenos.
Aleteos.
Voces.
¿Porque le dolia la cabeza de esa forma? Eran como agujas clavándose en su cabeza al
tratar de pensar en este lugar. A D-166 no le gustó.
Criaturas pequeñas y medianas corriendo entre la vegetación. Algunos volaban por encima de
su cabeza. Otros se escondían.
Sus patas temblaron. Su pecho se presiona como si un puño invisible lo aplastara desde
dentro.
Todo giraba.
No puedo respirar.
D-166 se congeló por un momento. Tratando de luchar contra el zumbido en su cabeza que
crecía en cada segundo, tratando de robar su cuerpo.
El suelo giraba.
Sólo él.
Huyó con pasos rápidos —más rápidos de lo que jamás pensó que podía— pero a la vez
torpes, temblorosos.
¿Porqué corría? D-166 trato inutilmete de luchar contra la voluntad que se cernia sobre él.
La tormenta rugía sobre su cabeza, como si el cielo mismo gritara con él.
Tropezó.
Cayó al lodo con un sonido húmedo y sucio, deslizándose entre raíces y hojas mojadas.
Respirando.
Viviendo.
Sus patas resbalaban sobre el lodo, y cada músculo gritaba por un descanso que no se le iba a
conceder.
Se congeló.
No humanos.
Eran cinco. No, seis. Pequeños Pokémon ocultos entre los arbustos, temblando. Pero no por
la tormenta.
Por él.
Uno de ellos —una especie de pequeño roedor eléctrico— retrocedió al verlo. Soltó un
chillido.
Como si estuviera viendo un monstruo.
Era uno.
Su garganta tembló, emitiendo un gruñido bajo, gutural, involuntario.
Los Pokémon huyeron.
D-166 siente hambre. Estar encerrado era un problema, y no comer nada igualmente.
Él rugió.
No.
Si.
Se frenó en seco.
La garra se estrelló contra el suelo a centímetros del rostro del pequeño, dejando un surco de
barro y chispas.
Él se quedó quieto.
Temblando.
Sintió que toda fuerza de voluntad abandonaba su cuerpo y mente. Dejo en silencio que la
garra de retractara en su cuerpo. Se sentó en el barro, sin importarle la creciente suciedad en
su pelaje. Alzo la cabeza y dejo que la lluvia golpeó su rostro mientras cerraba los ojos. Se
tomó un momento para soltar lágrimas silenciosas.
Pero vivía.
Su mente comenzaba a perderse entre las grietas de esa línea de pensamientos. El tipo de
pensamientos que no llevan a ningún lado... excepto a un colapso total.
Flotando en el aire, como si se burlara de todo lo que estaba sintiendo, una especie de
pantalla translúcida brillaba frente a su rostro. Letras flotaban en ella, vibrando levemente
con un zumbido digital.
D-166 se quedó mirando la entidad brillante de azul. Sin forma física, una representación
nítida.
Se quedó mirándola.
Parpadeó.
Quieto, en silencio. Solo el ruido de la lluvia y truenos le recordaban que todo aquello era
real. Las lagrimas se mezclaban con la lluvia sin su permiso.
[CARGANDO...]
Miro fijamente la pantalla, parpadeando ante esta. Subió la cabeza para ver al cielo
nuevamente.
¿Qué diablos era eso? Las palabras se quedaron atascadas en su garganta. Volvió a mirar la
pantalla cuando este título para llamar su atención.
D-166 frunció el ceño. Si es que aún podía fruncir el ceño con esa cara.
La miró fijamente, parpadeando con incredulidad. ¿En serio? ¿Una interfaz flotante? ¿Era eso
lo que seguía? ¿También iba a desbloquear una skin alternativa si completaba la misión del
día?
¿ Qué clases de palabras eran esas? D-166 trató de tomar el control de su propio cuerpo;
fracasando. La entidad esbozo una sonrisa ante eso.
Subió la cabeza para mirar el cielo, como si esperara que alguna deidad gamer le estuviera
observando desde arriba. "Muy gracioso", pensó. "¿Qué sigue? ¿Un mapa interactivo?
¿Puntos de experiencia?"
Genial. Pensó D-166. Ahora era el protagonista de un RPG con traumas y pensamientos
existenciales.
Abró la boca—o lo que ahora era su hocico—para decir algo, lo que fuera. Tal vez un "¿qué
carajos es esto?", o un clásico "pausa, necesito el manual". Pero no. Las palabras se quedaron
atrapadas en su garganta como un mal bicho en un juego sin parches.
¿Qué eran esas palabras que salían de su hocico? No entendía. La entidad de azul se movió,
a abarcar más espacio, empujándolo más hacia la oscuridad. Su sonrisa solo crece; el
zumbido igual.
Una voz susurro algo en su cabeza. Una identificación; un nombre, como lo llamaban los
humanos. No lo entendió.
D-166 sacudió la cabeza de lado a lado con pasos temblorosos hacia atrás. Los truenos
resonaron con intensidad en las nubes. Sus garras flotantes se movieron sin rumbo alguno.
Piso la tierra con fuerza, gruñendo ante el regreso del zumbido.
[SINCRONIZANDO: 40%]
D-166 gruñó, la luz presencia azul lo empujaba cada vez más hacia la oscuridad.
[SINCRONIZANDO: 80%]
D-166 dió pasos hacia atrás; la presencia lo empujaba cada vez más hasta el fondo.
D-166 sacudió el cuerpo, temblando por el creciente dolor y frió que comenzaba a sentir al
estar bajo la lluvia. Cerró los ojos, gruñendo y gimoteando.
D-166 se sintió como era alejado por completo. Empujado y encerrado nuevamente, solo
llegando a ver como la luz azul lo consumía todo.
Donwa abrió los ojos, jadeando. Sentia el cuerpo entumecido. La cabeza le daba vueltas y, en
general, todo daba vueltas.
¿En qué lugar estaba? Era consciente de que estaba en un bosque, en algún lugar de su
ciudad, quizás. Trato de tocar su rostro con una mano, lo hizo, excepto que no era una mano.
Con la lluvia arremetiendo contra él, se acercó tambaleándose hasta un pequeño charco. Se
asomó para ver su reflejo.
Hocico alargado.
Cuatro ojos.
Orejas puntiagudas.
Garras.
Antes de que pudiera reaccionar, la pantalla azul-de la que creyó que era una alucinación-
brilló para llamar su atención.
— ¿Qué diablos? — Murmuro en voz baja, mirando la pantalla. ¿Solo dio un salto y ya
estaba en un videojuego? Genial.
[INICIANDO EL TUTORIAL...]
Donwa se estremeció ligeramente, meneando la cola ante el susurro en su cabeza. ¿Esta era la
parte de alucinación?
N/A: ¡Capítulo Terminado!
Querido lector.
Originalmente, la idea era escribir un capítulo para mostrar un poco de historia de fondo para
el protagonista. Pero decidí simplemente escribir el primer capítulo de este modo.
Por cierto, ¿Puedes entender la pista que hay entre diálogos y frases? Si es así, déjalo saber en
los comentarios. De no ser así, prepárate para seguir leyendo.
Se desprecia: zHaru.
Tutorial.
Chapter Summary
Donwa entra en escena, inexperto y desarmado, solo para descubrir que morir… no es el
final. Reviviendo gracias al misterioso sistema, comienza a comprender que cada fallo le
enseña algo. Que el mundo en el que está no es un simple juego.
Chapter Notes
Sus ojos estuvieron fijos en la pantalla. Como si eso fuera una alucinación generada por su
mal día, como si nada fuera real.
Desde el barro que siente en sus patas hasta la lluvia que caía por su pelaje. Todo era real.
Antes de que pudiera continuar con su linea de pensamientos, la pantalla del sistema
reapareció frente a su rostro con un mensaje nuevo, la aparición repentina lo hizo
sobresaltarse un poco.
—¿Eh? Espera, ¡¿Cómo que misión?! — Dijo, abriendo ligeramente los ojos con sorpresa,
¿En serio eso...?
La lluvia se sintió más pesada, más de lo normal. Los árboles se cernían de forma extraña,
como si se movieran con vida propia. El suelo bajo sus patas se sentía antinatural, en
general; todo se sentía así; anormal.
La pantalla, que brillaba en su reconfortante azul celeste, ahora tenia ese mismo brillo
pero...raro.
Su expresión se mantuvo confusa por un momento. Y no, no le temblaban un poco las patas...
Y tampoco había movido la cola hasta pegarla en su pata. Estaba confuso. Eso era todo.
Escucho lo que parecía un grito— o lo que suponía que era uno— cerca de donde estaba. Se
sobresalto un poco y giro la cabeza hacia la dirección del sonido, que, sonaba
sospechosamente demasiado cerca.
[Detalles: Derrota o hiere al Pokémon Tipo Normal, Ursaring, y salva a los refugiados.
— ¿Qué cosa?— Murmuró, leyendo atentamente las palabras. ¿Qué era lo que perdía?
Pokémon. Conocía a las criaturas y como eran, después de todo, ¿Quién no conocía a esas
iconícas criaturas? El problema respaldaba en que...
— ¿Qué es un Pokémon?— Dijo, poniendo los ojos en blanco, mirando la pantalla con su
mejor—o la que podía dar— cara de poker.
El silencio que lo siguió fue... incómodo. Como si la pantalla estuviera poniendo cara de
escepticismo.
Sí, claro.
La pantalla ya no tenía texto alguno, salvo los tres puntos que estaban ahí, no había nada ya.
¿Acaso se congelo o qué?
Volvió a mirar la pantalla, esperando algo, cualquier cosa. Entonces, brillo nuevamente. Esta
vez, con una imagen de una especie de osito pequeño color marrón.
[Esto es un Pokémon]
Cuando se dio la vuelta para ir hacia la dirección del sonido, no se percato que la pantalla
mostraba otra imagen con ese mismo osito, pero grande. Con lasa letras de su descripción en
rojo.
Corrió tan rápido como sus patas se lo permitían… y como el peso de su compañero en la
espalda también se lo permitiera. Aunque chocó con algunas ramas, no dejó que eso lo
detuviera. Solo importaba alejarse del furioso Pokémon que los perseguía.
El pañuelo en su cuello, antes limpio y brillante, ahora estaba atado alrededor del brazo del
Frogadier que cargaba, improvisado como vendaje en la herida.
Tropezó con una rama, cayendo al barro. Pero no se detuvo. Se levantó de inmediato y siguió
corriendo, mientras el rugido detrás suyo se hacía más fuerte.
—¡Al menos podrías ayudar, maldito pajarraco! —gritó, alzando la vista hacia el Fletchling
que volaba por encima de ellos.
—¿¡Ah!? ¡Deberías sentirte afortunado de que te esté ayudando a huir de ese loco! —El tipo
volador lo miró de reojo, gruñendo en voz baja e ignorando el resoplido del Riolu.
Este gruñó también, bajito, y aceleró el paso, escabulléndose entre los árboles.
Sin embargo, su pata golpeó una roca oculta entre la maleza. Tropezó de lleno y cayó al barro
con fuerza, envolviendo sus brazos alrededor de su amigo para protegerlo del impacto.
A pesar de eso, escucho el leve quejido de dolor de su amigo. Riolu sacudio la cabeza, medio
mareado por el impacto y algo desorientado por el miedo. Sus oidos zumbaron y abrazo con
fuerza a su compañero para esquivar un [Hiperrayo] que estallo en su antigua posición. El
Fletching, que antes los guiaba para alejarse, se habia escondido en algún lugar.
Bastardo.
Antes de soltar alguna maldición en voz alta, tuvo que volver a hacerse un lado para esquivar
nuevamente. Cuando giró la cabeza para ver la dirección del ataque, palidecio.
El barro se pegaba a su pelaje como una segunda piel. Riolu apretó los dientes, levantándose
a duras penas mientras su cuerpo temblaba, cubierto de moretones y rasguños. Mantenía a su
compañero inconsciente entre los brazos, pero ya no podía correr.
Allí estaba.
Ursaring.
Gigante. Respiración pesada. Ojos rojos como brasas. Espuma blanca colgaba de sus
colmillos.
Riolu no retrocedió. Bajó al Frogadier con cuidado, apenas rozándolo con una garra
temblorosa. Luego se irguió, con las patas temblando pero los puños firmes.
Una garra descendió. Él la esquivó por centímetros, rodando por el lodo. Saltó hacia el
costado de la bestia, el barro resbalando de sus patas cuando lanzó un [Puño Drenaje] directo
al flanco.
Ursaring gruñó. Un zarpazo como un martillo le abrió el aire. Riolu lo esquivó por puro
instinto, apenas aterrizando sobre una raíz antes de lanzarse hacia atrás con un [Doble
Equipo], dejando imágenes ilusorias entre el humo y la niebla.
Riolu respiraba con dificultad. Su costado sangraba. Su visión se nublaba por el golpe
anterior. Se impulsó con una última gota de energía: Velocidad Extrema.
Respiro profundo, flexiono las piernas y se lanzo hacia el frente, [Puño Drenaje], nuevamente
activo.
Oh.
El mundo giro rápidamente cuando fue golpeado contra un árbol, que se rompio por el
impacto. Su cuerpo se deslizo por este. Trato de ponerse de pie , fallando.
Ursaring atacó nuevamente. Sus [Garras Acero] brillando entre la oscuridad de la lluvia.
Apenas tuvo tiempo para registrar el movimiento, antes de ser tirado hacia un lado y un dolor
agudo invadiera su costado.
Y luego más.
Para cuando pudo apoyar su espalda contra una roca, Ursaring ya estaba caminando hacia el
froggadier para terminar lo que empezó.
No.
Le ardia el cuerpo. Le temblaban las patas. Le ardia la mente. Le ardia todo. La sangre
goteaba en el barro. Pero por encima de todo, habia algo más.
Las ondas de su aura se torcieron, se concentraron como una espiral violenta que crecía en su
pecho. El mundo se volvió rojo. No pensó. No midió.
Solo actuó.
Riolu gritó desde lo más profundo de su garganta, sus ojos encendidos como fuego azul
mientras se lanzaba hacia el Ursaring.
Una energía oscura envolvió su puño. No era como Puño Drenaje. No sanaba. No era
defensa. Era otra cosa.
[Venganza]
El golpe impactó de lleno en el torso del Ursaring. Una explosión de energía se dispersó entre
ambos. El gigantesco oso dio un paso atrás, resoplando, sorprendido por el golpe.
Pero no cayó.
Y antes de que Riolu pudiera preparar otro ataque, la garra del Ursaring lo atrapó de frente.
Un zarpazo seco lo levantó del suelo, lanzándolo como un muñeco de trapo.
El dolor fue inmediato. El aire escapó de sus pulmones. Su cuerpo golpeó contra el barro por
segunda vez.
Ursaring avanzó, tambaleante, frotándose el costado donde lo había golpeado. Sí, lo había
sentido. Pero no fue suficiente.
Ni cerca.
Riolu trató de levantarse, pero sus patas cedieron bajo su peso. Solo pudo observar cómo la
silueta del monstruo se acercaba... y el rugido que siguió pareció borrar el mundo por
completo.
Algo azul golpeó el costado de Ursaring, obligándolo a retroceder unos pasos, más por
sorpresa que por daño real.
—Tsk... ¿otro más? —gruñó Ursaring, sacudiendo los hombros con indiferencia mientras se
erguía por completo—. ¿Qué diablos eres?
Sus ojos recorrieron con desdén la silueta bestial de Donwa. Orejas puntiagudas. Garras.
Escamas. ¿Quizás un nuevo Pokémon en la región?
—No importa. —Chocó sus garras entre sí, el sonido metálico quebrando el aire—. Aparta de
mi camino. Esos pequeños exploradores deben morir.
Donwa no respondió. Solo avanzó un paso. Un solo paso que bastó para que el suelo crujiera
bajo sus garras.
Donwa no tenía expresión. Pero algo en su postura —una tensión contenida, una energía
vibrando bajo la piel— hacía que incluso la tormenta guardara silencio por un instante.
La leve vacilación que mostro fue suficiente para que Ursaring atacara. Aunque reacciono a
tiempo para esquivar, eso no impidio que recibiera un golpe en su costado.
Las garras en su costado brillaron con un tono oscuro, flotando a la espera de ordenes para
atacar. Donwa miró al Ursaring que se acercaba con una sonrisa siniestra.
Se movio, lanzandose hacia el Ursaring con las garras al frente. El golpe impacto, lo hirió.
Ursaring retrocedio por el impacto, las marcas de garras en su costado—justo donde el riolu
habia golpeado antes— sangraron levemente. Haciendolo gruñir con ira hacia él.
Oh.
[HAS MUERTO]
— — — —— — —
¿Qué diablos? Donwa miró la pantalla del sistema. Tenía los mismo tres puntos de antes justo
antes de que se fuera. Sacudió la cabeza, ¿Qué estaba pasando?
La pantalla brilló. Al leer el mensaje, sintió un nudo en el estomago y una sensación de Dejá
vú lo invadió.
[Esto es un Pokémon]
La misma image. El mismo texto. Como una pesadilla que retrocedía en bucle. Sintió que su
garganta se apretaba al ver la misma imagen del pequeño Osito nuevamente. Dió un paso
atras, antes de que la pantalla brillara con nuevos mensajes.
[Ursaring, linea evolutiva.
Nivel de peligro: 5]
[Detalles: Derrota o hiere al Pokémon Tipo Normal, Ursaring, y salva a los refugiados.
—¿Q-Qué? Pero si yo..— La realidad lo tomo por sopresa. Había herido a Ursaring, aunque
fuera leve, en el costado.
Donwa sintió un peso extra en sus hombros. Como si todo a su alrededor se moviera de
forma siniestra.
¿Eh?
[Rueda cargada.]
[Descripción: Genera energía en tus garras y siendo lanzado girando como una rueda a
gran velocidad.
Efecto: Ataque de embestida cargado, ideal para entrar o salir de combate
rápidamente. Puede derribar o empujar enemigos por el impacto.]
Apenas y leyó el mensaje. Sacudió la cabeza y miro hacia la dirección de los sonidos de
batalla. Trago gruezo, y volvio a mirar la pantalla, esperando algo; cualquier cosa.
Apenas proceso que estaba de pie frente al Riolu, antes de tener que lanzarse al suelo y rodar
para esquivar un [Hiperrayo].
El haz de energía cruzó el aire, abrasando árboles a su paso. El rugido del impacto sacudió el
suelo. Donwa sintió el calor pasar tan cerca que pudo haber jurado que le quemaba la
espalda.
Se incorporó con dificultad, jadeando. Ursaring bufaba con furia, la boca aún humeante. El
ataque lo había dejado inmóvil por unos segundos. Un respiro. Aprovechalo.
Riolu finalmente reaccionó. Dio un paso. Luego otro. Y entonces giró sobre sus patas,
corriendo hacia el arbusto donde Froggadier yacía inconsciente. Donwa lo observó con el
corazón en la garganta mientras el pequeño lo sacudía con desesperación.
El cuerpo del tipo Agua se movió levemente. No estaba muerto. Riolu lo alzó como pudo,
tambaleándose con el peso. No era fácil. No tenía la fuerza para cargarlo del todo, pero se lo
echó al hombro con esfuerzo, arrastrando las patas.
Riolu miró atrás, sus ojos brillando con miedo y determinación. Corrió. Con dificultad. Pero
no se detuvo.
Donwa apretó los dientes. No había tiempo para explicaciones. [Rueda Cargada] se activó
con un zumbido eléctrico en sus garras. Saltó hacia adelante, girando como un proyectil de
pura energía, impactando a Ursaring en el costado.
El enorme Pokémon gruñó de dolor, retrocediendo tambaleante. Esta vez lo había sentido.
—¡Vamos, vamos! —Donwa volvió a gritar. El aire le dolía en los pulmones. No sabía cuánto
más podría mantener ese ritmo, pero no podía detenerse ahora.
Riolu finalmente reaccionó. Dio un paso. Luego otro. Y luego corrió. Hacia el bosque, hacia
la oscuridad. Huyendo.
[Rueda Cargada] no se había enfriado por completo, pero no tenía elección. Donwa la
forzó. El sistema respondió con un leve parpadeo.
[Usando habilidad antes del enfriamiento completo. Riesgo de colapso físico: bajo.]
Colisionó de frente con Ursaring. Esta vez fue como chocar con una pared de piedra. Sintió
los huesos crujir, el aire escapar de sus pulmones. Pero también sintió al monstruo retroceder.
Vio la sorpresa en sus ojos.
Donwa cayó al suelo, rodando mal, torciendo una pata. Gritó. El dolor era real, demasiado
real.
Pero no murió.
El sistema parpadeó.
[Progreso actualizado.]
[Objetivo secundario completado: “Salva a los refugiados”.]
[Castigo evitado.]
Donwa rió. Una risa seca, amarga, apenas un suspiro entre jadeos. No podía creerlo. Lo había
logrado. Al menos, por ahora.
[Nota: Entre más objetivos cumplas, mayores serán las recompensas obtenidas].
[Corte Ciclónico: Las garras del usuario giran como un taladro y disparan una ráfaga
de energía cortante.
Efecto: Ataque a distancia de media potencia que puede hacer retroceder al enemigo o
causar daño en área reducida.]
La pantalla translúcida flotaba frente a sus ojos, vibrando con una tenue luz azul. Donwa,
jadeando, la miró fijamente mientras se ponía de pie con esfuerzo. Por un segundo se
preguntó si Ursaring podía verla también... pero descartó la idea tan pronto como cruzó su
mente.
Donwa apretó los dientes, la mirada clavada en el enemigo que tenía enfrente.
—Sí —susurró.
[Confirmado. Misión en curso.]
Ambos se miraron.
El suelo tembló cuando Ursaring cargó. Sus zarpas brillaban con energía acumulada. Un
[Golpe] directo. Donwa esquivó por poco, la garra rozando su mejilla, dejando una línea
ardiente.
Giró. Impactó. El golpe se sintió como chocar contra una muralla. Ursaring retrocedió medio
paso. Solo uno.
El aire se le fue de los pulmones. Crugió algo. Quizá una costilla. Quizá su orgullo.
La garra de Donwa giró y lanzó una ráfaga al pecho del monstruo. Ursaring rugió de furia, no
de dolor.
Respondió con un zarpazo. Donwa apenas lo esquivó. El suelo se rompió bajo la fuerza del
golpe.
Silencio.
Ambos sangraban.
¡Capítulo 2, terminado!
Hi, Donwa iniciando el tutorial, realmente no tenia tan bien aclarado como lo haria. Pero
luego de pensarlo y tomar notas, esto fue lo mejor que llegue a escribir. Si de casualidad
vez algún error o algo, dejamelo saber en los comentarios.
Mientras tanto, alguien más corre hacia el campo de batalla, guiado por el instinto, por
algo que no entiende del todo... pero que lo arrastra irremediablemente hacia él.
Sangre, barro y furia. Esta vez, no hay vuelta atrás.
Chapter Notes
Ya, me dejo de juegos. Se que me desparezco por una semana y un par de días. Pero, en
mi humilde defensa de este escritor, se me olvido avisar que el fic será de
actualizaciones lentas. Muy lentas. Como mínimo una semana para un capítulo, con
suerte dos.
La tormenta caía con fuerza sobre su cuerpo, con la brisa fría y húmeda recorriendo su pelaje.
Se mantuvo firme, recto, listo para el segundo asalto. El agua se filtraba en sus heridas como
agujas heladas.
Permaneció inmóvil, tan quieto como le fue posible, ignorando la incomodidad del agua en
los rasguños… e incluso los gruñidos, cada vez más intensos, del contrario.
Y él atacó.
[Rueda Cargada] se activó casi con vida propia. Su cuerpo se impulsó como un proyectil,
como una bestia furiosa compactada en un solo giro. El barro salpicó a su paso. Y su
objetivo… estaba justo en el centro de la trayectoria.
Impactó. Rápido y fuerte. El cuerpo del más grande se tambaleó hacia atrás.
Pero no es suficiente.
Apenas dejó de girar, recibió un [Garra Acero] en su costado. El golpe fue brutalmente
doloroso; juró escuchar sus costillas crujir contra el impacto del ataque y de su choque contra
el árbol.
Bastardo.
Resoplo, dispuesto tratar de ponerse de pie. Con las patas temblorosas —por el dolor, no por
miedo— , y miro a Ursaring con furia.
Apenas lo vió moverse, tuvo que usar nuevamente [Rueda Cargada], a pesar del ardor que
comenzaba a sentir, para esquivar hacia un costado. . Sus costillas protestaron con un crujido
seco ante el movimiento brusco, pero no podía darse el lujo de detenerse.
*CRACK*
Las garras flotaron con energía renovada, [Garras Sombras], brillando en toda su oscuridad.
Flexiono las patas traseras y delanteras, disparándose como un rayo hacia Ursaring,
ignorando el dolor de sus costillas y patas. Las garras brillaron con una oscuridad hermosa,
contrarrestrando contra la luz del [Hiperrayo].
La explosión sacudió los árboles cercanos. El viento se llevó el humo poco a poco… pero el
silencio no duró.
Las garras de sombra parpadeaban, como si dudaran. Como si sintieran el límite del cuerpo
que las invocaba.
No. No aún.
Las patas del titán levantaban tierra y agua con cada paso. Donwa flexionó su cuerpo —como
si su instinto hiciera lo que su razón apenas comprendía— y, con un gruñido que venía desde
el estómago, se impulsó de nuevo.
Las garras chocaron con una de Ursaring, deslizándose por el brazo del contrario en un corte
diagonal. El otro brazo del coloso descendió como una trampa, pero Donwa giró sobre una
pata trasera, dejando que el golpe fallara por centímetros. Un nuevo corte, esta vez en el
pecho de Ursaring.
El Ursaring retrocedió dos pasos… y luego lo golpeó con la espalda. Un embiste tosco,
bestial, que mandó a Donwa de nuevo contra el suelo. Su respiración se quebró en un grito
ahogado. Sintió sangre subirle por la garganta. Tosió rojo.
Estaba perdiendo.
[Límite Superado.]
[Instinto Primario: Activado.]
[Nueva habilidad (forzada) desbloqueada: Corte Ciclónico]
El viento se alzó con un rugido, girando en espiral sobre sus garras. Donwa, con los colmillos
apretados y la mirada vuelta fuego, se levantó una última vez.
Y rugió.
D-166 lo miró. Con sus propios colmillos descubiertos, sonriendo. No con orgullo, sino con
hambre.
“El recuerdo paso por su cabeza. Un cuerpo sin vida frente al de su madre...”
El eco era frío. El mismo que sintió en el laboratorio. El mismo que volvió en el primer
bucle.
El viento giraba alrededor de sus garras como si el mundo respirara por él. No sabía cómo lo
estaba haciendo. No importaba.
Lo sentía. Lo tenía.
Donwa alzó una garra. El aire giró con un silbido ensordecedor. Las heridas ardían. Las
costillas gritaban. Pero sus piernas se afirmaron en la tierra embarrada, y su cuerpo—con esa
mezcla antinatural de instinto y voluntad—se lanzó hacia adelante.
Ursaring no entendía qué estaba pasando, pero su cuerpo reaccionó. Retrocedió. Intentó
defenderse con ambas garras. Pero era tarde.
Donwa giró sobre sí mismo una, dos veces. Las garras extendidas. Un taladro de sombras y
viento.
[Corte Ciclónico]
Y luego, el silencio.
El viento se detuvo. Las sombras desaparecieron. Las garras cayeron, como ceniza tras el
incendio.
Boca abajo, apenas respirando, con la lluvia cayéndole en la espalda como si intentara
despertarlo.
Pero no había respuesta.
[Detalles: Derrota o hiere al Pokémon Tipo Normal, Ursaring, y salva a los refugiados.
Registro los escritos por un momento. Antes de soltar un suspiro cansado y dejar que su
consciencia cayera.
_________________________________
Corrió entre la maleza. Tan rápido como sus patas se lo permitían. Había dejado a su amigo
en una cueva lo bastante segura, junto al pajarraco. Ahora solo le quedaba una dirección:
hacia el lugar donde retumbó la explosión. Donde supuestamente estaba su salvador.
Era un desconocido. Un Pokémon del que no sabía nada. Podría haberlo seguido solo para
matarlo después, o quizás simplemente intervino porque Ursaring le robó la presa.
Pero también razonable... para alguien que ha sido perseguido, cazado y traicionado más
veces de las que puede recordar.
Y aun así, su cuerpo no se detenía. Como si algo en su interior lo empujara a seguir. Como si
su instinto gritara más fuerte que su razón.
¿O tal vez…?
Riolu apretó los dientes y sacudió la cabeza, apartando los pensamientos. Las ramas lo
golpeaban. La lluvia lo empapaba. El barro lo frenaba.
Pero siguió.
—¡Saca esos pensamientos! —gruñó para sí, entre jadeos. No era el mejor momento para
ellos.
El aire se volvió denso. El olor a ozono, barro y... sangre. Mucha sangre.
Riolu emergió entre los arbustos, resbalando un poco en el fango, y lo primero que vio fue la
figura del Ursaring desplomada, inerte contra la raíz de un árbol destrozado. Su silueta ya no
parecía monstruosa. Solo... grande. Demasiado grande para estar tan quieta.
Tendido boca abajo, con el cuerpo manchado por el barro y los cortes abiertos. Sus patas aún
se contraían, como si el dolor se negara a dejarlo en paz incluso inconsciente.
Riolu no supo qué hacer. Quería acercarse, pero sus patas temblaban. No por el frío. No solo
por eso.
El barro se pegaba a su pelaje, el viento le zumbaba en los oídos. Pero solo había una cosa en
su mente ahora mismo: ese Pokémon.
Ese loco que se lanzó contra Ursaring cuando ni siquiera tenía una razón para hacerlo. Ese
mismo que se quedó en pie aunque todo su cuerpo gritaba que no debía seguir. Que se
arrastró a través del dolor para golpear una vez más.
Riolu se arrodilló junto a él. Extendió la pata, dudando apenas un segundo antes de tocar su
cuello. El pulso estaba ahí. Lento. Pero constante.
—Idiota... —susurró. Aunque no había nadie que pudiera escucharlo. Tal vez ni siquiera él.
Se quedó quieto, bajo la lluvia, contemplando el rostro medio oculto en el lodo. No parecía
un héroe. No parecía invencible.
Riolu desvió la mirada, apretando los puños. El calor en su pecho era molesto. Inoportuno.
—No me mires así después... —murmuró, más para sí que para el caído—. No quiero que
creas que me debes algo. Yo tampoco te debo nada, ¿me oyes?
Se giró de nuevo, sus ojos fijándose en los cortes que atravesaban el cuerpo desu
salvador. Algunos sangraban aún. Otros se cerraban lentamente. Era casi imposible... pero
podía ver cómo la carne se restauraba.
¿Estaba... sanando?
Bajo la lluvia.
Suspiró.
Y, sin pensar demasiado en lo estúpido que era, comenzó a arrastrarlo fuera del charco. Lo
suficiente para cubrirlo con un par de ramas, con hojas y musgo. No era un refugio. Pero al
menos lo protegería un poco.
—Solo por esta vez —dijo, mientras se sentaba a su lado. No como protector. No como
protegido. Solo como alguien que se quedó—. No creas que me caes bien ni nada por el
estilo.
Hi, Donwa caído y Riolu en modo...¿ tsundere? Me inspire mucho en varios sistemas de
diversos manhwas para ver como escribía este. No se por qué, pero se me dío la gana de
escribir a Riolu así. Impulso, supomgo.
En fin. Capítulo corto, pero espero que les haya gustado. Recuerden que siempre estoy
abierto a leer sus sugerencias, opiniones y/o quejas.
Todo iba bien hasta que Froggadier decidió robar una baya.
Ahora hay un Ursaring furioso, una tormenta imparable, y una cueva llena de trauma
emocional. Riolu está harto, Fletchling es el más cuerdo (y eso es decir mucho), y
Froggadier… bueno, sigue siendo Froggadier.
Y por si fuera poco, aparece un Pokémon misterioso, todo oscuro, herido, dramático… y
sexy (probablemente).
Bayas robadas, huidas por la jungla, y vínculos que se forjan con sarcasmo y
desesperación. Todo normal por aquí.
Chapter Notes
Hi, Enzo reportando. Casi no he tenido tiempo de escribir porqué las clases me han
consumido. Además, estoy a nada de exámenes para ingreso a al Universidad. Aún así,
sacare tiempo para escribir :3
Riolu lanzó un guijarro al estanque, vencido por el aburrimiento. Sentado sobre una piedra
llana, observaba el agua con un hastío renovado.
Apoyó el rostro en las palmas de sus patas y suspiró ruidosamente, dejando caer la cabeza
entre las rodillas. Bostezó, jugueteando con las puntas del pañuelo azul que llevaba atado al
cuello. Echó una mirada de reojo al Fletchling acurrucado sobre la rama del árbol donde se
encontraba, luego volvió su atención al estanque.
Por un momento, consideró levantarse e irse. Odiaba cada segundo que su compañero seguía
sumergido.
—¿Qué tanto se limpia? Solo cayó en un charco de lodo mientras corríamos de esa...
Riolu decidió ignorarlo. Ajustó su pañuelo rojo con elegancia antes de volver a cruzar los
brazos. Froggadier bufó, luego se sentó justo a su lado.
—No, no me bajaré hasta que dejes de estar enojado conmigo —respondió Froggadier con
una sonrisa que no llegó a sus ojos. En cambio, se acomodó aún más, apoyando la cabeza en
su hombro y mirando el cielo bajo la sombra del árbol.
—No entiendo por qué sigues tan molesto... El ataque ni siquiera nos alcanzó. —dijo con voz
lastimera.
—Porque nos tiraste por una colina para escapar. ¿Recuerdas eso?
—Compañerismo, mis bolas. Eso fue intento de suicidio. Casi me partes la cola.
—Tienes suerte de tener una cola tan flexible —respondió Froggadier con una sonrisita
burlona, toqueteando la mencionada extremidad.
Riolu gruñó y se giró bruscamente, haciendo que Froggadier perdiera el equilibrio y cayera
de espaldas sobre la hierba. No fue una caída dolorosa, pero sí humillante. Froggadier
parpadeó varias veces, con expresión de ofendido, mientras Riolu volvía a cruzarse de patas.
—Haces eso y todavía te preguntas por qué estoy molesto —murmuró Riolu.
El silencio entre ambos duró unos segundos. El único sonido era el susurro del viento entre
las hojas del árbol, y el ocasional gorjeo del Fletchling desde arriba.
Froggadier finalmente suspiró. Se quedó mirando el cielo, con los brazos detrás de la
cabeza. Pensando cuidadosamente en su elección de palabras.
—Pensé que podríamos robarle una baya. Solo una. No sabía que iba a despertar tan rápido.
—Era un bicho enorme con alas. Tenía cara de "te destruyo por deporte".
—Detalles. ¿Y no fue emocionante? ¡Mira, aún estamos vivos!— Ante esa declaración Riolu
lo fulminó con la mirada
—Tú estás vivo porque yo te salvé. Y ahora tengo moretones hasta en sitios que ni los
humanos saben que existen.
Froggadier se sentó, más serio esta vez. Reconocía ese gesto de su compañero de vida, bueno,
supervivencia.
—Gracias, de verdad. Sé que la cagué. Solo... pensé que podría ayudarte a conseguir algo de
comer sin tener que cazar otra vez. Siempre haces todo tú.
Riolu se quedó en silencio. No esperaba esa respuesta. El viento sopló otra vez, más fresco
esta vez. Fletchling gorjeó una vez y voló a otra rama más alta, como si sintiera que había
presenciado suficiente drama.
Riolu miró a Froggadier de reojo. Su compañero tenía la vista en el suelo, dedos jugando con
un tallo de hierba.
—La próxima vez —dijo Riolu finalmente—. La próxima vez piensa con la cabeza, no con la
cloaca.
Froggadier sonrió, esta vez más sincero. Aunque con un ligero tinte de verguenza en su
rostro.
—Trato hecho.— Froggadier le sonrió.
Por un rato, ambos estuvieron en paz. Simplemente olvidando sus propios problemas y los
que les rodeaban. Por supuesto, antes de que Froggadier abriera la boca.
—Solo quería una baya... no sabía que estaba tan mal protegido.
Riolu lo miró de reojo, entornando los ojos. El muy desgraciado tuvo la audacia de parecer
inocente. Como si no hubiera asaltado cada árbol en un alrededor de 5 km.
—¿Y el rugido que hizo antes de volar detrás de nosotros? ¿Eso te pareció un “bienvenidos a
mi huerto”?
La escena regresó a su mente como una bofetada—tal como la que recibió del Lickitung hace
dos horas—
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Saltando desde un saliente, Froggadier había aterrizado de forma sigilosa en lo que
pensaban que era un árbol cualquiera. Había un racimo de bayas brillantes, demasiado
apetecibles. Pero ni bien la arrancó...
Todo el bosque tembló. Una sombra enorme se levantó entre los árboles con un bramido que
retumbó en sus cráneos. No hubo tiempo para ver. Solo correr.
Riolu recordó la sensación del suelo desapareciendo bajo sus patas cuando Froggadier lo
empujó por la ladera. Rodaron entre maleza, zarzas, y barro.
Y sí, sobrevivieron. Por muy poco.
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—¿Cómo demonios has estado sobreviviendo hasta ahora? —preguntó Riolu, con la mirada
fija en Froggadier.
Fue entonces cuando una voz suave pero seca vino desde arriba.
Ambos miraron al Fletchling, que seguía acurrucado en la rama como si no hubiera dicho
nada fuera de lo común.
—...¿Perdón? —preguntó Froggadier, parpadeando lentamente.
Hubo un silencio incómodo. Froggadier carraspeó. Riolu intento borrar las palabras de su
cabeza.
Riolu aún tenía una pata en la cara. Esta vez mas harto.
—Nos vamos a morir —repitió, esta vez más lento, con un deje resignado.
—Oye, podríamos sobrevivir. Técnicamente aún no nos alcanzó nada que respire fuego por
los ojos —respondió Froggadier con una sonrisa nerviosa.
—Técnicamente, aún. —Fletchling giró la cabeza hacia otro ángulo aún más incómodo—.
Pero si quieren, puedo ir cantando su réquiem. ¿Algo alegre o más tipo tragedia ancestral?
Riolu se puso de pie, frunciendo el ceño. —No. No voy a quedarme aquí esperando a que esa
cosa decida si prefiere asar ranas o aplastar caninos. O comer ave a la parrilla.
Froggadier se levantó con él, sacudiéndose una hoja de la cabeza. —¿Y qué propones?
¿Volvemos al árbol donde estaba su altar de bayas y le pedimos perdón?
—¡Claro! —replicó Riolu, alzando los brazos con sarcasmo. Con su rostro contraído en una
sonrisa burlona —. ¡Quizá hasta nos regale una canasta para el camino!
Fletchling soltó un silbido agudo. —A mí me enseñaron que si un ser de más de dos metros
ruge y vuela, no le hablas. Te despides mentalmente y corres con el trasero apretado.
—¿Crees que aún nos siga el rastro? —preguntó Froggadier, bajando la voz también.
—No es el momento para estupideces —espetó Riolu.— Deja de pensar con la cloaca.
Fletchling descendió lentamente, posándose en una rama más baja. —Si quieren esconderse,
hay una cueva no muy lejos de aquí. No es muy profunda, pero los únicos que la usan son
unos Zubat con traumas emocionales. Deberían estar bien.
Riolu lo miró. Con una ceja alzada. —¿Y tú cómo sabes eso?
—Paso tiempo con gente rota. —Hizo una pausa—. Y literal, uno de ellos tenía la mandíbula
dislocada. Bonito muchacho.
Froggadier suspiró estirando las patas.—Bueno, pues… si vamos a morir, al menos que sea
bajo tierra. Siempre soñé con ser fósil.
—Insinúo que serías la parte que botan por no valer ni para exhibición.
Fletchling rió para sí, volando con calma detrás de ellos. —Ah, juventud. Qué bonito verlos
insultarse antes de una muerte probablemente violenta.
El bosque volvió a rugir, pero esta vez no con un sonido etéreo y lejano. No. Fue un bramido
terrestre, salvaje, cargado de furia. La maleza estalló detrás de ellos y una figura inmensa los
siguió, aplastando ramas como si fueran hierba seca.
—¡ES UN MALDITO URSARING! —gritó Riolu, mientras corría tan rápido como sus patas
le permitían.
Fletchling volaba por encima de ellos, zigzagueando entre los árboles. —¡Esto es lo que pasa
cuando te robas cosas de santuarios sagrados! ¿Qué sigue, Froggadier? ¿Le vas a mear la
estatua a un Regigigas?
Detrás de ellos, el Ursaring rugió de nuevo, lanzando garras contra los árboles y haciendo
temblar el suelo con sus pisadas. Uno de los zarpazos rozó una rama que Fletchling apenas
logró esquivar.
—¡Tal vez solo quiere que devolvamos las bayas! —gimió Froggadier, tropezando por poco
con una roca.
—¡Ya las tiramos hace media hora! —gruñó Riolu—. ¡Y estoy empezando a pensar que esa
no era su única motivación!
—¿¡Qué clase de guardabosques es este!? ¡Se está tomando su trabajo demasiado en serio!
El trío giró bruscamente en una curva del sendero, atravesando un arbusto espinoso que les
arañó el cuerpo. Fletchling bajó al nivel del suelo por un momento, jadeando.
—¡¿Dos minutos?! ¡Me puedo morir en uno y medio! —Froggadier resbaló en el lodo y se
arrastró con las patas hasta volver a ponerse de pie.
—¡Te juro que si no te mata el oso, lo haré yo! —gruñó Riolu, con los ojos encendidos de
pura adrenalina.
Riolu sintió que el aura a su alrededor vibraba. La desesperación activaba sus sentidos, su
sangre hervía. Cada paso era una batalla contra el cansancio. Froggadier estaba justo a su
lado, y Fletchling volaba en zigzag como un cometa nervioso.
Y entonces, entre los árboles, apareció la entrada a una grieta oscura en la ladera de una
colina.
Riolu no lo pensó. Se lanzó dentro, girando en el aire como una voltereta desesperada.
Froggadier se tiró justo después. Fletchling se coló tras ellos justo antes de que una zarpa
gigantesca impactara contra la roca de la entrada, dejando marcas profundas donde un
segundo antes había estado la cabeza de Riolu.
Dentro, todo quedó en penumbra. Solo se oía el temblor del exterior, las pisadas, la
respiración agitada. El Ursaring rugió otra vez, pero no se adentró. Solo golpeó la entrada una
vez más, haciendo llover polvo del techo. Y entonces… se fue.
Silencio.
—...¿Alguien tiene idea de por qué todos los Pokémon de este bosque son unos malditos
psicópatas territoriales?
—Valía la pena...
Riolu levantó una piedra y se la arrojó. La piedra cayó justo al lado de Froggadier, levantando
un poco de polvo. No lo golpeó… pero estuvo cerca.
Froggadier parpadeó con dramatismo, llevando una mano al pecho. —¿Así me pagas por
compartir esta huida casi romántica?
Fletchling soltó un pequeño silbido, que bien podría haber sido una risa contenida. —Si eso
pasa, yo no voy a ayudarlo a limpiarse —dijo el ave, sacudiéndose el polvo de las plumas—.
Ya tuve suficiente con el incidente de las Moras Picantes.
Froggadier alzó la cabeza desde el suelo. —¡No sabían tan picantes cuando las robé!
Un largo silencio cayó sobre ellos mientras el eco de sus voces se desvanecía dentro de la
grieta. Por primera vez en horas, el aire se sintió… quieto. Seguro, a pesar de la oscuridad.
Riolu se dejó caer contra la pared de roca, cerrando los ojos por un instante. Froggadier se
sentó cerca, por fin sin hacer comentarios sarcásticos.
Riolu frunció el ceño, con las patas cruzadas sobre el pecho. ¿Porque decidio seguir a este
grupo de locos por el bosque en busca de una salida? Bien podría haberse quedado con su
entrenadora en cas.
—Perfecto. Aparte de un Ursaring psicópata, ahora tenemos un dragón gigante con complejo
de agricultor vengativo pisándonos los talones.
—¿Y si volvemos por las bayas? Tal vez quiere que las devolvamos… —propuso Froggadier,
débilmente.
Riolu le lanzó una mirada lenta, pesada, que bastó para silenciarlo por completo.
Riolu se volvió hacia la oscuridad que se adentraba en la cueva. Aún sin ver mucho, su
instinto le decía que esto apenas comenzaba.
Froggadier se acostó de lado, murmurando algo incomprensible sobre el “derecho a una baya
por cabeza.” Fletchling se posó en una piedra cercana, plegando las alas.
—¿Y si peleamos contra él?— Inquirió Froggadier, levantándose un poco del suelo. Girando
la cabeza con los ojos abiertos en un ángulo de 180° como un Noctwol a media noche.
Feltchling, a su vez, giro por completosu cabeza como si le hubieran dado un latigazo.
—¡NO! —exclamaron ambos con una expresión de horror absoluto, como si Froggadier
acabara de sugerir besar a un Garbodor. El aludido se encogió aún más, bajando la vista y
rascándose la nuca con una mano palmeada.
—Bueno, solo decía… por si acaso. ¿Y si viene otra vez? Tal vez si nos adelantamos, lo
sorprendemos... ¿con una trampa? —intentó, aunque su tono perdía convicción con cada
palabra.
—No podemos vencer a un Ursaring, que nos saca como 3 o cuatro cabezas de tamaño,
Froggadier —dijo Riolu con la seriedad de quien ha tenido demasiados encuentros cercanos
con la muerte en menos de veinticuatro horas—. Ni juntos. Ni en grupo. Ni con un milagro.
—Pero tú lo pateaste, ¿no? —respondió Froggadier, alzando una ceja con suspicacia—. Algo
le hiciste.
—Le di una patada sorpresa… cuando estaba distraído. Y luego salimos corriendo como
Magikarp fuera del agua.
Fletchling dio un pequeño salto desde la piedra, desplegando las alas con fastidio. —¿No se
supone que estábamos descansando? ¿Por qué siempre que intento relajarme, ustedes quieren
morir?
Un crujido lejano interrumpió su charla. Los tres se quedaron en silencio. Otro crujido, esta
vez más cercano. Fletchling alzó la vista. Froggadier se enderezó. Riolu se levantó de un
salto.
—Sí —susurró Riolu, frunciendo el ceño. ¿Quién lo manda gritar? Culpaba a Froggadier
ahora. Ojala muera, bastardo.
Entre los árboles, algo se movía. Las hojas temblaban, como si algo grande se deslizara entre
ellas. Pero no era el mismo rugido atronador del Dragonite. No, esto era más... leve. Más
cuidadoso.
Fletchling voló en un suave arco hasta posarse en la rama más baja de un árbol cercano.
—Sea quien sea, viene directo hacia aquí.
Riolu no pudo evitar soltar una risa corta, nerviosa. —Bueno, al menos esta vez no iremos
hacia el problema. Él viene a nosotros —murmuró, temblando ligeramente—. ¿Opiniones?
Los escucho.
—Correr suena bien —susurró Froggadier, levantando una mano sin moverse del suelo, como
si estuviera rindiéndose a la realidad—. Siempre ha funcionado… la mitad del tiempo.
—¿Y la otra mitad? —preguntó Fletchling en un susurro seco, sin despegar la vista de la
entrada de la cueva.
—No estamos vivos para contarlo… técnicamente.
Riolu giró lentamente la cabeza hacia él. —Eso no tiene ningún sentido.
—¿Y qué cosa lo tiene desde que llegamos a este sitio? —replicó Froggadier.
Un crujido seco interrumpió el intercambio. Afuera, más allá del velo de sombra que ofrecía
la cueva, se oyeron ramas quebrándose. Un gruñido profundo, grave y lejano vibró por el
aire.
Riolu tragó saliva, bajando lentamente la postura hasta quedar en cuclillas junto a la pared de
piedra. —Si se acerca… no peleamos. No gritamos. No respiramos. ¿Entendido?—
Froggadier asintió lentamente, luego se deslizó por el suelo como si intentara fundirse con
él. —Estoy empezando a echar de menos los problemas pequeños… como la vez que
accidentalmente encendí fuego en ese panal de Beedrill.—
El silencio volvió. Un silencio espeso, solo interrumpido por los latidos acelerados de sus
propios corazones. En algún lugar fuera de la cueva, el mundo seguía avanzando, ajeno a su
tensión. Pero allí dentro, la oscuridad y el miedo eran tan densos como el aire que apenas se
atrevían a respirar.
Gotas gruesas comenzaron a caer, primero como un goteo tímido que golpeaba las hojas
fuera de la entrada… luego, en cuestión de segundos, se transformó en una sinfonía violenta
de lluvia contra piedra, barro y ramas. El mundo allá afuera se volvió un caos de agua y
truenos.
—Genial —susurró Froggadier, ocultando su rostro entre sus manos—. La única cueva seca
de toda la ruta y nos toca compartirla con un oso homicida.
Riolu se encogió sobre sí mismo, intentando controlar el temblor en sus patas. No era del
todo por el frío.
—Tal vez... con la lluvia, no pueda rastrearnos tan fácilmente. El olor… se diluirá, ¿no?
—¿De verdad estás intentando que me sienta peor? —susurró Froggadier con una mirada
fulminante.
Un nuevo trueno estalló justo encima de ellos, y por un momento, la entrada de la cueva se
iluminó con un destello azulado. Las siluetas de árboles golpeándose entre sí bailaron bajo la
cortina de agua, deformadas por los relámpagos.
Ursaring.
Fuera, el crujir de ramas. El chasquido de un tronco partido. Un rugido, más apagado que los
anteriores, como si la lluvia lo ahogara.
Y luego… pasos.
Uno…
Dos…
Tres…
Esperaron.
Luego otro.
Hasta que finalmente, Froggadier exhaló con lentitud. —Ok. Bien. No morimos. Aún. Esto es
una mejora.
Riolu se dejó caer sentado, con un suspiro entrecortado.—¿Esto es nuestra vida ahora? ¿Huir,
escondernos, y esperar a no morir?
—Jodete.
Riolu suspiró para sí mismo, maldiciendo el día en que pensó que era buena idea escapar de
su entrenadora. Al menos, no tendría que preocuparse por esto...
Por sobrevivir, por esconderse en cuevas húmedas y oscuras, por preocuparse si el siguiente
sonido sería el de unas garras rasgando su espalda.
Solo tenía que seguir órdenes. Golpear cuando se lo decían. Retroceder cuando lo llamaban.
—Hey —la voz de Froggadier lo sacó de su espiral de pensamientos. Lo observaba con los
ojos entrecerrados, aún recostado boca arriba sobre la fría piedra—. No es momento para
deprimirse.
—Lo digo en serio —intervino Fletchling, más serio de lo usual—. Entiendo que no sea lo
que querías. Pero si vas a hundirte justo ahora, no vamos a salir de esta.
Riolu levantó la vista. Ambos lo miraban, expectantes, y por primera vez en mucho tiempo,
no había juicio en sus ojos. Solo… comprensión.
—Estoy cansado —admitió, con la voz apenas audible entre el eco de la lluvia.
—¿Tú? ¡Yo cargué contigo y con el ave esta por media ruta! —replicó Froggadier, alzando
una ceja y señalándose a sí mismo con dramatismo.
La tormenta siguió rugiendo fuera, pero dentro de la cueva, por unos segundos, se sentía…
cálido. No por la temperatura, sino por algo más tenue. Algo que se formaba, poco a poco,
entre ellos.
__________________________________
Riolu suspiró otra vez, pero esta vez no maldijo nada. Solo cerró los ojos y apoyó la espalda
contra la pared rocosa, dejando que el murmullo de la lluvia lo acunara por un momento.
Miró la figura inconsciente que tenia a su lado. La lluvia mojaba cada vez más su pelaje, y
miraba con cierto asombro como las heridas se cerraban poco a poco. Era molesto estar bajo
la lluvia; si, ¿vale la pena? No lo sabe con certeza.
Decidió entretenerse brevemente mirando al cuadrúpedo a su lado con sus heridas cerrándose
de forma constante. Fascinante, hasta cierto punto.
Riolu reflexiono un poco sobre esto; nunca había visto a un Pokémon curarse o al menos usar
[Rain Dish] en acción ¿O acaso era [Hidratación]? De cualquier forma, Riolu se fascino un
poco por ver como se curaba lentamente.
¿Era un tipo agua? Riolu decidió pensar un poco más a fondo, el tipo llegó atacando al
Ursaring con un movimiento parecido a [Rueda Fuego] pero que a Riolu le dejó una
sensación siniestra, o bueno; oscura.
Por un instante, creyó haber visto un destello que recordaba a [Velocidad Extrema], aunque
lo dudaba. Si no mal recordaba, su entrenadora una vez le dijo que ese movimiento solo
podía ser enseñado por medios especiales.
Sacudio la cabeza para sacar los pensamientos de su mente. Soltando un suspiro, se puso en
pie y, con mucho esfuerzo, arrastro el cuerpo del contrario. Considero sus pros y contra.
No.
Si.
No lo parecía.
Miró el camino que llevaba a la pequeña grieta en la roca, apenas visible entre la vegetación
empapada. La lluvia seguía cayendo con fuerza, golpeando su espalda mientras arrastraba al
desconocido con dificultad.
No sabía si aquello era un acto de estupidez o valentía. Pero por ahora, no podía darse el lujo
de dejar morir a alguien que lo salvó.
"¿Sabes ese momento en que dices ‘solo una baya y nos vamos’? Bueno, no se fueron.
Esto es lo que pasa cuando mezclas humor, drama, Pokémon territorial y trauma grupal
en una sola cueva húmeda"
Capítulo 5: Melodía
Chapter Summary
Chapter Notes
Hi, les habla Enzo. Si ves este capítulo; te daras cuenta de que esta editado. En su
anterior publicación; no agregue nada porque era tarde y tenia exámenes. En fin,
disfruten del cap. Por cierto: Asi luce Donwa:
https://www.pinterest.com/pin/863494928591003435/
No ese tipo de silencio muerto… sino uno suspendido, contenido, como si el universo mismo
aguantara la respiración. Donwa se removió lentamente en su silla, de espaldas al ventanal
empañado por la lluvia.
Los papeles frente a él temblaban apenas, víctimas de una corriente de aire invisible. El
viento aullaba allá afuera… pero aquí, dentro, solo quedaba eso: una pausa.
Se crujió los dedos con suavidad. Los colocó con calma sobre las teclas marfiladas del
piano.
Un sonido grave, profundo, como una gota que cae en un lago en calma.
La melodía de "Claro de Luna" empezó a nacer, nota tras nota, suave pero inevitable, como
si siempre hubiera estado allí… esperando ser despertada.
El mundo más allá del vidrio estaba empapado, y cada relámpago dibujaba un reflejo difuso
de sí mismo en la superficie brillante del instrumento. Los dedos de Donwa flotaban sobre
las teclas con precisión instintiva, pero también con dolor. Como si cada pulsación soltara
no solo sonido… sino fragmentos de una verdad enterrada.
Él no pensaba.
No analizaba.
Solo tocaba.
No había experimentos.
Solo la música.
Solo eso.
Y por un instante, en aquel rincón íntimo de un mundo que ya no existe, Donwa se permitió
olvidar.
Hasta que el sonido de un trueno, más fuerte que los anteriores, lo sacudió.
La nota se rompió. El hechizo se desvaneció.
Ya no era humano.
…pero ahora golpeaba un cuerpo cubierto de escamas, agazapado en una cueva de piedra
húmeda.
Los cerro nuevamente ante la intensidad de la luz. Tardó un momento más en acostumbrarse
a la fuente de luz y a la oscuridad adyacente que los rodeaba.
La lluvia aun golpeaba su cuerpo, pero ya no estaba tan cansado o incomodo bajo ella. Más
bien, se sentía como un parte de él. Quiso sacudir la cabeza ante el pensamiento, pero algo
cálido en su cabeza se lo impedía.
Sus ojos se posaron el ave -¿era un ave? Por su constitución , si- que estaba sentado
cómodamente sobre su cráneo, justo cerca de sus orejas.
Parpadeó, confundido.
Intentó mover una garra hacia su frente, lentamente. Un bulto plumoso se revolvió al notar el
movimiento. Algo parecido a un pájaro… diminuto, con el pico cerrado y las alas
ligeramente extendidas, como protegiéndose del mundo.
¿Por qué alguien… o algo… estaría tan confiado como para dormirse encima de mí?
Respiró hondo. El olor a tierra mojada y piedra se mezclaba con humo tenue y algo frutal.
De aspecto más tosco, más terroso. Orejas puntiagudas, pelaje corto. Estaba sentada cerca de
la entrada, en silencio, con la vista fija en la lluvia que caía fuera. Parecía… alerta.
Donwa los observó en silencio. Ignorando de paso las punzadas en sus costillas magulladas,
mientras [Bendición del Silencio] trabajaba. Sus ojos mirando fijamente a las demás figuras.
Quizás si se hacia el dormido...
[-Restos de Tormenta-
Donwa solo miro con ojos cansados, entrecerrados, a la brillante pantalla del sistema ante
él. Luego parpadeo, como un búho, a la ventana flotante.
2. Está atrapado en un cuerpo que no reconoce del todo, con garras, escamas, una cola
con vida propia… y ahora, al parecer, un ave dormida sobre la cabeza.
3. Despertó en una cueva húmeda, compartiendo techo con un ninja anfibio que ronca, un
pequeño luchador ¿asustado? por la lluvia, y una cantidad absurda de humedad.
4. Y ahora, un sistema le exige encontrar a un tal “Señor de la Tormenta” y pelear con
él… o perderlo todo.
—Genial — murmuró , con la voz rasposa de quien ha fumado veinte volcanes y desayunado
piedras— ¿Cómo hago esto?
Donwa se quedo quieto un momento más, analizando a las figuras pequeñas que lo rodean.
Puede tratar de hablarlo con ellos o simplemente ignorarlos. También puede pedirles algo que
comer.
Extendió lentamente una de sus garras flotantes ahora firmemente apoyadas sobre la roca
húmeda—, hasta robar una baya —lo que cree que es una baya— de color azul a la rana, y
llevársela silenciosamente al hocico. Su sabor es dulce, a Donwa le gusta lo dulce, pero no
tanto como para disgustarle.
Sus ojos recorrieron la cueva con atención calculada. Las paredes. Los cuerpos. Los detalles.
Intentó mover la garra lentamente hacia su cabeza. El bulto plumoso se revolvió, pero no
despertó. Era un ave. Ligera. Pequeña. Quieta.
Y confiada.
Demasiado confiada.
No lo apartó. Aún no. Pero tomó nota. Todo era sospechoso. Incluido él mismo.
Frunció el ceño—si es que aún podía hacerlo— y se puso de pie en silencio lo más lento que
pudo. Sacudió la cabeza, sacando al ave de sus sueños y provocando su caída al suelo.
Esto, aparentemente, no le gusto.
—¡¿Por qué me tiras de la nada?! ¡¿Quieres que te pique hasta la muerte?! —gruñó
Fletchling mientras revoloteaba nervioso a sus patas.
Donwa lo miró tan solo un segundo, antes de descartarlo como una amenaza y girarse en sus
patas hacia la entrada.
—Perfecto —masculló sin entusiasmo—. Un loro con complejo de campana de alarma. Por
un segundo, miro de reojo un mensaje nuevo a su izquierda, antes de resoplar y relajar su
expresión.
El chillido había surtido efecto. El anfibio azul, Froggadier —Donwa lo reconocía vagamente
de algún recuerdo fragmentado del sistema—, abrió un ojo con lentitud, se desperezó con una
pereza ofensiva y, tras ver a Fletchling chillando, a Donwa de pie, y al Riolu levantándose a
medias… solo suspiró.
—…Otra vez tú. Pensé que estabas muerto —dijo, con la voz ronca del que no ha dormido
bien desde hace meses.—Por cierto, gracias por ayudarnos aquella vez...—
Riolu fue más directo. Se puso de pie con un brinco, los ojos bien abiertos, la respiración
tensa.
—¿¡Estás...!? ¿¡Tú estás...!? —tartamudeó, apretando los puños, como si estuviera a punto de
gritar o de abrazarlo o de atacarlo. Probablemente las tres cosas. Abrió y cerro la boca, como
queriendo decir algo.
Donwa levantó una garra y la movió como quien le dice a alguien que baje la voz sin
molestarse en hablar.
—Estoy despierto. Estoy vivo. Y tengo un ave que me grita en la cara. Podemos pasar al
siguiente punto.
—¡Y también me estás ignorando! —gritó el ave, girando en círculos sobre su cabeza— ¡No
puedes simplemente lanzarme al piso y seguir como si nada! ¿Tienes idea de lo frágiles que
somos los pájaros?
Donwa lo miró. Con calma. Luego levantó una garra y la acercó lentamente hacia Fletchling.
Fletchling retrocedió unos pasos y se refugió tras el hombro de Riolu, que por instinto se
colocó entre ellos.
—¡Ya basta! —dijo Riolu, su voz temblando un poco, aunque más de nervios que de enojo—.
No sabemos qué está pasando ni por qué —en realidad si, pero no lo admitiria en voz alta, no
delante de este tipo—… pero nos salvaste allá afuera. ¿Verdad?
Donwa no respondió de inmediato. Observó la lluvia fuera de la cueva. Las gotas golpeaban
el suelo con una intensidad que no pertenecía a una tormenta cualquiera. Algo se acercaba.
Y lo sabía.
—No los salvé. Solo eliminé al problema inmediato —dijo finalmente. Frunciendo el ceño—
si es que aún se podía— levemente.
Donwa parpadeó.
—No te importa.
—¿Y por qué estabas tocando un piano en tu sueño? —preguntó Fletchling con descaro.
Todos lo miraron.
—Te escuché murmurar algo sobre partituras y "Claro de Luna". Muy poético. Pero también
muy raro para alguien con garras.
Donwa entrecerró los ojos. El sistema no había dicho nada sobre filtración de sueños…
Ah.
Fantástico.
Ahora tenía que preocuparse de que sus pensamientos se filtraran como programas
defectuosos.
—¿Cómo te llamas?
Una pausa. Donwa tardó un momento en responder. Porque no sabía si su nombre aún
significaba algo. Porque no sabía si él aún era alguien.
—Donwa.—
Riolu asintió. Froggadier simplemente levantó una ceja. Fletchling seguía con el pico abierto,
como si esperara más.
—¿Donwa qué?—
Una nueva ráfaga de viento cruzó la cueva. Helada. Cargada de algo más que agua.
—Necesito salir —dijo, más para sí mismo que para los demás.
—¿Salir? ¿Con esta tormenta? —preguntó Riolu, señalando la cortina de agua afuera. No lo
admitiria en voz alta, pero estaba preocupado por Donwa.
—Algo viene. Algo grande. Y si no voy tras eso, me lo quitan todo —dijo, girándose hacia la
salida sin dar más explicaciones.
Riolu lo siguió, sin pensar. Luego lo siguió. No por lógica. No por deber.
Solo… porque era él quien avanzaba. Se ajusto el pañuelo, aún algo sucio de sangre seca,
alrededor del cuello nuevamente, antes de ir tras él.
—¡¿Vamos a salir con la tormenta encima?! ¡¿Estamos todos locos o qué?! ¡Ni siquiera
desayuné!
Donwa no respondió.
Y un leve eco…
…de una melodía que aún no terminaba.
____________
¿Porqué lo seguian? Donwa miró por encima de su lomo al trío que iba diligentemente tras
él. Fletchling iba flotando nervioso, Froggadier mascaba una baya con desgano, y Riolu…
Para Donwa, no había motivo para ser seguido. No era líder. No era guía. No era nada.
Y sin embargo, ahí estaban. Especialmente él. Como si bastara con caminar tras sus pasos…
para sentirse a salvo.
El clima a su alrededor se sintió pesado, frío. Las gotas de agua golpeaban con más fuerza su
cuerpo, los árboles se cernían de forma extraña hacia ellos. Con cada paso que daba, sentia
como el aire se volvia gélido.
“Mmm. Preocupante”
Froggadier mascaba algo mientras hablaba con Fletchling, que parecía nervioso pero no
callaba ni bajo amenaza de muerte. Riolu… mantenía el ritmo en silencio, los ojos fijos en su
espalda, como si el solo hecho de verlo avanzar fuera razón suficiente para seguir.
Sus costillas seguían doliendo. [Bendición del Silencio] trabajaba en segundo plano, sellando
la mayor parte de las heridas visibles. Aun así, no curaba la incomodidad. El escozor. Las
alertas internas.
Donwa alzó la vista. Lo que antes era una simple bruma entre árboles ahora era una neblina
blanca, espesa, casi cortante. No nieve. No niebla normal.
Algo más.
¿Esto no podia ser solo nieve, verdad? Donwa maldice a todo ser que lo haya traído aquí,
¿Cuál era la necesidad de hacerlo pasar por esto? Mientras caminaba, evitaba ser golpeado
por alguna de las ramas que se disparaban hacia ellos...
¿Qué?
Donwa abrió los ojos, esquivando a penas las ramas vivientes. Miro hacia atrás, viendo como
Froggadier era arrastrado a su lado rumbo al bosque.
Donwa gruño, las garras flotando violentamente a su alrededor. Cerca de ellos, las ramas se
comenzaban a mover para rodearlos. Miró a Riolu de reojo; seguia ahí, retrocediendo para no
ser atrapado igual que él. Luego, miro la dirección en la que ambos pokémon fueron llevados.
No podía alcanzar a Riolu. No sin ser atrapado. ¿No podía estirar sus garras para alcanzarlo?
Tal como lo hizo con la baya, solo que con más peso y vivo.
Hizo una mueca, antes de pensar y estirar las garras. Trato, y no pudo. ¿Porqué no-
[Debido a la necesidad del Usuario; el sistema ha decidido adelantar 1/3 recompesas del
evento]
[¡Felicidades! Has obtenido la habilidad “Garras Sombradistantes”]
Las garras volaron hasta envolver a Riolu. Tiró de él, y corrió a toda velocidad para evitar a
las ramas vivientes.
Separados y heridos, el grupo enfrenta una amenaza letal en lo profundo del evento.
Froggadier lucha por proteger a Fletchling, mientras Donwa y Riolu avanzan con el peso
del silencio y la sangre. Nadie está a salvo... y no todos saldrán intactos.
Chapter Notes
Bueno. Se que tarde mucho. MUCHO tiempo en actualizar. No tengo excusas, solo
pereza y ya.
Donwa corrió sobre el lodo y nieve que cubría el suelo. No sabia por cuanto tiempo había
corrido; pero esas ramas nunca dejaron de seguirlo. Gruño, y se movió a un lado para evitar a
tiempo una apuñalada en el costado.
Miro de reojo a Riolu, que aun seguía en sus garras, elevado sobre la altura de su cabeza.
Tenia una expresión de angustia completa; moviéndose entre las garras para tratar de zafarse
de ellas.
Donwa gruño—por segunda vez— mientras apresuraba el paso. El aire eran tan frío que le
picaban los pulmones, pero siguió corriendo. No podía detenerse. No ahora.
Una rama le rozó el costado. No lo hirió, pero dejo una marca. Otra se clavo delante de él y
salto sin pensarlo.
°°°°°°°°
Froggadier trató de moverse. Sin embargo, algo lo sujetaba al suelo con firmeza.
“Esto no es el suelo...”
Froggadier abrió los ojos por completo. Sus sentidos volviendo a su cuerpo por completo.
Miro a su alrededor, un poco cansado—aunque no sabe de qué—, dándose cuenta que estaba
en...¿El techo?
Trato de sacudirse, fallando y gruñendo de dolor. Sintió que las ataduras—lianas, si su visión
no le fallaba— apretaban sus heridas aun abiertas con fuerza. Gimió de dolor, haciendo una
mueca de dolor.
Apretó los dientes y volvió a mirar: Fletching estaba igual que él; atrapado en lianas
brillantes.
¿Lianas brillantes...?
Su cabeza hizo click. Sus ojos brillaron con una desesperación inmensa mientras su mirada
vagaba por el techo. El color abandono su piel mientras la resolución lo alcanzaba y sus
propias ataduras brillaban.
“Drenadoras...”
Froggadier se sacudió con fuerza, liberando una de sus manos. Forzó la poca energía que le
quedaba y uso [Tajo umbrío] para cortar las enredaderas. Sintió como estas abandonaban su
cuerpo y, pronto, estaba cayendo. Clavo con fuerza sus manos en las enredaderas libres,
usándolas para escalar hasta Fletching y cortar sus propias ataduras.
Con su compañero en brazos, bajo hasta estar en tierra firme. Atado su bufanda—robada, por
cierto— alrededor de su pecho para acunar a su compañero como una bolsa en esta.
“¿Derecha o Izquierda?”
Miro ambos caminos. Uno brillaba con tranquilidad; el otro con un aura siniestra.
Finalmente, decidió irse por el camino más aterrador; el derecho.
Mientras caminaba, Froggadier ignoro deliberadamente los cadáveres secos en el techo del
que se libero. Caminando con precaución por la cueva, aferrándose a su amigo inconsciente.
°°°°
[Restos de Tormenta]
°°°
Riolu se despertó con un ligero gemido de cansancio. No abrió los ojos de inmediato.
Disfrutando de la suave y calida sensación de pelaje en su cuerpo...
...¿Pelaje?
Riolu abrió los ojos de golpe. Alzando la cabeza como quien recibe un latigazo; miró a
Donwa, que estaba mirando el cielo mientras gemia de dolor, con la lluvia golpeándolos a
ambos.
Donwa no lo miró.
Tenía los ojos fijos en las nubes, como si buscara una forma de disolverse entre ellas. Cada
respiración era un gemido, cada latido, un eco. Riolu dudó. Quería moverse, hablar, hacer
cualquier cosa. Pero algo en esa postura—en esa quietud tensa—lo detuvo.
Donwa parpadeó. Tarde. Dolorosamente. No respondió. Solo giró la cabeza lo suficiente para
mirarlo de reojo, como si necesitara recordarse quién era.
—Lo estaré— Respondió. Volviendo su vista al cielo; como si estuviera mirando algo.
Riolu se quedó quieto un rato más. Ignorando deliberadamente la forma en la que se abrazaba
a Donwa. Se quedo mirandolo un segundo más, antes de, finalmente hablar.
—Si.
El silencio que siguió no era incómodo. Era denso. Como si la lluvia hablara por ambos.
Riolu bajó la mirada, dejando que su frente descansara suavemente sobre el pecho de Donwa.
No insistió. No porque creyera la respuesta, sino porque entendía que, a veces, seguir
preguntando rompía más que el silencio.
Donwa suspiro. Pero su garra —esa que siempre temblaba cuando debía sostener algo frágil
— se cerró, con cuidado, alrededor del hombro de Riolu. Volviendo a levantarlo. Giro sobre
su cuerpo en el lodo. Poniéndose de pie y dejando a Riolu a su lado.
—Si.
Riolu decidió ignorar la forma en la que Donwa evitaba que él viera la sangre debajo suyo.
°°°°°°°°
[Un miembro de tu grupo, “Froggadier Nvl 15” ha entrado en combate con el jefe
secundario “Trevenant Marchito” Nvl 20]
°°°°°°
Froggadier se deslizó con cuidado por la pared, ignorando la forma en que las lianas trataban
de agarrarlos mientras se aventuraba por el pasaje con Fletching amarrado a su pecho con
firmeza.
“Ni las Lopunny lo dejaban tan seco como las Drenadoras...”
Las lianas se volvieron a lanzar, como si supieran que estaba cansado. Froggadier lo esquivo
con un suspiro agotado.
—Me encanta cuando las plantas me tocan sin mi consentimiento— Murmura, cortando una
con [Tajo Umbrío].
Su respiración se volvió áspera. Un ligero hormigueo subía por su pierna donde una de las
lianas lo había rozado.
Dejando sus quejas de lado, Froggadier se adentro cada vez más por el túnel. Con pasos
cuidadosos, camino hasta una luz al final.
Entrecerró los ojos y alzo los hombros para restarle importancia. Si podía salir por ahí, podría
buscar alguna forma de hacer despertar a Fletching—que, afortunadamente, estaba vivo—.
Camino hasta la luz, cerrando los ojos un momento para adaptarse, se sorprendió al mirar a
su alrededor. La cueva, con obvia humedad, estaba llena de flores y rocas preciosas. Con un
lago cristalino en el centro y un gran árbol en un montículo dentro de este.
Enredaderas gruesas.
Vivas.
Inamovibles.
Fantastico.
Se preparo para usar [Tajo Umbrío]. Sin embargo, un temblor desde el centro lo hizo girarse
y esquivar, por poco, un [Lanza Drenaje] en forma de raíces finas que se incrustaron en la
pared.
Froggadier se giro hacia la dirección del ataque como quien haya recibido un latigazo. No
habia nadie. Lo único que podría haberle lanzado eso seria...
El árbol.
Como si fuera una invocación: El árbol se comenzó a mover. Sus hojas, antes de un verde
brillante, se oscurecieron hasta llegar a un morado intenso. El tronco, que brillaba con
pequeños cristales; se convirtió en una atrocidad de color negro. Las ramas se retorcieron
hasta volverse garras, los huecos cerca de la copa tomaron profundidad; un iris purpura
surgió de estos, una sonrisa tétrica también. El aire a su alrededor se volvió denso, casi
sofocante.
El árbol, Trevenant, rugio con ferecidad. Las raíces volando hacia él con lo que creyó que era
[Lanza Drenaje]. Sin embargo, un rápido vistazo a donde estaba antes le revelo que no lo
eran. Trago grueso, amarrando a Fletching como un bebe y cubriéndolo con algunos cristales,
rocas y barro. Dejando solo el espacio suficiente para respirar.
Con la espalda tensa y los músculos gritando por descanso, Froggadier giró entre las sombras
de sus clones, apenas un borrón entre destellos violeta y raíces que buscaban con hambre.
El "Trevenant Marchito" no se movía con torpeza como los árboles comunes. No. Se
deslizaba con una fluidez enfermiza, como si su tronco se hubiera adaptado para cazar, no
para sostenerse.
Froggadier lanzó un [Tajo Umbrío] en un ángulo bajo, cortando una raíz que amenazaba con
atraparle el tobillo. Las sombras estallaron en un destello púrpura al chocar contra la madera,
pero no dejaron más que una herida superficial.
—Fantástico... resiste como si fuera de acero. ¿Qué sigue? ¿Que me hable de mis traumas?
El árbol no habló, pero su rugido vibró en el pecho de Froggadier como si lo hiciera. Las
flores cercanas se marchitaron al instante, y un aura pútrida comenzó a emerger desde las
raíces, tiñendo el agua del lago con una negrura viscosa.
Usó [Doble Equipo] otra vez, empujando su cuerpo más allá de lo recomendado. Los clones
corrieron en distintas direcciones, confundiéndolo incluso a él por un segundo. Saltó hacia el
techo con un impulso controlado y se ocultó entre dos pilares de cristal.
Sacó una de sus últimas Berries curativas de su bolsillo improvisado—que, por favor; no
pregunten donde estaba—. Se la tragó de un golpe seco. No ayudó mucho. Pero sí lo
suficiente para moverse.
Bajó del techo en picado con un salto giratorio, canalizando la oscuridad en su brazo. El
ataque no era solo físico: era una promesa. Una advertencia. Una rabia contenida.
El golpe fue certero. El monstruo gritó. Un sonido que no debía pertenecer a un Pokémon. El
suelo tembló, y las lianas se volvieron locas, golpeando todo a su alrededor.
El impacto fue seco, sordo. La sombra envolvió su brazo en un último acto de voluntad y se
clavó con fuerza en el ojo cristalizado.
El rugido que emergió del Trevenant Marchito fue lo más cercano a un chillido desgarrador
que Froggadier había oído en su vida. No sonaba como un árbol, ni siquiera como un
Pokémon. Era el grito de algo que nunca debió moverse, y mucho menos sentir.
El ojo estalló en fragmentos negros. Froggadier cayó al suelo con torpeza, resbalando en el
barro oscuro, apenas logrando estabilizarse con una mano. Jadeaba como si le faltara el aire.
La pierna le ardía. El veneno seguía su curso. Las lianas se agitaban como una colmena de
serpientes enfurecidas.
El cuerpo del árbol crujió. Un nuevo brazo emergió del tronco, largo, enroscado, terminando
en cinco dedos torcidos como cuchillas.
La criatura se inclinó hacia él. Las ramas temblaban, la tierra bajo sus pies se agrietaba y una
espora violácea comenzó a filtrarse desde sus costados. Froggadier apenas dio un paso atrás
cuando notó la niebla invadiendo sus fosas nasales.
Trató de contener la respiración, pero su cuerpo ya estaba agotado. Tembló. Cayó de rodillas
por un segundo antes de reincorporarse de un salto torpe.
Corrió hacia el montículo donde había escondido a su compañero. Aún estaba cubierto,
respirando apenas. El barro temblaba. Cristales caían de las paredes con cada rugido.
Froggadier sintió un hilo cálido bajar por su labio. ¿Sangre? No sabía. No importaba.
Una raíz cruzó justo frente a su rostro, cortándole un poco la mejilla. Apenas se movió a
tiempo para evitar que le atravesara el cráneo.
Retrocedió hasta quedar entre el Trevenant y el cuerpo inmóvil de Fletchling. Su pecho subía
y bajaba con fuerza. Su brazo dominante temblaba al intentar generar otra cuchilla de
sombra. Esta vez, más débil. Más inestable.
Con la mirada fija en Trevenant, se inclino, comenzando a tomar impulso, antes de saltar con
determinación hacia este.
Se niega a morir aquí.
°°°°
[¡Felicidades! Debido a la determinación de un miembro de tu grupo, el Sistema decidió
recompensarlo]
[Froggadier Nvl 16. Ha obtenido la habilidad “Pasos de agua”.]
[Pasos de agua.
Tipo: Agua
Efecto: Froggadier se desliza sobre una capa de agua que él mismo genera, permitiéndole
moverse con velocidad aumentada durante 10 minutos]
°°°°°
Donwa miró el nuevo mensaje. Dejando a Riolu a un lado mientras cortaba las enredaderas
de los supervivientes de [Drenadoras]. Sonrio, aunque no sabia porqué, antes de mirar a
Riolu.
“No creó que nos necesiten...” Piensa. Mirando como el contrario dejaba deliberadamente a
un Ursaring pegado a la pared. “Ja...”
—Oye, cuando esas enredaderas caigan, ve por ahí. Yo ire por el otro.—
°°°°°°
El Trevenant Marchito rugió, pero no fue un rugido físico: fue un temblor que viajó por las
raíces y crujió dentro del alma. Sus ramas vibraban como lanzas de hueso vegetal, sus ojos
ausentes centelleaban con hambre hueca. Lo quedaba de su forma original apenas colgaba
sobre un esqueleto sostenido por furia y podredumbre.
Frente a él, Froggadier respiró. Solo una vez. El agua caía con fuerza gracias a su propia
voluntad: Danza de Lluvia seguía rugiendo encima, como si el mundo intentara compensar la
oscuridad con una cortina de limpieza persistente.
Y entonces, se movió.
[Pasos de Agua] se activó como si el suelo mismo deslizara bajo sus pies. Froggadier no
corría: patinaba, dejando tras de sí una estela líquida que chispeaba con furia. Cada desliz era
una decisión; cada giro, una renuncia a caer.
El Trevenant embistió con raíces espinadas. Froggadier se impulsó hacia el aire, rebotando en
un cristal como si el entorno le ofreciera sus cuchillas.
El primero en atacar fue Trevenant, con un [Raíces Encadenadas] que emergió a centímetros
de Fletchling. Froggadier lo vio. No pensó. Solo estuvo ahí. Con un giro sobre su espalda,
lanzó un [Viento Hielo] a ras de suelo. Las raíces se entumecieron, retrasadas justo el tiempo
suficiente para evitar lo irreversible.
El monstruo rugió.
—No me ganas por ser grande —escupió, esquivando una garra curva que pasó donde
segundos antes estaba su cuello—. Me ganas si me muero. Y aún estoy hablando.
Una [Lanza Drenaje] le rozó la pierna. El veneno volvió. Las pulsaciones golpearon como
martillos de presión. Pero el agua lo sostenía.
Usó [Doble Equipo]. No para ocultarse. Para multiplicar su desafío. Que el Trevenant viera
no uno, sino cien reflejos de su decisión.
Las sombras no eran tan rápidas como Froggadier real. Y en esa confusión, lo vio: el núcleo
que había quedado expuesto tras el ojo destruido. Palpitaba con rabia, con hambre… con
culpa.
—Esto es por lo que te tragaste. Por cada voz que dejaste sin gritar. —El [Tajo
Umbrío] cargó tanto con energía como con peso emocional.
Saltó.
Pero no cayó.
Y reapareció detrás del Trevenant, deslizándose por el tronco como si fuera una tormenta
líquida.
Fue personal.
El núcleo estalló.
Froggadier se tambaleo hasta llegar a donde dejo a Fletching. Cayendo finalmente al suelo y,
mirando, como el árbol se retorcía y explotaba en una luz brillante. Por un momento, creyó
ver a otros pokémon salir de este. Antes de que la conciencia lo abandonara.
..Gracias.
Un Greninja lo miro por un momento. Antes de sonreír y dejar una pequeña marca en su
frente. Desvaneciéndose igualmente.
¿Sabes? Escribí todo mientras escuchaba "I Will Survivor" y "Judas" para escribir la
pelea de Froggadier. Por cierto, confundí Froaki con Froggadier. En fin, lo deje así.
V– Para poder hacer que el protagonista, Donwa, pueda tener un sistema de misiones y
adaptarse más rápido, pensé en hacer que de alguna forma pueda ver las estadísticas o IVS de
los Pokémon/oponentes que tendrá más adelante.
VI– Habrá varios cambios respecto a algunas cosas. Cómo, por ejemplo, habrá algunos
entrenadores que tendrán la capacidad de usar una mecánica del juego llamada: combate
automático. ¿Qué que es eso? Es básicamente que un Pokémon del entrenador pelee en contra
de otro sin que le den órdenes. ¿Qué cuando pienso usarlo? Ni idea.
____
Creó que por ahora son todas las notas que pondré sobte la historia. Sí de casualidad me falta
algo, lo anotaré y haré otro capítulo para las notas, o dejaré dicha nota al final de un capítulo.
Lamento toda falta ortografíca.
Sí te fijas, he vuelto a publicar esta historia, pero esta vez lo haré con más estructura que
antes. Pues había varias inconsistencias y la idea que tenía no quedo del todo bien plasmada.
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