MATERIA: Innovación aplicada a la educación
DOCENTE: Dr. Manuel Manriquez Calderón
UNIDAD 1: Líneas de investigación en educación
ACTIVIDAD 1: Diseño de escenarios
EQUIPO 5:
Kenia Urania Alanís Huerta
Miguel Ángel Guzmán Medina
Rubén Emiliano Pérez Mendoza
Pilar Ramírez Ramírez
Ana María Ríos Pacheco
FECHA: 16 de marzo 2025.
Introducción
La educación es un campo en constante evolución, donde la integración de
herramientas y métodos innovadores se vuelve crucial para mejorar los procesos de
enseñanza y aprendizaje. En la actualidad, las herramientas de investigación en
educación se han convertido en aliadas fundamentales para entender y mejorar las
dinámicas del aula, las prácticas pedagógicas y el rendimiento estudiantil. Sin embargo,
a pesar del acceso cada vez mayor a tecnologías y recursos educativos, persisten
desafíos significativos en cuanto a su implementación y uso efectivo en el contexto
escolar. El objetivo de este trabajo es explorar las herramientas de investigación en
educación, identificar los problemas actuales relacionados con su uso y análisis, y
proponer soluciones que permitan una integración más efectiva y adecuada de estas
herramientas en el proceso educativo.
En primer lugar, se realizará una identificación del problema que enfrenta la
educación contemporánea en términos de investigación y el uso de tecnologías. A
medida que avancemos, se analizará hacia dónde estamos dirigiéndonos con las
herramientas de investigación en educación y las oportunidades que estas ofrecen para
mejorar la calidad educativa. También discutiremos los riesgos de no adaptarse a estas
nuevas tecnologías y metodologías, y cómo esto puede afectar la calidad del aprendizaje
de los estudiantes. El trabajo plantea alternativas sobre dónde queremos ir como
sociedad educativa, evaluando las posibilidades de innovación y mejora que surgen con
el uso de herramientas digitales. Finalmente, se presentará una reflexión sobre las
acciones inmediatas que debemos tomar, tanto a nivel de políticas educativas como en
la formación docente, para aprovechar el potencial de estas herramientas y garantizar
que contribuyan de manera efectiva al avance de la educación.
Identificación del problema
El uso de herramientas tecnológicas en la educación ha crecido exponencialmente
en los últimos años, especialmente tras la pandemia de COVID-19, que obligó a las
escuelas a adoptar rápidamente modelos de enseñanza remota e híbrida. Sin embargo,
esta transición evidenció una problemática recurrente: no todos los docentes cuentan
con la preparación necesaria para integrar eficazmente la tecnología en sus prácticas
pedagógicas. Esto no solo dificulta la enseñanza, sino que también puede afectar el
aprendizaje de los estudiantes, generando un uso ineficiente de los recursos digitales.
Problematización
El problema de la falta de preparación docente en el uso de la tecnología se debe a
múltiples factores:
1. Falta de formación inicial y continua: Muchos programas de formación docente
no incluyen un entrenamiento adecuado en herramientas digitales, lo que deja a
los maestros sin competencias tecnológicas esenciales (Cabero, 2006).
2. Resistencia al cambio: Algunos docentes perciben la tecnología como una
amenaza a las metodologías tradicionales o simplemente no se sienten cómodos
utilizándola (Salinas, 2012).
3. Infraestructura y acceso limitado: No todas las escuelas cuentan con equipos
adecuados ni con una conexión a internet estable, lo que dificulta la
implementación de tecnologías de manera uniforme.
4. Carga laboral y falta de tiempo: Los maestros suelen tener jornadas laborales
extensas y múltiples responsabilidades, lo que reduce las oportunidades de
capacitarse en nuevas tecnologías (Salinas, 2012).
5. Estrategias pedagógicas inadecuadas: La simple inclusión de tecnología en el
aula no garantiza un aprendizaje significativo si no se acompaña de una
metodología adecuada Area (2018).
Punto de vista de un experto
Uno de los expertos en este campo es Cristóbal Cobo, investigador en educación
y tecnología, quien en su libro La innovación pendiente (2016) destaca que la tecnología,
por sí sola, no transforma la educación; lo esencial es el desarrollo de competencias
digitales en los docentes para aprovechar su potencial pedagógico. Cobo enfatiza que
“la tecnología sin pedagogía es solo una moda pasajera” y que los esfuerzos deben
centrarse en capacitar a los maestros en metodologías innovadoras que integren lo
digital de manera efectiva.
Imaginación.
La integración de lo digital en la educación pública en México.
La educación en México ha reconocido la importancia de la tecnología como un
elemento clave en el aprendizaje, estableciéndolo en su marco normativo a través de la
Constitución y la Ley General de Educación. En este contexto, en 2020 se promulgó la
Agenda Digital Educativa, impulsada por la coordinación General @[Link] de la
SEP, con el objetivo de fortalecer el uso de herramientas digitales dentro del sistema
educativo y alinearlo con los principios de la Nueva Escuela Mexicana (NEM). (UNESCO,
2020)
Esta agenda tiene un enfoque centrado en mejorar la conectividad, modernizar y
ampliar la infraestructura tecnológica en las escuelas, además de explorar el papel de la
inteligencia artificial y otras tecnologías en la enseñanza. Su propósito es convertir lo
digital en un pilar fundamental del modelo educativo nacional. No obstante, su
implementación no ha sido del todo clara dentro de la NEM, cuya estrategia ha priorizado
otros aspectos, como los libros de texto gratuitos, dejando en segundo plano la aplicación
concreta de la tecnología en la educación pública. (Armando Ávila Carreto, 2022)
La incorporación de herramientas digitales sigue siendo un reto pendiente en la
consolidación del sistema educativo mexicano. A pesar de los esfuerzos normativos y de
planificación, es necesario fortalecer su integración en el aula para garantizar una
educación innovadora, equitativa y alineada con los desafíos del siglo XXI.
Desafíos y oportunidades de la inteligencia artificial en la educación mexicana
El rezago tecnológico en el sistema educativo nacional es una de las principales
barreras para la integración de la inteligencia artificial (IA) como una herramienta
pedagógica. De acuerdo con datos de la Secretaría de Educación Pública, más de 127
mil escuelas públicas en México carecen de computadoras para uso educativo, mientras
que más de 168 mil no tienen acceso a internet. Esta precariedad limita las oportunidades
de aprendizaje y acentúa la brecha digital en el país. (Gobierno de México, 2019)
La incorporación de la IA en la educación puede significar una gran oportunidad
para mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje, pero también plantea el riesgo
de generar nuevas formas de exclusión. Si bien la tecnología puede contribuir a una
educación más personalizada e inclusiva, su implementación desigual podría dejar atrás
a sectores vulnerables que ya enfrentan dificultades para acceder a herramientas
digitales.
En este contexto, el gobierno federal enfrenta un dilema crucial: ¿apostar por el
liderazgo tecnológico en la región o aceptar un rezago que profundice las desigualdades
existentes? La reciente evaluación de la UNESCO sobre la preparación de México en
materia de IA destaca los desafíos que el país debe superar, desde la actualización del
marco legal y regulatorio hasta la inversión en infraestructura y capacitación docente.
Para garantizar que la IA sea un motor de desarrollo en la educación, es
indispensable una estrategia integral que contemple no solo la dotación de recursos
tecnológicos, sino también la formación de maestros y estudiantes en competencias
digitales. Solo así México podrá aprovechar el potencial de la inteligencia artificial para
construir un sistema educativo más equitativo y competitivo a nivel global.(Ayala, 2024)
La integración de nuevas herramientas tecnológicas en el aula representa una
oportunidad significativa para mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje. Estas
herramientas no solo facilitan la realización de tareas y la comprensión de los contenidos,
sino que también brindan acceso inmediato a información relevante. Sin embargo, el
simple acceso a la información no garantiza un aprendizaje efectivo. Es fundamental que
tanto docentes como estudiantes desarrollen habilidades cognitivas que les permitan
seleccionar, interpretar y analizar la información de manera crítica.
En este contexto, el pensamiento crítico se convierte en un pilar esencial para el
uso adecuado de la tecnología en la educación. No basta con recibir información; es
necesario evaluar su veracidad, aplicabilidad y relevancia dentro de un marco de
conocimientos previamente adquiridos. De este modo, se fomenta no solo el aprendizaje
significativo, sino también la creatividad y la capacidad de argumentación fundamentada
en saberes bien estructurados.
Por lo tanto, la implementación de la tecnología en los entornos educativos debe
ir acompañada de estrategias que potencien la selectividad informativa y el análisis
reflexivo. Solo así se logrará que los estudiantes no sean meros receptores de datos,
sino agentes activos en la construcción de su propio conocimiento. (Universidad del
Zulia, 2020)
Protección de la infancia en la era digital: más allá de la Ley Kuri
En días recientes, el estado de Querétaro ha dado un paso importante en la
protección de la infancia con la entrada en vigor de la Ley Kuri. Esta normativa busca
resguardar a niños, niñas y adolescentes no solo de los peligros presentes en el entorno
digital, sino también de las afectaciones emocionales que pueden derivarse de su uso
excesivo, como la ansiedad, la depresión y el aislamiento social. La restricción en el
acceso y uso de dispositivos inteligentes es una medida que, bajo un enfoque coordinado
entre familias, escuelas y el Estado, pretende generar un entorno más seguro para los
menores.
Sin embargo, en una sociedad donde la tecnología avanza a pasos agigantados,
la seguridad digital de la infancia requiere más que solo regulaciones. La facilidad con la
que los menores acceden a plataformas digitales y redes sociales ha incrementado la
preocupación sobre su privacidad y la protección de sus datos personales. Este desafío
no recae únicamente en las autoridades o en las empresas tecnológicas, sino también
en los padres de familia, quienes tienen la responsabilidad de educar a sus hijos en el
uso consciente y seguro de estos entornos.
Más allá de la Ley Kuri, es fundamental reflexionar sobre otros desafíos que deben
abordarse para garantizar una protección integral de la infancia en el ámbito digital. Entre
ellos se encuentran la educación digital desde edades tempranas, la creación de
herramientas más seguras y accesibles para la supervisión parental, así como el fomento
de un equilibrio saludable entre el uso de la tecnología y otras actividades esenciales
para el desarrollo infantil. Solo mediante una estrategia integral y colaborativa será
posible enfrentar los riesgos que la era digital representa para las nuevas generaciones.
La recolección masiva de datos por parte de plataformas digitales representa un
desafío significativo, especialmente cuando involucra a menores de edad. El uso de
algoritmos de inteligencia artificial y la economía del big data ha llevado a una
recopilación sin precedentes de información personal, muchas veces sin el
consentimiento informado de los niños o sus tutores legales.
Según el estudio The Class: Living and Learning in the Digital Age de Sonia
Livingstone y Julian Sefton-Green (2016), los menores son particularmente vulnerables
a la explotación de datos, ya que no siempre comprenden los términos y condiciones de
los servicios digitales. Esto los lleva a compartir información personal sin considerar las
consecuencias a largo plazo. Como resultado, se enfrentan a riesgos como el robo de
identidad, la publicidad invasiva y, en los casos más graves, la posibilidad de ser blanco
de ciberdelincuentes.
Dada esta situación, es fundamental promover una mayor concienciación sobre la
privacidad digital y desarrollar mecanismos de protección que garanticen un entorno en
línea más seguro para los menores.
En la actualidad, la protección de los datos personales de los menores en entornos
digitales es un reto que requiere la colaboración de diversos actores. Si bien la existencia
de regulaciones es fundamental, estas no sustituyen el papel clave que tienen los padres
en la educación digital de sus hijos.
Fomentar hábitos seguros en internet desde una edad temprana es esencial para
garantizar que los niños y adolescentes comprendan la importancia de la privacidad y la
seguridad en línea. La enseñanza sobre el manejo adecuado de la información personal,
el reconocimiento de riesgos digitales y la promoción de un uso responsable de la
tecnología debe ser una prioridad en la crianza y en los sistemas educativos. (Cueto,
2025)
Para que la era digital represente una oportunidad de aprendizaje y desarrollo
seguro para las nuevas generaciones, es imprescindible que gobiernos, empresas
tecnológicas y familias trabajen en conjunto. Solo así se podrá construir un entorno digital
en el que la seguridad y el bienestar de los menores estén protegidos, permitiéndoles
explorar el mundo virtual con confianza y responsabilidad.
Hacia dónde queremos ir
La integración de herramientas tecnológicas en el ámbito educativo mexicano
requiere trascender la simple incorporación de dispositivos y plataformas digitales para
convertirse en un proyecto pedagógico transformador con visión hacia el futuro. En este
escenario prospectivo, visualizamos un sistema educativo que no solo responda a las
necesidades contemporáneas sino que anticipe los desafíos venideros del aprendizaje
en la era digital.
Un escenario creíble para la educación digital en México
Proyectamos un modelo educativo en el que la tecnología actúa como catalizador
de aprendizajes significativos, donde los estudiantes no sean meros consumidores de
información, sino creadores y evaluadores críticos de conocimiento. Este escenario
prospectivo se fundamenta en cinco pilares esenciales que interconectan la innovación
tecnológica con un enfoque humanista de la educación:
1. Ecosistema de aprendizaje híbrido y accesible
Para el año 2030, las instituciones educativas mexicanas habrán evolucionado
hacia un modelo educativo híbrido que integra efectivamente entornos físicos y virtuales.
En este ecosistema, los estudiantes tendrán la capacidad de personalizar sus
trayectorias formativas, alternar entre diferentes modalidades según sus necesidades y
acceder a recursos educativos de alta calidad independientemente de su ubicación
geográfica o condición socioeconómica.
Como señala Díaz-Barriga (2021), "la integración de tecnologías digitales en la
educación exige repensar la universidad y sus procesos didácticos, para trascender su
mera inclusión y avanzar hacia una verdadera transformación del aprendizaje" (p. 5).
Esta transformación implica deconstruir la noción tradicional del aula y reconfigurarlo
como un espacio expandido donde se difuminan las fronteras entre lo presencial y lo
digital.
Según Cabero-Almenara et al. (2021), los modelos híbridos van más allá de ser
una simple combinación de la enseñanza presencial y a distancia; constituyen una
reconfiguración pedagógica que aprovecha las fortalezas de ambas modalidades. Esta
estrategia ha demostrado incrementar la participación estudiantil y mejorar los resultados
de aprendizaje cuando se implementa con una planificación didáctica adecuada.
2. Alfabetización digital crítica y consciente
En este escenario, la alfabetización digital habrá evolucionado más allá del
dominio técnico de herramientas, para consolidarse como una competencia transversal
que faculta a los estudiantes para discernir, analizar y sintetizar información en entornos
digitales. Los programas educativos incorporarán sistemáticamente el desarrollo del
pensamiento crítico digital, entendido como la capacidad para evaluar la veracidad,
pertinencia y calidad de la información en línea.
Esta visión se alinea con lo expuesto por Casillas y Ramírez (2021), quienes
conceptualizan los saberes digitales como "un conjunto de habilidades y conocimientos
que permiten a los individuos no solo operar dispositivos y plataformas, sino también
desarrollar una postura crítica y ética frente al universo digital" (p. 32). La propuesta
busca formar ciudadanos que no solo consuman tecnología, sino que la interroguen,
cuestionen y aprovechen para el bien común. En la misma línea, Pérez-Escoda et al.
(2023) resaltan la importancia de integrar competencias técnicas, éticas, sociales y
cívicas en la alfabetización digital, permitiendo a los estudiantes desenvolverse con
responsabilidad en los entornos digitales y afrontar desafíos como la desinformación, la
privacidad en línea y los sesgos algorítmicos.
3. Docentes como arquitectos de experiencias de aprendizaje digital
En este futuro educativo, la figura del docente experimentará una profunda
reconceptualización. Los educadores habrán transformado su rol para convertirse en
diseñadores de experiencias de aprendizaje inmersivas y significativas, facilitadores del
proceso constructivo del conocimiento y mentores en la navegación del complejo
universo digital.
Este modelo demanda un programa sostenido de profesionalización docente que
trascienda la capacitación técnica para adentrarse en la comprensión profunda de cómo
la tecnología modifica los procesos cognitivos, sociales y emocionales del aprendizaje.
Como afirma Area-Moreira y Sanabria (2019): "La formación del profesorado en
competencias digitales debe superar el enfoque instrumental para adoptar una
perspectiva holística que integre dimensiones informacionales, cognitivas, comunicativas
y éticas" (p. 11).
Investigaciones recientes de Mishra y Koehler (2023) han refinado el modelo
TPACK (Conocimiento Tecnológico Pedagógico del Contenido), indicando que los
docentes eficaces en entornos digitales no solo integran tecnología, pedagogía y
contenido, sino que también desarrollan una sensibilidad contextual que les permite
ajustar sus prácticas a las necesidades de sus estudiantes y a las limitaciones de su
entorno. Este enfoque resulta imprescindible para la implementación de tecnologías
educativas de manera efectiva en contextos diversos.
4. Integración de inteligencia artificial adaptativa en el proceso educativo
Para el año 2030, la inteligencia artificial se habrá convertido en un componente
esencial del ecosistema educativo, no como un reemplazo del docente sino como un
sistema complementario que potencia la personalización del aprendizaje y la
retroalimentación continua. Los sistemas adaptativos de IA analizarán patrones de
aprendizaje, identificarán áreas de oportunidad y recomendarán recursos y estrategias
específicas para cada estudiante.
No obstante, este desarrollo tecnológico estará firmemente anclado en principios
éticos y humanistas. Como advierte Ayala (2024), "la implementación de la IA en
educación debe equilibrar la innovación tecnológica con consideraciones éticas,
garantizando que estas herramientas amplifiquen la equidad educativa en lugar de
exacerbar las desigualdades existentes" (p. 3). La propuesta contempla el
establecimiento de un marco regulatorio que asegure la transparencia algorítmica, la
protección de datos de los estudiantes y el diseño centrado en principios pedagógicos
sólidos.
Holmes y Luckin (2022) enfatizan que "la IA en educación debe diseñarse desde
una perspectiva sociotécnica que reconozca la importancia de los factores humanos,
sociales y culturales en la implementación exitosa de sistemas tecnológicos" (p. 214).
Este enfoque garantiza que la tecnología responda a necesidades pedagógicas reales y
no simplemente a posibilidades técnicas.
5. Evaluación formativa potenciada por análisis de datos educativos
En este escenario, los modelos tradicionales de evaluación habrán sido
reemplazados por sistemas integrales que aprovechan la analítica de datos para ofrecer
información diagnóstica, formativa y sumativa en tiempo real. Estos sistemas permitirán
visualizar el progreso individual y grupal de competencias, identificar patrones de
aprendizaje y predecir dificultades potenciales para implementar intervenciones
oportunas.
La evaluación se transformará en un proceso continuo, multidimensional y
constructivo que proporciona información valiosa para todos los actores educativos.
Como sostiene De la Torre (2019), "los sistemas de evaluación apoyados en tecnología
tienen el potencial de transformar la retroalimentación en un diálogo constante que
impulsa la metacognición y la autorregulación del aprendizaje" (p. 78).
Viberg et al. (2023) han identificado que "los sistemas de evaluación basados en
analítica de datos pueden revelar patrones de aprendizaje previamente invisibles,
permitiendo intervenciones pedagógicas más precisas y oportunas" (p. 152). Sin
embargo, los autores también advierten sobre la necesidad de desarrollar marcos éticos
robustos para el uso de estos datos, garantizando la privacidad de los estudiantes y
evitando la perpetuación de sesgos.
Impacto social de la propuesta
Se prevée que el escenario prospectivo planteado contribuirá a la reducción de
brechas educativas, particularmente aquellas relacionadas con el acceso a recursos
pedagógicos de calidad en regiones marginadas. La tecnología, cuando se implementa
con una visión clara y objetivos pedagógicos definidos, puede democratizar el
conocimiento y ofrecer oportunidades educativas sin precedentes.
Según Escandón et al. (2022), "los modelos educativos híbridos con fuerte
componente tecnológico han demostrado reducir la deserción escolar en comunidades
rurales mexicanas entre un 15% y 25%, especialmente cuando se combinan con
sistemas de apoyo comunitario" (p. 67). Esta evidencia sustenta el potencial
transformador de la propuesta en términos de inclusión y equidad educativa.
Asimismo, este modelo propiciará el desarrollo de competencias digitales
avanzadas entre los estudiantes mexicanos, preparándolos para integrarse
efectivamente en una economía global cada vez más definida por la innovación
tecnológica y el manejo de información. El fortalecimiento de estas habilidades resultará
en una fuerza laboral más competitiva y una sociedad más participativa en la creación
de conocimiento.
Como destaca Fernández-Cárdenas (2024), "las competencias digitales
avanzadas se han convertido en un factor determinante para la movilidad social y el
desarrollo económico en la economía del conocimiento" (p. 43). Esta dimensión
económica refuerza la relevancia social de la propuesta más allá de sus beneficios
educativos directos.
La propuesta contempla la creación de comunidades de aprendizaje
interconectadas que trascienden las fronteras institucionales y geográficas. Estas redes
colaborativas potenciarán el intercambio de experiencias, metodologías y recursos entre
diversos actores educativos, generando un ecosistema de innovación pedagógica
sostenible y escalable.
Este escenario no constituye una utopía inalcanzable, sino una visión estratégica
que puede materializarse mediante políticas públicas coherentes, inversión sostenida en
infraestructura y formación docente, y un compromiso colectivo con la transformación
educativa. Como señala Godet (2007), "el futuro no está escrito, está por construir" (p.
22), y la construcción de este futuro educativo comienza con la articulación de una visión
compartida que inspire acción concertada.
Hacia dónde podemos ir
Cuáles son los factores o fuerzas de cambio que impulsan el uso de herramientas
tecnológicas en el proceso enseñanza - aprendizaje.
La innovación tecnológica en la educación es en sí misma una fuerza de cambio,
es decir, es un factor que impulsa a los actores educativos a emprender nuevas formas
de entender el proceso enseñanza aprendizaje. Las tecnologías y su influencia en la
educación las han convertido en un proceso natural de evolución del aprendizaje. Los
factores sociales sin duda son otro impulsor de la introducción de tecnología en las aulas,
ya que las dinámicas sociales impactan de manera significativa en la educación y la
forma en la que nos relacionamos en la vida cotidiana con la tecnología no es ajena al
aula. Actualmente es común que todos utilicemos las tecnologías en nuestra vida diaria,
juegan un papel clave en nuestras relaciones interpersonales, en nuestros rasgos
culturales, en la manera en la que se desarrolla la política y nuestra participación en la
misma. En resumen, la tecnología ha trastocado y transformado cada uno de los
aspectos de nuestra vida y la educación no se queda atrás, ya que surge la necesidad
de transformar y adaptar sus modelos a los nuevos paradigmas. Podríamos resumir en
los siguientes puntos las fuerzas de cambio que impulsan a la utilización de herramientas
tecnológicas en la educación:
Inmersión social dentro en las tecnologías, y por ende, dinámicas sociales creadas en
torno a la misma.
Necesidad del sistema educativo de adaptarse a los requerimientos educativos actuales.
Incorporación de nuevos paradigmas educativos en torno a la digitalización del proceso
enseñanza – aprendizaje.
Qué desafíos a futuro enfrenta el uso de herramientas tecnológicas en la
educación.
A continuación, planteamos algunos desafíos que consideramos relevantes en el
futuro de la tecnología aplicada a la educación:
● Capacitación docente: Los educadores necesitan formación continua para
adaptarse a estas nuevas herramientas, así como al cambio del rol del docente
dentro del aula como un facilitador del aprendizaje, asumiendo las
transformaciones que implican el uso de herramientas tecnológicas. La falta de
capacitación puede llevar a un uso ineficaz de la tecnología en el aula.
● Personalización del aprendizaje: Aunque herramientas como la IA puede ayudar
a personalizar la educación, también plantea el desafío de cómo implementar
estas opciones que se presentan ante el estudiante de manera crítica y con un
enfoque ético, asegurando que se respeten las necesidades individuales de cada
estudiante.
● Privacidad y seguridad de datos: Con el uso de plataformas digitales, la protección
de la información personal de los estudiantes se vuelve crucial. Las instituciones
deben garantizar que los datos estén seguros y se manejen de manera
responsable.
● Desigualdades digitales: La brecha digital sin duda refleja las desigualdades
sociales y económicas en torno al acceso a herramientas digitales ya sea en
cuanto a infraestructura o a tecnología misma. Las políticas públicas sin duda
serán un factor determinante para que el estado logre solventar y equipar el
acceso a las tecnologías.
● Integración de las herramientas tecnológicas dentro del currículo. La educación
como derecho social, enfrenta el desafío de adaptar sus procesos, metodologías
y contenidos con inclusión de herramientas tecnológicas que permitan la
posibilidad de un aprendizaje personalizado con mayor dinamismo y
protagonismo del alumno, en un ambiente que le permita ser más autónomo y
activo.
● Necesidad de intervención estatal mediante políticas públicas que fomenten el uso
de herramientas tecnológicas dentro del aula. Durante los años de pandemia y
post pandemia, hemos descubierto que la educación mediante el uso de medios
digitales resulta ser un poderoso aliado a disposición de los actores educativos,
que coadyuva a potencializar sus habilidades, sin embargo, la necesidad de
contar con infraestructura física para su implementación resulta ser un desafío sin
el acompañamiento del estado.
● Desarrollo de las habilidades blandas. La capacidad de relacionarnos con nuestro
entorno social es básica y sin duda representa un desafío que debemos convertir
en un espacio de oportunidad para desarrollar de la mano de las tecnologías sin
dejar de lado.
● Resistencia por parte de la estructura educativa. Sin duda el uso de herramientas
digitales plantea un mayor esfuerzo por parte de los docentes, directivos y demás
involucrados en el proceso enseñanza – aprendizaje, sin embargo, fomentar una
cultura de innovación abonará para superar la barrera de la resistencia.
El futuro de las herramientas digitales en las escuelas de educación básica.
En nuestro país, y enfocándonos en la educación básica y media superior,
consideramos que un impulso importante hacia el uso de las tecnologías dentro del aula
se fundamenta en la Nueva escuela mexicana, la cual es un modelo educativo que busca
ser un factor transformador de la educación en nuestro país ya que soportada en sus
pilares: La inclusión y la equidad, la formación integral del alumno, la participación del
entorno del estudiante en su formación y un currículo adaptado a las necesidades del
mismo, busca que las tecnologías digitales enriquezcan el proceso enseñanza -
aprendizaje.
Sin duda la NEM busca ser no solo un esquema técnico sino conceptual, ya que
promueve que el estudiante construya posturas basadas en su identidad (cultura,
experiencia, entorno social) y que sea capaz de abordar la cultura digital de manera
crítica. Pero, conviene preguntarse ¿qué es la cultura digital?.
De acuerdo a Casillas y Ramirez (2021) la cultura digital que comprende “el conjunto de
referentes, técnicas, prácticas, actitudes y valores que se desarrollan en torno Internet,
al ciberespacio y al uso masivo de computadoras” (p.28) y tal es su impacto que ha
creado una nueva manera de relacionarse son lso propios pensamientos, creando una
serie de actitudes relacionadas a las TIC que modifican el cómo concebimos el mundo
interior y exterior.
En ese sentido y dado que la cultura digital ha permeado en la educación
desarrollando nuevas formas de aprendizaje, nuevas formas de leer y escribir, de
interpretar la realidad y por lo tanto de difundir el conocimiento, la NEM busca fomentar
en el estudiante la capacidad de apropiación del conocimiento de manera crítica, a fin de
que pueda aplicar los conocimientos en la resolución de las problemáticas que vive en
su cotidiano, rompiendo las barreras del aula de clase y trasladando el proceso de
enseñanza - a aprendizaje al campo de acción del estudiante.
El importante señalar que el proyecto nacional de la NEM enfatiza algunas
directrices didácticas con la inclusión de tecnologías (SEP, 2022) que buscan que las
herramientas tecnológicas no sean meramente metodológicas sino que el estudiante se
apropie de las mismas para lograr una formación integral en cultura digital, haciendo que
las contribuyan de manera significativa a su cultura personal y colectiva, entendiendo
que los estudiantes son seres inmiscuidos en un entorno particular que pueden
transformar desde la educación.
La innovación educativa en el uso de las tecnologías y herramientas digitales.
La innovación educativa se define como el proceso de implementar nuevas ideas,
metodologías y tecnologías para mejorar la experiencia de aprendizaje y en ese sentido
se convierte en un proceso que influye significativamente en el uso de las tecnologías de
la educación al transformar la forma en que se diseña, imparte y evalúa el aprendizaje.
Esta influencia se refleja en varios aspectos clave: Transforma metodologías de
enseñanza, lo cual resulta clave para lograr un aprendizaje mucho más interactivo y
centrado en el estudiante, ejemplo de ello tenemos algunas técnicas como la
gamificación, el aprendizaje basado en proyectos o el aula invertida.
Permite personalizar el aprendizaje, ya que el uso de plataformas y aplicaciones
permiten adaptar los contenidos a las necesidades del estudiante para que desarrolle
sus habilidades a su ritmo. Igualmente permite el uso diverso de herramientas digitales
lo cual no hace más que enriquecer su aprendizaje fortaleciendo las habilidades
requeridas por el mundo laboral.
Algunas estrategias para implementar la innovación educativa en el uso de
herramientas tecnológicas dentro del aula son las siguientes:
Capacitación docente: Formar a los docentes en el uso de tecnologías y herramientas
digitales para garantizar una aplicación efectiva en el aula.
Integración gradual: Introducir la tecnología de forma progresiva para facilitar la
adaptación de los estudiantes y docentes.
Evaluación continua: Monitorear y evaluar el impacto de las tecnologías implementadas
para garantizar que se cumplan los objetivos educativos.
Fomento de la inclusión digital: Garantizar el acceso equitativo a dispositivos y
conectividad para los estudiantes.
La innovación educativa mediante el uso de tecnologías y herramientas digitales
es un elemento clave para transformar el sistema educativo contemporáneo. Su correcta
implementación permite mejorar la experiencia de aprendizaje, fomentar el desarrollo de
competencias clave y preparar a los estudiantes para los desafíos venideros. Sin
embargo, para que este cambio sea efectivo, es indispensable que las instituciones
educativas, los docentes, padres de familia y el estado, trabajen de manera conjunta
para afrontar los desafíos que representa, tales como garantizar la inclusión digital, la
capacitación docente y la seguridad en el entorno virtual.
Realización
La construcción de un futuro sustentado en la tecnología, la educación y la
investigación requiere acción inmediata. La velocidad con la que evoluciona el
conocimiento demanda estrategias concretas que permitan a docentes, investigadores y
estudiantes desarrollar competencias digitales, pensamiento crítico y habilidades de
investigación que sean pertinentes y aplicables en el presente. Para ello, es fundamental
centrar los esfuerzos en tres ejes principales: el desarrollo de habilidades tecnológicas,
la integración de metodologías activas de aprendizaje y la promoción de una cultura de
investigación.
Desarrollo de habilidades tecnológicas
La alfabetización digital ya no es una opción, sino un requisito indispensable en la
educación del siglo XXI. De acuerdo con Area-Moreira y Sanabria (2019), el dominio de
las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) permite a los estudiantes y
docentes mejorar sus prácticas de investigación y enseñanza, facilitando el acceso a
fuentes de información confiables y fomentando el pensamiento crítico. Para empezar a
trabajar en el ahora, es necesario:
● Capacitar a docentes y estudiantes en el uso de herramientas digitales de
investigación y gestión del conocimiento, como bases de datos académicas y
gestores bibliográficos.
● Promover la educación mediática e informacional para que los usuarios puedan
diferenciar entre información válida y contenido desinformativo (UNESCO, 2021).
● Fomentar el uso de entornos virtuales de aprendizaje (EVA) y plataformas de
colaboración académica.
Integración de metodologías activas de aprendizaje
El aprendizaje basado en la investigación y en proyectos permite que los estudiantes
sean protagonistas de su formación, estimulando su curiosidad y habilidades analíticas.
Según la teoría del aprendizaje experiencial de Kolb (2015), los estudiantes aprenden
mejor cuando pueden aplicar conocimientos en contextos reales. Para comenzar a
trabajar en esta dirección, se recomienda:
● Incorporar el aprendizaje basado en problemas (ABP) y el aprendizaje por
descubrimiento en el diseño curricular (Savery, 2015).
● Establecer colaboraciones interdisciplinarias para abordar problemas del mundo
real con metodologías científicas.
● Fomentar la producción de conocimiento a través de la publicación de artículos y
participación en congresos académicos.
Promoción de una cultura de investigación
Para construir un futuro basado en la generación de conocimiento, es imprescindible
fortalecer la cultura de la investigación desde los niveles básicos de formación. De
acuerdo con De la Torre (2019), la investigación no solo contribuye al desarrollo
académico, sino que también fomenta la resolución de problemas y el pensamiento
innovador. En este sentido, es crucial:
● Incentivar la investigación desde edades tempranas mediante programas de
formación científica escolar.
● Establecer redes de investigación que integren a estudiantes, docentes y expertos
en diversas disciplinas.
● Asegurar el acceso abierto a la información científica y a repositorios digitales para
democratizar el conocimiento.
El futuro de la educación y la investigación depende de las acciones que se
emprendan en el presente. A través del desarrollo de competencias digitales, la
aplicación de metodologías activas y el fortalecimiento de una cultura de investigación,
es posible generar un impacto significativo en la formación de ciudadanos críticos y
comprometidos con la producción y difusión del conocimiento. El momento de actuar es
ahora, pues cada acción implementada en el presente define el panorama académico y
social del mañana.
CONCLUSIÓN
Nuestra propuesta de investigación se ubica dentro de la investigación aplicada,
ya que, en palabras de Ander-Egg (2011), pretende ser un elemento transformador de la
realidad en el universo de su aplicación, ya que, a la vez de establecer cuáles son las
ventajas que ofrece el uso de herramientas tecnológicas en el proceso enseñanza-
aprendizaje, busca detectar las oportunidades que se pueden aprovechar y establecer
cuáles son los desafíos que se enfrentan en la consecución de ese objetivo.
Es importante conocer el contexto en el que la introducción de herramientas
tecnológicas motiva la innovación educativa, establecer que la necesidad proviene de la
transformación social que ha originado el uso de TIC en nuestra vida diaria, modificando
la manera en la que procesamos la información de acuerdo con su inmediatez, cantidad
y calidad. Es por ello que consideramos importante explorar cómo impacta en el aula y
en qué beneficia las habilidades de los estudiantes, para comprobar que la introducción
de herramientas tecnológicas no solo se debe entender como una readaptación a
distancia o híbrida de las metodologías didácticas que se han utilizado en el aula,
herencia de la pandemia, sino que son un elemento innovador que nos permite
establecer nuevos paradigmas con los que podemos desarrollar y entender el proceso
educativo y el impacto positivo que puede generar en todos los actores educativos.
En ese sentido, consideramos que nuestra propuesta de investigación contiene
una coincidencia con la línea de investigación número uno de las líneas de investigación
UVM, referente a los procesos que intervienen en el ejercicio enseñanza-aprendizaje,
debido a que, como lo mencionamos antes, pretendemos establecer cómo las
herramientas tecnológicas pueden ser un elemento transformador de las metodologías,
práctica, didáctica, evaluación y, en realidad, de todos los procesos que intervienen en
el ejercicio educativo.
A partir de este análisis, reconocemos que la incorporación de la tecnología en la
educación no está exenta de desafíos. Entre ellos, se encuentra la necesidad de
capacitar a los docentes para el uso eficaz de estas herramientas, garantizar el acceso
equitativo a dispositivos y conexión a internet, así como desarrollar estrategias didácticas
que integren la tecnología sin desplazar la importancia del pensamiento crítico, la
creatividad y la interacción humana en el aprendizaje.
Asimismo, es fundamental que la implementación de estas herramientas esté
acompañada de una evaluación continua que permita medir su impacto real en el
desempeño académico y en el desarrollo de competencias de los estudiantes. Esto
implica diseñar indicadores claros que vayan más allá del acceso y la frecuencia de uso,
para analizar cómo la tecnología contribuye a la mejora del aprendizaje significativo, la
resolución de problemas y la autonomía del estudiante.
Por otro lado, es importante reflexionar sobre el papel de la tecnología en la
equidad educativa. Aunque su potencial es enorme, también puede profundizar brechas
entre estudiantes con acceso diferenciado a recursos digitales. Por ello, las instituciones
educativas deben asumir el compromiso de garantizar que las herramientas tecnológicas
se utilicen como un medio para cerrar estas brechas y no para ampliarlas.
Finalmente, la transformación digital en la educación no debe limitarse a la
incorporación de nuevas herramientas, sino que debe implicar un replanteamiento
profundo de los modelos pedagógicos. Es necesario adoptar un enfoque en el que la
tecnología sea un aliado para la enseñanza, promoviendo metodologías activas que
favorezcan el aprendizaje colaborativo, la personalización de contenidos y el desarrollo
de habilidades para la era digital. Solo así lograremos una educación innovadora,
inclusiva y alineada con las demandas de la sociedad actual.
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