Los trastornos respiratorios
Concepto
Un trastorno respiratorio es cualquier condición que afecta el sistema respiratorio,
comprometiendo la función pulmonar y el intercambio de gases. Esto puede variar desde
infecciones agudas y temporales hasta enfermedades crónicas y progresivas.
Causas
Las causas de los trastornos respiratorios son diversas y pueden incluir:
Infecciones: Virus (como los que causan el resfriado común, la gripe, la COVID-19 o el VRS),
bacterias (como Streptococcus pneumoniae o Haemophilus influenzae), y hongos.
Exposición a irritantes: Humo del tabaco (fumadores activos o pasivos), contaminación
del aire (interior y exterior), polvo, alérgenos (polen, ácaros), productos químicos o vapores
industriales.
Genética: Algunas personas pueden tener una predisposición genética a desarrollar ciertas
enfermedades respiratorias, como la fibrosis quística, el asma o la deficiencia de alfa-1
antitripsina en la EPOC.
Factores ambientales y ocupacionales: Exposición a agentes específicos en el lugar de
trabajo (p. ej., asbesto, sílice) o vivir en áreas con alta contaminación.
Enfermedades autoinmunes: Condiciones como la artritis reumatoide o el lupus pueden
afectar los pulmones.
Trastornos del sistema nervioso: Enfermedades que debilitan los músculos
respiratorios (p. ej., esclerosis lateral amiotrófica, miastenia gravis).
Problemas cardíacos: Algunas condiciones cardíacas pueden llevar a acumulación de
líquido en los pulmones, causando dificultad respiratoria.
Síntomas
Los síntomas de los trastornos respiratorios pueden variar según la condición específica y su
gravedad, pero los más comunes incluyen:
Disnea (dificultad para respirar): Sensación de falta de aire, que puede ser leve o grave
y empeorar con la actividad.
Tos: Puede ser seca o productiva (con flema), persistente o intermitente.
Sibilancias: Un sonido silbante o chillido al respirar, especialmente al exhalar, causado por el
estrechamiento de las vías respiratorias.
Opresión en el pecho: Sensación de presión o dolor en el pecho.
Fatiga: Cansancio extremo debido al esfuerzo adicional que requiere la respiración.
Cianosis: Coloración azulada de la piel o los labios, indicando falta de oxígeno.
Fiebre y escalofríos: Especialmente en infecciones respiratorias.
Producción de esputo/flemas: Mucosidad que puede variar en color y consistencia.
Diagnóstico
El diagnóstico de un trastorno respiratorio generalmente implica una combinación de los
siguientes métodos:
Historia clínica y examen físico: El médico preguntará sobre los síntomas, antecedentes de
exposición, historial de tabaquismo y enfermedades previas. Se realizará una auscultación
pulmonar para escuchar los sonidos de la respiración.
Pruebas de función pulmonar (espirometría): Miden la cantidad de aire que se puede inhalar y
exhalar, y la velocidad con la que se hace. Son cruciales para diagnosticar enfermedades
obstructivas como la EPOC y el asma.
Estudios de imagen:
Radiografía de tórax: Puede mostrar signos de infección, inflamación o daño pulmonar.
Tomografía computarizada (TC) de tórax: Proporciona imágenes más detalladas de
los pulmones para detectar anomalías.
Análisis de sangre: Pueden indicar la presencia de infección, inflamación o niveles bajos
de oxígeno.
Cultivo de esputo: Para identificar bacterias u otros microorganismos en casos de
infección.
Pulsioximetría: Mide la saturación de oxígeno en la sangre.
Broncoscopia: Un procedimiento en el que se inserta un tubo delgado y flexible con una
cámara para visualizar las vías respiratorias y tomar muestras.
Pruebas de alergia: Si se sospecha que las alergias son la causa subyacente.
Tratamiento
El tratamiento de los trastornos respiratorios varía ampliamente según la causa y la gravedad,
pero puede incluir:
Medicamentos:
Broncodilatadores: Relajan los músculos alrededor de las vías respiratorias para abrirlas (p.
ej., salbutamol, tiotropio).
Corticosteroides: Reducen la inflamación en las vías respiratorias (inhalados u orales).
Antibióticos: Para infecciones bacterianas.
Antivirales: Para ciertas infecciones virales (p. ej., gripe, COVID-19).
Antifúngicos: Para infecciones por hongos.
Mucolíticos: Ayudan a fluidificar el moco para facilitar su eliminación.
Antihistamínicos: Para alergias.
Oxigenoterapia: Suministro de oxígeno adicional a través de una cánula nasal o mascarilla
para pacientes con bajos niveles de oxígeno.
Rehabilitación pulmonar: Programas que incluyen ejercicios, educación y apoyo
nutricional para mejorar la función pulmonar y la calidad de vida.
Terapias respiratorias: Técnicas para ayudar a despejar las vías respiratorias y mejorar la
respiración.
Cambios en el estilo de vida:
Dejar de fumar: Es fundamental para muchas enfermedades respiratorias.
Evitar irritantes: Minimizar la exposición a la contaminación, alérgenos y vapores.
Vacunación: Vacunas contra la gripe, neumonía y COVID-19 para prevenir infecciones.
Cirugía: En casos específicos, como resección de parte del pulmón en enfisema grave o
trasplantes de pulmón en enfermedades terminales.
Si experimentas síntomas respiratorios persistentes o graves, es crucial buscar atención
médica para un diagnóstico y tratamiento adecuados.
Neumonía
Concepto: La neumonía es una infección respiratoria aguda que afecta los alvéolos de los
pulmones. Estos se llenan de pus y líquido, lo que dificulta la respiración y limita la absorción
de oxígeno. Es una de las principales causas de mortalidad infantil a nivel mundial.
Causas: Diversos agentes infecciosos pueden causar neumonía, siendo los más comunes:
Bacterias: Streptococcus pneumoniae es la causa más común de neumonía bacteriana en
niños. Haemophilus influenzae de tipo b (Hib) es la segunda causa.
Virus: El virus de la gripe (influenza), el virus respiratorio sincitial (VRS) y el SARS-CoV-2
(causante de la COVID-19) son causas comunes de neumonía viral.
Hongos: También pueden causarla, especialmente en personas con sistemas inmunitarios
debilitados.
La neumonía puede propagarse por inhalación de virus y bacterias presentes en la nariz o
garganta, o por vía aérea a través de gotículas de tos o estornudos.
Síntomas: Los síntomas pueden ser similares tanto en la neumonía vírica como bacteriana,
aunque los de la vírica pueden ser más numerosos. Incluyen:
Respiración rápida o dificultosa
Tos (con o sin expectoración de esputo, que puede ser amarillenta o verdosa)
Fiebre (a menudo alta en infecciones bacterianas)
Escalofríos y sudores
Pérdida de apetito
Sibilancias (más comunes en infecciones víricas)
Dolor en el pecho al respirar o toser
Fatiga
Diagnóstico: El diagnóstico se basa en:
Examen físico y antecedentes médicos.
Radiografía de tórax: Muestra el patrón de afectación pulmonar.
Análisis de sangre: Para detectar signos de infección.
Cultivo de esputo: Para identificar el agente causal (bacterias, virus, hongos).
Otras pruebas pueden incluir tomografía computarizada (TC) o broncoscopia en casos
complejos.
Prevención:
Inmunización: Vacunas como la antineumocócica, la vacuna contra el Hib y la vacuna contra
la gripe pueden prevenir algunos tipos de neumonía.
Alimentación adecuada: Especialmente en niños, para fortalecer el sistema inmunitario.
Control de factores ambientales: Evitar la exposición al humo del tabaco y a la
contaminación del aire interior.
Higiene de manos.
Tratamiento: El tratamiento depende del agente causal:
Antibióticos: Para la neumonía bacteriana. La mayoría de los casos de neumonía infantil
pueden tratarse en el hogar con antibióticos orales. Se recomienda hospitalización para
lactantes menores de dos meses y casos muy graves.
Antivirales: Si la causa es viral (por ejemplo, gripe).
Antifúngicos: Si la causa es fúngica.
Medidas de apoyo: Incluyen líquidos, reposo, analgésicos y antipiréticos para controlar la
fiebre y el dolor. En casos graves, puede ser necesario el suministro de oxígeno.
Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC)
Concepto: La EPOC es una enfermedad pulmonar común que causa dificultad para respirar y
se caracteriza por una limitación persistente del flujo de aire. Incluye dos formas principales:
Bronquitis crónica: Implica una tos prolongada con producción de moco.
Enfisema: Implica daño a los sacos de aire en los pulmones con el tiempo. El daño producido
en los pulmones no se puede revertir, pero es una enfermedad prevenible y tratable.
Causas: La causa principal de la EPOC es la exposición prolongada a sustancias irritantes,
principalmente:
Tabaquismo: Es el factor de riesgo más importante.
Exposición a ciertos gases o emanaciones en el lugar de trabajo.
Exposición a cantidades considerables de contaminación del aire o humo indirecto de
cigarrillo.
Uso frecuente de fuego para cocinar sin la ventilación apropiada (combustibles de biomasa).
También influyen factores genéticos (como el déficit de alfa-1 antitripsina) y condiciones de
desarrollo pulmonar deficiente en la infancia.
Síntomas: Los síntomas de la EPOC suelen empeorar con el tiempo e incluyen:
Tos con o sin flema (la tos crónica es a menudo el primer síntoma)
Dificultad respiratoria (disnea) que empeora con la actividad leve
Sibilancias
Opresión en el pecho
Fatiga
Infecciones respiratorias frecuentes
Pérdida de peso (en casos graves)
Diagnóstico: El diagnóstico de la EPOC se confirma mediante:
Espirometría: Una prueba de función pulmonar que mide cuánto aire puede exhalar una
persona y con qué rapidez. Un cociente FEV1/FVC post-broncodilatador inferior a 0.7 confirma
la limitación del flujo aéreo.
Historia clínica y examen físico (incluyendo antecedentes de exposición a factores de riesgo).
Radiografía de tórax (puede mostrar cambios asociados al enfisema).
Prevención:
Dejar de fumar: Es la medida preventiva más importante.
Evitar la exposición al humo de segunda mano.
Minimizar la exposición a contaminantes del aire y gases en el lugar de trabajo.
Mejorar la ventilación en el hogar (especialmente si se utilizan combustibles de biomasa).
Vacunación: Contra la gripe y la neumonía para prevenir infecciones respiratorias que
pueden exacerbar la EPOC.
Tratamiento: El tratamiento de la EPOC tiene como objetivo controlar los síntomas, reducir
las exacerbaciones y mejorar la calidad de vida:
Broncodilatadores: Medicamentos inhalados que relajan los músculos alrededor de las
vías respiratorias para abrirlas (de acción corta y larga).
Corticosteroides inhalados: Pueden usarse en casos más graves o con exacerbaciones
frecuentes.
Oxigenoterapia: Para pacientes con niveles bajos de oxígeno en la sangre.
Rehabilitación pulmonar: Programas que incluyen ejercicio, educación y apoyo
nutricional.
Vacunación: Contra la gripe y la neumonía.
Evitar los irritantes pulmonares.
COVID-19 (Enfermedad por Coronavirus)
Concepto: La COVID-19 es una enfermedad infecciosa causada por el virus SARS-CoV-2.
Afecta principalmente el sistema respiratorio, pero puede tener un impacto en múltiples
órganos y sistemas del cuerpo. La mayoría de las personas experimentan una enfermedad
respiratoria de leve a moderada, pero puede ser grave o mortal.
Causas: Es causada por el virus SARS-CoV-2, un nuevo coronavirus que se identificó por
primera vez en Wuhan, China, en diciembre de 2019. Se propaga principalmente de persona a
persona a través de gotículas respiratorias que se expulsan al toser, estornudar o hablar, y por
aerosoles.
Síntomas: La COVID-19 afecta a las personas de forma diferente, y los síntomas pueden
variar en gravedad. Los síntomas comunes incluyen:
Síntomas más comunes: Fiebre, tos, cansancio, pérdida del gusto o el olfato.
Síntomas menos comunes: Dolor de garganta, dolor de cabeza, dolores y molestias
musculares, diarrea, erupción en la piel o decoloración de los dedos de las manos o pies, ojos
rojos o irritados.
Síntomas graves: Dificultad para respirar o falta de aire, pérdida del habla o la movilidad,
confusión, dolor en el pecho, piel fría o húmeda, o pálida o azulada.
Diagnóstico: El diagnóstico se realiza principalmente a través de pruebas para detectar la
presencia del virus:
Pruebas moleculares (PCR): Para detectar el material genético del virus en muestras
respiratorias (exudado nasofaríngeo, orofaríngeo). Son las más precisas.
Pruebas de detección de antígenos: Detectan proteínas virales en muestras
respiratorias. Son más rápidas pero menos sensibles que las PCR.
Pruebas serológicas (anticuerpos): Detectan anticuerpos desarrollados en respuesta a
la infección, indicando una infección pasada o presente.
Radiografía de tórax o tomografía computarizada: Se utilizan para evaluar la
afectación pulmonar en casos más graves, mostrando patrones característicos como
opacidades en vidrio deslustrado.
Prevención:
Vacunación: La vacunación es la medida más efectiva para prevenir la enfermedad grave, la
hospitalización y la muerte.
Distanciamiento físico: Mantener al menos 1 metro de distancia de otras personas.
Uso de mascarillas: Especialmente en espacios cerrados o con aglomeraciones.
Higiene de manos: Lavado frecuente con agua y jabón o uso de desinfectante a base de
alcohol.
Ventilación: Abrir ventanas y elegir espacios abiertos y bien ventilados.
Evitar aglomeraciones y espacios cerrados.
Cubrirse la boca y la nariz al toser o estornudar.
Aislamiento en caso de síntomas o resultado positivo.
Tratamiento: El tratamiento de la COVID-19 varía según la gravedad:
Casos leves a moderados: Manejo sintomático en casa (reposo, hidratación,
analgésicos/antipiréticos). No se recomiendan antibióticos a menos que haya sospecha de
coinfección bacteriana.
Casos graves: Hospitalización, oxigenoterapia, y en algunos casos, terapias específicas
como corticosteroides (dexametasona ha demostrado ser efectiva en casos graves) y
medicamentos antivirales (como remdesivir, según indicaciones).
Cuidados de apoyo: Monitoreo de los niveles de oxígeno, manejo de complicaciones como
la insuficiencia respiratoria o el choque séptico.
La OMS no recomienda el uso sistemático de corticosteroides sistémicos para tratar las
neumonías víricas en general, pero sí para la COVID-19 grave.
Bronquitis
Concepto: La bronquitis es la inflamación de las vías respiratorias principales de los
pulmones (bronquios), que se ramifican desde la tráquea. Esta inflamación causa una tos que a
menudo produce mucosidad.
Bronquitis aguda: Suele aparecer después de un resfriado o una enfermedad seudogripal.
Los síntomas solo están presentes por un período corto.
Bronquitis crónica: Se define por la producción regular de esputo durante tres o más
meses en dos años consecutivos (en ausencia de otras condiciones). Es un componente de la
EPOC.
Causas:
Bronquitis aguda: Casi siempre es causada por una infección viral, como los virus del
resfriado o la gripe. En ocasiones, puede ser causada por bacterias.
Bronquitis crónica: La causa principal es la exposición prolongada a irritantes pulmonares,
como el humo del tabaco, la contaminación del aire, el polvo y los vapores químicos.
Síntomas:
Bronquitis aguda:
Tos (con o sin flema, que puede ser transparente o verde amarillento)
Molestia en el pecho
Fatiga
Fiebre (usualmente baja)
Dificultad respiratoria que puede empeorar con la actividad
Sibilancias (especialmente en personas con asma)
Bronquitis crónica: Tos persistente con producción de esputo la mayoría de los días,
durante al menos tres meses al año, por dos años consecutivos. A menudo se acompaña de
dificultad para respirar y sibilancias.
Diagnóstico:
Bronquitis aguda: Se basa en los síntomas y el examen físico. Generalmente no se
necesitan pruebas adicionales, a menos que haya sospecha de neumonía.
Bronquitis crónica: Se diagnostica por la historia clínica de tos productiva crónica y, en el
contexto de la EPOC, se confirma con la espirometría.
Prevención:
Evitar el tabaco: No fumar y evitar la exposición al humo de segunda mano.
Higiene de manos: Para prevenir infecciones virales.
Vacunación: Contra la gripe y la tos ferina (pertussis).
Minimizar la exposición a irritantes pulmonares en el hogar y en el trabajo.
Tratamiento:
Bronquitis aguda:
La mayoría de los casos son autolimitados y no requieren antibióticos, ya que son de origen
viral.
Medidas de apoyo: Reposo, hidratación, analgésicos/antipiréticos (como paracetamol o
ibuprofeno) para aliviar la fiebre y el dolor, y medicamentos para la tos si es muy molesta.
Evitar irritantes pulmonares.
Bronquitis crónica:
Al ser parte de la EPOC, el tratamiento es similar al de la EPOC (broncodilatadores,
corticosteroides, rehabilitación pulmonar, oxigenoterapia).
Dejar de fumar es crucial para frenar la progresión de la enfermedad.
Manejo de las exacerbaciones con antibióticos si hay signos de infección bacteriana y/o
corticosteroides.
Es importante destacar que esta información se basa en las directrices y recursos de la OMS, y
debe ser complementada con la consulta a un profesional de la salud para un diagnóstico y
tratamiento adecuados.
Conociendo los trastornos respiratorios que
se presenta en adulto mayor
Integrantes :
- HUATANGARE HUAMAN SARAI
- ABREGU HUIZA ESTHEFANY
- BARRIENTO TORRES KAREN
- DE LA CRUZ ROMERO JHENIFER
- CHIRI ORDOÑEZ LUIZ