Psicología
Tema 1. Psicología y música
1. Fundamentos de psicología de la música
1.1 La música como parte esencial en la vida humana
La música constituye una parte clave y esencial en nuestra vida. Así, sabemos que la
música influye en muchos aspectos biológicos y conductuales en los seres humanos.
La música puede desarrollar emociones, imaginar que estamos en otro lugar, puede
energizarnos, animarnos o bien entristecernos. La música activa zonas del cerebro
vinculadas con las emociones y la felicidad.
En milésimas de segundo nuestro cerebro es capaz de recibir las señales acústicas y
procesarlas otorgándoles significado. Las emociones intervienen convirtiendo el sonido
en algo comprensible.
Hablar de psicología de la música es hablar de una disciplina responsable de estudiar
los cambios emocionales que produce la música en la conducta de los seres
humanos en las diferentes etapas de su vida y circunstancias. Es una subdisciplina de la
psicología.
Desde el inicio de la vida, y aún mucho antes de nacer, somos capaces de reaccionar
ante el sonido de la música.
La música permite comunicar información, nos facilita el reconocimiento de emociones
y poder expresarlas y ayuda al aprendizaje de otras disciplinas, por ejemplo, las
matemáticas. De otra parte, la música permite unir a las personas, crear lazos sociales y
de cooperación.
Rentfrow y Gosling (2003), de la Universidad de Texas, encontraron que los gustos por
un determinado género musical definen rasgos de personalidad. Diseñaron el «test corto
de las preferencias musicales» (STOMP, por sus siglas en inglés) y los resultados
indicaron que si se prefiere blues o jazz probablemente se tratará de una persona
soñadora, liberal, tolerante, inteligente, abierta a nuevas experiencias, culturas y
costumbres. Aquellos que prefieren heavy metal resaltan por su alta inteligencia, se trata
de personas curiosas y con buenas relaciones de grupo. Aquellas que prefieren hip-hop o
rap suelen ser extrovertidos, con energía y alta autoestima. Los que eligen pop o música
más actual, suelen ser conservadores, agradables… También hallaron los autores que en
la adolescencia es cuando mayor influencia ejerce la música en la vida personal y que
solemos ser fieles a los estilos musicales elegidos entre los 14 y los 26 años de edad.
1.2 Escucha e interpretación musical y psicología de la música
Resulta indiscutible observar la relación entre escucha y estímulo emocional y entre
percepción y mismo estímulo. Así lo ha entendido a lo largo de la historia la
cinematografía con el empleo de la música. Desde el cine mudo hasta la actualidad con
músicas y silencios sugerentes. Música chocante y explosiva y música melodiosa y
sugerente dependiendo de las imágenes que se estén proyectando.
De otra parte, comprender la interpretación musical como acto físico conlleva pensar
sobre la necesidad del estudio de los instrumentos, sus tiempos y formas a fin de
plantear diferentes alternativas que consideren las limitaciones y características del
cuerpo humano y sus emociones.
Desde el principio de la vida oímos antes que vemos. En el seno materno comienzan
nuestras primeras experiencias auditivas. Burrows (1990, p. 17) escribe: «Un nonato se
sobresalta en el útero al oír el sonido de un portazo. La rica y cálida cacofonía del seno
materno ha quedado grabada: el latido y la respiración de la madre son las primeras
indicaciones que tiene el bebé de la existencia de un mundo distinto a su ser».
El mundo en silencio es un mundo muerto. Los psicoanalistas suelen colocar el oído
en la jerarquía emocional en primer lugar.
Brown (1981), experto mundial en el habla en niños, estudió las reacciones que se
producían al escuchar música. Demostró que existe un cierto consenso entre los oyentes
al identificar piezas musicales como patéticas, nostálgicas, elegíacas…. Y que no
depende del conocimiento que se tenga previo de la pieza musical.
Por su parte, cuando era un anciano, Stravinski (Stravinski y Craft, 1968, p. 36) se
preguntaba: «¿Cuál es la “medida humana” de la música?... Mi “medida humana” no es
solo posible, sino exacta. En primer lugar, es del todo física y es inmediata. Por
ejemplo, los sonidos carentes de armónicos por la acción electrónica me hacen sentir
físicamente enfermo…».
Tanto en la escucha como en la interpretación musical, el ritmo supone un elemento
clave. Se podría decir que el estudio del ritmo implica el estudio de toda la música
porque el ritmo afecta nuestra capacidad y nuestros movimientos. Por ejemplo, la banda
militar que toca y ordena pasos y reduce la fatiga, o convertir el proceso de atarse los
cordones de los zapatos mediante una canción como ayuda a un niño autista.
Por su parte el doctor Sacks (1981, pp. 56-57) en su trabajo con enfermos de párkinson
indicaba:
«Sin duda, el mejor tratamiento para sus crisis era la música, que tenía unos
efectos casi asombrosos. En el transcurso de un minuto, la señora D. se ponía en
tensión, hecha un ovillo y se bloqueaba o farfullaba y era víctima de repentinos
arrebatos y tics, era una especie de bomba humana. Al minuto siguiente, gracias
a la música de una radio o un gramófono, se producía la total desaparición de
todos esos fenómenos obstructores y explosivos y la sustitución de los mismos
por una alegre relajación y flacidez de movimientos. La señora D., liberada de
forma repentina de su automatismo, “dirigía” la música, sonriente, o se
levantaba y empezaba a bailar».
2. Historia de la psicología de la música
La psicología entendida como disciplina científica nace a finales del siglo XIX y es en
ese siglo cuando comienza su relación con el resto de las ciencias y las artes, como es la
música.
La figura 1 refleja un enfoque global e interdisciplinar de la psicología de la música
vinculada con otras áreas de conocimiento como son la física, la antropología o la
metafísica, entre otras (Fernández y García, 2015, p. 4).
Aunque podemos remontarnos a orígenes vinculados a Pitágoras (siglo VI a.C.) y la
relación de la música con las matemáticas, lo cierto es que la psicología de la música se
va consolidando como disciplina hacia la segunda mitad del siglo XIX con la
publicación de investigaciones que relacionaron órganos sensoriales, música y
capacidades musicales.
Se suele decir que Wundt (1932-1920) es el padre de
la psicología experimental el cual, en controversia
con Stumpf (1848-1936) debatieron sobre la relación entre frecuencias de intervalos y
distancia musical percibida. Se trataba de estudios cercanos a la acústica como los de
Helmholtz (1821-1894).
Más tarde fue Bolton (1865-1948) quién plantea un estudio de tesis sobre educación
musical titulado “Ritmo”, dirigido por Hall (1844-1924) y donde analizó a treinta
estudiantes a los que presentó diferentes sonidos, intensidades, duración… que producía
un teléfono eléctrico.
Sin embargo, se suele llamar «padres de la psicología de la música» a Seashore (1866-
1949) y a Mursell (1893-1965). En concreto, el test creado por Seashore es la primera
prueba de gran relevancia para medir aptitudes musicales (la primera edición fue de
1919 con el nombre de Measures of Musical Talent). Seashore era partidario de la teoría
de que el talento musical es algo innato y las capacidades son independientes entre sí.
Sin embargo, Mursell, más partidario de la teoría de la Gestalt, entendía que el todo es
más la suma de las capacidades. El éxito con niños pequeños entrenados para la práctica
de diferentes instrumentos, como fue el método Suzuki, parecía demostrar que no solo
lo innato importa, sino que el ambiente y el aprendizaje son claves para el desarrollo de
una educación musical. Según Seashore (1938, pp. 7-8):
«El espíritu musical se caracteriza por la capacidad sensorial, la imaginación
creativa, la memoria musical, la sensibilidad musical y la capacidad para
ejecutar obras musicales. La inteligencia se relaciona con el pensamiento, la
inteligencia musical es semejante a la f ilosófica, matemática o científica.
Hablamos de inteligencia musical cuando esta se basa en unos conocimientos
musicales, se mueve por unos intereses musicales y se alimenta de experiencias
musicales».
Las primeras teorías que se fijan en la psicología de la música son las teorías
conductistas que describen el comportamiento observado como respuesta predecible
ante la experiencia. En el caso de los músicos, aprenderán a interpretar por repetición.
Posteriormente surge el condicionamiento clásico que consideraba que un estímulo
neutro puede ser asociado a otro y generar respuestas.
Poco a poco, en los años siguientes a los planteamientos de Seashore, fueron
apareciendo diferentes pruebas y test para medir capacidades musicales, pero es a partir
de los años setenta cuando en la psicología general se va imponiendo la psicología
cognitiva y ese paradigma afectará directamente al ámbito musical. De hecho, se suele
hablar de «cognición musical» más que «psicología de la música» (Gjerdingen, 2008, p.
976). Previo a las teorías cognitivas, el conductismo operante indicó que las teorías de
refuerzo y recompensa explican en ocasiones las ejecuciones instrumentales. Es la teoría
de la Gestalt la que influyó notablemente en considerar la música como un todo y no
solo la yuxtaposición de sonidos. Esta teoría se desarrolló a partir de 1912.
Tras las teorías citadas, apareció la teoría del neo-conductismo que analizó el
comportamiento musical en función de la naturaleza del estímulo, la dotación biológica,
el entorno inmediato y la experiencia musical anteriormente vivida.
Pero ha sido la psicología cognitiva la que ha tenido mayor protagonismo como
paradigma predominante para estudiar al ser humano. Quizás fue en 1967 el año en que
comenzó esta corriente cuando Neisser (1928-1912) publicó Cognitive Psychology que
reunía estudios e investigaciones sobre el tema (Norman, 1986). Para Neisser cualquier
cosa que conocemos de la realidad es mediada por los sentidos y por un complejo
sistema que interpreta la información sensorial.
Siguiendo a Sloboda (1985), existen dos razones por las que el estudio de la psicología
y la música nos lleva al terreno de la psicología cognitiva: la primera es que la mayoría
de nuestras respuestas a la música son aprendidas, y la segunda es que no pueden
explicarse simplemente en términos de condicionamiento, en los que solo importa el
contexto. Según este autor, los motivos por los cuales no son condicionamiento serían:
- Los oyentes con cierta cultura musical están de acuerdo con el carácter
emocional, incluso si no la han escuchado. La teoría del condicionamiento
predeciría una serie de diferencias individuales.
- El carácter emocional no es unitario ni inamovible, oyentes con experiencia en
algún tipo de música son capaces de identificar una red de emociones diferentes,
el condicionamiento, sin embargo, nos llevaría a un mismo estado emocional
para una misma pieza.
- Nuestra respuesta emocional a la misma música puede variar considerablemente
de una vez para otra».
El planteamiento de este autor sugiere (Sloboda, 1985) que:
«El estado cognitivo es precursor necesario del estado afectivo. Sin embargo, el
estado afectivo no sigue necesariamente el estado cognitivo. Una persona puede
entender la música que está escuchando sin que le conmueva. Si le conmueve, la
música habrá pasado por un estado cognitivo, lo que implica la formación de una
representación interna abstracta o simbólica de la música. La naturaleza de esta
representación interna, y las cosas que permite hacer una persona con la música,
es el tema central de la psicología cognitiva de la música».
Siguiendo adelante en la historia de esta disciplina, hemos de mencionar a Gardner y
Perkins (colaboradores del filósofo Goodman) a quienes se debe el planteamiento de
entender que el aprendizaje musical permitirá desarrollar la inteligencia. El enfoque
cognitivo entiende la música como una de las múltiples actividades que realizamos
los humanos y, en concreto, la capacidad de «pensar con sonidos» (Lacárcel, 1995,
p. 24).
La inteligencia musical es definida por Gardner (1983) como la capacidad de entender
y desarrollar técnicas musicales; aprenden a través de la música, escuchan música,
tararean o silban melodías, y generalmente leen y escriben música. Plantea el autor que
así es como se entiende la inteligencia musical, la cual a menudo se considera como una
habilidad específica con categoría propia en el desarrollo cognitivo integral del ser
humano.
Gardner (1983) considera que alguien con inteligencia musical se puede interesar por la
música, pero para el campo de la interpretación musical son precisas un conjunto de
inteligencias que van más allá de lo puramente musical. Gardner dice que para una
destreza se requieren del uso de diferentes inteligencias y, de otra parte, una inteligencia
se puede desarrollar en una gran cantidad de ámbitos.
En nuestro siglo ha destacado la fundación de grupos, sociedades, conferencias, grupos
de investigación, centros y grados relacionados con la psicología de la música. También
ha tenido un mayor desarrollo en cuanto a investigaciones, revistas especializadas y
publicaciones internacionales. Destacamos: Journal of Research in Music Education,
Psychology of Music, Music Perception, Psychomusicology, British Journal of Music
Education o Music Scientiae, entre otras.
Los campos de investigación de la psicología de la música han ido incrementándose
año a año. Así, podemos encontrar estudios sobre bases psicobiológicas del efecto
positivo de la música en la conducta, la personalidad o algunos problemas psicológicos.
También destacan estudios que se apoyan en las teorías del desarrollo humano o de la
psicología cognitiva. Algunos miden los diferentes elementos de la música desde un
enfoque psicométrico. Existen estudios también de tendencia conductual basados en el
aprendizaje y la conducta musical relacionados con los refuerzos.
Los estudios sobre percepción y psicología cognitiva destacan dentro de las áreas de
investigación y con ellos las investigaciones relacionadas con las emociones y la
respuesta afectiva, es decir, con los sentimientos placenteros asociados a la música y su
vínculo con la liberación de dopamina.
Las investigaciones relacionadas con la neuropsicología crecen día a día desarrollando
mecanismos cerebrales que intervienen en los procesos cognitivos y que están en la base
de la percepción y la interpretación musical. Los libros más influyentes en este ámbito
han sido:
- The Psychology of Music (Diana Deutsch, 1982).
- The Development Psychology of Music (David Hargraves, 1986).
- The Musical Mind: The Cognitive Psychology of Music (John Sloboda, 1985).
- Frames of Mind: The Theory of Multiple Intelligences (Howard Gardner, 1983).
3. Mecanismos psicofisiológicos que sustentan la conducta musical
Todo lo que percibimos depende de la habilidad de nuestro cerebro para interpretar la
información recibida por los sentidos. En el caso de la música, la percepción de los
sonidos, su vibración y energía emitida mediante ondas que llegan al oído y de ahí al
cerebro.
Desde un enfoque psicofísico la acción auditiva surge tras la estimulación por ondas
sonoras que llegan al nervio auditivo y provocan la percepción auditiva en el cerebro.
La especialización hemisférica plantea diferentes áreas cerebrales según aspectos
vinculados a la percepción cerebral, en este apartado nos interesa comprender el todo
del cerebro más que la asimetría cerebral o la especialización por áreas, que será objeto
de otro tema.
En la dirección indicada anteriormente, destacamos que nuestro cerebro se configura a
partir de nuestra propia historia personal, genética y también cultural, y la conducta
musical se sustenta en toda una red neuronal que lo sostiene puesto que la música
estimula centros de nuestro cerebro que se relacionan con las emociones provocando
bienestar y equilibrio que ayuda al desarrollo psíquico.
Mediante las técnicas neurofisiológicas se ha podido estudiar el cerebro cuando percibe
música o cuando interpreta obras musicales. Estos datos neuropsicológicos han
permitido comprender mucho mejor cómo las redes neuronales controlan sentimientos,
emociones y conductas derivadas de la actividad musical.
Tanto la conducta de interpretación, como la de escucha o composición de la música
supone el equilibrio de las emociones puesto que existe una estrecha relación entre el
estado de ánimo, su expresión conductual y la música. Así, podemos decir con Lacárcel
(2003, p. 223):
«La música afecta de tal forma al nivel psicofisiológico y emocional de la
persona, que me atrevería a decir que existe una necesidad de estimular el
pensamiento positivo y las emociones constructivas mediante la música. Este
pensamiento positivo modifica las endorfinas y las células C del organismo que
forman parte del sistema inmunológico».
Así, para alcanzar estados de relajación como de ansiedad, se ha comprobado que la
música influye en los mismos afectando a la respiración, a la frecuencia cardíaca y a las
ondas cerebrales. Diferentes estudios han demostrado los mecanismos por los que la
experiencia sensorial puede producir determinadas modificaciones en el estado
emocional (Davidson et al., 2003; Johnsen et al, 2009), o bien aquellos que se han
enfocado en el efecto de la música para reducir la ansiedad (Gómez y Danuser, 2007;
Elliott et al., 2011), o modificar la frecuencia cardíaca (Riganello et al., 2010), en la
actividad cerebral (Johnsen et al., 2009; Hodges y Sebald, 2011) o en las respuestas
psicofisiológicas (Benson y Klipper, 2000), entre otros.
De igual modo se ha estudiado desde las culturas más ancestrales el efecto rítmico que
influye en la actividad motriz, en la relación espacial y esquema corporal, y es bien
conocido que el baile y la danza son un modo de sentir, de ser, de expresar la vida y las
emociones. Así, han analizado los efectos de la melodía, tono, timbre, tiempo… en la
respuesta psicofisiológica (Husain et al., 2002) o reconocer el poder de la música en la
intervención terapéutica del dolor (Juslin y Västfjäll, 2008).
Otras conductas musicales cuyos mecanismos psicofísicos son claves en el desarrollo
humano, son la voz y el canto. El canto permite construir la propia identidad y la
imagen del propio cuerpo. Desde las edades más tempranas, los mecanismos
psicobiológicos modulan el tono de voz, íntimamente vinculado a las emociones y a la
capacidad comunicativa y expresiva de los seres humanos: «La actitud de los hombres
ante la vida, y sobre todo, su forma de pensar en el mundo son resultado de la danza y
del canto» (Blacking, 1987, p. 60).
El estilo musical también fue analizado por diferentes autores (Tan et al., 2012; Elliot et
al., 2011) que hallaron variadas respuestas psicofisiológicas dependiendo del estilo
musical (música clásica y otros géneros musicales).
El trabajo de Berrio (2017) profundiza en la medición de las variables psicofisiológicas,
como son la respuesta galvánica, las ondas cerebrales y la frecuencia cardíaca
exponiendo a los sujetos a la escucha de distintos estilos musicales con el objeto de
conocer la respuesta psicofisiológica.
Existen grabaciones que reflejan el aumento de las pulsaciones de Herbert von Karajan
mientras dirigía la obertura de Beethoven Leonora nº 3. Sus pulsaciones mostraban
mayor incremento durante pasajes que él consideraba más emotivos y no lo reflejaba
durante aquellos para los que realizaba un gran esfuerzo físico, como en su faceta de
piloto de aviones. Sus pulsaciones mientras pilotaba y hacía aterrizar un avión eran
menores que las que tenía mientras dirigía (Harrer y Harrer, 1977).
En definitiva, podemos decir que la música es capaz de alterar nuestro estado emocional
y también nuestro estado psicofísico y, además, es capaz de cambiar nuestra actitud
mental. Los estudios neurocientíficos así lo avalan: nuestro equilibrio y desarrollo
psíquico y emocional se relaciona con la música.