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Re Latos

El relato narra la intensa y clandestina relación sexual entre el narrador y su vecino Raúl, quien es un hombre casado. A lo largo de la historia, se describen encuentros apasionados y explícitos que ocurren en diversas ubicaciones, incluyendo la terraza y la bañera del narrador. La narrativa culmina con la repetición de estos encuentros, sugiriendo una conexión emocional y sexual entre ambos hombres.

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Re Latos

El relato narra la intensa y clandestina relación sexual entre el narrador y su vecino Raúl, quien es un hombre casado. A lo largo de la historia, se describen encuentros apasionados y explícitos que ocurren en diversas ubicaciones, incluyendo la terraza y la bañera del narrador. La narrativa culmina con la repetición de estos encuentros, sugiriendo una conexión emocional y sexual entre ambos hombres.

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El esposo de mi vecina.

Era verano y en esa época del año los hombres de Madrid se visten de ropas ligeras, camisas de
mangas cortas y bermudas. Ahora por donde quiera puedes ver los brazos y piernas hermosas que el
frío invierno les obligó ocultar. Y ahora fue que pude descubrir como era verdaderamente el esposo de
la vecina de mi casa. Teníamos dos pisos contiguos que compartían una pequeña terraza, donde
aquella mañana me lo encontré sin camisa, haciendo el trabajo de reparación de un mueble viejo. Al
ver a aquel hombre velludo sin camisa de verdad que me quedé como extasiado. Nos saludamos como
de costumbre, pero me di cuenta que mi excitación por verlo así no había pasado inadvertida. Me di
cuenta que el captó mi admiración y también me di cuenta que a él eso no le molestó, pues continuó
conversando conmigo como si tal cosa, mientras continuaba haciendo su trabajo. Incluso en un
momento me invitó a que lo ayudara a sujetar el mueble que estaba reparando. Ahora estábamos muy
cerca y lo podía contemplar mejor, como me di cuenta que a él eso no le disgustaba ahora mientras el
trabajaba yo me daba placer en observarlo más de cerca.

De verdad que por ser un hombre casado y por imaginarme que en cualquier momento pudiera
aparecer su esposa en la escena, pues no me propasaba en lo más mínimo. Sin embargo de vez en
cuando sus brazos rozaban los míos y yo sentía como su sudor me mojaba, aquello me estaba
volviendo loco, pero yo trataba de no darle a eso ninguna importancia. Pero los roces descuidados
continuaban y no pude contenerme a rozarlo yo también con aparente descuido. Al momento en que
yo lo roce entonces me volvió a rozar el brazo pero lo hizo con un tiempo menos breve que me puso
muy nervioso, lo que me delató tanto que su mano caliente y ardorosa la puso sobre mi mano y me
dijo. ¿Que te pasa? ¿Te sientes mal?. Yo le respondí de inmediato que no y su mano subió por mi brazo,
acercándome a sí y me dio un beso en la boca. Sus labios eran pulposos y su lengua que se introducía
en mi boca casi hasta la garganta me dejó perplejo. Aquello no terminaba, el sudor de su pecho me
mojaba de forma que me excitaba enormemente. Al fin volví en mi y me separé como pude y le
recriminé el peligro de que su esposa viniera en cualquier momento.

Raúl, que así se llamaba mi vecino, me dijo que no me preocupara que ella no iba a venir ahora. Y de
nuevo volvió a acercárseme, a abrazarme con sus brazos fuertes y de nuevo comenzó a besarme. Yo
estaba muerto de miedo, pero no tenía fuerzas para alejarme, me atraía como un imán y dejé a un lado
el miedo a ser sorprendidos y solté mis riendas y comencé a acariciarle el pecho que me encantaba
tanto, sus manos acariciaban mi espalda, mientras mis manos y bajaron hasta su paquete que estaba
al borde de explotar. Ahora supe que estaba bien provisto y él no espero mucho y se abrió la bragueta
y dejó suelta aquella polla mojada que yo inmediatamente bajé a introducírmela en la boca.

El gemía de placer, aquello era una locura, yo estaba muy nervioso y le dije que nos fuéramos para
adentro de nuestra casa. El no me hizo el menor de los casos y me quitó los pantalones y comenzó a
besarme la espalda. Comenzó a meter un dedo en mi boca, yo se lo chupé y bien mojado empezó a
meterlo en mi culo. Primero fue un dedo, después dos y finalmente me metió los tres dedos. Me estaba
retorciendo de placer, pues al ser un hombre de trabajo tenía las manos robustas. Cuando me sacó los
tres dedos entró su polla por mi culo. Yo metí un gemido de dolor y placer. Y así empezó a follarme de
una forma tan enérgica que yo creía que me iba a correr en cualquier momento. Ya enganchado me
empezó a dirigir para que entrara en mi casa.

Aquello era una cosa sorprendente, yo caminaba para entrar a mi casa y él continuaba follándome.
Entramos en la cocina y me dijo que me pusiera en cuatro patas y continuó follándome, y me dijo
vamos para el salón. Yo iba caminando en cuatro patas hacia el salón mientras él continuaba
follándome. Así llegamos a la alfombra del salón y su cuerpo sobre el mío me hizo acostarme boca
abajo, mientras comenzó a meter y sacarme la polla de una forma que me estaba retorciendo de
placer. Sudaba copiosamente y su sudor me estaba mojando totalmente me estaba retorciendo de
placer. Poco antes de correrse me sacó la polla y sentí como su leche caliente recorría por mi espalda.
Luego empezó a masturbarme y enseguida logró que me corriera. Mi leche en sus manos me hizo
estremecerme de sensación y finalmente se limpió sus manos en mi pecho. Para luego sudado pegar
su pecho al mío y terminar besándonos muy tiernamente. Así nos quedamos tendidos por un rato hasta
que Raúl fue el que rompió el silencio y me dijo, tenemos que ducharnos, pues mira como estamos.

Rápidamente me incorporé y fui a preparar el baño, puse a llenar la bañera, busqué toallas limpias y él
se metió en la bañadera y me invitó a que entrara también. Nos bañamos el uno al otros, de esa forma
no había un milímetro de un cuerpo que no acariciara el otro. Así estuvimos largo rato, no teníamos
para cuando acabar aquel placer de caricias que nos estábamos dando que solo terminó cuando me di
cuenta que estaba empalmado y como yo estaba sentado sobre su vientre empecé a sentir que su
polla me tocaba las nalgas. Me incorporé un poco para que su polla tuviera al alcance mi culo y no
hubo segunda oportunidad, su polla entró por mi culo como nunca, creí que me reventaba, porque el
me puso mis piernas sobre su pecho. Nunca me había entrado tanto una polla. Cuando Raúl le salía de
los huevos me empujaba hacia arriba y entonces era cuando sentía como el tronco de su polla que era
la parte más gorda me entraba y parecía que me reventaba. Allí me tenía todo cuanto quería, le
suplicaba que bajara, lo acariciaba, le rogaba desesperado; pero ahí me tenía hasta que le salía de los
huevos bajarme. Aquello me daba un morbo extremo, yo lo besaba, lo acariciaba y él volvía a clavarme
su polla hasta el final y de nuevo volvía a apoderase de mí esa sensación de desespero y entrega total
al macho que te gusta. En su cara aparecía esa sonrisa de placer cada vez que me la volvía a meter
hasta el tronco mientras yo me retorcía sintiendo su polla en lo más profundo de mis entrañas.

Luego me la sacó y nos pusimos de pie por un momento pues enseguida me volvió a colimar y esta vez
comenzó a follarme con tanta energía que sentía miedo; pero mi culo estaba tan dilatado que no ponía
resistencia alguna a la entrada de su devoradora polla. Sentía como sus huevos me golpeaban las
nalgas. Como sus manos apretaban mis tetillas y yo lleno de lujuria también apretaba con mis nalgas
su polla para que sintiera más placer. Aquella follada duró mucho tiempo, pues al habernos corrido tan
recientemente hizo que su orgasmo se alargara. Cuando empezó a correrse empezó a gemir con tanto
placer, me apretaba las nalgas con tanta fuerza que también me corrí casi junto con él.

Estábamos extenuados, al fin salimos de la bañera. Yo tenía mi culo lleno de su leche. Nos secamos
uno al otro. El se puso su bermuda, me dio un tierno beso en la boca y se marchó.

Esa noche.

No supe más de Raúl en todo el día, pensé que estaba con su esposa, quizás había salido con ella a
algún lugar. A cada rato miraba al patio para ver si aparecía por algún lado, pero no lo vi en el resto del
día y de la noche. En definitiva estaba tan cansado que esa noche cené temprano y me recosté en el
sofá a ver la tele y medio me quedé dormido. De pronto como a eso de las 10 de la noche sonó el
timbre de mi casa, sonó muchas veces hasta que me desperté y cuando miré por el visor mi sorpresa
fue mayúscula, era Raúl el que tocaba en mi puerta. Yo estaba medio dormido todavía pero al verlo me
empalmé de repente y le abrí la puerta inmediatamente. Entró a mi casa y comenzó a besarme con
tanta intensidad como por la mañana en el patio. Yo le dije si estaba loco, que como iba a dejar a su
mujer en su casa sola para venir a follar conmigo y ahí me di cuenta porque había sido tan osado en el
patio por la mañana. No te preocupes por mi mujer, nuestras cosas no andan bien y desde ayer está
para casa de sus padres en el pueblo y yo hace mucho tiempo que esperaba este momento para poder
estar contigo, pues estaba seguro que tus miradas en el elevador me indicaban que cuando te quisiera
follar lo iba a lograr.

Así que prepárate que esta noche si duermes vas a dormir caliente.

Nos fuimos a la habitación desnudándonos y dejando nuestras ropas en el camino, totalmente


desnudos nos acostamos en la cama y apagamos las luces. En la oscuridad absoluta nuestros cuerpos
se pegaron desesperadamente, nos besábamos nos acariciábamos y su polla se metió entre mis
piernas. Yo se la apretaba desesperadamente mientras él empezó a lamerme el cuello. Aquello me
dejaba la mente en blanco, le abría mis piernas para que me penetrara pero el seguía disfrutando de
mi cuello. Después empezó a mamarme las tetillas y me las succionaba que casi se las metía entera en
su boca. Después me mordía la puntica y yo me retorcía de placer. Su polla estaba mojada y en un
descuido me le escapé y empecé a mamarle los huevos, Raúl se retorcía de placer, mientras yo veía
como su polla mojada estaba desesperada porque se la chupara. El boca arriba y yo sobre él
chupándole sus huevos llenos de leche. Cuando empecé a mamarle la polla mi culo quedó cerca de su
boca y empezó a comérmelo de forma que me desesperaba, su lengua entraba por mi culo y yo
trataba de tragarme su polla hasta lo último de la garganta. Así estuvimos hasta que él se incorporó,
me arrastró por los pies hasta el borde de la cama y clavó su rabo tan fuerte en mi culo que solté un
grito desesperado. Su polla había entrado con tal violencia que sentí mucho su penetración, yo le pedía
que me la sacara aunque fuera un instante para acostumbrarme pero en no me oía. Solo me follaba
con tal energía que yo no tuve otra alternativa que dejarme poseer besándolo y dejándolo que me
gozara el culo al deseo de sus cojones. Sudaba copiosamente. Yo le lamía su sudor salado y me
retorcía de placer mojándome con su sudor. Cuando nos corrimos esta vez su leche cayó sobre mi
pecho y sobre el suyo velludo. Nos continuamos besando mientras yo me corría y mi leche embarraba
sus cojones. Había leche por toda la cama, le invité a bañarnos y él me dijo que eso lo haríamos
después que el olor a leche que teníamos a él le daba mucho morbo.

Nos quedamos así embarrados el uno junto al otro. La leche se secó en nuestros cuerpos y de nuevo a
los 30 minutos estábamos empalmados de nuevo y comenzamos a follar de nuevo. Con mi boca le fui
chupando toda le leche que tenía seca en los vellos de su pecho y me la fui comiendo. Le dejé limpio
los cojones y su polla y cuando lo tenía bien limpio me volvió a enganchar desaforadamente. Follamos
de forma salvaje hasta que de nuevo nos corrimos y nos volvimos a embarrar de leche. Así nos
quedamos dormidos y extenuados y no nos bañamos hasta el día siguiente cuando nos despertamos y
me volvió a follar en la bañera. Luego se vistió y se marchó me dijo que iba a casa de sus padres pero
que después regresaría a dormir conmigo.

AGRADABLE SORPRESA

Después de mi primera experiencia sexual, no tardé mucho tiempo en volver a repetirlo, en concreto
tres días. Me había gustado tanto mi primera vez que no podía dejar de pensar en ello, por lo que en
cuanto tuve ocasión volví a planear una escapada a los aparcamientos de la Expo.
Al igual que en la anterior ocasión, decidí acudir por la mañana, en esta ocasión sobre las 10:00, antes
de que el sol apretara y el calor fuese insoportable. Tras una delicada sesión de higiene, cogí la
bicicleta rumbo a los aparcamientos, no sin antes echar mano de un preservativo.

Nada más llegar a los aparcamientos tomé la calzada principal y avancé con decisión dispuesto a
encontrar a un nuevo varón que saciase mis necesidades. Mientras avanzaba contemplé que había
muy pocos coches, menos que en la anterior ocasión, y seguí avanzando esperando que el panorama
mejorase en unos metros. Esto no ocurrió y en cinco minutos recorrí casi todo el aparcamiento sin que
me hubiese cruzado con ningún coche. Cuando estaba dispuesto a dar la vuelta divisé un coche a lo
lejos, así que decidí seguir adelante para cruzarme con él.

Cuando el coche estaba a unos doscientos metros decidí parar para ver que hacía el conductor,
deseando que parase a mi altura. Se trataba de un Seat Ibiza rojo, nuevo y con los cristales tintados.
Cuando estaba a escasos metros noté como el vehículo comenzó a frenar y pude ver que en su interior
había dos ocupantes, cosa que me puso bastante nervioso. Al llegar a mi altura frenó y se abrió la
ventanilla del piloto, comprobando con sorpresa que no eran dos sino tres los ocupantes del vehículo.

Se trataba de tres jóvenes de unos 20 años, bastante guapos los tres, y fue el conductor quien inició la
conversación preguntándome qué hacía por allí. Tras unos segundos de indecisión le contesté que
estaba dando una vuelta, pues tenía dudas de lo que iban buscando, pero éstas se disiparon cuando el
copiloto me preguntó más claramente si quería sexo. Al oír aquella pregunta tan contundente dejé
escapar una sonrisa, de la cual se deducía una respuesta afirmativa.

Al igual que en la anterior ocasión nos adentramos en los aparcamientos, que en este tramo no
estaban asfaltados, y paramos en una zona dotada de arbustos y pequeños árboles que nos
proporcionaban algo de sombra. Estacionaron el coche de manera que nos proporcionara algo de
intimidad, aunque aquella zona estaba completamente desierta, y los tres jóvenes bajaron del
vehículo.

Observé a los tres muchachos durante unos segundos, paralizado aún por el nerviosismo, temeroso por
lo que acontecería. Eran más altos que yo, rondando el metro ochenta, y los tres vestían con camiseta
y bermudas, algo bastante común en aquella época del año en Sevilla. Uno de ellos abrió el maletero y
sacó una gran toalla que extendió en el suelo, pidiéndome que me acercase para comenzar con el
juego.

Por la naturalidad con la que se desenvolvían me quedó claro que no era la primera vez que visitaban
aquella zona. No parecían homosexuales, por lo que supuse que frecuentaban aquel lugar en busca de
sexo fácil, pues al fin y al cabo un agujero es un agujero. No sería yo precisamente quien impidiera que
los jóvenes disfrutaran de buen sexo, pues estaba dispuesto a darlo todo y dejarlos bien contentos.

Me acerqué lentamente y para romper el hielo les pregunté el nombre. El conductor se llamaba
Alberto, el copiloto José y por último se presentó Salva. Tras darme sus nombres les dije el mío, y sin
más dilaciones José llevó una de sus manos a mi culo. Yo permanecí rígido, todavía bastante nervioso,
pero poco a poco comencé a excitarme, especialmente cuando metió su mano por debajo de mis
calzonas y comenzó a hurgar por la raja de mi culo hasta dar con mi ano.

Sus amigos permanecieron quietos durante unos segundos, dejando que José tomara la iniciativa, pero
finalmente decidieron pasar a la acción. Alberto me quitó la camiseta y se lanzó a besar mi cuello, para
a continuación besarme en la boca. En un principio traté de rechazar el beso, pero finalmente me dejé
llevar por la situación y nos morreamos durante varios segundos. Era la primera vez que besaba a un
hombre y la verdad es que no me desagradó en absoluto.

Mientras besaba acaloradamente a Alberto, José bajó mis calzonas, dejando al descubierto mi pene a
media erección, que terminó de endurecerse al quedar completamente desnudo ante los tres
atractivos jóvenes. Fue entonces cuando José se arrodilló ante mi trasero y separó mis nalgas para ver
mi agujero con detalle, para a continuación introducir uno de sus húmedos dedos. Consiguió
introducirlo hasta el fondo de mi recto, provocándome un enorme placer, tanto que tuve que parar de
besar a Alberto para acomodarme, pues estaba tan excitado que perdí el equilibrio.
Me arrodillé en la toalla e incliné mi cuerpo hacia delante para dejar mi culo en pompa, para que de
esta manera José pudiera seguir dilatando mi esfínter. Una vez arrodillado decidí pasar a la acción y
agarrando a Alberto por el pantalón hice que acercara para chuparle la poya. Cuando tuve su paquete
ante mi rostro no tardé ni un segundo en desabrochar el pantalón y descubrir el jugoso miembro, el
cual gozaba de un tamaño bastante aceptable.

Fue en ese instante cuando me percaté de que únicamente llevaba un preservativo, y que si quería
seguir adelante con aquello debería hacerlo a pelo, cosa que me dejó bastante preocupado. Durante
varios segundos quedé pensativo, pero a aquellas alturas ya no podía dar marcha atrás, siendo tanta
mi excitación que preferí correr ese riesgo.

Agarré con suavidad la dura poya y sin más la llevé a mi boca, donde pude sentir un desconocido sabor
que me supo a gloria. Era la primera vez que chupaba una poya sin preservativo, y la verdad es que no
había comparación. En esta ocasión pude disfrutar de los fluidos que emanaban del rico miembro, lo
cual resultaba bastante más excitante que el sabor a fresa del preservativo.

Mientras mamaba el duro pene de Alberto, José seguía trabajando mi culo, penetrándolo con sus
húmedos dedos, haciendo que mi excitación fuera aumentando, llegando a ser máxima cuando llevó su
lengua a mi sucio agujero y lo lamió durante unos segundos. Tuve incluso que parar de chupar durante
unos segundos para poder tomar aire, mientras suplicaba a gritos que no parase de chuparme el culo.

Estaba tan entregado a José y Alberto que me había olvidado de la presencia de Salva, que permanecía
apoyado en el coche, observándonos atentamente. Reclamé su atención para que se acercara, y
dibujando una sonrisa en su rostro se acercó rápidamente. Le pedí que se bajara los pantalones,
deseoso de poder chupar dos poyas a la vez, cosa que tanto me ponía cuando lo veía en las películas.

Tímidamente desabrochó sus pantalones, y mientras terminaba de bajar sus calzoncillos eche mano al
flácido pene para masturbarlo. Sin dejar tiempo a que se irguiera por completo lo llevé a mi boca,
donde terminó de empalmarse mientras lo chupaba enérgicamente, alcanzando un tamaño similar que
el de su amigo.

Me entusiasmé tanto con la nueva poya que Alberto tuvo que llamar mi atención para que no me
olvidara de la suya. Comencé entonces a alternar entre ambas, chupando una y masturbando la otra,
procurando ser lo más justo posible con los dos jóvenes.

Permanecí mamando los dos falos hasta que José paró de chupar mi culo. Pensé entonces que era el
momento de que me follaran, y sin esperar un segundo se lo propuse a los jóvenes, que rápidamente
discutieron por ser el primero. Tras varios segundos de disputa decidieron que fuese Salva el primero,
para lo cual volví a llevarme su pene a mi boca para dejarlo bien lubricado.

Me coloqué a cuatro patas, dejando mi trasero bien accesible, y permanecí inmóvil a la espera de
recibir la vigorosa poya en mi culo. Salva acercó su glande a mi orificio y empujando suavemente
consiguió introducirlo sin apenas dificultad. Siguió empujando y lentamente consiguió meterla hasta el
fondo. Yo mientras tanto no podía parar de gemir, enormemente excitado de recibir aquel falo en mi
culo.

En tan solo unos segundos mi ano quedó completamente dilatado y permitió que Salva me follara con
suma facilidad, taladrando mi culo con gran velocidad y maestría. Para colmo de mi excitación José se
bajó los pantalones y pude comprobar que calzaba un enorme poyón, de los que únicamente se veían
en películas. Nada más verlo acerqué mi mano derecha para agarrarlo y tras masturbarlo durante unos
segundos lo llevé a mi boca, intentando tragar la máxima longitud posible, que no fueron más que
unos centímetros. A los pocos segundos tuve que parar para tomar aire, pues era tanta mi excitación
que casi me asfixio con la descomunal verga en mi boca.

Salva continuó follando mi culo durante unos minutos, durante los cuales seguí chupando las poyas de
Alberto y José, dedicando especial atención a la enorme verga de este último.
Pasados unos minutos Salva comenzó a acelerar el ritmo y comenzó a follarme con enorme intensidad,
sintiendo que estaba a punto de correrse. Sus amigos se percataron de ello y en tono burlesco le
advirtieron que no se corriera dentro de mi culo, pues todavía te tenían que follarme ellos. Aunque no
me hubiese importado que me llenara con su esperma yo también le pedí que no se corriera todavía,
pretendiendo que siguiera follándome durante más tiempo.

A pesar de mi petición Salva no aguantó más y sacó su ardiente poya de mi culo para acabar
corriéndose sobre mi espalda. Los cálidos chorros de esperma se fueron depositando sobre mi dorso
mientras sus amigos jaleaban la hazaña, riéndose a carcajadas al verme con la espalda cubierta de
semen. Aquello me hizo sentir un poco humillado, como si de una putita me tratara, lo cual aumentó
aún más si cabe mi excitación. Sin darme tiempo a respirar Salva me acercó su pene para que pudiese
apurar los restos de semen. Con algo de reticencia procedí a chuparlo, descubriendo un sorprendente
sabor que me sorprendió gratamente, por lo que permanecí varios segundos chupando el delicioso
miembro, hasta que Salva me lo retiró para alejarse hacia el coche, completamente extenuado.

Llegó entonces el turno de Alberto, que rápidamente se colocó tras de mí para acercar su poya a mi
agujerito, donde la metió por completo sin ninguna dificultad, haciéndome sentir un enorme espasmo
de placer, los cuales se fueron sucediendo uno tras otro mientras mantuvo su poya clavada hasta el
fondo de mi recto. Me folló con tal soltura que casi me hace desmayar, y aunque José me acercó su
miembro para que lo chupara decliné la invitación, pues estaba completamente entregado al placer
que recibía a través de mi trasero.

Por desgracia para mí aquello no duró lo que hubiese deseado, y en pocos minutos Alberto paró para
correrse. Nada más sacarla de mis adentros me incorporé rápidamente y arrodillándome ante mi
amante le pedí que se corriera en mi cara, lo cual no tardó en ocurrir, y en pocos segundos
comenzaron a brotar potentes chorros de esperma que fueron a parar a mi rostro. Los jóvenes
observaron la escena atónitos, y en esta ocasión no hubo gritos, aparentemente sorprendidos al ver
que había pedido yo que se corrieran en mi cara, algo tan asqueroso y humillante para algunos, pero
que para mí suponía una enorme excitación.

Permanecí de rodillas con la cara completamente cubierta de semen, contemplando a mis nuevos
amigos, esperando a que José me follara. Tras vacilar unos segundos éste se acercó y sujetándome
bruscamente por la cintura me hico colocar nuevamente a cuatro patas, quedando mi culo en pompa a
la espera de recibir la enorme poya del último de los jóvenes, del que esperaba una placentera
enculada.

Noté como el glande se posaba sobre mi rosado orificio, donde consiguió introducirse en cuanto relajé
mi esfínter. José prosiguió empujando hasta conseguir meter su pene por completo, con algo de
dificultad debido a su enorme tamaño. Cuando por fin lo consiguió le pedí que esperara unos segundos
antes de follarme, dando tiempo para que mi ano se dilatara un poco más, pues notaba un ligero dolor
con aquel enorme falo dentro de mi culo.

Pasados unos segundos José comenzó a follarme suavemente, pero a los pocos segundos mi esfínter
fue cediendo y la penetración se hizo cada vez más fácil, convirtiéndose el dolor en placer. Tanto dio
de sí mi agujero que al poco tiempo José me estaba follando con gran velocidad, tanta que a los pocos
segundos llegó su orgasmo.

José no quiso ser menos que su amigo y tras sacar su miembro de mi culo se acercó a mi cara para
correrse, mientras yo me arrodillaba para quedar a la altura de sus genitales. Tras unos segundos
masturbándose ante mi rostro eyaculó violentamente, y aunque gran parte del semen fue a parar al
suelo, sobre mi cara cayeron dos contundentes lechazos, dejando uno de mis ojos completamente
empapado. Fue el mismo José quien con sus dedos retiró el esperma de mi ojo, para después llevarlos
a mi boca. Acto seguido me lancé a chupar por última vez la deliciosa poya, disfrutando de los últimos
restos de semen que en ella quedaban.

José se retiró junto a sus amigos, apartando su poya de mi boca bruscamente. Quedé bastante
frustrado, pues esperaba bastante más de José. No solo había aguantado poco tiempo, sino que encima
se marchaba groseramente, dejándome con las ganas de disfrutar un rato más de su enorme pene.
Me levanté intentando disimular mi malestar, con la cara aún llena del viscoso esperma. Alberto se
acercó y tendiéndome un paquete de pañuelos para limpiarme me pidió el número de teléfono, que
accedí a dárselo encantado.

Tras apuntar el teléfono no despedimos fríamente, deseoso de que me llamaran algún día para volver a
repetir tan maravillosa experiencia. Los jóvenes montaron en el coche y partieron rápidamente,
dejándome completamente sólo en aquel paraje. Tras limpiarme tomé la bicicleta y partí de regreso a
casa bajo el intenso calor que asolaba a aquellas horas, cansado, pero completamente satisfecho.

Lazaro sobre el capo del cche

Tenía la mirada fija en la nada, con las pupilas dilatadas en el infinito, clavadas en el vacío. De repente
sentí que alguien me golpeaba en el hombro.

—Eh, empanado, despierta —me sacó mi amigo Lázaro de la ensoñación en la que andaba inmerso.
Giré el cuello, le miré, le sonreí y le quité el litro de cerveza que tenía en la mano—. ¿En qué pensabas?

—En realidad no pensaba. Estaba con la mente en blanco. Unos minutos de relax —respondí.
—Estás muy loco, pequeño Alex. Muy, pero que muy loco —sentenció Lázaro, y se recostó sobre la luna
del coche. Estábamos tumbados sobre el capó de su automóvil, en medio de la nada, mirando al cielo
estrellado.—.¿Cuánto hace que no follas, tío?

—¿Y esa pregunta? —sonreí sin dejar de mirar a la bóveda oscura.

—No sé. Porque yo pienso en cuánto llevo sin follar y en la de pajas que me hago y me siento un poco
frustrado.

—Estás frustrado porque quieres, tío —le dije—. Eres muy guapo Lázaro, pero te lo montas muy mal
con las chicas. Se ve demasiado que vas a lo que vas. A follar y punto —di otro sorbo a la cerveza.

—No puedo evitarlo. Es que quiero follar —defendió mi amigo su postura. Hizo una pausa y volvió a la
carga—. Venga, y ahora contesta a lo que te he preguntado.

—Pues… —di un fuerte suspiro—. Follar, follar. Me follé a un chaval hará un par de meses. Pero vamos,
que comerme una buena polla…, creo que la última fue la semana pasada.

—¡Eres un cabrón! —exclamó Lázaro—. Los gays siempre estáis follando sin parar.

—No es verdad. Lo que pasa es que los hombres necesitan follar sin parar —rebatí.

—Pues ya te podías tirar el rollo de buen amigo y chupármela —se frotó el paquete por encima del
pantalón vaquero.

—Sabes que no puede ser. Y eso que tienes un buen pollón, Lázaro. Pero no seria ético —me desquité.
Todo con la intención de evitarme posteriores problemas o arrepentimientos por parte de él.

—Déjate de éticas y escrúpulos, Alex, joder. Te lo estoy pidiendo como un favor. Bueno, puede ser
hasta un privilegio. Te estoy dejando que me la chupes...

—Oh, sí. Gracias Lázaro. Gracias por permitirme chuparte el rabo —ironicé, y le pasé el litro de cerveza
para que se entretuviera un poco y se callara.

—¿Entonces no vas a chuparme el nabo? —insistió tras darle un sorbo a la cerveza.

—No —meneé la cabeza.

—¡Eres un hijo de puta! —me insultó jocoso pero fastidiado—. ¿Y si te dijera que quiero probar con otro
hombre? —volvió a la carga.

—Pues prueba —le animé—. Puedo presentarte a quien quieras. A quien más te guste. No creo que
tengas muchos problemas, nos suelen atraer los chulos como tú. Así, en plan canalla.

—¡Que subnormal! —rió, y volvió a beber para después pasarme la botella—. Cómeme el cipote, anda.
Un poco, tío.

—¡Qué no, joder! —grité empezando a perder la paciencia—. ¿Por qué coño quieres que te la chupe?
Búscate a una zorra que te la coma, tío, pero no me lo pidas a mí.

—¿Pero es que te da asco mi polla o qué? —adujo mosqueado sin entender mi negativa.

—No me da asco tu polla, Lázaro. Seguramente me encantaría el sabor de tu nabo, pero eres mi amigo
y a mis amigos no les chupo la polla. Es tan fácil como eso —le contesté bajándome del capó y
poniendo mis brazos en jarras.
—Vale. Pero no te enfades —respondió, volviendo a su actitud normal, como si no hubiera pasado
nada.

—Voy a mear —dije girándome y alejándome un poco entre los bajos matorrales del campo. Respiré
hondo, me detuve a unos cuantos metros del coche y me bajé la cremallera para mear. El sobresalto
fue mayúsculo cuando noté unas manos agarradas a mis caderas—. ¡Dios, Lázaro! —chillé—. No
vuelvas a darme esos sustos.

—Lo siento —susurró en mi oído. Acto seguido me agarró más fuerte de las caderas, desde detrás y me
besó en el cuello.

—Eh —intenté escapar de él. Me di la vuelta y le miré—. Te lo digo por última vez —saqué mis restos
de paciencia—. No te la voy a chupar y si sigues poniéndote pesado me veré obligado a darte una
buena mano de hostias —amenacé.

—Me encanta. Con lo marica que eres y lo machote que te muestras —rió.

—Que folle con otros hombres no quiere decir que sea una nena, amigo —recalqué chulo.

Lázaro se lanzó sobre mí y me agarró, arrimando mi vientre al suyo. Me sonrió y por un momento le
dejé hacer para tomar fuerzas, respirar fuerte y continuar con mi negativa. Bromeando agarré también
su cintura y quedamos pegados el uno al otro, separando algo nuestras caras que estaban muy cerca
la una de la otra.

—Bueno, pues no hace falta que me chupes la polla —se resignó finalmente, pero sin soltarme.

—En eso estamos de acuerdo —sonreí.

—¿Me dejas besarte? —preguntó.

—No entiendo qué coño te pasa hoy, tío, pero no me mola nada. Si quieres besarme, hazlo y punto,
pero no me lo preguntes.

—Te lo pregunto porque no quiero que te mosquees, Alex —habló por primera vez neutro, sincero,
espontáneo.

—¡Eres un gilipollas, Lázaro! No tienes ni puta idea de lo que estás queriendo hacer.

—¿Queriendo hacer? —frunció mi amigo el ceño sin entender.

—Sí, queriendo hacer. Esto es algo que el que lo prueba no vuelve a ser el mismo.

—Te lo tienes un poco creído, ¿no? Sólo va a ser un beso —bromeó él.

Le miré en silencio. Él también calló. Un mechón de su media melena caí frente a su cara. Se lo retiré
con mi robusta mano. Aquel tío grande, de anchas espaldas, de labios carnosos me tenía aprisionado
con fuerza entre sus brazos. Joder, tenía que reconocer que Lázaro era un cabronazo, un tío de lo más
masculino, a pesar de no corresponderse físicamente con el típico macho ibérico.

Fue cuando me besó. Nuestros labios se unieron tímidamente y una descarga eléctrica llegó a mi
estómago. Lázaro me apretó todavía más contra él y posó una de sus manos contra mi nuca,
atrayéndome, obligándole a besarme. Nos retiramos un momento y nos miramos. Entonces tomó una
de mis manos, con la que acariciaba su rala barba de un par de días, y la bajó directamente a su
entrepierna, en donde su polla estaba dura como la piedra.
—Estoy muy caliente, Alex —me dijo en tono desesperado—. Necesito que me comas el nabo, tío.

—Eres un cabrón, Lázaro —le miré despiadadamente—. Ven —le cogí de la mano y le llevé hasta el
coche. De un empujón le obligué a estirarse hacia atrás, a apoyar su espalda en el capó, de pie. Él me
miraba y me dejaba hacer.

Tomé la hebilla de su cinturón y lo desabroché. Después desabotoné los botones de su bragueta y eché
un poco hacia arriba su camisa de cuadros, dejando al aire su ombligo y su vientre de cuadrados
abdominales, de piel blanca como la leche. Tiré hacia abajo del pantalón y este cayó hasta los tobillos.
Sus calzoncillos largos y amplios marcaban una pronunciada tienda de campaña, y es que Lázaro
siempre había gastado una buena polla. Desde que teníamos 15 años había tenido un buen cipotón, de
piel blanca, de capullo gordo y rosado, con dos buenas pelotas colgando entre una maraña de pelo
púbico.

Le acaricié el cimbel por encima del pantalón y él comenzó a respirar entrecortadamente. Entonces se
incorporó y me tomó del cuello para acercarme a sus labios y besarme, pero yo me desquité y no le
dejé, lo que provocó que él sonriera con malicia.

—No necesito tus cínicos besos, mamonazo —escupí serio y seguro de que le iba a hacer la mejor
mamada de su vida. Al oír esto, sonrió y volvió a estirar su espalda sobre el capó. De un tirón le quité
los calzoncillos y los dejé en sus rodillas.

Su polla saltó de allí, la tenía bien tiesa, aunque vaciló un poco en el aire. Sin piedad la cogí con
brusquedad y la descapullé. Al momento me la metí en la boca, sin preliminares, sin pegarle lametones
antes de hincármela en la garganta. Empecé una mamada a un ritmo frenético que hizo que mi amigo
se retorciera entre el placer y el dolor. A los dos minutos Lázaro me agarró con fuerza la cabeza y me
obligó a sacarme su polla de la boca.

—¡Para Alex! Para, tío —dijo mientras manipulaba mi cabeza para que no se la siguiera mamando—.
¡Paraaaa, cabrón! —sonrió. De repente me soltó una pequeña hostia en la mejilla—. No seas fiera, que
me haces daño y me corro en seguida.

—Así que te va la marcha, ¿no? —le miré.

—Sí, tío —me acarició mi pelo rapado con la palma de su mano—. Abre la boquita, cabrón. —Obedecí
como un perro fiel. Abrí mi boca todo lo que pude y sin más Lázaro me soltó un lapo en toda la
garganta. Cerré la boca y me lo tragué. Volvió a darme otro cachete en la cara, y luego otro más—.
¡Eres un hijo de puta cachondo, tío! Si te vieran tus papás fliparían —rió.

—Si te vieran a ti fliparían aún más —repliqué mientras volvía a coger su polla y empezaba a
masturbarla cadenciosamente.

Volví a clavármela en la garganta, aquel vergajo de 17 centímetros y de buen grosor, con su sabroso
capullazo escupiendo líquido preseminal sin parar. Quería acabar con aquel trabajo cuanto antes,
aunque lo cierto es que estaba disfrutando como un enano comiéndome tan tremendo cimbel. Lázaro
estaba muy bueno, pero no podía permitir sucumbir a los encantos del que era mi mejor amigo. Con un
polvo podía engancharme fácilmente, y mucho más de alguien con quien compartía tantas cosas.
Debía andarme con cuidado.

—Alex, tío. Sigue así… Sigue, tío —me suplicaba. Notaba como su polla se endurecía más y más, como
apretaba su culo delgado, blanquito e imberbe, sentía sus cojones hinchados entre mis manos. Aquel
hijo de puta iba a reventarme en toda la boca. Me la iba a llenar de su deliciosa y suculenta leche—. No
pares, tío. ¡No pares que me corro!

—Córrete, cabrón —le insté—. Córrete que me voy a comer toda tu leche, hijo de puta. —Y sin dejar de
darle a la zambomba me incorporé un poco y le devolví dos hostias con todas mis ganas que le dejaron
en shock y que adelantaron su explosión.
—¡Me corro, Alex! ¡Me corrooo! ¡Métetela en la boca, venga, tío!

Al instante aquel cipote me estaba soltando buenos chorrazos de lefa en la garganta, que empezó a
rebosar por la cantidad de leche que me inundaba. Chorreó densa por mi barbilla y goteó. Lázaro se
agitaba como una anguila encima del capó y yo terminé de tragar el semen que me quedaba en la
boca y alrededor de mis labios.

—¡Cabrón! ¡Cabrón! —se levantó Lázaro como un rayo. Me tomó por debajo de las axilas y me obligó a
levantarme. Entonces me apretujó en un inesperado abrazo, mientras nos meneábamos a un lado y a
otro, acunándome. Al final le apretujé yo también—. Alex, cabroncete —dijo en tono tierno—. Ha sido
un pasada, niño —se separó un poco de mí para mirarme—. ¡Qué guapo ha sido! —sonrió.

—Me alegro —acepté contento, y en parte orgulloso—. A mí también me ha gustado.

—Te quiero, tío. Te quiero mogollón —soltó emocionado, y volvió a abrazarme.

—Y yo. Yo también te quiero —sonreí.

—¡Eres la hostia, enano! —me dio un sonoro beso en la mejilla—. Eres la hostia —repitió, y esta vez
comenzó a morrearme de lo más apasionado, con sus calzoncillos y pantalones aún por las rodillas y
los tobillos, con su polla cada vez más flácida y con su delgado y potente culo al aire.

—Hey, tranqui —le detuve un poco, separándome de él—. Está bien, Lázaro. No hace falta que hagas
nada a cambio —le aclaré.

—¿A cambio? —preguntó sin entender—. No lo hago —dijo, y volvió a besarme en los labios.

—¿No lo haces? —ahora le interrogué yo.

—No —me sonrió, con una de sus manos en mi nuca y volviéndome a besar.

—¿Entonces por qué lo haces?

—Porque somos amigos, ¿no? —dijo—. Somos los mejores amigos —contestó, haciendo fuerza para que
me sentara en el suelo, en aquel terreno de tierra, hierba y pequeños matojos. Entonces se tumbó
sobre mí y comenzó a besarme, sacándome la camisa del pantalón y desabotonándola—. Somos la
hostia de amigos —afirmó son seguridad. Acabó de abrirme la camisa y mi pecho quedó al aire, velludo
y algo musculado a causa de la natación—. Ya no recordaba la última vez que vi estos pedazo de
pectorales que te gastas —dijo. Y me morreó una vez más. Bajé una mano hasta su culo y empecé a
manosearlo. En aquella posición lo tenía duro. ¡Menudo culazo tenía el cabrón de Lázaro!
Balseros naufragos en el estrecho de florida

La idea no se me quitaba de la cabeza, estaba firmemente decidido pero sabía los riesgos que íbamos
a correr, hambre, sed, sol abrasador, tiburones, pero eso lo había valorado con profundidad y no me
iba a arrepentir al último minuto.

Tan preocupado estaba, que de repente ya estoy en el mar en un pequeño bote, ya estamos lejos de
las costas y de repente todos nos quedamos perplejos, el bote tiene un hueco en el piso por el que
vemos como entra el agua. Unos nos dedicamos desesperados a devolver el agua al mar, con lo que
sea, una lata o con las mismas manos y otros comenzamos a meter estopa por el hueco para evitar
que siga entrando el agua. Yo soy de los que está tratando de tapar el hueco maldito, metiendo
continuamente estopa por el hueco. Pero el agua sigue entrando, yo sigo metiendo con mi dedo estopa
pero el hueco, pero no resuelvo nada. Estamos perdidos, el bote se hundirá en medio de las aguas,
seremos alimento para los tiburones. De pronto me despierto sobresaltado. Era solo un sueño, estoy
durmiendo en mi cama y en mi casa. Me vuelve el alma al cuerpo, pero ahora me percato, que tengo la
sábana metida en el culo.
Pero ahora no es un sueño, ahora ya estamos en el mar, salimos en medio de la madrugada, todavía
no amanece y ya no vemos la costa. Ahora si estamos en el camino de nuestro objetivo. Ya somos
balseros y vamos rumbo a la la península de la Florida.

Cuando amanece, hay un cielo despejado, es un día precioso y si las cosas siguen así, vamos a lograr
el sueño de nuestras vidas. En el bote vamos seis personas, todos somos hombres y de ellos dos son
amigos míos y el resto los conocía del barrio solo de vista.

Y las conversaciones son de los más diversos temas. Hablamos y hablamos. De nuestras familias, de
nuestras aspiraciones y de nuestros gustos. Y como es lógico, entre hombres aunque sean maricones,
hablamos de mujeres, de singuetas salvajes. Todos echan tres y cuatro palos seguidos, se vienen
muchas veces y siguen en la descripción de sus cualidades sexuales especiales. Yo de verdad que cada
vez que me vengo quedo tan agotado que me quedo dormido, pero a estos jamás le revelaría estas
cosas, porque todos eran unos super machos, el que menos echaba hasta tras palos de un golpe.

El naufragio.

Al segundo día de travesía, las cosas cambiaron, el tiempo se volvió inclemente y nuestro frágil bote
fue despedazado por las salvajes olas del mar. Yo de verdad no recuerdo mucho más, solo que de
repente me despierto en una pequeña playa de un islote, que no tengo la menor idea de en donde está
y no veo a más nadie. No se lo que ha pasado. El cuerpo me duele como si me hubieran dado una
paliza y comienzo a caminar por la playuela. Veo palos que parecen ser los restos de nuestro naufragio
o de otro y después de mucho vagar para mi sorpresa no estoy solo en la isla, tengo un compañero que
sobrevivió también. Esta dormido y extenuado sobre la arena. Lo despierto como puedo y lo ayudo
para irnos hacia algún lugar donde la sombra de un árbol nos proteja del inclemente sol.

A las varias horas, Juan que así se llamaba mi compañero de infortunio, se va reponiendo, por suerte
en el islote hay varios árboles frutales silvestres y comemos algunos mangos. Y ya podemos
comprender que somos los sobrevivientes de este naufragio en busca del ¨Sueño americano¨. Que
pasó con el resto de nuestra tripulación, no tenemos la menor idea.

Por la tarde una tremenda tormenta nos sorprende y para que vamos a guarecernos, dejamos que el
agua moje nuestros cuerpos. Luego llega la calma y con la calma llega la noche. No sabemos cual va a
ser nuestra suerte. Buscamos algún lugar donde vamos a pasar la noche y cuando esta llega, nos
disponemos a pasarla como podamos en una pequeña cueva que descubrimos por la tarde.

Cuando el cansancio nos rinde, nos quedamos dormidos y el miedo y la incertidumbre hace que sin
darnos cuenta estamos durmiendo abrazados. Por la madrugada medio que me despierto y siento que
Juan duerme abrazado a mis espaldas. Jamás había estado abrazado a un hombre, pero lo dramático
de nuestra situación, de verdad no me hacía percatarme de esto y además sentí que me era agradable
su abrazo en medio de tanta soledad. Por lo que me acomodé al cuerpo de Juan y el calor de su pecho
a mis espalda, me daba una sensación acogedora y en busca de ese calor instintivamente pegue mi
cuerpo lo más posible al de Juan dormido.

Y así llegó el amanecer. Juan despertó primero y sus manos de inmediato comenzaron a acariciar mi
pecho y poco a poco entre agradables caricias que aunque no sabía de donde venían las correspondía
con agrado, me fui despertando y al despertar siento la pinga de Juan dura como un palo y muy cerca
de mis nalgas. Y Juan que me dice: Si el Mundo te da la espalada, cógele el culo.

Cojones, como no ande ligero, este señor se va a creer que lo que tiene entre sus brazos es una mujer
y no va haber quien me libre de una singada. Trato de separarme de Juan, pero fracaso en el intento.
Juan está caliente y tiene las intenciones de desahogarse sexualmente conmigo y trata de impedir que
me le escape. Me retiene con sus brazos cerca de él y cuando lo logra, se acuesta sobre mí y me
domina con su fuerza. Tiene su boca muy cerca de la mía e intenta besarme. Yo cierro mi boca con
todas mis fuerzas, nunca he estado con un hombre y esto no es mi tema. Pero Juan sigue insistiendo y
repetidamente besa mi boca. Me dice que desde que me vió en el bote estaba pensando en este
momento y que no me iba a escapar. Que no sabíamos cual sería nuestro destino y que porque no,
este era nuestro presente.

Yo intenté de persuadirlo muchas veces, pero Juan era persistente y seguía besándome la boca y no se
como empecé a corresponder a sus besos que empezaron a ser cada vez más ardientes. Su lengua
entraba en mi boca y yo la chupaba, el sabor de su saliva me enloquecía y yo también introducía mi
lengua en su boca y comencé a disfrutar de los besos más ardientes de mi vida.

Y de los besos, Juan pasó a darle lengua a mi cuello y eso me hizo enloquecer. Su lengua ponía en
tensión todos los nervios de mi cuerpo y del cuello pasó a mi pecho y en mi pecho comenzó a
mamarme las tetillas de una forma que poco a poco me fue volviendo más dócil a la entrega. Juan me
estaba sodomizando de una forma que me estaba haciendo sentir lo que nunca había sentido.

Su lengua fue saboreando toda la piel de mi cuerpo y me dio una mamada de huevos y pinga que me
hizo enloquecer y de pronto comenzó a mamarme el culo. Al principio sentí que mi cuerpo explotaba,
pero su lengua acariciaba mi culo, su saliva abundante corría por mis huevos. Y continuaba
mamándome el culo de una forma muy intensa. El estaba sobre mí, yo boca abajo contra la hierba, sus
brazos abrían mis piernas y su lengua se daba gusto con mi culo. De tantas sensaciones yo daba
fuertes golpes contra la tierra, pero su lengua seguía y no pude más y empecé a pedirle a gritos que
me penetrara, que quería que me cogiera el culo. Pero el seguía mamándome el culo y yo
desesperado.

Juan me dijo entonces que iba a disfrutar mi culo virgen, pero solo cuando a él le saliera de los cojones
y yo no tuve otro remedio que seguir disfrutando de la mamada que me estaba dando.

De pronto Juan dejó de mamarme el culo y yo estaba totalmente extenuado, sin fuerzas para
escaparme y porque no decirlo sin deseos de escaparme de aquel macho. Me dijo que me pusiera en
cuatro patas y que le levantara el culo. Obediente cumplí sus deseos. Yo movía mi culo con deseos de
ser poseído y Juan me apretaba las nalgas. Escupía en mi culo y con un dedo introducía la saliva en mi
culo. Tenía tanta saliva en mi culo que me corría por las piernas. Colimó mi efínter con su pinga,
mientras me pajeaba con sus manos ensalivadas. En eso miro a aquella pinga de Juan y pude darme
cuenta que era bastante grande, venosa y que se veía que estaba desesperada por disfrutar mi culo,
parecía que tenía vida propias.

Juan puso la cabeza de su pinga en mi ojete, sus manos fuertes apretaban mi cadera y empezó a
empujar con fuerza. Mi culo cedió un poco y la punta de su cabeza penetró unos centímetros en mi
culo. Poco a poco sentía sus pequeñas embestidas, pero de pronto sus manos se aferraron con fuerzas
a mis cadera, su cadera empujó con todas las fuerzas de un macho y entro de forma salvaje hasta lo
último de mis entrañas. Solté un grito desesperado, me partía del dolor, Juan exclamaba de placer, me
decía que tenía un culo exquisito que se iba a dar un banquete.

El dolor que sentía me dejaba perplejo y sin darme tiempo a reaccionar comenzó a meter y sacar a
aquel rabo, sentía como sus huevos chocaban con mis nalgas y mis piernas me temblaban, las
lágrimas se me salían, pero Juan continuaba sin clemencia singándonme cada vez más intensamente.
No pude aguantar más en cuatro patas y caí al suelo y Juan sobre mí. Ahora sus embestidas no podía
suavizarlas con una pequeña escapada, pues el piso me aguantaba y Juan seguía gozando y mi dolor
se convirtió en placer. Juan me mordía la cabeza y yo abría mis patas al máximo.

Juan siguió gozándome, hasta que empezó a embestirme con un ritmo mayor, sus exclamaciones eran
más jadeantes, sus manos apretaban mi cuerpo con toda sus fuerzas y comenzó a venirse dentro de mi
culo, descargo toda su leche dentro de mí y sentí como de nuevo su cuerpo se relajaba.

Sentí que me dijo, no te la saques, que tengo ganas de volverte a singar. Yo obedecí a mi macho.
Ahora me acariciaba y yo terminé de pajearme con la pinga de Juan adentro. Cuando empecé a
venirme, Juan se apoderó de mi pinga y terminó de pajearme, cuando mi leche embadurnó sus manos,
continuó la pajeada, mi pinga entonces se puso muy sensible y yo seguía contrayendo todos mis
músculos. Con sus manos embarradas de leche me siguió pajeando hasta que casi no tuve fuerzas y
después cuando me soltó el rabo, continuó acariciándome y embarrando mi pecho con mi leche. Y así
nos quedamos abrazados y juntos y con su pinga en mi culo.

Pero eso solo fueron 30 minutos de descanso, pues pronto su pinga se volvió a despertar y volvió a
singarme de nuevo. Esta vez duró más tiempo, pues no teníamos tanta leche en los huevos. Cuando
terminamos nos fuimos a la playa desnudos y nos bañamos por un largo tiempo.

El rescate.

En ese islote estuvimos una semana más, sobreviviendo con los frutos silvestres del paraíso tropical y
singando hasta por los codos. Hasta que por casualidad un yate de unos residentes de la Florida se
acercaron al cayo. Con nuestros ripios de ropa le hicimos señas y nos rescataron. Ahora estábamos a
bordo de Yambory.

El Yambory, era un yate de recreo de unos 10 metros de largo y su tripulación estaba compuesta por
solo dos hombres: Jesús, el patrono y su primo Raúl, dos hombres de cuerpos musculosos y una piel
dorada por el sol que tenían un color a miel, como para enloquecer a cualquiera. Habían salido de su
casa en viernes por la noche con la idea de pescar y divertirse en el mar. Por suerte eran dos cubanos
y eso daba un giro inesperado a nuestra suerte. Podíamos esperar de ellos que no nos entregaran a los
guardacostas norteamericanos y tuviéramos la posibilidad de primero tocar el territorio
norteamericano y ya en él siendo unos pies secos tener derecho a quedarnos en los EEUU.

Jesús, que varios años atrás había llegado a los EEUU como nosotros, inmediatamente de darnos la
bienvenida puso a nuestra disposición todos los alimentos que traía a bordo e inmediatamente
nosotros nos dispusimos a devorar todo lo que nos traía. Estábamos muy hambrientos y sedientos. Y
entre cervezas, carnes y quesos nos sentíamos en la verdadera gloria. Comimos tanto que
inmediatamente el cuerpo nos pidió descansar y nos fuimos a dormir al camarote del yate.

No lo podíamos creer, dormimos varias horas. Cuando despertamos era de noche, subimos a cubierta y
empezamos a conversar animadamente con Jesús y su primo. Ahí supimos que no regresaríamos a
puerto hasta la noche del día siguiente, pues era cuando más yates regresaban y facilitaría que
pudiéramos pasar inadvertidos.

Después de mucha conversación, Juan se quejó de que le ardía la piel y Jesús se trajo unas pomadas y
aceites y se brindó para untárselas. Juan se acostó boca abajo y Jesús empezó a aplicárselas por la
espalda. Lo embadurnó totalmente, hasta los mismos pies y cuando lo tenía así, continuó dándole
masajes por la espalda y sin recato hasta por las mismas nalgas. A Juan esto le era muy agradable,
Jesús lo notó y poco a poco sus dedos le fueron acariciando el culo y de pronto se lubricaba las manos
y le penetraba con un dedo el culo. Y de un dedo, pasó a dos hasta que lo penetraba con tal facilidad
debido a la dilatación que le había provocado. Todos nos reíamos pero estábamos calentándonos.

Y entonces Raúl se brindó para embadurnarme a mí y las cosas fueron por el mismo camino. Nos
estaban dando una metida de dedos en el culo enloquecedora y pronto se quitaron sus bañadores y
empezamos a mamársela de lo lindo.

Ahí fue cuando Jesús puso la suya y dijo: Nosotros los vamos a salvar, ¿que van a hacer ustedes para
agradecerlo? Y el mismo se respondió: Vamos a ponerlos a hacer una tortilla y se echó a reír a
carcajadas.

Y así Juan y yo, inmediatamente tratamos de acercar nuestros culos poniendo nuestras piernas en
tijeras. Yo estaba acostado boca arriba y Juan me tenía una pierna en mi pecho y la otra a mi espalda y
nuestros culos dilatados se rozaban. De verdad que nunca se me había ocurrido una cosa así. Era de lo
más divertido. Pero cuando estábamos bien cachondos, vino Jesús con una bola metálica como de 10
cm de diametro y la puso entre nuestros culos.
Y dijo: esto es para que vayan sintiendo algo. Y de verdad que aquello entre nuestros dos culos
dilatados empezó a hacer su función. Ahora sentía que mi culo se abría cuando Juan me acercaba el
suyo moviendo con fuerza sus caderas.

La fiesta estaba en pleno apogeo cuando Raúl dijo: Mejor que esa pelota es una cotonesa y yo incauto
le pregunté: ¿Que es una cotonesa? y la respuesta fue: Una pinga con dos cabezas. Y eso era lo que
tenía Jesús en sus manos.

Por Dios, aquel aparato plástico era largo, como de 40 cm y tenía la forma de dos cabezas de pinga,
una en cada extremo. Jesús las lubricó bien, retiró la pelota de entre nuestros culos. Primero introdujo
una de las cabezas en mi culo y después la otra en el de Juan y dijo, vamos ahora sigan la tortilla y
junten sus culos.

Juan no tuvo piedad, empujó con fuerza y no le importó que también se penetraba y empezó a
embestirme de forma que me estaba retorciendo con aquel aparato dentro de mi culo y Jesús me
besaba y me acariciaba. Raúl le puso su pinga en la boca de Juan y este comenzó a mamársela.
Estábamos sudando, pero la fiesta seguía.

Al final acabamos aquella historia, nos sacamos la dichosa cotonesa y Jesús me empezó a dar por el
culo a mi, mientras que Juan y Raúl comenzaron a besarse y a luchar por ver quien se singaba a
quien.

Aquellos dos hombres fuertes se revolcaban por el piso. Unas veces parecía que Juan se singaría a
Raúl, pero de repente Raúl se reviraba besaba a Juan y le comenzaba a mamar las tetillas de una
forma que Juan se retorcía de placer. Pero de pronto Juan pudo poner boca abajo a Raúl, se pudo
acostar sobre él y metió su boca en el culo de Raúl y comenzó a mamarle el culo. Juan le exigía que
abriera las piernas, Raúl se resistía, pero los brazos fuertes de Juan abrieron las piernas de Raúl y
ahora la mamada era más profunda. Raúl sabía que estaba perdido, Juan le metía la lengua en el culo y
lo arañaba con su barba. Lo dilataba con sus dedos y luego seguía mamándole el culo.

Raúl estaba siendo dominado, daba fuertes golpes en el piso del yate. Pero poco a poco empezó a
obedecer a Juan y no dejaba de suplicarle que cesara, que ya no podía más, pero Juan seguía
mamadole el culo y Raúl estaba al borde del desmayo. Jesús me sacó la pinga y fue a consolar a su
primo, que nunca había sido penetrado. Juan dejó de mamar y sin quitarse de encima de Raúl dio un
giro y le puso la pinga entre sus piernas. Raúl trató de revirase, pero su primo lo sujetó y le dijo: Raúl
ese macho te ha dominado y te va a dar una singada de tres pares de cojones y en ese momento Juan
embistió con todas sus fuerzas y le metió su pinga hasta los mismos cojones.

Raúl soltó un grito desgarrador, pero a Juan el grito le dio más morbo y comenzó a singárselo de forma
intensa. Juan y Raúl sudaban copiosamente. Raúl seguía quejándose pero Juan continuaba gozándolo y
así fue hasta que descargo toda su leche en el culo de Raúl. La escena nos tenía empalmado a mi y a
Jesús, por eso empezamos a pajearnos y descargamos nuestra leche sobre la cara de Raúl. Juan soltó
al fin a Raúl y cuando éste se incorporó su primo lo consolaba, mientras de su culo salía un pequeño
hilo sanguinoliento mezclado con leche. Juan se acercó se abrazaron de frente y comenzó a besar en la
boca al macho que le había roto el culo.

Estuvimos descansando un buen rato y poco a poco fuimos recuperando fuerzas. Jesús estaba a mi
lado y no cesaba de acariciarme. Y su miembro comenzó a tomar fuerzas. Yo comencé entonces a
besarle los huevos, mientras él se derretía de placer. Mi lengua le fue acariciando el rabo y cuando
llegó a su cabeza, había unas pequeñas gotitas de líquido y no pude dejar de saborearlas, eran de un
delicioso dulce sabor a hombre. Su pinga se movía sola en señal de placer y fue entonces cuando
empecé a mamársela con toda intensidad.
Jesús quería darme caña, me puso en cuetro patas, con un poco de saliva me lubricó el culo y por ahí
mismo me la metió de forma que sentía sus huevos acariciándome las nalgas. Empezó con embestidas
profundas y lentas que ponían en tensión todo mi cuerpo y luego las embestidas empezaron a ser más
enérgicas, sus manos agarraban con fuerza mi cintura, me apretaban las nalgas y continuaba
singándome. Juan y Raúl observaban la escena y se estaban empalmando de lo lindo.

Jesús me dio pinga por largo rato en esa posición hasta que soltó la leche que le quedaba en los
cojones dentro de mi maltrecho culo y de un golpe me extrajo su pinga agotada. Yo suspiré de alivio,
pero eso me duró muy poco tiempo, ahora su primo Raúl colimó mi efínter y penetró en mi culo lleno
de la leche de Jesús y comenzó a darme caña sin tregua desde el primer momento. Me singaba con
una fuerza tan salvaje que yo pensaba que no iba a soportar más, traté entonces de revirarme, pero
sus palabras fueron enérgicas: ¿Tu no querías pinga? Pues toma pinga y continuó disfrutando mi
maltrecho culo y me dio pinga hasta que soltó toda su leche de los huevos y en una expresión de
satisfacción soltó al fin mi culo, dándome unas fuertes nalgadas.

Estaba muy agotado, la leche me corría por todas las piernas, estaba pensando en incorporarme
cuando para mi sorpresa tenía la pinga de Juan entrando por mi culo. Juan era el más dotado de todos
y a pesar de estar tan dilatado la sentí hasta las mismas entrañas y comenzó a singarme sin darme ni
siquiera un respiro. Estuvo embistiéndome así un buen tiempo. Y de pronto sus embestidas las sentía
mucho más, me sacaba la pinga entera del culo y dejaba que la pinga encontrara el hueco y la metía
hasta los mismos huevos. Aquello me retorcía de placer. Y así lo fue repitiendo una y otra vez. De
punta a punta. Mi cuerpo temblaba, pero yo sabía que Juan singaba sin clemencia y estaba decidido a
que disfrutara mi culo a más no poder.

Juan se tardó mucho en soltar su leche y me dio pinga de una forma inaudita. Cuando su leche salió de
sus huevos y la descargó en mi culo, sus exclamaciones eran altísimas y mis nalgas fueros objeto de su
pasión. Caímos extenueados en el suelo. Juan se acostó boca arriba en el piso del yate y yo fui hasta
sus huevos y los besé como la hembra que le hace un homenaje a su macho. Luego me incorporé y
sentía como la leche corría por mis piernas y sentí una sensación de puta glotona.

Llegó la noche del domingo y el Yambory llegó a su marina en el Puerto de Miami. Juan y yo estábamos
escondidos en el camarote, para evitar ser vistos por las autoridades mientras estuviéramos en aguas.
Cuando llegamos a puerto, Jesús observó que no había nadie observándonos y en ese momento nos
bajamos del yate y corrimos por el puente de madera hasta tierra firme y allí habíamos logrado nuestro
objetivo: éramos unos pies secos y teníamos derecho a quedarnos en el territorio norteamericano y
acogernos a la Ley de Ajuste Cubano.

Vimos a un policía cerca y fuimos nosotros los que lo llamamos y le explicamos que habíamos llegado
de Cuba en un bote, que nadamos hasta ese lugar y que necesitábamos ayuda. Fuimos detenidos por
las autoridades del lugar, nos llevaron a una dependencia de Emigración. Nos hicieron muchas
preguntas y a los pocos días estábamos en la calle bajo palabra. En esa dependencia tuvimos la suerte
de encontrarnos con dos compañeros de viaje, pero ellos fueron deportados a Cuba, porque habían
sido rescatados por un guardacosta en el medio del mar (eran los llamados pies mojados). Y lo más
lamentable es que no supísmos nada más de los otros dos compañeros nuestros de aventura.
Apolom en la isla de los nimfómanos

Apolom llegó a la costa remolcado por las fuertes olas. Por suerte, pudo salir del agua arrastrándose
hasta llegar a la arena seca.

Era una noche calurosa, estaba muy cansado y se durmió allí mismo cerca de la orilla pensando que tal
vez se encontraba a salvo, en un lugar civilizado.

Necesitaba descansar y reflexionar sobre su desgracia, ya que la causa de su naufragio fue, sin duda,
una venganza de su comandante, que descubriendo su orientación sexual lo lanzó al mar, para acabar
así con las tentaciones carnales que su hermoso cuerpo y su candoroso rostro despertaba entre los
marineros.

Pasó rápidamente la noche y al día siguiente Apolom despertó con el sol dándole a la cara y rodeado
de una tribu de hombres calvos que vestían una especie de trajes parecidos a unas sotanas negras.

Tenían la cara pintada de raros dibujos y hablaban una lengua muy extraña.

Aquellos hombres lo observaban con admiración, y no era para menos, pues esos individuos nunca
habían visto a nadie con un rostro tan atrayente de facciones seductoramente masculinas, ojos azules,
labios carnosos y grandes, suave piel dorada, con esos cabellos rizados de ángel y ese vello en la
barba que parecía adornar un mentón tan bello.

Apolom iba descalzo, vestía una camisa blanca desabotonada, llena de agujeros esgarrados durante su
naufragio y sin mangas que dejaba a la vista unos brazos fuertes y musculosos pectorales, con un
jugoso vello y unos trabajados abdominales.
Sus pantalones negros de tela fina, estaban rotos y llenos de aberturas por los cuales se le adivinaban
unos fuertes y vigorosos muslos.

A través de una gran grieta se apreciaba la sensual y cabelluda ingle y parte de sus nalgas indicando
ingenuamente que no llevaba ninguna otra prenda bajo ese quebrado pantalón.

Con esta indumentaria se sobresalía su sensual silueta, sus medidas tan perfectas y todo su cuerpo,
dotado de hermosura natural, sugiriendo, sin querer, un potente y voluptuoso atractivo masculino.

El llamativo naufrago intentaba hacerse entender con gestos y palabras pidiendo ayuda, pero no
lograban entenderle.

Aunque no parecían peligrosos, Apolom estaba alerta cuando se le acercaban pero eran muchos y lo
cogieron de los brazos para llevarlo, a través de un frondoso bosque, hasta una especie de castillo
hecho con maderas, pero con gigantescas dimensiones que daba a la orilla de un rio.

En aquel lugar lo hicieron sostenerse ante unas puertas, las cuales se mojaban levemente por su
proximidad al río.

Aquellos hombres tan extraños le hicieron esperar ante la puerta durante la media hora más o menos,
como esperando a alguien.

Mientras se acercaban lentamente hacia Apolom de cuatro en cuatro, lo observaban bien y lo tocaban
suavemente, como si tuvieran miedo de asustarle.

Su tacto, aunque intrigante, era agradable, le rozaban con la yema de los dedos en la barbilla, los
labios, el cuello, parte del pecho que llevaba descubierto, buscando el tacto directo con la piel.

Algunos también lo tanteaban por encima de la ropa en la espalda, el glúteo y las piernas.

Aunque el provocativo paquete de Apolom se veía crecido, no llegaron a tocárselo, pero sí que se lo
miraban atentamente.

El herrmoso joven, acostumbrado toda la vida a ser observado, notaba una leve tensión en su pene,
aunque no llegó a excitarse.

Lo que sí estaba era muy extrañado por el comportamiento de esta gente, pero se dejaba tocar ya que
le parecían indefensas criaturas que se fascinaban ante la erótica naturaleza de su físico, como si
nunca hubieran visto a un hombre.

Después de la reacción homófoba de su comandante, Apolom decidió no manifestar tempranamente


que era homosexual, por lo que intentaba hacerse el macho.

De repente apareció por la puerta un enorme orangután con fisonomía humana, pero claramente
enfadado que refunfuñó en su extraño lenguaje.

Los hombres de la sotana se arrodillaron haciendo reverencias .

El extraño simio se aproximó al joven Apolom que se puso en posición de defensa con temor a ser
atacado.

La bestia con mirada desafiante atrapó al muchacho de su camisa y a la fuerza se la desgarró,


destrozándola en pedazos.
Apolom pasmado, intentaba mantenerse erguido, quería disimular su miedo. Los demás hombres
levantaron la vista para observar detenidamente el cuerpo desnudo del joven.

Luego, la bestia hizo lo mismo con el agrietado pantalón que le arrebató de un impulso, dejándolo
totalmente desnudo ante la mirada fascinada del resto de los individuos.

Apolom, humillado por su desnudo expuesto a ser subyugado, no entendía nada, observaba como
todos lo miraban pronunciando

-aamm...,... amm....- y se le acercaban lentamente abriendo la boca, parecía que se lo iban a comer.

El joven intentó correr pero la bestia lo tumbó en el suelo y no lo dejaba levantarse, Apolom tuvo que
estar tumbado en el suelo mientras todos contemplaban sus carnes con gran expectación.

La bestia lo contemplaba maravillado, sobre todo se fijaba en su verga, tierna rodeada de pequeños
rizos púbicos que destacaban su hermosura y fertilidad ofreciendo un polla apetitosa, rolliza y enorme,
que aún no estaba en erección.

Apolom creía estar rodeado de caníbales no sabia que hacer, se asustó al ver que aquellos chiflados de
mirada lujuriosa se le iban a echar encima suyo, pero la bestia, como si quisiera vender aquel
suculento cuerpo de hombre, no dejaba que se le acercaran ni que lo tocaran.

Puso una mano entre las piernas del aterrorizado joven y con la otra lo agarró de los sobacos y lo
levantó, luego, como raptándolo, se lo llevó entrando en aquellas puertas.

Los demás gritaban y golpeaban las puertas que se cerraban, con la bestia y su exquisita presa dentro.

En el interior de aquel castillo enmaderado , había una especie de pasillo con poca luz que daba a una
sala.

La bestia tiró al joven contra el suelo y de repente decenas de manos, que parecían humanas, lo
sujetaron y le tapan los ojos con una tela.

Sin ver absolutamente nada, Apolom siente como alguien lo arrolla con fuerza, sujetándolo y
bañándolo con agua muy caliente mientras le tapan la boca. Apolom, falto de respiración pierde el
conocimiento y se desmaya.

Al despertar estaba en una cama redonda muy grande. Seguía sin llevar ninguna prenda encima,
exhibiendo sin querer su atrayente cuerpazo y su delicioso miembro viril.

Estaba molesto y preocupado al verse atado de pies y manos con las piernas abiertas quedando
totalmente a la entrega de aquellos que lo observaban a su alrededor.

Eran por lo menos diez, no eran hombres, no eran monos, eran una mezcla abominablemente extraña
que estaban como esperando una señal para hacerle algo al apuesto e indefenso joven.

Apolom iba a hablar cuando una mano le tapó la boca y otra le tapó los ojos nuevamente con una
venda. En ese momento no podía ver nada pero notaba como unas manos se apoderaban de su joven
cuerpo y le palpaban en todas las partes.

Por mucho que intentó gritar y soltarse no pudo hacer nada, solo sentir que varias lenguas mojadas le
chupaban la piel y lo mordisqueaban entre sus atléticos muslos.

Al principio sus temores eran meros reflejos de supervivencia hasta que se percató de que no iban a
degustar su carne de forma salvaje y sanguinaria , sino a comérselo carnalmente para satisfacer su
deseo sexual.
Varias lenguas recorrían toda su piel, lamiendo con fuerza aquel cuerpo, tan ardiente y viril y lleno de
sabor juvenil.

Su pene, apenas lamido y toqueteado, se puso totalmente erecto y cuando aún ni siquiera se lo habían
rozado se mostraba como un erguido banano sabroso, un exquisito caramelo que invitaba a ser
devorado.

Apolom, de repente notó una cavidad mojada que le rodeaba o absorbía su monumental miembro viril,
el ardiente joven quiso y no pudo evitar un gran placer, se lo estaban zampando, como el plato más
exquisito de un banquete.

Cada músculo de su atlética complexión, cada tramo de su piel, cada parte de su vello varonil, saciaba
con gran éxito el hambre y deseo sexual de aquellos seres.

Todos a la vez, excitados, rodeaban ese atractivo y desnudo cuerpo que se les ofrecía esplendoroso,
caliente, como un suculento manjar prohibido lleno de exquisitez, tan deseado y como un sueño.

Varias bocas le besaban y le chupaban, cuando apunto estaba de emanar una eyaculación, le soltaban
su carnal miembro para mantenerlo en su máximo esplendor de energía, para amarlo y rondarlo como
un premio.

Luego masturbándolo con varias manos durante unos minutos, volvían a introducirse, en otra boca, el
afanado pene del muchacho.

Aquello era excitante para el Apolom que aguantaba notando su pene cada vez más hinchado y se
sorprendía de su propio placer y se removía agitado respirando intensamente.
Sus costillas se ensanchaban en cada respiración y las manos de los seres las recorrían como
agradecidos.

El vientre del joven se hundía y se allanaba, contrayéndose y marcando unos primorosos abdominales
que gustosamente lamían y palpaban aquellos monstruos.

Los labios de Apolom irradiaban calor y sabor y eran besados y mordidos por varios de aquellos rudos
seres, faltos de placer.

El joven notaba como su ano, sus pechos y ombligo se llenaba de saliva, al igual que su polla, que no
daba abasto, no paraba de recibir halagos de varias manos, lenguas y bocas que viciosas pugnaban
por tan formidable trozo de carne que parecía reventar de virilidad y juventud.

Apolom sentía tan gran placer que notaba su glande más dilatado que nunca y así era, su sensual pene
tan voluminoso e imponente estaba en su plenitud y aguantaba muy eróticamente sin expeler el
líquido seminal que se ambicionaba.

De repente, alguien empezó a meterle su rabo entre su cavidad testicular, como buscando una entrada
que se había indicado durante todo ese rato a la vista de aquellos animales, como un secreto a punto
de confesar, empezaron a penetrarle dedos mientras le hacían una mamada intensa y le masturbaban
varias manos, seguidamente alguien le penetraba con insistencia por el ano.

Apolom notaba el roce de las pieles ásperas entre sus muslos, las lenguas saboreando su piel en los
pezones, en su vello, dedos que lo mimaban y se introducían en su boca, labios que lo besaban y lo
absorbían por donde querían.

Su pene se vio violentamente consumido por un enorme culo ajeno, que lo estrujaba.

El joven se sorprendía de ver que su seductor cuerpo pudiera dar suministro a tanta necesidad y
estalló de placer con una larga e intensa eyaculación que alguien saboreó y tragó sin dejar ni gota, al
mismo tiempo sentía como otras lenguas lamían otras gotas que habían caído sobre su abdomen.

Minutos más tarde le soltaron la boca y al fin pudo gritar y gemir, pero ya no dijo nada, solo respiraba
mientras notaba como varias eyaculaciones ajenas caían sobre su desnudo y extenuado cuerpo.

Luego le destaparon los ojos y lo desligaron, pero Apolom, se quedó allí tumbado en la cama, sin poder
casi ni moverse. Lo cerraron con llave y se marcharon.

Al cabo de un buen rato Apolom recuperó fuerzas suficientes para levantarse y escaparse por un
pequeño hueco que había en el suelo. Corrió atravesando otra vez aquel bosque.

Encontró un trozo de tela que se puso con la intención de taparse un poco sus genitales, aunque, por el
tamaño tan pequeño de la tela, resultaba un provocador taparrabos por el que se le asomaba todo al
mínimo movimiento.

Depués de caminar varias horas se dirigió hacia una especie de cabaña que divisó en una colina.

Allí un hombre y una mujer de muy avanzada edad lo dejaron pasar ofreciéndole comida. Junto a los
dos ancianos había también un niño, esto tranquilizó bastante a Apolom.

Todos iban vestidos con la misma especie de túnica, de un tejido igual a la lana, muy caluroso para el
clima que hacía allí.

Apolom estaba tan hambriento que no reparó en que, sentado en el suelo como estaba, brindaba una
buena vista de su pene deshinchado y parte de sus testículos con su vello correspondiente.
Los tres habitantes de la cabaña parecían agradecidos de observar el exuberante y provocador cuerpo
sin ropa de Apolom que comía una especie de sopa de verduras sin advertir que era objeto de una gran
expectación. Y es que su imagen rememoraba a la de una perfecta estatua de un Dios griego.

Era casi de noche y le ofrecieron al joven una cama. Apolom agradecido se tumbó e intentó dormir
destapado por el calor y extrañado por la lengua de esta gente que le era totalmente desconocida.

Al cabo de unas horas, Apolom se despertó sobrecogido en medio de caricias y una tímido manoseo en
sus partes. Eran los dos ancianos que se habían acostado cada uno a un lado del joven, metiéndole
mano entre sus piernas y besándole el pecho y en el cuello.

El viejo le ponía la mano entre sus nalgas y la otra se la restregaba en un pezón, la anciana le
acariciaba el pene y lo besaba. No podía creerlo, el niño también le estaba acariciando los muslos.

De un impulso se levantó y marchaba mientras los viejos y el niño forcejeaban, estirando de su cuerpo.
El niño le arrancó el taparrabos, pero Apolom pudo recogerlo y marchar corriendo.

Aquello era como una penosa pesadilla, cuando llegó a la orilla del mar, decenas de hombres calvos
vestidos de aquellas túnicas raras corrían hacia él pronunciando en tono amenazante
-...ammm....ammm-.

Apolom intentó correr pero lo alcanzaron y allí mismo en la arena, se lo beneficiaron, amarrándolo de
pies y manos y haciéndole todo lo que querían.

El joven fue víctima de toda clase de dominaciones sexuales. Estuvieron por lo menos una hora
sodomizando el delicioso cuerpo del joven por todos los lados.

Apolom no podía saber ni cuantos eran los que le metían mano y lo chupaban por todas partes. La
coacción era tal que el muchacho estaba tumbado pero no llegaba ni a tocar el suelo.

Lo violaban por delante y por detrás, embistiéndolo, llenándolo de semen por el ano, la boca, lamiendo
su placentero miembro y cada espacio de su deleitable piel.

Al acabar dejaron al pobre muchacho derribado en la arena, desnudo, lleno de magulladuras, con los
labios hinchados, su pedazo de verga desinflada y roja, las nalgas manchadas de semen y su orificio
anal dolorido.

Aquel numeroso grupo de fanáticos hombres se alejaba lentamente como comentando lo bien que se
lo habían pasado.

Apolom pudo descansar un momento pero divisaba a otros que desde lo lejos se acercaban con prisa.
Entonces reaccionó lanzándose al mar y nadando sin parar hacia el fondo.

Por fin consiguió escapar, estaba amaneciendo y divisó un barco. Tuvo suerte de poder acercarse, allí
lo recataron de las aguas y aunque miraban deseosos y curiosos su cuerpo desnudo, nadie intentó
nada.

Se encontraba a salvo, estas personas entendían su idioma le dieron unas ropas y no eran obsesos.

Apolom no quiso contar nada de lo ocurrido, lo recordaba como una experiencia espantosa y
estresante, aunque en ocasiones se corrió del gusto, no le gustaría repetir, aquella isla estaba llena de
criaturas irracionales obsesivas con su cuerpo.

Prefería encontrar a un hombre sano que fuera su amante.


Entre los marineros había varios que estaban bastante bien, sólo le quedaba averiguar si a parte de
guapos eran lo bastante inteligentes para tener algún tipo de relación.

ESPERMA

Hace muchísimos años, en una hermosa cabaña en medio del bosque vivía Ricard. Ricard era un
leñador muy atractivo. Grandote y musculoso, hirsuto, su enorme pecho cubierto por denso vello y
unos encantadores y vivaces ojos celestes, espejo de su alma noble y pura. Ricard vivía con su
pequeño hijito, Benjamín. Ricard había estado unido con una rústica y débil aldeana, descendiente de
moros que había muerto al nacer Benja. El padre crío muy bien a su niño, con todo su amor y sabiduría.
El niño creció maravillosamente fuerte y hermoso. Desde niño, acompañó a su padre a las tareas del
bosque lo que le desarrolló su cuerpo. Así Benjamín fue convirtiéndose en un hermosísimo muchacho.
Había heredadazo los ojos negros y la piel morena de su fea madre, que en él fueron hermosos. Y la
belleza y la nobleza, la fuerza y el encanto de su padre el leñador. Después de la dura tarea en el
bosque Benjamín y su padre, compartían el baño en una alberca que habían construído, alimentada
con el agua fresca del arroyo. Era un momento de placer donde padre e hijo, totalmente desnudos,
compartían inocentes caricias y juegos. Uno enjabonaba al otro mientras reían o compartían
anécdotas.
Todo funcionaba maravillosamente en la cabaña del bosque hasta que a instancias de la sociedad
aldeana, que sostenía que no era bueno que el hombre viva solo, Ricard decidió casarse con una viuda
de la aldea. María Mercedes era una mujer falsamente dulce madre de dos señoritas Graciela Estela y
Joaquina Silvia del Corazón.

Una vez realizada la boda, Mercedes y sus hijas se instalaron en la cabaña del bosque, destrozando la
magia de la vida masculina de Ricard y Benjamín. Ante la invasión de la agria María Mercedes y las
horribles y pretenciosas Graciela Estela y Joaquina Silvia, Benjamín se reconcentró en su trabajo y en
sus momentos libres vagaba por el bosque recordando tiempos más felices.

Ricard presionado por las terribles exigencias de lujos y extravagancias de las tres mujeres, pareció
envejecer agobiado. Muy pronto la cabaña perdió toda su pureza viril para transformarse en un ámbito
plagado de falsas dulzuras e invadido por el penetrante olor de las bombachas sucias de las tres
víboras.

Cuando Benjamín cumplió 14 años, aun completamente inocente, su padre le dijo un domingo que
vaya al bosque, al claro secreto, cuyo conocimiento solo ellos conocían. Benjamín fue esperanzado. A
los pocos minutos apareció su padre. Ricard le pidió a Benjamín que se desnude completamente.
Benjamín sin entender muy bien lo hizo. Ricard al ver a su hijo desnudo no pudo menos que contener el
aliento. A la luz cálida del mediodía filtrada por el follaje, Benja lucía más hermoso que nunca. Oro puro
era su piel. Inmediatamente, Ricard también se desnudó completamente y Benja pudo ver como a
pesar del maltrato del tiempo, su padre aun era un hombre hermoso. Su ancho pecho cubierto por
espeso vello, sus brazos fuertes y gruesos, sus nalgas musculosas igual que sus piernas, terminadas en
los hermosos y viriles pies.

Benja al ver a su papá desnudo experimentó una sensación en su miembro viril, la misma que sentía
cuando por las noches recordaba los baños junto a su padre, ahora prohibidos por su madrastra, o
cuando jugaba a luchar con su amiguitos de la aldea. No comprendía. Su padre se acerco a él y le dijo
que le iba a revelar los secretos del macho y su cuerpo. Era una larga tradición del amor viril que debía
perpetuarse.

Ricard lo primero besó tiernamente los labios de Benja, para luego abrirlos con la presión de la lengua.
Y así conoció Benja los secretos del beso. Ricard continuó recorriendo el cuerpo de Benja: las axilas con
su vello negro, las tetillas marrones y pequeñas, el ombligo, el abdomen liso y duro, el ano dulce y
cálido y el hermoso miembro, duro, recto y erguido, con su glande tenso y brillante, rosado y sedoso.
Al mismo tiempo, estimuló a Benja a que descubra con su lengua los distintos sabores del cuerpo
masculino. Benja conoció por primera vez en su padre, la dulzura de la saliva, el sabor amargo y
delicado del ojete, el salado de las axilas y los pies y finalmente el más maravilloso e indescriptible de
la esperma. Ricard comenzó a chupar el pene de Benja al mismo tiempo que se ubicaba para que
Benja alcance con sus labios el pene paterno. Así, imbricados fueron gozando hasta que Ricard sintió
en su boca la explosión de semen de Benja y dejo a su vez que se derrame el suyo en la boca de su
hijo adorado.

Después de un descanso, comenzó Ricard a perpetrar el acto supremo del amor viril, la penetración. Si
bien el tronco de Ricard era bastante grueso, fue tan dulce en la penetración, que Benja solo sufrió un
momento para luego entregarse al dulce placer de ser poseído. Después Ricard, se sentó sobre la dura
lanza de Benja que se enterró en su ano, llenando su vientre de placer hasta eliminar torrentes de
esperma que saciaron a Ricard. Benja había sido iniciado por el hombre que más amaba y por quien
más era amado.

Al encuentro del bosque, siguieron alegres reuniones de sexo con sus amiguitos, quienes por el mismo
tiempo iban iniciándose en las delicias del amor entre hombres.

Cuando Benjamín tenía 16 años, la situación en la cabaña era intolerable. Las tres perras exigían más y
más y Benja no estaba dispuesto a seguir presenciando las terribles humillaciones a que era sometido
su querido papá. Decidió marcharse. Con la bendición de Ricard, Benja partió a recorrer mundo.
Benja decidió adentrarse por el bosque, sabía que hacia el norte se hallaban comarcas donde los
hombres eran más felices. La primera noche, después de una larga caminata, Benja para recuperarse,
antes de comer su vianda decidió tomar un baño en las cristalinas aguas de un arroyo. Benja se
desnudó y su cuerpo de oro y miel resplandenció en la tranquila luz de aquel atardecer estival. Al rato
sintió que alguien lo observaba. Era un enorme oso negro. Benja, osado y valiente no se asustó y por el
contrario le divirtió la curiosidad con que el animal le observaba.

Después del baño, preparó su cena, y el oso se acercó olisqueando. Benja le dio parte de su cena que
el oso comió vorazmente. A Benja le encantaron los ojos melancólicos y dulces del oso. Al irse a dormir,
espantó al oso que tristemente se alejó. Cerca de la medianoche, Benja se despertó sobresaltado por
un ruido inquietante. En lugar del exquisito olor del bosque, percibió un agrio y horrible olor a trapo
viejo. Apenas tuvo tiempo de moverse cuando unos gritos le helaron y una garras de largas uñas
azules y moradas le tomaron por los pies y las manos. Eran las terribles brujas del bosque, sus pelos
largos como estopa y de sus vaginas infernales fluía un asfixiante olor. Mientras lo tenían agarrado,
inmovilizado, se acercó la más vieja y fea y mala y olorosa de las brujas, una especie de reina del mal.
Entre horribles carcajadas acercaba su mano-garra a las pelotas del muchacho, mientras vaciaba en su
cara su caca verdosa. La bruja deseaba estrujar las pelotas del joven para así inutilizar todo su poder
varonil. Justo en el momento en que la mano de la terrorífica hembra llegaba al hermoso bulto de
Benja, un zarpazo, le destrozó la cara. El oso reapareció y salvó a Benja. Desde ese momento Benja lo
tomó como su mascota y fueron inseparables.

A los diferentes lugares a que iban llegando, siempre llamaba la atención la pareja. El hermoso y
valiente muchacho y su mascota, el oso. Benja siempre fue bien venido y siempre participó de las
fiestas y veladas de los lugares a donde llegaba. Nunca dejó de prodigar su amor por los hombres, tal
cual lo había aprendido con su amado padre.

Benja estuvo en la ciudad de los enanos, donde nadie medía más de 70 cm pero cuyos falos nunca
eran menores de 30 cm. Estuvo en las minas, haciendo el amor con los mineros, sus hermosos cuerpos
musculosos cubiertos por el hollín del carbón. Estuvo en una aldea de pescadores donde las fiestas
eran en el agua. Benja hizo oscilar las canoas con el terremoto de su sexo. Vio como los chorros de
esperma enriquecían las aguas transparentes de la bahía. Estuvo en una ciudad de negros, donde los
hombres en pelota brillaban al sol como diamantes negros. También estuvo entre indios y aprendió a
hacer el amor sobre caballos, acomodando el bombeo de los penes al vaivén del galope. En todas
partes Benja amó a los hombres y con su dulzura y virilidad embelleció la vida de cuantos se cruzaba. Y
siempre a su lado, Nosso, el oso miraba los largos coitos, las dulces mamadas, los húmedos besos con
sus ojos melancólicos.

Una noche, ya entrado el invierno, Benja construyó una pequeña choza para protegerse de las posibles
nevadas. Se compadecío de Nosso y le permitió ingresar a la exigua choza. El animal con su calor lleno
el ámbito y Benja se durmió calidamente apoyado en la panza peluda del animal. Un rato después se
despertó con una presión durísima en su culo. Se dio cuenta que era la pinga de Nosso, enorme y
parada, que buscaba, ansiosa, su agujero.

El primer impulso de Benja fue quitar al animal, sin embargo comprendió la terrible presión que sentiría
por su falta de descarga seminal, por lo que decidió brindarse a su amigo por todo lo que él había
hecho por Benja. Con movimientos pélvicos fue alentando más y más al oso en su intento por
penetrarlo. La saliva del oso se había derramado por su espalda y llegaba a su ano. Benja se untó bien
el orto y agarró el pene del oso. Su tamaño lo asombró, era del tamaño de un antebrazo robusto y su
glande como un puño. Recordó que entre los mineros era costumbre cojerse con el puño y se decidió a
brindarle placer al oso. Se puso de espaldas, con las nalgas bien abiertas y el orto bien dilatado. Nosso,
el oso pareció entender. Se subió sobre Benja y le enterro el falo. Benja gritó por la fuerza del dolor, el
cual fue desapareciendo, poco a poco, convirtiéndose en un placer extremo. Benja se sentía
plenamente poseído por la fuerza terrible y la dulzura de su oso. Después de un largísimo coito, Benja
sintió como estallaba en sus entrañas el orgasmo de Nosso, sintió como un torrente de esperma le
llenaba y él también se descargo. Agotado por el gigantesco acto sexual realizado, Benja cayó
completamente dormido.

Cuan grande no sería su sorpresa, cuando por la mañana al abrir los ojos, vio junto a él, desnudo y
mirándolo con infinita dulzura al hombre más hermoso que nunca hubiese visto. El joven le explicó que
era el príncipe Nosso, que había sido hechizado por la malvada bruja Vaginexa, que lo había convertido
en oso y había llevado a su pueblo a la desdicha, cuyos súbditos debían trabajar para satisfacer los
idiotas caprichos de Vaginexa: Joyas, pieles, mucamos. El hechizo se rompería cuando un joven le
permitiese a Nosso poseerlo.

Benjamín y Nosso durante 30 días vivieron solos, en el bosque y probaron todas las formas del amor.
Se poseyeron de todas las maneras posibles, bebieron sus espermas y se hicieron más y más fuertes,
más y más hermosos y más y más valientes. Al término de un mes se dirigieron al castillo de Nosso a
recuperar su reino. Con la complicidad de algunos súbditos se proveyeron de ropas femeninas, velos y
gasas y cubiertos con ellas se dirigieron al palacio. Pidieron ver a la reina para ofrecerle ricas telas y
exquisitas joyas. La bruja ambiciosa los recibió. Mientras la esperaban ambos muchachos se
masturbaron poniendo sus penes bien duros. Cuando Vaginexa apareció arrojaron sus ridículas
prendas femeninas, y aparecieron en sus resplandecientes desnudeces, con sus espadas erguidas,
apuntando al cielo y lanzando chorros de esperma sobre Vaginexa provocándole espamos y
reduciéndola a una mísera conchita gris que tomaron con cuidado y guardaron en una cajita, la cual
arrojaron al fuego.

De esta forma, el reino de los hombres volvió a ser libre y el festejo duró varías semanas. Todos los
hombres, siempre en pelotas, solo comieron manjares y se hicieron el amor. Nosso envió a cuatro de
los más hermosos y valientes jóvenes del reino a buscar a Ricard, encontrándose así padre e hijo
nuevamente. Benjamín y Nosso fueron los más entusiastas, los más viriles y los más osados. Ríos de
esperma corrieron por la comarca fertilizando la tierra y originando la más grandiosa cosecha jamás
vista y llevando la dicha y la prosperidad a la tierra de los hombres. Benja y Nosso vivieron largos años
de dicha en el palacio, fueron felices y se comieron sus respectivas perdices.

PROSTITUCION MASCULINA I

PRIMERO DE UNA SERIE ACERCA DE LAS DIFERENTES FORMAS DE LA PROSTITUCION MASCULINA

Pedro es un pescador en una isla del caribe americano, tiene el porte de una estatua de ébano con sus
casi dos metros de estatura, un físico de atleta sin un solo gramo de grasa, una piel dorada de pasar
horas bajo el sol del trópico y su rostro es como una suave escultura tallada en una piedra de río donde
resaltan unos dientes blanquísimos, ve con angustia como sus redes apenas si pueden pescar lo
necesario para pagar la cuota de su embarcación, tiene que pagar 100 dólares por semana y ya es
jueves, sabe muy en su interior que esta semana no podrá cubrir el pago, esta semana se juntara con
la pasada y la antepasada, mas que angustia lo que hay en su interior es furia, una furia inmensa que
amenaza con explotar a la menor provocación, a lo lejos divisa la enorme embarcación extranjera que
altiva surca el océano, esa compañía, por medio de tratos corruptos ha ganado los derechos para
explotar toda la bahía, derrotado Pedro enfila hacia el puerto a entregar los resultados del día.

Al llegar se ha encontrado con su amigo de toda la vida Enrique, observa que su amigo a pesar de
estar en las mismas condiciones en su rostro no se dibuja la desesperación de los demás pescadores.
Mas tarde en su humilde hogar y por si fuera poco Pedro tiene que soportar los reclamos de su mujer,
que lo insulta y lo humilla frente a sus 4 hijos, es demasiado sale de ese infierno y se va a la playa a
fumarse un cigarrillo, siente la boca seca y se dirige a la pequeña taberna del pueblito costero,
descubre en una esquina a su amigo Enrique que ante el tiene una botella del licor mas caro, enfila sus
pasos hacia su amigo…

¡Enrique hijo de puta, pero que coño pasa contigo cabrón, que estas celebrando!

-"nada cabrón, que hoy di el ultimo pago de mi lanchita…ya es mía"-

¡Pero como, demonios si la pesca ha estado de la patada!

Una enigmática sonrisa se dibujo en el rostro de Enrique

¡Es un secreto, mi buen amigo!

¿Coño no estarás en la venta de drogas o contrabando?

"no amigo, nada de eso….es…un secreto"

Pedro ya estaba con el gusanito de la curiosidad, quería ardientemente saber de que secreto estaba
hablando su amigo

¡No seas hijo de puta…somos amigos ¿no? …y entre amigos no hay secretos…

Enrique hizo un ademán a su amigo de que se acercara para hablarle casi al oído

¿Quieres salir de pobre?

"pues si coño, pero mira que no quiero matar a nadie….amo mi libertad"

¡Aquí no tienes que matar a nadie…bueno casi, casi!

"mira que no entiendo ni j"

"mira salgamos, de esta pocilga"

Enrique se puso de pie y saco de su cartera un billete de 20 dólares, los aventó a la mesa y tomando
del hombro a Pedro, salieron a la playa del malecón que empezaba a llenarse de turistas.

"mira, te cuento esto porque se que eres hombre de fiar, pero esto no debe de salir de aquí ok"

Pedro movió la cabeza afirmativamente ahogándose de la curiosidad…

¿Qué pasaría si un hombre te tocara la polla?

"pues que le rompo la cara al hijo de puta"

¡Vamos no es para tanto, mas se perdió en la guerra! ¡Pues de eso mismo se trata mi secreto!

"¡no me salgas ahora con que andas de marica chupando pollas!" –Exclamo Pedro-

"no amigo, yo no….."


Pedro observo detenidamente a su amigo y le pareció que hablaba con otra persona, el pondría la
mano al fuego por su amigo, pero la persona que estaba frente a el…parecía otro Enrique, no era el
Enrique que el conocía desde la infancia, con el que había compartido mil aventuras con las turistas
extranjeras que visitaban la isla, mismas que abandonaron cuando se casaron a tan temprana edad,
pero como era posible que Enrique hubiera regresado a los mismo pasos de su juventud, ambos ya
andaban cerca de los 40 años, no podría competir con los demás jóvenes de menos edad….y su
esposa, que pensaría su esposa su supiera que andaba otra vez enredándose con las turistas…en
verdad que la cabeza le daba mil vueltas.

"mira coño, las turistas lo que buscan es carne fresca y ya los dos tenemos mucho kilometraje
recorrido, pero…."

¿Pero que carajo?, termina de una buena vez-

"Que por accidente descubrí que en la isla hay turismo sexual…gay, y no son unos maricas cualquiera,
no coño, son gays adinerados que vienen a la isla a desahogar sus ansias de machos latinos, no buscan
al típico marica que anda por los dos bandos, no men, para entrar tienes que ser 100% heterosexual y
si estas casado….te cotizas mas alto, puedes ganar 2000 dólares en una noche"

¡2000 dólares! El trabajo de semanas, era la solución para todos sus problemas, pero como podría
Pedro hacer a un lado sus principios mas elementales, si bien es cierto que nunca le tiro mala honda a
los maricones del barrio, pero de eso a tener que ver algo con uno de su mismo sexo…estaba difícil,
muy difícil.

"no se Enrique, nunca me he aventado a un joto"

¡Siempre hay una primera vez y no digas que no te gusta algo que no has probado!

Pedro no hablaba, en su mente no cabía el hecho de tener sexo con otro hombre por muy marica que
este fuera, Enrique vio la expresión de su amigo y le aconsejo ya con un tono de vos mas paternal.

¡Mira Pedro!, se por lo que estas pasando y se que ya debes casi un mes de tu embarcación…debes
verlo como una solución, no como algo a lo que te vas a dedicar toda tu vida, total si no te convence…
no pasara nada que tu no quieras que pase, vete a tu casa, piénsalo y mañana aquí nos vemos de
nuevo"

Pedro emprendió el camino de regreso a su casa 200 dólares por una noche…era como para pensarlo
muy detenidamente, cuando llego a su casa, su esposa ya estaba acostada, mientras sus hijos ya
estaban todos apretados en una sola cama que servia para todos ellos, cariñoso paso una mano por las
redondas nalgas de su esposa quien con un gruñido le pidió no estarla molestando, ya era casi un mes
que no tenían sexo y Pedro sentía los huevos reventarle de tanto semen contenido, pensó en
masturbarse pero el cansancio lo venció.

Al día siguiente le fue pésimo en su trabajo, era un tormento ver sus redes casi vacías, no quería
perder la embarcación, pues un hombre sin lancha era visto como un fracasado en su pueblo, no había
que pensarlo mas….apenas atardeció y se dio un baño reparador, ceno algo ligero y salio sin dar
explicaciones, pues no estaba acostumbrado a dar santo y seña de sus acciones como buen macho
latino, llego al lugar de la cita y ya estaba su amigo Enrique esperándolo en un carro deportivo aunque
no era de modelo reciente, su amigo se veía tan distinguido sobre ese coche.

¡Veo que lo pensaste bien coño!!Ven sube que tenemos que hacer algunas compras!

Ambos se enfilaron a la ciudad de la costa, entraron a una peluquería y Enrique ordeno un corte más
moderno para su amigo y un recorte de bigote, después se fueron a una tienda departamental a
comprar algo de ropa
¡mira men, te voy a prestar 400 dólares, ya después me los regresas, debes comprarte ropa mas
mejorcita y se por experiencia que a los "clientes" lo que mas les excita es una buena ropa interior,
mira así como esas!

Pedro vio unas pequeñas trusas en colores vivos parecidos a un traje de baño, sintió enrojecer solo de
imaginarse enfundado en esas pequeñas y ajustadas prendas masculinas.

¡Mira estas te resaltan bien el paquete, aunque ya te he visto en cueros y se que no las necesitas, pero
el que no enseña no vende y mira este pantalón de color blanco te vendría bien, escoge uno que sea
dos tallas mas chica…es para resaltar el culo, pues no solo a las viejas les gusta vernos las nalgas.

Siguieron escogiendo ropa y Enrique le entrego una camisa con cierre al frente muy ajustada de color
negro, Pedro tomo todas las prendas y entro al vestidor, se despojo de las humildes ropas que portaba
y lo primero que hizo fue ponerse la ajustada trusa de algodón que se ajustaba como una segunda piel
resaltando su estrecha cintura y el potente bulto que parecía que rompería la prenda, se puso el
pantalón blanco que envolvía sus musculosas piernas morenas, con esfuerzo cerro la abultada
bragueta, se coloco la camisa negra y vio su imagen en el espejo, en verdad parecía otro, nadie
pensaría que era el padre de 3 hijos y que ya rondaba los 40 años, no se atrevía a salir a salir así
vestido tan sensual, pero a esas horas ya casi estaba desierto el negocio, busco a su amigo Enrique y
los dos subieron al auto y se dirigieron a las afueras de la ciudad.

Enrique enfilo su auto a uno de los barrios mas exclusivos de la isla y Pedro se maravillo de las
hermosas y enormes mansiones que nunca se imagino que pudieran existir en su país, llegaron a una
enorme casona cuya barda alcanzaba casi los tres metros y estaba rodeada de enormes árboles que
dificultaban ver el interior, por medio de tres cláxones a modo de clave el pesado portón se abrió y el
lujo y buen gusto se notaba en cada detalle, bajaron del carro y se enfilaron a la entrada de servicio,
apenas llegaron y Pedro se dio cuenta de que había otros 6 o 9 hombres de aspecto muy varonil,
algunos parecían oficinistas y otros pescadores como el, ¡ENRIQUEEEE! la voz chillona que sonó a sus
espaldas lo obligo a voltear el rostro y vio que un tipo vestido con una vaporosa túnica color rojo con
vivos dorados, saludaba a su amigo con una familiaridad de años.

¡Pero quien es este manjar que te acompaña!

Pedro sintió como era devorado por la mirada del extraño y amanerado sujeto, estuvo a punto de
soltarle un insulto pero apretó los puños y puso la mirada en el piso, se imagino como una puta barata.

¡Es mi amigo Pedro, le he platico de nuestro negocio y esta dispuesto a hacer lo que sea "necesario"!

¡Ho my Good! Carne fresca, pero ven bombón que no muerdo, tengo que revisar la mercancía…

Pedro miro a su amigo con una mirada de suplica, pero la expresión divertida de su amigo lo tranquilizo
y se dejo guiar al interior de la casona, llegaron a un pequeño saloncito apenas alumbrado por un
tenue luz azulosa.

¡Vamos a ver lo que trajo la lluvia! Mmmmm no estas nada mal papacito y estoy seguro de que si
sabes ser amable, vas a causar sensación, te habla la voz de la experiencia…mira a este lugar vienen
gentes muy poderosas que tienen una doble vida, generalmente son hombres casados buscando lo que
en su casa no tienen…esto, Chris apreto los genitales de Pedro, "esto es lo que buscan los muy
maricones, en su país los ves muy masculinos dirigiendo empresas, pero aquí son unas verdaderas
putarras"

Pedro se quedo quieto mientras era manoseado de todo su cuerpo, apenas sentía una mano en sus
hombros cuando ya estaba otra palpando su trasero y otra en su bragueta, pero mas se sobresalto
cuando sintió como bajaba el cierre de su pantalón y era bajado con todo y sus calzoncillos hasta sus
pies….

¡Ho my Good! Que vergon, que vergoooon….no lo puedo creer…


Cerro los ojos al sentir como la hambrienta boca del sujeto le succionaba la pija, y con otra mano
acariciaba sus gordos huevos…haciendo un esfuerzo sobrehumano domino sus impulsos de darle una
golpiza al amanerado sujeto que acariciaba su trasero y desesperado metía toda su verga en su boca.

¡papito no estas cooperando, tengo que ver tus dimensiones…no creas que te chupo la polla por gusto,
esto es parte de tu trabajo!...!solo imagina que soy una puta!

Pedro volvió a cerrar los ojos y se imagino siendo succionado por esa hermosa actriz que había visto en
una película porno, su método dio resultado y su verga fue racionando a las profundas mamadas que le
prodigaban sin descanso…

"¡Ho my Good! …ocho pulgadas aproximadamente de carne dura"

¡Serás la sensación de la noche…pagaran una fortuna por "estrenarte", bueno ya ves que no fue tan
difícil y te voy a dar un consejo, se amable con los clientes…muy amable, ahora te vamos a preparar…

Dando unas palmadas entro a ese recinto un hermoso jovencito de rasgos orientales, con unas vasijas
llenas de aromáticas sustancias, Pedro estaba ya completamente desnudo y su verga estaba flácida de
nuevo.

¡Trata bien a Xin, el te va a preparar para el evento mas tarde, no habla español y no le hace falta,
hace maravillas con sus manos!

Chris hablo en ingles con el recién llegado y los dejo a solas en el pequeño saloncito que rápidamente
se impregno de los calidos aromas que despedían las vasijas, Xin tomo una esponja e impregnándola
de liquido aromático la esparció en el velludo pecho de Pedro que aspiro un delicioso aroma a yerbas
exóticas, sintió como su sangre empezaba a circular mas rápido de lo normal, se abandono al delicado
masaje que Xin le proporcionaba en su musculoso cuerpo, no protesto cuando las delicadas manos
tomaron su pene y esparcieron un espeso aceite que le daba una exquisita sensación provocando que
su verga se endureciera mas de lo normal, Xin continuo esparciendo aceite en las gruesas piernas y en
sus redondas nalgas…poco a poco su cuerpo fue tomando un apariencia muy brillosa, Xin abandono el
saloncito en silencio tal y como había llegado, dejando a Pedro con su verga dura y goteando liquido
preseminal.

No pasaron ni dos minutos cuando apareció de nuevo Chris, traía consigo una pequeña caja de cartón,
"toma tu vestuario" Pedro tomo la cajita y la abrió, dentro de esa caja venia una diminuta tanga roja,
Pedro ni protesto tenia que ser cooperativo, se la puso y a duras penas podía contener su verga que no
había perdido dureza, Chris lo tomo de un brazo y lo condujo por un pasillo en penumbras, llegaron a
una especie de plataforma a modo de escenario tapado con una pesada cortina negra, a los oídos de
Pedro llego el barullo del otro lado y el sonido de una música suave… "te vas a parar en esta
plataforma, por nada del mundo te muevas de este lugar" "tengo que hacer tu presentación, cuando se
habrá la cortina debes de exhibir tu cuerpo como si estuvieras ante un espejo…muestra la mercancía,
bueno te dejo"

Dandole una nalgada a Pedro, Chris lo dejo en penumbras.

De pronto la plataforma empezó a girar suavemente y el telón se abrió de repente, un potente reflector
cegaba a nuestro protagonista que entrecerró los ojos intentando acostumbrarse a la potente luz…

¡Distinguidos caballeros, bienvenidas al club "100% H" esta noche tenemos la presentación de un
nuevo "100H" déjenme se los describo, heterosexual de 39 años, 1,90 mts. de estatura, 90 kilos de
pura carne varonil y los mas importante: dotado de una hermosa herramienta de 8 pulgadas…lo se
porque lo cheque….personalmente!

…."empecemos la subasta con 100 dólares"….

A los oídos de Pedro llegaban las cifras que los desconocidos ofrecían disputándoselo como una puta…
"500"

"1,000"

"1,500"

"3,000 dólares" –surgió una voz que venia del centro del salón-

¡3,000 dólares…veo que saben reconocer la calidad…quien ofrece mas!

Un tenso silencio reinaba en el lugar…3,000 dólares era una cantidad que Pedro nunca había visto en
su vida, un extraño sentimiento de orgullo empezó a circular por su ahora deseado cuerpo
masculino….y halagado empezó a flexionar sus brazos exhibiendo sus músculos.

¡5,000 dólares! –otra voz mas decidida se escucho de nuevo-

¡Ho my Good! "5,000 dólares…quien se llevara esta estatua viviente a su cama esta noche!

Pedro agudizo la vista hacia el grupo de hombres que estaban frente a el y de entre el grupo emergió
un distinguido personaje de mediana estatura vestido con un elegante

Traje de dos piezas color blanco y una camisa color celeste

¡Yo ofrezco 5,000 dólares por este bello ejemplar!

-¡eres el ganador…disfrútalo!-grito Chris agitando sus manos muy enjoyadas-

El grupo de gente felicito al elegante sujeto y Pedro descendió de la plataforma y se encamino al grupo
de gente, arrancando murmullos de admiración a su paso y se paro a un lado de quien lo había
"comprado"

"Hola soy el Lic. Montenegro…pero tu puedes llamarme Eddy"

Pedro extendió su mano y apretó con un gesto muy viril la suave mano que lo saludaba.

"mi nombre es Pedro…y me parece que por esta noche soy tuyo"

Eddy tomo de la mano a su hombre y salio de ese lugar, pasaron por varios corredores y llegaron a un
amplio pasillo donde se observaban varias habitaciones a modo de hotel, llegaron a una puerta y Eddy
extrajo de su bolsillo una llave, abrió la puerta y ante Pedro quedo una hermosa habitación con una
enorme cama al centro adornada con pétalos de rosa, simulando una alcoba nupcial, Eddy tomo dos
copas de cristal y las lleno de un fino vino, entrego una copa llena de vino a Pedro quien la bebió de
golpe "para darse valor a lo vendría", Eddy se encamino a la cama y sentándose en la orilla, palmeo la
cama a manera de que Pedro se sentara a un lado suyo, Pedro se encamino lentamente como el
cordero que sabe que va al sacrificio…

¡Vamos hombre quita esa cara…que no te pasara nada malo! –Exclamo Eddy muy divertido al ver el
serio rostro de Pedro-

Apenas se sentó Pedro y una mano acariciaba su grueso muslo velludo subiendo lentamente llego a su
virilidad.

"te podrías desnudar para mi"

Poniéndose de pie Pedro se despojo de la diminuta prenda.


"que bello eres…eres un perfecto animal…no te ofendas, pero tienes un magnetismo animal que te
hace ver extremadamente sexy"

Pedro no sabia si tomar ese comentario como un halago o un insulto, pero el relajado tono de voz de
Eddy no lo molestaba, el siempre había tenido la imagen de los gays promiscuos de la isla que por 1
dólar le chupaban la verga a los turistas, pero Eddy era diferente, tenia una gran personalidad y nadie
sospecharía que era gay, pero de una cosa estaba seguro…no estaban en esa habitación para platicar,
así que Pedro se encamino de nuevo a su comprador y se puso frente a el, colocándole en su cara su
gran verga morena.

No había nada mas que decir, Eddy acerco su boca a esa verga que había comprado y de un certero
golpe la metió por completo en su boca prodigándole ardientes lenguetazos, coloco sus manos en los
muslos de Pedro para apoyarse y poco a poco fue tomando velocidad a medida que esa rica verga
empezaba a endurecerse, Pedro no pudo evitar dejar escapar un gemido ante la experta lengua de
Eddy quien hacia verdaderos esfuerzos por engullir completa ese polla que ya había tomado toda la
longitud de las 8 pulgadas que Chris había anunciado, ríos de saliva caían en la mullida alfombra y
Eddy se puso de rodillas para tener mejor posición de ataque, en la habitación solo se escuchaban los
profundos quejidos de Pedro y la respiración entrecortada de Eddy que no soltaba su trofeo…

¡Quiero que me la metas cabrón…rómpeme el culo a vergazos mi hombre, quiero que seas mi hombre
por esta noche…hazme "tuya"!

Eddy extrajo un paquete de condones de un pequeño buró y un tubo de lubricante, se despojo de su


ropa y ante Pedro quedo un buen trasero blanquísimo con el culo cuidadosamente depilado, Pedro
tomo un condón y se lo coloco cuidadosamente aunque no lo cubría completamente por lo largo y
grueso que tenia la verga, mientras Eddy esparcía una buena cantidad de lubricante en su ano, se
coloco en cuatro patas y se puso a modo de que Pedro colocara la punta de su tremenda verga en su
estrecho ano….

¡Se tierno por favor, que te cargas un vergon de antología!

Pedro tomo la botella de licor y le dio un gran trago, no era para menos, estaba lejos de su hogar y
tenia ante si mismo, un hombre a quien le metería la verga, se limpio los labios con una mano y
tomando a Eddy de la cadera empujo lentamente su verga, se dio cuenta que no seria fácil entrar en
ese estrecho canal, tomo mas lubricante y lo esparció por todo el tronco, volvió a empujar y esta vez
entro su glande por completo, Eddy apretaba las sabanas para no gritar de dolor, era la primera vez
que estaba ante un verdadero hombre, su gran fantasía se estaba cumpliendo, ya estaba cansado de
los putos callejeros dotados de una verga estándar, no esta vez era diferente…cuantas veces soñó ser
cogido por un macho latino, de esos hombres que solo veía en sus visitas a la isla, pero nunca se
atrevería a ofrecerles dinero a esos tipos, pues no sabría que reacción tendrían y no se quería exponer
a un escándalo, apretó sus dientes al sentir como la potente verga iba rompiendo sus anillos mas
internos llegando a lugares nunca visitados por otra verga y dilatando hasta lo imposible su adolorido
culo, Pedro apoyo su enorme cuerpo moreno sobre Eddy entrando por completo en su culo borrándole
todos los pliegues de la entrada del ano, Eddy sintió los huevos de Pedro como chocaban con sus
nalgas y de dio cuenta de que lo tenia TODO adentro, Pedro empezó un enloquecedor mete y saca,
sacaba su verga hasta la mitad para dejarla ir completa hasta el tope, arrancándole gritos de placer y
dolor a Eddy…

¡Así…así…rómpeme todo por dentrooooooooooooohhhhhhho!

Muy a su pesar Pedro empezó a disfrutar la cogida, pues las paredes del ano apretaban de una manera
exquisita toda la longitud de su verga haciéndolo experimentar sensaciones desconocidas, pues nunca
le había metido la verga a su esposa por el culo, pero este culo estaba en verdad delicioso, se
abandono al placer de estarse cogiendo ese culo y cerro los ojos disfrutando el momento.

-"Hooooooooooooooooooooo que rico culo….dios …..Que rico me aprietas la verga….mejor que mi


esposa carajo"
¡Soy tuyo mi macho….cogemeeeeee!

La salvaje danza de cuerpos siguió por interminables momentos hasta que Pedro no pudo detener más
su potente eyaculación y sentía como sus bolas se llenaban de semen listas para descargar…por
primera vez en un culo masculino.

¡meeee veeennnnngggooooooooooooohhoooooooo!

"no papito no te vengas en mi culo…aviéntamelos en la boca….que quiero saber a que sabe tu


lecheeeeeee.."

"tu pagas, tu mandas" –gimió Pedro sintiendo ya la erupción en la punta de la verga.

Eddy se libero de Pedro y de un rápido movimiento lo despojo del condón, metió la verga en su boca
para recibir la lluvia de semen….tres…cinco….ocho….disparos de espesos chorros de leche tibia fueron
degustados por la sedienta boca de Eddy quien exprimió con ambas manos toda la verga hasta que no
salio nada, todavía le dio una buena cantidad de mamadas hasta que fue perdiendo dureza y al fin la
libero de su dulce tortura…

¡Maldita sea…demonios…pero que rica cogida! –resoplaba Pedro aun sin poder recuperarse de la
agotadora eyaculación.

Eddy se lamía los labios muy gustoso de haber ordeñado esa verga, quito las sabanas de la cama e
invito a Pedro a tumbarse a su lado, Pedro acepto la invitación y se acomodo en la cómoda cama
matrimonial, Eddy se acurruco en su pecho y lejos de molestarse lo abrazo muy agradecido.

¡Quédate conmigo hasta mañana!!Aunque no tengamos sexo….por favor! –exclamo Eddy mirándolo
fijamente a los ojos…

Pedro acepto de buena gana 5,000 dólares no era cualquier cosa, además la estaba pasando de lujo.

Durmieron un rato y mas tarde Eddy sintió como una insistente verga luchaba por entrar de nuevo en
su adolorido culo, se acomodo de tal manera que le dejaba libre el camino a su macho…..la luz del día
los sorprendió en el tercer encuentro sexual, Eddy estaba tan satisfecho que antes de despedirse le
obsequio un costoso reloj a Pedro y quedaron de verse el próximo fin de semana en esa casona.

Pedro busco a Chris para recibir su paga…

"Mira bombón de los 5,000 dólares…500 son de la comisión de tu amigo Enrique…2,500 dólares son
tuyos y el resto es para la casa, debes hacer que el cliente se encariñe contigo y lo que le puedas sacar
fuera de aquí es todo tuyo"

Pedro no lo podía creer, acababa de ganarse 2,500 dólares…era una fortuna y además lo había
disfrutado…

El próximo fin de semana llego y Pedro ya no estuvo en la subasta pero no importaba Eddy ya lo
estaba esperando, se dieron un gran abrazo y sin decir palabras subieron a su habitación…hasta el día
siguiente….

"Pedro lo he estado pensando y quiero que trabajes para mi el tiempo que estaré en la isla" "ademas
no te quiero compartir con ningún otro joto"

"pero en que carajos trabajare para ti…" –exclamo Pedro muy divertido

¡Quiero que seas mi "guardaespaldas" enfocado a cuidar mi culo y ganaras 1,500 dólares por semana!
"Acepto"

Grito gustoso Pedro de antemano sabia lo que Eddy deseaba, quería tener su puto de planta y de esa
manera entro Pedro al mundo de la PROSTITUCION MASCULINA.

Fin.

Si les gusto espero sus comentarios buenos y malos

PROSTITUCION MASCULINA II

SEGUNDO DE UNA SERIE ACERCA DE LAS DIFERENTES FORMAS DE LA PROSTITUCION MASCULINA

Un espeso humo impedía ver bien la acción que se desarrollaba en esa cantina que ofrecía un
deprimente show travestí, que no eran otra cosa que un grupo de maricones que se prostituían con
gente de la ciudad y norteamericanos promiscuos, ubicada en un deprimente barrio a orillas de Cd.
Juárez, Chihuahua, pero eso era lo de menos para la "Vicky" quien de rodillas succionaba golosamente
la gruesa verga del albañil maloliente que la tenia sujeta con ambas manos de su cabeza y sin
descanso se la follaba por la boca pintada de un labial rojísimo y no paro hasta llenarle la garganta de
espeso semen que empezó a escurrir por las comisuras de su adolorida boca…era ya la cuarta
mamada de la noche un pequeño eructo escapo de su garganta "que rica leche" –pensó lamiéndose los
labios-

¡Listo cabrón, son 5 dólares…y no tengo cambio! –exclamo "Vicky" poniéndose de pie y acomodándose
la estrafalaria peluca color violeta, tomo el dinero y muy sensual la guardo en medio de sus tetas de
hule espuma.

"cuando gustes ya sabes…."

Se limpio la boca con una servilleta y empezó a recorrer el negocio buscando con la mirada a otro
posible cliente, era domingo y el lugar estaba a reventar de hombres con gustos "especiales", paso
junto a un joven muy ebrio de 23 años que besaba ardientemente a un travestí ya maduro pero de
rasgos hermosos quien sobaba descaradamente la bragueta del joven, abundaban los albañiles,
militares y uno que otro ranchero luciendo ropa cara y pesadas cadenas de oro.

Una fuerte mano la sujeto de una nalga y una potente voz masculina la hizo estremecerse, volteo el
rostro súper maquillado y observo a un enorme sujeto que portaba un sombrero café, la camisa
desabrochada dejaba ver un torso muy velludo, tenia aspecto de ganadero adinerado o quizás era un
narcotraficante que también abundaban, su barba de 3 días le daba un aspecto muy viril.

"que paso "mamacita" cuanto por el chimuelo"

¡Pues ya sabes la tarifa…30 dólares con condón y 50 dólares sin condón!

"pues apúrale "mamacita" ando como burro en primavera" –exclamo el sujeto apretándose la
tremenda erección que formaba un enorme bulto en su pantalón de mezclilla.
Los dos se dirigieron por un pasillo donde había unos cuartuchos que tenían unas cortinas a modo de
puertas, abrieron una cortina y adentro estaba una pareja follando como animales, un hombre moreno
de prominente estomago se follaba a un jovencito casi un adolescente muy maquillado, que portaba
una minifalda de imitación piel color plata y una blusa de lentejuelas negras, una descuidada peluca
rubia completaba su atuendo, "perdón" –exclamo la "Vicky"- Llegaron a un cuarto vació y el sujeto
tomándola del cuello la obligo a empinarse, levantándole el vestido de una manera tosca le bajo las
bragas de encaje negro poniendo al descubierto un estupendo trasero lampiño, la "Vicky" apretó los
dientes al sentir como era penetrado su culo sin ninguna preparación previa, las lagrimas en sus ojos
demostraban el doloroso placer de ser embestida con furia animal por el enorme sujeto que la tenia
sujeta de la cintura y metía sin parar su enorme verga "muévete puto de mierda….que te esta
cogiendo un macho" aquellos insultos lejos de molestar hacían sentir a la "Vicky" como una verdadera
zorra y apoyándose en la desgastada pared tomaba vuelo y se ensartaba hasta sentir las huevos del
macho chocando con su cuerpo, se mordió el brazo para no gritar del placer que recorría su espina
dorsal, la enorme verga dilataba de una manera deliciosa su culo y se abandono a a las brutales
penetraciones del salvaje sujeto que en medio de un ronco grito le llenaba su dilatado orificio de una
gran cantidad de semen tibio que empezó a escurrir a borbotones por sus piernas velludas, apretó las
nalgas para exprimir muy bien la estaca que le había dado tanto placer.

"que rico culo te cargas…te has ganado tus 50 dólares y mira ten 10 dólares de propina"

Acomodándose el vestido la "Vicky" tomo con una sonrisa el dinero y lo junto con lo demás que ya
llevaba ganado en la noche, salio del cuartucho sintiendo un tremendo ardor en su culo y se fue a otro
cuarto donde estaban otros 3 sujetos con estrafalarios vestidos de lentejuelas y enormes plumas de
colores preparándose para el gran evento travestí de la noche.

"Vicky" que bárbara, eres la ultima en llegar y sabes que tu abres el show" –exclamo un sujeto
regordete ya entrado en años y que portaba un vestido con marcada influencia española.

"¿que quieres que haga? No puedo desatender a mis clientes…pero ya estoy aquí lista para mi numero,
aunque a esta bola de animales les da lo mismo quien salga…no saben apreciar mi arte"

"bueno hermosa…sal y domínalos como tu sabes"

Las notas de una canción de moda provoco que todos guardaran silencio y en medio de una cortina de
humo salio la "Vicky" armada con un micrófono de plástico simulando con gestos ridículos estar
cantando una canción de Madonna, movía su cuerpo con ondulantes movimientos de cadera
coqueteando con los parroquianos que con desgano presenciaban su "actuación" termino la música y
unos breves aplausos la acompañaron a la salida, mientras otro sujeto venia ya saliendo y estaba
maquillado muy parecido a Mónica Naranjo, mientras las notas de la canción retumbaban en la cantina
"Vicky" empezaba a desprenderse de todos sus postizos y del exagerado maquillaje para regresar a su
vida "normal"

¡"Vicky" por favor no te marches! que la "Leona" no ha llegado…mira que me pones en un aprieto si te
vas!

-"lo siento "Yadhira" pero el trato fue que yo solo estaría los fines de semana y únicamente hasta la
1:00 de la mañana…sabes que no puedo quedarme"

La "Vicky" hizo oídos sordos a los lloriqueos de su "patrona" y despojándose de su peluca se peino su
cabello negro ya entrecano y se puso una chamarra de piel de excelente calidad, saco un fino reloj
Cartier y salio por la puerta trasera de ese establecimiento y se dirigió a buscar un taxi que lo dejara en
el estacionamiento publico donde había dejado su carro ultimo modelo.

Por su mente desfilaron los recuerdos de una doble vida, siempre cuidándose de miradas indiscretas,
de los ligues en la oscuridad de un cine porno, de los maltratos recibidos por sujetos ebrios, de los
constantes "levantones" de los policías que ya lo tenían identificado y como lo obligaban a
proporcionarles sexo oral, para después violarlo salvajemente, que suerte tuvo de encontrara esa
cantina pues al menos no tenia la necesidad de andar buscando verga, al contrario ya contaba con una
clientela segura aunque a decir verdad lo buscaban porque era el mas barato de todos los
homosexuales travestidos….pero el no lo hacia por dinero….no el se prostituía por placer….por puro
placer carnal, el placer de ser dominada por un verdadero hombre…pero ya no tenia la edad para
competir con los jovencitos de 15 o 20 años que estaban llegando a reclamar su cuota de verga.

Cerca de las 2 de la mañana llego a su casona ubicada en un exclusivo barrio residencial, entro
tratando de hacer el menor ruido posible y se acomodo en su cama, al día siguiente un maternal beso
en su mejilla lo despertó…

¡Buen día hijo…ya amaneció, se te hace tarde para ir a la oficina!

"buenos días mamita, horita mismo me levanto"

Después de un rápido desayuno salio disparado a su negocio de exportaciones & importaciones García

"Buenos días Lic. Víctor, lo esta esperando el Lic. Vallejo"

Víctor llego a su oficina y hablándole a su secretaria le pido pasar al Lic. Vallejo que no era otra
persona que el sujeto que le había destrozado el culo la noche anterior, Víctor sintió que el mundo se
abría ante el y fingiendo serenidad lo saludo efusivamente.

¡Buenos días Lic. Vallejo espero que tengamos un trato que nos convenga a los dos!

"pues yo espero que si, el precio que le estoy ofreciendo por mi ganado es uno de los mas
competentes del mercado y me gustaría que usted mismo visitara mi rancho en Sonora para que
compruebe por usted mismo lo que le estoy diciendo"

¡Pero tendríamos que fijar bien la fecha de mi visita porque sabe usted, en un mes me caso con la hija
del candidato a gobernador!

"pues permítame ser el primero en felicitarlo"-exclamo el Lic. Víctor recorriendo disimuladamente la


entrepierna del fornido hombre moreno.

Poniéndose de pie el Lic. Víctor, "alias la Vicky" apretó el duro cuerpo de su futuro socio y el recuerdo
de la noche anterior le provoco unas punzadas de placer en su culo, como deseo que llegara de nuevo
el viernes para ir a la cantina y ejercer la PROSTITUCION MASCULINA

Fin.

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