“AÑO DE LA RECUPERACIÓN Y CONSOLIDACIÓN DE LA ECONOMÍA PERUANA”
FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES
ESCUELA PROFESIONAL DE PSICOLOGÍA
ASIGNATURA:
Taller de Inteligencia Emocional
TEMA:
Resumen de la autorregulación emocional
DOCENTE:
Dra Wendy Cedillo Lozada
INTEGRANTES:
Maguiña Ramírez, Wendy
Veliz Yamunaque, Dulce Analucía
Vidal García, Kimberly Aldhana
Yovera Requejo, Giorgina Samantha
TUMBES, 2025
La autorregulación emocional constituye un proceso psicológico complejo y esencial
que permite a las personas gestionar sus emociones de forma consciente, flexible y
adaptativa. No se trata únicamente de controlar o reprimir lo que se siente, sino de
integrar la experiencia emocional en la conducta y el pensamiento de manera
funcional. En un mundo emocionalmente exigente, donde los estímulos externos
pueden generar reacciones intensas, esta capacidad se convierte en un pilar del
equilibrio psicológico, la toma de decisiones acertadas y la construcción de vínculos
saludables. La autorregulación emocional implica influir en qué emociones se
experimentan, cuándo surgen y cómo se expresan, lo cual requiere una conciencia
profunda de los propios estados internos, la comprensión de su origen y la
capacidad para responder de manera constructiva, evitando conductas impulsivas o
perjudiciales. Además, esta habilidad está estrechamente vinculada a la empatía, la
tolerancia a la frustración y la capacidad de postergar gratificaciones inmediatas,
favoreciendo una mejor adaptación en contextos sociales, escolares y laborales.
Este proceso abarca diversas etapas que incluyen la identificación de las
emociones, la evaluación del contexto en el que surgen, la modulación de su
intensidad y la elección de respuestas conductuales adecuadas. La autorregulación
es considerada un componente fundamental de la inteligencia emocional, tal como lo
señaló Daniel Goleman, y desempeña un papel clave en el desarrollo
socioemocional desde la infancia. En este sentido, autores como Thompson y Gross
han señalado que la autorregulación se desarrolla progresivamente, comenzando
con la co-regulación ejercida por los cuidadores y consolidándose mediante recursos
internos que permiten al individuo reflexionar sobre sus propias reacciones
emocionales.
Desde una perspectiva neurobiológica, se ha evidenciado que la corteza prefrontal
dorsolateral, junto con estructuras como la amígdala y el hipocampo, cumple
funciones esenciales en la inhibición de impulsos, la toma de decisiones y la
planificación de respuestas coherentes con metas a largo plazo. Sin embargo, esta
capacidad puede verse alterada por diversos factores como el estrés crónico,
experiencias traumáticas, el tipo de apego desarrollado durante la infancia y los
modelos de socialización emocional transmitidos por la familia o el entorno
educativo.
Las estrategias utilizadas para regular las emociones pueden clasificarse como
adaptativas o desadaptativas. Entre las primeras se encuentran la reevaluación
cognitiva, la resolución de problemas, la práctica de la atención plena (mindfulness),
la búsqueda de apoyo social y la aceptación emocional. Estas estrategias se asocian
con mayor bienestar psicológico, resiliencia y estabilidad emocional. En contraste,
las estrategias desadaptativas como la supresión emocional, la evitación o la
rumiación suelen estar relacionadas con la aparición de trastornos como la
ansiedad, la depresión o los trastornos de la personalidad. También se ha observado
que las normas culturales influyen en la forma en que las personas aprenden a
manejar sus emociones, lo cual subraya la importancia del contexto sociocultural en
el desarrollo de esta competencia. En los últimos años, diversos programas
educativos orientados al fortalecimiento de habilidades socioemocionales han
demostrado ser eficaces en la promoción de una adecuada autorregulación desde
edades tempranas.
En síntesis, la autorregulación emocional no es una habilidad innata ni inmutable,
sino una competencia que puede desarrollarse y perfeccionarse a lo largo del ciclo
vital. Su presencia es fundamental para el bienestar psicológico, ya que permite
enfrentar los desafíos emocionales de manera consciente, sin negar los sentimientos
ni dejarse arrastrar por ellos. Esta habilidad depende tanto de factores biológicos
como del entorno y puede fortalecerse a través de la educación emocional, la
práctica deliberada y la intervención psicológica. Por tanto, fomentar la
autorregulación emocional debe ser una prioridad tanto en el ámbito familiar como
en el educativo y terapéutico, ya que contribuye a formar personas más equilibradas,
resilientes y capaces de afrontar con madurez las complejidades emocionales de la
vida cotidiana.