0% encontró este documento útil (0 votos)
14 vistas140 páginas

Monásticos Cuadernos

El documento presenta una colección de artículos sobre la santidad cristiana y el martirio, destacando la importancia de recordar a los mártires de ayer y hoy, según la exhortación apostólica 'Gaudete et exultate' del Papa Francisco. Se exploran diferentes perspectivas sobre la muerte, la amistad espiritual y la vida monástica, así como reflexiones sobre el impacto del 'Nuevo Orden Mundial' en la vida religiosa actual. Además, se incluye una traducción sobre la vida de san Pacomio, enriqueciendo el contenido espiritual del cuaderno.

Cargado por

Dunkandú
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
14 vistas140 páginas

Monásticos Cuadernos

El documento presenta una colección de artículos sobre la santidad cristiana y el martirio, destacando la importancia de recordar a los mártires de ayer y hoy, según la exhortación apostólica 'Gaudete et exultate' del Papa Francisco. Se exploran diferentes perspectivas sobre la muerte, la amistad espiritual y la vida monástica, así como reflexiones sobre el impacto del 'Nuevo Orden Mundial' en la vida religiosa actual. Además, se incluye una traducción sobre la vida de san Pacomio, enriqueciendo el contenido espiritual del cuaderno.

Cargado por

Dunkandú
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

CUADERNOS

CUADERNOS
MONÁSTICOS
MONÁSTICOS

Julio - Septiembre
Año LV - 2020 214 214
Año LV - 2020 Año LII - 2017
CUADERNOS
MONÁSTICOS

Julio - Septiembre
Año LV - 2020

214
Portada: Coronación de la Virgen Giotto
Capilla Baroncelli Santa Croce Florencia
Témpera sobre madera 1334
SUMARIO

EDITORIAL 273

ARTÍCULOS

Mario Alberto Haller 275


Los mártires de ayer y hoy:
“Un testimonio que no hay que olvidar” (Juan Pablo II).II).
Cuando el Papa Francisco publicó la exhortación apostólica
“Gaudete et exultate” (2018) acerca de la vocación universal a la
santidad, surgió en mí el deseo de estudiar más sobre el prototipo de
la santidad cristiana: el martirio.

José Luis Villacís, OCSO 307


Dos actitudes ante la muerte:
en el Manual de Epicteto y en la Regla de san Benito.
La muerte no es un objeto de estudio propio de nuestro tiempo, sino
que viene desde la antigüedad. Más aún, no depende de la época,
sino que es una realidad constitutiva de nuestra existencia.

Fausto María Couzo, OCSO 331


Cristo, “tertius
“tertius inter nos”.
nos”.
La amistad espiritual en san Elredo, una relectura entre amigos.
Más bien procuré hablar en un tono amigable sobre la amistad,
presentar con algo de buen humor su doctrina y releerla con frescura
juvenil desde la hora en que nos toca vivir.

Greg Peters 351


La teología de la vida religiosa/monástica
de John Henry Newman como un medio para la santidad.
Newman creía que las instituciones monásticas serían de gran
ventaja en la evangelización de la población que a menudo se
encontraba densamente hacinada en las ciudades de Inglaterra.

271
CuadMon 214 (2020) 271-272

Bernardo Olivera, OCSO 371


“Nuevo Orden Mundial” y pandemias.
Los cristianos y, por lo mismo, los monjes, no somos “del” mundo,
pero vivimos “en” el mundo. Por eso, no somos ajenos a las alegrías
y dolores que embargan a nuestro mundo contemporáneo. Vamos,
entonces a reflexionar sobre una “nueva” y compleja realidad socio
política con incidencia a escala mundial denominada “Nuevo Orden
Mundial”.

FUENTES

Paralipómena sobre la vida de san Pacomio. 383


El jardinero se llamaba Jonás. Había pasado ochenta y cinco
años en ese monasterio, en una muy venerable vida ascética. Él
solo se ocupaba de todo el cuidado de los frutales, y él solo había
plantado todos los árboles frutales de aquel monasterio.

272
EDITORIAL

A propósito de la la exhortación apostólica Gaudete et exultate (2018)


acerca de la vocación universal a la santidad, Mario Alberto Haller se propuso
estudiar más de cerca el prototipo de la santidad cristiana: el martirio. En el
presente artículo nos ofrece el resultado de sus investigaciones, luego de recorrer
la historia del martirio cristiano, los mártires de ayer y de hoy, teniendo en cuenta
la ampliación de la noción teológica del martirio ocurrida en el siglo XX, para
la cual mártir no solo es quien muere por confesar la fe, sino también quien es
perseguido y asesinado por el amor que brota de ella. Es una invitación a tomar
conciencia de la vasta “geografía martirial” de la Iglesia, presente en todos los
continentes y compuesta por hermanos de todos los estados de vida, edades y
condiciones sociales y, como afirmaba Juan Pablo II, se trata de “un testimonio
que no hay que olvidar”. Es una invitación a celebrar una y otra vez su memoria e
imitar su fe incondicional y su caridad operante, estimulados por sus ejemplos de
vida cristiana.

José Luis Villacís, ocso, se plantea la eterna pregunta sobre el sentido


de la muerte en el ser humano: ¿existe algo detrás de ella?, ¿acaso emergerá
un nuevo tipo de vida o simplemente no hay nada? La respuesta la tiene la fe,
luego de un largo camino, en el cual la imagen que tenemos de Dios se purifica
y transforma y la muerte es un paso para llegar a su presencia total. Pero no
todos los seres humanos adoptan una misma actitud hacia la muerte; algunos
no la consideran importante puesto que es preciso vivir el momento presente
satisfaciendo sus necesidades, la mayor parte de ellas inconscientes. Otros, por
el contrario, la tienen presente como el final de su existencia, y para ello hay
que “prepararse convenientemente” realizando actos buenos y honestos. Ambos
extremos se hallan presentes en dos posturas que el autor analiza en el “Manual”
(Enquiridion) de Epicteto y en la “Regla” de san Benito.

Según Epicteto, la muerte no necesita ser valorada porque es una realidad


que no depende de nosotros, es constitutiva del destino humano. En cambio, para
273
CuadMon 214 (2020) 273-274

san Benito, la muerte depende de las circunstancias. Su sentido responde a cómo


ha vivido la persona: si dispuso su vida para la realización del plan de Dios,
su muerte se constituirá en nacimiento a una vida eterna; pero si se entregó a
su voluntad egoísta e interesada, siendo rebelde y obstinada, su deceso será un
castigo eterno. Ambos aportes son valiosos; nos permiten apreciar la relación
cercana entre la filosofía estoica y el monacato benedictino.

Fausto María Couzo, ocso es joven y escribe para sus amigos jóvenes
compartiéndoles los descubrimientos que hace sobre la amistad en el tratado
clásico de la “Amistad espiritual” (De Spiritali amicitia) de Elredo de Rieval. A
modo de carta, y de manera ágil y amena, tiene el mérito de presentar lo sustancial
de la doctrina de este santo abad cisterciense inglés del siglo XII, cuyo texto
sigue hablando a los jóvenes de hoy, movilizando la nobleza de sus sentimientos
e invitándolos a establecer relaciones genuinamente humanas y cristianas.

En el pensamiento de John Henry Newman, la santidad no se alcanza


por medio de un llamado particular a cierto estado de vida, como podría ser el
del monacato, sino viviendo con fidelidad el llamado de Dios que cada uno pueda
tener. Por eso, para él lo importante es que todos los cristianos vivan según sus
compromisos bautismales, y en este sentido ninguna opción de vida es más santa
que otra. No obstante, a su manera, el monacato jugó un papel destacado en la
vida y la concepción que Newman tuvo para la santificación de la Iglesia. Greg
Peters nos muestra la evolución de su pensamiento y el papel que él le asignaba a
la vida monástica para la santificación de la Iglesia.

La presente vivencia del Covid-19 a escala planetaria nos sorprendió a


todos y nos está llevando aceleradamente a nuevos horizontes insospechados
hasta hace poco, y hoy no completamente definidos. Bernardo Olivera, ocso
medita sobre ello, en el contexto más amplio del “nuevo orden mundial” que se
viene gestando, a fin de ayudar a discernir y comprender el presente y el futuro
de la vida monástica. Piensa que hay un “don” de la vida monástica a “entregar”:
los elementos esenciales de la Regla de san Benito a las nuevas generaciones
para hacerlos fructificar por ellas, pero que pide la colaboración de las actuales
generaciones con la acción del Espíritu Santo en la historia.

El P. Enrique Contreras, osb, en la Sección Fuentes completa este


Cuaderno con la traducción española de la Paralipómena sobre la vida de san
Pacomio, tan simple y rica de vitalidad espiritual cristiana.

274
LOS MÁRTIRES DE AYER Y HOY:
“Un testimonio que no hay que olvidar”
(Juan Pablo II)
Mario Alberto Haller1

Introducción

Cuando el Papa Francisco publicó la exhortación apostólica Gaudete et


exultate (2018) acerca de la vocación universal a la santidad, surgió en mí el deseo
de estudiar más sobre el prototipo de la santidad cristiana: el martirio.

Además, siempre me ha impresionado la época pre-constantiniana de la


Iglesia y me ha llamado la atención la expresión de Tertuliano: “la sangre de los
mártires, semilla de nuevos cristianos” y su uso en la liturgia.

Finalmente, la “controvertida” beatificación de los mártires riojanos me


ha motivado para profundizar este argumento tan importante.

Las palabras de san Juan Pablo II acerca de los mártires de ayer y de


hoy me han parecido un buen marco para esta reflexión. También las ha usado
recientemente el Papa Francisco.

Con el término “ayer” abarco una mirada de la Escritura; luego


principalmente los mártires de la antigüedad cristiana, aunque extendiendo el
adverbio hasta mencionar mártires medievales e incluso alguno del “agitado”
siglo XVI.

1 Sacerdote de la Arquidiócesis de Paraná, Argentina.


CuadMon 214 (2020) 275-305

En cambio, el término “hoy” lo uso para mártires más recientes. Pero no tan
recientes sino más bien un grupo que abarca desde el S. XVII (aproximadamente)
hasta la actualidad. Aunque algunos de ellos han vivido en siglos anteriores, casi
todos han sido recientemente canonizados (algunos en el S. XIX), la mayoría en
el S. XX y algunos en el actual siglo.

Cabe decir una palabra sobre la metodología. Citaré las fuentes o la


bibliografía como es costumbre. Cuando la proveniencia de alguna cita es
Internet, para el sitio del Vaticano sólo citaré www.vatican.va y la fecha de la
homilía o audiencia papal. Con ese dato, el lector podrá acceder a la verificación
de la cita. Igual procedimiento sigo con distintos textos magisteriales. Con los
textos agustinianos citaré simplemente www.augustinus.it, sitio que contiene
todas las obras del hiponense. Dada la importancia que ha dado a los mártires este
gran obispo, son citados varios textos suyos, colocándose el número del sermón o
tratado respectivo.

Premisas

La Constitución sobre la liturgia enseña que la Iglesia “considera deber


suyo celebrar con un sagrado recuerdo en días determinados a través del año la
obra salvífica de su divino Esposo” (SC 102). Además, añade que, por una parte,
“cada semana, en el día que llamó del Señor, conmemora su Resurrección, que una
vez al año celebra también, junto con su santa Pasión, en la máxima solemnidad
de la Pascua” y, por otra parte, “en el círculo del año desarrolla todo el misterio
de Cristo, desde la Encarnación y la Navidad hasta la Ascensión, Pentecostés y la
expectativa de la dichosa esperanza y venida del Señor” (SC 102). Asimismo, el
Catecismo de la Iglesia Católica, dice que:

“En la celebración de este círculo anual de los misterios de Cristo,


Cristo
la santa Iglesia venera con especial amor a la bienaventurada Madre
de Dios, la Virgen María, unida con un vínculo indisoluble a la obra
salvadora de su Hijo;
Hijo en ella mira y exalta el fruto más excelente de la
redención y contempla con gozo, como en una imagen purísima, aquello
que ella misma, toda entera, desea y espera ser. Cuando la Iglesia, en el
ciclo anual, hace memoria de los mártires y los demás santos proclama
el misterio pascual cumplido en ellos,
ellos que padecieron con Cristo y han
sido glorificados con Él; propone a los fieles sus ejemplos,
ejemplos que atraen
276
LOS MÁRTIRES DE AYER Y HOY: “UN TESTIMONIO QUE NO HAY QUE OLVIDAR”, Mario Alberto Haller.

a todos por medio de Cristo al Padre, y por sus méritos implora los
divinos 2.
beneficios divinos”

La Constitución dogmática sobre la Iglesia del Concilio Vaticano II ha


hablado de la vocación universal a la santidad y, respecto del martirio afirma:

“así como Jesús, el Hijo de Dios, manifestó su caridad entregando su


vida por nosotros, nadie tiene un mayor amor que el que da la vida
por El y por sus hermanos (cf. 1Jn 3,16; Jn 15,13). Pues bien: algunos
cristianos, ya desde los primeros tiempos, fueron llamados, y siempre
serán llamados, a dar ese máximo testimonio de amor delante de
todos, principalmente ante los perseguidores. El martirio,
todos martirio por lo
tanto, mediante el cual el discípulo se asemeja al Maestro,
Maestro que aceptó
libremente la muerte por la salvación del mundo, y se conforma a El en
el derramamiento de su sangre, es valorado por la Iglesia como un don
extraordinario y como prueba suprema de la caridad.
caridad Y, si bien se da a
pocos, es necesario, que todos estén preparados para confesar a Cristo
delante de los hombres y a seguirlo por el camino de la cruz en medio
de las persecuciones que nunca faltan a la Iglesia”3.

Con ocasión de la preparación para el Jubileo del año 2000, en Tertio


Millennio Adveniente, san Juan Pablo II expresaba:

“La Iglesia del primer milenio nació de la sangre de los mártires:


«Sanguis martyrum, semen christianorum» [Tertuliano, Apol., 50,13:
CCL 1,171]. Los hechos históricos ligados a la figura de Constantino
el Grande nunca habrían podido garantizar un desarrollo de la
Iglesia como el verificado en el primer milenio, si no hubiera sido por
aquella siembra de mártires y por aquel patrimonio de santidad que
cristianas Al término
caracterizaron a las primeras generaciones cristianas.
del segundo milenio, la Iglesia ha vuelto de nuevo a ser Iglesia de
mártires. Las persecuciones de creyentes —sacerdotes, religiosos y
mártires
laicos— han supuesto una gran siembra de mártires en varias partes
del mundo. El testimonio ofrecido a Cristo hasta el derramamiento
de la sangre se ha hecho patrimonio común de católicos, ortodoxos,

2 Catecismo de la Iglesia Católica [de ahora en adelante Cat.]. 1172-1173 (www.vatican.va).


3 LG 42 (www.vatican.va).
277
CuadMon 214 (2020) 275-305

anglicanos y protestantes, como revelaba ya Pablo VI en la homilía de


ugandeses Cf. AAS 56 (1964), 906” 4.
la canonización de los mártires ugandeses.

Luego, el Papa afirma con clarividencia que “es


es un testimonio que no hay
que olvidar”.
olvidar E incluso habla de la dimensión ecuménica del martirio cristiano:
cristiano
“el ecumenismo de los santos, de los mártires, es tal vez el más convincente.
La communio sanctorum habla con una voz más fuerte que los elementos de
división”5.

Los mártires de “ayer”

El martirio en las Escrituras

El Catecismo de la Iglesia Católica menciona seis veces la palabra


martirio6. Enumera el martirio de los profetas, el martirio de los macabeos, el
martirio de Juan el Bautista, precursor de Jesús.

En consecuencia, si bien encontramos muchos testimonios martiriales en


el Antiguo Testamento7, una de las narraciones más emocionantes se encuentra en
el martirio de siete hermanos y de su madre, tal como aparece en el texto de los
Macabeos: Se trata de una impresionante crónica martirial:
martirial (2M 7)8.

4 TMA 37 (www.vatican.va).
5 Ibid.
6 Habla propiamente del martirio cristiano en la consideración del octavo mandamiento. Lo
retomaremos más adelante.
7 Como en la historia de la salvación se pueden considerar tres grandes etapas (el anuncio y
la preparación, la plenitud y el cumplimiento, la actualización y la permanencia), el martirio
también se puede incluir en éstas. La primera es una etapa íntegramente orientada hacia
Jesucristo. La segunda (cumplimiento y plenitud) se realiza con el acontecimiento Jesucristo:
desde su Encarnación hasta su Pascua, incluyendo la vida oculta y el ministerio público. La última
(actualización y permanencia) se extiende desde Jesús hasta su Parusía. Cf. J. LÓPEZ MARTÍN,
La liturgia de la Iglesia. Teología, historia, espiritualidad y pastoral, Madrid, BAC, 2002, 22-24.
Desde esta perspectiva, podemos considerar el martirio veterotestamentario como pregurativo
del martirio por excelencia: el de Cristo.
8 Un excelente comentario a la muerte martirial de Eleazar y de los siete hermanos y su madre se
encuentra en el comentario de 2M 7,1-42 de L. ALONSO SCHÖKEL (ed.), La Biblia de nuestro
pueblo, Bilbao, Ed. Mensajero, 2006.
278
LOS MÁRTIRES DE AYER Y HOY: “UN TESTIMONIO QUE NO HAY QUE OLVIDAR”, Mario Alberto Haller.

Mártir, en griego significa “testigo”9. En la Iglesia se emplea para designar


a quienes han confesado a Cristo hasta morir por él. En el Apocalipsis se llama a
Jesucristo “el testigo fiel”.

Esta es la gran afirmación: Cristo es “el mártir”10 que une cielo y tierra,
que redime con su cruz, toda la historia herida por el pecado. Aquellos que dan la
vida, lo hacen, uniéndose a la suerte del Señor, participando de su pasión.

En el Nuevo Testamento, el primer mártir en participar de la Pascua del


Señor fue san Esteban, diácono elegido por los mismos apóstoles. Su martirio
se asemejó a la pasión de Jesús mismo, pues entregó al “Señor Jesús” su espíritu
y oró para que el pecado de sus asesinos no les fuera tenido en cuenta (cf. Hch
7,59-60)11. En efecto, existe un paralelismo entre la narración del martirio de san
Esteban y la muerte martirial de Jesús12:

• Hch 7,58: Esteban es conducido fuera de la ciudad; allí lo apedrean //


Lc 23,26: Jesús, conducido fuera de la ciudad.
• Hch 7,59: Esteban entrega su espíritu en las manos de Jesús // Lc
23,46: lo mismo hace Jesús en las manos del Padre.
• Hch 7,60: El hecho de estar de rodillas // Lc 22, 41: Jesús ora en
Getsemaní.

9 «En lengua griega se dice “mártires” y en latín “testigos”; de ahí que, en griego, los
“testimonios” reciban la denominación de “martirios”. Y se los llama “testigos” porque sufrieron
padecimientos por dar testimonio de Cristo y lucharon hasta la muerte por defender la
verdad». SAN ISIDORO DE SEVILLA, Etimologías I: VII,11,1, Madrid, BAC, 2000, 677.
10 Como se sabe, durante el año litúrgico, se emplea una diversidad de colores en las vestiduras
sagradas de la celebración litúrgica. El rojo nos trae inmediatamente a la imaginación la sangre y
el fuego. Actualmente es el color del Domingo de Ramos y del Viernes Santo: por su referencia
a la muerte martirial de Cristo. Asimismo, encontramos este color en la Exaltación de la Santa
Cruz, las fiestas de los apóstoles, los evangelistas y todos los mártires, porque han dado testimonio
con sus vidas de su fe en Cristo muerto y resucitado.
Es también el color de la fiesta de Pentecostés, por el “fuego” del Espíritu, del sacramento de la
Confirmación y de las Misas votivas del Espíritu Santo.
11 BENEDICTO XVI: Catequesis del 10.1.2007, dedicada a san Esteban, protomártir (www.
vatican.va).
12 Cf. S. ZAMBONI, Chiamati a seguire l’Agnello. Il martirio compimento della vita morale,
Bologna Edizioni Dehoniane, 114-115.
279
CuadMon 214 (2020) 275-305

• Hch 7,60: el grito de Esteban (muere perdonando) // Lc 23,46: el grito


de confianza de Jesús.
• Hch 8,2: sepultura de Esteban // Lc 23,50-53: sepultura de Jesús.

Tras el asesinato de Esteban “se desencadenó una persecución local contra


los discípulos de Jesús (cf. Hch 8,1), la primera de la historia de la Iglesia”
Iglesia 13.
En consecuencia, ha habido mártires desde los primeros días de la Iglesia.
Recientemente, el Papa Francisco ha expresado que su fiesta “nos llama a recordar
a todos los mártires de ayer y de hoy […], a sentirnos en comunión con ellos y
pedirles la gracia de vivir y morir con el nombre de Jesús en nuestros corazones
y en nuestros labios”14.

Santiago, el mayor,
mayor el hijo de Zebedeo y uno de los discípulos predilectos
del Señor fue el primero de los apóstoles que con su sangre dio testimonio del
Evangelio, es decir mediante el martirio15. A Santiago y a su hermano (Juan
Evangelista), «Jesús hizo aquella famosa pregunta: “¿Podéis beber el cáliz que yo
tengo que beber?” Y ellos respondieron: “Podemos”. […] La generosa respuesta
de los dos discípulos fue aceptada por Jesús. El les dijo: “Mi cáliz lo beberéis”»16.
Santiago, con su sangre dio testimonio de la resurrección de Cristo en Jerusalén.
Mientras la Oración colecta de la Misa de su fiesta dice, precisamente: “Dios
Todopoderoso y eterno, que consagraste las primicias de la predicación apostólica
con el martirio del apóstol Santiago”,
Santiago la Oración sobre las ofrendas reza:
“Purifícanos, Señor, por el bautismo salvador de la Pasión de tu Hijo, para que
te sean agradables nuestras ofrendas en la fiesta de Santiago, el primero de los
apóstoles que compartió el cáliz de Jesús”
Jesús 17.

13 BENEDICTO XVI: Catequesis dedicada a san Esteban.


14 FRANCISCO, Angelus del 26.12.2019 (www.vatican.va).
15 Cf. Hch. 12,1-3.
16 JUAN PABLO II, Homilía en Santiago de Compostela 9-11-1982 (www.vatican.va). Cf. también
BENEDICTO XVI, Audiencia general 21-6-2006 acerca de Santiago el Mayor. En la mencionada
catequesis, el papa emérito afirma que “una tradición sucesiva, que se remonta al menos a san Isidoro
de Sevilla, habla de una estancia suya en España para evangelizar esa importante región del imperio
romano. En cambio, según otra tradición, su cuerpo habría sido trasladado a España, a la ciudad
de Santiago de Compostela. […] Así, Santiago el Mayor se nos presenta como ejemplo elocuente
de adhesión generosa a Cristo. Él, que al inicio había pedido, a través de su madre, sentarse con su
hermano junto al Maestro en su reino, fue precisamente el primero en beber el cáliz de la pasión, en
compartir con los apóstoles el martirio”. (www.vatican.va).
17 CEA, Misal Romano, Buenos Aires, Oficina del libro, 2009, 714.
280
LOS MÁRTIRES DE AYER Y HOY: “UN TESTIMONIO QUE NO HAY QUE OLVIDAR”, Mario Alberto Haller.

La Iglesia perseguida en una “geografía” martirial

Como hemos visto, Juan Pablo II afirmaba que «la Iglesia del primer
milenio nació de la sangre de los mártires: “Sanguis martyrum, semen
christianorum” [Tertuliano, Apol., 50,13: CCL 1,171]», más concretamente
de “aquella siembra de mártires y […de] aquel patrimonio de santidad que
caracterizaron a las primeras generaciones cristianas”. En consecuencia, así como
para América Latina se habla de una “geografía mariana”, también aquí se puede
hablar de una “geografía martirial” asociándola “a las primeras generaciones
cristianas” especialmente de la época pre-constantiniana. Por eso, hablamos de la
Iglesia perseguida y martirial.

Al hablar de la “geografía martirial”, sólo expondremos algunos ejemplos


de la gran abundancia de mártires existentes durante la época mencionada.

Entre las fuentes más preciosas de información con que contamos para la
historia de las persecuciones están los relatos de los sufrimientos de los mártires.
Desde el punto de vista histórico pueden dividirse en tres grupos:

1. El primer grupo comprende los procesos verbales oficiales del tribunal. A


este grupo pertenecen las actas de san Justino y compañeros18, las actas de
los mártires escilitanos y las actas proconsulares de san Cipriano.
2. El segundo grupo comprende los relatos de testigos oculares o
contemporáneos. A éstos se les llama passiones o martyria. A esta categoría
pertenecen el Martiryum Policarpi, la carta de las Iglesias de Viena y Lyon
a las iglesias de Asia y Frigia, la Pasión de Perpetua y Felicidad, etc.
3. El tercer grupo contiene las leyendas de mártires compuestas con fines de
edificación mucho después del martirio19.

La característica común de estos relatos es su índole narrativa: “se refieren


con fidelidad variable a los hechos y las gestas de los mártires desde el momento
en que comparecen ante el tribunal hasta la ejecución de la sentencia”20.

18 Cf. R. TREVIJANO, Patrología, Madrid, BAC, 2001, 97-98.


19 Cf. J. QUASTEN, Patrología I: Hasta el Concilio de Nicea, Madrid, BAC 1971, 171. Para
ampliar: cf. R. TREVIJANO, Patrología, 93-102.
20 V. SAXER, Martirio: Actas, pasiones, leyendas, en A. BERARDINO (Dir.), Diccionario
Patrístico y de la Antigüedad Cristiana, vol. II, Salamanca, Sígueme, 1992, 1380-1385: 1380: col. II.
281
CuadMon 214 (2020) 275-305

Las “columnas” de la Iglesia de Roma

Ha sido particularmente intensa la persecución de los cristianos en los


tres primeros siglos en el imperio romano hasta el edicto de Milán (año 313). En
este tiempo hubo millares de mártires.

El martirio ha sido el común denominador entre los apóstoles y


evangelistas. Aquí sólo hacemos una breve consideración del martirio de san
Pedro21 y san Pablo.
Pablo Ambos son venerados por la Iglesia el mismo día: 29 de
junio. Murieron mártires durante la persecución de Nerón.

Con respecto a la solemnidad de ambos santos, Jesús Castellano afirma


que “el Sacramentario Veronense da fe de la importancia que tenía esta fiesta,
ya que recoge una serie impresionante de formularios de misas para los dos
apóstoles”22.

En la liturgia actual encontramos un magnífico Prefacio en su Solemnidad:

“Porque en los Apóstoles san Pedro y san Pablo nos das un motivo de gran
alegría: Pedro fue el primero en confesar la fe, Pablo, el insigne maestro
que la interpretó; aquél formó la primera Iglesia con el resto de Israel,
éste la extendió entre los paganos llamados a la fe.
Ambos congregaron, por diversos caminos, a la única familia de Cristo
y, coronados por un mismo martirio, son igualmente venerados por tu
pueblo”23.

21 El obispo de Hipona dio particular relevancia al martirio de Pedro en su predicación y en sus


escritos. En su Comentario al Evangelio de san Juan le dedica los Tratados 123- 124. Ambos son
un comentario a Jn 21,12-19 y Jn 21,19-25, dictado en Hipona, probablemente el sábado 17 de julio
y el domingo 18 de julio de 420, respectivamente. Ambos se encuentran en www.augustinus.it.
En el Tratado 123, comentando el diálogo entre Cristo y Pedro (Jn 21,15-19), afirma san Agustín:
“Este desenlace halló aquel negador y amador, altanero presumiendo, derribado negando, purgado
llorando, aprobado confesando, coronado padeciendo; este desenlace halló: con amor perfecto,
morir por el nombre de ese con quien con apresuramiento perverso había garantizado que él iba
a morir. Fortalecido por su resurrección haga lo que, débil, había prometido prematuramente. En
efecto, era preciso esto: que primero muriese Cristo por la salvación de Pedro, después Pedro
por la predicación de Cristo”.
22 J. CASTELLANO, El año litúrgico. Memorial de Cristo y mistagogía de la Iglesia, Barcelona,
Biblioteca litúrgica, 1994, 338.
23 CEA, Misal Romano, 693.
282
LOS MÁRTIRES DE AYER Y HOY: “UN TESTIMONIO QUE NO HAY QUE OLVIDAR”, Mario Alberto Haller.

San Ignacio de Antioquía y san Policarpo de Esmirna

El tercer obispo de Antioquía (70-107), fue enviado a Roma para ser


arrojado como alimento a las fieras, a causa del testimonio que dio de Cristo.
Al realizar su viaje por Asia, la primera etapa del viaje de san Ignacio hacia el
martirio fue la ciudad de Esmirna, donde era obispo san Policarpo, discípulo
de san Juan. Allí san Ignacio escribió cuatro de las siete cartas; luego, habiendo
partido de Esmirna, envió otras dos cartas y una al obispo Policarpo.

En la catequesis dedicada a este Padre apostólico, Benedicto XVI afirma:

«Ningún Padre de la Iglesia expresó con la intensidad de san Ignacio


el deseo de unión con Cristo y de vida en él. En realidad, confluyen
en san Ignacio dos “corrientes” espirituales: la de san Pablo, orientada
totalmente a la unión con Cristo, y la de san Juan, concentrada en la
vida en él. A su vez, estas dos corrientes desembocan en la imitación
de Cristo, al que san Ignacio proclama muchas veces como “mi Dios” o
“nuestro Dios”. Así, san Ignacio suplica a los cristianos de Roma que no
impidan su martirio, porque está impaciente por “unirse a Jesucristo”»24.

San Policarpo murió quemado en el anfiteatro de la ciudad de Esmirna.


Esta Iglesia en el año 155 escribe el Martirio de san Policarpo “a la Iglesia de
Dios, que peregrina en Filomelio y a todas las santas iglesias católicas doquiera
establecidas”25. Con san Policarpo, se inicia el culto de los mártires26.

Uno y otro mártir han sido citados por el Catecismo de la Iglesia Católica:

«Con el más exquisito cuidado, la Iglesia ha recogido los recuerdos de


quienes llegaron hasta el extremo para dar testimonio de su fe. Son las
actas de los Mártires, que constituyen los archivos de la Verdad escritos
con letras de sangre:
“No me servirá nada de los atractivos del mundo ni de los reinos de

24 BENEDICTO XVI, San Ignacio de Antioquía: Audiencia general del 14.3.2007 (www.
vatican.va)
25 Cf. D. RUIZ BUENO (ed.), Actas de los mártires, Martirio de san Policarpo según la versión
antigua latina, Madrid BAC, 1968, 265-279.
26 J. ABAD IBÁÑEZ, La celebración del Misterio cristiano, Pamplona EUNSA, 1996, 479-580.
283
CuadMon 214 (2020) 275-305

este siglo. Es mejor para mí morir en Cristo Jesús que reinar hasta los
confines de la tierra. Es a Él a quien busco, a quien murió por nosotros.
A Él quiero, al que resucitó por nosotros. Mi nacimiento se acerca…”
(San Ignacio de Antioquía, Epistula ad Romanos, 6,1-2).
“Te bendigo por haberme juzgado digno de este día y esta hora, digno de
ser contado en el número de tus mártires [...]. Has cumplido tu promesa,
Dios, en quien no cabe la mentira y eres veraz. Por esta gracia y por
todo te alabo, te bendigo, te glorifico por el eterno y celestial Sumo
Sacerdote, Jesucristo, tu Hijo amado. Por Él, que está contigo y con
el Espíritu, te sea dada gloria ahora y en los siglos venideros. Amén”
(Martyrium Polycarpi, 14, 2-3)»27.

La carta de las iglesias de Viena y Lyon a las iglesias de Asia y Frigia

Esta carta describe el martirio del nonagenario obispo Potino y otros


mártires de Lyon en el año 177 bajo el emperador Marco Aurelio28. Una figura
destacada en esta memorable carta es la de Blandina29.

Es particularmente importante señalar que la humildad de Cristo


“es el modelo que imitan estos gloriosos mártires, que rechazan constante y
enérgicamente este honroso apelativo [mártires] y lo transfieren a Cristo mismo,

27 Cat. 2474.
28 “San Ireneo nació con gran probabilidad, entre los años 135 y 140, en Esmirna (hoy Izmir, en
Turquía), donde en su juventud fue alumno del obispo san Policarpo, quien a su vez fue discípulo
del apóstol san Juan. No sabemos cuándo se trasladó de Asia Menor a la Galia, pero el viaje
debió de coincidir con los primeros pasos de la comunidad cristiana de Lyon: allí, en el año 177,
encontramos a san Ireneo en el colegio de los presbíteros. Precisamente en ese año fue enviado a
Roma para llevar una carta de la comunidad de Lyon al Papa Eleuterio. La misión romana evitó
a san Ireneo la persecución de Marco Aurelio, en la que cayeron al menos 48 mártires, entre los
que se encontraba el mismo obispo de Lyon, Potino, de noventa años, que murió a causa de los
malos tratos sufridos en la cárcel. De este modo, a su regreso, san Ireneo fue elegido obispo de la
ciudad. El nuevo pastor se dedicó totalmente al ministerio episcopal, que se concluyó hacia el año
202-203, quizá con el martirio”. BENEDICTO XVI, San Ireneo de Lyon, Audiencia del 28.3.2007
(www.vatican.va).
29 Para ampliar este tema, cf. D. RUIZ BUENO (ed.), Acta de los mártires, Carta de las Iglesias
de Lyon y Viena (Eusebio, HE V,I,3-63), 317-348. Cf. también A. HAMMAN – G. BADY (eds.),
Para leer los Padres de la Iglesia, 31-32.
284
LOS MÁRTIRES DE AYER Y HOY: “UN TESTIMONIO QUE NO HAY QUE OLVIDAR”, Mario Alberto Haller.

el mártir o testigo fiel y verdadero”


verdadero 30. Este grupo de mártires prefiere llamarse
amigos del mártir “porque el título de mártir lo cedían ellos de buena gana a
Cristo el testigo fiel y verdadero y primogénito de entre los muertos y autor de la
vida de Dios”31.

El martirio de los diáconos san Lorenzo y san Vicente

Era san Lorenzo uno de los siete diáconos de la Iglesia de Roma, cargo de
gran responsabilidad, ya que consistía en el cuidado de los bienes de la Iglesia y la
distribución de limosnas a los pobres. El año 257, el emperador Valeriano publicó
el edicto de persecución contra los cristianos y, al año siguiente, fue arrestado y
decapitado el Papa san Sixto II;
II san Lorenzo le siguió en el martirio cuatro días
después. “El relato de su pasión cuenta que sufrió el suplicio del fuego en una
parrilla, después de haber distribuido entre los pobres los bienes de la comunidad
cristiana”32.

Benedicto XVI se refiere a este santo en su primera encíclica Deus est


Caritas:

“Esta función [la diaconía] se manifiesta vigorosamente en la figura del


diácono Lorenzo († 258). La descripción dramática de su martirio fue
conocida ya por san Ambrosio († 397) y, en lo esencial, nos muestra
seguramente la auténtica figura de este Santo. A él, como responsable
de la asistencia a los pobres de Roma, tras ser apresados sus compañeros
y el Papa, se le concedió un cierto tiempo para recoger los tesoros de
la Iglesia y entregarlos a las autoridades. Lorenzo distribuyó el dinero
disponible a los pobres y luego presentó a éstos a las autoridades como el
verdadero tesoro de la Iglesia [San Ambrosio, De officiis ministrorum,
II, 28, 140: PL 16, 141]. Cualquiera que sea la fiabilidad histórica de
tales detalles, Lorenzo ha quedado en la memoria de la Iglesia como un
eclesial 33.
gran exponente de la caridad eclesial”

30 D. RUIZ BUENO (ed), Actas de los mártires, 326.


31 D. RUIZ BUENO (ed), Actas de los mártires, 345.
32 CEA, Leccionario III: Reseñas biográficas, Buenos Aires, Oficina del Libro, 2005, 66.
33 DC 23 (www.vatican.va).
285
CuadMon 214 (2020) 275-305

Durante los primeros siglos, el culto de los santos estuvo localizado junto a
sus tumbas. Hacia el siglo VI, poco a poco se irradia más allá. Los sacramentarios
romanos del siglo VII atestiguan un culto intraurbano de los principales mártires
de Roma; “en el siglo siguiente, la difusión de estos sacramentarios por los países
francos propagará allí el nombre y el culto de los mártires de Roma”34. Esto
explica la importancia del culto de san Lorenzo no sólo en Roma sino en Italia y
en otras naciones. Un ejemplo es la predicación de san Agustín35.

Asimismo, Prudencio36 le dedica uno de sus himnos (II) y otro al diácono


san Vicente (V).

San Vicente,
Vicente diácono, fue martirizado el 22 de enero del 304 bajo
la persecución del emperador Diocleciano. La difusión del culto motivó que
la tradición oral se pusiera por escrito con una finalidad dirigida a reforzar la
devoción popular. Será san Agustín, obispo de Hipona, con sus sermones, quien
difunda el martirio37.

34 P. JOUNEL, El culto de los santos, en A. MARTIMORT, La Iglesia en oración. Introducción


a la liturgia, Barcelona, Herder, 1992, 1006.
35 Sermón 304,1-4: PL 38,1395-1397: “Administró la Sangre de Cristo”. “Él como ya se os ha
explicado más de una vez, era diácono de aquella Iglesia. En ella administró la sangre sagrada de
Cristo, en ella, también, derramó su propia sangre por el nombre de Cristo. El apóstol san Juan
expuso claramente el significado de la Cena del Señor, con aquellas palabras: Como Cristo dio su
vida por nosotros, también nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos. Así lo entendió
san Lorenzo; así lo entendió y así lo practicó; lo mismo que había tomado de la mesa del Señor, eso
mismo preparó. Amó a Cristo durante su vida, lo imitó en su muerte”. (www.vatican.va).
36 A Prudencio, español (ss. IV-V), considerado como uno de los mejores poetas cristianos de
la Antigüedad, se lo conoce como “el cantor de los mártires cristianos”: el Peristéphanon, es una
célebre colección de catorce hermosos himnos dedicados a algunos mártires. “La fuente principal
del Peristéphanon son las Actas de los mártires […] También le sirvió la liturgia. […] Para la
segunda parte (VIII-XIV) está influido el poeta por los epigramas del papa san Dámaso y por
la liturgia y pinturas romanas. […] Grande es la devoción y admiración por san Cipriano […] para
su martirio (XIII) se valió de actas y de san Jerónimo, además de los escritos y vida del santo.
Desde la más remota antigüedad se ocuparon los escritores eclesiáticos de la pasión de la joven
Inés (XIV), como san Ambrosio, san Dámaso, san Jerónimo y san Agustín”. A. ORTEGA (ed.),
I. RODRÍGUEZ (Introducción general, comentarios, indices y bibliografía), Aurelio Prudencio,
Obras completas, Madrid BAC 1981, 35-36.
37 M. NAVARRO SORNI, San Vicente mártir en su contexto histórico y en las homilías de San
Agustín desde una hermeneútica fe-razón, en Fides et Ratio 1, 2016, 131-144. En efecto, afirma
san Agustín, en el Sermón 276: “En la pasión que hoy se nos ha leído, hermanos míos, salen a
relucir con toda claridad un juez feroz, un cruel verdugo y un mártir invicto. […] Pero, hermanos,
286
LOS MÁRTIRES DE AYER Y HOY: “UN TESTIMONIO QUE NO HAY QUE OLVIDAR”, Mario Alberto Haller.

Los mártires en África

En 1964, en la homilía de la canonización de los mártires de Uganda,


Pablo VI se refirió a un buen número de los mártires de la antigüedad cristiana.
Expresó:

“¿Quién podía suponer, por ejemplo, que a las emocionantísimas


historias de los mártires escilitanos, de los mártires cartagineses, de
los mártires de la «Masa Cándida» de Útica –de quienes san Agustín
(cf. PL 36,571 y 38,1405) y Prudencio nos han dejado el recuerdo–,
de los mártires de Egipto –cuyo elogio trazó san Juan Crisóstomo (cf.
PG 50,693 ss.)–, de los mártires de la persecución vandálica, hubieran
venido a añadirse nuevos episodios no menos heroicos, no menos
espléndidos, en nuestros días? ¿Quién podía prever que a las grandes
figuras históricas de los santos mártires y confesores africanos, como
Cipriano, Felicidad y Perpetua, y al gran Agustín, habríamos asociado
un día los nombres queridos de Carlos Lwanga y de Matías Mulumba
Kalemba, con sus veinte compañeros?
compañeros Y no queremos olvidar tampoco
a aquellos otros que, perteneciendo a la confesión anglicana, han
afrontado la muerte por el nombre de Cristo”38.

Estas citas ya nos permiten entrever un poco la mencionada “geografía


martirial”. En consecuencia, tomamos algunos ejemplos y sumamos otros:

Las actas de los mártires escilitanos

La Passio sanctorum Scillitanorum recoge el relato de la Pasión de doce


mártires cristianos de Escilio (Scillium), una antigua ciudad no identificada de
Numidia, en el África romana, cercana a Cartago, martirizados en el año 180,
bajo el emperador Cómodo. En ella se recogen el acta proconsular del proceso y

todo aquello son cosas pasadas: la ira de Daciano y el tormento de Vicente. Ahora, en cambio, a
Daciano le queda el tormento, y a Vicente la corona. Además, dejando de lado las diferencias en
la retribución futura, mostremos la gloria que poseen los mártires incluso en este mundo. ¿Qué
región, qué provincia dentro del imperio romano o hasta donde llega el nombre cristiano, no se
alegra hoy de celebrar el nacimiento de Vicente? ¿Quién hubiese escuchado hoy, aunque sólo
fuera el nombre de Daciano, de no haberse leído la pasión de Vicente? (www.augustinus.it).
38 Homilía del 18.10.1964. (www.vatican.va).
287
CuadMon 214 (2020) 275-305

del martirio. “Las Actas de su martirio son el primer texto latino cristiano y como
las cartas de la nobleza del África cristiana”39.

La Pasión de Perpetua y Felicidad

La Passio Perpetuae et Felicitatis relata el martirio de estas dos mártires


cartaginesas: Perpetua y su esclava Felicidad y otras tres personas más.

En el año 202 el emperador Severo ordenó una dura persecución contra


los cristianos, y la policía imperial arrestó a todos los creyentes de la familia
de Perpetua, incluyéndola a ella. Los jueces intentaron convencer a la familia
para que volviesen al paganismo, pero ante su negativa decidieron dejarlos en
prisión hasta que se organizasen los juegos. Los tres esclavos fueron arrojados a
los leones junto con el diácono, que había logrado convertir al cristianismo a uno
de los carceleros mientras que las mujeres fueron decapitadas.

La historia del martirio de Perpetua y Felicidad fue inmensamente popular


en los siglos IV y V. En el Canon Romano, junto con otros célebres mártires, se
recogen ambos nombres40. San Agustín dedica a estas santas tres sermones (280-

39 A. HAMMAN – G. BADY (eds.), Para leer los Padres de la Iglesia, 39. Para ampliar este
tema, cf. D. RUIZ BUENO (ed.), Acta de los mártires, 349-355.
40 En el Communicantes del Canon Romano se nombra en primer lugar a la gloriosa siempre
Virgen María; san José, fue insertado en la lista por el Papa Juan XXIII en el año 1962. Prosigue la
oración nombrando dos listas de santos mártires, doce en cada una. La primera lista es de los doce
apóstoles. Los primeros que se mencionan son san Pedro y san Pablo. Luego sigue la segunda
lista con el nombre de doce mártires honrados en Roma. La lista comienza con cinco papas: Lino,
Cleto, Clemente, Síxto II y Cornelio. En el caso de Cornelio es anterior cronológicamente a Sixto
II; tal vez fue puesto después para nombrarlo al lado de san Cipriano. Precisamente, san Cipriano
continúa en la lista; le sigue el diácono san Lorenzo (famoso en Roma, su fiesta en la liturgia
de Roma era la primera después de la celebración de san Pedro y san Pablo). A continuación, se
nombran cinco laicos: Crisógono, Juan y Pablo (hermanos), Cosme y Damián (también hermanos).
El orden de las dos listas es atribuido a san Gregorio Magno. El nobis quoque aparece como
apéndice del communicantes y entra en un gran cuadro de oración intercesora. Abre la lista de
los santos san Juan Bautista, el Precursor, que se celebraba en Roma desde el siglo IV. Le siguen
siete santos mártires varones y siete mujeres: san Esteban (proto-mártir), san Matías apóstol,
san Bernabé, (discípulo de san Pablo), san Ignacio de Antioquia, san Alejandro papa y mártir,
Marcelino (sacerdote romano) y Pedro (exorcista romano). La lista de las santas mujeres trae
a santa Perpetua y santa Felicitas (ambas mártires en Cartago), santa Inés y santa Cecilia
(ambas vírgenes romanas y mártires), santa Anastasia (viuda romana), santa Águeda y santa Lucia
288
LOS MÁRTIRES DE AYER Y HOY: “UN TESTIMONIO QUE NO HAY QUE OLVIDAR”, Mario Alberto Haller.

282). En efecto, en uno de ellos hace alusión a la famosa frase de Tertuliano:

“Como él [Cristo], siendo único, entregó su vida por nosotros, así le


imitaron los mártires y entregaron sus vidas por los hermanos, y con
su sangre regaron la tierra para que brotase la abundantísima fertilidad
de los pueblos cual si fueran semillas.
semillas También nosotros somos, pues,
fruto de su trabajo. Nosotros los admiramos, y ellos se compadecen de
nosotros. Nos congratulamos con ellos, y ellos ruegan por nosotros”41.

Los mártires de la “Masa Cándida” de Útica

El martirologio romano sitúa el martirio de este numeroso grupo de


mártires en Útica (cerca de Cartago) bajo la persecución de Valeriano y Galieno
(258).

Entre los sermones agustinianos, se encuentran también estos mártires.


“Prudencio, en el poema Peristephanon, señala que tal nombre [Massa candida]
procede de un numeroso grupo de mártires de Cartago (massa) que prefirió
ser arrojado a la cal viva (candida) antes que ofrecer un sacrificio a los dioses
paganos”42. Cándida, es entonces para Prudencio, tanto la blancura de la cal como
el resplandor y blancura de la santidad de los mártires. En cambio, san Agustín
ofrece otra explicación a la palabra cándida: al mártir lo hace, no la pena, sino la
causa, es decir, el morir por amor a Cristo. “De este modo señala que, si esta causa
(el amor) es cándida (blanca y brillante), lo mismo se puede decir de esta masa de
mártires, cuya muerte es resplandeciente y brillante por el amor a Cristo, por el
que entregaron sus vidas”43.

(vírgenes y mártires sicilianas). A san Gregorio Magno también se le atribuye el orden de la actual lista.
41 Sermón 280. (www.vatican.va).
42 E. EGUIARTE BENDÍMEZ, Masa Cándida. San Agustín y el culto a los santos, en Agustinos
Recoletos: Revitalización y santidad, 6 (www.agustinosrecoletos.com).
43 Ibid., 6.
289
CuadMon 214 (2020) 275-305

El martirio de san Cipriano

La iglesia africana tuvo gran vitalidad hasta la época de san Agustín y,


luego, con la invasión de los bárbaros (vándalos) comienza su decadencia y luego
prácticamente desaparece con la invasión de los musulmanes.

Benedicto XVI dedicó una catequesis a san Cipriano, calificándolo de “un


excelente obispo africano del siglo III” y “el primer obispo que en África alcanzó
la corona del martirio”44.

Nació en Cartago, convirtiéndose al cristianismo a la edad de 35 años.


Inmediatamente después de la conversión, Cipriano fue elegido para el oficio
sacerdotal y la dignidad de obispo. En el breve período de su episcopado afronta
las persecuciones de Decio (250) y de Valeriano (257-258). Durante su episcopado
afrontó el problema de los “lapsi” y el debate sobre su readmisión a la comunidad
cristiana.

San Cipriano compuso numerosos tratados y cartas, siempre ligados a su


ministerio pastoral.

En san Agustín, «dentro de los sermones dedicados a los mártires, no


puede faltar el mártir por excelencia del norte de África, san Cipriano, a quien [le]
dedica doce sermones: once de ellos en la colección de los maurinos y uno en la
colección de los “sermones Erfurt”»45.

Orígenes y el deseo del martirio

Aunque no pertenezca al África romana, Alejandría se sitúa en Egipto y, en


consecuencia, es parte del continente africano. Es cierto que hablar de Alejandría,

44 BENEDICTO XVI, San Cipriano. Audiencia del 6.6.2007 (www.vatican.va).


45 E. EGUIARTE BENDÍMEZ, Masa Cándida. San Agustín y el culto a los santos,7.
“La pasión del bienaventurado mártir Cipriano ha hecho de hoy un día de fiesta para nosotros;
la fama de su victoria nos ha reunido llenos de devoción en este lugar. Pero la celebración de la
festividad de los mártires debe consistir en imitar sus virtudes. Es cosa fácil honrar a un
mártir; lo grande es imitar su fe y paciencia. Hagamos lo uno de forma que deseemos lo otro;
celebremos de tal forma lo primero que amemos, sobre todo, lo segundo”. […] “Enseñó, pues,
en vida lo que hizo, e hizo en la muerte lo que enseñó”. SAN AGUSTÍN, Sermones 311-31 (www.
augustinus.it).
290
LOS MÁRTIRES DE AYER Y HOY: “UN TESTIMONIO QUE NO HAY QUE OLVIDAR”, Mario Alberto Haller.

nos lleva al Oriente cristiano. En ella encontramos célebres pensadores. Citamos


el testimonio de uno de ellos:

“Orígenes siempre deseó el martirio, y tanto en su Exhortación al


martirio como en sus homilías ha señalado en cuánta estima tiene este
testimonio supremo de nuestra pertenencia a Cristo.
Cristo Sin embargo, está
lejos de ser un fanático. Si Tertuliano, devenido montanista, rechaza
en el De Fuga toda huida ante la persecución, el Alejandrino en su
Comentario a Juan, no sólo condena toda provocación al martirio, sino
que considera que para el cristiano es un deber escapar a la confrontación
con las autoridades, si ello es posible, sin renegar de la fe: y esto en
nombre de la caridad que el cristiano debe tener para con los enemigos
de su fe, evitándoles así cometer un crimen.
crimen Tal será en la persecución
de Decio, el comportamiento no sólo de Cipriano de Cartago –que más
tarde morirá mártir en la de Valeriano–, sino también de dos de los más
grandes discípulos de Orígenes, Gregorio el Taumaturgo y Dionisio de
Alejandría”46.

Su padre murió mártir, de ahí que Orígenes “mientras predicaba en


Cesarea, declaró: «De nada me sirve haber tenido un padre mártir si no tengo
una buena conducta y no honro la nobleza de mi estirpe, esto es, el martirio de
mi padre y el testimonio que lo hizo ilustre en Cristo» (Hom. Ez. 4, 8)”47. Dice el
Papa Benedicto XVI:

“En una homilía sucesiva —cuando, gracias a la extrema tolerancia del


emperador Felipe el Árabe, parecía haber pasado la posibilidad de dar
un testimonio cruento— Orígenes exclama: «Si Dios me concediera
ser lavado en mi sangre, para recibir el segundo bautismo habiendo
aceptado la muerte por Cristo, me alejaría seguro de este mundo [...]
Pero son dichosos los que merecen estas cosas» (Hom. Iud. 7, 12). Estas
frases revelan la fuerte nostalgia de Orígenes por el bautismo de sangre.
Y, al final, este irresistible anhelo se realizó, al menos en parte. En
el año 250, durante la persecución de Decio, Orígenes fue arrestado
y torturado cruelmente. A causa de los sufrimientos padecidos, murió
pocos años después. Tenía menos de setenta años”48.

46 H. CROUZEL, Orígenes. Un teólogo controvertido, Madrid, BAC, 1993, 76-77.


47 BENEDICTO XVI: Audiencia general del 25.4.2007 (www.vatican.va).
48 BENEDICTO XVI: Audiencia general del 25.4.2007 (www.vatican.va).
291
CuadMon 214 (2020) 275-305

Los mártires de Abitinia

Asimismo, es famoso el testimonio de los mártires de Abitinia (S. IV) y


la conocida expesión “sine dominico non possumus vivere”, afirmación que

“nos remite al año 304, cuando el emperador Diocleciano prohibió


a los cristianos, bajo pena de muerte, poseer las Escrituras, reunirse
el domingo para celebrar la Eucaristía y construir lugares para sus
asambleas. En Abitinia, pequeña localidad de la actual Túnez, 49
asambleas
cristianos fueron sorprendidos un domingo, mientras reunidos en
la casa de Octavio Félix, celebraban la Eucaristía desafiando así las
prohibiciones imperiales. Tras ser arrestados fueron llevados a Cartago
para ser interrogados por el procónsul Anulino. Fue significativa,
entre otras, la respuesta que un cierto Emérito dio al procónsul que le
preguntaba por qué habían transgredido la severa orden del emperador.
Respondió: «Sine dominico non possumus»; es decir, sin reunirnos
en asamblea el domingo para celebrar la Eucaristía no podemos vivir.
vivir
Nos faltarían las fuerzas para afrontar las dificultades diarias y no
sucumbir. Después de atroces torturas, estos 49 mártires de Abitina
fueron asesinados. Así, con la efusión de la sangre, confirmaron su
fe. Murieron, pero vencieron; ahora los recordamos en la gloria de
Cristo resucitado. […] Sobre la experiencia de los mártires de Abitina
debemos reflexionar también nosotros, cristianos del siglo XXI. Ni
siquiera para nosotros es fácil vivir como cristianos, aunque no existan
esas prohibiciones del emperador”49.

Los siglos IV y V

“El siglo IV es uno de los más agitados, de los más contrastados, en la


historia del cristianismo. […] Se abre con una gran persecución, y termina con la
reconciliación de los dos poderes” 50.

49 BENEDICTO XVI habló sobre estos mártires del S. IV, durante la Misa de clausura del
Congreso eucarístico italiano (Bari), el 29.5.2005 (www.vatican.va).
50 A. HAMMAN – G. BADY (eds.), Para leer los Padres de la Iglesia, 59.
292
LOS MÁRTIRES DE AYER Y HOY: “UN TESTIMONIO QUE NO HAY QUE OLVIDAR”, Mario Alberto Haller.

El segundo tomo de las Actas selectas de los mártires (con traducción,


prólogo y notas de B. Baudilio Ruiz) se titula Mártires del arrianismo. En efecto,
durante el siglo IV “aparecen las grandes controversias teológicas y al mismo
tiempo unos prestigiosos defensores de la ortodoxia. La Iglesia que se organiza en
esta época conoce a la vez extensión y desgarros”51.

Entre otros testimonios, se pueden citar los ochenta mártires de


Constantinopla y la vida y martirio del Papa san Juan I. I Con respecto a los
primeros, en el año 370, “el suplicio de su muerte fue algo nuevo y desusado. […]
El prefecto [de la ciudad] les mandó subir en una barca. […] Avisó a la marinería
que, al llegar a plena mar, diesen fuego a la embarcación, para que con esta
muerte, se les privase hasta la sepultura”52.

Juan I, elegido Papa en el año 523, fue víctima de la persecución


contra la Iglesia por el rey arriano Teodorico, quien desde Ravena gobernaba
toda la península itálica. Enviado como delegado suyo ante el emperador de
Constantinopla, a su regreso fue detenido y encarcelado. Murió de hambre en la
cárcel de Ravena en el año 52653.

San Agustín

Agustín vive y escribe en una “época post martirial”: en una época de paz,
aunque no definitiva. Las reflexiones de Agustín sobre el martirio se colocan en
una atmósfera y en un contexto eclesial muy diverso en relación a aquellos en los
cuales surge la apasionada Exhortación de Orígenes54.

Se encuentra frente a una nueva realidad: los confesores de la fe: aquellos


que se entregan a Dios sin derramar su sangre, pero ofreciendo su vida como
testimonio del amor a Cristo,
Cristo como san Atanasio de Alejandría o san Juan

51 Ibid., 59.
52 ACTAS SELECTAS DE LOS MÁRTIRES, Mártires del arrianismo, Sevilla, Apostolado
mariano, 28.
53 ACTAS SELECTAS DE LOS MÁRTIRES, Mártires del arrianismo, 96-97. Cf. CEA,
Leccionario III: Reseñas biográficas, 36.
54 Cf. S. ZAMBONI, Chiamati a seguire l’Agnello. Il martirio compimento della vita morale,
217.
293
CuadMon 214 (2020) 275-305

Crisóstomo En el Sermón 286, Agustín habla, precisamente, de los confesores


Crisóstomo.
de la fe: “Hubo quienes […] no tuvieron reparo en confesarlo públicamente, pero
sin poder confesarlo hasta la muerte. Se trata de dones de Dios, que a veces se
desarrollan gradualmente en el alma”
alma 55.

San Agustín en sus sermones sobre los mártires vuelve su mirada sobre
el ejemplo de los mismos y también a la fuente de todo: el misterio pascual de
Cristo, el primer mártir. En el Sermón 329, afirma: “El precio de estas muertes es
la muerte de uno solo. ¡Cuántas muertes compró muriendo quien, si no hubiese
muerto, no se hubiese multiplicado el grano de trigo!”56. En el Sermón 328, hace
una hermosa predicación sobre la “causa de los mártires”. Para Agustín, al mártir
no lo hace la pena, sino la causa.
causa Y pone el ejemplo del viernes santo. Hay tres
cruces presentes, en las cuales el tormento es el mismo; sin embargo, la causa,
como un abismo los separa. Asimismo, en estos sermones, San Agustín subraya la
importancia de la gracia de Dios “que es la que fortalece al mártir en el momento
de la prueba y la que hace que quien entrega su vida por Cristo sea capacitado
para ello por encima de sus fuerzas y de su propia condición”57. También, señala
que:

“Los mártires son venerados, pero solo Dios es adorado. […] El martirio
de los santos se convierte en un himno de alabanza a Cristo, con el que el
mártir se ha configurado; en una invitación a los fieles a imitar al mártir
en la propia vida espiritual, configurándose ellos también con Cristo.
[…] Los mártires, como miembros del cuerpo de Cristo, no hacen más
que imitar a la Cabeza del cuerpo, al mismo Cristo en su propia pasión,
y, por medio de su sangre, como ya había adelantado Tertuliano, crece
la Iglesia, dado que su sangre se vuelve semilla de cristianos”58.

55 SAN AGUSTÍN: Sermón 286 (www.augustinus.it).


56 SAN AGUSTÍN: Sermón 329 (www.augustinus.it). Este sermón ha sido recogido en la la
lectura hagiográfica del Oficio de Lecturas en la memoria de San Maximiliano María Kolbe.
57 E. EGUIARTE BENDÍMEZ, Masa Cándida. San Agustín y el culto a los santos, 8.
58 Ibid, 19.
294
LOS MÁRTIRES DE AYER Y HOY: “UN TESTIMONIO QUE NO HAY QUE OLVIDAR”, Mario Alberto Haller.

Otros tipos de santidad

P. Jounel afirma que «el honor tributado a “nuestros señores los mártires y
vencedores” (Calendario de Nicomedia, a. 361) tendrá siempre la precedencia en
la Iglesia a lo largo de los siglos»59.

Pero desde el s. IV recibirán un homenaje similar también otras categorías


de fieles:

“Primero se celebró la memoria de los obispos que habían dejado


un recuerdo particularmente significativo. Cada Iglesia local tenía
actualizado el elenco de sus obispos, para atestiguar la propia filiación
apostólica. Junto a la Depositio martyrum, el cronógrafo romano del
354 ha conservado la Depositio episcoporum. La serie de los papas
no mártires comienza con Lucio (254). Las Iglesias conservan así el
recuerdo de quienes fueron sus padres en la fe. Todos los años, en su
aniversario, ruegan por ellos, hasta que llega el día en que ruegan a
través de ellos.
ellos El paso del por al a través de constituye el paso del
simple culto de los difuntos al culto de los santos. […]
Con la cristianización del mundo romano, en el s. IV, parece pasado
el tiempo del martirio. Se describirán entonces formas sustitutivas del
martirio en la ascesis, en la virginidad y en la viudez.
viudez El prestigio de
los padres del desierto, como el de los iniciadores de la vida monástica
masculina y femenina, comportará la inscripción de sus nombres en
los calendarios locales, sin atribuirles, de todas formas, la misma
importancia que a los mártires”60.

No obstante, encontramos mártires en distintos lugares y tiempos de


la historia de la Iglesia, basta citar algunos ejemplos:
ejemplos san Bonifacio, apóstol de
Alemania, en el siglo VIII, muerto a manos de paganos a los que iba a evangelizar;
santo Tomás Becket en el siglo XII, martirizado a manos de monarcas invasivos;
santo Tomás Moro, que tuvo que resolver un conflicto entre su deber de conciencia
como católico y el deber para con su rey61.

59 P. JOUNEL, Cultos de los santos, en D. SARTORE – A. TRIACCA – J. CANALS, Nuevo


Diccionario de Liturgia, Madrid, Ed. Paulinas, 1987, 1875.
60 P. JOUNEL, Cultos de los santos, 1875.
61 CEA, Leccionario III: Reseñas biográficas, Buenos Aires, Oficina del Libro, 2005, 43.111 y 47.
295
CuadMon 214 (2020) 275-305

Los mártires de hoy

Como ya dijimos, el término “hoy” lo usamos para mártires más


recientes. Pero no tan recientes sino más bien un grupo que abarca desde el S.
XVII (aproximadamente) hasta la actualidad. Aunque algunos de ellos han vivido
en siglos anteriores, casi todos han sido recientemente canonizados (algunos en el
S. XIX), la mayoría en el S. XX y algunos en el actual siglo.

Asimismo, ya hemos visto que, en 1964, San Pablo VI canonizó a los


mártires de Uganda. Luego de referirse a un buen número de los mártires de la
antigüedad cristiana en la Iglesia africana, habló de Carlos Lwanga y de Matías
Mulumba Kalemba, con sus veinte compañeros sin olvidar a aquellos otros que,
perteneciendo a la confesión anglicana, han afrontado la muerte por el nombre de
Cristo. En efecto,

“En los comienzos de la evangelización en Uganda (fines del siglo XIX)


en pleno corazón del África, y apenas transcurridos siete años desde
la llegada de los primeros misioneros a aquellas tierras, un centenar
de cristianos, católicos y anglicanos, fueron asesinados. El papa Pablo
VI declaró santos a ventidós de ellos. Cuatro habían sido bautizados
por Carlos Lwanga poco tiempo antes del suplicio. La mayoría fueron
quemados vivos en Numungongo, por negarse a satisfacer los impuros
deseos del monarca: tenían entre dieciseis y veinticuatro años de edad.
El más joven, Kizito, tenía apenas trece”62.

La memoria litúrgica de estos mártires se celebra el 3 de junio. La


Oración colecta de la Misa recoge el clásico texto de Tertuliano: “Dios nuestro,
que hiciste de la sangre de tus mártires semilla de nuevos cristianos,
cristianos concédenos
bondadosamente que el campo de tu Iglesia, regado por la sangre de san Carlos
Lwanga y sus compañeros, te brinde siempre una generosa cosecha”63.

Junto a estos mártires africanos añadimos otros ejemplos, especialmente


de Asia, Oceanía y América.
América Con éstos se enriquece aún más la “geografía
martirial”.

62 CEA, Reseñas biográficas, 43.


63 CEA, Misal Romano, 680.
296
LOS MÁRTIRES DE AYER Y HOY: “UN TESTIMONIO QUE NO HAY QUE OLVIDAR”, Mario Alberto Haller.

El 6 de febrero, la Iglesia celebra la memoria de san Pablo Miki y


compañeros. Estos veintiséis mártires de Japón fueron crucificados en 1597 en
Nagasaki64. Fueron canonizados en 1862 por el Papa Pío IX. “Entre ellos había
misioneros jesuitas y franciscanos […], pero también religiosos japoneses como
Pablo Miki y dieciseis laicos: catequistas, intérpretes, médicos e incluso niños”65.
En este grupo, se encuentra el protomártir mexicano:
mexicano san Felipe de Jesús.

Con memoria litúrgica el 20 de septiembre, se veneran ciento tres


mártires coreanos,
coreanos que testificaron intrépidamente la fe cristiana, introducida
fervientemente por algunos laicos y después alimentada y reafirmada por
la predicación y celebración de los sacramentos por medio de los misioneros.
Consagraron con su sangre preciosa las primicias de la Iglesia en Corea (1839-
1867). Los 103 mártires fueron canonizados por san Juan Pablo II en 1984, en
Seúl. Son san Andrés Kim Tae-Gon y Pablo Chong Ha-Sang y sus compañeros.
compañeros

El Papa Juan Pablo II ha recordado en su homilía que “la primera


comunidad cristiana en Corea, una comunidad única en la historia de la Iglesia,
fundada únicamente por laicos (S. XVII) en menos de un siglo, ya tenía unas
decenas de miles de mártires”66. Concluía su homilía con estas palabras:

“El espléndido florecimiento de la Iglesia en Corea hoy es realmente


el fruto del testimonio heroico de los mártires. Incluso hoy su espíritu
inmortal apoya a los cristianos de la Iglesia del silencio en el norte de
este país trágicamente dividido.
Desde Peter Yu de trece años hasta Mark Chong de setenta y dos años,
hombres y mujeres, clérigos y laicos, ricos y pobres, gente del pueblo
y nobles, y muchos de ellos descendientes de mártires desconocidos de
épocas anteriores, todos murieron con alegría por la causa de Cristo”67.

64 En 2019, durante el segundo día en Japón, el papa Francisco elevó su oración ante el
Monumento de los santos mártires de Nagasaki y recordó a los cristianos perseguidos del siglo
XXI que viven el martirio a causa de la fe.
65 CEA, Reseñas biográficas, 16.
66 Homilía del 6.5.1884 (www.vatican.va).
67 Homilía del 6.5.1884 (www.vatican.va).
297
CuadMon 214 (2020) 275-305

El martirologio68 se ha enriquecido continuamente. Un ejemplo de un


mártir en Oceanía lo encontramos en san Pedro Chanel (S. XIX), francés de
origen, que en la tarea de evangelización de ese continente, encontró muchas
dificultades y resistencias y, aunque consiguió algunas conversiones, entre los
cuales estaba el hijo del rey de la isla Futuna, finalmente fue el rey quien ordenó
que lo mataran69. Fue canonizado en 1954 por el papa Pío XII.

En América, encontramos una lista de “testigos”. De la época de la


primera evangelización citamos los siguientes:

San Juan de Brébeuf y San Isaac Jogues, presbíteros y compañeros


mártires. “Entre los años 1642 y 1649, ocho jesuitas franceses fueron martirizados
por Cristo en América del Norte. Juan sufrió el martirio en el país de los indios

68 “En la Iglesia de Roma, y en otras Iglesias locales, las celebraciones de las memorias de los
mártires en el aniversario del día de su pasión, esto es, de su máxima asimilación a Cristo y
de su nacimiento para el cielo, más tarde también la celebración del conditor Ecclesiae, de los
Obispos que la habían regido y de otros insignes confesores de la fe, así como el aniversario de la
dedicación de la iglesia catedral, dieron lugar a la formación paulatina de calendarios locales,
donde se registraban el lugar y la fecha de la muerte de cada uno de los Santos o bien de grupos
de ellos.
De los calendarios particulares surgieron pronto los martirologios generales, como el
Martirologio siríaco (siglo V), el Martyrologium Hieronymianum (siglo VI), el de San Beda (siglo
VIII), de Lyon (siglo IX), de Usuardo (siglo IX), de Adón (siglo IX).
El 14 de Enero de 1584, Gregorio XIII promulgó la edición típica del Martyrologium Romanum,
destinada al uso litúrgico. Juan Pablo II ha promulgado la primera edición típica del mismo
después del Concilio Vaticano II, que, remitiéndose a la tradición romana e incorporando los datos
de varios martirologios históricos, recoge los nombres de muchos Santos y Beatos, y constituye
un testimonio extraordinariamente rico de la multiforme santidad que el Espíritu del Señor
suscita en la Iglesia de todos los tiempos y de todos los lugares”. CONGREGACIÓN PARA
EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTO: Directorio sobre la piedad
popular y la liturgia. Principios y orientaciones, 2002, n 227. (www.vatican.va). Para ampliar: P.
JOUNEL, El culto de los santos, en A. MARTIMORT, La Iglesia en oración. Introducción a la
liturgia, 1013-1015.
El 29 de junio de 2001 tiene lugar la publicación de una primera edición típica del Martyrologium
romanum ex Decreto Sacrosancti Æcumenici Concilii Vaticani II Instauratum auctoritate
Ioannis Pauli PP. II promulgatum, promulgado por la Congregación para el Culto Divino y la
Disciplina de los Sacramentos mediante el Decreto Victoriam Paschalem Christi y aprobada por
Juan Pablo II. Tres años después, se promulgaría una segunda edición típica, mediante el Decreto
A Progenie in Progenies, donde se hicieron correcciones y actualizaciones a la primera. Esta
segunda edición es la que permanece vigente.
69 Cf. CEA, Reseñas biográficas, 31. Su memoria es el 28 de abril.
298
LOS MÁRTIRES DE AYER Y HOY: “UN TESTIMONIO QUE NO HAY QUE OLVIDAR”, Mario Alberto Haller.

iroqueses en el actual estado de Nueva York; Isaac, en el país de los hurones en


territorio canadiense”70.

Roque González (paraguayo), Alfonso Rodríguez y Juan del Castillo


(españoles), conocidos como “mártires rioplatenses”,
rioplatenses” fueron canonizados en
Asunción en 1988 por el Papa Juan Pablo II. En la homilía de la canonización, el
pontífice expresó que:

“En su afán de ganar almas para Cristo, el padre Roque y sus


compañeros recorrieron todas estas tierras desde el estuario del Plata
hasta las nacientes de los ríos Paraná y Uruguay, y hasta las sierras de
Mbaracayú en el Alto Paraguay, afrontando todo tipo de incomodidades
y peligros. Infatigables en la predicación, austeros en su vida personal,
el amor a Cristo y a los indígenas les llevó a abrir caminos nuevos y
levantar reducciones que facilitaran la difusión de la fe y aseguraran
condiciones de vida dignas a sus hermanos. Itapúa, Santa Ana,
Yaguapoá, Concepción, San Nicolás, San Javier, Yapeyú71, Candelaria,
Asunción del Yjuhí y Todos los Santos Caaró son nombres de lugares
que han entrado en la historia de la mano de estos Santos. Lugares
en que se promovió un auténtico desarrollo, que abarcó la dimensión
sociedad 72.
cultural, trascendente y religiosa del hombre y de la sociedad”

En el S. XX, nuevos y abundantes testigos dan su vida por Cristo


y el Evangelio. En México, a modo de ejemplo, Cristóbal Magallanes y sus
veinticuatro compañeros (canonizados en el año 2000 por Juan Pablo II73; José
Luis Sánchez del Río (“Joselito
Joselito”74), canonizado por el Papa Francisco junto con el
Cura Brochero en 2016; en Europa, cabe citar como “íconos” durante la segunda

70 Ibid., 91: Su memoria es el 19 de octubre.


71 Desde esta localidad correntina, se evangelizó todo el noreste de la provincia de Entre Ríos.
72 Homilía del 16.5.1988 (www.vatican.va).
73 CEA, Reseñas autobiográficas, 36-37. Su memoria es el 21 de mayo.
74 Como en otros casos, “Joselito” es representado con la palma del martirio. Éste es un
atributo común a muchos mártires. En efecto, en la iconografía cristiana, la palma del martirio
fue considerada como un símbolo de victoria ya que los mártires salían vencedores contra sus
enemigos. El simbolismo cristiano está vinculado al Salmo 91,13, donde se dice que “el justo
florecerá como una palmera”. Se encuentra en los epígrafes de los sepulcros, sarcófagos, frescos,
mosaicos a menudo unida al monograma de Cristo.
299
CuadMon 214 (2020) 275-305

guerra mundial, los testimonios de san Maximiliano María Kolbe y Edith Stein y
en España el abundante número de mártires de la cruel persecución religiosa que
la asoló entre 1931 y 1939.

En relación a la mencionada persecución en España, cabe citar el martirio


del primer santo argentino, el martirio de un beato relacionado con la diócesis y
ciudad de Paraná y una reciente beatificación.

En primer lugar, se trata del primer santo argentino: san Héctor


Valdivielso, nacido en Buenos Aires en 1910 y luego trasladado a España, donde
se hizo lasallano. Es uno de los nueve “mártires de Turón”, martirizado en 1934.
Ha sido canonizado en 199975.

El beato agustino Juan Pérez Rodríguez, martirizado en España pero que


ha sido cura párroco de San Miguel Arcángel de la ciudad de Paraná al inicio del
S. XX76.

En marzo del año 2019, el Card. Becciu beatificó en Oviedo nueve


seminaristas de la Archidiócesis de Oviedo. Durante su homilía expresó que estos
mártires “fueron víctimas de la misma violencia feroz marcada por una acalorada
hostilidad anticatólica, que tenía como objetivo la eliminación de la Iglesia y en
particular del clero”77.

También durante el año 2019, se produjo la beatificación –hecha por el


mismo Card. Becciu– de los “mártires riojanos” (Argentina) y la canonización del
obispo salvadoreño Oscar Arnulfo Romero –canonizado junto con Pablo VI– por
el papa Francisco en el mes de octubre.

El 27 de abril han sido beatificados Wenceslao Pedernera, fiel laico y


padre de familia (1936-1976); el sacerdote francés Gabriel José Longueville,
misionero en La Rioja (1931-1976); el joven fraile franciscano Carlos de Dios
Murias (1945-1976); y el obispo Enrique Angelelli (1923-1976). En su homilía, el
Cardenal afirmó que el testimonio de estos mártires «estaba anclado al Evangelio,

75 CEA, Reseñas autobiográficas, 123.


76 C. GODOY, Semblanzas, Paraná, 2019, 84-87.
77 Homilía del 9.3.2019 (www.vaticannews.va).
300
LOS MÁRTIRES DE AYER Y HOY: “UN TESTIMONIO QUE NO HAY QUE OLVIDAR”, Mario Alberto Haller.

“atento a los sectores más débiles, a la defensa de su dignidad y a la formación de


las conciencias, en el marco de la Doctrina social de la Iglesia y en el deseo vivo
de actuar los dictámenes del Concilio Vaticano II”»78.

Hacia la ampliación del concepto de martirio

En relación al martirio de Romero y de Angelelli, Enrique C. Bianchi ha


escrito un valioso artículo en la Revista de Teología. En el resumen del mismo
afirma que “en el siglo XX se dio una ampliación de la noción teológica del
martirio que pone de relieve el testimonio de amor de quien así entrega su vida”79.
En consecuencia, “no es sólo mártir quien muere por defender la fe cristiana en
cuanto a sus contenidos. También es mártir quien es perseguido y asesinado por
el amor que brota de su fe”80.

Para comprender esta afirmación conviene hacer una breve referencia a la


teología clásica acerca del martirio.
martirio Bernardo Olivera81 afirma que:

“La teología clásica sobre el martirio quedó plasmada en las obras de


Santo Tomás de Aquino, del papa Benedicto XIV y de los apologistas
posteriores al Concilio Vaticano I. Se consolidó así una doctrina
teológica que aún tiene vigencia pero que, a nuestro parecer, peca por
defecto en las presentes circunstancias históricas.
La noción teológica del martirio se compone de cuatro elementos: la
muerte violenta, el testimonio de fe por parte del mártir, el odio a la fe
por parte del perseguidor, la manifestación pública del testimonio de
la fe y del amor a Dios (Santo Tomás de Aquino, Summa, II-II,124)”82.

78 D. FARES, La beatificación de Enrique Angelelli y compañeros mártires, en La Civiltà


Cattolica Iberoamericana, 2.
79 E. C. BIANCHI, Apuntes para una recepción eclesial de los martirios de Romero y Angelelli,
en Revista Teología N° 126, Buenos Aires, Facultad de Teología de la UCA, 2018, 163.
80 Ibid, 163.
81 B. OLIVERA, Monjes mártires de Argelia. Artesanos de paz, Buenos Aires Talita Kum,
2015, 208-209.
82 Santo Tomás expone la cuestión del martirio dentro del tema de la virtud cardinal de la
fortaleza: II-II, 124, 1-5. S. Zamboni afirma que es débil en el Aquinate la relación del martirio
con Cristo mártir, distinto a como era en la época patrística. Cf. S. ZAMBONI, Chiamati a
301
CuadMon 214 (2020) 275-305

«La
La noción canónica,
canónica sintetizada por el papa Benedicto XIV Papa, 1675-
1758 se presenta así: “El martirio es la muerte voluntaria aceptada por
la fe cristiana o por el ejercicio de otra virtud en relación con la fe”»83.

En efecto, la noción preconciliar insistía en que la muerte debía ser


instigada por un rechazo a la fe del mártir. El límite de esta visión es que podía
reducir el campo del martirio si se entendía la fe sólo en su dimensión intelectual.
«En cambio, Lumen Gentium al hablar de martirio no nombra el odium fidei ni
la profesión de fe, aunque ciertamente los supone, sino que prefiere hablar de
martirio como “signo del amor que se abre hasta hacerse total donación de sí” »84.

El caso de Maximiliano Kolbe es un buen ejemplo de esta ampliación del


concepto de martirio que se da después del Concilio. Precisamente, el Concilio
Vaticano II aportó una visión propia del martirio presentándolo en una perspectiva
claramente cristocéntrica.
cristocéntrica Según afirma R. Fisichella85 en el Nuevo Diccionario
de Teología Fundamental, para el Concilio lo normativo es el amor de Cristo, por
tanto, el acento no está tanto en la profesión de fe del mártir sino en el amor que
está en la base del testimonio del santo. Esto se nota claramente en el párrafo de
Lumen Gentium que hemos citado al inicio de este artículo.

seguire l’Agnello. Il martirio compimento della vita morale, 21-22.


El Catecismo del Iglesia Católica afirma que el martirio “es el supremo testimonio de la verdad de
la fe; designa un testimonio que llega hasta la muerte. El mártir da testimonio de Cristo, muerto
y resucitado, al cual está unido por la caridad. Da testimonio de la verdad de la fe y de la doctrina
cristiana. Soporta la muerte mediante un acto de fortaleza”. Cat. 2473. Esta formulación parece
regoger las distintas perspectivas.
83 BENEDICTO XIV, De servorum Dei beatificatione et beatorum canonizatione, III, 11,1:
Citado por B. OLIVERA, Monjes mártires de Argelia. Artesanos de paz, 209. B. Olivera continúa
afirmando que esta concisa definición puede desglosarse en los siguientes elementos: el hecho
probado de una muerte violenta, la muerte voluntariamente aceptada y causada por motivo de fe
o virtud moral referida o referible a Dios.
84 E. C. BIANCHI, Apuntes para una recepción eclesial de los martirios de Romero y Angelelli,
168.
85 Cf. R. FISICHELLA, “ Martirio” en: R. LATOURELLE - R. FISICHELLA - S. PIÉ-NINOT
(dirs.), Diccionario de Teología Fundamental, Madrid, Ed. Paulinas, 1993, 858-871,859: citado
por E. C. BIANCHI, Apuntes para una recepción eclesial de los martirios de Romero y Angelelli,
167.
302
LOS MÁRTIRES DE AYER Y HOY: “UN TESTIMONIO QUE NO HAY QUE OLVIDAR”, Mario Alberto Haller.

E. Bianchi recuerda que “incluso el propio K. Rahner, movilizado por


el asesinato de Romero en El Salvador, escribió sobre la necesidad de ampliar el
concepto tradicional de martirio en uno de sus últimos artículos antes de morir”86.

Un ejemplo incontestable es también el de santa María Goretti, Goretti


considerada mártir siendo que murió por defender un valor de la moral cristiana
como la virginidad. «Es también odium fidei el rechazo a conductas que son
consecuencias de la fe. Como explica Rahner, “el término fe incluye también la
moral cristiana”»87.

Asimismo, Bernardo Olivera afirma que

«De hecho ha desaparecido en nuestros días un tipo de lenguaje muy


apreciado en otros tiempos, como cuando se hablaba de “la gloria del
martirio”. ¿Cómo se puede hablar de gloria cuando lo acontecido es
consecuencia de la acción homicida de otro hombre? Cuando el martirio
es comprendido en el contexto de una espiritualidad de la ofrenda de
sí mismo, la muerte del discípulo de Cristo no se relaciona tanto con la
violencia asesina sino con la libre y consciente donación de la propia
vida»88.
vida

También, Bernado Olivera dice que “hablando de América Latina sería


imperdonable no mencionar el transparente testimonio de Monseñor Oscar
Arnulfo Romero”89. Luego añade:

86 E. C. BIANCHI, Apuntes para una recepción eclesial de los martirios de Romero y Angelelli,
170. En efecto, KARL RAHNER publica poco antes de su muerte el artículo Dimensiones del
martirio (Revista “Concilium” 183 (marzo 1983) 321-324), artículo que se ha ido convirtiendo en
una referencia necesaria para el tema de la ampliación del concepto de martirio. Cf. también S.
ZAMBONI, Chiamati a seguire l’Agnello. Il martirio compimento della vita morale, 37.
87 E. C. BIANCHI, Apuntes para una recepción eclesial de los martirios de Romero y Angelelli,
173.
88 B. OLIVERA, Monjes mártires de Argelia. Artesanos de paz, 176-177. En esta misma línea
se sitúa el pensamiento de Orígenes que considera que mientras sea posible, sin renegar de la fe,
“es un deber escapar de la confrontación con las autoridades […] y esto en nombre de la caridad
que el cristiano debe tener para con los enemigos de su fe, evitándoles así cometer un crimen”. H.
CROUZEL, Orígenes. Un teólogo controvertido, Madrid, BAC, 1993, 76-77.
89 B. OLIVERA, Monjes mártires de Argelia. Artesanos de paz, 215.
303
CuadMon 214 (2020) 275-305

«Monseñor [Romero] celebraba la Eucaristía y comentaba en su homilía


el texto evangélico: “si el grano de trigo no cae en tierra y muere queda
infecundo, pero si muere da mucho fruto”. Con palabra emocionada
decía: “El que se entrega por amor de Cristo al servicio de los demás, ése
vivirá como el granito de trigo, que muere, pero aparentemente muere.
Si no muriera se quedaría solo. Si da cosecha es porque muere, se deja
inmolar. En la tierra deshaciéndose y sólo deshaciéndose, produce la
cosecha”90.

Las últimas palabras de la homilía sonaron así: “Que este cuerpo


inmolado y esta sangre sacrificada, nos alienten también para dar
nuestro cuerpo y nuestra sangre al sufrimiento y al dolor, como Cristo,
no para sí, sino para dar conceptos de justicia y de paz a nuestro pueblo”.
pueblo”
Diez segundos más tarde, una bala asesina ponía fin a su vida terrena
y daba comienzo a su vida gloriosa.
gloriosa Vivió y murió como sacerdote y
como hostia”91.

Conclusiones

Me han impresionado los mártires de Lyon: su conciencia de participar


del martirio de Cristo y, en consecuencia, la tendencia a ser llamados “amigos
del mártir” por excelencia. Al hablar de los mártires de ayer y de hoy, nos
referimos entonces a hombres y mujeres para quienes Jesucristo no ha sido una
idea o un código ético sino una Persona a quien han encontrado, seguido y por
quien han entregado su vida hasta el derramamiento de la sangre. Una cadena
ininterrumpida desde el díscipulo-misionero-protomártir (san Esteban) hasta los
mártires discípulos-misioneros de la actualidad.

La actualización y permanencia del martirio en la historia de la Iglesia


nos invita igualmente a evitar el olvido de los hombres y mujeres del Antiguo
Testamento, convertidos en auténticas prefiguraciones de Cristo-mártir.

90 Una expresión semejante a la conocida sentencia de Tertuliano, aunque fundada en el


Evangelio.
91 B. OLIVERA, Monjes mártires de Argelia. Artesanos de paz, 215-216.
304
LOS MÁRTIRES DE AYER Y HOY: “UN TESTIMONIO QUE NO HAY QUE OLVIDAR”, Mario Alberto Haller.

Como afirmaba Juan Pablo II se trata de “un testimonio que no hay que
olvidar”.
olvidar”

Se trata, entonces, de recordar por una parte la multitud de testigos de


ayer y de hoy y, por otra parte, admirar esa vasta “geografía martirial”: geografía
“física”, ya que abarca todos los continentes, y geografía “humana”,
“física” “humana” ya que abarca
todos los estados de vida, edades y condición social: un verdadero libro, cuyas
páginas recogen los testimonio aúreos de la vida cristiana de todas las épocas.

Una invitación a celebrar una y otra vez su memoria e imitar su fe


incondicional y su caridad operante, estimulados por sus ejemplos de vida cristiana.
Un compromiso también a elevar a Dios nuestra oración por tantos hombres
y mujeres de nuestro tiempo, mártires de hoy, no pocas veces desconocidos,
ojalá nunca olvidados. Que en la Eucaristía que nos une “en Cristo” siempre los
recordemos.

Italia 370
3100 Paraná (ER)
ARGENTINA

305
306
DOS ACTITUDES ANTE LA MUERTE:
EN EL MANUAL DE EPICTETO Y
EN LA REGLA DE SAN BENITO
José Luis Villacís, OCSO1

Resumen

La muerte es el umbral de una vida concreta, conocida y explorada.


Pero, ¿existe algo detrás de ella?, ¿acaso emergerá un nuevo tipo de
vida o simplemente no hay nada? Concretamente: ¿Qué sentido tiene la
muerte para el ser humano? ¿Acaso es el cumplimiento de una finalidad
que se le devela conforme avanza el tiempo o simplemente es parte
de su destino? Estas inquietudes embargan al hombre y tratará de
responderlas remitiéndose a un Ser trascendental que está por encima de
la muerte. En Él encuentra una explicación “lógica”, pero se percatará
que es limitada. Entonces apelará a la fe, la cual le llevará a conocer
a un Dios distinto de las proyecciones humanas. En Él sabrá que la
muerte es un paso, un medio para llegar a su presencia total.

Introducción

Las personas tienen criterios diferentes sobre la muerte. Generalmente


detrás de ellos hay experiencias vividas de toda índole, sean personales o ajenas.
No todas son esperanzadoras, pero tampoco aterradoras. Esa multiplicidad
ocasiona un desacierto sobre el verdadero sentido y finalidad que tiene este
hecho existencial. Algunos individuos no la consideran importante puesto que es
preciso vivir el momento presente satisfaciendo sus necesidades, la mayor parte
de ellas inconscientes. Otros, por el contrario, la tienen presente como el final de

1 Monje del Monasterio Cisterciense “Santa María del Paraíso”, Latacunga, Ecuador.
307
CuadMon 214 (2020) 307-330

su existencia, y para ello hay que “prepararse convenientemente” realizando actos


buenos y honestos.

Ambos extremos tienen eco en dos posturas que veremos en el desarrollo


del artículo: Epicteto y san Benito. Nuestros personajes, en algunas partes
implícita y, en otras, explícita, tanto en el Manual (Enquiridión) como en la
Regla, respectivamente, desarrollan esta temática de forma concreta. De manera
que la muerte no es un objeto de estudio propio de nuestro tiempo, sino que
viene desde la antigüedad. Más aún, no depende de la época, sino que es una
realidad constitutiva de nuestra existencia sin tomar como referencias la cultura,
la ideología o la clase social.

Ahora bien, para reflexionar nuestra temática vamos a desarrollarla, en


primer lugar, presentando un esbozo general del contexto histórico-social de las
obras de ambos autores. Posteriormente, nos enfocaremos en las contribuciones
de cada uno de ellos con la finalidad de descifrar su contenido, pero sobre todo su
riqueza espiritual. Luego, recogeremos las aportaciones de nuestros personajes y
los relacionaremos, detectando sus semejanzas. Finalmente recapitularemos los
puntos esenciales que iluminarán y cualificarán nuestra interioridad.

1. Epicteto y san Benito. - Contexto histórico

Epicteto y san Benito vivieron durante el Imperio Romano, pero en


contextos diferentes. El primero, en pleno auge; en cambio, el segundo, en un
momento de decadencia. Expondremos, a continuación, algunos rasgos biográficos
de estos personajes y el contexto de sus obras, de las que nos ocuparemos en
nuestro estudio.

1.1. Epicteto

Según Ferrater2, Epicteto era natural de Hierápolis (Frigia)


aproximadamente en el año 50 d.C. Desde su nacimiento fue esclavo, “aunque se

2 Las referencias completas se hallan al final del artículo (N.d.R.).


308
DOS ACTITUDES ANTE LA MUERTE: EPICTETO Y SAN BENITO, José Luis Villacís, OCSO

le permitió en su juventud estudiar con el estoico Musonio Rufo”3. Vivió en Roma


como esclavo de Epafrodito, funcionario real que ocupó importantes cargos como
el de Secretario del emperador Nerón. Epicteto padeció “de una cojera producto
de una enfermedad reumática”4.

Nuestro filósofo alcanzó la libertad, pero al poco tiempo (alrededor del


año 93) fue expulsado juntamente con otros filósofos. Se radicó en Nicópolis (en
el Epiro) y allí fundó una escuela estoica. Según Ferrater, Epicteto juntamente
con Séneca y Marco Aurelio, “llegó a constituirse uno de los referentes del
estoicismo denominado nuevo o imperial de índole moral y religiosa”, (p. 1121).
“Siguió dirigiéndola probablemente hasta su muerte, acaecida en el año 138”5.
A su centro de enseñanza acudían numerosas personas, muchas de ellas de
notable clase social y cultural, “todas atraídas por su sabiduría y elocuencia”6.
Seguramente ellas giraban en torno a los veinte años de edad pues la formación
filosófica se recibía a esa edad, algo propio de la época. A pesar de que exponía
oralmente sus enseñanzas, Epicteto no las escribió. Sin embargo, ellas fueron
recogidas por un discípulo suyo llamado Flavio Arriano que las recopiló en ocho
libros llamados “Diatribas”. Lamentablemente, de ese conjunto de libros existen
solamente cuatro7. “Arriano publicó también un breve resumen o manualito con
las principales enseñanzas de su maestro llamado el Enquiridión”8.

Luego de algunos años, Flavio Arriano formó parte de la administración


imperial en tiempos de Adriano en calidad de gobernador de Capadocia en el
año 134. Este dato nos indica que debió de ser un hombre maduro, puesto que,
además, dirigió las tropas romanas que vencieron a los alanos. En consecuencia,
si escuchó las lecciones de Epicteto, habrá sido “aproximadamente a finales de
la primera década del siglo II”9, y, probablemente, la redacción de las Máximas
estaría en torno a este tiempo.

3 Cavallé, 2007, p. 121.


4 Epicteto trad. en 1993, p. 8.
5 Copleston, 2004, p. I-368.
6 Cavallé, 2007, p. 121.
7 Epicteto, trad. en 1993.
8 Copleston, 2004, p. I-368.
9 Epicteto, trad. en 1993, p. 18.
309
CuadMon 214 (2020) 307-330

Este es el contexto histórico y social en donde se desenvolvió Epicteto:

El siglo II, es conocido como el siglo de Oro del Imperio Romano.


Durante esta centuria se extendió por todas partes una sensación de
plenitud y perfección. Se construyeron acueductos, nuevas calzadas
y grandes edificios públicos. El Imperio se podía recorrer de punta a
punta sin temor a los bandidos y a la prosperidad económica se sumó
un extraordinario florecimiento cultural10.

1.2. San Benito

San Benito nació en Nursia (Perugia) en el año 480. Su familia pertenecía


a la pequeña nobleza rural. Fue enviado a Roma para completar su formación
literaria, pero la interrumpió debido a la corrupción de costumbres imperante,
y ello le movió a tomar una determinación radical. En efecto, san Gregorio
Magno, citado por Colombás11, subraya que, despreciando el estudio de las letras,
abandonó la casa y los bienes paternos, y, deseoso de agradar solamente a Dios,
quiso abrazar la vida monástica. En consecuencia, “el recién comprometido
en la vida ascética se juntó con un grupo de monjes en Affile, viviendo en la
soledad como ermitaño en Subiaco durante tres años”12. Luego de una experiencia
negativa (convivencia con falsos monjes), volvió a su antiguo retiro y allí se le
juntaron numerosos discípulos. Posteriormente, con algunos de sus seguidores
partió a Monte Casino en donde “creó un auténtico monasterio cenobítico (…) a
80 millas al sur de Roma”13. Allí, Benito murió hacia el año 547.

El contexto social de la capital del Imperio en tiempos de san Benito


se caracterizó por la inestabilidad política. El imperio se dividió en dos partes:
Bizancio y Roma. Predominaron las invasiones desde el norte por parte de los
bárbaros. En 452, “Alarico conquistaba la ciudad de Roma. En el 489, el rey
de los ostrogodos obtiene del emperador Zenón de Bizancio el gobierno de
toda Italia”14. Posteriormente Teodorico procuró establecer un equilibrio entre

10 Audioguiaroma, 2017, párr. 4.


11 2010, p. 117.
12 De la Torre, 2009, p. 354.
13 De la Torre, 2009, p. 354.
14 Aymard, 1989, p. 12.
310
DOS ACTITUDES ANTE LA MUERTE: EPICTETO Y SAN BENITO, José Luis Villacís, OCSO

la presencia de los godos y la adopción de la cultura romana. Sin embargo, los


bizantinos pretendieron reconquistar Italia con Belisario, general del emperador
Justiniano, pero Totila, rey de los godos, logró expulsarlos, recuperó la península
itálica y pasó a Sicilia, Cerdeña y Córcega (546-547). A su muerte, Bizancio
contraataca y expulsa a los godos, e Italia se constituyó en provincia del imperio.
En consecuencia, las constantes invasiones de pueblos extranjeros demuestran las
devastaciones, “deportaciones, ruinas, hambre, rehenes, opresiones y desdichas
sin cuento”15.

Sobre la redacción de la Regla, Colombás, afirma que “la que llamamos


Regla de San Benito o Regula Benedicti es un texto que apareció en la Galia hacia
el año 600. Fue escrito ciertamente en el siglo VI”16. Se puede asegurar, como
dice Colombás, que la Regla no fue compuesta de un solo impulso sino en una
elaboración progresiva.

Teniendo en cuenta la cronología aproximada de la vida de san Benito


y las fuentes utilizadas en la Regla, en particular el libro quinto de las
Vitae Patrum, traducido por Pelagio, diácono romano y futuro papa,
entre 526 y 556, se ha propuesto como fecha probable de su redacción
los años 530-560, (…), por lo tanto, fue redactada en Montecasino17.

2. La muerte en las máximas de Epicteto y en la Regla de san Benito

2.1. En las máximas de Epicteto

2.1.1. La muerte no depende de nosotros pues nos es “ajena”

Esta aseveración tiene su fundamento en la siguiente máxima:

… Si rechazas la enfermedad o la muerte o la pobreza, serás desdichado.


Aparta, pues, tu rechazo de todo lo que no depende de nosotros y ponlo
en lo que no es acorde con la naturaleza y depende de nosotros18.

15 Aymard, 1989, p. 14.


16 2000, p. 10.
17 Colombás, 2000, p. 10.
18 Epicteto, trad. en 1995, p. 184.
311
CuadMon 214 (2020) 307-330

Para comprender el contexto en que se aborda la muerte, es necesario


destacar la diferencia existente entre aquello que depende y no depende de
nosotros. Epicteto recalca que en nosotros existen estos dos contrastes: lo que
es alcanzable para emplearlo en nuestro crecimiento personal como “el juicio, el
impulso, el deseo, el rechazo y, en una palabra, cuanto es asunto nuestro”19. Es
decir, todo aquello que es sujeto a cambio, a enmienda o a una nueva orientación.
Y, por otro lado, las circunstancias que nos rodean como “el cuerpo, la hacienda,
la reputación, los cargos y, en una palabra, cuanto no es asunto nuestro” (ibid.).
A esta lista se agrega la enfermedad, la pobreza y la muerte. Estos fenómenos no
están sujetos a nuestro arbitrio, ni reconocen condiciones sociales, culturales y
religiosas.

En este sentido, la muerte es un suceso que aparece en el horizonte de la


persona con una finalidad concreta: consumar la existencia terrena de la persona.
Es un hecho intangible, silencioso, infinito. Si fuese conocido con anticipación,
dejaría de ser independiente de nuestro intelecto y, por tanto, pasaría a ser un
hecho manejable.

A pesar de que la muerte es una realidad que no depende de nosotros,


Epicteto enfatiza dos veces la palabra “rechazar”. Esta acción no demuestra
que somos renuentes en aceptar la muerte en sí sino que pretendemos darle una
connotación acorde a nuestra mentalidad. Generalmente es el miedo que sentimos
frente a ella. En este sentido, la muerte, entre los contemporáneos de nuestro
filósofo, “ya existía el temor de nombrarla, como si su sola mención fuese cosa de
augurio funesto”20.

Este rechazo se enfoca en las condiciones que llevan a la muerte: dolor,


sufrimiento, angustia, ansiedad. Al absolutizarlos opacamos el sentido de nuestro
fin y lo tergiversamos asignándole una categoría apocalíptica. Buscamos paliativos
que amortigüen esta realidad dolorosa como las distracciones, el cumplimiento de
los deseos de nuestro egoísmo, vivimos enfrascados en un futuro ilusorio, etc.
Con esta situación, lo que prima es nuestro deseo de vivir eternamente y de no
tomar conciencia de que nuestra vida tiene un límite.

19 Trad. en 1995, p. 183.


20 Vargas, 2013, p. 174.
312
DOS ACTITUDES ANTE LA MUERTE: EPICTETO Y SAN BENITO, José Luis Villacís, OCSO

Este deseo de perpetuar nuestra vida no es solamente con nosotros mismos,


sino que se constituye un anhelo para nuestros familiares y amigos queridos. Al
respecto, Epicteto dice: “Si quieres que tus hijos y tu mujer y tus amigos vivan
para siempre, eres bobo. Pues quieres que dependa de ti lo que no depende de ti
y que lo ajeno sea tuyo”21.

2.1.2. La muerte como conclusión del papel dado por los dioses

Aparte de la insistencia del filósofo estoico en la necesidad de reconocer y


diferenciar lo que es alcanzable a nuestras manos, introduce un hecho importante:
“lo ajeno”. ¿De quién es la muerte? Epicteto responde así: “Condúceme, Zeus, y
tú, Destino, al lugar que me tenéis señalado”22. Es decir, la muerte es de los dioses
como parte de la estructura y funcionamiento de la creación. Esta aseveración se
refleja en el Destino:

… Es lo que le da a cada cual su parte, su porción, su papel en la


armonía del todo. Por eso la vida es comparada a menudo con un
banquete en el que el anfitrión asigna un sitio a cada uno, o bien con una
obra de teatro con un director que distribuye los papeles: a los actores
no les corresponde pedir un cambio de papel, sino que cada cual ha de
representar lo mejor que pueda el papel que le ha sido asignado23.

Con esta sentencia, Epicteto nos invita a sumergirnos en nosotros


mismos para conocer nuestra condición humana, apropiarnos de aquello que
nos caracteriza, lo cual siempre se muestra inédito. De manera que nuestra vida
no es estática sino dinámica, siempre en constante renovación y crecimiento,
buscando la plenitud a lo que somos llamados a ser. Este proceso no lo hacemos
“abstractamente” sino partiendo de unos hechos concretos: nuestra historia,
experiencias, conocimientos, formación, injusticias, etc., es decir, todo lo que
constituye el bagaje que llevamos en nuestra existencia. Además, reconocemos
aquellos fenómenos que se presentan espontáneamente en nuestro camino:
frustraciones, intervención de algunos planes de otras personas cercanas a nosotros

21 Trad. en 1995, p. 190.


22 Trad. en 1995, p. 214.
23 Brun, 1997, p. 80.
313
CuadMon 214 (2020) 307-330

y que influyen en nuestras decisiones, acontecimientos inéditos, etc., todo ello,


en su conjunto, es la realidad, y eso “es” simplemente y así nos interpela. Con
esta reflexión, Epicteto nos insiste en no pretender cambiar esta realidad por más
dolorosa, compleja e incompresible que sea, pues significaría “despreciar el papel
dado por los dioses”. Y eso, en definitiva, sería algo inauténtico.

Pero esta existencia no debe ser embellecida con angustia, a tal punto que
nos condenamos a la decepción si no hacemos “todo” para ser realmente íntegros
e intachables. Epicteto, al emplear las palabras “lo mejor que pueda”, nos abre
la posibilidad de que no podemos alcanzar la perfección total, ni el ideal de ser
completamente realizados. Por lo tanto, apela a la existencia del error, de no acertar
con aquellas decisiones que inicialmente creíamos apropiadas, pero, por falta de
claridad, de discernimiento o por obviar las condiciones para su consecución,
nos llevaron a la desilusión. Por otra parte, esta tendencia al “error” también es
producto de la no aceptación de las propuestas y condiciones que nos presenta la
vida ya sea por obstinación y defensa de nuestros pensamientos y actitudes como
también por considerarlo como atentado a nuestros ideales y deseos.

Independientemente de aquello que nos lleve a la frustración, esta


expresión tiene un matiz esperanzador. Esto quiere decir que la imagen de la
divinidad no es rígida sino comprensiva y tolerante. Conoce nuestros aciertos
y errores. Sabe por qué nos asignó un determinado papel en la existencia y no
permite que adquiramos otro. Pero, para el desempeño del mismo, espera que
nosotros hagamos el esfuerzo necesario para cumplirlo. En esto se esconde una
sabiduría misteriosa, que no se abarca con nuestra mentalidad, que mantiene el
equilibrio en la naturaleza, gobierna con acierto la creación y asigna a cada ente
un sentido determinado con la finalidad de cooperar en esta estructura armónica
que es el universo.

Por otro lado, la sentencia “lo mejor que pueda”, nos invita a la concepción
de una divinidad analítica, observadora, que registra los aciertos ganados en
nuestra misión en la tierra. Las condiciones deben ser factibles para alcanzar el
fin para el cual hemos sido encomendados. En este sentido, la muerte se convierte
en el “galardón” o la finalización de todo lo que constituye el papel dado por los
dioses y, por lo tanto, nuestra existencia cumplió su objetivo en este mundo.

Es así que, como la muerte se presenta espontáneamente y nos comunica


que ha culminado nuestro camino terrenal, no es nuestra sino “prestada”. Por esta
314
DOS ACTITUDES ANTE LA MUERTE: EPICTETO Y SAN BENITO, José Luis Villacís, OCSO

razón, Epicteto expresa la necesidad de no apegarse a aquello que no es nuestro,


de “devolver” aquello que no nos pertenece y que nos ha sido prestado. De esa
manera conservamos nuestra imperturbabilidad y dejamos que el Destino obre
según su eficacia:

No digas nunca respecto a nada «Lo perdí», sino «Lo devolví». ¿Murió
tu hijo? Ha sido devuelto. ¿Murió tu mujer? Ha sido devuelta. «Me han
quitado el campo». Pues también eso ha sido devuelto. «Pero el que
me lo quitó era un malvado». ¿A ti qué te importa por qué medio te lo
reclama el que te lo dio? Mientras te lo da, ocúpate de ello como de cosa
ajena, como se ocupan de la posada los que van de paso24.

Con esta máxima, Epicteto nos enseña que, con la muerte de las personas
queridas, y nosotros dependientes existencialmente de ellas, perdemos el
sentido de nuestra vida y viviremos en una profunda desesperación. Ante esta
problemática, necesitamos reconocernos que somos únicos, autónomos (no
individualistas), generadores de confianza y optimismo. No somos dueños de la
vida de otros seres humanos, sobre todo los que están relacionados íntimamente
con nosotros. Ellos morirán y nosotros recibiremos su legado y su enseñanza en
actitud de agradecimiento.

2.1.3. La muerte es digna al aceptar a las personas y los hechos tal como son

Epicteto señala:

Si eres aficionado a una olla, di «Soy aficionado a una olla» y no te


perturbarás cuando se rompa; si besas a tu hijo o a tu mujer, di que
besas a un ser humano y no te perturbarás cuando muera25.

Aquí existe una relación entre la muerte y la autenticidad de nuestra


personalidad. A medida que nosotros reconocemos nuestra vivencia actual, nos
apropiamos de nuestras acciones, sintonizamos con nuestros sentimientos y
afectos como también de nuestras equivocaciones y debilidades, nuestra existencia

24 Epicteto, trad. en 1995, p. 188.


25 Epicteto, trad. en 1995, p. 185.
315
CuadMon 214 (2020) 307-330

se hace veraz. No pretendemos vivir una realidad diferente a la nuestra, ya sea


incomprensible, irracional o áspera, por miedo a perder la imagen ante los demás,
seguridad económica, posición social o reconocimiento intelectual.

Esta franqueza con nosotros mismos también se encamina a los demás.


Nosotros no necesitamos buscar a las personas para ser nosotros mismos, o forzar
a los demás para que nos faciliten paz, alegría, comodidad. Es decir, en nuestras
relaciones no deben primar los intereses de toda índole. Aceptamos a los demás
como son, tanto con sus potencialidades o cualidades como también con sus
pobrezas.

Asimismo, debemos aplicar esta conducta a los hechos que ocurren


diariamente en nuestra vida cotidiana: dejar que sean, no estorbarles, no pretender
que sean de acuerdo a nuestros deseos o aficiones. De esa manera, nosotros
vivimos la realidad a plenitud, les permitimos que nos revelen aspectos inéditos,
horizontes insospechados de nuestra vida. Con esta actitud, la muerte no nos
perturbará, al contrario, la viviremos como la coronación de nuestra existencia
rebosada de felicidad.

En cambio, si nosotros no aceptamos la presencia de otras personas, ya


sea porque nos interpelan nuestro egoísmo, nos molestan con sus defectos, o
no nos queremos “someter” a las circunstancias presentes que rodean nuestra
subsistencia, estamos fomentando sentimientos de amargura, frustración,
impaciencia e inconformidad. Tendremos una visión negativa, pesimista, de la
realidad y, por ende, creeremos que el mundo es injusto, duro y cruel. La muerte,
en este sentido, se transforma en desesperación.

2.1.4. La muerte en sí no es terrible sino la opinión que se tiene de ella

Esta afirmación es mencionada en la siguiente máxima:

Los hombres se ven perturbados no por las cosas, sino por las opiniones
sobre las cosas. Como la muerte, que no es nada terrible -pues entonces
también se lo habría parecido a Sócrates- sino que la opinión sobre la
muerte, la de que es algo terrible, eso es lo terrible. Así que cuando
suframos impedimentos o nos veamos perturbados o nos entristezcamos,
316
DOS ACTITUDES ANTE LA MUERTE: EPICTETO Y SAN BENITO, José Luis Villacís, OCSO

no echemos nunca la culpa a otro, sino a nosotros mismos, es decir, a


nuestras opiniones26.

Epicteto afirma que la muerte no es el problema sino la opinión que se


tiene de ella. Pero, para comprenderla en su realidad es importante conocer en qué
consiste la opinión y cómo influye en la persona.

Según Cavallé, las opiniones son juicios de valor que se han formado
en base a respuestas emocionales y de impulsos. Así, por ejemplo, “Si nuestra
valoración de un hecho es positiva, nos sentiremos serenos, estimulados, confiados,
alegres o eufóricos; si es negativa, sentiremos desánimo, desinterés, frustración,
vergüenza, culpa, desprecio o ira”27. En cuanto a la valoración emocional, esta
“provocará en nosotros un impulso: un movimiento externo ordenado hacia el
acercamiento o hacia la retirada”28.

Ello nos permite apreciar que tanto el juicio, la emoción y el impulso


constituyen una realidad indisoluble puesto que, como lo expresa Cavallé
“toda emoción presupone un juicio de valor, un pensamiento o pensamientos,
y todo juicio sobre la realidad conlleva emoción” (p. 124). Estas “no son ciegas
o arbitrarias, sino el reflejo directo de nuestra forma de interpretar lo que es y
sucede” (p. 124).
En consecuencia, la interpretación que demos a la muerte depende de
nuestra experiencia, de cómo nos la han transmitido las anteriores generaciones y de
la coyuntura en donde murió alguna persona cercana a nosotros. Estas situaciones
no provienen de nosotros, sino que son producto de una época concreta; por lo
tanto, no les podemos asignar un juicio de valor. Ello no impide que podamos
distinguirlas por medio del discernimiento, la reflexión y una actitud serena y
pacífica. De esa manera, la carga emocional que tengamos ante la muerte perderá
su fuerza y tendremos una visión objetiva de la misma.

26 Ibid, p. 186.
27 Cavallé, 2007, pp. 123-124.
28 Ibid., p. 124.
317
CuadMon 214 (2020) 307-330

2.1.5. La muerte evita cometer excesos

Epicteto afirma: “Ten presente a diario la muerte y el destierro y todo lo


que parece terrible, pero, sobre todo, la muerte. Y nunca pensarás en nada vil ni
desearás nada en exceso”29.

En esta máxima destacamos dos aspectos:

a) Epicteto asevera la expresión: “ten presente a diario”. Ello descubre


un vínculo entre el tiempo y la muerte. Esta, en su esencia, carece de tiempo; en
cambio nosotros que la meditamos la hacemos en el tiempo. Entonces la muerte
viene a nosotros en nuestro contexto temporal, pero ella no se deja influir por el
mismo, sino que mantiene su entidad intacta.

Al pensar en la muerte, nuestra identidad nos remite al pasado.


Observamos y sentimos los hechos realizados, los logros y los fracasos con
sus correspondientes emociones. La idea de la muerte nos mueve a apropiarnos
de nuestro pasado, a aceptarlo como es, tomamos las experiencias vividas que
nos favorecen para madurar como personas y para evitar aquellas que no nos
benefician. Así, el pensamiento sobre la muerte nos motiva a acogernos a nosotros
mismos, a vivir el “hoy” con sus alegrías y agobios (el ser personas que se hacen
continuamente) y no proyectarnos compulsivamente al futuro.

b) Epicteto describe que, al pensar en la muerte, no desearemos “nada


vil, ni nada en exceso”. En este punto hay una relación entre la muerte y la
superficialidad. La primera frena a la segunda; y esta, ante la primera, se reduce
a la pasividad. Es decir, en el momento en que nosotros concientizamos el sentido
de la muerte, esta, inmediatamente sitia la ligereza. Así percibimos que nuestra
vida empieza a centrarse en nuestro yo auténtico. Algunos de nuestros “deseos”
pierden valor cualitativo y se convierten en puerilidades. Y como tales, pierden
fuerza en nuestro estado anímico hasta que son reducidas a la inacción. En ese
momento, todas nuestras energías vitales se purifican y empiezan a integrar
nuestra personalidad. Además, valoramos la riqueza insondable que habita en
nuestro interior. Con este proceso, la muerte presente en nuestro pensamiento nos
llevará a una simplicidad y sencillez de vida de tal manera que cuando dejemos
esta existencia terrena, no tendremos agobio por lo que dejamos. Así, como dice
Brun, llegaremos a ser sabios pues hemos vivido de acuerdo a nuestra naturaleza.

29 Trad. en 1995, p. 193.


318
DOS ACTITUDES ANTE LA MUERTE: EPICTETO Y SAN BENITO, José Luis Villacís, OCSO

2.2. En la “Regla” de san Benito

2.2.1. La muerte en la lengua y en el deseo

a) En cuanto a la lengua, san Benito en el capítulo sexto lo subraya


dos veces: “Yo me dije: vigilaré mi proceder para no pecar con la lengua”30 y
“muerte y vida están en poder de la lengua”31. Además, en el Prólogo, también lo
menciona en dos ocasiones: «Si quieres gozar de una vida verdadera y perpetua,
“guarda tu lengua del mal; tus labios, de la falsedad; obra el bien, busca la paz
y corre tras ella”32», y “el que habla con sinceridad en su corazón y no engaña
con su lengua…”33.

La lengua en sí misma no es el problema del mal sino el para qué la


utilizamos. Un mal uso de ella engendra la muerte en sus manifestaciones de
pecado, falsedad y engaño. Estos efectos son capaces de envenenar nuestra
conciencia y de sumergirnos en la satisfacción de nuestras pasiones. Ellas se
convierten en una carga aplastante que agobia nuestra vida y su fin es conducirnos
a la muerte34. En cambio, el buen uso de aquella nos provoca paz y vida verdadera,
y toda palabra edificante que sale de nuestros labios, como expresa de Vogüé “no
tiende sino a abrir camino, a través del bullicio de las conversaciones humanas,
al flujo y reflujo del Verbo eterno, a la palabra de Dios a los hombres y de los
hombres a Dios”35. En ambas situaciones, la exigencia que nos plantea san Benito
es la vigilancia y atención de nuestras intenciones, ser responsables de nuestras
propias palabras y utilizarlas convenientemente, y sobre todo en los contextos en
donde las pronunciamos.

Otro aspecto que es importante y lo expone san Benito de forma evidente


es la relación entre lengua y corazón. Aquella no actúa libremente, sino que es
movida por el corazón. Entre ambas no existe independencia. En el corazón
radican las buenas y malas intenciones, las bendiciones y las maldiciones, la vida
y la muerte. En él, nos encuentra y nos purifica36.

30 Sal 38,2. Trad. en 2000, p. 88.


31 Pr 18,21; ibid., p. 89.
32 Sal 33,14-15; ibid., p. 67.
33 Sal 14,2-3; ibid., p. 68.
34 Vogüé, 1985.
35 Vogüé, 1985, p. 161.
36 Vogüé, 1987.
319
CuadMon 214 (2020) 307-330

b) En lo que respecta al deseo, san Benito en el capítulo séptimo menciona:


“Por eso mismo, hemos de precavernos de todo mal deseo, porque la muerte está
apostada al umbral mismo del deleite”37. En cuanto a los monjes sarabaítas, en
el capítulo I, afirma que “se agrupan de dos en dos o de tres en tres, y a veces
viven solos, encerrándose sin pastor no en los apriscos del Señor, sino en los
propios, porque toda su ley se reduce a satisfacer sus deseos”38. En el Capítulo
VII menciona: “en cuanto a la propia voluntad, se nos prohíbe hacerla cuando nos
dice la Escritura: «Refrena tus deseos»”39.

El deseo está relacionado con la satisfacción de nuestra voluntad. Esta


es renuente al desprendimiento de sus propias apetencias para dar cabida a los
proyectos comunes, a la realización de propósitos en conjunto, etc. Defiende con
todo ahínco nuestros caprichos y no los negocia con las opiniones de los demás.
Simplemente selecciona aquellas utilidades que alimenten nuestro insaciable
apetito de seguridad y comodidad con la finalidad de mantenernos indiferentes
ante los problemas de los otros. Esta actitud, en vez de liberarnos de nuestro
propio encasillamiento nos reduce a una muerte interna: el aislamiento.

Por ello, el deseo nos puede conducir a la muerte si no lo encaminamos


hacia metas positivas y viables. Tampoco es idóneo intentar suprimirlo pues es
una parte constitutiva de nuestro ser. Su fuerza contribuye al engrandecimiento
de nuestra personalidad a medida que lo abrimos a nuestros semejantes de una
forma desinteresada.

2.2.2. La muerte opera en el interior de la persona y aceptándola contempla a


Dios

En el capítulo VII,38 dice:

Y cuando quiere mostrarnos cómo el que desea ser fiel debe soportarlo
todo por el Señor aun en las adversidades, dice de las personas que
saben sufrir: «Por ti estamos a la muerte todo el día, nos tienen por
ovejas de matanza»40.

37 Trad. en 2000, p. 93.


38 Ibid., p. 73.
39 Ibid., pp. 92-93.
40 Trad. en 2000, pp. 95-96.
320
DOS ACTITUDES ANTE LA MUERTE: EPICTETO Y SAN BENITO, José Luis Villacís, OCSO

Existe una vinculación entre las adversidades y la muerte, las cuales


tienen un fin: el Señor. Nuestra vida espiritual no es estática. Necesita abrirse
periódicamente a nuevos horizontes, a explorar ámbitos desconocidos. Para ese
fin se requiere que nuestra alma experimente el dolor, el sufrimiento y la dificultad
no de forma impasible sino por amor al Señor que “me amó y se entregó por mí”41.

Precisamente la muerte se manifiesta en toda su grandeza en ese


padecimiento de nuestra alma y necesita ser vivida desde el plan de Dios. Es decir,
si queremos ser fieles a nuestras convicciones espirituales debemos prepararnos
para afrontar las adversidades. Éstas, a su vez, reflejadas en los acontecimientos
de cualquier tipo y en la presencia de otras personas, cuyas subjetividades
chocan con las nuestras. Al dejarnos interpelar por ellos, estamos muriendo
constantemente tomando nuevas decisiones y renunciando a nuestros deseos y
necesidades. Nos confrontamos y nos purificamos a tal punto que nuestro egoísmo
se siente amenazado en sus estructuras falsas y demanda con toda su fuerza mayor
comodidad y seguridad. Es necesario, por tanto, que afrontemos este dolor con
realismo dejando que Dios haga su obra en nosotros.

Padecer esta muerte subjetiva para que el Señor haga su obra y no estorbarle
con nuestras condiciones es un gesto de amor. Es un proceso que no requiere
nuestro esfuerzo, ni cálculo, ni organización, ni estrategia. Es “dejar que Él sea
Dios en nosotros”. Esta actitud, como dice de Vogüé, hace al “hombre agradable
a Dios y a los demás hombres, tanto aquí en la tierra como en la eternidad”42, y
es la condición imprescindible para que muera el hombre viejo y nazca el hombre
nuevo.

Pero Dios no es inmutable ante nuestras adversidades. Por ellas nos


inculca buscarle y amarle más. Ya lo dice san Benito en el Prólogo: «No quiero la
muerte del pecador, sino que cambie de conducta y viva»43.

41 Vogüé, 1985, p. 166.


42 Ibid., p. 166.
43 Trad. en 2000, p. 70.
321
CuadMon 214 (2020) 307-330

2.2.3. ¿La muerte como castigo?

Expondremos este acápite en dos secciones:

a) San Benito en el capítulo II dice: “Y entonces las ovejas rebeldes a sus


cuidados verán por fin cómo triunfa la muerte sobre ellas como castigo”44.

Aquí aparece el tema de la rebeldía. En este texto, san Benito no señala a


la muerte como castigo sino a la rebeldía. La matiza y la presenta como temible.
Aunque el Patriarca de los monjes no señala las causas ni las consecuencias de
la rebeldía, podemos afirmar que ella es como la muralla de protección contra
cualquier actitud impositiva que venga del exterior. Nosotros somos rebeldes
cuando rechazamos el plan establecido por Dios, para optar por nuestra voluntad.
Esta elección es válida en cuanto es nuestra decisión, pero las consecuencias
que ella acarrea son nefastas: rompen nuestra armonía con la creación y con
las personas. Este modo de vida nos constituye en personas pesimistas, críticas,
insatisfechas con nosotros mismos. Así nuestra vida se convierte en un tormento
constante y, por lo tanto, nuestra muerte será desdichada.

b) San Benito, en el capítulo LVII afirma: “Recuerden siempre a Ananías


y Safira, no vaya a suceder que la muerte que aquellos padecieron en sus cuerpos,
la sufran en sus almas ellos y todos los que cometieren algún fraude con los
bienes del monasterio”45.

Un nuevo elemento que tergiversa a la muerte como castigo es el fraude.


Aunque san Benito se refiera a los bienes del monasterio, podemos generalizarlo
a todas las personas ya que, como expresa Colombás, la avaricia no sólo redunda
en perjuicio espiritual de quienes se dejan llevar por ella, sino que causa gran
detrimento al bien espiritual de las personas. No es un fin honesto sino simulado
contrario a la verdad y a la rectitud. Por lo tanto, cuando adquirimos maliciosamente
bienes materiales estamos reflejando nuestro temor a sentirnos desprotegidos y a
enfrentarnos a una realidad “despiadada”. Nuestra esclavitud al dinero hará que la
muerte nos desapropie de todo y la consideremos como un castigo divino.

44 Trad. en 2000, p. 75.


45 Ibid., pp. 162-163.
322
DOS ACTITUDES ANTE LA MUERTE: EPICTETO Y SAN BENITO, José Luis Villacís, OCSO

2.2.4. La muerte presente en todo momento en el pensamiento y en el corazón

Para san Benito, la muerte debe constituir una realidad presente en todo
momento. Esto se verifica tanto en el Prólogo: “Daos prisa mientras tenéis aún la
luz de la vida, antes que os sorprendan las tinieblas de la muerte”46, como en el
capítulo IV “tener cada día presente ante los ojos a la muerte”47.

En ambos versículos se resalta el tema del tiempo: “daos prisa” y “tener


cada día presente”.

San Benito nos demuestra que la muerte puede presentarse inesperadamente


en nuestra vida sin estar influenciada por nuestras circunstancias humanas y
vivencias espirituales. Esta realidad motiva a que nosotros seamos conscientes
de nuestro presente, permanecer vigilantes, escuchar nuestras necesidades y
enfrentar nuestros temores. De esa manera, el “darse prisa” no nos invita a vivir
con ansiedad sino a potencializar nuestra humanidad.

Por otro lado, tener ante los ojos la muerte es adiestrar nuestra objetividad
hacia el camino de la verdad: atención permanente, superación constante y
claridad intensa. Como dice Pascual, despojo de nosotros mismos para vestirnos
del hombre nuevo. De esa manera la vida adquiere un sentido profundo en cada
instante y la muerte será un elemento más que enriquezca esa plenitud. Significa
darle a nuestra mortalidad un sentido de inmortalidad (la muerte no es el fin sino
el principio de una vida eterna).

2.2.5. El magisterio divino y el monasterio como instrumentos para cualificar la


muerte

San Benito, al final del Prólogo, dice: “si no nos desviamos jamás del
magisterio divino y perseveramos en su doctrina y en el monasterio hasta la
muerte, participaremos con nuestra paciencia en los sufrimientos de Cristo, para
que podamos compartir con él también su Reino”.

46 Ibid., p. 67.
47 Ibid., p. 84.
323
CuadMon 214 (2020) 307-330

En primera instancia, san Benito coloca a la muerte entre la perseverancia


en la doctrina divina y en el monasterio y el Reino. Es la frontera entre la dimensión
temporal y la eterna, aquella que constituye una “antesala” de lo que vendrá, pero
que, en la existencia terrena no la podemos ver claramente, aunque la intuimos.
Desde esta óptica comprendemos que la muerte es el requisito indispensable para
la eternidad, pero no únicamente entendida desde lo fáctico (lo material) sino
también desde lo espiritual. Morimos en la actualidad sin ser conscientes de ello,
pero para ser permanentemente recreados por el Espíritu. Esta experiencia es
una prueba de lo que sucederá en algún momento de nuestra existencia: morir
físicamente para nacer en “los cielos nuevos y tierra nueva”. Ante esta perspectiva
y, como modo de preparación, caben los siguientes interrogantes: ¿Cómo morir?,
¿qué actitudes debemos tener para enfrentar esta realidad?, ¿Cuáles son las
condiciones que nos ayudarían para morir dignamente?

Para acercarnos a estos interrogantes, es necesario revisar aquellos


elementos que san Benito expone en esta sección del Prólogo: el magisterio,
el monasterio, el Reino y Cristo. La presencia de estos aspectos no es casual.
Podemos intuir que la muerte marca una analogía entre el magisterio divino (el
Reino concretizado) y el monasterio (Cristo ya manifestado). Se presentan, por lo
tanto, dos dimensiones concretas con sus respectivas antítesis: mientras vivimos,
necesitamos del monasterio como lugar de realización del “papel dado por Dios”
concretizado en un ambiente de silencio, soledad, separación del mundo, oración,
trabajo, todas ellas con la finalidad de vivir el llamado de Dios de forma plena y
auténtica. Además, precisamos del magisterio como el medio indispensable para
ejercitarnos en este proceso de acercarnos a la Verdad. En efecto, requerimos
de caminos, métodos y planes ya trazados desde la antigüedad, convertidos en
tradición de generación en generación para dejarnos “educar” por el Señor, a
través del abad y de los hermanos en una comunidad estable. Así lograremos
vivir el seguimiento con libertad sin peligro de “autorreferencialidad” y orgullo.

Pero, cuando crucemos el umbral de la muerte, ya no necesitaremos del


monasterio para vivir en la plenitud total, sino que ya tomaremos posesión del
Reino ya prometido por el Señor. Además, el magisterio divino se ve concretizado
en la persona de Cristo. En Él está toda la sabiduría escondida, encarnada, eterna.
En fin, podemos evidenciar que la muerte une lo divino y lo humano. Pero, para
llegar a lo divino, hay que morir: esa es la condición.

324
DOS ACTITUDES ANTE LA MUERTE: EPICTETO Y SAN BENITO, José Luis Villacís, OCSO

En consecuencia, el monasterio y el magisterio son dos instrumentos que


nos preparan para “morir dignamente” y así entrar en el Reino. Ambas realidades
constituyen “un ensayo” para la muerte: nos ejercitan en las virtudes, corrigen
nuestros defectos, nos purifican constantemente del egoísmo latente que nos
acompaña desde la niñez, todos ellos representados en los sufrimientos que nos
identifican con Cristo. Además, nos facilitan para la búsqueda de la verdad, de la
libertad y del plan que Dios tiene para cada uno de nosotros. Así “compartiremos”
con Él la felicidad y la realización plena de nosotros mismos. De manera que la
muerte ya no es un fin inmediato sino un medio colateral para otro fin sin término
que es Dios.

3. “Pensar en la muerte en todo momento” en Epicteto y en san Benito

Epicteto afirma que pensar en la muerte evita toda vileza y todo tipo de
exceso. En cambio, san Benito enfatiza que nosotros debemos darnos prisa para
vivir esta luz de la vida antes de que llegue la muerte, como también tenerla
presente todos los días. En ambas cuestiones percibimos que nuestros personajes
son conscientes de la inclinación del hombre hacia el error, a considerar que la
vida consiste únicamente en satisfacer inmediatamente sus instintos. Ello no
significa que desconozcamos esta tendencia, sino que seamos consecuentes hacia
dónde nos lleva y con qué finalidad.

En efecto, cuando nos enfrascamos en nuestra propia finitud,


distorsionamos el sentido real de la trascendencia. Es decir, nos dedicamos
impulsivamente a la consecución de nuestros planes y deseos sin atender al de
los demás como medio para “ennoblecernos y valorarnos a nosotros mismos”.
En este sentido, Dios deja de ser Dios y se convierte en la proyección de nuestros
intereses. Además, inconscientemente adquirimos la mentalidad y la religiosidad
de los antiguos griegos: proyectamos nuestros deseos personificándolos en figuras
de dioses y, como tales, no son más que creaciones humanas. Con esta actitud nos
asemejamos, también, al pueblo de Israel, el cual, a pesar de ser escogido por Dios
para establecer una alianza y ser depositario de sus promesas, vivió apegado a la
idolatría de los pueblos extranjeros.

En este contexto humano, la muerte carece de importancia, al menos


provisionalmente. Nosotros, enceguecidos por nuestros propios placeres,
perdemos el sentido de nuestra finitud. Solamente la aparición de un hecho
325
CuadMon 214 (2020) 307-330

de crucial importancia puede despertarnos del letargo existencial en que nos


encontramos, ya sea la muerte de una persona querida, ser testigos de un accidente
de tránsito, contemplar la lenta agonía de un paciente con una enfermedad mortal,
etc. Estas vicisitudes nos ocasionan un impacto en nuestra sensibilidad, nos hacen
enfrentarnos a la realidad de la muerte y, ante ella, tomamos consciencia de
quiénes somos.

Apropiarnos de nosotros mismos, como dice González, es vivir en el


hoy. Volcarnos totalmente al futuro (inconformidad con nuestra vida actual)
o ubicarnos desesperadamente en el pasado (vivir de las remembranzas) nos
alimentan un sentido tergiversado de la muerte. Ambas posiciones no favorecen
una correcta vivencia del hoy. Entonces, el “darse prisa” de san Benito urge a
apropiarse del presente: en él frenamos nuestra intemperancia, asumimos
nuestras angustias y ansiedades de complacernos a nosotros mismos; luego nos
preguntamos qué quiere Dios de nosotros y hacia dónde desplegamos nuestra
existencia revitalizada.

En esta postura, la muerte se convierte en modeladora de nuestra existencia:


elimina los escollos que la entorpecen, la ayuda a ser concreta y a mantener una
actitud abierta hacia nuevos horizontes, la potencializa y la hace fecunda. En el
lenguaje de Epicteto48, la muerte nos pide tomar el papel (nuestra vocación, el
sentido de nuestra vida) que nos ha sido dado por el director del drama (Dios)
y que lo llevemos a su cumplimiento (la misión). Y no pretendamos tomar otro
papel que no nos ha sido asignado. El cumplimiento de esta misión no exenta de
contrariedades la engrandecemos con el amor, con el deseo de complacer a Aquel
que nos la ha encomendado.

4. Conclusiones

Epicteto49 es categórico en afirmar que la muerte no es el problema sino


la opinión que se tiene de ella. En cambio, en san Benito, la opinión depende
del contexto. Es decir, para el hombre rebelde será terrible pues traerá su
correspondiente castigo. En cambio, para los que viven en obediencia a su abad y
siguiendo la doctrina y el magisterio divino, la muerte es el paso a la vida eterna.

48 Trad. en 1995.
49 Ibid.
326
DOS ACTITUDES ANTE LA MUERTE: EPICTETO Y SAN BENITO, José Luis Villacís, OCSO

Las opiniones, como decíamos anteriormente, son los modos como


interpretamos la realidad, y ellas pueden ser buenas o malas. Básicamente son
producto de nuestra experiencia, de la educación recibida y de las circunstancias
que nos rodean. Dentro de ellas está el concepto de Dios: la idea que tenemos
y la vivencia que poseemos de Él recibidas de nuestros padres. En este sentido,
creemos que nuestras opiniones sobre la muerte tienen íntima relación con nuestra
concepción de Dios. Y en esta tesis nos basamos para destacar las dos actitudes
claves de nuestros personajes ante la muerte.

Ambos aportes son valiosos. No pretendemos calificarlos, ni jerarquizarlos,


simplemente nos permiten apreciar la relación cercana entre la filosofía estoica y
el monacato benedictino. Tampoco se trata de aseverar que exista entre ambas
una vinculación acreditada, cosa que amerita un nuevo tipo de investigación, sino
la de exponer una reciprocidad de pensamientos que coadyuven a esclarecer sobre
el sentido de la muerte.

1. Según Epicteto, la muerte no necesita ser valorada porque es una


realidad que no depende de nosotros y es constitutiva del destino humano. La
preocupación de la persona, no obstante, es su formación filosófica, además,
como dice Brun, cultivar la virtud y renunciar a la pasión con la finalidad de
alcanzar la imperturbabilidad y la indiferencia. En este sentido se preocupa de su
destino y vive de acuerdo al orden impuesto por la divinidad ya que Dios es un Ser
ordenador de quien procede la belleza y razón de ser. Pero, según Brun si “niega a
Dios no puede ser más que un insensato, un apasionado que carece precisamente
de la razón que funda la sabiduría”50. En definitiva, Dios es el arquitecto del
universo y si el hombre vivió apegado a su sujeción, a sintonizar con su propia
naturaleza y a aceptar su destino, entonces ha alcanzado la felicidad y su muerte
será dichosa.

Esta actitud básica que nos presenta Epicteto es una invitación a cultivar
la actitud de vigilancia hacia nuestra vida y preocuparnos por nuestro destino. De
esa manera evitamos prodigar nuestro tiempo en afanes inservibles, en compensar
deseos que, en vez de ser integrados, nos exigen mayor solicitud, y en sueños
inalcanzables que intentan perturbar nuestra realidad.

Al apropiarnos de nosotros mismos nos enfrentamos con la “amargura”,


síntoma del abandono y despreocupación hacia nuestro ser, ya sea por nuestra

50 Brun, 1997, p. 75.


327
CuadMon 214 (2020) 307-330

propia negligencia, por nuestra formación religiosa y educativa o por las


circunstancias que nos rodean. Pero, al mismo tiempo, este indicio señala un
deseo insaciable de entrar al misterio que somos nosotros mismos. Al acogernos,
instituimos una sana distancia con respecto a los demás y a las cosas, dejamos
que muera la falsedad de la que estábamos arropados. Percibimos que somos
diferentes y únicos, pese a las dificultades que encontramos. Así empezamos a
vivir conforme a nuestra naturaleza dada por Dios.

2. En san Benito, la muerte no posee un significado único; es decir,


depende de las circunstancias. Su sentido obedece a cómo ha vivido la persona:
si dispuso su vida para la realización del plan de Dios, su muerte se constituirá en
nacimiento a una vida eterna; pero si se entregó a su voluntad egoísta e interesada,
siendo rebelde y obstinada, su deceso será un castigo eterno. En ambos casos,
Dios no interviene, respeta el libre albedrío de la persona. Pero no se muestra
castigador, ni justiciero, al contrario, es paciente y misericordioso. No es
indiferente al pecado del hombre, sino que sale en su búsqueda: ya lo apunta san
Benito “Efectivamente, el Señor te dice con su inagotable benignidad: No quiero
la muerte del pecador, sino que cambie de conducta y viva”51.

En el Padre del monacato occidental, Dios no es considerado como


un Absoluto cuya principal función es regular nuestra vida, mantener el orden
establecido en la creación y castigarnos si no acatamos su lógica divina.
Evidentemente una concepción de esta magnitud crea en nosotros una opinión
espeluznante sobre la muerte. Pero no. La noción de Dios para san Benito es
totalmente distinta: tiene una mayor amplitud y un sentido profundo. Es el
Señor que nos promete la vida eterna, compartir con Él su reino y la felicidad si
vivimos obedientes a sus mandatos, si nos esforzamos en serle fieles en medio
de las adversidades, si nos dejamos corregir al desviarnos del camino seguro y
si perseveramos en su doctrina y magisterio. Todas estas actitudes no tendrán
su eficacia si no parten de una experiencia fundante de Dios en nuestra vida. Es
decir, no somos nosotros los que buscamos la experiencia de Dios como si se
tratase de un proyecto nuestro, sino que es Dios mismo el que irrumpe con su
gracia en nuestra vida sin tomar en cuenta nuestros méritos. Toma posesión de
nuestra existencia, la recrea, cambia nuestra visión y sensibilidad de la realidad,
y por supuesto, nuestra opinión sobre la muerte (a la cual dejamos de sentir
pánico). Ante semejante benevolencia, nosotros optamos por ofrecer nuestra vida

51 Trad. en 2000, p. 70.


328
DOS ACTITUDES ANTE LA MUERTE: EPICTETO Y SAN BENITO, José Luis Villacís, OCSO

encauzándola en la consecución de los bienes imperecederos, “ser fieles a nuestra


vocación cristiana”52, viviendo intensamente cada día como si fuera el único bien
del que disponemos y teniendo el convencimiento de que después de la muerte
nos espera el Señor para darnos en posesión la vida eterna.

5. Referencias

-Audioguiaroma (2017). La Edad de Oro del Imperio.


http://www.historia-roma.com/17-edad-de-oro.php

-AYMARD, P. (1989), Vida de San Benito, 3ª. ed. Madrid: San Pablo.

-BRUN, J. (1997), El estoicismo.


https://bondideapuntes.files.wordpress.com/2015/11/brun-el-estoicismo.
pdf
-CAVALLÉ, M. (2007), “Las emociones: aplicación de las enseñanzas de
Epicteto”, en CAVALLÉ, M. & MACHADO, J. D. (Eds.), Arte de vivir, Arte de
pensar. Iniciación al asesoramiento filosófico (pp. 119-141), Bilbao: Desclée de
Brouwer, S.A.

-COLOMBÁS, G. & ARANGUREN, I., (2000), La Regla de San Benito.


3ª. ed. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.

-COLOMBÁS, G. & ARANGUREN, I. & SANSEGUNDO L. M. (2010),


San Benito. La Regla; San Gregorio Magno. Vida y milagros del venerable
Benito, Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.

-COPLESTON, F. (2004), Historia de la Filosofía, Volumen 1, I: Grecia


y Roma, II: De San Agustín a Escoto. Barcelona: Ariel.

-DE LA TORRE, J. (2009), Literatura cristiana antigua, entornos y


contenidos V. Desde las postrimerías del Imperio Romano de Occidente hasta
los albores de la oscura Edad Media Latina, Zamora: Monte Casino.

52 Pascual, 1989, p. 159.


329
CuadMon 214 (2020) 307-330

-EPICTETO (1993), Disertaciones por Arriano


http://biblio-sem.blogspot.mx/2013/07/acceder-la-biblioteca.html

-EPICTETO, (1995), Manual. Fragmentos


http://biblio-sem.blogspot.mx/2013/07/acceder-la-biblioteca.html

-FERRATER, J. (1998), Diccionario de Filosofía E-J, Barcelona: Ariel


Referencia.

-GONZÁLEZ, A. (1981), Trasfondo escatológico de la Regla de San


Benito, Cistercium 159, pp. 41-51.

-GUEVARA, M. L. (27 de noviembre de 2009), Cultura clásica 1. Los


Dioses griegos.
http://latinygriego.webcindario.com/4_diosesgriegos.pdf

-PASCUAL, A. (1989), Instrumentos del arte espiritual. Reflexiones


sobre el capítulo cuarto de la Regla de san Benito, Zamora: Monte Casino.

-VARGAS, W. (2013), El problema de la muerte en el estoicismo romano:


Epicteto, Séneca y Marco Aurelio, Psiquiatría Universitaria, 9 (2), pp. 173-177.

-VOGÜÉ, A. (1985), La regla de san Benito. Comentario doctrinal y


espiritual. Zamora: Monte Casino.

Monasterio Cisterciense “Santa María del Paraíso”


Ap. 05-01-259 Latacunga
ECUADOR

330
CRISTO, “TERTIUS INTER NOS”
La amistad en san Elredo,
una relectur a entre amigos
Fausto María Couzo, OCSO1

Introducción

“Una tradición que no se la


enriquece y comunica es una tradición
abortada. Pero no siempre es fácil ni
evidente enriquecer un patrimonio
sin traicionarlo. La comunicación de
una tradición viva ha de pasar por el
corazón de quienes la han recibido y
ha de estar destinada al corazón de
quienes la recibirán. El único criterio
de la autenticidad del proceso son los
frutos de vida”2.

Miniatura de Elredo en un manuscrito medieval.

2
Quien escribió estás líneas me invitó a compartir con un público más
amplio el presente trabajo sobre la amistad espiritual en Elredo de Rieval. Valgan
sus palabras y algunas más para poner en contexto el cuerpo del artículo.

1 Monje del Monasterio de Nuestra Señora de los Ángeles, Azul (Argentina).


2 OLIVERA, Bernardo, “Amistades transfiguradas. Amigos y amigas por el Reino”,
Publicaciones Claretianas, 2000, p. 39.
CuadMon 214 (2020) 331-350

En mi primer acercamiento al Diálogo sobre la amistad, me sorprendió


la vigencia de la doctrina que allí se planteaba, la hondura de un tipo de relación
que hoy muchas veces se banaliza y, sobre todo, el enraizamiento teologal y
cristológico en el que el santo ubica el fenómeno de la amistad. Impulsado por
el deseo de compartir lo descubierto, di a luz un escrito en el que intenté poner
al alcance de un puñadito de amigos y amigas consagrados algunas de las notas
características de esta amistad. Pido entonces encarecidamente que se lo lea
teniendo en cuenta su género: una compartida entre amigos. No busqué darle un
estilo académico, ni una gran precisión terminológica. Tampoco exponer toda su
doctrina de un modo sistemático. Más bien procuré hablar en un tono amigable
sobre la amistad, presentar con algo de buen humor su doctrina y releerla con
frescura juvenil desde la hora en que nos toca vivir. He agregado las referencias a
la obra de Elredo para facilitar el contacto con la fuente y por razones de brevedad
omití algunos puntos que no tocaban directamente a la temática amistosa.

Mis palabras se dirigen entonces, principalmente, a los jóvenes


consagrados que han respondido afirmativamente con su vida a la pregunta de
Jesús: “¿Me quieres como amigo?”3. Y que han encontrado en la amistad con él esa
experiencia fundamental que sostiene su vida cristiana4. Y, por favor, recuerden
leerlo entonces ¡cum grano salis!.

Queridos Amigos:

Comencemos con una buena dosis de sinceridad: leer a un Padre


Cisterciense no es tarea fácil, ¡empezando porque nos separan unos 800 años!
Tienen también otro modo de hacer exégesis bíblica, otro lenguaje y se encuentran
en el período pre-escolástico (santo Tomás ni siquiera había nacido). Imagínense
ustedes que su médico les recetó tomar vitamina C. Leer a uno de nuestros
contemporáneos es como tomarse una vitamina C efervescente. Leer a cualquier
autor medieval se parece más a ir al bosque, encontrar un naranjo, treparse al
árbol, arrancar unas cuantas naranjas, llevarlas a la cocina, exprimirlas y tomarse
el jugo. ¡Yo, además, doy gracias de tener a alguien que me indicó más o menos
por dónde quedaba el naranjo!

3 S. S. FRANCISCO, Exhortación apostólica postsinodal “Christus vivit”, nº 250.


4 Ibid., nº 128.
332
CRISTO, “TERTIUS INTER NOS”, LA AMISTAD EN SAN ELREDO, Fausto María Couzo, OCSO.

Agrego también que soy un férreo defensor del método heurístico, es


decir, de animarse a investigar por uno mismo y sacar algunas conclusiones,
¡aunque no tengamos más que el diploma del secundario! Los animo a ello.
Intentando expresar lo que se comprende, uno comprende más. La verdad se
reviste de caridad cuando transmitimos lo que contemplamos como verdadero,
bueno y bello.

¿Quién fue san Elredo de Rieval?5

Elredo nació en una familia muy católica en Inglaterra, allá por el año
1110. Estudia un poco y ya de adolescente sus familiares lo mandan a la corte del
rey de Escocia. Llega a ser algo así como ecónomo general de la corte. Además,
se hace muy amigo de los hijos del rey y lleva una vida más bien libertina.

En un viaje diplomático conoce Rievaulx o Rieval, una abadía cisterciense


que había sido fundada por Claraval hacía apenas dos años. La Orden de los
“monjes blancos” recién estaba comenzando a expandirse. Se cree que el pobre
Elredo estaba pasando por una gran crisis y una gran búsqueda. Con 24 años de
edad entra como novicio. Comienza su vida monástica con mucho fervor y diez
años después lo nombran maestro de Novicios. Luego, abad de una casa hija y
luego del mismo Rieval, cargo que desempeñará hasta su muerte en 1167, con 57
años. Pasó sus últimos años muy enfermo, lo llevaban arriba de una colcha de acá
para allá (era como la silla de ruedas de aquella época).

¿Qué se puede decir de su obra?

Se conservan varias obras escritas por él. Unas más de doctrina espiritual,
otras más históricas o hagiográficas. Fuerte influencia agustiniana, es decir que
en su mesita de luz siempre tenía las Confesiones. Se conservaron muchísimos de
sus sermones litúrgicos, pero las más de 300 cartas que escribió están actualmente
perdidas. También escribió algunas oraciones no muy largas que han tenido cierta
difusión, como la Oración Pastoral (la hace un abad consciente de sus limitaciones

5 Para una exposición sucinta de su vida y de sus dos principales obras: GASPAROTTO, Pedro,
“De Cicerón a Cristo. La amistad espiritual en Elredo de Rieval”, Cuadernos Monásticos 87,
1988, p. 437.
333
CuadMon 214 (2020) 331-350

y, al mismo tiempo, de su gran responsabilidad) y Iesus Dulcis memoria (algunas


de sus estrofas se cantan en las parroquias para la adoración al Santísimo: “Oh
Jesús, de dulcísima memoria que nos das la alegría verdadera, más que miel y que
toda otra cosa, nos infunde dulzura tu presencia”).

Su primera gran obra la escribe por encargo de san Bernardo de Claraval:


El Espejo de la Caridad. Algunos se animaron a ponerlo a su altura llamándole
“el Bernardo inglés”. Lo cierto es que, aunque no se queda muy atrás, no tuvo ni
la influencia, ni la fecundidad literaria de Bernardo.

¿Qué es el “De Spiritali Amicitia”?6

Es un escrito en forma de diálogo dividido en tres libros que trata sobre


la amistad. Sus interlocutores son tres de sus amigos monjes: Ivo (solo aparece
en el primer libro) y Walter Daniel con Graciano (estos aparecen peleándose
continuamente en el segundo y tercer libro, pero al final se reconcilian).

Elredo lo escribió por tres razones: quería aprender a amar y a amar


bien; también deseaba encauzar el río de sus pensamientos y creyó que escribir
le ayudaría y, finalmente, por si a alguno le resultaba de provecho lo que allí se
decía. ¡Y ya lo creo que sí!

Gracias a esta obra, pasó a la historia en la temática amistosa. ¡Alguno


incluso se atrevió a llamarle “Doctor de la Amistad Cristiana”!7. Es verdad que le
debe muchísimo al De Amicitia de Cicerón, que también vale oro y es una de sus
principales fuentes, junto, por supuesto, con la Biblia. Y nos tenemos que sacar el
sombrero también ante san Agustín, san Juan Casiano (Conferencias XVI), santo
Tomás y san Aristóteles. Por no nombrar a todos aquellos que escribieron con sus
propias vidas un tratado o, mejor, un canto a la amistad, llegando al mayor de los
amores: “dar la vida por los amigos” (Jn 15,13).

6 Para una selección de textos: Cuadernos Monásticos 19, 1971: “Práctica de la Amistad”, pp.
91-114. Recientemente reeditado por ed. Ágape en formato libro: “Sobre la Amistad”, 2018, pp.
29-48.
7 Cf. DUBOIS, p, LXXXII. Citado por GASPAROTTO, Pedro en “La Amistad cristiana según
Elredo de Rieval”, 1987, Universidad Pontificia de México, p. 20.
334
CRISTO, “TERTIUS INTER NOS”, LA AMISTAD EN SAN ELREDO, Fausto María Couzo, OCSO.

Juzguen ustedes mismos si se merece ese título y a mis excursus tómenlos


con pinzas. Empecemos con una pregunta fácil:

¿Cuántas personas se necesitan como mínimo para que nazca una


amistad?

¡Piénsenlo al menos por un segundo!

Bueno, Elredo deja claro desde el comienzo mismo de su diálogo que


para que nazca una verdadera amistad cristiana no son necesarias dos personas,
sino: ¡tres! No sé cuántos de ustedes habrán acertado. El Santo inicia así su obra
dirigiéndose a Ivo: “He aquí que estamos tú y yo y espero que el tercero entre
nosotros (tertius inter nos) sea Cristo”8. Cristo siempre está presente en una
amistad cristiana: ¡como tercer amigo! Podríamos preguntarnos incluso si no
sería más justo decir que Él no es el tercero en la amistad, sino el primero: Él
precede y preside la relación entre uno y otro. O también se podría decir que es
el segundo, dado que está entre el primero y el tercero; es decir, entre los amigos
está el Amigo. ¡Pero no nos enredemos en una cuestión de números ordinales!
Percibamos la esencia: Cristo es el centro y la fuente de esta relación de amistad
y su presencia es indispensable.

Algunos aventuran a decir que hay una alusión bíblica a Mt 18,20:


“Donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio
de ellos”. La Regla del Movimiento Manquehue propone además un confer
con Eclesiastés 4,9-12 en donde aparece la bella imagen de la cuerda hecha de
tres hilos: ¡irrompible!9. Además, conociendo uno de los modelos favoritos de
amistad bíblica para Elredo, yo me inclinaría también por el pacto entre David
y Jonatán: “Que el Señor esté entre tú y yo, entre mi descendencia y la tuya
para siempre” (1 S 20,42). Volveremos sobre estos dos personajes. Recordemos
también a los discípulos que caminaban hacia Emaús: caminaban con Cristo, aún
sin reconocerlo y sus corazones ardían al escucharlo.

8 Spiritali Amicitia I,1. En general, para la traducción uso la versión de Padres Cistercienses,
Ed. Claretiana, “Caridad. Amistad”, t. 9, 1982; o bien, la de Biblioteca Cisterciense, Ed. Monte
Carmelo, “La amistad espiritual”, t. 4, 2002. En adelante simplemente pongo entre paréntesis en
el cuerpo el Nº del libro y el Nº del párrafo.
9 Regla del Movimiento Manquehue, 25,16.
335
CuadMon 214 (2020) 331-350

Si la amistad espiritual es un tipo de amistad, ¿hay otros tipos?

En realidad, Elredo es bastante contundente en esto: la amistad, la


verdadera amistad, es la cristiana. Si hay otras relaciones que en algo se parecen
a ella, son más bien desfiguraciones de esta. Usurpan el nombre de amistad.
Veamos tres de estas pseudo-amistades:

- Amistad carnal: (I,39) es la que nace entre aquellos que buscan


compartir con otros sus vicios y el placer por sí mismo. Es la amistad
de los hedonistas.

- Amistad mundana: (I,42) nace entre aquellos que buscan ganancias


materiales. Puede perdurar mientras dure la prosperidad, pero en
cuanto llega la miseria, sucumbe. Elredo dice graciosamente que
el amigo que desaparece cuando se nos termina la fortuna, no era
amigo nuestro, ¡sino que era amigo de nuestra fortuna! Me viene
a la memoria la típica pareja de “malos” en novelas y películas
cuya relación está basada en infligir un mal o en llegar a un bien
por caminos deshonestos. ¡Casi siempre terminan traicionándose o
abandonándose cuando la cosa “se pone fea”!

- Amistad pueril: (II,57) es una amistad en la que predomina el afecto


y no hay casi nada de razón, es decir, carece de discernimiento.
Se la podría llamar también sentimental y es típica entre niños y
adolescentes.

Estas amistades desaparecen con la misma facilidad con la que aparecieron.

Creo que este mundo de las amistades venidas a menos se podría ampliar
mucho mirando nuestro hoy. ¿Qué hubiera pensado este santo si hubiera conocido
a lo que se le llama “amigo” en facebook? En este caso a la persona simplemente
conocida o a veces ni eso se la llama “amigo”. Basta, en realidad, con que pongamos
cualquier otra cosa en el centro de la relación de amistad para que descubramos su
falsedad: amistades basadas en la búsqueda de poder, en la adulación mutua, en
la popularidad, juego de influencias, etc. Aunque quizás lo que más abundan son
las amistades superficiales,
superficiales que nacen y mueren por hechos circunstanciales o de
conveniencia. Los amigos no terminan de salir del amor a sí mismos. Puede sonar
un poco duro, pero a veces son un mero encuentro de egoísmos.
336
CRISTO, “TERTIUS INTER NOS”, LA AMISTAD EN SAN ELREDO, Fausto María Couzo, OCSO.

También es cierto que hoy somos más capaces de ver una escala de grises
entre el blanco y el negro. Hay amistades en las que Cristo no está en el centro
de la relación, pero no por eso son detestables. ¿Qué diríamos de las personas
que traman su amistad en torno a la ayuda voluntaria a los más necesitados, a la
búsqueda de la verdad, etc?

¿Qué nos reporta de “útil” una amistad?

¡Nada más ni nada menos que la amistad misma! Creo que esta es una
de las respuestas más bellas. Escuchémosle: “La amistad que con toda verdad
merece el nombre de espiritual, no comienza en la búsqueda de utilidad temporal
ni en ninguna otra cosa exterior. El corazón del hombre la desea por la dignidad
intrínseca de su naturaleza y su fruto no es otro que ella misma” (I,45). Esto
impregna de gratuidad la relación. Elredo tenía muy claro que las personas no
pueden ser nunca medios, sino fines. El otro, el amigo, es un fin en sí mismo.
“Todavía no sabe qué es la amistad, aquel que quiere obtener de ella otro beneficio
fuera de ella misma” (II,61).

Esto no quita que reconozcamos que la amistad nos aporta otros bienes,
nos ayuda a crecer o que puede llevarnos a una mayor integración de nuestra
personalidad; pero sería torcido buscar tener un amigo para lograr estos bienes.
¿Qué pensaríamos de alguien que careciera de algunos filtros y nos dijera algo
así como: “Hola, quiero ser tu amigo porque necesito crecer en mi integración
afectivo-sexual”? Probablemente nos sentiríamos “usados” y yo le daría un
tremendo portazo. En resumen, ¡lo mejor de la amistad es la amistad!

¿Deus amicitia est? ¿Dios es Amistad? (I,69 ss.)

¡Pero qué pregunta más osada! No la inventé yo. Es el mismo Ivo el que
se atreve a formulársela a Elredo después de que este equiparara la amistad con
la sabiduría. Elredo parece titubear ante la pregunta y responde que tal expresión
no se encuentra en la Biblia, pero a renglón seguido dice: “Sin embargo no vacilo
en decir de la amistad lo que se aseveró de la caridad: Quien permanece en la
amistad, permanece en Dios y Dios permanece en Él.” (cf. 1 Jn 4,16).

337
CuadMon 214 (2020) 331-350

Si recordamos que el diálogo es un género literario y que su elaboración


nace de un autor con una intención, quizás lleguemos a la conclusión de que no en
vano dejó Elredo esa pregunta y contestó de ese modo. Lo que quiero decir, y esto
es cosa mía, es que si la afirmación de san Juan de que “quien permanece en el
amor permanece en Dios y Dios permanece en él” está basada en la identificación
entre el amor y Dios, esto vendría a significar que Elredo está identificando a Dios
con la amistad. En mi opinión no fue más que un pequeño artilugio para afirmar
que Dios es Amistad sin dejar de sonar ortodoxo. ¡En caso contrario, su librito
podría haber terminado en la hoguera!

Pero veamos la cuestión independientemente de la intención de Elredo,


que no conocemos con total certeza. ¿Es tan escandaloso afirmar que “Dios es
Amistad”? Si Dios se nos ha revelado como Amor y este Amor es tan grande
que todo lo que podemos balbucear sobre él es legítimo pero limitado (lenguaje
analógico), ¿no podríamos afirmar que él es Amistad, entendiéndola como una
cara más de ese Amor Inconmensurable y que nos ayuda a acercarnos un poco
más al Misterio?

Irresumible…

Esta parte es irresumible, por lo profunda y bien escrita que está. No me


quedó otra que agregarla íntegra. Dice el Santo hablando sobre la amistad:

“Entre las cosas humanas, nada más santo se puede desear, desear nada más
provechoso se puede buscar, nada se encuentra más difícilmente, de
nada se tiene tan dulce experiencia y nada más provechoso se puede
tener. Pues lleva en sí el fruto de vida que permanece, en el presente y
en el futuro. Sazona con su dulzura todas las virtudes, atraviesa todos
los vicios con la fuerza de su poder, mitiga la adversidad y modera la
prosperidad. De modo que, entre los mortales, nadie puede sufrir el ser
feliz careciendo de amigos. Y es comparado a las bestias el hombre
que no tiene junto a sí quien con él se alegre en las cosas felices y se
contriste en las tristes; el que carece de quien lo distraiga de todo lo que
la mente concibe de molesto o que, si a algo fuera de lo común sublime
y luminosamente alcanza, no encuentra con quien compartirlo. ¡Ay del
solo, porque si cae, no tiene quien lo levante! Está absolutamente solo
quien no tiene amigo. Y, ¿cuánta felicidad, seguridad y alegría si tienes
338
CRISTO, “TERTIUS INTER NOS”, LA AMISTAD EN SAN ELREDO, Fausto María Couzo, OCSO.

alguien a quien te atreves a hablar como a ti mismo,


mismo a quien no temes
confesar tus errores, a quien no te sonroja manifestar tu crecimiento
espiritual, a quien confiesas todas las cosas secretas de tu corazón y en
cuyas manos pones tus proyectos! ¿Hay fuente de mayor júbilo que la
unión de dos almas, que de dos se hacen una, de modo que no teman
jactancia ni suspicacia alguna, ni se sientan heridas por la corrección
que puedan hacerse, ni deban reprocharse adulación cuando uno al otro
elogia?

El amigo es medicina de vida10 dice el Sabio. ¡Excelente expresión! Pues


en toda nuestra vida terrena no hay medicina más reconfortante, eficaz
y notable para curar nuestras heridas que tener quien se nos acerque
compasivo en nuestra adversidad y jubiloso en nuestra prosperidad. De
modo que, poniendo el hombro, según las palabras del Apóstol, soportan
juntos las cargas, estimando cada uno que la suya es más liviana que la
de su amigo. La amistad torna más espléndidas las cosas que nos hacen
felices, condivide las adversas y pone en comunión las más leves. Por
felices
consiguiente, el amigo es óptima medicina de vida. Hasta el pagano
encontró su placer en ella, pues en muchas ocasiones ni el agua ni el
fuego nos son tan útiles como el amigo. En toda ocasión y en toda
empresa, en la certeza y en las dudas, en cualquier acontecimiento
y cualquiera sea la fortuna, en secreto y en público, en cualquier
perplejidad, fuera y dentro de casa y en todo lugar, reiteramos, es grata
y útil la amistad, y necesario el amigo. Como dijo Tulio11 de los amigos:
Aun estando ausentes se acompañan mutuamente: pobres, mutuamente
se enriquecen; enfermos, se curan y, lo que es más difícil de decir:
estando muertos, viven” (II,9-13).

¿Qué es la doctrina de los “tres besos”? (II,22-27)

Para comprender esta parte es necesario que recordemos aquello de que


Cristo es el tercero entre los amigos y agregar algo más: Él está allí inspirando el
amor de amistad y atrayendo a los amigos entre sí y hacia sí. Para usar la imagen
de Doroteo de Gaza, podríamos decir que los amigos son como los rayos de una

10 Si 6,16.
11 CICERÓN, Marco Tulio: “De Amicitia”, VII,23, Ed. Gredos, 1999, p. 36.
339
CuadMon 214 (2020) 331-350

rueda de carreta y Cristo es el eje: mientras más se acercan los rayos al eje, ¡más
cerca están los unos de los otros! Ambas amistades están interconectadas. Elredo
lo diría así: “Si un amigo se adhiere a su amigo, en el espíritu de Cristo, llega a
ser con él un solo corazón y una sola alma, y si asciende por este escalón de amor
a la amistad con Cristo, se hace con él un espíritu en un beso”.

¿Cómo es entonces lo del beso? Se trata de un símbolo, un símbolo de


unión. Elredo lo toma del Cantar de los Cantares: el deseo de la amada de besar
al amado. Quizás les pueda resultar extraña la utilización de esta imagen para
hablar del amor de amistad. Lo cierto es que el Cantar de los Cantares era para
los Padres Cistercienses uno de los libros más leídos y rezados de la Biblia. En
su exégesis, iban más allá del sentido literal y descubrían en la relación entre el
amado y la amada, si me permiten la expresión, un “paradigma del vínculo” con
todas sus notas características: deseo, ausencia, búsqueda, gozo del encuentro,
unión, etc. Varios de ellos escribieron incluso comentarios o compusieron
sermones siguiendo cada uno de sus versículos. Elredo no hizo tal cosa, pero
podríamos decir que en estos párrafos él escribió su pequeñísimo comentario al
Cantar sin rival. Basándose sobre todo en su realidad unitiva, Elredo habla de tres
besos en una escala ascendente que están presentes en la amistad cristiana:

- Beso corporal: entre los amigos, se da luego de una larga ausencia


o en señal de reconciliación y también en la paz litúrgica.

- Beso espiritual: no se da con los labios, sino con el afecto del alma.
El Espíritu Santo está presente en él y lo hace casto y puro. Es un
anticipo del cielo y el amigo sabe percibir en su dulzura la dulzura
del mismo Cristo. Cristo ofrece este beso a través del amigo.

- Beso intelectual: esta experiencia nos lleva a querer recibir este


beso, pero directamente de Cristo. Escuchemos a Elredo: “¡Oh, si
Él mismo se me acercara! Suspirando por el beso intelectual, clama:
¡Que me bese con el beso de su boca!” (Ct 1,1). Estamos nada más
ni nada menos que ante una experiencia extática, mística. Quizás
por eso nos extrañe el que se le llame “intelectual”. En este punto
debo recurrir a lo que por allí escribió mi abad emérito: “Una posible
respuesta sería: dado que el amor perfecto para Elredo une el afecto
y la razón, en este beso se ha producido una perfecta integración y

340
CRISTO, “TERTIUS INTER NOS”, LA AMISTAD EN SAN ELREDO, Fausto María Couzo, OCSO.

por eso la ratio sapit”12. Esta es una expresión de otra de sus obras:
la razón “saborea”13.

¿Qué hay de las amistades heterosexuadas, es decir entre el hombre y


la mujer?

En este punto hay que dejar claro que Elredo se dirigía principalmente
a sus monjes. Sin embargo, cuando le preguntan acerca del origen de la amistad
contesta con una especie de “Historia de Salvación” vista desde la óptica de la
amistad y habla de Adán y Eva como de los primeros amigos, la amistad original:
“Cuando Dios creó al hombre, para recomendar con mayor insistencia el bien de
vivir en sociedad, dijo: No es bueno que el hombre esté solo, hagámosle una ayuda
semejante a él14. Entonces el Poder divino plasmó esta ayuda, no de una materia
parecida o igual, sino que de la misma sustancia del hombre creó a la mujer para
expresar la caridad e incentivar la amistad. Es hermoso que del costado del primer
ser humano surgiera el segundo, para que la misma naturaleza nos enseñase que
todos somos iguales –casi diría co-laterales–, no siendo ni superiores ni inferiores
en lo que respecta a las cosas humanas, lo cual es propio de la amistad” (I,57). ¡Y
esto para que después nos digan que los cristianos somos unos machistas!

Quedan claras dos cosas: la amistad entre el hombre y la mujer es posible


y la igualdad es algo necesario para que nazca esa amistad. En estos personajes
bíblicos se entiende que la amistad se da además dentro de una relación de pareja.

Sabemos que la amistad heterosexuada puede estar abierta a una relación


de pareja. En el caso de los consagrados, como nosotros, constituye un fin en sí
misma. Este tipo de relaciones no deja de ser desafiante, por el hecho de que la
atracción que en nosotros generan las personas del otro sexo no cesa con nuestro
voto de castidad, aunque sí se hace presente un don especial del Espíritu Santo
para poder vivirlo. Pero volvamos a Elredo: ¿su doctrina sobre la amistad ilumina
en algo este tipo de amistades entre consagrados? Bueno, yo diría que todo lo
dicho sobre la amistad en general ilumina mucho este tipo de relaciones, pero
en especial su enseñanza sobre el “transfert”. ¿Qué cosa? Es una explicación que
desarrolla más en su libro: “El Espejo de la Caridad”, pero que está presente

12 OLIVERA, Bernardo: “Elredo de Rieval. Vida y obra”, Azul, 2015, Pro-Manuscripto.


13 Espejo de la caridad III,20:48.
14 Gn 2,18.
341
CuadMon 214 (2020) 331-350

también en esta obra. Básicamente hace referencia al hecho de que nuestros


sentimientos o, podríamos decir, motivaciones en una determinada relación
pueden ir transformándose en otros casi imperceptiblemente. Esto puede llevarnos
a ascender en la escala de la amistad o a descender.

Veamos al menos un ejemplo de ascenso, que podría verse como descenso


simplemente mirándolo a la inversa. Los interlocutores de Elredo están un tanto
“abrumados” por la sublimidad de la amistad espiritual y le dicen: “Esta amistad
nos resulta tan sublime y perfecta, que no nos atrevemos a aspirar a ella. Para
Graciano y para mí es suficiente lo que describe tu Agustín: Conversar, reír,
servirnos mutuamente con benevolencia, leer juntos, estudiar juntos, hacernos
bromas y divertirnos juntos, disentir a veces sin odio, como puede un hombre
hacerlo consigo mismo, y con esa misma, rarísima, disensión, condimentar los
muchísimos acuerdos; enseñarnos mutuamente y mutuamente aprender, sentir
nostalgia por los ausentes y recibir con alegría a los que llegan”15 […](III,85).
Y Elredo les responde con la propuesta de un “transfert” a un escalón superior:
“Tal amistad, excluidas las frivolidades y mentiras, y si no se mezcla ninguna
deshonestidad, es tolerable, en espera de una gracia mayor, como cierto comienzo
de una amistad más santa. Cuando hayan crecido la amistad y el interés por el
estudio de las cosas espirituales, llegada la gravedad de la edad madura, iluminado
el sentido espiritual y purificado el afecto, podrán avanzar hacia cosas más altas a
partir de esta base. Como decíamos ayer: de la amistad con el hombre, por cierta
semejanza, pasamos fácilmente a la amistad con Dios” (III,87).

La maduración natural y la iluminación sobrenatural que se perciben


como proceso en este párrafo son claves perennes para la amistad heterosexuada
entre consagrados.

¿Cómo es eso de la “Historia de Salvación” en clave amistosa?

San Elredo no se propone escribir esta historia de modo ordenado. Más


bien hay que irla descubriendo a lo largo de los tres libros que componen el
Diálogo. Dándome el permiso de completarla o ¡empeorarla!, sería algo así:

15 SAN AGUSTÍN, “Confesiones” IV,4, B.A.C.: t. II, p. 158.


342
CRISTO, “TERTIUS INTER NOS”, LA AMISTAD EN SAN ELREDO, Fausto María Couzo, OCSO.

-Amistad Cósmica: (I,53-56) Dios nos ha dejado en su creación formas


que reflejan la amistad, la sociedad y el amor. Esto lo ve Elredo tanto en los
seres inanimados, que suelen estar agrupados según su género, como en los seres
sensibles; por no hablar de la comunidad de los ángeles, en la que la amistad evita
la envidia y aumenta el júbilo entre ellos.

- Caridad y amistad unidas: (I, 57-58) la primera pareja de seres humanos


eran amigos. En ellos la caridad y la amistad formaban una única realidad, pero
la Serpiente les vendió gato por liebre y el pecado se expandió. Diría Menapace:
“¡fue como patear un fueguito en un pajonal!”.

- El Paraíso de la amistad, perdido: (I, 59) el pecado original disoció la


amistad de la caridad. A partir de ese momento acaba la amistad entre todos: la
división y la enemistad entran en la historia. Las consecuencias no solo se registran
entre los hombres, sino también en la relación con Dios. Así lo expresa bellamente
la Plegaria Eucarística número IV: “Cuando el hombre, por desobediencia,
perdió tu amistad…”.

- El Pueblo de sus amigos: El Señor no nos abandonó, sino que buscó


restablecer el vínculo. Abraham fue llamado “amigo de Dios” (St 2,23). “El Señor
conversaba con Moisés cara a cara, como lo hace un hombre con su amigo” (Ex
33,11). El Pueblo de Israel es llamado por el salmista: “el pueblo de sus amigos”
(Sal 148,14), ¿acaso no se puede descubrir en la Primera Alianza un pacto de
amistad entre Dios y los hombres?

- Y el Verbo se hizo Amigo: hemos visto que la igualdad es propia de


la amistad. ¡Qué bello pensar que Dios se hizo hombre para poder ser igual a
nosotros y así ser plenamente amigo nuestro!

- Vida cristiana y amistad: la amistad verdaderamente indispensable para


todo cristiano, aquella que no puede faltar, es una: la amistad con Cristo.
Cristo Elredo
desarrolla una rica doctrina descubriendo que una verdadera amistad entre los
hombres, lejos de desviarnos de nuestro fin, puede ser un real aliciente para llegar
a Él. Sin embargo, esto no puede descuidar la caridad para con todos a la que
Jesús nos llama, especialmente a los más necesitados de amor.

343
CuadMon 214 (2020) 331-350

- En el cielo: Elredo desarrolla incluso una suerte de “escatología de


la amistad” y así concluye su Diálogo: “La plenitud de la amistad espiritual la
esperamos en la eternidad, cuando desaparezca el temor que ahora sentimos entre
nosotros y nos mantiene en tensión, cuando se esfumen todas las contrariedades
que debemos sufrir unos por otros, cuando se destruya el aguijón de la muerte
por la muerte misma, aguijón cuyas punzadas nos oprimen con frecuencia y son
causa de afligirnos unos a otros. Alcanzada por fin la seguridad, gozaremos de la
eternidad de aquel Sumo Bien. Esta amistad a la que aquí podemos admitir solo
a unos pocos se extenderá a todos y desde todos se verterá en Dios para que Dios
sea todo en todos” (III,134). ¡Todos en el cielo seremos amigos! ¡Gran fiesta!

¿Tengo que elegir a mis amigos? ¿Tengo que hacerles una prueba?

Vamos descubriendo que la amistad que propone Elredo no es para


cualquiera. Ya los antiguos reconocían que la verdadera amistad solo existe
entre los buenos, entre los virtuosos. El santo propone incluso dos pasos antes
de admitir a un amigo: la elección y la probación. Esto ya de por sí nos dice que
llegar a ser amigos es un proceso. Si existe el amor a primera vista, la amistad a
primera vista es algo más bien raro.

- La elección: (III,14-20) nuestro autor se detiene sobre todo en cuatro


clases de personas que no deberíamos elegir para esta amistad por no poseer las
cualidades para vivirla. Pero, ¡ojo! Elredo especifica en más de una ocasión que
hay que excluir solo a los que no quieren ordenar estas pasiones, podríamos decir,
a los que “no quieren cambiar”.

Estos son: los coléricos


coléricos: hacen un escándalo agresivo por cualquier
cosa. Los inestables
inestables: atentan contra la estabilidad de la amistad. Los suspicaces
suspicaces:
¡siempre están sospechando de todo! Los locuaces
locuaces: imposible contarles un secreto
y que lo guarden. En este punto reconozco que nos puede resultar un poco raro,
un poco calculador todo esto. Lo cierto es que la mayoría de la gente hace este
proceso inconscientemente. Por ejemplo, puede caerme simpática una persona y
busco una mayor cercanía para iniciar una relación más profunda, pero resulta
que me doy cuenta de que le “saca el cuero” a sus otros amigos y además es
bastante iracunda.

344
CRISTO, “TERTIUS INTER NOS”, LA AMISTAD EN SAN ELREDO, Fausto María Couzo, OCSO.

Admito también que hoy somos más “sensibles” a la Providencia en lo


que a iniciar una amistad se refiere. Aunque me digan que esto ya no es un jugo
de naranja, sino vitamina C efervescente, déjenme citarles a C. S. Lewis: «Para
un cristiano no hay –estrictamente hablando- azares. Un Maestro de Ceremonias
ha estado actuando en secreto. Cristo, que dijo a los discípulos: “No son ustedes
los que me eligieron a mí, si no yo el que los elegí”, con toda verdad puede decir
a cada grupo de amigos cristianos: “Ustedes no se han elegido unos a otros, sino
que yo los elegí a unos para otros»16.

- La Probación: (III,61-73) Sí, Elredo también propone probar a los


amigos en algunas cualidades antes de admitirlos como tales. Esto nos puede
resultar incluso maquiavélico. Pero déjenme sacar las consecuencias del mensaje
elrediano y plantearlo de este modo: si probamos a nuestros posibles amigos
en algunas cosas, ¡indudablemente que nosotros mismos deberíamos también
vivirlas! Luego, no sería desacertado actualizar el lenguaje y hablar de “valores
valores
compartidos”, es decir, realidades que de ambas partes estamos de acuerdo en que
compartidos
son importantes para vivir una amistad de este tenor:

Fidelidad: custodia la relación frente a cualquier adversidad. Permanece


Fidelidad
firme en la alegría y en la tristeza, en lo dulce y en lo amargo, en las buenas y en
las malas. ¡Amigo a prueba de balas! Pensemos en el Discípulo Amado al pie de
la Cruz. Intención
Intención: ya hablamos de esto, se trata de amar al amigo por el amigo
mismo, gratuitamente. Elredo dice que, si lo amamos, para sacar algún provecho,
¡es como el amor que tiene un campesino por sus bueyes! Discreción
Discreción: no la tienen
los que son perfeccionistas con sus amigos: quieren tener amigos que sean como
ellos mismos no pueden ser y por eso les exigen continuamente que “estén a la
altura”. Imagínense si yo les exigiera que vivan todo lo que les estoy tirando
encima sobre la amistad, ¡como si fuera una ley del Levítico! Y finalmente la
Paciencia: que al decir de Benedicto XVI: “es la forma cotidiana de la caridad”.
Paciencia

¿Un millón de amigos o contarlos con los dedos de una mano?

Como verán, salió al paso de muchos interrogantes… ¡Ja, ja!. Para Elredo
la cuestión se resuelve en términos de intimidad. Admite que podemos amar a

16 LEWIS, Clive S.: “Los Cuatro Amores”, Ed. Andrés Bello, 2001, p. 108.
345
CuadMon 214 (2020) 331-350

muchos y de hecho el precepto de Jesús nos exhorta a amar incluso a nuestros


enemigos, pero si la amistad espiritual incluye la manifestación de nuestra
interioridad, necesariamente su número deberá ser más bien reducido. Dice
Elredo: “Sería imprudente descubrir nuestra alma y derramar nuestro corazón
ante todos los que amamos, porque por su edad, inteligencia o discreción son
incapaces de custodiar estas cosas” (III,84). Hoy quizás hablaríamos de un nivel
de comunicación profunda o íntima y no solo de un intercambio informativo o
diálogo funcional.

¿Qué nos enseña Jesús de la amistad? Jn 15,12-17 (excursus no


elrediano)

Esta es la verdadera pregunta para cualquier seguidor de Cristo. ¿Qué me


dice Él sobre la amistad? Aprovecho la pregunta anterior para entroncar con esta
porque es precisamente allí donde Jesús parece colocar la esencia de la amistad:
“Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo
los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre”.
Jesús ha compartido su intimidad con los Doce y les ha revelado el Misterio
del Padre, les ha abierto la puerta a la Trinidad y en eso radica su amistad hacia
ellos. Pero poco antes había hablado de la amistad de ellos hacia Él: “Ustedes
son mis amigos si hacen lo que yo les mando”. Jesús es el único que puede exigir
esta conformidad con su voluntad como requisito para la amistad con Él. En su
contexto más próximo, este “lo que yo les mando” es claramente el mandamiento
del amor: “Ámense los unos a los otros como yo los he amado: no hay amor más
grande que dar la vida por los amigos”. Este es su mandamiento.

¿Qué hay de los servicios y los favores a los amigos?

Cuando leí por primera vez el Diálogo de la Amistad descubrí que


mi relación con el anciano de mi comunidad tenía notas de amistad. Es el P.
Pablo y tiene 95 años, pero el corazón de un niño. Decidí entonces preguntarle:
“Pablito, ¿usted es mi amigo o no?”, y me respondió con decisión: “¡Sí! ¿Qué
quieres pedirme?”. Más allá de su picardía, que siempre nos hace reír, dio en la
tecla de algo básico: los amigos se ayudan, se sirven mutuamente, están prontos
a darse una mano. Elredo lo expresa sobre todo en términos de anticipación
a la necesidad del otro, ayudar a llevar las cargas, exponerse a los males que
346
CRISTO, “TERTIUS INTER NOS”, LA AMISTAD EN SAN ELREDO, Fausto María Couzo, OCSO.

amenazan al amigo… ¡pero también recurrir a la corrección fraterna! Esto se


basa en el hecho de que uno se siente tan profundamente unido al amigo que no
desea más que su santificación. Vive como propio el destino del otro y por eso se
atreve no solo a alentarlo en el camino de la salvación, sino también a ayudarle a
ver si se está desviando. Es interesante todo lo que Elredo dice acerca del modo
como los amigos deberían corregirse. Cito solo lo que él retoma de Cicerón: “Si
es propio de la amistad advertir y ser advertido, y que uno lo haga con libertad,
pero sin aspereza, y el otro lo reciba con paciencia y sin repugnancia, también hay
que aceptar que la adulación y la condescendencia es la peste de las amistades”17
(III,108).

¿Vale la pena intentar vivir esta amistad? ¿No será puro “bla-bla”?

Preguntas similares se hacían los amigos de Elredo. Él les respondió en


una triple línea:

- Lo bueno cuesta: Elredo les hace ver que ninguna virtud se conquista
sin esfuerzo, sin trabajo: “¿Acaso sin procurarte muchos esfuerzos rivalizan en tu
interior la prudencia y el error, la templanza y la concupiscencia, la justicia y la
malicia, la fortaleza y la desidia?” (II, 49).

- ¡No estamos solos!: la gracia nos ayuda, incluso para forjar una verdadera
amistad: “El cristiano no debe perder la esperanza de alcanzar cualquier virtud,
porque cotidianamente clama la voz del Evangelio: Pidan y recibirán” (I,27).

- Esperamos grandes cosas: “Alguien dijo que el mero empeño de aspirar


a grandes cosas ya es una gran cosa. Por eso es propio de un espíritu virtuoso
meditar sin cesar en cosas sublimes y arduas, sea para lograr lo que desea o
para comprender y conocer con más lucidez lo que debe desearse. Porque ya ha
avanzado mucho quien aprende con el conocimiento de la verdad cuán lejos se
halla de poseerla” (I,26).

17 CICERÓN, Op. Cit., XXV,91, p. 114.


347
CuadMon 214 (2020) 331-350

¿Pueden ser amigos los que no son iguales?

Es algo que vimos muy por encimita desde Cristo en esa original “Historia
de Salvación” y en Adán y Eva. En estos últimos, el hecho de ser colaterales les
permite ser amigos. La amistad nace entre pares, entre compañeros, entre aquellos
que están al mismo nivel. Si media alguna asimetría pueden nacer otro tipo de
relaciones con patrones de otra índole como el de maestro-discípulo, estrella-fan,
jefe-empleado, etc. Hace poco me asignaron un pequeño cargo en mi comunidad
y al compartirlo, alguien me dijo: “¡Espero que sigas siendo mi amigo!”. En este
caso la “jerarquía” es ínfima y no es necesario “igualar al amigo”, pero eso dice
Elredo que es lo propio de la amistad: los amigos se vuelven indiferentes a estas
distinciones. Escuchémosle: “En la amistad, que es don óptimo de la naturaleza
y de la gracia juntamente, lo elevado desciende y lo inferior asciende; el rico
mengua y el pobre se enriquece, y así cada uno comunica al otro su condición con
el fin de establecerse en el mismo nivel” (III,91).

A propósito de esta realidad, Elredo saca a colación su ejemplo bíblico


favorito para hablar de la amistad: David y Jonatán. Conocemos su historia.
Jonatán hace un pacto con David sin importarle que este sea la principal amenaza
para su derecho al trono. Además, Jonatán es el hijo del Rey y David es “una
pulga”. Dice el Santo: «Solo Jonatán, el único que con justicia podría tener envidia
de David, se cree en el deber de resistir a su padre, ponerse a disposición de su
amigo, ofrecerle su consejo en medio de tanta adversidad y, prefiriendo la amistad
al reino, decir: “Tú serás el rey y yo seré tu segundo”18» (III,92).

Y ya que estamos con estos dos, no quiero dejar de rescatar la hermosa


expresión de David en su canto fúnebre por la muerte de Jonatán: “¡Cuánto dolor
siento por ti, Jonatán, hermano mío muy querido! Tu amistad era para mí más
maravillosa que el amor de las mujeres” (2 S 1,26). Si recordamos que a esta
altura David ya había tenido tres esposas, y una incluso le había salvado la vida,
¡sabemos que está hablando con conocimiento de causa! Un bello elogio a la
relación de amistad, que David pondera incluso por encima del amor conyugal.

18 1 S 23,17.
348
CRISTO, “TERTIUS INTER NOS”, LA AMISTAD EN SAN ELREDO, Fausto María Couzo, OCSO.

¿Qué es lo mejor que le puedo regalar a un amigo? Y con esto


prometo que termino…

Los interlocutores (monjes cistercienses medievales) se preguntan cómo


podrán dar al amigo aquello que necesita si no tienen ni un peso a su disposición.
Él responde: “Hay otro género de beneficios en el amor espiritual que pueden
prestarse mutuamente los amigos” (III,101). Enumera varios bienes espirituales
como el consuelo, el consejo, el respeto, pero aquel bien que más desarrolla es el
de la oración mutua, ¡la intercesión por el amigo! “La oración del uno por el otro
es tanto más eficaz cuanto más afectuosamente se remite a Dios el recuerdo del
amigo con el correr de las lágrimas que provoca el temor, excita el afecto o engendra
el sufrimiento. Así, orando a Cristo por el amigo y queriendo ser escuchado por
Cristo, en su favor tenderá a Cristo mismo, anhelante y diligentemente cuando,
de manera súbita e insensible, pasando de afecto a afecto, como si estuvieran
próximos, como si tocase la dulzura de Cristo mismo, comenzará a saborear qué
dulce y a sentir cuán suave es” (III,133). ¡Amén!

Conclusión

La amistad no es un monopolio de los jóvenes. En todas las edades de la


vida son importantes los amigos, ya que como dijo hermosamente Cicerón: “Me
parece que quitan el sol del mundo los que quitan la amistad de su vida, que es
el don más excelente y más dulce que nos han hecho los dioses”19. Sin embargo,
también es cierto que los jóvenes somos especialmente sensibles a cuanto a la
amistad se refiere. Nos preguntamos si nuestras comunidades se han percatado de
esto y están abiertas a emplear un lenguaje nuevo y amigable, a suscitar espacios
en que se cultiven este tipo de relaciones y, más aún, a promover la amistad como
una categoría teológica.

No en vano en su última exhortación post-sinodal “Christus vivit”, dirigida


especialmente a los jóvenes, el Papa Francisco usó la categoría amistosa para
hablar de temas muy variados como la oración (nº 129), la concordia social (nº
169), la vocación (nº 250), la maduración (nº 151), el acompañamiento espiritual
(nº 219), y, sobre todo, la relación con Cristo: “Por más que vivas y experimentes
no llegarás al fondo de la juventud, no conocerás la verdadera plenitud de ser

19 CICERÓN, Op. Cit. XIII, 47, p. 64.


349
CuadMon 214 (2020) 331-350

joven, si no encuentras cada día al gran amigo, si no vives en amistad con Jesús.
[…]Lo fundamental es discernir y descubrir que lo que quiere Jesús de cada joven
es ante todo su amistad”20.

Muchos de nosotros, al entrar en la vida consagrada, hemos oído decir a


nuestros formadores que la comunidad religiosa no es “un grupo de amigos”. Esto
no deja de ser cierto, ya que lo que nos une y nos hace comunidad es el llamado
de Jesús. Una consagración que se vive en el seno de una comunidad de fe y,
por tanto, con lazos que no se eligen individualmente ni se identifican con los
vínculos familiares, afinidades personales o intereses comunes, sino con los lazos
de una verdadera fraternidad evangélica. Esto no quita la posibilidad de que en
el interior de nuestras comunidades y entre ellas nazcan relaciones profundas y
duraderas que nos alienten y enriquezcan en nuestra búsqueda del Rostro de Dios.
En este punto, el mensaje de Elredo parece recobrar toda su vitalidad e incluso ir
más allá de una “relación de apoyo mutuo”: su concepto de la amistad, tal como
hemos podido descubrirlo en estas páginas, constituye nada más ni nada menos
que un itinerario hacia Dios. Él descubrió en sus relaciones de amistad un camino
que lo conducía hacia la amistad divina. En este sentido creo que puede hablarse
con justicia de “amistades mistagógicas”, es decir, amistades que conducen al
misterio de un Dios que se hace hombre para que el hombre pueda ser amigo de
Dios.
Monasterio Nuestra Señora de los Ángeles
C.C.34 – B7300WAAAzul – Pcia. Bs. As
ARGENTINA

20 S. S. FRANCISCO, “Christus vivit”, Exhortación apostólica postsinodal, ns. 150.250.


350
LA TEOLOGÍA DE LA VIDA RELIGIOSA/MONÁSTICA
DE JOHN HENRY NEWMAN
COMO UN MEDIO PARA LA SANTIDAD1
Greg Peters2

A fines de la década de 1830, John Henry Newman y Edward


Bouverie Pusey estuvieron proponiendo la re-introducción de la vida
religiosa monástica en la Iglesia de Inglaterra. Aunque Newman no
permaneció en la Iglesia de Inglaterra el tiempo suficiente para ver
el pleno florecimiento de este esfuerzo, sus escritos como teólogo
anglicano revelan que consideró la vida religiosa/monástica como
un camino central en el cual una persona podía crecer en santidad
y también como un medio para fomentar la santidad de la Iglesia
en su totalidad.

El 13 de junio de 1824, John Henry Newman fue ordenado diácono en


la Iglesia de Inglaterra. El 16 de septiembre del mismo año, escribió un breve
memorándum para sí mismo concerniente a la predicación de los sermones. En
esa época, como asistente del párroco de la iglesia San Clemente, en Oxford,
Newman comenzó la tarea de toda su vida de predicar regularmente desde
diversos púlpitos, que llegaron con sus nombramientos y llamados. Vio la tarea
de predicar como no sólo necesaria sino como vital en la vida de un sacerdote.

1 Trabajo presentado en la conferencia anual de la Newman Association of America, Mundelein,


Illinois, Agosto 2012. Publicado en Newman Studies Journal, “John Henry Newman’s Theology
of de Monastic/Religious life as a Means to Holiness”, Volume 10, Nº 2, Otoño 2013, pp. 7-17.
Traducción del inglés realizada por la Hna. María Graciela Sufé, osb, Abadía Gaudium Mariae,
Córdoba, Argentina.
2 Greg Peters, Profesor Adjunto de Teología Espiritual y Medieval en el Instituto Torrey Honors
de Biola University, La Mirada, California.
CuadMon 214 (2020) 351-369

Al considerar los sermones, él escribió que “Los que hacen del consuelo el gran
tema de su predicación, parecen equivocar la finalidad de su ministerio”3. Para
Newman, brindar consuelo no era la tarea más importante del sacerdote, aunque
él se comprometía de manera activa en brindar consuelo a los que lo necesitaban4.
Más bien, “La santidad es la gran finalidad”5. Hay muchas concepciones de la
santidad en el pensamiento de Newman –tantas que la Conferencia Internacional
sobre Newman de 1987 estuvo dedicada a este tema–. Parece ser que no hay una
“verdadera” concepción de la santidad en el pensamiento de Newman. La manera
como él entendió la santidad y cómo articuló su comprensión están a menudo
matizadas, dependiendo del texto y del contexto de los escritos de Newman. Esto
no significa decir que Newman no tuvo una teología coherente de la santidad;
más bien, es un reconocimiento de que encontrar tal teología en sus escritos es
una tarea desafiante.

Michael Sharkey ha sugerido que la visión de Newman de la santidad era,


en realidad, bastante ordinaria. Sharkey no es el único especialista en Newman
en dejar ver esto, pero sus palabras son bastante apropiadas: “Newman no se miró
a sí mismo de ninguna manera como un santo, pero sí hizo su propio camino, un
camino ordinario, hacia la santidad”6. Para Philip Boyce, “el camino ordinario
de Newman” era el camino del “despojamiento de sí mismo y la consagración a
la causa de Cristo”.

“[Newman] luchó por alcanzar la santidad en cuanto ella era sumisión


a la voluntad de Dios en la fe, sumisión a la voz de la conciencia y a la
verdad, sin importar qué precio tuviera que pagar. Él vio la santidad
como un deber cristiano [sic] para toda persona bautizada, como un

3 John Henry NEWMAN (en adelante: JHN), Autobiographical Writings, editada por Henry
Tristram (London/New York: Sheed & Ward, 1956), 180.
4 Por ejemplo, como joven coadjutor, Newman dedicó gran cantidad de su tiempo a visitar
enfermos, incluyendo a una joven mujer casada que estaba muy enferma. Después de leer la
Escritura y de rezar con ella, Newman relató que “Sus ojos me miraron de una manera tan
significativa que sentí una emoción que no puedo describir –era como el ingreso al cielo–”.
(Anotación en el Diario, 28 de noviembre 1824 –escrito el 12 de diciembre–, The Letters and
Diaries of John Henry Newman 1:199; en adelante citado: LD).
5 AW, 172, cursivas en el original.
6 Michael SHARKEY, “Newman’s Quest for Holiness in His Search for the Truth”, en Stanley
L. Jaki, editor, Newman Today: Papers Presented at a Conference on John Henry Newman (San
Francisco: Ignatius Press, 1989), 177; cursivas en el original.
352
LA TEOLOGÍA DE LA VIDA RELIGIOSA/MONÁSTICA DE J.H.NEWMAN, Greg Peters.

florecimiento de la justificación bautismal y, en su propio caso, como


una obligación sacerdotal… nosotros encontramos que él reduce la
perfección en sentido moral y práctico, al fiel cumplimiento de los
deberes rutinarios de la vida cotidiana7”.

En su sermón titulado “Miracles no Remedy for Unbelief” (“Los milagros


no remedian la increencia”), Newman desafió a sus oyentes a que encontraran a
Dios en las actividades de la vida de cada día:

“Dejemos entonces a un lado las excusas vanas; y, en lugar de estar


buscando acontecimientos de afuera para cambiar el curso de nuestra
vida, estemos seguros de esto: si el curso de nuestra vida tiene que
cambiar, debe ser desde adentro. La gracia de Dios nos mueve desde el
interior, así como lo hace nuestra propia voluntad. Las circunstancias
externas no tienen un verdadero poder sobre nosotros. Cuando nosotros
no amamos a Dios, es debido a que no hemos deseado amarlo, intentado
amarlo, rezado para amarlo. No nos hemos hecho cargo de la idea y
del deseo en nuestra mente, día tras día; no hemos tenido ese deseo
ante nosotros en los pequeños detalles del día, no hemos lamentado
que no Lo amamos, hemos sido demasiado indolentes, flojos, carnales,
para intentar amarlo en las pequeñas cosas, y tenemos que comenzar
desde el principio; nos hemos acobardado ante el esfuerzo de movernos
desde adentro; hemos sido como las personas que no pueden conseguir,
por sí mismas, levantarse en la mañana; y hemos deseado y aguardado
una cosa imposible, –el ser cambiados de una vez por todas, y en todo
a la vez, por alguna gran conmoción desde afuera, o por algún gran
acontecimiento, o por alguna circunstancia especial–; y seguimos
esperando una cosa u otra, lo que significa un cambio en nosotros, sin
tener nosotros mismos la preocupación por cambiar8”.

7 Philip BOYCE, “Holiness- the Purpose of Life according to Newman”, en Günter Biemer and
Heinrich Fries, editors, Christliche Heiligkeit als Lehre und Praxis nach John Henry Newman/
Newman’s Teaching on Christian Holiness (Sigmaringendorf: Glock und Lutz, 1988), 136; en
adelante citadas respectivamente: Boyce, “Holiness” y Biemer-Friess, Heiligkeit.
8 JHN, Parochial and Plain Sermons, 8: 88; citado en adelante PPS; disponible en: http://www.
newmanreader.org/works/parochial/volume8/sermon6.html. Newman predicó primero este
sermón el 2 de mayo de 1830.
353
CuadMon 214 (2020) 351-369

Según Newman, la santidad se encuentra en la responsabilidad diaria de


uno mismo por vivir la vida cristiana, por vivir de acuerdo con las promesas
bautismales que uno mismo ha hecho. En lugar de esperar que Dios nos mueva
desde el exterior, nosotros tenemos que esforzarnos por vivir para Él pese a la falta
de un impulso divino milagroso venido desde afuera. El concepto de santidad de
Newman es una santidad práctica que hace evidente la fe:

“Es la santidad, o la responsabilidad, o la nueva creación o la mente


espiritual, como quiera que lo formulemos, la que es el principio motor
e iluminador de la Fe verdadera, que proporciona ojos, manos y pies9”.

Esto, con todo, no hace de Newman un pensador original ni tampoco


hace de él ni siquiera un teólogo particularmente perspicaz porque, en esta
consideración, Newman estaba siguiendo a algunos de los más grandes teólogos
espirituales al manifestar que la santidad no es otra cosa que la rutina del fiel
seguimiento de Dios, cualquiera sea la propia vocación10.

En sus Lectures on Justification (“Conferencias sobre la Justificación”),


Newman incluso consideró el concepto de conversión como un proceso a lo
largo de toda la vida y eligió emplear las palabras “santificación” y “renovación”
para describir la conversión. Esto indica que para Newman, llegar a ser santo
no era exactamente el resultado de la justificación sino también el contenido
de la justificación11. La santidad es nuestra misma justificación, nuestra misma
salvación. Por eso, la santidad, al menos, era para Newman una experiencia diaria,
tal vez incluso mundana, la de ir viviendo en el llamado escriturístico a ser santo:
“Te diré qué es lo más grande: hacer bien los deberes ordinarios del día”12. En
las palabras de José Morales: “Newman insiste consecuentemente en el carácter

9 JHN, “Love, the Safeguard of Faith against Superstition”, Oxford University Sermons, 234;
disponible en: http://www.newmanreader.org/works/oxford/sermon12.html; citado en adelante:
OUS.
10 BOYCE, “Holiness”, 140.
11 Por ejemplo, “la presente separación amplia de justificación y santificación, como si ellas
fueran dos dones, no sólo en idea dos, sino de hecho, es técnica y no escriturística”; además
“la justificación y la santificación [son] de hecho sustancialmente una y la misma cosa” (JHN,
Lectures on the Doctrine of Justification, 41 y 63; disponible en: http://www.newmanreader.org/
works/justifcation/index.html.
12 JHN a George Ryderc (O[rator]y, B[irmingha]m, 2 December 1850), LD 14:153.
354
LA TEOLOGÍA DE LA VIDA RELIGIOSA/MONÁSTICA DE J.H.NEWMAN, Greg Peters.

normal y no extraordinario de la perfección cristiana”13. Insistencia que se reitera


en un sermón que predicó el 13 de agosto de 1837:

“En adelante ponte a hacer lo que es muy difícil de hacer, pero que
no debería dejar de hacerse; mira, y reza y medita, de acuerdo con el
tiempo que Dios te concede. Da libremente de tu tiempo a tu Señor y
Salvador, cuando lo tienes. Si tienes poco tiempo, muestra tu sentido de
privilegiar a tu Señor y Salvador dándole ese poco de tiempo. Pero, de
algún modo, muestra que tu corazón y tus deseos, muestra que tu vida,
está con tu Dios. Reserva cada día tiempos para buscarlo. Humíllate a
ti mismo por haber sido hasta ahora tan lánguido e indeciso. Vive de
manera más estricta orientado hacia Él; toma Su yugo sobre tus espaldas,
vive bajo reglas. No estoy llamándote a dejar el mundo o a abandonar
tus deberes en el mundo, sino a redimir el tiempo; a no dar horas al
mero entretenimiento o a la vida social, mientras das minutos a Cristo;
a no rezarle únicamente cuando estás cansado, y ya nada puedes sino
dormir; a no omitir por completo rezarle, o interceder por el mundo y la
Iglesia; sino, en una buena medida, a tomar conciencia con honestidad
de las palabras del texto: “poner tu corazón en las cosas de lo alto”, y
a dar pruebas de que eres de Él, en el hecho de que tu corazón se eleva
con Él y en que tu vida está escondida en Él”14.

Uno podría llegar hasta a identificar esto como simplemente una clase
de “santidad escriturística”15, –a Newman presumiblemente le agradaría esta
evaluación–.

Newman y el Monacato

En el transcurso del verano de 1845, Newman parece haberse convencido


intelectualmente de la verdad del Catolicismo Romano. En febrero de 1842, se
trasladó de manera permanente al pequeño poblado de Littlemore justo en las

13 José MORALES, “Newman’s Ideal of Holiness in the World” en Biemer-Fries, Heiligkeit,


158; citado en adelante: «Holiness».
14 JHN, “Rising with Christ”, PPS 6: 220.
15 Ver Jaak SEYNAEVE, «Holy Scripture as “First Principle” in Newman’s Teaching on
Christian Holiness», en Biemer-Fries, Heiligkeit, 35-42.
355
CuadMon 214 (2020) 351-369

afueras de Oxford, para poner en práctica un plan que había desarrollado dos años
antes. En su diario, el 17 de marzo de 1840, Newman escribió un memorándum
titulado “Razones para vivir en Littlemore”, y da como su tercera razón que “Tengo
la esperanza de una casa Monástica”16. En el mismo día, escribió a S. F. Wood
que se sentía “con la esperanza de instalar algún día un Monasterio verdadero
aquí [en Littlemore], y estar yo mismo en él, aunque no quiero que se hable acerca
de esto”17. Dos días después, Newman recibió una carta de su amigo y compañero
de Oxford, Edward Pusey, quien le escribió que pensaba que el deseo de Newman
de dar comienzo a un monasterio en Littlemore era “válido” y que “sería un gran
alivio tener un monje18 en nuestra Iglesia, en muchos sentidos, y tú pareces ser la
persona exacta para formar uno”19. Por el mes de mayo, Newman había adquirido
la tierra necesaria, y escribió a su hermana Jemima Mozley que le gustaría “a su
debido tiempo… erigir una Casa Monástica en ella”20. En varias cartas de 1840,
Newman manifestó su plan a otros, haciendo referencia a Littlemore como el sitio
de un futuro “coenobitium” y “Abadía”. Cuando se traslada a Littlemore en 1842,
Newman estaba claramente listo para instituir sus planes, creando, en palabras
de David Cox, “una plataforma de partida para el resurgimiento de comunidades
religiosas en la Iglesia de Inglaterra y en el Anglicanismo en general”21.

Newman, no obstante, no estaba haciendo algo completamente nuevo. La


primera monja anglicana en Inglaterra desde la disolución de los monasterios en
el siglo XVI, fue Marian Rebecca Hughes22, quien hizo los tradicionales votos
monásticos de pobreza, castidad y obediencia ante Edward Pusey el domingo de la
Trinidad del 6 de junio de 1841. Newman estaba enterado de los votos de Hughes;
en efecto, inmediatamente después de hacer sus votos, ella se dirigió a St. Mary
de Oxford a recibir la comunión de manos de Newman, quien estaba enterado
de lo que ella acababa de realizar. En realidad, Hughes se había convencido

16 LD 7: 263; cursivas en el original.


17 JHN a S.F.Wood (Littlemore, 17 de marzo 1840), LD 7: 267.
18 Está escrita explícitamente la palabra “monje” en lengua griega. N.d.T.
19 E. B. Pusey a JHN (19 de marzo 1840), LD 7: 266.
20 JHN a Mrs. John Mozley (Oriel, 28 de mayo 1840), LD 7: 334.
21 R. David COX, “Newman, Littlemore, and a Tractarian Attempt at Community”, Anglican
and Episcopal History 62/3 (1993): 343-376, en 343.
22 (Madre) Marian Hughes (1817-1912) más tarde fundó la Sociedad de la Santa e Indivisa
Trinidad en Oxford; ver: http://www.oxford.anglican.org/who-we-are/history-of-the-diocese/
calendar-of-commemoration/mother-marian-hughes/.
356
LA TEOLOGÍA DE LA VIDA RELIGIOSA/MONÁSTICA DE J.H.NEWMAN, Greg Peters.

finalmente de realizar los votos monásticos al leer la publicación de Newman


Church of the Fathers. Así, aunque Newman no era el primer monje anglicano
en Inglaterra a partir de la Reforma, por el año 1842 él se había comprometido a
vivir lo que entendía ser una vida monástica y también había influenciado a otros
en esa dirección.

Las primeras palabras impresas de Newman a favor del monacato fueron


compuestas en 1835, aunque ya había escrito acerca del monacato en 1829 en un
poema titulado “Monjes”, en el cual afirmó que las prácticas monásticas de las
vigilias, el ayuno y la penitencia eran “ennoblecedoras del alma” y que el hábito
monástico “me queda bien”23. Seis años más tarde, en un artículo anónimo en The
British Magazine titulado “Letters on the Church of the Fathers, nº XII”, Newman
escribió que el “Sistema Monástico” tiene indudablemente algo especial en la
conducta providencial de nuestro servicio”24. Y continuó:

“Confieso que considero que la vida monástica ejerce una verdadera


acción en el servicio del Evangelio…. Ciertamente, es en concordancia
con la Escritura el que un cristiano debería vivir en oración y ayuno,
pobreza y dando limosnas, así como él debería pasar sus mejores días
haciendo dinero, ganar un título de nobleza, y formar una familia. No
es más reprensible, en la naturaleza de las cosas, el hecho de que un
individuo determinado haga un voto de celibato, a que haga un voto de
matrimonio…”25.

El argumento principal de Newman era simple: así como es natural para


un hombre casado, un hombre con familia, el rezar, ayunar y dar limosnas; de
la misma manera, no es contra el evangelio para un hombre no casado, hacer lo
mismo. Así como está “en la naturaleza de las cosas” hacer un voto de matrimonio;
de la misma manera, no está contra la naturaleza, hacer un voto de celibato.

23 JHN, “Monks”, Verses on Various Occasions, 48-51, en: 50 y 51; disponible en: http://www.
newmanreader.org/works/verses/index.html.
24 JHN, “Letters on the Church of the Fathers, nº XII”, The British Magazine 7 (June 1835): 663.
25 Ibid., cursivas en el original.
357
CuadMon 214 (2020) 351-369

En el año siguiente Newman propuso un argumento diferente:

1) Los anglicanos que están especialmente dedicados a Cristo y


a la Iglesia necesitan un medio para vivir una vida espiritual más
comprometida.
2) El clero parroquial está demasiado ocupado para cuidar
adecuadamente de todos los que están bajo su cuidado pastoral.

En la forma de un diálogo entre Newman y dos amigos –“Home Thoughts


Abroad, Nº 11” (“Pensamientos caseros fuera de casa”)– él describió el monacato,
al cual Newman denominó “Instituciones religiosas”, considerando estos dos
aspectos:

“Los clérigos en la actualidad están sujetos a la dolorosa experiencia


de perder la porción más religiosa de su rebaño… Ellos desean ser más
estrictos que la masa de los hombres de Iglesia, y la Iglesia no les da
los medios… [Las Instituciones religiosas] están fundamentalmente
llamadas a detener el progreso de los disidentes: en efecto, supongo
que tú necesariamente tienes que tener disidentes o monacato en un
país cristiano: por lo tanto, tienes que hacer tu elección. La porción más
religiosa pedirá una religión más estricta que la de la generalidad de
los hombres… [o] la conduces hacia los disidentes: y ¿por qué? Todo
porque la Vida Religiosa, aunque aprobada por los apóstoles e ilustrada
por los primeros santos, ha dado cabida con anterioridad a displicencias,
tiranía, y presunción… Confieso que mis esperanzas no se extienden
más allá de la visión del ascenso de esta Vida Religiosa entre nosotros…
Hasta entonces, tan sólo espero que sea ideado algo de una naturaleza
tal que salga al encuentro de los males peculiares que existen en una
ciudad densamente poblada… [porque] los grandes centros urbanos
jamás serán evangelizados simplemente por el sistema parroquial.
Estos grandes centros están más allá de la esfera del sacerdote de la
parroquia, recargado como está con los encantos y ansiedades de una
familia, y las limitaciones y compromisos seculares del establecimiento
parroquial… Considero que las Instituciones Religiosas, por encima
y más allá de sus recomendaciones intrínsecas, son los instrumentos
legítimos de trabajo ante una población de ese tipo26”.

26 JHN, “Home Thoughts Abroad- Nº 11”, The British Magazine (April 1836): 357-369, en 365-369.
358
LA TEOLOGÍA DE LA VIDA RELIGIOSA/MONÁSTICA DE J.H.NEWMAN, Greg Peters.

Aquí Newman no apeló a la naturaleza o a las Escrituras, como había


hecho previamente. En lugar de esto, apeló al hecho de que existen en la Iglesia
anglicana quienes desean vivir una vida cristiana más austera y comprometida. Sin
la institución del monacato disponible para ellos, estas personas dejarían la Iglesia
anglicana intentando cumplir su llamado en una congregación distinta. Newman
pensaba que la natural caballerosidad del establecimiento hacía imposible que
los individuos con una mentalidad más ascética, vivieran plenamente el llamado
que experimentaban; en consecuencia, la Iglesia debe prever este movimiento
suscitado por Dios a través de instituciones monásticas. Más aún, Newman creía
que las instituciones monásticas serían de gran ventaja en la evangelización de la
población que a menudo se encontraba densamente hacinada en las ciudades de
Inglaterra.

Debería decirse que Newman fue profético en esta suposición. La primera


comunidad monástica femenina anglicana lograda fue fundada por Priscilla
Lydia Sellon (1821-1876)27, quien respondió a un llamado colocado en el diario
eclesial The Guardian por Henry Phillpotts (1778-1869), obispo de Exeter. En
una carta fechada el 1 de enero de 1848, Phillpotts describió la densidad de la
población de la ciudad de Devonport, un suburbio de Plymouth en el sudoeste
de Inglaterra, y la desesperante necesidad de trabajadores cristianos adicionales
para proporcionar ayuda a la población que tenía sólo una iglesia parroquial. Con
el tiempo, la comunidad de Sellon, congregación femenina de la Misericordia
de Devonport y Plymouth de la Iglesia de Inglaterra, demostró su valor a través
del acompañamiento a huérfanos e indigentes de la ciudad y, especialmente en
el servicio como enfermeras y asistentes durante una epidemia devastadora que
golpeó a la ciudad. Se confirmó exactamente la previsión de Newman28.

Newman continuó escribiendo a sus corresponsales acerca del monacato.


Por ejemplo, en una carta a Edward Pusey con fecha 12 de enero de 1836,
Newman insistía en que el monacato naciente no era una institución de oscuridad,
sino más bien una institución que tenía más de esfuerzo por la perfección, que
de hincapié simplemente en la penitencia29. Varios meses después, al escribir a

27 La información acerca de Sellon está disponible en: http://anglicanhistory.org/bios/plsellon.


html.
28 Ver Jacqueline BANERJEE, “Women’s Religious Orders in Victorian England”, disponible
en: http://www.victorianweb.org/gender/benerjee.html.
29 JHN a E. B. Pusey (Tuesday [12 January 1836]), LD 5: 198-199.
359
CuadMon 214 (2020) 351-369

Hugh Rose, Newman habló de aquellas prácticas que consideraba que la Iglesia
de Inglaterra debería haber conservado en la Reforma, para no ceder sus derechos
de nacimiento ante la Iglesia católica romana. Newman sugería que si hubiera una
“revolución” en la Iglesia anglicana como resultando del Movimiento de Oxford,
él “podría imaginar exactamente un estado de cosas en el que sería conveniente
una novedad en la Iglesia Reformada, tal como el aumento de las corporaciones
monásticas, –y en ese caso, no es malo hablar de esto–”30. Cuanto más se acercaba
Newman a convertirse al Catolicismo Romano, tanto más concibió y habló de la
necesidad del monacato anglicano.

En el British Critic de abril de 1842, Newman refutó comentarios hechos


por John Davison, un antiguo miembro del Oriel College, de Oxford, que habían
aparecido en 1840, en Remains and Occasional Publications (“Publicaciones
remanentes y ocasionales”) de Davison. Davison afirmaba que los monjes y las
monjas, por su misma vocación contemplativa y claustral, no están comprometidos
en la “parte activa” de la “caridad cristiana”, que es el amor a Dios y al prójimo.
Newman respondió insistiendo en que históricamente los monjes y las monjas
se habían ocupado en trabajos de “caridad activa y abnegada”, tales como el
servicio en hospitales, escuelas y orfanatos31. Asimismo, “desde el principio las
corporaciones monásticas han sido un instrumento en las manos de la Providencia
para el mantenimiento de la ortodoxia” y “ellas fueron, como todos sabemos,
quienes resguardaron la literatura antigua”32. Después de demostrar que este
argumento de Davison era incorrecto, Newman concluía insistiendo que Davison
también estaba en un error al afirmar “que el monacato entra en contradicción con
los mandamientos del Señor”:

“Ahora tomemos la regla monástica, incluso como la practicaron


quienes no eran monjes, sino ermitaños, anacoretas, padres del desierto,

30 JHN a Hugh James Rose (Iffley, 23 de mayo de 1836), LD 5: 301-305, en 302-303, cursivas
en el original.
31 Newman pensaba que las órdenes monásticas serían útiles para llegar a las poblaciones
urbanas en crecimiento de las ciudades de Inglaterra; como esto resultó, la mayoría de las
primeras comunidades anglicanas de mujeres no escogió una vida claustral de oración sino una
vida activa de servicio. Ver Peter F. ANSON, The Call of the Cloister: Religious Communities
and Kindred Bodies in the Anglican Communion (London: S.P.C.K., 1955) y A. M. ALLCHIN,
The Silent Rebellion: Anglican Religious Communities 1845-1900 (London: SCM Press, 1958).
32 JHN, “John Davison”, The British Critic and Quarterly Theological Review 31 (April 1842):
367-401, en 398.
360
LA TEOLOGÍA DE LA VIDA RELIGIOSA/MONÁSTICA DE J.H.NEWMAN, Greg Peters.

y por el estilo. Figurémonos entonces, para buscar un argumento, que


ellos están violando los claros mandamientos del Evangelio, acerca de
los que se agregará actualmente una palabra. Sin embargo, ¿acaso no
hay mandamientos como, por ejemplo, los concernientes a la pobreza
y la humildad, que, tomados en su significado obvio y primero, una
vida que no sea monástica viola claramente? No estamos en absoluto
diciendo o soñando, por supuesto que no, que las personas que no siguen
los mandamientos de nuestro Señor al pie de la letra, estén en realidad
violándolos; pero, pensamos que, si ellas no tienen el cuidado en
guardar los mandamientos al menos en el espíritu, ellas ciertamente los
están violando. Y mientras es bastante claro que la sociedad, como en
la actualidad está constituida, no guarda los mandamientos en cuestión
ni al pie de la letra ni en el espíritu, también nos parece claro que, si una
observancia literal es necesaria o no, las instituciones monásticas, dan
cumplimiento, más precisa y exhaustivamente que todas las demás, al
código de los mandamientos evangélicos, ya sean los que en el presente
no se cumplen, o los que sí se cumplen33.

Así, inclusive las observancias más extremas de algunas personalidades


monásticas, estaban simplemente obedeciendo a los preceptos evangélicos de
dejar todo lo que tenían para asistir a los demás.

En 1842, en un sermón titulado “Temporal Advantages”, Newman habló


sobre cómo las primeras comunidades cristianas vendían todo lo que tenían para
ayudar a los demás, cómo se lavaban unos a otros los pies y tenían todas las cosas
en común. Estos primeros cristianos se formaron “en comunidades de oración y
alabanza, de trabajo y estudio, de atención a los pobres, de mutua edificación, y de
preparación para la venida de Cristo”34. En efecto, tan pronto como el mundo se
declaró cristiano, los monjes ingresaron a la Iglesia y “desde ese tiempo hasta éste,
nunca ha prosperado la unión de la Iglesia con el Estado, sino cuando la Iglesia
estuvo en unión también con la vida eremítica y la cenobítica”35. El año siguiente,
en 1843, Newman predicó un sermón titulado “The Apostolical Christian” en el
que volvió al tema de su artículo contra John Davison en el British Critic diciendo
que “el humilde monje y la santa monja, y otros sometidos a Reglas, eran

33 Ibid., 399-400
34 JHN, “Temporal Advantages”, PPS 7: 69.
35 Ibid., 69-70.
361
CuadMon 214 (2020) 351-369

“cristianos tras las mismas pautas dadas a nosotros en la Escritura”36. Newman


había llegado a esta conclusión porque vio que los monjes eran los únicos
cristianos que “dejan casa y amigos, riquezas y comodidades, buen nombre y la
propia voluntad, por el reino de los cielos”37. Es más, estos monjes y monjas están
donde uno debería mirar si está buscando en nuestros días al apóstol Pablo o
Pedro, o Juan el discípulo o a María. Puesto que son monjes quienes han hecho de
Cristo “su porción eterna y totalmente suficiente” aunque “las grandes renuncias
de las que habla la Escritura, no le incumban a todos los cristianos”38.

En un tono similar, también en el año 1843, en su sermón –“Indulgence


in Religious Privileges”- Newman habló otra vez de la institución del monacato:

No estoy negando que hay ciertos individuos que surgen cada


tanto para una vida de aún mayor abnegación, y que tienen la medida
correspondiente de consolaciones divinas. Así como algunos hombres
son apóstoles, otros confesores de la fe y mártires, así como los
misioneros en países paganos pueden ser llamados a dejar todo por
Cristo; así también hay ciertamente los que, viviendo en tiempos de paz
y entre sus hermanos, reconocen un llamado a dejar todas las cosas por
el bien del Evangelio, y en orden a ser perfectos; y llegar a ser tan sin
casa y sin hogar, tan sin recursos y solitarios, como el santo Bautista
en el desierto; pero, los casos extraordinarios no son para nuestra
imitación, y es tan grande la falta por obrar sin un llamado como la de
rehusar obrar ante un llamado39.

A partir de estos textos queda claro que Newman vio el monacato como
garantizado por la Biblia –dado que era resultado del llamado a la perfección
de las Escrituras y cumplía el mandamiento de Jesucristo de amar a Dios y al
prójimo– y era una vocación a la que algunos son llamados, pero no todos. El
monacato era en efecto una vocación especial para los llamados a la austeridad
y a la abnegación pero, a pesar de su particularidad, era sin embargo un llamado
de Dios.

36 JHN, “The Apostolical Christian”, en Sermons on Subjects of the Day, 290-291; en adelante
citado: SSD; disponible en: http://www.newmanreader.org/works/subjects/index.html.
37 Ibid., 291.
38 Ibid., 292.
39 JHN, “Indulgence in Religious Privileges”, en SSD, 124.
362
LA TEOLOGÍA DE LA VIDA RELIGIOSA/MONÁSTICA DE J.H.NEWMAN, Greg Peters.

La práctica de Newman de la abnegación

Newman, en ocasiones, llegó a incursionar en su propio llamado


vocacional a una vida de una austeridad y abnegación más estricta. En 1839,
adoptó un régimen cuaresmal particularmente riguroso que recordó el viernes
Santo de ese año:

Durante esta cuaresma he observado las siguientes reglas, excepto todos


los domingos. No he usado azúcar –no he comido pastel de pescado,
aves o tostadas- y mi regla ha sido que no se me sirva por segunda vez
carne en la cena. No he comido carne en ningún otro momento. No he
cenado afuera.

Las excepciones han sido, cenar afuera tres veces -con Iffley Trustess,
en el Provost, y una vez en la sala con Williams cuando salí temprano-.
Y en la primera de éstas comí pastel. A medida que pasaba el tiempo,
frecuentemente se me sirvió dos veces carne. No hice abstinencia de
vino.

Los miércoles y los viernes me abstuve de todo alimento hasta las


5 P.M. cuando comí un bizcocho- No tomé desayuno o cena, sino
generalmente un huevo con el té- algunas veces agua de cebada a las 5
en punto. Dos o tres veces comí un bizcocho al mediodía.

Durante el Tempus Passionis [Tiempo de la Pasión], la semana anterior


a ésta y esta semana, dejé además la manteca y la leche. Varias veces,
con todo, tomé leche.

La Hebdomada Magna [Semana Santa] (Semana de la Pasión) me


abstuve hasta ahora del desayuno y de la cena cada día, rompiendo el
ayuno con un bizcocho al mediodía; ayer (jueves) y hoy me abstuve,
y tengo la intención de abstenerme, también del té y del huevo; de no
tomar nada durante el día más que pan y bizcocho y agua. Tengo el
propósito de continuar esto hasta mañana a la noche, cuando el ayuno
termine, tal vez pueda comer algo de carne. –Esto sí lo observé hasta
el final- pero tendría que decir que el miércoles tomé un vaso de vino

363
CuadMon 214 (2020) 351-369

oporto. El único gran inconveniente que encontré ha sido el dolor en la


cara–para lo cual tomé pastillas de sulfato de quinina con éxito40.

En este detallado recuento, vemos que Newman es bastante honesto con


sus éxitos en la negación de sí mismo como también en la percepción de sus
caídas para vivir de acuerdo con su rigurosa regla de vida cuaresmal.

Newman anotó prácticas ascéticas similares durante los cuatro períodos


de Cuaresma siguientes41. En 1842, siguió las pautas siguientes:

Me abstuve los días de la semana (excepto san Matías) de carne


de toda clase (excepto dos veces de pescado salado) queso, vegetales,
tostadas, pastas, (excepto algunas veces un simple budín), fruta, azúcar,
leche en el té, licores fermentados…

Tomé sólo dos comidas, desayuno, a las 8 AM y té a las 6 PM –cuando


comí por lo común pan, manteca, huevos, té con leche, o pan caliente
y leche.

Los domingos y en san Matías, cené con huevos y tocino, o carnes frías
y queso, y me permití también un vaso de vino o cerveza, leche en el
té, y tostadas.

No cené afuera, no me puse guantes- por lo común, como ruibarbo con


mi mantequilla. No miré los periódicos de Oxford o Londres (excepto
una vez), (excepto el Record).

No hice ninguna alteración, como lo había hecho las últimas Cuaresmas,


durante el Tempus Passionis (Tiempo de la Pasión). Y los primeros
tres días de ésta, tomé el desayuno, y ayer y hoy aunque no desayuno
(igualmente mañana, sábado santo) sí tomo el té como otras tardes.

Tengo la intención de finalizar el ayuno como es habitual a las 6 PM


del sábado.

40 AW, 215-216.
41 Ibid., 216-222.
364
LA TEOLOGÍA DE LA VIDA RELIGIOSA/MONÁSTICA DE J.H.NEWMAN, Greg Peters.

Intenté en las vacaciones largas, y también ahora, no dormir en la cama,


pero no pude lograrlo. No puedo lograr dormir sin estar caliente y luego
estoy demasiado caliente. En las vacaciones largas dormí siempre aquí
sobre colchones de paja42.

Estos ejemplos muestran que Newman destinó períodos de su vida


sometiéndose a un ascetismo particularmente riguroso.

Ya en Littlemore, no sólo Newman experimentó con regímenes ascéticos


sino también observó un programa bastante exhaustivo. En 1843 Newman dejó
un registro de su programa diario para agosto, del 1 al 9; a continuación está el
registro de dos de sus días en Littlemore43:

“2 de agosto:
1. me levanté algunos minutos pasadas las cinco. Oraciones y
meditación
2. desde las seis hasta las 7,15: Oficio en el Breviario, Tercia inclusive
3. desde las siete hasta las once, con el Athanasius en Atkinson
4. a las once, lectura del servicio (anglicano) en la Iglesia
5. entonces, sexta y nona
6. entre las 12 y las 3 continué con las pruebas del Athanasius,
leyendo las cartas44
7. tres P.M., lectura de las oraciones en la iglesia
8. regresé al Athanasius, puse notas
9. cena
10. después de la cena, al Athanasius, y envié las pruebas45
11. entonces a la Vida de San Gilberto (de Lockhart o de Dalgairn)
para las Series46

42 Ibid., 221.
43 En tiempos de Newman, el oficio diario católico romano consistía en: Maitines, Laudes,
Prima, Tercia, Sexta, Nona, Vísperas y Completas.
44 Newman preparó una traducción de Select Treatises of St. Athanasius; disponible en: http://
www.newmanreader.org/works/athanasius/original/index.html#titlepage.
45 En este punto en este listado hay una nota marginal entre paréntesis: “en varias oportunidades
muy cansado, lánguido, somnoliento, adormilado a lo largo de los días”
46 Newman planeó un volumen múltiple Lives of the English Saints; el primer volumen está
disponible en: http://archive.org/details/a678908501newmuoft.
365
CuadMon 214 (2020) 351-369

12. vísperas – completas


13. escribir cartas hasta las once, cuando
14. me fui a la cama

Agosto 8:
1. Arriba a las 5 y cuarto
2. A las seis en punto –oficio –somnoliento
3. hasta las nueve, con el Athanasius
4. Tercia
5. Athanasius – versiones – Whitmore
6. a las once – lectura del servicio de la mañana en la iglesia
7. Sexta
8. Con el Athanasius. Nona
9. a las tres en punto – lectura del servicio
10. caminé con [Ambrose] St. John, visita y oración con H
11. Vísperas y completas
12. Con el Athanasius, hasta que no podía mantenerme despierto.
“No era simple somnolencia –sino una especie de colapso de toda
mi persona –mi cabeza se me cae” 47.

A partir de estas agendas, uno puede observar que los días de Newman
estaban bastante llenos y, como él mismo lo admite, eran bastante agotadores.

Uno de los compañeros de Newman en Littlemore, William Lockhart,48


brindó una descripción más de la vida allí, que él describía como “una especie de
monasterio… de vida monástica de retiro, oración y estudio”:

En Littlemore transcurría nuestro tiempo en el estudio, la oración y el


ayuno. Nos levantábamos a medianoche a recitar el Oficio del Breviario,
consolándonos con el pensamiento de que estábamos unidos en oración
con todo el mundo cristiano, y de que estábamos usando las mismas
palabras empleadas por los santos de todos los tiempos. Ayunábamos
de acuerdo con la práctica recomendada en la Sagrada Escritura, y
aplicada en las órdenes religiosas más austeras de la cristiandad oriental

47 AW, 242-243; 245.


48 William Lockhart (1819-1892) fue el primer Tractariano [integrante del movimiento de
Oxford] en convertirse en católico romano (1843).
366
LA TEOLOGÍA DE LA VIDA RELIGIOSA/MONÁSTICA DE J.H.NEWMAN, Greg Peters.

y occidental. Nunca rompíamos nuestro ayuno, excepto los domingos


y en las grandes festividades, antes de las doce en punto, y no hasta las
cinco en punto, en los tiempos de Adviento y Cuaresma. Practicábamos
regularmente la confesión, e íbamos a comulgar… diariamente, en la
iglesia del pueblo. A la cena comíamos juntos, y después de alguna
lectura espiritual en la mesa, disfrutábamos conversando con Newman49.

J. B. Dalgairns50, otro miembro de la comunidad de Littlemore desde


1842 a 1845, brindó detalles adicionales relativos a la vida en el “monasterio”:

Nuestra regla… está hecha para ser vivida por dos clases de personas. O
ayunamos hasta las 5, o desayunamos pan seco y té a las 12. A la cena
(esto es la comida de las 5 en punto) todos los días tenemos pescado
salado y un postre de alguna clase. Cuatro días en la semana hay carne
en la mesa, pero a los que la comen, no se les permite té, ni a la mañana
ni a la tarde… Los días penitenciales… todos desayunamos a las 12
pan con manteca y té… Con respecto a las reglas hemos avanzado hasta
aquí. Primero, Maitines, Laudes y Prima (dispensada) a las 6; las otras
horas al tiempo establecido, excepto Vísperas, cuya hora todavía no es
regular. Desayuno alrededor de las 8 y 20; té-cena a las 5 y media.
Durante el día hasta las 3 en punto, excepto en las comidas, se observa
silencio, y nuevamente después de las Completas51.

En resumen, para Newman no era algo extraño vivir una vida ascética.
Sin embargo es importante recordar las palabras de Geoffrey Rowell: los “rigores
ascéticos de Littlemore… por supuesto reflejan la percepción de Newman de un

49 William LOCKHART, Cardinal Newman: Reminiscences of Fifty Years Since (London:


Burns & Oates, 1891), 10-11. Ver: Daniel J. LATTIER, «Newman’s Theology and Practice of
Fasting as an Anglican», Newman Studies Journal [NSJ] 5/2 (Fall 2008): 56-68, y «Newman’s
Silence on Fasting as a Roman Catholic» , NSJ 6/2 (Fall 2009): 38-48.
50 John Dobrée Dalgairns (1818-1876), un becario del Exeter College (Oxford), fue recibido
como católico romano por Fr. Dominic Barberi en septiembre de 1845; posteriormente, se
unió a Newman en Roma para su noviciado oratoriano en 1847 y fue destinado al Oratorio de
Birmingham hasta 1849, cuando fue al Oratorio de Londres; regresó a Birmingham, 1855-1856,
pero volvió al Oratorio de Londres, donde sucedió a Faber como superior.
51 R. D. MIDDLETON, Newman and Bloxam: An Oxford Friendship (London: Oxford
University Press, 1947), 87-88.
367
CuadMon 214 (2020) 351-369

llamado especial, más bien que una regla de aplicación general”52. Por lo tanto, el
ascetismo de Newman no representa una clase de santidad que vaya en contra de la
santidad cotidiana que él abogaba en otras partes. Más bien, Newman consideraba
las abnegaciones excepcionales de sí mismo como un llamado especial que recaía
sobre algunos pero no sobre todos los cristianos. Todos los cristianos deben vivir
según sus compromisos bautismales, pero no todos están obligados a vivir vidas
de profunda abnegación de sí mismos. Para Newman ninguna opción de vida era
más santa que otra y él indudablemente estaría de acuerdo con José Morales en
que “Así como el claustro o el convento no hacen necesariamente santos, así el
mundo tampoco desvía de por sí o vuelve mundanos a los cristianos que saben
cómo vivir en él53”.

En su Essay on Development of Christian Doctrine, en 1845, Newman


dio a la vida monástica una ubicación singular en el camino de la persona cristiana.
La miró como una penitencia útil para los pecados post-bautismales:

“Pero hay una forma de Penitencia que ha sido más predominante y


uniforme que cualquier otra, de la cual las formas ya señaladas han
surgido, o sobre la que ellas han sido vinculadas: la Regla Monástica.
En las primeras épocas, la doctrina del castigo por el pecado, sea en
este mundo o en el próximo, era poco necesaria. La rígida disciplina
de la Iglesia naciente era la prevención de las ofensas mayores; y las
persecuciones sufridas, la penitencia por los pecados cometidos. Pero
cuando las exigencias se relajaron y cesó la categoría de confesor de la
fe, entonces se tornó necesario algún sustituto, y tal fue el monacato,
siendo a la vez una suerte de continuación de la inocencia primigenia, y
una escuela de mortificación de sí mismo54”.

El monacato es entonces un llamado especial para algunos, particularmente


para realizar penitencia por el pecado, pero no es obligatorio para todos los

52 Geoffrey ROWELL, «Newman’s Pastoral Advice for a Sincere Christian Life in the Anglican
Years according to his “Letters and Diaries”», en Biemer-Fries, Heiligkeit, 228.
53 MORALES, “Holiness”, 158.
54 JHN, An Essay on the Development of Christian Doctrine (London: James Toovey, 1845),
423-424.
368
LA TEOLOGÍA DE LA VIDA RELIGIOSA/MONÁSTICA DE J.H.NEWMAN, Greg Peters.

cristianos, no requiere una “imitación al pie de la letra”55. Como escribió Placid


Murray, “Newman nunca tuvo una vocación monástica”, en consecuencia es
imposible imaginar que él hubiera elevado a la entidad del monacato por encima
de la vida cristiana no monástica56.

Conclusión

Newman creyó que los primeros monjes simplemente estaban tratando


de huir del mundo y morir en paz. “Su única idea entonces, su único propósito,
–escribió en un ensayo:“The Mission of St. Benedict”– era estar alejados [del
mundo]; por demasiado tiempo el mundo los había fascinado. No se trataba de
esta o aquella vocación, o de una acción mejor, o de una categoría más alta,
sino que era una cuestión de vida o muerte”57. Para Newman, el monacato era
un medio para la santidad, así como vivir una vida cristiana no monástica día a
día, era también un camino hacia la santidad. En el pensamiento de Newman, la
santidad no se alcanza por medio de un llamado particular, como el del monacato,
sino que se alcanza viviendo con fidelidad el llamado de cada uno, el que pueda
ser.

[email protected]

55 NEWMAN, “The Apostolical Christian”, SSD, 290.


56 Placid MURRAY, Newman the Oratorian (Leominster: Fowler Wright Books, 1980), 127.
57 JHN, “The Mission of Saint Benedict”, en Historical Sketches, 2: 365-430, en 374; disponible
en: http://www.newmanreader.org/works/historical/volume2/benedictine/mission.html; este ensayo
fue publicado originalmente en el Atlantis de enero, 1858.
369
370
NUEVO ORDEN MUNDIAL Y PANDEMIAS
Meditación monástica en tiempos de clausura universal.
Fidelidad creativa en un eventual cambio de época.
Bernardo Olivera, OCSO1

Los cristianos y, por lo mismo, lo monjes, no somos “del” mundo, pero


vivimos “en” el mundo. Por eso, no somos ajenos a las alegrías y dolores que
embargan a nuestro mundo contemporáneo. Vamos, entonces a reflexionar sobre
una “nueva” y compleja realidad socio política con incidencia a escala mundial
denominada “Nuevo Orden Mundial”. Conocemos, en parte, la variada literatura
que existe al respecto. No es fácil encontrar estudios serios hechos por personas
competentes. Pero, evidentemente, los hay, y muchos. No se trata de buscar y
encontrar “conspiradores” a escala planetaria, sino de discernir un signo en
nuestros tiempos que no puede ser ignorado para comprender el presente y futuro
de la vida monástica.

1. Un poco de historia reciente

Al concluir la “guerra fría”, con la disolución de la URSS y la caída del


muro de Berlín (1990), cambió la estructura bipolar vigente desde la conclusión
de la Segunda Guerra Mundial. El vencedor fue el sistema capitalista con su
ideología liberal. EE.UU. y sus aliados europeos son los agentes que elaboran e
imponen el nuevo orden.

Comenzó al mismo tiempo una revolución cultural laicista y marxista


en sus aspectos más radicales. Se establece un nuevo diseño ético, se suprimen
presupuestos antropológicos fundamentales y se domestica a las mayorías

1 Abad emérito del Monasterio Nuestra Señora de los Ángeles, Azul, Argentina.
371
CuadMon 214 (2020) 371-382

culturalmente indefensas. Esta realidad, en parte, es conocida hoy como la


“Ideología de género”.

El Cardenal Joseph Ratzinger compuso en el año 1997 un Prefacio para un


libro de M. Schooyans, miembro de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales y
consultor de Consejo Pontificio para la Familia. El libro tiene este sugestivo título:
El Evangelio frente al Desorden Mundial (publicado originalmente en francés
en el año 1997). El entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la
Fe constató el fracaso de la ideología marxista y denuncia un intento liberal de
establecer un “nuevo orden mundial” que traiga la felicidad en este mundo. Dice
el Cardenal Ratzinger:

...Hay, tentativas de construir el futuro que se inspiran, en forma más


o menos profunda, en las fuentes de las tradiciones liberales. Estas
tentativas están asumiendo una configuración cada vez más definida, la
cual está presente bajo el nombre de Nuevo orden mundial, y encuentran
expresión cada vez más evidente en la ONU y en sus Conferencias
internacionales, en particular en las de El Cairo y de Beijing (Pekín),
que en sus propuestas de caminos para arribar a condiciones de una
vida distinta traslucen una auténtica y propia filosofía del hombre
nuevo y del mundo nuevo. Una filosofía de este tipo no tiene ya la carga
utópica que caracterizaba al sueño marxista. Por el contrario, ella es
muy realista sobre los límites del bienestar, solicitado a partir de los
límites de los medios disponibles para alcanzarlo, y recomienda, por
ejemplo, sin por esto buscar justificarse, no preocuparse del cuidado
de aquéllos que ya no son productivos o que no pueden esperar más
una determinada calidad de vida. Además, esta filosofía ya no espera
que los hombres, habituados ahora a la riqueza y al bienestar, estén
dispuestos a hacer los sacrificios necesarios para alcanzar un bienestar
general, sino que propone las estrategias para reducir el número de
los comensales a la mesa de la humanidad, para que no se resquebraje
la felicidad pretendida que algunos han alcanzado. La peculiaridad
de esta nueva antropología, que debería constituir la base del Nuevo
orden mundial, se torna evidente sobre todo en la imagen de la mujer,
en la ideología del “empoderamiento de las mujeres”, nacida en la
Conferencia de Beijing. El fin de esta ideología es la autorrealización de
la mujer, pero los principales obstáculos que se interponen entre ella y su
autorrealización son la familia y la maternidad. Es por eso que la mujer
372
“NUEVO ORDEN MUNDIAL” Y PANDEMIAS, Bernardo Olivera, OCSO.

debe ser liberada, en forma particular, de aquello que la caracteriza, es


decir, de su especificidad femenina. Ésta última está llamada a anularse
frente a una “equidad e igualdad de género”, frente a un ser humano
indistinto y uniforme, en cuya vida la sexualidad no tiene otro sentido
que el de una droga voluptuosa de la que se puede hacer uso sin ningún
criterio. En el temor a la maternidad que se apodera de gran parte de
nuestros contemporáneos entra seguramente en juego también algo
todavía más profundo: el otro es siempre, a fin de cuentas, un adversario
que nos priva de una parte de la vida, una amenaza para nuestro yo y
para nuestro libre desarrollo. Al día de hoy, ya no existe una “filosofía
del amor”, sino solamente una “filosofía del egoísmo”.

Pronto se cumplirán los 25 años de esta profética afirmación del Cardenal


Ratzinger; nos asombra la claridad de su discernimiento. El paso del tiempo le ha
ido dando la razón.

2. Acercándonos al presente

El Papa emérito Benedicto XVI, en su Encíclica social, Caritas in


veritate, fechada el 29 de junio del 2009, hizo una relectura de la carta Populorum
progressio para celebrar los cuarenta años de su publicación. El Papa emérito
deseaba ofrecer unas orientaciones pastorales para el desarrollo integral de
la humanidad en una época cuya novedad principal ha sido el estallido de la
interdependencia planetaria, ya comúnmente llamada globalización (CV, 33).

La “globalización”, en palabras de Benedicto XVI y citando a Juan Pablo


II: “no es a priori, ni buena ni mala. Será lo que la gente haga de ella” (CV, 42).

Podría referirse a una integración planetaria de la humanidad entendida


como una gran familia, pero esto tendría que verificarse según ciertos criterios:
“La verdad de la globalización como proceso y su criterio ético fundamental
vienen dados por la unidad de la familia humana y su crecimiento en el bien. Por
tanto, hay que esforzarse incesantemente para favorecer una orientación cultural
personalista y comunitaria, abierta a la trascendencia, del proceso de integración
planetaria” (CV, 42).

373
CuadMon 214 (2020) 371-382

Pero también podría tratarse de una “ideología de la tecnocracia”. Es


decir, puede ser vista como vehículo del primado de la técnica planetaria como
forma dominante de pensamiento (Cf. CV, 14).

“El proceso de globalización podría sustituir las ideologías por la


técnica, transformándose ella misma en un poder ideológico, que
expondría a la humanidad al riesgo de encontrarse encerrada dentro de
un a priori del cual no podría salir para encontrar el ser y la verdad”
(CV, 70).

“Pero la racionalidad del quehacer técnico centrada sólo en sí misma se


revela como irracional, porque comporta un rechazo firme del sentido
y del valor” (CV, 74).

Llegados a este punto nos podemos preguntar: ¿es necesaria una autoridad
planetaria que rectifique rumbos y lleve a la humanidad al bien común? Nadie
ignora las ventajas y riesgos que esta eventual autoridad traería consigo.

El mismo Benedicto XVI, ya reconocía que la Organización de las


Naciones Unidas en su actual estructura “necesita con urgencia una reforma”,
pues carece de la imparcialidad y solidaridad requerida para una autoridad
política mundial, dado que en ella gobiernan los fuertes en desmedro de los más
débiles (CV, 67).

Además de lo recién dicho, la supuesta autoridad mundial debería


disponer de poder efectivo y no sólo moral. Y aquí aparece un segundo y serio
riesgo: se debilitaría la autonomía de los estados y otros cuerpos intermedios. La
subsidiariedad y división de poderes podría ser un remedio, pero… (cf. CV, 57).
A pesar de todos los riesgos, pareciera ser que la familia humana requiere “un
grado superior de ordenamiento internacional de tipo subsidiario para el gobierno
de la globalización” (CV, 67), dando así concreción real al concepto de familia de
naciones (cf. CV, 67).

Benedito XVI ha dejado planteada una inquietud. El reinado de Dios


como Padre Nuestro podría ser el único camino adecuado para la fraternidad
universal de todos en Jesucristo. Estamos en el ámbito de la utopía, entendida
como deseo y aspiración de una plenitud, que sólo Dios puede colmar. ¿Acaso la
Iglesia no está llamada a ser como “un sacramento o signo e instrumento de la
374
“NUEVO ORDEN MUNDIAL” Y PANDEMIAS, Bernardo Olivera, OCSO.

íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano (…) y constituye
en la tierra el germen y el principio del Reino de Cristo y de Dios?” (Lumen
Gentium, 1 y 5).

Por el momento, en el mundo de hoy, la eficiencia y la utilidad son


los únicos criterios de acción y verdad. Está sucediendo lo que temía el Papa
emérito: “Sin la guía de la caridad en la verdad, este impulso planetario (de la
globalización) puede contribuir a crear riesgo de daños hasta ahora desconocidos
y nuevas divisiones en la familia humana” (CV, 33).

3. Discerniendo poderes

Ahora bien, hay diferentes entidades, grupos y organizaciones que


intentan darle un rumbo u orientación al fenómeno de la globalización; aparecen
así lo que podemos llamar “globalismos”. Se trata ahora de discernir qué grupo
está utilizando la globalización para su propio proyecto.

De hecho, existe una estructura de poder, compleja en su composición,


cuya finalidad es imponer un Nuevo Orden Mundial, y que utiliza la globalización
a fin de establecer sus planes.

Constatamos en la actualidad un par de estructuras de poder, una de


derecha y otra de izquierda, aparentemente antagónicas, pero coincidentes en
algunos puntos comunes, aunque por diferentes motivos.

Una de ellas, de índole liberal, lleva la iniciativa temporal porque se


organizó más tempranamente –hablaremos enseguida de ella–; la otra, el “Foro
de San Pablo”, se reorganizó más tardíamente, aglutinando todos los partidos
políticos de la izquierda latinoamericana, desde reformistas hasta revolucionarios.
Además, a las reuniones de esta última suelen asistir también representantes de
movimientos sociales de izquierda de Europa y Asia. Desde hace un par de años,
el “Foro” se ha convertido en el “Grupo de Puebla” y opera desde México y por
medio de video conferencias.

Las Izquierdas comunistas o “populistas” y las Derechas liberales juegan


continuamente una pulseada midiendo fuerzas en el ejercicio del poder mundial
o, y aquí está la paradoja, estrechando manos y aunando esfuerzos en objetivos
375
CuadMon 214 (2020) 371-382

momentáneamente comunes, para volver luego a poner todos los medios para
desestabilizarse mutuamente.

Veamos ahora los componentes de la Derecha liberal en cuanto


estructura de poder mundial. Nos interesa identificar sus principales actores. Su
acción conjunta va poniendo en cuestión la soberanía de los Estados, los cuales
se van convirtiendo en simples mecanismos para adoctrinar y someter a la
propia población. Estos agentes intervienen en todos los países a escala mundial.
Ahora bien, ¿quiénes son estos actores? En forma sintética, podemos nombrar los
siguientes:

• Órganos de propaganda: Hollywood, Cadena Nacional de Noticias...


• Organismos de Crédito: Fondo Monetario Internacional, Banca
Mundial, Banco Internacional de Desarrollo...
• Usinas del pensamiento único: Universidades de prestigio
internacional, como Harvard, John Hopkins y otras que dependen de
ellas.
• Familias hegemónicas y banqueras: Morgan, Roschild, Rockefeller,
Monsanto...
• Centros de holocausto prenatal: International Planned Parenthood
Federation (IPPF)...
• Entidades “benéficas”: Ford Foundation, Soros y Open Society, Bill y
Melinda Gates Foundation...
• Otras Asociaciones: Council of Foreign Relations, Trilateral
Commission, Club Bilderberg, Federal Reserve o Banco Privado
Mundial...
• Centro diseñador e impulsor de agendas demográficas y educativas
universales: la Organización de Naciones Unidas y sus Agencias
(Organización Mundial de la Salud, Fondo de Naciones Unidas para
la Infancia...)

Vamos constatando que cada una de estas entidades y organizaciones


(integradas por muchos “masones” y por personas política y socialmente de
“derecha” y de “izquierda”...) cumple un cometido particular en beneficio de un
objetivo común: reducir la población mundial en provecho de los países más
desarrollados y ricos, modificar la institución familiar y el “código binario”
(varón y mujer), asumir el poder político, integrar lobbies (LGTBIQ+) al servicio
376
“NUEVO ORDEN MUNDIAL” Y PANDEMIAS, Bernardo Olivera, OCSO.

de la propia causa, revolucionar la cultura occidental de cuño cristiano, destruir la


Iglesia Católica, baluarte de la Tradición...

La historia va demostrando que la Organización de Naciones Unidas


(ONU), aunque su mismo “logo” pretenda mostrar a todos los Estados en un
plano igualitario, está controlada por un comité muy particular, el Consejo
de Seguridad con poder de veto, la igualdad no es más que una ilusión. Basta
analizar su composición y financiamiento para darse cuenta de cuál es la realidad
administrativa y las políticas que se van imponiendo. Desde hace ya varios años la
ONU ha disfrazado su política antinatalista con el ropaje de “derechos humanos”.

Un importante organismo de la ONU, la Organización Mundial de la


Salud (OMS), incorporó plenamente en sus programas los conceptos impuestos
en las Conferencias de El Cairo (1994) y Pekín (1995), conceptos ambivalentes
contra los que combatió el Papa Juan Pablo II. La OMS está sujeta a otras esferas
de poder, entre los que la respaldan y colaboran con ella está la International
Planned Parenthood Federation (IPPF, la institución anticonceptiva y abortiva
más grande del mundo), el Population Council de la familia Rockefeller y más
recientemente, el Partido Comunista de la República Popular de China. En la
actual “pandemia” del “corona-virus”, la OMS mostró su verdadero rostro
ideológico, volveremos enseguida sobre este tema.

Aunque resulte irónico, el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia


(UNICEF), importante agencia de la ONU, que pasa su “alcancía” en los vuelos
internacionales de las grandes compañías aéreas, promueve el aborto desde hace
más de cincuenta años.

Todos los “nuevos actores” mencionados precedentemente tienen sus


portales en la WWW y son de fácil consulta. Aunque algunos de ellos guardan
la debida reserva sobre sus deliberaciones y decisiones, tal como el Club o Grupo
Bilderberg.

Todo esto, que podría ser considerado “ciencia ficción” o caer dentro de
la llamada “teoría conspiracionista”, ha sido una constante en la historia de la
humanidad. Siempre han existido “grupos de poder” que han intentado dominar
a la humanidad. La Sagrada Escritura nos habla de los “poderes de este mundo”
y da sobrado testimonio de su obrar. Desde el Faraón de Egipto que procuró
377
CuadMon 214 (2020) 371-382

controlar a Israel mediante el infanticidio, hasta el libro del Apocalipsis que delata
la hegemonía de un imperio que se impuso en toda la cuenca del Mediterráneo y
más allá de estos confines.

Sin caer en fundamentalismos simplistas y evitando gnosticismos ajenos


a la historia, hemos de tener en cuenta estas realidades a fin de afrontar el futuro
con realismo y esperanza. Nuestro servicio a la Iglesia y al mundo consiste en orar
y vigilar a fin de no caer en la tentación, incluida la del temor a ser encadenado en
la cárcel de la “teoría de la conspiración”.

Estos “amos del mundo” ignoran algo que enseña la fe y demuestra


la historia de la humanidad. Puede ser oportuno recordárselos a fin de que se
conviertan y vivan: el Poderoso, cuyo nombre es Santo, dispersa con su brazo
a los soberbios de corazón, derriba a los potentados de sus tronos y despide a
los ricos con las manos vacías; al mismo tiempo que: exalta a los humildes y
colma de bienes a los hambrientos…2. Finalmente, nos lo asegura un auténtico
profeta, la Bestia y el Dragón serán arrojados a un lago de fuego en donde serán
atormentados eternamente3. Habrá, entonces, un cielo nuevo y una tierra nueva, y
el mundo viejo habrá pasado4.

4. Pandemias

Agrego un último y reciente dato, tan reciente que todavía no ha concluido


y nos encontramos aún sumergidos en él. Esta “inmersión” hace que abunden
opiniones y lecturas de todo tipo que nublan la realidad e impiden un mínimo
de objetividad. Si en el desvelamiento del Nuevo Orden Mundial había que ser
cautos, en el presente que estamos viviendo hay que serlo aún más. Me estoy
refiriendo a la Pandemia del Covid-19 que estamos todos sufriendo.

Es un dato fácilmente comprobable que varias “pandemias” han castigado,


parcial o totalmente, a la humanidad en los años recientes. Baste recordar las
siguientes:

2 Cf. Lc 1,51-53.
3 Cf. Ap 20,10.
4 Cf. Ap 21,1.
378
“NUEVO ORDEN MUNDIAL” Y PANDEMIAS, Bernardo Olivera, OCSO.

• 2002: Síndrome respiratorio agudo severo “Sars-CoV” que afecta


a 26 países en 2003 y origina más de 8000 casos, con una tasa de
mortalidad global de alrededor del 13 %.
• 2009-2010: La pandemia de “Gripe A” con una mortandad aproximada
entre 150.000 y 575.000 personas en el mundo.
• 2014: La epidemia de “Ébola” del año 2014, la cual comienza en
Guinea, en el mes de marzo y se extiende en los meses siguientes
a Liberia y Sierra Leona. Posteriormente llega a Nigeria, Senegal,
Reino Unido y Estados Unidos. Su alta tasa de mortalidad fue de
4500 personas en medio año y no se conocen medidas curativas.
• 2014: El virus “Zika” afecta a varios millones de personas y miles de
bebés nacidos con microcefalia, aunque aún parece no haber certeza
científica de la relación entre la microcefalia y el virus. La cifra de
muertos se calcula en 4030 casos.
• 2019-2020: La actual pandemia de “Covid-19”. Nuevo tipo de
coronavirus (Sars-CoV2) detectado en el continente asiático a finales
de 2019. Fue declarado pandemia el 11 de marzo de 2020. Hasta
la fecha (9 de junio 2020), habría afectado a más de 7.000.000 de
personas y ocasionado 410.000 muertes. La tasa de letalidad es 5,7%
y la tasa de recuperación es 48,2%.

Las estadísticas, si son ciertas, mostrarían con claridad la severidad del


“Covid-19”, su extensa propagación, el alto índice de contagios y una relativa
mortandad.

Es verdad que entre las muchas voces que se han alzado, hay algunas
que merecen crédito por su cientificidad, desinterés y virtud probada de los
portavoces. Se habla así de: un virus modificado en laboratorio, manipulación
de las estadísticas, confusión creada por las directivas de la OMS, prolongación
innecesaria de cuarentenas que van destruyendo a los pequeños emprendedores,
a las economías domésticas y nacionales, todo acompañado por un creciente
desempleo… Además de: miedos inducidos por la prensa y autoridades sanitarias,
expectativas de “la vacuna” (la cual será objeto de fabulosos negociados) como
única tabla de salvación. Más allá de la veracidad, parcial o total de estas voces,
subsiste el interrogante: ¿pandemia o falsemia y plandemia? Lo más probable es
que se trate de las tres realidades a la vez. Alguien se ha referido al covid-19 como
una “pum”, es decir: una pandemia universal mediática.

379
CuadMon 214 (2020) 371-382

Obviamente, los países pobres (“sub-desarrollados”) serán aún más


pobres y necesitados de ayuda, lo cual los hará aún más dependientes y a merced
de quienes manejan la economía y el poder.

Otras voces anuncian que el “mundo post-industrial”, con su tecnología


digital, bancos, finanzas, petróleo, gas natural… pertenece al pasado, aunque siga
sobreviviendo en algunos ámbitos y regiones del mundo. Un modelo mundial
y planetario va muriendo y otro va emergiendo. Un nuevo “tecno-paradigma
trans-industrial” ha comenzado, sus principales elementos son: el hombre “post-
humano”, la robótica, la inteligencia artificial, la “virtualidad” que va superando
a la “realidad”, la tecnología tridimensional, la educación a distancia, la creciente
emergencia de las redes sociales y el intento de controlarlas, la creación de nuevos
bloques sociopolíticos…

Constatamos el empeño de grupos nacionales e internacionales por


ganar a la juventud actual, promesa del mañana, mediante sistemas educativos
ideologizados. Se trata de una prioridad, dado que los jóvenes de hoy serán los
nuevos consumidores y agentes del nuevo paradigma emergente. El principal
obstáculo que se opone a este propósito es la familia biparental y abierta a la prole.
La solución es simple: hay que destruir a la familia mediante nuevos modelos
“familiares” sin código binario ni prole natural. Esta destrucción es también algo
fácilmente comprobable.

Si pasamos todo lo precedente por la criba del discernimiento, algo y,


quizás, mucho va quedando. Es decir, tiene consistencia y volumen. Todo lleva a
pensar que las pandemias son uno de los tantos medios que utilizan los agentes
del Nuevo Orden Mundial para imponer su agenda y dominar a la humanidad. La
globalización es el caballo de batalla, la ideología de género es el arma cultural y
las pandemias dan el golpe letal.

La Iglesia y, claro está, nuestros monasterios se encuentran en este nuevo


contexto: no somos “del mundo”, pero vivimos “en el mundo”. Muchas “recetas”
o soluciones precedentes, puede que ya estén caducadas. Se impone abrirse a
Aquél que hace nuevas todas las cosas y prometió estar con nosotros hasta el fin
de los tiempos.

380
“NUEVO ORDEN MUNDIAL” Y PANDEMIAS, Bernardo Olivera, OCSO.

5. Don a Entregar

La forma de vida cristiana y monástica que explicita la Regla de San


Benito tiene ya quince siglos de existencia. Este carisma que suscitó el Espíritu
Santo ha atravesado las vicisitudes de los tiempos y se ha encarnado en diversas
geografías. Es responsabilidad de los monjes de hoy cooperar con el Espíritu Santo
a fin de custodiar y enriquecer este don para comunicarlo a nuevas generaciones.
Las circunstancias que vivimos en nuestros días son una oportunidad para volver,
si fuera necesario, a lo esencial y entregarlo a otras manos que sabrán hacerlo
fructificar.

Lo esencial del programa monástico según la Regla de San Benito,


recibido para ser vivido y entregado, consiste en unos pocos elementos claves; ellos
configuran una identidad al servicio de la Iglesia y del mundo. Concretamente:

• La finalidad de la vida monástica es la búsqueda de Dios (RB 58:7).


• A Dios se lo encuentra en Cristo (RB 4:21; 72:11).
• El cenobita lo busca bajo una Regla y un Abad (RB 1:2).

• El Opus Dei ocupa un lugar prioritario (RB 43:1-3).


• La oración privada es preparación y prolongación del Opus Dei (RB 4:56;
52:1-5).
• La lectura y meditación alternando con el trabajo equilibran la jornada
(RB 48).

• La obediencia, taciturnidad, humildad son los pilares de la vida


ascética (RB 5-7).
• La caridad fraterna bajo forma de buen celo domina la moral de la
Regla (RB 72).
• El monasterio es un taller en donde el monje ejercita el arte espiritual
(RB 4:78).

• La discreción es virtud esencial para que haya paz en la Casa de Dios


(RB 64:17-19).
• La estabilidad es requisito para la fecundidad de esta vida (RB 4:78;
58:9,17).

381
CuadMon 214 (2020) 371-382

Si es voluntad de Dios, y parece así serlo, la vida monástica continuará su


andadura en el Occidente post cristiano. El Señor prometió su presencia y hacerse
presente allí donde dos o tres se reúnen en su Nombre.

La Iglesia va peregrinando entre las persecuciones del mundo y los


consuelos de Dios, anunciando la cruz del Señor hasta que Él venga. Y, nosotros,
también.

Monasterio Nuestra Señora de los Ángeles


C.C.34 – B7300WAAAzul – Pcia. Bs.As.
ARGENTINA

382
FUENTES

PAR ALIPÓMENA
sobre la vida de san Pacomio1

Capítulo 10: sobre una aparición nocturna2

24. Sucedió en cierta ocasión que el gran Pacomio y Teodoro, su


(discípulo) amado, caminando en el monasterio3 de noche, de repente vieron
desde lejos una gran aparición4 llena de engaño. Lo que apareció era una forma de
mujer que tenía una belleza indecible5. Cuando Teodoro vio esa aparición, quedó
muy perturbado y su rostro cambió. El bienaventurado (Pacomio) advirtiendo que
estaba perturbado y atemorizado le dijo: “Ten confianza en el Señor, Teodoro, y
no te angusties”.

1 Traducción y notas de Enrique Contreras, osb. La primera parte de esta obra se publicó en
Cuadernos Monásticos n. 213 (2020), pp. 227-263. Abreviaturas utilizadas:
- Corpus: F. Halkin, sj, Le corpus athénien de saint Pachôme, avec une traduction française
par André-Jean Festugière, o.p., Genève, Patrick Cramer Éditeur, 1982, pp. 73-93 (Cahiers
d’Orientalisme, 2). Edición a partir del manuscrito Atheniensis (B).
- Histoire: Histoire de saint Pacôme (une rédaction inédite des Ascetica). Texte grec des
manuscrits Paris 881 et Chartes 1754 avec une traduction de la version syriaque et une analyse
du manuscrit de Paris Supp. Grec 480 par J. Bousquet et F. Nau, en Patrologia Orientalis, IV,5,
Paris, Libraire de Paris, 1908, pp. 430 ss.
- Pachomian: Pachomian Koinonia. Volume Two. Pachomian Chronicles and Rules. Translated,
with an introduction by Armand Veilleux, Kalamazoo (Michigan), Cistercian Publications Inc.,
1981, pp. 19-70 (Cistercian Studies Series, 46).
- Vitae: F. Halkin, sj, Sancti Pachomii Vitae Graecae, Bruxelles, Societé des Bollandistes,
1932, pp. 122-165 (Subsidia hagiographica, 19). Edición basada principalmente en el manuscrito
Laurentianus (F).
2 Texto sirio: §§ 39-43 (Histoire, pp. 465-470).
3 Esta indicación falta en el manuscrito B.
4 Phantasia.
5 B añade: “al punto que no se podía describir ni la belleza ni el aspecto de la visión que se les
presentaba”; el texto siríaco es semejante (§ 39; Histoire, p. 465).
383
CuadMon 214 (2020) 383-404

La hija del diablo

Y diciendo esto, el santo comenzó a orar con él, para que aquella temible
aparición fuera expulsada lejos de ellos. Pero mientras rezaban, ella se adelantó
con desvergüenza más cerca de ambos. Se aproximó con una multitud de
demonios corriendo delante de ella; y la oración no la hacía retroceder. Llegando
hasta ellos, les dijo: “El esfuerzo de ustedes es en vano, nada pueden hacer ahora
contra mí. He recibido de Dios omnipotente el poder de tentar a quienes quiera.
De hecho, le he estado pidiendo esto por mucho tiempo”. El santo (hombre) le
preguntó: “Tú, ¿de dónde vienes, quién eres y a quién has venido a tentar?”. Ella
respondió: «Soy la hija del diablo y soy llamada “todo su poder”, porque la entera
falange de los demonios me sirve. Fui yo quien eché aquí abajo, a la tierra, a
las santas luminarias. Fui yo quien arrebaté a Judas del grupo de los apóstoles.
Ahora, Pacomio, he recibido poder para hacerte la guerra. No puedo soportar la
injuria (infligida) a los demonios6; nadie me ha hecho tan débil como tú. Me has
reducido a ser pisoteada bajo los pies de niños, ancianos y jóvenes. Y has reunido
contra mí semejante multitud, rodeándola con el temor de Dios como con una
muralla casi infranqueable, de modo que mis servidores ya no pueden acercarse a
ninguno de ustedes con confianza. Ahora todo esto me ha sucedido por causa del
Verbo de Dios hecho hombre; es Él quien “te dio el poder para pisotear bajo tus
pies toda nuestra fuerza” (Lc 10,19), y burlarte de nosotros».

La venganza de la hija del diablo

25. El santo Pacomio le preguntó: “¿Has venido a tentarme solo a mí o


también a otros?”. “A ti y a todos los que son como tú”, dijo aquella. Pacomio le
habló de nuevo: “Entonces, ¿también a Teodoro?”. Ella respondió: “He recibido
poder sobre ti y sobre Teodoro; pero no puedo acercarme en modo alguno a
ustedes”. Ellos preguntaron: “¿Por qué?”; respondió ella: “Si pudiera combatirte,
por esa causa obtendrías un beneficio mucho mayor por causa de la injuria, porque
has sido hecho merecedor de contemplar la gloria de Dios. Pero no vivirás para
siempre en beneficio de aquellos para quienes, al presente, has hecho una muralla
por medio de tus oraciones, y a los que ayudas. Puesto que llegará un tiempo,
después de tu muerte, en que danzaré entre los que ahora proteges7 contra mí.
Porque me has hecho pisotear por los pies de una multitud de monjes”.

6 Lit.: la injuria (o: vergüenza) de los demonios.


7 O: vigilas; tienes bajo vigilancia (phroyreo).
384
FUENTES: PARALIPÓMENA SOBRE LA VIDA DE SAN PACOMIO.

La hija del diablo carece de presciencia

El gran (hombre) le dijo: “¿Cómo sabes que los que vendrán después de
nosotros no serán ya más hombres8 de Dios, capaces de confirmar en el temor
de Dios a los que (están) con ellos?”. Ella dijo: “Yo sé eso”. El gran (hombre)
le dijo: “Mientes según tu impía cabeza9 porque no conoces en modo alguno
el futuro10. Porque solo Dios tiene presciencia11”. Ella respondió y le dijo: “Por
presciencia ciertamente nada sé, como has dicho; puesto que la presciencia es
una propiedad de solo Dios. Si sé, como te he dicho, es por vía de conjetura”. El
bienaventurado Pacomio le dijo: “¿Cómo conjeturas?”. Aquella dijo: “Por medio
de lo que ya ha sucedido conjeturo lo que todavía no ocurrió”. “¿Cómo?”, dijo él;
y ella le contestó: “Sé que el inicio de toda acción tiene su soporte en el deseo
esforzado hacia la realización de las cosas que se ansían, especialmente en el caso
de la plantación divina y de la vocación celestial12. Lo cual es confirmado por la
voluntad de Dios, con maravillas, signos y diversos prodigios, dando seguridad a
aquellos que lo buscan. Pero cuando ese inicio se va envejeciendo más y más, deja
de crecer; y al dejar de crecer, también es consumido por el tiempo o se marchita
por la enfermedad o se oscurece por negligencia”.

Fin del diálogo con la hija del diablo

26. El santo (hombre) le preguntó: “¿Entonces has venido, según dijiste, a


tentar a los grandes y no a todos los hermanos? Porque, como has dicho, tu única
tarea es la perdición de las almas, y superas a todos los demonios en maldad,
y posees el poder necesario para oponerte a (esos) muy grandes varones”. Ella

8 O: linaje (gnesios) de Dios.


9 Cf. Dn 13,55. 59.
10 Cf. G1 § 3: «Después de que se hizo monje, contando sobre su infancia, Pacomio les dio a
conocer esto a los monjes que lo rodeaban, diciéndoles: “No crean que los demonios, que nada
bueno saben, obraban con presciencia, cuando me perseguían pensando que después debía recibir
por misericordia la fe verdadera. Pero viendo ellos que odiaba el mal, porque efectivamente Dios
creó bueno al hombre (cf. Qo 7,29 [Vulgata 30]), intentaban adivinar: ‘¿No estará lleno del temor
de Dios en su conducta?’, y sus servidores me expulsaron”» (Pachomian, p. 69).
11 Prognostikos: relativo al conocimiento de lo que va a suceder. B agrega: “Pero tú reinas sobre
la mentira”; y en modo semejante la versión siríaca: “Tú eres la reina (lit.: la jefa) de la mentira”
(§ 41; Histoire, p. 468).
12 Cf. Hb 3,1. La frase tiene un inicio diverso en el texto sirio: “Sé que toda cosa que comienza
por el amor y la ciencia, es fortificada por el objeto al cual se aplica…” (§ 41; Histoire, p. 468).
385
CuadMon 214 (2020) 383-404

le respondió: “Ya te he dicho antes que, desde la irrupción sobre la tierra de la


manifestación del poder de Dios, el Salvador de ustedes13, hemos sido debilitados
y somos como un pajarillo del que se burlan14 los que quieren servir al Señor,
siendo irrisión para esos hombres pneumatóforos. Pero si nos hemos debilitado15,
no (permanecemos) ociosos en nuestro esfuerzo, según podemos, nunca
descansamos de oponernos a ustedes, sembrando nuestra propia maldad en el
alma del que combate. Y si viendo que la recibe y que sin duda nos permite entrar
en ella, entonces la inflamamos con intensos placeres16. Pero si, por su fe en Dios,
rechaza recibir nuestra semilla17, seremos para él como el humo que se disipa en
el aire. Esta es la razón por la que no se nos permite entablar guerra contra todos,
porque no todos han alcanzado la perfección. Puesto que, si se nos permitiera
combatir contra todos, a muchos que se apoyan en tu protección, los habríamos
conducido a la perdición”.

Pacomio expulsa a la hija del diablo

El bienaventurado (hombre) le dijo: “¡Oh maldad siempre despierta! No


cesarás de enloquecer al género humano hasta que la divina gracia de Dios venga
y te consuma”18. Después que dijo esto, de mala manera la echó para que se fuera
adonde se le había mandado, y le ordenó que nunca volviera a acercarse de nuevo
al monasterio.

El gran hombre informa sobre la aparición

Cuando llegó la mañana (siguiente), llamó a todos los grandes hermanos


y les relató todo lo que había visto y oído del miserable demonio. También envió
(padres) graves a (los hermanos) de los otros monasterios, confirmándolos por

13 Cf. Tt 3,4. El texto de B es algo diverso: “Después que el poder omnipotente de Cristo Salvador
ha aparecido sobre la tierra…”.
14 Cf. Jb 40,29.
15 B añade: “por causa de Cristo…”.
16 B agrega: “y la atacamos como enemigos poderosos, malvados y difíciles de vencer”.
17 La versión siríaca dice: “Si no quiere recibir nuestra semilla ni aceptar con gozo lo que le
ofrecemos, a causa de su fe en Dios y de la prudencia de su espíritu…” (§ 42; Histoire, p. 469).
18 En B se lee: “hasta que la gracia divina e impoluta de Cristo descendiendo del cielo los haga
perecer”. Así también se expresa la versión siríaca (§ 42; Histoire, p. 469).
386
FUENTES: PARALIPÓMENA SOBRE LA VIDA DE SAN PACOMIO.

medio de cartas en el temor de Dios, e informándoles acerca del tema de la


aparición.

Capítulo 11: sobre el hermano de Roma19

27. Sucedió un día que el bienaventurado (hombre) estaba visitando20 a


los hermanos en sus celdas corrigiendo los pensamientos de cada uno. También
se acercó a un cierto (hermano) romano, que poseía una gran dignidad21 y que
sabía perfectamente la lengua griega. Acercándosele entonces el gran (hombre)
a fin de amonestarlo para su provecho y para que conociera los movimientos
de su corazón, el gran (hombre) le habló en egipcio22. El hermano no entendía
lo que le decía; y tampoco el gran (hombre) lo que decía el romano, porque el
bienaventurado (hombre) no sabía griego. De modo que el gran (hombre) se
vio obligado a llamar al hermano que podía traducir lo que ambos decían. Pero
cuando llegó el intérprete, el romano no quería decir al gran (hombre) por medio
de otra persona las faltas de su corazón. Él le dijo: “Quiero solo a ti, después de
Dios, y a nadie más, dar a conocer las maldades de mi corazón”23. Oyendo esto
el gran (hombre) ordenó al intérprete que se fuera e hizo un signo con su mano al
hermano romano para que lo esperara hasta su regreso.

19 Lit.: Sobre el Romano. Este capítulo está mutilado, falta el final, en B (cf. Corpus, p. 140, nota
20); el título que se lee en este manuscrito es: Sobre el Romano y el carisma de lenguas.
20 Lit.: inspeccionando.
21 O: un ex gran dignatario.
22 Es decir, en sahídico, el dialecto copto del Alto Egipto. Esta historia contrasta con G1 § 95:
“… Cuando Pacomio instruía a los hermanos, Teodoro hacía de intérprete para ayudar a aquellos
que no comprendían el egipcio”. Aunque Pacomio parece haber intentado aprender el griego, no
tuvo éxito en la empresa, y necesitó un intérprete. Teodoro el Alejandrino, al que se refiere el
texto citado, fue quien desempeñó ese servicio de modo permanente (Pachomian, p. 69). El texto
de B es algo diferente: “El gran (hombre) entró para instruirlo en las cosas del alma y conocer
los movimientos de su corazón. Como el santo anciano no hablaba más que el egipcio porque no
sabía griego…”
23 B lee: “… Las enfermedades de mi corazón no quiero decírtelas por medio de un intermediario,
ni quiero que otro las oiga. Ante estas palabras el gran (hombre) ordenó al hermano que había
ido a traducir que se retirara. Como por otra parte él no podía ofrecerle al Romano palabras de
utilidad y de salvación porque no sabía el griego, el bienaventurado le hizo un signo con la mano
para que lo aguardara hasta que volviera y se fue a orar solo”. La versión siríaca es bastante
semejante (cf. § 44; Histoire, p. 470).
387
CuadMon 214 (2020) 383-404

Pacomio pide el conocimiento de otros idiomas

El bienaventurado (hombre) lo dejó y se fue a rezar solo. Extendiendo sus


manos hacia el cielo24, oró a Dios, diciendo: “Señor todopoderoso, si no puedo
ser de utilidad para los hombres que me has enviado desde el confín de la tierra,
porque no sé el lenguaje de ellos, ¿qué necesidad había de que vinieran hasta
nosotros? Si quieres salvarlos aquí por mi intermedio, permite, oh Señor, conocer
sus lenguajes para la corrección de sus almas”.

Se le concede el don de lenguas

Él oró por espacio de tres horas, suplicando con insistencia a Dios por
ello. De repente algo semejante a una carta escrita en un trozo de papiro cayó
desde el cielo en su mano derecha; y leyéndola, aprendió a hablar en todas las
lenguas. Habiendo dado gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, volvió al
hermano aquel con gran alegría y empezó a hablar con él sin tropiezos en griego y
latín. Cuando el hermano lo oyó, dijo que el gran (hombre) sobrepasaba a todos los
eruditos del lenguaje. Luego de corregir al hermano como era necesario, fijando
la penitencia correspondiente a sus faltas, lo encomendó al Señor25 y lo dejó.

Capítulo 12: sobre la higuera26

28. Sucedió que al día siguiente el bienaventurado (hombre) partió a


visitar otros monasterios. Llegó al monasterio llamado Monchosis y entró en él.

24 Cf. IV libro de los Macabeos 4,11: “Apolonio…: alzaba las manos al cielo y suplicaba con
lágrimas a los hebreos que rezaran por él y propiciaran al ejército celestial”; cf. Vitae, p. 155.
25 Cf. Hch 20,32. O también: lo confió al Señor.
26 La primera parte del texto falta (desde el título hasta “y comerlos”) en el manuscrito B.
La versión siríaca tiene el siguiente título: Sobre un santo hombre, llamado Jonás, que era
el jardinero de uno de los monasterios; y sobre un prodigio que hizo el gran Pacomio en el
monasterio de Jonás (§§ 46-49; Histoire, pp. 472-476). Cf. G1 § 54: “… Condujo a los hermanos
de Pabau al monasterio de Monchosis (Thmousons en SBo 51. Este monasterio estaba a unas seis
horas de viaje desde Pabau), que existía desde hacía mucho tiempo, los estableció según la regla de
la Koinonía, a petición de los principales (monjes) de ese monasterio, y les dio las constituciones
(pacomianas). Moraba allí un monje anciano y santo, de nombre Juan, asceta perfecto”. En vez
de Juan, se lee Jonás en las Vidas coptas y en las demás Vidas griegas. Cf. también el § 79 de la
misma Vida: “Cornelio, Psentaesio, Soyrys, Psoes, Pekysios, otro Pacomio, Pablo, Juan (o Jonás),
Pafnucio y muchos otros que es superfluo nombrar individualmente, fueron todos fuertes en el
388
FUENTES: PARALIPÓMENA SOBRE LA VIDA DE SAN PACOMIO.

Había en el medio del monasterio una gran higuera, a la que uno de los jóvenes27
acostumbraba (a subir) ocultamente, arrancar higos para (los otros jóvenes) y
comerlos. Cuando el gran (hombre) entró y llegó cerca de aquella higuera, vio
un espíritu impuro sentado en ella, y de inmediato supo que era el demonio de
la glotonería. Y el santo (hombre) se dio cuenta que ése era el que seducía a los
jóvenes; llamó al jardinero28 y le dijo: “Corta esta higuera, pues es un tropiezo
para quienes no están firmes en su propósito, y porque es indecoroso29 que esté en
medio del monasterio”. Cuando el jardinero oyó (esto), quedó sumamente afligido.

La ascesis del jardinero

29. El jardinero se llamaba Jonás. Había pasado ochenta y cinco años


en ese monasterio, en una muy venerable vida ascética. Él solo se ocupaba de
todo el cuidado de los frutales, y él solo había plantado todos los árboles frutales
de aquel monasterio. Sin embargo, nunca, hasta su muerte, había probado algún
fruto, mientras que todos los hermanos, los peregrinos30 y los vecinos comían
hasta la saciedad en el tiempo de los frutos en sazón. Ahora bien, este hermano
estaba vestido de la siguiente forma: uniendo tres pieles de oveja31, cubría todo
su cuerpo; con ellas le bastaba. Nunca se revestía con otro manto ni en tiempo de
invierno ni en verano. Tampoco sabía lo que era entregar el cuerpo al descanso, a
causa del continuo trabajo, puesto que trabajaba siempre con ardor. Nunca probó
algo cocido, ni lentejas u otros alimentos durante toda su vida, sino que solamente
tomaba vinagre con verduras crudas. Los hermanos también acostumbraban decir
sobre él que no conocía en qué casa estaba la enfermería ni lo que comían los
hermanos enfermos.

espíritu y verdaderos atletas de Cristo. Pacomio conocía la vida de cada uno y estableció a la
mayor parte de ellos como superiores y padres de los monasterios”.
27 O: niños, chiquillos, muchachos (paidion).
28 O: encargado del huerto (kepoyros).
29 B dice: “… para aquellos que no tienen todavía un juicio de hombre y no es una cosa que
esté…”.
30 O: huéspedes, forasteros, extranjeros (xenos).
31 Lit.: melotas.
389
CuadMon 214 (2020) 383-404

Admirables prácticas de Jonás

Además de todas estas cosas, según lo que escuchamos, hasta su muerte


este bienaventurado hombre nunca durmió acostado32. Durante el día trabajaba
en el jardín, tomando su comida hacia la puesta del sol. Entraba en su celda y se
sentaba en una silla33 en medio de la celda, trenzando cuerdas hasta la synaxis
nocturna. Así, si sucedía que las exigencias de la naturaleza lo obligaban a
dormir un poco, dormía sentado y teniendo en sus manos las cuerdas que estaba
trenzando. No trenzaba las cuerdas a la luz de una lámpara, sino sentado en la
oscuridad, mientras recitaba las Escrituras de memoria34. Tenía una sola túnica35,
que se ponía cuando iba a participar en los divinos y santos36 misterios de Cristo,
la cual se quitaba de inmediato, manteniéndola limpia37, y que conservó durante
esos ochenta y cinco años. Este bienaventurado anciano realizó muchas otras
acciones dignas de alabanza38.

32 Lit.: de espalda (noton).


33 Cf. Regla de san Pacomio, Preceptos 87: “Dormirán siempre sobre la banqueta recibida
para el caso, ya sea en la celda, sobre las terrazas (donde se reposa de noche para evitar los
grandes calores), o en los campos” (Pachomian, p. 69). PALADIO DE HELENÓPOLIS (+ 430),
en su Historia Lausíaca nos informa que eran unas sillas (thronoy) de “fácil construcción, algo
inclinadas hacia atrás (yptioteroys)”, de modo que los monjes “extendiendo sus mantas”, dormían
sentados (cap. 32; ed. Cuthbert BUTLER, Cambridge, University Press, 1904, p. 89 [Texts and
Studies, VI.2]). El texto de los Paralipómena utiliza para designar esa silla el vocablo diphros
(asiento, silla; parte del carro en que iba el conductor).
34 Lit.: sobre el pecho.
35 La versión siríaca añade: “… de lino sin mangas…” (§ 47; Histoire, p. 474).
36 Lit.: puros, sin mancha (achrantos).
37 Cf. Regla de san Pacomio, Prefacio 4: “En sus celdas no tienen más que una estera y los
objetos siguientes: dos túnicas (especie de vestido egipcio sin mangas) y una tercera ya usada
que usan para dormir o trabajar…”; Preceptos 81: “… Los hermanos no tendrán ni túnica de
lana, ni manto, ni una piel más suave –la de cordero que todavía no haya sido esquilado–, ni
dinero, ni almohadas de pluma para la cabeza, ni otros efectos. No tendrán sino lo que el padre
del monasterio distribuye a los jefes de casa, es decir, dos túnicas, más otra gastada por el uso, un
manto suficientemente amplio como para envolver el cuello y la espalda, una piel de cabra que se
prenda al costado, calzado, dos cogullas, y un bastón”. Apotegma Teodoro de Fermo 29: «Fueron
una vez a su celda tres ladrones, y dos lo tenían y el otro sacaba sus pertenencias. Después de sacar
los libros, quiso también llevarse su túnica, y le dijo: “Deja eso”. Pero no quisieron. Moviendo las
manos derribó a los dos (que lo tenían). Y al verlo tuvieron miedo. Les dijo el anciano: “No teman;
hagan cuatro partes de todo, tomen tres y dejen una”. Así lo hicieron, para que pudiera él tomar su
parte: la túnica para la synaxis» (cf. Pachomian, p. 69).
38 B agrega: “No las hemos incluido en la continuación del relato para no extender hasta el
390
FUENTES: PARALIPÓMENA SOBRE LA VIDA DE SAN PACOMIO.

Cómo murió Jonás

30. Encontramos todavía con vida a este hombre, que se durmió de una
forma inusual39. En efecto, entregó su santa alma mientras estaba sentado en su silla
y trenzaba cuerdas, conforme a su costumbre40. Pero este santo (hombre) no murió
súbitamente, para que las acciones virtuosas del justo no fueran disminuidas, sino
que se enfermó como todos los hombres; mas no quería ser persuadido para ir al
lugar de los enfermos, pues no deseaba ser servido como los otros enfermos, ni
gustar de los alimentos que comen los hermanos enfermos; tampoco quería yacer
acostado, aunque estaba enfermo, ni consentir, estando sentado, poner debajo una
almohada o cualquier otra cosa que pudiera proporcionarle alivio. Nadie estaba
a su lado cuando murió. Falleció sin duda sosteniendo su trabajo manual con las
cuerdas y trenzando. Y es admirable oír cómo fue sepultado. Puesto que sus pies
no podían extenderse, porque se habían endurecido como madera, y sus manos no
se podían pegar a su cuerpo, ni podía quitársele aquella piel41, por eso nos vimos
forzados a enterrarlo como a un atado de leños42.

La higuera que Jonás no quería cortar se secó

31. Fue a este (hombre)43 que san Pacomio se acercó, diciéndole que
cortara aquella higuera. Cuando lo escuchó, dijo al gran (hombre): “De ninguna
manera, padre, porque estamos acostumbrados a recoger de esta higuera una
gran cantidad de frutos para los hermanos”. Viendo el gran (hombre) que estaba
afligido por ello, no quiso obligarlo, para no entristecerlo excesivamente. Porque
el gran (hombre) sabía que la vida de él era grande y admirable para todos,
pequeños y grandes. Pero sucedió que, al día siguiente, esa higuera fue hallada
tan completamente seca que nada floreciente, ni hoja ni fruto, se encontraba en

infinito nuestro discurso e inspirar así disgusto los lectores más negligentes. [30] Nosotros que
escribimos su vida, hemos sabido que murió de una forma singular”. Lo mismo hallamos en el
texto sirio (§ 47; Histoire, p. 474).
39 O: novedosa, más nueva.
40 Texto siríaco: “… al extremo que esas cuerdas fueron halladas en sus manos después de su
muerte” (§ 48; Histoire, p. 474).
41 Se refiere a las tres pieles de oveja unidas que utilizaba como vestimenta (ver el párrafo
precedente). El manuscrito B añade: “… y no se lo podía desnudar…”.
42 B: “Fuimos forzados a envolverlo como a un bloque de madera y enterrarlo así”.
43 B lee: “… a este santo hombre…”.
391
CuadMon 214 (2020) 383-404

ella44. Entonces, viendo esto, el bienaventurado Jonás estaba muy afligido, no por
causa de la higuera, sino por su desobediencia, puesto que no la había cortado
inmediatamente, cuando se lo había dicho el gran (hombre).

Capítulo 13: sobre el oratorio45

32. El bienaventurado Pacomio construyó un oratorio, le hizo pórticos y


colocó columnas de ladrillos, y las decoró muy bien. Y se regocijó por el trabajo,
porque lo había construido hermosamente. Pero (después) pensó que había sido
por causa de una acción diabólica que se había maravillado por el esplendor de la
casa. Entonces, tomando cuerdas las ató a las columnas; y habiendo hecho oración
en su corazón46, ordenó a los hermanos empujar e inclinar todas las columnas,
de modo que quedaran torcidas. Y dijo a los hermanos: “Les ruego, hermanos,
no esforzarse en demasía por embellecer la obra de sus manos, sino más bien
empeñarse para que, si, por la gracia de Cristo y un don de Él, llegase el trabajo
de cada uno de ustedes a ser elogiado por su habilidad, no resbale su espíritu, y
sea presa del diablo”47.

Capítulo 14: sobre los herejes que usaban vestimentas de cilicio48

33. Algunos monjes herejes49 que llevaban puestas vestimentas de cilicio,

44 Cf. Mc 11,20.
45 La versión siríaca dice: “Cómo no conservaba las bellas construcciones” (§ 50; Histoire, pp. 476-477).
46 Lit.: en sí mismo.
47 B dice: “Les ruego, hermanos, no se esfuercen por embellecer la obra de sus manos, velen
más bien para que si, por el favor de Dios, alguna gracia es dada a la obra de cada uno de ustedes,
su espíritu no resbale por causa del elogio dado al arte de ustedes y se conviertan en presa del
diablo”. En tanto que la versión siriaca lee: “Vean de no preocuparse por adornar mucho las obras
de sus manos, tengan más bien preocupación para que, la gracia de Dios y su don, se encuentren
en la obra de cada uno de ustedes, en el temor de que en el momento en que el espíritu se incline
a (buscar) alabanzas por su trabajo, devenga presa del demonio” (§ 50; Histoire, pp. 476-477).
48 Trichinos (trichina): un vestido burdo hecho de pelos (como un saco hecho de pelo: Ap 6,12);
también se podría traducir: “que vestían cilicios”. La versión siríaca tiene el siguiente título:
“Cuando en una ocasión fueron a verlo los herejes, no permitió dejarse probar por un prodigio
que le pidieron realizar” (§ 51; Histoire, p. 477; el entero episodio: pp. 477-479).
49 ¿A quiénes se refiere? Tal vez, no a herejes propiamente dichos, sino a los melicianos (o
melecianos), cismáticos que sabemos tenían monasterios en Egipto. Cf. Leslie William
BARNARD, Athanasius and the Meletian Schism in Egypt, en The Journal of Egyptian
392
FUENTES: PARALIPÓMENA SOBRE LA VIDA DE SAN PACOMIO.

oyeron hablar sobre san Pacomio. Llegaron al monasterio y dijeron a algunos de


los hermanos50: «Nuestro padre nos ha enviado (a ver) al gran (hombre) diciendo:
“Si realmente eres un hombre de Dios51, y si confías que Dios te escucha52, ven,
crucemos el río juntos, caminando53, a fin de que sepamos quién tiene mayor
confianza ante Dios”». Cuando los hermanos le contaron estas cosas, (Pacomio)
se enojó con ellos (y) dijo: «¿Por qué se permiten escuchar a los que dicen tales
cosas? ¿No saben que semejantes proposiciones son ajenas a Dios y completamente
extrañas a nuestro modo de vida? No son adecuadas siquiera para los laicos
que piensan rectamente. ¿Qué ley de Dios nos permite hacer esas cosas? Por el
contrario, el Salvador nos ordena por medio de los santos Evangelios: “Que tu
mano izquierda no sepa lo que está haciendo la derecha” (Mt 6,3). Porque nada
es más miserable que tamaña locura, esto es, dejar de llorar por mis pecados y
cómo debo huir el castigo eterno54, y hacerme infantil en mi conducta55, recibiendo
semejantes proposiciones».

La respuesta de Pacomio

Los hermanos respondieron diciendo: “Entonces, ¿cómo es que (este


hombre) siendo hereje y ajeno a Dios se atreve a llamarte para (que hagas) eso?”.
Pacomio les respondió: «Él pudo cruzar el río caminando como sobre tierra seca
por permisión de Dios; el diablo trabaja con él a causa de su impía herejía, de
modo que la exhibición56 de su acción no fuera estéril, y para implantar idéntica fe
en aquellos que engañó57. Vayan, por tanto, y digan a los que trajeron ese mensaje:

Archaelogy 59 (1973), pp. 181-189, en especial p. 187; y James E. GOEHRING, Melitian Monastic
Organization: A Challenge to Pachomian Originality, in Ascetics, Society, and the Desert, en
Studies in Early Egyptian Monasticism, Studies in Antiquity & Christianity, Harrisburg, PA,
Trinity Press International, 1999, pp. 187-195.
50 La versión siríaca dice: “… del bienaventurado Pacomio… Digan a Pacomio…” (§ 51;
Histoire, p. 477).
51 Cf 2 R 1,10.
52 Cf. 1 Jn 5,15; 3,21.
53 Lit.: caminando con los pies.
54 Cf. Mt 25,46.
55 Cf. 1 Co 14,20 (no sean niños en juicio). Conducta, lit.: corazón, pensamiento, juicio (phren).
56 Lit.: drama (drama).
57 B ofrece, para la última parte, una lección un poco diferente: “… La fe perversa aumenta en
aquellos que el diablo engaña a través del éxito de sus empresas”. En tanto que el texto siríaco
dice: “… con la ayuda del demonio, para que su impía herejía no sea destruida y para afirmar
393
CuadMon 214 (2020) 383-404

“Esto es lo que dice Pacomio el hombre de Dios: Yo no pongo mi esfuerzo y todo


mi celo en cruzar el río caminando, sino que trato de evitar el juicio de Dios,
escapando58, por el poder de Dios59, de engaños satánicos como este”». Y diciendo
estas palabras ordenó a los hermanos no pensar con grandeza de las propias
buenas acciones, ni desear la visión de apariciones, ni ver a los demonios60, ni
tentar, por medio de tales peticiones, a Dios altísimo61; quien, previendo estas
cosas, nos instruye por medio de las Sagradas Escrituras, diciendo: “No tentarás
al Señor tu Dios” (Dt 6,16; cf. Lc 4,12)62.

por medio de una acción audaz la fe de quienes erran; gracias a aquel que obraba en él…” (§ 51;
HIstoire, p. 478). Cf. G1 § 8: «Un día mientras velaban, con una fogata delante de ellos, se levantó
un hermano que por entonces había venido a permanecer con ellos y dijo al anciano: “El que
tenga fe entre ustedes, que se pare sobre estas brasas y diga la oración del Evangelio (cf. Mt 6,9)”.
Sabiendo el anciano que era una palabra de orgullo, lo reprimió diciendo: “Cesa de hablar así,
estás extraviado”. Pero aquel no escuchó lo que le había dicho y puso los pies sobre las brasas,
pronunciando la oración. Cuando los retiró se vio la acción de los demonios, permitida por Dios:
sus pies no se habían quemado (cf. Pr 6,28). Y se elevó más en el corazón, como está escrito: A los
tortuosos Dios les manda caminos tortuosos (Pr 21,8).
Entonces, abandonándolos se fue solo lejos de aquel lugar. El demonio, que lo capturó totalmente,
viendo que lo tenía entre sus manos, tomó la forma de una mujer hermosa y bien arreglada,
y fue a golpear la puerta del lugar en donde estaba. Cuando aquél la abrió, ella le dijo: “Me
encuentro hostigada por unos usureros que me persiguen para que les pague, cuando no tengo
nada. No me rechaces, recíbeme en tu celda hasta que hayan pasado”. Él, en el oscurecimiento
de su conciencia, no discernió de qué se trataba y la recibió. Como había sido asaeteado por el
demonio con un mal deseo, se inclinó hacia el pecado. Aproximándose a ella para satisfacer su
deseo, el demonio lo tiró por tierra presa de un ataque: era como un cadáver sobre el suelo. Al cabo
de algunos días recuperó un poco la conciencia; entonces fue llorando hacia Palamón y Pacomio,
y temblando, les dijo: “Yo mismo soy la causa de mi perdición. A menudo fui corregido, pero no
escuché. Ayúdenme a pesar de mi miseria, porque estoy en peligro de que el demonio me mate”.
Mientras hablaba, y los otros lloraban por él, el demonio se apoderó repentinamente de él, del
mismo modo que antes; saltó hacia afuera y corriendo por la montaña una gran distancia, llegó a
la ciudad llamada Panópolis. Así, después de un tiempo, estando en delirio, el demonio lo arrojó
en la caldera de los baños públicos y murió quemado». Cf. Pachomian, p. 70.
58 Lit.: saltando por encima.
59 B: “del Señor”.
60 La traducción siríaca lee: “… o seguir nuestra (propia) voluntad en tales cosas” (o según otro
de los manuscritos: “marchar con aquellos que buscan tales cosas”), § 51; Histoire, p. 478.
61 B dice: “la Divinidad”.
62 B añade: “dice el Señor”; lo mismo que la versión siria (§ 51; Histoire, p. 479).
394
FUENTES: PARALIPÓMENA SOBRE LA VIDA DE SAN PACOMIO.

Capítulo 15: sobre el (monje) que exhibía las esteras que había hecho63

34. Sucedió en una ocasión, que mientras el gran (hombre) estaba sentado
en un lugar del monasterio con algunos otros hermanos64, un cierto hermano
del monasterio que había hecho dos esteras durante ese mismo día, las colocó
frente a su celda, enfrente del lugar donde los hermanos estaban sentados con
el bienaventurado (hombre). Pero hizo eso impulsado65 por el pensamiento de la
vanagloria, pensando que con ello sería elogiado por el gran (hombre) a causa
de la demostración de su gran esfuerzo, siendo que la regla establece que cada
hermano haga una estera al día. El gran (hombre), viendo que lo había hecho
como una exhibición66, y reconociendo el pensamiento que lo había movido a
eso, gimió fuertemente67, diciendo a los hermanos que estaban sentados con él:
“Ven a ese hermano, desde la mañana hasta ahora ha entregado todo su trabajo
al diablo y nada ha dejado de su obra para consuelo de su propia alma68, porque
ha amado la gloria de los hombres más que la de Dios (Jn 12,43). Y ciertamente
ha desgastado su cuerpo con la fatiga, privando a su alma del provecho de los
trabajos”. Entonces llamó al hermano aquel y lo reprendió; le ordenó, en la
oración de los hermanos, permanecer detrás de pie, sosteniendo las dos esteras
diciendo: “Les ruego, hermanos, oren por mi pobre alma, para que el Dios de
toda compasión me perdone y tenga piedad69 por haber preferido más estas dos
esteras que su reino”. Y además le mandó estar de pie con las esteras de la misma
manera70 en la comida de los hermanos, hasta que los hermanos se levantaran de
la mesa. Después de esto le ordenó quedar encerrado en su celda por un período
de cinco meses, que hiciera dos esteras cada día, comiendo solo pan y sal, y que
ninguno de los hermanos lo visitara71.

63 B: “Sobre el hermano que había mostrado por ostentación las esteras que había hecho”. La
versión siríaca ofrece un título diverso: “Cómo Pacomio detestó y reprobó al hermano que hacía
su trabajo manual por vanagloria” (§ 66; Histoire, pp. 494-496). Psiathia (psiathos), según Henry
George LIDDELL, Robert SCOTT, An Intermediate Greek-English Lexicon, son esteras de junco.
64 B: “con otros padres graves…”. La versión siríaca: “grandes hermanos” (§ 66; Histoire, p. 495).
65 Lit.: elevado, levantado (epairo).
66 B: “Cuando él vio que el hermano había obrado así por ostentación y percibió el pensamiento
que lo había impulsado…”.
67 O: suspiró grandemente.
68 El texto sirio dice: “ha privado su alma del goce de su Creador…” (§ 66; Histoire, p. 495).
69 La versión siríaca agrega: “gracias a sus oraciones…” (§ 66; Histoire, p. 496).
70 B: “(y) diciendo las mismas cosas…”.
71 Lit.: se le acercara; o se encontrara con él. El texto de B es diferente: “Después de eso le
395
CuadMon 214 (2020) 383-404

Capítulo 16: sobre el leproso72

35. (Es) necesario (añadir) a lo anterior, antes de poner fin a esta narración,
el recuerdo de otro santo entre los hermanos, que practicaba en el más alto grado
una vida virtuosa, exponiendo para la edificación algunos pocos hechos de su
vida. Este hermano de bienaventurada memoria, siendo leproso en su cuerpo,
tenía su celda separada de aquellas de los hermanos. Toda su vida se sometió a un
régimen de solo pan y sal. Acostumbraba a hacer una estera al día y a menudo,
trenzando las cuerdas que se insertan en las esteras, sucedía que sus manos eran
pinchadas por los juncos y se ensangrentaban, de modo que las esteras que hacía
se manchaban con su sangre. Teniendo semejante enfermedad, nunca faltaba a la
synaxis de los hermanos y nunca, hasta el éxodo de su vida, se acostaba de día.
Tenía por costumbre recitar de memoria alguna (sección) de las Escrituras cada
noche antes de ir a dormir; y luego dormía hasta que se daba la señal para la
synaxis nocturna.

Un hermano le propone ungirle las manos con aceite

Cierto día un hermano fue a verlo y viendo sus manos ensangrentadas


por causa de las esteras, le dijo: “Hermano, ¿por qué te fatigas trabajando así,
padeciendo esa enfermedad? ¿Piensas que si no trabajas serás acusado de pereza
ante Dios? El Señor sabe que estás enfermo; y nunca ninguna persona teniendo
semejante enfermedad ha trabajado; sobre todo cuando nadie te obliga a trabajar.
Alimentamos a otros, peregrinos y pobres; y tú que eres uno de nosotros y tan
santo, ¿acaso no debemos servirte con toda nuestra alma y con mucho gozo?”.
Aquel dijo: “Es imposible para mí no trabajar”. El hermano le dijo: “Si te parece;
pero te ruego que unjas tus manos con aceite cada tarde73, esto no te molestará”.

prescribió encerrarse en su celda, no comer cada día más que pan con sal, beber agua y no
comunicarse con ninguno de los hermanos”.
72 El término griego kelephos para designar la lepra es poco usual. El manuscrito B dice: “Sobre
el hermano mutilado (lelobemenoy)”. En tanto que la traducción siríaca lee: “Sobre un hermano,
santo asceta del mismo monasterio” (§ 67; Histoire, p. 496); en esta versión el relato se desarrolla
en los §§ 67-68 (Histoire, pp. 496-498), y concluye con este título: “Fin de la historia de los
(hechos) de Pacomio, que en griego es llamado: Asceticon de (los hechos) de Pacomio” (Histoire,
p. 499).
73 Cf. Regla de Pacomio, Preceptos 92: “No se podrá ir a la tarde a untarse y suavizarse las
manos después del trabajo sin la compañía de un hermano. Nadie ungirá su cuerpo enteramente,
salvo en caso de enfermedad...”; cf. Pachomian, p. 70.
396
FUENTES: PARALIPÓMENA SOBRE LA VIDA DE SAN PACOMIO.

Él escuchó al hermano y ungió sus manos como le había dicho. Pero sus manos
al suavizarse se lastimaban aún más por causa de los juncos que las pinchaban.

Corrección de Pacomio

36. Entonces el gran (hombre) fue a visitarlo en su celda y le dijo:


“¿Piensas, Atenodoro, que el aceite te es útil? ¿Quién te obliga a trabajar, para que
con el pretexto del trabajo pongas tu esperanza de curación más en el aceite que
en Dios? ¿Es imposible para Dios sanarte? Sin embargo, proveyendo al provecho
de tu alma, Él ha dispuesto que tengas esta enfermedad”. El respondió y dijo al
gran (hombre): «Padre, “he pecado, y reconozco mi falta” (Lc 15,18. 21; cf. Sal
50 [51],5; Is 59,12). Pero te ruego que reces por mí, para que Dios quiera perdonar
este pecado». Y como lo afirman los padres que estaban con él, pasó todo un año
en penitencia por esa acción, y comiendo día por medio.

Pacomio lo pone como ejemplo

Al inicio el gran (hombre) acostumbraba, antes que (dicho hermano)


fuera fuertemente afectado por la enfermedad, a enviarlo a cada uno de los
monasterios, de modo que fuera ejemplo y sólido apoyo para todos los hermanos,
por la forma en que sobrellevaba el penoso sufrimiento de su enfermedad con
acción de gracias.

Capítulo 17: sobre la idolatría74

37. Y predicando en otra ocasión contra la idolatría, Pacomio dijo:

«Es una impiedad. Pero algún pagano dirá: “No adoro a los demonios
sino a Dios. Tengo ídolos, pero por medio de ellos invoco las fuerzas de Dios
como dioses, y por medio de estos al Gran Dios. Y el Grande no es entristecido;

74 Este capítulo falta en el manuscrito B y en la versión siríaca. Veilleux afirma que es mucho
más “pacomiano” en su carácter y lenguaje que el resto de los Paralipómena (Pachomian, p.
70). Y Derwas J. Chitty sostenía que el griego de la homilía, colocada como apéndice a los
Paralipómena, es más similar al de la Primera Vida Griega de san Pacomio que al de los Ascetica,
y es posible que sea uno solo el autor de la Vita y el de este último capítulo; cf. Derwas J. CHITTY,
Pachomian Sources Reconsidered, en The Journal of Ecclesiastical History 5 (1954), p. 51, nota 1.
397
CuadMon 214 (2020) 383-404

en cambio, es alcanzado si tiene otros dioses debajo de él”. Era necesario guardar
silencio sobre estas cosas hasta que Dios aguijoneara a los paganos para que
se convirtieran a la verdad, misericordia que yo también he conseguido. En
consecuencia, ya que el Señor nos ordena: “Han recibido gratuitamente, den
gratuitamente” (Mt 10,8), hablemos brevemente.

La idolatría se inició con la transgresión de Adán

Desde la transgresión de Adán, en el comienzo del mundo, los hombres


han estado extraviados75, no queriendo (obedecer) la ley de su conciencia ni
reconocer al Dios Creador de todas las cosas a través de las maravillas, de las
realidades temibles y de la variedad de las creaturas. De modo que se hicieron
dioses para sí mismos; en tanto que la maligna sugerencia del enemigo empezó a
aconsejarles desde que estaban en el paraíso: “Ustedes serán como dioses” (Gn
3,5). Pero, siendo envidioso, (el diablo) no quería que los seres humanos fueran
dioses, sino que deseaba serlo él solo. Por el hecho de que no se había sometido al
señorío de la Palabra de Dios, el adversario de la Palabra76 es sin duda el señor de
los enemigos de la Palabra. Porque donde no está presente la vida, hay muerte. De
allí proviene del deseo de las mujeres77 y antes de esto el fratricidio78 y la demencia
de los gigantes79 como en tiempos de Nimrod80, y la esperanza solo en las cosas
de la tierra. Sin embargo, el buen Dios había mostrado, ya entonces, con hechos
llamativos, la esperanza en las realidades celestiales y en la resurrección misma,
por medio de la traslación al cielo del muy santo Enoc, y de Elías después81.

La Ley promulgada por medio de Moisés

38. Por causa de esos (pecados llegó) la ira del diluvio, en la que un
hombre recto fue preservado, siendo levadura de la verdad82. Y después que

75 Cf. Rm 5,14.
76 Cf. 2 Ts 2,4; Dn 11,36-37.
77 Cf. Gn 6,2.
78 Cf. Gn 4,8.
79 Cf. Gn 6,4.
80 Lit.: Nebrod; cf. Gn 10,8-9: Nemrod o Nimrod.
81 Cf. Gn 5,24 (Enoc), y 2 R 2,11 (Elías). Cf. G1 § 82 (cita a Enoc); Pachomian, p. 70.
82 Cf. Gn 6,5. 7. 8. 11-13 (perversión de la humanidad) y 8-9 (Noé el justo).
398
FUENTES: PARALIPÓMENA SOBRE LA VIDA DE SAN PACOMIO.

llegaron esas desgracias, el muy magnánimo Juez de nuevo ayudó al hombre


que posee libre albedrío, libre albedrío no solo para el mal sino también para
el bien, porque todas las cosas están permitidas, pero no todas las cosas son
convenientes (1 Co 6,12), dando83 una Ley por medio de Moisés. Y no una Ley
de una palabra como en el paraíso: “No comerás del árbol del conocimiento del
bien y del mal” (Gn 2,17), sino detallada: desde cómo conducir de la mano a un
ciego, hasta cómo pensar y cómo hablar, hasta cómo tener el control de la palabra
en el combate, qué decir en la acción de gracias y en el nacimiento de los hijos y
del ganado, en la cosecha del campo y en la vendimia y recolecciones semejantes,
y para (agradecer) la herencia. Los atemorizó por medio de la destrucción de los
que antes habitaban allí; como también en Egipto, a través de muchos prodigios,
sobre todo en el mar84; de manera que, recordando todas esas cosas, tuvieran
temor de Dios, especialmente por el hecho de que la legislación había sido escrita
por su dedo (Ex 31,18).

“Los cuidó como un Padre”

¡Cuántas cosas temibles sobre esa Ley! Una montaña en llamas, fuego
hasta el cielo (Dt 4,11), fuerte sonido de trompetas (Ex 19,18-19), y lo demás. Y Él
los cuidó como un Padre, cubriéndolos con una nube durante el día, iluminándolos
con el fuego durante la noche (Ex 13,21); alimentándolos sin preocupaciones con
pan del cielo (Ex 16,4-35), y así les ayudó a no tener deseo de alimentos; por lo
cual también los sepulcros de la concupiscencia para aquellos intemperantes85. Y
cuando no encontraban nada para beber, a menudo los instruía para que, como
niños, avanzaran de acuerdo con Moisés86; porque él era también imitador de sus
padres, Abraham, Isaac, Jacob y del mismo san José, verdadera imagen de los
padres.

Dios desde siempre nos ama

39. Pero alguno dirá: “¿Cómo es esto, por qué no se preocupó así por
nosotros desde el inicio?”. Dios siempre se preocupó, porque Él ama a todas

83 O: poniendo (didoys).
84 Cf. Ex 7—14; Hch 7,36.
85 Cf. Nm 11,34.
86 Cf. Nm 20,8-11.
399
CuadMon 214 (2020) 383-404

las criaturas87 y a su imagen88 en santidad y verdad. Por eso muchos testigos


del Antiguo Testamento, especialmente judíos, hasta el presente comprenden y
confiesan su verdad. Porque Él dice: “Yo, el que hablo, estoy presente” (Is 52,6).
Los libros de Moisés son verdaderos, teniendo su principio y su fin de parte de
Dios. Ustedes, por tanto, de la tribu de Judá, han confesado hasta ahora que la
primera Ley es del Dios todopoderoso. Y después de esto, teniendo cerca, para
gloria de ustedes, al Hijo de Dios, unido a Dios, de la misma estirpe y de la
misma tribu, aunque no confíen en mí, en cambio (confíen) en todos los santos y
en las palabras de Baruc: “No des tu gloria a otros dioses” (Ba 4,3)89. No quieran
tenerlo a Él solo para ustedes, recordando (el precepto): “Amen a su prójimo como
a ustedes mismos” (Lv 19,18; Mt 19,19)90. Digan con nosotros, persuadiendo a
los paganos: “No hay otro Dios que nos salve” (Dt 4,35); Él no quiere que los
demonios sean dioses de sus hijos y servidores. Por ello en castigo escribe que
destruirá en Israel todas las ciudades de ustedes, y quemará a los hombres y a los

87 Cf. Sb 11,24.
88 Cf. Gn 1,27.
89 Lit.: Ne tradas altero gloriam tuam (No des a otro tu gloria). La cita de Pacomio: a otros solos
(o únicos). Cf. el Testamento o Libro de Orsisio, § 50: “¡Somos felices, Israel, porque lo que agrada
a nuestro Dios está en nosotros! Confía, pueblo mío, memorial de Israel (Ba 4,1-5)” (Pachomian,
p. 70).
90 Estos textos, muy de acuerdo con la espiritualidad de la Koinonía (Pachomian, p. 70), son
citados con cierta frecuencia; cf. G1 § 53: «… Un hermano… estaba enfermo desde hacía tanto
tiempo que su cuerpo era solo huesos. Pidió al padre del monasterio que le diera un poco de
carne, pero éste demoraba en dársela. Entonces le dijo a uno de los hermanos: “Llévame a ver al
padre Pacomio”. Cuando llegó se postró con el rostro en tierra relatándole lo sucedido. Pacomio,
comprendiendo que merecía lo que reclamaba, gimió. A la hora de la comida de los hermanos le
trajeron a Pacomio de comer exactamente lo mismo que a todos; pero él no comió, sino que dijo:
“Respetar a las personas, ¿dónde está el precepto de la Escritura: Amarás al prójimo como a ti
mismo (Lv 19,18; Mt 19,19)? ¿No ven que este hombre es un cadáver? ¿Por qué no lo han cuidado
antes de que hiciera su petición? ¿Por qué la pasaron por alto cuando la hizo? Ustedes dirán: ‘No
tuvimos en cuenta su pedido porque ese tipo de comida no es costumbre entre nosotros’. ¿No hay
diferencias entre las personas enfermas? ¿Acaso no son puras todas las cosas para los puros (Tt
1,15)? Y si no eran capaces de discernir por ustedes mismos lo que era bueno, ¿por qué no me lo
dijeron?”. Y al decir estas palabras comenzó a llorar...». Y G1 § 38: «Antes de que la comunidad
aumentase numéricamente, junto a nuestro padre Pacomio había algunos hermanos que tenían
pensamientos carnales, ya que no todos eligen el temor de Dios. Él los amonestaba con frecuencia,
pero ellos no le obedecían ni seguían el camino recto; al contrario, lo afligían. Entonces (un día)
se retiró a cierta distancia, cayó rostro en tierra e hizo esta oración: “Dios, nos has ordenado amar
a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Dirige tu mirada sobre estas almas, ten compasión
de ellas y haz que, tocadas de compunción, te teman y sepan qué es la vida monástica, para que
esperen en ti”...».
400
FUENTES: PARALIPÓMENA SOBRE LA VIDA DE SAN PACOMIO.

vasos hallados allí, porque todos juntos se convencieron para tener dioses que no
existen; y hasta el sumo sacerdote de ustedes, Aarón será destruido91, excepto san
Moisés.

Nuestro Dios es cercano

Que los paganos sean convencidos por los judíos al escuchar esto y crean
en el único Dios. Porque es imposible para otros (dioses) existir habiendo solo
Uno. Así, en el caso de Adán, el demonio nada aprovechó, siendo por su causa
castigado por el Señor, no solamente por el hecho de que debería arrastrase sobre
su vientre y su pecho (Gn 3,14-15), y que el mismo justo Dios (Sal 128 [129],4)
viniendo después de esto de la descendencia de David aplastaría su cabeza y
quebraría el cuello de los pecadores92; sino también por el hecho de que aquel a
quien le fue sugerido que sería como un dios (Gn 3,5) –siendo como era un hombre
viviente (Gn 2,7)– también fue expulsado del paraíso (Gn 3,23). Ustedes también
huyan de la cólera venidera (Lc 3,7), ante todo abandonando los dioses extraños
fabricados (por manos humanas), y adoren al Bienhechor de ustedes, de nosotros
y de todos, reconociéndolo como Dios. Porque no está lejos de nosotros, sino que
en Él existimos y nos movemos (Hch 17,27-28), como dice Pablo, el heraldo de
la verdad, a los atenienses. Y puesto que vemos que tienen de sus padres ídolos
insensibles, creyendo que la divinidad se puede adorar por medio de ellos, antes
que adorar al único que nuestro Señor Dios ha engendrado, el verdadero Dios que
se hizo hombre por causa nuestra, Jesucristo, que tiene en torno suyo a todos los
santos, mártires, patriarcas, profetas, apóstoles, y la multitud de todas sus obras93.
Y al igual que una perla no necesita dos o tres testigos para confirmar su condición
–la perla aún en silencio es admirable– así también, siendo un hombre, guiado por
un hombre con los mismos sentimientos y el mismo origen94, fácilmente serás
conducido hacia Dios y la vida eterna.

91 Cf. Dt 9,19-20; 13,13 ss.


92 Cf. Sal 128 [129],4
93 Cf. Is 40,10.
94 Cf. Hb 4,15.
401
CuadMon 214 (2020) 383-404

Se nos ha preparado una herencia

40. Respecto a los testimonios sobre Él, están los muchos escritos de
los santos para quien tiene sincera comprensión, no solo sobre su venida y su
manifestación, sino también sobre ti, el pagano. Porque Dios, conociendo de
antemano que las naciones, más que los desobedientes judíos, le creerían, preparó
su herencia para ti. Por consiguiente, no rechaces por incredulidad al único Señor
de todas las cosas. Puesto que se hizo como nosotros por nuestra causa, sin
embargo, sigue siendo el que era por naturaleza, es decir, Dios, como también lo
mostró manifestándose por medio de sus acciones.

Debemos estar preparados para el combate

Pero dirás: “Si tal es la fe y la gloria de los cristianos, ¿cómo es posible


que sea poco frecuente encontrar entre ellos un creyente?”. Así es, puesto que
el hombre teniendo albedrío, si no (posee) la fe firmemente abrazada contra su
pecho, y está preparado para el combate que se le propone95, conforme a los
mandamientos de Dios, rápidamente es sometido96 por las pasiones de la carne o
se acobarda. El atleta valiente no mira entre (los cristianos) al que es dominado,
sino que tiene envidia del vencedor, para imitar su buena forma, para llegar a
tener la misma corona, estando siempre dispuesto y morir por Él. Busca tanto
cuanto puedas, con fe, y la bondad del Señor se te revelará detalladamente.

Los judíos serán convocados para creer en Jesucristo

Nosotros creemos que incluso los judíos retornarán a la fe de sus padres,


Abraham, Isaac y Jacob, si lo desean97. Y al que en una ocasión no conocieron
como Dios, el Hijo de Dios, Unigénito, hecho hombre por su criatura, la raza
humana, le hallarán entre ellos hablando y presente98, cuando indaguen las
Escrituras99, antiguas y nuevas, que tenían antes que nosotros, porque Él vino a

95 Cf. Hb 12,1.
96 Lit.: adulado, lisonjeado (kolakeyo).
97 Cf. Rm 11,26.
98 Cf. Is 52,6.
99 Cf. Jn 5,39.
402
FUENTES: PARALIPÓMENA SOBRE LA VIDA DE SAN PACOMIO.

los suyos100. Pero si no lo aceptan, Dios no lo quiera, les dirá: “He sido encontrado
por los que no me buscaban (Rm 10,20; Is 65,1), sino que se descarriaban en
la idolatría y la ignorancia; me he revelado manifestándome a los que no me
consultaban (Rm 10,20; Is 65,1)”.

Dificultad y exigencia de la fe

41. Y si alguien dice: “Cuando llamas Dios a un hombre no te creo, no


importa lo que pueda hacer”, nada raro hace con esto. En efecto, respecto de
Moisés, el glorioso profeta de ellos, en cuyo rostro no podían fijar la mirada101,
los incrédulos no creían que era un profeta de Dios y querían apedrearlo102. Pero
Josué, hijo de Nun, que tomó sobre sí el nombre y la entera figura103 del que dijo:
“Vengo para reunir todas las naciones” (Is 66,18; cf. Mt 25,32)104, no solo creyó
en él como un hombre de Dios, sino que también lo llamó señor, diciendo: “Mi
señor, Moisés, no se lo permitas” (Nm 11,28). Por causa de esto, también fue su
sucesor105. Igualmente, también Caleb y muchos otros106 agradaron a Dios por su
intermedio.

El hombre interior

Por consiguiente, el que es llamado cristiano, si no restablece su propia


mirada hacia el hombre interior107, no como Eva que desvió su mirada de las
realidades interiores a las exteriores, hacia la concupiscencia de lo que se ve108; si
(el cristiano) no permanece109 mirando el poder y la gloria que habitan en Cristo,

100 Cf. Jn 1,11.


101 Cf 2 Co 3,7; Ex 34,29-35.
102 Cf. Ex 17,4; Nm 14,10.
103 O: modelo, tipo (ypotyposis)
104 Cf. G1 § 56: “Sobre el hecho de que el Dios Verbo se hizo hombre, basta en el Antiguo
Testamento, entre muchas otras, aquella palabra donde él mismo dice, en Isaías: Yo vengo a reunir
a todos los pueblos (Is 66,18)” (Pachomian, p. 70).
105 Cf. Si 46,1.
106 Cf. Nm 14,6.
107 Cf. Rm 7,22; 2 Co 4,16; Ef 3,16.
108 Cf. Gn 2,6.
109 O: persevera (diameno).
403
CuadMon 214 (2020) 383-404

con temor y temblor110, ¿acaso no crucificará también él mismo, de otra forma, a


Cristo como los judíos? Porque en cada obra mala que alguien hace, sobre todo
cuando rechaza el segundo mandamiento, también rechazará el primero, como
está dicho: “Todo lo que hagan a uno de los más pequeños, a mí me lo hacen”
(Mt 25,40)111.

Que todos los seres humanos se salven

Pero ojalá que todos, judíos, paganos, cristianos e incluso bárbaros,


puedan ser salvados por el Señor a través de nuestro Señor y Dios Jesucristo –
puesto que con su diestra y su santo brazo los ha salvado (Sal 97 [98],1), para
vergüenza del enemigo– y así sean encontrados en el reino de los cielos cantando
himnos al Altísimo Dios con los santos de todos los tiempos112 por los siglos de
los siglos».

Fin de los Paralipómena

Después que dijo estas palabras a los hermanos, nuestro padre Pacomio
se levantó, alegre por no haber escondido el talento113. Oró y despidió a los
hermanos, que exultaban por la bondad de Dios a causa de lo que habían oído.
Amén.

110 Cf. Flp 2,12. Ver Testamento o Libro de Orsisio, § 17: “Es por eso que David dice: No
dormirá el que custodia a Israel (Sal 120 [121],4). Del mismo modo, estén ustedes en vela con
temor y temblor, obrando su salvación (Flp 2,12)” (Pachomian, p. 70).
111 Cf. G1 § 40: “¿Cómo podría yo afligir al Señor que dice: Cada vez que hacen el bien a uno de
los que creen en mí, es a mí a quien se lo hacen (Mt 25,40; 18,6)? ¿Cómo podría ser tan insensato
alejando así a mis hermanos, como si los despreciara? Dios no lo quiera”; y G1 § 125: … “Los que
eran capaces y habían sido designados para cuidar (a los hermanos), (lo hacían) como servidores
de Dios, porque “todo lo que hayan hecho, dice el Señor, a uno solo de los que creen en mí, a mí
me lo hicieron” (Mt 25,40)” (Pachomian, p. 70).
112 Cf. Lc 1,70.
113 Cf. Mt 25,25.
404
Dio é con noi...
Lettere pastorali in tempi di pandemia
Manuel Nin

Benedetto sei tu, Cristo Dio nostro:


tu hai reso sapientissimi i pescatori,
inviando loro lo Spirito santo,
e per mezzo loro hai preso nella rete l´universo.
Amico degli uomini, gloria a te.

405
CONFERENCIA DE COMUNIDADES MONÁSTICAS DEL CONO SUR
Benedictinos Benedictinas Trapenses

ARGENTINA
MONASTERIOS DE MONJES MONASTERIOS DE MONJAS

Abadía del Niño Dios Abadía de Santa Escolástica


C.C. 15-E3153 WAA Victoria - Entre Ríos Martín Rodríguez 547
Comunidad: Tel. 54 (03436) 421082 B1644CCK Victoria - Pcia. Bs. As.
Fax 54 (03436) 423887 Tel. 54 (011) 4744-6402
E-mail: (Abad) Fax 54 (011) 4744-1194
[email protected] E-mail: [email protected]
E-mail: (Comunidad) Sitio: www.santaescolastica.com.ar
[email protected]
Monasterio Ntra. Sra. de la Fidelidad
Sitio: www.abadiadelniniodios.org.ar
C.C. 2 - Suc. 1
Administración: Tel./Fax 54 (03436) 423171
D5700WAA - San Luis
E-mail: [email protected]
Tel./Fax 54 (0266) 15 432 0933
Profesorado: Tel./Fax 54 (03436) 423172 E-mail: [email protected]
E-mail: [email protected]
Abadía Ntra. Sra. de la Esperanza
Abadía de San Benito C.C. 138. S2300WAB Rafaela - Santa Fe
C.C. 202 - B6700WAC Luján - Pcia. Bs. As. Tel./Fax 54 (03492) 447157
Tel. 54 (02323) 494459 E-mail: [email protected]
54 (011) 1544479420 [email protected]
E-mail: [email protected] [email protected]
[email protected]
Sitio: www.monasteriosanbenito.org.ar Abadía Gaudium Mariae
Avda. Cura Brochero 1763
San Benito de Buenos Aires 5153 San Antonio de Arredondo, Córdoba
Padres Benedictinos E-mail: [email protected]
Villanueva 955 - C1426BMA Capital Federal
Tel. 54 (011) 4771-1369 Monasterio Ntra. Sra. del Paraná
Tel./Fax 54 (011) 4771-9505 E3114XAI Aldea María Luisa
Paraná - Entre Ríos
Tel./Fax 54 (0343) 4996633
Abadía de Santa María
E-mail: [email protected]
C.C. 8 - B6015WAA Los Toldos - Pcia. Bs. As.
Tel. 54 (02358) 444146
Monasterio Madre de la Unidad
Tel./Fax 54 (011) 1544479420 Ecuador 4085 G4204ENI Santiago del Estero
E-mail: [email protected] Tel. 54 (0385) 4311673
[email protected] Tel. (0385) 154 078 311
Sitio: www.abadialostoldos.org E-mail: [email protected]

Abadía de Cristo Rey Benedictinas Misioneras de Tutzing


T4105XAF El Siambón - Tucumán Monasterio de la Epifanía
Tel./Fax 54 (0381) 4925000 Maure 2038 - C1426CUL Capital Federal
E-mail: [email protected] Tel. 54 (011) 4771-5811
Sitio: www.monasteriocristorey.com.ar Tel./Fax: 54 (011) 4771-4715
www.monasteriocristoreysiambon.blogspot.com.ar E-mail: [email protected]

Monasterio de Ntra. Sra. de los Ángeles Benedictinas Misioneras de Tutzing


C.C. 34 - B7300WAA Azul - Pcia. Bs. As. Monasterio de la Transfiguración
Tel. 54 (02281) 498005 «La Ciudadela» B6015WAA Los Toldos
Fax 54 (02281) 497455 Tel./Fax: 54 (02358) 444404
E-mail:[email protected] E-mail: [email protected]
Sitio: www.monasterio.org.ar
Sitio: www.trapenses.com.ar
Monasterio Madre de Cristo
C.C. 279 - 7400 Olavarría - Pcia. Bs. As.
Tel. 54 (02284) 463456 / Fax:54 (02284) 444580
E-mail: [email protected]

406
CHILE PARAGUAY

MONASTERIOS DE MONJES

Monasterio Benedictino Tupäsy María


Abadía de la Ssma. Trinidad (C.P. 4860) Santiago - Misiones
Casilla 27021 - Santiago 27 Paraguay
Tel. 56 (02) 2241-7992 Tel./Fax: 595 (0782) 20034
E-mail: [email protected] Cel.: 595 (0983) 110640
Sitio: www.benedictinos.cl E-mail: [email protected]
[email protected]
Monasterio de San Benito de Llíu-Llíu Sitio: www.benedictinos.org.py
Casilla 501 - Limache
Tel. 56 (033) 241 2525
Fax 56 (033) 2411499
E-mail: [email protected] URUGUAY
Sitio: www.sanbenitodelliu-lliu.cl

Monasterio Santa María de Miraflores


Casilla 337 - Rancagua Abadía Santa María, Madre de la Iglesia
Tel. 56 (072) 222 6092 C.C. 22 - C.P. 15000
Fax 56 (072) 2250676 Suc. Lagomar - Uruguay
E-mail: [email protected] Tel. 598 (02) 698-4158
Sitio: www.trapenses.cl Fax 598 (02) 698-2544
E-mail: [email protected]

MONASTERIOS DE MONJAS

Monasterio de la Asunción
Mendoza de Rengo
Casilla 37 - Rengo
Tel./Fax 56 (072) 251 2094
E-mail: [email protected] (Priora)
[email protected] (Comunidad)
Sitio: www.benedictinas.cl

Monasterio Santa María de Rautén


Casilla 277 - Quillota
Tel./Fax: 56 (33) 234 2440
E-mail: [email protected]

Monasterio Ntra. Sra. de Quilvo


Casilla 17 D - Curicó
Tel. 56 (075) 231 0862
E-mail: [email protected]
Sitio: www.monasterioquilvo.cl

407
CUADERNOS MONÁSTICOS
Revista trimestral de espiritualidad monástica
propiedad de la Asociación Civil La Barca (CUIT 30-70870687-2/
Ituzaingó 4260 Munro -1605- Bs. As. Argentina) para la
CONFERENCIA DE COMUNIDADES MONÁSTICAS DEL CONO SUR

Redacción

Directora: Madre María Isabel Guiroy, osb / E-mail: [email protected];


Consejo: Enrique Contreras, osb; Eduardo Gowland, ocso; Cecilia Huerta, ocso;
María Eugenia Suárez, osb; María Graciela Sufé,osb
Secretaria: Liliana Solhaune, osb
Recensiones y Canjes
y Correspondencias: Enrique Contreras, osb / E-mail: [email protected]

Administrador: Marcelo Lafont / E-mail: [email protected]

DNDA: RE-2019-64316792-APN-DNDA#MJ ISSN: 0327-2141

408

También podría gustarte