FACULTAD DE CONTADURIA
EXPERIENCIA EDUCATIVA
MARCO LEGAL DE LAS RELACIONES COMERCIALES
ACTIVIDAD
TITULO DE CREDITO
ALUMNAS
Paredes Santos Claudia Isela
Miriam Martínez Jiménez
DOCENTE
GERMAN PALMA SANCHEZ
FECHA
7/06/25
Según el autor Enrique Gadea (madrid,2007) La denominación de títulos-valor, que
tiene su origen en la doctrina germánica, designa una serie de documentos nacidos
en épocas diferentes y que recogen derechos distintos, cuya posesión es necesaria,
salvo situaciones excepcionales (robo, perdida o extravió), para el ejercicio del
derecho contenido en él. En ello se diferencian de los documentos ordinarios (por ej.
Comprobante de deuda), que facilitan la prueba del derecho del acreedor, aunque
este también puede hacerlo valer cuando no se halle en posesión del documento.
La expresión referida de títulos de crédito, utilizada por la doctrina italiana,
precisamente porque el derecho puede consistir no solo en un derecho de crédito en
sentido estricto, sino también en recibir cosas o mercancías o en el disfrute de los
derechos de socio.
Los títulos-valor surgen por necesidad de la práctica negocial. Su origen suele
situarse en la Baja Edad Media, y más concretamente en los siglos XII y XIII en la
etapa del renacimiento comercial que permite superar las estructura agraria y feudal
de la Europa occidental, momento en que se manifiesta la insuficiencia de los
contratos de cambio. Ahora bien, es indudable que la dogmática de los títulos-valor
se debe a la doctrina italiana. Las aportaciones de estas escuelas darán lugar a dos
conceptos distintos de título-valor.
El concepto amplio y el estricto:
El concepto amplio, inspirado en la doctrina germánica, fue formulado por Brunner a
partir de la noción de título de presentación, es decir de aquel tipo de documento sin
cuya exhibición no puede ser exigido el cumplimiento de la presentación al obligado,
y, en base a ello, define el titulo-valor como “un documento relativo a un derecho
privado, para cuyo ejercicio es necesaria la tenencia del documento”. De este modo,
crea un concepto poco intenso, pero muy extenso, bajo el que agrupa a los
documentos que, siendo la presentación necesaria, permiten al deudor liberarse de
su presentación si cumple ante el que le presenta el documento. Sobre la base de
esa idea, además, es fácil diferenciar los títulos-valor d los documentos de
legitimación, en los que la presentación es útil, aunque no necesaria, dado que
también pueda acreditarse la condición de titular por otros medios.
El concepto estricto formulado por la doctrina italiana difiere del germánico en el
punto de partida. Su principal impulsor es Vivante, que considera que el fundamento
de la teoría de los títulos de crédito está en la protección de la circulación de los
bienes de comercio y, por lo tanto, en la protección de la posición del adquirente
poseedor de buena fe, lo que debe traducirse en la inoponibilidad de excepciones. A
su juicio, el verdadero elemento generador de toda la disciplina radica en la “índole
literal y autónoma del derecho mencionado en el título”. De ahí que defina el título
de crédito como “el documento que incorpora un derecho literal y autónomo
destinado a la circulación”. Por no estar destinados a la circulación excluye los
títulos nominativos no emitidos en serie. Esta definición, más precisa que la de la
doctrina germánica, presenta el problema de generalizar los caracteres de literal y
autónomo del derecho incorporado a títulos distintos de los complementos (letra de
cambio o pagare), básicamente a los títulos de inversión (acciones y obligaciones) y
a los títulos de tradición (carta de porte, conocimiento de embarque y resguardos de
depósito). Además, aunque se parta de este concepto restrictivo, no puede
desconocerse que entre los títulos-valor (títulos de crédito en la denominación
italiana) y los documentos probatorios, en los que el papel únicamente sirve para
facilitar la prueba de existencia de un derecho, existen categorías intermedias.
Estas, sobre las que existe notable imprecisión.
Categorías:
Los títulos impropios nacen con la economía moderna de producción en masa para
facilitar el intercambio. Son emitidos por empresarios que se obligan a cumplir una
prestación objetiva que se ofrece a un colectivo anónimo e indeterminado. Los
ejemplos más significativos son la entrada de un espectáculo, un billete de metro o
de autobús o el ticket de un restaurante. La posesión del documento legitima
(legitimación activa) para exigir la prestación y, además, como esos documentos no
excluyen la transmisión, circulan, al margen de la sesión, por medio de entrega o
tradición.
Los documentos de legitimación, no se emiten en masa, sirven para facilitar “Inter
partes”, tanto al deudor como al acreedor, la ejecución de la relación obligatoria.
Ejemplos típicos son el resguardo de objetos entregados para la reparación. En
estos casos, el deudor puede exigir pruebas complementarias para cerciorarse de
que el presentador es el titular legitimo. Correlativamente, si bien la presentación es
útil no es necesaria, por lo que el titular podrá demostrar su condición por otros
medios de prueba admitidos en derecho. No nacen pensando en la transmisión a un
tercero, por lo que esta realizara a través de la cesión ordinaria.
La clasificación de los títulos-valor puede hacerse desde los más variados puntos de
vistas. Lo más importante son los siguientes:
Por la naturaleza o contenido del derecho que incorporan.
Títulos de pago o pecuniarios, son los que incorporan la obligación de pagar una
cantidad de dinero en el momento y manera que el propio título expresa (letras de
cambio, cheques, pagares y obligaciones).
Títulos de participación social o jurídico-personales, son los que atribuyen la
condición de socio o de miembro de una comunidad (acciones).
Títulos de tradición, sin los que confieren a su poseedor legitimo la posesión
mediata de las mercancías que mencionan, la facultad para exigir su restitución y le
atribuyen un poder de disposición sobre ellas mediante la simple transmisión del
título (carta de porte, conocimiento de embarque, resguardos de almacenes
generales de depósito).
Por la relación con el contrato originario,
Títulos causales, son aquellos en que el derecho incorporado al título se somete a la
disciplina de la relación fundamental.
Títulos a la orden
El título a la orden es en realidad un título nominativo, porque en él se designa como
titular a una persona determinada, la diferencia con la categoría anterior es que, en
caso de transmisión, el transmitente puede designar directamente al nuevo
adquirente en el propio título, rellenando la cláusula de endoso existente en el
mismo.
A efecto de legitimación, en los títulos a la orden tampoco basta la posesión, sino
que en el primer tomador debe acreditar su identidad, en caso de transmisión, el
adquiriente, además, deberá aparecer legitimado por la cadena ininterrumpida de
endosos.
El prototipo del título la orden es la letra de cambio, sobre lo que estudiaremos,
posteriormente, la teoría general de estos títulos-valor. También puede extenderse a
la orden el pagare, el cheque, el conocimiento de embarque o el resguardo de
depósito.
Títulos al portador
El título al portador es aquel que no designa como titular a una persona
determinada, si no que la inserción de la cláusula al portador, o simplemente la falta
de indicación del tenedor, hace presumir tal condición en quien posee el documento.
En relación con la legitimación, aunque el código de comercio no se refiere a ello, es
evidente que en los títulos al portador rige en toda su extensión el principio de
legitimación por la posesión, por lo que la posesión del documento es suficiente
para exigir el cumplimiento de la prestación documentada en el mismo, el deudor
deberá cumplir ante quien presenta el titulo sin que pueda exigir la prueba de
adquisición regular del mismo, salvo que pueda demostrar que la apariencia de
titularidad que crea la posesión no corresponda con la realidad.
La inmovilización de los títulos en el ámbito de los efectos de comercio
La inmovilización se produce cuando en la gestión de efectos de comercio
intervienen entidades de crédito y se justifican por los altos costes que producía el
manejo de los documentos, por tanto, debemos comenzar señalando que para que
los efectos del comercio puedan ser gestionados o tratados por vía electrónica han
de ser domiciliados en entidad de crédito y el papel de titular o de mandatario o
comisionista para el cobro de los efectos de comercio también debe recaer en otra
entidad de crédito.
El sistema permite que las entidades de crédito poseedoras, bien por ser titulares o
simplemente mandatarias para el cobro, de los efectos de comercio, los inmovilicen
en la agencia o sucursal que los haya recibido y que, en lugar de mandar el título,
remitan por el sistema electrónico los datos contenidos en ellos a la entidades en las
que esta domiciliado su pago, de forma de estas entidades, a través de las
anotaciones de las cuentas respectivas, liquidan por compensación los créditos y las
deudas existentes entre ellas derivadas de los efectos referidos.
La letra de cambio
De forma descriptiva, podemos definir la letra de cambio como un título-valor que
incorpora: una orden de pago del librador dirigida al librado para que pague una
cantidad de dinero al tomador o futuro tenedor del título y una promesa de pago del
propio librador en la que se compromete a satisfacer la cantidad expresada en el
titulo en supuesto que el librado no lo haga.
Para facilitar la comprensión de la definición, parece oportuno señalar que, en el
momento del libramiento o emisión de la letra, normalmente, aparecen tres sujetos:
El librador, que es la persona que emite o crea la letra dando la orden de pago, cuyo
cumplimiento garantiza.
El librador, es la persona a la que va dirigida la orden de pago, aunque solos y
obligara cambiariamente cuando declare expresamente y en la propia letra que
acepta su pago, momento en el que se le denomina aceptante.
El tomador de la letra es la persona a la que se ha de hacer el pago de la suma de
dinero indicada en la letra.
Posteriormente, pueden aparecer nuevos elementos personales a medida que en
ella se realizan nuevas declaraciones cambiarias: si la letra se endosa, el tomador-
transmisor de la letra recibe el nombre de endosante y el nuevo acreedor el
endosatario; si, en ella, se formaliza la cláusula del aval, el que se obliga a pagar
por un obligado al pago el de avalado.
“Según José Gómez Gordoa“ en su libro de Titulo de Operaciones nos dice que:
La ley mexicana dice en su artículo 1o que los títulos de crédito son cosas
mercantiles y en su artículo 5o los define, siguiendo a Vivante, como “los
documentos necesarios para ejercitar el derecho literal que en ellos se consigna”.
De la definición de Vivante, nuestra ley omitió la palabra “autónomo” con que el
maestro italiano califica el derecho literal incorporado en el título.
Cabe advertir que los títulos de crédito la son cosas absolutamente mercantiles, por
lo que su mercantilidad no se altera porque sean comerciantes quienes los
suscriban o los posean.
Los títulos de créditos son documentos privados que representan la creencia, fe, o
confianza que una persona tiene en otra para que haga o pague algo, ya sea porque
se la haya entregado un bien o porque se la haya acreditado una suma de dinero.
Reciben este nombre por una tradición histórica que se remonta a muchos siglos
atrás, derivado seguramente del que llevo el primero de dichos documentos, que fue
la letra de cambio, con la que se acreditaba al girador, por el girado, una suma de
dinero que aquel le había entregado para que la hiciera llegar a un tercero, en
diferente plaza.
En el fondo el girador tenía fe en el girado, al cual entregaba esa suma de dinero
porque creía que cumpliría sus instrucciones.
La denominación implica, desde el punto de vista moderno y gramatical, que hay
unas operaciones crédito. Así, el titulo existe como consecuencia de un crédito que
se da a una persona. Se ha de plantear entonces que es el crédito y para ello
debemos d3efinir previamente que es el cambio.
Entregando cosas que no necesitaban por otras que si requerían; y en esta forma se
satisfacían, hasta donde era posible las necesidades de todos.
El crédito, por el contrario, existe cuando hay la entrega de una cosa presente por
otra futura. Es decir, en este aparece un factor que lo distingue del cambio, que es
el elemento tiempo; para que haya crédito, la entrega de una cosa habrá de ser
correspondida hasta después de cierto tiempo o plazo con la devolución de la cosa
entregada o de algún otro bien que la sustituya.
Si el crédito ha de transcurrir cierto tiempo para que se cumpla la obligación, en él
se da concomitantemente también el elemento confianza que, asimismo, lo hace
diferente y no hay necesidad de establecer confianza o espera para el cumplimiento
de las obligaciones pactadas. Por ejemplo, en una compraventa en la que, se
entrega la cosa y el precio se pagara después de cierto plazo, hay un crédito una
creencia de que se va a pagar después o sea una confianza y una fe respecto de un
acto futuro.
Es por ello por lo que al llamar título de crédito al documento que es el objeto de
este curso, se parte de la base de que estamos frente a una operación de confianza
en la que también hay un plazo, un término, en la que ocurre el elemento tiempo,
como sucede en el mayor número de título de crédito.
Pero hay otros en los que no se da ese plazo, sino que deben cumplirse a la vista,
contra su presentación; no son lo que se llaman instrumentos de pago, que no
implican crédito y no presuponen tiempo y, por lo tanto, en ellos no se manifiesta
confianza o fe.
El cheque como ejemplo típico no es un instrumento de crédito, en cuanto no hay
termino; contiene la obligación de pago de una suma de dinero por una persona a
otra, a través de una institución bancaria, pero el pago o de ser o puede ser
automático, a la vista, sin espera de ninguna especie así, el que entrega el cheque a
otro lo hace frente a una ventanilla del banco y del tomador lo presente
simultáneamente, el cheque ha de ser pagado; es decir, se realiza lo que se llama
pago a la vista, a la sola presentación inmediata; si no se presenta, es ya por la
voluntad del tomador; si espera varios días, es porque así quiere, pero puede y tiene
el derecho de presentarlo inmediatamente.
El cheque no puede ser un título a plazo; es un instrumento de pago y por lo tanto,
en términos formalmente laterales, no cabe dentro del concepto genérico de títulos
de crédito.
Consecuentemente, la denominación de título de crédito, que adopto la legislación
italiana y en base a ella las legislaciones de todos los países accidentales, entre
ellos el nuestro, debería ser sustituida actualmente por la de título valor, conforme a
la doctrina alemana que utiliza esta denominación mediante las palabras
germánicas Wert papier con la idea de que el titulo valor implica la unión del
documento con el valor que representa.
Este documento contiene un derecho correlativamente una obligación. Quien tiene
derecho es acreedor a una cosa o a una suma de dinero que es un valor, por eso el
documento representativo se le llama en la doctrina alemana “título valor” y es el
nombre más adecuado que debe darse a esta categoría de documentos, solo que la
costumbre los sigue llamando títulos de crédito, como también la ley general de
títulos y operaciones de crédito (LTOC).
En realidad, ha habido una evolución de los viejos conceptos de títulos de crédito, lo
que no eran más que simples documentos comprobatorios de una obligación, para
convertirlos, mediante una verdadera ficción legal, dijéramos que, por arte de magia
jurídica, en un título-valor.
El título de crédito por excelencia es el papel moneda, un billete de mil pesos no es
un documento comprobatorio ni un testimonio escrito por obligación de pago. Su
texto dice, por ejemplo, que el banco de México pagara mil pesos a la vista del
portador. De acuerdo con la vieja teoría, sería un documento que comprueba la
obligación del Banco de México de entregar mil pesos en moneda a cambio de ese
pedazo de papel, billete de banco.
Pero el nuevo concepto, por evolución habida en materia de títulos de crédito, ha
hecho de ese documento algo mucho más importante, convirtiéndolo en un valor en
sí mismo.
Ese billete efectivamente vale mil pesos, y solamente con las limitaciones de poder
liberatorio que señala la ley monetaria, cualquier persona entregara a cambio
mercancía o servicios equivalentes, es decir, ese billete tiene el poder de solventar
obligaciones por esa cuantía; en sí mismo tiene un valor de mil pesos y circulara de
mano en mano sin restricción de ninguna especie.
El título de crédito paso de ser un documento comprobatorio a una cosa que tiene
valor intrínseco que se ha incorporado a ese papel, por mandato de la ley, y por
ficción jurídica.
Por eso su verdadero nombre debe ser el de “título valor” porque puede presentar
un crédito constituido, aunque no todos los títulos de crédito sean representativos de
créditos constituidos, como el cheque. En la letra de cambio se instrumentan
créditos, pero los cheques como instrumentos de pago, no implican otorgamiento de
crédito alguno, aun cuando si hay el elemento confianza en que el banco librado
habrá de pagarlo.
En los títulos de crédito se incorpora riqueza o un derecho al documento mismo y
así como el que extravía una pieza de oro, joya o un bien cualquier, pierde el valor
que contiene, así el que extravía el documento representativo también pierde
lógicamente el valor y sus derechos.
No se puede ejercitar el derecho incorporado, consecuentemente, si no se tiene el
documento, porque el documento es el valor, por una ficción jurídica. claro que hay
una diferencia entre el valor físico de un documento, que no es más que un papel, y
una pieza de oro, una joya o cualquier otro bien corpóreo que exista en la
naturaleza; pero no es ese el valor que se atribuye jurídicamente a estos
documentos, sino un valor intrínseco.
Solo pues por una ficción jurídica esos pedazos de papel adquieren un valor por la
suma o por el valor del bien que representan; pero el bien material, el bien que
representa el titulo valor, está en poder de4l deudor, es decir, de otra persona
distinta al poseedor del título valor.
Por lo tanto, quién tiene un título de crédito o un título valor tiene un valor
representativo, en tanto que el deudor tiene un valor real poseen físicamente la cosa
o la riqueza, a diferencia de quien tiene un título valor, que solo tendrá esa riqueza
cuando el deudor cumpla con la obligación contraída con el título.
Entonces, si por una parte el legislador dota al título de crédito de características
tales que lo convierte en título valor por disposición legal, quien pervierta el uso de
estos, quien no cumpla con las obligaciones que asume en ellos, está violando
abiertamente la ley, cometiendo un acto legal y propiciando la destrucción del
concepto mismo del título de crédito.
Es tendencia de la ley dar fuerza absoluta a los títulos de créditos; el que tenga uno
al que dio nacimiento o adquirió posteriormente, puede negociarlo y recibir su
importe; es como si fuera dinero, en función de las firmas que están en él; es un
instrumento de gran eficacia que puede hacerse circular con facilidad. El
desiderátum serio que todos por costumbre, por buena fe, por honestidad pagasen.
En ese estado ideal, que desde luego no ocurre, si todos los títulos se pagaran y
llegara a haber la conciencia de que siempre se pagarían a su vencimiento, se
convertirán en dinero; serian instrumentos de pago, como el dinero. Como los
billetes de banco.
Para que el título de crédito o título de valor llegase a tener, como documento, el
mismo valor que el bien intrínseco en el representado, sería necesario vivir en una
sociedad ideal en la que todos cumpliesen espontáneamente con sus obligaciones
documentadas en ellos.
Para ello es que existe la ley de título de operaciones de crédito que veremos a
continuación. -
TITULO PRELIMINAR CAPITULO
UNICO
Artículo 1o.-
Son cosas mercantiles los títulos de crédito. Su emisión, expedición, endoso, aval o
aceptación y las demás operaciones que en ellos se consignen, son actos de
comercio. Los derechos y obligaciones derivados de los actos o contratos que
hayan dado lugar a la emisión o transmisión de títulos de crédito, o se hayan
practicado con éstos, se rigen por las normas enumeradas en el artículo 2o., cuando
no se puedan ejercitar o cumplir separadamente del título, y por la Ley que
corresponda a la naturaleza civil o mercantil de tales actos o contratos, en los
demás casos.
La Ley se divide en 3 Títulos. El segundo se denomina “De las operaciones de
crédito” y está integrada por siete capítulos.
Las operaciones de crédito usualmente son contratos o negociaciones sobre valores
o mercancías.
“En el sentido jurídico, habrá un negocio de crédito cuando el sujeto activo, que
recibe la designación de acreditante, traslade al sujeto pasivo, que se llame
acreditado, un valor económico actual, con la obligación del acreditado de devolver
tal valor o su equivalente en dinero en un plazo convenido.
Los valores económicos que imprimen vitalidad, velocidad, simplicidad y seguridad a
la práctica mercantil han hecho que el crédito sea la piedra angular del progreso de
la humanidad
Dentro de las operaciones de crédito más comunes encontramos:
El reporto.
El contrato de depósito.
Descuento de créditos en libros.
Apertura de crédito.
Cuenta corriente.
Carta de Crédito.
Crédito Confirmado.
Crédito de habilitación o avío.
Contrato de crédito refaccionario.
La Prenda.
El fideicomiso.
Las operaciones de crédito que esta Ley reglamenta son actos de comercio.
Artículo 2o.-
Los actos y las operaciones a que se refiere el artículo anterior se rigen:
I.- Por lo dispuesto en esta Ley, y en las demás leyes especiales, relativas; en su
defecto,
II.- Por la Legislación Mercantil general; en su defecto,
III.- Por los usos bancarios y mercantiles y, en defecto de éstos, y
IV.- Por la legislación federal.
Artículo 3o.-
Todos los que tengan capacidad legal para contratar, conforme a las Leyes que
menciona el artículo anterior, podrán efectuar las operaciones a que se refiere esta
ley, salvo aquellas que requieran concesión o autorización especial.
Artículo 4o.-
En las operaciones de crédito que esta ley reglamenta, se presume que los
codeudores se obligan solidariamente.
TITULO PRIMERO
de los títulos de créditos
CAPITULO 1
las diversas clases de títulos de crédito
SECCION PRIMERA
Disposiciones generales
Artículo 5o.-
Son títulos de crédito, los documentos necesarios para ejercitar el derecho literal
que en ellos se consigna, con independencia de que se emitan por medios escritos
o electrónicos.
Los títulos de crédito podrán emitirse en medios electrónicos, ópticos o por
cualquier otra tecnología a través de un sistema de información que se usará para
generar, transmitir, recibir, entregar, o procesar de alguna otra forma mensajes de
datos, en términos del artículo 89 del Código de Comercio.
Para efectos de lo dispuesto en el párrafo anterior, los títulos de crédito emitidos en
medios electrónicos, ópticos o por cualquier otra tecnología se considerarán
mensaje de datos en los términos del Título Segundo del Libro Segundo del Código
de Comercio y no se desconocerán efectos jurídicos, validez, ni exigibilidad de los
derechos consignados en dichos títulos por la sola razón de que estén contenidos
en un mensaje de datos.
Artículo. -89 (Código de comercio)
Las disposiciones de este Título regirán en toda la República Mexicana en asuntos
del orden comercial, sin perjuicio de lo dispuesto en los tratados internacionales de
los que México sea parte.
Las actividades reguladas por este Título se someterán en su interpretación y
aplicación a los principios de neutralidad tecnológica, autonomía de la voluntad,
compatibilidad internacional y equivalencia funcional del Mensaje de Datos en
relación con la información documentada en medios no electrónicos y de la Firma
Electrónica en relación con la firma autógrafa.
En los actos de comercio y en la formación de los mismos podrán emplearse los
medios electrónicos, ópticos o cualquier otra tecnología. Para efecto del presente
Código, se deberán tomar en cuenta las siguientes definiciones:
Certificado: Todo Mensaje de Datos u otro registro que confirme el vínculo entre un
Firmante y los datos de creación de Firma Electrónica.
Datos de Creación de Firma Electrónica: Son los datos únicos, como códigos o
claves criptográficas privadas, que el Firmante genera de manera secreta y utiliza
para crear su Firma Electrónica, a fin de lograr el vínculo entre dicha Firma
Electrónica y el Firmante.
Destinatario: La persona designada por el Emisor para recibir el Mensaje de Datos,
pero que no esté actuando a título de Intermediario con respecto a dicho Mensaje.
Digitalización: Migración de documentos impresos a mensaje de datos, de acuerdo
con lo dispuesto en la norma oficial mexicana sobre digitalización y conservación de
mensajes de datos que para tal efecto emita la Secretaría.
Emisor: Toda persona que, al tenor del Mensaje de Datos, haya actuado a nombre
propio o en cuyo nombre se haya enviado o generado ese mensaje antes de ser
archivado, si éste es el caso, pero que no haya actuado a título de Intermediario.
Firma Electrónica: Los datos en forma electrónica consignados en un Mensaje de
Datos, o adjuntados o lógicamente asociados al mismo por cualquier tecnología,
que son utilizados para identificar al Firmante en relación con el Mensaje de Datos e
indicar que el Firmante aprueba la información contenida en el Mensaje de Datos, y
que produce los mismos efectos jurídicos que la firma autógrafa, siendo admisible
como prueba en juicio.
Firma Electrónica Avanzada o Fiable: Aquella Firma Electrónica que cumpla con los
requisitos contemplados en las fracciones I a IV del artículo 97.
En aquellas disposiciones que se refieran a Firma Digital, se considerará a ésta
como una especie de la Firma Electrónica.
Firmante: La persona que posee los datos de la creación de la firma y que actúa en
nombre propio o de la persona a la que representa.
Intermediario: En relación con un determinado Mensaje de Datos, se entenderá toda
persona que, actuando por cuenta de otra, envíe, reciba o archive dicho Mensaje o
preste algún otro servicio con respecto a él.
Mensaje de Datos: La información generada, enviada, recibida o archivada por
medios electrónicos, ópticos o cualquier otra tecnología.
Parte que Confía: La persona que, siendo o no el Destinatario, actúa sobre la base
de un Certificado o de una Firma Electrónica.
Prestador de Servicios de Certificación: La persona o institución pública que preste
servicios relacionados con firmas electrónicas, expide los certificados o presta
servicios relacionados como la conservación de mensajes de datos, el sellado digital
de tiempo y la digitalización de documentos impresos, en los términos que se
establezca en la norma oficial mexicana sobre digitalización y conservación de
mensajes de datos que para tal efecto emita la Secretaría.
Secretaría: Se entenderá la Secretaría de Economía.
Sello Digital de Tiempo: El registro que prueba que un dato existía antes de la fecha
y hora de emisión del citado Sello, en los términos que se establezca en la norma
oficial mexicana sobre digitalización y conservación de mensajes de datos que para
tal efecto emita la Secretaría.
Sistema de Información: Se entenderá todo sistema utilizado para generar, enviar,
recibir, archivar o procesar de alguna otra forma Mensajes de Datos.
Titular del Certificado: Se entenderá a la persona a cuyo favor fue expedido el
Certificado.
Artículo 5o Bis. -
Cuando la presente Ley u otra disposición legal señale o exija que las operaciones
que esta Ley regula consten por escrito, ese requisito se dará por cumplido respecto
de un título de crédito emitido en medios electrónicos, ópticos o por cualquier otra
tecnología, cuando así expresamente lo permita la Ley, si se mantiene íntegro y
disponible.
Para efectos de los títulos de crédito que obren en medios electrónicos, por
integridad se entenderá que la información contenida en el título de crédito emitido
en medios electrónicos, ópticos o por cualquier otra tecnología, se ha mantenido
completa e inalterada, a excepción de cualquier cambio que surja en el curso normal
de su comunicación, archivo o presentación que conste y su circulación sea trazable
en el sistema de información a que se refiere el artículo 5o. de esta Ley.
Se presumirá que un título de crédito se mantiene íntegro y disponible cuando
pueda consultarse en el sistema de información a que se refiere el artículo 5o. de
esta Ley. Cuando se exija la firma de una persona, ese requisito se dará por
cumplido para títulos de crédito emitidos en medios electrónicos, ópticos o por
cualquier otra tecnología, siempre que sea atribuible a dicha persona conforme al
Código de Comercio.
Artículo 6o.-
Las disposiciones de este Capítulo no son aplicables a los boletos, contraseñas,
fichas u otros documentos que no estén destinados a circular y sirvan
exclusivamente para identificar a quien tiene derecho a exigir la prestación que en
ellos se consigna.
Artículo 7o.-
Los títulos de crédito dados en pago se presumen recibidos bajo la condición “salvo
buen cobro.”
Artículo 8o.-
Contra las acciones derivadas de un título de crédito, sólo pueden oponerse las
siguientes excepciones y defensas:
I.- Las de incompetencia y de falta de personalidad en el actor;
II.- Las que se funden en el hecho de no haber sido el demandado quien firmó el
documento;
III.- Las de falta de representación, de poder bastante o de facultades legales en
quien subscribió el título a nombre del demandado, salvo lo dispuesto en al artículo
11;
IV.- La de haber sido incapaz el demandado al suscribir el título;
V.- Las fundadas en la omisión de los requisitos y menciones que el título o el acto
en él consignado deben llenar o contener y la ley no presuma expresamente, o que
no se hayan satisfecho dentro del término que señala el artículo 15;
VI.- La de alteración del texto del documento o de los demás actos que en él
consten, sin perjuicio de lo dispuesto en el artículo 13;
VII.- Las que se funden en que el título no es negociable;
VIII.- Las que se basen en la quita o pago parcial que consten en el texto mismo del
documento, o en el depósito del importe de la letra en el caso del artículo 132;
IX.- Las que se funden en la cancelación del título, o en la suspensión de su pago
ordenada judicialmente, en el caso de la fracción II del artículo 45;
X.- Las de prescripción y caducidad y las que se basen en la falta de las demás
condiciones necesarias para el ejercicio de la acción; XI.- Las personales que tenga
el demandado contra el actor, y
XII.- La Declaración Especial de Ausencia de quién firmó, en los términos que la
legislación especial en la materia establezca.
Articulo 132.-
Si no se exige el pago de la letra a su vencimiento, el girado o cualquiera de los
obligados en ella, después de transcurrido el plazo del protesto, tiene el derecho de
depositar en el Banco de México el importe de la letra a expensas y riesgo del
tenedor, y sin obligación de dar aviso a éste.
Fracción II del articulo 45.-
Ordenará, si así lo pidiere el reclamante, y fuere suficiente la garantía ofrecida por él
en los términos del artículo anterior, que se suspenda el cumplimiento de las
prestaciones a que el título dé derecho, mientras pasa a ser definitiva la
cancelación, o se decide sobre las oposiciones a ésta;
Artículo 9o.-
La representación para otorgar o suscribir títulos de crédito se confiere:
I.-Mediante poder inscrito debidamente en el Registro de Comercio; y
II.-Por simple declaración escrita dirigida al tercero con quien habrá de contratar el
representante.
En el caso de la fracción I, la representación se entenderá conferida respecto de
cualquier persona y en el de la fracción II sólo respecto de aquella a quien la
declaración escrita haya sido dirigida.
En ambos casos, la representación no tendrá más límites que los que expresamente
le haya fijado el representado en el instrumento o declaración respectivos.
Artículo 10.-
El que acepte, certifique, otorgue, gire, emita, endose o por cualquier otro concepto
suscriba un título de crédito en nombre de otro sin poder bastante o sin facultades
legales para hacerlo, se obliga personalmente como si hubiera obrado en nombre
propio y, si paga, adquiere los mismos derechos que corresponderían al
representado aparente.
La ratificación expresa o tácita de los actos a que se refiere el párrafo anterior, por
quien puede legalmente autorizarlos, transfiere al representado aparente, desde la
fecha del acto, las obligaciones que de él nazcan.
Es tácita la ratificación que resulte de actos que necesariamente impliquen la
aceptación del acto mismo por ratificar o de alguna de sus consecuencias. La
ratificación expresa puede hacerse en el mismo título de crédito o en documento
diverso.
Artículo 11.-
Quien haya dado lugar, con actos positivos o con omisiones graves, a que se crea,
conforme a los usos del comercio, que un tercero está facultado para suscribir en su
nombre títulos de crédito, no podrá invocar la excepción a que se refiere la fracción
III del artículo 8o. contra el tenedor de buena fe. La buena fe se presume, salvo
prueba en contrario, siempre que concurran las demás circunstancias que en este
artículo se expresan.
Artículo 12.-
La incapacidad de alguno de los signatarios de un título de crédito; el hecho de que
en éste aparezcan firmas falsas o de personas imaginarias; o la circunstancia de
que por cualquier motivo el título no obligue a alguno de los signatarios, o a las
personas que aparezcan como tales, no invalidan las obligaciones derivadas del
título en contra de las demás personas que lo suscriban.
Artículo 13.-
En caso de alteración del texto de un título de crédito, los signatarios posteriores a
ella se obligan según los términos del texto alterado, y los signatarios anteriores,
según los términos del texto original. Cuando no se pueda comprobar si una firma
ha sido puesta antes o después de la alteración, se presume que lo fue antes.
Artículo 14.-
Los documentos y los actos a que este Título se refiere sólo producirán los efectos
previstos por el mismo, cuando contengan las menciones y llenen los requisitos
señalados por la Ley y que ésta no presuma expresamente. La omisión de tales
menciones y requisitos no afectará a la validez del negocio jurídico que dio origen al
documento o al acto.
Artículo 15.-
Las menciones y requisitos que el título de crédito o el acto en él consignado
necesitan para su eficacia, podrán ser satisfechos por quien en su oportunidad
debió llenarlos, hasta antes de la presentación del título para su aceptación o para
su pago.
Artículo 16.-
El título de crédito cuyo importe estuviere escrito a la vez en palabras y en cifras,
valdrá, en caso de diferencia, por la suma escrita en palabras. Si la cantidad
estuviere escrita varias veces en palabras y en cifras, el documento valdrá, en caso
de diferencia, por la suma menor.
Artículo 17.-
El tenedor de un título tiene la obligación de exhibirlo para ejercitar el derecho que
en él se consigna. Cuando sea pagado, debe restituirlo. Si es pagado sólo
parcialmente o en lo accesorio, debe hacer mención del pago en el título. En los
casos de robo, extravío, destrucción o deterioro grave, se estará a lo dispuesto por
los artículos 42 al 68, 74 y 75 de esta Ley.
Tratándose de un título de crédito emitido en medios electrónicos, ópticos o por
cualquier otra tecnología, el tenedor exhibirá dicho título a través del sistema de
información a que se refiere el artículo 5o. de esta Ley y que haya sido determinado
conforme a las disposiciones legales aplicables al título de crédito de que se trate.
Artículo 74. -
Quien haya sufrido la pérdida o robo de un título al portador puede pedir que se
notifiquen al emisor o librador, por el juez del lugar donde deba hacerse el pago. La
notificación obliga al emisor o librador a cubrir el principal e intereses del título al
denunciante, después de prescritas las acciones que nazcan del mismo, siempre
que antes no se presente a cobrarlos un poseedor de buena fe. En este último caso,
el pago debe hacerse al portador, quedando liberados para con el denunciante el
emisor o el librador.
Artículo75.-
Cuando un título al portador no esté en condiciones de circular por haber sido
destruido o mutilado en parte, el tenedor puede pedir su cancelación y reposición
conforme al procedimiento previsto para los títulos nominativos.
Artículo 18.-
La transmisión del título de crédito implica el traspaso del derecho principal en él
consignado y, a falta de estipulación en contrario, la transmisión del derecho a los
intereses y dividendos caídos, así como de las garantías y demás derechos
accesorios.
Artículo 19.-
Los títulos representativos de mercancías atribuyen a su poseedor legítimo, el
derecho exclusivo a disponer de las mercancías que en ellos se mencionen. La
reivindicación de las mercancías representadas por los títulos a que este artículo se
refiere sólo podrá hacerse mediante la reivindicación del título mismo, conforme a
las normas aplicables al afecto.
Artículo 20.-
El secuestro o cualesquiera otros vínculos sobre el derecho consignado en el título,
o sobre las mercancías por él representadas, no surtirán efectos si no comprenden
el título mismo.
Artículo 21.-
Los títulos de crédito podrán ser, según la forma de su circulación, nominativos o al
portador. El tenedor del título no puede cambiar la forma de su circulación sin
consentimiento del emisor, salvo disposición legal expresa en contrario.
Artículo 22.-
Respecto a los títulos de deuda pública, a los billetes de banco, a las acciones de
sociedades y a los demás títulos de crédito regulados por leyes especiales, se
aplicará lo prescrito en las disposiciones legales relativas y, en cuanto ellas no
prevengan, lo dispuesto por este Capítulo.
BIBLIOGRAFIA
Enrique Gadera, Madrid, 2007, editorial DYKINSON, S.L. Meléndez Valdés, 61-
28015 Madrid, Preimpresión: Besing Servicios Gráficos, S.L.
Libro: Titulo de Operaciones de Crédito (Tomado de la Biblioteca UV)
Autor: José Gómez Gordoa