Documento 1
Documento 1
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LOS DETECTIVES
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SUCIO, MAL VESTIDO
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Una edad como cualquier otra, le decía
mientras cenábamos RESURRECCIÓN
A la luz de las velas
Contemplando el discurrir del río más La poesía entra en el sueño
literario del planeta. Pero para nosotros como un buzo en un lago.
el prestigio estaba en otra parte, En las La poesía, más valiente que nadie,
bandas poseídas por la lentitud, en los entra y cae
gestos Exquisitamente lentos Del desarreglo a plomo
nervioso, En las camas oscuras, en un lago in nito como Loch Ness
En la multiplicación geométrica de las o turbio e infausto como el lago Balatón.
vitrinas vacías Y en el hoyo de la realidad, Contempladla desde el fondo:
Nuestro absoluto, un buzo
Nuestro Voltaire, inocente
Nuestra losofía de dormitorio y tocador. envuelto en las plumas de la voluntad.
Como decía, una muchacha inteligente, La poesía entra en el sueño como un buzo
Con esa rara virtud previsora (Rara para muerto en el ojo de Dios.
nosotros, latinoamericanos) Que es tan
común en su patria,
En donde hasta los asesinos tienen una
cartilla de ahorros y ella no iba a ser menos,
Una cartilla de ahorros y una foto de Tristán
Cabral, La nostalgia de lo no vivido, .
Mientras aquel prestigioso río arrastraba un
sol moribundo
Y sobre sus mejillas rodaban lágrimas
aparentemente gratuitas. No me quiero
morir, susurraba mientras se corría En la
perspicaz oscuridad del dormitorio,
Y yo no sabía qué decir, En verdad no sabía
qué decir, Salvo acariciada y sostenerla
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EN LA SALA DE LECTURAS DEL LA FRANCESA
INFIERNO
Una mujer inteligente. Una mujer hermosa.
En la sala de lecturas del In erno Conocía todas las variantes, todas las
En el club de a cionados a la ciencia- cción posibilidades.
En los patios escarchados Lectora de los aforismos de Duchamp y de
En los dormitorios de tránsito En los los relatos de Defoe.
caminos de hielo En general con un auto control envidiable,
Cuando ya todo parece más claro Salvo cuando se deprimía y se
Y cada instante es mejor y menos emborrachaba,
importante Algo que podía durar dos o tres días,
Con un cigarrillo en la boca y con miedo Una sucesión de burdeos y valiums
A veces los ojos verdes Que te ponía la carne de gallina.
Y 26 años Entonces solía contarte las historias que le
Un servidor sucedieron
Entre los 15 y los 18.
Una película de sexo y de terror,
Cuerpos desnudos y negocios en los límites
de la ley,
Una actriz vocacional y al mismo tiempo una
chica con extraños rasgos de avaricia. La
conocí cuando acababa de cumplir los 25, En
una época tranquila.
Supongo que tenía miedo de la vejez y de la
muerte.
La vejez para ella eran los treinta años,
La Guerra de los Treinta Años,
Los treinta años de Cristo cuando empezó a
predicar,
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LOS ARTILLEROS SONI
En este poema los artilleros están juntos. Estoy en un bar y alguien se llama Soni
Blancos sus rostros, las manos entrelazando El suelo está cubierto de ceniza
sus cuerpos o en los bolsillos. Algunos Como un pájaro como un solo pájaro llegan
tienen los ojos cerrados o miran el suelo. Los dos ancianos Arquíloco y Anacreonte
otros te consideran. Ojos que el tiempo ha y Simónides Miserables refugios del
vaciado. Vuelven hacia ellos después de este Mediterráneo
intervalo. El reencuentro sólo les devuelve la No preguntarme que hago aquí, no recordar
certidumbre de su unión. que he estado con una muchacha pálida y
rica
Sin embargo, sólo recuerdo rubor la palabra
vergüenza después de la palabra vacío Soni
Soni! La tendí de espaldas y restregué mi
pene sobre su cintura
El perro ladró en la calle abajo había un cine
y después de eyacular pensé «dos cines» y el
vacío Arquíloco y Anacreonte y Simónides
ciñéndose ramas de sauce
El hombre no busca la vida, dije, la tendí de
espaldas y se lo metí de un envión
Algo crujió entre las orejas del perro
Crac!
Estamos perdidos
Sólo falta que te enfermes, dije
Y Soni se separó del grupo
La luz de los vidrios sucios lo presentó como
un Dios y el autor cerró los ojos
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visto
ERNESTO CARDENAL Y YO en el cine Bucareli.
Sus piernas de leopardo se anudaban en
Iba caminando, sudado y con el pelo pegado mi cintura y hundía su cabeza en mi pecho
en la cara buscando mis pezones o el latido de mi
cuando vi a Ernesto Cardenal que venía corazón.
en dirección contraria Eso es lo que quiero chuparte, me dijo una
y a modo de saludo le dije: noche.
Padre, en el Reino de los Cielos ¿Qué, Lupe? El corazón.
que es el comunismo,
¿tienen un sitio los homosexuales?
Sí, dijo él.
¿Y los masturbadores impenitentes?
¿Los esclavos del sexo?
¿Los bromistas del sexo?
¿Los sadomasoquistas, las putas, los
fanáticos
de los enemas,
los que ya no pueden más, los que de verdad
ya no pueden más?
Y Cardenal dijo sí.
Y yo levanté la vista y las nubes parecían
sonrisas de gatos levemente rosadas
y los árboles que pespunteaban la colina
(la colina que hemos de subir)
agitaban las ramas.
Los árboles salvajes, como diciendo
algún día, más temprano que tarde, has de
venir
a mis brazos gomosos, a mis brazos
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veces llorando, sarmentosos,
a veces cogiendo, casi siempre desnudos en a mis brazos fríos. Una frialdad vegetal
la cama, que te erizará los pelos.
mirando el cielorraso tomados de la mano.
Su hijo nació enfermo y Lupe prometió a la
Virgen
que dejaría el o cio si su bebé se curaba.
Mantuvo la promesa un mes o dos y luego
tuvo que volver.
Poco después su hijo murió y Lupe decía que
la culpa
era suya por no cumplir con la Virgen.
La Virgen se llevó al angelito por una
promesa no sostenida.
Yo no sabía qué decirle.
Me gustaban los niños, seguro,
pero aún faltaban muchos años para que
supiera
lo que era tener un hijo.
Así que me quedaba callado y pensaba en lo
extraño
que resultaba el silencio de aquel hotel.
O tenía las paredes muy gruesas o éramos
los únicos ocupantes
o los demás no abrían la boca ni para gemir.
Era tan fácil manejar a Lupe y sentirte
hombre
y sentirte desgraciado. Era fácil acompasarla
a tu ritmo y era fácil escuchada referir
las últimas películas de terror que había
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SANGRIENTO DÍA DE LLUVIA LUPE
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ese es mi nombre,
y la voz (las voces) dicen que es una EL FANTASMA DE EDNA LIEBERMAN
casualidad,
pero tú en el fondo nunca has creído en las Te visitan en la hora más oscura
casualidades. todos tus amores perdidos.
Y dices: debemos de ser parientes, tú eres el El camino de tierra que conducía al
hijo de alguno de mis tíos o de mis primos. manicomio
Pero cuando lo levantas y lo miras, tan aco, se despliega otra vez como los ojos
tan frágil, de Edna Lieberman,
comprendes que también esa historia es como sólo podían sus ojos
mentira. elevarse por encima de las ciudades
Tú eres el atracador, el violador, el ru án y brillar.
inepto Y brillan nuevamente para ti los ojos de
que rueda por las calles inútiles del sueño. Edna
y entonces vuelves a los hoteles-coleópteros, detrás del aro de fuego
a los hoteles-araña, que antes era el camino de tierra,
a leer poesía junto al acantilado. la senda que recorriste de noche,
ida y vuelta,
una y otra vez,
buscándola o acaso
buscando tu sombra.
Y despiertas silenciosamente y los ojos de
Edna
están allí.
Entre la luna y el aro de fuego, leyendo a sus
poetas mexicanos favoritos.
¿ y a Gilberto Owen, lo has leído?,
dicen tus labios sin sonido, dice tu
respiración y tu sangre que circula como la
luz de un faro. Pero son sus ojos el faro que
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atraviesa tu silencio.
Sus ojos que son como el libro de geografía JUNTO AL ACANTILADO
ideal: los mapas de la pesadilla pura. Y tu
sangre ilumina los estantes con libros, las En hoteles que parecían organismos vivos.
sillas con libros, el suelo lleno de libros En hoteles como el interior de un perro de
apilados. Pero los ojos de Edna sólo te laboratorio.
buscan a ti. Sus ojos son el libro más Hundidos en la ceniza.
buscado. Demasiado tarde lo has entendido, El tipo aquel, semidesnudo, ponía la misma
pero no importa. En el sueño vuelves a canción una y otra vez.
estrechar sus manos, y ya no pides nada. Y una mujer, la proyección holográ ca de
una mujer, salía a la terraza a contemplar las
pesadillas o las astillas.
Nadie entendía nada.
Todo fallaba: el sonido, la percepción de la
imagen. Pesadillas o astillas empotradas en
el cielo a las nueve de la noche.
En hoteles que parecían organismos vivos de
películas de terror. Como cuando uno sueña
que mata a una persona que no acaba nunca
de morir.
O como aquel otro sueño: el del tipo que
evita un atraco
o una violación y golpea al atracador
hasta arrojado al suelo y allí lo sigue
golpeando
y una voz (¿pero qué voz?) le pregunta al
atracador
cómo se llama
y el atracador dice tu nombre
y tú dejas de golpear y dices no puede ser,
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Las lágrimas que luego derramaba
permanecían en la super cie LA VISITA AL CONVALECIENTE
del platillo durante días, testimonio no de mi
dolor, sino de Es 1976 y la Revolución ha sido derrotada
una suerte de poesía exaltada que cada vez pero aún no lo sabemos. Tenemos 22, 23
más a menudo años.
apretaba mi pecho, mis sienes y caderas. Una Mario Santiago y yo caminamos por una
terraza, un país cálido y un amor de grandes calle en blanco y negro.
ojos eles avanzando lentamente a través Al nal de la calle, en una vecindad escapada
del sueño, mientras la nave dejaba estelas de una película de los años cincuenta está
de fuego en la ignorancia de mis hermanos la casa de los padres de Darío Galicia. Es el
y en su inocencia. Y una bola de luz éramos año 1976 y a Darío Galicia le han trepanado
el platillo y yo en las retinas de los pobres el cerebro. Está vivo, la Revolución ha
campesinos, una imagen perecedera que no sido derrotada, el día es bonito pese a los
diría jamás lo su ciente acerca de mi anhelo nubarrones que avanzan lentamente desde
ni del misterio que era el principio y el nal el norte cruzando el valle. Darío nos recibe
de aquel incomprensible artefacto. Así recostado en un diván. Pero antes hablamos
hasta la conclusión de mis días, sometido al con sus padres, dos personas ya mayores,
arbitrio de los vientos, soñando a veces que el señor y la señora Ardilla que contemplan
el platillo se estrellaba en una serranía de cómo el bosque se quema desde una rama
América y mi cadáver casi sin mácula surgía verde suspendida en el sueño.
para ofrecerse al ojo de viejos montañeses Y la madre nos mira y no nos ve o ve cosas de
e historiadores: Un huevo en un nido de nosotros que nosotros no sabemos. Es 1976
hierros retorcidos. Soñando que el platillo y y aunque todas las puertas parecen abiertas,
yo habíamos concluido la danza peripatética, de hecho, si prestáramos atención,
nuestra pobre crítica de la Realidad, en una podríamos oír cómo una a una las puertas se
colisión indolora y anónima en alguno de cierran.
los desiertos del planeta. Muerte que no me Las puertas: secciones de metal, planchas de
traía el descanso, pues tras corromperse mi acero reforzado, una a una se van cerrando
carne aún seguía soñando. en la película del in nito.
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Pero nosotros tenemos 22 o 23 años y el jugadores ciegos en el borde del abismo.
in nito no nos asusta. A Darío Galicia le han Pero todo eso
trepanado el cerebro, ¡dos veces!, y uno de en el platillo volador no podía sino serme
los aneurismas se le reventó en medio del indiferente.
Sueño. Los amigos dicen que ha perdido la O lejano. O secundario. La mayor virtud de
memoria. mi traidora especie
Así, pues, Mario y yo nos abrimos paso entre es el valor, tal vez la única real, palpable
películas mexicanas de los cuarenta hasta las lágrimas
y llegamos hasta sus manos acas que y los adioses. Y valor era lo que yo
reposan sobre las rodillas en un gesto de demandaba encerrado en
plácida el platillo, asombrando a los labradores y a
espera. los borrachos
Es 1976 Y es México y los amigos dicen que tirados en las acequias. Valor invocaba
Darío lo ha olvidado todo, incluso su propia mientras la maldita nave
homosexualidad. rielaba por guetos y parques que para un
Y el padre de Darío dice que no hay mal que paseante
por bien no venga. serían enormes, pero que para mí sólo eran
Y afuera llueve a cántaros: tatuajes sin sentido,
en el patio de la vecindad la lluvia barre las palabras magnéticas e indescifrables, apenas
escaleras un gesto
y los pasillos insinuado bajo el manto de nutrias del
y se desliza por los rostros de n Tan, planeta.
Resortes y Calambres que velan en la semi ¿Es que me había convertido en Stefan
transparencia el año de 1976. Zweig y veía avanzar
Y Darío comienza a hablar. Está a mi suicida? Respecto a esto la frialdad de la
emocionado. Está contento de que lo nave
hayamos ido a visitar. Su voz como la de un era incontrovertible, sin embargo a veces
pájaro: aguda, otra voz, soñaba
como si le hubieran hecho algo en las con un país cálido, una terraza y un amor el
cuerdas vocales. y desesperado.
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Ya le crece el pelo pero aún pueden verse las
MI VIDA EN LOS TUBOS DE cicatrices de la trepanación.
SUPERVIVENCIA Estoy bien, dice.
A veces el sueño es tan monótono.
Como era pigmeo y amarillo y de facciones Rincones, regiones desconocidas, pero del
agradables mismo sueño.
y como era listo y no estaba dispuesto a ser Naturalmente no ha olvidado que es
torturado homosexual (nos reímos),
en un campo de trabajo o en una celda como tampoco ha olvidado respirar.
acolchada Estuve a punto de morir, dice después de
me metieron en el interior de este platillo pensarlo mucho.
volante Por un momento creemos que va a llorar.
y me dijeron vuela y encuentra tu destino. Pero no es él el que llora.
¿Pero qué Tampoco es Mario ni yo.
destino iba a encontrar? La maldita nave Sin embargo alguien llora mientras atardece
parecía con una lentitud inaudita.
el holandés errante por los cielos del mundo, Y Darío dice: el pire de nitivo y habla de
como si Vera que estuvo con él en el hospital y de
huir quisiera de mi minusvalía, de mi otros rostros que Mario y yo no conocemos
singular y que ahora él tampoco reconoce. El pire
esqueleto: un escupitajo en la cara de la en blanco y negro de las películas de los
Religión, cuarenta-cincuenta. Pedro Infante y Tony
un hachazo de seda en la espalda de la Aguilar vestidos de policías recorriendo en
Felicidad, sus motos el atardecer in nito de México.
sustento de la Moral y de la Ética, la Y alguien llora pero no somos nosotros.
escapada hacia adelante Si escucháramos con atención podríamos
de mis hermanos verdugos y de mis oír los portazos de la historia o del destino.
hermanos desconocidos. Pero nosotros sólo escuchamos los hipos de
Todos nalmente humanos y curiosos, todos alguien que llora en alguna parte.
huérfanos y Y Mario se pone a leer poemas.
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Le lee poemas a Darío, la voz de Mario gloriosas
tan hermosa mientras afuera cae la lluvia, las metidas de pata, la memoria del fracaso
y Darío susurra que le gustan los poetas convertida en la memoria del valor. Un
franceses. Poetas que sólo él y Mario y yo sueño, tal vez, pero un sueño que he ganado
conocemos. a pulso.
Muchachos de la entonces inimaginable Que nadie siga mi ejemplo pero que sepan
ciudad de París con los ojos enrojecidos por que son los músculos de Lastarrla
el los que abren este camino.
suicidio. Es el córtex de Lastarria,
¡Cuánto le gustan! el entrechocar de dientes
Como a mí me gustaban las calles de México de Lastarria, el que ilumina
en 1968. Tenía entonces quince años y esta noche negra del alma,
acababa de llegar. reducida, para mi disfrute
Era un emigrante de quince años pero las y re exión, a este rincón
calles de México lo primero que me dicen es de habitación en sombras,
que allí todos somos emigrantes, emigrantes como piedra a ebrada,
del Espíritu. Ah, las hermosas, las nunca como desierto detenido
demasiado ponderadas, las terribles calles en mi palabra.
de México colgando del abismo mientras las Sudamericano en tierra
demás ciudades del mundo se hunden en lo de sombras,
uniforme y silencioso. yo que siempre fui
Y los muchachos, los valientes muchachos un caballero,
homosexuales estampados como santos me preparo para asistir
fosforescentes en todos estos años, desde a mi propio vuelo de despedida.
1968 hasta 1976. Como en un túnel del
tiempo, el hoyo que aparece donde menos
te lo esperas, el hoyo metafísico de los
adolescentes maricas que se enfrentan
-¡más valientes que nadie!- a la poesía y a la
adversidad. Pero es el año 1976 y la cabeza
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que una vez me acaecieron? de Darío Galicia tiene las marcas indelebles
viajes infantiles, la elegancia de una
de padres y abuelos, la generosidad trepanación.
de mi juventud perdida y con ella Es el año previo de los adioses que avanza
la juventud perdida de tantos compatriotas como un enorme pájaro drogado por
son ahora el bálsamo de mi dolor los callejones sin salida de una vecindad
son ahora el chiste incruento detenida en el tiempo.
desencadenado en estas soledades Como un río de negra orina que circunvala
que los godos no entienden la arteria principal de México, río hablado
o que entienden de otra manera. y navegado por las ratas negras de
También yo fui elegante y generoso: Chapultepec, río-palabra, el anillo líquido de
Supe apreciar las tempestades, las vecindades perdidas en el tiempo.
los gemidos del amor en las barracas Y aunque la voz de Mario y la actual voz de
y el llanto de las viudas, Darío aguda como la de un dibujo animado
pero la experiencia es una estafa. llenen de calidez nuestro aire adverso,
En el hospital sólo me acompañan yo sé que en las imágenes que nos
mi inmadurez premeditada contemplan con anticipada piedad,
y los resplandores vistos en otro planeta en los iconos transparentes de la pasión
o en otra vida. mexicana,
La cabalgata de los monstruos en donde se agazapan la gran advertencia y el gran
«El Chorito» tiene un papel destacado. perdón,
Sudamericano en tierra de nadie, me aquello innombrable, parte del sueño, que
preparo para entrar en el lago inmóvil, como muchos años después
mi ojo, donde se refractan las aventuras llamaremos con nombres varios que
de Pedro Javier Lastarria desde el rayo signi can derrota.
incidente hasta el ángulo de incidencia, La derrota de la poesía verdadera, la que
desde el seno del ángulo de refracción nosotros escribimos con sangre.
hasta la constante llamada índice de Y semen y sudor, dice Darío.
refracción. En plata: las malas cosas Y lágrimas, dice Mario.
convertidas en buenas, en apariciones Aunque ninguno de los tres está llorando.
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GODZILLA EN MÉXICO EL ÚLTIMO CANTO DE AMOR
DE PEDRO J. LASTARRIA, ALIAS «EL
Atiende esto, hijo mío: las bombas caían CHORITO»
sobre la ciudad de México
pero nadie se daba cuenta. Sudamericano en tierra de godos,
El aire llevó el veneno a través este es mi canto de despedida
de las calles y las ventanas abiertas. ahora que los hospitales sobrevuelan
Tú acababas de comer y veías en la tele los desayunos y las horas del té
los dibujos animados. con una insistencia que no puedo
Yo leía en la habitación de al lado sino remitir a la muerte.
cuando supe que íbamos a morir. Se acabaron los crepúsculos
Pese al mareo y las náuseas me arrastré largamente estudiados, se acabaron
hasta el comedor y te encontré en el suelo. los juegos graciosos que no conducen
Nos abrazamos. Me preguntaste qué pasaba a ninguna parte. Sudamericano
y yo no dije que estábamos en el programa en tierra más hostil
de la muerte que hospitalaria, me preparo
sino que íbamos a iniciar un viaje, para entrar en el largo
uno más, juntos, y que no tuvieras miedo. pasillo incógnito
Al marcharse, la muerte ni siquiera donde dicen que orecen
nos cerró los ojos. las oportunidades perdidas.
¿Qué somos?, me preguntaste una semana o Mi vida fue una sucesión
un año después, de oportunidades perdidas,
¿hormigas, abejas, cifras equivocadas lector de Catulo en latín
en la gran sopa podrida del azar? apenas tuve valor para pronunciar
Somos seres humanos, hijo mío, casi pájaros, Sine qua non o Ad hoc
héroes públicos y secretos. en la hora más amarga
de mi vida. Sudamericano
en hospitales de godos, ¿qué hacer
sino recordar las cosas amables
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RAYOS X VERSOS DE JUAN RAMÓN
Si miramos con rayos X la casa del paciente Malherido en un bar que podía ser o podía
veremos los fantasmas de los libros en no ser mi victoria,
estanterías silenciosas o apilados en el como un charro mexicano de nos bigotes
pasillo o sobre veladores y mesas. También negros
veremos una libreta con dibujos, líneas y y traje de paño con recamados de plata,
echas que divergen y se intersecan: son sentencié
los viajes en compañía de la muerte. Pero sin mayores re exiones la pena de la lengua
la muerte, pese al soberbio aide- mémoire, española. No hay
aun no a triunfado. Los rayos X nos dicen poeta mayor que Juan Ramón Jiménez, dije,
que el tiempo se ensancha y adelgaza como ni versos más altos
la cola de un cometa en el interior de la casa. en la lírica goda del siglo XX que estos que a
La vida aún da los mejores frutos. Y así como continuación recito:
el mar prometió a Jaufré Rudel la visión del Mare, me jeché arena zobre la quemaúra. Te
amor, esta casa cercana al mar promete a yamé, te yamé dejde er camino... ¡Nunca ejtubo
su habitante el sueño de la torre destruida esto tan zolo! Laj yama me comían, mare, y yo
y construida. Si miramos, no obstante, con te yamaba, y tú nunca benía!
rayos X el interior del hombre veremos Después permanecí en silencio, hundido
huesos y sombras: fantasmas de estas y de quijada en mis fantasmas, pensando en
paisajes en movimiento como contemplados Juan Ramón y pensando en las islas que se
desde un avión en barrena. Veremos los ojos hinchan, que se juntan, que se separan.
que él vio, los labios que sus dedos rozaron, Como un charro mexicano del in erno, dijo
un cuerpo surgido de un temporal de nieve. horas o días más tarde la mujer con la que
Y veremos el cuerpo desnudo tal como él vivía. Es posible. Como un charro mexicano
lo vio, y los ojos y los labios que rozó, , y de carbón entre la legión de inocentes.
sabremos que no hay remedio.
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DINO CAMPANA REVISA SU BIOGRAFÍA LA SUERTE
EN EL PSIQUIÁTRICO DE CASTEL PULCI
Él venía de una semana de trabajo en el
Servía para la química, para la química pura. campo
Pero preferí ser un vagabundo. en casa de un hijo de puta y era diciembre o
Vi el amor de mi madre en las tempestades enero,
del planeta. no lo recuerdo, pero hacía frío y al llegar a
Vi ojos sin cuerpo, ojos ingrávidos orbitando Barcelona la nieve
alrededor de mi lecho. comenzó a caer y él tomó el metro y llegó
Decían que no estaba bien de la cabeza . hasta la esquina
Tomé trenes y barcos, recorrí la tierra de los de la casa de su amiga y la llamó por teléfono
justos para que
en la hora más temprana y con la gente más bajara y viera la nieve. Una noche hermosa,
humilde: sin duda,
gitanos y feriantes. y su amiga lo invitó a tomar café y luego
Me despertaba temprano o no dormía. En la hicieron el amor
hora y conversaron y mucho después él se quedó
en que la niebla aún no ha despejado dormido y soñó
y los fantasmas guardianes del sueño avisan que llegaba a una casa en el campo y caía la
inútilmente. nieve
Oí los avisos y las alertas pero no supe detrás de la casa, detrás de las montañas,
descifrados. caía la nieve
No iban dirigidos a mí sino a los que y él se encontraba atrapado en el valle y
dormían, llamaba por teléfono
pero no supe descifrados. a su amiga y la voz fría (¡fría pero amable!) le
Palabras ininteligibles, gruñidos, gritos de decía
dolor, lenguas extranjeras oí adonde quiera que de ese hoyo inmaculado no salía ni el
que fuese. Ejercí los o cios más bajos. mas valiente
Recorrí la Argentina y toda Europa en la a menos que tuviera mucha suerte.
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hora en que todos
LLUVIA duermen y los fantasmas guardianes del
sueño aparecen.
Llueve y tú dices es como si las nubes Pero guardaban el sueño de los otros y no
lloraran. Luego te cubres la boca y supe
apresuras el paso. ¿Cómo si esas nubes descifrar sus mensajes urgentes.
escuálidas lloraran? Imposible. Pero Fragmentos tal vez sí, y por eso visité los
entonces, ¿de dónde esa rabia, esa manicomios
desesperación que nos ha de llevar a todos y las cárceles. Fragmentos,
al diablo? La naturaleza oculta algunos sílabas quemantes.
de sus procedimientos en el Misterio, su No creí en la posteridad, aunque a veces creí
hermanastro. Así esta tarde que consideras en la Quimera.
similar a una tarde del n del mundo más Servía para la química, para la química pura.
pronto de lo que crees te parecerá tan sólo
una tarde melancólica, una tarde de soledad
perdida en la memoria: el espejo de la
Naturaleza. O bien la olvidarás. Ni la lluvia,
ni el llanto, ni tus pasos que resuenan en
el camino del acantilado importan. Ahora
puedes llorar y dejar que tu imagen se diluya
en los parabrisas de los coches estacionados
a lo largo del Paseo Marítimo. Pero no
puedes perderte.
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PALINGENESIA EL SEÑOR WILTSHIRE
Estaba conversando con Archibald MacLeish Todo ha terminado, dice la voz del sueño, y
en el bar «Los Marinos» de la Barceloneta ahora eres el re ejo
cuando la vi aparecer, una estatua de de aquel señor Wiltshire, comerciante de
yeso caminando penosamente sobre los copra en los mares del sur,
adoquines. Mi interlocutor también la vio el blanco que desposó a Uma, que tuvo
y envió a un mozo a buscarla. Durante muchos hijos,
los primeros minutos ella no dijo una el que mató a Case y el que jamás volvió a
palabra. MacLeish pidió consomé y tapas de Inglaterra,
Mariscos, pan de payés con tomate y aceite, eres como el cojo a quien el amor convirtió
y cerveza San Miguel. Yo me conformé con en héroe:
una infusión de manzanilla y rodajas de pan nunca regresarás a tu tierra (¿pero cuál es tu
integral. Debía cuidarme, dije. Entonces tierra?),
ella se decidió a hablar: Los bárbaros nunca serás un hombre sabio, vaya, ni
avanzan, susurró melodiosamente, una masa siquiera un hombre
disforme, grávida de aullidos y juramentos, razonablemente inteligente, pero el amor y
una larga noche manteada para iluminar tu sangre
el matrimonio de los músculos y la grasa. te hicieron dar un paso, incierto pero
Luego necesario, en medio
su voz se apagó y dedicóse a ingerir las de la noche, y el amor que guió ese paso te
viandas. Una mujer Hambrienta y hermosa, salva.
dijo
MacLeish, una tentación irresistible para
dos poetas, si bien de diferentes lenguas,
del mismo indómito Nuevo Mundo. Le di la
razón sin entender del todos sus palabras y
cerré los ojos. Cuando desperté MacLeish
se había ido. La estatua estaba allí, en la
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calle, sus restos esparcidos entre la irregular
LA GRIEGA acera y los viejos adoquines. El cielo, horas
antes azul, se había vuelto negro como un
Vimos a una mujer morena construir el rencor insuperable. Va a llover, dijo un niño
acantilado. descalzo, temblando sin motivo aparente.
No más de un segundo, como alanceada por Nos miramos un rato: con el dedo indicó
el sol. Como los trozos de yeso en el suelo. Nieve, dijo.
los párpados heridos del dios, el niño No tiembles, respondí, no ocurrirá nada, la
premeditado pesadilla, aunque cercana, ha pasado sin
de nuestra playa in nita. La griega, la griega, apenas tocamos.
repetían las putas del Mediterráneo, la brisa
magistral: la que se autodirige, como una
falange
de estatuas de mármol, veteadas de sangre y
voluntad,
como un plan diabólico y risueño sostenido
por el cielo
y por tus ojos. Renegada de las ciudades y de
la República,
cuando crea que todo está perdido a tus ojos
me aré.
Cuando la derrota compasiva nos convenza
de lo inútil
que es seguir luchando, a tus ojos me aré.
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LAS ENFERMERAS LOS CREPÚSCULOS DE BARCELONA
Una estela de enfermeras emprenden el Qué decir sobre los crepúsculos ahogados de
regreso a casa. Protegido por mis polaroid Barcelona. ¿Recordáis
las observo ir y volver. Ellas están protegidas el cuadro de Rusiñol Erik Satie en el seu
por el crepúsculo. Una estela de enfermeras estudi? Así
y una estela de alacranes. Van y vienen. son los crepúsculos magnéticos de
¿A las siete de la tarde? ¿A las ocho de la Barcelona, como los ojos y la
tarde? cabellera de Satie, como las manos de Satie y
A veces alguna levanta la mano y me saluda. como la simpatía
Luego alcanza su coche, sin volverse, y de Rusiñol. Crepúsculos habitados por
desaparece protegida por el crepúsculo siluetas soberanas, magni cencia
corno yo por mis polaroid. Entre ambas del sol y del mar sobre estas viviendas
indefensiones está el jarrón de Poe. El colgantes o subterráneas
orero sin fondo que contiene todos los para el amor construidas. La ciudad de Sara
crepúsculos, todos los lentes negros, todos Gibert y de Lola Paniagua,
los hospitales. la ciudad de las estelas y de las con dencias
absolutamente gratuitas.
la ciudad de las genu exiones y de los
cordeles.
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nuevamente bailando por los des laderos
Extraño maniquí de una tienda del Metro 3
así como se inclina el sol y las sombras de los Me vi a mí mismo como «El Último Salvaje»
rascacielos montado en
irás inclinando tus manos una motocicleta blanca, recorriendo los
así como se apagan los colores y Jas luces de caminos
colores se apagarán tus ojos de Baja California. A mi izquierda el mar, a
¿Quién te mudará de vestido entonces? mi derecha el mar
Yo sé quién te mudará de vestido entonces y en mi centro la caja llena de imágenes que
paulatinamente
se iban desvaneciendo. ¿Al nal la caja
quedaría vacía?
¿Al nal la moto se iría junto con las nubes?
¿Al nal Baja California y «El Último
Salvaje» se fundirían
con el Universo, con la Nada?
Las calles estaban vacías. Tenía frío y Extraño maniquí de una tienda del Metro,
en mi cerebro se sucedían las escenas qué manera de observarme y presentirme
de «El Último Salvaje». Una película de más allá de todo puente mirando el océano
acción, con trampa: las cosas sólo ocurrían o un lago enorme como si de él esperara
aparentemente. En el fondo: un valle quieto, aventura y amor
petri cado, a salvo del viento y de la historia. Y puede un grito de muchacha en plena
Las motos, el fuego de las ametralladoras, noche convencerme de la utilidad de mi
los sabotajes, los 300 terroristas muertos, en rostro
realidad estaban hechos de una sustancia o se velan los instantes como placas de cobre
más leve que los sueños. Resplandor visto al rojo vivo la memoria del amor negándose
y no visto. Ojo visto y no visto. Hasta que la tres veces en aras de otra especie de amor
pantalla volvió al blanco, y salí a la calle. Y así nos endurecemos sin abandonar la
pajarera desvalorizándonos
6 o bien volvemos a una casa pequeñísima
donde nos espera sentada en la cocina una
Los alrededores del cine, los edi cios, los mujer
árboles, los buzones de correo, las bocas del Extraño maniquí de una tienda del Metro
alcantarillado, todo parecía más grande que qué manera de comunicarte conmigo,
antes de ver la película. Los artesonados eran soltero y violento
como calles suspendidas en el aire. ¿Había y presentirme más allá de todo
salido. de una película de la jeza y entrado solamente me ofreces nalgas y senos
en una ciudad de gigantes. Por un momento estrellas platinadas y sexos espumosos
creí que los volúmenes y las perspectivas No me hagas llorar en el tren naranja
enloquecían. Una locura natural. Sin aristas. ni en las escaleras eléctricas
¡Incluso mi ropa había sido objeto de una ni saliendo repentinamente a marzo
mutación! Temblando, metí las manos en los ni cuando imagines, ni imaginas, mis pasos
bolsillos de mi guerrera negra y eché a andar. de veterano absoluto
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donde hemos fornicado?
Y amor vendrá con Lucha de Clases 7
en un punto decisivo
¡Bang, bang! De la infrarrealidad venimos, Seguí el rastro de los camiones de basura
¿a dónde vamos? sin saber a ciencia cierta qué esperaba
encontrar. Todas las avenidas desembocaban
en un Estadio Olímpico de magnitudes
colosales. Un Estadio Olímpico dibujado
en el vacío del universo. Recordé noches
sin estrellas, los ojos de una mexicana, un
adolescente con el torso desnudo y una
navaja. Estoy en el lugar donde sólo se ve
con la punta de los dedos, pensé. Aquí no
hay nadie.
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viento
NI CRUDO NI COCIDO y si sí cómo?
VII
Oh, haber bebido miel en donde nació Sor
Juana Inés. Un niño orece como tuna.
Una niña recoge margaritas y se las pone
en el pelo y su sonrisa es un fruto blandito y
miserable.
¿Y qué hacías en Morelos recostado en un
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cotidiano corazón de la muerte
EL BURRO Quién paralelo a los canales y al desierto
creó la muerte ardiente
A veces sueño que Mario Santiago viene a Y era él,
buscarme con su moto negra. con las nubes hasta el cuello y llorando
Y dejamos atrás la ciudad y a medida que las y eran sus nudillos que golpeaban
luces van desapareciendo Mario Santiago mis experiencias con la distancia y el
me dice que se trata de una moto robada, desconsuelo de.
la última moto robada para viajar por las Quién, quién**— ¿El corazón de piedra?
pobres tierras del norte, en dirección a Y el desenfrenado volar del tordo nos cierra
Texas, persiguiendo un sueño innombrable, los ojos.
inclasi cable, el sueño de nuestra juventud, Y el corazón de piedra que canta por el
es decir el sueño más valiente de todos camino de los inventos,
nuestros sueños. Y de tal manera cómo estremécenos.
negarme a montar la veloz moto negra del
norte y salir rajados por aquellos caminos VI
que antaño recorrieran los santos de México, Un niño es el árbol de la Revolución
los poetas mendicantes de México, las Tlayecac Huitzililla Amayuca Amilcingo
sanguijuelas taciturnas de Tepito o la colonia Huazulco Temoac Zacualpan: Ruta 64,
Guerrero, todos en la misma senda, donde se miércoles, ¿Y qué hacías en Márelos acodado
confunden y mezclan los tiempos: verbales y en un viejo Dodge? Nepantla Jumiltepec
físicos, el ayer y la afasia. Xochicalco Yecapixtla Metepec Tétela del
Y a veces sueño que Mario Santiago viene Volcán: Ruta 64, lunes. ¿Es que era una
a buscarme, o es un poeta sin rostro, una manera de cabalgar?
cabeza sin ojos, ni boca, ni nariz, sólo piel y Y en ia carretera de Amayuca a Cuautla el
voluntad, y yo sin preguntar nada me subo volcán y la volcana
a la moto y partimos por los caminos del transformaban los últimos rayos del sol en
norte, la cabeza y yo, extraños tripulantes jugo de durazno y gotas de miel resbalaban
embarcados en una ruta miserable, por la nieve. Quizas el Lazarillo de Tormes
caminos borrados por el polvo y la lluvia, tenía una bufanda de rayas rojas que el
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y qué universo si alguien con las uñas te tierra de moscas y lagartijas, matorrales
hubiera levantado los párpados. Amor, Í3 resecos y ventiscas de arena, el único teatro
vergüenza, Ja culpa, el ninguneo, se alejan concebible
como buques en zoom-back por el océano, para nuestra poesía
para siempre, Y a veces sueño que el camino
que nuestra moto o nuestro anhelo recorre
V no empieza en mi sueño sino en el sueño
Quien sostuvo en la siniestra el corazón de otros: los inocentes, los bienaventurados,
negro de la muerte Quién paralelo a los los mansos, los que para nuestra desgracia
canales inventó la inmóvil muerte ya no están aquí. Y así Mario Santiago y yo
Quién un beso para Cristóbal estampado en salimos de la ciudad de México que es la
la aventura Quién el azoro la incerndumbre prolongación
el viento como volar de abejas tras cí jardín de tantos sueños, la materialización de
de bugambilias sangrientas tantas
que era él pesadillas, y remontamos los estados
Y se movía. Y qué caderas. siempre hacia el norte, siempre por el
i- moscardones chapulines saltamontes camino
entre sus huellas, de los coyotes, y nuestra moto entonces
como en un ajedrez de locos que delineara es del color de la noche. Nuestra moto
un gusano de seda es un burro negro que viaja sin prisa
Y su paciencia extinguida por las tierras de la Curiosidad. Un burro
Y ores ferozmente prendidas entre sus negro
dientes: rubor en las mejillas de cerveza; que se desplaza por la humanidad y la
“alba nube el seno”. geometría
Y era él, con el agua bailándole alrededor de de estos pobres paisajes desolados.
las tetillas. Y la risa de Mario o de la cabeza
ríos erosionados v terribles saluda a los fantasmas de nuestra juventud,
las comisuras de sus labios que en laban a el sueño innombrable e inútil de la valentía.
la Noche con un leve fruncimiento. Quien Y a veces creo ver una moto negra como un
sintió en cada poro los latidos del negro burro alejándose por los caminos
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de tierra de Zacatecas y Coahuila, en de Eolo, “sus fruncidos labios rosa”;
los límites del sueño, y sin alcanzar a la saliva que caía del cielo era bebida por
comprender su sentido, su signi cado marinos desnudos.
último, comprendo no obstante su música: Y Cristóbal Colón escribió en su diario: temo
una alegre canción de despedida. que cunda el pánico,
Y acaso son los gestos de valor los que la mariconería. Una clase de muchachos
nos dicen adiós, sin resentimiento ni desertores, una generación desnutrida y
amargura, depravada,
en paz con su gratuidad absoluta y con que lentamente invadía los autocinemas,
nosotros mismos. con cadenas, y sienes ardiendo como brasas,
Son los pequeños desafíos inútiles -o que y mejillas más pálidas que una rosa blanca.
los años y la costumbre consintieron Pero “el seno de la reina católica nube alba en
que creyéramos inútiles-los que nos saludan, los esplendores de los campos castellanos”
los que nos hacen señales enigmáticas con Aquella tarde una visión del jardín oculto:
las manos, huesos de Bestia, bajo el manzano,
en medio de la noche, a un lado de la reposaban suspendidos entre la hiedra.
carretera, La contradicción, una quietud bárbara
como nuestros hijos queridos y taladrando capiteles rococó,
abandonados, un canto grabado en la podredumbre del
criados solos en estos desiertos calcáreos, desierto:
como el resplandor que un día nos atravesó el febril latido de la vida se te presentaba con
y que habíamos olvidado. dinamicidad
Y a veces sueño que Mario llega antropofágica, y una niña era el signo del
con su moto negra en medio de la pesadilla silencio.
y partimos rumbo al norte, Si Huidobro te hubiera visto entonces
rumbo a los pueblos fantasmas donde capitán de carabelas a la vera de la muerte.
moran Un Ojo azul, un ojo, un Ojo azul. Una sirena
las lagartijas y las moscas. en el muelle con
y mientras el sueño me transporta un jarro de cerveza negra. Arco iris como
de un continente a otro pájaro echaban a volar
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Un marinero borracho te dice Lord, te dice a través de una ducha de estrellas frías e
cocaína. Buscas el nombre de una calle entre indoloras, veo la moto negra, como un burro
la niebla, buscas un número, una aldaba con de otra planeta, partir en dos las tierras de
forma de mano cercenada. De vez en cuando Coahuila. un burro de otro planeta
los faroles nos muestran tu gura. que es el anhelo desbocado de nuestra
El rostro se te crispa ignorancia, pero que también es nuestra
y sécanse las lágrimas alrededor de tu nariz esperanza y nuestro valor.
que brilla. Un valor innombrable e inútil, bien cierto,
Tu cabello me recuerda un animal, una pero reencontrado en los márgenes
película de Tarzán, el primer acto sexual. del sueño más remoto,
La gomina de tus patillas a Valentino. en las particiones del sueño nal,
Tu olor acidulado se confunde y mimetiza en la senda confusa y magnética
con la gelatina de los burros y de los poetas.
de los alimentos podridos. Eres un bolero
consumado deambulando por los cerros.
Eres una máscara, el aborto de un tango,
contemplando las luces
del puerto.
Todo de pronto se hace lento. Acontecen en
tu mente las galaxias. Una sirena te invita
una cerveza.
IV
Fin del mundo o cataratas en los ojos azules
que recorren las suras de una habitación.
Fin del mundo y dedos multiplicándose
en las arrugas de su rostro. Fin del mundo
o carabelas 30 nudos hacia el S.O. orido;
el viento que las impulsaba brotaba de los
hinchados carrillos
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estrellas.
LOS PASOS DE PARRA
II
Ahora Parra camina En el borde de una cama de latón
ahora Parra camina por Las Cruces una muchacha rubia se pinta las uñas do
Marcial y yo estamos quietos y oímos sus azul mientras las luces de la madrugada
pisadas entibian
Chile es un pasillo largo y estrecho los vidrios sucios de su única ventana.
sin salida aparente El agua corre en el baño
EI Flandes indiano que se quema allá a los y su mesa de noche es una naturaleza muerta
lejos de algún primitivista neoyorkino.
un incendio rodeado de huellas Mientras en el radio tocan una marcha
o los restos de un incendio fúnebre ella se sienta frente al espejo.
y los restos de unas huellas Descansa el cuerpo del presidente en un
que el viento va borrando palio de cemento. Sus aves cantan en las
o diluyendo alamedas, arrasan con los jardines. El
nadie te da la bienvenida a Dinamarca todos telégrafo da a las capitales del mundo un
estamos haciendo lo indecible retrato con
nadie te da la bienvenida a Dinamarca los labios partidos sangre negra en las
aquí está lloviendo solapas de su sobretodo abierto. Y en los
y las cruces exhiben huellas salones las damas se dejan apretar un poco
de hormigas y de incendios más por los transpirados caballeros,
oh el Flandes indiano
el interminable pasillo de nuestro III
descontento Todo de pronto existe entre las verduras y
en donde todo lo hecho parece deshecho Jas moscas de los
el país de Zurita y de las cordilleras fritas mercados en ruinas. El abandono
el país de la eterna juventud consumado es más real que tus gestos
sin embargo llueve y nadie se moja consumados.
excepto Parra La noche chilla.
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disparada, o sus pisadas que recorren
sola en el estos tierrales en llamas
viento, asombrada, petri cadas
entre tanta geografía y arcoíris estos camposantos arados por bueyes
crepusculares, huérfana abyecta inmóviles
que se ensarta en el pecho de un árbol que Oh el Flandes indiano de nuestra lengua
da sombra a la comida de tres borrachos que esquizofrénica
arrojan al río / cartones de leche y claveles. toda pisada deja huella pero toda huella es
De pronto existe más allá del ojo la pestaña. inmóvil nada que ver con el hombre o la
Espesos eucaliptos sombra que una vez pasó o que en e! último
ribereños que las aguas arrastran. suspiro intentó materializar la cobra del
Fin del mundo o cataratas. Carabelas a sueño inmóvil o de lo que en e! sueño sobra
la vera de la vida. Todo existe más allá de representaciones representaciones carentes
pronto. de sustancia En el Flandes indiano de la
Lejos de los témpanos donde se curte el fractura in nita
cuero. pero nosotros sabemos que todos nuestros
Lejos de los pámpanos donde la piel se asuntos son nitos (alegres, sí, feroces, pero
suaviza. nitos)
Cuero y piel para el tambor de medianoche la revolución se llama Atlántida y es feroz e
que toca un niño demente. in nita mas no sirve para nada a caminar,
De pronto más allá. ¿Es el mundo la Rosa de entonces, latinoamericanos a caminar a
los Vientos? Amarga camanchaca que nos caminar a buscar las pisadas extraviadas
hace toser. Por decir algo. Por no enrojecer de los poetas perdidos en el fango inmóvil a
de vergüenza delante de tanta vida, de tanta perdemos en la nada o en la rosa de la nada
existencia. allí donde sólo se oyen las pisadas de Parra
End of the world or waterfalls; Cristóbal y los sueños de generaciones sacri cadas
Colón bajo la rueda y no historiadas
más ilusionado que una niña, atraviesa la
franja de fuego en una camioneta,
a la hora en que desaparecen las últimas
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Jus lo front port vostra bella semblanca REINVENTAR EL AMOR
JORDI DE SANT JORDI
I
Intentaré olvidar Un cuerpo que apareció Todo de pronto existe más allá del ojo
durante la nevada Cuando todos estábamos azorado, entre espesos eucaliptos ribereños
solos En el parque, en el montículo detrás y aguas que arrastran cartones de leche y
de las canchas de básket Dije detente y rosas.
se volvió: un rostro blanco encendido por Una cama que respira ya no es paisaje
un noble corazón Nunca había visto tanta fotográ co ni acuarela
belleza La luna se distanciaba de la tierra colgando sobre las llamas sino cama que
De lejos llegaba el ruido de los coches en la respira, profunda, grave como la vida misma:
autovía: gente que regresaba a casa Todos péndulo que se derrite sobre las llamas.
vivíamos en un anuncio de televisión hasta Inútil que un par de ojeras lánguidamente te
que ella apartó las sucesivas cortinas de contemplen
nieve y me dejó ver su rostro: el dolor y la si el cuarto está oscuro
belleza del mundo en su mirada Vi huellas si la tierra se oscurece, si el maravilloso sol
diminutas sobre la nieve Sentí el viento durazno se desin a
helado en la cara En el otro extremo del como clarinete ejecutado por un leproso ya
parque alguien hacía señales con una sin fuerzas.
linterna Cada copo de nieve estaba vivo Miras el Océano Pací co y a unos niños
Cada huevo de insecto estaba vivo y soñaba enterrando botellas
Pensé: ahora me vaya quedar solo para en la arena cubierta de estrellas marinas.
siempre Pero la nieve caía y caía y ella no se Todo de pronto existe.
alejaba Todo de pronto pesa en la espalda.
En el horizonte se proyectan las pinturas de
Altamira. Todo nace en el corazón como de
la nada nace el gusano en el
corazón de la manzana.
Todo un arco que se rompe, una echa
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ENTRE LAS MOSCAS MUSA
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TU VAS A RECORREN SENSACIONES
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DOS MUCHACHAS
Conocí a una muchacha que se llamaba No
Hay Salida
en el departamento de una muchacha que se
llamaba Agua Inmóvil.
Y eran rubias como las playas
o los cuervos asesinados por el sol
Y tenían malos pensamientos y ojos de
almendra.
Y adivinábanse apetitosos sus muslos y sus
senos y todo cuanto era de ellas y puesto en
acción.
Así se desplazaron por la ciudad,
proyectando sombra de vida hacia el Sur, y
hacia el Este la duda; y carne, jugos, caos,
hacia el Norte
y hacia Oeste, desde donde se elevaban
grandes pilares de humo, como para
sostener un asado caníbal en lo azul de los
cielos.
Y una de ellas, no recuerdo cuál, apagó la luz
del mundo con la ternura de éste,
Y también me besó tan húmeda como los
campos
donde entierran a la gente, mientras su
compañera grababa, con la punta del
capricho y de su uña, in nitas muchachas en
mis sienes.
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BIEN BELLOS SON LOS PÁJAROS
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DIBUJASTE ALGUNAS ISLAS
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V O