Descripción del caballo
Dada la gran cantidad de razas, las características físicas de Equus ferus caballus son muy variables. Su altura se mide hasta la cruz,
una prominencia localizada entre los omóplatos. Un caballo típico mide de 142 a 163 centímetros de altura y pesa entre 380 y 550
kilogramos. Los más grandes llegan a pesar alrededor de 900 kilos y a medir hasta 170 centímetros de altura. Los ponis miden 147-
151 centímetros y sí, también son caballos de la subespecie Equus ferus caballus.
El aparato locomotor está adaptado para correr velozmente y para ahorrar energía. Los huesos, que en total son típicamente 205, son
fuertes pero flexibles y livianos. Tiene 34 huesos en el cráneo, y su cola cuenta con varias vértebras móviles. Dentro de su boca alberga
14 dientes en cada maxilar: 6 incisivos en la parte delantera, 3 molares, 3 premolares y 2 caninos. El caballo doméstico tiene una
cabeza amplia, cuello largo y grueso, cola larga y peluda, orejas cortas y erguidas y patas relativamente largas, que terminan en
pezuñas. Cada caballo cuenta con una pezuña constituida por un solo dedo, por lo que se le considera un animal ungulígrado. Sus
patas traseras generan el salto y el impulso al moverse, y las delanteras reciben el peso en el suelo.
Dónde vive el caballo
El caballo doméstico se distribuye en todos los continentes excepto en la Antártida. Tampoco prospera en las zonas más frías del
hemisferio norte. Debido a su presencia generalizada en el mundo, es un animal que puede ocupar muchos tipos de hábitats terrestres
como estepas, sabanas, praderas templadas a frías, bosques, pantanos, marismas e incluso semidesiertos.
Los caballos domésticos se mantienen en terrenos de pastos bajos. Hoy, la gran mayoría de los caballos viven junto con los seres
humanos. Algunos, llamados caballos ferales, cimarrones o asilvestrados, viven en estado salvaje pero descienden de caballos
domésticos. Un ejemplo claro es el de los mustangos de Norteamérica. Ellos frecuentemente se encuentran en los hábitats
anteriormente mencionados, además de llanuras y cadenas montañosas.
Origen y domesticación del caballo
Esta subespecie desciende del caballo salvaje, el cual a su vez evolucionó durante los últimos 45-55 millones de años a partir de un
mamífero ungulado del género Hyracotherium, que tenía el tamaño de un zorro grande. Se sabe que los parientes más cercanos del
caballo son el rinoceronte y el tapir. El hombre prehistórico conoció muy bien a los caballos salvajes, en vista de las pinturas rupestres
encontradas que datan del Paleolítico. Lo más probable es que en las primeras épocas de vida del hombre los caballos fueran
cazados para alimentarse de su carne.
Los caballos salvajes se extinguieron de Norteamérica y redujeron en Europa Occidental hace unos 10.000 años y, en cambio,
prosperaron en las estepas de Asia Central y Europa Oriental. Se cree que el hombre comenzó a domesticar al caballo en torno al
4000 a. C., si bien la práctica puede tener una antigüedad de más de 5,000 años. ¿Lugar? Es muy probable que en las estepas de Asia.
Los humanos pudieron darse cuenta de las habilidades de la especie y decidieron aprovecharlas para alimentarse, obtener leche y
transportar cargas. Con el advenimiento de la agricultura, el caballo se convirtió en un animal de carga y tiro y un medio de transporte.
Alimentación del caballo
Equus ferus caballus es un animal herbívoro y se le alimenta con heno o pasto y granos de cebada, avena, maíz y soja, entre otros.
Hierbas generalmente ofrecidas son la alfalfa, el trébol, el sorgo de Alepo (Sorghum halepense) y Phleum pratense.
Posee un solo estómago y es incapaz de regurgitar, por lo que su alimentación debe ser muy cuidadosa. Necesita beber agua limpia
todos los días, al menos 38-45 litros. Un caballo doméstico adulto de 450 kilos puede necesitar unos 7-11 kilogramos de alimento
diariamente. Los caballos que viven en estado salvaje consumen constantemente las hierbas y pastos que encuentran en su hábitat,
tales como las del género Salsola y Sporobolus y las especies Koeleria macrantha y Leptochloa dubia.