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Fabula

El documento presenta una serie de fábulas que enseñan lecciones morales a través de historias de animales. Cada fábula destaca la importancia de la astucia, la humildad, la amistad y la autenticidad, así como las consecuencias de la vanidad y el engaño. Las moralejas finales enfatizan que las acciones buenas son recompensadas y que lo útil tiene más valor que lo superficial.

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Fabula

El documento presenta una serie de fábulas que enseñan lecciones morales a través de historias de animales. Cada fábula destaca la importancia de la astucia, la humildad, la amistad y la autenticidad, así como las consecuencias de la vanidad y el engaño. Las moralejas finales enfatizan que las acciones buenas son recompensadas y que lo útil tiene más valor que lo superficial.

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Tío Tigre y Tío Conejo

Una calurosa mañana, se encontraba Tío Conejo recolectando zanahorias para el


almuerzo. De repente, escuchó un rugido aterrador: ¡era Tío Tigre!
—¡Ajá, Tío Conejo! —dijo el felino—. No tienes escapatoria, pronto te convertirás en un
delicioso bocadillo.
En ese instante, Tío Conejo notó unas
piedras muy grandes en lo alto de la
colina e ideó un plan.
—Puede que yo sea un delicioso
bocadillo, pero estoy muy flaquito —dijo
Tío Conejo—. Mira hacia la cima de la
colina, ahí tengo mis vacas y te puedo
traer una. ¿Por qué conformarte con un
pequeño bocadillo, cuando puedes darte
un gran banquete?
Como Tío Tigre se encontraba de cara al sol, no podía ver con claridad y aceptó la
propuesta. Entonces le permitió a Tío Conejo ir colina arriba mientras él esperaba abajo.
Al llegar a la cima de la colina, Tío Conejo gritó:
—Abre bien los brazos Tío Tigre, estoy arreando la vaca más gordita.
Entonces, Tío Conejo se acercó a la piedra más grande y la empujó con todas sus
fuerzas. La piedra rodó rápidamente.
Tío Tigre estaba tan emocionado que no vio la enorme piedra que lo aplastó, dejándolo
adolorido por meses.
Tío Conejo huyó saltando de alegría.
Moraleja: Más vale ser astuto que fuerte.

El lobo con piel de oveja


Érase una vez un lobo muy oportunista que encontró
una piel de oveja abandonada en el campo:
“Con esta piel podré disfrazarme de oveja, caminar
entre ellas y hacerlas presa fácil. ¡Qué gran banquete
me voy a dar!”, pensó el malvado.
De esta manera, se colocó la piel sobre el lomo y
acto seguido se dirigió hacia el rebaño.
Ninguna de las ovejas notó su presencia. Todas seguían pastando y disfrutando del día.
¡Su plan funcionaba a la perfección!
El pastor tampoco advirtió su presencia y llegado el atardecer llevó el rebaño al corral. El
lobo se lamía y relamía pensando en su fabulosa cena.
Pero antes de cerrar la puerta, el pastor, sin saber de quién se trataba, apartó al lobo del
rebaño para cortarle la lana. ¡Menuda sorpresa se llevó cuando con el primer halón, la
piel de oveja cayó al suelo y dejó al lobo al descubierto!
Furioso, el pastor echó al lobo a palos y este nunca volvió a acercarse a sus ovejas.
Moraleja: Los engaños nunca te harán exitoso.
El león y el ratón
En un día muy soleado, dormía plácidamente un león cuando un pequeño ratón
pasó por su lado y lo despertó. Iracundo, el león tomó al ratón con sus enormes
garras y cuando estaba a punto de aplastarlo, escuchó al ratoncito decirle:
—Déjame ir, puede que algún día llegues a necesitarme.
Fue tanta la risa que estas palabras le
causaron, que el león decidió soltarlo.
Al cabo de unas pocas horas, el león quedó
atrapado en las redes de unos cazadores. El
ratón, fiel a su promesa, acudió en su ayuda.
Sin tiempo que perder, comenzó a morder la
red hasta dejar al león en libertad.
El león agradeció al ratón por haberlo salvado
y desde ese día comprendió que todos los seres son importantes.
Moraleja: No menosprecies a los demás, todos tenemos las cualidades que
nos hacen muy especiales.

Tío Tigre, Tío Conejo y los


mangos
Una tarde de verano, Tío Tigre y Tío Conejo quisieron dejar a un lado sus
diferencias y dar un paseo por el campo. Al cabo de varias horas, el calor se hizo
insoportable y los nuevos amigos decidieron sentarse a la sombra de un frondoso
árbol de mangos.
Los mangos eran pequeños, pero dulces y
jugosos. Tío Conejo y Tío Tigre comieron muchas
de estas frutas hasta quedarse dormidos.
Al despertar, Tío Tigre levantó la vista hacia las
ramas del árbol y le dijo a Tío Conejo:
—¡En este mundo todo está al revés! Este árbol
tan alto tiene mangos pequeños, mientras que las enormes sandías nacen de
tallos en la tierra. Pasa lo mismo contigo Tío Conejo, eres bajo de estatura, pero
bastante orejón.
Al final de estas palabras, le cae a Tío Tigre un mango en la cabeza.
—¡Qué afortunado eres Tío Tigre! Si las sandías crecieran en los árboles, menudo
golpe que te hubieras llevado —dijo Tío Conejo, revolcándose de la risa.
Y fue así que Tío tigre y Tío conejo volvieron a enemistarse.
Moraleja: Criticar sin fundamento solo afecta a quien critica.
La liebre y la tortuga
Había una vez una liebre muy vanidosa que se pasaba todo el día presumiendo de lo
rápido que podía correr.
Cansada de siempre escuchar sus alardes, la tortuga la retó a competir en una carrera.
—Qué chistosa que eres tortuga, debes estar bromeando—dijo la liebre mientras se reía
a carcajadas.
—Ya veremos liebre, guarda tus palabras hasta
después de la carrera— respondió la tortuga.
Al día siguiente, los animales del bosque se reunieron
para presenciar la carrera. Todos querían ver si la
tortuga en realidad podía vencer a la liebre.
El oso comenzó la carrera gritando:
—¡En sus marcas, listos, ya!
La liebre se adelantó inmediatamente, corrió y corrió más rápido que nunca. Luego, miró
hacia atrás y vio que la tortuga se encontraba a unos pocos pasos de la línea de inicio.
—Tortuga lenta e ingenua—pensó la liebre—. ¿Por qué habrá querido competir, si no
tiene ninguna oportunidad de ganar?
Confiada en que iba a ganar la carrera, la liebre decidió parar en medio del camino para
descansar debajo de un árbol. La fresca y agradable sombra del árbol era muy relajante,
tanto así que la liebre se quedó dormida.
Mientras tanto, la tortuga siguió caminando lento, pero sin pausa. Estaba decidida a no
darse por vencida. Pronto, se encontró con la liebre durmiendo plácidamente. ¡La tortuga
estaba ganando la carrera!
Cuando la tortuga se acercó a la meta, todos los animales del bosque comenzaron a
gritar de emoción. Los gritos despertaron a la liebre, que no podía dar crédito a sus ojos:
la tortuga estaba cruzando la meta y ella había perdido la carrera.
Moraleja: Ten una buena actitud y no te burles de los demás. Puedes ser más
exitoso haciendo las cosas con constancia y disciplina que actuando rápida y
descuidadamente.

El cascabel del gato


Una familia de ratones vivía en la cocina de una
enorme casa. Ellos eran muy felices, hasta que un día
la dueña del hogar adoptó un lindo gatito. El gatito
creció y se convirtió en un gran cazador que estaba
siempre al acecho.
Cansados de vivir en peligro, los ratones se reunieron
para ponerle fin a tan difícil situación.
En la reunión se discutieron muchos planes, pero ninguno parecía ser bueno. Por fin un
joven ratoncito se levantó y dijo:
—Tengo un plan muy sencillo, pero puede ser exitoso. Atemos un cascabel al cuello del
gato y por su sonido sabremos siempre el lugar donde se encuentra.
La ingeniosa propuesta fue acogida por todos los ratones. De repente, un viejo y sabio
ratón se levantó y les preguntó:
– Muy bien, pero ¿quién de ustedes le pone el cascabel al gato?
Todos los ratones se quedaron calladitos.
Moraleja: Es más fácil decir las cosas que hacerlas.
El burro con piel de león
Érase una vez un burro que encontró una piel de león en medio del campo:
“Con esta piel podré disfrazarme de león y asustar a los demás animales”, pensó entre
risas.
El burro se puso la piel del león y recorrió el
campo disfrazado. Al verlo, las personas y los
animales corrían aterrorizados. ¡Pensaban que
el burro era en realidad un león!
Un día, el burro estaba tan orgulloso de su
hazaña que dejó escapar un fuerte rebuzno.
Cerca, había un astuto zorro que no podía ser
engañado.
—Quítate ese disfraz, burro descocado —dijo el zorro—. Pareces un león, pero por la
forma en que rebuznas, solo puedes ser un burro.
Moraleja: Sé tú mismo, no pretendas ser lo que no eres.

La hormiga y la paloma
Una paloma vio caer a una hormiga en un arroyo. La hormiga luchó en vano por llegar a
la orilla, y compadecida, la paloma dejó caer la hoja de un árbol junto a ella. Aferrándose
a la hoja como un marinero náufrago, la hormiga flotó a salvo hasta la orilla.
La hormiga estaba muy agradecida con la paloma
por salvarle la vida.
Al día siguiente, la hormiga vio a un cazador
apuntando a la paloma con una piedra. Sin pensarlo
dos veces, se metió dentro del zapato del cazador y
le picó el pie, haciéndolo perder el tiro del dolor. De
esa manera, la hormiga salvó la vida de la paloma.
Moraleja: Una buena acción es recompensada
con otra buena acción.

El gallo y la joya
En la granja, un gallo muy hambriento escarbaba la tierra buscando algo de comer para él
y las gallinas con las que compartía su gallinero, cuando descubrió un diamante que la
esposa del granjero había perdido.
—¡Qué desilusión! —dijo el gallo—. Sin duda eres una
prenda muy costosa y quien te perdió daría mucho por
encontrarte. Pero yo prefiero un solo grano de maíz o
de trigo antes que todas las joyas del mundo.
Moraleja: Aquello que no es útil no tiene valor.

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