Divorcio y Re-casamiento
Introducción
No hay duda que cuando se trata de divorcio y re-casamiento,
hemos llegado a un tema que es a la vez difícil e inoportuno.
Es inoportuno, porque donde ha ocurrido el divorcio, ha
ocurrido pecado. Y ha ocurrido de manera tal que un pacto de
unión ha sido roto. Una relación es destrozada en el divorcio,
y no hay forma en que no sea trágica y dolorosa. Es difícil,
porque a pesar de que las enseñanzas de la Biblia sobre el
divorcio y el re-casamiento son claras a grandes rasgos,
cuando descendemos a las particularidades de cada caso, la
aplicación de los principios bíblicos no es siempre obvia y
raramente es fácil.
En respuesta al dolor y la dificultad del divorcio, el mundo ha
optado por el enfoque suave—el divorcio sin culpa (es decir,
simplemente no funcionó y nadie tiene la culpa). De hecho, el
mundo asume que asignar culpa y responsabilidad solo hace
que la situación dolorosa sea aún más dolorosa, así que,
¿por qué preocuparse? Por otro lado, algunos cristianos han
tomado el enfoque de que la mejor y más fiel manera de
hacerlo es cortar a través de aparentes excepciones y
enseñanza matizada, y tomar la declaración simple y clara de
que Dios odia el divorcio en sentido literal. Estos cristianos
afirman que el divorcio simplemente no es una opción para
los cristianos, y que si el divorcio ocurre, el re-casamiento no
es permitido. Eso es ciertamente más simple, pero ¿es fiel a
Dios y su Palabra revelada?
De hecho, el lugar para comenzar es la clara declaración de
que Dios odia el divorcio. Eso lo encontramos en Malaquías
2:16: “Yo aborrezco el divorcio,” dice el Señor, Dios de Israel
(NVI)… y veremos más sobre eso en un momento. Pero lo
que necesitamos entender es que Dios odia el divorcio, pero
no a partir de una distancia segura, engreída y farisaica. No,
Dios odia el divorcio de la misma manera que una persona
divorciada odia el divorcio, no como un tercero desinteresado,
sino como alguien que conoce personalmente el dolor del
divorcio. Porque lo cierto es, que Dios mismo es un
divorciado. En Jeremías 3, leemos,
NVI
Jeremías 3:6-8, 6 Durante el reinado del rey Josías el
Señor me dijo: <<¿Has visto lo que ha hecho Israel, la infiel?
Se fue a todo monte alto, y allí, bajo todo árbol frondoso, se
prostituyó. 7 Yo pensaba que después de hacer todo esto ella
volvería a mí. Pero no lo hizo. Esto lo vio su hermana, la infiel
Judá, 8 y vio también que yo había repudiado a la apóstata
Israel, y que le había dado carta de divorcio por todos los
adulterios que había cometido. No obstante, su hermana, la
infiel Judá, no tuvo ningún temor, sino que también ella se
prostituyó.
Dios sabe lo que significa ser traicionado y abandonado. Y
Dios conoce el dolor del divorcio. Así que conforme
consideramos en esta clase lo que Él tiene que decir,
queremos recordar que Él no habla con nosotros sobre este
asunto desde una distancia. Más bien, nos habla por medio
de Cristo como hombre de dolores, experimentado en
quebranto, incluyendo el quebranto del amor traicionado y el
amor abandonado. Y es precisamente en ese contexto que su
Palabra viene a nosotros como una Palabra de verdad y de
esperanza.
1) ¿Qué es el divorcio?
El divorcio es la disolución de un matrimonio
El matrimonio existe cuando ha habido una unión sexual
en el contexto de un pacto de juramento. Efesios 5:22-
33 expone el contexto del pacto, y habla de la unión en
una sola carne. El divorcio rompe o disuelve esa unión.
Malaquías 2:14 describe el divorcio como “ruptura de fe”
con tu compañero/a de pacto: “Preguntas, ¿Por qué?
Esto es porque EL SEÑOR está actuando como testigo
entre tú y la esposa de tu juventud, porque has roto la fe
con ella, a pesar de que es tu compañera, la esposa de
tu pacto matrimonial.”
Por supuesto, muchas cosas violan el pacto matrimonial
(como el pecado) y pueden estar caracterizadas como
“ruptura de fe.” Y cada vez que el pacto es violado, el
matrimonio es violado en algún grado. Pero no toda
violación cuestionado el estado fundamental del pacto
de una sola carne. Algunas cosas, sin embargo, golpean
el corazón del pacto y sus obligaciones.
En Jeremías 3, Dios se refirió a los adulterios de Israel.
Tener relaciones sexuales (siendo una sola carne) fuera
de una relación de pacto no es un matrimonio, aún
cuando sea entre dos personas no casadas, eso puede
obligar a un matrimonio. Pero cuando una persona
casada comete adulterio (cuando hacen una unión de
una sola carne con alguien que no es su esposa) están
en efecto repudiando la unión exclusiva con su cónyuge.
Pablo utiliza una sola carne para describir la relación de
un hombre con una prostituta en 1 Corintios 6:16: “¿O no
sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo
con ella? Porque dice: los dos serán una sola carne.” El
punto no es que ahora está casado con la prostituta.
Más bien, el punto es que se ha comprometido en un
acto de pacto con alguien con quién no está unido, y
cuán detestable e inapropiado es.
El divorcio, en la Biblia, por lo tanto, es el reconocimiento
público y formal de que la unión ha sido rota, y el pacto
está disuelto.
2) ¿Qué piensa Dios del divorcio?
Dios odia el divorcio
Es la ruptura de un pacto: la mentira fundamental sobre
el carácter de Dios (fidelidad) y la manera en que se
relaciona con Su pueblo
Malaquías 2:11-16 nos da dos razones sobre por qué
Dios odia el divorcio,
11
Prevaricó Judá, y en Israel y en Jerusalén se ha cometido
abominación; porque Judá ha profanado el santuario de
Jehová que él amó, y se casó con hija de dios
extraño. 12 Jehová cortará de las tiendas de Jacob al hombre
que hiciere esto, al que vela y al que responde, y al que
ofrece ofrenda a Jehová de los ejércitos. 13 Y esta otra vez
haréis cubrir el altar de Jehová de lágrimas, de llanto, y de
clamor; así que no miraré más a la ofrenda, para aceptarla
con gusto de vuestra mano. 14 Mas diréis: ¿Por qué? Porque
Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud,
contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la
mujer de tu pacto. 15 ¿No hizo él uno, habiendo en él
abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba
una descendencia para Dios. Guardaos, pues, en vuestro
espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra
juventud. 16 “Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él
aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido,
dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro
espíritu, y no seáis desleales.
Razón 1: Dios odia el divorcio porque perjudica la
oportunidad de los padres criar una descendencia
piadosa. Observe el versículo 15. Recuerde que el
propósito principal del matrimonio es producir una
descendencia piadosa.
Razón 2: Dios es un Dios de pacto que odia el divorcio
porque es el rompimiento de un pacto. Cuando se hace
un pacto, el deseo de Dios para eso es que se mantenga
y que perseveremos en ello; no romperlo. En Malaquías
2, el pacto es roto entre Dios e Israel.
Razón 3: Dios odia el divorcio porque destruye la imagen
de fidelidad del pacto. En Mateo 19:4-6 leemos,
Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los
hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el
hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos
serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una
sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el
hombre.”
Jesús advierte que lo que Dios ha unido, ningún hombre debe
juzgarse a sí mismo con permiso para separar. Es como si
Jesús dijera, “Si Dios los juntó, ¿cómo se atreve (un simple
humano) a considerar separarlo?” La cita de Génesis
2:24 que Jesús usa es la misma a la que Pablo apela en
Efesios 5 y se relaciona al misterio de Cristo y la iglesia.
Recuerde de Efesios 5 que el matrimonio humano es una
ilustración de una realidad espiritual mayor—una imagen de
Cristo y su relación con la iglesia. Dios aborrece
la falsedad que implica el divorcio, es decir, la mentira que se
dice sobre la relación entre Cristo y su iglesia cuando dos
personas separan lo que Dios ha unido.
3) ¿Es el divorcio siempre un pecado?
El mundo dice que nunca lo es. Algunos cristianos han dicho
que siempre lo es. Los ancianos de CHBC creen que la Biblia
enseña que aunque el divorcio es siempre el resultado del
pecado…
El divorcio no siempre es pecado para ambas partes
involucradas
Hay enseñanza bíblica tanto condenando el divorcio
como aceptándolo. En Mateo 19:8-9, Jesús habla de que
ambas condenan el divorcio en general, pero lo permite
en caso de adulterio.
8
El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os
permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue
así. 9 Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer,
salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y
el que se casa con la repudiada, adultera.”
“El divorcio…es siempre un pecado por lo menos para
uno de los cónyuges. Puede ser un pecado para ambos.
Sin embargo, a veces es un acto de justicia para la parte
ofendida e inocente”
Ahora, hablar de una parte inocente en lo que se refiere
al divorcio es hablar sobre inocencia relativa no
absoluta. La parte inocente puede ser inocente acerca
del punto final en disputa, por ejemplo, adulterio. Pero
eso no es para declararlos inocentes de todo pecado
que conduce a este punto. Por ejemplo – Un hombre
que comete adulterio después de vivir durante años con
su esposa que estaba emocional y físicamente distante.
Su pecado es real, pero NO excusa su infidelidad.
4) ¿Cuáles son los fundamentos bíblicos para el
divorcio?
Los fundamentos bíblicos nunca están destinados a ser
un texto de prueba para auto-justificar el dejar un
matrimonio. “¡Ah! ¡Aquí está! Ahora me puedo divorciar
de él.”
Por el contrario, exponen la naturaleza de pacto del
matrimonio y proporcionan un marco de referencia para
la reconciliación.
A medida que Dios demuestra en el libro de Oseas
(¿referencia?), aún en vista del adulterio, el divorcio
nunca es requerido, sino sólo permitido. La opción
siempre está para perdonar. Y de hecho, la Biblia parece
no permitir razón alguna para retener el perdón ante el
arrepentimiento. Sin embargo, en un mundo caído, el
arrepentimiento está frecuentemente ausente. En ese
caso, hay dos categorías básicas de fundamentos
bíblicos para el divorcio:
(1) Mateo 5:31-32, 19:8-9 (véase también 19:3-8)[i]: “…
excepto por infidelidad matrimonial…”
5:31-32 – 31 También fue dicho: Cualquiera que repudie a su
mujer, dele carta de divorcio.32 Pero yo os digo que el que
repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace
que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete
adulterio.[ii]
19:8-9 – 8” El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón,
Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al
principio no fue así. 9 Y yo os digo que cualquiera que repudia
a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con
otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera.”
La palabra griega traducida como “adulterio”
es porneia y aplica a más que solo la relación sexual
entre una persona casada y alguien más. Se refiere más
ampliamente a la inmoralidad sexual, o lo que podríamos
llamar infidelidad sexual.
La infidelidad golpea el corazón del pacto – para un
matrimonio es un pacto que rodea una relación sexual,
un pacto que es ilustrado por esto y protege una
intimidad exclusiva. [iii]
Entonces, ¿qué constituye la infidelidad? Ciertamente el
adulterio lo hace. Pero, ¿qué hay del uso de la
pornografía? ¿Qué hay de una aventura que es
puramente emocional? ¿Qué hay con la tendencia
creciente a las aventuras virtuales en línea? Aquí vemos
que aún un claro principio puede ser difícil de aplicar. Es
por eso que el divorcio, si ha de considerarse, debe ser
considerado con consejería y dirección de los ancianos
de su iglesia y otras partes sabias. Esto no es un asunto
de marcar una casilla, sino fundamentalmente una
cuestión de juicio público por la iglesia.
Pero cuando tal juicio es hecho, la parte inocente, en
dicho caso, puede (no debe), sin pecado, divorciarse de
su cónyuge.
Si es posible una reconciliación piadosa, debe ser
perseguida.
¿Tiene que el cónyuge que fue perjudicado quedarse
con o reconciliarse con la parte culpable a perdonar? No.
Hay una diferencia entre perdón y reconciliación. El
perdón puede ser y frecuentemente debe ser extendido
unilateralmente. Pero la reconciliación requiere que
ambas partes se involucren, disponiéndose a asumir la
responsabilidad de sus propias acciones, y arrepentirse
de sus propios pecados.
(2) 1 Corintios 7:12-15: “…pero si el incrédulo se separa,
sepárese…”
12
Y a los demás yo digo, no el Señor[iv]: Si algún hermano
tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con
él, no la abandone. 13 Y si una mujer tiene marido que no sea
creyente, y él consiente en vivir con ella, no la
abandone. 14 Porque el marido incrédulo es santificado en la
mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera
vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son
santos. 15 Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no
está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en
semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios.
La cuestión que Pablo plantea es el abandono del pacto
donde el cónyuge que se separa es un no creyente.
Si el no cristiano está dispuesto a vivir en el
entendimiento cristiano del matrimonio, es santificado. El
cónyuge incrédulo no es salvo; pero el creyente es
usado en el matrimonio como un medio de gracia e
influencia cristiana en el cónyuge no creyente. La
esperanza es que un día el incrédulo pueda ser salvo
porque Dios usó al creyente en ese matrimonio.
Pero si el esposo incrédulo decide abandonar a su
esposa, la cristiana no está obligada. No estar
obligada significa que no están obligados a permanecer
en el pacto; son libres para volver a casarse, quedarse
solteros, o reconciliarse;
Después de reflexionar sobre este tema, junto al estudio
y la oración, los ancianos creen que ciertas formas de
abuso, incluyendo físico y/o abuso sexual del
cónyuge o de los hijos se encuentra dentro de la
categoría del abandono (porque detener el abuso
requiere separación física, y es por lo tanto una ruptura
del pacto, etc.). ¿Por qué? Porque nosotros
consideramos este pecado tan atroz que alcanza el nivel
de violación del pacto.
Ahora, ¿una pelea, o un golpe constituye abuso físico?
¿Cuánto tiempo tiene que seguir el abuso antes de que
el arrepentimiento profesado pruebe ser falso? Una vez
más vemos rápidamente que aún cuando el principio del
abandono está claro, su aplicación puede ser
extremadamente difícil, y requiera de paciencia y
humilde consejo y dirección.
Sin embargo, queremos estar claros en que los
cristianos han tolerado cosas malas porque piensan que
sus votos matrimoniales lo exigen. Los votos
matrimoniales nos hacen desinteresados, y dispuestos a
soportar mucho en amor; pero no dejan de lado la
Palabra de Dios. Ni tampoco tenemos que honrar la
Palabra de Dios haciéndolos más estrictos y dogmáticos
de lo que realmente son.
Hay un tendencia creciente en la cultura evangélica de
preguntar si otras cosas encajan en esta categoría de
abandono—abandono financiero o descuido de las
necesidades materiales; abuso emocional o verbal; no
estar dispuestos a tener relaciones sexuales; etc. En vez
de decir un rotundo “sí” o “no” a cualquiera de estos, es
mejor decir que la sabiduría, la dirección y la consejería
deben siempre ser buscados ya que cada situación
matrimonial puede ser muy diferente. Aunque estos
otros factores son con menor claridad una brecha del
pacto (comparado con el abuso físico o sexual), pueden
claramente ser factores que contribuyen a un posible
abandono.
5) ¿Cuándo puede casarse de nuevo alguien que está
divorciado?
Eso depende.
Debido a que los fundamentos bíblicos del divorcio son
estrechos – y deben aplicar como un requisito previo
para el nuevo matrimonio bíblico, el divorcio y el nuevo
matrimonio están claramente prohibidos en la mayoría
de los casos (excepto por adulterio y abandono):
Mateo 19:9, “Y yo os digo que cualquiera que repudia a su
mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra,
adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera.”
Marcos 10:11, “y les dijo: Cualquiera que repudia a su mujer y
se casa con otra, comete adulterio.”
Lucas 16:18, “Todo el que repudia a su mujer, y se casa con
otra, adultera; y el que se casa con la repudiada del marido,
adultera.”
1 Corintios 7:15, “Pero si el incrédulo se separa, sepárese;
pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre
en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios.”
Sin embargo Pablo escribe que el hermano o hermana
creyente no está obligado en una circunstancia en la
que el incrédulo abandona (1 Corintios 7:15; leer a la luz
del versículo 11 para un crédito adicional).
El que hace mal, no el que fue perjudicado, debe sufrir el
castigo.
Esta es la razón por la que el nuevo matrimonio después
de un divorcio no bíblico hace que la persona que se
vuelve a casar cometa adulterio. Ellos están participando
en una unión sexual que es inapropiada y en la que no
tienen ningún derecho a participar (Mateo 5:32).
Por otro lado, es por ello que la parte del divorcio bíblico
es libre para volver a casarse sin pecado. Después de
haber disuelto la unión de acuerdo a la Palabra de Dios,
ahora son libres para contraer una nueva unión, según la
Palabra de Dios.
Resultado final: el divorcio debe adherirse a la Palabra
de Dios: si ha habido una violación del pacto, es legítimo
reconocer eso y actuar como corresponde: ”si el divorcio
un reconocimiento piadoso de la rebelión de la otra
persona contra Dios, entonces no es rebelión contra
Dios. Si el divorcio es iniciado sin ninguna base en la
palabra de Dios, entonces ese divorcio es pecado.”
Conclusión
Pastoralmente, y como iglesia, ¿cómo debemos responder al
divorcio? Como Dios lo hizo: con verdad y compasión. Por un
lado, necesitamos ser claros en las enseñanzas de la Biblia.
Y tenemos que hacerlo mucho antes de que se necesite la
enseñanza. Es por eso que tenemos esta clase. Es por eso
que tratamos de poner a los matrimonios jóvenes en
pequeños grupos de matrimonios jóvenes. Queremos
prevenir el divorcio construyendo matrimonios fuertes desde
el principio. Por eso hago un taller matrimonial anual. Por eso
los pastores dedican gran parte de su tiempo al matrimonio y
la consejería pre-matrimonial. Es por eso que esperamos que
ustedes, como personas casadas, estén leyendo los libros
que recomendamos, y estén involucrando a otros en su
matrimonio, para edificarles y rendir cuentas. Queremos ser
una iglesia que proclame la verdad acerca de nuestro Dios
guardador de pacto, con nuestras palabras, y con nuestros
matrimonios.
Por otro lado, queremos responder con compasión. El
divorcio es el resultado del pecado, y todos nosotros tenemos
algún conocimiento de ese tema—si no es personalmente,
tenemos familiares o amistades que se han divorciado. El
divorcio no es un pecado imperdonable, aún si en esta vida
tiene algunas consecuencias que continúan. En cambio,
queremos extender la esperanza del Evangelio a aquellas
vidas que han sido quebrantadas por el divorcio. Aún cuando
la esperanza del perdón para aquellos que se reencuentran
con un ex-cónyuge ya no es posible. Y la posibilidad de
reconciliación para aquellos que están separados e incluso
algunos que están divorciados. Nunca debemos olvidar que el
Dios de Jeremías 3 es también el Dios de Oseas 3.
Oseas 3:1 Me dijo otra vez Jehová: Ve, ama a una mujer
amada de su compañero, aunque adúltera, como el amor de
Jehová para con los hijos de Israel, los cuales miran a dioses
ajenos, y aman tortas de pasas.”
Usted y yo sabemos lo que es ser reconciliados con Dios,
aunque merecíamos un certificado de divorcio de Él.
Queremos ser personas que mantienen la misma esperanza
para aquellos que han conocido el dolor del divorcio, tanto la
esperanza de reconciliación con Dios como la esperanza de
reconciliación con su cónyuge, a través y por el poder del
Evangelio de Jesucristo, quién murió para reconciliar aquello
que fue hecho pedazos por el pecado.