Argentina Contemporánea: Cuadernillo - 2 Parte
Argentina Contemporánea: Cuadernillo - 2 Parte
contemporánea
CUADERNILLO – 2ª PARTE
Gabriela Ortiz
2016
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Cronología presidentes militares
Y civiles entre 1955 y 1966
1955: un golpe cívico militar, la “revolución libertadora”, derrocó al gobierno peronista. El general
Eduardo Lonardi asumió como presidente y el almirante Isaac Rojas como vice. Antes de los dos
meses, Lonardi fue reemplazado por el general Pedro E. Aramburu.
1958: se realizaron elecciones nacionales con la proscripción del peronismo y triunfó Arturo Frondizi,
candidato de la Unión Cívica Radical Intransigente.
1962: una asonada militar derrocó a Frondizi, y el Dr. José María Guido, presidente del Senado,
asumió como presidente provisional.
1963: las elecciones nacionales en las que se mantuvo la proscripción del peronismo dieron el triunfo
a Arturo Humberto Illia, candidato de la Unión Cívica Radical del Pueblo.
1966: un nuevo golpe militar derrocó a Illia y llevó al poder al teniente general Juan Carlos Onganía,
quien asumió como presidente de un gobierno conjunto de las tres fuerzas armadas.
LA “REVOLUCIÓN LIBERTADORA”
El 16 de septiembre de 1955 se concretó el movimiento militar que puso fin al
gobierno peronista. El general Eduardo Lonardi dirigía las operaciones desde Córdoba. En los
días siguientes el puerto de Mar del Plata fue sometido a un bombardeo naval y los rebeldes
amenazaron con hacer lo mismo con el puerto de Buenos Aires si el gobierno no se rendía.
Finalmente, el día 23 Perón se refugió en la embajada del Paraguay y desde allí abandonó el
país en un barco de esa bandera. Ese mismo día el general Lonardi fue designado presidente
provisional y el almirante Isaac Rojas lo acompañó como vicepresidente.
El golpe militar que derrocó al gobierno peronista contó con el apoyo de la mayoría
de los miembros de las Fuerzas Armadas. La burguesía agraria y la industrial, gran parte de
los sectores medios, los partidos políticos de la oposición y la Iglesia Católica. Todos estos
sectores de la sociedad argentina coincidían en caracterizar al régimen peronista como una
dictadura totalitaria. Por esta razón se sintieron identificados con el nombre de “revolución
libertadora” que los militares golpistas dieron a la intervención que quebró el régimen
democrático. Los jefes militares que encabezaron el golpe se presentaron ante la sociedad
como los verdaderos representantes de la democracia y la libertad.
La unidad del frente opositor antiperonista estuvo basada en dos acuerdos mínimos:
la necesidad de desperonizar a la sociedad argentina y la de cumplir una etapa de
reorganización política conducida por las Fuerzas Armadas para concluir con un llamado a
elecciones nacionales que restablecieran el régimen político democrático. Pero esta unidad
comenzó a resquebrajarse cuando el gobierno de facto asumió el control del Estado y
comenzó a tomar decisiones para enfrentar los problemas políticos y económicos.
El general Lonardi –que había sostenido que la Argentina posperonista no había ni
vencedores ni vencidos- era partidario, junto con otros miembros de su gabinete, de
establecer acuerdos con algunos sectores del gobierno depuesto. Pero esta posición no era
representativa de los sectores sociales más poderosos que habían apoyado el golpe, ni
contaba con el acuerdo de los otros jefes militares golpistas. El almirante Rojas (que además
de vicepresidente y vocero de la Armada era el presidente de una Junta Consultiva integrada
por representantes de los partidos antes opositores) no estaba dispuesto a aceptar ningún
tipo de acuerdo ni acercamiento con sectores peronistas. Finalmente, en noviembre de
1955, el general Lonardi fue obligado a renunciar y reemplazado por el general Pedro
Eugenio Aramburu, quien asumió como presidente de la Nación.
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“NI VENCEDORES, NI VENCIDOS”
En su primer discurso público Lonardi afirmó: “La victoria no da derechos. En esta lucha no
hay ni vencedores ni vencidos”.
Coherente con sus palabras, se negó a intervenir la CGT y a disolver el Partido Peronista.
Desde su punto de vista se trataba de emancipar a los trabajadores de Juan Perón. Para Lonardi, la
intervención de las Fuerzas Armadas debía limitarse a poner fin al poder discrecional de Perón,
instaurar el Estado de derecho y negociar con algunos dirigentes peronistas para ampliar el consenso
de la “revolución libertadora”.
Lonardi enfrentó una fuerte oposición cuyo epicentro se encontraba en la Marina y sus
apoyos ideológicos civiles. Estos grupos reclamaban el desmantelamiento total del aparato estatal
peronista, y muchos ni siquiera disimulaban sus deseos de abolir la legislación justicialista,
particularmente la legislación social.
En los planos económico y social, las decisiones no fueron tan contundentes como
las tomadas en el plano político. El gobierno del general Aramburu estuvo marcado por su
carácter provisional. Aramburu entendía que el gobierno militar debía administrar el país
hasta que este estuviera en condiciones de darse un gobierno libremente elegido y que, por
esa razón, no debía tomar decisiones que limitaran la libertad de acción de aquel.
Sin embargo, el gobierno no podía evitar tomar decisiones, y la falta de orientación
clara de las políticas públicas contribuyó a agravar los problemas económicos.
El gobierno suprimió los controles de cambio y la comercialización de las
exportaciones con intervención estatal y aplicó fuertes devaluaciones que beneficiaron a la
burguesía agraria más concentrada. También congeló los salarios y suprimió todo subsidio al
consumo de los sectores populares. Mantuvo la política petrolera y, aunque no impulsó
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ningún plan para atraer inversiones extranjeras, el gobierno gestionó y logró la
incorporación de la Argentina al Fondo Monetario Internacional (FMI) situación que abría
nuevas posibilidades de financiamiento externo. Como resultado de estas medidas, los años
de gobierno militar significaron un estancamiento del sector industrial y una importante
transferencia de ingresos hacia el sector agropecuario. Sin embargo, la falta de un plan
económico con objetivos definidos tuvo como resultado, hacia 1958, saldos cada vez más
deficitarios de la balanza comercial y una inflación descontrolada.
Bajo el control del general Aramburu y el almirante Rojas el gobierno militar dictó
varios decretos que tenían como finalidad desintegrar al peronismo como fuerza política y
social. Además de la disolución del Partido Peronista, decretó también la inhabilitación de
todos los dirigentes políticos y gremiales que hubieran participado del gobierno de Perón.
Las autoridades militares confeccionaron listas de dirigentes, delegados y militantes que
fueron encarcelados. Una vez intervenida la CGT, las sedes de los gremios fueron
controlados por las fuerzas de seguridad.
También suspendieron las convenciones colectivas de trabajo, lo que privó a los
trabajadores de negociar mejoras salariales en un período en el que el poder adquisitivo de
los salarios decaía a causa de la inflación.
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Hacia el restablecimiento de la legalidad democrática
Dos años después del golpe, el gobierno militar enfrentaba una crisis económica y
una creciente presión social. En este marco, las Fuerzas Armadas decidieron llamar a
elecciones generales con el propósito de restablecer el régimen democrático. Pero como
paso previo, plantearon la necesidad de convocar a una Convención Constituyente. Para
Aramburu, esta convocatoria tenía dos objetivos: sin duda, buscaba legalizar la derogación
de la Constitución peronista de 1949 –lo que había sido por decreto –y restablecer la
Constitución Nacional de 1853. Pero, además, las elecciones iban a servir como muestra del
caudal de votos con el que contaba cada fuerza política y cuál era la adhesión real al
peronismo proscripto.
Los resultados de las elecciones de constituyentes fueron una señal clara de la
profunda crisis de legitimidad institucional que originaba la proscripción política del
peronismo.
En 1957, de acuerdo con una directiva de Perón, las bases peronistas no votaron por
ningún candidato y los votos en blanco resultaron mayoría. En segundo y tercer lugar se
ubicaron los candidatos radicales intransigentes y radicales del pueblo, respectivamente.
Estos resultados aumentaron la preocupación de las Fuerzas Armadas ante la
evidencia de la fuerza del peronismo. Con todo, el gobierno provisional no podía continuar
postergando las elecciones nacionales. Las constantes declaraciones sobre la vigencia de la
libertad y la democracia no eran suficientes para ocultar los problemas económicos y las
acciones represivas del gobierno militar conducido por Aramburu y Rojas.
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Los hombres de la resistencia se organizaron en “grupos comando” que, desarticulaba la
estructura partidaria, se lanzaban a la acción directa. A cinco meses del derrocamiento, según Juan M
Vigo, en la Capital Federal y el cinturón industrial bonaerense, podían contabilizarse
aproximadamente doscientos. Para Héctor Saavedra eran grupos que se identificaban entre sí,
integrados por personas con distintas responsabilidades”
¿Qué hacían los comandos? Hacerles ver que los peronistas existíamos y que queríamos que
volviera Perón. En ese momento era corazón y el objetivo, la vuelta de Perón”. (Jorge Santoro)
“Hubo momentos en que poníamos bombas todas las noches, por ejemplo, en
establecimientos que no paraban durante las huelgas. ¿Por qué de noche? Como decía el General:
“Cuando el enemigo está, nada, cuando el enemigo no está todo” Y nosotros le hacíamos caso.
Sacábamos volantes denunciando la represión de la dictadura, propiciando la vuelta de Perón.
Pintábamos las paredes con la “VP”. Con el tiempo fuimos aprendiendo que la mayor seguridad para
nosotros estaba en la discreción y, casi, en el secreto absoluto” (Roberto Miguelez)
“A pesar de las grandes peleas, de los caños, de hacer saltar algún tranvía, nosotros lo que
buscábamos era la manera de hacernos notar, que la gente supiera que existíamos, que nos
resistíamos a retroceder” (Luis Donikian)
“Preparábamos miles de panfletos, no para tirar, sino para repartir, de mano en mano; el que
los tiraba, cobraba, porque queríamos que la gente los leyera. Sabíamos que sí estaba la policía en la
calle, los tanques, etc., la gente no se agachaba para agarrar un volante, entonces teníamos que
pasar y darlos en la mano. A veces la policía nos agarraba con todos los volantes encima (Luis
Donikian)
“Había gente que colocaba caños, desde pibes a grandes, dirigente gremial o no dirigente
gremial, gente de pueblo, todos cortaban caños, esta era la verdad. Perón siempre mandaba: “Sigan
luchando, sigan luchando” (Sebastián Borro)
El “Perón Vuelve”
Winston Churchill, despué
apoderó de esa letra del abecedario y la hizo suya. Y a medida que
transcurrió su historia de resistencia al ultraje, nacieron los gritos de
guerra: “Victoria”, “Vence”, “Volveremos”, “Vuelve”, “Viva”, “Vamos”…
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Lo cierto es que a partir del derrocamiento y la proscripción del peronismo los dedos en V
aludían al triunfo de una estrategia, al cumplimiento de una profecía amenazante. Era una misión y
un desafío. “Perón Vuelve” era la esperanza de la victoria inexorable que aparecía escrita en
cualquier esquina, a los apurones en cualquier rincón desnudo de la pared, recordando a todos la
memoria y el futuro. Fue una firma sagrada de los compañeros apresados, torturados o fusilados…
Era el grito de la Resistencia.
En Carulli, Caraballo, Charlier, Cafiero; “NOMEOLVIDES.
Memoria de la resistencia peronista 1955 – 1972”
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cuales se declaraba el estado de sitio, la ley marcial y la constitución de las cortes marciales, en
prevención de la rebelión peronista detectada.
(…) Durante los primeros momentos de la rebelión habíamos tenido noticias de que los
ataques concretados contra las guarniciones en La Plata y Campo de Mayo, los rebeldes asesinaron a
varios soldaditos centinelas de guardia. También supimos que un tren público de la línea General
roca del Gran Buenos Aires había sido asaltado por una banda peronista, que irrumpió con violencia y
obligó al pasaje a dar vivas a Perón y que un hombre que se había negado a seguir esas órdenes fue
ultimado de un tiro en la frente y su cuerpo arrastrado al andén de la estación Rananelagh.
En relación al tema de las penas capitales (…) reunida la Junta militar en la Casa Rosada, con
sus cinco miembros (Aramburu, Rojas, Ossorio Arana, Hartung y Krause) recibimos al general en jefe
de la guarnición Campo de Mayo quien era portador de la nota que contenía la sentencia dictada por
el tribunal de esa guarnición. Esa resolución fue resistida tanto por el presidente como por los
ministros. Yo guardé silencio. A continuación Lorio hizo una defensa de lo resuelto en Campo de
Mayo argumentándose que habiéndose fusilado ya a varios jefes rebeldes bastaría con ejecutar dos o
tres más y dar por terminada la cuestión.
Pedí la palabra y dije: ‘Señor presidente, señores ministros. Estoy en total desacuerdo con lo
expresado por el general en jefe de la guarnición Campo de Mayo. Yo voy a acompañar la decisión
que se tome, ya sea la prisión perpetua o la pena capital’. Y agregué: ‘Pero de ninguna manera estoy
de acuerdo con que se fusile a dos o tres subalternos más y que el general Valle escape a la sentencia
máxima. Si ustedes disponen ahora el levantamiento de la ley marcial entonces salvan sus vidas
todos los sediciosos, pero si continúa la ley marcial entiendo que el primero que debe ser pasado por
las armas es el general Valle”, afirmé.
Tomado de revista Polémica, número 92.
Carta del general Valle al general P. E. Aramburu, escrita antes de ser fusilado
“Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado. Debo a mi patria
la declaración fidedigna de los acontecimientos. Declaro que un grupo de marinos y militares,
movidos por ustedes mismos, son los únicos responsables de lo acaecido. Para liquidar opositores les
pareció digno conducirnos al levantamiento y sacrificarnos luego fríamente. Nos faltó astucia o
perversidad para adivinar la treta. Así se explica que nos esperaran en los cuarteles apuntándonos
con ametralladoras, que avanzaran los tanques de ustedes en defensa de las guarniciones aun antes
de estallar el movimiento, que capitanearan tropas de represión algunos de los oficiales
comprometidos en nuestra revolución. Con fusilarme a mí bastaba. Pero no, han querido ustedes
escarmentar al pueblo, cobrarse la impopularidad confesada por el mismo Rojas, vengarse de los
sabotajes, cubrir el fracaso de las investigaciones, desvirtuadas al día siguiente en solicitadas en los
diarios y desahogar una vez más su odio al pueblo. De aquí esta inconcebible y monstruosa ola de
asesinatos.
Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía. Mi esposa y mi hija a través de sus
lágrimas verán en mí un idealista sacrificado por la causa del pueblo. Las mujeres de ustedes, hasta
ellas, verán asomárseles por los ojos sus almas de asesinos. Y si les sonríen y los besan será para
disimular el terror que les causan. Aunque vivan cien años, sus víctimas les seguirán a cualquier
rincón del mundo donde pretenden esconderse. Vivirán ustedes, sus mujeres y sus hijos, bajo el
terror constante de ser asesinados. Porque ningún derecho, ni natural ni divino, justificará jamás
tantas ejecuciones.
Fragmento de la carta publicada en Página 12 del 13-06-96
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Después de los resultados de las elecciones de constituyentes de 1957, las Fuerzas
Armadas se convencieron de que habían fracasado en su intento de desperonizar a la
sociedad argentina. El fortalecimiento de la adhesión al peronismo y el repudio a todas las
prohibiciones por parte de las bases sindicales llevaron a los militares a tomar la decisión de
prescindir políticamente del pueblo peronista en el futuro.
Para llevar adelante este propósito consideraron indispensable custodiar los logros
políticos de la “revolución libertadora”: la proscripción y la prohibición del peronismo. Con
este fin, las Fuerzas Armadas, controlaron de cerca las decisiones de los gobernantes civiles
que asumieron la presidencia de la república en los años siguientes, para evitar cualquier
intento de acuerdo y apertura que significara la legalización de la actividad política del
peronismo.
El juego imposible
El debilitamiento de la democracia
La presidencia de Frondizi:
Desarrollismo, inestabilidad económica, estabilización y represión
Apenas asumió la presidencia, Frondizi tomó dos decisiones relacionadas con las
promesas preelectorales: decretó un aumento de salarios del 60 % que, en realidad, era un
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porcentaje casi equivalente al nivel de aumento ya registrado en los precios, e impulsó una
ley de amnistía que fue aprobada por el Congreso: aunque esta no dejó definida la situación
legal del peronismo, permitió a sus adherentes usar públicamente sus símbolos y legalizar
sus organizaciones y actividades.
En el plano económico, el gobierno se propuso ejecutar el plan desarrollista, que
habían elaborado en forma conjunta Rogelio Frigerio, quien asumió como secretario de
Relaciones Económicas, y un equipo de empresarios y técnicos. El motor de la propuesta
desarrollista era impulsar el desarrollo de la industria pesada –metalurgia, siderurgia y
petroquímica- con el aporte de capital y tecnología extranjeros. Profundamente relacionado
con esta meta estaba el objetivo de modernizar el campo, mejorando la mecanización de las
tareas rurales. De este modo, era posible aumentar la producción del sector agropecuario, lo
que produciría un aumento de los saldos exportables y un mejoramiento en el saldo de la
balanza comercial. Al mismo tiempo, se incrementaba la demanda para las nuevas
máquinas-herramientas producidas ahora en el país.
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aplicación generó disminución de los salarios de los trabajadores, desocupación y
agudización de los conflictos sociales.
Otra decisión del presidente Frondizi que generó debates y polémicas que
atravesaron toda su gestión fue la firma –en julio de 1958- de varios contratos con empresas
petroleras de origen estadounidense que operarían por cuenta de YPF con el propósito de
lograr el autoabastecimiento de hidrocarburos. En 1955, Frondizi se había enfrentado
duramente con el presidente Perón en la oportunidad en que este último firmó un contrato
con la California Oil Company; afirmando que YPF tenía la capacidad suficiente para lograr el
autoabastecimiento sin necesidad de financiamiento externo. Por esta razón, el cambio de
posición generó una profunda pérdida de credibilidad para Frondizi por parte de su
electorado y de la sociedad en general. Aun cuando muy pronto aumentó
espectacularmente el volumen de petróleo producido y se logró el autoabastecimiento, la
oposición se centraba en que el petróleo producido en el país por las concesionarias
resultaba más caro que el importado y en que el presidente se había negado a dar
participación al Congreso en una decisión que afectaba –según entendían los críticos de
Frondizi –la integridad del patrimonio nacional.
Los problemas económicos, los conflictos con los sectores trabajadores y las
polémicas que suscitaron el tema del petróleo y otras medidas gubernamentales –como por
ejemplo, las derivadas de la decisión de permitir a las universidades privadas expedir títulos
habilitantes –generaron un clima social de malestar e incertidumbre, a muy pocos meses de
iniciado el mandato del gobierno constitucional.
Después de 1955, los sindicalistas que habían sido desplazados a partir de los
decretos de prohibición del gobierno militar se organizaron en un nucleamiento clandestino
al que llamaron CGT auténtica. Este sector contó con el apoyo de Perón y exhortó a no
presentarse en las elecciones de normalización militar que convocó el gobierno militar de
Aramburu. A pesar de ello, muchos de los nuevos dirigentes, protagonistas de la resistencia,
decidieron dar batalla en las elecciones sindicales a mediados de 1957. A través de esta vía,
una segunda línea sindical peronista logró recuperar los principales sindicatos industriales.
Por su parte, las corrientes sindicales de izquierda ganaron las elecciones en los sindicatos de
la madera, la construcción y la prensa. Por esa época, peronistas y comunistas formaban
parte de la llamada Comisión Intersindical, que además de coordinar la lucha gremial
preparaba la normalización de la CGT.
En agosto de 1957, tuvo lugar la normalización de la CGT en un acto presidido por el
interventor, que era un representante de la Marina, en el que participaron sindicalistas de
todos los sectores. Las diferencias ideológicas y de interpretación del momento político
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llevaron a la ruptura del movimiento sindical. Ante la evidencia que la mayoría de los
delegados eran peronistas, los sindicatos oficialistas –que eran 32 y se llamaron a sí mismos
sindicatos democráticos- se retiraron de la reunión para no convalidar la normalización de
una CGT peronista. Entre los que se quedaron estaban representados 62 sindicatos y ellos
decidieron constituir las 62 organizaciones. El grupo de los sindicalistas peronistas estaba
coordinado, entre otros por José Rucci (metalúrgico), Jorge Álvarez (sanidad) y Eleuterio
Cardozo (carne). Al poco tiempo, se desprendieron los sindicatos comunistas que eran 19, y
conformaron el Movimiento de Unidad y Coordinación Sindical (MUCS).
Los militares, ante el seguro triunfo de los peronistas, dejaron la conducción de la
central sindical a cargo de un grupo de sindicalistas de orientación antiperonista.
El Plan CONINTES
A pesar de la dureza en la relación con los sindicatos luego de la aplicación del Plan
CONINTES, el gobierno de Frondizi resultaba poco confiable para las Fuerzas Armadas. Su
política exterior y su pasado acuerdista con el peronismo preocupaban profundamente a los
militares.
En 1962, debían realizarse elecciones en varias provincias del país. Frondizi permitió
la presentación de los candidatos peronistas porque pensaba que la UCRI podía llegar a
obtenerlos primeros lugares. Los triunfos que la UCRI había obtenido, durante 1961, en las
elecciones de Catamarca, San Luis y Santa Fe, eran la base de este optimismo.
En las elecciones de gobernadores de 1962, la que generaba más expectativas era la
de la provincia de Buenos Aires. Por la importancia del caudal de votos de este distrito
electoral y por el elevado porcentaje de obreros industriales que en ella se concentraban, las
Fuerzas Armadas consideraban una prueba fundamental los resultados de esta elección. La
victoria de los candidatos peronistas resultó intolerable para los militares. En los días
siguientes, el gobierno decretó la anulación de las elecciones en la provincia de Buenos Aires
(que habían dado como ganador a Andrés Framini) y decretó también la intervención de las
provincias en las que habían triunfado los candidatos del peronismo. Los militares no
estaban dispuestos a tolerar la vuelta del régimen depuesto y el presidente Frondizi fue
presionado con un nuevo planteo de las Fuerzas Armadas.
Frondizi llamó a los partidos políticos de la oposición a integrar un gabinete de unión
nacional, pero las fuerzas políticas rechazaron la invitación. También fue tibio el apoyo de la
CGT a través de un comunicado. El presidente reorganizó su gabinete con hombres cercanos
a los militares y le solicitó al general Aramburu que mediara en la crisis. Aramburu declaró
ante la prensa que “la renuncia del Presidente no significará la ruptura del orden
constitucional porque en la Constitución están previstas todas las circunstancias de sucesión
del gobierno…” El 17 de marzo de 1962, las tres armas pidieron el alejamiento de Frondizi. El
presidente respondió: “No renuncio ni doy parte de enfermo ni me voy de viaje. Sigo siendo
el Presidente”. Ante su intransigencia, el 29 de marzo, los jefes de las Fuerzas Armadas
anunciaron al país que “el Presidente de la República ha sido depuesto por las FFAA”.
De acuerdo con la ley de acefalía, dado que el vicepresidente Gómez no había sido
reemplazado después de su renuncia, el senador José María Guido (presidente provisional
del Senado) juró ante la Corte Suprema y asumió como presidente de la República.
EL GOBIERNO DE GUIDO
EL NUEVO ROL DE LOS MILITARES
El historiador francés Alain Rouquié sostiene que desde 1955, pero sobre todo después de
1959, el contexto internacional deformaba y dramatizaba los enfrentamientos propiamente
argentinos; justificaba en el plano profesional, la intrusión de los militares en la vida política. Para
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Rouquié la reformulación de los objetivos y de la hipótesis de guerra convirtió al Estado de guardián
de las fronteras en garante del orden político y social.
“La lucha contra la subversión comunista, contra un enemigo interno, legitimaba el poder
militar borrando cualquier frontera entre defensa nacional y activismo político. Pero en la Argentina,
el concepto de guerra contra revolucionaria se interpretaba en forma muy amplia. Para los militares
ultraliberales, el anticomunismo era una prolongación del antiperonismo. Uno y otro se confundían
en muchas cabezas como dos modalidades complementarias (o sucesivas) de un mismo
totalitarismo”
Tomado de Poder militar y sociedad política en la Argentina II. 1943-1973
Los enfrentamientos entre azules y colorados tuvieron una primera etapa que fue
caracterizada como una batalla de declaraciones. Durante unos meses, los jefes de distintos
cuerpos y guarniciones dieron a conocer bandos, proclamas, radiogramas y comunicados
con el objetivo de hacer conocer a sus subordinados y al conjunto de la sociedad sus ideas
sobre qué era lo que debía o no debía hacer el gobierno y –consecuentemente- cuáles eran
los pasos que debían seguir las Fuerzas Armadas para asegurar las acciones deseadas.
Cuando el 6 de septiembre de 1962 el Poder Ejecutivo, bajo tutela colorada disolvió
el Congreso Nacional, el conflicto se profundizó. Muchos civiles consideraron que con este
acto de gobierno había perdido la legalidad y le retiraron su apoyo. Desde entonces, los
colorados comenzaron a ser considerados abiertamente golpistas.
Mientras tanto, los azules estaban preocupados por el estado deliberativo y la
indisciplina que se registraba en los cuarteles. El general Juan Carlos Onganía se decidió a
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enfrentar a los colorados y restablecer la autoridad y el respeto por los mandos naturales en
el interior de las Fuerzas Armadas, paso necesario para que estas abandonaran la política y
se concentraran en su capacitación profesional. En el plano político, proponía “mantener y
afianzar al Poder Ejecutivo y asegurarle libertad de acción a fin de concretar en el más breve
plazo la vigencia de las disposiciones constitucionales” –la normalización institucional.
El 22 de septiembre la Fuerza Aérea bombardeó una concentración colorada en San
Antonio de Padua y hubo enfrentamientos de tropas en plaza Constitución y en los parques
Chacabuco y Avellaneda. Finalmente, el comando colorado se rindió y el presidente Guido
designó al general Onganía como comandante en jefe del ejército. Desde su nuevo cargo,
Onganía controló una reestructuración del gobierno.
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Finalmente, las elecciones se realizaron el 7 de junio de 1963 y la Unión Cívica radical
del Pueblo obtuvo la mayor cantidad de votos: el 25 % del electorado eligió la fórmula Illia-
Perette. La UCRI obtuvo el segundo lugar, con el 16 %, y UDELPA el tercero, con el 7,5%. Sin
embargo, el porcentaje de votos en blanco alcanzó más del 19%, constituyéndose en
realidad, en la segunda fuerza. Según el sistema de representación proporcional, los
candidatos de la UCRP no tenían la mayoría absoluta para garantizar su triunfo en el colegio
electoral. El 31 de julio de 1963, Arturo Illia y Perette fueron consagrados presidente y vice
de la República Argentina por 270 electores radicales del pueblo, radicales intransigentes,
demócratas cristianos, conservadores y socialistas.
Aun cuando gran parte de la sociedad argentina vivió la asunción de Illia como la
vuelta a la legalidad institucional, el casi 20 % de votos en blanco significaba que el gobierno
iniciaba su gestión con una grave falta de representatividad de los intereses de importantes
sectores de la población. Y esto iba a atentar contra su estabilidad.
El proyecto económico:
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En febrero de 1964, el Congreso aprobó una ley que facultaba por un año al Poder
Ejecutivo a fijar precios mínimos y máximos y márgenes de ganancias. También creaba el
Consejo Nacional de Abastecimientos, en el que estaban representados el gobierno, los
productores y la CGT.
Con estas medidas, el rumbo económico se alejaba del sostenido por ACIEL (Acción
Coordinadora de Instituciones Empresarias Libres), basado en el libre juego del mercado,
como medio para redistribuir los recursos. Cuando el gobierno estableció un nuevo régimen
cambiario que fijó límites y requisitos para las operaciones de cambio (especialmente las
relacionadas con las divisas provenientes de las exportaciones y las remesas de fondos del
exterior), ACIEL declaró su preocupación por el avance del dirigismo y el estatismo. La CGE,
en cambio, aprobó las medidas.
Hacia mediados de junio, el Congreso sancionó el régimen de salario mínimo, vital y
móvil. Sin embargo, las medidas tomadas para la reactivación de la producción primaria y del
sector industrial no tenían los resultados esperados.
A medida que se agudizaban los conflictos sociales entre los sindicatos y el gobierno,
que incluían la ocupación de los establecimientos productivos, y crecía la movilización de
diferentes sectores de la sociedad en todo el territorio del país, los empresarios capitalistas
comenzaron a sentir amenazado el normal funcionamiento de la economía capitalista,
situación que les impedía prever futuras ganancias. Por este motivo, comenzaron a disminuir
sus inversiones para el mediano y el largo plazo y buscaron obtener los mayores beneficios
con el más corto plazo. Esta decisión provocó un aumento de la desocupación en el sector
industrial, factor que, a su vez, agudizó todavía más los conflictos sociales y políticos.
En enero de 1964, la CGT aprobó un Plan de Lucha que incluía la ocupación de los
lugares de trabajo y los centros de producción en el caso de que el gobierno no tomara las
medidas económicas reclamadas por la central obrera para solucionar los problemas más
urgentes de los trabajadores.
El Plan de Lucha contemplaba dos etapas. La primera consistía en una campaña de
difusión, organización y agitación. La segunda, en la efectivización de acciones de lucha
directa y ocupación de los centros de producción –agropecuarios, industriales y comerciales-
por un tiempo que se determinaría oportunamente. Entre mayo y junio de 1964, los
trabajadores tomaron pacíficamente más de 11.000 establecimientos.
Estos hechos debilitaron profundamente la autoridad del gobierno. Frente a la
ausencia de acciones del gobierno, en sectores de la sociedad se fue instalando la idea de un
vacío de poder. La actitud, que fue entendida por algunos como inoperancia, en lugar de
contribuir a la pacificación profundizó los enfrentamientos. Mientras se profundizaba el
déficit en la balanza de pagos, el gobierno establecía el control de las tarifas públicas de
electricidad y del gas. A la Huelga del transporte, finalmente se sumaron otros gremios;
finalmente el gobierno autorizó el aumento de la tarifa del transporte. Entre tanto, eran
cada vez más frecuentes los atentados.
En mayo de 1965, en este marco de agudización de los conflictos sociales y con un
millón de desocupados, las elecciones para gobernadores profundizaron los enfrentamientos
políticos entre los partidos políticos y entre los civiles y militares.
La situación del movimiento obrero peronista:
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cuestiones: quién podía ser reconocido como jefe del peronismo en el país –ante la ausencia
de Perón- y cuál debía ser la rama sindical y la rama política del peronismo.
Augusto T. Vandor era dirigente de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y encabezaba
las 62 Organizaciones que formaban parte de la CGT. Además, Vandor se había convertido
en la principal figura de referencia del peronismo organizado para el gobierno y para la
mayoría de los dirigentes políticos del país.
En julio de 1964, un grupo de dirigentes gremiales que se autodenominaban
independientes se enfrentaron con el secretario general José Alonso- que coincidía en sus
orientaciones con Vandor- y renunciaron a la CGT, que quedó integrada exclusivamente por
los gremios de las 62 Organizaciones. Los independientes, liderados por Armando March
entre otros, discrepaban sobre cuales debían ser los objetivos del Plan de Lucha de la central
obrera y sobre quiénes debían decidir las acciones (si los dirigentes gremiales de acuerdo
con el mandato de las bases o los dirigentes políticos del movimiento peronista)
Desde el punto de vista de los independientes, el plan de lucha de la CGT debía
proponerse reivindicaciones puramente sindicales: temían que el Plan de Lucha llevara a una
radicalización espontánea de las masas obreras que terminarían siendo duramente
reprimidas por el gobierno.
Para los dirigentes vandoristas de las 62 Organizaciones, en cambio, el plan de lucha,
llevado adelante por el movimiento sindical, era del peronismo en su conjunto para terminar
con su proscripción del sistema político. Y, para lograr esta meta, se proponían convertir al
sindicalismo peronista en un factor de poder que no pudiera ser ignorado por el gobierno y
los sectores de poder económico y político, por lo que estarían obligados a negociar.
El sector combativo del sindicalismo peronista, opuesto tanto a Vandor como a los
independientes, no estaban de acuerdo con restringir las reivindicaciones al plano
puramente sindical, como los independientes. Pero denunciaba que el plan de lucha era una
estrategia del vandorismo –partidario del pacto y el entendimiento con el régimen- para
satisfacer intereses propios. Según los combativos, frente al anuncio del retorno de Perón y
el proceso de ocupación de fábricas, los vandoristas se presentaban como los únicos que
podían controlar las acciones del movimiento obrero, y esto lo ponía en posición de ser
aceptados por el gobierno. Además, denunciaban también que el objetivo final de Vandor
era reemplazar a Perón como líder del movimiento.
Durante 1965, las diferencias entre estos sectores del sindicalismo peronista se
fueron profundizando y se agravaron, a partir de octubre, con la llegada al país de María
estela Martínez, la nueva esposa de Perón, conocida como Isabel. Este acontecimiento
enfrentó a Vandor con Alonso –que en enero había sido reelecto secretario general del CGT-
las 62 Organizaciones acusaron a Alonso de crear una organización paralela –De pie junto a
Perón- mientras que los representantes de los gremios navales, de sanidad, del calzado y los
ferroviarios denunciaron “la retirada desobediencia de Vandor a las instrucciones de que es
portadora la esposa del líder”. En febrero de 1966, Alonso fue expulsado de su cargo de
secretario general, Vandor se entrevistó con Isabel Martínez y propuso un acercamiento a
los gremios independientes para fortalecer la posición de la CGT. En mayo, el enfrenamiento
armado entre las facciones de Alonso y Vandor llegó a provocar muertos y heridos en los dos
grupos.
21
Finalmente, el 28 de junio de 1966 un golpe militar encabezado por los comandantes
en jefe de las tres fuerzas derrocó al gobierno del presidente Illia. Una junta revolucionaria
dio a conocer las “causas y objetivos de la revolución argentina” y dispuso la disolución del
Congreso Nacional, de las legislaturas provinciales y los partidos políticos; también los jueces
de la Corte Suprema de Justicia y los procuradores fueron separados de sus cargos.
22
CONSIGNAS:
LA REVOLUCIÓN LIBERTADORA
LA RESISTENCIA PERONISTA
1) Causas de su formación
2) Integrantes
3) Acciones que realizaron
4) Papel de John William Cooke (incluir sus ideas más importantes)
5) Objetivos
6) Respuesta del gobierno militar
7) Plan de Perón
1. ¿En qué postulado se basó el nuevo papel de las Fuerzas Armadas después de las
elecciones constitucionales de 1957?
2. Explicar en qué consistió el juego imposible al que hace referencia el historiador
Guillermo O’Donnell.
3. ¿Cuáles fueron las consecuencias de la proscripción electoral del peronismo y cuál fue el
resultado de la misma?
23
LAS ELECCIONES DE 1958 Y EL GOBIERNO DE FRONDIZI (1958 – 1962)
1. Elecciones de 1958: ¿Cuáles fueron los partidos que se presentaron? ¿Cuáles eran los
postulados de cada uno? ¿Quién y por qué triunfó?
2. Aspecto económico:
a. Explicar el Plan Desarrollista.
b. Leer los aspectos fundamentales de la ley de inversión extranjera directa e indicar,
según tu punto de vista, qué ventajas y desventajas presentaba
c. ¿En qué consistió el Plan de Estabilización y qué repercusiones tuvo sobre la sociedad?
d. Explicar brevemente los problemas (incluir el tema petrolero) que generaron que el
mandato de Frondizi tuviera lugar en un clima de gran malestar e incertidumbre.
3. El movimiento obrero: ¿A qué se llamó 62 organizaciones? ¿Qué características
presentaron los dos grupos que se conformaron dentro de ella?
4. ¿En qué consistió el Plan CONINTES? ¿Cómo se justificó su implementación?
5. Identificar las causas por las cuáles las Fuerzas Armadas alejaron de su cargo a Frondizi.
1. Según el historiador Alain Rouquie: ¿Cuál es el nuevo rol que desempeñaron los militares?
2. ¿Cómo llega Guido a la presidencia de la Nación?
3. ¿Qué características tuvo su gobierno y cuál fue su relación con las Fuerzas Armadas?
4. Las Fuerzas Armadas:
a) ¿Qué facciones las conformaban? ¿Cuáles eran sus características?
b) ¿Cómo repercutió esta división en el gobierno?
c) ¿Cómo termina el enfrentamiento y cuáles son sus consecuencias políticas y
económico – sociales?
1. ¿Cuáles fueron los partidos que se presentaron a las elecciones de 1963? ¿Quién y cómo
triunfó?
2. a. Sintetizar las principales medidas económicas que tomó este gobierno.
b. Explicar para cada una de ellas qué posturas tuvieron los distintos actores sociales.
3. a. ¿Por qué se produjeron los conflictos sociales entre sindicatos y gobierno? ¿Qué
medidas tomaron para mostrar su descontento? Y ¿Cuál fue la repercusión que tuvieron
para los diferentes sectores?
b. ¿Qué objetivos tenía el Plan de Lucha elaborado por la CGT?
c. Explicar las dos etapas de este Plan y especificar si consideras que se lograron los
objetivos planteados por la central obrera.
4. EL movimiento obrero peronista: comentar brevemente la postura de vandoristas,
independientes y combativos (incluir la postura de cada uno con respecto al Plan de Lucha)
5. Enumerar las causas que llevaron al debilitamiento del gobierno y al posterior golpe de
Estado.
24
FRACASO DEL ESTADO BUROCRÁTICO AUTORITARIO
Y RESISTENCIA SOCIAL
(1966- 1976)
LA “REVOLUCIÓN ARGENTINA”
En junio de 1966, el general Onganía –que había mantenido hasta entonces una
actitud legalista- se puso al frente de un golpe militar. Ante la pasividad de los sectores
medios, que no se movilizaron en defensa del debilitado gobierno radical y el clima de
agitación que prevalecía entre los sindicatos obreros, los militares no encontraron
dificultades para tomar el poder.
Un conjunto de sectores apoyaba la intervención política de las Fuerzas armadas: los
grupos conservadores de la Iglesia Católica, la mayoría de la burguesía industrial –en especial
los grandes empresarios de ACIEL- y agrupaciones políticas de orientación liberal. Todos ellos
acordaron con la decisión de Onganía de disolver el Parlamento y los partidos políticos y
reemplazar la Constitución Nacional por el “estatuto de la Revolución Argentina”.
Esta nueva intervención de las Fuerzas armadas se diferenció de las anteriores. En
esta oportunidad no se trataba de la iniciativa de una fracción de alguna de las tres fuerzas:
por primera vez, encabezadas por sus comandantes, actuaban unidas como corporación.
Además, los militares golpistas de 1966 no se proponían reorganizar la democracia
excluyendo solo al peronismo, como lo habían hecho los militares en 1955. Esta vez
decidieron prescindir de todos los partidos y transformar por completo el sistema
institucional. Consideraban que los ensayos de reorganizar un régimen democrático
prohibiendo o integrando al peronismo habían fracasado, y que era hora de intentar
instaurar el orden por la vía del autoritarismo.
Los sectores capitalistas que se estaban beneficiando de la concentración de la
riqueza, como resultado de la aplicación de políticas desarrollistas, esperaban que el
gobierno militar controlara los sectores populares que reclamaban mejoras en los salarios y
en las condiciones de trabajo. Estos empresarios pensaban que debía profundizarse el
modelo industrialista que les permitía continuar con la acumulación de capital.
Para lograr estos objetivos, las Fuerzas Armadas y sus aliados intentaron organizar un
Estado autoritario.
25
El Estado burocrático autoritario
El Estado autoritario se fue conformando como un sistema de exclusión política y
económica de los sectores populares que, en el momento del golpe militar, estaban
fuertemente movilizados y tenían capacidad para imponer sus demandas sociales. Esta
exclusión fue lograda a partir de la eliminación de la democracia política y de la aplicación de
políticas económicas que favorecieron la concentración de la riqueza y la acumulación de
capital de los grupos industriales más poderosos que estaban asociados a los inversores
extranjeros.
Los militares afirmaban que querían crear un nuevo orden, que dejara
definitivamente atrás la “vieja política” y a “los partidos que fomentaron la división del
pueblo”. Al mismo tiempo, se proclamaban como los representantes del conjunto de la
Nación y sostenían que gobernarían “por encima de los intereses particulares”.
El nuevo tipo de estado fue caracterizado también como burocrático: reemplazó la
política por la administración. La gestión de las políticas de gobierno estuvo a cargo de
técnicos especializados en cada área, que se desempeñaban como funcionarios
administrativos. El gobierno entendía que el personal técnico, a diferencia de los políticos
garantizaba la imparcialidad frente a los intereses sectoriales y un reparto ecuánime del
costo que toda la sociedad argentina debía sufrir para alcanzar el desarrollo.
Estos nuevos roles y funciones cambiaron el tipo de relación que los diferentes
actores sociales habían mantenido con los militares hasta entonces. Cuando el gobierno de
Onganía demostró claramente su perfil autoritario y avanzó con las medidas de exclusión,
comenzó a manifestarse el descontento de muchos sectores de la sociedad civil.
El movimiento obrero, los sectores medios –en particular los estudiantes
universitarios-, y algunos sectores de empresarios –en especial los pequeños y medianos,
que no se beneficiaban con la política económica- y la casi totalidad de los partidos políticos
denunciaron los rasgos dictatoriales del nuevo gobierno y organizaron un intenso proceso de
resistencia social.
Como consecuencia de la instauración de este Estado autoritario, los
argentinos perdieron sus derechos políticos como ciudadanos, se cerraron los canales
democráticos de acceso al gobierno y la mayoría de la sociedad civil se quedó sin
instituciones que representaran sus intereses particulares frente al Estado.
26
En la Argentina, desde 1955, los militares comenzaron a abandonar la idea de que su
misión era la defensa nacional frente a posibles enemigos externos. Desde entonces, se
propusieron luchar contra el enemigo interno, vigilando las actividades políticas
sospechosas de promover desórdenes sociales. Los militantes de los partidos políticos que
no aceptaban el nuevo orden, los dirigentes del sindicalismo combativo, los integrantes de
los grupos guerrilleros que comenzaban a formarse, los universitarios que organizaban
centros de estudiantes y todos aquellos que se resistían a las directivas del Estado
militarizado, fueron considerados como “enemigos de la Nación” o “subversivos”.
El plan económico contó con el apoyo de los sectores capitalistas más poderosos
nucleados en ACIEL –la Unión Industrial, la Sociedad Rural, la Cámara Argentina de
Comercio, la Bolsa de Comercio y la Asociación de Bancos-. También contó con el apoyo de
los centros financieros internacionales, que le facilitaron préstamos al gobierno militar. Sin
embargo, a pesar del éxito en las metas estabilizadoras, el plan generó un profundo
descontento en muchos sectores sociales.
Para los trabajadores asalariados, el gobierno había afectado sus intereses porque
limitó el poder de los sindicatos –fueron embargados sus fondos-, suprimió el derecho de
huelga y estableció sanciones contra los obreros para asegurar una estricta disciplina en los
lugares de trabajo.
27
Los pequeños y medianos empresarios agrupados en la CGE, cuyas ventas estaban
orientadas hacia el mercado interno, también se opusieron al plan. El congelamiento de los
salarios y la eliminación de las medidas que protegían las economías regionales –como la
producción de azúcar, algodón y yerba_ originó numerosos quiebres en ese sector de la
burguesía.
Durante los primeros dos años del gobierno militar se fueron acentuando los rasgos
autoritarios y dictatoriales. A la prohibición de las actividades políticas se sumaron las
detenciones a opositores, las clausuras y censuras en los medios de comunicación, la
prohibición de manifestaciones artísticas y la frecuente detención en las calles de jóvenes
cuya vestimenta y el largo de su pelo no se ajustaban al riguroso “orden moral” que
pretendían imponer los gobernantes.
Ante el avance del autoritarismo por parte del Estado ilegítimo, importantes sectores
de la población comenzaron a buscar nuevas formas de organización para hacer oír sus
reclamos y expresar sus desacuerdos. Se inició entonces un proceso de resistencia de la
sociedad civil, que tuvo como principales protagonistas a sindicales combativos, integrantes
de los sectores medios, en especial los estudiantes, grupos de base de la Iglesia Católica –
que se diferenciaba de la jerarquía eclesiástica que apoyaba al gobierno militar- y militantes
de agrupaciones de izquierda y de las nuevas organizaciones guerrilleras que entonces
comenzaban a formarse.
28
El Cordobazo
A principios de 1969 Onganía anunció que el gobierno había cumplido sus metas
económicas y que se iniciaba el tiempo social. Dispuso un aumento de salarios que fue
resistido por el sindicalismo, que lo consideró insuficiente. Durante ese año se produjeron
numerosas protestas sociales en varias provincias. Los estudiantes de las universidades del
Nordeste y de Rosario plantearon sus reclamos y su oposición al gobierno militar. Pero fue
en Córdoba donde estalló el conflicto más violento.
Córdoba se había convertido en la capital industrial del interior. Allí se habían
instalado las fábricas de automóviles de poderosas empresas extranjeras como Fiat y
Renault. Los obreros industriales que trabajaban en esas plantas recibían salarios más altos
que el salario promedio industrial percibido en otras provincias y se había registrado un
importante crecimiento urbano.
El gobierno dispuso un decreto, en mayo de 1969, que eliminaba el sábado inglés en
Mendoza, San Juan, Tucumán y Córdoba –la tradicional media jornada de trabajo-. Al mismo
tiempo, congeló los salarios y los convenios colectivos que habían firmado los trabajadores y
los empresarios. Los sindicatos de las empresas automotrices, de electricidad y de
transportes convocaron a un paro general para resistir las medidas del gobierno.
El 29 de mayo, obreros y estudiantes cordobeses salieron a manifestar por las calles
de la capital provincial. El gobierno, para contener la protesta social, ordenó que las Fuerzas
Armadas se hicieran cargo de la represión. Como resultado de violentos enfrentamientos
entre manifestantes y fuerzas represivas, hubo presos y decenas de heridos y 16 muertos.
La protesta se extendió a otras provincias. Rosario fue declarada zona de emergencia
y colocada bajo jurisdicción militar. También se profundizaron los conflictos en la provincia
de Tucumán. Estos conflictos marcaron el inicio de un proceso de agudización de la protesta
social y de la lucha política violenta, que se desarrolló en la Argentina por varios años.
EL Cordobazo. Columnas de obreros avanzaron desde las plantas fabriles hasta el centro de
Córdoba capital. Durante días, las fuerzas represivas y los manifestantes se enfrentaron en violentos
ataques callejeros. Para detener el avance de los uniformados a caballo y de los vehículos militares,
los manifestantes construyeron barricadas y lanzaron piedras y bombas incendiarias. Una consigna
que se popularizó entre los trabajadores y los estudiantes fue: “Paso, paso, paso, se viene el
Cordobazo”. Estas luchas antidictatoriales se propagaron por grandes ciudades del interior del país, y
llevaron a muchos a hablar de un “argentinazo”
LOS UNIVERSITARIOS
Una de las primeras medidas represivas que tomó el gobierno de Onganía fue en
contra de los estudiantes universitarios. En los años anteriores al golpe, las universidades
nacionales habían vivido un período de gran libertad de expresión. La libre circulación de
ideas y los debates favorecieron la participación de muchos jóvenes en los centros de
estudiantes y en las agrupaciones políticas. Para los militares golpistas, los estudiantes y
profesores universitarios-fuesen radicales, socialistas, comunistas o peronistas-, eran una
amenaza para el orden que pretendían imponer.
El 26 de julio de 1966, Onganía puso fin a la autonomía universitaria, que consistía en
que la propia comunidad universitaria elegía a sus autoridades, y tomaba decisiones sin que
interfiera el gobierno nacional. El objetivo declarado por el gobierno militar fue “prevenir a
29
la sociedad de las influencias perniciosas de la infiltración comunista en las altas casas de
estudio”. El gobierno intervino las universidades y prohibió las actividades de los centros
estudiantiles.
Como respuesta a la intervención, alumnos y profesores ocuparon algunas facultades
para defender a las autoridades legítimamente elegidas. Las fuerzas policiales ingresaron a
los edificios de la universidad, violando abiertamente su autonomía, y reprimieron a los
ocupantes con extrema dureza.
A esta jornada se la llamó la noche de los bastones largos, porque la policía desalojo
y golpeo con palos, culatas de fusiles y patadas a los alumnos y profesores, que fueron
obligados a abandonar las facultades con las manos en alto.
Como respuesta a la intervención, renunciaron todas las autoridades y muchos
profesores e investigadores se vieron luego obligados a emigrar para poder continuar
libremente con su trabajo.
LA IGLESIA TERCERMUNDISTA
El proceso que llevó a muchos sectores a radicalizar sus ideas y acciones políticas
también alcanzó a la Iglesia católica. La Iglesia latinoamericana, siguiendo el camino de
reformas y actualización emprendidos por los papas Juan XXIII y Pablo VI, se reunió en 1968
en un concilio en Medellín, Colombia. Allí, los obispos expresaron que su prédica debía
acercarse a los más necesitados y desamparados. Definieron entonces su opción por los
pobres, lo que significaba que debían comprometerse para modificar las situaciones de
injusticia social originadas en la pobreza.
La nueva Teología de la Liberación, planteaba el acercamiento de los sacerdotes a las
luchas políticas, reivindicativas y revolucionarias, pacíficas o violentas de acuerdo con las
circunstancias de cada país.
Siguiendo estas ideas, un grupo de sacerdotes argentinos formaron, en 1968, el
Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. El obispo Enrique Angelelli y el cura
Carlos Múgica, entre otros, impulsaron el trabajo comunitario en las villas miseria y en los
barrios humildes. Muchos de los jóvenes que colaboraban con estos sacerdotes comenzaron
a participar en agrupaciones políticas, en especial, en las de izquierda peronista. El grupo
que fundó Montoneros, por ejemplo, comenzó su actividad política con la guía de Carlos
Múgica.
La radicalización de la juventud
Y el surgimiento de la guerrilla
Las medidas dictatoriales tomadas por el gobierno de Onganía no sólo afectaron a los
trabajadores sino también a los sectores medios urbanos. La intervención en la universidad,
la censura y la represión de toda idea o manifestación contraria al gobierno llevó a que
muchos integrantes de los sectores medios se sumarán a una oposición activa al gobierno
militar.
Para sectores cada vez más amplios de la sociedad argentina, el peronismo
representaba la oposición a la dictadura militar. Estos sectores -compuestos por jóvenes,
intelectuales, estudiantes y profesionales, entre otros- fueron dejando de lado su tradicional
30
antiperonismo. Consideraban que el “pueblo peronista” era el eje de un amplio movimiento
combativo y antidictatorial, al que Perón conducía desde el exilio.
Otros sectores, vinculados a partidos y organizaciones de izquierda de orientación
marxista, pensaban que la clase obrera debía organizarse de manera independiente de los
sectores burgueses que también integraban el movimiento peronista.
Estos años fueron los de mayor crecimiento de los agrupamientos políticos
peronistas y de la izquierda, particularmente de las organizaciones barriales y de estudiantes
universitarios.
La Juventud Peronista (JP) se integró con jóvenes militantes provenientes de muy
diferentes sectores sociales. La JP reivindicaba las acciones de la resistencia peronista
iniciadas en 1955, exigían el retorno de Perón a la Argentina y buscaba participar de las
luchas del movimiento obrero. Pensaban que el movimiento peronista sería el protagonista
de la transformación revolucionaria de la Argentina y que Perón regresaría al país para
ponerse al frente de un movimiento de liberación nacional.
Estos grupos fueron conformando un ala izquierda dentro del peronismo, a la que se
solía llamar Tendencia revolucionaria. Sus militantes sostenían que el peronismo pondría en
marcha una revolución social que incluiría la construcción de un socialismo nacional. En esos
años, tenían una fuerte influencia entre los sectores juveniles las revoluciones socialistas de
Cuba y China, la guerra que sostenía el pueblo vietnamita contra el ejército de los Estados
Unidos, la movilización de obreros y estudiantes franceses de 1968 y la lucha de Ernesto Che
Guevara en Bolivia.
La imposibilidad de expresarse por canales democráticos, el avance del autoritarismo
y el fracaso de gobiernos civiles sin legitimidad como los de Frondizi e Illia, convencieron a
muchos de que el único camino para derrotar al gobierno militar y organizar una sociedad
más justa era tomar el poder por medio de la lucha armada.
Así se formaron los primeros grupos guerrilleros en la Argentina. Algunos provenían
de partidos de izquierda socialistas o comunistas –como el Ejército Revolucionario del
Pueblo- y otros surgieron dentro del movimiento peronista – como las Fuerzas Armadas
Peronistas y los Montoneros.
La organización de Montoneros se formó en 1967, con jóvenes de extracción católica
que rápidamente se acercaron al peronismo. Creían que era necesario desarrollar núcleos de
guerrilla urbana para gestar una guerra popular que permitiera el regreso de Perón y la
Liberación Nacional del imperialismo norteamericano. Su primera acción pública
trascendente fue, en 1970, el secuestro, enjuiciamiento y condena a muerte del general
Aramburu, a quien consideraban el símbolo del gorilismo y el responsable de ordenar los
fusilamientos de militares y civiles en 1956.
Una de las características de Montoneros, que se transformó en la organización más
importante de la izquierda peronista, fue su capacidad de movilización.
31
GUERRILLA Y TERRORISMO
El término terrorismo en Argentina, tuvo una gran difusión, sobre todo a través de los
medios de comunicación y los organismos oficiales, para denominar a las acciones llevadas a cabo
por la guerrilla en las décadas de 1960 y 1970 en el país y el mundo. El historiador inglés Richard
Gillespie entiende que ambos conceptos tienen connotaciones diferentes y que utilizarlos en forma
indistinta remite a confusiones e intencionalidades políticas. Los términos terrorismo y terroristas se
refieren a los métodos y los agentes inspirados en el terror. Los terroristas contrarios al Estado se
proponen intimidar al pueblo y demostrar que el Estado es incapaz de garantizar la seguridad y el
orden público. Cuando más indiscriminada e imprevisible es su violencia, mayores son las
posibilidades de que logren sus objetivos. Pero los que practican la guerrilla urbana buscan
conquistar el poder del Estado mediante una estrategia político militar que requiere apoyo y
colaboración pública. Mientras que los terroristas pueden considerar a los inocentes civiles como
objetivos políticos legítimos, los guerrilleros urbanos limitan generalmente sus ataques a agentes del
Estado (especialmente personal militar y policial) y a enemigos claramente definidos (relacionados
de algún modo con la violencia derechista) La guerrilla insurreccional en Argentina estuvo exenta de
actos de terrorismo al azar, como por ejemplo la explosión de bombas en lugares públicos
concurridos.
Richard Gillespie; Soldados de Perón; los Montoneros
32
LA CRISIS DEL ESTADO BUROCRÁTICO AUTORITARIO
LA MASACRE DE TRELEW
Uno de los hechos de mayor repercusión durante el gobierno de Lanusse fue la llamada
masacre de Trelew. El 15 de agosto de 1972, en la cárcel de Rawson, al sur del país, se produjo la
fuga de veinticinco militantes políticos detenidos, miembros de Montoneros, del ERP y de las FAR.
Los guerrilleros se dirigieron al aeropuerto de Trelew y seis de ellos lograron huir en un avión a Chile.
Los diecinueve restantes se rindieron en el aeropuerto ante las fuerzas de seguridad de la Marina.
Así, parecía, había terminado el intento de evasión. Sin embargo, el 22 de agosto a la madrugada, los
prisioneros fueron fusilados por las fuerzas militares que controlaban el penal. Sólo tres de ellos –
gravemente heridos- lograron sobrevivir.
Para los jóvenes que en esos años, simpatizaban con las agrupaciones del peronismo
revolucionario y de la izquierda, los mártires de Trelew se convirtieron en un símbolo de la lucha
contra el gobierno militar
33
EL GRAN ACUERDO NACIONAL Y EL REGRESO DE PERÓN
El sector liberal del ejército que lideraba Lanusse, cambiando la estrategia seguida
por Onganía, buscó un acercamiento con los dirigentes de los partidos políticos para hallar
una salida negociada a la crisis. En julio de 1971, Lanusse propuso a la dirigencia política un
Gran Acuerdo Nacional (GAN), para permitirle al gobierno militar una “retirada ordenada”.
Pero la mayoría de los partidos políticos consideró que se trataba de una maniobra de
Lanusse para obtener consenso entre la sociedad civil y proponer la candidatura presidencial
de un militar retirado que, de ese modo, le asegurara a las Fuerzas Armadas el control de la
situación.
Las corrientes combativas del sindicalismo –la CGT de los Argentinos- también se
opuso al GAN. Convocaron a los trabajadores a profundizar las medidas de lucha por sus
reivindicaciones sociales y a combatir a la dictadura. Para “abrir un camino revolucionario
que acabe con el sistema imperante”.
En este contexto de creciente conflictividad social y movilización popular, las
organizaciones de la Tendencia Revolucionaria del peronismo y los distintos grupos
guerrilleros profundizaron las acciones de violencia contra objetivos militares y políticos,
para evitar que se concretara el GAN.
También se produjeron enfrentamientos dentro de la alianza gobernante: algunos
militares criticaron a Lanusse por “traicionar los principios de septiembre de 1955”; sectores
del liberalismo conservador criticaron a Lanusse porque se entrevistó con el presidente
socialista de Chile Salvador Allende, en una actitud que juzgaban como un alejamiento del
alineamiento con Estados Unidos.
Mientras todo esto sucedía, tanto Lanusse como el conjunto de los sectores políticos
comprendían que el éxito del GAN dependía de la decisión de Perón. El viejo líder, aún desde
Madrid, continuaba ejerciendo un claro liderazgo sobre las bases peronistas y los máximos
dirigentes del justicialismo viajaban frecuentemente a España para recibir sus directivas.
En ese momento, el delegado de Perón en Argentina, Daniel Paladino, se inclinaba
por establecer un acuerdo con Lanusse. La izquierda del movimiento criticaba estas
actitudes conciliadoras y continuaba desarrollando acciones de lucha contra el gobierno
militar. Para definir la situación, Perón reemplazo a Paladino por Héctor José Cámpora, a
quien comisionó para que organizara las acciones políticas necesarias para enfrentar al GAN
de Lanusse y a los acuerdistas. La decisión de Perón fue entonces, exigir al gobierno militar
un calendario electoral sin ningún tipo de proscripciones ni de condicionamientos –como los
que habían existido desde 1955- y formar un frente con otras fuerzas políticas.
Sin posibilidades de modificar este tenso panorama político, el gobierno militar
aceptó llevar a cabo el proceso electoral, pero estableciendo algunos condicionamientos: no
podían ser candidatos quienes no residieran en el país antes del 24 de agosto de1972. Esto
significa que Perón no podía ser candidato a presidente.
Para consolidar aún más el avance de los sectores populares sobre el gobierno
militar, la dirigencia peronista organizó el Operativo retorno, concluyó cuando Perón volvió
a la Argentina, el 17 de noviembre de 1972, luego de 18 años de exilio obligado.
34
EL RETORNO DEL PERONISMO (1973 – 1976)
El gobierno de Cámpora:
El auge de la movilización popular
Finalmente el 25 de mayo asumió la presidencia el doctor Cámpora, llamado
cariñosamente el “el Tío”, por ser el hermano de “papá”. En la ceremonia de asunción del
mando se encontraban presentes los presidentes socialistas de Chile, Salvador Allende, y de
Cuba, Osvaldo Dorticós Torrado.
La Juventud Peronista (JP) se adueñó del acto e impidió a los militares realizar el
desfile tradicional. Mientras coreaban “se van, se van, y nunca volverán”. Al finalizar el acto
en la plaza de Mayo, los manifestantes que se identificaban con la Tendencia Revolucionaria
marcharon hasta la cárcel de Devoto y permanecieron allí hasta que el gobierno, unas horas
después decretó la libertad de todos los presos políticos del gobierno militar.
35
El breve gobierno de Cámpora estuvo marcado por el auge de la movilización
popular, la expectativa de cambios revolucionarios y la preocupación de los sectores más
moderados de la sociedad.
Era frecuente que en los actos y movilizaciones se corearan consignas a favor de la
patria socialista y de la liberación nacional. Los grupos de la izquierda del movimiento que
habían contribuido al regreso de Perón y al triunfo electoral aspiraban a que la presencia del
pueblo en las calles y la participación de algunos de sus hombres en puestos de gobierno
permitiría transformar el orden social tradicional y lograr la justicia social.
Si bien los grupos guerrilleros peronistas abandonaron momentáneamente la lucha
armada, el clima de agitación se mantuvo por la multiplicación de medidas de acción directa,
como la ocupación de fábricas-en demandas de mejoras salariales- y la toma de colegios y
facultades –para cambiar a las autoridades que venían de los tiempos del gobierno militar.-.
Sin embargo, la gran capacidad de movilización de los sectores revolucionarios del
peronismo no significó que sus hombres alcanzaran a ocupar puestos claves en el nuevo
gobierno. Perón había tomado la firme decisión de controlar el rumbo político y, para eso,
creyó necesario conformar un gabinete equilibrado entre los representantes de los sectores
más conservadores del movimiento y los que simpatizaban con las tendencias
revolucionarias.
La designación de José Ver Gelbard como ministro de economía, un empresario que
presidía la Confederación General Económica (CGE), puso en evidencia la intención de Perón
de recrear su tradicional proyecto de desarrollo industrial y redistribución dela riqueza, en
un marco de armonía entre las clases sociales.
36
* La estatización-llamada nacionalización- de los depósitos bancarios, para que el
Banco Central contara con un instrumento de control eficaz sobre todo el sector
financiero y pudiera orientar el crédito;
* El establecimiento de relaciones comerciales con países del bloque socialista, en
particular con Cuba, La Unión Soviética y Polonia:
* Una ley de inversiones extranjeras que procuraba revertir la creciente influencia que
tenía el capital extranjero en la actividad industrial desde la presidencia de Frondizi;
* Una política de control de precios, por medio de una ley que permita al gobierno,
fijar precios máximos, en especial el de los artículos de primera necesidad.
El programa económico ayudó a establecer una alianza social entre los trabajadores
urbanos y los empresarios industriales nucleados en la CGE. Sin embargo, a pesar de la
amplitud de los sectores sociales que se vieron beneficiados y del fuerte respaldo electoral
que tuvo el peronismo, su aplicación resultó muy dificultosa.
Algunos grupos de industriales que no estaban estrechamente vinculados al
mercado interno se sintieron desplazados en la toma de decisiones, que favorecía a los
empresarios de la CGE.
La dirigencia de la CGT, al quedar congelados los salarios, se veía obligada a
abandonar por un tiempo su habitual estrategia de presionar con amenazas de huelga y
luego negociar.
Para los sectores juveniles de la izquierda peronista y para los sindicatos clasistas y
combativos, el pacto social y el Plan Gelbard constituían un freno en el camino hacia la
patria socialista. Las demandas de estos grupos iban más allá de la tradicional justicia social
del peronismo histórico y cuestionaban el orden capitalista.
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Desde sus primeros discursos, apenas llegado al país, Perón comenzó a distanciarse
de los grupos de izquierda, a los que había alentado cuando se encontraba en el exilio. Al
mismo tiempo, favoreció el avance de la llamada burocracia sindical –a los que hasta ese
momento se criticaba por negociar con los militares desoyendo las órdenes del líder-y de los
grupos comandados por López Rega.
La matanza de Ezeiza también tuvo un significado trágico, porque fue la primera
acción importante del terrorismo de estado. Actuaron grupos de represión parapoliciales
organizados ilegalmente desde el mismo estado: los servicios de inteligencia del Ejército, el
ministerio a cargo de López Rega y civiles armados por comandos de extrema derecha.
El hecho más claro que indicaba el avance de los sectores de derecha fueron la
presión que estos ejercieron para forzar la renuncia de Cámpora –acusado de simpatizar con
los jóvenes de la Tendencia Revolucionaria- Con la excusa de que Perón no había podido ser
el candidato del justicialismo en las elecciones de marzo, Cámpora debió renunciar junto con
el vicepresidente. Asumió la presidencia provisionalmente Raúl Lastiti, presidente de la
Cámara de Diputados y yerno de López Rega, y se convocó a nuevos comicios para el mes de
septiembre.
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EL OPERATIVO INDEPENDENCIA
Desde 1974, el Ejército revolucionario del Pueblo comenzó a realizar acciones de guerrilla rural en
las provincias del noroeste. Su plan era crear un foco guerrillero en el monte tucumano para
consolidar una “zona liberada”, desde la cual ampliar su influencia. Para impedir la expansión del
núcleo guerrillero y contra todo vínculo posible entre el ERP y la población local, el ejército -
autorizado por un decreto del Poder Ejecutivo- implementó el Operativo independencia y tendió un
cerco sobre el foco guerrillero. La notable superioridad del Ejército en armas y equipo le permitió
derrotar en pocos meses al reducido número de miembros del ERP.
En septiembre y octubre de 1975, el gobierno nacional estuvo interinamente a cargo del presidente
del Senado Ítalo Luder (Isabel dejó transitoriamente el cargo por problemas de salud). Luder
presionado por los militares que querían recuperar el espacio y la iniciativa perdidos en 1973 dictó
un decreto que ordenaba ejecutar las operaciones militares y de seguridad que sean necesarias a
efectos de aniquilar el accionar de los elementos subversivos en todo el país”
La represión ilegal
Luego de la muerte de Perón, la vicepresidenta María Estela Martínez asumió la
presidencia. Desde entonces, se acentuó el proceso de derechización del gobierno y su
progresivo aislamiento, lo que agravó aún más la crisis política. El grupo de López Rega y los
sectores más conservadores avanzaron sobre las principales áreas del Estado. El gobierno
abandonó las negociaciones y los acuerdos parlamentarios con las diferentes fuerzas
políticas que había impulsado Perón.
Desde el mismo Estado se alentó y organizó una política represiva ilegal, para
eliminar toda forma de oposición política y social. Las acciones de la Triple A incrementaron
el clima de persecución y de violencia: fueron amenazadas figuras de la cultura asociadas a
ideas de izquierda –se difundieron listas negras de futuras víctimas- y fueron asesinados
decenas de militantes del peronismo revolucionario y gremialistas combativos y clasistas.
En el área de educación asumió como ministro Oscar Ivanissevich, un peronista de la
vieja guardia identificado con el peronismo católico. Las universidades, en las que
predominaban los grupos estudiantiles del peronismo montonero, socialistas, comunistas y
radicales fueron uno de los blancos de la ofensiva derechista. Los rectores y decanos
designados durante el gobierno de Cámpora –vinculados a la izquierda peronista- fueron
reemplazados por nuevas autoridades, que se propusieron “restaurar el orden y la ortodoxia
doctrinaria” y que iniciaron una “cruzada anticomunista”.
También el ministro Gelbard, acusado por la extrema derecha de “judío” y resistido
por los grandes empresarios que preferían el liberalismo y cuestionaban el intervencionismo
del Estado en la economía, fue desplazado. Los sectores capitalistas más concentrados que
integraban la gran burguesía industrial y agraria se dispusieron a recuperar el espacio que
habían perdido frente a los empresarios de la CGE.
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Una nueva orientación económica: El Rodrigazo
La caída de Isabel
El triunfo de los sindicatos sobre el lopezrreguismo agudizó aún más la crisis política.
El gobierno ya no contaba con el apoyo de los líderes gremiales que en septiembre de 1973
habían sostenido la candidatura de Isabel. La tradicional alianza social peronista, compuesta
por el movimiento obrero y los empresarios vinculados al mercado interno se había
quebrado como consecuencia del Rodrigazo.
Por otra parte, el gobierno tampoco recibía el apoyo de los grandes empresarios
industriales y rurales asociados al capital extranjero. Estos consideraban que un gobierno tan
débil e inestable, que había perdido el rumbo económico y que no era capaz de controlar a
las organizaciones gremiales, no era confiable. Además, la cercanía de las elecciones para
renovar las Cámaras legislativas hacía incierto el panorama para los inversionistas.
Al mismo tiempo se sucedían los hechos de violencia política. La Triple A continuaba
con su ola de asesinatos y los grupos guerrilleros habían retomado plenamente el camino de
la lucha armada y el accionar clandestino.
Para satisfacer los reclamos de quienes pedían orden y seguridad, el gobierno otorgó
a las Fuerzas Armadas un papel cada vez más importante en la “lucha antisubversiva”. El
gobierno suponía que, de este modo, los militares se conformarían y aceptarían seguir
subordinados a las autoridades constitucionales.
A fines de 1975, la casi totalidad de los sectores capitalistas y de las Fuerzas Armadas
consideraron necesario asumir el control de la situación, preocupados por la incapacidad del
gobierno para defender los conflictos sociales. Temían que en este clima de inestabilidad
política y reclamos sociales, los grupos políticos más radicalizados pudieran capitalizar la
situación en su provecho. Así se fueron gestando las condiciones para un golpe militar.
El reclamo de orden se extendió también a los sectores medios de la sociedad, que
brindaron un implícito consenso a la intervención militar. La pasividad de la CGT, la
incapacidad de los partidos políticos para formar un sólido frente anti golpista y una opinión
pública preparada por los medios de comunicación que anunciaban semanalmente la
inminencia del golpe, fueron un marco propicio para que el 24 de marzo de 1976, las Fuerzas
Armadas interrumpieran el ciclo constitucional e instauraran una dictadura militar.
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FRACASO DEL ESTADO BUROCRÁTICO AUTORITARIO
Y RESISTENCIA DE LA SOCIEDAD CIVIL (1966 – 1976)
REVOLUCIÓN ARGENTINA
1. ¿Con qué relacionaban los militares y los grupos con poder económico el aumento de la inflación?
2. Plan de Estabilización y Desarrollo de Krieger Vasena:
a. ¿Cuáles fueron sus principales medidas?
b. ¿Qué resultados tuvo?
c. Enumerar las actitudes de los distintos sectores frente al mismo.
3. a. ¿Qué medidas tomó el gobierno militar que muestran que tenían características autoritarias y
dictatoriales?
b. ¿Cuáles fueron los sectores de la población que comenzaron a buscar nuevas formas de
organización?
4. El movimiento obrero:
a. Explicar las características de los tres sectores que lo conformaban.
b. ¿Cómo y por qué se divide la CGT?
5. El Cordobazo:
a. ¿A qué se llamó así?
b. ¿Cuáles fueron las causas?
c. Explicar sus consecuencias.
Las medidas dictatoriales tomadas por el gobierno de Onganía hicieron que diversos sectores
se unieran a la oposición activa del gobierno:
Los universitarios
a. Actitud del gobierno para con ellos
b. Respuesta de los estudiantes
c. Respuesta del gobierno
d. Consecuencias
Iglesia tercermundista
a. Causas de su formación
b. Metodología usada por estos sacerdotes
Guerrilla
a. Señalar la diferencia entre guerrilla y terrorismo
b. Causas de la formación de la guerrilla
c. Características de los grupos guerrilleros argentinos.
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LA CRISIS DEL ESTADO BUROCRÁTICOAUTORITARIO
CÁMPORA AL GOBIERNO
1. ¿Qué candidatos se presentaron en las elecciones de marzo de 1973? ¿Cuál fue el resultado? ¿Por
qué no hubo segunda vuelta?
2. Explicar las principales características de este gobierno (incluir el Plan Gelbard)
3. ¿Cuándo y bajo qué circunstancias regresa Perón definitivamente al poder?
4. ¿Por qué se considera que la Masacre de Ezeiza fue la primera acción importante del terrorismo de
Estado?
5. ¿Qué se pone de manifiesto con la renuncia de Cámpora? (tener en cuenta la relación
izquierda/derecha)
6. ¿Quién reemplaza en el poder a Cámpora? ¿Cuál es su principal acción de gobierno?
7. ¿Cómo triunfó el peronismo en los comicios de septiembre de 1973? A partir de ese momento:
¿qué sector del peronismo tiene más influencia? Explicar.
1. ¿En qué consistió el proceso de derechización del gobierno? ¿Cuál fue el papel de López Rega y la
Triple A?
2. Explicar brevemente a qué se denominó Rodrigazo (incluir las principales medidas del plan
económico y sus consecuencias más importantes)
3. Enumerar las principales causas que condujeron a la caída de Isabel y al golpe de estado del 24 de
marzo de 1976.
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