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07

El documento presenta una serie de poemas y reflexiones de diferentes autores que exploran temas como la memoria, la soledad, el paso del tiempo y las relaciones interpersonales. Cada texto ofrece una visión única sobre la vida, la naturaleza y la búsqueda de significado, utilizando imágenes evocadoras y un lenguaje poético. A través de estas obras, se invita al lector a reflexionar sobre su propia existencia y experiencias.
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07

El documento presenta una serie de poemas y reflexiones de diferentes autores que exploran temas como la memoria, la soledad, el paso del tiempo y las relaciones interpersonales. Cada texto ofrece una visión única sobre la vida, la naturaleza y la búsqueda de significado, utilizando imágenes evocadoras y un lenguaje poético. A través de estas obras, se invita al lector a reflexionar sobre su propia existencia y experiencias.
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Alberto Santamaría [3] José María Cumbreño [5] Diego Álvarez

Miguel [7] Luis Vicente de Aguinaga [9] María Ruiz Ocaña [10]
Juan Lamillar [11] Elías Moro [12] Luis Antonio de Villena [13]
Francisco J. Guerrero [14] Alejandro Simón Partal [16] Concha
García [17] Rodrigo Olay [18] Jesús Montiel [19] Miguel Florián [20]
José Iniesta [21] Almudena Guzmán [23] Alicia Ramos González [24]
Mercedes Roffé [25] Heberto de Sysmo [26] Xaime Martínez [27]
José Antonio Moreno Jurado [29] Frank Báez [32] Candela de
las Heras [34] Álex Chico [35] José Tono Martínez [36] Javier
Vela [38] Rafael Adolfo Téllez [39] María Alcantarilla [40] Jordi
Doce [41] Concha Romero [43] Manuel Moya [45] Julio Martínez
Mesanza [47] José Infante [48] Narciso Raffo Navarro [50] Rubén
Martín Díaz [51] Javier Vicedo Alós [52] Antón Castro [53]
Carlos Peinado Elliot [55] Aitor Francos [56] Juan Frau [57]
Roger Wolfe [58] Vicente García [60] Eduardo Moga [60] Juan
Manuel Romero [62] Ioana Gruia [63] Antonio Lafarque [64]
Gregorio Muelas Bermúdez [66] Ana Gallego Cuiñas [67]

[1]
Alberto Santamaría
ESTO ES CÓDIGO MORSE

Sentado.
Las manos sobre las rodillas.
¿No es esto otra forma de volver al principio?
No hablo de historia sino de los hechos construidos
como pequeñas figuras de papel que duran
lo que dura el acto mismo de mirar. Pasan los taxis
como mensajes en un extraño código morse.
Trato de descifrar desde la ventana
el enigma que ocultan todos esos hombres bajo sus abrigos.
La necesidad de saber nos hace débiles; hambrientos
como pájaros que se lanzan hacia el norte sin haber visto jamás el sur.
Eso somos nosotros: formas de guardar el equilibrio
entre la luz y la sombra.
Dentro de ese coche aparcado hay una mujer que se mira las manos.
Tal vez piensa en por qué los hechos jamás son reversibles,
o en por qué la tarde deposita sobre nosotros
su pastoso lenguaje: el polvo rojo de su óxido.
O tal vez no. O tal vez piense en otra cosa más azul y delicada.
Entre la maleza
se enredan
viejas bolsas de plástico que se convierten por un instante
en banderas de lo invisible. Símbolos. Huellas. Restos
de un inverno que regresa tímidamente a su cueva.
Pero ¿qué hay de nosotros
en cada uno de esos gestos que observamos? Frente a mí un árbol ha perdido
todas sus hojas. Sus ramas,
asustadas y enfermas, se aplican en un ridículo gesto heroico
hacia el cielo. Nada puede ese gesto ante el perro
que levanta la pata junto a su raíz. Nada puede ese gesto

[3]
frente a las hormigas que aceleran su paso sobre la corteza.
Hasta aquí hemos llegado sin tu ayuda.
Ahora sólo nos queda aprender su idioma: el asma que sacude,
ronco y melódico, este techo de uralita. ¿Serías capaz de reconocerlo?
¿Serías capaz de interpretar esta escena tal y como la recuerdas?
Estabas vivo.
Respirabas.
Eso era todo.
Somos lo suficientemente estúpidos como para creer
que todo esto tiene algún sentido,
quiero decir que somos lo suficientemente estúpidos
como para creernos las piezas ordenadas
de un juego que no acabamos de comprender. Una paloma gris
y coja
picotea el suelo como si alguien pudiese responder al otro lado.
Así debería comenzar todo esto, con una llamada.
Nada más aterrizar alguien me dijo
es demasiado tarde para demasiadas cosas. Sí. Era cierto.
Quiero decir que construimos nuestra vida como una cadena de lugares, hechos,
rostros colocados uno detrás de otro
como imágenes sobre una pared de un cremoso color whisky.
Creemos en las distancias, creemos ciegamente
en el sistema métrico para comprender todos nuestros actos.
Sin embargo, no existe pared sino finas corrientes de aire
que nos despeinan como animales
que cada día despiertan y descubren que esto se repetirá indefinidamente. Una y otra
y otra vez.
Así de simple. Así de sencillo.
Aquella mujer arranca el coche cuando la tarde se disuelve.
Circula despacio hacia el centro de la ciudad.
La luz pálida de una farola le ilumina virginalmente el rostro.
Sube sin ganas el volumen de la radio. Luego se detiene.
Como si buscase algo en lo pasado alza inquieta
su mirada hacia el espejo retrovisor. No se trata de respuestas.
Sólo una luz que se distrae como niebla sobre el cristal
nos espera.

[4]
José María Cumbreño
ENERO

Contar. Hacia delante para tratar de que el futuro se aleje del pasado; hacia atrás para
intentar que el pasado no olvide que no siempre lo fue. Terminarlo todo no con una
palabra, sino con un número, no nombrando, sino contando. Terminarlo todo y
empezarlo todo. Aunque contando en voz alta, que es casi (me digo) una manera de
pronunciar el nombre del tiempo. Algún año me he propuesto hacer bien las cosas de
una vez por todas y preparar las uvas con antelación. En el supermercado las venden
dentro de un bote peladas y sin pepitas. Lista de (¿buenos?) propósitos. Voy a volver
a salir a correr. No me enfadaré tanto. La boca llena. Y aun así seguir contando. Para
que ese orden con que intento tragar la fruta arrastre mis defectos y me dé (espero)
la oportunidad de cambiar. Iba a escribir de ser mejor, pero, como me conozco, me
conformo con lo de cambiar. Además, ni siquiera sé si de verdad quiero ser mejor.
Mejor… ¿con respecto a qué?, ¿con respecto a quién? Para mi madre, por ejemplo,
haga lo que haga, jamás estaré a la altura, nunca llegaré a parecerme al hijo que le
habría gustado tener. Contar. Estrenar un cuaderno. Mi madre y yo cumplimos años
con un día de diferencia. No sé si me vuelvo más viejo en invierno o es el invierno lo
que me vuelve más viejo. El papel de regalo no sirve para escribir en él. El papel de
regalo adquiere sentido cuando se rompe. Envejecer en invierno es como envejecer
el doble o envejecer en la mitad de tiempo. Mi madre ya sólo me regala calzoncillos
y calcetines. Nadie consigue como ella que me sienta culpable todo el rato. De pe-
queño me habría gustado tener un perro. Una vez me compró un pez que se murió a
los pocos días. Lo tiró por el váter. Un perro, un pez, el váter. Contar. Contar hacia
delante o contar hacia atrás. O soy todos los que he sido o no soy ninguno de ellos.
Estrenar un cuaderno y que no importe por qué página comience a escribir. O soy
gracias a o soy a pesar de. Los domingos y los días de fiesta vienen en rojo. No recuer-
do haberme enamorado de nadie un domingo. No recuerdo haberme enamorado
de nadie en enero. Aquí en enero hace frío. En enero nos volvimos de Tenerife. En
enero en Tenerife nos bañábamos casi todos los días. Algunas tardes, si había nevado,

[5]
íbamos al Teide a deslizarnos con las alfombrillas de plástico del 124 de mi padre.
El barco pirata de los clicks de Playmobil. Una nave espacial de Tente. Un tren que
funcionaba con pilas. Terminarlo todo. Empezarlo todo. Hace una semana que co-
menzaron las clases y todavía no he quitado el árbol.

[6]
Diego Álvarez Miguel
CASTLE PARK

Me detengo a observar el limpio vuelo de las gaviotas


–preciso y lento, otrora misterioso, como un amor tardío–
bajando en picado hacia las manos llenas de los niños.
Miro el río y por él bajan atléticos aspirantes, salidos
de alguna buena universidad; enérgicos, vienen golpeando el agua con sus remos,
avanzan apretando sus poderosos omóplatos, sus abdominales inmensos, sus carrillos
hinchados desde la infancia. Al mismo tiempo, un hombre
ebrio grita sobre el césped: «¡Apagad esa maldita música, os lo ruego!»
Y cantan a su lado las niñas con el pelo largo
esperando el verano luminoso que se acerca.

Miro a lo lejos, remonto el río con la vista, sorteo


la horizontal disposición de las casas, y no logro
ver absolutamente nada –nada–:
no tengo trabajo, no tengo mujer, no tengo amigos,
y no quiero trabajo, mujer, ni quiero amigos, quiero
si acaso
que la palabra no me falle y poco más.

–¿Quién habrá alguna vez sentido por mí


la mitad de lo que yo siento por la muerte?–

Miro la rígida cárcel del agua, miro


el firmado trayecto de los pájaros, miro
la risa programada de los hombres, miro
la rigurosa forma del cielo entre las nubes, miro
la batiente soledad de las cosas, que se repite y que hace chirriar su engranaje

[7]
como la bisagra de una ventana que no cierra,
como el mecanismo oxidado del viento, miro
la absurda complicidad de lo que me rodea y entre todo
entre todo ello consigo, por un momento,
creer que la vida me sonríe.

[8]
Luis Vicente de Aguinaga
MEDIO LIMÓN

Pasó la hora de la cena.


Medio limón
se quedó, intacto, en la cocina,
casi tocando el borde de la estufa.
Nos faltó corazón para tirarlo,
porque no era un desecho,
pero no lo pusimos de vuelta entre las frutas,
porque no era un limón como los otros.

Siguió pasando el tiempo. El desayuno


y todo lo demás, que son palabras
que cada quien define como quiere,
según su dialecto y apetito:
el almuerzo,
el entretiempo y la comida,
las colaciones y meriendas,
los refrigerios y entremeses.

Y fue como si transcurrieran años


y, con los años, vidas
y, con las vidas, eras
mientras, en la cocina, medio limón intacto
se iba poniendo seco y amarillo
y al final se amargaba para siempre.

[9]
María Ruiz Ocaña
LOS RESTOS DE LA COSECHA

La tarde cae en el huerto


demorando su oro en los rosales,
en la bíblica higuera,
en los dulces planetas del membrillo…
Pedro Sevilla

Giraban las estrellas en el árbol,


las naranjas colgaban como soles
en el campo: las huelo todavía.

Al fondo de la noche entre las ramas


aún quedaban dormidas las humildes,
las huidizas esferas solitarias
más allá de su tiempo, madurando
con la tarde en la piel.

Al fondo de la noche de mi vida,


en este huerto a oscuras, silencioso,
somos esas naranjas solitarias.
En la tierra caeremos algún día
con los ojos cerrados.

[ 10 ]
Juan Lamillar
LA NIEVE ROJA

Así nos llega, expuesto


en la ardua perfección del manuscrito,
escondido en los códices,
solemne en los volúmenes
y en las tipografías,
cincelado en el mármol del triunfo
que corona el arcángel,
dibujado en palabras
cuyo fulgor nos hiere.

O púrpura nevada…

Así lo vio Velázquez:


adusto, altivo,
ensimismado en sus soledades,
domesticando mitos con metáforas,
entregado al engaño de la corte,
al humo de discípulos,
al fuego de enemigos exaltados.

…o nieve roja.

Así volvemos a lo puro


y fiel de la palabra,
al sonido de plata de sus sílabas,
y la imagen cubriendo los manteles
de esta cena
a la que fuimos invitados.
con un fondo de música y de fábula.

Así nos salva el oro de sus versos.


Quede en silencio la sombra de su nombre.

[ 11 ]
Elías Moro
NO SABÉIS

No sabéis cuánto me gustaría deciros


que mi padre me llevó al mar de la mano
para ver gaviotas y rompientes,
al carrusel que giraba enloquecido
con su estruendo de colores
y sus coches y caballos de mentira,
al puesto de los churros en la feria
que apestaba a felicidad y azúcar,
al campo de tierra del barrio
donde aquella vez mi equipo
se jugó el ascenso de categoría
bajo un vendaval de voces y lamentos

de veras que ojalá pudiera hacerlo

pero si he de seros sincero


os estaría mintiendo
en cualquiera de los casos

[ 12 ]
Luis Antonio de Villena
PAPÁ

Es una foto bonita de las que conozco tuyas. Sé que sólo tienes
40 años pero aparentas un poco más. Un caballero algo cansado
con chaqueta inglesa y corbata de punto… Supongo que sales
de un sueño corto y una noche larga, con amigos y mujeres hermosas.
Tu vida de «clubman» calavera, entre Chicote y el Hipódromo…
Sé que tenías dos damas, con piso, todo a tu mágica cuenta. Mamá
no contaba. Era la gran señora intocable, aunque no le gustara el
papel. ¿No tuviste hijos que no reconociste pero cuidaste, papá?
Todos dicen que nunca hubieses dado tu apellido pero acaso
sí tu cariño. Yo era delicado, mimado, temías que no me pareciera
a ti. Ahora no me gusta ser hijo único, papá, incluso esos vagos
hermanastros de otro nombre me harían compañía. Y yo que tan poco
te traté, ya ves, te echo de menos. No tu vejez (nunca es bonita)
sino aquella plenitud en que te llegó la muerte. Es raro, papá, muchos
me ven algo en ti. Yo nada veo. Eras el señor distante y cordial
que me acariciaba el pelo, el que se levantaba tarde y se acostaba
(si volvías) más tarde aún. Todo es extraño: tu hijo que te conoció
mal, tu hijo que sabe tu vivir crápula e insigne, el hijo único
que sobrevivió a tus ruinas –más viejo que tú– se acuerda de ti…
Padre de siempre y nunca. Qué cerca y qué remoto. Papá,
lejano y perdido papá, señor en otro mundo huido, apiádate de mí.

[ 13 ]
Francisco J. Guerrero
377 (FRAGMENTO)

ya no estoy vivo solo para seguir viviendo


escribo cada noche cuatro versos cuidados
en los términos propios de la resurrección
para poder decir mi todo en este mundo
cuando clama la voz en el légamo gualdo
tanta luz sin aldabas donde nacen los hijos
molinos de acuarela que salobres restauran
las aguas más profundas su cautiva humedad
si no abres mi cuaderno y dices en voz alta
mi vida o mis renglones desapareceré
segándome de ti de la infancia el olor
cansado del plantío esa mortalidad
azul que lo delata en las tardes marchitas
cuando duerme el rigor como un viejo marino
recelando de un tiempo súbitamente alegre
se molificará mi recuerdo hasta hacerse
nada un día de agosto sin brillo ni promesas
y no quiero no quiero marcharme todavía
si no queda la piel que queden las palabras
acepto estar aquí bajando la corriente
a la puerta de un mar infinito sin cifra
es un tiempo sin luz un día sin memoria
ya me dejo llevar soy un risco que rueda
sobre tu voz raptada inadvertidamente
que no sabe ni quiere ni podría engañarte
una reminiscencia imponente y periódica
de una abismal distancia entre el ser y la vida

[ 14 ]
recuerda bien el día de la sublevación
cambiaremos las cosas aunque yo ya no esté
puedo verte vivir pendiente de la lucha
hay en todo un destello cabal de sincronía
no se acaba la noche se rompe el espejismo
como si solo hubiéramos sido un experimento
la insólita apariencia de una lluvia feliz
ven siéntate a mi lado hoy tenemos que hablar
decir es resistencia frente a la ocultación
escoge una palabra para hacerme presente
no dejes de nombrarme cuando me haya marchado

[ 15 ]
Alejandro Simón Partal
UN HOMBRE ACOGE EN SU CASA A OTRO HOMBRE
(REFUGEES WELCOME)

Un hombre acoge en su casa


a otro hombre pobre.

En la televisión comenta con indisimulada alegría


la ducha de más de una hora que el hombre pobre
se dio en su casa.

Todos los informativos abren hoy


con el fervor de un hombre
por la ducha de otro hombre.

Miro mi baño vacío y desearía


que todos los hombres del mundo
agotaran todos los embalses de Europa
en mi casa.

Quien celebra una larga ducha ajena


en su casa tiene un trozo de paraíso reservado,
algo bueno le aguarda tras el vaho que allí es puerta.

El agua que no corrió esa tarde


no conocerá ladera igual.

[ 16 ]
Concha García

En los retratos
de hace tiempo
expuestos como
mercancía
en negocios
de la avenida
más transitada
una mujer de mil novecientos
veintiocho, me mira
junto a su esposo
hierático. Ella,
perturba el salón
tras el decorado
la prueba es
que nos atravesamos
y la velocidad no resiste
un detenerse
tan cercano.

[ 17 ]
Rodrigo Olay
CANCIÓN DE DESPEDIDA

Ahora que quizá no vuelva a verte. Que duermes a dos mil trescientos tres
kilómetros al norte, en mitad de la niebla, déjame que te diga lo que nunca
te he dicho.
Ahora que el invierno, dime dónde tus pasos, en qué oscuro edificio entre la nieve
pobre tienes frío al dormirte y recuerdas tus pies entre los míos en la
noche sin puertas de un verano.
Ahora que estoy solo y sé que ya no sé estarlo, sé que no quiero estarlo, sé que ya
voy a estarlo mucho tiempo, déjame que te diga lo que nunca.
Ahora que serían siete años, ahora que tus manos y tu lengua limpiaron mi piel
enferma con su tacto dulce.
Ahora que por fin soy a escribirlo. Que si algo supe, solo fue contigo. Ahora que
quizá no vuelva a verte, déjame que te diga, y solo porque ya no vas a
oírme. Déjame que te diga.
Ahora que es la hora del silencio.

[ 18 ]
Jesús Montiel
PETUNIAS

He comprado en la tienda una maceta.

Ya en casa la he llenado con sustrato


y he sembrado semillas de petunia
que pronto se abrirán
volando su escondida pirotecnia.

Y sé que en este círculo de arcilla


–aquí donde la tierra es ahora sed
tostándose con luz de mi ventana–
habrá dentro de poco la estatua de un aroma.

El hombre que hay en medio es lo difícil:

vivir esperanzado hasta la flor,


abierto y hacia arriba,
igual que en la oración hacen las manos.

Pensar a cada instante, sin dudas, la corola.

[ 19 ]
Miguel Florián
AQUEL AROMA A EDAD INCIERTA

Aquel aroma a edad incierta,


a amanecer perfumado de espliego,
(el vaho en los cristales, la humedad,
el canto de los gallos…

El corral, el estiércol,
el frío y la luz intacta, recién hecha…)

Cuánto habré de perder, cuánto


habrá de quedar abandonado…

Cuánto mundo vivido ya sin mí,


escamas que rutilan
solamente un instante,

hojarasca que dispersa la brisa.

[ 20 ]
José Iniesta
TRÍPTICO DE ADEMUZ

1. SIEMPRE, TODAVÍA

Es siempre, todavía, junto al río.


Estar aquí es llegar a lo recóndito
debajo de los álamos de siempre,
este viento en las ramas y mis huesos,
la música del agua y los adioses,
el olor de los días
en la serenidad.

Respira lo vivido en esta orilla


apartada del irse y del llegar.
Si somos lo real en las corrientes,
¿desde cuándo este río
detenido en el curso
del amor y los años?

2. TRAVESÍA INTERIOR

No es el sendero ahora
al entrar en el bosque,
ni los pasos perdidos en la niebla,
ni tampoco tus huellas en el polvo
borradas por los años y las lluvias.

Mira el mundo en tus ojos dibujado,


y descubre en los hielos de tu frente

[ 21 ]
la llama que en la noche prende viva,
la gacela abatida en los espinos
por la flecha certera
de un loco cazador.

Tu ganancia en las selvas es perder.


Tu ganancia en las selvas es perder,
y el aire es todo el oro que te queda.

3. DE ESPINAS Y DE ROSA

Después de tanta sombra,


si hoy todo canta en ti
con tanto amor
en la mañana,

agradece a la vida
que a veces nos expulsa
la rosa de su entrega,
y el sol que no es esquivo
en los campos del alma.

[ 22 ]
Almudena Guzmán

Todo lo que sé de ti me gusta.


Que pintas ángeles de escayola,
descendientes de la nieve fría
de Gautier,
con la llama azul, siempre viva,
de Darío.

Que a veces quieres volar


y no puedes
como una garza despistada
que no encuentra en los cajones
sus papeles de emigración.

Que votas cada noche


por la infancia
con un Cola Cao impenitente
aunque yo militara en el partido
de Nesquik.

Todo lo que sé de ti me gusta


y lo que no sé me lo dice tu piel.

[ 23 ]
Alicia Ramos González
TEATRO

A veces se desentierra o queda al descubierto el teatro de


nuestro mundo.
Es descalabrado.
Algunos actores son asesinos despiadados. Van vestidos con
largas túnicas y llevan insignias con nuestro nombre. Con
caretas que imitan nuestro rostro, esculpido en una cera blanca
y fría como la nieve.
A veces, los rostros de nuestro mundo están congelados,
insuflados del hieratismo del pasado.
Y nada:
ni los acompasados sones que marcan sus movimientos, ni los
cánticos desde el coro.
Nada.
Puede insuflar vida a su rostro.
Nada.
Puede derretir ese hielo como de plástico.
Nada.
Puede parar la representación de los actores en este teatro.
Hoy se hieren con palabras. Ayer lo hicieron con sus manos.
Mañana se habrán devorado a bocados. Pasado habré prendido
fuego a sus cuerpos que son el mío.

[ 24 ]
Mercedes Roffé
19 DE MAYO
REMINISCENCIAS

hoy en el cielo hubo fuegos


y grises
y algún jirón rosado
desplegándose
sobre el río brumoso
–su horizonte
hoy fue un día de luces
y sorna y farsa
y algún mirar fastidiado
un desencuentro
un libro que alguien dejó caer en tus manos
una pregunta
una espera
hoy quienquiera que fuese
leyó como si amara
en la palabra el alma que la intuye
o labra
o borronea
hoy alguien susurró
al oído de alguien
un poema improbable
incierto
receloso
como una garúa

[ 25 ]
Heberto de Sysmo
INVOCACIÓN

No en ti, ni en mí,
–ni en esta carne que nos viste
y no merece el arte y lo divino–
se manifiesta lo sagrado;
mi cuerpo es el altar en el que invoco
el milagro imposible,
mi sangre y mi dolor son las ofrendas
pero jamás el templo,
la vida y su enseñanza es la liturgia,
mi rito es cuanto escribo.

[ 26 ]
Xaime Martínez
LA VERDAD ES UNA HARMONY STELLA DEL 62

…el lento pájaro de la sombra.


Diego Álvarez Miguel

Un patarrealista ardiendo solo en una calle de Dublín


y un tenue brillo en las palabras de los nakers.
Quise decírtelo, pero no era tan fácil,
quise decirte: van a pasar cosas horribles,
pero la seducción de la distancia…

Un patarrealista ardiendo solo en Tara Street,


volviendo con su guitarra
de un open mic en algún pub del centro
cuando aún no estaba inventado el patarrealismo,
tú me decías: dime la verdad, yo te decía:
la verdad es que estoy solo y que estoy ardiendo,
la verdad es una acústica barata de los años 60,
una Harmony Stella, y es también
un poeta latino que se muere cuando cumplo un año.

Un patarrealista en llamas en la calle más sucia de Dublín,


por qué viniste a visitarme?
no lo dejé bien claro en mis canciones?
pero pensaste que no era más que un juego
sin conocer el frío de las águilas.
Un hombre anciano baila en Moore Street
con un traje cosido de sonajas, y lo cierto,
la verdad es que no es nada más que un juego,
un juego peligroso,
y no puedo negar que la verdad
es también un local que vende noodles junto a Connolly Station.

[ 27 ]
Un patarrealista en combustión oscura
sobre la madrugada sola de Dublín
y una guitarra que no arde
y un coro de borrachos
y un pájaro de sombra en las alturas.

[ 28 ]
José Antonio Moreno Jurado
FRINÉ

Sentado al Sol en los propíleos


que conducen al templo recientemente adornado
con relieves estatuas de colores
mientras leía a Demócrito
en un viejo pergamino

observé entre asombro extrañeza y contento


que los muchachos
descendían del promontorio
apresuradamente
con locura
enamorados
prendidos en verdad de la luz de su rostro
de la curva apasionada de su cadera
y de su desnudez

golpeaban sus pechos


mesaban sus cabellos
gesticulaban con sus brazos al aire

y entonaban los más tristes cantos


de amor
de toda la región de Anatolia

sin embargo cegado por la luz un instante


cerré con fuerza mis ojos
mientras una línea perfecta de mar

[ 29 ]
azul tan sólo
quedaba en mi retina

aroma de albahaca y enebro yerbaluisa y tomillo


bajando la ladera
envolvía en gozo
los cuerpos
enamorados
muchachos como corceles de juventud de idilios
de bridas inasibles

Afrodita y Friné eran una y la misma


y quien entraba al templo
comprendía
perdiendo al instante memoria
lucidez
en éxtasis perfecto de hermosura

entonces la escuché me aman en Beocia


en mi pequeño terruño de Tespias
mientras alzan los ojos a las cimas del Helicón
que besa apasionadamente el labio misericorde de la nube

y siguió hablando a Praxíteles colocaste en el interior


del templo
a tu amada hetaira
que será invocada para siempre bajo el nombre
de Afrodita de Cnido

mientras suplicaba a viva voz


que vengas a dormir conmigo en el recinto sagrado
pues no profanaremos a los dioses
que nosotros mismos hemos creado

y recordé al instante que los heliastas


perdonaron su impiedad

[ 30 ]
mas nunca la de Sócrates
cuando quedó desnuda ante ellos
erguida rosamente sin ropajes
en la asamblea

mas ahora
amor y belleza aliados los dos
confabulados digo
en un trozo de tiempo lo concreto
contra la hipocresía la sinrazón
de los siglos y siglos que siguieron y siguen

alguien susurró a mi lado


para que lo oyese fácilmente
Vamos
es tarde
están cerrando ya las luces y las puertas del Museo.

Alcifrón, Epistolé eteriké (Cartas de heteras), texto antiguo, introducción y traducción


al demótico de Tasos Burnás, Ed. Afón Tolidis, Atenas, 1984, pág. 223. Friné, la
más hermosa de las heteras griegas, amante de Práxiteles, fue acusada de impiedad y
juzgada por los heliastas que terminaron absolviéndola cuando su abogado, Hipérides,
la desnudó ante la asamblea.

[ 31 ]
Frank Báez
MI AMIGO CAMINA HACIA EL SILENCIO

Mi amigo decidió
que no iba a escribir más
estaba sentado en el metro
en dirección a su casa
tarde en la noche
cuando se dijo
que no más
que ya no es necesario
que uno sencillamente puede
dejar de escribir y renunciar
como uno de esos árboles
que en primavera se niegan a que
sus hojas broten
y eso hizo mi amigo
decidió que no iba a escribir más
y que cuando le viniera
el impulso
lo iba a ignorar
o mejor aún
iba aprovechar esa energía
para hacer otra cosa
como caminar
y eso hizo
se puso a caminar
por Manhattan
y cuando le preguntaron
hacia dónde iba

[ 32 ]
él respondía que caminaba
hacia el silencio
y bueno el silencio no existe
el silencio es una metáfora
en un experimento John Cage demostró
que no existe el silencio
se metió en una cámara a prueba de sonido
y se dio cuenta de que en todo momento
seguimos escuchando
el latido de nuestro corazón
o la circulación de la sangre
es decir que nuestro cuerpo es lenguaje
o mejor aún que el lenguaje es vida
pero a mi amigo esto no le interesa
y sigue caminando
en busca del silencio
y pronto hundirá sus zapatos en la nieve
y avanzará como si fuese el primer
explorador que alcanza las regiones del silencio
y los copos de nieve caerán cada vez más rápido
como queriendo sepultarlo
y sus pasos en la nieve resonarán
al igual que sus versos que solo cesarán
cuando alcance el silencio
y la nieve borre una a una sus huellas y su cuerpo
y la ciudad blanca como una hoja de papel.

[ 33 ]
Candela de las Heras
EL HOGAR COMPARTIDO

Solías contar que ella trabajaba,


que era ella la que traía el pan
y el amor y también la que cantaba
aquellos mismos versos, los que susurrábamos
cuando habías cerrado ya los ojos.

Jamás he podido reconstruir su rostro


en la memoria. Quién
sabe si con el paso de los años
seré capaz de recordar el tuyo
o se me irá borrando,
igual que se borraron tantos otros.

Pero aún sobreviven los lugares


que os vieron alegraros, sufrir y estar ausentes.
Sigue en pie la tabacalera, permanecen
incólumes las piedras
que sostienen el hogar
e insiste el mar furioso día tras día
sobre las mismas rocas.

El tiempo me ha dejado al menos


ruinas donde poder reconocerme.

[ 34 ]
Álex Chico
PAISAJE CON JOHN BERGER

Nos preguntamos a qué hora cae la noche en la casa de verano.

Qué haremos mañana. Qué hicimos ayer.

Quiénes dejamos de ser.

Cómo regresar a un territorio que fue también el nuestro.

Los días suceden como las páginas de un libro. Se precipitan desde la mesa hasta el
suelo. Nos aviva el recuerdo su forma de caer.

Enterramos nuestra lengua materna con un puñado de tierra. Hacemos distancia al


convertirnos en el agua de un termo.

Allí delante, mientras bajamos y subimos las escaleras, el horizonte se abre como
una boca.

Ahora sólo podemos golpear la puerta para despedir a los que parten.

Abrimos las manos.

Nos decimos que somos breves e insignificantes. Como una foto alojada en el
bolsillo de nuestra cartera.

[ 35 ]
José Tono Martínez
CAFÉ COMERCIAL DE MADRID

Sabes que las patrias son engaños


evitables como ciertos sonrojos,
lugares o palabras sedientas
en el tiempo primicias o despojos
de un estilo impersonal o colectivo
que otros coleccionan sin enojo,
próceres y cifras polvorientas
vendidas, difundidas a su antojo.

El Comercial es una de las mías,


un café de glorieta madrileña
gastado y transitado a porfía
por un adolescente que su puerta
giratoria contemplaba todavía
con respeto, más tarde con ansia
de refugio de policial porrazo,
de salto en salto, como se decía.

Aquí urdió el atrevido joven


vicios y entresijos de la noche,
y poéticas proclamas y consignas
con amigos de versos y derroches.
Aquí el licenciado soñó ser alguien
deshojando ideas a trochemoche
que luego el doctor tocado
desharía sin esfuerzos ni reproches.

[ 36 ]
Oh tú, Café Comercial, patria mía,
donde me hice mayor y posmoderno
por el módico precio de un café:
perdona que perdiera en ti la fe
y dejara de verte por antiguo,
buscando diseños y parqués
relucientes y prebendas
que por cierto, no vinieron.

Oh tú, Café Comercial, patria mía,


ya aquí estoy de regreso.
El camarero de galones verdes
que me atiende ha ganado peso
en consonancia mi tiempo con el tuyo.
Nuevos chicos festejan excesos
cuyos ecos parapetan libros
gastados como escudos viejos.

En lo sustancial nada ha cambiado.


Unos conspiran por vez primera,
y los más jóvenes, junto al quiosco,
aguardan su turno afuera.
Licenciados y poetas del futuro
que miran con recelo mi manera
de anotar en verso
el tiempo que me queda y les espera.

[ 37 ]
Javier Vela
CAMPO DEL SUR

Esta mañana, púlpito del día,


al amparo de la cual asistimos
al discurso tumultuoso del mar,
nuestra mirada vaga por la acera
como una bolsa de supermercado
henchida por el viento y sus imágenes
arden bajo la grieta de los párpados.

La memoria es un puente derruido


bajo el que fluye un tiempo sin orillas.

La mañana del niño, en la que habitan


animales desnudos y frente a la que pasan
en tropel las ciudades, en tanto que pulsamos
las edades del hombre y advertimos
el olor del instante que precede a la lluvia
o el vuelo circular de las gaviotas
en cuyo centro laten los significados.

[ 38 ]
Rafael Adolfo Téllez
CON LAS PRIMERAS HELADAS DE INVIERNO

Ya no es joven,
pero, temprano, en la mañana,
se apoya aún en el brocal
de un pozo
de piedra carcomida.

Ocupa su puesto aquí bajo estos cielos


y no recuerda apenas
y saluda tímido
a ese poco de sol...

Ahora que, con las primeras heladas


de invierno,
sobre el brocal,
estalla una luz que no es suya
sino de otro

que anduvo a pie


por estos campos,
cuando bastaba apretar un puñado
de hierba entre las manos,
cuando entre las líneas de
las hojas verduscas del olivo
podía leer aún el nombre de un dios.

[ 39 ]
María Alcantarilla
INVOCACIONES

Te cedo la verdad del pensamiento sin línea temporal que lo corrompa,


la sombra proyectada de la voz en las paredes blancas de visiones,
el tenso movimiento en el hurgo en mí y en mis vacíos,
la vida en la estación donde las manos tiemblan frente al mundo.
Te cedo un corazón y un pulso nuevo acorde con tu pulso
y un sueño de talud desde la cima última del verbo,
una congregación de indecisiones, dudas, de intervalos
y un sueño a media asta y abundantes noches de vigilia.
Te cedo el riesgo último y su mansa cualidad de intimidarnos,
la vida a la mitad de su camino y el dolor de quien presiente,
el cuenco de mis palmas y sus líneas paralelas y su espacio,
la forma en la que encarno esta razón, tan torpe aún,
y la ternura.

[ 40 ]
Jordi Doce
5 MOVIMIENTOS

La explanada, con forma de T, es breve y prolonga un pequeño parque que


quiere ser francés pero se queda en una mala imitación arruinada por la incuria o
la falta de gusto de los urbanistas: una extensión de arena mustia con un par de
estatuas vulgares, una fuente historiada pero sin agua, setos con forma de cipreses
enanos… Sólo unas hileras de castaños de Indias, a punto de florecer, le dan algo
de luz al espacio, lo hacen más habitable.
En un extremo de la T, restos de la lluvia de hace días: grava suelta,
ramitas, trozos de ladrillo y erizos de castañas, hojas sucias y migas de caucho de
los coches que aprovechan el abombamiento del trazado para aparcar o darse la
vuelta. Es una constelación oscura o invertida sobre el cielo negro del asfalto, la
huella de un estallido que tuvo lugar en secreto, cuando nadie miraba, y que ahora
exhibe sus grumos, su terca materialidad, con la rara simetría de lo que nació por
capricho, disgregado por el agua: todo gira y queda flotando para siempre en este
negativo de la carta celeste, este mínimo delta de formas dispersas que nos permite,
una vez más, recordar cómo es el mundo cuando no estamos en él.

Se recuestan en los bancos de madera despintada y dejan que el sol de marzo les
acoja lentamente: el punzón vivo del aire, la cabeza en ningún sitio, los rostros
como agua clara donde no se toca fondo. Van quedando atrás la noche, los
ventisqueros del cuerpo, esos erizos de frío que hibernaron en la sangre. Cada
minuto que pasa estoy más cerca del día. Pesa el tacto de las llaves, su dibujo memorioso.
Me voy a esperar un rato.

[ 41 ]
El agua de los barrenderos, oscura y lenguaraz sobre la calle recocida. Un alivio,
una tregua en el aire. Umbría. Pensar en la palabra y sentir cómo prende en la piel,
cómo lava los ojos. La sangre es verdinegra. La sangre es clara como el agua que
sube del asfalto y prolonga la noche. Si no sabes adónde vas, cualquier camino es
bueno. Si no sabes. Una esponja contra la cara. Mangueras manirrotas, una voz que
interpela sin esperar respuesta. El santo y seña de la madrugada.

Está leyendo, recostado en la hierba. Con los pies toca el verde, la sábana de
sombra. El arco de la espalda, la mano bizca. Dónde tiene los ojos, no lo sabe.

Venga, ya vamos, masca la madre por lo bajo, y el pescozón subraya el pronto, el


paso cambiado de la impaciencia. Nadie se mira en este juego de malestares. El
bóxer corretea junto al niño con la cabeza gacha. Sabe de ira. La huele. La voz es
correosa y salta donde menos se la espera, con esa rabia acumulada que ya conocen
bien. Nada de rebuscar entre las hojas, de investigar en los bolsillos. Nada de alzar
los ojos hacia fachadas cavernosas. El reverso de la complicidad se llama tiempo.
Un tiempo largo y vacilante como un túnel. El niño busca al perro por lo bajo.
Tiene el pelo revuelto y las rodillas sucias. Saliva en la juntura de los labios. El
perro no le mira. El perro es limpio como un amanecer. El perro es la zancada que
se cuida a sí misma.

[ 42 ]
Concha Romero

(entretejido) destejiendo
se quedó mirando
el hilo

tan de cerca
frisaba cuadrícula

nitidez esponjosa
sentir del hilo que se pierde
y desaparece

la clausura
del anclaje a este lado

deduce
de lo que quiere ser desconocido
y se sabe

imperfectas simetrías se igualan


compañía de lazadas
se articula
en ataduras direccionales
trenzadas...

textura
tacto
mano dispuesta para ver

[ 43 ]
inhalación desesperada
ansia
nada…

sufrió el espasmo
mientras la hebra desflecada
cayó

[ 44 ]
Manuel Moya
MUJER EN LA TERRAZA (RECORDANDO A JAMES TASTE)

Cuando hace sol, hasta los cables y los tejados parecen alegrarse
y más, si no muy lejos de mí, separada sólo por no más de cien metros,
una mujer tiende la ropa y yo, descansado ya de la faena diaria,
con una lata de cerveza en la mano, la observo.
Enseguida acepto que hay algo en esa mujer
que hace que mis ojos no puedan apartarse de ella.
¿Es bonita esa mujer?, te preguntas.
Supongo que sí, pero no, creo que no sabría decirlo
y no es en todo caso la razón de estar mirándola.
Quizás si me la encontrara en el Mercadona
tal vez no reparase en ella. No, no podría decir si es guapa o no,
si tiene buen o mal carácter,
pero no puedo hacer más que mirarla y mirarla,
seguir mirándola como si en vez de una mujer fuera un halcón
que con su pico y sus garras estuviera luchando contra una gran serpiente,
pero no, es una simple mujer
concentrada en sí misma, que se agacha
hasta el cestillo donde guarda las pinzas
y un segundo más tarde ante el cesto más grande,
del que saca la ropa húmeda, para luego colgarla
sobre el tendal, como si de esa sencilla operación
dependiera la suerte del mundo.
Me pregunto si esa mujer es feliz siendo quien es,
tendiendo la ropa, sabiendo que el sol secará la ropa,
y me pregunto qué es lo que podría estar pasando
justo ahora por su cabeza,
pero sea lo que sea, sería lo mismo,

[ 45 ]
porque, puestos a pensar, tal vez no piense más que en la ropa,
en que hace un buen día, en que todo huele bien,
en que ya no hay gatos por los tejados,
en que después de la lluvia de los últimos días,
la terraza vuelve a estar limpia,
o, puesto ya a imaginar,
en que a las cinco en punto ha de llamar a alguien,
y que todo para ella cambiará a partir de esa llamada,
no sé, es igual lo que ella esté pensando ahora y sin embargo...
Imaginemos que no le gusta su vida,
que esa llamada que ha de hacer
justo a las cinco le causa algo de congoja
porque no, no está segura, porque no sabe si,
porque tal vez, no sé cómo explicarlo,
pero ahí sigue, plena como un árbol cargado de naranjas,
indiferente a sí misma como las toallas que va extendiendo al sol,
mientras la miro y no puedo dejar de pensar
en ese mundo suyo que ahora se mece levemente con el viento,
que apura sus manos húmedas, a las que tal vez
alguien sueñe con acariciar...
Un galeón
se posa un instante en la terraza y se la lleva, se la va llevando
entre las nubes que, de tan blancas, parecen más bien ropa colgada del tendal,
y entonces yo me saco el pañuelo y agitándolo al sol me despido de ella
y le grito que no se olvide de mí, que por favor no me deje,
que hace un buen día, que le estoy muy agradecido
por haber estado ahí, colgando la ropa,
y que lo daría todo por ser yo el hombre que esta tarde le hiciera el amor
sobre la hierba en un jardín remoto.

[ 46 ]
Julio Martínez Mesanza
MAR SABA

Dame palabras fáciles y claras


para explicar la sencillez del alma
antes de ser rozada por las cosas,
cuando el alma no amaba equivocarse.
Pues al desierto voy, dame lo extraño,
que es ver por vez primera lo sencillo:
la tiniebla y la luz se separaron;
la noche vino y vino la mañana.

[ 47 ]
José Infante
LUIS CERNUDA TE MIRA

Desde los trazos firmes que esbozan el retrato de J.M. Báez,


que hace cuarenta años te sigue a todas partes,
Luis Cernuda te mira, te vigila, te dice
que la vida es igual que una quimera ingrata,
una fiera que destroza los días de la felicidad
que fueron breves, un discurso plagado
de preguntas que nunca se contestan,
un grito que se ahoga, un deseo irrealizable
que doró tu juventud y se perdió en el tiempo.
Una flor que apenas pudo lucir su maravilla.

Ahí ha estado siempre Luis Cernuda


marcándote el camino que solo era renuncia,
derrumbamiento, naufragio y podredumbre.
Su sonrisa perenne, fija en ese retrato,
te ha dicho cuáles eran la verdad y el camino
de la luz y la memoria, lento pero certero,
el que conduce al secreto misterio de la vida.
La mentira que fija el desaliento
y las noches de angustia sin reloj ni mañana.
Un himno a la tristeza que no ha tenido fin.

A veces Luis Cernuda ha callado, su silencio


ha sido como un libro de páginas borrosas
que había que interpretar porque el llanto nublaba
sus palabras o tal vez porque era un largo
soliloquio que se escribía en las nubes

[ 48 ]
o en la leve tiniebla del otoño, un mensaje cifrado,
el largo escalofrío que dejaba en los muros
de la casa vacía la señal inequívoca
y la mancha certera que produce su herida,
la cicatriz que deja la terca soledad.

[ 49 ]
Narciso Raffo Navarro
ORACIÓN DEL PESCADOR AMALFITANO

Un dios no es más que un día,


tu buen día
Juan Carlos Marset

Puedes buscarle entre dientes de ajo,


bajo hispánicos aceites o burbujas.
Le oirás a través de la ventana,
desde el rugir del viento de Sorrento
hasta el romper de las olas solas
de esta costa amalfitana.
Incluso sé que podrás sentirle
cuando la mujer que amas regrese a los hogares
después de discutir con mercaderes
y rudos hombres de sudores como lágrimas.
Cuando llegue a ti, de ti,
a hacer tu mundo, ¿ves? Ahora le tocas,
le acaricias con tus dedos:
aquel dios latino, moribundo
del que hablaban tus abuelos.
Es cierto, él está ahí, en esas
cosas nimias. Pero de pronto
un día ella se marcha
y comprendes: también está en la mentira,
en las palabras que no dijimos, resguardado
en su vacío donde ya tan sólo
queda nada
y nada más.

A C. J. W.
Amalfi, 22 de marzo de 2015

[ 50 ]
Rubén Martín Díaz
BARROCO

Bernini amplió los límites visibles de la piedra,


se inventó un alma y supo
ser paciente consigo
para hundir el cincel en los costados
desechables del mármol
y obtener, de este modo, la absoluta pureza.

Tanto fue así que humanizó los vértices inertes


de sus más aclamadas esculturas
–Apolo y Dafne, la Fuente de los Cuatro Ríos,
el David, el Rapto de Proserpina…–
para bien de la Santa Iglesia.

También, años más tarde, para bien de nosotros


los que buscamos, más allá del blanco espacio
del mármol o del folio,
conquistar una lágrima, renovar la belleza.

[ 51 ]
Javier Vicedo Alós
EN LO PROFUNDO

fue largo nuestro día


la memoria no es suficiente para abarcarlo
permanece
sin embargo

si la noche interroga decid el mar


cómo la última piedra
callada en su fondo oscuro
es también ya siempre

el mar

[ 52 ]
Antón Castro
LA VIDA SENSUAL DE LEOPOLDO POMÉS

Para Poldo Pomés y sus padres,


con Flashback entre las manos

Hay fotógrafos que ven más allá de la luz.


Alquimistas de la imagen, calígrafos del aire,
ilusionistas del movimiento y del deseo,
soñadores de la mujer, Karin, Elsa, Nico, Margit o Teresa,
saltimbanquis del vacío, artistas
en medio de la arena o del naufragio.
No sé muy bien quién es ni qué ansía Leopoldo Pomés:
quizá sea un buscavidas, un explorador del anhelo,
quizá sea un cosmonauta de las emociones inmediatas,
el rapsoda visual de la sensualidad.

Canta y capta la belleza y su temblor eléctrico,


atrapa y extiende los culos asombrados al sol,
desnuda la intimidad inefable,
aquella que está antes o después del cuerpo,
aquella que ni es un seno ni un muslo ni el ardor,
aquella intimidad vedada que se revela en el fondo de los ojos
y en la piel estremecida: el delirio gozoso,
la picardía, el gesto teatral, el arrebato, la perplejidad poseída,
los surcos más insondables del retrato.

Leopoldo Pomés invita a amar la vida.


O quizá sea al revés: la vida ama la cámara de Pomés
y le ofrece sus mejores elementos, los instantes decisivos
de un cuerpo que es nube, mar abierto y confianza.
Pomés lo hace todo. Viste y desviste a las señoras,
les enseña a mostrar lo que quizá ni supieran que tenían,

[ 53 ]
y ellas le entregan la sinceridad suprema de la tentación,
la humedad más salobre de los sueños
y una promesa abierta a los placeres.

Pomés dialoga con las paredes y el tiempo detenido,


con la memoria de las piedras, la lección de la arquitectura,
y cuenta historias: de amor, de publicidad, de bailarinas
que montan a caballo, alargan la tarde y desdibujan el silencio.
Pomés descifra la realidad y sus ángeles,
exalta a la criatura herida que oculta su desconcierto entre las multitudes.
Pomés adora la brisa, el lenguaje de los zapatos,
el abismo gris de las miradas, la ira de las mareas.
Al final del día, de las semanas o de los meses,
el mundo le ha entregado el poema magistral de sus dones
y él lo devuelve agitado en su lasciva rebelión:
misterio, tumultuosa vida, seguridad natural de los sentidos.

Leopoldo Pomés ama la alegría y la contagia.


El fotógrafo es tan osado que se atreve a abrir
el corazón de su musa (Karin, Elsa, Nico, Margit o Teresa)
a la altura exacta del espejo carnal de su alma.

(Garrapinillos, Zaragoza, 17 y 18 de octubre)

[ 54 ]
Carlos Peinado Elliot

Y comenzaron a poner las piedras de manera que quedara un círculo de pura


piedra y encima de las piedras se aventaba la llanta, y arriba de la llanta se metía la
leña. Y ya los cuerpos al principio los íbamos acomodando así: una plancha.

Llegó el Huasaco, gasolina y diesel. Rociaron los cuerpos. Con la plancha de diesel.
Gasolina. Y el Duva y el Huasaco les prendieron de una orilla a otra. Un círculo de
piedras. En el centro de un círculo de piedras los dejamos. Entonces los chequé.
Y este del Paja los comenzó a acomodar así. Como si fueran leña pero entonces
estaban todos muertos: trajo el diesel el Terco (no recuerdo si gasolina o diesel). Y
nosotros le pusimos la leña. Pero antes. Se los echó y prendió.

Ponte a arrejuntar botella o plástico –dijeron-. Que no se apague el fuego. Pinche


peste. Me puse a buscar llantas y botellas. Allí, en el basurero. Dejando el fuego
lento, nos marchamos.

Eso como a las tres acabó el fuego.

Entonces le echamos ceniza para que no estuviera tan caliente. Y tierra. Pusimos
doble bolsa. Unos llevaban las palas. Y juntábamos. Era como carbón y pedacitos
tal que así de hueso. Las pepitas. Qué bárbaro, de blancas, a pesar de la tizne
relucían.

Iguala (fragmento)

[ 55 ]
Aitor Francos
FILATELIA

Cierro los ojos.


Deja el tiempo de ser
un enemigo.

Claro de luna.
Hay luz sobre las alas
del ave muerta.

Abre ventanas.
Y deja que la luz
pregunte cosas.

Una lombriz.
Única confidente
del girasol.

[ 56 ]
Juan Frau
CUERPO EXTRAÑO

Tal vez estás aquí por accidente,


porque yo anduve un día con los pies descalzos,
porque quise tocar con fuerza el mundo
allí donde tú estabas,
en el lugar exacto en el que estabas.

Tal vez debo alejarte de mi piel,


retirarte de ella con cuidado
o dejando que brote la sangre cuanto quiera,
cuanto sea preciso,
cuanto la herida misma solicite.

Estás dentro de mí,


es innegable,

tú, mi astilla.

Estás dentro de mí,


un cuerpo extraño
que siempre va a doler:
adentro, afuera.

[ 57 ]
Roger Wolfe
MUNDO EN RETIRADA

Pienso en ti constantemente. Pero a veces tu recuerdo se me hace más urgente


y doloroso. Cuando me voy de viaje, por ejemplo. Cuando llego a sitios nuevos.
Cuando despierto en la penumbra de otra anónima habitación de hotel.
Siento tan cerca tu presencia que casi te oigo respirar.
Imagino que yacemos abrazados entre las sábanas revueltas de la cama, sin
decirnos nada, escuchando los murmullos de la calle después de hacer el amor.
Ahora mismo estoy sentado en una habitación de hotel. La terraza de mi
cuarto da a un jardín que flanquea el edificio. Más allá del jardín, al otro lado de los
árboles, se adivina el río. El rumor del agua llega hasta la pieza a través del ventanal
abierto del balcón.
Son ya últimos de octubre. El día es frío, pero luce el sol; uno de esos días
de mediados de otoño que a mí tanto me gustan. Octubre y noviembre: mis meses
preferidos. (Ya sé que a ti lo que más te gustaba era el calor; la fiesta amarilla del
verano.)
Los rayos del sol bañan el jardín, van colándose por la ventana, se
derraman por el suelo y dejan un charco de luz que se remansa en un rincón. Luz
de otoño. Luz de mundo en retirada.
De vez en cuando pasa un coche. En la otra orilla del río, figuras humanas
se recortan como pequeñas marionetas animadas contra el ocre inflamado del
paisaje.
El silencio es casi total, por un momento.
Lío y enciendo un cigarrillo. Y luego alzo la vista y sorprendo mi rostro
en el espejo: esas arrugas cada vez más mías; el cansancio en la mirada; los ojos,
levemente humedecidos, tras las volutas del humo que se va.

Hostal San Marcos, León, otoño de 2001

[ 58 ]
[ 59 ]
Siete nuevos nombres por Carlos Iglesias Díaz en el estudio introduc-
torio. Hace referencia, asimismo, a otros autores
en la poesía española que, por diversas razones, no figuran en esta se-
lección.
VICENTE GARCÍA
Los antólogos señalan sus intenciones: seleccio-
nar a algunos poetas asturianos nacidos a partir de
Carlos Iglesias Díaz 1984 que escriban en castellano y sean suscepti-
Pablo Núñez bles de ser incluidos en una selección de alcance
Siete mundos. Selección de nueva poesía nacional. Requerían, asimismo, que los antologa-
Impronta, 2015. dos contasen con algún libro publicado.
Como epílogo del libro figura un exhaustivo
Las antologías autonómicas de poesía no suelen análisis de Pablo Núñez sobre las antologías de
tener demasiado interés. Acostumbran a incluir poesía asturiana (y las nacionales en que se inclu-
poetas buenos, malos y regulares, y a menudo pe- yen poetas del Principado), aparecidas en las úl-
can de cierto regusto provinciano. No es el caso timas décadas, mencionando los nombres de los
de la que ahora presentamos. A pesar de que los antologados de procedencia astur.
siete poetas son de origen asturiano, no sobrarían
en ninguna exigente selección de nueva poesía es-
pañola.
También suele ocurrir que en las antologías se
Nada: vida
procura cubrir un porcentaje de cuota femenina, EDUARDO MOGA
a menudo forzada, buscando en ocasiones cierta
discriminación positiva. No es así tampoco en el Moisés Galindo
caso de Siete mundos. De los siete poetas, cuatro Las formas de la nada
son mujeres, pero están ahí por derecho propio. La Isla de Siltolá, 2015.
Todas ellas tienen la misma calidad que los autores
masculinos. En Las formas de la nada, el segundo poemario
Los poetas seleccionados son Laura Casielles, de Moisés Galindo (Súria, Barcelona, 1963), tras
Alba González Sanz, Rodrigo Olay, Sara Torres, Visegrado Hotel, publicado en 2011, se articula
Diego Álvarez Miguel, Raquel F. Menéndez y un sañudo combate existencial, cuyo argumento
Xaime Martínez. Todos ellos nacidos entre 1986 es el que siempre ha sido: la contraposición entre
y 1993. la maravilla inexplicable de la vida y la certeza no
Señala Carlos Iglesias Díaz que en ellos hay una menos indescifrable de la muerte. En los poemas
relectura de la tradición literaria, a la cual se aña- generalmente breves, casi diamantinos, de Las for-
den ocasionales guiños posmodernos, referencias a mas de la nada, Galindo expresa la perplejidad que
la cultura audiovisual y una cierta voluntad lúdica le inspira el mundo y su propio alentar en él, pero
(Olay, Álvarez Miguel, Martínez). Añade que el sin abandonarse a los estragantes placeres del so-
buceo íntimo en la memoria familiar viene acom- lipsismo: sin darse a la contemplación afanosa del
pañado por una exploración de las posibilidades propio ombligo. Proclama el arrebato del amor y
simbólicas del lenguaje (González Sanz, F. Me- renueva la conmovedora súplica de Cansinos As-
néndez, Olay). Asimismo, cree Iglesias Díaz que sens, «¡Oh, Señor, que no haya tanta belleza!», o
destaca la reafirmación de la conciencia individual, la no menos emocionante confesión de Robert
la cual se manifiesta a través del autoanálisis y una Browning: «Cuando nos sentimos más seguros,
mirada introspectiva sobre el mundo (González ocurre algo, una puesta de sol, el final de un coro
Sanz, Torres, F. Menéndez); del viaje y la apertura de Eurípides, y otra vez estamos perdidos», ambas
hacia realidades ajenas (Casielles, Martínez); de felizmente recordadas por Borges. El mundo le
la solidaridad con los demás (Casielles, González ofrece al poeta sus placeres más tangibles: los del
Sanz, F. Menéndez); de la creación, en fin, de uni- cuerpo y la naturaleza; los de la caricia y el ocaso;
versos imaginarios (Torres, F. Menéndez). los del vino y la flor. Y también los de la poesía,
La obra de cada poeta es analizada en detalle que puntea Las formas de la nada, mediante ceñi-

[ 60 ]
das intertextualidades, como un arpegio sutil. A experimentar los límites de lo que realmente eres»;
menudo, las metáforas con las que Moisés Galin- se trata de «cruzar el miedo».
do presenta estos prodigios son la respiración –el Pero la virtud decisiva de Las formas de la nada
atmós: la sustancia del espíritu– y la sangre, sím- no radica en la exposición de esta ancestral dicoto-
bolo inmemorial de la vida, pero también, con mía, con ser admirable por su concisión y su hon-
su huida, con su pérdida, de la muerte. «Sé que dura, sino en cómo la resuelve. En una inacabable
respiro luz: / la sangre es porosa», escribe, sinestési- eclosión de paradojas –la principal de las cuales
camente, en «Respiro I». luce en el propio título del poemario–, Moisés Ga-
Frente a la evidencia de un yo admirado y des- lindo desnuda la paradoja central: vida y muerte
concertado por sí mismo –por su latido y su exal- son lo mismo; ser y nada se alimentan mutuamen-
tación: por su puro estar– y por el mundo que lo te; existir y desaparecer poseen una textura igual,
rodea, se alza la certidumbre de la desaparición, una naturaleza idéntica. No estamos, en rigor, ante
otra vez bifurcada: la propia y la de los demás; la una reedición del viejo «ser para la muerte» de los
de ese yo fascinado y respirante, y la de los seres estoicos y los sartrianos –aunque Galindo tiene
queridos, encaminados siempre en potencia, y mucho de estoico–: en Las formas de la nada la
muchos ya en acto, a la muerte inevitable. Pero muerte no es una realidad irrevocable que nos ate-
la muerte no es solo la extinción física: la muer- nace desde que nos asomamos a la vida, ni la tene-
te es la nada. La anulación de la materia supone brosa desembocadura del río del tiempo, sino que
algo más alto y más incomprensible: la desapari- anima la vida: el poeta vence a la nada abrazando a
ción de la conciencia. El eclipse incondicional de la nada, convirtiéndola en el centro de su regocijo
los sentidos desmantela el sentimiento y derruye y su estupor, en el fuego que caldea su hacer, en
la inteligencia, las dos caras de eso que llamamos, el motor mismo del pulso. «Intuyo la inexorable
con imprecisión manifiesta, pero con deliberado y acerada paradoja: / misteriosamente, la misma
ahínco, el yo. Y por ese sumidero se van, hasta el muerte te preserva», escribe el poeta en «Paradoja».
mar de la inexistencia, la realidad que creíamos –o Y en el poema siguiente, «Finales», remacha: «Y al
deseábamos– indestructible, los instantes que ha- final te hundirás / en las arenas movedizas de la
bíamos creído –o deseado– eternos, el asombro de nada / como si fuese el comenzar de otro latir. /
amar, y de tener nombre, y de estar aquí. Esa nada Una respiración cercana y misteriosa. / Tan pareci-
devoradora se enseñorea del título, con radiante da el amor y la belleza / de cuanto nos rodea». En
paradoja, y comparece en casi todos los poemas. esa circularidad palingenésica, que condice con un
Frente a ella se asienta el deseo –la pasión– de la ritmo sideral de creación y destrucción, y que se
supervivencia, expresado por la voluntad de estar cifra en un presente en el que todo, la plenitud y la
«a salvo», una locución que se repite obsesivamen- ausencia, resulta inextricable, Galindo encuentra
te («Todo formas de la nada,/ cambiantes; donde la forma de sobreponerse a la muerte de los otros a
continuar a salvo»), o el no menos reiterado an- los que quiere y de sí mismo, el arma para defen-
helo de estar «más allá» de las cosas y su finitud, derse de la ruptura y el dolor. El tiempo se com-
de su lacerante contingencia –un desiderátum, pacta para aunar lo presente y lo ido. Siguiendo
por otra parte, de todos los artistas: trascender lo a Quevedo y a Eliot, el poeta escribe: «Está aquí,
inmediatamente accesible y alcanzar lo que escapa ahora, siempre: / los muertos, los vivos; todo / lo
a la percepción y la evidencia, la verdad escondida que fue, es y será»; y también: «Todo está a salvo.
de las cosas–, aunque ambos empeños han de ba- / Todo lo que fue, es y será persiste»; y aún: «Por
tallar con el miedo, otro actor de esta contienda tu sangre, ilimitada, fluye / y se repite todo lo que
íntima, esto es, con el temor de abandonar las fa- fue, es y será»; y por fin: «seres / que han estado,
cilidades cotidianas, cegadoras, y adentrarse en los están y estarán siempre / a salvo». En Las formas de
espacios desconocidos de la conciencia, en otras la nada, el final es el principio y la nada, el todo.
posibilidades del yo. Se trata, pues, de vencer «esa Un matiz singular: este poemario no es solo
comodidad que nunca quisiste cambiar o destruir abstracción; es más, no es ni siquiera principal-
/ para no vivir en la intemperie ni enfrentarte a mente abstracción, pese a su espesa urdimbre me-
la verdad. / Esa forma de cobardía al confinar el ditativa. Lo visible, con su derroche de volúmenes
deseo a lo preciso, / lo correcto, lo adecuado. / Sin y colores, lo salpica a cada paso, como si la palabra

[ 61 ]
fuera solo un ojo escrito, como si la voz fuese pu- nace en mayo de 2014 con el objetivo declarado
pilar. Y también lo coloquial. Galindo no solo no de crear un espacio para «el conocimiento y dis-
se engríe en sus versos –«llaneza, muchacho, no frute de la poesía» desde una vocación de eclec-
te encumbres, que toda afectación es mala», le re- ticismo, gusto y rigor. Dirigida por los excelentes
comienda maese Pedro a su ayudante o trujimán poetas Juan Carlos Reche y Abraham Gragera, y
en el Quijote–, sino que los dota de una naturali- editada con esmero por Cuadernos del Vigía, la
dad casi doméstica, algo que se percibe sobre todo revista promueve la reflexión sobre el estado de la
en los poemas en prosa del díptico «Noviembre poesía en frentes decisivos: los poemas inéditos,
y viento» o en algunas composiciones versales la traducción, la reflexión sobre los vínculos entre
de hechuras más dilatadas, como «Medio vacía» poesía y sociedad, la reivindicación de voces he-
(que forma, a su vez, un díptico con el siguiente, terodoxas y el estudio en profundidad de un au-
«Medio llena»: a Moisés Galindo le gustan las es- tor aportando material filológico de investigación
tructuras simétricas, tan reparadoras) o la que cie- (entrevistas, correspondencia, diarios, ensayos) de
rra el volumen, fechada, como si fuese la entrada primer orden.
de un diario: «Empuriabrava, sábado 26 de julio Los versos lujosos y sensoriales de Pablo Gar-
de 2014». Por ejemplo, en «Noviembre y viento cía Baena, que han esperado nueve años desde
I», también fechado, escribe: «20 de noviembre. Los Campos Elíseos, abren de forma espléndida el
Como el veinte de noviembre del año pasado, número 2 de Años diez, correspondiente al oto-
hace un viento del carajo. Pero no es el año pasa- ño de 2015 de esta publicación semestral. En la
do, aunque pudiera serlo, si no fuese porque (…) misma sección esperan más hallazgos: el argenti-
la mirada (…) me coge de las orejas como a un no Walter Cassara, que encuentra belleza griega
niño díscolo y me devuelve al cuarto de las ratas en barrios de extrarradio; dos agudos inéditos de
de donde no debí salir». Las formas de la nada acu- María Eloy-García, que describe «el calambre de
mula una expresión minimalista, con las excepcio- fuego / del nailon puro» con su irónica metafísica
nes dichas, y un timbre depurado, esencial; tanto del supermercado; siete poemas breves del italiano
que casi podría decirse que es literatura oriental, Cesare Zavattini, más conocido como cineasta del
donde el acendramiento de la forma y la recon- neorrealismo italiano, traducidos por Juan Vicente
ciliación de los contrarios, tan poco aristotélica, Piqueras; y una selección de la poesía breve, lu-
vienen triunfando desde el Shih Ching. Moisés minosa y delicada del búlgaro Borís Jrístov, de la
Galindo ha consignado en este delicado y magní- que se encargan Juan Antonio Bernier y Liliana
fico poemario una visión restañadora del mundo Tabákora. De la mano de la poeta y especialista
y de nuestra presencia en él. Sobreponiéndose a las en lenguas eslavas Patricia Gonzalo de Jesús nos
modas y vivificando las tradiciones, ha sido capaz adentramos en una sustanciosa meditación sobre
de formular un acercamiento personal al prodigio la labor traductora que viene a recordarnos, citan-
y al absurdo de la vida, y lo ha hecho, como rezan do a Nabokov, Holub o Bernofsky, y aportando
los últimos versos del libro, «sin existir pero con ejemplos de Bishop o Brodsky, que el conflicto en-
vida. / Respirando el horizonte. Siendo / el cora- tre realidad y deseo que vive el traductor no es de-
zón mismo de la nada». masiado diferente del que se sufre en la creación.
Sobre democracia, revolución, bipartidismo
y otras «profundidades tanáticas» trata el extenso
Energía necesaria artículo de Enrique Andrés Ruiz «Una democracia
perfecta», toda una invitación al debate lírico-po-
JUAN MANUEL ROMERO lítico. Lo acompaña el trabajo de Erika Martínez
«Mujer agita los brazos», un inteligente acerca-
[Link] miento poliédrico, irónico e implacable al tema
Años diez (revista de poesía) de la identidad a través de una visión de género
Cuadernos del Vigía, 2015. muy imaginativa (no se pierdan la fantástica pieza
«Yo quería ser una mujer trabajadora») y que nos
La literatura necesita las revistas para hacerse pre- incumbe a todos: «El sujeto político del feminis-
sente con una vibración de actualidad. Años diez mo es la humanidad». La apuesta más fuerte de

[ 62 ]
la revista se encuentra desde luego en su Dossier, general teniendo menos proyección que sus com-
sección en la que, como se hizo en los números pañeros). Y he insistido en que se trata de la poesía
anteriores con Gerardo Diego y Denise Levertov, en español, y no únicamente de la poesía española,
un importante número de especialistas y poetas para dejar claro el amplio alcance de la escritura de
estudian la vida y obra de Carlos Martínez Rivas, Ángeles, elogiado por críticos tan finos y lúcidos
un gran poeta menor del que sólo conocíamos como Luis Muñoz, Juan Carlos Rodríguez, Fran-
en España La insurrección solitaria y Varia (Visor, cisco Díaz de Castro, Miguel Ángel García o Sha-
1997), con prólogo de Luis Antonio de Villena. ron Keefe Ugalde. Su último libro, Ficciones para
Epistolario inédito, entrevistas, fragmentos de su una autobiografía (Bartleby, 2015), nos regala una
diario, material fotográfico y una selección de su fiesta de la emoción y la inteligencia.
poemario Allegro irato, contribuyen a completar el Hay que señalar la capacidad sobresaliente que
perfil del «poeta nicaragüense más importante del posee Ángeles Mora de crear un mundo poéti-
siglo XX tras Rubén Darío», un autor que aún no co propio, reconocible pero renovado con cada
ha alcanzado quizá «a nivel internacional el lugar libro, capacidad que constituye la marca de los
prominente que le corresponde». grandes poetas, y que se entreteje con un diálogo
Frente a los que pretenden mostrar la poesía muy productivo con la tradición (identificamos
como un territorio redundante y cerrado, Años en Ficciones para una autobiografía las huellas, ex-
diez se empeña en ser una guía de constantes des- plícitas o implícitas de Szymborska, Castellanos,
cubrimientos. A ello contribuyen, además de lo Dickinson, Cortázar, William Carlos Williams,
ya señalado, la sección Rara avis, donde Martín John Donne, Juan Ramón Jiménez, Anne Perry,
López-Vega presenta a las poetas brasileñas Cecília Fitzgerald, Ana María Matute, Jaime Gil de Bied-
Meireles y Adélia Prado. Y la entrevista a la poeta ma, Jane Austen, Góngora o Quevedo). En su
Alice Oswald, de la que conocíamos su magnífi- artículo «Los espacios del tiempo en poesía (Notas
co Bosques, etc. (Pre-Textos, 2013), traducida por para una aproximación a la lectura poética)» Juan
Christian Law Palacín, en la que se vislumbran Carlos Rodríguez establece magistralmente los
algunos de los asuntos que preocupan a la poesía núcleos básicos del libro: «la detención del tiempo
foránea más brillante, y que también llegan a no- en la escritura», «extraer o atrapar alguna verdad
sotros. Con este nuevo número, la joven Años diez oculta tras la aparente máscara de la ficción poéti-
sigue cumpliendo, en hermosas páginas de papel ca», la ironía y el distanciamiento, subrayando asi-
(y con prometidos contenidos online), su cometi- mismo la perspectiva feminista de varios poemas.
do: que la poesía siga viva con su plural esplendor El libro se abre con dos magníficos poemas-pró-
y su energía necesaria. logo: «A destiempo», que marca «el desajuste»
como signo temporal y vital de la protagonista
poética («En aquel desajuste / -todo un presagio- /
La verdadera ligereza he vivido por siempre») y «Retazos», que desarrolla
una meditación muy sutil acerca de lo no escrito,
IOANA GRUIA de los trozos de vida que escapan de la ordenación
en un poema: «¿Dónde esperas, olvido, / roto hilo
Ángeles Mora del poema / que nunca escribiré?». Si cualquier
Ficciones para una autobiografía autobiografía tiene un componente de ficción, ya
Bartleby Editores, 2015. que al contarnos nos (re)inventamos, estas Ficcio-
nes para una autobiografía (extraordinario título)
Ángeles Mora es uno de los mejores y más impor- apuntan a una doble verdad: los poemas son «fic-
tantes nombres de la poesía contemporánea en ciones», artefactos elaborados, y estas «ficciones»
español. He escogido deliberadamente «nombre», acaban por construir tanto al «yo» poético femeni-
ya que podría haber dicho que es una de las me- no, como a su otra que habita en su cuerpo como
jores y más importantes poetas contemporáneas sombra a la vez cercana e imposible de atrapar. La
en español, pero quería subrayar que su escritu- primera parte, «¿Quién anda aquí?», se abre con
ra destaca no sólo entre las poetas (que a pesar el poema homónino, que recuerda –y no sólo en
de algunos reconocimientos y premios siguen en el título– el fascinante mundo de Cortázar y sus

[ 63 ]
dobles: «¿Quién vive aquí conmigo, / pero sin mí, dado en el aire, sin atrapar, y sólo puede aparecer
/ igual que si una sombra me habitara, / de mu- en el poema: «me duele aquel instante eterno / que
jer a mujer / sin que pueda tocarla, / llenando de no se fija ni se va, / aquel momento nuestro para
preguntas / mis largas noches sin respuestas?». La siempre». La cuarta parte del libro se titula preci-
interpelación acerca de la subjetividad femenina, samente «Los instantes del tiempo » y entreteje la
una constante en el libro, se entrecruza con una meditación sobre el paso del tiempo con el efecto
perspectiva feminista muy bien plasmada poética- óptico, temporal y emocional de la fantasiosa luz
mente e inserta en una atmósfera magistral, con re- de la memoria. Así, en «Con luz propia», leemos:
sonancias de Faulkner, Sylvia Plath y Alice Munro. «La memoria reserva llaves escondidas, / enciende
Actos cotidianos se contemplan desde una lente luces que ya no sirven / más que para doler». La
distanciadora, bañada en luz o agazapada oblicua- última parte de Ficciones para una autobiografía,
mente en la penumbra. En este sentido podemos «El cuarto de afuera», construye poéticamente la
nombrar «Planchando las camisas del invierno», emoción de la infancia, que se configura en «Ve-
«Noche y día» o «La soledad del ama de casa». En ranos» como espacio donde aprender el vértigo de
este último poema encontramos una espléndida la vida: «Siempre busqué el valor en los brazos del
reflexión sobre la culpa («Como esa mancha que miedo» y evoca en «Al aire libre» el cine de vera-
no sale del vestido / la culpa se aloja en la concien- no con el memorable plano de Gary Cooper en
cia»), la soledad o la sensación de tristeza y vacío al Solo ante el peligro. El último poema, «El cuarto de
acecho en los objetos cotidianos que se convierten afuera (relato en blanco y negro)», es una poderosa
en una prisión: «Huecos tristes ante una misma, / y conmovedora evocación de la imagen del padre,
estirando la ropa que no planchas / o tapando las médico rural, dolido por la miseria, la enfermedad
camas que no haces». De manera muy inteligente, y la humillación de los vencidos de la posguerra
la perspectiva feminista sigue en la segunda parte y esperando un futuro mejor para sus hijos: «éra-
del libro, «Emboscadas» (título muy apropiado, ya mos los niños,/ parecíamos el futuro / en tus ojos
que desde «el origen» y «el pecado» evocados en cansados».
«Ella» a la mujer se le han tendido emboscadas pa- Ficciones para una autobiografía es un libro es-
triarcales). Los «lugares de escritura» que aparecen pléndido, cuya lectura nos muestra que la poesía
en el poema homónimo son de nuevo situaciones de Ángeles Mora posee las nada frecuentes cua-
cotidianas en apariencia banales como el lavado de lidades de una cuidadísima construcción de la
los platos, durante las que se activan sin embargo emoción y de una muy sólida ligereza. La verda-
sensaciones que pasarán a ser material poético y dera ligereza, una de las dimensiones destacadas
reflexiones sobre el carácter de (re)invención de la por Calvino, es algo extremadamente difícil de
memoria : «el recuerdo inoportuno, / mas bellísi- conseguir, igual que la verdadera claridad, siempre
mo acaso, / de algo que no ocurrió tal vez como compleja, elaborada y epidérmica. Tiene que ver
creemos». La tercera parte, «Palabras nuestras», ce- con la corporalidad del vuelo, y es la marca de los
lebra la unión epidérmica entre el amor y la poesía, auténticos poetas.
atravesada por el paso del tiempo en el celebratorio
«Cumpliendo años», que recuerda «El aniversario»
de John Donne y el «Vals de aniversario» de Jaime Viendo crecer la hierba
Gil de Biedma: «El tiempo somos tú y yo que ca-
minamos juntos / por esa línea frágil de la vida». ANTONIO LAFARQUE
También aprendemos, en «In the Windmills of
Your Mind (O el hilo de una historia)» (que toma Rafael Espejo
prestado el título de la canción de Noel Harrison), Hierba en los tejados
que «existe un destino que sólo se conquista», Pre-Textos, 2015.
como la libertad: «Un espacio de sueño y desafío /
para escribir lo nuevo». El extraordinario poema Seis años separan Nos han dejado solos, la anterior
«El hueco de lo vivido» reflexiona sobre la tensión entrega de Rafael Espejo, de Hierba en los tejados.
entre la mirada y el tiempo, para rescatar el instan- Aunque en abstracto nada indica, la cifra apun-
te fuera de la fotografía, el instante que se ha que- ta a un escritor de bodega, podríamos decir, y no

[ 64 ]
porque su segundo libro lleve por título El vino lectura de la conciencia a modo de memoria tam-
de los amantes sino porque su tempo es de pro- poco satisface las expectativas porque se pierde el
ceder silencioso, interiorizado, decantado al ritmo rumbo de la escritura: «Un subconsciente arcano
de «la gota que se suelta / de su estalactita» («Que me reescribe, / me modifica a antojo, / como si
alguien se lo diga»). Seis años es el tiempo de en- fuese suyo». Si la conciencia es inoperante queda-
vejecimiento mínimo exigido a un caldo para lucir ría apelar a la razón, pero esta se revela enemiga de
la etiqueta de gran reserva, si previamente la cose- la poesía: «me bruma la razón / con su gruñido
cha tuvo calidad. Y las añadas de Rafael Espejo la de animal oscuro / [...] / desarmando el instante
tienen. / del poema».
Decía Walter Benjamin, a propósito del París Por tanto, ante la tornadiza realidad a la mirada
de Haussmann y Baudelaire, que «el hogar del flâ- solo le cabe cumplir con su función primordial:
neur es el bulevar». La cita conserva la vigencia his- observar. Los versos finales de «Tras la cortina de
tórica, pero ha perdido frescura porque la ciudad árboles» apuestan por no perder detalle: «ver desde
no es ya referente mítico de los poetas españoles de la ventana / cómo despacio, / muy despacio / el
la última promoción consolidada. Rafael Espejo paisaje se mueve». Parece que estemos viendo, fo-
prefiere contemplar la naturaleza a pasear por los tograma a fotograma, una película rodada con cá-
espacios metropolitanos, un signo común a otros mara de alta velocidad y lentes orbitales que enfo-
compañeros de viaje, casos de Josep M. Rodrí- ca con similar nitidez una piedra o una nube, y es
guez, Juan Manuel Romero y Juan Antonio Ber- capaz de trazar una panorámica desde la infancia
nier cuyos últimos libros se gestaron durante más («Un fósil de alta infancia») hasta el futuro («Semi-
tiempo al calor de los rayos del sol que bajo la luz lla de diente de león II. Un gran viaje»), sin dejar
de una lámpara de escritorio. Son fototrópicos, al atrás el presente («En su azotea»). Todo se contem-
igual que los girasoles. No se trata de arrinconar el pla para ser celebrado («Me suspendo admirando
medio urbano, que nos inculcó «vagas / nociones / cómo la vida es», «Me deleito mirando»). Hasta
de belleza imposibles de extirpar» dice Abraham la muerte se piensa como acto perfecto y suma de
Gragera, sino de buscar espacios libres de conta- amores perdidos, y una calavera es «un teatro va-
minación. El flâneur se ha transformado, dicho sea cío» en el que resuenan los amortiguados ecos de
sin ironía ni doble sentido, en voyeur del entorno una vida («Hipótesis»).
natural. Las metáforas que sobrevolaron edificios, Varios poemas de Hierba en los tejados me pa-
pasajes, aceras y bajos fondos anidan ahora en el recen fundamentales para entender el uso del len-
agua, las estrellas, los animales y los bosques. guaje por Rafael Espejo. En «Fábula de mis ojos»
Hierba en los tejados tiene mucho que ver con cuenta la evolución del órgano de la vista y la difi-
las conexiones entre la mirada y su hijo literario, cultad para interpretar la información que llega a
el lenguaje. La mirada debe proveerse de recursos los ojos («la rareza / de ver lo que es visible»), un
eficaces y fiables para aprehender la realidad, con- proceso analógico que conduce al callejón sin sali-
tradictoria por vocación y en evolución continua da de la metáfora y la analogía: «¿Qué puedo hacer
sin que el poeta, desorientado, sepa hacia dónde: entonces / [...] / si al mirar unos pechos / los com-
«¿Qué me enseña vivir / si todo muda?». Recurrir a paro con pomas maduradas / bajo una nube fér-
la conciencia es orientarse con una brújula desnor- til...?». En otro texto transfigura la imagen de un
tada, puede resultar incluso nocivo: «la conciencia, escarabajo pelotero arrastrando su bola de estiér-
ese envenenamiento». Entendida como conoci- col en la de un ciclista en plena escalada: «Quiero
miento espontáneo, la conciencia no va más allá decir: me cuesta / ver al escarabajo» («Fábula del
del ahora, del instante placentero válido quizás escarabajo»). Si aún quedan dudas, leemos en «Un
para la experiencia amorosa («A qué quererla más ramo de raíces»: «Idealizamos lo que el ojo ve». El
/ pudiendo amarla a poco, espontáneo / como el énfasis recae en «idealizar», que funciona como si-
presente»). En su significado ético o moral se acer- nónimo de «poetizar», es decir, Rafael Espejo utili-
ca peligrosamente a la autobiografía, una pesada za el lenguaje para lavar la realidad. Y así lo quiere
mochila con la que Rafael Espejo no quiere cargar, por amor a la poesía, por «restaurar / el mundo»,
y al juicio crítico de lo ajeno, ejercicio descartado porque «no puede ser mentira lo que asombra».
en los presupuestos literarios del autor. Una tercera Creo que ha dictado una magistral clase de táctica

[ 65 ]
y estrategia para vencer, lo decía Brodsky, la resis- gaje cultural con actitud crítica hacia una realidad
tencia que la poesía ofrece al lenguaje. adversa y maniquea.
Quienes quieran transitar su camino tendrán Uno de los grandes atractivos del poemario lo
que hacer parada y fonda en este libro porque encontramos en su contraportada, donde pode-
contiene piezas imprescindibles para entender su mos leer dos breves comentarios sobre el mismo
sistema poético. Hablo de «Una roca varada», de firmados por dos grandes poetas: Luis Alberto de
«Génesis», del confesional «No tengo casa» con Cuenca y Antonio Colinas, poetas culturalistas
sus «nostalgias expansivas» y su ruego, a la sombra que con sus sabias palabras enmarcan la obra en
iluminadora de Juan Ramón Jiménez, de conec- un renovado contexto cultural donde José María
tar con «el alma / secreta de las cosas» porque el Jurado destaca con luz propia, heredero de aque-
lenguaje se queda corto ante el espectáculo de una llos en cuanto a intereses y referencias pero entera-
noche estrellada. mente actual en la pluralidad de temas que trata.
Hierba en los tejados huele a tierra mojada tras la Una cita de la Eneida de Virgilio acompaña la
lluvia: la felicidad del amor pleno, la mirada limpia dedicatoria a la memoria del padre del autor, que
sobre lo cotidiano, los recuerdos de una infancia clausura el libro con una fotografía donde aparece
dichosa... Pero la hierba lignifica, madura que es éste alzando con amor al hijo recién nacido, y es
lo importante. Los humildes brotes que emergen que una aureola de ternura rodea un libro que es
en el poema de apertura acaban por convertirse una delicadeza en sí mismo.
en los robustos árboles que dialogan con el poeta El poemario se nos presenta sin división inter-
en el texto de cierre. Han madurado al ritmo que na en partes, como un continuum de poemas de
lo ha hecho su autor, sin lugar a dudas uno de los ritmo imparisílabo, con predominio del endecasí-
poetas indiscutibles. labo y el alejandrino. En el poema inaugural, que
titula el libro, el autor establece un símil magistral
entre el sueño de la metamorfosis de los gusanos
Neoculturalismo en su caja de cartón y el sueño eterno al que el
y metamorfosis hombre está abocado. En «Águilas, 14» el nombre
de una calle de Sevilla le devuelve a la casa mater-
GREGORIO MUELAS BERMÚDEZ na, por donde desfilaron las águilas de Roma, y
antes los fenicios, y ahora el recuerdo emocionado
José María Jurado García-Posada de la última «tarde clara de verano».
Gusanos de seda Como digno continuador de la estética cul-
JMJ, Badajoz, 2016. turalista, José María Jurado despliega un amplio
abanico de referencias culturales: literarias, como
El poeta sevillano José María Jurado García-Posa- Thomas Mann y sus Buddenbrooks en «Última
da publica su quinto poemario, Gusanos de seda, Navidad en la Mengstrabe»; pictóricas, como
en una bella edición del autor. Tanto el título Diego Velázquez en «Pavana para una infanta
como la ilustración y el diseño de la portada, dos difunta», o Juan Sánchez Cotán en el bellísimo
gusanos sobre un fondo que imita la textura y el soneto «Bodegón», que recrea una de sus célebres
color de la seda, obra de Pámpano Vaca, son muy naturalezas muertas. También grandes poetas son
sugerentes y albergan, como si de un capullo se objeto de homenaje: Fernando Pessoa en «Lisboa
tratara, treinta y tres poemas de delicada factura y antiga», y Antonio Colinas en «Giacomo Casa-
honda materia. nova lee Sepulcro en Tarquinia en la biblioteca del
José María Jurado ha enviado a imprenta La Conde de Waldstein, en Bohemia». El cine es otro
memoria frágil (Diputación de Cáceres, 2009), de los temas que animan al poeta a tomar la pluma
Plaza de toros (Isla de Siltolá, 2010), Tablero de con fervor e ingenio; es el caso de La dolce vita en
sueños (Isla de Siltolá, 2011) y Una copa de Haen- el felliniano poema homónimo, o en el leoniano
del (Isla de Siltolá, 2013), cuatro poemarios en los «Spaghetti Western». Otros temas e intereses tam-
que ha templado su pluma y madurado su voz bién encuentran acomodo en sus versos, como la
hasta culminar en el libro que nos ocupa, un volu- música: de Robert Schumann en «Un piano en el
men donde el autor ha depositado su amplio ba- Rhin»; de The Beatles en «Let it be», donde reme-

[ 66 ]
mora la historia de la mítica banda de Liverpool al una vez no puede olvidarla más». La ciudad de la
son de uno de sus grandes éxitos; o del minima- memoria. Porque todo el libro en sí es una ciudad
lista estonio Arvo Pärt en «Spiegel im Spiegel». Y y un recuerdo, tiempo y lugar plurales, en los que
la filosofía en «Heideggeriana», donde reflexiona transitan figuras, fantasmas, como en Zora, que
sobre el ser como un viento al que suplica: «Tú se suceden a la manera de una partitura musical
que agitas las copas de los árboles/ sacude nuestra «donde no se puede cambiar ni desplazar ni una
angustia al filo de la muerte/ y extiende nuestro nota». Y ya sabemos que en la obra de Álvaro Sal-
tiempo más allá del abismo». vador siempre suena una música (no en vano titu-
Pero si hay un espacio mítico es Roma. La ló así su antología), en este caso al ritmo de Vallejo,
Ciudad Eterna parece condensar las aspiraciones Neruda, Siles, Teiller, por supuesto Machado, Lor-
del poeta, cuyos pasos se ahondan en algunos lu- ca, Ángel González, para entonar, con voz propia,
gares emblemáticos, como el «antiguo estadio de un tango rabioso y desgarrado, un «cantar lo que
Domiciano» en «Luna llena en Piazza Navona», se pierde», un hacer presente la ausencia de hoy
la Fontana de Trevi en «La dolce vita», y el barrio y el vacío del mañana, las marcas del sufrimiento
de Trastevere en «Instagram». José María Jurado que, como decía Fitzgerald en Suave es la noche,
es un poeta cosmopolita y culto, que borda con deben compararse a la pérdida de visión en un ojo,
primor las palabras, que teje con hilos de oro, y como sucede en el poema «Denuesto de la som-
su andadura le lleva por remotos derroteros his- bra». Puede que en algún momento no notemos
tóricos y geográficos en un curso personal y único que nos falta algo, pero el resto del tiempo, aun-
hasta desembocar en el emocionante poema epí- que lo echemos de menos, nada podemos hacer.
logo «Entre dos fotografías», la que figura en la Excepto escribirlo en verso, con un lenguaje exac-
anteportada, que retrata al autor en Via Veneto, to, comprometido y crudo, como el que practica
y la que citamos anteriormente, entre ambas me- Álvaro Salvador : «Cuando cierro los ojos / todavía
dian cuarenta años y se inserta el poemario, aquí veo la sombra». Esto es: vemos huellas, rastros,
la memoria del padre alcanza su punto álgido, y el ecos, itinerarios de invisibilidad.
tono elegíaco, que domina todo el libro, su fin y La segunda vez que lo leí entendí que las seis
su principio: «Son sagrados los restos de la vida / partes que articulan el poemario: La canción de
y aunque nada hay de ti en esta urna, / pues gozas la tierra / Fragmentos de Nueva York / Remordi-
de la gloria de los justos, / yo la levanto al sol y digo miento / Una mujer espera en el andén / El libro
padre, / padre mío que estás en los cielos / ahora y de las artimañas y Jubileo son variaciones de un
en la hora de mi muerte.» mismo tema: humo y humus. El fumus del tabaco
aparece en todos sus sentidos: lo efímero (en «Im-
probable discurso a los jóvenes), la suspensión (en
Del humo al humus «Canción rara»), lo inaprensible (en «Sierpe»), lo
irreal onírico (en «La edad de los sueños»), la bohe-
ANA GALLEGO CUIÑAS mia artística (en «Manhattan Poetry»), el beso de
fuego –como dijo Mallarmé– de un cigarrillo en
Álvaro Salvador los labios o de un amor en llamas (en «El Vedado»
Fumando con mis muertos. o en «Leo House»). Y es que el tabaco, como todos
Fundación José Manuel Lara, 2015. los vicios y las bajas pasiones, está especialmente
ligado a la vida, aunque parezca lo contrario, por-
De entrada he de advertir a los lectores de que el que ese veneno dulce invoca en cada bocanada de
último libro de Álvaro Salvador se les va a enredar aire a la muerte. Los ocho centímetros de un ciga-
en las manos como una hiedra, de esas que crecen rrillo transforman la respiración ennegrecida, la vi-
voraces en los gastados muros de la memoria para sión vaporosa, el tacto amarillento, el sabor alqui-
atrapar esquirlas de nuestro pasado. Me explico: tranado en una resta existencial. La vida para los
la primera vez que lo leí me recordó a las enso- fumadores no es una caja de bombones, sino un
ñaciones sinuosas, fascinantes y temibles, de las paquete de tabaco. Otra vida: es decir, otra muer-
ciudades invisibles de Italo Calvino. En concreto te. Tal vez por ello muchos escritores han sido, y
pensé en Zora, «la ciudad que quien la ha visto todavía son algunos, grandes fumadores: por la

[ 67 ]
tensión que evidencia el oficio literario con el so-
brevivir. Cuando se escribe no se vive. O se vive de
«otra manera». Cuando se fuma, no se vive. O se
muere de otra manera. Basta pensar en Baudelaire,
Gide, Cortázar, Neruda, Faulkner, Herta Müller,
Onetti, Ribeyro, Eielson, Cabrera Infante; todos
grandes fumadores que además han escrito sobre
el arte de fumar y las noches oscuras del alma. To-
dos han sido de algún modo «asesinos tímidos»,
como diría Pavese. O resucitadores –resucitados,
incluso– audaces, como nuestro autor: «A veces
sueño que de nuevo fumo / y entre el humo olo-
roso de mi vida pasada / los muertos de mi muerte
me visitan, / me hablan, me recuerdan.»
Ciertamente Álvaro Salvador se suma a esta
genealogía con Fumando con mis muertos, que es
uno de los mejores poemas de su generación. No
tengo la menor duda: el juego de falsos opuestos
al que se avienen las imágenes que proyectan sus
versos nos llevan del humo al humus, de la vida al
sueño eterno, mediante una palabra artesana, se-
rena pero severa, fruto de una dilatada experiencia
poética y vital. El humus, nerudianamente, reside
en la tierra (como en «La canción de la tierra»),
en la naturaleza viva (como en «La sustancia del
tiempo» o «El linaje de los mirlos») o en la muerte
(como en «Fumando con mis muertos», «Cuando
se avecina el frío», «8 de marzo» o «Elegía 2014»).
Es claro, nos habebit humus: nos recibirá la tierra.
Porque desde el principio, la existencia –la litera-
tura– es eso: un resto de experiencia, humus de la
memoria. Así ese humo de lo que fue se respira
en cada página de este libro de Álvaro Salvador,
que cualquier amante de la vida habría de leer, de
fumarse, para recordar con «jubileo» que, como
decía Borges, sólo se pierde lo que no se ha teni-
do. Y estas ganancias que nos regala Salvador son
muchas y muy buenas: humos de muchos fuegos.

[ 68 ]
[ 69 ]
MARÍA ALCANTARILLA (Sevilla, 1983) obtuvo con El agua de tu sombra el I Premio de Poesía
Multimedia Poemad. Ha expuesto en varias galerías sus poemas fotográficos. En 2014 publicó Ella:
invierno. • DIEGO ÁLVAREZ MIGUEL (Oviedo, 1990) es cofundador del Patarrealismo Salvaje.
Ha obtenido diferentes premios de narrativa y poesía, el último de los cuales es el Hiperión por
Hidratante Olivia (2015). • FRANK BÁEZ (Santo Domingo, 1978) es autor del poemario Posta-
les. Recientemente la editora Jai Alai Books publicó una antología en inglés de su poesía titulada
Last night I dreamt I was a DJ. • ANTÓN CASTRO, Premio Nacional de Periodismo Cultural
2013, dirige el suplemento Artes y Letras de Heraldo de Aragón. En Versión original (2013) reunió
una antología de sus versos. El poema aquí publicado se incluye en un poemario de inminente
aparición. • ALEX CHICO (Plasencia, 1980) es autor de La tristeza del eco (2008), Dimensión de
la frontera (2011), Un lugar para nadie (2013) y Habitación en W (2014). • JOSÉ MARÍA
CUMBREÑO (Cáceres, 1972) ha publicado, entre otros, los poemarios Árbol sin sombra (2003,
Premio Ciudad de Badajoz), Diccionario de dudas (2009), Breve biografía apócrifa de Walt Disney
(2009, Premio Alegría/José Hierro) y Made in China (2013). Acaba de publicar Contar. • JORDI
DOCE (Gijón, 1967) es editor, traductor literario, ensayista y poeta con una amplia y reconocida
obra, antologada en Nada se pierde. Poemas escogidos (2015). En Don de lenguas, del mismo año,
ofrecía entrevistas con poetas como Seamus Heaney o Adam Zagajewski. • MIGUEL FLORIÁN,
aunque toledano de 1953, vivió y estudió en Madrid y adesde hace años reside en Sevilla. Ha
publicado, entre otros, los libros Anteo (1994), Los días y los pájaros (1996) Gilgamesh (2006) y
Eleusis (2012). • AITOR FRANCOS (Bilbao, 1986) ha publicado Igloo (premio Surcos, 2011) y
Un lugar en el que nunca he escrito (2013). De 2015 es Las dimensiones del teatro. • JUAN FRAU es
autor de Travesías, Premio Certamen Literario Universidad de Sevilla, donde es profesor de Teoría
de la Literatura. Ha traducido a Sheridan Le Fanu y a Samuel Daniel. • ANA GALLEGO CUIÑAS
(Marbella, 1987) es profesora de la Universidad de Granada y vicedecana de Actividades Culturales
Investigación de su facultad de Filosofía y Letras. Es coautora, con Ángel Esteban de la antología de
poesía hispanoamericana Juegos de manos. • CONCHA GARCÍA (La Rambla, Córdoba, 1956)
reside en Barcelona, ciudad donde estudió, tras haber sido profesora en diferentes universidades
extranjeras. Entre sus libros se encuentran Ayer y calles (Premio Gil de Biedma, 1995) o Acontecimiento
(2008). • VICENTE GARCÍA (Gijón, 1971) ha publicado el cuaderno Ficciones (1993) y los
libros de poemas De ayer a hoy (1996) y Días de tormenta (1999), reunidos en el volumen Ahora
(2009). • IOANA GRUIA (Bucarest, 1978) ha obtenido recientemente los premios Emilio Alarcos
de poesía y Tiflos de novela con Carrusel y El expediente Albertina, respectivamente. • FRANCISCO
J. GUERRERO (Córdoba, 1976) es autor de varios títulos de relatos y de los libros de poemas
Cuaderno de ruta (2013) y Anatomía del tornado (2015). • ALMUDENA GUZMÁN (Madrid,
1964) es la muy galardonada autora de Usted (1986), El príncipe rojo (2006) y Zonas comunes
(2011). • CANDELA DE LAS HERAS es alicantina de 1994 pero residente en Asturias. Con La
senda recorrida (2015) ganó el premio de Poesía de la Universidad de Oviedo. • JOSÉ INFANTE
(Málaga, 1946) es autor de numerosos libros de poemas, el más reciente de los cuales es La libertad
del desengaño (2013). • JOSÉ INIESTA (Valencia, 1962) es autor de poemarios como Del tiempo
y sus castigos (1985) o Y tu vida de golpe (2013). Acaba de publicar, en 2016, Las razones del viento.
• ANTONIO LAFARQUE es editor literario de Litoral. Ha editado Al fin y al Cabo. Fotografía y
poesía en el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar (2009), Ángeles errantes. Las nubes en el cielo poético
español (2013) y, junto a José Andújar Almansa, El guardián del fin de los desiertos. Perspectivas sobre
Valente (2011). • JUAN LAMILLAR (Sevilla, 1957) ha publicado una selección de sus libros de
poesía aparecidos entre 1982 y 2009 en Entretiempo (2015). El mismo año ha visto la luz Las formas
del regreso. • XAIME MARTÍNEZ (Oviedo, 1993), músico y letrista, es uno de los fundadores del
Patarrealismo Salvaje. Ha ganado el premio de Poesía Joven Antonio Carvajal con Fuego cruzado
(2014). • JOSÉ TONO MARTÍNEZ es escritor y gestor cultural. Dirigió la revista La Luna de
Madrid. En poesía ha publicado, entre otros títulos, El que hiere de lejos (2015). • RUBÉN
MARTÍN DÍAZ (Albacete, 1980) es premio Adonáis y premio Ojo Crítico de RNE por su libro
El minuto interior (2009). Títulos suyos posteriores son El mirador de piedra (2012), Arquitectura o

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sueño (2015) y Fracturas (2016). • JULIO MARTÍNEZ MESANZA (Madrid, 1955) es autor de
Europa (ampliado en sucesivas ediciones, la última en 1990). Ha sido director del Instituto
Cervantes en varias ciudades y ahora lo es en Estocolmo. Soy en mayo (2007) antologa su obra
poética. • EDUARDO MOGA (Barcelona, 1962) ganó el Premio Adonáis en 1995 con La luz
oída. En 2014 publicó El corazón, la nada. Antología poética (1994-2014). Después, ese mismo año,
Dices. Su más reciente traducción es Hojas de hierba, de Whitman. • JESÚS MONTIEL (Granada,
1984) ha publicado Placer adánico (2012) e Insectario (2013). Acaba de ganar el premio Hiperión
con Memoria del pájaro, del cual el poema «Petunias» es un adelanto. • JOSÉ ANTONIO
MORENO JURADO ganó el premio Adonáis en 1973 con Ditirambos para mi propia burla y el
Juan Ramón Jiménez con Bajar a la memoria (1985). Ha traducido a numerosos autores griegos. •
ELÍAS MORO es autor de libros como Casi humanos (2001), Me acuerdo (2009), El juego de la
taba (2010) o Manga por hombro (2013). Recientemente ha publicado aforismos en Morerías. •
MANUEL MOYA (1960) reside en su natal Fuenteheridos (Huelva). Sus libros de poesía más
recientes son Salida de emergencia (2014) y El corazón de la serpiente (2016). Ha vertido la poesía y
los cuentos de Pessoa, entre otros títulos. • GREGORIO MUELAS BERMÚDEZ (Sagunto,
Valencia, 1977), poeta y crítico literario, es autor de Un fragmento de eternidad (2014) y coautor
con Heberto de Sysmo de La soledad encendida (2015). • RODRIGO OLAY (Noreña, 1989) es
autor de Cerrar los ojos para verte (premios Asturias Joven y de la Crítica de Asturias, 2011) y La
víspera (2014). • NARCISO RAFFO NAVARRO es estudiante del último curso del grado de
Antropología Social y Cultural en la Universidad de Sevilla. Es autor de Implosión de la memoria
(2015). • CARLOS PEINADO ELLIOT, profesor de la Universidad de Sevilla, es autor, junto a
varios ensayos, del libro de poemas La herrumbre herida (2011). • ALICIA RAMOS GONZÁLEZ
ha realizado el Curso de Extensión Universitaria de la Universidad de Sevilla y ha colaborado en
revistas. • MERCEDES ROFFÉ (Buenos Aires, 1954) reside desde 1995 en Nueva York, donde es
profesora y editora. En 2012 ha publicado La ópera fantasma, y en 2014 Carcaj: Vislumbres. •
CONCHA ROMERO realizó el Máster de Literatura Creativa de la Universidad de Sevilla en
2013 y coordina recitales poéticos en una librería de la capital hispalense. • JUAN MANUEL
ROMERO (Sevilla, 1974) ha publicado siete libros de poemas, algunos de los cuales han sido
merecedores de premios como el Surcos, el Poesía Joven Radio 3, o el Emilio Prados. De 2014 es
Desaparecer. • MARÍA RUIZ OCAÑA (Sevilla, 1963) ha publicado en revistas y fue incluida en la
antología Tres poetas sevillanos (2012). • ALBERTO SANTAMARÍA (Torrelavega, 1976) es autor
de, entre otros, los libros de poesía El orden del mundo (2003), El hombre que salió de la tarta (2004),
Pequeños círculos (2009) y Yo, chatarra, etcétera (2015). Entre sus ensayos está El poema envenenado.
Tentativas sobre estética y poética (2008). • ALEJANDRO SIMÓN PARTAL (Estepona, 1983) ha
publicado El guiño de la chatarra (2010), Nódulo Noir (2012) y Los himnos abdominales (2015) •
HEBERTO DE SYSMO es el seudónimo de José Antonio Olmedo López-Amor (Valencia,
1977). Escritor y poeta, crítico literario y cinematográfico, ensayista, cronista, articulista y
divulgador científico. • RAFAEL ADOLFO TÉLLEZ (1957) reunió su poesía completa en Los
pasos lejanos (2007) y después ha publicado Los cantos de Joseph Uber. Está a punto de aparecer una
antología de su obra en Renacimiento. • JAVIER VELA (Madrid, 1981) ganó con La hora del
crepúsculo (2004) el premio Adonáis y con Hotel Origen el premio Emilio Prados. El poema aquí
recogido pertenece a un libro de próxima aparición en la colección Vandalia. • JAVIER VICEDO
ALÓS (Castellón, 1985) es autor de La última distancia y de Ventanas a ninguna parte (Premio de
Poesía Joven RNE). En 2015 ha aparecido Fidelidad de una sombra. • LUIS VICENTE DE AGUI-
NAGA (1971) es un poeta y ensayista mexicano natural de Guadalajara, donde enseña y reside. Ha
obtenido los premios de poesía Efraín Huerta y de Aguascalientes. • LUIS ANTONIO DE
VILLENA es autor de obra extensa en diferentes géneros. Como poeta ha recibido varios premios
importantes, como el Generación del 27. En Cuerpos, teorías, deseos (2014) ha seleccionado una
muestra de su poesía desde 1971. • ROGER WOLFE, aunque inglés de 1962, es un narrador y
poeta español, autor de Días perdidos en los transportes públicos (1992) o Gran esperanza un tiempo
(2013). En 2008 recogió su poesía reunida en Noches de blanco papel.

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Centro de Iniciativas Culturales
de la Universidad de Sevilla (CICUS)

Director general de Cultura y Patrimonio


Luis Méndez Rodríguez

ESTACIÓN POESÍA

Dirección
Antonio Rivero Taravillo

Comité asesor
Enrique Baltanás, Juan Bonilla, Luis Alberto de Cuenca,
Ana Gorría, Ioana Gruia y Aurora Luque

Coordinación técnica
Juan Diego Martín Cabeza

Diseño
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Imprenta Sand

ISSN 2341-2224
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© 2016 Secretariado de Publicaciones Universidad de Sevilla


© De los textos, sus autores

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