07
07
Miguel [7] Luis Vicente de Aguinaga [9] María Ruiz Ocaña [10]
Juan Lamillar [11] Elías Moro [12] Luis Antonio de Villena [13]
Francisco J. Guerrero [14] Alejandro Simón Partal [16] Concha
García [17] Rodrigo Olay [18] Jesús Montiel [19] Miguel Florián [20]
José Iniesta [21] Almudena Guzmán [23] Alicia Ramos González [24]
Mercedes Roffé [25] Heberto de Sysmo [26] Xaime Martínez [27]
José Antonio Moreno Jurado [29] Frank Báez [32] Candela de
las Heras [34] Álex Chico [35] José Tono Martínez [36] Javier
Vela [38] Rafael Adolfo Téllez [39] María Alcantarilla [40] Jordi
Doce [41] Concha Romero [43] Manuel Moya [45] Julio Martínez
Mesanza [47] José Infante [48] Narciso Raffo Navarro [50] Rubén
Martín Díaz [51] Javier Vicedo Alós [52] Antón Castro [53]
Carlos Peinado Elliot [55] Aitor Francos [56] Juan Frau [57]
Roger Wolfe [58] Vicente García [60] Eduardo Moga [60] Juan
Manuel Romero [62] Ioana Gruia [63] Antonio Lafarque [64]
Gregorio Muelas Bermúdez [66] Ana Gallego Cuiñas [67]
[1]
Alberto Santamaría
ESTO ES CÓDIGO MORSE
Sentado.
Las manos sobre las rodillas.
¿No es esto otra forma de volver al principio?
No hablo de historia sino de los hechos construidos
como pequeñas figuras de papel que duran
lo que dura el acto mismo de mirar. Pasan los taxis
como mensajes en un extraño código morse.
Trato de descifrar desde la ventana
el enigma que ocultan todos esos hombres bajo sus abrigos.
La necesidad de saber nos hace débiles; hambrientos
como pájaros que se lanzan hacia el norte sin haber visto jamás el sur.
Eso somos nosotros: formas de guardar el equilibrio
entre la luz y la sombra.
Dentro de ese coche aparcado hay una mujer que se mira las manos.
Tal vez piensa en por qué los hechos jamás son reversibles,
o en por qué la tarde deposita sobre nosotros
su pastoso lenguaje: el polvo rojo de su óxido.
O tal vez no. O tal vez piense en otra cosa más azul y delicada.
Entre la maleza
se enredan
viejas bolsas de plástico que se convierten por un instante
en banderas de lo invisible. Símbolos. Huellas. Restos
de un inverno que regresa tímidamente a su cueva.
Pero ¿qué hay de nosotros
en cada uno de esos gestos que observamos? Frente a mí un árbol ha perdido
todas sus hojas. Sus ramas,
asustadas y enfermas, se aplican en un ridículo gesto heroico
hacia el cielo. Nada puede ese gesto ante el perro
que levanta la pata junto a su raíz. Nada puede ese gesto
[3]
frente a las hormigas que aceleran su paso sobre la corteza.
Hasta aquí hemos llegado sin tu ayuda.
Ahora sólo nos queda aprender su idioma: el asma que sacude,
ronco y melódico, este techo de uralita. ¿Serías capaz de reconocerlo?
¿Serías capaz de interpretar esta escena tal y como la recuerdas?
Estabas vivo.
Respirabas.
Eso era todo.
Somos lo suficientemente estúpidos como para creer
que todo esto tiene algún sentido,
quiero decir que somos lo suficientemente estúpidos
como para creernos las piezas ordenadas
de un juego que no acabamos de comprender. Una paloma gris
y coja
picotea el suelo como si alguien pudiese responder al otro lado.
Así debería comenzar todo esto, con una llamada.
Nada más aterrizar alguien me dijo
es demasiado tarde para demasiadas cosas. Sí. Era cierto.
Quiero decir que construimos nuestra vida como una cadena de lugares, hechos,
rostros colocados uno detrás de otro
como imágenes sobre una pared de un cremoso color whisky.
Creemos en las distancias, creemos ciegamente
en el sistema métrico para comprender todos nuestros actos.
Sin embargo, no existe pared sino finas corrientes de aire
que nos despeinan como animales
que cada día despiertan y descubren que esto se repetirá indefinidamente. Una y otra
y otra vez.
Así de simple. Así de sencillo.
Aquella mujer arranca el coche cuando la tarde se disuelve.
Circula despacio hacia el centro de la ciudad.
La luz pálida de una farola le ilumina virginalmente el rostro.
Sube sin ganas el volumen de la radio. Luego se detiene.
Como si buscase algo en lo pasado alza inquieta
su mirada hacia el espejo retrovisor. No se trata de respuestas.
Sólo una luz que se distrae como niebla sobre el cristal
nos espera.
[4]
José María Cumbreño
ENERO
Contar. Hacia delante para tratar de que el futuro se aleje del pasado; hacia atrás para
intentar que el pasado no olvide que no siempre lo fue. Terminarlo todo no con una
palabra, sino con un número, no nombrando, sino contando. Terminarlo todo y
empezarlo todo. Aunque contando en voz alta, que es casi (me digo) una manera de
pronunciar el nombre del tiempo. Algún año me he propuesto hacer bien las cosas de
una vez por todas y preparar las uvas con antelación. En el supermercado las venden
dentro de un bote peladas y sin pepitas. Lista de (¿buenos?) propósitos. Voy a volver
a salir a correr. No me enfadaré tanto. La boca llena. Y aun así seguir contando. Para
que ese orden con que intento tragar la fruta arrastre mis defectos y me dé (espero)
la oportunidad de cambiar. Iba a escribir de ser mejor, pero, como me conozco, me
conformo con lo de cambiar. Además, ni siquiera sé si de verdad quiero ser mejor.
Mejor… ¿con respecto a qué?, ¿con respecto a quién? Para mi madre, por ejemplo,
haga lo que haga, jamás estaré a la altura, nunca llegaré a parecerme al hijo que le
habría gustado tener. Contar. Estrenar un cuaderno. Mi madre y yo cumplimos años
con un día de diferencia. No sé si me vuelvo más viejo en invierno o es el invierno lo
que me vuelve más viejo. El papel de regalo no sirve para escribir en él. El papel de
regalo adquiere sentido cuando se rompe. Envejecer en invierno es como envejecer
el doble o envejecer en la mitad de tiempo. Mi madre ya sólo me regala calzoncillos
y calcetines. Nadie consigue como ella que me sienta culpable todo el rato. De pe-
queño me habría gustado tener un perro. Una vez me compró un pez que se murió a
los pocos días. Lo tiró por el váter. Un perro, un pez, el váter. Contar. Contar hacia
delante o contar hacia atrás. O soy todos los que he sido o no soy ninguno de ellos.
Estrenar un cuaderno y que no importe por qué página comience a escribir. O soy
gracias a o soy a pesar de. Los domingos y los días de fiesta vienen en rojo. No recuer-
do haberme enamorado de nadie un domingo. No recuerdo haberme enamorado
de nadie en enero. Aquí en enero hace frío. En enero nos volvimos de Tenerife. En
enero en Tenerife nos bañábamos casi todos los días. Algunas tardes, si había nevado,
[5]
íbamos al Teide a deslizarnos con las alfombrillas de plástico del 124 de mi padre.
El barco pirata de los clicks de Playmobil. Una nave espacial de Tente. Un tren que
funcionaba con pilas. Terminarlo todo. Empezarlo todo. Hace una semana que co-
menzaron las clases y todavía no he quitado el árbol.
[6]
Diego Álvarez Miguel
CASTLE PARK
[7]
como la bisagra de una ventana que no cierra,
como el mecanismo oxidado del viento, miro
la absurda complicidad de lo que me rodea y entre todo
entre todo ello consigo, por un momento,
creer que la vida me sonríe.
[8]
Luis Vicente de Aguinaga
MEDIO LIMÓN
[9]
María Ruiz Ocaña
LOS RESTOS DE LA COSECHA
[ 10 ]
Juan Lamillar
LA NIEVE ROJA
O púrpura nevada…
…o nieve roja.
[ 11 ]
Elías Moro
NO SABÉIS
[ 12 ]
Luis Antonio de Villena
PAPÁ
Es una foto bonita de las que conozco tuyas. Sé que sólo tienes
40 años pero aparentas un poco más. Un caballero algo cansado
con chaqueta inglesa y corbata de punto… Supongo que sales
de un sueño corto y una noche larga, con amigos y mujeres hermosas.
Tu vida de «clubman» calavera, entre Chicote y el Hipódromo…
Sé que tenías dos damas, con piso, todo a tu mágica cuenta. Mamá
no contaba. Era la gran señora intocable, aunque no le gustara el
papel. ¿No tuviste hijos que no reconociste pero cuidaste, papá?
Todos dicen que nunca hubieses dado tu apellido pero acaso
sí tu cariño. Yo era delicado, mimado, temías que no me pareciera
a ti. Ahora no me gusta ser hijo único, papá, incluso esos vagos
hermanastros de otro nombre me harían compañía. Y yo que tan poco
te traté, ya ves, te echo de menos. No tu vejez (nunca es bonita)
sino aquella plenitud en que te llegó la muerte. Es raro, papá, muchos
me ven algo en ti. Yo nada veo. Eras el señor distante y cordial
que me acariciaba el pelo, el que se levantaba tarde y se acostaba
(si volvías) más tarde aún. Todo es extraño: tu hijo que te conoció
mal, tu hijo que sabe tu vivir crápula e insigne, el hijo único
que sobrevivió a tus ruinas –más viejo que tú– se acuerda de ti…
Padre de siempre y nunca. Qué cerca y qué remoto. Papá,
lejano y perdido papá, señor en otro mundo huido, apiádate de mí.
[ 13 ]
Francisco J. Guerrero
377 (FRAGMENTO)
[ 14 ]
recuerda bien el día de la sublevación
cambiaremos las cosas aunque yo ya no esté
puedo verte vivir pendiente de la lucha
hay en todo un destello cabal de sincronía
no se acaba la noche se rompe el espejismo
como si solo hubiéramos sido un experimento
la insólita apariencia de una lluvia feliz
ven siéntate a mi lado hoy tenemos que hablar
decir es resistencia frente a la ocultación
escoge una palabra para hacerme presente
no dejes de nombrarme cuando me haya marchado
[ 15 ]
Alejandro Simón Partal
UN HOMBRE ACOGE EN SU CASA A OTRO HOMBRE
(REFUGEES WELCOME)
[ 16 ]
Concha García
En los retratos
de hace tiempo
expuestos como
mercancía
en negocios
de la avenida
más transitada
una mujer de mil novecientos
veintiocho, me mira
junto a su esposo
hierático. Ella,
perturba el salón
tras el decorado
la prueba es
que nos atravesamos
y la velocidad no resiste
un detenerse
tan cercano.
[ 17 ]
Rodrigo Olay
CANCIÓN DE DESPEDIDA
Ahora que quizá no vuelva a verte. Que duermes a dos mil trescientos tres
kilómetros al norte, en mitad de la niebla, déjame que te diga lo que nunca
te he dicho.
Ahora que el invierno, dime dónde tus pasos, en qué oscuro edificio entre la nieve
pobre tienes frío al dormirte y recuerdas tus pies entre los míos en la
noche sin puertas de un verano.
Ahora que estoy solo y sé que ya no sé estarlo, sé que no quiero estarlo, sé que ya
voy a estarlo mucho tiempo, déjame que te diga lo que nunca.
Ahora que serían siete años, ahora que tus manos y tu lengua limpiaron mi piel
enferma con su tacto dulce.
Ahora que por fin soy a escribirlo. Que si algo supe, solo fue contigo. Ahora que
quizá no vuelva a verte, déjame que te diga, y solo porque ya no vas a
oírme. Déjame que te diga.
Ahora que es la hora del silencio.
[ 18 ]
Jesús Montiel
PETUNIAS
[ 19 ]
Miguel Florián
AQUEL AROMA A EDAD INCIERTA
El corral, el estiércol,
el frío y la luz intacta, recién hecha…)
[ 20 ]
José Iniesta
TRÍPTICO DE ADEMUZ
1. SIEMPRE, TODAVÍA
2. TRAVESÍA INTERIOR
No es el sendero ahora
al entrar en el bosque,
ni los pasos perdidos en la niebla,
ni tampoco tus huellas en el polvo
borradas por los años y las lluvias.
[ 21 ]
la llama que en la noche prende viva,
la gacela abatida en los espinos
por la flecha certera
de un loco cazador.
3. DE ESPINAS Y DE ROSA
agradece a la vida
que a veces nos expulsa
la rosa de su entrega,
y el sol que no es esquivo
en los campos del alma.
[ 22 ]
Almudena Guzmán
[ 23 ]
Alicia Ramos González
TEATRO
[ 24 ]
Mercedes Roffé
19 DE MAYO
REMINISCENCIAS
[ 25 ]
Heberto de Sysmo
INVOCACIÓN
No en ti, ni en mí,
–ni en esta carne que nos viste
y no merece el arte y lo divino–
se manifiesta lo sagrado;
mi cuerpo es el altar en el que invoco
el milagro imposible,
mi sangre y mi dolor son las ofrendas
pero jamás el templo,
la vida y su enseñanza es la liturgia,
mi rito es cuanto escribo.
[ 26 ]
Xaime Martínez
LA VERDAD ES UNA HARMONY STELLA DEL 62
[ 27 ]
Un patarrealista en combustión oscura
sobre la madrugada sola de Dublín
y una guitarra que no arde
y un coro de borrachos
y un pájaro de sombra en las alturas.
[ 28 ]
José Antonio Moreno Jurado
FRINÉ
[ 29 ]
azul tan sólo
quedaba en mi retina
[ 30 ]
mas nunca la de Sócrates
cuando quedó desnuda ante ellos
erguida rosamente sin ropajes
en la asamblea
mas ahora
amor y belleza aliados los dos
confabulados digo
en un trozo de tiempo lo concreto
contra la hipocresía la sinrazón
de los siglos y siglos que siguieron y siguen
[ 31 ]
Frank Báez
MI AMIGO CAMINA HACIA EL SILENCIO
Mi amigo decidió
que no iba a escribir más
estaba sentado en el metro
en dirección a su casa
tarde en la noche
cuando se dijo
que no más
que ya no es necesario
que uno sencillamente puede
dejar de escribir y renunciar
como uno de esos árboles
que en primavera se niegan a que
sus hojas broten
y eso hizo mi amigo
decidió que no iba a escribir más
y que cuando le viniera
el impulso
lo iba a ignorar
o mejor aún
iba aprovechar esa energía
para hacer otra cosa
como caminar
y eso hizo
se puso a caminar
por Manhattan
y cuando le preguntaron
hacia dónde iba
[ 32 ]
él respondía que caminaba
hacia el silencio
y bueno el silencio no existe
el silencio es una metáfora
en un experimento John Cage demostró
que no existe el silencio
se metió en una cámara a prueba de sonido
y se dio cuenta de que en todo momento
seguimos escuchando
el latido de nuestro corazón
o la circulación de la sangre
es decir que nuestro cuerpo es lenguaje
o mejor aún que el lenguaje es vida
pero a mi amigo esto no le interesa
y sigue caminando
en busca del silencio
y pronto hundirá sus zapatos en la nieve
y avanzará como si fuese el primer
explorador que alcanza las regiones del silencio
y los copos de nieve caerán cada vez más rápido
como queriendo sepultarlo
y sus pasos en la nieve resonarán
al igual que sus versos que solo cesarán
cuando alcance el silencio
y la nieve borre una a una sus huellas y su cuerpo
y la ciudad blanca como una hoja de papel.
[ 33 ]
Candela de las Heras
EL HOGAR COMPARTIDO
[ 34 ]
Álex Chico
PAISAJE CON JOHN BERGER
Los días suceden como las páginas de un libro. Se precipitan desde la mesa hasta el
suelo. Nos aviva el recuerdo su forma de caer.
Allí delante, mientras bajamos y subimos las escaleras, el horizonte se abre como
una boca.
Ahora sólo podemos golpear la puerta para despedir a los que parten.
Nos decimos que somos breves e insignificantes. Como una foto alojada en el
bolsillo de nuestra cartera.
[ 35 ]
José Tono Martínez
CAFÉ COMERCIAL DE MADRID
[ 36 ]
Oh tú, Café Comercial, patria mía,
donde me hice mayor y posmoderno
por el módico precio de un café:
perdona que perdiera en ti la fe
y dejara de verte por antiguo,
buscando diseños y parqués
relucientes y prebendas
que por cierto, no vinieron.
[ 37 ]
Javier Vela
CAMPO DEL SUR
[ 38 ]
Rafael Adolfo Téllez
CON LAS PRIMERAS HELADAS DE INVIERNO
Ya no es joven,
pero, temprano, en la mañana,
se apoya aún en el brocal
de un pozo
de piedra carcomida.
[ 39 ]
María Alcantarilla
INVOCACIONES
[ 40 ]
Jordi Doce
5 MOVIMIENTOS
Se recuestan en los bancos de madera despintada y dejan que el sol de marzo les
acoja lentamente: el punzón vivo del aire, la cabeza en ningún sitio, los rostros
como agua clara donde no se toca fondo. Van quedando atrás la noche, los
ventisqueros del cuerpo, esos erizos de frío que hibernaron en la sangre. Cada
minuto que pasa estoy más cerca del día. Pesa el tacto de las llaves, su dibujo memorioso.
Me voy a esperar un rato.
[ 41 ]
El agua de los barrenderos, oscura y lenguaraz sobre la calle recocida. Un alivio,
una tregua en el aire. Umbría. Pensar en la palabra y sentir cómo prende en la piel,
cómo lava los ojos. La sangre es verdinegra. La sangre es clara como el agua que
sube del asfalto y prolonga la noche. Si no sabes adónde vas, cualquier camino es
bueno. Si no sabes. Una esponja contra la cara. Mangueras manirrotas, una voz que
interpela sin esperar respuesta. El santo y seña de la madrugada.
Está leyendo, recostado en la hierba. Con los pies toca el verde, la sábana de
sombra. El arco de la espalda, la mano bizca. Dónde tiene los ojos, no lo sabe.
[ 42 ]
Concha Romero
(entretejido) destejiendo
se quedó mirando
el hilo
tan de cerca
frisaba cuadrícula
nitidez esponjosa
sentir del hilo que se pierde
y desaparece
la clausura
del anclaje a este lado
deduce
de lo que quiere ser desconocido
y se sabe
textura
tacto
mano dispuesta para ver
[ 43 ]
inhalación desesperada
ansia
nada…
sufrió el espasmo
mientras la hebra desflecada
cayó
[ 44 ]
Manuel Moya
MUJER EN LA TERRAZA (RECORDANDO A JAMES TASTE)
Cuando hace sol, hasta los cables y los tejados parecen alegrarse
y más, si no muy lejos de mí, separada sólo por no más de cien metros,
una mujer tiende la ropa y yo, descansado ya de la faena diaria,
con una lata de cerveza en la mano, la observo.
Enseguida acepto que hay algo en esa mujer
que hace que mis ojos no puedan apartarse de ella.
¿Es bonita esa mujer?, te preguntas.
Supongo que sí, pero no, creo que no sabría decirlo
y no es en todo caso la razón de estar mirándola.
Quizás si me la encontrara en el Mercadona
tal vez no reparase en ella. No, no podría decir si es guapa o no,
si tiene buen o mal carácter,
pero no puedo hacer más que mirarla y mirarla,
seguir mirándola como si en vez de una mujer fuera un halcón
que con su pico y sus garras estuviera luchando contra una gran serpiente,
pero no, es una simple mujer
concentrada en sí misma, que se agacha
hasta el cestillo donde guarda las pinzas
y un segundo más tarde ante el cesto más grande,
del que saca la ropa húmeda, para luego colgarla
sobre el tendal, como si de esa sencilla operación
dependiera la suerte del mundo.
Me pregunto si esa mujer es feliz siendo quien es,
tendiendo la ropa, sabiendo que el sol secará la ropa,
y me pregunto qué es lo que podría estar pasando
justo ahora por su cabeza,
pero sea lo que sea, sería lo mismo,
[ 45 ]
porque, puestos a pensar, tal vez no piense más que en la ropa,
en que hace un buen día, en que todo huele bien,
en que ya no hay gatos por los tejados,
en que después de la lluvia de los últimos días,
la terraza vuelve a estar limpia,
o, puesto ya a imaginar,
en que a las cinco en punto ha de llamar a alguien,
y que todo para ella cambiará a partir de esa llamada,
no sé, es igual lo que ella esté pensando ahora y sin embargo...
Imaginemos que no le gusta su vida,
que esa llamada que ha de hacer
justo a las cinco le causa algo de congoja
porque no, no está segura, porque no sabe si,
porque tal vez, no sé cómo explicarlo,
pero ahí sigue, plena como un árbol cargado de naranjas,
indiferente a sí misma como las toallas que va extendiendo al sol,
mientras la miro y no puedo dejar de pensar
en ese mundo suyo que ahora se mece levemente con el viento,
que apura sus manos húmedas, a las que tal vez
alguien sueñe con acariciar...
Un galeón
se posa un instante en la terraza y se la lleva, se la va llevando
entre las nubes que, de tan blancas, parecen más bien ropa colgada del tendal,
y entonces yo me saco el pañuelo y agitándolo al sol me despido de ella
y le grito que no se olvide de mí, que por favor no me deje,
que hace un buen día, que le estoy muy agradecido
por haber estado ahí, colgando la ropa,
y que lo daría todo por ser yo el hombre que esta tarde le hiciera el amor
sobre la hierba en un jardín remoto.
[ 46 ]
Julio Martínez Mesanza
MAR SABA
[ 47 ]
José Infante
LUIS CERNUDA TE MIRA
[ 48 ]
o en la leve tiniebla del otoño, un mensaje cifrado,
el largo escalofrío que dejaba en los muros
de la casa vacía la señal inequívoca
y la mancha certera que produce su herida,
la cicatriz que deja la terca soledad.
[ 49 ]
Narciso Raffo Navarro
ORACIÓN DEL PESCADOR AMALFITANO
A C. J. W.
Amalfi, 22 de marzo de 2015
[ 50 ]
Rubén Martín Díaz
BARROCO
[ 51 ]
Javier Vicedo Alós
EN LO PROFUNDO
el mar
[ 52 ]
Antón Castro
LA VIDA SENSUAL DE LEOPOLDO POMÉS
[ 53 ]
y ellas le entregan la sinceridad suprema de la tentación,
la humedad más salobre de los sueños
y una promesa abierta a los placeres.
[ 54 ]
Carlos Peinado Elliot
Llegó el Huasaco, gasolina y diesel. Rociaron los cuerpos. Con la plancha de diesel.
Gasolina. Y el Duva y el Huasaco les prendieron de una orilla a otra. Un círculo de
piedras. En el centro de un círculo de piedras los dejamos. Entonces los chequé.
Y este del Paja los comenzó a acomodar así. Como si fueran leña pero entonces
estaban todos muertos: trajo el diesel el Terco (no recuerdo si gasolina o diesel). Y
nosotros le pusimos la leña. Pero antes. Se los echó y prendió.
Entonces le echamos ceniza para que no estuviera tan caliente. Y tierra. Pusimos
doble bolsa. Unos llevaban las palas. Y juntábamos. Era como carbón y pedacitos
tal que así de hueso. Las pepitas. Qué bárbaro, de blancas, a pesar de la tizne
relucían.
Iguala (fragmento)
[ 55 ]
Aitor Francos
FILATELIA
Claro de luna.
Hay luz sobre las alas
del ave muerta.
Abre ventanas.
Y deja que la luz
pregunte cosas.
Una lombriz.
Única confidente
del girasol.
[ 56 ]
Juan Frau
CUERPO EXTRAÑO
tú, mi astilla.
[ 57 ]
Roger Wolfe
MUNDO EN RETIRADA
[ 58 ]
[ 59 ]
Siete nuevos nombres por Carlos Iglesias Díaz en el estudio introduc-
torio. Hace referencia, asimismo, a otros autores
en la poesía española que, por diversas razones, no figuran en esta se-
lección.
VICENTE GARCÍA
Los antólogos señalan sus intenciones: seleccio-
nar a algunos poetas asturianos nacidos a partir de
Carlos Iglesias Díaz 1984 que escriban en castellano y sean suscepti-
Pablo Núñez bles de ser incluidos en una selección de alcance
Siete mundos. Selección de nueva poesía nacional. Requerían, asimismo, que los antologa-
Impronta, 2015. dos contasen con algún libro publicado.
Como epílogo del libro figura un exhaustivo
Las antologías autonómicas de poesía no suelen análisis de Pablo Núñez sobre las antologías de
tener demasiado interés. Acostumbran a incluir poesía asturiana (y las nacionales en que se inclu-
poetas buenos, malos y regulares, y a menudo pe- yen poetas del Principado), aparecidas en las úl-
can de cierto regusto provinciano. No es el caso timas décadas, mencionando los nombres de los
de la que ahora presentamos. A pesar de que los antologados de procedencia astur.
siete poetas son de origen asturiano, no sobrarían
en ninguna exigente selección de nueva poesía es-
pañola.
También suele ocurrir que en las antologías se
Nada: vida
procura cubrir un porcentaje de cuota femenina, EDUARDO MOGA
a menudo forzada, buscando en ocasiones cierta
discriminación positiva. No es así tampoco en el Moisés Galindo
caso de Siete mundos. De los siete poetas, cuatro Las formas de la nada
son mujeres, pero están ahí por derecho propio. La Isla de Siltolá, 2015.
Todas ellas tienen la misma calidad que los autores
masculinos. En Las formas de la nada, el segundo poemario
Los poetas seleccionados son Laura Casielles, de Moisés Galindo (Súria, Barcelona, 1963), tras
Alba González Sanz, Rodrigo Olay, Sara Torres, Visegrado Hotel, publicado en 2011, se articula
Diego Álvarez Miguel, Raquel F. Menéndez y un sañudo combate existencial, cuyo argumento
Xaime Martínez. Todos ellos nacidos entre 1986 es el que siempre ha sido: la contraposición entre
y 1993. la maravilla inexplicable de la vida y la certeza no
Señala Carlos Iglesias Díaz que en ellos hay una menos indescifrable de la muerte. En los poemas
relectura de la tradición literaria, a la cual se aña- generalmente breves, casi diamantinos, de Las for-
den ocasionales guiños posmodernos, referencias a mas de la nada, Galindo expresa la perplejidad que
la cultura audiovisual y una cierta voluntad lúdica le inspira el mundo y su propio alentar en él, pero
(Olay, Álvarez Miguel, Martínez). Añade que el sin abandonarse a los estragantes placeres del so-
buceo íntimo en la memoria familiar viene acom- lipsismo: sin darse a la contemplación afanosa del
pañado por una exploración de las posibilidades propio ombligo. Proclama el arrebato del amor y
simbólicas del lenguaje (González Sanz, F. Me- renueva la conmovedora súplica de Cansinos As-
néndez, Olay). Asimismo, cree Iglesias Díaz que sens, «¡Oh, Señor, que no haya tanta belleza!», o
destaca la reafirmación de la conciencia individual, la no menos emocionante confesión de Robert
la cual se manifiesta a través del autoanálisis y una Browning: «Cuando nos sentimos más seguros,
mirada introspectiva sobre el mundo (González ocurre algo, una puesta de sol, el final de un coro
Sanz, Torres, F. Menéndez); del viaje y la apertura de Eurípides, y otra vez estamos perdidos», ambas
hacia realidades ajenas (Casielles, Martínez); de felizmente recordadas por Borges. El mundo le
la solidaridad con los demás (Casielles, González ofrece al poeta sus placeres más tangibles: los del
Sanz, F. Menéndez); de la creación, en fin, de uni- cuerpo y la naturaleza; los de la caricia y el ocaso;
versos imaginarios (Torres, F. Menéndez). los del vino y la flor. Y también los de la poesía,
La obra de cada poeta es analizada en detalle que puntea Las formas de la nada, mediante ceñi-
[ 60 ]
das intertextualidades, como un arpegio sutil. A experimentar los límites de lo que realmente eres»;
menudo, las metáforas con las que Moisés Galin- se trata de «cruzar el miedo».
do presenta estos prodigios son la respiración –el Pero la virtud decisiva de Las formas de la nada
atmós: la sustancia del espíritu– y la sangre, sím- no radica en la exposición de esta ancestral dicoto-
bolo inmemorial de la vida, pero también, con mía, con ser admirable por su concisión y su hon-
su huida, con su pérdida, de la muerte. «Sé que dura, sino en cómo la resuelve. En una inacabable
respiro luz: / la sangre es porosa», escribe, sinestési- eclosión de paradojas –la principal de las cuales
camente, en «Respiro I». luce en el propio título del poemario–, Moisés Ga-
Frente a la evidencia de un yo admirado y des- lindo desnuda la paradoja central: vida y muerte
concertado por sí mismo –por su latido y su exal- son lo mismo; ser y nada se alimentan mutuamen-
tación: por su puro estar– y por el mundo que lo te; existir y desaparecer poseen una textura igual,
rodea, se alza la certidumbre de la desaparición, una naturaleza idéntica. No estamos, en rigor, ante
otra vez bifurcada: la propia y la de los demás; la una reedición del viejo «ser para la muerte» de los
de ese yo fascinado y respirante, y la de los seres estoicos y los sartrianos –aunque Galindo tiene
queridos, encaminados siempre en potencia, y mucho de estoico–: en Las formas de la nada la
muchos ya en acto, a la muerte inevitable. Pero muerte no es una realidad irrevocable que nos ate-
la muerte no es solo la extinción física: la muer- nace desde que nos asomamos a la vida, ni la tene-
te es la nada. La anulación de la materia supone brosa desembocadura del río del tiempo, sino que
algo más alto y más incomprensible: la desapari- anima la vida: el poeta vence a la nada abrazando a
ción de la conciencia. El eclipse incondicional de la nada, convirtiéndola en el centro de su regocijo
los sentidos desmantela el sentimiento y derruye y su estupor, en el fuego que caldea su hacer, en
la inteligencia, las dos caras de eso que llamamos, el motor mismo del pulso. «Intuyo la inexorable
con imprecisión manifiesta, pero con deliberado y acerada paradoja: / misteriosamente, la misma
ahínco, el yo. Y por ese sumidero se van, hasta el muerte te preserva», escribe el poeta en «Paradoja».
mar de la inexistencia, la realidad que creíamos –o Y en el poema siguiente, «Finales», remacha: «Y al
deseábamos– indestructible, los instantes que ha- final te hundirás / en las arenas movedizas de la
bíamos creído –o deseado– eternos, el asombro de nada / como si fuese el comenzar de otro latir. /
amar, y de tener nombre, y de estar aquí. Esa nada Una respiración cercana y misteriosa. / Tan pareci-
devoradora se enseñorea del título, con radiante da el amor y la belleza / de cuanto nos rodea». En
paradoja, y comparece en casi todos los poemas. esa circularidad palingenésica, que condice con un
Frente a ella se asienta el deseo –la pasión– de la ritmo sideral de creación y destrucción, y que se
supervivencia, expresado por la voluntad de estar cifra en un presente en el que todo, la plenitud y la
«a salvo», una locución que se repite obsesivamen- ausencia, resulta inextricable, Galindo encuentra
te («Todo formas de la nada,/ cambiantes; donde la forma de sobreponerse a la muerte de los otros a
continuar a salvo»), o el no menos reiterado an- los que quiere y de sí mismo, el arma para defen-
helo de estar «más allá» de las cosas y su finitud, derse de la ruptura y el dolor. El tiempo se com-
de su lacerante contingencia –un desiderátum, pacta para aunar lo presente y lo ido. Siguiendo
por otra parte, de todos los artistas: trascender lo a Quevedo y a Eliot, el poeta escribe: «Está aquí,
inmediatamente accesible y alcanzar lo que escapa ahora, siempre: / los muertos, los vivos; todo / lo
a la percepción y la evidencia, la verdad escondida que fue, es y será»; y también: «Todo está a salvo.
de las cosas–, aunque ambos empeños han de ba- / Todo lo que fue, es y será persiste»; y aún: «Por
tallar con el miedo, otro actor de esta contienda tu sangre, ilimitada, fluye / y se repite todo lo que
íntima, esto es, con el temor de abandonar las fa- fue, es y será»; y por fin: «seres / que han estado,
cilidades cotidianas, cegadoras, y adentrarse en los están y estarán siempre / a salvo». En Las formas de
espacios desconocidos de la conciencia, en otras la nada, el final es el principio y la nada, el todo.
posibilidades del yo. Se trata, pues, de vencer «esa Un matiz singular: este poemario no es solo
comodidad que nunca quisiste cambiar o destruir abstracción; es más, no es ni siquiera principal-
/ para no vivir en la intemperie ni enfrentarte a mente abstracción, pese a su espesa urdimbre me-
la verdad. / Esa forma de cobardía al confinar el ditativa. Lo visible, con su derroche de volúmenes
deseo a lo preciso, / lo correcto, lo adecuado. / Sin y colores, lo salpica a cada paso, como si la palabra
[ 61 ]
fuera solo un ojo escrito, como si la voz fuese pu- nace en mayo de 2014 con el objetivo declarado
pilar. Y también lo coloquial. Galindo no solo no de crear un espacio para «el conocimiento y dis-
se engríe en sus versos –«llaneza, muchacho, no frute de la poesía» desde una vocación de eclec-
te encumbres, que toda afectación es mala», le re- ticismo, gusto y rigor. Dirigida por los excelentes
comienda maese Pedro a su ayudante o trujimán poetas Juan Carlos Reche y Abraham Gragera, y
en el Quijote–, sino que los dota de una naturali- editada con esmero por Cuadernos del Vigía, la
dad casi doméstica, algo que se percibe sobre todo revista promueve la reflexión sobre el estado de la
en los poemas en prosa del díptico «Noviembre poesía en frentes decisivos: los poemas inéditos,
y viento» o en algunas composiciones versales la traducción, la reflexión sobre los vínculos entre
de hechuras más dilatadas, como «Medio vacía» poesía y sociedad, la reivindicación de voces he-
(que forma, a su vez, un díptico con el siguiente, terodoxas y el estudio en profundidad de un au-
«Medio llena»: a Moisés Galindo le gustan las es- tor aportando material filológico de investigación
tructuras simétricas, tan reparadoras) o la que cie- (entrevistas, correspondencia, diarios, ensayos) de
rra el volumen, fechada, como si fuese la entrada primer orden.
de un diario: «Empuriabrava, sábado 26 de julio Los versos lujosos y sensoriales de Pablo Gar-
de 2014». Por ejemplo, en «Noviembre y viento cía Baena, que han esperado nueve años desde
I», también fechado, escribe: «20 de noviembre. Los Campos Elíseos, abren de forma espléndida el
Como el veinte de noviembre del año pasado, número 2 de Años diez, correspondiente al oto-
hace un viento del carajo. Pero no es el año pasa- ño de 2015 de esta publicación semestral. En la
do, aunque pudiera serlo, si no fuese porque (…) misma sección esperan más hallazgos: el argenti-
la mirada (…) me coge de las orejas como a un no Walter Cassara, que encuentra belleza griega
niño díscolo y me devuelve al cuarto de las ratas en barrios de extrarradio; dos agudos inéditos de
de donde no debí salir». Las formas de la nada acu- María Eloy-García, que describe «el calambre de
mula una expresión minimalista, con las excepcio- fuego / del nailon puro» con su irónica metafísica
nes dichas, y un timbre depurado, esencial; tanto del supermercado; siete poemas breves del italiano
que casi podría decirse que es literatura oriental, Cesare Zavattini, más conocido como cineasta del
donde el acendramiento de la forma y la recon- neorrealismo italiano, traducidos por Juan Vicente
ciliación de los contrarios, tan poco aristotélica, Piqueras; y una selección de la poesía breve, lu-
vienen triunfando desde el Shih Ching. Moisés minosa y delicada del búlgaro Borís Jrístov, de la
Galindo ha consignado en este delicado y magní- que se encargan Juan Antonio Bernier y Liliana
fico poemario una visión restañadora del mundo Tabákora. De la mano de la poeta y especialista
y de nuestra presencia en él. Sobreponiéndose a las en lenguas eslavas Patricia Gonzalo de Jesús nos
modas y vivificando las tradiciones, ha sido capaz adentramos en una sustanciosa meditación sobre
de formular un acercamiento personal al prodigio la labor traductora que viene a recordarnos, citan-
y al absurdo de la vida, y lo ha hecho, como rezan do a Nabokov, Holub o Bernofsky, y aportando
los últimos versos del libro, «sin existir pero con ejemplos de Bishop o Brodsky, que el conflicto en-
vida. / Respirando el horizonte. Siendo / el cora- tre realidad y deseo que vive el traductor no es de-
zón mismo de la nada». masiado diferente del que se sufre en la creación.
Sobre democracia, revolución, bipartidismo
y otras «profundidades tanáticas» trata el extenso
Energía necesaria artículo de Enrique Andrés Ruiz «Una democracia
perfecta», toda una invitación al debate lírico-po-
JUAN MANUEL ROMERO lítico. Lo acompaña el trabajo de Erika Martínez
«Mujer agita los brazos», un inteligente acerca-
[Link] miento poliédrico, irónico e implacable al tema
Años diez (revista de poesía) de la identidad a través de una visión de género
Cuadernos del Vigía, 2015. muy imaginativa (no se pierdan la fantástica pieza
«Yo quería ser una mujer trabajadora») y que nos
La literatura necesita las revistas para hacerse pre- incumbe a todos: «El sujeto político del feminis-
sente con una vibración de actualidad. Años diez mo es la humanidad». La apuesta más fuerte de
[ 62 ]
la revista se encuentra desde luego en su Dossier, general teniendo menos proyección que sus com-
sección en la que, como se hizo en los números pañeros). Y he insistido en que se trata de la poesía
anteriores con Gerardo Diego y Denise Levertov, en español, y no únicamente de la poesía española,
un importante número de especialistas y poetas para dejar claro el amplio alcance de la escritura de
estudian la vida y obra de Carlos Martínez Rivas, Ángeles, elogiado por críticos tan finos y lúcidos
un gran poeta menor del que sólo conocíamos como Luis Muñoz, Juan Carlos Rodríguez, Fran-
en España La insurrección solitaria y Varia (Visor, cisco Díaz de Castro, Miguel Ángel García o Sha-
1997), con prólogo de Luis Antonio de Villena. ron Keefe Ugalde. Su último libro, Ficciones para
Epistolario inédito, entrevistas, fragmentos de su una autobiografía (Bartleby, 2015), nos regala una
diario, material fotográfico y una selección de su fiesta de la emoción y la inteligencia.
poemario Allegro irato, contribuyen a completar el Hay que señalar la capacidad sobresaliente que
perfil del «poeta nicaragüense más importante del posee Ángeles Mora de crear un mundo poéti-
siglo XX tras Rubén Darío», un autor que aún no co propio, reconocible pero renovado con cada
ha alcanzado quizá «a nivel internacional el lugar libro, capacidad que constituye la marca de los
prominente que le corresponde». grandes poetas, y que se entreteje con un diálogo
Frente a los que pretenden mostrar la poesía muy productivo con la tradición (identificamos
como un territorio redundante y cerrado, Años en Ficciones para una autobiografía las huellas, ex-
diez se empeña en ser una guía de constantes des- plícitas o implícitas de Szymborska, Castellanos,
cubrimientos. A ello contribuyen, además de lo Dickinson, Cortázar, William Carlos Williams,
ya señalado, la sección Rara avis, donde Martín John Donne, Juan Ramón Jiménez, Anne Perry,
López-Vega presenta a las poetas brasileñas Cecília Fitzgerald, Ana María Matute, Jaime Gil de Bied-
Meireles y Adélia Prado. Y la entrevista a la poeta ma, Jane Austen, Góngora o Quevedo). En su
Alice Oswald, de la que conocíamos su magnífi- artículo «Los espacios del tiempo en poesía (Notas
co Bosques, etc. (Pre-Textos, 2013), traducida por para una aproximación a la lectura poética)» Juan
Christian Law Palacín, en la que se vislumbran Carlos Rodríguez establece magistralmente los
algunos de los asuntos que preocupan a la poesía núcleos básicos del libro: «la detención del tiempo
foránea más brillante, y que también llegan a no- en la escritura», «extraer o atrapar alguna verdad
sotros. Con este nuevo número, la joven Años diez oculta tras la aparente máscara de la ficción poéti-
sigue cumpliendo, en hermosas páginas de papel ca», la ironía y el distanciamiento, subrayando asi-
(y con prometidos contenidos online), su cometi- mismo la perspectiva feminista de varios poemas.
do: que la poesía siga viva con su plural esplendor El libro se abre con dos magníficos poemas-pró-
y su energía necesaria. logo: «A destiempo», que marca «el desajuste»
como signo temporal y vital de la protagonista
poética («En aquel desajuste / -todo un presagio- /
La verdadera ligereza he vivido por siempre») y «Retazos», que desarrolla
una meditación muy sutil acerca de lo no escrito,
IOANA GRUIA de los trozos de vida que escapan de la ordenación
en un poema: «¿Dónde esperas, olvido, / roto hilo
Ángeles Mora del poema / que nunca escribiré?». Si cualquier
Ficciones para una autobiografía autobiografía tiene un componente de ficción, ya
Bartleby Editores, 2015. que al contarnos nos (re)inventamos, estas Ficcio-
nes para una autobiografía (extraordinario título)
Ángeles Mora es uno de los mejores y más impor- apuntan a una doble verdad: los poemas son «fic-
tantes nombres de la poesía contemporánea en ciones», artefactos elaborados, y estas «ficciones»
español. He escogido deliberadamente «nombre», acaban por construir tanto al «yo» poético femeni-
ya que podría haber dicho que es una de las me- no, como a su otra que habita en su cuerpo como
jores y más importantes poetas contemporáneas sombra a la vez cercana e imposible de atrapar. La
en español, pero quería subrayar que su escritu- primera parte, «¿Quién anda aquí?», se abre con
ra destaca no sólo entre las poetas (que a pesar el poema homónino, que recuerda –y no sólo en
de algunos reconocimientos y premios siguen en el título– el fascinante mundo de Cortázar y sus
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dobles: «¿Quién vive aquí conmigo, / pero sin mí, dado en el aire, sin atrapar, y sólo puede aparecer
/ igual que si una sombra me habitara, / de mu- en el poema: «me duele aquel instante eterno / que
jer a mujer / sin que pueda tocarla, / llenando de no se fija ni se va, / aquel momento nuestro para
preguntas / mis largas noches sin respuestas?». La siempre». La cuarta parte del libro se titula preci-
interpelación acerca de la subjetividad femenina, samente «Los instantes del tiempo » y entreteje la
una constante en el libro, se entrecruza con una meditación sobre el paso del tiempo con el efecto
perspectiva feminista muy bien plasmada poética- óptico, temporal y emocional de la fantasiosa luz
mente e inserta en una atmósfera magistral, con re- de la memoria. Así, en «Con luz propia», leemos:
sonancias de Faulkner, Sylvia Plath y Alice Munro. «La memoria reserva llaves escondidas, / enciende
Actos cotidianos se contemplan desde una lente luces que ya no sirven / más que para doler». La
distanciadora, bañada en luz o agazapada oblicua- última parte de Ficciones para una autobiografía,
mente en la penumbra. En este sentido podemos «El cuarto de afuera», construye poéticamente la
nombrar «Planchando las camisas del invierno», emoción de la infancia, que se configura en «Ve-
«Noche y día» o «La soledad del ama de casa». En ranos» como espacio donde aprender el vértigo de
este último poema encontramos una espléndida la vida: «Siempre busqué el valor en los brazos del
reflexión sobre la culpa («Como esa mancha que miedo» y evoca en «Al aire libre» el cine de vera-
no sale del vestido / la culpa se aloja en la concien- no con el memorable plano de Gary Cooper en
cia»), la soledad o la sensación de tristeza y vacío al Solo ante el peligro. El último poema, «El cuarto de
acecho en los objetos cotidianos que se convierten afuera (relato en blanco y negro)», es una poderosa
en una prisión: «Huecos tristes ante una misma, / y conmovedora evocación de la imagen del padre,
estirando la ropa que no planchas / o tapando las médico rural, dolido por la miseria, la enfermedad
camas que no haces». De manera muy inteligente, y la humillación de los vencidos de la posguerra
la perspectiva feminista sigue en la segunda parte y esperando un futuro mejor para sus hijos: «éra-
del libro, «Emboscadas» (título muy apropiado, ya mos los niños,/ parecíamos el futuro / en tus ojos
que desde «el origen» y «el pecado» evocados en cansados».
«Ella» a la mujer se le han tendido emboscadas pa- Ficciones para una autobiografía es un libro es-
triarcales). Los «lugares de escritura» que aparecen pléndido, cuya lectura nos muestra que la poesía
en el poema homónimo son de nuevo situaciones de Ángeles Mora posee las nada frecuentes cua-
cotidianas en apariencia banales como el lavado de lidades de una cuidadísima construcción de la
los platos, durante las que se activan sin embargo emoción y de una muy sólida ligereza. La verda-
sensaciones que pasarán a ser material poético y dera ligereza, una de las dimensiones destacadas
reflexiones sobre el carácter de (re)invención de la por Calvino, es algo extremadamente difícil de
memoria : «el recuerdo inoportuno, / mas bellísi- conseguir, igual que la verdadera claridad, siempre
mo acaso, / de algo que no ocurrió tal vez como compleja, elaborada y epidérmica. Tiene que ver
creemos». La tercera parte, «Palabras nuestras», ce- con la corporalidad del vuelo, y es la marca de los
lebra la unión epidérmica entre el amor y la poesía, auténticos poetas.
atravesada por el paso del tiempo en el celebratorio
«Cumpliendo años», que recuerda «El aniversario»
de John Donne y el «Vals de aniversario» de Jaime Viendo crecer la hierba
Gil de Biedma: «El tiempo somos tú y yo que ca-
minamos juntos / por esa línea frágil de la vida». ANTONIO LAFARQUE
También aprendemos, en «In the Windmills of
Your Mind (O el hilo de una historia)» (que toma Rafael Espejo
prestado el título de la canción de Noel Harrison), Hierba en los tejados
que «existe un destino que sólo se conquista», Pre-Textos, 2015.
como la libertad: «Un espacio de sueño y desafío /
para escribir lo nuevo». El extraordinario poema Seis años separan Nos han dejado solos, la anterior
«El hueco de lo vivido» reflexiona sobre la tensión entrega de Rafael Espejo, de Hierba en los tejados.
entre la mirada y el tiempo, para rescatar el instan- Aunque en abstracto nada indica, la cifra apun-
te fuera de la fotografía, el instante que se ha que- ta a un escritor de bodega, podríamos decir, y no
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porque su segundo libro lleve por título El vino lectura de la conciencia a modo de memoria tam-
de los amantes sino porque su tempo es de pro- poco satisface las expectativas porque se pierde el
ceder silencioso, interiorizado, decantado al ritmo rumbo de la escritura: «Un subconsciente arcano
de «la gota que se suelta / de su estalactita» («Que me reescribe, / me modifica a antojo, / como si
alguien se lo diga»). Seis años es el tiempo de en- fuese suyo». Si la conciencia es inoperante queda-
vejecimiento mínimo exigido a un caldo para lucir ría apelar a la razón, pero esta se revela enemiga de
la etiqueta de gran reserva, si previamente la cose- la poesía: «me bruma la razón / con su gruñido
cha tuvo calidad. Y las añadas de Rafael Espejo la de animal oscuro / [...] / desarmando el instante
tienen. / del poema».
Decía Walter Benjamin, a propósito del París Por tanto, ante la tornadiza realidad a la mirada
de Haussmann y Baudelaire, que «el hogar del flâ- solo le cabe cumplir con su función primordial:
neur es el bulevar». La cita conserva la vigencia his- observar. Los versos finales de «Tras la cortina de
tórica, pero ha perdido frescura porque la ciudad árboles» apuestan por no perder detalle: «ver desde
no es ya referente mítico de los poetas españoles de la ventana / cómo despacio, / muy despacio / el
la última promoción consolidada. Rafael Espejo paisaje se mueve». Parece que estemos viendo, fo-
prefiere contemplar la naturaleza a pasear por los tograma a fotograma, una película rodada con cá-
espacios metropolitanos, un signo común a otros mara de alta velocidad y lentes orbitales que enfo-
compañeros de viaje, casos de Josep M. Rodrí- ca con similar nitidez una piedra o una nube, y es
guez, Juan Manuel Romero y Juan Antonio Ber- capaz de trazar una panorámica desde la infancia
nier cuyos últimos libros se gestaron durante más («Un fósil de alta infancia») hasta el futuro («Semi-
tiempo al calor de los rayos del sol que bajo la luz lla de diente de león II. Un gran viaje»), sin dejar
de una lámpara de escritorio. Son fototrópicos, al atrás el presente («En su azotea»). Todo se contem-
igual que los girasoles. No se trata de arrinconar el pla para ser celebrado («Me suspendo admirando
medio urbano, que nos inculcó «vagas / nociones / cómo la vida es», «Me deleito mirando»). Hasta
de belleza imposibles de extirpar» dice Abraham la muerte se piensa como acto perfecto y suma de
Gragera, sino de buscar espacios libres de conta- amores perdidos, y una calavera es «un teatro va-
minación. El flâneur se ha transformado, dicho sea cío» en el que resuenan los amortiguados ecos de
sin ironía ni doble sentido, en voyeur del entorno una vida («Hipótesis»).
natural. Las metáforas que sobrevolaron edificios, Varios poemas de Hierba en los tejados me pa-
pasajes, aceras y bajos fondos anidan ahora en el recen fundamentales para entender el uso del len-
agua, las estrellas, los animales y los bosques. guaje por Rafael Espejo. En «Fábula de mis ojos»
Hierba en los tejados tiene mucho que ver con cuenta la evolución del órgano de la vista y la difi-
las conexiones entre la mirada y su hijo literario, cultad para interpretar la información que llega a
el lenguaje. La mirada debe proveerse de recursos los ojos («la rareza / de ver lo que es visible»), un
eficaces y fiables para aprehender la realidad, con- proceso analógico que conduce al callejón sin sali-
tradictoria por vocación y en evolución continua da de la metáfora y la analogía: «¿Qué puedo hacer
sin que el poeta, desorientado, sepa hacia dónde: entonces / [...] / si al mirar unos pechos / los com-
«¿Qué me enseña vivir / si todo muda?». Recurrir a paro con pomas maduradas / bajo una nube fér-
la conciencia es orientarse con una brújula desnor- til...?». En otro texto transfigura la imagen de un
tada, puede resultar incluso nocivo: «la conciencia, escarabajo pelotero arrastrando su bola de estiér-
ese envenenamiento». Entendida como conoci- col en la de un ciclista en plena escalada: «Quiero
miento espontáneo, la conciencia no va más allá decir: me cuesta / ver al escarabajo» («Fábula del
del ahora, del instante placentero válido quizás escarabajo»). Si aún quedan dudas, leemos en «Un
para la experiencia amorosa («A qué quererla más ramo de raíces»: «Idealizamos lo que el ojo ve». El
/ pudiendo amarla a poco, espontáneo / como el énfasis recae en «idealizar», que funciona como si-
presente»). En su significado ético o moral se acer- nónimo de «poetizar», es decir, Rafael Espejo utili-
ca peligrosamente a la autobiografía, una pesada za el lenguaje para lavar la realidad. Y así lo quiere
mochila con la que Rafael Espejo no quiere cargar, por amor a la poesía, por «restaurar / el mundo»,
y al juicio crítico de lo ajeno, ejercicio descartado porque «no puede ser mentira lo que asombra».
en los presupuestos literarios del autor. Una tercera Creo que ha dictado una magistral clase de táctica
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y estrategia para vencer, lo decía Brodsky, la resis- gaje cultural con actitud crítica hacia una realidad
tencia que la poesía ofrece al lenguaje. adversa y maniquea.
Quienes quieran transitar su camino tendrán Uno de los grandes atractivos del poemario lo
que hacer parada y fonda en este libro porque encontramos en su contraportada, donde pode-
contiene piezas imprescindibles para entender su mos leer dos breves comentarios sobre el mismo
sistema poético. Hablo de «Una roca varada», de firmados por dos grandes poetas: Luis Alberto de
«Génesis», del confesional «No tengo casa» con Cuenca y Antonio Colinas, poetas culturalistas
sus «nostalgias expansivas» y su ruego, a la sombra que con sus sabias palabras enmarcan la obra en
iluminadora de Juan Ramón Jiménez, de conec- un renovado contexto cultural donde José María
tar con «el alma / secreta de las cosas» porque el Jurado destaca con luz propia, heredero de aque-
lenguaje se queda corto ante el espectáculo de una llos en cuanto a intereses y referencias pero entera-
noche estrellada. mente actual en la pluralidad de temas que trata.
Hierba en los tejados huele a tierra mojada tras la Una cita de la Eneida de Virgilio acompaña la
lluvia: la felicidad del amor pleno, la mirada limpia dedicatoria a la memoria del padre del autor, que
sobre lo cotidiano, los recuerdos de una infancia clausura el libro con una fotografía donde aparece
dichosa... Pero la hierba lignifica, madura que es éste alzando con amor al hijo recién nacido, y es
lo importante. Los humildes brotes que emergen que una aureola de ternura rodea un libro que es
en el poema de apertura acaban por convertirse una delicadeza en sí mismo.
en los robustos árboles que dialogan con el poeta El poemario se nos presenta sin división inter-
en el texto de cierre. Han madurado al ritmo que na en partes, como un continuum de poemas de
lo ha hecho su autor, sin lugar a dudas uno de los ritmo imparisílabo, con predominio del endecasí-
poetas indiscutibles. labo y el alejandrino. En el poema inaugural, que
titula el libro, el autor establece un símil magistral
entre el sueño de la metamorfosis de los gusanos
Neoculturalismo en su caja de cartón y el sueño eterno al que el
y metamorfosis hombre está abocado. En «Águilas, 14» el nombre
de una calle de Sevilla le devuelve a la casa mater-
GREGORIO MUELAS BERMÚDEZ na, por donde desfilaron las águilas de Roma, y
antes los fenicios, y ahora el recuerdo emocionado
José María Jurado García-Posada de la última «tarde clara de verano».
Gusanos de seda Como digno continuador de la estética cul-
JMJ, Badajoz, 2016. turalista, José María Jurado despliega un amplio
abanico de referencias culturales: literarias, como
El poeta sevillano José María Jurado García-Posa- Thomas Mann y sus Buddenbrooks en «Última
da publica su quinto poemario, Gusanos de seda, Navidad en la Mengstrabe»; pictóricas, como
en una bella edición del autor. Tanto el título Diego Velázquez en «Pavana para una infanta
como la ilustración y el diseño de la portada, dos difunta», o Juan Sánchez Cotán en el bellísimo
gusanos sobre un fondo que imita la textura y el soneto «Bodegón», que recrea una de sus célebres
color de la seda, obra de Pámpano Vaca, son muy naturalezas muertas. También grandes poetas son
sugerentes y albergan, como si de un capullo se objeto de homenaje: Fernando Pessoa en «Lisboa
tratara, treinta y tres poemas de delicada factura y antiga», y Antonio Colinas en «Giacomo Casa-
honda materia. nova lee Sepulcro en Tarquinia en la biblioteca del
José María Jurado ha enviado a imprenta La Conde de Waldstein, en Bohemia». El cine es otro
memoria frágil (Diputación de Cáceres, 2009), de los temas que animan al poeta a tomar la pluma
Plaza de toros (Isla de Siltolá, 2010), Tablero de con fervor e ingenio; es el caso de La dolce vita en
sueños (Isla de Siltolá, 2011) y Una copa de Haen- el felliniano poema homónimo, o en el leoniano
del (Isla de Siltolá, 2013), cuatro poemarios en los «Spaghetti Western». Otros temas e intereses tam-
que ha templado su pluma y madurado su voz bién encuentran acomodo en sus versos, como la
hasta culminar en el libro que nos ocupa, un volu- música: de Robert Schumann en «Un piano en el
men donde el autor ha depositado su amplio ba- Rhin»; de The Beatles en «Let it be», donde reme-
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mora la historia de la mítica banda de Liverpool al una vez no puede olvidarla más». La ciudad de la
son de uno de sus grandes éxitos; o del minima- memoria. Porque todo el libro en sí es una ciudad
lista estonio Arvo Pärt en «Spiegel im Spiegel». Y y un recuerdo, tiempo y lugar plurales, en los que
la filosofía en «Heideggeriana», donde reflexiona transitan figuras, fantasmas, como en Zora, que
sobre el ser como un viento al que suplica: «Tú se suceden a la manera de una partitura musical
que agitas las copas de los árboles/ sacude nuestra «donde no se puede cambiar ni desplazar ni una
angustia al filo de la muerte/ y extiende nuestro nota». Y ya sabemos que en la obra de Álvaro Sal-
tiempo más allá del abismo». vador siempre suena una música (no en vano titu-
Pero si hay un espacio mítico es Roma. La ló así su antología), en este caso al ritmo de Vallejo,
Ciudad Eterna parece condensar las aspiraciones Neruda, Siles, Teiller, por supuesto Machado, Lor-
del poeta, cuyos pasos se ahondan en algunos lu- ca, Ángel González, para entonar, con voz propia,
gares emblemáticos, como el «antiguo estadio de un tango rabioso y desgarrado, un «cantar lo que
Domiciano» en «Luna llena en Piazza Navona», se pierde», un hacer presente la ausencia de hoy
la Fontana de Trevi en «La dolce vita», y el barrio y el vacío del mañana, las marcas del sufrimiento
de Trastevere en «Instagram». José María Jurado que, como decía Fitzgerald en Suave es la noche,
es un poeta cosmopolita y culto, que borda con deben compararse a la pérdida de visión en un ojo,
primor las palabras, que teje con hilos de oro, y como sucede en el poema «Denuesto de la som-
su andadura le lleva por remotos derroteros his- bra». Puede que en algún momento no notemos
tóricos y geográficos en un curso personal y único que nos falta algo, pero el resto del tiempo, aun-
hasta desembocar en el emocionante poema epí- que lo echemos de menos, nada podemos hacer.
logo «Entre dos fotografías», la que figura en la Excepto escribirlo en verso, con un lenguaje exac-
anteportada, que retrata al autor en Via Veneto, to, comprometido y crudo, como el que practica
y la que citamos anteriormente, entre ambas me- Álvaro Salvador : «Cuando cierro los ojos / todavía
dian cuarenta años y se inserta el poemario, aquí veo la sombra». Esto es: vemos huellas, rastros,
la memoria del padre alcanza su punto álgido, y el ecos, itinerarios de invisibilidad.
tono elegíaco, que domina todo el libro, su fin y La segunda vez que lo leí entendí que las seis
su principio: «Son sagrados los restos de la vida / partes que articulan el poemario: La canción de
y aunque nada hay de ti en esta urna, / pues gozas la tierra / Fragmentos de Nueva York / Remordi-
de la gloria de los justos, / yo la levanto al sol y digo miento / Una mujer espera en el andén / El libro
padre, / padre mío que estás en los cielos / ahora y de las artimañas y Jubileo son variaciones de un
en la hora de mi muerte.» mismo tema: humo y humus. El fumus del tabaco
aparece en todos sus sentidos: lo efímero (en «Im-
probable discurso a los jóvenes), la suspensión (en
Del humo al humus «Canción rara»), lo inaprensible (en «Sierpe»), lo
irreal onírico (en «La edad de los sueños»), la bohe-
ANA GALLEGO CUIÑAS mia artística (en «Manhattan Poetry»), el beso de
fuego –como dijo Mallarmé– de un cigarrillo en
Álvaro Salvador los labios o de un amor en llamas (en «El Vedado»
Fumando con mis muertos. o en «Leo House»). Y es que el tabaco, como todos
Fundación José Manuel Lara, 2015. los vicios y las bajas pasiones, está especialmente
ligado a la vida, aunque parezca lo contrario, por-
De entrada he de advertir a los lectores de que el que ese veneno dulce invoca en cada bocanada de
último libro de Álvaro Salvador se les va a enredar aire a la muerte. Los ocho centímetros de un ciga-
en las manos como una hiedra, de esas que crecen rrillo transforman la respiración ennegrecida, la vi-
voraces en los gastados muros de la memoria para sión vaporosa, el tacto amarillento, el sabor alqui-
atrapar esquirlas de nuestro pasado. Me explico: tranado en una resta existencial. La vida para los
la primera vez que lo leí me recordó a las enso- fumadores no es una caja de bombones, sino un
ñaciones sinuosas, fascinantes y temibles, de las paquete de tabaco. Otra vida: es decir, otra muer-
ciudades invisibles de Italo Calvino. En concreto te. Tal vez por ello muchos escritores han sido, y
pensé en Zora, «la ciudad que quien la ha visto todavía son algunos, grandes fumadores: por la
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tensión que evidencia el oficio literario con el so-
brevivir. Cuando se escribe no se vive. O se vive de
«otra manera». Cuando se fuma, no se vive. O se
muere de otra manera. Basta pensar en Baudelaire,
Gide, Cortázar, Neruda, Faulkner, Herta Müller,
Onetti, Ribeyro, Eielson, Cabrera Infante; todos
grandes fumadores que además han escrito sobre
el arte de fumar y las noches oscuras del alma. To-
dos han sido de algún modo «asesinos tímidos»,
como diría Pavese. O resucitadores –resucitados,
incluso– audaces, como nuestro autor: «A veces
sueño que de nuevo fumo / y entre el humo olo-
roso de mi vida pasada / los muertos de mi muerte
me visitan, / me hablan, me recuerdan.»
Ciertamente Álvaro Salvador se suma a esta
genealogía con Fumando con mis muertos, que es
uno de los mejores poemas de su generación. No
tengo la menor duda: el juego de falsos opuestos
al que se avienen las imágenes que proyectan sus
versos nos llevan del humo al humus, de la vida al
sueño eterno, mediante una palabra artesana, se-
rena pero severa, fruto de una dilatada experiencia
poética y vital. El humus, nerudianamente, reside
en la tierra (como en «La canción de la tierra»),
en la naturaleza viva (como en «La sustancia del
tiempo» o «El linaje de los mirlos») o en la muerte
(como en «Fumando con mis muertos», «Cuando
se avecina el frío», «8 de marzo» o «Elegía 2014»).
Es claro, nos habebit humus: nos recibirá la tierra.
Porque desde el principio, la existencia –la litera-
tura– es eso: un resto de experiencia, humus de la
memoria. Así ese humo de lo que fue se respira
en cada página de este libro de Álvaro Salvador,
que cualquier amante de la vida habría de leer, de
fumarse, para recordar con «jubileo» que, como
decía Borges, sólo se pierde lo que no se ha teni-
do. Y estas ganancias que nos regala Salvador son
muchas y muy buenas: humos de muchos fuegos.
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MARÍA ALCANTARILLA (Sevilla, 1983) obtuvo con El agua de tu sombra el I Premio de Poesía
Multimedia Poemad. Ha expuesto en varias galerías sus poemas fotográficos. En 2014 publicó Ella:
invierno. • DIEGO ÁLVAREZ MIGUEL (Oviedo, 1990) es cofundador del Patarrealismo Salvaje.
Ha obtenido diferentes premios de narrativa y poesía, el último de los cuales es el Hiperión por
Hidratante Olivia (2015). • FRANK BÁEZ (Santo Domingo, 1978) es autor del poemario Posta-
les. Recientemente la editora Jai Alai Books publicó una antología en inglés de su poesía titulada
Last night I dreamt I was a DJ. • ANTÓN CASTRO, Premio Nacional de Periodismo Cultural
2013, dirige el suplemento Artes y Letras de Heraldo de Aragón. En Versión original (2013) reunió
una antología de sus versos. El poema aquí publicado se incluye en un poemario de inminente
aparición. • ALEX CHICO (Plasencia, 1980) es autor de La tristeza del eco (2008), Dimensión de
la frontera (2011), Un lugar para nadie (2013) y Habitación en W (2014). • JOSÉ MARÍA
CUMBREÑO (Cáceres, 1972) ha publicado, entre otros, los poemarios Árbol sin sombra (2003,
Premio Ciudad de Badajoz), Diccionario de dudas (2009), Breve biografía apócrifa de Walt Disney
(2009, Premio Alegría/José Hierro) y Made in China (2013). Acaba de publicar Contar. • JORDI
DOCE (Gijón, 1967) es editor, traductor literario, ensayista y poeta con una amplia y reconocida
obra, antologada en Nada se pierde. Poemas escogidos (2015). En Don de lenguas, del mismo año,
ofrecía entrevistas con poetas como Seamus Heaney o Adam Zagajewski. • MIGUEL FLORIÁN,
aunque toledano de 1953, vivió y estudió en Madrid y adesde hace años reside en Sevilla. Ha
publicado, entre otros, los libros Anteo (1994), Los días y los pájaros (1996) Gilgamesh (2006) y
Eleusis (2012). • AITOR FRANCOS (Bilbao, 1986) ha publicado Igloo (premio Surcos, 2011) y
Un lugar en el que nunca he escrito (2013). De 2015 es Las dimensiones del teatro. • JUAN FRAU es
autor de Travesías, Premio Certamen Literario Universidad de Sevilla, donde es profesor de Teoría
de la Literatura. Ha traducido a Sheridan Le Fanu y a Samuel Daniel. • ANA GALLEGO CUIÑAS
(Marbella, 1987) es profesora de la Universidad de Granada y vicedecana de Actividades Culturales
Investigación de su facultad de Filosofía y Letras. Es coautora, con Ángel Esteban de la antología de
poesía hispanoamericana Juegos de manos. • CONCHA GARCÍA (La Rambla, Córdoba, 1956)
reside en Barcelona, ciudad donde estudió, tras haber sido profesora en diferentes universidades
extranjeras. Entre sus libros se encuentran Ayer y calles (Premio Gil de Biedma, 1995) o Acontecimiento
(2008). • VICENTE GARCÍA (Gijón, 1971) ha publicado el cuaderno Ficciones (1993) y los
libros de poemas De ayer a hoy (1996) y Días de tormenta (1999), reunidos en el volumen Ahora
(2009). • IOANA GRUIA (Bucarest, 1978) ha obtenido recientemente los premios Emilio Alarcos
de poesía y Tiflos de novela con Carrusel y El expediente Albertina, respectivamente. • FRANCISCO
J. GUERRERO (Córdoba, 1976) es autor de varios títulos de relatos y de los libros de poemas
Cuaderno de ruta (2013) y Anatomía del tornado (2015). • ALMUDENA GUZMÁN (Madrid,
1964) es la muy galardonada autora de Usted (1986), El príncipe rojo (2006) y Zonas comunes
(2011). • CANDELA DE LAS HERAS es alicantina de 1994 pero residente en Asturias. Con La
senda recorrida (2015) ganó el premio de Poesía de la Universidad de Oviedo. • JOSÉ INFANTE
(Málaga, 1946) es autor de numerosos libros de poemas, el más reciente de los cuales es La libertad
del desengaño (2013). • JOSÉ INIESTA (Valencia, 1962) es autor de poemarios como Del tiempo
y sus castigos (1985) o Y tu vida de golpe (2013). Acaba de publicar, en 2016, Las razones del viento.
• ANTONIO LAFARQUE es editor literario de Litoral. Ha editado Al fin y al Cabo. Fotografía y
poesía en el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar (2009), Ángeles errantes. Las nubes en el cielo poético
español (2013) y, junto a José Andújar Almansa, El guardián del fin de los desiertos. Perspectivas sobre
Valente (2011). • JUAN LAMILLAR (Sevilla, 1957) ha publicado una selección de sus libros de
poesía aparecidos entre 1982 y 2009 en Entretiempo (2015). El mismo año ha visto la luz Las formas
del regreso. • XAIME MARTÍNEZ (Oviedo, 1993), músico y letrista, es uno de los fundadores del
Patarrealismo Salvaje. Ha ganado el premio de Poesía Joven Antonio Carvajal con Fuego cruzado
(2014). • JOSÉ TONO MARTÍNEZ es escritor y gestor cultural. Dirigió la revista La Luna de
Madrid. En poesía ha publicado, entre otros títulos, El que hiere de lejos (2015). • RUBÉN
MARTÍN DÍAZ (Albacete, 1980) es premio Adonáis y premio Ojo Crítico de RNE por su libro
El minuto interior (2009). Títulos suyos posteriores son El mirador de piedra (2012), Arquitectura o
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sueño (2015) y Fracturas (2016). • JULIO MARTÍNEZ MESANZA (Madrid, 1955) es autor de
Europa (ampliado en sucesivas ediciones, la última en 1990). Ha sido director del Instituto
Cervantes en varias ciudades y ahora lo es en Estocolmo. Soy en mayo (2007) antologa su obra
poética. • EDUARDO MOGA (Barcelona, 1962) ganó el Premio Adonáis en 1995 con La luz
oída. En 2014 publicó El corazón, la nada. Antología poética (1994-2014). Después, ese mismo año,
Dices. Su más reciente traducción es Hojas de hierba, de Whitman. • JESÚS MONTIEL (Granada,
1984) ha publicado Placer adánico (2012) e Insectario (2013). Acaba de ganar el premio Hiperión
con Memoria del pájaro, del cual el poema «Petunias» es un adelanto. • JOSÉ ANTONIO
MORENO JURADO ganó el premio Adonáis en 1973 con Ditirambos para mi propia burla y el
Juan Ramón Jiménez con Bajar a la memoria (1985). Ha traducido a numerosos autores griegos. •
ELÍAS MORO es autor de libros como Casi humanos (2001), Me acuerdo (2009), El juego de la
taba (2010) o Manga por hombro (2013). Recientemente ha publicado aforismos en Morerías. •
MANUEL MOYA (1960) reside en su natal Fuenteheridos (Huelva). Sus libros de poesía más
recientes son Salida de emergencia (2014) y El corazón de la serpiente (2016). Ha vertido la poesía y
los cuentos de Pessoa, entre otros títulos. • GREGORIO MUELAS BERMÚDEZ (Sagunto,
Valencia, 1977), poeta y crítico literario, es autor de Un fragmento de eternidad (2014) y coautor
con Heberto de Sysmo de La soledad encendida (2015). • RODRIGO OLAY (Noreña, 1989) es
autor de Cerrar los ojos para verte (premios Asturias Joven y de la Crítica de Asturias, 2011) y La
víspera (2014). • NARCISO RAFFO NAVARRO es estudiante del último curso del grado de
Antropología Social y Cultural en la Universidad de Sevilla. Es autor de Implosión de la memoria
(2015). • CARLOS PEINADO ELLIOT, profesor de la Universidad de Sevilla, es autor, junto a
varios ensayos, del libro de poemas La herrumbre herida (2011). • ALICIA RAMOS GONZÁLEZ
ha realizado el Curso de Extensión Universitaria de la Universidad de Sevilla y ha colaborado en
revistas. • MERCEDES ROFFÉ (Buenos Aires, 1954) reside desde 1995 en Nueva York, donde es
profesora y editora. En 2012 ha publicado La ópera fantasma, y en 2014 Carcaj: Vislumbres. •
CONCHA ROMERO realizó el Máster de Literatura Creativa de la Universidad de Sevilla en
2013 y coordina recitales poéticos en una librería de la capital hispalense. • JUAN MANUEL
ROMERO (Sevilla, 1974) ha publicado siete libros de poemas, algunos de los cuales han sido
merecedores de premios como el Surcos, el Poesía Joven Radio 3, o el Emilio Prados. De 2014 es
Desaparecer. • MARÍA RUIZ OCAÑA (Sevilla, 1963) ha publicado en revistas y fue incluida en la
antología Tres poetas sevillanos (2012). • ALBERTO SANTAMARÍA (Torrelavega, 1976) es autor
de, entre otros, los libros de poesía El orden del mundo (2003), El hombre que salió de la tarta (2004),
Pequeños círculos (2009) y Yo, chatarra, etcétera (2015). Entre sus ensayos está El poema envenenado.
Tentativas sobre estética y poética (2008). • ALEJANDRO SIMÓN PARTAL (Estepona, 1983) ha
publicado El guiño de la chatarra (2010), Nódulo Noir (2012) y Los himnos abdominales (2015) •
HEBERTO DE SYSMO es el seudónimo de José Antonio Olmedo López-Amor (Valencia,
1977). Escritor y poeta, crítico literario y cinematográfico, ensayista, cronista, articulista y
divulgador científico. • RAFAEL ADOLFO TÉLLEZ (1957) reunió su poesía completa en Los
pasos lejanos (2007) y después ha publicado Los cantos de Joseph Uber. Está a punto de aparecer una
antología de su obra en Renacimiento. • JAVIER VELA (Madrid, 1981) ganó con La hora del
crepúsculo (2004) el premio Adonáis y con Hotel Origen el premio Emilio Prados. El poema aquí
recogido pertenece a un libro de próxima aparición en la colección Vandalia. • JAVIER VICEDO
ALÓS (Castellón, 1985) es autor de La última distancia y de Ventanas a ninguna parte (Premio de
Poesía Joven RNE). En 2015 ha aparecido Fidelidad de una sombra. • LUIS VICENTE DE AGUI-
NAGA (1971) es un poeta y ensayista mexicano natural de Guadalajara, donde enseña y reside. Ha
obtenido los premios de poesía Efraín Huerta y de Aguascalientes. • LUIS ANTONIO DE
VILLENA es autor de obra extensa en diferentes géneros. Como poeta ha recibido varios premios
importantes, como el Generación del 27. En Cuerpos, teorías, deseos (2014) ha seleccionado una
muestra de su poesía desde 1971. • ROGER WOLFE, aunque inglés de 1962, es un narrador y
poeta español, autor de Días perdidos en los transportes públicos (1992) o Gran esperanza un tiempo
(2013). En 2008 recogió su poesía reunida en Noches de blanco papel.
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Centro de Iniciativas Culturales
de la Universidad de Sevilla (CICUS)
ESTACIÓN POESÍA
Dirección
Antonio Rivero Taravillo
Comité asesor
Enrique Baltanás, Juan Bonilla, Luis Alberto de Cuenca,
Ana Gorría, Ioana Gruia y Aurora Luque
Coordinación técnica
Juan Diego Martín Cabeza
Diseño
F. Javier Martínez Navarro
Imprime
Imprenta Sand
ISSN 2341-2224
DL SE 618-2014
Contacto y suscripciones
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C/Madre de Dios, 1. 41004 Sevilla
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