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La Salvación Por Fe

La salvación, según la Biblia, es un regalo de gracia a través de la fe en Cristo, no por obras humanas. La enseñanza enfatiza que la gracia de Dios no es una excusa para pecar, sino que capacita a los creyentes a vivir vidas justas. La justificación por fe es fundamental en la tradición protestante, destacando que todos son iguales ante Dios y que la iglesia debe ser un lugar de reconciliación y gracia.
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La Salvación Por Fe

La salvación, según la Biblia, es un regalo de gracia a través de la fe en Cristo, no por obras humanas. La enseñanza enfatiza que la gracia de Dios no es una excusa para pecar, sino que capacita a los creyentes a vivir vidas justas. La justificación por fe es fundamental en la tradición protestante, destacando que todos son iguales ante Dios y que la iglesia debe ser un lugar de reconciliación y gracia.
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LA SALVACIÓN POR FE

Las conversaciones informales, las películas, los


programas de televisión, los comics o el anime; todos
ellos nos hacen parecen que el concepto popular de la
salvación es este: Cuando una persona muere, Dios
pone en la balanza las obras buenas y las malas. Si lo
bueno sobrepasa lo malo, la persona entrará al cielo. Si
lo malo sobrepasa lo bueno, la persona va al infierno.
(Algunas veces ni se menciona el infierno.) En otras
palabras, el esfuerzo y la obra humana abren el camino
al cielo o al infierno.

Pero la narración bíblica es completamente diferente,


nos habla que Dios ha trazado un plan desde el inicio
hasta el final, y todo este plan pasa por la cruz de
Cristo. El Edén y la Cruz son inseparables porque
entre ambos se encuentra el Evangelio: en uno aparece
el anuncio y en otro el cumplimiento. El Antiguo y el
Nuevo Testamento concuerdan en sustancia: porque en
ambos Cristo es el mismo Testamento; en ambos está
la misma Promesa de Gracia en Cristo; en ambos se
requiere la misma obediencia de fe y vida. La
salvación, según la Biblia, es únicamente por gracia
por medio de la fe, no por obras ni esfuerzo humano,
como dice en Efesios 2:8-9: ―Porque por gracia sois
salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues
es don de Dios; no por obras, para que nadie se
gloríe‖. Es como el hijo prodigo que no trajo nada más
que vergüenza y una mala reputación a su padre, pero
su padre corrió hacia él cuando lo vio regresar desde
muy lejos. Este es el tipo de gracia que Dios nos
muestra. Todos hemos cometido tantos errores. Nos
hemos rebelado y pensamos que nuestros caminos
serían mejores que los suyos. Cuando nos damos
cuenta de que no lo son, podemos recurrir a Dios y Él
nos acepta gozosa y voluntariamente como Sus hijos.
Es por medio de esta enseñanza que el hombre se
escapa de la inhumana presión de las obras y la
angustia vital cuando deja de preocuparse por su
propia salvación y se pone en manos de Dios. Es dejar
una actitud enfocada a la autoseguridad, querer
dominarnos y poseer para dejar a Dios como el único
apoyo fiel y seguro. La fe hermanos, no es ninguna
obra sino la renuncia a ellas y su eficacia, el absoluto
vaciarnos para Dios, para de este modo llenarnos de él.

Como podemos ver la gracia es Dios es la fuente, y la


fe la condición de la salvación, es la que hace que el
pacto se selle en nosotros. Ahora, esto es sin negar el
valor de las buenas obras, las cuales son una muestra
de la fe que uno tiene. Debemos colocarnos así: si algo
bueno tengo es de Dios, si tengo algo malo tengo es mi
carne. Como dice la palabra en Santiago 1:17: ―Toda
buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto,
del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni
sombra de variación‖. Algunas personas piensan que
una vez que han sido salvados por la gracia de Dios,
significa que pueden pecar tanto como quieran, porque
están "cubiertos" por la gracia de Dios. ¡Es todo lo
contrario! La gracia de Dios no es una excusa para
pecar. Más bien, es la gracia de Dios que nos salva y
es la gracia de Dios que nos entrena y nos permite
vivir vidas justas: "En verdad, Dios ha manifestado a
toda la humanidad su gracia, la cual trae salvación y
nos enseña a rechazar la impiedad y las pasiones
mundanas. Así podremos vivir en este mundo con
justicia, piedad y dominio propio, mientras
aguardamos la bendita esperanza, es decir, la gloriosa
venida de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. Él
se entregó por nosotros para rescatarnos de toda
maldad y purificar para sí un pueblo elegido, dedicado
a hacer el bien." (Tito 2: 11–14).

Ahora, como saben esta iglesia es metodista, la cual


forma parte de la rama protestante de la iglesia
cristiana. El protestantismo se separa de la Iglesia
Romana, por ellos piensa que la salvación es por un
infusión, esto ya lo había dicho en otro sermón, y
nosotros creemos que la salvación es un acto de
justificación de Dios para el pecador. El 31 de octubre
de 1517 Martin Lutero clava una hoja que contiene 95
tesis en contra de la indulgencias, ¿Qué son las
indulgencia? En aquellos tiempos la iglesia romana
para poder pasar más rápido del purgatorio al cielo,
vendía unos papeles que certificaban tu rápido paso
por él. Estos papeles se llaman indulgencias. No sé si
actualmente lo sigan haciendo, pero el asunto es que
Martin Lutero, que era un monje agustino de ese
tiempo, ve lo que colocaba el hacer ese acto. Y
entonces se le viene un pasaje a la mente, Romanos
5:1-2 ―JUSTIFICADOS pues por la fe, tenemos paz
para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Como dice en palabras mismas de Lutero: "Antes de
que estas palabras estallaran en mi mente, yo odié a
Dios y estaba enojado con Él, porque no contento con
miedo por nosotros, los pecadores, la ley y las miserias
de la vida, Él aún más incremento nuestra tortura por
el evangelio. Pero entonces, por el Espíritu de Dios,
entiendo estas palabras - "¡El justo por su fe vivirá!"
¡El justo por su fe vivirá! "Entonces sentí que nací de
nuevo como un hombre nuevo, yo entró por las puertas
abiertas en el Paraíso mismo de Dios".
Por el cual también tenemos entrada por la fe a esta
gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la
esperanza de la gloria de Dios‖. Este acto
revolucionario, trae nuevamente el mensaje del
verdadero evangelio de la gracia, de hecho Lutero
después de que es expulsado por querer reforma la
Iglesia Romana dice: ―La paz viene en la palabra de
Cristo a través de la fe‖.
Ahora, de esta reforma nosotros somos herederos y de
la cual surgen denominaciones como los luteranos,
pentecostales, evangélicos y reformados. Lo que nos
distingue es que nosotros creemos, por evidencia
bíblica y de la historia de la iglesia, es que Dios ha
dado su gracia que precede y que faculta a las personas
para aceptar o rechazar a Cristo. Cristo murió por toda
la humanidad, pero esa muerte solo es efectiva para los
que creen en él por la fe y los que rechazan esa
invitación de salvación, no es necesario que estemos
condenándolos, sino que Dios mismo hará justicia el
día que vuelva. Como dice en Romanos 2:14-16:
―Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen
por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no
tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra
de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su
conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus
razonamientos, en el día en que Dios juzgará por
Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi
evangelio‖. De hecho, John Wesley que es el inicio la
iglesia metodista pensaba con respecto a la salvación,
la ve completamente como una obra de Dios y
disponible para todos, incluso fuera del evangelio
predicado. Creía que el no cristiano podía obedecer la
luz moral dentro de él. Por tanto, los no cristianos se
perdieron porque por la luz natural pudieron obedecer
lo que saben, pero esto debemos ser muy específicos:
cuando Wesley habla de esta gente, habla de las
personas que nunca en su vida escucharon del
evangelio y murieron. No de las personas que tuvieron
que se les fue explicado correctamente y enseñado y
aun a pesar de eso lo rechazaron. Pero en cuanto a
todo esto debemos confiar plenamente en el plan de
salvación del Señor.

Ahora, volviendo al tema de la justificación por fe


cuando nosotros entendemos que por la ley no somos
salvos y que somos pecadores delante del Señor,
entonces podemos ver a Cristo como el camino al
Padre. Cristo es el único mediador entre Dios y el
hombre, y no hay salvación a través de ningún otro
camino, ni de los santos o por medio del papa ni
tampoco por medio de los sacramentos, ni por medio
de hacer esto y lo otro. El camino al Padre fue labrado
por la cruz de Cristo. Decía William Perkins en su
comentario a los Gálatas: ―Primero, al contemplar a
Cristo crucificado, vemos nuestra miseria y maldad.
Porque nuestros pecados son las espadas y la lanza que
lo han crucificado (Zac. 12:10). En segundo lugar, esta
visión nos trae un verdadero y vivo consuelo. Al
contemplar a Cristo crucificado, vemos el paraíso
como si estuviera en medio del infierno. Vemos la
escritura (o acta) contra nosotros cancelada (Col.
2:14). Vemos la remisión de nuestros pecados escrita
con la sangre del corazón de Cristo y sellado con el
mismo. En tercer lugar, esta visión de Cristo hace un
universal cambio de nosotros... Esta visión nos hace
llorar y sangrar en nuestros corazones por nuestras
ofensas, cuando consideramos que Cristo fue
crucificado por ellas. Y nos hace amar a Cristo,
cuando consideramos el amor de Dios en Cristo
crucificado.»

Esto hermano, a su vez significa que no existe alguien


más santo o más digno que otros, como dije en el
anterior sermón: no hay judío ni griego, ni hombre ni
mujer, ni esclavo ni libre, todos estamos en Cristo.
Este hace que Dios realmente pueda formar en
nosotros un pueblo de sacerdotes, donde tanto usted
como yo tenemos la responsabilidad de predicar el
evangelio de gracia del Señor. De hecho la misión de
la Iglesia es ser testigo y sembrador de la gracia del
amor liberador de Dios, nuestro ministerio es un
ministerio de reconciliación entre el ser humano y su
creador, ¿no dice en 2 Corintios 5:19 que Dios estaba
en Cristo reconciliando consigo al mundo, no
tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y
nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación?
Entonces tu y yo estamos encargados de predicar esta
hermosa doctrina de reconciliación, que la salvación es
gratuita para todo aquel que se acerca en verdadero
arrepentimiento y fe, a decirle porque Cristo, cuando
aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.
¿Y quiénes son los impíos? Nosotros, cada uno de
nosotros era un impío. La iglesia debe ser un lugar
donde el impío, donde el que fracasa, pueda tomar un
asiento y en silencio contemplar a Dios, y al ver su
majestad le mostrará sus pecados e inmundicia, pero
también contemplará su misericordia que perdona cada
uno de sus pecados. Debemos recordar las palabras de
nuestro Señor: "Los sanos no tienen necesidad de
médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a
justos sino pecadores al arrepentimiento". Debemos
ser una iglesia como Dios, que llora junto con nosotros
en nuestros fracasados, que corrige pero que jamás nos
desalienta ni descalifica si es que nos arrepentimos de
manera sincera.

También hermanos evitemos hacer de la iglesia, una


iglesia legalista sino una iglesia de gracia. Muchos
enseñan que después de ser salvos por gracia debemos
hacer buenas obras para mantener nuestra salvación.
Pero, de nuevo, ¡es todo lo contrario! La gracia de
Dios es la que nos mantiene, y no nuestros propios
esfuerzos. Las buenas obras son el resultado de la
salvación, pero son el fruto de la obra de Dios en
nosotros. Todavía fallaremos como creyentes, pero
Dios es fiel para perdonarnos (1 Juan 1: 9). Podemos
confiar en que somos justificados por Su gracia y
eternamente seguros en ella (Juan 6: 39–40).
Esta hermosa doctrina de la justificación por fe no
enseña a liberarnos del purgatorio de la culpa, de
pensar cuanto hemos fallado y a Dios, y aun cuando le
hemos prometido, como decía un teólogo: ―Eres
aceptado por el amor de Dios, acepta que eres
aceptado‖. También esta enseñanza nos libera del
purgatorio de la desesperanza, de pensar que va a
suceder con mi vida, ya que podemos confiar
plenamente que Cristo va a realizar su propósito en
esta tierra, nos enseña de que toda vida es gracia y
toda gracia es la mediación de Cristo por el Espíritu
Santo. El tener en mente la gracia de Dios por medio
de la fe nos libera del purgatorio de la venganza, de la
envidia, del odio. De todos estos a veces pecados que
hacemos respetables, pero que también delante de
Dios es necesario quitarlos. De dejar de decirnos ¿Por
qué no puedo ser libre del ciclo de pecado? Para que
Cristo nos diga: ―Es que estás haciéndolo en tus
fuerzas y no en las mías‖. Hermanos, vivir desde la fe
no sólo no empequeñece a los seres humanos, sino que
nos libera y nos llena de arrojo.

Hermanos, Dios nos ha dado medios de gracia por el


cual él nos alimenta espiritualmente como su palabra,
la comunión de los santos (que somos nosotros la
iglesia), la oración, la santa cena, todos estos medios
hermanos es para que el creyente sea inyectado de fe.
Es como la vitamina para el espíritu para cada uno de
nosotros, ¿Cómo queremos avivar el fuego del Espíritu
Santo sino le echamos algo de gasolina hermanos? Es
como aquel que dice: ¡Es que Dios nunca me habla! Y
como quieres que te hable sino abres tu Biblia, sino
oras, sino asistes sino tienes comunión. Todos estos
son medio que Dios ha dado para nuestro beneficio
hermano, no es un asunto de obligación sino verlo
como de verdad un verdadero beneficio para nosotros.
Cuantos hermanos en Asia o en Arabia Saudita
quisiera poder alabar a Dios de manera libre, y
nosotros que lo tenemos veámoslo con gran gozo.

Hermanos esta hermosa gracia requiere una respuesta


humana, no es que el hombre se quede ahí esperando
la gracia sino como dice Agustín de Hipona: ―El, el
que nos hizo solo, no nos salvara sin nuestra
participación‖. La fe cristiana no es una fe que hace
vivir cómodo en un sillón, es una fe que te hace vivir y
actuar contra todas las posibilidades de este mundo. La
verdadera fe es una fe que la grita al mundo de
esperanza, que le dice que cuando todo está perdido
puede ver la gracia de la Cruz. Así que esta enseñanza
no está desconectada de nuestra vida, el evangelio no
es algo lejano de Dios sino que es algo que está
profundamente enraizado en nuestras acciones. La fe
bíblica no es elevarse o alejarse del mundo, sino
comprometerse profundamente con él. Ya que todo lo
que está alrededor y en el mundo, creemos por fe
como dice Hebreos que fue hecho por la palabra de
Dios, y nosotros somos mayordomos de esta creación.
El cuidado de esta creación de verdad hermanos, es
parte de nuestra responsabilidad como creyentes.

Como vemos la doctrina de la justificación por fe, no


es una enseñanza alejada de nosotros, sino que se
profundiza en nuestra vida y por consiguiente en
nuestras acciones. Somos salvos por gracia mediante
la fe en Cristo para la gloria de Dios padre. El creer en
Dios por la fe le da un sentido existencial y profundo a
la vida del hombre, ya que sin Dios simplemente seria:
―comamos y bebamos, pues mañana moriremos‖. No,
el reconocer que somos justificados nos da esperanza
en el futuro, no cimentados en falsas promesas de
abundancia sino en la roca que es Cristo. Es por ello
que nos resarcimos fuertemente al compromiso de
vivir, no sin dificultades, pero si con esperanza en
Cristo aun con todos los peros y sufrimientos, decía
Tomas de Kempis acerca de la gente que quiere fácil
el camino de la fe: «Cristo fue también en el mundo
despreciado de los hombres, y entre grandes afrentas
desamparado de amigo y conocidos, y en la mayor
necesidad. Cristo quiso padecer y ser despreciado, ¿y
tú osas quejarte de cosa alguna? Cristo tuvo
adversarios y murmuradores, ¿y tú quieres tener a
todos por amigos y bienhechores? ¿Cómo se coronará
tu paciencia, si ninguna adversidad se te ofrece? Si no
quieres sufrir algo, ¿cómo serás amigo de Cristo?
Sufre con Cristo y por Cristo, si quieres reinar con
Cristo.»
Como vemos entender Vivir por fe y por la fe,
significa vivir en una dependencia directa del Señor;
es la confianza desarrollada por el Espíritu Santo de
que todas las cosas, pensamientos, decisiones, y
acciones, que producimos diariamente están sujetas al
Señorío de Cristo, y que por nada seremos
confundidos en cuanto a lo que esperamos de Él, no lo
que esperamos del el mundo.

En y por la fe en Cristo, la nueva creación ha dejado


de pertenecer únicamente al futuro; ahora es, en parte,
una realidad actual. Por Su resurrección, no solo se
han inaugurado los últimos días, sino que también se
ha puesto en ejecución la nueva creación (2 Cor. 5:17;
Gál. 6:15), la cual espera, en un futuro, su
cumplimiento pleno y una restauración todo abarcante
de las cosas (Hch. 3:21; Ap. 21:1). En estos días, el
Espíritu Santo, por Cristo, puede efectuar lo dicho por
los profetas: conferir vida eterna escatológica y formar
de entre los muertos a un pueblo vivo; una nueva
creación revestida del hombre nuevo (Col. 3:10).
Ahora, hoy mismo —en virtud de la resurrección de
Cristo y la obra interna del Espíritu— hay un nuevo
hombre, una nueva mujer, una nueva humanidad
creyente con nuevo corazón-voluntad que es participe
de la naturaleza divina (2 Ped. 1:4). En el presente,
Dios ya ha comenzado a hacer algo nuevo, a crear de
nuevo todas las cosas en un nuevo orden para así
recapitularlas todas bajo la cabeza de Su Mesías.

La doctrina de la justificación por fe, quita todo


orgullo, toda pretensión, toda altanería de querer ser
más que los demás. Que nos miremos a nosotros
mismos porque a final de cuentas, en el día final, mi
credo, confesión y doctrina se reducirá solo a esto:
«vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se
entregó a sí mismo por mí.» Esa será la más sublime
profesión de fe, una que me llevará seguro más allá de
la muerte. O como dijo Charles Spurgeon: "Toda mi
teología está contenida en estas cuatro palabras: Jesús
murió por mí.

Hermanos no es suficiente creer que Cristo murió por


pecadores. Es suficiente sólo cuando creo que esa
muerte ha sido por mí, en mí lugar, por amor a mí y a
pesar de mí. Porque este es el tesoro más precioso y el
consuelo más grande que tenemos nosotros los
cristianos es que el Verbo y el Hijo verdadero y
natural de Dios se hizo hombre, con carne y sangre
como el de cualquier otro ser humano, que se encarnó
por nosotros a fin de que podamos entrar a la suprema
gloria y que nuestra sangre, carne, piel, pelo, manos y
pies, estómago y espalda, puedan volver a residir en
los cielos como Dios está, y a fin de que podamos
derrotar al diablo y cualquier cosa producto suyo que
nos asalte...»
— Martin Lutero,

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