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Radrigan

La publicación reúne dos libros de poesía de Juan Radrigán, 'El día de los muros' (1975) y 'Poesía intranquila' (1983), editados en 2021. La obra explora temas de soledad, libertad y la lucha del ser humano frente a la opresión, utilizando un lenguaje emotivo y simbólico. A través de sus versos, Radrigán invita a la reflexión sobre la condición humana y la esperanza en medio de la adversidad.

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La publicación reúne dos libros de poesía de Juan Radrigán, 'El día de los muros' (1975) y 'Poesía intranquila' (1983), editados en 2021. La obra explora temas de soledad, libertad y la lucha del ser humano frente a la opresión, utilizando un lenguaje emotivo y simbólico. A través de sus versos, Radrigán invita a la reflexión sobre la condición humana y la esperanza en medio de la adversidad.

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Juan Radrigán

POESÍA

Tierra Desvelada Ediciones

1
La presente publicación contiene los dos libros de
poesía escritos por Juan Radrigan: El día de los muros
(1975) y Poesía intranquila (1983), los cuales fueron
reunidos por la Editorial Libros del Pez Espiral,
el 2021, en Santiago de Chile.
En esta última versión nos basamos
para nuestra edición.

Ningún derecho reservado.


Haz que corra, compártelo, reprodúcelo, piratéalo.
Que los libros no se vuelvan fetiche, ni privilegio.
Que libres sean las palabras, los saberes
y la vida entera.

Primera Edición, 2024.


Impreso en Santiago Waria.

2
EL HOMBRE QUE TOMÓ LAS ASTAS
DE LA POESÍA PARA HACERLA UN
HECHO CONSUMADO

Absorto, ido, quizás en Júpiter, quizás barrien-


do hojas caídas: así estaba mi padre cuando me
acerqué para tomar el libro que yacía junto a
él —siempre me interesó saber qué leía. Volteó
hacia mí su rostro joven y asombrado, salió de
su estupor y me dijo <<mira>>. Tomó dos cerillas,
una en cada mano, y me las acercó. Hizo una bre-
ve pausa: tal vez se dio cuenta de que me costaba
centrar mis miopes ojos en esos débiles palos de
fósforo, o porque respiraba teatralidad y la pausa
era la fisura de sus emociones; el hecho es que
cuando tuvo mi atención, habló: <<en ese libro,
3
estas cerillas velan un pan. Eso es pobreza, una
tan grande que no habría palabras, pero Vallejo
las encontró>>. Siguió hablándome de aquél poe-
ma. Ya no recuerdo mucho sus palabras porque
la imagen de esa impronta se la lleva su rostro.
Fue como si se hubiera tragado un sol y que este
lo iluminara internamente: algo que no era la luz
del día lo hacía bello como un niño. Con asoma-
da sonrisa, siguió en lo suyo. Dejé el libro donde
estaba: me aterró lo que podría encontrar ahí.
Vallejo podía esperar a que mi falencia ocular
lograra ver el reflejo de su poesía. Cuando pude
ver, el poeta era él. Juan el errante, el solo, el
consecuente, el héroe trágico, el esotérico que
hablaba por los muertos, los desaparecidos, el ri-
sueño, el coqueto, el amante. El maestro. Su poe-
sía existió antes que él, le mostró el camino con
planchas de neón. Juan sacaba su niño interno y
seguía ciego ese pezón que lo alimentaba desde
la Underwood con leche de tinta. Juan le hizo co-
llera a la metáfora, pelearon por años hasta que
la venció, se hizo universal, se transformó en la

4
galaxia que todos deseamos conocer. También
me dijo que una buena <<patá en la raja>> es un
acto poético de aquellos, sobre todo para los que
llevan uniforme. He aquí su respuesta. He aquí
su poesía.

Flavia Radrigán

5
6
EL DÍA DE LOS MUROS

1975

7
8
Quiero pedirte que te tranquilices,
que nada temas, que no estoy solo,
nadie está solo, no estamos solos,
la gente, el hombre, fíjate un poco,
es algo más grande que el mundo.

Victor García Robles, Oíd mortales.

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10
CUATRO MUROS

Con cuatro muros


se puede perfectamente
robar el tañido a la campana;
el vuelo al pájaro,
la lejanía a lo lejano.
Se puede, incluso,
despojar al viento de su alegría.
Pero cuatro muros
serán siempre cuatro puertas
cuando haya un hombre adentro.
Porque el hombre
es un desierto poblado por la libertad.
Con cuatro muros
apenas alcanza para hacer una cruz o una tumba
que no tienen mi medida.

11
12
CUARTO DÍA

Al cabo del cuarto día


los muros celebran siete siglos
invitándome a la desesperación o la venganza.
Pero hoy que tengo lumbre
quiero dejarlo escrito:
saldré de este infierno
dispuesto a perdonar.
Porque pueden encerrar
mis ojos y mis pasos,
mi secular tristeza y mis cigarros,
pero no esta fe suicida
que tengo en los orígenes.
De modo que los dejo con sus muros,
hago un atado con mis sueños
y me marcho en busca de la esposa y de los
[hijos;

13
saludo por el camino a mis amigos,
y les cuento cosas
directamente entroncadas con la esperanza.
El corazón no sabe,
no entiende,
que existen paredes
rejas
y hombres que encierran a los hombres.
Se equivocaron conmigo:
preso se me ha mezclado de luces la sangre.
Aquí,
donde la felicidad consiste en un cigarro,
y un sorbo de agua le roba el oficio a las
[estrellas,
he descubierto alegremente
que el hombre no puede matar
ni la fe ni al hombre.

14
LA LLEGADA DE LOS ASESINOS

Sucios,
torvos,
asustados.
A estos hombres la sonrisa no los ilumina:
les hiere la cara como un zarpazo.
Vienen por robar y por matar,
vienen por quebrarle el cuello a la bondad.
Me piden pan y no tengo,
me piden cigarrillos y no tengo,
me piden agua y no puedo darles.
Y sucios
y torvos
y asustados
me miran tristemente,
como si yo los hubiese juzgado y condenado.

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16
DESAFÍO

Después que los gritos y las blasfemias


retornan a los feroces pechos
un silencio de alas limpia la noche.
Entonces deshago mi equipaje de palabras.
De palabras que no tienen estatura de canto,
que son simplemente cosas que cuelgo en los
[muros
con irrevocable ternura de hermano.

Quiero fecundar ese horror


con lo mejor que arde en mi memoria.
No para que desafíes la soledad,
que para eso basta haber nacido,
sino para que no te encuentren indefenso
cuando fijen tu rostro contra el muro,
o sientas los pasos del que viene a golpearte.

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Nuestras puertas son los recuerdos.
Por eso esculpiré en cada piedra
un signo enorme de regreso.

Hablaré
de la mujer, del sol, del viento, de la risa.
Por mis calles de palabras
se enlazarán los novios;
regresarán los hijos a su madre,
el esposo a la esposa,
el hermano a la hermana.

Todos los tripulantes del hombre


acamparán en estas piedras,
amigo, cuando yo me vaya!

18
ASIDO A TI...

La celda tiene alma de puños.


Es hiriente, rijosa; huele a hocico de toro,
a sueños podridos.
La puerta termina en doce barrotes
por donde los muros atisban como a hurtadillas.

De cien hendiduras
acechan mi sangre insaciables alimañas.
El piso de ladrillos es un camino traicionado
que me invita a la gran conjuración del odio.
A veces, allá arriba, alguien abre una ventana,
entonces entra el sol de repente
como una visita de Dios al infierno.
De noche, los chillidos de las ratas
dejan marcas atroces en la espalda del silencio.
Este es el lugar donde escribo.

19
El lugar donde se me viene en avalancha
el deseo de decirte que te quiero.
Por ti me pueblan gritos de horizontes recién
[paridos.
Asido a ti,
nada significa esta frente pateada,
estas quimeras arrumbadas en mis rincones.
Después de tantos años,
para que la paz me reciba con los brazos
[abiertos,
para que nada sea más poderoso que yo,
siguen bastándome tu piel y tu sonrisa.
¡Tanto duro pasaporte de adioses y nada
[cambia!

Pensando a fondo en todo esto,


sintiéndolo expandirse como fiebre de alas,
comprendo que nada
que esté fuera de mí puede acabarme.

20
POR SI ESTO SE ALARGA, HIJOS...

Por si esto se alarga,


por si arriban al tiempo de los laberintos
y no puedo acompañarlos,
quiero pedirles que tomen siempre
una sola decisión: luchar.
Es la única forma que conozco
de mantenerse puro.

21
22
VIERNES

No me digan nada.
No me pongan al frente ningún dolor.
Todo lo que debía estallar en mí
explotó ayer o reventará mañana:
hoy se me cayó la voz al fondo de los huesos.
No es el día oliendo a ratas,
no es el sudor corriendo a chorros
ni el desenfrenado asalto del hambre y de las
[pulgas;
es tan duro hoy como ayer
vivir en dos metros cuadrados de silencio.
Ocurre solamente que es Viernes,
que es Viernes y está desnudo
en el mundo el cadáver del Mesías.
¡Con qué cara mirar hacia otro lado!
Pensemos que el día de los muros
es el día en que el hombre

23
se toma la injusticia por sus manos,

boqueamos
como peces arrancados del agua;
nuestros mejores sueños están muertos
o son cruelmente torturados.
Pero es Viernes...
Es Viernes y se desangra el Justo.
¡Con qué alma dolerse de uno mismo!

24
REGRESA, GRITO, A TU GRITO

Encerrado, quiero estar solo.


Madre del día, llama a tu día.
Padre de la noche, llama a tu noche.
Abuelo del tiempo, llama a tus tiempos!
Encerrado, quiero estar desnudo.
Llama, tristeza, a tu tristeza.
Llama, odio, a tu odio.
Dolor, llama a tu herida!
Encerrado quiero estar deshabitado.
Retorna, recuerdo, a tu recuerdo.
Retorna, sensación, a tus orígenes.
Retorna, mirada, a tu ceguera!
Encerrado se me ha puesto de pie la ternura:
Regresa, grito, a tu grito!

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26
JUSTAMENTE EN EL ÚNICO SITIO
QUE DUELE

El día que se pudre frente al ojo,


la súbita agresión de los recuerdos,
el deseo crispándose en la sangre;
todo esto golpea y se evapora.
Lo verdaderamente terrible
que sucede estando preso,
es tener que saludar al guardia!...

Durante toda la semana,


un condenado estuvo pidiendo ver el sol.
La muerte lo tenía cogido de la vida,
le daba con todo su hielo en los ojos;
con toda su inmensidad en los harapos.
Esta mañana
la voz se le había derrumbado en la garganta.

27
Asediado por todo lo que hay
de desnudo y solo,
blandía su silencio como un pájaro ciego.
Pero esa boca tan horriblemente abierta,
tan horriblemente muda,
solo hizo pensar al guardia
que un preso que pide ver el sol
no es motivo suficiente para molestar al alcaide.

Y sigue devorándolo la muerte


entre los muros
como una araña monstruosa.

Es terrible, ciertamente,
la ausencia de pan y de noticias,
la falta de cigarros y sonrisas.
Pero la verdadera condena
es que te ordenan saludar al guardia!

28
ACLARACIÓN

¿Qué te queda, amigo,


después de haber roto mis papeles?
¿De qué trauma o reglamento
vendrá tu próxima embestida?

De tanto andar entre muros


se te ha vuelto cenizas la sangre.
Compadezco tu vida pequeñita
con todo lo que tengo.

Es necesario, sin embargo,


aclararlo de una vez por todas:
nada de lo que esgrimes
puede imponerle silencio a mi palabra.
Me sostiene la potencia terrible de la esperanza.

29
Desciendo directamente
del que no teme decir cosas
por las que pueda ser condenado.

Esta terquedad de ola


con que defiendo mis leyes
no puede ser domada
ni siquiera por la muerte:
para morir en el momento justo
solo hace falta vivir combatiendo.

Compadezco tu vida pequeñita


con todo lo que tengo!

30
TRASUNTO INMEMORIAL

Este decir cosas tan atroces,


manteniendo siempre en alto al ser humano,
me ha traído serias dificultades.

Nadie está de acuerdo


con que incite a la esperanza;
ni los que piden olvido, ni los que exigen
[venganza.
Condenados y celadores
arrasan mi hacienda,
doblegados por la vieja costumbre de odiar.

La ternura me ha mostrado los dientes.


Estoy solo como un árbol.
Y todo por decirles,
por decirles —y creer con alma y dientes—

31
que siempre quedará en pie
la vida necesaria para parir otra vida.

Decididamente, el hombre
entabla una lucha a muerte contra todos,
cuando decide no ser enemigo de nadie.

Pero qué vamos a hacerle,


es el precio, el precio nomás,
de lo duro que le han dado al ser humano!

32
POESÍA INTRANQUILA

1983

33
34
TENEMOS, SEÑORES

Cuando un golpe en la puerta


es un grito de hielo
medio a medio de la sangre...
Cuando las bocas
quedan
torvamente
viudas del pan y de la risa...
Cuando la mitad del amor
se pudre en dos metros cuadrados de silencio,
y la otra mitad deambula
ciegamente por las calles...
Cuando la juventud cumple
en plena juventud
dos veces la edad de la vejez...
Cuando ya nadie espera a nadie,
porque los caminos sirven para ir,

35
pero no para volver...

Cuando expulsados de todo


se nos quiere
expulsar también de nosotros mismos...
Es que tenemos, señores, mucho,
muchísimo que hacer!

36
LA TRANQUILIDAD NO SE PAGA
CON NADA

Después que la tranquila noche


da paso al tranquilo día,
tranquilo me levanto.
Me pongo los tranquilos pantalones,
miro de reojo tu tranquila tristeza
y tranquilo voy a lavarme.
Después me dirijo a la tranquila cocina;
tranquila me decís lo mismo que ayer:
—No busquís, no hay ná.
Tranquilo salgo y me hundo
en la tranquila ciudá.
Tranquilos perros mean tranquilos árboles
bajo un cielo con ritmo de ternura,
mientras tranquilos cesantes, como yo,
envidian a los tranquilos pordioseros

37
que escarban en los tranquilos tarros.

Tranquila pasa la mañana,


tranquila la hermosa tarde
(tranquila quiero encontrarte, Sara,
cuando llegue sin ná).
Tranquilo sigo buscando
hasta que llega la tibia noche;
tranquilo me siento en la banca
y ti’oigo decir tranquila: <<Yo tampoco encontré
[ná>>
Tranquilos los acostamos
a soñar con tranquilidá.
Tranquilos los despertamos,
te ponís a llorar tranquila
y tranquilo salgo andar.
¡Felicidá pa grande esta
dèstarse muriendo en tranquilidá!

38
ISABEL DESTERRADA EN ISABEL

Falta una persona,


una persona nomás,
y tan sola que te quedaste en la tierra.
Si parece
que en un lugar del corazón
tuvieras un puñado de silencio.
Apareció en su vida
como un relámpago en la noche.
Le brillaban los ojos
como fogatas de vagabundo
y su risa atravesada
de parte a parte la tarde.
Ella llevaba a la rastra
su saco de fechas lastimadas,
pero él no quiso verlas;
dijo que las personas nacían

39
cuando se encontraban, que lo demás no
[importaba.

Lo recibió entonces, como recibe


el desierto la visita del agua.
Lo quiso, la quiso
y la tierra fue una casa radiante y florecida.
Pero un día vinieron a buscarlo
y se quedó sola.
Sola en la pieza y en el mundo
como un pájaro muerto al medio de sus alas.
...Le dijo que las personas
nacían cuando se encontraban, y era cierto:
pero no le dijo cuánta muerte había
en esa muerte que se llama soledad.
A uno, a uno nomás se llevaron,
pero qué oleaje de ausencias
corriendo por tus venas:
que sin nada por qué vivir
te quedaste al medio de la vida.

40
SE IMPONE UNA TREGUA A LA ROSA

A Gregory Cohen

Escribió <<ADIVINA LA COMEDIA>>.


Fue lo mismo
que si hubiese escrito:
<<El hombre es un desierto
poblado por la libertad;
pero la libertad
es un río
que empieza con espinas y no termina nunca>>.
Fue lo mismo
porque ahora no le quita ni cristo
el sabor a exilio de las manos.
Pero él no estaba
buscándole el cuesco a la breva;
simplemente veía tambalearse
todas esas cosas
41
humildes y sencillas que forman un hogar.

Entonces, como uno puede


llevarse tranquilamente las manos a la
[entrepierna
y hacerle gestos obscenos a las palomas,
pero no puede
bajo ningún concepto salir
con que la más grande artesanía del hombre
es forjarle raíces a su historia,
propongo a los señores poetas
que sin más ni más
declaren una violenta tregua a la rosa.
Propongo que mientras el hombre y la mujer
no puedan continuar en su labor de ternura,
dejen de hinchar las pelotas
con sus penas personales.
Se ha desatado contra el hombre
el cuervo rencor del hombre:
la cosa es ahora
desenigmar lo brutal de esta discordia.

42
LA NOCHE CIERRA EL MUNDO

La noche cierra el mundo


y un hálito de lobos
invade la casa.
Duro silencio en la mesa,
agria soledad en la cama:
ella y él son ahora
inalcanzables para el amor.
Después de tantos planes,
después de tanta letra pagada,
de tanto sudor sudado,
de tanto beso,
de tanta, de tanta ternura,
solo tienen en común
una sórdida,
una terrible
necesidad de herirme.

43
Ella grita que fue justo.
Él grita que la fuerza nunca es justa.
Y el corazón se les contrae
de violencia y terror.
Ella es una bestia
Él es una bestia.
Oncemente,
tanquemante ha muerto el amor.

44
PALABRAS PARA UN PROGRAMA
DE TEATRO

Ustedes, que sobreviven en mesas y sobremesas.


Ustedes, que cuando ríen me recuerdan a los
muertos de tristeza.
Ustedes, que para seguir en esto de la vida
han tenido que usurparle el oficio a las
bisagras.
Ustedes, que mañana
tendrán que seguir pensando que la vida
comienza mañana.
Ustedes, que cumplen su ciclo de huesos y palabras
amarrados al hambre y a la pena.
Ustedes y su cósmico pavor de fugitivos.
Ustedes y su duro pasaporte de adioses.
Ustedes y su terrible soledad de lobos.
Ustedes señoras y señores,

45
no tienen ningún derecho a exigirme que
les haga reir;
porque yo soy en uno todos ustedes
y entiendo que la vida
nos está fallando a todo trapo.
Y entiendo, por lo tanto, que es preciso
—para no seguir viviendo a sangre y fuego—
declarar cumplido el ciclo de la espera
y tomar el toro de la vida por las astas.

46
MANUSCRITO LEÍDO UNA NOCHE
DE PRIMAVERA EN LOS OJOS DE UN
HOMBRE QUE YA NADIE VOLVERÁ A VER

—Hable, no vaya callado.

Cuando uno se mete firmeza


en esto de buscar algo
que Ellos no puedan avasallar,
se ha de estar siempre preparado
para ir a respirar los aires de la cabrona muerte;
eso está claro, y no hay nada que alegar.
Pero me hubiera gustado ver
–de puro terrenal que soy, de puro terrenal nomás—
si esta celestina primavera
tendía un puente de pájaros
desde tu sangre a la mía,
o si seguías siendo para mí

47
inasible como una esquina.

También me hubiera gustado saber,


puesto que todo dura lo que un soplo
y es vasto sin embargo como el curso de la vida,
si el niño con cadenas
repercute en hombre con cadenas,
o si...

—¡Hable, le dijimos que no fuera callado!

¡Qué débil poder tienen


los que solo tienen la fuerza!
Me llevan en un auto cerrado,
náufrago, molido y desarmado,
y no obstante se sienten
indefensos contra mi silencio.
Son tres.
El de la izquierda tiene ojos de cuchillo
en tierna cara de niño.
El otro, ojos de niño
en pálida cara de bestia.

48
El que maneja es duro y sombrío;
si mira lastima, si calla amenaza;
los sueños se le pudren en el fondo de los huesos.
En eso nos parecemos:
yo tampoco tengo sueños que soñar;
no porque los que tuve se hayan realizado,
sino porque el tiempo
me apretó malamente por dentro y por fuera.
Qué hacerle,
uno pierde a veces todas las posibilidades
sin haberlas tenido nunca;
esa es la manera como el pan se cuece
y no hay pito que tocar.
Lo que me golpea traidoramente esta noche
no es el frío del miedo
corriendo de los tobillos al alma,
ni esa moradura
que agranda en mi horizonte: eres tú.
Cierto que eres lejana y ajena,
pero eso no le importa al corazón
(es problema de la vida
y ella sabrá dónde le aprieta el zapato).

49
A mí me bastaba con tus ojos
para celebrar, en una, todas las esperanzas
[nuevas.
Y cómo no,
si eras la alegría
que viene
simplemente de la propia alegría.
...Pero siendo razonable,
pensando con la puñetera verdad en las manos,
quizás sea mejor
que tengas un marido obsequioso y tribulante,
un marido monótono como un espejo,
pero calmo y seguro como árbol.
Yo, con esta manía de no estar nunca conforme,
con esta terrible herencia
de amor por los acosados...

—Hable! —aúllan— ¡Le ordenamos que no fuera


callado!
—Diga, ¿tiene miedo?
—No, un poco de tristeza.
—¿Los tiene bronca?

50
—No odio, compañero: lucho.

Ríen, me palmotean la espalda.


Y mientras pienso en ti, en ti, en ti,
el auto sigue rodando
hacia mi muerte
por la hermosa noche de primavera.

51
52
ALEGATO

Pucha, trascúrrase, pos, compadre,


péguese la cachá;
cómo me va a gustar tar preso,
cómo me va a gustar
que m’estén patiando tóos los días;
mire que no voy a tener ganas
de ver a la vieja y a los cabros,
si ellos me sujetan por dentro,
igual que la piel me sujeta por juera.
Lo que pasa es que aquí
le trabajan mucho al charchazo
y poco a la pensaera.
Yo no he vivío nunca
de espaldas ni de perfil:
he vivido siempre de frente;
así que si le digo

53
que nunca he pensao
en hacerles ná al orden y a la tranquilidá
es porque es cierto po.
¡Pero cómo crestas
quiere que le firme
ese papel que dice que la libertá existe,
si no me quiere desatar las manos, po iñor!

54
TENEMOS LA PALABRA

Amaron la vida
desde las entrañas mismas de la vida.

De su muerte
¿qué lluvias, qué aires,
qué fuegos, qué vegetales
se han nutrido?
Con su muerte,
¿qué sed, qué amor,
qué ternura, qué hambre
ha sido colmada?
Con su muerte,
¿qué cadenas, qué cercos,
qué caminos, qué esperanzas
se han abierto?
¿Qué sombra es creciente luz?

55
Con su muerte,
qué llantos, qué temores;
qué pobreza, qué injusticia
ha sido reparada?

Amaron la vida
desde las entrañas mismas de la vida,
creyeron en ella profundamente,
limpiamente.
¿Por qué murieron?

56
ITINERARIO

El hombre que tomó las astas de la poesía


para hacerla un hecho consumado 3

EL DÍA DE LOS MUROS (1975)

Cuatro muros 11
Cuarto día 13
La llegada de los asesinos 15
Desafío 17
Asido a ti... 19
Por si esto se alarga, hijos... 21
Viernes 23
Regresa, grito, a tu grito 25
Justamente en el único sitio que duele 27
Aclaración 29
Trasunto inmemorial 31
57
POESÍA INTRANQUILA (1983)

Tenemos, señores 35
La tranquilidad no se paga con nada 37
Isabel desterrada en Isabel 39
Se impone una tregua a la rosa 41
La noche cierra el mundo 43
Palabras para un programa de teatro 45
Manuscrito leído una noche de
primavera en los ojos de un
hombre que ya nadie volverá a ver 47
Alegato 53
Tenemos la palabra 55

58

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