La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta
de la Pascua. Es tiempo para arrepentirnos de nuestros pecados y de cambiar algo de nosotros para ser
mejores y poder vivir más cerca de Cristo.
La Cuaresma dura 40 días; comienza el Miércoles de Ceniza y termina antes de la Misa de la Cena del
Señor del Jueves Santo. A lo largo de este tiempo, sobre todo en la liturgia del domingo, hacemos un
esfuerzo por recuperar el ritmo y estilo de verdaderos creyentes que debemos vivir como hijos de Dios.
El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa luto y penitencia. Es un tiempo de reflexión, de
penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual.
En la Cuaresma, Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un
camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo
obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a
Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos más de Dios.
Por ello, la Cuaresma es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día, durante toda la
vida, hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen a
nuestro amor a Dios y a los hermanos. En Cuaresma, aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús.
Con esto aprendemos también a tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección.
40 días
¿Qué podemos hacer para preparar nuestro corazón?
1. Profundiza en la oración: ...
2. Practica el ayuno y la abstinencia con sentido: ...
3. Vive la caridad y el servicio: ...
4. Examina tu conciencia y acude al sacramento de la Reconciliación: ...
5. Reflexiona sobre la Palabra de Dios:
6.¿Cuándo comienza la Cuaresma?
7. Este santo Tiempo de Cuaresma se inicia el Miércoles de Ceniza
y llega hasta la Semana Santa. Durante estos días meditamos y
asimilamos el misterio del Señor siendo tentado en el desierto
por Satanás y su subida a Jerusalén para su Pasión, Muerte,
Resurrección y Ascensión a los cielos. El comienzo de los
cuarenta días de penitencia se caracteriza por el austero
símbolo de la imposición de ceniza en la cabeza a la vez que se
nos recuerda que hemos de convertirnos y creer en el Evangelio
(“Convertíos y creed en el Evangelio”), y que somos polvo,
hombres pecadores, criaturas y no Dios (“Acuérdate de que
eres polvo y al polvo volverás”).