TERCER RODAJE
Pedro nos exhorta a dar a los demás lo que hemos recibido de Dios, porque
todos los talentos, cualidades, la vocación y nuestros valores no nos
pertenecen. Son dones de Dios, y nosotros somos solamente sus
administradores. Por eso, debemos ponerlos al servicio de nuestros
hermanos.
Es fundamental mantener una actitud de oración seria y creciente, así
como cultivar un gran amor entre todos los integrantes del equipo.
Además, es muy importante hacer una buena confesión de forma
mensual, como parte de nuestra preparación espiritual.
La llamada de Dios fundamenta nuestra Fe y nuestra Esperanza. Y es
precisamente esa Esperanza la que nos impulsa a mantener una postura
confiada, incluso en medio de las grandes dificultades. Recordamos las
palabras de Jesús:
“Sin mí, nada podéis hacer” (Jn 15,5).
Y como San Pablo, también nosotros hacemos nuestra esta oración
confiada:
“Todo lo puedo en Aquel que me conforta” (Flp 4,13).
Por eso, vamos a pedir, implorar y mendigar al Señor que nos ayude en
esta Misión. Pero también debemos prepararnos intelectualmente.
Nuestra tarea requiere una preparación integral, que combine los medios
humanos, naturales y sobrenaturales. Solo así podremos responder con
fidelidad y eficacia al llamado que hemos recibido.
Somos una Comunidad Cristiana y cada uno/a de nosotros/as es un eslabón
que debe estar unido para que la cadena no se corte, y una Comunidad
Cristiana DEBER SER o DEBE VIVIR:
HUMILDAD
La humildad es sencillez y serenidad. Es pensar mucho, callar más y
escuchar pacientemente antes de hablar. Es tener la capacidad de
reconocer razones convincentes en los demás y estar dispuesto a
declinar el propio juicio cuando es necesario.
Humildad es saber que nada es mío, que todo viene de Él. Es reconocer
los talentos que Dios me ha regalado, hacerlos fructificar y, al mismo
tiempo, gozar con los talentos de los demás.
Ser humilde es también aceptarme tal como soy y aceptar a los demás
con sus limitaciones, errores y diferencias. Es acoger al que tiene más y
puede más, sin comparaciones ni resentimientos.
La humildad implica no tener presunción por la designación o tarea
encomendada. Es saber obedecer con espíritu de servicio.
La humildad es, en definitiva, la base del espíritu de servicio.
El dirigente no se apoya en su ingenio, ni en su preparación
intelectual o técnica, ni en sus habilidades o experiencia. Su
confianza está puesta en Dios, que es quien lo ha llamado y a quien
debe servir.
DISCIPLINA
La disciplina es obediencia y humildad. Significa aceptar con
responsabilidad el lugar que hoy me toca, aunque otros tengan más
experiencia o dones especiales. Ser disciplinado es vivir el respeto, la
puntualidad y el compromiso con la tarea. Es reconocer que formar parte de
un equipo requiere orden, disposición y entrega generosa, siempre con
espíritu de unidad.
SIGILO
El sigilo es respeto profundo por la intimidad del otro. Lo que se comparte
en el grupo —penas, alegrías, preocupaciones, vivencias— queda en el
grupo. No se comenta con nadie, ni en casa, ni con la pareja, ni en la propia
Reunión de Grupo. Compartir vida es abrir el corazón y el alma, y eso solo
puede hacerse en un ambiente de confianza, respeto y discreción. El
sigilo es esencial para crear ese clima de comunión verdadera.
PERDÓN
El perdón es clave para vivir en comunidad. Si hay alguien en el equipo que
no me cae bien o con quien tengo un disgusto, debo orar por esa persona y
por mí, pidiendo al Señor que sane ese sentimiento. El perdón comienza en
el corazón: se entrega en el Sagrario y se vive con Jesús de la mano.
Imaginarnos acercándonos al otro para abrazar, perdonar o pedir perdón,
nos llena de paz.
Perdonar es esencial para formar parte del Equipo del Señor. Si no
estamos dispuestos a hacerlo, debemos preguntarnos si realmente estamos
preparados para esta misión.
¡Ese es el gran desafío!
CAPACIDAD DE ASOMBRO E ILUSIÓN
La capacidad de asombro y la ilusión son fundamentales para vivir y
transmitir el mensaje del Cursillo. Aunque muchas cosas se repitan y
algunos ya hayan participado en otros equipos, la novedad no está en el
contenido, sino en cómo lo vivimos hoy.
Si ponemos ilusión, si despertamos el espíritu de asombro, todo cobra vida
nueva, porque lo vivificamos desde adentro, desde nuestro presente,
desde nuestra entrega.
Esa actitud es la que tocará el corazón de los demás.
ENTREGA
La entrega es olvidarse de uno mismo para donarse plenamente. Es estar
siempre disponible, con actitud de servicio, atentos a las necesidades del
otro.
No se trata de esperar que me atiendan, me valoren o me reconozcan, sino
de salir al encuentro del hermano, sin esperar que venga a mí.
La verdadera entrega es ir al otro con generosidad y amor.
ALEGRÍA
La alegría verdadera nace desde adentro, como fruto de la gracia de Dios en
nuestra vida. Es la primavera del alma que brota del Carisma fundacional de
los Cursillos. No se trata de bromas fuera de lugar ni actitudes groseras,
sino de un gozo profundo y sereno.
La alegría es un valor que sostiene y anima nuestra misión, pues “estad
alegres porque el Espíritu estará con vosotros”.
Al descubrir el amor de Dios en nuestro interior, encontramos una fuente
inagotable de alegría que se refleja en nuestro testimonio y convivencia.
AMISTAD
La amistad es la forma más profunda y genuina de convivencia. Ser amigos
implica ser amables, aceptarnos tal como somos y rezar unos por otros. Es
compartir con generosidad, dialogar con sinceridad y sin miedo.
La amistad se basa en aceptar al otro con sus virtudes y defectos,
dejándose amar y aceptando, reconociendo en cada persona su valor único.
Ser amigos es poder pensar la vida en voz alta y afirmar con alegría:
“Estoy contento de que existas” y “el mundo es más bello porque
tú existes”.
La amistad es el mejor camino para el acercamiento, la comprensión y la
celebración fraterna en el equipo.
NORMALIDAD
La normalidad es vivir con sencillez y naturalidad lo cotidiano de cada día.
No se trata de actos heroicos ni milagros, sino de una fe accesible y real,
que se manifiesta en las pequeñas vivencias diarias.
En el Cursillo, la normalidad es mostrar un cristianismo auténtico, que se
vive en la rutina, sin caer en exageraciones, pero con profundidad y
compromiso.
La normalidad no es vulgaridad ni mediocridad, sino la expresión genuina y
constante del amor a Dios y al prójimo en lo simple y ordinario.
LIBERTAD
La libertad de los hijos de Dios va siempre unida a la responsabilidad. No
significa depender de otros, pero sí estar atentos y comprometidos con
ellos.
La verdadera libertad es servicio; sin ese compromiso, la libertad se vuelve
estéril y vacía.
“Porque la libertad, si no es una proyección hacia el servicio, es
una tumba para quien la busca.”
CRITERIO
El criterio es la capacidad de responder con una intención y reacción
adecuadas, inspiradas en el Evangelio, ante las situaciones presentes y
futuras.
Se afina y fortalece mediante la reflexión compartida en comunidad.
SINCERIDAD
La sinceridad es presentarnos ante Dios tal como somos, con honestidad y
transparencia.
Es tener los ojos abiertos para reconocer las realidades que nos afectan y
enfrentarlas con verdad.
Solo desde la sinceridad podemos encontrar a Dios tal como Él es.
CONVICCIÓN
La convicción auténtica es un valor firme que no agobia ni limita, sino que
sostiene y guía la vida.
No se trata solo de saber, sino de saber creer, avanzando hacia la plenitud
personal.
La convicción es la columna vertebral de nuestros conocimientos, que nos
arraiga en la realidad y nos impulsa a vivir con sentido y coherencia.
VIDA
En Cristo, por su gracia, el Bautismo y el Espíritu Santo, somos nuevas
criaturas, revestidas de Él y llamadas a vivir en plenitud.
Cristo es la vida, la luz y el amor.
La gracia es la base del Movimiento y se expresa en el amor a Dios y al
prójimo.
Vivir en gracia, amando, es el fundamento y la raíz de todo ser y actuar
verdaderamente cristiano.
AMOR
El amor debe fluir entre nosotros como el aire: visible, palpable y sentido.
Como discípulos fieles, estamos llamados a amar como Jesús, que nos ama
tal como somos.
Primero debemos aceptarnos y amarnos a nosotros mismos para poder
aceptar y amar auténticamente al otro.
Amar es ver personas y situaciones desde la perspectiva de Dios. Somos
llamados a ser espejos del amor de Dios para que los demás lo
experimenten a través de nosotros.
Nuestro testimonio de amor debe ser tan evidente que otros digan:
“Mirad cómo se aman.”
Para cultivar este amor, debemos ejercitarnos en la caridad diaria,
preocuparnos por cada integrante, comunicarnos, y sobre todo, orar
intensamente por el equipo, los hermanos del Cursillo y los sacerdotes,
pidiendo la unidad y la fe viva.
El amor implica también el olvido de sí mismo y la disponibilidad constante,
participando en la Escuela y Ultreya antes y después del Cursillo.
Así, haciendo visible el amor, construimos comunidad y misión.
Preparación para la Misión
El Señor nos invita a caminar en común unión, no aislados, para poder
sostener juntos el peso del Cursillo.
Nos pide sacrificio para acompañar y apoyar a quienes recién comienzan su
camino de fe.
Debemos actuar con fe en Cristo, venciendo los temores, y con una firme
esperanza en sus promesas.
Aunque conozcamos nuestras limitaciones, confiamos en que Dios proveerá
lo necesario, y actuamos con el amor que Él nos enseña y exige.
En el grupo hay variedad: elementos de oro, plata o lata; personas toscas o
pulidas; nuevas o experimentadas. Todos somos valiosos y útiles para su
obra.
Debemos valorarnos como instrumentos en las manos de Dios, recordando
que si Jesús usó un simple burro para llegar a Jerusalén, nosotros podemos
usar cualquier recurso para acercarnos a nuestros hermanos y hermanas.
El arma más fuerte del Cursillo: La oración
La oración es el arma más poderosa del Cursillo, nuestro verdadero “misil”.
Debemos fortalecer nuestra vida de oración para aceptar la voluntad del
Padre.
Ejercitemos la caridad entre nosotros, creando un ambiente de sinceridad,
apertura y amistad.
Aunque algunos proclamen el mensaje evangélico en los ROLLOS, todos
debemos vivir y transmitir ese mensaje.
Todos, sin excepción, debemos dar el gran rollo de la vivencia cristiana,
mostrando una caridad profunda.
No somos los mejores ni los peores; no somos nada por nosotros mismos,
sino que es Cristo, por su gracia, quien nos convierte en instrumentos
eficaces para su obra.
Servicio sin buscar reconocimiento
Somos camino para los nuevos hermanos y hermanas cursillistas.
No debemos esperar agradecimientos ni felicitaciones.
El verdadero éxito es de Cristo.
Ser camino para llegar a Cristo
Vamos a ser el camino que los hermanos y hermanas usarán para acercarse
a Cristo.
Para ello necesitamos:
a) Disposición para aceptar lo que el Señor disponga, incluso en el fracaso.
b) Esperanza, sabiendo que aunque seamos limitados humanamente, Cristo
suplirá lo que nos falte.
c) Amor, una vida interior profunda y una piedad sólida que sea el cimiento
de nuestra acción.
Daremos el gran Sí, como lo hizo MARIA, ella será nuestra patrona, modelo y
camino que nos acerca al hijo.
Preparación para ser buenos instrumentos
Para ser buenos instrumentos en la misión, es necesario completar nuestra
preparación. El grupo debe estar bien preparado en tres aspectos:
intelectual, espiritual y técnico.
a) Preparación intelectual
Debemos estar preparados porque vamos a despertar la fe y ser canales
para que el mensaje del Señor llegue a los hermanos y hermanas. Cuanto
mejor preparado esté el instrumento, más eficaz será.
b) Preparación espiritual
Es fundamental vivir en gracia, un don que Dios nos da y que debemos
pedir con humildad.
Sintamos desde ahora la fuerza del Cursillo. Recemos por los nuevos
cursillistas para que abran plenamente su corazón a Cristo y gocen con el
mensaje: Cristo nos ama.
Vivamos el amor entre nosotros, en nuestras familias y amemos a los chicos
y chicas desde ya. Pidamos mucho amor, porque se nos juzgará en el amor.
c) Preparación técnica
Todos los dirigentes del grupo deben saber:
Qué se va a manejar: el método.
Por qué se hace cada cosa: la mentalidad.
Para qué se usa cada cosa y por qué está en ese momento y no
después: la finalidad.
Cómo debe realizarse cada actividad.
Cuál es el estilo, la forma y el orden.
Con qué recursos contamos para alcanzar la finalidad (sistémica,
pedagógica, psicológica).
Comunidad de Amor y Entrega Total
Nosotros debemos ser una Comunidad de Amor, compartiendo y
viviendo juntos nuestras alegrías, cansancios, preocupaciones y luchas,
para conocernos y amarnos más.
Que en nuestro grupo haya sinceridad, autenticidad, comprensión y
aceptación.
Debemos sentir la responsabilidad mutua, haciendo todo lo posible para
que el equipo crezca en amor, santidad, entrega y estudio.
El Maestro nos eligió; respondamos con generosidad, ilusión, optimismo
y entrega.
El Señor nos llamó, y no podemos defraudarlo; debemos responder con
entrega total.
De nosotros/as deben decir: “Mirad cómo se aman”.
Preparación y Responsabilidad en el Cursillo
En este tiempo de preparación para el Cursillo, vayamos perfilando el
plan de Dios en nuestra vida, para que la palabra que transmitimos a
nuestros hermanos y hermanas, así como nuestro testimonio de servicio,
estén respaldados por una vida que cada día quiere ser mejor.
Vamos a proclamar la mejor noticia de la mejor realidad: CRISTO NOS
AMA, y lo haremos por el mejor medio: la amistad, entregando lo mejor
de cada uno, que es su ser persona.
Esta tarea es verdaderamente divina y por eso es tan sublime que puede
dar miedo, pues trabajamos con almas en terreno sagrado, para que la
libertad del hombre y la mujer se encuentren con el amor de Dios
(Eduardo Bonín).
Pero, confiamos plenamente en que Dios está trabajando en nosotros y
por nuestro intermedio, y por eso podemos hacer la obra de Dios porque:
“Cristo y Yo, mayoría aplastante.”
La responsabilidad del Cursillo siempre ha estado a cargo de un equipo
de laicos acompañados por sacerdotes. Esto es parte del carisma del
Movimiento, de su esencia: el binomio laico-sacerdotes que forma una
verdadera comunidad.
El Equipo de Dirigentes debe responsabilizarse de la perseverancia de
quienes participaron en el Cursillo, acompañándolos durante un tiempo
prudencial, hasta que estén plenamente incorporados a su comunidad
cristiana, al menos por dos años.
Cualidades Fundamentales en el Equipo de Dirigentes
Existen dos cualidades sumamente necesarias que deben destacarse en
el Equipo de Dirigentes:
a) En lo humano: el Equilibrio
b) En lo sobrenatural: la Santidad
Equilibrio significa tener sentido común, cordura, sensatez y madurez.
La falta de equilibrio en un dirigente puede ser catastrófica y, en
ocasiones, provoca rupturas en el espíritu comunitario del equipo. Por
eso, es fundamental evitar chiquilinadas, bromas pesadas, doble sentido
o burlas, aunque parezcan inocentes.
Santidad es una condición esencial para el Cursillo. Como dice
Monseñor Hervás:
"Para el manejo de los Cursillos de Cristiandad no se exige,
naturalmente, la colaboración de ningún genio dirigente; sin embargo,
se pide algo superior al mismo genio, que por la gracia de Dios está al
alcance de todos: la Santidad."
El Camino del Cristiano Verdadero y el Compromiso del Equipo
de Dirigentes
El camino del cristiano verdadero no es la mediocridad, sino la
Santidad, y la santidad sólo se logra mediante una profunda relación
personal de amor con Dios y con el prójimo.
El Equipo debe ser homogéneo en Espíritu, pero heterogéneo en la
personalidad de cada uno.
¿Cuál es el compromiso que asumimos al formar parte de un
Equipo para Cursillo?
Como dice Eduardo Bonín en Vertebración de Ideas (pág. 89):
"Dar más importancia al Cursillo que al Pos Cursillo es preferir lo
solemne a lo decisivo, lo extraordinario a lo auténtico. Es muy
importante procurar que las almas se topen con Dios, pero lo es mucho
más motivar que le sigan."
Es fundamental que las almas se encuentren con Dios durante un
Cursillo, pero aún más importante es que ese encuentro sea el inicio de
una conversión que se irá perfilando y profundizando en el “4to día”.
Reflexionemos sobre el compromiso que asumimos como dirigentes al
participar en un cursillo. Los cursillistas nos escucharán hablar de
comunidad, amistad, amor, encuentro y hermandad, y querrán ver todo
esto reflejado en nuestra vida del 4to día; es decir, querrán observar el
compromiso que asumimos al transmitir el mensaje de un rollo.
Les diremos que no somos santos, pero que aspiramos a la santidad. Les
hablaremos de que un cristiano debe ser generoso, vivir para los demás
y reconocer a Cristo en cada persona.
En las Ultreyas, en las Reuniones de Grupo y en las clausuras, los
cursillistas comprobarán si el mensaje que recibieron en el cursillo es
verdad.
Recordemos el Programa
1. Piedad
Participar en Misas, rezar el Rosario, realizar Visitas al Santísimo.
Ofrecer al Señor actos concretos, como un sacrificio personal.
2. Estudio
Profundizar en los pasajes bíblicos de Mateo 25, 14-30 y Juan 15, 1-8.
Reflexionar sobre los rollos y las ideas fuerza que se desprenden de
ellos.
3. Acción
Reflexionar durante la semana sobre el compromiso que asumimos al
formar parte de un Equipo para Cursillo, y vivirlo en la práctica.
Preguntas para una Mayor Reflexión
(Con actitud abierta, sin emitir juicios)
a) ¿Qué aspectos negativos y positivos encontré en mi Cursillo?
b) ¿Qué aspectos negativos y positivos observé en el equipo que
acompañó ese Cursillo?
c) ¿Qué dificultades enfrentaron los dirigentes del Equipo durante el
cuarto día?
d) ¿Qué problemas puede ocasionar un precursillo realizado de manera
inadecuada durante los tres días del Cursillo?