5.4.
PARADIGMA FILOSÓFICO IDEALISTA OBJETIVO
La corriente objetiva del idealismo afirma, en común con el idealismo en
general, la prioridad del pensamiento, de la idea sobre la materia, la naturaleza.
Su particularidad consiste en que, a las ideas, a la conciencia le asigna
existencia real y objetiva. Su fundador y principal representante en la
antigüedad fue el famoso filósofo griego Platón; su más grande representante
en los tiempos modernos fue el renombrado filósofo alemán Hegel.
Platón o Aristocles (427-347 a.n.e.), discípulo de Parménides y
principalmente de Sócrates, es el más alto exponente del idealismo filosófico
antiguo. Su pensamiento ha dejado honda huella en la historia de la filosofía
(aún en nuestros días su pensamiento filosófico es utilizado por los enemigos
jurados del materialismo dialéctico y de las masas populares). Procedía de la
familia de los Codros, aristócratas esclavistas de la Grecia antigua. Su actividad
política y su concepción del mundo lo colocan como representante de la
reaccionaria nobleza esclavista ateniense. Fue un activo militante
antimaterialista; se opuso a las concepciones materialistas y ateas de tales,
Anaximandro, Leucipo, Demócrito y Epicuro, etc.
Para Platón existen dos mundos: el mundo de las cosas sensibles ("mundo de
las cosas") donde existen las cosas "corpóreas", es decir, la naturaleza y sus
variadas manifestaciones; y, "el mundo de las ideas" ("Topus Uranus") como el
reino inmutable de las esencias espirituales o "ideas" o el lugar donde moran
las formas incorpóreas de las cosas sensibles. Estas "ideas" o formas
incorpóreas de las cosas corpóreas son consideradas por Platón como el
"verdadero ser", asignándoles a la vez existencia eterna y "supraceleste", mejor
dicho, que las ideas platónicas no nacen, no perecen y no tienen existencia ni
en el tiempo ni en el espacio. Según esta teoría idealista las cosas sensibles
no son más que pura apariencia, "sombras" engendradas por las "ideas"
suprasensibles. Dicho, en otros términos, para Platón la realidad perenne es la
idea. Esta "idea" se realiza, se actualiza, cobra forma en los cuerpos sensibles.
Así, por ejemplo, la forma sensible del hombre, el árbol, el perro, la mesa, etc.
es la realización de la idea universal "del hombre", "el árbol", "el perro", "la
mesa", etc.
Como es fácil de comprenderse éste filósofo idealista de la antigua Grecia llega
a su concepción del "mundo de las ideas" por un proceso elemental de
abstracción; proceso mediante el cual el hombre separa mentalmente, abstrae
las propiedades de un objeto o conjunto de objetos o, también, separa el objeto
de su idea, de su concepto. Así, por ejemplo, el objeto silla, objeto singular,
concreto, con su forma, color, tamaño, etc. específicos, es presentado como
derivado de la idea silla; la mesa de la idea de mesa; la casa singular de la
"casa en general"; el hombre particular (Juan Pérez) del "hombre en general";
etc. En una palabra, se desliga las ideas de las cosas mismas. Hecho esto
Platón nos presenta a las ideas como un "ser aparente" de las cosas, como el
único ser verdadero" con existencia anterior a las cosas concretas, de las
cuales precisamente son sus abstracciones.
Para explicar y hacer entendible su pensamiento Platón se vale de algunas
alegorías, como su famosa alegoría de la caverna.
Platón compara el mundo sensible a una caverna iluminada desde afuera por
una gran hoguera y en la que se encuentra inmóviles y encadenados, de
espaldas a la luz, los hombres desde su infancia, los objetos y seres que pasan
por la puerta de la caverna, por detrás de los hombres encadenados, proyectan
sobre el fondo de la caverna (que hace de pantalla) las formas de sus sombras
más o menos alteradas. Pues bien, todo lo que los hombres de las cavernas
perciben son eso: sombras y nada más que sombras, por lo que reconocen a
éstas como la única realidad y aún se ufanan de sus conocimientos (Léase,
para ampliar lo mencionado el Libro VI de la República de Platón).
De acuerdo con su concepción señalada Platón llega a sostener que el
verdadero conocimiento es el que rechaza el conocimiento de las cosas
sensibles, es decir, de la naturaleza, de los objetos y fenómenos naturales y se
orienta hacia el conocimiento de las esencias ideales, puesto que los objetos
de la naturaleza, del mundo no son más que sombras de las ideas. En
consecuencia, los filósofos que buscan la verdad en la naturaleza, en las cosas
no pueden hallarlas porque estas sólo son apariencias y que la verdad es
inasequible a los sentidos por encontrarse más allá de las cosas, en las ideas.
Es evidente que Platón cuando habla así se está refiriendo a los filósofos
materialistas de su tiempo, que tratan de encontrar la explicación de este
mundo sin salirse para nada de él.
Según este filósofo idealista el hombre que desee alcanzar la verdad debe
meditar honradamente en su mundo interior tratando de recordar lo que su alma
inmortal contempló alguna vez en el mundo suprasensible, antes de adquirir su
forma material.
Tal es la mística doctrina de la "anamnesis" o "reminiscencia" platónica que
parte del reconocimiento de que el alma es independiente del cuerpo que éste
(el cuerpo) no es más que el asiento material del alma. Platón es clarísimo
cuando presenta su teoría de la existencia del alma con anterioridad a los
cuerpos en el Libro X de su obra "Las Leyes":
"En cuanto concierne al alma, amigo mío, casi todos los hombres parecen
ignorar su naturaleza real y su potencia, e ignorar también no sólo otros hechos
sobre ella, y especialmente sus orígenes; parecen ignorar que es una de las
primeras existencias, anterior a todo cuerpo y que, más que otra cosa, es lo
que gobierna los cambios y modificaciones de los cuerpos... En verdad y, en
fin, decir que encontramos que el alma es anterior al cuerpo y que el cuerpo es
secundario y posterior; que el alma gobierna al cuerpo y que el cuerpo es
gobernado según el orden de la naturaleza, constituye una afirmación
verdadera y completa".
Como se ve fácilmente la conclusión de Platón es notable en cuanto confirma
las afirmaciones de Engels cuando manifiesta que la diferencia fundamental
entre los idealistas y los materialistas está en admitir la prioridad de la
conciencia, del espíritu o del mundo, de la materia. Otro de los máximos
representantes del idealismo objetivo fue:
Jorge Guillermo Federico Hegel (1770 - 1831). Hegel, filósofo oficial de la
Prusia monárquica de principios del S. XIX, en su concepción filosófica
sustenta su tesis de la identidad entre el ser y el pensamiento. Para él el
fundamento, la base de todos los fenómenos de la naturaleza se encuentra en
el "Espíritu Universal", la "Idea Absoluta", la "Razón Universal" o, como también
lo llama, la "Conciencia de Dios"; principio espiritual hegeliano cuya actividad
consiste en el auto conocimiento o en el conocimiento de sí mismo.
La Idea Absoluta según Hegel existió -no dice dónde- antes de que surja la
naturaleza, el mundo.
El sistema filosófico de Hegel se compone de tres partes, acorde con las tres
etapas por las que atraviesa, según su concepción: (1) la Idea Absoluta como
pensamiento puro, (2) su desarrollo como forma de naturaleza y (3) el
autoconocimiento. Veamos cada una de esas tres etapas hegelianas.
En primer lugar, el desarrollo del "espíritu universal" en su propio seno, es
decir, la Idea Absoluta tomada en sí misma, en el "pensamiento puro", al
margen de la naturaleza y el hombre. Este desarrollo se produce mediante la
transformación, cambio de un conjunto de categorías lógicas perfectamente
definidas. La obra en la que fundamenta estas ideas se encuentra en la Ciencia
de la Lógica.
En segundo lugar, el desarrollo de la Idea Absoluta en forma de su "ser-otro",
es decir, bajo su forma de naturaleza. El autodesarrollo de las categorías
lógicas en el seno del Espíritu Absoluto engendra la naturaleza a la que Hegel
niega el desarrollo en el tiempo. Filosofía de la Naturaleza se llama la obra en
la que fundamenta Hegel esta parte.
En tercer lugar, el desarrollo de la Idea Absoluta en el individuo y en la
sociedad, en la que el Espíritu Universal retoma de la esfera del "ser otro", de
la naturaleza "así". Es el encuentro de la Idea Absoluta consigo misma. En esta
etapa encuentra su culminación el ciclo hegeliano del desarrollo de la Idea
Absoluta, el proceso de su auto conocimiento. Esta tercera etapa es explicada
por Hegel en su obra Fenomenología del Espíritu.
En estas tres etapas consideradas por Hegel se ve su tesis sobre la identidad
del pensamiento y la naturaleza, para él el pensamiento es la naturaleza en
desarrollo y la naturaleza es el pensamiento desarrollándose.
En suma, la Idea Absoluta hegeliana que engendra la naturaleza y, por tanto,
al hombre no se diferencia en esencia del "mundo de las ideas" de Platón ni
del Dios de los teólogos.
Lenin, refiriéndose a Platón y a Hegel señalaba que el rasgo fundamental que
los une es que ambos elevan el concepto, la idea, a la categoría de absoluto y
lo consideran lo primario, mientras que la naturaleza es lo secundario, lo
derivado. La diferencia entre ellos está en que para Hegel el Espíritu Absoluto
no se encuentra fuera del mundo (como en las ideas de Platón) sino en el
mismo mundo, es decir, la Idea Absoluta es la esencia, el fundamento del
mundo, desde su conversión en su "ser - otro".
La corriente objetiva del idealismo subsiste hasta nuestros días con muy ligeras
variantes y está representada en la filosofía burguesa contemporánea por el
neotomismo (Maritain, Gilson, D N Raeyrnacker, Wetter, Bochensky, etc.), el
personalismo (Flewelling, Brightman, Carr, Stern, Mounier, etc.) y otras
tendencias o escuelas filosóficas.
5.5. PARADIGMA FILOSÓFICO IDEALISTA SUBJETIVO
El idealismo subjetivo es la otra variedad fundamental del idealismo filosófico.
Esta tendencia filosófica afirma que el mundo objetivo no existe al margen e
independientemente del pensamiento y de la actividad cognoscitiva del
hombre. Dicho en otras palabras, para estos filósofos el mundo, la naturaleza,
la sociedad sólo existe en tanto existe un sujeto que piensa.
El pensamiento determina la existencia del ser. Por tanto, pues, no hay objeto
sin sujeto y no existe el mundo fuera de la mente.
El principal representante del Idealismo Subjetivo es Berkeley. Otros
representantes de menor importancia son: Fichte y Mach.
Jorge Berkeley (1684-1753), fue un filósofo y militante religioso cristiano. Fue
obispo de Cloyne (Irlanda). El punto de partida de su filosofía es la admisión de
la experiencia sensible a la que le da su propia interpretación y lo concibe como
un conjunto de "ideas", "representaciones" o "sensaciones". Estas
representaciones no reflejan -según el obispo inglés- la realidad objetiva, sino
que ellas mismas constituyen la verdadera realidad.
"Las ideas -decía Berkeley- no son imágenes de las cosas, sino las cosas
reales mismas... …las cosas... son ideas, y las ideas no pueden existir fuera
del espíritu; su existencia, por consiguiente, consiste en ser percibidas". (Tres
Diálogos entre Hilas y Filonus)
He aquí, pues, el núcleo de la filosofía de Berkeley: Esse est percippi (ser es
ser percibido), lo que no se percibe no tiene existencia real.
Como vemos Berkeley sostiene la primacía del espíritu sobre la materia
mediante la negación total de ésta última, puesto que afirma, que el pensar es
el ser.
Berkeley en su trabajo Tratado sobre los principios del conocimiento humano
es aún mucho más claro:
"...Todos los cuerpos que componen la poderosa estructura del mundo, no
existen fuera de una mente... por consiguiente, en tanto que no los percibo, o
no existen en una mente o en la de cualquier otro espíritu creado, o bien no
tiene ninguna existencia, o subsisten en la mente de algún Espíritu Eterno".
En consecuencia, para este filósofo inglés, la sensación, la idea y el objeto son
una sola y misma cosa y como la sensación no existe sino en nosotros, el objeto
es fundación de nuestra actividad consciente. Admitir la existencia objetiva de
la naturaleza, el mundo, de la materia es para él una idea absurda y desprovista
de fundamento, propia de "salvajes e impíos".
El criterio de los idealistas subjetivos del tipo de Berkeley (y también de Fichte),
que consideran que las cosas existen únicamente en la conciencia del
individuo, del sujeto que percibe conduce indefectiblemente al solipsismo
(textualmente: "sólo yo existo"), teoría que sustenta que nada existe fuera de
mi "yo"; ¡El mundo entero, la naturaleza, la sociedad; nace y muere conmigo;
al cerrar y abrir los ojos creo y destruyo el mundo! Como podemos fácilmente
inferir esta absurda teoría impide toda actividad científica y conduce a los
hombres a actitudes increíbles como la de aquel joven estudiante que se
suicidó creyendo que con su muerte terminarían todos los males, privaciones y
miseria de los hombres, en vista de que había aprendido que su pensamiento
originaba la desgracia de los hombres.
El idealismo subjetivo extremo conduce a los filósofos a una insalvable
contradicción. En efecto, si todo lo que existe (incluyendo a los demás
hombres) sólo existen en cuanto yo, sujeto, los percibo, entonces en cuanto yo,
de sujeto que percibe me convierto en objeto percibido por otro sujeto; luego,
no es posible determinar quién existe y quien no existe realmente, puesto que
ambos son sujetos que perciben y objetos percibidos a la vez. Para Berkeley
sólo hay una forma de eludir esta profunda contradicción en que incurre y a la
que conduce su filosofía: ¡Admitiendo la existencia de un espíritu divino (Dios)
que crea y percibe el mundo dándole en consecuencia existencia y
consistencia! Aquí se da el salto del idealismo subjetivo al idealismo objetivo.
"Hay -dice Berkeley en sus tres diálogos- un espíritu eterno y omnipresente que conoce
y comprende todas las cosas y nos la presenta a nuestra visión de la manera y según
las reglas que él mismo ha ordenado..."
Lenin en su obra “Materialismo y Empiriocriticismo” puso de relieve el carácter
profundamente idealista y reaccionario de la filosofía de Berkeley y de todo el
idealismo en su conjunto. Refiriéndose a la oposición entre las dos grandes
corrientes filosóficas nos dice:
"Las dos líneas fundamentales de las concepciones filosóficas quedan aquí (en
la obra de Berkeley – J.V.C.) consignadas con la franqueza, la claridad y la
precisión que distingue a los filósofos clásicos de los inventores de "nuevos"
sistemas en nuestro tiempo. El materialismo: reconocimiento de los "objetos"
en "sí" o fuera de la mente; las ideas y las sensaciones son copias o reflejos de
estos objetos. La doctrina opuesta: (el idealismo) los objetos no existen "fuera
de la mente"; los objetos son "combinaciones de sensaciones".
Otro filósofo representante de la corriente subjetiva del idealismo es el filósofo
clásico alemán:
Juan Amadeo Fichte (1762 - 1814). Fue profesor en la Universidad de Jena
de donde fue expulsado acusado de ateísmo. Como discípulo y seguidor de
Kant rechazó la tendencia materialista de su maestro y adoptó, llevándola hasta
el extremo, la tendencia idealista subjetiva de la misma.
El punto de partida de la filosofía de Fichte es el "yo humano", "puro", "absoluto"
y "supraindividual". Este sujeto puro y absoluto es considerado por Fichte el
creador del mundo, es decir, creador del "yo empírico" individual y del "no - yo"
(la naturaleza). Este principio lo formula en su sentencia: "el yo pone al no-yo".
Al hacer de todo el mundo objetivo un producto del "yo", este filósofo, admite
de hecho que no existe nada al margen del sujeto. Esta teoría tiene
indudablemente sus raíces cognoscitivas en la limitación de Fichte para
comprender que la conciencia de su propio yo, es decir, su autoconciencia sólo
puede darse con la percepción, con el conocimiento del mundo exterior
independiente del sujeto.
De este mismo contenido idealista subjetivo está imbuida la filosofía del
austriaco:
Ernest Mach (1838 - 1916), fundador del empiriocriticismo. Mach y sus
seguidores sostenían que las cosas sólo son "complejos de sensaciones. Lenin
sometió a brillante, profunda y demoledora crítica a esta teoría en su obra
“Materialismo y Empiriocriticismo”, obra que es considerada como una joya de
la literatura materialista dialéctica.
Entre las principales variedades actuales de la corriente subjetiva del idealismo
se cuentan, entre otras, el Pragmatismo, con su representante máximo el
norteamericano John Dewey; el Existencialismo con sus dos tendencias: la
religiosa (Marcel, Jaspers, Buber) y la atea (Heidegger, Sartre, Camus, etc.);
El Neopositivismo con sus tres principales tendencias: el atomismo lógico
(Russell, Wittgenstein), el positivismo lógico (Carnap, Otto, Neurath,
Reichenbach) y el positivismo semántico (Korzybski, Rapoport, Stuart Clase,
etc.).
5.6. PARADIGMA FILOSÓFICO MATERIALISTA.
En el primer apartado del presente capítulo hemos señalado los rasgos
fundamentales tanto del idealismo como del materialismo filosófico. El rasgo
más importante de la filosofía materialista -dijimos- es la admisión de la materia
como realidad objetiva, primaria e independiente de la conciencia, del
pensamiento. Pues, bien este materialismo adquiere formas progresivas en su
desarrollo histórico, aparece como materialismo ingenuo, se desarrolla como
materialismo mecanicista y alcanza su máxima plenitud con el materialismo
científico (el Materialismo Dialéctico e Histórico).
Antes de entrar al análisis de cada una de estas formas del materialismo
filosófico es necesario anotar la distinción entre el materialismo como
certidumbre espontánea de los hombres en la existencia objetiva del mundo
exterior (materialismo espontáneo), del materialismo como filosofía (en sus
formas ingenua, mecanicista y científica). En efecto, no puede caber la menor
duda al hombre, a menos que se encuentre a las puertas de un manicomio,
acerca de la realidad del mundo exterior. El materialismo espontáneo es, pues,
ese realismo ingenuo que surge de la experiencia cotidiana que admite (incluso
so pena de perder la propia vida) que las cosas existen independientemente
del pensamiento. Por consiguiente, el materialismo como filosofía representa
la constante profundización y desarrollo del punto de vista del materialismo
espontáneo.
a. EL MATERIALISMO INGENUO.
El materialismo ingenuo es la primera forma filosófica que adopta el
materialismo espontáneo. Surge y se desarrolla en la época de la esclavitud en
los países del Antiguo Oriente (Egipto, Babilonia, China, India), Grecia y Roma.
De acuerdo con las características propias de toda la filosofía materialista, el
materialismo ingenuo admite la existencia objetiva y la materialidad del mundo.
El rasgo que lo particulariza es que su concepción se basa sólo en la
observación directa e inmediata de la naturaleza. En aquellos tiempos, no
podía ser de otro modo, puesto que aún no se tenían conocimientos
sistemáticos, científicos de la realidad circundante, o se tenían muy pocos. Los
antiguos filósofos materialistas se esforzaban por encontrar en la diversidad de
los fenómenos de la naturaleza el principio material común a todo lo existente,
al que llamaban "elemento", es decir, el fundamento de la unidad material de
los fenómenos naturales, la sustancia de la cual estaban formados todos los
cuerpos del universo.
Así, estos filósofos identifican el "elemento" siempre con algo material, como el
agua (Tales de Mileto), el fuego (Heráclito de Efeso), el aire, el agua, el fuego
y la tierra (Empédocles de Agrigento), las "semillas de las cosas" u
Homeomerías (Anaxágoras de Clazómenes). Algunos de ellos plantean por
primera vez la hipótesis sobre la estructura atómica de la materia (Leucipo,
Demócrito, Epicuro), basándose sólo en las representaciones sensibles y no
en el análisis científico de los fenómenos de la naturaleza.
Los materialistas del mundo antiguo en su lucha contra la concepción idealista
religiosa del mundo consideraban también que el objeto del conocimiento es el
mundo material, la naturaleza que nos rodea y no el reino de las ideas como lo
sostenían Platón y sus discípulos. Eran, pues, filósofos e investigadores de la
naturaleza.
En el aspecto político, los antiguos materialistas se caracterizaban por sostener
la concepción del mundo de los grupos esclavistas más avanzados, es decir,
de los que defendían las formas democráticas del Estado esclavista,
contrariamente a los defensores de la aristocracia esclavista y sus ideólogos
filósofos idealistas.
Muchos materialistas antiguos eran dialécticos espontáneos (Heráclito, por
ejemplo). Al estudiar la realidad lo hacía dialécticamente, es decir, concebían
el mundo y sus fenómenos en movimiento. La idea de Heráclito de que el
mundo se encuentra en movimiento perpetuo como la corriente de un río
("nadie se baña dos veces en las aguas de un mismo río"-decía) servía de base
a esta antigua y brillante previsión del materialismo dialéctico.
En concordancia con su concepción materialista ingenua todos los materialistas
antiguos eran ateos, rechazaban la idea de la existencia de dioses, espíritus,
almas, etc., por lo que muchos de ellos fueron perseguidos y hasta condenados
a muerte. Epicuro, por ejemplo, decía:
"No es impuro quien rechaza a los dioses del vulgo, sino quien se une a la
opinión del vulgo sobre los dioses"
"Pese a las limitaciones propias de su tiempo los filósofos materialistas
orientales, griegos y romanos sentaron las bases de importantes conquistas
científico naturales. Ellos llegaron a formular hipótesis como: la
indestructibilidad de la materia, la eternidad e infinitud del universo, la relación
causal entre los fenómenos, el movimiento, etc.
Tales son, en síntesis, los rasgos generales de la primera forma del
materialismo filosófico: el materialismo ingenuo. A partir de esa antigua forma,
el materialismo se desarrollará en forma paralela al desarrollo de las ciencias
naturales y sociales.
"...el materialismo ha recorrido muchos grados en su desenvolvimiento -decía
Engels-, se ve obligado a cambiar de forma con todo descubrimiento que hace
época en las ciencias naturales..." (L. Feuerbach y el fin de la filosofía clásica t
alemana).
b. MATERIALISMO MECANICISTA O METAFÍSICO.
El ulterior desarrollo del materialismo en su forma mecanicista y metafísica
aconteció durante los siglos XVII y XVIII, principalmente en Inglaterra (Bacon,
Hobbes, Locke), y Francia (Gassendi, La Mettrie, Helvecio, Diderot, Holbach).
Destacados materialistas de esta época fueron también el italiano Galileo
Galilei y el holandés Benedicto de Spinoza.
Este materialismo aparece en la época en la que el sistema capitalista de
producción había surgido e iniciaba rápidamente su desarrollo, condicionado
por el consiguiente avance de las fuerzas productivas (fundamentalmente la
aparición del maquinismo), en contradicción con el antiguo régimen feudal que
aún resistía a su disolución. Esta forma materialista que adopta la filosofía de
entonces respondía a las exigencias históricas progresivas de su tiempo, en
oposición a la filosofía escolástica religiosa de la feudalidad.
Los materialistas mecanicistas y metafísicos fueron ideólogos de la burguesía
que durante los siglos XVI, XVII Y XVIII era una fuerza progresiva y
revolucionaria y como tal combatía a las caducas instituciones feudales y a sus
concepciones idealistas y religiosas.
Además, el progreso de la filosofía materialista en ésta segunda forma se haya
vinculado íntimamente al impetuoso avance de las ciencias naturales de los
siglos XVI y XVII, principalmente en el campo de la mecánica, la astronomía y
las matemáticas.
Después del formidable descubrimiento de Copérnico en 1543 la investigación
de la naturaleza se declaró independiente de la religión y las ciencias naturales
iniciaron su desarrollo con sorprendente rapidez. La necesidad de introducir
perfeccionamientos técnicos para aumentar la producción y cubrir los
requerimientos del comercio, la industria y la navegación determinaron el auge
de las ciencias naturales. Es la etapa en que se amplía el inicio del empleo de
máquinas en la producción mercantil capitalista.
La mecánica de los cuerpos celestes y de las masas terrestres constituía la
más importante de las ciencias naturales de ese entonces. Las necesidades de
la producción y del progreso técnico, como dijimos, exigían el descubrimiento
de leyes concretas en regiones particulares de la naturaleza. El experimento y
la observación se convirtieron en métodos sistemáticos de investigación. Se
inventan muchos nuevos aparatos e instrumentos científicos. El italiano
Torricelli pone las bases para el estudio de la hidrodinámica. El francés Pascal
estudia la atmósfera. Otros investigan los fenómenos térmicos, eléctricos y
magnéticos. En el campo de los fenómenos biológicos se hicieron diversos y
valiosos descubrimientos; se desarrolló la botánica; se estudia la estructura de
las plantas con ayuda del microscopio, se descubre la fisiología vegetal. En
zoología se establece la diferencia entre animales vertebrados e invertebrados;
sientan las bases de la anatomía humana, se descubre la circulación
sanguínea, etc. Se descubren los seres vivos microscópicos, se estudia su
estructura y se descubren algunos agentes orgánicos patógenos. Sin embargo,
todos estos descubrimientos son llevados a cabo en forma aislada, sin ninguna
relación entre sí. No llegan a establecer la conexión causal entre los diversos
fenómenos investigados. Es más, consideraban las cosas como acabadas,
carentes de cambio y transformación.
Pero lo que influyó considerablemente tanto en la ciencia como en la filosofía
fue el empleo de las máquinas en la producción. Inventados ya en esa época
el reloj y el molino sirvieron de premisa en Europa para el empleo de las
máquinas, son los primeros mecanismos automáticos empleados con fines
prácticos. Sólo se conocía la forma mecánica del movimiento y muchas leyes
de la naturaleza y sus concatenaciones eran aún desconocidas. De ahí, pues,
que la concepción del mundo de los materialistas de ese entonces era
predominantemente mecanicista y metafísica; asimismo, se mostraban
incapaces de concebir de modo materialista y dialéctico los fenómenos
quedándose en el marco estrecho de una concepción materialista y mecánica
de los fenómenos de la naturaleza.
Lo positivo de los filósofos materialistas mecanicistas era un rechazo a toda
concepción religiosa del mundo. Lo negativo de ellos era que concebían a la
naturaleza y al hombre en forma mecánica identificándoles con las máquinas,
es decir, como mecanismos automáticos que se mueven bajo la influencia
externa directa.
"El materialismo del siglo XVIII fue mecánico por esencia -escribe Engels-,
porque entre las ciencias de la época la mecánica... estaba muy
perfeccionada... La biología aún se encontraba en pañales; el organismo
vegetal y animal había sido estudiado nada más que groseramente, y para
explicar su constitución y funcionamiento teníase que recurrir a causas
puramente mecánicas. Lo mismo que el animal lo fuera para Descartes, el
hombre para los materialistas del siglo dieciocho, no era más que una máquina.
Esta exclusiva aplicación de la medida de la mecánica en procesos que son de
naturaleza química y orgánica y en los que las leyes mecánicas, aunque se
hayan de tener en cuenta, son relegadas a último término por otras leyes
superiores, constituye la nota de la estrechez, en aquella época inevitable del
materialismo francés del siglo dieciocho. Otra causa de la específica estrechez
de este materialismo fue su impotencia para poder concebir el mundo como un
proceso, como un sistema sometido a una evolución histórica. Esto era propio
del estado de las ciencias de aquella época y del método metafísico y
antidialéctico de razonar que el mismo se unía. La naturaleza; tal como ya era
sabido, estaba en perpetuo movimiento. Pero este movimiento, según las
nociones de la época, se operaba dentro de un círculo sin avanzar jamás y
produciendo siempre resultados idénticos" (Engels, L. Feuerbach y el fin de la
filosofía alemana).
En suma, el materialismo de los siglos XVII y XVIII era mecanicista y metafísico.
Mecanicista porque aplicaba al estudio de los fenómenos de la naturaleza y
del hombre las leyes generales de la mecánica y era, también, metafísica,
porque su manera de concebir los fenómenos se caracterizaba por fragmentar
los fenómenos y objetos de la naturaleza en muchas partes y estudiar cada
parte considerándolos como fijos, acabados e invariables, así como negaban
las contradicciones internas como la fuente del movimiento y del desarrollo. Su
método de análisis de la realidad era, pues antidialéctico.
c. EL MATERIALISMO CIENTÍFICO O MATERIALISMO DIALÉCTICO.
Es la forma superior y más desarrollada de la concepción filosófica materialista.
Surge en la década de 1840 como resultado de la aparición del movimiento
obrero revolucionario y el alto nivel alcanzado por las ciencias naturales y por
la filosofía, la economía política y la sociología. Esta forma de la filosofía
materialista es la fusión, en un alto grado científico, de la concepción científica,
de la concepción materialista del mundo y del método dialéctico de
investigación de la realidad objetiva.
Marx y Engels no se limitaron a hacer suyas las concepciones de los Viejos
materialistas ni el método dialéctico de Hegel. Como hemos visto antes, el
desarrollo histórico de la humanidad conjuntamente con el desarrollo del
pensamiento filosófico-científico condujo a la aparición del Materialismo
Dialéctico e Histórico. En base a los resultados más recientes de la ciencia
natural y a la experiencia histórica de la humanidad Marx y Engels demostraron
que no se podía ser materialista científico sin, a la vez, ser dialéctico. Así
mismo, el dialéctico solo puede llegar a ser científico si se hace materialista.
Consecuentemente, Marx y Engels, al superar el materialismo mecanicista y el
idealismo dialéctico, plantean por primera vez en la historia, no sólo el estudio
científico de los fenómenos de la naturaleza, sino que extienden al método
dialéctico y materialista a los fenómenos sociales; estructuran la concepción
científica de los fenómenos sociales, del desarrollo de la sociedad y descubren
las leyes del movimiento y del cambio social (Materialismo Histórico).
Así, pues, el Materialismo Dialéctico es la más grandiosa síntesis filosófica que
abarca en una concepción única todos los fenómenos de la realidad objetiva
(la naturaleza y la sociedad) y, explica, los fenómenos espirituales como
reflejos subjetivos del mundo objetivo. Con el surgimiento del marxismo,
culmina el proceso histórico que conduce a la filosofía a ser considerada como
una disciplina meramente especulativa y sin ninguna ligazón con la realidad,
es decir, con la filosofía marxista se concibe el mundo como una totalidad en
la que todas sus partes se encuentran concatenadas que se condicionan
mutuamente.
Sin embargo, lejos de ser considerado sólo como un acertado enfoque
científico del mundo, el materialismo dialéctico se convierte en un método de
transformación práctica de la realidad.