José María Arguedas se erige como una de las figuras literarias más destacadas y
complejas de la literatura peruana y latinoamericana, dejando un legado
perdurable a través de sus obras profundamente personales y cargadas de
compromiso social. Su existencia estuvo marcada por una dualidad significativa:
por un lado, el mundo indígena que lo recibió con afecto en sus primeros años,
y por otro, el ámbito occidental que le deparó sufrimiento, exclusión y
contradicciones internas. Esta tensión no solo forjó su carácter, sino que se
convirtió en el pilar fundamental de su vasta producción literaria. A través de sus
novelas, cuentos y ensayos, Arguedas retrató con una intensidad poética la vida
cotidiana del pueblo andino, capturando su rica tradición, sus adversidades, su
fortaleza y su lucha por subsistir en una nación que los había relegado durante
siglos. Este ensayo explora su trayectoria personal, sus aportes creativos y su
influencia duradera, con el objetivo de entender por qué su voz sigue resonando
con fuerza en la narrativa histórica del Perú.
José María Arguedas nació el 18 de enero de 1911 en Andahuaylas, enclavado en
las tierras altas del sur de Perú. Quedó huérfano de madre siendo muy pequeño
y, tras el segundo matrimonio de su padre, fue confiado al cuidado de su
madrastra en una hacienda. En ese ambiente, enfrentó maltratos y desprecio
por parte de la élite criolla, pero encontró consuelo y cariño entre los sirvientes
indígenas que hablaban quechua. Esta infancia, teñida de dureza y afecto a la
vez, dejó una huella imborrable en su identidad. El quechua trascendió ser un
idioma aprendido; se transformó en una forma única de percibir y relacionarse
con el mundo. Desde entonces, a pesar de su origen mestizo, se sintió
profundamente vinculado al espíritu andino.
Su recorrido educativo lo llevó por distintas instituciones hasta que ingresó a la
Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde se formó como antropólogo,
lingüista y escritor. Esta base académica reforzó su admiración por la cultura
quechua y lo motivó a convertirse en un defensor apasionado de las
comunidades indígenas. A lo largo de su vida, desempeñó roles como educador,
investigador y funcionario público, siempre guiado por un firme compromiso
con la protección de los derechos culturales del campesinado peruano.
Las dificultades de su vida personal rechazos, episodios depresivos,
discriminación racial y crisis existenciales encontraron un cauce expresivo en su
literatura. Sus novelas más reconocidas, como Yawar Fiesta (1941), Los ríos
profundos (1958), El Sexto (1961) y Todas las sangres (1964), abordan los conflictos
más profundos del Perú: las tensiones raciales, las injusticias sociales, los
choques culturales, la opresión económica y la espiritualidad indígena. En Los
ríos profundos, por ejemplo, el protagonista Ernesto refleja al autor: un joven
sensible atrapado entre el español dominante y el quechua que lo nutre
emocionalmente. En El Sexto, Arguedas relata su experiencia carcelaria,
revelando las complejidades políticas de la mitad del siglo XX en Perú. Mientras
que en Todas las sangres, presenta una visión ambiciosa del país como una
nación dividida pero con posibilidades de integración, reflejando la diversidad
de clases y culturas.
Lo que distingue a Arguedas es su capacidad para escribir desde el alma. Su
estilo combina la elegancia literaria con la esencia indígena, fusionando lo
poético con lo socialmente consciente. Logró que los lectores experimentaran
las emociones de un campesino, vieran el mundo a través de su mirada,
compartieran sus penas y alimentaran sus anhelos. Su escritura no fue
imparcial; fue una lucha constante por la dignidad y el reconocimiento.
Dolor, desenlace y legado
A pesar de recibir reconocimiento en vida, José María Arguedas no pudo superar
las heridas internas que lo atormentaban. La sensación de no encajar
completamente en los dos mundos que amaba el indígena y el occidental lo
sumió en profundas depresiones. El 28 de noviembre de 1969, en un acto de
desesperación, se quitó la vida con un disparo en la Universidad Agraria de La
Molina, donde laboraba. Dejó tras de sí una carta conmovedora y una novela
inconclusa, El zorro de arriba y el zorro de abajo, una obra que entrelaza realidad,
mitología y un grito de angustia.
Sin embargo, su partida no silenciò su mensaje. Hoy, José María Arguedas es
venerado como un símbolo de la lucha por la interculturalidad y el respeto hacia
las raíces andinas. Su legado trasciende sus textos; reside en cómo inspiró a
generaciones de peruanos a apreciar la riqueza de lo indígena como una fuerza
viva, valiosa y profundamente humana, consolidándolo como un faro de la
identidad cultural del Perú.