El impostor que llevamos dentro: cómo el autoengaño limita nuestro potencial
¿Alguna vez has sentido que no mereces estar donde estás, como si fueras un fraude a punto de
ser descubierto?
Ese sentimiento tiene nombre: síndrome del impostor. Lo describieron por primera vez Clance e
Imes en 1978, y se estima que hasta el 70% de las personas lo ha experimentado al menos una
vez (Sakulku & Alexander, 2011).
¿Qué es?
Es la sensación persistente de no merecer los logros alcanzados, de creer que todo ha sido por
suerte o por engañar a otros.
La doctora Valerie Young identificó cinco perfiles típicos:
- El perfeccionista.
- El genio natural.
- El experto.
- El individualista.
- Y el superhéroe.
Todos comparten el mismo núcleo: miedo a no ser suficiente.
¿Por qué lo sentimos?
Las causas son múltiples: desde una crianza exigente hasta una cultura que idealiza el éxito y la
comparación constante.
Además, quienes pertenecen a grupos marginados o minoritarios suelen sentirse más propensos a
"no pertenecer", según Cokley et al. (2017).
Consecuencias:
Afecta nuestra autoestima, causa ansiedad, nos aleja de oportunidades y puede frenar nuestro
desarrollo académico o profesional.
Como dijo Roosevelt: "La comparación es el ladrón de la alegría".
¿Qué podemos hacer?
1. Reconocer el problema.
2. Hablarlo con otros.
3. Registrar nuestros logros y avances.
4. Reencuadrar los errores como parte del aprendizaje.
5. Aceptar elogios sin justificarlos.
6. Y buscar ayuda profesional si es necesario.
Cierre:
Tal vez el verdadero impostor no seas tú, sino esa voz interna que te hace dudar de tu valor.
Entonces, te pregunto para terminar:
¿Y si dejaras de fingir que no eres suficiente... y empezaras a creértelo de verdad?