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Alexandra

El líder es una persona que guía a otros hacia un objetivo, destacándose por su juicio, iniciativa y capacidad de influir en sus subordinados. Se diferencia entre comandar y liderizar, donde un comandante debe ser primero un líder y entender la complejidad de su rol. Los imperativos del comando incluyen la majestad del mando, la comunicación efectiva, el uso de recompensas y sanciones, la acción decidida y el ejemplo moral, todos esenciales para el éxito en el liderazgo militar.

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Alexandra

El líder es una persona que guía a otros hacia un objetivo, destacándose por su juicio, iniciativa y capacidad de influir en sus subordinados. Se diferencia entre comandar y liderizar, donde un comandante debe ser primero un líder y entender la complejidad de su rol. Los imperativos del comando incluyen la majestad del mando, la comunicación efectiva, el uso de recompensas y sanciones, la acción decidida y el ejemplo moral, todos esenciales para el éxito en el liderazgo militar.

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DEFINICIÓN DE “LÍDER”.

El líder es una persona que tiene la capacidad de conducir a otros, en un proceso,


que permitirá alcanzar un determinado objetivo, meta o propósito. El verdadero
líder debe querer su misión, su tarea. Los rasgos que comúnmente se usan para
describir a los mejores líderes son: el juicio, la iniciativa, la preparación, la audacia
y la valentía. La motivación de los buenos líderes está en la búsqueda de una
relación de simpatía con sus subordinados. Su preocupación constante es la
necesidad de influir sobre el comportamiento de ellos para lograr mediante el
esfuerzo de todos, el bienestar integral de la organización.

Un líder militar es aquel oficial capaz de dirigir la acción, de ser el iniciador de la


conducta social dentro del campo operacional de las Fuerzas Armadas, y con la
habilidad también para organizar o regular los esfuerzos de los miembros de la
organización en las diferentes instancias.

EL AMBIENTE ACTUAL DEL LÍDER.

CARACTERÍSTICAS DE Y RECOMENDACIONES.

CONCEPTO DE “COMANDANTE”.

LA DIFERENCIA DE “COMANDAR VS LIDERIZAR”.

Después de argumentar sobre el sentido amplio que tiene el comandar, podemos


plantear que no es lo mismo comandar que liderizar. La acción de comandar va
más allá de la acción de liderizar; gracias a la formación característica del militar
aceptamos que un Comandante para serlo debe primero ser un Líder. Esta es la
norma por seguir. Se infiere que es esencial la preparación continua del Oficial en
los diferentes niveles de comando a fin de poder lograr un desarrollo profesional
adecuado que le permita asumir las responsabilidades crecientes que le impone la
carrera.

Es de esencial importancia el que los Oficiales entiendan esta situación y actúen


en concordancia con ella, ya que son frecuentes las situaciones contradictorias
donde los comandantes quieren asumir el rol de los Líderes en el terreno,
interfiriendo con los responsables de hacerlo. En la guerra de Vietnam fue
frecuente este tipo de acciones que a la larga repercutieron de forma muy negativa
en la conducción de las operaciones. Así mismo se presentan los casos de
extraordinarios Líderes que a la hora de desempeñarse como Comandantes han
fallado por no ser capaces de entender la complejidad de la tarea y sobre todo la
preparación y capacidad intelectual requerida para cumplirla.

IMPERATIVOS DEL COMANDO.

Cuando planteamos que la acción de comandar puede llegar a significar hasta la


disposición de la vida de los involucrados, queremos exaltar las tremendas fuerzas
que gravitan sobre las decisiones de los Comandantes. Grandes Comandantes
como Simón Bolívar, Napoleón, Washington, Patton, han pasado a la historia
reputados como héroes, mientras que otros fallaron por no haber interpretado a
plenitud las serias demandas que les imponía el ejercicio del mando. Los
historiadores y biógrafos militares coinciden en afirmar que los grandes
Comandantes son los que han sabido percibir los Imperativos del mando y han
sabido cómo satisfacerlos. De entre muchos autores vamos a considerar los
planteados por John Keegan en su libro “La Máscara del Comando”.

 El imperativo de la majestad del mando.

El comandar es una tarea de solitarios, a pesar de que el Comandante cuenta con


un cuerpo de asesores, estados mayores y comandantes subordinados que le
asisten y colaboran en la toma de decisiones; él y solamente él será quien al final
tenga la responsabilidad de decidir. Ello en ocasiones hace que el Comandante
sea percibido como envuelto en un área de misterio y a cierta distancia de sus
subordinados. Esta situación en ocasiones puede ser positiva ya que las órdenes
a veces derivan gran parte de su fuerza, de ese misterio que hace a los
comandantes llegar a parecer geniales en sus decisiones, pero, es en saber
interpretar con objetividad esta condición donde estará la clave del éxito. Para ello
deberá ser capaz de armar en su mente el rompe cabezas que constituye todas
las pequeñas piezas de información que el de forma interrumpida recibe de todos
sus entes subordinados, y de su apreciación directa de los acontecimientos para
utilizarlos como los elementos esenciales que orientan su decisión.

El comandante deberá hacer pleno uso de esa majestad, pero debe ser muy
cuidadoso para evitar un distanciamiento tan exagerado que corte su contacto con
la realidad de su organización, que lo desvincule de la gente y sus circunstancias y
que poco a poco lo haga prisionero y lo aísle de su personal.

 El imperativo de la comunicación.

La estrecha relación que debe existir entre el comandante y sus subordinados


dependerá en grado sumo de la capacidad comunicacional de éste, de su
habilidad para transmitirles su mensaje elevando sus espíritus cuando haya
adversidades, inspirándoles a luchar en tiempos de crisis y congratulándolos en la
victoria. Para ello el Comandante debe dominar el arte de la escena y la oratoria.
Ser capaz de proyectar con fuerza su imagen a través de las palabras; que ella
sirva para conjurar sus temores, estimular sus espíritus, potenciar sus
capacidades y orientarles en pro del cumplimiento de la misión; dejarles saber con
claridad cuáles son sus demandas, sus expectativas, que espera de sus hombres
y de igual manera qué les ofrece a cambio.

Para muchos el arte de comunicarse es una habilidad innata, no obstante está


demostrado que por medio del estudio y la dedicación continua, el hombre puede
llegar a dominarlo de una manera magistral. De allí que sea una condición sine
quanon el desarrollo de esta capacidad por parte de los hombres que aspiran a
ocupar las posiciones de comando.

 El imperativo de la recompensa y la sanción.


Sería lógico pretender guiara los hombres en la consecución de los objetivos
característicos de la organización militar tan solo con la palabra. Ella debe
desempeñar un papel trascendental, pero también existen otras acciones más
tangibles que tienen impacto directo en los hombres: la recompensa y la sanción.
El Comandante debe hacer uso juicioso de ellas para acrecentar la inspiración,
motivación o estímulo que brinden sus palabras. Esta es una de las más difíciles
funciones de comando; se debe obrar con prudencia y equidad, nada es más
perjudicial para la Institución que la premiación indiscriminada o la aplicación de
medidas punitivas que excedan las pautas reglamentarias.

En cuanto a las recompensas, podemos decir que son una poderosa herramienta
para elevar la moral de quienes la merecen y son debidamente reconocidos. Ello
cobra gran relevancia cuando observamos que en el militar, por los imperativos de
la filosofía de su doctrina, tienen mayor valor las cuestiones espirituales que las
materiales y que el hecho de recibir una condecoración constituye un honor para
el agraciado.

Las recompensas serán otorgadas, según rigurosos procesos de selección, a un


reducido número de hombres que deben ser de los más representativos. De esta
forma el Comandante estará haciendo el mejor uso de estas acciones.

Los comandantes no deben vacilar a la hora de tener que echar mano al


expediente de las sanciones. Nada es más dañino en la organización que la
impunidad ante transgresiones a las normas y regulaciones que rigen su
funcionamiento. Este procedimiento tiene que ser ajustado a lo establecido y en
las leyes y reglamentos y en todo caso debe ser orientado como una experiencia
pedagógica, donde el trasgresor tenga la oportunidad de enmendar su conducta y
no reincidir en ella. Consideración especial deben significar aquellos casos
manifiestos de personas inadaptadas al medio, que llegan a convertirse en la
antítesis deber ser. Para ellos el tratamiento debe ser expedito y en atención a los
mejores intereses de la Institución.

 El imperativo de la acción.
Las decisiones por lo general llevan implícita la acción. Los Comandantes tienen
que ser hombres de acción por excelencia, pero de acciones que son maduradas
y decantadas en su intelecto de forma tal que representen en la práctica la
consecución de los objetivos planteados en la organización. De allí que sean
necesarios como pre-requisitos a la acción, tanto la inteligencia como el control.
Los Comandantes deben tener un profundo conocimiento de lo que se proponen
antes de actuar y una vez que lo han hecho atender y controlar lo que ocurre
como consecuencia de sus actos.

 El imperativo del ejemplo.

Ninguno de los imperativos tratados anteriormente va a tener relevancia si el


Comandante no practica este último. Dar el ejemplo es el imperativo mandatario
para todo comandante que se precie de serlo, ya que no podemos pretender
lograr una participación inteligente y entusiasta del personal subordinado en las
diversas gamas de actividades que entraña la vida militar, si no estamos
respaldados con la autoridad moral que da nuestra propia participación. Esto no
significa que el comandante debe participar de todas y cada una de las actividades
exigidas a sus subordinados en los diferentes niveles de comando, sino que debe
ser vivo reflejo de lo que la organización plantea a los hombres como modo de
vida.

El dar ejemplo es una difícil tarea que demanda una perfecta identificación con los
valores institucionales y una disposición consciente por seguirlos, a costa muchas
veces de los que puedan en apariencia nuestros intereses preferentes. Los
comandantes deben hacer frecuentes ejercicios de introspección para evaluar sus
fortalezas y debilidades en este aspecto. En conocimiento de esto deben trabajar
para corregir las deficiencias y hacer sus perfiles cada vez más consistentes con
la imagen que de ellos se espera.

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